[TV] Cosas de series; desdichas, sexo e intercambios de cuerpos

Televisión

Traigo hoy tres series muy diversas pero que ya tengo vistas desde hace días y no había encontrado momento para comentar. Quizá alguna se hubiera merecido una entrada específica. Y otra apenas un comentario. Pero las voy a agrupar.

Una anécdota más o menos divertida es cómo podemos calificar la miniserie coreana con formato de comedia de situación con el título en castellano de Pasarela (My Runway, en inglés, 마이 런웨이, en coreano, que es una transcripción fonética a la escritura de ese país del título inglés), donde una estudiante de instituto aspirante a modelo, algo tarambana, intercambia el cuerpo con un modelo masculino de alto nivel, y bastante engreído. Comedia simplona y simpática en seis episodios de apenas media hora, realizados a mayor lucimiento de alguna estrella del pop coreano. Para matar el rato sin romperse la cabeza.

Sex Education está localizada en un interminado lugar del Reino Unido… así que nos iremos a Inglaterra, al condado de Somerset, a las bonitas ciudades de Glastonbury, llena de leyendas artúricas, y a la city de Wells.

Mucha más chicha tiene la primera temporada de Sex Education, serie británica que me ha sorprendido muy gratamente, con Asa Butterfield y Gillian Anderson, haciendo de hijo y madre que viven solos, y una casi novata Emma Mackey, sorprendentemente sólida, como tercera pata de una comedia con tintes dramáticos de adolescentes,… pero no para adolescentes. A partir de dos consultorios sexológicos, una profesional y otro “amateur”, vamos a entrar en una disección muy entretenida y con mucha miga de las relaciones humanas. Muy muy recomendable, con excelentes interpretaciones, y con mucha más profundidad de lo que pueda parecer en un principio.

Y quizá habría que haberle dedicado más espacio a la temporada final de A Series of Unfortunate Events, que ha adaptado durante tres temporadas la serie de libros de Daniel Handler, escritos con el pseudónimo Lemony Snicket. Han adaptado los libros que escribió a un ritmo de un libro por cada dos capítulos. Y creo que ha sido un acierto en cuanto a ritmo y extensión. La serie está globalmente bien interpretada con una abundancia de actores y actrices relativamente conocidos en papeles de diversa entidad, destacando Neil Patrick Harris como el malvado conde Olaf. Aunque bien es cierto que no es su mejor papel. Quizá tira demasiado de un histrionismo que cansa. El diseño de producción es excelente y quienes realmente brillan son los jóvenes actores que interpretan a los hermanos Beaudelaire, que aguantan el tipo durante toda la series, la pequeñita y encantadora Presley Smith, Louis Hynes y la “madura” Malina Weissman. Los “libros” de la primera temporada y parte de la segunda resultan un tanto repetitivos en cuanto a su estructura argumental, pero luego la trama se va serializando y mejora. Un entretenimiento familiar que es ampliamente recomendable.

[TV] Cosas de series; “space operas” y otros delirios

Televisión

No ando sobrado de tiempo esta semana para publicar entradas en este Cuaderno de ruta. Aun así, y contra todo pronóstico, he encontrado un momento para hacer una entrada televisiva. Que creo que irá un poquito rápida.

Están de modas en estos momentos las “space operas” en mi cartelera televisiva. Es decir, las aventuras espaciales. Ha vuelto The Orville, la parodia de Star Trek que me parece mejor que casi cualquier cosa de Star Trek. Ha vuelto Star Trek: Discovery, la serie Star Trek que no se parece a lo anterior de Star Trek, y quizá esa sea su gracia. Especialmente si aparece la “emperatriz” Michelle Yeoh, momento en el que sube varios enteros el interés de la serie. He comenzado a ver las desventuras de la Nightflyer, escrita de la mano de George R. R. Martin, a la caza de una nave alienígena,… creo. Y me entró la curiosidad de ver, por comparar, la última serie que se hizo de la franquicia Star Trek, Star Trek: Enterprise, antes de que cerraran el garito de las series hasta el año pasado. No pensaba que me fuera a enganchar, nunca me he enganchado a ese universo, pero aunque la serie tiene muchos de los defectos que tradicionalmente me han echado para atrás en esa franquicia, he sentido cierta empatía hacia esta tripulación estelar, y de momento ya he visto la primera temporada. Y buena parte de la segunda. Si termino las cuatro temporadas, ya le dedicará un comentario más extenso.

No he visitado las Svalbard… caen un poco a desmano. En su lugar, la isla más helada y “alienígena” que he visitado, aunque muy bella, es Islandia. Así que allí nos vamos fotográficamente.

Mientras, hemos tenido la tercera, y parece que última, temporada de Fortitude. Esa producción británica de ambiente noruego que ha mezclado el género policiaco con la ciencia ficción y el terror, bajo la fórmula de la huída hacia adelante en cuanto a lo demencial de su argumento y de las cosas que han sucedido. Me cuesta decidir si me ha gustado o no. Lo cierto es tiene momentos muy interesantes, que a veces parece que rondan más el humor negro, negrísimo, que el terror, con interpretaciones bastante interesantes, pero con un argumento que pone a prueba la más dedicada suspensión temporal de la incredulidad en el espectador. En cualquier caso, el claustrofóbico ambiente de las Svalbard, disfrazadas de archipiélago ficticio en el fin del mundo ártico, mezclado con un reparto britániconórdico de no poca calidad, tiene su interés misterioso.

Y hemos tenido la tercera temporada de The Good Place, en la que nuestros demonios favoritos junto nuestros no menos favoritos condenados por toda la eternidad han tenido nuevas aventuras con un principio de temporada flojo, pero que poco a poco se ha venido a más hasta alcanzar momentos muy entretenidos y muy muy divertidos. Con un reparto también que tiene un buen nivel interpretativo e interesante vis cómica. En cualquier caso, un excelente alegato contra el maniqueísmo absurdo y contra las no menos absurdas definiciones absolutas del bien y el mal de las principales religiones que asuelan la faz de la tierra.

