El tribunal de Estrasburgo, el papa Benito y un bonito arco iris
Ayer, salía la sorprendente noticia de que el Tribunal de Estrasburgo, o con su nombre adecuado, Tribunal Europeo de Derechos Humanos, había decidido que la presencia de crucifijos en las aulas, así porque sí, no toca. Que estamos en una Europa laica, con variedad cultural y religiosa, y que lo de imponer los símbolos de una determinada religión no es apropiado. Vamos; algo totalmente evidente, que no debería causar sorpresa alguna, pero que ha sido noticia en la prensa.
Menos sorprendente resultó la noticia derivada de que el Papa Benito se había llevado una desagradable sorpresa al enterarse. Dice haber acogido la noticia con “estupor” y “amargura”. Como si los papas no hubiesen causado suficiente amargura a lo largo de su historia. Evidentemente, como “buen” integrista religioso, su principal misión es imponer a los demás sus creencias y su modo de ver la vida. No sé. Que le den. Que le zurzan. Que nos deje en paz. ¿Es que no han oído hablar del respeto y la tolerancia a los demás? ¿Es que no tienen el menor interés en el respeto a los derechos y libertades de los que no “piensan” como ellos. Obviamente no. Unos carnuces. Él y sus voceros.
Pero bueno, esta mañana el amanecer estaba muy bonito. Ni todos los curas, ayatolás, rabinos, ulemas, monjes, monjas, lamas, y demás lastre de la humanidad, con sus visiones dogmáticas e irracionales del mundo, serían capaces de arruinármelo. Con un precioso arco iris que me ha acompañado desde Gurrea de Gallego hasta Huesca, y que es fotografiado en Las Canteras, después de pasar Almudévar.






