[Cine] She said (2022)

Cine

She said (2022; 01/20230102)

La películas de investigación periodística basadas en casos reales forman un género en sí mismo, que no se da todos los días, pero de vez en cuando hay surge alguna película que resulta interesante. Y en algunos casos se ha vuelto realmente célebre, y celebrada por los críticos y el público cinéfilo. Pero al mismo tiempo, es un género que puede ser carne de telefilm barato, de domingo por la tarde a la hora de la siesta. Dirigida por Maria Schrader, y con dos buenas actrices al frente, esta película que nos cuenta la investigación del caso con el que por fin se pudo llevar al otrora todopoderoso productor cinematográfico Harvey Weinstein a las páginas de un periódico y prestigioso, y a juicio donde fue declarado culpable de violación y otros delitos contra la libertad sexual. Se dice que es el caso que comenzó con el movimiento #metoo, pero en lo que yo entiendo este ya estaba en marcha porque las declaraciones públicas contra la conducta de Weinstein ya llevaban un tiempo sucediéndose, si bien sin la repercusión mediática debida y sin repercusión legal. Pero sin duda el artículo de The New York Times lo impulsó estratosféricamente.

La película nos presenta a dos periodistas de este conocido medio neoyorquino, Megan Twohey (Carey Mulligan) y Jodi Kantor (Zoe Kazan), que llevaban trabajando un tiempo en el tema de los abusos y los comportamientos inapropiados contra la mujeres en diversos medios, especialmente Twohey, aunque ambas eran ya unas bregadas reporteras. Tras recoger algunos testimonios de algunas mujeres que habían alegaban haber sido objeto de abuso sexual por Weinstein, dieron comienzo una investigación que culminó con un artículo en profundidad publicado a principios de octubre de 2017. La película nos narra la compleja y laboriosa investigación.

Lo cierto es que cuando salimos de las salas de cine estábamos muy contentos. La película nos había gustado, contaba con las buenas interpretaciones, contenidas pero profundas, de las protagonistas y diversos interpretes secundarios, y daba la sensación de que Schrader había conseguido una película bastante redonda. Sinceramente, un pensamiento posterior te deja con la sensación de que le falta algo. Quizá no sea todo lo contundente que podría haber sido en la denuncia, no de Weinstein sino del entorno y del conjunto de la sociedad y la industria del cine y los medios que habían colaborado a tapar unas conductas y unos hechos delictivos como estos. Por dar un dato, el artículo de Twohey y Kantor fue seguido cinco días más tarde por otro en The New Yorker, que realizó Ronan Farrow, único hijo biológico de Mia Farrow y Woody Allen, que no se dio a conocer antes porque una conocida cadena de televisión, la NBC, lo desechó tras conocer las investigaciones previas. Lo cual no les deja precisamente en buen lugar.

Aun con la sensación de que la excelente sensación inicial que deja la película se diluirá con el tiempo, no deja de ser un filme absolutamente recomendable. Cumple bien con su objetivo, tiene unos trabajos actorales muy buenos, y está bien hecho.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine] The French Dispatch (2021)

Cine

The French Dispatch (2021; 67/20211102)

Wes Anderson se ha convertido en la última década, ya venía anunciando su bondades de antes, en uno de los favoritos de los más cinéfilos de los asistentes a las salas de cine. Su cuidada y distintiva estética, sus historias, llenas de empatía y cariño hacia sus personajes, su estilo característico suponen un cine diferenciado y, muchas veces, un soplo de aire fresco ante las películas realizadas bajo «receta», todas iguales en sus componentes, historia y desarrollo, que tanto abundan en la industria cinematográfica, liderada por compañías como Disney/Marvel y similares. Los «macdonalds» del cine, por mucho que disfracen su carácter de productos de consumo rápido, por no decir «comida cinematográfica basura», con presupuestos muchimillonarios y abundancia de artificios visuales. Así que, no sé si muchos, pero si unos cuantos esperábamos con ganas el estreno de su nueva película, retrasada un año en su estreno por el bien sabido incidente epidémico, que tantos quebraderos de cabezas nos ha generado en los dos últimos años.

