[TV] Cosas de series; crímenes y vacas en el Reino Unido

Televisión

La semana pasada me despisté y no publiqué ninguna entrada televisiva. A pesar de que tenía materia para ello. En concreto, un par de series británicas vistas en Filmin. Ambas empecé a verlas por curiosidad y ambas sobrepasaron mis expectativas. Aunque deberemos situarlas en su justa medida.

Primero vi, y terminé de ver, Glue. Esta miniserie autolimitada a ocho episodios de unos 45 minutos de duración, aunque esta es variable, tiene ya unos años. Es de 2014. Se trata de un policiaco con trasfondo social. Una comunidad rural, agrícola, inglesa en la que encontramos un grupo de adolescentes a punto de transicionar a la edad juvenil adulta, y entre los que encontramos alguno procedentes de un grupo de etnia romaní. La denominación “gitano” es propia de España, y en algunos países, sus equivalentes se consideran peyorativas. En dicha comunidad, aparentemente idílica, tras una noche de juerga de ese grupo de jóvenes, se produce el asesinato de un joven romaní de 14 años. Entre los policías al cargo de la investigación hay una joven agente en prácticas de la misma étnia. Poco a poco, la investigación irá sacando a la luz las miserias de la comunidad. Tanto entre los romanís como entre los ingleses étnicos. Esta es una serie que va creciendo poco a poco, que va desvelando poco a poco las taras sociales del lugar, las hipocresías colectivas e individuales, y que pone a prueba las lealtades y las afiliaciones de cada cual. Es mejor de lo que aparenta. Y de hecho, por lo que he podido comprobar, tuvo más éxito en la crítica que en el público, aunque tampoco está mal valorada por este. No es una serie original, en los últimos tiempos hemos vistos producciones similares en tema y planteamiento, pero merece la pena recibir la atención del televidente. Como de costumbre en las series británicas, excelentemente interpretada.

En 1996 recorrí con un par de buenos amigos las tierras de York, algo de Yorkshire y Escocia.

Después, me asomé a una comedia amable, la segunda adaptación en forma serie de los libros de James Alfred Wight bajo el pseudónimo literario de James Herriot, un veterinario escocés que ejerció en el norte de Inglaterra. Estos libros, All creatures great and small, como el título de la serie, han sido objeto de adaptaciones al cine y a la televisión de todo tipo, siendo la de más éxito una serie de la BBC que se emitió entre 1978 y 1990. La serie actual no es de la BBC. Por el estilo de producción, por la forma en que se presenta, por los ritmos que lleva y el tono en general, pensaba que tendría un origen similar a Downton Abbey, aunque su cadena televisiva original es distinta. La historia va de un joven veterinario recién licenciado de Glasgow, que recibe una oferta de trabajo como ayudante de un excéntrico veterinario establecido en algún lugar de Yorkshire. Siendo ficción, la serie está basada en las vivencias del autor literario de la saga, y está escrita y rodada con un tono amable, dosificando con calma los momentos más cómicos y los más dramáticos. Los seis episodios que se pueden ver sirven para poner sobre el tablero a todos los personajes del microcosmos, y es de suponer que habrán de llegar nuevos episodios que desarrollen las distintas tramas planteadas. Especialmente, las románticas. La temporada tiene seis episodios, pero hay apuntado un séptimo… quizá, ¿un especial de navidad? En fin. Bien hecha, amable, relajante, con personajes simpáticos y empáticos… ¿qué más se puede pedir?

[TV] Cosas de series; corrupción en la justicia y corrupción en todo

Televisión

Dos series que terminé de ver o vi en las horas de tren entre Zaragoza y Sevilla y regreso hace dos semanas. Una surcoreana y la otra hispano-mejicana.

Normalmente, las series surcoreanas son de temporada única. En torno a los dieciséis episodios, hay algunas con menos, hay algunas con más. Por lo menos, lo que puedo ver en Netflix. Pero Stranger ( en coreano Bimileui sup, 비밀의 숲, que significa bosque de secretos) ya va por su segunda temporada de dieciséis episodios. Un fiscal un tanto autista (Cho Seung-woo) y una inspectora de policía dicharachera (Bae Doona) se enfrentan a la resolución de casos, pero teniendo en frente o condicionados por la corrupción de sus propias instituciones. En su segunda temporada, esta serie es un ejemplo de que las series surcoreanas podrían dejar su categoría en mi cartelera televisiva de guilty pleasures, para ser series interesantes en sí mismas. Muy bien interpretada, todavía tienen que refinar el exceso de tópicos simplones en sus argumentos, pero empieza a ser una producción digna y entretenida. Hace tiempo que considero a Bae Doona como una buena actriz, y el protagonista masculino es un poco inexpresivo, pero en esta ocasión es que le va al papel. Me lo he pasado bien.

Y también a Netflix llego una miniserie de tres episodios con el aliciente de estar impulsada por los responsables de una de sus series mejicanas de más éxito, con su protagonista más divertida, Cecilia Suárez. Alguien tiene que morir transcurre en la España de la dictadura fascista, unos años después de la guerra civil. Con un reparto a priori interesante en el que destacan, además de Suárez, Ernesto Alterio o Carmen Maura, entre otros intérpretes veteranos, y una serie de actores jóvenes, menos fogueados, y entre los que hay trabajos mejores y peores. Sobre la base del regreso del hijo de un jerarca del régimen de vivir unos años con su familia materna en Méjico, se entra en diversas críticas a la estructura familiar promovida por el franquismo, el machismo por supuesto, y en especial, la represión contra los homosexuales. La serie tiene todo lo preciso para resultad interesante, pero patina y, hasta cierto punto, fracasa. Carece de ritmo, las interpretaciones resultan impostadas, poco naturales, y la trama está llena de tópicos y lugares comunes que aportan poco poco poco a lo que ya se ha dicho y se conoce sobre el régimen fascista de Franco. Incluso que uno de los personajes más perversos de la serie se llame Cayetana, resulta casi un chiste, en estos tiempos en los que se ha dado en llamar cayetanos a los sectores acomodados de la población partidarios de las opciones políticas de la derecha más extrema, populista… o simplemente fascista. A mí… me ha resultado decepcionante. Como son sólo tres episodios, me obligué a terminar de verla en el viaje de regreso de Sevilla. Pero a punto estuve de abandonarla.

