[TV] Cosas de series; Euphoria especial, marujonadas y Fargo

Televisión

Hay series que tienen especiales navideños. Especialmente las británicas. Suelen ser episodios amables. Eso… navideños. Aunque en ocasiones pueden hacer avanzar la trama de la serie de forma importante. Algunas lo han hecho. Pero en esta ocasión es una serie norteamericana la que nos ha ofrecido dos especiales… “alrededor” de la Navidad, más que navideños. Se trata de una de las series de moda en HBO, Euphoria. Especialmente después del reconocimiento interpretativo en los eventos de premios para su protagonista, Zendaya.

Hace ya año y medio que pudimos ver la primera temporada de este drama que explora las complejidades de la adolescencia, especialmente contemplando el consumo de drogas y los problemas de identidad sexual, o de identidad en general. Entre otros problemas de esa edad. Lo cierto es que es una serie que crece en el recuerdo. Hoy día, la aprecio más que cuando acababa de terminar de ver esa primera temporada. Todavía no hay, que yo sepa, fecha para la segunda temporada. Pero se nos han ofrecido dos especiales en torno al fin de año reciente. Uno, unas semanas antes (subido a HBO el 6 de diciembre de 2020), el otro, unas semanas después (subido a HBO el 23 de enero de 2021). Rodados con las precauciones necesarias por la pandemia con un equipo mínimo, el primero nos presenta una conversación de café de Rue (Zendaya) con Ali (Colman Domingo), un consumidor de drogas sobrio desde hace un tiempo, en el que eventualmente se apoya. Este episodio me pareció antológico; me dejó clavado al sillón. Excelente desde todo punto de vista. En el segundo encontramos a Jules (Hunter Schafer) en sesión de terapia, la primera, con una psicóloga (Lauren Weedman). No me ha impactado tanto, pero está también a un nivel muy elevado. Ambos nos han dejado con ganas de que vuelvan Rue y Jules con una segunda temporada que pueda mantenerse en los altos niveles que ha alcanzado la serie poco a poco.

No tengo fotos que se ajusten a las series de hoy, así que pongo algunas de un rollo que comentaré pronto en mi blog específico de fotografía. Paisajes urbanos, a este lado del Misisipí. Y del Ebro.

En el entorno de las fiestas de fin de año, sentí la necesidad de la intrascendencia. Hace unos meses hubiera apostado por una serie surcoreana. Un buen placer inconfesable perfecto. Pero no tenía ninguna a mano de las que me hubieran apetecido. Así que me fui a por una serie de la que me llegaban avisos constantemente en Netflix, aunque a priori no me había interesado. Era Virgin River, en español con el cursi título de Un lugar para soñar, que es un drama romántico culebronesco, que yo hubiera apostado que sólo se pueden ver en el canal Cosmo, pero que ya veis. Un enfermera altamente cualificada que, tras perder una niña en el parto y un marido en un accidente de tráfico del que se culpa… (culebronesco, os decía), opta por dejar Los Ángeles por ir a trabajar a un pueblo perdido en las montañas y los bosques del norte de California, donde… bueno. Da igual. Hay un tipo guapo y rudo con el que bueno… ya os imaginaréis. Pues eso… puro placer inconfesable. Si tuviera más sentido del humor, podría ser recomendable… pero le falta. Y no, por favor, que nadie lo compare con Northern Exposure (Doctor en Alaska). De verdad. Semejante comparación debería ser considerada crimen de lesa humanidad.

Y he visto la temporada cuarta de Fargo. Que me ha llevado muchas semanas. Y no porque sea mala, ni mucho menos. No sé si llega al nivel de las tres precedentes, pero sigue siendo una producción televisiva notable. Tradicionalmente, las historias de esta serie transcurrían en las frías llanuras del medio oeste americano, entre Dakota del norte y Minnesota, en cuyo límite está la ciudad de Fargo. Pero esta vez nos hemos desplazado a Kansas City, en el límite de los estados de Misuri y Kansas. Hay dos ciudades con este nombre, totalmente contiguas, perteneciente cada una a cada uno de estos estados. Por lo que entiendo, hemos estado en Misuri. Y allí hemos asistido al enfrentamiento entre la mafia italiana, ya establecida, a cuyo frente encontraremos a Josto Fadda (Jason Schwartzman) tras la extraña muerte de su padre bajo los cuidados de la excéntrica enfermera Oraetta Mayflower (Jessie Buckley), contra la mafia afroamericana, emergente, a cuyo frente encontraremos a Loy Cannon (Chris Rock). A ambos bandos dará abundante servicio la funeraria regentada por los padres de la joven e inteligente diecisieteañera Ethelride Pearl Smutny (Emyri Crutchfield), procedente de una familia multirracial. No voy a entrar en detalles de la trama, que es lo suficientemente enrevesada como para justificar que sea una serie de episodios. Últimamente vengo pensando que hay series innecesarias. Que lo que cuentan se puede contar en un largometraje. Y no necesariamente largo. Pero bueno. Las interpretaciones de los mencionados, así como de otros caracteres como los de Timothy Olyphant o Jack Huston o Ben Whishaw, son notables. Encontramos también curiosidades como el episodio 9 de los 11 que consta la temporada, rodado en su mayor parte en blanco y negro… con curiosas referencias al mago de Oz. Y lo único que encuentro a faltar es que esta temporada es la más seria de la serie, la que menos combina el absurdo o el humor negro con la seriedad de los argumentos. ¿Por qué me ha llevado semanas ver estos 11 episodios? Porque no se pueden ver de cualquier forma. Hay que centrarse en lo que ves. Y no siempre tengo la cabeza lo suficientemente en su sitio últimamente para ello.

[TV] Cosas de series; series británicas (o así) para las vísperas del Brexit

Televisión

Con fecha 1 de enero quedó perpetrado el Brexit, el divorcio, atribulado como tantos divorcios, entre el Reino Unido y la Unión Europea. Un divorcio a petición de una de las partes, que siempre se ha sentido poco comprometida con este poliamoroso matrimonio con ventitantos cónyuges. Y motivado más por intereses particules, y espoleado por los populismos fascistas o cuasifascitas que remueven el mundo. Pero la vida sigue, y entre las series de televisión, siempre hay alguna británica que destaca en la cartelera seriéfila. Y en las vísperas del Brexit, esto no ha sido una excepción.

Como digo en el texto, claramente una de las serie de hoy está rodada en Margate, sur de Inglaterra, lugar que visité en octubre de 2013 y del que os dejo unas vistas.

Las series británicas, especialmente aquellas de tono más amable o familiar, tienen especiales navideños. Y la nueva recreación de All creatures great and small no ha escapado a esta tradición. Y además han aprovechado para “corregir” cierto “desaguisado romántico” que nos habían dejado con el fin de la temporada “normal”. En fin… buen rollo a raudales para esta serie cuyo principal objetivo es,… ese. Generar buen rollo. Hay que recordar que se puede ver en Filmin.