Inevitablemente, París, con algunas fotos de los rollos de película en blanco y negro que hice hace algo más de dos años.

El título completo de la película debería ser The French Dispatch of Liberty, Kansas Evening Sun, puesto que se nos habla de un suplemento ilustrado de un periódico de algún lugar del mencionado estado del medio oeste norteamericano. Un suplemento ilustrado que llega a su último número, para el cual se preparan y seleccionan algunos de los artículos más destacados de su historia. El suplemento se elabora desde Ennui-sur-Blasé (no se traducen los juegos de palabras en la película, pero bajo la forma que tienen algunos nombres de poblaciones francesas a orillas de un río o un mar, la ciudad de Ennui a orilla del río Blasé, el nombre de la ciudad significa Tedio sobre hastiado, hay constantes juegos de palabras en la película, que sólo alcanzamos a disfrutar aquellos que tenemos algunos conocimientos del idioma de Molière). Ennui-sur-Blasé tiene un parecido notable con ciertas ideas tópicas, con ciertos lugares comunes que se difunden sobre la capital francesa, París. En forma de episodios, cada uno reproduce un artículo de la revista sobre temas distintos y sobre distintas épocas, un recorrido por la ciudad, el arte contemporáneo y las obras de un preso a perpetuidad por asesinato, las aventuras de unos estudiantes revolucionarios inspirados en el mayo del 68, o el secuestro de la hija de un comisario de policía resuelta por las habilidades culinarias de uno de los tenientes bajo su mando. Y finaliza con la redacción aplicándose a la tarea de redactar el obituario de su director (Bill Murray).

La película insiste y lleva a nuevos extremos en el estilismo esteticista del director, quizá llevándolo demasiado lejos, aunque reconozco que a mí es una estética que me gusta, y se basa en un reparto extremadamente coral, con muchas apariciones de caras conocidas, prestigiosas, de la interpretación en el cine actual, en inglés o en francés, muchas veces quedando en la práctica al nivel de un simple cameo. Aunque cierto es que aquellos que tienen más minutos en pantalla, como Benicio del Toro, Tilda Swinton, la guapísima Léa Seydoux, Timothée Chalamet, Lyna Khoudri, Frances McDormand, Jeffrey Wright y otros que me dejo, lo hacen ciertamente muy bien. Valoración que hago desde el punto de vista de que se les pide un punto de exageración en sus personajes, en una película que oscila entre el homenaje, la parodia, la sátira y el cariño hacia las personas.

La película es un homenaje y una reivindicación de un cierto estilo de periodismo. No del periodismo en general y, ciertamente, no del periodismo que sufrimos en la actualidad. El formato, las ilustraciones y los artículos del ficticio The French Dispatch nos llevan irremediablemente a referenciar constantemente a The New Yorker, una revista, todavía vivita y coleando, reconocida por su alto nivel en las ilustraciones, por la calidad de sus artículos, por la elevada ética a la hora de verificar la veracidad de los hechos narrados y por el alto nivel literario de sus redactores. O sea… si estamos reivindicando y homenajeando esto… es que estamos lanzando un profunda crítica al periodismo actual de medias verdades, o directamente de falsedades, de falta de rigor, de oportunismo, de sensacionalismo, de lenguaje basto y limitado y de malas fotos tomadas con un teléfonos móviles. Y me parece muy bien que tales cosas se pongan en la picota de la crítica pública.

