[Libros] De niños y adolescentes en una Europa en guerra

Literatura

Hoy voy en modo comparativo. En las últimas semanas he leído dos libros, una novela y una novela gráfica, que nos han llevado por las vivencias de dos niñas/adolescentes durante la Segunda Guerra Mundial. Su tono y consecuencias son muy diferentes, pero está bien comprobar las distintas visiones que se pueden plantear ante un mismo fenómeno. Tan diferentes como las vivencias de las personas que las sufren.

La ladrona de libros

Libro del australiano Markus Zusak, publicado originalmente en 2005 y que se convirtió en un éxito de ventas, que impulsó el estreno en 2013 de una película basada en él mismo. Que no he visto.

Múnich, culta, cosmopolita, católica, las esencias de Baviera, los Biergärten,… pero también la cuna del nazismo, o la de los parques en las colinas formadas por los escombros de los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. Lo ideal para ilustrar la entrada de hoy, una de cuyas historias transcurre a sus puertas.

Inspirada por las vivencias de sus padres durante el conflicto mundial, aunque entiendo que en modo alguno es biográfica, el libro nos cuenta los años de guerra de la joven Liesel Memminger, hija de un matrimonio de represaliados por motivos políticos en la Alemania nazi, y que es acogida por un matrimonio ya mayor en la población ficticia de Molching (hay un Olching en la zona, que cuadraría geográficamente con la ciudad ficticia), en las afueras de Múnich y cerca del infame campo de concentración de Dachau. No sólo es la historia de Liesel, sino también de todos aquellos que conviven con ella en el barrio pobre de la población. De sus padres adoptivos, de un refugiado judío, de sus mejores amigos,…

Uno de los aspectos más notables del libro es que está narrado por la Muerte. Un ente que hace su trabajo, que nos cuenta la historia como si la hubiera leído escrita por la propia Liesel, pero que no carece de sentimientos hacia las almas que se lleva. Por lo tanto, la Muerte no aparece como un ser deshumanizador. Este papel se lo llevan los fanáticos que llevan a su país y a Europa a la catástrofe. Y que están ahí presentes continuamente.

Los temas que trata el libro son diversos. Las consecuencias de los fascismo, por supuesto, tan importante ahora que se ve un repunte preocupante de estas ideologías. Aunque muchos de sus votantes crean, puede que sinceramente, que son otra cosa distinta. Grave error que pueden sufrir algún día. Pero también habla del poder de las palabras, especialmente las escritas. De los pequeños (o grandes) actos de solidaridad. Y de la tremenda realidad de que las guerras nunca son justas y que en muchas veces castigan con más dureza a los inocentes, a quienes no las quisieron, ni las buscaron, a quienes se supone hay que liberar de la tiranía. No hay ejércitos buenos y malos. Perversos son los alemanes nazis. Pero perversos son los bombarderos aliados que matan a decenas de miles de personas en un ataque aéreo, la cuarta parte de ellas niños, como sucedió en Hamburgo, o que sueltan sus bombas indiscriminadamente sobre los hogares de quienes más sufren.

Clasificado habitualmente como literatura juvenil, por la edad de su protagonista probablemente y algún otro factor. No es una historia complaciente, y es perfectamente válida sin reparos para la lectura por adultos de cualquier edad. Aunque tiene ciertas miras en sus formas de los típicos productos prefabricados anglosajones, lo cierto es que consigue trascender a esto y configurarse con personalidad propia, siendo bastante recomendable.

La guerra de Catherine

Catherine se llama Rachel. Y es una niña/adolescente judía que es recogida tras la caída de Francia en 1940 en la Maison d’enfants de Sèvres al perder a sus padres, cuyo paradero se desconoce. Vemos paralelismos con el libro anterior. Allí se integrará en el ambiente abierto y cordial de la casa, y aprenderá ha realizar y procesar fotografías. Pero las políticas antisemitas obligarán a la joven a ser desplazada por toda Francia, de un hogar-refugio a otro, bajo una identidad encubierta. Acompañada eventualmente por otros refugiados y, siempre, por la Rolleiflex, la cámara que “Pingüino”, uno de sus profesores en Sèvres le regala antes de irse.

Escrita por Julia Billet, basada en las vivencias de su madre, sin ser tampoco biográfica, es ficción, otra cosa en común con el libro anterior, e ilustrada por Claire Fauvel. Al contrario que en la anterior, aquí la propia protagonista es la narradora de la historia, y el enemigo aparece siempre como una amenaza que está cerca, pero pocas veces presente. Incluso cuando se materializa es para dar la visión optimista de que incluso entre los alemanes hay tipos decentes. El tono es en general más optimista, aunque no dejan de suceder pequeñas (o grandes) tragedias a lo largo de los años en los que se extiende el conflicto y la historia de Rachel/Catherine.

El tono es en general optimista, puesto que la historia resalta más la solidaridad de las gentes que van acogiendo y ayudando a Rachel/Catherine que las amenazas. Como ya he dicho, estas existen, sea bajo la forma de los propios alemanes, pero frecuentemente bajo la identidad de los propios colaboracionistas y fascistas antisemitas franceses, que delatan a los refugiados. Es tradición en la historiografía y en la ficción francesa el “vender” más su condición de resistentes, que la amplia colaboración de sectores de la población con el ocupante. Este es un debe de la cultura y la sociedad francesa, que se paga con el auge que también tienen en ese país las ideologías de extrema derecha xenófoba. Deberían hacer un poquito más de reflexión, reconocimiento de culpas y catarsis nacional, sobre el papel real de Francia a la hora de desencadenar las dos guerras mundiales y el papel dentro de las mismas.

En cualquier caso estamos ante una entretenida historieta, que se puede recomendar sin problemas. Especialmente a los que además sean amantes de la fotografía. Porque, ¿a quién no le gustaría tener la sensibilidad de Rachel/Catherine para encuadrar los importante con una Rolleiflex e época? ¿saber evaluar la luz sin necesidad de ayudas externas? ¿saber cuándo hacer la fotografía y cuando no? ¿saber cuáles son los motivo importantes cuáles los banales? Y la importancia de los reflejos y la luz reflejada.

