[Viajes] Excursión ferroviaria en el día a Canfranc Estación

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Habría que recordar que el nombre del entorno donde se sitúa la estación de Canfranc es Los Arañones, que el pueblo de Canfranc está cuatro kilómetros al sur, más abajo en el valle, pero que que la mayor parte de la gente llama Canfranc a Los Arañones o, aquellos más enterados, Canfranc Estación. Un lugar por donde yo paraba con cierta frecuencia hace 20 años o más, pero que no había visitado por lo menos en ese tiempo.

La estación internacional de Canfranc y su entorno en agosto de 2000, las últimas fotos que tengo registradas del lugar hasta el día de ayer.

Ayer hicimos un viaje en el día con la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ. En tren. En el «canfranero». Que es una experiencia en sí misma. Un viaje que en coche dura menos de dos horas, exactamente cuanto depende de lo que uno corra por los abundantes tramos de autovía con dos carriles por sentido que hay, en tren dura, en la situación más optimista, desde la estación de Miraflores, la última de las cuatro que recorre el tren por Zaragoza antes de salir de la ciudad, tres horas y cuarenta y cinco minutos. Cuatro horas si sales desde su inicio de trayecto en Zaragoza-Delicias. Más de dos horas más que en coche. Eso sí, recorriendo unos paisajes estupendos, que desde el tren son difíciles de fotografiar. Especialmente en fin de semana cuando va muy lleno.

Vistas desde el tren durante el viaje.

El entorno de la estación de Canfranc ha cambiado mucho en la última década. No tanto el núcleo de población que surgió a su costado, aunque ahora está más cuidado que hace un tiempo. Todo está todavía en obras, y ha perdido el sabor nostálgico de hace dos décadas. Esperemos que sea para bien. Hay mucho optimismo por parte de mucho respecto a la apertura de la línea ferroviaria internacional con Francia… que a mí me cuesta mucho asumir. No lo tengo nada claro. Especialmente con dos anchos de vía distintos. Incluso si se centrase, como parece más razonable, al tráfico de mercancías, eliminando tránsito de camiones por los Pirineos. Algo que sería muy deseable ambientalmente.

Restos ferroviarios que todavía se pueden ver en el entorno de la nueva estación, estando muy avanzadas las obras de la vieja para reconvertirla en lo que los políticos llaman «un hotel de alto standing». Muy papanatas los políticos de esta comunidad autónoma.

Ayer recorrimos por la mañana los lugares más emblemáticos del lugar desde el punto de vista ferroviario. Los edificios, los restos ferroviarios, la entrada del túnel internacional, convertido en la actualidad en laboratorio que estudia determinados aspectos de la física de partículas, como los neutrinos o la naturaleza, incógnita todavía, de la denominada materia oscura.

Asistimos también a la llegada a la estación de un tren especial con material ferroviario histórico puesto en la vía por la asociación de amigos del ferrocarril de Madrid con la colaboración y material ferroviario añadido de la asociación zaragozana equivalente.

Después de comer, realizamos una visita guiada por el entorno de la estación en la que se explicó con detalle la historia del lugar, los avatares de su historia, más rica de lo que muchos piensan, y las perspectivas de futuro. Esas sobre las que yo ya he dado a entender que no me siento tan optimista.

Después de esta visita guiada, poco margen quedó ya para hacer nada. Se acercaba la hora de afrontar las tres horas y cuarto de regreso, y además el tren tenía una ocupación alta, por lo que si queríamos tener un espacio en el mismo en el que los compañeros de la asociación estuviésemos reunidos, más valía montar cuanto antes. Dentro de unos días, semanas más bien, espero tener más fotos realizadas con película fotográfica tradicional.

[Viaje] Fotos de Ávila con película fotográfica en blanco y negro

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Como ya comenté en su momento, cerré mis pequeñas vacaciones en la semana de Pascua con una excursión a Ávila desde Madrid. Como llegábamos tarde en el vuelo desde Roma el domingo por la noche, acepté la hospitalidad de una buena amiga que vive en la villa y corte y me quedé a pasar la noche y el día siguiente. Pero me dio pereza meterme a patear Madrid, y nos fuimos de viaje en el día a la ciudad amurallada.

