[TV] Crónicas de un pueblo a la coreana

Televisión

Antes de pasar durante unos días al modo “sólo fotos”, una entrada televisiva. En las últimas ocasiones en qué comenté alguna serie de ese placer vicioso y culpable en que se han convertido las series orientales, las coreanas en concreto, que emiten en Netflix, ya dije que estaba un tanto cansado del esquema repetitivo de la/os comedias/dramas románticos del país oriental. Todos ellos cortados por el mismo patrón. Así que me dije que me iba a negar a caer en la misma trampa. Por lo menos durante un tiempo. Y parecía que me iba a olvidar de las series coreanas.

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Entorno agrícola, campos y paisajes de montaña, y una pequeña comunidad rural de personajes que bordean el friquismo agrorural.

En estas estábamos cuando me encontré con un artículo que hablaba de lo interesantes que eran. No recuerdo el enlace, lo siento. Pero el caso es que recomendaba algunas que, según decían, se salían de los caminos trillados mencionados en el párrafo anterior. Entre ellas, nos hablaban de un drama familiar, Heaven’s Garden en su título internacional, Cheonsangui Hwawon [천상의 화원-곰배령], que ponían muy bien. Algo que contrasté con otros sitios antes de meterme con esta producción de nada menos que 30 episodios de una hora larga de duración.

El comienzo era relativamente prometedor. Una mujer se refugia con sus dos hijas en casa de su padre en un pequeño pueblo, cuando su marido es ingresado en presión por irregularidades financieras en su negocio. De las dos niñas, una, la mayor, es hija del marido con una relación anterior. Y la mujer lleva extrañada de su padre desde que se casó, puesto que este no aprobó el matrimonio. Se planteaba por lo tanto un drama a múltiples bandas que podía ser interesante. Y así fue durante algunos episodios. Pero luego…

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La serie se convierte progresivamente en una versión coreana de aquellas Crónicas de un pueblo con las que el tardofranquismo intentó adoctrinar a los españoles atados a la única televisión que podía ver. Un lugar cuasi idílico, donde los vecinos tenían algunos problemas, algunos conflictos, pero que el buenismo de los valores tradicionales superaban cualquier problema. Democracia orgánica y verticalidad social. Pues este pueblecito coreano en las montañas que parece que pasa la mayor parte del año nevado, parece regirse por los mismos principios; eso sí, triunfando en la difícil economía de mercado a base de comercializar mermelada de cebolla y bayas coloradas y cebolla liofilizada en polvo (¡?)

Entre medias, el drama familiar, en el que la mujer protagonista arrastra consigo las consecuencias de haber tomado la decisión de divorciarse, y con ello haber roto el matrimonio con un tipo que, lo mires por donde lo mires, es un gilipollas de mucho cuidado. Una lección hasta el último minuto de la serie de cuál es el “papel de la mujer” en el mundo ideal de quien quiera que haya ideado semejante producto carpetovetónico, o su equivalente coreano, en la segunda década del siglo XXI. Como para causar un infarto del disgusto a cualquier persona con una sensibilidad mínimamente feminista o cuando menos defensora de la igualdad de derechos y ante la ley entre las personas de distinto sexo.

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No sé muy bien por qué aguanté hasta el final. Quizá con la esperanza de que en algún momento recuperarían el tino y al final devolverían un poco de modernidad al contenido y las tesis de la serie. Pero no. Esta mantiene el rumbo al pasado y al retroceso social sin desfallecer, al mismo tiempo que se pierde en tonterías argumentales que le dan un final casi berlanguiano, pero si en el tono crítico y mordaz del buen don Luis.

Pensaréis que he aprendido la lección y que he desterrado para siempre o durante una buena temporada las producciones del país oriental. Pero no… que estoy con una producción histórica que puede que me devuelva la confianza en las capacidades televisivas de un país que en el cine para pantalla grande ha demostrado buen hacer. De entrada, la protagonista es una de las de una de las películas más celebrada de los últimos años procedentes de Corea del Sur. Y eso supone un aumento de nivel interpretativo muy considerable.

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[TV] Irremediablemente enganchado al Imperio del Sol Pasivo-Agresivo

Televisión

Las cosas están como están. En los últimos tiempo he disminuido considerablemente la cantidad de televisión que veo. Lo que es lo mismo que decir que veo menos series de televisión. Va a resultar complicado en un futuro próximo ese ritmo de comentar una o dos a la semana. Imposible. No me da tiempo a ver una temporada de entre 10 y 13 episodios en siete días. Con un episodio al día como mucho… imposible.

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Un paseíto fotográfico por Japón, para una entrada sobre un programa nipón.

Pero esta semana apareció, como estaba previsto, la tercera tanda de episodios de Terrace House: Opening New Doors. Ya he comentado en otras ocasiones por qué alguien que, como yo, siempre he sido incapaz de ver o soportar la telerrealidad, de repente me engancho a esta tontada nipona. Básicamente, la capacidad de hacer televisión sobre nada, sobre la vida corriente y moliente, esperando los momentos sublimes en los que el carácter pasivo-agresivo de los japoneses, obligado por sus estrictas costumbres de cortesía y relación social, nos ofrecen destellos de humanidad que, convenientemente sazonados por el panel de comentaristas, causan nuestro disfrute.

No nos engañemos. Los japoneses no son ni mejores ni peores que los españoles o cualquier otra nacionalidad. En el fondo todos somos muy similares, son las formas las que permiten un tipo de programa probablemente impensable en nuestro país, o en la mayor parte del mundo occidental. Donde por lo tanto, la telerrealidad se convierte en algo artificioso, inverosímil y chabacano.

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En una ocasión, alguien me criticó mi calificación de pasivo-agresivo por el comportamiento de los participantes de este programa. Yo creo que lo es. Me explicaré. Como punto de partida podéis ver lo que dice la wikipedia, aunque no puedo asegurar que sea la mejor fuente sobre este tipo de comportamiento, si bien a mí me parece razonable. Si partimos de la base de que es un comportamiento que se fomenta cuando alguien quiere oponer resistencia a un elemento de autoridad en las relaciones interpersonales, tenemos que considerar que el complejo sistema de relaciones de cortesía japonés, con multiplicidad de fórmulas de respeto, con jerarquías, con una idea de base de que nunca ofender, ejerce como elemento de autoridad no unipersonal, pero que domina las relaciones. Por lo tanto, cuando en la convivencia cotidiana se producen en las bonitas casas del programas los inevitables roces, desacuerdos o enfrentamientos, estos no se resuelven habitualmente por la vía de la confrontación directa, del diálogo directo. A veces sí, porque hay una variabilidad en las personalidades de los participantes. Pero muchas no. Las diferencias de edad, de condición social, de carácter nos llevan a esas reacciones de pasividad ante los elementos agresivos que con frecuencia triunfan contra todo pronóstico, siendo el agresivo, el morrudo, el vago el que tiene que salir por piernas.

