[TV] La ciudad secreta; autoritarismos a la australiana… o de otros países

Televisión

Yo creo que en estos momentos, para la mayor parte del mundo, Australia es uno de esos países que se asume democráticos y civilizados. Como los países nórdicos, como Canadá, como Nueva Zelanda y algunos más. Sin dudas. Uno de esos sitios donde se vive bien y esas cosas. Aunque supongo que como dice el refrán, en todas partes cuecen habas. Es decir, que su sistema político y social tendrá sus goteras. El asunto de los aborígenes, por ejemplo, es de los que primero se me ocurren. Los anglosajones siempre han tratado peor a los aborígenes cuando se han apropiado de un territorio; peor que los latinos, aunque nos llevemos las leyendas negras.

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Sinceramente, lo que pase en Canberra me preocupa sólo hasta cierto punto; lo que más me preocupa es lo que pasa en las instituciones del Estado en Madrid… que en los últimos años no han desprendido excesiva confianza que digamos. Y no se perciben muchos signos de cambio, porque en este país hay cosas que no son de siglas políticas, sino de cultura global ciudadana.

De hecho, conforme escribía el párrafo anterior, me ha dado por consultar el listado actualizado del Democracy Index de The Economist, y Australia está en el octavo puesto de todos los países del mundo. Por delante, tiene Noruega, Islandia, Suecia, Nueva Zelanda, Dinamarca, Canadá, Irlanda (andaba yo fino en mis suposiciones, aunque lo de Irlanda me sorprende un pelín), completando por detrás la decena líder en democracia Finlandia y Suiza. Efectivamente, yo que he viajado a todos menos a los del hemisferio sur, son países estupendos, aunque a todos les veo alguna gotera. España, con 8,08 puntos, está en el puesto 19 de la clasificación, y es el último de la lista de los que se consideran democracias plenas. Si baja a 8,00 puntos o menos, empezará a considerarse una democracia imperfecta. Como EE.UU., Italia, Francia, Portugal,… Y en la clasificación estábamos en 8,30 puntos,… hemos perdido colchón. Vamos en retroceso. Podríamos decir que tenemos un armazón jurídico e institucional bastante bueno, pero que lo ejercitamos regular. Los diez primeros clasificados están por encima de 9,00 puntos. El máximo es 10. Noruega tiene un 9,87. Australia, que es la que nos ocupa hoy, 9,09.

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Pues bien, pese a todo, en Netflix podemos encontrar una miniserie australiana de seis episodios The Secret City’s, la acción transcurre mayormente en Canberra, la habitualmente ignorada capital australiana; y si me llamó la atención fue porque la protagonizaba Anna Torv, que tan buen recuerdo nos dejó en Fringe. Y parte de la premisa de que un escenario de confrontación entre EE.UU. y la República Popular China es la excusa de un sector del gobierno australiano para promover una reforma legal que aumenta la capacidad del ejecutivo para suspender los derechos de los ciudadanos y para amordazar a la prensa. Torv hace de periodista testaruda y constante.

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En los tiempos que corren hemos visto que este tipo de legislaciones han empezado a proliferar con mayor o menor intensidad en distintos países. Estados Unidos y Reino Unido entre los presuntamente democráticos, con leyes antiterroristas. España también lleva lo suyo con cierta ley mordaza. Las bases de estas reformas legales, como sucede en esta ficción, es la de infundir el miedo entre la población, curiosamente en algunos de los países más seguros del mundo, para justificar estas leyes en nombre de la “seguridad”. Supongo que la entrada en vigor de la ley mordaza española es uno de los factores que ha llevado a un descenso en la puntuación en nuestro Democracy Index, junto con la tolerancia a la corrupción y otras cosillas como esta.

Así que como vemos, una serie muy pertinente. Que no es la octava maravilla, pero se deja ver bastante bien. Y tiene el aliciente de ver a Anna Torv, que es buena actriz, así como otros intérpretes australianos, pocos conocidos en estas latitudes, que no están mal. Y de paso nos enteramos mejor de Canberra es la capital australiana y cómo es.

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[Libro] 4 3 2 1

Literatura

Hace ya prácticamente mes y medio o más que terminé de leer este libro. Me impactó mucho. Me gustó mucho. Pero decidí que antes de comentarlo tenía que digerirlo un poco. Lo curioso es que eso me llevó a olvidarme de él, porque la vida sigue, porque otros libros le siguieron que acapararon mi atención. La verdad es que llevo un cierto retraso comentando libros leídos. No creo que tarde muchas semanas en ponerme al día, pero ahí estoy. En estos momentos, además del que hoy comento, tengo otros dos libros terminados, y uno que no tardaré mucho en acabarlo. Pero lo cierto es que de lo que he leído en los últimos tiempos, esta peculiar novela de Paul Auster es de los que más me ha marcado. Por diversos motivos.

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Visitaremos el río Hudson. Navegando entre Manhattan, Staten Island y la orilla de Nueva Jersey.

Auster es un autor con el que disfruto. Con el que me llevo bien. No es que me haya leído gran parte de su obra o cosa parecida. Es mucho lo que me faltaría de leer de este autor norteamericano, uno de los más importantes de la literatura en inglés actual. Pero lo que he leído me ha satisfecho. Tanto por los temas, como por la forma de escribir, siempre matizad por las traducciones, como por las historias que nos cuenta. Esta ocasión no es una excepción. Pero tiene un añadido; su estructura argumental es muy peculiar.

