Fotografías realizadas en el entorno del reconstruido castillo de Osaka. También disponible en versión Substack.
Está llegando a su final el segundo trimestre del año. Eso quiere decir que también están llegando a su final las series o las temporadas de series de animación japonesa que han transcurrido entre abril y junio de este 2026. De momento tengo registradas tres finales. En esta semana llegarán varios más. No muchos. Las vacaciones de mayo me hizo abandonar unas cuantas. Lo cierto es que no ha habido muchas que me entusiasmasen como en trimestres anteriores.
Pero quiero hablaros aunque sea brevemente de Nippon Sangoku (日本三國; ‘Japón: Tres reinos’), un drama de aventuras políticas y bélicas posapocalípticas en un futuro no muy lejano en el que tras una guerra nuclear mundial y un devastador terremoto, Japón cayó en el caos político, sufrió un fuerte retroceso en su civilización, y quedó dividido en tres reinos en perpetuo conflicto, con un décimo de la población original del país. Basándonos en Osaka, capital de uno de los tres reinos, Yamato, conoceremos las intrigas políticas y las batallas contra uno de los reinos vecinos.
Es también una historia de venganza de un joven pescador cuya joven esposa fue asesinada por el cruel primer ministro. Y que ha decidido vengarse acercándose a los entresijos del poder haciendo carrera militar. Basada en un manga de éxito.
Sinceramente, me lo he pasado muy bien. Está muy bien hecha, con una animación muy expresiva, y con unas tramas políticas y bélicas en las que nunca es nada de lo que parece. Una historia que no ha terminado, de la que supongo que sabremos más en el futuro. O así lo espero. La podéis ver en Amazon Prime Video. De lo poco decente que últimamente he visto en esa plataforma, que hace unos años prometía más calidad en su oferta de series de la que realmente podemos encontrar.
En las fotos, uno de los pocos lugares que he visitado en Estados Unidos, el que menos «alinígenas» tenía, aunque había unos cuantos, Yosemite National Park. Con autorretrato de uno de los alienígenas. También en versión Substack.
Steven Spielberg vuelve a sus “marcianos”. Cabezones, de aspecto famélico, con ojos que, salvo porque no parecen multifacetados, recuerdan a los de algunos insectos o arañas. Y que, a pesar de que deben ser muy inteligentes, parece que no lo son lo suficiente para no dejarse atrapar por los militares malvados del malvado gobierno USAmericano. Bien sea a través de una de sus múltiples agencias de “inteligencia”, bien sea a través de un contratista privado, que es lo que está de moda en estos tristes tiempos.
Un tipo con cara de pringado (Josh O’Connor), pero muy listo, sale huyendo con su novia (Eve Hewson) de unos tipos que los tenían presos. La mujer del tiempo de una cadena local de televisión (Emily Blunt), a través de un pajarico azul, le llega el don de lenguas. Mientras que Colin Firth, que últimamente parece haberse abonado a los papeles de malvado, les persigue, porque tienen un peligroso secreto que un tipo (Colman Domingo), un capitán araña que embarca a todos, pero que siempre está escondido, quiere revelar al mundo.
Por supuesto, el peligroso secreto es que hay extraterrestres, que han venido a la Tierra, y que los malos los torturan. Y por algún motivo que desconozco, en un mundo al borde de la guerra mundial por culpa de los norcoreanos, que yo sepa el principal riesgo para el mundo en estos momentos es USAmérica con su “marciano” de color naranja al frente, si se da a conocer al mundo que hay “marcianos”… cabezones, delgaduchos, de ojos insectoides,… llegará la paz mundial, que los malos parecen no querer. No sé. Algo así parece el mensaje que nos traslada Spielberg. Sip. El argumento de esta película tiene la mayor densidad de non sequitur por minuto que he visto en una película. En este triste sentido; no en este sentido más divertido de la expresión latina.
Y si al razonamiento absurdo de que la llegada de los extraterrestres a la Tierra nos llevaría a la unión de la especie humana y a la paz mundial, sumamos que la trama está llena de agujeros argumentales, que no voy a detallar, porque iría para largo, esta película me parece una de las más tristes de Spielberg quien, a sus casi 80 años, al parecer, debe estar empezando a chochear o a delirar, por muy buen director que sea en los aspectos formales de la realización de las películas. En este caso, nos trae algo que más parece un episodio de las tontas series de extraterrestres que estuvieron de moda en los años 90 y primeros años de los 2000. Y por lo tanto, resulta viejuna y escasamente interesante. Ah… y por cierto,… esto no es ciencia ficción. No hay nada científico. Es todo pura fantasía.
Fotografías realizadas en el «downtown» de San Francisco, donde se ve abundancia de tristes rastros de la epidemia de opioides que afecta a los Estados Unidos en este siglo. XXI. También disponible en versión Substack.
