[Cine] Beirut (2018)

Cine

Beirut (2018; 39/20180827)

Tres semanas he tardado en volver a visitar una sala de cine para ver una película de estreno. Entre la dificultad para escoger una película que parezca interesante en la cartelera de agosto y el mosqueo con las políticas de precio de las salas de cine. Que hasta el gobierno se ha dado cuenta de que algo no iba bien tras la bajada del IVA. Y eso que no conozco gobierno español, del partido que sea, que no favorezca más a los empresarios que a los consumidores con sus políticas. Me entero que incluso los adolescentes tienen su propia cadena de mensajes en las redes sociales en las que se alertan unos a otros sobre que salas han aplicado el descuento del IVA frente a las que no, con el fin de evitar estas últimas. Dudo que funcione porque hay mucho borrego entre los consumidores españoles, pero ojalá. En cualquier caso, para ver versiones originales no tenemos alternativa en Zaragoza; sólo podemos ir a salas de una empresa con escasa ética. Dice que ha bajado algunos céntimos el precio “oficial” de la entrada, pero ha subido todos los demás precios que son los que pagan la mayor parte de los consumidores. Matinales, versiones originales, compra por internet, compra en máquinas dispensadoras, carnet joven, día del espectador… todo eso al alza.

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Las ciudades alemanas, como Beirut o en mucho peor grado, sufrieron como pocas las consecuencias de la destrucción de una guerra que los propios alemanes desencadenaron. Salvo Constanza. Su extrema proximidad a la frontera suiza, unido a que no apagaban las luces por la noche, hizo que los bombarderos aliados no descargaran sobre ella sus bombas, por miedo a que cayeran sobre las ciudades suizas vecinas, siendo Suiza un país neutral.

No obstante, somos aficionados al cine. No lo podemos evitar. Y nos gusta verlo en pantalla grande. Así que el lunes fuimos a ver esta película que en español han titulado El rehén, modificación del título estúpida como la mayor parte de las que hacen, ya que tiene todo el sentido del mundo que el título original haga referencia a la capital del Líbano.

Al fin y al cabo, aunque se nos cuenta una historia de un secuestro, lo que se puede salvar de la película es la reflexión, no siempre clara por parte del director de la película, Brad Anderson, de la futilidad de la guerra y de las consecuencias para las ciudades, símbolo de las civilizaciones por excelencia. Y más en una región del mundo donde las civilizaciones, la ciudades, vienen de muy muy muy largo. El destrozo causado en la civilización por la rapiña de los grupos de interés y de los gobiernos en caso de conflicto es difícil de reparar, al menos a corto y medio plazo. Y en no pocas ocasiones deja profundas cicatrices a largo plazo.

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El secuestro, la historia del rehén, no es más que una excusa para mostrarnos eso. Una excusa no siempre bien llevada. A pesar del esfuerzo de sus protagonistas, Jon Hamm y una Rosamund Pike en un papel más de florero de lo que nos gustaría, es una historia con más agujeros que un colador, que hace difícil que te la puedas creer. Muy difícil. Esto pone a prueba la suspensión voluntaria de la incredulidad con más dureza que las películas de Star Wars, que ya es decir. Entretiene, pero no te lo crees. Y por ello, aunque bien presentado, es un producto cinematográfico que no acaba de satisfacer. Pero bueno. Puede haber divergencia de opiniones al respecto

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **/***

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[Cine] Au revoir là-haut (2017)

Cine

Au revoir là-haut (2017; 33/20180705)

Nueva adaptación de una obra literaria de ficción. En este caso, una que ya leí en su momento, y me gustó mucho mucho, del francés Pierre Lemaitre. Lemaitre se suele dedicar al “polar”, la novela policiaca y la novela negra. Pero en esta ocasión se lanzó sobre la crítica social, con tonos de humor negro, a propósito de las consecuencias del final de la guerra del 14-18.

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Hoy, París, cómo no.

Buena parte de mis impresiones sobre la obra literaria son válidas en la actualidad. Dirigida por Albert Dupontel, y magníficamente interpretada por Albert Dupontel (Maillard), Laurent Lafitte (d’Aulnay-Pradelle) y Nahuel Pérez Biscayart (Pericourt, especialmente meritorio puesto que no muestra la cara, salvo los ojos, y prácticamente no habla), la historia arremete desde el punto de vista de gente que no dejan de ser pícaros, contra los conceptos de patria, contra la corrupción de las instituciones, y contra la hipocresía de una sociedad que ha enviado al matadero a hombres franceses por millones. Y que, no lo neguemos, aunque se ha echado la culpa a Alemania de la guerra, Francia tenía un espíritu de revancha por la guerra de 1870-1 que le llevó a hacer poquito por parar esta barbarie.

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En los aspectos cinematográficos, me limitaré a decir que si bien la película no está al nivel de la obra literaria, especialmente en determinados momentos al principio y al final de la misma, es una película muy entretenida, muy bien hecha que se ve muy bien.

Pero lo importante está en lo que cuenta. Escrita la obra literaria y rodada la obra cinematográfica, en una época de crisis de la economía y de las instituciones en todo el mundo, con notables regresiones a posiciones populistas y a invocar los elementos más básicos y patateros de las políticas nacionales, estas denuncias de las corruptelas que se instauran al amparo de “los más altos ideales patrios” me parecen especialmente actuales y convenientes.

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Así que lo diré una vez más. Leed la novela. Y si os viene bien, ved también la película. Y pensad un rato sobre lo que veis o leéis, más allá de lo anecdótico.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Cine] Submergence (2017)

Cine

Submergence (2017; 23/20180415)

Estuvimos en un sí ir no ir con esta película. Por un lado, que la firme Wim Wenders, con James McAvoy y Alicia Vikander de protagonistas parecían alicientes más que suficientes para incitarnos a acercarnos a las salas de cine. Pero las críticas previas de la película no eran buenas, sumándose a las que desde hace unos años plantean que Wenders ya sólo se defiende bien en el documental, y que pasaron hace tiempo los tiempos de gloria a la hora de narrar ficción.

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Algunos de los mares y costas que recorre el barco de la chica protagonista; Portugal…

La película nos sitúa en dos líneas paralelas de acción. Por un lado, la profesora Danielle Flinders (Vikander), investigadora oceanográfica, se embarca en una larga travesía por el Atlántico norte, desde el sur de Portugal hasta las regiones árticas, bastante más allá de Islandia, donde habrá de sumergirse en las profundidades abisales buscando los orígenes de la vida. Por otro lado, James More (McAvoy) es un agente de espionaje que, bajo la apariencia de ingeniero de obra civil especializado en suministros de agua, se internará en la revuelta Somalia con la excusa de ir excavar pozos y suministros para las poblaciones, y se verá retenido por los insurgentes islamistas más extremos. Mediante flashbacks provocados por los recuerdos de ambos sabremos que se conocieron en un hotel costera en el norte de Francia donde se enamoraron y prometieron volver a reunirse.

