[TV] Cosas de seres; despedida al hombre en el castillo

Televisión

Paso por delante de otras temporadas, de otras series que terminé antes que la cuarta y última temporada de The Man in the High Castle. Creo que la calidad, los temas y la trascendencia de esta serie, incluso si no ha tenido la repercusión que merecía por no ser emitida en una de las plataformas de vídeo bajo demanda más potentes, hace de ella un acontecimiento en la ficción televisiva. O por lo menos así lo he vivido yo. Creo que no tenía esta sensación desde Battlestar Galactica, que también rompió moldes, aunque hasta ahí voy a plantear los paralelismos.

Tokio, Berlín y Nueva York representan a los tres imperios globales que, en un universo u otro, encontramos a lo largo de la serie. Takeshita-dori y la puerta Kaminarimon representan al imperio del Sol Naciente… aunque muy civilizado y más agradable que en su versiones más bélicas y antipáticas.

La serie parte de una idea, de una adaptación parcial o muy libre en su primera temporada de la novela del mismo título, de 1962, de Philip K. Dick. No son pocas las adaptaciones que han sufrido las obras de Dick, un escritor complejo, pero que ha atraído a los guionistas, directores y productores de cine y televisión. Precisamente por su complejidad, por las características de su literatura, las adaptaciones de sus obras son muy libres, respetando unas veces más y otras veces menos el espíritu de las mismas. Y otras conocidas producciones audiovisuales han sido fuertemente influidas por sus obras, de forma reconocida o no. Dick es, por lo tanto, una figura clave, fundamental, en el desarrollo de la anticipación en literatura, en televisión y en el cine entre las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI.

La serie que nos ocupa hoy guarda cierta fidelidad a la novela de Philip K. Dick en su primera temporada, siendo en esos momentos Juliana Crain (Alexa Davalos) la protagonista de la acción, cuando su mundo se derrumba a su alrededor en los ficticios Estados Japoneses del Pacifico, al morir su hermana a manos de la Kenpetai, la policía política japonesa. Esto va a poner en marcha una serie de acontecimientos que pondrán cabeza abajo la ucronía, la historia alternaitiva, en la que nos encontramos en 1962, en unos Estados Unidos desaparecidos y divididos entre la zona oriental perteneciente al reich nazi alemán, los estados del pacífico bajo el dominio del Imperio del Sol Naciente, y una zona neutral central en las rocosas, donde mal vive una pretendida resistencia a la ocupación. Crain es la protagonista absoluta de las dos primeras temporadas, puesto que sus movimientos son los que desencadenan las reacciones de otros personajes con mayor o menor protagonismo e importancia en la serie.

La mansión de Wansee donde se decidió el criminal destino de los judíos de Europa…

Sin embargo, poco a poco, otros personajes van creciendo en importancia conforme la serie avanza y diverge de la novela original. El ministro de comercio Tagomi (Cary-Hiroyuki Tagawa), uno de los personajes que tiene su origen en la novela original, el general John Smith (Rufus Sewell), capitoste de las SS americanas, el coronel Kido (Joel de la Fuente), de la Kenpetai japonesa, Helen Smith (Chelah Horsdal), la esposa de John Smith,… todos ellos acabarán siendo protagonistas fundamentales, especialmente en las temporadas tercera y cuarta, donde llegarán a superar en importancia argumental a Juliana Crain, aunque este personaje siempre tendrá un papel fundamental en el desarrollo de los hechos.

La historia tiene un carácter ético. También político, y supone una reflexión, por su carácter de espejo distorsionado, de nuestra propia historia. Pero ante todo, tiene un carácter ético. Juliana Crain nos representa a nosotros, lectores de la novela o espectadores de la serie televisiva; es la mujer común alejada de los centros del poder, preocupada por lo cotidiano, un poder que, desde luego, no ambiciona. En el resto de los personajes encontraremos versiones racionales, pero más frecuentemente distorsionadas, del honor, de la ambición, de la lealtad a las ideas o a los caudillos, sean el führer, el tennō [天皇] o el jefe de una resistencia, y sobre todo, conforme un personaje de anodino nombre, John Smith, va adquiriendo protagonismo, es una reflexión sobre el poder y la naturaleza del mismo. John Smith es finalmente el personaje clave de la historia, incluso si no aparecía en la novela de Philip K. Dick.

