[Libro – ficción] El señor Nakano y las mujeres

Literatura

Segundo libro que leo de la japonesa Hiromi Kawakami, después del de hace poco menos de un año. Y pasamos de un romance atípico y profundo, a una película con un tono muy diferente, aunque con temas en común con el anterior.

Este libro en japonés se titula Furudōgu Nakano shōten [古道具 中野商店]; algo así como “La tienda de artículos de segunda mano de Nakano”. O como se menciona en la traducción de Marina Bornas “La prendería Nakano”. No conocía yo la palabra “prendería“; no he frecuentado este tipo de comercios y no estoy familiarizado con las nomenclaturas de los mismos. El caso es que la prendería del señor Nakano constituye un peculiar microcosmos que nos va a dejar de la mano de la escritura de Kawakami un libro absolutamente delicioso, verdadera colección de relatos cortos, unidos por el lugar en el que se desarrollan, por la presencia directa o indirecta en todos ellos de los cuatros pobladores de este microcosmos, y por los arcos argumentales que de fondo suponen sus vidas. Cada capítulo, o relato, lleva el nombre de un objeto que tendrán un papel más o menos relevante en el episodio que se relata.

Yanaka - Tokio

Para ambientarnos en el libro de hoy, dejaremos de lado los distritos más glamurosos o turísticos de Tokio, y nos daremos un paseo por Yanaka. Más normal, pero con cierto encanto. Y donde quizá te puedas encontrar una tienda como la del señor Nakano.

Es fundamental en esta obra de ficción el diseño de los cuatro caracteres. Hitomi, la empleada joven, aún no ha cumplido los treinta años, sin ambiciones, acomodada en una vida sin pretensiones. Takeo, el asistente, almacenero y transportista, osco pero considerado, que acaba siendo el objeto de los sentimientos de Hitomi. Masayo, la hermana del dueño, encantadora, probablemente la más “normal” de los personajes, la fuerza de la razón práctica y el sentido común en este microcosmos. Y cómo no, Nakano, dueño del negocio, casado, con una o varias amantes, voluble, vivaz y motor de la acción a través de sus decisiones que transforman las vidas de quienes no tienen energía para promover su propio cambio.

Porque de fondo tenemos a unos jóvenes apáticos. Necesitados de afectos, y también de contacto físico. Pero retraídos. Incapaces de dar los pasos necesarios para avanzar en su vida. Aparentemente destinados a la soledad. Entre el humor de los chascarrillos, la tensión de los eventuales dramas y alguna tragedia, vemos pasar un período de tiempo que ha de suponer la transformación de los dos personajes más jóvenes de la historia. Aunque para ello, deba desaparecer el microcosmos en el que se han encerrado y acomodado.

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Personalmente, he disfrutado de la lectura de esta novela más que con la anterior que leí de Kawakami. Aunque aquella haya recibido mayores reconocimientos de la comunidad literaria japonesa e internacional. Por algún motivo, hay elementos del libro que hoy os propongo con los que me he identificado en mayor grado. Y si no me reconozco en ninguno de los personajes del libro, muy distintos a mí, al menos en apariencia, sí reconozco que algunas de las situaciones presentan paralelismos con algún episodio de mi vida. Eso siempre hace que una obra de ficción te toque con más intensidad la fibra sensible.

Yo lo encuentro muy recomendable. Y me ha dejado con ganas de seguir leyendo obras de esta escritora japonesa contemporánea.

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[Libro – ficción] Frío … me ha dejado, muy frío

Literatura

Estos días he dejado este Cuaderno de ruta en una situación de relativa inactividad. Tenia cosas que hacer. Y también que pensar. Y aunque dediqué un ratito del domingo a comentar exposiciones de fotografía, nada más relacionado con mi actividad bloguera desde hace cinco días.

Mi idea es cambiar el tono de las entradas. Con frecuencia me propongo que sean más cortas, más económicas en medio, que no en ideas. Pero no sé si lo conseguiré. Lo que sí sé es que quiero que sean más personales. Que si comento un libro, una película, la obra de un fotógrafo o lo que sea, hable más de lo que ha supuesto para mí, de los sentimientos que me ha despertado, que de las características “técnicas” o de los “méritos objetivos” de la obra.

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Barcelona es el escenario de la novela que suscita mi comentario de hoy; una Barcelona llena de tópicos y turistas, no la que hace 20 o 25 años me atraía poderosamente… esa, creo que ha desaparecido.

Por ejemplo, la novela que traigo hoy; Frío de Jordi Sierra i Fabra. Hace un tiempo que sentía que tenía una “deuda” con este autor. Ya comenté en su momento que hubo una obra suya de ciencia ficción que leí en mi juventud que me gustó. Pero hubieron de pasar más de treinta años para retomar su continuación,… que no me gustó. En cualquier caso, siendo un escritor prolífico, más de 400 obras, frecuente en las estanterías de libros juveniles y en las de otros géneros, histórica, policiaca, género negro… Tenía que saber algo más. Por ello, cuando esta novelita de género negro apareció de oferta en Amazon Kindle Flash, la cogí.

Lo resumo en breve. No me ha gustado. De hecho me ha parecido llena de lugares comunes, previsible y, en general, mala. Pretenciosa en su escritura, pero bastante vacía. Aunque eso sí, me ha hecho pensar de porqué tenemos más querencias a unos géneros literarios que a otros.

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A uno le gusta decir aquello de qué no importa a qué género pertenece un relato. Lo que importa es su calidad. Pero es cierto que hay géneros que los cogemos con más ganas que otros. Y a mí me cuesta coger el género policíaco o detectivesco. Un poco menos, pero también, el género negro. Que está emparentado con el anterior, muchas veces confluyen, pero no siempre. He leído cosas excelentes a lo largo de mi vida. El embrollo que crea Raymond Chandler en la primera aparición de su más famoso detective, Philip Marlowe, es un imprescindible; El sueño eterno. Más si la complementas con su fabulosa versión cinematográfica. El halcón maltés de Hammett es otra que recomendaría siempre. O las estupendas novelas con nombre de mujer de Pierre Lemaitre, una de cuyas novelas, no policíaca, y más de humor negro que de género negro, está ahora en versión cinematográfica en cartelera. Y otras muchas. Pero este es un género en el que hay que besar muchos sapos para encontrar un príncipe encantador. O muchas brujas para dar con la princesa de tus sueños. Porque la repetición argumental, los lugares comunes, los recursos argumentales mil veces repetidos y gastados, está a la orden del día. Y te queman. Desconfías del género casi por sistema. Una pena. Qué delicia cuando encuentras a ese príncipe encantado, a esa princesa de tus sueños.