Euphoria ha sido una de las series favoritas del público y la crítica en los últimos años. Tres temporadas que nos han llegado de forma parsimoniosa. Estreno en el verano del 2019. Segunda temporada en enero de 2022, más de dos años y medio después. Y han tenido que pasar cuatro años más para la tercera y definitiva temporada. En principio, un drama adolescente sobre hedonismo, amores, sexo, y drogas,… muchas drogas. En torno a un personaje principal, Ruby “Rue” Bennett, excelentemente interpretada por Zendaya.
Y digo “en principio” porque, en mi muy humilde opinión, la tercera temporada ha sido como si fuera una serie distinta. Un spin-off. El mismo universo de ficción. Los mismos personajes, al menos aparentemente, pero con distinto peso. Y esto ha cabreado a muchos. Tanto del público como de la crítica. En esto de las series, las franquicias, las sagas, los universos de ficcion… existe un problema. Los fans más duros quieren ver siempre más de lo mismo. No llevan bien los experimentos o las divergencias sobre lo que hizo que se enganchasen.
En la tercera temporada, la serie nos lleva a varios años después de la salida del instituto de las protagonistas. Digo “las” porque el peso lo llevan fundamentalmente las chicas, aunque haya algún varón que también sufra lo suyo. Pero la serie tiene otro tono. Ya no la veo como un drama. Es una comedia negra. Muy negra. Con elementos más trágicos que dramáticos. Tragicomedia. O comedia trágica. No sé si tiene la propiedad conmutativa el género.
No voy a decir de que va. El que esté interesado, que la vea. El hedonismo, las drogas, el sexo… han seguido presentes. El amor… menos. Pero también, todo, con un despliegue de fatalismos. Ya sabéis. Si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos.
A mí me ha gustado. Quizá no sea el no-va-más de las series, pero es una buena serie. De las mejores de esta última temporada. Y que les den a los intransigentes que quieren ver una y otra vez la misma serie. Darle vueltas constantemente a las mismas tramas y a los mismos personajes. Pero las gentes evolucionan. Y las cosas que les pasan son distintas. Aunque sean herederas de su pasado. Y si al final tiene un punto trágico… está bien planteado. Y además sirve de enorme denuncia a los que se han enriquecido con la criminal epidemia de opioides que está pudriendo los corazones de muchas ciudades americanas y, en mucha menor medida, de alguna ciudad europea.
Fotografías realizadas en Seúl con la Leica Minilux que compré allí; malhadada cámara que me gustaba mucho, pero que se estropeó de modo irreparable. Entrada disponible también en la plataforma Substack.
En los últimos meses, he estado bastante atascado con las series surcoreanas. En parte, porque los fines de semana, que es cuando las veo, he estado muy ocupado con otras cosas. En parte, porque la oferta que he encontrado en los últimos tiempos ha sido muy floja. Esto… estoy “solucionándolo”, porque me apetece seguir con este placer inconfesable. Hoy vamos con dos series protagonizadas por la misma actriz, una reciente y otra de 2018.
En 2018, Park Minyoung protagonizó Kimbiseoga wae geureolkka (김비서가 왜 그럴까) en España ¿Qué le ocurre a la secretaria Kim?. En 16 episodios de 70 minutos, cuenta la historia de la eficiente secretaria de un alto ejecutivo que, una vez pagadas las deudas de su familia, con un cierto colchón económico, quiere dejar su empleo tras nueve años, y vivir una vida más relajada y tranquila. Pero su egocéntrico y maniático jefe no la quiere dejar ir. Depende mucho de ella. Y decide que la mejor forma de que se quede es… ligando con ella.
La serie, una comedia dramática sin muchas complicaciones, sin apenas tramas dramáticas que preocupen… hay una historia de secuestros infantiles, pero se resuelve de forma muy ligera y rápida,… es un mero vehículo de lucimiento de sus actores, jóvenes y guapos. Park fue (o es) modelo y además de actriz,… y quizá esa es una de sus peores virtudes. Porque la sacan siempre tan “guapa”, tan “elegante”, tan “perfecta”, que sus interpretaciones me parecen a veces encorsetadas y rígidas. En la mayor parte de las series que la he visto. Porque hay alguna en la que muestra mejores modos interpretativos. En cualquier caso, me ha costado tres meses verla… lo cual es muestra de que su interés ha sido… meh.
Pero luego está un estreno reciente en Amazo Prime Video, Seiren (세이렌, sirena), en España El beso de la sirena. En esta ocasión, en 12 episodios de 70 minutos, Park interpreta a una subastadora de arte de alto nivel, que se convierte en sospechosa de un asesinato en una fiesta de la casa de subastas, una de las otras empleadas con las que mantiene una rivalidad. Un investigador de seguros está detrás de la protagonista, porque la ve como una viuda negra, ya que varias de sus pasadas relaciones masculinas murieron sospechosamente tras contratar un seguro a favor de la protagonista. Aunque lo cancelaron justo antes de morir, por lo que nunca se ha demostrado un motivo, y no hay pruebas contra ella.
