Fotografías procedentes del museo Aeroscopia de Toulouse. También disponible en Substack.
Hoy vamos con dos películas insatisfactorias, vistas con pocos días de diferencia, en la que los protagonistas… viajan en avión. No perderé mucho tiempo con ellas. Que sigo con poco tiempo para publicar en estas páginas.
Película de estreno directo en plataforma, Apple TV, dirigida por John Francis Daley y Jonathan Goldstein, que llama la atención por su reparto, al frente del cual se encuentran Ryan Reynolds y Kenneth Branagh. Un militar de aviación estadounidense en tiempos de la perestroika rusa es derribado cuando espiaba sobre territorio soviético. Y un viejo miembro de la KGB desencantado le ayudará en su huída por el país enemigo.
Aventuras en tono de comedia que no están mal. Carece de pretensiones, pero es entretenida. El caso es que Branagh está bien, más que correcto, mientras que Reynolds vuelve a encasillarse y a hacer el mismo papel que hace siempre y cansa. A ratos patriotera, a ratos crítica, es una película que no sabe muy bien qué ser de mayor. Si sois suscriptores de la plataforma, vale como entretenimiento. Si no… tampoco pasa nada
Un domingo de cierto aburrimiento, para mi sorpresa me dejo convencer para ir a ver esta película, dirigida por Steven Quale, cuya principal virtud es que dura menos de hora y media. Un avión de pasajeros en un recorrido interno por los Estados Unidos se encuentra con una misteriosa tormenta y desaparece de los radares. Mientras, en el avión empieza a desatarse una especie de epidemia de origen desconocido que poco a poco afecta a todo el pasaje y la tripulación, salvo a un pasajero (Tom Brittney).
¡¡¡ ATENCIÓN ESPOILERES !!!
Aventuras de alienígenas o seres extraños de origen desconocido, no sé muy bien que pretenden ser, que bebe de las tramas tipo “invasores de ultracuerpos”. Una producción sin mucho interés, de bajo presupuesto, que no aporta absolutamente nada al género y que debería haber olvidado ya si no fuera por lo mucho que lamenté la pérdida de tiempo.
Mientras en algún lugar de Italia una erupción volcánica trastoca los vuelos en avión por toda Europa, una pareja británica se queda estancada en Varsovia cuando se suspende el suyo. Es la ocasión que espera él (Will Madden), con intención de proponer en matrimonio a la chica (Charli XCX) en algún lugar romántico. Pero ella tiene vínculos pasados con Varsovia, y con alguna de sus habitantes (Lena Góra), especialmente cuando las erupciones amenazan el tráfico aéreo.
Pete Ohs se inspira, mucho, en la Nouvelle vague francesa, aunque ruede en color, para contarnos este drama de romance, amores y desamores entre un grupo de treintañeros de hoy en día, es decir, de esos que se comportan como los que somos de algunas generaciones anteriores hubiéramos considerado normal entre veinteañeros. Propuesta muy generacional, que quizá le cueste calar en entre otras cohortes de edad que no sean las de los que tienen entre 20 y 30 años.
La protagonista principal no es actriz. Yo no la tenía localizada, pero al parecer es una cantante popular en el Reino Unido que se mueve entre los estilos del pop electrónico y el disco-pop. Normal que no me haya llamado la atención. El caso es que, con ella al frente, el reparto hace lo que puede para ir tirando con esta propuesta, aunque quizá sus mejores valores interpretativos no estén en esta protoganista ni el mozo que la acompaña. La polaca Lena Góra apunta mejores maneras, y te quedas con las ganas de que la película hubiera contado su historia y no la de los viajero estancados.
No es ninguna catástrofe de película, ni mucho menos; se deja ver. Pero pretende ser más de lo que llega a ser. Y a mí, en un momento dado, empieza a darme igual lo que le pase a esta gente. Eso sí, tiene una virtud apreciable; con 71 minutos de duración tampoco cansa. A cierta crítica le ha gustado. El público ha dado una respuesta fría. Como la mía. Pero supongo que entre ese público puede haber un sector que le encuentre la gracia. Por otro lado, como dice el chico protagonista… todas las semanas hay algún volcán en erupción sobre la faz de la Tierra, así que las veleidades románticas de la protagonista, otra razón tendrán.
Estamos ante una película que vivimos un par de días antes de viajar a tierras nórdicas. Una película china, de la que no sabíamos muy bien qué esperar, pero con críticas bastante buenas, pero con una más que probable indiferencia del público occidental ante una película que no presenta especiales “alicientes comerciales”. Se nos decía que su director, Huo Meng, realizaba un ejercicio de reflexión nostálgica regresando a los tiempos de su infancia.