Es complejo. No soy psicólogo y tal vez no lo estoy explicando bien. Mis disculpas. Aceptaré con humildad cualquier reprimenda de alguien mejor formado en esta materia si me la razona. Pero hay elementos claros sobre esto que son los que dan valor a este programa. Que lo diferencian de las chorradas que mueven masas en las televisiones occidentales y que a mí me dejan absolutamente frío o me producen rechazo. En fin. Es cuestión de verlo. Por otro lado, es un programa de telerrealidad. Que nadie espere más tampoco.

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[TV – Series] The Expanse,… el sistema solar en guerra

Televisión

Justo el día en que la leyes de la mecánica celeste determinan que nuestra Luna va a quedar ensombrecida y ruborizada por la impertinente interposición de la Tierra entre el satélite y el llamado astro rey, Sol, que no es más que una estrella más, vulgar y corriente, de clase espectral G2, como muchas muchas muchísimas que hay en nuestra galaxia y no digamos en el universo, me animo a comentar la temporada tercera de The Expanse. La expansión.

Casi con toda seguridad la mejor space opera, actual de la televisión. No es que haya muchas más. Pero alguna hay, y esta es una producción bastante interesante que ha ido ganando en interés con el tiempo. Y esta temporada, además, ha estado dividida en dos partes, cada una de las cuales ha tenido su dinámica propia y sus logros. El caso es que estoy lo suficiente enganchado a las aventuras de la tripulación de la Rocinante, antigua MRCN Tachi, como para que incluso haya empezado recientemente a leer las novelas de James S. A. Corey, seudónimo conjunto de los escritores norteamericanos Daniel Abraham y Ty Franck, con la primera de la saga, El despertar del Leviatán. Aun me falta bastante para terminarla, pero ya adelanto que es una novela más simpática y entretenida que brillante.

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En el Parc des Deux Rives (parque de las dos orillas) en Estrasburgo hay representado un sistema solar a escala, con los planetas exteriores, más allá del cinturón de asteroides, muy separados unos de otros…

Si la semana pasada hablábamos del miedo de los seres humanos a las inteligencias no humanas, refiriéndonos a la singularidad tecnológica o inteligencia que surge a partir de las creaciones de los propios humanos, en esta ocasión el miedo o el peligro procede de las inteligencias alienígenas. O incluso de la existencia de una vida alienígena que, con inteligencia o sin ella, tal y como la definimos, pueda ser una amenaza para la especie humana. Porque quien te dice que a una especie alienígena hipotética se le puedan aplicar los mismos caracteres que a la psique humana. Vulgar antropomorfismo del que a duras penas nos deshacemos. El caso es que, aunque de momento no hay señales que indiquen que vivamos en un vecindario estelar plagado de vida y civilizaciones alienígenas, el tema ha sido motivo de cierta preocupación desde el siglo XX y hasta nuestros días.

H.G. Wells y su guerra contra los marcianos llevada varias veces al cine y televisión, y que causó el “famoso” pánico de la retransmisión radiofónica de Orson Welles. Toda la neurosis de los avistamientos de platillos volantes tras la Segunda Guerra Mundial, y las teorías conspiranoicas del Área 51 y similares. Las múltiples imaginaciones que la literatura de anticipación ha realizado del primer contacto con una inteligencia alienígena. Alguna de ellas muy pesimista, como la teoría del bosque oscuro que comentaba hace unos meses a propósito de una celebrada trilogía de un escritor chino. El proyecto SETI, para buscar hombrecillos verdes a través del análisis de las señales recibidas por los radiotelescopios. Incluso algún destacado científico ha hecho hincapié en la conveniencia de NO buscar hombrecillos verdes, que podrían tener mala leche… o directamente provocar un choque cultural, en los que siempre sale perdiendo la cultura más atrasada tecnológicamente.

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… y los planetas interiores, entre el Sol y el cinturón de asteroides, muy cerquita unos de otros.

Pero si en la expansión de la humanidad por el Sistema Solar surge el problema del contacto con la vida alienígena, tema que ha cobrado una especial relevancia y trascendencia en la segunda mitad de esta tercera temporada, no deja de reflejar de fondo las miserias de la política y las relaciones sociales humanas. Esa lucha por la hegemonía en el sistema solar entre la potencia antigua, la Tierra representada por las Naciones Unidas, y la potencia emergente, la República Congresual de Marte, con las discriminadas y poco consideradas colonias del cinturón de asteroides y los planetas exteriores como pringaos de la función, no deja de representar situaciones similares en nuestra sociedad actual, cuando sólo una docena de hombres han caminado sobre un astro distinto de la Tierra, la Luna que se eclipsará esta noche, y unas cuantas decenas han estado en órbita alrededor del planeta.

Bueno. Pues muy entretenido oye. Tal es, que me llevé un disgusto cuando oí que Syfy no iba a renovar una cuarta temporada. Muchos esperaron que fuese Netflix que emite con posterioridad la serie por todo el mundo, retomase la producción, que no debe ser de las más baratas de la televisión. Pero no,… ha sido Amazon Studios la que ha recogido el desafío. Pues nada… A por ello.

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Y luego ya cruzas la pasarela y estás en otra galaxia, la Germánica Galaxia.

[TV – Series] Humans,… una vez más

Televisión

Tercera temporada ya para esta adaptación británica de una serie sueca, Äkta Människor, que se quedó en sólo dos temporadas. Lo cierto es que la serie británica coincidió argumentalmente en cierta medida en su primera temporada con la serie sueca, pero a partir de ahí siguen líneas diferenciadas. Aunque ambas series tratan básicamente de lo mismo, el aspecto no es el mismo. Los robots humanoides suecos tenían más aspecto de muñecos que sus homólogos británicos, otorgando un tono distinto a la serie sueca.

En cualquier caso, el tema de ambas series es un clásico; el advenimiento de la singularidad tecnológica, con el añadido de que lo hace en forma de seres con un aspecto casi indistinguible del ser humano. En algún caso se confunde con otros temas. Asimov lo hacía. En sus novelas sobre robots hablaba con frecuencia del síndrome de Frankenstein, a la hora de plantear el rechazo de los seres humanos hacia sus criaturas inteligentes. Pero el monstruo de Frankenstein, o el mito judío del Gólem, trata más bien del ser humano como creador de vida suplantando a un dios creador. Por extensión, este síndrome reflejaría el miedo del ser humano a las consecuencias de la ciencia, un miedo muy propio de eras como el romanticismo o la posmodernidad, que paradójicamente son épocas de gran impulso tecnológico para la humanidad.