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… Noruega,…

Detrás de una calmada historia de romance y de acción pausada, Wenders propone un película filosófica que nos invita a reflexionar sobre las amenazas que caen sobre el planeta en estos momentos. A nivel físico y ambiental, la amenaza sobre los mares, fuente de vida original en la Tierra. A nivel sociopolítico, la amenaza de los integrismos, de los fanatismos y de las dictaduras. Todo esto está muy bien… pero la película funciona a penas. Está llena de lugares comunes, de tensión forzada, de alguna situación que podríamos calificar incluso de absurda. Todo ello con una realización fría, que transmite poca emoción. Desde luego, el romance entre los protagonistas más da la impresión de parecer un aquí te pillo aquí te cojo entre dos “guapos” que una pasión que justifique la reflexión posterior.

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… Escocia,…

Los dos protagonistas tienen su oficio y evitan el desastre, aunque tampoco parecen especialmente motivados por la labor. Se limitan a cumplir.

Me resulta difícil recomendar una película, que sin ser tan catastrófica como en algún sitio he leído, realmente aporta muy poquito. Y realmente, estamos muy lejos del Wenders que nos emocionó hace unas décadas.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **
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… e Islandia (también en el encabezado).

[Cine] The Beguiled (2017)

Cine

The Beguiled (2017; 342017-2508)

Dos son las adaptaciones al cine que conozco de la novela de Thomas Cullinan del mismo título. En España, las dos adaptaciones reciben títulos diferentes, que suenan muy similares, pero que no significan ni mucho menos lo mismo. El caso es que tampoco es exactamente el mismo que en inglés. “La seducción” o “el seductor” no es lo mismo que la traducción en “el seducido” o “las seducidas”. Desgraciadamente no sé cuál es exactamente la traducción adecuada, ya que el adjetivo es invariable en género y número en el idioma inglés. Quizá por ello, sea más adecuado el título en castellano de la nueva versión de Sofia Coppola, ya que nos deja la duda sobre quién seduce a quién en esta historia de la guerra civil americana.

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En la sierra de Alcubierre, en el frente de Aragón, también se sufrieron las consecuencias de otra guerra civil, y también los civiles sufrieron las consecuencias de una contienda tan incivil.

Ambientada en Virginia en 1964, estamos ante las fases finales de la guerra civil, con el ejército de la Unión avanzando por el estado sureño en dirección a la capital Richmond. En el internado para señoritas de Martha Fansworth (Nicole Kidman), quedan unas pocas pupilas y una profesora, Edwina (Kirsten Dunst). Entre las chicas, una adolescente, Alicia (Elle Fanning), destaca entre ellas por sus deseos de salir al mundo. Y en estas están cuando la inquieta Amy (Oona Laurence) encuentra a un soldado de la Unión (Colin Farrell) herido en el bosque mientras recolecta setas y lo lleva para recibir cuidados en el internado. Y esto va a revolucionar las hormonas y la convivencia en el internado.

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Sé que he visto en alguna ocasión la versión de 1971, dirigida por Don Siegel y protagonizada por Clint Eastwood y Geraldine Page, pero sinceramente, aunque sabía aproximadamente de qué iba la cosa, no la recuerdo con detalle. Nos dicen que Coppola ha trasladado el punto de vista de la acción del soldado irlandés hacia las mujeres virginianas. Esto es así. Pocas veces nos quedamos a solas con él. Las más de las veces conocemos de él por lo que perciben las mujeres y niñas del internado. Coppola se preocupa también por crear un ambiente. Para ello se apoya especialmente en una fotografía de planos comprimidos, brumosa, con la sensación del calor húmedo en el verano sureño. La guerra aparece como algo presente, pero distante (se podían haber estirado un poco más en los efectos digitales a la hora de crear los humos de las batallas e incendios, flojos). Y el ambiente en el interior de la casa aparece como opresivo. Aunque sin llegar a los extremos de Kubrick, el trabajo del director de fotografía Philippe Le Sourd con iluminaciones realistas, con la iluminación de las velas tal y como debe verse y no como se ve habitualmente en el cine, unido a la textura de la película cinematográfica en la que está rodada, nos hace sentir la atmósfera cargada entre los  prsonajes. En general, estamos ante una obra que muestra una capacidad profesional por parte de la directora y del equipo de la misma. Todo ello unido al buen hacer del reparto. No vamos a descubrir ahora las capacidades de los miembros del mismo, siendo tal vez el protagonista masculino el más flojo, y más discutible como elección para el mismo, aunque cumple con su misión.

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Sin embargo, en ningún momento sentimos que se aporte realmente nada sustancial a la historia. O a otras historias similares a esta. Dentro de la corrección general del filme, salimos de la sala de cine con el convencimiento de que pasado un tiempo nos olvidaremos de esta película, que no nos va a marcar ni positiva ni negativamente. Está bien mientras la ves, pero no deja poso. Quizá porque Coppola no acaba de dejar que estallen en toda su intensidad las emociones reprimidas que supones a las mujeres que constituyen este microcosmos opresivo, en el que entra el soldado como un cometa de luz y polvo dejando una estela que difícilmente podrá ser inocua. Eso, si no produce una destrucción cataclísmica. Pero al final… no sé. Sientes que es casi como si no hubiera pasado nada. No sé. Algo le falta a esta película.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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[Cine] Su mejor historia (2016)

Cine

Su mejor historia (Their Finest, 2016; 312017-0108)

Aunque habíamos visto críticas favorables a esta película en algún sitio, este largometraje británico de la directora danesa Lone Scherfig estaba pasando bastante desapercibido en la cartelera del verano. A pesar de que es curiosamente adecuado para ver en tandem con la película bélica de moda que comenté hace unos días, como veremos dentro de poco. Aunque son dos películas tremendamente distintas. Scherfig tiene algún título bastante interesante en su filmografía, por lo que no era desdeñable como aliciente. Y además tenemos una protagonista,… especialmente atractiva para el público masculino. Pero que todavía le queda un poco por demostrar que es bastante más que un físico espectacular. No es que trabaje mal, pero para ser británica… pues está un poquito por debajo de la media. Es una cinematografía muy exigente…

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Londres, claro, en las fotos de hoy. No tan roto como en los tiempos del “blitz”, pero igual de tradicional.

La historia nos lleva al Londres de 1940, en pleno blitz, Catrin Cole (Gemma Arterton) es una secretaria de una empresa de publicidad que elabora algunos textos de los anuncios. Y eso lleva a que le den la oportunidad de empezar a trabajar en los equipos de escritores que preparan los guiones para las películas propagandísticas de la época. El descubrimiento de una historia sobre unas hermanas que podrían haber participado con su barquito en el rescate de las tropas británicas en Dunkerque, hace que surja la idea para una película “basada” en “hechos reales” que encargan al equipo del guionista Tom Buckley (Sam Claflin) al que se incorpora Catrin para redactar los diálogos femeninos. Y nos sumergiremos de pleno en el rodaje de una película sobre la evacuación de Dunkerque (¿apreciamos ahora la oportunidad de ver las dos películas en tándem?).

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Película de factura correcta, muy académica, pero que funciona sin ningún problema, de forma amable, como comedia romántica, bastante divertida… hasta que unos giros de la historia que pocos en el patio de butacas esperaban provocan un cambio de género, y se convierta en un drama con un tono fundamental de reivindicación feminista, con el mensaje de que a veces tiene que hay que eliminar al hombre que bloquea las posibilidades de la mujer, por doloroso que eso sea, porque esta es capaz de salvar la situación, ya que es tan capaz o más que el hombre para hacer el trabajo que hay que hacer. Situación que se plantea tanto en la película, como en la película dentro de la película.

