[TV] Cosas de series; Amazon Prime y el Japón, el mundo del revés y atracos a la española

Televisión

Se me han acumulado un montón de series para comentar, así que el ritmo de hacerlo con dos a la semana ya no es suficientemente efectivo. Así que hoy voy a darle un empujón a la lista en tres bloques.

Nuevas series japonesas en Amazon Prime Video

Netflix es la plataforma de vídeo bajo demanda que más se caracteriza por su variedad en la nacionalidad de las producciones de su catálogo, con gran abundancia de series orientales, coreanas en especial, japonesas, y también de otros países. En Amazon Prime Video son mucho más modestos, pero ya hace un tiempo que de vez en cuando sacan como novedad algún bloque de series niponas de lo más diverso. El problema es que salvo alguna excepción que es pasable, suelen ser muy malas. Esto ha sucedido con algunas del último bloque. Tokyo Alice [ 東京アリス ] es la adaptación de un manga en clave de comedia romántica en el que las situaciones son muy tópicas y las interpretaciones muy flojas. Final life [Fainaru raifu: Ashita, kimi ga kietemo; ファイナルライフ-明日、君が消えても-] es un drama policial con toques de ciencia ficción bastante delirantes, con una realización visual efectista y chirriante, y un par de intérpretes sacados de los grupos masculinos del K-pop y de los femeninos del J-pop, que lo hacen bastante mal. Ninguna de las dos son recomendables.

El profesor y todos sus secuaces con nombre de ciudad asaltan esta vez el Banco de España. Lo curioso es que no he encontrado ni una foto realizada por mí de ese edificio. El real, no el que sale en la serie que no he investigado lo que es. Pero sí muchas fotos realizadas en los alrededores, en Madrid.

El caso más delirante es un medio metraje que han titulado en español como Pasando la ducha, cuando el título original japonés es Tōriame [通雨 o とおり雨] que significa chubasco o lluvia pasajera, referido a los frecuentes chubascos de la época de lluvias en el verano nipón. Ni siquiera han puesto correctamente los nombres de los actores en la ficha técnica de la peliculilla. Una catástrofe. Que va de la peculiar relación que se establece entre un joven de 19 años que quiere ser dibujante de manga y su vecina de 40, un ama de casa solitaria por los viajes de su esposo. Es peculiar. Ni recomendable ni no recomendable. Que cada cual vea si se atreve.

Stranger Things (Temporada 3ª)

Una de las series estrellas de Netflix, llena de nostalgia hacia los ochenta, me estaba empezando a dejar frío tras dos temporadas, en las que ha tenido algún momento bueno, pero que nunca me ha entusiasmado tanto como al personal. Curiosamente, esta tercera temporada me ha parecido bastante entretenida. Con un guion más centrado y enfocado. Y con una gran virtud. El protagonismos de los niños que han pasado a preadolescentes ha descendido un tanto dando lugar a más tiempo a otros personajes, jóvenes o adultos, alguno novedoso, que han aportado frescura a la serie y mejores resultados. Los “niños” en cuestión siempre me han resultado un tanto cargantes. Por supuesto, se avecina una cuarta temporada para el año que viene, dado que hay un cliffhanger latente, aunque muy evidente, en las escenas finales.

La casa de papel (Temporada 3ª)

Aunque reconozco que entre tanto exceso, las primeras dos temporadas de esta producción española tienen algún momento entretenido, tampoco me siento el mayor fan de la serie. Por un lado está el populismo y la ambigüedad moral de la serie.

Es falso que los robos que plantean sean “inocentes” en el sentido de que no roban a nadie. Si alguien fabrica una gran cantidad de dinero y lo introduce en el mercado, devalúa el existente. Si alguien roba la reserva de oro de un país. Devalúa sus activos. En ambos casos, el dinero que poseen sus habitantes se devalúa, lo cual es especialmente grave en las clases más bajas y en los pobres, que se ven más afectadas que los que andan bien de posesiones u otros activos. Así que si estos convierten en héroes a tales ladrones por “antisistema”, es que son gilipollas perdidos. Pero así funciona el populismo.

Por otro lado, no puedo olvidar que al final de la temporada anterior, convirtieron en “héroe” al ritmo del Bella ciao a un tipo que, entre otras cosas, se había dedicado a abusar sexualmente, violar si lo preferís, a una de las rehenes.

En fin. Que llega la tercera temporada con otra serie de excesos más o menos increíbles, más o menos entretenidos. Una de las grandes ventajas de esta tercera temporada,… que los episodios han pasado de 70 interminables minutos a 40-45. Mucho más razonable.

Por otro lado, está el otro gran defecto de la serie. Me parece que la mayor parte de sus intérpretes son muy flojos, tirando a malos. O les permiten hacer un trabajo mediocre tirando a malo. Es un defecto de la televisión española. Pero bueno. Tiene momentos entretenidos.

[TV] Cosas de series; recuperando series de hace meses

Televisión

Hace unas semanas me dediqué a rescatar series que me habían llamado la atención tiempo atrás. Fue un momento en el que las novedades no me llamaban la atención. Algo que me está pasando con frecuencia es que segundas temporadas de series cuyas primeras temporadas quedaron suficientemente cerradas, no me llaman la atención en exceso y me cuesta retomarlas, y a veces los abandono. Pero lo de hoy son primeras temporadas o temporadas únicas.

Fotográficamente, me desplazo a los lagos y bosques finlandeses. No porque tengan que ver directamente con las series de hoy. Más bien porque los paisajes recuerdan en parte a los que nos ofrece una de ellas.

Northern Rescue (1ª temporada)

Por algún motivo que desconozco, cuando hace unos meses estrenaron esta serie en Netflix, me pareció que podía combinar entretenimiento con pequeñas dosis de drama familiar, adecuada para momentos de la semana en los que no me apeteciese pensar mucho. Padre de familia (William Baldwin) que trabaja en el servicios de rescate de protección civil (SAR, Search and Rescue, en Estados Unidos), que tras envidiar con tres hijos adolescentes o preadolescentes, se traslada a una ciudad más pequeña para ajustar el modo de vida, con la ayuda de su cuñada (Kathleen Robertson). La historia está contada desde el punto de vista de la hija adolescente mayor, la más rebelde (Amalia Williamson). Si a esto unes que el público votante en IMDb le daba una nota razonable… pues a ello.

Tremendo error de juicio. Casi imposible empatizar con unos personajes que parece que son tontos de remate cada vez que toman una decisión o se relacionan con alguien. Secundarios estereotipados con nulos matices, y dramas postizos y exagerados. Que si a mí me pasan tantas cosas, salgo pitando del pueblo ese donde van a vivir por la vía rápida. Las interpretaciones, flojas, flojas. No sé si esto lo renovarán… en principio termina con la trama abierta y presentando un personaje “malo”. Pero no sé si me pillarán por ahí de nuevo.

Sharp Objects (miniserie)

Tenía ganas de ver esta miniserie de HBO desde que se estrenó ya hace un año o así, pero para la que no había encontrado momento. Basada en una novela de Gillian Flynn, escritora de quien ya se había adaptado al cine con éxito alguna de sus obras. En castellano, la serie se ha conocido como Heridas abiertas, que no sé si me gusta mucho.