Bridgerton no es una serie británica. Aunque su reparto sí lo es en buena medida. Supongo que para dar un poco de convicción a este pastiche aparentemente ambientado en la segunda década del siglo XIX, en 1813 si no recuerdo mal, los británicos están enzarzados en España contra los ejércitos napoleónicos. Y nos movemos en la serie entre la alta sociedad inglesa, con tramas aparentemente muy del estilo de las novelas de Jane Austen. Pero como decía es un pastiche. De la factoría de culebrones de Shonda Rhimes, aunque ella no aparezca directamente involucrada en la creación de “esto”. En realidad, la serie está más emparentada con cosas como Grey’s Anatomy, Scandal, o How to Get Away with Murder. Romanticismo de instituto, algo de sexo sin pasarse, y los elementos tradicionales de los culebrones. Buenos, malos, guapos, mezquinos, tontos… y todos contra todos. Basada en una saga de novelas “románticas” de una autora americana cuyo nombre ni recuerdo ni me importa, propone un universo alternativo en el que la reina Carlota de Mecklenburg-Strelitz, alemana de nacimiento, es negra, o al menos mezcla, y gracias a ellos los británicos disfrutan de una sociedad igualitaria multirracial. Si yo perteneciera a alguno de los grupos que han sido discriminado por el color de su piel, creo que me cabrearía más esta extraña “puesta en escena políticamente correcta” que la representación de la realidad de cómo era la sociedad británica de la época. Y esto no tiene nada que ver con la tradición del teatro británico de otorgar papeles en las obras dramáticas a buenos intérpretes, haciendo abstracción del color de su piel, lo cual me parece muy bien. A partir de ahí, que nos interpreten la Barcarolle de Los cuentos de Hoffman de Offenbach, en un momento situado 70 años antes de su composición… pues son ya detalles sin importancia. Dejando a un lado que los yanquis de Shondaland se pasen cualquier consideración de respeto histórico por el forro de la entrepierna, ¿se deja ver la serie? Sólo como placer culpable, inconfesable o como lo queráis denominar. Eso sí, se han gastado un pastón en ambientación, vestuario y diseño de producción. Seguro que tiene éxito.

Otra cosa muy distinta es The Singapore Grip, comedia dramática de época, que nos lleva a Singapur en las semanas previas al desastre británico que llevó a la conquista de la península malaya y la ciudad por parte de las tropas japonesas en un tiempo que se podría considerar récord, dada la lejanía de los nipones de sus bases de origen y las naturaleza del terreno. Y esta producción británica incide en ello, los militares británicos, especialmente los de alta graduación, aparecen como unos perfectos y absolutos imbéciles e ineptos. La serie está basada en una novela del mismo título de J. G. Ferrell, un autor del que no he leído nada, y tiene un carácter fundamentalmente satírico. Al fin y al cabo, desde su propio título, juega a la confusión conceptual al comparar una técnica sexual con la situación sociopolítica del Imperio británico en Asia, causada por la tenaza de los capitales occidentales sobre las economías coloniales. Y evidentemente, hay elementos interesantes de crítica anticolonial. Sin embargo, la serie opta por dar más fuerza al trío amoroso entre el idealista heredero de la mitad de una empresa exportadora de caucho que acude a la ciudad asiática al morir su padre (Luke Treadaway), la desaprensiva hija del empresario que posee la otra mitad (Georgia Blizzard) y una joven china (Elizabeth Tan), que huye de los japoneses, y que está mal vista por los británicos, ya que es una joven culta y leída, por lo que probablemente será “comunista”. Pero esta trama romántica tiene graves limitaciones, las interpretaciones no están siempre a la misma altura que otras producciones británicas, y hay otras subtramas en el relato que tienen más miga y que quedan muy superficialmente tratadas. Hasta cierto punto es una serie fallida. Aunque la ambientación y el diseño de producción es de lujo y las chicas salen muy guapas.

Y finalmente, Two weeks to live, una corta serie de seis episodios en HBO de 24 minutos de duración cada uno, protagonizada por la “tronada” Maisie Williams. Interpreta a una joven que ha vivido aislada en los bosques de Escocia, alejada del mundo, con su madre y que de repente sale al mundo convencida de que este se acaba para vengarse de los que mataron a su padre. Es como una versión descabalada de Hanna, puesto que el tono es también satírico o al menos paródico, aunque no falta violencia más o menos gore. Transcurre en buena parte en algún lugar a orillas del mar en el sur de Inglaterra, cuya localización es inconfundible para mí, puesto que es un lugar que visité hace unos años. Ver las fotos acompañantes. Es entretenida. Y tiene algún momento muy divertido. Pero tampoco es la octava maravilla. Realizada a mayor gloria de su protagonista… lo cierto es que los intérpretes que han alcanzado celebridad con los “tronos” lo van a tener complicado para encontrar su lugar en otras producciones. Me supongo. Aunque ya hay alguna excepción por ahí para esta afirmación.

[TV] Cosas de series; hasta el espacio y más allá

Televisión

Después de los días de las fiestas de fin de año, después de las nevadas de estos días, después de cierta atonía en la visualización de series, lo cual no quiere que tenga unas cuantas por comentar, toca hacer un repaso a uno de mis géneros favoritos. Quizá por eso también es uno de los que más decepciones me produce… pero bueno. Esta vez no estamos hablando de eso. Vamos con las aventuras espaciales.

Como nunca faltan los planetas helados en las sagas galácticas, seguiremos disfrutando fotográficamente de la nevada de estos días.

