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[Libro] Miss Zilphia Gant
Sigo peleando con mi pereza para la lectura de libros bajo la táctica del ataque a novelas cortas o relatos más cortos todavía. Y en esta ocasión, tirando de un clásico norteamericano del siglo XX.
Miss Zilphia Gant
William Faulkner (traducción de Juan Sebastián Cárdenas)
Nørdica Libros, colección Minilecturas; Madrid, 2011
ISBN: 9788492683536
Corto relato situado en un momento indefinido de las primeras décadas del siglo XX, en algún lugar del profundo sur de los Estados Unidos, no lejos de Memphis, donde la protagonista del relato Zilphia Gant y su madre son abandonadas por su padre, que se fue con otra. Aunque quizá no fue muy lejos cuando la madre salió tras ellos con una pistola. En cualquier caso, creció bajo la vigilancia opresiva de la madre que le impide la relación normal con otros niños y niñas de su edad, y cuando llega la adolescencia y la juventud, experimentar el amor o la relaciones normales con los jóvenes de su entorno. Cuando consigue casarse en extrañas circunstancias, no es más que para que a su vez sea abandonada por el recién estrenado marido.
Relato crudo de un lugar y un tiempo que me resultan muy difíciles de comprender. Es un mundo donde la gente me parecen absolutos marcianos por sus comportamientos y sus valores. Sin embargo, el relato se lee con facilidad, te atrapa y no te dura casi nada. Sabe a poco, hay más cosas que quisieras saber del conjunto de la historia de la desgraciada Zilphia.
Ideal para un viaje no muy largo, o para entretener alguna espera, con la calidad de un consagrado de la literatura mundial como es Faulkner.
Os dejo con algunas fotografías tomadas con otra de mis poco usadas cámaras de película tradicional, la Minox GT-E. Con su interesante objetivo de MC-Minoxar 35/2,8 con una sencilla fórmula Tessar, no habitual para objetivos angulares en lo que es mi modesto entender, aunque tampoco es una excepción, pero con buenos resultados.
[Libro] Buda en el ático
Este libro lo encontré recomendado por ahí poco antes de iniciar el viaje a Londres de estos días pasados, y como lo vi en una librería y comprobé que no era muy extenso, decidí llevármelo como lectura para esos días. Lo cierto es que sólo encontré momentos para leer en el viaje inicial hasta Madrid, y luego en el viaje de vuelta a Zaragoza. Pero lo cierto es que fue suficiente. Hacía tiempo que un libro no me enganchaba tanto y con tanta intensidad.
Buda en el ático (título original, The Buddha in The Attic)
Julie Otsuka (traducción, Carme Font)
ISBN: 9788415355441
Duomo ediciones, colección Nefelibata; Barcelona, 2012
Este libro no es ficción. Pero este libro tampoco relata una historia concreta real. Este libro consigue en 160 páginas contar la historia de cientos o miles de mujeres japonesas, y sus familias, que emigraron a los Estados Unidos a principios de siglo XX, casadas por poderes con hombres japoneses que previamente las precedieron, y que las pasaron canutas. Abarca un periodo de tiempo que abarca desde inmediatamente después de la primera guerra mundial hasta los internamientos forzosos en campos de concentración durante la segunda. Uno de los hechos más infames de la “democracia” norteamericana. Y todo ello lo cuenta consiguiendo individualizar a cada una de ellas con frases cortas, en primera persona del plural que nos van contando todas sus aventuras y desventuras. El viaje, el encuentro con hombres que no eran quienes les habían dicho, el trabajo duro en los campos, como sirvientas, los hijos que tuvieron, que ya no fueron de su propia cultura, la enfermedad, las muertes, y los campos de concentración en las frías montañas del interior de los Estados Unidos.
Es un libro realmente conmovedor, con una escritura tan sumamente dinámica y ágil, que en su conjunto hacen que se haya convertido en uno de mis libros preferidos. Un libro absolutamente recomendable que creo que tengo que volver a leer, porque siento que tiene mil y un detalles que hacen que cada vez pueda ser una nueva historia. Si os gusta leer, no os lo perdáis. Parece que su autora, la norteamericana de origen japonés Julie Otsuka, tiene escrito otro libro autobiográfico, que me gustaría encontrar y leer.

