[TV] Cosas de series; series japonesas, algunas estupendas

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Cuando me suscribí a Netflix y comprobé que había una oferta muy diversa de producciones, series en su mayor parte en ese momento, de todo tipo de países, y empecé a probar algunas de ellas, pensé que me lo iba a pasar muy bien con las series realizadas de Japón. Aparte de alguna comedia romántica que podían entrar en el saco de los placeres inconfesables, encontré algunas cosas muy curiosas y con personalidad propia. Sin embargo, con el tiempo, lo que más veo de esa nacionalidad es animación. Y sólo de vez en cuando surge alguna serie que me atrapa lo suficiente para pasar del primer o segundo episodio. Me pasó algo parecido con Amazon Prime Video, pero también con la misma irregularidad. Sin embargo, parece que en los últimos meses ha habido un aumento de oferta en series de acción real en Netflix. No sé si son de las abiertas a todo el mundo o sólo a quienes configuramos la interfaz de la aplicación en inglés; ya he comentado que existen diferencias en la oferta disponible con respecto a la configuración de la interfaz en castellano. El caso es que entre el final de 2022 y el principio del 2023 he estado muy activo con algunas de estas series. Para bien.

En primer lugar, hemos podido ver la segunda temporada de Imawa no Kuni no Arisu [今際の国のアリス], más conocida internacionalmente como Alice in Borderland, adaptación de un popular manga. Recordemos que el título de la serie es un juego de palabras. El apellido del protagonista Arisu (Kento Yamazaki), 有栖 o アリス en katakana, es homófono en japonés con Alice, la del País de las Maravillas, Wonderland en inglés. Y además, hay una correspondencia entre los personajes de la serie y el relato fantástico de Lewis Carroll. Un caso descarado es que el apellido de la coprotagonista femenina Usagi 宇佐木 (Tao Tsuchiya) es homófono con うさぎ, conejo en japonés, alusión al conejo blanco del País de las Maravillas. En cualquier caso, recordamos que la serie traslada a los personajes a un universo alternativo, a un Tokio desierto, convertido en un mortal y cruel campo de juego, adelantándose de alguna forma a una famosa serie coreana, aunque el sentido final de ambas series sea distinto. La segunda temporada ha tenido más carga dramática, los personajes, incluido los protagonistas, han adquirido mejor definición, y en general ha sido mejor y más interesante. Bastante recomendable. El ciclo argumental ha quedado cerrado, de una forma bastante satisfactoria, y no pasa nada si no volvemos a este universo en serie de televisión. Pero la escena final es un guiño, más a un spin-off que a una continuación de la historia. Yo me lo he pasado bien con esta serie.

Precedida de buenas críticas y comentarios muy favorables llegó a Netflix First Love 初恋, o sea, primer amor en inglés y en japonés (se lee hatsukoi). La serie tiene una puntuación elevadísima entre los votantes de IMDb, 8,4, y ya digo que venía precedida de comentarios críticos muy positivos. Inspirada por dos canciones de una muy popular cantante japonesa, Hikaru Utada, o simplemente Utada cuando publica sus álbumes en inglés, una de ellas First Love, uno de sus primeros éxitos a finales de los años 90 que dio título a su primer álbum en 1999, y otra de ellas más reciente Hatsukoi 初恋 que dio título a su álbum de 2018. Ya he comentado que significan lo mismo. Y durante 20 años largos seguimos la peripecia de dos personas que se enamoraron de adolescentes, cada una con su sueño, ella, Yae (Rikako Yagi de adolescente, Hikari Mitsushima de adulta), el de ser azafata y viajar por el mundo, él, Harumichi (Ell de adolescente, Takeru Sato de adulto), derivado del anterior, el de ser piloto en la rama aérea de las Fuerzas de Autodefensa de Japón (constitucionalmente, Japón no tiene lo que se llama un ejército… o eso dicen, porque sus miembros uniformados se rigen por el sistema jurídico de los funcionarios civiles y están sometidos a la legislación civil y penal común a toda la población). Pero su relación ideal y sus sueños se romperán por sendos accidentes, y ella acabará de taxista y él de vigilante de seguridad en Sapporo. Ella divorciada de otro hombre y con un hijo adolescente que vivirá su propio primer amor, y él a punto de casarse con otra mujer… cuando vuelven a encontrarse con el tiempo. La acción no es lineal, y la serie se mueve constantemente hacia delante y hacia atrás en el tiempo. Hasta el final, el espectador no tiene toda la información para comprender lo sucedido. No está mal y tiene momentos buenos, pero abusa de las casualidades para hacer avanzar la trama, y de un algún que otro exceso melodramático en algún momento. También chirría algo el reparto. Entre el chico adolescente y el adulto me creo que sean la misma persona, pero no así en el caso de la chica, empezando porque la adolescente es claramente bastante más alta y con un físico muy distinto que la adulta. La actriz protagonista adulta lo hace muy bien y es uno de los motores que sostiene la serie. Se deja ver con agrado, en general, pero no me entusiasmó tanto como me habían prometido los «listos» de la cosa.

Y finalmente una serie, muy sencilla y amable, pero que me ha encantado. Y encima nos llega de la mano de Hirokazu Koreeda, uno de los directores japoneses que con más facilidad se abre camino hasta las grandes pantallas españolas, que a mí me encanta, y del que hace unas pocas semanas veíamos su último trabajo, rodado en coreano, con intérpretes coreanos y en Corea del Sur. La serie es Maikosanchi no makanaisan [舞妓さんちのまかないさん], internacionalmente conocida en inglés como The Makanai: Cooking for the maiko house. Bueno, el título japonés significa algo parecido, La cocinera de las maikos. Un poco de contexto. Maiko 舞妓 es una aprendiza de geiko 芸子 o geisha 芸者. Cuando hablamos de geisha lo hacemos en el contexto estricto, persona que profesionalmente entretiene a sus clientes en sus reuniones sociales con sus habilidades artísticas, como la danza, la música, la interpretación o la declamación. No son prostitutas. De hecho, el termino geisha es neutro respecto al sexo de la persona, mientras que geiko se referiría a cuando la persona es un mujer. Una actividad tradicional en Japón que hoy en día se limita a unos pocos lugares entre los cuales esta Gion, un barrio dentro del distrito de Higashiyama en Kioto, de los que mejor conservados están en lo que se refiere a arquitectura y tradiciones, y que por lo tanto… suele estar lleno de turistas y no tiene el aspecto tranquilo y relajado que nos ofrecen en la serie. Las fotos de hoy, proceden de Gion en Kioto, año 2014. Con alguna maiko y alguna geiko, mucho más escurridizas a la hora de dejarse fotografiar por los visitantes de lo que aparece en la serie.

Dos jóvenes, Kiyo (Nana Mori) y Sumire (Natsuki Deguchi) se desplaza desde el norte de Japón, en Aomori, hasta la antigua capital imperial nipona para el aprendizaje que les permita ser maikos. Sumire destacará, y con la ayuda de la geiko principal de la casa, Momoko (Ai Hashimoto), avanzará en ese camino. Pero Kiyo se quedará atrás, aunque sus habilidades en la cocina hará que se quede en la casa como cocinera. Makanai sería un término para designar a la cocinera de una casa de huéspedes o de un pequeño colectivo de personas. Koreeda ha dedicado buena parte de su filmografía a reflexionar sobre el concepto de familia. Y aquí, una vez más, configura una familia no tradicional. La serie se basa en un manga, Kiyo in Kyoto, que sigue publicándose. Y la familia está conformada por las dos veteranas geiko que ahora gobiernan y gestionan la casa y sus actividades, y que tienen el papel de madres, las geiko en activo, hermanas mayores, y las maiko y otras aprendizas, que son las hermanas menores. Así como otros personajes que rodean a esta comunidad. Es una serie amable. Rodada para que sea bonita, con bella fotografía, con atención al detalle, con ritmo pausado. Llena de momentos cotidianos, aparentemente banales, pero entre los que se cruzan los pequeños dramas y las pequeñas comedias de los miembros de la casa. Predomina el sentido de solidaridad y apoyo mutuo, como idea fundamental de la razón de ser de una familia. Y a mí me ha encantado. Como digo es muy muy bonita de ver. No creo que haya una segunda temporada… no tendría mucho sentido, sería más de lo mismo, o sería buscar algún elemento dramático, que quizá rompería lo que da encanto a una serie en la que, aparentemente, no pasa nada, pero, en realidad, pasa mucho. Pasa la vida. Muy recomendable.

