[TV] Cosas de series; animación de “altura” y de tal palo tal astilla

Televisión

Esta semana voy con dos series muy distintas, vistas las últimas semanas, que sólo comparten dos características en común. Ambas las he visto en Netflix, ambas son entretenidas, pero no ofrecen tanto como podrían.

Tenkū Shinpan [天空侵犯] conocida también como High-rise Invasion e Invasión de altura (o en las alturas), es la típica serie adaptada de una serie manga, destinada al público juvenil masculino, en la que los protagonistas de la serie han sido abducidos de su mundo natural, y trasladados a un mundo alternativo, distópico o como lo quieras llamar. Las protagonistas de esta serie son chicas escolares adolescentes que de repente se despiertan en una ciudad similar a Tokio, llena de edificios altos y rascacielos, no pudiendo moverse más que por las azoteas y pisos altos de los mismos, sorteando una serie de peligros encarnados en seres humanos enmascarados, que pueden llevarles a la muerte. Como muchas series destinadas al público juvenil masculino, las chicas tienen un aspecto hipersexualizado, al mismo tiempo que comportamientos mojigatos, y una cierta cantidad de lo que eufemísticamente llaman fan service. La serie alterna momentos de aventura y acción que son bastante entretenidos, con impases de palabrería y ñoñería en la que suelen jugar con la ambigüedad en las relaciones entre las chicas, entre la amistad y una tensión sexual no resuelta, que probablemente nunca se resolverá. En su conjunto… no tengo claro que vaya a ver una segunda temporada, aunque tampoco lo desdeño según las circunstancias. Estaría entre las series del montón que nos llegan desde el mercado nipón.

Tokio de los edificios altos y modernos… ese es el del anime de hoy.

Y luego está Ginny & Georgia, una serie que parece ha pegado fuerte en la cadena de vídeo bajo demanda en su primera temporada. Georgia Miller (Brianne Howey), una rubia madre de treinta años, de buen ver, con una hija de quince, de padre afroamericano, Ginny (Antonia Gentry), y otro hijo mucho más jovencito, de padre caucásico, Austin (Diesel La Torraca), se establecen en una localidad próspera de Nueva Inglaterra procedentes de Tejas, buscando comenzar una nueva vida, tras enviudar y heredar los bienes del finado. Pero esta peculiar familia arrastra muchos secretos y puntos oscuros en su vida anterior como para que todo sea fácil. La serie se deja ver, pero tiene un grave problema. No sabe lo qué quiere ser de mayor. ¿Una comedia de interacciones madre/hija tipo Gilmore? ¿Una de crímenes con huidas hacia adelante? ¿Un drama de instituto? ¿Una crítica social sobre el racismos y el sexismo encubiertos en las comunidades pretendidamente liberales y abiertas del nordeste americano? Todo a la vez. Nada de lo anterior en realidad. Toca muchos palos, pero sin definirse del todo, y con un montón de historias paralelas, que no sabemos dónde llevan… o simplemente no llevan a ninguna parte. Pero es entretenida. Un poco absurda en algún momento, pero entretenida.

[TV] Cosas de series; adolescentes asiáticos desbocados

Televisión

Últimamente estoy viendo demasiadas series coreanas. Placeres inconfesables en la mayor parte de los casos existen excepciones. Por ejemplo. Esta semana pasada estaba de bajón anímico. Que se ha hecho más profundo a partir del sábado por un triste suceso. No comentaré… no forma parte de lo que quiero hablar en este Cuaderno de ruta. El caso es que estos días atrás necesitaba algo intrascendente. Que durante el rato que durase, me hiciese sentir bien. Y no se me ocurrió otra cosa que reciclar alguna serie. Supongo que igual que los anglófonos consideran como una categoría las feel-good movies, en Filmin hay una colección con esa etiqueta (muy discutible que Les parapluies de Cherbourg pertenezca a esa categoría), podemos hablar de feel-good tv shows. Series que te hacen sentir bien. Y lo que se me ocurrió fue volver a ver una teleserie surcoreana, Hospital Playlist, de la que ya hablé, y que realmente te hace sentir bien. Esta no la incluso dentro de la categoría placeres inconfensables. Es muy simpática. Además me sirvió para recordarla, porque parece que en unos meses vuelve con una segunda temporada a Netflix.

Un denominador común a todas las series coreanas es que comen como limas y beben como cosacos. Así que hoy visitaremos el mercado del pescado de Noryangjin en Seúl, donde puedes comprar vivos los bichos que a continuación te pueden preparar en los puestos disponibles para ello.

Hace una semana os hablaba de otra serie coreana, comedia romántica, que tampoco consideraba incluida en la categoría de las inconfesables. Al mismo tiempo que esta, se estrenó otra, protagonizada por So Joo-yeon, que también tenía un papel en la mencionada comedia romántica. Esta actriz tiene un físico que, a sus 27 años, lo mismo le permite interpretar a una adolescente de bachillerato que a una adulta. Y en esta serie, de título Areumdawotdeon Uriege [아름다웠던 우리에게, para nosotros que fuimos hermosos], y cuyo título internacional quedó como A love so beautiful, efectivamente interpreta a una joven que conocemos con 15 o 16 años y acompañamos hasta sus 30 años. No me atrevo a decir si la edad de la que hablaba estaba “traducida” o no. Tal y como cuentan la edad en Corea del Sur, su edad en “años” puede ser uno o dos más que en occidente. El caso es que es un adaptación de una novela china, que hace unos pocos años también se convirtió en un serial televisivo en su país de origen. Son 24 episodios de apenas media hora, o sea, menos duración que las habituales series coreanas de 16 episodios de alrededor de 70 minutos. No es ni fu ni fa. Me parece excesivamente ingenua en su fase de amoríos adolescentes, y no profundiza lo suficiente en la crisis de la edad adulta. Ni es un placer inconfensable, ni es una serie especialmente interesante. Pero la fui viendo encajando sus episodios cortos en tiempos muertos aislados.

El caso es que esta serie me hizo reconsiderar otra. Como he dicho, su historia es un préstamo o una nueva versión de otra de otro país asiático. Y esto sucede con frecuencia en ese continente. Cuando una serie o película tiene mucho éxito, se hacen una o más versiones en otros países, en otros idiomas o en otro formatos. Series, animación, largometrajes… El caso más típico y comentado también se puede ver en Netflix, en dos de sus versiones, y se trata de Kkotboda Namja [꽃보다 男子, mezcla de caracteres coreanos y chinos], en su versión coreana. Aunque es normalmente conocida como Boys over flowers, su traducción al inglés, o su título original japonés, Hana yori dango [花より男子], un manga que ha sido adaptado a una serie de animación japonesa, series oficiales en Japón, Taiwán, Corea del Sur, China y Tailandia, largometrajes en Japón, y series no oficiales, copias no reconocidas, en Indonesia (dos veces), China e India. Con semejante historial… hace tiempo que tenía la curiosidad de saber qué tiene esta historia para que atraiga tanto. Hace años lo intenté ya con la serie coreana, que es de 2009, y está en Netflix desde hace muchos años. Pero no pasé del primer capítulo… y ahora si que he pasado y he visto los 25 episodios de 70 minutos.

