[TV] Atípicos, neurotípicos y estereotipados

Televisión

No voy a entrar a valorar seriamente una serie de animación japonesa, Jūshinki Pandōra [重神機パンドーラ], que Netflix presentó recientemente. Producción chinojaponesa, con un título occidental de lo más vulgar, Last Hope. Es la típica de monstruos que amenazan la humanidad, que los hace frente en un mundo postapocalípitico donde se mantienen algunas ciudades tecnológicamente avanzadas, usando robots tripulados más o menos grandes, más o menos armado, más o menos voladores. No tan tosco como Mazinger Z, pero descendiente conceptual. Cometen la banalidad de utilizar el “apellido” “cuántico” para cualquier cosa, lo que desde hace décadas es signo de mala escritura en ciencia ficción. Cuando quieres dar un aura misteriosa pero científica a algo, le llamas “cuántico/a”  y ya todo vale. Sólo cuando algún episodio se sale de su esquema habitual, con más sutileza argumental, la serie presenta algún interés.

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No tengo fotos que se me ocurran especialmente adecuadas para la entra de hoy; pero algunas fotos del Festival Asalto 2018, que siempre se preocupa por la integración y la diversidad en la sociedad, nos valdrán. Si el domingo os enseñaba fotos tomadas con película en blanco y negro, hoy serán fotos digitales en color.

Así que vamos con lo realmente interesante de esta semana, la segunda temporada de Atypical, que ha pasado de 8 a 10 episodios, de media hora de duración, que ya adelanto me han sabido a poco. La primera temporada fue un poco de presentación y, aunque nos adelantaron algunos conflictos y algunas tramas interesantes, dejaba la sensación de no haberse metido a fondo en la historia. Sí que nos dejaron algunas claves, girando las tramas alrededor de Keir Gilchrist, su protagonista, que interpreta a un adolescente con un trastorno del espectro autista, pero altamente funcional, así como de su familia, la tesis es que estas personas no serían enfermos, sino variantes atípicas de la normalidad, que necesitarían la ayuda y la solidaridad de su entorno para poder funcionar en una sociedad pensada o diseñada por y para las personas denominadas neurotípicas.

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Aunque por mi profesión pueda tener una opinión mejor informada que la población general sobre estas cuestiones, estando lejos de ser un especialista, lo cierto es que no me voy a meter en ese jardín y no entraré en valorar la plausibilidad científica de las situaciones presentadas. Asumiré mi ración de suspensión temporal de la incredulidad, como ante cualquier relato de ficción, y me centraré en el hecho de que en esta segunda temporada nos hemos encontrado con un intérpretes, de por sí de buen nivel, bien asentados, y una tramas más interesantes y mejor llevadas. Ambos padres, interpretados por Jennifer Jason Leigh y Michael Rapaport, son dos valores seguros, que cumplen bien. Se confirma que la chica que hace de hermana, Brigette Lundy-Paine, es una potente robaescenas, que ha rato me recuerda a Brie Larson en United States of Tara. Con una diferencia; Larson era realmente un adolescente interpretando a una adolescente, mientras que Lundy-Paine está a mitad de la década de los ventitantos interpretando a una chica que cumple 16 años.

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Hay algún pero… Bueno, hay situaciones forzadas por culpa de lo “políticamente correcto”. Se fuerza la diversidad racial/étnica. El personaje de la psicóloga de origen asiático tenía importancia en la primera temporada, pero en la actual da la impresión de que está ahí para mantener la cuota. Lo mismo que la nueva amiga de las sesiones de terapia que es afroamericana. Y han forzado una salida del armario de uno de los personajes protagonistas, que tampoco sé si tiene mucho que ver con lo importante. Que además de que se veía venir, no sé si aporta mucho al tema central. En cualquier caso, la introducción de lo que últimamente vienen siendo nuevos estereotipos presentes en las series de televisión tampoco hace daño excesivamente a la serie en su conjunto. Serie que, como he dicho, me parece muy entretenida, y que me ha sabido a poco en esta temporada.

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[TV] El lenguaje de las flores con acento mejicano

Televisión

Hoy voy a dedicar principalmente mi recomendación televisiva a una reciente producción mejicana para Netflix que ciertamente me ha dejado muy buen sabor de boca. Pero he notado también una omisión reciente… y la quiero subsanar. A principios de agosto terminé de ver la segunda temporada de G.L.O.W., las entrañables mujeres de la lucha libre americana. Esta es una serie que, detrás de su horrible estética ochentera y de su tema aparentemente banal, desgrana una interesante historia de relaciones humanas entre gente de esos que a los anglosajones les encanta llamar loosers, literalmente “perdedores”, pero que los hispanohablantes, por los menos los de este lado del Atlántico, llamaríamos pringados o pardillos. Con una duración ajustada en sus episodios, unos guiones muy bien pensados, unas interpretaciones de muy muy buen nivel, esta comedia con tintes dramáticos es probablemente una de las mejores opciones que ofrece hoy en día Netflix, una plataforma que, desgraciadamente, está evolucionando más al terreno de la fantasía, el terror y los misterios paranormales de lo que desearía.

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Las flores son muy bellas, pero suelen atraer a seres muy peligros. Pican y muerden… pues de eso va la serie mejicano de hoy, más o menos.

Pero vamos con otra de las agradables sorpresas de esta plataforma de vídeo bajo demandas. Que no es otra que La casa de las flores, producción que nos llega desde Méjico, y que ha sorprendido por varios motivos. Con un reparto notablemente sólido en su capacidad interpretativas, al frente del cual encontramos a Verónica Castro, una de esas reinas de los culebrones que aterrizaron en España en los años 80, encontramos una comedia ágil, que resuelve en 13 episodios de 30 minutos un argumento absolutamente de culebrón, de esos que tienen más de 150 o 200 episodios. Con todos sus elementos, una familia diversa, amoríos, traiciones, glamour, hijos secretos, ambiciones por el poder, la cárcel… de todo. Pero también una producción con muchas ganas de reírse de sí misma, de parodiar a todos esos culebrones, pero sin hacer sangre.

