[TV] Cosas de series; batiburrillo de cosas asiáticas

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Se me han acumulado en pocos días un montón de series y otras producciones televisivas a comentar. Y no sabía muy bien en qué orden y como organizarlas. Antes de seguir tomando otras decisiones, he decidido quitarme de encima esta semana lo que tenía pendiente procedente de Asia. Algunos ya sabréis que tengo la mala costumbre de engancharme a infames series coreanas… pero hay alguna cosa más.

Con una mezcla de producciones rodadas entre Japón y Corea del Sur, aunque una de ellas sea americana, tenía que elegir por poner fotos de uno de los dos países. He optado por algunas vistas en blanco y negro de Osaka en Japón.

Cuando me suscribí a Netflix, una de las primeras cosas que vi, como curiosidad, fue una serie japonesa que se titulaba Shin’ya shokudō [深夜食堂], también conocida como Midnight Diner, hace ya tres años de eso. Una serie simpática, con episodios de corta duración, sobre un pequeño restaurante nocturno, del tipo de los que se pueden encontrar en Omoide Yokocho en Shinjuku. Aunque sin la invasión de turistas. En cada episodio se desvelan los avatares de alguno de los clientes, y aprendemos a preparar el plato que más le gusta. No tiene muchas pretensiones, es buenrollista y ocasionalmente presenta casos de interés humano. Recientemente pusieron en su catálogo la segunda temporada, que sigue en el mismo tono. Y es igualmente razonablemente recomendable.

Durante un buen montón de semanas, a un ritmo de uno o dos episodios cada una, hemos podido ver, procedente de Corea del Sur, Vagabond [배가본드]. Serie de conspiranoias, servicios secretos, guerras industriales, corrupción política, en la que un especialista de cine y profesor de taekwondo (Seung-gi Lee) se alía con una joven y pardilla agente (Suzy Bae) de los servicios de inteligencia para desentrañar el misterio de un accidente de aviación en el que muere el sobrino del especialista. En dieciséis episodios desarrolla una trama innecesariamente compleja y rebuscada, para dejar un final abierto, tan mal planteado, que no ha contentado a nadie. Tiene momentos muy entretenidos por el camino, y los protagonistas, eso sí, son muy guapos. Desde luego, la chica protagonista, que viene del mundo de las idols del K-pop, es una chica muy muy guapa. Y poco más, aunque quizá con el tiempo pueda actuar de forma más convincente.

También durante varias semanas, a un ritmo de dos por semana, procedente del mismo país asiático, hemos podido ver Dongbaek-kkot pil muryeop [ 백꽃 필 무렵], con el título internacional, o sea, en inglés, When the Camellia Blooms. Compleja, y a la vez simplona, comedia romántica que mezcla los amoríos de una madre soltera muy mona (Hyo-Jin Kong) con un policía local no muy inteligente (Ha-Neul Kang), pero muy buena persona, con diversos dramas familiares, y una trama en torno a un asesino en serie. Desarrollada en veinte episodios, no es que le hayan sobrado los cuatro por encima de los dieciséis habituales… es que lo que cuenta se puede contar en un par de horas. Típico guilty pleasure en el que te das cuenta de que se podría haber hecho un producto razonable, que buena parte de los intérpretes tienen capacidades interpretativas muy por encima de lo que se les pide, pero que no da casi nada de sí por las propias autolimitaciones del formato que se autoimponen los coreanos. No especialmente recomendable.

Y finalmente, en Netflix han estrenado el documental de una hora de duración Enter the Anime. Bajo la premisa de que la directora y presentadora del documental, Alex Burunova, quiere profundizar en un género, la animación japonesa, cuyas características diferenciadoras quiere conocer, vamos conociendo a una serie de productores de animadores, directores y productores nipones, que van contando los distintos estilos de la animación del País del Sol Naciente. Podría estar muy bien, y de hecho no está mal; pero al final te quedas con la impresión de que más que nada es un producto de autopromoción de las series de animación de la cadena.

[TV/TV en pantalla grande] Cosas de series; el final del j***do mundo en Downton Abbey

Televisión

Hoy va de series inglesas. Una muy buena y otra que nos dejó momentos interesantes y que hoy se ha convertido en una anécdota.

La serie británica realmente buena es The End of the F***ing World. Si la primera temporada fue una excelente road movie de dos adolescentes (Jessica Barden y Alex Lawther) con problemas, serios problemas, de adaptación a su entorno o a sus familias, que se convertía en una historia de amor, no menos bella por poco convencional, y que nos dejaba un final que no sabíamos si era un drama o una tragedia, en esta segunda temporada, que comienza unos años después de los hechos acontecidos en la primera, poco se ha aclarado en la cabeza de estos chicos. Porque todavía viven el impacto de lo sucedido unos años antes. Porque todavía no saben cómo asumir la separación. Porque no saben qué sienten realmente el uno por el otro. Y encima aparece un tercer personaje, que no conocíamos, pero que también sufrió las consecuencias de aquellos actos (Naomi Ackie). Con sólo ocho episodios de apenas 25 minutos, esta serie casi se puede ver como una película de tres horas de duración. Si tienes ese tiempo, todo seguido. Y sigue contando con las solidísimas interpretaciones de sus protagonistas. A lo que, por raros que parezcan, no puedes dejar de cogerles un inmenso cariño. Y por muy pesimista que sea la visión de la sociedad que nos muestra, no deja de ponerle una vela de esperanza a la calidad individual de los seres humanos. Muy recomendable. No habrá tercera temporada. No tendría sentido.

Pompa y boato para un país, el Reino Unido, que parece no asumir que su papel en el mundo no es el que fue, y se aferra a unas tradiciones que a unos les resultan vistosas y otros casposas, al menos conceptualmente. Mientras les asaltan problemas que no tienen en absoluto el glamour que nos venden desde Downton Abbey.

