[Fotos] Paseando con un objetivo germano-oriental sobre una cámara japonesa

Fotografía

Durante el mes de enero, llevé encima como cámara de paseo la Canon EOS 650 con un objetivo de enfoque manual de fabricación en la antigua Alemania oriental con un carrete de película negativa en color. Lo terminé en Galve, cuando visitamos los chopos cabeceros del alto Alfambra. Los detalles técnicos en El Tessar de la DDR sobre la Canon EOS 650 y película Kodak ColorPlus 200.

[Recomendaciones fotográficas] Un variado en unos tiempo de poca atención

Sin categorizar

Que últimamente estoy muy liado y tengo mi cabeza muy dispersa, o muy concentrada en cosas que no son las que realmente me importan, se nota en muchas cosas. Que no me concentro en la lectura. Que veo menos series, o no me centro mucho en si mi interesan o no. Que hace 10 días que tengo un carrete para revelar y no encuentro tiempo para ello, incluso si ayer me pasé la mañana echando una mano en el revelado de carretes de otros. Que no encontramos un momento para suspender “oficialmente” nuestro programado viaje a China, no por miedo al coronavirus, sino por miedo a las restricciones de movimientos que se les ocurran a las autoridades chinas. Y porque no consigo hacer selecciones semanales de recomendaciones fotográficas tan coherentes como antes. Pero bueno, algo hay…

Otro signo de que voy poco centrado, es que hace ya unos días que tengo este carrete de Kodak ColorPlus 200 expuesto a través de un Carl Zeiss Jena Tessar 50/2,7 DDR y a aún no he encontrado momento para revisarlo a conciencia y comentarlo.

Francesca Woodman es una fotógrafa de la que he hablado en diversas ocasiones. E, independientemente de que esté de moda, lo cierto es que conforme voy entrando en su obra, cada vez me dice más cosas. Quizá por ello he seleccionado un artículo de Feature Shoot que nos habla de las fotografías de la fotógrafa que ayudan a conformar un retrato sobre la artista. Tanto las que ella dejó sobre sí misma, como las que el fotógrafo George Lange, amigo suyo y poseedor de obra de Woodman puede aportar. En un tiempo en el que abundan los autorretratos y retratos banales y vanidosos, resulta refrescante mirar a los años 70 y comprobar que es un género que puede adquirir notable profundidad e introspección.

La última versión de Little Women no ha rascado gran cosa en la temporada de premios. Vestuarios y esas cosas. Y lo cierto es que la película está bastante bien, tiene alguna gran interpretación que ha pasado más desapercibida de lo que sería justo, y lo único que le falta es un poco de atrevimiento de la directora para ser más rompedora y directa en su mensaje. No está mal fotografiada. En Emulsive publicaron hace unos días un artículo sobre el trabajo del fotógrafo Wilson Webb (instagram), fotógrafo de rodaje que, saliéndose de lo habitual, el uso de la fotografía digital, se lleva también sus Hasselblad XPan y Mamiya 7II con una provisión de películas Ilford al rodaje, y ha realizado una serie de retratos del reparto usando la técnica del colodión húmedo, devolviendo a los personajes a la época en la que se basan. Lo cual,… me parece estupendo.

Oscar en fotos siempre es una página interesante, inspiradora y altamente informativa. Y recientemente publicó una galería y minibiografía del fotógrafo fiestero por excelencia, aunque su mirada hacia las fiestas de las clases privilegiadas contengan no poco sentido crítico. Se trata de Larry Fink, y hace mucho tiempo que me gusta.

Y tres recomendaciones menores, pero interesantes:

[Cine] A Hidden Life (2019)

Cine

A Hidden Life (2019; 11/20200209)

Hacía años que no teníamos una película del inclasificable Terrence Malick, aunque hace unos años se dio prisa por rodar dos películas en relativa rápida sucesión. Pero habitualmente se lo piensa entre película y película. Nunca tanto como entre Days of Heaven y The Thin Red Line. Pero bueno… Sus últimas apuestas en 2012 y 2011 fueron realmente crípticas y muy incomprendidas por muchos. En algún momento… por mí mismo.

El lugar de origen de los protagonistas de esta historia no está muy lejos de la católica Salzburgo, gobernada hasta principios del siglo XIX por príncipes arzobispos.

En esta ocasión, contamos con una línea argumental mucho más convencional, pero inserta en su personal forma de entender el cine. Nos habla de la historia real del campesino austriaco Franz Jägerstätter (August Diehl) y su esposa Fani (Valerie Pachner). Franz era un hombre ya en sus treinta y tantos cuando empezó la Segunda guerra mundial. Estaba y casado y tenía tres niñas. En diversas ocasiones fue llamado a ejercicios de instrucción militar. Pero cuando fue llamado a filas, recordemos que en ese momento Austria formaba parte del reich alemán, se negó a prestar el obligatorio juramento de lealtad a Adolf Hitler. Fue hecho preso, fue llevado ante un tribunal militar (última aparición en la gran pantalla del gran Bruno Ganz) y fue guillotinado en Berlín en 1943.