En una ciudad pequeña de profundo sur de los Estados Unidos se ha producido el asesinato de una adolescente, y otra está desaparecida. A la periodista Camille Preaker (Amy Adams), nacida y criada allí, la mandan desde San Luis para cubrir la investigación. Camille tiene un pasado muy tortuoso, con problemas de salud mental, asociados a una madre muy difícil (Patricia Clarkson) y a la muerte de una hermana. Ahora, además de investigar los crímenes, tendrá que lidiar con la madre, con una hermanastra en edad adolescente (Eliza Scanlen), con la relación con un detective enviado para ayudar en la investigación (Chris Messina), con el shérif del lugar (Matt Craven) y con la panda de psicópatas que conforman el vecindario del lugar.

La serie no está mal, pero algo por debajo de las expectativas que me había generado. Eso sí, las interpretaciones, especialmente de Amy Adams, están a un nivel muy alto. En cuanto a si la resolución de la trama es una sorpresa o no. La primera parte de dicha resolución me parecía demasiado obvia, y pensaba que sería una distracción. La resolución final, quién es el asesino, se me había pasado por la cabeza, pero reconozco que la había desechado por excesivamente rebuscada. Pero si pienso en las dos obras de Flynn que conozco a través de sus adaptaciones audiovisuales… es que es rebuscada de narices esta autora. En general, es recomendable.

[TV] Cosas de series; una ración de “guilty pleasure” asiático

Televisión

Pues sí. He descubierto que “no puedo” vivir sin mis raciones de placeres culpables televisivos con rostro asiático. Especialmente las comedias/dramas romántico/as coreanos… que mira que son extraños, raros, ¿ridículos? algunos de ellos, pero que me engancha. Pero hay algo más.

Hace unas semanas os comentaba la primera serie que haya visto de HBO Asia, la versión japonesa y femenina de un famoso detective británico. Pues bien, hay al menos otra serie en HBO de producción asiática, aunque con un enfoque muy distinto. Folklore es una miniserie de horror en el que cada uno de los seis episodios es independiente de los otros, y refleja un mito de las supersticiones o de las tradiciones de seis países asiático tan diversos como Japón, Corea del Sur, Singapur, Indonesia, Malasia y Tailandia. El terror no es uno de mis géneros favoritos que digamos, pero tuve la curiosidad y le dí una oportunidad. Al fin y al cabo, el primer episodio, el correspondiente a Indonesia, sin ser una maravilla, tuvo su interés. Sin embargo, conforme fue avanzando la serie, tuve la sensación de que las diferencias en los planteamientos entre las distintas aportaciones eran más cosméticas que de fondo, que de una forma u otra se repetían los esquemas, y que no iba más allá de una serie que acaba navegando en cierta mediocridad con pretensiones. No me atrevo a recomendarla salvo a fanáticos del terror oriental. Que yo no soy.

Para ilustrar esta entrada, recupero algunas fotografías de las primeras horas que pasé en Seúl cuando visité Corea del sur.

De nacionalidad surcoreana, entre la comedia romántica y el drama fantástico y criminal, se mueve Abyss [Eobiseu (어비스)], producción de Netflix que se fue emitiendo durante 8 semanas a un ritmo de dos episodios por semana, una fórmula de emisión muy querida de esta cadena para estos productos coreanos. Ahí seguimos las andanzas de la fiscal Go Se-Yeon (Park Bo-Young) y el heredero Cha Min (Ahn Hyo-Seop), amigos de toda la vida. El es feo, y no demasiado hábil socialmente, pero buen tipo. Ella es guapa, muy atractiva y chulilla. Ambos mueren y son resucitados por una canica gigante mágica, el “abyss”. Pero al resucitar adoptan un físico acorde a su alma. Él pasa a ser un tipo guapo, muy atractiva. Mientra que ella se transforma en un chica menuda y físicamente poco llamativa (según la trama, en realidad es una monada). Pero además ella ha muerto a manos de un psicópata. A partir de ahí enredos amorosos, tensión sexual no resuelta, equívocos, y una trama policial un poco estrambótica. Se le pueden sacar todos los defectos que queráis. Pero los personajes principales son simpáticos y sirve para ver algo intrascendente que no te obligue a pensar. A la actriz protagonista, ya la he visto en un par de series más, en las que siempre hace papeles cortados por el mismo patrón.

Y siguiendo el mismo patrón de emisión, pero en esta ocasión perfectamente definida como un drama romántico, hemos tenido One Spring Night [Bombam (봄밤)]. He de decir que en los primeros episodios de los dieciséis que consta la serie, parecía que iba a dar un salto cualitativo sobre lo que se ve en series coreanas. Dejándose de lado de ciertas frivolidades, el planteamiento de un triángulo rectángulo en que dos catetos con capacidades muy distintas, un adinerado heredero con una buena posición en la banca (Kim Jun-han) y un modesto farmacéutico que trabaja en una farmacia como asalariado y que tiene un hijo de una mujer que los abandonó (Jung Hae-In), se disputan los favores de una joven bibliotecaria (Han Ji-min) que empieza a no ser tan joven, y tiene que optar entre una relación aburrida y rutinaria pero socialmente interesante, y una relación con muchos interrogantes y peor vista socialemente. Además, apuntaba buenas maneras en el apartado interpretativo, por lo menos en la protagonista femenina. Por algún motivo, la mayor parte de los actores masculinos en estas series son claramente inferiores en su cualidades interpretativas a las actrices principales. Sin embargo, la serie pronto entra en bucle, dándole vueltas a unos argumentos que a ratos, desde nuestra perspectiva occidental, resultan ridículos, dilemas que no entendemos porque probablemente en nuestro entorno no se producirían. Y queda claro que la extensión de la serie es muy superior a lo que la trama da de sí. Incluyendo alguna trama paralela como una muy mal desarrollada y resuelta de abusos de género hacia la hermana mayor de la protagonista. La única conclusión clara que podrías sacar, si te lo tomaras en serio es que Corea del sur está en el siglo XIX en lo que se refiere a ciertos valores familiares y sociales, y que la mayor parte de los hombres, especialmente los padres, son una panda de gilipollas. Deja un regusto agridulce. Intenté darle una oportunidad de recuperar las sensaciones iniciales hasta el final… pero sin éxito.

[TV] Cosas de series; de matrimonios que se rompen y otros armagedones

Televisión

Me entero viendo una de las series que comento esta semana que Armagedón no es sinónimo de Apocalipsis. Que más bien es el lugar que se convertirá en el campo de batalla de la contienda final entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal cuando llegue el Apocalipsis. Lo que pasa es que Apocalipsis, y eso no lo dicen en la serie, tampoco es el fin del mundo. El Apocalipsis de Juan es la revelación que recibió el mencionado Juan, y que luego transcribió en el famoso libro en el que se nos anunciaba que tarde o temprano, todo este tinglado que tenemos montado los humanos, se iba a acabar. Que termine como según Juan le fue revelado… eso me resulta más dudoso.

En cualquier caso, en Good Omens, serie en seis capítulos de la que podemos disfrutar en Amazon Prime Video, nos adaptan la visión que de tal evento tuvo el escritor de fantasía y ciencia ficción Terry Pratchett. Y si alguien ha leído alguna vez algo de Pratchett, podrá suponer que su versión del final del mundo será al menos tan imaginativa, mucho más absurda, y al mismo tiempo infinitamente más sensata que la del mencionado Juan.

