Fotos realizadas en Castejón, Navarra. No es una nave espacial; pero un día fue un vehículo innovador, que la desidia humana ha llevado a casi echar a perder. Publicado también en Substack.
Con la llegada de septiembre, mi vida se ha vuelto a complicar, y mi disponibilidad de tiempo ha disminuido considerablemente. Cuatro días hace que no publico nada en estas páginas, cuando antes publicaba 6 – 7 entradas a la semana. Pero vamos con un libro. De ciencia ficción. O más bien, de aventuras espaciales. Una novela corta, en idioma original, en inglés. El autor, Skyler Ramirez, estadounidense de apellido muy hispánico. Dice que vive en Tejas. No sé mucho más de él que lo que cuenta él de sí mismo en su página web. Probablemente, uno más de esos ingenieros que se deben aburrir y se ponen a escribir ciencia ficción. O más bien, aventuras espaciales.
En una galaxia muy muy cercana, en un futuro indeterminado con la especie humana extendida por la galaxia, un oficial de cierto rango de una flota imperial va camino de su nuevo destino. Ha caído en desgracia, y ha sido destinado al culo del mundo… o al culo de la galaxia, a un nave cochambrosa. Donde se meterá en líos por culpa de la segunda oficial, que está muy buena, aunque es muy arisca, por un suboficial con muy mala baba, y por unos misteriosos contrabandistas que le pondrán en un brete.
Por lo que entiendo, primera novela corta de una saga con los mismos protagonistas, el capitán tan y la oficial que está que cruje. Sinceramente, no tiene mucho de especial. Pretende llevar las cosas con una mezcla de humor/ironía… ¿parodia? (no sé si llega a tanto), y aventuras. Lo hemos visto en otras ocasiones, no aporta nada nuevo al género. Pero, eso sí, el ratito que te cuesta leerlo, no mucho, te entretienes. Y luego te olvidas. Por que ha pasado ya algo más de un mes desde que terminé de leerlo y yo no me acuerdo mucho de los detalles. En general sí… pero los detalles, ya no. Punto medio. O punto mediocre,… llevadero.
Desde que Spielberg rescató a los dinosaurios cinematográficos, caídos en el olvido desde los tiempos en los que coincidían con esculturales rubias en bikini de piel (como aquí y aquí) en la gran pantalla, se han vuelto un elemento casi cotidiano de las carteleras de cine. No voy a decir que constantemente haya películas de dinosaurios, pero casi todos los años hay algo sobre este tema.
Reconozco que aquellas películas de los años 60 y muchos eran enternecedoras en su cutredad, hippismo y anacronismo. Grandes dinosaurios herbívoros devorando cavernícolas, o situar la época de los dinosaurios en “hace un millon de años”, con un error de -65 millones de años, al menos. Y mira que de la mano de un ex-Beatle llegó a haber una parodia de aquellas, una década más tarde, más infumable que las películas parodiadas. Lo cual no deja de ser hilarante y triste al mismo tiempo.
Pero ya con Spielberg, la cosa era serie. Se hablaba del ADN de la sangre de los dinosaurios en los mosquitos del ámbar. Y de las ranas hermafroditas. Todo muy “científico”. Y al mismo tiempo, una reiteración ad nauseam de la misma historia y de situaciones similares. Y mira que aquella primera de 1993 me pareció muy divertida. Ahora nos llega un vuelta de tuerca con dinosaurios a un vecindario de los suburbios de una ciudad ficticia en Michigan.
Su director, David Robert Mitchell, nos traslada a principios de los años 80, y le da a la película el espíritu aventurero de aquellos años. Aventura familiar, no muy larga de duración porque la historia son habas contadas, con una familia típica y tópica de norteamericana, papá que trabaja (Ewan McGregor), mamá ama de casa (Anne Hathaway), hija mayor adolescente (Maisy Stella) e hijo menor preadolescente (Christian Convery). Y los vecinos, unos más simpáticos y otros menos. Pero la idílica familia tiene problemas, serios, y… sólo un fenómeno extraño con agujeros de gusano que los lleven al jurásico con los dinosaurios podrá servir de revulsivo para que la familia vuelva a estar unida y feliz. Básicamente. Cómo no se les habrá ocurrido a las parejas a punto de divorciarse esta solución para salvar su matrimonio.
La película es muy entretenida. El guion… bueno,… la historia es tan absurda en tantas ocasiones, tan sin sentido, que no merece la pena preocuparse de ellos. Es una mera excusa para pasar noventa y algún minutos de correrías entre dinosaurios, con algunos momentos, eso sí, que rozan la brillantez, entre el humor, la parodia y el drama. Creo que el momento principal del personaje de Ewan McGregor que nos lleva de la carcajada generaliza a… bueno, no lo voy a destripar, es de lo más divertido y extraño que he vivido en tiempos en el cine. Pero lejos de ser un “salto del tiburón” que te saque de la película, es el clímax de lo que es y pretende ser la película. Un entretenimiento para todo el mundo.
Un entretenimiento de lujo. Porque normalmente no me hubiera yo visto yendo a ver esta película, salvo por el hecho de que me lo sugirieron una semana antes, porque se estrenaba en la sala IMAX de Zaragoza en versión original. Y tras la agradable experiencia de Ulises y compañía, queríamos confirmar que esta alternativa cinematográfica merecía la pena. Y ciertamente, la calidad en la realización, la acertada puesta en escena visual y sonora, el acertado ritmo de la acción y el no menos acertado hecho de su contenida duración, hace que la película, sin ser una obra de arte, sea un entretenimiento muy recomendable. Sin más pretensiones. Pero tan legítimo como cualquier otro producto cinematográfico que nos devuelva las sensaciones de lo que se supone que debe ser el cine. Puntos especiales para los intérpretes, especial para Hathaway, que consolida la película, permitiendo superar sus debilidades, las de la película no las de Hathaway, que las tiene y no pocas.
Había visto esta célebre película de animación japonesa dirigida por Katsuhiro Ōtomo en alguna ocasión. Pero siempre en la pequeña pantalla. En estos días atrás ha estado disponible en alta resolución en la pantalla grande, en la cartelera zaragozana. Y decidí acercarme a verla.
