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Literatura

Hace ya prácticamente mes y medio o más que terminé de leer este libro. Me impactó mucho. Me gustó mucho. Pero decidí que antes de comentarlo tenía que digerirlo un poco. Lo curioso es que eso me llevó a olvidarme de él, porque la vida sigue, porque otros libros le siguieron que acapararon mi atención. La verdad es que llevo un cierto retraso comentando libros leídos. No creo que tarde muchas semanas en ponerme al día, pero ahí estoy. En estos momentos, además del que hoy comento, tengo otros dos libros terminados, y uno que no tardaré mucho en acabarlo. Pero lo cierto es que de lo que he leído en los últimos tiempos, esta peculiar novela de Paul Auster es de los que más me ha marcado. Por diversos motivos.

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Visitaremos el río Hudson. Navegando entre Manhattan, Staten Island y la orilla de Nueva Jersey.

Auster es un autor con el que disfruto. Con el que me llevo bien. No es que me haya leído gran parte de su obra o cosa parecida. Es mucho lo que me faltaría de leer de este autor norteamericano, uno de los más importantes de la literatura en inglés actual. Pero lo que he leído me ha satisfecho. Tanto por los temas, como por la forma de escribir, siempre matizad por las traducciones, como por las historias que nos cuenta. Esta ocasión no es una excepción. Pero tiene un añadido; su estructura argumental es muy peculiar.

El libro nos cuenta la(s) vida(s) de Archie Ferguson. Nacido a finales de los años 40 en el seno de una familia judía de clase media que vive en la zona de Nueva Jersey/Nueva York, tras un capítulo previo que nos habla de los orígenes de su familia, de su padre y su madre, va desgranando los acontecimientos que van marcando su infancia, su adolescencia y su juventud. Y en paralelo, los principales acontecimientos que marcan la historia norteamericana de los años 50 y 60 del siglo XX; el baby boom y el desarrollismo, la guerra fría, el advenimiento de Kennedy, su asesinato, la lucha por los derechos civiles, la guerra del Vietnam, las crisis de finales de los años 60,… La cuestión es que no nos cuenta, como ya os habréis dado cuenta al principio de este párrafo, UNA vida de Ferguson. Sino varias. El autor especula con los acontecimientos que marcan la vida de su protagonista, cómo se forja su carácter, como se relaciona con su familia o sus amigos, cómo se desarrolla su sexualidad, o cuáles son sus intereses y su destino profesional y vital, en función de las variantes que surgen a lo largo de esa vida, estableciendo caminos vitales alternativos. Así, cada capítulo está dividido en cuatro partes (1.1, 1.2, 1.3, 1.4 o 3.1, 3.2, 3.3, 3.4), en los que vemos la evolución de los distintos Fergusons alternativos.

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La gran habilidad de Auster es que siempre sentimos que estamos ante la misma persona. Lo que cambian son los acontecimientos, las circunstancias, cosas que moldean nuestro carácter, que condicionan nuestro devenir, que abren distintos caminos hacia los que podemos frente a lo que queremos ser. La vida como un conjunto de bifurcaciones, algunas determinadas por nuestras elecciones, otras por las de los que nos rodean, o por las circunstancias históricas. Para mí, para quien el sentido de la historia, la consciencia de que venimos de algún lugar y en un tiempo que nos marcan, es casi la novela perfecta. Casi. Porque permite una exploración completa de la persona. La que es, la que pudo ser. Aunque tengo poca capacidad para el arrepentimiento sobre lo que pudo ser o no ser mi vida, no puedo dejar de reconocer que conforme cumplo años miro con frecuencia hacia atrás y reconozco algunas bifurcaciones en mi vida. Eso sí sólo reconozco aquellas que dependen de los momentos en los que tomé alguna decisión trascendente en mi vida. O algunas en las que alguien la tomó por mí, que también las ha habido. Imposible o muy difícil reconocer de circunstancias que ignoramos, pero han estado ahí y nos han influido. Por lo tanto, tengo que reconocer que ha sido un libro que ha impulsado mucho esa actitud introspectiva sobre ese pasado que tantas alternativas presentó. O quizá no. Quizá nuestra trayectoria vital esté más determinada de lo que creemos, y nuestras elecciones sean más aparentes que reales. Que nuestra vida sólo admitía un recorrido… un tema que ha pensadores de todas las épocas ha llevado a mal traer.

En cualquier caso, he disfrutado mucho con las peripecias de Ferguson. Le he cogido mucho cariño. Especialmente a alguna de sus variantes. Aunque os he decir un secreto. Al final, todo… No. Mejor lo descubrís vosotros. Porque es una lectura muy recomendable.

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[Fotos] 10 años de un evento que me dejó ni fu ni fa

Expo 2008

El domingo fuimos al cine por la tarde. De la película, lo último de Haneke, ya os hablaré un día de estos. Aun tengo otra, anterior, un buen trabajo interpretativo de la joven Elle Fanning, que no he comentado. Mientras esperábamos a entrar en la sala de cine, nos tomamos unos chismes y alguien saco a colación un hecho que me había pasado relativamente desapercibido hasta ahora. Hace 10 años en estas fechas, estaba en todo su apogeo la Exposición internacional de Zaragoza 2008. Un acontecimiento para la ciudad,… que a mí, me dejó un poquito frío. Estuvimos recordando, y he querido trasladar aquí, con algunas fotos, lo que nos evocó la conversación.

Para empezar, cuando uno habla del impacto que un evento le produce en su vida, hay que tener en cuenta los antecedentes personales y el contexto en el que se da el evento. De entrada, yo no era un novato en la cosa de las exposiciones internacionales. Visité, con entusiasmo, la Exposición universal de Sevilla 1992, y con algo menos de entusiasmos, la Exposición internacional de Lisboa 1998. Esta última era más parecida a la que celebramos en Zaragoza en 2008. Y os diré una cosa. En Lisboa, sacamos entrada para tres días, pero al segundo nos cansamos y desaprovechamos el tercero. Era mucho más interesante pasear por Lisboa que por un recinto artificial lleno de gente haciendo filas para ver lo que hubiese que ver. Una experiencia real frente a una experiencia artificial.

Por otro lado, el año 2008 fue un año revuelto a nivel personal. En algunas cosas para bien, en otras… menos bien. Y mi grado de confusión personal era considerable.

Hay un dato topográfico a considerar. Desde mi casa hasta el recinto de la Expo hay un buen rato de desplazamiento en transporte público. Mucha gente adquirió pases de temporada. Los que vivía cerca del recinto lo aprovecharon durante todo ese verano. Pero yo que trabajaba en Huesca, que no llegaba a Zaragoza después de trabajar antes de las cuatro de la tarde… plantearme luego ir hasta allí. Ni se me pasó por la cabeza. Aproveché un par o tres ocasiones para hacer unas visitas y punto.

Las realidades de quienes rememorábamos este domingo aquellos meses fueron diversas. Nos sorprendió en qué medida nuestra percepción sobre el acontecimiento era tan diferente.