… y el monumento a estos judíos asesinados en Europa, ambos en Berlín, representan al lamentable III Reich alemán.

La serie sufre un cambio de dirección y planteamiento entre el final de la temporada segunda y la tercera. Si las dos primeras eran el camino del héroe, la heroína en este caso, Juliana Crane, siendo el resto de los protagonistas los obstáculos o las ayudas para este recorrido personal, a partir de la tercera es como si en The Lord of the Rings, a partir de un determinado momento Frodo hubiese sido un personaje de apoyo y la novela se hubiese centrado en los pensamientos y acciones de Sauron. Cosa que no hubiese tenido mucho sentido en aquel contexto. Pero sí en el que nos ocupa, puesto que John Smith es un personaje que, lo sabemos desde un principio, está sometido a tensiones interiores que poco a poco vamos conociendo. Y son fundamentalmente dos mujeres, Juliana Crane, y su propia esposa, Helen Smith, las que van a contrastar y poner a prueba estas tensiones. Siendo dos mujeres con dos recorridos muy distintos.

La serie es buena, muy buena, y cuenta con un reparto en estado de gracia. Cualquiera de los mencionados hasta ahora debería haber sido acreedor de ser premiado en alguno de los festivales o entregas de galardones habituales. Independientemente del rumbo que toma su temporada final. Cualquiera que la haya visto se quedará con la impresión de que en la mente de sus creadores, al menos había una temporada más.

Y Nueva York, bien sea en Washington Square, con el Empire State Building al fondo de la Quinta avenida,…

Es la conclusión lógica viendo la evolución de uno de los personajes, John Smith, que acaba siendo el protagonista absoluto de la serie. Pero supongo que la cadena, en un momento dado, le echó el cierre. Y por lo menos lo hizo con tiempo para darle un cierre a la historia, aunque fuera apresurado. No le falta su emoción,… pero también es en los últimos episodios de la cuarta temporada, de la serie, donde esta muestra sus costuras menos resueltas. He de comentar que no estoy hablando nada de la parte más ciencioficcionesca de la historia,… pero es que me parece poco importante, aunque tenga algún impacto en el devenir de algunos personajes, que se podría haber resuelto con facilidad por otras vías. En cualquier caso, hace tiempo que no juzgo el conjunto de la serie por un final más o menos afortunado. Aunque dentro de unos días estableceré una excepción a este principio, de algo que terminé de ver ayer mismo.

Mi conclusión es que la serie es de lo mejor y extraordinariamente recomendable. Probablemente, su emisión en una plataforma menos popular que otras, aunque más asequible, y su contenido intelectualmente más exigente, aunque no carezca de acción y emoción, hayan hecho que sea menos popular. Pero haya vosotros si os la perdéis. Y yo siempre quedaré enamorado de Juliana Crain. Forever.

… o el animado puente de Brooklyn, representan el alma del imperio americano, es que es en nuestro universo, o el que puede ser, distinto, en universos alternativos.

[Cine] Cold War (2018)

Cine

Cold War (2018; 46/20181011)

Cuando volví de viaje el miércoles de la semana pasada, al repasar algunas novedades y noticias del mundo del cine, caí en la cuenta de que se había producido el estreno de algunas películas altamente prometedoras. Es cierto que alguna, por bombo y platillo que se le esté dando, da un poco de pereza. Ver la “enésima” versión de una historia ya no-sé-cuántas veces contada, y encima a ritmo de música pop actual, no motiva en exceso. Aunque tarde o temprano habrá que ir a verla para certificar o criticar ese bombo y platillo. En cualquier caso, para el retorno a las salas de cine, elegimos una sesión tempranera, antes de que el paso de la tarde sufriera las consecuencias del jetlag, y volviendo al cine europeo en blanco y negro.