Carlos Carreter

Un paseo un sábado cualquiera por los mercadillos de Portobello Road nos convencerá más que nada de la diversidad de la sociedad británica, que algunos quieren negar o revertir… los del Brexit y similares.

Pero con el miedo a la singularidad tecnológica de lo que se trata es del miedo a otras criaturas igualmente inteligentes. La otra variante a este miedo sería la confrontación con una civilización alienígena. Es decir, o nos cagamos de miedo por unos seres inteligentes ajenos a nosotros y nuestro miedo, o a unos seres inteligentes creados por nosotros mismos. Y con ello viene también otra cuestión; la definición de humanidad. Así se plantea en muchas ocasiones, aunque yo estoy en desacuerdo. Un robot, por inteligente que sea y por similar que lo hagamos en su aspecto externo, nunca será un ser humano,… porque no será un individuo de la especie o especies biológicas que tienen las características de humano. El debate es sobre su condición de persona, con sus dimensiones intelectivas, volitivas, creativas o emocionales. Podremos discutir lo que queramos, pero tengo la sensación de que hasta que no nos encontremos de forma efectiva con una de ellas… difícil saber cómo ser ese encuentro.

Carlos Carreter

En cualquier caso, la serie que aquí nos ocupa dio un paso adelante al final de la segunda temporada otorgando la autoconciencia a un número de muy amplio de robots humanoides. Y en su tercera temporada hemos estado contemplando las consecuencias de ese hecho. Tanto las inmediatas, como las que se puede producir a largo plazo. Y lo que se plantea es un escenario de una sociedad confrontacional, la británica. Lo cual no está lejos de las actitudes xenófobas que en esa sociedad se está percibiendo actualmente. La serie plantea que distintos países adoptan distintas posturas, en todos los extremos, de la tolerancia absoluta a la intolerancia extrema. La ciencia ficción suele comportarse como espejo de las realidades humanas. Y como ya he mencionado, esta serie británica se está desarrollando en el Reino Unido del Brexit, de la xenofobia y rechazo a los refugiados y de las renovadas tensiones internas entre británicos étnicamente anglosajones y los que lo son procedentes de las antiguas colonias.

Serie recomendable. Sigue estando muy valorada en general. Y gustará por su buen nivel de producción, argumental, filosófico e interpretativo.

Carlos Carreter

[TV – Series] A vueltas con el Rey Mono

Televisión

La idea de esta entrada surge hace unos días, “por culpa” de un serie coreana. El título original es Hwayugi [화유기], aunque el título internacional es A Korean Odyssey. Un drama romántico más, con la misma estructura argumental que la mayoría de ellos. A saber…

Chico conoce chica o viceversa.

No se caen bien, no congenian, son absolutamente opuestos, como pareja parecen imposible, tienen “insalvables” diferencias de edad, de nivel social o económico… o incluso de estatus en el mundo de lo sobrenatural.

Tras un cortejo laaaaaaaaargo, innecesariamente complicado, descubren que se quieren. Mucho. Incluso puede que se besen. Aunque una sucesión de abrazos estrujadores suele sustituir al tema de los besos.

Un acontecimiento aciago o un antagonista más o menos malicioso amenaza la relación. Incluso la llega a arruinar.

En el episodio final, tras la catástrofe, todo se arregla. A veces de modo incomprensible.

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Templo budista de Bulguksa, de los más antiguos y con más tradición de Corea del Sur; es curioso cómo una religión que no reconocía deidades en su origen, tiene luego un amplio panteón de seres de carácter divino o semidivino. Y muchos de ellos con asociaciones con animales; monos, cerdos, tigres, peces,…

Básicamente, este es el esquema argumental de todos los dramas románticos coreanos que he visto hasta ahora. Las diferencias del que nos ocupa hoy es que parece hecho con más medios que otros, Netflix ha debido poner su dinerico para tener la exclusiva de su difusión fuera de Corea del Sur, y que está basado muy libremente en una de las leyendas más populares del extremo oriente asiático; las aventuras del rey Mono, también conocidas como el Viaje al Oeste.

Vivimos en un mundo que hasta hace poco tiempo ha sido muy eurocéntrico. Son los mitos y leyendas, así como el cuerpo literario de las civilizaciones de la Europa Occidental, desde las obras de Homero hasta la actualidad lo que impregna la cultura no sólo de esta parte del mundo, sino de muchas otras partes del mundo. Sin embargo, mitos, leyendas u obras literarias trascendentes se han dado en civilizaciones de todo el mundo. Y siendo la civilización china una de las más antiguas, poderosas y prolíficas, no podía ser menos, habiendo influido en muchas otras culturas de su área de influencia. Podríamos decir que las aventuras de Sun Wukong, el rey Mono, serían tan conocidas o tan representativas como el Quijote en la Europa Occidental. Y que es un ejemplo del sincretismo religioso asiático al mezclar concepto procedentes tanto del taoísmo teísta, con su multitud de dioses y demonios, como del budismo. Y tanto Lao-Tse como Buda tienen su papel en las aventuras. En ellas, el protagonista, un monje, libera al rey Mono de su confinamiento en una montaña, y en compañía de otras deidades, van en búsqueda de unos textos sagrados, afrontando numerosas aventuras.

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No he tenido oportunidad de leer ninguna traducción del texto original. Que por otra parte es muuuuuuuy largo. Editorial Siruela tiene publicada una traducción de más de 2200 página. Muchos años ha, tuve ocasión de ver lo que el italiano Milo Manara había hecho con el simiesco monarca en formato de historieta. Con abundancia de bellas damas con escasez de ropas, como es costumbre en las obras del conocido fumettista italiano. Y con un rey Mono más caracterizado por su lujuria y habilidades copulatorias que por otras virtudes. Desde luego, no es la versión más fiel a las aventuras mencionadas. Me consta que en oriente se han hecho diversas versiones para cine y televisión de estas aventuras que no he tenido ocasión de ver, y que no prometen mucho. En la actualidad, Netflix tiene en catálogo una serie australiana y neozelandesa, The New Legends of Monkey, con una temporada de 10 episodios de unos 24 minutos. Lo que he visto hasta ahora es de una calidad más bien mediocre.

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En cuanto a la serie que ha motivado este comentario sobre las leyendas orientales… Pues bien, la acción se sitúa en la actualidad. El rey Mono es un guaperas. Y el monje no es un monje, que es una guapa joven que ve espíritus y que es la enésima reencarnación de un humano destinado a salvar el mundo. El argumento… lo que he dicho al principio. Tiene su gracia. Entretiene. Aunque la chica protagonista, muy guapa, es un poco siesa. Pero incluye hasta una zombi muy graciosa en ocasiones. Y es que como decía aquel, “cualquier cosa, con zombis, es mejor”. ¿O era “cualquier cosa, con sables laser, es mejor”? ¿Alguna vez he contado que los coreanos tienen una película de zombis y trenes mucho más divertida que la mayor parte de las cosas que hacen los yanquis? Nota: “divertida” no es lo mismo que “buena”.