Este si que es un placer inconfesable de tomo y lomo. El argumento es demencial. Una adolescente de clase trabajadora es admitida en un colegio privado para élites económicas y políticas, donde cuatro machitos hacen y deshacen a su antojo, son los chulos que abusan de quien les cae mal, incluso con violencia física, y donde nunca nunca nunca aparece un profesor para poner orden, y si aparece el director del colegio es para adular y actual servilmente con los progenitores de estos energúmenos. Y con estos mimbres tan demenciales,… se monta una triángulo romántico, donde se ven unas cosas que en cualquier lugar civilizado serían objeto de intervención inmediata de la policía y el juzgado de guardia. Y no vamos a hablar de la conducta absolutamente mafiosa de la madre del gallito protagonista de este invento. Y esta es probablemente la franquicia de romances adolescentes de más éxito de Asia… lo cual casi quiere decir, por volumen de espectadores,… ¿del mundo? Tremendo. Tremendo. Para mear y no echar gota. Clasismo, machismo, racismo,… todos los “ismos” negativos que podáis considerar, convertidos en comedia romántica.

[TV] Cosas de series; del Japón medieval a la carrera espacial alternativa

Televisión

Hoy traigo dos series muy muy distintas. Una es documental y habla de la historia. La otra es ficción y habla de la historia… alternativa. Tras la excelente ucronía que nos ofreció Amazon Prime Video estos años atrás, ahora es Apple TV la que nos propone otra… cuando menos curiosa.

En un mundo tan patriarcal como el Japón tradicional, poco papel parecen tener las mujeres. Pero aun así, en los conflictos que narra la serie documental que traigo hoy, lo tuvieron y fue importante. Como la señora Nene [ねね], esposa principal de Toyotomi Hideyoshi, que sobrevivió a estos tiempos, se llevaba bien con Tokugawa Ieyasu. Y terminó en sus días en un templo en Kioto, que no pudimos visitar porque se nos hizo tarde y cerró, no lejos de donde está hecha la foto, por donde también está también la calle que lleva su nombre [ねねの道].

Empecemos por la serie documental de Netflix, Age of samurai: battle for Japan. Japón sufrió un amplio periodo de inestabilidad política y de numerosos conflictos bélicos entre señores feudales entre 1467 y 1615, denominado período Sengoku, o de los estados en guerra. La serie narra las fases finales de dicho período, entre 1560 cuando Oda Nobunaga se alza como un poder emergente, con la colaboración de Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu, hasta 1615, cuando muerto Hideyoshi, Ieayasu elimina a los últimos restos de su clan en el sitio al castillo de Osaka y deja pacificado el país durante 250 años, con la implantación del shogunato Tokugawa que da lugar al período Edo de la historia del país. La serie está realizada en forma de docudrama, en la que una serie de actores y extras encarnan a los personajes de la historia, en sus interacciones y batallas, mientras un locutor va narrando los hechos, con interrupciones de vez en cuando para que expertos en historia, tanto japoneses como occidentales, van dando su interpretación a los principales sucesos. En general, la serie es entretenida y, en lo que a mí se me alcanza, precisa, aunque uno percibe que hay partes de la historia que se soslayan, quizá por considerarlas secundarias a la historia central. Así los hechos narrados se centran en las acciones de los principales protagonistas de la historia, y en la invasión de Corea. Lo más criticable quizá sea el uso de un lenguaje sensacionalista a la hora de la narración, así como la constante repetición de decapitaciones, seppuku, y alguna escena de sexo con desnudos femeninos parciales que vienen poco al cuento. También faltan localizaciones reales. Se prefiere usar mucha escena en bosques y algunos interiores de construcciones de estilo japonés indefinida a mostrar las localizaciones tal y como se encuentran en la actualidad. Es muy entretenida, razonable precisa, aunque mejorable en su tono sensacionalista.

Pero también es importante el castillo de Osaka. Que en su versión de la época quedó destruido en el sitio que sufrió en 1516, con el que terminó la época de guerras, y en el que murieron el Hidetori, el hijo de Toyotomi Hideyoshi, y su madre, concubina del anterior, la señora Chacha [茶々]. Y es que esta, que conspiró a favor de su hijo… no se llevaba bien con el shogun Tokugawa como la señora Nene… y le costó la vida.

For all mankind es una ucronía que se puede ver en Apple TV. Ahora están emitiendo semana a semana la segunda temporada. Pero yo de momento he visto sólo la primera temporada. El punto en el que la historia que se cuenta diverge de la historia real de la segunda mitad del siglo XX es cuando en junio de 1969, un mes después de que el modulo lunar del Apollo 10 volase a algo más de 15 km sobre la superficie lunar, y un mes antes de que el Apollo 11 realizase el primer alunizaje sobre el satélite terrestre, una nave tripulada soviética toca tierra en la Luna y es un soviético el primer hombre en pisar la luna. La serie marca más diferencias todavía cuando poco después, una mujer soviética es la primera mujer en pisar la luna. A partir de ahí, se genera una historia alternativa en la que las prioridades políticas cambian, se inicia una carrera por establecer bases habitadas de forma permanente en la luna, y la NASA permite la entrada en el programa espacial de mujeres, con fines propagandísticos, unos cuantos años antes de que tal cosa sucedieran en realidad.

La serie no es perfecta en absoluto. Tiene algunas cosas excesivamente inverosímiles. Digamos que el universo alternativo es demasiado parecido al nuestro como para tragar determinadas cuestiones de los “políticamente correcto”. Pero más allá de eso es una serie correctamente realizada, correctamente interpretada, con personajes suficientemente empáticos como para que te importe lo que pasa, y en suma… bastante entretenida. Con lo cual, para mí ya está bien.

[TV] Cosas de series; placeres coreanos, confensables e inconfesables

Televisión

He entrado en una época televisiva extraña en la que predominan los productos asiáticos, aunque hasta cierto punto lo he matizado con series de las que hablaré cuando las termine, de factura occidental. Pero vamos con mis placeres inconfensables coreanos. Bueno,… o confesables. Porque al menos una de las seres de hoy considero que, sin ser ninguna obra maestra, se defiende con dignidad en su estilo, y está por encima de esos placeres inconfensables, guilty pleasures, a los que suelo adjudicar estas producciones.

Hoy tocaban fotos de Corea del Sur, claro. Como no sabía muy bien cuales, he optado por el paseo por el monte de Inwangsan con sus templos, chamanes, murallas y vistas de la ciudad.

