[TV] Cosas de series; dos novedades interesantes

Televisión

Hoy traigo dos novedades interesantes, una que vi antes de irme de vacaciones a Japón, de Amazon Prime Video, y la otra que terminé viendo en ratos muertos durante las vacaciones en el país del Sol Naciente, de Netflix. Las dos son, como digo interesantes, aunque les ha faltado algo para ser completamente punteras o destacadas en el panorama seriéfilo actual.

Londres es la ciudad más presente en las series de esta semana, bien como tal, bien en su alter ego de fantasía, “The Burgue”.

Carnival Row es una nueva apuesta de Amazon Prime Video para intentar que se le considere adecuadamente entre las plataformas de vídeo bajo demanda. Entendámonos. Prime Video tiene algunas series muy muy buenas. Pero quizá por su volumen, más limitado o por otros motivos que se me escapan, no tienen la repercusión mediática y popular que tienen las series de otras cadenas. La serie que comento hoy se mueve en el terreno de la fantasía steampunk. Ambientada en una ciudad que tiene un ambiente del final de la era de la Inglaterra victoriana, nos presenta una sociedad impactada por la llegada masiva de inmigrantes procedentes de los territorios ocupados por una potencia enemiga unos años antes. La cuestión es que esos inmigrantes no son humanos, sino que son miembros de razas que parecen salidas de los cuentos de hadas, de la mitología o de las novelas de fantasía épica. Sí… lo habéis adivinado, es la enésima serie que busca una metáfora para hablar de los problemas actuales de rechazo a inmigrantes, refugiados y demás. Al frente del reparto, muy coral, tenemos a Orlando Bloom y Cara Delevingne. El primero haciendo probablemente el mejor papel que le he visto; la segunda demostrando que tiene capacidad para actuar, que no se da nada de mal maña como actriz. Y es que la calidad del reparto, de predominio británico, es una de sus principales cualidades. Otra es su cuidado diseño de producción, en la ambientación de la ciudad y los personajes. Y el problema viene de que, teniendo ambiciones de serie con recorrido y con fondo, son muchas las tramas que se han ido desarrollando en paralelo, lo que ha dejado de momento una historia y unos guiones un poco dispersos. Aunque al final se han aclarado mucho. Puede llegar a ser una excelente serie… si le dan recorrido y vida.

Criminal es un curioso experimento. Netflix la está vendiendo como cuatro series de tres episodios, España, United Kingdom, Deutschland y France. Y así aparece también en IMDb. Pero para mí es todo la misma serie, con la peculiaridad que está rodada en cuatro idiomas distintos, los de los países mencionados. Pero todos los episodios están cortados por el mismo rasero, y están rodados en idénticos escenarios. Los doce episodios nos cuenta el interrogatorio de un equipo de policías a un presunto criminal. Hay cierta adaptación a las normas jurídicas reales de cada país en materia policíaco-judicial, no es que sea muy distintas, pero algunas diferencias hay, y los casos son independientes unos de otros, aunque dentro de cada uno de los cuatro equipos policiales hay alguna historia de fondo que unifica y proporciona una cronología interna para cada uno de los países. Los cuatro países han contado con buenos elencos de intérpretes, muchas veces más destacados en el lado de los criminales que de los policías, pero de todo hay. Y lo que sí podemos decir es que, aunque los guionistas se lo han currado para plantear situaciones distintas, quizá se pueda tener que estamos viendo constantemente algo demasiado parecido. Yo creo que no, porque cada episodio plantea dilemas éticos, más que policíacos o legales, que ponen la sal y la pimienta a las historias. Globalmente, me ha gustado bastante, aun reconociendo que no todos los episodios están al mismo nivel. Los mejores tríos de episodios, en mi opinión, son los británicos y alemanes, seguidos de los españoles, y finalmente los franceses. Pero sin que ninguno sea malo. Los episodios españoles podrían estar a más altura, pero en algún momento flaquean en tener en algún caso el reparto más flojo. Ya digo que sin dejar de estar a un nivel aceptable o bueno. No sé qué recorrido puede tener la fórmula. De hecho, no sé si habrá una nueva tanda de episodios… pero me gustaría saber qué capacidad de innovación interna tiene el planteamiento.

[TV] Cosas de series; un poco de animación

Televisión

Tengo varias cosas pendientes en materia televisiva desde antes de las vacaciones. Pero hoy no ando con mucho tiempo, así que dejaré las cosas de más calado para más adelante y hoy voy con el comentario de un par de series de animación, una que terminé de ver antes de salir de viaje hacia Japón y otra que terminé durante el viaje.

De todas las series mencionadas aquí, nuevas o pasadas, quizá la que más me guste, aparte de Futurama, sea Samurai Champloo. Por ello, me parece adecuado ilustrar con los tradicionales templos y santuarios del parque de Ueno, en Tokio. Tokio, Edo en aquel tiempo, es el punto de partida de los protagonistas en su camino al oeste…

Netflix está operativo en Japón. Y como sucede de costumbre cuando cambias de país, la oferta que aparece en tu tableta no es la que se corresponde al país donde te has suscrito sino al país en el que te encuentras, que puede variar. Por ejemplo, el programa japonés de telerrealidad Terrace House, en su actual edición de la que os hablé recientemente, allí se emite semana a semana y no poniendo a disposición del público bloques de entre 8 y 12 episodios como en España. Como en España hay disponibles los episodios 1 al 12 de la edición actual, en Japón, donde han ido avanzando, hemos podido ver hasta el 18. Porque evidentemente, cuando llegaba la noche y antes de conciliar el sueño, no podíamos evitar la tentación de, adictivamente, irlos viendo. El episodio 18, que se puso a disposición del público en Japón el 8 de octubre, lo descargamos a las cinco y media de la mañana mientras nos preparábamos para salir del ryokan en dirección al aeropuerto, y lo vimos en el Narita Express en el trayecto entre la estación de Tokyo y la de la terminal internacional del aeropuerto de Narita.