[TV] Cosas de series; utopías, distopías y apocalipsis varios

Televisión

En las últimas semanas tengo la sensación de que disminuido mi ritmo seriéfilo. Aunque ha habido muchos estrenos, algunos muy llamativos, no estoy encontrando motivación para empezar con algunos de ellos. “Baby Yodas” aparte. En cualquier caso, me animé con dos series de ciencia ficción que me atrajeron por distintos motivos. Con resultados… diversos y no muy claros.

Brave New World es una nueva adaptación televisiva de la novela de Aldous Huxley del mismo título, conocida en español como Un mundo feliz. Hace casi 40 años, por la televisión única de la España de principios de los 80, pudimos ver una adaptación televisiva de la misma obra. Muchos en mi entorno académico y de amistades la vimos, y el “soma, soma, soma” de los epsilon fue una broma frecuente entre los adolescentes/jóvenes del momento. Así como la más sexista sobre las betas muy neumáticas… aunque es un concepto que aparece en la novela de Huxley. Yo tenía el recuerdo de que fue una serie… pero en IMDb me dice que fue una película para televisión de tres horas de duración. Igual en España la fraccionaron en episodios… no recuerdo. El caso es que aquella película, que reciente he comprobado que era bastante mala, me impulsó a leer la novela de Huxley, que es muy buena. Poco antes había leído 1984 de Orwell, y quedó definido mi gusto por el género distópico, que he mantenido durante toda mi vida. Al fin y al cabo, se acercaba el año más famoso de la literatura distópica y un actor de segunda “reinaba” en Washington con políticas que con el tiempo triunfaron en todo el mundo mostrándose, si uno analiza con frialdad, desastrosas.

“Un mundo feliz” transcurre principalmente en “Nuevo Londres”. No viviendo todavía (¿o sí?) en un futuro distópico, nos conformaremos con fotos del “viejo Londres”.

La nueva serie se ha actualizado en distintos aspectos. Estéticamente responde a exigencias más actuales. Se suprime el culto a Ford por otro… de otro tipo que no voy a desvelar. Los individuos de cada casta son menos uniformes. No aparecen los deltas por ningún lado. Los epsilon están condicionados y en la base de la escala social pero no son deformes y feos. Todo el mundo es guapo en esta serie. Los salvajes no son nativos norteamericanos en reservas, sino desarraigados sociales en parques de atracciones. La promiscuidad sexual de la sociedad fordiana se hace más explícita con cierta abundancia de desnudos con cuerpos “danone” y orgías diversas. Hay más mujeres en la casta alfa plus. Aunque esencialmente, la historia es la misma. Más cuestionable es que lo sea el espíritu. La serie, mirando más a la estética y al tirón sobre el público, pierde profundidad en la reflexión. Por mala que fuera la producción de 1980, su tono de sátira no le sentaba mal a la distopía. Aquí se toman demasiado en serio. El reparto no está mal, pero las interpretaciones quedan supeditadas a una preocupación por la estética. La serie se deja ver… pero no es una gran serie. Incluso puede ser dudoso calificarla de una buena serie. Me entero hoy mismo que no ha sido renovada por una segunda temporada. No obstante, el arco argumental de la temporada emitida coincide con el de la novela de Huxley. A partir de ahora será invención de los productores. Si es que encuentran una nueva plataforma de contenidos que los acoja para temporadas ulteriores. Si no, hasta aquí hemos llegado, si más penas ni más gloria. Lo mejor… quién me lo iba a decir… Demi Moore. Pero no dura mucho.

Raised by wolves me la encontré por casualidad. Al principio no sabía de que iba, porque ha habido una diversidad de producciones audiovisuales con este título o similares. Pero he aquí que me entero que estamos ante una mezcla de postapocalíptico, androides y aventura espacial, y que detrás de ella está Ridley Scott, que también dirige dos episodios. Su hijo, Luke Scott, dirige otros tres, de los diez en total de la primera temporada. Y se nota. El ambiente que reina sobre Kepler-22b recuerda de alguna forma al que sentimos en su precuela de su saga alienígena más conocida.

Una nave espacial con dos androides de aspecto humano llega al planeta huyendo de una guerra apocalíptica en la Tierra entre dos facciones de la humanidad, una de fanáticos religiosos y otra racional y sin creencias religiosas. Esta nave procede de estos últimos. Y llega con una carga de embriones que han de servir como base a la creación de una nueva colonia humana, con valores racionales como principios básicos. No obstante, el planeta es habitable, pero relativamente inhóspito. Y poco a poco, todos los niños menos uno, Campion (Winta McGrath), mueren. Y en estas estamos cuando una gigantesca nave espacial de fanáticos religiosos, un arca llena de personas en hibernación, se acerca al planeta, produciendo la reacción de Mother (Amanda Collin) el androide lider y dando lugar al conflicto. A partir de ahí, otro niño de los fanáticos religiosos, Paul (Felix Jamieson), y sus padres aparentes (Travis Fimmel y Niamh Algar), en realidad ateos infiltrados, tendrán un papel fundamental en los acontecimientos.

En su conjunto, tiene más solidez conceptual, como serie, sin juzgar su origen literario, que la anterior, está ya renovada por una segunda temporada, y a mí me produjo un interés creciente, aunque el final de la temporada me chirriase un poco. O un mucho. No me dejó muy satisfecho la “alienada” final. Veremos que pasa en el futuro.

[TV] Cosas de series; coreanas protagonizadas por la misma actriz

Televisión

No sé muy bien cuándo apareció en la programación de Netflix, quizá en algún momento de septiembre. Yo no me puse a verla hasta unas semanas más tarde, cuando volví de mis vacaciones portuguesas. Pero hay una serie surcoreana en esta plataforma televisiva en internet que es una rara avis en comparación con lo que es habitual en las series de aquel país asiático.

