Cine – Cuando los años 90 en China saben a los años 50 en España

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Fotografías realizadas durante el reciente viaje en Mayo en Chongqing. Esta publicación está disponible también en la plataforma Substack.

Shengxi zhidì [生息之地] (Vivir la tierra) (2026; 36/20260825)

Estamos ante una película que vivimos un par de días antes de viajar a tierras nórdicas. Una película china, de la que no sabíamos muy bien qué esperar, pero con críticas bastante buenas, pero con una más que probable indiferencia del público occidental ante una película que no presenta especiales “alicientes comerciales”. Se nos decía que su director, Huo Meng, realizaba un ejercicio de reflexión nostálgica regresando a los tiempos de su infancia.

Película de reparto coral, aunque con los acontecimientos vistos desde la mirada de un niño de diez años. Una población rural, que vive del cultivo del cereal. Pobres. Que viven al ritmo de las estaciones y de los acontecimientos vitales. La siembra, la siega, la trilla… Cumpleaños, funerales, bodas… Los niños en el colegio… Las familias, extensas, como red de protección de los individuos. Pero es el momento en que se impulsa el desarrollo industrial del país, y los padres del niño se van a una gran ciudad a trabajar, mientras sus parientes atienden al niño. Es la época de las nefastas políticas de limitación de la natalidad, que dio lugar a tanto infanticidio, especialmente en niñas, o abandono de bebés, algunas de ellas acabaron adoptadas por matrimonios occidentales sin hijos.

Yo no tengo pueblo. Nací en la ciudad de Zaragoza, la quinta más poblada de España, y mis padres también son nacidos en la misma ciudad. Tengo que remontarme a los abuelos para que “tener” pueblo. Y de vez en cuando visitábamos a los tíos y tías de mis padres, en Magallón, en Nuez de Ebro, en Préjano y Arnedo, los hermanos y hermanas de mis abuelos y abuelas, a los que mis padres tenían mucho cariño, el cual era recíproco. Y cuando recuerdo mi infancia más tierna y cómo se vivía allí, a finales de los años 60 o principios de los 70, ya vivían con un nivel de vida superior a los de esta población rural china de la película. Probablemente habría que remontarse a los años 50, desconocidos por completo para mí, para situarnos en un nivel semejante. La cuestión es que el año en el que se sitúa la acción de la película es 1991. Treinta o cuarenta años más tarde de aquellos años 50 o principios de los 60 en España. Lo cual, da que pensar sobre el gigante asiático.

La película ha crecido en mi recuerdo desde que la vimos. Es hermosa en su realización. Las interpretaciones, muy espontáneas, tienen momentos de gran autenticidad. Es cierto que es un ejercicio nostálgico. Un “amarcord” de su director, aunque sin el humor y el surrealismo de Fellini. Algunos personajes son entrañables. Como algunos de los abuelos. O la tía joven de 21 años que acaba casada en un matrimonio pactado con un individuo con quien, evidentemente, no va a ser feliz. Por lo tanto, también es una película con corazón.

¿Es recomendable? No es una película al uso de lo que se lleva en estos tiempos. Creo que no ha aguantado mucho en cartelera. ¿Una semana? Y sin embargo, merece la pena. Bastante. Es comprensible el entusiasmo de la crítica. Pero también la indiferencia del público. Al menos el occidental. ¿A quién puede resonar una realidad de 1991 tan diferente de nuestro mundo? Sólo a los curiosos de la naturaleza humana y de comprender mejor otras culturas y otros fenómenos sociales.

Valoración:

Dirección: ****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ****

Viajes – a la tercera va la vencida, China, las fotos con película fotográfica

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Fotografías realizadas con Pentax 17 y Kodak Gold 200. El comentario técnico de las fotografías que ilustran esta entrada los podéis encontrar en Carlos en Plata, como es habitual. Esta publicación está también disponible en Substack.

No pensaba que este fin de semana me diese tiempo a escribir nada en el Cuaderno de ruta… pero en encontrado un huequecico en estas primeras horas de la tarde. Y con un poco de suerte mañana también me lo puedo tomar con calma. La cuestión es que hace unos días me llegaron revelados los negativos realizados sobre película fotográfica y me ha dado tiempo poco a poco a ir digitalizando y procesando algunos.

Son una pequeña parte de los realizados. Fueron cinco rollos de película para negativos en color, en formato de medio fotograma. Entre 74 y 78 fotos por rollo, más o menos. Así que lleva su trabajo el digitalizarlos y el procesar el negativo digitalizado para que se vea la foto como debe ser. Aquí hay 12 fotos de las 380 realizadas. Bien es cierto que no todas las hice yo, y aquí sólo muestro fotos realizadas por mí.

Las fotografías fueron realizadas con una cámara que tenemos en condominio entre varios. Y todos los viajeros tienen derecho a usarla y hacer las fotos que quieran. De las que hipismo en China fueron hechas en un 60 % por el viajero C, yo mismo, en un 35 % por la viajera A, y sólo en un 5 % por la viajera M. Que realmente no le atrae la cosa, pero de vez en cuando le pedimos que nos haga alguna foto a los demás. Como de costumbre, dejo los retratos de los viajeros para el ámbito de lo privado, por consenso establecido hace años. Por lo demás, espero que os guste esta pequeña muestra.

