Libro – La velocidad de la luz – Javier Cercas

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Parcialmente localizada en Gerona esta novela, usaremos fotografías de la ciudad catalana para ilustrar esta publicación. Entrada disponible también en Substack.

Nuevo libro de autor español en esta ocasión. Siempre he pensado que he leído demasiado poco a Javier Cercas a pesar de que generalmente me gusta como escribe. En esta ocasión, apareció una oferta sobre esta novela del autor extremeño radicado en Cataluña, y decidí que era una buena ocasión. Creo que no es de las más conocidas. E incluso creo que él mismo no es de las que más aprecia… aunque puedo equivocarme en esto, pero a pesar de todo, tenía curiosidad.

La novela nos cuenta la peripecia de un escritor, de un aspirante a escritor al principio de la novela, que ante las dificultades en salir adelante en la profesión, y con la necesidad de ganarse la vida, acepta un trabajo en una universidad del medio oeste americano como profesor de español. Allí hace diversas amistades. Pero la que le marca la vida es la que establece con otro profesor asociado, o como se llamen allí, un veterano de la guerra de Vietnam, muy tocado por lo sucedido en aquel conflicto. Durante muchos años, en los que el escritor irá ganando confianza y fama como escritor, esta relación, que terminó bruscamente cuando el norteamericano despareció por voluntad propia de su puesto de trabajo y del lugar donde vivía, marcará también la vida del escritor español.

El protagonista de la novela es un alter ego del propio Cercas, con algunos elementos claramente tomados de su propia vida y recorrido profesional, y otros de carácter ficticio. Es lo que se algunos llaman una autoficción. Juega con elementos que hacen pensar al lector que Cercas habla de sí mismo y de sus experiencias, pero la novela es un relato de ficción, y muchas de las cosas que pasan, especialmente las más dramáticas en la vida del protagonista de la novela, nunca le sucedieron al propio Cercas.

A partir de aquí, estamos ante un libro sobre la ética, específicamente como el conflicto entre los valores de la persona y las acciones de la persona, que en ocasiones son congruentes… pero en ocasiones no. Y eso deja una huella. Un rastro. Alguien puede ser esencialmente lo que en general se considera una buena persona, pero un momento dado, con los estímulos o los incentivos adecuados, cometer actor reprochables, muy reprochables, que pueden marcar la vida de la persona. Sean las acciones del norteamericano en la guerra de Vietnam, sean las acciones del escritor en relación con su familia y su mala digestión del éxito.

Dicho lo cual, el libro me ha gustado razonablemente, pero efectivamente no es el que más me ha llamado la atención de los que he leído de Cercas. Creo que las distintas historias que transcurren en paralelo tienen distinta intensidad y consecuencias para el lector, aunque no necesariamente para los personajes y su contexto vital. Pero esto puede afectar al interés que en cada momento nos suscita el relato. Bien escrito como suele suceder con los libros del escritor, puede ser una obra a la que merezca la pena darle una oportunidad, y que cada cual saque su conclusión. Al cabo, entre los 2662 votantes en Goodreads, estoy en la parte baja, habiendo muchos más lectores que aprecian el libro mejor que yo.

TV – Médicos, más médicos y ¿psicólogos?

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Fotos realizadas en San Francisco, que podría ser la ciudad donde transcurren un par de las series de hoy. Un par. Las otras no. También en versión Substack.

Sip. “Epidemia” de series de ámbito médico y colaterales en las diversas plataformas disponibles por ahí. Algunas clásicas y otras más novedosas. Bueno,… en realidad, ninguna novedosa. Ya me explicaré.

Después de más de dos décadas sigo viendo Grey’s Anatomy. La temporada no ha terminado todavía. Le quedan dos episodios. Pero da igual. La comento ya. Porque tampoco hay mucho que comentar. Es un guilty pleasure. Un culebrón en el que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Muy “progre” últimamente, muy “anti-Trump”, aunque de vez en cuando sacan a relucir su puntito conservador. Es lo que tienen los llamados “liberales” en USAmérica. Que allí los consideran de izquierdas, pero aquí serían de centro liberal como mucho. Como siempre, más culebrón que serie seria. Y en realidad es más bien mala. Pero sigo viéndola. Es lo que hay. Como digo, un guilty pleasure.

Tercera temporada de Shrinking. Estos no son médicos. Son psicólogos. Creo. Me parece lo más probable. El problema es que cuando los USAmericanos hablan de shrink lo mismo se refieren a un psiquiatra que a un psicólogo clínico. Pero no les he visto recetar en lo que llevamos de serie, así que serán psicólogos. Por lo demás, es una serie muy maja y divertida. Que seguiré viendo, porque ha sido renovada. Aunque no sé muy bien con qué dinámica. Porque el cascarrabias (Harrison Ford) se ha retirado de la práctica y se ha ido a la Costa Este a vivir. Cosas del Parkinson. Y quizá de que Indiana Jones es octogenario y nunca se sabe si podrá salir en la siguiente temporada. Y también se ha ido a la Costa Este, a estudiar a una prestigiosa universidad, la adolescente protagonista (Lukita Maxwell). Aunque más por lo bien que juega al fútbol que por sus capacidades en los estudios. Cosas del capitalismo USAmericano. Es más fácil que bequen a un deportista que a un estudiante cualificado. Porque el deporte deja más dinero en las universidades que el saber.

Segunda temporada de The Pitt. Continuación no oficial de E. R., con el Dr. Carter reconvertido en Dr. Robby (Noah Wyle). Con la peculiaridad de que los quince episodios de la temporada narran un turno en el servicio de urgencias de un hospital de Pittsburg. Narrada por lo tanto en tiempo cuasirreal. Intentando reflejar de modo realista los problemas de las urgencias de un hospital, así como los problemas de carácter social y político de la sociedad USAmericana. Sigue siendo una de las mejores series del momento. Pero no me ha gustado tanto como la primera temporada. Ya no resulta tan novedosa. Y al mismo tiempo, agobia un poco con la cantidad de calamidades y problemas que surgen cada décima de segundo. Pero bastante recomendable.