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El comienzo me resultó un poco preocupante. La narración de la historia por parte de una muerta, recuerda demasiado a otras series. Luego te das cuenta de que nos es una copia/plagio, sino que es precisamente un elemento más a parodiar, a introducir en el cóctel de tópicos y lugares comunes, para crear una idea original. Políticamente incorrecta, pero con inteligencia, no deja de poner en solfa una sociedad “bienpensante” y “educada” pero machista, intolerante a la diversidad social, sexual, racial, a los discapacitados… que critica todos aquellos “defectos” que no saben ver en sí mismos. A ratos algo “almodovariana” tiene señas de identidad propias. Y si bien no es un producto perfecto, tiene algún que otro altibajo, el conjunto te deja un excelente sabor de boca.

Como decía, además de la idea original, la alegre mezcla de elementos conocidos en otras producciones, y un excelente diseño de producción, cuenta con la baza de un excelente nivel de interpretaciones. Me he quedado encantado con esa Paulina (Cecilia Suárez), que con la cadencia de su hablar ha protagonizado algunos momentos casi sublimes. O la presencia del español Paco León, un actor que no es especialmente de mi gusto y simpatía, y que sin embargo está fenomenal como “marido” de la anterior.

Recomendable. Francamente, muy recomendable.

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[TV] Lo que pudo haber sido y no fue, versión japonesa

Televisión

No me extenderé mucho en esta entrada televisiva. Últimamente ando con cierta desmotivación con el medio, le dedico menos tiempo, y de forma un poco errática. Por ello, de vez en cuando, acabo preso de anécdotas como la serie que me ocupa hoy. En castellano la han titulado El Comité de Podría-Haber-Tenido-Sexo, y variantes de esta idea se encuentran en otros idiomas occidentales. En japonés, es Yareta Kamo Iinkai [やれたかも委員会], cuya traducción parece ser algo así como El comité del pudo haber sido.

En el tren de la línea Chuo - Tokio

Aunque las situaciones presentadas son diversas, casi siempre son gente joven, al menos cuando sucedió la “oportunidad” que relatan, y de ambiente urbano, predominantemente tokiota.

¿Y qué pudo haber sido? El título en castellano es el más explícito al respecto. Aunque también el más reduccionista. Reduce la complejidad de los procesos de atracción y de relación entre personas al deseo sexual. Y la serie es más sutil y más compleja que todo eso. Con la excusa de presentar el caso ante un “comité” de tres personas, dos hombre y una mujer, se nos cuenta la historia de una persona que conoció a otra en circunstancias muy diversas, y en la que se le presentó una situación en la que la persona pensó que podría haber tenido una ocasión de mantener relaciones sexuales con la otra persona, pero no se materializaron. Claro. La cuestión es que sólo conocemos el punto de vista de la persona cuyo recuerdo, más o menos nostálgico, ha permanecido como una oportunidad perdida. No conocemos el punto de vista de la otra persona, cuya posición adopta el comité. Y por otro lado, la cosa es más compleja. Aunque el momento que se debate es aquel en el que pudo haber o no relaciones sexuales, pero en muchos de los casos presentados, los sentimientos puestos en juego eran más amplios o complejos. Y por lo tanto, estamos ante la cuestión que probablemente a muchos se nos puede presentar sobre si pudimos ir a más o no con aquellas persona que conocimos, y que evidentemente nos atrajo. A mí me ha hecho pensar si no hubiera podido presentar un par de casos ante el “comité”. Es bastante menos superficial de lo que el título en castellano sugiere. Al mismo tiempo, la serie no renuncia al humor, siendo respetuosa con los aspectos dramáticos de algunos de los casos.

De los ocho episodios, en siete es un hombre quien presenta su caso. En todos, en una primera instancia, los dos varones del comité “votan” a favor del “pudo ser”, mientras que la única mujer “vota” a favor del “no pudo ser”. Dejaré en suspenso cómo es la votación del caso del último episodio, el único presentado por una mujer.

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La serie forma parte de esas producciones japonesas más o menos pintorescas. Se ve en un plis plas. Al fin y al cabo, ocho episodios de 25 minutos cada uno, son algo más de tres horas de duración total. Hay un noveno episodio que funciona a modo de falso making of. Y que ciertamente aporta poco.

Los casos tienen un interés diverso. Hay algunos muy entretenidos y que tienen un interés cierto. Otros te dan más igual. Por lo que hay cierta irregularidad. Y el nivel de interpretación es diverso. En el trío de miembros del comité, tenemos la “debilidad” de que la mujer es una chica joven muy guapa pero con unas capacidades interpretativas muy limitadas. Parece que viene de uno de esos grupos musicales formado por unas cuantas decenas de adolescentes y jóvenes que denominan idols [アイドル; Aidoru]. Entre las actrices invitadas en los distintos episodios, también tiran de este fenómeno, especialmente cuando son chicas muy guapas, pero más que de las idols musicales, de las del papel couché, Gravure Idol [グラビアアイドル; Gurabia Aidoru], cuya función principal parece ser la de salir muy ligeras de ropa en revistas, aunque no desnudas. Con alguna excepción, en la que todos son actores y actrices de verdad, esto lastra un tanto la serie, empujando a la baja la calidad de la misma.

Una curiosidad, con algún momento interesante, apta para rellenar algún momento tonto a lo largo del día, pero con un interés global muy limitado.

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[TV] Disenchantment no es Futurama… una pena

Televisión

El anuncio hace un tiempo de que Matt Groening iba a colocar una serie de animación en Netflix me puso en su momento de un desusado buen humor televisivo. Groening es responsable de dos grandes series de animación de los últimos 30 años. La que todo el mundo conoce y de la que todo el mundo ha hablado en algún momento, The Simpsons. Y luego está la buena, menos conocida, pero desde mi punto de vista más afinada y conseguida, Futurama. Pero el género de la “ciencia ficción” tira para atrás, cosa de los prejuicios humanos, a mucha gente. Y ellos se lo pierden, porque la mayoría de las veces, incluso cuando adopta la forma de parodia, la ciencia ficción no va de lo que creen que va, va de ellos mismos. Va de la realidad; es un instrumento excelente para la reflexión y la crítica.

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Las princesas de los cuentos y las leyendas viven en castillos, como el de Loarre sobre estas líneas, o el de Zafra en el encabezado.

Así que si con la familia de color amarillo Groening se situaba en la época contemporánea, y con Bender y compañía nos llevaba a un futuro improbable y a las estrellas, con Disenchantment nos traslada a una edad media mágica y fantástica, propia de los cuentos, los mitos y las leyendas. Con princesas, elfos, caballeros, reyes, reinas, príncipes, gigantes y otros seres mitológicos, y hasta algún que otro diablillo.

