Archivo para octubre 2008
William Claxton, fotógrafo de jazz
Uno de los enlaces recomendados en el blogroll que podéis encontrar en la columna de la derecha de este Cuaderno de Ruta es The Online Photographer. Y algo que hacen de vez en cuando en este blog es recomendar paseos por la obra de diversos fotógrafos. Recientemente, han publicado la noticia del fallecimiento de William Claxton, fotógrafo a quien yo no conocía.
La característica más destacada de este fotógrafo es su dedicación a la fotografía del mundo del jazz, un mundo que da lugar no sólo a una música que levanta pasiones u odios por igual, sino también a una plasticidad visual poco usual. En unas condiciones de toma siempre difíciles, generalmente en interior, con la necesidad de fotografiar con la luz que haya, con grandes contrastes, el fotógrafo no sólo tiene que dominar los aspectos técnicos de la toma de la imagen sino que además tiene que tener un conocimiento del músico y de la música que le permita anticipar el instante en el que la expresión del jazzista va a darnos esas imágenes icónicas que muchos hemos visto en muchas ocasiones. Y creo que las imágnes de Claxton son un buen ejemplo de ello.
También convendrá repasar las imágenes relacionadas con el mundo de las celebridades y de la moda, para completar la visión de conjunto de la obra de este fotógrafo. Que os recomiendo.
En la imagen de hoy, Sorrento. En los lugares de vacaciones de la costa italiana se tocaba jazz hace unas décadas para entretener a los veraneantes norteamericanos, como han inmortalizado algunas películas detacadas.
Los astronautas son buenos fotógrafos
Cualquiera que sea aficionado a temas científicos, tarde o temprano dedica algún que otro rato a ver fotografías astronómicas. Entre estas, están las que toman los telescopios sobre objetos distantes como los cuerpos que pueblan nuestro Sistema Solar o sobre objetos del espacio profundo como las más distantes galaxias. Pero también están las que toman fotógrafos con cámaras fotográficas desde la superficie de la Tierra o “sus alrededores”. Y al decir “sus alrededores” me refiero a las que toman los astronautas desde el espacio. Y lo cierto es que estas últimas son buenas fotografías. Imágenes que muestran una espectacularidad y un plasticidad fuera de lo normal.
Todo esto me lo recordó un artículo publicado por José Pujol en su blog La mesa de luz. En el se hace un repaso a la tecnología utilizada para fotografiar las misiones Apollo, en las que se envió al hombre a la luna. Insiste especialmente en las fabulosas cámaras Hasselblad que se adaptaron para este fin. Y a la vista de los resultados, con todo éxito. Pero también se menciona que la utilización de dichas cámaras y la obtención de unas imágenes de alta calidad, implica que la persona que las maneja, el astronauta, ha de saber qué hacer con el instrumento que tiene en las manos. Tiene que ser también un fotógrafo.
De todas formas, como vale más un imagen que mil palabras, os dejo un enlace a las fotografías de la NASA.
Si los fotógrafos espaciales suele fotografiar la Tierra vista desde el cielo, los demás mortales tenemos que conformarnos con imortalizar el cielo visto desde la Tierra.
De vuelta en casa, unas pequeñas reflexiones sobre el viaje a Nápoles
Acabo de regresar a casa después de unas cortas vacaciones por Italia. He recorrido algunos de los lugares más característicos del Golfo de Nápoles, y antes de despedirme de “la bota”, he pasado una tarde en Roma. He aquí un resumen de lo que podría ser recomendaciones a otros viajeros.
Nápoles. Creo que es difícil acusar a la capital de la Campania de ser una ciudad bonita. Pero salvo que seas excesivamente aprensivo, también es difícil no considerarla muy interesante. Sus estrechas callejas, su ropa tendida, el curioso carácter de los napolitanos, el caos que te envuelve, son experiencias interesantes de por sí. A cada cual corresponde valorar qué le gusta o no vivir cuando viaja.
Una alternativa razonable a la hora de alojarse puede ser Sorrento, especialmente si uno busca un ambiente más tranquilo, más de vacaciones. Tendrá a mano lo mismo que yo he visitado, y más a mano algunas cosas que se me han quedado en el tintero, como la Costa Amalfitana.
Quizá haya quien se quiera plantear la posibilidad de recorrer la región en coche. Indudablemente, esto dota al viajero de una gran flexibilidad a la hora de programar sus recorridos y sus visitas. Pero habrá de tener temple y nervios de acero. La circulación es demencial. Coches, motos, peatones, se disputan el espacio con una ferocidad impensable. No apto para almas sensibles.