Para muchos es una película de referencia de la animación ciberpunk, con toques posapocalípticos. Para algunos, ocupa un lugar en el cine de animación similar al que ocupa Blade runner en el cine de acción real. Y desde luego, alguna cosica comparten en común… aunque muchas otras no. Estamos en Neo Tokio, la ciudad reconstruida a partir de la destruida Tokio en la Tercera Guerra Mundial. Una Neo Tokio afectada por la violencia, la desigualdades sociales, el gobierno corrupto. Y unos jóvenes moteros pandilleros acabarán entrometiéndose en un proyecto secreto del gobierno, siendo que uno de ellos empezará a adquirir los peligrosos poderes que llevaron al desarrollo de Akira, el agente que destruyó la antigua Tokio.
Akira, la película (pronúnciese más bien como esdrújula, Áquira), sigue la tradicción del cine catastrofista japonés que surge después de la guerra mundial y los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. También la tradición de gobiernos desconcertados, incompetentes, fuerzas armadas descontroladas, que no son capaces de dominar las fuerzas poderosas que desatan. Al mismo tiempo, muestra una sociedad alienada, cuyas estructuras básicas, la familia especialmente, parece haber desaparecido, sustituida por las bandas, o los grupos de acción política. Especialmente entre los jóvenes. La película es un producto claro de la posmodernidad, ciencia ficción, pero profundamente anticientífica, la respuesta japonesa a las mismas inquietudes que generaron los mutantes y superhéroes de Marvel, pero más pegada a las estructuras sociales, aunque estas estén desintegradas o, al menos, deformadas.
La película, por lo demás tiene ritmo, aventura, personajes carismáticos, aunque imperfectos, y carencia de maniqueísmo. Abre la puerta a pequeñas esperanzas. Y es muy expresiva en sus aspectos formales, con algunos diseños gráficos que han pasado a la posteridad, como la roja motocicleta de Kaneda. También es curiosa la representación de los personajes femeninos como relativamente asexuados, proactivos y dispuestos a actuar en pie de igualdad con los personajes masculinos. Aunque son muy escasos.
No voy a decir que sea mi película de animación favorita, ni siguiera mi género favorito. Pero creo que es un hito del cine animación, como ya he dicho antes, y conviene verla, a ser posible en la gran pantalla y en versión original. Es lo que hay.
En las fotos, quien esto escribe en compañía del maestro Yoda, en San Francisco, cuando me quedaba una moderada esperanza por el universo Star Wars. Tambien en versión Substack.
Cuando hace un tiempo me enteré de que Disney volvía a producir largometrajes de la franquicia Star Wars, y que el primero de ellos tendría como protagonistas a Mando y Baby Yoda (lo siento, me niego a usar el estúpido nombre que le han puesto),… ciertamente no sentí nada. No me hizo ninguna ilusión. Indiferencia absoluta. Lo cual,… para alguien que veía las películas de la saga al menos un par de veces cada vez que las estrenaban… pues ya podéis imaginar lo que opino de los derroteros por los que Disney ha llevado a la franquicia.
Cierto es que The Mandalorian, junto con Andor, esta es la mejor desde mi punto de vista, son las que se salvan. Junto con las antologías conceptuales de Star Wars: Visionsen el campo de la animación japonesa. The Mandalorian es un entretenimiento digno, Star Wars: Visions es el tímido intento de aportar imaginación, innovación y una expansión real del universo de ficción, y Andor es la única que aporta algo al gran arco histórico que representa la saga en su conjunto. Todo lo demás es absolutamente prescindible y no aporta absolutamente nada positivo a la saga. Mera operación de ingreso de dinero y venta de mercadería por parte de Disney.
Pero mi impresión era que esta película iba a ser simplemente un episodio “glorificado” por su pase por la gran pantalla de la serie de televisión. Y lamentablemente siento que estaba en lo cierto, pero de la peor forma posible. De hecho, mi intención era pasar de verla en la pantalla grande y verla cuando la llevasen a la pequeña pantalla. Por las cifras de recaudación, parece que esta idea se nos ha ocurrido a muchos. Al final, tras poner algunas condiciones ineludibles a la primera invitación para verla, que era verla en versión original, no doblada, y rechazar la segunda invitación, porque cada vez me apetecía menos, acepté la tercera porque me dijeron que estaba invitado de verdad, sin tener que pagar nada, a la sesión de cine y a las cervezas de después.
He dicho que de la peor forma posible, porque el argumento no tiene ni pies ni revés. Es como si hubieran comprimido tres o cuatro episodios de la serie en una película, pero de mala forma. Las interpretaciones son malas. O en el mejor de los casos, desganadas. Los efectos especiales y generados por ordenador, mediocres. Y el conjunto, absurdamente infantilizado, especialmente por culpa de Baby Yoda y de ese grupito de cuatro minúsculos seres que hacen banda con él en un momento dado. Malo.
Sinceramente, Disney quiere ingresar dinero, todo el que pueda, a partir de la franquicia. Pero lo está haciendo a base de destrozar el universo que tanto quisimos algunos desde nuestra adolescencia. Una cortina de luto cubre nuestro corazón por culpa de las puñaladas con las que Disney esta acabando con una saga mítica. Que Dave Filoni y Kathleen Kennedy sucumban entre múltiples sufrimientos, que el cuerpo se les llene de llagas purulentas fétidas, y que una diarrea incoercible arruine sus últimos años de vida. Ahí queda mi maldicion. Ah, y Jon Favreau, que dirige este despropósito, también. Al reparto no lo mencionaré para no avergonzarlos más de lo que deberían estar si tuvieran un mínimo de vergüenza.
Fotografías realizadas en San Francisco. Como en la anterior película, transcurre en Los Ángeles, que no he visitado. Y tal como está la USAmérica, no es previsible que la visite próximamente. También en versión Substack.
No sabíamos muy bien qué íbamos a ver con esta película de Gore Verbinski, la verdad. Verbisnki sólo nos gusta a ratos. No sabíamos si íbamos a ver una película de ciencia ficción, de fantasía, o de falsa ciencia ficción fantasía. Pero había unas cuantas críticas positivas del filme, y no muchas más opciones para elegir. Y nos apetecía ir al cine. Y fuimos. Y lo pasamos estupendamente.