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Unas cuantas fotografías de los ferrocarriles polacos, en blanco y negro, claro, servirán para ilustrar la entrada. También los trenes tienen su protagonismo en la historia de hoy.

Pawel Pawlikowski sorprendió hace unos años con una película redonda ambientada en la Polonia de la posguerra mundial. Impresionó desde todos los puntos de vista. Y parece que vuelve con buena parte de los mismos ingredientes que aseguraron la calidad de aquella. Para empezar, primorosa cinematografía en blanco y negro firmada por el director de fotografía Lukasz Zal, volviendo al formato 1,37:1, con encuadres atrevidos y muy expresivos. Siguiendo por la época y el lugar, de nuevo la Polonia de la posguerra a caballo entre el recuerdo de los desastres de la guerra y los desastres del nuevo régimen comunista de posguerra. Y terminando por un personaje femenino complejo y potente, una joven que representa en sí misma muchas de las ambigüedades de un país, de una sociedad, de un continente.

Durante casi dos décadas seguimos la evolución en la relación entre el músico, Wiktor (Tomasz Kot), y la joven cantante y bailarina, Zula (Joanna Kulig). Una relación marcada por un atracción y un enamoramiento tan profundos como potencialmente destructivos, que les llevará a un vaivén de acercamientos y alejamientos por la Europa de la posguerra. Una relación de amor y odio que es una metáfora profunda de la propia Europa y sus gentes y su relación con los regímenes y los destinos que a sí mismos se buscan de forma infortunada en demasiadas ocasiones.

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La película no me resultó tan redonda como su predecesora. O el cansancio del viaje no me permitió apreciarla con todo merecimiento. Pero es una película para ver. Ambos protagonistas, y no pocos de los secundarios, están en absoluto estado de gracias. La “no tan joven” Kulig llena la pantalla con cada aparición siendo la representación por excelencia de una feminidad confusa y confundida. La contención de Kot viene que ni pintada para representar el conflicto del hombre que lucha entre su ansia de libertad y su amor por la mujer que es perfecta porque no lo es ni lo puede ser. Que más puedo decir, vayan y véanla.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

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[Cine] The Death of Stalin (2017)

Cine

The Death of Stalin (2018; 18/20180316)

Hemos tenido un fin de semana muy ajetreado en lo cinematográfico, con cosas buenas, no tan buenas y francamente mediocre. Iremos comentándolo poco a poco. De momento, iremos con esta comedia coral por el escocés Armando Iannucci (no parece escocés con ese nombre, verdad), una sátira sobre el funcionamiento interno de los sistemas políticos autoritarios.

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No he tenido ocasión de visitar Rusia. Y últimamente no me atrae mucho la idea de ir por allí. A punto estuvimos de visitar San Petersburgo en 2007, pero no pudo ser. De las ciudades de la Europa central y oriental que estuvieron marcadas por los regímenes prosoviéticos, la que más partido comercial saca al asunto probablemente sea Berlín. Y por allí recorremos lugares que nos lo recuerdan.

El escenario elegido es el de la muerte del dictador soviético Iosif Stalin (Adrian McLoughlin) que se produce en medio de un repunte del sistema de purgas más o menos indiscriminadas por las que se caracterizó, entre otras cosas, el gobierno de este nefasto dictador. Tras el accidente cerebrovascular que desencadenó la muerte del dictador, comienza el tira y afloja entre las figuras del gobierno soviético, tales como Kruschev (Steve Buscemi), Beria (Simon Russell Beale), Malenkov (Jeffrey Tambor) o Molotov (Michael Palin). Todo ello, como he mencionado, en clave de sátira.

La película tiene un carácter coral. No hay un protagonista definido, y al mismo tiempo cada personaje tiene su momento de protagonismo. Tampoco busca un rigor histórico, aunque se toma en serio la historia, tomando los elementos clave de lo que sucedió, o mejor dicho de los que se cree que sucedió, para combinarlos en un argumento razonablemente ágil.

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Digo razonablemente porque, aunque en su conjunto la película se sostiene bastante bien, tiene algún altibajo en su desarrollo. Lo esencial es que se realiza una crítica a los corruptos sistemas de decisión de cualquier régimen totalitario a través de la ridiculización y desmitificación de unos señores que la verdad es que dieron en su momento mucho miedo.

