[TV] Cosas de series; “arreglando” el mundo

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Dos series muy distintas, que nos llegan desde lejos, protagonizadas por gente empeñada en cambiar el mundo para mejor, con distintos tono, con distintos medios y con distinto… todo. Como dijo Jack el Destripador, vayamos por parte.

Sigo usando las fotos del sábado por la tarde para ilustrar esta entrada.

Why are you like this? es una comedia de situación australiana, seis episodios de apenas 20 o 25 minutos de duración, es decir… que si le ponéis un poco de empeño la veis de una tirada, en Netflix. Y tiene un gran aliciente. Es muy políticamente incorrecta. Pero en buen sentido. Frente a la oleada, por no decir tsunami, de series políticamente correctas en temas de “raza”, etnia, género, sexo… etcétera, la serie tiene como protagonistas tres jóvenes de veintitantos que centran su vida en ser políticamente correctos y arreglar la vida y el mundo de los que les rodean, pero que tienen las mismas debilidades que todo el mundo y la mayor parte lo que hacen es cagarla y arruinar la vida a los que les rodean. Una crítica, no a los valores de tolerancia y diversidad, sino a las hipócritas formas en los que los asumimos en nuestra vida diaria, especialmente en las redes sociales, para beneficio personal y no para el bien común. Es comedia… pero es amarga. Relativamente pesimista. Pero de lo más sincero que he visto últimamente. Lástima que los guiones no esté un poco más pulidos, la trama tenga algo más de ritmo, y los actores no estén un escalón por encima en sus capacidades interpretativas. No son malos… pero haría falta gente con más carisma. O quizá debería decir “anticarisma”.

시지프스 The myth [Sijipeuseu The myth; Sísifo: El mito] no tiene nada que ver con la anterior, salvo en que sus protagonistas también quieren salvar el mito. Serie surcoreana de 16 episodios de aproximadamente una hora de duración, con ciencia ficción y abundancia de conspiranoias, protagonizada por dos intérpretes que ya me resultan familiares de otras series, el habitualmente serio, no tanto aquí, Cho Seung-woo, y la muy guapa Park Shin-Hye, que sigue teniendo más presencia que capacidades actorales. Park interpreta a una joven que viene de un futuro postapocalíptico no muy lejano, con el fin de impedir que el ingeniero y empresario a quien encarna Cho invente una máquina que permite el viaje en el tiempo, siempre en el sentido del futuro al pasado. Pero eso sí… tendrán que vérselas con una perversa organización gubernamental empeñada en perseguir a los viajeros en el tiempo, contra un grupo que va por libre en lo de aprovecharse de estos y en una misteriosa amenaza que quiere que la guerra nuclear que devasta Corea tenga lugar para su propio interés. Resumiendo, tiene todos los defectos que habitualmente hacen que califique a las series surcoreanas como placeres inconfesables… pero ideal para dejar la mente en blanco los fines de semana, sin tener que pensar y de forma entretenida.

[TV] Cosas de series; entre los fantasmas victorianos y el tren sobre hielos

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Hoy traigo a estas páginas televisivas un comentarios sobre dos series que se pueden ver en Netflix. Una de ellas es un estreno relativamente reciente y la otra, una segunda temporada de una serie que llegó con muchas expectativas, pero que aún estamos esperando a ver hasta que punto es capaz de satisfacerlas. Vamos a ello.

Ambiente ferroviario, con una línea ferroviaria que se suele rodear de nieve en invierno, aunque lejos de las dimensiones monstruosas del Snowpiercer; el ferrocarril de vía estrecha del Harz, con sus molonas locomotoras de vapor.

Snowpiercer ha llegado a su segunda temporada. Basada en unas historietas de origen francés, estas fueron también adaptadas a una película del surcoreano Bong Joon-Ho, hoy más recordado por su oscarizada película sobre el sistema de clases en las sociedades desarrolladas que por aquel postapocalíptico drama de acción. El caso es que si bien la primera película, con matizaciones, viene a contar un historia similar a los primeros volúmenes de la historieta y a la película, aunque con estilos diferenciados, la segunda temporada tiene otro estilo narrativo. Con los mismas temas de fondo del material original, ahora tenemos más un difícil equilibrio entre dos “países” con sistemas políticos distintos, y ambos con tensiones internas. He de reconocer que la primera temporada me dejó relativamente insatisfecho, porque la adaptación al cine de la historia que hizo Bong Joon-Ho fue muy potente, es una película que hoy en día valoro más que cuando la vi por primera vez, y la serie no se acercó a todo ese potencial. Pero la introducción de un Wilford encarnado por Sean Bean, que probablemente es uno de los personajes que mejor lucen en esta segunda tanda de episodios, da alicientes a esta segunda temporada que supera a la primera tanto en la trama como en el interés. Otra cosa curiosa de esta serie… los personajes secundarios y sus intérpretes suelen ser mejores o más interesantes que los principales, salvo los buenos momentos, que no son todos, de Melanie Cavill (Jennifer Connelly). Nos queda, por lo tanto, comprobar si la tercera serie sigue la tendencia al alza… o si hemos llegado al máximo de lo que esta serie, puede ofrecer. Una serie que se deja ver a pesar de ser una serie fallida hasta cierto punto.

Netflix tiene una fuerte querencia, excesiva desde mi punto de vista, por el género fantástico y paranormal. Y eso se manifiesta, una vez más, en The irregulars, una serie que me estuve pensando si ver o no. Ya os adelanto que el público votante en IMDb no la aprecia. Aunque no es tan catastrófica. De hecho, tengo curiosidad, no enorme pero alguna, por ver por donde va en un futuro. Esto va de una adaptación de una historieta con un un grupo de chavales huérfanos como protagonistas, que viven no muy lejos del 221B de Baker Street, en un sótano, saliendo adelante apoyándose mutuamente. Hasta que un día un tal John Watson, médico, residente en el mencionado domicilio, solicita su ayuda para resolver un crimen… que nos sumergirá en un mundo de amenazas fantásticas, paranormales o de dimensiones extrañas en el Londres victoriano. Efectivamente, estamos ante la enésima revisión del personaje de Sherlock Holmes, aunque sea un personaje virtual durante unos episodios, secundarios en otros, alcanzando sólo cierto protagonismo al final. La serie sufre de unos guiones un tanto caóticos, de la introducción en la trama de personajes con poco sentido, como uno de los hijos hemofílicos de la reina Victoria, y de exceso de barroquismo visual, junto a una alteración de los caracteres tradicionales del universo “sherlock” quizá excesiva. Y de unas interpretaciones pobres para lo que son los estándares de una serie británica. Aunque es posible empatizar con algunos de los personajes de la historia, casi todos muy planos, con alguna excepción. Es una serie floja. Aunque según parece ha tenido más audiencia de lo que parece, y con una acogida de la crítica menos negativa que de los espectadores que se manifiestan.