El libro nos cuenta la(s) vida(s) de Archie Ferguson. Nacido a finales de los años 40 en el seno de una familia judía de clase media que vive en la zona de Nueva Jersey/Nueva York, tras un capítulo previo que nos habla de los orígenes de su familia, de su padre y su madre, va desgranando los acontecimientos que van marcando su infancia, su adolescencia y su juventud. Y en paralelo, los principales acontecimientos que marcan la historia norteamericana de los años 50 y 60 del siglo XX; el baby boom y el desarrollismo, la guerra fría, el advenimiento de Kennedy, su asesinato, la lucha por los derechos civiles, la guerra del Vietnam, las crisis de finales de los años 60,… La cuestión es que no nos cuenta, como ya os habréis dado cuenta al principio de este párrafo, UNA vida de Ferguson. Sino varias. El autor especula con los acontecimientos que marcan la vida de su protagonista, cómo se forja su carácter, como se relaciona con su familia o sus amigos, cómo se desarrolla su sexualidad, o cuáles son sus intereses y su destino profesional y vital, en función de las variantes que surgen a lo largo de esa vida, estableciendo caminos vitales alternativos. Así, cada capítulo está dividido en cuatro partes (1.1, 1.2, 1.3, 1.4 o 3.1, 3.2, 3.3, 3.4), en los que vemos la evolución de los distintos Fergusons alternativos.

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La gran habilidad de Auster es que siempre sentimos que estamos ante la misma persona. Lo que cambian son los acontecimientos, las circunstancias, cosas que moldean nuestro carácter, que condicionan nuestro devenir, que abren distintos caminos hacia los que podemos frente a lo que queremos ser. La vida como un conjunto de bifurcaciones, algunas determinadas por nuestras elecciones, otras por las de los que nos rodean, o por las circunstancias históricas. Para mí, para quien el sentido de la historia, la consciencia de que venimos de algún lugar y en un tiempo que nos marcan, es casi la novela perfecta. Casi. Porque permite una exploración completa de la persona. La que es, la que pudo ser. Aunque tengo poca capacidad para el arrepentimiento sobre lo que pudo ser o no ser mi vida, no puedo dejar de reconocer que conforme cumplo años miro con frecuencia hacia atrás y reconozco algunas bifurcaciones en mi vida. Eso sí sólo reconozco aquellas que dependen de los momentos en los que tomé alguna decisión trascendente en mi vida. O algunas en las que alguien la tomó por mí, que también las ha habido. Imposible o muy difícil reconocer de circunstancias que ignoramos, pero han estado ahí y nos han influido. Por lo tanto, tengo que reconocer que ha sido un libro que ha impulsado mucho esa actitud introspectiva sobre ese pasado que tantas alternativas presentó. O quizá no. Quizá nuestra trayectoria vital esté más determinada de lo que creemos, y nuestras elecciones sean más aparentes que reales. Que nuestra vida sólo admitía un recorrido… un tema que ha pensadores de todas las épocas ha llevado a mal traer.

En cualquier caso, he disfrutado mucho con las peripecias de Ferguson. Le he cogido mucho cariño. Especialmente a alguna de sus variantes. Aunque os he decir un secreto. Al final, todo… No. Mejor lo descubrís vosotros. Porque es una lectura muy recomendable.

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[Cine] Loving / Hidden Figures (2016)

Cine

Sesión doble para esta entrada de hoy, porque me conviene, y porque podemos establecer una comparación (hasta los “mismísimos” de los que dicen una “comparativa”) entre ambas películas, muy de moda en esta temporada de premios. Con distinta y, probablemente, injusta suerte. Por orden en las que las vimos son

Loving (2016; 062017-2401)

Hidden Figures (2016; 072017-2601)

Ambas películas se apuntan a una moda actual, mitad denuncia, mitad homenaje, sobre la era de la reivindicación de los derechos civiles para los ciudadanos descendientes de africanos en Estados Unidos. También son dos películas que buscan, sin duda, aprovechar las polémicas de años pasados sobre la ausencia de candidatos racialmente diversos en la temporada de premios.

Ambas juegan con las palabras en sus títulos originales en inglés. En el hecho de amar y el apellido de la pareja protagonista la una, los Loving. Entre dos de los significados de la palabra “figure” in inglés, tanto como forma o aspecto del cuerpo humano, el cuerpo humano en sí mismo, y el hecho de que se puede traducir como “cifra”, dado que los personajes protagonistas son físicas, matemáticas o ingenieras. Este sentido se pierde con la traducción al castellano en la cartelera española como “figuras ocultas”.

Pero a partir de ahí, las películas dirigidas por Jeff Nichols (Loving) y Theodore Melfi (Hidden Figures) divergen la una de la otra en planteamientos, estilo, y ambiciones. Dos directores blanquitos, por lo tanto, para unos filmes que tiran de “negritud” para reivindicarse. Vamos a ver qué otras cosas interesantes tienen que ofrecer.