[TV] Cosas de series; siempre entretenida animación japonesa

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Una serie de animación para las navidades y segunda parte de la primera temporada de la que muchos consideran una de las mejores y más interesantes series de animación japonesa del 2022

Las dos series de esta semana son japonesas, pero la ambientación de la misma está inspirada por ciudades europeas. La más característica, el «Berlint» en el que se desenvuelve nuestra familia de espías preferida.

B The Beggining, en inglés, es el título de una serie de animación japonesa que lleva ya un tiempo en Netflix, y que tras leer algunos comentarios elogiosos sobre la misma, decidí ver durante mis días de fiesta en la época navideña. En un país ficticio, en una época indeterminada, pero de inspiración europea, el nombre del país es Cremona como la ciudad italiana que todavía no he tenido la ocasión de visitar, el cuerpo de policía se ve con la necesidad de lidiar con un asesino en serie, que firma sus asesinatos con lo que parece una B. Aunque quizá no lo sea. Un policía que parecía retirado se une a la investigación, en la que poco a poco se va destapando que el asesino es un justiciero que ataca a miembros de una organización criminal que utiliza a jóvenes que fueron producto de un proyecto de investigación avanzada en crear personas con capacidades o poderes especiales. Conforme se profundiza en la investigación, las raíces de la conspiración se ven más profunda en la estructura del poder del país, al mismo tiempo que muchos de los implicados en la investigación tienen relación con las causas de la situación. Es una serie entretenida con bastante acción y personajes relativamente majos. Pero que tampoco destaca especialmente sobre otras similares. Consta de una primera temporada de 12 episodios, emitidos desde 2018, y una segunda de 6 episodios, emitidos desde 2021. Pero da la sensación por la forma en que termina el sexto episodio de la segunda temporada de que es como si hubieran dejado esta a medias. Desconozco si habrá, o cuando, una continuación de esta segunda temporada, o una tercera temporada que resuelva el cliffhanger en la que quedó la serie. Como digo, un entretenimiento decente, sin más.

SPYxFAMILY (leáse como Spy family), es el título original de otra serie japonesa, de estreno el año pasado, cuya primera mitad se emitió separada en dos partes de 13 episodios cada una de unos 24 minutos de duración. Ya comenté en su momento mis impresiones de la primera parte de 13 episodios, que fueron elogiosas. Las aventuras de esta peculiar familia, que no son realmente familia, pero que funcionan mucho mejor como tal que muchas familias reales, en la que el padre es un espía, la madre una asesina a sueldo y la hija y el perro son telépatas de alguna forma, pero nadie sabe la realidad sobre los otros, salvo la niña, claro. Como en los primeros doce episodios, aunque hay misiones para los personajes, lo que realmente mueve la serie es su crecimiento como familia, cómo van aprendiendo a asumir de verdad los papeles adoptados por conveniencia, cómo se van creando auténticos vínculos entre ellos. La serie es muy entretenida, está muy bien hecha, tiene una buena, divertida y animada banda sonora, con estupendas canciones pop de entrada y final de episodio, y los episodios los consumes en un vuelo, saben a poco. Si tuviera que ponerle alguna pega, me gustaría que hubiese menos protagonismo de las misiones de espionaje del padre, que al fin y al cabo son el macguffin de la serie, y ver más de las misiones de la madre como asesina. Para muchos, entre los que me encuentro, Yor también conocida como The Thorn Princess (La princesa de espinas, por las armas punzantes que usa en sus trabajos), es el personaje preferido. Su mezcla de peligrosidad, candidez e incapacidad básica para la realización de las actividades domésticas que se esperan de una mujer casada es estupenda. Y esa inspiración en el Berlín de la guerra fría me parece también un estupendo acierto.

[TV] Cosas de series; en el terreno de la fantasía y de la realeza

Televisión

Series de origen europeo, suponiendo que podamos considerar que el Reino Unido sea parte de Europa, que no es lo mismo que la Unión Europea, y no se haya convertido en un universo paralelo y alienígena. En cualquier caso, dos de Netflix y una de HBO. Dos británicas y una alemana. Y con mucha fantasía por el medio, incluso en la que se basa en hechos reales, me parece a mí.

Como hay mucho británico en las series de hoy, ilustraré la entrada con fotografías de mi visita a Stratford-upon-Avon, la ciudad natal de William Shakespeare en las Midlands inglesas. ¿Que cosa más británica/inglesa puede haber, dejando de lado a los rancios y apolillados Windsor?

Con cambio de protagonistas, como era de esperar para ajustarse al envejecimiento de los personajes, hemos asistido a la quinta temporada de The crown. La celebrada serie de Netflix, una ficción razonablemente verosímil, pero ficción, basada en hechos reales entorno a la difunta Isabel II de Inglaterra (Imelda Staunton) y su familia. Con especial atención en esta temporada al actual Carlos III de Inglaterra (Dominic West), a su anterior y difunta exposa, Diana de Gales (Elizabeth Debicki), y en menor medida a Felipe de Edimburgo (Jonathan Pryce) y otros miembros de la familia, allegados, apegados y advenedizos. Con la aparición estelar del erotismo de retrete de Camilla Parker-Bowles (Olivia Williams), actualmente reina consorte Camila de Inglaterra. Cuando digo «de Inglaterra» hay que considerar que habría que incluir también el resto de los «dominios» del Reino Unido y países de la Commonwealth que reconocen al soberano británico como jefe del estado. Los acontecimientos de esta quinta temporada han correspondido a la ajetreada época que sufrieron en los años 90, muy centrados en las desavenencias entre los príncipes de Gales, aunque con otros derivados o asuntos en paralelo. Pensaba que terminaría con el finiquito al personaje de Diana de Gales… pero no. Eso lo dejan para la sexta temporada. En cualquier caso, sigue siendo una muy buena serie, aunque haya perdido ya el factor sorpresa y novedad de las primeras temporadas. Las nuevas «chicas», Staunton, Debicki, Williams y otras, siguen haciendo papeles tremendamente creíbles y bien adaptados, mientras que a los nuevos «chicos» me cuesta más verlos en sus personajes. No porque lo hagan mal, hacen lo que pueden… pero no los veo. En cualquier caso, sigue siendo una serie muy recomendable.