Conclusión,… me gustaría ver una producción bien planteada y bien hecha sobre estas leyendas. Lo de la serie coreana, una mera anécdota y una excusa para hablar de ellas.

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[Serie de animación] Cowboy Bebop

Televisión

Disponible en los catálogos de Netflix y Amazon Prime Video, no sé si en alguno más, Cowboy Bebop es una de esas series de animación japonesa que se puede considerar de culto. Según leo en la Wikipedia, su emisión inicial presentó ciertas vicisitudes, interrupciones y otras situaciones, ya que los temas y contenidos, en los que no falta referencias sexuales y, sobre todo, situaciones violentas. Esta es una de esas series que va teóricamente dirigida al sector demográfico llamado young adult (adulto joven), que entiendo se refiere a adolescentes en sus diecimuchos y jóvenes en sus veintipocos. En los artículos de la Wikipedia dedicados a la serie en español y en inglés se dice que está dirigida al público shōjo, es decir, “mujer joven”… y me extraña un poco. Tengo la sensación de que atraerá más al público masculino que al femenino, según las atribuciones clásicas de roles por géneros, con las que en principio no tenemos por qué estar de acuerdo.

Akihabara - Tokio

No sé por qué, pero han sido las fotos del paseo por Akihabara en las que he pensado para ilustrar esta entrada. Este distrito de Tokio es el paraíso de la electrónica de consumo, pero también de las “idols” underground y otros fenómenos particulares de la cultura nipona, que ahora entiendo mejor que cuando visitamos el lugar.

Lo que sí que me parece real, ahora ya hablando por mi propia experiencia y dejando de lado lo que digan los demás, es que me parece una serie con temas muy adultos. Una space opera que participa abundantemente del género negro, así como de eso que se ha dado en llamar el space western. Hay varios ejemplos en la historia de la ficción audiovisual en la que se traslada el espíritu de frontera del oeste americano del siglo XIX a las aventuras espaciales. Por mencionar algunos muy populares, tenemos la serie Firefly, o Han Solo y la cantina de Mos Eisley en Star Wars… Pero hay más. Y en cualquier caso, domina el género negro en la serie. Con personajes de pasado oscuro, mujeres fatales, gángsteres, policías corruptos y bajos fondos diversos.

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Son cuatro/cinco los personajes en los que se centra la serie. Los dos que desde el principio están ahí, Jet, el antiguo policía, y Spike, el antiguo gángster. Luego se unen Faye Valentine, la joven hibernada que vive arriesgadamente descolocada fuera de su época, y la niña Ed/Françoise, de extrema inteligencia y abandonada por su padre. Y el protagonismo que le queráis otorgar al perro, Ein, muy peculiar. En general, la idea es formar el tradicionalmente poco tradicional grupo de marginales que, al mismo tiempo que van afrontando las aventuras que les surgen en el día a día, han de resolver sus asuntos pendientes en arcos argumentales amplios.

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Todo ello en el marco de una humanidad dispersa por el Sistema Solar debido a un cataclismo en el sistema Tierra-Luna que provocó el casi total abandono del planeta natal de la humanidad por sus inciertas condiciones para la supervivencia. En los distintos planetas rocosos y grandes satélites o grandes asteroide se han ido conformando sociedades en los que reconocemos las características de las deshumanizadas urbes humanas contemporáneas. En ellas, los protagonistas y personajes secundarios van dando lugar a reflexiones de carácter principalmente existencialista. Una existencia personal difícil de soportar, difícil de seguir adelante, especialmente si uno no ha conseguido dejar atrás los errores o los infortunios del pasado. Un grupo de protagonistas que viven en grupo, se sostienen los unos a los otros, pero a pesar de todo, fundamentalmente, están solos. En un universo muy grande y muy frío. Muy poco acogedor. Lo único que pueden considerar como hogar es la “Bebop”, la nave espacial que da nombre a la serie. Y que marca también el estilo de la banda sonora de la serie en la que no faltan los temas de jazz.

Para alguien como yo que desde muy jovencito ha ejercido el escepticismo como principio vital, no por elección sino por que se me ha dado que mi cabecica funcione así, esta serie aporta un tono amargo al escepticismo vital general. Algo que me alcanza en los momentos bajos, y especialmente conforme los años y la experiencia te va situando en tu lugar así como a aquellos que te rodean. Personalmente, la he disfrutado mucho. Y la recomiendo vivamente. Eso sí. Nada de vérsela de un atracón. Mejor disfrutarla poco a poco. En varios meses, como he hecho yo.

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[TV] Cosas de series; “sensates” y bennetts

Televisión

Mezclar en una misma entrada la rabiosa posmodernidad elevada al cubo del siglo XXI de los “sensates” de las Wachowski con la casposidad inherente a los muy rurales Bennett de The Ranch parace una ironía. Pero es así como han venido dadas las cosas y es así como las voy a presentar.

The Ranch – Parte 5ª

Es difícil decir por qué “temporada” van las aventuras y desventuras de los Bennett. Hace sólo dos años que los conocimos, pero lo que acabo de ver es, según Netflix, su 5ª parte. En IMDb lo consideran parte de una presunta tercera temporada, ya que cada una de estas viene dividida en dos partes. De ese modo, equivalente “temporada” con los episodios que se emiten cada año. Aproximadamente. En cualquier caso, el rancho de los Bennett, en algún lugar de Colorado, nos llega puntualmente un par de veces al año en tandas de 10 episodios que van de los poco más de 20 minutos a los poco más de 30 minutos.

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Los “sensates” nos han llevado de viaje por todo el mundo. Ya sea Nápoles, en el encabezado, o Reikiavik sobre estas líneas. Bueno,… más bien el aeropuerto de Keflavik. Pero es el aeropuerto internacional de la capital islandesa.

Se ha confirmado la deriva de la serie desde la comedia clara al drama con tonos de comedia aquí y allí. Pero fundamentalmente drama. El drama de un hombre de más de 70 años que siente que su tiempo llega a su fin aunque se agarre a la vida con firmeza. El drama de un estilo de vida condenado a desaparecer, o al menos a transformarse profundamente en contra del deseo de los que lo practica. El drama de las generaciones más jóvenes cuyos valores han cambiado con respecto a las de sus padres y encuentran dificultades para situarse en el mundo. El drama de la despoblación de las zonas rurales, con el cierre de colegios, y la desaparición de los maestros, elementos importantes de civilización. En fin, un sin fin de pequeños dramas salpimentados con toques de humor de una serie bastante más progresista que sus personajes, pero a los que no maltrata, por los que mantiene simpatía, incluso cuando se ríe de sus irracionalidades.