No voy a entrar demasiado en los aspectos ideologicos. Se ha dicho que Jägerstätter adoptó esta posición por su profunda religiosidad católica. Pero también da la sensación, tal y como se puede leer en algunos textos, que tenía profundos sentimientos nacionalistas austriacos, no simpatizaba con Hitler y el partido nazi en absoluto, y esto tuvo también su influencia. La iglesia católica del momento no le apoyó, aunque recientemente fue beatificado. Pero esto no significa nada. La iglesia católica beatifica con la misma facilidad a antifascistas que a profascistas. Y tiene poca consideración con los mártires antifascistas cuando estos no son católicos, y beatifica en ocasiones a fascistas católicos. Lo que es cierto es que la tesis fundamental de Malick, donde se recrea en abundancia, es en la idílica vida, sencilla y familiar, de los campesinos austriacos en los Alpes, como paraíso ante la locura politicobélica en la que se sume Europa en esos momentos. Cierto es que para la familia del represaliado, la vida no fue fácil cuando este es apresado. Ni siquiera después de la guerra. No tan paradisiacos los conservadores pueblecitos alpinos.

La película no obstante tiene un rodaje magistral y unas interpretaciones conmovedoras. Que mezclan el inglés y el alemán de formas, aparentemente arbitrarias, todos los personajes y actores son germanoparlantes, aunque menos arbitraria conforme vas comprobando en qué ocasiones se usa uno u otro idioma. Y eso sí… la película dura casi tres horas para una historia que se puede contar en la mitad de tiempo. Pero Malick se recrea en sensaciones visuales y auditivas, y aquí, esto es marca de la casa, o lo compras o lo dejas. Yo en esta ocasión, lo compró. En otras, no.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Libro] Diez minutos antes de la medianoche

Literatura

Sigo con mi bloqueo lector. Y si llego a comentar un libro o una lectura a la semana,… pues porque tiro de títulos breves y no muy complejos que me permiten, trampeando, ir cubriendo mis objetivos de lectura. Pero sigo con dos títulos empezados y estancados…

En esta ocasión he trampeado con un título que apareció ofertado recientemente en las ofertas Flash de Amazon. Algo menos de un euro, aunque lo cierto es que dada la escasa extensión del mismo, apenas se puede considerar una oferta tan buena. Pero bueno, pensemos más en la cantidad que en la calidad.

No sé muy bien porqué, pero siempre he asociado aquellas obras de Estudio 1 de autores españoles al Madrid más castizo. Creo que es porque mi primer viaje a Madrid, cuando era niño, fue tras presenciar una obra de Carlos Llopis, “Nosotros, ellas y el duende”, que también fue representada en Estudio 1 en algún momento.

Soy “hijo” televisivo de los tiempos en que TVE era “la mejor televisión de España”… y la única. Incluso contando el UHF o, como luego se le llamó, segunda cadena o La 2. Era una televisión en blanco y negro. Quizá sea más correcto decir en escala de gris. Pues gris era también el país en el que nos tocó a muchos vivir la infancia. Gris mediocre. Pero entre la mediocridad de un régimen que nos quería mediocres, no tengo claro que esto último haya cambiado con el régimen actual, había algunos puntos de luz. Y uno de ellos era el Estudio 1. Representaciones teatrales en formato televisivo, que se emitían todas las semanas, los lunes si no recuerdo mal, aunque esto pudo variar con el tiempo. Las obras teatrales que se representaban, muchas de ellos clásicos, era de elevada calidad y muy variadas. Procedentes de diversas épocas y estilos. Algunas, muy innovadoras. Pero en el tardofranquismo era muy popular todavía un autor concreto, Enrique Jardiel Poncela.

No entraré a comentar las posibles filias o fobias políticas del autor. Alguna vez he leído su potencial afinidad por el franquismo. Pero su peripecia personal en la guerra civil fue compleja. Si bien la principal perjudicada de la guerra, además de las personas que la sufrieron directamente, claro, fue la democracia y la libertad, también hay que reconocer que en el bando repúblicano había de todo; desgraciadamente, también gente que tenía de demócrata lo que los sublevados fascistas. Y eso condicionó dónde buscó mucha gente su acomodo en tan incivil y cruento desencuentro. Lo cierto es que tras la contienda, tampoco le fue bien del todo, y murió relativamente joven, sin muchos amigos y con poco en su haber. Su epitafio es «Si buscáis los máximos elogios, moríos», que es muy apropiado para muchos autores hispanos de toda tendencia ideológica.

Recuerdo con simpatía varias de sus obras. Los ladrones somos gente honradaEloísa está debajo de un almendroAngelina o el honor de un brigadier, Cuatro corazones con freno y marcha atrás, y probablemente alguna otra que ahora no recuerdo. Creo que no todas han envejecido igual de bien. Que lo que pudo estar bien en su época, mantenerse en forma en el tardofranquismo, quedaría hoy totalmente periclitado. Pero en general queda bastante apreciable. En cualquier caso, aun habiendo presenciado representaciones de sus obras, nunca había leído nada de él.