Hace unos años, una serie alemana de fantasía/ciencia ficción, no sé cómo calificarla porque no terminé de verla, sorprendió al público de Netflix, y tuvo gran éxito. No terminé de verla porque era tan compleja, que a lo que llegó su segunda temporada se me había olvidado casi todo y no tenía ganas de volver a ver la primera temporada para que la segunda y la última tuvieran sentido. Pues bien, de sus creadores ha llegado 1899, que empecé a ver con reticencia por si me sucedía lo mismo. Esforzarme en una primera temporada para que luego me costase excesivo esfuerzo retomarla al cabo del tiempo. Pues bien, sin preocupaciones, porque a pesar del éxito y las buenas críticas, a Netflix no le han salido las cuentas y la han cancelado. Con un reparto coral y multinacional, recorremos la peripecia del pasaje de un trasatlántico tipo «Titanic» que recibe una llamada de socorro de un gemelo suyo desaparecido, y que como consecuencia también empieza a sufrir las consecuencias de una realidad alterada que va afectando profundamente al pasaje. Evitando destripar la serie, esta se mueve entre la intriga y la fantasía hasta desembocar en el ámbito de la ciencia ficción en sus últimos compases. Que para mí es cuando la cosa empieza a tener más interés… pero nos quedaremos sin saber qué narices pasa en realidad. Netflix no encuentra su rumbo y lleva un tiempo dando bandazos. Todas las plataformas los dan; la cuenta de resultados pesa mucho en la toma de decisiones, lo que genera la frustración de los espectadores tarde o temprano. Por mi cabeza ha pasado ya en varias ocasiones la idea de mandarlos a freír espárragos. Es difícil recomendar una serie de misterio inacabada. Pero no está mal si te gusta este tipo de ficción.

Y la que sí que ha llegado a término es la fantasía basada en las novelas de Philip Pulman, His dark materials. Reconozco que estuve a punto de abandonarla en algún momento durante la segunda de las tres temporadas que la componen. La serie tiene logros notables, pero también tiene momentos débiles. También es de las que complican enormemente la trama, como múltiples ramificaciones, que son llevaderas en forma literaria, pero que en formato audiovisual, no siempre es fácil equilibrar el seguimiento y el cierre progresivo de todas las subtramas. También hay un problema de reparto, con algunos logros notables, entre los que he de considerar la presencia de Ruth Wilson, solidísima actriz británica, encarnando el personaje más complejo e interesante de la historia. Sin embargo, los dos protagonistas juveniles, Dafne Keen como protagonista principal y Amir Wilson como su partenaire principal, no siempre me convencen. Son dos intérpretes que empezaron en su preadolescencia y han terminado la serie hacia el final de su adolescencia, pero con todavía una falta de madurez interpretativa, que no han terminado de alcanzar. La chica protagonista resultaba más convincente al principio, por su aire más espontáneo, con una edad más temprana, pero no me ha parecido que mantuviera la solidez con el tiempo. No es que lo haga mal. Ninguno de los dos. Pero no sé si están a la altura de la encomienda de sostener una serie de por sí compleja. No obstante, la tercera y última temporada ha estado bien desarrollada, proporcionando buenos cierres a todos los hilos pendientes, y lo único que me ha chirriado ha sido el prescindible último episodio, que no sé hasta que punto interpretarlo como un pie a futuras secuelas. Bien. Visible. Con momento muy buenos. Pero sin más.

Como curiosidad, Ruth Wilson/Mrs. Coulter y Dominic West/Carlos de Gales coprotagonizaron hace un tiempo una serie que tuvo momentos excelentes… como amantes.

[TV] Cosas de series; desde la península de Corea, asesinos en serie y robos espectaculares

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Hace ya un tiempo que terminé de ver la primera de las series que comento hoy. Que no incluí en otras entradas dedicadas a las series coreanas… porque es otra cosa distinta a las habituales. En cualquier caso, algo que despertó mi interés. Y luego… la curiosidad por saber cómo iban a evolucionar mis impresiones sobre la versión de La casa de papel del pequeño pero populoso país del Asia más oriental

Somebody (titulo original en inglés) llegó a Netflix sin hacer mucho ruido. No tiene el formato habitual de las series de las que la plataforma es distribuidor absoluto fuera de la República de Corea. Estas son 16 episodios, a veces alguno más, de 70 minutos de duración, que muchas veces, por lo temas de cuotas de publicidad, son emitidos en su país de origen en dos episodios de 35 minutos. Así puede «legalmente» meter más anuncios. Aquí estamos en un encargo propio de la plataforma, con ocho episodios de entre 45 y 50 minutos. Ya aviso que al público votante de IMDb y algunas redes sociales no le ha convencido. Pero es que se escapa bastante de los estereotipos de las series coreanas. Es oscura, violenta, hay sexo con desnudos, hay situaciones incómodas relacionadas con la discapacidad, tanto física como de otros tipos… Una serie realmente para adultos. Además, su protagonista está en el espectro autista, pero muy distinta de la de una serie de gran éxito y buen rollo que se ha podido ver también en la plataforma. La historia de una joven desarrolladora, altamente inteligente, pero emocionalmente discapacitada, que ha creado un aplicación móvil de relaciones interpersonales de gran éxito, que está siendo usada por un asesino en serie, un sociópata, para elegir sus víctimas. Y ambos llegarán a conocerse… y romper su aislamiento emocional, de una forma no especialmente saludable. Sin ser redonda del todo, tiene algún problema de ritmo en su desarrollo, me ha parecido interesante, y bien interpretada. Y sirve para salirse de los caminos mil veces trillados. Y con una producción muy muy cuidada, que recuerda a alguna excelente cinematografía del país asiático. No entiendo porque a la gente no le ha gustado.

A la versión coreana de La casa de papel también le han llovido críticas negativas. Y después de la segunda tanda de episodios, su valoración tampoco es muy boyante. Jongieui Jib: Gongdonggyeongjeguyeok [종이의 집: 공동경제구역, Money Heist: Korea – Joint Economic Area en su título internacional], en su segundo parte, sigue en la misma peripecia, el asalto a una ceca situada en una zona de desarrollo económico común entre las dos Coreas, en un futuro próximo en el que ambas avanzan hacia la reunificación. Pero en la que políticos de ambos países y otros agentes económicos, pretenden lucrarse sin escrúpulos. Como ya dije en su momento, esta adaptación me parece prescindible. En lo esencial, recorre muchos de los caminos ya trillados por la versión original española. Sin embargo, he de decir que no está peor hecha. Ni peor interpretada, ni mucho menos. Es más, me atrevería a decir que personaje por personaje, el balance es favorable a las interpretaciones coreanas. Y hay algunas variaciones del argumento que también me ponen del lado de la versión coreana. Los atracadores tienen no sólo usan la excusa de la corrupción para llevar a cabo sus fechorías, realmente tienen interés en exponerlas y en realizar una denuncia. Y el personaje que más me incomodó siempre en la versión española, aquí tiene un recorrido distinto que permite que se pueda empatizar con él, al menos hasta cierto punto. Siempre me pregunté porqué un violador sin escrúpulos era presentado al final como un héroe bajo los acordes de una estridente versión del Bella ciao. Y porqué se le va a dedicar una serie a tal personaje, como protagonista. Se deja ver bien, ya sabes por donde va a ir, pero las variaciones que tiene, que parecen pocas y pequeñas, tienen más trascendencia, al menos en el plano ético, de lo que parece. Al final, no me arrepiento de haberle dado una oportunidad, aunque sea prescindible una vez que conoces la historia original.

Así pues, dos series poco valoradas por el gran público, pero que desde mi punto de vista no están mal.

[TV] Cosas de series; novedades en fantasía e imperios galácticos

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Un par de novedades que han despertado, al parecer, mucho interés. Por lo menos eso manifiestan los voceros de la prensa y de la cosa del internet. Porque en lo que se refiere al público general, con el enormemente atomizada y dispersa que está la oferta televisiva, dudo que tengan tiempo y ocasión para mantenerse al día. Y no necesariamente lo que más publicitan las plataformas de contenidos es lo que tiene más calidad o más interés. Es curioso cómo las empresas, de cualquier tipo, se resisten como gato panza arriba a reconocer que sus problemas de rentabilidad derivan de a) sus expectativas eran irreales; b) son torpes y se equivocan; c) el capitalismo (dicen) se basa en la competencia y, por lo tanto, unos ganan y otros pierden; d) varios o todos los anteriores coinciden en el tiempo.