Las dos joyas del Golfo de Nápoles son las ruinas de Pompeya en el aspecto cultural y el Parque Nacional del Vesubio en el aspecto de la naturaleza. Ambas hay que conocerlas poco o mucho. En el aspecto cultural, no deberemos olvidar las ruinas de Herculano, más pequeñas pero no menos interesantes que las de Pompeya, y el Museo Arqueológico de Nápoles, que yo no he visitado pero cuyas referencias son notables.
En el aspecto de naturaleza, me gustaría decir que la costa es estupenda. Pero el hecho es que las orillas del Golfo de Nápoles son un absoluto desastre urbanístico. Lo mejor de la costa que he visto ha sido la Isla de Capri, aunque este bello rincón mediterráneo me ha agobiado por la invasión turística que sufre y que, desde mi punto de vista, minora notablemente la experiencia del viajero. Quizá sea interesante plantearse las visitas a la Isla de Ischia o de la Costa Amalfitana, así como otros rincones de la Península de Sorrento para reconciliarse con el Mediterráneo.
Los desplazamientos en transporte público no son complicados. O sí. Dada la densidad de población de la zona, se han desarrollado una serie de líneas ferroviarias entre las cuales destacaría la Circumvesuviana, que une Nápoles con Herculano, Pompeya y Sorrento entre otras y que permiten el transporte de forma eficaz. Pero estos destartalados trenes y estaciones apenas tienen indicaciones. Nunca sabes con precisión si no preguntas si el tren que viene es el que te conviene, dado que muchas estaciones dan servicio a varios recorridos finales. Pero bueno, hay que echarle un poco de emoción al asunto.
Comer no es problema. Hace falta ser muy torpe para equivocarse. En cualquier pizzeria o trattoria te dan bien de comer y en muchas de ellas por precios más que razonables. Conviene dejarse aconsejar. Y probar las preparaciones locales. Olvidaos de las carbonaras y boloñesas, de las cuatro estaciones y las cuatro quesos. Cualquier cosa con el apellido “a la sorrentina” o con “frutti di mare” o “pescatore” o “a modo mio” va a estar muy rico. El pescado y otros productos del mar está siempre fresco y muy bueno.
Por último, pasar un rato en Roma, aunque ya se conozca, está bien. Así que nada, un paseíllo por la ciudad eterna sienta estupendamente.
El material fotográfico utilizado en el reportaje gráfico del viaje ha sido:
- Canon EOS 40 D con objetivos
- EF 24-105/4L IS USM
- Tokina AT-X Pro 124 (12 -24/4)
- EF 28/1,8 USM
- EF 50/1,8 I
- Canon Ixus Digital 860IS
Un largo paseo por Roma… y cómo me ha cundido
En Roma ya había estado. Dos veces. Y la última, hace menos de cuatro años; durante una semana. Así que poco nuevo para ver. Aunque siempre hay algo. Por señalar dos cosas, dos basílicas. Una muy coqueta, de estilo bizantino, siglo V; Santa Sabina. Muy sencilla, pero me ha gustado. La otra, Santa María la Mayor. Pues eso. Estilo vaticano, grandilocuente y excesivo.
El resto, cosas ya vistas y sabidas pero que está bien. Un vistazo panorámico al foro, un paseo junto al Coliseo y el Arco de Constantino… Nunca me falta la visita a Moisés, a quien le tengo especial cariño desde hace casi 30 años. Luego, los tópicos del centro. La fontana de Trevi, donde lo más divertido es ver a la gente, multitud más bien; un coro de alemanes que cantaba muy bien en el Panteón; un bonito atardecer en el Puente de Sant’Angelo.
Luego, ya oscureciendo u oscuro, un paseillo por el casco viejo hasta los alrededores de la Plaza de España, para cenar por allí y… se acabó. Mañana, a casa.
Capri c’est fini y torna a Surriento
Último día en el Golfo de Nápoles, y lo suyo, tras haber viajado por aire y tierra, era coger un barco. Así que dicho y hecho, hoy me he embarcado rumbo a Capri. La famosa isla en la que ya vacacionaban los pijos en tiempos de Caesar Augusto y Tiberio.
Nada más llegar, y siguiendo los consejos de la Michelin, he vuelto a embarcar. Esta vez en una combinación de lancha y barca de remos, con el fin de admirar la Grotta Azzurra. La verdad es que el agua de color azul es curiosa, pero lo que he acabado pagando por la excursioncilla me ha parecido un timo.