Se trata de The School Nurse Files, en el original Bogeongyosa An Eunyeong [보건교사 안은영; Enfermera escolar An Eunyeong]. Atípica por varios motivos. Por una lado, sólo seis episodios, frente a los 16 habituales. Hasta ahora las había conocido con algunos menos o con algunos o muchos más, pero sólo seis,… no es habitual. En segundo lugar, se trata de una adaptación televisiva a una novela. Uno de los motivos por los que la duración de la serie estará ajustada a la historia que cuenta la novela. Además el director de la serie ya participó en otra serie distinta surcoreana, una antología, Persona, que me pareció interesante aunque no del todo conseguida. O más bien, irregular, con episodios muy buenos y otros más flojos. Y luego está el tema. Es una serie fantástica, en la que la enfermera escolar de un instituto privado lucha contra fantasmas y otros seres sobrenaturales armada con una espada de plástico plegable de colorines. Seres sobrenaturales gelatinosos que se convierten en corazoncitos rojos, también gelatinosos al ser tocados con la espada. Pero no nos equivoquemos. No es una comedia. Es un drama de personajes desarraigados y perdidos en el mundo y en la sociedad. Es una curiosidad, que me llamó la atención, que vi con atención, no entra en mi categoría de guilty pleasures coreanos, y en la que destaca el trabajo de su actriz protagonista, Jung Yu-mi.

Nos moveremos entre los túmulos y las antiguas pagodas de Gyeongju, para ilustrar el mundo sobrenatural de una de las series de hoy.

Me llamó la atención, como digo el trabajo de Jung Yu-mi en la serie comentada anteriormente. Y me pareció que ya me era familiar de alguna otra serie o película. Busqué en IMDb… y efectivamente ya me la había cruzado en alguna película. Y vi que protagonizaba otra serie en Netflix, que hasta ese momento no me había interesado. Se trata de Live [라이브; Laibeu que es la forma como transcriben “live” a su idioma los coreanos], que no hay que confundir por semejanzas de título con una drama de hospitales que comenté hace poco. A priori, una serie sobre los problemas cotidianos de una comisaría de policía no me interesaba mucho. Pero por la aparición en la actriz mencionada en un papel importante me puse a verla. Y me sorprendió de una forma razonablemente grata. Aunque con un guion manifiestamente mejorable, dada la simpleza de las situaciones presentadas, y cierto tono de publirreportaje alabando el trabajo de los agentes de policía normalitos, los altos mandos… todos corruptos parece ser, la serie está razonablemente bien hecha y competentemente interpretada. De hecho, quizá la actriz que me arrastró a ella resulta de las más flojas de los roles principales, sin que esté mal. Entretiene. Y es de las típicas series que puedo reservar para el fin de semana, cuando no quiero pensar en nada serio.

[TV] Cosas de series; pandemias, criminales y enfermeras

Televisión

Tenía varias posibilidades temáticas para organizar la entrada televisiva de la semana. Por ejemplo, las que he visto primero frente a las que he visto después, el orden cronológico. Otra, las que salen enfermeras con más o menos protagonismo y las que no. Y finalmente, la que al final va a ser, series occidentales, dejando para la semana que viene las asiáticas.

Nunca he sido seguidor de la políticamente incorrecta South Park, que lleva más de 20 años en pantalla. Aunque vi en el cine el largometraje que realizaron (Blame Canada!!!). Es un humor que está bien para un ratito… pero enseguida me cansa. Más cuando esta lleno de referencias a una realidad, la norteamericana, que en muchos detalles me es ajena. Pero cuando me enteré que antes de comenzar su temporada actual iban a realizar el South Park “The Pandemic Special”… tuve la curiosidad. Pues lo dicho, es divertido, para un rato, y algunas de las referencias y chascarrillos los pillas más y otros… pues no, porque no vivo en Estados Unidos. Una curiosidad. Salen enfermeras, pero sin mucho protagonismo. Cronológicamente, creo que también le hubiera tocado hoy.

Como hoy tenemos serie británica, nos daremos un paseo fotográfico por Londres.

El año pasado, Netflix estrenó… no sé si decir una serie policiaca con cuatro variantes nacionales, o cuatro miniseries con el mismo esquema y escenarios pero en cuatro idiomas/nacionalidades distintas. Probablemente esto último. De momento, la única que ha tenido una segunda temporada ha sido Criminal: UK. Casi seguro es que la idea de la serie fue británica y es la que tenía continuidad. Aunque no lo sé; no lo he investigado. El caso es que hemos tenido una nueva tanda de cuatro nuevos interrogatorios, en la estilizada sala que ya nos presentaron el año pasado. Lo bueno es que los interrogados son actores conocidos. Pero a veces en versiones casi desconocidas. Sophie Okonedo, muy habitual del cine y la televisión británica y que también tiene un papel en la última de las series de hoy; el soso de Kit Harington, que lo hace mucho mejor aquí que en todos sus episodios de “tronado”; Sharon Horgan, a quien hemos estado siguiendo los últimos años en una comedia “romántica”; y Kunal Nayyar, desconocido en el buen sentido con respecto al papel que hacía en la serie que le dio la fama. La verdad es que esta nueva tanda de casos e interrogatorios ha estado muy bien. Bastante recomendable. He hecho un inciso mientras escribía y parece que se confirma que no habrá más episodios criminales españoles.