A punto estuve de poder dejarme descargada la segunda temporada de Carole & Tuesday, que recientemente se estrenó en Netflix España y pude ver justo antes de salir hacia Japón. En el país del sol naciente ya está disponible esa segunda temporada. La hubiéramos podido ver allí, si hubiésemos tenido tiempo suficiente, que no fue así, o dejarla descargada para verla desconectados después. En el momento que te conectas desde otro país te la invalida. Pero no lo hicimos,… porque sólo está en versión original en japonés,… con subtítulos en japonés. Y, por cierto, ¿de qué va esta serie? En principio, por sus premisas no es una serie de animación japonesa que me fuese a atraer. Las aventuras de dos adolescentes en Marte, de extracción social muy diferente, para salir adelante en el mundo de la música pop, me parecían más destinadas a otro tipo de público. Salvo que me enteré que el universo en el que transcurre la acción es el mismo que el de Cowboy Bebop, serie que me gustó mucho. Incluso algunos de los responsables de aquella, en concreto Shinichirō Watanabe, participan en la que hoy comento. Y se nota. La serie, aunque ciertamente destinada a un público adolescente, tiene calidad. Sus guiones son buenos y su historia no empalaga ni nada por el estilo. Una buena serie, superior a la media de las que está destinadas en el mundo de la animación a los/las adolescentes. Creo que incluso hay algún personaje común a las dos series… pero no recuerdo cual. Watanabe también está detrás de otras de mis series de animación japonesas favoretas, Samurai Champloo, aunque esta no comparte universo, aunque sí espíritu, con las anteriores.

Y seguimos con la animación, pero en esta ocasión procedente de los Estados Unidos. Se trata de la segunda temporada de (Dis)enchantment, con Matt Groening, ya sabéis, el de The Simpons y Futurama, como productor. Siempre he esperado, y creo que esa era la intención de sus responsables, que esta serie ambientada en una edad media mágica tuviera más que ver con Futurama que con la disfuncional familia de color amarillo. Y así es. Pero he de reconocer que la primera temporada me dejó un poco frío. Los elementos necesarios estaban ahí, pero por algún motivo no acababa de entusiasmar. Quizá porque para mí, Futurama es mucho Futurama. Pero en esta segunda temporada, las aventuras de la princesa Teabeanie, Elfo y Luci me han enganchado mucho más. No al nivel de sus referente mencionados, pero la verdad es que te permiten pasar un rato muy entretenido, con una animación adulta e inteligente. Que vengan más temporadas.

[TV] Cosas de series asiáticas; sobre el reflejo que ofrecen de las sociedades orientales

Televisión

Ya sabréis quienes sigáis estas páginas, que uno de mis vicios televisivos, de mis placeres culpables, es engancharme con cierta frecuencia a alguna serie procedente del Asia oriental, principalmente Corea del sur o Japón. Y no necesariamente son buenas series. De hecho, es más frecuente encontrar series muy defectuosas que genialidades. Que también hay alguna…

Seul es el escenario principal de la mayor parte de las teleseries surcoreanas. Cuando visité la capital coreana, tuve ocasión de comprar una cámara, una Leica Minilux, para pelicula fotográfica tradicional, que empecé a probar allí antes de ir al aeropuerto para el regreso. Sólo pude hacer ocho fotos… porque la noche se echó encima. Pero…

La semana pasada estuve unos días en modo reality. En Netflix nos ofrecieron los 12 primeros episodios de la nueva edición de Terrace House, que viene bajo el subtítulo de Tokyo 2019-2020. Como siempre, seis extraños, tres hombres y tres mujeres, jóvenes, guapos, que se dedican a cosas a priori atractivas (luego a veces es verdad, a veces no) conviven en una casa de ensueño mientras siguen haciendo su vida. El alto nivel de cortesía y de guardar las formas del país nipón hace que la forma de afrontar los conflictos sea muy distinta a lo que sucede en entornos más familiares. Las actitudes pasivo-agresivas son más frecuentes. Y lo que suele empezar con un tono “aquí no pasa nada”, acaba sorprendiendo al espectador que puede acabar enganchado. La nueva edición es más de lo mismo, con el grupo de comentaristas fijo más inspirados que de costumbre, y con la novedad de que hemos observado alguna enganchada entre dos participantes femeninas en el que se han olvidado del “pasivo” del pasivo-agresivo. Se han dicho de todo menos “bonita”. Episodio más largos, antes eran 30 minutos con alguno más largo, ahora todos rondan los 45 minutos como poco. Y esperando a las olimpiadas de Tokyo 2020, en la que esta edición del programa seguirá en activo.

Me han llamado la atención dos series coreanas que muestran diversas cuestiones que afectan a esta sociedad. Aunque Corea del sur me parece un país atractivo, y disfruté mucho con su visita, lo cierto es que excesivamente conservador, hasta un punto excesivo. En la nefasta Color of Woman (a veces The color of a woman), nefasta en cuanto a guiones y en cuanto a interpretación, los interpretes principales, masculinos y femeninos son horribles, y a pesar de todo uno se puede enganchar por mala que sea, se da una particular visión del mundo laboral y de la incorporación de la mujer al mundo laboral, con la doble versión de mujer inteligente menos atractiva y aspirante a desarrollar una carrera que es menos apreciada que la guapa secretaria sin más aspiraciones que pillar un buen marido y dedicarse a cuidar de la casa y los hijos.

Pero aun me ha dejado más impresionado otra que no he terminado de ver. Es posible que lo haga, pero a mi ritmo. No la comentaré más cuando termine. No es necesario. En Love & Marriage (también conocida como The Greatest Marriage), una serie de 2014, relativamente reciente, encontramos que una famosa presentadora de noticias en televisión, tras una serie de avatares en su relación con un periodista culinario de buena familia, queda embarazada y decide no casarse y ser madre soltera. Evidentemente, la serie tiene la intención de “educar” a la población para evitar la discriminación que estas mujeres sufren en un país tan conservador como es el surcoreano. Me he estado informando y parece que es terrible. Pero quiero pensar que las situaciones que plantean en la serie están muy exageradas, porque si se dan en la realidad, la impresión que te da es que los coreanos, hombres y mujeres, son unos trogloditas de mucho cuidado. Tremendo. Unos guiones muy flojos para unos intérpretes que creo que son capaces de más. Al contrario que la serie anterior que eran esencialmente malos.

