[TV] Cosas de series; amables médicos coreanos y “absurdos” militares espaciales

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A pesar de que el viernes me tomé un día de fiesta, que me tendría que haber permitido esponjar mi tiempo el fin de semana, pudiendo hacer más cosas en estos tres días, lo cierto es que he estado tan liado que ni el sábado ni el domingo he escrito nada en este Cuaderno de ruta, a pesar de que tenía temas para ello. Bueno. Hoy tampoco ando sobrado de tiempo, así que voy a lo fácil, como la mayor parte de los lunes. Televisión.

Hoy también nos vamos a Corea del Sur, fotográficamente hablando, a Dondaemun y sus modernos edificios dedicados al mundo del diseño.

En no muchos días me merendé la que parece ser primera temporada de Hospital Playlist [Seulgiroun Euisasaenghal, 슬기로운 의사생활]. Nada que ver el título “internacional”, o sea, en inglés, con el título original en coreano que vendría a significar algo así como vida de doctor/es sabio/s. Frente a lo que es costumbre en la series coreanas que llevan el sello Netflix, no tiene 16 episodio sino 12. Y todo indica que es una primera temporada a la que seguirán otras. La mayor parte de las ocasiones, las series surcoreanas de Netflix son dramas en una única temporada. La serie es amable y simpática, y tiene un reparto en el que no falta gente que interpreta con razonable solvencia. Los guiones son simplones, pero no chirriantes, y salvo el exceso de histrionismo de los pacientes y sus familiares cuando se les comunica una grave enfermedad o se les dice que ya están curados,… la verdad es que tenemos el típico drama médica con toques de comedia, pero con muy buenos sentimientos. La historia gira en torno a cinco cirujanos de distintas especialidades que trabajan en un mismo hospital y que son amigos desde los tiempos de universidad. Y que además los domingos quedan a tocar música (hay tenemos la excusa para lo de la “playlist”). Cuatro mozos y una moza, en sus treintaymuchos casi cuarenta. Parecería sexista, lo cual no es raro en el conservadurismo habitual de las series coreanas, pero lo cierto es que los personajes femeninos suelen estar un paso por delante en madurez y resolutividad de sus compañeros masculinos. Tanto para la protagonista (Jeon Mi Do) como algunos de los secundarios (la residente interpretada por Shin Hyon Bin). Una serie que arrastra algunos de los problemas habituales de las series coreanas, pero que supera la media de la mayor parte de ellas y se deja ver con agrado. Y además es capaz de reírse de sí misma. Por ejemplo, Jeon Mi Do ha realizado la mayor parte de su carrera como cantante de musicales, y con muy buena voz, mientras que dentro del grupo de amigos, cuando se juntan hacer música,… canta de pena. Convencido estoy de que seguiré viéndola cuando lleguen temporadas futuras. Eso sí,… si en House M.D. siempre sospechaban del lupus, aunque nunca fuera, creo que no ha habido ningún episodio en esta serie en la que no haya habido un caso de hepatocarcinoma. Estos surcoreanos van a tener que vigilar su afición al soju.

Space force es una comedia de situación con Steve CarellJohn Malkovich al frente del reparto, que busca hacer mofa y befa de la pretensión del innombrable presidente actual de los Estados Unidos. Y lo consigue. Carell es el general al mando de la recién creado fuerza espacial, y Malkovich el jefe científico civil. Carell representa el absurdo continuo del pensamiento militar, aunque por sí mismo, o ayudado por Malkovich y otros personajes, con frecuencia acaba tomando la decisión correcta. O la menos incorrecta. Malkovich es la voz de la razón frente a la sinrazón de la lógica militar, aunque a veces se vea arrastrado por la misma. La serie empieza floja. De hecho, en los primeros episodios pensé en abandonar. He decir que Steve Carell nunca ha sido santo de mi devoción. Pero va mejorando y eventualmente nos brinda algún momento estupendo e incluso brillante. Tendremos que ver cómo evoluciona. Yo estoy dispuesto a darle una segunda oportunidad. Por supuesto, no habla sólo de la guerra en el espacio o del absurdo de la guerra en general. También nos habla de amistad, relaciones, paternidad, y otros muchos temás “menores” (esto es irónico claro), frente a las tontadas de los militaristas.

[TV] Cosas de series; diccionarios y jazz

Televisión

Tenía mis dudas de qué contenido incluir en la entrada televisiva de esta semana. Podía hablar de dos series occidentales, dejando para la semana que viene otras dos orientales, o viceversa. Podía separar en dramas y comedias, independientemente de su origen. También estaba la posibilidad de diferenciar entre con música o sin música. O entre series de episodios cortitos y episodios largos. Al final… me voy al orden en el que terminé de verlas. Primero las que hace más tiempo que terminé de ver. Aunque todas, menos una de las cuatro, fueron en pocos días.

Un poco de animación japonesa. Me he dado en esta temporada pasada en la que hemos revisado series de anime para los retoños de nuestros amigos, que el catálogo de Amazon Prime Video tiene algunas series más dirigidas para el público adulto que Netflix. Y en ello estoy. Aunque no sé muy bien cómo definir el público diana de la de hoy. Quizá para todos los públicos. Fune wo amu [舟を編む, tejer un barco], presentada con el título “internacional”, o sea, en inglés, The great passage, es una curiosa serie de 11 episodios basada en un novela en la que se narra el proceso de elaboración de un diccionario. En principio, parece una premisa poco glamurosa, poco intensa. Durante décadas, todos hemos tenido nuestro diccionario en casa, también en el trabajo, sin contar con los que usábamos para traducciones entre idiomas. Y el de latín para el bachillerato. Pero hoy en día, incluso en las fechas en las que se estrenó esta serie, 2016, ya no usamos el diccionario en papel. Tenemos herramientas en internet que nos permiten la consulta de términos de forma muy diversa. Diccionarios de acceso inmediato y de actualización continua, sean de forma más oficial, como el de la RAE, o más colaborativa, como el Wikcionario.

