No, no somos ni Romeo ni Julieta, ni estamos en la Italia medieval…

Italia, Milán 2006, Viajes

Anoche la cosa empezó con discusión. Pues fíjate tú. Que por hora y veinte más nos plantamos en Venecia en vez de quedarnos en Verona. Y yo, que me conozco el percal, que ya estuve en la capital de la Serenissima, que digo que no, que vamos a estar muy pocas horas, y que entre vamos ponte y que me coloco no nos vamos a enterar. Finalmente, me planto, que caray, que yo ya he estado; y en Verona, no. Me he salido con la mía. No me lo han tenido en cuenta, el día ha estado bien, y además, Verona pertenece al Veneto, y hemos podido pasear al pie del león, símbolo de la Serenissima, con señoritas enmascaradas y todo.

Por lo demás, Verona me ha parecido como Roma, pero en pequeño. Con su circo con sus romanos, su plaza llena de tenderetes y turistas, sus rincones recoletos, sus ruinas «romanas»,… en fin de todo.




Aunque claro, lo propio es lo de Romeo y Julieta. Es curioso. Porque te venden la moto como si realmente hubiesen existido y no fuese un invención de un escritor inglés, que nunca estuvo en la ciudad. Y se han generado sus propias tradiciones. Como la de hacerse fotos tocándole la teta a la estatua de Julieta que hay debajo del presunto balcón de los Capuletos (parece ser que Capuletos y Montescos sí que existieron, y eran enemigos al ser los Capuletos güelfos, partidarios del Papa, y los Montescos gibelinos, partidaros del Emperador del Sacro Imperio). O la de llenar el palacio Capuleto de papelitos y graffitis de amor. Y la gente encantada, oiga.


En fin, acabaremos con aquellas líneas que el bardo dejó sobre Verona (traducción libre en lo lingüístico, pero fiel en el concepto):

Nada hay fuera de las murallas de Verona,
sino purgatorio, tortura o el propio infierno.
Así pues ser exiliado de ella es ser exiliado del mundo,
y el exilio del mundo es la muerte.

(William Shakespeare, Romeo and Juliet)

Bueno; o malo. Esto se acaba. Mañana viaje de vuelta. Mis proximas noticias desde el charco.

Un lugar de cine, el Lago de Como

Italia, Milán 2006, Viajes

Y no es porque Georges Lucas se inspirara en él para uno de sus mundos en Star Wars, en concreto, el planeta Naboo, dondé reinó la reina Amigdala, y donde se casó con el chico bueno que se volvería un fantoche malo. Y se casó donde sale en la foto para más datos.

Tampoco es porque en la película que protagonizó George Clooney, Ocean’s Eleven, el hotel que pretenden robar se llame Bellagio, al igual que una de las localidades más visitadas del lugar, y que podemos ver en la foto. Por cierto, George tiene una villa en las orillas del lago.

No. En general es que el lugar es tremendamente bello. Aun con todos sus turistas, sus barcos arriba y abajo y su todo. Aunque maltraten a los antiguos cinquecentos como el de la imagen.


Lo suyo, aquí, es pasear por estupendos jardines, dando de comer a las ardillas, y dedicarse en general a no hacer gran cosa.


Incluso en la coqueta población de Cadenabbia, hemos visto un cartel que nos invita a acercarnos a la playa, «en un lago«. Aunque luego hemos visto, cómo era la «playa«



Finalmente, tras perder el barquito que nos hubiera llevado paseando en hora y media desde Tremezzo hasta Como, hemos tenido que coger el «rápido» que nos ha llevado a una velocidad endiablada, y nos ha permitido darnos una vuelta por la ciudad antes de coger el tren de vuelta a Milán. En fin. Qué bonito es todo.

De isla a isla, y tiro por que me toca

Italia, Milán 2006, Viajes

Bueno. Hoy me ha costado un poco subir las fotos. photo.blogger estaba un poco rebelde. A lo que vamos. Tras la excursión de ayer por el Lago de Lugano, hoy le ha tocado a uno de los grandes, el Lago Maggiore. Nos hemos centrado en el Golfo Borromeo, que lleva este nombre por unos condes que andaban por aquí, entre las localidades de Stresa (muy turística, ella), y Pallanza, esta última una monada a la orilla del lago. Y la princiapal atracción, los tres islotes que constituyen las Islas Borromeas.

Así que hemos cogido el barco (un poco más grande que el de la foto), y a navegar.

El ambiente estaba sosón. Me imagino que en temporada alta veraniega esto estará hasta arriba de gente diversa. Hoy la había, pero muy tranquila. Mucha pareja de todas las edades, con preponderancia de las edades medias, en plan paseo apacible.

En las islas, dos cosas principalmente; un par de palacios realmente muy vistosos, especialmente en Isola Bella, y unos jardines estupendos con todo tipo de plantas y animalitos, especialmente en Isola Madre (Isola Mamma que decía el cachondo del barco), donde la acumulación de pavos reales, urogallos, faisanes y loros de todo tipo, era de lo más curioso, por no hablar de las plantas, muchas de ellas tropicales. Un clima privilegiado el de estas latitudes.


