[Libro] El quinteto de Nagasaki

Literatura

Me hablaron de este libro de Aki Shimazaki hace ya un tiempo. Y en principio me planteé leerlo en versión original. No, no me he puesto a estudiar japonés ni nada por el estilo… creo que en estos momento es un idioma fuera de mi alcance. La versión original de este libro está en francés. Porque Shimazaki, japonesa de nacimiento, vive desde hace casi 40 años en Canadá, donde está naturalizada y vive en Montreal. Y a pesar de que aprendió el idioma francés siendo ya adulta, es el que escogió para desarrollar su carrera literaria.

Pero surgió un problema que me dejó un poco atónito. En castellano, el libro se vende en un volumen único, con un precio de entre nueve y diez euros. Pero en su idioma original, son cinco novelas cortas que se venden independientemente, con un precio global de entre 30 y 35 euros… ¡¡?? Me pensé un poco el asunto, quizá esperando una nueva edición francesa al estilo de la castellana… pero nada. Os explico el asunto.

Unas cuantas vistas recientes de Tokio… donde todo empieza, aunque sólo nos enteremos bastante avanzada la historia.

Este quinteto de relatos relacionados entre sí que publica Lumen en un solo volumen, fueron originalmente publicados en su idioma original como cinco novelas cortas. Que se pueden leer de forma independiente. Aunque después de haberlas leído todas, es algo que para mí no tiene mucho sentido, ya que para comprender la historia en toda su extensión y profundidad hay que leer los cinco relatos. Su pudo publicar originalmente por entregas, pero recomiendo que se lean como un todo.

Antes de esbozar el argumento de la historia, he de decir que me gusta más el nombre que se le da en francés al conjunto, Le poids des secrets (El peso de los secretos), que lo del “quinteto de Nagasaki”, más oportunista, y supongo que más comercial, que le ha dado su editor en castellano. Cierto es que una parte de la historia, importante, transcurre en la ciudad mártir de la Segunda guerra mundial, la segunda y última, hasta la fecha, donde salvaje y perversamente se ha arrojado una bomba atómica. Y concretamente, la autora sitúa en aquel nueve de agosto de 1945 algunos acontecimientos importantes dentro de las vidas de los protagonistas de esta compleja saga familiar que nos hará recorrer el siglo XX desde la década de 1920 hasta el último cuarto del siglo XX.

Pero el recorrido es mucho más amplio. Porque si un momento clave se produce en las historia que se nos cuenta, es el momento en que una de las protagonistas queda huérfana tras el gran terremoto de Kantō al mediodía del 1 de septiembre 1923. Y queda huérfana no por el terremoto, sino por la consecuencias posteriores, en una de las narraciones más estremecedoras que he leído jamás sobre la perversidad humana, en este caso no de los militares norteamericanos como fue lo de Nagasaki, sino de los militares y políticos japoneses. Esa orfandad tendrá consecuencias inimaginables en una joven, cuyo pasado ya estaba revestido de misterio, y que acabará afectando profundamente a los miembros de dos familias japonesas. Pero no voy a desvelar mucho más, porque es preferible que lo descubra el lector.

Shimazaki no desaprovecha la ocasión. No se limita a narrar los amores y los odios que entre sí desarrollan los personajes principales de la acción, la compleja trama de relaciones que complica las vidas de personas en principio honestas y fieles a sus familias y amistades, salvo excepciones. Shimazaki desarrolla su punto de vista sobre algunos graves acontecimientos de las historia japonesa del punto de vista; la política colonial en otros puntos de Asia, el racismo hacia las personas de otras nacionalidades u orígenes étnicos, la corrupción de la sociedad en el régimen militarista que llevó al país a la guerra y la catástrofe, la complejidad de la vida en los años de guerra, el convencimiento razonado de que los bombardeos atómicos tuvieron más de experimento que de necesidad bélica, y que habían venido precedidos de bombardeos convencionales de intenciones igualmente perversas por cebarse especialmente sobre la población civil y más desprotegida. Todo ello contado por una japonesa de origen, que no olvidemos vive en Canadá, que no aprendió el francés hasta 1995, cuando ya contaba 40 años de edad, y que empezó su carrera literaria en ese idioma a partir de 1999, después de haberse dedicado fundamentalmente a la enseñanza.