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Si el guion y la factura de la película, ya digo que muy académicos, funcionan bastante bien, la película consigue que el público se enganche definitivamente a la misma gracias al carisma y a la química entre los personajes. Gemma Arterton se muestra bastante sólida. Mucho más discreta que habitualmente a la hora de utilizar su tremendo atractivo femenino, realiza una interpretación convincente mostrando que efectivamente es una actriz que es más que una cara bonita y un cuerpo escultural, con capacidad para pasar dentro de una misma película de los momentos de relajo alegre y romántico, a las situaciones dramáticas. Pero el resto del reparto también luce a buen nivel, con un Bill Nighy en uno de esos papeles de comedia que tan bien se le dan, pero con otros personajes menos vistosos que aportan. Un ejemplo claro son las incisivas frases de Rachael Stirling, en su papel de ayudante de producción con tendencias lesbicas, que va marcando constantemente el auténtico sentido de la película, que como digo es la reivindicación femenina, y no la comedia romántica de la que se disfraza.

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Ya he comentado que esta película está pasando relativamente desapercibida, y sin embargo es una opción bastante interesante y respetable para introducir un poco de frescura en las tardes de verano. Con humor y drama sabiamente repartidos, reflexiona y emociona a partes iguales. No sé lo que durará en cartelera, pero a mi me parece recomendable.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Libro] Todo lo que tengo lo llevo conmigo

Literatura

La concesión del Nobel en 2009 a la escritora germanorumana Herta Müller sorprendió un poco al personal. Aunque escritora en un idioma con amplia tradición literaria, y con potencia social y politica en el mundo actual, el alemán, Müller nació y creció dentro de una minoría, la de los denominados sajones de Transilvania. Un grupo étnicamente alemán que se asentó desde la edad media en esta región actualmente rumana, y que durante siglos convivió con otras etnias como las de origen magiar o rumano. Minoría que tuvo poder político y social durante mucho tiempo, pero a la que los avatares del siglo XX han colocado en una situación delicada.

Yo visité Rumania en dos ocasiones, en 1987 y 1995, y en alguna de sus ciudades, Brașov (Kronstadt) y Sighișoara (Schässburg), pertenecientes a las Siebenbürgen (Siete ciudades), región donde se asentaron estas comunidades, encontré testimonios de la presencia de la cultura germánica en la zona.

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Como digo en el texto en su momento realicé un par de viajes a Rumania. La primera dos años antes del fin de la dictadura de Nicolae Ceaușescu, la segunda seis años después. En esta segunda además de Brașov, en esta foto, visité también Sighișoara, en el resto de las fotos, ambas ciudades que históricamente acogieron a los alemanes étnicos en Transilvania.

Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos de estos alemanes en el extranjero (Auslandsdeutsche), calificación que ahora les permite optar directamente a emigrar a la República Federal de Alemania y adquirir la nacionalidad alemana, abrazaron la causa del nazionalsocialismo ante el declive secular de su influencia social y política en la región. Las consecuencias para ellos cuando Rumania se dio la vuelta contra su aliado alemán y firmó la paz con la Unión Soviética fue tremenda. Prácticamente toda la población germanorrumana entre 17 y 45 años fue deportada a territorio soviético para trabajar en las “reparaciones de guerra”. En la práctica, trabajo esclavo del que muchos no volvieron por las inhumanas condiciones en las que se vieron obligados a malvivir.

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Los padres de Müller vivieron esa época agitada. Su madre fue una de las trabajadoras forzadas que sobrevivió a los cinco años de esclavitud. Un tema que fue tabú en su casa. En un momento dado, en el cambio de siglo, la escritora inició un proyecto fruto de sus conversaciones con el poeta Oskar Pastior, también de origen germanorrumano, que fue un superviviente de la deportación, que conllevaba la publicación mano a mano de un libro basado en las memorias de este último. Sin embargo, la muerte de Pastior en 2006 hizo que Müller reconvirtiese el proyecto en una novela, poema en prosa lo denominan en algún lugar, de carácter ficticio, sobre un joven llamado Leo, basada en las vivencias del poeta. Este libro que en el original alemán se denomina Atemschaukel (algo así como la “oscilación del aliento”), y en la versión inglesa es The Hunger Angel (“el ángel del hambre”, expresión que aparece repetidamente en la novela) es el que he leído estas semanas atrás, en versión electrónica, publicado por Siruela en su colección Nuevos Tiempos. Un libro duro, muy duro, en el que el hambre, la nostalgia por el hogar, y las complejas y patológicas relaciones que se establecen entre los deportados, componen una historia, o más bien una imagen, sobre el ser humano que no invita especialmente al optimismo y a la fe en la especie.

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Comencé la lectura con fuerza, con mucho interés. Y la prosa de Müller invita a su lectura continuada. Pero tuve que hacer algún parón, dada la intensidad de los sentimientos expresados y de los hechos narrados. Una enésima versión del tema del homo homini lupus; el hombre es un lobo para el hombre. También es un reflejo que nos debiera hacer pensar sobre las consecuencias de determinadas políticas, sobre lo próximos que estamos siempre de caer en los vicios de los nacionalismos, de los populismos, de los autoritarismos, y de las consecuencias que traen para el ser humano corriente, que muchas veces opta por la pasividad cuando estas tendencias se arraigan en las comunidades. Muy recomendable. Pero no para momentos de depresión.

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[Cine] Dunkerque (2017)

Cine

Dunkerque (Dunkirk, 2017; 302017-2607)

En un verano que, como muchos, la cartelera flojea mucho, hasta el punto que nos cuesta encontrar motivación para incluso tomar la decisión de ir a las salas de cine, nos ha llegado el que probablemente sea el estreno más interesante para los amantes del séptimo arte. Quizá no para los amantes de las palomitas y de los fuegos artificiales, que seguramente encontrarán más atrayente cualquier repetitiva y repetida aventura de algún enmascarado vestido con un pijama de colores. Pero afortunadamente, para apaciguar los rigores del desierto estival cinematográfico, nos llega la última película de Christopher Nolan.

He de decir que no soy un incondicional de este director. También tiene su haber algunas sobrevaloradas películas de enmascarados vestidos con pijamas y capas. Pero realmente, cuando se pone las pilas, además de maestría en la creación de imágenes maravillosas, nos proporciona historias donde los vectores del espacio y el tiempo se entremezclan, cambian y nos aseguran las capacidad de vivirlas de un modo diferente.

Esclusas

Dunkerque, aunque localidad francesa, pertenece a la región de Flandes, al igual que Ostende en Bélgica, donde está tomada esta fotografía. El 25 de mayo de 1940 la bolsa en la que estaban encerrados británicos, franceses y belgas era relativamente amplia he incluía a esta ciudad costera. La discutida capitulación del rey de los belgas tres días más tarde hizo que la bolsa se encogiera peligrosamente para los aliados. No tengo más fotos digitalizadas de la zona, así que el resto son de Brujas, que no está muy lejos, y que en esa fecha de mayo estaba también en los límite de la bolsa.