Y dejo para otro día en el que tenga más rato para pensar las ideas que redacto para el final de las desdichas de los Beaudelaire, y para la educación sexual según Netflix.

[TV] Cosas de series; inducidas por los viajes

Televisión

Recuerdos de la Alhambra

Las dos series de hoy, que no me llevarán mucho rato, son un poquito anecdóticas. Tienen en común que aparecieron en la cartelera de Netflix en el ámbito de viajes que he hecho en los últimos meses y con los que tenían algún tipo de relación. Lo cual hizo que empezara a verlas. Aunque la verdad es que no son gran cosa.

No sabía si poner fotos de Taiwán o de Corea… pero al final he considerado que había que hacer un desagravio a la antigua capital nazarí y poner fotos de las auténticas calles y paisajes granadinos.

La primer viene desde finales de agosto o principios de septiembre. Estábamos entonces preparando las vacaciones de octubre en Taiwán, cuando de repente aparece anunciada una serie titulada, en inglés,
A Taiwanese Tale of Two Cities. La curiosidad me pudo y me puse a ver los episodios disponibles en ese momento. Porque aunque aparece como “original” de Netflix, lo cierto es que no se ha lanzado como las propias de la plataforma. Ha ido apareciendo un episodio cada semana. En alguna ocasión dos, creo. Las dos ciudades son Taipéi y San Francisco, donde residen respectivamente Nian-nian (Tammy Chen) y Jo (Peggy Tseng), dos “jóvenes” taiwanesas o de origen taiwanés la californiana, que se reúnen en Taipéi por una estafa. Lo de “jóvenes” entrecomillado es porque ambos personajes son ya treintañeros y las actrices que las encarnan se acercan, si no tienen ya, a los cuarenta. Hoy en día ya no se sabe qué significa eso de “joven”. Y a partir de ahí, durante 20 excesivos capítulos, por el número y la duración, tenemos una mezcla de dramedia romántica y familiar y publirreportaje turístico taiwanés. La verdad es que es una producción manifiestamente mejorable. Aunque los personajes generan una razonable empatía, lo cual probablemente sea el motivo por el que he aguantado hasta el final. La visión que ofrecen de Taiwán… no exactamente igual que la que sentimos en nuestro viaje. Pero ya digo que funciona casi como un publirreportaje del país. A pesar del título, nada que ver con la famosa novela de Dickens.

Incalificable me pareció al principio la otra serie, que también aparecía como original de Netflix, pero también se ha emitido a un ritmo de dos episodios semanales durante ocho. En víspera de mi viaje por trabajo a Granada, había aparecido en la plataforma de vídeo bajo demanda una serie con el título Alhambeura Gungjeonui Chueok [알함브라 궁전의 추억], que se traduce como Recuerdos del palacio de la Alhambra. O simplemente, Recuerdos de la Alhambra, título en castellano de la serie, exactamente igual que la obra para guitarra clásica de Tárrega. Que tiene su que ver en la trama de la serie. Al fin y al cabo, la protagonista femenina, Hee-joo (Park Shin-Hye), es una joven coreana, guitarrista clásica y lutier, que aunque ha dejado la música, vive en Granada con su familia regentando un hostal. No entraré mucho en la trama, que es un tanto estrambótica, absurda en ocasiones, en la que se mezcla el drama romántico con los vídeojuegos basados en realidades alternativas, con consecuencias trágicas en ocasiones. El caso es que la serie se convirtió en un guilty pleasure por determinados dislates en la producción. Por ejemplo, que una estación en una población cercana, supuestamente, a Granada tenga un letrero que ponga Rodalies, mientras que las presuntas estaciones de Barcelona y Granada aparezcan con trenes claramente húngaros. Igual que las calles del Albaicín y otros barrios de Granada tengan un sabor ineludiblemente centroeuropeo. Aunque los taxis de Granada sean, en la serie, negros con las puertas amarillas, propiamente como en Barcelona. Esto provoca una situación de comicidad que, unida a la simpatía que transmite algunos de los personajes protagonistas, me haya comido toda la serie a pesar de las tontadas del guion, y de lo mal llevada que está toda la trama relacionada con el videojuego.

En fin, dos series cuya visión fue inducida por dos viajes… pero que por lo demás no merecen mucho la pena.

[TV] Cosas de series; entre Luther y “tú”

Televisión

Dos series muy distintas las que tocan esta semana.

Por un lado, la quinta temporada de Luther (Idris Elba), que con cuatro episodios, nos ha devuelto al peculiar detective londinense, extremadamente poco ortodoxo y con tendencia a complicarse la vida y, lo que es peor, a complicarle la vida a quienes le rodean. Esta quinta temporada tiene todas las pintas de ser la última, supone el regreso de uno de los alicientes principales de la serie, el impresionante personaje que es Alice Morgan (Ruth Wilson), e inicia una escalada autodestructiva entre ambos protagonistas que nos deja las cosas en un punto en el que es difícil continuar. Aunque no sé. No he investigado las intenciones de los productores y de los protagonistas. Pero en IMDb todavía no la dan por finalizada… Es una buena serie, aunque un poco demasiado intensa y tórpida en ocasiones. Los personajes y los intérpretes son los que la hacen interesante, principalmente.

Pues sí, hoy, o nos íbamos a Londres o a Nueva York; la Gran Manzana ha sido al final.

Cosa que no ocurre con YOU, en la que nos trasladamos a Nueva York, una de las últimas apuestas de Netflix por rescatar la figura del psicópata con cierto corazón y que vive en la puerta de al lado. Inevitable que surjan ciertas comparaciones con otros como Dexter, a pesar de las muchas diferencias que también tienen. En este caso, no tenemos un psicópata justiciero. Tenemos un psicópata acosador, con problemas con las mujeres, Joe (Penn Badgley), que se queda prendado de una aspirante a escritora, Beck (Elizabeth Lail), que es muy dependiente de sus “novios” y “amigas”. El planteamiento inicial, sin ser especialmente original, no está mal. El problema viene, en mi caso, de que no consigo empatizar ni con la presunta víctima ni con el presunto acosador. Que son dos personajes, que a la corta y a la larga, me da igual lo que les pase. Y las interpretaciones, sin ser malas las de los protagonistas, no son especialmente buenas en el conjunto del reparto. Por lo tanto, una serie que me ha dejado un poco frío, y que no sé si veré en caso de que surjan nuevas temporadas. Han dejado amplio margen para ello.