[Foto] El 2018 en fotos: De viaje con la cámara al hombro

Fotografía, Viajes

Como todos los años desde hace unos cuantos, cuando llega el 29 de diciembre comienzo con el resumen del año que se acaba… con fotos. Hoy será en la segunda entrada del día en el Cuaderno de Ruta, porque no quería dejar sin comentar la película de Kore-eda antes de terminar el año. Alguna película que veremos en este 2018 se quedará para ser comentada en los primeros días del 2019, incluso después de mi resumen anual cinematográfico, pero esa no.

Y comencemos pues el resumen, con los viajes. Marcados este año, fotográficamente hablando, con el relevo que le di a mi Olympus micro cuatro tercios después de seis años de buenos y duros servicios. Como podéis ver en el encabezado, foto realizada en la ciudad taiwanesa de Tainan, ahora es una Panasonic, también perteneciente al sistema cuatro tercios. Aunque no son las únicas fotos que he usado. No me extenderé en ello.

En primer lugar, las excursiones y paseos por Aragón y limítrofes… este años sin limítrofes. Sólo o acompañado por alguno o algunos amigos.

El día de mi cumpleaños, en enero, lo pasamos en el valle de Tena, como el año anterior, con una visita al balneario de Panticosa. No fue la única vez que subimos por allí.
Que un amigo me dejara su nueva cámara de fotos para ver qué me parecía fue una excusa perfecta para volver a visitar el castillo de Peracense, después de doce o trece años.
Quisimos ir a visitar los cerezos en flor de Bolea, pero el día estaba ideal para visitar otro magnífico castillo aragonés, el de Loarre, en una tarde fría pero muy bella de primavera.
Tuvimos interés en conocer los mallos de Agüero, pero nos recibieron con un tiempo lluvioso y ventoso infernal. De regreso, presenciamos una estupenda puesta de sol en el pantano de la Sotonera, en Tormos.
Ya en otoño, me escapé con un amigo a disfrutar de lo que quedaba de colores otoñales al paraje de Taxeras, donde siempre impresionan las crestas de los Alanos.

Ningún año faltan las actividades colectivas, en las que salgo con otros fotógrafos a compartir experiencias y a visitar nuevos sitios. Todas las de este año han sido con la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ, y podrían haber sido más, si no fuese por algunas cancelaciones debidas al mal tiempo o desplazamientos de la actividad a fechas imposibles para mí.

Un divertido taller de grabado en Fuendetodos, además de visitar el pueblo natal de Francisco de Goya, fue la inauguración de las actividades del año.
El verano es tiempo de festivales; en el mes de junio nos desplazamos a Barbastro. En el “barranqué” se celebraba la edición anual de BFOTO.
Y una docena de socios nos dimos cita en julio para visitar unas cuantas exposiciones de PhotoEspaña en Madrid.
Muy divertida fue la jornada que dedicamos a fotografiar el Campeonato de España de Motocross en el circuito de Motorland Aragón en Alcañiz.

Este año he realizado un viaje por trabajo. No me entusiasman, si os he decir la verdad; pero si toca hacerlos y se puede aprovechar para airear la cámara, estoy encantado. Este año tuve que ir a Granada a una reunión de la Red Escuelas de Salud para la Ciudadanía en la Escuela Andaluza de Salud Pública. Y aproveché para recorrer la ciudad y escaparme a Antequera ese mismo fin de semana.

Disfrutando del atardecer en el Mirador de San Nicolas en Granada.
Disfruté mucho visitando los monumentos megalíticos del Conjunto Prehistórico de los Dolmenes de Antequera, calificados como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

Y vamos con un pequeño resumen de los viajes por vacaciones que me he permitido este año. Que han sido variados e interesantes.

Escapada de Semana Santa a Roma:

Mucho callejeo por las calles de la capital italiana.
Una visita a Ostia Antica, que yo no conocía.
Y también visitas a algunos museos que no conocíamos, como la Gallería Nazionale d’Arte Moderna.

Vacaciones de dos semanas en Francia y Suiza:

Difícil resumir en tres fotos un viaje de quince días, pero digamos que estuvimos en la Provenza, alojados en Aviñón.
Que nos pasamos por los Alpes, visitando, entre otros lugares, Chamonix-Montblanc.
Y que acabamos el recorrido en Suiza a orillas del lago Lemán, visitando sus riberas, disfrutando mucho del buen tiempo en Vevey.

Escapada de verano al lago Constanza:

Alojado en la ciudad de Constanza, pudimos visitar los humedales cerca de Friedrichshafen.
Nos dimos un amplio paseo por el Rin, y en concreto por la isla de Reichenau, con su conjunto de monasterios, también Patrimonio Cultural de la Humanidad según la UNESCO.
Y nos acercamos a la coqueta y animada ciudad de Winterthur en Suiza.

Vacaciones de dos semanas en Taiwán:

Un acierto la visita al país no reconocido como tal de Taiwán. Interesante, económico, divertido,… La tarde que pasamos en Tamsui es una de las candidatas a mi tarde más feliz de 2018.
Aunque tampoco estuvo nada mal la visita a la garganta de Taroko, en el parque nacional del mismo nombre.
Y muy divertida también la tarde que pasamos en Kaohsiung, a orillas del estanque del Loto.

En fin… esperemos que el 2019 nos depare unas oportunidades viajeras parecidas a las del 2018 que se nos va.

[Fotos] Alemania y Suiza con una cámara para película tradicional

Fotografía, Viajes

Normalmente, cuando viajo llevo una o dos cámara digitales. Y en ocasiones, como complemento, llevo alguna cámara para película tradicional. Generalmente compactas. En alguna ocasión, alguna de un solo uso. En mi reciente escapada a Constanza, y las excursiones que desde allí hicimos por el sur de Alemania y los cantones vecinos de Suiza, ha sido al revés. He usado como cámara principal una cámara para película tradicional y película en blanco y negro, y la digital ha servido de apoyo. Los detalles técnicos os los cuento en

De viaje con una Leica M2 y un 35 mm

Aquí os dejo algunas fotografías del viaje realizadas con esta cámara.

