[TV] Cosas de series; autismos y obesidades en las series surcoreanas

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Esta semana, dos series surcoreanas que he ido viendo muy poco a poco durante el mes de agosto y principios de septiembre. Y las dos, a priori, en una está más claro que en la otra, intentan normalizar la diversidad de las personas desde el punto de vista del físico o de la psique. Si lo consiguen o no, es otra cosa. Si las series entretienen o no, también es otra cosa.

Oh, my Venus [오 마이 비너스, el título en coreano es la transcripción en su alfabeto del título en inglés] es una serie que tiene ya varios años. Su emisión en el invierno 2015 – 2016, y está disponible en Netflix. Aunque es de esas series que los abonados españoles no ven en su catálogo salvo que ajusten la interfaz de la aplicación al idioma inglés. Entonces, sí. Me puse a verla por estar protagonizada por Shin Min-a, una actriz muy guapa, elegante y simpática, que había visto ya en algunas series anteriores, aquí, aquí y aquí. La cosa va de una chica que era un bellezón en su ciudad de provincias cuando era adolescente y en los años de universidad, pero que al entrar en el mundo real, empieza a calmar la ansiedad comiendo y acaba obesa. La trama es una comedia romántica, con su punto de drama, en la que, por supuesto, la chica volverá a ser un bellezón. No normaliza la diversidad corporal; no denigra a las personas obesas, pero no deja de sentir lástima por ellas, y les plantea unos tratamientos, basados en el ejercicio, que probablemente no funcionen sin una dieta realmente ajustada. La trama es entretenida, sin más.

Mucho más interesante es un estreno en Netflix que parece que ha cosechado mucho éxito. Tanto en su programación original en Corea del Sur como en su emisión internacional en la plataforma en línea. El título es Isanghan byeonhosa U Yeong U [이상한 변호사 우영우, La extraña abogada Woo Young-woo], en castellano, Woo, una abogada extraordinaria. Si notáis diferencias en el nombre de la protagonista es por las diferencias en la romanización a partir de la escritura coreana. U Yeong U y Woo Young-woo se supone que suenan lo mismo. La primera es la romanización oficial de las autoridades coreanas y la segunda la adaptada a la escritura en inglés. Ninguna de las dos se adapta al castellano (que vendría a ser U Yongu); pero la primera de ellas se nos acerca más.

En esta serie tratan el autismo. La protagonista, protagonizada por otra habitual de las series que veo, Park Eun-bin, es una abogada, la primera de su promoción, pero cuya personalidad está dentro del espectro autista. Por supuesto, dentro de las tipologías de mayor desarrollo lingüístico y capacidades intelectuales, pero con los rasgos más típicos de dificultad en la relación social y de intereses monotemáticos. Los cetáceos en este caso. A parte del derecho. La chica es admitida como novata en un bufete prestigioso, y la serie nos va contando como participa en los casos, como se relaciona con sus compañeros, y como liga. Empieza como un procedimental, cada episodio o cada dos episodios es un caso, y termina desarrollando la trama de fondo que afecta a quién es la madre que la abandonó con su padre sin querer saber de ella. Es bien intencionada y buen rollista. Muy cuidada. Y muy entretenida. No ha recibido críticas por su forma de presentar el autismo… pero he visto mucho mejores representaciones del mismo en la ficción. Y los casos judiciales me resultan muy poco verosímiles.

[TV] Cosas de series; humor y drama, receta para series con episodios cortos

Televisión

El paradigma por excelencia de las series con episodios cortitos son las comedias de situación. Que en general, son puramente comedias. Incluso de ciento a viento incluyen algún tema serio más dramático. Y que si descontamos los títulos de crédito, apenas sobrepasan los 20 minutos de acción real. Para contar algo digno de ser contado en tan corto espacio de tiempo se hace preciso un guion muy ágil y dinámico, con unos diálogos muy medidos y afilados. Pero con el tiempo ha surgido otro tipo de serie con episodios que no suelen sobrepasar los 30 minutos de duración, algo más largos que las anteriores. Y que incorporan elementos de comedia, pero también de drama; incluso este puede ser predominante en ocasiones, aunque no falte los momentos de relax cómico. Las tres series que traigo hoy, y que he ido viendo en la segunda mitad de este verano que astronómica se nos acaba.

La mejor serie de las que traigo hoy es ambiente puramente neoyorquino. Y en la sesión de hoy de ASAFONA Asociación aragonesa de fotógrafos de naturaleza también hemos podido ver fotos de la Gran Manzana. Así que qué otra cosa podía traer para ilustrar la entrada de hoy.

Boo, bitch es el único estreno de este trío. Y la más floja con ventaja. Pero con 8 episodios sólo, decidí terminarla, aunque no terminó de engancharme en ningún momento. Es la típica serie de institutos en las que las dos protagonistas son unas pringadas, con pocos amigos, poco populares y que no se comen un rosco en tema de ligues. Y en estas estamos, haciéndose propósitos para cambiar esto antes del final del curso y del instituto, cuando un accidente hace que una de ellas muera, pero su fantasma siga en el mundo terrestre. Se supone que hasta que satisfaga sus propósitos. No digo más para no correr el riesgo de desvelar el recurso argumental que mueve la acción y… que uno puede imaginarse en un momento dado. Es muy poco original, no excesivamente bien interpretada, llena de situaciones tópicas y previsibles. Los puntos dramáticos casi ni se notan, aunque se supone que están. No especialmente recomendable.

Never have I ever estrenó este verano su tercera temporada. Es una serie, con algunas premisas similares a la anterior, salvo que no hay fantasmas. Los que mueren, muertos están. Y tiene mucho más fondo. Quizá empalaga mucho, como muchas series actuales, las enormes dosis de diálogos con mensaje políticamente correcto. Pero en estos momentos,… es lo que hay. Si no quieres ver documentales de animales, donde los leones no se han hecho veganos y no binarios… es lo que hay. La serie ha mejorado en interpretación, y se ha asentado como una buena comedia dramática de institutos, con situaciones graciosas y con personajes con los que empatizas o simpatizas. Aunque con más frecuencia entre los secundarios que entre los protagonistas. Creo que sólo le queda una última temporada. Una por año de instituto, supongo. Se deja ver sin problemas.

Y la mejor de las tres de hoy es Only murders in the building, donde, además de unos buenos guiones en lo que es la investigación de los crímenes reales que se producen en el Arconia, el edificio del título. La sintonía entre Steve Martin, Martin Short y Selena Gomez es absoluta. Me ha sorprendido mucho y gratamente el buen trabajo interpretativo que hace esta chica, que ya no es tan joven como parece. Pero ya mostró buen hacer en un papel secundario de una de las últimas películas de Woody Allen. Y además hay que sumar el excelente trabajo de los diversos secundarios de la serie, entre los que destacaremos en esta ocasión a Tina Fey. Y sólo levantaríamos las cejas un poco por lo poco convencidos nos deja el trabajo de Cara Delevingne. Que yo pensaba que podía dar más de sí. También es cierto que su papel es muy circunstancial. Es una serie de crímenes desde el punto de vista de la comedia, y con unos protagonistas que arrastran problemas serios que resuelven relacionándose con los vecinos más insospechados. Me lo paso muy bien, me parece muy recomendable, y estoy deseando que llegue una tercera temporada.