[TV] Cosas de series; de adolescentes va la cosa

Televisión

Dos series muy distintas, con adolescentes como protagonistas. Pero ya digo, con un tono y enfoque tremendamente dispar. Para todos los gustos.

En primer lugar tenemos la serie británica Derry Girls. Serie que llega a Netflix un año después de su emisión por una cadena televisión convencional en su país de origen. Y ha sido una de las más agradables sorpresas que nos ha deparado la televisión el año pasado. Para los que no se cosquen, Derry es una población en el Úlster, o Irlanda del Norte, puesto que hay condados del Úlster que pertenecen a la República de Irlanda, y que oficialmente recibe el nombre de Londonderry. Pero durante los años del conflicto armado entre el IRA y el gobierno británico, fue uno de los focos más duros del conflicto, donde los choques entre católicos republicanos y protestantes unionistas, y las fuerzas armadas británicas, fueron más duros. La ciudad es denominada Derry por católicos y por la República de Irlanda, que es el nombre tradicional de la ciudad, mientras que los protestantes y las autoridades británicas la denominan Londonderry.

Fotográficamente nos pasearemos por la República de Irlanda, que no tiene las mismas connotaciones que los condados irlandeses del Úlster, pero bueno… es que allí no he estado.

Y en este “paraíso” que fue en los primeros años 90, con el conflicto muy recrudecido, encontramos a un grupo de chicas adolescentes, de 16 años, católicas que asisten a un colegio de monjas, que además de convivir con este ambiente de conflicto, tienen que sacar adelante los conflictos propios de la adolescencia. A esto se une la presencia de un chaval de su misma edad, primo de una de ellas, que es matriculado en su colegio, único varón entre todas las chicas, porque por su condición de inglés, las autoridades escolares temen que salga mal parado si asiste a un colegio de chicos.

Tradicionalmente, en Irlanda del Norte los católicos han ocupado los escalones más bajos de la escala social, uno de los motivos que han realimentado los conflictos, además de los políticos y religiosos, por lo que nos encontramos en barriadas obreras y con un nivel sociocultural bajo. Y en medio de todo esto, su creadora Lisa McGee nos ofrece una desternillante comedia que sabe a muy poco con sus seis episodios de apenas 25 minutos de duración, en la que afortunadamente abandona todo intento de “corrección política”, tan nefasta últimamente para la creatividad artística como los peores autoritarismos. Porque aunque el humor de esta serie se mete con todo y con todos, lo hace de forma inteligente, y manteniendo una constante empatía con las jóvenes adolescentes, y su primo, absolutamente inconsecuentes hasta la médula consigo mismas, como es propio de la edad, al mismo tiempo que pone en solfa la propia sociedad dividida de Irlanda del Norte. Muy destacable su actriz protagonista, Saoirse-Monica Jackson, que está muy bien acompañada por todo el reparto.

Por otro lado, desde Japón nos llega la enésima adaptación a una serie de acción real de una serie de historietas, Koi no tsuki [恋のツキ], difundido en Netflix con el título internacional de Love & Fortune. Esta es una de esas series japonesas que despistan. Por su planteamiento, y procedente del mundo del manga, dan la impresión de que van a estar dirigidas a un público adolescentes. Pero luego te encuentras con temas delicados, adultos y complejos.

En esta historia conocemos a Wako (Eri Tokunaga ), una mujer de 31 o 32 años, que lleva cinco o seis viviendo con su novio en un modesto apartamento, y que tiene un modesto empleo en un cine pequeño, dedicado a películas menos comerciales. Casi lo que antaño llamábamos un cine de arte y ensayo. A Wako le gusta mucho el cine. Pero por lo demás está sumida en rutinas que no la satisfacen, y está empezando a escuchar con fuerza el tic-tac de eso que en las mujeres treintañeras se suele llamar con frecuencia “el reloj biológico”. Y en estas está cuando conoce a un muchacho de 15 años, Yumeaki Iko (Fūju Kamio), también aficionado al cine y con el que conecta… demasiado. Hasta llegar a la intimidad física. Generando un lío fenomenal en su vida y en la de quienes la rodean. Que empeorará cuando el dueño del cine donde trabaja anuncie que cierra.

Delicado tema el de las relaciones entre adultos y adolescentes. Más cuando la diferencia de edad implica que la mujer adulta prácticamente doble la edad del joven. En los casos en los que la relación de sexos está invertida, casi siempre se convierte al hombre en un villano. En esta ocasión, fundamentalmente se juega con el monumental despiste vital que arrastra Wako, y que necesitará resolver antes de seguir adelante y poder salir del callejón sin salida emocional en el que se mete ella solita; especialmente porque un adolescente no puede aportar la madurez que a ella le falta. Ni la historia lo pretende. Como digo, la serie no se anda con chiquitas. Y si bien no hay escenas de desnudos, sí que hay escenas de relaciones sexuales, diversas, y con adolescente por el medio. Cuestiones que no pocos países estarían calificadas, más allá de las cuestiones éticas, como delito.

La serie funciona razonablemente bien, aunque quizá se extienda un poquito más de la cuenta. Pero está desequilibrada a nivel interpretativo. Si Tokunaga lo hace bastante bien, y algunos de los miembros del reparto más adultos acompañan con solvencia, los miembros más jóvenes del reparto van más flojos. El chico protagonistas cumple, sin más. Y hay una chiqueta,
Yui Imaizumi, que parece que ha salido rebotada de uno de esos horribles y multitudinarios de “idols” que cantan y bailan, y que va bastante justita de habilidades intepretativas. Parece que salía en aquel curioso invento de la clase de chicas adolescentes que encontraban una mañana muerto a su profesor y se ponían a resolver el misterio de su muerte. Pero no la recuerdo.

