[TV] Cosas de series; «nordic noir» y ¿adaptando a Asimov?

Televisión

Para esta semana traigo dos series que, sinceramente… no sé muy bien si se pueden recomendar o no. Probablemente la respuesta a este dilema es recomendarlas a sectores de espectadores específicos, pero no con carácter general. He de decir que una de ellas me venía generando bastante «ansiedad» desde que supe que se nos venía encima… Pero vayamos por partes, como dijo Jack the Ripper.

Buena parte de la acción de una de las series de hoy transcurre en Copenhague, y en el distrito gubernamental de la capital danesa, así que paisajes urbanos de esos barrios servirán de ilustración de la entrada de hoy. Es que no tengo fotos de Trantor o de Terminus.

Kastanjemanden (el hombre castaña), o como se ha denominado en España, El caso Hartung, es una serie de sólo seis episodios de ese género que se ha dado en llamar el nordic noir. Tiene todos los elementos clásicos. Ambiente frío, policías en conflicto con su vida y con el mundo, un asesino que parece un maniaco pero con una motivación desconocida detrás, y una resolución con sabor agridulce. Y en este caso… un final que resuelve, pero deja abierto a nuevas temporadas. Un mujer madre de familia es asesinada y junto a ella aparece un hombrecito hecho con castañas que contiene una huella dactilar de la hija de una ministra danesa, secuestrada un año antes y dada por muerta por las declaraciones del presunto secuestrador y asesino. Una policía (Danica Curcic) que ha pedido el traslado para poder dedicar más tiempo a su hija y un policía de Europol (Mikkel Boe Følsgaard), temporalmente destinado en Copenhague, tendrán que resolver el misterio. Pero con grandes costes. Para los amantes del género, una cita ineludible. Para quienes no lo sean tanto y no lo conozcan, hay otras que se deberían ver con preferencia, mejores. Para quienes conozcan el género y no les entusiasme… pueden pasar de ella. En Netflix.

Y por fin llegó a Apple TV la esperada/temida adaptación de la obra más conocida y famosa de Isaac Asimov, Foundation. Yo debía de tener 17 o 18 años cuando la leí por primera vez, en la primera traducción al castellano de la obra. Me refiero a los tres libros iniciales. Las secuelas y precuelas escritas en años muy posteriores… las voy a ignorar, porque creo que son superfluas y poco interesantes, y de inferior calidad conceptual y literaria. Aunque no son pocos quienes discrepan de mi opinión. La lectura de esta obra me impactó notablemente y siempre ha condicionado mis gustos dentro de la ciencia ficción. Y si sumamos esta obra literaria con el fenómeno Star Wars que surgió en mi adolescencia, más algunas películas como las odiseas espaciales de Kubrick o de Tarkovski, ambas las pude ver en aquella época en la breve etapa del cine Rialto de Zaragoza como cine de arte y ensayo, determinaron también para siempre mi afición a la space opera, las aventuras espaciales. Pero con algo más. Llevo cuarenta años fiel al género, que me ha deparado muy buenos momentos, pero también unas cuantas decepciones. También leí con el tiempo las nuevas traducciones de la trilogía original de Asimov… que me parece que no aportan nada. Tienen un lenguaje más actual, pero son literariamente inferiores. Y tengo pendiente leerlas en el original en inglés. Quizá me ponga a ello estas navidades.

Muchos han considerado la trilogía de Asimov como inadaptable a un formato audiovisual. Aunque muchos han tenido claro que de hacerse, tendría que ser en forma de serie. Bien una serie de largometrajes o, por la estructura del primero de los libros, una serie televisiva. Y así ha llegado a Apple TV. También estaba la cuestión de en qué medida se podía ser fiel a la historia original. Y qué modernizaciones razonables habría que plantear en la ambientación de una historia que empezó a escribirse en 1942, hace casi ochenta años, y a publicarse en 1951, hace setenta años. Y ya tenemos una propuesta. Una primera temporada que «adapta» dos capítulos, originalmente novelas cortas o relatos relacionados, del primero de los libros. Siempre había supuesto que cada uno de estos relatos del primer libro daban como mucho para un episodio o dos de una posible serie. Pues me quedé muy corto. La serie inventa mucho. Tramas que no existen en absoluto en la obra de Asimov. Y algunas de ellas rompen con la filosofía inicial de la obra, en mi opinión, especialmente aquellas que introducen elementos místicos o religiosos. Asimov imaginó una obra impulsada por propuestas científicas, aunque fueran altamente especulativas. Incluso sus denominaciones no son coherentes con lo que conocemos en la actualidad. Su «psicohistoria» no sería otra cosa que una disciplina de la sociología, una sociometría matemáticamente avanzada y con un asignación de probabilidades a determinados acontecimientos sociales con una precisión extremadamente superior a lo que en la actualidad se puede realizar. Por supuesto, los acontecimientos del individuo serían impredecibles. En aquellos momentos, las teorías del caos actualmente en vigor se habrían desarrollado con posterioridad a la escritura de la serie, y no hay que desdeñar una naturaleza caótica en los procesos causales sociales y las predicciones sobre la evolución de las poblaciones. Así que habría margen para jugar con una modernización de los conceptos de Asimov sin ser infiel a los mismos.

Y luego está la serie como divertimento en sí mismo. Aun considerando que la fidelidad al original es lo suficientemente baja como para considerarla «inspirada» y no «basada» en el mismo, la serie podría ser muy entretenida, divertida, emocionante, interesante, o lo que queráis, para perdonar las infidelidades. El cambio en el sexo de los personajes o en la diversidad étnica de los mismos me parece inconsecuente, no tiene la menor importancia en mi valoración. Que Salvor Hardin sea una mujer de piel negra, en lugar de un hombre cuya piel nunca se describe en el libro, si no recuerdo mal, me resulta indiferente o me parece bien, si la actriz lo hace bien. Pero que se cambie el carácter de Hardin, una persona inteligente que aborrece por sistema el uso de la violencia, y acabe siendo una soldado armada y que se ve envuelta en peleas con frecuencia… pues eso es ser infiel al original. Aunque supongo que han considerado que era más vistoso para los espectadores.

Desgraciadamente, a pesar de la enorme cantidad de medios puesta al servicio de la realización de la serie, las tramas dejan que desear. Y en algunos momentos las acciones presentadas resultan un tanto caricaturescas o ridículas. Es cierto que también tiene algunos momentos inspirados, el germen de una buena serie, fiel o infiel al original da igual, estaba ahí. Pero no acaba de germinar. Y la sensación al terminar el último episodio de la primera temporada es de insatisfacción. Que no mejora con el tiempo. Al contrario… vas viendo las incosecuencias internas de las tramas y lo forzado de las interacciones entre ellas. Seguiré viéndola… pero salvo a gentes como yo, que han bebido del género con avidez a lo largo de su vida, y quieren saber en qué resulta al final, me resulta difícil recomendarla en estos momentos. Es lo que hay.