Lo que pasa es que Bean, acortado y familiar para Tiabeanie, o “judía/alubia/frijol” en español, es una princesa adolescente descarada, maleducada, juerguista, borrachina, de las que gusta de cerrar las tabernas, cuyo padre, el rey de Dreamland (Utopía en la versión española) quiere meter en vereda casándola con un príncipe encantador, con poco éxito. Porque parece que estos reinos de cuento venidos a menos, no quedan príncipes realmente encantadores, y porque Tiabeanie “Bean” no está por la labor. Y en estas estamos cuando se junta con Elfo (así es en el original), un elfo (elv en el original) que quiere conocer mundo y que es un pedazo de pan, y con Luci, un diablo venido para tentar a Bean, y que todo el mundo confunde con un gato que habla. Y a partir de aquí, con este trío, cualquier cosa puede pasar.

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El de Peracense…

Y lo que pasan son una serie de aventuras que no alcanzar a llevar el ritmo ni la mala leche intríseca a las anteriores obras de Groening. Un estilo de animación que se supone fundamentalmente crítico, ácidamente irónico, políticamente incorrecto para criticar los incorrecto en política y en la sociedad, se queda en unos destellos de estas características que apenas bastan para saciar el hambre de ingenio y diálogos brillantes que algunos estábamos esperando.

De momento, ha sido una primera temporada de 10 episodios de unos 24 minutos cada uno, que ha finalizado con un monumental cliffhanger. Sólo en los últimos episodios, cuando los argumentos se han serializado, hemos podido ver las notables posibilidades de la serie. Que de momento son eso, posibilidades. Tendremos que ver si sigue, probablemente, por donde sigue, y si debemos considerar esta primera temporada como una mera presentación de personajes y escenario. Pero de momento está por debajo de las expectativas depositadas en ella. Sin ser ninguna catástrofe, ni mucho menos. Esperaremos. Confiaremos.

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… o el de Uncastillo. Todos ellos en Aragón, menos el de Zafra, que está en Westeros… digo en Castilla-La Mancha.

[TV] La ciudad secreta; autoritarismos a la australiana… o de otros países

Televisión

Yo creo que en estos momentos, para la mayor parte del mundo, Australia es uno de esos países que se asume democráticos y civilizados. Como los países nórdicos, como Canadá, como Nueva Zelanda y algunos más. Sin dudas. Uno de esos sitios donde se vive bien y esas cosas. Aunque supongo que como dice el refrán, en todas partes cuecen habas. Es decir, que su sistema político y social tendrá sus goteras. El asunto de los aborígenes, por ejemplo, es de los que primero se me ocurren. Los anglosajones siempre han tratado peor a los aborígenes cuando se han apropiado de un territorio; peor que los latinos, aunque nos llevemos las leyendas negras.

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Sinceramente, lo que pase en Canberra me preocupa sólo hasta cierto punto; lo que más me preocupa es lo que pasa en las instituciones del Estado en Madrid… que en los últimos años no han desprendido excesiva confianza que digamos. Y no se perciben muchos signos de cambio, porque en este país hay cosas que no son de siglas políticas, sino de cultura global ciudadana.

De hecho, conforme escribía el párrafo anterior, me ha dado por consultar el listado actualizado del Democracy Index de The Economist, y Australia está en el octavo puesto de todos los países del mundo. Por delante, tiene Noruega, Islandia, Suecia, Nueva Zelanda, Dinamarca, Canadá, Irlanda (andaba yo fino en mis suposiciones, aunque lo de Irlanda me sorprende un pelín), completando por detrás la decena líder en democracia Finlandia y Suiza. Efectivamente, yo que he viajado a todos menos a los del hemisferio sur, son países estupendos, aunque a todos les veo alguna gotera. España, con 8,08 puntos, está en el puesto 19 de la clasificación, y es el último de la lista de los que se consideran democracias plenas. Si baja a 8,00 puntos o menos, empezará a considerarse una democracia imperfecta. Como EE.UU., Italia, Francia, Portugal,… Y en la clasificación estábamos en 8,30 puntos,… hemos perdido colchón. Vamos en retroceso. Podríamos decir que tenemos un armazón jurídico e institucional bastante bueno, pero que lo ejercitamos regular. Los diez primeros clasificados están por encima de 9,00 puntos. El máximo es 10. Noruega tiene un 9,87. Australia, que es la que nos ocupa hoy, 9,09.

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Pues bien, pese a todo, en Netflix podemos encontrar una miniserie australiana de seis episodios The Secret City’s, la acción transcurre mayormente en Canberra, la habitualmente ignorada capital australiana; y si me llamó la atención fue porque la protagonizaba Anna Torv, que tan buen recuerdo nos dejó en Fringe. Y parte de la premisa de que un escenario de confrontación entre EE.UU. y la República Popular China es la excusa de un sector del gobierno australiano para promover una reforma legal que aumenta la capacidad del ejecutivo para suspender los derechos de los ciudadanos y para amordazar a la prensa. Torv hace de periodista testaruda y constante.

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En los tiempos que corren hemos visto que este tipo de legislaciones han empezado a proliferar con mayor o menor intensidad en distintos países. Estados Unidos y Reino Unido entre los presuntamente democráticos, con leyes antiterroristas. España también lleva lo suyo con cierta ley mordaza. Las bases de estas reformas legales, como sucede en esta ficción, es la de infundir el miedo entre la población, curiosamente en algunos de los países más seguros del mundo, para justificar estas leyes en nombre de la “seguridad”. Supongo que la entrada en vigor de la ley mordaza española es uno de los factores que ha llevado a un descenso en la puntuación en nuestro Democracy Index, junto con la tolerancia a la corrupción y otras cosillas como esta.

Así que como vemos, una serie muy pertinente. Que no es la octava maravilla, pero se deja ver bastante bien. Y tiene el aliciente de ver a Anna Torv, que es buena actriz, así como otros intérpretes australianos, pocos conocidos en estas latitudes, que no están mal. Y de paso nos enteramos mejor de Canberra es la capital australiana y cómo es.