Viajes – a la tercera va la vencida, China, resumen de viaje

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Fotografías realizadas con Fujifilm X100VI y Panasonic Lumix G9 II. El comentario técnico de las fotografías que ilustran esta entrada los podéis encontrar en Carlos en Plata, como es habitual. Esta publicación está también disponible en Substack.

Por fin hemos realizado nuestro viaje gafado. Al tercer intento. Y ha salido en un 95 % como lo habíamos pensado. Pero es curioso cómo hemos seguido con un punto gafado. El punto central de cualquier viaje a China que incluya Pekín. La plaza de Tiananmen. Nop. No la hemos podido visitar. La visita de estado de Donald Trump a la capital china, y que coincidió en el tiempo con la nuestra, nos desbarató algunos planes, que pudimos ir corrigiendo, salvo, por despiste, el de la visita a este famoso punto central de Pekín.

Sí. Ha sido el tercer intento de hacer el viaje. No. No es la primera vez que estamos en China. En 2015 tuve ocasión de visitar Hong Kong y Macao. En 2018, la “díscola” Taiwán, que va por libre. Aunque ellos piensan que los “díscolos” son los de la China continental. En 2019, primer viaje a esta China continental; Shanghái, Nanking, Suzhou, Hangzhou, las montañas Huangshan… Íbamos lanzados. Y a finales de 2019, en diciembre, con precios muy viajes en vuelos directos a Pekín, decidimos que había que ver la capital y algunos otros hitos importantes del país. Y lo íbamos a hacer en… la primavera de 2020. Sí. “Esa” primavera en la que en lugar de visitar nosotros China, fue un virus chino el que nos visitó a todos en todo el mundo. Primer intento.

Conforme se fueron normalizando los viajes, y aprovechando la retirada del requisito de visado para viajeros españoles por ocio en viajes de menos de 30 días al país al gigante asiático, volvimos a planificar el mismo viaje (casi, teníamos un día menos) para mayo de 2025. Y todo iba bien hasta que llegamos a Barajas y nos encontramos con un problema, aparentemente informático, que impidió la expedición de nuestras tarjetas de embarque. No indemnizaron; pero aun no entendemos lo que pasó. Y no, no fue un problema de overbooking. Lo hemos investigado.

Así que… o lo dejábamos o lo volvíamos a intentar. Pero tenía que ser ya. En el mes de febrero nos enteramos que Sichuan Airlines, una compañía aérea regional de bajo coste, pero servicio digno por lo que hemos comprobado, ofrecía viajes directos entre Madrid y Chengdú por un precio ridículo para tal y como está el patio. Poquito más de 600 euros. Y Chengdú siempre ha sido el principio planificado del viaje que ya habíamos suspendido dos veces. Así que… a por ello. Y esta vez, a la tercera, fue la vencida.

¿Por qué empezar por Chendgú, que no es la ciudad más conocida por el turista habitual? Primero, por los pandas. Me hubiera gustado ir a la reserva de Wolong, patrimonio de la humanidad por la Unesco, pero exigía mucho tiempo para algo muy contento. Pero vimos pandas. Y otros patrimonios de la humanidad como Leshan, Qinchengshan, Dujiangyan, todos en excursiones de día desde Chengdú. Nos acercamos a Chongqing, que nos decían que estaba de moda,… pero no nos convenció mucho.

Después vino Xían, y su mausoleo del primer emperador de la dinastía Qin, o sea, de China, y sus guerreros de terracota. Una ciudad que nos gustó mucho, con mucho ambiente, muy alegre, limpia, despejada, agradable de pasear.

Y finalmente, la inabarcable Pekín, en la que como ya he dicho tuvimos que adaptarnos a las circunstancias, por la visita de Donald Trump a la capital china. Esto nos alteró la visita al Templo del Cielo y la la plaza de Tiananmen. El primero lo recuperamos, pero la segunda no. En un momento dado, ya se nos fueron de la cabeza los requisitos para visitarla, y a la que supimos que estaba abierta… no teníamos ticket de entrada. Y no se podía conseguir en el acto. Mala suerte.

Y como no, la Gran Muralla. Optamos por una excursión organizada al tramo de Jinshanling, que es una sierra muy bella escépticamente, lo que hace que el recorrido por ese tramo de la Gran Muralla sea lo suficientemente exigente, y apartado de la capital china, como para que sea un lugar tranquilo sin las aglomeraciones de otros tramos visitables de la Gran Muralla. Merece la pena el esfuerzo, y el cansancio derivado, porque se puede disfrutar mucho del lugar y la experiencia.

Y todo esto moviéndonos en trenes de alta velocidad, pagándolo casi todo con Alipay, y sufriendo las consecuencias de que estábamos en una una dictadura muy autoritaria, que impone todo tipo de controles policiales y de otros tipos, que anula por completo el concepto de privacidad de la persona, con grandes niveles de control sobre la población. Y esto hace que la China continental, estando como está llena de maravillas, sea un lugar que en estos momentos nos cae bastante antipático. ¿Y pensar que tanta gente en estos momento parece añorar regímenes autoritario de antaño? ¿Son tontos o están locos? Sabor agridulce nos deja la visita al gigante asiático, como la salsa del cerdo,… que nunca nos han ofrecido en el país. Sólo en los restaurantes chinos en España.