Película de reparto coral, aunque con los acontecimientos vistos desde la mirada de un niño de diez años. Una población rural, que vive del cultivo del cereal. Pobres. Que viven al ritmo de las estaciones y de los acontecimientos vitales. La siembra, la siega, la trilla… Cumpleaños, funerales, bodas… Los niños en el colegio… Las familias, extensas, como red de protección de los individuos. Pero es el momento en que se impulsa el desarrollo industrial del país, y los padres del niño se van a una gran ciudad a trabajar, mientras sus parientes atienden al niño. Es la época de las nefastas políticas de limitación de la natalidad, que dio lugar a tanto infanticidio, especialmente en niñas, o abandono de bebés, algunas de ellas acabaron adoptadas por matrimonios occidentales sin hijos.
Yo no tengo pueblo. Nací en la ciudad de Zaragoza, la quinta más poblada de España, y mis padres también son nacidos en la misma ciudad. Tengo que remontarme a los abuelos para que “tener” pueblo. Y de vez en cuando visitábamos a los tíos y tías de mis padres, en Magallón, en Nuez de Ebro, en Préjano y Arnedo, los hermanos y hermanas de mis abuelos y abuelas, a los que mis padres tenían mucho cariño, el cual era recíproco. Y cuando recuerdo mi infancia más tierna y cómo se vivía allí, a finales de los años 60 o principios de los 70, ya vivían con un nivel de vida superior a los de esta población rural china de la película. Probablemente habría que remontarse a los años 50, desconocidos por completo para mí, para situarnos en un nivel semejante. La cuestión es que el año en el que se sitúa la acción de la película es 1991. Treinta o cuarenta años más tarde de aquellos años 50 o principios de los 60 en España. Lo cual, da que pensar sobre el gigante asiático.
La película ha crecido en mi recuerdo desde que la vimos. Es hermosa en su realización. Las interpretaciones, muy espontáneas, tienen momentos de gran autenticidad. Es cierto que es un ejercicio nostálgico. Un “amarcord” de su director, aunque sin el humor y el surrealismo de Fellini. Algunos personajes son entrañables. Como algunos de los abuelos. O la tía joven de 21 años que acaba casada en un matrimonio pactado con un individuo con quien, evidentemente, no va a ser feliz. Por lo tanto, también es una película con corazón.
¿Es recomendable? No es una película al uso de lo que se lleva en estos tiempos. Creo que no ha aguantado mucho en cartelera. ¿Una semana? Y sin embargo, merece la pena. Bastante. Es comprensible el entusiasmo de la crítica. Pero también la indiferencia del público. Al menos el occidental. ¿A quién puede resonar una realidad de 1991 tan diferente de nuestro mundo? Sólo a los curiosos de la naturaleza humana y de comprender mejor otras culturas y otros fenómenos sociales.
Desde que Spielberg rescató a los dinosaurios cinematográficos, caídos en el olvido desde los tiempos en los que coincidían con esculturales rubias en bikini de piel (como aquí y aquí) en la gran pantalla, se han vuelto un elemento casi cotidiano de las carteleras de cine. No voy a decir que constantemente haya películas de dinosaurios, pero casi todos los años hay algo sobre este tema.
Reconozco que aquellas películas de los años 60 y muchos eran enternecedoras en su cutredad, hippismo y anacronismo. Grandes dinosaurios herbívoros devorando cavernícolas, o situar la época de los dinosaurios en “hace un millon de años”, con un error de -65 millones de años, al menos. Y mira que de la mano de un ex-Beatle llegó a haber una parodia de aquellas, una década más tarde, más infumable que las películas parodiadas. Lo cual no deja de ser hilarante y triste al mismo tiempo.
Pero ya con Spielberg, la cosa era serie. Se hablaba del ADN de la sangre de los dinosaurios en los mosquitos del ámbar. Y de las ranas hermafroditas. Todo muy “científico”. Y al mismo tiempo, una reiteración ad nauseam de la misma historia y de situaciones similares. Y mira que aquella primera de 1993 me pareció muy divertida. Ahora nos llega un vuelta de tuerca con dinosaurios a un vecindario de los suburbios de una ciudad ficticia en Michigan.
Su director, David Robert Mitchell, nos traslada a principios de los años 80, y le da a la película el espíritu aventurero de aquellos años. Aventura familiar, no muy larga de duración porque la historia son habas contadas, con una familia típica y tópica de norteamericana, papá que trabaja (Ewan McGregor), mamá ama de casa (Anne Hathaway), hija mayor adolescente (Maisy Stella) e hijo menor preadolescente (Christian Convery). Y los vecinos, unos más simpáticos y otros menos. Pero la idílica familia tiene problemas, serios, y… sólo un fenómeno extraño con agujeros de gusano que los lleven al jurásico con los dinosaurios podrá servir de revulsivo para que la familia vuelva a estar unida y feliz. Básicamente. Cómo no se les habrá ocurrido a las parejas a punto de divorciarse esta solución para salvar su matrimonio.
