[Viajes] Apulia (y más) en blanco y negro con película tradicional

Viajes

Este viernes llegaron los resultados de mis rollos de película tradicional para negativos en blanco y negro que hice en mi reciente viaje a Apulia, en el sur de Italia. La cámara y la película que uso son una receta ya muy consolidada para obtener buenas fotos, que sólo dependen de la habilidad, a su ausencia, del fotógrafo.

El viaje incluye también una escapada a Ostia Antica desde el aeropuerto de Fiumicino, aprovechando así la larga escala de seis horas en el aeropuerto romano. Los detalles más técnicos con un comentario fotográfico más amplio lo podéis encontrar en Apulia (y más) con película en blanco y negro – Minox 35 GT-E con Ilford XP2 Super.

[Viajes] Resumiendo en fotos mi escapada al sur de Italia (y algo más)

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Normalmente, mi entrada resumen de un viaje lo publico inmediatamente tras llegar del mismo. Pero ayer no estaba en condiciones de hacerlo, y por eso opté por reseñar la impresionante, por su tema y calidad, película surcoreana que vimos antes de las fiestas primaverales. El lunes llegué de viaje cansado, no me dio más que para descargar las fotografías al ordenador… y ayer por la mañana hube de trabajar. Y con otros líos, hasta ayer de parte tarde no pude ponerme a seleccionar algunas fotos para este resumen.

Empecemos por Bari.

A la capital pugliese, de la región de Apulia, Puglia en italiano, muy animada y dinámica con sus más de 325.000 habitantes, nos llegamos cuatro amigos, tres desde España y una desde Milán, para pasar unos días en esta interesante región del sur de Italia. La que conforma el tacón de «la bota» que es la península itálica, a orillas del mar Adriático. Allí establecimos nuestro alojamiento, confiando en los transportes públicos para desplazarnos. Dedicamos toda una mañana hasta primeras horas de la tarde a visitar el interesante casco histórico de la ciudad, incluyendo de paso una exposición dedicada a Banksy en el Museo Teatro Margheritta.

Por la tarde nos desplazamos a Polignano a Mare.

Esta ciudad pequeña de 17.000 habitantes situada a media hora en tren regional desde Bari, tiene un pequeño pero coqueto casco histórico de casas encaladas, colgado en unos acantilados sobre el Adriático. Este día confirmó la tónica del viaje. Por la mañana visita cultural, histórica y turística; por la tarde, paseo relajante en alguna localidad costera, con spritz y cena agradable.

El día siguiente nos desplazamos a Alberobello.

Una amplia barriada de esta ciudad de casi 11.000 habitantes, en el interior de Apulia, a unos 50 km de Bari, está formada por trulli; trullo en singular, que debe pronunciarse con un doble sonido ‘l’, no como ‘ll’ o ‘y’. Trul-li o trul-lo. Nada que ver ni conceptualmente ni etimológicamente con el «trullo» al que van los maleantes tras el correspondiente juicio en nuestro país. Estas edificaciones, que ya se pueden ver desde Putignano salpicando el paisaje rural apuliense, entre los olivos y los frutales, son una evolución de edificaciones conocidas desde la prehistoria, y están reconocidas por la Unesco como patrimonio cultural de la humanidad.

Y tras comer una deliciosa ración de focaccia farcita y un no menos delicioso helado con tres bolas de exquisitos sabores, nos dirigimos a la costa, a Trani, para pasar la tarde.

El interés de Trani, algo más de 60.000 habitantes, va más allá de ser un lugar agradable para pasear a orillas del Adriático. Tiene un casco histórico muy interesante, una catedral románica de blancas piedras muy maja, y se come bien. Pescado, pulpo… aparte de las delicias tradicionales italianas. Muy agradable atardecer, con una luz estupenda.

Al día siguiente, nos fuimos a Lecce, con casi 100.000 habitantes, más centrada en el tacón de la bota.