En París, donde transcurre “The Eddy”… aunque las fotos sean del París de hace 30 años.

El título original de esta serie y el título en inglés están relacionados. La metáfora presente en la serie es la de un diccionario como un barco que permite navegar con seguridad en el océano de las palabras. El nombre que le dan al diccionario, daitokai [大渡海], se traduciría como la gran travesía marítima, insistiendo en la metáfora. Pero al mismo tiempo vamos fijándonos en cómo transcurren las vidas de los profesionales de la editorial que trabajan en el diccionario, como se enamoran, como tienen hijos, como les da la vida alguna bofetada… de alguna forma, presenciamos lo que es la gran travesía vital de estas gentes. Y ahí es donde se queda un poco floja la serie. Es un serie simpática, agradable de ver, muy buen rollista, pero se queda corta a la hora de profundizar un poco más en las vidas de estas personas, que al fin y al cabo es lo que humaniza y da interés a una historia que no es una historia, sino seguir durante una década o más las vidas de gentes corrientes, pero muy humanas.

Hace unas semanas, un montón de medios nos hablaban de que lo nuevo de Damien Chazelle para Netflix, recordándonos todos su oscar por Lalaland, y su candidatura al mismo por Whiplash, película que también se llevó tres oscar en otras categorías. Y por supuesto, nos avisaron de que la cosa iba de jazz. The Eddy es el título de la serie, el nombre del local de jazz en París donde transcurre una buena parte de la acción y el nombre de la banda de jazz residente en el mismo, y que lidera Elliot Udo (André Holland), pianista de éxito venido a menos, con problemas familiares, que intenta sacar la empresa adelante. Lo cierto es que Chazelle no es el creador de la serie. Dirige los dos primeros episodios de esta miniserie de ocho, de aproximadamente una hora de duración cada uno. Y Netflix, muy exigente con la calidad formal de sus producciones, tienen que verse bien, le permite incluso rodarlas con película fotoquímica en 16 mm. Lo cual les da un tono muy especial. No permitieron más. La serie tiene un gran atractivo en su reparto, en el que destacan varios nombres del cine europeo, como la polaca Joanna Kulig, o la joven promesa nortemericana Amandla Stenberg. Hay otros intérpretes menos conocidos, que trabajan a buen nivel. Y parte del reparto son músicos profesionales, que no desentonan actoralemente. Otro atractivo, si te gusta ese tipo de música, es el jazz. Para mí, es un atractivo. Pero fracasa en centrarse en algo. Quiere abarcar muchos campos sin desarrollar ninguno del todo bien. ¿Es un drama familiar? ¿Es un drama musical? ¿Es un drama policiaco? ¿Es un drama sobre mafias criminales? ¡¡Todo ello en ocho episodios?? Se deja ver, y tiene momentos muy buenos, pero sientes que se queda cojo por muchas patas. Finalmente resulta más un ejercicio de estilo que una historia del todo trabajada. Esta presentada como miniserie, es decir, producto cerrado. Pero el final es muy abierto. Muy abierto. Quizá se quisieron curar en salud por lo atípico de la propuesta, pero ¿quizá estén dispuestos a seguir si funciona bien en la plataforma? Ni idea.

[TV] Cosas de series; comedia con crímenes, o más o menos

Televisión

Más o menos al mismo tiempo comenzaron a emitirse las dos comedias, o no tan comedias, de la entrada de hoy en este Cuaderno de Ruta. En HBO. Donde todavía van estrenando sus series semana a semana y no todos los episodios de golpe. En parte también porque algunas de ellas vienen de otras cadenas, y de las que tienen sus derechos de emisión en determinadas partes del mundo. Y más o menos al mismo tiempo han terminado. Veamos sus consecuencias.

Durante la tercera temporada de “Killing Eve” hemos “disfrutado” de la presencia de Villanelle en tierras españolas. En Granada, entre otras ciudades.

Killing Eve, de la cual he podido ver estas semanas atrás su tercera temporada, funciona mejor como serie maratón que con el enfriamiento de la trama semana a semana. Hay series que necesitan cierto reposo, y otras en el que el encadenamiento de la trama hace que funcionen mejor en plan maratón. Más o menos. Abogo por el ejercicio físico frecuente, por lo que para mí “maratón” televisivo significa dedicarle el rato de la comida o de la cena de unos cuantos días seguidos. Me parece aberrante lo de pegarse una sentada levantándose sólo para ir al baño o para abrirle la puerta al repartidor de Glovo. De verdad. Haced ejercicio, caminar. Y haceos vuestra propia comida. Sana. Nada de las porquerías llenas de grasas y sal de la comida a domicilio. Opine lo que opine la Comunidad Autónoma de Madrid, los menús de Telepizza son dietéticamente aberrantes. No sólo para los niños. A todas las edades. El caso es que las aventuras de Villanelle (Jodie Comer) [también Eve (Sandra Oh), pero yo soy más de Villanelle… y de Konstantin (Kim Bodnia)] se disfrutan más sin perder continuidad. No hay que paladearlas en exceso. No vaya a ser que descubramos las trampas o se resienta la suspensión temporal de la incredulidad. Hay que consumirlas con una gula moderada. Tampoco apresuradamente, que hay que estar atentos a los detalles. En esas condiciones, son uno de los platos más deliciosos de la televisión actual. Creo que voy a volver a ver la tercera temporada el próximo fin de semama.