Para muchos de mi conciudadanos, lo he percibido a lo largo del tiempo, aquellas exposición internacional fue un acontecimiento trascendente. Importante en sus vidas. De alguna forma, rompió cierta monotonía en sus rutinas vitales. Y me sirvió para recordar algo de lo que yo ya era consciente; comparado con muchos de ellos soy afortunado. Mi familia se preocupó de dotarme de una educación universitaria que procuré aprovechar, que me permitió alcanzar un nivel de vida que, sin ser pudiente, me libera de preocupaciones sobre aspectos básicos de la vida diaria que tengo cubiertos, y que me permite disfrutar de mi tiempo de ocio. Y en este ámbito, de los viajes.

Y ahí es cuando un evento de estas características, comparado con el hecho de descubrir por ti mismo in situ como son las cosas, no deja de ser un acontecimiento adulterado. Y propagandístico; los países y organizaciones presentan su cara más amable y esconden su problemas más oscuros e inconfesables. De hecho, si uno analiza la historia de las exposiciones internacionales y universales, surgieron en el siglo XIX tras el triunfo de la revolución industrial, y servían tanto para mostrar los logros de la técnica, como el poderío colonial de los países organizadores. Mostraban el exotismo de sus colonias y pertenencias, tecnológicamente infradesarrolladas, frente a las tecnologías de las metrópolis.

En este momento, no soy precisamente un fan de estos eventos. En lo personal, son argumento más para insistir en el hecho de que hay que dar a las personas, a los más jóvenes, el mayor nivel de educación y formación posible, con el fin de que consigan un buen nivel de vida, una cultura amplia y la capacidad de conocer de primera mano cómo es el mundo. Es necesario impulsar los intercambios internacionales, los viajes de los más jóvenes, estimular su curiosidad y su deseo de conocer el mundo. Y procurar que tengan los medios para hacerlo.

En lo social, muchos han argumentado las ventajas para la ciudad que supuso el acontecimiento. Especialmente en lo que se refiere a la obra civil; las vías rápidas de circunvalación, la reurbanización de amplias zonas de la ciudad, el adecentamiento de las riberas de los ríos,… cosas que eran necesarias. Y aquí viene el problema. La percepción es que se hicieron por la coyuntura del acontecimiento, que servía a la propaganda de un país, y no porque fueran necesarias. No hay correlación entre “necesidad” e inversión pública; hay correlación entre “coyuntura política” e inversión pública. De ahí, difícilmente surge una desarrollo armónico y una vertebración adecuada del territorio y de la sociedad.

La Expo’2008 se celebró al comienzo de la profunda crisis financiera y económica que hemos sufrido en la última década. Sus efectos se retrasaron en la ciudad de Zaragoza un año por el efecto del evento. Pero no dejaron de llegar y producir sus consecuencias. Y como ha sucedido en muchas ciudades con eventos notables, está el problema de rentabilizar y amortizar la inversión realizada y el legado dejado. Buena parte de las infraestructuras de la exposición están todavía sin utilizar diez años después, con algunos edificios emblemáticos convertido cascarones vacíos. Y muchas de las infraestructuras aprovechadas no han sido para la iniciativa privada como muchos aseguraron, lo cual daría rentabilidad al proyecto. Han sido las propias administraciones públicas las que se han tenido que comer con patatas esas infraestructuras. Igual les ha venido bien;… pero no era la idea.

Como ya he dejado claro desde el principio, fue un acontecimiento al que me sentí poco ligado. Ni siquiera las fotos que hice los dos días que fui de visita me gustan mucho. Abusaba demasiado del teleobjetivo en aquellos tiempos,… Pocas veces vuelvo a hojear el librito de fotos que hice de aquellos días. Aquí dejo algunas de las que hoy en día me dicen algo. Me hace reflexionar sobre el hecho de que pasa cuando se hace algo aparentemente bueno o correcto, pero por los motivos equivocados. Y algo de eso hubo. No estoy percibiendo grandes fastos para recordar el aniversario. Supongo que el distinto color político del municipio en esos momentos respecto al de hace diez años influye. Lo cual es volver a lo coyuntural y cortoplazista… no llegamos a percibir los proyectos como algo propio de toda una comunidad o sociedad,… ya sabemos además que los españoles parecemos muchas veces más descendientes de Caín que de cualquier otro personaje mítico de las leyendas antiguas.

En cualquier caso, es así como yo lo vi y lo viví. Como lo hablé en la conversación del domingo, mientras esperábamos a ver cómo un director alemán usa sus artes para dar candela a la burguesía moderna, y como lo contrasté con personas que nos conocemos desde hace muchos años, que lo vivimos de formas muy distintas, y que en pocas ocasiones habíamos hablado del tema. Que probablemente quedará olvidado durante otros diez años… o más.

[Libro] Nada se acaba

Literatura

La canadiense Margaret Atwood está de moda. El estreno hace un año de la serie basada en su novela del mismo título, The Handmaid’s Tale, puso a esta veterana escritoria en el candelero. Lo cual se vio reforzado con una nueva adaptación televisiva de otra de sus obras, Alias Grace. El éxito y el interés de estas propuestas televisivas me llevaron a leer alguna de ellas, y escogí la primera, que me gustó mucho. Tanto o más que la serie de televisión. Y eso que esta es de esas ocasiones en las que el producto audiovisual está al mismo nivel o superior que la obra literaria. Pero la obra de Atwood es amplia y variada. Para leer una nueva obra de la autora decidí que quería sentir cómo ver el mundo real. Ni novela histórica, ni distopía futurista. El mundo real tal y como lo percibe o lo siente.

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Si la imagen que Atwood transmite de Toronto y la sociedad canadiense de los años 70 es real, da la impresión de que la cosa a mejorado algo. O por lo menos, la imagen que el visitante actual se lleva de Toronto es bastante agradable. Con niebla a orillas de lago Ontario incluida.

El libro que aquí nos ocupa apareció de oferta en mi tienda de libros electrónicos habitual y no lo dudé. Es una novela de 1979, ambientada en el Toronto de la época. Durante el espacio de aproximadamente dos años conoceremos las relaciones de una serie de personajes. Nate y Elizabeth forman un matrimonio con dos hijas, que hace tiempo que no funcionan como pareja, por lo que han abierto de forma tácita el mismo a otras relaciones. Ambos tienen amantes, pero Elizabeth está doliente del suicidio del suyo, por el que sentía algo más que una mera atracción física o la conveniencia de la periódica satisfacción sexual. Nate anda perdido en su vida, tanto en lo personal como en lo profesional. Entra en escena Lesje, una paleontóloga del mismo museo donde trabaja Elizabet, que mantiene que vive con un hombre, pero sin mucho convencimiento sobre sus sentimientos. Además, descendiente de ucranianos cristianos y de judíos bálticos, se siente insegura en una sociedad aparentemente diversas, pero muy estratificada. Las relaciones entre ellos y con personajes secundarios pronto se complicaran.

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La novela funciona como una disección no sólo de las relaciones interpersonales o de pareja, encarnadas en los personajes principales de la novela, sino como un análisis de la sociedad canadiense de la época. Es un momento de tensiones en la sociedad canadiense por los movimientos separatistas del Quebec. Y a pesar de la creciente diversidad de la sociedad, que poco a poco deja de dividirse simplemente en “ingleses” y “franceses”, para dar paso a personas de otros orígenes, como decía está claramente estratificada, con dificultades de relación entre comunidades. Lesje es el personaje que mejor representa esa situación. Pero también el rancio abolengo de la familia de Elizabeth, “ingleses” de toda la vida sirve de referencia para el análisis de esta sociedad.