[TV] Cosas de series; la oscuridad desciende sobre nuestras pantallas

Televisión

No tenía muy claro cómo seguir hoy con mis comentarios televisivos. Seis series, tres de animación, una de cortos conceptuales y tres de ficción de acción real de distintas nacionalidades tenía en cartera. Podría agruparlas de distintas formas de modo coherente, y hacer como de costumbre, empezar por las que vi antes. Pero no estoy de humor para eso. Estoy de un humor oscuro, y oscuridad hay en las series que traigo hoy. Dos de ellas, una coreana de seis episodios que me ha impresionado mucho, y la sudafricana de cortos conceptuales. Ambas dirigidas por directores conocidos y reconocidos. Vamos con ella.

Oats Studio es una antología de cortos conceptuales que han sido agrupados y están siendo emitidos en Netflix. En IMDb no lo encontraréis agrupado como tal serie, y habréis de ir buscando cortometraje por cortometraje. Puesto que están dirigidos principalmente por el sudafricano Neill Blomkamp, y repasar los cortometrajes más recientes de su filmografía, y entre ellos encontraréis los títulos de esta antología. Cortometrajes que van desde los pocos minutos, 6-8 minutos, hasta la media hora. Oats Studio es la productora creada por el director, y el fin de los cortometrajes es explorar ideas que, eventualmente, puedan devenir en largometrajes para la gran pantalla. De ahí el carácter experimental o conceptual de los cortometrajes. Recordemos que Blomkamp sorprendió al mundo con la interesante District 9, en la que se servía de unos pobres alienígenas para denunciar los regímenes de apartheid y los problemas de los refugiados. Después, su filmografía me ha parecido irregular.

De ahí el carácter experimental o conceptual de los mismos. Casi todos los episodios tratan de un futuro o un universos de carácter apocalíptico o postapocalíptico, aunque también tiene cabida el humor negro, o las realidades alternativas a la historia conocida. La fantasía, el terror y, en ocasiones, la ciencia ficción son ingredientes que de una forma u otra forman parte de la receta para estas pequeñas producciones, que por otra parte cuentan con algunos intérpretes destacados como Sigourney Weaver, liderando los rebeldes humanos que resisten a una sistemática invasión alienígena de la Tierra, o Dakota Fanning, como una de los dos únicos supervivientes de un desastre en una base comercial en el Ártico, donde un extraño y monstruoso ser se ha desarrollado. Entre otros. No me importa ver este tipo de antologías. Sabes que te vas a encontrar de todo. Cosas estupendas y cosas que no tanto. Pero si no arriesgas te pierdes lo bueno. Eso sí… tiran a deprimente. Y muchas no tienen resolución, ya que actúan como gérmenes de posibles producciones más amplias que desarrollarían la historia.

Jiok 지옥 (Infierno; en inglés, Hellbound o Rumbo al infierno en castellano) viene también de la mano de un director, Yeon Sang-ho, surcoreano, que ha alcanzado cierta fama y prestigio internacional en los últimos años. Principalmente por su Busanhaeng 부산행 (Tren a Busan), una de las mejores películas de zombis que conozco, y su interesante precuela de animación y su secuela de acción, que en realidad no pasa de entretenida. Y ahora se lanza en Netflix con una serie de terror, de la que nos han presentado sus primeros seis episodios, aunque con un final abierto a una futura segunda temporada. Pertenece a estas series del país asiático que buscan romper moldes respecto a los populares k-dramas y sus tópicos prefabricados, y está más emparentado con el estupendo cine dramático y de terror que saben hacer los surcoreanos.

La presentación de la trama se hace dentro del género fantástico, con grandes dosis de terror, realmente general mucha angustia, no es de sustos, con algún toque de policíaco, al menos en sus primeros tres episodios. En la Tierra comienza a producirse una serie de apariciones de «ángeles terribles» que anuncian a algunas personas que día y a que hora morirán, para ir al infierno. En el día y en la hora prevista, tres monstruos, que tienen algo de Lovecraftianos por su inhumanidad, aparecen, apalean y brutalizan duramente al condenado, para finalmente reducirlo a cenizas y restos calcinados. La inquietud se instala en las gentes, y es aprovechado por algunos grupos para generar grupos religiosos que se apropian de la interpretación de los hechos, creando nuevas religiones que van transformando la sociedad en un cierto tipo de teocracia, o sociedad tutelada por estos grupos religiosos, donde el «condenado» y su familia pasan a ser objeto de vergüenza y humillación. Aunque no faltan las gentes que ven en estos fenómenos un patrón aleatorio y ningún significado religioso, aunque no puedan explicar el origen de este fenómeno. El anuncio de la «condena» a un niño recién nacido que nadie puede considerar un pecador parece darles la razón y generar una tensión entre los grupos implicados.

Dividida en dos partes, los primeros tres episodios nos narran la aparición del fenómeno y el ascenso de los grupos religiosos y su influencia. Los tres últimos nos muestran una sociedad dominada teocráticamente, con un sistema de dogmas y verdades establecidos por los grupos religiosos, contra quienes algunos se revelan. Por lo tanto, bajo el disfraz de serie de terror, encontramos lo que realmente genera más terror, y no es otra cosa que una crítica feroz hacia la forma en que las religiones han adquirido poder, influencia y control sobre las sociedades a lo largo de la historia. Un pequeño grupo de personas, generalmente hombres, que se apropian de la explicación de fenómenos inexplicados por la razón, e imponen sistemas morales arbitrarios, sistemas inquisitoriales y condicionan los modos de comportarse de los ciudadanos. Es una serie que me dejó gran desasosiego por la arbitrariedad y la dureza de la violencia supranatural, pero sobre todo por la arbitrariedad y la dureza de los religiosos que se apropian de la idea de un Dios que nunca se comunica directamente con los seres humanos, si es que siquiera existe. Qué cosas más interesantes están haciendo estos coreanos. Muy recomendable, salvo que te angusties mucho con el terror de verdad. Por cierto, el título original coreano, Infierno, me parece mejor que las variantes en otros idiomas. Porque nos habla del auténtico infierno que se monta en la faz de la Tierra

[TV] Cosas de series; sexo en Inglaterra e ingleses en Grecia

Televisión

Si todo va razonablemente bien, mañana ya tendré operativo mi ordenador de sobremesa en casa. Quizá hoy viernes. No obstante, esta es una de las entradas que he ido redactando y programando a priori a través de mi tableta, con cierta paciencia. Aunque poco a poco voy adquiriendo agilidad al hacerlo. Quizá el principal problema es que mi modelo de tableta es demasiado antiguo para conectarle un teclado por conexión inalámbrica a través del protocolo Bluetooth, o yo no sé hacerlo. Da igual. El caso es que hoy toca, por fin, hablar de televisión. Y traigo dos buenas series británicas. Una en su tercera temporada, la otra al completo.

Stratford-upon-Avon, la ciudad natal del Bardo, en las Midlands inglesas, servirá para ambientar la «inglesidad» de las series de hoy.