Cuando leí la premisa de Run, y vi su reparto, encabezado por Merritt Wever y Domhnall Gleeson, me entraron muchas ganas. Pero no sé muy bien porqué, a pesar de que las expectativas aumentaron tras el primer episodio… hubo un momento… allá por Chicago… en el que empecé a despegarme de lo que les pudiese pasar a esta pareja de fugados. Entendámonos. Son dos excelentes intérpretes, especialmente Wever. Pero algo había en la historia que me hacía perder el pie, especialmente con el personaje de Gleeson. Al final, en sus episodios finales volvió a coger ritmo, aunque ya no fue lo mismo. La supongo cerrada. Para mí no tendría mucho sentido una continuación. Aunque estaría dispuesto a ver un spin off protagonizado por la taxidermista Laurel Halliday (Phoebe Waller-Bridge) y la policía Babe Cloud (Tamara Podemski). Lo digo en serio.

[TV] Cosas de series; ¿comedia negra?

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Hace tiempo que descubrí que la comedia pura cada vez se da menos en el cine y en la televisión. Que lo habitual es que se den mezclas de comedia y drama. Hasta el punto que los anglosajones ya hablan del género dramedy, dra(ma-co)media. Pero las series que hoy traigo aquí se han encuadrado de una forma u otra en otro género de la comedia, el de la comedia negra. El problema es que este apelativo, comedia negra, se otorga demasiado frecuentemente cuando hay una muerte en el argumento, sea importante, sea un mero macguffin, o sea accesoria. Pero no necesariamente es… como sucede con las dos series de esta semana.

No se me ocurrían fotos relacionadas con los temas de hoy, así que en lugar de los lugares idílicos en “la nube” de los cielos virtuales de una de los series de hoy, nos trasladaremos a lugares agradables, terrestres, de verdad, de materia y energía convencional.

Por un lado tenemos la segunda temporada de Dead to me, cuyo principal atractivo ha sido siempre la química entre sus dos protagonistas, Christina Applegate y Linda Cardellini, dos mujeres totalmente distintas entre sí, que en la primera temporada quedaban unidas en el duelo tras el fallecimiento del marido del personaje que interpreta la primera por… bueno, dejemos para otro rato lo de destripar la serie. La segunda temporada comienza también con otra muerte… “accidental” como la original, que lleva a dar nuevas energías a la extraña relación entre las dos mujeres, que a pesar de sus más y sus menos, siguen en un proceso de acercamiento personal. Realmente, la serie se ha lucido bastante cuando ha entrado en el género de la comedia negra, que ha sido a ratos, mientras desarrollaba otras líneas dramáticas relacionada con la maternidad, con las relaciones que acaban o empiezan, o con el sentimiento de culpa que muchos arrastran/arrastramos en algún u otro momento de su vida. Se ha mantenido a buen nivel; de hecho, creo que el guion y el ritmo de la serie incluso ha mejorado algo con respecto a la primera temporada. Bastante recomendable.

Upload es una novedad en Prime Video de Amazon. Una sociedad en la que los muertos puede aspirar a la “vida” eterna descargando su personalidad y sus recuerdos en forma de software y trasladándolos a entornos de vida virtual, en la “nube”, donde incluso tienen capacidad para comunicarse con el mundo real. La serie se mueve en tres dimensiones, que quedan bien conectadas entre sí. (1) Un misterio, el de la muerte prematura y por accidente del protagonista masculino, Nathan (Robbie Amell). (2) El triángulo amoroso entre Nathan, su novia en vida, que le paga la estancia en el cielo virtual, Ingrid (Allegra Edwards), y Nora (Andy Allo), su “ángel”, la empleada de la empresa de software responsable de gestionar su estancia en el cielo virtual. (3) Un crítica al capitalismo y al consumismo imperante, donde tanto tienes (y eres capaz de gastar), tanto vales. La serie funciona bien. Los personajes generan mucha empatía. Y en lo referente a los misterios, son menos evidentes de lo que parece. También hay un proceso de crecimiento personal en los personajes, que hace que la serie adquiera más interés de lo que su premisa de partida sugeriría. Probablemente uno de los simpáticos hallazgos televisivos de la temporada.

[TV] Cosas de series; placeres culpables de diverso tono

Televisión

Seguimos colaborando con nuestros amigos, como decía hace unas semanas, repasando series de animación en las plataformas de televisión en línea. Tanto Netflix como Amazon Prime Video tienen una cierta variedad, la primera con producciones “propias”. En realidad, las más de las veces, series en colaboración con productoras japonesas para las que adquieren el derecho de emisión en el resto del mundo, fuera de Japón y algún otro país asiático, y les ponen el sello de la plataforma. Por otra parte, empiezo a tener la consideración que, como promedio, Prime Video tiene series de más calidad. Aunque ambas comparte algunas. A mí me ha tocado asomarme a un drama romanticón con viajes en el tiempo bastante sosete, en Prime Video, pero en el que los protagonistas forman parte de un club escolar de fotografía. Bastante sosete, insisto, pero con una calidad visual notable. Y también a una delirante versión de Romio y Jurieto, que es… delirante, pero divertida de vez en cuando. Y que, no, no está destinada a adolescentes femeninas romanticonas. Por el fan service de la misma, más están pensando en sus hermanos y novios. Como ya comenté, no necesariamente nos merendamos toda la serie,… que uno no está para excesos. Echamos un vistazo. “Calificamos”, y recomendamos o no.

Durante mi estancia en Seul, recorrí Ingwasan, un monte con sus atractivos naturales y que está salpicado de templos budistas, minisantuarios animistas, con presencia de chamanes y otros similares, rocas sagradas, etc… muy propio para ilustrar la entrada de hoy.