Una de las claves del buen resultado de la función es la enorme calidad que atesora el reparto. Formado por un número amplio de actores que muchas veces no alcanzan el carácter de protagonistas en las producciones donde participan, sí que son intérpretes de gran versatilidad y solidez. Probablente sean Buscemi y Tambor lo que tienen los papeles más golosos y de mejor lucimiento, pero todo el reparto está a buen nivel. A los mencionados podríamos añadir Olga Kurylenko (la pianista María Yudina), Paddy Considine (Andreyev), Andrea Riseborough (Svetlana Stalin), Jason Isaacs (mariscla Zhúkov) o Rupert Friend (Vasily Stalin), entre otros.

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Hay momentos realmente muy divertidos. Y la película aprovechará más a quienes conozcan la historia y el significado de los distintos personajes que aparecen. Pero puede satisfacer a cualquiera. No es un producto perfecto, pero es más que razonable y razonablemente recomendable. Y si algo faltaba para tal recomendación, decir que no ha sido autorizada su distribución en Rusia, lo que en estos momentos de resaca de las plebiscitaria elecciones del gigante eslavo, indica lo que hay todavía en aquel peligroso país.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Libro] The Handmaid’s Tale

Literatura

Comentaba hace unas semanas, un mes apenas, una de las series de televisión de nuevo cuño que más repercusión han tenido y más comentarios han provocado en esta última primavera. Se trata de The Handmaid’s Tale, el Cuento de la criada en castellano. Como ya comentaba en su momento, esta historia nos presenta una sociedad distópica, no sé si denominarla futura o alternativa, en la que una teocracia cristiana de ultraderecha se ha instalado en el poder en los antiguos Estados Unidos de América, reconvertidos en la República de Gilead. Una república teocrática y ultrapatriarcal, en la que las mujeres tienen un papel totalmente subordinado al hombre, hasta el punto que aquellas de ellas que son fértiles son utilizadas de modo forzoso como “criadas” que han de servir para la gestación surrogada de la clase dirigente del régimen. Una verdadera pesadilla. Una verdadera pesadilla, que en estos momentos en los que podemos ver cómo se pasean en manifestación los ultraderechistas norteamericanos envalentonados por la subida al poder de un presidente como el que tiene este país actualmente, se convierte en una posibilidad mucho menos teórica de lo que muchos creerían.

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Fotográficamente no nos iremos a la “república de Gilead”; homenajearemos a la escritora en su país, paseando por Toronto, la ciudad en la que actualmente reside.

La serie está basada en un libro de la canadiense Margaret Atwood que, nada más ver la primera temporada de la serie, me entraron ganas de leer. Es curioso la relación que tienen los canadienses con su poderoso vecino del sur. Desde hace tiempo aparentemente buenos vecinos y aliados, nunca han dejado de especular con el momento en el que se volverá contra ellos, culminando el proceso que quedó pendiente en la guerra angloamericana de 1812, contienda que terminó en tablas, pero que escondía el deseo de los estadounidenses de aglutinar en un único país a toda Norteamérica. Por ello, existen varias pruebas de escritores de todo género que expresan esas miedos. Ahora estoy leyendo, por entregas, una historieta que también trata de ese miedo. Ya llegará.