El conjunto me ha parecido una lectura muy interesante. Y en algunos de los cinco relatos, apasionante, estremecedora y conmovedora. El conocimiento de esos secretos cuyo peso pesan sobre los protagonistas y que se va desvelando muy poco a poco, me obligó en algunos momentos a parar la lectura y reflexionar sobre lo sucedido. No tanto sobre lo que sucede a los personajes de ficción, sino sobre lo que padecieron las personajes reales en la época. Los cinco relatos no tienen la misma intensidad, aunque sí que parecen disfrutar una calidad literaria similar. Sigo con la curiosidad por haber leído el original en francés. Especialmente por las circunstancias vitales de la propia autora. Pero en cualquier caso, me parece, en cualquier idioma, muy recomendable.

[Fotos/viajes] Cámaras de un solo uso en Tokio

Fotografía, Viajes

Un despiste monumental hizo que olvidase mi cámara para película tradicional, y el cargamento correspondiente de estas, en Zaragoza antes de salir de viaje hacia Japón. Un poco mohíno por estas circunstancias, en los últimos días del viaje, en Tokio, me hice con un par de cámaras Harman de un solo uso, con película Ilford, en blanco y negro. Os presento algunas de las fotos. Y los detalles técnicos, para quienes este interesados, en Dos Harman de un solo uso con Ilford HP5 Plus en Tokio.

[Libro] Tokyo Ueno Station

Literatura, Sin categorizar

Oí hablar de este libro hace unas semanas. Escrito en japonés por una zainichi, Yu Miri, una mujer nacida en Japón de nacionalidad coreana, surcoreana, también hay zainichi norcoreanos, muy complejo lo de los coreanos que estaban en Japón al final de la guerra mundial, que es escritora, y que se expresa en sus novelas en japonés. Lo normal si tienes 51 años y por mucho que tengas una nacionalidad llevas toda tu vida viviendo en un país con otro idioma que es el que utilizas todos los días desde que naciste. Supongo.

Fotos recientes, de hace cinco días, del parque Ueno y alrededores. Con muchos de los lugares descritos en la novela que os traigo hoy.

El caso es que leí hablar muy bien de esta novela, que no está publicada en castellano, por lo que me he ido directamente a la versión en inglés, cuya versión en libro electrónico tiene un precio muy asequible.

El protagonista de la novela es Kazu, un hombre japonés, que nació en 1933, el mismo año que el emperador Akihito, en el trono cuando se escribió la novela, ya no es así porque abdicó este mismo año en su hijo. Y que ahora, siendo ya un anciano, vive como una persona sin techo, sin domicilio fijo, en el Parque Ueno, al lado de la populosa estación de ferrocarril del mismo nombre.

La novela es una mezcla de pasajes sobre la vida cotidiana de las personas sin techo en el parque, con las tribulaciones propias de tal modo de vida, con los recuerdos que rememora, a lo largo de su vida. Su infancia, los años de la guerra, su matrimonio y su familia, que vive en la prefectura de Fukushima, su trabajo alejado de esta durante décadas, el nacimiento de su primer hijo, que nació el mismo día que el actual emperador Naruhito, los juegos olímpicos de 1964, las consecuencias para los sin techo de los que se aproximan en 2020, los tiempos de inestabilidad política, los de crisis financiera, las desgracias que suceden en la familia, como pueden suceder en otras, el tsunami de 2011, las circunstancias que le llevan a vivir sin hogar y desarraigado…