Por cierto… no habrá segunda temporada de Paper Girls, al menos en Prime Video. La serie ha recibido buenas críticas de los especialistas y del público que la ha visto. Pero este último no ha llegado a los niveles previstos. Aunque parece que hay posibles de que la salven en otras cadenas. Lo cierto es que aunque los derroteros que ha cogido son distintos de los del cómic original, me gustaría saber dónde van a parar. Quizá reflexione en algún momento porque «bueno» no es siempre sinónimo de «duradero» en televisión. ¿Recordáis Firefly?

[TV] Cosas de series; épica magicomedieval por episodios

Televisión

Tras volver de Múnich a mitad de agosto decidí probar con una serie de época surcoreana, Hwanhon [환혼, nupcias de alma, o algo así], conocida internacionalmente en inglés como Alchemy of souls en inglés, o Alquimia de almas en castellano. El caso es que con 20 episodios en su primera temporada, de 70 minutos aproximadamente cada uno de ellos, es decir, un montón de horas de televisión, me ha entretenido mucho. Fundamentalmente, por la empatía y buen rollo que generan sus personajes protagonistas (Jung So-Min en el papel femenino protagonista especialmente, y Lee Jae-Wook como su contrapartida masculina). Es, como muchas de estas producciones históricas de la televisión surcoreana, una mezcla de géneros, el de acción y aventuras con la comedia/drama romántica. Y la época en la que sitúa la acción en un país imaginario, un reino feudal con espadas, arcos y lanzas, pero en el que también existe la magia. Y la posibilidad de que, mediante hechizos, el alma de una persona pase a residir en el cuerpo de otra. No ha terminado. Tendrá una segunda temporada de diez episodios a partir de diciembre, creo. En Netflix.

Ilustraremos esta entrada con motivos orientales, ya que hemos empezado con el comentario de una serie surcoreana. Así que nos daremos un paseo por las murallas y los palacios de la ciudad de Suwon.

En ese entorno encontraremos amistad, compañerismo, amoríos ligeros, romances profundos, intrigas políticas, el tradicional enfrentamiento entre el bien y el mal, luchas de capa y espada, con hechizos incorporados en ocasiones, seres sobrenaturales… Sí. Exacto. Esta descripción conviene perfectamente a sagas occidentales de origen literario tan famosas como El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien o Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin. Es un pena que la inicial de mi segundo nombre sea A. Si hubiese sido R. R. hubiera considerado la posibilidad de forrarme a base de escribir aventuras medievales mágicas y vender los derechos de cine y televisión. Bueno… esas dos,… y a pléyade de imitaciones que han ido surgiendo en las últimas décadas por parte de escritores y escritoras mejores o, más bien, peores.

Lo cierto es que el género es antiguo. Muy antiguo. Las fantasías heroicas se encuentran en buena parte de las mitologías de culturas de todo el mundo. Y si hemos de buscar inspiración directa habrá que hablar de sagas como las Edda nórdicas o el Mito artúrico, junto con algunos acontecimientos históricos. Es conocido que la inspiración original de Martin para su Canción de… fue la Guerra de las Dos Rosas, entre los Lancaster (Lannister) y los York (Stark). Denominaciones de lugares como la Tierra Media de Tolkien son frecuentes en todo el mundo, tanto en los mitos como en la realidad, siendo una de las potencias mundiales actuales, China, un ejemplo. Su nombre en mandarín es Zhōngguó 中国, en japonés Chūgoku con los mismos caracteres, viene a significar el País Medio o Tierra Media. Una de las regiones japonesas también se denomina Chūgoku, aunque para no liarse la suelen denominar Chūgoku-chiho 中国地方, región de Chūgoku. Como curiosidad, el centro geográfico de las tierras emergidas de la superficie terrestre se encontraría en el Middle East, el Oriente Medio.

Y para acabar de arreglarlo, en pocas semanas nos hemos encontrado con el estreno de dos series de televisión que vuelven a los universos más famosos y ya mencionados en esta entrada de las sagas de fantasía heroica o medievo mágico. Ya podemos ver los lunes las nuevas aventuras de los ambiciosos señores y caballeros de Westeros en House of the Dragon en HBO, y los viernes nos acercaremos a la Segunda Edad de la Tierra Media en The Lord of the Rings: The Rings of Power en Amazon Prime Video. He visto tres episodios de la primera y dos de la segunda. Y de momento todo bien. Las estoy disfrutando, aunque son series de largo recorrido,… en el caso de que triunfen, claro. Con la segunda, muchos fanáticos de la saga están demostrando ser tan imbéciles cenutrios como los de Star Wars cuando les pareció mal que las mujeres tuvieran un papel protagonista y activo, o porque haya mezcla de orígenes étnicos entre los intérpretes. Dicen que no se es fiel a Tolkien. Como si cien años más tarde hubiera una obligación estricta de ser fiel por completo a un integrista religioso católico, súbdito de un imperio que tradicionalmente despreció y consideró susceptibles de dominación y explotación al resto de los grupos étnicos y culturales. Por bien escritas e interesantes que sean las principales obras de Tolkien, no podemos negar que el señor eran un racista de mucho cuidado. Los buenos… altos, blancos y rubios. Los malos… feos, negros, morenos, pelos rizados… del sur. Parecidos a los orcos. Y si se mezclan las razas humanas, las gentes menguan. Estas son las cosas que escribía Tolkien. Compruébenlo.

[TV] Cosas de series; aventuras espaciales disparatadas… y un poco menos disparatadas

Televisión

Puesto que últimamente se me han acumulado varios finales de temporada, se me había cruzado por la cabeza comentar hoy más de dos series. Pero se me ha hecho tarde… y además había la posibilidad de hacer una entrada temática con dos de ellas. Una entrada sobre aventuras espaciales… así que allá vamos.

Por supuesto, no han rodado en Marte ni en ningún otro planeta. Pero los coloristas en posproducción han tenido que trabajar de lo lindo para que pareciera que los astronautas y cosmonautas estaba en Marte. Por eso pongo estas fotos del planeta Tierra pero con un colorido que no parece de este mundo, gracias a la radiación infrarroja, de moda últimamente gracias al telescopio espacial James Webb.