Por sistema, no elegiré el género negro para mis lecturas. Pero estaré alerta a lo que me cuenten quienes lo disfrutan. Una alerta crítica y sospechosa… pero esperanzada de encontrar otra gran novela. Pero eso no será con Sierra i Fabra, que visto lo visto, me parece más bien un escritor mediocre. O malo.

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[Libro] Pálida luz en la colinas (nueva lectura)

Literatura

Con este libro me ha pasado una cosa curiosa. Es la segunda vez que lo leo; no recordaba haberlo leído. Pero vamos por orden.

Kazuo Ishiguro es el Premio Nobel de Literatura del año 2017. Británico de origen japonés, nacido en Nagasaki, se trasladó con su familia a Inglaterra con sólo seis años, y a todos efectos se puede considerar un escritor más integrado en la tradición de la literatura británica que otra cosa. Aunque con matices. He leído varias cosas de Ishiguro, que me han gustado siempre, con carácter general. Aunque mi favorita es esa estremecedora realidad alternativa que publicó en 2005, y que fue llevada al cine con un resultado discutido. A mí me gusto. Y quedé enamorado de por vida de Kathy (Carey Mulligan) El caso es que como todos los años, en la medida en que me acuerdo y se me pone a tiro, me gusta leer algún libro del Nobel del año anterior. Y pensando, pensando, decidí escoger una novela en la que hiciera referencia a sus raíces niponas…

Cúpula de la Bomba Atómica - Hiroshima

Durante mi periplo por Japón, no tuve ocasión de visitar Nagasaki, pero sí Hiroshima, la primera ciudad mártir, víctima de los criminales bombardeos nucleares.

Exactamente lo mismo que pensé en el año 2011 después de ver la película mencionada y que me llevó a leer la misma novela que traigo aquí hoy. Y yo no me acordaba. Conforme fui leyendo hace un par de semanas largas la novela, empecé a notar elementos que me resultaban familiares. Y a lo que lo terminé estaba casi seguro. Fue cuando regresé de mi viaje de vacaciones cuando lo confirmé. Pero lo curioso del caso es que fue como si hubiese leído un libro distinto. Mis sensaciones y mis conclusiones sobre el mismo eran muy distintas.

Os recuerdo que esta pequeña novela nos habla de Etsuko, una mujer japonesa, de Nagasaki, sobreviviente de la bomba atómica, que vive en Inglaterra donde se trasladó con su segundo marido. Recibe la visita de Niki, su hija menor, cuyo padre es este segundo marido inglés. Recientemente se produjo el suicidio de Keiko, hija plenamente japonesa, de una relación anterior, que nunca se adaptó del todo a su vida en occidente. En flashbacks en forma de recuerdos, nos traslada a su vida de recién casada en un barrio de reconstrucción en la ciudad martir, donde tenía como vecina a una mujer, Sachiko, muy conflictuada, con una niña de unos diez años, Mariko. Hace siete años, me daba la sensación de que la historia de Sachiko y Mariko era como un espejo en el que se miraba Etsuko mientras trata de superar la tragedia del suicidio de su hija mayor.

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En estos siete años han pasado cosas. Estoy más mayor. He leído más. Sobre todo, he leído un cierto número no desdeñable de obras de la literatura japonesa. Veo ahora con claridad el doble estilo de redacción que Ishiguro a la hora de relatar los pasajes en Inglaterra, estilo directo, diálogos francos, frente a los pasaje en Japón, estilo pausado, recreación en lo que transmiten los sentido, diálogos en lo que se va dando la vuelta a los conceptos, y los mensajes muchas veces se insinúan más que se transmiten. También he aprendido que la literatura japonesa tiene gran importancia la capacidad de leer entre líneas, y que es de gran importancia la atención al detalle. De pronto, conforme terminaba la lectura de la novela, comencé a interpretarla en un sentido totalmente distinto a la primera vez. Y que no voy a desvelar para no restar de libertad al futuro lector a la hora de comprender esta pequeña novela. Todo me ha parecido más complejo. Al mismo tiempo más simple. Y con una profundidad mayor en las mentes de los protagonistas.

Me gustó en la primera ocasión. En esta segunda, en la que al final he tenido la sensación de leer una novela nuevo, todavía me ha gustado más. Tarde en ponerme a leer otro libro. Los recuerdos de las páginas me venían constantemente a la mente, y con frecuencia repasaba algunos párrafos, para confirma lo que había leído y si lo había entendido. Ni que decir tiene, es altamente recomendable. Y es un modesto ejemplo de por qué Ishiguro es de los premiados en el Nobel que realmente se lo merecen.

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[Libro] Los pacientes del doctor García

Literatura

Almudena Grandes es una de esas autoras, o autores, aquí nada tiene que ver el sexo o género del autor, que lo mismo me da que sea mujer u hombre, que cayéndome bien, no siempre conecto con su obra. Por ejemplo, en cine me pasa con Scorsese. Me gusta el tipo, he leído cosas suyas muy interesantes, es un excelente director, pero no pocas de sus películas, incluso algunas de las más afamadas, no me engancha. Con Grandes me pasa algo parecido. Misterios de la vida.

Recientemente me prestaron este libro. Así a la antigua. No sé si esto ahora se considera piratería, es una duda que me entra. Hace treinta años te prestaban un libro y era de lo más normal. Ahora igual te denuncian por violar vete tú a saber qué derechos… Bueno. Me lo prestaron y lo leí, terminándolo justo antes de irme de vacaciones. Hace ya dos semanas por lo tanto que lo terminé. Es larguillo… Con 768 páginas es un poco demasiado para mí, que me prefiero las obras que son capaces de contar más con menos. Siempre, en todo tipo de artes, me ha gustado la capacidad de síntesis, la economía de recursos, el menos es más. Pero bueno… hay excepciones o situaciones en las que el volumen del volumen está justificado. Ya veremos.