La película es muy entretenida. El guion… bueno,… la historia es tan absurda en tantas ocasiones, tan sin sentido, que no merece la pena preocuparse de ellos. Es una mera excusa para pasar noventa y algún minutos de correrías entre dinosaurios, con algunos momentos, eso sí, que rozan la brillantez, entre el humor, la parodia y el drama. Creo que el momento principal del personaje de Ewan McGregor que nos lleva de la carcajada generaliza a… bueno, no lo voy a destripar, es de lo más divertido y extraño que he vivido en tiempos en el cine. Pero lejos de ser un “salto del tiburón” que te saque de la película, es el clímax de lo que es y pretende ser la película. Un entretenimiento para todo el mundo.
Un entretenimiento de lujo. Porque normalmente no me hubiera yo visto yendo a ver esta película, salvo por el hecho de que me lo sugirieron una semana antes, porque se estrenaba en la sala IMAX de Zaragoza en versión original. Y tras la agradable experiencia de Ulises y compañía, queríamos confirmar que esta alternativa cinematográfica merecía la pena. Y ciertamente, la calidad en la realización, la acertada puesta en escena visual y sonora, el acertado ritmo de la acción y el no menos acertado hecho de su contenida duración, hace que la película, sin ser una obra de arte, sea un entretenimiento muy recomendable. Sin más pretensiones. Pero tan legítimo como cualquier otro producto cinematográfico que nos devuelva las sensaciones de lo que se supone que debe ser el cine. Puntos especiales para los intérpretes, especial para Hathaway, que consolida la película, permitiendo superar sus debilidades, las de la película no las de Hathaway, que las tiene y no pocas.
A mí esta película, sinceramente, no me interesaba gran cosa. Pero antes de ir a ello, vamos a sus antecedentes. The Backrooms (literalmente cuarto trasero o trastienda, según el contexto) es un laberinto de espacios vacíos o cuasivacíos, eso que ahora se llaman espacios liminales, que surgió en internet, como escenario para historias de terror urbano. Un laberinto de espacios fuera de la realidad propensos a historias de terror, especialmente del género conocido como found footage, y que podemos aderezar con monstruos, realidades alternativas o conspiranoias. Lo que queráis.
En 2022, el director de la película Kane Parsons, empezó a realizar un serie en internet, en Youtube, en la que un camarógrafo deambulaba por estos espacios. Y le pasarían cosas, supongo. No la he visto. Ni tengo muchas ganas. Pero debió de tener su éxito, y decidió realizar un largometraje basado en el mismo universo.
Como protagonista el dueño de una tienda de muebles (Chiwetel Ejiofor), con problemas comerciales, familiares y personales, que acude a una terapeuta (Renate Reinsve), y que tiene una empleada (Lukita Maxwell) con un novio que le filma los anuncios de la tienda (Finn Bennett). Un día, el tipo descubre que puede atravesar una pared de la tienda y meterse en un laberinto extraño de pasillos y despachos donde pasan cosas raras y hay gente más rara todavía. Todos acabarán entrando antes o después en esta extraña trastienda.
Sinceramente, este tipo de historias no me dicen nada o casi nada. De hecho, más allá de explotar la moda surgida en internet, la cosa no viene de ninguna parte ni va a ninguna parte. Hay un elemento conspiranoico. Hay un posible monstruo. Hay cosas que no se explican, pero que sinceramente tampoco me quedo intrigado por su explicación. Un producto de moda que no va a ninguna parte. Con unos intérpretes que hacen lo que pueden para sujetar una historia de difícil sujeción. Y abusando de vez en cuando de eso del found footage, que se puso de moda en el género de terror en un momento dado, aunque no era algo realmente original. El caso es que ni siquiera da miedo. Si acaso, los comportamientos de esta gente hace que parezcan tontos. Así que te da todo igual lo que les pase. Es lo que hay.
No perderé mucho tiempo con esto. O quizá sí. Ya veré. Veréis. En el verano de 1990 se estrenó en España The Hunt for Red October, adaptación de la novela homónima de Tom Clancy. Y lo petó. Una de las películas bélicas, de submarinos, de aventuras, de espías,… de cualquier género que se os ocurra, porque es todos esos y quizá alguno más, más divertidas y entretenidas que se han visto, con un Sean Connery carismático, que llenaba la pantalla como pocos actores lo han hecho en la historia del cine. Después, la he visto varias veces, no recuerdo cuántas, en la pantalla pequeña.