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[TV] Crónicas de un pueblo a la coreana

Televisión

Antes de pasar durante unos días al modo “sólo fotos”, una entrada televisiva. En las últimas ocasiones en qué comenté alguna serie de ese placer vicioso y culpable en que se han convertido las series orientales, las coreanas en concreto, que emiten en Netflix, ya dije que estaba un tanto cansado del esquema repetitivo de la/os comedias/dramas románticos del país oriental. Todos ellos cortados por el mismo patrón. Así que me dije que me iba a negar a caer en la misma trampa. Por lo menos durante un tiempo. Y parecía que me iba a olvidar de las series coreanas.

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Entorno agrícola, campos y paisajes de montaña, y una pequeña comunidad rural de personajes que bordean el friquismo agrorural.

En estas estábamos cuando me encontré con un artículo que hablaba de lo interesantes que eran. No recuerdo el enlace, lo siento. Pero el caso es que recomendaba algunas que, según decían, se salían de los caminos trillados mencionados en el párrafo anterior. Entre ellas, nos hablaban de un drama familiar, Heaven’s Garden en su título internacional, Cheonsangui Hwawon [천상의 화원-곰배령], que ponían muy bien. Algo que contrasté con otros sitios antes de meterme con esta producción de nada menos que 30 episodios de una hora larga de duración.

El comienzo era relativamente prometedor. Una mujer se refugia con sus dos hijas en casa de su padre en un pequeño pueblo, cuando su marido es ingresado en presión por irregularidades financieras en su negocio. De las dos niñas, una, la mayor, es hija del marido con una relación anterior. Y la mujer lleva extrañada de su padre desde que se casó, puesto que este no aprobó el matrimonio. Se planteaba por lo tanto un drama a múltiples bandas que podía ser interesante. Y así fue durante algunos episodios. Pero luego…

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La serie se convierte progresivamente en una versión coreana de aquellas Crónicas de un pueblo con las que el tardofranquismo intentó adoctrinar a los españoles atados a la única televisión que podía ver. Un lugar cuasi idílico, donde los vecinos tenían algunos problemas, algunos conflictos, pero que el buenismo de los valores tradicionales superaban cualquier problema. Democracia orgánica y verticalidad social. Pues este pueblecito coreano en las montañas que parece que pasa la mayor parte del año nevado, parece regirse por los mismos principios; eso sí, triunfando en la difícil economía de mercado a base de comercializar mermelada de cebolla y bayas coloradas y cebolla liofilizada en polvo (¡?)

Entre medias, el drama familiar, en el que la mujer protagonista arrastra consigo las consecuencias de haber tomado la decisión de divorciarse, y con ello haber roto el matrimonio con un tipo que, lo mires por donde lo mires, es un gilipollas de mucho cuidado. Una lección hasta el último minuto de la serie de cuál es el “papel de la mujer” en el mundo ideal de quien quiera que haya ideado semejante producto carpetovetónico, o su equivalente coreano, en la segunda década del siglo XXI. Como para causar un infarto del disgusto a cualquier persona con una sensibilidad mínimamente feminista o cuando menos defensora de la igualdad de derechos y ante la ley entre las personas de distinto sexo.

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No sé muy bien por qué aguanté hasta el final. Quizá con la esperanza de que en algún momento recuperarían el tino y al final devolverían un poco de modernidad al contenido y las tesis de la serie. Pero no. Esta mantiene el rumbo al pasado y al retroceso social sin desfallecer, al mismo tiempo que se pierde en tonterías argumentales que le dan un final casi berlanguiano, pero si en el tono crítico y mordaz del buen don Luis.

Pensaréis que he aprendido la lección y que he desterrado para siempre o durante una buena temporada las producciones del país oriental. Pero no… que estoy con una producción histórica que puede que me devuelva la confianza en las capacidades televisivas de un país que en el cine para pantalla grande ha demostrado buen hacer. De entrada, la protagonista es una de las de una de las películas más celebrada de los últimos años procedentes de Corea del Sur. Y eso supone un aumento de nivel interpretativo muy considerable.

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[TV] Irremediablemente enganchado al Imperio del Sol Pasivo-Agresivo

Televisión

Las cosas están como están. En los últimos tiempo he disminuido considerablemente la cantidad de televisión que veo. Lo que es lo mismo que decir que veo menos series de televisión. Va a resultar complicado en un futuro próximo ese ritmo de comentar una o dos a la semana. Imposible. No me da tiempo a ver una temporada de entre 10 y 13 episodios en siete días. Con un episodio al día como mucho… imposible.

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Un paseíto fotográfico por Japón, para una entrada sobre un programa nipón.

Pero esta semana apareció, como estaba previsto, la tercera tanda de episodios de Terrace House: Opening New Doors. Ya he comentado en otras ocasiones por qué alguien que, como yo, siempre he sido incapaz de ver o soportar la telerrealidad, de repente me engancho a esta tontada nipona. Básicamente, la capacidad de hacer televisión sobre nada, sobre la vida corriente y moliente, esperando los momentos sublimes en los que el carácter pasivo-agresivo de los japoneses, obligado por sus estrictas costumbres de cortesía y relación social, nos ofrecen destellos de humanidad que, convenientemente sazonados por el panel de comentaristas, causan nuestro disfrute.

No nos engañemos. Los japoneses no son ni mejores ni peores que los españoles o cualquier otra nacionalidad. En el fondo todos somos muy similares, son las formas las que permiten un tipo de programa probablemente impensable en nuestro país, o en la mayor parte del mundo occidental. Donde por lo tanto, la telerrealidad se convierte en algo artificioso, inverosímil y chabacano.

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En una ocasión, alguien me criticó mi calificación de pasivo-agresivo por el comportamiento de los participantes de este programa. Yo creo que lo es. Me explicaré. Como punto de partida podéis ver lo que dice la wikipedia, aunque no puedo asegurar que sea la mejor fuente sobre este tipo de comportamiento, si bien a mí me parece razonable. Si partimos de la base de que es un comportamiento que se fomenta cuando alguien quiere oponer resistencia a un elemento de autoridad en las relaciones interpersonales, tenemos que considerar que el complejo sistema de relaciones de cortesía japonés, con multiplicidad de fórmulas de respeto, con jerarquías, con una idea de base de que nunca ofender, ejerce como elemento de autoridad no unipersonal, pero que domina las relaciones. Por lo tanto, cuando en la convivencia cotidiana se producen en las bonitas casas del programas los inevitables roces, desacuerdos o enfrentamientos, estos no se resuelven habitualmente por la vía de la confrontación directa, del diálogo directo. A veces sí, porque hay una variabilidad en las personalidades de los participantes. Pero muchas no. Las diferencias de edad, de condición social, de carácter nos llevan a esas reacciones de pasividad ante los elementos agresivos que con frecuencia triunfan contra todo pronóstico, siendo el agresivo, el morrudo, el vago el que tiene que salir por piernas.