Después, he cogido el funicular que une la Marina Grande con el pueblo de Capri y he hecho… lo que se puede hacer en este sitio. Buscar miradores para ver el paisaje, y localizar algún rincón mono por el pueblo, libre de tiendas y de turistas. No es fácil. Abundan tanto unas como otros.
Después de comer, se coge un microbús y te vas la otra población de la isla. Para hacer más de lo mismo; rincones monos y paisajes. Por lo menos aquí te ponen un telesilla para subir a lo más alto.
El viaje en barco a Capri se puede hacer directamente desde Nápoles. Pero yo he ido con la Circumvesuviana a Sorrento, donde he cogido el jet a la isla. A la vuelta, con un sol poniente bastante agradable, he podido apreciar las bondades de la costa en la misma ciudad de Sorrento. Para otro viaje habrá que dejar el resto de la península sorrentina y la Costa Amalfitana.
Ruina y más ruinas, y todas por los malos humos del Vesubio
Para qué vamos a complicar la cosa. Seamos claros. Hoy ha sido un día rico en fotografías, pero limitado en experiencias vitales. Mucha ruina en Pompeya, alguna en Oplontis (Torre Annunziata), y bastantes en Herculano. Y eso así, coge la Circumvesuviana por aquí, cógela por allá,… ay, que trenes tan cutres. Pero van. Que no es poco. Así que os dejo unas fotos, y hasta mañana.
Arriba, al Vesubio, y abajo, a seguir conociendo Nápoles
Hoy, domingo. La verdad es que en Nápoles no se nota mucho. Muchas tiendas abiertas. Pero he decidido levantarme pronto, porque tenía la agenda más apretada de lo que creía. Ayer me percaté que esta ciudad es más interesante de lo que parece. Pero antes de recorrerla, el objetivo marcado era subir al Vesubio. Lo cual he hecho desde Herculano con una pérdida de tiempo mínima.
He de decir que el espectáculo es notable. Por supuesto, la vista del Golfo de Nápoles desde Ischia hasta Capri. Pero lo más impresionante es el cráter. Aunque la senda que han marcado no permite verlo con toda su magnificencia, y la gente se las ve y se las desea para captarlo en toda su amplitud
Por cierto, que he hecho un amigo durante 2 horas. Se llama Enrique, es Venezolano y vive en Escocia. En algún lugar entre Aberdeen e Inverness.

Enrique el venezolano y yo en un chiringuito de recuerdos en el cráter del Vesubio (como les pille la erupción...)
Regreso a Nápoles, y a recorrer el Decumano Maggiore, con su clásicos “vicos”, similares a los “vicolos” de la Toscana, pero en cutre. En cualquier caso, toda esta zona antigua de Nápoles es muy divertida de visitar.
Después de comer, una visita desde el exterior de la residencia del Rey Nuestro Señor Don Alfonso V, los clones de las galerías Vittorio-Emanuele de Milan (aquí son de una tal Umberto), y alguna cosita más.
Al caer la tarde, me he dirigido hacía Santa Lucia, para ver el atardecer en el entorno del Castello dell’Ovo. A la orilla del mar, y tomando una cervecita. Peroni.
Por cierto, que el atardecer ha sido espectacular.
Despúes un paseo nocturno, a cenar, y para el hotel. Mañana, más.
Sol, nubes y chubascos a la vera del Vesubio
Pues he aquí que ya estoy en Nápoles.
El viaje ha sido bueno. Muy puntualmente, he salido del infrautilizado aeropuerto de Zaragoza, en una de estas líneas de (no tan) bajo coste que se han puesto de moda últimamente. En este caso muy conveniente. Porque en menos de las dos horas previstas, parece que llevábamos un considerable viento de cola, nos hemos plantado en Roma Ciampino.
Con dos mozos que volaban en el mismo avión y que también se dirigían a continuación a la Estación Termini, hemos acordado compartir un taxi. Tarifa fija de 30 euros. El autobús directo desde el aeropuerto, 8 euros. Por dos euros más por persona, hemos podido acortar el viaje en prácticamente media hora. Además, el recorrido atraviesa un montón de monumentos. Es como en las películas que cuando el protagonista llega a una ciudad extranjera de repente pasa por todos los monumentos toque o no toque, pero en este caso tocaba.
La Estación Termini de Roma es el paradigma supremo del caos que reina en todas las estaciones ferroviarias italianas. Un follón de mil demonios. Pero enseguida en conseguido billete para un EuroStar que me ha dejado en Nápoles poco antes de las cuatro y media de la tarde. Y yo que pensaba que no llegaría antes de las seis. La verdad es que el viaje ha salido redondo.