La cosa va de un tipo (Sam Rockwell) vestido de una forma extraordinariamente estrafalaria que entra en una cafetería de Los Ángeles anunciando a los presentes que viene del futuro, que tiene la misión de impedir que una inteligencia artificial acabe con la humanidad y que necesita un grupo de voluntarios que le ayuden en la misión. Y que esta escena ha transcurrido decenas de veces, con distintas variantes en los voluntarios, y que han fracasado siempre. Pero esta vez puede ser la definitiva. A partir de ahí… cualquier cosa puede pasar.
Mi primer valoración es que esta película es un pastiche. Unas cositas de TheTerminator, unas dosis de 12 monkeys, por qué no algo de The Fisher King… y vete tú a saber cuántas más. Pero, si habitualmente denominar a una obra pastiche suele tener connotaciones negativas, realmente no tiene por qué. Si está bien hecha. Si tiene un mensaje propio. Un estilo propio… bienvenido sea. Y eso es lo que sucede con esta película. Que además se acompaña de unas interpretaciones entre buenas y muy buenas según los casos.
Algunos la consideran irreverente, otras innovadora en su esencia si no en los elementos de los que está compuesta, un nuevo enfoque del bucle en el tiempo, centrado en un único bucle en lugar de en la repetición, claramente desprejuiciada y sin complejos, es una comedia de alto nivel, con cosas que decir. Y totalmente recomendable, aunque su llegada en temporada baja y sin mucha publicidad hará que probablemente pase, lamentablemente, desapercibida hasta cierto punto. Pero es lo que hay. Yo, encantado.
Primero; ya sabemos que el rigor en la traducción de títulos de las películas al castellano en España no es precisamente un fuerte de las distribuidoras. Que de vez en cuando perpetran auténticos crímenes contra la humanidad. Esta vez no es para tanto. Pero yo, ni la hubiera traducido literalmente, Proyecto Ave María, ni me gusta lo de Proyecto Salvación. La nave espacial de la película es la Hail Mary, y por lo tanto Proyecto Hail Mary es la que yo hubiera elegido. Ya sé que algunos meapilas quieren ver un sentido místico al título. No sé. En el deporte yanqui, una Hail Mary es una jugada desesperada del equipo que va perdiendo para intentar al menos empatar. Como cuando en baloncesto el base del equipo perdedor se juega el triple desde media cancha a falta de 10 segundos para el final y sólo pierden de dos. Aunque creo que lo aplican más a jugada análogas en fútbol americano.
Pues de eso va, o ese el espíritu de la historia que nos cuentan los directores Phil Lordy Christopher Miller, basada en la novela de Andy Weir. No he leído a Weir. Pero vi la película The Martian, que fue agradablemente entretenida, y que comparte espíritu y elementos en común con la película que comentamos hoy. Un individuo, aislado de la humanidad, en una odisea espacial llena de buen rollo y buen humor. Incluso comicidad, con porciones de drama aquí y allí. En aquella película, Matt Damon tenía que salvarse a sí mismo, en la actual, Ryan Gosling tiene que salvarse a sí mismo y a toda la humanidad de una voraz ameba espacial devoradora de estrellas. Cada vez que me cuentan que pretenden ir de ciencia ficción dura con estas historias me entra la risa tonta. Parece que consideran adecuado para definir ciencia ficción dura no exceder en demasía los límites de la física, pero está bien pasarse por el forro de la entrepierna los límites de la biología.
Pero nada de estos importa en realidad. Porque lo que importa es que estamos ante una película muy bien hecha, rodada con mucho ritmo, con unos personajes muy carismáticos,… si, dos, pero del otro no hablaré por si acaso no te has enterado de la parte más fantástica del asunto,… con unos diálogos estupendos, con una excelente banda sonora, con una interpretación de Gosling de nivel muy alto en el difícil género de la comedia… Una película que no tiene nada original, que es un pastiche de ideas de otras historias y otras películas, pero que están todas muy bien combinadas. Y al final, te diviertes mucho.
No sé cómo pensaré en ella en un futuro. Tal vez sea un recuerdo agradable durante mucho tiempo. Tal vez la vea alguna otra vez en la pantalla pequeña. Y entonces veremos lo que opino. Pero ahora, hoy en día, es de las mejores películas de entretenimiento que he visto en mucho tiempo. Por absurdas que me resulten algunas de las situaciones que se cuentan. Pero da igual. Unos la verán como ciencia ficción, otros como una fantasía, y otros… mitad y mitad. Pero id a verla. Que os lo pasaréis bien.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. ….
Último libro que leí en 2025. Y que me llevó más tiempo del que pensé cuando empecé a leerlo. Porque el primero de los siete relatos que componen esta colección de la japonesa Izumi Suzuki, me pareció bastante interesante. Suzuki fue una escritora y actriz de pinku eiga, películas eróticas en Japón que serían hasta cierto punto equivalentes de las «clasificadas S» de nuestra transición. A priori películas de contenido sexual, pero con sexo simulado, frente a las pornográficas en las que es explícito. Llevó una vida tormentosa, y se suicidó con 36 años. En cualquier caso, en los años 70 del siglo XX tuvo un cierto éxito con relatos de ciencia ficción que trataban de temas muy actuales sobre la identidad personal, la libertad y la alienación que la sociedad impone. Este último un tema muy apreciado por los escritores nipones. Con un estilo emparentado con las estética punk que se fue desarrollando en aquellos años, recientemente encontré la recomendación de este libro, como una colección de relatos muy actual, a pesar de los cincuenta años que han pasado desde que se concibieron.
El libro lo he leído en inglés, porque es lo que tenía disponible en mi tienda de libros electrónicos habitual. Pero por lo que veo a finales de diciembre de 2025, cuando ya llevaba yo muy avanzada su lectura, se publicó la versión electrónica del libro en castellano bajo el título Aburridísima. Me gusta más lo de Aburrimiento terminal, por la connotación de fatalidad que conlleva el término. Las historias son diversas, todas tienen un componente de ciencia ficción o anticipación, generalmente con tonos negativos. La hibernación masiva de la población en un mundo que se queda sin recursos, una sociedad femenina con los hombres viviendo en reclusión y mantenidos con fines reproductivos, una pareja cuya única ocupación y aliciente es ver la televisión en un estado de aburrimiento crónico (el que da título a la colección), relaciones con extraterrestres que pueden desembocar en una guerra interestelar como metáfora de las xenofobias y los racismos, la identidad sexual de una japonesa cuando no está en su represivo país natal… En fin, una variedad de temas, pero todos alrededor de lo que deshumaniza a la persona cuando vive en sociedad presuntamente avanzada y urbanizada.