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Una cuestión tenía clara en el momento que comencé a leer el libro. Dado que la serie está destinada a tener varias temporadas y el libro es una única obra, y partiendo del hecho de que la primera temporada de la serie se anunciaba como una adaptación del libro, en algún momento ambas historias podrían diverger, por el distinto planteamiento de partida. En efecto, la serie es muy fiel al libro en buena parte de su contenido, hasta que en el último tercio aproximadamente de la temporada empieza a tomar caminos distintos. El libro está planteado como una narración de la protagonista, Offred. He leído el libro en inglés, publicado en libro electrónico en el Reino Unido por la editorial Vintage, del grupo Penguin, por lo tanto para mí es Offred y no Defred, como parece que es en las traducciones al castellano. Una narración recogida en cintas magnéticas que son analizadas en un futuro. Más que una narración amplia de lo sucedido, es un corte en la vida de esta mujer esclavizada, y tiene un final abierto sobre el que sólo podemos especular, como lo hacen en el apéndice final, los eruditos que las analizan en ese futuro. Una narración de sentimientos y determinados sucesos que acontecen en su vida, al mismo tiempo que mediante recuerdos va repasando cómo llegó a esta situación. Algo que conocemos de modo imperfecto. Al fin y al cabo es un individuo con un conocimiento parcial de todo el mural que describiría el periodo histórico. Conocemos la sociedad de esa distopía de modo muy limitado, puesto que las referencias a guerras, colonias y otros modos de vida distintos del de la clase dirigente y sus sirvientes apenas es referenciado.

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Teniendo todo esto en cuenta, la serie es una buena adaptación del libro, pero tiene distinto alcance. El libro es una reflexión. Escrito en 1985, estaba muy cerca la revolución teocrática que convirtió Irán en la república islámica que hoy conocemos. Aunque era difícilmente previsible, estaba próximo el final de la Unión Soviética y la Europa del Telón de Acero, y opciones políticas fuertemente conservadoras se imponían en EE.UU. y Reino Unido dando comienzo a un ciclo, que aun hoy en día no ha terminado, de giro a la derecha de las sociedades occidentales. La autora, con fuertes preocupaciones feministas, como queda palpable en la novela, especialmente por algunos personajes secundarios más que por la protagonista, especula con la naturaleza de una teocracia en Occidente. Y la sitúa, cómo no, como he comentado antes, en el país “amigo” que despierta la desconfianza de los canadienses.

Estamos por la tanto ante un libro que exige una lectura poco apresurada. En la que la atención al detalle importa. No hay desperdicio en sus páginas. Hay economía de medios y aun así hay constantemente detalles que contar y que sirven para iluminar la naturaleza de esta aberrante sociedad distópica, y la respuesta del individuo, especialmente del más débil, ante la misma. Muy recomendable.

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[Cine] La clase de esgrima (2015)

Cine

La clase de esgrima (Miekkailija, 2015; 382016-1507)

A esta película estonia llegamos por casualidad, después de que no pudieramos ver la que pretendíamos por una presunta avería en la sala de proyección. La segunda en lo que llevo de año. La primera levantó mis sospechas sobre si fue cierta. En esta ocasión, sin embargo, las cosas transcurrieron de forma que la explicación fue plausible. Concederemos por lo tanto el beneficio de la duda. El caso es que tras una toma de decisiones rápida, cambiamos de cine y nos metemos a ver este filme, que llegó a optar a meterse entre las candidatas al óscar a mejor película de habla no extranjera. Vimos no hace mucho una película de esta nacionalidad que nos gustó… así que por qué no darle una oportunidad. Al fin y al cabo, el principal inconveniente de esta película dirigida por Klaus Härö es que sólo está disponible en Zaragoza en versión lamentablemente doblada.

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Tuve ocasión de visitar Estonia en 2007, aunque sólo Tallin, la capital.

Si hay que dar un premio a esta clase de esgrima no es el de la originalidad. Profesor de deportes en la Unión Soviética de Stalin, Endel (Märt Avandi), esgrimista perseguido por el aparato totalitario del estado por una supuesta colaboración con la Alemania nazi durante la guerra, que se refugia en el instituto de una remota población de su Estonia natal, convertida en una de la repúblicas socialistas de la URSS tras el conflicto armado. Y allí consigue dos cosas. Motivar gracias al deporte a un grupo de alumnos a los que inspira, especialmente por la insistencia de una rubita cabezota llamada Marta (Liisa Koppel), y novia. Otra de las profesoras, Kadri (Ursula Ratasepp). Aunque claro, contará con la oposición de los fieles al régimen comunista, que son feos y ruines.