Y finalmente, una serie por la que sentía curiosidad y miedo. Y que está protagonizada por una enfermera. Ratched. Para los que no se lo sepan… La enfermera Ratched era la antagonista principal del protagonista de One flew over the cuckoo’s nest (Alguien volo sobre el nido del cuco), tanto en la novela original, como en la magnífica adaptación al cine que hizo Milos Forman, con Jack Nicholson como protagonista. De hecho, la película se ha hecho más famosa que la novela, y hay mucha gente que no sabe que es una adaptación de una obra literaria de Ken Kesey, que yo he leído y está bastante bien. Escrita a finales de los años 50, la novela funcionaba a dos niveles. Como una denuncia específica de la situación de la atención mental y los hospitales psiquiátricos en la posguerra mundial en Estados Unidos, pero también como una metáfora de la hipócrita sociedad de la época, época de crecimiento y prosperidad, pero en la que se machacaban los derechos civiles de las minorías y donde la disensión política era perseguida, cazas de brujas incluidas. La enfermera Ratched, magníficamente interpretada por Louise Fletcher, que se llevó una estatuilla dorada por su trabajo, representaba a la sociedad convencional, blanca, protestante de los Estados Unidos. Y curiosamente algunas veces la he visto en las listas de los mejores villanos de la lista del cine. Especialmente aquellas más inteligentes que dejan de lado los absurdos villanos del cine de superhéroes. La enfermera Ratched, nurse Ratched, nunca tuvo nombre de pila, ni en la novela ni en la película.

Y he aquí que nos anuncian y ya tenemos entre nosotros una serie… una “precuela” de aquella historia, con la enfermera Ratched como protagonista. Que resulta que ahora se llama Mildred. Siendo un personaje emblemático en la historia del cine, miedo me daba. Pero por otro lado, llegaba con elementos atractivos. Con Sarah Paulson al frente del reparto que contiene otros nombres conocidos como Cynthia Nixon, Judy Davis, Vincent D’Onofrio o Sharon Stone. O Sophie Okonedo, que mencionaba antes. Así que decidí que para bien o para mal… había que verla. Y nos encontramos con que Ratched es la hermana del asesino de unos sacerdotes a los que su “hermano” ha asesinado brutalmente, y que está internado en un psiquiátrico a la espera de determinar si está cuerdo y se le puede juzgar. Por favor, nunca traduzcáis asylum como “asilo”; hospital psiquiátrico. Y allí consigue entrar a trabajar Mildred Ratched, con la idea de salvar a su hermano. Y con medios poco convencionales.

Con una presentación visual muy atractiva, copiando mucho a directores conocidos que van desde Hitchcock a otros más modernos, tenemos una historia… irregular. Empieza un poco morosa, indecisa, tiene momentos muy buenos, muy divertidos, entre el drama, la comedia negra y el gore ligero entre medias, para llegar a un final un poco desfondada. Sobre todo porque resuelven buena parte de las tramas en el penúltimo episodio, al modo “juego de tronos”, para dejar un último episodio que sirva de preludio para futuras aventuras de la enfermera Ratched. ¿Funcional la series? Razonablemente bien, aunque con un amplio margen de mejora. ¿Precuela del “cuco”? No. Le habrán dado el mismo nombre. La habrán convertido en enfermera. Pero esta Ratched no es aquella Ratched. Es otra cosa.

Nota: una curiosidad. Cuando se estrenó “el cuco” Louise Fletcher tenía 41 años. En el momento del estreno de “Ratched”, Sarah Paulson tiene 46 años. Y su personaje se supone que es varios años más joven… cosas del “cine”…

[TV] Cosas de series; comedia británica, policías suecos y médicos coreanos

Televisión

Trío de series que vi antes de irme de vacaciones a Portugal, o que terminé de ver durante ese viaje. Normalmente, cuando voy de viaje, me llevo episodios de series descargados en la tableta personal. Y antes de dormir veo un ratito. Si tengo poco sueño, un episodio. Si me entra más sueño,… a veces tengo que volver a verlo al día siguiente porque me quedé dormido viéndolo y no me acuerdo de nada… Pero en fin.

The Duchess es una comedia de situación británica en Netflix, razonablemente entretenida, aunque no tan brillante como otros productos similares que nos llegan desde las islas Británicas. Creada y protagonizada por la canadiense Katherine Ryan, nos habla de una madre soltera, que tuvo a su hija cuando era una groupie de un grupo de pop masculino, por sus relaciones con el líder del grupo, un destalentado informal de mucho cuidado. Educada de modo informal y con una relación especial con su madre, la niña va creciendo, tiene nueve años, y empieza a aspirar en una vida más convencional, lo cual no será fácil. En medio están el padre, el amante de la protagonista, y las amistades y relaciones que les rodean. Se deja ver bien. Son sólo 6 episodios de unos 25 minutos. Y… bueno… si no existiera tampoco pasaría nada. Curiosamente, en la versión doblada en castellano le cambian el título, y en lugar de duquesa la convierten en marquesa. Qué raros son los de los títulos en versión doblada.

Las novelas de Wallander suelen transcurrir en Ystad (foto del encabezado), a unos 60 km de Malmoe (resto de las fotos). Pero en esta aventura del joven Wallander es esta última ciudad la protagonista.

El detective Kurt Wallander de la policía sueca, personaje creado por el escritor ya fallecido Henning Mankell, ha sido ya objeto de adaptaciones televisivas, tanto en su país como en el Reino Unido, donde fue encarnado por Kenneth Branagh. Una serie que no estaba mal. A mí, el género negro nórdico no me entusiasma en exceso, aunque tiene obras interesantes. Como cualquier otro género. Y las novelas de Wallander no están mal, he leído algunas y no me arrepiento. Pero sin más entusiasmos. Ahora, tenemos una nueva versión del personaje en Netflix. También de factura británica. En el que conocemos un Wallander novato, cuando pasa de ser un agente uniformado a ser detective. No se basa en las novelas de Mankell. Se inspira en ellas. En las referencias que aparecen en ellas a su pasado. No es un procedimental en el que cada episodio es un caso. Toda la temporada es un único caso. Y hay una actualización cronológica del personaje. No se sitúa la acción en ningún momento hace treinta o cuarenta años, sino en el mundo actual, con problemas actuales, como el de los refugiados y la inmigración actual. Y las tecnologías actuales. Así que hasta cierto punto es una reinvención del personaje. Como venía diciendo, no está mal, son sólo seis episodios, está razonablemente bien producida e interpretada y entretiene. Pero a mí no me dice nada más. Lejos de otras propuestas televisivas realizadas por los propios nórdicos. Aunque la realización es británica,… el protagonista, Adam Pålsson, es realmente sueco.