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Para las poblaciones afroamericanas, una de sus constantes es la búsqueda y reivindicación de su raíces como personas y como colectivo. No sé siempre lo enfocan correctamente, pero es muy legítimo. En cualquier caso, de forma mucho más modesta, hace unos días me asomé a lo que son parte de las mías… en algún punto del Serrablo en Aragón.

 

En la primera, Loving, se plantea la situación de los Loving,  Mildred (Ruth Negga) y Richard (Joel Edgerton), una pareja interracial de clase baja, trabajadores y campesinos en una población del estado de Virginia, a medio camino entre la capital de este estado, Richmond, y la capital federal, Washington D. C. No estamos hablando por lo tanto del profundo sur. Estamos hablando del núcleo donde nació el país de los Estados Unidos, la región donde nacieron seis de sus diez primeros presidentes, entre los cuales padres de la nación como Washington o Jefferson, poseedores de esclavos ambos. A pesar de los cual, este estado no permitía en 1958 el matrimonio interracial, por lo que los Loving tuvieron que casarse en el Distrito de Columbia. Aun así, fueron detenidos por un chivatazo a la policía, y condenados con la opción entre pasar un tiempo en la cárcel, ella estaba embarazada, o ser exiliados del estado y sus familias durante 25 años. A partir de ahí devino la odisea de casi diez años para que el Tribunal Supremo de los EE.UU. dictaminara su matrimonio legal en todo el país, e inválidas por lo tanto las leyes que prohibían los matrimonios interraciales.

En la segunda, Hidden Figures, acompañamos a tres trabajadoras de la NASA en Langley (Virginia), Katherine Johnson (Taraji P. Henson), Dorothy Vaughan (Octavia Spencer) y Mary Jackson (Janelle Monáe), que tuvieron puestos relativamente destacados dentro del programa espacial de la agencia espacial norteamericana gracias a sus títulos universitarios en el campo de las ciencias o la ingeniería, aunque durante mucho tiempo por debajo de las posibilidades que sus compañeros y compañeras de origen europeo podían tener. Y estando Langley en el estado de Virginia, sufriendo las leyes segregacionistas, que como hemos visto en el párrafo anterior estaba vigentes en este estado de rancio abolengo, a pesar que Langley en la práctica está en los suburbios de Washington D.C.

Vistas las historias, analicemos los planteamientos. Nichols plantea una historia intimista. No busca la alharaca y el espectáculo de las películas de tribunales, ni tremendas luchas entre buenos y malos, nada de eso. Se limita a acompañar a la pareja protagonista en su viaje de casi diez años hasta que su matrimonio fue legal, con sus problemas, sus idas y venidas, sus dudas, sus miedos, sus fortalezas. Es una historia casi introspectiva, con muy pocas palabras, de gente muy sencilla, que a pesar de todo, y viviendo inevitablemente con miedo, aunque luchando para superarlo, llega a una gran victoria para ellos y para muchos otros. Historia que seguramente fue luchada en gran medida por otros en los grandes tribunales. Organizaciones, bufetes de abogados, grupos de interés,… pero que quedan en esta película, sabiamente, en un segundo plano.

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Melfi, sin embargo, opta por el espectáculo. Su película es la típica americanada. Historia de superación, con héroes y “villanos”, personajes sumamente estereotipados. Simpáticos, pero sin sutilezas, planos. Nada podemos decir realmente de cómo fueron los personajes reales, puesto que lo que Melfi nos presenta ante la pantalla son símbolos, héroes construidos a partir de retazos de realidad. Entendámonos. No es que lo que se denuncia no sucediese, que sí sucedió. Pero la historia esta acomodada al gusto del espectador, con momentos de triunfo prefabricados. De hecho, viendo la página Modern Figures de la NASA, conocemos las reales biografías de las protagonistas, y vemos que hay cosas que no cuadran cronnológicamente. Dorothy Vaughan llegó a supervisora de la NACA en 1949, y no de la NASA en 1962 tras el vuelo orbital de John Glenn. Como digo, una película con todas las virtudes y defectos de las película de época e históricas americanas, con un respeto “muy relativo” con la verdad. Lo cual no quita para que el homenaje o la denuncia sean justas.

Técnicamente, ambas películas están realizadas con oficio y excelencia, aunque desde mi punto de vista la película de Melfi es más convencional también desde el punto de vista de su realización y producción. Y donde ambas intentan competir a cara de perro es en la interpretación. Hidden Figures cuenta con un reparto muy carismático que de hecho ha conseguido realmente algunos premios notables como grupo. Lo hacen bien, es cierto. Bastante bien. Pero sinceramente, están a unos cuantos años luz de las impresionantes interpretaciones de Edgerton y Negga impersonando a los Loving. Ambos están sobresalientes, pero Ruth Negga está superlativa, con una capacidad de comunicar sin palabras que te deja clavado a la butaca. Desde ya, entre mis actrices actuales favoritas. Sin dudarlo. Y no se llevará el oscar, porque la lucha este año es despiadada, llevamos ya unos cuantos años de impresionantes interpretaciones femeninas, pero si se lo dieran a mí me parecería tan justo como si se lo llevan algunas otras de las candidatas o incluso alguno que no es candidata. ¿Cómo coño se han podido olvidar este año de Amy Adams? Estoy seguro que al menos está por delante de la “obligatoria”.