Este es otro ejemplo en el que la protagonista se encuentra tremendamente encorsetada y rígida en su papel, ya que tiene que llevar siempre modelitos, perfectamente peinada, caminar como una modelo de pasarela… y en su conjunto generar un papel poco natural. Y este es uno de los problemas de bastantes series surcoreanas. Sacrifican el buen hacer que podrían tener actrices o actores con oficio para dar el papel protagonista a personajes del mundo de la moda o de la música, populares y con presencia física, para atraer al público.
He elegido a Park MinYoung para comentar esto por conveniencia. Por haber visto recientemente estas dos series. Pero se da con otros actores y actrices. Y es una de las cuestiones que desde el otro extremo del continente euroasiático, no pocas de estas series se vean como placeres inconfesables pensadas para crear un mundo de glamour bastante artificial para un público condicionado a creer que el dinero y la belleza lo es todo. Y hace también que sea difícil que nos tomemos en serio a estos intérpretes como tales intérpretes, aunque de vez en cuando, con una buena serie, despojándose de los vestidos de marca y del exceso de maquillaje, consigan hacer un buen papel si les dejan. Corea del Sur tiene cantera de buen hacer televisivo y cinematográfico. Pero con frecuencia la desaprovecha en producciones superficiales y flojas, pero con “mucho glamour”.
Creo que la acción de la película transcurre en Boston,… pero no he estado en Boston, así que Nueva York tendrá que ser en las fotos. La entrada se encuentra disponible también en Substack.
A pesar del título de la película, mis sensaciones al salir de la sala de cine es que era más bien una comedia, una comedia ácida y cínica, más que un drama. Pero puedo estar equivocado y no haber comprendido las intenciones de su director, Kristoffer Borgli, director inédito en mi cinematografía. Lo cierto es que sabíamos poco de esta película. Pero lo llamativo del reparto, unido a que no había mucha más oferta atractiva… nos lo puso fácil a la hora de elegir qué película ver.
Emma (Zendaya) y Charlie (Robert Pattinson) son una pareja que se van a casar en breve. En unos flashbacks vemos cómo se conocieron dos años antes y cómo construyeron su relación. Y dos años después… boda. Pero en una cena con unos amigos unos días antes, juegan a que cada uno cuenta qué cosa horrible hizo en algún momento del pasado. Tres de ellos cuentan cosas horribles que hicieron en el pasado, especialmente la que hizo una tal Rachel (Alana Haim). Pero Emma cuenta algo que pensó en hacer cuando tenía quince años, pero que, al contrario de los demás, nunca llegó a perpetrar. Sin embargo, recibirá el rechazo de los demás, y Charlie empezará a tener dudas sobre la persona con la que se va a casar, que será juzgada con rigor.
Borgli plantea un dilema curioso. Desde mi punto de vista, claramente orientado a poner en solfa la hipocresía de las gentes “bienpensantes” y más liberales de la sociedad americana. Lo que la protagonista pensó en hacer es algo que surge periódicamente en las noticias, como un acto horrible. Pero nunca lo hizo. Y despue´s de aquello, es una persona cuyo comportamiento en sociedad es correcto. Positivo para muchos. Sin embargo, alguno de los actos de los demás fueron horribles, los hicieron, pudieron tener consecuencias gravísimas. Pero sin embargo… no son mediáticos. Y se cuentan con despreocupación… “al final no fue nada”. La hipocresía de casi todas las partes es palmaria. La situación bordea el absurdo. Y las dudas del futuro esposo, que llegan a generarle síntomas físicos… Vamos… como para que la protagonista los mande a todos a tomar por el saco. Y sin embargo… en la realidad,… fuera de la película… ¿cómo juzgaría cada cual, al menos en USAmérica, las situaciones? Entre la comedia negra y el drama.
Las interpretaciones son muy buenas. Zendaya, a quien estoy viendo en estos momentos en la tercera (y creo que última) temporada de Euphoria, hace un curioso papel. Muy bien. Pero, ¿el conjunto de la película? Es interesante, no está mal. No voy a decir que me vaya a quedar con ella como una de las películas del año. Pero es razonablemente recomendable. Es interesante en sus planteamientos, aunque quizá se podría haber explotado algo más el absurdo de la situación, y quizá el final no me resulte del todo convincente. Pues después de lo que se montan, si yo fuera Emma, mandaría a todos al quinto pimiento, por imbéciles.
Fotos realizadas en Estambul, ya que las aventuras del joven Holmes llevan a los personajes a esta ciudad turca. Entrada disponible también en Substack.
Sip. Ya sé. Sherlock Holmes y Frieren no tienen absolutamente nada que ver el uno con la otra. De hecho, el detective británico me cae regular, mientras que la mágica (y un tanto neurodivergente) elfa centenaria me cae muy bien. Pero son dos series, o temporada de serie, que se me habían quedado colgando, pendientes de comentar, y como no sabía ni cómo ni cuándo, aquí van en esta entrada “coche-escoba”.