Y finalmente tenemos Life [라이프, raipeu que sería la transcripción de la palabra inglesa directamente al coreano], drama “médico” surcoreano, que terminé de ver en mis vacaciones, aunque algún episodio “lo vi” dos veces… porque me acostaba cansado y me quedaba dormido a los cinco o diez minutos de empezar a verlo. No está mal, es entretenida. Aunque tampoco despierta grandes entusiasmos. Desde luego no tiene el factor guilty pleasure de las comedias románticas del mismo país. Es “seria”. Transcurre en un gran hospital universitario de Seúl… pero no es el drama médico al uso. Va más sobre la transformación de los hospitales de estructuras puramente asistenciales dentro de un estado del bienestar a empresas que buscan beneficios, y la resistencia de algunos médicos a la comercialización de la salud. La intención es buena, como crítica social y política, pero ingenua. Pero se deja ver. No lo hacen del todo mal y tiene algún momento muy entretenido. Otras cosas, y lo hablo desde la perspectiva de quien durante 11 años se asomó modestamente a la gestión de los centros hospitalarios, son, como ya he dicho, de una ingenuidad tal… que parecen canelos. En fin… para alimentar mi vicio privado sobre las series surcoreanas. Sin más. Como siempre en las series de esta nacionalidad, los personajes femeninos están mejor interpretados y son potencialmente más interesantes que los masculinos, aunque tienen menos protagonismo en este caso.

[TV] Cosas de series; demonios, astronautas y doblajes nefastos

Televisión

Una ronda de series que están vistas desde antes de mis vacaciones y viaje a Portugal. Son muy diversas. Vamos con ellas.

Lucifer, 5ª temporada,… no sé muy bien cuando saltó el tiburón esta serie que tan buenos momentos nos ha deparado. Pero lo ha saltado. En su segunda ronda de capítulos en Netflix, la serie ha perdido la frescura y el desparpajo que tenía. La ruptura de la tensión sexual no resuelta entre sus dos protagonistas también suele ser un problema; hay muchas series que lidian mal con esta situación. Supongo que seguiremos viendo la serie hasta que culmine. ¿Una temporada más? Supongo. Esperemos que al final le den un buen cierre.

Away, 1ª temporada… y quizá lo sensato es que fuera la última. Porque si algo tengo seguro es que si los miembros de una expedición tripulada a Marte se comportaran como los de esta serie, si los ingenieros de la nave espacial a Marte hicieran un nave como la de esta serie,… el fracaso sería absoluto. Más que ciencia ficción es ciencia aflicción. Nos aflige el bajo nivel científico y técnico de la serie, no voy a entrar en los detalles, nos aflige ver a los protagonistas constantemente afligidos por problemas familiares… ¿para qué coño se van a Marte si no pueden lidiar con lo que pasa en casa? Tripulación modelo “Benetton”, de todos los colores, etnias y orientaciones sexuales, ante todo, todo políticamente correcto, con unas interacciones absolutamente ridiculas. Su única virtud es que entretiene un tanto… pero lo que queda en el recuerdo es catastrófico.

Memorias de Idhún, 1ª temporada, es una serie de animación basada en una saga literaria de fantasía con el mismo nombre. Tanto la saga literaria como la serie son de factura nacional, española. Pero las hechuras de la serie de animación se han acomodado al estilo de la animación japonesa… o anime. Palabra japonesa que viene del francés desin animé, por lo que me parece absurdo usarla… pero las cosas son como son. La serie llego a Netflix rodeada de una polémica sobre el nivel del doblaje en español. Al parece se han buscado para el mismo actores conocidos, pero que no son actores de doblaje especializado. Realmente, empecé a ver el primer episodio con el doblaje en castellano, pero inmediatamente cambié al inglés. Catastrófico. Por lo demás… es una serie aceptable, pero sin nada en especial. Entre los anime de verdad, los japoneses, hay productos con temáticas similares mucho más interesantes y mejor hechos.

[TV] Cosas de series; ronda de comedias románticas surcoreanas

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Después de pensármelo muy bien, porque tenía dos opciones para una entrada televisiva, he decidido “airear” mis últimos guilty pleasures surcoreanos. Que han llegado en forma de comedias románticas. Siempre con su puntito dramático claro. Realmente otros géneros en series de televisión de aquellas latitudes cada vez me apetecen menos. El “objetivo” de apuntarse a estas series es el de no pensar en nada, pasar un rato entretenido y después, si te he visto no me acuerdo. Aunque ha veces sí.

Démonos un paseo por el centro de Seul para una entrada tan centrada en Corea del Sur.

La serie que vi en agosto es Saikojiman gwaenchana [사이코지만 괜찮아, Es una psicópata, pero está bien] que en occidente podemos ver con el título en inglés de It’s okay to not be okay o Está bien no estar bien. Menos agresivos que la traducción del original coreano. La cosa va de una escritora de cuentos infantiles (Ye-ji Seo) que va por el mundo con un trastorno de personalidad antisocial. Lo que muchas veces se llama “psicópata” o “sociópata”. Aunque esta no llega al extremo de ir matando gente. Guapísima, estilosa, con dinero,… pero insensible e insorportable. Por otro lado, tenemos a un enfermero (Soo-hyun Kim) que va por el mundo haciendo trabajos temporales y cuidando de su hermano mayor (Jeong-se Oh), que padece un trastorno del espectro autista. Y llega un día en que las vidas de estas personas, junto con las de otra enfermera amiga del anterior (Gyuyoung Park) y colada por él. Y todo se pondrá patas arriba para todos, y acabarán relacionándose en el entorno de un hospital psiquiátrico alejado de Seul. Sin contar con que sus vidas ya se cruzaron en la infancia, con un terrible secreto que se cierne sobre ellos. Para que os hagáis idea de la popularidad de la serie y sus intérpretes, en estos momentos 4.205 votantes en IMDb le otorgan una puntuación media de 9 sobre 10. Ha habido algún momento, recién estrenada en Netflix y solo vista en Corea del Sur en el que esa puntuación media estaba en 9,2. Serie buenrollista que intenta normalizar los problemas de salud mental, carece de rigor alguno sobre sus características y copia de un montón de fuentes para componer un pastiche que pese a todo resulta muy divertido. Muy divertido. Especialmente gracias al buen trabajo de la protagonista que, además de guapa y estilosa, muchísimo emplazamiento de producto en estas series, está que se sale. Con muchos de los defectos innatos a la comedia romántica surcoreana, sobresale sobre casi todo lo que he visto y realmente puede ser recomendable. Creo que últimamente el nivel de las producciones para Netflix de esa nacionalidad va mejorando.

