[Cine] JUNG_E (2023)

Cine

JUNG_E (2023; 06/20230122)

Una entrada rápida para el primer estreno del año en Netflix procedente de Corea del Sur. Mi intención para este año es ser mucho más cauto con lo que ven en Netflix en cuestión de largometrajes,… porque tienen muchas pifias. Pero claro, si estamos hablando de una película dirigida por Yeon Sang-ho, responsable de la entretenida Busanhaeng (Tren a Busán), había que darle una oportunidad. Así que vamos allá con este drama de ciencia ficción procedente del país asiático.

Unos paisajes de Seúl nos servirán para ilustrar la entrada; aunque son mucho más luminosos que los oscuros y «bladerunnerianos» ambientes de la película.

En un futuro, en una guerra que no acaba entre algunas colonias espaciales díscolas y una Tierra cuasi postapocalíptica por catástrofes diversas, una empresa cibernética trabaja en un androide soldado, JUNG_E, basado en una célebre capitana, Yun Jung-yi (Kim Hyun-joo), cuyo cerebro y personalidad fueron conservados tras ser herida mortalmente en su última misión (Nota: JUNG_E, el nombre del proyecto, y Jung-yi, el nombre de la capitana, serían homófonos, por lo menos desde el punto de vista del coreaninglés). En el equipo investigador está la hija de la soldado (Kang Soo-youn), pero no consiguen avanzar. En las simulaciones, la androide tiene un gran rendimiento, pero falla siempre en la misma misión. Y además, la situación de la guerra está por cambiar, afectando al proyecto de forma radical.

A pesar de la buena referencia de su director y que su reparto, por lo que he podido comprobar, tiene solidez interpretativa, la película peca de lo que pecan muchas películas de este tipo en el país asiático. Es un pastiche. Mezcla cosas y conceptos que pueden proceder de Blade Runner, Ex-Machina, The Expanse u otras producciones similares. Pero no se centra en nada. Parece que va a haber una tensión geopolítica como en The Expanse… pero eso es un macguffin sin más trascendencia. Podría haber una reflexión sobre la humanidad de la persona artificial, pero se queda a un nivel artificial. Y de los parecidos con Blade Runner… pues como tantas películas que copian ambientes o ideas de la genial película, porque ni reflexión sobre el ser artificial ni crítica profunda real a la gran empresa. Al final, lo que hay es un melodrama mal encajado y mal desarrollado por la peculiar relación madre-hija.

Ni siquiera podemos apreciar unas interpretaciones realmente mencionables, más bien nos movemos en los mediocre, en salvar los muebles como se pueda. Y sólo se salva un diseño de producción que sí que salva los muebles, siempre desde el punto de vista de que la película habrá costado su dinero, pero no habrá gastado lo que gasta Hollywood en producciones similares. En general, lo que decía… hay que ser muy selectivos a la hora de ver largometrajes de Netflix. Pero ya no sé que criterios usar para evitar los fiascos. Porque hasta las producciones con nombres de prestigio detrás son flojas. Y todo en medio de la gran crisis de las plataformas de contenidos bajo demanda, que van a tener que tomar medidas, empezar a generar fusiones, desaparecer algunas, porque no hay mercado ni dinero para compensar todo lo que se están gastando en producciones que atraigan suscriptores. Parece que pronto se hablará de burbuja que revienta, si no se está hablando ya.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: **
  • Valoración subjetiva: **

[Libro] The Tea Master and the Detective – Aliette de Bodard

Literatura

Aliette de Bodard es una escritora de ascendencia francesa y vietnamita, que nació en Nueva York, que creció en París, que tiene el francés como lengua materna, pero que desarrolla su carrera literaria en el ámbito de la ciencia ficción en lengua inglesa. Y poco o nada sabía de esta escritora hasta hace un par de meses, cuando en una cuenta de Twitter sobre literatura fantástica y de ciencia ficción [nunca me ha convencido la mezcla de ambos géneros] comentaron con alegría la publicación en castellano y en un mismo volumen de un par de sus novelas cortas con premios prestigiosos. Y me pico el gusanillo e investigué. Y descubrí que se podría adquirir dicho volumen a partir de una determinada fecha del mes de octubre pasado y sin opción a formato electrónico por casi 20 euros. Mientras que la versión original en inglés de cada una de estas novelas cortas en formato electrónico cuesta menos de cuatro euros y tres euros y medio cada una.

Algún día dispondré de fotografías de ambiente vietnamita. Hasta que llegue ese día… bueno, usaré para ilustrar esta entrada algunas fotos realizadas a orillas del Lago del Oeste en la animada y agradable ciudad china de Huangzhou.

Aprendan ustedes idiomas. A la larga sale rentable. Habrá quienes me acusen de falta de apoyo y solidaridad con la industria editorial española. Especialmente con las editoriales pequeñas, independientes o monográficas. Aunque se podría hablar de la falta de apoyo y solidaridad de esta industria con los lectores y con el fomento de la lectura. De la falta de adaptación a los tiempos modernos… ¿de verdad que no hay edición en formato electrónico? Y otras consideraciones. En cualquier caso, me puse a la tarea de comprobar los motivos del entusiasmo sobre la obra de esta escritora tan internacional.

La primera de las dos novelas cortas, la otra la tengo en espera, pertenece al género aventura espacial hibridada con el género detectivesco. En un universo con una cultura derivada del Asia oriental, con grandes desigualdades en el que domina una clase pudiente de eruditos y académicos, todo muy confucionista, que viaja por el espacio o transporta sus mercancías usando unas naves espaciales sintientes. Y, a modo de extraño Holmes y Watson, una detective que se dedica a preparar y vender tés e infusiones especiales cuando no tiene casos, se alía con una de estas naves para investigar un asesinato en una nave perdida en el espacio profundo.