Dicho todo lo cual, la película me ha gustado, especialmente conforme la he dejado reposar en el recuerdo. Pero no me ha entusiasmado. No tiene el mismo nivel de calidez y espontaneidad de películas anteriores del director. En las anteriores, la maravillosa estética con la que trabaja Anderson estaba al servicio de la historia que se contaba, mientras que en la actual parece convertirse en la principal motivación del director. No me arrepiento nada de haberla visto, me ha merecido la pena, pero quizá las expectativas depositadas en ella eran demasiado elevadas. Es lo que hay.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Cine] Periodismos y Adolescencias (2017) y una repesca nacional

Cine

Odio la forma en que este año las distribuidoras han acumulado las películas más activas en la época de premios en pocas semanas para su estreno. Esto nos obliga a hacer un esfuerzo para ir viéndolas. Y a poca reflexión a la hora de comentarlas, agrupándolas semanalmente… Pero bueno. Ahí va la ración de esta semana.

The Post (2017; 08/20180204)

The Post es el título original, y de la versión original, de la película que en España se ha estrenado doblada al castellano como Los archivos del Pentágono. Y también es el apelativo por el que se conoce al periódico norteamerico The Washington Post. Cuando salimos del cine en una fríiiiiiia noche de invierno, el comentario fue «Spielberg se ha encargado de la precuela de All the President’s Men«. Quién iba a pensar que el tío Steven iba a acabar siendo un director de precuelas…

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Sirmione y el lago de Garda es una de las bellas localizaciones de una de las películas de hoy, y allí nos vamos, que merece la pena la visita.

Nos cuenta la historia de cómo el diario de la capital norteamericana, que era un diario de segunda fila en aquel momento que aspiraba a más, justo cuando su propietaria Kay Graham (Meryl Streep) lo saca a bolsa para hacerlo más grande, tiene que enfrentarse al reto de desafiar al gobierno de Nixon publicando los llamados Papeles del Pentagóno, que ya había empezado a publicar el Times (The New York Times). Eso sí bajo el liderazgo de Ben Bradlee (Tom Hanks) que representa en esta ocasión la típica figura íntegra y heroica yanqui, sea verdad o no.

La cosa va más de una defensa de la libertad de prensa que del contenido real de los dichos papeles. Una de estas películas que están surgiendo como respuesta a la administración ultraconservadora y manipuladora de Trump. La película es entretenida y está muy bien interpretada, pero no aporta nada nuevo, que no hayamos visto ya en numerosas ocasiones. Además de los protagonistas, que chupan mucha pantalla, muchos ilustres de la interpretación en papelines de poco calado. Muy por debajo por ejemplo de una reciente premiada en los Oscars, en casi todas sus dimensiones.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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Call Me by Your Name (2017; 09/20180208)

Esta película del italiano Luca Guadagnino, con guion nada más y nada menos que de James Ivory adaptando una novela de André Aciman, había levantado tales expectativas, había venido precedida de tan buenas críticas, que había cierto riesgo de que pudiese defraudar.

Tampoco es una película novedosa, o tan novedosa como algunos proponen. La sensualidad de unas vacaciones de verano en un paraje mediterráneo, en esta ocasión el norte de Italia, no es nueva en el cine como marco para el despertar sexual de un o una adolescente. En esta ocasión se trata del joven Elio (Timothée Chalamet), hijo de un matrimonio de intelectuales italianos de origen judío, que está tonteando, parece que con éxito con la joven y chic francesita parisina Marzia (Esther Garrel). Hasta que llega Oliver (Armie Hammer), un ayudante norteamericano de su padre, el doctor Perlman (), para los trabajos de investigación arqueológica que está haciendo. Bien acogido por este y por su mujer, Annella (Amira Casar), el apuesto nortemericano judío de Nueva Inglaterra pondrá boca abajo los sentimientos de Elio.