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Aunque la mayor parte de la novela transcurre en Madrid, no es el único escenario; un breve episodio de la misma transcurre en Ginebra, en los tiempos en que era sede de la fracasada Sociedad de Naciones. Pues vayamos a Ginebra, aprovechando que tengo fotos recientes de la ciudad helvética.

Encuadrado en su serie “Episodios de una guerra interminable”, Grandes se inspira en los Episodios Nacionales de Galdós, para presentarnos las vicisitudes de la historia española en el contexto del desgraciado conflicto (in)civil que asoló la convivencia durante décadas, y cuyas consecuencias todavía padecemos. Al igual que en los episodios del escritor canario, se mezclan personajes ficticios con personajes de la historia real, narrándonos sus peripecias, pero sin que se convierta en una ucronía. Es decir, manteniendo la fidelidad a los hechos históricos que permanecen invariables. En esta ocasión partimos de la historia ficticia de un médico en el Madrid republicano de la guerra, que se ve obligado a vivir con identidad ficticia para evitar represalias en el Madrid fascista de la posguerra. A esto hay que añadir otros personajes ficticios, como un diplomático metido a espía, un par de divisionarios en Rusia, una pija falangista refugiada en el Madrid de la guerra, y algunos otros. La parte histórica del episodio corresponde a algunos lances de la guerra en Madrid, o de la guerra mundial en Rusia y Berlín, pero sobretodo a la colaboración del gobierno fascista de Franco con los nazis que buscaron refugio, primero en España, después en Sudamérica, buscados por los aliados por los crímenes de guerra. Y así, aparecen personajes más o menos infames como la falangista Clara Stauffer, o el paramilitar nazi austriaco especializado en operaciones especiales Otto Skorzeny. Paramilitar porque perteneció al ejército paralelo de las Waffen-SS y no al ejército regular alemán. Pero precisamente por ello, este cuerpo armando, más proclive a los desmanes criminales de la Alemania nazi, en los que participaron con especial entusiasmo y fanatismo.

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De indudable interés histórico, con un notable esfuerzo de documentación de la autora que se agradece, y con alegrías en la mezcla de lo real y lo ficticio que quedan bien encajadas, sin que nada rechine, la novela es a pesar de todo, como me temía larga en exceso para lo que en realidad a de contar. Entendámonos. Está bastante bien. Me parece una lectura recomendable, que te da un baño en el ambiente y en la sociedad de la época, que te ayuda a entender. Pero mientras que los capítulos dedicados a la guerra civil se leen con agilidad e interés, con una mezcla de drama, algo de acción y a ratos un conveniente humor, después, cuando tiene que afrontar la posguerra, se contagia un poquito de la grisura de la época, resultando en un relato prolijo, más sabiendo donde van a parar los esfuerzos de los protagonistas. Pues como he comentado al principio, fiel al espíritu de los episodios nacionales, la historia es la que es, y no se puede cambiar.

Pero bueno, más allá de esta crítica, el balance global me parece positivo. He disfrutado razonablemente de la novela, y alabo el propósito de la autora de aportar su grano de arena a la memoria histórica del país, aceptando su subjetividad y preferencias, pero sin perder rigor en los hechos. Obviamente, habrá quien rechace la obra por motivos ideológicos… pero allá ellos. La historia es la que es.

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[Libro] Japón 1941

Historia, Literatura

Cuando leí hace unos meses la excelente novela de Jun’ichiro Tanizaki dedicada a la vida de una familia japonesa en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, me entró una curiosidad notable por saber cómo es posible que una sociedad culta y civilizada, si bien de rasgos muy conservadores, pudo llevar al pacífico occidental a semejante catástrofe. Y especialmente, cómo pudo Japón provocar una guerra en la que las posibilidades de éxito parecieron siempre extremadamente bajas, por no decir nulas.

Encontré no hace mucho ese libro que os presento hoy, un ensayo histórico de la tokiota Eri Hotta, sobre los meses que transcurrieron previos al ataque japonés a Pearl Harbor. Varios son los factores que me llevaron a interesarme por el libro. En primer lugar, lo mencionado anteriormente; a través de mi contacto con la narrativa de ficción japonesa, había surgido en mí una curiosidad por el periodo histórico. En segundo lugar, que estuviera escrito por una japonesa. Es fácil acceder a ensayos históricos sobre el escenario del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial; pero habitualmente están escritos por autores occidentales, norteamericanos o ingleses. La visión desde una autora nipona hacía de este libro doblemente atractivo. Bien es cierto que Hotta, aunque realizó su formación inicial en Japón, con posterioridad ha circulado tanto en su carrera académica como profesional por universidades occidentales, tanto de la historia como de las relaciones internacionales. Ahora mismo está casada con otro historiador especializado en asuntos asiáticos, y viven en Nueva York. Pero bueno… menos da una piedra.

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Ilustro la entrada de hoy con un paseo por los templos budistas de Nanzen-ji y Eikan-dō (o Zenrin-ji), en Kioto.

Desde el primer momento, la tesis del libro está orientada a demostrar que el comienzo de la guerra con Estados Unidos fue un fenomenal error colectivo de las clases politicas y militares japonesas, que no supieron estar a la altura de las necesidades. Errores que venían desde el comienzo del “incidente con China”, eufemismo por el que conocían los nipones la segunda guerra sinojaponesa, la cual, estando marcada por las atrocidades del ejército imperial y por la incapacidad de obtener una derrota definitiva de la coalición china que se les oponía, nacionalista y comunista, era un problema económico, militar y político de primer orden. También venía de su acercamiento al bloque fascista europeo, que culminó en la gran metedura de pata que fue suscribir el pacto que constituía el eje Berlín-Roma-Tokio. En medio de una catástrofica guerra en Europa, y con el profundo sentimiento antinazi presente en Estados Unidos, fue un error garrafar que le quitó mucha credibilidad a la diplomacia nipona. También fue un error continuado las ambiciones de expansión hacia Indochina, que presentaban al País del Sol Naciente como una potencia imperialista y agresiva por naturaleza.

