[TV] Cosas de series: resucitados australianos y ligones japoneses

Televisión

Apanas a un día de que nos enfrentemos a la nueva entrega de nuestra space opera, con el fin de entonarme estos dedicado televisivamente a la saga competidora. Hay unos días se publicó una entrada en un blog con los que ellos consideraban los mejores 17 episodios autoconclusivos de toda la historia de la franquicia televisiva, todas las series y demás incluidas. No he sido nunca excesivamente aficionado al universo trekkie, en el que no me cabe duda que hay algún logro notable, pero también raciones considerable de caspa y algún que otro pestiño de nivel. Le tengo cariño a la serie original, algunos de cuyos capitulos vi de niño, en riguroso blanco y negro, imposible saber que los fallecidos iban vestidos de rojo. Pero cuando llegaron los largometrajes sobre la saga, especialmente los de las décadas de los ochenta y los 90, supusieron una profunda decepción. Tenían guiones propios de telefimes para la hora de la siesta, y era cutres con ganas. Con estos antecedentes, no tuve nunca níngún interés en seguir fiel a la franquicia, y aun ahora sigo sin poder orientarme entre las diversas series spin off que poblaron la televisión entre finales de los 80 y principios de la primera década del siglo XXI. Puesto que todo el material star trek está disponible en Netflix, existía la posibilidad de ir afrontarlo poco a poco,… pero no me veo con ganas. Así que usaré estas recomendaciones de los mejores episodios para ver lo que pueda ser más destacado. Ya os contaré cuando vea los 17… llevo siete, me faltan 10.

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Como en otras ocasiones en las entradas televisivas, un repaso a lo que aparece en estos momentos en mis blogs viajeros (enlaces abajo); en el encabezado el Nachstmarkt de Viena, y sobre estas líneas el resturante Ledoyen en los Campos Elíseos de París.

Mientras me he visto una novedad en Netflix de serie japonesa. Como estas series, salvo las dedicadas a los adolescentes y alguna tontorrona suelen tener planteamientos muy originales, me apunté enseguida. Parece que el nombre original de la serie sería Itô Kun A to E [伊藤くん A to E], mezclando el japonés y el inglés. Aunque con frecuencia se puede ver con el título The many faces of Itô, que es como la promueva Netflix. En esencia, la cosa va de una guionista, todavía joven, que después de haber conseguido un gran éxito años atrás está buscando otro, para lo cual llama a mujeres que le hablen de sus relaciones con hombres. Se sorprende comprobar que cuatro de ellas hacen referencia a un tal Itô… que podría muy fácilmente ser el mismo hombre. Cuatro mujeres con caráctes muy diversos, para un solo Itô, muy camaleónico. Conoceremos pues en ocho capítulos las historias de estas mujeres, A B C y D,… y de una quinta, E, que aparecerá donde menos te lo esperas.  No voy a decir que sea la octava maravilla de la televisión, pero ocho episodios de menos de media hora se ven enseguida. Tiene su punto original, alguna interpretación notable, y una ramillete de actrices jóvenes japonesas muy monas. Qué más vas a pedir…

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La playa con hielos de Jökulsárlón en Islandia.

Y también nos ha llegado la segunda temporada de la australiana Glitch. Esta serie se apuntaba también en su momento a la moda de pequeñas poblaciones en las que misteriosamente resucitan un grupo más o menos amplio de gente. Su primera temporada estuvo entretenida, más orientada a los problemas de adaptación y a los conflictos que surgía entre y con los pocos “vivos” que eran conocedores del problema. En la segunda temporada, la serie ha seguido dos elementos argumentales, uno negativo desde mi punto de vista, y el positivo. El negativo es intentar dar una explicación más o menos estrambótica en el campo de la ciencia ficción que ha distraido de los mejores valores de la serie , aumentando el nivel de complicación del argumento de la serie, sin aportar gran cosa a cambio. El positivo es el surgimiento de unos antagonistas, a veces donde menos te lo esperas, y afectados por cambios interrelacionados con la situación, que junto con la constricción del perímetro en el que se pueden mover los resucitados lleva a una situación de tensión que ha de resolverse de alguna manera al final de la temporada. Y lo hace, más o menos bien. No ha estado al mismo nivel que la primera temporada esta producción australiana, pero no ha estado mal, y ha tenido momentos buenos. Por otra parte, sólo son seis episodios que se ven pronto…

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Las terrazas de la Basílica Palladiana en Vicenza, Italia.

[TV] Cosas de series; un “sindiós” en el oeste y la sensiblería de las series adolescentes niponas

Televisión

He tenido que entrecomillar la palabra “sindiós”, porque parece que todavía no está admitida en los diccionarios de las más respetables instituciones académicas que dan brillo al idioma castellano. O español. Como lo queráis llamar. Otras más espontáneas y democráticas sí que la definen. Pero esa sería la traducción literal de la más interesante de las series que traigo esta semana,… aunque los matices de los significados llevarían por otros derroteros…

Bueno… Como periódicamente sucede, en este final de noviembre y principio de diciembre he sufrido una crisis seriéfila, lo cual quiere decir que he eliminado de cartelera algunas presencias importantes. Aunque son buenas series, mi tiempo es limitado, y considero que lo que Lucifer, You’re the Worst o la versión norteamericana de Shameless me tenían que decir ya lo han hecho. Ahora ya es estirar la cosa sin más… me dedicaré a otras experiencias. Cada vez me canso más de las temporadas largas y de las series con muchas temporadas… Con alguna extraña excepción que demuestra que alguna pequeña vena sadomasoquista tengo en mi organismo.

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Lo más próximo al árido paisaje de Nuevo Méjico que tengo es el árido paisaje de los Monegros, bien cerca de casa… Y al igual que en el “western” de hoy, se alterna la estepa árida con algunos bosques de coníferas.

Con episodios cortitos y rápidos de ver, en huequecillos del tipo “veo un poco la tele en el iPad mientras cojo el sueño”, desde hace ya unas semanas he ido viendo ocasionalmente un serie de animación japonesa que encontré recomendada hace un tiempo. Se trata de Shigatsu wa Kimi no Uso [四月は君の嘘], conocida internacionalmente como Your Lie in April. Tu mentira en abril. La verdad es que estuve en un tris de abandonarla pronto. A pesar de la recomendación, que se rodeaba de otras contrastadas, de película o series de animación que me constaba que son buenas, me resultaba de un empalagoso, sensiblero, moñas, o como lo queráis llamar… que no sé. En cualquier momento temía la llegada a mi casa de la Brigada Especial Anticursis del CPN, liándose a porrazos conmigo… Pero aguanté un poquito y descubrí que la serie trataba un tema realmente serio. El del duelo en niños y adolescentes, cuando pierden a alguien muy querido o necesario. Como una madre. Aunque también otros… Sinceramente, los 22 episodios de que consta podrían resumirse a unos poquitos. Incluso podrían encajar en un largometraje. Hay situaciones que se alaaaaaaaaaargan durante dos o tres episodios de forma exasperante. Se compensa por la excelente banda sonora de música clásica. Los protagonistas son adolescentes que estudian piano o violín. Y porque efectivamente no carece de algunos valores curiosos. Y porque visualmente es muy atractiva. No me atrevo a recomendarla con carácter general… pero bueno. Para los curiosos que quieran aumentar su cultura audiovisual.

