[TV] Cosas de series: la política británica y la intrascendencia coreana

Televisión, tv

Como vengo comentando recientemente, no ando precisamente sobrado de tiempo recientemente, llevo la cabeza muy liada, y me cuesta centrarme en series “serias”. Quizá por eso sigo viendo episodios de intrascendentes series orientales.

Ineludiblemente, viajamos a Londres, con los edificios del parlamento en el fondo, para celebrar una serie tan típicamente británica.

Como por ejemplo, una que terminé de ver hace unos días, que aparece en el catálogo de Netflix con el título “internacional”, o sea, en inglés, de Beating Again. Creo que ni intentaré dar traducción al título original coreano Sunjeonge banhada [순정에 반하다]. Pero la cuestión es de lo más naíf. La protagonista femenina (So-yeon Kim) es una secretaria de alta dirección de una empresa que se ve amenazada por un tiburón de las finanzas (Kyung-ho Jung), que tiene una grave enfermedad de corazón. En una misma noche, el novio de la chica, un policía es atropellado por un coche. Y el tiburón tienen una grave recaída. El novio muere, el otro recibe un trasplante de corazón. Y a partir de ahí… todo lo que os queráis imaginar en lo que es una comedia romántica coreana con algún tinte dramático aquí y allí. Personajes simpáticos, guiones horribles, con un espantoso uso y abuso del deus exmachina, y una intrascendencia absoluta que te libera de la obligación de pensar. Y eso sí, todos muy guapos.

Mucha más enjundia tiene la trilogía británica de House of cards, y me ha llevado su tiempo verla a pesar de que sólo son doce episodios. Precursora británica producida por la BBC en los años noventa de la serie que puso en el candelero a Netflix. No se trata de una serie como tal, sino de la adaptación de tres libros a tres series de cuatro capítulos; House of Cards, To Play the King y The Final Cut. La primera narra el ascenso de Francis Urquhart (Ian Richardson) destacado miembro del Partido Conservador británico al poder del gobierno de ese país. La segunda, sus pugnas con la monarquía. La tercera, la decadencia política. El estilo es “cínico”. Hay frecuentes rupturas de la cuarta pared en las que el protagonista se dirige a la audiencia. Y el tema de continuidad de las tres series es la ausencia de principios y de escrúpulos a la hora de maniobrar políticamente. La total ausencia de ética en la práctica política. Lo curioso es que el escritor de los libros originales fue un destacado miembro de ese Partido Conservador, colaborador con Margaret Thatcher, y también con posiciones importantes en periodos posteriores al de esta primera ministra. Y no deja especialmente bien parado a su propio partido, salvo que la realización de la BBC haya acentuado determinados aspectos de la historia desviándose del original. No lo sé. Es bastante entretenida, Richardson y el resto del reparto hacen un trabajo excelente, aunque la producción resulta un poco viejuna por la forma de rodar que tenía la BBC entre los años 70 y 90.

[TV] Cosas de series; intrascendencias orientales

Televisión

Lo reconozco. He entrado en modo de baja capacidad de concentración. Estoy muy liado, tengo poco tiempo para según que cosas, intento no dejar de lado la fotografía, especialmente la realizada con película tradicional, también tengo bastante trabajo y, por lo tanto, llevo unas semanas que no me concentro con las series más sesudas, más serias, o más conceptuales. Y me he refugiado en mis ratos de la comida o la cena en la banalidad intrascendente de determinadas series orientales que llegan desde extremo oriente a Netflix.

Unas cuantas vistas de Corea del Sur en honor a una de las series de hoy.

Por ejemplo, tras el interesante drama nipón que comenté recientemente, vi que llegaba a la cartelera de series de la cadena de vídeo bajo demanda otra serie japonesa de sólo cinco episodios de duración, que se ofrecía bajo el título internacional, o sea, en inglés, de Stay Tuned. El título original nipón sería Channeru wa Sonomama!![チャンネルはそのまま!! ], que significa algo así como No cambien de canal!! o algo así. Como sucede frecuentemente, está basada en un tebeo, y parece que su origen está en el aniversario de un canal de televisión local de la isla de Hokkaidō, con sede en Sapporo. El modelo televisivo japonés es parecido al de Estados Unidos, con una diversidad de canales locales que funcionan en red con grandes cadenas televisivas nacionales, generalmente con sede en Tokio. Pero estos canales locales se responsabilidad de la producción de programas de interés local, en concreto Hokkaidō Televisión Broadcasting (HTB), cuya sede aparece repetidamente como sede de la cadena ficticia. Y ahí tenemos un grupo de nuevos empleados en distintos departamentos del canal Hoshi TV entre los que destaca la inepta pero voluntariosa y bondadosa Hanako (Kyōko Yoshine), que va de catástrofe en catástrofe hasta que, previsiblemente, se convierte en la heroína de la cadena en su pelea con una cadena rival. Graciosa en ocasiones, intrascendente las más de las veces, es un entretenimiento relativamente banal, que se ve en un plis plas, con algunos personajes muy divertidos, y situaciones irreales las más de las veces.