Y no sé si decir que estamos ante la décima temporada de Scrubs o ante la primera temporada de la nueva Scrubs. Sí. Dieciséis años después de que terminara la serie cómica sobre residentes de medicina del Hospital Sagrado Corazón de alguna ciudad californiana (en una época en la que yo trabajaba en el Hospital Sagrado Corazón de Jesús de Huesca, qué ironía), vuelven los mismos personajes y algunos nuevos más jóvenes para hacer de residentes al mismo hospital. El tono es similar. Pero quizá demasiado preocupados los guiones por homenajear a la serie original. El público votante en IMDb está encantado, con una valoración promedio de 8,3/10 sólo una décima menos que la original. Yo vi las primeras temporadas de aquella, y creo que era mejor. Pero está bien. Me ha entretenido. Y son sólo 9 episodios de menos de 25 minutos. Cómo no la vas a ver.

TV – Las primeras cinco temporadas en la «Ciénaga»

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Fotografías realizadas en el entorno de Regent’s Park y Primrose Hill en Londres, que aparecen con frecuencia en la serie. También disponible en Substack.

No soy muy dado al género de espías. Soy consciente que hay cosas muy interesantes, tanto en literatura como en el cine y televisión. Aunque estos dos últimos medios beben de los libros con frecuencia en este género. Pero reconozco que de vez en cuando se encuentran cosas estupendas en él. Ahora no me pondré a enumerar, pero hay unas cuantas que me gustan. Aunque generalmente son las que se salen de los caminos más trillados y del tópico.

Cuando en 2022 Apple TV estrenó Slow Horses vi el primero episodio. La serie me atrajo más por su reparto y por su británica factura que por el tema en sí mismo. El problema es que ese primer episodio y medio que vi no eran representativos necesariamente de la serie. Sí. Estaban bien hechos, bien interpretados… pero a priori no me interesó mucho. Y no seguí. La abandoné, sin apenas darle una oportunidad.

Cuando en enero decidí cancelar mi suscripción a Netflix, empecé a revisar los catálogos de las plataformas que me quedaban. Y me volví a encontrar con esta serie, que a estas alturas había acumulado cinco temporadas y un total de treinta episodios. Cada temporada una adaptación de uno de los libros sobre este universo del escritor británico Mick Herron. Y con unas valoraciones acumuladas, tanto de la crítica como del público, más que impresionantes. Consenso general sobre la calidad de la serie. Para muchos una de las mejores del momento.

Así que decidí que al menos tenía que terminar una temporada antes de decidir si le daba de nuevo carpetazo o no. Al fin y al cabo son temporadas de sólo seis episodios, que duran menos de una hora, muchas veces más cerca de los 40 o 45 minutos que de los 60. Las aventuras, o más bien desventuras, de los desechos del MI5, el servicio secreto británico de protección nacional, capitaneados por el cutre y borracho interpretado magistralmente por Gary Oldman, mientras juega a un peculiar tira y afloja con la número 2 del servicio secreto interpretada, no menos magistralmente por Kristin Scott Thomas.

Porque, claro está, siendo una serie británica, uno de sus principales activos es la impecable interpretación de unos actores y actrices con oficio para dar y vender. Pero a eso hay que añadir el tono de la serie. El tono y los impecables guiones. La serie es una sátira del género. El personaje que interpreta Oldman no puede dejar de recordar al famoso Smiley de John Le Carré. Pero siendo una sátira, y pensando que podría tener un tono de comedia por los desastres en los que se ven involucrados los agentes de la ciénaga, mantiene un tono de drama, cuando no de tragedia, salpicado de vez en cuando de un humor irónico y ácido. Lo que decía. El tono de la serie es fundamental en su atractivo.

Unos desastrosos agentes que al cabo terminan por resolver cada una de las crisis. A veces incluso a pesar de ellos. Pero a los que nunca se les reconocerá el mérito. Porque toda organización “seria” necesita a quién cargarle el muerto de los desastres que son más propios de la propia organización y de sus líderes que de esos agentes desastrados. El extremo llega en la quinta temporada con ese número 1 interpretado por el inolvidable Gaius Baltar (James Callis) de Battlestar Galactica, el epítome de la designación absurda de los liderazgos de las organizaciones cuando están condicionada por la política.

Si a todo lo anterior sumamos las importantes dosis de crítica social y política que, aunque aplican principalmente al decadente Reino Unido que tan tristes espectáculos ha ofrecido en los últimos quince años, se puede extender a cualquier otro país de la Europa occidental y sus derivados en otros continentes, tenemos una serie que, efectivamente, es de lo mejor que hay en estos momentos, me atrevería a decir que imprescindible. Y un ejemplo más de que, en general, Apple TV intenta apostar más por la calidad que por la cantidad. Y eso está bien.

TV – Algunos animes con romance adolescente y personajes más reales

Televisión

Fotos realizadas en Katsuura, en la península de Kii. Ya que una de las protagonistas es originaria de un pueblo pesquero, esta pequeña ciudad a orillas del Pacífico me servirá para representarla. También en versión Substack.

Estamos a principios del mes de abril. Eso quiere decir que recientemente terminaron muchas series o temporadas de series de animación japonesa. De lo más diversas. He visto algunas. Y también he recuperado alguna recomendación de series muy bien valoradas de hace pocos años. Y en todas las estaciones hay unas cuantas series basadas en las aventuras y amoríos de instituto. De lo más diversas. En general, inverosímiles, incluso si son divertidas. Llenas de tópicos… si llegases a pensar que los adolescentes japoneses son realmente así… parecerían extraterrestres. Pero siempre hay alguna que muestra una versión más realista, más próxima a lo que un adolescente es. Vamos con algunas que he ido viendo poco a poco, a ratos muertos, como suelo hacer con el anime, de este tipo.

Skip to Loafer スキップとローファー (Skip and Loafer) es una serie de la primavera de 2023. Y creo que merecería una continuación, que puede que llegue a lo largo de este 2026. Aunque más bien hacia final de año. Son las peripecias de una chica de 15 años, de una región pesquera de la costa del mar del Japón, de las que sufren la despoblación y cierta decadencia, que decide estudiar el bachillerato en Tokio, con el fin de entrar en una buena universidad y hacer carrera en el servicio público, incluso en la política, para pelear por el futuro de su tierra. Pero mientras tanto… pues es como un pez fuera del agua. Estudiosa, trabajadora, responsable, ni guapa ni fea, la serie sigue su vida cotidiana durante su primer año de bachillerato. Como contrapartida, el primer amigo que hace, es un tokiota de toda la vida, que en su momento fue actor infantil, que esta de vuelta de todo, pero que encuentra incentivos en la actitud de la chica. Sin romance. Al menos de momento. Simpática serie, muy bien valorada por el público espectador.