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Mentiría si no reconociese que la película, quizá demasiado larga y morosa en su desarrollo, aunque esa morosidad se adapte a la época estival en la que se desarrolla la acción, no tiene momentos absolutamente magistrales. Porque los tiene. Pero a su vez, aquí y allá se rellena de momentos de un buenismo y un buenrollismo de una cierta empalagosidad, y en ocasiones superfluos e incluso poco creíbles. Uno de los que más nos chirriaron es la última de las escenas en la que coinciden en pantalla Elio y Marzia… Las tres féminas que me acompañaban trataron de inverosímil la reacción de una joven de diecisiete años en 1981 a la que han tratado como han tratado. Y qué padres tan perfectos los del joven… pero si su madre les lee el Heptamerón en alemán cuando se les va la luz por las tormentas… ¡Eso es nivel!

No negaremos por lo tanto sus virtudes. Y ciertamente es recomendable. Pero con la sensación de que han exagerado sus virtudes, quizá por la exaltación de lo políticamente correcto en los tiempos que corren. Los dramas de los sentimientos son más dramas, son más sucios, son menos perfectos. Película políglota. Se habla en italiano, francés, alemán e inglés. Sin sentido que no se respeten los idiomas.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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Repesca: La llamada (2017)

Estrenada en España a principios del otoño, de esta película de Javier Ambrossi y Javier Calvo habíamos leído algunas buenas críticas, aunque su sinopsis, lo de la llamada vocacional monjil de una adolescente durante un campamento de verano nos producía una nula atracción. Aunque no hace muchas semanas que desapareció de la cartelera, ya está en plataformas de vídeo bajo demanda, y le di una oportunidad. Como mucho me temía, la crítica española es excesivamente condescendiente con las producciones nacionales. No es ninguna catástrofe, ni resulta estomagante. De hecho, esta comedia tiene algunos punto muy originales que la convierten casi en un producto indefinible. Pero quizá no se sabe exprimir a fondo la premisa de partida. Y su reparto, aunque se esfuerza, y es un reparto en el que trabaja gente con posibles, tampoco basta para hacer destacar el filme. No pasa nada por verla, tiene algún momento curioso, pero nada más.

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[Fotografía] En el instante preciso – La autobiografía profesional (y algo más) de la fotógrafa Linsey Addario

Fotografía, Literatura

Lynsey Addario es una fotógrafa norteamericana, nacida en Nueva Inglaterra de ascendencia italiana, que ha dedicado la mayor parte de su vida profesional al fotoperiodismo, especialmente a cubrir regiones en conflicto, incluyendo guerras y revueltas de todo tipo. A lo largo de su carrera ha sido disparada, ha sufrido algún accidente de circulación grave, y ha sido retenida contra su voluntad, o secuestrada según como lo vea cada cual, en dos ocasiones, en una de ellas, en Libia con grave riesgo para su integridad personal.

En el lado de las experiencias positivas, ha recibido varios premios importantes, de los cuales el más famoso es el Premio Pulitzer en 2009 en compañía del conjunto de la plantilla del New York Times, por su cobertura de los conflictos en las regiones fronterizas de Pakistan con Afganistán. A pesar de lo que se lee por ahí en ocasiones, no se le concedió el premio por ninguna de las dos categorías fotográficas que existen

La fotógrafa tuvo establecida su residencia durante años en Estambul… A medio camino entre Occidente y las zonas en conflicto en Oriente Medio en las que trabajó. Y a Estambul nos vamos fotográficamente para ilustrar esta entrada.

Entre los medios de más prestigio para los que ha trabajado están The New York Times, The New York Times Magazine, Time, Newsweek y National Geographic. Lo cual da una idea de su nivel.

El libro que aquí nos ocupa se titula en el original en inglés de forma distinta que en su edición en castellano para España. It’s What I Do (Es lo que hago) no tiene nada que ver con En el instante preciso, oportunista título que pretende asociarlo todo a la filosofía de Cartier-Bresson. Pero que no es de lo que va el libro. Tras unos capítulos en los que la fotógrafa nos cuenta el entorno familiar y social en el que transcurrió su infancia, así como sus primeros escarceos con la profesión en su juventud, se centra en el grueso de su vida profesional que está vinculado a la evolución del mundo tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en lo que la administración encabezada por George W. Bush llamó War on Terror (guerra contra el terrorismo o guerra al terror). Addario desarrolló su trabajo en muchos de los escenarios relacionados con este conflicto armado.