[TV] Cosas de series; auténticos pecados inconfesables

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Ya he comentado en numerosas ocasiones que las series de Asia oriental, especialmente las surcoreanas, son un placer culpable, pecados inconfesables, que disfruto a pesar de sus carencias en todo tipo de dimensiones. Si no lo he comentado previamente, reservo estas series para el fin de semana. Como parte del relax y alejamiento del mundo al que me entrego en esos escasos días, alejado del follón de la absurda vida laboral y cotidiana. Pero recientemente soy mucho más consistente ante el televisor los fines de semana que entre semana. En gran medida por culpa de la pandemia. Así que tengo con frecuencia placeres culpables para comentar. Y alguno de los de esta semana lo son y mucho. Placeres culpables, digo. Auténticos pecados inconfesables. Cosas que nunca hubiera pensado que iba a aguantar viendo de principio a fin. Y quien sabe si en segundas temporadas.

Vamos a la Corea más tradicional y nos pasearemos por el templo de Beomeosa en Busán.

El mejor ejemplo de esto es una serie que inglés se titula Love (ft marriage & divorce), título original coreano Gyeolhonjaksa Ihonjakgok [결혼작사 이혼작곡, Letras de matrimonio y composiciones de divorcio]. En dos palabras; es espantosa. Con una producción glamurosa de casas montadísimas, de abundancia de marcas, de gente muy guapa, nos cuenta la historia de tres matrimonios, uno en la treintena, otro en la cuarentena y otro en la cincuentena, que se relacionan porque las tres esposas trabajan juntas en la radio. Dos de ellos están en crisis, con amenaza de divorcio. El otro aparentemente no, aunque el marido también tiene una amante. La primera mitad de la serie conocemos la realidad desde el punto de vista de las esposas. En la segunda, se centra en cómo los maridos van conociendo a sus amigas/ligues/amantes. Y en medio, suegros y suegras diversas, cizañeando y conspirando. Todo ello con una moralina ultraconservadora bastante hipócrita. Y con algunas escenas “pedagógicas” para la audiencia que harían sonrojar a cualquiera que tenga un mínimo interés en la interpretación artística por un lado y en la dignidad de las personas por otro lado. Con una tendencia al melodrama barato apotorrante. ¡¡¡Y con un asesinato a base de provocar en el cónyuge una diabetes…??? ¡Qué malvada! Y sin embargo, no pude dejar de verla hasta el final. De lo más infame que he visto de lo que llega a Netflix desde Corea del Sur. Y con cliffhanger para una segunda temporada, después de estos inverosímiles 16 episodios. Ni siquiera tiene una valoración alta entre los votantes de IMDb, donde los fanáticos sin seso de los k-dramas hacen estragos en estas valoraciones elevándolas sin sentido. Totalmente a evitar. Menor para mí. Que volveré a pecar. Claro… yo no la veo como un drama… para mí está al nivel del absurdo o el dadá más ajeno al mundo.

Como sucede en España, es frecuente que los coreanos hagan series al rebufo de de los éxitos americanos. Ahora una de médicos y hospitales. Ahora una de políticos malévolos y corruptos. Ahora una de abogados sagaces. Ahora una de mujeres desesperadas. Lo cierto es que los placeres inconfesables que prefiero son aquellos más propios de la ideosincrasia propia. Los dramas románticos. Pero… He aquí que alguien debió pensar que sería buena idea hacer algo a rebufo de The Newsroom, HBO en 2012, una serie interesante, aunque con un éxito limitado. Y se sacaron de la manga Argon, serie de 2017. Con sólo 8 episodios, empieza la serie cuando una novata llega a la redacción de un noticiario de televisión, liderado por un carismático periodista y presentador, que empieza a estar cuestionado por las presiones de los poderosos a los que investiga. Que conste que es decente. No es buena, pero sí decente. Y a veces peca de excesiva ingenuidad. Pero casi no vale como placer inconfesable. No obstante, es bastante olvidable.

Y queda en el ámbito de lo anecdótico una reciente serie de animación china en Netflix, pero muy al estilo anime, basada en mitos diversos de la religión popular del gigante asiático. Se denomina Tiān Guān Cì Fú [天官赐福, La bendición del oficial del cielo], y a priori es una serie de aventuras. Pero pertenece a un género que yo no conocía. Al parecer es frecuente en Japón, pero menos en China, donde la diversidad sexual está muy vista. Son series en los que hay una pareja protagonista, ambos chicos, que tienen una amistad con un carácter muy confundible con una relación homosexual, aunque sin que tal cosa quede nunca explícita. Y lo curioso es que al parecer el público de estas series es fundamentalmente femenino, ya que a las jóvenes les pone ver a dos guapos jóvenes, aunque sean en dibujos, siendo cariñosos uno con el otro. Bien… si les gusta, perfecto. Obviamente, en sociedades relativamente conservadoras, o dictatoriales como la china, siempre aparecerá como una amistad… bordeando lo “políticamente” correcto/incorrecto… Cuando la serie se centra en la acción y la aventura es entretenida. Cuando se centra en la “amistad” de los dos protagonista… entonces, yo no soy el público objetivo de la serie. Y me aburre como ostra. Una curiosidad. Pero también un tipo de serie al que no volveré salvo por despiste.

[TV] Cosas de series; visiones de la adolescencia

Televisión

Las dos series que traigo hoy tienen como protagonistas personajes adolescentes. En ambas, estos personajes se ven en problemas de entidad. En ambas, el sexo, de alguna forma, tiene que ver con esos problemas. De alguna forma muy notable. Son dos series muy distintas. Pero representan distintas versiones de un mundo que siempre ha atraído a la ficción televisiva. Especialmente porque los adolescentes son grandes consumidores de esta ficción televisiva. Otra cuestión es hasta qué punto la visión que nos ofrecen las series de televisión responde a la realidad de los adolescentes.

Los adolescentes coreanos de una de las series de hoy tienen la (mala) costumbre de frecuentar la noche de Seul… para nada bueno.