Private lives tiene este como título internacional, o sea en inglés, aunque en castellano aparece como Privacidad. Su título original, el coreano, es 사생활 Sasaenghwal, que significa… redoble de tambor… privacidad. Ganamos los hispanohablantes, aunque en esta ocasión todo es muy similar. La serie no acaba de saber qué quiere ser de mayo. Está hecha a mayor gloria de su protagonista femenina, Seohyun, una cantante de un famoso grupo femenino coreano, que poco a poco se ha introducido con éxito en el mundo de la interpretación. Y es que hay que prever que la tierna juventud dura lo que dura, y una vez que sobrepasas la avanzada edad de los veintimuchos… estas chicas lo tienen muy difícil. Le han buscado un galan adecuado, guapetón y musculoso, Go Kyung-Pyo, y a partir de ahí… Pues no sabe lo que es. ¿Es comedia romántica? ¿Es una comedia de timadores? ¿Es un drama criminal? ¿Es una trama de espionaje industrial? ¿Es una conspiranoia? Pues quiere ser de todo a la vez… y no acaba haciendo casi nada bien. Es relativamente entretenida, pero la trama es un lío y acaba por importarte poco, por lo que todo se queda en buscar algún momento divertido, y admirar lo guapas/guapos que salen los chicos/chicas. Pero poco más. Tarde en empezar a verla, precisamente porque no estaba claro qué iba a ver. Tiene secundarios muy entretenidos y divertidos. Pero también hay mucho personaje estereotipado y de cartón piedra. Una serie de tantas, sin mucho que reseñar.

Otra cosa es Lovestruck in the city, título internacional, o sea en inglés, que en castellano nos ha llegado como Amor en la ciudad. Parecidos. El original coreano es… redoble de tambores de nuevo,… 도시남녀의 사랑법 Dosinamnyeoui salangbeob, que viene a significar Cómo es el amor entre hombres y mujeres en la ciudad. Nuevo formato, relativamente, para una serie coreana en Netflix. En lugar de lo tradicionales, y a veces pesados, episodios de 65-70 minutos, tenemos 16 episodios de alrededor de 30 minutos. En realidad, 17… pero luego comento eso. Y está planteado, especialmente en los primeros episodios, como un programa de entrevistas, falso documental. Una serie de gente entre vista a un grupo de jóvenes, tres chicos y tres chicas. De los que poco a poco nos va quedando claro que dos, interpretados por Kim Ji-Won, ella, y Ji Chang-Wook, él, han tenido un ligue mutuo. Que por algún motivo se terminó. Poco a poco vemos que los seis personajes esta relacionados. El protagonista masculino tiene un primo más joven que está saliendo con una amiga de la protagonista. Ambas tienen una buena amistad con una antiguo compañero del colegio, que fracasó en una relación con la tercera chica. Las interpretaciones son buenas, las situaciones algo más realistas, los besos son de verdad, como todas las parejas que se enrollan, se enrollan del todo, también en la cama, vamos lo normal. La cuestión es porqué fracasó la relación tan intensa de dos meses de verano, y si volverá a resurgir. A mí me entretuvo mucho. La serie queda resuelta en 16 episodios, siendo de tono agridulce. Algunas parejas se arreglan y otras se desarreglan. Permitiendo continuaciones con cambios de protagonistas en un mismo universo. El 17º episodio prácticamente es un capítulo piloto para una secuela a partir de dos personajes secundarios, un joven policía que interacciona con los protagonistas y la guapa actriz que empieza a conocer el éxito y de la que siempre ha estado enamorado. A mí en conjunto me ha gustado, me ha divertido, en algún momento me ha emocionado. Tiene algún defectillo, pero no es un placer inconfesable. Es un producto al menos digno. Así que si queréis arriesgar un poco en televisiones extrañas, es un buen producto para introducirse en la coreana.

[TV] Cosas de series; muy por debajo de expectativas

Televisión

Hoy voy con tres series cuyo resultado final ha quedado muy por debajo de las expectativas que había puesto en ellas. Por lo que no me cabe la posibilidad de recomendárselas a nadie con carácter general.

Bonding llegó discretamente, sin hacer mucho ruido, a su segunda temporada en Netflix. La primera temporada me gustó bastante como reflexión sobre las soledades y las mochilas emocionales que arrastramos en la vida. Y con la curiosidad de transcurrir en ese peculiar mundillos de dominas y sumisos del fetichismo SM. La segunda temporada… no es que esté mal. Ni mucho menos. Pero por algún momento me he despegado de los personajes. Si en la primera me sentía capaz de empatizar con ellos, en esta segunda los he visto desde una perspectiva más exterior y neutra. Y no he llegado realmente a conectar con la serie. Ya digo. No está mal. La realización y las interpretaciones son correctas, pero no me han enganchado.

La serie británica de la semana transcurre entre localidades y paisajes de Inglaterra y Escocia. Pues por Escocia pasearemos fotográficamente.

Behind her eyes es una miniserie inglesa, que se estrenó hace no mucho en Netflix, aparentemente con bastante éxito. En principio, la premisa inicial no era especialmente original, pero podía desarrollarse en algo interesante. Un triángulo entre una mujer divorciada, madre de un niño, y el matrimonio formado por su nuevo jefe, un psiquiatra, y su atractiva mujer. Lo que pasa es que empieza a derivar hacia un tono fantástico, por mucho que lo quieran disfrazar de pseudociencia en algún momento, para llegar a un último episodio que es simplemente un despropósito. No me voy a extender por si alguien se quiere animar, no pisarle el desenlace. Pero sinceramente, no lo recomiendo. Podemos comprobar que los británicos también son capaces de hacer series malas.

Y luego llegó WandaVision, un título más que apropiado y que me parece absurdo que en la versión doblada traduzcan como es Bruja Escarlata y Visión. Antes de nada… no soy nada nada nada aficionado a los superhéroes de Marvel. Tampoco a los de DC… pero estos últimos pueden tener un punto de placer inconfesable en ocasiones. Raras ocasiones, pero puede darse. Pero lo de Disney y Marvel con los superhéroes y la capacidad de atraer a tantos espectadores,… nunca lo he entendido y me hace dudar de la presunta inteligencia del género humano. No voy ahora a extenderme en los motivos. Quizá en otra ocasión. Pero como hubo alguna experiencia muy positiva de series del universo Marvel como Agent Carter o Jessica Jones, especialmente su primera temporada, tuve la curiosidad. Además con el antecedente del éxito de The Mandalorian en Disney+. Para mí, la bondad de las dos series mencionadas estaba en la capacidad de sus protagonistas, incluido el malo en el caso de la segunda, para caer bien y generar empatía. Con buen trabajo interpretativo. Y además con protagonistas femeninas. Y escasez total de disfraces de superhéroes de colorines. Decidí dar una oportunidad a una serie en la que trabaja Elizabeth Olsen, actriz que merece mucho respeto, y que podía ser algo distinto de lo de las películas. Además… las peculiaridades en la puesta en escena de los primeros episodios, imitando series clásicas de la televisión americana de los últimos 60 años… pues oye. Pero nada. A partir de un momento dado, se convirtió en un producto típico de la casa. Y además, para rematarlo, en un momento dado se pusieron a mezclar en la trama la tontá de las brujas de Salem. Y cada vez que en una serie americana salen las brujas de Salem… me entran ganas de salir corriendo. Nada. Que no. Que el universo Marvel y yo somos incompatibles. Vaya tontá.