Excelentes trabajos actorales, especialmente por parte de los más maduros, Sam ElliottDebra Winger (que no sale todo lo que nos gustaría) o Kathy Baker, sin que los más jóvenes o los muchos otros secundarios desmerezcan en absoluto.

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También hemos recorrido Berlín,…

Una serie que empecé a ver de modo un poco anecdótico, pero que ahora espero con ganas.

Sense8 – episodio final

La llegada a Netflix de esta vistosa serie al mando de Lana y Lilly Wachowski fue acompañada de una gran fanfarria publicitaria y de elevadas expectaciones de las responsables de la trilogía de Matrix. No fue mi caso, que nunca he comprado el concepto de que la mencionada trilogía fuera para tanto, empezando por el hecho de que esté protagonizada por Kara caRtón, y siguiendo por mi sensación de que es mucho ruido y pocas nueces, estando más vacía de contenido de lo que aparenta. No lo puedo negar, si me hablan del cine de las Wachowski, mi cabeza se va sin remedio a Bound (Lazos ardientes), drama del género negro que firmaron a mitad de los años 90 cuando todavía se llamaban Andy y Larry. Y que descubrieron el elevado voltaje que podían generar la aparente modosita Jennifer Tilly y la más ruda, pero igualmente atractiva, Gina Gershon. Lo que han hecho después… pues va desde catástrofes absolutas hasta esfuerzos sinceros, pero insuficientes, para adaptar obras literarias notables.

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… o las calles y plazas más parisinas,…

¿Donde queda la aventura de los “sensates” en todo esto? Desde mi punto de vista, un poco en medio. Ni es una catástrofe, con algún momento entretenido incluido, ni tiene la profundidad pretendida, resultándome en su conjunto un producto mucho más comercial y superficial de lo que se pretende hacer creer, aunque luego haya funcionado menos bien de lo que muchos de sus aficionados más radicales quieren hacernos creer. Porque su prematura cancelación indica que a Netflix, una producción con unos costes de tal calibre,… no le salían las cuentas. Por lo menos, han tenido el detalle de dejar a los aficionados este largometraje con el presuntuoso latinajo como título de “Amor Vincit Omnia”. La forma más habitual de la frase es omnia vincit amor, pero bueno. El amor puede con todo.

Y es que este título forma parte de la superficialidad que mencionaba. El género de mutantes más o menos superheroicos empieza a estar superpoblado, con múltiples enfoques tanto en cine como en televisión, y empieza a ser poco original. Las típicas tramas de científicos malos malísimos frente a postmodernos que basan su fuerza en el amor y otras “fuerzas” más o menos “espirituales” ya cansan también. Oye tú, que la postmodernidad nos viene ya desde finales de los años 60 y principios de los 70. Y muchos de los mensajes esenciales sobre la libertad personal y el amor libre, frente a poderes fácticos diversos ya los teníamos en el musical Hair (musical en teatros, 1967, película, 1979). Aparte del hecho de que ahora se habla más de las relaciones sexuales diversas y diversificadas, poco más que no se hubiera dicho entonces se aporta. Y más allá de algún revolcón virtual colectivo, determinadas escenas de canciones y bailes, me suena más al Viva la gente (Up with the people) o al anuncio de la cocacola “hilltop” o “the real thing”, de “la chispa de la vida” para el mundo hispanohablante. Respuestas consumista y conservadoras en los años sesenta o setenta a fenómenos contraculturales más profundos, como el movimiento hippie y otros.

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… hemos sentido las amenazas de los malos en Londres, o…

Este episodio final a “gozado” de otras de las virtudes menos positivas de la serie. Excesivamente largo para lo que tiene que contar, muy poco económico de medios, generando escenas o secuencias que no aportan nada a la historia en su conjunto, y que sólo sirven para dar minutos en pantalla al excesivamente numeroso e irregular reparto. Reparto en el que sus mejores componentes carecen de oportunidades de lucirse y elevar el resultado final, mientras que los más flojos chupan cámara sin el menor interés.

Las intenciones de las Wachowski son buenas; así me lo parece a mí. Comparto con ellas la necesidad del respeto y la convivencia franca con la diversidad en todos sus aspectos. Y desde ese punto de vista ningún pero. Pero globalmente me parece un espectáculo excesivo para un planteamiento demasiado superficial; superficialidad que acompaña a demasiadas producciones actuales, y que parece encantar a las generaciones más jóvenes. Una pena. Creo que algo se pierde por el camino.

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… hemos sufrido con las aventuras y desventuras de Bak Sun (Bae Doona), uno de los personajes y actrices más interesantes y desaprovechados de la serie.

[TV] Cosas de series; pecadillos coreanos y razones de trece en trece

Televisión

Inconsecuente que es uno. Si poco antes de irme de vacaciones confesaba mi cansancio con las series orientales, también poco antes de estos días aparecía en Netflix otra serie coreana de la que se me ocurrió ver el primer episodio… y ya los quince restantes. Pero hay más cosas. Que dejo pendientes historias para otra semana.

밥 잘 사주는 예쁜 누나 – Something in the Rain

Para empezar, aclarar lo del título. La grafía en hangul se romanizaría más o menos como “Bap Jal Sajuneun Yeppeun Noona”, cuya traducción vendría a ser algo así como “una hermanita que es buena comprando arroz”, lo cual supongo que han considerado que tiene poco sentido para el público occidental, y de ahí lo de un título totalmente distinto a propósito de la lluvia (rain).

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Ya que he vuelto televisivamente a Corea del Sur, nos daremos fotográficamente un paseo por el Hanok Bukchon de Seul.

Como la mayor parte de las series románticas coreanas, tiene un guion que hace aguas por todos los lados. La cosa parte del hecho de que un mujer de 35 años que trabaja en un empresa, y que es conocida por ser mona pero con poca personalidad, se reencuentra con el hermano pequeño de su mejor amiga. Por “pequeño” queremos decir ventimuchos, calculo a bote pronto. El caso es que se gustan, se lían,… y se conoce que eso es un problema muy gordo en Corea, que hace que se monte un lío enorme, que la mayor parte de las ocasiones nos resulta ridículo. En paralelo, la empresa de la chica tiene una situación de acoso sexual, también tratada de forma ridícula. Lo cual es una lástima, siendo un tema serio. Entonces ¿por qué ver esta serie?