Como periodista, Addario es fotógrafa, no redactora. Por supuesto, tiene un nivel cultural razonablemente alto, con formación universitaria, pero cuando te enfrentas a este tipo de autobiografías siempre te planteas la duda sobre si está escrita por el supuesto autor o por un «negro». No me parece el caso, la sensación global es que es la propia autora, que probablemente habrá recibido las correspondientes correcciones, la que traslada de su puño y letra sus recuerdos, sensaciones y pensamientos. La redacción del libro destila un cierto grado de ingenuidad en muchos de sus pasajes. Incluso, hasta cierto punto, en los más duros y difíciles. En cualquier caso, el libro tiene una estructura de manual. Comienza por relatarnos un episodio reciente e impactante para agarrarte a la historia, que nos deja sin concluir, para luego recurrir a un flashback general recorriendo toda su vida hasta que retoma en su momento ese episodio impactante con el que empieza. Muy típico en los relatos literarios y cinematográficos de hoy en día, especialmente los que proceden de Norteamérica.

Desconozco si se debe al carácter y personalidad de la propia autora, o si es una adaptación a un público general, especialmente el norteamericano, que en general parece recibir mejor este estilo de cierta ingenuidad, que a mí particularmente a ratos me decepciona un poco. Una mujer profesional de sus características, tan bregada durante tantos años en situaciones de conflicto, la imagino algo más dura. Pero puedo equivocarme.

Para dar un tono humano a su historia, va combinando su relato sobre su vida profesional con apuntes sobre su vida privada, especialmente sobre sus relaciones de pareja. La presencia de algún capítulo que exponga la dificultad de conciliar la vida profesional con la de relación me parece justo e incluso necesario. Pero determinados detalles de lo que nos cuenta sobre sus relaciones personales me parecen respetables, pero poco interesantes.

Yo he leído la versión electrónica del libro, y a este respecto tengo que recomendar que si se opta por este medio, se haga en un dispositivo con calidad de visualización elevada, e incluso en color. El libro está ilustrado con una cierta abundancia de fotografías de la propia autora o a la autora, aunque no es un libro de fotografías, que ganan con una correcta visualización.

Aunque he vertido algunas críticas sobre el estilo y el contenido del libro, no nos equivoquemos. El libro es muy interesante, y a mí particularmente me enganchó una vez que pasó sus capítulos iniciales de infancia y juventud, que podrían haber estado más resumidos. Creo que nos cuenta hechos y aventuras profesionales muy interesantes, que nos ayuda a comprender mucho mejor lo que es ser fotógrafo o periodista en general de conflictos, y la sensación que desprende el conjunto es de razonable sinceridad y honestidad. Sin durezas y sin acritudes, no esconde sus críticas a las situaciones que se encuentra y a quienes las provocaron, aunque es una ciudadana norteamericana que se cree su condición. Y es consciente que escribe para un público fundamentalmente norteamericano. Por lo tanto, tampoco esperemos dardos envenenados contra las actuaciones de sus gobernantes en el periodo de tiempo que abarca. Que razones en abundancia hay para lanzarlos. Pero no es eso.

El libro debería interesar al aficionado a la fotografía, pero también a quien se preocupe de cómo funciona el mundo actual. Hay que tener en cuenta que en la actualidad los medios cada vez gastan menos dinero en procurar que estos profesionales hagan su trabajo. Addario es una profesional consagrada y seguramente seguirá su carrera, tirará para adelante, o sabrá reorientarla conforme cumpla años. Pero hoy en día son muchos los fotógrafos mal pagados, mal protegidos, principalmente autónomos, que no saben si podrán vender sus fotografías a unos medios que están tomando derivas muy cutres, en los que una mala foto realizada con un móvil por la que no pagan nada les basta, en lugar de confiar en la mirada de profesionales con criterio que llegan hasta el lugar de los hecho.