La obra que aquí nos ocupa aparece en las bibliografías del autor como “novela corta”. Si la consideramos novela, hemos de advertir que es una novela dialogada. Y quizá debiera considerarse como un pequeño entremés teatral. Que argumentalmente está relacionado, precediéndola a la obra Los ladrones somos gente honrada, convirtiéndose en el prólogo a los dos actos que constituyen esta última.

Lo mejor de esta obrita es que es una mezcla de frescura y humor con una cierta amargura y pesimismo vital. El pesimismo, cierto estar de vuelta de la vida, lo aporta el ladrón de guante blanco que lidera el golpe que está a punto de producirse en la mansión donde se celebra la puesta de largo de una joven. La imaginación, la alegría de vivir, la pone una dama que, justo diez minutos antes de la medianoche, cuando debe comenzar el golpe, sale a la terraza donde espera el ladrón y entablan conversación.

A mí me ha gustado. Y me han entrado ganas de ver el conjunto para reevaluar mis impresiones sobre esta obra de Jardiel Poncela.

[TV] Cosas de series; educación sexual para adolescentes, brujas y demonios

Televisión

Sí. Las dos series de esta semana tienen como protagonistas a los adolescentes. Al menos de forma simulada; porque probablemente los actores que los interpretan son relativamente talluditos y han pasado (o deberían) esta etapa de la vida del ser humano. Todos o casi todos veinteañeros.

Como con Sex Education, nos vamos por Inglaterra,… fotográficamente. Canterbury, en concreto.

Sex Education – temporada 2

Esta serie británica es una de las más inteligentes, entretenidas y bien interpretadas del momento. Como leí en algún lugar, una serie sobre la adolescencia, no sólo sobre el sexo en la adolescencia, que deberían ver tanto padres como hijo… aunque quizá mejor que no la vean juntos.

Aunque los comienzos de esta segunda temporada parecían menos vistosos que los de la primera, lo cierto es que la trama ha ido creciendo en interés, intensidad y profundidad conforme avanzaban los episodios, para acabar con cierta brillantez. Tanto en el guion como en la interpretación y como la capacidad de ofrecer espectáculo televisivo.

Y esperemos que cuando esta serie se camina hacia su conclusión se apiaden de la buena de Maeve (Emma Mackey), para mí, el personaje con el que es más fácil empatizar, en parte por el buen trabajo de la actriz que lo interpreta.

Chilling Adventures of Sabrina – temporada 3

Sinceramente, las aventuras de la bruja del pelo blanco nunca me han entusiasmado en exceso. Pero reconozco que han acabado por entretenerme. Un entretenimiento que se acerca mucho al guilty pleasure, porque en ocasiones las situaciones era ridículas e incluso risibles. Por un momento pensé que todo el episodio de la palangana de Pilatos estaba sacado de un programa de los Monty Python. Lo cual no creo que fuera la intención de los responsables de la serie. Pero es lo que hay. Si lo quieres lo coges y si no lo dejas.

Por lo demás, las interpretaciones de la mayor parte del reparto son bastante planas e insustanciales. Incluso la protagonista (Kiernan Shipka), en recuerdo de su papel en alguna serie de bastante más prestigio, me había suscitado mayores expectativas, que no se cumplen. Esta serie es una de esas que vas viendo hasta que te cansas, lo cual puede suceder en cualquier momento.

Esta serie comparte universo de ficción con Riverdale y una nueva serie que se ha estrenado en HBO y de la que no pude pasar de los primeros quince minutos. Para empezar… la actriz protagonista me cae bastante mal.

[Fotos] Paseo estenopeico en color por el casco histórico de Zaragoza

Fotografía

Hacía días que no salía con una estenopeica. Y además hace tiempo que tenía clavada una espinita con el color. Que nunca me acaba de quedar bien. Con la ayuda de un “pequeño amigo fotógrafo” las cosas han mejorado mucho. El primer domingo de febrero, aprovechando que era una mañana agradable nos dimos un paseo por el casco histórico de Zaragoza. Los detalles técnicos en Mi “amigo” el fotógrafo, la Holga 120WPC y un rollo de Kodak Portra 400.

[Cine/cine en TV] Inclasificables tras la resaca de los Oscar

Cine

Hubo unos años en los que dedicaba un tiempo considerable al tema de los Oscar aquí en el Cuaderno de ruta. Hacíamos notables esfuerzos por ver todas las películas posibles de las candidatas antes de la ceremonia, hacíamos nuestras apuestas y comentaba, tras la ceremonia de los premios, mis siempre notables divergencias con el criterio de los académicos de Hollywood. Pero se me fue pasando. Cuantos más años pasaban, mis divergencias eran mayores. Mis criterios y prioridades se modificaban. Cada vez me apetecía menos ver algunas de las películas candidatas, este años hay varias que ni he visto ni pienso ver. Y sobre todo, cada vez soy más consciente que hay grandes películas que no merecen la consideración de la academia angelina, mientras que para mí pueden marcar un año de cine. No sé porque no aparece en ningún lado joyas como un viaje sentimental a las orígenes personales, o maravillas visuales que llegan también de Asia como la ganadora del premio gordo, y no menos profundas. Mucho del mejor cine que veo últimamente vine de Asia, así que no debería sorprendernos el triunfo de esos “parásitos” a los que tanto cariño cogimos en su momento. Miedo da que los yanquis quieran hacer ahora una nueva versión hablada en inglés… un sinsentido, vaya.