Giji Harem 疑似ハーレム (El falso harén) es una subversión simpática de un género muy típico del anime adolescente para chicos; la del adolescente rodeado de un “harén” de chicas guapas entre las que no sabe con quien decidirse, todas muy guapas, pero con personalidades muy distintas. En esta ocasión no hay un “harén” real. Son dos adolescentes, chico y chica, que se conocen cuando empiezan el primer año de bachillerato y ambos se apuntan al club de teatro. Ella está dotada para ser actriz, aunque no se lo plantea inicialmente como una carrera de futuro. Él no está dotado para la actuación, pero es un manitas, así que se encarga del atrezo. Pero se caen bien. Y empiezan un flirteo basado en las capacidades interpretativas de la chica, que en su relación adopta distintas personalidades, como si fueran cuatro o cinco chicas distintas. Pero en realidad mantienen una dinámica simpática, de buen rollo, tranquila y de una atracción y un cariño que van madurando poco a poco, de forma razonablemente creíble. Otra serie muy simpática y bien valorada por el público.

Finalmente está Horimiya ホリミヤ (de Hori-san y Miyamura-kun, los nombres de los protagonistas). Hori-san es una chica guapa y popular del instituto, pero con mucho genio, y a veces un poco bruta. Miyamura-kun es un chico reservado, que esconde sus tatuajes y sus piercings, no siempre bien aceptados por los demás. Hori-san los descubre, pero lejos de rechazarlo, le sirve de excusa para a empezar a relacionarse con el chico, hasta que se emparejan. Alrededor, los amigos del instituto, con personajes de lo más diversos, y la familia de la chica, también muy peculiar. La serie es muy muy muy divertida. Tiene dos temporadas. La primera abarca los tres años del bachillerato japonés, donde vemos como crecen, no sólo los protagonistas, sino el coral reparto de la serie. La segunda son pequeñas piezas, momentos a lo largo de esos tres años, con un tono todavía más cómico, generalmente centrado cada episodio en alguno de los personajes secundarios. Es la mejor valorada de las tres series, y con razón. Todas son simpáticas, pero esta tiene dosis extras de comedia y humor, y con frecuencia provoca la carcajada.

Y esto es lo que hay. Para pasar ratos intrascendentes, pero con producciones de razonable calidad.

TV / Libro; Ikoku nikki 違国日記 – anime y manga

Literatura, Televisión

Fotos realizadas en Shingū, ciudad que forma parte del camino de peregrinación Kumano Kudo, en la península de Kii. También en versión Substack.

Ayer mismo pude ver el decimotercero y último de los episodios de la serie de animación japonesa Ikoku nikki 違国日記, el que probablemente ha sido la sorpresa más agradable de la temporada de invierno de la animación del País del Sol Naciente. Tal fue el impacto de los primeros episodios que pude ver que busqué a ver si era posible leer el material de origen, el manga del mismo título bajo autoría de Tomoko Yamashita. Este no está disponible en español, y sus once tankobon se encuentran disponibles en inglés, con el título Journal with witch, y en francés, con el título Entre les lignes. No están en versión electrónica, pero por una serie de causas y azares me prestaron la versión francesa que leí entre febrero y marzo, al mismo tiempo que iba viendo la serie.

La serie, sea de manga o de anime, empieza cuando una adolescente de quince años, Asa Takumi, queda huérfana de padre y madre como consecuencia de un accidente de tráfico. Durante el funeral, aparece su tía Makio Kōdai, hermana de su madre, escritora de novelas de fantasía de profesión, de la que no se acuerda. Se vieron por última vez cuando era muy chiquita. Su madre y su tía se llevaban mal. No se hablaban. Pero Makio, en un acto ético, de decencia humana, ante las reticencias de otros parientes, da un paso adelante y decide invitar a Asa a vivir con ella y ser su tutora legal. No le promete ser una madre, no le promete amor eterno. Le promete un hogar, una seguridad y el compromiso de que le dejará libertad para que en el futuro sea lo que ella quiera ser. A partir de aquí, se desarrolla un largo proceso de ajuste entre dos mujeres que han vivido hasta ese momento en mundos muy muy muy distintos

Respecto al título, el original japonés viene a significar Diario en otro mundo y tiene que ver con la propuesta que le hace Makio a Asa al principio de la historia. Para lidiar con el duelo, con sus inseguridades y sus sentimientos, le propone escribir un diario. Que asa interpreta como el diario en un país extraño al que ha ido a parar tras la muerte de sus padres. Habitado por una bruja, lo que explica el título en inglés. El título en francés… pues eso, de la expresión “leer entre líneas”.

Los hechos iniciales suceden cuando Asa está terminando su educación secundaria obligatoria y va a empezar el bachillerato (estoy usando los términos españoles para hablar de los niveles educativos japoneses, aunque hay diferencias; el equivalente japonés de la ESO dura tres años en lugar de cuatro, y el equivalente del bachillerato dura tres años en lugar de dos). Por lo que en la historia entrarán en juego una serie de secundarios imprescindibles, como la mejor amiga de Asa y su madre, otras compañeras de clase, el club de música moderna al que se apunta, o el abogado que lleva la supervisión de la tutela de Asa.

Por el lado de Makio, estarán sus amigas, su exnovio con quien mantiene una relación de amistad importante, su editora y otros escritores. El mundo de Asa es el mundo de las relaciones sociales convencionales, el mundo organizado y “normal” como le gustaba a su madre. El mundo de Makio es un mundo menos convencional, donde la gente se divorcia, donde hay actividades creativas, donde se hacen cosas distintas y reina un cierto desorden.