Primero, el especial de navidad de Doctor Who. Desde que se retomaron regularmente las aventuras espaciales del Doctor en 2005 de forma regular, la serie ha tenido momentos muy buenos, algunos realmente estupendos, en los que uno tenía ganas, incluso cierta ansiedad, por que llegasen nuevos episodios y aventuras. Mis momentos favoritos están en aquellos episodios en los que coincidían en pantalla Amy Pond (Karen Gillan), River Song (Alex Kingston) y quizá algún que otro ángel lloroso. Aunque mi episodio favorito sigue siendo uno en lo que no salía ninguna de ellas… y el Doctor tenía un papel secundario. Pero salían ángeles llorosos. Y la estupenda y adorable Sally Sparrow (Carey Mulligan). Aquella época pasó. Y aunque la serie me sigue entreteniendo, ya no me despierta la misma expectación. Demasiado devorada por lo políticamente correcto, se les ha olvidado que para que funcione bien tiene que haber una buena combinación de Doctor y compañero/a. Y la época de Jodie Whittaker, que me gusta como doctora, no tiene el mismo lustre,… porque los compañeros me parecen sosos. Sinceramente. El compañero es importante, como lo es Watson para Holmes, o Sam para Frodo, o Sancho para Don Quijote, o Dororo para Hyakkumaru, o Han Solo para Luke Skywalker… por poner ejemplos de los géneros más diversos. Porque representa a la persona común en el viaje del héroe. Nos representa a nosotros, los espectadores, que somos personas comunes. Pero tiene que haber química, tiene que haber salero en la interacción, tiene que servir de puente. En el especial de Navidad de este año… pues ha habido una cosa buena, y otra mala. La buena es que han recuperado a Jack Harness (John Barrowman), que siempre anima el cotarro. La mala es que han recuperado a los Daleks como villanos… que me aburren soberanamente. Las votaciones de los usuarios de IMDb nunca me parecen especialmente fiables… pero si comparamos las puntuaciones de 8 y mucho y hasta 9 en los tiempos de Amy Pond con el 6,1 de este especial… quizá os hagáis a la idea.

The Mandalorian… ah… la segunda temporada de esta serie de la franquicia Star Wars ha confirmado las sensaciones que ya teníamos en la primera temporada. Se han recuperado los valores más importantes de la saga original. Aventuras, humor de dosis razonables y adecuadas, personajes que generan empatía en el espectador, una buena banda sonora, nuevos mundos y aventuras donde realmente te importa la peripecia de los protagonistas. En algún momento hemos llegado a comentar incluso que, aunque con medios técnicos más sencillos que la mayoría de las películas de la saga, es lo mejor que hemos visto de la misma desde “El imperio…”. Normalmente diría… ¡qué ganas de ver más! El problema es que ha resultado como si sólo hubiesen pensado en dos temporadas, y que no les daría la historia para más. Porque el final de la temporada, que nos es ni mucho menos el mejor episodio de la serie hasta el momento, ha sido perfecto como el final de la serie. Y nos deja muchas dudas sobre la evolución de la misma dentro de un año. Ojalá vuelva con el mismo interés que nos ha despertado en su dos primeras entregas… ya veremos. Mientras, anuncian una cascada de nuevas series. ¿Pasará, lamentablemente, como con las películas para la gran pantalla? En lugar de centrarse en unos pocas pero bien hechas, Disney comenzó a ordeñar la vaca constantemente, saturando a los aficionados y bajando la calidad de los guiones y las producciones. Disney da miedo. Mucho miedo. Más que Palpatine.

Si descontamos mi gusto infantil por los primeros episodios de las primeras series de la franquicia hace… muchos años,… Star Trek: Discovery ha sido la serie de Star Trek que más me ha gustado. O casi cabría que decir… la única que me ha gustado. Las series de Star Trek siempre han tenido un algo cutre que me ha echado tradicionalmente para atrás. Y esa filosofía de concordia y buen rollo de la que han presumido siempre sus seguidores, siempre me ha parecido una filosofía un poco de baratillo y no siempre realmente coherente con lo que presenciaba en pantalla. De hecho, siempre me ha parecido que la mejor serie de Star Trek, y más coherente, desde un punto de vista filosófico, es una parodia suya, de la que todavía estamos esperando su tercera temporada. Pero con Michael Burnham (Sonequa Martin-Green), las distintas versiones de Philippa Georgiou (Michelle Yeoh), y las distintas versiones de Lorca (Jason Isaacs)… lo cierto es que me encontré con un estilo totalmente distinto, mucho menos cutre, mucho mucho mucho menos cutre, y con tonos más matizados, menos ingenuos cuando no puramente maniqueos. No perfecta, pero mucho más digerible para mis gustos. Curiosamente, aquellas características de la serie que la hacían más interesante para mí… producían un cierto rechazo en los fans tradicionales. Por lo que la serie ha ido regresando al redil. Ciertamente con un nivel de producción muy superior al tradicional de las series de la franquicia, pero con unas tramas y con unos personajes que me cuesta tomarme en serio. La tercera temporada empezó bien, pero no tardo en divagar en una serie de situaciones que empezaron a disminuir alarmantemente el interés que tenía en la misma. Afortunadamente los últimos episodios, los dos últimos, y a pesar de una “mala” (Janet Kidder) absolutamente ridícula en muchos aspectos, han sido bastante entretenidos y no han dejado mal sabor de boca. También tengo la sensación de que han cerrado un ciclo y que no tengo ni idea de dónde irán a parar sus futuras aventuras. En fin… ya veremos, que dijo un ciego a otro ciego. Por cierto… odio a la alferez Tilly (Mary Wiseman). De verdad. No la soporto. ¿Por qué la han hecho tan mema?

[TV] Cosas de series; primero fue el manga…

Televisión

He observado ciertas tendencias en la producción audiovisual japonesa. Hay muchas, muchas series, con frecuencia de animación, que son adaptaciones de una historieta, manga, previa. Y en ciertas ocasiones, con posterioridad, pasan a convertirse en serie de acción real. También sucede con algunos largometrajes. Hoy vamos a ver tres series japonesas que terminé de ver en las últimas semanas, y cómo se comportan dentro de esa tradición.

Ya que de las tres series, la que más me ha gustado es la que nos lleva a un viaje de autorrealización del héroe, un camino muy del gusto budista, nos pasearemos por los templos y camposantos de Koyasan. Donde encontraremos algún modelo en grande de Kannon, similar al más pequeño que veneraba la madre del personaje protagonista.

Alice in borderland es un manga publicado entre 2010 y 2015. En realidad, su título original, 今際の国のアリス [Imawa no kuni no Arisu], debería traducirse como Arisu del país del ahora. El apellido japonés Arisu, sería homófono al nombre femenino inglés Alice, más o menos. La cuestión es que el Arisu del manga es un tío de 20 años y no una niña de 10. Pero es innegable la inspiración en la obra de Lewis Carrol. Al menos, transcurre en un mundo extraño, hay naipes, y un sombrerero loco. El manga se convirtió hace unos años en serie de animación, de la que sólo sé que existe, y en este pasado 2020 en una serie de acción real emitida por Netflix. Tres jóvenes sin oficio ni beneficio, en el borde de la delincuencia, se ven transportados a una realidad alternativa donde están obligados a participar en una serie de juegos para no perder la vida. Cosa que también puede suceder dentro de los juegos. La premisa general de la serie, protagonizada por Yamazaki Kento como Arisu Ryohei y Tsuchiya Tao como Usagi Yuzuha, la habilidosa chica que acabará acompañándole en la peligrosa aventura, está bastante bien. Pero su realización presenta altibajos. Con momentos inspirados y otros que chirrían más. Lo que me pregunto es cómo han conseguido filmar en un Tokio absolutamente vacío. Manifiestamente mejorable, aunque me apuntaré a la segunda temporada cuando llegue.