Probablemente fue el verano de 1978. Así que andaba yo en plena adolescencia, y un año antes, aproximadamente, nos había sorprendido el estreno de La guerra de las galaxias… hoy conocida por los más jóvenes y nuevos como Star Wars: A new hope. Y yo había entrado en contacto las aventuras espaciales según Kubrick, gracias a que el cine de barrio de toda la vida se había reconvertido en cine de arte y ensayo para sorpresa de muchos. Acabó sus días como sala X proyectando porno hasta que se convirtió en un supermercado. Así que fue el momento en que comenzó mi afición a las aventuras espaciales, las space opera para quienes no pueden dejar el inglés quieto ni aunque los maten. Y en la sobremesa de aquel verano, antes de ir a pasar la tarde a la piscina durante el mes de agosto, creo yo, emitieron una parodia de las películas anteriormente mencionadas en forma de serie de televisión bajo el título en castellano de La escoba espacial. Mucho después me enteré que el título original de la serie era Quark, el nombre del capitán (Richard Benjamin) de la nave espacial que intrépidamente se dedica a… recoger bolsas de basura por el espacio. Sólo fueron ocho episodios. Y sin embargo, siempre he recordado algunos de los gags de la serie como si los hubiera visto la semana anterior. Sin duda, nuestros personajes favoritos, en aquel bachillerato unificado y polivalente sólo para chicos en mi colegio, eran Betty y su clon (Patricia Barnstable y Cyb Barnstable), que despertaban la imaginación de las revueltas hormonas de los adolescentes, y la planta Ficus Pandorata (Richard Kelton), clara parodia de Spock, cuando polinizaba con una princesa espacial. Recientemente la recuperé por la maraña de la red de redes y la volví a ver. Era muy cutre. Pero muy divertida. Una parodia que hubiera merecido mejor fortuna con una realización un poco más cuidada… y quizá en otra época. Siempre le tendré cariño.

Y en Apple TV+ hemos podido ver la tercera temporada de For all mankind. Esa serie en la que imaginan qué hubiera pasado si los soviéticos hubieran llegado antes a la Luna. Y como consecuencia, la Unión Soviética no se hubiera derrumbado, la carrera espacial hubiera seguido, y en la ventana de 1994 se hubieran lanzado, que es lo que se narra en esta tercera temporada, tres expediciones tripuladas a Marte. En la realidad, en este universo, tal vez se vuelva a la Luna hacia 2024… y ya veremos lo de Marte. En la carrera espacial marciana tenemos tres tripulaciones, la de la NASA, la soviética y la de un elonmusk precoz, anticipando también la aparición de empresarios jóvenes, emprendedores, prepotentes y bocazas. Y bueno… quizá alguien más. ¿Qué nacionalidad tendrá en ese universo el primer humano en pisar el planeta rojo? Yo ya lo sé. Sigue siendo una serie muy entretenida. Aunque con las peripecias de esta tercera temporada han estado a punto de saltar el tiburón en varias ocasiones, perdiendo el razonable rigor con el que habían enfocado hasta ahora unas aventuras espaciales realistas. En fin. Al igual que con las misiones Artemis está todo el mundo más preocupado de que por primera vez pisen la luna un negro y una mujer,… las misiones a Marte de la serie, las americanas claro… son como un anuncio de Benetton en los años 90. Sí… son como niños. De todos los colores y sexos.

[TV] Cosas de series; más terrible será la venganza

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Recuerdo hace unos años una serie norteamericana, un guilty pleasure de tomo y lomo, con dos protagonista muy atractivas, una muy joven y otra no tanto, con la que me lo pasé muy bien hasta que me cansé… porque en realidad era… mala. Se llamaba Revenge. O sea, venganza. Y es que este es un género en sí mismo, de carácter universal, que lleva con nosotros desde que la ficción se inventó. Y algunas obras están en el imaginario popular de forma notable, como cierto tochazo tremendo, aunque muy entretenido, de Alejandro Dumas, padre. Pero las historias de venganza se digieren mejor si hay mujeres muy guapas y mucho mucho glamur. Y ahí es donde brillas los guilty pleasures de la televisión surcoreana. Hoy traigo dos. Aunque no son de los mejores. Ambos los seleccioné o decidí ponerme con ellos por que apetecía ver el trabajo de alguna de sus protagonistas.

Algunas vistas nocturnas de Seúl para la entrada televisiva de hoy.

Beullaeg-ui Sinbu [블랙의 신부] es conocida en Netflix como Remarriage & desires en inglés o Deseos VIP o Segundas nupcias y anhelos en castellano… creo. Los títulos varían para España y para los países de la América hispanohablante. Como tengo la plataforma configurada con el inglés como idioma por defecto para tener más oferta, no siempre me entero bien de los títulos que colocan a las series o películas en castellano. El título original significa La novia de negro. Título que recuerda mucho a una estupenda película de la Nouvelle vague, firmada por Truffaut como homenaje a Hitchcock y con una magnífica Jeanne Moreau como protagonista, aunque poco apreciada por su director y con la crítica dividida sobre ella. Pero nada que ver. Ciertamente, hay una motivación para que la protagonista (Kim Hee-seon) busque venganza por la muerte de su marido y su ruina, sobre la mujer que lo perpetró todo (Jeong Eu-Gene). Pero el entorno es una agencia matrimonial de altísimo nivel, encargada de buscar mujeres trofeos como esposas para hombres de elevadísimo estatus socioeconómico. Tenía curiosidad por ella por su protagonista, a la que vimos recientemente en otra serie de Netflix. Pero por buenas que sean las interpretaciones, la historia y el guion es infame, los valores que representan son extremadamente retrógrados, y sólo como un descomunal guilty pleasure tiene sentido. Porque todo el mundo es guapísimo y elegantísimo en esta serie. Sólo son ocho episodios; si llega a ser más larga, no creo que la hubiese aguantado.

Eve [이브], cuyo título todavía no me he enterado de dónde viene, nos cuenta la venganza de una joven de 28 años (Seo Ye-Ji) cuya familia se arruinó cuando la empresa de su padre fue adquirida de forma hostil e ilegal por unos empresarios y políticos corruptos, con resultado de la muerte de sus padres. Su principal contrincante es la hija (Seon Yu) del empresario y político líder, casada con el director general de la empresa que absorbió la empresa de su padre, y al que se le ofreció como dote. Es una serie con violencia, glamur, amoríos, infidelidades, engaños a tres o cuatro bandas,… y que me interesó de nuevo por sus protagonistas femeninas, que son muy buenas, especialmente la joven que busca venganza, a la que vimos en una divertida comedia hace un tiempo. Aunque su antagonista más veterana es una robaescenas de mucho cuidado. Cae también con frecuencia en algún exceso, tiene mejor historia y guion que la anterior, pero tampoco se le puede quitar la etiqueta de guilty pleasure, y no ha dejado de ser relativamente decepcionante en ocasiones. El nivel de las series surcoreanas que nos llega ha ido aumentando poco a poco en los seis años que hace que las veo, como para que estas series empiecen a no despertar la curiosidad que me despertaban al principio. Un defecto importante en todas ellas es que los protagonistas masculinos son, o les piden ser, unos siesos absolutamente inexpresivos, que molesta mucho en el conjunto.

[TV] Cosas de series; viajes espaciales, viajes en el tiempo y problemas reales

Televisión

La entrada de hoy me pone de especial buen humor. Porque me lo he pasado muy bien con estas dos series. Una de ellas en su tercera temporada, vista en Disney+, y la otra en su primera temporada, vista en Amazon Prime Video. Las dos nos llevan a universos de ciencia ficción, las dos son muy entretenidas, pero las dos nos hablan de problemas reales.