Tradicionalmente, siempre llevo alguna serie coreana a cuestas, en Netflix, generalmente como entretenimiento para no pensar en los fines de semana. La última que vi fue Hi bye mama [하이바이, 마마!]. Un drama romántico, con algún toque de comedia, de fantasmas, que hace algún crossover con alguna otra serie de fantasmas previa. Para los no iniciados en las cosas de Asia, parece ser que dentro del budismo existe la creencia de que el alma del recién fallecido vaga por el mundo durante 49 días para que pueda cerrar sus asuntos con los vivos. O algo así. Pues la protagonista de esta serie (Kim Tae-hee) es un fantasma que 5 años después de su muerte sigue vagando por el mundo, preocupada por su hija y su marido, que se ha vuelto a casar. Y tras una serie de acontecimientos, “el” o “los dioses” le devuelven su naturaleza humana plena durante 49 días… para encontrar “su sitio”. No voy a entrar en las tramas más o menos delirantes que tienen estas series. Esta es llevadera porque los intérpretes no lo hacen mal, porque varios personajes no dejan de tener su carisma, y porque cuando entra en modo comedia puede ser bastante divertida. Por lo demás, arrastra los defectos que tienen la mayor parte de las series coreanas.

Por cierto, después de esta, no he vuelto a encontrar otra que me enganche. Cuando se toman demasiado en serio a sí mismos, estos coreanos me aburren. Mejor cuando entran en modo comedia. Generalmente, romántica.

Y también me he visto una de tono superheroico. Quien me lo iba a decir, me he merendado los 20 episodios de Batwoman en HBO. Para que luego digan que es el canal de las series de prestigio. Porque estas series son un guilty pleasure de tomo y lomo, bastante deficientes y muchas veces ridículas en sus guiones. Incluso entre los votantes de IMDb, que suelen incluir gente para todo tiene una consideración baja bajísima. Nunca duro mucho con estas series. Y si la hubiera tenido que ver más o menos de seguido, seguro que no. Pero como ha sido un episodio a la semana o menos… La chica protagonista, Ruby Rose, que hacía un papel bastante majete en cierto drama carcelario, ha salido pitando después de la primera temporada. Aunque oficialmente, nadie ha dado las razones para su salida. Pero si esta chica apuntaba a hacer algo de interés con su carrera interpretativa… puedo entender que quiera irse de algo así. Mucho peor que las series coreanas. Y con unos diálogos para sonrojar. Como decía, puro guilty pleasure. En cuanto ha terminado esta su primera temporada han empezado con otra que puede ser peor incluso, si cabe. Aunque en IMDb tiene el doble de puntuación. Ya digo que hay gente pa’tó.

La semana que viene hablaré de series interesantes. Lo juro.

[TV] Especial cosas de series; Westeros… un año después

Televisión

El 20 de mayo de 2019 terminaba una de las series más emblemáticas de la televisión, Game of Thrones. No sólo de los últimos tiempos; de la historia de la misma. Con un presupuesto elevadísimo, adaptación de una compleja obra literaria, con un amplísimo reparto con gente con mucha calidad, y unos temas muy adultos y complejos. Tenía de todo para darse el batacazo y de todo para ser un acontecimiento único. Un hito histórico. Y fue esto último. Pero… Hoy hace un año y una semana del acontecimiento. La semana es lo que me costó decidir cómo iba a redactar esta semana. La decisión de hacerlo la tomé ese mismo día del primer aniversario del final de los finales.

Algo que me ha pasado con algunas series, no muchas, no voy a decir cuales exactamente, es que cuando me dejan un impacto importante en mí pensamiento, en mi imaginario, en mis sensaciones… más pronto que tarde las reviso. Puede ser que las vuelva a ver enteras (Battlestar Galactica, Northern Exposure, Firefly), puede que sea una antología de sus episodios (Mad Men, House MD, Twin Peaks), pero inevitablemente vuelvo a ellas. La lista no es exahustiva. Necesito rescatar el detalle fino, necesito volver a saborear los mejores momentos,… necesito volver a sentir ese universo en el que he vivido eventualmente durante la emisión de los episodios.

El final de esas series pudo ser bueno (Mad Men, simplemente genial) o malo (Northern Exposure, no aguantó la pérdida de su protagonista principal). Adecuado (House MD, ah, la química entre sus dos principales personajes) o inadecuado (Battlestar Galactica, un drama político reconvertido a última hora en rollo teológico). Pero como la mayoría de las veces lo que importa es el viaje, poco importa el final. O no demasiado.

Un par de meses después de terminar Game of Thrones, en pleno verano, fresquito en casa con el aire acondicionado puesto, a gusto conmigo mismo y con el mundo en ese momento, me dispuse a ver el primer episodio de la serie de nuevo. No sabía si para volver a ver la serie o siendo el primero de una selección de episodios antológicos. Lo que no imaginaba es que tras 20 minutos de visualización, lo apagué. Y nunca he vuelto a sentir la necesidad de volver a Westeros. La última temporada de la serie, que para mí es la suma de las llamadas séptima y octava, que no fue más que una temporada dividida en dos, realmente se cargó todo lo que significaba aquella serie. Los posibles motivos por lo que sucedió eso son complejos. Y de algunos de ellos me di cuenta a posteriori. Desde luego el ceder la prioridad a la acción espectacular sobre el diálogo y la cocción lenta pero sin pausa de las motivaciones de los personajes y los acontecimientos. Desde luego la simplificación del carácter de los personajes, frente a sus dilemas y complejidades pasadas. Desde luego la precipitación y pésima gestión del tiempo interno de la acción. Pero había más cosas.

Recientemente vi un vídeo en Youtube realizado por Lindsay Ellis. No voy a decir que esté al 100 % de acuerdo con todo lo que dice. O que repase todo aquello que no me gustó. Pero sí en un 90 %. Y como ella lo cuenta mejor y de forma muy divertida. Aquí os lo dejo. Eso sí… en inglés. Y es más de una hora. Yo me lo vi en tres partes, para evitar la indigestión.

[TV] Cosas de series; rayos apocalípticos y apocalipsis adolescentes

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Dos series de Netflix que comencé con ganas en su momento, aunque luego me dejaron un poco frío. Muy distintas entre sí.