Resumiendo, que la entrada se está haciendo larga. Ambas son películas que se pueden ir a ver en cualquier momento, que van a gustar. Hidden Figures es muy entretenida. Sin duda. Totalmente recomendable. Pero desde mi punto de vista, no entiendo que esta película sea una de las candidatas al oscar a la mejor película y Loving, no. Esto es un ejemplo de que da igual lo que se reivindique. A Hollywood, que se puede disfrazar en cada momento de la causa que venga bien, lo que le importa es que un producto se venda bien. Y Hidden Figures sin duda puede vender más entradas de cine y más sacos de palomitas, pero es una película claramente inferior a Loving. Que salva el honor con la candidatura de Ruth Negga, más que merecida, pero que se me antoja escasa. Al menos su protagonista masculino merecía una mención también, y probablemente su director y guionistas.

Valoración

Para Loving

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

Para Hidden Figures

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Cine] Free State of Jones (2016)

Cine

Free State of Jones (2016; 482016-1909)

En estos momentos, que Matthew McConaughey aparezca en el reparto de una película es casi un indicativo fijo de que hay que ir a verla. Menos entusiasmo nos producía que el director fuese Gary Ross, pero como la crítica internacional se había mostrado interesada en esta película desde hace tiempo, nos acercamos el pasado lunes a la versión en idioma original subtitulada en castellano. La película también se puede encontrar en versión doblada en la cartelera española con el título no del todo fiel al original de “Los hombres libres de Jones”.

La película está basada en hechos ciertos pero mal documentados. Es decir, es conocido que en el condado de Jones en el sur del estado de Misisipi hubo una revuelta encontra del régimen secesionista del estado y de los Estados Confederados de América durante la guerra civil norteamericana. Y que pareció estar liderada por Newton Knight (Matthew McConaughey), un hombre de ese estado, de fuertes convicciones religiosas, contrario a la esclavitud y a la discriminación por cuestión de raza. A partir de ahí, tenemos que considerar que en la película de Ross hay elementos de verdad histórica, elementos de especulación histórica y elementos de ficción histórica. Aunque desconozco en qué proporciones.

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Los “hombres libres de Jones”, si fueron como nos lo cuentan en la película, fueron una guerrilla. Poco partidarios del campo abierto a la hora de entablar combate. Bosques, pantanos y ciénagas,… ese era el ambiente en que se movían. A falta de los bosques originales del sur del estado de Misisipi, vagaremos fotográficamente por los bosques de Alsacia en los Vosgos.

La cinta comienza con nuestro protagonista en 1862, alistado forzosamente en el ejército rebelde, del que deserta como consecuencia de la percepción de una serie de injusticias en la política confederada y en las formas en que se lleva la economía de guerra. Convertido en lider de un grupo de desertores y esclavos fugados en los pantanos del sur del estado de Misisipi, y tras conseguir algún éxito parcial en su oposición al ejército secesionista, termina la guerra y conforme la autoridades del norte van devolviendo el poder a los sureños, conforma una comunidad multirracial en la que no faltarán las tensiones con los supremacistas blancos de la zona. También llega al final de la guerra separado de su primer mujer, Serena (Keri Russell) y unido a la que sería su segunda mujer, una esclava liberada, Rachel (Gugu Mbatha-Raw) constituyendo una unión multirracial, prohibidas por los estados del sur de los EE.UU.

En paralelo a esta historia, la película nos ofrece flashes de un juicio que ochenta años más tarde se está celebrando en ese estado de Misisipi, en el que se juzga a un descendiente de Newton Knight, Davis (Brian Lee Franklin), al que se supone también descendiente de Rachel, y por lo tanto con un octavo de ascendencia de color, lo cual lo califica legalmente como un ciudadano de color. Al casarse con una mujer blanca, habría cometido un delito. Este juicio fue real, fue declarado culpable, pero no cumplió sentencia porque temiendo una apelación a tribunales federales, el tribunal superior del estado temió que la ley que prohibía los matrimonios mixtos fuese declarada ilegal y lo exoneró de todo delito.

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La película tiene muchos temas. Y muchos tonos. Empieza como alegato antibelicista, para luego adentrarse en la película de aventuras y acción con los rifirrafes entre los “hombres libres del condado de Jones” y el ejército y las autoridades secesionistas. Después vuelve al modo de denuncia, en este caso sobre las leyes de discriminación racial y las acciones de los supremacistas blancos, con un incipinte Ku-Klux-Klan. El problema es que no acaba de encontrar el tono, que como digo va dando bandazos sin centrarse en profundizar en ninguno de los temas, y dando brochazos más o menos groseros sobre cada uno de ellos.