Todo el camino desde Roma a Nápoles hemos alternado nublados, lluvia y sol. Al llegar parecía que tocaba sol, y tras pasar por el típico vecindario con la ropa secándose cara a la calle, he podido echar un primer vistazo a un soleado Vesubio.
Ha sido un espejismo, ya que poco después se ha cubierto, y han caído chaparrones esporádicos que me han pillado en el Borgo Marinari de Santa Lucia y en la Piazza del Plebiscito.
En esta última, una estatua del Rey Nuestro Señor Don Alfonso V me ha mostrado que todavía se acuerda por aquí de los reyes aragoneses. En cualquier caso, mucho más interesante me han parecido los spaghetti alle vongole (almejas) que me cenado en un trattoría junto a los coquetos cafés literarios de la Piazza Bellini.
Mañana, más.
Vacaciones napolitanas
Desde hoy mismo, estoy de vacaciones. Hoy ya ha sido un día de holganza y tranquilidad. Qué bien. Y mañana salgo para pasar unos días, no muchos, ni siquiera una semana entera, por tierras italianas. Nápoles, con su Vesubio, su Pompeya, su Capri y esas cosas. También algún rato en Roma. Espero que sean relajantes y volver con muchas fotos. De momento, os dejo con una del Panteón, en la Ciudad Eterna.
Como de costumbre, si las conexiones a internet lo permiten, en este Cuaderno de Ruta conoceréis de mis andanzas.
(presunto) Intelectual y creacionismo
Los domingos no tengo la costumbre de leer el periódico. Entre semana en el trabajo, tengo disponible siempre dos periódicos, uno de carácter local y otro de carácter regional, que me permiten comprobar entre otras cosas si “salimos en la prensa”. No es que varíe mucho mi tarea cotidiana, pero las administraciones públicas, y yo trabajo para uno, a veces sufren bandazos según marche la opinión publicada. A través de Google Reader, leo los titulares de un diario de carácter nacional. Pero los domingo, nada en papel.
Claro que siempre encuentro un rato para visitar a mi padre que fiel a una costumbre de décadas, todos los domingos se compra el Heraldo. Y en el día de descanso suele venir acompañado de un suplemento con el impronunciable nombre de XLSemanal. A pesar de que colabora en él alguna que otra firma presuntamente ilustre, nunca me ha gustado mucho, y muchos domingos, como el pasado, lo ignoro.
He aquí que a través de Microsiervos, me dirijo a leer un artículo firmado por Juan Manuel de Prada sobre creacionismo y evolucionismo. Y me sirve para constatar una cosa. Vivimos en un país muy inculto en la que incluso los intelectuales, en este caso procedente del mundo de las letras, confunden términos y conceptos, y además lo hacen con relativa impunidad.
Veamos.
La teoría de la evolución es una teoría científica. Charles Darwin intenta explicar la diferenciación de las especies, la generación de las mismas y los contenidos del registro fósil en la Tierra mediante una serie de proposiciones basadas en la observación y en la experimentación. Esta teoría no es válida de forma intrínseca. Esta teoría es válida mientras las ulteriores observaciones o nuevos experimentos resulten de acuerdo a las predicciones que establece. En algún momento, puede suceder que falle en explicar alguno de las observaciones y los experimentos, y por lo tanto habrá que modificar la teoría o, si es preciso, formular una nueva. La mecánica newtoniana fue el paradigma aceptado por la física para explicar el movimiento de las partículas durante más de doscientos años, hasta que determinadas observaciones la situaron en una situación de crisis resuelta temporalmente por la teoría de la relatividad que formuló Einstein. Este nuevo paradigma ya está en crisis, y en la actualidad los físicos buscan una nueva teoría que explique nuestro universo. La evolución de las especies tal y como la formuló Darwin también ha sufrido modificaciones en su conceptualización teórica, conforme los nuevos conocimientos han aportado nuevos datos.
Como vemos, las teorías científicas no son planteamientos dogmáticos. Son herramientas científicas para procurar un avance del conocimiento del mundo que nos rodea. Son métodos de trabajo y modelos para la mejor comprensión del mundo. Y por definición, están sometidas continuamente a la crítica y al escepticismo de los científicos.
El creacionismo es una creencia religiosa. Es decir, forma parte de la fe de algunas personas que creen en algo indemostrable, que es la existencia de una inteligencia superior que crea el mundo y a sus habitantes. No hay forma de demostrar la existencia de dicha inteligencia superior, la cual adopta distintas formas y actitudes según el grupo de personas que son adeptos a ella. Estos grupos de personas no suelen admitir críticas hacia la inteligencia superior en la que creen, y su cuerpo teórico está basado en dogmas, cuya negación supone la expulsión del grupo para el que la formula.