Finalmente, en Love Alarm, se modernizan bastante. Encontramos un grupo de jóvenes, que se conocen en el instituto y se sigue su devenir hasta sus veintipocos, en un mundo en el que alguien ha desarrollado una aplicación para el teléfono móvil que te avisa si alguna persona en un radio de 10 metros está enamorado de tí. En una de las pocas series coreanas realmente originales de Netflix, la primera que encargaron (muchas “netflix originals” coreanas son realmente coproducciones o cesión de derechos de distribución internacional exclusivos), aunque no la primera que emitieron, juegan a introducirse en temas propios de Black Mirror, pero acompañado del tradicional triángulo amoroso que suele ser propio de los dramas/comedias románticos del país asiático. Está, en producción e interpretación, claramente por encima de las anteriores. La chica protagonista, aunque le falta para madurar como actriz, tiene encanto y es un acierto de reparto. Y frente a la temporada única de 16 – 20 episodios de una hora de duración de la mayor parte de las series coreanas, que en su país se convierte en 32 – 40 episodios de media hora, porque la norma establece que no las pueden interrumpir con publicidad, esta ha sido una primera temporada de 8 episodios de 40 minutos, que termina en un notable cliffhanger. Veremos como continúa este intento de producir de forma más similar a como lo hace en el resto del mundo.

Hay un par de series asiáticas más por ahí que llevo a medias, pero esas sí quiero que terminen antes de hablar de ellas, porque no son “placeres culpables”. Realmente creo que está relativamente bien.

[TV] Cosas de series; muertos y muertas en vida, adios a Liv Moore

Televisión

Dos series comento esta semana. Una miniserie en HBO (que no es lo mismo que “de HBO”) y las temporadas finales de una serie que siempre me resultó simpática y que… ya veremos.

En HBO se puede ver Lambs of God, una miniserie australiana de sólo cuatro episodios de aproximadamente una hora de duración cada uno. El planteamiento inicial, curioso. Un sacerdote llega a un convento situado en un isla próxima a una escarpada costa, que sólo un paso que se a veces queda liberado por la marea, comunica con esta. Espera encontrar un antiguo monasterio deshabitado y en ruinas. Pero se encuentra con tres extrañas monjas que viven aisladas, en pobreza y con extrañas creencias y ritos. La cosa se complicará cuando las monjas empiecen a desconfiar del sacerdote y sus motivos para visitar el lugar. Un misterio que juega al despiste en sus compases iniciales sobre la época y el lugar en el que se desarrollan los hechos se convierte en un drama de crítica a la iglesia católica con poca sustancia. Relativamente decepcionante a pesar de que formalmente es correcta y bien interpretada. Pero solo son cuatro episodios y la vi entera.

No he estado nunca en Seattle, donde se supone que transcurre la acción de una de las series de hoy, ni en Vancouver, donde realmente está rodada. Pero estos paisajes periurbanos de Zaragoza me han parecido apropiados para el tema de los zombis.

Me he visto de un tirón las temporadas cuarta y quinta, con la que se da cierre a la serie, de iZombie. Recordamos que este es un procedimental policiaco en el que la peculiaridad es que el ayudante experto del policía es una joven médico que tras un fiestorro en el que es arañada por un tipo, se convierte en zombi. Pasa a ser ayudante del forense, y su utilidad es que cuando se alimenta del cerebro de los asesinados, tiene visiones de su vida, y ayuda a desentrañar los casos. Todo eso, hasta la temporada tercera, en el que se mezcla el procedimental policíaco con las tramas personales de los protagonistas encabezadas por la zombi buena Liv Moore (Rose McIver), con tonos de comedia y buen rollo. Amoríos, amistades, simpáticos canallas,… Todo ello hasta que en el final de la temporada tercera hay un cambio completo del paradigma, en el que poco a poco se profundizan en las siguientes temporadas.

Lo cierto es que para mí, no hay unanimidad en las redes al respecto, ese final de la tercera temporada supone lo que los norteamericanos llaman el “salto del tiburón” de la serie. El caso es que para mi el “salto del tiburón” de una serie suele ser negativo. Se da cuando las series no saben por donde tirar argumentalmente, probablemente porque han agotado las posibilidades que ofrece su premisa inicial, y generan un cambio que no les suele sentar nada bien. Y esto es lo que me ha pasado con las dos últimas temporadas de la serie. Que el cambio de tono no me ha atraido. Y si hubieran condensado la trama en una sola temporada de 10 o 12 episodios, dinámicos,… ahí que te va. Pero arrastrarse durante 26 episodios para estirar los réditos que tenía buena prensa y buena aceptación… me parece excesivo. En fin. Recordaremos las cosas positivas de la serie, como su simpática protagonista y algunos de sus amigos, o la versión canalla pero no radicalmente perversa de alguno de los villanos, y nos olvidaremos de las tontadas de las últimas temporadas.

La semana que viene, última entrada antes de coger vacaciones, la dedicaremos a las cosas que nos vienen de extremo oriente, para bien o para mal.

[TV] Cosas de series; pequeñas y grandes mentiras

Televisión

Dos interesantes series para esta semana, que he visto en las últimas. Ya me estoy poniendo al día con los comentarios de las series. Hace sólo 10 días que terminé de ver estas.

El concepto de héroe, de ser humano modelo, ha sido reflejado en el mundo del arte con frecuencia, incluso cuando los temas represente personas teóricamente comunes. Pondremos algunos ejemplos con las esculturas de Pablo Gargallo, del museo del mismo nombre en Zaragoza.

En primer lugar tenemos la segunda temporada de Big little lies, drama de HBO que comenzó con la idea de que fuese una miniserie de temporada única, pero que visto el éxito, decidieron intentar una segunda temporada. Este grupo de madres más o menos pijas, que viven en uno de los condados más acomodados de California, y que se vieron involucradas en la primera temporada en una trama que llevó a la muerte del marido de una de ellas. Un misterio que quedó aclarado para los espectadores, pero no resuelto a nivel policial. Pero la segunda temporada no se centra en esa trama policial, que permanece de fondo, pero como un macguffin más de la serie. Seguimos indagando en las dificultades de la vida en pareja y en familia, en los abusos de género, en los sentimientos de culpa por cosas de las que son otros responsables, en los sentimientos de culpa por cosas de las que sí que somos responsables, en cómo nos recuperamos de los traumas del pasado y en la hipocresía general de las relaciones sociales, que impide muchas veces la resolución práctica de muchos de esos problemas. Esta temporada no llega a tener el nivel de la primera, pero se deja ver bien de todas formas, destacando, como en la anterior, el buen nivel actoral de todos los participantes. Destacando el complejo y antipático personaje con el que ha de lidiar una impecable Meryl Streep, auténtica robaescenas, estrella de la temporada, por mucho que el rol principal esté destinado a Nicole Kidman.