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Y luego he terminado con la última serie del far west que nos ha presentado Netflix, Godless, la “sindiós” a la que me refería en el encabezado de esta entrada. Un joven forajido, Roy Goode (Jack O’Connell) les hace la pirula a sus compañeros de banda de los que se ha hartado por su crueldad, de la que quiere escapar, intentando minimizar los efectos de una masacre que cometen y llevándose un montón de dinero. Se refugia en el rancho de Alice Fletcher (Michelle Dockery), una “viuda” con un hijo mestizo, medio indio, y que vive también con su “suegra”, cerca de LaBelle. Esta es una población donde sólo viven mujeres, algunos niños y unos pocos hombres, muchos de ellos ancianos. Es una población minera en el territorio de Nuevo Méjico, pero dos años antes una explosión acabó con la vida de 200 hombres de la población. El caso es que el jefe de la banda, Frank Griffin (Jeff Daniels), que perdió un brazo en el tiroteo con Goode, al que consideraba un “hijo”, ha prometido masacrar a todo aquel que lo cobije. Y a partir de esta premisa, la serie, de forma muy muy muy muy morosa, tarda siete episodios de aproximadamente una hora, veinte minutos más el último, para contar lo que se podría haber contado en un largometraje. Se toma su tiempo en ir desarrollando las relaciones y las situaciones. He mencionado a tres de los más destacados personajes y sus intérpretes, pero el reparto es muy coral. Y es lo mejor de la serie, junto con su cuidada ambientación, ya que las interpretaciones son de muy alto nivel. ¿Verla o no verla? Si eres de los que no te gustan las películas “lentas”… mejor abstente. Pero no está mal. La Dockery demuestra que se puede sacar el palo de salva sea la parte y hacer algo más que ser una pija inglesa. Y lo hace realmente bien.

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Como curiosidad, la serie es ficticia, pero coge elementos de hechos reales históricos. En concreto, el personaje de Griffin cuentan que fue uno de los niños que se salvó de la masacre de Mountain Meadows, en la que una milicia de mormones en el entonces territorio de Utah, hoy estado, asesinó a casi 120 hombres y mujeres que emigraban a California, simplemente por estar ahí. Que buena gente estos cristianos piadosos y estrictos. Curiosamente, a pesar de la teórica separación entre el estado y la iglesia en los EE.UU., el estado de Utah se encuentra controlado por la iglesia mormona, una de las que peor aspecto tienen en el “sindiós” del cristianismo, con sus poligamias y esas cosas.

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[TV] Cosas de series; crímenes feministas de época y zombis nipones adolescentes

Televisión

Esta semana traigo dos series muy distintas. En un momento en que tengo la curiosidad de ver qué tal se desenvuelve Michelle Dockery sin el acento posh de los aristócratas ingleses, vamos a conocer la capacidad de la canadiense Sarah Gadon para actuar con acento irlandés y lo burros que se pueden poner los nipones en asuntos de zombis y tetas. Empezaremos con lo menos serio.

Gakuen Mokushiroku [学園黙示録]: Highschool of the Dead

Según me dice el traductor de Google, el título nipón de esta serie significa “apocalipsis académico”. Cuando yo tenía 15 años, edad de los protagonistas de esta serie de animación de hace unos cuantos años que se puede ver en Netflix, eso es lo que sucedía cuando don Antonio Tena, el profesor de física y química, nos comunicaba los resultados de los exámenes. Apenas unos pocos sobrevivíamos a la escabechina que convertía los boletines de notas de la clase de 2º A de BUP en un erial. Pero no. Aquí la cosa no va sobre el rendimiento académico de valientes pero tímidos chicos y arrojadas chicas de tetas ab-so-lu-ta-men-te descomunales… y no entraré ya en valorar las de la enfermera-sensei. Porque esta entretenidísima serie de horror en la que un grupo de adolescentes, compañeros de instituto, intentan sobrevivir en Tokio a un apocalipsis zombie de proporciones colosales.

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Para ilustrar la entrada de hoy, nos iremos de travesía por el archipiélago de las Mil Islas, aguas abajo de Kingston en el río San Lorenzo. Según la historia de ficción, tres veces hubo de cruzar Grace Marks las aguas del San Lorenzo antes de encontrar la paz.

La serie abunda en escenas de carnicería sangrienta, en las que son decapitados abundantes muertos andarines, y devorados algunos vivos a la carrera. Pero también en el más obvio y sexista fan service a costa de las imposibles anatomías dibujadas en los personajes femeninos de la serie. Para que os hagáis una idea… Horror de cualquier feminista, hombre o mujer, con un mínimo de sensibilidad, no creo que les baste la proactiva personalidad de estas chicas para compensar las exhibición de atributos inimaginables, especialmente los pectorales. En su conjunto, la serie es una curiosidad que mezcla la aventura y la hilaridad por determinadas escenas.

Los 12 episodios de la serie dan la impresión de ser apenas un aperitivo de planteamiento de la historia que, sin embargo, no siguió adelante. Quizá los tiempos no están con esta exhibición de sexualidad para la complacencia de los varones más babeantes. Como curiosidad. Aunque las escenas de acción y la trama en su conjunto no tiene nada que envidiar a las mejores historias de muertos vivientes.

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Alias Grace

Segunda serie que podemos ver este año basada en una novela de la canadiense Margaret Atwood. Y, curiosamente, tambien está protagonizada por una criada. Pero si en la que veíamos hace unos meses, la historia se basaba en una realidad alternativa, y terrorífica, a nuestro mundo contemporáneo, en la que hoy nos ocupa se basa en determinados hechos históricos.

Grace Marks (Sarah Gadon) fue una adolescente irlandesa, protestante, que cruzó el Atlántico en el siglo XIX con su familia huyendo de las hambrunas debidas al gorgojo de la patata, cuya madre murió en la travesía, y que tras sufrir los abusos violentos del padre, entró al servicio de familias pudientes de la sociedad canadiense. En una de ellas se produjo el asesinato del dueño de la casa y de su ama de llaves, muertes por las que fueron condenados a muerte uno de los criados de la asa y Grace, aunque la sentencia de esta fue conmutada por una sentencia a prisión de por vida, que incluó su paso por algún manicomio. Tenía quince años cuando la condenaron.