Cualquiera que visite este Cuaderno de ruta sabe que soy consumidor habitual de productos de la cultura japonesa, una cultura que me estimula mucho, un país que me fascina, como muestra que esté recién llegado del segundo viaje por el mismo. Y hay que estar muy motivado para chuparse las interminables horas de viaje en avión sobre Siberia. Pero no soy acrítico. Así como hay muchos “japonistas” que todo lo que viene del País del Sol Naciente les parece bien, yo encuentro elementos maravillosos en su cultura mezclados con otros que me producen repelús, estupor y, en algún caso horror. En Japón hay una de las brechas de género de las más amplias de los países desarrollados, probablemente superada sólo por Corea del Sur, y peor que algunas economía no desarrolladas o de países con bajo nivel democrático. Japón es uno de los países con mayor maltrato infantil. Hay fenómenos relacionados con el consumo de cultura que me horripilan en cuanto a la soledad de la gente, o la retorcida expresión de la sexualidad en la sociedad japonesa. Y bueno… otros aspectos que no sabría expresar muy bien aunque haya leído sobre ellos.

Yu Miri, recuerdo que en Asia lo habitual es que el apellido vaya delante, hace un repaso crítico de la historia de Japón en el siglo XX. Uno de los problemas que tradicionalmente ha tenido Japón ha sido su cerrazón al extranjero. Y las minorías dentro del país no suelen tener buenas perspectivas. Yu, como coreana, es conocedora de esa situación. No hace del protagonista de la novela uno de estas minoría, pero de alguna forma sí que habla del tema, al situarlo como descendiente de un grupo de inmigrantes 150 años atrás de una región japonesa a otra. Con creencias basadas en distintas sectas de las religiones que pulular por el país, específicamente del budismo, y que sufren cierta grado de discriminación en su destino, que se extiende durante décadas.

La novela va desvelando las claves de quién es Kazu y porqué vive como vive muy parsimoniosamente. Durante buena parte de ella lo ves como un trabajador, sufrido, de los que a base de esfuerzo levantaron la economía japonesa de posguerra hasta niveles inesperados. Y no acabas de entender cómo acabó viviendo entre cartones en parque de Tokio. Pero poco a poco va desvelando los golpes que nos da la vida, y que en algunas personas son absolutamente devastadores. Hay momento duros en la novela, que sin ser larga, tarde mis días en leerla, porque sentía la necesidad de parar tras leer alguno de sus pasajes, que no voy a desvelar. Pero que nos habla de la capacidad o incapacidad para asumir o no asumir los infortunios personales de cada cual, y del apoyo o falta de apoyo que la sociedad aporta cuando estos llegan.

Cuando la leí, poco antes de viajar esta segunda vez a Japón, no recordaba si habíamos visitado en 2014 el parque Ueno, donde vive la comunidad de personas sin hogar en la que se encuentra Kazu. Yo pensaba que no. La amiga con la que visité Japón en 2014, y también ahora en 2019, me dijo que sí. Ella también leyó el libro más o menos al mismo tiempo. Comprobamos hace cinco días que sí, que habíamos estado. Que el Museo Nacional de Tokio está en el parque Ueno, pero en su parte norte. Y lo que describe la novela está en su parte sur. Estos días atrás hemos estado alojados en un ryokan en Akasuka, por lo que hemos pasado con frecuencia por la estación de Ueno, a sólo tres paradas de metro de la de Asakusa, y por la que pasa la línea JR Yamanote, línea de ferrocarril local que te distribuye por toda la ciudad y que está incluida en el Japan Rail Pass, por lo que es una opción popular para los turistas que tienen este documento, porque abarata los desplazamientos por la ciudad. Y uno de esos días, el primero que estuvimos en Tokio, al atardecer, visitamos el parque.