Desde antiguo, el cine tiene una tradición de “no hacer sangre” con el conflicto bélico que enfrentó a los estados del norte de la Unión, partidarios de un estado federal, con los del sur, más proclives a una confederación donde cada estado tuviera preponderancia sobre la política global. De fondo, dos modelos económicos distintos, uno industrializado y otro agrario, este último soportado por la vergonzosa institución de la esclavitud. De hecho, películas emblemáticas de la historia del cine, entre ellas como máximo exponente Gone with the Wind (Lo que el viento se llevó), donde se muestra una visión del sur de damas bellas y galantes, hombres apuestos, valientes y caballerescos, y una visión de los esclavos como de niños que no podrían subsistir por sí mismos sin la guía del hombre blanco. Pura propaganda para sustentar un regimen de appartheid y discriminación racial en buena parte de los Estados Unidos hasta muy avanzado el siglo XX, que aun hoy en día muestra que todavía tiene temas sin resolver. Hace unos años, pudimos ver una película, Cold Mountain, que no entraba en el tema de la esclavitud, pero que al menos rompía con la idea de guerra entre caballeros y con la visión idealizada del ejército rebelde y esclavista. Curiosamente, no tuvo un gran éxito, aunque desde mi punto de vista era una película más apreciable de lo que la crítica nos contó. Pero lo hizo en momentos donde soplaban vientos de guerra en Irak y Afganistán, y no se veían bien las obras antibelicistas.

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Puestos a escarbar en la historia del cine. Durante años he intentado saber cuál era el título de una película que vi en la televisión en algún momento en la transición de mi infancia a la adolescencia, y que hablaba de un “estado libre de Lebanon” como un reducto de oposición a la guerra de secesión. Con motivo de esta película me he enterado que se inspiraba, aunque se alejaba muchísimo de los hechos reales, en lo acontecido en el condado de Jones. Su título fue Tap Roots (Raíces de pasión), y a pesar de que a mí me causase cierta impresión, no está excesivamente bien considerada.

Volviendo a la película que nos ocupa hoy, su indudable punto fuerte está en la interpretación de McConaughey, que sigue en estado de gracia, que llena la pantalla con su presencia. También eso conlleva a que su personaje se come a otros que podrían haber tenido más presencia, más potencia y no poco interés. Salimos del cine con la sensación de que las dos mujeres con mayor presencia en el filme están desaprovechadas. Tanto Keri Russell como la británica Gugu Mbatha-Raw son actrices capaces. Incluso muy capaces. Y de la propia interacción entre ellas en lo que en la práctica fue un matrimonio bígamo hubiera dado para una película, aunque fuera de ficción, que podría ser notable.

Terminemos, que me está saliendo un comentario muy largo. Las intenciones de la película son buenas, los medios utilizados para desarrollarlas están también bien, las interpretaciones de primer nivel,… y sin embargo la película, siendo razonablemente recomendable, no acaba de dar de sí todo lo que podría. En algún momento se desinfla, llevándonos incluso a un final anticlimático que nos deja un poco en la duda de adónde exactamente nos quería llevar el director. No obstante, se deja ver bien, y puede ser una opción a considerar en la cartelera de estos días de principios del otoño.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

 

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[Libro] The Price of Salt, también conocido como, Carol

Literatura

Ya tuve ocasión de comentar en su momento la película que desde mi punto de vista fue la más meritoria del año desde el punto de vista de la temporada de premios cinematográficos, aunque luego los votantes de tales premios no estuviesen de acuerdo conmigo. Cosas que pasan. Y prejuicios que se mantienen. El caso es que también en los días en que vimos la película tuve ocasión de hablar con una par de personas que habían leído la obra original de Patricia Highsmith en la que se basa. Y decidí darle una oportunidad. Aunque seamos sinceros, hasta ahora las novelas de Highsmith no habían sido santo de mi devoción.

The Price of Salt, o Carol
Patricia Highsmith (originalmente bajo el pseudónimo de Claire Morgan)
Virago Press, 2014
Edición electrónica

La novela nos cuenta la historia de un incipiente amor entre Carol, una mujer casada de la alta sociedad de Nueva Jersey, y Therese, una joven de diecinueve años, que trabaja temporalmente como dependienta en unos grandes almacenes, pero que aspira a ser escenógrafa (en la película Therese quiere ser fotógrafa). Sin embargo, esa historia de amor va a ser difícil que llegue a algo en concreto. Estamos en algún momento en torno a 1950, y la sociedad no tolera este tipo de comportamientos entre las mujeres. Y menos en una mujer casada con un hombre “respetable” y con una hija.

Como hice cuando comenté la película "Carol", me voy fotográficamente a Nueva York... que aparece bastante menos en el libro, por el mayor espacio dedicado al viaje por los Estados Unidos. Gran Central Terminal.

Como hice cuando comenté la película “Carol”, me voy fotográficamente a Nueva York… que aparece bastante menos en el libro, por el mayor espacio dedicado al viaje por los Estados Unidos. Gran Central Terminal.

Salvo porque la película da comienzo con un homenaje a otra película de amor prohibido, Brief Encounter, tanto la obra literaria comparten un comienzo y un final del relato, que son muy similares. Con algunas diferencias no trascendentes, la guionista de Carol, Phyllis Nagy, respeta muy fielmente la presentación y el desenlace de la historia. Sin embargo, hay algunas diferencias que merecen destacarse.