Aunque en sus primeros pasos, por lo menos hasta la mitad de la serie de animación, la fidelidad al manga es muy alta, en el tramo final hay diferencias. El manga se prolonga durante tres años en la cronología de la serie, hasta el momento en que Asa termina su paso por el instituto y va a entrar en la universidad. El anime, sin embargo, trata del primer año de convivencia entre tía y sobrina. En ambos casos, de como van ajustándose la una a la otra, de como Asa ha de comprender que el mundo es más diverso y menos convencional que lo que su madre le decía, y que hay cosas distintas de comprender. De como Makio va a aprendiendo a responsabilizarse de otra persona, cuando sólo se ha responsabilizado de sí misma viviendo con absoluta libertad y sin ataduras. Y por supuesto, aunque Makio no le prometa nada en lo afectivo, cómo estos afectos surgirán y la relación entre ambas se afianzará.

Las conclusiones de ambas por lo tanto son algo distintas aunque con elementos comunes. Y con un mensaje también común. El final del manga me gusta más, porque es más profundo. El texto escrito e ilustrado llega más lejos en el desarrollo de ambos personajes. Ambas se influyen profundamente la una a la otra. Quizá uno de los aspectos más interesantes es como Asa, que al principio se ve a sí misma, y es vista por los demás, como una zoquete en lengua japonesa, liándose con las palabras y los kanji, al final se orienta por estudiar letras, por escribir canciones, por estudiar la lengua y escribir… lo que sea que pueda llegar a escribir de mayor. En el anime, culmina con su capacidad para atreverse a destacar, en lugar de permanecer integrada discretamente en el grupo, se atreve a cantar sus propias letras ante los alumnos de su instituto (hermosa canción de presentación de la serie de la cantante Tomoo).

Pero ambas series, la historia ilustrada y la animación, tienen un nivel muy alto. Es una historia destinada a los adolescentes, que conviene que vean los adultos… y en ocasiones es lo contrario, una historia destinada a los adultos, especialmente los que tienen adolescentes a su cargo, y que es apta para que la lean estos adolescentes. Es curioso, al comentar en mi entorno la premisa inicial, la orfandad de Asa, he observado rechazo en madres de adolescentes que no quieren ni imaginar esa situación para sus hijos o hijas. Y sin embargo, ¿acaso no es algo en lo que debería pensar especialmente, porque nada ni nadie puede garantizar cuando nos vamos a ir de esta vida o en qué circunstancias? Creo que es muy muy muy recomendable. Y el consenso es altísimo. Por ejemplo, un 8.8 sobre 10 entre los votantes de IMDb para el anime.

TV; cuando los surcoreanos hacen cosas serias sobre su propia historia

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Fotos realizadas en Seúl, Corea del Sur. También en versión Substack.

No dedicaré mucho tiempo a esta entrada… porque no tengo mucho tiempo. Llevo una vida muy liada, por lo menos hasta las vacaciones de Semana Santa,… probablemente hasta primera tanda de vacaciones grandes, que llegará en mayo. Así que iré redactando las entradas de este Cuaderno de ruta como buenamente pueda.

Made in Korea es una serie de seis episodios, cada uno entre los 50 y los 90 minutos, aproximadamente, que nos sitúa en los años 70 del siglo XX. Y en ella nos va a contar la lucha entre un fiscal íntegro (Jung Woo-sung), en Busán, que lucha contra el narcotráfico, y un agente de los servicios secretos del país (Hyun Bin), que está involucrado en una trama de fabricación y distribución de metanfetamina en combinación con las mafias japonesas.

Existe una falacia mil veces repetidas por la prensa y por los gobiernos del llamada “mundo occidental”. Y esta es que la Guerra Fría fue un conflicto entre las democracias del mundo libre y las dictaduras del mundo comunista. No es cierto. Fue un conflicto entre los países capitalistas y los países comunistas. Y una de las consecuencias es la instauración o sostenimientos por todo el globo terráqueo de numerosas dictaduras militares y fascistas, anticomunistas, pero que eran tan criminales como las comunistas. Por supuesto, otra falacia es que fue “fría”, es decir, que no hubo tiros ni bombas. Los hubo y en exceso. Sólo que no en el territorio nacional de los principales contendientes. Los llevaron a esos países donde surgían las dictaduras de uno u otro signo, y donde la gente y los derechos humanos importaban poco ni a los comunistas ni al “mundo libre”.

Quizá uno de los focos de conflicto más conocidos, aunque menos comprendidos, fue la península de Corea, donde entre entre 1950 y 1953 se lucho una guerra caliente, en la que hubo entre 2 y 3 millones de víctimas civiles; población coreana, tanto en el norte como en el sur, que murió tanto por el efecto de las balas y las bombas del otro lado, como del propio. La guerra nunca terminó, aunque las hostilidades sí. En el norte se instauró un demencial régimen monárquico inspirado por el marxismo-leninismo con idiosincrasia propia, mientras que en el sur se sucedieron una serie de regímenes republicanos que oscilaron entre falsas democracias y duras dictaduras militares hasta que en 1988 se instauró la sexta república que sí ha llevado a buenos niveles de democracia. Pero eso no sucedió durante la Guerra Fría, sino al final de la misma. Mientras tanto, los surcoreanos hubieron de sufrir falta de libertades y represión.

Uno de los periodos peores fueron la década de los 60 y 70, en las que el militar y dictador de turno fue especialmente cabrón, represor y antidemócrata. Y creó unos servicios secretos corruptos y especialmente duros con la población, que quedó a merced de estos individuos. De eso va la serie, centrada en la lucha entre el fiscal decente y el agente de los servicios secretos que representa la indecencia del régimen.

Se inspira en hechos reales. El primer episodio, basado en una auténtico secuestro de un avión de pasajeros japonés, te engancha por completo a la serie. Y a partir de ahí desarrolla su historia. Interpretaciones muy buenas, excelente factura, y unos guiones poco complacientes con el espectador, pero que te dejan pegado al sillón frente al televisor hasta el final. Muy recomendable. Parece que habrá segunda temporada. Imagino que con una trama nueva. Lo que desconozco es si mantendrá protagonistas.

TV; regreso a Westeros de la mano de un niño calvo

Televisión

Fotos realizadas en Kylemore Abbey, Irlanda. También en versión Substack.

