[Cine “en TV”] 7 años (2016)

Cine

7 años (2016; 552016-2910)

Dicen que las formas de ver televisión y cine, ficción audiovisual en general, están cambiando. Son muchas las cosas que están cambiando. Este fin de semana, por poner un ejemplo, Sebastiao Salgado anunciaba la desaparición de la fotografía en 20 años. Pero declaraciones como la suya, especialmente si averiguas el contexto en el que se dijo, cómo lo dijo y qué otras cosas dijo, plantean también cuestiones sobre definiciones y conceptos. ¿Qué es fotografía? ¿Qué es imagen? ¿Qué es cine? ¿Qué es ficción televisiva? ¿Dónde están los límites entre unos conceptos y otros? Si es que existen.

Una empresa como Netflix que se creó para proveer servicios de cine y televisión en línea, comenzó hace sólo tres años ha emitir producciones propias, tanto en formato de series, como de documentales, como de películas. Cine o no cine. ¿Las películas rodadas para televisión se consideran cine? ¿Es el mismo planteamiento rodar para un formato o para otro? Sabiendo en unos casos que se proyectará en una gran pantalla blanca a la que podrán mirar simultáneamente decenas o centenas de personas, mientras que en otros se limitará a aparecer en una pantalla de televisión de algo más de 1 metro de diagonal ante la cual encontraremos una o dos personas, o una familia o grupo de amigos reducido. O cuando sabemos que las primeras, concebidas de la primera forma, acabarán viéndose con el tiempo de forma mayoritaria en la segunda modalidad.

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No se me ocurría con qué ilustrar esta entrada… así que he rescatado para mostrar algunas fotografías en blanco y negro, captura digital, realizadas hace unas semanas en los suburbios industriales de Zaragoza.

Durante décadas, los formatos de ficción audiovisual han estado claramente diferenciados. Estaba claro cuando veíamos algo producido para televisión y cuando para el cine. Había una serie de diferencias que notábamos. No digamos ya cuando las técnicas de rodaje eran muy distintas. Grabación en video frente a rodaje con película, técnicas de filmación con una cámara frente a las cámaras múltiples, el rodaje con público o sin público,… Pero hoy en día todas esas se han difuminado. De hecho, más de una vez tengo la sensación de que hay ficción televisiva, series, que manejan mejor y de formas más atrevidas u originales el lenguaje cinematográfico que muchos largometrajes realizados para la gran pantalla.

Consideremos por lo tanto a los largometrajes producidos para estos servicios de emisión en línea y bajo demanda como cine. Y analicemos un hito en nuestro país. El primer “largometraje” rodado en España para uno de estos servicios. Ha sido en Netflix, y el director responsable de la película es Roger Gual.

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He entrecomillado “largometraje” por la duración del mismo, bastante por debajo de los 90 minutos, que casi lo sitúa en la clase de los “mediometrajes”. 77 minutos en concreto, según nos informa la cadena. Pero bueno. Parece que los límites oficiales para las denominaciones son: hasta 30 minutos, cortometrajes; entre 30 y 60 minutos, mediometrajes; más de 60 minutos, largometrajes. Claro que entre estos 77 minutos de la película que nos ocupa y otras producciones actuales que fácilmente le doblan en duración… pues hay muchas diferencias.

Parece que una constante en estas producciones cinematográficas iniciales en estos medios es que los presupuestos son ajustados. Esto puede explicar su duración tan contenida. También el tono de “teatro adaptado al cine” que tiene la película. Un único escenario, cinco personajes, alrededor de los cuales se mueve la cámara durante el tiempo que dura la acción. Que no es en tiempo real, pero casi. Cuatro socios de una empresa (Juana Acosta, Alex BrendemühlPaco León y Juan Pablo Raba) que, ante la disyuntiva de que sus fiascos fiscales les lleven a la carcel a todos, optan porque uno sólo de ellos cargue con las culpas. El dilema es quién y bajo que razonamiento. Y un mediador (Manuel Morón) para ayudarles a tomar la decisión. Película por lo tanto que aborda cuestiones fundamentalmente relacionadas con la ética y las relaciones interpersonales.

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No hay muchas complejidades de producción, no hay un gasto muy grande. Aunque es difícil medir los beneficios que produce la misma. No hay una taquilla… ¿Se podrá medir el impacto en suscripciones? ¿O está descontado porque era un incentivo para suscriptores que ya existen? Por otro lado, una plataforma de exposición mucho más amplia que la gran pantalla. El único comentario que existe en la página de IMDb sobre la película en el momento de escribir esto es de un espectador norteamericano que estudia español, motivo por el que le ha convenido ver el filme. Netflix pone a disposición de todo el mundo, no sólo del mercado español, sus producciones.

