[Historia en cine] 100 años desde el final de la Gran Guerra… o no.

Cine, Historia, Literatura

Oficialmente, hace 100 años terminó la I Guerra Mundial o Gran Guerra. Más bien, es el aniversario del comienzo del armisticio, el 11 del 11 a las 11:00 horas. En realidad, el armisticio marca el final de las hostilidades, pero no es el final de la guerra. Formalmente, el final oficial de la guerra vino con la firma del Tratado de paz de Versalles en 1919; final del estado de guerra entre los aliados occidentales y Alemania. Y en realidad, no entró en vigor hasta enero de 1920.

Pero mientras tanto, siguieron las hostilidades en distintos puntos del globo. La Rusia soviética y Polonia siguieron enzarzadas, entre febrero de 1919 y marzo de 1921. El Tratado de Versalles reconocía la independencia de Polonia y definía sus fronteras con el Reich alemán, pero nada decía de lo que pasaba por el lado de sus revolucionarios vecinos eslavos. Que oficialmente habían perdido la guerra contra Alemania en 1917, pero que estaban en plena guerra civil, enfrascados a tiros en Manchuria, y donde hiciera falta.

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Los monumentos a los caídos por la patria son una de las coñas que una de las películas que comento hoy lleva al derrotero en su ácidamente cómico argumento. Pero en Estrasburgo, este monumento es distinto, porque los avatares de la historia hicieron que los alsacianos murieran indistintamente por diversas patrias según tocase.

También siguieron enzarzados a tiros la República de Grecia, que se quería merendar buena parte del antiguo Imperio Otomano, con los militares revolucionarios turcos, que no estaban por la labor. Y entre 1919 y 1922, resultando que si bien el Imperio Otomano fue perdedor en la Gran Guerra, los turcos fueron vencedores en esta pequeña, pero sangrienta, guerra. Cosas que pasan.

Dos ejemplos… No voy a hablar de la inestabilidad que quedó en Extremo Oriente, el ascenso de los totalitarios fascistas, comunistas, nacionalistas, militaristas,… y todos los “istas” que se os quieran ocurrir que sacudieron los años 20 y 30, y que acabaron desembocando en el follón de la II Guerra Mundial. Hoy se conmemora, por lo tanto, el 100 aniversario de una soberana chapuza, una de las peores perpetradas por el mundo occidental,… y eso es mucho decir.

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Leía ayer que Trump y Macron eran de la opinión de que Europa tenía que incrementar su gasto militar. Este par de imbéciles, tarugos iletrados, que no se han enterado de nada, son la plena demostración de que no hemos aprendido nada. La Gran Guerra fue precedida de una carrera armamentística como no se había conocido hasta ese momento, y que, desde luego, no sirvió para prevenir la guerra. El liberalismo económico que preconizan desembocó después de la guerra en la Gran Depresión, que favoreció el auge de todos los totalitarismos que hemos comentado antes. Pues eso.

Para conmemorar la fecha de forma reflexiva, propongo ver cuatro películas. En algún caso, también leer los libros en los que se basan.

Paths of Glory (Senderos de gloria)

En toda guerra, hay dos ejércitos; los malos y los peores. Y los que se encargan de que sean malos o peores suelen llevar estrellas y galones en el uniforme. Y suelen hablar de honor con mucha frecuencia. Pero no saben lo que es el honor, ni lo conocen, ni lo han conocido, ni lo conocerán. Y Stanley Kubrick, con la ayuda de un superior Kirk Douglas interpretando a la excepción que confirma la regla, nos lo explican muy bien.

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All quiet in the western front (Sin novedad en el frente)

Con frecuencia, tras una guerra, el perdedor pierde también el derecho a contar su versión y sus sentimientos. Pero gracias a Erich Maria Remarque y su bella novela, que hay que leer, sin duda, podemos saber que los soldados alemanes eran también sufridos peones como sus equivalentes de la entente, con sus miedos, sus amores, sus esperanzas y sus tristezas. La película original, de 1930 fue rodada en EE.UU. y la dirigió Lewis Milestone. Hay una versión más moderna de 1979. Pero no la he visto.

La grande illusion (La gran ilusión)

Dejemos el drama y la tragedia y pasemos a la comedia de la mano de uno de los grandes del cine universal, Jean Renoir. Aunque viene bien contar con uno de los grandes de la interpretación, Jean Gabin, para llevar la empresa a buen término. El análisis de esta obra maestra es muy complejo para llevarlo a cabo en unas pocas líneas. Pero digamos que es una obra mucho más profunda que una mera declaración antibélicista y antimilitarista. Otro imprescindible.

Au revoir là-haut (Nos vemos allá arriba)

Reciente adaptación de la magnífica novela del mismo título de Pierre Lemaitre, también de obligada lectura, en la que no sólo se ponen de manifiesto los horrores de la guerra, a pesar de que esta sólo abarca los primeros minutos/las primeras páginas de la película/el libro. Por que aquí vamos a una acidísima crítica de la desvergüenza de políticos, empresarios y otros engendros de la sociedad civil a la hora de explotar el fenómeno bélico para su propio beneficio, y sin que quienes sufrieron crudamente las consecuencias del conflicto vean compensado su sacrificio. Dirigida por Albert Dupontel, la película está bastante bien, aunque la novela es muy muy superior.

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[Cine] El ángel (2017)

Cine

El ángel (2018; 50/20181107)

Esta película había despertado mi curiosidad, pero no el entusiasmo de las personas con quienes acudo a las salas de cine habitualmente. Pero este miércoles pasado, me encontré que poco antes del comienzo de la primera sesión estaba yo a cinco minutos de la sala de cine y con no grandes planes para la tarde, así que hice un poquito de tiempo y me metí a dicha sesión.

El largometraje argentino dirigido por Luis Ortega está producido por El Deseo S.A., o sea, los Almodóvar Bros & Cía., por lo que no habrá tenido, imagino, problemas para encontrar distribuidores en España. Y nos cuenta una historia, presuntamente verdadera, sobre un asesino en serie, dicen que el mayor de su historia, que alarmó a la sociedad argentina a principios de los años 70.