Stein’s gate comenzó siendo una “novela visual”… es decir, un juego para ordenador o máquina recreativa interactivo, de 2009, que inmediatamente se adaptó al manga, el mismo año, y una serie de animación en 2011. De la misma se derivaron otras series y largometrajes. Lo que he visto en Netflix es una nueva serie, Steins:Gate 0, que es una secuela de la historia original estrenada en 2018. Me interesó porque incluía viajes en el tiempo y la gestión de las paradojas acompañantes… pero me ha costado mucho terminarla porque es un pastiche de estilos y géneros visuales que a veces se me hacía indigesto. Está muy bien valorada en IMDb, pero a mi me costaría recomendarla a alguien que no sea un auténtico otaku. Pero igual soy muy ingenuo al respecto sobre el nivel real de los otaku nipones.

Dororo [どろろ] es, originalmente, un manga muy antiguo. Publicado entre 1967 y 1969, ya tuvo una adaptación a la animación en aquel 1969. Posteriormente una versión en forma de largometraje de acción real en 2007, y ahora, pudiéndose ver en Amazon Prime Video, llega una actualización en forma de animación, estrenada en 2019. Hay que considerar que la animación de 1969 fue… en blanco y negro. La historia engrana muy bien con cierta tradición asiática, budista, cuyo referente principal es el clásico Viaje al Oeste. La historia es el relato de un viaje por el Japón del período Sengoku, en el que durante 100 años Japón estuvo en un estado de guerra civil constante con gran sufrimiento de la población civil. Un señor samurai, Daigo, hace un pacto con los demonios de un templo budista para la prosperidad de su territorio en medio de la inestabilidad global. Como consecuencia, su esposa da a luz a un niño sin órganos, que inexplicablemente vive, probablemente por la mediación de la “diosa de la Misericordia” a la que ruega la esposa [la imagen de la diosa tiene toda la pinta de ser la bodhisattva Kannon, muy venerado en Japón]. Evitada su muerte por la comadrona, es recogido y cuidado, y se le suministran prótesis que unida a su visión espiritual interior que le permite detectar a los demonios, se lanza en busca de estos para recuperar sus órganos y su humanidad. Y en estas se encontrar con “un niño”, Dororo, que le acompañará y le ayudará en el viaje (en la película parece que es “un joven”). Está muy bien. La historia es muy interesante, la animación de buen nivel, y empatizas fácilmente con los personajes. Tras Cowboy Bebop y Samurai Champloo,… auténticos clásicos, uno de mis animes serializados favoritos. Muy recomendable. Muy al estilo “Don Quijote”, Hyakkimaru sería el héroe en su búsqueda épica, y Dororo, sería el representante de las personas comunes, como Sancho, dentro de la aventura. Una fórmula clásica, que suele dar resultado.

[TV] Cosas de series; más comedias románticas coreanas

Televisión

Como ya sabrán los habituales de este Cuaderno de ruta, desde que me suscribí a Netflix, descubrí uno de mis placeres inconfesable que más me divierte compartir. Los “dramas” coreanos. Teleseries con innumerables defectos en interpretación, guion y otras dimensiones de la producción televisiva, pero que una vez que empiezas a verlos, te enganchas y no puedes dejarlo. Aunque… ha surgido un problema. Ya ha habido algunas de estas series que he visto sin considerarlas tales placeres inconfesables. Vamos, que tenían una mínima calidad para considerarlas dignos productos televisivos. Quizá no maravillas, pero si un entretenimiento razonable. Y eso ha llevado que me haya puesto más exigente y ya no me valga cualquier cosa. Por lo tanto, pruebo con varias, pero me quedo con pocas. Quizá sea lo adecuado. De todas formas, las dos siguientes todavía cuentan como placeres inconfesables.

Podía elegir entre la cosmopolita Seul, dónde se desarrolla “Start-up”, o las ciudades tranquilas de provincias coreanas, como la más o menos ficticia de “Dodosolsollalasol”, a la que dan un nombre, pero que no es el de la ciudad real donde está rodada, Mokpo. En cualquier caso, opto por la interesante Gyeongju, más parecida al ambiente de esta última que al de Seul.

Do do sol sol la la sol, además del título de la serie, en coreano 도도솔솔라라솔, pero asumid que se pronuncia muy parecido, son las notas iniciales de una popular canción que viene del siglo XVIII. Canción que luego se vio ennoblecida por las 12 variaciones que Mozart escribió sobre esta melodía. En su mayor parte es una comedia romántica, con exceso de sacarosa en muchas ocasiones, sobre una joven de buena familia, huérfana de madre, pianista competente pero no de extraordinario talento, que de repente pierde al padre, que mucho la quiere, y su fortuna. Por lo que rehace su vida en una ciudad alejada de Seul, donde abre una academia de música. Y se enamora de un joven, algo sieso, pero de buen corazón, que le ayuda al principio. Rodeada además de un montón de gente de buen corazón. Porque es una serie de buen rollito y buenos sentimientos. Como muchas de estas comedias románticas, juega la baza del dramatismo en su tercio final, para llegar a un fin de serie que provoca en el espectador sensato un “¡Anda ya! ¡Pero de que vais, tíos! ¿En serio? ¿Me estáis tomando el pelo?”. En fin. Puro placer inconfesable que se salva por la empatía que generan los personajes en su conjunto, y unas cuantas escenas cómicas interpretadas por los personajes secundarios.

Si la anterior es epítome de lo que pueden ser las comedias románticas surcoreanas, en Start-up (스타트업, Seutateueop, que es lo mismo pero pronunciado a la coreana), básicamente jugamos con elementos similares, pero con un toque de actualización y modernidad, cuando todos los implicados están en el negocio de las empresas emergentes en el campo de las nuevas tecnologías. También tenemos a huérfana de padre, agravada por el hecho de que su madre no murió sino que se fue con otro señor llevándose a su hermana, con la que establece una feroz competencia, y con una serie de equívocos a partir de un amigo por correspondencia que se inventó su abuela. La protagonista de esta serie, Bae Suzy, ya había aparecido en alguna otra serie coreana de Netflix, y procede del “idoleo” K-pop. Se dice de ella que es la estrella del K-pop más guapa en la actualidad. No sé. Puede ser. Es muy guapa. Aunque con serias deficiencias interpretativas. Pero es muy guapa. No me enganchó tanto como la anterior, aunque tiene un nivel de producción superior. Por las tremendas deficiencias de guion y de reparto. El interés romántico principal de la protagonista es un sieso de mucho cuidado, mientras que el segundón, es un tipo mucho más simpático e interesante. Por lo que es difícil de entender esa importante parte de la trama. Y la hermana, a priori fría y desalmada, interpretada por Kang Han-na, es un personaje mucho más interesante, con una historia personal con más miga, pero que permanece buena parte del tiempo en segundo plano y con poco desarrollo de su historia. Y además, no será la estrella del K-pop más guapa,… pero desde mi punto de vista es bastante más atractiva que la protagonista. En fin… puro placer inconfesable.