Como ya he mencionado, las primeras historias que leí me atrajeron. Esa primer en la que se presenta la falacia que hibernar a gran parte de la población puede ser la solución a los problemas de recursos, como si estos fueran a mejorar en un futuro y con un número de personas todavía mayor al despertar… O quizá nunca despierten. Al mismo tiempo que reflexiona sobre el sentido de la amistad y de la proximidad entre personas distintas en carácter y aspiraciones. Pero luego la cosa se desinfló un poquito. La escritura de Suzuki, en lo que se pueda apreciar en una traducción del japonés al inglés, parece muy solvente. Pero los temas y los argumentos son irregulares, unos más interesantes que otros.
¿Se puede recomendar este libro? Creo que no con carácter general. Aunque es cierto que sus tema son plenamente actuales, su estilo es fruto de una época, y puede no atraer a muchos de los lectores actuales. Pero quien quiera arriesgar un poco leyendo otros estilos, otras culturas, otros momentos históricos, otros enfoques, sí que podrá encontrar cuestiones interesantes. Ya digo que algunos de los relatos son francamente interesantes. Aunque creo que también pudo influir en mi lenta progresión con el libro el que quizá mi estado de ánimo no estuviera en el lugar adecuado para leer este tipo de historias. Eso es algo que influye. Creo que tengo que acostumbrarme a dejarme para navidades lecturas más ligeras. Pero sinceramente pensé que lo terminaría antes de esas fiestas.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Un acontecimiento astronómico familiar, pero siempre bello, la puesta de Sol .
Cuando hace unos días comentaba Le Petit Prince y decía que estaba considerando como muy probable que siguiese releyendo libros que son «clásicos» para mí, independientemente de si lo son para otras personas o para los «eruditos», realmente no pensaba que hoy estaría ya comentando otra de esas relecturas. De hecho, ya comenté que me quedaban algunos libros por comentar de los que leí en el 2025. Y después se añadió el primero de los 2026. Pero el segundo del 2026 es una de esas relecturas. Y tras terminarla hace un par de día, decidí que tenía que comentarla ya. Ahora me explico.
En su momento, os hablé de la experiencia de volver la película de Kubrick, 2001: A Space Odyssey. Realmente, esa experiencia me marcó mucho más de lo que esperaba. Yo nunca he «sufrido» eso que se da en llamar síndrome de Stendhal, conjunto de síntomas vasovagales y cognitivoemocionales que se dan cuando se siente una fuente impresión ante una obra de arte u otros conceptos sublimes del saber humano. Algunos psiquiatras lo han estudiado y lo han descrito, pero en estos momentos no está oficialmente incluido en las clasificaciones de enfermedades más reconocidas y utilizadas en medicina. Pero sus síntomas se asocian con frecuencia a los trastornos de ansiedad o de pánico, y estaría ahí incluido. En cualquier caso… a mí no se me ha dado. Pero reconozco que la contemplación de determinadas obras de arte, lugares del mundo, o conocimientos del saber humano, no sólo en las artes y las humanidades, también en las ciencias, me han impresionado y han modificado mi forma de entender algunas cosas. Pero sin síntomas vasovagales. Y esta visualización de la película de Kubrick me afectó. Positivamente. Me hizo recuperar las motivaciones por las que soy aficionado irredento al arte cinematográfico desde mi infancia, incluso si Hollywood y las plataformas de contenidos se empeñan con denuedo en evitarlo. Y una de las derivadas de esa sensación es que decidí volver a leer el libro, la novela, que Arthur C. Clarke publicó unos meses después del estreno de la película. A finales de 1968. Meses antes de que el ser humano pisase por primera vez la Luna. Pero en plena carrera espacial entre los imperios dominantes de la época, el USAmericano y el Soviético.
La historia que cuenta Clarke en el libro es muy similar a la que cuenta Kubrick en su película, de la que Clarke, al fin y al cabo, fue coguionista. Se dice con frecuencia que la película está basada en la novela de Clarke. Y no es así. La película es un proyecto original conjunto de Kubrick y Clarke, según creo a iniciativa del primero, aunque sería el segundo el que propondría inspirarse en uno de sus relatos cortos. Clarke trabajó simultáneamente en ambos proyectos, pero la película se estrenó antes de la publicación de la novela. Varios meses antes. Y presenta diferencias. Algunas más importantes que otras.
Algunas de las diferencias son cosméticas y no entraré en ellas. Entre las esenciales, considero que la película es una obra más filosófica. Aunque se da por hecho la existencia de una civilización extraterrestre que interviene en la evolución de la especie humana, no hay un debate sobre esta civilización. Simplemente es el macguffin que permite plantear la naturaleza y las consecuencias de esta evolución. Inicialmente biológica, como la de cualquier otra especie, pero después también cultural, por la capacidad del ser humano de comunicar conceptos complejos y de conservar memoria del pasado, así como ser capaz de prever el futuro, hasta cierto punto. Si la película empieza con el salto del simio a los primeros eslabones de la humanidad, el final simboliza el nacimiento de una nueva especia, un Homo stellaris, como tantos autores han especulado. Un concepto muy en auge en los años 60 como consecuencia de la carrera espacial que he mencionado. Cuando el salto del ser humano al espacio exterior se percibía como inmediato. El libro especula menos sobre el concepto de evolución, aunque esté ahí, y se enfoca más sobre la existencia de especies inteligentes de ámbito galáctico, consecuencia de diversos saltos evolutivos. Y el punto en el que el ser humano se encuentra en una disyuntiva que puede llevar, o no, a seguir avanzando en ese camino, dentro de un experimento de ámbito también galáctico.