La cantidad de versiones que se han hecho del personaje de Sherlock Holmes son innumerables. Unas son más fieles al original literario y otras menos. Unas se mueven en el terreno del realismo y otras se adentran en el ámbito de la fantasías. Ya se han hecho versiones juveniles del personaje, siendo Young Sherlock Holmes de Barry Levinson la más célebre. O incluso se han hecho series sobre su familia, miembros de la misma que nunca fueron mencionados por Arthur Conan Doyle en sus obras. Pero recientemente, en Amazon Prime Video, se volvió a especular con la juventud del personaje en la serie Young Sherlock.
La serie no corresponde a nada concreto que pudiera haber dejado mencionado, indicado, sugerido, o imaginado, por Conan Doyle. A su hermano Mycroft (Max Irons) sí que lo conocemos en las novelas del escritor británico. Pero nada sabemos, o casi nada, del resto de su familia. Así que esta serie es toda pura invención. Un Sherlock joven (Hero Fiennes Tiffin), conflictivo, aventurero, se alía con quien sería su némesis en las obras literarias, Moriarty (Dónal Finn), para desentrañar un misterio y un conflicto, unos asesinatos y atentados, que se producen en Oxford. Y que afectarán profundamente a su familia, padre (Joseph Fiennes) y madre (Natasha McElhone). Síp. Los dos Fiennes son familia, sobrino y tío, en la realidad.
Y, por supuesto, hay una mujer misteriosa, asiática (Zine Tseng), como auténtica rival intelectual del protagonista que, sinceramente, está lejos de sus mayores momentos de brillantez intelectiva. No voy a entrar mucho en la trama y en el desarrollo. En ningún momento me parece ver una aventura del “auténtico” Holmes. Se utilizan los personajes, el entorno histórico y esas cuestiones, pero realmente nada tiene que ver con nada en las novelas originales. Ni las personalidades de los caracteres, ni el estilo de las aventuras, ni nada. Es moderadamente entretenida, pero tengo dudas de que vea una segunda temporada si la hay. Y parece que la habrá.
Mientras, ha seguido el viaje hacia el norte de Frieren, Fern y Stark. En determinadas plataformas, Sōsō no Frieren (葬送のフリーレン, Frieren, la que despide a los muertos)es considerada como la serie de animación japonesa más apreciada de la historia. Por lo menos de la historia de esas plataformas. La que tiene mayor valoración promedio. Por lo que la continuación de sus aventuras levantó muchas expectativas. Yo he de decir que me gusta bastante, pero no la que más. No entraré en la cuestión ahora.
El tema es que si bien la primera temporada constó nada más y nada menos que de 28 episodios, esta segunda han sido sólo 10. Siendo continuista en el estilo y el espíritu, lo cual está muy bien, ha tenido un sabor a temporada de transición. A ofrecer una dosis de sus aventuras a los aficionados, mientras se prepara algún plato más fuerte y más intenso, como lo que se nos ofreció en la excelente primera temporada. Así que… esperaremos agradecidos por lo que se nos ha ofrecido. Qué remedio queda.
Con dos series británicas parecía lógico optar por Londres en las fotos de hoy. Recordad que también podéis seguir este Cuaderno de ruta en estos momentos en Substack.
Cuando vi la excelente Shogun, me pregunté si su protagonista femanina, Anna Sawai, me pregunté si me sonaba de algo. Vamos… que me sonaba de algo. Así que, ni corto ni perezoso, busqué en IMDb o en la Wikipedia, no recuerdo exactamente, y comprobé que sí. Que la había visto en tres series de televisión. En dos de ellas, una que no estaba mal, y otra que es de mis favoritas, no me dejó especial recuerdo, porque su papel era secundario. Tuviera más o menos presencia en ellas, no fue la suficiente para que me impactara ni positiva ni negativamente. Pero la otra… de la otra sí que me acordaba. Y la impresión que me dejó fue… más bien negativa. De hecho, ni siquiera me planteaba ver la segunda temporada. Esa serie era Monarch: Legacy of Monsters. La serie me pareció mala, y la interpretación de Sawai… también.
Pero en su papel de mujer samurái de la época Sengoku estuvo muy bien, realmente. No sé si tanto como para que tuviera tantos premios. Pero muy bien. Me pregunté si a lo peor no vi la serie del MonstruoVerso con el estado de ánima adecuado. Si lo había enfocado mal o algo… El público votante en IMDb no se mostraba entusiasmado con la serie, pero le daba un aprobado holgado… Así que cuando se anunció en Apple TV la segunda temporada, adopté una postura mental abierta, me dispuse a verla con atención y… la serie me sigue pareciendo muy mala, y el trabajo de Sawai me sigue pareciendo malo. Como el de la mayor parte del reparto. Creo que no es culpa de los intérpretes sino del planteamiento general de la serie, que me parece horrible. Aun así me la tragué entera. La temporada. Por ver si remontaba. Y oye… que igual es mejor que la primera. Pero claro… para eso no hacía falta esforzarse mucho. No me pillarán en la tercera. O igual sí. Quién sabe.