La primera, de la que ya había oído hablar, es que la novela siempre se cuenta en tercera persona pero acompañando el punto de vista de Therese. Lo que sucede con Carol sólo lo conocemos en la medida de que está en compañía de Carol o por las noticias que le llegan a esta de una forma u otra. En la película no es así. Vamos alternando lo que sucede a ambas mujeres. Es una diferencia narrativamente importante, puesto que siempre nos queda la duda sobre lo que hace, piensa o quiere realmente Carol, mientras que acompañamos constantemente los pensamientos, los sentimientos, las dudas o las interpretaciones que hace Therese sobre lo que pasa y lo que le pasa. La segunda es que la novela es un relato de carretera en una proporción mucho más trascendente que la película. El viaje es mucho más largo, mucho más profundo, tanto en el repaso a la geografía y la sociedad norteamericana, como en las vivencias de las mujeres, especialmente de Therese. Otra diferencia que es importante hasta cierto punto son las edades de las mujeres. Los diecinueve años de Therese nos los creemos en la película, pero los treinta y uno de Carol, no. Aunque excepcionalmente guapa, tanto en actitudes como en aspecto, la Carol de Cate Blanchett no pasa por alguien con menos de cuarenta años en mi opinión. Y esa diferencia de edad también te hace ver la historia de una forma algo distinta. Aunque sociológicamente, una mujer de treinta y un años en 1950 puede que tuviese una situación social similar al de una mujer de 41 años en la actualidad. Pero también una chica de diecinueve años tenía que estar sacándose las castañas del fuego con más intensidad que una chica de esa edad en la actualidad.

Highsmith publicó originalmente la novela como pseudónimo. No porque tratase de un amor homosexual entre mujeres. Sino porque la escritora…, lo siento si destripo ligeramente el argumento…. cuidado si no queréis seguir… pongo una foto…

Edificio de las Naciones Unidas.

Edificio de las Naciones Unidas.

Como decía, la escritora dotó de un final con tono de “happy end” al relato. Ninguna historia de amor real tiene final feliz. Todas acaban tristemente. En el mejor de los casos, cuando uno de los enamorados llora la muerte del otro cuando ambos son ancianos… pero muchas acaban de muchas otras formas. La historia de Carol y Therese, al final de la novela, no ha hecho más que empezar. Y va a ser muy, muy, muy difícil. Pero Highsmith decide dotar de compromiso mutuo a ambas mujeres para tirar hacia delante. En una apartamento para dos, en algún lugar de Nueva York.

La novela está bien. Quizá no tan bien como obra literaria como la película como obra cinematográfica. Pero tiene pasajes realmente emotivos. A pesar de que al ser tan relativamente fiel la adaptación cinematográfica, no hay sorpresas cuando has visto la película. En cualquier caso, me parece recomendable… salvo para intransigente carcas de todo tipo que no entiende que un romance es un romance, no importa el sexo de sus protagonistas.

Calle 42 desde Time Square.

Calle 42 desde Time Square.

[Libro] La hija del sepulturero

Literatura

Sigo intentando ponerme al día con los libros leídos, y voy por uno que terminé a mediados de marzo, y que hasta ahora no había encontrado un hueco. Lo cual no viene mal, porque esta novela de Joyce Carol Oates tiene mucho sobre lo que pensar y reflexionar antes de dar opinión. Es un relato, un largo relato para lo que es mi costumbre, que nos cuenta muchas cosas, muchas situaciones, y nos describe unas evoluciones personales y sociales que dan mucho de sí. Es uno de los éxitos más recientes de la autora, de la cual comenté hace unos meses otro relato con características muy distintas.

La hija del sepulturero
Joyce Carol Oates; traducción de José Luis López Muñoz
Editorial Alfaguara, 2010
Edición electrónica

Rebecca Schwart es una joven de 22 años. Casada con un niño pequeño que tuvo a los 19, trabaja en una fábrica en el norte del estado de Nueva York. Su marido pasa largas temporadas fuera de casa. Por motivos de trabajo, se supone. Un día es acosada por un individuo elegante, que la confunde con otra mujer. La desazón que le supone este hecho le lleva a retroceder a su pasado. Los Schwart, Jacob y Anna, fueron un matrimonio con dos hijos que huye hacia finales de los años treinta del ambiente de persecución a los judíos existente en su Alemania natal. Su entorno social y cultural tenía cierto nivel antes de la llegada de los nazis. Ella era música, interpretaba al piano. Él había sido profesor en un instituto y trabajó en una imprenta dedicada a los libros técnicos y científicos. Tras una travesía en malas condiciones, con Anna embarazada, llegan al puerto de Nueva York, donde no bajan a tierra hasta que da a luz a Rebecca en un difícil parto. Una vez en el país de acogida, tienen dificultades para establecerse, y Jacob acaba encontrando trabajo como sepulturero en un pueblo del estado de Nueva York. Han pasado de una confortable clase media en Alemania a lo más bajo de la escala social en el ambiente rural de Estados Unidos. Esto será nefasto para la familia, y condicionará la vida de la joven Rebecca, que vivirá una serie de tragedias en su niñez y en su juventud que le llevarán a la necesidad de reinventarse a sí misma. Completamente. A vivir una vida que es una mentira. Para salir adelante ella, pero sobretodo para sacar adelante a su hijo.

Rebecca, la protagonista de la novela, nace a finales de los años 30 en el puerto de Nueva York, lo que la hace, al contrario de su familia, americana de nacimiento.

Rebecca, la protagonista de la novela, nace a finales de los años 30 en el puerto de Nueva York, lo que la hace, al contrario de su familia, americana de nacimiento.