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No es una novela especialmente optimista. La sensación que transmite es la creencia de la autora de que las personas no pueden ser sinceras entre sí. Incluso si están enamoradas. O cuando ya hay poco que perder, y han dejado de estarlo. Hay sentimientos de posesión, de dominio, sentimientos de querer “ganar” en las mezquinas guerras interpersonales. Hay atisbos de que detrás de un tipo “simpático” se puede encontrar un egoista potencialmente maltratador. Todo en un ambiente muy lejos de la imagen del Canadá abierto, civilizado y tolerante. Porque al fin y al cabo, la gente es gente en todas partes.

No me ha resultado fácil de leer. A pesar de tener un extensión moderada, ni corta ni larga, unas trescientas páginas. Me costó más tiempo del previsto leerla. Tuve que hacer interrupciones para asimilar y volver a retomar. Y de hecho, terminé su lectura antes de leer la novela de ciencia ficción de la semana pasada, pero decidí retrasar su comentario para reposarla un poco. ¿Es recomendable? Yo creo que sí, pero con el estado de ánimo adecuado. Y exige una actitud muy activa por parte del lector. Más de lo que podría parecer en un principio.

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[Libro] Los Watson

Literatura

Jane Austen es una de las escritoras más adaptadas al cine. Esta inglesa que vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX dejó una bibliografía a sus espaldas que si bien no es extraordinariamente extensa, hay que decir que murió con solo 41 años, ha sido y es muy leida en el mundo anglosajón.

Las seis novelas completas y terminadas por Austen han sido adaptadas al cine y a televisión, en forma de películas o series de ficción. Y varias de ellas en múltiples ocasiones. Lo cual da un idea de la popularidad continuada de esta escritora. La más popular, y la más adaptada, es Pride and Prejudice (Orgullo y prejuicio). También han recibido numerosas adaptaciones Emma y Sense and Sensibility (literalmente La razón y el sentimiento, pero se puede encontrar traducida Sentido y sensibilidad o Juicio y sentimiento). Pero el resto de las novelas también lo han sido aunque con menos frecuencia. Mi preferida, sin duda alguna, es la versión de Ang Lee de Sense and Sensibility.

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Bath es la ciudad “austeniana” por excelencia; ciudad en la que la autora vivió y en la que situó la acción de algunas de sus novelas.

Pero hasta ahora no había leído nunca nada de Austen. Lo cierto es que, independientemente de la calidad de las adaptaciones cinematográficas o televisivas de sus obras, el contenido de las mismas lo percibo como poco interesante desde mi perspectiva. Y además percibo a la autora como más conservadora de lo que nos quieren convencer algunos de sus apologetas. Ciertamente, se suele quejar de que la mujer de su época depende en exceso del varón. Pero su solución parece pasar siempre por el matrimonio y no por la rebeldía contra el statu quo. Al fin y al cabo, su extración social es la llamada burguesía agraria, un término que me resulta un poco contradictorio, pero que nos permite hacernos a la idea. Y es una extracción social conservadora.

Hace unos meses vi una oferta muy ventajosa de un ebook de esta obra que nos ocupa hoy. Se trata de los primeros capítulos de una novela que dejó inacabada, y que dada su limitada extensión, podía ser una oportunidad de comprobar el estilo de la escritora, sin atragantarme en caso de que no me convenciese.

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La idea se ha mostrado correcta. Las peripecias de la joven de diecinueve años Emma Watson, que ha tenido la desgracia de tener que volver a vivir con su familia venida a menos, tras el matrimonio de su tía viuda y adinerada con un terrateniente irlandés. Al pasar los bienes de la tía a su marido, la potencial heredera se ha quedado a dos velas, y tendrá que conseguir un medio de vida, es decir, un marido, en su pueblo natal.

Mi idea fue buena. Me hecho una idea del estilo de Austen, pero sin atragantarme. Algo que muy probablemente hubiera sucedido si hubiera existido la novela completa. Soy incapaz de empatizar e interesarme por las peripecias de estos caciquillos rurales, sean prósperos o venidos a menos. Y el estilo literario de Austen tampoco me fascina precisamente. Pero había que probarlo. Pues ya está. Misión cumplida.

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[Libro] Leviatán

Literatura

No sé muy bien porque no leo más a menudo a Paul Auster. He leído poco, algo, pero lo que he leído me ha gustado. Y estando recientemente de oferta esta, una de sus novelas más celebradas, decidí leerla. Y no me arrepiento nada en absoluto de tal decisión. Ya adelanto, me ha gustado mucho.

Auster empieza esta novela por el final. Una persona, mientras manipulabas explosivos junto a su coche en la cuneta de una carretera, ha muerto como consecuencia de una explosión. La policía, el FBI, no sabe quién es. Pero una nota encontrada entre sus pertenencias harán que se interesen por el escritor Peter Aaron, que deducirá que el fallecido es su mejor amigo, Benjamin Sachs. Esconde su relación de la policía y, aunque sabe que tarde o temprano deducirán quién es el muerto, decide narrar las circunstancias de la vida de Sachs que le llevaron a este final.

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Nueva York, con la estatua de la Libertad, Brooklyn o el mundo de las artes y la cultura, son algunos de los escenarios importantes de esta novela de Paul Auster.

Ambientada entre Nueva York y otros lugares de Nueva Inglaterra, con algún desvío por la soleada California, Auster nos presenta un fresco de personajes interrelacionados con la excusa de contarnos la historia de Benjamin Sachs. La novela está narrada en primera persona por Aaron, que no es más que un alter ego de ficción del propio Auster. Distintos elementos de la novela están tomados de la realidad. Y así la artista Maria Turner es obvio que está basada en la artista conceptual Sophie Calle, a poco que se conozca la obra de esta. No hace falta ser un lince tampoco para darse cuenta que la segunda mujer del narrador, Iris, una belleza nórdica, esta basada en Siri Hustvedt, la mujer real de Auster, de quien leí unos relatos hace ahora 6 años. En fin, que la historia de Sachs, aunque central, es una más del complejo relato de personas interrelacionadas que componen la novela. El escritor, su amigo, la mujer de su amigo, su amante artista, la amiga de esta, la primera mujer del escritor, la segunda, y el hijo mayor… principalmente. Todos funciona, con más o menos intensidad, como una red de interacciones.

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La novela se lee con soltura, con facilidad. Auster nos habla de un tiempo, de una época. Incluye reflexiones políticas, sociales, quizá filosóficas, pero tan bien integradas en el relato que no producirán el rechazo del más superficial de los lectores. Auster toma partido, como Sachs, en contra de la evolución de una sociedad cada vez menos crítica con un poder cada vez más omnímodo. La novela está escrita a principios de los años 90, tras la etapa Reagan, de la que el autor habla con pesimismo. Pero mantiene gran parte de su vigencia a la vista de los avatares políticos de este final de la segunda década del tercer milenio, casi treinta años después. No es banal que la estatua de la Libertad tenga un papel importante en toda esta historia, como icono maltratado.

En fin, una novela muy muy muy recomendable.