Ahora he empezado con otras dos, una de terror y otra de estafadores… que ya veremos. Pero estoy muy liado durante las fiestas con otras cosas, así que supongo que les daré un empujón ya en enero.

[TV] Cosas de series; la corona y otras cosas antes de la crisis navideña

Televisión

Sip. Para Navidad suelo entrar en una crisis televisiva, en la que casi nada me apetece o me engancha. Y ya lo estoy notando. De hecho, esta semana he empezado a aprovechar para ver largometrajes en las plataformas interneteras que tenía pendiente. Ayer fue una de dibujos animados. Ya veremos hoy. Alguna serie maja estoy viendo eso sí. Ya llegará el momento de hablar de ellas.

Este año hemos tenido bastantes dosis de paisajes escoceses en The Crown, así que al norte de la Gran Bretaña nos iremos.

De la que ya no hablaré es de uno de los últimos estrenos de campanillas de Netflix de fabricación nacional, El desorden que dejas. Cuando llevaba 10 minutos del cuarto episodio me pregunté a mi mismo porqué estaba viendo una historia tan mal llevada, poco interesante y más inverosímil que Luke Skywalker redivivo, y tan mal interpretada, y lo cerré para no volver a abrirlo nunca. ¿Por qué interpretes españoles que funcionan bien en la gran pantalla lo hacen tan mal en la pequeña? Entre otras cosas… claro.

Mucho más satisfactoria, incomparablemente más satisfactoria, ha sido la cuarta temporada de The Crown. Y eso que no ha habido un episodio específico de esos que dices “de antología”. Pero la calidad de la serie, en general, se mantiene. En esta ocasión el interés ha venido alimentado además por las protestas de sectores gubernamentales británicos. Y es que nos vamos acercando a momentos que más gente tiene frescos en la memoria. Y que a los tories les toquen a Maggie (Gillian Anderson), y no presentando precisamente una faz agradable, les debe de fastidiar bastante. Especialmente viendo las mediocridades con las que torean ultimamente. A ver… todos dábamos por sentado que lo que vemos es especulativo. No están documentada para la posteridad las conversaciones privadas de los personajes históricos que se muestran. Pero eso no resta valor dramático a la serie. Luego que cada cual se estudie la historia donde convenga.

Finalmente, algo que no sé si denominarlos guilty pleasure, o si es algo todavía peor que eso. Nos recomendaban hace poco varias expresiones en castellano para esta expresión en inglés, y la que más me convencía era la de placer inconfesable. Mejor que placer culpable. En algun lugar de internet de cuyo nombre no quiero acordarme, recomendaban una serie de acción de Amazon Prime Video titulada Motherland: Fort Salem. Me puse a verla y resultó ser delirante en su planteamiento y puesta en escena y… delirantemente mala. Las brujas de Salem no fueron quemadas, firmaron un acuerdo con las colonias británicas en norteamerica, y acabaron siendo el ejército de los Estados Unidos. Y vemos cómo les va a unas reclutas en la academia militar. Absolutamente delirante. Pero no conseguí dejar de verla. No. No la recomiendo. Ni a mi peor enemigo. Pero ¿qué te apuestas a que me meriendo la segunda temporada si no la cancelan, que es lo que se merece? Por qué el público votante en IMDb le da más de un 7 de puntuación media sobre 10… eso forma parte de los misterios de Fátima, probablemente. Una cosa es engancharte a un bodrio y otra no ser consciente de que es un bodrio.

Las próximas semanas nos iremos a extremo oriente. Aunque en algún momento hablaré de lo bien que me lo paso con el Mangurriano, beibi Yoda y otras ranas espaciales. Mandaloriano, quería decir.

[TV] Cosas de series; comedia navideña, monstruos góticos y un corto de animación

Televisión

Sigo llevando un cierto retraso en mi comentario de series televisivas. Hoy voy con una serie de producciones, vistas más por curiosidad que por genuino interés. Con consecuencias diversas. Alguna de estas series hace prácticamente dos semanas que las vi.

Paseo por Londres, dedicado a todas las variantes del monstruo de Frankenstein que los dos últimos siglos se han dado.

Dash & Lily es una comedia de situación de ambiente navideño, producción de Netflix. Para nada me había planteado verla, porque estos productos me empalagan sobremanera, pero algunas recomendaciones procedentes de gente que considero bien informada me animaron. No me arrepentí. Un romance adolescente con Nueva York como fondo, en el que dos jóvenes de 17 años, con actitudes distintas ante la vida y la Navidad, ella (Midori Francis), muy naíf, él (Austin Abrams), muy escéptico, entran en un juego a través de un cuaderno en el que se van dejando notas sin llegar a conocerse realmente en persona hasta muy avanzada la serie. Unos diálogos ágiles, unos personajes simpáticos y una gestión de los tiempos internos de la historia muy dinámica llevan a un producto amable, simpático, fácil de ver y de digerir y que no molesta a nadie. Aunque la joven protagonista roza, sin alcanzarla, la categoría de “cargante”.

Lo que se llama habitualmente el terror gótico no es lo mío. Por lo que la aparición hace un tiempo en Netflix de una serie procedente de alguna cadena de televisión británica dándole vueltas al monstruo creado por Mary Shelley, paradigma del romanticismo anticientífico por excelencia, no me atrajo de inmediato. La serie, The Frankenstein chronicles, son dos temporadas de seis episodios cada una emitidas originalmente en 2015 y 2017. El protagonista es de postín, Sean Bean, y la cadena de vídeo bajo demanda utilizan mucho la imagen de Vanessa Kirby como reclamo. Pero esto es engañoso. En la primera temporada, realizada antes de que Kirby subiera su cotización por su trabajo como princesa Margarita, tiene un papel secundario, aunque razonablemente importante. En la segunda… apenas la vemos en un episodio. Pero como digo, en estos momentos esta chica igual es un reclamo más importante que su protagonista. Lo cierto es que la serie no está mal. Aunque tengo la sensación de que la segunda temporada sobra. Que lo que había que contar se cuenta en la primera y ya está. Una reimaginación de la historia del monstruo de Frankenstein, curiosamente en un universo en el que dicho libro ha sido escrito por la propia Shelley que es un personaje más de la ficción. Las ficciones de época británicas suelen estar bien hechas y bien interpretadas. Luego ya es cuestión de que la historia, con más semejanzas con Jack el Destripador que otra cosa, funcione o no. Y en esta ocasión lo hace. Aunque esta versión sean tan anticientífica como el texto de Shelley. Como curiosidad, en 2015 no me animé a ver la serie.