Lo que tienen las series de «Star Wars» es que sacan tantos paisajes diversos para acomodarlos a sus «planetas», que cualquier paisaje que tengas en fotos sirve para ilustrar alguno de ellos, seguro.

Wednesday es la enésima incursión al mundo de la familia Addams. Hasta la película de 1991, no significaban absolutamente nada para mí, y me parecían una variante, no demasiado interesante, de la familia Monster. Y es que donde esté Yvonne de Carlo… Así que, a priori, ni fu ni fa. Eso sí. Siempre me hizo gracia Christina Ricci en su papel de Wednesday/Miércoles. Ya simplemente el nombre me parece un punto. Y era realmente muy cría cuando hizo aquella película. Así que quizá por eso he dado una oportunidad a la que a priori me parecía el enésimo intento de Netflix de tener éxito gracias al genero del fantástico/terrorífico para adolescentes. Entonces… pues eso. Una más de las diversas series que en esta y otras plataformas que le dan vueltas a estos temas. Para mí, me ha resultado entretenida… sin más. Dignamente hecha, bien interpretada, si te va este tipo de series está bien. Pero no entiendo la expectación, excesiva, que parece haber despertado. Como curiosidad, Ricci tiene un papel en estas aventuras de instituto con brujas, monstruos, seres sobrenaturales y asesinos en serie. A la protagonista, Jenna Ortega, no haciéndolo mal, no acabo de verla en el papel. Pero es lo que hay.

Con mucha reticencia me acerqué a Andor en Disney+. Dentro del universo Star Wars, las series que se han estrenado en los últimos años me despiertan sensaciones encontradas o, directamente, negativas. The Mandalorian es muy entretenida y simpática, es una buena serie, pero su trama argumental, hasta ahora, representa algo anecdótico en lo que es la gran historia de la saga. No sé muy bien cómo y cuando encajarán a Baby Yoda en el gran esquema de ese universo. Pero lo dicho, hasta ahora, anecdótico. Su derivada, The Book of Boba Fett, es una serie mediocre, en la que cual cualquier personaje secundario es más interesante, o está mejor interpretado, que su protagonista. Y Obi-Wan Kenobi es una serie impropia de uno de los personajes más interesantes de la saga, absolutamente prescindible, mal pensada, mal encaminada, totalmente decepcionante. Con estos antecedentes… A los que hay que sumar el hecho de que esta serie sea una derivada, una precuela, de Rogue One. Una película que, sinceramente, sin ser perfecta, tenía momentos estupendos, y personajes nuevos mucho más carismáticos que casi cualquier otra cosa en la saga desde que pasó a manos de Disney. Pero parecía muy autocontenida.

De modo que han basado la serie en uno de los personajes con los que más se podía rascar, Cassian Andor (Diego Luna), en aquella película un oficial rebelde de los servicios de inteligencia que junto con su coprotagonista y algunos secundarios sostenían con algo más que dignidad aquel largometraje que nos divirtió bastante. Y así, nos hablan de un Cassian que todavía no está implicado en la rebelión contra el imperio. Una rebelión todavía atomizada, disgregada y sin objetivos concretos. Aunque tienen el detalle de presentarnos el origen de Mon Mothma (Genevieve O’Reilly), inspiradora de memes sin fin a propósito de los bothan que la diñan consiguiendo planos de estrellas de la muerte. Pero también entran otros personajes muy interesantes, como la madre adoptiva de Cassian (Fiona Shaw), o el intrigante sin escrúpulos que intenta impulsar la rebelión a cualquier coste (Stellan Skarsgård), que constituyen la parte prestigiosa del reparto. Queda coja la parte de los malos, ya que los villanos no son especialmente carismáticos, sin que esto sea culpa de los actores que los interpretan. El caso es que esta serie está bien interpretado. Tiene un lugar claro, manifiesto e importante en el conjunto de la saga, uniendo acontecimientos. Es muy entretenida; sin apresurarse, no deja de mantener la expectativa. Y sobre todo, con un personaje protagonista que va creciendo y con un Luna que interpreta estupendamente, que sostiene perfectamente la serie y el carisma del personaje. Si no lo echan a perder en temporadas siguientes, una serie que sí que tiene la calidad e interés que la saga siempre ha merecido y no siempre ha recibido.

[TV] Cosas de series; éxitos surcoreanos de hace unos años

Televisión

Vengo comentando desde hace unos meses el hecho de que el catálogo disponible para Netflix en España es más amplio de lo que parece. Simplemente configurando la pantalla de usuario en idioma inglés en lugar de castellano, ya aparece una oferta más amplia. Generalmente de series o largometrajes que no están doblados al español y que no disponen de subtítulos en este idioma. Aunque no he comprobado de forma exhaustiva si este es el caso siempre. Paralelamente, hace un tiempo leí un artículo en internet con recomendaciones sobre las series surcoreanas más valoradas en los últimos 10 o 15 años, bastantes de las cuales está disponibles en esta plataforma. Y me confeccioné una lista para ir viendo algunas. Especialmente aquellas más intrascendentes, que suelen ser las comedias románticas, siempre con su toquecito de drama. Y además permiten conocer la evolución de algunas caras que ya son conocidas para los adictos a este placer inconfesable.

Una de las series tiene unas cuantas escenas en la bonita e histórica ciudad de Gyeongju. Una ciudad a la que debí dedicar al menos un día más. Si algún día vuelvo a Corea del Sur le dedicaré el tiempo que se merece.

Por ejemplo, fue muy celebrada en 2021 una serie muy divertida sobre un mafioso italiano de origen coreano que vuelve a su país de origen por un alijo de oro. Pues bien, su protagonista masculino, Song Joong-ki, lo fue también de Taeyang-ui Huye [태양의 후예, Descendientes del sol], un drama de aventuras románticas de 2016 en la que encarnaba a un oficial de las fuerzas de operaciones especiales del ejército coreano, que acaba enredado con una guapa médica, Song Hye-Kyo, y ambos acaban coincidiendo en una misión humanitaria en un extraño país europeo. La trama de la serie es marciana a mucho niveles… pero muchos. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Pero los personajes son muy atractivos, caen muy bien, y acaba siendo muy divertida. Fue un gran éxito en su país, e incluso se adaptó a otros países asiáticos, como Filipinas.

Pinocchio es un drama romántico de 2014 protagonizado en el lado femenino por la guapa Park Shin-Hye, a quien conocí tocando la guitarra en Granada, hablando por teléfono con el pasado, o viajando en el tiempo. Es una aspirante a periodista que tiene el síndrome de Pinocho, que le provoca hipo cuando miente, por lo que no puede mentir, motivo que hace que nadie crea que puede ser periodista. Pero su madre que si lo es, es una bruja que provocó la desgracia de una familia, de cuyo hijo menor acabará… bueno… es un lío muy complicado de explicar. No tan marciana como la anterior, pero el enredo de su trama es tal, que sólo el contarlo a los amigos mientras te tomas unas cervezas ya hace que te rías un rato. Pero es también muy divertida, y los personajes, majos. Ese síndrome de Pinocho no existe. O se ha aplicado en ocasiones a los mentirosos compulsivos… todo lo contrario.