Pues síp… tal y como está el Reino Unido últimamente, yo también opino que probablemente el fin del mundo será por esas tierras… probablemente a iniciativa de los “tories”.

Los protagonistas de este divertimento, en el que todos los que han trabajado tienen pinta de habérselo pasado muy bien, son un ángel y un demonio. El ángel, Aziraphale (Michael Sheen), es aquel de la espada flamígera encargado de velar por quien entraba o salía del Jardín del Edén. El demonio, Crowley (David Tennant), es aquel que fue encargado de tentar a Eva con una de las manzanas del árbol de la Ciencia del bien y del mal. Pero… a pesar de todo, se hicieron amigos, o algo así. Y ambos deambularon por la Tierra hasta que de repente se enteran que el Anticristo está aquí, y con el se acerca el fin del mundo. Y como ambos se encuentran bien y a gusto entre los humanos… pues decidirán impedirlo. Con la ayuda de una bruja, Anathema Device (Adria Arjona) y otros pintorescos humanos.

Es muy divertida. Es un cachondeo. Está bien hecha. Salen un montón de gente conocida. Mucho británico, aunque no únicamente, para una miniserie que sabe tener la duración justa y necesaria, y que supone un entretenimiento estupendo, no exento de críticas a muchas de las tonterías que entre unos y otros, en el mundo de las religiones y las supersticiones, no tan alejados como ellos creen el uno del otro, se han dicho. Muy recomendable.

Por otro lado, en HBO se puede ver Fosse/Verdon, miniserie que sin duda alguna había que ver aunque no sea porque ahí está Michelle Williams encarnando a la actriz Gwen Verdon, y demostrando, una vez más, que es una de las mejores intérpretes femeninas actuales. Pero es que además, enfrente tiene a Sam Rockwell, que se pone en la piel del que marido de Verdon, bailarín, coreógrafo y oscarizado director, Bob Fosse.

La serie, que se narra a través de flashbacks, coge a la pareja cuando todavía están casados, con el fracaso de la adaptación al cine de Sweet Charity. Poco después, Fosse consiguió hacerse con la dirección de Cabaret, que fue su mayor éxito, al mismo tiempo que el final del matrimonio por la enésima infidelidad de Fosse. Y a partir de ahí… su relación hasta el fallecimiento de Fosse.

La serie, tiene su algo de producto al uso para reivindicar la memoria de ambos personajes protagonistas por parte de la hija de ambos, y quizá sea mejorable en lo que a los guiones y el dinamismo de la misma. Pero las interpretaciones son inmejorables. Y alguno de los episodios, como el quinto, un fin de semana en la playa entre los principales caracteres protagonistas y secundarios, me parece antológico. Muy recomendable, también.

[TV] Cosas de series; entre la utopía LGTB+ y la distopía tecnológica

Televisión

En primer lugar, mencionar una serie fallida. Habitualmente incluyo los dramas coreanos dentro de los guilty pleasures, placeres culpables, series francamente defectuosas pero que me entretienen y disfruto de ellas. Y Netflix tiene varias “originales”, con las que lo paso bien. Pero recientemente incluyeron una House of Cards alrededor de la política parlamentaria coreana… llamada Chieff of Staff internacionalmente (original Bojwagwan: Sesangeul Woomjikineun [보좌관 – 세상을 움직이는 사람들]) que muestra que cuando se salen de determinadas fórmulas, estas series pueden ser un rollazo tremendo. No he pasado de la primera media hora del tercer episodio. No me voy a extender en porqué es un pestiño, pero lo es.

Vi estas series al poco de volver de China… y la verdad es que con esto de que todo el mundo tiene que estar representado en todo, no faltan los personajes de origen asiático. Aunque estén metidos con calzador. Como dos hermanos mellizos… en los que además de ser artistas conceptuales con base en las redes sociales… creo que su variante sexual era… ¿el incesto? Es que no me quedó claro… un ejemplo de personajes pensados como desahogo cómico y que están mal desarrollados.

Vamos a lo más sustancial. Cuando volví de vacaciones me encontré con un estreno en Netflix que me llamó la atención por su reparto; Laura Linney, Ellen Page, Olympia Dukakis… Se titula Tales of the City (reconvertido en Historias de San Francisco en castellano) y la verdad es que los primeros capítulos llevaban un camino que me desconcertaban un tanto… sentía que algo me estaba perdiendo en algo que parecía en un anuncio de Oliviero Toscani para cierta marca italiana de los años 90… un compendio de lo politicamente correcto tanto en la orientación/identidad sexual/de género, como étnica/racial… Así que al final del tercer episodio de diez que componen esta miniserie (como tal se ha vendido). Y comprobé que es una secuela de una serie de seis episodios de principios de los 90, del mismo título, que ya tuvo un par de secuelas en 1998 y en 2001. Claro… si no conoces algo de las series originales, hay guiños y referencias que te pierdes. Por lo demás, queda como una utopía en la que todo el mundo es bueno, con sus “defectillo”, pero muy majos todos. La cuestión es que la serie llega a animarse y tiene unos episodios finales entretenidos. A mí me suena a que es un intento de resucitar de forma no confesada la serie, con una nueva generación de protagonistas. Que han estado demasiado eclipsados por los protagonistas de la antigua generación, como para haber empatizado con ellos. La serie original, que también he visto, la de 1993, no las otras, tiene su cosa, pero no ha envejecido bien. Y muestra discordancias con la actual. Aunque emitida en 1993, la acción de la misma transcurría en la mitad de los 70, lo que les permitió obviar la epidemia del sida que marcó a la comunidad LGTB+ en los 80 y los 90. El caso es que no ha envejecido bien. Y además genera incongruencia en lo que se refiere a las edades de los protagonistas. Lo que sí que es cierto es que aquella serie era más valiente que la excesivamente “correcta” actual. Lo que sí es cierto es que nos ha dejado con ganas de visitar San Francisco.

Y también afronté semanas atrás la quinta temporada de Black Mirror. A la que tuve que añadir el especial que emitieron hace unas semanas, Bandersnatch, en plan “elige tu propia aventura”. Decir en primer lugar que el experimento de esta última no me convenció. Además de que te obliga a verlo en el ordenador o en la tablet, porque a través del Chromecast o del iTV la interactividad no funciona, esta no aporta gran cosa. De hecho, creo que la pusieron para jugar con la idea de “juego” y de “interactividad”, pero en mi caso sin que me funciona ni me aporte nada. Lo considero el peor episodio de la serie. Los tres que forman la quinta temporada oficialmente se dejan ver, pero de alguna forma han perdido la capacidad de sorprender y de reflexionar en profundidad. Quizá la fórmula esté agotada, o quizá la idea siga siendo válida, pero necesita una renovación de ideas. Aunque como digo, se dejan ver sin problemas.

[TV] Cosas de series; catástrofes diversas y Sherlock versión nipofemenina

Televisión

Esta semana vamos con dos (o tres cosas) muy distintas. Vamos por lo serio y trascendente. Pero vamos también por lo lúdico.