Inspirada la novela por las vivencias de la abuela de la escritora, que de hecho fue hija de un sepulturero y sufrió la violencia a manos de su marido. Sin embargo, la escritora carece de toda la información sobre lo sucedido. El tema no se trata libremente en su familia, por lo que según entiendo no puede contar la historia como fue. Así que rellena el desconocimiento con la invención de unos personajes inspirados por los de la historia de su abuela, y sitúa la acción en un entorno, el norte del Estado de Nueva York.

A partir de ahí, los temas a tratar son muchos y difíciles. El racismo y la xenofobia; el miedo o el desprecio al extranjero. La pobreza y sus consecuencias. La inadaptación de las personas expatriadas a sus nuevos ambientes; el miedo a ser despreciados y las barreras a integrarse en la nueva sociedad. La violencia familiar; la violencia de género.  El descubrimiento de la sexualidad asociada al miedo y a lo desconocido. Las carencias afectivas que impiden identificar los sentimientos auténticos de los impostados. La maternidad y la necesidad de proteger al hijo deseado. El sentimiento de abandono por el hijo que triunfa que ya no necesita de la madre. Y sobretodo, la necesidad de mentir, de recrearse a sí misma, de crear una nueva vida, un nuevo pasado, unas falsas raíces, de interpretar continuamente las 24 horas del día y durante años un personaje. Renunciar a quien eres, para conseguir salir del agujero en el que has vivido desde el momento que no moriste en un nacimiento no deseado.

Un hecho que le sirve de poco, porque sufre de una falta continuada en sus primeras décadas de vida de documentación sobre quién es y cuál es su estado. No le impide sentirse extraña entre sus "compatriotas".

Un hecho que le sirve de poco, porque sufre de una falta continuada en sus primeras décadas de vida de documentación sobre quién es y cuál es su estado. No le impide sentirse extraña entre sus “compatriotas”.

La novela está escrita de forma fluida y, al menos en la traducción al castellano, te lleva a una lectura atrayente y difícil. Hay pequeños y grandes dramas y tragedias a lo largo de una vida, con algunos éxitos y satisfacciones. Pero no han faltado los momentos en los que te tienes que parar y descansar durante un día para reflexionar sobre lo leído, sobre lo acontecido y su significado. Como ya se ha visto hay muchos temas trascendentes en marcha en la vida de Rebecca.

El libro termina con un intercambio epistolar entre la protagonista, ya convertida en una mujer mayor, viviendo retirada en Florida, con una prima alemana que creyó perdida y que ha adquirido notoriedad como escritora. Una sección del libro que se escribió de forma independiente y con anterioridad, pero que le da un final con mucho sentido al relato, al mismo tiempo que nos hace pensar sobre el sentido de la vida de las personas, como lo vivimos cada uno, como lo ven los demás.

Un libro muy interesante, que engancha, aunque no siempre te convenzan las soluciones argumentales de la escritora. Pero con razonable coherencia en su conjunto. En líneas generales, me parece una lectura recomendable, sobre la que me he dejado muchas cosas en el tintero. Pero es que tampoco me apetece extenderme en exceso en una entrada de blog personal, que no pretende ir más allá de comentar mis lecturas y expresar una opinión.

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Necesitará reinventarse para acabar siendo aceptada. En cualquier caso, tendremos que suponer que su entrada quedaría registrada en las oficinas de Ellis Island, que adivinamos en esta fotografía tras la isla y la estatua de la Libertad. ¿De qué libertad estaremos hablando?

 

[Fotos] Terminado el Diario de Viaje a Nueva York

Fotografía, Fotografía personal, Viajes

Forma parte del proceso que sigo con las fotografías de los viajes cuando regreso de uno. Pero uno siente más responsabilidad cuando vuelve de un sitio como Nueva York. En cualquier caso, durante unos días he estado revisando y seleccionando fotografías, que han ido a ilustrar el diario de viaje, pero que también pasarán algunas ahora a formar parte del libro o los libros de fotografía que prepararé. Para mí, la fotografía sigue sin tener sentido si no amplias a papel. No todas. Aquellas que sean convenientes por motivos estéticos, éticos o emotivos. Lo que sea.

En cualquier caso, en esta ocasión he intentado cuidar un poco más el Diario de Viaje a Nueva York. Que espero que os guste. Y que ahí quedará como recordatorio permanente de la experiencia. Ahora os dejo con unas cuantas fotos. Si nada más volver resumía el viaje con una serie de fotografías en blanco y negro. Ahora será en color, con una fotografía por cada uno de los días del viaje.

Empire State Building

Día 1 – Empire State Building al anochecer.

Charging Bull y muchos chinos

Día 2 – “Charging Bull” de Wall Street rodeado de chinos histéricos por hacerse la foto.

En el MoMA

Día 3 – En el MoMA (Museum of Modern Arts)

Village Vanguard

Día 4 – Una sesión en el Village Vanguard.

Ocaso en el ferry de Staten Island

Día 5 – Esperando el ocaso en el ferry de Staten Island.

Serpientes en el puente de Brooklyn

Día 6 – Serpientes en el puente de Brooklyn.

East End

Día 7 – Un paseo por el East End.