He considerado esta excursión como un viaje distinto. Y cuando lo pase a papel, en forma de libro de fotos, no quedará integrado con las fotos de Italia, sino en un volumen en el que agruparé otras escapadas por ciudades españolas que estoy haciendo este año. Hasta el momento OliteMadridToledo,… esta de Ávila… una a Logroño de la que os hablaré en su momento. Y las que puedan venir. Tengo que pensar si integro en el mismo volumen, o en otro proyecto distinto, otros viajes en el día. Como el del Geoparque Mundial Sobrarbe-Pirineos en marzo, o la del próximo fin de semana en tren a Canfranc.

Las breves consideraciones sobre técnica fotográfica de las fotos de hoy las podéis encontrar en En Ávila, una extensión a mi viaje por Italia – Minox 35 GT-E con Ilford XP2 Super. Aquí simplemente, como es mi costumbre, os dejo una selección de las fotografías del estupendo día que pasamos en la coqueta ciudad castellana.

[Viajes] En Logroño, y algunas paradojas en mi vida

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En la calle Bretón de los Herreros vivió la familia de una vecina que tuvimos en mi infancia. Rosi me parecía muy mayor cuando yo tenía siete u ocho años. Pero probablemente no pasaba mucho de los veinte años; ya casada con un ingeniero de los que estaban en las obras de construcción de la autopista a Barcelona. Era muy simpática y maja. No sé qué será de ella.

Durante unos años, desde que tenia 22 hasta que cumplí los 30, Logroño era una ciudad que tenía bastante presencia en mi vida. Situada la ciudad a 170 kilómetros de Zaragoza, donde vivo, la antigua provincia de Logroño, actual comunidad autónoma uniprovincial de La Rioja, es limítrofe con la de Zaragoza, aunque sólo por un breve segmento de unos cuatro kilómetros de longitud, entre Navarra y la provincia de Soria. Mi abuela era de La Rioja, y siempre he tenido alguna familia en la capital logroñesa. Pero no ese el motivo principal de mi relación con la ciudad durante aquellos años 80 y principios de los 90.

En la Sala Amós Salvador encontré una exposición de la colección SOLO de arte contemporáneo. Allí me informaron que en Agoncillo hay un museo de arte moderno y contemporáneo bastante interesante. Igual me escapo algún día a verlo. Aunque para ir en tren, tiene que ser entre semana. Los fines de semana, no hay trenes que paren en Agoncillo de ida.

Por supuesto, no son los lugares en sí mismos los que nos vinculan a ellos, salvo en raras ocasiones. Son las personas con las que vamos o las personas que en ellos nos encontramos. No voy a entrar ahora en el detalle de las relaciones interpersonales que hicieron que Logroño ocupase un lugar en mi corazoncito. Aunque fuese en el pasado. Pero tras aquella época, mi relación con la ciudad se fue enfriando, hasta desaparecer prácticamente por completo tras mi última visita en la primavera del año 2000. Hace 22 años. A La Rioja he seguido volviendo, alguna vez por ocio, alguna vez por visitas familiares, aunque estas también se han vuelto raras desde hace unos años. Se perdió la generación de mi abuela, falleció mi padre,… las cosas ya no son las mismas.

La visita a la ciudad fue fundamentalmente un recorrido por el centro histórico de la misma. Razonablemente aseado y arreglado.

La paradoja de la que hablo en el título es que, a pesar de esa relación con esa ciudad, con muy buenos recuerdos, con afecto,… no tenía fotos hechas allí. Ni una. Nunca fui a Logroño por turismo. Nunca «visité» la ciudad en un sentido cultural o viajero. Iba. Estaba con la gente con la quería estar, nos tomábamos unas tapas y unos vinos en el Laurel… o donde hiciera falta. Y ya está. Aunque sé moverme sin problemas por la ciudad, podríamos decir que no la conocía realmente. O por lo menos desde ciertos puntos de vista.

Entre la plaza del Mercado y la calle Portales, la concatedral de Santa María la Redonda es probablemente el monumento más destacado de Logroño.

Hace unos días, un viejo amigo con el reconecté hace un par de años me pidió un favor. Tenía que ir a la capital riojana por unos asuntos de trabajo. A firmar un contrato importante para él, tanto desde el punto de vista laboral como personal. Algo de cierta trascendencia. Y quería que le hiciera algunas fotos del momento, con las personas con las que iba a asociarse. No requería una elevada sofisticación fotográfica, pero sí unas fotos capaces de ser ampliadas considerablemente y con una razonable calidad técnica. Informado previamente del lugar donde íbamos a estar para el acto, consideré que mi Fujifilm digital de formato medio, con su objetivo normal de 50 mm de focal, servirían perfectamente. Por si acaso, eché en la mochila también la pequeña Minox 35 GT-E con un rollo de Ilford Delta 400… y allí fuimos este domingo pasado por la mañana.