No conviene olvidar que el mundo occidental también echó leña al fuego. El tradicional racismo del mundo anglosajón hacia los países no “blancos”, la forma en que Estados Unidos había forzado la entrada de Japón en la modernidad, utilizando la diplomacia de los “cañones navales”, la actitud de Estados Unidos, teóricamente partidarios de la descolonización y de la liberalización del comercio, pero que tras la guerra con España se había comportado en Filipinas como una potencia colonias, así como la imcomprensión mutua en las formas propias de cada cultura,… colaboró a generar un sentimiento de orgullo nacionalista japonés que sirvió para alimentar a los sectores más belicosos de la sociedad y del ejército nipones. No podemos olvidar que el comportamiento que tuvo la administración norteamericana con sus nacionales de origen japonés, a los que privó de todos sus derechos constitucionales y ciudadanos por decreto y de forma apabullante, no hizo más que confirmar que algo de razón llevaban quienes acusaban a los Estados Unidos de llevar una trayectoria política y legal de carácter racista y discriminatoria. Existen otros ejemplo previos en el tiempo de ello.

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Es difícil evaluar la religiosidad de los japoneses, aunque creo que no es muy arriesgado decir que son, de promedio, relativamente conservadores y algo superticiosos. Cosas que desde mi punto de vista guardan una cierta relación con el hecho religioso.

Hotta es rigurosa. Y se ha dedicado a desenterrar un sinnúmero de actas de un sinnúmero de reuniones de mayor o menor calado que se sucedieron en la esfera del gobierno y las fuerzas armadas japonesas durante los meses inmediatos al 7 de noviembre (hora de Hawai), 8 de noviembre (hora de Tokio). También sobre reuniones del espionaje activo y de las cancillerías de otros países. Indudable, el trabajo es meritorio. Y las conclusiones que sacas, en la medida que puedes entender el sorprendente desarrollo de muchas de esas reuniones son más o menos las siguientes.

El propio carácter y cultura japoneses supuso un freno a un intercambio de opiniones sincero y rotundo sobre la conveniencia de no ir a la guerra, lo que favoreció el camino hacia la misma.

La inteligencia japonesa sobre las intenciones de sus futuros enemigos, sobre su carácter, y sus capacidades era malísima. Incluso si habían un cierto número de personajes implicados que habían mantenido contactos previos de mayor o menor calado con occidente.

En un momento dado, todos se preocuparon más por salvar su culo y las apariencias, que las del país.

La influencia de los militares de menor graduación, más jóvenes, pero para quienes su ambición convertía las empresas guerreras en algo deseable, fue excesiva. Voy a a hacer un inciso de carácter personal.

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En cualquier caso, no carecen de códigos morales inspirados o derivados de los credos más o menos tradicionales, shintoismo y budismo, que son más populares o frecuentes en el país.

En 1993, en el ámbito de mi actividad profesional entablé relación con una joven oficial, una teniente, de las fuerzas o cuerpos de seguridad del estado. No voy a dar indicaciones concretas de dónde estaba. Es alguien por quien siento respeto, y no quiero emitir nada que se pueda interpretar como una crítica negativa. Aquella relación no desembocó en algo más serio o profundo por la diferencia de valores que vivíamos cada uno, pero la considero una persona honesta. En cualquier caso, tuve ocasión de estar presente en alguna ocasión en alguna reunión informal, tomando unas cervezas o unas copas, con algunos de sus compañeros de promoción y profesión. Todos ellos militares jóvenes en distintos destino. En aquellos momento, en los Balcanes se producía el desastre humano de la guerra étnica que siguió a la desmembración de la antigua Yugoslavia. En más de una ocasión escuché a alguno de aquellos oficiales expresiones de alegría, por las oportunidades de acción y de ascenso que les podía producir aquella guerra cuando Naciones Unidas o la OTAN interviniese… Aquellas expresiones me dejaban helado. Y me ayudaron a comprender que si existe un ejército, existirá siempre una tensión a entrar en conflicto, por absurda, inconveniente o desaconsejable que sea la situación. Con posterioridad, he encontrado nuevas situaciones similares, o he leído de situaciones históricas que favorecieron estos impulsos. Vuelvo al texto principal.

El miedo es una fuerza motriz en contra de la razón muy importante. De la misma forma que en 1914 muchos militares alemanes tenían miedo de los deseos revanchistas franceses y del poderío militar ruso que se produciría si el imperio de los zares prosperaba, los militares japoneses y algunos políticos civiles tenían mucho miedo del surgimiento de un nuevo equilibrio regional y mundial que los relegara, o les hiciera perder lo conseguido en las década que habían seguido a sus éxitos en la primera guerra sinojaponesa, seguida de la guerra rusojaponesa y de la alineación en la Primera Guerra Mundial del lado aliado.

La diplomacia japonesa era mala. Muy mala. Estaba mal dirigida. Por su ministro y por sus primeros ministros.

Los principales líderes del gobierno, desde el emperador hasta los ministros más importantes, carecían de la personalidad y de la autoridad para llevar al país por el camino adecuado. Y los mecanismos constitucionales de control eran deficientes, a lo que se sumó la deriva autoritaria, el desprecio por las instituciones parlamentaria y la destrucción de cualquier oposición política.

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El emperador fue siempre una figura más asociada al poder espiritual que al político, y el shintoismo era el sistema de creencias que sujetaba este poder; por otro lado, mucha de la nobleza, terrateniente y militar, abrazó desde tiempo inmemorial el budismo que trajeron los misioneros chinos.

Me resulta sorprendente que haya tantos admiradores de las formas de hacer japonesas en los negocios. Que se hable tanto del sentido del honor, de códigos ancestrales para hacer lo correcto, del deseo de no ofender al adversario,… de muchos mitos que oigo de vez en cuando. Si existen, en aquellos meses se tomaron unas vacaciones, o simplemente no funcionaron en absoluto. El egoísmo personal se sobrepuso casi siempre a las necesidades colectivas del país; contradicción absoluta de la afirmación de que al japonés se le educa para considerar las necesidades de la sociedad, de la comunidad o de la institución por encima de las personales.