Una serie de fotografías tomadas en distintos puntos de la geografía sueca y a lo largo de los años, me sirven para ilustrar el largometraje sueco que comento más abajo.

Quizá por todo ello, la entrada del día después a los Oscar la dedique a los inclasificables. O más bien a un par de inclasificables que he visto recientemente.

What did Jack do? – cortometraje en Netflix

En una estación de tren, bloqueada por la policía, se ha cometido un crimen. Y un policía (David Lynch) interroga a uno de los principales sospechosos, Jack, un mono. Parece un crimen pasional, y ese es uno de los principales motivos que inducen a pensar en Jack como el causante del crimen.

Este cortometraje dirigido por Lynch, de 17 minutos de duración, aparece en IMDb fechado en 2017. Pero ha sido recientemente cuando Netflix lo puesto a disposición del mundo entero en su plataforma de vídeo bajo demanda. Inclasificable es, como buena parte del cine y televisión que ha filmado hasta la fecha el excéntrico director norteamericano. Con una ambientación propia del cine negro americano, presenciamos un interrogatorio que tiene un carácter que muchos caracterizarían de surrealistas, pero que yo me atrevo, y es una osadía por mi parte, que nos soy tan listo sobre el tema, a incluirlo entre las obras puramente dadás. Con unos planteamientos inconoclastas sobre los tópicos del cine negro, el diálogo parece por momentos estar basado en una serie de frases hechas que le dan un sentido más aparente que real.

Como he dicho, inclasificable. Encantará a los partidarios y aficionados de Lynch, y dejará perplejos a muchos de los que no lo son. Bueno,… son 17 minutos. Tampoco cuesta tanto probar a ver que tal. No está incluido en mi base de datos cinéfila, que sólo incluye largometrajes.

Om det oändliga (2019; 10/20200205)

Un carácter muy diferente tiene el corto largometraje del sueco Roy Andersson, una película cuyo título en castellano es Sobre lo infinito. Parece que ese oändliga es una palabra cognada con la inglesa, endless, sin final, que no es exactamente infinito, pero se puede acercar al concepto. Se discutió un buen rato sobre los infinitos que no tienen ni principio ni final, y los que tienen un principio pero no un final. Si matemáticamente ambos son infinitos, filosóficamente había dudas… Yo, que soy más de ciencias, permanecí relativamente al margen de la discusión, sorprendido sobretodo por que se estuviese produciendo.

Pero nada de esto tiene que ver con la película, que no tiene una unidad argumental. En una muy limitada duración, para hablar de lo infinito, de sólo 78 minutos, Andersson nos plantea una serie de escenas que son más bien una serie de tableaux vivants, con la cámara muy estática, totalmente estática, con movimientos muy limitados y bien definidos en los actores, casi coreografiados, y breves diálogos con carices que van desde lo filosóficamente profundo o aparentemente profundo, hasta las más sutiles ironías o parodias de situaciones cotidianas o aparentemente cotidianas. Con personajes que van desde el tipo rencoroso por el compañero de clase al que despreciaba en su infancia ha tenido éxito, mientras que el vive una vida mediocre, hasta Hitler en sus últimos días en su búnker berlinés. Desde un matrimonio discutiendo en la cola de la verdulería, a la fila de soldados alemanes presos del ejército soviético camino de Siberia por la estepa helada.

Y es que en lo infinito, hay sitio para lo extremadamente banal y para lo extremadamente trascendental. Desde lo cotidiano a lo extraordinario. Desde lo material y terreno a lo fantástico y a la fábula. Leí en algún sitio antes de ver la película que esta estaba inspirada por los cuentos de las Mil y una noches. Especialmente en lo que se refiere a que hace un recorrido por las distintas etapas de la vida del ser humano y a los temas que le preocupan, no importa el lugar o las circunstancias de su nacimiento. Pues vale… me lo creo. Pero que nadie espere ver una versión nórdica de los cuentos de las Mil y una noches.

Quizá lo más extraordinario, en lo que la película brilla más es en su puesta en escena visual. Con una muy cuidada selección de localizaciones, con un trabajo de fotografía y coherencia visual notable. Aunque es difícil hablar del trabajo actoral por el gran número y variedad de intérpretes en los distintos cuadros que constituyen la película, también estamos ante un trabajo notable.

Y sin embargo, no me acaba de enganchar lo suficiente como para que tenga una apreciación incondicional de la película. Reconociendo sus virtudes, al final, las conclusiones que sacas… pues no las compras. No soy especialmente optimista hacia la naturaleza del ser humano, pero el escepticismo que yo profeso, en esta película va más allá, pudiendo hablar de cierto grado de cinismo, e incluso de nihilismo. La opción última sería más bien,… para esto, más valdría que la especie humano no existiese o se extinguiese. O he cogido mal el mensaje. No obstante, no descarto que mi apreciación por esta película no mejore con el tiempo. ¿La recomiendo? Como he dicho al principio, una inclasificable; allá cada cual.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Para San Valero, más contento que un chico con cámara nueva

Fotografía

Pues sí. Hace tiempo que me apetecía tener un cámara como la Olympus Pen F. El modelo de principios de los años 60, no la modernez digital de estos años atrás. Que no está mal, pero no es lo mismo. Y aquí hay algunas fotos realizadas con ella. Que lo que cunde un carrete con estas cámaras, que no son 36 fotos sino 72. Los detalles técnicos en Olympus Pen F para película tradicional con Rollei Retro 80S.