Más empaque tiene Romance is a bonus book, título “internacional” de
Romaenseuneun Byulchaekboorok [로맨스는 별책부록], que significa algo muy parecido. Dieciséis episodios de una hora de duración para una comedia con tintes dramático, o viceversa, un drama con tintes de comedia, sobre un mujer de 37 años, Dan-i [Nayoung Lee], que tras un divorcio muy traumático no consigue trabajo a pesar de que en sus años más jóvenes antes de casarse y pasar ama de casa, fue una publicista destacada y premiada. Pero ahora está sobrecualificada, y al mismo tiempo desfasada, para los trabajos actuales. Se apoya en su mejor amigo en lo personal, Eun-ho [Jong-Suk Lee], que siendo unos cuantos años más joven, está secretamente está enamorado de ella. Y al final, mintiendo sobre su curriculum, Dan-i encontrará trabajo, un puesto modesto, en la editorial en la que Eun-ho es editor jefe y uno de los socios fundadores. A partir de ahí, comenzarán toda suerte de enredos entre los ocho personajes habituales de la serie, que ante todo se centra en la progresión del romance entre los dos amigos, pero también en los problemas laborales de la protagonista. Serie de buenos sentimientos, muy buenrollista, que pretende ser progresista en sus planteamientos sobre el trabajo de la mujer, aunque a un nivel que en muchas ocasiones resulta bastante pueril, lo que le resta profundidad. Como suele pasar con estas series coreanas, empiezan fuerte, pero su excesiva duración para una trama que no da mucho de sí, la desinfla un poquito, y sólo se sostiene por la empatía que generan los personajes protagonistas, que también están en manos de intérpretes razonablemente solventes, hasta llegar al previsible happy end. Intrascendente también, pero visible para una época como la que recorro ahora en que no tengo la cabeza para trascendencias.

[Cine en TV] Tres de Netflix: IO – High Society – Triple Frontier

Cine, tv

Llevo un cierto retraso en comentar estrenos de largometrajes en cine, que no se han estrenado en salas de cine. Algunos ya sabéis que desde hace dos años, incluso estas películas en mi base de datos de estrenos anuales, porque creo imparable esta forma de producir y estrenar cine para el futuro.

El sábado de la semana pasada llegamos tarde, pero teníamos intención de fotografiar el entorno de la pasarela del Bicentenario (no sé de qué), en el camino desde Zaragoza hasta el galacho de la Alfranca. Este sábado sí que llegamos a tiempo y pude hacer unas cuantas fotos. A la puesta de sol le faltó un cielo más interesante, pero qué se le va a hacer.

IO ( 2019; 6/20190120)

Nada menos que en enero vi esta película dirigida por Jonathan Helpert, y protagonizada por Margaret Qualley y Anthony Mackie. Ciencia ficción de ambiente postapocalíptico, en la que la población de la Tierra se ve forzada a abandonar el planeta, colonizando Ío, uno de los satélites galileanos de Júpiter. Pero la científica interpretada por Qualley está emperrada en encontrar una forma de recuperar el planeta para los humanos. Al mismo tiempo que se ha anunciado ya el lanzamiento de la última nave que abandonará la Tierra con refugiados en dirección a Ío.

Ciencia ficción con pretensiones que acaba siendo un pestiño, sobre el que todavía me estoy preguntando cómo aguanté viéndolo hasta el final. Ni la producción, ni las ideas, ni la interpretación salvan nada. No hay nada que no hayamos visto ya mucho mejor contado. No perdáis el tiempo con ella.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: **
  • Valoración subjetiva: *

High Society ( 2018; 16/20190308)

Con título en inglés se presenta este laaaargometraje surcoreano del director Hyuk Byun, y nada menos que con la coletilla del “montaje del director”, como diciendo “aquí hay calidad y la vais a ver toda”. La cuestión es que en el cine surcoreano hay distintas tendencias. Y últimamente me he mal acostumbrado a películas con cierto nivel autoral, lo que me hizo picar.

En realidad, este drama de ambiciones personales está más emparentado con los dramas televisivos del país asiático que con sus mejores producciones cinematográficas. El matrimonio formado por Oh Soo-yeon (Soo Ae), conservadora en puesto directivo de una prestigiosa galería de arte moderno de Seul, y Jang Tae-joon (Hae-il Park), un dinámico profesor de economía en la universidad, aspira a entrar en un nivel social superior. Ella buscará hacerse con la dirección de la galería, mientras que el entrará en política. Pero se van a encontrar con un despiadado mundo de intereses cruzados en el que no les será fácil moverse.

La película, como digo, tiene un aspecto más televisivo que cinematográfico. Y usa el sexo, con algunas escenas muy explícitas, como enganche. En estos momentos, no sé cómo sería el montaje de la película en su estreno en Corea del Sur, un país bastante conservador. Pero quizá lo del “montaje del director” sea simplemente que las escenas de sexo para la versión internacional no está cortadas.

Más allá de esto, poco interés. Quien se interese por este tipo de dramas, que mire entre las series, que se convierten en un estupendo guilty pleasure, especialmente las que tienen un toque de comedia, sin las pretensiones de un producto relativamente pedante como este. Eso sí, todos son muy guapos y guapas. Y que conste que algunos de los interpretes no lo hacen mal del todo.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

Triple Frontier ( 2019; 19/20190323)

Probablemente, el estreno más sonado y publicitado de Netflix en lo que llevamos de año. Con un reparto de campanillas en el que destacan nombres como Ben Affleck u Oscar Isaac, la película dirigida por J.C. Chandor nos cuenta un historia tipo “gran robo del siglo” cuando cinco antiguos soldados de élite norteamericanos se embarcan en la tarea de birlar el dinero de un peligrosa capo de la droga en un inespecificado país sudamericano, probablemente Colombia. Aventuras con abundantes balaceras, su dosis de explosiones, mucha testosterona, y un mensaje constantemente contradictorio. La cuestión es si son simples ladrones a los que la ambición rompe el saco, o si son héroes que se ven metidos en esta historia por la ingratitud de una sociedad que después de usarlos en sus conflictos bélicos los desprecia. La película se mueve entre una moralina barata sobre lo que está bien y lo que está mal, mientras se acerca peligrosamente a conceptos militaristas relativamente fascistoides. Ni que decir que no es lo mío, y no entiendo el follón que se ha montado a su alrededor, ni la falta de sentido crítico de muchos que se consideran a sí mismos,… eso… críticos.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: *

[TV] Cosas de series; robots, muerte, amor y problemas copulatorios

Televisión

Las dos series de esta semana, ambas visibles en Netflix, tienen características singulares con respecto a la mayor parte de las cosas que vemos habitualmente. Cada una en su estilo que son muy muy muy muy diferentes.