He de decir que me costó entrar en la historia. Algunas de las referencias culturales en las que se mueve ese ficticio universo interplanetario o interestelar, proceden de la cultura vietnamita, con la que no estoy familiarizado. Y a pesar de su corta duración, la novela se toma su tiempo en plantear en toda su profundidad el misterio que acompaña a la muerte y el asesinato y sus consecuencias. Pero indudablemente es una historia que combina la presunta «ligereza» de una whodunit con otros temas con mayor profundidad y complejidad en su desarrollo. De momento, esta escritora y este universo están pendientes de una calificación definitiva sobre mi afinidad hacia ellos, aunque la impresión general es favorable. Cuando consiga volver a engancharme a la lectura y leer la segunda de las novelas cortas, ya os contaré. Porque por lo que sé, se desarrolla en el mismo universo. Pero no tengo claro que sean los mismos protagonistas. Veremos, que dijo un ciego a otro ciego.

[Cine] After Yang (2022)

Cine

After Yang (2022; 53/20221101)

Normalmente, siendo domingo, tendría que estar hablando de fotógrafos y sus fotografías. Pero se me han acumulado comentarios sobre cine, televisión y libros en abundancia que, al ritmo habitual, no me da tiempo a sacar adelante. Por ello, he decidido ir hoy con una de las dos películas de esta semana. En concreto, una película que en España ha sido un estreno directo en plataforma en línea, en Amazon Prime Video, y sobre la que llevaba varias semanas leyendo cosas buenas. Se estrenó en la plataforma hace casi un mes ya. Así que nos introduciremos en el terreno de la anticipación y la especulación futurística de la mano del coreano Kogonada, que tan buen sabor de boca nos dejó con una serie de televisión de la que tengo muchas ganas que llegue su segunda temporada.

Aunque la acción transcurre en Norteamérica, hay diversas referencias a la cultura de origen de la niña, China. Por ello, he optado por ilustrar la entrada con algunas fotos realizadas en Hong Kong, a orillas de Victoria Harbour, desde Tsim Sha Tsui Propende.

En un futuro, aparentemente no muy lejano, una familia formada por un padre de origen europeo (Colin Farrell), una madre de origen africano (Jodie Turner-Smith) y su niña adoptada de origen chino (Malea Emma Tjandrawidjaja), conviven en armonía con la ayuda de Yang (Justin H. Min), un androide, «inteligencia artificial» le llaman en la película, que fue adquirido para ayudar a la niña a integrarse en la familia al mismo tiempo que para ayudare a permanecer conectada con la cultura de su país de origen. Pero un día, Yang se estropea, aparentemente de forma irreparable, y la niña entra en un duelo que lleva al padre a buscar desesperadamente la posibilidad de reparar, de «devolver a la vida» a Yang. Porque para el resto, los talleres de reparación, la empresa fabricante, los comercios que lo venden, la sociedad en general, no es más que un objeto con una obsolescencia programada, destinado a ser sustituido con el tiempo.

Esta película parte de un material literario que parece interesante, no lo he leído, y que contienes muy buenas ideas. Por supuesto, siempre que en ciencia ficción aparecen androides/robots/inteligencias artificiales de aspecto humano, o como se les quiera llamar en cada momento, estamos ante un debate sobre lo que significa ser «humano». Aunque a mí ese enfoque lingüístico no me gusta y preferiría que fuera un debate sobre lo que significa ser «persona». También tenemos la cuestión de cómo se vive el duelo, tanto por los adultos como por los niños. O sobre lo que es una estructura familiar y qué es ser miembro de una familia. Como digo, posibilidades,… muchas. Sin embargo, siento que la película es hasta cierto punto fallida, aunque en mi valoración subjetiva haya optado por darle un aprobado.

Heredera, pero sin acritudes, de la tendencia marcada por Black Mirror, aunque dicha tendencia venía de antes, en la que se reflexiona sobre el impacto de las nuevas tecnologías en las sociedades humanas venideras. Pero en su forma tiene más que ver con un cine intimista, reflexivo, introvertido, del estilo de Terrence Malik entre otros, que no siempre es fácil de digerir. En ocasiones entras en este tipo de cine, en otras cuesta más. Y en esta ocasión, quizá por estar obligado a verla en la pantalla pequeña, me ha costado bastante. Y por otro lado, el protagonista absoluto es el padre. Y Colin Farrell es un actor que necesita de una dirección muy precisa y firme para que pueda dar de sí. Y compañeros de reparto con los que entre en sinergia. Porque si no, desde mi punto de vista, es un intérprete con limitaciones, y problemas de expresividad. Que creo que en esta película se manifiestan.

A mí me ha entrado a medias. Me sentí conflictuado entre las posibilidades de la historia y el interés que suscitan los temas planteados, y los aspectos formales y estéticos del filme. Como digo, he acabado dándole un aprobado. Pero allá cada cual. La anticipación futurista siempre es un deporte de riesgo.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[TV] Cosas de series; una miscelánea porque ya tocaba

Televisión

Con lo que tengo a la espera, y con un ritmo de una entrada televisiva a la semana, tengo garantizado rellenar todo el mes de noviembre con cosas vistas hasta finales de octubre. Es decir… llevo mucho acumulado. El caso es que también tenía una miscelánea de cosas que quería comentar, algunas se remontan a hace casi cinco semanas, y es hora de que las ponga por escrito. Aquí van.

Me llamó la atención que en Netflix añadiesen a su oferta durante el mes de septiembre un documental sobre ciencia que nos hablase del concepto de infinito. Con una hora y veinte minutos de duración aproximadamente, A trip to infinity (Un viaje al infinito) puede dar mucho de ser o quedarse muy corto, porque el tema da para mucho; aunque sólo el situar a los profanos en el concepto de infinito ya puede ocupar ese tiempo. Y eso es lo que yo imaginaba yo; que sería un documental para profanos. El concepto de infinito siempre me ha parecido apasionante. No sólo en el ámbito de las ciencias, donde curiosamente, una vez que alcanzas unos conocimientos mínimos es donde más fácil es de asumir y manejar, sino en el de la filosofía y otras áreas del conocimiento, donde es más complejo de encajar. La negación del infinito, la incapacidad del ser humano en sus estados más básicos de evolución y cultura, especialmente el miedo a no ser para siempre, durante un tiempo infinitamente largo, es decir, a morir, está detrás del origen de no pocas religiones. Generando una pasmosa ironía; por miedo a unos infinitos, crean los dioses también infinitos de por sí, salvo aquellas religiones con götterdämmerungs diversos. Aunque incluso estas suelen tener ciclos infinitos de regeneración del mundo divino y humano. La cuestión es que el documental, que vi en un viaje en tren durante mis vacaciones por el sur de Francia, me dejó un tanto frío. No me aportó nada nuevo, y hubo demasiadas cabezas parlantes hablando «muy emocionadas» sobre «lo guay que es todo esto del infinito», mientras desgranaban los contenidos más habituales de los vídeos que sobre el tema se encuentran en Youtube, sin especial profundidad ni aplicación a la vida y al pensamiento cotidiano de las personas. Hay mejores sitios donde comprender el concepto. Pero puede venir bien a mucha gente.