El barocco leccese o las chiese barocche de Lecce, iglesias barrocas, no son todavía patrimonio de la humanidad reconocido por la Unesco, pero están en ello y se encuentran en la lista tentativa para su inclusión en este listado. Con un billete único para su visita y con recorridos claros bien organizados, vas visitando la cuatro iglesias incluidas en el listado, más la catedral, lugar donde comenzamos la visita. El barroco no es mi estilo arquitectónico y artístico favorito. Disfruto más del románico de las basílicas y catedrales visitadas en Bari y Trani. Pero no obstante la visita es absolutamente recomendable, con paradas eventuales en torno al anfiteatro romano o a comer, algo que siempre resulta placentero en Italia. El escudo de la ciudad muestra su vinculación al antiguo reino de Sicilia y, por ende, a la Corona de Aragón. Vamos… como estar en casa.

Y aunque el tiempo estaba modorro, nublado pero sin lluvia, por la tarde iniciamos el regreso hacia Bari, con una escala en Monopoli, a orillas del Adriático, cómo no, como en las anteriores tardes.

Con un casco histórico que va siguiendo la orilla del mar Adriático desde el puerto hacia el sur, esta ciudad de 50.000 habitantes, estaba de lo más animada en la tarde del sábado, a pesar del nublado y del fresco de la brisa marina. No eran turistas. Era la gente del lugar saliendo en masa a pasear, a encontrarse en cada esquina con los parientes y conocidos, y a disfrutar de la gastronomía del lugar. Un muy mediterráneo estilo de vida.

Y al día siguiente tocaba ir volviendo. Tras las despedidas, siempre algo tristes, en el aeropuerto de Bari, entre quien volaba a Milán y quienes teníamos que regresar a la Península Ibérica tras una escala en Fiumicino, llegamos al principal aeropuerto de Roma con una escala de seis horas. Así que pillamos un taxi entre los tres, y salimos escapados hacia Ostia Antica.

Yo ya conocía el lugar, que visité hace cuatro años. Una lugar arqueológico, fuera de la ciudad de Roma, pero al que se llega tras un tranquilo trayecto en metro. Calculamos que podíamos hacer un desplazamiento rápido en taxi y otro más tranquilo en metro más tren para aprovechar adecuadamente el desplazamiento. El coste de ambos desplazamientos, para tres personas, es similar. Aunque en el aeropuerto es «relativamente» fácil tomar un taxi, mientras que en los scavi no. En realidad, no puedes tomar un taxi de la ciudad de Roma para ir a Ostia Antica. Tienes que coger un taxi de Fiumicino. Y llegan con cuenta gotas a su particular parada en el aeropuerto. No es llegar y salir. Pero lo hicimos. El lugar es muy agradable. Con bonitos pinos piñoneros ornamentales, y las pulcras ruinas que tienen una afluencia de visitantes infinitamente inferior a las de la ciudad de Roma, por lo que es un lugar tranquilo, poco ruidoso, sin agobios, con la gente siendo muy amable los unos con los otros. Es curioso cómo cambia el comportamiento de las personas dependiendo de la masificación del lugar. En el aeropuerto nos habíamos aprovisionado de un taco de queso parmesano y algo de prosciutto, y comimos entre las ruinas y a la sombra, tranquilamente, disfrutando del sol y de la brisa. Brisa que se empezaba a convertir en vendaval cuando iniciamos el regreso al aeropuerto.

Llegados a Madrid, salíamos de Barajas pasadas las nueve de la noche. Dos de nosotros habíamos decidido pasar la noche en la capital en casa de una amistad. Al día siguiente, no nos apeteció cansarnos por Madrid, así que pasamos la mañana, y hasta después de comer, en Ávila.

En 1990 viví durante casi un año en la capital del país por estudios. Y en los meses de buen tiempo, solía quedarme por allí el fin de semana con el fin de hacer turismo. Visité Ávila un sábado de finales de mayo de aquel año, de forma imprevista. Es decir, salí del piso donde nos alojábamos para dar un paseo por Madrid con unos compañeros de la Escuela Nacional de Sanidad, pero al llegar a Madrid-Chamartín donde habíamos quedado, alguien propuso coger un tren próximo a salir en dirección a la ciudad amurallada, y fuimos. Pero no había cogido mi Pentax P30N, la cámara que usaba entonces, y no tengo fotos de aquella visita. Y curiosamente, mis recuerdos de la misma están desdibujados. Muchos dicen que el ir con la cámara evita disfrutar de los lugares… pero yo conservo memoria más fiel de los lugares visitados con mis fieles cámaras fotográficas, frente a los visitados sin ellas. Así que me pareció oportuno enmendar aquella omisión de hace casi 32 años.