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No tengo la suerte de haber visitado, aún, la República Argentina. Así que a falta de los suburbios de las ciudades argentinas, tiraré de los suburbios zaragozanos para ilustrar la entrada de hoy.

Hay que decir que, en lo que yo sé de la historia del país del cono sur, como sucede en otros países incluido el mío, el principal asesino en serie ha sido eso que llaman “el gobierno de la nación”. En Argentina, especialmente en los años 70 y 80 del siglo XX. Algo nos indican en la película, con la frecuente aparición de controles militares y amenazas en dependencias policiales de hacer confesar a los presuntos delincuentes electrocutándoles los testículos. Pero de lo que va esto es de una especie de Billy el Niño argentino, un adolescente que inició una sorprendente carrera de robos y asesinatos hasta ser detenido con 20 años, momento desde el cual está en prisión, hasta nuestros días. Se llama Carlos Robledo Puch, y es interpretado en la película por un actor novel, Lorenzo Ferro.

Por lo que he leído a posteriori, la película no es fiel a los hechos. Diríamos que se inspira en aquello para contar una historia particular, con una reinterpretación de los hechos y de la personalidad de “Carlitos” con no pocos toques psicoanalíticos, especialmente por sus especulaciones sobre la confusa sexualidad del criminal. La verdad es que el original también fue condenado por varias violaciones y abusos sexuales a mujeres de los que no se nos habla en la película. El resto de los personajes aparecen con nombres distintos a los que acompañaron las aventuras del criminal original. Y entre el resto del reparto tenemos que señalar la presencia de Chino Darín (sí, hijo del famoso Darín), que no lo hace nada mal, Cecilia Roth, que debería demandar a su cirujano plástico, y unos excelentes Daniel Fanego y Mercedes Morán. La dirección y la producción de la película están bastante bien, pero esta se apoya en esa excelente interpretación a la que nos suelen tener acostumbrados los actores y las actrices de aquel país.

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Película interesante, que merece la pena el visionado. No sé lo que aguantará en cartelera en una semanas muy competitivas, pero sería una lástima si no tuviera un recorrido razonable. A mí me parece bastante recomendable. Ya me parece más complejo que tenga éxito en su carrera hacia el Oscar… no sé yo si da para tanto, en una categoría, la mejor película de habla no inglesa, que últimamente tiene más nivel que la categoría máxima, la de mejor película.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

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[Cine] First Man (2018)

Cine

First Man (2018; 49/20181101)

Sesión matinal de cine el día de Todos los Santos, que nos llevó a recuperar esta película de Damien Chazelle y protagonizada, casi en absoluto, por Ryan Gosling. Le podemos conceder algún protagonismo, puntual, a la señora de Armstrong, antigua reina británica, (Claire Foy). Todo lo demás son secundarios, que por bien que lo hagan, hacen papelitos con intervenciones puntuales esporádicas, en un largometraje que se centra básicamente en un único personaje, de carácter histórico, y en un único intérprete.

Chazelle y Gosling fueron dos de los “culpables” principales del estupendo musical de hace un par de años, que a muchos nos encantó, sencillamente, pero que demostró que la mayor parte del personal ha perdido el gusto por ese tipo de películas. Y eso era suficiente para arrastrarnos a las salas de cine. Pero el tema, el astronauta Neil Armstrong, nos daba un poco de lado. De este, siempre se ha conocido su condición pública de héroe americano, pero su carácter relativamente reservado hacía una incógnita sobre su auténtica personalidad. La posibilidad que de estas carencias surgiera una película patriotera… nos daba mucho miedo. Para colmo, como se estrenó durante nuestras vacaciones, perdimos al final una parte de la ventana de tiempo para verla en versión original subtitulada, y tuvimos que verla doblada. Lo cual siempre desmerece cualquier filme.

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No me voy a ir a la Luna para obtener fotos para esta entrada. Pero estamos en un planeta, la Tierra, con rincones muy bellos. Os dejo con algunas fotos de Taxeras, en los Pirineos Aragoneses. Mañana os hablo un poco más de esta excursión.

Con todo, he de decir que la impresión con la que salimos es muy buena. Y no ha empeorado con el tiempo. Realmente, Chazelle se concentra en explorar los aspectos psicológicos del personaje, sus posibles motivaciones, y el impacto de perder a su hija Karen de dos años por un tumor cerebral, poco antes de unirse a la NASA. Gosling es muy adecuado para este trabajo, ya que es un actor que peca de un exceso de inexpresividad, que no sabes muy bien ya que es que es algo que hace muy bien, o que es que simplemente es un actor más limitado de lo que nos ha venido pareciendo, y hacer de cara de palo es lo que se le da bien. En este caso es adecuado.

La película no abusa de situaciones de efectos especiales, pero la representación de diversas acciones relacionadas con vuelos de prueba y viajes al espacio, lleva a que los que hay son sobrio, con aspecto verosimil, no se apoderan de la película, pero aportan un plus de calidad, quizá poco apreciado a los efectos especiales espectaculares aunque fantasiosos. No, en está ocasión están muy bien ajustados. Y alguna escena escabrosa, como la muerte de la tripulación del Apolo 1 por un incendio, está tratada con mucha eficacia y elegancia.

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Globalmente, hemos llegado a la conclusión de que es una buena película. En algunos aspectos excelentes. No sé si tendrá mucho recorrido en la temporada de premios, pero alguno se tendría que llevar por ahí. Y aunque no creo que rasque mucho en los Oscar, candidaturas en varias candidaturas debería tener. A mí me parece bastante recomendable.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ****

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[Cine/relato] Burning (2018) / Quemar graneros

Cine, Literatura

Burning (2018; 48/20181023)

La relativa insatisfacción que nos dejó la última película que comenté, y el hecho de que llevábamos un cierto “retraso” en las películas que queríamos ver de las recientemente estrenadas hizo que dos días después nos acercáramos a ver esta adaptación del director coreano Lee Chang-dong de un relato corto del japonés Haruki Murakami. Este principio de semana va a estar muy relacionado con este escritor nipón, porque tengo intención de comentar también el primer libro de su última novela, cuya traducción al castellano se puso a la venta recientemente y ya he leído.