Una serie interesante, aunque no deja de ser extraña. Especialmente con elementos del argumento y un happy end de difícil digestión. Pero que se deja ver, especialmente si te acercas sin demasiados prejuicios.

[TV] Cosas de series; fundamentalmente la Doctora

Televisión

La entrada de hoy es casi monográfica. Porque tenemos que volver a hablar del Doctor… Perdón. De la Doctora. Como en inglés es invariable, no tienen mayores problemas con los guiones… pero en castellano…

Digo casi monográfica porque también voy a hacer un pequeño comentario sobre el especial navideño de Neo Yokio, el psedoanime norteamericano sobre solteros jóvenes y pijos en una peculiar versión alternativa de la Gran Manzana. Sinceramente, esta serie cada vez me convence menos. Puede que los yanquis le encuentren la gracia en sus referencias a su cultura popular, pero a mí me deja un poquito frío. Pero bueno… vi este especial de una hora de duración, tiempo excesivo para lo que cuenta, y que no aporta más que mantener la expectación sobre la serie hasta que aparezca una nueva temporada. Que no sé si veré.

Os dejo con varias imágenes de diversos lugares del Reino Unido, un país que quienes lo hemos visitado y conocido sabemos que tiene cosas muy buenas e interesantes, pero cuyos mandatarios y algunas minorías se empeñan constantemente en aparecer como una panda de gilipollas.

Así que vamos con la Doctora. Es algo que ya sabíamos, por fin el Doctor se ha reencarnado en una Doctora, interpretada por la simpática actriz británica Jodie Whittaker. Que como buena actriz británica tiene oficio y versatilidad para interpretar lo que haga falta. Pero el cambio de protagonista ha venido acompañado de cambios más profundos. Unos para bien… otros para menos bien.

En esta temporada que acabó con un especial de Año Nuevo, esto también es trascendente, se han abandonado los dramatismos o las aventuras épicas que acompañaron a las tres últimas reencarnaciones del protagonista de la serie. Aquí tenemos un esquema más procedimental y menos serializado. Cada episodio una aventura autónoma, no hay ni mucho menos tanta continuidad argumental. Y los compañeros de la Doctora son gente con tribulaciones, pero de las que te mantienen pegado a la tierra. Las aventuras han sido bastante entretenidas, y con alguna incursión por el espacio-tiempo, también han dado un repaso a algunos eventos de la historia británica. Significativos para los tiempos modernos. La desastrosa descolonización de la India-Paquistán, con los conflictos interétnicos y las muertes y sufrimiento humano derivados de esta operación, por ejemplo. O la caza de brujas en tiempos pretéritos. Que no es otra cosa que presentar un ejemplo de los vicios más lamentables de la sociedad patriarcal. Conflictos interétnicos, creación de fronteras, las políticas de género, cuestiones candentes, no sólo en el Reino Unido del Brexit, sino en cualquier parte. España, por ejemplo, si seguís las noticias de los últimos años-meses-semanas. Porque probablemente es la temporada más política y social de las que he visto en la serie.

Si bien es cierto que ya había aparecido algún ejemplo de diversidad sexual, como Jack Harkness (John Barrowman), o racial, como Martha Jones (Freema Agyeman), en temporadas pasadas, el compromiso por la paz, la convivencia y la tolerancia propuesto por la serie se desarrollaba a un nivel muy general. Pero en esta ocasión se ha movido a un nivel más terreno y comprometido.

El propio esquema patriarcal de la serie, Doctor masculino + compañera femenina, atractiva las más de las veces, y con eventuales tonteos de tensión sexual no resuelta entre ambos, se ha roto. Es cierto que hubo compañeros masculinos, pero eran de segunda fila. Rory (Arthur Darvill) estaba ahí porque estaba Amelia Pond (Karen Gillan). Y las compañeras de los últimos años han sido mujeres decididas y proactivas, pero salvo las brillantes apariciones de River Song (Alex Kingston), es el Doctor, masculino, quien salvaba la papeleta. Ahora tenemos un tripleta de acompañantes que representan una diversidad étnica y de género. Y las posibles tensiones sexuales han desaparecido por completo.

En el debe quizá debiera situar a los propios acompañantes. El hecho de que no haya uno especial, me da igual que sea hombre o mujer, que desarrolle una especial complicidad con la Doctora, lastra uno de los puntales de la serie. Ese/a compañero/a especial representa de forma clara a todos los espectadores, seres humanos, en esa especial relación con el alienígena amigo. Es más fácil la identificación y la empatía. Con los actuales, hemos alcanzado la simpatía, pero no la identificación. Y eso nos ha situado a más distancia de la acción.

Como digo hay muchas cosas positivas en los cambios. Yo así lo veo. Más que negativas. Pero también es cierto que falta profundizar en el modelo y conseguir que volvamos a estar más metidos dentro de la acción. No nos olvidemos que el mundo, nos guste o no, es un lugar muy sexista. Si no, comparen las puntuaciones medias que el público votante otorga a los episodios de la última temporada con Peter Capaldi, con las de la primera temporada de Whittaker. Sin duda, las diferencias son significativas. Así que… al tajo.

[TV] Cosas de series; una diversidad de series que viene de oriente

Televisión

Tengo un cierto acúmulo de series para comentar. Por diversas circunstancias, no he ido sacando adelante determinadas reseñas… y ahora no sé muy bien como organizarlas. Así que voy a ir con una de cosas diversas que vienen de extremos oriente.