Estoy poniendo a prueba HBO más allá del mes de prueba que ofrecen. Si hay algo innegable es que esta cadena tiene un catálogo de producciones para televisión de altísima calidad, que van mucho más allá que las aventuras “tronadas” de moda en los últimos años. Y si dicen que como muestra basta un botón, expresión con la que sinceramente nunca he estado de acuerdo, hace un par de semanas me merendé Chernobyl. Miniserie que si bien está producida para la cadena americana, tiene un sabor muy europeo, con tres intérpretes principales de la talla de Jared Harris, Stellan Skarsgård y Emily Watson, acompañados de un reparto de secundarios poco conocidos pero de gran nivel actoral. Como su propio título sugieres, en cinco intensos capítulos nos narra la catástrofe nuclear de la llamada central nuclear de Chernóbil, gran desastre ambiental, económico y humano, que cobró un peaje en vidas humanas difícilmente evaluable, pero que superan las 31 víctimas reconocidas oficialmente por las autoridades soviéticas en varios órdenes de magnitud, hasta los varios miles. La serie no sólo está excelentemente interpretada y ambientada, sino que además explica de forma muy didáctica cómo se produjo la catástrofe. Dejando claro que la causa última de esta estuvo en el muy deficiente funcionamiento de la estructura burocrática estatal soviética, carente de mecanismos compensatorios por el hecho de ser un régimen dictatorial y, por lo tanto, con un nivel mayor o menos de corrupción global del sistema. No es que sea una serie recomendable. Es una serie IMPRESCINDIBLE.

Fotográficamente, dejaré de lado las tragedias, y pondremos unas cuantas potenciales “misu Shārokku”, en un país tan tradicional como es Japón, donde el escalón social y económico entre hombres y mujeres es increible e injustificablemente alto para un país con su nivel de desarrollo.

Como consecuencia, me sentí atraído a volver a ver otra producción de la casa, también de gran influencia británica, que ya pude ver de estreno hace un buen montón de años en el extinto Canal Plus. Se trata de Conspiracy, titulado en español con el título más sensacionalista de La solución final. El que probablemente sea el mejor trabajo actoral de Kenneth Branagh reconstruye lo que pudo suceder en la llamada Conferencia de Wansee a partir de la única copia que se recuperó de las transcripciones de la reunión, en la que se discutieron los aspectos prácticos del exterminio de ciudadanos europeos judios en todo el continente sometido al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Otro ejemplo de burocracia dictatorial, en esta ocasión impulsada tristemente al “éxito” por la eficiencia en ingeniería de los alemanes, así como por el fanatismo de los mismos, que antepusieron el odio hacia determinados colectivos a su necesidad de ganar la guerra. Hay momentos que te ponen los pelos como escarpias. Altamente recomendable también.

Así que después de estas dos producciones, necesité algo más ligero. Y lo encontré dentro de la propia HBO, en la que deber ser la única producción de HBO Asia programada en las plataformas occidentales, Miss Sherlock [ミス・シャーロック ( Misu Shārokku)]. Encarnada por la actriz Takeuchi Yūko, encontramos a una versión femenina del clásico detective británico que, aunque manteniendo las características esenciales del mismo, su femineidad y su japonesidad le otorgan un carácter diferenciador y, desde mi punto de vista, refrescante. Es una detective excéntrica, ciertamente, pero que carece el envaramiento del tradicional que siempre me ha producido cierto rechazo hacia el personaje. Por su puesto, si el Holmes tradicional no tenía sentido sin su compañero “humano” el doctor Watson, su versión femenina y nipona tiene su propia compañera, Wato-san (Kanjiya Shihori), doctora en medicina que ha regresado de ejercer como voluntaria en el conflicto armado en Siria y afectada por un trastorno de estrés postraumático. Quizá no alcance al nivel de las recientes versiones televisivas modernizadas del personaje, pero como digo sí que tiene cierto interés y sí que aportar cosas nuevas al personaje, sobre todo en el ámbito de la compasión hacia sus semejantes, aunque se esconda bajo la fachada de alguien que lidia con el hecho de ser “diferente”.

Como nota graciosa, la actriz que hace de casera de “Shārokku” y Wato-san, Itō Ran, formó parte de un trío femenino de música pop en los 70 que tienen algunos temas muy divertidos. O dejo con uno de sus vídeos. Es la cantante principal, la del centro. Hoy en día una señora de… bueno… 45 años más, claro.

[TV] Cosas de series; las series de vacaciones

Televisión

Una de las cuestiones que ha cambiado en las vacaciones y con los servicios de televisión de vídeo bajo demanda es que uno puede seguir viendo algunas series cuando está de viajes. Entendámonos. Cuando salgo de viaje me desentiendo mucho de mis actividades cotidianas. Pero en viajes largos hay muchas horas muertas. Y no siempre tienes ganas de conversar con las personas que te acompañan; también pasamos muchas horas juntos durante las vacaciones y tenemos necesidad de hacer algunos descansos unos de otros, por el bien del ambiente vacacional global. Y luego, a mí me pasa una cosa. Cuando llegas al alojamiento por la noche, especialmente si el día ha sido intenso, con abundantes estímulos, por muy cansado que esté, me cuesta conciliar el sueño. Aunque luego caiga en coma y duerma de tirón toda la noche. Para todos estos momentos que he descrito, viene bien poder disponer de episodios de series a mano.

Hoy viajaremos por Finlandia como en una de las series de hoy. Aunque en verano. Que las series nórdicas tienen tendencia a rodarlas en invierno… para acentuar la frialdad de la producción, supongo.

Netflix y Amazon Prime Video permiten llevarse episodios descargados. Aunque pueden no funcionar si la tableta está conectada a internet, si el país en el que te encuentras tiene una programación distinta para ese servicio. Por ello, cuando voy a ver uno de estos episodios, desconecto la conexión inalámbrica de la tableta. Dos series me he llevado. Una ya la había empezado antes de viajar. Las dos son europeas, una finesa y la otra francesa.

Deadwind

Serie finesa policiaca. La fórmula está vista. Una protagonista (Pihla Viitala), mujer, policía, que va un poco por libre, que se ha reincorporado a la policía de Helsinki después de vivir un tiempo con su marido en Hamburgo. Este murió en accidente de tráfico, y aquí se encuentra con el hijo que tuvo en común con el marido, y con la hija adolescente de este de una relación anterior. Y se le asigna el asesinato de una mujer, al mismo tiempo que un nuevo compañero (Lauri Tilkanen) previamente destinado en delitos de drogas. A partir de ahí, explorará la serie varias dimensiones. Las dificultades de gestión de su vida familiar, las de la relación con su nuevo compañero y el resto de los colegas de la policía, y la resolución del caso, que se complicará, por sus ramificaciones con otros sucesos y con otros intereses.

No está mal y se deja ver. Tiene la realización fría, algo distante, de las televisiones nórdicas. Pero no genera la sensación de sorpresa que otros productos en los que se inspira como la afamada Bron/Broen. Pasable. Entretenida. Sin más. La inspectora Karppi no es Saga Noren.