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[Cine] Forushande (2016)

Cine

Forushande (2016; 172017-2603)

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Asghar Farhadi es uno de los directores iraníes de moda. Mejor dicho… es uno de los directores de moda. De cualquier nacionalidad. En los últimos ocho años se ha llevado un par de eunucos dorados con dos películas que entran a indagar en las profundidades de las relaciones de pareja, en un país tan “oficialmente” conservador como es Irán. La primera nos pilló por sorpresa, tanto que yo tuve que ver la película a posteriori en vídeo. La segunda es la que traigo aquí. Entre medio ha hecho otras cosas que tampoco están nada mal, aunque sea casi imposible mantener el nivel de forma tan constante.

Uno de los temas secundarios que acarrea la película es el demencial urbanismo de la ciudad de Teherán. Mal que afecta en muchas partes del mundo, especialmente cuando la impunidad política de las dictaduras suele acarrear la corrupción en los negocios y en las políticas públicas. Nuestro país no se ha librado de estos males tampoco. Acompaño la entrada de una de esas actuaciones que intentan remediar el caos global, como fue la reconversión de buena parte de los terrenos del hospital psiquiátrico en parque y equipamientos públicos en el barrio de las Delicias de Zaragoza.

La película que nos ocupa hoy lleva como título en la versión doblada al castellano El viajante, aludiendo a la Muerte de un viajante de Arthur Miller, historia dentro de la historia en la película. Y nos habla de un matrimonio, los Etesami, Rana (Taraneh Alidoosti) y Emad (Shahab Hosseini), que trabajan en una compañía de teatro que prepara la representación de la mencionada obra de teatro. Emad es también profesor en un instituto. Durante unas obras en el solar contiguo a su vivienda, se producen daños en la misma y se ven obligados a abandonarla por seguridad. Provisionalmente se instalan en un apartamento, cuya anterior inquilina no ha recogido sus pertenencias. Y no da trazas de aparecer. Una noche, Rana, cuando se encuentra en el baño, abrirá la puerta de la calle a quien cree que es su marido. Pero no lo es, y sufrirá una brutal agresión. A partir de ahí, el matrimonio se tambaleará.

Quizá no sorprenda tanto como la película que llevó a su primer óscar a Farhadi, pero estamos ante una impresionante puesta en escena del análisis de cómo una relación de pareja, un matrimonio culto, bien considerado, que mantiene una relación modélica, envidiable, se va a ver puesto en la picota a propósito del incidente de la agresión. Dos personas que parece que caminan por el mismo sendero, tienen reacciones diferentes, y maduran de forma muy distinta ante los hechos que se suceden. No hay artificios en la película que está hecha con medios muy sencillos. Y quizá por ello, nada es superfluo en la misma. Todos los detalles de la misma, cualquier plano, cualquier mirada, cualquier palabra tiene que ver con lo que pasa o va a pasar. La economía de medios lleva a una eficiencia narrativa de primer orden. Sobre un guion muy claro, en el que Farhadi, que también lo firma, tiene muy claro qué quiere decir. Utilizando el drama de Miller como espejo, pero llevando adelante su propia historia y sus propios valores, Farhadi nos planteará muchas preguntas, pero sólo nos dará algunas respuestas, dejando grandes interrogantes al final, que no impiden un cierre fenomenal, en el que el espectador ha de convertirse en parte activa de la película.

La película se apoya en el trabajo absolutamente ejemplar de sus intérpretes, excelente pareja protagonista en la que tras la dominante presencia del varón tenemos la contenida y matizada interpretación de Alidoosti, una actriz de singular belleza, pero que sin embargo no es el arma que utiliza ni mucho menos para llevarse al huerto al espectador, haciendo de Rana el personaje ejemplar de la historia. Sin olvidarnos de Farid Sajjadi Hosseini, intérprete clave que no entrará en acción casi hasta el tercer acto de la película y que va a cerrar el trío de personajes que componen los dilemas morales que nos plantea el filme.

Película con muchas lecturas, con muchos temas detrás de los principales que ya he mencionado. Tras ellos siempre va la situación social y política de Irán aunque no haya críticas explícitas de carácter político. Pero va por ahí la situación de la mujer, su credibilidad social, el desolador urbanismo, la situación de la educación y la cultura,… La película va de menos a más, de un costumbrismo que puede impacientar al principio, a un final sobrecogedor, que dejará muy pensativo al espectador sensible. Totalmente recomendable.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine] Toni Erdmann (2016)

Cine

Toni Erdmann (2016; 052017-2201)

Ya conocemos las candidaturas a los oscars de este año. Y la cartelera española, que se ha movido dentro de cierta sosez durante semanas a finales de 2016, ahora acumula estrenos que hacen difícil hacer el seguimiento en pantalla grande a todas ellas. Se hará lo que se pueda. Y como tampoco ando muy sobrado de tiempo, tampoco puedo prometer comentarios muy extensos en los próximos días.

Hoy traigo una de las candidatas al premio a película en habla no inglesa, una película dirigida por Maren Ade, y que nos llega desde Alemania y Rumania, hablada en estos dos idiomas, preferentemente en alemán, con alguna conversación en inglés.

He visitado Bucarest, y Rumania, en dos ocasiones, en 1987 y 1995. Bajo la dictadura de Ceacescu y en su peculiar transición... en ambos casos los viajes tuvieron momentos absolutamente surrealistas o esperpénticos. Supongo que en estos últimos 20 años habrá cambiado... ¿a mejor? Espero.

He visitado Bucarest, y Rumania, en dos ocasiones, en 1987 y 1995. Bajo la dictadura de Ceacescu y en su peculiar transición… en ambos casos los viajes tuvieron momentos absolutamente surrealistas o esperpénticos. Supongo que en estos últimos 20 años habrá cambiado… ¿a mejor? Espero.

La historia nos habla de Winfried Conradi (Peter Simonischek), también conocido en algunos momentos del filme como el Toni Erdmann del título. Un hombre entrado en años, que parece que no se toma la vida muy en serio, que se cuida mal, con algún problema de salud, que vive extrañado de su familia, y especialmente de su hija Ines (Sandra Hüller), una consultora de prestigio en una multinacional, que en estos momentos está trabajando en Bucarest, como asesora de una petrolera local que quiere recortar gastos. Lo cual en el mundo de los negocios suele ser sinónimo de despedir trabajadores. Winfried se plantará en Bucarest para intentar reconectar con su hija. A la cual, por supuesto, nos presentan estirada como si fuera el día entero con el palo de una escoba metido por el… ejem.

La película venía precedida de críticas muy notables y de una gran aceptación en su país de origen. Es una película que mezcla temas. Tanto al nivel más personal, la familia y la relación paternofilial, como a nivel más social, el mundo de los negocios, de la empresa y de la economía globalizada. Siempre desde un punto de vista crítico. El problema es que aunque aprecié algunas de sus virtudes, especialmente el excelente trabajo de sus dos protagonistas, me pareció una película excesivamente larga, dos horas y tres cuartos, para un planteamiento que me parece que no da para tanto, y que incluso se hace relativamente previsible. Más que costarme entrar en el filme, lo que más esfuerzo me supuso fue no “salirme” de él en varios momentos.

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Como digo, a su favor sus dos protagonistas. Y entendámonos. El histrionismo del personaje masculino, el padre, hace que de alguna forma su protagonista pueda encauzar con facilidad su lucimiento interpretativo. Quien lo tiene más difícil es Hüller, un personaje a priori más antipático por varias de sus dimensiones, mucho más contenido en sus manifestaciones, y sin embargo la actriz alemana sorprende por la sutileza de su interpretación, por la variedad de registros que manifiesta a lo largo del metraje y por su capacidad de actuar sin palabras, diciéndolo todo sin decir nada, hasta su relativamente abierto plano final, que no deja de destilar cierta amargura.