Sex Education no baja el listón. Es cierto que la originalidad de la propuesta en su primera temporada, el peculiar consultorio sexológico que el protagonista de la serie (Asa Butterfield) junto con una conflictuada compañera (Emma Mackey) ofrecían a sus compañeros, sorprendió y sacudió a los aficionados a la ficción televisiva por entregas. Pero la serie sigue adelante con una tesis muy clara, concreta y concisa, aunque su desarrollo sea amplio, diversos y multidimensional; los adolescentes tienen sexualidad, la viven con desconcierto y no hay dos iguales. Vamos como [mode irony/] si fuesen personas [/mode irony]. Si el macguffin de la segunda temporada fue la intervención de la sexóloga madre (Gillian Anderson) del protagonista en el instituto. En la tercera es la llegada de una nueva directora (Jemima Kirke), que viene a implantar un conservador sistema basado en la disciplina, en la negación de la diversidad y en las prohibiciones. Con la habilidad de los creadores de la serie de impactar todavía más en el respetable, colocando a una mujer joven en el papel que, para más ironía, se llama Hope (Esperanza en inglés). Por lo demás, sigue siendo una serie muy interesante y disfrutable.

Dicen que el éxito de The Durrells se debe a la mezcla entre la calidad intrínseca de la propuesta y la pandemia de covid-19. También conocida como The Durrells in Corfu, como tantas otras propuestas británicas y de otros países distintos de los Estados Unidos, no encuentra camino en las principales cadenas de televisión o plataformas en internet fuera de su país de origen, y acaba alojada en plataformas menos populares como Filmin, donde la he visto yo, y otras. Pero las suficientes para que mucha gente tenga acceso. Si sumas el aumento del consumo televisivo debido a los confinamientos y a las restricciones al funcionamiento de los espectáculos de masas y otros establecimientos de ocio, más una transmisión boca-oído efectiva, se convierte en una serie mucho más vista y apreciada de lo que hubiera sido en condiciones normales fuera de su país.

Basada en una serie de libros escritos hace ya unas décadas por el naturalista británico Gerald Durrell (el jovencito Milo Parker en la serie), hermano del escritor Lawrence Durrell (intepretado por Josh O’Connor, prince Charles en una celebrada serie de Netflix), nos presenta un versión humorística, casi paródica, de su propia familia en los años en los que tras la muerte del padre, la madre, Louisa (Keelye Hawes en un papel clave y memorable), decide llevarse a todos sus hijos a vivir a la isla griega de Corfú, porque es más barato y hace mejor tiempo que en Bournemouth, Inglaterra. A partir de ahí, durante cuatro temporadas de seis episodios, menos la tercera que tiene ocho, contemplamos un desfile de personajes y situaciones que generan una sinfín de situaciones que oscilan entre lo cómico y los dramático, potencialmente trágico, pero que constituyen un canto a la alegría de vivir, a la tolerancia, a la amistad y a la familia, por atípica que esta sea. Yo la he disfrutado mucho. Y es muy recomendable. Su nivel se mantiene alto durante las cuatro temporadas. Incluso diría que va subiendo poco a poco durante las dos primeras hasta alcanzar una meseta de calidad, hasta llegar a un inevitable melancólico final en las vísperas del desastroso conflicto mundial que de la mano de los fascismos y otros extremismos llevó al mundo, y especialmente a Europa, a un desastre humano colectivo. Entre las biografías reales y la ficción basada en la realidad, necesitamos más propuestas como esta y con esta calidad. Menciones especiales al resto de los hermanos Durrell, Margo (Daisy Waterstone) y Leslie (Callum Woodhouse), así como a los intérpretes griegos Alexis Georgoulis como Spiros, el taxista más que amigo de la familia, y Anna Savva como Lugaretzia, la criada de la familia, que nos ofrece expresiones y momentos inolvidables.

[TV] Cosas de series; calidad coreana más allá de los «calamares»

Televisión

Como ya comenté hace unas semanas, una de los recientes estrenos de Netflix entre los k-dramas, o sea, las series surcoreanas, se ha convertido en un fenómeno mundial, y una de las razones, hay otras, es que tiene una notable calidad, nada que envidiar a producciones de otras latitudes del mundo con más prestigio. Pero no es la única. Hoy voy a comentar tres series, de peor a mejor, siendo una de ellas muy notable y otra, muy sobresaliente. Desde mi punto de vista, con una calidad similar a la de los «calamares». Pero vamos en progresión ascendente.

Uno de los episodios más entretenidos y divertidos de la serie sobre desertores del ejército transcurre en Busán,… así que fotos de esta ciudad.

Algoitjiman [알고있지만, literalmente, ya lo sé pero…], titulada en España Aun así, en inglés Nevertheless (Sin embargo), es un drama romántico entre estudiantes universitarios de una facultad de bellas artes. La protagonista (Han So-hee) acaba de sufrir un ruptura con un novio de más edad, un artista consagrado, está algo quemada. Y entra en contacto con un cínico de las relaciones (Song Kang), un joven atractivo, monógamo secuencial, con un nivel bajo de compromiso con sus novias. Y aun así, comienzan una relación mal definida en su nivel de compromiso por ambas partes. La serie… no es un placer inconfesable como tantos dramas/comedias romanticos coreanos. Es un poco más actual. Se tratan las relaciones con algo más de normalidad que en otros. Incluso se plantea con cierta normalidad, entre los personajes secundarios, una relación homosexual. Y el sexo entre novios o amigos con derecho a roce se asume con más normalidad. Se aleja del conservadurismo en el fondo y en las formas, risible en muchos casos, que plantean estas series del país asiático. A pesar de todo, peca de un exceso de esteticismo y de reflexión, de hacerlo todo bonito, incluso cuando hay conflicto… que resulta un poquito irreal. La chica protagonista es mona y se defiende interpretativamente, aunque sin más. El chico protagonista es un poco limitado, y se limita a poner todo el rato cara de guapo e interesante. Una serie que se sale de lo más habitual entre las series románticas surcoreanas, pero que no termina de convencer. Pero son sólo 12 episodios de 70 minutos y no los 16 episodios de 80-90 minutos que constituyen otras series románticas de este país.

Con esos antecedentes, con cierta reluctancia me asomé a My Name [마이 네임, transcripción en coreano del título en inglés, mai neim, o sea, mi nombre], porque la chica protagonista es la misma que en la anterior, Han So-hee. Su papel es una joven que presencia el asesinato de su padre, presuntamente un mafioso, aunque no sabe por quien, supone que por la policía. Quedando huérfana todavía cuando está en el instituto, pasa a ser protegida del jefe mafioso, se integra en la organización criminal y, con el tiempo, entra en la policía para encontrar al asesino de su padre. Pero las cosas son más complejas de lo que imaginaba, y no todo es lo que parece. El único problema que le he encontrado a esta serie es la inverosimilitud de algunas peleas, en la que una joven de 1,65 de estatura es capaz de derribar a una docena de hombres que le pasan por lo menos 10 cm en estatura y no digamos en corpulencia, a pesar de recibir numerosos golpes. Por lo demás, aunque relativamente previsible, bastante en realidad, es muy entretenida,… y aquí resulta que la actriz protagonista, y en general todo el elenco, muestran un mayor nivel interpretativo. Lejos de entrar en la categoría de placer inconfesable como tantas series surcoreanas, casi me atrevería a decir que es relativamente recomendable si te interesa el género.