Pues bien… luego nos enteramos que el protagonista de la novela no era Marko Ramius (Connery), sino el analista de la C. I. A. Jack Ryan (Alec Baldwin). Que era un papel que salía mucho, el que más puede, pero que no sabía a protagonista, sino a secundario con muchísima presencia. Pero parece que no era así. Parece que Ryan era el protagonista… de alguna forma. De hecho, dos años después se estrenaba una nueva película, Patriot Games, con el mismo personaje, pero interpretado por Harrison Ford. También fuimos a verla. Pero no salía Ramius/Connery… e interesó más bien poco. A mí, casi nada. Sorprendentemente, después ha habido unas cuantas películas más con el personaje, que he ignorado por completo, e incluso una teleserie con varias temporadas. Desconocida para mí.
El lunes, un tanto aburrido, comprobé que hay una película de estreno de este año, directamente en plataforma, sobre el personaje. Y como no tenía nada previsto para el rato de la cena y hasta la hora de irme a dormir, la vi. No merece la pena que pierda el tiempo con el argumento. Los espías buenos, los espías malos, unas cuanta balaceras, unas cuantas persecuciones en coche, escenarios por varios países, muchas caravanas de coches todos iguales yendo de una lado para otro y, al final, ganan los buenos, tras un tiroteo final bastante inverosímil.
Lo más curioso del caso es la degradación del personaje, Jack Ryan. En la película del submarino dejaban muy claro que era un analista, un tipo que trabaja en un escritorio, y si lo mandan al campo es porque necesitan su capacidad para dialogar con Ramius. No porque vaya a salvar la situación a tiros. En realidad fueron torpedos. Y eso hacía que fuera un personaje que tenía sentido, en una historia que globalmente tenía cierto sentido. Aquí nos encontramos a un tipo que lo que hace es liarse a tiros, con una mínima materia gris, aunque hayan pretendido, en alguna escena, hacerlo pasar por listo. El actor, John Krasinski, creo que es el mismo que el de la serie. Y sale por ahí Sienna Millerpegando tiros, muy rubia ella.
La película no tiene que ver nada con aquellas de hace 35 años. Si aquello era un buen entrecot bien hecho y degustado, esto tiene la sutileza de una hamburguesa de MacDonalds socarrada. Aunque he de reconocer que puede cumplir con el propósito de matar el rato desde la cena hasta la hora de dormir, y luego olvidarnos totalmente de ella. Ah… la dirige un tal Andrew Bernstein quien, curiosamente, como director en teleseries ha trabajado en algunas muy buenas. Pero claro, en las teleserie, el director tiene una función secundaria. Digna y respetable, pero secundaria. Hace lo que le mandan.
Las fotografías acompañantes son de la ciudad amurallada de Carcasona, uno de los lugares declarados patrimonio de la humanidad este año. Entrada publicada también en Substack.
Llevo unas semanas raras en lo que se refiere a publicaciones en el blog. Si antes publicaba seis o siete entradas a la semana, ahora no me da más que para tres o cuatro. Y no sé cuando volveré a los niveles de dedicación de antes. Curiosamente, llevo unos meses en los que el número de visitas al mismo, en su versión WordPress, se ha triplicado. Pensaba en cerrar o dejar en stand-by esa versión y dedicar más esfuerzo a Substack, pero lo cierto es que aquella está al alza, mientras que esta no consigue despegar. Substack está demasiado orientado al ámbito anglófono y poco implantado en las comunidades que hablan en castellano. O español, como lo queráis llamar, que hablamos de lo mismo. Pero bueno. Hoy tengo un día raro, por obras en casa, pero quiero aprovechar para publicar algo aunque sea anecdótico.
Por un lado, UNESCO a publicado las 25 nuevas entradas en la lista del Patrimonio Mundial acreditado por esta organización. Desde hace muchos años guardó mi propia lista de aquellos lugares acreditados en esta lista que he visitado total o parcialmente. Son 177 lugares repartidos en 26 países. Los 10 países en los que más lugares reconocidos como patrimonio de la humanidad he visitado son los siguientes:
Estos países agrupan más del 80 % de los lugares patrimonio de la humanidad que he visitado a lo largo de mi vida. He de decir que cuando visité algunos de ellos, no estaban reconocidos como tales. Lo fueron después. Y los añadía a la lista después. Es lo que ha sucedido este año con dos lugares en Francia reconocidos este año; las playas del desembarco de Normandía el Día D, que visité en 1990, y los castillos capetianos del Languedoc, que visité en 1999, aunque la ciudad amurallada de Caracasona la volví a visitar en 2022.