No se ve ninguna colonia de personas sin techo. Desconozco si forma parte de la ficción de la novela o si ha sido “limpiada” por las autoridades. Este tipo de colonias suelen ser “limpiadas” por los político en ocasiones especiales; hay un capítulo sobre eso en el libro. Y en este 2019, en estos momentos, se está disputando la Copa del Mundo de Rugby en Japón, y al año que viene los Juegos Olímpicos. Así que todo tiene que estar limpito y reluciente, como si no pasase nada. Guardemos las pelusas y el polvo debajo de la alfombra, donde siguen estando, pero no se ven. Por lo demás, reconocimos y visitamos muchos de los lugares descritos en el libro.

La novela es muy buena. Dura y triste en muchas ocasiones, pero muy buena. No está en castellano, pero si os defendéis con el inglés, creo que también está disponible en francés, os la recomiendo vivamente. Y espero que alguna editorial se anime a publicarla en castellano.

(Viajes) Japón 2019, a modo de resumen… o algo

Viajes

Cinco años después, semana arriba o abajo, volvemos a Japón. Esta vez con una compañera más de viaje. En 2014, las decisiones sobre el recorrido y las características del viaje fueron rápidas y concretas. Las dos personas que viajábamos juntas teníamos problemas familiares que condicionaban la estructura del viaje. En esta ocasión no ha sido así, lo que curiosamente nos llevó tener muchas más discusiones y desacuerdos sobre cuándo íbamos a viajar al País del Sol Naciente, y en qué iba a consistir el viaje. Y añadir una tercera persona, aunque ha sido muy divertido, no hizo más rápida la toma de decisiones. Seguro que no se enfada si digo que el nivel de caos aumentó en un primer momento varios enteros; luego ha sido un aporte valiosísimo durante la estancia en el país nipón.

El castillo de Ōsaka, muy bonito, muy pintoresco, muy fotografiado… pero muy reconstruido. La ciudad quedó planchada y destruida por los bombardeos norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial.

Voy a lo mío. Para mí, viajar siempre va unido al hecho fotográfico. Entendámonos, nunca he condicionado el viaje a la fotografía. No soy fotógrafo de viajes; si acaso un viajero o turista que hace fotos. Aunque intenta hacerlas lo mejor posible, dentro de mis capacidades. Mi cámara principal desde hace año y medio es la muy fiable Panasonic Lumix G9, con varias configuraciones de objetivos, que abultan relativamente poco, según las circunstancias. No llevo lo mismo en la bolsa o en la mochila si estamos en la naturaleza que si visitamos una ciudad. Si tenemos lluvia o si tenemos tiempo seco. Nunca llevo todos los objetivos encima… eso sería absurdo. Selecciono los que mejor van a ir.

Puerta de entrada al complejo monástico de Engyo-ji en Shoshazan (monte Shosha), en las afueras de Himeji. Aquí ruedan películas de Hollywood y todo, por lo bien que está conservado el ambiente tradicional. El bosque es magnífico.

Siempre llevo también una cámara de respaldo. Desde hace unos meses, la Fujifilm XF10, un cámara que da muy buena calidad de imagen por un precio muy ajustado, pero que tiene una ergonomía y una reactividad francamente muy mejorables. Pero tras unos primeros tiempos de cierto desacuerdo mutuo, ya le he cogido el tranquillo. No la uso mucho. Está ahí por si falla la otra. O para llevarla en el bolsillo del pantalón cuando estamos desplazándonos de una lado a otro. Todas las fotos que ilustran la entrada de hoy están realizadas con la XF10.

Subida en funicular a Koyasan (monte Koya). También son impresionantes los bosques de este lugar, con cedros japoneses multicentenarios, de más de 50 metros de altura.

Mi intención era llevarme una cámara para película tradicional. En concreto, la Minox GT-E con unos cuantos carretes de Ilford HP5 Plus. Pero me la olvidé. La preparé, pero olvidé ponerla en la mochila con el equipo fotográfico. Lo he compensado un poquito. Cuando llegamos a Tokio para pasar los tres últimos días, me compré en Yodabashi dos cámaras de uno solo uso Harman, con carretes de 27 fotogramas de HP5 Plus incorporados. Los revelaré cuando se me pase un poco el desfase horario.