Es complejo. No soy psicólogo y tal vez no lo estoy explicando bien. Mis disculpas. Aceptaré con humildad cualquier reprimenda de alguien mejor formado en esta materia si me la razona. Pero hay elementos claros sobre esto que son los que dan valor a este programa. Que lo diferencian de las chorradas que mueven masas en las televisiones occidentales y que a mí me dejan absolutamente frío o me producen rechazo. En fin. Es cuestión de verlo. Por otro lado, es un programa de telerrealidad. Que nadie espere más tampoco.

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[TV – Series] The Expanse,… el sistema solar en guerra

Televisión

Justo el día en que la leyes de la mecánica celeste determinan que nuestra Luna va a quedar ensombrecida y ruborizada por la impertinente interposición de la Tierra entre el satélite y el llamado astro rey, Sol, que no es más que una estrella más, vulgar y corriente, de clase espectral G2, como muchas muchas muchísimas que hay en nuestra galaxia y no digamos en el universo, me animo a comentar la temporada tercera de The Expanse. La expansión.

Casi con toda seguridad la mejor space opera, actual de la televisión. No es que haya muchas más. Pero alguna hay, y esta es una producción bastante interesante que ha ido ganando en interés con el tiempo. Y esta temporada, además, ha estado dividida en dos partes, cada una de las cuales ha tenido su dinámica propia y sus logros. El caso es que estoy lo suficiente enganchado a las aventuras de la tripulación de la Rocinante, antigua MRCN Tachi, como para que incluso haya empezado recientemente a leer las novelas de James S. A. Corey, seudónimo conjunto de los escritores norteamericanos Daniel Abraham y Ty Franck, con la primera de la saga, El despertar del Leviatán. Aun me falta bastante para terminarla, pero ya adelanto que es una novela más simpática y entretenida que brillante.

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En el Parc des Deux Rives (parque de las dos orillas) en Estrasburgo hay representado un sistema solar a escala, con los planetas exteriores, más allá del cinturón de asteroides, muy separados unos de otros…

Si la semana pasada hablábamos del miedo de los seres humanos a las inteligencias no humanas, refiriéndonos a la singularidad tecnológica o inteligencia que surge a partir de las creaciones de los propios humanos, en esta ocasión el miedo o el peligro procede de las inteligencias alienígenas. O incluso de la existencia de una vida alienígena que, con inteligencia o sin ella, tal y como la definimos, pueda ser una amenaza para la especie humana. Porque quien te dice que a una especie alienígena hipotética se le puedan aplicar los mismos caracteres que a la psique humana. Vulgar antropomorfismo del que a duras penas nos deshacemos. El caso es que, aunque de momento no hay señales que indiquen que vivamos en un vecindario estelar plagado de vida y civilizaciones alienígenas, el tema ha sido motivo de cierta preocupación desde el siglo XX y hasta nuestros días.

H.G. Wells y su guerra contra los marcianos llevada varias veces al cine y televisión, y que causó el “famoso” pánico de la retransmisión radiofónica de Orson Welles. Toda la neurosis de los avistamientos de platillos volantes tras la Segunda Guerra Mundial, y las teorías conspiranoicas del Área 51 y similares. Las múltiples imaginaciones que la literatura de anticipación ha realizado del primer contacto con una inteligencia alienígena. Alguna de ellas muy pesimista, como la teoría del bosque oscuro que comentaba hace unos meses a propósito de una celebrada trilogía de un escritor chino. El proyecto SETI, para buscar hombrecillos verdes a través del análisis de las señales recibidas por los radiotelescopios. Incluso algún destacado científico ha hecho hincapié en la conveniencia de NO buscar hombrecillos verdes, que podrían tener mala leche… o directamente provocar un choque cultural, en los que siempre sale perdiendo la cultura más atrasada tecnológicamente.

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… y los planetas interiores, entre el Sol y el cinturón de asteroides, muy cerquita unos de otros.

Pero si en la expansión de la humanidad por el Sistema Solar surge el problema del contacto con la vida alienígena, tema que ha cobrado una especial relevancia y trascendencia en la segunda mitad de esta tercera temporada, no deja de reflejar de fondo las miserias de la política y las relaciones sociales humanas. Esa lucha por la hegemonía en el sistema solar entre la potencia antigua, la Tierra representada por las Naciones Unidas, y la potencia emergente, la República Congresual de Marte, con las discriminadas y poco consideradas colonias del cinturón de asteroides y los planetas exteriores como pringaos de la función, no deja de representar situaciones similares en nuestra sociedad actual, cuando sólo una docena de hombres han caminado sobre un astro distinto de la Tierra, la Luna que se eclipsará esta noche, y unas cuantas decenas han estado en órbita alrededor del planeta.

Bueno. Pues muy entretenido oye. Tal es, que me llevé un disgusto cuando oí que Syfy no iba a renovar una cuarta temporada. Muchos esperaron que fuese Netflix que emite con posterioridad la serie por todo el mundo, retomase la producción, que no debe ser de las más baratas de la televisión. Pero no,… ha sido Amazon Studios la que ha recogido el desafío. Pues nada… A por ello.

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Y luego ya cruzas la pasarela y estás en otra galaxia, la Germánica Galaxia.

[TV – Series] Humans,… una vez más

Televisión

Tercera temporada ya para esta adaptación británica de una serie sueca, Äkta Människor, que se quedó en sólo dos temporadas. Lo cierto es que la serie británica coincidió argumentalmente en cierta medida en su primera temporada con la serie sueca, pero a partir de ahí siguen líneas diferenciadas. Aunque ambas series tratan básicamente de lo mismo, el aspecto no es el mismo. Los robots humanoides suecos tenían más aspecto de muñecos que sus homólogos británicos, otorgando un tono distinto a la serie sueca.