Sigo utilizando la sección dedicada al diseño en el Museum der Moderne de Múnich para ilustrar estas aventuras futuristas. Aunque los objetos de hoy no sean tan futuristas como los de hace un par de días.

The Orville comenzó como una parodia, y al mismo tiempo homenaje, a Star Trek. Creada y protagonizada por Seth MacFarlane, cuenta con un reparto que sin ser de enorme calidad interpretativa, tiene buen oficio, y compone personajes con los que puedes empatizar. Fundamentalmente porque en cada capítulo se ponen encima cuestiones éticas, sociales y políticas que invitan a la reflexión, siempre desde el punto de vista de fomento de la libertad personal, la solidaridad entre las personas y un entorno de máxima tolerancia ante la diversidad. Tocan temas como el racismo, el sexismo, la violencia, los populismos políticos, pero integrados en una aventura espacial divertida y con corazón. En su tercera temporada, se ha vuelto algo más seria y reflexiva, manteniendo el tono, menos frívola, menos paródica, pero lo he visto como una evolución de la serie, con el fin de refrescar sus contenidos. Ha habido un cambio de cadena televisiva original, y creo que ahora es algo más libre todavía. Según leo en TV Calendar, su estado actual es que se espera su retorno en el futuro, aunque su último episodio no dejaba tramas pendientes, y tenía un cierto sabor a cierre. Supongo que cuando lo rodaron no estaba clara su continuidad. A mí no me ha cansado todavía. Cosa que no me sucede con las series de la franquicia a la que parodia/homenajea,… que sí me suelen cansar pronto.

Y de la aventura gráfica en la que se basa la otra serie de esta semana, Paper Girls, ya os hablé hace un par de días. Y quedó claro que era una historieta que me gustaba y mucho. La serie también parece dirigida al público juvenil, pero los temas de fondo y la trama son perfectamente asumibles para un adulto. El punto de partida es el mismo, la cuatro jóvenes repartidoras de periódicos de 12 años de edad que el 1 de noviembre de 1988 tras una disputa con unos adolescentes mayores, se ven envueltas en un conflicto intertemporal entre dos facciones en guerra de viajeros en el tiempo. Pero pronto la serie empieza a divergir del argumento de la aventura gráfica. Puede que por motivos de presupuesto, puede que por necesidad de adaptar la acción al medio televisivo, probablemente por una mezcla de ambos. Es algo más oscura que la aventura gráfica. Con más muertes, y conflictos más profundos para las cuatro chicas, cuando viajando por el tiempo se van encontrando con sus versiones adultas o con sus familias adultas. Temas de identidad personal y sexual, temas de racismo, temas de expectativas de futuro, temas de conflictos familiares. Pero sin que falte la aventura y la acción. Sobre una misma base, va a ser claramente una historia diferente. Aunque de momento con el mismo espíritu. No es una serie redonda. Las cuatro chicas protagonistas tienen momentos muy buenos, pero todavía muestran algo de inmadurez como intérpretes, lo cual es normal dadas sus edades. Y no tiene la vistosidad visual, el diseño de la historieta. Pero tiene momentos muy logrados. Y cada una de las chicas tiene también su momento para el lucimiento. Particularmente la joven de origen asiático que encarna a Erin Tieng, Riley Lai Nelet, y que de alguna forma tanto en la historieta como en la serie tiene un punto más de protagonismo que las otras tres. Que también tienen sus momentos. Esperemos que en el futuro se vaya viniendo arriba, porque lo merece.

[TV] Cosas de series; abracemos lo sobrenatural de una forma u otra

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Dos series muy distintas, con una cosa, sólo una, en común. Que en un momento dado u otro… abrazan el ámbito de lo sobrenatural en su trama. Veamos de que van.

Con una nueva reencarnación de la sensual Irma Vep en el menú televisivo de hoy, París, no podía ser de otra forma.

Hace unos meses comentaba una serie surcoreana, una comedia romántica, en la que la protagonista, una pizpireta estudiante, acababa conviviendo con un tipo muy rico y apuesto que en realidad era un gumiho, una criatura sobrenatural con el aspecto de un zorro propia del folclore fantástico de Asia Oriental en distintas formas, como el kitsune japonés, que en Corea adopta la forma de un zorro con nuevo colas. Exactamente lo que significa la palabra gumiho. Aquella serie tuvo una precursora. Y con los cambios en el idioma en mi configuración de Netflix, resulta que está disponible. Lo que no tiene es doblaje al español, ni subtítulos en español. Su título es Nae Yeojachinguneun Gumiho [내 여자친구는 구미호], literalmente en inglés My girlfriend is a gumiho, mi novia es un zorro de nueve colas. Es de 2010 y parece que tuvo mucho éxito. Pero con los papeles invertidos. El estudiante es un mozo, menos pizpireto, y la gumiho es una guapa chica, que ha estado presa en un dibujo de un monasterio durante 500 años, hasta que el mozo la ha liberado. La producción de la serie es más cutre que la moderna en general, aunque parece ser que en su momento, en su país tuvo mucho éxito. La protagonista, Shin Min-a, ha aparecido en un par de series que he visto en los últimos tiempos, la odontóloga protagonista de este pueblo (¿se me olvidó comentarla?) y en este drama coral uno de los personajes más trágicos, pero con final feliz; es muy elegante, muy guapa. En 2010 parece que sus capacidades interpretativas eran más justas, pero con lo mona que estaba con veintitantos años y su carácter alegre… pues supongo que encandilaría al personal. Al final… una serie anecdótica a estas alturas.

Más interés, mucho más, ha tenido la nueva Irma Vep de Oliver Assayas. Muchos la han calificado como una nueva versión de la película del mismo título y el mismo director de 1996… y sí, pero no. Están íntimamente relacionadas; espiritualmente es otra cosa. Ahora lo explico. La película, del mismo título, la vi en Mubi hace ya un tiempo, durante los tiempos en que no se podía ir con facilidad al cine por las restricciones de la pandemia, y había que tirar de plataformas en línea para disfrutar del cine. No le dediqué un comentario, aunque la mencioné en una entrada de este Cuaderno de ruta. Me interesó poco después del ciclo dedicado a Wong Kar-wai a principios de 2021, por la presencia de Maggie Cheung en ella haciendo de sí misma. En 1996, Cheung era ya una estrella del cine de Hong-Kong y empezaba a ser notada en los circuitos festivaleros occidentales. En la película, llegaba a París para interpretar el personaje de Irma Vep en una nueva versión del clásico pionero del cine Les Vampires de Louis Feuillade, interpretado en 1915 por Musidora. Pero mientras ruedan la película, es testigo de los egos, mezquindades y líos de las gentes del cine durante la producción. La película era una satírica crítica de Assayas al relativamente pedante ambiente del cine francés, heredero de los tiempos gloriosos de la Nouvelle vague. En la realidad, Assayas y Cheung ligaron y estuvieron casados durante un breve lapso de tiempo.