[Viajes] Recién llegado de Constanza

Viajes

Como es tradicional, hago una entrada de resumen tras un viaje. Aunque en esta ocasión hay poco que resumir. Tenía la posibilidad de escaparme cinco días, quería un lugar tranquilo, agradable, con lugares que visitar sin estrés y sin aglomeraciones, y tras mi experiencia en mayo de 2017, ese lugar es la ciudad de Constanza a orillas del lago de su mismo nombre, o Bodensee en alemán, en la misma frontera de la República Federal Alemana con la Confederación Helvética.

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“Imperia”, alegoría y parodia al mismo tiempo del concilio de Constanza en la bocana del puerto de la ciudad germana.

Durante años quise visitar este lugar, pero no surgía la oportunidad; hasta el año pasado. Habiendo conocido “virtualmente” a un aficionado a la fotografía de Kreuzlingen, Suiza, a través de las redes sociales, di un rodeo para volver a casa desde Milán, pasando tres noches en esta coqueta ciudad alemana. Una tarde y dos días no dieron de sí para ver todo lo que de interesante es posible encontrar en el lugar. Por lo que este año he aprovechado y repetido la visita.

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El lago Constanza entre Friedrichshafen y Eriskirch.

Dos de los días han sido totalmente novedosos. Un día dedicado a la ciudad de Freidrichshafen, en la orilla norte del lago, ciudad que es famosa por haber sido la sede de las industrias Zeppelin y Dornier, dedicadas a la construcción de diversos tipos de aparatos aeronáuticos, a los que dedican sendos museos. Curiosos, aunque me interesaron menos que el paseo por la zona de naturaleza que hicimos esa tarde entre la mencionada ciudad y la pequeña población de Eriskirch. Y que aun nos supo a poco a pesar de las tres horas de paseo.

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Iglesia románica de San Pedro y San Pablo perteneciente al conjunto de iglesias monásticas de la isla de Reichenau, en el Untersee.

Otro día lo dedicamos durante toda la mañana y hasta las tres de la tarde a visitar el conjunto monástico declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en la isla de Reichenau, en el Untersee. Este es un lago contiguo al Constanza, que se continúa con el cauce normal del Rin, y que me parece un sitio muy agradable y no carente de tranquila belleza. Nos llegamos navegando, un poco menos de una hora desde la ciudad de Constanza. Y nos fuimos navegando aguas abajo del Rin en dirección a la bella población suiza de Stein am Rhein, donde pasamos la tarde amenazados por las tormentas.

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A pesar de la lluvia y de la amenazante tormenta, no se paran las actuaciones del festival de teatro de Stein am Rhein.

El último día se pareció más a una de las jornadas del año pasado. Por la mañana nos acercamos a Winterthur, a visitar la Fotostiftung Schweiz y el Fotomuseum de esta ciudad, con exposiciones de Jürgen Teller en este último, y de Jojakim Cortis & Adrian Sonderegger en la fundación. Así como algunas “situaciones” dedicadas a la fotografía y artes visuales en la fase “posthumana” de estas artes. Ya hablaré más despacio de esto otro día.

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También en Winterthur nos encontramos con actividades teatrales callejeras, en esta ocasión un espectáculo de títeres.

Por la tarde no teníamos nada previsto, pero alguien se ofreció a acercarnos a las cercanías de Neuhausen, dejándonos al final en el castillete que domina las vistas de las cataratas del Rin, Rheinfall. Por lo que visitamos de nuevo este lugar. Con mayor amplitud que el año pasado, y con mejor luz. Y con más gente, todo hay que decirlo.

Tras esto, de vuelta a casa… que sólo se trataba de una escapadilla. A esperar las vacaciones de verdad a finales de septiembre.

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Hasta el próximo viaje, desde la orilla norte del Rin, contemplando la Rheinfall, las cataratas del Rin.

[Libro] Viaje con Clara por Alemania

Literatura

Sin duda alguna, Fernando Aramburu es uno de los escritores de moda en España en estos momentos. Son muchos los que comentan el éxito de su último libro… y muchos los que me lo han recomendado. Pero en estos momentos, a punto de poner el blog en modo sólo fotos, leer algo sobre las consecuencias de las tontás identitarias que provocan unos u otros de todo tipo, signo y bandera, y no me refiero solo a los centrífugos, también a los centrípetos, me apetece tanto como que me den de patadas en el borde tibial anterior, o sea, en la espinilla. No obstante, curioso por leer algo del autor, di en encontrar este libro de viajes publicado en 2010, que se me prometía divertido por el sentido del humor que emanaba de sus páginas.

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No conozco todos los lugares visitados en el viaje por Alemania, pero algunos sí. Por ejemplo, Bremen, aunque era Brema cuando me contaban el cuento de los músicos cuando era pequeñito.

Este libro está narrado en primera persona por un individuo que supongo cuarentón o a punto de serlo, originario de un país innominado, pero que podemos suponer España, y casado con una alemana, profesora de lengua en un instituto de una pequeña ciudad costera del mar del Norte, en las regiones septentrionales del país germánico por excelencia. Parece que su dedicación habitual es cuidar de la casa y dar clases eventuales de su lengua materna. Cuando arrancan el relato, su esposa, Clara, el nombre del narrador no se menciona, “ratoncito” o “señor Ratón” son su apelativos más habitual, se ha pedido un permiso de sus deberes docentes con el fin de escribir un libro de viajes por el norte de Alemania, con referencias a los escritos por otros literatos alemanes en el pasado. Y ambos van a abandonar su casa durante unos meses. El libro es el relato de ese viaje desde el punto de vista del “señor Ratón” (¿Herr Maus?).

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Hamburgo, tanto paseando por la zona portuaria, en el encabezado, como por los barrios del pecado de Sankt Pauli.

Por supuesto, el libro no es un libro de viajes, exactamente. Más bien es un relato humorístico, a ratos sarcástico, a ratos irónico, a ratos paródico y a ratos tierno, de la convivencia matrimonial de esta singular pareja internacional sin hijos. Así como de sus relaciones con grupos  familiares o amistosos diversos, a cual más disfuncional y sin embargo típicos.

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La hanseática Lübeck, antaño conocida en español como Lubeca.