En otro frente, llevamos ya un par o tres de años hablando de si las producciones de largometrajes de las cadenas de vídeo bajo demanda cuentan como cine. Hay muchos intereses en mantener el modelo de exhibición actual de los largometrajes cinematográficos, al mismo tiempo que las nuevas tecnología provocan nuevos modos, nuevos tiempos. No voy a entrar en el debate, aunque dejaré las cosas claras en lo que se refiere a mi postura. Me gusta más ver una buena película en la pantalla grande, pero entre que se vea y no se vea una buena película, acepto gustoso las nuevas propuestas. Y hoy estamos ante el fenómeno inverso. Y de hecho, de la misma forma que aquellos largometrajes que me parecen cine aunque se estrenen en la pequeña pantalla los incluyo en mis entradas sobre cine, hoy voy a incluir uno que se ha estrenado en pantalla grande en una de mis entradas televisivas.

Porque el largometraje Downton Abbey me ha parecido eso. Un episodio más de la serie. Una especia de especial de navidad pero sin temática navideña. Un producto destinado a contentar a los fans de la serie, en la que se puede disfrutar de toda la pompa y el boato de estas series del caduco sistema nobiliario británico a principios del siglo XX, con visita real incluida. Más allá de narrar la mencionada visita real, este episodio de lujo de la serie no tiene un argumento definido. Es un producto del tipo un momento en el tiempo. La vida venía y la vida seguirá. Hay pequeñas líneas argumentales, algunas de las cuales ni siquiera aguantan las dos horas largas que dura la película. Un terrorista por aquí, un romance que surge por allá, un problema conyugal por otro lado, una herencia que no sabemos donde va a parar por acullá… y los sirvientes de la casa haciendo el papel de bufones de la función más que nunca, mientras que los señores se dedican a ponerse guapos y pasearse por la pantalla con carísimos vestidos sin que pase absolutamente nada trascendente. Eso sí, mucha pompa, mucho boato, con parada y revista a los húsares reales incluida. Lo dicho. Episodio de lujo al servicio de los incondicionales de la serie, que poco más aporta a la misma. ¿Donde quedará el ingenio de episodios tales como el del diplomático turco?

[TV] Cosas de seres; despedida al hombre en el castillo

Televisión

Paso por delante de otras temporadas, de otras series que terminé antes que la cuarta y última temporada de The Man in the High Castle. Creo que la calidad, los temas y la trascendencia de esta serie, incluso si no ha tenido la repercusión que merecía por no ser emitida en una de las plataformas de vídeo bajo demanda más potentes, hace de ella un acontecimiento en la ficción televisiva. O por lo menos así lo he vivido yo. Creo que no tenía esta sensación desde Battlestar Galactica, que también rompió moldes, aunque hasta ahí voy a plantear los paralelismos.

Tokio, Berlín y Nueva York representan a los tres imperios globales que, en un universo u otro, encontramos a lo largo de la serie. Takeshita-dori y la puerta Kaminarimon representan al imperio del Sol Naciente… aunque muy civilizado y más agradable que en su versiones más bélicas y antipáticas.

La serie parte de una idea, de una adaptación parcial o muy libre en su primera temporada de la novela del mismo título, de 1962, de Philip K. Dick. No son pocas las adaptaciones que han sufrido las obras de Dick, un escritor complejo, pero que ha atraído a los guionistas, directores y productores de cine y televisión. Precisamente por su complejidad, por las características de su literatura, las adaptaciones de sus obras son muy libres, respetando unas veces más y otras veces menos el espíritu de las mismas. Y otras conocidas producciones audiovisuales han sido fuertemente influidas por sus obras, de forma reconocida o no. Dick es, por lo tanto, una figura clave, fundamental, en el desarrollo de la anticipación en literatura, en televisión y en el cine entre las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI.

La serie que nos ocupa hoy guarda cierta fidelidad a la novela de Philip K. Dick en su primera temporada, siendo en esos momentos Juliana Crain (Alexa Davalos) la protagonista de la acción, cuando su mundo se derrumba a su alrededor en los ficticios Estados Japoneses del Pacifico, al morir su hermana a manos de la Kenpetai, la policía política japonesa. Esto va a poner en marcha una serie de acontecimientos que pondrán cabeza abajo la ucronía, la historia alternaitiva, en la que nos encontramos en 1962, en unos Estados Unidos desaparecidos y divididos entre la zona oriental perteneciente al reich nazi alemán, los estados del pacífico bajo el dominio del Imperio del Sol Naciente, y una zona neutral central en las rocosas, donde mal vive una pretendida resistencia a la ocupación. Crain es la protagonista absoluta de las dos primeras temporadas, puesto que sus movimientos son los que desencadenan las reacciones de otros personajes con mayor o menor protagonismo e importancia en la serie.

La mansión de Wansee donde se decidió el criminal destino de los judíos de Europa…

Sin embargo, poco a poco, otros personajes van creciendo en importancia conforme la serie avanza y diverge de la novela original. El ministro de comercio Tagomi (Cary-Hiroyuki Tagawa), uno de los personajes que tiene su origen en la novela original, el general John Smith (Rufus Sewell), capitoste de las SS americanas, el coronel Kido (Joel de la Fuente), de la Kenpetai japonesa, Helen Smith (Chelah Horsdal), la esposa de John Smith,… todos ellos acabarán siendo protagonistas fundamentales, especialmente en las temporadas tercera y cuarta, donde llegarán a superar en importancia argumental a Juliana Crain, aunque este personaje siempre tendrá un papel fundamental en el desarrollo de los hechos.

La historia tiene un carácter ético. También político, y supone una reflexión, por su carácter de espejo distorsionado, de nuestra propia historia. Pero ante todo, tiene un carácter ético. Juliana Crain nos representa a nosotros, lectores de la novela o espectadores de la serie televisiva; es la mujer común alejada de los centros del poder, preocupada por lo cotidiano, un poder que, desde luego, no ambiciona. En el resto de los personajes encontraremos versiones racionales, pero más frecuentemente distorsionadas, del honor, de la ambición, de la lealtad a las ideas o a los caudillos, sean el führer, el tennō [天皇] o el jefe de una resistencia, y sobre todo, conforme un personaje de anodino nombre, John Smith, va adquiriendo protagonismo, es una reflexión sobre el poder y la naturaleza del mismo. John Smith es finalmente el personaje clave de la historia, incluso si no aparecía en la novela de Philip K. Dick.