Japón es el país del sol naciente,… pero aquí en Margate, en la costa del Canal de la Mancha en Inglaterra, lo que vemos es el resplandor del sol poniente.
60 años de la Guerra de Corea, y sigue uno de los muros que en el mundo han sido
Hoy hace 65 años comenzó oficialmente, por lo menos según las cuentas del mundo occidental, la Guerra de Corea. Una guerra de la que hoy en día se habla mucho menos que otras, probablemente tapada por el recuerdo de la Guerra de Vietnam, pero que en su relativamente corta duración fue notablemente brutal por ambos bandos.
Corea estuvo bajo dominio japonés hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, en el que tras la oportunista intervención soviética en la guerra con el Japón, quedó dividida en dos áreas de ocupación divididas por el paralelo 38º. A partir de 1948 quedó confirmada la división de la península coreana en dos repúblicas, una apoyada por Estados Unidos en el sur y otra por la Unión Soviética en el norte.
Si bien el régimen norcoreano habla de una agresión por parte de la república del sur, lo cierto es que el 25 de junio de 1950 tropas masivas del norte atravesaron la frontera, arrollando al ejército del sur y a sus mal pertrechados aliados estadounidenses, que quedaron en una situación precaria, sosteniendo apenas una pequeña porción del territorio en torno a Pusán. Tras conseguir estabilizar la situación, el contraataque norteamericano fue igualmente contundente y en octubre de ese mismo año habían llegado al norte de la península a punto de hacerse con el control de la misma, unificando el país bajo el gobierno de la república del sur. Sin embargo, en ese mismo momento una intervención masiva de tropas chinas volvió a empujar a los surcoreanos y norteamericanos hacia el sur, perdiendo la capital, Seul. Finalmente, hubo cierta estabilización del frente en torno al mencionado paralelo 38º. Todo ello en el plazo de menos de un año. A partir de ahí fue un mantenimiento del statu quo, hasta la firma del alto el fuego en julio de 1953. No se ha firmado la paz; oficialmente, persiste el estado de guerra.
Lo cierto es que fue una guerra extremadamente cruel y sangrienta, con un elevadísimo número de víctimas civiles, provocadas por ambos bandos. Incluso Picasso pintó su particular versión de las muertes de civiles por el ejército norteamericano. Sin embargo, tengo la sensación de que es una guerra más desconocida que otras. Entre la euforia de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, y la turbidez de los años del Vietnam, da la sensación de que ha quedado poco entendida. No son muchas las referencias populares a este conflicto. Por supuesto, está esa delicia de filme que fue M.A.S.H., donde con mucho sarcasmo se pone en solfa la institución militar en el marco de este conflicto, y la serie derivada de ella, mucho más correcta políticamente. Hubo también algunos filmes propagandísticos por parte de Hollywood, pero de calidad muy diversa.
En cualquier caso, hace unos días el fotoblog de The Denver Post publicó una colección de 119 fotografías de aquel conflicto que merecen la pena ser vistas, y que aprovecho como excusa para recordar tan relevante hecho histórico.
Libro: La batalla de Leyte
Desde hace unas semanas voy siguiendo la nueva serie bélica producida por Steven Spielberg, The Pacific. Como sólo quedan dos capítulos para que termine hablaré de ella de aquí a 10 días o poco más. Esta serie va acompañando las peripecias de tres infantes de marina estadounidenses en el escenario de guerra del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. El caso es que me viéndola me ha entrado el interés por conocer un poco más como fue ese duro escenario bélico, del cual he leído menos que del europeo. Por razones obvias; Europa me queda “más cerca”.
Entre los hechos que más me han interesado está la reconquista de Filipinas. Esta campaña, que comenzó con el desembarco del ejército de MacArthur en Leyte, tuvo especial interés por diversos motivos. Hubo mucha política en la decisión de realizarla. También porque se discutieron ampliamente los motivos económicos y estratégicos de la misma. En resumen, su conocimiento da muchas pistas sobre las condiciones que lleva a que una potencia gane o pierda una guerra.