Es raro que cuando se habla de infinitos, no aparezca aquello de lo de las líneas paralelas que se cruzan en el infinito… o cosas así. Y el mejor ejemplo de líneas paralelas son las vías del ferrocarril. Ayer estuve de viaje en el día a Haro, en la Rioja, mañana os cuento más, y tuve mucha dosis de ferrocarril.

Me lo he pasado bien con una serie documental-musical, también de Netflix, realizada en Corea del Sur y con músicos surcoreanos. Se trata de Take1, en el que se narra el como se hicieron cinco actuaciones que se grabaron en un vídeo, con cinco músicos o grupos musicales del país asiático, pero que tenían una serie de condiciones. Tenían que elegir una canción que fuese la que elegirían como la última y más especial de su vida, y la actuación con la grabación habría de hacerse en una sola toma. Me divirtió bastante, aunque en general el interés fue diverso. Los artistas iban de la música clásica hasta el K-pop más total y absolutamente comercial, desde gente en activo en las listas de éxitos a gente retirada, desde veinteañeros a sesentones. Pero, ¿por qué me dio por ver esto? Durante los meses de enclaustramiento covidiano, los fines de semana y la semana santa en las que tuve que pasar mucho tiempo en casa, yo no estuve confinado en días laborales por ser profesional sanitario y tener que ir a trabajar, tiré mucho de Youtube. Ahora paso mucho menos tiempo, por el abuso con la publicidad que está tirando a la basura la plataforma. Y allí encontré un canal de música japonesa actual, J-pop, The F1rst Take, en el que diversos cantantes graban una actuación en estudio en una sola toma, sobre un fondo en blanco, y muchas veces, los de más nivel, con unos arreglos musicales distintos de sus grabaciones comerciales, más sencillos o acústicos. Un directo en condiciones. Durante unos meses en la pandemia se convirtió en The Home Take, porque grababan desde sus casas en confinamiento. Entendámonos, es un tema de promoción comercial de una discográfica perteneciente a un conglomerado empresarial muy conocido. No hay más que fijarse en la marca de los auriculares, que siempre se ve muy clara. Pero está hecho con gracia. Y me ha permitido conocer a algunos músicos de pop japonés que realmente lo hacen muy bien. Luego he visto otros canales similares. Por lo que es un tipo de iniciativa de moda. Y Netflix ha buscado explotar la fórmula, incluyendo también un largo make-off, antes de reproducir al final de cada episodio la actuación de turno. Curioso, me he divertido.

Y finalmente, durante el mes de octubre, hemos podido ver un especial de Doctor Who, The Power of the Doctor, un especial de hora y media que ha servido de despedida, ya anunciada, a la primera reencarnación femenina, de la mano de Jodie Whittaker, en la historia del estrafalario héroe espaciotemporal de modales tan británicos. Se les ha olvidado a sus productores que el Reino Unido tiende en la actualidad a aislarse del espacio-tiempo convencional para encerrarse en una desenfrenada actividad de mirarse al ombligo, soñar con glorias pasadas, e imaginar que regresan en el futuro, sin hacer nada para ello, y eligiendo una serie de ineptos y desafortunados primeros ministros, a cual peor. A pesar de que los contrincantes de la enésima vez en que la Doctora y sus compañeros salvan el mundo son los más tradicionales, es decir, los que menos me gustan, el episodio es entretenido. Esta etapa de la serie ha gustado menos. Y a mí también. Pero no por el motivo por el que a muchos cerriles les ha gustado menos, a saber, que el Doctor sea Doctora. Creo que Whittake podría haber sido una excelente protagonista, incluso de las mejores o la mejor… siempre que hubiera habido unos guionistas del nivel del de tiempos pasados. Y eso no ha sucedido. Desde que la era actual de la serie volviese en 2005, ha pasado mucho tiempo y eso conlleva un desgaste evidente. Necesita cambios más profundos que los más recientes, muy cosméticos, basados en lo políticamente correcto. Pero no sé que me dice que van a seguir con lo mismo. Y no digo que proponer una integración y una presencia de las minorías esté mal. Me parece perfecto y necesario, pero hay que hacerlo con un cuidado a la escritura del guion y sin que convierta el entretenimiento que una serie de este tipo debe proporcionar en algo secundario. Para el año que viene se anuncia un especial 60 º aniversario, ya adelantado por algunas de las cosas que han aparecido en este último episodio. En fin… ya veremos, que dijo un ciego a otro ciego.

[Libro] Tau Zero – Poul Anderson

Literatura

Este es uno de esos clásicos de la ciencia ficción llamada «dura» que debería haber leído en su momento, cuando yo estaba en mi veintena, y no ahora. Un libro de uno de los autores del género con más prestigio, Poul Anderson, escrito en 1970, que en los años ochenta del siglo XX todavía hubiera estado de actualidad. Quizá llega un poco tarde, cuando los estilos en el género han evolucionado. Y cuando la astrofísica y las cosmología también han evolucionado y las perspectivas de cómo funciona el Universo también. Por ejemplo, el «Big bounce» o «Big crunch«, según el cual el Universo se expandiría hasta que la gravedad lo obligase a volver a comprimirse en un opuesto final al «Big bang«, hoy en día gozan de poco prestigio. Y sin embargo forman parte esencial de la trama de este libro.

Ilustro la entrada con un atardecer en Estocolmo, capital de Suecia, porque en el mundo de esta novela el país nórdico es un lider global, ilustrado y pacífico, tras catástrofes bélicas debidas a las grandes superpotencias. Vete tu a saber si… tal y como está el patio… De todos formas, la nave, «Leonora Christine», está dedicada a una escritora danesa, no sueca.