Finalmente un corto de animación visto en Netflix. If anything happens I love you dura 12 minutos. Y teniendo en cuenta la duración de los créditos finales, en realidad apenas dura 10 minutos. Es una pequeña pieza muy bien hecha, con una animación muy elegante, sobre un matrimonio que pierde a su hija de nueve o diez años en un tiroteo en su centro escolar. Un alegato antiviolencia y antiarmas directo, claro y si necesidad de grandes discursos. Si tenéis diez minutos, dadle una oportunidad. Se lo debemos a Michael GovierWill McCormack.

[TV] Cosas de series; inacabadas británicas y anarquía romántica sueca

Televisión

Vamos esta semana con dos series de poca repercusión mediática, pero que puede tener su interés.

Sanditon fue la novela inacabada de la célebre escritora inglesa Jane Austen. Después de haberme informado un poco sobre esta obra, lo de “novela inacabada” puede parecer casi un humorismo. Porque no es que el relato estuviera muy avanzado cuando la enfermedad de Austen la hizo detenerse y no volver nunca a retomarla. Es que prácticamente sólo había esbozado un escenario. Cuyo desarrollo sería más o menos previsible, de acuerdo a las obras anteriores de la escritora. Una joven impulsiva, bien intencionada y simpática, la heroína de la novela, y un hombre apuesto, austero, casi antipático… y a partir de ahí. Lo que supongan. Ha habido muchos intentos de dar continuidad a la obra. Y en Filmin podemos ver el último intento en forma de serie televisiva, Sanditon.

Fotográficamente, hoy pasearemos por Estocolmo,… como los protagonistas de los anárquicos romances de hoy.

Lo que sorprende es el tono. No es que la serie se desmadre. Pero que a las primeras de cambio un personaje femenino de la serie sorprenda mientras pasea por un bosque a otro personaje femenino haciéndole unos “trabajos manuales” a su hermanastro… eso seguro que no lo pensó escribir Austen. Me jugaría algo y no lo perdería. Y así, con Rose Williams y Kris Marshall al frente, nos encontramos ante un culebrón de época, bastante entretenido, que recoge que el ambiente y las formas de los tiempos de las novelas de Austen, aunque le sube el tono en ciertos momentos. Y juega con el espectador al dejar un final sorprendente. Que para algunos podría ser un final abierto, quizá de cara a una segunda temporada. Las declaraciones formales de sus responsables es que no la habrá. Pero suena más a que no tuvo la acogida prevista que a que no lo tuvieran en mente. Digan lo que digan. No es la mejor de las adaptaciones de la obra de Austen. Ni siquiera sé si se le puede incluir entre estas. Pero es entretenida.

En otro orden de cosas, tenemos una comedia de situación sueca, con más fondo del que habitualmente tienen las comedias de situación. Se trata de Kärlek & Anarki [Amor y anarquía], y ya adelanto que me ha resultado una agradable sorpresa en el catálogo de Netflix. Una consultora autónoma, Sofie (Ida Engvoll), en el filo de sus cuarenta, casada y con dos retoños, entra a trabajar en una pequeña editorial para impulsarla, y al poco entra en un juego de desafíos con el joven informático de la empresa, Max (Björn Mosten), veinteañero, con contrato temporal, y que comparte piso con otros jóvenes de su edad. Y por supuesto, se van a complicar la vida… de la forma que os podéis imaginar por el título. Mientras, les rodea un peculiar universo laboral, en el que se parodia el mundo de la cultura y la actividad editorial, y un universo familiar, bastante menos paródico y más serio. Comedia, muy divertida, con un fondo de denuncia social, con momentos muy inspirados y un tono general bueno. Recomendable.

[TV] Cosas de series; comedia polémica, drama menos polémico de lo previsible y apocalipsis

Televisión

Se me están empezando a acumular las teleseries. Pasa. De repente terminas varias series o temporadas. Luego pasan unas semanas… hasta que vuelves a terminar varias. A veces voy amortizando los comentarios, otras se me acumulan. Hoy tenemos dos series y un corto. Interesante. Empecemos por este.

El ruido solar es un corto de ciencia ficción que se pudo ver brevemente en Filmin. No tenía claro si incluirlo en el apartado televisión o en el de cine. Lo voy a comentar aquí… pero creo que lo añadiré a mis estrenos cinematográficos. Si incluí el cortometraje de Almodóvar, ¿por qué no éste? Ya veré. El caso es que se trata de un curioso e interesante ejemplo de ciencia ficción realizada con cuatro perras. Dirigido por Pablo Hernando, nos cuenta cómo un evento cambió el mundo para siempre. En el año 2020 se produjo una especie de gran destello solar, que hizo que cada persona percibiese durante ese instante un momento de su futuro. Un futuro de carácter apocalíptico. Un futuro que anunciaba el fin del mundo tal y como lo conocemos. Este tipo de cortos tienen su punto experimental. Por ello, pueden no ser del gusto de todo el mundo, pero esto no les resta valor. A mí me pareció interesante. Por si lo incluyo entre los estrenos de cine, hay van mis estrellas: Dirección: ***, Interpretación: ***, Valoración subjetiva: ****.

Uno de los efectos negativos de mi rechazo a la cuestión vasca es que llevo 20 años sin viajar por ese bello país, pero en el que, entre unos y otros, no siempre me he encontrado a gusto. Aunque hubo momentos en que sí. Porque gente maja hay en todas partes. Hasta en el infierno. O sobre todo en los infiernos.

Emily in Paris es una nueva comedia de situación protagonizada por Lily Collins, que se estrenó a principios de octubre en Netflix. Me estuve pensando si ver o no ver. Tenía pintas de americanada. Y de hecho, transcurriendo en nuestro país vecino, los franceses pronto protestaron por la visión estereotipada y reduccionista que la serie transmitía de su cultura y de su sociedad. Pero también surgieron voces que decía que la serie repartía a diestro y siniestro. Que tan parodia resulta de los valores y la sociedad francesa como de la usamericana. Al final me decidí a verla. Rodada de forma “bonita”, el traslado laboral de Emily a París… no es al París real, con atascos, horas puntas en el metro, días grises, gente seria, casi malhumorada yendo de casa al trabajo y viceversa. Es un París peliculero, luminoso, colorido, con cafés ideales donde siempre hay sitio y mucho romance. Y no poco sexo. Es una ficción al servicio del lucimiento de Collins, que también aparece como productora, o sea que su salario tendrá un fijo y un variable por beneficios, que se ve con agrado. Que tiene gracia en no pocos momentos. Y que efectivamente parodia a todos. Porque si los defectos aparentes de los parisinos son típicos y tópicos, tiene su gracia que en el episodio 8 la protagonista haga algo que en buena parte de los EE.UU. sería delito… y en Francia no. Pero bueno, la serie es yanqui y Collins es la heroína que siempre sale airosa de los líos en los que se mete.