15 años de Cuaderno de ruta, empecemos el 16º

Páginas personales

Un 8 de febrero de 2005 comencé a escribir este Cuaderno de ruta. Entonces residía en otra plataforma. Que todavía se pude abrir. En ella escribí durante tres años, hasta que me pasé a WordPress. Donde iba cambiando de estilos, hasta que en una fecha que no recuerdo, pero poco después de mi viaje a Italia en 2012, adopté el estilo visual actual. Con pocos adornos. Texto blanco sobre negro y fotos a buen tamaño.

Ya lo he contado en otras ocasiones. Cuando no sabía muy bien de qué iba eso de los blogs, me di de alta en Blogger; aún no pertenecía esta popular plataforma al todo poderoso Google. Debió de ser en torno a 2001 o 2002. No recuerdo bien. El caso es que no supe qué hacer con aquello. Era un mundo nuevo. Tuve que esperar a 2005, en un momento en mi vida en que sentía que todo a mi alrededor iba demasiado deprisa, cuando tomé una decisión. Durante al menos 30 minutos cada día iba a quedarme sentado delante del ordenador, iba a escribir sobre algo, lo que fuese, e iba a acompañarlo de una fotografía realizada por mi. Un momento al día de deceleración, que solía ser a las cuatro y media de la tarde, después de volver de Huesca, donde trabajaba, y comer algo.

Nunca me importó el número de personas que leyeran aquello. No lo hacía por nadie externo a mí. Aunque poco a poco me di cuenta que me servía de medio de comunicación con personas cercanas a mí en espíritu, pero lejanas geográficamente. Eso estuvo bien. Eso sigue estando bien, incluso si la proliferación de plataformas de redes sociales ha hecho que esa función de los blogs que tienen un carácter personal, y no periodístico o comercial, haya perdido sentido. No obstante, hubo algunos momentos en que veía sorprendido cómo 400 personas distintas al día se asomaban a lo que yo había escrito. De estas 400 personas, probablemente unas 375 no tenía ni idea de qué narices les podía interesar de lo que yo había escrito. Nunca he tenido muchos comentarios, porque para tener un número razonable de comentarios en un blog tienes que tener miles de seguidores. La inmensa mayoría de la gente es “muda” en internet; mira y calla.

Durante un tiempo hablaba de cosas de actualidad, especialmente los sábados. Comentando las principales noticias de la semana, y expresando mi opinión. Y ahí me di cuenta de que vivimos en un país muy incívico en lo que se refiere al respeto de la opinión ajena. No aparecían comentarios en mis entradas, pero me llegaban correos electrónicos que me producían tremenda desazón por su tono. Si alguien se sorprende de que en la actualidad haya partidos políticos con enormes déficits democráticos en nuestras instituciones parlamentarias, es que no se ha coscado del país en el que vivimos. Sus votantes siempre han estado ahí. Simplemente, las consecuencias de la crisis financiera y económica de 2008 hizo que encontraron un camino para la visibilidad pública. Escondí aquellas entradas, dejé de hablar de esas cosas, mandé a la m..rd. al país y me dediqué a vivir mi vida. Eso fue en 2011 ya. Mis queridos amigos, España tiene un régimen democrático, así viene reconocido por ejemplo por el Democracy Index de The Economist, pero eso no quiere decir que sus ciudadanos lo sean. En fin… cuanto más voceras hay chillando sobre patrias y banderas, más asquito me dan estos conceptos. Ya lo digo George…

Au village, sans prétention
J’ai mauvaise réputation
Que je me démène ou que je reste coi
Je passe pour un je-ne-sais-quoi
Je ne fais pourtant de tort à personne
En suivant mon ch’min de petit bonhomme
Mais les braves gens n’aiment pas que
L’on suive une autre route qu’eux
Non, les braves gens n’aiment pas que
L’on suive une autre route qu’eux
Tout le monde médit de moi
Sauf les muets, ça va de soi

(La mauvais reputation, George Brassens, 1952)

Hoy en día, los blogs están de capa caída. Y la mayor parte de los blogs personales o con pocas pretensiones reciben mucho menor tráfico de visitas que antaño. Las redes sociales han ocupado su espacio, y quizá sea lógico. Exigen menos tiempo, son más inmediatas. Pero también pierden riqueza conceptual. La gente se limita a publicar eslóganes más que ideas. Filosofemas que suenan bien, y que reciben muchos “me gusta”, aunque de ellos se deriven en ocasiones consecuencias espantosas. Y donde no hace falta pensar mucho lo que se dice. Aunque ya se sabe, quien no piensa lo que dice corre el riesgo de decir lo que piensa. Y así… nos encontramos tantas “gentes de bien”, “ciudadanos modelos”, muchos de ellos que se consideran, incluso, “progresistas”, soltando burradas xenófobas, intolerantes, homófobas,… o de carices semejantes, como si nada. Yo a estos los suelo borrar de mis listas de “amigos”, o al menos los silencio, para que sus “pensamientos” no aparezcan ante mí. De nada sirve argumentar con ellos. O no reconocen la naturaleza de sus “ideas”, o se enfadan mucho por que les digas lo obvio. No hay más que percibir algunas de las cosas que han aparecido estos días atrás con motivo de la epidemia de enfermedad por coronavirus en China. En lugar de aparecer una sana solidaridad con las personas que sufren, aparecen signos de racismo y xenofobia absolutamente injustificados. Triste panorama social el que dibujan las redes sociales.