En un momento dado me planteé hasta qué punto el relato podría ser autobiográfico. Determinadas referencias del relato sitúan el viaje en 2003. Es conocido que el autor está casado con una alemana y vive en Alemania. Cotejé su biografía, y comprobé que hay diferencias notables. El protagonista del libro no terminó sus estudios, y conoció a Clara en una estancia de seis meses en Gotinga para aprender el alemán. El autor estudió filología hispánica en la Universidad de Zaragoza, ciudad donde conoció a la que sería su esposa. Así que, en principio, no. En el fondo, desconozco, puesto que no se narran en sus biografías, las peripecias de su devenir matrimonial.

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La coqueta Celle.

El narrador, o sea, la narración, tiene un punto borde. El marido es un cabroncete que aprovecha cada momento para darse la mejor vida que puede ofrecerse, teniendo un punto hedonista que básicamente se expresa por su afición a la comida, la bebida, determinadas partes de la anatomía femenina y el Werder Bremen. La esposa se nos presenta con un carácter seco y dominante, y un tanto neurótica e hipocondríaca, aquejada de fuertes jaquecas cada vez que sus planes se tuercen. No hace falta ser un lince para deducir que el autor está representando la adustez luterana germánica y el carácter irreverente y voluptuoso del catolicismo latino en sendos cónyuges, que entran con frecuencia en colisión, con la frecuencia victoria, al menos aparente, de lo germánico, pero con el latino viviendo a costa de lo anterior. Y a pesar de todo, no falta momentos de ternura, puesto que en realidad, aunque instalados en la rutina por dieciséis años de matrimonio, no pueden vivir separados, y se quieren.

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El macizo del Harz, aunque lo que yo conozco no coincide con lo recorrido en el libro.

No estamos ante un libro redondo; tiene algunos altibajos. Redactado con un estilo coloquial, como conviene al narrador principal, tiene momentos de notable hilaridad. Dada mi costumbre de leer en el autobús urbano durante mis desplazamientos por la ciudad, la cantidad de veces que he sido interpelado estos días por señoras de cierta edad que no podían contener la curiosidad por lo que me hacía reír, ha sido notable. Pero también tiene algún momento de bajo, y pasajes en los que el libro se estancaba en una situación determinada, sin un avance aparente. Dicho lo cual, me parece bastante recomendable, es divertido y se lee fácil. Hasta los más reticentes lectores deberían poder con él. Pero me la impresión de que no me prepara para el libro que todo el mundo me recomienda. Creo.

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Y terminan viaje en Berlín, aunque el “Monumento a los judíos de Europa asesinados” no debía de estar terminado en la época del viaje.

[Viajes] Entre Milán y los pequeños grandes lagos, y el lago de Constanza y el Rin

Viajes

Versión resumida, sin la discusión sobre técnica fotográfica que encontraréis en el siguiente enlace, de mi último viaje por el norte de Italia y la frontera germano suiza: Entre Milán y los pequeños grandes lagos, y el lago de Constanza y el Rin – De vuelta a una cámara réflex para un viaje – Fotografía y otras artes visuales.

En una primera parte del viaje, en Milán y alrededores, donde he estado visitando a unos amigos.

Estación Central de Milán.

Desde allí hice una excursión a Bérgamo, ciudad cuyo aeropuerto conocía, pero nada más. Pasee durante una mañana y una tarde, durante las horas laborales de estos amigos, antes de volver por la tarde a Milán para pasar con ellos la velada.

Entre el Duomo y la basílica de Santa María Maggiore en Bérgamo.

Orto Botánico de Bérgamo.

Funicular de San Virgilio.

Al día siguiente, paseé por Milán, que ya conocía. Llena de gente, la propia fauna humana que habita las calles de la ciudad “meneghina” se convierte en el principal motivo de interés.

La copa del Giro de Italia en la galería Vittorio Emanuele II.

En las terrazas del Duomo de Milán.

Arte contemporáneo en el Museo del Novecento.

Basílica de San Eustorgio.

“Muro delle Bambole” en memoria de las víctimas de la violencia de género.

Columnata de San Lorenzo.

Ambiente en los “navigli” (canales) de Milán.

De vuelta a casa en un veterano pero inmaculado tranvía de madera.

El sábado, como unos milaneses más, y aprovechando el buen tiempo, salimos a pasar el día a los lagos. En concreto al lago de Orta, a la coqueta localidad que da nombre al lago, Orta-San Giulio.

Iglesia de Santa Maria Assunta en Orta-San Giulio.

El lago de Orta desde la isla de San Giulio.

Enlazando con el tren que nos llevará a Milán en la estación de Novara.

Conociendo ya los cuatro grandes lagos de mayor tamaño, Maggiore, Lugano, Como y Garda, de entre los grandes lagos del norte de Italia, el domingo me llevaron a conocer otro de los “pequeños”, el coqueto lago Iseo, y su Monte Isola, grandota isla que domina el centro del lago.

La isla San Paolo desde Monte Isola en el lago Iseo.

Rodeando Monte Isola por la ribera del lago Iseo.

Esperando al tren en la estación de Sulzano-Monte Isola.

Tras estos días en el norte de Italia, en lo que más importante que hacer turismo, que se hizo, era estar con la gente a la que echas de menos por la distancia, cogí un par de trenes, y atravesé por mi cuenta Suiza para llegar a Constanza, a orilla de lago del mismo nombre o Bodensee, en el sur de Alemania. Esta es una ciudad fronteriza, coqueta y tranquila, bonita, famosa por el concilio con el que se dio por terminado el Gran Cisma de Occidente de la Iglesia Católica a principios del siglo XV.

Mural en Constanza que habla de una batalla contra “los españoles” en 1548; más bien, contra las tropas católicas del emperador del Sacro Imperio Carlos V… también I de España.

Un tren de los ferrocarriles alemanes se dirige a la estación fronteriza de Constanza, con la torre de la catedral al fondo.

Salones del Concilio de Constanza.

Aparte de pasear un par de ratos por la coqueta ciudad alemana, el primer día completo de estancia en la región utilicé los servicios de transporte público en barco por el Bodensee o lago de Constanza para visitar un par de punto de interés. Por una lado, la pequeña pero bonita localidad de Meersburg en la orilla opuesta del lago. Por otro, la visita imprescindible de la zona, el gran parque botánico de la isla Mainau, un lugar donde disfrutar de todo tipo de plantas y vegetación… y de las mariposas.