De hecho, no había leído el relato corto adaptado, Quemar graneros, y es algo que he solventado estos días, por lo que de alguna forma el comentario será compartido para la obra literaria original y para la adaptación cinematográfica. La película, en versión original, se ha estrenado con el título internacional de Burning. Si en algún momento veis que en coreano se titula Beoning, es lo mismo. Viene de 버닝, que es la transcripción fonética al coreano de burning, pero que en la transcripción al alfabeto latino según las normas revisadas actuales resulta en beoning. Resultado de dos transcripciones fonéticas de ida y vuelta

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Por supuesto, nos damos una vuelta por Corea del Sur para ilustrar la entrada de hoy.

 

El relato de Murakami tiene ya unas cuantas décadas, ya que es de la primera mitad de los años 80 del siglo XX. Pero contiene muchos de los elementos de la ficción del escritor. No entra en los elementos más fantásticos o mágicos de algunas de sus novelas, pero si que nos plantea una situación que te deja con una sensación de misterio, y unas implicaciones en la trama que quedan en el aire. Un escritor de poco más de 30 años que conoce a una joven de 20, una especie de espíritu libre, pero también solitario, con la que mantiene relaciones esporádicas, y que en un momento se relaciona con un joven de 25 o 26 años, acomodado e… inquietante por decirlo de alguna forma. Que confiesa tener una curiosa “afición”; quemar graneros abandonados. Cuesta poco leerlo. Y os he dejado un enlace más arriba donde podéis hacerlo.

Lee toma ese relato y lo adapta a su Corea natal con algunos cambios. El escritor se convierte en un desorientado e introvertido aspirante a escritor de veintipocos, Jongsu (Yoo Ah-In). La joven, Haemi (Jeon Jong-seo) se convierte en una conocida suya de la infancia con la que coincide y de la que se enamora. Las características de la chica coinciden con el relato de Murakami, por lo demás. Y el joven acomodado, Ben (Steven Yeun) es algo mayor que los anteriores, pero también mantiene las características esenciales del personaje del japonés. Bueno… en Corea deben ser más frecuentes los invernaderos que los graneros,… y eso es lo que dice quemar por afición.

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Con un ritmo pausado, pero constante, acompañado de un música sobria pero que apunta muy bien los momentos, y por una fotografía de alto nivel que matiza muy bien la historia y alcanza brillantez en no pocos momentos, el director va relatando los avatares de este peculiar trío. Va introduciendo diversas variantes. A veces parecen tontorronas, pero no da puntada sin hilo. Que en un momento clave del relato, que sus protagonistas en lugar de escuchar el Airegin de Miles Davis, como sucede en el relato, escuchen el Générique de la banda sonora de Ascenseur pour l’échafaud, también de Davis, no me parece banal.

Y hay un momento en que la película diverge del relato. Más que divergir, Lee imagina más allá, decide romper la incertidumbre sobre lo que sucede tras la últimas líneas del relato de Murakami, y dejar claro porqué se habla en un momento de metáforas en su película, y cuál es la película. El tono de la narración cambia y pasa de ser un pequeño misterio en lo cotidiano que te deja con la mosca detrás de la oreja a un thriller con un final que no deja de impresionar. Si este “alargamiento” de la historia mejora o no el planteamiento de Murakami… está en discusión por parte de quienes vimos juntos la película y luego hemos leído el relato. Ese alargamiento, asociado al ritmo pausado que imprime el director, unido a alguna trama secundaria con escenas que aportan poco, causa una duración quizá un poquito excesiva de la película. Y en cualquier caso, tampoco resuelve del todo el misterio de la película. Sólo aporta lo que piensa uno de los personajes y las consecuencias de lo que concluye. Quemar invernaderos,…

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Uno de los méritos de la película es su reparto. Los tres protagonistas están bien o muy bien. El enigmático Ben está excelentemente encarnado por Steven Yeun, un actor popular en su país, pero que también se ha aventurado en el cine y la televisión occidental. El aprendiz de escritor cumple con un papel que no da especial brillantez por las características del personaje. Y para Haemi se opta por una novata en la interpretación que resulta un gran acierto. Jeon Jong-seo es una encarnación perfecta del personaje y sus numerosas contradicciones. Por ejemplo, es una chica muy mona, pero se aleja del aspecto de muñequita perfecta de muchas actrices jóvenes coreanas. El personaje afirma en un momento dado que se ha hecho la cirugía estética, habitualmente no tiene un duro, pero cuanto más la miras más te percatas de que siendo atractiva su rostro no parece precisamente afectado por una intervención de este tipo. Incluso tiene la nariz ligeramente desviada. En cualquier caso, lo hace muy bien.

Como resumen, lo que leí en algún sitio. Si es de Murakami y aparece un gato, da por echo que hay un misterio difícilmente resoluble. La película tiene mucho mérito, aunque desde mi punto de vista podría ser un poquito más concisa; ya he dicho que tiene escenas o secuencias que aportan poco a la historia general. Pero con buenas interpretaciones y una bella factura e interpretación, es un obra cinematográfica muy recomendable.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

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[Cine] Ha nacido una estrella (2018)

Cine

Ha nacido una estrella (A star is born, 2018; 47/20181021)

Mi valoración de esta película viene condicionada por algún hecho ajeno a la misma. La intención fue verla en versión original a principios de la semana pasada. Pero un inoportuno pico de fiebre debido a algún virus de poca importancia me impidió asistir a la proyección, incluso después de haber comprado las entradas a través de internet. Cuando llegó el viernes siguiente, la versión original de la película se había movido a unas horas intempestivas, y acepté la oferta de unos amigos de ir a verla en versión doblada en la matinal del pasado domingo. Cada vez estoy más convencido que las versiones dobladas son una adulteración que deberíamos considerar inaceptable de la obra original. Son muchos los motivos. Pero uno de los más claros es la adulteración de las voces, especialmente las femeninas. Frente a una variedad de registros de voces en las actrices, con todo tipo de tonos y calidades, las voces de doblaje suelen tener registros similares, habitualmente agudos y que machacan por completo la interpretación original. Desde Lauren Bacall antaño, hasta voces como la de Emma Stone más reciente, por poner dos ejemplos muy claros, a quien ve la versión original se le hurta la posibilidad de escuchar voces profundas, con matices, con personalidad. De alguna forma, es una manifestación del sexismo comúnmente aceptada, incluso por muchas mujeres. Parece que la obligación de una mujer es la de tener “voz de pito”, mientras que los hombres sí tienen derecho a voces profundas y “series”.