La resolución de la temporada es buena, y vale perfectamente como resolución de la serie. Parece improbable una tercera temporada por la dificultad para encajar las agendas de todas las protagonistas, aunque probablemente HBO estaría encantada. Yo creo que ya está bien como está.

The boys es un estreno reciente de Amazon Prime Video, una cadena que no recibe tanta atención de los medios como otras en sus producciones originales. Se apunta a la moda de los superhéroes, pero desde un punto de vista distinto. Aquí no tenemos superhéroes dispuestos constantemente a salvar el mundo frente a supervillanos que quieren destruir o dominar el mundo. Aquí nos movemos en el terreno de lo gris del mercado capitalista, donde ser superhéroe es una marca, con un valor, es una forma de generar dinero, y conformar una plutocracia como poder fáctico detrás de los poderes legítimos del estado. “Superhéroes” engreídos, que se creen con derecho a cualquier cosa, cuando dejando de lado sus “poderes”, sufren las mismas debilidades y tentaciones que cualquier hijo de vecino, con el añadido de su mayor capacidad de ejecutar acciones éticamente discutibles, si no simplemente condenables. Frente a ellos, el grupo de pirados que, agravados de una forma u otra, quieren desenmascarar la falsedad del negocio superheroico. Unos buenos guiones, una producción de buen nivel y unas interpretaciones más que convincentes nos llevan a una serie que tiene muchos valores para ser considerada como una de las más interesantes del momento. Y, por supuesto, muy por encima que cualquier tontada que venga de los universos de superhéroes tradicionales. Final notable, que deja descolocados a todo dios, con ese Homelander (Antony Starr) que se confirma como uno de los villanos más inquietantemente interesantes que ha surgido recientemente en la ficción televisiva. Ganas tengo ya de una segunda temporada.

[TV] Cosas de series; entre adolescentes y la peor tripulación espacial (de la historia de la TV) que ha existido

Televisión

Hace ya un tiempo que terminé de ver las series que comento esta semana. Sigo llevando cierto retraso. Todas las terminé de ver antes de mi escapada berlinesa, es decir, antes del 10 de agosto. Espero que mi memoria no esté muy alterada…

Dos de ellas se introducen en el mundo adolescente,… aunque se parecen lo que un huevo a un elefante.

Derry Girls ya es una vieja conocida, y recientemente nos hemos sumergido en la segunda temporada de este grupo de adolescentes norirlandesas en los tiempos de The Troubles. Con temporadas de seis episodios de media hora de duración, sabe a poco. Indudablemente, las aventuras de la pandilla de descerebradas de dieciséis años, sus no menos descerebradas familias, la peculiar monja que pretende educarlas y el primito inglés que puede ser o no ser gay, es una de las series más divertidas del panorama seriéfilo actual. Y casi me atrevería decir que es de obligatoria visión si se te pone a tiro. Por supuesto, en versión original. Es inevitable que muchos de los chascarrillos de la serie estén asociados al cerrado acento irlandés y su choque con la forma de hablar de los ingleses.

Sí… en honor a las chicas de Derry, visitamos fotográficamente la isla de Irlanda. Aunque no los condados británicos del Ulster, porque no he andado por allí.

Sin embargo, Euphoria nos sumerge en una de las visiones más pesimistas de la adolescencia, en términos de drama que bordea constantemente la tragedia, que nos puede ofrecer hoy en día la televisión. Esta serie de HBO que se estrenó hace unas semanas, de la mano de Rue Bennett (Zendaya) y ese gran hallazgo que es la Jules Vaughn interpretada por Hunter Schafer, uno de los personajes con más matices y complejidades que he visto en mucho tiempo en televisión. La serie nos traslada a un vecindario más de los Estados Unidos, con su instituto, donde los y las adolescentes sufren las consecuencias de su inmadurez y su desconcierto ante cuestiones como el sexo, su identidad personal, la presión del grupo, el consumo de drogas y la violencia latente o explícita que rodea sus vidas, muchas veces asociada a cuestiones de género. A la serie le cuesta arrancar un poquito, y en sus primeros pasos no acababa de atraparme, pero poco a poco se centra y, de hecho, ofrece algunos episodios que tienen carácter prácticamente antológico. Totalmente recomendable, salvo que andes en estado depresivo o todavía te creas que la juventud es una etapa de la vida de color de rosa.

Finalmente, Netflix nos ha ofrecido una nueva serie en forma de primer contacto + aventura espacial. Y lo hacía con el aliciente de poner a Katee Sackhoff, la celebrada Kara Thrace “Starbuck“, al frente de una tripulación que debe recorrer a velocidades relativistas la distancia entre la Tierra y Pi Canis Majoris, una estrella a 96 años luz de distancia, de donde se supone que procede una nave alienígena que ha aterrizado en nuestro planeta, aunque muy poco comunicativa. El título de la serie es Another Life,… y hasta aquí todo lo positivo que se puede decir de la serie, que como veis son circunstancias a priori, antes de ver nada de la misma. A partir de ahí, todo es una absoluta catástrofe. To-do. En el plano de la producción, da la impresión de que el asesor científico de la serie es el profesor Bacterio. Sí. El de Mortadelo y Filemón y la T.I.A. La densidad de gilipolleces pseudocientíficas por hora que es capaz de producir esta serie avergonzaría hasta los terraplanistas. Ni siquiera voy a intentar recordar algunas de las muchas burradas que dicen o plantean relacionadas con conceptos físicos, astronómicos, biológicos, químicos,… plenamente asentados. Y todo ello enmarcado por los conflictos de una tripulación espacial que ha debido ser seleccionada entre la mayor panda de tarugos que jamás se haya visto sobre la faz de la Tierra, cuyas decisiones y comportamientos son siempre contrarios, no ya a los conocimientos científicos o de ingeniaría, sino al más básico sentido común, comportándose siempre como adolescentes. Adolescentes imbéciles, no como la mayor parte de los adolescentes, que seguro que tienen mucho más sentido común que estos personajes. Obviamente, la culpa no es de estos personajes, sino de los ineptos creadores y guionistas de la serie, que deberían ser juzgados ante el tribunal de la Haya por crímenes contra la humanidad. No creo que vuelva a ver un sólo minuto de esta serie, que aguanté hasta el final por ver si toda esa densidad de estupidez era fruto de un mal momento o era un mal crónico,… permanente. Lo que también me sorprendería es que Netflix, ante una serie que ha merecido una nota media en IMDb de 4,8, la renovase… pero cosas más raras se han visto en el mundo de la televisión. No ver. Bajo ningún concepto. Graves riesgos para la salud mental.