El libro es muy revelador. Especialmente por la impresionante cantidad de documentación referenciada por una autora que, por su dominio del idioma es capaz de desentrañar correctamente lo que aquellos documentos transmiten. El idioma japonés es muy distinto a los idiomas occidentales no es tan fácil realizar traducciones correctas cuando se ponen en juego conceptos complejos.

Aunque globalmente satisfactorio, deja lagunas de insatisfacción en lo que se refiere a lo que pensaban, conocían y sabían los adversarios. Los Estados Unidos ¿quisieron la paz? ¿o alimentaron los mecanismos que llevaron a la guerra? Si bien la actuación de la diplomacia japonesa fue absolutamente nefasta en el incidente de Pearl Harbor, hubo que diplomáticos nipones que trabajaron por la paz. La sensación de que fueron engañados por ambas partes, y que ninguna de las dos parte quisieron llegar nunca a un acuerdo pacífico es grande. Japón fue el gran culpable de meter a su país en una guerra despreciable, cruel, inhumana, donde floreció el racismo y lo peor de la especie humana. Pero Estados Unidos tenía unos intereses demasiado poco claros como para liberarlos de toda responsabilidad en este embrollo. Y esa parte no queda tratada con suficiente profundidad en el libro. La gran ironía es que al final de la guerra, Japón estaba totalmente destruido, se había desencadenado el terror al uso del arma nuclear, y en Asia, lejos de instalarse ni la esfera de coprosperidad propugnada por Japón, ni el concierto de naciones libres y liberales, comerciantes, que buscaban los norteamericanos, lo que hubo fue un escenario de nuevos regímenes totalitarios. Nuevas guerras en Corea e Indochina. Y el surgimiento de una nueva potencia tan totalitaria o más, en China, que lo que fue Japón. Y mucho más peligrosa. Una gran éxito para los dos contendientes principales.

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Como muchas otras religiones, estas transmiten valores de piedad y compasión hacia el semejante; como los fieles de muchas otros religiones a lo largo de la historia, durante la guerra que dio comienzo con los acontecimientos narrados en este libro, los japoneses se comportaron de forma cruel, despiadada y atroz, hasta generar un rechazo solo ensombrecido por los crímenes nazis. Son difíciles de comprender las culturas humanas y las contradicciones entre los valores positivos comunes y los comportamientos depredadores habituales en tiempo de conflicto.

[Libro] Berta Isla

Literatura

Hacía mucho, mucho, mucho que no leía algo de Javier Marías. Lo cual no deja de ser algo paradójico, porque siempre me ha gustado lo que le he leído. Alguna de sus novelas está entre mis favoritas de todos los tiempos. De hecho, llevo unos días, tras la lectura de la novela que os traigo hoy, reflexionando sobre el hecho de que realmente leo poco de autores españoles. Y además, algunas de las elecciones recientes han sido realmente desfortunadas. También sobre cómo funciona la industria editorial española. No me considero ninguna autoridad, ni de lejos, sobre el tema; pero hace tiempo que tengo la sensación de que editoriales, distribuidoras y minoristas forman una especie de alianza para desincentivar la lectura en nuestro país. Por los precios, por el tardío y deficiente paso de los libros al formato “de bolsillo”, por el excesivo precio de los libros electrónicos, que no olvidemos que no consumen papel ni llevan acompañados costes de almacenamiento, por el desafortunado funcionamiento de los premios literarios en España,… son muchas las circunstancias que de alguna forma me alejan de la lectura de las principales “plumas”, deberíamos decir “teclados” quizá, españolas.

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Aunque son varios los escenarios por los que se mueve el libro, la mayor parte del tiempo lo pasamos en Madrid, en las cercanías de la plaza de Oriente y el Palacio Real.

La cuestión es que hace un par de meses me recomendaron este libro con nombre de mujer. Y finalmente, encontró un hueco en mi lista de espera de lecturas. Afortunadamente.

Aunque el libro lleva el nombre de la protagonista femenina, la historia es de un matrimonio. De una relación de pareja que comienza en la adolescencia de los protagonistas en un colegio madrileño a finales de los años 60, en la España franquista. Una joven de clase media madrileña que decide que se casará con ese joven hijo de inglés y española que llega a su clase en un momento dado. Pero en los años de universidad, poco antes de que ambos terminaran sus estudios, que realizan en distintos países, algo hará que la proyectada vida de Tom Nevinson se encamine por senderos no previstos, al servicio de Su Graciosa Majestad. La británica claro; no consta que que la española sea “graciosa”. El dictador que la precedió si que lo fue por (maldita sea) la “gracia” de Dios. Y eso llevará a un matrimonio intermitente e interruptus.

El estilo de Marías no es fácil. Sus largas frases, con abundancia de subordinadas, aturden al principio. Quizá estamos en una época donde la escritura estandarizada y fácil predomina en exceso. Pero conforme vas avanzando, te vas habituando, y comienzas a apreciar la riqueza de la narración, que pocas veces da puntada sin hilo. Con dos estilos de narración diferenciados, en primera persona cuando seguimos la peripecia vital de Berta, en tercera persona, con un narrador externo, cuando seguimos la aventura de Tom. O Tomás. O Thomas. Según.

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Luego está el contenido. ¿Cuál es el tema de la novela? ¿Las relaciones humanas, de pareja, cuando las circunstancias son excepcionales? No sé. Quizá lo que más poso me ha dejado a mí ha sido la crítica constante que se da a la ética de los gobiernos, de los estados. Ni se plantea entrar a reflexiona con la ética del estado español, dictatorial en los primeros capítulos del libro. En plena transición política en los siguientes, una transición política que ahora en esta segunda década del siglo XXI muchos vemos como mucho más incompleta y fallida de lo que la historiografía oficial nos ha querido transmitir. Quizá por ello hace del protagonista masculino inglés, un país con una larga trayectoria de parlamentarismo y de control de sus instituciones. Pero que no carece de sombras y puntos ciegos en su actuación como estado, incluso en situaciones de necesidad y en la presunta defensa de las instituciones y de la democracia. Lo cual no siempre está claro, dadas las ambigüedades de algunos conflictos, como puede ser el del Ulster.