La serie actual, más que una nueva versión, es una secuela de aquella película. En la que el mismo personaje del director, el ficticio René Vidal (Vincent Macaigne), alter ego de Assayas, va a rodar 25 años después una nueva versión de Les Vampires, pero adaptada como serie de televisión en lugar de película de cine. Y para el papel de Irma Vep contrata a una actriz de moda, especialmente en las superproducciones tipo superhéroes y demás, Mira, interpretada por Alicia Vikander. Lo que sucede es que el tema vuelve a ser el mismo; Mira es testigo de un caótico rodaje, en el que se va poniendo en solfa todo lo que es criticable en el cine actual. No voy a entrar en todos los detalles. los propios personajes también han de espantar su propios demonios. Mira ha sufrido una fea ruptura con su novia, mientras que su antiguo novio espera un hijo con otra mujer. Vidal sigue colgado de la protagonista de su película de hace 25 años, que aquí recibe el nombre de Jade Lee, no de Maggie Cheung… y de los fantasmas que dejó su breve y tormentoso matrimonio. Y cada vez que Mira se enfunda el icónico y sensual traje ajustado negro de Irma Vep es capaz de deambular por los tejados de París, atravesar las paredes y contemplar las vidas del resto de los participante en este drama/sátira. Sátira con ternura, puesto que Assayas podrá criticar el mundo del cine, pero no deja de estar enamorado de él. Difícil de comentar todos los detalles interesantes y divertidos de esta serie que va claramente de menos a más. A mucho más, y deja un regusto excelente, el de haber visto una serie de televisión excéntrica, nada parecida a lo que se hace habitualmente, que probablemente muchos no apreciarán, pero que es muy muy notable. A mi me ha encantado.

[TV] Cosas de series; recuperando dramas de Apple TV+ y otros

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Si entro a controlar mis ajustes de la cuenta de Netflix, me dice que estoy suscrito desde marzo de 2016. A lo tonto modorro, han pasado ya más de seis años. Creo que ya lo he comentado, o lo he dejado caer, en alguna ocasión, pero algunos de las motivaciones para suscribirme a esa cadena no existen. Sus series de producción propia y muy numerosas no tienen ya la misma presunción de calidad que hace unos años. En algunos momentos el ritmo de novedades ha sido tan elevado que muchas han pasado desapercibidas. Y las más publicitadas parecen dirigidas a un público que no soy yo. Según cómo evolucionen sus amenazas de cambios en los sistemas de tarifas, en estos momentos parece que les empiezan a fallar las cuentas y está perdiendo suscriptores… pues seré uno de los suscriptores que se pierda. De hecho… en la entrada de hoy… no hay series de Netflix.

Con dos de las series de hoy de ambiente británico, recupero algunas fotos realizadas con la vieja Zeiss Ikon Ikonta en 2012 sobre unos rollos de Ilford HP5 Plus.

Y es que, habiendo notado la calidad que suelen presentar las series de Apples TV+, he empezado a recuperar algunas de las ya emitidas. Una suscripción mucho más barata para mí que la de Netflix, con mucha menos oferta, pero de más calidad, y probablemente suficiente para mí, junto con algún otro suplemento. Una de las series recuperadas es Suspicion, que probablemente es la más floja de las series que he visto de esta cadena. El secuestro del hijo de una empresaria americana de gran influencia, que aspira a ser embajadora de los EE.UU. en Londres, amenaza con destapar escándalos económicos y políticos, mientras que cuatro ciudadanos británicos son puestos en el punto de mira de la policía británica y del FBI como sospechosos, y verán como sus vidas son puestas patas arriba por su relación directa o indirecta con el secuestrado en tiempos pasados. Tiene momentos en los que no está mal,… está bien interpretada,… pero al final tiene mucha menos miga de la que parecía.

En otra liga parece jugar Shining girls, un drama criminal con asesino en serie, y un componente fantástico por ser este asesino en serie un viajero en el tiempo. También en Apple TV+. Con la siempre interesante Elisabeth Moss como protagonista, una mujer que sobrevivió al brutal ataque del asesino, y Jamie Bell como el perturbado tal asesino, y con Chicago como escenario, no sólo debemos contar con el misterio a resolver, sino también con las consecuencias de las perturbaciones en el tiempo, pasado y futuro, causadas por las incursiones del asesino en el tiempo. Las paradojas de los viajes temporales no siempre están bien resueltas, siendo la más notable las de la persistencia en la memoria de algunos personajes de su «pasado» en otra realidad, pero la serie va subiendo de nivel conforme avanza en los episodios, siendo los últimos de gran intensidad y muy interesantes. Y todo ello, con un reparto en estado de gracia, como era previsible. Es curioso que el asunto del viaje en el tiempo haya estado tan presente en el mundo de las series, ya que hay que añadir este drama criminal a cierta comedia con tonos ácidos, y un drama romántico, ambos recientes. Y muy visibles.

Las dos series anteriores, con sus más y sus menos, me han interesado bastante más que casi cualquier cosa que estrena Netflix últimamente. Y por fin, he visto los seis episodios de la segunda temporada de All creatures great and small. El caso es que poco hay que comentar de esta serie. Es una producción amable, buenista, buenrollista, con conflictos que se resuelven con razonable placidez, en esa campiña de Yorkshire donde, aparentemente, todo el mundo es bueno, y se preocupa mucho por sus vacas. Es un entretenimiento amable, bien realizado, pero sin mayor trascendencia.

[TV] Cosas de series; con más oferta de la que creíamos y la insoportable levedad de la crítica televisiva

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Algunos me han preguntado cómo he visto algunas series coreanas que no aparecen en la oferta de Netflix España. Si las he pirateado, si he utilizado VPN… u otros métodos… bueno, hay diversos métodos de acceder a series sin romper con la legalidad o usando las zonas grises. Pero hoy comentaré una forma muy sencilla, perfectamente legal, que al menos vale para Netflix. Si vais a vuestras preferencias y en las de vuestro perfil seleccionáis como lenguaje el inglés, de repente veréis una oferta mucho mayor de series y películas. Eso sí, en su mayoría, de países asiáticos y poco habituales. ¿Por qué no aparecían antes? Pues parece ser que si seleccionáis el idioma español, desaparecen de la oferta todas aquellas series no dobladas al castellano o que no disponen de subtítulos en castellano. Obviamente, si este tonto detalle os da igual, os ponéis como idioma principal el inglés… y siendo una plataforma americana cómo no va a estar subtitulada al menos en inglés. Ya está. Eso sí, los títulos de películas y series serán distintos en no pocas ocasiones a los que aparecen en la versión española. Quedáis avisados.

Para ilustrar la entrada de hoy, un viaje a Busán, al templo Beomeosa [범어사], de Beom [梵], eo [魚] y sa [寺], el «templo del pez nirvana», sea lo que sea lo que signifique tal cosa, muy budista, claro.