Tal cosa sucede con esta su visión de la guerra, centrada sobre un episodio muy concreto, el desastre reconvertido convenientemente en “victoria” de la bolsa de Dunkerque. Tras la debacle del ejército francés en su intención de contener a las arrolladoras divisiones acorazadas alemanas, la Fuerza Expedicionaria Británica, carente por completo de divisiones blindadas en una demostración palmaria de la incompetencia del mando británico que no se había enterado de que iba la guerra moderna, se dejó embolsar casi por completo junto con algunas unidades francesas y belgas en Flandes, a caballo entre el norte de Francia y el sur de Bélgica, con el canal de la Mancha a sus espaldas. Con frecuencia he oido decir que la expresión “inteligencia militar” es un oxímoron. Si la escasa previsión del bando británico ya apoya esta afirmación, que los alemanes fueran incapaces de ponerse en el lugar de los británico y creyesen que por tener el mar a sus espaldas los británicos estaban en una “kessel” y aflojaran el avance en lugar de rematar la faena acaba por corroborarla. Los británicos son una gente que han confiado al mar su potencialidad durante siglos, por lo que no verán el mar como un obstáculo sino como una salida. Como así fue. Por lo tanto, una serie encadenada de errores propios y ajenos permitieron al ejército británico convertir una humillante derrota en una victoria moral y en un elemento propagandístico de primer orden que les costaría muy caros a la arrogante Alemania del año 40.

Contar esa historia cinematográficamente con detalle error hubiese sido un error. Es un tipo de película que se hizo en un tiempo, y pocas veces dio lugar a largometrajes memorables. Si es que alguna vez lo hizo. Por lo tanto, siguiendo el uso de los tiempos Nolan se centra en enfocar su atención en tres historias personales, capaces de llegar al espectador. Una, la del soldado (Fionn Whiteheadque escapando de las avanzadas alemanas llega a una playa, la de Dunkerque, donde pasará una semana intentando escapar y salir con vida. La segunda, la del padre (Mark Rylance) que cogerá un pequeña embarcación de recreo para ir a rescatar en una travesía de un día a todos aquellos soldados que fuese posible, arrostrando los peligros de acercarse a una zona de guerra con aviones y submarinos hostiles. La tercera, la del aviador (Tom Hardy) que tiene una hora de combustible para ir a apoyar las hostigadas fuerzas terrestres, atacando a los aviones de la Luftwaffe que los bombardean. Las de estos tres personajes y las de quienes se mezclan con ellos, sirviendo como ancla con la historia global los dos oficiales británico (Kenneth Branagh y James D’Arcy) que en el espigón intentan que la evacuación avance.

Canal en Brujas

2001. Viaje a Bélgica. Brujas. carloscarreter.com | Tumblr | Twitter | Facebook.. carloscarreter.com | Tumblr | Twitter | Facebook.

 

Desde mi punto de vista, el gran logro de Nolan en la que a mí me parece su mejor película y nueva obra de referencia en lo que al cine bélico se refiere es contar estas tres historias de forma simultánea, de modo que llega un momento en que confluyen, reflejando un mismo hecho nodal desde distintos puntos de vista, hasta que sus personajes vuelven a separar sus caminos hacia el desenlace del filme. He oído críticas, parece que hay a quien no convence esta forma de hacer. Algunos incluso han dicho que introduce confusión en la narración. No me lo parece a mí. Nolan ayuda al espectador a saber cómo funciona el tiempo interno de la película, y luego lo apoya con numerosos detalles. Toda la película está primorosamente planificada visualmente, con una sobria pero perfecta fotografía de Hoyte Van Hoytema, al mismo tiempo que apoyada por una no menos perfecta banda sonora de Hans Zimmer, sin nada que sobre ni nada que falte. Sólo lamento que en Zaragoza sólo podamos ver, creo, la versión de proyección digital. Inferior al 70 mm en celuloide y no digamos a aquellos lugares del mundo en la que se pueda ver de forma inmersiva en IMAX. Para entender un poco más las virtudes de la banda sonora voy a recomendar un par de artículo. Para la banda sonora, conoceremos el concepto de Escala de Shepard. Para la fotografía y la proyección, mejor nos enteramos de qué es el IMAX, el 70 mm y el DCP. En cualquier caso, si ya en película anteriores había mostrado Nolan su capacidad para acomodar a su conveniencia y a la de la narración la línea del espacio y el tiempo, aquí se doctora con suma cum laude y sienta catedra, partiendo de un guion absolutamente ideal.

Y a pesar de que la película abunda en personajes llegando a ser casi coral, aun nos da margen para ver unas interpretaciones convincentes, con unos actores que dotan de tremenda humanidad a quienes participaron en tan aberrantes e inhumanos hechos como son los que conlleva la lógica de la destrucción militar en tiempos de guerra. Y eso que es una pena que por la mala hora de las versiones originales, acabáramos viendo la película en versión doblada. He visto que esta semana han colocado alguna sesión en versión original en alguna hora más civilizada y, dada la calidad de la película, no descarto escaparme a verla otra vez en con el sonido en el que debe ser escuchada.

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Para mí, es una obra imprescindible. Acudía yo con miedo a verla. Muchas expectativas puestas en este film, algunos palos de algunos críticos, y antecedentes de prestigio. Recordemos que Joe Wright nos regaló hace 10 años un magnífico plano-secuencia de seis minutos de duración en la que estableció de forma magistral una forma de ver y entender lo que en la playa de Dunkerque sucedía. Si a eso añades algunas de las películas bélicas más conseguidas de la historia del cine que se han rodado en los últimos 20-25 años… el listón estaba muy alto. Pero sin duda estamos ante una de las mejores películas de lo que llevamos de siglo, a la que sólo le sobra el tono un pelín patriotero de los minutos finales. Pecata minuta. No olvidemos que Nolan es londinense. Ale… todos al cine a verla.

Por cierto… podríamos decir que en toda la película no se le ve la cara ni a un solo soldado alemán, aunque llevamos toda la semana debatiendo si en una escena determinada hacia el final se ve o sólo son siluetas.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: *****

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[Cine] Kono sekai no katasumi ni [この世界の片隅に] (2016)

Cine

Kono sekai no katasumi ni [この世界の片隅に] (2016; 272017-3107)

De alguna forma, esta película de animación japonesa pertenece a un grupo de películas que constituyen un género en sí mismo dentro del cine nipón. Con un título que se traduce prácticamente literalmente, según el traductor de Google, con el que le han dado en español a pesar de que la película sólo ha llegado en versión original, “en este rincón del mundo”, el largometraje dirigido por Sunao Katabuchi pone voz a la sufrida población japonesa, en sus clases trabajadoras y modestas, que sufrió fuertemente las consecuencias de la guerra mundial. Emparentada con una película muy reciente, aunque aquella no era de animación, también nos lleva a pensar en aquella tristísima obra maestra que es Hotaru no haka [火垂るの墓] (La tumba de las luciérnagas), una de las películas más emblemáticas de Ghibli.

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En otras ocasiones, con un tema similar, nos hemos ido fotográficamente a la ciudad de Hiroshima. Pero hoy nos quedaremos en la región y a orillas del mar interior de Seto. Pero en vez de ir hacia el norte de la ciudad mártir, nos iremos hacia el sur, hacia Miyajimaguchi y Miyajima, donde se encuentra el bello paraje del santuario y monte de Itsukishima.