… y el monumento a estos judíos asesinados en Europa, ambos en Berlín, representan al lamentable III Reich alemán.

La serie sufre un cambio de dirección y planteamiento entre el final de la temporada segunda y la tercera. Si las dos primeras eran el camino del héroe, la heroína en este caso, Juliana Crane, siendo el resto de los protagonistas los obstáculos o las ayudas para este recorrido personal, a partir de la tercera es como si en The Lord of the Rings, a partir de un determinado momento Frodo hubiese sido un personaje de apoyo y la novela se hubiese centrado en los pensamientos y acciones de Sauron. Cosa que no hubiese tenido mucho sentido en aquel contexto. Pero sí en el que nos ocupa, puesto que John Smith es un personaje que, lo sabemos desde un principio, está sometido a tensiones interiores que poco a poco vamos conociendo. Y son fundamentalmente dos mujeres, Juliana Crane, y su propia esposa, Helen Smith, las que van a contrastar y poner a prueba estas tensiones. Siendo dos mujeres con dos recorridos muy distintos.

La serie es buena, muy buena, y cuenta con un reparto en estado de gracia. Cualquiera de los mencionados hasta ahora debería haber sido acreedor de ser premiado en alguno de los festivales o entregas de galardones habituales. Independientemente del rumbo que toma su temporada final. Cualquiera que la haya visto se quedará con la impresión de que en la mente de sus creadores, al menos había una temporada más.

Y Nueva York, bien sea en Washington Square, con el Empire State Building al fondo de la Quinta avenida,…

Es la conclusión lógica viendo la evolución de uno de los personajes, John Smith, que acaba siendo el protagonista absoluto de la serie. Pero supongo que la cadena, en un momento dado, le echó el cierre. Y por lo menos lo hizo con tiempo para darle un cierre a la historia, aunque fuera apresurado. No le falta su emoción,… pero también es en los últimos episodios de la cuarta temporada, de la serie, donde esta muestra sus costuras menos resueltas. He de comentar que no estoy hablando nada de la parte más ciencioficcionesca de la historia,… pero es que me parece poco importante, aunque tenga algún impacto en el devenir de algunos personajes, que se podría haber resuelto con facilidad por otras vías. En cualquier caso, hace tiempo que no juzgo el conjunto de la serie por un final más o menos afortunado. Aunque dentro de unos días estableceré una excepción a este principio, de algo que terminé de ver ayer mismo.

Mi conclusión es que la serie es de lo mejor y extraordinariamente recomendable. Probablemente, su emisión en una plataforma menos popular que otras, aunque más asequible, y su contenido intelectualmente más exigente, aunque no carezca de acción y emoción, hayan hecho que sea menos popular. Pero haya vosotros si os la perdéis. Y yo siempre quedaré enamorado de Juliana Crain. Forever.

… o el animado puente de Brooklyn, representan el alma del imperio americano, es que es en nuestro universo, o el que puede ser, distinto, en universos alternativos.

[TV] Cosas de series; amores modernos y familias modernas

Televisión

Sigo con las comedias de situación o, en general, series con una duración de sus episodios contenida a los 30 minutos. Pudiéndose discutir después si se trata de comedias u otra cosa. Y hoy traigo dos series que realmente me parece que están muy bien. Empezaré con una “vieja” conocida.

Como en la serie “Modern Love”, las calles de Nueva York. En concreto, la High Lane y el Chelsea Market.

Atypical es la comedia de situación sobre una familia en la que el hijo mayor tiene una condición encuadrada en el espectro autista, aunque con alto nivel de funcionamiento. Es la tercera temporada la que recientemente puso Netflix en la red. Y como muchas series en las que el protagonista empieza la misma como un adolescente, es fácil mantener la tensión dramática simplemente planteando los distintos retos que a cualquier persona en esta fase de la vida, todavía en crecimiento, se le plantean constantemente. En esta ocasión, el protagonista, Sam (Keir Gilchrist), se enfrenta con el reto de comenzar sus estudios universitarios. Y quien sabe, incluso vivir fuera de casa. Mientras, los padres (Jennifer Jason Leigh y Michael Rapaport), encuentran dificultades para recomponer su maltrecho matrimonio. Y su hermana, que sigue siendo la robaescenas de la serie, Casey (Brigette Lundy-Paine), descubre que su afectividad y su sexualidad no es tan convencional como pensaba, mientras se le plantean otros retos de futuro. Es una buena serie, con personajes con los que es fácil de empatizar, y que deja buen sabor de boca, sin caer en el buenismo simplón. Esperaremos la cuarta.

Y quizá una de las sorpresas más agradables de la temporada ha sido una serie de Amazon Prime Video que también juega con el buen rollo. Así, un poco como las películas románticas de las Navidades, pero sin el empalago de estas fechas. Modern Love está basada en una columna de The New York Times que exploraba los temas de relación sobre la base de los testimonios de los lectores. Cada episodio es independiente de los anteriores y analiza distintos aspectos de las relaciones de pareja o familiares en el mundo contemporáneo. Siempre con tendencia hacia la comedia romántica, aunque no faltan episodios más dramáticos. Los protagonistas son caras muy conocidas, no sólo de la televisión sino también del cine, y muchos de ellos hacen muy buenos papeles. Cada episodio tiene distintos niveles de credibilidad, aunque todos ellos son muy entretenidos. Parece que para la primavera del año que viene tendremos una segunda temporada.

Pues muy bien… porque Amazon Prime Video tiene algunas series muy interesantes, algunas terminadas demasiado pronto. Aunque ahora tengamos ya, y esté enganchado, a la cuarta y última de mi serie favorita. Que ha empezado con algunas ausencias notables y alguna nueva presencia destacada.

[TV] Cosas de series; desinfle mejicano mientras la tercera edad sigue “en forma”

Televisión

He entrado en una etapa en la que la mayor parte de las series que veo son comedias de situación o, en general, series con episodios de corta duración entre los 22 y los 35 minutos. Hoy os voy a comentar dos series que han entrado en sus segundas temporadas con distinta fortuna.