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No soy mucho del “mainstream” del pop. Y disfruto más de una “big band” de aficionados con un repertorio a base de estándares del jazz que de las rutilantes estrellas del pop actual. Así que visualmente nos iremos a las calles y plazas de Copenhague durante el festival de jazz que anualmente se celebra en la capital danesa a principios de verano.

La segunda cuestión que condicionaba la visualización de esta película dirigida y protagonizada por Bradley Cooper es que es la enésima versión de la misma historia. Y hay varias de las que la han precedido que son muy buenas. Curiosamente, parece que Cooper decidió fijarse en la de los años 70, en la que los protagonistas son músicos, frente a las más antiguas en las que los protagonistas son actores. Curiosamente, la versión de los años 70 es la más floja de todas. Pero es “normal” que se opte por protagonistas cantantes. Eso implica desarrollar una banda sonora a base de canciones, que luego dan lugar a unas ventas y unos ingresos añadidos comercializando la banda sonora de la película. Como negocio, mucho más conveniente.

A pesar de los “a prioris” indicados, lo cierto es que la cinta llegó a la cartelera española acompañada de unas críticas buenísimas, que nos hablaban de una película de gran calidad. Y se hablaba en especial de la calidad de la interpretación de su protagonista femenina, la cantante Lady Gaga, que ha empezado a sonar como candidata a los Oscar. Ya adelanto que considero que la moza hace un buen trabajo, pero que mucho me extrañaría que a lo largo de la temporada de estrenos que viene no encontremos interpretaciones más meritorias. Pero como estos premios se mueven por impulsos muy diversos, tampoco sería de extrañar que se llevase el premio gordo.

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La historia de la película está desaprovechada. El planteamiento inicial es bueno. Lo ha sido en todas las versiones de la historia. Pero tal y como se hace y se empieza a desarrollar, ofrece posibilidades para diferenciarse de las producciones anteriores. Por un lado, el drama de la estrella en declive, el hombre, que viene acosado por un deterioro físico y por una adicción al alcohol, en la que se puede profundizar y de la que se puede sacar mucho partido. Sólo se hace de forma limitada. No voy a decir que vaya a competir con Days of Wine and Roses en el tratamiento del tema, pero una cierta indagación en la cuestión, en el abuso de sustancias por parte del mundo de la música, podría haber sido un rumbo interesante. Otra vía por la que se podría haber profundizado y haber ofrecido algo original es en lanzar una crítica al mainstream de la música pop, factoría de productos estandarizados y sin personalidad, que son embutidos en los sistemas auditivos de los jóvenes a la fuerza y sin consideración. Los protagonistas parte de un rock & roll con toques de blues o de folk muy interesante, para que al final nuestra estrella rutilante caiga en las redes del mencionado mainstream. Incluso hay un villano en la película, muy groseramente y mal desarrollado, procedente de esa industria. Pero tampoco se profundiza. Se ofrecen algunos destellos de crítica, pero muy tímidos. Al fin y al cabo, Lady Gaga, ¿no os parece absolutamente ridículo este nombre artístico?, ¿al menos en castellano?, es una cantante que disfruta plenamente desde el principio de los beneficios de la misma. Y no se va a tirar piedras contra su tejado. Así que hay que cantar sobre lo bien que me quedan los vaqueros ajustados… acompañado de un grupo de bailarinas buenorras,… pues lo que haga falta.

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Ya he dicho que la interpretación de la cantante ha despertado muchas expectativas. Pero la realidad es que quien pone los mayores esfuerzos dramáticos, la historia que realmente importa es la del viejo rockero. Cooper, además de dirigir, hace un trabajo excelente. Y realmente es su personaje el que permitiría haber extraído elementos interesantes de una película, que en definitiva, es prescindible. Porque la historia estaba ya contada, no es original en absoluto, deriva por un drama romántico de manual. Correctamente realizado, pero sin que aporte nada nuevo. Que se deja ver, que no sientes que hayas perdido el dinero por ver la película, pero que te deja vacío. Y que yo ya he empezado a olvidar.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Cine en el aire] Horas de avión y cine asíatico… y francés.

Cine

Esta semana teníamos que haber ido al cine a ver la enésima versión de una historia infinitas veces contada en cine y televisión. Sí, la de la estrella incipiente y el mentor alcoholizado. No es que me haga mucha ilusión, pero como auguran todo tipo de premios a una cantante metida a actriz, hay que comprobarlo. Pero me puse malito el único día que podíamos ir a verla. De hecho, hasta tenía la entrada comprada por internet, que perdí. Así que este sábado voy a hablar de cine pero de otra forma.

En mi reciente viaje a Taiwán, volamos con Emirates, con escala en Dubai. Lo que supone en total cuatro vuelos. Dos de siete horas entre Madrid y Dubai, o viceversa. Dos de ocho horas entre Dubai y el aeropuerto internacional de Taoyuan, y viceversa. Estos últimos fueron nocturnos y nos forzamos a dedicarlos a dormir para minimizar los efectos del jetlag o descompensación horaria. Pero por el mismo motivo, los vuelos diurnos nos obligamos a permanecer despiertos. Y qué mejor para ello que engancharse a la variada oferta de películas que ofrece la línea aérea. Yo opté por el cine asiático, salvo una excepción.

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El buen sabor que me dejó la película coreana me hace optar por fotografías de este país, de Busan, con bosques, para ilustrar esta entrada con cine predominantemente asiático.

Comenté hace unos días ya la película coreana, Little Forest, protagonizada por Kim Tae-Ri, dirigida por Soon-rye Yim, y que me dejó muy buen sabor de boca. Un encanto esta actriz, y muy majica esta adaptación de una historieta japonesa. Veamos que más… Me enterado que tiene versión anterior nipona, dividida en dos películas, pero de momento no me ha entrado la curiosidad. La película que vi ya me pareció bien tal cual.