[TV] Cosas de series; volvamos a los placeres inconfesables surcoreanos

Televisión

Hace dos meses que no comentaba ningún k-drama. O sea ninguna serie de televisión surcoreana, que sea comedia o drama, siempre son k-dramas. Los habituales de estas páginas son conocedores de que, desde que comencé mi suscripción a Netflix, son uno de mis placeres inconfesables o culpables favoritos. Aun “disfrutando” de muchas de las “virtudes” que en series de otras nacionalidades no soporto, no puede dejar de verlos. Y son especialmente “atractivos” los fines de semana, cuando me quiero relajar y no pensar en nada. Pero tras los últimos que vi o terminé de ver en diciembre… ninguno de los estrenos que apareció en la plataforma de vídeo bajo demanda me engancho. Chungo. Que te quiten uno de tus vicios inconfesables, como el chocolate, el parmesano u otros realmente no confesables… es chungo. Una catástrofe. Hasta que llego…

Run on. Su título original, en coreano, 런 온, no es más que la transcripción a su alfabeto del título en inglés. O sea que ese es su título original. En España, no sé si en otros países de habla española también, a veces hay diferencias, que pueden ser muy curiosas, lo han traducido con el “originalísimo” El amor es la meta. Típico hasta la médula. El (Yim Si-wan), joven, guapo, rico, de “buena” familia, es un atleta del equipo nacional de atletismo, adalid de los más jóvenes y débiles contra los abusones, lo cual le dará problemas. Ah… y su padre es un político sin escrúpulos, y su madre una actriz famosa, y su hermana la número uno del circuito de golf internacional. No es moco de pavo. Ella (Shin Se-Kyung, ha protagonizada ya algún otro k-drama en Netflix), joven, muy guapa, pobre, huérfana, es la encargada de hacer los subtítulos en las películas de cine. Tanto de las habladas en inglés que necesitan subtítulos en coreano, como las coreanas que necesitan subtítulos en inglés para su exportación. Sip… al parecer, según esta serie, esta profesión es fundamental para el triunfo de una película en el mundo del cine. Una verdadera heroína. Sin el trabajo de estos abnegados profesionales, películas de Oscar no llegarían a triunfar… No estoy de coña. Esto está planteado así en la serie. Bueno… no vamos a entrar en la trama en la que se dan los enredos habituales en estas series, con sus momentos ligeros y algunos más dramáticos. Con en muchas otras, generalmente el nivel interpretativo de las chicas es superior al de los maromos. Y muchas veces los secundarios son más interesantes que los protagonistas. La chica protagonista de esta serie tiene unos recursos interpretativos limitados, pero los aprovecha muy bien y se adaptan a estos papeles muy bien, lo que hace que sea muy fácil empatizar con ella. La serie no tiene nada de especial, pero es arquetípica, ideal para no pensar en nada y hacer alguna risa de vez en cuando.

Animado por la relajación mental que me generó la anterior, me atreví con The Uncanny Counter, que en realidad fue estrenada antes… pero que no me atrajo, porque las series de espíritus y fantasmas coreanos me resultan un poco… no sé, meh. Titulada en español con el descriptivo A la caza de espíritus malignos, en coreano es 경이로운 소문 Gyeong-iloun Somun, que es un juego de palabras, al parecer, por que 소문 Somun, tanto puede ser el nombre del protagonista como la palabra que en coreano significa rumor. Así… sería El asombroso Somun o Asombrosos rumores. El caso es que el chico protagonista es una adolescente en su último año de instituto, cuyo padres policías murieron en un accidente (que a lo mejor no fue), por lo tanto… sí, otro huérfano, en el cual quedó cojo, y del cual abusan los chicos en el colegio… que de pronto es poseído por un espíritu y se convierte en cazador de espíritus malignos. Haciendo equipo con otros tres que fueron poseídos por espíritus buenos cuando se encontraban en coma irreversible, teniendo una segunda oportunidad en la vida. Una de ellas es otra chica un poquito mayor que él que… mira tú por donde… es huérfana. Que no falten los huérfanos. Y por supuesto los políticos corruptos, villanos favoritos en estas series. Especialmente si son poseídos por espíritus malignos de los peores. No hay romance en esta ocasión. Unas insinuaciones muy ligeras de que lo pudiera haber entre los dos huerfanitos, pero que no llevan a ninguna parte. Como veis, acúmulo de tópicos y lugares comunes para otra serie que funciona como placer inconfesable, pero bastante entretenida, por la cuota de acción. Lo peor… los chándales rojos que se ponen para salir a cazar espíritus malignos.

La próxima serie coreana… que ya he terminado de ver… no la incluyo aquí porque no es un placer inconfesable. Es una serie con méritos propios, independientemente de su nacionalidad. Por cierto, hablando de traductores de subtítulos… me encantan algunas de las expresiones latinoamericanas de los subtítulos de Netflix para los k-dramas. Como cuando a un chico apuesto le dicen buenmozo. Todo junto.

[TV] Cosas de series; el universo… los universos…

Televisión

Esta semana nos vamos al ámbito de las series de fantasía y ciencia ficción. Nunca sabré porqué en las librerías, en las plataformas de televisión bajo demanda, en las clasificaciones de película… ponen juntas con frecuencia estas dos categorías. Porque para mí, aunque de fondo puedan tratar los mismos temas, como muchos otros géneros, son dos cosas totalmente distintas. Entiendo que haya algunas confusiones. Que se clasifique Star wars como ciencia ficción simplemente por su aspecto futurístico, sus robots y sus viajes espaciales, aunque sucediese hace mucho mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana, no deja de ser un error. Con su fuerza mística y su desprecio absoluto por las leyes de la física, es claramente una saga de fantasía, no de ciencia ficción. Pero ya digo que normalmente a mi no me parecen dos géneros realmente emparentados. O por lo menos, no más que el western y la ciencia ficción, frecuentemente emparentados en las aventuras espaciales. O las literatura política y la fantasía, también muchas veces entrelazados o vinculados.

Parte de la temporada de la serie de fantasía de hoy transcurre en Cittàgazze, con un ambiente claramente mediterráneo y nombre de resonancias italianas. Que me recordó mucho a las ciudades a orillas del Adriático en el norte de la península de Istria, que aun perteneciendo a Eslovenia, no pueden negar su influencia de la Serenissima Repubblica.