No nos gustó tanto, especialmente tras las expectativas levantadas, y hubiéramos agradecido un metraje más contenido. Pero no está mal. He visto mejores cosas en los últimos meses en lengua no inglesa, que no son candidatos al “eunuco de oro”.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Libro] Fotorretórica de Hollywood, a propósito de Bob Dylan y su premio Nobel

Cultura, Fotografía, Literatura

No voy a hacer un comentario extenso de este libro de fotografía y poemas, que ya hice en su momento, hace ya casi siete años en este mismo Cuaderno de ruta. Pero me ha venido a la memoria y lo estuve hojeando ayer, y releyendo alguno de sus poemas. Quien lea mis comentarios de hace siete años podrá comprobar que las fotografías de Barry Feinstein me resultaron interesantes, los poemas acompañantes, no tanto. Esto puede deberse a dos causas…

La primera es que no soy buen lector de poesía. Leer poesía es una hábito que hay que cultivar, como tantos otros en el mundo de las artes y las letras. Salvo las formas más simples de poesía, no es un ámbito de la literatura fácil y no es un ámbito en el que se nos eduque adecuadamente. Por lo menos a mi generación. Observando las siguientes… no soy más optimista. Y mira que pocas veces opino que el refrán aquel sobre que “cualquier tiempo pasado fue mejor” sea cierto. No lo suele ser.

La segunda de las posibles causas es que realmente los poemas no acabasen de convencerme porque no eran para tanto. ¿Y de quién eran los poemas? De Robert Zimmerman, más conocido como Bob Dylan, que acaba de ser anunciado como el galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2016 por la Academia Sueca.

Dylan es fundamentalmente por su faceta de cantante popular, dentro del genero folk o folk rock, fundamentalmente. Y parece ser que este es el motivo por el que en nuestro país, al menos en las redes sociales más usadas, la concesión del premio se ha acogido con un cierto nivel de cachondeo que no entiendo. O sí que entiendo, dado el bajo nivel cultural que sufrimos en España.

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En el encabezado y en esta fotografía, el ayuntamiento de Estocolmo, donde cada año se celebra el acto de entrega de los Premios Nobel.

Bob Dylan es conocido como cantante. Pero cualquiera que sepa un poquito de su historia, sabrá que es fundamentalmente un poeta, que ha utilizado la música como vector de transmisión de sus ideas y conceptos. Algo que no es nuevo ni mucho menos en la historia de las artes. Casi nadie lee poesía, casi todos escuchan música. No soy especialmente “dylaniano”, pero tengo alguno de sus discos, y desde que estoy suscrito a un servicio de música con cuota mensual, no pasa un mes en que dedique una tarde, mientras hago otras tareas en el ordenador, a escuchar temas de Dylan. Y es que además siempre me ha gustado más como letrista que como músico.

La concesión de un premio como el Nobel de Literatura siempre estará sujeto a polémica. Tal y como los definió Alfred Nobel en su testamento, debían premiar a la persona más destacada de determinadas ciencias, de la literatura y en la consecución de la paz en el año anterior. Debía estar abierto a científicos, literatos y personas de todo el mundo. Y los jueces habían de ser la Academia Sueca o de Estocolmo (literatura), la Academia Sueca de las Ciencias (física, química, más tarde se añadió ciencias económicas), el Instituto Karolinska (medicina o fisiología) y el Storting (asamblea) noruego (paz, en aquellos momentos Noruega y Suecia estaban unidas en una unión personal monárquica).

Pero las cosas son muy diferentes en estos momentos y los premios de ciencias se suelen conceder a descubrimientos o trabajos que pueden tener décadas, pero que por la naturaleza del método científico necesitan de tiempo para ser sometidas al necesario escrutinio que afiance las teorías científicas. Por ejemplo, los científicos que desarrollaron la idea de que era necesaria una partícula esencia para explicar que algunas otras tuvieran masa, el llamado bosón de Higgs, lo hicieron en los años 60. Pero hasta que no entró en funcionamiento el Large Hadron Collider no pudo ser corroborada la idea, de gran importancia en el mundo de la física. Por lo tanto, hasta 2013 no les fue otorgado el premio.

De forma similar, los premios Nobel de Literatura y de la Paz se suelen otorgar a personas con una trayectoria personal en sus respectivos campos que les haga ser reconocidos plenamente como merecedores del premio. En su momento, al principio de los premios, se dieron premios a autores con presencia en aquel momento pero con posterioridad la historia no los ha reconocido. Los dos primeros premios Nobel de literatura españoles, José Echegaray y Jacinto Benavente, fueron autores de éxito en su momento, pero hoy en día carecen del reconocimiento que tuvieron en su momento y han sido sujetos a crítica. Por otro lado, se premian autores vivos. Probablemente el literato español de mayor prestigio internacional en el siglo XX, y que probablemente hubiera sido candidato al premio, terminó su vida prematuramente “gracias” a un pelotón de fascistas impulsados por el odio que los fusilaron durante la guerra civil. Hablo de Federico García Lorca, claro, que ha superado con creces la difícil prueba del paso de la historia. Difícil papeleta las de las academias suecas o la de la comisión de la asamblea noruega. Esta última, por ejemplo, se “lució” con su concesión del premio de la paz a Barack Obama, que con su elección levantó muchas expectativas, pero que realmente no había conseguido nada todavía. Y en este campo, en el de la paz, ahora al final de su mandato… tampoco.

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Es el Storting noruego, una comisión que es nombrada por esta asamblea suprema legislativa noruega elige al Premio Nobel de la Paz.

Se han dado una serie de motivos para la concesión del Nobel a Bob Dylan. Por «haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición norteamericana de la canción», podemos leer en los medios. Y probablemente es así. Sin embargo, en las últimas décadas la Academia Sueca ha tenido guiños a diversas consideraciones sociales o políticas. Lo que le ha llevado a conceder el premio a literatos poco conocidos, que se han expresados en idiomas de escasa difusión y poco traducidos. Pero es una forma de expresar la voluntad de Alfred Nobel de extender el premio a todas las nacionalidades. Y también es una forma de posicionarse social y políticamente. Probablemente el premio del año pasado a la bielorrusa Svetlana Aleksiévich, tenga también mucho que ver con la situación política de su país, residuo dictatorial de la antigua Unión Soviética. Pero he de advertir que el premio no es gratuito. Tuve ocasión de leer, como comenté en estas páginas, una obra de Aleksiévich y me pareció impresionante.

Estamos en año electoral para la presidencia de los Estados Unidos. Y uno de los candidatos se está caracterizando, más allá de que compartas o no sus ideas políticas, por un nivel de zafiedad y patanismo cultural que espanta. Especialmente porque no está descartado que gane el puesto, probablemente la posición política más influyente del mundo y de las que más poder acumula. Dylan se ha caracterizado por su compromiso con la paz, los derechos humanos y civiles y su compromiso social. Es una especulación mía que estos hechos hayan tenido su importancia a la hora de decantar la concesión del premio. Pero no me parece descabellada.