Del resto, repartido entre la acción real en vivo y la animación.

Una película ya la había visto, Kono sekai no katasumi ni [この世界の片隅に] (En este rincón del mundo), y es una película que cada vez gana más en mi recuerdo y en mi valoración. Ese año tuvo que competir con el éxito de taquilla de Makoto Shinkai que acaparó la atención de la mayor parte del público, pero en estos momentos estoy convencido que este delicado drama de Sunao Katabuchi es superior.

Me interesó enseguida Summer Wars de Mamoru Hosoda. Este director es responsable de dos película que me gustan muchísimo, una fantastico-familiar y otra con viajes en el tiempo, muy dinámica y entretenida, así como de haber participado en una serie de animación para televisión que me parece buenísima, y de la que ya os hablé. Estas aventuras fantástico-cibernético-familiares no están a la misma altura, pero son muy entretenidas. Se dejan ver muy bien.

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Más frío me dejó Sayonara no asa ni yakusoku no hana o kazarō [さよならの朝に約束の花をかざろう] (Maquia: When the Promised Flower Blooms) de Mari Okada. Drama fantástico sobre las relaciones maternofiliales, que carga con un exceso de melodrama, y que entra directamente en la categoría de cine-cebolla, destinado a estimular los lagrimales del personal. No está mal… pero no es prescindible. Su directora es una de las guionistas más prolíficas en el cine de animación nipón. Pero claro,… cantidad no es lo mismo que calidad.

También procedente de una adaptación a una historieta está la última de las películas que vi. Buscando ya algo intrascendente, que si no me daba tiempo a terminar porque llegábamos a Madrid antes de que finalizase, no me importase. Y así me vi una película de acción real, con actores de carne y hueso, Tonari no kaibursu-kun [となりの怪物くん] (My little monster, en realidad se traduce, como “el monstruo a mi lado”, porque se sienta junto a la protagonista en clase). Dirigida por Shō Tsukikawa, es un drama romántico de instituto como tantos muchos, aunque tiene bastante dignidad, y se deja ver sin que chirríe nada. Prescindible también, pero no molesta.

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También en acción real, Inori no maku ga oriru toki [祈りの幕が下りる時] (The Crimes that Bind, en realidad se traduce como “cuando cae el telón de la plegaria”). Dirigida por Katsuo Fukuzawa, es una entretenida película policiaca, razonablemente bien interpretada, a la que como principal problema se le puede poner que tiene unas cuantas trampas de guion, de esas que hacen que una película policiaca pasé de ser buena a normalita o del montón. No merece mucho más comentario.

Y terminaré con la única película que no venía de oriente. Se trata de la película francesa Madame Hyde de Serge Bozon, protagonizada por Isabelle Huppert. Recientemente estrenada en nuestro país, ha durado poco en cartelera, y la verdad es que no recibió buenas críticas. Pero tenía curiosidad por ver a la Huppert trabajando. Su papel es el de una profesora de un instituto de formación profesional que es una calamidad, y que no consigue hacerse con sus alumnos, un grupo complejo de los suburbios de una ciudad francesa no determinada (está rodada en Lyon). Un día, Madame Géguil (que se pronuncia como en inglés Jekyll) recibe una descarga eléctrica y su personalidad se desdoblará impulsando cambios en su docencia. La verdad… un poco tostón. Estuve a punto de abandonarla varias veces, y en alguna ocasión no me enteré bien de lo que pasaba porque es una película que tendía a expulsarme de la misma. ¿El peor trabajo que le he visto a la Huppert? Tal vez no sea culpa suya, pero sí.

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[Cine] Cold War (2018)

Cine

Cold War (2018; 46/20181011)

Cuando volví de viaje el miércoles de la semana pasada, al repasar algunas novedades y noticias del mundo del cine, caí en la cuenta de que se había producido el estreno de algunas películas altamente prometedoras. Es cierto que alguna, por bombo y platillo que se le esté dando, da un poco de pereza. Ver la “enésima” versión de una historia ya no-sé-cuántas veces contada, y encima a ritmo de música pop actual, no motiva en exceso. Aunque tarde o temprano habrá que ir a verla para certificar o criticar ese bombo y platillo. En cualquier caso, para el retorno a las salas de cine, elegimos una sesión tempranera, antes de que el paso de la tarde sufriera las consecuencias del jetlag, y volviendo al cine europeo en blanco y negro.

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Unas cuantas fotografías de los ferrocarriles polacos, en blanco y negro, claro, servirán para ilustrar la entrada. También los trenes tienen su protagonismo en la historia de hoy.

Pawel Pawlikowski sorprendió hace unos años con una película redonda ambientada en la Polonia de la posguerra mundial. Impresionó desde todos los puntos de vista. Y parece que vuelve con buena parte de los mismos ingredientes que aseguraron la calidad de aquella. Para empezar, primorosa cinematografía en blanco y negro firmada por el director de fotografía Lukasz Zal, volviendo al formato 1,37:1, con encuadres atrevidos y muy expresivos. Siguiendo por la época y el lugar, de nuevo la Polonia de la posguerra a caballo entre el recuerdo de los desastres de la guerra y los desastres del nuevo régimen comunista de posguerra. Y terminando por un personaje femenino complejo y potente, una joven que representa en sí misma muchas de las ambigüedades de un país, de una sociedad, de un continente.

Durante casi dos décadas seguimos la evolución en la relación entre el músico, Wiktor (Tomasz Kot), y la joven cantante y bailarina, Zula (Joanna Kulig). Una relación marcada por un atracción y un enamoramiento tan profundos como potencialmente destructivos, que les llevará a un vaivén de acercamientos y alejamientos por la Europa de la posguerra. Una relación de amor y odio que es una metáfora profunda de la propia Europa y sus gentes y su relación con los regímenes y los destinos que a sí mismos se buscan de forma infortunada en demasiadas ocasiones.