His dark materials es una serie de fantasía. Incluso si en esta su segunda temporada han utilizado conceptos científicos, como la materia oscura de los físicos teóricos y astrofísicos, o la teoría del multiverso,… que no está claro todavía si es una teoría científica porque no se sabe si es falsable. He de decir que no estaba claro que fuese a ver nuevas temporadas de esta apuesta de HBO por la fantasía tras el final de los “tronados“. La primera temporada me dejó un poco frío. La trama no me enganchó. No acabé de empatizar con la chica protagonista, Lyra (Dafne Keen), ni con casi ningún otro personaje de la serie. Ni siquiera la ¿mala de la serie?, Mrs Coulter, a pesar de ser interpretada por la muy muy solvente Ruth Wilson, acababa de aportar la sal necesaria para dar sabor a la serie. Al final decidí darle una oportunidad, y he de decir que la segunda temporada me ha enganchado más. La trama ha estado más organizadamente dinámica, y los personajes han crecido en profundidad. El personaje de Wilson ha ido ganando en profundidad y le ha ido aportando el sabor que le faltaba a la serie, mientras que la pareja de adolescentes protagonistas, siendo manifiestamente mejorables, han hecho un trabajo suficiente. Y sobretodo, ha habido alguna trama secundaria interesante, que rellena adecuadamente el conjunto de los siete episodios, un número moderado para lo que se lleva, pero suficiente. Alabo que no se estiren más de la cuenta las temporadas. Seguiré viéndola. Si se sigue animando, la probable tercera y última temporada puede ser realmente interesante.

The Expanse sí que es ciencia ficción. Mezclada con tramas políticas, y con tramas personales de unos personajes con los que uno empatiza. Protagonistas o secundarios, es difícil marcar divisiones entre ellos, es muy coral y hay un buen reparto de pesos a lo largo de diez episodios en los que no sobra ninguno. Desde mi punto de vista, la mejor aventura espacial desde la reinvención de Battlestar Galactica. ¿Y The Mandalorian, preguntarán algunos? No juegan en la misma liga. Las aventuras del del casco y Baby Yoda son un entretenimiento ligero comparado con la intención y profundidad de The Expanse. Es mucho más complejo poner en marca una maquinaria como la de esta última, frente al sencillo esquema de aventuretas de la del universo Star wars. Que además entra más, según mis apreciaciones iniciales, en el mundo de la fantasía que de la ciencia ficción. Me cuentan que ya sólo queda una sexta temporada para los tripulantes de la Roci. Reconozco que agradezco mucho a Amazon Prime Video por haber impedido que se nos perdiera una serie tan interesante como esta sin un recorrido amplio y suficiente. Con ganas de ver el desenlace.

[TV] Cosas de series; animación occidental y espionaje oriental

Televisión

Si la semana pasada tocaba hablar de animación japonesa, hoy nos volvemos hacia la USAmérica. Otras dos series de animación, más o menos interesantes. Y si la semana complementaba la entrada con una serie documental, más bien de entrevistas, esta semana lo haré con otra. Curiosamente si la de la semana pasada se centraba en USAmérica, concretamente en Nueva York, la de esta semana se centrará en el Asia oriental.

Unas cuantas fotos de Dinamarca en honor a los infiltrados en Corea del Norte. Se lo merecen.

Star Trek: Lower decks es una serie de animación del universo Star Trek, como habréis podido suponer, en Amazon Prime Video. En principio, no me interesó. Aunque he ido viendo cosas de la franquicia, y Star Trek: Discovery tuvo una muy interesante primera temporada, bajando luego progresivamente este interés, tengo problemas para interesarme en ese universo. De hecho, creo que la primera temporada de Discovery me gustó porque era la menos trekkie de todas las que había visto. Y porque salía Michelle Yeoh. Y de hecho hubo quejas entre los fanáticos de la serie por los mismos motivos por los que a mí me gustó. Conforme han devuelto a la serie el “espiritu de la franquicia”… me ha ido pareciendo menos interesante, aunque no está mal. Bueno… el caso es que no contemplé verla, hasta que leí un par de artículo por ahí que la ponían bien. Tratándose de 10 episodios de unos 25 minutos de duración, me pareció poco riesgo, y me puse. Y me entretuvo. Se trata de las aventuras de una nave espacial que no está entre las punteras e importantes de la flota, y se centra en los tripulantes de las cubiertas inferiores, que se dedican a tareas de mantenimiento y otras poco glamurosas. Eso sí… parece que en el universo Star Trek no hay soldados rasos o marineros rasos o tripulantes rasos o como se llamen rasos. Todos son alféreces (ensign), aunque relativamente torpes, inexpertos e ineficaces. El tropo principal de la situación es que una de estas tripulantes es hija de la capitana y de un almirante, es muy inteligente y capaz, pero muy rebelde al sistema. La serie tiene una cierta dosis de parodia de la propia franquicia, pero sin perderle el respeto. Y eso hace que navegue entre dos aguas. Cuando asoma un poquito de mala baba paródica, la serie se alza un poco, pero nunca llega a despegar. Por lo que el balance final es de una serie que entretiene… pero relativamente insustancial. Siempre he dicho que la mejor serie de Star Trek, dejando el cariño que le tengo a los episodios de la serie original que vi en la infancia, es The Orville. Donde no sólo se parodia a saco, sino que además se abandona el buenismo de la franquicia para entrar en la crítica social y política de forma muy intencionada.

(Dis)enchantement, serie de Matt Groening y Josh Weinstein, el primero cocreador de The Simpsons y mi adorada Futurama, el segundo productor ejecutivo en ambas, alcanza su tercera temporada en Netflix, siguiendo las aventuras de la princesa Tiabeanie y sus compañeros Elfo y Luci. La serie, aunque comparte el ADN de sus predecesoras, nunca ha alcanzado los niveles de las mismas. Especialmente de Futurama, que considera superior a la familia de entes amarillos del medio oeste americano. Ha fluctuado entre momentos relativamente flojillos y momentos estupendos. Y sobretodo, siempre ha tenido un tono más melancólico que demencial, lo cual a veces le va bien y otras no. Al fin y al cabo, como de costumbre se trata de las aventuras de unos desarraigados, pero Bean tiene algo triste en su desarraigo. El caso es que en esta tercera temporada comenzó con un nivel relativamente plano… para luego ir mejorando, dejándonos algunos momentos muy buenos a partir de la mitad de la temporada, manteniéndose bien hasta el final. Nunca ha estado tan valorada como sus antecesoras, pero a mí me merece la pena. Simpatizo con Bean, Elfo y Luci.

Y termino con un curioso documental que se puede ver en Filmin, The Mole: Undercover in North Korea. El director danés de documentales Mads Brügger realizó un curioso experimento en los 2000, llevando un espectáculo a Corea del Norte que criticaba al propio sistema del país totalitario, sin que las autoridades fueran totalmente conscientes del hecho hasta después de sucedido. Por lo que no es muy bien recibido en aquel país. Pero en un momento dado, contacta con un cocinero danés, retirado por enfermedad, que por curiosidad se introduce en un asociación de amigos de Corea del Norte en Dinamarca, y poco a poco se va infiltrando, perteneciendo a la KFA (Asociación para la amistad con Corea) del infame Alejandro Cao de Benós, que ha sido investigado, entre otras cosas de tráfico de armas. Y al final, con una antiguo criminal reconvertido en empresario aventurero, inician una operación ficticia como inversores de la exportación clandestina de armas norcoreanas a distintos grupos violentos por el mundo. Y todo esto lo graban y los muestran en un documental con entrevistas a los protagonistas del asunto, en dos episodios de una hora de duración. El primero tiene un tono más bien chusco, presentando toda la organización de amigos del régimen totalitario como una banda de friquis más o menos pirados. Pero en el segundo, realmente documentan y muestran los entresijos de una trama de potencial tráfico de armas con gran descaro. Filmando reuniones en Corea del Norte, Oriente Medio, África central y otros lugares de estos peligrosos… como Barcelona. Me impresionó y me lo pasé bien. Aunque desconozco el alcance y la repercusión real que podría tener para los implicados. ¿Una curiosidad? ¿O un ejercicio de información que tendría que verse en este u otros temas con más frecuencia? Que cada cual juzgue.