Y así llegamos a D.P., acrónimo de deserter pursuit, persecución de desertores; en castellano se la ha titulado D.P.: el cazadesertores. En Corea del Sur, como consecuencia de las tensiones constantes con sus vecinos del norte, hay un servicio militar obligatorio, muy duro, que obliga a todos los jóvenes varones. Sin tener reconocido el derecho a la objeción de conciencia, por lo que hay presos de conciencia en el país asiático. No olvidemos que nunca se firmó un tratado de paz después de la guerra de Corea, sólo un acuerdo de armisticio que se mantiene en nuestros días, 68 años después del final de las hostilidades. Esta serie está basada en un webtoon, género muy popular en ese país, más que en cualquier otro del mundo, y que está sirviendo de material para series televisivas, lo mismo que el manga en Japón. Nos cuenta la historia de un soldado de conscripción obligatoria (Jung Hae-in), muy disciplinado, que no busca meterse en problemas, y quizá por ello acaba siendo destinado a la policía militar. Y junto con un compañero, a buscar y detener desertores de su área de responsabilidad. Desde este punto de vista, la podemos considerar una serie de acción, pero donde nadie tiene habilidades especialidad de lucha, donde todo tiende a ser más chapucero, más realista. Y por otro lado está el verdadero objetivo de la serie, que no es otro que un crítica feroz al sistema de conscripción militar, a la corrupción sea pequeña o grande dentro de las escalas y los rangos del ejército, del problema de las novatadas y de abusos sobre los más débiles, de todos los problemas, vamos, que se han asociado de siempre a estos sistemas de organización de un ejército. Con el agravante de que la tensión política, obliga a un servicio militar más duro que en otros países. La serie no tiene desperdicio. Es concisa, seis episodios de 50 minutos, aunque se esperan más temporadas, tiene ritmo, excelentes guiones, y magníficas interpretaciones; fenomenal el protagonista, pero no es el único. Más en la tradición del buen cine coreano que de las series de televisión habituales. Excelente y muy recomendable. Desde mi punto de vista, tan buena o mejor que los «calamares», pero con un contenido menos popular y no tan vistoso. Me dejó encantado.

[TV] Cosas de series; un poco de animación oriental, sobre todo Star Wars a la japonesa

Televisión

Que en los últimos tiempos veo menos televisión es una obviedad. Desde mayo estoy en una pelea cotidiana por conseguir eliminar todos los kilos que me sobran, o por lo menos la mayor parte de ellos. Y de momento no voy mal. Pero eso conlleva, además de una dieta rigurosa, procurar dedicar suficientes horas al día a realizar ejercicio cardiosaludable. No es que haya tenido problemas de salud específicos. Es que no quiero tenerlos en el futuro. O al menos, disminuir ampliamente la probabilidad de sufrirlos. En salud, nada es seguro, todo es posible, aunque unas cosas sean más probables que otras. Así que llegados a este punto tenía poco que comentar. Poquito. Habrá que contentarse con algo de animación oriental.

Los santuarios y los barrios antiguos de Ise nos servirán para ilustrar una entrada con una serie que combina las tradiciones niponas con el universo Star Wars.

Desde China llega a través de Netflix Xian wang de richang shenghuo 仙王的日常生活, que se traduciría como La vida diaria del rey de las hadas, aunque oficialmente le han dado el título en español de La vida diaria del rey inmortal. La serie no es gran cosa en su realización y en sus argumentos, que tiran más bien a la comedia adolescente, pero curiosamente de forma global resulta entretenida. Sin más. Es una producción china por parte del mismo estudio que una razonablemente interesante antología de tres historias cortas que ya vimos no hace mucho, en la que se confirma que en China hay interés por copiar las fórmulas de éxito del anime japonés. Con tradiciones propias. En esta ocasión, cogen a una serie de seres del mundo fantástico, mágico o celestial, y los ponen en lo que sería el «Hogwarts» chino. Ya digo, nada especialmente memorable, pero suficientemente entretenido para colar uno de sus episodios de poco más de 20 minutos en ratos muertos hasta que te ves la serie. En dos meses, como me sucedió a mí.

Mucho mucho mucho más interesan es Star Wars: Visions. O quizá debiéramos decir Sutā Wōzu: Bijonzu スター・ウォーズ:ビジョンズ. Pero bueno,… esto último no es más que la forma en que los nipones pronuncian el título en inglés. Después de darle una vuelta al pensamiento, he llegado a la conclusión que esta es la producción del universo Star Wars más interesante y estimulante, junto con The Mandalorian y su Baby Joda, desde The Empire Strikes Back. Es lo que hoy en día se llama una antología, de nueve episodios, de corta duración, creo que se mueven entre los 13 y los 23 minutos, por lo que se ve enseguida, realizados con libertad creativa en estilo y guion por una serie de estudios y directores orientales, en su mayoría japoneses, aunque hay uno español y otro coreano, que trabajan para estudios japoneses. Las historias no tienen porqué adherirse al canon de la franquicia, siendo libres sus creadores de situarlas en el tiempo y entorno de su preferencia. Y lo que han conseguido es una delicia animada, que demuestra claramente que salirse de los caminos mil veces recorridos es mucho más positivo que insistir sobre ellos. De varios de los episodios, a mí me gustaría ver series completas dedicadas a esos personajes y a esas historias. Fenomenal, sobresaliente. Altamente recomendada. No sé a que estáis esperando… Y mandar a tomar viento fresco a las tontadas que dirige sin ninguna originalidad el mamón de J. J. Abrams, que tanto daño han hecho a las historias de nuestro universo de ficción favorito hasta que el propio George Lucas hace 20 años y Abrams recientemente decidieran destrozarlo.

[TV] Cosas de series; mujeres asesinas y mujeres universitarias

Televisión

Para esta semana, tengo dos series con gran protagonismos femenino. Una segunda temporada y una miniserie, realmente mini.

Los estudiantes universitarios de una de las series de hoy, que representaremos con los grupos de jóvenes que se divierten en Copenhague cuando hace bueno como si nunca hubiésemos estado metidos en una pandemia, sólo tienen un papel similar al de los coros de las tragedias griegas, mientras sus protagonistas se ven abocados a la tragedia impulsados por su destino… aunque sea en clave de comedia.