Por un lado tenemos Love, Death & Robots, una antología de 18 cortos de animación en su mayoría, con diversas técnicas y estilos de realización, desde el dibujo animado hasta la simulación de intérpretes virtuales, y que cuando hay actores de carne y hueso también van acompañados de abundantes efectos visuales generados por ordenador. La duración de los cortos va desde los seis minutos al cuarto de hora o poco más. Y en general pertenece a los géneros fantástico, horror o ciencia ficción. Las estéticas van desde el ciberpunk, al gore, pasando por… lo que se os ocurra imaginar. No son para todos los públicos, hay violencia, sexo,… los sospechosos habituales de las pelis no “toleradas” para menores. Las historias… pues algunas están muy conseguidas y son muy ingeniosas, otras flojean más. Pero con esa breve duración, son episodios que los cuelas en cualquier momento, y los vas viendo poco a poco, pero sin tardar mucho en revisar toda la serie. Dicen que habrá más tandas en un futuro.

Imágenes de parejas, madres y mujeres jóvenes japonesas, que vienen bien para acompañar una de las series de hoy.

Se ha levantado cierta polémica con esta serie, porque no a todos los suscriptores les aparecían los episodios ordenados de la misma forma. Según algunos, Netflix tendría implantada alguna forma de analizar las preferencias del espectador, por lo que le ofrecería una ordenación de los episodios adaptada. Lo cual, para algunos, es una intromisión intolerable en la privacidad. Netflix contesta que hay cuatro formas de ordenar los episodios, y que la forma en que se presentan a cada suscriptor viene dada por el azar. No tengo ni idea de cuál es la realidad. Porque mi realidad personal es que los he visto en el orden que me ha dado la gana, generalmente eligiendo aquel episodio que por su duración se ajustase bien al tiempo disponible en ese momento. Y tampoco he notado que los que aparecían en el principio, o en el final, de la lista me gustasen más o menos que los otros. Creo que eso dependía de otros factores. En general, una experiencia positiva, salvando esa irregularidad que una antología de este tipo, en la que han metido mano muchos creativos distintos, necesariamente presenta.

Y luego hemos tenido una serie japonesa, presentada como original de la cadena, esto nunca es cierto al cien por cien en las series de esa nacionalidad, y que en España aparece con el título “internacional” de My husband won’t fit. Algo así como Mi esposo no encaja. Parece que en los países latinoamericanos aparecería otro título que ahora no sé muy bien cómo es. El caso es que cuando vi el estreno, no me hacía la idea de que iba… no leí la breve sinopsis,… así que pillé el título original japonés y lo pase por el traductor de Google…

Otto no Chinpo ga Hairanai [夫のちんぽが入らない] se traduciría como La pilila de mi marido no puede entrar.

Y sí, realmente el hilo conductor de este drama, porque a pesar de ese título tan chusco es un drama que en ocasiones bordea con la tragedia, es la incapacidad para copular en una pareja. Una pareja, Kumiko (Natsumi Ishibashi) y Kenichi (Aoi Nakamura), se conocen cuando ella, Kumiko, se instala en la ciudad con 18 años para empezar en la universidad y él su vecino, un año mayor, que sin conocerla de nada, le ayuda a instalarse. Pronto es evidente que a Kenichi le gusta la chica. Y acaban enamorándose. Pero con un problema, cuando intentan practicar el sexo, no es posible introducir el pene de Kenichi en la vagina de Kumiko. A pesar de todo, seguirán adelante con su relación e incluso acabarán casándose, pero con la incompatibilidad física sobre ellos como una espada de Democles sobre su relación, incluso cuando en otros aspectos esta parece ser envidiable.

La serie es una adaptación de un cómic, que a su vez es adaptación de una novela autopublicada por una mujer que publica bajo el nom de plume de Kodama (nombre que reciben determinados espíritus de la mitología nipona), y que afirma que se basa en su experiencia personal. Cuando he comentado la serie en mi entorno me he encontrado todo tipo de reacciones; desde quien se lo toma a chufla hasta quien me dice, “Maño, que raro que eres viendo la televisión”. Lo cierto es que a la serie no le faltan virtudes. Está bastante bien interpretada. La serie descarga principalmente sobre el trabajo de Ishibashi, su protagonista femenino, que aporta un físico delicado, de aspecto frágil, que acompaña las inseguridades de la joven que abandona el pueblo creyendo que sus padres no la quieren, y que está en búsqueda permanente de una aceptación externa, cuando tiene problemas de autoaceptación. No solamente está el problema de la relación física, también tiene problemas por encontrar su sitio en la vida en otras dimensiones, siendo la más notable la laboral.

La serie es una serie adulta. Hay escenas de sexo, que pueden resultar desasosegantes. No voy a entrar en los detalles de la trama. Y hay momentos en los que te llegan a transmitir una profunda tristeza. Ahí, en las escenas más complicadas, es donde aprecias el buen hacer de esta joven actriz, que con veintiséis años encarna un personaje desde los 18 hasta los 38 años, durante 20 años de su vida.

Sin embargo, la serie no es redonda del todo. La afección de la joven, el vaginismo, es un cuadro clínico perfectamente descrito, que obedece a distintas causas, y que es perfectamente tratable en la mayor parte de los casos. Y ahí tengo la maldición de mi formación como profesional de la salud, en la que me resultan inverosímiles algunas situaciones que se presentan. Y hay elementos en la forma en que afrontan el problema los protagonistas que desconozco si se deben a de la idiosincrasia de la cultura japonesa, son cuestiones asociadas a esta singular pareja,… o quizá sean defectos de la historia. Algunas inconsecuencias se pueden tolerar en beneficio del drama,… otras me cuesta más. Globalmente, y a pesar de una conclusión un tanto insatisfactoria por los motivos que he comentado, la serie tiene momentos muy buenos, que transmiten un drama personal que merece la pena su consideración. Y un buen trabajo actoral de la protagonista femenina. Tengo el problema de que el personaje protagonista masculino ha acabado cayéndome mal… pero no voy a destripar todo lo que pasa en la serie.