La Mante

La Mante [la Mantis] (Carole Bouquet) fue una asesina en serie en su momento, que mataba a sus víctimas, hombres, de forma extremadamente cruel; víctimas que se caracterizaban por sus conductas desaprensivas hacia sus entornos familiares, especialmente mujeres y menores. Una especie de (re)torcida justiciera. En la actualidad, 20 años después, un imitador ha aparecido. La asesina, secretamente en prisión cumpliendo cadena perpetua, se presta a colaborar con la policía. El secreto fue acordado para proteger a su hijo menor de entonces, cuya madre “oficialmente” murió en accidente aéreo en Francia. Pero actualmente es policía, y la asesina quiere que forma parte del equipo investigador. Obviamente, quiere reconectar con él. A partir de ahí se genera una trama en la que asistimos a la evolución de la trama policial, de la relación de la asesina con su hijo, y a la de este con su entorno, marcada por los secretos y mentiras.

A priori me pareció una serie entretenida e interesante. Me entraba curiosidad por saber que había sido de la Bouquet, de quien no había visto nada en mucho tiempo, desde los tiempos en que los mismo era chica-Bond que era un”oscuro objeto del deseo” para Buñuel. Luego me ha pasado como con la serie anterior. Aunque es una serie entretenida, no deja de ser un pastiche de conceptos, ideas y fórmulas ya utilizadas en otras producciones sobre asesinos en serie. En algunos momentos, recuerda mucho a Hannibal Lecter, pero sin las manías gastronómicas de este.

[TV] Cosas de series; placeres culpables, una vez más

Televisión

Parece mentira, pero a esta alturas de junio, aún no había encontrado ocasión para comentar series, o finales de temporada, que vi a mediados de mayo o poco antes de coger vacaciones. Vayamos con un par de ellas. En un comentario breve, porque ando con poco tiempo, y dejaré para la semana que viene las series que vi en el entorno de las vacaciones. Ya lo adelanto, lo habréis visto en el título de la entrada, las de hoy entran dentro del concepto de los guilty pleasures, esos placeres televisivos que nos hacen sentir culpables puesto que sabemos que lo que estamos viendo, si no es un bodrio, se le acerca, o es muy cuestionable en sus planteamientos.

Visitamos Corea del Sur con la excusa de que es la nacionalidad de uno de los placeres culpables de hoy.

Y ahí me tenéis que, después de catorce años, sigo misteriosamente enganchado a Grey’s Anatomy, drama médico con argumentos más propios de las teleseries de adolescentes e institutos, salvo por las periódicas catástrofes que sacuden periódicamente, al menos dos veces por temporada, a la ciudad de Seattle o al hospital que es escenario de los dramas de Meredith (Ellen Pompeo) y compañía. Con una de las protagonistas más sosas y menos interesantes de la televisión mundial, aunque la tercera mejor pagada entre las actrices a nivel mundial en 2018,… si ella se va se acaba la serie, deben pensar,… con temas repetitivos, con continuos déjà vecu en los argumentos,… ahí se mantiene, con quince temporadas a cuestas y sabiendo que está renovado hasta la 17ª temporada, lo que lo convertirá en el drama médico más longevo de la televisión. Conozco perfectamente todos sus defectos. Me insulto a mí mismo con vehemencia por seguir viendo esta serie delante del espejo con cierta frecuencia. Pero sigo con ella.

De todos modos, mis guilty pleasures por excelencia en los últimos años, desde que me suscribí a Netflix, son las teleseries coreanas. Series muy maniqueas, ridículas en muchas de sus situaciones, estereotipadas, sin embargo me privan. Y reconozco que de vez en cuando aparecen destellos de la calidad de algunos de sus intérpretes. Al fin y al cabo, en cine, los coreanos hacen cosas muy interesantes. Siempre llevo alguna al retortero. La última que terminé de ver es Possessed [título internacional, Bing-ui (빙의) es el título original en coreano]. Un dramón con asesino en serie y temas sobrenaturales, y un romance improbable entre un chica con capacidades de medium que está como un queso, Go Joon-hee (a veces transcrito, como Ko Jun-hee o Go Junhui o Ko Chunhui… que lío la romanización de los nombres coreanos), una monada, limitada interpretativamente eso sí, y un policía muy feo y muy tosco, Song Sae-byeok. El caso es que lo que parecía ser una mezcla de drama policíaco con comedia romántica, acaba derivando a tonos oscurísimos con tonos de tragedia donde muere hasta el apuntador. Floja, pero me la he tragado al ritmo de dos episodios por semana.

En fin… es lo que hay. De vez en cuando me dejo llevar por cosas no especialmente recomendables. Aunque ya aviso que los próximo dramas coreanos tendrán más nivel, especialmente uno, por el lado de la interpretación femenina. Pero eso ya llegará dentro de unas semanas. Porque una vez más, avanzan al ritmo de dos episodios por semana.

[TV] Cosas de series; diablos, diabluras e infiernos diversos

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Sigo teniendo acumuladas unas cuantas series vistas y no comentadas. Vamos a ver si acortamos esa lista. De momento diré que comprobé hace unos días que estaban disponible en Netflix tres temporadas de Riverdale, la de Archie y sus amigos en versión dramática, y cuya primera temporada vi en viajes, porque en España no estuvo disponible en su momento. Pertenece al mismo universo que Sabrina, y en su momento dije que no me acababa de convencer. Me llevé algunos episodios descargados en mis vacaciones,… y confirmo que es mala, mal interpretada y con unas historias bastante estúpidas y unos personajes bastante absurdos. Fuera. No me volveré a dar mal con ella. Así que vamos con cosas más interesantes. Iremos de peor a mejor.

La mejor, con ventaja, de las series de hoy es británica, y a Londres nos vamos. Vedla serie si tenéis ocasión es muy buena. Y viajad a la capital británica antes de que la estropeen los “brexiters” con su chorradas.

Un infierno parece el pueblo ficticio de Monteperdido, situado en los Pirineos aragoneses, en una serie, La caza – Monteperdido, rodada en Benasque y otros emplazamientos de esa región montañosa. Drama policial, con guardia civiles investigando secuestros de niñas en una comunidad rural cerrada y con aparentes secretos (toma oximoron). He aguantado hasta el final por la curiosidad de ver en pantalla paisajes que me son queridos y familiares… pero en realidad la serie es un infierno… por mala. Tiene una duración excesiva para lo que la trama da de sí. De la excesiva duración de los episodios individuales en las televisiones española ya no voy a insistir… desconozco el motivo, pero es claramente innecesaria. Pero es que además tiene unos personajes mal desarrollados, escasamente empáticos y, por si faltaba poco, mal interpretados. Y la gente me mira raro porque veo series coreanas. Son regulares… pero mucho más entretenidas y mejores que este dramón excesivo. No ver, salvo masoquismos localistas como el mío.

Lucifer fue una serie que me gustó bastante en sus primeras dos temporadas. Pero fueron temporadas de no demasiados capítulos. Cuando anunciaron que la tercera iba a ser larga, me dio pereza y no la vi. Hace unos meses anunciaron su cancelación. Y a continuación, que Netflix la recuperada en una temporada cortita. Así que, con tiempo, fui viendo la tercera temporada, también en la cadena de vídeo bajo demanda, para ver la cuarta en su estreno. Lo cierto es que las dos primeras temporadas tenían unas virtudes importantes; la serie no se tomaba demasiado en serio a sí misma, el procedimental policíaco combinaba bien con la picardía del diablo protagonista, la química y la tensión sexual no resuelta de los protagonistas funcionaba, y te lo pasabas bien. He de decir que las dos últimas temporadas bajan de nivel. Empieza a tomarse demasiado en serio las tramas, los arcos argumentales se hacen más largos y pesados, en un momento dado la química entre los protagonistas se pierde, y pierde frescura en general. No está mal, se deja ver, pero yo no haría muchos esfuerzos en recuperarla más allá de esa cuarta temporada que ha permitido un cierre de la serie más o menos digno.