Y por otro lado, estos días atrás me ha llamado la atención lo artefactadas que pueden estar las puntuaciones promedio de los usuarios de IMDb para las películas y series de estreno. Veamos dos ejemplos extremos. Las gráficas son tal y como estaba la situación el 4 de agosto de 2026 a las 10 de la noche hora española.
Hace unos días consulté las puntuaciones de The Odyssey. La situación era más extrema que la que muestro a continuación.
Como se puede comprobar, las curva de valoraciones tiene su moda en el 10. Pero hay un pico en el 1. Que en los dos o tres primeros días tras el estreno era más acusado. Probablemente hubo un grupo que se organizó esos días para desprestigiar a la película, influir en otros espectadores, bajando el promedio de valoración. Con el paso de las semanas, ese efecto se ha diluido, y en estos momentos es marginal. Pero se aprecia en el diagrama de barras con claridad suficiente. Lamentable.
Ayer comencé a ver un estreno muy reciente de una serie española en Amazon Prime Video, El homenaje. Y me encontré con esto.
¡Vamos hombre! En una curva que marca claramente una distribución con una moda en el 7, aparece un pico enorme en el 10. ¿Qué pasa? ¿La productora ha organizado a sus empleados para que voten masivamente en la máxima puntuación? ¿Hay una claque pagada o incentivada para que puntúen alto? En estos momentos esta serie está siendo valorada por un número de espectadores mil veces inferior a la anterior. Con el tiempo se irá corrigiendo hasta cierto punto la anomalía. Dependerá de cuantos espectadores pierdan algo de su tiempo en puntuar. Claro, sin esos votantes, la puntuación media sería apreciablemente más baja. Lo cual es muy posible que suceda en un futuro, cuando ya no haya más de ellos y sólo haya votos honestos. Pero que triste es ¿no? El caso es que he visto dos episodios, y aunque no sea la octava maravilla de la humanidad, se deja ver.
Fotografías realizadas en Estocolmo. Que en Visby no he estado. Aunque ya me gustaría. Y eso que en pocas semanas volveré a tierras suecas, aunque sea un poquito. Entrada disponible también en Substack.
Le ha tocado el turno a Kiki, la joven brujita de 13 años que, siguiendo la tradición familiar, al llegar a esa edad abandona el hogar para, durante un año, en una ciudad donde no se halle ninguna otra bruja, aprenda a valerse por sí misma. Esta es la historia que Hayao Miyazaki, hace más de 35 años trasladó al cine, adaptándola de la novela familiar del mismo título que unos años antes había publicado la escritora japonesa Eiko Kadono.
Cuando digo que le ha tocado el turno quiero decir que es el momento en que se reestrene en salas de cine en una versión remasterizada en 4K. Lo de que sea en 4K o lo que sea me trae un poco sin cuidado. Creo que sobre eso, me hubiera apetecido todavía más una proyección con una copia bien conservada de celuloide. Pero en cualquier caso, nunca habíamos tenido la ocasión de ver la película en pantalla grande. Y aunque yo la he visto varias veces en la pantalla del televisor,… nunca es lo mismo.
Miyazaki no había realizado todavía sus películas más destacadas… salvo que ya nos había presentado a Nausicaä y a Totoro. Y había recreado alguno de los mundos que visitó Gulliver en sus viajes. Sin contar los múltiples trabajos en series de animación para televisión. Era un buen director de animación, reconocido, quizá todavía no una leyenda. Pero siguió con su tendencia de buscar heroínas para sus películas que fuesen jóvenes esforzadas, a las que ningún príncipe viniera a salvar, ni falta que hacía, eso son tontadas de Disney, pero que fuesen capaces salir adelante con la ayuda y la solidaridad de sus amigos y vecinos. Ese el mensaje de la película.
Kiki… me niego al eufemístico Nicky de la versión traducida al castellano… ha sido de siempre uno de los personajes más queridos de Miyazaki. No tan espectacular en su fantasía como Mononoke Hime o Chihiro, pero elegante en ese traslado de la acción a una idealizada Europa de una época indefinida entre los años 50 y 70 del siglo XX. En una ciudad que siempre me pareció una versión alternativa de Trieste, pero que recientemente supe que está más inspirada en la sueca Visby que en la ciudad italiana de fuerte influencia austriaca. Y hay motivos para sentir afecto por el personaje y la historia.