Cuando las relaciones y los amoríos involucran a personas de cierta edad, se suelen denominar romances, dramas o comedias “otoñales”,… pues dediquémosles algunos paisajes realmente otoñales.

Un hallazgo afortunado de hace un año fue la serie mejicana La casa de las flores. Los avatares y devenires de la familia de la Mora fueron una agradable sorpresa en la que se mezclaba el humor, el esperpento, cierto grado de denuncia social, una cuidada presentación visual, un guion ágil y divertido y unas interpretaciones en estado de gracia. Casi supo a poco. Y muchos esperábamos con ganas una segunda temporada. Sin embargo, llegada esta, no me ha sabido lo mismo, ni mucho menos. Con la pérdida de una de sus principales protagonistas, aun siendo un reparto coral, el peso ha caído en gran medida en Paulina (Cecilia Suárez), cuya interpretación del papel, en dosis razonables era un logro, pero en dosis excesivas puede hacerse canina. Por otra parte, la historia quizá no ha dado para mucho más, y lo que había que contar en esta segunda temporada no daba para los diez episodios que ha durado. Además, las tramas paralelas, especialmente la de los “pitufos” me han parecido pobres. Mi opinión es que la serie se ha desinflado bastante sobre las expectativas levantadas, una vez perdido el factor sorpresa y sin haber encontrado un motor para la acción con suficiente garra.

Sin embargo, The Kominsky Method, que llegó casi con un tono anecdótico, esta comedia de situación sobre dos cascarrabias ancianos del mundo del espectáculo, ha ido cogiendo momento, y ha alcanzado momentos estupendos en condición de comedia que puntualmente trata temas serios e incluso dramáticos. Si la anterior se hacía larga, esta se hacía corta. De hecho… da la sensación de que ha sido una temporada inacabada. Que su final no ha sido un cliffhanger sino que la han cortado cuando han llegado al capítulo que tocaba y que la continuidad argumental quedaba suspendida. Muy buenas interpretaciones, mucho ingenio en los diálogos y muchos guiños a la historia del cine y la televisión de sus intérpretes, hacen de ella una serie muy disfrutable.

[TV] Cosas de series; rotoscopias, vikingos y viajes en el tiempo

Televisión

Las dos series que traigo hoy a la palestra tienen en común que, de una forma u otra, parece que la gente viaja en el tiempo. Seguro en un caso, parece en el otro. Pero a partir de ahí, se parecen la una a la otra como un huevo a un Ferrari. Vamos con ellas.

Undone es una serie de animación de Amazon Prime Video. Y tiene de particular en lo técnico que está realizada mediante rotoscopia. Es decir, se filma en forma de acción real, con actores de verdad, en este caso protagonizada por Rosa Salazar, y luego se “calca” en forma de dibujos para el producto final. A mí la animación me gusta. Y me gusta disfrutar de las distintas formas de animación. Aunque tiendo a sentirme como en casa con la animación más tradicional… los dibujos animados, en el sentido más literal. El caso es que la rotoscopia, con esa característica suya de estar a medio camino entre la acción real y la animación, quizá sea mi menos favorita forma de animación. Pero al cabo, lo que importa es lo que se cuenta, ¿o no? Y Alma (Salazar), tras sufrir un grave accidente automovilístico, comprueba que tiene una nueva relación con el tiempo. Y con su padre muerto hace unos años… al que echa de menos, mientras mantiene complejas relaciones con su novio, su madre y su hermana. Que todos llevan también lo suyo. Con la ayuda de su fallecido padre… intentará cambiar el pasado para evitar la muerte del progenitor.

Unas cuantas vistas de Oslo serán apropiadas para ilustrar la entrada de hoy.

Historia compleja, con muchas capas, y que poco a poco va indicando un final que si no es del todo previsible, es intuible. O lógico. No sé si tendrá segunda parte. Conforme pasa el tiempo… creo que no necesita segunda parte. No voy a compararla con cierta película que me viene a la mente porque sería destripar el final… pero uno de los problemas de aquella película es que no saben pararla a tiempo, convirtiéndola de un película muy interesante en una película que odio. En fin. Razonablemente recomendable, con buen trabajo actoral, que conviene ver en versión original.

Beforeigners es… Bueno. Cosas de las casualidades. En cuestión de pocos días, un canal de vídeo bajo demanda estrenaron dos series con una premisa inicial casi idéntica. Aunque luego derivan muchísimo. Una me interesó, la serie noruega que traigo aquí hoy. Y la otra ni siquiera terminé de ver el primer episodio. Creo que está cancelada. Y eso que la estrenaron también en HBO… las dos. Vamos con la serie noruega. Que nos plantea una interesante premisa en seis episodios.

Oslo, la actualidad. De repente, en el fiordo, empiezan a aparecer personas, algunas se ahogan que están viajando en el tiempo. También son noruegos… o gentes que habitaban lo que hoy es Noruega, pero en distintos momentos de la historia. Prehistóricos, vikingos y ciudadanos de la decimonónica Cristianía. Nadie sabe a qué se debe. Pero habrá que integrar a este gente de alguna forma. En realidad, cosas parecidas pasan en todo el mundo. Unos años después del comienzo del fenómeno, una guerrera vikinga empieza a trabajar para la policía de Oslo, y la emparejan con un policía contemporáneo, divorciado, quemado y drogadicto. Y tendrán que resolver una serie de crímenes.

La serie tiene varias dimensiones. Pero básicamente se mueve entre la resolución del caso criminal y la denuncia de las intolerancias hacia el extraño, la enésima metáfora sobre los problemas de las migraciones. Aunque esta, con un poquito más de originalidad. Tiene momentos esta serie; algunos muy buenos. Pero también tiene sus bajones. De todos modos, cuando venga la segunda temporada, si viene, que creo que sí, la veré.

[TV] Cosas de series; diseño, muñecos y coreanos ilustrados

Televisión

Hace ya una semanas que terminé de ver estas series. Muy diversas hoy.