Por lo demás, en los últimos tiempos no he estado muy centrado en las series de televisión, salvo para matar algún rato con alguna serie de animación nipona. Y los fines de semana, alguna serie surcoreana he ido siguiendo, pero poco más. En vacaciones, tenía otras cosas mejores que hacer. Aunque en esto llego y aparece en pantalla el aviso de la tercera temporada de Good Omens, la divertida serie basada en la obra de Terry Pratcher, protagonizada por un ángel (Michael Sheen) y un demonio… ángel caído (David Tennant)… una bella historia de amor, si te paras a pensar. Reforzada por esta “tercera temporada”. Y entrecomillo porque no es una “tercera temporada” aunque así aparezca en Amazon Prime Video. Es un largometraje de aproximadamente hora y media de duración, para dar una conclusión definitiva a la serie, con el universo nuevamente en riesgo de “fin del mundo”. La película es entretenida, no está al mismo nivel que el conjunto de la serie, pero es de obligada visión y la has visto. Y su conclusión, el tipo de universo que a mí me complace más… a mí me convence bastante. Es lo que hay.
Necesariamente fotos de San Francisco, lo más próximo al mundo de los desarrolladores de juegos que tengo. Entrada disponible también en Substack.
Con mi baja de Netflix, he ido recuperando series que tenía olvidadas, perdidas o ignoradas en otras plataformas. Fundamentalmente en Apple TV, que creo que tiene la mejor calidad promedio de series. Claro que esto no es porque tenga más series de gran calidad. Es porque tiene menos series en general, y muchas menos series bodrios en particular. Así que en estoy estoy. Y me encontré con esta comedia de episodios de media hora ambientada en una empresa de desarrollo de juegos para ordenador.
Es Mythic Quest, con cuatro temporadas de entre 9 y 10 episodios, que aparecieron en la plataforma entre 2020 y 2025. Aunque se hicieron dos episodios extra para la primera temporada para amenizar los complicados tiempos de la pandemia de covid-19. Hay que decir que el último episodio tiene dos versiones, con finales alternativos, el que está actualmente en la plataforma es el segundo. Luego voy a eso. Y además hay un pequeño spin-off, Side Quest, con cuatro episodios, y con personajes relacionados con el mundo de los juegos de ordenador y la series principal, pero sin los personajes principales.
La serie nos cuenta la vida cotidiana en una empresa de desarrollo de juegos de ordenador, que tiene un producto estrella, el Mythic Quest del título. Los dos personajes principales son el director artístico, Ian Grimm, (Rob Mac) y la desarrolladora jefe, Poppy Li, (Charlotte Nicdao), que asciende después a codirectora artística. Pero la serie tiene multitud de tramas colaterales e interracionadas que incluyen al gerente de la empresa, el director financiero, la directora de recursos humanos, las beta testers, y eventualmente otros como la responsable de redes sociales, o algunos familiares de los personajes principales. En el momento en que empieza la serie, el juego está en su mejor momento, y todo lo que viene después son los avatares para futuros desarrollos o las vías alternativas que los personajes pueden tomar en sus vidas.
Por supuesto, todo el tema del juego y su desarrollo es un gigantesco macguffin. A lo que va esta divertida comedia es a la interacción y las relaciones humanas entre todos sus personajes. De partida, todos parecen personas comunes, de distintas profesiones, estratos sociales, etcétera. Pero pronto uno se percata que no hay nadie “normal” o “común”. Todos los personajes son exageraciones de determinados rasgos de los humanos comunes; narcisismo, inseguridad, petulancia, autpercepción deformada,… Algunos de los personajes secundarios representan realmente a la persona común, que sufre las consecuencias de trabajar con los genios y los responsables de la empresa.
Está bastante bien y la considero muy recomendable. Aunque, todo hay que decirlo, la serie tiene un nivel muy alto al principio, y luego conforme pasan las temporadas va disminuyendo. Aunque sin llegar a saltar el tiburón, y manteniendo buenos niveles, o al menos niveles más que aceptables. Uno de los hilos conductores de la serie es que poco a poco aparece una tensión romántica no resuelta entre Ian y Poppy. Cuando se decidió cancelar la serie, el último episodio de la serie incluía la resolución de la tensión con beso incluido, probablemente como adelanto de la línea argumental de una quinta temporada. Pero al cancelarla rodaron un final alternativo en la que quedan como amigos. Y con Poppy embarazadísima, porque Charlotte Nicdao estaba realmente embarazadísima cuando rodó esa última temporada. No sé si conseguiré ver por algún sitio el capítulo final original.
Parcialmente localizada en Gerona esta novela, usaremos fotografías de la ciudad catalana para ilustrar esta publicación. Entrada disponible también en Substack.