Y de repente, a finales de junio, llegó a Netflix Jongi-ui jip: Gongdonggyeongjeguyeok [종이의 집: 공동경제구역], en inglés Money Heist: Korea: Joint Economic Area, que no es otra cosa que la versión surcoreana de la serie española La casa de papel. Serie que no terminé de ver, porque me cabreó en varios aspectos, principalmente por su populismo barato, digno más de los argumentos neofascistas que de otros antisistemas más solidarios, aunque puedan andar también despistados. No olvidemos que al final del primer gran arco argumental, el asalto a la Casa de la Moneda, glorificaba la figura de uno de los asaltantes, que hasta ese momento se había comportado como un asesino y violador bastante asqueroso. No contentos con eso, se habla de dedicarle una serie al personaje. El caso es que abandoné la serie al comienzo del segundo arco argumental, el asalto al Banco de España. Me asqueaba un poquito. Lo cual no quita que no tuviera curiosidad para ver cómo afrontaban la tarea los surcoreanos, capaces de lo mejor y de lo peor.

Lo que hemos podido ver es una primera temporada de sólo seis episodios de una hora de duración. Así que cayó en un fin de semana. Y tras verlo tuve la curiosidad de leer críticas diversas a esta primera tanda. Con una curiosa tendencia. La mayor parte de los medios españoles la trataban más bien mal, mientras que la mayor parte de los medios no españoles, especialmente americanos e ingleses, la trataban bastante bien. Volviendo a lo del párrafo anterior, apreciaban que no cayesen en la tentación de esa contradicción de presentar a los asaltantes como robinhoods, cuando todos tenían pasados y presentes bastante discutibles como criinales. Los personajes de la versión coreana son muy similares, pero tienen un pasado complejo, violento en muchas ocasiones, pero desde el punto de vista moral, más adecuado a su perfil de robinhoods. La serie está enmarcada en una ucronía alternativa en la que se está avanzando hacia la reunificación de Corea, con una zona económica conjunta, una cierta libertad de circulación de los ciudadanos y una ceca en esa zona conjunta, que es lo que es asaltado por los criminales de rojo, que en esta ocasión no llevan la máscara de Dalí, sino una hahoetal [하회탈, máscara hahoe], procedente del folclore coreano. Creo que la serie es entretenida y está bien hecha. A la par que la española. Pero evita algunos de los temas que generaron mi rechazo en la española, y además algunos de los personajes, especialmente Tokio y la que será Estocolmo me parecen más interesantes que en la española. No me importará seguir viendo su evolución… aunque en general… probablemente sea una serie prescindible. De todos modos no ha tenido una excesiva buena acogida entre el público. Probablemente cerrarán la peripecia actual, pero no creo que tenga más arcos argumentales.

Ya que estamos en Corea del Sur, Urideurui Beulluseu [우리들의 블루스], literalmente Our Blues, Nuestro horizonte azul en España, es una historia de vidas cruzadas en el entorno de una pequeña ciudad pesquera en la isla de Jeju. Drama costumbrista en la que los protagonistas de unos episodios son los secundarios de otros, y que trata temas de interés social como el embarazo adolescente, la negativa visión de la discapacidad cognitiva, las diferencias sociales, las sufridas vidas de mujeres que tienen que trabajar sumergidas en el mar hasta edades avanzadas, la maternidad y la enfermedad mental (depresión)… y otras. Con abundantes dosis de buenismo, en ocasiones abusa de situaciones excesivamente melodramáticas, lo cual desmerece una serie larga, 20 episodios de más de una hora de duración, que sin embargo tiene un buen reparto, con caras que serán familiares entre los aficionados a las series del país asiático. No me atrevo a recomendarla, pero si alguien le entra curiosidad, tampoco es una pérdida de tiempo. Está muy bien valorada en IMDb.

Y la que me ha resultado decepcionante, porque empieza bastante bien pero un un momento dado se pierde en un drama excesivo que no es acorde al planteamiento inicial, es Gyeolhonbaekseo [결혼백서, el libro blanco del matrimonio], en inglés Welcome to the wedding hell, No hay boda sin caos en España. Se ve también en un fin de semana, porque son 12 episodios de solo media hora. Y es muy previsible. Una pareja de 36 años él, 32 años ella, ya suficientemente adultos, deciden casarse, muy enamorados y convencidos, pero se introducen en un caos de elecciones y malentendidos, especialmente con las madres de ambos novios, que ponen en riesgo la relación. Como digo… extraordinariamente previsible, pero que funciona muy bien mientras la mantienen en el terreno de la comedia romántica. Pero que flojea mucho, incluidas las interpretaciones, en el tramo de la serie en el que se ponen más serios y dramáticos. Las dos «suegras» están muy desaprovechadas, especialmente como contrapuntos cómicos. Al igual que las compañera de trabajo de ella. Me cuesta recomendarla, no obstante. Y ha recibido mucho palos, con cierta lógica, entre la opinión de la crítica y el público.

En los primeros meses del año llegaron series muy interesantes, divertidas y bien hechas a Netflix, pero en estos momentos han flojeado. Parece que llegan algunas nuevas… ya veremos que tal.

[TV] Cosas de series; nuevas versiones y recuperaciones de personajes (unas mejores y otras desafortunadas)

Televisión

Las dos series que traigo hoy me interesaron desde el momento en que las vi anunciadas. Una, con cierta esperanza y buenas expectativas; la otra, con escepticismo. Ya es triste esperar las novedades del universo Star wars, con lo que nos marcó a toda una generación, con escepticismo… incluso pesimismo. Pero así son las cosas gracias a Lucas y Disney…

Allá por el mes de agosto del año 2011, un momento de mi vida en el que andaba necesitado de historias optimistas y bonitas porque había muchas cosas a mi alrededor que no funcionaban bien, vi en televisión la adaptación cinematográfica de la primera novela de Audrey Niffeneger, The Time Traveler’s Wife. Me gustó. Me puso de buen humor. Incluso si el corolario de la película como historia de amor es un poco melancólico. Leí poco después la novela… pero no me entusiasmó en exceso, sin considerarla una pérdida de tiempo. Recientemente se ha emitido la primera temporada de una serie de televisión que revisa la historia. Con la pelirroja Rose Leslie al frente, recordemos que la protagonista de la historia es la mujer, no el viajero en el tiempo, aunque lo podamos considerar coprotagonista, la cosa prometía. Sólo han sido seis episodios, muy dinámicos. Como digo, revisa la historia, puesto que la amplía; nos habla de posibles cosas que pudieron pasar en la relación en las que por extensión, o voluntad de la autora, no se entraba. Con lo cual, aumentan los temas que explora la narración, además de los básicos, el rol de las personas en una relación romántica, la pérdida y el duelo, el libre albedrío, el determinismo, el azar en nuestras vidas,… Globalmente considerada, hasta ahora, la serie es correcta, yendo de menos a más. Conforme avanzan los episodios se crece. Pero sobretodo, y como podíamos esperar, el pilar fundamental de la serie son sus intérpretes. La capacidad de generar empatía y solidaridad es importante en esta historia para poder engancharse a ella. Y ese es el principal activo de esta producción, con sólo seis episodios por temporada, lo que la hace muy visible.