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La novela de origen y la serie usan los hechos conocidos sobre Grace Marks, que permaneció treinta años en prisión hasta que obtuvo el perdón por su conducta ejemplar y se trasladó a Estados Unidos donde desapareció de la historia. Pero ficcionalizan sobre cómo fue su vida en Canadá y como fueron los hechos. También ficcionalizan las conversaciones que mantiene con un médico alienista, Jordan (Edward Holcroft), y que son las que sirven para narrar en flashbacks y en primera persona los sucesos.

La serie tiene un claro carácter ideológico y político, poniendo en solfa la conservadora sociedad de la época, así como la indefensión que las mujeres, especialmente las adolescentes de origen humilde ante los abusos por parte de sus familiares y empleadores. Sin que nunca sepamos con exactitud de lo sucedido, la historia y la execelente interpretación de Gadon elevan al personaje de Grace Marks, dotándole de enormes dosis de dignidad que la elevan por encima de todos los demás personajes de la historial. Excelente trabajo como digo de la protagonista y del conjunto del reparto, es muy recomendable. Y son sólo seis episodios.

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[TV] Cosas de series; fantasmas y otras cosas extrañas

Televisión

Hoy vamos con la serie de moda. Desde mi punto de vista, un poco inexplicablemente. Por lo menos en lo que se refiere a su segunda temporada. Como contrapunto, una comedia romántica surcoreana, con algún apunte dramático. Empezaremos por esta.

O naui gwisinnim [오 나의 귀신님] (Oh My Ghost/Oh My Ghostess)

Me apunté a ver esta serie surcoreana porque la protagonista femenina, Park Bo-young (sigo la convención asiática de poner delante del nombre propio el apellido), coincide con la divertida comedia que comenté hace unos días de una chica muy menudita pero muy fuerte. Suponiendo un producto similar, intrascendente pero entretenido, me apunté a verla.

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En la serie coreana de hoy, transcurriendo buena parte de la acción en restaurantes, los protagonistas van de compras con frecuencia. Y hay varias secuencias que tengo la impresión que pueden estar rodadas en el mercado del pescado de Noryangjin, en Seúl, o alguno parecido. Tuve ocasión de visitar este mercado hace mes y medio… y aquí lo podéis ver. Con pececitos y otros bichos marinos, vivitos y coleando.

En esta ocasión, la protagonista es una joven pinche de cocina, muy tímida, que sueña con convertirse en “chef”, y que secretamente está enamorada de su jefe. Carga además con el lastre de haber heredado sus capacidades de medium de su abuela, y es capaz de percibir y ver los fantasmas y otros espíritus errantes. Y por otro lado está el fantasma de una chica que no recuerda cómo murió, pero que cree que no ha podido ir al más allá por haber muerto virgen, y por lo tanto tiene asuntos pendientes. Y claro está, el jefe, que es el objeto romántico… o carnal, de las dos. Puesto que la fantasma poseerá a la pinche para “resolver” su problema de virginidad. Lo que pasa es que surgirá una subtrama de misterio a propósito de cómo murió la chica fantasma… y las cosas será de otra forma.

No está al mismo nivel. Ni de carisma de los personajes, ni de interés de la trama, que se alarga innecesariamente, ni de intensidad dramática cuando esto toca. Por lo demás, están los típicos elementos de los “dramas” coreanos. Los triángulos amorosos, que en esta ocasión tienen una cuarta dimensión espiritista, los personajes cómicos, el malo malísimo malo, y la extraña capacidad de los chicos coreanos en Seúl, que es un pedazo de ciudad de 10 millones de habitantes, para salir corriendo por las calles a buscar a la chica y encontrarla enseguida… Es el aspecto más sobrenatural de esta o cualquier otra serie coreana.

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En fin, intrascendente, entretenida, aunque le sobran episodios y duración a los mismos.

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Pero también le sobra duración a esta segunda temporada de la serie de inspiración ochentera. Personalmente, no encuentro tantos motivo para el entusiasmo por esta producción, que es razonable, pero nada más. Y que desde luego, en su segunda temporada, carece de la gracia y la espontaneidad de la primera temporada. Además los niños se nos van haciendo mayores, entrando ya en la preadolescencia, y pierden también no poca de su frescura. Empezando por la chica favorita de todos, Eleven (Millie Bobby Brown), que está empezando a mostrarse un poquito demasiado intensa a la hora de actuar, frente a su soltura inicial.

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En lo que se refiere a la trama, poco hay que decir. No es más que estirar los elementos de la anterior, en relación a las amenazas que el “mundo del revés”, o como sea que queráis llamar al reverso oscuro de la realidad, hacia la pequeña comunidad rural en la que transcurre la acción. Desde mi punto de vista, a la acción le ha faltado ritmo. No adecúan bien la sucesión de momentos intensos y los más calmados. Y le sobran claramente personajes, lo cual se hace más evidente en su episodio final, donde no saben muy bien donde colocar a todos para que parezca que tienen algo que ver con lo que allí pasa.

En fin… que a mí, esta serie, ya no me entusiasma.

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[TV] Cosas de series; asesinatos… o no

Televisión

Estamos internándonos en plena otoño, pero ya con ambiente invernal. Se acerca el mes de diciembre y eso se nota en los ritmos de algunas series. Especialmente aquellas que emiten sus episodios semana a semana y no las ponen a disposición del público todos de golpe. Por ejemplo, Star Trek Discovery, tras nueve episodios, se toma un descanso antes de volver con los seis que quedan de su primera temporada en enero. Y lo ha hecho con buen tono, después de algún episodio flojo. Sigue siendo una space opera que promete, aunque tenga margen de mejora. También está en modo pause The Good Place, pero esta serie no ha encontrado su sentido en su segunda temporada. Probablemente porque su planteamiento no da más que para unos pocos capítulos.

Pero esta semana he acumulado varios cierres de temporada. Iremos de dos en dos, para dedicarles atención a todos. Vamos con los dos de esta semana. Y una pequeña propina.

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Con tanta presencia de producciones relacionadas con Japón, una de ellas de animación basada en unas historietas, parece apropiado que nos demos un paseo por Akihabara en Tokio.

Ansatsu Kyōshitsu [暗殺教室] (Assassination Classroom)

Como ya he comentado en alguna ocasión, las plataformas de vídeo bajo demanda nos han permitido el acceso a producciones televisivas de países diversos. Y si algo caracteriza a la televisión nipona son sus dibujos animados. Anime que dicen los modernos, en una irracional adopción de un extranjerismo, que en Japón es también un extranjerismo ya que procede del francés dessin animé. Lo dicho, dibujos animados.