Into the night; un título en inglés es el elegido para la primera serie belga en la plataforma de vídeo bajo demanda. Como corresponde a un país con varios idiomas oficiales, está hablada en francés, predominantemente, algo en flamenco, y con diálogos también en inglés, italiano, ruso, turco, árabe,… y probablemente algún otro. La serie es de género apocalíptico. La premisa es la siguiente. Un militar italiano de la OTAN secuestra un avión que estaba pronto a desembarcar rumbo a Moscú, a principios de la noche, y obliga a la reducida tripulación y a algunos pasajeros a viajar en dirección opuesta. Según él, una alteración solar va a provocar un estallido, muy prolongado al parece, de radiación gama, por lo que hay que evitar exponerse al sol. Después de unas horas de viaje, se confirma que la gente está muriendo masivamente en las zonas en las que ya ha amanecido, comienza una carrera contrarreloj para mantener el avión volando siempre en la oscuridad, a la vez que se busca un refugio de algún tipo.

Escenas de ciudades belgas, Brujas y Bruselas, para ilustrar la entrada de hoy, en honor a la primera serie belga de Netflix.

No voy a entrar en las tontadas seudocientíficas que acompañan la premisa principal. De entrada, la atmósfera es bastante capaz de desactivar los rayos gamma, y las consecuencias nocivas no serían inmediatas sino como consecuencia de la alteración de la composición de la atmósfera que permitiría una mayor llegada de radiación ultravioleta ionizante y otros fenómenos. En qué medida sería un evento de extinción… pues depende. No entraré. Dejemos lo de la radiación como un mero macguffin para poner en marcha y mantener la acción. El problema real de la serie es que tiene muchos altibajos, poca capacidad para generar empatía sobre los supervivientes, algún que otro evento que roza el ridículo, como la “degradación gelatinosa” de determinadas sustancias. No acaba de provocar una reacción emocional del espectador. Ni da miedo. Ni genera preocupación por los personajes. Y te da igual lo que pase a continuación. El final está abierto a una continuación.

Never have I ever es la enésima versión de la adolescencia sumida en sus angustias habituales y en el entorno de un instituto. ¿Qué variación hay en esta ocasión? La etnia de la protagonista, india e hindú, y la crisis personal y familiar que supuso la muerte reciente y precoz de su padre. El entorno es el típico, de chicos y chicas populares y guapos pero tontos, y los chicos y chicas poco populares, menos guapos, listos, pero inadaptados. Lo de siempre. Por supuesto, como viene ser costumbre en los últimos años, el reparto, por su variedad étnica y sus preferencias sexuales, parece un anuncio de Benetton. No está mal, pero no dice nada nuevo. Y la chica protagonista es un poco chirriante y te dan ganas de abofetearla constantemente, lo que ya sé que está muy mal y nunca haría. Pero ganas te dan. Si estás muy aburridos y no tenéis mejores opciones… a por ella.

[TV] Cosas de series; submarinos, nazis, dirigibles y dragones

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Hoy van dos series que no tienen nada que ver la una con la otra. Salvo que la acción sucede a bordo de un vehículo colectivo,… más o menos.

Siempre me han gustado las películas de submarinos. Son muy entretenidas. Suelen mezclar la acción, con el terror claustrofóbico, los conflictos humanos y otras cuestiones que ya sólo dependen de la imaginación del escritor/guionista/director, lo que sea según en qué se base la historia. Desde la panfletaria pero entretenida Destination Tokyo (1943), madre de todas las películas de submarinos posteriores, a la electrizante y carismática The hunt for Red October (1990), pasando por la apocalíptica On the beach (1959). Pero la que siempre tuve la impresión de que refleja mejor que ningún otra la realidad del interior de un submarino fue Das Boot (1981) de Wolfgang Petersen. Reflejaba muy bien la vida de los marineros, creo, y también cómo evoluciona la guerra y cómo pasan de los éxitos iniciales fáciles y espectaculares a realizar un trabajo de tremendo riesgo, con muchas probabilidades de acabar en el fondo del mar. Recientemente me enteré que en Amazon Prime Video se podía ver una serie de ocho episodios con el mismo título, Das Boot, basada igualmente en los escritos de Lothar-Günther Buchheim, un personaje, periodista en su juventud, comerciante de arte tras la guerra, que viajó como corresponsal de guerra durante un tiempo en el U-96, el barco en el que se basa la película de Petersen.

La serie sitúa la acción en la base de submarinos de La Rochelle y mezcla dos líneas argumentales, muy ligeramente relacionadas entre sí. Por un lado, las desventuras de un submarino con un nuevo capitán que no es bien visto por algunos de sus oficiales y tripulantes, y por otro lado, las desventuras de una traductora del francés a la alemán, nacida en Alsacia, y que acaba relacionada con un núcleo de la resistencia al mismo tiempo que con un oficial de la Gestapo. La serie es mucho más folletinesca y, aunque no está mal y es entretenida, no está ni de lejos al nivel de la película de la que derivaría. Dejan un final abierto a una posible segunda temporada que se debería haber estrenado ya en algún sitio. Muy premiada en los premios de la televisión alemana. En realidad, me ha dejado algo frío.