Pero Katabuchi, que también ha trabajado en alguna ocasión para el Studio Ghibli, no de director y no en esta película, nos propone una historia menos desesperanzadora, aunque también dura y triste. Suzu es una joven de una de las poblaciones de pescadores que acabaron formando parte de la ciudad de Hiroshima, que en 1944 es pedida en matrimonio para su hijo Shusaku por una familia de la cercana ciudad de Kure, puerto principal de la marina de guerra japonesa por estar protegida en el Mar Interior de Seto, y sede de unos potentes astilleros. Con sólo 18 años, Suzu, con imaginación y optimismo, tendrá que asumir la difícil tarea de llevar el hogar de la familia de su marido en tiempos de escasez, al mismo tiempo que tiene que adaptarse a su nueva situación. Conforme la guerra avanza, los americanos empiezan a estar en disposición de alcanzar con sus bombarderos la ciudad, con consecuencias terribles para la población civil. Y además, siente la nostalgia de su familia, que sigue en Hiroshima.

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En los aspectos más cinematográficos, la película de Katabuchi tiene una factura muy tradicional en la animación japonesa, con personajes esquemáticos en su forma, que no en su fondo, y unos fondos, una ambientación, muy documentada y muy detallada. Asistimos a una reconstrucción minuciosa de unos lugares que dejaron de existir entre 1944 y 1945, y que gracias a un trabajo ímprobo de documentación han conseguido reconstruir. El guion tiene muy buen ritmo, y las poco más de dos horas de largometraje, mucho tiempo para ser animación, se pasan con agilidad. No se hace larga en absoluto. No hay escenas superfluas, todo tiene un sentido, y la película dialoga constantemente con la historia y con otras historias sobre la época, así como mantiene diálogos y autorreferencias internas constantemente. Sin destripar en exceso el argumento, sugiero estar atentos a la asociación de ideas y conceptos entre la niña de la sandía inicial, con la niña del final de la película, a través de la joven de cierto barrio de Kure a mitad del filme. Es un ejemplo entre otros.

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Luego está la tesis de la película. El sufrimiento del pueblo japonés, un pueblo que sería sencillo, trabajador y honesto, y que se presenta como una víctima más de la sinrazón bélica. No es la primera vez que se nos presenta esta tesis en cine o en la literatura, como ya he dicho, de alguna forma esta película forma parte de un conjunto de obras que forman un género en sí mismo sobre estos conceptos. Siempre me genera dudas esta presentación. Aunque es fácil dejarse llevar por la idea de la maldad de los militaristas nipones que arrastraron al país a la vorágine expansonista y bélica de los años 30 y 40, no podemos de dejar de considerar que la población japonesa, en gran parte, aceptó ciegamente estos dictados, sus soldados, extraidos de esa población sencilla, trabajadora y honesta, actuaron con fanatismo, crueldad y desprecio hacia el enemigo en el campo de batalla, y la desesperación más que el alivio pareció cundir en un primer momento tras la derrota. Algunas de estas ideas se dejan ver a lo largo de la película, unas más que otras. Creo que la película, aunque parcial hacia esa población sencilla nipona, es razonablemente honesta. Pero la tesis es hasta cierto punto debatible. ¿Son las poblaciones de las naciones agresoras víctimas? ¿O son también responsables del comportamiento de sus líderes? Creo que las cosas no son blancas o negras y hay muchos elementos a debatir ahí. No voy a entrar a discutir sobre las agresiones de los aliados a las poblaciones civiles de los países enemigos. Fueron ciertamente brutales. Criminales. Para mí, lo he dicho en más de una ocasión, en una guerra no hay ejércitos buenos y malos. Los hay malos y peores. O simplemente peores.

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Película elegante. Melancólica, en su mayor parte. Cruda, pero sin regodearse en esa crudeza. Conocemos más las consecuencias de los hechos más atroces, sin que tengamos que presenciarlos más allá de unos indicios. Elegante y sutil la representación del bombardeo atómico de Hiroshima, se nos pone sin embargo la calle de gallina, nos estremecemos, cuando presenciamos con dureza algunas de sus consecuencias. Creo que es una muy buena película, que por algún motivo ha llegado a nuestras pantallas de una forma muy discreta que contrasta con la expectación que despertó hace unas meses el último éxito mundial de la animación nipona. Si aquella era mucho más arriesgada en sus aspectos formales y conceptuales, creo que esta que nos ocupa hoy es una obra mucho más madura, con una historia muy madura, compacta y conceptualmente clara. Extremadamente recomendable.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

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[Libro] Hibakusha

Literatura

En los últimos tiempos he tenido preferencia por la historieta procedente de Japón, y esta que nos ocupa hoy, por su título pudiera parecer que también lo es. Pero no. Es una historia realizada por autores europeos. Aunque no han dudado de tomar elementos propios de la historieta japonesa, sin perder los propios de este rincón del mundo, para un álbum elegante e interesante.

Tranvía sobre el río Ota - Hiroshima

Hiroshima es hoy una ciudad abierta, pulcra y tolerante. Pero también un símbolo de lo que no debería volver a pasar… y viendo los líderes que son elegidos o impuestos en las potencias del mundo, miedo hay de que vuelva a suceder.

Publicado por Ponent Mon, el relato de Thilde Barboni con dibujos de Olivier Cinna, nos traslada a la recta final de la Segunda Guerra Mundial, donde un traductor del ejército alemán, cuyo matrimonio hace aguas por todas partes, es destinado a Hiroshima para colaborar con el ejército japonés. Allí se enamorará de una joven, con quien mantendrá encuentros furtivos hasta la rendición de Alemania en 1945, que le pondrá en una situación delicada, ya que los nipones consideran dicha rendición una traición. Pero estamos en Hiroshima en 1945… Y quien sepa historia sabrá que un ominoso destino se cierne sobre la ciudad.

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Como digo un relato elegante, con sentimiento, romántico, a ratos sensual, pero cálido y con un curioso aunque hasta cierto punto previsible final. Se lee en un momento. Sabe a poco. Quizá hubiera estado bien que la historia hubiera tenido un poquito más de desarrollo… pero ya está bien.

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[Fotografía] En el instante preciso – La autobiografía profesional (y algo más) de la fotógrafa Linsey Addario

Fotografía, Literatura

Lynsey Addario es una fotógrafa norteamericana, nacida en Nueva Inglaterra de ascendencia italiana, que ha dedicado la mayor parte de su vida profesional al fotoperiodismo, especialmente a cubrir regiones en conflicto, incluyendo guerras y revueltas de todo tipo. A lo largo de su carrera ha sido disparada, ha sufrido algún accidente de circulación grave, y ha sido retenida contra su voluntad, o secuestrada según como lo vea cada cual, en dos ocasiones, en una de ellas, en Libia con grave riesgo para su integridad personal.

En el lado de las experiencias positivas, ha recibido varios premios importantes, de los cuales el más famoso es el Premio Pulitzer en 2009 en compañía del conjunto de la plantilla del New York Times, por su cobertura de los conflictos en las regiones fronterizas de Pakistan con Afganistán. A pesar de lo que se lee por ahí en ocasiones, no se le concedió el premio por ninguna de las dos categorías fotográficas que existen

La fotógrafa tuvo establecida su residencia durante años en Estambul… A medio camino entre Occidente y las zonas en conflicto en Oriente Medio en las que trabajó. Y a Estambul nos vamos fotográficamente para ilustrar esta entrada.