Empezaré por la serie coreana. Después de un cierto sabor de boca agridulce que me dejaron algunas de estas series, que ya he comentado en alguna ocasión funcionan para mí como vicio culpable, comencé a seguir el drama romántico de época Sinipsagwan Gu Haeryeong [ 신입사관 구해령 ] (el título internacional es Rookie Historian Goo Hae-ryung), y que sinceramente, aunque se basa remotamente en la existencia a caballo entre el siglo XVIII y el XIX de algún rey de la dinastía Joseon con cierta tendencia ilustrada, lo cierto es que es casi una obra de fantasía. Sigue las aventuras de Gu Haeryeong (Shin Sekyung), una joven muy independiente en la Corea de principios del siglo XIX, que opta a una plaza de historiadora, en la administración del país.

Las fotos más apropiadas para la entrada de hoy me parecen las que puedo entresacar de mi visita a los palacios reales de Seúl. Claro.

En realidad, su trabajo es más la de una cronista que toma nota y levanta acta de lo que sucede en palacio. Allí conocerá a un príncipe con aficiones intelectuales, Yi Rim (Cha Eunwu), con quien acabará teniendo algo más que amistad, mientras a su alrededor se desenvuelven las tramas e intrigas políticas y se esconden secretos históricos. A caballo entre la comedia romántico y el drama histórico, las situaciones que se plantean resultan relativamente inverosímiles para la época,… pero la serie consigue tres cosas. Es bonita de ver, con una ambientación cuya precisión histórica desconozco, pero es muy agradable. Los personajes resultan simpáticos y el espectador empatiza con ellos. La interpretación está por encima de lo habitual en estas series. La chica protagonista es muy expresiva y cae muy bien. En conjunto,… pues un entretenimiento absolutamente sin pretensiones, que te deja sensación de buen rollo y una sonrisa en los labios. Que no es poco.

Recientemente se estreno y he podido ver la segunda temporada de Abstract: The Art of Design, una serie de documentales que se centran en personas relevantes en el mundo del diseño, en sus más diversos aspectos. Ya me gustó bastante la primera temporada, y esta también me ha parecido muy interesante. A caballo entre el diseño, la cultura y el arte contemporáneo, sirve para desasnarse en estas cuestiones de forma amena. Quizá demasiado autocomplaciente consigo misma y con los diseñadores ya artistas, lo cierto es que sus pretensiones se mueven por el lado amable del asunto, y ya está bien.

Y finalmente, tenemos una serie que había despertado no poca expectación. Hace unas semanas que se estrenó The Dark Crystal: The Age of Resistance, precuela de una película que es muy querida por quienes gustamos del cine de animación, en este caso de muñecos animados. The Dark Crystal, película de 1982 dirigida por el malogrado Jim Henson y por Frank Oz, dos figuras importantes en el mundo de la animación de títeres en el mundo del cine y la televisión, revisad sus cinematografías para entenderlo, ponían de largo el género con una aventura dentro del género de la fantasía oscura, que nos hizo encariñarnos para siempre de los gelflings, versión seria y épica de los televisivos y humorísticos fraggel, que llegarían a continuación. No me digáis que no están emparentados de alguna forma. Pero quedaba una duda. Con los avances tecnológicos que la animación de todo tipo ha sufrido desde 1982 hasta hoy día, ¿queda sitio para los títeres en el mercado audiovisual actual? La respuesta es… si hay una buen historia que contar y maestría en la técnica… por supuesto. Y aunque esta serie empieza tomándose su tiempo, sin apresurar el paso, finalmente construyen su universo, con personajes entrañables y unas aventuras muy entretenidas, en las que mezcla con habilidad la épica, el drama y el humor. Espero la segunda temporada. Aunque conociendo el punto de partida de la película de 1982, el final de la serie no queda más remedio que sea oscuro. Como el cristal.

[TV] Cosas de series; dos novedades interesantes

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Hoy traigo dos novedades interesantes, una que vi antes de irme de vacaciones a Japón, de Amazon Prime Video, y la otra que terminé viendo en ratos muertos durante las vacaciones en el país del Sol Naciente, de Netflix. Las dos son, como digo interesantes, aunque les ha faltado algo para ser completamente punteras o destacadas en el panorama seriéfilo actual.

Londres es la ciudad más presente en las series de esta semana, bien como tal, bien en su alter ego de fantasía, “The Burgue”.

Carnival Row es una nueva apuesta de Amazon Prime Video para intentar que se le considere adecuadamente entre las plataformas de vídeo bajo demanda. Entendámonos. Prime Video tiene algunas series muy muy buenas. Pero quizá por su volumen, más limitado o por otros motivos que se me escapan, no tienen la repercusión mediática y popular que tienen las series de otras cadenas. La serie que comento hoy se mueve en el terreno de la fantasía steampunk. Ambientada en una ciudad que tiene un ambiente del final de la era de la Inglaterra victoriana, nos presenta una sociedad impactada por la llegada masiva de inmigrantes procedentes de los territorios ocupados por una potencia enemiga unos años antes. La cuestión es que esos inmigrantes no son humanos, sino que son miembros de razas que parecen salidas de los cuentos de hadas, de la mitología o de las novelas de fantasía épica. Sí… lo habéis adivinado, es la enésima serie que busca una metáfora para hablar de los problemas actuales de rechazo a inmigrantes, refugiados y demás. Al frente del reparto, muy coral, tenemos a Orlando Bloom y Cara Delevingne. El primero haciendo probablemente el mejor papel que le he visto; la segunda demostrando que tiene capacidad para actuar, que no se da nada de mal maña como actriz. Y es que la calidad del reparto, de predominio británico, es una de sus principales cualidades. Otra es su cuidado diseño de producción, en la ambientación de la ciudad y los personajes. Y el problema viene de que, teniendo ambiciones de serie con recorrido y con fondo, son muchas las tramas que se han ido desarrollando en paralelo, lo que ha dejado de momento una historia y unos guiones un poco dispersos. Aunque al final se han aclarado mucho. Puede llegar a ser una excelente serie… si le dan recorrido y vida.