The Beauty Inside es una dramacomedia romántica de 2018 protagonizada por una también guapa actriz, Seo Hyeon-jin a quien conocí en una comedia romántica de Netflix del año 2021, y en una de médicos. Y nos habla del romance entre dos personas con dos «enfermedades». La de él es algo real. En determinados daños cerebrales, como por ejemplo un traumatismo craneoencefálico, puede resultar en una prosopagnosia, la incapacidad de reconocer visualmente los rostros de otras personas. Ves un rostro, pero no diferencias unos de otros, y no identificas a la persona. La de ella, totalmente ficticia. Una vez al mes, y durante una semana, su físico se transforma en el de una persona totalmente distinta, de cualquier edad, sexo o raza. Y encima es actriz famosa, por lo que se tiene que esconder y se montan pollos gordos. No es tan marciana, porque de entrada no pretende ser real, no deja de ser un cuento romántico. Pero su protagonista femenina no sólo es guapa, también es buena actriz. El masculino, como en muchas de estas producciones, resulta un sieso… pero parece que es lo que les gusta. También tuvo mucho éxito en su país. Es muy entretenida. Como a muchas de estas series, les suele sobra uno o dos episodios al final.

Tanto me gustó esta actriz, que decidí ver también Tto! O Hae-yeong [또! 오해영, Another Miss Oh, literalmente La otra O Hae-yeong]. Una chica a la que planta el día antes de su boda, y que lleva toda la vida amargada porque se llama igual que la chica popular y guapa de su clase en el instituto, lo que le ha procurado todo tipo de desgracias. Cosa irónica, porque esta actriz también es bastante mona. Incluso para algunos, para mí,… más. Pero bueno, todo es cuestión de cómo se arreglen en pantalla. Todo tipo de enredos, con algún componente sobrenatural, para un enredo romántico, con bastante dosis de drama entre las situaciones de comedia, y que probablemente es lo más flojo de este conjunto de series. Aunque también está muy valorada en su país de origen.

Y finalmente, recientemente terminé de ver Byeoreseo On Geudae [별에서 온 그대, habitualmente conocida como My love from the Star, o sea mi amor de la estrella o de otra estrella]. Comedia romántica también en la que una actriz muy valorada, pero muy conflictiva en los medios, acaba enredándose con un extraterrestre que lleva 400 años atrapado en la Tierra, y que es su vecino. Un presunto suicidio de otra actriz hace que la chica caiga en desgracia y se vea metida en una intriga de un tipo muy malo, muy malo. A la protagonista, Jun Ji-hyun, la conocí en un drama sobrenatural en un parque natural montañoso coreano.

En común tienen estas series lo dicho, que tuvieron mucho éxito en su país. Y que sus protagonistas, especialmente las femeninas, son de las más cotizadas en Corea del Sur. Los masculinos, salvo el capitán de las fuerzas especiales, son todos unos siesos de mucho cuidado. Estas series las he visto durante mucho tiempo, pero las he reservado para comentarlas juntas. Están escondidas para quienes no tengan configurado Netflix en inglés. Creo. He visto una serie surcoreana más recientemente, pero no tiene nada que ver con estas, y hablaré de ella otro día.

[TV] Cosas de series; animación gamberra y animación de chicas

Televisión

Vamos con una ronda de animación. Dos series de animación japonesa, una actual y otra de hace una década, y una de animación norteamericana, una segunda temporada.

Kimi no todoke 君に届け [algo así como acercándome a tí, creo] es una serie que he visto como consecuencia de una provocación externa. Fui desafiado a tragarme una serie de chicas, puramente de chicas. Una de las estereotípicas de lo que en el anime se llama género shōjo 少女 (literalmente, chica, pero no niña; adolescente). Emitida originalmente en su país de origen entre 2009 y 2011, elegí esta por que está en Netflix, y es muy valorada. También porque me recordó a alguna serie actual que me parece simpática. Se basa en un manga, y ha tenido otras adaptaciones al cine o a la televisión de acción real. Esencialmente va sobre una joven de instituto que tiene dificultades para relacionarse con sus compañeros que además la apodan Sadako (su nombre es Sawako 爽子) por su parecido con un personaje de películas de terror. La primera temporada no está mal, porque narra el proceso por el que va aprendiendo a relacionarse con otros compañeros haciendo amistades. Pero la segunda se centra en un romance con un chico de clase… y es bastante enojoso. Además, odio el recurso constante a la voz en off, que parece propio del género, por ser translación de lo que en el manga sería la transcripción de los pensamientos de la chica. Sinceramente, al final, ni fu ni fa. Obviamente muy orientada a un grupo demográfico muy concreto. Y con unos valores muy determinados que, aunque bien intencionados, pueden resultar rancios. Reflejo de un conservadurismo profundo en la sociedad nipona. No se la recomendaría a chicas de mi entorno que preguntasen. Pero en su momento, a su público le encantó, por lo que se ve.

Coincidió que cuando empecé con la anterior entró en la parrilla de Netflix Romantic killer (título original en inglés aunque sea anime japonés). Su protagonista también es una chica de instituto. Pero esta no es retraída ni tiene problemas de comunicación, simplemente pasa de liarse con chicos, y prefiere ir a lo suyo estudiando, comiendo chocolatinas, jugando a videojuegos y en compañía de su gato. Hasta que una especia de hada interfiere obligándola a lidiar con posibles novios. Aunque tiene un destinatario demográfico similar a la anterior es mucho más moderna y divertida. En primer lugar porque la chica nunca renuncia a un papel activo en las relaciones, a mantener su personalidad o tomar iniciativas si lo cree conveniente. Y en segundo lugar porque es una serie mucho más dinámica y divertida, y en la que no tienen que recurrir a voces en off y vida interior para mostrar cómo es y como piensa la chica. En incluso tiene su trama de misterio y acción. Parece que no se ajusta al estereotipo. Supongo que tendrá temporadas posteriores que, si mantienen el tono, serán muy visibles. También basada en un manga.

Y finalmente vamos a una segunda temporada de una serie de animación adulta y gamberra, relativamente transgresora. Inside job, la serie sobre una agencia secreta que lleva a cabo en la realidad todas esas acciones que la gente considera delirios conspiranoicos. Saben quién mató a Kennedy y por qué, dónde está Elvis, quienes son y dónde están los reptilianos, cómo se engañó a la gente haciéndole creer que alguien ha ido en alguna ocasión a la Luna, y controlan los entresijos del poder. Y son rivales de los Illuminati. Lo que pasa es que, a pesar de ser tan poderosos, son tan desastrosos como la T.I.A. de Mortadelo y Filemón. Pero a lo grande. Y con estilo. Su protagonista es una mujer joven, Reagan (Lizzy Caplan, voz), probablemente la más inteligente de todos los personajes que salen, pero que sufre las consecuencias de su desastrosa familia, de su desastrosos entorno y de su errático comportamiento. Lo cierto es que me parece una serie divertidísima, salida de la cabeza de Shion Takeuchi (norteamericana, aunque tenga ascendencia japonesa; supongo que no es casual que Reagan tenga una madre japonesa), que, con menor responsabilidad, ha participado en los equipos de guionistas de otras series y largometrajes animados muy interesantes. Consideradme fijo a las futuras temporadas de la serie mientras se mantengan.

[TV] Cosas de series; tragicomedia estupenda y aventuras castizas decepcionantes

Televisión

Como las últimas semanas ha habido animación y placeres inconfesables surcoreanos… preocupado estaba de que esta semana no pudiera tener nada disponible para comentar distinto a esos géneros que hoy en día son los que más me ayudan a desconectar en mi tiempo libre. Pero esta semana he terminado dos series que puedo traer ahora. Una estupenda… La otra… hasta cierto punto, decepcionante.