[TV] Cosas de series; detectives torturados y japonesas a la greña

Televisión

Podría hablar de muchas cosas… De una primera temporada del “castillo de naipes” original, el británico,… De la rareza de ponerme a ver voluntariamente, sin nadie apuntándome a la cabeza con un fusil, una primera temporada de superhéroes mutantes de la Marvel,… Incluso de tímidas incursiones a otras series que quedan en nada. Pero lo anterior lo dejaré para más adelante. Hoy voy con dos series muy muy muy muy distintas, pero ambas me parecen muy interesantes.

No tuvimos tiempo de recorrer las zonas montañosas donde se encuentra Karuizawa cuando visitamos Japón, aunque hubiésemos querido. Lo más parecido, cuando visitamos Nikko, bastante más al norte de la isla de Honsu. Aquí, unas imágenes del recorrido en tren entre Utsunomiya y Nikko.

Llegó la tercera temporada de True Detective. Por fin. Después de una primera que es considerada magistral, y una segunda muy criticada, que a mí no me parece tan mal, llega la tercera. Generalmente, en las series de televisión, quien se lleva el mérito (o demérito) principal no es el director sino el creador, que suele participar tanto en la concepción de la serie como en los guiones. Es bien conocido que en esta serie el creador es Nic Pizzolatto; pero su primera temporada se caracterizó por ser una de las primeras en inaugurar la moda de que directores de postín cinematográfico se metieran a dirigir televisión. Los ocho episodios de aquella fueron dirigidos por Cary Joji Fukunaga. En las siguientes no ha sido así, aunque en esta última, cuatro, la mitad de los episodios, vienen firmados por Daniel Sackheim que, además de productor ejecutivo de esta y otras series, suele participar en tareas de dirección en series de cierto prestigio o pretensiones. Pero si algo caracteriza a esta serie son las parejas de detectives torturados con casos difíciles o imposibles. Que como en el que nos ocupa, llevan toda una vida resolverlos. Interpretados en esta ocasión por dos excelentes Mahershala Ali y Stephen Dorff (atento a este último, que Ali se lleva muchas merecidas alabanzas, pero Dorff está impresionante), acompañados por abundantes buenos secundarios, entre quienes destaca, por la trascendencia del papel como por su trabajo Carmen Ejogo. A mí me parece muy recomendable, aunque no alcance el nivel de la primera. Pero es que eso es tarea muy difícil. Pero está muy bien. No para quien guste de los procedimentales policiacos al uso. Pero es que aquí hablamos de “verdaderos” inspectores de policía. O detectives que les llaman los americanos.

Muy distinto, pero que muy distinto, es el contenido de Terrace House: Opening New Doors, última edición del más conocido programa de telerrealidad nipón, que está recibiendo alabanzas en todo el mundo, emitido internacionalmente por Netflix. Yo, que siempre he despotricado contra la telerrealidad, me confieso colgado de esta peculiar producción japonesa en la que puedes ir desde un punto en el que nunca pasa nada, hasta conflictos intensos, como los que nos han regalado las tres últimas participantes de Opening New Doors, que ha llegado a su fin tras 49 programas y mas de un año de convivencia de distintos participantes, siempre de seis en seis, tres hombres y tres mujeres, entre los 18 y los treintaipoquitos años. Situada en esta ocasión la vivencia en la montañosa y turística ciudad de Karuizawa, en la provincia de Nagano, ha seguido la tónica habitual de programas resumen de entre 35 y 45 minutos con tramos de comentarios por parte de los seis divertidos panelistas, que además de sacarle punta a lo que vemos en pantalla, tienen el cometido de hacer comprensible al espectador internacional las peculiaridades de la forma de convivir y reaccionar de la gente en Japón. La conocida extrema cortesía de los nipones unida a un miedo cerval al conflicto, hace que de vez en cuando afloren comportamientos pasivo-agresivos, que dan una salsa picante inusual a un programa que por lo demás contrasta tremendamente con los horrores de la telerrealidad occidental, por su tranquilidad, sus momentos de aburrimiento, por las incapacidades sociales de no pocos de sus participantes, todo lo cual lo hacen un espectáculo particularmente relajante, con eventuales momentos de gran diversión. Reconozco que para mí tiene una connotación de placer culpable. Pero ya tengo ganas de que llegue la nueva edición en pocos meses. Dicen que la nueva casa estará en Tokio, otra vez. Pues a ello.

[TV] Cosas de series; expectativas no cumplidas, para bien o para mal

Televisión

Dos series muy distintas comento esta semana, con poco en común, salvo que ambas se introducen en el ámbito de la fantasía, de formas eso sí muy diversas. Y en ambas, las expectativas depositadas no se han cumplido. En un caso, para bien; en el otro, para no tan bien…

Kingdom es una serie coreana que ha debutado con una primera temporada de seis capítulos de unos 45 minutos de duración, y es producción de Netflix. Se diferencia de las habituales series coreanas en varios aspectos. Normalmente estas duran entre 16 y 30 episodios, y son de temporada única. Esta ha tenido estos primeros seis episodios, que sólo han servido para abrir boca. Cuando supe de su existencia no me interesó. Zombis… una más. Aunque mis dos únicas experiencias con los zombis coreanos no habían sido negativas. Ni en acción real, ni en animación. Pero bueno. Zombis… El caso es que aparecieron varias críticas positivas. Y en el reparto aparece Bae Doona. Por probar un poco, no pasa nada. Y oye… que me acabé enganchando. Producción de época, ambientada en una Corea feudal, que, tras los aspectos terrorífico-fantásticos de la cosa de los zombis, emite una crítica social algo simplona pero razonable, y una lucha por el poder que promete. Mis expectativas eran muy bajas, pero tengo ganas de que nos ofrezcan la continuación.