De Japón nos llegó la quinta parte de Terrace House: Opening New Doors. En esta iteración del programa de telerrealidad tan resultón que emite Netflix, poco se puede añadir a lo que he comentado en otras ocasiones. Cotidianeidad, sin gritos, sin desplantes, con mucha educación, conflictos que se manifiestan a través de actitudes pasivo-agresivas que pueden resultar muy divertidas, y unos comentaristas que suelen ser muy divertidos. La serie tiene altibajos, dependiendo del juego que den la media docena de participantes de turno. Estos últimos ocho episodios han estado un poquito más bajos que otros ciclos. Parece que se despedirán definitivamente de las montañas del centro de Japón en el siguiente ciclo.

Ya que tenemos un ambiente postapocalíptico en una de las series, volaremos a Japón, y pasearemos por el parque de la Paz de Hiroshima, para recordar las cosas que nos pueden pasar si no tenemos cuidado…

La segunda temporada completa de la animación nipona de Nanatsu no taizai [七つの大罪 ] (Los Siete Pecados Capitales) pone de manifiesto una serie de cuestiones que ya veíamos en la primera parte; la peculiar y folclórica visión que tienen los japoneses de los mitos y las religiones orientales, su afición a los monstruos y a los combates épicos, y lo que les gusta el fan service, es decir, incluir momentos o escenas de carácter eróticofestivo para alegría de la audiencia masculina particularmente. Si a eso unes las habitualmente desproporcionadas glándulas mamarias de los personajes femeninos… Quizá este sea el puntito oscuro, por el sexismo implícito, incluso si luego los personajes femeninos pueden tener un desarrollo propio aceptable e incluso bueno. Pero bueno,… es lo que hay. Es una serie de aventuras entretenida. Sin más.

Se nos viene para dentro de poco una adaptación de la historieta GUNNM, popularmente conocida en occidente como Alita, ángel de combate, o sus variantes en otros idiomas. En su momento, se intentó una adaptación a animación en Japón, pero sólo se hicieron dos episodios de unos 25 minutos, orientados al consumo doméstico en vídeo, lo que llaman OVA. Pues me los he visto, por si me da por ver la película, que vendrá firmada por Robert Rodriguez. Hecho todavía no decidido. En los países occidentales destrozaron en la traducción el original japonés. El nombre original de la ciberchica es Gally [ガリィ; dado que para los japones la “r” y la “l” es el mismo fonema, la transcripción del nombre también puede ser “garyi”], y no Alita. Y hay más cambios… la mala costumbre de ser irrespetuoso con las obras originales, que parece que continuará con la película anunciada. Bueno… estos dos episodios cortos saben a poco, pero están bien.

La serie coreana de intriga policia, política y judicial, Bimilui Sup [비밀의숲], que aparentemente quiere decir bosque secreto, pero que internacionalmente han “traducido” como Stranger. Cosas que pasan. Me interesó en su momento por la presencia en papel coprotagonista de la actriz coreana Bae Doona (se puede ver escrita de distintas forma, pero su nombre suena algo así como ‘pe duna’). Esta chica ha trascendido a occidente por su participación en distintas producciones, varias vinculadas a las Wachoski. A mí me parece que trabaja bien y, siendo mona, no es ya ninguna jovencita, se sale del estereotipo de actriz mona coreana. La cosa va de como esta, haciendo de inspectora de policía, y aliada con un extraño fiscal, carente por completo de empatía hacia el resto del mundo, que el auténtico protagonista de la serie (Cho Seung-woo), se dedican a luchar contra una trama de corrupción judicial, económica y política, a partir de unos asesinatos e intentos de asesinato. No está mal. Pero no acaba de ser un producto redondo. Por lo habitual de las series coreanas; excesiva duración de episodios y de la serie en general, buenas actuaciones limitadas a pocos personajes, y argumentos complejos pero mal pulidos. Pero se ve que le han puesto ganas en la producción y en hacerlo lo mejor posible.

Me queda en el tintero otra serie japonesa… pero la dejaré para otro día, emparejada con una británica…

[TV] Cosas de series; ¿la mejor comedia de la actualidad?, y algo más

Televisión

Escribo esta entrada estando todavía un tanto perjudicado de un trancazo que comenzó ayer de madrugado, que me dejó la mayor parte del día de ayer hecho una piltrafa, salvo un par de momentos de lucidez gracias a la medicación sintomática, y que hoy ha mejorado mucho, pero me ha dejado muy cansado.

Sip. Hoy voy a hablar de la que considero la mejor comedia de la televisión actual. Aunque también haré un comentario sobre un especial navideño sobre una serie de moda. Empiezo por este.

Ha habido un especial “navideño”, o del “solsticio de invierno” si nos ponemos paganos, de Chilling Adventures of Sabrina. He de reconocer una cosa. Antes de ver este especial, consideraba como “bastante probable” que me animase con la segunda temporada de la serie. Ahora esa consideración ha bajado a “algo probable”. No es que sea malo o algo así… es,… como el resto de la serie. Y la verdad sea dicha, mi interés sobre las aventuras satánicas de la por otro lado simpática Kiernan Shipka es muy limitado. No me va demasiado el género. Por lo que me voy a pensar muy mucho si sigo con ella. En estos momentos creo que la probabilidad está por debajo del 50%. O sea, más bien no. Pero ya veremos. Por lo demás, a los aficionados al género seguro que les gusta.

Si vamos a pasar un tiempo con Mrs. Maisel, necesariamente tendremos que viajar a Nueva York. Por ejemplo, a los alrededores de Washington Square. Que está bien.

Esto contrasta con el hecho de que me han sabido a poco poquísimo los 10 episodios de los que ha constado la segunda temporada de The Marvelous Mrs. Maisel. Tras una primera temporada que estuvo bastante bien, pero que parece que sólo fue un calentamiento, hemos entrado de lleno en los diálogos vertiginosos que Amy Sherman-Palladino y su equipo de guionistas nos han deparado para esta segunda temporada. Somos muchos los que apreciamos esta capacidad para el diálogo rápido, agudo, lleno de referencias populares, y de referencias cruzadas. De segundas y terceras intenciones. Unos diálogos que te obligan a estar atento, a no perderte ni una coma. Los conocimos con Gilmore Girls.