En Madrid… como García… Aunque también sale Canfranc… y el pantano de Lanuza con Peña Foradada…

Dead to me ha llegado a su temporada final y tenemos que decir adiós a Jen (Christina Applegate) y Judy (Linda Cardellini), en su tragicómica peripecia que les ha llevado a ser un duo para recordar en la historia de la ficción audiovisual. El duelo, el romance, la familia y, sobre todo y ante todo, la amistad entre dos personas radicalmente distintas pero cuyos destinos se entrecruzan y saben afrontar su futuro, no siempre con talento, pero si con mucha solidaridad, estos son los temas y valores que nos han traído. La serie no ha perdido nunca comba. No ha tenido bajones. Bien concebida, ha sabido mantener y aumentar el nivel en la trama y en la definición de los personajes. Es difícil escoger preferencias, especialmente cuando uno lee que Applegate afrontó la última temporada con problemas de salud, pero siempre he tenido cierta debilidad por Cardellini, que me parece una actriz que podría haber dado más de sí en su carrera, con buena capacidad tanto para el drama como para la comedia. Muy recomendable, a veces me entran ganas de volver alguno de sus episodios más antológicos. Si tenéis Netflix, no os la perdáis por favor.

Y me entraron muchas dudas sobre lo que podía dar de si la serie española ¡García!. Las primeras impresiones, antes de ver nada, es que se trataba de un cruce entre el Capitán América, versión castiza, y Roberto Alcazar y Pedrín, desagradablemente castizos desde siempre. Sí… ya sé que ha habido quienes han querido reivindicar a estos últimos… pero no puedo… me huelen demasiado a fascismo. El caso es que decidí ver el primer episodio a ver que tal… y me lo pasé muy bien. Por lo que vi el segundo, y también bien. Efectivamente, me parecía una parodia suave de los dos anteriores, con puyas a la realidad sociopolítica actual, que no renunciaba a la aventura y a la acción bien dosificada. Sabiendo que eran seis episodios solamente, decidí terminarla, aunque algunos aspectos en la interpretación de los protagonistas no me convencían. Pero tampoco eran una catástrofe. La serie entró en un cierto bajón, a continuación, pero confíe en que se repusiera… pero no. La serie entró en bajón. Y si la terminé fue… porque solamente eran seis episodios. Incluso el final está más lleno de efectismo y simbología facilona, que de algo que sorprenda y entretenga. Todo muy previsible. Y el penúltimo episodio, para más inri, se aleja de los dos referentes mencionados, para convertir la Sección 9 en la T.I.A. de Mortadelo y Filemón… pero no especialmente bien. Dejan abierta la serie a futuras aventuras de García (Francisco Ortiz), no sé si con la compañía de Antonia (Veki Velilla), personaje que ha acabo por resultarme cargante. Pero en estos momentos, realmente… no me interesan.

[TV] Cosas de series; novedades y menos novedades surcoreanas

Televisión

Como ya comenté en algún momento, si estás suscrito a Netflix y ves la plataforma de contenidos desde España, lo más probable es que tengas configurada la interfaz de usuario en castellano. Y así, te aparece lo que parece la oferta de contenidos para este país. Pero si configuras la interfaz de contenidos en inglés… pues resulta que aparece una oferta de contenidos más amplia. Mi impresión era que aquellos contenidos que no están ni doblados ni subtitulados al castellano, no aparece cuando configuras la interfaz en este idioma. Pero ahora ya no tengo tan clara el tema. Desde que accedo a la plataforma en inglés, la ya amplia oferta de series surcoreanas, ese placer inconfesable al que me he vuelto totalmente adicto y que me absorbe los ratos que paso en casa los fines de semana, es todavía más amplia. Y la verdad es que suelo ir a ver las series de hace unos años, más que las de nuevo estreno. Pero bueno… También he visto algunos de los estrenos recientes. Hoy hablaré de dos de esos estrenos, y de una serie del año pasado, de las que no aparecen por defecto si accedes a la plataforma en castellano.

Glitch [título original en inglés, escrito 글리치 en coreano] es una de ¿ciencia ficción? ¿fenómenos paranormales? ¿extraterrestres? ¿sectas religiosas? ¿todo lo anterior? ¿nada de lo mencionado? Serie corta para los estándares del país asiático, diez episodios de una hora de duración, la protagonista es una joven (Jeon Yeo-bin) nacida en una familia acomodada, con un trabajo al que se dedica y se preocupa, pero que todos asumen que lo obtuvo por enchufe, y con un novio, con el que tiene una relación un tanto monótona. Y ve (o cree ver) extraterrestres. Con la gorra de un desaparecido equipo de beisbol del país. Un día, el novio desaparece, y sospecha que ha podido ser abducido (o simplemente secuestrado). Comenzará a buscarlo, y para ello contactará con un grupo de friquis, al frente de los cuales está una antigua amiga de la infancia (Im Jin-Ah también conocida como Nana en su actividad musical) con la que no se habla desde antaño. Y acabarán descubriendo una extraña conspiración alrededor de un (potencialmente peligroso) grupo religioso. La serie no ha producido mucho revuelo ni está muy valorada. Pero a mí me parece que tiene más miga de la que parece, denunciando una serie de lacras sociales que no son exclusivas del país asiático. Y está bien interpretada. Quizá le falte un poquito de ritmo en la trama. Pero no la calificaría como un placer inconfesable.

Eojjeoda Jeon-won-ilgi [어쩌다 전원일기, no tengo clara la traducción, pero sería algo así como el diario accidental de una pequeña comarca… aunque no me hagáis mucho caso] se ha traducido al inglés como Once upon a small town, y al español como Érase un amor rural. También es breve. 12 episodios de alrededor de 35 minutos de duración. Y es una comedia costumbrista, con romance insospechado en un entorno rural. Un joven veterinario bastante pijo de Seul (Young Woo Chu) se ve obligado a hacerle el favor a su abuelo de hacerse cargo de su clínica veterinaria en un pueblo. Un tanto a su pesar. Y allí «chocará» con una enérgica agente de policía local (Park Soo-young, también conocida como Joy en su faceta de cantante.)… muy mona ella, así que ya supondréis que podrá pasar. Serie tan simpática como intrascendente y olvidable. Pero el rato que la ves te divierte. Y dura poco.

Finalmente, me lo he pasado bastante bien con One the Woman [título original en inglés, transcrito al coreano como 원 더 우먼], una serie surcoreana típica de 16 episodios de 70 minutos de duración, que parece tuvo bastante éxito el año pasado en su país de origen. Y que no aparece entre los originales de Netflix, y que parece que no aparece en la plataforma si configuras la aplicación en castellano. El caso es que nos cuenta la historia de una fiscal (Lee Hanee), que parece que se relaciona con el hampa y con diversas corruptelas, a la que un día intentan matar por su semejanza con un rica heredera, casada con otro rico heredero de una pudiente familia empresarial, que sí que está metida hasta el cuello en la corrupción y en el crimen. Perderá la memoria, y la confundirá con la rica heredera,… que ha desaparecido. Al mismo tiempo que llega del extranjero otro rico heredero (Lee Sang-yoon), dispuesto a recuperar a su amor original… la desaparecida, y a acabar con la familia de corruptos. La trama de desmanes de los malos y sorprendentes coincidencias que interrelacionan a todos los personajes acaba configurando una muy entretenida serie que mezcla comedia, acción y un poquito de drama… este, sin molestar, y que como muchas series coreanas se salva por el buen trabajo de sus intérpretes, incluida la mala malísima de la función (Jin Seo-Yeon), más que por unos argumentos y guiones que… bueno, eso, placeres inconfesables. Me encanta la mala… me encanta.

[TV] Cosas de series; «crossover» de Chihiro y Baby Yoda y otras animaciones más o menos interesantes

Televisión

Últimamente estoy muy activo en series de animación. Como dedico menos tiempo a ver la televisión, no es raro que para las horas de las comidas o similares opte por series con episodios de corta duración, y para ello la animación es óptima.