Criminal es un curioso experimento. Netflix la está vendiendo como cuatro series de tres episodios, España, United Kingdom, Deutschland y France. Y así aparece también en IMDb. Pero para mí es todo la misma serie, con la peculiaridad que está rodada en cuatro idiomas distintos, los de los países mencionados. Pero todos los episodios están cortados por el mismo rasero, y están rodados en idénticos escenarios. Los doce episodios nos cuenta el interrogatorio de un equipo de policías a un presunto criminal. Hay cierta adaptación a las normas jurídicas reales de cada país en materia policíaco-judicial, no es que sea muy distintas, pero algunas diferencias hay, y los casos son independientes unos de otros, aunque dentro de cada uno de los cuatro equipos policiales hay alguna historia de fondo que unifica y proporciona una cronología interna para cada uno de los países. Los cuatro países han contado con buenos elencos de intérpretes, muchas veces más destacados en el lado de los criminales que de los policías, pero de todo hay. Y lo que sí podemos decir es que, aunque los guionistas se lo han currado para plantear situaciones distintas, quizá se pueda tener que estamos viendo constantemente algo demasiado parecido. Yo creo que no, porque cada episodio plantea dilemas éticos, más que policíacos o legales, que ponen la sal y la pimienta a las historias. Globalmente, me ha gustado bastante, aun reconociendo que no todos los episodios están al mismo nivel. Los mejores tríos de episodios, en mi opinión, son los británicos y alemanes, seguidos de los españoles, y finalmente los franceses. Pero sin que ninguno sea malo. Los episodios españoles podrían estar a más altura, pero en algún momento flaquean en tener en algún caso el reparto más flojo. Ya digo que sin dejar de estar a un nivel aceptable o bueno. No sé qué recorrido puede tener la fórmula. De hecho, no sé si habrá una nueva tanda de episodios… pero me gustaría saber qué capacidad de innovación interna tiene el planteamiento.

[TV] Cosas de series; un poco de animación

Televisión

Tengo varias cosas pendientes en materia televisiva desde antes de las vacaciones. Pero hoy no ando con mucho tiempo, así que dejaré las cosas de más calado para más adelante y hoy voy con el comentario de un par de series de animación, una que terminé de ver antes de salir de viaje hacia Japón y otra que terminé durante el viaje.

De todas las series mencionadas aquí, nuevas o pasadas, quizá la que más me guste, aparte de Futurama, sea Samurai Champloo. Por ello, me parece adecuado ilustrar con los tradicionales templos y santuarios del parque de Ueno, en Tokio. Tokio, Edo en aquel tiempo, es el punto de partida de los protagonistas en su camino al oeste…

Netflix está operativo en Japón. Y como sucede de costumbre cuando cambias de país, la oferta que aparece en tu tableta no es la que se corresponde al país donde te has suscrito sino al país en el que te encuentras, que puede variar. Por ejemplo, el programa japonés de telerrealidad Terrace House, en su actual edición de la que os hablé recientemente, allí se emite semana a semana y no poniendo a disposición del público bloques de entre 8 y 12 episodios como en España. Como en España hay disponibles los episodios 1 al 12 de la edición actual, en Japón, donde han ido avanzando, hemos podido ver hasta el 18. Porque evidentemente, cuando llegaba la noche y antes de conciliar el sueño, no podíamos evitar la tentación de, adictivamente, irlos viendo. El episodio 18, que se puso a disposición del público en Japón el 8 de octubre, lo descargamos a las cinco y media de la mañana mientras nos preparábamos para salir del ryokan en dirección al aeropuerto, y lo vimos en el Narita Express en el trayecto entre la estación de Tokyo y la de la terminal internacional del aeropuerto de Narita.

A punto estuve de poder dejarme descargada la segunda temporada de Carole & Tuesday, que recientemente se estrenó en Netflix España y pude ver justo antes de salir hacia Japón. En el país del sol naciente ya está disponible esa segunda temporada. La hubiéramos podido ver allí, si hubiésemos tenido tiempo suficiente, que no fue así, o dejarla descargada para verla desconectados después. En el momento que te conectas desde otro país te la invalida. Pero no lo hicimos,… porque sólo está en versión original en japonés,… con subtítulos en japonés. Y, por cierto, ¿de qué va esta serie? En principio, por sus premisas no es una serie de animación japonesa que me fuese a atraer. Las aventuras de dos adolescentes en Marte, de extracción social muy diferente, para salir adelante en el mundo de la música pop, me parecían más destinadas a otro tipo de público. Salvo que me enteré que el universo en el que transcurre la acción es el mismo que el de Cowboy Bebop, serie que me gustó mucho. Incluso algunos de los responsables de aquella, en concreto Shinichirō Watanabe, participan en la que hoy comento. Y se nota. La serie, aunque ciertamente destinada a un público adolescente, tiene calidad. Sus guiones son buenos y su historia no empalaga ni nada por el estilo. Una buena serie, superior a la media de las que está destinadas en el mundo de la animación a los/las adolescentes. Creo que incluso hay algún personaje común a las dos series… pero no recuerdo cual. Watanabe también está detrás de otras de mis series de animación japonesas favoretas, Samurai Champloo, aunque esta no comparte universo, aunque sí espíritu, con las anteriores.

Y seguimos con la animación, pero en esta ocasión procedente de los Estados Unidos. Se trata de la segunda temporada de (Dis)enchantment, con Matt Groening, ya sabéis, el de The Simpons y Futurama, como productor. Siempre he esperado, y creo que esa era la intención de sus responsables, que esta serie ambientada en una edad media mágica tuviera más que ver con Futurama que con la disfuncional familia de color amarillo. Y así es. Pero he de reconocer que la primera temporada me dejó un poco frío. Los elementos necesarios estaban ahí, pero por algún motivo no acababa de entusiasmar. Quizá porque para mí, Futurama es mucho Futurama. Pero en esta segunda temporada, las aventuras de la princesa Teabeanie, Elfo y Luci me han enganchado mucho más. No al nivel de sus referente mencionados, pero la verdad es que te permiten pasar un rato muy entretenido, con una animación adulta e inteligente. Que vengan más temporadas.