Entre los medios de más prestigio para los que ha trabajado están The New York Times, The New York Times Magazine, Time, Newsweek y National Geographic. Lo cual da una idea de su nivel.

El libro que aquí nos ocupa se titula en el original en inglés de forma distinta que en su edición en castellano para España. It’s What I Do (Es lo que hago) no tiene nada que ver con En el instante preciso, oportunista título que pretende asociarlo todo a la filosofía de Cartier-Bresson. Pero que no es de lo que va el libro. Tras unos capítulos en los que la fotógrafa nos cuenta el entorno familiar y social en el que transcurrió su infancia, así como sus primeros escarceos con la profesión en su juventud, se centra en el grueso de su vida profesional que está vinculado a la evolución del mundo tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en lo que la administración encabezada por George W. Bush llamó War on Terror (guerra contra el terrorismo o guerra al terror). Addario desarrolló su trabajo en muchos de los escenarios relacionados con este conflicto armado.

Como periodista, Addario es fotógrafa, no redactora. Por supuesto, tiene un nivel cultural razonablemente alto, con formación universitaria, pero cuando te enfrentas a este tipo de autobiografías siempre te planteas la duda sobre si está escrita por el supuesto autor o por un “negro”. No me parece el caso, la sensación global es que es la propia autora, que probablemente habrá recibido las correspondientes correcciones, la que traslada de su puño y letra sus recuerdos, sensaciones y pensamientos. La redacción del libro destila un cierto grado de ingenuidad en muchos de sus pasajes. Incluso, hasta cierto punto, en los más duros y difíciles. En cualquier caso, el libro tiene una estructura de manual. Comienza por relatarnos un episodio reciente e impactante para agarrarte a la historia, que nos deja sin concluir, para luego recurrir a un flashback general recorriendo toda su vida hasta que retoma en su momento ese episodio impactante con el que empieza. Muy típico en los relatos literarios y cinematográficos de hoy en día, especialmente los que proceden de Norteamérica.

Desconozco si se debe al carácter y personalidad de la propia autora, o si es una adaptación a un público general, especialmente el norteamericano, que en general parece recibir mejor este estilo de cierta ingenuidad, que a mí particularmente a ratos me decepciona un poco. Una mujer profesional de sus características, tan bregada durante tantos años en situaciones de conflicto, la imagino algo más dura. Pero puedo equivocarme.

Para dar un tono humano a su historia, va combinando su relato sobre su vida profesional con apuntes sobre su vida privada, especialmente sobre sus relaciones de pareja. La presencia de algún capítulo que exponga la dificultad de conciliar la vida profesional con la de relación me parece justo e incluso necesario. Pero determinados detalles de lo que nos cuenta sobre sus relaciones personales me parecen respetables, pero poco interesantes.

Yo he leído la versión electrónica del libro, y a este respecto tengo que recomendar que si se opta por este medio, se haga en un dispositivo con calidad de visualización elevada, e incluso en color. El libro está ilustrado con una cierta abundancia de fotografías de la propia autora o a la autora, aunque no es un libro de fotografías, que ganan con una correcta visualización.

Aunque he vertido algunas críticas sobre el estilo y el contenido del libro, no nos equivoquemos. El libro es muy interesante, y a mí particularmente me enganchó una vez que pasó sus capítulos iniciales de infancia y juventud, que podrían haber estado más resumidos. Creo que nos cuenta hechos y aventuras profesionales muy interesantes, que nos ayuda a comprender mucho mejor lo que es ser fotógrafo o periodista en general de conflictos, y la sensación que desprende el conjunto es de razonable sinceridad y honestidad. Sin durezas y sin acritudes, no esconde sus críticas a las situaciones que se encuentra y a quienes las provocaron, aunque es una ciudadana norteamericana que se cree su condición. Y es consciente que escribe para un público fundamentalmente norteamericano. Por lo tanto, tampoco esperemos dardos envenenados contra las actuaciones de sus gobernantes en el periodo de tiempo que abarca. Que razones en abundancia hay para lanzarlos. Pero no es eso.

El libro debería interesar al aficionado a la fotografía, pero también a quien se preocupe de cómo funciona el mundo actual. Hay que tener en cuenta que en la actualidad los medios cada vez gastan menos dinero en procurar que estos profesionales hagan su trabajo. Addario es una profesional consagrada y seguramente seguirá su carrera, tirará para adelante, o sabrá reorientarla conforme cumpla años. Pero hoy en día son muchos los fotógrafos mal pagados, mal protegidos, principalmente autónomos, que no saben si podrán vender sus fotografías a unos medios que están tomando derivas muy cutres, en los que una mala foto realizada con un móvil por la que no pagan nada les basta, en lugar de confiar en la mirada de profesionales con criterio que llegan hasta el lugar de los hecho.

Pero son muchas las instituciones destinadas a salvaguardar la democracia y las libertades en el mundo que están en crisis. Y la prensa es una de las que peor deriva lleva.

El Bósforo por encima de las cúpulas del Gran Bazar

[Cine] Frantz (2016)

Cine

Frantz (2016; 012017-0201)

Es algo que nos suele pasar. Que solemos hacer. Cuando vamos al cine y salimos muy insatisfechos, inmediatamente pensamos en volver a algo que nos pueda gustar y nos deje mejor sabor de boca. Así que en ese día tonto de fiesta que nos han dado el lunes 2 de enero por el hecho de que el año nuevo cayera en domingo, nos acercamos a las salas de cine, muy concurridas, para ver lo último de François Ozon. En mi experiencia, habré visto aproximadamente la mitad de los largometrajes, quizá alguno menos, de los firmados por este director francés, Ozon es un director que me resulta irregular en sus resultados, aunque siempre encuentro algo interesante en sus habitualmente inquietantes películas.

En esta ocasión, Ozon crea su historia sobre la base de un guion de Ernst Lubitsch, que el propio director de origen alemán llevó al cine, y que a su vez se basaba en una obra de teatro del francés Maurice Rostand. Eso es lo que pone en los créditos finales de la película, aunque en IMDb no otorga la autoría del guión de la película de Lubitsch al propio Lubitsch. En cualquier caso, me hubiera gustado ver la película del alemán antes de este comentario. Por comparar. Pero no he podido encontrar una copia para ver, ni por lo legal, ni por lo delictivo.

La historia nos lleva a la primavera de 1919, poco después del final de la Primera Guerra Mundial. A una población alemana donde el doctor Hans Hoffmeister (Ernst Stötzner) y su esposa Magda (Marie Gruber), guardan luto junto a la que iba a ser su nuera, Anna (Paula Beer), por la muerte de su hijo Frantz (Anton von Lucke), en los últimos meses de la guerra. Un día, Anna descubrirá que alguien ha estado visitando también la tumba de Frantz, y pronto sabrá que se trata de un joven francés, Adrien Rivoire (Pierre Niney), que aguarda el momento de visitar a la familia para hablarles de Frantz. Un momento que no será fácil, y conmoverá la vida y los cimientos de la misma de todos.

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Con las fotografías de la entrada de hoy, me voy a permitir un juego… no muy difícil por otra parte. Pero de las siete, hay tres que están tomadas en Francia y tres en Alemania. Y la del encabezado, con un pie del fotógrafo en cada país. ¿Cuales son de qué país? Hay muchas pistas.