Obi-Wan Kenobi… Uno de los personajes más potentes y carismáticos del universo Star Wars, y también uno de los más desaprovechados. Con una presencia pequeña pero fundamental en la trilogía original, el inolvidable Alec Guiness le daba un carácter muy definido e interesante. Grave en los asuntos, pero ligero en las formas. Un tanto guasón. Con sentido del humor. Discreto. Dedicado. Muy británico… si lo piensas bien, en unas películas en las que casi todos los «malos» tienen acento británicos, mientras que los «buenos» tienen acento norteamericano. En la segunda trilogía, tan floja e inconsistente, se nos presentaba una Kenobi mucho más joven, pero en la que Ewan McGregor sabía mantener la personalidad del personaje, uno de los más consistentes y bien definidos en la saga. Y sin embargo, el carácter del conflicto con Anakin Skywalker en la película en la que se pasó al lado oscuro, fue excesivamente simplista. Incluso con líneas de guion que hacen sonrojar por vergüenza ajena. Con todos estos antecedentes, todo aficionado a la saga, a pesar de los desmanes que se han cometido con ella, ha querido siempre saber y disfrutar más del personaje. Pero precisamente, por los antecedentes… el miedo invade el ánimo cuando se anuncia la serie.

La serie del mismo nombre que el personaje protagonista consta de sólo seis episodios que oscilan entre los 36 y los 53 minutos de duración. Y en el primer episodio ya se definieron las dos características que rebajaron de forma espectacular, casi catastrófica, las expectativas que pudieran haberse puesto en esta producción. La primera es el cambio de carácter del personaje, que no se recupera en ningún momento a lo largo de la serie. Tenemos a un Obi-Wan serio, timorato, incapaz de manejar el largo plazo, desesperanzado, totalmente distinto, de forma injustificada desde mi punto de vista, al que abandonamos al final de la película en que entrega a Luke a sus tíos en Tatooine. La segunda es que sigue la estela del mandaloriano, pero con poca fortuna, a la hora de plantear unas aventuras de héroe/antihéroe con niño. Pero donde la interacción entre Mando y baby Yoda (me niego a usar el horrible nombre que le pusieron) era divertida, motivadora e impulsora de la relación, la interacción entre este deslucido Kenobi con una repipi y repelente baby Leia resulta cargante por momentos. La serie no es una catástrofe, pero le falta alma. Y desparpajo. Le falta naturalidad, espontaneidad y desparpajo por toneladas, aquellas cualidades que dieron el carisma a la saga original y al personaje de Obi-Wan. A Disney le falta imaginación. En su ADN actual sobran los genes del tío Gilito (Scrooge McDuck), y su ambición de dinero, y le faltan aquellos que le den ingenio, creatividad, originalidad y aprovechamiento del buen material de base. Les falta el ADN del Mickey Mouse aprendiz de brujo. Pero al emporio que han montado agrupando franquicias que se dedican a entretener adocenando,… no creo que haya quien lo encarrile.

[TV] Cosas de series; animación japonesa con la que lo he pasado francamente bien

Televisión

Tenía varias posibilidades para la entrada televisiva de esta semana. También estoy en planteamiento de cómo evoluciona mi forma de responder a la oferta de series a través de las plataformas en línea. Porque las televisiones de toda la vida, con los anuncios y esas cosas, ya no entran en mis cálculos. Ni siquiera tengo el televisor conectado a la antena terrestre. Por ejemplo, he observado que la oferta de Netflix me empieza a interesar poco, salvo en lo que se refiere a series de animación y mi placer inconfesable favorito, los culebrones surcoreanos de los fines de semana. ¿Merece la pena pagar por eso? Mientras, cada vez encuentro más interesante la oferta de Apple TV+ por la que pago menos dinero, más reducida, pero más interesante para mí. Entre otras cosas que sería muy prolijo comentar. En fin… al final he decidido dedicar la entrada a la animación japonesa, con unas series con las que me he entretenido mucho, de menor a mayor interés.

De acuerdo a la serie que más me ha gustado de las que hablo esta semana, no sabía si traer motivos fotográficos berlineses o japoneses. Al final, he optado por estos últimos, con fotos de nuestra visita a Kamakura en 2014.

Hay una cosa de la que hay que partir. En general, la animación japonesa tiene una población objetivo muy definida, los adolescentes y jóvenes de uno u otro sexo, según la serie. A partir de ahí, algunas series son entretenidas para un adulto… otras… pues no. Y eso depende de factores diversos, como la calidad de la animación, los temas de fondo, o la calidad de los guiones.

Por ejemplo, un serie ya «viejuna», de 2013, que se puede ver en Netflix. Toaru Kagaku no Rērugan [とある科学の超電磁砲], A certain scientific Railgun, es una serie que a priori no me hubiera interesado nunca si no hubiera leído un comentario favorable. Tiene un aspecto de serie para chicas adolescentes o preadolescentes, salvo que en cuanto ves un poco y compruebas el fan service, entiendes que está pensada para chicos adolescentes… y de repente te encuentras que dejando de lado estas cuestiones, es una serie de aventuras con ritmo y muy entretenida, en una ciudad (más bien un distrito dentro de Tokio), diseñada para jóvenes con poderes especiales. No es que sea realmente recomendable de forma general salvo para su población diana, pero si le echas un vistazo, te entretiene mucho. Y eso que lo del fan service resulta en muchas series un tanto casposo/baboso. Por lo que sirve para rellenar tiempos muertos con episodios de poco más de 20 minutos de duración. Es un spin-off de otra serie de 2010, a la que le estoy echando un vistazo ahora, y tiene una segunda temporada que, si eso, ya llegará.

Con más interés, bastante más, tanto a nivel conceptual como de realización, tenemos BNA: Brand New Animal [BNA ビー・エヌ・エー], en Netflix, que se suma a la moda de los animales antropomorfizados, que tan buenos resultados da como por ejemplo en otra serie reciente. Estamos en una realidad alternativa en la que además de seres humanos existen los animanos [獣人, leído alternativamente como kemonobito o jūjin], gentes con una alteración genética que les permite alternar entre una forma animal y una forma humana. En Japón se han reunido para vivir en una ciudad propia, Animal City, pero con no pocos problemas de tolerancia entre humanos y animanos, y con problemas de coexistencia internos también. La protagonista es Michiru, una joven humana, estudiante de instituto, que tras un accidente con su mejor amiga del que se recupera en un hospital, se convierte en una animana con forma de tanuki [狸, y también en katakana, タヌキ], el perro mapache japonés (un cánido que en alguna ocasión se confunde con el auténtico mapache, no presente en el archipiélago nipón, que no es un cánido; una conocida película de Studio Ghibli tiene a los tanuki como protagonistas, pero es frecuente que en los doblajes occidentales se les llame mapaches). La joven Michiru se refugia en Animal City, donde no deja de meterse en líos por su sentido de la justicia, y donde se alía con un animano lobo, Shirō, aunque este al principio este no la acepta bien. Con los temas de aceptación de la diversidad de fondo, la serie es realmente muy entretenida. Y aunque enfocada a los jóvenes, la puede ver cualquiera sin desdoro.