A continuación, en septiembre, se estrenó Uri, Saranghaesseulkka [우리, 사랑했을까 Nosotros, te amamos], titulado en este lado del mndo en inglés como Was it love? o en castellano como ¿Era amor? Y aquí tenemos a una madre soltera de 37 años (Ji-Hyo Song) con una hija de 14 años a la que ha dedicado su vida desde que se vio obligada a dejar la universidad por el embarazo. Y con un sueño, ser productora de cine. Pero por el desfalco de su jefe en la productora, se ve en apuros económicos, cuando se encuentra rodeada de tres hombres de aquella época, su antiguo novio de quien se separó de malos modos, su buen amigo, actualmente actor, y un conocido más joven, a quien animó a seguir una carrera de profesor, y que actualmente es el profesor de su hija. Y a estos hay que añadir un prestamista con pintas de mafioso, pero que curiosamente parece dispuesto a echarle un cable. Dos misterios son la base de la serie. ¿Quién es el padre de la niña, probablemente uno de los cuatro? ¿Con quién se quedará al final? Hay otros misterios o intrigas secundarias que animan episodios concretos, permitiendo estirar hasta los dieciséis episodios una premisa que no da para tanto. Es entretenida, también se basa en el buen trabajo de su protagonista femenina, aunque no llega a los niveles de la anterior. Es recomendable, exclusivamente, como guilty pleasure. Sin más.

[TV] Cosas de series; de hospitales va la cosa

Televisión

Tres series en Filmin y las tres tienen en común que se desarrollan en hospitales. Los hospitales están, tristemente, de moda. De que sean capaces de aguantar los embates de la pandemia de covid-19 depende que las poblaciones tenga libertad de acción o de movimientos o no. Si colapsan, todos encerrados. Así de dependientes somos de las estructuras del estado del bienestar, tan vapuleadas en las últimas décadas por el dogma del liberalismo más atroz. Pero vamos a ellas. Tres, o quizá dos, series en un entorno sanitario

Charité es el nombre, tan francés, de uno de los más célebres hospitales de Alemania y Europa. Enorme hospital cuyas dependencias se pueden ver desde el S-bahn cuando te desplazas en uno de sus trenes entre las estaciones de Berlin-Friedrichstrasse y Berlin-Hauptbanhof. Es un monstruo enorme. Y también es el título de una serie de televisión alemana de seis episodios que nos cuenta las peripecias de este hospital a finales del siglo XIX, cuando en sus salas realizaron sus trabajos destacados médicos e investigadores como Virchow, Koch, Ehrlich o Behring. Probablemente, a buena parte de la gente, son nombres que dirán poco. Pero son gente que hizo grandes avances en el ámbito de la medicina y la fisiología en su época que fueron configurando las características de la medicina moderna. Cualquier estudiante de medicina, hasta el más cenutrio, que los hay, ha escuchado sus nombres. La serie dramatiza algunos de los hechos de estos médicos e investigadores, desde la visión de una enfermera de ficción (Alicia von Rittberg) que se supone que pasó por allí en aquellos años entre el final del reinado del kaiser Guillermo I y los primeros años del de su nieto, el infame Guillermo II. Producción realizada con gran presupuesto, fue un gran éxito en su país y otros países de Europa. Y yo me lo pasé bastante bien. Quizá porque por mi profesión sentía mucha curiosidad por el trabajo de estas gentes. Curioso lugar Alemania, donde alterna el genio científico y artístico, cultural en general, con los nacionalismo bárbaros, violentos y racistas que ya conocemos.

Tenía la cosa de, o fotografías de Berlín o de París. Como realmente la Charité está en el centro de Berlín, mientras que el ficticio hospital Poincaré esta en una localidad de la periferia parisina, he optado por la capital alemana.

Tal fue el éxito de de la serie, que su productores se animaron con una segunda temporada o una segunda serie. Creo que para los alemanes es una segunda temporada, mientras que en otros países aparece como una serie distinta, Charité at war/Charité en guerra. Ciertamente, tiene en común el estar ambientada en el mismo hospital, el tener unos protagonistas ficticios, pero con unos personajes secundarios (o no tan secundarios) que fueron reales, personajes históricos, un alto nivel de producción y seis episodios de duración. La diferencia… pues que saltamos de finales del siglo XIX a los tres últimos años de la Segunda Guerra Mundial. A esas alturas, el nazismo alemán había realizado tantos desmanes que ya no es posible encontrar una pléyade de figuras históricas de la medicina del mismo nivel que en la anterior, aunque las hay, tanto dignas como infames. Porque entre medias, encontramos las políticas de eugenesia, de exterminio y los fanatismos que el nazismo despertó entre la población alemana, personal sanitario incluido. Menos curiosa que la anterior, desde ciertos puntos de vista es más interesante. IMDb nos habla ya de una tercera serie… ¿quizá con la Charité en manos de la RDA en tiempos de la guerra fría? Probablemente.