En cualquier caso, el tema de ambas series es un clásico; el advenimiento de la singularidad tecnológica, con el añadido de que lo hace en forma de seres con un aspecto casi indistinguible del ser humano. En algún caso se confunde con otros temas. Asimov lo hacía. En sus novelas sobre robots hablaba con frecuencia del síndrome de Frankenstein, a la hora de plantear el rechazo de los seres humanos hacia sus criaturas inteligentes. Pero el monstruo de Frankenstein, o el mito judío del Gólem, trata más bien del ser humano como creador de vida suplantando a un dios creador. Por extensión, este síndrome reflejaría el miedo del ser humano a las consecuencias de la ciencia, un miedo muy propio de eras como el romanticismo o la posmodernidad, que paradójicamente son épocas de gran impulso tecnológico para la humanidad.

Carlos Carreter

Un paseo un sábado cualquiera por los mercadillos de Portobello Road nos convencerá más que nada de la diversidad de la sociedad británica, que algunos quieren negar o revertir… los del Brexit y similares.

Pero con el miedo a la singularidad tecnológica de lo que se trata es del miedo a otras criaturas igualmente inteligentes. La otra variante a este miedo sería la confrontación con una civilización alienígena. Es decir, o nos cagamos de miedo por unos seres inteligentes ajenos a nosotros y nuestro miedo, o a unos seres inteligentes creados por nosotros mismos. Y con ello viene también otra cuestión; la definición de humanidad. Así se plantea en muchas ocasiones, aunque yo estoy en desacuerdo. Un robot, por inteligente que sea y por similar que lo hagamos en su aspecto externo, nunca será un ser humano,… porque no será un individuo de la especie o especies biológicas que tienen las características de humano. El debate es sobre su condición de persona, con sus dimensiones intelectivas, volitivas, creativas o emocionales. Podremos discutir lo que queramos, pero tengo la sensación de que hasta que no nos encontremos de forma efectiva con una de ellas… difícil saber cómo ser ese encuentro.

Carlos Carreter

En cualquier caso, la serie que aquí nos ocupa dio un paso adelante al final de la segunda temporada otorgando la autoconciencia a un número de muy amplio de robots humanoides. Y en su tercera temporada hemos estado contemplando las consecuencias de ese hecho. Tanto las inmediatas, como las que se puede producir a largo plazo. Y lo que se plantea es un escenario de una sociedad confrontacional, la británica. Lo cual no está lejos de las actitudes xenófobas que en esa sociedad se está percibiendo actualmente. La serie plantea que distintos países adoptan distintas posturas, en todos los extremos, de la tolerancia absoluta a la intolerancia extrema. La ciencia ficción suele comportarse como espejo de las realidades humanas. Y como ya he mencionado, esta serie británica se está desarrollando en el Reino Unido del Brexit, de la xenofobia y rechazo a los refugiados y de las renovadas tensiones internas entre británicos étnicamente anglosajones y los que lo son procedentes de las antiguas colonias.

Serie recomendable. Sigue estando muy valorada en general. Y gustará por su buen nivel de producción, argumental, filosófico e interpretativo.

Carlos Carreter

[TV – Series] A vueltas con el Rey Mono

Televisión

La idea de esta entrada surge hace unos días, “por culpa” de un serie coreana. El título original es Hwayugi [화유기], aunque el título internacional es A Korean Odyssey. Un drama romántico más, con la misma estructura argumental que la mayoría de ellos. A saber…

Chico conoce chica o viceversa.

No se caen bien, no congenian, son absolutamente opuestos, como pareja parecen imposible, tienen “insalvables” diferencias de edad, de nivel social o económico… o incluso de estatus en el mundo de lo sobrenatural.

Tras un cortejo laaaaaaaaargo, innecesariamente complicado, descubren que se quieren. Mucho. Incluso puede que se besen. Aunque una sucesión de abrazos estrujadores suele sustituir al tema de los besos.

Un acontecimiento aciago o un antagonista más o menos malicioso amenaza la relación. Incluso la llega a arruinar.

En el episodio final, tras la catástrofe, todo se arregla. A veces de modo incomprensible.

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Templo budista de Bulguksa, de los más antiguos y con más tradición de Corea del Sur; es curioso cómo una religión que no reconocía deidades en su origen, tiene luego un amplio panteón de seres de carácter divino o semidivino. Y muchos de ellos con asociaciones con animales; monos, cerdos, tigres, peces,…

Básicamente, este es el esquema argumental de todos los dramas románticos coreanos que he visto hasta ahora. Las diferencias del que nos ocupa hoy es que parece hecho con más medios que otros, Netflix ha debido poner su dinerico para tener la exclusiva de su difusión fuera de Corea del Sur, y que está basado muy libremente en una de las leyendas más populares del extremo oriente asiático; las aventuras del rey Mono, también conocidas como el Viaje al Oeste.

Vivimos en un mundo que hasta hace poco tiempo ha sido muy eurocéntrico. Son los mitos y leyendas, así como el cuerpo literario de las civilizaciones de la Europa Occidental, desde las obras de Homero hasta la actualidad lo que impregna la cultura no sólo de esta parte del mundo, sino de muchas otras partes del mundo. Sin embargo, mitos, leyendas u obras literarias trascendentes se han dado en civilizaciones de todo el mundo. Y siendo la civilización china una de las más antiguas, poderosas y prolíficas, no podía ser menos, habiendo influido en muchas otras culturas de su área de influencia. Podríamos decir que las aventuras de Sun Wukong, el rey Mono, serían tan conocidas o tan representativas como el Quijote en la Europa Occidental. Y que es un ejemplo del sincretismo religioso asiático al mezclar concepto procedentes tanto del taoísmo teísta, con su multitud de dioses y demonios, como del budismo. Y tanto Lao-Tse como Buda tienen su papel en las aventuras. En ellas, el protagonista, un monje, libera al rey Mono de su confinamiento en una montaña, y en compañía de otras deidades, van en búsqueda de unos textos sagrados, afrontando numerosas aventuras.