“Autumn in New York”

Viajes

Autumn in New York es una de los muchos estándares del cancionero popular americano que podríamos utilizar para ambientar nuestro viaje a la Gran Manzana. Esta nos viene bien por la época del año, aunque ha habido momentos en los que ha hecho un tiempo casi estival, porque fue uno de los temas sobre los que improvisó Bill Charlap el día que le escuchamos  en el Village Vanguard, y porque nos gusta. Pero lo dicho, hay a patadas. También es fácil ambientarse en lo que se refiere a la imaginería de esta gran ciudad. Hemos vistos cientos y cientos de fotografías y de películas o series de televisión con las calles y los hitos característicos, especialmente de la isla de Manhattan. Personalmente, he tenido constantemente en mente las magníficas fotografías de Andreas Feininger, fotógrafo alemán formado en la Bauhaus, que se exilió a los EE.UU. y se convirtió en uno de los principales narradores visuales de Nueva York, con perspectivas osadas para su tiempo, con dominio de las formas y los contrastes.

Así que os dejo con un resumen fotográfico del viaje en ese blanco y negro que tan bien le queda a esta gran ciudad.

JFK

Llegada al aeropuerto JFK en Queens; Manhattan en el horizonte.

Flatiron

Esquina de la 5ª Avenida con Broadway; el “Flatiron”, unos de los edificios más característicos del Midtown de Manhattan.

Atardecer en el Downtown

La “skyline” de Manhattan se ilumina con el ocaso, vista desde Brooklyn Bridge Park.

El "tramway" de Roosevelt Island

El “tramway” o funicular de Roosevelt Island desciende sobre esta isla en medio del East River, y desde cuyos parques hay buenas vistas de Manhattan.

El Chrysler rodeado de otros gigantes

Desde Roosevelt Island, el edificio Chrysler se asoma entre otro gigantes del vecindario.

El Empire State alineado con el arco de Washington Square

El Empire State Building se alinea con el arco de Washington Square para disfrute de los fotógrafos.

Empire State Building

El Empire State Building iluminado por el sol de la tarde.

Central Park

Los rascacielos del Midtown de Mahanttan se asoman entre los árboles de Central Park.

Noche de concierto en el Village Vanguard

Es noche de concierto en el Village Vanguard; toca el trío de Bill Charlap, y lo hacen muy muy bien.

Chinatown

Todos los días cuando salimos del hotel pasamos entre los bulliciosos tenderetes de Chinatown.

Subway Grand St.

Ciudad de contrastes, no faltan los “hobos” en los alrededores de Grand Street.

30 Rock

Nos acercamos al 30 Rockefeller Plaza para ver si nos encontramos con “Liz Lemon” y “Jack Donaghy”, cosa que no sucede, claro está.

Liberty Island desde South Ferry

Desde el embarcadero de South Ferry, Liberty se alza en el bullicio de la bahía de Nueva York.

Downtown desde el ferry de Staten Island

Con la puesta del sol, nos acercamos a “Lower Manhattan” con el ferry de Staten Island.

Chelsea Market

Paseamos por la noche por Chelsea Market, donde se exponen fotografías de una iniciativa en la que paseantes anónimos eran animados a interactuar ante la cámara con unos banjos.

Transporte Scholar en Bowery

A determinadas horas a principio de la mañana y en las primeras horas de la tarde, la ciudad es cruzada por una pléyade de autobuses escolares.

Museo Guggenheim

Por reformas, nos quedamos con las ganas de admirar por dentro el edificio de Frank Lloyd Wright para el Museo Soomon R. Guggenheim.

Broadway con la 7ª, o sea, Times Square

En el cruce de la 7ª Avenida con Broadway se encuentra lo que algunos llaman el “centro del Universo”, o sea, Times Square; el “centro del Universo” está en obras.

Manhatan Bridge desde Washington St (Bklyn)

Otra alineación afortunada con el Empire State Building, la que forma con el Manhattan Bridge y Washington Street, esta última en Brooklyn.

Brooklyn Bridge

Mientras cruzamos el Brooklyn Bridge de vuelta a Manhattan nos preguntamos como no se matan más ciclistas y peatones en choques entre sí.

East Side

Se acerca el final de las vacaciones y damos un paseo por las alternativas calles del East Side.

Desde Bowery a Queens, y al JFK y a Zaragoza

Y finalmente, en Bowery cogeremos el metro de la línea J que nos llevará a Sutphin Boulevard, y de aquí, por el AirTrain, al JFK y a casa.

Última mañana en NYC, de paseo por el East End

Sin categorizar, Viajes

Se nos acaba el viaje y tenemos que volver. No hemos hecho fortuna. De hecho, con estos precios son más pobres en dinero. Pero más ricos en experiencias. Toma topicazo. No nos vamos a dar mucho mal para ver cosas, porque el viaje será cansado. Paseito, alguna tienda, tomar algún chisme. Salvo cosa de expecial interés está será mi última entrada del viaje. Nos vemos.

Carlos Carreter
http://carloscarreter.com

El bar está tranquilo ahora, pero..,

Sin categorizar, Viajes

… ha habido momentos extremadamente divertidos involucrando un camarero de Cleveland que lleva 24 años en NYC, un grupo de “aussies” muy escandalosos, unos indios (de India por sí alguien no lo tiene claro muy conspicuos), y dos españolitos, uno de los cuales, yo mismo, ha hablado poco y se ha reído mucho, mucho, mucho,…

Carlos Carreter
http://carloscarreter.com