Pero si algo bueno ha tenido mi modestísima aventura bloguera ha sido que, de alguna forma, impulsó mi afición fotográfica. Imponerme a mí mismo publicar al menos una foto propia en cada entrada fue un acicate para no confiar en el “fondo de armario” de mi archivo fotográfico. Y también me impulsó a moverme e innovar. Aunque innovar suponga, por ejemplo, volver a procesos fotográficos que muchos daban por difuntos hace diez años. Hoy os dejo con algunas de las últimas fotografías que he hecho. Un día de estos, probablemente mañana, os hablaré de mi “nueva” cámara, de hace 50 años, que me llegó en el mes de enero, la Olympus Pen F, con la que he estado trasteando las últimas semanas. Hoy os dejo unas cuantas fotografías de la excursión que hicimos hace unos días al Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra, a su paso por Galve. Como digo, mañana, o pasado lo más tardar, os cuento más detalles sobre la cámara.

[Libro] Blade runner: una película

Literatura

En primer lugar, antes de seguir,… no, no tiene nada que ver con LA película. Ni con el libro en que se basa.

En segundo lugar, desde mediados de enero estoy sufriendo un bloqueo lector. Por mi cabeza circulan constantemente una serie de ideas recurrentes y cuestiones que me preocupan más o menos. En realidad, nada grave. Y las ideas recurrentes no son de las que se consideran enfermedad mental, más bien, una ligera pero no patológica personalidad obsesiva con ciertas cosas. La cuestión es que me cuesta concentrarme en la lectura. Hacía mucho que no me pasaba… pero no es la primera vez.

En tercer lugar, el día de San Valero, festividad local, pasé por una librería de viejo y ocasión a la que antes iba con frecuencia, pero que ahora hacía años que no visitaba. Y además de comprar un par de libros de fotografía, adquirí el opúsculo que hoy nos ocupa. Una lectura breve, potencialmente rápida, que quizá contribuyera a romper el bloqueo lector.

Nueva York ya nunca parecerá tan “chula” después de leer este libro…

No es la primera vez que leo algo de William S. Burroughs. Que nadie se me confunda con el Burroughs de Tarzan, que aquel se llamaba Edgar Rice. El Burroughs que hoy nos ocupa tiene asignado entre los listos un lugar en la Generación Beat, algo de lo que él no estaba nada de acuerdo; igual no eran tan listos. O a Burroughs no le gustaban las etiquetas. O ambas posibilidades son ciertas. Las obras de Burroughs se alejan de lo convencional, en general por sus temas y su fondo. Y en muchas ocasiones, por sus formas. Su defensa de una libertad prácticamente ilimitada, le llevó a transgredir numerosas normas sociales y morales, cuando las propias leyes. Por lo cual, tuvo su buena ración de problemas. Eso, sin contar con que mató accidentalmente a su segunda esposa… unas versiones dicen que “colocados” por completo, intentaban emular a Guillermo Tell en cierto legendario episodio. Otras simplemente hablan de que el arma que manipulaba se disparó accidentalmente.

La novela corta que hoy nos ocupa pretende ser el tratamiento argumental para una película de cine de una novela de Alan E. Nourse, The Bladerunner. Esta novela de 1974, inspiró algunos aspectos de la película de 1982 de Ridley Scott, entre otras cosas el título, pero no tienen argumentos distintos, como los aficionados y conocedores sabrán. En esta novela corta, un “bladerunner” no es un policía que persigue androides, sino un traficante de medicinas y otros suministros médicos de carácter clandestino, “underground”, en una sociedad que ha colapsado por unas reformas del sistema sanitario que han llevado a la sociedad americana a una situación que no sé si denominar “distópica” o “preapocalíptica”.

Burroughs, poco antes del comienzo de la pandemia de sida, ejerce de agente provocador literario, como en otras ocasiones, para un lector preocupado por las deficiencias de la sociedad y el sistema capitalista en el que nos vemos inmerso. Siempre tirando por elevación en un cierto (o alto) grado de transgresión. Así pues, este tipo de literatura caerá mejor entre quienes en algún momento hayan soñado con la anarquía como utopía que entre las “gentes de orden”, más proclives a preferir otras aberraciones como sistema político, más patrióticas y militarizadas.

Así pues, quedáis advertidos. Ante un texto muy ideologizado, y violento en varias dimensiones, habrá quien disfrutará mientras que otros quedarán horrorizados. Allá cada cual.

