Fotógrafías realizadas en el oriente siciliano con base en Catania con Minox 35 GT-E y película Kentmere Pan 200. Las cuestiones técnicas relacionadas con las fotos, y por qué me lleve este equipo en lugar de otros más habituales, lo podéis encontrar en Carlos en Plata.
Como he viajado a Sicilia sólo, he dejado la compacta habitual de nuestros últimos viajes, para otra copropietaria de la cámara. Y yo me planteé desde el principio llevar una compacta de fotograma completo con película en blanco y negro. Y la mejor que tradicionalmente he tenido ha sido la Minox 35 GT-E. Sin embargo, unos días antes del viaje, en la excursión a Utrillas, empezó a dar problemas.
Línea de Trenitalia en Catania.Mercado del pescado en Catania.Teatro antiguo de Taormina.Torre del reloj en Taormina.
Resumiendo para no enrollarme aquí, la cuestión es que, hacia la mitad del viaje, empecé a notar problemas. En el tercer rollo, un enganchón de la película cuando estaba en Siracusa. De hecho, aunque las imágenes no se han visto afectadas, las perforaciones del principio de la película se rasgaron. Y luego, en Noto, de repente la tapa de la cámara se atascó.
Teatro griego en Siracusa.Catedral de Siracusa en la isla de Ortigia.Palacio ducal, hoy en día el ayuntamiento, de Noto.Campanario de San Carlos en Noto.
La compré en octubre de 2001, ahora hace 25 años, después de que una prima suya, una Minox 35 ML que estuve usando durante diez años con anterioridad, se me cayera del bolsillo en un viaje en tren entre Lieja y Lovaina, en Bélgica. Aunque llamé y escribí a la oficina de objetos perdidos de los ferrocarriles belgas, nunca apareció. El que la encontró, se la quedó. Especialmente desde 2012, la GT-E ha hecho muchos muchos muchos kilómetros en mi bolsillo. Y se ha ido desgastando. Ha llegado el momento de retirarla. Ya he encargado la cámara que la sustituirá. Cuando la tenga y la pruebe, os lo cuento.
Contemplando la cima del Etna.Una excursión caminando entre las coladas de lava enfriadas del Etna.Acitrezza.Castillo normando de Acicastello.
Fotógrafías realizadas en el oriente siciliano con base en Catania con Canon EOS RP y algunas ópticas Canon EOS RF. Las cuestiones técnicas relacionadas con las fotos, y por qué me lleve este equipo en lugar de otros más habituales, lo podéis encontrar en Carlos en Plata.
Quienes hayan seguido mi cuenta viajera en Instagram o en Tumblr, o mi Cuaderno de Ruta, sabrán que en estos días atrás, durante una semana, he estado viajando por Sicilia. Por la parte oriental de la isla, ya que la occidental la visité en 2025, como consecuencia del fracaso con el viaja a China en aquel momento. Catania, Taormina, Siracusa, Noto, Acitrezza y Acicastello, y, sobre todo, el Etna, al que le tenía muchas ganas.
Mercado del pescado en Catania.Duomo de Catania.
He viajado solo los compañeros habituales de viaje no hemos podido concertarnos para ponernos de acuerdo en fechas y destinos. Tuve una opción de viajar acompañado a Osaka en Japón. Pero… a Osaka… con limitación a excursiónes desde allí durante como mucho cinco o seis días. No me atrajo. Así que me fui a Sicilia, donde establecí base en Catania, una ciudad cuyo centro histórico y ambiente general, en lo que vi, me agradó mucho. Aunque algún siciliano me avisó que tiene barrios que “agradan” menos.
Teatro griego de Taormina.Pintor callejero en la plaza del Duomo de Taormina.
Obligatorio visitar los lugares arqueológicos greco-romanos de Taormina y Siracusa. Esta última declarada en su conjunto patrimonio de la humanidad por la Unesco, siendo muy agradable pasear por la isla de Ortigia, que supone el casco histórico de la ciudad. Taormina me gustó mucho. Extremadamente turistizada, aunque tiene sus alicientes, no la disfruté demasiado.