Y mientras tanto, buceando también por el catálogo de Filmin me encuentro con una recomendación, Hippocrate, del director francés Thomas Lilti, y que ya presentó en 2014 un largometraje con el mismo título y con unos temas de fondo similares. En el largometraje, que también se puede ver en Filmin, Lilti entraba en la tradición del cine francés comprometido socialmente presentando los problemas de la sanidad pública francesa desde el punto de vista del joven titulado (Vincent Lacoste) que se incorpora como interno, lo que en España llamaríamos residente o MIR, a un hospital de la periferia parisina. En la serie, también acompañamos a una chica, Alyson (Alice Belaïdi), en su incorporación como interna al servicio de medicina interna de otro hospital de la periferia parisina. Pero en su primer día se encuentra con que toda la plantilla de médicos titulares del servicio ha sido puesta en cuarentena por su exposición a un virus de origen desconocido en uno de los pacientes, que ha fallecido. Y ella junto con otros dos internos residentes más, más veteranos, y un anatomo patólogo que trabaja en el hospital habitualmente haciendo autopsias clínicas, tienen que apechugar con todo el servicio de medicina interna. He visto alguna que otra burrada de gestión en los hospitales públicos españoles. Incluso me ha tocado participar, a la fuerza ahorcan, en alguna de ellas a lo largo de mi vida profesional. Pero como esta ninguna. Conste. El caso es que al igual que la película, Lilti aprovecha para hacer una crítica de las deficiencias de la sanidad pública en su país, al mismo tiempo que aprovecha los ocho episodios de los que consta la serie para sacarse de la manga algunas tramas personales más o menos conseguidas, y entre las que destaca la melodramática que afecta a Chloé, la interna residente más veterana interpretada por la guapísima Louise Bourgoin, que se pasa de edad para el papel que le dan, por muy estupenda que esté. Aunque se manifiesta como una excelente actriz, en el mejor papel que le haya visto yo hasta el momento. No está mal la serie, pero tiene altibajos y momentos cuestionables, que ponen duramente a prueba mi “suspensión temporal de la incredulidad”. Cosas de trabajar o haber trabajado en el medio. Parece que estaba previsto el rodaje de una nueva temporada a partir de enero de 2020 y durante seis meses… así que con la crisis del coronavirus… a saber en que situación está.

[TV] Cosas de series; entre hermanos anda el juego

Televisión

Dejaremos algunas series vistas previamente relacionadas con el mundo de los hospitales para la semana que viene, para unirlas a otra que estoy terminando de ver. Así que las dos que comentaré hoy tienen en común son, de algún modo, “hermanos/as”. No comentaré demasiado sobre las comillas para no destripar demasiado…

Hago yo mi particular viaje al pasado con unas cuantas fotos en blanco y negro de los Países Bajos en 1993.

The Umbrella Academy va por su segunda temporada. Lo cierto es que la primera de ellas no me entusiasmó. Y no tenía muy claro si iba a darle su segunda oportunidad. Pero en un mes de agosto poco lucido en la cartelera seriéfila, le di una oportunidad. Y he de decir que no me arrepiento, que la segunda temporada me ha entretenido bastante más que la primera. Con los personajes ya definidos y presentados, atascados en el tiempo, en 1963, en Dallas, en los días previos al atentado contra John F. Kennedy, y con una nueva amenaza apocalíptica. Así que la serie pierdo menos el tiempo, y directamente presenta una trama razonablemente bien armada, que no se lía ante la complejidad de dar oportunidades al coral reparto de de la serie. Tiene algunos momentos incluso brillantes. Y un final satisfactorio, abierto a nuevas aventuras. Este grupo de hermanos “no biológicos”, consiguen un buen nivel mezclando la acción, el drama, la comedia,… el entretenimiento en general. Bien. El único pero que le veo es que veo bien al conjunto del reparto… menos a su miembro con más renombre. Me parece que Ellen Page está muy lejos de lo que prometía cuando empezó a destacar en el panorama actoral (tengo que volver a ver Hard Candy). A seguir.

Teenage bounty hunters, en castellano titulada “Dos balas muy perdidas”, es una serie… absolutamente intrascendente. Ni siquiera es realmente una buena serie. Tampoco es mala ni nada de eso. Normalita. Pero es divertida; es muy entretenida. Dos mellizas adolescentes de la sociedad acomodada de Atlanta, blancas, cristianas de familia republicana, lo cual en EE.UU. significa prácticamente lo contrario que en España, familias muy conservadoras, y con una relación muy próxima entre sí nos introducen en su particular mundo. Especialmente, cuando para pagar los destrozos que le han ocasionado a un vehículo de motor de su padre, comienzan a trabajar ayudando a un cazarrecompensas, bajo la tapadera de trabajar en un garito de yogur helado. Pero la parte buena de la serie es que funciona como una total parodia de esa sociedad conservadora blanca, la que vota a Trump, la racista, la cristiana fundamentalista, la que niega el cambio climático, la de la pureza y la virginidad hasta el matrimonio, la de las familias perfectas con sonrisa “profidén”… todo ello puesto en solfa mientras seguimos las aventuras de las dos mellizas. Quizá lo que le falta a la serie es un poquito más de mala leche, y un trabajo actoral más sólido. Las dos protagonistas (Maddie Phillips y Anjelica Bette Fellini) son suficientes, físicamente están bien adaptadas a sus papeles, pero andan un poco justas de nivel interpretativo. Ideal para las vacaciones. Sin complicaciones.

[TV] Cosas de series; de sexo y de Perry Mason

Televisión

Yo no recuerdo a Perry Mason. Recuerdo a Ironside, pero no a Perry Mason. Cuando lo echaron por la televisión española, en blanco y negro, y que no siempre sintonizaba bien, yo debía ser demasiado pequeñito. Al de la silla de ruedas, sí. Si los mezclo, se debe a una cosa. A mi madre le gustaba ver Ironside, empezó a verse en España cuando yo tenía cuatro años, porque era el mismo que Perry Mason, que se emitió en España por primera vez hasta antes de cumplir yo los cuatro años. Esto explica mis recuerdos de uno y mi ausencia de recuerdos del otro.