Podría hablar de varias cosas. De cómo sigo viendo las temporadas de Slow Horses, cuyos dos últimos capítulos de la temporada 3 han sido hiperdivertidos. Cuando intuí lo que iba a pasar pensé… “Espero que ya que es inverosímil, que lo hagan divertido”. Y ha sido tan divertido que casi parecía verosímil. Cai. Pero ya dije que haría un comentario general cuando terminase de ver todas las temporadas emitidas. O de que ya he visto la temporada primer de Hijack,… pero al igual que la anterior, haré todo el comentario cuando vea también la segunda que se estrenó en enero, también en Apple TV. Incluso de algunas serie japonesa… que no sé si llegará a aparecer por aquí, porque no sé muy bien si diría algo interesante. O de alguna serie de animación que he visto recientemente… dejaremos eso para cuando vayan terminando las temporadas del primer trimestre del año. Así que, regresaremos a Westeros.

Westeros es el nombre del continente principal del universo de Game of Thrones o A song of ice and fire en sus versiones en inglés. Creo que en las versiones en castellano le llaman Poniente. Pero yo, las novelas que he leído de la saga estaban en inglés, y la serie la vi en inglés. Así que… Westeros. Ya se estrenó una derivada de la serie original, cuya primera temporada vi, y me gustó… pero no me interesó. Y nunca vi las siguientes. Pero recientemente se estrenó otra derivada, o spin-off que dicen los modernos, seis episodios para A knight of the seven kingdoms. Una serie que me apetecía mucho ver. Y ahora explicaré por qué.

De la serie literario original A song of ice and fire leí varios libros. No sé si todos los publicados o me dejé alguno. En el supuesto de que George R. R. Martin la termine no tengo la menor intención de seguir con ella. En aquel momento no aprecié mucho las cualidades de Martin como escritor. Ciertamente, el mundo que inventó y las historias que en el se desarrollan son interesantes. Pero su forma de escribir me cansaba mucho. Sus novelas eran demasiado prolijas. Excesivamente prolijas. Mucha paja. Lo que contaba se podía contar mejor y con el mismo detalle en la mitad de espacio. Al final, me parecieron un rollo.

Pero entre medias empecé a leer las tres novelas cortas de las serie Tales of Dunk and Egg. Unos relatos de aventuras protagonizados por un caballero andante, Sir Duncan el Alto (Peter Claffey), y su jovencísimo escudero Egg (huevo en inglés) (Dexter Sol Ansell), con la cabeza afeitada como una bola de billar y de ahí el mote, porque en realidad se llama… y es… No vamos a destripar la cosa. Aunque a estas alturas los interesados seguro que saben quien es en realidad. Y si seguís el enlace anterior a la Wikipedia, seguro que os enteraréis, porque esta estupenda herramienta es especialista en destripar tramas.

Estas novelas cortas sí me gustaron. Bastante. O incluso mucho. Eran más dinámicas. Eran… algo… más ligeras. Pero sin perder el tono de la historia general del universo. Y presentaban un contraste interesante entre la gravedad y la seriedad del joven caballero andante en comparación con la curiosidad infantil y el dinamismo del jovencísimo escudero.

La primer temporada adapta la primera de las novelas, The hedge knight. Generalmente se traduce como El caballero errante, pero yo prefiero El caballero andante. Que era como Cervantes llamaba a Don Quijote. Tienen su punto de aventuras quijotescas estas historias. Sólo un punto,… pero ahí está.

La serie… está muy bien hecha y bien interpretada. Me parece recomendable,… si te interesa el tema. De todas formas son seis episodios de media hora más o menos, así que se puede ver de una sentada como si fuera una largometraje de tres horas. O la puedes encajar en ratitos muertos, como hice yo. Quizá me parezca que se toman la historia demasiado en serio. Que podría ser un poco más ligera. Toda la historia del duelo de siete contra siete… me parece demasiado bestia y sangrienta. Pero supongo que han querido ser “realistas”. Si es realista que alguien sobreviva, en un mundo medieval donde las heridas se infectan, a semejante brutalidad. Pero bueno… que es una serie que flirtea siempre con la fantasía. Así que… Ahí queda. Está bien. Seguiré viendo las siguientes temporadas. Que cuesta poco, si mantienen el tono, y entretiene.

TV; las series surcorenas (casi) sin Netflix

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Fotos en Incheon, Corea del Sur, con Olympus OM-D E-M5. Versión Substack.

Ya llevo algo más de un mes sin Netflix. Y de lo que más veía en los últimos años en esa plataforma, ese placer inconfesable de los fines de semana, eran las series surcoreanas. A veces decentes, e incluso buenas,… pero la mayor parte del tiempo… lo dicho. Placeres inconfesables. Guilty pleasures que dicen los anglófonos. ¿He renunciado a ellas? ¿Tengo alternativas? Qué ha pasado.

Nop. No he renunciado a ellas. Por mucho que critiquemos en ocasiones la calidad de sus guiones, la calidad de sus interpretaciones, el absurdo de sus romances, la afición al lujo y al elitismo, el excesivo y a veces humorístico (sin que lo pretendan) emplazamiento publicitario de productos… pueden ser adictivas. Y luego está otra cosa. De vez en cuando, encuentras series que están bien, o incluso muy bien.

Amazon Prime Video, plataforma a la que estoy suscrito simplemente por la tarifa plana anual para pagar los envíos de las compras, también estrena y emite serie surcoreanas. No tantas, no tan variadas como Netflix… pero siempre hay alguna en danza. Ya, previamente a darme de baja de Netflix, ya había visto unas cuantas. Y ahora son el recurso principal para las sobremesas modorras de los fines de semana.

Por ejemplo, Gyeongdoreul gidarimyeo (경도를 기다리며, Esperando a Gyeongdo), en castellano Tal vez mañana, una dramedia romántica, sobre una pareja de distinta extracción social que parece que están destinados a enamorarse continuamente, a los 20, a los 28 y las treinta y tantos años, pero no a seguir juntos. Interpretaciones decentes, guiones razonables, buena química entre los protagonistas… se puede ver sin considerarla un placer inconfesable, salvo por el emplazamiento de producto llevado al absurdo.