Visitando hace unos días la FNAC encontré este libro que habla sobre la batalla naval que, aunque es conocida por diversos nombres, creo que el más conocido es Batalla del Golfo de Leyte; aunque su escenario real fue mucho más amplio que este accidente geográfico, abarcando amplias zonas de los mares que rodean las islas Filipinas y los estrechos que las separan entre sí. Así que aprovechando que terminé de leerlo ayer, en el 65º aniversario del final de la guerra en el escenario europeo, os comentaré qué me ha parecido.
La batalla de Leyte
Jean-Jacques Antier
Inédita Editores; Barcelona, 2008
ISBN: 9788496364929
Antes de nada he de decir que los libros sobre la historia de las guerras o las batallas siempre me dan un poco de miedo. Me gusta la historia, y los hechos bélicos forman parte de la historia. Así que necesariamente, de vez en cuando leo algo sobre la historia de las guerras. Pero he comprobado que en ocasiones me siento incómodo con este tipo de literatura. A veces, el autor ofrece un enorme cantidad de datos sobre unidades militares con sus numeraciones y sus múltiples denominaciones que hacen difícil seguir con precisión lo que se está narrando. Otras, el autor es un militar que analiza de “forma científica” los hechos, friamente, lo cual es algo que me cuesta asimilar. Soy de los que opinan que en las guerras no pelean los buenos contra los malos. Siempre creo que en las guerras está el “ejército de los malos” contra “el de los peores”. Y obviar que en las batallas el ser humano deja de tener importancia como persona para ser un mero instrumento de la política, de la ambición, del odio racial, etc., reduciéndolo a un visión presuntamente objetiva de los hechos, me incomoda y mucho.
En esta ocasión, el autor es un periodista que se ha especializado en la historia de la guerra naval. Y su condición de periodista se nota por la agilidad de la narración, que no llega a ser novelesca, pero casi. Se agradece su habilidad para narrar sin confusión una serie de hechos, algunos de los cuales sucedieron simultáneamente, de forma clara, estableciendo con precisión las causas y los efectos de las decisiones de los principales responsables militares de ambos bandos, el japonés y el norteamericano. De este modo, el libro se lee fácilmente y con rapidez. Es ameno.
No obstante he encontrado alguna debilidad. Una, por ejemplo, que desconozco si es culpa del escritor o del traductor, es la falta de uniformidad a la hora de ofrecer algunos datos. Y así, en algunos capítulos las medidas se ofrecen en el sistema métrico decimal (bombas de 453 o 906 kilogramos), mientras que en otros se ofrecen en el sistema imperial (bombas de 1000 o 2000 libras). Creo que también hay líos con los metros, los kilómetros, las millas náuticas, etc.
Contrastando su narración con alguna otra fuente, parece que su relato tiene bastante rigor histórico. Es preciso. Sin embargo, es complaciente con algunos personajes. Su descripción de las motivación del MacArthur para recuperar las Filipinas con prioridad a otros objetivos incluye ciertas observaciones del general que le hace parecer a él y su padre, que fue gobernador de las islas bajo el dominio norteamericano durante un tiempo, como si los norteamericanos fueran liberadores y paternales tutores de los isleños. La realidad nos dice que tras la independencia de España, se declaró una primera república independiente en las Filipinas que fue abolida por los EE.UU. tras una guerra de más de 10 años, tras la cual pasó a ser un colonia de la potencia norteamericana. Dicha guerra incluyó un gran número de muertes civiles con frecuentes represalias de los norteamericanos contra la población civil y el uso frecuente de la tortura; vamos, lo habitual en las guerras de ocupación, las haga quien las haga. Así que esta complacencia del autor hacia el general norteamericano y sus motivaciones, me hace sospechar de otras opiniones sobre otros protagonistas más importantes en los sucesos relatados. Porque no creo que sea un indocumentado e ignore la realidad de la historia filipina. O sí. Vaya usted a saber.