Simpáticos animalillos en el restaurante de “udon”, un tipo de fideos relativamente gruesos, donde comimos en Kifune, tras recorrer Kurama-yama (monte Kurama). El carácter 山, que significa monte o montaña, a veces se lee al estilo chino, “san” o “zan”, y a veces al estilo japones, “yama”. Por eso, en occidente hay que que al monte Fuji le llama “Fujiyama”, aunque los japoneses le denominan “Fujisan”. Llamándoles monte Fuji, no te equivocas.

Como novedad, en este viaje introdujimos un nuevo elemento tecnológico. Como éramos tres personas, llevábamos tres teléfonos móviles. Pues bien, decidimos que en dos de ellos pondríamos durante los días del viaje una tarjeta de datos, suministrada por Holafly (14 días, datos ilimitados), mientras que el tercer móvil iría con su tarjeta original por sí teníamos la necesidad de hablar por teléfono. Las tarjetas de Holafly permiten el acceso a datos a través de las redes de telefonía japonesas, pero no mantener conversaciones telefónicas. Van bien. En uno de los alojamientos, en los que la red Wi-Fi dejaba mucho que desear, podíamos ver episodios de series de Netflix con buena calidad a través de la conexión 4G que nos ofrecía la tarjeta. Es que allí, Netflix lleva más adelantados los nuevos episodios de Terrace House: Tokyo 2019-2020… así que nos hemos visto ya la mitad de la siguiente tanda… Yo tuve algún problema con la batería de mi móvil, pero eso es otra historia y será contada en otra ocasión. O no. Porque es un aburrimiento. La única cuestión es que aunque la gente de Holafly dicen que lo mejor es tirar de la red SoftBank, en nuestro caso, en alguna ocasión notábamos mejoras con DoCoMo. Pero no sé porqué sí o porqué no.

Un tren pasa por la estación de Kii-Katsura.

Uno de los temas importantes fue el recorrido que íbamos a hacer. A ver… constricciones. Una de mis compañeras de viaje, por “motivos de trabajo”, quería para algunos días en Ōsaka 大阪. No fuimos allí en el 2014,… no nos motivaba. Pero aceptamos porque sí que es un buen centro de operaciones para hacer excursiones en el día a otros sitios de interés, con amplia oferta de medios de transporte. Y probablemente más barata en alojamiento que otras ciudades más de campanillas para la cosa del turismo como Kyōto 京都 y no digamos Tōkyō 東京 (lo de usar las formas escritas oficiales de romanización japonesas de los nombres de las ciudades, en lugar de sus nombre en castellano es una pequeña coña con mis compañeras de viaje; no es que me haya vuelto tonto) Pero decidimos que, independientemente de que dedicáramos algún día o algún rato a estas ciudades significativas, el viaje tendría un tema coherente y razonable.

Cambio de trenes en la estación de Taki, prefectura de Mie, en nuestro desplazamiento desde Katuura hasta Ise.

Y lo encontramos en la región de Kansai, en la península de Kii, donde encontramos una de las denominaciones más interesantes de los lugares patrimonio de la humanidad según la Unesco en Japón; los sitios sagrados y rutas de peregrinación de los Montes Kii (Nara, Wakayama, Mie). O dicho de otra forma, porque no íbamos de peregrinación, visitar los templos y santuarios de Kōyasan, Kumano Kodo e Ise. Esto, redondeado con otros zonas de templos y santuarios no relacionados directamente, pero que también mezclan estética, historia y naturaleza, como el templo de Engyo-ji en Shoshazan, Himaji, y los santuarios y templos de Kifune y Kurama-yama, al norte de Kyōto.