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La película no me resultó tan redonda como su predecesora. O el cansancio del viaje no me permitió apreciarla con todo merecimiento. Pero es una película para ver. Ambos protagonistas, y no pocos de los secundarios, están en absoluto estado de gracias. La “no tan joven” Kulig llena la pantalla con cada aparición siendo la representación por excelencia de una feminidad confusa y confundida. La contención de Kot viene que ni pintada para representar el conflicto del hombre que lucha entre su ansia de libertad y su amor por la mujer que es perfecta porque no lo es ni lo puede ser. Que más puedo decir, vayan y véanla.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

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[Cine] Der Hauptmann (2017)

Cine

Der Hauptmann (2018; 45/20180925)

Vuelvo a comentar películas de cine vistas en la gran pantalla, aunque esta corresponde a lo último que vi antes de salir de viaje, hace ya más de dos semanas. No me he fijado bien, pero es posible que ya ni esté en cartelera. Pero sin embargo es una película que de antemano aviso que todo el mundo tendría que ver. Y entender. Aunque no sea fácil ni agradable.

En un mundo en el que cada vez proliferan más los populismos ultraconservadores y ultranacionalistas, no está de más echar la vista atrás y contemplar lo que sucedió en el mundo cuando opciones ideológicamente similares, aunque estéticamente diferentes en aquellos momentos, triunfaron en buena parte de Europa y otras partes del mundo. Esta película del alemán Robert Schwentke está basada en personajes y hechos reales a pesar de la sensación de demencia colectiva que nos invade durante toda la película, fotografiada en un primoroso, adecuado e impactante blanco y negro por Florian Ballhaus.

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Aunque los acontecimientos de la película transcurren en el norte de Alemania, en la zona que en un futuro próximo ocuparon los británicos, me parece más apropiado traer aquí fotos de mi visita a Berlín en 2013, donde había elementos conmemorativos de víctimas del nazismo, cuando se recordaba el 80º aniversario de su ascenso al poder. Impulsado por muchos partidos políticos presuntamente moderados. Porque nunca obtuvo una mayoría suficiente para gobernar sin la ayuda de otros.

En abril de 1945, cuando Alemania estaba siendo invadida por sus dos grandes frentes de guerra, pero se empeñaba estúpidamente en resistir en una guerra perdida, un joven desertor del ejército, Willi Herold (Max Hubacher), intenta salir con bien de su deserción vistiendo con un uniforme de capitán encontrado en un coche abandonado. Y junto con una banda de otros desertores, inicia una huída adelante que le lleva a impulsar matanzas colectivas de otros prisioneros y otras gentes, dentro del caos de la Alemania derrotada de facto. Con un lenguaje populista, plagada de eslóganes, de una naturaleza similar a los que sus compatriotas llevan escuchando durante más de una década, nadie discute su falsa autoridad ni sus acciones.

No hace falta mucha imaginación para comprender que Schwentke crea un microcosmos entorno a Herold que repite una vez más los errores que han llevado a Alemania a la catástrofe. Herold es un pequeño “führer”, que con sus discursos vacuos consigue que los que le rodeen actúen, demencialmente, sin criterio y sin crítica. Exactamente lo que consiguió el auténtico Führer con toda Alemania. E igual que están consiguiendo en la actualidad muchos líderes populistas de extrema derecha, que se disfrazan de modernidad para defender unas ideas excesivamente similares a las de los fascismos de los años 20 y 30 del siglo XX. Y Schwentke lo sabe, y sabe muy bien porqué hace esta película hoy en día. Que luego no digan que no nos avisaron. Otra cosa es que nos queramos enterar.

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Con una producción impecable, un relato que se atasca ligeramente en algún momento, y muy buenas interpretaciones, estamos ante una película incómoda pero necesaria. Aunque muchos querrán interpretar que aquello fue el pasado y que no va con el presente. Y se equivocan. O no se equivocan; simplemente, mienten.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

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[Cine] Todos lo saben (2018)

Cine

Todos lo saben (2018; 44/20180917)

Reconozco que me llamó la atención la noticia que decía que el director iraní Asghar Farhadi, del cual he visto sus dos últimas películas, que me parecieron absolutamente magníficas, de primer orden, iba a rodar una película en España, con actores españoles, hablada en español, con financiación hispanofrancesa, esto último si no estoy mal informado.

El planteamiento es el siguiente. La boda de una de las hermanas de una familia destacada en su pueblo, que localizaríamos en algún lugar indeterminado de Castilla, en el sentido amplio de este término geográfico e histórico, lleva al reencuentro de todos sus miembros, incluidas Laura (Penélope Cruz) y su hija Irene (Carla Campra), que viven en Argentina. Nada extraño. Como muchas familias relativamente amplias de este país que tienen miembros dispersos por la geografía española, o incluso fuera de ella. Pero en la alegría de la fiesta un hecho tremendo sucede. Irene desaparece, aparentemente secuestrada. Y a partir de ahí saldrán a flote las miserias de una familia y de un pueblo, donde no faltan los antiguos o los rencores. La España profunda emergiendo de lo que parece un entorno rural pero actual; menos de lo que parece.

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Cualquier entorno rural de la España interior nos puede vale para ilustrar la entrada de hoy. Poco importa dónde sea…

Nos preguntábamos hasta que punto el director iraní podía trasladar a España una de sus historias. Hasta que punto las realidades de la sociedad iraní, que conoce bien y que también había trasladado en películas anteriores, podían tener equivalencias y paralelismos en la sociedad española. El caso es que en ningún momento sientes que esta película esté realizada por un director extranjero que ni siquiera habla castellano y que ha tenido que trabajar con intérpretes. La historia encaja en nuestro medio, resulta creíble. Y nos hace reflexionar hasta que punto toda nuestra sociedad a avanzado en el siglo XXI, o hasta que punto hay valores anclados en lo más oscuro y carpetovetónico de los países de las culturas mediterránea, como España, o levantina, como la iraní. Supongo que carpetovetónico no es un término adecuado para Irán, pero seguro que hay alguno parecido.