Pero hay un salto cualitativo importante entre aquella serie, cuyo primer episodio data de hace casi 20 años, y la actual. De la típica realización televisiva de secuencias basadas en diálogos montados a base de planos y contraplanos, a una televisión moderna, mucho más dinámica, con una cámara que se mueve y que integra el maravilloso mundo creado por el equipo de diseño artístico de la serie. Si a eso añades un entorno más adulto, menos familiar, menos “tolerado para todos los públicos”,… pues mucho mejor. Unos cuantos palos a la hipocresía de las sociedades acomodadas siempre vienen bien. Y todo ello con la inestimable colaboración de una protagonista, Rachel Brosnahan, en absoluto estado de gracia, acompañada de su inseparable Susie (Alex Borstein), que nos ha ofrecido, en compañía de su desatascador, de algunos momentos inolvidables. Esta serie, que podéis ver en Amazon Prime Video, no es que sea altamente recomendable. Es obligatoria.

[TV] Cosas de series; un par de comedias coreanas

Televisión

Sinceramente, hoy me apetecía hablar de la maravillosa señora Maisel. La serie de Sherman-Palladino me parece la mejor comedia de la actualidad en formato de serie de televisión. Pero voy a dejar reposar un poquito más su segunda temporada, y voy con un par de series que terminé de ver antes. Dos series coreanas.

Sí. Coreanas. De nuevo. Se han convertido, no sólo en un guilty pleasure, sino en un impulso compulsivo. Pero poco a poco voy aprendiendo a seleccionar. Si bien todas dejan que desear en diversos aspectos, es posible encontrar algunas con interpretaciones razonables y con personajes con los que empatizas. Y a esto vamos.

Pan-da-yang-gwa Go-seum-do-chi [판다양과 고슴도치] o en su versión internacional Miss Panda & Hedgehog, es una de estas. Una producción estrenada en la televisión coreana en 2012, fue incluida para su distribución internacional en el catálogo de Netflix, y es una de las más recomendadas del mismo dentro de las producciones de esta nacionalidad de extremo oriente. Pan Da-Yang (Yoon Seung-ah) es una joven que lucha por mantener abierta la cafetería y pastelería que fue de sus padres junto con su hermana,… pero con grandes dificultades. Y en eso está cuando aparecen en su vida dos jóvenes que pretenden enamorarla. El rico y privilegiado Choi Won-Il (Choi Jin-Hyuk), recién llegado de Estados Unidos, heredero de la pastelería más poderosa y exclusiva de Seúl, y que afirma que su único amor ha sido una niña de su escuela en primaria. Adivinad quien es la chica. Eso es. Y por otro lado, el arisco ex-convicto de corazón de oro Go Seung-Ji ( Lee Dong-Hae), excelente pastelero, de triste infancia, amnésico, y que no sabe que ya conoció a los dos anteriores en esa triste infancia, en la que fueron sus únicos amigos. A partir de ahí, triángulo amoroso, muchos enredos, un canto a la amistad, y castigo final para los malvados. Es más entretenida que la mayoría, con personajes con mucho encanto.

Algunas fotografías tomadas en Corea del Sur para ilustrar la entrada de hoy.

Aclaro, los nombres se presentan de acuerdo a las costumbres de asiáticas, primero el apellido, luego el nombre de la persona. Primero por respeto, y más en este caso en el que para que haga gracia el juego de palabras, hay que respetar el nombre de la chica protagonista. No especialmente buena actriz, el peso lo llevan los chicos, pero uber-charming desde todo punto de vista.

La segunda temporada de The sound of your heart: Reboot, originalmente
Maeumeui sori (Ributeu: Eolgankdeul) [마음의 소리 (리부트: 얼간이들)], tiene poco que comentar. Hace muy poco que hablé de la serie original sobre el autor de historietas para la web Cho Seok (Hoon Sung), así como del reboot, que funciona como segunda parte, pero con nuevos intérpretes y realización. Esta temporada sería la segunda parte de esa segunda parte, y la variante es que la pareja formada por el protagonista y su pareja, la divertida y siempre hambrienta Ae-Bong (Kwon Yu-Ri) han tenido una niña, alrededor de la cual giran muchos chascarrillos. Por lo demás, es más de lo mismo. Con las Ae-Bong como el personaje que más me gusta de la serie. Como en las anteriores.

[TV] Cosas de series; series que prometen y que… bueeeeno… excelentes trabajos actorales

Televisión

Se me acumulan los temas y disminuyen los días que tengo para tratarlos. De hecho, esta semana estaré varios días en modo “solo fotos”. Así que entre hoy y mañana, y tal vez dejando programada una entrada para el miércoles, saque adelante un poco el trío habitual tv/cine/libros. Tres comentarios rápidos a tres series diversas que he visto en las últimas semanas.

The Sinner 2

La primera temporada fue una sorpresa relativamente agradable; sin ser nada del otro mundo, el buen trabajo actoral te enganchaba. En esta ocasión volvemos a contar con el mismo inspector de policía que la ocasión anterior, un recuperado Bill Pullman, que mira tú que ha hecho bodrios en el cine. Pues ahora se luce en televisión. En esta ocasión vuelve a su ciudad natal, donde un niño de 13 años ha matado a quienes aparentemente son su padres. Pero detrás hay un problema de sectas y de secretos de antaño entre la aparentemente “buena gente, buenos ciudadanos” de la pequeña ciudad. Ha destacar el siempre sólido trabajo de Carrie Coon, y varios otros buenos secundarios. Sigue siendo una serie que vale más por su trabajo interpretativo que por sus tramas, que tampoco están mal.

Aprovecho la entrada para mostrar algunas fotos realizadas con la compacta Leica Minilux y película Kodak Gold 200. Las he llevado como bloc de notas fotográfico durante buena parte del otoño. Aquí aprovecho para reflejar un paseo por el soto de Cantalobos hace unas semanas.

