Fotografías realizadas en Glasgow que, aparte de Londres, es la única ciudad de las que aparecen en la novela que he visitado. También disponible en versión Substack.
Hace unas semanas vi en Youtube un interesante documental sobre las realidades de la llamada batalla del Atlántico durante la Segunda Guerra Mundial. Dicha batalla, que duró años, entre 1939 y 1944, aunque algunos dicen que hasta el final de la guerra, fue la pugna de los alemanes por bloquear la afluencia de materias primas y equipamiento militar al Reino Unido mediante el hundimiento de los mercantes que los transportaban. Fundamentalmente mediante el uso de submarinos, ya que el uso de barcos de superficie, que tuvo su impacto mediático en las primeras fases de la guerra, tras el hundimiento de alguno de sus buques más significativos se redujo mucho. Y fue una batalla dura, porque hubo momentos en los que el porcentaje de mercantes hundidos con su tripulación en las gélidas y tormentosas aguas del Atlántico norte fue muy importante.

Recordemos que por la geometría cuasiesférica de la superficie terrestre, la ruta que un avión o un barco lleva entre Europa y Norteamérica no es paralela a los paralelos convencionales de la latitud en las coordenadas geográficas. La ruta más corta es una ruta que sigue la línea del círculo máximo que une los puertos/aeropuertos de salida y llegada… aproximadamente, porque hay otros elementos a considerar. Por lo tanto, los buques navegaban inicialmente hacia el norte-noroeste, e iban modificando el rumbo hacia oeste-noroeste, y hacia el oeste, antes de empezar a hacer una ruta oeste-suroeste y sur-suroeste al llegar a destino. Más o menos. Y por lo tanto, el punto medio de la ruta estaba considerablemente al norte en el Atlántico, lugar frío y borrascoso. Ahí es donde se producían los hundimientos, con gran mortandad en tripulaciones, bien por las explosiones e incendios tras el impacto de los torpedos, bien por la hipotermia que sufrían los náufragos en las frías aguas del océano. Una barbaridad como muchas otras de los que se cometen en las guerras.

El documental recomendaba la lectura de este libro de Nicholas Monsarrat, periodista y escritor británico que, durante la guerra, sirvió en las corbetas, pequeños buques antisubmarinos, simples, de fabricación rápida y barata, que junto con otros algo más grandes y algunos destructores fueron las escoltas antisubmarinos de los convoyes de mercantes. El libro narra las aventuras y desventuras de dos de estos barcos, una corbeta y una fragata, algo más grande y compleja. Pero no sólo narra las dificultades de los viajes, las tormentas, el frío y la humedad, las incomodidades de unos barcos hechos deprisa y sin muchos miramientos, y los temidos y temibles encuentros con el enemigo. También los periodos en tierra, las desventuras y las pequeñas alegrías, los marinos afectados por el estrés bélico, amores y desamores, los que pierden la vida en los bombardeos sobre las ciudades portuarias e industriales, y lo que se os ocurra.
La historia, ficticia, pero inspirada en hechos reales, tiene dos protagonistas principales, el capitán de la corbeta, luego de la fragata, y el primer oficial de la corbeta, luego de la fraga, porque prefiere seguir al anterior a mandar su propio barco. Se supone que el personaje del primer oficial sería el alter ego del propio escritor. Pero hay otros personajes sobre quienes aprenderemos entre la oficialidad y la marinería de los barcos.

El libro es eficaz en su narración. Aunque relativamente largo, sus capítulos están agrupados en siete parte, una por cada año de guerra (1939, 1940, 1941,…, 1945), la narración es directa, económica, efectiva. Va al grano de las realidades que quiere describir y que quiere narrar. Y por lo tanto, se siente auténtica. No hay heroicidades. Hay éxitos y fracasos de gente común que en circunstancias normales nunca hubieran estado en estas vicisitudes. Hubieran comandados mercantes o trasatlánticos, hubieran sido mecánicos, abogados, comerciales, periodistas, oficinistas, agricultores,… apenas aparecen militares profesionales. Salvo el capitán que lo es en la reserva cuando empieza el conflicto, todos son alistados para el esfuerzo bélico.
Inspiró una película, del mismo título y que esencialmente cuenta la misma historia, aunque endulza alguna cosita, pocas. Y está muy bien valorada también por su factura y realismo. Para los años 50, la época en la que se rodó. La vi al final el libro. Y no está mal. Pero carece de la profundidad que tiene el libro. Que si te interesa la historia, está muy bien. Siendo ficción, no siendo un ensayo, sientes que conoces mejor la letra pequeña de la historia, la que no se cuenta, que lo que te puedan decir las estadísticas y los hechos con fechas y lugares acaecidos.



