[TV] Cosas de series; de San Francisco a Seul pasando por Manchester

Televisión

Retomo las entradas televisivas. Durante mi escapada berlinesa no se me han acumulado más series, porque no hubo ocasión de entretenerse demasiado con los episodios que llevaba cargados en el iPad. Alguno cayó en los viajes largos, pero poco más. Lo que traigo hoy aquí lo vi con anterioridad. Y nos lleva a a cruzar el globo a través de algunas ciudades características.

Con un tono fundamentalmente urbano en las series de hoy, nos desplazaremos a una de las ciudades “protagonistas”. La única que he visitado, Seul, concretamente en los alrededores de Dongdaemun y las riberas de Cheonggyecheon.

Del pasado nos llegan las secuelas de Tales of the city, cuyo original y secuela original ya comenté. Ambas se pueden encontrar junto con otras dos secuelas del original de 1998, More tales of the city, y de 2001, Further tales of the city, en Netflix. Estas dos últimas son las que vi recientemente. Son dos miniseries de dos y tres episodios respectivamente, de hora y media de duración cada uno, en la que se mantienen buena parte de los personajes de la serie original, y se desarrollan tramas más o menos conseguidas de sus amoríos, mezclados con intrigas más (o más bien menos) inverosímiles. Son entretenidas, pero ningúna me ha parecido que tenga tantas virtudes como para que hayan arrastrado la secuela moderna. Más allá de ciertas provocaciones, para la época y para la mentalidad norteamericana, en las costumbres sexuales de sus protagonistas no hay grandes cosas que destacar. Se mantiene la discrepancia entre las edades de los protagonistas en la secuela de 2019 y la de los mismos en aquellas producciones. La acción en aquellas se situaba en los años 70, lo que hace inverosímiles las edades de la secuela de los años 2019 situada en la actualidad.

En el recorrido por las ciudades del mundo nos pararemos en Manchester, donde encontramos a la familia Lyons, que inicia su andadura en una fiesta familiar en 2019 y a la que seguimos durante una década (y más) en el futuro próximo, en la que en Years and Years especulan con la evolución política, social y económica del Reino Unido a partir de las tendencias actuales. Fundamentalmente, una extrapolación de las consecuencias del populismo político y social y las nefastas consecuencias que puede conllevar en pérdida de derechos individuales, en desigualdades y en catástrofes de distinto tipo. Producida por la BBC pero emitida por HBO en el resto del mundo, está bastante bien, con muy notables interpretaciones. Te pone los pelos como escarpias por las consecuencias posibles, y plausibles, de lo que está pasando en el mundo de la posverdad y del populismo político, aunque al final dejan un final con un tono relativamente optimista. Y muy ingeniosamente abierto en cuanto al destino de una de las protagonistas. Me parece muy recomendable.

Y llegamos hasta Seul, donde hemos llegado al final de una de las producciones coreanas para Netflix, My First First Love, en su título internacional. Cheossarangeun Cheoeumiraseo [첫사랑은 처음이라서], es su título original, que vendría a significar algo así como “porque es mi primer amor” o “la primera vez de mi primer amor”. Así como la mayor parte de estas producciones se emiten durante ocho semanas en tandas de dos episodios de una hora de duración para cumplir los dieciséis típicos (en Corea se emiten en tandas de cuatro semanales, de media hora de duración hasta los 32), esta ha venido en dos tandas de ocho episodios que se pusieron simultáneamente a disposición de los abonados con unos meses de diferencia. Los episodios han sido algo más corto de lo habitual. 50 minutos en lugar de los 60-70 minutos de otras series. Lo cual se agradece. Es una serie de la que ya comenté en su primera tanda, básicamente buen rollista, donde se pone de relieve la importancia de la amistad y la fidelidad entre amigos, en la que con un tono básicamente de comedia, hay un punto de drama en el triángulo amoroso entre los protagonistas y algún culebrón familiar. Es entretenida, más ágil que otras comedias/dramas románticos coreanos por el estilo, con un nivel de interpretación algo por encima de lo que nos tienen acostumbrados. Y como siempre son todos chicos y chicas muy guapos y guapas.

[TV] Cosas de series; Amazon Prime y el Japón, el mundo del revés y atracos a la española

Televisión

Se me han acumulado un montón de series para comentar, así que el ritmo de hacerlo con dos a la semana ya no es suficientemente efectivo. Así que hoy voy a darle un empujón a la lista en tres bloques.

Nuevas series japonesas en Amazon Prime Video

Netflix es la plataforma de vídeo bajo demanda que más se caracteriza por su variedad en la nacionalidad de las producciones de su catálogo, con gran abundancia de series orientales, coreanas en especial, japonesas, y también de otros países. En Amazon Prime Video son mucho más modestos, pero ya hace un tiempo que de vez en cuando sacan como novedad algún bloque de series niponas de lo más diverso. El problema es que salvo alguna excepción que es pasable, suelen ser muy malas. Esto ha sucedido con algunas del último bloque. Tokyo Alice [ 東京アリス ] es la adaptación de un manga en clave de comedia romántica en el que las situaciones son muy tópicas y las interpretaciones muy flojas. Final life [Fainaru raifu: Ashita, kimi ga kietemo; ファイナルライフ-明日、君が消えても-] es un drama policial con toques de ciencia ficción bastante delirantes, con una realización visual efectista y chirriante, y un par de intérpretes sacados de los grupos masculinos del K-pop y de los femeninos del J-pop, que lo hacen bastante mal. Ninguna de las dos son recomendables.

El profesor y todos sus secuaces con nombre de ciudad asaltan esta vez el Banco de España. Lo curioso es que no he encontrado ni una foto realizada por mí de ese edificio. El real, no el que sale en la serie que no he investigado lo que es. Pero sí muchas fotos realizadas en los alrededores, en Madrid.

El caso más delirante es un medio metraje que han titulado en español como Pasando la ducha, cuando el título original japonés es Tōriame [通雨 o とおり雨] que significa chubasco o lluvia pasajera, referido a los frecuentes chubascos de la época de lluvias en el verano nipón. Ni siquiera han puesto correctamente los nombres de los actores en la ficha técnica de la peliculilla. Una catástrofe. Que va de la peculiar relación que se establece entre un joven de 19 años que quiere ser dibujante de manga y su vecina de 40, un ama de casa solitaria por los viajes de su esposo. Es peculiar. Ni recomendable ni no recomendable. Que cada cual vea si se atreve.