Eso sí. En las partes menos palaciegas de las islas, aparte de muchos restaurantes, tiendas de suvenires y pseudo-artesanías, la cosa era como en Italia. Con la ropa colgando a la calle, para mayor asombro de nórdicos.

Siguiendo la tónica de ayer, si lo de hoy era una lago donde se pesca, y ya que a la hora de comer estábamos en la Isola Superiore dei Pescatori, pues me he pedido unos pescaditos de lago marinados, que estaba muy buenos, y unos spaghetti alle vongole que estaban mejores. En realidad, las vongole (almejas) no eran del lago, sino de algún mar, probablemente el Mediterráneo.
Pero aparte de todo, cuando las nubes no lo impedían, y el sol iluminaba el lago, hemos disfrutado de unos paisajes absolutamente estupendos. Un sitio muy recomendable. Oiga.


Ay, Suiza, patria querida; ay, Suiza de mis…

Milán 2006, Suiza, Viajes

Probablemente la comprensión del título de la entrada sólo será fácil para quienes vivieron la transición a la democracia en los 70s y recuerden cierto disco cantado por cantautores diversos y basado en los personajes del humorista gráfico Forges. Pero el caso es que hoy hemos estado en Suiza; en el Lago de Lugano.

El día, como casi todos, ha amanecido tristón y lluvioso en Milán. Pero al llegar a los Alpes se ha despejado. Hemos salido con retraso… se les había olvidado poner la locomotora al tren. Y ahí tenías al revisor-jefe y los maquinistas reclamando por el telefonino la locomotora de turno. En fin; Italia.

Lugano ha resultado ser una ciudad orientada al ocio y a los veraneantes, muy agradable y tranquila. Como era domingo, había todo tipo de actividades, incluido un maratón, que ha ganado un chica con aspecto muy poco suizo. Para los más tranquilos, nada como una partida de ajedrez en el parque.


Pero de lo que se trataba era de conocer uno de los Grandes Lagos, el de Lugano. Y vaya que está bien; muy bien. Y eso que dicen que no es el más bonito. Pues como serán los otros. Al grano; que nos hemos cogido un barquito que nos diera una vuelta por el lago, y nos dejara en Gandria, una pintoresca localidad en sus orillas donde dar una vuelta y comer algo.


A la hora que hemos llegado, lo primero comer. Y viendo algunos de los carteles que aparecían en los anuncios oficiales, no nos ha quedado la menor duda y nos hemos pedido «algo» (risotto o pasta, según quien) con funghi porcini (en latín Boletus edulis). Delicioso. Tras comer. Una vuelta por el pueblo.

Como curiosidad, en mi vida había visto tanta lagartija junta por metro cuadrado. Impresionante. Casi las pisas. Y todas con el rabo íntegro. Por aquí no debe haber muchos depredadores. Ni muchos niños. O estos no juegan con las lagartijas. A lo mejor por eso hay tantas. Menos mal que para compensar, hemos encontrado una colección de coches clásicos tostándose bajo el sol. Como las lagartijas; pero más monos.


De vuelta en Lugano, y mientras algunas preferían sentarse en terrazas y holgazanear, he pillado mi cámara, y me he ido a dar una vuelta en funicular. Muy mono, oiga. Lástima que se ha puesto a llover, y la vista desde el Monte Bre no ha sido todo lo espectacular que esperaba. Pero no ha estado mal. En fin, mañana más. Probablemente otro de los Grandes Lagos.


Aparte de tranvías, arte, mucho arte, y tiendas

Italia, Milán 2006, Viajes

Pues eso, que después de que ayer viésemos las principales atracciones turísticas
de la ciudad, hoy tocaba dedicarse al detalle. Y eso implica ver algún museito y esas cosas. Lo más curioso es que hemos visto un par de museitos del equivalente al Ministerio de Cultura italiano, uno en el Castello Sforcesco, de esculturas, y otro en el Palazzo de Brera, una pinacoteca, y nos han resultado baratitos (3 y 5 euros) y simpáticos, con posibilidad de fotografíar siempre y cuando desconectáramos los siempre ofensivos flashes en este tipo de sitios. Escultura clásica, bajos relieves, una pietá de Miguel Ángel inacabada, algún Greco, algún Rubens, un Caravaggio, etc., todo ello cómodamente y con simpatía.

Hemos visitado también la Capella Portinari, en San Eustorgio, dependiente de la Iglesia (la católica apostólica y romana), y está muy bien, pero tiene mucho menos contenido. Nos han cobrado 6 euros (pase), pero nos han dicho que si queríamos fotografíar teníamos que pagar 4 euros más. En total, 10 euros por mucho menos que los anteriores. Nos hemos vengado robando alguna foto cuando no miraba el «perro guardián» que nos han puesto.

Incluso en el extranjero, mantenemos lo de siempre, ¡Abajo la Iglesia! ¡Viva la República! (aunque sea la italiana).