Genera+ion es una serie que terminé de ver hace unos diez días. Se puede ver en HBO España. Y fue apareciendo en grupos de 3, 2 o 1 episodios semanales durante el mes de marzo hasta sumar un modesto total de 8 episodios que duran entre los 28 y los 35 minutos. Así que es una serie que no se tarda mucho en ver. Porque os podáis hacer una idea del tono e ideología, entre los productores ejecutivos de la serie encontramos a Lena Dunham, la de Girls. Aunque no figura entre los creadores de la serie. Como dijo Billy Wilder en una ocasión, o tal vez fuera su maestro Ernst Lubitz, cuando vayas a contar una historia en el cine (me vale también para la televisión), de entrada muestra algo potente en pantalla, que deje sentado y fijado a la butaca al espectador, y luego tómate tu tiempo para desarrollar la historia. Pues bien, la primera escena de la serie es un grupo de chicas de 15 o 16 años, en los baños de un centro comercial, de las cuales, una de ella, está dando a luz a una criatura en medio de un caos y desconcierto absoluto. Proceso que iremos viendo en los primeros minutos de cada episodio, mientras que en el resto del episodio, con calma, vamos viendo en flashback cómo se desarrollan las relaciones entre un grupo de adolescentes, de distintos orígenes sociales y étnicos, en un instituto del sur de California, y tremendamente confusos sobre su sexualidad, que en el más puro estilo de la actualidad, es muy diversa. La serie es bastante explícita, hay algunos desnudos, es decir, va encaminada a un público suficientemente maduro. Aunque no goza demasiado de los favores del público votante en los agregadores de opinión que hay por la red de redes, creo que la serie va de menos a más, y que si entras en la historia, al final resulta bastante interesante. Queda abierta a una posible segunda temporada, aunque si esta no se diese, queda suficientemente cerrado el arco argumental de esta primera. Se deja ver.

Extracurricular [original Ingansueob 인간수업, Clase (escolar) humana] es una serie surcoreana de Netflix. Pero ni de lejos es la típica serie surcoreana de Netflix. Al final me ha resultado relativamente inclasificable entre lo que había visto hasta el momento. Es una serie que lleva ya un año en la parrilla de la cadena de visión bajo demanda, de la que vi el primer episodio hace bastante, pero que luego no seguí… no me acuerdo porqué. La serie tiene una primera temporada de 10 episodios, menos de lo que es habitual, de entre 44 y 72 minutos, también menos de lo que es habitual. Y está centrada en tres adolescentes, menores de edad, pero con el bachillerato avanzado, muy distintos entre sí, que acaban involucrados en una tremenda trama de prostitución, proxenetismo y otros crímenes. Oh Jisoo (Kim Dong-Hee) es un chico abandonado de sus padres, que sale adelante en la vida ofreciendo un “servicio de protección” para prostitutas,… aunque que el no ve como proxeneta. Bae Gyuri (Park Joo-Hyun) es una compañera de clase del anterior, hija de una familia pudiente, que se aburre en la vida. Y que descubre el secreto del anterior, inmiscuyéndose como un juego… lo que hace que comience una escalada de problemas y huidas hacia adelante para los dos. Seo Min-hee (Jung Da-bin) es compañera de los anteriores y es la desencadenante de los problemas, ya que, siendo menor, es una de las prostitutas a las que “Oji” ofrece “protección”, es muy inmadura, y está en esta actividad para no perder a su novio un abusón al que paga todos sus caprichos. A esto hay que sumar un colección de profesores, policías y mafiosos, que cogidos individualmente parecen de comedia, por su torpezas colectivas, pero que realmente generan un peligroso drama, de violencia e incomprensión hacia los adolescentes, que puede llevar las cosas a la tragedia. La serie termina en un cliffhanger que da pie a una segunda temporada,… de la que no sé nada. La serie,… no está mal. Se aleja de los habituales guilty pleasures que son las series surcoreanas, angustia, por la serie de conflictos encadenados y huidas hacia adelante de sus protagonistas, y se va creciendo conforme avanza. No voy a decir que sea una gran serie, pero sí una serie decente sobre la delincuencia en la adolescencia.

[TV] Cosas de series; animación de “altura” y de tal palo tal astilla

Televisión

Esta semana voy con dos series muy distintas, vistas las últimas semanas, que sólo comparten dos características en común. Ambas las he visto en Netflix, ambas son entretenidas, pero no ofrecen tanto como podrían.

Tenkū Shinpan [天空侵犯] conocida también como High-rise Invasion e Invasión de altura (o en las alturas), es la típica serie adaptada de una serie manga, destinada al público juvenil masculino, en la que los protagonistas de la serie han sido abducidos de su mundo natural, y trasladados a un mundo alternativo, distópico o como lo quieras llamar. Las protagonistas de esta serie son chicas escolares adolescentes que de repente se despiertan en una ciudad similar a Tokio, llena de edificios altos y rascacielos, no pudiendo moverse más que por las azoteas y pisos altos de los mismos, sorteando una serie de peligros encarnados en seres humanos enmascarados, que pueden llevarles a la muerte. Como muchas series destinadas al público juvenil masculino, las chicas tienen un aspecto hipersexualizado, al mismo tiempo que comportamientos mojigatos, y una cierta cantidad de lo que eufemísticamente llaman fan service. La serie alterna momentos de aventura y acción que son bastante entretenidos, con impases de palabrería y ñoñería en la que suelen jugar con la ambigüedad en las relaciones entre las chicas, entre la amistad y una tensión sexual no resuelta, que probablemente nunca se resolverá. En su conjunto… no tengo claro que vaya a ver una segunda temporada, aunque tampoco lo desdeño según las circunstancias. Estaría entre las series del montón que nos llegan desde el mercado nipón.

Tokio de los edificios altos y modernos… ese es el del anime de hoy.

Y luego está Ginny & Georgia, una serie que parece ha pegado fuerte en la cadena de vídeo bajo demanda en su primera temporada. Georgia Miller (Brianne Howey), una rubia madre de treinta años, de buen ver, con una hija de quince, de padre afroamericano, Ginny (Antonia Gentry), y otro hijo mucho más jovencito, de padre caucásico, Austin (Diesel La Torraca), se establecen en una localidad próspera de Nueva Inglaterra procedentes de Tejas, buscando comenzar una nueva vida, tras enviudar y heredar los bienes del finado. Pero esta peculiar familia arrastra muchos secretos y puntos oscuros en su vida anterior como para que todo sea fácil. La serie se deja ver, pero tiene un grave problema. No sabe lo qué quiere ser de mayor. ¿Una comedia de interacciones madre/hija tipo Gilmore? ¿Una de crímenes con huidas hacia adelante? ¿Un drama de instituto? ¿Una crítica social sobre el racismos y el sexismo encubiertos en las comunidades pretendidamente liberales y abiertas del nordeste americano? Todo a la vez. Nada de lo anterior en realidad. Toca muchos palos, pero sin definirse del todo, y con un montón de historias paralelas, que no sabemos dónde llevan… o simplemente no llevan a ninguna parte. Pero es entretenida. Un poco absurda en algún momento, pero entretenida.