Un tema común y que, más allá de algunas diferencias argumentales, se trata de forma similar es el de la inteligencia artificial representada por HAL 9000. Inteligencia que entra en conflicto ético entre las instrucciones recibidas, el objetivo de la misión y su relación con seres humanos ignorantes del alcance de la misma. Y que siendo incapaz de hipocresía como el ser humano, sin mecanismo de defensa del yo como los adquiridos por la inteligencia biológica a lo largo de milenios y milenios, acaba entrando en una espiral de errores intencionados o no que llevan a la crisis argumental de la novela. He de decir que tanto me gusta la variante argumental de la película como la del libro. Y desconozco que aspectos prácticos de la realización de la película llevaron a que fuese diferente. Aunque como ya he dicho, equivalente en la práctica.
Y luego está la cuestión de que la Discovery-1 viaja a Júpiter en la película, mientras que en el libro llega hasta Saturno y hasta quedar aparcada en órbita de Jápeto, la luna del gigante anillado, con extraña órbita y fuertes diferencias de albedo entre uno y otro hemisferio, que son ingeniosamente aprovechadas por Clarke para dotar de simbolismo al cuerpo celeste. Como curiosidad, la parte sur del hemisferio más brillante se denomina Saragossa Terra (tierra de Zaragoza, mi ciudad), ya que estos accidentes geológicos del satélite tienen una nomenclatura extraída del Cantar de Roldan, en la que Zaragoza tiene un cierto papel de importancia en la trama. La verdad es que siempre me ha gusto mucho esta variante del argumento. Junto con las que le acompañan. El encuentro con el asteroide, el impulso usando la asistencia gravitatoria de Júpiter para alcanzar la órbita de Saturno, la maniobra de frenado usando la asistencia gravitatoria de este último, y el encuentro con Japeto… qué bella anticipación a lo que con posterioridad ha venido sucediendo con las diversas sondas que se han enviado a los diversos confines del Sistema Solar y más allá. Pero también entiendo que en la película se simplificase la historia… que se podría haber hecho eterna, sin aportar nada esencial a la historia. Es la diferencia entre las formas narrativas en cine y en literatura.
Me hacen gracia algunas ideas que aparecen en la novela de Clarke basadas en los conocimientos científicos de la época. Aunque la novela ha aguantado muy muy bien el paso del tiempo. Mucho mejor que otras de los años 60. Hay varias, en las que no voy a entrar por no extenderme demasiado. Pero hay una que me ha hecho mucha gracia. Asegura Clarke en el texto que las muestras recogidas en la Luna confirmaron que el satélite terrestre no tiene el mismo origen que el planeta y que debió formarse en otra región del Sistema Solar, siendo capturado por la Tierra un tiempo después. Por el uso de esta idea en otras obras de los años 60 y de principios de los 70, esta hipótesis debía ser la más popular en aquel momento. Lo cierto es que el análisis de las muestras recogidas en la Luna por las misiones Apollo llevaron a la hipótesis contraria. Hoy en día se considera como más probable que la Luna sea el resultado del impacto de un cuerpo celeste del tamaño de Marte contra una proto-Tierra más pequeña que la actual, formados en la misma órbita alrededor del Sol y que colisionaron. El cuerpo pequeño alcanzó al mayor, formándose la Luna como resultado de los escombros que quedaron alrededor del planeta Tierra tras la colisión. La hipótesis se había planteado ya en 1946, pero no se hizo caso de ella, hasta que el análisis de las muestras lunares la puso de moda, se relanzo a mediados de los años 70 y la aupó como preferida en los años 80 del siglo XX. Pero cuando Clarke escribió la novela… pues no.
La novela de Clarke no es la mejor de las que le he leído. Probablemente, Cita con Rama sea mi preferida. Y hay otras como Cánticos de la lejana Tierra, que me resultan más emotivas. Pero está muy bien, y la considero muy recomendable. Me lo he pasado muy bien. Y me he dado cuenta que el conocimiento acumulado a lo largo de mi vida en diversas áreas de la ciencia y las humanidades me ha hecho disfrutar de la novela mucho más que cuando la leí en la adolescencia o en mi juventud temprana. Sin duda. Uno se da cuenta con el tiempo que la madurez tiene sus ventajas a la hora de leer obras de cierto calado. Y esta es una de estas.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. Últimas horas de la tarde y primeras de la noche en Bilbao; donde de alguna forma acaba en un momento dado nuestra protagonista de hoy.
Muy probablemente, Apple TV+ está realizando algunas de las series más estimulantes de la actualidad. Especialmente en el ámbito de la ciencia ficción y las distopías. Si ya es un evento largamente esperado las nuevas temporadas de Severance, hay otras varias, aunque yo no haya visto todas, que merecen el aplauso de crítica y público. No mucho público, porque de las plataformas de contenidos que existen en la actualidad no es de las que tengan más número de suscriptores. Pero globalmente estos reciben un plus de calidad. Y en esas estamos cuando llega en el último trimestre del año una de las más sorprendentes e interesantes; Pluribus.
La serie venía precedida de cierta expectación puesto que su creador y uno de los productores es Vince Gilligan. Si os vais al enlace y comprobáis en que otras series ha participado, lo entenderéis. Aunque son series que, por mucha calidad que tengan, a mí nunca me habían enganchado. Cosas mías. En cualquier caso, si sumas estos antecedentes con la premisa original, desde luego tenía que probar a ver. Y probé y me quedé. Es una de las series con las que mejor me lo he pasado este año. Una vez más, la buena ciencia ficción es aquellas que nos habla, no de marcianos o aventuras interestelares y cosas de esas, sino de nosotros mismos. De la naturaleza, de las fortalezas y debilidades del ser humano. Aunque para hacerlo incluya marcianos, o aventuras interestelares, o cosas de esas.
La premisa de la serie que he mencionado… Mmmmm… Pluribus procede de uno de los lemas de los Estados Unidos, E pluribus unum. O en castellano, De muchos, uno. Originalmente hace referencia a la naturaleza federal de los Estados Unidos en el momento de su independencia del Reino Unido. A partir de las treces colonias de la costa atlántica de Norteamérica que se rebelaron, se conformó un único y fuerte país, que ganó su independencia. Pero se ha aplicado en otros contextos. No se va mucho filosóficamente del lema belga, L’union fait la force; la unión hace la fuerza. Lo curioso es que parece que la frase original en latín, hacía referencia a una receta de cocina, indicando que un determinado plato resulta mejor o más exquisito que el conjunto de sus ingredientes por separado. Qué cosas no.