Frente a películas anteriores, la historia no es perfecta. Se alarga, se hace algo reiterativa en una serie de situaciones, sin aportar nada en esos minutos de prolongación. Pero se sostiene por su excelente plantel de intérpretes, de lo más granado de la profesión actoral en España (o en Argentina). Cruz está al nivel de la mejor de sus interpretaciones, una interpretación que no aparece más que de vez en cuando y no precisamente en sus rentables aventuras americanas. Algo parecido sucede con Javier Bardem, que nos ofrece un papel distinto al encasillamiento que ha sufrido en EE.UU., más vulnerable, y que pone de manifiesto que puede ser un buen intérprete más allá de su determinante físico. Y que podemos decir que no se haya dicho ya de Ricardo Darín. Acompañados por unos cuantos ilustres que siempre enriquecen las películas donde aparecen; Eduard FernándezElvira MínguezRamón Barea,… Entre los más jóvenes, la presencia de Bárbara Lennie nos sabe a poco, tiene mucho oficio esta actriz. Sin embargo, Inma Cuesta sigue sin convencernos; no obstante, su papel no es lo suficiente importante como para que dañe el resultado final. Y otros que no menciono para no ser prolijo. Pero desde luego, el apartado interpretativo es probablemente lo más destacado de la película.

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Película que no está el nivel de las anteriores de Farhadi, pero no obstante es perfectamente recomendable, y te reconcilia con las capacidades del cine español, tan vapuleado últimamente por interpretaciones mucho más pobres que lo que vemos aquí, por comedias banales y hasta casposas, y por películas de género mucho menos afortunadas de lo que muchos de sus fans son capaces de admitir. Que pena que tenga que venir un director de fuera a recordárnoslo.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Cine] Meari to majo no hana (2017)

Cine

Meari to majo no hana (2018; 43/20180914)

Hace ya un tiempo que me enteré de la realización de esta película de animación japonesa. Y tenía mucha curiosidad por ver que tal había quedado. Y como parecía que iba a ser estrenada en España, esperé pacientemente. Seguramente, a estas alturas no será difícil verla por otros medios en tu casa. Pero el viernes pasado, solito, porque nadie más se me animó a acompañarme en una versión original a las ocho y media de la tarde de un viernes, en el que además después tenía otra cosa que hacer.

Acueducto, Nanzen-ji - Kioto

Con lo rico que es el folklore y la mitología nipona, me llama la atención que también se sientan atraídos por los de la Europa occidental a la hora de crear sus películas, adaptando historias de otros países. Unas veces con más fidelidad, otras tirando de la rica imaginería propia. En cualquier caso, una excusa como otra cualquiera para pasear por algunos de los muchos templos tradicionales de Kioto.

Pero pongámonos en antecedentes. Mi estudio de producción de películas de animación favorito, Studio Ghibli, anunció en 2014 que cerraba sus puertas a la producción de nuevas películas; por diversos motivos en los que no voy a entrar. Se iban a centrar en la gestión de los derechos, las mercaderías y otros activos derivados de las películas producidas desde 1986, con Tenkū no Shiro Rapyuta (El castillo en el cielo), hasta 2017, cerrando con Omoide no Mānī (El recuerdo de Marnie). No, Nausicaä no fue la primera película del estudio. Sí, parece que hay un nuevo proyecto que implica que sí que van a volver a producir películas, con un hipotético estreno en 2020.

Una de las consecuencias del cerrojazo, presunto, a la producción de nuevas películas, fue que algunos de los creativos más dinámicos y jóvenes del estudio se quedaron con ganas de sacar adelante sus proyectos. Y esto llevó al director de la película que nos ocupa hoy, Hiromasa Yonebayashi, junto con otros antiguos animadores de Ghibli, a fundar el Studio Ponoc, cuyo primer largometraje tenemos hoy aquí.

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Yonebayashi dirigió dos películas para Ghibli, ambas, de acuerdo a la costumbre del estudio, con interesantes protagonistas femeninas, Arriety y Marnie. Y ambas tenían otra cosa en común. Estaban basadas en obras de autoras británicas de libros infantiles. Las dos películas tenían buenas cualidades. A mí, Arriety me parece un encanto de película, muy adecuada para el público infantil. Pero, quizá por no ser obras de Miyazaki o Takahata, los directores más emblemáticos del estudio, no tuvieron la repercusión fuera de Japón que merecían.

La nueva heroína, esta vez de Studio Ponoc, también procede, como sus antecesoras, de la literatura infantil británica, ya que es adaptación de The Little Broomstick de Mary Stewart. Y si tenemos en cuenta que la traducción del título japonés nos da literalmente el título en castellano, Mary y la flor de la bruja, ya nos podemos percatar de va la cosa. Sí, aventuras de una jovencita preadolescente que de repente se convierte en bruja.

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La película para mí tiene una serie de problemas. Antes de nada, decir que es una aventura de animación perfectamente razonable para un público infantil, correctamente realizada y suficientemente entretenida. Pero… Primero, si vienes de Studio Ghibli y haces una película de una joven bruja, va a ser inevitable comparar a Mary con Kiki (Nicky en la versión castellana, porque les parecía un nombre con connotaciones obscenas). Y Kiki es una absoluta delicia de película, mucho más original, mucho más profunda conceptual y muy muy muy entretenida.

Por otro lado, en los últimos tiempos, la ausencia de Ghibli no se ha notado excesivamente en Occidente. A nosotros nos llega una fracción de lo que se hace en Japón en el campo de la animación. Hay abundancia de producciones de calidad, que no traspasan sus fronteras. Pero últimamente nos han llegado algunas que nos han satisfecho bastante a la hora de recoger el testigo de Ghibli de presentar personajes con los que empatizamos inmediatamente, muchas veces chicas, heroínas de los cotidiano que nos han encandilado. Sea con la espectacularidad y el romance de la huérfana Mitsuha, sea con la sencillez, el sufrimiento y la honestidad de la recién casada Suzu. Por poner algunos ejemplos. Ambos están muy por encima de la película que hoy nos ocupa. Yo me quedo especialmente con la segunda, aunque sea la primera la que ha recibido más atención mediática y del público.