«Tau Zero», en realidad en castellano es Tau Cero, he leído el libro en inglés, más barato y por eso los del «zero», hace referencia al valor del factor de contracción del tiempo, un fenómeno que se produce cuando un móvil se desplaza a una velocidad enorme, próxima a la velocidad de la luz, y por lo tanto el tiempo «a bordo» del móvil, supongamos una nave espacial interestelar, discurre mucho más despacio que en el espacio que le rodea, fijo o muchísimo más lento que el móvil. La nave que protagoniza esta novela, la Leonora Christine, y su internacional tripulación de científicos e ingenieros que van a probar suerte en la colonización de un planeta extrasolar, se moverán a velocidades relativistas. Y por lo tanto, lo que son meses para ellos son decenas de años en la Tierra. Es ciencia ficción dura porque no hay viaje a mayor velocidad de la luz, y los motores de la nave, aunque especulativos, se basan en la ciencia conocida en el momento. Así como las experiencias a bordo de la nave. Una nave que sufrirá un accidente y se verá incapacitada para frenar, por lo que irá aumentando su velocidad y adquiriendo una tau que tiende a cero, aunque es imposible que llegue a ese valor.

Desde el punto de lo que es especulación científica, la constante huída hacia adelante ante los desafíos que se presentan a los cincuenta tripulantes de la nave es muy divertida y entretenida. Es cierto que, no conociéndose en 1970 conceptos como la materia oscura o la energía oscura, aunque había quien los había intuido, la visión cosmológica del Universo es distinta de la actual. Pero no importa mucho. Está bien.

Otra cosa es la dinámica de la microsociedad de la nave. Como especulación sociológica, los planteamientos y los conflictos que surgen ante los problemas de la nave me parecen un poco ingenuos. O muy ingenuos. Pero reconozco que este tipo de escritura, en mi adolescencia tardía y en mi juventud temprana me hubiera encantado. Luego… bueno,… me volví más escéptico y un poco más conocedor de la sociedad humana. Un poco. Pero bueno, consideremos que se escribió cuando se escribió, y la obra de arte hay que valorarla teniendo en cuenta el dónde y cuándo se crea. Merece la pena si te gusta el género. Yo me lo pasé bien.

[Cine] NOPE (2022)

Cine

NOPE (2022; 43/20220821)

El director afroamericano Jordan Peele está de moda desde hace unos años, con su propuestas que mezclan la denuncia social, especialmente en cuestiones raciales, y el cine de terror. De sus dos largometrajes anteriores sólo he visto uno, pero en televisión, me perdí el estreno en salas. Y es que no soy muy aficionado al género de terror, psicológico o no, con mensaje social o sin él. Y quizá por este motivo, hasta el momento no había sido un director que me entusiasmase, a pesar de las buenas críticas hacia sus películas. No obstante, me dejé convencer para asistir a una sesión matinal dominical, rara avis que hay que aprovechar cuando surge, si la cinta lo merece o al menos invita al riesgo.

No sé porqué, pero me ha dado por pensar que el paisaje estepario monegrino de las Saladas de Sástago-Bujaraloz podría venir bien para representar el paisaje estepario seco y caluroso del interior de California, en el que se desarrolla la acción de la película.

La acción sucede en la hacienda de los Haywood, una familia afroamericana que cría y entrena caballos para el cine, los anuncios, espectáculos diversos o estudios técnicos o científicos, y se dicen descendientes del jinete de algunas de las series del fotógrafo Eadweard Mybridge. Tras la muerte accidental del padre cuando un objeto metálico le cae del cielo, los hermanos OJ (Daniel Kaluuya) y Emerald (Keke Palmer), se hacen cargo, con poco éxito, del ya decadente negocio. Y en ese momento empiezan a sospechar que algo extraño está sucediendo en su rancho, que hay fenómenos extraños en el entorno, y que algo o alguien puede ser el causante de la muerte del padre y de esos fenómenos.

En Wikipedia la describen como un neowestern de ciencia ficción terrorífica. Lo de western será porque están en California, en un rancho con caballos, y montan de vez en cuando a caballo. Los del terror… pues yo creo que es otra cosa, que yo no denominaría terror, aunque podríamos considerar al antagonista de los Haywood como un descendiente espiritual, aunque no formal, del terror cósmico, de los monstruos de Lovecraft. Lo de la ciencia ficción quizá porque durante buena parte de la película este antagonista es percibido como un objeto volante no identificado, o fenómeno aéreo no identificado en un designación más actualizada y amplia,… incluso se plantea el origen del ente como alienígena, aunque no recuerdo que eso quede establecido de forma conclusiva en ningún momento. En cualquier caso, es un ejercicio de estilo en el ámbito del suspense que no carece en absoluto de virtudes. Es más tiene muchas; la puesta en escena, un diseño de producción sencillo pero elegante, en el ámbito de soluciones de aspecto poco tecnológico, una muy buena fotografía y sonido, e interpretaciones, tanto de sus protagonistas como de sus excelentes secundarios, aunque poco conocidos, muy muy competentes.

No obstante, para nosotros no pasó de eso. De ser un ejercicio de estilo interesante y muy entretenido. No trascendió más allá, aunque haya dejar un buen sabor de boca, un buen recuerdo, y haya demostrado las excelentes maneras del director como narrador y realizador. Dicen que en los relatos de Peele siempre hay un contenido social, una crítica social,… pero, quizá porque no estoy en los detalles de los debates raciales nortamericanos, se me han escapado los que transmite la película más allá de algunas cosas evidentes. El monstruo de Peele no nos genera ese terror cósmico lovecraftiano que algunos claman, aunque reconozcamos su ascendencia. Más lo vemos como un macguffin, muy en el estilo de Hitchcock, para generar el suspense, la inquietud y la puesta en acción de sus protagonistas, obligados a despertar de su apatía para sacarse a sí mismos las castañas del fuego. En cuanto a su estupendo final… somos de los pesimistas a la hora de interpretar el Out Yonder y la figura del jinete, en la más clara referencia al western que encontramos en la película.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Cine] The Adam Project (2022)

Cine

The Adam Project (2022; 42/20220818)

Tenía esta película en mi lista de estrenos en plataforma pendientes de ver desde el mes de marzo. Y «curiosamente», no había encontrado el momento para verla. Es como si no me acabase de fiar que esta película de Shawn Levy con un reparto muy prometedor, realmente pudiera ser lo que pretendían. Y mira que yo las de viajes en el tiempo no me las suelo perder. Pero bueno… después de la ronda de aventuras en el tiempo con las repartidoras de periódicos de Cleveland… ya no había excusas. Había que darle una oportunidad.