[Cine/cine en tv] Joe Hisaishi vuelve a las bandas sonoras de películas de animación

Cine

Joe Hisaishi es un compositor que ha trabajado en abundancia para el cine. Muchas y grandes bandas sonoras del cine japonés se deben a él. Mientras escribo esta entrada, escucho una lista de reproducción dedicada a las colaboraciones, maravillosas, que hizo con el Studio Ghibli. En concreto, suena una animada pieza de Sen to Chihiro no Kamikakushi [千と千尋の神隠し] (El viaje de Chihiro). La última banda sonora que había compuesto para una película de animación, hasta recientemente, fue Kaguya-hime no Monogatari [かぐや姫の物語] (El cuento de la princesa Kaguya). Pues bien, en las últimas semanas se han estrenado dos películas de animación japonesas que nos vuelven a traer la música de Hisaishi. Paso a comentarlas.

Dado el tema de una de las películas de hoy, nos daremos un paseo por las costas de Japón, en la península de Kii.

Ni no Kuni [二ノ国] (2019; 08/20200129)

Dirigida por Yoshiyuki Momose, esta película se ha estrenado internacionalmente en Netflix sin pasar por las pantallas de los cines, al contrario de lo que sucedió en su país de origen.

Está basada en un videojuego, cuya banda sonora también está compuesta por Hisaishi. Y nos presenta una situación de fantasía en la que existen dos mundos, uno de ellos que podemos considerar el nuestro, y el otro un mundo de fantasía mágica medieval. Unos adolescentes tienen la capacidad para viajar entre ambos, y deben encontrar un equilibrio entre lo que pasa en ambos mundos, puesto que lo que sucede en uno puede tener consecuencias negativas en el otro.

Es un entretenimiento muy simplón para niños y adolescentes, que no supone un especial valor añadido para un adulto. No destaca por nada en especial, pero tampoco es especialmente malo en nada. Un argumento predicible y los tradicionales elementos de las historias de fantasía de este tipo; una película de animación de manual, sin riesgo de ningún tipo, para explotar como mercadería derivada del videojuego. No merece la pena más comentario.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

Kaijū no Kodomo [海獣の子供] (2019; 09/20200203)

Presentada en occidente como Children of the sea o Niños del mar, el título original de esta película de Ayumu Watanabe significaría más bien algo así como los niños mamíferos marinos. Por aclararnos, son niños de aspecto humano u originalmente humanos, criados por dugongos, que se han adaptado a la vida en el mar.

La película, adaptada de una serie de historietas del mismo título, nos habla de la alianza entre dos chicos con estas características que viven en un acuario con una joven adolescente con problemas de encaje en el mundo, tras la separación de sus padres, que trabajan o trabajaban (no tengo claro lo que sucede con la madre), en dicho acuario. En un momento dado, fenómenos extraños, tras la caída al océano de un meteorito, empiezan a suceder que parecen tener a estos tres jóvenes como centro de interés.

Es difícil valorar esta película. Lo que empieza como una película de aventuras entre adolescentes, entre los que no sabes nunca si puede surgir o no un interés romántico, con el trasfondo de los conflictos de la chica en su vida cotidiana, va evolucionando hacia una película de fantasía (hay quien diría ciencia ficción, pero yo me quedo con el concepto de fantasía), teóricamente llena de simbolismo, aunque algunos de estos símbolos a mí se me escapan, que culmina en un tramo final visualmente abrumador, a medio camino entre la genialidad y el delirio pastillero.

Aunque esos aspectos visuales, acompañados por la música de Hisaishi, son realmente muy interesantes y de primer nivel, lo cierto es que la evolución argumental de la película me expulsó de la película en varias ocasiones, al no existir una gran coherencia en el desarrollo de la misma. Queda más como una suma de ideas, pegadas entre sí de modo forzado, al servicio de la filigrana técnica, que como una historia armada y bien construida con un mensaje claro, especialmente dado el público juvenil al que parecería que va destinado.

¿Es recomendable o no? Pues es difícil de decir. Para los fans del género probablemente sí, pero para quienes no esté hechos a la animación japonesa, casi es mejor que se inicien con otras películas. A mí, al final, no me disgustó, pero tampoco me entusiasmó el resultado. Y me despido mientras suena un tema de Majo no Takkyūbin [魔女の宅急便] (Niki, aprendiz de bruja… en realidad se llama Kiki… pero bueno).

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Libros de fotografía] Fukase y familia, y algunas cosas más

Fotografía

Hoy os cuento mis últimas incorporaciones a mi biblioteca de libros de fotografía, de las que una es transcendente y las otras… pues un poco más anecdóticas. Dejemos lo “gordo” para el final.

El domingo estuve de amplio paseo matinal con un par de cámaras. Experimentando la estenopeica en color, por un lado, tengo mis dudas sobre el resultado, que ya está camino del laboratorio, un rollo de Kodak Portra 400 en formato 120, y algunas fotos con Ilford Pan F Plus en la Olympus Pen F, cuyos primeros resultados espero poder mostraros pronto. Pero en estas estaba cuando pasé por la Casa de los Morlanes, donde hace unos meses expusimos nuestras fotografías estenopeicas, y me dirigí a contemplar la exposición actual.