Stranger Things (Temporada 3ª)

Una de las series estrellas de Netflix, llena de nostalgia hacia los ochenta, me estaba empezando a dejar frío tras dos temporadas, en las que ha tenido algún momento bueno, pero que nunca me ha entusiasmado tanto como al personal. Curiosamente, esta tercera temporada me ha parecido bastante entretenida. Con un guion más centrado y enfocado. Y con una gran virtud. El protagonismos de los niños que han pasado a preadolescentes ha descendido un tanto dando lugar a más tiempo a otros personajes, jóvenes o adultos, alguno novedoso, que han aportado frescura a la serie y mejores resultados. Los “niños” en cuestión siempre me han resultado un tanto cargantes. Por supuesto, se avecina una cuarta temporada para el año que viene, dado que hay un cliffhanger latente, aunque muy evidente, en las escenas finales.

La casa de papel (Temporada 3ª)

Aunque reconozco que entre tanto exceso, las primeras dos temporadas de esta producción española tienen algún momento entretenido, tampoco me siento el mayor fan de la serie. Por un lado está el populismo y la ambigüedad moral de la serie.

Es falso que los robos que plantean sean “inocentes” en el sentido de que no roban a nadie. Si alguien fabrica una gran cantidad de dinero y lo introduce en el mercado, devalúa el existente. Si alguien roba la reserva de oro de un país. Devalúa sus activos. En ambos casos, el dinero que poseen sus habitantes se devalúa, lo cual es especialmente grave en las clases más bajas y en los pobres, que se ven más afectadas que los que andan bien de posesiones u otros activos. Así que si estos convierten en héroes a tales ladrones por “antisistema”, es que son gilipollas perdidos. Pero así funciona el populismo.

Por otro lado, no puedo olvidar que al final de la temporada anterior, convirtieron en “héroe” al ritmo del Bella ciao a un tipo que, entre otras cosas, se había dedicado a abusar sexualmente, violar si lo preferís, a una de las rehenes.

En fin. Que llega la tercera temporada con otra serie de excesos más o menos increíbles, más o menos entretenidos. Una de las grandes ventajas de esta tercera temporada,… que los episodios han pasado de 70 interminables minutos a 40-45. Mucho más razonable.

Por otro lado, está el otro gran defecto de la serie. Me parece que la mayor parte de sus intérpretes son muy flojos, tirando a malos. O les permiten hacer un trabajo mediocre tirando a malo. Es un defecto de la televisión española. Pero bueno. Tiene momentos entretenidos.

[TV] Cosas de series; recuperando series de hace meses

Televisión

Hace unas semanas me dediqué a rescatar series que me habían llamado la atención tiempo atrás. Fue un momento en el que las novedades no me llamaban la atención. Algo que me está pasando con frecuencia es que segundas temporadas de series cuyas primeras temporadas quedaron suficientemente cerradas, no me llaman la atención en exceso y me cuesta retomarlas, y a veces los abandono. Pero lo de hoy son primeras temporadas o temporadas únicas.

Fotográficamente, me desplazo a los lagos y bosques finlandeses. No porque tengan que ver directamente con las series de hoy. Más bien porque los paisajes recuerdan en parte a los que nos ofrece una de ellas.

Northern Rescue (1ª temporada)

Por algún motivo que desconozco, cuando hace unos meses estrenaron esta serie en Netflix, me pareció que podía combinar entretenimiento con pequeñas dosis de drama familiar, adecuada para momentos de la semana en los que no me apeteciese pensar mucho. Padre de familia (William Baldwin) que trabaja en el servicios de rescate de protección civil (SAR, Search and Rescue, en Estados Unidos), que tras envidiar con tres hijos adolescentes o preadolescentes, se traslada a una ciudad más pequeña para ajustar el modo de vida, con la ayuda de su cuñada (Kathleen Robertson). La historia está contada desde el punto de vista de la hija adolescente mayor, la más rebelde (Amalia Williamson). Si a esto unes que el público votante en IMDb le daba una nota razonable… pues a ello.

Tremendo error de juicio. Casi imposible empatizar con unos personajes que parece que son tontos de remate cada vez que toman una decisión o se relacionan con alguien. Secundarios estereotipados con nulos matices, y dramas postizos y exagerados. Que si a mí me pasan tantas cosas, salgo pitando del pueblo ese donde van a vivir por la vía rápida. Las interpretaciones, flojas, flojas. No sé si esto lo renovarán… en principio termina con la trama abierta y presentando un personaje “malo”. Pero no sé si me pillarán por ahí de nuevo.

Sharp Objects (miniserie)

Tenía ganas de ver esta miniserie de HBO desde que se estrenó ya hace un año o así, pero para la que no había encontrado momento. Basada en una novela de Gillian Flynn, escritora de quien ya se había adaptado al cine con éxito alguna de sus obras. En castellano, la serie se ha conocido como Heridas abiertas, que no sé si me gusta mucho.

En una ciudad pequeña de profundo sur de los Estados Unidos se ha producido el asesinato de una adolescente, y otra está desaparecida. A la periodista Camille Preaker (Amy Adams), nacida y criada allí, la mandan desde San Luis para cubrir la investigación. Camille tiene un pasado muy tortuoso, con problemas de salud mental, asociados a una madre muy difícil (Patricia Clarkson) y a la muerte de una hermana. Ahora, además de investigar los crímenes, tendrá que lidiar con la madre, con una hermanastra en edad adolescente (Eliza Scanlen), con la relación con un detective enviado para ayudar en la investigación (Chris Messina), con el shérif del lugar (Matt Craven) y con la panda de psicópatas que conforman el vecindario del lugar.

La serie no está mal, pero algo por debajo de las expectativas que me había generado. Eso sí, las interpretaciones, especialmente de Amy Adams, están a un nivel muy alto. En cuanto a si la resolución de la trama es una sorpresa o no. La primera parte de dicha resolución me parecía demasiado obvia, y pensaba que sería una distracción. La resolución final, quién es el asesino, se me había pasado por la cabeza, pero reconozco que la había desechado por excesivamente rebuscada. Pero si pienso en las dos obras de Flynn que conozco a través de sus adaptaciones audiovisuales… es que es rebuscada de narices esta autora. En general, es recomendable.