Wanderlust

En esta serie británica, Toni Collette y Steven Mackintosh son un matrimonio que se quiere, pero que ha perdido la chispa en el dormitorio y andan con un notable grado de insatisfacción sexual. Para remediarlo, deciden abrir su matrimonio a la relación con otras personas, lo que parece que va a ir bien… hasta que no va. Repercutiendo en las vidas de sus hijos y de otras personas. Irregular, también salvada por el buen trabajo actoral. Decir que el quinto episodio de los seis de los que consta la serie es un mano a mano entre Collette y Sophie Okonedo, que es la psicóloga de la primera, de primer nivel interpretativo, y que justifica ver el conjunto de la serie para llegar ahí. Buenísimo.

The Kominsky Method

Sinceramente, no me apetecía mucho ver una serie protagonizada por Michael Douglas, un actor al que nunca he tenido mucha simpatía. Pero me la recomendaron vivamente y, haciendo pareja con Alan Arkin, en su relación actor veterano/agente todavía más veterano, componen una comedia dramática de muy buen nivel. Ambos, y un excelente grupo de secundarios, ayudados de un excelente guion, nos conmueven, tanto en las risas como en las penas, en esta reflexión sobre la pérdida y el duelo, sobre hacerse viejo, sobre la amistad, y sobre las relaciones familiares. Muy recomendable.

Como veis, todas las series de esta semana, serán mejores o peores, pero tienen excelentes trabajos interpretativos. Es lo que puede que sean interesantes para los espectadores.

[TV] Cosas de series; cosas de ética en la TV española

Televisión

Hace no mucho tiempo, conseguí la proeza de ver entera una serie española de televisión. Cosas de viajes en el tiempo. Vuelvo a repetir los problemas de las series españolas que me tiran para atrás; excesiva duración de los episodios, exceso de costumbrismo, interpretaciones manifiestamente mejorables, especialmente entre los intérpretes más jóvenes, e historias que suelen ser copias/plagios de lo ya visto en otras producciones internacionales.

Recientemente, escuché con atención que a La casa de papel le habían dado un importante premio internacional. Disponible en Netflix desde hace un tiempo, con un éxito internacional importante gracias a este hecho, es la serie de habla no inglesa más vista de la plataforma, y con un anuncio de una “tercera” temporada producida por o para la plataforma de vídeo bajo demanda para el 2019, las primeras fueron de una televisión de las de anuncios de toda la vida, hicieron que me animara a verla.

Para ilustrar la entrada, unas cuantas imágenes de esta España nuestra, que sea cualesquiera que sea, nos hiela el corazón.

Resumo. Los episodios siguen durando demasiado. Por favor, entre 45 y 55 minutos es suficiente para contar cosas. Se han moderado con el costumbrismo, aunque sigue existiendo. Interpretaciones razonables, aunque no brillantes. Un historia que no es una copia/plagio, pero si un pastiche de una diversidad de producciones internacionales del género de atracos con rehenes. Y el conjunto es bastante entretenido. Más bien, muy entretenido. El episodio final de la “segunda” temporada está fenomenal. Con un ritmo notable. Hay tramas en el guion que no te las tragas ni con un embudo. Fuerzan demasiado la famosa “suspensión voluntaria de la incredulidad” que propuso Coleridge cuando afrontamos una obra de ficción. Pero en la medida en que no rompen la diversión, las dejas estar. Por cierto, si entrecomillo lo ordinales de las temporadas es porque a mí más me parece que el conjunto es una temporada que dividieron en dos por razones de programación, que dos temporadas diferenciadas.

De todas formas, lo que más me ha llamado la atención de esta serie tiene que ver con otras cosas. Ayer comentaba la posibilidad de que volvamos a viajar a Japón en 2019. Mirando como estamos posibles destinos y recorridos, en la labor de documentación, me encontraba con una cita de un empresario japonés, promotor del arte contemporáneo, no recuerdo el nombre, sé que es quien ha impulsado el museo de arte contemporáneo de la isla de Naoshima, que venía a decir que la idiosincrasia de un país, el cómo se presenta hacia el exterior, es una combinación de su nivel cultural y su ética. En España, de cultura andamos más bien flojitos. Pero es que de ética… Porque veamos lo que nos cuenta esta serie (hay destripes de la trama, aviso):

  1. Si tu padre o tu novio son unos ladrones, y en un atraco con un tiroteo, o sea llevaban armas de fuego, mueren por los disparos cruzados por la policía, ya tienes derecho a estar cabreado y está justificado que te dediques a robar y atracar.
  2. Si la conducta de los bancos durante la crisis financiera de la última década fue, en el mejor de los casos, “dudosa”, parece que eso te da derecho a entrar armado hasta los dientes en un garito para robar secuestrando y aterrorizando a los rehenes.
  3. En realidad no robas… Como te fabricas tú el dinero… contribuyes a la economía mundial con una “inyección” de capital… ¡¡¡???
  4. No pasa nada por retener a rehenes, e incluso engañarlos sobre sus expectativas, porque al fin y al cabo, tus motivaciones son “más nobles” que las de los bancos. Incluso si son mujeres embarazadas. O incluso un grupo de alumnos de un colegio, menores de edad. A los que aterrorizas haciendo creer que has matado a alguno de ellos. Claro que son de un colegio pijo, así que se lo tienen merecido. Si no por ellos, por sus padres; seguro que son banqueros. O embajadores de la Pérfida Albión. Qué más vas tú a querer.
  5. Eres la mejor policía de España. Pero como te enamoras del jefe de la banda, que te convence de la “bondad” de sus motivos, le dejas escapar. Claro, además, el resto de la gente que trabaja contigo son una banda de cretinos.
  6. Eres un psicópata que manda ejecutar a una rehén a pesar de las órdenes de tu jefe y amigo/hermano. Aprovechando el estado de terror en la que se encuentra, violas con “su consentimiento” a una rehén. De forma continuada. Pero al final, como cubres sacrificándote la retirada de tus compañeros bajo los acordes de una versión pretenciosa del “Bella Ciao”, te conviertes en un héroe, que hasta el jefe de la fuerzas especiales te mira con admiración.