Durante la mayor parte del libro, he disfrutado mucho del relato. En algunos momentos, de forma casi entusiasta. Hacía mucho que nos disfrutaba tanto con un relato de un autor español. Entusiasmo que se enfrió un tanto en los últimos compases de la obra. Hay elementos de la trama que, habiendo suscitado sospechas por parte del lector, quizá hubiera sido mejor dejar sin resolver, dejando a cada cual elaborar su propia idea de lo que pudo suceder en realidad a Tomás/Thomas en su último año en Oxford. Esa resolución de la duda con los niños en el museo,… ya comprenderéis que no sea más explícito,… me dejó insatisfecho, con una resolución a las dudas demasiado casual y forzada. Hay otros elementos de la historia de Tomás/Thomas que me parece mucho más interesantes. Por que hay una impresión que me queda al final… el protagonista de la novela no es Berta Isla. Es Tomás Nevinson.

De todos modos, me parece una lectura altamente recomendable.

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[Libro] Un grito de amor desde el centro del mundo

Literatura

Comentaba la semana pasada que la pequeña colección de tres cuentos que presentaba en ese momento había surgido de una referencia que aparecía en otro libro que estaba leyendo. Me llamó la atención la alusión al tren galáctico. Busqué el libro, y decidí interrumpir la lectura del que estaba leyendo para emprender la de los cuentos de Kenji Miyazawa. Bueno, pues tras esa lectura, retomé la del libro, más contemporáneo que estaba leyendo. Que es este que os traigo hoy del escritor, también japonés, Kyoichi Katayama.

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Quizá uno de los capítulos más angustiosos del libro sea cierto viaje en tren… que no salió de la estación de Shinjuku, como el que empezábamos en las fotos que ilustran la entrada de hoy.

Sinceramente, no puedo recordar qué recomendación o que alusión me hizo ir a la lectura de este libro. Quizá la aseveración en algunos lugares de ser la novela japonesa más leída de todos los tiempos. No lo sé. El caso es que fue a parar a mi biblioteca, en una compra que debió ser algo compulsiva. Y cuando le llegó su turno lo leí.

El libro nos habla de unos amores adolescentes. Una relación entre un jovencito y una jovencita que empiezan muy pronto, con trece o catorce años de edad, y que va creciendo poco a poco. Lo que pasa es que desde las primeras páginas sabemos que no va a durar. Puesto que el libro empieza con el funeral de Aki, la chica de la pareja.

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La historia va creciendo de forma muy elegante, llena de matices. La primera mitad del libro, mientras la pareja va creciendo, libres de la idea de que su relación puede terminar trágicamente, está realmente muy bien. La sutileza con la que se describen las diferencias en el proceso de desarrollo y maduración de ambos protagonistas, las diferencias entre el chico y la chica, están muy conseguidas. Con momentos absolutamente espléndidos. Particularmente, la forma en que se resuelve el episodio de la isla, es fenomenal. Sin embargo, en el momento en que conocemos los problemas de Aki y la causa de la que será su muerte, la novela se vulgariza y empieza a caminar por senderos trillados desde hace décadas, dejándote al final una sensación de “déjà vu, déjà vecu” que no te abandona hasta el final.

La sensación global es que estas ante una novela que podría haber sido realmente muy destacable, para quedarse en una novela finalmente más sensiblera que sensible, aunque realmente muy bien planteada. No sé si recomendar, salvo a romanticones/romanticonas que les guste la horrenda frase aquella de “estar enamorado es no tener que decir nunca lo siento”. Frase que no puede estar más equivocada en mi humilde experiencia.

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[Libro] El tren nocturno de la Vía Láctea

Literatura

Hace un par de semanas estaba leyendo, todavía en sus primeras páginas, una novela relativamente actual japonesa, cuando uno de los personajes hace una referencia al “Tren nocturno de la Vía Láctea”, como título de un relato y un libro del japonés Kenji Miyazawa, que incluso ahora, décadas tras su muerte, es una de las lecturas habituales y frecuentes en el País del Sol Naciente. La verdad es que el título me pareció estupendo, muy sugerente. Aun sin saber de qué iba el libro. Interrumpí la lectura del libro que estaba leyendo, de él os hablaré dentro de unos días, y me puse a investigar.

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Desde su apertura a la modernidad, el tren, el ferrocarril ha sido una parte inseparable de la vida y la experiencia cotidiana de los japoneses, por lo que no es de extrañar su uso como metáfora. Aquí os dejo una variedad de trenes y líneas por la isla de Honsu, la principal del archipiélago.

Miyazawa fue, por decirlo así, un posmoderno de las primeras décadas del siglo XX. Nacido en 1896, fue poeta y escritor, profesor de ciencias agrícolas, tocaba el violonchelo, era un devoto budista, aunque no desdeñaba determinados préstamos del cristianismo, vegetariano y activista social utópico. Lo dicho. Un posmoderno. Pero setenta años de que surgiera el término y el movimiento cultural. Quizá más serio y más profundo que la mayor parte de los posmodernos que proliferaron a partir de los años 70 del siglo XX.

Murió de neumonía en 1933, con sólo 37 años de edad. Lo cual le ahorro los años más tétricos y tristes de la historia del Imperio del Sol Naciente.

20140924-L1090062.jpgEn el libro que he leído, nos presentan tres de sus relatos. Tres cuentos, de tonos diversos, pero de intención indudablemente moralista, en los que se perciben su devoción budista, aderezada con elementos prestados del cristianismo, probablemente católico, aunque esto es un suponer.