Y este es mi resumen de esta agradable escapada primaveral de este 2022… algo que no habíamos podido hacer ni en 2020 ni en 2021. Que no se vuelva a interrumpir en el futuro.

[Fotos] El 2021 en fotos; de viaje con la cámara al hombro

Fotografía, Viajes

Como todos los años desde 2007, llega el momento de comenzar con el resumen del año. En aquel momento, era simplemente una entrada que publiqué el 31 de diciembre bajo el título «12 meses, 12 fotos». Y fue en 2012 cuando por primera vez extendí esa entrada a dos más; la dedicada a la fotografía con película tradicional y la dedicada a los viajes del año, grandes o pequeños. Y aquí estamos terminando este 2021,… que algunos consideran como 2020 temporada 2ª. Quizá hay demasiada gente que piensa que el final de un año y el comienzo de otro es algo significativo, cuando la realidad es que el tiempo es un continuo, y el universo sigue adelante sin importarle gran cosa nuestras arbitrarias divisiones del calendario.

Este año no he hecho excursiones. Durante buena parte del año todavía hubo muchas restricciones al tráfico. Las actividades asociativas no se han reactivado a los niveles anteriores. A mí me da mucha pereza coger el coche y conducir. Y gente con la que solía salir en pequeñas excursiones de día,… pues no están a mano. No están cerca o no están disponibles. Las consecuencias de la pandemia nos han afectado más de lo que creemos, incluso a aquellos que no hemos sido diagnosticados de la enfermedad. Vete tú a saber si nos hemos infectado o no. Mañana tengo «excursión» al centro de salud para el refuerzo vacunal. Con un poco de «suerte» pasaré el final de año con fiebre y modorro en la cama.

Viajes, grandes o pequeños

Hasta que no llegó el verano, no pudimos tener claro en qué medida podríamos viajar o no. Fuera de Europa siempre estuvo difícil. Y a la Europa «unida» le costó llegar a acuerdos sobre el certificado COVID y su aplicación en el movimiento de gente transfronterizo. Y la onda epidémica del verano colocó a España en los peores colores del semáforo de advertencia.

No obstante, con sólo una semana de antelación, conseguimos montar un viaje a Suiza, con tres viajeros desde España, y otros tres desde Italia en parte del viaje. Un viaje que nos supo a gloria. En el que por fin sentimos algo de libertad. En parte por la racionalidad de las medidas contra la covid en el país helvético, adecuadas pero no agobiantes, en parte por el aire fresco de los Alpes, en parte por los reencuentros entre personas que se quieren, que llevan tiempo sin verse, salvo a través de las pantallas de ordenadores, tabletas y teléfonos móviles, y que se alegran de abrazarse por fin. Dado que todos estábamos vacunados en ese momento.

Una de las consecuencias de la apertura de fronteras europea fue que una de mis amistades con las que más viajo, pudo hacer un breve viaje a Dinamarca, a Copenhague, por motivos de trabajo. Y fui de acompañante. Si en Suiza las medidas de prevención entraban en lo razonable, en Dinamarca estaban convencidos que ya podían hacer vida normal, y nada era obligatorio, salvo para entrar al país. Aunque nunca nos pidieron que mostráramos nuestro certificado COVID. El caso es que hizo unos días excelentes, todo estaba racionalmente animado y lo pasamos realmente bien.

Entre finales de septiembre y la primera quincena de octubre llegó mi segunda parte de vacaciones reglamentarias. Y organizar el viaje fue algo azaroso. En principio reservamos para ir a Lanzarote en las islas Canarias. Pero mi acompañante al viaje tuvo una cuestión que atender y lo suspendimos. Tuve que buscar una alternativa. Otra vez con poco más de una semana de antelación. Y fue bien. Italia fue el destino. La costa de Amalfi, el golfo de Nápoles, Roma y Tívoli fueron los lugares que visitamos. Italia siempre es un buen destino viajero.