La mayor parte de estas series de animación son relativamente anodinas, pensadas para adolescentes, y sin interés más allá. Pero de vez en cuando las hay que tienen planteamientos de base sumamente originales, que las pueden hacer apasionantes. Este es el caso que nos ocupa hoy.

Un alienígena que recuerda por su forma a un pulpo amarillo, eternamente sonriente, ha destruido el 75% de la luna, que permanentemente se muestra en cuarto creciente. Y ha anunciado que en el plazo de un año hará lo mismo con la Tierra. Pero mientras, durante ese año, será el profesor de la clase 3-E de un exclusivo colegio privado. El 3-E supone alumnos de 15 años, por que estemos al tanto de la calle. Sería como el tercer y último curso de la secundaria obligatoria, antes de entrar en el bachillerato. En España hay un curso más de enseñanza secundaria obligatoria. Pero parece ser que en Japón se practica cierto grado de estratificación de los alumnos por sus resultados; es algo que he percibido en varias series. El grupo E correspondería a los alumnos con peores calificaciones. Y en este exclusivo colegio, están en un campus apartado, con instalaciones peores, y son despreciados. De hecho, al resto de los alumnos se les estimula a obtener buenos resultados bajo la amenaza de mandarlos a este grupo.

El gobierno plantea que sean los propios alumnos de la clase 3-E los que sean entrenados por sus profesores de educación física, un militar, y de idiomas, una neumática asesina a sueldo rusa, para asesinar al profesor alienígena. Lo cual es muy complejo por sus extraordinarios reflejos y velocidad.

A partir de aquí, encontramos una serie que mezcla la aventura, con una apología de la camaradería y el trabajo en grupo, y una crítica a determinados métodos educativos.

La series es muy divertida y entretenida. Y para estar orientada a adolescentes, tiene un nivel muy bajo de fan service. Que es como se denomina la hipersexualización de las adolescentes, dotándolas de pechos incomensurables, y faldas cortísimas que muestran más que enseñan. Aquí eso queda reservado a bitch sensei, la profesora de idiomas.

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Top of the Lake – temporada 2

Ha tardado cuatro años en volver a nuestras pantallas esta serie creada y dirigida por Jane Campion, y protagonizada por una de las actrices de moda, más valoradas, de la televisión mundial, Elisabeth Moss.

Esta serie, detrás de su formato de ficción policial, presenta una actitud rabiosamente feminista, planteando una diversidad de situaciones que sufren las mujeres cotidianamente. Si en su primera temporada planteaba la cuestión de los abusos sexuales, tanto en adultas como en adolescentes, en esta segunda temporada se habla de la maternidad, con algunas de sus versiones más complejas y difíciles de analizar éticamente. Como puede ser las consecuencias de una maternidad adolescente, o como puede ser la figura de la maternidad surrogada. En este último caso, de cara a los derechos, la seguridad y el respeto hacia la madre surrogada, generalmente de un entorno sociocultural inferior al de los futuros padres, más capaces de pelear por sus derechos,… aunque no los tengan. Hay también consideraciones a la cuestión de la prostitución, el proxenetismo y la trata de mujeres. No es banal, hay una intencionalidad con seguridad, detrás del hecho de que las víctimas sean mujeres jóvenes asiáticas.

Y de paso, el drama personal de la protagonista, ya que Moss sigue encarnando a esa policía capaz, pero que sigue viendo esa capacidad mermada por los lastres emocionales de una vida compleja que arrastra.

La serie abandona los paisajes neozelandeses para trasladarse a Australia, y aunque quizá no tenga la intensidad y la novedad de la primera temporada, muy muy buena, se mueve también a buen nivel, con momentos muy notables.

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Propina: Tokyo Project

Ya que estamos con una de las actrices de moda, Elisabeth Moss, comentaré aunque sea brevemente este mediometraje televisivo que coprotagoniza con Ebon Moss-Bachrach, y que ha salido de la cabecita de Lena Dunham, que aparece en los créditos como productora ejecutiva. Pero en el medio televisivo, estos suele indicar un papel importante en la gestación y escritura del proyecto.

Un ejecutivo norteamericano está en Tokio de viaje de negocios, y empieza a tener encuentros con una fotógrafa de su país que está recorriendo el país. Tras una cierta resistencia por parte de esta, al final accederá a salir juntos. Y quizá a tener una aventura nipona.

A mí me ha dejado un poco frío. Es bastante previsible, y más allá de la curiosidad de pasear por la capital japonesa, sientes que no te llega la presumible tragedia que esconde esta historia, y que entrevemos en unos flashes en un momento dado. Pero bueno, es agradable pasear por Tokio, y está hecha bonita.

Para los aficionados a la fotografía,… más allá de ver a Moss encarnando a una “fotógrafa” que usar su Fuji X100 con escasa profesionalidad, interesante el papel que hacen las fotografías de la autora holandesa Hellen van Meene, de sus niñas, adolescentes y jóvenes, que de alguna forman se relacionan con esa tragedia de fondo que envuelve a esta historia.

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[TV] Cosas de series; lo más interesante, la comedia romántica coreana, de verdad

Televisión

Llevo unas semanas un poco soso con la cosa televisiva. Por ejemplo. Con la llegada de la segunda temporada de Stranger Things hace ya unos días, estaba convencido de que a estas alturas ya me habría merendado la serie. Y no. Tres episodios llevo, y sin mucha convicción. Hasta ahora lo único que me ha llamado la atención es que, con lo conservadores que son los yanquis, y siendo una serie para la familia, han hecho “nacer” a Eleven por una grieta en una pared que parece propiamente una abertura vaginal y envuelta en todo tipo de sustancias viscosas. Un auténtico “parto”. ¿Nadie más se ha fijado?

Por otro lado, si hace unos días hablaba con cierto grado de entusiasmo de las nuevas series tipo Star Trek, en las últimas semanas han pegado un bajón notable. Di que la más novata, la que no es exactamente Star Trek, ya se ha ganado la renovación para el año que viene.

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Con una serie coreana en la tele de hoy, nos vamos a Seul, como no podía ser de otro modo.

Hablando de space operas, he terminado de ver la segunda de Killjoys. Ya dije que finalmente su primera temporada me gustó bastante después de todo. Pues esta segunda me ha dejado un poco meh. Ha complicado la trama, la ha hecho más serializada, menos procedimental, y han perdido parte del tono humorístico que tenían de vez en cuando. Vamos, que se han tomado demasiado en serio a sí mismos. Y no le ha sentado bien. No me voy a molestar por conseguir la tercera temporada. Cuando llegue a Netflix, ya veremos si la veremos.