[TV] Cosas de series; anime, anime en NYC y NYC

Televisión

Recientemente he vuelto a acumular bastantes series sin comentar. Me pasa de vez en cuando. Cuando pasan semanas, de repente, series que he ido viendo a poco, las termino todas a la vez o en pocos días. Y tengo acumuladas varias de animación. El buen sabor de boca que me dejó Dororo ha hecho que me interese de nuevo por la animación. No es que me haya dejado de interesar en ningún momentos… es que durante un tiempo no he encontrado nada que me llamase mucho la atención de la diversa oferta que existe en series. Tampoco te puedes tragar lo primero que te venga a mano.

A Beastars llegué a través de su banda sonora. Por una de esas causas y azares escuché un tema de una pareja de indie-pop japonés y me interesé por ellos, una cosa puntual sin más trascendencia. Pero una cosa me llevó a la otra, y acabé viendo esta serie de animación japonesa en Netflix, con una premisa curiosa. A priori… una serie de colegiales de instituto. Lo peculiar es que se trata de una sociedad de animales, en la que carnívoros y herbívoros sobreviven gracias a unas rígidas normas sociales sobre alimentación, y en la que un joven adolescente lobo, tras un dramático encuentro, acaba relacionándose con una pequeña coneja enana. Puede sonar un poco a chufla. Pero la serie es principalmente dramática y clasificada para mayores de 16 años, tratando temas como la violencia, la sexualidad y la violencia sexual. Sin dejar de pensar que tiene sus agujeros y alguna inconsistencia, es una producción curiosa e interesante que enseguida me engancho pese a sus defectos. Son ocho episodios y ya están previstos otros ocho que ya se han estrenado en Japón. Llegarán más adelante al resto del mundo a través de la conocida plataforma de vídeo bajo demanda.

Dos de las series de hoy tienen Nueva York como escenario global, y en las dos se detienen en la Biblioteca Central y otros lugares emblemáticos de la cultura. Así que empecemos por ahí a la hora de dar un paseo fotográfico por la “supongamos que es una ciudad”.

Tampoco es precisamente un producto infantil Banana Fish, una serie de animación japonesa en Amazon Prime Video, pero que transcurre íntegramente en Estados Unidos y mayormente en Nueva York. Nos movemos en un mundo de bandas y mafias, con intereses en el mundo de las más sofisticadas drogas de diseño y como ramificaciones en la corrupción política, donde dos jóvenes de 17 y 18 años, uno nortemericano, que ha sobrevivido en un mundo de delincuencia y abusos (sexuales), y otro japonés, que ha vivido protegido y seguro en una sociedad tranquila, entablan una amistad especial. Y en la que a lo largo de los 24 episodios en temporada única se mueven en una línea mal definida sobre si esa amistad es algo más y es una relación homosexual. La serie, conceptualmente es muy interesante. Y quizá el manga en el que se basa tenga sentido la larga duración. Pero en animación, se vuelve excesivamente larga con situaciones repetitivas constantemente que hacen que llegue un momento todo suene a déjà vu. No está mal por eso. Tampoco hace concesiones a la amabilidad en su trama, donde la violencia y las agresiones sexuales están a la orden del día.

Finalmente, seguimos en Nueva York, con una serie de entrevistas de siete episodios, en las que Martin Scorsese, productor y director de la misma, conversa con la escritora, comentarista y actriz Fran Lebowitz. Pretend it’s a city es el título de la serie. Y viene de la frase, os la pongo traducida “supongamos que (Nueva York) es una ciudad”. Supongo que la alternativa a que sea una ciudad, lo cual se discute en el primer episodio, es que sea otra cosa. Entre un mundo en sí mismo a un monstruo social. En cualquier caso, a lo largo de los episodios tratan la visión de Lebowitz (no confundir con la fotógrafa Annie Leibovitz) sobre la cultura, el transporte público, el dinero, la salud y el deporte, la idea de diversión, las nuevas tecnologías de la información, o los libros. No voy a decir que me identifique la protagonista de la función. Siempre he pensado que los intelectuales progresistas neoyorquinos a veces tiene cosas que son muy poco progresistas. Pero es muy divertida e invita a la reflexión. Y los episodios son cortos y ágiles. No cuesta nada ver la serie. Muy recomendable.

[TV] Cosas de series; Lupin, Sabrina y Chiang Kaishek

Televisión

Esta semana voy a avanzar un poquito más deprisa mi comentario de series, con tres de ellas en lugar de las dos habituales. Son tres series que podrían haber sido más, que partían de premisas más o menos interesantes, pero que se han quedado cortas respecto a las expectativas. Aunque la valoración final es diversa.

Lupin es una serie de francesa que, como podemos deducir de su título, está inspirada por el aventurero Arsène Lupin, un ladrón de guante blanco creado por el escritor francés Maurice Leblanc a principios del siglo XX. Ambientada en la Francia actual, en el París actual, el protagonista de la acción es un inmigrante subsahariano de nombre Assane [cuasi homófono con Arsène], interpretado por Omar Sy. Convertido en ladrón de guante blanco como el personaje que le sirve de referencia, da un golpe en el Louvre, robando una joya que en su infancia desapareció de la mansión dónde trabajaba su padre de chofer, de la que fue acusado y condenado, suicidándose en prisión. Las historia del nuevo “Lupin” es más una historia de venganza que de aventuras osadas, rocambolescas y románticas. El problema es que cuanto más se aleja del encanto del personaje original y más entra en la oscuridad de los misterios que le llevan a la venganza, menos clara tiene la serie lo que quiere ser. Y la limitación de los cinco episodios de la primera temporada tampoco ayuda a un desarrollo pausado del personaje y sus motivaciones. No obstante, la podemos considerar como una serie entretenida e interesante, cuya primera termina con un enorme cliffhanger que prácticamente obliga una segunda temporada.

Taiwán, un país que no es un país, con un complejo pasado, un futuro incógnito, y un presente en el que es muy agradable de visitar.