Castillo de Meersburg.

“Schmetterlingshaus”, casa de las mariposas, de Mainau.

Isla de Mainau.

Me queda decir que el último día antes del de regreso, por la mañana me lo tomé con calma y me embarqué en una travesía de casi cuatro horas de duración hasta Schaffhausen en Suiza, donde se encuentran la famosa Rheinfall, las cataratas del Rin.

Puente de Diessenhofen sobre el Rin.

Cataratas del Rin en Neuhausen am Rheinfall.

Esa misma tarde, un tren de cercanías me llevó a Winterthur, donde tenía ganas de conocer el Fotostiftung Schweiz, museo de fotografía del que os hablaré dentro de un par de días, así como de las exposiciones que tuve ocasión de disfrutar.

Espero que os haya gustado el resumen fotográfico del viaje.

Uno de los dos edificios del Fotostiftung Schweiz, fundación para la fotografía suiza, en Winterthur.

Unterer Graben, Winterthur.

[Cine] Frantz (2016)

Cine

Frantz (2016; 012017-0201)

Es algo que nos suele pasar. Que solemos hacer. Cuando vamos al cine y salimos muy insatisfechos, inmediatamente pensamos en volver a algo que nos pueda gustar y nos deje mejor sabor de boca. Así que en ese día tonto de fiesta que nos han dado el lunes 2 de enero por el hecho de que el año nuevo cayera en domingo, nos acercamos a las salas de cine, muy concurridas, para ver lo último de François Ozon. En mi experiencia, habré visto aproximadamente la mitad de los largometrajes, quizá alguno menos, de los firmados por este director francés, Ozon es un director que me resulta irregular en sus resultados, aunque siempre encuentro algo interesante en sus habitualmente inquietantes películas.

En esta ocasión, Ozon crea su historia sobre la base de un guion de Ernst Lubitsch, que el propio director de origen alemán llevó al cine, y que a su vez se basaba en una obra de teatro del francés Maurice Rostand. Eso es lo que pone en los créditos finales de la película, aunque en IMDb no otorga la autoría del guión de la película de Lubitsch al propio Lubitsch. En cualquier caso, me hubiera gustado ver la película del alemán antes de este comentario. Por comparar. Pero no he podido encontrar una copia para ver, ni por lo legal, ni por lo delictivo.

La historia nos lleva a la primavera de 1919, poco después del final de la Primera Guerra Mundial. A una población alemana donde el doctor Hans Hoffmeister (Ernst Stötzner) y su esposa Magda (Marie Gruber), guardan luto junto a la que iba a ser su nuera, Anna (Paula Beer), por la muerte de su hijo Frantz (Anton von Lucke), en los últimos meses de la guerra. Un día, Anna descubrirá que alguien ha estado visitando también la tumba de Frantz, y pronto sabrá que se trata de un joven francés, Adrien Rivoire (Pierre Niney), que aguarda el momento de visitar a la familia para hablarles de Frantz. Un momento que no será fácil, y conmoverá la vida y los cimientos de la misma de todos.

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Con las fotografías de la entrada de hoy, me voy a permitir un juego… no muy difícil por otra parte. Pero de las siete, hay tres que están tomadas en Francia y tres en Alemania. Y la del encabezado, con un pie del fotógrafo en cada país. ¿Cuales son de qué país? Hay muchas pistas.

Lo primero que llama la atención de la nueva película de Ozon son los aspectos formales. Rodada en su mayor parte en blanco y negro, con algunas importantes y significativas secuencias en color. El responsable de la cinematografía del filme, Pascal Marti, lleva a cabo un trabajo excelente. Si el trabajo en blanco y negro es sobrio, pero tremendamente elegante y eficaz, un verdadero trabajo de fotografía monocroma, la adopción de las paletas propias de los autocromos para las secuencias en color, dota al conjunto de una coherencia visual total, unido a las suaves transiciones entre el blanco y negro y el color. Para quien no esté al tanto, el autocromo fue un proceso de fotografía en color, que se utilizaba ya a principios del siglo XX, el único viable, aunque laboriosos y engorroso, hasta que llegaron las modernas películas con pigmentos o colorantes, que popularizaron este tipo de fotografía. En fin, todo ello, junto una banda sonora de corte clásico, nos transporta sin problemas a esos ominosos días de finales de la segunda década del siglo XX, donde la destrucción y el dolor domina Europa.

Luego vienen los temas… que son diversos.

Desde luego, dominando el conjunto, está el tema del dolor, del duelo por los ausentes. Por los que han dado su vida por ideales, que a toro pasado a algunos pueden parecer vacíos. Porque ante la dolorosa ausencia, para un padre o una madre lo que importa es el hijo ausente y no ese concepto abstracto de patria que se lo ha llevado. Tremenda la declaración del doctor, que parece ya estaba en la obra original de teatro y en la película de Lubitsch, y que Ozon ha respetado. La de aquellos que brindan con cerveza y los que brindan con vino cuando celebran victorias en las que mueren miles y miles de hijos.

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Esto conlleva también otro sentimiento; el de vergüenza y remordimiento de los que han sobrevivido. Bien sea porque estaban en la retaguardia, alentando una guerra atroz, bien porque estaban en el frente, donde tantos murieron. Y donde muchos que sobrevivieron, mataron.

Asociado al anterior está el tema de la mentira. Una mentira que se encuentra en todas partes y en todos los actores de este drama. La mentira sobre cómo era la vida antes de la guerra, sobre cómo fue durante la guerra, sobre cómo es después de la guerra. Las mentiras colectivas y las que lleva cada uno a cuestas. Y alguna de las mentiras actúa como motor de este encuentro entre personas dolientes.

Está también la ominosa situación política. La que llevó a la guerra a las potencias contendientes y la que no ha quedado resuelta. Puesto que nosotros, los espectadores, conocemos la historia posterior, identificamos en la película aquellos gérmenes de otra guerra, todavía más atroz, todavía más inmoral, todavía más inhumana. Los nacionalismos, una de las lacras de la humanidad que más muertos ha causado en los dos últimos siglo, la que sustituyó a la religión como causa de enfrentamiento a muerto, aunque a veces tristemente se potencian ambas, no se han curado. Dos escenas al ritmo de la música de marcha militar, una en Alemania, la otra en París, se encargan de avisar al espectador de ello.