A Netflix llegó también la tercera de Fuller House, que también me está cansando soberanamente. Al principio tenía la gracia del recuerdo de su serie original en los noventa,… pero no sé si seguiré con esta tontada. Claro,… siempre he pensado que en si en la original no hubiese salido Rebecca (Lori Loughlin), tampoco la hubiera aguantado mucho. Que maja esta mujer, oye.

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Así que lo que realmente me ha divertido últimamente es una serie coreana en Netflix, Himssenyeoja Do Bong-soon [힘쎈여자 도봉순] (Strong Woman Do Bong-soon, internacionalmente). Es una comedia romántica en 16 episodios, que aunque con lo tonos de cutrerío y de publicidad que caracterizan estas series, tiene unos guiones muy graciosos. Y es realmente muy absurda. Tiene un montón de tramas cómicas que implican madres casamenteras que consultan monjes budistas, “peligrosos” mafiosos que acaban habitualmente descalabrados en el hospital, y otros personajes imposibles. Tiene un trío romántico, en el que la hipotenusa en una chica pequeñita, muy mona, con un peinado horrible y un vestuario todavía peor (esto es una apreciación personal), pero sobrehumanamente fuerte, y los catetos un policía muy sieso y un ricachón muy simpático. Adivinad con quien se queda la hipotenusa. Tanta gracia me ha hecho que me he puesto a ver otra serie protagonizada por la misma chica, Bo-young Park, que la verdad es que es lo mejor que he visto en estas series coreanas.

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[TV] Cosas de series: una ronda de animación

Televisión

Dos series de animación que he visto en las últimas semanas,… mes y medio. Las dos en Netflix. Con temas muy diferentes. Va a ser una entrada breve, que ando con poco tiempo.

Neo Yokio

Cortita primera temporada de seis capítulos para esta producción norteamericana, pero con cierto sabor a anime japonés. Sátira de los jóvenes de la alta sociedad neoyorkina, en esta Nueva York alternativa, con un nombre híbrido con la ciudad de Tokio. Pero vamos… es Nueva York. Aunque esté en buena parte inundado. La cosa va de un joven de la alta sociedad que se dedica a cazar demonios, y que al mismo tiempo encabeza en competición con otro joven, la clasificación de solteros más deseables, mientras lamenta el final de una relación. Tras una serie de aventuras con más o menos acción, lo que hay es una crítica relativamente mordaz de la vacuidad y la banalidad de la alta sociedad neoyorkina y sus convenciones. No está mal. Pero podría estar mejor. Lo cierto es que el público votante en IMDb la puntúa bastante baja,… no creo que sea para tanto.

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Hoy nos vamos, claro, a Nueva York…

Noragami

Serie japonesa de tono fantástico. Yato, un dios aparentemente poco conocido o importante, un kamigami de panteón sintoísta, que tiene como ocho millones de kami, quiere salir del anonimato en el que vive. Y para ello se alía con una humana que tras un accidente se queda en el borde entre la vida humana y el más allá. Con frecuencia su espíritu abandona su cuerpo. Y también con su ayudante, que se convierte en su arma. Juntos derrotan y eliminan fantasmas y otros espíritus malignos, pero también se meten en una buena colección de líos, mientras van pasando por ahí otros kami y espíritus, a veces aliados, otras adversarios. Al final conoceremos que Yato es algo más que un kami de poca importancia…

Qué quieres que te diga. Yo me lo he pasado bien. Pero te tienen que gustar estas cosas… Los personajes son simpáticos, y aun sabe a poco, aunque hay cierta irregularidad en la calidad de los guiones. Pero a la gente que vota en IMDb les gusta bastante. Le saca más de dos puntos de ventaja a la anterior. Sobre 10.

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… y Japón. Kioto en esta imagen, Nikko en el encabezado.

[TV] Cosas de series; mujeres en el infierno

Televisión

Ya hace unas semanas que terminé de ver las dos temporadas de las series que traigo hoy aquí. Dos series muy distintas. Con protagonistas femeninos, aunque en la segunda que traigo hoy, también los hay masculinos.

Orange is the new black – Temporada 5

Reconozco que en los últimos años esta es una de las series que más me ha gustado y convencido de la televisión. El drama carcelario con tonos de comedia, o viceversa, la comedia carcelaria con tonos dramáticos, e incluso trágicos, ha mostrado ser una de las series que más humanidad ha mostrado. Especialmente cuando dejó de centrarse en su presunta, y repelente, protagonista y se abrió al conjunto de la comunidad de presas, donde hay varias joyas, tanto como desarrollo de personajes como por las interpretaciones de las actrices que las encarnan.

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Como en otras ocasiones, aprovecho la entrada televisiva para repasar las últimas novedades en mi fotoblog viajero (enlaces al final). Últimamente, hemos visitado la estación de St Pancrass en Londres (en el encabezado) y el bello valle de Baztan en Azpilkueta.

Pero también es cierto que daba la impresión en la cuarta temporada de que el microcosmos de esta particular prisión ficticia en el estado de Nueva York estaba empezando a agotarse. Algo de lo que se dieron cuenta también los responsables y guionistas de la serie, porque terminaron dicha temporada con un tono dramático importante, al mismo tiempo que dejaban un cliffhanger, el comienzo del motín en la prisión, que ha servido de ancla para el desarrollo de toda esta quinta temporada. Que ha sido eso, la crónica, a ratos cómica, a ratos dramática, a ratos rozando la tragedia, como de costumbre, de ese motín.

El intento ha sido notable. Pero sigo con la sensación de que el tema está un poco agotado. La denuncia sobre la privatización del sistema de prisiones está establecida. La humanización de las presas, también. Quien quiera haberse convencido, ya lo estará. Y los recalcitrantes, seguirán con sus rancias formas de pensar. Pero me ha costado llegar hasta el final. Pospongo la decisión sobre si seguiré viendo la sexta temporada, está anunciada ya hasta la séptima,… pero igual hay que ir dando paso a nuevas cosas.

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El Duomo de Ferrara en Italia.

The Good Place – temporada 1

Cuando hace ya hace un año se anunció esta serie no me llamó la atención. Ni poco, ni mucho, ni nada. Me pareció el enésimo intento de Kristen Bell de intentar reverdecer los laureles que conquistó con Veronica Mars. Así como el intento de Ted Danson de hacer lo propio, tras una carrera después de Cheers relativamente anodina. La premisa de partida tampoco me hacía mucho tilín. Un individua muere, y después de haber sido una tía egoísta y no demasiado buena gente, llega a lo que se denomina el “buen lugar” tras la muerte, dando por descontado que hay un “mal lugar” al que ir. A partir de aquí una comedia de enredos, en la que lo que más rabia me da es que el giro de los últimos episodios de esta temporada lo tenía que haber imaginado,… y estuve un poco lento.