Vistas nocturnas de Osaka para la entrada de hoy, tan vinculada al país nipón.

Y como guinda, Disney+, para celebrar uno de sus aniversarios de su puesta en marcha como plataforma en línea, nos ha ofrecido un curioso corto muy corto, Zen – Grogu and Dust Bunnies, un crossover entre  Sen to Chihiro no Kamikakushi [千と千尋の神隠し], más conocida en España como El viaje de Chihiro, y The Mandalorian. Una colaboración entre Studio Ghibli y Disney, dibujada a mano, al más puro estilo Ghibli, con Baby Yoda (odio el nombre real del bicho) y las partículas animadas de hollín de la película japonesa como protagonistas. Hay quien contrapone o confronta ambos estudios de animación. Incluso compara, negativamente para Disney, los valores que transpiran sus películas, especialmente en lo que se refiere a las actitudes y compromisos de sus personajes femeninos. Y en parte estoy de acuerdo. Pero ambas compañías han colaborado en el pasado, y Disney ha sido distribuidor de las películas de Ghibli en Estados Unidos. Tampoco es la primera vez que Disney mira a Japón para representar su universo galáctico. Y además lo hizo con acierto desde mi punto de vista.

Exception, una serie de ocho episodios autoconclusiva que recientemente estrenó Netflix, también es un ejemplo en el que los americanos miran a Japón para realizar sus series de animación. Se trata de una aventura espacial en la que los exploradores y terraformadores de un nuevo planeta para ser colonizado por el ser humano son transportados como datos cibernéticos, para ser impresos biológicamente al llegar a su destino. Momento en el que las complicaciones comenzarán, especialmente cuando uno de ellos sea impreso con errores que lo hacen parecer un monstruo, y se descubra que hay un saboteador en la misión. En realidad, la idea original de la serie es japonesa… e incluso incluye música de Riuichi Sakamoto, porque os hagáis una idea de las pretensiones. Cuenta con animadores taiwaneses, y su idioma original es el inglés, puesto que Netflix la ha encargó con el mercado occidental en mente. El movimiento de las bocas de los personajes se corresponde también con el idioma inglés. A pesar de sus pretensiones, a mí, su estilo de animación, muy generada por ordenador en sus gráficos, y su historia me han dejado un poco frío.

Siguiendo con las aventuras espaciales, se puede ver en Amazon Prime Video la tercera temporada de Star Trek: Lower decks, con las aventuras de la USS Cerritos, una mediocre nave dentro de la flota espacial, y sus tripulantes de menor rango como protagonistas. El estilo con respecto a temporadas anteriores no cambia. A medio camino entre la parodia y el homenaje, el buen humor combinado con unos personajes con lo que simpatizas, y unos aventureros argumentos dinámicos y divertidos, hacen que esta sea probablemente una de las pocas series de la franquicia trekkie que esté dispuesto a ver hasta el final con verdaderas ganas. Además yo creo que se ha ido superando poco a poco desde que comenzó.

Finalmente, animación japonesa en el ámbito del cyberpunk, como su título nos recuerda constantemente, con Cyberpunk: Edgerunners. Parece que está situada en el universo de ficción de un videojuego, que a su vez está dentro del universo de un juego de rol. O algo así, que con estas cosas, que no me interesan mucho, me lío. La cosa va de una banda de individuos modificados cibernéticamente, que realizan trabajos en el inflamando de una sociedad distópica dominada por grandes empresas más o menos todopoderosas. Nada especialmente original. Me forcé un poco a verla hasta el final, pero realmente es un género que no me llama la atención. Muchas imágenes pretendidamente espectaculares, mucha violencia, y un teórico enfoque hacia un público adulto, aunque supongo que serán los adolescentes machos y adultos muy jóvenes, también con genotipo XY, los principales consumidores de este tipo de series. Su idioma original es el japonés, pero en su producción ha participado un estudio polaco. Están de moda las colaboraciones internacionales en animación.

[TV] Cosas de series; una mediocridad, una curiosidad y una serie imprescindible

Televisión

En estos momentos veo tres tipos de series. Para una evasión total y absoluta de lo cotidiano, en los fines de semanas, las teleseries coreanas. Para relleno de momentos muertos, como la hora de comer, de cenar, una espera corta para hacer algo o cosas así, la animación. Y cuando me pongo a ver la televisión entre semana, la ficción occidental. Vamos con esta última, que últimamente me tiene un poco desmotivado.

No es Santiago de Compostela la ciudad que aparece representada en la serie española que comento hoy. Creo que es Vigo o Pontevedra. Pero a falta de fotos de estas, las de la capital gallega valdrán.

En alguna ocasión he dicho que Virgin river es una serie que me parece más propia de canales tipo Cosmopolitan y similares, destinados casi exclusivamente al público femenino, y que comencé a ver por algunos extraños paralelismos con Northern Exposure, aunque sean dos series totalmente distintas. Tras su primera temporada, se convirtió en un guilty pleasure de tomo y lomo. Y cuando llegó su cuarta temporada me puse a verla con la convicción de que era la última. Y por ello aguanté hasta el final… porque la serie ha entrado en una dinámica bastante aburrida y mediocre de escenas que se repiten constantemente, con diálogos casi idénticos unos de otros, y con una pérdida de empatía considerable hacia los personajes de la serie, que sí existía en su primera temporada. Para chasco mío, resulta que la serie continua. Pero dudo que yo continúe con ella, porque realmente ha entrado en una mediocridad absoluta. Me sorprende que algo tan flojo siga teniendo presencia en Netflix, mientas que otras producciones considerablemente superiores son canceladas. En fin… cosas del capitalismo. Lo cierto es que el público votante en IMDb se mantiene fiel, con puntuaciones buenas o muy buenas, dependiendo de los episodios. En fin… cosas del ser humano.

Un asunto privado es una serie española que aterrizó en septiembre en Amazon Prime Video. Me lo pensé un poquito antes de ponerme a ella, porque su principal protagonista, Aura Garrido, es una actriz que no me acaba de convencer. Pero bueno,… una serie detectivesca, con abundante humor, Jean Reno como el «mayordomo» y una interesante ambientación, un notable esfuerzo en el diseño de producción… Le di una oportunidad. No me arrepiento. Reconozco que me lo he pasado bien y me he reconciliado, un poquito, con la actriz protagonista. No es una gran serie. Vale. Es un entretenimiento. En los años cuarenta del siglo XX, en alguna ciudad gallega, la animosa hija de un célebre comisario de policía, hermana del actual, reivindica su capacidad para investigar a pesar de la negativa social al acceso de las mujeres a la policía. Así que, acompañada de su fiel mayordomo, se rebela y comienza a investigar a un asesino en serie. Hay que considerar que para aceptar el ambiente de la serie, hay que considerarla como un universo alternativo o una ucronía de la España real de los años 40. No hay señales de que el país vive en una dura posguerra con muchas privaciones, el entorno de la protagonista es muy glamuroso. No hay señales de que la policía del momento era órgano represivo con limitados recursos para la investigación criminal. No hay signos por ningún lado de la triste realidad sociopolítica del momento. Pero bueno… Es lo que hay. Una curiosidad entretenida, y con algunos momentos divertidos, pero sin más. Muy inspirada me parece en algunos personajes femeninos del cine francés. No sé si habrá segunda temporada. Si la hay bien, y si no, también bien.