La cosa es que, en un planeta Tierra muy similar al nuestro, se recibe en un momento dado una señal de radio potente y claramente extraterrestre, que es descifrada, comprobándose que se trata del código en bases púricas y pirimidínicas de una secuencia de ARN. El ARN, ácido ribonucleico, tiene distintas funciones en la biología de las células vivas, pero en algunos casos, especialmente en virus, es el código genético de los mismos. En las células procariotas y eucariotas, el código genético viene codificado en el ADN, ácido desoxirribonucleico. Y claro, en lugar de desconfiar y tomar extremas precauciones, alguien monta la mencionada cadena de ARN y da lugar a una infección vírica que se extiende por todo el mundo y cuyos efectos, aparte de matar a unos cuantos millones que reaccionan mal a la infección, es que hace que todos los seres humanos del planeta queden integrados en un única mente colmena, perdiendo su individualidad. Afirmando que nunca han sido tan felices. Toma ya distopía sin necesidad de un dictador.
Pero hay trece personas no afectadas. Que reaccionan de forma muy distinta. Puesto que los «otros» están dispuestos a satisfacer sus intereses, alguno (Samba Schutte) decide llevar adelante una vida hedonista de placeres. Parece que la mente colmena, muy ética en determinados aspectos, no mata animales o plantas para alimentarse, lo cual es un obvio problema de subsistencia a medio y largo plazo, no tiene inconvenientes en prostituir a algunas de sus miembros al servicio del individuo. Qué cosas. Otros de los trece, quieren integrarse en la mente colmena. Pero hay dos que no, y que quiere resistirse y revertir la situación. Una de ellas, una americana de Nuevo Méjico (Rhea Seehorn), la protagonista, además está muy cabreada porque uno de los muertos en el proceso de infección es su pareja, su esposa. Aunque algunas de sus percepciones se modificaran cuando conozca a una mujer (Karolina Wydra) que actúa como interlocutora, y por la que se sentirá atraída. El otro es un paraguayo (Carlos-Manuel Vesga), con una actitud casi paranoica. Y a partir de este punto de partida, cualquier cosa puede pasar.
Lo primero que hay que considerar es que los creadores de la serie, inspirándose en diversos clásicos de la ciencia ficción, en lo que se producen invasiones de cuerpos por entes extraterrestres, o situaciones posapocalípticas con un único superviviente, consiguen hacer un producto realmente original. A partir de ahí, los temas que trata la serie son diversos unos más claros que otros, y algunos susceptibles a la interpretación del televidente. Puede ser una situación muy abierta, no siempre dirigida por los creadores. Obviamente, en lo inicial está el duelo y la ira por lo perdido por parte de la protagonista, que mueve sus primeras reacciones y motiva sus principales decisiones. Matizadas por otras cuestiones como es la necesidad de interacción humana, la difícil carga de la soledad, incluso en una mujer tan ferozmente individualista como es esta escritora de Albuquerque.
Por otro lado, como ya he mencionado, estamos ante una sociedad tremendamente distópica. No hay dictadores, no hay sufrimiento, aparentemente existe la felicidad, pero no hay individuo y no existe la libertad. Las acciones vienen determinadas por el deseo de los lejanos creadores del virus, a 640 años-luz de distancia, de crear una única mente biológica. Al cabo, el objetivo final de la nueva situación es desarrollar las nuevas herramientas para seguir propagando el virus por la galaxia, por el universo. El fin del individuo y del libre albedrío, suponiendo que desde el punto de vista físico este exista. Una mente colectiva que se presenta como ética, pero que dará suficientes muestras de que el fin justifica los medios para llegar a su objetivo final. Muchos pueden ver en ese virus una metáfora de los distintos regímenes o ideologías políticas que pretenden negar la individualidad del ser humano, o incluso podría verse como una metáfora de la inteligencia artificial que llegaría a suplantar y suprimir la toma de decisiones por parte de los individuos. Como digo, es muy susceptible a interpretaciones.
Todo lo anterior viene apoyado por una realización impecable, unos guiones milimetrados y por unas interpretaciones más que notables. La serie tiene garantizada una segunda temporada. Y como en muchas de estas producciones, la primera temporada es un establecimiento de la situación. Lo que venga a continuación es la autentica lucha, en este caso entre dos individuos, muy dispares entre sí, contra la mente colmena en que se ha convertido el resto de la humanidad. Y los últimos minutos del noveno y último episodio son una declaración de principios de que, a partir de ahora, todo vale. Altamente recomendable.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Una tarde de finales de invierno, cerca de Almudévar, en la que hubo un eclipse de luna; la película de hoy juega con eclipses, alineamientos, conjunciones, oposiciones… astronómicas, claro.
Debió ser en 1977. Un año en el que en España pasaran muchas cosas, después del referendo de la ley de reforma política en el més de diciembre de 1976, y de la convocatoria de cortes constituyentes en junio de ese 1977. No sé llamó así a la convocatoria. Simplemente elecciones generales. Pero bueno, todo el mundo sabía que tenían que redactar una constitución nueva. Y por aquel entonces, no recuerdo exactamente la fecha, supongo que al socaire de los nuevos tiempos y las nuevas tolerancias, el cine Rialto, tradicional cine de reestreno, lo que en otros ámbitos se llamaba un cine de barrio, se convirtió para asombro de un vecindario de clase obrera, en cine de arte y ensayo. Ahí es nada. La cuestión es que, estando yo acostumbrado a ir al cine los domingos por la tarde al Rialto, en la cuesta de la avenida de San José de Zaragoza, a cinco minutos escasos de mi casa, cuando era un cine de reestreno, de péplums y espagueti-westerns, seguí yendo a ver las películas que de repente allí empezaron a proyectarse.