[TV] Cosas de series; adolescentes asiáticos desbocados

Televisión

Últimamente estoy viendo demasiadas series coreanas. Placeres inconfesables en la mayor parte de los casos existen excepciones. Por ejemplo. Esta semana pasada estaba de bajón anímico. Que se ha hecho más profundo a partir del sábado por un triste suceso. No comentaré… no forma parte de lo que quiero hablar en este Cuaderno de ruta. El caso es que estos días atrás necesitaba algo intrascendente. Que durante el rato que durase, me hiciese sentir bien. Y no se me ocurrió otra cosa que reciclar alguna serie. Supongo que igual que los anglófonos consideran como una categoría las feel-good movies, en Filmin hay una colección con esa etiqueta (muy discutible que Les parapluies de Cherbourg pertenezca a esa categoría), podemos hablar de feel-good tv shows. Series que te hacen sentir bien. Y lo que se me ocurrió fue volver a ver una teleserie surcoreana, Hospital Playlist, de la que ya hablé, y que realmente te hace sentir bien. Esta no la incluso dentro de la categoría placeres inconfensables. Es muy simpática. Además me sirvió para recordarla, porque parece que en unos meses vuelve con una segunda temporada a Netflix.

Un denominador común a todas las series coreanas es que comen como limas y beben como cosacos. Así que hoy visitaremos el mercado del pescado de Noryangjin en Seúl, donde puedes comprar vivos los bichos que a continuación te pueden preparar en los puestos disponibles para ello.

Hace una semana os hablaba de otra serie coreana, comedia romántica, que tampoco consideraba incluida en la categoría de las inconfesables. Al mismo tiempo que esta, se estrenó otra, protagonizada por So Joo-yeon, que también tenía un papel en la mencionada comedia romántica. Esta actriz tiene un físico que, a sus 27 años, lo mismo le permite interpretar a una adolescente de bachillerato que a una adulta. Y en esta serie, de título Areumdawotdeon Uriege [아름다웠던 우리에게, para nosotros que fuimos hermosos], y cuyo título internacional quedó como A love so beautiful, efectivamente interpreta a una joven que conocemos con 15 o 16 años y acompañamos hasta sus 30 años. No me atrevo a decir si la edad de la que hablaba estaba “traducida” o no. Tal y como cuentan la edad en Corea del Sur, su edad en “años” puede ser uno o dos más que en occidente. El caso es que es un adaptación de una novela china, que hace unos pocos años también se convirtió en un serial televisivo en su país de origen. Son 24 episodios de apenas media hora, o sea, menos duración que las habituales series coreanas de 16 episodios de alrededor de 70 minutos. No es ni fu ni fa. Me parece excesivamente ingenua en su fase de amoríos adolescentes, y no profundiza lo suficiente en la crisis de la edad adulta. Ni es un placer inconfensable, ni es una serie especialmente interesante. Pero la fui viendo encajando sus episodios cortos en tiempos muertos aislados.

El caso es que esta serie me hizo reconsiderar otra. Como he dicho, su historia es un préstamo o una nueva versión de otra de otro país asiático. Y esto sucede con frecuencia en ese continente. Cuando una serie o película tiene mucho éxito, se hacen una o más versiones en otros países, en otros idiomas o en otro formatos. Series, animación, largometrajes… El caso más típico y comentado también se puede ver en Netflix, en dos de sus versiones, y se trata de Kkotboda Namja [꽃보다 男子, mezcla de caracteres coreanos y chinos], en su versión coreana. Aunque es normalmente conocida como Boys over flowers, su traducción al inglés, o su título original japonés, Hana yori dango [花より男子], un manga que ha sido adaptado a una serie de animación japonesa, series oficiales en Japón, Taiwán, Corea del Sur, China y Tailandia, largometrajes en Japón, y series no oficiales, copias no reconocidas, en Indonesia (dos veces), China e India. Con semejante historial… hace tiempo que tenía la curiosidad de saber qué tiene esta historia para que atraiga tanto. Hace años lo intenté ya con la serie coreana, que es de 2009, y está en Netflix desde hace muchos años. Pero no pasé del primer capítulo… y ahora si que he pasado y he visto los 25 episodios de 70 minutos.

Este si que es un placer inconfesable de tomo y lomo. El argumento es demencial. Una adolescente de clase trabajadora es admitida en un colegio privado para élites económicas y políticas, donde cuatro machitos hacen y deshacen a su antojo, son los chulos que abusan de quien les cae mal, incluso con violencia física, y donde nunca nunca nunca aparece un profesor para poner orden, y si aparece el director del colegio es para adular y actual servilmente con los progenitores de estos energúmenos. Y con estos mimbres tan demenciales,… se monta una triángulo romántico, donde se ven unas cosas que en cualquier lugar civilizado serían objeto de intervención inmediata de la policía y el juzgado de guardia. Y no vamos a hablar de la conducta absolutamente mafiosa de la madre del gallito protagonista de este invento. Y esta es probablemente la franquicia de romances adolescentes de más éxito de Asia… lo cual casi quiere decir, por volumen de espectadores,… ¿del mundo? Tremendo. Tremendo. Para mear y no echar gota. Clasismo, machismo, racismo,… todos los “ismos” negativos que podáis considerar, convertidos en comedia romántica.

[TV] Cosas de series; del Japón medieval a la carrera espacial alternativa

Televisión

Hoy traigo dos series muy muy distintas. Una es documental y habla de la historia. La otra es ficción y habla de la historia… alternativa. Tras la excelente ucronía que nos ofreció Amazon Prime Video estos años atrás, ahora es Apple TV la que nos propone otra… cuando menos curiosa.

En un mundo tan patriarcal como el Japón tradicional, poco papel parecen tener las mujeres. Pero aun así, en los conflictos que narra la serie documental que traigo hoy, lo tuvieron y fue importante. Como la señora Nene [ねね], esposa principal de Toyotomi Hideyoshi, que sobrevivió a estos tiempos, se llevaba bien con Tokugawa Ieyasu. Y terminó en sus días en un templo en Kioto, que no pudimos visitar porque se nos hizo tarde y cerró, no lejos de donde está hecha la foto, por donde también está también la calle que lleva su nombre [ねねの道].