[TV] Cosas de series asiáticas; sobre el reflejo que ofrecen de las sociedades orientales

Televisión

Ya sabréis quienes sigáis estas páginas, que uno de mis vicios televisivos, de mis placeres culpables, es engancharme con cierta frecuencia a alguna serie procedente del Asia oriental, principalmente Corea del sur o Japón. Y no necesariamente son buenas series. De hecho, es más frecuente encontrar series muy defectuosas que genialidades. Que también hay alguna…

Seul es el escenario principal de la mayor parte de las teleseries surcoreanas. Cuando visité la capital coreana, tuve ocasión de comprar una cámara, una Leica Minilux, para pelicula fotográfica tradicional, que empecé a probar allí antes de ir al aeropuerto para el regreso. Sólo pude hacer ocho fotos… porque la noche se echó encima. Pero…

La semana pasada estuve unos días en modo reality. En Netflix nos ofrecieron los 12 primeros episodios de la nueva edición de Terrace House, que viene bajo el subtítulo de Tokyo 2019-2020. Como siempre, seis extraños, tres hombres y tres mujeres, jóvenes, guapos, que se dedican a cosas a priori atractivas (luego a veces es verdad, a veces no) conviven en una casa de ensueño mientras siguen haciendo su vida. El alto nivel de cortesía y de guardar las formas del país nipón hace que la forma de afrontar los conflictos sea muy distinta a lo que sucede en entornos más familiares. Las actitudes pasivo-agresivas son más frecuentes. Y lo que suele empezar con un tono “aquí no pasa nada”, acaba sorprendiendo al espectador que puede acabar enganchado. La nueva edición es más de lo mismo, con el grupo de comentaristas fijo más inspirados que de costumbre, y con la novedad de que hemos observado alguna enganchada entre dos participantes femeninas en el que se han olvidado del “pasivo” del pasivo-agresivo. Se han dicho de todo menos “bonita”. Episodio más largos, antes eran 30 minutos con alguno más largo, ahora todos rondan los 45 minutos como poco. Y esperando a las olimpiadas de Tokyo 2020, en la que esta edición del programa seguirá en activo.

Me han llamado la atención dos series coreanas que muestran diversas cuestiones que afectan a esta sociedad. Aunque Corea del sur me parece un país atractivo, y disfruté mucho con su visita, lo cierto es que excesivamente conservador, hasta un punto excesivo. En la nefasta Color of Woman (a veces The color of a woman), nefasta en cuanto a guiones y en cuanto a interpretación, los interpretes principales, masculinos y femeninos son horribles, y a pesar de todo uno se puede enganchar por mala que sea, se da una particular visión del mundo laboral y de la incorporación de la mujer al mundo laboral, con la doble versión de mujer inteligente menos atractiva y aspirante a desarrollar una carrera que es menos apreciada que la guapa secretaria sin más aspiraciones que pillar un buen marido y dedicarse a cuidar de la casa y los hijos.

Pero aun me ha dejado más impresionado otra que no he terminado de ver. Es posible que lo haga, pero a mi ritmo. No la comentaré más cuando termine. No es necesario. En Love & Marriage (también conocida como The Greatest Marriage), una serie de 2014, relativamente reciente, encontramos que una famosa presentadora de noticias en televisión, tras una serie de avatares en su relación con un periodista culinario de buena familia, queda embarazada y decide no casarse y ser madre soltera. Evidentemente, la serie tiene la intención de “educar” a la población para evitar la discriminación que estas mujeres sufren en un país tan conservador como es el surcoreano. Me he estado informando y parece que es terrible. Pero quiero pensar que las situaciones que plantean en la serie están muy exageradas, porque si se dan en la realidad, la impresión que te da es que los coreanos, hombres y mujeres, son unos trogloditas de mucho cuidado. Tremendo. Unos guiones muy flojos para unos intérpretes que creo que son capaces de más. Al contrario que la serie anterior que eran esencialmente malos.

Finalmente, en Love Alarm, se modernizan bastante. Encontramos un grupo de jóvenes, que se conocen en el instituto y se sigue su devenir hasta sus veintipocos, en un mundo en el que alguien ha desarrollado una aplicación para el teléfono móvil que te avisa si alguna persona en un radio de 10 metros está enamorado de tí. En una de las pocas series coreanas realmente originales de Netflix, la primera que encargaron (muchas “netflix originals” coreanas son realmente coproducciones o cesión de derechos de distribución internacional exclusivos), aunque no la primera que emitieron, juegan a introducirse en temas propios de Black Mirror, pero acompañado del tradicional triángulo amoroso que suele ser propio de los dramas/comedias románticos del país asiático. Está, en producción e interpretación, claramente por encima de las anteriores. La chica protagonista, aunque le falta para madurar como actriz, tiene encanto y es un acierto de reparto. Y frente a la temporada única de 16 – 20 episodios de una hora de duración de la mayor parte de las series coreanas, que en su país se convierte en 32 – 40 episodios de media hora, porque la norma establece que no las pueden interrumpir con publicidad, esta ha sido una primera temporada de 8 episodios de 40 minutos, que termina en un notable cliffhanger. Veremos como continúa este intento de producir de forma más similar a como lo hace en el resto del mundo.

Hay un par de series asiáticas más por ahí que llevo a medias, pero esas sí quiero que terminen antes de hablar de ellas, porque no son “placeres culpables”. Realmente creo que está relativamente bien.

[TV] Cosas de series; muertos y muertas en vida, adios a Liv Moore

Televisión

Dos series comento esta semana. Una miniserie en HBO (que no es lo mismo que “de HBO”) y las temporadas finales de una serie que siempre me resultó simpática y que… ya veremos.

En HBO se puede ver Lambs of God, una miniserie australiana de sólo cuatro episodios de aproximadamente una hora de duración cada uno. El planteamiento inicial, curioso. Un sacerdote llega a un convento situado en un isla próxima a una escarpada costa, que sólo un paso que se a veces queda liberado por la marea, comunica con esta. Espera encontrar un antiguo monasterio deshabitado y en ruinas. Pero se encuentra con tres extrañas monjas que viven aisladas, en pobreza y con extrañas creencias y ritos. La cosa se complicará cuando las monjas empiecen a desconfiar del sacerdote y sus motivos para visitar el lugar. Un misterio que juega al despiste en sus compases iniciales sobre la época y el lugar en el que se desarrollan los hechos se convierte en un drama de crítica a la iglesia católica con poca sustancia. Relativamente decepcionante a pesar de que formalmente es correcta y bien interpretada. Pero solo son cuatro episodios y la vi entera.