La primera temporada de Why women kill, serie que se puede ver en España en HBO, pero creo que es un producción de otra plataforma o cadena de televisión, fue un hallazgo. Con sus tres historias en paralelo, separadas 20 años en el tiempo, mezclando el humor con posibles crímenes, nos ofrecía una estupenda visión de las relaciones matrimoniales, o simplemente de pareja, cuyos problemas quizá sean más atemporales de lo que creemos. Sólo son las formas las que cambian. Una segunda temporada iba a ser compleja de hacer para mantener el nivel. Pero al mismo tiempo, apetecía mucho. Sobre las dificultades… bueno, han optado por una estructura más convencional. Una única historia contada de forma lineal. Menos arriesgado… pero podría resultar. En esta ocasión, trasladándonos en el tiempo hasta finales de los años 40 del siglo XX, en la que un ama de casa de clase media que cuida de un jardín (Allison Tolman) aspira a entrar en un exclusivo club de esposas de clase alta que tienen jardines, los cuiden o no, y que está liderado por una notable arribista social (Lana Parrilla). Aderezado todo por el hecho de que la convencional ama de casa de clase media está casada con un convencional y anodino veterinario (Nick Frost), con una peculiar forma de ejercer la caridad hacia sus clientas que desafortunadamente adquieren enfermedades graves e incurables. Y además, una pléyade de caracteres alrededor de estos tres, que llevan a un profundo enredo de mentiras, tramas y engaños que no pueden acabar bien para casi nadie,… salvo para el espectador que contempla una historia que mezcla el humor negro, con una crítica relativamente mordaz hacia las convenciones sociales, hacia el matrimonio, nuevamente, y hacia los ascensores en la escala social. No está al mismo nivel que la primera temporada… pero sigue siendo una serie muy divertida y muy recomendable.

The chair es algo totalmente distinto. Una miniserie de seis episodios de 30 minutos, que casi podría verse como una película de 180 minutos, si no fuera por la clara diferenciación en episodios televisivos de la historia. Creada por la actriz Amanda Peet, que cuenta con el apoyo como productores de los responsables (para bien y para mal) de Game of Thrones, cuenta con el apoyo de la consistente y fiable Sandra Oh y de Jay Duplass, junto con otros buenos personajes secundarios para sacar una historia de ambiente universitario. En una prestigiosa universidad de lo que puede ser Nueva Inglaterra, se estrena como directora del departamento de inglés la primera mujer «de color» (Oh) en su historia [De verdad que no alcanzo a imaginar en qué medida una mujer de origen coreano es de «distinto color» que buena parte de las mujeres de origen europeo; creo que los norteamericanos tienen un problema muy serio con lo de los «colores». Pero es que así viene en algunas sinopsis que se pueden leer de la serie]. Un departamento con un claustro lleno de «dinosaurios» que no atraen alumnos (y por lo tanto tampoco dinero), y cuyo profesor estrella (Duplass) está pasando por un mal momento. Por lo que los problemas van a complicar mucho la vida de la nueva directora, que tampoco tiene del todo cubierto el flanco familiar. Una anécdota en la clase de su profesor estrella se traslada a las redes sociales, convirtiéndose en el disparador de una crisis fenomenal para la directora novata. La serie merece mucho la pena por las interpretaciones de su elenco. Pero creo que no acaba de dejar claro el mensaje. Está claro que pone en la picota todos los «ismos» de la sociedad norteamericana, y de la universitaria en particular [sexismos, racismos, xenofobias,…]. Pero no me queda claro si también lo hace con las respuestas que los sectores presuntamente progresistas de la sociedad, global o universitaria, que en un momento dado pueden llevar también a la distopía orwelliana por el camino de las buenas intenciones. Creo que la forma adecuada de mirarla es como un sátira de la sociedad universitaria, en todos sus niveles y sin dejar títere con cabeza. Pero le falta algo de ambición en entrar a saco del todo. Afortunadamente, Sandra Oh está fenomenal, bien acompañada y seguida por el resto del reparto, que hace de ella una serie muy recomendable. En Netflix. Y la subtrama de la hija adoptiva de la protagonista tiene momentos espléndidos.

[TV] Cosas de series; adolescente india egoísta y musical simpático

Televisión

Hoy quería sacar adelante una entrada televisiva, pero no ando con mucho tiempo disponible, así que iré rápido. Con dos series muy diferentes. Una segunda temporada que tenía un interés… relativo… por verla, y una miniserie musical que me había picado la curiosidad.

«Brigadoon», aunque tenía como protagonistas a unos neoyorquinos, transcurría en Escocia, no como Schmiggadoon… que debe estar en algún lugar de Nueva Inglaterra. Y de la costa oriental de Escocia proceden las fotos de hoy.

Never I ever… ha puesto en emisión hace pocos meses su segunda temporada. Recordemos que trata de una joven adolescente de origen indio en algún lugar de California, que perdió a su padre recientemente, y que tiene una gran follón montado en su vida, básicamente porque se mueve más por interés y egoísmo que por otros motivos. Lo que va a poner constantemente en riesgo su relación con sus amigos y con sus posibles intereses amorosos. He de decir un poco lo que ya me pareció en la primera temporada. Con interpretaciones razonablemente aceptables, y algunos momentos entretenidos, este dramedia con episodios de una media hora o así… entretiene,… pero a mí no me entusiasma. Di que para rellenar algunos huecos de las tardes de verano está bien.

Schmiggadoon!… está claro que con ese nombre homenajea uno de los musicales clásicos más simpáticos de la historia del cine, Brigadoon. Con un reparto que procede más de los musicales de Broadway o del Off-Broadway que de la televisión o el cine, afronta en seis simpáticos episodios de corta duración, la ruptura, nuevos escarceos amorosos y… no desvelaré el final… de una pareja de neoyorquinos que se pierden en un pueblo de Nueva Inglaterra fuera del tiempo y el espacio común, anclado en finales del siglo XIX o principios del XX. Como digo, es una serie simpática, que si se prefiere se puede ver de tirón como un largometraje, aunque tampoco tiene muchas pretensiones. Los intérpretes lo hacen bien y son competentes cantantes y bailarines. Y algo diverso, si te gusta el cine musical, es tratar de adivinar en qué musical se inspira cada uno de los números musicales de la serie. Algunos son muy evidentes, otros no tanto. Y ya está, que ya voy tarde.

[TV] Cosas de series; series coreanas al uso o en el extremo de los «guilty pleasures»

Televisión

Llevaba un tiempo sin hablar de teleseries coreanas. Probablemente, como ahora dedico menos tiempo a la televisión, y las series del país asiático pueden tener muchos episodios,… pues cuesta. Pero a lo tonto, en las últimas semanas he acumulado tres series. Vamos con ellas.

En mi viaje a Corea del Sur, no visité el exclusivo de distrito de Gangnam, lugar soñado por los protagonistas del más infumable placer inconfesable de esta semana. Me interesó más el estilo tradicional del Bukchon Hanok.