Y luego está una de las series españolas más destacadas del año. La adaptación en HBO de la novela de éxito de Fernando Aramburu de estos últimos años. Patria. No he leído la novela. Hace un tiempo, me lo plantee. Incluso leí otro libro de Aramburu para ver que tal. Y aunque disfruté de aquella lectura, el tema de la historia que toca estos libro y serie, me tira para atrás. Me explico. Desde hace 35 años, cada vez que he mantenido conversaciones sobre el tema del terrorismo y la política en el País Vasco, me he encontrado sistemáticamente emparedado entre dos posturas que al parece se consideran exhaustivas y mutuamente excluyentes. Y he acabado sintiéndome tan incomprendido y tan rechazado tanto por unos como por otros. Harto de que los “vascos” me digan que si no soy de allí no puedo opinar. Parece ser que eso me hace ser incapaz de pensar, reflexionar y sacar conclusiones por mí mismo. Y harto también de que los “españoles” me digan constantemente cómo tengo que ser y pensar para ser “español”. Mi conclusión es que estoy hasta las narices de los “vascos” y que no quiero que se me considere “español” más que como una situación administrativa. El problema es que ha habido un conflicto entre dos ideologías nacionalistas… y yo ODIO PROFUNDAMENTE los nacionalismos tengan la bandera que tengan. Y ODIO PROFUNDAMENTE la violencia, la ejerza quien la ejerza, no importa en nombre de qué ideales o de que legitimidades. Y ODIO LOS FASCISMOS, tanto los que me dicen si puedo o no puedo opinar o pensar sobre algo, como los que me dicen lo que tengo que opinar o pensar. No encontrando con facilidad interlocutores racionales ni razonables, me he apartado del tema. Y he tendido a rechazar aquello que lo trate.

Dicho lo cual, al final, una vez puestos a disposición del público los ocho capítulos de los que consta la miniserie, me decidí a verla. Y puedo decir que es una magnífica producción, sobresalientemente realizada y con unas interpretaciones de matrícula de honor, como pocas veces se pueden ver en las series de televisión españolas. Y no sólo su excelente protagonista, Elena Irureta, que está fenomenal. Todos, hasta el último de los secundarios están muy bien. Y que no me arrepiento nada de haberla visto. Dicho lo cual, sobre el tema que trata, sobre el trasfondo político y social,… seguiré ignorándolo y sin hablar de él. Y no por falta de opinión. Al fin y al cabo, ya sé que voy a ser rechazado por unos y por otros. Pues que les den a todos, con ikurriñas o con rojigualdas. Hasta los mismísimos c.j.nes de las p.ñ.t.ras banderas. Todas me asquean por igual.

[TV] Cosas de series; reinas del ajedrez y superhéroes de multinacional

Televisión

La semana pasada terminé de ver muchas temporadas de series que llevaba pendientes y arrastrando. Algunas me las merendé con gran rapidez y otras fueron más progresivas. En cualquier caso, las que toca comentar hoy son dos de los platos fuertes de la temporada, por no decir del año.

El año pasado The Boys en Amazon Prime Video fue todo un descubrimiento. Unos superhéroes, claramente espejos desagradables de los más conocidos del mundo comiquero y peliculero, se convierten en objetos de explotación comercial, al mismo tiempo que trasladan a su dialéctica populista los peores conceptos de los populismos fascistoides que abundan en muchos países presuntamente democráticos actuales. Frente a ellos, una panda de esgarramantas, los “muchachos” del título, que sin medios, sin ideas y sin mucha cohesión intenta enfrentarse a ellos, siendo tildados de “superterroristas”. La primera temporada estuvo bien; pero la segunda ha estado mucho mejor. Con mejoras en los guiones, en el dinamismo de la serie, en la definición de los personajes, incluyendo algún nuevo personaje (estupenda Aya Cash) que da frescura a unas situaciones que evitan así resultar repetitivos, y con mucha mala leche, entre la sátira, la parodia, el humor negro y la crítica sociopolítica demoledora. Esperando ya la tercera temporada.

París también tiene su momento en la ajedrecística serie de hoy. Así que nos daremos un paseo por la ciudad-luz.

Pero sin duda, la gran y agradable sorpresa del año para mí ha sido una miniserie de Netflix, The Queen’s Gambit. Con su protagonista Anya Taylor-Joy, en absoluto estado de gracia, interpretando a una niña/joven prodigio del ajedrez a la que vamos siguiendo desde que entra en una institución de acogida a niñas huérfanas hasta que llega a… donde sea que llegue con veinte años en el mundo del ajedrez. No es la única intérprete en estado de gracia en esta serie, hay muchos otros. Aunque a mí me gustaría cita a, Marielle Heller, la madrastra… ¿buueeenaaa?… Sí a su modo.

Pero el mundo del ajedrez es el macguffin de la historia. Es el motor del personaje. Pero NO es el tema de la serie. Se nos dice y se nos recalca la gran fidelidad y el cuidado al detalle en las partidas de ajedrez, y se nos cuenta la participación de no sé cuántos grandes maestros como asesores de la serie. Pero NO es lo importante de la serie, ni del desarrollo del personaje. La serie trata sobre la identidad personal, sobre su desarrollo, las inseguridades de una niña y una adolescente con referentes difíciles. Trata sobre las adicciones como sustitutos de lo que nos da seguridad en la vida. Sea alcohol, sean fármacos, sean otro tipo de drogas. Trata sobre la necesidad de los otros para poder avanzar en la vida. NO trata sobre el ajedrez. Lo que pasa es que la habilidad con la que se ruedan esas partidas, cada una de las cuales supone un punto de inflexión en la vida de la joven Beth Harmon, da un plus de emoción y de calidad a la serie, nada despreciable.

Si ya he dicho que las interpretaciones son excelentes, hay que hacer mención a otros aspectos técnicos de la producción. El diseño de producción, el vestuario, el maquillaje, la fotografía, el sonido,… todo está redondo, de modo que, incluso cuando en los acertadamente contenidos siete episodios de la serie, existe algún altibajo, es llevadero y lo asumes como una transición a algo que va a pasar.

Me entran algunas dudas sobre la verosimilitud de lo que acontece ante nuestros ojos. Y NO me refiero a los rollos relacionados con el ajedrez. Me refiero a las personas de las que se nos habla. Pero está tan bien hecha, que me da igual. Y me sabe a poco. Me quedo con más ganas. ¿Es factible que pudieran plantearse ante el éxito de la miniserie una segunda temporada? Pues sí. ¿Deberían hacerlo? Rotundamente, no. Más vale quedarse con ganas que defraudarse con una continuación que seguramente no tendría más sentido que explotar comercialmente el éxito del personaje.