Hablaré más de estas fotos dentro de unos días, pero de momento, un poco de carnaval me parece apropiado para ilustrar unas series con elementos fantásticos. O grotescos.

Con un reparto muy coral, encabezado de alguna manera por Ellen Page, llegaba a Netflix también The Umbrella Academy. Percatarte de que Page es el personaje principal es algo que supones porque es la intérprete con más gancho y conocida de la serie. Pero hace falta avanzar en los excesivos diez episodios de un hora de duración cada uno para intuir el porqué. Es la enésima vuelta de tuerca del género superheroico. Aunque esta panda de hijos adoptivos de un mismo tipo excéntrico, luzcan más bien poco heroicos, por muchos poderes que tengan. Basada, como la anterior, en una serie de historietas, lo cierto es que la trama no da para tantos episodios, que se alargan, se estiran, se les de demasiadas vueltas en exceso. Que copien de la anterior; seis episodios bien contados son más agradables de ver. El caso es que una serie que llegó con ciertas ínfulas… me ha resultado relativamente decepcionante. No tengo claro que tenga continuidad en mi cartelera. Aunque he de reconocer que pasada la morosidad con la que despegó, los últimos episodios tuvieron bastante más interés. Aunque resultaba bastante previsible.

[TV] Cosas de series; mi primera “star trek” completa

Televisión

Hoy iba a hablar de un par de estrenos cinematográficos vía Netflix, pero uno de ellos me ha dejado tal impresión que necesito reposarlo un poquito. Así que iré con una entrada televisiva.

Nop. Nunca había visto una serie entera de la franquicia Star Trek. Sip, había visto una temporada completa, que me regalaron en formato DVD hace tiempo, de la serie original. Voy a confesar una cosa. Que espero que no me enemiste demasiado con los “trekkies”. Siempre me han parecido más bien producciones cutres. Incluidas las películas que empezaron a partir de 1979. Hago la excepción de las superproducciones más modernas, que no son cutres, pero no me emocionan en su tono, y en la reciente Star Trek: Discovery, de la que también vi la primera temporada completa y estoy en proceso de ver la segunda. Tampoco es nada cutre. Pero dicen que si me gustó la primera temporada de esta serie es… porque muchos de los fans de la franquicia consideran que se apartó de la filosofía de la misma. Lo cierto es que me gustó bastante. Sobretodo, cada vez que aparecía Michelle Yeoh en pantalla.

Ya sabéis: “Space: the final frontier. These are the voyages of the starship ‘Enterprise’.” Bueno… esta es otra ‘Enterprise’… pero básicamente. Lo que pasa es que lo que estaba bien en los años 60 quizá no tanto en la primera década del siglo XXI.

Pero lo cierto es que hace unas cuantas semanas, por causas que ahora no vienen al caso, comencé a ver la última de las series, antes de que la franquicia resucitase en televisión recientemente; Star Trek: Enterprise. Reconozco que los primeros capítulos que vi… me llamaron relativamente la atención. Aunque como producción es relativamente cutre, teniendo en cuenta que es una producción televisiva del siglo XXI ya, había sus cosas en los personajes, que la hacían algo más atractiva de lo que pensaba.

En lo que se refiere a producción, con su vida entre 2001 y 2005, no sostiene la comparación con otras aventuras espaciales como la versión reimaginada de Battlestar Galactica que se estrenó en 2003, como miniserie, y en 2004, como serie con continuidad. Pero es que tampoco sostiene la comparación en la calidad de los guiones, ni en la profundidad de desarrollo de los personajes.

Esto último es uno de los grandes problemas de una serie, que me he obligado a terminar de ver, pero que progresivamente me ha ido desmotivando. Si en sus primeros capítulos sus personajes prometían, lo cierto es que no se desarrollan, y acaban volviéndose cada vez más estereotipados y menos interesantes. Siempre se ha hablado de la diversidad en la franquicia, y ciertamente hay siempre intérpretes de origen afroamericano o asiaticoamericano. Pero nunca al frente del reparto. Y me sorprende cómo la potencialidad de las dos mujeres del reparto habitual, se va perdiendo poco a poco, especialmente en lo que se refier a Hoshi Sato (Linda Park), que termina la serie en una horrible parodia de sí misma en los dos episodios dedicados al universo alternativo. La evolución de la serie es tal que al final resulta francamente machista. … … En fin, como curiosidad hoshi [星] significa “estrella” en japonés. Muy propio.

Se ve que la serie no debió ir muy bien. Si las dos primeras temporadas siguen el esquema tradicional de una aventura por episodio, con personajes recurrentes (qué sorprendente en un universo tan grande, que te encuentres con tanta frecuencia con conocidos), la tercera intenta abarcar un épico arco argumental en toda ella, que se estira en exceso, viéndose resentido, y la cuarta y última opta por aventuras de dos o tres episodios de duración, para incentivar la fidelidad a la serie, supongo.

Bueno… ahora ya lo puedo afirmar. Es una pena. Si la serie original era fresca, original y divertida en su origen, o así lo recuerdo en los episodios aislados que veía en mi infancia, la fórmula me parece que estuvo agotada desde que terminó. Salvo algún episodio aislado, nunca me han enganchado. Ni creo que vuelva a repetir la experiencia. Seguiremos confiando en la Discovery.

[TV] Cosas de series; el día de tu muerte y melodramas históricos

Televisión

No me entretendré mucho con la entrada televisiva esta semana. No ando con mucho tiempo. Cosas de llevar coche al taller y esas tontadas que “tanto nos gusta” hacer al común de los mortales. Tres series.