¿Y el resultado? Me refiero a cómo queda en términos artísticos y cinematográficos. Pues no vamos a negarlo, no es la octava maravilla del séptimo arte. No me ha generado grandes entusiasmos. Pero también he de reconocer que tampoco me ha desagradado. Alguna de las interpretaciones es manifiestamente mejorable, mientras que otras son bastante dignas. Y la realización, quitado alguna inconsistencia en algún movimiento de cámara, es también digna en su conjunto. Desde luego no es peor que lo que vemos en la pantalla grande con nacionalidad español. Tampoco está al nivel de lo mejor, pero se deja ver. Tendremos que esperar a nuevas experiencias para ver cómo evoluciona el fenómeno. Y estar atentos a lo que se produce en otros países, y que quedará a disposición de los suscriptores españoles también. Esta noche, la Noche de las Ánimas (en realidad en España la Noche de las Ánimas es la del 1 al 2 de noviembre, y no la del 31 de octubre al 1 de noviembre como el “halloween” norteamericano), habrá estreno “fantasmal”… que igual hay que ver. Sale Ruth Wilson.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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[Cine] A Most Violent Year (2014)

Cine

A Most Violent Year (2014); visto el jueves 26 de marzo de 2015.

Película vista en versión original subtitulada en castellano, motivo por el cual conservo su título también original en inglés. En la cartelera española se puede encontrar en versión doblada con el título de “El año más violento”.

Nos llega acompañada de buenas críticas y un atractivo reparto esta película de J.C. Chandor, que hace unos años nos sorprendió con un interesante primer largometraje, una película que nos ayudaba a entender como puñetas llegó esta maldita crisis que nos está dando por el saco desde hace ya siete años. En esta ocasión, ya veréis que nos muestra un híbrido entre el mundo de la empresas y el de las mafias. O a lo peor es que no son cosas distintas.

Abel Morales (Oscar Isaac) es un empresario en el negocio de la distribución de combustibles derivados del petróleo en la ciudad de Nueva York que está a punto de cerrar un negocio de compra de una terminal que le permitirá ser uno de los grandes de la ciudad. Casado con Anna (Jessica Chastain), la hija de un mafioso, presume de llevar su negocio bajo una estricta ética profesional con sus clientes y con sus empleados. Pero todo esto se pondrá en cuestión cuando una ola de robos con violencia de sus camiones de distribución, simultáneamente con una inoportuna investigación de un fiscal con ambiciones políticas pueden poner en jaque toda la operación y llevarlo a la ruina.

Aunque aparezca menos en las fotografías que habitualmente vemos de Nueva York, la inmensa ciudad también nos ofrece paisajes industriales, especialmente en las riberas de los cursos de agua que rodean las islas que conforman la ciudad.

Aunque aparezca menos en las fotografías que habitualmente vemos de Nueva York, la inmensa ciudad también nos ofrece paisajes industriales, especialmente en las riberas de los cursos de agua que rodean las islas que conforman la ciudad.

Chandor sitúa la acción de su película en el año 1981, del cual dicen las estadísticas que fue el año más violento por el crimen en la ciudad de Nueva York. Y es en ese ambiente, en el que todavía florecen las actividades de las mafias, y en el que los propios empresarios tienen comportamientos mafiosos, en el que se nos ofrece esta interesante reflexión sobre el hombre de negocios íntegro en un mundo en el que tal concepto parece una utopía. Estamos ante una variante del cine de negro al estilo del que se hacía en los años 70 y parte de los 80, con ambientes opresivos, con una ciudad que percibimos como caótica e invivible, lejos de la imagen de atractiva capital del mundo que hoy en día ofrece la Gran Manzana. El protagonista es propuesto como un nuevo y moderno Job que, sin renunciar a sus principios, tampoco quiere resignarse a perder todo lo que ha conseguido como el mítico santo varón del antiguo testamento judeocristiano.

Y siempre sorprende esa tolerancia, peligrosa desde mi punto de vista, al mundo de las armas de fuego. O de cualquier otro tipo.

Y siempre sorprende esa tolerancia, peligrosa desde mi punto de vista, al mundo de las armas de fuego. O de cualquier otro tipo.

Si la película está bien hecha, que lo está con ese aire un poquito “camp” pero bien resuelto que recuerda al mundo setentero, definitivamente cumple con sus objetivos gracias a las excelentes interpretaciones de su pareja protagonista. Tanto Isaac, que recientemente me pareció irregular y poco convincente en otra película, como la siempre solvente Chastain, aparentemente en perpetuo estado de gracia, construyen con sus trabajos el esqueleto del edificio fílmico que de por sí tiene unos buenos cimientos, tanto por sus planteamientos como por su realización. Acompañados por un plantel de secundarios que constantemente dan una réplica más que adecuada a los protagonistas.

Esta ha sido una agradable sorpresa, que aun ha mejorado las expectativas de partida y que además crece en el recuerdo, en el que percibes cuantos matices hay, cuantas cosas se dicen, como se juega con las terribles ironías. Y que peligrosas pueden ser algunas mujeres si no te quieren. Y a lo peor más aún si te quieren. Grande, Chastain.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****
En cualquier caso, incluso en sus paisaje más industriales e industriosos, la ciudad ofrece oportunidades fotográficas por doquier.

En cualquier caso, incluso en sus paisaje más industriales e industriosos, la ciudad ofrece oportunidades fotográficas por doquier.