Kūtei Dragons [空挺ドラゴンズ, título internacional Drifting dragons] es una serie de animación japonesa. Un anime… término que me parece absurdo, porque no deja de ser en Japón un galicismo que proviene del francés dessin animé, por lo que lo lógico sería decir… dibujos animados. Lo de toda la vida. Últimamente paso muy por encima del comentario de estas series, salvo que merezcan mucho la pena. En esta ocasión lo hago por los sentimientos sumamente contradictorios que me surgen con ella. Japón tiene una cultura muy interesante, muy rica, apasionante, pero con eventuales cuestiones que te hacen preguntarte cómo una sociedad tan educada puede cometer según que desatinos. Uno de los desatinos japoneses es su actitud ante la caza de ballenas, muy criticados por su agresividad y su colaboración en el camino a la extinción de estos magníficos cetáceos tan amenazados. Esta serie… disimula. Pero mal. En lugar de las aventuras balleneros lo que hace es contarnos las aventuras de un… dirigible dragonero. Exacto. Lo dicho. El caso es que las aventuras marineras de los balleneros clásicos, desde el Moby Dick de Herman Melville hasta las aventuras de The Pilgrim en The World in his arms (1952), que no era un ballenero, que cazaban focas, pero da igual, son muy entretenidas. Y las aventuras del dirigible dragonero también… pero con la aprensión de ver constantemente a los balleneros actuales,… que me caen bastante mal. Lo dicho, los nipones que hacen cosas bien sobre cosas éticamente… mmmmm… mal.

Una curiosidad, el capitán del submarino de On the Beach, el capitán Ahab del Pequod en la versión cinematográfica de Moby Dick (1956), y el hombre de Boston, capitán de The Pilgrim… todos interpretados por Gregory Peck. Que aun tiene por ahí algún que otro papel de gallardo capitán de barco.

[TV] Cosas de series; adiós a Homeland, adiós a Carrie y Saul

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Con el comienzo de la década, (para mí, que soy de ciencias, las décadas comienza en los años que terminan en uno, puesto que no existió año cero en ningún calendario; los periodistas que las comiencen donde quieran, son unos indocumentados) llegó una de las series que cambiaría el género de espías de forma notable. Se trataba de Homeland, y protagonizada por la interacción Claire Danes [Carrie Mathison] y Damian Lewis [Nicholas Brody] en un principio, y por la interacción entre Danes y Mandy Patinkin [Saul Berenson], ponía el acento en los dilemas personales, éticos y políticos más que en la acción, aunque esta ha tenido sus oportunidades de vez en cuando con buenos logros. Hija de la encrespada primera década del siglo XX, de los atentados del 11 de septiembre, de los conflictos en Irak y en Afghanistan, de las nuevas y cada vez peores formas de hace política, no sólo servía como entretenimiento, sino también como reflexión. Yo la recibí encantado desde el principio.

La última temporada de Homeland comienza en Alemania, y en algunos momentos de la misma, en “flashbacks” en la mente de Saul nos lleva de regreso al Berlín de la guerra fría. Así que pasearemos por Berlín, para celebrar el final de Homeland, una ciudad que ha salido varias veces como coprotagonista eventual.

No ha sido la única que ha revitalizado y renovado el género. Menos tiempo estuvo en pantalla The Americans, otra serie centrada en dilemas personales y éticos, y que optaba por una mirada al pasado, a los años 80, poniendo en cuestión y patas arriba todo un sistema de creencias y valores tanto si los miras desde el punto de vista del otro lado del telón de acero, pero también desde este lado del mismo. Desde mi punto de vista, tuvo más categoría interpretativa, y momentos antológicos en los guiones de sus episodios, con secuencias de acción, más bien calmada, de tensión y suspense, dignas de formar parte de lo mejor del cine de espías clásico. El bueno, no las memeces con fuegos de artificio que son los 007s, misiones imposibles y similares. En cualquier caso, dos de mis series televisivas favoritas, no sólo de la década, sino de mi historia televisiva personal.

Como he dicho, los principios de Homeland vinieron marcados por la compleja relación entre Carrie y Brody. Relación que necesariamente hubo de terminar en la tercera temporada que, sorprendentemente para mí, fue tremendamente criticada e hizo tambalear la producción. Puedo reconocer que no estuvo al nivel de las dos primeras, pero no fue ninguna catástrofe, y seguíamos estando ante una excelente producción televisiva. La serie estaba basada en otra de producción israelí, aunque sus tramas argumentales no eran iguales. En cualquier caso, la serie israelí sólo tuvo dos temporadas.

El caso es que Homeland se tuvo que reinventar y lo hizo marcando el énfasis en la compleja relación entre Carrie y Saul, siempre rodeados de un magnífico elenco de personajes secundarios, no vamos a repasar todos, que son responsables en gran medida de la calidad del conjunto. Y con nuevas tramas, ya no derivadas de los dilemas de Nicholas Brody, y con una progresiva tendencia a ver como enemigos no sólo a los elementos extranjeros sino también los internos. Reflexiones sobre poder, democracia, control de los gobiernos, control de las agencias de seguridad,… Volvió a haber momentos de gran calidad, aunque la serie no recuperó la popularidad de sus primeros tiempos.

Así hemos llegado a una última temporada, con bastante acción, recuperando personajes de temporadas anteriores, con Carrie convertida en la esencia de lo que siempre ha sido, alguien que pone por encima de todo lo que considera el camino correcto, siempre lleno de trampas éticas, y con un excelente macguffin en forma de caja negra de un helicóptero derribado. Y con un final, razonablemente dramático, y a la vez razonablemente amable, que debiera contentar al público más exigente. He disfrutado mucho. Con la serie, con sus intérpretes, con sus guionistas, con su última temporada, con último capítulo. En IMDb, aunque no confío mucho en sus votantes, tiene un 9,6/10 este último capítulo.

[TV] Cosas de series; Ronda de series orientales

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Ya sabréis los habituales de estas páginas que uno de mis vicios (in)confesables desde que aterrizaron las plataformas de cine y series bajo demanda en internet son las series orientales. Uno de mis guilty pleasures, puesto que dejan bastante que desear en diversos aspectos, unas veces en guiones, otras en actuaciones, otras en producción,… pero al mismo tiempo tienen un no sé qué divertido que hace que siga enganchándome a algunas. De vez en cuando hay alguna tan infumable o con temas que no me interesan que se queda en el primer o segundo episodio. Pero otras siguen adelante. Lo de hoy es lo que en la práctica he ido viendo desde el establecimiento de las medidas especiales por la pandemia de covid-19. La mayor parte de estos episodios los veo en fin de semana, aunque hay excepciones.