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No he tenido oportunidad de leer ninguna traducción del texto original. Que por otra parte es muuuuuuuy largo. Editorial Siruela tiene publicada una traducción de más de 2200 página. Muchos años ha, tuve ocasión de ver lo que el italiano Milo Manara había hecho con el simiesco monarca en formato de historieta. Con abundancia de bellas damas con escasez de ropas, como es costumbre en las obras del conocido fumettista italiano. Y con un rey Mono más caracterizado por su lujuria y habilidades copulatorias que por otras virtudes. Desde luego, no es la versión más fiel a las aventuras mencionadas. Me consta que en oriente se han hecho diversas versiones para cine y televisión de estas aventuras que no he tenido ocasión de ver, y que no prometen mucho. En la actualidad, Netflix tiene en catálogo una serie australiana y neozelandesa, The New Legends of Monkey, con una temporada de 10 episodios de unos 24 minutos. Lo que he visto hasta ahora es de una calidad más bien mediocre.

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En cuanto a la serie que ha motivado este comentario sobre las leyendas orientales… Pues bien, la acción se sitúa en la actualidad. El rey Mono es un guaperas. Y el monje no es un monje, que es una guapa joven que ve espíritus y que es la enésima reencarnación de un humano destinado a salvar el mundo. El argumento… lo que he dicho al principio. Tiene su gracia. Entretiene. Aunque la chica protagonista, muy guapa, es un poco siesa. Pero incluye hasta una zombi muy graciosa en ocasiones. Y es que como decía aquel, “cualquier cosa, con zombis, es mejor”. ¿O era “cualquier cosa, con sables laser, es mejor”? ¿Alguna vez he contado que los coreanos tienen una película de zombis y trenes mucho más divertida que la mayor parte de las cosas que hacen los yanquis? Nota: “divertida” no es lo mismo que “buena”.

Conclusión,… me gustaría ver una producción bien planteada y bien hecha sobre estas leyendas. Lo de la serie coreana, una mera anécdota y una excusa para hablar de ellas.

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[Serie de animación] Cowboy Bebop

Televisión

Disponible en los catálogos de Netflix y Amazon Prime Video, no sé si en alguno más, Cowboy Bebop es una de esas series de animación japonesa que se puede considerar de culto. Según leo en la Wikipedia, su emisión inicial presentó ciertas vicisitudes, interrupciones y otras situaciones, ya que los temas y contenidos, en los que no falta referencias sexuales y, sobre todo, situaciones violentas. Esta es una de esas series que va teóricamente dirigida al sector demográfico llamado young adult (adulto joven), que entiendo se refiere a adolescentes en sus diecimuchos y jóvenes en sus veintipocos. En los artículos de la Wikipedia dedicados a la serie en español y en inglés se dice que está dirigida al público shōjo, es decir, “mujer joven”… y me extraña un poco. Tengo la sensación de que atraerá más al público masculino que al femenino, según las atribuciones clásicas de roles por géneros, con las que en principio no tenemos por qué estar de acuerdo.

Akihabara - Tokio

No sé por qué, pero han sido las fotos del paseo por Akihabara en las que he pensado para ilustrar esta entrada. Este distrito de Tokio es el paraíso de la electrónica de consumo, pero también de las “idols” underground y otros fenómenos particulares de la cultura nipona, que ahora entiendo mejor que cuando visitamos el lugar.

Lo que sí que me parece real, ahora ya hablando por mi propia experiencia y dejando de lado lo que digan los demás, es que me parece una serie con temas muy adultos. Una space opera que participa abundantemente del género negro, así como de eso que se ha dado en llamar el space western. Hay varios ejemplos en la historia de la ficción audiovisual en la que se traslada el espíritu de frontera del oeste americano del siglo XIX a las aventuras espaciales. Por mencionar algunos muy populares, tenemos la serie Firefly, o Han Solo y la cantina de Mos Eisley en Star Wars… Pero hay más. Y en cualquier caso, domina el género negro en la serie. Con personajes de pasado oscuro, mujeres fatales, gángsteres, policías corruptos y bajos fondos diversos.

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Son cuatro/cinco los personajes en los que se centra la serie. Los dos que desde el principio están ahí, Jet, el antiguo policía, y Spike, el antiguo gángster. Luego se unen Faye Valentine, la joven hibernada que vive arriesgadamente descolocada fuera de su época, y la niña Ed/Françoise, de extrema inteligencia y abandonada por su padre. Y el protagonismo que le queráis otorgar al perro, Ein, muy peculiar. En general, la idea es formar el tradicionalmente poco tradicional grupo de marginales que, al mismo tiempo que van afrontando las aventuras que les surgen en el día a día, han de resolver sus asuntos pendientes en arcos argumentales amplios.

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Todo ello en el marco de una humanidad dispersa por el Sistema Solar debido a un cataclismo en el sistema Tierra-Luna que provocó el casi total abandono del planeta natal de la humanidad por sus inciertas condiciones para la supervivencia. En los distintos planetas rocosos y grandes satélites o grandes asteroide se han ido conformando sociedades en los que reconocemos las características de las deshumanizadas urbes humanas contemporáneas. En ellas, los protagonistas y personajes secundarios van dando lugar a reflexiones de carácter principalmente existencialista. Una existencia personal difícil de soportar, difícil de seguir adelante, especialmente si uno no ha conseguido dejar atrás los errores o los infortunios del pasado. Un grupo de protagonistas que viven en grupo, se sostienen los unos a los otros, pero a pesar de todo, fundamentalmente, están solos. En un universo muy grande y muy frío. Muy poco acogedor. Lo único que pueden considerar como hogar es la “Bebop”, la nave espacial que da nombre a la serie. Y que marca también el estilo de la banda sonora de la serie en la que no faltan los temas de jazz.

Para alguien como yo que desde muy jovencito ha ejercido el escepticismo como principio vital, no por elección sino por que se me ha dado que mi cabecica funcione así, esta serie aporta un tono amargo al escepticismo vital general. Algo que me alcanza en los momentos bajos, y especialmente conforme los años y la experiencia te va situando en tu lugar así como a aquellos que te rodean. Personalmente, la he disfrutado mucho. Y la recomiendo vivamente. Eso sí. Nada de vérsela de un atracón. Mejor disfrutarla poco a poco. En varios meses, como he hecho yo.

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[TV] Cosas de series; “sensates” y bennetts

Televisión

Mezclar en una misma entrada la rabiosa posmodernidad elevada al cubo del siglo XXI de los “sensates” de las Wachowski con la casposidad inherente a los muy rurales Bennett de The Ranch parace una ironía. Pero es así como han venido dadas las cosas y es así como las voy a presentar.