Viajes en el tiempo y en el espacio… en Disneylandia París… tan «serios» como los de la película de hoy.

La cosa va de un viajero en el tiempo, un piloto (Ryan Reynolds), que aterriza en el 2022 procedente del 2050 o así, buscando a su novia (Zoe Saldaña), que fue atacada por unos malos (Catherine Keener) cuando se dirigía al 2018. Y en el 2022 se encontrará con su joven yo de 12 años (Walker Scobell), que vive con su madre (Jennifer Garner), tras haber perdido a su padre (Mark Ruffalo) en un accidente. Y juntos… tendrán que salvar a la sociedad de un horrible futuro.

Si uno se fija bien en el argumento… quitando que el protagonista es humano y no un robot, no hay robots por ningún lado, el argumento no se diferencia mucho de alguna de las películas de Terminator. Pero con un tono más familiar, menos bruto, aunque no faltan disparos y muertos… pero todos de los malos. A pesar del vistoso reparto, la película es muy elemental en su planteamientos, más propios de un telefilme de sobremesa que de una película de ciencia ficción con ciertas pretensiones.

Como ya me intuía… motivo por el que nunca encontraba tiempo para ver esta película, es otro pinchazo de Netflix a la hora de procurar entretenimiento de aventuras y acción de cierta calidad. Realmente decepcionante. Y los intérpretes hacen lo que pueden… pero encasillados en las actitudes de otros personajes que han interpretado en otras películas. Producto prefabricado, por lo tanto, pastiche de otras películas, con poca originalidad. Aunque pueda entretener si no te pones muy exigente.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

[TV] Cosas de series; viajes espaciales, viajes en el tiempo y problemas reales

Televisión

La entrada de hoy me pone de especial buen humor. Porque me lo he pasado muy bien con estas dos series. Una de ellas en su tercera temporada, vista en Disney+, y la otra en su primera temporada, vista en Amazon Prime Video. Las dos nos llevan a universos de ciencia ficción, las dos son muy entretenidas, pero las dos nos hablan de problemas reales.

Sigo utilizando la sección dedicada al diseño en el Museum der Moderne de Múnich para ilustrar estas aventuras futuristas. Aunque los objetos de hoy no sean tan futuristas como los de hace un par de días.

The Orville comenzó como una parodia, y al mismo tiempo homenaje, a Star Trek. Creada y protagonizada por Seth MacFarlane, cuenta con un reparto que sin ser de enorme calidad interpretativa, tiene buen oficio, y compone personajes con los que puedes empatizar. Fundamentalmente porque en cada capítulo se ponen encima cuestiones éticas, sociales y políticas que invitan a la reflexión, siempre desde el punto de vista de fomento de la libertad personal, la solidaridad entre las personas y un entorno de máxima tolerancia ante la diversidad. Tocan temas como el racismo, el sexismo, la violencia, los populismos políticos, pero integrados en una aventura espacial divertida y con corazón. En su tercera temporada, se ha vuelto algo más seria y reflexiva, manteniendo el tono, menos frívola, menos paródica, pero lo he visto como una evolución de la serie, con el fin de refrescar sus contenidos. Ha habido un cambio de cadena televisiva original, y creo que ahora es algo más libre todavía. Según leo en TV Calendar, su estado actual es que se espera su retorno en el futuro, aunque su último episodio no dejaba tramas pendientes, y tenía un cierto sabor a cierre. Supongo que cuando lo rodaron no estaba clara su continuidad. A mí no me ha cansado todavía. Cosa que no me sucede con las series de la franquicia a la que parodia/homenajea,… que sí me suelen cansar pronto.

Y de la aventura gráfica en la que se basa la otra serie de esta semana, Paper Girls, ya os hablé hace un par de días. Y quedó claro que era una historieta que me gustaba y mucho. La serie también parece dirigida al público juvenil, pero los temas de fondo y la trama son perfectamente asumibles para un adulto. El punto de partida es el mismo, la cuatro jóvenes repartidoras de periódicos de 12 años de edad que el 1 de noviembre de 1988 tras una disputa con unos adolescentes mayores, se ven envueltas en un conflicto intertemporal entre dos facciones en guerra de viajeros en el tiempo. Pero pronto la serie empieza a divergir del argumento de la aventura gráfica. Puede que por motivos de presupuesto, puede que por necesidad de adaptar la acción al medio televisivo, probablemente por una mezcla de ambos. Es algo más oscura que la aventura gráfica. Con más muertes, y conflictos más profundos para las cuatro chicas, cuando viajando por el tiempo se van encontrando con sus versiones adultas o con sus familias adultas. Temas de identidad personal y sexual, temas de racismo, temas de expectativas de futuro, temas de conflictos familiares. Pero sin que falte la aventura y la acción. Sobre una misma base, va a ser claramente una historia diferente. Aunque de momento con el mismo espíritu. No es una serie redonda. Las cuatro chicas protagonistas tienen momentos muy buenos, pero todavía muestran algo de inmadurez como intérpretes, lo cual es normal dadas sus edades. Y no tiene la vistosidad visual, el diseño de la historieta. Pero tiene momentos muy logrados. Y cada una de las chicas tiene también su momento para el lucimiento. Particularmente la joven de origen asiático que encarna a Erin Tieng, Riley Lai Nelet, y que de alguna forma tanto en la historieta como en la serie tiene un punto más de protagonismo que las otras tres. Que también tienen sus momentos. Esperemos que en el futuro se vaya viniendo arriba, porque lo merece.