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Permitidme un inciso al respecto. En la película Casablanca de Michael Curtiz, hay una escena en la que unos oficiales alemanes, todos ellos con uniformes que remarcan su carácter de nazis, cantan en Rick’s una canción que a todos nos suena ominosa en sus bocas. Se trata Die Wacht am Rhein. Los franceses presentes en el local, derrotados recientemente en el transcurso de la guerra, ocupados por el invasor, se revuelven y empiezan a entonar La Marsellesa hasta que apagan el sonido de los alemanes. Vamos a la historia de estas canciones.

El himno nacional francés, que durante mucho tiempo fue también uno de los himnos favoritos de todo tipo de movimientos de izquierdas, nació como un himno militar. En concreto, y atención al dato, el del Ejército del Rin de la recién nacida República Francesa en 1792. Tras el triunfo de la revolución, las monarquías absolutas europeas, encabezadas por la germánica Austria, pretendieron derribar el régimen republicano francés por la fuerza, con poco éxito. Y en ese ámbito nació este himno, primero militar, después revolucionario, finalmente himno nacional francés.

“Die Wacht am Rhein” surgió como himno patriótico, de carácter relativamente popular. Los estados alemanes, especialmente los que se encuentran a orillas del Rin, habían sufrido con frecuencia en los siglos anteriores la agresividad francesa. La intervención gala en la guerra de los 30 años, la anexión por Luis XIV de Alsacia y Lorena, hasta ese momento estados del Sacro Imperio, la anexión por parte de Napoleón Bonaparte de parte de los estados alemanes y la creación de la Confederación del Rin como estado tampón títere para proteger al núcleo central del Imperio Francés,… En plena efervescencia nacionalista alemana hacia mitad del siglo XIX, surge esta canción patriótica que anima precisamente a establecer una guardia, una vigilancia, en el Rin contra quienes perciben como su principal amenaza, y hace llamamientos a la unidad de los alemanes para ello. No es por lo tanto en origen una canción nazi. Pero sí nacionalista. Como La Marsellesa. Lo paradójico es que a partir de 1870, los tradicionalmente agredidos, los alemanes, se convirtieran durante casi un siglo en rabiosos agresores.

Antes de la famosa película de Curtiz, la confrontación entre ambos temas musicales fue usado por Jean Renoir en La grande illusion (La gran ilusión), en el marco histórico de la Primera Guerra Mundial también. Siendo una película de 1937, cinco años antes que el estreno de Casablanca, y teniendo en cuenta el cariz de la escena en la que se enfrentas ambas marchas, parece muy probable que alguien en la producción de Casablanca decidiese copiar o al menos inspirarse en la escena que filmó Renoir. Finalmente, Ozon vuelve a usar ambos temas precisamente para señalar que el miedo mutuo que ambos países se tienen no ha desaparecido. Y el miedo es causante de muchas desgracias. Son diversos los historiadores que opinan que el miedo de los militares alemanes a quedar rodeados por potencias hostiles les impulsó a llevar a su país a la guerra antes de que sus potenciales enemigos estuvieran más preparados. De nada les valió.

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Pero volviendo a la película, he dejado para el final un quinto tema. No porque sea de menor rango. Al contrario. Sino porque es el tema que abre esperanza, en una película en el que hay un notable fondo pesimista. Y es el viaje de la joven Anna. Viaje tanto interior, personal, sobre el significado de lo que ha pasado y lo que está viviendo, como físico, cuando deja la comodidad de su hogar para adentrarse en el país hasta hace unos meses enemigo. Donde puede contrastar muchas cosas. Entre ellas, que la guerra se libró en esas tierras y que el horror permanece. Pero también es un viaje de descubrimientos. Dicen que viajar es uno de los grandes antídotos contra la intolerancia. Hacerlo con sentido crítico, cura del mal de los nacionalismos, aunque también sirve como antídoto para los complejos patrios, haciéndote comprender que en todas partes cuecen habas.

La joven Paula Beer, la actriz que interpreta a la joven Anna, es probablemente uno de los grandes descubrimientos de esta película, que cuenta con unas interpretaciones de primer nivel, siendo también muy destacables las del matrimonio Hoffmeister. Esta chica alemana, el reparto es internacional y la película está rodada en inglés y francés, con su dominio de ambas lenguas, derrocha encanto por arrobas. No ya sólo porque sea más o menos guapa, que lo es, sino porque transmite una cierta belleza interior a su personaje que da sentido a su viaje.

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La película está llena de metáforas y simbolismos que no me voy a extender a desarrollar. Ya me ha dado por escribir la disgresión sobre los dos temas musicales comentados. Pero es una película profunda y necesaria de ver. Quizá los riesgos para esta vieja Europa no están ahora en el viejo enfrentamiento francoalemán. Tuve ocasión de participar en una conversación hace unos años en la que, en torno a una mesa de café, tres personas con titulaciones universitarias en historia, incluso doctorados, acordaban que franceses, especialmente los del norte del Loira, y alemanes, especialmente los que viven más próximos al Rin, son dos variantes de un mismo pueblo, de una misma cultura,… lo que pasa es que los de este lado del Rin acabaron hablando latín. Pero hoy los riesgos para la vieja Europa siguen estando en los sangrantes nacionalismos que han impedido hasta ahora que el proyecto de unidad europea avanzase, lo llevaron a su estancamiento, e incluso a un retroceso como algunos percibimos ahora. Esto en una situación global en la que las que fueron potencias hace 100 años han pasado a segunda línea. Esperemos a que las divisiones no lleven a los extremos de antaño. Pero con la historia que nos cuenta Ozon, que no es perfecta hay un momento en que se pierde un poco en el último tercio de la misma, y con otras que nos han llegado del mundo del cine, la literatura, el arte y la Historia, con mayúscula,… quedamos avisados.