Y finalmente tenemos la revelación de la temporada, Spy x family [léase como Spy family, la x no sería una letra en sí misma]. En una realidad alternativa inspirada por la Alemania de la guerra fría, tenemos dos países rivales, Westalis y Ostania, cuya capital es Berlint. Así… tal cual. Y un agente de los servicios de inteligencia de Westalis, el espía Tasogare [黄昏, Twilight en inglés], o Loid Forger, es encargado de una misión para lo cual tendrá que hacerse pasar por un médico psiquiatra de Ostania. Y tendrá que montarse una familia falsa. Para ello elige a Anya, una niña de un orfanato que, aunque nadie lo sabe, es telépata y escucha el pensamiento de los demás. Y se casa con una funcionaria discreta y tímida del ayuntamiento de Berlint, Yor Briar, cuyo alter ego es Ibara Hime [いばら姫, Thorn Princess], un peligrosa y letal asesina a sueldo, cuyo hermano, de incógnito, trabaja para los serivcios secretos de Ostania. La cuestión es que, por su naturaleza de telépata, la única que conoce todo el tinglado es Anya, los demás desconocen la real identidad de los otros. Y por añadidura, nadie tiene experiencia ni habilidades para ser padre/madre/hija de una familia, por su pasado y origen disfuncional. La serie va alternando las aventuras de intriga de espionaje, con las muy divertidas peripecias de querer pasar por una familia normal. Un trío de caracteres que, poco a poco, se van haciendo entrañables, porque, evidentemente, aunque son una familia falsa, van creando los lazos propios de una familia real. Su primera tanda de 12 episodios, está previsto que su primera temporada tenga otra tanda de 13 episodios en otoño, me ha sabido a poco. Es realmente muy divertida y muy recomendable.

[TV] Cosas de series; hasta Disney se apunta a los dramas coreanos…

Televisión

En las últimas semanas, tras volver de las vacaciones, he bajado el ritmo al que veo episodios de series televisivas. Hay varios motivos. Que en general son bastante saludables, porque hago otras cosas interesantes y con más ejercicio. Pero en lo que se refiere a las teleseries surcoreanas está la cuestión de mi hora de echarme a dormir. Tradicionalmente voy a la cama pronto. Mi despertador suena en algún momento entre las 6:15 y las 6:30 de la mañana. Pero sigo necesitando dormir entre siete y ocho horas. Calculad el momento adecuado para cerrar los ojos por la noche. No obstante, solía acostarme pronto, pero dedicar un rato en la cama a leer, ver algún vídeo en Youtube, o ver unos cuantos minutos de un episodio de drama coreano. Pero en las últimas semanas, en cuanto me acuesto me quedo dormido. No obstante,… hasta esas vacaciones acumulé unas cuantas series del país oriental, y voy con ellas.

Ya que lo sobrenatural predomina en una de las series de hoy, y aunque no corresponda con la misma religión, da igual en Asia hay mucho sincretismo, pasearemos por los templos del monte Geumjeong (Geumjeongsan) en Busan.

Iris [아이리스] es una serie antigua, de 2009, que lleva un montón de años en el catálogo de Netflix, aunque no aparezca como «Netflix original» o algo parecido. Me llamó la atención en su momento, hace años, porque estaba protagonizada por gente que aparecían en otras series que me parecieron interesante. Pero me ha costado todos esos años terminarla. Es una serie de espías, una ficticia agencia de espionaje surcoreana, en rivalidad con sus contrincantes norcoreanos. Fichan a dos militares, y tras una misión en Hungría, uno de ellos es escogido como chivo expiatorio… porque la misión es ilegal, promovida por una misteriosa organización, Iris, que infiltra la agencia y otros organismos gubernamentales y empresariales de todo el mundo. O sea… la típica de conspiraciones, con uno contra todos. Hay romance, amistad, traiciones, tramas dentro de las tramas… y si la comparas con lo que los coreanos hacen hoy en día… es bastante cutre. Lo cual no quiere decir que no tenía potencialidad para ser algo más. Pero bueno… como curiosidad… Al protagonista, Lee Byung-hun, lo vimos en una de las series estrella de época de Netflix, y ahora lo vemos en otro drama de la cadena que aún no ha terminado. También salía en la más exitosa serie coreana de la plataforma,… pero enmascarado. La chica protagonista es un florero con algo de acción, pero si lo miras bien… florero. También la hemos visto en alguna serie en Netflix, haciendo de fantasma.

Naeil [내일], o sea Tomorrow en inglés, no hay traducción del título, Mañana, al castellano, es una de esas series sobrenaturales que parece les gustan mucho en los países del oriente asiático. Un joven cae en coma tras intentar salvar a un suicida, porque el ser sobrenatural encargado de trasladar las almas de los muertos al más allá… se la lleva cuando no toca. Entonces, el Dios emperador de Jade, o su versión coreana, que resulta que es mujer, una broma habitual de convertir en señoras a los dioses omnipotentes de las distintas religiones que pulular por el mundo, decide que despertará después de seis meses, pero que mientras tiene que currar con dos sobrenaturales más previniendo suicidios. Porque como en muchas religiones, los suicidas se condenan para siempre. Un pecado muy feo. Todas las referencias a priori era de un reparto importante con mucho potencial y que la serie podía ser muy interesante… pero no. Los casos en los que trabajan son tópicos, sensibleros, patrioteros y, en ocasiones, ridículos. Sin que por un momento entren en comprender porqué la gente realmente se suicida y comprender a los suicidas. Sólo en los capítulos finales se anima cuando se cuenta la historia, muchos siglos atrás, de la jefe de este equipo, una actriz (Kim Hee-seon) que obviamente esta malempleada en esta tontá.

Crazy Love [크레이지 러브] no está en Netflix. Curiosamente, en algunos países está en Disney+. Se conoce que la potente multinacional está empezando a ver que hay dinero en los dramas coreanos. Bien es cierto que no está en todos los países, sólo en algunos seleccionados del continente asiático, por lo que verla desde aquí… exige, «algunos esfuerzos». No es especialmente interesante. Un empresario del negocio de las academias privadas, que en aquellos países existen muy florecientes por la enorme competencia para entrar en las mejores universidades si no quieres ser un pringado, es un tirano antipático… y bastante imbécil. Y trata muy mal a su secretaria, que a pesar de todo se resiste a dimitir de su puesto. Hasta que se harta esta y decide darle un susto… en una noche en que todo se complica, y alguien agrede al empresario,… que luego parece tener amnesia, por lo que la secretaria se hace pasar por su prometida… y bueno… un enredo romántico sin más trascendencia, con la rémora que yo no empaticé mucho con los personajes. Pero me pareció curioso lo de que la distribuye Disney. Sin más.