Y a finales de octubre, igual que el año anterior, surgió la oportunidad de visitar a una de mis amistades, que vive en Sevilla y además tiene un nuevo piso, más amplio y acogedor. Por lo que no viajé solo desde Zaragoza. Recorrimos Jerez de la Frontera, Río Tinto, la sierra de Aracena, Ronda y, cómo no, Sevilla misma. Empezamos a acostumbrarnos a esta escapada andaluza a finales de octubre, antes del cambio de horario de otoño.

Mañana lo dedicaré a hablar en exclusiva de la fotografía con película tradicional. Pero ya llevo unos años en la que este tipo de fotografía tiene su importancia a la hora de documentar mis viajes. Todas las fotografías en color mostradas hasta ahora son digitales… menos uno. Adivinad cuál es. Cerraré la entrada con cuatro fotografías en blanco y negro, realizadas con al fiel compacta que me ha acompañado en todos mis viajes en este año que se cierra.

[Fotos – viajes] Fotografiar en Italia a principios de octubre

Fotografía, Viajes

De forma trabajosa y más lenta, por la ausencia de mi ordenador de sobremesa, he ido redactando un artículo sobre los aspectos técnicos/tecnológicos de mis fotografías del viaje a Italia que hice a principios de octubre de este año. Lo podéis encontrar en Por Italia, con digital micro cuatro tercios y mi cámara ya tradicional para película en blanco y negro. Aquí os dejo las fotografías con las que he ilustrado el artículo.

[Viajes] Resumiendo con fotos el reciente viaje a Italia

Viajes

En principio, a lo que íbamos era a la Costiera Amalfitana. Pero las cosas han salid un poco diversas.

Nos alojamos en Sorrento, un lugar muy bien situado tanto para visitar la mencionada abrupta costa de la Campania, como para visitar el golfo de Nápoles, que en realidad ya conocíamos, lo visitamos hace 13 años, aproximadamente en las mismas fechas de principios de octubre, por mi tendencia a huir de las fiestas o «no fiestas» del Pilar en Zaragoza, que no me agradan mucho. El caso es que en octubre de 2008 pasamos calor, y en este octubre de 2021 hemos ido justos de ropa de abrigo, y hemos tenido que tener el chubasquero a mano siempre, aunque hemos tenido preferentemente buen tiempo, aunque fresco.

Teníamos unas expectativas muy altas con respecto a la Costiera Amalfitana. Todo el mundo nos había hablado muy bien de esta zona. Y en nuestro recuerdo estaba la visita en 2014 a otra bonita costa italiana, en la Riviera Occidental, la llamada Cinque Terre, que visitamos en 2014, y que nos gustó mucho. Pues bien… es bonita. Pero ni se puede recorrer con tranquilidad por adecuados senderos, ni los pueblos son tan monos, aunque son majos, como aquellos. Y además, algunos de ellos están convertidos en centros comerciales al aire libre… muy agobiante. Ya digo, es bonita, pero no a la altura de las expectativas.

Le íbamos a dedicar tres días completos a la Costiera Amalfitana, de los cinco que íbamos a estar por la zona, seis noches, pero al final sólo le dedicamos dos. El resto de los días fuimos buscando distintas vistas del monte Vesubio, volcán en activo de carácter explosivo que cualquier día dará un susto de muerte a los muchos habitantes del golfo de Nápoles. No todos los días hicimos lo que quisimos. Una huelga de trenes y autobuses de transporte de pasajeros evitó que pudiéramos visitar Pozzuoli, con sus sulfataras volcánicas y sus restos arqueológicos, y lo sustituyéramos por una visita a la isla de Capri, que ya conocíamos. Así pues, vistas del Vesubio…

Nos despedimos el día 12 al mediodía, aunque yo aún me quedé a dormir un par de noches a mi aire en Roma. Sin prisas por volver. Dediqué una tarde a hacer mi particular rally fotográfico con la cámara para película tradicional en blanco y negor, que se verán en unos días.

Y el último día, me fui de excursión a Tivoli, a visitar Villa d’Este, barroca, y Villa Adriana, romana del siglo II, palacio de verano del sevillano emperador Adriano. También merece la pena el paseo por el casco histórico de la antigua Tibur.