State of the Union es una pequeña joya de HBO. Me la encontré cuando me di de alta en el mes de prueba de esta cadena para los episodios finales de Game of Thrones. Y me la vi en un pispás. Diez episodios de diez minutos de duración cada uno, con Rosamund Pike y Chris O’Dowd en estado de gracia absoluta como una pareja de casados, ella cerca de los 40, él un poco más allá de los 40, que está en crisis por la infidelidad de ella debida al… aburrimiento. En cada capítulo los vemos durante diez minutos mientras se toman en un pub una pinta de cerveza, él, y una copa de vino blanco, ella, antes de entrar a la sesión semanal con la terapeuta de pareja. Diálogos agudos, chispeantes, que alternan entre la comedia y el drama, pero muy serios en su contenido, con cargas de profundidad contra las convenciones de la institución matrimonial, pero sin hacer excesiva sangre nunca. Sin maniqueísmos, con simpatía hacia las personas y sus debilidades. Excelente química entre la bella esposa y el desastrado marido, y excelente trabajo de los guionistas con unos diálogos que tienen desperdicio, especialmente gracias a la interpretación y al lenguaje corporal que añaden los protagonista. Televisión con mayúsculas en formato pequeño. Total y absolutamente recomendable.

[TV] Especial “Game of thrones”; la insoportable levedad de los “fans”

Televisión

Lo reconozco. Estoy muy sorprendido. Quizá cuando no debería ya sorprenderme por nada. Este lunes pasado, domingo en los EE. UU., llegó a su final Game of thronesJuego de tronos en su versión española. Tenía, claro está, cierta expectación sobre los detalles de cómo iba a terminar su última temporada. Dicen que es la octava. Pero estoy casi seguro que hace tres años decían que la serie iba a tener siete temporadas, de las cuales, la séptima, iba a tener trece episodios en lugar de diez, y que la iban a dividir en dos partes. Mala costumbre que están cogiendo de unos años a esta parte las cadenas de televisión con sus series más significativas. Sucedió con Battlestar Galactica, sucedió con Mad Men,… y con otras que ahora no me vienen a la memoria. Pero ahora todo el mundo habla de la “octava” temporada. Pues vale. Por lo demás, un esquema parecido al de todas las temporadas. Unos cuantos episodios dedicados a que los personajes hablen y vayan de un sitio a otro, algunos fuegos artificiales más o menos vistosos por el medio, los grandes fuegos artificiales en el penúltimo capítulo, y vamos a ver donde estamos en el último. Lo que pasa es que en esta ocasión, el último es realmente el último. Y todos los fans (viene de fanático, que no necesariamente es un cumplido) estaban tremendamente expectantes a lo que iba a pasar. A partir de aquí, riesgo de destripar la trama, si es que a estas alturas los realmente enganchados a la serie no se coscan todavía de lo que ha pasado.

Nos despediremos de “Game of thrones” desde el castillo de Zafra, escenario protagonista brevemente de la acción en la serie. ¿Sabéis lo que me gustaría que adaptasen a la tele? Las novelas cortas de “Dung & Egg“. Literariamente, siempre me han gustado mucho más que los libracos de la historia principal.

Lo que iba a pasar era previsible para todos. Se juntan unos, se dan de leches a mitad de temporada con los zombis del congelador, un episodio de descanso, se dan de leches con Cersei, y en el último capítulo, entre los que queden vivos, uno es rey. Y exactamente eso es lo que ha pasado. Es más dada la premura y el cambio de estilo de la serie en su séptima temporada, o séptima primera parte, esta octava temporada, o séptima segunda parte, casi ha sido un retorno al espíritu original de la serie de cocer las cosas a fuego lento. Casi. Con sólo seis episodios no se podían hacer milagros. Pero supongo que cosas del negocio han impuesto este cierre precipitado. Pero no es de ahora. Ya vimos hace dos años que iba a ser un cierre precipitado. La mala gestión de los tiempos, de las elipsis, el apresuramiento en preparar algunas situaciones era inevitable. Desde hace dos años. Yo ya lo había asumido. Ya está. No pasa nada. Nada es perfecto. Pero nada es catastrófico. Cerramos la historia y ya está. Porque toca. No hay más que pensar. Lo han decidido los productores. Pero, si todo esto es tan evidente, desde hace dos años, ¿por qué está el personal tan alterado? ¿Porque Daenerys (Emilia Clarke) ha resultado ser una borde y la han apiolado, o porque Bran (Isaac Hempstead Wright) no le caía bien a nadie y lo han hecho rey? Pero, ¿qué somos? ¿una panda de preadolescentes de E.S.O.?

Como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes. Daenerys… Daenerys está interpretada por una chica que cuando empezó la serie era una actriz joven desconocida, bajita, lo que permitía que pasara por una adolescente, de capacidades interpretativas limitadas. Pero que como el guion incluía desnudos y escenas subiditas de tono, era un buen gancho para fidelizar “machotes”. Las capacidades interpretativas de Clarke han mejorado muy poco durante estos años. De hecho, no le han llovido otros papeles importantes durante este tiempo. Y algún protagonista que ha hecho en el cine, ha sido más bien flojo. En cuanto al personaje, siempre han jugado con su inmadurez. La chica tenía buenas intenciones, pero poca tendencia a la misericordia. Ha liberado muchos esclavos… y a muchos de ellos en lugar de darles un medio de vida razonable, se los ha llevado a la guerra por su interés, a matar o a servir de carne de cañón. El bueno de Tyrion Lannister (Peter Dinklage) dejó claro desde el principio que podía ser una buena reina, siempre y cuando se le pudiese guiar. Pero los tiranos, por buenas intenciones que tengan, no se dejan guiar. Van a la suya. Daenerys no se vuelve loca, siempre ha sido así. Y como muchas otras veces, al final se ha dejado llevar por la rabia y la venganza. Pero esta vez, se han cansado y la han apiolado. Tyrion tenía razón, podría haber estado bien, pero le salió rana. Su evolución, tal como nos la han contado, era posible. E incluso, en una serie como esta, esperable. Por algún motivo, todos la querían. Los “machotes”, por que está buena. Las mujeres… porque por algún motivo que desconozco la han convertido en un símbolo feminista. Señoras, que Margaret Thatcher también tenía mucho carácter… y no por eso se ha convertido en un símbolo feminista. Ah, claro… que no era mona. Pero también era británica. No nos olvidemos que Westeros es una isla de Gran Bretaña a lo bruto.