Por otra parte, MacArthur es un secundario en esta historia. Los actores principales fueron diversos almirantes de ambas armadas con distintas responsabilidades en los fracasos y en los éxitos de ambos bandos. Éxitos parciales de los japoneses, porque la operación en su conjunto fue un gran éxito para la armada norteamericana sólo empañada por las decisiones de alguno de sus más destacados almirantes. Lo que si es de destacar es que esta batalla, o más apropiadamente este conjunto de batallas, pasará a la historia como la última confrontación naval en la que los buques de guerra se enfrentaron a cañonazos, siendo además la de más envergadura de la historia por el número, tamaño y potencia de los buques puestos en acción.
Al final de la misma, se puede asegurar que ni la marina ni la aviación japonesa podían poner ya en serio riesgo a las tropas aliadas, y el Japón quedó aislado de la posibilidad de recibir materias primas con las que sostener el esfuerzo bélico. Lo cual habla de la importancia de la acción.
El libro, en su conjunto, gustará a los aficionados a la historia, y en especial a los de la historia bélica o del conflicto mundial. Para el resto, supongo que no tendrá mayor interés.

Monumento a Alfonso I "el Batallador" en el Parque Grande de Zaragoza; uno de los grandes líderes militares del Reino de Aragón, y al mismo tiempo un nefasto político, que a punto estuvo de acabar con el emergente reino a su muerte por culpa de sus desastrosas disposiciones testamentarias - Panasonic Lumix GF1, Canon-S 50/1,8 II
John Adams (TV), o cómo hacer una biografía televisiva
Había oído hablar cosas buenas de esta serie, John Adams, de siete capítulos. La tenía grabada desde hace tiempo esperando el momento. Los actores principales son buenos. Paul Giamatti, Laura Linney, Tom Wilkinson,… entre otros. La recepción, estupenda… Una serie histórica. Ahí tengo yo mi debate eterno. Porque pocas veces los productores de cine o televisión histórica se permiten el lujo de ser fieles a la historia. Siempre parece que tengan que arreglar lo que ya ha sucedido. Como si no fuese lo suficientemente interesante o emocionante de por sí.
Por otro lado, el personaje histórico. De quien yo conocía poco. John Adams, uno de los padres fundadores de la patria para los norteamericanos. Qué peligro. Por que si en España somos dados a las “españoladas”, los yanquis también son muy dados a las “americanadas”. Pero bueno,… había que arriesgar.
En primer lugar, he de decir que la producción es lujosa. La reproducción de los lugares históricos, la ambientación, la caracterización de los personajes, todo ello nos deja boquiabiertos por el oficio con el que está realizada esta producción televisiva. Es impecable. Ya sólo por eso empieza a merecer la pena el acercarse a este tipo de producciones.
En segundo lugar, la historia… Muy interesante al principio, con los inicios de la revolución norteamericana, con la declaración de la independencia, con la lucha por el reconocimiento internacional,… luego, sin embargo, pierde ritmo. Los acontecimientos no se precipitan. Los períodos temporales se prolongan. Hay que considerar que mientras los primeros capítulos narran los acontecimientos que sucedieron en intervalos de semanas o meses, en los últimos nos cuentan períodos de años, incluso de décadas. El ritmo va cambiando y el centro de interés pasa de los acontecmientos a los caracteres. Conozco poco de esta parte de la historia norteamericana, pero por lo que he ido estudiando conforme veía la serie, sí que se han tomado alguna licencia respecto a cómo sucedieron las cosas, pero respetando lo esencial.
Y respecto a los caracteres, es aquí donde vamos a lo esencial. Lo importante es el retrato, longitudinal en el tiempo, evolutivo, que nos hacen de un personaje clave en la historia norteamericana. Trabajador, erudito, estudioso, pero terco, excesivamente franco. Y muy dependiente en sus momentos de más éxito de la influencia, sensata, racional, de su mujer. Muy interesante también la interacción con el personaje de Thomas Jefferson, interpretado por Stephen Dillane. Amigo intelectual y al mismo tiempo enemigo político, marcaron la división en la política norteamericana que persistió hasta su conflicto civil, varias décadas más adelante; el conflicto entre el poder federal y el poder de los estados constituyentes. También muy interesantes, se hacen cortos y escasos, los intercambios entre Abigail, la esposa de Adams, y Jefferson. Da la impresión de que siempre queda algo detras sin contar o sin salir a la luz.