[Libro – historieta] Paper girls – Brian K. Vaughan y Cliff Chiang

Literatura

Recientemente se ha emitido, y está disponible, en Amazon Prime Video la adaptación televisiva en acción real de la aventura gráfica que presentamos hoy. Y muchos enterados, muchas «plumas ilustradas» de la red de redes, hablan del «intento de Amazon para emular Stranger things» o cosas por el estilo. Vamos a ver. Aclarémonos. El primer cuadernillo de los treinta que consta esta aventura se publicó en Estados Unidos en octubre de 2015, en España lo pude leer en abril o principios de mayo de 2016, y la serie de terror fantástico, pseudociencia ficción de Netflix, se estrenó en julio de 2016. Y la obra de Vaughan y Chiang es ciencia ficción pura y dura, mientras que los strangers es terror disfrazado de ciencia ficción. Sin hablar de los temas que tratan ambas obras. Ya he visto la primera temporada de las chicas repartidoras de periódicos en Prime Video, pero de eso hablaré otro día. Primero, mi relación con la obra original, la aventura gráfica.

Las fotografías tomadas en la sección de diseño y en la exposición dedicada al 50º aniversario de los juegos olímpicos de 1972 en la Pinakothek der Moderne de Munich, con esos diseños tan futuristas, me han parecido apropiados para ilustrar esta entrada. Especialmente porque las chicas protagonistas hacen su trabajo de repartidoras de periódicos montadas en sus bicicletas.

En mayo de 2016 yo estaba familiarizado con la obra de Vaughan a través de su colaboración Fiona Staples en la estupenda y fenomenal Saga, una de las mejores aventuras espaciales a las que he accedido en mi vida. Teníamos planeado visitar a unos amigos cuya hija menor, entonces de 13 años, había sido intervenida de una pequeña tontería sin importancia. Pero entramos en una librería de cómics y vimos el primer cuadernillo de Paper girls, y se lo llevamos como pequeño detalle. Aunque como la visita fue al siguiente día, me lo leí en casa. Un grupo de cuatro chicas de 12 años que en la madrugada del 1 de noviembre de 1988, tras la resaca de la noche de Halloween, salen a repartir periódicos y ganarse unos dinerillos. Es el primer día en esta actividad para Erin Tieng, una chica de origen chino. Y tendrá que enfrentarse a unos adolescentes bastante macarras y… a un conflicto, una guerra en el tiempo, entre unas gentes venidas del futuro partidarias de la liberalización del viaje en el tiempo y de cambiar la historia cuando es mala, frente a los que quieren controlar los viajes en el tiempo, y dejar la historia como está. Me recordó bastante, aunque la historia es distinta a una novela de Asimov que siempre me gustó, The End of Eternity (El fin de la eternidad), aunque luego la cosa sea muy distinta. Siempre me han gustado los viajes en el tiempo.

A partir de ahí… como la madre de la chica formaba parte de nuestro «club de ir al cine», todos los meses le comprábamos otro cuadernillo, me encargaba yo, y me lo iba leyendo antes de pasárselo a la madre en la siguiente visita a las salas de cine. Y así me fui leyendo la historieta. Y me estaba gustando mucho, mucho, a pesar de estar destinada francamente a un público más juvenil frente a la historia más madura de Saga, u otra que leí de Vaughan, We stand on guard, en colaboración con Steve Skroce, que también me gustó mucho. Hasta que llegó la pandemia. Y a falta de cinco o seis cuadernillos para terminar la aventura gráfica… interrumpimos la agradable dinámica. Finalmente, los padres de la chica le compraron los números que le faltaban cuando se empezó a normalizar la situación, y yo me quedé sin saber como terminaba. Cuando hace unas semanas me enteré de la adaptación televisiva, me busqué una versión en formato electrónico y la terminé, empezándola desde el principio. Y si por episodios me estaba gustando bastante, leída de tirón, resultó ser absorbente, de las que no puedes dejar de leer y acabas apagando tarde por la noche la luz. Es muy divertida.

Con personajes con los que empatizas y te encariñas, la serie trata temas más reales que la serie de Netflix con la que se le compara, que es mucho más anecdótica en el fondo, sin dejar de ser una serie pensada para el público juvenil. Pero cualquier adulto sin prejuicios y con imaginación la puede disfrutar mucho. La escritura de Vaughan es fenomenal,… he de decir que la versión en libro electrónico fue el original en inglés, que es más barato, y la historia en su conjunto deliciosamente variada, llena de acción, y entretenida. Pero además, la ilustración de Chiang es también estupenda, mereciendo la pena destacar la importante labor del colorista Matt Wilson, y del rotulista y diseñador Jared K. Fletcher. Vamos. Que me lo pasé pipa. Una de las lecturas de ciencia ficción más divertidas que he leído y disfrutado en mucho mucho tiempo. Total y absolutamente recomendable. Y su valoración crece en el tiempo en mi memoria.

[TV] Cosas de series; strange… pretty strange

Televisión

Hoy nos vamos al mundo de la fantasía, con más o menos terror y ciencia ficción, y la ciencia ficción, con más o menos fantasía. La fantasía y la ciencia ficción son dos géneros que deberían ser considerados como claramente distintos. Y sin embargo, se suelen encontrar asociados. Incluso en las librerías más prestigiosas es frecuente ver los estante de los dos géneros contiguos e incluso mezclados. Y el problema es que mucho de lo que se vende como ciencia ficción es pura fantasía, véase Star wars o el universo Marvel, y cada vez es más frecuente que en las producciones fantásticas se ofrezcan explicaciones pseudocientíficas a los fenómenos fantásticos. Como indudablemente sucede en la filoochentera serie de hoy.

No sabía muy bien cómo o con qué ilustrar esta entrada, así que he tirado por en medio y traigo algunas versiones en blanco y negro de fotografías digitales de mi último viajes de vacaciones por el Tirol con su Alpes y por Venecia.