Luchando contra el vendaval ante las famosas “rocas desposadas” de Futamiura, en la región de Ise-Shima. En esta región hay un parque temático español, al que no fuimos, claro.

Por supuesto, visitamos convenientemente Ōsaka, paramos un ratito en Kyōto, visitamos el castillo de Himeji, uno de los pocos originales conservados en Japón y que también es patrimonio de la humanidad según la Unesco, y terminamos con tres días en Tōkyō, donde nunca faltan cosas que hacer. Bien, muy completo.

En Tōkyō nos alojamos en un “ryokan” contiguo prácticamente a Senso-ji. Aquí vemos a una de las muchas y los muchos turistas que se hacen la foto ante la puerta Kaminarimon con esta postura.

Hemos quedado satisfechos. Yo sólo le encuentro una pega al viaje. Yo siempre defendí la necesidad de intentar encajarlo en primavera. Y a ser posible no muy tardía. Por el clima. En la región de Kansai, por la influencia de la corriente marina Kuroshio, las temperaturas rondan todavía los 29 y 30 grados en estas fechas de finales de septiembre y principios de octubre, pero con humedades del aire que se sitúan en el 90 %. Como hagas algo de ejercicio y rompas a sudar… ya no hay forma de que se te seque la ropa en todo el día. Puede llegar a agobiar. Pero bueno… lo hemos pasado muy bien.

El último día completo de estancia en Tōkyō nos dimos el tradiciona tiempo “libre” en el que cada cual se va a hacer lo que le apetezca. Yo me fui a ver las librerías en Jimbocho, donde además comí en una librería que incluye un café-restaurante, en el que te dejan hojear los libros de la librería mientras comes. Pero no te lo puedes llevar… sin pagarlos convenientemente claro. Y no los puedes estropear, claro. Así que cuidado a los que se les caen manchas en la camiseta con facilidad.

[Recomendación fotográfica] Vienen de Asia

Fotografía

Quizá no dedique mucho tiempo hoy a unas cuantas recomendaciones fotográficas que tengo recopiladas y que pueden venir bien para pasar un rato del domingo. Aunque si sigue mejorando el tiempo como ayer, lo mejor que se puede hacer este domingo es salir a disfrutar del día. Por lo menos aquí en Zaragoza. Con temperaturas máximas de 23 ºC y con un día fundamentalmente soleado… dime tú.

En cualquier caso, las recomendaciones de este domingo vienen principalmente de Asia. Así, por ejemplo, en Dazed nos presentaban hace unos días una lista de cinco fotógrafos chino del mundo de la moda que merecían que les prestásemos nuestra atención. La lista la conforma los siguientes, respetando el orden de los nombres chinos en los que el apellido va delante. Aunque en algún caso tienen nombres “artísticos” occidentalizados.

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Parece razonable ilustrar la entrada de hoy con imágenes de las populosas calles de Taipéi, la capital del país no oficial de la República de China, o Taiwán.

Zhang Jiachen (Leslie Zhang) (Instagram)

Wang Ziqian (Instagram)

Zeng Wu (Instagram)

Luo Yang (Instagram) Quizá el más interesante por su cuestionamiento, en trabajos más personales, de los estereotipos sobre la mujer china, proclamando la diversidad y la evolución de la sociedad y las mujeres chinas, incluida su sexualidad.

Jin Jiaji (Instagram) El más variado en su cuenta de Instagram, con naturalezas muertas y procesos mixtos, además de las fotografías de moda propiamente dichas.

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Cada uno de estos fotógrafos tiene su propio estilo, aunque se percibe rasgos comunes generacionales, especialmente en lo que se refiere a romper con los cánones tradicionales del género. Yo no soy muy aficionado a la fotografía de moda, pero cuando se sale de los esquemas más comerciales y ofrece algo más que chicas guapas y vestidos o accesorios bonitos, puede ser tan interesante como la que más. Ni qué decir tiene, como ya habréis deducido, que el que más me ha interesado es Luo Yang, que creo recordar que ya lo había mencionado en alguna ocasión.