Una de las películas más dirigida a la chiquillería, a un público un poquito más joven que otras, me lo parece a mí, pero que complace a espectadores de cualquier edad que quiera vivir la magia de la imaginación y de las historias bien contadas. Así… que ya sabéis. A por ella, si tenéis la ocasión. Y a ver cuál es la siguiente,… que no hace tanto que pudimos visitar en una situación similar al reino flotante de Laputa.
En estos momentos, que Christopher Nolan estrene película tiene carácter de acontecimiento. Mundial. No faltan quienes aseguran que es el mejor director de cine contemporáneo. No me gusta esa categorización. Pero sí me atrevería a decir que es el más inspirado, o uno de los más inspirados. Si repaso su filmografía, hay muchas de sus películas que están entre mis preferidas de las últimas décadas. Aunque también hay algunas que no me dicen gran cosa. Como esta. O esta, esa, y aquella, que ya por su tema,… No digo que no estén bien hechas. Simplemente que también es capaz de hacer cosas que no me interesan nada o poco. Del resto, lo he visto casi todo, y me gusta. Realmente me gusta. Incluso Tenet, que me parece incomprendida por muchos, aunque en general guste.
Nolan coge y decide que toca adaptar a Homero. En concreto, las peripecias de Ulises, el más astuto de los aqueos que pusieron sitio a Troya. Lo cual me parece muy bien. LaOdisea me parece, desde varios puntos de vista, más interesante que laIliada. Que conste que no la he leído. Hasta ahora no me he atrevido, aunque tengo una copia. Y me han pasado la de Stephen Fry. Que no es una traducción de la de Homero. Es contar la misma historia desde el punto de vista del bueno de Fry. Eso sólo ya me parece interesante. Pero bueno, todo lo que conozco de historia de Ulises me parece muy interesante.
Y Nolan deja muy claro porqué le interesa a él. Porque habla de cosas que son plenamente actuales. De la guerra. De los motivos para la guerra. Del impacto en quienes van a la guerra y tienen que volver a un hogar donde quizá ya no tengan sitio. Y del sufrimiento que supone volver de la guerra. Y de como niños, mujeres y ancianos, especialmente las mujeres que son las que cuidan tradicionalmente a los dos grupos, son las que pagan el pato muchas veces de las aventuras guerreras de los hombres. Pero aquí, Nolan se centra en Ulises (Matt Damon), dando un digno papel a Penélope (Anne Hathaway) y Telémaco (Tom Holland). Y como será el tema que los sectores políticos y económicos más conservadores, los que más se benefician de las guerras, se lo olían hasta el punto de iniciar una campaña previa en contra de la película nada más ver el avance.
La bella Helena (Lupita Nyong’o) y su hermana gemela Clitemnestra, negras como un tizón. Atenea (Zendaya), menos negra, pero también. Circe (Samantha Morton), una hechicera de la mediana edad que vive en una cabaña en el campo. Y el glorioso saqueo de Troya, el culmen victorioso de la grandiosidad de la guerra, relegado a una añagaza cruel de un ejército resentido que se pasa por el forro de la entretela lo más sagrado de las costumbres de la civilizada Grecia, la cuna de la civilización. O habría que decir de la civilizada Micenas, prototipo de la posterior Grecia clásica, Roma y otros imperios que en el mundo han sido. Civilizada, pero de una civilización que se derrumbó. Como se derrumbó Roma. Como se puede derrumbar la civilización global actual víctima de los movimientos migratorios, las crisis climáticas, el agotamiento de las materias primas o la disrupción de las vías de comunicación. Lean cosas sobre la crisis de la civilización de la Edad de Bronce o sobre la decadencia del Imperio Romano y quizá tengan una visión un poco más pesimista del mundo actual.
Y luego están los especialistas en lengua, literatura y cultura clásicas, encontrando todo tipo de anacronismos en la historia de Nolan. Vamos a ver, señores sabios de las culturas clásicas. Seguro que saben que cuando un ateniense de tiempo de Aristóteles escuchaba la Odisea en su cabeza no tenía la visión de cómo era el mundo en los últimos siglos de la Edad de Bronce. Pero si ni siquiera sabía qué era la Edad de Bronce. Que la cosa había pasado ocho siglos antes o más. En la misma escala de tiempo que pasó desde la caída oficial de Roma, el Imperio Romano de Occidente, y la caída de Constantinopla, el Imperio Romano de Oriente. Los constantinopolitanos se veían a sí mismo como romanos. ¿Creen que se parecían en algo a los romanos de siglos atrás? Pues eso. Que la Odisea es un mito. Y aparecen dioses, y monstruos, y ninfas, y los perros viven más de veinte años, y las ciudades de 10000 habitantes como sería la Troya histórica parecen que tienen el tamaño de Nueva York, pero con muros de piedra. Es un mito. Nada hay inválido, porque podemos imaginar los mitos como nos pase por allí.