Pues por lo mismo por lo que me ha pasado con otras. Tiene algún o algunos personajes/intérpretes a los que les ves con más migas que a los demás. En este caso es la protagonista, la actriz Son Ye-jin (en oriente, el apellido va delante). Una actriz en su 35 años más o menos, con cierta veteranía, y que no lo hace nada mal aparte de las tontadas que le hace decir. Tiene oficio, carisma y atractivo. Me gustaría ver a esta actriz en una producción de más enjundia y calidad. Muy por encima de su partenaire. Por lo demás, funciona como guilty pleasure entretenido. Y ya está.

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13 reasons why – Temporada 2ª

Esta serie, en su primera temporada, tuvo un considerable éxito, y se habló mucho de ella. Por lo complejos de los temas tratados. El suicidio de una adolescente; el “abuso” sexual que dirían nuestros jueces, es decir, la violación de jóvenes menores de edad; el consumo de sustancias de abuso tóxicas; el papel de los colegios e institutos; el acoso colectivo escolar;… todo lo que queráis. Me gustó. Cuando anunciaron una segunda temporada, por más vueltas que le daba yo al asunto, me parecía que la historia estaba cerrada correctamente. Que no necesitaba más vueltas. Que todo aquel que la viera tenía todos los elementos para realizar las reflexiones oportunas. Y que el cierre proporcionado era satisfactorio. Pero las productoras cinematográficas y televisivas se resisten a “matar” lo que ellos consideran “gallinas de los huevos de oro”. Y le han proporcionado una segunda temporada.

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Entendámonos, desde mi punto de vista, maldita la falta que hacía esta segunda temporada, centrada en torno al juicio hacia el instituto por no adoptar las medidas oportunas, y en los rifirrafes de los escolares intimidándose los unos a los otros. No es una catástrofe pero es prescindible. Y es más, llegado a cierto punto, presionado por aquellos que no gustan de ver ciertos temas en la pantalla, apuntaron a dramas importantes y de actualidad, pero amagaron el tiro, resultando en una resolución que apunta a una tercera temporada, bastante más insatisfactoria que la de la primera temporada. Como decía, no es ninguna catástrofe, pero es perfectamente prescindible.

En estos momentos… no me apetece ver la continuación. Si es que llega a producirse. Si llega,… ya veremos lo que hago.

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[TV] Cosas de series; el diálogo más esperado de los Jennings y Beeman

Televisión

Si algo hemos sabido siempre en los últimos cinco años, y seis temporadas, que hemos disfrutado de The Americans, es que tarde o temprano tendríamos un diálogo, una confrontación, entre los Jennings y su vecino, el agente especial del FBI Stan Beeman (Noah Emmerich). Por suerte o por desgracia, ya se ha producido. Por suerte, porque llegar a ver algo que siempre has deseado tiene su punto de satisfacción, y te puedes plantear otras cosas, dejar atrás unas vidas y adentrarte en otras. Por desgracia, porque significa que ha llegado a su fin una de las mejores series de los últimos años. Una de las mejores series que he visto en mi vida. Quizá no tan afamada como otras, pero de las que merecen una puesto destacado en la historia de la ficción televisiva.

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La Guerra Fría enfrentó durante década a los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN contra la Unión Soviética y los suyos del Pacto de Varsovia. Pues nos iremos a Varsovia y otras bonitas ciudades polacas, porque de Washington DC, donde transcurre la mayor parte de la serie, no tengo fotos.

Alguna vez he dicho que pocas veces he tenido la ocasión de ver un primer episodio, o episodio piloto, como los llaman algunos, que me produjese un enganche inmediato e incondicional a una serie como cuando nos presentaron por primera vez a la pareja de espías soviéticos “durmientes” del KGB en Washington DC, Elizabeth/Nadezhda (Keri Russell) y Philip/Mischa (Matthew Rhys) “Jennings”. Una serie que desde el principio ha tenido un ritmo propio, alejado del desenfreno habitual de la acción de espías, para procurar una visión más profunda y reflexiva sobre los personajes de la serie. Dos agentes que como equipo funcionan como un reloj, pocas veces los vemos fallar, especialmente en las primeras temporadas, pero como pareja matrimonial típica norteamericana con su parejita de vástagos, tienen sus más y sus menos. Iba a decir que como todas las parejas convencionales… pero claro, los “Jennings” son cualquier cosa menos convencionales. Como pareja, como personas, como espías,… como lo que queráis. Y encima, de vecino, un agente de contraespionaje del FBI, que tiene su correspondiente dosis de problemas cotidianos.

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La serie es una historia de espías, por lo tanto de acción, o cierto grado de acción. Pero también es una serie sobre ética. El punto de partida de la ficción occidental es que durante la guerra fría hubo buenos, Estados Unidos y sus aliados, y malos, los Soviéticos y los suyos. Pero claro, este es un punto de vista, que puede no ser compartido por algunas de las personas que vivieron en el “otro lado”. Y quien es un héroe para unos, es un criminal para otros. Sólo la historia decide, a través del juicio de los vencedores, juicio siempre parcial, quienes son “malos” y “peores”. Si me preguntáis a mi, en una guerra no hay buenos y malos. Hay malos y peores. El obvio carácter dictatorial y totalitario del régimen soviético lo hace el más firme candidato a “peores” en esta historia. Pero no porque el otro bando carezca también de candidatos al título. En cualquier caso, esta no es una historia de blanco o negro, sino de una infinita gama de grises. Y lo paradójico, buscado y bien desarrollado, es que los fríos criminales que nos son presentados en el primer episodio de la serie… acaban siendo los “héroes” de la historia. No podemos dejar de empatizar con ellos de alguna forma. Aunque podamos odiar lo que representan. Gran mérito, lo diré una vez más y ya para siempre, del impresionante trabajo actoral de todo el elenco de la serie.

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En cualquier caso, el constante equilibrio entre las tramas de espionaje y las relaciones interpersonales de los protagonistas, a los que se suma en un momento dado la hija de la pareja, Paige (Holly Taylor), un personaje complejo y que su joven actriz, no al mismo nivel que sus compañeros de reparto por experiencia, saca adelante con dignidad. Por el camino quedan otros entre los que destacan una habitualmente consistente Margo Martindale, y la chica de la que nos enamoramos todos, con permiso de la protagonista, Annet Mahendru. Pero estos sólo representan de los muchos y diversos secundarios que han desfilado por la serie como Richard ThomasFrank Langella o el fenomenal personaje que construye Alison Wright.