Anecdótica. Animación en coproducción chino-japonesa; idioma original, japonés. La típica de ambiente postapocalíptico con monstruos y robots tripulados gigantes. Pero entretenida y con algún detalle curioso. Viene en Netflix con el título de Last Hope, pero en japonés es Jūshinki Pandōra [重神機パンドーラ, algo así como Unidad celestial Pandora]. Y tiene un par de temporadas. Quizá lo más molesto es todo el palabrerío sobre lo “cuántico” y sobre la “evolución”. Pero eso pasa en tantas producciones de ciencia ficción… Intrascendente, de todas formas. Para rellenar algún rato muerto. Episodios de poco más de 20 minutos.

Como una de las series de hoy nos lleva al pasado de Corea, pasearemos por el barrio tradicional de Bukchon en Seúl.

Excesivamente melodramática. Miniserie coreana de época, de tres episodios de un poquito más de una hora cada una. Basada en hechos reales, aunque supongo que con muchas libertades en el argumento. Saui Chanmi [사의 찬미, con título internacional The Hymn of Death] Años 20 del siglo XX. Corea ocupada por Japón. Una aspirante a cantante soprano y el heredero de una familia bien aspirante a escritor se enamoran. Pero las cosas no irán bien… Buenas interpretaciones, especialmente por parte de su actriz protagonista (Hye-Sun Shin), que pude ver hace poco en otra serie; pero recargada con un exceso de melodrama resulta un poco indigesta. Notable esfuerzo de producción para reproducir el ambiente de la época. Un tanto decepcionante.

Muy interesante. Uno de los estrenos recientes en Netflix, una comedia dramática tipo “día de la Marmota”; Russian Doll. Una mujer, Nadia (Natasha Lyonne), se ve condenada a repetir en un bucle aparentemente sin fin el día de su muerte, que coincide con el de su 36º cumpleaños. Pero conservando los recuerdos de los días anteriores. Ahí comenzará su pelea por romper el bucle,… a ser posible sin resultado letal. Especialmente cuando descubra que hay un tipo por ahí, Alan (Charlie Barnett), que está en la misma situación. A pesar de las formas de comedia de situación, la serie de ocho episodios de poco menos de media hora de duración tiene mucha más enjundia de la que parece. Y creo que es una de esas pequeñas joyas inesperadas que de vez en cuando nos traen las plataformas de vídeo bajo demanda. Recomendable sin paliativos.

[TV] Cosas de series; “space operas” y otros delirios

Televisión

No ando sobrado de tiempo esta semana para publicar entradas en este Cuaderno de ruta. Aun así, y contra todo pronóstico, he encontrado un momento para hacer una entrada televisiva. Que creo que irá un poquito rápida.

Están de modas en estos momentos las “space operas” en mi cartelera televisiva. Es decir, las aventuras espaciales. Ha vuelto The Orville, la parodia de Star Trek que me parece mejor que casi cualquier cosa de Star Trek. Ha vuelto Star Trek: Discovery, la serie Star Trek que no se parece a lo anterior de Star Trek, y quizá esa sea su gracia. Especialmente si aparece la “emperatriz” Michelle Yeoh, momento en el que sube varios enteros el interés de la serie. He comenzado a ver las desventuras de la Nightflyer, escrita de la mano de George R. R. Martin, a la caza de una nave alienígena,… creo. Y me entró la curiosidad de ver, por comparar, la última serie que se hizo de la franquicia Star Trek, Star Trek: Enterprise, antes de que cerraran el garito de las series hasta el año pasado. No pensaba que me fuera a enganchar, nunca me he enganchado a ese universo, pero aunque la serie tiene muchos de los defectos que tradicionalmente me han echado para atrás en esa franquicia, he sentido cierta empatía hacia esta tripulación estelar, y de momento ya he visto la primera temporada. Y buena parte de la segunda. Si termino las cuatro temporadas, ya le dedicará un comentario más extenso.

No he visitado las Svalbard… caen un poco a desmano. En su lugar, la isla más helada y “alienígena” que he visitado, aunque muy bella, es Islandia. Así que allí nos vamos fotográficamente.

Mientras, hemos tenido la tercera, y parece que última, temporada de Fortitude. Esa producción británica de ambiente noruego que ha mezclado el género policiaco con la ciencia ficción y el terror, bajo la fórmula de la huída hacia adelante en cuanto a lo demencial de su argumento y de las cosas que han sucedido. Me cuesta decidir si me ha gustado o no. Lo cierto es tiene momentos muy interesantes, que a veces parece que rondan más el humor negro, negrísimo, que el terror, con interpretaciones bastante interesantes, pero con un argumento que pone a prueba la más dedicada suspensión temporal de la incredulidad en el espectador. En cualquier caso, el claustrofóbico ambiente de las Svalbard, disfrazadas de archipiélago ficticio en el fin del mundo ártico, mezclado con un reparto britániconórdico de no poca calidad, tiene su interés misterioso.

Y hemos tenido la tercera temporada de The Good Place, en la que nuestros demonios favoritos junto nuestros no menos favoritos condenados por toda la eternidad han tenido nuevas aventuras con un principio de temporada flojo, pero que poco a poco se ha venido a más hasta alcanzar momentos muy entretenidos y muy muy divertidos. Con un reparto también que tiene un buen nivel interpretativo e interesante vis cómica. En cualquier caso, un excelente alegato contra el maniqueísmo absurdo y contra las no menos absurdas definiciones absolutas del bien y el mal de las principales religiones que asuelan la faz de la tierra.

Y dejo para otro día en el que tenga más rato para pensar las ideas que redacto para el final de las desdichas de los Beaudelaire, y para la educación sexual según Netflix.

[TV] Cosas de series; inducidas por los viajes

Televisión

Recuerdos de la Alhambra

Las dos series de hoy, que no me llevarán mucho rato, son un poquito anecdóticas. Tienen en común que aparecieron en la cartelera de Netflix en el ámbito de viajes que he hecho en los últimos meses y con los que tenían algún tipo de relación. Lo cual hizo que empezara a verlas. Aunque la verdad es que no son gran cosa.