Acompañando la riqueza de los caracteres tenemos unas más que excelentes interpretaciones, que apoyan sin fisuras la excelencia de la producción.
En resumen, no es perfecta, quizá porque la obligación autoimpuesta de cubrir cincuenta años de la historia de los Estados Unidos, que sucedieron a muy distinto ritmo y en muy distintas circunstancias, es muy difícil. Pero por lo demás una serie altamente recomendable para quien guste de la buena televisión y del buen cine.
Habiendo sido durante varios años embajador ante la corte de Luis XVI,… pues hoy,… una foto de París.
Larry Clark y la adolescencia americana
Entre las muchas fotografías que tuve ocasión de ver en las exposiciones del Mois de la Photo à Paris, hubo algunas que me impresionaron de una u otra forma. Una de las exposiciones en las que mayor número de imágenes que me llamaran la atención hubo fue la de Seventies, le choc de la photographie américaine, en el la Bibliothèque Nationale, en su sede de Rue Richelieu. Con un amplio abanico de fotógrafos, que retrataron la realidad de la sociedad norteamericana de los años setenta, alguna de las imágenes más intensas procedían de Larry Clark.
Larry Clark es un fotógrafo y cineasta que ha orientado buena parte de su obra en ambos ámbitos a describir la realidad de la adolescencia de su país. Y lo ha hecho sin ambages, de una forma directa. Previamente, había visto dos de sus obras cinematográficas, Kids (1995) y Ken Park (2002), en la que los adolescentes dejan de ser esos grupos de chicos y chicas monos y traviesos que aparecen en las comedias al uso y a los que conocemos en sus aspectos más sórdidos. En sus inseguridades, en su forma de afrontar la sexualidad, en la violencia, en sus difíciles relaciones entre sí y con el resto de la sociedad. Son películas duras, que no son cómodas de ver para nadie. Además, son muy explícitas en sus escenas de sexo, lo cual dada la edad de los personajes puede producir una incomodidad añadida en el espectador.
En la exposición, las imágenes de Larry Clark se mostraban en el espacio dedicado a la marginalidad social, y casi todas ellas correspondían a sus series Tulsa y Teenager Lust. De esta última, me llamó la atención una en la que se veía a dos adolescentes, chico y chica, desnudos. Ella esta tumbada boca arriba, atada. Él, arrodillado a su lado, sostenía en su mano un revolver y tenía su otra mano sobre uno de los pechos de la chica. A ninguno se le ve la cara. El título de la fotografía es Brother and Sister. La violencia que sugiere la imagen y las connotaciones del título conducen inmediatamente a esa incomodidad personal que antes he comentado, a un desasosiego considerable. No me considero una persona mojigata, pero no me encontraba a gusto. Dediqué un rato a ver el conjunto de las imágenes del autor, y llegué a una conclusión personal. La visualización de determinado tipo de imágenes, de carácter documental, es incómoda; nos puede situar en los puntos de nuestra sociedad que preferiríamos que fueran distintas. Pero sin embargo, creo que es bueno que alguien se encargue de mostrarnos su existencia. De que tengamos menos excusas para justificar nuestra ignorancia sobre lo que pasa en nuestro medio social.
Hoy día, tomar esa imagen probablemente sería imposible. La protección de los menores impiden hoy en día tomar imágenes que se podía obtener en los años 70. Sin embargo, hasta cierto punto, también nos impide denunciar o conocer situaciones reales que se producen. Y esa es una parte negativa de la cultura actual. Políticamente más correcta, pero más hipócrita a la hora de reconocer el lado oscuro de nuestra sociedad.