El principal de ellos, el que da título al libro, en japonés Gingatetsudō no yoru [銀河鉄道の夜] (Tren nocturno galáctico), nos narra el viaje de dos amigos, Giovanni y Campanella, en un tren fantástico que va recorriendo la Vía Láctea, entre la Cruz del Norte (o constelación del Cisne) y la Cruz del Sur. En el viaje, ambos amigos, cuyos nombres proceden de personajes de Cuore  de Edmondo de Amicis, lo que afianza la influencia de los valores conservadores católicos del risorgimento italiano, van relacionándose con distintos personajes que transitan por la Vía Láctea. De los dos amigos, sólo Giovanni tiene un billete especial que se permite el viaje de vuelta. Campanella terminará su viaje en la estación de la Cruz del Sur. Sólo el regreso de Giovanni a su pueblo en algún lugar del norte de la isla de Honsu en Japón nos dará las claves de lo sucedido.

20140926-_9260067.jpgCon un tono entre esperanzado y melancólico, marcadamente filosófico, Miyazawa usa la Vía Láctea como metáfora del noble sendero o la recta vía que debe conducir la vida de los budistas, mientras que las dos estaciones de origen y destino, Cruz del Norte y Cruz del Sur, son referentes claros cristianos, como inicio y final del viaje. Dotada de una imaginería literaria que estimula y enciende la imaginación, se ha comparado con Le petit Prince de Saint-Exupéry, aunque su concepción y primeras versiones son un de décadas anteriores. Creo que tiene entidad y cualidades propias como para que no tenga que vivir a expensas de las comparaciones con el célebre relato del francés.

20140927-_9270517.jpgEste relato se completa con otros dos, Gauche el celista (セロ弾きのゴーシュ [Cello hiki no Goshu]), una fábula con interacciones entre un ser humano y los animales, que nos habla del esfuerzo para mejorar y contribuir al bien de la comunidad, incluso si este esfuerzo nos aparece como inaparente. Desde mi punto de ver tiene mucho que ver con la ética del esfuerzo personal al servicio del grupo, la comunidad o la organización, tan propia de la cultura nipona.

20140928-_9280124.jpgEl otro relato, Matasaburô, el genio del viento (風の又三郎 [Kaze no Matasaburô]), nos habla de las correrías de un grupo de escolares en las regiones rurales del norte de la isla de Honsu, a cuya escuela llega un nuevo alumno, procedente de la ciudad, de Sappor, hijo de un ingeniero, a quien apodan Matasaburô, y que da origen a la suposición de que es un genio de los vientos, y que provoca extraños sucesos de carácter sobrenatural… o no. Tiene un tono más costumbrista, y te deja la sensación de que hay cosas que pueden cambiar cosméticamente de una parte a otra del mundo, pero que en esencia son lo mismo.

Aunque no necesariamente alineado con mis formas de entender la vida y el mundo, me ha parecido una lectura tremendamente recomendable.

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[Fotos] Álbum de fotografías de la Semana Santa en Roma

Fotografía, Viajes

Este sábado por la tarde pensaba dedicarlo a publicar algo relacionado con la técnica fotográfica en mis páginas dedicadas a la fotografía y otras artes visuales. Pero se me está echando la hora de salir de casa encima y no he tenido tiempo de prepararla conveniente. Así que simplemente deciros que he recibido esta mañana mi libro, álbum de fotografías, del viaje. Nada de especial. Un recuerdo. Aunque creo que está curioso. Incluso si no me acaban de convencer del todo algunas decisiones que tomé en la presentación de las fotos. En fin, lo he subido a Issuu, y os lo dejó puesto aquí.

Os dejo también las panorámicas formadas por varios archivos que he incluido. No muchas…

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Claustro de San Paolo fuori le Mura

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Visitantes de la basílica de Santa Maria in Cosmedin

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Puente Vittorio Emanuele II desde el puente Sant’Angelo

[Libro] La sonrisa del claro de luna

Literatura

Este libro estaba en mi biblioteca virtual desde el 7 de abril de 2017. Y me costó… 0,00 euros, debido a algún tipo de promoción de cuya naturaleza no me acuerdo, en la plataforma Kindle de Amazon. He de decir que no me agarro a todas las promociones que surgen, aunque sea gratis. Por lo tanto, algo debí percibir en este título para que me animase a incluirlo en la biblioteca. De todas formas, con veis, prácticamente un año me ha costado cogerlo, porque constantemente se han ido intercalando otros títulos más interesantes.

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El protagonista de la novela de hoy es nacido a orillas del golfo de Morbihan, en la Bretaña francesa, no lejos de Vannes; y allí nos vamos fotográficamente. Un lugar estupendo que visité hace 25 años, que dije que no me importaría volver, pero no he encontrado ocasión todavía.

Escrito por el francés Julien Aranda, traducido por Beatriz Villena, nos habla de la vida de Paul Vertune, que nace en el seno de una familia de agricultores, de vida dura y de expectativas limitadas. Pero su difícil encaje entre la mentalidad de los tercos agricultores que conforman su familia, y las vivencias derivadas de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, le harán soñar con un mundo más amplio que es necesario conocer. Ser marinero, y casarse con la chica de sus sueños, que después de todo vive cerca… es la hija del alcalde.

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Aranda nos ofrece la biografía completa de un hombre bueno. De un héroe popular y desconocido, desde el nacimiento hasta su muerte. De los elementos que forjan sus carácter, y de sus méritos en un mundo demasiado deshumanizado, pero en el que siempre encuentra un compañero, un alguien que le ayuda a avanzar en las metas que se va proponiendo en su vida.

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Los mimbres no son malos. El problema es que a la novela le falta sangre. Tiene una escritura fácil, y no es muy extensa. Me tendría que haber durado unos pocos días. Una semana, todo lo más. Y ha estado conmigo algo más de dos semanas. Los parones debidos a un cierto grado de desinterés por lo que acontecía han sido frecuentes. Las resoluciones a los conflictos surgen por sí solas… a veces de formas inverosímiles. Incluso hay algún deus ex machina, recurso argumental que odio. Y al final queda como un mero relato para alimentar un discurso buenrollista, pero sin que se perciban necesariamente los porqués de tanto buen rollo. Porque con los mismos mimbres, lo mis te sale una historia cínica y borde, que igual hubiese sido más interesante.

Difícilmente recomendable. Es primera novela del autor… no me dan ganas de repetir.