Nuevo libro de autor español en esta ocasión. Siempre he pensado que he leído demasiado poco a Javier Cercas a pesar de que generalmente me gusta como escribe. En esta ocasión, apareció una oferta sobre esta novela del autor extremeño radicado en Cataluña, y decidí que era una buena ocasión. Creo que no es de las más conocidas. E incluso creo que él mismo no es de las que más aprecia… aunque puedo equivocarme en esto, pero a pesar de todo, tenía curiosidad.
La novela nos cuenta la peripecia de un escritor, de un aspirante a escritor al principio de la novela, que ante las dificultades en salir adelante en la profesión, y con la necesidad de ganarse la vida, acepta un trabajo en una universidad del medio oeste americano como profesor de español. Allí hace diversas amistades. Pero la que le marca la vida es la que establece con otro profesor asociado, o como se llamen allí, un veterano de la guerra de Vietnam, muy tocado por lo sucedido en aquel conflicto. Durante muchos años, en los que el escritor irá ganando confianza y fama como escritor, esta relación, que terminó bruscamente cuando el norteamericano despareció por voluntad propia de su puesto de trabajo y del lugar donde vivía, marcará también la vida del escritor español.
El protagonista de la novela es un alter ego del propio Cercas, con algunos elementos claramente tomados de su propia vida y recorrido profesional, y otros de carácter ficticio. Es lo que se algunos llaman una autoficción. Juega con elementos que hacen pensar al lector que Cercas habla de sí mismo y de sus experiencias, pero la novela es un relato de ficción, y muchas de las cosas que pasan, especialmente las más dramáticas en la vida del protagonista de la novela, nunca le sucedieron al propio Cercas.
A partir de aquí, estamos ante un libro sobre la ética, específicamente como el conflicto entre los valores de la persona y las acciones de la persona, que en ocasiones son congruentes… pero en ocasiones no. Y eso deja una huella. Un rastro. Alguien puede ser esencialmente lo que en general se considera una buena persona, pero un momento dado, con los estímulos o los incentivos adecuados, cometer actor reprochables, muy reprochables, que pueden marcar la vida de la persona. Sean las acciones del norteamericano en la guerra de Vietnam, sean las acciones del escritor en relación con su familia y su mala digestión del éxito.
Dicho lo cual, el libro me ha gustado razonablemente, pero efectivamente no es el que más me ha llamado la atención de los que he leído de Cercas. Creo que las distintas historias que transcurren en paralelo tienen distinta intensidad y consecuencias para el lector, aunque no necesariamente para los personajes y su contexto vital. Pero esto puede afectar al interés que en cada momento nos suscita el relato. Bien escrito como suele suceder con los libros del escritor, puede ser una obra a la que merezca la pena darle una oportunidad, y que cada cual saque su conclusión. Al cabo, entre los 2662 votantes en Goodreads, estoy en la parte baja, habiendo muchos más lectores que aprecian el libro mejor que yo.
Fotos realizadas en San Francisco, que podría ser la ciudad donde transcurren un par de las series de hoy. Un par. Las otras no. También en versión Substack.
Sip. “Epidemia” de series de ámbito médico y colaterales en las diversas plataformas disponibles por ahí. Algunas clásicas y otras más novedosas. Bueno,… en realidad, ninguna novedosa. Ya me explicaré.
Después de más de dos décadas sigo viendo Grey’s Anatomy. La temporada no ha terminado todavía. Le quedan dos episodios. Pero da igual. La comento ya. Porque tampoco hay mucho que comentar. Es un guilty pleasure. Un culebrón en el que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Muy “progre” últimamente, muy “anti-Trump”, aunque de vez en cuando sacan a relucir su puntito conservador. Es lo que tienen los llamados “liberales” en USAmérica. Que allí los consideran de izquierdas, pero aquí serían de centro liberal como mucho. Como siempre, más culebrón que serie seria. Y en realidad es más bien mala. Pero sigo viéndola. Es lo que hay. Como digo, un guilty pleasure.
Tercera temporada de Shrinking. Estos no son médicos. Son psicólogos. Creo. Me parece lo más probable. El problema es que cuando los USAmericanos hablan de shrink lo mismo se refieren a un psiquiatra que a un psicólogo clínico. Pero no les he visto recetar en lo que llevamos de serie, así que serán psicólogos. Por lo demás, es una serie muy maja y divertida. Que seguiré viendo, porque ha sido renovada. Aunque no sé muy bien con qué dinámica. Porque el cascarrabias (Harrison Ford) se ha retirado de la práctica y se ha ido a la Costa Este a vivir. Cosas del Parkinson. Y quizá de que Indiana Jones es octogenario y nunca se sabe si podrá salir en la siguiente temporada. Y también se ha ido a la Costa Este, a estudiar a una prestigiosa universidad, la adolescente protagonista (Lukita Maxwell). Aunque más por lo bien que juega al fútbol que por sus capacidades en los estudios. Cosas del capitalismo USAmericano. Es más fácil que bequen a un deportista que a un estudiante cualificado. Porque el deporte deja más dinero en las universidades que el saber.