Si el exterior de la concatedral no es demasiado llamativo, el interior es arquitectónicamente y artísticamente mucho más interesante.

Sin mucho madrugar, junto con este amigo, su esposa y su hija mayor, llegamos a la ciudad alrededor de las doce del mediodía, nos tomamos un café y procedimos al acto. Estaban todos muy felices. No puedo comentar, pero si les sale bien, como probablemente sucederá, aumentarán su prosperidad familiar y al mismo tiempo realizarán un servicio interesante para la sociedad; una de esas iniciativas que demuestran que es posible hacer negocios de forma ética. Tomamos unas tapas en el Laurel, y comimos en un bonito restaurante… de cuyo nombre no me acuerdo. La gastronomía de La Rioja es muy celebrada y con razón; salvo que yo no la suelo disfrutar porque no hay comida en la que el pimiento no esté presente de alguna forma. Y esta hortaliza me desagrada en grado extremo.

Como en tantas ciudades actuales, las riberas del río Ebro están muy cuidadas, aseadas y paseables. Me gustó especialmente cómo han conservado los sotos en las áreas inundables a orillas del río.

Y siendo más de las cuatro y media de la tarde, íbamos a volvernos a Zaragoza cuando tomé una decisión. Informado de los horarios de los trenes, entregué una tarjeta con la copia de las fotos realizadas para mayor seguridad, y me quedé a hacer turismo por la ciudad hasta las ocho y media de la tarde que salía el último tren con destino a casa. Y así… resolví la paradoja de que, siendo Logroño una de las ciudades españolas que más he visitado, y que me es querida, no tenía fotos de ella. Unas cuantas, en color, digitales, con la Fujifilm GFX 50R, y unas cuantas, todavía no reveladas, en blanco y negro, con película tradicional, con la Minox 35 GT-E. Aquí os muestro algunas de las fotos digitales en color. El blanco y negro, dentro de unos días.

Antes de volverme, terminé de pasear el centro de la ciudad y me tomé una cervecita en la plaza del Mercado. La calle del Laurel estaba poco animada un domingo por la tarde a las ocho de la tarde, cuando sólo me quedaba media hora para coger el tren de vuelta a Zaragoza.

[Viajes] Apulia (y más) en blanco y negro con película tradicional

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Este viernes llegaron los resultados de mis rollos de película tradicional para negativos en blanco y negro que hice en mi reciente viaje a Apulia, en el sur de Italia. La cámara y la película que uso son una receta ya muy consolidada para obtener buenas fotos, que sólo dependen de la habilidad, a su ausencia, del fotógrafo.

El viaje incluye también una escapada a Ostia Antica desde el aeropuerto de Fiumicino, aprovechando así la larga escala de seis horas en el aeropuerto romano. Los detalles más técnicos con un comentario fotográfico más amplio lo podéis encontrar en Apulia (y más) con película en blanco y negro – Minox 35 GT-E con Ilford XP2 Super.

[Viajes] Ostia Antica con una única focal

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Hoy he dedicado mi entrada en el blog de técnica fotográfica, El viaje fotográfico de Carlos, ha la experiencia de viajar con un sencillo objetivo, con una única longitud focal. Frente a los equipos con varias ópticas, de focales variables, muchas veces tengo la sensación de que optar por la simplicidad es una buena fórmula para conseguir mejores resultado. O al menos, buenos resultados de forma consistente.

Las reflexiones sobre el tema las podéis encontrar en la entrada Viajar con un único objetivo, una única focal -Olympus OM-D E-M5 mark III con Panasonic Lumix G 14 mm f2,5 ASPH, de cuyo contenido se pueden deducir los pros y los contras de las distintas opciones. Luego ya, es cuestión de preferencias muy personales. En cualquier caso, os dejo las fotos de una visita a Ostia Antica a primeras horas de la tarde del domingo 17 de abril, mientras hacíamos tiempo para el vuelo de Fiumicino a Madrid. Que en seis horas de escala se pueden hacer más cosas que amodorrarse entre las tiendas del aeropuerto.