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Cuando termina una serie, se suelen hacer numerosas referencias al episodio final. Como si este pudiera decantar la balanza entre la bondad y la mediocridad del conjunto. En este caso, quizá el episodio final no ha tenido la espectacularidad que algunos esperaban. En vísperas de su emisión leí algunas cosas sobre las expectativas de algunos. Pero fue tremendamente coherente con el tono melancólico que ha dominado en el conjunto. Esa melancolía derivada de no saber nunca qué está bien o qué está mal por parte de muchos de los personajes de la serie. La confrontación final entre los “Jennings” y el agente Beeman se produce. Con una sensación compleja. Acorde a la ambigüedad moral del conjunto, nunca sabemos qué hay de verdad y de mentira en lo que ahí se dice. Sólo sabemos una cosa, Beeman es el personaje más íntegro de la serie,… incluso cuando no lo es. La serie comienza con la llegada al poder de Ronald Reagan y termina con Gorbachev al frente de la Unión Soviética y en vísperas de lo que nosotros, los espectadores, sabemos que es el final de una era. Pero los personajes no lo saben. Aunque saben que muchas cosas están cambiando en el mundo. Y ellos nunca serán lo nunca han sido.

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[TV] Cosas de series; misterios del pasado y anatomías eternas

Televisión

Después de darle vueltas a una idea, no voy a comentar esta semana las series en el orden en el que he ido acabando de verlas. Tras pensármelo un rato, la semana que viene, si me acuerdo y las cosas van normalmente, dedicaré un “especial” de cosas de series al extremo oriente. Una serie de ideas que han ido pasando por mi cabeza últimamente. Así que hoy vamos con dos series muy diferentes en estilo y en planteamiento, pero occidentales ambas.

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Aunque la serie británica de esta semana se mueva por entornos periféricos y no por el centro de la ciudad, a Londres nos vamos fotográficamente para acompañar a las series de esta semana.

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En principio, parece que tenemos una miniserie. Un producto limitado. Una trama de misterio desarrollada en ocho capítulos, firmada por el autor de novelas del mismo género Harlan Coben. No recuerdo haber leído nada de este señor.

Pero lo más interesante a priori de esta serie que se ha desarrollado para Netflix, era la presencia en el papel protagonista de Michael C. Hall, que tan buen sabor de boca nos había dejado en otras series, especialmente como especialista forense en salpicaduras de sangre y asesino en serie, simultáneamente. Aunque no sólo. Hall también aparece como productor ejecutivo de la serie, por lo que en principio había que asumir que esta se rodó a mayor gloria del actor.

Mi primera sorpresa es que, salvo el protagonista, todos hablaban con acento inglés. Sí, veo las series en versión original y distinto los acentos. Lo cual es en ocasiones importante. Y efectivamente, la acción transcurre en una urbanización de una población en la periferia del Gran Londres, donde todo es muy seguro y protegido. Especialmente, tras un incendio que sucedió en el colegio décadas atrás y se pusieron puertas y protección especial. Pero en el espacio de unas horas nos encontraremos con un adolescente muerto ahogado en una piscina de la casa donde se ha organizado una fiesta, y su novia, también adolescente, desaparecida. En paralelo, a una profesora del colegio se le acusa de mantener relaciones sexuales con un alumno. Y todo puede estar relacionado entre sí.

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La serie es irregular. Para empezar,… el protagonista es un poco soso y un poco cargante. Y por su condición de protagonista, deja en segundo plano otras tramas y otros personajes más interesantes. En segundo lugar, aunque no hay grandes nombres, el reparto británico de la serie tiene la solidez habitual de esa nacionalidad y provoca que Hall no destaque tanto en su interpretación. Incluso a veces está flojo. Y encima, la trama es de la que da muchas vueltas sobre sí misma, prolongando durante “días” el misterio sin que realmente se aporte mucho al conjunto. Finalmente, hay una resolución con sorpresa que no está nada mal, pero que hubiera merecido un mejor tratamiento del conjunto para que quedase mejor situado el final.

Se deja ver, pero no entusiasma.

Notas: Amanda Abbington y Audrey Fleurot podrían haber llevado encima el protagonismo de la función con más solidez que Hall, con un enfoque distinto de la trama. Hannah Arterton es una chica muy mona, como su hermana Gemma, pero por algún motivo no tiene la misma presencia y solidez. Y es que no sólo ser guapa o guapo basta… se diga lo que se diga.

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Grey’s Anatomy – 14ª temporada

Quién me iba a decir a mí que después de 14 años iba a seguir viendo el culebrón médico televisivo por excelencia. Más teniendo en cuenta que tuvo sus horas bajas, en las que mil veces estuve a punto de abandonarlo. Pero es mi guilty pleasure por excelencia, y a estas alturas… es ya una costumbre más que otra cosa. La única serie de 24 episodios por temporada que veo en estos momentos.

He de decir que ya he perdido la cuenta y la conciencia de los personajes que van y vienen por la misma. Que ya no sé cuándo sucedió qué, y que hay personajes que regresan y que ni siquiera me acordaba de que hubieran pasado por allí. En fin… supongo que contar de qué va es superfluo, ¿no? Además de totalmente superfluo.

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En fin. Que parece que todavía tiene cuerda para un par de temporadas más, al menos. Su protagonista, Ellen Pompeo, lleva varios años entre las cinco actrices mejor pagadas de la televisión americana. Que es lo mismo que decir de la televisión mundial. Y eso que es una actriz muy mediocre, en el mejor de los casos. Lo cual da una idea de la fortaleza de este producto de la factoría Shondaland. Son casi trescientos episodios de dimes y diretes por los pasillos del ficticio hospital de Seattle. Y parece que nos tendremos que acostumbrar a caras nuevas en un futuro, porque hay varios veteranos que parecen que desaparecen… Por cierto, ¿alguien se acuerda que al personaje que interpreta Jessica Capshaw, Arizona Robbins, le faltan las dos piernas? Porque se desenvuelve como si le hubiesen vuelto a crecer. Cómo corre y qué bien le quedan los vaqueros… ajustados.

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[TV] Cosas de series; entre espías dramáticos y aliens (no tan dramáticos)

Televisión

Sigo con la tónica de las últimas semanas. Una serie seria acompañada de uno de esos estrenos nipones que aparecieron hace unas semanas en Amazon Prime Video. Empezaré con esta última.

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Por la serie japonesa, nos iremos a visitar el País del Sol Naciente. Con una peculiaridad; estoy probando un preajuste para corregir la distorsión de mi ojo de pez, que compré en Kioto, y usé de vez en cuando durante el viaje por Japón.