¿Sigo? Porque hay más. Vamos a dejarlo, que si no me extiendo mucho.

Os aseguro que no simpatizo ni poco ni mucho ni nada con la actitud de los poderes públicos, económicos y fácticos durante la crisis financiera que comenzó en 2007. Pero, ¿de verdad? ¿Tenemos realmente claro los conceptos éticos en este país? Y en el mundo entero, por algunas noticias que me llegan. ¿Nos hemos vuelto gilipollas? Está de moda el populismo. De izquierdas, de derechas, de centro, de arriba, de abajo… En las urnas, en el supermercado, en las series de televisión,… donde sea. Todo menos aceptar que las soluciones a los problemas nunca son fáciles y cuestan trabajo.

[TV] Cosas de series; animación y comedia escatológica desde Extremo Oriente

Televisión

Pequeño inciso antes de seguir… por primera vez en muchos años he llegado al final de lo que no sé si puede considerar la primera temporada o, más bien, la primera parte de una primera temporada de una serie española, viajes en el tiempo aparte. Ante la noticia de que una serie española, La casa de papel, había conseguido el galardón a la mejor serie dramática en los Premios Emmy Internacional, que tradicionalmente habían ninguneado a los productos hispanos, me entró la curiosidad y me dispuse a ver de qué iba la cosa. Y el caso es que he llegado al episodio 9, que marca el final de la primera parte. Más adelante comentaré despacio,… de momento, entretenida.

Pero vamos a lo que vamos. Dos series de animación, una oriental y otra occidental, han caído estos días.

Hoy, en honor a la serie coreana que comento más abajo… pues nada, coreanos en un día de fiesta haciendo cosas coreanas en los palacios nacionales.

Castlevania es una palabra obviamente compuesta por otras dos; castle, castillo en inglés, y Transilvania, la región de los Cárpatos famosa por ser  donde se sitúa el origen del notorio conde Drácula. Así que a nadie sorprenderá si digo que esta serie de animación norteamericana producida para Netflix es la enésima vuelta de tuerca a la leyenda vampírica por excelencia, el príncipe de Valaquia Vlad Tepes “El empalador”. En esta ocasión, un Drácula muy quemado por la muerte de su humana esposa, dispuesto a acabar con la especie humana, pero sumido en una melancolía peculiar. La serie tuvo una breve temporada inicial de cuatro episodios, que sirvió como presentación. Pero la chica ha llegado en forma de segunda temporada con ocho, aunque cortitos. De poco más de 20 minutos cada uno. No soy especialmente aficionado al género, pero he de reconocer que tras algunos titubeos iniciales al final me ha parecido muy entretenida. Eso sí, me parece un poco tontorrón que el hijo mestizo, semihumano, del notorio conde se “esconda” bajo el nombre de Alucard… sí, sí, dadle la vuelta al nombre y veréis que “sorpresa”. También es curioso que una serie de carácter fantástico, engarzada en las supersticiones populares, base mucha de su argumentación temática en lo peligrosos que son la religión y la superstición frente a los beneficios de la ciencia, representada por la caritativa “doctora” que fue la esposa de Drácula. Pero bueno, igual es mucho pedir una coherencia total en las producciones televisivas… ¿o qué?

Piano no mori (El bosque del Piano) es una serie que he visto por curiosidad. Para comparar. Esta es una de esas historias que los nipones reciclan constantemente. Basada en una novela que se ha convertido en cómic, en película de animación, en serie de animación y, si no recuerdo mal, también en película de acción real, yo tuve la ocasión de ver hace unos años la versión de largometraje de animación del año 2007. Una película que, sin estar a la altura de otros productos de la animación japonesa, era bastante presentable y entretenida. Un niño, hijo de una prostituta, con un talento innato para la música, que es impulsado por un profesor que vio arruinada su carrera como pianista por un accidente, y que ha de competir contra otro niño de un entorno privilegiado, que lo ha tenido todo fácil en la vida.

La serie no está mal, pero creo que la historia no da para tanto. No obstante, los japoneses tienen una gran habilidad para estiiiiiiiiiiraaaaaaaaaaaaaar los argumentos hasta el infinito. Y en este caso es a base de ofrecernos música clásica, música de piano de gran nivel. Indudablemente, puede actuar como un producto de promoción de la música culta entre los jóvenes. Tendrá segunda parte, porque la historia de la serie va más allá de donde acaba el largometraje.

Y finalmentemente, me llamó la atención la llegada a Netflix de algo que han llamado para las emisiones internacionales The Sound of Your Heart Reboot. Una comedia de situación surcoreana basada en un webtoon, una tira cómica en internet, de cierto éxito en su país de origen. El caso es que vi el primer episodio, en realidad cada episodio cuenta dos historietas de unos 15 minutos, y me pareció bastante divertido. Así que la vi entera. Pero me llamó la atención lo del reboot. Y es que efectivamente, había una versión previa con el mismo título, pero sin el reboot. En coreano, Maeumui sori [마음의 소리]. En realidad, vistas las dos… en realidad el reboot es más bien una segunda parte, pero con otros actores, un tono ligeramente distinto, y una producción con más medios.

La tira cómica está basada, presuntamente, en el propio dibujante, su familia y su novia. Lo que pasa es que son tipos extremos que constantemente meten la pata, relativamente torpes socialmente. La más normal es la novia, que se caracteriza por ser delgada y muy guapa, pero que come como una lima y es una bruta de cuidado. A mí es el personaje que me parece más divertido. Con seguridad en el reboot; en la serie original sale menos y está menos definida. La primera serie es mucho más escatológica, con mucho chascarrillo a base de “culo, pedo, caca, pis”. A mí me ha gustado más la segunda. Que tiene segunda temporada, deberíamos decir la tercera en el total, a partir de principios de diciembre. La veré. Es un producto distinto de las típicas comedias/dramas coreanos, echas unas risas, y dura poco cada episodio.