En cualquier caso, muchos medios en su país están celebrando la concesión. Aquí, en España, muchos, que seguramente ni escuchan sus canciones ni lee sus poemas se lo toman a cachondeo. Yo, aparte de escuchar sus canciones, he leído al menos un libro con sus poemas, el que me sirve de excusa para este artículo. Y no sé si es la persona que más se merece el premio. Pero sí sé que se merece el respeto y el reconocimiento debido. Y por eso este rollo.

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Bob Dylan nació en Duluth, en el estado de Minesota; pero fue en la ciudad de Nueva York donde lanzó su carrera como músico y poeta. Robert Zimmerman de nacimiento, cambió su apellido por el de Dylan, se supone que en homenaje al poeta galés Dylan Thomas.

[Cine] Mistress America (2015)

Cine

Mistress America (2015); vista el 22 de noviembre de 2015.

En un día como hoy en el que me encuentro muy confuso… Veréis… En el lugar donde trabajo, en los últimos años han sido o fueron relativamente las protestas salariales en viernes. La gente se vestía de negro y protestaba en la puerta del centro de trabajo durante unos minutos. Y a eso se le llamaba “viernes negro”… Pero ahora resulta que “viernes negro” o en inglés “black friday” es un día donde te venden las cosas rebajadas. Aunque dicen que antes de rebajar las cosas, en algunos comercios las suben de precio, así que cuando dicen que las han rebajado… pues eso… Que estoy confuso…

Retomo el hilo. Llevo un cierto retraso en lo de comentar películas que he visto en el cine. Con la de hoy tengo dos sin comentar. Así que a ver si entre hoy y mañana me pongo al día. La de hoy, vista en versión original. El título en la versión doblada, en España, creo que es el mismo. Y nos apeteció verla porque no hace mucho vimos otra película con la misma pareja de director/guionista y protagonista/guionista que nos gustó. Noah Baumbach y Greta Gerwig han vuelto a las calles de Nueva York para contarnos el desconcierto vital de las generaciones más jóvenes.

Volvemos hoy a Nueva York; al más urbano y dinámico.

Volvemos hoy a Nueva York; al más urbano y dinámico.

Tracy (Lola Kirke) es una chica de primero de carrera, que ha decidido hacer sus estudios en Nueva York atraída por la romántica imagen de la ciudad como lugar donde pasa todo en el mundo intelectual y social. Pero sus aspiraciones se quedan defraudadas, porque todo es muy aburrido. Además, aspirante a escritora, no parece impresionar a sus profesores y compañeros con sus escritos. Todo parece cambiar cuando conoce a Brooke (Greta Gerwig), la hija del novio de su madre, futura hermanastra. Esta, casi una década mayor, es “guay”, lo pasa bien, y tiene proyectos para montar un restaurante maravilloso. Y conoce gente.  Las cosas al final no serán como parecen,… pero por lo menos le estimulará a escribir algo realmente interesante.

Drama con tonos de comedia, o comedia con tonos de drama, en la que de nuevo Baumbach y Gerwig exploran la ausencia de rumbo, la carencia de objetivos vitales en lo jóvenes actuales, representados por cualquiera de las dos protagonistas. Lo cual se hace especialmente grave cuando el joven empieza a no ser tan joven, situación representada por el personaje que interpreta Gerwig. Un personaje muy similar en ciertos aspectos al de Frances Ha, pero sin que parezca que vaya a conseguir reconducir su vida como aquella bailarina frustrada. Similares ingredientes que el mencionado precedente, aunque tal vez sin la frescura y la novedad que represento aquella sencilla película rodada en blanco y negro con cámaras fotográficas réflex digitales.

A la ciudad que despierta expectativas e ilusiones en la gente.

A la ciudad que despierta expectativas e ilusiones en la gente.

Buenas interpretaciones, tanto de sus protagonistas (esta chica, Lola Kirke, a quien esperamos en la segunda temporada de Mozart in the Jungle, parece que promete) como de los personajes secundarios. Todos juntos nos ofrecen de forma coral la parte más interesante de la película que es cuando se juntan todos en la casa del exnovio y examiga de Brooke.

Película que se deja ver con razonable agrado, no le encuentras grandes pegas, pero que tampoco dejará un recuerdo indeleble en la memoria. Si no encuentras nada mejor en cartelera, tiene un pase. El haberla visto en compañía entre otros de una joven de 21 años, permitió eso sí, un coloquio cervecero posterior muy interesante.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***
Pero en la que, si hacemos caso a lo que nos cuenta el cine y las series de televisión contemporáneas, las chicas jóvenes lo tienen realmente complicado.

Pero en la que, si hacemos caso a lo que nos cuenta el cine y las series de televisión contemporáneas, las chicas jóvenes lo tienen realmente complicado.

[Libro] El cerebro de Andrew

Literatura

Salgámonos un poco del tema fotográfico que me ha ocupado de una u otra forma las tres últimas entradas de este Cuaderno de ruta, aunque con relativo éxito, y voy a dedicar como todas las semanas un día a la lectura y a la literatura. A una literatura excelente desde mi punto de vista, puesto que hace tiempo que incluí a E. L. Doctorow entre mis favoritos. El primer libro que leí de este autor norteamericano fue La Gran Marcha, un libro histórico situado en el avance de Sherman por el estado de Georgia, y que casi podríamos decir que me entusiasmó. Luego he leído otros títulos del mismo autor que también he disfrutado mucho, y periódicamente recupero alguna otra de sus novelas. Como ha sido el caso de la que toca comentar hoy.

El cerebro de Andrew
E. L. Doctorow; traducción de Carlos Milla e Isabel Ferrer
Roca Editores, 2014
Edición electrónica

Acompañando a Andrew, a Briony, a Martha,... recorremos varias ciudades de la geografía nortemericana, pero es Nueva York uno de los lugares principales.

Acompañando a Andrew, a Briony, a Martha,… recorremos varias ciudades de la geografía nortemericana, pero es Nueva York uno de los lugares principales.

Andrew es un neurocientífico. Y vive consigo mismo bajo la creencia que lleva la destrucción y la calamidad a todo lo que toca. Cuando comienza el libro, asistimos a como nos cuenta, en un diálogo con un psiquiatra que ocupará todo el relato, el modo en que tras la muerte de su segunda esposa, deja al hijo de ambos en manos de su primera esposa. Aquel primer matrimonio fracasó cuando murió la hija que tenían en común. Y poco a poco, mediante los flashbacks procedentes de su diálogo con el terapeuta, conoceremos la historia de Andrew, la de aquellas muertes, aquellos fracasos. Y nos llevaremos alguna sorpresa al final.

Yo estoy encantado con la capacidad narrativa de Doctorow. Como te va llevando poco a poco por una narración que intuyes o sabes tiene un final trágico. Pero la novela es muy poliédrica. También lo son los personajes, especialmente Andrew, más complejo de como se presenta a si mismo en su diálogos con el psiquiatra. Partiendo de ese punto absolutamente dramático, Doctorow va construyendo una relato que nos descubre la hermosa historia de amor con Briony, la joven universitaria que enamora y se enamora del profesor universitario que está entrando en la madurez. ¡Quién no se enamoraría de Briony, tal y como nos la presenta Doctorow! Una historia de amor que siempre aparece teñida de un fatalismo, en el que se mezcla el drama con momentos de humor absolutamente excelentes.