Segunda temporada de The Pitt. Continuación no oficial de E. R., con el Dr. Carter reconvertido en Dr. Robby (Noah Wyle). Con la peculiaridad de que los quince episodios de la temporada narran un turno en el servicio de urgencias de un hospital de Pittsburg. Narrada por lo tanto en tiempo cuasirreal. Intentando reflejar de modo realista los problemas de las urgencias de un hospital, así como los problemas de carácter social y político de la sociedad USAmericana. Sigue siendo una de las mejores series del momento. Pero no me ha gustado tanto como la primera temporada. Ya no resulta tan novedosa. Y al mismo tiempo, agobia un poco con la cantidad de calamidades y problemas que surgen cada décima de segundo. Pero bastante recomendable.
Y no sé si decir que estamos ante la décima temporada de Scrubs o ante la primera temporada de la nueva Scrubs. Sí. Dieciséis años después de que terminara la serie cómica sobre residentes de medicina del Hospital Sagrado Corazón de alguna ciudad californiana (en una época en la que yo trabajaba en el Hospital Sagrado Corazón de Jesús de Huesca, qué ironía), vuelven los mismos personajes y algunos nuevos más jóvenes para hacer de residentes al mismo hospital. El tono es similar. Pero quizá demasiado preocupados los guiones por homenajear a la serie original. El público votante en IMDb está encantado, con una valoración promedio de 8,3/10 sólo una décima menos que la original. Yo vi las primeras temporadas de aquella, y creo que era mejor. Pero está bien. Me ha entretenido. Y son sólo 9 episodios de menos de 25 minutos. Cómo no la vas a ver.
Fotografías realizadas en el entorno de Regent’s Park y Primrose Hill en Londres, que aparecen con frecuencia en la serie. También disponible en Substack.
No soy muy dado al género de espías. Soy consciente que hay cosas muy interesantes, tanto en literatura como en el cine y televisión. Aunque estos dos últimos medios beben de los libros con frecuencia en este género. Pero reconozco que de vez en cuando se encuentran cosas estupendas en él. Ahora no me pondré a enumerar, pero hay unas cuantas que me gustan. Aunque generalmente son las que se salen de los caminos más trillados y del tópico.
Cuando en 2022 Apple TV estrenó Slow Horses vi el primero episodio. La serie me atrajo más por su reparto y por su británica factura que por el tema en sí mismo. El problema es que ese primer episodio y medio que vi no eran representativos necesariamente de la serie. Sí. Estaban bien hechos, bien interpretados… pero a priori no me interesó mucho. Y no seguí. La abandoné, sin apenas darle una oportunidad.
Cuando en enero decidí cancelar mi suscripción a Netflix, empecé a revisar los catálogos de las plataformas que me quedaban. Y me volví a encontrar con esta serie, que a estas alturas había acumulado cinco temporadas y un total de treinta episodios. Cada temporada una adaptación de uno de los libros sobre este universo del escritor británico Mick Herron. Y con unas valoraciones acumuladas, tanto de la crítica como del público, más que impresionantes. Consenso general sobre la calidad de la serie. Para muchos una de las mejores del momento.
Así que decidí que al menos tenía que terminar una temporada antes de decidir si le daba de nuevo carpetazo o no. Al fin y al cabo son temporadas de sólo seis episodios, que duran menos de una hora, muchas veces más cerca de los 40 o 45 minutos que de los 60. Las aventuras, o más bien desventuras, de los desechos del MI5, el servicio secreto británico de protección nacional, capitaneados por el cutre y borracho interpretado magistralmente por Gary Oldman, mientras juega a un peculiar tira y afloja con la número 2 del servicio secreto interpretada, no menos magistralmente por Kristin Scott Thomas.
Porque, claro está, siendo una serie británica, uno de sus principales activos es la impecable interpretación de unos actores y actrices con oficio para dar y vender. Pero a eso hay que añadir el tono de la serie. El tono y los impecables guiones. La serie es una sátira del género. El personaje que interpreta Oldman no puede dejar de recordar al famoso Smiley de John Le Carré. Pero siendo una sátira, y pensando que podría tener un tono de comedia por los desastres en los que se ven involucrados los agentes de la ciénaga, mantiene un tono de drama, cuando no de tragedia, salpicado de vez en cuando de un humor irónico y ácido. Lo que decía. El tono de la serie es fundamental en su atractivo.
Unos desastrosos agentes que al cabo terminan por resolver cada una de las crisis. A veces incluso a pesar de ellos. Pero a los que nunca se les reconocerá el mérito. Porque toda organización “seria” necesita a quién cargarle el muerto de los desastres que son más propios de la propia organización y de sus líderes que de esos agentes desastrados. El extremo llega en la quinta temporada con ese número 1 interpretado por el inolvidable Gaius Baltar (James Callis) de Battlestar Galactica, el epítome de la designación absurda de los liderazgos de las organizaciones cuando están condicionada por la política.