Vamos con los otros personajes. Los Stark. Siempre han sido los “buenos” de la serie. Ya sabemos que la frontera entre “bueno” y “tonto” en el idioma castellano siempre es difusa. Las dos chicas Stark, Sansa (Sophie Turner) y Arya (Maisie Williams), han sido dos de los caracteres más interesantes de la serie, ambas razonablemente bien interpretadas. Sin que sean tampoco maravillas. Otros intérpretes, mucho mejores, han pululado por la serie en papeles secundarios. Y estas chicas han tenido finales que han contentado. Sansa se ha convertido en una María Estuardo alternativa que al final se ha quedado con el trono de Escocia, y Arya es una entretenida aventurera que tiene su momento de gloria. El gran problemas de los Stark es que su personaje principal, el “bastardo” Jon Snow (Kit Harington), ha estado interpretado por uno de los actores más limitados y flojos de la serie. ¡Cuantas veces he suspirado porque acabaran con nuestro sufrimiento y lo apiolaran! Pero cuando lo hacen, van y lo resucitan. Diosshhh… Como decía nuestra añorada Ygritte (Rose Leslie), “you know nothing, Jon Snow”. Para colmo, la química que tenía con Clarke producía el mismo calor que una sonrisa del Rey de la Noche (Richard Brake/Vladimir ‘Furdo’ Furdik). Claro… tener que interpretar en la muerte de Daenerys era garantía de anticlímax. Por lo demás, si algo ha estado claro, siempre ha estado destinado a no reinar… y su personaje ha tenido uno de los finales más dignos de la serie. Sólo le ha faltado una pelirroja con acento escocés a su lado.

Los Lannister han sido lo mejor de la serie. Sin duda. Entre otra cosa, porque han sido interpretados por buena parte de lo mejor del reparto. Desde el patriarca Tywin (Charles Dance) hasta el inteligente, y para mí protagonista principal de la serie, Tyron (Peter Dinklage), pasando por las excelentes interpretaciones que han acompañado a Jamie (Nikolaj Coster-Waldau) y, muy especialmente, Cersei (Lena Headey). Por un momento soñé con que las cabezas de George R. R. Martin y los responsables de la serie iban a ser lo suficientemente rompedoras como para un final “infeliz” con Cersei en el trono. Pero no hay suficiente osadía y valentía en Hollywood para eso. Mira lo que ha pasado con la muerte de Daenerys… conque imagina. Pero bueno… al final queda un Lannister al frente del gobierno, ¿o no?

¿Y Bran? Bran es un instrumento de la trama. Su indiscreción al final del primer episodio pone en marcha una máquina narrativa. El miedo a que cuente lo que pasó es un motivo tan importante como cualquier otro para que la contienda entre los Lannister y los Stark se desencadene. Que termine como rey es intrascendente. Totalmente. Y aquí vienen las comparaciones con The Lord of the Rings. Al principio se decía que Game of Thrones era The Lord of the Rings, pero con sexo. Se han comparado mucho las dos obras. Ambas tienen temas comunes. Los más notables son dos. Ambas son una reflexión sobre el poder. Sobre la capacidad corruptora del poder. Ambas narran el fin de la magia y el reinado de los hombres comunes. Han desaparecido los caminantes blancos, se esfumado en la niebla el último de los dragones, el Cuervo de Tres Ojos es un rey nominal; pero se ha terminado la edad media y nos acercamos al renacimiento. Habrá validos, primeros ministros que gobiernen. Los consejos de secretarios/ministros se harán más importantes. Habrá de vez en cuando algún rey absoluto… pero el paradigma cambiará. Como cambia en la obra de Tolkien. Se han comparado mucho los dos finales y no falta razón. Ninguno de los dos, en sus versiones audiovisuales es brillante, aunque el del Retorno del Rey es mucho más brillante y emotivo. Pero no consigue acercarse a la versión literaria. Tampoco sabemos cómo hará Martin la versión literaria del final de Canción de hielo y fuego… si es que no le da un infarto o un ictus antes de acabe… cosa muy probable… me parece.

Recapitulemos. Hemos disfrutado de una serie a un grandísimo nivel… con un final apresurado, y en cuya valoración han pesado más las emociones de los fanáticos que el análisis razonado de cómo ha transcurrido. El episodio penúltimo me parece que es brillante. No es la gran batalla entre los Lannister contra los demás que la gente esperaba. Es otra cosa. Pero es brillante. Tiene momentos notables. Pero no es lo que la gente esperaba. Resulta que en lugar de narrarnos el ascenso de una heroína, nos narran la caída de una heroína. Y no estamos acostumbrados a que Disney le haga esas cosas a las princesas. Una caída al más puro estilo Anakin Skywalker. Lo que pasa es que Lucas dedicó tres películas ha resolver las consecuencias de la caída de Skaywalker, y en la serie que nos ocupa lo han resuelto en 100 minutos. La escena importante del último episodio ha estado lastrada por el hecho de que sus dos protagonistas son unos intérpretes mediocres. Y por las espectativas de los fans. Pero este final es tan coherente como otros que podían haber sido. Aunque la gente no le gusta. Lo que sucede después de que el dragón desaparezca entre la niebla… pues igual es que ya no era importante. Igual es que sobraba. Cosas que se me ocurren. Ya tenemos a nuestro ángel caído. Lucifer se rebeló contra el poder absoluto de Dios, pero no le salió bien. O no le podía salir bien. Pues lo mismo con Daenerys. Lo demás… el mundo sigue. Alguien reinará. Y los que sobrevivan, tendrán que vivir lo que les quede de vida. Pero, realmente, la historia principal ya estaba contada. Por lo menos, agradezco que ese epílogo estilo “Compromiso de Caspe” y la primera sesión del consejo nos hayan despertado unas sonrisas. De verdad.

[TV] Cosas de series; de lo fantástico a lo kinky en tres series

Televisión

Como me viene pasando desde hace un par de meses, por alguna razón se me acumulan las series y no consigo despejar la lista de espera para comentarios. Y es que estoy viendo series que se ven rápido. O se me han acumulado finales de cosas que venía arrastrando de tiempo atrás. Y no voy a hablar todavía del final de Game of Thrones… aunque no pasará de esta semana. Le dedicaré un especial. Creía que hoy iba a traer un especial satánico; pero para sacar adelante más “trabajo”, haré un mix de dramas de temas diversos.

Una de las series de hoy, Bonding, transcurre en el cosmopolita y extraño mundo de Nueva York, y a la Gran Manzana, a Washington Square, nos dirigiremos fotográficamente.

Chilling adventures of Sabrina – temporada 2ª

Lo he de reconocer. La primera temporada me gustó a medias, no tenía claro que mantuviese este drama de instituto con toques fantástico-satánicos en mi cartelera personal. Pero decidí darle una segunda oportunidad. No me arrepiento. Sin que haya ascendido a la cumbre de mis preferencias, ha resultado una temporada entretenida. Más oscura, más madura, con una trama argumental más definida, más coherente, abrazando con más seguridad los aspectos siniestros del mundo fantástico de Sabrina (Kiernan Shipka). Apartándose del lado “drama de instituto”. Es cierto que su protagonista esta por debajo de las expectativas que me despertó su participación en Mad Men… pero es pasable. Y tiene algunos secundarios interesantes. Quizá lo más debatible es los tópicos en los que cae. Que pretendiendo no ser maniquea y navegar en una zona gris moral, acaba siendo muy maniquea, con algunos “malos” muy de pandereta. Por lo tanto se queda en serie normalita, no especialmente destacable, pero entretenida. En cualquier caso… al menos hemos sobrevivido al apocalipsis. Quizá tendría que haber acompañado este comentario con el de Lucifer,… por algunas similitudes argumentales,… pero dejaré eso para otra ocasión.