Nueva York, sus calles, sus parques, sus rascacielos, es un escenario perfecto para muchas historias, felices o tristes.

Nueva York, sus calles, sus parques, sus rascacielos, es un escenario perfecto para muchas historias, felices o tristes.

Y de repente, todo cambia. De repente conocemos la realidad del final de Briony. De repente, la percepción que tenemos de Andrew se modifica por completo. Con habilidad, sin que nos demos cuenta, Doctorow ha insertado la historia personal y particular de las personas en la historia global de los pueblos y del mundo. Y termina la historia de amor y surge la crítica social y política a un momento determinado de la historia de los Estados Unidos. Impresionante.

He de decir, que uno de los capítulos de este libro es uno de los que más me ha conmovido en todo el tiempo que he sido lector. Es decir, desde mi más tierna infancia. La enormidad de la catástrofe personal que se desvela al lector de forma progresiva e implacable y que de repente da sentido a una historia profunda, llena de matices psicológicos. Durante dos días suspendí la lectura del libro para digerir lo que llevaba leído hasta el momento, y reconducir el ánimo con el que afrontaba el tramo final del relato, que no careció de sorpresas.

Pero Andrew es un neurocientífico. Y lo que está bajo análisis es su cerebro y los productos del mismo. ¿Qué acontecimientos condicionan las respuestas del mismo? ¿Es todo cierto? ¿Es todo real? ¿No encontramos puntos de absurdo o surrealismo en la historia? ¿Los padres de Briony? ¿El compañero de habitación de Andrew en la universidad? ¿Su último empleo? ¿Quién es realmente el “doc” con quien se entrevista? No hay respuestas definitivas.

Como veis, intento no desvelar nada de la historia. Nada que no nos cuente el autor en las primeras páginas del libro. El potencial lector ha de seguir el recorrido que hice yo por su cuenta. Yo he quedado encantado. Y recomiendo esta novela vivamente. De verdad. No os arrepentiréis.

Y desde luego es el lugar idóneo para imaginar a la joven madre Briony trotando por esas calles y esos parques, probablemente atrayendo de cualquiera que la vea pasar.

Y desde luego es el lugar idóneo para imaginar a la joven madre Briony trotando por esas calles y esos parques, probablemente atrayendo de cualquiera que la vea pasar.

[Libro] La hija del sepulturero

Literatura

Sigo intentando ponerme al día con los libros leídos, y voy por uno que terminé a mediados de marzo, y que hasta ahora no había encontrado un hueco. Lo cual no viene mal, porque esta novela de Joyce Carol Oates tiene mucho sobre lo que pensar y reflexionar antes de dar opinión. Es un relato, un largo relato para lo que es mi costumbre, que nos cuenta muchas cosas, muchas situaciones, y nos describe unas evoluciones personales y sociales que dan mucho de sí. Es uno de los éxitos más recientes de la autora, de la cual comenté hace unos meses otro relato con características muy distintas.

La hija del sepulturero
Joyce Carol Oates; traducción de José Luis López Muñoz
Editorial Alfaguara, 2010
Edición electrónica

Rebecca Schwart es una joven de 22 años. Casada con un niño pequeño que tuvo a los 19, trabaja en una fábrica en el norte del estado de Nueva York. Su marido pasa largas temporadas fuera de casa. Por motivos de trabajo, se supone. Un día es acosada por un individuo elegante, que la confunde con otra mujer. La desazón que le supone este hecho le lleva a retroceder a su pasado. Los Schwart, Jacob y Anna, fueron un matrimonio con dos hijos que huye hacia finales de los años treinta del ambiente de persecución a los judíos existente en su Alemania natal. Su entorno social y cultural tenía cierto nivel antes de la llegada de los nazis. Ella era música, interpretaba al piano. Él había sido profesor en un instituto y trabajó en una imprenta dedicada a los libros técnicos y científicos. Tras una travesía en malas condiciones, con Anna embarazada, llegan al puerto de Nueva York, donde no bajan a tierra hasta que da a luz a Rebecca en un difícil parto. Una vez en el país de acogida, tienen dificultades para establecerse, y Jacob acaba encontrando trabajo como sepulturero en un pueblo del estado de Nueva York. Han pasado de una confortable clase media en Alemania a lo más bajo de la escala social en el ambiente rural de Estados Unidos. Esto será nefasto para la familia, y condicionará la vida de la joven Rebecca, que vivirá una serie de tragedias en su niñez y en su juventud que le llevarán a la necesidad de reinventarse a sí misma. Completamente. A vivir una vida que es una mentira. Para salir adelante ella, pero sobretodo para sacar adelante a su hijo.

Rebecca, la protagonista de la novela, nace a finales de los años 30 en el puerto de Nueva York, lo que la hace, al contrario de su familia, americana de nacimiento.

Rebecca, la protagonista de la novela, nace a finales de los años 30 en el puerto de Nueva York, lo que la hace, al contrario de su familia, americana de nacimiento.

Inspirada la novela por las vivencias de la abuela de la escritora, que de hecho fue hija de un sepulturero y sufrió la violencia a manos de su marido. Sin embargo, la escritora carece de toda la información sobre lo sucedido. El tema no se trata libremente en su familia, por lo que según entiendo no puede contar la historia como fue. Así que rellena el desconocimiento con la invención de unos personajes inspirados por los de la historia de su abuela, y sitúa la acción en un entorno, el norte del Estado de Nueva York.

A partir de ahí, los temas a tratar son muchos y difíciles. El racismo y la xenofobia; el miedo o el desprecio al extranjero. La pobreza y sus consecuencias. La inadaptación de las personas expatriadas a sus nuevos ambientes; el miedo a ser despreciados y las barreras a integrarse en la nueva sociedad. La violencia familiar; la violencia de género.  El descubrimiento de la sexualidad asociada al miedo y a lo desconocido. Las carencias afectivas que impiden identificar los sentimientos auténticos de los impostados. La maternidad y la necesidad de proteger al hijo deseado. El sentimiento de abandono por el hijo que triunfa que ya no necesita de la madre. Y sobretodo, la necesidad de mentir, de recrearse a sí misma, de crear una nueva vida, un nuevo pasado, unas falsas raíces, de interpretar continuamente las 24 horas del día y durante años un personaje. Renunciar a quien eres, para conseguir salir del agujero en el que has vivido desde el momento que no moriste en un nacimiento no deseado.

Un hecho que le sirve de poco, porque sufre de una falta continuada en sus primeras décadas de vida de documentación sobre quién es y cuál es su estado. No le impide sentirse extraña entre sus "compatriotas".

Un hecho que le sirve de poco, porque sufre de una falta continuada en sus primeras décadas de vida de documentación sobre quién es y cuál es su estado. No le impide sentirse extraña entre sus “compatriotas”.

La novela está escrita de forma fluida y, al menos en la traducción al castellano, te lleva a una lectura atrayente y difícil. Hay pequeños y grandes dramas y tragedias a lo largo de una vida, con algunos éxitos y satisfacciones. Pero no han faltado los momentos en los que te tienes que parar y descansar durante un día para reflexionar sobre lo leído, sobre lo acontecido y su significado. Como ya se ha visto hay muchos temas trascendentes en marcha en la vida de Rebecca.