Ya que hay una serie danesa, nos daremos una vuelta por Copenhague. No me importaría darme un paseo por la capital danesa. Especialmente por algunos de sus parques y museos. Pero no sé que tal está la cosa. Igual miro a ver.

Pero Perry Mason ha vuelto. En HBO. En los años 60, los abogados y los detectives americanos de televisión eran impecables. Perfectos. No se despeinaban ni para sacudir al villano. Como los médicos, que también eran impecables. Era una época de héroes inmaculados, “como dios manda”. La versión norteamericana del héroe de la época; como la triste España de Franco tenía su propia versión en forma de tebeos de Roberto Alzázar y Pedrín. Nunca me compraron en casa estos tebeos. Pero los leía en casa de mi primo Alfonso. Pero en esta época de pandemias, falsas verdades, presidentes canallas y héroes de pacotilla, Perry Mason (Matthew Rhys) no es perfecto. Es borrachín. Está separado de su mujer y no siempre cumple con sus deberes como padre. Pendenciero y mal hablado, reparte bofetadas y le dan unas cuantas. Menos mal que ahí está Della Street (Juliet Rylance) para meterle en vereda. Claro que, en los años sesenta, Della Street nunca hubiera sido lesbiana. Ni Perry Mason hubiera acabado teniendo como ayudante a un investigador privado afroamericano. Pero en esencia, de eso va la primera temporada de la nueva versión de Mason. De cómo este se transforma de ser un investigador de mala muerte a un abogado defensor de las causas perdidas. Y no está nada mal. Nada mal. Sobretodo porque el reparto es muy bueno, con Rhys a la cabeza, y salvan hasta las eventuales debilidades del guion. Que alguna hay. No muchas, pero alguna. No he llegado a entender en ningún momento cuándo narices ha estudiado derecho el protagonista. Aunque aprueba el examen para el ejercicio como abogado.

Sex es una serie danesa. Y sí. Hay alguna escena que otra de sexo y algún que otro desnudo. Pero realmente, este serie de seis episodios que no llegan cada uno a la media hora no va realmente de sexo. Sí, pero no. Es de una chica joven de 22 años (Asta Kamma August) que vive con su novio. Y con buen rollo, pero, de un tiempo a esta parte, con poco rollo. Los conocemos cuando consuelan a una amiga de su reciente ruptura. Pero entre el poco rollo, y los tejos que le tira otra joven a la protagonista, esta se hace un lío… y se le lía la vida. También nos presentan una Dinamarca estupenda, con diversidad racial y sexual y todas esas cosas. Como si no supiéramos que los daneses, como buen pueblo germánico, tira más bien a racista. Como el resto de la humanidad, ya puestos. No está mal. Tiene sus cosas. Y se ve pronto. Lo puedes hacer en Filmin.

[TV] Cosas de series; familias, fantasmas y finlandeses

Televisión

Tres series de tres nacionalidades distintas con temas distintos y tonos distintos.

Desde Corea del Sur, entre la comedia y el drama, nos ha llegado en Netflix una serie de 12 episodios de una hora, más breve de lo habitual, de tono buenrollista sobrenatural. Ssang-gab pocha [쌍갑포차, puesto de comidas], teatralmente traducido al castellano como La terraza mística. Una aspirante a chamán que se suicidó por mal de amores y tras la muerte de su madre 500 años atrás, cumple como condena la obligación de ayudar a 100.000 personas a resolver sus rencores en vida. Pero le han puesto en el cielo un ultimatum, y si no termina antes de una fecha dada, irá al infierno del olvido. En esto, se encuentran con un joven que es capaz de hacer que la gente hable de sus secretos más íntimos cuando lo tocan. Por lo que pueden colaborar. Pero todo se complicará y se enredará, y los secretos de 500 años atrás saldrán a la luz… típico culebrón coreano. Que resulta simpático porque tiene unos protagonistas, con Hwang Jeong-eum a la cabeza como protagonista femenina y absoluta, que tienen un cierto carisma. Funciona mejor como comedia que cuando cae en el drama. Por lo demás, anecdótico.

La serie británica tiene entre sus localizaciones los acantilados de creta del Canal de la Mancha, cerca de Dover. No tengo fotos de por allí. Las más próximas es en la costa en Margate, no muy lejos de allí.

Desde Inglaterra, Flesh and blood también se mueve entre la comedia y el drama. Con un solvente reparto de intérpretes británico, conocemos una familia de tres hermanos, dos chicas y un chico, y su madre recientemente viuda, que vive sola en un lugar costero muy agradable, con una vecina, un tanto plasta al lado. La madre liga con un tipo, y los hijos empiezan a tener reacciones diversas, al mismo tiempo que vamos descubriendo sus propios problemas vitales y de relación. Finalmente acabamos en una intriga en la que nada es lo que aparenta, pero tampoco sabemos qué apariencias pueden ser reales o no, llegando a un falso final “feliz”. Hay mejores series británicas, pero se deja ver y es entretenida. Y quizá le falte algo de “mala leche”, de cinismo, para acabar de ser la comedia negra a la que aspira pero que no llega. Se puede ver en Filmin.

Y desde Finlandia, vía Netflix, nos llega la segunda temporada de Deadwind, nombre que le han dado internacionalmente a este policíaco nórdico, que en su país de origen se titula Karppi, el nombre de su protagonista femenina, interpretada con solvencia por Pihla Viitala. No sé si lo comenté ya en su momento, pero es una respuesta finesa clara a series similares danesas o suecas. Todas ellas con una protagonista femenina y policía. La primera temporada me pareció interesante, pero nunca tuve muy claro que volviese a ella en una segunda temporada. Pero lo cierto es que esta segunda temporada la he visto muy a gusto. Quizá por estar familiarizado ya con los personajes, porque estos han alcanzado mayor complicidad entre sí, o porque consiguen condensar una buena trama policial en ocho episodios en lugar de los doce de la primera temporada. No me importaría ver una tercera temporada.