Chilling adventures of Sabrina ha llegado a su cuarta y última temporada. Esta reinvención del cómic que ya fue llevado en su momento a una serie de dibujos animados y una serie de televisión de acción real, en aquella ocasión con carácter de comedia amable, ha optado por un mezcla de comedia y terror, con predominio de este progresivamente. Liderada la serie por la joven actriz que gustó encarnando a la niña, luego adolescente, Sally Draper en Mad Men, Kiernan Shipka, es una serie que prometía mucho y que empezó con mucha fuerza. Pero que por algún motivo se agotó muy pronto, entrando en una dinámica repetitiva, en la que la mayor parte de los personajes secundarios, teóricamente importantes para la protagonista, iban perdiendo su interés y su razón de ser. Sin encontrar del todo su tono, puesto que no acaba de decantarse por la comedia, buscando el lado terrorífico de la historia, pero con unos malos ultraterrenos que en no pocas ocasiones eran más bien ridículos y risibles. La última temporada ha confirmado esta tendencia a la baja. No me atrevería a recomendarla.

Y terminamos con Detention, una serie taiwanesa basada en un original juego que mezcla el comentario político con el terror sobrenatural, del que ya se hizo una película largometraje. Ambas producciones se basan en el mismo juego, pero siguen su propio camino argumental, nos advierten, pudiéndose ver independientemente. Y la premisa de partida es la misma. En un instituto taiwanés a principios de los 60, algunos de sus profesores y alumnos sufren la represión dentro de lo que se llamó el Terror blanco, en el régimen dictatorial que Chiang Kaishek impuso en la isla tras su huida de la China continental, derrotado la facción nacionalista del Kuomingtan por la comunista de Mao. En la serie, la acción principal sucede a principios de los años 90, con la isla en su transición a la democracia, cuando una nueva estudiante del instituto en el que sucedieron los hecho 30 años antes llega transferida al mismo. Y donde tras experimentar el extraño ambiente represivo del mismo, entra en contacto con el espíritu vengativo de una de las alumnas involucradas en los sucesos de los 60. Y donde parece condenada a revivir algunas de las experiencias de entonces. Así pues, terror fantasmagórico mezclado con denuncia o reflexión política, una premisa que podría ser interesante, pero que no se mantiene del todo, resultando en un balance final de… no está mal, pero podría haber sido mejor.

Viendo las cosas que pasan todavía en Asia

[TV] Cosas de series; Euphoria especial, marujonadas y Fargo

Televisión

Hay series que tienen especiales navideños. Especialmente las británicas. Suelen ser episodios amables. Eso… navideños. Aunque en ocasiones pueden hacer avanzar la trama de la serie de forma importante. Algunas lo han hecho. Pero en esta ocasión es una serie norteamericana la que nos ha ofrecido dos especiales… “alrededor” de la Navidad, más que navideños. Se trata de una de las series de moda en HBO, Euphoria. Especialmente después del reconocimiento interpretativo en los eventos de premios para su protagonista, Zendaya.

Hace ya año y medio que pudimos ver la primera temporada de este drama que explora las complejidades de la adolescencia, especialmente contemplando el consumo de drogas y los problemas de identidad sexual, o de identidad en general. Entre otros problemas de esa edad. Lo cierto es que es una serie que crece en el recuerdo. Hoy día, la aprecio más que cuando acababa de terminar de ver esa primera temporada. Todavía no hay, que yo sepa, fecha para la segunda temporada. Pero se nos han ofrecido dos especiales en torno al fin de año reciente. Uno, unas semanas antes (subido a HBO el 6 de diciembre de 2020), el otro, unas semanas después (subido a HBO el 23 de enero de 2021). Rodados con las precauciones necesarias por la pandemia con un equipo mínimo, el primero nos presenta una conversación de café de Rue (Zendaya) con Ali (Colman Domingo), un consumidor de drogas sobrio desde hace un tiempo, en el que eventualmente se apoya. Este episodio me pareció antológico; me dejó clavado al sillón. Excelente desde todo punto de vista. En el segundo encontramos a Jules (Hunter Schafer) en sesión de terapia, la primera, con una psicóloga (Lauren Weedman). No me ha impactado tanto, pero está también a un nivel muy elevado. Ambos nos han dejado con ganas de que vuelvan Rue y Jules con una segunda temporada que pueda mantenerse en los altos niveles que ha alcanzado la serie poco a poco.

No tengo fotos que se ajusten a las series de hoy, así que pongo algunas de un rollo que comentaré pronto en mi blog específico de fotografía. Paisajes urbanos, a este lado del Misisipí. Y del Ebro.

En el entorno de las fiestas de fin de año, sentí la necesidad de la intrascendencia. Hace unos meses hubiera apostado por una serie surcoreana. Un buen placer inconfesable perfecto. Pero no tenía ninguna a mano de las que me hubieran apetecido. Así que me fui a por una serie de la que me llegaban avisos constantemente en Netflix, aunque a priori no me había interesado. Era Virgin River, en español con el cursi título de Un lugar para soñar, que es un drama romántico culebronesco, que yo hubiera apostado que sólo se pueden ver en el canal Cosmo, pero que ya veis. Un enfermera altamente cualificada que, tras perder una niña en el parto y un marido en un accidente de tráfico del que se culpa… (culebronesco, os decía), opta por dejar Los Ángeles por ir a trabajar a un pueblo perdido en las montañas y los bosques del norte de California, donde… bueno. Da igual. Hay un tipo guapo y rudo con el que bueno… ya os imaginaréis. Pues eso… puro placer inconfesable. Si tuviera más sentido del humor, podría ser recomendable… pero le falta. Y no, por favor, que nadie lo compare con Northern Exposure (Doctor en Alaska). De verdad. Semejante comparación debería ser considerada crimen de lesa humanidad.

Y he visto la temporada cuarta de Fargo. Que me ha llevado muchas semanas. Y no porque sea mala, ni mucho menos. No sé si llega al nivel de las tres precedentes, pero sigue siendo una producción televisiva notable. Tradicionalmente, las historias de esta serie transcurrían en las frías llanuras del medio oeste americano, entre Dakota del norte y Minnesota, en cuyo límite está la ciudad de Fargo. Pero esta vez nos hemos desplazado a Kansas City, en el límite de los estados de Misuri y Kansas. Hay dos ciudades con este nombre, totalmente contiguas, perteneciente cada una a cada uno de estos estados. Por lo que entiendo, hemos estado en Misuri. Y allí hemos asistido al enfrentamiento entre la mafia italiana, ya establecida, a cuyo frente encontraremos a Josto Fadda (Jason Schwartzman) tras la extraña muerte de su padre bajo los cuidados de la excéntrica enfermera Oraetta Mayflower (Jessie Buckley), contra la mafia afroamericana, emergente, a cuyo frente encontraremos a Loy Cannon (Chris Rock). A ambos bandos dará abundante servicio la funeraria regentada por los padres de la joven e inteligente diecisieteañera Ethelride Pearl Smutny (Emyri Crutchfield), procedente de una familia multirracial. No voy a entrar en detalles de la trama, que es lo suficientemente enrevesada como para justificar que sea una serie de episodios. Últimamente vengo pensando que hay series innecesarias. Que lo que cuentan se puede contar en un largometraje. Y no necesariamente largo. Pero bueno. Las interpretaciones de los mencionados, así como de otros caracteres como los de Timothy Olyphant o Jack Huston o Ben Whishaw, son notables. Encontramos también curiosidades como el episodio 9 de los 11 que consta la temporada, rodado en su mayor parte en blanco y negro… con curiosas referencias al mago de Oz. Y lo único que encuentro a faltar es que esta temporada es la más seria de la serie, la que menos combina el absurdo o el humor negro con la seriedad de los argumentos. ¿Por qué me ha llevado semanas ver estos 11 episodios? Porque no se pueden ver de cualquier forma. Hay que centrarse en lo que ves. Y no siempre tengo la cabeza lo suficientemente en su sitio últimamente para ello.