Pues no ha sido esta la película que han presentado los “gabachos” a los Oscar…Sobraditos andan este año. Que envidia.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

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[Cine] Sesión doble: Phoenix (2014) / Requisitos para ser una persona normal (2015)

Cine

Normalmente habría dedicado una entrada específica a cada una de estas películas, pero el blog va a entrar durante unos días en modo sólo fotos, así que agrupo las últimas películas que he visto. Tampoco habrá entradas televisivas durante este tiempo, así que me quedo sin comentar las brutalidades que se les ocurren a los guionistas de Game of Thrones, o lo mala que es Refugiados, o lo interesante que me está resultando Aquarius. Ya habrá tiempo más adelante… Si no para comentar todo, para comentar algo. Vamos de momento al cine. Lo haré más breve que en otras ocasiones.

Phoenix (2014); vista el 5 de junio de 2015

Versión original subtitulada para esta película alemana del realizador Christian Petzold, que repite como protagonista femenina con la interesante Nina Hoss. Ya vimos una película en la que trabajaron juntos hace no mucho tiempo. Si en aquel momento dieron un repaso a una inquietante época de la historia reciente alemana, la vida en la antigua República Democrática de Alemania, aquí nos vamos a una no menos inquietante, el final de la Segunda Guerra Mundial.

Porque Petzold nos cuenta la historia de Nelly (Nina Hoss), una mujer alemana de origen judío, cantante, que fue llevada a un campo de exterminio tras ser delatada donde se escondía, en el que sobrevivió pero quedó muy desfigurada. Con un nuevo rostro tras realizarse la cirugía reconstructora y estética, a punto de emigrar a Palestina, antes buscará a Johnny (Ronald Zehrfeld), su marido, pianista, que la cree muerta. No la reconocerá, pero le propondrá el trato de hacerse pasar por ella misma…

Es un país curioso, Alemania. Hoy en día pretende dar clases de ética y de como gestionar países, cuando durante un siglo fueron la pesadilla de Europa, por la izquierda y por la derecha.

Es un país curioso, Alemania. Hoy en día pretende dar clases de ética y de como gestionar países, cuando durante un siglo fueron la pesadilla de Europa, por la izquierda y por la derecha.

Historia compleja psicológicamente, que sirve al autor para hacer una reflexión sobre la actitud de los alemanes durante el nazismo, en concreto en lo que se refiere a la persecución de los judíos y otras minorías. También para reflexionar sobre un tiempo del que se ha hablado poco que fue el de la inmediata posguerra, un tiempo mucho más confuso de lo que se nos ha contado. Una realización milimétrica, estéticamente impecables, algo fría, con una austeridad casi nórdica, pero que es efectiva a la hora de ponernos en situación, y que desemboca en uno de los mejores finales cinematográficos que he visto en mi vida al compás del Speak Low de Kurt Weill.

Fenomenales trabajos de Hoss y Zehrfeld que compensan la fría pero más que correcta realización de Petzold en una película que a mi me convenció, siendo de las que ganan en el recuerdo de los detalles y de los significantes.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

Requisitos para ser una persona normal (2015); vista el 8 de junio de 2015.

No estaba previsto en principio el pasar a ver esta película española, primer largometraje que firma la también actriz y protagonista de la película, Leticia Dolera, a quien también debemos el guion. Desde luego, según las críticas leídas era una de las dos películas, junto a la anterior, a prestar atención entre los estrenos de la semana.

En ella Dolera interpreta a María de las Montañas, una joven publicista de 30 años en paro, que se siente infeliz, ya que además de no tener trabajo, no tiene pareja, se encuentra extrañada de su familia con la que se ve obligada a volver por no poder pagar su piso, carece de vida social, de aficiones, etcétera, etcétera. De la mano de un nuevo amigo, un dependiente de una multinacional sueca de los muebles, Borja (Manuel Burque), iniciarán un recorrido conjunto… Ella para alcanzar los requisitos de la felicidad, siendo una persona “normal”. Él para adelgazar.

Grandes ingenieros los alemanes, que crearon una magnífica red de ferrocarriles, que lo mismo sirvieron para impulsar el crecimiento económico del país, que para llevar al matadero, sea en el frente, sea en campos de exterminio a millones de personas.

Grandes ingenieros los alemanes, que crearon una magnífica red de ferrocarriles, que lo mismo sirvieron para impulsar el crecimiento económico del país y del continente, que para llevar al matadero, ya sea en el frente, ya sea en campos de exterminio, a millones de personas.

El apelativo que más se ha escuchado en estos días sobre esta película es que es muy naíf. Palabra francesa que salvo que haga referencia a cierto estilo pictórico, deberíamos traducir como ingenua. Para ser su primer largometraje, Dolera sale con bien de diversas cuestiones. Los aspectos técnicos de la realización son correctos, incluso notables. Y el guion es ágil. Como la película es cortita, se te pasa en un suspiro. Pero se pasa de ingenua. Y de tópica. Heredera de algunos planteamientos que hemos podido ver en el cine norteamericano más o menos independiente, tiene un exceso de buenrollismo, y llega a esquematizar y simplificar excesivamente tanto los caracteres como las situaciones. No se atraganta, pero me parece que la crítica española se ha mostrado excesivamente entusiasta con este filme.

Las interpretaciones no están mal, cumplen con oficio, pero tampoco son cosa del otro jueves. En su conjunto, la película se deja ver, pero tengo la sensación de que será fácilmente olvidable. Y que buena parte del mérito, más que en las virtudes cinematográficas de la obra está en la simpatía que pueden despertar los caracteres, todos muy políticamente correcto. Pero bueno, aunque el público votante de IMDb esté en estos momentos valorando con idéntica puntuación promedio las dos películas de hoy, esta es claramente inferior en muchos niveles a la primera.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

Y al mismo tiempo, país de pensadores y artistas, que nos han dado a la humanidad reflexiones importantes que no podemos echar en saco roto... quizá eso sea lo apasionante. El mar de contradicciones del ser humano,... Nos quedaremos con lo positivo, como la reflexión que nos provoca la Piedad de Käthe Kollwitz en la Neue Wache de Berlín.