Bonding – temporada 1ª

Desconozco si habrá más temporadas de esta serie, es posible que sí, pero me ha gustado bastante esta peculiar reflexión sobre las relaciones, la soledad, las mochilas emocionales que llevamos ya a edades muy jóvenes, en un entorno muy peculiar. Tiff (Zoe Levin) y Pete (Brendan Scannell) son amigos desde hace muchos años, incluso tuvieron cierta relación en sus años de instituto. Pero ahora Pete es abiertamente gay, comparte piso con un tipo no especialmente agradable, y tiene serias dificultades para llegar a fin de mes. Y Tiff,… se gana bien la vida, pero bajo pseudónimo. Porque en el trabajo es conocida como Mistress May, y es una dominatrix muy valorada y respetada, que acepta como ayudante a su amigo de toda la vida, que a partir de ese momento será conocido como Carter… incluso como Master Carter.

Siete episodios en torno a los quince minutos de duración, que con gran economía de medios desarrollan perfectamente la personalidad y los problemas cotidianos de sus protagonistas, las mochilas emocionales y sociales que cargan consigo mismo, mezcladas con las extrañas escenas que su “trabajo” les proporciona. Comedia negra con calado y muy divertida. Muy recomendable. Y si lo mira bien, prácticamente te la ves como si fuera un largometraje de dos horas.

Dead to Me – temporada 1ª

Serie que llegó a Netflix sin hacer mucho ruido, pero que me llamó la atención por su reparto. Jen (Christina Applegate), viuda desconsolada por la muerte en accidente de tráfico de su marido, habiéndose dado a la fuga el conductor, con el caso no resuelto por la policía, conoce en un grupo de autoayuda al duelo a Judy (Linda Cardellini), que también dice haber perdido a su pareja, y que tras unos encontronazos iniciales acabarán iniciando una peculiar amistad. Una amistad y unas viudedades en la que nada es lo que parece y que acabarán desmoronando el precario equilibrio en el que se mantienen las vidas de ambas protagonistas, en una escalada de descubrimientos y concesiones que parece que va a acabar de muy mala manera. Cuando todo el bacalao parecía repartido… nos han dejado con un hermoso cliffhanger, que espero se merezca una nueva temporada. Con buenas interpretaciones, mi favorita es Cardellini, también por parte del reparto secundario, la serie ha ido destacando. E incluso el público votante en IMDb la ha dejado a buen nivel. Pero bueno. También Santa Clarita Diet estaba en esas y, después de su mejor temporada, ha sido cancelada…

[TV] Cosas de series; ronda de series asiáticas

Televisión

Sigo acumulando retrasos en mis comentarios televisivos. Hasta tal punto que me estoy planteando hacer dos en una semana. Y eso en medio de la semana en que nos preparamos para asistir al último, definitivo, episodio de Game of Thrones, de la que se puede hablar mucho, pero como hay mucha gente que no lleva un ritmo acelerado de visualización de episodios, no quiere que se comente nada. Pero todo llegará. Y por otra parte, está Lucifer. Este procedimental policíaco me gustaba, tenia salero y personajes con cierto carisma. Vi dos temporadas, pero cuando anunciaron que la tercera tendría más de 20 episodios… pasé. Cancelada por su cadena original, recientemente fue retomada por Netflix que ha estrenado una cuarta temporada con 10 episodios y ha recuperado las tres primeras. El caso es que me ido poniendo al día en los dos últimos meses… y ya casi la tengo terminada. Ya hablaré de ella.

Dicho todo esto, vamos con unas cuantas series asiáticas, algunas de las cuales ya las terminé de ver en el entorno de las vacaciones de Pascua. Intentaré no extenderme mucho, porque no merece la pena. Aunque hay alguna cosa interesante.

Sip… son tres series coreanas frente a sólo una japonesa. Pero la que más me ha gustado e interesado es la de animación japonesa. Así que a Japón nos vamos con mis fotos.

Persona [페르소나]

Un poco presuntuoso poner el mismo título a esta antología de cortometrajes de unos 20 minutos de duración realizados por directores coreanos de cierto prestigio que uno de las más celebradas películas de Ingmar Bergman. Pero bueno… El caso es que estos cortometrajes nos hablan de los conflictos y las personalidades de una serie de personajes femeninos, más o menos jóvenes y con carácter. Con muchas gente guapa, como es habitual en la televisión coreana, esta miniserie de miniepisodios autoconclusivos estrenada hace unas semanas en Netflix, tiene su interés, y razonablemente buenas interpretaciones. Muy superior a la mayor parte de las producciones televisivas coreanas, sin que alcanza tampoco cotas excesivamente altas.

Otra serie coreana de episodios cortitos, que muchas veces no llegan a los 15 minutos. En ellos seguimos la vida cotidiana de Jae-Young (Hee-von Park), una mujer de unos treintaypocos años, con su trabajo independiente, sus amigas, sus novios, que no le suelen funcionar bien, y que debe lidiar con los problemas del día a día y con la condición de mujer soltera a una edad que en una sociedad conservadora como la coreana se supone que debería estar casada. Pero la serie tiene un tono positivo, y en todos los episodios se pone buena cara a los problemas a través de la comida. Todos terminan con la receta de un plato de la cocina coreana. La protagonista cae bien, y lo hace bien. Es una serie simpática, con buen rollo, pero sin esconder realidades. Hay dos temporadas de la misma en Netflix. Desconozco si en algún momento habrá alguna más.

My first first love [Cheossalangeun Cheoeumilaseo (첫사랑은 처음이라서)]

Estreno reciente en Netflix de esta serie que se presenta como de producción propia. Sorprende, en principio, que sólo tenga ocho episodios, frente a los 16 o más que son los habituales en las series coreanas. Pero luego vemos que la serie no termina. Probablemente habrá una segunda temporada o una segunda tanda de ocho episodios.

Grupo de amigos jóvenes, en sus últimos años de universidad que acaban viviendo juntos e interrelacionándose. La pareja protagonista son amigos de la infancia, y existe cierto grado de tensión sexual no resuelta. Pero pronto cada uno de ellos encontrará un interés romántico en otras personas… lo cual puede generar otro tipo de tensiones.

Intrascendente, prescindible, pero simpática y entretenida. Y como siempre, todos son muy guapos en las series coreanas.

Rirakkuma to Kaoru-san [リラックマとカオルさん]

Simpática serie de animación japonesa realizada con muñecos mediante la técnica del stop motion o animación foto a foto en volumen. Son trece episodios de unos 12 minutos de duración, con afinidades temática, aunque no formales, con una de las anteriores. Kaoru-san es una joven soltera, que empieza a ser “no tan joven”, que trabaja en una empresa con pocas posibilidades de promoción, que vive alquilada en un viejo caserón, y a la que no se le da bien lo de ligar, aunque esté prendada del repartidor de la empresa de paquetería. Vive “sola”. Y entrecomillo porque con ella “viven” en la apartamento un pajarito y dos osos de peluche, de los cuales el más grandón Rirakkuma es el otro protagonista de la serie. A mí me ha encantado, por su sencillez, por la animación y por el planteamiento mucho más serio de lo que parece. Típico recorrido a lo largo de un periodo de tiempo en el que van sucediendo problemas cotidianos con los que hay que apechugar. Mantiene cierto optimismo dentro de los problemas. Como la anterior. Me parece muy muy muy recomendable.