Nos pidieron ayuda unos amigos con niños todavía entre los 8 y los 13 años con las series de anime, por si podían salirse en la televisión de los caminos trillados. Hemos tocado varias series, no necesariamente vistas enteras, pero sí como para orientar. A mí me tocaron en suerte alguna demasiado cursi, alguna muy bien valorada pero excesivamente excesivamente melodramática, y alguna bastante salada y razonablemente divertida… siempre que tengas entre 11 y 13 años. Quizá de la que empecé a curiosear ayer comente algo más… puede que sea divertida en general. Aunque tiene un problema conceptual de base… que ya veremos.

Fotográficamente nos vamos a China, donde hice algunos carretes en blanco y negro. Si no hubiese sido por el maldito coronavirus de los h..v.s, ahora mismo estaría en aquel país… de vacaciones. Probablemente en Xi’an o alrededores… En fin…

Si las series que predominan en las plataformas son las surcoreanas, especialmente en Netflix, seguidas de las japonesas, poco a poco se van colando de otros países. Tailandia, Taiwán… ya han aparecido por aquí. Incluso procedentes de la China continental. Como Nai He BOSS Yao Qu Wo [奈何BOSS要娶我], o Well-intended love para el mundo no sinoparlante (traducción literal del título chino, Porqué quiere casarse conmigo el BOSS). Reúne todos los defectos característicos de estas series; situaciones tópicas, absurdas, malos de cartón piedra, protagonistas femeninas encantadoras con amigas con desparpajo, y un protagonista masculino que es un sieso, pero con buen corazón. Un guion de risa, abundante emplazamiento de producto y situaciones ridículas que siempre terminan bien. Pero a pesar de sus muchos y terribles defectos, la ves mientras consigues mantener la mente absolutamente en blanco. La demostración de que es posible vivir sin pensar.

Y una de las últimas producciones surcoreanas para Netflix es Hyena [하이에나, haiena], donde mezclan el drama legal con ramificaciones políticas con la comedia romántica, con ciertos toques de screwball comedy, ya sabéis, las comedias románticas donde las chicas siempre llevan la iniciativa y ponen en cuestión de forma cariñosa la masculinada del protagonista varón. Eso sí, con final feliz. Aparte de ser un ejemplo extremo de publicidad por emplazamiento de producto, pero realmente hasta llegar a lo humorísticamente paródico, con los defectos habituales de situaciones más o menos inverosímiles, que ponen duramente a prueba la suspensión de la incredulidad del espectador, lo cierto es que no está mal interpretada y hay momento muy divertidos. Siempre y cuando [potente condicional aquí] estés dispuesto a entrar en el juego de este tipo de series, está bien. Incluso bastante bien.

[TV] Cosas de series; historias para no dormir noruegas y cazadores de nazis

Televisión

Ya hace un tiempo que terminé con estas series de hoy, aunque ha habido otras que me ha apetecido comentar antes conforme terminaban. Pero bueno, aquí las tenemos

Con el título en inglés de Bloodride (viaje o trayecto sangriento) llegó a Netflix esta corta serie noruega de seis episodios que rondan la media hora de duración. Cada uno de ellos es una historia autónoma, independiente de los demás, aunque están vinculadas por la siniestra introducción en la que se ve a los protagonistas de todas las historias viajar juntos en un autobús de transporte público, por la noche y con un ambiente tétrico. Todas las historias están basadas en un terror a caballo entre lo psicológico y lo moderadamente gore. Aunque no son muchos episodios, sí que hay una cierta variabilidad en su capacidad de sorprender y en la originalidad de las historias. Alguna de ellas es fácilmente previsible, otras no tanto. Dijéramos que en su conjunto es una buena idea con una ejecución que varía entre lo acertado y lo mediocre. Quizá a alguien más aficionado al género que yo se sienta más atraído por la serie.

Visitaremos Noruega, las Lofoten, en honor a la serie nórdica de terror que comento hoy.

Y vamos con una de las series que más prometía a priori de las que se han estrenado recientemente en Amazon Prime Video. Se trata de Hunters. Con aspecto un poco comiquero, que no cómico, nos habla de un grupo de judíos y simpatizantes que se convierten en “justicieros”, de los que buscan la justicia por su cuenta y ajustician, de los nazis que se afincaron en Estados Unidos tras la guerra mundial. La acción se sitúa en los años 70. Es conocido que un cierto número de ciudadanos alemanes, especialmente científicos e ingenieros, fueron reubicados en EE.UU. tras la guerra, conforme se intuía el comienzo de la guerra fría, y ante la posibilidad de que ese gran caudal de conocimiento científico y técnico fuese a parar a manos de la Unión Soviética. El caso más conocido fue el de Wehrner von Braun, responsable del programa espacial de la NASA, pero que previamente había sido responsable del diseño de las V2 alemanas. Tiene un cierto papel, ficticio, en la serie. Frente a estos “justicieros”, encabezados por Al Pacino, que acaba de cumplir los ochenta años, tenemos a un grupo de conspiradores nazis, tanto de origen alemán como neonazis americanos, al frente de los cuales se encuentra Lena Olin haciendo de… bueno, eso es la sorpresa final. Y cada grupo intenta desbaratar los planes del otro, mientras una agente del FBI (Jerrika Hinton), afroamericana, intenta resolver casos relacionados con esta confrontación. Mmmmm… qué queréis que os diga. El principio de la serie, bastante impactante, prometía bastante. Pero luego la acción y el guion tiene demasiados altibajos. No he acabado especialmente entusiasmado. En el caso de que hay una segunda temporada, no tengo claro que siga viéndola. No he sentido especial empatía por ningún personaje, ni especial interés por la acción.