Porque hemos asistido, con cierta pereza por mi parte, no voy a negarlo, a la cuarta temporada de Stranger things. Una temporada en la que el mundo de terror fantástico ha recibido con insistencia y pesadez una explicación vía la tradicional figura del científico loco (Matthew Modine) para explicar los poderes de Eleven (Millie Bobby Brown) y el malo de la serie (Jamie Campbell Bower); postmodernidad anticientífica a pleno rendimiento como motor de esta historia «homenaje» a los idelógicamente discutibles y reaganistas años 80 norteamericanos. Siempre me ha parecido una serie sobrevalorada, aunque tenga algún momento bueno, y alguna interpretación interesante, aunque no necesariamente entre los personajes más protagonistas. Pero ahora es una serie tan creída, tan pagada de sí misma, tan convencida de su éxito comercial que cree asociado a otros valores de calidad que son más anecdóticos de lo que parece… que se permite torrarnos la vida con episodios de dos horas y veinte minutos. Que lo que hace cualquiera que se siente a ver una serie es verla en dos, tres o cuatro veces. Reconvertirlo en varios episodios más cortos y asumibles. Y que parece algo impresionante… pero no es más que un montón de pirotecnia en torno a una peripecia que tiene prácticamente el mismo esquema argumental que Return of the jedi… aunque en otro universo. Dejo al lector la comparación mental entre ambas producciones. Supongo que terminaré de ve la serie cuando llegue la quinta y última temporada. Pero me da una pereza…

Cuando anunciaron Star Trek: Strange new worlds dudé mucho en dar una oportunidad a esta reciente incorporación a la franquicia trekkie. Está de moda el adjetivo strange y su variante, ¿no? Tradicionalmente, las series y muchas de las películas de la franquicia Star Trek han gozado de una cutredad que sólo me parece asumible y admitible en la serie original, que tiene mucho encanto, pese a que su protagonista, Kirk (William Shatner), siempre me cayera un poquito mal. Las películas modernas no son cutres, pero su director siempre muestra más fachada que contenido; sus películas suelen tener envoltorios vistosos, pero muy vacías de un contenido auténtico e interesante. Sin embargo, las series más recientes han dejado de ser cutres, están mucho más cuidada, y ha habido al menos una de ellas que consiguió gustarme bastante durante un tiempo. Lo curioso es que muchos trekkies se quejaron de que se alejaba del «espíritu» original de la franquicia, y poco a poco la devolvieron al redil, con lo cual… dejó de interesarme. Por supuesto, aunque vi la primera temporada, no me agradó en exceso la dedicada a otros de los capitanes tradicionales de la Enterprise, Picard (Patrick Stewart), que siempre me ha caído también como el culo.

Al final, decidí darle una oportunidad a esta nueva serie. Me lío bastante con la cronología interna del universo trekkie, pero parece claro que su acción se encuentra situada en un tiempo anterior a la serie original. Está Spock (Ethan Peck) por ahí. Joven y tal. Y al principio, parecía que iba a centrar su esfuerzo en los conflictos de su capitan, Pike (Anson Mount), que para variar no me cae mal. Pero ciertamente al final ha sido más de lo mismo pero sin las cutredades tradicionales en la producción de estas series a lo largo de su historia. En un momento dado, han sido diez episodios de aventuretas muy tradicionales, con enooooormes cantidades de corrección política, pero con muy simplistas planteamientos, como es tradicional en la franquicia salvo honrosas excepciones. Quizá por eso en estos momentos prefiero mucho más su parodia, que no tiene un producción tan costosa y vistosa pero que tiene contenidos más profundos y plantea dilemas más próximos a la realidad. De ella hablaré pronto porque está en marcha su tercera temporada. Volviendo a los extraños mundos nuevos, entretiene. Pero poco más. No sé si volveré a ella cuando llegue su segunda temporada.

[Cine] Everything everywhere all at once (2022)

Cine

Everything everywhere all at once (2022; 32/20220609)

Digámoslo claro. Sin saber muy bien qué es lo que iba a ver, incluso con cierto reparo ante lo que había oído/leído, mi principal motivación para llegarme a las salas de cine por esta película era su protagonista, Michelle Yeoh (楊紫瓊, Yeoh Chukeng es su nombre real). No sé cómo será esta señora en la realidad, pero por algún motivo siempre me transmite buenas sensaciones, y por poco interesante que sea la película o serie de televisión en la que participa, su trabajo siempre me parece interesante. Fíjate que aguanté viendo cierta serie de la franquicia Star Trek mientras ella apareció en la misma. Así que nos dirigimos el jueves pasado a ver esta película dirigida y escrita por los Daniels, Dan Kwan y Daniel Scheinert, y que me ha resultado mucho más interesante y divertida de lo que pensaba.

De cuando visitamos Nueva York, de vez en cuando recuerdo el follón que montaban los visitantes chinos en torno al «Charging Bull» de Arturo di Modica en el Bajo Manhattan, entusiasmados por el bicho. Y no… no estábamos en el año del Buey del calendario chino.

Estos directores están especializados en la representación de la realidad a través del absurdo, de cierto dadaísmo. Y nos habla de una familia, la formada por Evelyn Wang (Yeoh) junto con su marido, Waymond (Ke Huy Quan), su hija lesbiana, Joy (Stephanie Hsu), y su temido padre, Gong Gong (James Hong), que está de visita en el momento en que son sometidos a una inspección de hacienda por parte de una estricta funcionaria (Jamie Lee Curtis). Y mientras esto sucede… Evelyn se verá sumida en una vorágine de aventuras cuando se vea mezclada con los alter ego de todos estos personajes procedentes de distintas versiones de sí mismos en un infinito multiverso, con viajes entre distintos universos, realidades alternativas, luchas de artes marciales, villanas que buscan destruir el universo con todo el mal concentrado en un baguel de choclate, o versiones evolutivas con salchichas de Fráncfort en lugar de dedos. ¿Conseguirá Evelyn salvar el multiverso? ¿Conseguirá Evelyn salvar a su familia? ¿Conseguirá Evelyn salvarse a sí misma?

Si lo anterior os ha parecido confuso… es que la película utiliza la confusión y el absurdo, y múltiples homenajes a múltiples géneros cinematográficos, para hablarnos de hechos muy cercanos, muy humanos y muy próximos. La Evelyn que protagoniza la película, inmigrante china en Estados Unidos, copropietaria de una lavandería, es definida en un momento dado de la película como la versión de sí misma que existe en un universo en el que sistemáticamente va tomando las peores decisiones posibles cada vez que le surge una disyuntiva. Y, por lo tanto, su vida, su familia, ella misma, acaban siendo unas catástrofes. Unas catástrofes que nos recuerdan demasiado a las vidas de muchas personas corrientes. Y como digo siempre, una buena película de ciencia ficción o fantasía siempre nos habla con claridad de nosotros mismos y de las cosas que suceden en el mundo real. En este caso, a través del absurdo.