Businessmen vs Aliens (Uchū no sigoto [宇宙の仕事])

Sinceramente, me parece que el título original, que vendría a traducirse como “trabajo espacial”, está más comprometido con la realidad que ese “businessmen”… La cuestión de esta a ratos delirante comedia de situación japonesa de diez episodios de aproximadamente media hora de duración es que no son “hombres de negocios” sino gente corriente… pero un poco disfuncional. Un cuadro medio de una empresa, bastante oscuro. Un profesor de educación física de educación secundaria. Una señora de mediana edad rockera. Un cantante de rock que no tiene sentido de lo musical. Un estudiante preparando el ingreso a la universidad escasamente cualificado para entender lo que pone en los libros. Una adolescente muy mona, que dice que es limpiabotas, y que constantemente tiene que hacer recados. Todos ellos encargados por el gobierno de su país para detener las posibles amenazas alienígenas en una base en la luna. Porque genéticamente poseen un arma invencible, que sólo se da en unas pocas personas en Japón… Y una ristra de alienígenas invasores con los que hay que negociar, a cual más estrambótico.

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Como otras comedias niponas, el estrafalario punto de partida tiene puntos interesantes. Otra cosa es la ejecución. Que es demasiado irregular. A ratos muy divertida,… a ratos, nada divertida. Demasiado irregular para que sea recomendable. Salvo por curiosos inveterados como yo. Una pena, porque puede llegar a tener un tono de absurdo montepitonesco, que no saben explotar por completo.

Homeland – temporada 7ª

Y aquí tenemos una nueva temporada de esta fenomenal serie de espionaje y política, que no deja de presentar buenas tramas e interesantes caracteres. Ya he comentado varias veces que, desde mi punto de vista, esta serie no sólo supo sobreponerse al desenlace de su primera trama de tres temporadas, en la que pasó de ser universalmente aclamada a muy criticada, sino que con posterioridad nos ha ofrecido una serie de historias muy interesantes, con interpretaciones muy sólidas, que hacen de ella una de las mejores series de acción de la actualidad, con el añadido de propuestas de reflexión sobre la situación política contemporánea.

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Como continuación de la temporada anterior, esta temporada hemos asistido a los problemas de una democracia mucho más débil como régimen de lo que se cree. Porque las democracias son regímenes débiles que necesitan muchos cuidados para seguir adelante, como podemos ver cotidianamente en la prensa. A esto se añade siempre la oportunidad de los guionistas de la serie para incorporar elementos de la realidad para enriquecer las tramas. Lo cual les ha permitido recuperar al enemigo tradicional de los Estados Unidos en el siglo XX, los rusos, como villanos de la acción.

Con episodios brillantes, con fuertes pasos adelante en el desarrollo de las tramas que impiden que el espectador se adormezca en el desarrollo argumental, no queda más que esperar la que será octava y última temporada. Después, echaremos de menos a Carrie Mathison (Claire Danes), aunque si sirve para que descanse un poco de tanto ajetreo… Qué vida más atribulada.

Eso sí, pronto habrá que ver la otra serie de espías que me priva. Esta vez con los rusos (soviéticos) como protagonistas…

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[TV] Cosas de series; desdichas infantiles y amores cursis

Televisión

En primer lugar, comentar que en Amazon Prime Vídeo han añadido recientemente un puñado de series japonesas, que dicen que son de producción propia. Esto nunca se sabe con las series niponas, ya que muchas veces en realidad hacen colaboraciones con la televisiones del País del Sol Naciente, por lo que son producciones propias para el resto del mundo. Hace unos días ya comenté la primera serie de este puñado, la sangrienta serie de vampiros de Sion Sono.

Okochi Sanso - Kioto

Pasearemos por las calles, los bosques de bambú, los templos y los santuarios de Kioto, que son realmente muy monos. Incluso nos tomaremos un té matcha con su pastelito incluido, como la ceremonia manda.

Hoy vamos con otra, con un tono muy distintos. Se trata de Fukuyado Honpo [福家堂本舗] – Kyoto Love Story, y lo del “Kyoto Love Story” suena a coletilla destinada a atraer al público no japonés… para que se hagan una idea de qué va la cosa. Y la cosa va de una señora, propietaria de una pastelería con 450 años de historia, en lo más clásico de la ciudad de Kioto, que quiere ir preparando su sucesión. Y puesto que su hija mayor ha decidido casarse con un tipo, un bancario, y dejar el entorno familiar, le toca a la segunda hija hacerse cargo… y casarse con el “chef pastelero”. Que es el macizo de la serie. Aun hay una tercera hija adolescente.

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Probablemente sea la serie más cursi que he visto en muchos, muchos, muchos, muchos, muchos, muchos años… si es que alguna ver en visto algo más cursi en mi vida. Todos son muy guapos… las chicas realmente son muy guapas, pero eso sí, bajo los criterios nipones de belleza. Que no están mal. Y todo el mundo viste a la primera de cambio todo tipo de kimonos y ropajes tradicionales, y se pasean o discuten en los jardines, o en la miriada de santuarios y templos, y beben el té con las ceremonias consabidas… y puafff… Motivos para verla. Comprobar si era capaz de reconocer los diversos lugares típicos de la ciudad. Peligros… coma diabético. Entre el azucar de los pastelitos y el empalago argumental, los niveles de glucemia suben a niveles extremadamente peligrosos. Ver sólo como curiosidad y con una jeringuilla de insulina rápida a mano. Inverosimil, por lo demás.

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Mientras, me he merendado la segunda temporada de Lemony snicket’s A Series of Unfortunate Events, cuya primera temporada tanto gustó,… por lo menos a mí. Por lo que he leído, a mucha gente. Así que tenía ganas de ver la segunda. Ha seguido el mismo ritmo que la anterior. Cada dos episodios adapta uno de los 13 libros de la serie literaria original escrita por Daniel Handler, que la escribió con el pseudónimo de Lemony Snicket, narrador de los acontecimientos, y de alguna forma un personaje más de la serie. Como esta temporada ha tenido dos episodios más que la primera, en total se han adaptado nueve libros. Quedan cuatro, para una tercera y última temporada, salvo que lo alarguen con historias nuevas. Que no sé por qué, no creo.

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El esquema de la serie sigue el mismo. Los huérfanos Beaudelaire siguen cambiando de tutores, colegios o guardianes mientras siguen acechados por el malvado Conde Olaf (Neil Patrick Harris) que busca quedarse con su fortuna. Aunque finalmente suelen frustrar sus intentos, aunque acaban cayendo de “guatemala a guatepeor”, y en la siguiente etapa de su peregrinar las vuelven a pasar canutas. Mucha gente les intenta ayudar, aunque la mayor parte son unos ineptos. Y hay algunos valientes que se arriesgan más… pero no vamos a contar más de la cuenta. El principio de la temporada dio señales de cierta monotonía en el esquema, aunque progresivamente la serie ha ido engarzando mejor las historias de los libros entre sí, y entrando en un tono más oscuro, que no le ha sentado mal. Sigue siendo una buena serie, especialmente en el aspecto visual, con buenas interpretaciones, aunque corre el riesgo no aguantar bien su prefijado esquema argumental.

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