Black (título original también en coreano, donde lo escriben 블랙) es una serie que lleva ya un tiempo en el catálogo de Netflix, que cuando se estrenó empecé a ver, pero que como es de entre sobrenaturales,… no me arrastró mucho y lo dejé. Pero la he retomado… y me ha entretenido. Con un problema… sus dieciocho episodios son a todas luces excesivos y mucho para lo que realmente ha de contar. Y la cosa va de una chica que ve manchas negras en torno a las personas que van a morir, lo cual lo lleva muy mal, y de un policía que muere y su cuerpo es ocupado por una parca, uno de los seres encargados de llevarse las almas de los que mueren (según la serie, en la mitología grecorromana, las parcas o moiras eran otra cosa). Y juntos, se dedican a resolver una serie de misterios sobre determinadas muertes, todas ellas relacionadas. La trama está muy enmarañada, con muchos falsos finales o resoluciones y eso le pesa al conjunto, que como digo se hace excesivamente largo. Pero la dinámica entre los personajes está bien. Los intérpretes coreanos tienen una calidad muy superior a la de los guiones de las teleseries. Sólo para aficionados a las series surcoreanas.

Nangmandakteo Gimsabu [낭만닥터 김사부, el romántico maestro Kim], titulada internacionalmente Dr. Romantic. Pero no romántico en un sentido de romance amoroso, sino de un tipo, un gran cirujano que después de que le hacen varias putadas en un gran hospital de Seúl, se ha refugiado en un pequeño hospital de provincias para ejercer su profesión con una visión romántica de la profesión, de dedicación a los pacientes, de bienhechor, por encima del dinero y la fama. Y en ese pequeño hospital se reúnen una serie de parias de las profesiones sanitarias para hacer su trabajo, aunque con la amenaza constante del malvado presidente del gran hospital de Seúl, del que es filial el pequeño hospital de provincias. La serie es muy simpática. En algunos aspectos se inspira en una divertida serie japonesa que pude ver hace unos años, aunque es una inspiración muy superficial y que más se nota en la realización y la banda sonora de la serie. Pero por lo demás tiene su propia historia, en la que se incluye algunos romances además de la lucha contra los malos, y las complicadas operaciones en situaciones imposibles. Está en Netflix, pero no en España. Me la encontré buceando en la oferta de la cadena en Suiza durante las vacaciones, y me descargué los episodios para verlos desconectado. Tenía un mes para ello antes de que caducara la descarga y me dio a ver la primera temporada de 20 + 1 episodios (20 episodios para la historia y un epílogo que funciona como precuela). De la segunda vi alguno, pero ya no me dio tiempo a más. No sé si la veré buscándola por ahí… porque parece más de lo mismo pero con otros pupilos para el maestro. Es simpática. Y volvemos a lo mismo. La calidad de los intérpretes supera a la calidad de los guiones. Más recomendable que la anterior,… pero no está en el catálogo de Netflix para España.

Y luego tenemos la segunda temporada de la serie más demencial de lo que he visto en series surcoreanas desde que me suscribí a Netflix. Se trata de Gyeolhonjaksa Ihonjakgok [결혼작사 이혼작곡, que sería algo así como canción de matrimonio y música de divorcio], que internacionalmente se titula Love (ft. marriage & divorce), y que desarrolla una serie de conceptos sobre el papel de la mujer y el hombre en el matrimonio, o sobre las consecuencias de un matrimonio fracasado y un divorcio, que pueden producir fácilmente graves infartos de miocardio, no solo a feministas o fervientes progresistas ideológicamente hablando, sino a cualquier persona en posiciones normalitas tirando a poco comprometidas, pero que viva en el siglo XXI y no en el XIX. Salvo que te lo tomes como una gran parodia disfrazada de producción de lujo… que entonces puedes entrar en la carcajada segura. Y de hecho, en algún episodio de esta segunda temporada de otros dieciséis episodios sólo seis meses después de la primera, las situaciones son claramente cómicas en las relaciones entre los personajes. Pero, ¡madre mía!… las cosas que dicen y oyes. Qué conceptos tan anacrónicos, patriarcales y rancios. Eso sí… todas muy guapas y todos muy apuestos. Puro placer inconfesable, porque sabes que es absolutamente demencial… y a pesar de todo lo ves todo. Tremendo. Para colmo, el episodio final, no tiene sentido, ni pies ni revés… salvo que haya una tercera temporada. Difícil de recomendar, salvo que te vaya la marcha de los guilty pleasures más culpables. Increible… si realmente estos son los conceptos sobre el matrimonio y la familia de los surcoreanos… es como volver atrás en la evolución de civilización un siglo o más. Asumamos que se trata de una parodia. Es el único sentido que le encuentro.

[TV] Cosas de series; entre los misterios del Londres del XIX y las canciones de Zoey

Televisión

Vamos en primer lugar con la serie de época que nos traslada a algún momento del Londres, un Londres alternativo, de fin del siglo XIX. Tras un extraño suceso en la atmósfera de Londres, comienzan a aparecer algunos individuos en la capital británica, en su mayoría mujeres, que tienen extraños poderes o capacidades, y que son acogidas en un antiguo orfanato, donde tienen un hogar seguro. Porque hay individuo, principalmente hombres, con pinta de fascistas, antes de que el término surgiera que las persiguen. Esta es la premisa de iniciación de The Nevers, serie original de HBO, con un temporada de seis episodios que ya se empezó a emitir esta primavera pasada. La iba a ver por aquel entonces, pero coincidió con el estreno de una serie de Netflix, que no me dejó buen sabor de boca, está cancelada, y con la que parecía compartir algunas premisas. Así que la dejé de lado hasta este verano. Lo cierto es que esta serie de Josh Wedon, un creador/guonista/director que las da de cal y de arena, tiene menos parecidos de lo que creía con aquella, se mueve más en el terreno de la «ciencia ficción» que de la fantasía, y es mejor. Desde luego mejor interpretada. Pero tampoco creáis que me ha entusiasmado. Especialmente, porque creo que ha ido de más a menos. No sé todavía si seguiré con ella en un futuro.

Aunque la inaguración oficial es el 2 de septiembre, a partir de hoy se puede visitar la exposición anual de los socios de ASAFONA (Asociación aragonesa de fotógrafos de naturaleza) en la calle Mariano Lagasca 23 de Zaragoza, de 18 a 21 horas de la tarde, hasta el 28 de septiembre. Aporto una foto de la isla de la Palma… que no es ninguna de las que aparecen en esta entrada.

Con la serie que sí he disfrutado es con Zoey’s Extraordinary Playlist, una serie de una cadena generalista norteamericana, que ha sido emitida en España por HBO, y de la que he visto de tirón las dos temporadas de las que consta. Porque oficialmente está cancelada, aunque se espera que sea comprada por otras cadenas y que tenga una continuidad en un futuro. La serie está bien valorada, pero sufrió un bajón de espectadores en su país de origen, Estados Unidos, a mitad de la segunda temporada, que probablemente llevó a la cancelación. La premisa de la serie es la siguiente, Zoey (Jane Levy) es una programadora con prestigio en su empresa y entorno laboral, en el que está teniendo éxito y va ascendiendo. Pero tiene problemas en las relaciones íntimas, su padre, al que está muy unido, tiene una enfermedad neurológica degenerativa que le va a llevar a morir, y se siente insegura en sus relaciones con sus amigos. Durante una exploración médica, una resonancia magnética, a la que se somete por descartar que pueda heredar la enfermedad del padre, se produce un terremoto y, cuando sale de la clínica a adquirido un curioso poder. Las personas le cantan y bailan sus sentimientos, sin que nadie más sea consciente. Lo que permite ayudarlas en sus problemas… aunque los suyos sigan sin ser resueltos.