[TV] Cosas de series; una ración de “guilty pleasure” asiático

Televisión

Pues sí. He descubierto que “no puedo” vivir sin mis raciones de placeres culpables televisivos con rostro asiático. Especialmente las comedias/dramas romántico/as coreanos… que mira que son extraños, raros, ¿ridículos? algunos de ellos, pero que me engancha. Pero hay algo más.

Hace unas semanas os comentaba la primera serie que haya visto de HBO Asia, la versión japonesa y femenina de un famoso detective británico. Pues bien, hay al menos otra serie en HBO de producción asiática, aunque con un enfoque muy distinto. Folklore es una miniserie de horror en el que cada uno de los seis episodios es independiente de los otros, y refleja un mito de las supersticiones o de las tradiciones de seis países asiático tan diversos como Japón, Corea del Sur, Singapur, Indonesia, Malasia y Tailandia. El terror no es uno de mis géneros favoritos que digamos, pero tuve la curiosidad y le dí una oportunidad. Al fin y al cabo, el primer episodio, el correspondiente a Indonesia, sin ser una maravilla, tuvo su interés. Sin embargo, conforme fue avanzando la serie, tuve la sensación de que las diferencias en los planteamientos entre las distintas aportaciones eran más cosméticas que de fondo, que de una forma u otra se repetían los esquemas, y que no iba más allá de una serie que acaba navegando en cierta mediocridad con pretensiones. No me atrevo a recomendarla salvo a fanáticos del terror oriental. Que yo no soy.

Para ilustrar esta entrada, recupero algunas fotografías de las primeras horas que pasé en Seúl cuando visité Corea del sur.

De nacionalidad surcoreana, entre la comedia romántica y el drama fantástico y criminal, se mueve Abyss [Eobiseu (어비스)], producción de Netflix que se fue emitiendo durante 8 semanas a un ritmo de dos episodios por semana, una fórmula de emisión muy querida de esta cadena para estos productos coreanos. Ahí seguimos las andanzas de la fiscal Go Se-Yeon (Park Bo-Young) y el heredero Cha Min (Ahn Hyo-Seop), amigos de toda la vida. El es feo, y no demasiado hábil socialmente, pero buen tipo. Ella es guapa, muy atractiva y chulilla. Ambos mueren y son resucitados por una canica gigante mágica, el “abyss”. Pero al resucitar adoptan un físico acorde a su alma. Él pasa a ser un tipo guapo, muy atractiva. Mientra que ella se transforma en un chica menuda y físicamente poco llamativa (según la trama, en realidad es una monada). Pero además ella ha muerto a manos de un psicópata. A partir de ahí enredos amorosos, tensión sexual no resuelta, equívocos, y una trama policial un poco estrambótica. Se le pueden sacar todos los defectos que queráis. Pero los personajes principales son simpáticos y sirve para ver algo intrascendente que no te obligue a pensar. A la actriz protagonista, ya la he visto en un par de series más, en las que siempre hace papeles cortados por el mismo patrón.

Y siguiendo el mismo patrón de emisión, pero en esta ocasión perfectamente definida como un drama romántico, hemos tenido One Spring Night [Bombam (봄밤)]. He de decir que en los primeros episodios de los dieciséis que consta la serie, parecía que iba a dar un salto cualitativo sobre lo que se ve en series coreanas. Dejándose de lado de ciertas frivolidades, el planteamiento de un triángulo rectángulo en que dos catetos con capacidades muy distintas, un adinerado heredero con una buena posición en la banca (Kim Jun-han) y un modesto farmacéutico que trabaja en una farmacia como asalariado y que tiene un hijo de una mujer que los abandonó (Jung Hae-In), se disputan los favores de una joven bibliotecaria (Han Ji-min) que empieza a no ser tan joven, y tiene que optar entre una relación aburrida y rutinaria pero socialmente interesante, y una relación con muchos interrogantes y peor vista socialemente. Además, apuntaba buenas maneras en el apartado interpretativo, por lo menos en la protagonista femenina. Por algún motivo, la mayor parte de los actores masculinos en estas series son claramente inferiores en su cualidades interpretativas a las actrices principales. Sin embargo, la serie pronto entra en bucle, dándole vueltas a unos argumentos que a ratos, desde nuestra perspectiva occidental, resultan ridículos, dilemas que no entendemos porque probablemente en nuestro entorno no se producirían. Y queda claro que la extensión de la serie es muy superior a lo que la trama da de sí. Incluyendo alguna trama paralela como una muy mal desarrollada y resuelta de abusos de género hacia la hermana mayor de la protagonista. La única conclusión clara que podrías sacar, si te lo tomaras en serio es que Corea del sur está en el siglo XIX en lo que se refiere a ciertos valores familiares y sociales, y que la mayor parte de los hombres, especialmente los padres, son una panda de gilipollas. Deja un regusto agridulce. Intenté darle una oportunidad de recuperar las sensaciones iniciales hasta el final… pero sin éxito.

[TV] Cosas de series; de matrimonios que se rompen y otros armagedones

Televisión

Me entero viendo una de las series que comento esta semana que Armagedón no es sinónimo de Apocalipsis. Que más bien es el lugar que se convertirá en el campo de batalla de la contienda final entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal cuando llegue el Apocalipsis. Lo que pasa es que Apocalipsis, y eso no lo dicen en la serie, tampoco es el fin del mundo. El Apocalipsis de Juan es la revelación que recibió el mencionado Juan, y que luego transcribió en el famoso libro en el que se nos anunciaba que tarde o temprano, todo este tinglado que tenemos montado los humanos, se iba a acabar. Que termine como según Juan le fue revelado… eso me resulta más dudoso.

En cualquier caso, en Good Omens, serie en seis capítulos de la que podemos disfrutar en Amazon Prime Video, nos adaptan la visión que de tal evento tuvo el escritor de fantasía y ciencia ficción Terry Pratchett. Y si alguien ha leído alguna vez algo de Pratchett, podrá suponer que su versión del final del mundo será al menos tan imaginativa, mucho más absurda, y al mismo tiempo infinitamente más sensata que la del mencionado Juan.

Pues síp… tal y como está el Reino Unido últimamente, yo también opino que probablemente el fin del mundo será por esas tierras… probablemente a iniciativa de los “tories”.