Empecemos por la serie documental de Netflix, Age of samurai: battle for Japan. Japón sufrió un amplio periodo de inestabilidad política y de numerosos conflictos bélicos entre señores feudales entre 1467 y 1615, denominado período Sengoku, o de los estados en guerra. La serie narra las fases finales de dicho período, entre 1560 cuando Oda Nobunaga se alza como un poder emergente, con la colaboración de Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu, hasta 1615, cuando muerto Hideyoshi, Ieayasu elimina a los últimos restos de su clan en el sitio al castillo de Osaka y deja pacificado el país durante 250 años, con la implantación del shogunato Tokugawa que da lugar al período Edo de la historia del país. La serie está realizada en forma de docudrama, en la que una serie de actores y extras encarnan a los personajes de la historia, en sus interacciones y batallas, mientras un locutor va narrando los hechos, con interrupciones de vez en cuando para que expertos en historia, tanto japoneses como occidentales, van dando su interpretación a los principales sucesos. En general, la serie es entretenida y, en lo que a mí se me alcanza, precisa, aunque uno percibe que hay partes de la historia que se soslayan, quizá por considerarlas secundarias a la historia central. Así los hechos narrados se centran en las acciones de los principales protagonistas de la historia, y en la invasión de Corea. Lo más criticable quizá sea el uso de un lenguaje sensacionalista a la hora de la narración, así como la constante repetición de decapitaciones, seppuku, y alguna escena de sexo con desnudos femeninos parciales que vienen poco al cuento. También faltan localizaciones reales. Se prefiere usar mucha escena en bosques y algunos interiores de construcciones de estilo japonés indefinida a mostrar las localizaciones tal y como se encuentran en la actualidad. Es muy entretenida, razonable precisa, aunque mejorable en su tono sensacionalista.

Pero también es importante el castillo de Osaka. Que en su versión de la época quedó destruido en el sitio que sufrió en 1516, con el que terminó la época de guerras, y en el que murieron el Hidetori, el hijo de Toyotomi Hideyoshi, y su madre, concubina del anterior, la señora Chacha [茶々]. Y es que esta, que conspiró a favor de su hijo… no se llevaba bien con el shogun Tokugawa como la señora Nene… y le costó la vida.

For all mankind es una ucronía que se puede ver en Apple TV. Ahora están emitiendo semana a semana la segunda temporada. Pero yo de momento he visto sólo la primera temporada. El punto en el que la historia que se cuenta diverge de la historia real de la segunda mitad del siglo XX es cuando en junio de 1969, un mes después de que el modulo lunar del Apollo 10 volase a algo más de 15 km sobre la superficie lunar, y un mes antes de que el Apollo 11 realizase el primer alunizaje sobre el satélite terrestre, una nave tripulada soviética toca tierra en la Luna y es un soviético el primer hombre en pisar la luna. La serie marca más diferencias todavía cuando poco después, una mujer soviética es la primera mujer en pisar la luna. A partir de ahí, se genera una historia alternativa en la que las prioridades políticas cambian, se inicia una carrera por establecer bases habitadas de forma permanente en la luna, y la NASA permite la entrada en el programa espacial de mujeres, con fines propagandísticos, unos cuantos años antes de que tal cosa sucedieran en realidad.

La serie no es perfecta en absoluto. Tiene algunas cosas excesivamente inverosímiles. Digamos que el universo alternativo es demasiado parecido al nuestro como para tragar determinadas cuestiones de los “políticamente correcto”. Pero más allá de eso es una serie correctamente realizada, correctamente interpretada, con personajes suficientemente empáticos como para que te importe lo que pasa, y en suma… bastante entretenida. Con lo cual, para mí ya está bien.

[TV] Cosas de series; dos cosas muy distintas desde el Asia más oriental

Televisión

En las últimas semanas he procurado agrupar las series que comentaba bajo algún criterio más o menos coherente. Saltándome para ello en alguna ocasión el orden en las que las había visto o terminado de ver. En esta ocasión me ceñiré al orden cronológico. De las que tengo pendientes de comentar, estas son las series que antes finalicé de ver. Una me llevo mi tiempo, la otra fue cosa de un fin de semana. Me explicaré enseguida. Vayamos con lo más sencillo de comentar.

Recientemente se estrenó en Netflix la segunda temporada de la surcoreana Joahamyeon Ullineun [좋아하면 울리는, avisa si a alguien le gusto o algo así], popularmente conocida en el resto del mundo como Love Alarm. La primera temporada, que nos hablaba de los amoríos de instituto que desembocaron en que un joven desarrollara una applicación para los móviles que avisa de que a alguien en un radio de 10 m le gusta el portador/a del móvil, y a los problemas que esto trajo para la protagonista, Kim Jojo, interpretada por Kim So-Hyun, una estrella joven en ascenso dentro de la televisión y el cine coreanos. Terminaba en un notable cliffhanger, que demostraba que en el más puro triángulo rectángulo, la joven hipotenusa era pretendida por dos apuestos catetos, uno de ellos con novia oficial, mientras que una modificación en su móvil impedía que nadie pudiera hacer saltar la alarma en el mismo. Habían sido ocho episodios con una historia, aunque serias deficiencias en la interpretación. No entiendo porqué la actriz esta, más allá de que sea más o menos monilla, sea un valor en alza en la interpretación. Porque lo que en la primera temporada era un razonable acierto de reparto, que prometía a pesar de sus limitaciones, en la segunda se ha convertido en un lastre de inexpresividad, empeorado por el hecho de que los giros argumentales debidos a las innovaciones en la trama, se habían convertido en la mínima tensión de un triángulo amoroso, tópico, mal desarrollado y mal interpretado, también por las limitaciones de los dos catetos. Supongo que estaba prevista otra tanda de ocho episodios para completar los 16 tradicionales de las series surcoreanas. Pero imagino que la pandemia a impuesto restricciones en los rodajes, y se han quedado en seis. Que como son de poco más de 40 minutos en lugar de los 60 a 80 tradicionales de las series coreanas,… sirvió para liquidarla en un fin de semana. Una serie que va a la baja, y cuya valoración final, para mí… es que no vale mucho la pena.

Hoy, Tokio,… claro.