Gungminsahyeongtupyo (국민사형투표, El voto nacional sobre la pena de muerte), en castellano El voto de la muerte. Una serie que prometía y que tiene buenos momentos, pero que al final se desinfla un tanto. Unos enmascarados misteriosos infectan todos los teléfonos móviles con un programa, y empiezan unas votaciones para decidir que hacer con criminales que han burlado a la justicia. Y al final, asesinan al criminal. Un policía poco ortodoxo con un pasado atrás, una policía de ciberdelitos, y un hombre que asesinó al asesino de su hija, se ponen a buscar a estos enmascarados. Y… al final es un lío de argumento. Las cosas hay que hacerlas más sencillas, y menos melodramáticas.

Ha habido también una tontada de comedia romántica entre una profesora de instituto y el tío y tutor de uno de sus estudiantes, entretenida, de reciente estreno, y una dramedia buenrollista sobre un convicto que sale de la cárcel y acaba ayudando a los voluntarios de un hospital de cuidados paliativos para enfermos terminales. Se pueden ver, son entretenidos, pero sin más. Entre el placer inconfesable y el producto digno… según momentos y episodios. No. No me lo he tragado todo esto de repente. Algunas de estas series, las estrenadas hace tiempo, ya las llevaba siguiendo desde hace meses.

Pero la ironía ha venido de la mano un estreno de Netflix, que he podido ver gracias unos amigos, a pesar de ya no tener Netflix. Nada ilegal, ¿eh? Lady Dua [레이디 두아, la señor Dua], en castellano El arte de parecer Sarah. Una mujer aparece muerta… y parece que es la directora regional de una marca de bolsos de lujo… Parece. Porque luego resulta que es una mujer con varias identidades, que puede no estar muerta, y que puede ser la sospechosa del asesinato. Con un policía y su equipo a la caza. Un drama policial con pretensiones, que empieza muy bien, los primeros episodios llegan a ser casi brillantes, pero que va decayendo poco a poco, porque los guionistas no saben muy bien cómo salir del embrollo que ellos mismos han creado con un mínimo de dignidad. Pero se deja ver a pesar de todo. La protagonista, Shin Hye-sun, lo hace bastante bien. Así que, aun sin Netflix, no me he desecho del todo de las series surcoreanas de Netflix. Qué cosas.

[TV] Cosas de series; espías caballunos lentos y seres posapocalípticos varios

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están, más completas y sin palabras, en Fotos en serie. Nunca recuerdo si la ciudad que revientan a bombazos atómicos en una de las series de hoy es Los Ángeles o San Francisco… da igual. Sólo tengo fotos de San Francisco.

En primer lugar, aunque no voy a hacer un comentario muy extenso, ya llegará el momento. Hace unos años vi el primer episodio de la serie de Apple TV Slow Horses. Tenía buena pinta,… pero luego no llegué a encontrar momento para seguir viéndola. En estos últimos años, cuando la serie ya lleva completadas cinco temporadas de seis episodios cada una, y está anunciadas dos temporadas más, hay una opinión unánime de crítica y público de que la serie es excelente. Así que le estoy dando una segunda oportunidad. He visto ya los seis episodios de la primera temporada y he empezado con la segunda. Y me está encantando. Es muy buena. Una especie de parodia del Smiley de John LeCarre, con mucha ironía y mala baba. Cuando llegue el momento, probablemente cuando me haya puesto al día con lo emitido hasta el momento, ya le dedicaré más tiempo al comentario y la opinión. Pero muy recomendable. Aunque tenga menos claro si mantiene el tono paródico de la primera temporada. Ya os lo contaré cuando sea.

Y hemos podido ver la segunda temporada de Fallout en Amazon Prime Video. Ya sabéis la serie posapocalíptica basada en un videojuego, protagonizada por Ella Purnell, Aaron Moten, Walton Goggins y Kyle MacLachlan entre otros muchos, puesto que es una serie muy coral, con elementos y ambientes muy diversos, en ese lejano oeste norteamericano en el que la civilización ha saltado por los aires por el arte y la gracia de los intereses económicos y políticos bastardos. Crítica social y política a los poderes fácticos que asaltan en estos tiempos las instituciones del estado de derecho en Estados Unidos,… y en muchos otros sitios, de formas más descaradas o menos.

Mi relación con esta serie es peculiar. Reconozco que pierdo el hilo con facilidad de todas las tramas que se narran y de sus interrelaciones. Pero me da igual. Simplemente voy viendo lo que pasa ante mis ojos por la pantalla del televisor a la espera de los grandes momentos. Porque de eso va. Esas tramas, más o menos retorcidas, más o menos claras u oscuras, con más acción o con menos, con sus ironías o con sus dramas, van llevando por el camino a momentos televisivos estupendos que hace que merezca la pena el recorrido. Eso sí no me preguntéis en qué punto está la cosa o que os cuente de forma organizada lo que ha pasado hasta el momento. Seré totalmente incapaz. Creo que en su conjunto, la segunda temporada ha sido mejor. Al menos, sus momentos cumbre han sido mejores que los de la primera, mientras que los momentos de transición no han sido peores. Seguiré viéndola. Seguiré sin enterarme de lo que está pasando en su conjunto. Pero me lo seguiré pasando bien cuando lleguen los momentos adecuados. Y ya está.

[TV] Cosas de series; las mafias no son para mí

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están, más completas y sin palabras, en Fotos en serie. … .

Cuando me recomendaron Mobland/Tierra de mafiosos, según prefiráis el título en inglés original, yo la he visto en versión original, o lo prefiráis en castellano, me llamaron la atención dos cosas. La elevadísima valoración de la serie tanto entre el público como entre la crítica, así como el impresionante reparto de la misma, fundamentalmente británico e irlandés, uno de esos repartos que sabes que siempre está bien. Con este reparto, en el peor de los casos la cosa va bien. Cuando el material lo permite y están inspirados, con oficio para dar, vender y arrasar, son insuperables. Así qué… había que verla.