Los protagonistas de este divertimento, en el que todos los que han trabajado tienen pinta de habérselo pasado muy bien, son un ángel y un demonio. El ángel, Aziraphale (Michael Sheen), es aquel de la espada flamígera encargado de velar por quien entraba o salía del Jardín del Edén. El demonio, Crowley (David Tennant), es aquel que fue encargado de tentar a Eva con una de las manzanas del árbol de la Ciencia del bien y del mal. Pero… a pesar de todo, se hicieron amigos, o algo así. Y ambos deambularon por la Tierra hasta que de repente se enteran que el Anticristo está aquí, y con el se acerca el fin del mundo. Y como ambos se encuentran bien y a gusto entre los humanos… pues decidirán impedirlo. Con la ayuda de una bruja, Anathema Device (Adria Arjona) y otros pintorescos humanos.

Es muy divertida. Es un cachondeo. Está bien hecha. Salen un montón de gente conocida. Mucho británico, aunque no únicamente, para una miniserie que sabe tener la duración justa y necesaria, y que supone un entretenimiento estupendo, no exento de críticas a muchas de las tonterías que entre unos y otros, en el mundo de las religiones y las supersticiones, no tan alejados como ellos creen el uno del otro, se han dicho. Muy recomendable.

Por otro lado, en HBO se puede ver Fosse/Verdon, miniserie que sin duda alguna había que ver aunque no sea porque ahí está Michelle Williams encarnando a la actriz Gwen Verdon, y demostrando, una vez más, que es una de las mejores intérpretes femeninas actuales. Pero es que además, enfrente tiene a Sam Rockwell, que se pone en la piel del que marido de Verdon, bailarín, coreógrafo y oscarizado director, Bob Fosse.

La serie, que se narra a través de flashbacks, coge a la pareja cuando todavía están casados, con el fracaso de la adaptación al cine de Sweet Charity. Poco después, Fosse consiguió hacerse con la dirección de Cabaret, que fue su mayor éxito, al mismo tiempo que el final del matrimonio por la enésima infidelidad de Fosse. Y a partir de ahí… su relación hasta el fallecimiento de Fosse.

La serie, tiene su algo de producto al uso para reivindicar la memoria de ambos personajes protagonistas por parte de la hija de ambos, y quizá sea mejorable en lo que a los guiones y el dinamismo de la misma. Pero las interpretaciones son inmejorables. Y alguno de los episodios, como el quinto, un fin de semana en la playa entre los principales caracteres protagonistas y secundarios, me parece antológico. Muy recomendable, también.

[TV] Cosas de series; entre la utopía LGTB+ y la distopía tecnológica

Televisión

En primer lugar, mencionar una serie fallida. Habitualmente incluyo los dramas coreanos dentro de los guilty pleasures, placeres culpables, series francamente defectuosas pero que me entretienen y disfruto de ellas. Y Netflix tiene varias “originales”, con las que lo paso bien. Pero recientemente incluyeron una House of Cards alrededor de la política parlamentaria coreana… llamada Chieff of Staff internacionalmente (original Bojwagwan: Sesangeul Woomjikineun [보좌관 – 세상을 움직이는 사람들]) que muestra que cuando se salen de determinadas fórmulas, estas series pueden ser un rollazo tremendo. No he pasado de la primera media hora del tercer episodio. No me voy a extender en porqué es un pestiño, pero lo es.

Vi estas series al poco de volver de China… y la verdad es que con esto de que todo el mundo tiene que estar representado en todo, no faltan los personajes de origen asiático. Aunque estén metidos con calzador. Como dos hermanos mellizos… en los que además de ser artistas conceptuales con base en las redes sociales… creo que su variante sexual era… ¿el incesto? Es que no me quedó claro… un ejemplo de personajes pensados como desahogo cómico y que están mal desarrollados.

Vamos a lo más sustancial. Cuando volví de vacaciones me encontré con un estreno en Netflix que me llamó la atención por su reparto; Laura Linney, Ellen Page, Olympia Dukakis… Se titula Tales of the City (reconvertido en Historias de San Francisco en castellano) y la verdad es que los primeros capítulos llevaban un camino que me desconcertaban un tanto… sentía que algo me estaba perdiendo en algo que parecía en un anuncio de Oliviero Toscani para cierta marca italiana de los años 90… un compendio de lo politicamente correcto tanto en la orientación/identidad sexual/de género, como étnica/racial… Así que al final del tercer episodio de diez que componen esta miniserie (como tal se ha vendido). Y comprobé que es una secuela de una serie de seis episodios de principios de los 90, del mismo título, que ya tuvo un par de secuelas en 1998 y en 2001. Claro… si no conoces algo de las series originales, hay guiños y referencias que te pierdes. Por lo demás, queda como una utopía en la que todo el mundo es bueno, con sus “defectillo”, pero muy majos todos. La cuestión es que la serie llega a animarse y tiene unos episodios finales entretenidos. A mí me suena a que es un intento de resucitar de forma no confesada la serie, con una nueva generación de protagonistas. Que han estado demasiado eclipsados por los protagonistas de la antigua generación, como para haber empatizado con ellos. La serie original, que también he visto, la de 1993, no las otras, tiene su cosa, pero no ha envejecido bien. Y muestra discordancias con la actual. Aunque emitida en 1993, la acción de la misma transcurría en la mitad de los 70, lo que les permitió obviar la epidemia del sida que marcó a la comunidad LGTB+ en los 80 y los 90. El caso es que no ha envejecido bien. Y además genera incongruencia en lo que se refiere a las edades de los protagonistas. Lo que sí que es cierto es que aquella serie era más valiente que la excesivamente “correcta” actual. Lo que sí es cierto es que nos ha dejado con ganas de visitar San Francisco.

Y también afronté semanas atrás la quinta temporada de Black Mirror. A la que tuve que añadir el especial que emitieron hace unas semanas, Bandersnatch, en plan “elige tu propia aventura”. Decir en primer lugar que el experimento de esta última no me convenció. Además de que te obliga a verlo en el ordenador o en la tablet, porque a través del Chromecast o del iTV la interactividad no funciona, esta no aporta gran cosa. De hecho, creo que la pusieron para jugar con la idea de “juego” y de “interactividad”, pero en mi caso sin que me funciona ni me aporte nada. Lo considero el peor episodio de la serie. Los tres que forman la quinta temporada oficialmente se dejan ver, pero de alguna forma han perdido la capacidad de sorprender y de reflexionar en profundidad. Quizá la fórmula esté agotada, o quizá la idea siga siendo válida, pero necesita una renovación de ideas. Aunque como digo, se dejan ver sin problemas.