A partir de ahí, y resumiendo, habiendo visto la película en una sala Imax, aunque sea con proyección digital, pero con el formato 1.43:1, grande, la película es un espectáculo de primera magnitud que merece desde ya un puesto de honor en la historia del cine. Lo que antes se llamaba un “peliculón”. Y, es cierto que las estrellas de hoy en día no tienen el glamour de las de antaño, cuando imperaba el star system, pero que está muy bien ver una colección de estrellas funcionando bien y haciendo su papelón o su papelito. Que uno se reconcilia con el cine. Que el séptimo arte, últimamente, nos da una de cal y otra de arena. Que afortunadamente no es una de superhéroes con cascos, escudos, minifaldas y sandalias. Que algo más. Que es mucho más. Ójarla viniera más como esta.
No me voy a extender mucho en esta película. Un mediometraje de una hora de duración que supone el debut en la dirección de John Travolta, adaptando un libro infantil que él mismo escribió hace casi 30 años. Aunque lo presentó en Cannes fuera de competición, a ido directo a plataforma en línea, siendo Apple TV quien se quedó con los derechos.
A principios de los años 60, un niño de ocho años entusiasmado con los aviones, viaja con su madre desde Nueva York a Los Ángeles en un vuelo por etapas, principalmente en un Super Constelation, unos de los modelos de avión de pasajeros más populares con motor radial de hélice, antes de que se impusieran los reactores. En el largo viaje por etapas, el niño y su madre irán encontrando distintas personas con las que iniciaran amables relaciones hasta llegar a destino.
Es una película amable, pensada para un público familiar, en la que Travolta hecha el resto en el aspecto visual, fotografía, color y estilismo, pero se le olvida, o quizá carece de la capacidad, de que tiene que contar una historia que interese a la audiencia. Y la historia es anodina. Un ejercicio de nostalgia, que tampoco lleva a muchas partes. Una película estilo “Juan Palomo” en la que dirige, escribe el guion, basado en su novela, y en la que participan varios miembros de su familia. Mira. Si tienes Apple TV y lo ves, pues no pierdes muchos. Pero si no, tampoco te pierdes gran cosa. Decepcionante, en realidad. Esperaremos al comentario de la siguiente película, el peliculón del año. Creo.
Ya adelanto algo. De alguna forma, voy a la contra de la opinión de muchos en mi valoración de esta película. Creo que está muy bien realizada. Creo que tiene unas interpretaciones excelentes. Tanto por parte de su protagonista prinicipal, un envejecido Robin Hood interpretado por Hugh Jackman, como por su coprotagonista femenina, Jodie Comer, que aporta sutileza y elegancia a un personaje que llena la pantalla sin arredrarse ante la presencia de Jackman.
No es la primera vez que se revisa el mito de Robin Hood, trasladando la acción a la madurez, casi entrando en la vejez, del popular héroe inglés. Sean Connery y Audrey Hepburn nos ofrecieron hace 50 años una revisión otoñal de los populares personajes de Robin de Locksley y Maid Marian. Hay que advertir también que no existen versiones únicas o “verdaderas” de este personaje. Que si bien ciertas novelas del siglo XIX, así como las adaptaciones cinematográficas del siglo XX han hecho que determinadas versiones se hayan hecho más populares, no son las únicas. Es decir, lo único común al personaje es que fue un forajido, un fuera de la ley. De por vida o circunstancialmente, según las versiones. Y en el imaginario popular, se fue convirtiendo en un héroe, que lucha contra el poderoso y favorece al desfavorecido. Pero esto son leyendas y cuentos populares.
Si olvidamos al personaje heroico más popular en las últimas décadas, el noble sajón que protege al pueblo sajón de los malvados invasores normandos, siendo fiel a Ricardo I Corazón de León que… paradójicamente… fue uno de los invasores normandos, hijo de Guillermo el Conquistador y Leonor de Aquitania, el personaje sobre el que se pudieron basarse las leyendas pudo ser… cualquiera, o varios, o nadie en particular. Y con ello juega la película. Con un héroe en el imaginario popular, pero un ladrón y asesino cruel para sus víctimas y sus descendientes.