Interior de la catedral en Ortigia, Siracusa.Fortaleza de Ortigia, con las armas de Carlos II de Austria, el lamentable rey de España que finiquitó esa dinastía reinante.
Diversas ciudades de la región tiene palacios y edificios pertenecientes a otro patrimonio de la humanidad según la Unesco, las ciudades del barroco tardío del Val di Noto, de las que pude visitar algunos monumentos en Catania, pero sobretodo en la ciudad de Noto. Me hubiera gustado visitar también Módica, donde ademas está el aliciente de su rico chocolate, pero no conseguí una combinación adecuada de transporte público. Una pena.
Joven banda de música en las calles de Noto.Ensayos en el teatro de origen barroco en Noto.
Y, para mí, que soy un chico de ciencias, el plato fuerte del viaje era la visita al Etna, cuyo parque natural también es patrimonio de la humanidad por la Unesco. Me gasté un dinero en un viaje guiado que se saliera de la oferta habitual, y mereció la pena. La calidad y experiencia del guía permitió una perfecta comprensión de las características de este magnífico volcán. Un imprescindible en lo que se refiere a naturaleza. Lo contraté con Etna Way, participando en la excursión con un pequeño grupo media docena de personas con un guía principal y una secundaria.
Vista de la cima del Etna a unos 2850 metros de altitud.En el borde de uno de los cráteres secundarios de la erupción de 2022.
Finalmente, ante la imposibilidad de encontrar una combinación adecuada para visitar Módica, el último día me lo tomé de forma relajada, paseando por lo que llaman Riviera de los Cíclopes, entre Aci Trezza y Aci Castello (o Acitrezza y Acicastello), a pocos kilómetros de Catania, una serie de formaciones costeras basálticas, con un castillo normando sobre un promontorio basálticos en la segunda de las localidades. En general, todo muy bien, y he comido de maravilla, con abundancia de frutti di mare y pesce.
Formación basáltica en Aci Trezza.Castillo normando en Aci Castello.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Vistas de Turín en torno al río Po a su paso por la ciudad.
Encuentro hace unas semanas de oferta esta novela de italiano Giovanni Arpino, periodista y escritor, que desarrolló su actividad entre los años 50 y 80 del siglo XX. Una novela corta de la que leo varios comentarios elogiosos en fuentes fiables. Y que me retrotrae de alguna forma a las vacaciones de hace pocos años por Turín y algunas localidades del Piamonte, donde transcurre la novela. Arpino, aunque nacido en la ciudad croata de Pola cuando pertenecía a Italia, vivió en Bra y Turín la mayor parte de su vida.
La novela se titula La suora giovane en italiano; La joven monja. Y nos traslada al Turín de posguerra, en la que el protagonista, un oficinista del departamento de contabilidad de una empresa de unos cuarenta años, que vive una vida anodina, con una novia con la que se lleva bien, pero con la que puede haber afecto pero no amor apasionado. Y muchas costumbre y rutina. Cuando empieza el relato, este hombre ya está obsesionado por una joven novicia, una chica de unos 20 años, con la que coincide en el tranvía a determinadas horas. Y por la que se siente profundamente atraído, y con la que establece conversación en un momento dado, abriéndose a la posibilidad de una relación, a pesar de las diferentes edades y circunstancias en las que se encuentran.
La primera frase del libro ya es una declaración de intenciones. El protagonista declara ser un cobarde. Lleva una vida anodina y aburrida sin capacidad para cambiar nada. La propia atracción que siente por la joven, una atracción que no se consumará en nada físico, pero que no deja de percibirse como anómala, como ilícita, lo mantiene al mismo tiempo inmóvil. El relato es en primera persona, en forma de diario. Por lo que al mismo tiempo podemos sospechar que nos encontramos con una relator no fiable. En qué medida es sincero en sus reflexiones, en su interpretación de los hechos, queda a cada cual. Tampoco comprendemos muy bien cuales son las intenciones de la joven. Probablemente, que la saquen del convento. Vivir otra vida. Pero deja que la proactividad recaiga en otras personas.