Pero son muchas las instituciones destinadas a salvaguardar la democracia y las libertades en el mundo que están en crisis. Y la prensa es una de las que peor deriva lleva.

El Bósforo por encima de las cúpulas del Gran Bazar

[Libros] Los prisioneros de Chalon / Pole Pole

Literatura

Esta semana traigo dos nuevos libritos, artículos periodísticos publicados por la editorial eCicero, con la variante que si los dos anteriores que he comentado en estas páginas estaban comprados en papel, estos han sido en formato electrónico.

El primero de ellos

Los prisioneros de Chalon
Jay Allen; traducido por Daniel Gascón
eCícero; Huesca, 2013

nos ha llevado a una prisión nazi en la Francia ocupada, poco antes de que los Estados Unidos entrara en la Segunda Guerra Mundial, donde el periodista norteamericano Jay Allen fue detenido e ingresado prisionero durante un tiempo, hasta que finalmente fue trasladado a otra prisión y luego liberado.

Curioso artículo extenso, en parte diario en parte memorias, a partir de las anotaciones hechas en prisión y de los recuerdos de aquellos días, en los que se nos traza el relato de los diversos sucesos trascendentes que le sucedieron durante aquellos tiempos, mostrándonos cómo eran tanto sus compañeros presos como los guardas alemanes. Empatizando con todos, aunque no necesariamente, como es obvio simpatizando con todos. Se lee fácil y te lo ventilas en un rato.

Puente de Brooklyn

El hecho de que Stanley trabajara para el New York Herald me da una excusa para volver a mostrar fotografías de mi reciente viaje a la populosa ciudad yanqui; aquí el puente de Brooklyn.

El segundo de ellos

Pole Pole
Martín Caparrós
eCícero; Huesca, 2013

nos cuenta el viaje del periodista argentino Martín Caparrós, siguiendo a finales del siglo XX por la actual Tanzania, la ruta que en su momento realizó el periodista americano Stanley para encontrarse a orillas del lago Tanganika con el explorador y misionero británico Livingstone.

En este caso estamos ante un libro de viajes en el que, en lugar de centrarse en el tipismo y las bellezas naturales del país esteafricano, nos da un paisaje del entorno social y humano que se encuentra, manifestando las diferencias entre la visión romántica de África en la época de los exploradores, frente a los entornos de pobreza, corrupción y enfermedad de los países surgidos tras la descolonización.También muy recomendable.

Washington Street (Brooklyn)

Y en esta, el puente de Manhattan visto desde Washington Street en Brooklyn.

Dos fotógrafos de prensa muertos en Libia

Fotografía, Política y sociedad

Hace unos días ya comentaba el secuestro de un fotorreportero español en la guerra de Libia, Manu Brabo. En las últimas horas hemos escuchado más noticias tristes al respecto. El prestigioso fotorreportero británico Tim Hetherington ha sido muerto en el sitio de Misurata, junto con el también fotógrafo el norteamericano Chris Hondros. Otros periodistas, reporteros o fotógrafos, han desaparecido secuestrados o han resultado heridos.

Quien se acerque por estas páginas de vez en cuando sabe que me gusta la fotografía. Aunque mi ámbito de afición está a años luz de la de estas personas. Pero estas personas, que se juegan la vida por informar, merecen algo más que mi admiración. Y por esto quiero recordarlas en estas líneas.

Se dice en los últimos tiempos que hoy en día las guerras son en la práctica televisadas y retransmitidas en directo a todo el mundo. Pero también son frecuentes los incidentes que nos hablan de un acoso continuo a la libertad de prensa y de información. Periodistas que son obligados a desplazarse incrustados en unidades militares, para poder controlar lo que ven, para controlar la realidad que conocen. Esto es un práctica habitual en las ‘democracias liberales’, que luego ponen todo tipo de trabas a la investigación de las muertes como las de José Couso. Que podemos esperar por lo tanto de los regímenes autoritarios que todavía tienen menos interés en que sus verdades se conozcan. Profesiones arriesgadas por lo tanto de las personas. Pero no tanto por la violencia habitual del medio en el que se ven inmersos, sino por las voluntades de quienes se sienten amenazados por sus informaciones y que los marcan como objetivos.