Pero mucho más interés despertó para mí Paranoia Agent, título internacional, o sea, en inglés, de la serie de animación Mōsō Dairinin [妄想代理人, agente delirante]. Es razonable, la traducción del título, en esta ocasión. Lo que me atrajo de esta serie de 13 episodios de media hora de duración que se puede ver en Filmin es que es la única serie que salió de la privilegiada creatividad del director japonés Kon Satoshi, prematuramente fallecido a los 46 años, tras una larga enfermedad (eufemismo tradicional para (no) decir cáncer), que en realidad no duro mucho. La cosa fue rápida. Kon es considerado uno de los genios de la animación mundial. Pero no dejó una obra extensa, además de participar como director en algunos episodios de series creadas por otros, y algunos cortos, rodó cuatro largometrajes y creó una serie, la que hoy nos ocupa. Hasta hace unas semanas, yo sólo había visto tres de sus películas en televisión, una de ellas también en la gran pantalla, hace poco más de un año en un evento especial. Con la visualización de esta serie, y la de la película que me faltaba en otro evento especial, la semana pasada, ya he visto todo lo que define a Kon como autor. Y realmente, sí, opino que es uno de los grandes, de la animación, y del cine en general. De la película que vi la semana pasada hablaré pronto.

En cuanto a la serie que nos ocupa, se nota por su factura, sus temas y su argumento que ha salido de la cabeza de Kon. Especialmente, por la mezcla del mundo real y mundos que pueden estar en la fantasía, en lo onírico o en la mente de las personas. Qué vamos a decir si en el título de la serie, tanto en el internacional como en el japonés, aparecen conceptos como paranoia o delirio. La trama circula alrededor de unos ataques que se producen en el distrito de Mushashino en Tokio, en los que un joven que se mueve sobre patines en línea a gran velocidad, agrede con un bate de beisbol doblado a personas que quedan gravemente heridas. Y todas estas personas, antes de la agresión, se encuentran en una situación altamente estresante y con sensación de estar en su vida en un callejón sin salida. La primera de las agredidas es una diseñadora gráfica joven, que tras conseguir el éxito con un personaje con forma de perrito, se encuentra presionada para repetir este éxito con otras creaciones. Pronto comprobaremos que es un personaje central y no meramente la primera de la lista entre los agredidos. Y también tienen un papel central los dos policías que se encargan en principio de caso, sin éxito.

La serie no es sencilla. Está llena de simbología diversa, y a partir del episodio 5 empieza a incluir elementos procedentes de los distintos puntos de vista de los implicados, entrando en el mundo de la fantasía… o de las ideas delirantes. Por lo tanto, quedan como dominantes tres grandes temas. El sentido de culpa que puede surgir cuando alguien mete la pata hasta dentro hasta dentro; la sociedad actual que arrincona a las personas, las estresa y las lleva al extremo con grandes dosis de despersonalización; y el trastorno mental delirante. No me atrevo a decir que sea una serie para todos los públicos, porque no lo es, desde luego no para un público infantil, pero creo que es obligada para los amantes de la animación y del cine/audiovisual en general.

[TV] Cosas de series; placeres coreanos, confensables e inconfesables

Televisión

He entrado en una época televisiva extraña en la que predominan los productos asiáticos, aunque hasta cierto punto lo he matizado con series de las que hablaré cuando las termine, de factura occidental. Pero vamos con mis placeres inconfensables coreanos. Bueno,… o confesables. Porque al menos una de las seres de hoy considero que, sin ser ninguna obra maestra, se defiende con dignidad en su estilo, y está por encima de esos placeres inconfensables, guilty pleasures, a los que suelo adjudicar estas producciones.

Hoy tocaban fotos de Corea del Sur, claro. Como no sabía muy bien cuales, he optado por el paseo por el monte de Inwangsan con sus templos, chamanes, murallas y vistas de la ciudad.

Private lives tiene este como título internacional, o sea en inglés, aunque en castellano aparece como Privacidad. Su título original, el coreano, es 사생활 Sasaenghwal, que significa… redoble de tambor… privacidad. Ganamos los hispanohablantes, aunque en esta ocasión todo es muy similar. La serie no acaba de saber qué quiere ser de mayo. Está hecha a mayor gloria de su protagonista femenina, Seohyun, una cantante de un famoso grupo femenino coreano, que poco a poco se ha introducido con éxito en el mundo de la interpretación. Y es que hay que prever que la tierna juventud dura lo que dura, y una vez que sobrepasas la avanzada edad de los veintimuchos… estas chicas lo tienen muy difícil. Le han buscado un galan adecuado, guapetón y musculoso, Go Kyung-Pyo, y a partir de ahí… Pues no sabe lo que es. ¿Es comedia romántica? ¿Es una comedia de timadores? ¿Es un drama criminal? ¿Es una trama de espionaje industrial? ¿Es una conspiranoia? Pues quiere ser de todo a la vez… y no acaba haciendo casi nada bien. Es relativamente entretenida, pero la trama es un lío y acaba por importarte poco, por lo que todo se queda en buscar algún momento divertido, y admirar lo guapas/guapos que salen los chicos/chicas. Pero poco más. Tarde en empezar a verla, precisamente porque no estaba claro qué iba a ver. Tiene secundarios muy entretenidos y divertidos. Pero también hay mucho personaje estereotipado y de cartón piedra. Una serie de tantas, sin mucho que reseñar.

Otra cosa es Lovestruck in the city, título internacional, o sea en inglés, que en castellano nos ha llegado como Amor en la ciudad. Parecidos. El original coreano es… redoble de tambores de nuevo,… 도시남녀의 사랑법 Dosinamnyeoui salangbeob, que viene a significar Cómo es el amor entre hombres y mujeres en la ciudad. Nuevo formato, relativamente, para una serie coreana en Netflix. En lugar de lo tradicionales, y a veces pesados, episodios de 65-70 minutos, tenemos 16 episodios de alrededor de 30 minutos. En realidad, 17… pero luego comento eso. Y está planteado, especialmente en los primeros episodios, como un programa de entrevistas, falso documental. Una serie de gente entre vista a un grupo de jóvenes, tres chicos y tres chicas. De los que poco a poco nos va quedando claro que dos, interpretados por Kim Ji-Won, ella, y Ji Chang-Wook, él, han tenido un ligue mutuo. Que por algún motivo se terminó. Poco a poco vemos que los seis personajes esta relacionados. El protagonista masculino tiene un primo más joven que está saliendo con una amiga de la protagonista. Ambas tienen una buena amistad con una antiguo compañero del colegio, que fracasó en una relación con la tercera chica. Las interpretaciones son buenas, las situaciones algo más realistas, los besos son de verdad, como todas las parejas que se enrollan, se enrollan del todo, también en la cama, vamos lo normal. La cuestión es porqué fracasó la relación tan intensa de dos meses de verano, y si volverá a resurgir. A mí me entretuvo mucho. La serie queda resuelta en 16 episodios, siendo de tono agridulce. Algunas parejas se arreglan y otras se desarreglan. Permitiendo continuaciones con cambios de protagonistas en un mismo universo. El 17º episodio prácticamente es un capítulo piloto para una secuela a partir de dos personajes secundarios, un joven policía que interacciona con los protagonistas y la guapa actriz que empieza a conocer el éxito y de la que siempre ha estado enamorado. A mí en conjunto me ha gustado, me ha divertido, en algún momento me ha emocionado. Tiene algún defectillo, pero no es un placer inconfesable. Es un producto al menos digno. Así que si queréis arriesgar un poco en televisiones extrañas, es un buen producto para introducirse en la coreana.