Al margen ya de todo lo anterior, acabo de leer que Anya Taylor-Joy no se considera guapa. ¿Quién lo es entonces?

[TV] Cosas de series; crímenes y vacas en el Reino Unido

Televisión

La semana pasada me despisté y no publiqué ninguna entrada televisiva. A pesar de que tenía materia para ello. En concreto, un par de series británicas vistas en Filmin. Ambas empecé a verlas por curiosidad y ambas sobrepasaron mis expectativas. Aunque deberemos situarlas en su justa medida.

Primero vi, y terminé de ver, Glue. Esta miniserie autolimitada a ocho episodios de unos 45 minutos de duración, aunque esta es variable, tiene ya unos años. Es de 2014. Se trata de un policiaco con trasfondo social. Una comunidad rural, agrícola, inglesa en la que encontramos un grupo de adolescentes a punto de transicionar a la edad juvenil adulta, y entre los que encontramos alguno procedentes de un grupo de etnia romaní. La denominación “gitano” es propia de España, y en algunos países, sus equivalentes se consideran peyorativas. En dicha comunidad, aparentemente idílica, tras una noche de juerga de ese grupo de jóvenes, se produce el asesinato de un joven romaní de 14 años. Entre los policías al cargo de la investigación hay una joven agente en prácticas de la misma étnia. Poco a poco, la investigación irá sacando a la luz las miserias de la comunidad. Tanto entre los romanís como entre los ingleses étnicos. Esta es una serie que va creciendo poco a poco, que va desvelando poco a poco las taras sociales del lugar, las hipocresías colectivas e individuales, y que pone a prueba las lealtades y las afiliaciones de cada cual. Es mejor de lo que aparenta. Y de hecho, por lo que he podido comprobar, tuvo más éxito en la crítica que en el público, aunque tampoco está mal valorada por este. No es una serie original, en los últimos tiempos hemos vistos producciones similares en tema y planteamiento, pero merece la pena recibir la atención del televidente. Como de costumbre en las series británicas, excelentemente interpretada.

En 1996 recorrí con un par de buenos amigos las tierras de York, algo de Yorkshire y Escocia.

Después, me asomé a una comedia amable, la segunda adaptación en forma serie de los libros de James Alfred Wight bajo el pseudónimo literario de James Herriot, un veterinario escocés que ejerció en el norte de Inglaterra. Estos libros, All creatures great and small, como el título de la serie, han sido objeto de adaptaciones al cine y a la televisión de todo tipo, siendo la de más éxito una serie de la BBC que se emitió entre 1978 y 1990. La serie actual no es de la BBC. Por el estilo de producción, por la forma en que se presenta, por los ritmos que lleva y el tono en general, pensaba que tendría un origen similar a Downton Abbey, aunque su cadena televisiva original es distinta. La historia va de un joven veterinario recién licenciado de Glasgow, que recibe una oferta de trabajo como ayudante de un excéntrico veterinario establecido en algún lugar de Yorkshire. Siendo ficción, la serie está basada en las vivencias del autor literario de la saga, y está escrita y rodada con un tono amable, dosificando con calma los momentos más cómicos y los más dramáticos. Los seis episodios que se pueden ver sirven para poner sobre el tablero a todos los personajes del microcosmos, y es de suponer que habrán de llegar nuevos episodios que desarrollen las distintas tramas planteadas. Especialmente, las románticas. La temporada tiene seis episodios, pero hay apuntado un séptimo… quizá, ¿un especial de navidad? En fin. Bien hecha, amable, relajante, con personajes simpáticos y empáticos… ¿qué más se puede pedir?

[TV] Cosas de series; corrupción en la justicia y corrupción en todo

Televisión

Dos series que terminé de ver o vi en las horas de tren entre Zaragoza y Sevilla y regreso hace dos semanas. Una surcoreana y la otra hispano-mejicana.

Normalmente, las series surcoreanas son de temporada única. En torno a los dieciséis episodios, hay algunas con menos, hay algunas con más. Por lo menos, lo que puedo ver en Netflix. Pero Stranger ( en coreano Bimileui sup, 비밀의 숲, que significa bosque de secretos) ya va por su segunda temporada de dieciséis episodios. Un fiscal un tanto autista (Cho Seung-woo) y una inspectora de policía dicharachera (Bae Doona) se enfrentan a la resolución de casos, pero teniendo en frente o condicionados por la corrupción de sus propias instituciones. En su segunda temporada, esta serie es un ejemplo de que las series surcoreanas podrían dejar su categoría en mi cartelera televisiva de guilty pleasures, para ser series interesantes en sí mismas. Muy bien interpretada, todavía tienen que refinar el exceso de tópicos simplones en sus argumentos, pero empieza a ser una producción digna y entretenida. Hace tiempo que considero a Bae Doona como una buena actriz, y el protagonista masculino es un poco inexpresivo, pero en esta ocasión es que le va al papel. Me lo he pasado bien.

Y también a Netflix llego una miniserie de tres episodios con el aliciente de estar impulsada por los responsables de una de sus series mejicanas de más éxito, con su protagonista más divertida, Cecilia Suárez. Alguien tiene que morir transcurre en la España de la dictadura fascista, unos años después de la guerra civil. Con un reparto a priori interesante en el que destacan, además de Suárez, Ernesto Alterio o Carmen Maura, entre otros intérpretes veteranos, y una serie de actores jóvenes, menos fogueados, y entre los que hay trabajos mejores y peores. Sobre la base del regreso del hijo de un jerarca del régimen de vivir unos años con su familia materna en Méjico, se entra en diversas críticas a la estructura familiar promovida por el franquismo, el machismo por supuesto, y en especial, la represión contra los homosexuales. La serie tiene todo lo preciso para resultad interesante, pero patina y, hasta cierto punto, fracasa. Carece de ritmo, las interpretaciones resultan impostadas, poco naturales, y la trama está llena de tópicos y lugares comunes que aportan poco poco poco a lo que ya se ha dicho y se conoce sobre el régimen fascista de Franco. Incluso que uno de los personajes más perversos de la serie se llame Cayetana, resulta casi un chiste, en estos tiempos en los que se ha dado en llamar cayetanos a los sectores acomodados de la población partidarios de las opciones políticas de la derecha más extrema, populista… o simplemente fascista. A mí… me ha resultado decepcionante. Como son sólo tres episodios, me obligué a terminar de verla en el viaje de regreso de Sevilla. Pero a punto estuve de abandonarla.