En fin. Que resulta en una comedia de situación con unas ligeras pizcas de mala leche, atacando el maniqueísmo imperante en los valores de buena parte de las sociedades humanas, que se ve con facilidad, te saca con frecuencia alguna que otra sonrisa, y te pone en general de buen humor. Gracias sobretodo a los guiones, y un trabajo interpretativo que es más coral de lo que pensaba. Se deja ver. Ahora estoy con la segunda temporada, que va apareciendo en Netflix semana a semana, en lugar de todos los capítulos a la vez como sucede con sus series propias en exclusiva. Esta va en acuerdo con otra cadena.

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La catedral de Uppsala en Suecia.

De viaje con Carlos

Una foto al azar

[TV] Cosas de series; “space operas” a gogó

Televisión

Mientras esperamos con impaciencia la llegada a la pantalla grande de la octava entrega de nuestro universo galáctico preferido, con el sabor a poca cosa que nos han dejado recientemente otras space opera cinematográficas merecedoras de mejor suerte, tenemos que contentarnos con la visión que las series de televisión nos ofrecen de las aventuras en el espacio. Es cierto que en estos momentos hay una cierta abundancia de este tipo de productos. Unos con más éxito, otros con menos.

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Es una práctica común en las series de ciencia ficción y en las “space operas” inspirarse en culturas que resultan exóticas en la cultura occidental para representar a civilizaciones extrañas, más o menos alienígenas. También es una constante la realización de episodios donde estas civilizaciones forman sociedades teocráticas. Así que ilustraremos esta entrada con imágenes del templo budista de Bulguksa, cerca de Gyeongju en Corea del Sur, que resultará lo suficientemente exótico y teocrático para mis lectores occidentales.

En primer lugar comentaré que he visto la primera temporada, y llevo en bueno la segunda de una serie que cuando la estrenaron, después de haber visto el episodio piloto, descarté. Se trata de Killjoys, las aventuras de un trío de una especie de cazarrecompensas legales y organizados en el entorno de un sistema planetario con sus particularidades. En ciertos aspectos me recuerda a Firefly, aunque con menos far west, menos humor y menos carisma en sus personajes. Pero con una razonable calidad en las aventuras que se montan, con un buen nivel de acción y una producción razonable. Y los personajes no tienen tanto carisma pero tienen su punto. Lo cierto es que la serie, durante la primera temporada se viene a más. Había leído durante estos meses atrás varias críticas favorables a la misma, está disponible en Netflix, así que le di otra oportunidad. Y la seguiré viendo. Muy entretenida.

Pero lo que se ha puesto de moda es el universo Star Trek. Por dos nuevas series que se han presentado esta temporada de otoño. Salvo los buenos recuerdos de infancia referidos a la serie original, nunca he sido muy aficionado a esta franquicia. Durante muchos años ha tenido un punto cutre que se justificaba en los años 60 del siglo XX, pero no con posterioridad. Los largometrajes que siguieron a la serie original y se emitieron en paralelos a otras series derivadas de la original tampoco mejoraron la cosa. Aunque recientemente se han realizado tres largometrajes con un nivel mucho mayor de presupuesto y de cuidado en su producción… aunque sus historias me han dejado bastante frío. Pero vamos a ver qué está sucediendo aquí y ahora.

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La primera serie está inmersa plenamente dentro de la franquicia oficial, y se emite en Netflix aunque en la modalidad de un episodio a la semana y no con la habitual disponibilidad de todos ellos al mismo tiempo que es marca de la casa. Se trata de Star Trek: Discovery. Esta nueva serie se sitúa en el tiempo interno del universo trekkie en una época anterior a la serie original, cuando la Federación entró en guerra con el Imperio Klingon. Y tiene un nivel de calidad en la producción muy superior a cualquier cosa que haya visto en esta franquicia en televisión. Ha abandonado la cutredad que desde mi punto de vista la caracterizaba. Pero también ha modificado su estilo y contenido. Es mucho más dramática y oscura. No se permite alivios cómicos. Tenemos personajes que toman decisiones éticas controvertidas, o directamente censurables. Sirva de paradigma su personaje protagonista interpretado por la actriz Sonequa Martin-Green. O no tanto… Y su nuevo capitán está lejos de ser ese hidalgo de los mares, perdón, del espacio al que nos tenían acostumbrados los anteriores. Jason Isaacs encarna a un capitán complejo, cuyos fines pueden ser correctos, pero cuyos métodos pueden ser discutibles. Tal es así el cambio, que salvo por determinados aspectos estéticos y por la forma de la nave, diríamos que estamos en una serie de un universo muy distinto. Pero a mí me está gustando. Así que… que dure.

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La segunda serie no pertence a la franquicia oficial. De hecho, The Orville se presenta como una parodia de la franquicia original. Creada e interpretada por Seth MacFarlane, nos encontramos ante un capitán de la flota de la Unión relativamente mediocre, que tiene la oportunidad de comandar una nave normalita, haciendo misioncitas por el espacio, después de haber pasado un año de profunda depresión por haber encontrado en la cama a su mujer (Adrianne Palicki), también oficial de la flota, con un alienígena. Como podéis ver, la premisa de partida ya tiene elementos adultos que la diferencian de la franquicia original. El humor es un elemento fundamental de la serie, que presenta un conjunto de personajes que todos y cada uno de ellos nos recuerdan a alguien de la franquicia original, pero que difícilmente podrían tener cabida en ella por uno u otro motivo. Pero la cuestión es que vista en general, y después de seis episodios, es mucho más fiel a la franquicia original que la serie que hemos comentado anteriormente. En cada episodio se nos plantea un dilema de carácter socio político. El trato a las mujeres, las sexualidades alternativas, los estados totalitarios, la perversa influencia de las religiones en las sociedades, el trato a los animales,… De hecho es una serie mucho más comprometida políticamente que la original, con clara defensa de la tolerancia y las libertades en riesgo en estos momentos en todo el mundo, pero no de forma generalista sino mucho más directa y concreta, sin miedo a ser moderamente incorrecta políticamente. Y eso le da valor. Por lo que también me está gustando. Encima, MacFarlane se ha sabido buscar de amigos que lo apoyen. Frente a los habituales artistas invitados que suelen aparecer en las series en cada episodio que nadie sabe exactamente quien son, pero cuyas caras y voces resultan siempre familiares, qué sorpresa encontrarnos como artista invitada nada menos que a una provocadora y atractiva Charlize Theron, en uno de los mejores episodios de lo que llevamos hasta la fecha. Aunque no fuera por el cachondeo con la pierna del piloto de la nave (Scott Grimes), uno de los personajes más divertidos e irreverentes de la serie. También… que dure.