Por lo tanto, la película cuenta con el elemento “club de los poetas muertos”, con el elemento romántico, y con la reivindicación nacionalista ante el antipático extranjero totalitario. La película a partir de estas premisas se debate entre momentos muy emotivos, momentos muy tramposos, un poco de exaltación patriotera y una realización más que correcta y que consigue crear un ambiente muy adecuado, marcando muy bien los sentimientos, el paso del tiempo y la meteorología como metáfora del clima social, político y personal de los protagonistas.

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El plan original pasaba por ir de Helsinki a San Petersburgo y de aquí a Tallin. Pero en ese momento, parecía imposible desplazarse en transporte público de forma conveniente entre estas dos últimas ciudades.

Sus defectos no la arruinan, su reparto se muestra competente y efectivo, y al final te quedas con la sensación de haber visto un producto digno, si bien con sensación de “déjà vu”. Bastante mejor probablemente que la mayor parte del resto de la cartelera en estos momentos, pero del montón en otras épocas del año. Se deja ver bien, no obstante.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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Quedaban muchos rusos en Estonia, y había templos ortodoxos, pero eran ciudadanos de segunda categoría, o simplemente sin derechos ciudadanos. El país había tenido problemas con la Unión Europea por ese motivo. Supongo que muchas décadas de historia en común no sirvieron precisamente para unir estos pueblos, y se conservan los rencores.

[Cine] Capitán Kóblic (2016)

Cine

Capitán Kóblic (2016; 352016-1706)

Estoy a punto de pasar en el Cuaderno de ruta al modo sólo fotos durante unos días, pero antes quería dejar resultas algunas cuestiones por aquí.

En primer lugar, las fotografías que acompañan a esta reseña de cine son de una salida ayer con Fotógraf@s en Zaragoza, en la que estuvimos por la mañana en el pantan0 de Búbal, en el valle de Tena, Pirineo Aragonés. Es un sitio muy conocido para mí, del que sin embargo tengo pocas fotografías, cosa que tengo que resolver. Como la mayor parte del tiempo estuve fotografiando con una cámara para película tradicional, tardaré un tiempo en hacer el comentario de la salida, pero de momento os dejo algunas fotos que hice con la compacta digital que también me llevé.

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Esta imagen del pantano de Búbal con Tramacastilla de Tena y el bosque del Betato en frente, y dominando sobre ellos el macizo de Peña Telera, nos recuerda el plano final de una película reciente, Julieta de Pedro Almodóvar.

En segundo lugar,… la película. Vista ya hace unos días, esta coproducción hispanoargentina dirigida por Sebastián Borensztein, venía avalada por una serie de comentarios positivos y por el hecho de que esté protagonizada por el siempre solvente Ricardo Darín, que en esta ocasión encarna el triste papel de uno de los pilotos que realizaba los vuelos de la muerte de la dictadura fascista argentina para deshacerse de los disidentes al régimen.

La premisa de partida, esa huída llena de remordimientos de este capitán Kóblic encarnado por Darín, refugiándose en algún remoto lugar de la pampa, al mismo tiempo que incluso en este sitio tiene que enfrentarse a la corrupción y decadencia moral del país parecía sobradamente atractiva. Sin embargo, por algún motivo la historia no acaba de cuajar, y deambula por los poco más de 90 minutos sin acabar de definirse. No sabemos si es un romance, con una Inma Cuesta que, más haya de su habilidad para impostar el acento argentino y lucir como florero, si quiere ser un drama político, o una del oeste translocada al paisaje argentino. Quizá este último aspecto, con el enfrentamiento con el corrupto policía Velarde, interpretado por Oscar Martínez, lo que más vale de la cinta, podría haber sido lo que más podría haber dado de sí. Pero su resolución sumaria, y que no se exprime a fondo con un mayor conocimiento de unos personajes dibujados groseramente con trazo grueso, hace que tampoco se luzca lo que debiera.

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Almodóvar nos lo vendió como un paisaje suizo, pero el bello paisaje tensino (gentilicio del valle de Tena) es muy aragonés e ibérico.