Tengo el recuerdo de que fue allí donde vi por primera vez, en una sala de cine, la película 2001: A space odyssey, aunque doblada al castellano, o sea, 2001: Una odisea del espacio. Y tengo el recuerdo muy nítido… aunque no puede ser. Porque el Rialto se convirtió en sala de arte y ensayo en octubre de 1977. Yo acababa de empeza 1º de BUP, el bachillerato unificado y polivalente del ministro tecnócrata franquista Villar Palasí. Que conste que todavía hay muchos que piensan que aquella EGB y aquel BUP eran mejores que casi todo lo que ha venido después. No tengo criterio. No soy ducho en pedagogía y no tengo hijos que me lo pongan en perspectiva. Pero lo que sí recuerdo es que, unos meses antes, cuando todavía estaba en 8º de EGB, u octavo de básica, el profesor de ciencias, el señor Ibarra, quien sabe si había llegado todavía a los 30, pero era serio y con la barba me parecía muy mayor, nos preguntó una tarde si alguien había visto la película. Y yo levanté la mano. La había visto. Luego no pudo ser el Rialto. Fui el único que levanté la mano. Me preguntó que me había parecido y qué había entendido. No recuerdo qué respondí, pero sonrió levemente, ya he dicho que era serio, y dijo que muy bien. Existe la posibilidad que viese la película en el cine Arlequín, que había recibido este nombre en 1976, antes era el Fuenclara, por estar en el palacio de este nombre. Y que aunque formalmente no era de arte y ensayo, recuperaban películas prohibidas durante la dictadura, para estrenarlas con los nuevos tiempo. Recuerdo perfectamente El gran dictador de Chaplin. Pero no estoy seguro. Me gustaba ir al Arlequín con las personas que iba…
En cualquier caso, aquella visualización de 2001… fue uno de los hitos que me marcó en mi afición al cine. En lo que se refiere a 1997, también fue el estreno de La guerra de las galaxias, pero también, como he dicho, el año del Rialto como cine de arte y ensayo, lo que me condicionó mucho. Les vacances de monsieur Hulot, Solyaris,… y otras muchas, película impensables para un adolescente, entonces y ahora, pero que devoraba con pasión… y me convirtieron en un «raro» de por vida. Fíjate tú que forma de enfocar mi afición a las aventuras espaciales; 2001… de Kubrick, la galaxia de Lucas y Solyaris de Tarkovsky, en un espacio de dos años. Dos de arte y ensayo, aunque la de Kubrick se estrenó en salas convencionales en todo el muno y una supercomercial. Dos norteamericanas y una soviética. Y tres estilos totalmente distintos.
Con el tiempo, volvía a ver 2001… en salas de cine varias veces más. Al menos dos veces en los cineclubs universitario mientas estudiaba en la facultad. Y en los años 90 algún reestreno con versiones restauradas. Desde el momento en que salió al mercado la película en formato DVD la compré, la tengo por ahí, muerta de asco, pero la vi con frecuencia, una vez al año durante varios años. Y en su momento compré, con más calidad, la versión blu-ray, aunque probablemente sólo la viese un par de veces en ese formato cuando compré en 2007 el televisor de plasma que todavía tengo y uso, al que estoy acostumbrado. Y siempre encontraba algo nuevo. Algún detalle que ampliaba mi comprensión de la película. No sólo eso, en casa de mis padrinos, con una de cuyas hijas iba al cine arlequín, siendo ella una veinteañera cuando yo tenía 13 o 14 años, tenían la biblioteca Salvat, una colección que se vendió por entregas de 100 libros de la literatura mundial. Y allí estaba la novela de Arthur C. Clarke, escrita tras la película, en la que la Discovery, en lugar de a Júpiter, se dirigía a Japeto, una de las lunas de Saturno. Como me gustaba el capítulo sobre la maniobra de aceleración en la órbita de Júpiter. La leí varias veces. De las secuelas que escribió Clarke nada diré, porque no pegan ni con cola. Además, son secuelas de la película y no de la novela. Todo pasa en Júpiter.
En estos momentos, en Zaragoza, en el cine Palafox, se está emitiendo de nuevo la película en pantalla grande. En la sala 4, que es la tradicional del cine Palafox, antes de que se convirtiera en multicines. Una proyección de una copia de época, de los años 60, en buen estado, en formato 70 mm, para ver la película en toda su gloria visual, como la vieron los espectadores de la época del estreno mundial, y con la banda sonora incorporada, con sus defectillos acumulados. Qué espectáculo más maravilloso. Qué grande era Kubrick. Hacía tiempo que no me sentía tan emocionado por una experiencia cinematográfica. De las que son raras en estos momentos. Donde algunas cosas ya no maravillan… porque se dan por descontado. Pero en aquellos momentos… qué maravilla. Y qué historia. Qué momentos. Ganas me dan de volver a ir antes de que la quiten para siempre… o hasta el próximo evento dentro de unos lustros o décadas. Quién sabe.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. En los alrededores y cerca del gran santuario de Izumo.
Hay historias literarias o cinematográficas que llegan para quedarse. Atrapan el imaginario de los lectores o los espectadores, y pasan al acerbo de las historias «de siempre». Leyendas cuyo origen conocemos perfectamente, quién las imaginó. Y cómo otras personas, otros creadores, las acogen, las reimaginan, cambian la perspectiva, expanden esos universos, a veces las elevan, a veces las hunden. Hoy tenemos dos de esas historias y universos. Muy distintos. Pero cuyas reimaginaciones han sido llevadas a la pequeña pantalla, a series que, en este caso, ambas han llegado a su tercera temporada.
La primera de ella es una serie de animación, que podéis ver en Disney+, porque al fin y al cabo es una iniciativa de esta megaproductora que tiene los derechos del universo Star Wars. Se trata de Star Wars: Visions. Cada temporada es una antología de historias cortas de animación, nueve en cada temporada, que duran entre los 10 y los 25 minutos, generalmente más cortos que un episodio de animación japonesa al uso, de 22-23 minutos. Y son realizados por autores de animación japonesa que, libremente, pero con la venia de Disney, idean y realizan una historia que transcurre en algún momento de línea temporal del universo Star Wars. Antes de la república, durante la república, en las guerras clon, durante el imperio, durante la rebelión… cuando sea. Y con personajes que no aparecen en las historias clásicas. Y con estilos de animación diversos, muy diversos, con libertad creativa para los autores.