Lo primero que llama la atención de la nueva película de Ozon son los aspectos formales. Rodada en su mayor parte en blanco y negro, con algunas importantes y significativas secuencias en color. El responsable de la cinematografía del filme, Pascal Marti, lleva a cabo un trabajo excelente. Si el trabajo en blanco y negro es sobrio, pero tremendamente elegante y eficaz, un verdadero trabajo de fotografía monocroma, la adopción de las paletas propias de los autocromos para las secuencias en color, dota al conjunto de una coherencia visual total, unido a las suaves transiciones entre el blanco y negro y el color. Para quien no esté al tanto, el autocromo fue un proceso de fotografía en color, que se utilizaba ya a principios del siglo XX, el único viable, aunque laboriosos y engorroso, hasta que llegaron las modernas películas con pigmentos o colorantes, que popularizaron este tipo de fotografía. En fin, todo ello, junto una banda sonora de corte clásico, nos transporta sin problemas a esos ominosos días de finales de la segunda década del siglo XX, donde la destrucción y el dolor domina Europa.

Luego vienen los temas… que son diversos.

Desde luego, dominando el conjunto, está el tema del dolor, del duelo por los ausentes. Por los que han dado su vida por ideales, que a toro pasado a algunos pueden parecer vacíos. Porque ante la dolorosa ausencia, para un padre o una madre lo que importa es el hijo ausente y no ese concepto abstracto de patria que se lo ha llevado. Tremenda la declaración del doctor, que parece ya estaba en la obra original de teatro y en la película de Lubitsch, y que Ozon ha respetado. La de aquellos que brindan con cerveza y los que brindan con vino cuando celebran victorias en las que mueren miles y miles de hijos.

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Esto conlleva también otro sentimiento; el de vergüenza y remordimiento de los que han sobrevivido. Bien sea porque estaban en la retaguardia, alentando una guerra atroz, bien porque estaban en el frente, donde tantos murieron. Y donde muchos que sobrevivieron, mataron.

Asociado al anterior está el tema de la mentira. Una mentira que se encuentra en todas partes y en todos los actores de este drama. La mentira sobre cómo era la vida antes de la guerra, sobre cómo fue durante la guerra, sobre cómo es después de la guerra. Las mentiras colectivas y las que lleva cada uno a cuestas. Y alguna de las mentiras actúa como motor de este encuentro entre personas dolientes.

Está también la ominosa situación política. La que llevó a la guerra a las potencias contendientes y la que no ha quedado resuelta. Puesto que nosotros, los espectadores, conocemos la historia posterior, identificamos en la película aquellos gérmenes de otra guerra, todavía más atroz, todavía más inmoral, todavía más inhumana. Los nacionalismos, una de las lacras de la humanidad que más muertos ha causado en los dos últimos siglo, la que sustituyó a la religión como causa de enfrentamiento a muerto, aunque a veces tristemente se potencian ambas, no se han curado. Dos escenas al ritmo de la música de marcha militar, una en Alemania, la otra en París, se encargan de avisar al espectador de ello.

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Permitidme un inciso al respecto. En la película Casablanca de Michael Curtiz, hay una escena en la que unos oficiales alemanes, todos ellos con uniformes que remarcan su carácter de nazis, cantan en Rick’s una canción que a todos nos suena ominosa en sus bocas. Se trata Die Wacht am Rhein. Los franceses presentes en el local, derrotados recientemente en el transcurso de la guerra, ocupados por el invasor, se revuelven y empiezan a entonar La Marsellesa hasta que apagan el sonido de los alemanes. Vamos a la historia de estas canciones.

El himno nacional francés, que durante mucho tiempo fue también uno de los himnos favoritos de todo tipo de movimientos de izquierdas, nació como un himno militar. En concreto, y atención al dato, el del Ejército del Rin de la recién nacida República Francesa en 1792. Tras el triunfo de la revolución, las monarquías absolutas europeas, encabezadas por la germánica Austria, pretendieron derribar el régimen republicano francés por la fuerza, con poco éxito. Y en ese ámbito nació este himno, primero militar, después revolucionario, finalmente himno nacional francés.

“Die Wacht am Rhein” surgió como himno patriótico, de carácter relativamente popular. Los estados alemanes, especialmente los que se encuentran a orillas del Rin, habían sufrido con frecuencia en los siglos anteriores la agresividad francesa. La intervención gala en la guerra de los 30 años, la anexión por Luis XIV de Alsacia y Lorena, hasta ese momento estados del Sacro Imperio, la anexión por parte de Napoleón Bonaparte de parte de los estados alemanes y la creación de la Confederación del Rin como estado tampón títere para proteger al núcleo central del Imperio Francés,… En plena efervescencia nacionalista alemana hacia mitad del siglo XIX, surge esta canción patriótica que anima precisamente a establecer una guardia, una vigilancia, en el Rin contra quienes perciben como su principal amenaza, y hace llamamientos a la unidad de los alemanes para ello. No es por lo tanto en origen una canción nazi. Pero sí nacionalista. Como La Marsellesa. Lo paradójico es que a partir de 1870, los tradicionalmente agredidos, los alemanes, se convirtieran durante casi un siglo en rabiosos agresores.

Antes de la famosa película de Curtiz, la confrontación entre ambos temas musicales fue usado por Jean Renoir en La grande illusion (La gran ilusión), en el marco histórico de la Primera Guerra Mundial también. Siendo una película de 1937, cinco años antes que el estreno de Casablanca, y teniendo en cuenta el cariz de la escena en la que se enfrentas ambas marchas, parece muy probable que alguien en la producción de Casablanca decidiese copiar o al menos inspirarse en la escena que filmó Renoir. Finalmente, Ozon vuelve a usar ambos temas precisamente para señalar que el miedo mutuo que ambos países se tienen no ha desaparecido. Y el miedo es causante de muchas desgracias. Son diversos los historiadores que opinan que el miedo de los militares alemanes a quedar rodeados por potencias hostiles les impulsó a llevar a su país a la guerra antes de que sus potenciales enemigos estuvieran más preparados. De nada les valió.

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Pero volviendo a la película, he dejado para el final un quinto tema. No porque sea de menor rango. Al contrario. Sino porque es el tema que abre esperanza, en una película en el que hay un notable fondo pesimista. Y es el viaje de la joven Anna. Viaje tanto interior, personal, sobre el significado de lo que ha pasado y lo que está viviendo, como físico, cuando deja la comodidad de su hogar para adentrarse en el país hasta hace unos meses enemigo. Donde puede contrastar muchas cosas. Entre ellas, que la guerra se libró en esas tierras y que el horror permanece. Pero también es un viaje de descubrimientos. Dicen que viajar es uno de los grandes antídotos contra la intolerancia. Hacerlo con sentido crítico, cura del mal de los nacionalismos, aunque también sirve como antídoto para los complejos patrios, haciéndote comprender que en todas partes cuecen habas.

La joven Paula Beer, la actriz que interpreta a la joven Anna, es probablemente uno de los grandes descubrimientos de esta película, que cuenta con unas interpretaciones de primer nivel, siendo también muy destacables las del matrimonio Hoffmeister. Esta chica alemana, el reparto es internacional y la película está rodada en inglés y francés, con su dominio de ambas lenguas, derrocha encanto por arrobas. No ya sólo porque sea más o menos guapa, que lo es, sino porque transmite una cierta belleza interior a su personaje que da sentido a su viaje.