Y como no, también entusiasmados con la genitalidad de la bestia de bronce.

La película es larga, y con cierta frecuencia cae en una confusión que me parece que no siempre es buscada o intencional. Quizá por eso no recibe una valoración subjetiva personal más alta. Pero deja buen sabor de boca, y lo que nos cuenta va creciendo en nuestro pensamiento incluso horas o días después de salir del cine. Pero si algo permite que tal cosa suceda es el estupendo trabajo de su reparto. Un reparto que recupera gente. Por supuesto, el buen hacer de Michelle Yeoh. Pero no deja de manejar enormes guiños cinéfilos y a la cultura popular a través de un reparto con mucho oficio. Cuanto tiempo hacía que no veíamos brillar, diviertiéndonos de paso, a Jamie Lee Curtis. Cuántos recuerdan que Ke Huy Quan es el Short Round (Tapón en la versión doblada al castellano de España) que recordamos con cariño en la segunda entrega de las aventuras de Indiana Jones. Cuántos identifican a James Hong con el fabricante de ojos para replicantes en Blade Runner. Y qué decir del excelente de la más joven del reparto, Stephanie Hsu, y el duelo interpretativo, y argumental, con Yeoh, interpretando el doble papel de hija incomprendida y cada vez más alejada de su madre, y de villana en su amenazante dominio de este peculiar multiverso. Muy recomendable. Francamente, poco convencional, dotada de abundante y desenfrenada acción, pero al servicio de muy interesantes reflexiones sobre nosotros mismos, nuestras decisiones y su repercusión sobre nuestras vidas y nuestro entorno social.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***
Sin embargo, estas chiquetas asiáticas no son escolares chinas mostrando, puño en alto, su fidelidad al PCCh, que gobierna dictatorialmente el gigante asiático. Son adolescentes japonesas imitando la pose de la Estatua de la Libertad, la única escultura que rivaliza en popularidad con el Toro de Wall Street en la ciudad de Nueva York.

[TV] Cosas de series; animación con tonos futurísticos y fantásticos

Televisión

Con cierto acúmulo en las últimas semanas de series para comentar, esta semana vamos con una dosis de animación. De muy diverso tipo y origen, aunque con el denominador común de la ciencia ficción futurista o de la fantasía más o menos terrorífica.

Muchos jardines, flores y simbolismo con plantas en las series de animación de hoy, así que os dejo con unos bonitos tulipanes.

Blade runner: Black Lotus es un serie de la conocida franquicia de ciencia ficción que nos hace reflexionar sobre lo que significa ser humano a través de la confrontación entre los seres humanos nacidos y los artificiales, los replicantes. Dentro de la cronología interna del universo de ficción de la franquicia, nos encontramos en el año 2032. Más o menos a medio camino entre la película original y su secuela más reciente. La original dirigida por Ridley Scott se situaba en un 2019 alternativo, con mayores adelantos científicos y tecnológicos que nuestro universo real, pero también con mucha más catástrofes bélicas y ambientales. La secuela dirigida por Denis Villeneuve se situaba 30 años más tarde, en 2049. Y nos encontramos con algunos de los personajes que aparecen en la secuela, dando algo contenido a lo sucedido a lo largo de esas tres décadas. Una replicante se salva de una cacería «deportiva» de replicantes y llega a Los Ángeles decidida a tomar venganza. Pero se encontrará con una trama mucho más compleja y profunda.

La serie está bien… pero sin más. De factura japonesa, se puede encontrar en versión original tanto en inglés como en japonés, y se puede ver en Crunchyroll. Pero si observa con detalle, la animación de los labios de los personajes se corresponde con la versión en inglés. Realizada en 3D, desde mi punto de vista cuenta una historia razonablemente interesante, pero excesivamente estirada en los 13 episodios de 22 minutos de los que consta. Lo cual produce que tenga un comienzo un tanto moroso, y que en ocasiones plantee situaciones repetitivas. La serie va de menos a más, los últimos episodios tiene más interés y al final te deja un buen sabor de boca. Pero existió el riesgo inicial de abandonar su visualización en los primeros episodios. Con la excusa de la serie he dado un repaso a los tres cortometrajes que precedieron a la película de Villeneuve, y la propioa secuela. Y he de decir que el conjunto nunca conseguirá conectar conmigo emocinal como lo hizo la película original. Y he de decir también que la animación, muy expresionista, del corto Blade Runner: Blackout 2022 me gusta mucho más que el aséptico 3D de esta serie actual.

Vampire in the garden es otra producción realizada en Japón por encargo de una plataforma norteamericana, en esta ocasión Netflix. En un mundo en guerra, casi postapocalíptico, por el conflicto entre humanos y vampiros, dos jovenes, la hija de una general del ejército humano y una vampira destinada a ser reina de los suyos, conectan entre sí y se rebelan contra sus respectivas especies, iniciando una huida buscando un lugar donde poder estar juntas en paz. Con tan solo cinco episodios de 25 minutos, bien podría haber sido un largometraje de animación, aunque la estructura narrativa marca las divisiones claras episódicas. Es correcta, pero falla en aporta algo realmente nuevo a una narración con tonos semitrágicos que se ha visto ya en numerosas ocasiones. La realización es también correcta. Simplemente le falta algo que haga de esta serie algo memorable, que no se olvide con el tiempo.

Y finalmente, nos ha llegado la tercera tanda de cortos animados de la antología Love, death and robots. Como en las anteriores tandas, tenemos nueve píldoras animadas, con diversas técnicas, entre los siete y los veinte minutos, que con tonos emocionales diversos (comedia, terror, tragedia, épica, parodia,…) nos llevan a mundos futuros, alternativos o distantes en el ámbito de la ciencia ficción o la fantasía, a modo de propuestas estéticas y temáticas de lo más variado. Por su propia variedad, unos gustarán más que otros. Pero globalmente la podemos considerar como una de las propuestas más interesantes y estimulantes de Netflix. Y no sólo en el género de animación.