La serie tiene tres fortalezas. La primera es que los personajes te caen simpáticos, y eso hace que te interesen las cosas que les pasan. La segunda es que los números musicales están bien, son majos; hay intérpretes que cantan y danzan muy bien, además de actuar de forma competente, que tienen carreras en los escenarios también, como Skylar Astin (el amigo y compañero, que puede ser algo más), Alex Newell (la/el vecino/a), John Clarence Stewart (el compañero y posible interés amoroso), Mary Steenburger (la madre, actriz con un oscar en su haber, hace ya muchos años), Peter Gallagher (el padre), Alice Lee (la cuñada, personaje muy descuidado en la primera temporada, menos en la segunda y que podría haber dado mucho juego) y otros. La tercera es que va de buen rollo, de buenos sentimientos, de hacer sentir bien a la gente. Es cierto que en algún momento cae en alguna mojigatería, con el rollo religioso especialmente, pero globalmente funciona y es muy agradable de ver. Por supuesto, con mucha diversidad y corrección política,… que resulta en ocasiones algo cansina. Afortunadamente también tienen algún momento irreverante. Espero que la recupere alguien de entre las cadenas que tengo a mi alcance. Eso sí, centrándose en las tramas interesantes, que en la segunda temporada hay alguna trama banal, como la del vecino australiano.

[TV] Cosas de series; fin de un buena serie y bajón de otra… meh

Televisión

En principio, tenía intención de hablar de las temporadas que he visto recientemente de varias series, tres en concreto. Pero de una de ellas, Zoey’s extraordinary playlist, lo haré cuando termine de ver su segunda temporada, para lo cual, no tardaré mucho. Así que vamos con las terceras temporadas de las otras dos.

Bellos paisajes de montaña, similares a los de una de las series de hoy, que se supone se desarrolla en el interior del norte de California, pero en realidad está rodada en la Columbia Británica, Canadá.

Virgin River, que en español tiene un título bastante cursi, es una serie a la que me apunté cuando ya estuvo disponible su segunda temporada. No me llamó la atención cuando emitieron en Netflix la primera. Alguien dijo de ella que era lo que hubiese sido Northern Exposure si lo hubiera encargado Cosmo TV. Para empezar, es muuuy inferior a aquella maravillosa serie que nos transportaba a la estupenda Cicely. Segundo… lo cierto es que sí… es una marujada propia de ese canal «dedicado» a las mujeres. Pero en sus primeras dos temporadas había cierta mezcla de romance, humor e intrigas, básicas, pero… razonables de algún modo, que hacía que fuera bastante visible, adecuada para momentos de televisión intranscendente, entreteniendo aunque sin entusiasmar. La tercera temporada… bueno… ha perdido el humor, se ha hecho pesada y recursiva en las tramas románticas, no dan para mucho más de lo que ya han mostrado, y las tramas de los mafiosos,… empiezan a resultarme un poco ridículas. Una serie que ha dado un bajón… o no, simplemente ha sido siempre así, y ya me he cansado de un producto que no tiene mucha más chicha que lo que ya he comentado. En duda está que siga viéndola en un futuro. Suponiendo que haya una cuarta temporada, aunque han dejado algún que otro cliffhanger con vistas a un futuro.

Otro cantar es Atypical. Esta serie comenzó pareciéndome razonable y ha terminado pareciéndome estupenda y muy recomendable. Cuatro temporadas de una comedia de situación que trata el mundo de un joven con una personalidad en el espectro del autismo, en el momento en que comienza su transición desde una adolescencia en la que ha estado protegido por su familia al momento en que pasa a la adultez donde debe ir adquiriendo autonomía personal. Con un buen reparto en el que destacan los cuatro miembros de la familia Gardner, Keir Gilchrist, el protagonista, Jennifer Jason Leigh, la madre, Michael Rapaport, el padre y Brigette Lundy-Paine, la hermana, que, especialmente en las primeras temporadas, era una auténtica robaescenas. Pero también un grupito de secundarios que aportan interesantes acentos a la serie y que la enriquecen. Es una serie que trata básicamente de tres temas; la diversidad de los seres humanos, la familia y la amistad. Siendo las relaciones sociales sanas la mejor forma de afrontar las cuestiones derivadas de la diversidad, no negarlas ni homogeneizar «forzosamente» a los diversos… que de una forma u otra somos todos.

Pero estamos en una época en la que por motivos sinceros en unos casos, meramente de lavado de imagen en otros, no hay película o serie que no intente «glorificar la diversidad». El problema es que muchas veces lo hacen de modo muy forzado, mal integrado en el conjunto, o se les ve el plumero sobre el hecho de que es mera propaganda insincera… como en el caso de Disney, por ejemplo. Por ello es de agradecer que esta serie haya sido, si no convincente en sus tramas, muy entretenidas, por lo menos más sincera y auténtica que el promedio de lo que se ve hoy en día. Y es de agradecer. También es una serie que ha tenido otra enorme virtud. Ha sabido cuándo parar y cómo hacerlo, dejando con su última temporada un excelente sabor de boca. Muchas gracias. Sólo he echado algo de menos… más interacciones de Sam con la psicóloga (Amy Okuda)… eran estupendas.

[TV] Cosas de series; los estupendos zombis coreanos

Televisión

Sinceramente, estuve dudando bastante en si tenía que incluir esta producción como un capítulo especial de la serie Kingdom, de la que ya hemos visto dos temporadas en Netflix, o si debería considerarla como una película de estreno, incluirla en un entrada de [Cine], y añadirla a mi base de datos de estrenos. Ambos enfoques eran posibles. Al final, la propia promoción de la cadena de vídeo bajo demanda como un capítulo especial de la serie, me decidió a incluirla en una entrada seriéfila. También porque en IMDb viene incluida como un episodio de la serie, no tiene entrada propia fuera de este concepto. Pero lo mismo podría haber sido.

Kingdom: Ashin of the North [킹덤: 아신전, Kingdeum Ashinjeon] engancha con los minutos finales del último episodio de la segunda temporada de la serie, en los cuales se nos presenta a un nuevo personaje, una mujer que vive en una remota aldea abandonada en el norte del reino de Joseon (Corea), en el límite con lo que hoy es China. Y es una precuela de la serie en la que se nos explica el origen de los monstruos, zombis a los que nunca se les da ese nombre en la serie, claro, afortunadamente, sería un anacronismo estúpido. Esta premisa no me invitaba a ver este largometraje de hora y media, o capítulo especial,… esto de dar explicaciones a cosas que no lo necesitan… Un principio establecido por el maestro Hitchcock, el macguffin que sirve para mover la acción de la ficción es algo intercambiable por otras cosas, es secundario a lo que importa, que es la peripecia de los héroes, y no necesita explicación. Pero el cine y la televisión está lleno de minutos y horas perdidas en las que se ofrecen explicaciones absurdas sobre cuestiones, muchas veces, más absurdas todavía. En Marvel/Disney son especialistas en aburrir de esta forma. Pero las críticas eran tan buenas… que decidí animarme. Afortunadamente.