En principio, teorías científicas y creencias religiosas no tendrían porque entrar en conflicto. Estas últimas no son el interés de los científicos como tales científicos, aunque pueden manifestar interés por ellas como personas. Sin embargo, con frecuencia los grupos religiosos se han sentido amenazados por el desarrollo científico y han negado e incluso perseguido hasta con gran violencia este progreso de las ciencias. En la actualidad, también se da que algunos grupos religiosos pretenden equiparar sus creencias con la ciencia y exigen que se estudien en el mismo plano educativo cuando no de forma exclusiva. Son grupos fanáticos e incultos, aunque pueden acumular mucho poder. Así que el conflicto, innecesario, está servido.
El señor de Prada, en su artículo, toma partido por estos grupos fanáticos, defendiéndoles y asimilando conceptualmente las teorías científicas y las creencias religiosas. Por lo tanto, habrá que suponerle la misma incultura que al resto de activista creacionistas. Aunque el no se pronuncia sobre cual es su sistema de creencias. Obviamente, aunque como de costumbre las editoriales mencionan aquello de que no se responsabilizan de las opiniones de sus colaboradores, el mantenimiento de un escritor de este talante define a los responsables de la publicación dominical en cuestión. Que por otra parte, y bajo la libertad de prensa, tiene todo el derecho a opinar. Faltaría más. Aunque vendría bien que se documentaran.
Cuatro vidas (2007)
Cuatro vidas (The Air I Breathe, 2007), 30 de septiembre de 2008.
En primer lugar, nuevamente a actuado el psicópata ese que se dedica a poner títulos en castellano. Qué tendrá que ver lo de las “cuatro vidas” con el “aire que respiro”. Pero bueno; supongo que con la manía que tienen de tratar a los espectadores de cine como tarados, pensaron que así entenderíamos mejor de que iba. Aunque tal vez ni ellos sepan de que va.
La película dirigida por Jieho Lee es del estilo “vidas cruzadas“. Cuatro episodios, en cada uno de los cuales hay un personaje principal y varios secundarios, en los que se narra un episodio vital para cada uno de ellos. Las vidas de los personajes se entrecruzan, y el personaje principal en una de las historias es secundario en otra. Hay un personaje, un mafioso apodado Dedos, intepretado por Andy Garcia, que es el eje alrededor del que pivotan las historias de los personajes encarnados por Forest Whitaker (episodio Felicidad), Brendan Fraser (episodio Placer), Sarah Michelle Gellar, (episodio Tristeza) y Kevin Bacon (episodio Amor).
La historia se desarrolla principalmente dentro de un ambiente opresivo, relacionado con el mundo fuera de la ley de la delincuencia organizada. Hay violencia. Sólo las esporádicas incursiones a otros mundos se muestran con luminosidad y claridad. Pero incluso las historias de amor internas son oscuras y desesperadas. No está mal planteado, aunque cansa un poco a pesar de que la película no tiene excesivo metraje ni mucho menos (95 minutos).
Y las historias que se cuentan son un poco endebles. Muy cogidas por los pelos. No llegan a interesarme en algunos momentos. Los mcguffin que mueven a los personajes resultan a veces increibles. Los poderes “paranormales” de uno, el raro grupo sanguíneo de la otra,… seguro que se podrían haber buscado mejores motivaciones para conducir la acción.
Los actores están en general bien. Muchos de ellos, Garcia, Whitaker o Bacon, han demostrado su valía y oficio con creces anteriormente. Y aquí cumplen; sin esforzarse mucho más. Fraser es un actor flojo que aquí se salva porque tiene que hacer de tipo inexpresivo. Y la Gellar intenta superar como puede su condicionamiento de estrella televisiva, pero no lo consigue siempre, y muestra carencias interpretativas.
Me siento un poco defraudado. Las historias entrecruzadas me gustan; siempre me gustó el cine de Robert Altman, entre otras cosas, por su afición a este tipo de cine. Pero estas me han dejado un poco vacío. Pero bueno, seré benevolente y le pondré un seis a la valoración subjetiva, con la misma nota a la dirección y a la interpretación.
Otras opiniones sobre la película:
Hoy os dejo con una imagen del pasado Mercado Medieval de las Tres Culturas en Zaragoza.





































