No he estado nunca en Seattle, donde se supone que transcurre la acción de una de las series de hoy, ni en Vancouver, donde realmente está rodada. Pero estos paisajes periurbanos de Zaragoza me han parecido apropiados para el tema de los zombis.

Me he visto de un tirón las temporadas cuarta y quinta, con la que se da cierre a la serie, de iZombie. Recordamos que este es un procedimental policiaco en el que la peculiaridad es que el ayudante experto del policía es una joven médico que tras un fiestorro en el que es arañada por un tipo, se convierte en zombi. Pasa a ser ayudante del forense, y su utilidad es que cuando se alimenta del cerebro de los asesinados, tiene visiones de su vida, y ayuda a desentrañar los casos. Todo eso, hasta la temporada tercera, en el que se mezcla el procedimental policíaco con las tramas personales de los protagonistas encabezadas por la zombi buena Liv Moore (Rose McIver), con tonos de comedia y buen rollo. Amoríos, amistades, simpáticos canallas,… Todo ello hasta que en el final de la temporada tercera hay un cambio completo del paradigma, en el que poco a poco se profundizan en las siguientes temporadas.

Lo cierto es que para mí, no hay unanimidad en las redes al respecto, ese final de la tercera temporada supone lo que los norteamericanos llaman el “salto del tiburón” de la serie. El caso es que para mi el “salto del tiburón” de una serie suele ser negativo. Se da cuando las series no saben por donde tirar argumentalmente, probablemente porque han agotado las posibilidades que ofrece su premisa inicial, y generan un cambio que no les suele sentar nada bien. Y esto es lo que me ha pasado con las dos últimas temporadas de la serie. Que el cambio de tono no me ha atraido. Y si hubieran condensado la trama en una sola temporada de 10 o 12 episodios, dinámicos,… ahí que te va. Pero arrastrarse durante 26 episodios para estirar los réditos que tenía buena prensa y buena aceptación… me parece excesivo. En fin. Recordaremos las cosas positivas de la serie, como su simpática protagonista y algunos de sus amigos, o la versión canalla pero no radicalmente perversa de alguno de los villanos, y nos olvidaremos de las tontadas de las últimas temporadas.

La semana que viene, última entrada antes de coger vacaciones, la dedicaremos a las cosas que nos vienen de extremo oriente, para bien o para mal.

[TV] Cosas de series; pequeñas y grandes mentiras

Televisión

Dos interesantes series para esta semana, que he visto en las últimas. Ya me estoy poniendo al día con los comentarios de las series. Hace sólo 10 días que terminé de ver estas.

El concepto de héroe, de ser humano modelo, ha sido reflejado en el mundo del arte con frecuencia, incluso cuando los temas represente personas teóricamente comunes. Pondremos algunos ejemplos con las esculturas de Pablo Gargallo, del museo del mismo nombre en Zaragoza.

En primer lugar tenemos la segunda temporada de Big little lies, drama de HBO que comenzó con la idea de que fuese una miniserie de temporada única, pero que visto el éxito, decidieron intentar una segunda temporada. Este grupo de madres más o menos pijas, que viven en uno de los condados más acomodados de California, y que se vieron involucradas en la primera temporada en una trama que llevó a la muerte del marido de una de ellas. Un misterio que quedó aclarado para los espectadores, pero no resuelto a nivel policial. Pero la segunda temporada no se centra en esa trama policial, que permanece de fondo, pero como un macguffin más de la serie. Seguimos indagando en las dificultades de la vida en pareja y en familia, en los abusos de género, en los sentimientos de culpa por cosas de las que son otros responsables, en los sentimientos de culpa por cosas de las que sí que somos responsables, en cómo nos recuperamos de los traumas del pasado y en la hipocresía general de las relaciones sociales, que impide muchas veces la resolución práctica de muchos de esos problemas. Esta temporada no llega a tener el nivel de la primera, pero se deja ver bien de todas formas, destacando, como en la anterior, el buen nivel actoral de todos los participantes. Destacando el complejo y antipático personaje con el que ha de lidiar una impecable Meryl Streep, auténtica robaescenas, estrella de la temporada, por mucho que el rol principal esté destinado a Nicole Kidman.

La resolución de la temporada es buena, y vale perfectamente como resolución de la serie. Parece improbable una tercera temporada por la dificultad para encajar las agendas de todas las protagonistas, aunque probablemente HBO estaría encantada. Yo creo que ya está bien como está.

The boys es un estreno reciente de Amazon Prime Video, una cadena que no recibe tanta atención de los medios como otras en sus producciones originales. Se apunta a la moda de los superhéroes, pero desde un punto de vista distinto. Aquí no tenemos superhéroes dispuestos constantemente a salvar el mundo frente a supervillanos que quieren destruir o dominar el mundo. Aquí nos movemos en el terreno de lo gris del mercado capitalista, donde ser superhéroe es una marca, con un valor, es una forma de generar dinero, y conformar una plutocracia como poder fáctico detrás de los poderes legítimos del estado. “Superhéroes” engreídos, que se creen con derecho a cualquier cosa, cuando dejando de lado sus “poderes”, sufren las mismas debilidades y tentaciones que cualquier hijo de vecino, con el añadido de su mayor capacidad de ejecutar acciones éticamente discutibles, si no simplemente condenables. Frente a ellos, el grupo de pirados que, agravados de una forma u otra, quieren desenmascarar la falsedad del negocio superheroico. Unos buenos guiones, una producción de buen nivel y unas interpretaciones más que convincentes nos llevan a una serie que tiene muchos valores para ser considerada como una de las más interesantes del momento. Y, por supuesto, muy por encima que cualquier tontada que venga de los universos de superhéroes tradicionales. Final notable, que deja descolocados a todo dios, con ese Homelander (Antony Starr) que se confirma como uno de los villanos más inquietantemente interesantes que ha surgido recientemente en la ficción televisiva. Ganas tengo ya de una segunda temporada.