Buen trabajo actoral que no basta para sacar de la insipidez a un largometraje que prometía mucho más, y que a larga cuenta con la virtud de tener una duración muy contenida. Lo cual se agrade porque parece que Borensztein tenía mucho menos que contar de lo que parecía. Los incondicionales de Darín disfrutarán de su presencia en pantalla, y tiene algunos momentos interesantes. Por lo demás… muy muy muy normalita. Aprobando por los pelos.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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Como lo ponen de manifiesto sus castizas indicaciones… ¿A alguien la apetece darse un paseo por el Camino de las Palizas?

[Cine] Tren de noche a Lisboa (2013)

Cine

Tren de noche a Lisboa (Night Train to Lisbon, 2013), 2 de mayo de 2014.

La entrada dedicada a esta película tendría que haber ido antes que la que comenté el lunes, porque la vi antes, pero quise darle la oportunidad de ver en vídeo la versión original con subtítulos por si se podía salvar algo. Porque estamos ante una propuesta multinacional europea de Bille August, un director danés con alguna propuesta interesante, que llama la atención por su ambicioso reparto. Pero que a la hora de la verdad ya adelanto que nos dejó bastante fríos.

Raimond Gregorius (Jeremy Irons) es un profesor de instituto en Berna, con una vida anodina y gris, que en un día de lluvia salva de la muerte a una joven que iba a tirarse desde uno de los puentes de la ciudad. La joven desaparece y él se queda con su gabardina, en la que encuentra un libro con la historia de un médico portugués fallecido casi treinta años atrás, y unos billetes de tren a Lisboa. Gregorius los aprovechará y decidirá desentrañar el misterio tras la historia del médico portugués, en los años de represión y revolución que acabaron del final de la dictadura en Portugal.

Puente sobre el Aar

Este puente sobre el río Aar, en Berna, es el lugar donde la suicida portuguesa intenta tirarse… no es una gran foto, pero es la más clara que tengo del lugar.

Estamos ante una historia muy similar a otras que se han contado. En un ambiente de clandestinidad, o espionaje, o revoluciones, se conforma un triángulo amoroso que interferirá con las actividades más o menos clandestinas de los protagonistas. La cuestión es que la película no aporta realmente nada nuevo al tema, se limita a pasearnos por las típicas calles lisboetas, salvo un ratito al principio que nos pasea por los soportales de las típicas calles del casco viejo de Berna, y a narrarnos con gran frialdad y personajes más o menos estereotipados la historia triangular de romance y revoluciones. El problema es que ni los dos catetos ni la hipotenusa del triángulo nos interesan gran cosa, ni entendemos a que viene tanta alaraca. Poca empatía con los personajes, digo, y una historia bastante previsibles que nos mantuvieron un poquito aburridos durante las casi dos horas de metraje. Me hice con una copia en versión original para verla en casa, pero ni por esas.

El caso es que uno de los ganchos importantes del filme es su reparto. Además del mencionado Irons, tenemos la presencia de gentes como los británicos Charlotte Rampling y Christopher Lee, la sueca Lena Olin, la alemana Martina Gedeck, el suizo Bruno Ganz, la más joven y actual francesa Mélanie Laurent, y otros actores menos conocidos de otras nacionalidades, principalemente británicos y portugueses sino me he fijado mal. Muchos intérpretes que nos han deleitado con buenos trabajo en diversas ocasiones, pero que en esta no bastan para sacarnos del aburrimiento.

Película claramente fallida, pretenciosa, con una historia que no nos llega a emocionar ni a interesar en ningún momento, y en el que particularmente queda ridículo el personaje de la presunta suicida. Una decepción.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

Jardim de São Pedro de Alcântara

Y mira, oye, sin pensárselo dos veces, va el tipo, coge los billetes del libro, toma el tren y aparece como quien no quiere en la estación del Rossio y en los jardines de São Pedro de Alcântara. De tirón. Como si alguna vez hubiese habido semejante tren.