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[TV] Cosas de series; la irresistible levedad de la telerrealidad nipona

Cine, Televisión

Recién llegado de unas vacaciones por Corea del Sur, utilizaré unas cuantas fotografías de ese país para ilustrar la entrada. Aunque el tema principal va a ser la televisión nipona. Pero arrastro un jet lag de caballo que hizo que ayer por la tarde me quedara dormido en cualquier situación, y que ha hecho que desde las dos de la madrugada no haya pegado ojo. He aprovechado, cuando me he cansado de dar vueltas en la cama, insomne, para levantarme y desayunarme una película de zombis coreana que se estrenó hace unos meses en Zaragoza, Busanhaeng (부산행), traducida como “Tren a Busan”, pero que no pude ir a ver. La crítica la puso bien… pero siendo de zombis. Pues oye, quitando unas cuantas ingenuidades argumentales, y que los ataques de los zombis están tratados con una evidente dosis de ironía o sarcasmo, la película está muy entretenida. Y como yo también he disfrutado estos días de los KTX coreanos, muy muy muy muy parecidos a los TGV franceses y a la primera generación de AVE españoles,… pues me ha hecho ilusión.

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Una locomotora diésel de aspecto muy norteamericano en la estación central de Seúl el día en que me desplazaba a Busan en un KTX (Korean Train eXpress) similar al que protagoniza la película que he comentado.

Pero hoy me apetece del programa de telerrealidad japonés de Netflix, Terrace House, cuya versión Aloha State se puso a disposición de los abonados hace pocas semanas, y que me merendé en un santiamén antes de salir de viaje. Ya he comentado en alguna ocasión, pero voy a insistir un poco más.

La premisa básica es muy sencilla. Se reúnen a seis jóvenes, tres chicos y tres chicas, entre 18 y 29 años, para que convivan en una casita tipo chalé, muy mona, con piscina. Les ponen un par de coches para sus desplazamientos y… nada más. No hay competición, no hay descalificaciones. No hay producción bajo mano para que haya conflictos. Se les deja que simplemente convivan, mientras siguen a lo suyo. Van a trabajar, a clase, a darse un paseo,… quedan con amigos, entre sí. La vida más vulgar y corriente que te puedas imaginar.

Yo vi primero algún episodio de la entrega anterior, Boys and Girls in the City. Pero allí,… no pasaba nada. No había gritos, ni chulerías. Todo el mundo era extraordinariamente educado. En esa edición, la casa estaba en un barrio de Tokio, y los participantes eran principalmente japoneses, con alguna excepción. Ah, se me olvidaba mencionarlo. Los participantes no están obligados a estar hasta el final. Cuando se cansan o tienen cosas mejores que hacer, se van, y entra otro del mismo sexo a sustituirlo.

Mi primera impresión fue de aburrimiento. Hasta que llegó la segunda edición, la Aloha State, a la que le di una nueva oportunidad. Y entonces me di cuenta. Le vi la gracia. En su levedad, en su “aquí-no-pasa-nada” está el meollo. En esta ocasión, para impulsar el programa a través de Netflix en todo el mundo, y especialmente en Estados Unidos, la casita la pusieron en Oahu, la isla más poblada de las Hawai, con vistas al mar y a la playa. Y el reparto de participantes incluía, además de los japoneses típicos, japoneses residentes en los Estados Unidos, principalmente en el estado de Hawai, personas con algún progenitor no japonés, e incluso una chica norteamericana de origen chino que quería triunfar como modelo y diseñadora en Tokio.

Como digo, con esta entrega le vi la gracia. Vi la primera tanda de ocho capítulos y recuperé la entrega anterior. Con el tiempo, han ido llegando las siguientes entregas, hasta los 32 episodios de esta última edición que ha terminado recientemente, cada uno de alrededor de media hora de duración. En cada uno de ellos se van pasando fragmentos de lo grabado en las vidas de los participantes, los de más interés, y hay tres interrupciones en los que seis comentaristas, también tres mujeres y tres hombres, le dan unas vueltas a lo que sucede. Típicamente en clave de humor y dándole la vuelta a lo que pasa. También hacen un excelente trabajo de guiado para que los televidentes no nipones capten las sutilezas de los usos y costumbres nipones.

Porque todo el mundo es exquisitamente educado. Todos se tratan mutuamente con gran consideración. Pero claro… aunque parece que no pasa nada, donde conviven seis personas pasan cosas. Hay conflictos que poco a poco van surgiendo. Habiendo tres chicas, generalmente elegidas entre mujeres jóvenes que están de muy muy muy buen ver, hay tensión sexual, inicialmente no resuelta. Porque la formación de parejas es una de las expectativas del programa. Pero todo a un ritmo enloquecedormente lento. Ha habido parejas que han tardado semanas en darse la mano. O en darse un besito ligero en los labios. Es obvio que tras las cámaras se animan mucho más… pero todo es muy contenido. Y a la vez muy divertido.

Y los conflictos. Esto es lo mejor. Porque es el reino de los Pasivos-Agresivos. La que se puede montar por que alguien se coma un bistec de otro. O porque una de las chicas sea un poco guarrilla en el baño y no limpie todo lo que deba. O el pavo que suelta eso de “bueno, las chicas harán la comida ¿no?… y se va unas semanas más tarde desesperado porque ninguna quiere saber de salir a tomar un chisme con él. Las mismas que le consuelan con palmaditas cuando se va, con aquello de “amigos para siempre” y esas cosas.

Lejos de las estridencias, de la vulgaridad y la obscenidad mal entendida de la telerrealidad occidental, aquí todo es elegancia y buenas manera. Buen rollo, incluso si te estás despepitando con los más mundanales conflictos de las relaciones humanas que te puedes imaginar. Por eso, no soporto ni de lejos la telerrealidad occidental, y estoy enganchado como un memo con esta “terraced house” de la que ya estoy anhelando una nueva entrega, que no sé cuándo se producirá. Espero que no tarde. Es que me resulta hasta relajante.

[TV] Cosas de series; samuráis y agentes del FBI

Televisión

He empezado a seguir las nuevas aventuras de Start Trek en Netflix… y sólo llevo dos episodios, pero tengo la impresión de que conservan esas cualidades que entusiasman a muchos y que a mí me rallan los nervios, salvo que sea una serie de los años 60 del siglo XX. En fin, la van a emitir semana a semana, por lo que habrá que darle un poco de tiempo. Aunque también es verdad que me ha hecho gracia ver a Michelle Yeoh por ahí. Un señora que, independientemente de que haya aparecido en algún que otro bodrio, siempre me ha gustado. Por cierto, que tengo curiosidad por ver algún episodio de la parodia que se ha comenzado a emitir recientemente.