En el momento en que empieza la película dirigida por Michael Sarnoski, un 1247 muy posterior a la época de Ricardo I y Juan sin Tierra, tenemos dos versiones del personaje. El que vive en la memoria del pueblo, y el forajido que vive escondido en los páramos, siempre en peligro de ser asesinado por un agraviado. Cuando es requerido por su viejo amigo, Little John (Bill Skarsgård), que cambió su identidad y se estableció como granjero, cuando es atacado y su familia secuestrada. Tras una dura lucha, malherido, es llevado a una isla con un monasterio, donde una priora (Comer), gestiona una comunidad de sanación autosuficiente. Pero allí hay secretos que se guardan, y que quizá no deban ser revelados.
La película ha sido muy criticada por su violencia, dura y muy explícita. Y es así. Es brusca, potencialmente desagradable. Pero Sarnoski opta por no dejar a dudas de quién es su Robin Hood. El “real” frente al idealizado de las leyendas populares. Y eso permite establecer un marco de dura realidad que, en mi opinión, da mucho más sentido al camino de sanación que se establece en compañía de la joven priora. En esta segunda fase de la película, la que realmente es fundamental y reveladora, es donde contemplamos el procedo de profundizar en la psicología de los personajes y en la catarsis que estos sufren. Una segunda fase de la película donde los intérpretes se luce y la película se podría calificar como bella. Con el reparto a buen nivel, especialmente, como ya he sugerido, Jodie Comer.
No tengo prejuicios sobre el autor por no haber visto sus películas de superhéroes que no me interesan, con alguna de las cuales han comparado el personajes. Comparaciones que, en lo que sé, no tocan, por lo que son los personajes. Juzgo la película por lo que vi. Y me parece una reflexión muy interesante sobre las leyendas populares, el concepto de héroe y el imaginario colectivo. Quizá peque la película demasiado de cebarse en esa imagen de la edad media fría, brumosa, áspera… lo cual contrasta con la realidad de que fue una época de especial bonanza y tiempo templado en Europa. Pero esto son cuestiones secundarias. También me ha recordado a cierto libro que leí no hace tanto de Kazuo Ishiguro, en el que se le daba la vuelta al mito artúrico. También una subversión del héroe popular que también me hizo pensar. Así que la verdad es que disfruté al película, y su recuerdo no ha disminuido lo más mínimo con el tiempo.
Había visto esta célebre película de animación japonesa dirigida por Katsuhiro Ōtomo en alguna ocasión. Pero siempre en la pequeña pantalla. En estos días atrás ha estado disponible en alta resolución en la pantalla grande, en la cartelera zaragozana. Y decidí acercarme a verla.
Para muchos es una película de referencia de la animación ciberpunk, con toques posapocalípticos. Para algunos, ocupa un lugar en el cine de animación similar al que ocupa Blade runner en el cine de acción real. Y desde luego, alguna cosica comparten en común… aunque muchas otras no. Estamos en Neo Tokio, la ciudad reconstruida a partir de la destruida Tokio en la Tercera Guerra Mundial. Una Neo Tokio afectada por la violencia, la desigualdades sociales, el gobierno corrupto. Y unos jóvenes moteros pandilleros acabarán entrometiéndose en un proyecto secreto del gobierno, siendo que uno de ellos empezará a adquirir los peligrosos poderes que llevaron al desarrollo de Akira, el agente que destruyó la antigua Tokio.
Akira, la película (pronúnciese más bien como esdrújula, Áquira), sigue la tradicción del cine catastrofista japonés que surge después de la guerra mundial y los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. También la tradición de gobiernos desconcertados, incompetentes, fuerzas armadas descontroladas, que no son capaces de dominar las fuerzas poderosas que desatan. Al mismo tiempo, muestra una sociedad alienada, cuyas estructuras básicas, la familia especialmente, parece haber desaparecido, sustituida por las bandas, o los grupos de acción política. Especialmente entre los jóvenes. La película es un producto claro de la posmodernidad, ciencia ficción, pero profundamente anticientífica, la respuesta japonesa a las mismas inquietudes que generaron los mutantes y superhéroes de Marvel, pero más pegada a las estructuras sociales, aunque estas estén desintegradas o, al menos, deformadas.
La película, por lo demás tiene ritmo, aventura, personajes carismáticos, aunque imperfectos, y carencia de maniqueísmo. Abre la puerta a pequeñas esperanzas. Y es muy expresiva en sus aspectos formales, con algunos diseños gráficos que han pasado a la posteridad, como la roja motocicleta de Kaneda. También es curiosa la representación de los personajes femeninos como relativamente asexuados, proactivos y dispuestos a actuar en pie de igualdad con los personajes masculinos. Aunque son muy escasos.
No voy a decir que sea mi película de animación favorita, ni siguiera mi género favorito. Pero creo que es un hito del cine animación, como ya he dicho antes, y conviene verla, a ser posible en la gran pantalla y en versión original. Es lo que hay.