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La película está llena de metáforas y simbolismos que no me voy a extender a desarrollar. Ya me ha dado por escribir la disgresión sobre los dos temas musicales comentados. Pero es una película profunda y necesaria de ver. Quizá los riesgos para esta vieja Europa no están ahora en el viejo enfrentamiento francoalemán. Tuve ocasión de participar en una conversación hace unos años en la que, en torno a una mesa de café, tres personas con titulaciones universitarias en historia, incluso doctorados, acordaban que franceses, especialmente los del norte del Loira, y alemanes, especialmente los que viven más próximos al Rin, son dos variantes de un mismo pueblo, de una misma cultura,… lo que pasa es que los de este lado del Rin acabaron hablando latín. Pero hoy los riesgos para la vieja Europa siguen estando en los sangrantes nacionalismos que han impedido hasta ahora que el proyecto de unidad europea avanzase, lo llevaron a su estancamiento, e incluso a un retroceso como algunos percibimos ahora. Esto en una situación global en la que las que fueron potencias hace 100 años han pasado a segunda línea. Esperemos a que las divisiones no lleven a los extremos de antaño. Pero con la historia que nos cuenta Ozon, que no es perfecta hay un momento en que se pierde un poco en el último tercio de la misma, y con otras que nos han llegado del mundo del cine, la literatura, el arte y la Historia, con mayúscula,… quedamos avisados.

Pues no ha sido esta la película que han presentado los “gabachos” a los Oscar…Sobraditos andan este año. Que envidia.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

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[Cine] Eye in the Sky (2015)

Cine

Eye in the Sky (2015; 342016-1506)

Esta película lleva ya un tiempo en cartelera, más de mes y medio. Y en un primer tiempo habíamos desechado la idea de ir a verla, puesto que su tema bélico no nos llamaba la atención. Quizá porque la mayor parte de las sinopsis no enfocan correctamente la película. Bien es cierto que la película de Gavin Hood cuenta con un reparto muy atractivo. De hecho, si al final decidimos ir a verla, aunque fuera a una hora intempestiva, fue porque se trata de una de las últimas películas en las que trabaja el fallecido Alan Rickman, la última en la que aparecía en carne y hueso y no sólo aportando la voz. El conocimiento que de este actor británico se tiene en estos tiempos está muy sesgado, especialmente entre las generaciones más jóvenes, por su participación en un papel destacado en un conocida saga de películas sobre magos adolescentes. Pero quienes lo conocemos de tiempo ha, no podemos dejar de reconocer su notable calidad interpretativa.

La película la vimos, tristemente, en versión doblada en pantalla grande. Esto cada vez me parece más una catástrofe. Un atentado contra la obra cinematográfica. Así que si la podéis ver de alguna forma en versión doblada, yo lo hice ayer, un par de días después, en mi casa, mejor… y si no os dejan pagar un justo precio por ello… peor para ellos. Además el título en castellano, “Espías desde el cielo”,  queda desvirtuado sobre los significados del original en inglés.

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Inevitablemente nos vamos a Londres en esta ocasión… más cuando hoy en día las guerras no se dirigen desde el campo de batalla sino desde la comodidad de los despachos ministeriales.

Planteada inicialmente como la historia de una intervención militar contra unos terroristas islámicos en algún suburbio de Nairobi, una operación conjunta británica, estadounidense y keniata, bajo el mando británico, lo cierto es que su fuerte no es la tensión bélica. Lo importante del filme es las reflexiones éticas. En esto de la ética estoy metido últimamente bastante por motivos profesionales. No en la militar, afortunadamente, pero ética al fin y al cabo… me extenderé un poco.

En nuestro quehacer diario, tomamos constantemente decisiones que nos guían, muchas veces de forma inconsciente. Estas decisiones están basadas en nuestras necesidades como personas, que van desde la más básicas de alimentación, techo y vestimenta hasta las más elevadas como son la necesidad de reconocimiento de quienes nos rodean y del cariño de los más cercanos. Y para tomarlas no sólo entran en juego los aspectos elementales de nuestro ser biológico, sino también el conjunto de valores que hemos ido incorporando en nuestro desarrollo como personas. Lo que sucede es que en ocasiones los valores que ponemos sobre la mesa, de forma más o menos consciente o inconsciente, entran en conflicto. Hablando en plata, para hacer tortillas tenemos que romper algunos huevos. En algún momento, para alcanzar alguna meta puede que tengamos que causar algún perjuicio a otra persona. O incluso a nosotros mismos. O tenemos que elegir entre causar dos tipos de daños distintos, y entre los que inevitablemente tendremos que elegir.

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No son infrecuentes las películas británicas que intentan poner distancia ética por medio entre la forma de hacer de sus políticos y la de sus aliados norteamericanos.

En el caso de la película… intervenir matando a cinco terroristas y probablemente a una niña inocente que pasa por allí, o proteger la vida de esta inocente abriendo la oportunidad de que los terroristas realicen una escabechina en un lugar poblado… vete tu a saber con cuantos niños muertos… pero que son hipotéticos. No conocemos su aspecto y su sonrisa y sus juegos como en el caso de esta niña a la que vemos con todo detalle gracias a esos aeroplanos no tripulados, drones les llamamos, que lo mismo nos permiten espiar que matar desde miles de kilómetros de distancia.

Por lo tanto, la gracia del filme no está en las escenas de acción, que alguna hay para dar un poquito de dramatismo a la historia, sino en las deliberaciones sobre la conveniencia o no del ataque ante los valores contrapuesto puestos en cuestión, y teniendo en cuenta la estrategia militar, lo aspectos jurídicos y la conveniencia política. Lo cual plantea un cóctel de características explosivas. Como se señala al principio del filme, la primera víctima de una guerra es la verdad. Frase que la película y otras fuentes atribuyen a Esquilo, pero que otros atribuyen a autores más modernos. Consta que aparece en un libro del pacifista británico de principios del siglo XX, Arthur Ponsonby.

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Cosa que tiene su gracia, porque por mucho que intenten los británicos mantener su imagen de gran potencia, y sueños de imperios perdidos, se les ve constantemente haciendo seguidismo más o menos ciego de lo que se decide desde la Casa Blanca.

La película no está nada mal, aunque es tramposa en varios momentos y, en lugar de dejar juzgar la situación ética al espectador con una presentación razonablemente ecuánime de hechos y opiniones, lo manipula emocionalmente en varias ocasiones.

El reparto no está mal. Los actores y actrices británicos siempre están correctos, incluso en sus papeles más normalitos, como puede ser el caso de Helen Mirren, y el del resto de los países cumplen.

Película entretenida y con más miga de la que pensábamos que nos alegramos haber visto aunque haya sido casi por casualidad. Aunque supongo que le queda ya muy muy muy poquita vida comercial en la gran pantalla. De hecho me sorprende que haya aguantado tanto tiempo. Supongo que por la flojera de otras propuestas esta primavera.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***
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En cualquier caso, no ha sido infrecuente que se hayan olvidados de los escrúpulos a la hora de intervenir militarmente… como en la guerra de Crimea, que me viene a la memoria ante el monumento a Florence Nightingale, flanqueada como está por tan aguerridos soldados.