La historia nos lleva a la frontera del reino de la disnastía Joseon, lo que hoy es la suma de las dos Coreas, con lo que entonces sería una zona de inestabilidad política de teórica adscripción al imperio chino de la dinastía Ming, pero que sufría las embestidas de los nómadas jurchen, que un tiempo después se harían con el poder en China, siendo conocidos como manchús, y dando origen a la última dinastía imperial del gigante asiático, la dinastía Qing. En una aldea encontramos a una niña, Ashin (Kim Si-ah, de niña, Jun Ji-hyun, de adulta), hija de una mujer coreana y de un hombre jurchen, leal al reino de Joseon, y líder de la aldea, que efectúa un descubrimiento curioso en un bosque cercano, sobre una flor con un curioso efecto sobre los animales, incluidos los humanos. Mientras, en medio de los rifirrafes con las incursiones jurchen, a pesar de la lealtad de la aldea, son traicionados por los militares coreanos, y Ashin queda huérfana, sufriendo abusos de todo tipo hasta su edad adulta. En la que ejecutará la venganza que en su cabeza se ha ido conformando, tanto contra los militares coreanos como contra los incursores jurchen. Y que va a desencadenar tremendos dolores de cabezas en los años siguientes.

Lo bueno de la película es que, independiente de que funcione como explicación a los orígenes de los muertos vivientes de la serie, es una fenomenal historia de venganzas, con unos personajes bien definidos y con carisma, y con un guion bastante interesante, que nos mantiene en vilo durante los modestos 92 minutos que dura el episodio especial. Nuevamente, la cuestión zombi, afortunadamente, funciona como un macguffin, o mejor dicho como un complemento al macguffin principal de la película. Que es la venganza de Ashin.

Con las limitaciones técnicas propias de una producción pensada para el medio televisivo, y que quizá no la hacen brillar a la altura que podría, aunque en su conjunto es una producción digna, tenemos unas interpretaciones bastante buenas, especialmente por la protagonista Jun Ji-hyun, también la niña que hace el mismo personaje de jovencita, y que nos entretiene con razonables dosis de inteligencia. Parece demostrado que a pesar del origen afrocaribeño de los zombis, son los coreanos unos de los que mejor saben manejar el concepto, quizá por su buena adaptación a sus propias tradiciones, mitos, religiones y supersticiones. Muy entretenida. Muy recomendable.

[TV] Cosas de series: animación japonesa, entre futuros distópicos/utópicos y el retorno de Godzilla/Gojira

Televisión

En las últimas semanas antes de coger vacaciones, estuve muy activo viendo distintos estrenos de animación japonesa en Netflix. De las cuatro series, sólo una de ellas es una segunda temporada. La dejaré para el final porque, sin duda, es la más destacada en profundidad y calidad.

Eden es animación japonesa producida por una productora americano-taiwanesa. Consta sólo de cuatro episodios, se ve enseguida, y está un poquito más infantilizada de la cuenta. En un futuro indefinido, la Tierra es un desierto en el que se encuentran algunos rincones, oasis, de aspecto paradisíaco y con abundantes manzanas, cuidados por robots. En uno de ellos, dos robots de mantenimiento despiertan de una cápsula de hibernación a una niña, que trasladarán a un refugio de robots independientes, donde la criarán al margen de la sociedad antihumana que han generado los robots. Como he dicho, la trama está muy infantilizada, es muy previsible y es de lo más flojo que se ha podido ver en la plataforma de vídeo bajo demanda en este género. Pero como sólo son cuatro episodios, los vi todos, para ver si se animaba un poco. Regular.

Otakus y cosplayers diversos en Odaiba, Tokio, vendrán de maravilla para ilustrar una entrada como esta.

Shūmatsu no Warukyūre [終末のワルキューレ, algo así como Valkirias del fin del mundo], titulado internacionalmente como Record of Ragnarok, es básicamente una serie de mamporros. Los dioses, los de todas las religiones, aunque parece que Odín es el más importante, han decidido que después de 1000 años de vigilancia, los humanos no son dignos de existir, y van a acabar con ellos. Pero las valkirias invocan el ragnarok, la batalla final entre humanos y dioses, en la que trece dioses se enfrentarán en combates singulares con trece humanos. El bando que gane más combates decidirá el destino de la humanidad. En los doce episodios de esta primera temporada contemplamos tres combates y se deja indicado el cuarto. Como digo, básicamente es una serie donde se están dando bofetadas de carácter apocalíptico constantemente, mientras se cuentan en retrospectiva, de formas muy sui generis las historias de los campeones humanos. A mi me parece un dislate de marca mayor. Pero en su disparatado argumento, hay momentos en los que alucinas y te diviertes mucho. Entre el guilty pleasure y el producto inclasificable pero interesante. Difícil de decir. Por supuesto, han surgido estúpidos grupos religiosos por el mundo que han protestado por la forma en que se presentaban a sus dioses, lo cual, dada la intrascendencia del producto, es un tema mucho más preocupante que la propia calidad de la serie.

Gojira shingyura pointo [ゴジラ S.P <シンギュラポイント>, Godzilla Singular Point], donde Godzilla en general es Gojira en el original, es la enésima vuelta de tuerca al tremendo monstruo reptilesco que viene del mar para destruir Tokio y lo que se le plante por el medio. Es una actualización del rollete, con nuevos orígenes para el monstruito, y con mucha palabrería pseudocientífica. Cada vez que mencionaban al diagonalizador ortogonal, me revolcaba de risa en el sofá. El caso es que es muy entretenida, tiene personajes muy simpáticos y, en su intrascendencia, se ve en un plisplás. Tampoco pasará a la historia del género precisamente. En general, pensado para vender mercaderías.

Y es BEASTARS la serie de animación japonesa en Netflix que en estos momentos está atrayendo las miradas de los aficionados al género. Adaptación de una serie de historietas de éxito, la sociedad de animales antropomorfizados, con las rivalidades y conflictos entre carnívoros y herbívoros, aunque teóricamente dirigida a adolescentes y jóvenes, fundamentalmente masculinos, no duda en tratar temas adultos con seriedad. El peculiar romance a tres bandas entre tres adolescentes, un lobo gris, un ciervo y una coneja enana, no deja de ser una metáfora del conflicto que todo ser humano pasa en su socialización entre sus necesidades primarias y más instintivas (sexo, satisfacción de apetitos, socialización básica e integración social), frente a las cesiones y a las adaptaciones sociales para poder convivir sin que la sociedad sea una selva. Y no deja de tener su mirada crítica a la sociedad. Con una banda sonora potente por parte de una pareja muy joven de moda en el pop japonés, como digo atrae las miradas de los aficionados a la animación japonesa e incluso de algunos más. A mí me parece muy interesante.