La escritura de Arpino es directa. Sin circunloquios. Oraciones claras, explícitas. Que van al grano. Al fin y al cabo, transcribe los pensamientos de un hombre del común. Lenguaje natural. Por un momento pensé en dejar la lectura de mi copia en castellano y buscar una copia en italiano. Soy capaz de leerlo, aunque no con la soltura de otros idiomas, así que al final lo dejé estar. Mientras tanto, Arpino dibuja con ese lenguaje sencillo un paisaje social muy preciso de la capital piamontesa en los años 50 del siglo XX, al mismo tiempo que realiza un estudio psicológico de dos personas muy distintas. Una, la que escribe, de la que nos hacemos una idea relativamente clara. La otra, de la que se escribe, que se nos escapa por los resquicios de la incomprensión del protagonista, más motivado por el deseo que por la persona real que hay detrás de la novicia, y por la propia falta de claridad de esta. Al final reconocemos que sí, que el protagonista es un cobarde. Pero que hemos conocido mucho más de él de lo que pretendía. Bastante recomendable. Bastante. Tengo que pensar en leer alguna otra cosa de este escritor italiano. Incluso tal vez me atreva a leerlo en su lengua vernácula.
Llegamos al final de 2024. Un año… marcado por el fiasco del viaje a China, que iba a ser el viaje principal del año, y quedó sustituido por un viajecito de una semana por Sicilia. Que no está mal. Y como relativa compensación, un viaje inesperado, no previsto, a Japón, el cuarto que hacemos, y que estuvo muy bien. Fuera de los destinos más masificados y trillados del País del Sol Naciente. Y así comienzo hoy el repaso de fin de año, fundamentalmente un repaso fotográfico, que es lo que me apetece, como de costumbre desde hace ya un buen montón de años en este Cuaderno de ruta. En mi carpeta con fotografías de viaje he registrado quince subcarpetas, es decir, quince viajes de mayor o menor duración. Van desde la excursión en el día a algún pueblo aragonés, incluso de la propia provincia de Zaragoza, en cuya capital vivo, hasta algún viaje intercontinental saltando al otro extremo del continente euroasiático durante una o dos semanas. Así que mi concepto de lo que es viajar con la cámara al hombro es muy amplio. Así que sin más, vamos con el repaso. Con fotos.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre la fotografía con película para negativos en color del viaje a Sicilia en mis recientes vacaciones.
En primer lugar, un poco de contexto. Porque creo que, normalmente, con una cierta planificación y pensamiento previo, las fotografías realizadas con película fotográfica en Sicilia hubiesen sido muy distintas. Pero recordemos una cosa; en los días, la semana, que pasé en Sicilia, yo tendría que haber estado en China. Y con un estilo de viaje y actividades muy distintas. Eso lo contaba en mi Cuaderno de ruta hace cuatro semanas ya.
Cuando en el transcurso de menos de 12 horas quedó anulado el viaje a China, regresé de Madrid a Zaragoza, dormí tres horas después de comer agotado por los nervios, y preparé de inmediato mi viaje en solitario a Sicilia, ni siquiera deshice la maleta. Ni tampoco la mochila con el equipo fotográfico. Ahí quedaron entre el martes 6 de mayo y el lunes 12 siguiente. Sin tocar. Sólo una hora antes de salir hacia Sicilia, abrí ambas piezas de equipaje y extraje objetos y prendas que consideré superfluos con el fin de viajar adecuadamente ligero.
El caso es que, a un viaje en solitario, acabé llevándome el equipo que tenía pensado para un viaje en grupo. Y las cosas y los intereses no son los mismo según cómo, dónde, cuándo y con quién viajes. Pero lo que tenía en la mochila del equipo fotográfico eran negativos en color, y con eso tuve que apechugar durante la semana que estuve en Sicilia. Quizá debería haber sido otra cosa, pero es lo que fue, y tampoco me arrepiento.