No sabía si poner fotos de Taiwán o de Corea… pero al final he considerado que había que hacer un desagravio a la antigua capital nazarí y poner fotos de las auténticas calles y paisajes granadinos.

La primer viene desde finales de agosto o principios de septiembre. Estábamos entonces preparando las vacaciones de octubre en Taiwán, cuando de repente aparece anunciada una serie titulada, en inglés,
A Taiwanese Tale of Two Cities. La curiosidad me pudo y me puse a ver los episodios disponibles en ese momento. Porque aunque aparece como “original” de Netflix, lo cierto es que no se ha lanzado como las propias de la plataforma. Ha ido apareciendo un episodio cada semana. En alguna ocasión dos, creo. Las dos ciudades son Taipéi y San Francisco, donde residen respectivamente Nian-nian (Tammy Chen) y Jo (Peggy Tseng), dos “jóvenes” taiwanesas o de origen taiwanés la californiana, que se reúnen en Taipéi por una estafa. Lo de “jóvenes” entrecomillado es porque ambos personajes son ya treintañeros y las actrices que las encarnan se acercan, si no tienen ya, a los cuarenta. Hoy en día ya no se sabe qué significa eso de “joven”. Y a partir de ahí, durante 20 excesivos capítulos, por el número y la duración, tenemos una mezcla de dramedia romántica y familiar y publirreportaje turístico taiwanés. La verdad es que es una producción manifiestamente mejorable. Aunque los personajes generan una razonable empatía, lo cual probablemente sea el motivo por el que he aguantado hasta el final. La visión que ofrecen de Taiwán… no exactamente igual que la que sentimos en nuestro viaje. Pero ya digo que funciona casi como un publirreportaje del país. A pesar del título, nada que ver con la famosa novela de Dickens.

Incalificable me pareció al principio la otra serie, que también aparecía como original de Netflix, pero también se ha emitido a un ritmo de dos episodios semanales durante ocho. En víspera de mi viaje por trabajo a Granada, había aparecido en la plataforma de vídeo bajo demanda una serie con el título Alhambeura Gungjeonui Chueok [알함브라 궁전의 추억], que se traduce como Recuerdos del palacio de la Alhambra. O simplemente, Recuerdos de la Alhambra, título en castellano de la serie, exactamente igual que la obra para guitarra clásica de Tárrega. Que tiene su que ver en la trama de la serie. Al fin y al cabo, la protagonista femenina, Hee-joo (Park Shin-Hye), es una joven coreana, guitarrista clásica y lutier, que aunque ha dejado la música, vive en Granada con su familia regentando un hostal. No entraré mucho en la trama, que es un tanto estrambótica, absurda en ocasiones, en la que se mezcla el drama romántico con los vídeojuegos basados en realidades alternativas, con consecuencias trágicas en ocasiones. El caso es que la serie se convirtió en un guilty pleasure por determinados dislates en la producción. Por ejemplo, que una estación en una población cercana, supuestamente, a Granada tenga un letrero que ponga Rodalies, mientras que las presuntas estaciones de Barcelona y Granada aparezcan con trenes claramente húngaros. Igual que las calles del Albaicín y otros barrios de Granada tengan un sabor ineludiblemente centroeuropeo. Aunque los taxis de Granada sean, en la serie, negros con las puertas amarillas, propiamente como en Barcelona. Esto provoca una situación de comicidad que, unida a la simpatía que transmite algunos de los personajes protagonistas, me haya comido toda la serie a pesar de las tontadas del guion, y de lo mal llevada que está toda la trama relacionada con el videojuego.

En fin, dos series cuya visión fue inducida por dos viajes… pero que por lo demás no merecen mucho la pena.

[TV] Cosas de series; entre Luther y “tú”

Televisión

Dos series muy distintas las que tocan esta semana.

Por un lado, la quinta temporada de Luther (Idris Elba), que con cuatro episodios, nos ha devuelto al peculiar detective londinense, extremadamente poco ortodoxo y con tendencia a complicarse la vida y, lo que es peor, a complicarle la vida a quienes le rodean. Esta quinta temporada tiene todas las pintas de ser la última, supone el regreso de uno de los alicientes principales de la serie, el impresionante personaje que es Alice Morgan (Ruth Wilson), e inicia una escalada autodestructiva entre ambos protagonistas que nos deja las cosas en un punto en el que es difícil continuar. Aunque no sé. No he investigado las intenciones de los productores y de los protagonistas. Pero en IMDb todavía no la dan por finalizada… Es una buena serie, aunque un poco demasiado intensa y tórpida en ocasiones. Los personajes y los intérpretes son los que la hacen interesante, principalmente.

Pues sí, hoy, o nos íbamos a Londres o a Nueva York; la Gran Manzana ha sido al final.

Cosa que no ocurre con YOU, en la que nos trasladamos a Nueva York, una de las últimas apuestas de Netflix por rescatar la figura del psicópata con cierto corazón y que vive en la puerta de al lado. Inevitable que surjan ciertas comparaciones con otros como Dexter, a pesar de las muchas diferencias que también tienen. En este caso, no tenemos un psicópata justiciero. Tenemos un psicópata acosador, con problemas con las mujeres, Joe (Penn Badgley), que se queda prendado de una aspirante a escritora, Beck (Elizabeth Lail), que es muy dependiente de sus “novios” y “amigas”. El planteamiento inicial, sin ser especialmente original, no está mal. El problema viene, en mi caso, de que no consigo empatizar ni con la presunta víctima ni con el presunto acosador. Que son dos personajes, que a la corta y a la larga, me da igual lo que les pase. Y las interpretaciones, sin ser malas las de los protagonistas, no son especialmente buenas en el conjunto del reparto. Por lo tanto, una serie que me ha dejado un poco frío, y que no sé si veré en caso de que surjan nuevas temporadas. Han dejado amplio margen para ello.