The Ranch – Parte 5ª

Es difícil decir por qué “temporada” van las aventuras y desventuras de los Bennett. Hace sólo dos años que los conocimos, pero lo que acabo de ver es, según Netflix, su 5ª parte. En IMDb lo consideran parte de una presunta tercera temporada, ya que cada una de estas viene dividida en dos partes. De ese modo, equivalente “temporada” con los episodios que se emiten cada año. Aproximadamente. En cualquier caso, el rancho de los Bennett, en algún lugar de Colorado, nos llega puntualmente un par de veces al año en tandas de 10 episodios que van de los poco más de 20 minutos a los poco más de 30 minutos.

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Los “sensates” nos han llevado de viaje por todo el mundo. Ya sea Nápoles, en el encabezado, o Reikiavik sobre estas líneas. Bueno,… más bien el aeropuerto de Keflavik. Pero es el aeropuerto internacional de la capital islandesa.

Se ha confirmado la deriva de la serie desde la comedia clara al drama con tonos de comedia aquí y allí. Pero fundamentalmente drama. El drama de un hombre de más de 70 años que siente que su tiempo llega a su fin aunque se agarre a la vida con firmeza. El drama de un estilo de vida condenado a desaparecer, o al menos a transformarse profundamente en contra del deseo de los que lo practica. El drama de las generaciones más jóvenes cuyos valores han cambiado con respecto a las de sus padres y encuentran dificultades para situarse en el mundo. El drama de la despoblación de las zonas rurales, con el cierre de colegios, y la desaparición de los maestros, elementos importantes de civilización. En fin, un sin fin de pequeños dramas salpimentados con toques de humor de una serie bastante más progresista que sus personajes, pero a los que no maltrata, por los que mantiene simpatía, incluso cuando se ríe de sus irracionalidades.

Excelentes trabajos actorales, especialmente por parte de los más maduros, Sam ElliottDebra Winger (que no sale todo lo que nos gustaría) o Kathy Baker, sin que los más jóvenes o los muchos otros secundarios desmerezcan en absoluto.

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También hemos recorrido Berlín,…

Una serie que empecé a ver de modo un poco anecdótico, pero que ahora espero con ganas.

Sense8 – episodio final

La llegada a Netflix de esta vistosa serie al mando de Lana y Lilly Wachowski fue acompañada de una gran fanfarria publicitaria y de elevadas expectaciones de las responsables de la trilogía de Matrix. No fue mi caso, que nunca he comprado el concepto de que la mencionada trilogía fuera para tanto, empezando por el hecho de que esté protagonizada por Kara caRtón, y siguiendo por mi sensación de que es mucho ruido y pocas nueces, estando más vacía de contenido de lo que aparenta. No lo puedo negar, si me hablan del cine de las Wachowski, mi cabeza se va sin remedio a Bound (Lazos ardientes), drama del género negro que firmaron a mitad de los años 90 cuando todavía se llamaban Andy y Larry. Y que descubrieron el elevado voltaje que podían generar la aparente modosita Jennifer Tilly y la más ruda, pero igualmente atractiva, Gina Gershon. Lo que han hecho después… pues va desde catástrofes absolutas hasta esfuerzos sinceros, pero insuficientes, para adaptar obras literarias notables.

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… o las calles y plazas más parisinas,…

¿Donde queda la aventura de los “sensates” en todo esto? Desde mi punto de vista, un poco en medio. Ni es una catástrofe, con algún momento entretenido incluido, ni tiene la profundidad pretendida, resultándome en su conjunto un producto mucho más comercial y superficial de lo que se pretende hacer creer, aunque luego haya funcionado menos bien de lo que muchos de sus aficionados más radicales quieren hacernos creer. Porque su prematura cancelación indica que a Netflix, una producción con unos costes de tal calibre,… no le salían las cuentas. Por lo menos, han tenido el detalle de dejar a los aficionados este largometraje con el presuntuoso latinajo como título de “Amor Vincit Omnia”. La forma más habitual de la frase es omnia vincit amor, pero bueno. El amor puede con todo.

Y es que este título forma parte de la superficialidad que mencionaba. El género de mutantes más o menos superheroicos empieza a estar superpoblado, con múltiples enfoques tanto en cine como en televisión, y empieza a ser poco original. Las típicas tramas de científicos malos malísimos frente a postmodernos que basan su fuerza en el amor y otras “fuerzas” más o menos “espirituales” ya cansan también. Oye tú, que la postmodernidad nos viene ya desde finales de los años 60 y principios de los 70. Y muchos de los mensajes esenciales sobre la libertad personal y el amor libre, frente a poderes fácticos diversos ya los teníamos en el musical Hair (musical en teatros, 1967, película, 1979). Aparte del hecho de que ahora se habla más de las relaciones sexuales diversas y diversificadas, poco más que no se hubiera dicho entonces se aporta. Y más allá de algún revolcón virtual colectivo, determinadas escenas de canciones y bailes, me suena más al Viva la gente (Up with the people) o al anuncio de la cocacola “hilltop” o “the real thing”, de “la chispa de la vida” para el mundo hispanohablante. Respuestas consumista y conservadoras en los años sesenta o setenta a fenómenos contraculturales más profundos, como el movimiento hippie y otros.

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… hemos sentido las amenazas de los malos en Londres, o…

Este episodio final a “gozado” de otras de las virtudes menos positivas de la serie. Excesivamente largo para lo que tiene que contar, muy poco económico de medios, generando escenas o secuencias que no aportan nada a la historia en su conjunto, y que sólo sirven para dar minutos en pantalla al excesivamente numeroso e irregular reparto. Reparto en el que sus mejores componentes carecen de oportunidades de lucirse y elevar el resultado final, mientras que los más flojos chupan cámara sin el menor interés.

Las intenciones de las Wachowski son buenas; así me lo parece a mí. Comparto con ellas la necesidad del respeto y la convivencia franca con la diversidad en todos sus aspectos. Y desde ese punto de vista ningún pero. Pero globalmente me parece un espectáculo excesivo para un planteamiento demasiado superficial; superficialidad que acompaña a demasiadas producciones actuales, y que parece encantar a las generaciones más jóvenes. Una pena. Creo que algo se pierde por el camino.

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… hemos sufrido con las aventuras y desventuras de Bak Sun (Bae Doona), uno de los personajes y actrices más interesantes y desaprovechados de la serie.