Aunque… la serie tenia un pequeño gran inconveniente. Para mí. No necesariamente, o seguramente no, para otros. Es una serie sobre mafias y mafiosos. Y este es un género que, por muy brillante que sea la realización y la interpretación, me suele cansar enseguida. No obstante, arriesgué. Creo que he tardado cuatro o cinco meses en ver los diez episodios de aproximadamente 50 minutos de los que consta la serie. Viendo un par de episodios. Pensando, ¡jo, qué bien lo hacen, qué buena que es! Descansando unas semanas… viendo otros dos episodios… ¡mira que son buenos estos actores. Nuevo descanso de varias semanas. Otros dos episodios,… ¡anda, si sale Jordi Molla! Haciendo de mejicano… pero si es catalán… y el acento que tiene quizá no sea muy catalán, pero seguro que no es mejicano, acento estándar castellano, el llamado «neutro», el de los presentadores de los telediarios… (al menos en la versión original, en la que de vez en cuando suelta una parrafada en español). Descanso por Navidad, y en dos tirones más de otros dos episodios cada uno… terminé de ver la serie. Es lo que soy cuando veo una de mafiosos. Y no tengo remedio. Por buena que sea la serie.

Y la serie es muy buena. Con Tom Hardy, como protagonista número uno, el principal sicario de confianza de los Harrigan, unos mafiosos liderados por Pierce Brosnan y Helen Mirren, casado con Joanne Froggatt, y buen amigo de Paddy Considine, el hijo menor de Brosnan y Mirren. Que están locos. Especialmente Mirren. Y el «nietísimo», «hijo» de Considine y Lara Pulver, que es otro loco destalentado (Anson Boon), que en una juerga se carga al hijo de Geoff Bell, que es el líder de otra banda de mafiosos, lo cual da lugar a la guerra entre ambas bandas. Una de esas guerras entre mafiosos donde no te puedes fiar de nadie, todo el mundo juega con las cartas marcadas, y la sorpresa surge cuando menos te lo esperas.

La serie es realmente muy buena. Como ya digo, el reparto está insuperable. Son muy buenos. Todos. Todos los que he mencionado, y los muchos que me he dejado en el tintero, porque el reparto es amplio, muy coral, a pesar de que el punto de vista principal de la narración es el de Hardy. Sin duda de lo mejor que he visto en los últimos años, y con una fama muy muy merecida. Lo único es… que a mí, las de mafiosos, me cansan enseguida. Realmente, mi interés por estos temas, es muy limitado. Es lo que hay. Habrá segunda temporada. Porque ya están rodando. ¿La veré? Ya veré. Mi apetencia es escasa por el tema, pero… ¡son tan buenos actuando esta gente!

[TV] Cosas de series; mi última serie surcoreana en Netflix,… con una de mis actrices favoritas de ese país

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están, más completas y sin palabras, en Fotos en serie. De mis localizaciones fuera de Corea en la serie de hoy, mi favorita es Kamakura, y allí nos vamos fotográficamente hablando.

Si cuando escribía mi anterior entrada televisiva en estas páginas comentaba que estaba en mis últimos días de suscripción a Netflix, en estos momentos ya hace una semana que vivo sin acceso a la mencionada plataforma de contenidos, y sin que la haya echado de menos en absoluto. Ni lo más mínimo. Pero es justo hacer un último recordatorio por uno de los fenómenos más curiosos que he vivido con ella. Se trata de las series surcoreanas. Esas series que empezaron siendo fundamentalmente guilty pleasures, placeres inconfesables, con argumentos y guiones bastante flojos, con interpretaciones irregulares, con personajes estereotipados, repletas de publicidad mediante emplazamiento de producto hasta resultar absolutamente ridículas y risibles, y que a pesar de todo me resultaban tremendamente divertidas, a ratos adictivas, especialmente para no pensar en nada y relajarme los fines de semana.

En honor a la verdad, ha habido algunas series que han merecido ser vistas por méritos propios. Que estaban bien hechas, bien interpretadas y con historias interesantes. He podido apreciar que, cuando se les da la oportunidad, muchos de esos actores y actrices pueden ser excelentes intérpretes, que los argumentos y los guiones no siempre se lo han permitido. Y además, la calidad de las series ha aumentado mucho desde que empecé a verlas en 2016, hasta la fecha. Pero también ha sucedido otra cosa. Y es que poco a poco me han ido cansando, y con frecuencia en el último año he visto algún episodio y luego las he abandonado por el déjà vu constante. Son cansinos a la hora de repetir argumentos, caracteres, situaciones, haciendo de estas series producciones muy predecibles. Uno de los motivos por los que al final tampoco han ayudado para mantener la suscripción. Especialmente, porque en otras plataformas han empezado a emitirse series similares que no están mal.

Pero aún hubo una última serie surcoreana que he podido ver. Una serie de 12 episodios que se estrenó el 16 de enero, y que me ha dado tiempo a ver completa antes de la finalización de la suscripción. Una serie que, podríamos decir, incluso me apetecía ver desde que la anunciaron, por su actriz protagonista, una de las que ha resultado ser de mis favoritas de las de esa nacionalidad. Quizá no sea la mejor, o la que tiene más oficio. Pero tiene su encanto propio. La serie es I sarang tongyeok doenayo? [이 사랑 통역 되나요?] frase en coreano que significa más o menos lo mismo que el título de la serie en inglés/castellano, Can this love be translated?/¿Cómo se traduce este amor?. Una serie con ciertas pretensiones, con rodaje en varios países fuera de Corea del Sur, como Canadá e Italia.

La serie es creación de dos hermanas, Hong Jeong-eun y Hong Mi-ran, que fueron también las responsables de otras tres series que pude ver en Netflix. Una de ellas, A korean odyssey, es una mera anécdota en lo que se refiere a mi apreciación. Entretenida, pero sin más. Uno de los muchos placeres culpables que he mencionado. Pero las otras dos me gustaron bastante y las disfruté, ambas con un tono sobrenatural, pero muy distintas. Una fue la romántica Hotel del Luna. A estas hermanas nadie les explicó que la Luna en español, portugués o italiano, posibles procedencias del título, tiene género gramatical femenino, y debería haberse titulado Hotel de la Luna. En catalán, además, es parecido, pero Luna es Lluna. Una de esas cutredades que están en todas las series surcoreanas y que forman parte de su «encanto»,… por llamarlo de alguna forma. Por lo demás, muy entretenida. Y otra fue la épica, y también romántica Alchemy of souls. Una de las más divertidas series surcoreanas que he visto. Y en cuya segunda temporada era protagonista femenina, en la primera sólo era un personaje recurrente, Go Youn-jung, que también es protagonista de la serie que traigo hoy aquí, y que fue el motivo por el que me apeteció verla.