[TV] Cosas de series; de adolescentes va la cosa

Televisión

Dos series muy distintas, con adolescentes como protagonistas. Pero ya digo, con un tono y enfoque tremendamente dispar. Para todos los gustos.

En primer lugar tenemos la serie británica Derry Girls. Serie que llega a Netflix un año después de su emisión por una cadena televisión convencional en su país de origen. Y ha sido una de las más agradables sorpresas que nos ha deparado la televisión el año pasado. Para los que no se cosquen, Derry es una población en el Úlster, o Irlanda del Norte, puesto que hay condados del Úlster que pertenecen a la República de Irlanda, y que oficialmente recibe el nombre de Londonderry. Pero durante los años del conflicto armado entre el IRA y el gobierno británico, fue uno de los focos más duros del conflicto, donde los choques entre católicos republicanos y protestantes unionistas, y las fuerzas armadas británicas, fueron más duros. La ciudad es denominada Derry por católicos y por la República de Irlanda, que es el nombre tradicional de la ciudad, mientras que los protestantes y las autoridades británicas la denominan Londonderry.

Fotográficamente nos pasearemos por la República de Irlanda, que no tiene las mismas connotaciones que los condados irlandeses del Úlster, pero bueno… es que allí no he estado.

Y en este “paraíso” que fue en los primeros años 90, con el conflicto muy recrudecido, encontramos a un grupo de chicas adolescentes, de 16 años, católicas que asisten a un colegio de monjas, que además de convivir con este ambiente de conflicto, tienen que sacar adelante los conflictos propios de la adolescencia. A esto se une la presencia de un chaval de su misma edad, primo de una de ellas, que es matriculado en su colegio, único varón entre todas las chicas, porque por su condición de inglés, las autoridades escolares temen que salga mal parado si asiste a un colegio de chicos.

Tradicionalmente, en Irlanda del Norte los católicos han ocupado los escalones más bajos de la escala social, uno de los motivos que han realimentado los conflictos, además de los políticos y religiosos, por lo que nos encontramos en barriadas obreras y con un nivel sociocultural bajo. Y en medio de todo esto, su creadora Lisa McGee nos ofrece una desternillante comedia que sabe a muy poco con sus seis episodios de apenas 25 minutos de duración, en la que afortunadamente abandona todo intento de “corrección política”, tan nefasta últimamente para la creatividad artística como los peores autoritarismos. Porque aunque el humor de esta serie se mete con todo y con todos, lo hace de forma inteligente, y manteniendo una constante empatía con las jóvenes adolescentes, y su primo, absolutamente inconsecuentes hasta la médula consigo mismas, como es propio de la edad, al mismo tiempo que pone en solfa la propia sociedad dividida de Irlanda del Norte. Muy destacable su actriz protagonista, Saoirse-Monica Jackson, que está muy bien acompañada por todo el reparto.

Por otro lado, desde Japón nos llega la enésima adaptación a una serie de acción real de una serie de historietas, Koi no tsuki [恋のツキ], difundido en Netflix con el título internacional de Love & Fortune. Esta es una de esas series japonesas que despistan. Por su planteamiento, y procedente del mundo del manga, dan la impresión de que van a estar dirigidas a un público adolescentes. Pero luego te encuentras con temas delicados, adultos y complejos.

En esta historia conocemos a Wako (Eri Tokunaga ), una mujer de 31 o 32 años, que lleva cinco o seis viviendo con su novio en un modesto apartamento, y que tiene un modesto empleo en un cine pequeño, dedicado a películas menos comerciales. Casi lo que antaño llamábamos un cine de arte y ensayo. A Wako le gusta mucho el cine. Pero por lo demás está sumida en rutinas que no la satisfacen, y está empezando a escuchar con fuerza el tic-tac de eso que en las mujeres treintañeras se suele llamar con frecuencia “el reloj biológico”. Y en estas está cuando conoce a un muchacho de 15 años, Yumeaki Iko (Fūju Kamio), también aficionado al cine y con el que conecta… demasiado. Hasta llegar a la intimidad física. Generando un lío fenomenal en su vida y en la de quienes la rodean. Que empeorará cuando el dueño del cine donde trabaja anuncie que cierra.

Delicado tema el de las relaciones entre adultos y adolescentes. Más cuando la diferencia de edad implica que la mujer adulta prácticamente doble la edad del joven. En los casos en los que la relación de sexos está invertida, casi siempre se convierte al hombre en un villano. En esta ocasión, fundamentalmente se juega con el monumental despiste vital que arrastra Wako, y que necesitará resolver antes de seguir adelante y poder salir del callejón sin salida emocional en el que se mete ella solita; especialmente porque un adolescente no puede aportar la madurez que a ella le falta. Ni la historia lo pretende. Como digo, la serie no se anda con chiquitas. Y si bien no hay escenas de desnudos, sí que hay escenas de relaciones sexuales, diversas, y con adolescente por el medio. Cuestiones que no pocos países estarían calificadas, más allá de las cuestiones éticas, como delito.

La serie funciona razonablemente bien, aunque quizá se extienda un poquito más de la cuenta. Pero está desequilibrada a nivel interpretativo. Si Tokunaga lo hace bastante bien, y algunos de los miembros del reparto más adultos acompañan con solvencia, los miembros más jóvenes del reparto van más flojos. El chico protagonistas cumple, sin más. Y hay una chiqueta,
Yui Imaizumi, que parece que ha salido rebotada de uno de esos horribles y multitudinarios de “idols” que cantan y bailan, y que va bastante justita de habilidades intepretativas. Parece que salía en aquel curioso invento de la clase de chicas adolescentes que encontraban una mañana muerto a su profesor y se ponían a resolver el misterio de su muerte. Pero no la recuerdo.

Una serie interesante, aunque no deja de ser extraña. Especialmente con elementos del argumento y un happy end de difícil digestión. Pero que se deja ver, especialmente si te acercas sin demasiados prejuicios.