La calidad y el interés de estas pequeñas historias es muy diversos. Algunas son más previsibles, otras son más arriesgadas, unas más accesibles, otras más experimentales, unas más fieles al canon del universo oficial, otras exploran situaciones y posibilidades más divergentes. En cualquier caso, el nivel general de creatividad es alto. Y hay varias que me dejan con las ganas de más. De eso que te quedas pensando que ojalá Disney dejase de lado alguna de las tonterías que ha estrenado en los últimos años y que están quemando a los aficionados, y adoptase algunos de estos enfoques para renovar la frescura del universo de ficción, e incluso atraer nuevos espectadores. Pero supongo que seguirá siendo una rareza. Una simpátíca y afortunada anécdota cuyo previsible final sucederá en cualquier momento. Algunas de las de esta temporada han sido continuaciones de las anteriores.
Y luego ha estado la tercera temporada de Imawa no Kuni no Arisu [今際の国のアリス, Arisu en la frontera], más conocida como Alice in Borderland. Recordemos que el nombre del protagonista (Kento Yamazaki), Arisu 有栖/アリス, es homófono con Alice en japonés. Pero no es una niña. Es un hombre joven que en la primera temporada se encontraba repentinamente en una realidad alternativa, con un Tokio despoblado, en el que los que allí se encuentran se ven obligados a jugar a una serie de juegos para sobrevivir. Aunque pueden perder la vida en esos juegos. Me intrigó mucho. Una extraña versión japonesa del Juego del Calamar, inspirada por la historia de Alice in Wonderland. Recordemos que la protagonista femenina (Tao Tsuchiya) se apellida Usagi 宇佐木/ウサギ, conejo en japonés. Así que ya tenemos dos personajes de la historia de Carroll. A partir de ahora, posibles espóileres de las dos primeras temporadas, quedáis avisados.
Al final de la segunda temporada quedó claro que la intención de la serie no es la crítica social como en la reconocida serie surcoreana. Y que ese país fronterizo en el que se encuentran los personajes de la historias es el país que está entre la vida y la muerte. Algunos de aquellos que estuvieron en esa situación próxima a la muerte, han seguido sus vidas. Arisu y Usagi se han casado y son felices. Pero tienen la inquietud de que algo pasó durante el tiempo que estuvieron en coma, algo vivieron, que apenas recuerdan, que es trascendente. Y acabarán volviendo al país fronterizo y a los juegos. Mmmmm… Lo voy a resumir. Aunque bien hecha, con nuevos juegos muy currados, me parece una temporada superflua. La historia ya estaba contada y cerrada. Estos es meramente intentar ordeñar la vaca aprovechando la buena acogida de la serie. Y la cosa es que al final de esta tercera temporada nos amenazan con secuelas localizadas en otros países del mundo… Dudo que me apunte. Esta temporada, de sólo seis episodios, me ha costado un horror terminarla. Sobre todo por que los dos últimos episodios duran ochenta minutos y nunca encontraba el tiempo suficiente para verlos. Pero si hubiera estado más motivado…
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. El entorno en que suceden las cosas, tiene algo de anodino, así que voy con unas fotos de un entorno que a muchos les parecerá anodino, en la estación de tren de Casetas, próxima a Zaragoza.
Desde hace un tiempo soy habitual de las películas de Yorgos Lanthimos. Desde Lobster, yo creo. No siempre tengo claro dónde quiere ir. Pero me parece que sus propuestas son muy estimulantes, que siempre tienen algo, que son buen cine y, además, te obligan a ser un espectador activo de la película. Especialmente frente a las propuestas comerciales más habituales, que son productos de digestión rápida para públicos pasivos. Para mí, por muy caras que cuesten, las exitosas películas de superhéroes y similares son el equivalente a comer en una hamburguesa con carne de origen desconocido, procedente de una cadena de comida rápida. Y ese tipo de comida, si alguna vez me gustó,… hace mucho que me cansó.
Y en esta ocasión viene acompañado de un corto reparto, pero con dos intérpretes que en los últimos años me han parecido excelentes. La más famosa Emma Stone, que aquí hace de empresaria de moda de una empresa biotecnológica, y al menos famoso, pero igualmente imprescindible, Jesse Plemons, que lleva una racha de películas con interpretaciones excelentes que ya quisieran muchos impresentables con Oscar honorífico. Y aquí hará de un tipo, entre activista y descerebrado, que secuestrará a la anterior con el fin de detener, según su paranoia de la conspiración, las actividades de unos invasores extraterrestres que controlan la Tierra, y de la que, según sus deducciones, la empresaria es una líder destacada. Y no nos olvidemos que hay un tercero en discordia, interpretado por Aidan Delbis, primo del anterior y coautor casi silencioso del secuestro.
La película es una peculiar adaptación de una película surcoreana del año 2003, dirigida por Jang Joon-hwan, que aparece como coguionista en los créditos de la película que nos ocupa hoy. Me gustaría ver la película original. Y según me dicen los buscadores, está disponible en Netflix EE.UU., pero no la encuentro en Netflix España… Si la encuentro por alguna parte… ya os lo contaré. El caso es que, aunque su premisa es relativamente original, he de decir que llegado un momento de la película, lleno de chispa, empecé a sospechar por dónde iban a ir los tiros. Será que soy médico… pero me pareció una pista muy descarada. Pero parece que muchos otros espectadores fueron sorprendidos. En cualquier caso, sin ser exactamente igual que a películas previas del director en su estilo, no deja de tener su punto de absurdo, al mismo tiempo que de crítica social. Lanthimos rueda bien. Y los intérpretes están estupendos. Pero…
Pero a la corta y a la larga, ya hace diez días que la vimos, la película deja poco poso. Sí. Nos intrigó. Pasamos algún momento bueno. Y alguno no tan bueno. Porque no faltan dosis de violencia y sangre en el filme. Pero tampoco aportar mucho más a lo que ya se ha dicho sobre muchos temas. Y en cuanto a su punto de absurdo… pues los hay más agudos, más ingeniosos. Por eso me gustaría ver el original. Saber cómo se planteó ahí el argumento y su resolución. Ver que llamó la atención de Lanthimos para adaptarla a su propia mirada. En cualquier caso, no me parece mala película. Tiene virtudes cinematográficas de sobra. Pero sin más. Normal.