Pero vamos con las dos series que he visto estos días.

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Poco queda del Edo antiguo en el Tokio actual, planchado y socarrado por los bombardeos americanos; así que usaremos las calles de Kioto para trasladarnos a los tiempos de Heizo Hazewaga.

Primero con el entretenimiento.

Onihei (鬼平) es la adaptación en formato de animación de las aventuras policiacas de época Onihei Hankachō (鬼平犯科帳). Son las aventuras de Heizo Hazewaga, un samuráis que está al frente del Brigada de Robos e Incendios de la ciudad de Edo, actualmente Tokio, durante el periodo Edo de la historia del País del Sol Naciente. El tono de estas aventuras es más maduro y adulto de lo que nos tienen acostumbrados las series de animación nipona, y combina la acción, el drama y el humor en dosis adecuadas. Hombres valientes, mujeres bellas y no menos valientes, con frecuencia más inteligentes, y el contrapunto entre los villanos, ladrones que no respetan el código, y los malhechores simpáticos, que si lo respetan. “No violarás, no matarás, no robarás a los pobres y a los honrados”. Pocos se escaparán de todos modos a la inteligencia de Heizo el Diablo, que es lo que significa Onihei. Me lo he pasado muy bien, y son 13 episodios de poco más de 20 minutos cada uno.

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Un tono totalmente distinto ha  tenido la nueva temporada, ¿tercera?, de las aventuras del agente especial Dale Cooper (Kyle MacLachlan) del FBI en Twin Peaks: The Return. Para quienes no estén al tanto, el conjunto de las dos primeras temporadas de la mítica serie, junto con el largometraje que las siguió para darles un cierre digno,… terminó con un monumental cliffhanger. 25 años después hemos podido tener la continuación de aquella historia. Frente a lo que es habitual con otros regresos sonados de series, no se ha dedicado a homenajear a la antigua con guiños a los fans de todo tipo. Ha sido una continuación seria de la lucha entre el bien y el mal a escala preternatural que se planteaba en la serie original. Hemos encontrado nuevas líneas argumentales, que discurrían en paralelo. Ocasionalmente, modificando sus trayectorias para converger, en otras, no. Con tonos de humor, de drama, en ocasiones de tragedia,… debiendo mucho al género de terror,… y con un planteamiento mucho más propio de las producciones cinematográficas del director David Lynch, abrazando sin remilgos el simbolismo surrealista que le es propio, habrá entusiasmado a muchos en la misma moda que habrá provocado el rechazo de otros.

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Por la serie, además de algunos de los personajes que conocimos en la etapa de hace 25 años, han circulado muchos personajes interpretados por actores y actrices que han sido importantes en la carrera del director, y para quienes el director ha sido importante a la hora de impulsar sus carreras. La serie ha producido desconcierto, como no podría suceder de otro modo. Su final está sujeto a todo tipo de especulaciones. Hay muchos que no saben muy bien por donde tirar. Yo me guardaré mis ideas para mí, pues no quiero provocar prejuicios entre quienes la quieran ver. He de decir que ha habido momentos de cine absolutamente magistral, en especial el fenomenal episodio octavo, de una imaginación y riqueza visual absoluta. Otras líneas argumentales me han desorientado/decepcionado más. No insistiré en lo mucho que se ha hablado del papel que Audrey Horne (Sherilyn Fenn), uno de los personajes más queridos del universo Twin Peaks, ha tenido en la nueva historia.

Para terminar, decir que no es una serie que se pueda recomendar o no recomendar. Todo depende de cómo afrontes tu forma de ver la ficción audiovisual, tu capacidad de eliminar prejuicios, y tus experiencias con el cine de Lynch. A mí, me puede desconcertar en muchas ocasiones tanto como el que más. Pero siempre me aporta elementos interesantes. Y no ando tan despistado como muchos,… parece ser.

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[TV] Cosas de series; despedida galáctica y familias niponas que juegan unidas

Televisión

No me extenderé mucho en la entrada televisiva de esta semana. No tengo grandes novedades o series de campanillas, así que iré ligero.

Me puse al día con la tercera temporada de Dark Matter, una space opera de aventuras con la peculiar tripulación de la Raza, que se llaman entre sí mediante números, como protagonistas. Un grupo de marginados que pasaron de ser criminales a ser los tipos más íntegros y éticos de toda la galaxia. He de decir que la primera temporada me gustó regular. Pero ante la ausencia de buenas space operas decente, le seguí dando oportunidades. Es un género que siempre me ha divertido. La cuestión es que conforme pasó el tiempo, le fui cogiendo cariño a estos sinvergüenzas aventureros. Y ahora que he terminado la tercera temporada y han anunciado que no habrá una cuarta… me joroba que termine. Sobretodo, porque termina en un cliffhanger molesto. Más que importante. Todos sabemos que la mayor parte de las veces que se usa este recurso argumental para terminar una temporada de una serie, se resuelve de forma rápida y simplona en el primer episodio de la siguiente. Esto no es The Empire Strikes Back, después de todo.

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Con una serie japonesa en la entrada, visitaremos la ciudad de Nara… aunque no sus abundantes parques, templos y santuarios… escenas más cotidianas. Como en la serie de hoy.

Y hemos podido ver la primera temporada, posiblemente única, de Fainaru Fantajī Fōtīn: Hikari no Otōsan (ファイナルファンタジーXIV 光のお父さん), que vendrá a ser traducido al “castellano” algo así como ‘Final Fantasy XIV’: el papá de la luz. Esta es una de estas más o menos extrañas serie que nos ponen de vez en cuando en Netflix, y que vienen del País del Sol Naciente. Un señor de 60 años, casado y con un hijo joven que recientemente ha empezado a trabajar en una empresa, se jubila repentinamente a pesar de que tiene una importante posición en la suya y es muy apreciado profesionalmente. Su hijo siente que su padre ha estado siempre alejado de él y de su familia por culpa del trabajo, y para acercarse le regala el videojuego del título, con el fin de acercarse a él subrepticiamente como uno de los jugadores que se alían para llevar a cabo las misiones del juego. Sospechará desde el primer momento que hay algo raro en la jubilación del padre. Por otro lado, están las tribulaciones del joven en su empresa.

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A caballo entre la acción real y la animación con estética de videojuego, es una serie buenrollista, donde todo el mundo se quiere, aunque no se lo digan unos a otros. Desde mi punto de vista, se ha ido desinflando poco a poco, pero manteniendo un razonable interés. Uno de los problemas es que en paralelo a la historia central ha ido abriendo otras, como la relación del joven con una guapa compañera de trabajo, pero que luego han dejado colgando. Apta para curiosos, más que otra cosa.

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