[Ciencia] La (mala) ciencia detrás de Melancholia

Ciencia

En mi entrada sobre la película Melancholia, he dejado bien claro que los aspectos de “ciencia ficción” del filme no había que tomárselos en serio. Que no eran más que una excusa o un mecanismo argumental para mostrar las reacciones de determinados seres humanos a situaciones de estrés. Pero tampoco es un simple macguffin. No es intercambiable. Ejerce sobre la película una fuerte influencia estética. Así que el planeta errante Melancholia es un personaje más del filme con una personalidad propia.

Una vez establecido esto,… pues… resulta que yo soy un chico de ciencias. Y no puedo dejar de preguntarme si lo que se cuenta podría suceder. Si un planeta errante podría entrar en nuestro sistema solar, y chocar contra nosotros. O que otros efectos podría suponer para la vida en el planeta. Además hay algún antecedente que considerar.

¿Antecedentes? ¿Qué antecedentes? Estamos ante la hipotética situación de una colisión entre dos cuerpos de tamaño planetario. El impacto de cometas, asteroides y otros bólidos contra los planetas y satélites del sistema solar es algo conocido. Relativamente frecuente. Todos hemos oído hablar de la extinción de los dinosaurios, también conocemos que la Luna y otros cuerpos celestes con atmósferas tenues o inexistentes tienen sus superficies salpicadas de impactos con forma de cráteres, y en 1994 pudimos contemplar cómo el cometa Shoemaker-Levy 9 era engullido por la enorme masa del planeta Júpiter. Pero estamos hablando de dos planetas colisionando entre sí.

Plaza de Aragón

En el largo y ventoso paseo que di el sábado pasado con la cámara, no pude evitar encontrarme con la Luna, ese producto de un cataclismo interplanetario en distintos momentos (Pentax K-x, SMC-DA 40/2,8 Limited).

Pues bien, la teoría más aceptada sobre la formación de nuestro satélite natural, la Luna, tiene que ver con un gran impacto entre dos cuerpos de nivel planetario. Estamos hablando de cuando el sistema solar era joven. Tenía sólo unos poco cientos de millones de años. De hecho, la Tierra primigenia, ya conformada, no había limpiado su órbita de otros objetos. Y uno de estos objetos, del tamaño del planeta Marte, compartía órbita… y eventualmente colisionó, probablemente por alcance, con la Tierra primigenia. El resultado fue que durante un tiempo nuestro planeta fue una bola incandescente por la energía liberada en la colisión, sometida a un intenso bombardeo de los escombros resultantes, muchos de los cuales no obstante permanecieron en órbita alrededor de nuestro planeta agrupándose en torno al objeto celestial que hoy conocemos como la Luna. Y eso no duró mucho. Algunos piensan que sólo 100 años después del impacto, nuestro satélite ya estaba ahí. Aunque mucho más cerca de lo que está ahora. Eso sí. Nadie vivía sobre la faz de la Tierra para contemplar la colisión. Y si hubiera vivido, no habría sobrevivido para contarlo.

En el campo de la ciencia ficción, un figura muy “querida” por algunos autores y aficionados es la “contratierra“. Si el objeto que causó el impacto para formar la Luna se debió de formar en uno de los puntos de Lagrange L4 o L5, la presunta “contratierra”, se habría formado en L3. Es decir, situado en la misma órbita que la Tierra, pero justo en el lado opuesto con respecto al Sol. Que impediría que lo pudiéramos ver. En realidad, si existiese, aunque no se pudiese ver, hace tiempo que conoceríamos su existencia debido a los efectos gravitatorios que produciría y que habrían sido medidos. No hay “contratierra”. Así que no sucederá que de repente aparezca un planeta detrás del Sol, para en una carrera infernal acabar por estamparse contra nosotros.

Plaza de Aragón

Aquí da la réplica al gesto del por Felipe II finiquitado Justicia de Aragón (Pentax K-x, SMC-DA 40/2,8 Limited).

Puesto que ya no quedan planetas en la vecindad que nos amenacen, ya que el resto de la corte del Sol, fieles a las leyes de Newton, siguen dando vueltas por su sitio sin mayor problema, la cuestión es que el planeta asesino en cuestión fuese un planeta errante. Esta es una hipótesis muy popular entre los paranoicos e irracionales que predicen el final del mundo para 2012, y que parece que es parte de la inspiración para la película; no porque lo tome en serio el autor, sino como excusa para lo realmente importante. Un planeta, que viniendo desde la frialdad del espacio interestelar, irrumpiera en nuestro sistema solar con un tino tal como para impactar contra nuestro planeta. Un articulillo bastante riguroso que he encontrado por ahí, nos cuenta que suponiendo que el número de planetas interestelares fuera igual al número de estrellas en nuestra galaxia, eso daría una densidad de 1 planeta interestelar por cada 100 años-luz cúbicos. Es decir, en un cubo cuyo lado fuera como la distancia de aquí a la estrella más cercana habría 1 planeta errante. La probabilidad de que chocase contra otro cuerpo celeste dentro de ese volumen de espacio sería tan remota como para no poder considerar seriamente que eso vaya a suceder en el tiempo en que el planeta Tierra va a existir girando alrededor del Sol.

Suponiendo que a pesar de que la estadística está masivamente en contra de un suceso tal, un objeto de tamaño planetario de las dimensiones que se consideran en el filme, un planeta terrestre con un tamaño 10 veces el de la Tierra, pasase por nuestro sistema solar, ¿qué sucedería entonces?. Lo cierto es que tal vez no colisionase contra nosotros. Seguro que no haría los curiosos movimientos descritos en la película según los cuales primero se acerca, pasa de largo, para luego darse la vuelta y colisionar frontalmente contra nosotros. No parece que las leyes de la mecánica celeste sean muy favorables a tal hecho (Nota del 13 de noviembre: He leído en una entrevista al director en la edición española Cahiers du cinema que se informó con científicos para que esta “danza de la muerte” fuese realista dentro de la improbabilidad del suceso). Pero indudablemente, si pasase de forma suficientemente próxima a nosotros como para entrar dentro de su esfera de influencia gravitatoria, no haría falta que chocase para producir el fin de la humanidad. Simplemente con producir un cambio en las condiciones orbitales de nuestro planeta, podría dar lugar a un cambio climático incompatible con la vida. Sin fuegos artificiales.

También tenemos que tener en cuenta que si dos objetos celestes de semejante tamaño se acercasen en rumbo de colisión, las cosas no iban a ser tan plácidas como un “mmmm,… parece que se ha enrarecido el aire, no respiro bien, y se caen los pajaritos” antes del impacto. La gravedad produciría unas fuerzas de marea que ocasionarían vientos huracanados, mareas en las masas de agua de dimensiones descomunales con grandes inundaciones, movimientos sísmicos de una magnitud como probablemente la especie humana no ha conocido en su corta existencia,… la alegría de la huerta vamos.

Resumiendo, como ya he dicho al principio, si hay algo que no importa en la película de Lars von Trier es la fidelidad a las leyes de la física. Son otras leyes, las de la narración cinematográfica las que imperan. Pero por si alguno tiene dudas… pues que no las tenga. Lo que ahí se cuenta, tal como se cuenta, es imposible. Buena película. Pero mala, muy mala ciencia.

Independencia

Ya con el cielo a punto de ennegrecerse, al final del paseo de la Independencia de Zaragoza (Pentax K-x, SMC-DA 40/2,8 Limited).

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