Y al mismo tiempo, país de pensadores y artistas, que nos han dado a la humanidad reflexiones importantes que no podemos echar en saco roto… quizá eso sea lo apasionante. El mar de contradicciones del ser humano,… Nos quedaremos con lo positivo, como la reflexión que nos provoca la Piedad de Käthe Kollwitz en la Neue Wache de Berlín. O la interesante película que traigo hoy.

[Cine] Fury (2014)

Cine

Fury (2014); vista el lunes 12 de enero de 2015.

Vista en versión original subtitulada en castellano, y por ello conservo el título original de la película, que manifiesta al mismo tiempo el nombre del carro de combate “protagonista” y el sentimiento que arrastran consigo los protagonistas humanos del filme. En la versión doblada, y dentro de esa opinión generalizada de la industria del cine de que el espectador es tonto, han optado por titularla con el bastante más vulgar e inexpresivo título de Corazones de acero. En fin, vamos a ver que ha dado de sí esta película bélica dirigida por David Ayer.

La tripulación del Fury, un carro de combate Sherman norteamericano de la Segunda Guerra Mundial, está en guerra desde sus primeras misiones en el norte de África. Han llegado vivos hasta el corazón de Alemania en abril de 1945, con la guerra a punto de terminar. Pero en su última misión han perdido un hombre. Algo que lleva muy mal el sargento líder del carro el duro Don “Wardaddy” Collier (Brad Pitt), que encuentra su principal apoyo en el artillero del carro Boyd “Bible” Swan (Shia LaBeouf). Para sustituir la baja, se les asigna un novato, Norman Ellison (Logan Lerman), que originalmente estaba destinado a funciones de mecanógrafo. Entre los desajustes de la nueva incorporación, los conflictos éticos que suscita la guerra, el cansancio ante la sensación de que todo se acaba pero el final no llega, se les asigna una última misión. Una misión que les situará en una situación muy difícil ante un enemigo fanático que está luchando con saña por defender su tierra.

Los bosques, los campos y las poblaciones alemanas presentaron una intensa resistencia a la invasión aliada, por lo menos en un principio; aunque la lucha fue mucho peor en el frente oriental. En la foto, el bosque del palacio de Augustusburg, cerca de Colonia.

Los bosques, los campos y las poblaciones alemanas presentaron una intensa resistencia a la invasión aliada, por lo menos en un principio; aunque la lucha fue mucho peor en el frente oriental. En la foto, el bosque del palacio de Augustusburg, cerca de Colonia.

Indudablemente, esta película bebe del precedente que sentó Saving Private Ryan (Salvar al soldado Ryan) en los años 90. Una guerra mucho más realista, más sucia, más sórdida de la que hasta ese momento se nos había mostrado en pantalla. Es tan notable la influencia que no sería difícil dibujar un diagrama que mostrase los paralelismos entre los argumentos de ambas películas, mucho más similares de lo que sería deseable para considerar que esta película no es un producto casi prefabricado desde ese punto de vista. En cualquier caso, tiene elementos de entretenimiento y buena factura. Donde falla es en la coherencia del guion y del desarrollo de los personajes. Estos se comportan de forma contradictoria, como si a los responsables del filme les diera vergüenza mostrar a fondo la deshumanización del hecho bélico, y por ello, ante el desarme ético que muestran en ocasiones los soldados del carro, fruto de esa deshumanización, luego intentan apañarlo como una forma de decir… “son capaces de todo tipo de barbaridades, pero son buenos chicos”. El final de la película, muy espectacular desde el punto de vista pirotécnico, es absolutamente inverosímil. Desconozco el porqué de esta manía pueril de los realizadores americanos de confundir la maldad con la estupidez. Una unidad de trescientos hombres de las SS en la Alemania del particular götterdämmerung nazi podría estar fanatizada, y ser muy peligrosa, pero no necesariamente estúpida como para que afrontasen la lucha final contra el carro de combate como lo hacen. Por otra parte, en los últimos días de la guerra, la mayor parte de las unidades alemanas del ejército, incluidas algunas de las SS, se trasladaban desde el frente oriental al occidental no con el fin de combatir al ejército aliado del frente occidental, sino para rendirse evitando caer prisioneros del ejército rojo, ante el cual su futuro era más que negro. No me ha convencido del todo la dialéctica y la coherencia del filme. Me sobra todo el episodio de las dos mujeres, que no me aporta nada salvo quizá que sientan la necesidad de introducir a la fuerza una nota de romance en la película, me chirría el enfrentamiento contra el Tiger alemán cuyo fin parece que es el de poner a la tripulación del Fury en una situación imposible, y me sobra buena parte del desenlace final como ya he dicho por inverosímil. Así pues una película de más de dos horas de duración se podría ajustar de forma más adecuada en una de 90 minutos de duración. También me sobra toda esa pirotecnia de balas y proyectiles trazadores, tan mareantes.

La principal línea de defensa alemana en el frente occidental era el Rin; una vez vencido este obstáculo, con un ejército desmoralizado y desarmado, la resistencia fue menos y fútil.

La principal línea de defensa alemana en el frente occidental era el Rin; una vez vencido este obstáculo, con un ejército desmoralizado y desarmado, la resistencia fue menos y fútil.

Eso sí, los machotes que interpretan a la tripulación del carro están todos bastante bien, ellos no son culpables de las deficiencias del guion, y cumplen con lo que se busca de ellos. Como curiosidad, la chica mona de la película, realmente muy guapa, es una auténtica condesita alemana (Alicia Gräfin von Rittberg).

La película se deja ver, pero como ya he señalado tiene deficiencias, y mi sensación es que en esta marabunta de informaciones que rodea la temporada de premios en el cine, ha sido en ocasiones sobrevalorada. Para mí es una película entretenida si te gusta el cine bélico, pero poco más.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

Un elemento importante en salvar el obstáculo del Rin fue la toma del puente de Remagen relativamente intacto, lo suficiente como para ganar la orilla opuesta antes de que se derrumbara. Este episodio también fue objeto de una conocida película bélica.

Un elemento importante en salvar el obstáculo del Rin fue la toma del puente de Remagen relativamente intacto, lo suficiente como para ganar la orilla opuesta antes de que se derrumbara. Este episodio también fue objeto de una conocida película bélica.