[Fotos – viajes] Película en blanco y negro en el Sobrarbe (II)

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En el blog dedicado a los aspectos técnicos de la fotografía, doy un repaso al segundo de los rollos que usé en mi reciente excursión con ASAFONA Asociación aragonesa de fotógrafos de naturaleza al Geoparque Mundial Unesco Sobrarbe-Pirineos. Ya hablé del primer rollo hace pocos días.

La entrada en la que hablo de las cuestiones técnicas es Terminando el viaje al Sobrarbe con Olympus Trip 35 e Ilford HP5 Plus. Aquí os dejo simplemente algunas de las fotos, que incluyen también algunas de las que hice en Zaragoza para terminar el rollo, que quedó inacabado durante el viaje.

[Fotos – viajes] Película en blanco y negro en el Sobrarbe (I)

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En el blog dedicado a los aspectos técnicos de la fotografía, doy un repaso a uno de los rollos que usé en mi reciente excursión con ASAFONA Asociación aragonesa de fotógrafos de naturaleza al Geoparque Mundial Unesco Sobrarbe-Pirineos. Hice parte de otro rollo del que hablaré otro día.

La entrada en la que hablo de las cuestiones técnicas es Una película británica disfrazada de catalana – Olympus Trip 35 con Dubblefilm Daily b&w en el Sobrarbe. Aquí os dejo simplemente algunas de las fotos, que incluyen algunas doble exposiciones parciales por superposición de fotogramas al avanzar la película entre foto y foto.

[Viajes] Resumiendo en fotos mi escapada al sur de Italia (y algo más)

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Normalmente, mi entrada resumen de un viaje lo publico inmediatamente tras llegar del mismo. Pero ayer no estaba en condiciones de hacerlo, y por eso opté por reseñar la impresionante, por su tema y calidad, película surcoreana que vimos antes de las fiestas primaverales. El lunes llegué de viaje cansado, no me dio más que para descargar las fotografías al ordenador… y ayer por la mañana hube de trabajar. Y con otros líos, hasta ayer de parte tarde no pude ponerme a seleccionar algunas fotos para este resumen.

Empecemos por Bari.

A la capital pugliese, de la región de Apulia, Puglia en italiano, muy animada y dinámica con sus más de 325.000 habitantes, nos llegamos cuatro amigos, tres desde España y una desde Milán, para pasar unos días en esta interesante región del sur de Italia. La que conforma el tacón de «la bota» que es la península itálica, a orillas del mar Adriático. Allí establecimos nuestro alojamiento, confiando en los transportes públicos para desplazarnos. Dedicamos toda una mañana hasta primeras horas de la tarde a visitar el interesante casco histórico de la ciudad, incluyendo de paso una exposición dedicada a Banksy en el Museo Teatro Margheritta.

Por la tarde nos desplazamos a Polignano a Mare.

Esta ciudad pequeña de 17.000 habitantes situada a media hora en tren regional desde Bari, tiene un pequeño pero coqueto casco histórico de casas encaladas, colgado en unos acantilados sobre el Adriático. Este día confirmó la tónica del viaje. Por la mañana visita cultural, histórica y turística; por la tarde, paseo relajante en alguna localidad costera, con spritz y cena agradable.

El día siguiente nos desplazamos a Alberobello.

Una amplia barriada de esta ciudad de casi 11.000 habitantes, en el interior de Apulia, a unos 50 km de Bari, está formada por trulli; trullo en singular, que debe pronunciarse con un doble sonido ‘l’, no como ‘ll’ o ‘y’. Trul-li o trul-lo. Nada que ver ni conceptualmente ni etimológicamente con el «trullo» al que van los maleantes tras el correspondiente juicio en nuestro país. Estas edificaciones, que ya se pueden ver desde Putignano salpicando el paisaje rural apuliense, entre los olivos y los frutales, son una evolución de edificaciones conocidas desde la prehistoria, y están reconocidas por la Unesco como patrimonio cultural de la humanidad.

Y tras comer una deliciosa ración de focaccia farcita y un no menos delicioso helado con tres bolas de exquisitos sabores, nos dirigimos a la costa, a Trani, para pasar la tarde.