El libro termina con un intercambio epistolar entre la protagonista, ya convertida en una mujer mayor, viviendo retirada en Florida, con una prima alemana que creyó perdida y que ha adquirido notoriedad como escritora. Una sección del libro que se escribió de forma independiente y con anterioridad, pero que le da un final con mucho sentido al relato, al mismo tiempo que nos hace pensar sobre el sentido de la vida de las personas, como lo vivimos cada uno, como lo ven los demás.

Un libro muy interesante, que engancha, aunque no siempre te convenzan las soluciones argumentales de la escritora. Pero con razonable coherencia en su conjunto. En líneas generales, me parece una lectura recomendable, sobre la que me he dejado muchas cosas en el tintero. Pero es que tampoco me apetece extenderme en exceso en una entrada de blog personal, que no pretende ir más allá de comentar mis lecturas y expresar una opinión.

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Necesitará reinventarse para acabar siendo aceptada. En cualquier caso, tendremos que suponer que su entrada quedaría registrada en las oficinas de Ellis Island, que adivinamos en esta fotografía tras la isla y la estatua de la Libertad. ¿De qué libertad estaremos hablando?

 

[Cine] Левиафан (Léviafan) (2014)

Cine

Левиафан (Léviafan) (2014); vista el 5 de enero de 2015.

Como es costumbre en mí, conservo el título original de la película cuando la he visto en versión original subtitulada. Como el título está en ruso, con caracteres cirílicos. Incluyo la transcripción a caracteres latinos más adecuada para representar la pronunciación del título a un hispanoparlante. En el resto del artículo, los nombres propios rusos los he escrito como los he encontrado, que suele corresponder con la transcripción dentro del idioma inglés, ya que no siempre he encontrado la adecuada en castellano. La forma “leviathan” no es un forma adecuada de transcripción en castellano. La película se ha dado en llamar traducida al castellano como Leviatán.

Muy bien recomendada venía esta película rusa dirigida por Andrey Zvyagintsev, que viene recolectando éxitos en distintos festivales y opta al “eunuco dorado” como película de habla no inglesa. Hace mucho tiempo que no veía una película procedente de la Federación Rusa, especialmente de realización reciente, y no sabía muy bien lo que me iba a encontrar.

He empezado a revisar las fotos del año 2014 de cara a elaborar el libro o libros de fotos del año (viajes excluidos).

He empezado a revisar las fotos del año 2014 de cara a elaborar el libro o libros de fotos del año (viajes excluidos).

En esta película nos cuentan cómo Kolia (Aleksey Serebryakov), un hombre que con su mujer, Lilia (Elena Lyadova) y su hijo (Sergey Pokhodaev) vive en las frías regiones de la península de Kola, a orillas del mar de Barents, se dispone a pelear con la ayuda de abogado amigo suyo que viene de MoscúDimitri (Vladimir Vdovichenkov), contra las pretensiones del alcalde del lugar (Roman Madyanov) de expropiarle su casa y sus terrenos. El motivo de la expropiación son la instalación de una central de comunicaciones para la población, pero Kolia sospecha que dada la privilegiada situación de su casa, el alcalde, corrupto, quiere usarlo en beneficio propio. Pero la lucha va a ser muy difícil; son muchos los intereses generales y particulares que se le pondrán en contra.

El Leviatán es un monstruo legendario que aparece en la biblia judía, y por tanto en algunos libros del antiguo testamento cristiano, que representa al mal más esencial. No siempre adopta la misma forma, pero hay quien asimila la ballena o el gran pez que se traga a Job como una representación de este monstruo. No hace falta que avance mucho la película para darnos cuenta que Kolia es un moderno Job, que como al de la leyenda judía se le echa encima toda la maldad que en estos momentos se pueda concebir en un país esencialmente corrupto como es Rusia, y que por su rechazo a doblar la rodilla puede acabar perdiéndolo todo. Hasta que punto esto va a ser así, lo dejo al que quiera ver la película. Por lo tanto, la película es una durísima crítica a la sociedad rusa actual, que no deja títere con cabeza. Ni a los políticos, actuales o tan pretéritos como queramos considerar, ni a la administración de justicia, ni a la policía, ni a la iglesia ortodoxa, ni a los propios rusos en general. Una sociedad en la que reina el sálvese quien pueda, el alcoholismo, una violencia latente que en cualquier momento puede hacerse evidente, el machismo, no poca desesperanza. Cuanto más en un lugar tan inhóspito como las regiones árticas que aúnan en un mismo paisaje una impresionante y austera belleza y un sentimiento de desolación agobiante.

Todo ello se pone de manifiesto de forma casi magistral en la película. Con un guion sistemático, sin resquicios, que avanza lenta pero inexorablemente, y que trata al espectador como persona inteligente. Nada se explica todo se muestra; a veces se insinúa. En ocasiones lo que no se muestra es suficiente para expresar mucho, y utilizando el tópico oxímoron, hay silencios atronadores en su mensaje. La realización me parece heredera de la escuela rusa que viene incluso de la época soviética. Mucho simbolismo, pocas palabras, planos largos y mantenidos, con detalles que nunca son superfluos. El uso de la metáfora visual es constante, y los diálogos no tienen desperdicio, especialmente los aparentemente más inocentes. Todo muy alejado de la verborrea sonora y visual de buena parte de las producciones que vienen del imperio occidental al otro lado del charco.

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De repente recuerdas momentos y situaciones que habían desaparecido completamente de tu memoria.

No sólo la realización es más que notable; las interpretaciones son también de primer orden. Todos los intérpretes, desde los protagonistas hasta los secundarios realizan una convincente representación de los personajes que les son asignados. Destacan por supuesto los dos grandes antagonistas, Serebryakov como KoliaMadyanov como el alcalde. También merece un mención destacada la sufrida interpretación de Lyadova como esposa del protagonista, una mujer todavía joven, atractiva, pero en la que se percibe el cansancio de la dura vida en las regiones árticas y el miedo a perder su hogar, un hogar acogedor mantenido con esfuerzo, y que además tiene que luchar con el carácter del marido, que la quiere, y con el rechazo del hijo, que lo es de una esposa previa y difunta.

En mi opinión, una de las mejores películas que he visto en los últimos años. Y si hasta hace poco pensaba que Ida era una opción clarísima para el óscar a la película de lengua extranjera, creo que esta tiene más méritos por su valentía, por su complejidad conceptual, por su excelente puesta en escena y por el conjunto de sus interpretaciones, más variadas y ricas que las también excelentes de la película polaca. Mi recomendación es que vayáis a verla si tenéis ocasión.El final te deja absolutamente anonadado. Descubrir para qué quería realmente los terrenos el alcalde es demoledor. Y esta mezcla de historia de amor y tragedia es de un nivel que se ve poco últimamente. Por cierto, después de verla me sorprende que al principio del filme se mencione que está realizada con la ayuda ministerial rusa… ¿No se leyeron el guion? Como buenos miembros de una burocracia corrupta ¿no lo entendieron? Porque también Putin recibe lo suyo.

Y sobretodo, da mucho miedo. Estamos en un país donde los casos de corrupción cada vez surgen con más frecuencia. Una deriva hacia una situación como la que aquí se nos describe sería absolutamente terrible. Más vale que nos espabilemos los españolitos…

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: *****
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Empiezo a tomar conciencia de lo complejo que ha sido el año pasado. Espero que en este todo sea más sencillo.