Go Youn-jung fue también la protagonistas de Resident Playbook, la divertida dramedia médica, sobre cuatro residentes de primer año de obstetricia y ginecología, secuela de Hospital Playlist, series que estan entre mis favoritas de las producidas en el país asiático, y que he visto dos veces. Y me pareció que lo hacía muy bien, y que era una de las salsas de la serie, con la colaboración de los buenos guiones y el resto del reparto. El caso es que está al frente del reparto de la serie actual, en la que es una actriz con escasa fortuna en su trabajo y en las relaciones románticas, y que salta al estrellato cuando tiene un accidente que la deja en coma al final del rodaje de una película de zombis, película que tiene un gran éxito y que la catapulta a la fama cuando sale del coma. Esto la llevará a ser protagonista de un programa de telerrealidad con viajes y posibles romances con un actor japonés (Sôta Fukushi), mientras comienza una titubeante y compleja relación con el traductor de la serie (Kim Seon-ho), el otro protagonista de la serie.

Sinceramente, no es una serie tan redonda como las que he mencionado con anterioridad salvo la tontá de la odisea coreana, que me pareció floja. Pero no está mal. Y sobretodo, tiene una virtud, y es que va de menos a más. Dijéramos que a los personajes les cuesta encontrar el tono y la química entre ellos. O a los creadores de la serie les costó encontrar el punto entre comedia, drama y romance adecuados para que la serie funcionara. Que conste que está muy bien valorada por los votantes de IMDb. En cualquier caso, una buena despedida para las series coreanas de Netflix, y una razonable recomendación para quienes sigan suscritos a la plataforma. Y hasta aquí os podía contar. Ya no tengo más series de Netflix que comentar. Al menos, por un tiempo que presumo laaaaaaargo.

[TV] Cosas de series; caos de asesinatos y detectives en Georgia

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están, más completas y sin palabras, en Fotos en serie. No he estado en ninguna ciudad pequeña en Georgia. Y con lo antipáticos que se están poniendo los USAmericanos, no me apetece viajar a ese país. Pero estuve en Sausalito. Una ciudad pequeña en California. Tendrá que valer para ilustrar esta entrada.

Hoy, o quizá mañana, es mi último día con acceso a Netflix. Curiosamente, en este último mes en el que ya había tomado la decisión de suspender mi suscripción de casi 10 años de duración a la plataforma de contenidos más exitosa, me he sentido interesado por algunas series… pero no han sido bastantes ni lo suficientemente interesantes para hacerme reconsiderar mi decisión. Pero más allá de eso, los seis episodios de la serie que os traigo hoy aquí, seis episodios que duran entre los 39 y los 47 minutos, muy asequibles, muy dinámica, reconozco que me divirtieron bastante. Fue una recomendación de una compañera de trabajo que fundamentalmente apreció su sorprendente final. Yo diría sin embargo que el final me parece lo de menos, aunque sí que es una sorpresa, sino que el ambiente y el recorrido, un tanto descacharrados, fueron lo que más me divirtió.

His & hers es una policiaca que se mueve entre la acción, el romance y la comedia negra. Nos traslada a una ciudad pequeña del estado de Georgia, donde la oficina del sheriff del condado descubre el cadáver de una mujer en el bosque. El caso lo llevará el detective más veterano de ese departamento policial (Jon Bernthal), junto con una detective novata más joven (Sunita Mani). Y para una cadena televisión de Atlanta cubrirá el caso su mujer (Tessa Thompson), desparecida durante un año tras la muerte de su hija. Pero la resolución del caso no será fácil. El detective y la periodista tienen muchas cuentas pendientes. La mujer asesinada formaba parte de las amigas de la periodista en el instituto. Un grupito de amigas con secretos que no han salido a la luz. Y en el que seguirán apareciendo víctimas, perpetradas por lo que parece un asesino en serie.

Lo mencionado antes. La resolución de la serie, que no del caso policial, es sorprendente; pero lo divertido es el camino. Porque en esta ciudad pequeña, que existe en realidad, al norte del estado de Georgia, todo el mundo parece una catástrofe. El detective está en conflicto de intereses constantemente por sus propios intereses, por su relación con su esposa, de la que lleva separado un año, pero todavía casado, por sus aventuras con algunas de las mujeres implicadas en el caso, por su relación con su hermana (Marin Ireland) y su suegra (Crystal Fox). Lo cual causará la desconfianza de su compañera, que empezará a investigar por su cuenta, generando de paso más caos. Y la compleja relación de la periodista con sus antiguas «amigas», y su rivalidad con la rubia «barbie» (Rebecca Rittenhouse) que la sustituyó en su ausencia y que se quedó su prestigioso puesto. Y cuyo marido, un mazas (Pablo Schreiber), será el cámara con el que la periodista se irá a cubrir la noticia, y la cama de la habitación del hotel.

Lo fundamental de la serie no es tanto la resolución del misterio, sino el caos que se irá generando como una bola de nieve conforme avanza el caso y se producen nuevas muertes. Queda claro que nada es lo que parece. Y lo bueno es que la serie se mueve con ritmo, y con un argumento y unos guiones que funcionan muy bien, aunque no pretendan nunca hacer de esta serie una obra de arte. Es divertimento puro y duro. Y bien interpretado. El reparto es muy coral, y su calidad es variable, pero los personajes fundamentales funcionan bien, hacen un buen trabajo. Fundamentalmente, a pesar de su discreta apariencia, me lo pasé muy bien con los mejores momentos de Sunita Mani, como esa detective joven e inexperta, pero muy inquisitiva y (quizá) rigurosa, frente al veterano superior, que se cree más importante porque una vez fue detective de homicidios en Atlanta, pero que no hace más que meter la pata constantemente. Yo me he divertido. Bastante. Probablemente, dentro de un tiempo me habré olvidado de la serie. Pero estuvo bien mientras duró. Y eso ya me vale.