El interés de Trani, algo más de 60.000 habitantes, va más allá de ser un lugar agradable para pasear a orillas del Adriático. Tiene un casco histórico muy interesante, una catedral románica de blancas piedras muy maja, y se come bien. Pescado, pulpo… aparte de las delicias tradicionales italianas. Muy agradable atardecer, con una luz estupenda.

Al día siguiente, nos fuimos a Lecce, con casi 100.000 habitantes, más centrada en el tacón de la bota.

El barocco leccese o las chiese barocche de Lecce, iglesias barrocas, no son todavía patrimonio de la humanidad reconocido por la Unesco, pero están en ello y se encuentran en la lista tentativa para su inclusión en este listado. Con un billete único para su visita y con recorridos claros bien organizados, vas visitando la cuatro iglesias incluidas en el listado, más la catedral, lugar donde comenzamos la visita. El barroco no es mi estilo arquitectónico y artístico favorito. Disfruto más del románico de las basílicas y catedrales visitadas en Bari y Trani. Pero no obstante la visita es absolutamente recomendable, con paradas eventuales en torno al anfiteatro romano o a comer, algo que siempre resulta placentero en Italia. El escudo de la ciudad muestra su vinculación al antiguo reino de Sicilia y, por ende, a la Corona de Aragón. Vamos… como estar en casa.

Y aunque el tiempo estaba modorro, nublado pero sin lluvia, por la tarde iniciamos el regreso hacia Bari, con una escala en Monopoli, a orillas del Adriático, cómo no, como en las anteriores tardes.

Con un casco histórico que va siguiendo la orilla del mar Adriático desde el puerto hacia el sur, esta ciudad de 50.000 habitantes, estaba de lo más animada en la tarde del sábado, a pesar del nublado y del fresco de la brisa marina. No eran turistas. Era la gente del lugar saliendo en masa a pasear, a encontrarse en cada esquina con los parientes y conocidos, y a disfrutar de la gastronomía del lugar. Un muy mediterráneo estilo de vida.

Y al día siguiente tocaba ir volviendo. Tras las despedidas, siempre algo tristes, en el aeropuerto de Bari, entre quien volaba a Milán y quienes teníamos que regresar a la Península Ibérica tras una escala en Fiumicino, llegamos al principal aeropuerto de Roma con una escala de seis horas. Así que pillamos un taxi entre los tres, y salimos escapados hacia Ostia Antica.

Yo ya conocía el lugar, que visité hace cuatro años. Una lugar arqueológico, fuera de la ciudad de Roma, pero al que se llega tras un tranquilo trayecto en metro. Calculamos que podíamos hacer un desplazamiento rápido en taxi y otro más tranquilo en metro más tren para aprovechar adecuadamente el desplazamiento. El coste de ambos desplazamientos, para tres personas, es similar. Aunque en el aeropuerto es «relativamente» fácil tomar un taxi, mientras que en los scavi no. En realidad, no puedes tomar un taxi de la ciudad de Roma para ir a Ostia Antica. Tienes que coger un taxi de Fiumicino. Y llegan con cuenta gotas a su particular parada en el aeropuerto. No es llegar y salir. Pero lo hicimos. El lugar es muy agradable. Con bonitos pinos piñoneros ornamentales, y las pulcras ruinas que tienen una afluencia de visitantes infinitamente inferior a las de la ciudad de Roma, por lo que es un lugar tranquilo, poco ruidoso, sin agobios, con la gente siendo muy amable los unos con los otros. Es curioso cómo cambia el comportamiento de las personas dependiendo de la masificación del lugar. En el aeropuerto nos habíamos aprovisionado de un taco de queso parmesano y algo de prosciutto, y comimos entre las ruinas y a la sombra, tranquilamente, disfrutando del sol y de la brisa. Brisa que se empezaba a convertir en vendaval cuando iniciamos el regreso al aeropuerto.

Llegados a Madrid, salíamos de Barajas pasadas las nueve de la noche. Dos de nosotros habíamos decidido pasar la noche en la capital en casa de una amistad. Al día siguiente, no nos apeteció cansarnos por Madrid, así que pasamos la mañana, y hasta después de comer, en Ávila.