Desde hace años, compro habitualmente como forma de solidaridad con estos profesionales los volúmenes de la colección 100 fotografías por la libertad de prensa de Reporteros sin fronteras. El próximo 3 de mayo sale a la venta un número con fotografías de René Burri. Ya lo estoy esperando con impaciencia.

Música recomendada

Después de unos días en los que había desaparecido este epígrafe, vuelvo a la carga. Y creo que tengo que recomendar la portentosa voz de Dianne Reeves, cantante de jazz y blues, digna heredera de las grandes, a la que he escuchado cantar en scat de forma estupenda recientemente en Mezzo Live HD. Particularmente me gusta una versión que tiene de Speak Low. Dejo de poner enlaces a Spotify, puesto que ha cambiado sus condiciones para las cuentas gratuitas. Se han puesto tacaños, y ya no los visito tanto como antes. Ya prácticamente no me interesan.

Trinchera

En el frente de Aragón, entre las trincheras de Alcubierre y alrededores, no faltaron los reporteros de guerra como Robert Capa y Gerda Taro en nuestra guerra civil - Canon EOS 40D, EF 28/1,8 USM

[Fotografía] In Focus – The Atlantic; fotoperiodismo en alta calidad de imagen

Fotografía

En alguna ocasión he comentado mi afición a los fotoblogs que ofrecen algunos medios de comunicación mediante los cuales nos muestran las mejores imágenes a una resolución superior a lo habitual. Hasta ahora, generalmente con una anchura de 900 pixeles. Suponiendo que la mayor parte de los reporteros gráficos utilizan cámaras reflex digitales con formato de imagen 3:2, esto nos da imágenes de 900 x 600 píxeles, es decir 0,54 megapíxeles. No está mal. Aunque muy lejos de la resolución original de la imagen, es muy superior a lo que nos ofrece la prensa en internet habitualmente. Además, progresivamente fueron aumentando para llenar una pantalla de 1024 píxeles de ancho. Esto nos situaba en los 990 x 660 píxeles en una imagen tipo, con un 20% de aumento en el número de píxeles sobre el cálculo anterior.

El fotoblog pionero en esta forma de mostrar las mejores fotografías de prensa fue The Big Picture de The Boston Globe. Y además de haber sido de los primeros y más importantes, siempre ha destacado por la calidad de las imágenes que ofrecía, además de por la elevada resolución. Pues bien, Alan Taylor, el artífice de The Big Picture, se ha ido a otro medio, The Atlantic, donde ha comenzado un nuevo proyecto en este sentido, In Focus, pero con la posibilidad de adaptar el tamaño de la imagen a una pantalla de 1280 píxeles de ancho. Esto nos daría imágenes tipo de entorno a 1,04 megapíxeles, doblando en la práctica el tamaño de las anteriores. Y con el altísimo nivel de calidad gráfica e informativa de los anteriores. Así que si os gusta la fotografía, abrid el navegador a pantalla completa, y disfrutad de las imágenes.

Recomendación musical

Hoy me he puesto a Stan Getz, probablemente mi saxofonista de jazz favorito. Aunque no sus muy conocidas versiones de los clásicos de la bossa nova. Sino el Anniversary, grabado en directo en el Cafe Montmartre de Copenague (lamentablemente, en Spotify sólo se puede escuchar un tema del álbum).

Por el camino

No son imágenes tan grandes las que muestro yo; pero para un blog que combina texto y fotografías, los casi 700 pixeles de dimensión mayor que ofrezco, no están mal - Canon EOS 5D Mk.II, EF 200/2,8L USM