[TV] Cosas de series; muy por debajo de expectativas

Televisión

Hoy voy con tres series cuyo resultado final ha quedado muy por debajo de las expectativas que había puesto en ellas. Por lo que no me cabe la posibilidad de recomendárselas a nadie con carácter general.

Bonding llegó discretamente, sin hacer mucho ruido, a su segunda temporada en Netflix. La primera temporada me gustó bastante como reflexión sobre las soledades y las mochilas emocionales que arrastramos en la vida. Y con la curiosidad de transcurrir en ese peculiar mundillos de dominas y sumisos del fetichismo SM. La segunda temporada… no es que esté mal. Ni mucho menos. Pero por algún momento me he despegado de los personajes. Si en la primera me sentía capaz de empatizar con ellos, en esta segunda los he visto desde una perspectiva más exterior y neutra. Y no he llegado realmente a conectar con la serie. Ya digo. No está mal. La realización y las interpretaciones son correctas, pero no me han enganchado.

La serie británica de la semana transcurre entre localidades y paisajes de Inglaterra y Escocia. Pues por Escocia pasearemos fotográficamente.

Behind her eyes es una miniserie inglesa, que se estrenó hace no mucho en Netflix, aparentemente con bastante éxito. En principio, la premisa inicial no era especialmente original, pero podía desarrollarse en algo interesante. Un triángulo entre una mujer divorciada, madre de un niño, y el matrimonio formado por su nuevo jefe, un psiquiatra, y su atractiva mujer. Lo que pasa es que empieza a derivar hacia un tono fantástico, por mucho que lo quieran disfrazar de pseudociencia en algún momento, para llegar a un último episodio que es simplemente un despropósito. No me voy a extender por si alguien se quiere animar, no pisarle el desenlace. Pero sinceramente, no lo recomiendo. Podemos comprobar que los británicos también son capaces de hacer series malas.

Y luego llegó WandaVision, un título más que apropiado y que me parece absurdo que en la versión doblada traduzcan como es Bruja Escarlata y Visión. Antes de nada… no soy nada nada nada aficionado a los superhéroes de Marvel. Tampoco a los de DC… pero estos últimos pueden tener un punto de placer inconfesable en ocasiones. Raras ocasiones, pero puede darse. Pero lo de Disney y Marvel con los superhéroes y la capacidad de atraer a tantos espectadores,… nunca lo he entendido y me hace dudar de la presunta inteligencia del género humano. No voy ahora a extenderme en los motivos. Quizá en otra ocasión. Pero como hubo alguna experiencia muy positiva de series del universo Marvel como Agent Carter o Jessica Jones, especialmente su primera temporada, tuve la curiosidad. Además con el antecedente del éxito de The Mandalorian en Disney+. Para mí, la bondad de las dos series mencionadas estaba en la capacidad de sus protagonistas, incluido el malo en el caso de la segunda, para caer bien y generar empatía. Con buen trabajo interpretativo. Y además con protagonistas femeninas. Y escasez total de disfraces de superhéroes de colorines. Decidí dar una oportunidad a una serie en la que trabaja Elizabeth Olsen, actriz que merece mucho respeto, y que podía ser algo distinto de lo de las películas. Además… las peculiaridades en la puesta en escena de los primeros episodios, imitando series clásicas de la televisión americana de los últimos 60 años… pues oye. Pero nada. A partir de un momento dado, se convirtió en un producto típico de la casa. Y además, para rematarlo, en un momento dado se pusieron a mezclar en la trama la tontá de las brujas de Salem. Y cada vez que en una serie americana salen las brujas de Salem… me entran ganas de salir corriendo. Nada. Que no. Que el universo Marvel y yo somos incompatibles. Vaya tontá.

[TV] Cosas de series; volvamos a los placeres inconfesables surcoreanos

Televisión

Hace dos meses que no comentaba ningún k-drama. O sea ninguna serie de televisión surcoreana, que sea comedia o drama, siempre son k-dramas. Los habituales de estas páginas son conocedores de que, desde que comencé mi suscripción a Netflix, son uno de mis placeres inconfesables o culpables favoritos. Aun “disfrutando” de muchas de las “virtudes” que en series de otras nacionalidades no soporto, no puede dejar de verlos. Y son especialmente “atractivos” los fines de semana, cuando me quiero relajar y no pensar en nada. Pero tras los últimos que vi o terminé de ver en diciembre… ninguno de los estrenos que apareció en la plataforma de vídeo bajo demanda me engancho. Chungo. Que te quiten uno de tus vicios inconfesables, como el chocolate, el parmesano u otros realmente no confesables… es chungo. Una catástrofe. Hasta que llego…

Run on. Su título original, en coreano, 런 온, no es más que la transcripción a su alfabeto del título en inglés. O sea que ese es su título original. En España, no sé si en otros países de habla española también, a veces hay diferencias, que pueden ser muy curiosas, lo han traducido con el “originalísimo” El amor es la meta. Típico hasta la médula. El (Yim Si-wan), joven, guapo, rico, de “buena” familia, es un atleta del equipo nacional de atletismo, adalid de los más jóvenes y débiles contra los abusones, lo cual le dará problemas. Ah… y su padre es un político sin escrúpulos, y su madre una actriz famosa, y su hermana la número uno del circuito de golf internacional. No es moco de pavo. Ella (Shin Se-Kyung, ha protagonizada ya algún otro k-drama en Netflix), joven, muy guapa, pobre, huérfana, es la encargada de hacer los subtítulos en las películas de cine. Tanto de las habladas en inglés que necesitan subtítulos en coreano, como las coreanas que necesitan subtítulos en inglés para su exportación. Sip… al parecer, según esta serie, esta profesión es fundamental para el triunfo de una película en el mundo del cine. Una verdadera heroína. Sin el trabajo de estos abnegados profesionales, películas de Oscar no llegarían a triunfar… No estoy de coña. Esto está planteado así en la serie. Bueno… no vamos a entrar en la trama en la que se dan los enredos habituales en estas series, con sus momentos ligeros y algunos más dramáticos. Con en muchas otras, generalmente el nivel interpretativo de las chicas es superior al de los maromos. Y muchas veces los secundarios son más interesantes que los protagonistas. La chica protagonista de esta serie tiene unos recursos interpretativos limitados, pero los aprovecha muy bien y se adaptan a estos papeles muy bien, lo que hace que sea muy fácil empatizar con ella. La serie no tiene nada de especial, pero es arquetípica, ideal para no pensar en nada y hacer alguna risa de vez en cuando.