Y con su tercera y última temporada, se nos han despedido para siempre las Derry girls. Una serie que me parece absolutamente imprescindible. Sabe a poco. Muy poco. Temporadas de seis episodios de media hora. Eso sí, no tienen desperdicio. Dinámicos. Con diálogos tremendamente inspirados. Retratando con humor una época y un lugar, en el que los problemas y los dramas, o tragedias, no faltaban, la época de los conflictos armados en Irlanda del Norte, una de las muchas cagadas heredadas del imperialismo británico. Pero la serie sabe retratar una época, denunciar una situación, con muchos culpables, sin acritud, con cariño hacia las personas que sufrían la situación. Y retrata estupendamente la transición desde la inconsciencia y la falta de responsabilidad de este grupo de adolescentes hacia una incipiente madurez, hacia la entrada en la edad adulta y hacia la asunción de responsabilidades, sin perder nunca el buen humor. La última temporada tiene un episodio extra, más largo, de 48 minutos, en el que se hace coincidir la mayoría de edad de las protagonistas, y el protagonista, con el referéndum de los Acuerdos de Viernes Santo, que pusieron fin a la violencia armada en los condados británicos del Ulster. En general, es una de las mejores series que he visto en los últimos años. Y más a gusto.

[TV] Cosas de series; una miscelánea porque ya tocaba

Televisión

Con lo que tengo a la espera, y con un ritmo de una entrada televisiva a la semana, tengo garantizado rellenar todo el mes de noviembre con cosas vistas hasta finales de octubre. Es decir… llevo mucho acumulado. El caso es que también tenía una miscelánea de cosas que quería comentar, algunas se remontan a hace casi cinco semanas, y es hora de que las ponga por escrito. Aquí van.

Me llamó la atención que en Netflix añadiesen a su oferta durante el mes de septiembre un documental sobre ciencia que nos hablase del concepto de infinito. Con una hora y veinte minutos de duración aproximadamente, A trip to infinity (Un viaje al infinito) puede dar mucho de ser o quedarse muy corto, porque el tema da para mucho; aunque sólo el situar a los profanos en el concepto de infinito ya puede ocupar ese tiempo. Y eso es lo que yo imaginaba yo; que sería un documental para profanos. El concepto de infinito siempre me ha parecido apasionante. No sólo en el ámbito de las ciencias, donde curiosamente, una vez que alcanzas unos conocimientos mínimos es donde más fácil es de asumir y manejar, sino en el de la filosofía y otras áreas del conocimiento, donde es más complejo de encajar. La negación del infinito, la incapacidad del ser humano en sus estados más básicos de evolución y cultura, especialmente el miedo a no ser para siempre, durante un tiempo infinitamente largo, es decir, a morir, está detrás del origen de no pocas religiones. Generando una pasmosa ironía; por miedo a unos infinitos, crean los dioses también infinitos de por sí, salvo aquellas religiones con götterdämmerungs diversos. Aunque incluso estas suelen tener ciclos infinitos de regeneración del mundo divino y humano. La cuestión es que el documental, que vi en un viaje en tren durante mis vacaciones por el sur de Francia, me dejó un tanto frío. No me aportó nada nuevo, y hubo demasiadas cabezas parlantes hablando «muy emocionadas» sobre «lo guay que es todo esto del infinito», mientras desgranaban los contenidos más habituales de los vídeos que sobre el tema se encuentran en Youtube, sin especial profundidad ni aplicación a la vida y al pensamiento cotidiano de las personas. Hay mejores sitios donde comprender el concepto. Pero puede venir bien a mucha gente.

Es raro que cuando se habla de infinitos, no aparezca aquello de lo de las líneas paralelas que se cruzan en el infinito… o cosas así. Y el mejor ejemplo de líneas paralelas son las vías del ferrocarril. Ayer estuve de viaje en el día a Haro, en la Rioja, mañana os cuento más, y tuve mucha dosis de ferrocarril.

Me lo he pasado bien con una serie documental-musical, también de Netflix, realizada en Corea del Sur y con músicos surcoreanos. Se trata de Take1, en el que se narra el como se hicieron cinco actuaciones que se grabaron en un vídeo, con cinco músicos o grupos musicales del país asiático, pero que tenían una serie de condiciones. Tenían que elegir una canción que fuese la que elegirían como la última y más especial de su vida, y la actuación con la grabación habría de hacerse en una sola toma. Me divirtió bastante, aunque en general el interés fue diverso. Los artistas iban de la música clásica hasta el K-pop más total y absolutamente comercial, desde gente en activo en las listas de éxitos a gente retirada, desde veinteañeros a sesentones. Pero, ¿por qué me dio por ver esto? Durante los meses de enclaustramiento covidiano, los fines de semana y la semana santa en las que tuve que pasar mucho tiempo en casa, yo no estuve confinado en días laborales por ser profesional sanitario y tener que ir a trabajar, tiré mucho de Youtube. Ahora paso mucho menos tiempo, por el abuso con la publicidad que está tirando a la basura la plataforma. Y allí encontré un canal de música japonesa actual, J-pop, The F1rst Take, en el que diversos cantantes graban una actuación en estudio en una sola toma, sobre un fondo en blanco, y muchas veces, los de más nivel, con unos arreglos musicales distintos de sus grabaciones comerciales, más sencillos o acústicos. Un directo en condiciones. Durante unos meses en la pandemia se convirtió en The Home Take, porque grababan desde sus casas en confinamiento. Entendámonos, es un tema de promoción comercial de una discográfica perteneciente a un conglomerado empresarial muy conocido. No hay más que fijarse en la marca de los auriculares, que siempre se ve muy clara. Pero está hecho con gracia. Y me ha permitido conocer a algunos músicos de pop japonés que realmente lo hacen muy bien. Luego he visto otros canales similares. Por lo que es un tipo de iniciativa de moda. Y Netflix ha buscado explotar la fórmula, incluyendo también un largo make-off, antes de reproducir al final de cada episodio la actuación de turno. Curioso, me he divertido.

Y finalmente, durante el mes de octubre, hemos podido ver un especial de Doctor Who, The Power of the Doctor, un especial de hora y media que ha servido de despedida, ya anunciada, a la primera reencarnación femenina, de la mano de Jodie Whittaker, en la historia del estrafalario héroe espaciotemporal de modales tan británicos. Se les ha olvidado a sus productores que el Reino Unido tiende en la actualidad a aislarse del espacio-tiempo convencional para encerrarse en una desenfrenada actividad de mirarse al ombligo, soñar con glorias pasadas, e imaginar que regresan en el futuro, sin hacer nada para ello, y eligiendo una serie de ineptos y desafortunados primeros ministros, a cual peor. A pesar de que los contrincantes de la enésima vez en que la Doctora y sus compañeros salvan el mundo son los más tradicionales, es decir, los que menos me gustan, el episodio es entretenido. Esta etapa de la serie ha gustado menos. Y a mí también. Pero no por el motivo por el que a muchos cerriles les ha gustado menos, a saber, que el Doctor sea Doctora. Creo que Whittake podría haber sido una excelente protagonista, incluso de las mejores o la mejor… siempre que hubiera habido unos guionistas del nivel del de tiempos pasados. Y eso no ha sucedido. Desde que la era actual de la serie volviese en 2005, ha pasado mucho tiempo y eso conlleva un desgaste evidente. Necesita cambios más profundos que los más recientes, muy cosméticos, basados en lo políticamente correcto. Pero no sé que me dice que van a seguir con lo mismo. Y no digo que proponer una integración y una presencia de las minorías esté mal. Me parece perfecto y necesario, pero hay que hacerlo con un cuidado a la escritura del guion y sin que convierta el entretenimiento que una serie de este tipo debe proporcionar en algo secundario. Para el año que viene se anuncia un especial 60 º aniversario, ya adelantado por algunas de las cosas que han aparecido en este último episodio. En fin… ya veremos, que dijo un ciego a otro ciego.