Si a todo lo anterior sumamos las importantes dosis de crítica social y política que, aunque aplican principalmente al decadente Reino Unido que tan tristes espectáculos ha ofrecido en los últimos quince años, se puede extender a cualquier otro país de la Europa occidental y sus derivados en otros continentes, tenemos una serie que, efectivamente, es de lo mejor que hay en estos momentos, me atrevería a decir que imprescindible. Y un ejemplo más de que, en general, Apple TV intenta apostar más por la calidad que por la cantidad. Y eso está bien.
Fotos realizadas en Katsuura, en la península de Kii. Ya que una de las protagonistas es originaria de un pueblo pesquero, esta pequeña ciudad a orillas del Pacífico me servirá para representarla. También en versión Substack.
Estamos a principios del mes de abril. Eso quiere decir que recientemente terminaron muchas series o temporadas de series de animación japonesa. De lo más diversas. He visto algunas. Y también he recuperado alguna recomendación de series muy bien valoradas de hace pocos años. Y en todas las estaciones hay unas cuantas series basadas en las aventuras y amoríos de instituto. De lo más diversas. En general, inverosímiles, incluso si son divertidas. Llenas de tópicos… si llegases a pensar que los adolescentes japoneses son realmente así… parecerían extraterrestres. Pero siempre hay alguna que muestra una versión más realista, más próxima a lo que un adolescente es. Vamos con algunas que he ido viendo poco a poco, a ratos muertos, como suelo hacer con el anime, de este tipo.
Skip to Loafer スキップとローファー(Skip and Loafer) es una serie de la primavera de 2023. Y creo que merecería una continuación, que puede que llegue a lo largo de este 2026. Aunque más bien hacia final de año. Son las peripecias de una chica de 15 años, de una región pesquera de la costa del mar del Japón, de las que sufren la despoblación y cierta decadencia, que decide estudiar el bachillerato en Tokio, con el fin de entrar en una buena universidad y hacer carrera en el servicio público, incluso en la política, para pelear por el futuro de su tierra. Pero mientras tanto… pues es como un pez fuera del agua. Estudiosa, trabajadora, responsable, ni guapa ni fea, la serie sigue su vida cotidiana durante su primer año de bachillerato. Como contrapartida, el primer amigo que hace, es un tokiota de toda la vida, que en su momento fue actor infantil, que esta de vuelta de todo, pero que encuentra incentivos en la actitud de la chica. Sin romance. Al menos de momento. Simpática serie, muy bien valorada por el público espectador.
Giji Harem 疑似ハーレム (El falso harén) es una subversión simpática de un género muy típico del anime adolescente para chicos; la del adolescente rodeado de un “harén” de chicas guapas entre las que no sabe con quien decidirse, todas muy guapas, pero con personalidades muy distintas. En esta ocasión no hay un “harén” real. Son dos adolescentes, chico y chica, que se conocen cuando empiezan el primer año de bachillerato y ambos se apuntan al club de teatro. Ella está dotada para ser actriz, aunque no se lo plantea inicialmente como una carrera de futuro. Él no está dotado para la actuación, pero es un manitas, así que se encarga del atrezo. Pero se caen bien. Y empiezan un flirteo basado en las capacidades interpretativas de la chica, que en su relación adopta distintas personalidades, como si fueran cuatro o cinco chicas distintas. Pero en realidad mantienen una dinámica simpática, de buen rollo, tranquila y de una atracción y un cariño que van madurando poco a poco, de forma razonablemente creíble. Otra serie muy simpática y bien valorada por el público.
Finalmente está Horimiya ホリミヤ (de Hori-san y Miyamura-kun, los nombres de los protagonistas). Hori-san es una chica guapa y popular del instituto, pero con mucho genio, y a veces un poco bruta. Miyamura-kun es un chico reservado, que esconde sus tatuajes y sus piercings, no siempre bien aceptados por los demás. Hori-san los descubre, pero lejos de rechazarlo, le sirve de excusa para a empezar a relacionarse con el chico, hasta que se emparejan. Alrededor, los amigos del instituto, con personajes de lo más diversos, y la familia de la chica, también muy peculiar. La serie es muy muy muy divertida. Tiene dos temporadas. La primera abarca los tres años del bachillerato japonés, donde vemos como crecen, no sólo los protagonistas, sino el coral reparto de la serie. La segunda son pequeñas piezas, momentos a lo largo de esos tres años, con un tono todavía más cómico, generalmente centrado cada episodio en alguno de los personajes secundarios. Es la mejor valorada de las tres series, y con razón. Todas son simpáticas, pero esta tiene dosis extras de comedia y humor, y con frecuencia provoca la carcajada.
Y esto es lo que hay. Para pasar ratos intrascendentes, pero con producciones de razonable calidad.