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[Libro] Una arruga en el tiempo

Literatura

Hace unas semanas se estrenó una película de acción real, no de animación, de la factoría Disney bajo el título A Wrinkle in Time (Un pliegue en el tiempo). A la película le llovieron palos de la crítica por doquier; y el público votante en IMDb, muchas veces disociado de los críticos profesionales, en esta ocasión tiene una opinión escandalosamente coincidente. Una valoración promedio de 4,2 sobre 10 para una película de Disney no es algo que se vea todo los días. No fuimos a verla. Ni se nos ocurrió.

Lo curioso del caso es que la película está basada en una novela de Madeleine L’Engle con el mismo título. Novela y autora, aunque poco conocidos en nuestro país, sí que tienen bastante reconocimiento en el mundo anglosajón. La versión española, publicada por Alfaguara, llevaba un título ligeramente modificado, Una arruga en el tiempo. Escrita entre finales de los años 50 y principios de los 60 del siglo XX, fue de las primeras obras que se atrevió a introducir conceptos de la física moderna, especialmente las cambiantes percepciones que se tenían en la época sobre el espacio y el tiempo, en un relato claramente dirigido al público juvenil.

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Dos hipercubos de tres dimensiones, dos cubos, uno en el interior del otro, conforman la proyección en el espacio tridimensional de un teseracto, un hipercubo de cuatro dimensiones. Y como digo, esta es la gracia y la armonía de la geometría arquitectónica de la Grande Arche de la Defense de París.

Recientemente, leí un par de reseñas, no he conservado los enlaces de ninguna de ellas, que alababan bastante la adaptación al formato de novela gráfica, historieta, de la novela de L’Engle realizada por Hope Larson. Y este fue el formato que elegí para conocer las aventuras de la joven inteligente, pero inadaptada, Meg Murry, su hermano Charles Wallace y su nuevo amigo Calvin cuando se lanzan a un viaje por el espacio y el tiempo para rescatar a su padre, cuando este se encontraba estudiando un extraño fenómeno en el universo que acabará amenazando a los habitantes de la Tierra.

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He de decir que si bien la obra no carece de virtudes, me ha resultado un tanto decepcionante. Presentada como de ciencia ficción, lo cierto es que es un pastiche en el que los más habituales elementos de la ficción fantástica son permutados por elementos seudocientífico, pero sin que cambie la esencia de la obra. Es decir, que si en lugar de viajar por el “teseracto”, lo hicieran en escobas mágicas, sería lo mismo. Y las señoras Qué, Quién y Cuál son una variante más de las hadas/brujas buenas de tantas y tantas obras fantásticas previas. El uso de terminología o ambiente seudocientífico me parece algo más oportunista a la hora de diferenciar la historia, que de fondo. Fondo que no es más que la habitual lucha entre el bien y el mal, con la tradicional y conservadora visión del bien identificado con la individualidad frente al mar considerado como colectividad homogénea. Recordemos que por su época, se escribió en plena guerra fría. También hay tonos de palabrería religiosa mezclada con los discursos moralizantes que habitualmente nos sueltan los personajes de la historia.

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Como digo, no carece de alguna virtud a la hora de estructurar el relato, que se lee sin problemas. Pero a mi no me llegó, e incluso me tiró para atrás por cierta ranciedumbre conceptual en algún momento.

Por cierto, si partimos del polinomio (x+2)^n, donde n son las dimensiones espaciales en las que trabajamos, y x la longitud de los segmentos que limitan la figura geométrica descrita, igual para todos ellos, para un espacio de n=2 dimensiones, describe un cuadrado, para n=3 dimensiones, un cubo, y para n=4 dimensiones, un teseracto. Y esto y no otra cosa mágica o maravillosa es un teseracto. No es el dispositivo del fin del mundo, ni la clave para viajar por el universo a velocidades superiores a las de la luz, ni la fuente de todo poder y todo mal,… digan lo que digan las películas de hoy en día. Y como está en un espacio de cuatro dimensiones espaciales, os recuerdo que vivimos en uno de tres dimensiones espaciales y una temporal, no podemos imaginarlo con facilidad. Pero sí su proyección en el espacio tridimensional, de lo cual tenéis un bello ejemplo en el Gran Arco de la Defense en París.

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[Libro] Los pies de Fumiko

Literatura

Dos libros había leído hasta el momento de Jun’ichiro Tanizaki. Y si el primero, un ensayo sobre estética, me dejó con un sabor un poco agridulce, el segundo me pareció un hallazgo que me dejó con muchas ganas de leer más de este autor nipón. Hasta que llegue el momento de afrontar la lectura de otra novela con cierto empaque, ya veremos cual y cómo, para romper una dinámica de parón lector que me sucedió hace unos días afronté la lectura de este relato corto. Un cuento plagado de ironía y humor.

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Esta entrada con relato nipón la ilustraremos con algunas instantáneas de mi visita a la isla de Miyajima y los santuarios de Itsukushima.

Escrito como una carta que un estudiante de bellas artes remite a un escritor en la que le cuenta el peculiar episodio de su amistad con un viejo comerciante, un crápula que a sus sesenta años, y enfermo de diabetes y tuberculosis, acoge en su casa como amante a un aprendiz de geisha, una adolescente descarada, pero por cuyos pies siente una pasión fetichista y desmedida. Pasión que se contagia al estudiante que escribe la carta.

El relato se lee en un plisplás. En primer lugar, porque no es muy largo. En segundo lugar, porque una vez que lo enganchas, prácticamente no lo sueltas hasta el final. A caballo entre la escritura erótica y sensual, con las descripciones del físico de la joven geisha, y del cuento humorístico, que con ironía y no poca mala leche, arremete contra las pasiones mal contoladas de los hombres, dominados al cabo por sus instintos y apetitos, por extravagantes que parezcan.

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Absolutamente recomendable, no es para echar risas, pero sí para esbozar en un momento dado una sonrisa, que ya no abandona tu rostro hasta un tiempo después de terminar la lectura del cuento. No ha dejado de alimentar mis ganas de volver a leer alguna otra novela de Tanizaki. Y como curiosidad… el primer matrimonio de Tanizaki fue con una geisha de diecinueve años…

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