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Sinceramente, espero que este nuevo Studio Ponoc (“medianoche” en serbocroata) vaya creciendo y progresando. Siempre son venidas las producciones de animación que nos sacan de ciertos caminos trillados de la animación occidental. Ya se nos anuncia que se viene una nueva producción de este joven estudio, con una antología de tres historias cortas, que ya se debería haber estrenado en Japón, aunque no sé si en salas comerciales. Pues veremos,… espero.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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[Cine] The Seagull (2018)

Cine

The Seagull (2018; 42/20180911)

Esta es una de esas películas que vas a ver, incluso si la crítica, los medios y el público la hacen pasar desapercibida. Puntos a favor antes de ver estaa película de época:

  • Película de época pseudobritánica. Es americana, pero obviamente ha tirado de recetas británicas para la puesta en escena.
  • Basada en un obra de teatro prestigiosa, La gaviota de Anton Chléjov.
  • Con un reparto de campanillas con nombres como Elisabeth MossSaoirse RonanAnnette Bening,…
  • El resto del reparto menos conocido, pero de esos que aparecen en las teleseries y hacen que funcionen, incluso si sus protagonistas son unos petardos, que no es el caso en esta ocasión.
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No dispongo de fotos de Rusia, pero sí de lo que fue el Gran Ducado de Finlandia, que perteneció al Imperio Ruso en la época de Chéjov.

Definitivamente, no puedo recordar una película mala con estos mimbres. No todas serán memorables, pero malas tampoco. Así que nos dirigimos a ver este filme dirigido por Michael Mayer, que hasta ahora se había dedicado más bien a la tele.

La ambientación, en una dacha, más bien mansión, campestre en algún lugar de Rusia, a finales del siglo XX, irreprochable. En realidad, está rodada en Connecticut, pero da igual. El texto de Chéjov está respetado a medias. Es una adaptación, no es teatro llevado a la gran pantalla. Hay diálogos precisamente trasladados, otros no. Pero en general se respeta bastante el original, aunque no en la puesta en escena. Chéjov utilizó recursos a la hora de representar la obra muy innovadores, que aquí quedan diluidos. Pero la potencia de la historia original está ahí. La ingenuidad de Nina (Ronan), los celos de Irina (Bening), la amargura de Masha (Moss), el cinismo despreocupado de Trigorin (un inconmensurable Corey Stoll) y el despiste de Kostia (un todavía por hacer Billy Howle, pero que se lo curra). Ese momento clave en el que Trigorin anuncia, nos cuenta, lo que va a pasar con amable crueldad… la destrucción de la gaviota.

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Película que quizá no pasará a los anales del cine como una de sus grandes maravillas, pero que es perfectamente recomendable. Y de paso nos desasnará un poco sobre las obras interesantes de la literatura universal.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Cine] Campeones (2018)

Deporte

Campeones (2018; 41/20180909)

Vamos a pasar el mal trago cuanto antes. Que esta es de esas películas que cuando sales del cine te encuentras relativamente satisfecho, pero conforme va pasando el tiempo le vas viendo, no las costuras, los costurones del tejido cinematográfico que la conforman y llega un momento que hasta te cabrea que te hayan “engañado” para ir a verla a esa matinal de domingo, que por lo demás fue muy agradable.

Dirigida por Javier Fesser, un director que siempre me ha resultado un poco irregular y poco claro en sus intenciones, leo en alguna entrevista o artículo, he perdido la referencia, que la idea le vino de un escándalo del deporte de discapacitados español en 2000. Un escándalo con el equipo de baloncesto para discapacitados intelectuales en los Juegos Paralímpicos de Sidney 200, que se menciona muy brevemente en la película, que ni de lejos es un tema de la misma, y que lo cierto es que no debió tener mucha repercusión en la prensa. No es difícil encontrar referencias sobre el tema en internet; no es fácil encontrar personas que recuerden el hecho. Un hecho que a mí me ha hecho sentir, una vez más, la vergüenza de ser español. De pertenecer a un país donde la corrupción esté tan a la orden del día y esté tan tolerada políticamente, socialmente o informativamente.

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Por poner algo, pondré algunas fotos que tengo por ahí relacionadas con el deporte…

Pero Fesser va a lo fácil. Tras los primeros compases de la película, ya puedes sentir la confianza de que sabes qué va a pasar y cómo va a terminar. No hay la menor duda, y las previsiones se confirman sistemáticamente. Incluso la “emocionante” escena del partido final que se supone pone en tensión al público, provocó que sin ponernos de acuerdo, cuatro de las seis personas que ibamos juntas a ver la película exclamáramos flemáticamente y sin nerviosismo alguno “No va a entrar”, con las risas colectivas de los seis, no precisamente a favor de lo que sucedía en la pantalla. Fesser se busca un guion de manual, sin complicaciones, de telefilme para la siesta después de comer, y confía en que los chascarrillos a desarrollar con el reparto de discapacitados intelectuales, va a despertar la compasión y el beneplácito del respetable. Que estando en el país que estamos, se lo otorga sin muchos problemas. Al fin y al cabo, así gustan las cosas a los españoles. Sin conflictos reales, con happy ends totalmente previsibles, y sin que nos amarguen el domingo con los problemas reales.

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Mientras, de los responsables del escándalo del año 2000, los tribunales, esos figuras con toca que nos han tocado en suerte, sentencian en 2013, que sólo hay un culpable, que ha de pagar una multa. Los diez jugadores que participaron sin ser discapacitados parece que no tuvieron responsabilidad alguna. El equipo técnico que estuvo allí y no denunció, tampoco. El equipo de médicos y psicólogos que certifican la condición de los deportistas,… nada. Aquí no ha pasado nada. Contamos una historia buenrollista, confiamos en unos cuantos chistes con mejor o peor fortuna, nos enbolsamos la recaudación de los españolitos que quieren vivir un cuento de hadas sin dar la cara a la realidad, y encima tenemos el morro de presentarnos a los Oscar. Quienes, si tienen todavía un mínimo de seriedad, ignorarán supinamente la propuesta española. Y con razón. Demos aprobado a los esforzados intérpretes de la película por lo que ponen de su parte. Proclamemos la necesidad de una integración real, sin paternalismos, de los discapacitados de todo tipo en la sociedad española. Y todos los demás, incluidos el resto de los 46 millones de españoles,… suspenso

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

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