En 1990 viví durante casi un año en la capital del país por estudios. Y en los meses de buen tiempo, solía quedarme por allí el fin de semana con el fin de hacer turismo. Visité Ávila un sábado de finales de mayo de aquel año, de forma imprevista. Es decir, salí del piso donde nos alojábamos para dar un paseo por Madrid con unos compañeros de la Escuela Nacional de Sanidad, pero al llegar a Madrid-Chamartín donde habíamos quedado, alguien propuso coger un tren próximo a salir en dirección a la ciudad amurallada, y fuimos. Pero no había cogido mi Pentax P30N, la cámara que usaba entonces, y no tengo fotos de aquella visita. Y curiosamente, mis recuerdos de la misma están desdibujados. Muchos dicen que el ir con la cámara evita disfrutar de los lugares… pero yo conservo memoria más fiel de los lugares visitados con mis fieles cámaras fotográficas, frente a los visitados sin ellas. Así que me pareció oportuno enmendar aquella omisión de hace casi 32 años.

Y este es mi resumen de esta agradable escapada primaveral de este 2022… algo que no habíamos podido hacer ni en 2020 ni en 2021. Que no se vuelva a interrumpir en el futuro.

[Viajes] Toledo con película en blanco y negro

Fotografía, Viajes

Ya comenté en su momento algunas cuestiones fotográficas relacionadas con el viaje en el día que hice a Toledo a principios de marzo. Sí… llevamos ya más de una cuarta parte del mes de abril y todavía estoy con experiencias fotográficas de principios de marzo. Pero es que este 2022 está siendo animado fotográficamente. Y dentro de una semana me embarco en el primer viaje al extranjero del año, de donde espero venir también con una buena ración de fotografías. Y cuando digo «buena ración» espero que sea en calidad, más que en cantidad.

El caso es que también me llevé a Toledo una cámara compacta con película negativa en blanco y negro. Como hago en estos tiempos en casi todos los viajes, grandes o pequeños. Y ha llegado el momento de mostrar los resultados aquí. Una vez encarrillado mi blog de técnica fotográfica, los aspectos técnicos de las fotos están en Viaje en el día a Toledo – Minox 35 GT-E con Kodak Tri-X 400.

[Viajes] Geoparque mundial Unesco Sobrarbe-Pirineos con ASAFONA

Viajes

Ayer me fui de excursión con ASAFONA Asociación Aragonesa de Fotógrafos de Naturaleza al Geoparque Mundial Unesco Sobrarbe-Pirineos. No a todo el geoparque que es inmenso, sino a un par de puntos de interés próximos a Aínsa, acompañados por Anchel Belmonte, geólogo, coordinador científico del proyecto; las margas del Pueyo de Araguás y el barranco de Jánovas, con su hermoso anticlinal. Fue un buen día.

Las fotografías en color, de captura digital, fueron realizadas con una cámara que llegó recientemente a mi poder. Lo explico en Adiós parcial a Panasonic y regreso a Olympus – Olympus OM-D E-M5 III. Dentro de unos días espero poder presentaros fotografías realizadas con película fotográfica tradicional en blanco y negro.

Os recuerdo también que en las páginas de ASAFONA tengo una galería de fotos que, a mí por lo menos, me parece interesante.

[Viajes] Madrid con película negativa en color (2)

Fotografía

Como ya comentaba el lunes, cuando estuve en Madrid a principios de febrero, me llevé una cámara para película tradicional y unos rollos de película negativa en color. Las fotos que muestro hoy son del último rollo película que usé. Una película distinta de la de las fotos que os mostraba el lunes.

Estoy más satisfecho de las fotos de este último rollo que de los anteriores. El comentario técnico sobre esto lo podéis encontrar en Madrid con película negativa en color (II) – Pentax MX y Kodak UltraMax 400. Pero cuando digo «más satisfecho» me refiero a la calidad intrínseca de la foto; grano, nitidez, color, etc. Las cualidades estéticas y emocionales pocas veces tienen que ver con esto. Y en eso, todos los rollos están más o menos a la par.

[Viajes] Madrid con película negativa en color (1)

Fotografía, Viajes

Cuando estuve en Madrid a principios de febrero, me llevé una cámara para película tradicional y unos rollos de película negativa en color. Las fotos no están mal,… pero la película que usé la mayor parte del día no me acaba de convencer del todo. O metí la pata en algo, lo cual siempre hay que considerar.

Como de costumbre, la reflexión técnica fotográfica está en Madrid con película negativa en color (I) – Pentax MX y Kodak Gold 200. Aquí simplemente os dejo una muestra de las fotos. Fueron dos rollos, así que hay unas cuantas más.