Algunas fotografías de 1996, el año del certamen cuyo catálogo os comento hoy, realizadas con la Zeiss Ikon Contessa que compré en el mismo.

Bajo el título La arena del tiempo, el turolense Pedro Pérez Esteban nos hace un recorrido por los restos de la fallida industrialización en la provincia de Teruel. Un ejercicio de nostalgia, reflexión y arqueología industrial alrededor de los hoy abandonados ferrocarriles, minas y centrales térmicas que intentaron situar a la grande y poco poblada provincia sur de la Comunidad Autónoma de Aragón. Y todo ello en forma de unas cuantas series de fotografía en blanco y negro, que yo considero tienen bastante calidad, tanto en sus valores documentales como estéticos. Existen también fotografías de series que aúnan los lugares con las personas, donde usa el color. Series muy necesarias, aunque menos conseguidas, desde mi punto de vistas, que los paisajes industriales previos. En general, la exposición me gustó mucho, y me llevé el catálogo de la misma. Por cuatro modestos euros, te llevas a casa algunas fotografías muy interesantes.

El día de San Valero, 29 de enero, festivo local en Zaragoza, como es tradición quedé a comer con mi hermana y mi sobrino, que pronto cumplirá los 11 años. Tras pasar la mañana por el centro de la ciudad, me trasladé a la zona de la plaza de San Francisco, cerca del restaurante, pero como era pronto, me entretuve en una librería de viejo y ocasión que hay por ahí, y que no visitaba desde hacía mucho tiempo. Compré tres libros. Uno de lectura, del que ya hablaré en su momento, y dos de fotografía.

Uno pertenece a la colección Cuarto Oscuro, unos libros editados por algunas administraciones públicas locales y las prensas universitarias de Zaragoza, algunos de los cuales presentaban la obra de autores premiados en una cadena comercial muy conocida. El fotógrafo es Xiqi Yuwang, un fotógrafo nacido en China y que en su momento se instaló en Valencia, y el trabajo presentado en el libro es Ye Tianan, memoria de un monje shaolín. Realizado sobre película, en formato medio cuadrado, nos habla de la integración (o falta de ella) de los inmigrantes chinos en la sociedad española, ridiculizando los tópicos y con no poco humor. Ahora que estamos asistiendo a un cierta ola de racismo y xenofobia hacia la comunidad china en España por la epidemia de coronavirus, más pertinente que nunca. La verdad es que está muy bien. Y me costó menos de 5 euros… Tengo que pasar más a menudo por esta librería.

El otro que compré… lo hice un poco por nostalgia. Se trata del catálogo general de la segunda edición, la de 1996, del certamen de fotografía Huesca Imagen. Aquellos certámenes, comisariados por Julio Álvarez, de la Galería Spectrum de Zaragoza, fueron una oportunidad impagable de ver exposiciones de fotografía de calidad, simplemente desplazándote a pasar el día a Huesca. Drtikol, Sougez, los fotógrafos de la Farm Security Administration, entre otros, fueron algunos de los autores que se pudieron ver aquel año. Yo hacía coincidir mi visita con la feria de material fotográfico de ocasión, a principios de mayo, y aquel año compré mi primera cámara antigua, clásica o como la queráis llamar, la Zeiss Ikon Contessa, que estrené en el aeródromo de Monflorite, cuando era un lugar acogedor. Ya digo… mucha nostalgia, 23 años después.

Finalmente, ese mismo día me regalaron un libro que desde ya mismo forma parte de mis preferidos de mi biblioteca. Se trata de Kazoku [家族] (Family) del japonés Fukase Masahisa [深瀬 昌久] (recuerdo que en japonés el nombre de familia, el apellido, va por delante). Y se trata de una reedición reciente de uno de sus últimos libros, de 1991. Fukase, nacido en una ciudad de la isla de Hokkaido en 1934, sufrió un accidente en 1992 que lo mantuvo en coma hasta su muerte en 2012. Era uno de sus libros más raros de encontrar hasta esta reedición. Su obra más conocida es Karasu [カラス] (Cuervos), oscura obsesión por estas aves que resultó del duelo por la separación de su amada esposa Yoko, que lo abandonó en los años 70. Pero yo prefiero esta serie dedicada a su familia. Fotografías realizadas en torno a y en el negocio familiar de fotografía en su ciudad natal Bifuka. Realizadas con la cámara de banco del mismo, nos presenta una serie de fotografías familiares, aparentemente como las que se podría hacer cualquier familia, en la que frecuentemente observamos elementos extraños, o poses inusuales, muchas veces humorísticas, pero en las que apreciamos también el paso del tiempo y el acontecer entre las fotografías de sucesos, unas veces alegres, otras veces tristes. Desde mi punto de vista, a pesar de su aparente informalidad y desenfado en ocasiones, tiene una gran riqueza conceptual, una profunda humanidad, y representa claramente la importancia que para el fotógrafo tenían los vínculos familiares. Las fotografías abarcan desde mediados de los años 70 del siglo XX hasta 1989. Os dejo con un vídeo de la primera edición, no la actual.