Pietá incabada de Miguel Angel, Castello Sforcesco

Salas de la pinacoteca del Palazzo de Brera

Foto robada en el cementerio paleocristiano de San Eustorgio

Un lugar que nos ha encantado ha sido San Maurizio, anodino por fuera, pero con las paredes llenas de frescos maravillosos, que nos han gustado mucho. Estos también han sido muy simpáticos y amables, aunque fueran Iglesia. A cada cual lo suyo. Lo que si nos hemos encontrado, ha sido el desmentido de que los unicornios desaparecieran porque Noé se los olvidó con las prisas, y no los introdujo en el arca. Y si no, observese la instantánea a continuación.

Nos hemos acercado a otro templo de otro tipo de arte. La famosa Scala de Milán, uno de los principales teatros líricos del mundo. También es un lugar anodino por fuera, salvo por los ocasionales tranvías, pero el interior, el teatro, nos ha parecido absolutamente impresionante. Muy bien.

Por otra parte, en nuestro amplio deambular, hemos encontrado algunos rincones estupendos y muy animados, como la Porta Ticinese, con su tranvía y un montón de gente alrededor. Se notaba que era sábado.

Finalmente, tocaba pasearse por el Corso Vittorio Emmanuelle, donde están todas las tiendas esas, a cual más cara. Curiosamente, de todos los sitios en los que hemos estado, ha sido el lugar donde más hemos oído hablar en castellano. Hijo, que afición por la compra, oye; aunque sea por la de los demás, porque a estos precios…


En Milán, chico, hay de todo; tranvías, catedrales, buen tiempo, mal tiempo,…

Italia, Milán 2006, Viajes

Como comentaba ayer, en Milán hay tranvías. A montones. Muchos de ellos pequeños, antiguos, pintados de un vistoso amarillo, ruidosos y con unas tranviarias muy simpáticas que van saludando a todo el mundo. Qué estupendo. Que bien ha ido todo. Y aun queda el rato golfo… Tengo que darme prisa que me esperan.

Pero por la mañana, el tema no prometía nada bueno. Se ha pegado toda la noche lloviendo, y a la hora de empeza a hacer turismo no llovía, sino que diluviaba. Y con una cerrazón tremenda. Pintaban bastos.

Así que hemos empezado por lo más lógico, o cobarde, o inteligente, según se mire. Por las Galerías Vittorio Emmanuelle. Que para eso están a cubierto. Todo llenito de comercios superhipermegapijos, y con las españolitas mirando los escaparates con deseo. Claro que también hay un McDonald’s. ¿A quién se le habrá ocurrido semejante falta de clase y de consideración? Maldito dinero que todo lo puede…


Mientras paseabamos por las galerías, se han debido de acordar de que yo estaba en la ciudad, y que por lo tanto tocaba buen tiempo. Y así en cuestión de minutos, hemos pasado del diluvio a un agradable día de nubes y claros. Así que nos hemos ido al Duomo. Una maravilla, oiga. Nos ha sorprendido lo piadosos que son los turistas de por aquí. Cantidad de gente colocando un eurillo en la hucha del sacristán y encendiendo su velica al santo de turno. Que por cierto por aquí veneran a un San «yo». Es la primera vez que me encuentro con esto.


Y el caso es que, cuando nos hemos dado la vuelta por el exterior del Duomo para buscar la subida a las terrazas, nos hemos fijado que la decoración era digna de una feria de sado-maso. Muchas de las esculturas del exterior del ábside correspondían a mártires diversos en pleno martirio. Fíjense, fíjense, en el tipo al que se le salen las tripas.

Para mártires los turistas que suben a las terrazas. Si vas por la escalera son 4 euros; por el ascensor, 6 euros. Y el tema es que la mayoría subía por las escaleras,… como si dados los precios del lugar eso les sirviese para algo… Claro así andaban luego de destrozados, que se tumbaban en cualquier lugar de las sacras terrazas del Duomo. Mucho más dignas las mocicas orientales, que se sentaban modositamente habriendo sus paraguas para protegerse del sol.


El paseo ha sido amplio y narrarlo todo podría ser cansado. Especialmente para mí. Además me llaman. Nos vamos a golfear un rato. Aunque no sé. Porque al final de la tarde ha vuelto a caer otro diluvio, que no se podía ni estar en los primeros quince metros a cubierto de las famosas galerías, por el agua que entraba. Venga, que se me van. Hasta mañana.

Sin novedad desde Milán; pero llueve

Italia, Milán 2006, Viajes

Ha habido relativa suerte. También dispongo de conexión a Internet desde el Grand Hotel Puccini de Milán. Es curioso ver como un tres estrellas mallorquín puede ser mucho más mono y puestito que un cuatro estrellas italiano. Pero es lo que tiene la cosa.

Mis primeras impresiones de Milán han sido húmedas. Llueve. Espero que la cosa vaya amainando. Pero algo importante; hay tranvías. No de los modernos, no de los que llaman metros ligeros. Si no de los de toda la vida. Y todavía no conozco una ciudad con tranvías de los de toda la vida que no me guste. Pues nada, a por ella.

Tranvía «a la milanesa», bajo abundante lluvia