[TV] Cosas de series; series británicas (o así) para las vísperas del Brexit

Televisión

Con fecha 1 de enero quedó perpetrado el Brexit, el divorcio, atribulado como tantos divorcios, entre el Reino Unido y la Unión Europea. Un divorcio a petición de una de las partes, que siempre se ha sentido poco comprometida con este poliamoroso matrimonio con ventitantos cónyuges. Y motivado más por intereses particules, y espoleado por los populismos fascistas o cuasifascitas que remueven el mundo. Pero la vida sigue, y entre las series de televisión, siempre hay alguna británica que destaca en la cartelera seriéfila. Y en las vísperas del Brexit, esto no ha sido una excepción.

Como digo en el texto, claramente una de las serie de hoy está rodada en Margate, sur de Inglaterra, lugar que visité en octubre de 2013 y del que os dejo unas vistas.

Las series británicas, especialmente aquellas de tono más amable o familiar, tienen especiales navideños. Y la nueva recreación de All creatures great and small no ha escapado a esta tradición. Y además han aprovechado para “corregir” cierto “desaguisado romántico” que nos habían dejado con el fin de la temporada “normal”. En fin… buen rollo a raudales para esta serie cuyo principal objetivo es,… ese. Generar buen rollo. Hay que recordar que se puede ver en Filmin.

Bridgerton no es una serie británica. Aunque su reparto sí lo es en buena medida. Supongo que para dar un poco de convicción a este pastiche aparentemente ambientado en la segunda década del siglo XIX, en 1813 si no recuerdo mal, los británicos están enzarzados en España contra los ejércitos napoleónicos. Y nos movemos en la serie entre la alta sociedad inglesa, con tramas aparentemente muy del estilo de las novelas de Jane Austen. Pero como decía es un pastiche. De la factoría de culebrones de Shonda Rhimes, aunque ella no aparezca directamente involucrada en la creación de “esto”. En realidad, la serie está más emparentada con cosas como Grey’s Anatomy, Scandal, o How to Get Away with Murder. Romanticismo de instituto, algo de sexo sin pasarse, y los elementos tradicionales de los culebrones. Buenos, malos, guapos, mezquinos, tontos… y todos contra todos. Basada en una saga de novelas “románticas” de una autora americana cuyo nombre ni recuerdo ni me importa, propone un universo alternativo en el que la reina Carlota de Mecklenburg-Strelitz, alemana de nacimiento, es negra, o al menos mezcla, y gracias a ellos los británicos disfrutan de una sociedad igualitaria multirracial. Si yo perteneciera a alguno de los grupos que han sido discriminado por el color de su piel, creo que me cabrearía más esta extraña “puesta en escena políticamente correcta” que la representación de la realidad de cómo era la sociedad británica de la época. Y esto no tiene nada que ver con la tradición del teatro británico de otorgar papeles en las obras dramáticas a buenos intérpretes, haciendo abstracción del color de su piel, lo cual me parece muy bien. A partir de ahí, que nos interpreten la Barcarolle de Los cuentos de Hoffman de Offenbach, en un momento situado 70 años antes de su composición… pues son ya detalles sin importancia. Dejando a un lado que los yanquis de Shondaland se pasen cualquier consideración de respeto histórico por el forro de la entrepierna, ¿se deja ver la serie? Sólo como placer culpable, inconfesable o como lo queráis denominar. Eso sí, se han gastado un pastón en ambientación, vestuario y diseño de producción. Seguro que tiene éxito.

Otra cosa muy distinta es The Singapore Grip, comedia dramática de época, que nos lleva a Singapur en las semanas previas al desastre británico que llevó a la conquista de la península malaya y la ciudad por parte de las tropas japonesas en un tiempo que se podría considerar récord, dada la lejanía de los nipones de sus bases de origen y las naturaleza del terreno. Y esta producción británica incide en ello, los militares británicos, especialmente los de alta graduación, aparecen como unos perfectos y absolutos imbéciles e ineptos. La serie está basada en una novela del mismo título de J. G. Ferrell, un autor del que no he leído nada, y tiene un carácter fundamentalmente satírico. Al fin y al cabo, desde su propio título, juega a la confusión conceptual al comparar una técnica sexual con la situación sociopolítica del Imperio británico en Asia, causada por la tenaza de los capitales occidentales sobre las economías coloniales. Y evidentemente, hay elementos interesantes de crítica anticolonial. Sin embargo, la serie opta por dar más fuerza al trío amoroso entre el idealista heredero de la mitad de una empresa exportadora de caucho que acude a la ciudad asiática al morir su padre (Luke Treadaway), la desaprensiva hija del empresario que posee la otra mitad (Georgia Blizzard) y una joven china (Elizabeth Tan), que huye de los japoneses, y que está mal vista por los británicos, ya que es una joven culta y leída, por lo que probablemente será “comunista”. Pero esta trama romántica tiene graves limitaciones, las interpretaciones no están siempre a la misma altura que otras producciones británicas, y hay otras subtramas en el relato que tienen más miga y que quedan muy superficialmente tratadas. Hasta cierto punto es una serie fallida. Aunque la ambientación y el diseño de producción es de lujo y las chicas salen muy guapas.

Y finalmente, Two weeks to live, una corta serie de seis episodios en HBO de 24 minutos de duración cada uno, protagonizada por la “tronada” Maisie Williams. Interpreta a una joven que ha vivido aislada en los bosques de Escocia, alejada del mundo, con su madre y que de repente sale al mundo convencida de que este se acaba para vengarse de los que mataron a su padre. Es como una versión descabalada de Hanna, puesto que el tono es también satírico o al menos paródico, aunque no falta violencia más o menos gore. Transcurre en buena parte en algún lugar a orillas del mar en el sur de Inglaterra, cuya localización es inconfundible para mí, puesto que es un lugar que visité hace unos años. Ver las fotos acompañantes. Es entretenida. Y tiene algún momento muy divertido. Pero tampoco es la octava maravilla. Realizada a mayor gloria de su protagonista… lo cierto es que los intérpretes que han alcanzado celebridad con los “tronos” lo van a tener complicado para encontrar su lugar en otras producciones. Me supongo. Aunque ya hay alguna excepción por ahí para esta afirmación.