[TV] Cosas de series; universos paralelos y Meredith

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En la entrada televisiva de esta semana hablaré de tres series. Pero de una seré breve. O lo intentaré. Y me centraré más en dos series de ciencia ficción a propósito de historias alternativas y universos paralelos.

Terminó, prematuramente por culpa del covid-19, la 16ª temporada de Grey’s Anatomy, lo cual al parecer la convierte en el drama médico más longevo de la televisión o casi. E.R. tuvo quince, así que por ahí le debe ir el récord. Sigue siendo un guilty pleasure. Tiene defectos por todos los lados, pero algunos no podemos dejar de ver esta historia de amoríos de instituto en un hospital de alta tecnología en Seattle. Así que no merece la pena mucho más comentario. Quizá decir que el capítulo donde “explicaban” la ausencia de uno de sus más destacados protagonistas para siempre fue ab-so-lu-ta-men-te nefasto y vergonzoso. Una de las temporadas más flojas… dentro de lo que es.

Bosques y lagos predominan en los paisaje de algunas de las series de hoy. Y tal paisaje lo he ido a buscar a los lagos y bosques cerca Tampere (Finlandia)

Pero vamos a lo que interesa. Distopías, historias alternativas y universos paralelos. Tales from the loop es una interesante propuesta, a priori, basada en las pinturas del sueco Simon Stålenhag (instagram), en las que se muestra un presente/futuro tecnológicamente distópico. Situado en una población de algún lugar de Norteamérica, aunque con un ambiente muy nórdico, donde una instalación científica The Loop (El Bucle) ha dado lugar a una serie de dispositivos o fenómenos avanzados pero extraños. El ambiente es más bien setentero u ochentero, como en una historia alternativa, aunque hay saltos adelante y atrás en el tiempo, así como en universos paralelos. Y en este ambiente, vamos siguiendo a una serie de habitantes del lugar, relacionados todos ellos con la familia en la que residen los principales responsables de The Loop. Y asistiremos a una serie de historias que nos harán reflexionar sobre temas como la identidad, la familia, la maternidad, el amor, el ser distinto, las expectativas que tenemos depositadas en nosotros mismos o las que sentimos de los demás… temas profundamente cotidianos, en un entorno casi aburridamente cotidiano, salpicado de fenómenos u objetos extraños. La serie tiene una puesta en escena sobria, pero estéticamente muy conseguida, que nos traslada a un ambiente melancólico, decadente. Y algunos de los personajes tienen mucho interés intrínseco, interpretados por actores y actrices con buen quehacer. Pero el nivel de las historias, de los guiones, es desigual, tiene notables altibajos. Y habrá episodios que no podremos dejar de mirar, mientras que otros… son prescindibles. Creo que la idea era muy buena, pero la ejecución perfectible. No obstante, a mí me ha merecido la pena.

Y si la anterior se situaba en un pasado alternativo, la siguiente se sitúa en un futuro más o menos próximo y… más o menos plausible. Devs es una miniserie creada y dirigida por Alex Garland, director y guionista que se ha hecho un nombre por distintas producciones de ciencia ficción, donde especula con determinados conceptos en el borde de lo que podemos considerar ciencia y lo que no. En esta ocasión, seguimos las andanzas de Lily Chan, una ingeniera informática que trabaja para una empresa Amaya, donde su novio ha sido asesinado tras ser transferido al departamento DEVs. La chica protagonista está interpretada por Sonoya Mizuno, una británica nacida en Tokio, de padre japonés y madre británico-argentina. Una chica que hasta ahora había realizado papeles menores pero muy vistosos en algunas de las producciones de Garland, como Ex-Machina y Annihilation. Y también la habíamos visto cantando y bailando en Lalaland, y en un papel alocado en Crazy Rich Asians, una comedia romántica que no se llegó a estrenar en España, y extremadamente sobrevalorada en EE.UU. tanto por el público y la taquilla como por la crítica. Me detengo en esta actriz, porque desde mi punto de vista condiciona el resultado hasta cierto punto. Garland, en esta serie, trata sobre el conflicto en filosofía de la ciencia entre un universo determinista (visión mecánica desde Galileo a Einstein pasando por Newton) y un universo azaroso (visión probabilística de la mecánica cuántica). Los adversarios de Lily representan a la visión determinista, que implícitamente negaría la libertad del ser humano, condicionado por la mecánica universal, mientras que Lily representa el libre albedrío, que según algunos sólo se daría en universo azaroso. Error común en mucha gente confundir el azar con la libertad… y donde reside uno de las debilidades de la tesis de Garland, confundiendo conceptos que mucha gente y que no deberían ser confundidos. La cuestión es que Lily ha de ser un personaje que, de alguna forma, represente al ser humano común. Y debe generar empatía. Mizuno cambia notablemente de imagen en esta ocasión. Pasa de ser la vistosa bailarina y modelo de esbelta figura y notable sensualidad, a una joven de aspecto andrógino, reservada, aunque fuerte interiormente. Pero de alguna forma su interpretación no consigue tener la fuerza necesaria. A esta chica se le ven las goteras interpretativas; no acaba de dar el salto de presencia vistosa, en producciones anteriores, a punto de fijación y arrastre de la acción. Y la serie, aunque con momentos muy interesantes, especialmente gracias a algunos secundarios, acaba descarrilando, especialmente con un final que no me lo compro… que me parece una ida de olla a la que cada vez nos tiene más acostumbrados más Garland con sus producciones. Recordemos que Annihilation, que enamoró visualmente a muchos, tampoco me convenció. En fin, no me arrepiento de haberla visto, pero me ha decepcionado.