Libro: Un relato policiaco

Literatura

Siempre me llevo algún libro de vacaciones. A veces los leo, a veces no. Depende de muchas cosas. En esta ocasión, me llevé dos, porque uno era muy cortito. Me pareció. Y así es. Es el único que en algún rato en desplazamientos me ha dado tiempo a leer. Lo encontré poco antes de salir de viaje en la librería Cálamo de Zaragoza. Una librería que me gusta mucho. Y lo elegí porque es de Imre Kertész, un autor húngaro, nobel de literatura en el año 2002, nacido en Budapest. Aunque ya veremos que no trata de Hungría. O sí. Según se mire.

Un relato policiaco
Imre Kertész
Acantilado; Barcelona 2007
ISBN: 9788496489851

El relato es contado por un policía secreto de un innombrado país latinoamericano, en primera persona. Un policía, que tras un golpe de estado militar, entra a formar parte de una unidad represora. Vamos. Es un torturador. Está detenido y va a ser ejecutado, pero aprovecha para contar la historia de Federico y Enrique Salinas, padre e hijo, el mayor un acomodado comerciante con cierta influencia en el país, el menor, un joven idealista que pudiéndose acomodar al régimen dictatorial, quiere cambiar las cosas. A partir de ahí, asistimos a cómo se forma la unidad represora, conocemos el carácter de sus componentes, y nos enteramos de en qué tristes circunstancias sus caminos se cruzan con los de los Salinas, y el triste destino que a estos les depara.

Esta breve historia, es una historia de los sinsentidos. Por nada tiene sentido. Ni la dictadura, ni el comportamiento de la unidad policial, ni el comportamiento de los Salinas, ni la investigación que sobre ellos recae,… Y cada cosa está derivada de lo anterior, y todo ello es un crítica acérrima de los vicios de los regímenes totalitarios.

Lo curioso también del libro es que fue publicado en su país natal en 1977, cuando todavía era una dura dictadura comunista. Parece ser que el hecho de que la acción del libro se sitúe en un país latinoamericano, lugar donde la mayor parte de las dictaduras han sido fascistas, permitió su publicación. Aunque es obvio que el interés del autor no era criticar aquellas lejanas dictaduras de república bananera sino la triste realidad de su país de origen.

Resumiendo, poco más de 100 páginas que se lee con facilidad, casi de un tirón, que nos pueden servir para conocer a este prestigioso autor húngaro.

Parlamento desde el Puente de las Cadenas

Visto desde la orilla de Buda del Puente de las Cadenas, al atardecer, se ve iluminada la figura del parlamento húngaro, lugar cuya finalidad se ve aplastada en caso de dictadura - Panasonic Lumix GF1, Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8

Recordar (fotográficamente) la primavera de Praga

Fotografía, Política y sociedad

El pasado viernes, además de publicar la entrada dedicada a Cartier Bresson, como homenaje al maestro me dediqué a visitar mucha fotografía en la red de redes. Y en una de estas descubré otra efeméride. En estas fechas, hace 40 años, los tanques soviéticos aplastaron el movimiento aperturista conocido como la Primavera de Praga. Una de tantas primaveras que hubo aquel año a lo largo del mundo y que tan poco se notan hoy en día. Pienso yo.

En cualquier caso, no es mi intención hacer un comentario sociopolítico de aquel acontecimiento, sino ofrecer una recomendación fotográfica. La intervención del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia fue admirablemente recogida por el fotógrafo Josef Koudelka, en un amplio reportaje que recoge con una expresividad desusada los sentimientos que se vivieron en la capital checa en aquel momento. Cuando se publicaron se publicaron por primera vez en 1969 lo fueron de forma anónima, ya que había miedo sobre la seguridad del fotógrafo en caso de que las autoridades prosoviéticas conocieran quien fue el fotógrafo que expuso la barbaridad de la intervención. Un par de años más tardes, ya fuera de Checoslovaquia, el autor se unió a la Agencia Magnum donde podemos apreciar una estupenda selección de aquel reportaje. Merece mucho la pena visitar el sitio.

Debería poder acompañar esta entrada con una foto de la capital checa, pero por una desidia imperdonable no tengo digitalizadas las diapositivas de aquel viaje hace 11 años en estas fechas. Así que lo haré con una imagen de la huella soviética en la capital donde se firmó el Pacto de Varsovia.

Palacio de la Ciencia y la Cultura

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)