Animado por la relajación mental que me generó la anterior, me atreví con The Uncanny Counter, que en realidad fue estrenada antes… pero que no me atrajo, porque las series de espíritus y fantasmas coreanos me resultan un poco… no sé, meh. Titulada en español con el descriptivo A la caza de espíritus malignos, en coreano es 경이로운 소문 Gyeong-iloun Somun, que es un juego de palabras, al parecer, por que 소문 Somun, tanto puede ser el nombre del protagonista como la palabra que en coreano significa rumor. Así… sería El asombroso Somun o Asombrosos rumores. El caso es que el chico protagonista es una adolescente en su último año de instituto, cuyo padres policías murieron en un accidente (que a lo mejor no fue), por lo tanto… sí, otro huérfano, en el cual quedó cojo, y del cual abusan los chicos en el colegio… que de pronto es poseído por un espíritu y se convierte en cazador de espíritus malignos. Haciendo equipo con otros tres que fueron poseídos por espíritus buenos cuando se encontraban en coma irreversible, teniendo una segunda oportunidad en la vida. Una de ellas es otra chica un poquito mayor que él que… mira tú por donde… es huérfana. Que no falten los huérfanos. Y por supuesto los políticos corruptos, villanos favoritos en estas series. Especialmente si son poseídos por espíritus malignos de los peores. No hay romance en esta ocasión. Unas insinuaciones muy ligeras de que lo pudiera haber entre los dos huerfanitos, pero que no llevan a ninguna parte. Como veis, acúmulo de tópicos y lugares comunes para otra serie que funciona como placer inconfesable, pero bastante entretenida, por la cuota de acción. Lo peor… los chándales rojos que se ponen para salir a cazar espíritus malignos.

La próxima serie coreana… que ya he terminado de ver… no la incluyo aquí porque no es un placer inconfesable. Es una serie con méritos propios, independientemente de su nacionalidad. Por cierto, hablando de traductores de subtítulos… me encantan algunas de las expresiones latinoamericanas de los subtítulos de Netflix para los k-dramas. Como cuando a un chico apuesto le dicen buenmozo. Todo junto.

[TV] Cosas de series; el universo… los universos…

Televisión

Esta semana nos vamos al ámbito de las series de fantasía y ciencia ficción. Nunca sabré porqué en las librerías, en las plataformas de televisión bajo demanda, en las clasificaciones de película… ponen juntas con frecuencia estas dos categorías. Porque para mí, aunque de fondo puedan tratar los mismos temas, como muchos otros géneros, son dos cosas totalmente distintas. Entiendo que haya algunas confusiones. Que se clasifique Star wars como ciencia ficción simplemente por su aspecto futurístico, sus robots y sus viajes espaciales, aunque sucediese hace mucho mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana, no deja de ser un error. Con su fuerza mística y su desprecio absoluto por las leyes de la física, es claramente una saga de fantasía, no de ciencia ficción. Pero ya digo que normalmente a mi no me parecen dos géneros realmente emparentados. O por lo menos, no más que el western y la ciencia ficción, frecuentemente emparentados en las aventuras espaciales. O las literatura política y la fantasía, también muchas veces entrelazados o vinculados.

Parte de la temporada de la serie de fantasía de hoy transcurre en Cittàgazze, con un ambiente claramente mediterráneo y nombre de resonancias italianas. Que me recordó mucho a las ciudades a orillas del Adriático en el norte de la península de Istria, que aun perteneciendo a Eslovenia, no pueden negar su influencia de la Serenissima Repubblica.

His dark materials es una serie de fantasía. Incluso si en esta su segunda temporada han utilizado conceptos científicos, como la materia oscura de los físicos teóricos y astrofísicos, o la teoría del multiverso,… que no está claro todavía si es una teoría científica porque no se sabe si es falsable. He de decir que no estaba claro que fuese a ver nuevas temporadas de esta apuesta de HBO por la fantasía tras el final de los “tronados“. La primera temporada me dejó un poco frío. La trama no me enganchó. No acabé de empatizar con la chica protagonista, Lyra (Dafne Keen), ni con casi ningún otro personaje de la serie. Ni siquiera la ¿mala de la serie?, Mrs Coulter, a pesar de ser interpretada por la muy muy solvente Ruth Wilson, acababa de aportar la sal necesaria para dar sabor a la serie. Al final decidí darle una oportunidad, y he de decir que la segunda temporada me ha enganchado más. La trama ha estado más organizadamente dinámica, y los personajes han crecido en profundidad. El personaje de Wilson ha ido ganando en profundidad y le ha ido aportando el sabor que le faltaba a la serie, mientras que la pareja de adolescentes protagonistas, siendo manifiestamente mejorables, han hecho un trabajo suficiente. Y sobretodo, ha habido alguna trama secundaria interesante, que rellena adecuadamente el conjunto de los siete episodios, un número moderado para lo que se lleva, pero suficiente. Alabo que no se estiren más de la cuenta las temporadas. Seguiré viéndola. Si se sigue animando, la probable tercera y última temporada puede ser realmente interesante.

The Expanse sí que es ciencia ficción. Mezclada con tramas políticas, y con tramas personales de unos personajes con los que uno empatiza. Protagonistas o secundarios, es difícil marcar divisiones entre ellos, es muy coral y hay un buen reparto de pesos a lo largo de diez episodios en los que no sobra ninguno. Desde mi punto de vista, la mejor aventura espacial desde la reinvención de Battlestar Galactica. ¿Y The Mandalorian, preguntarán algunos? No juegan en la misma liga. Las aventuras del del casco y Baby Yoda son un entretenimiento ligero comparado con la intención y profundidad de The Expanse. Es mucho más complejo poner en marca una maquinaria como la de esta última, frente al sencillo esquema de aventuretas de la del universo Star wars. Que además entra más, según mis apreciaciones iniciales, en el mundo de la fantasía que de la ciencia ficción. Me cuentan que ya sólo queda una sexta temporada para los tripulantes de la Roci. Reconozco que agradezco mucho a Amazon Prime Video por haber impedido que se nos perdiera una serie tan interesante como esta sin un recorrido amplio y suficiente. Con ganas de ver el desenlace.