[Libro] Decamerón

Literatura

Hacía días que quería hacer esta entrada, que no sé si me quedará breve o larga. Si un libro me parece apropiado para los tiempos que corren son los cuentos del Decamerón de Giovanni Bocaccio, uno de los padres de la literatura italiana. Especialmente si consideramos que el italiano moderno actual deriva del toscano, idioma en el que escribieron tanto Bocaccio, como Dante Alighieri y Petrarca. Alighieri fue el precurso, Bocaccio y Petrarca sus seguidores y ambos contemporáneos entre sí.

Ciudades toscanas para ilustrar la entrada; Florencia, Arezzo, San Giminiano, Siena…

Es necesario conocer el trasfondo histórico. En 1348, Europa, así como otras parte del mundo, se ve devastada por una grave epidemia de peste bubónica, que tuvo una gran letalidad, con un fuerte mortalidad en el conjunto de Europa. Hoy en día, las tradicionales estimaciones de que pudo morir la tercera parte de la población europea, unos 25 millones de personas, se consideran demasiado optimistas. Y hay muchas sospechas de que la Yersinia que produjo la epidemia fuese una variante desconocida, ya que su avance, capacidad de transmisión y letalidad es claramente muy superior a otras epidemias conocidas de peste bubónica. Se habla de 1348, pero la epidemia parece que se extendió entre 1347 y 1353. Pandemia fue, ya que también afectó a Asia, Oriente medio y norte de África. Por otra parte el Trecento, el siglo XIV en la cultura italiana fue el de la transición del medievo al renacimiento, acontecimiento que en el resto de Europa llegó más tarde.

Bocaccio sitúa el escenario general de los cuentos del Decamerón en una villa a cierta distancia de Florencia, donde se refugian diez jóvenes, siete damas y tres caballeros, demostrando que el concepto de distancia social no es nuevo, huyendo de la capital toscana, donde la epidemia se cebó especialmente. Y allí durante diez días, los jóvenes se entretienen contando cada día una historia cada uno de ellos, hasta llegar a los cien cuentos del Decamerón [del griego déka, diez, y hēméra, día]. Cada día hay un tema. Y nueve de las historias se ajustan al tema. La décima no. Y suele tener un carácter más moral. Y los cuentos, de todo tipo, humorísticos, dramas, tragedias, paródicos, eroticofestivos,… muestran la transición del pensamiento medieval al renacimiento. Por ejemplo, los clérigos dejan de ser el referente moral para convertirse en el personaje cómico, que recibe las puyas de la historia. Incluso en el ambiente de la terrible epidemia, el libro se escribió poco después de la misma, hay optimismo por el futuro y confianza en el ser humano. Confianza en lo profano, en el buen sentido de la palabra. Es decir, de lo secular, de lo que no tiene relación con lo sagrado o la religión.

Este libro no lo he leído recientemente, ni mucho menos. Cuando yo era un adolescente de unos catorce años, como mucho quince, había un copia de mi madre, de las adquiridas en el Círculo de lectores. Le pregunté si lo podía leer, se me quedó mirando un momento,… y contestó que sí. Afortunadamente, mi madre tenía más confianza en mi criterio que obsesión con la edad y los rombos de la época. Y de vez en cuando me preguntaba que qué tal. Y yo le decía que bien. Que como eran muchos cuentos, me leía uno de vez en cuando. Por aquel entonces me señaló que también había un ejemplo de los Cuentos de las Mil y una noches. Tuve suerte con mi madre. Y sí, es muy recomendable. Muy muy recomendable. Y muy apropiado para los tiempos que corren.

[Fotos] Exposiciones en Roma

Arte, Fotografía

Como estos días atrás en la capital italiana ha habido ratos de lluvia, hemos tenido la ocasión de visitar algunas interesantes exposiciones. Sobretodo fotografía, pero no solo. Magnum Photos, arte moderno, escultura, Liu Bolin, Terry O’Neill, Claude Monet… Los detalles en Exposiciones en Roma, marzo de 2018 – Fotografía y algo más.