Tengo también una fotógrafa japonesa, Sasaki Yukari (Instagram), también aquí respeto el orden oriental con el apellido delante, que me ha aparecido en pocos días en dos sitios. Por un lado en Cada día un fotógrafo/Fotógrafos en la red, y por otro lado en el hilo de noticias de la revista VoidTokyo, colectivo al que pertenece.

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Sasaki me ha llamado la atención más por algunas de sus fotografías que por la mayoría de ellas. Es una fotógrafa documental que se dedica a registrar lo que sucede en las calles de la capital nipona, como el conjunto de los miembros del colectivo al que pertenece.  Pero aquí y allá, entre las típicas instantáneas de gente con más o menos máscaras antipolución en las zonas más populares de Shibuya, Shinjuku, Ginza,… o en el metro o la línea Yamanote, encontramos alguna fotografía que destaca por su atención al detalle o por salirse de la corriente general. Trabaja con compactas digitales con objetivo de focal fija gran angular, cámaras discretas y eficaces para la fotografía documental callejera.

Finalizaré recomendando un artículo que apareció recientemente en Magnum Photos en el que hace un repaso de los 80 años de actividad de los fotógrafos de la agencia en China. Desde los primeros reportajes de Capa o Cartier-Bresson, hasta los más recientes de Ian Berry, Olivia Arthur o Carolyn Drake, por mencionar algunos. Pero hay muchos entre medio, muy prestigiosos, y con fotografías de gran calidad. Y si alguien se quiere regalar con una copia en papel de calidad, lo puede hacer… por moderados precios que van de los 1.600 dólares por una fotografía de Ian Berry a los 5.500 por otra de Steve McCurry. Esta última es más espectacular, pero la de Berry me parece más auténtica.

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[Libro/arte] 100 Vistas de Tokio

Arte

Me llamó la atención este librito del ilustrador e historietista japonés Shinji Tsuchimochi ya desde hace un tiempo. No mucho tiempo, que al fin y al cabo hace pocos meses que ha salido al mercado. Pero supongo que desde que empezó a aparecer en los anaqueles de las librerías o secciones de libros de los grandes almacenes. Está publicado por Quaterni, editorial especializada en literatura japonesa y oriental en general.

Rebobinemos un poco hacia el pasado, más de tres años hacia atrás en concreto. En esa época, invierno de 2014, ya había empezado a interesarme la obra de Katsushika Hokusai, algunos de cuyos grabados como La gran ola de Kanagawa son mundialmente conocidos, perteneciente a la serie Treinta y seis vistas del monte Fuji. En septiembre de ese año había realizado mi viaje a Japón, que activó en mi el interés por la cultura nipona, que todavía me dura, y en diciembre de ese año también, durante una estancia en París tuve ocasión de visitar en el Grand Palais una obra antológica de Hokusai que me encantó.

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En la exposición que podemos encontrar en el Museo de Zaragoza podemos ver estas páginas de un libro con un dibujo que representa una variante de la gran ola de Kanagawa.

Para acabar de redondear la faena, y mi afición a estos grabados ukiyo-e, en la primavera de 2015 pude visitar una entonces recién abierta exposición en el Museo de Zaragoza dedicada al arte en Asia oriental, sobre la base de la donación al museo de la colección del catedrático emérito de historia del arte Federico Torralba Soriano. Aunque etiquetada como exposición “temporal”, casi tres años más tarde sigue abierta al público. Es cierto que no todas las obras de la misma pertenecen o están depositadas en el museo, pero muchas sí. Esperemos que cuando eliminen la “temporalidad”, dejen de forma permanente alguna sala del museo a estas interesantes obras. En cualquier caso, la parte principal de las obras expuestas son los grabados de Utagawa Hiroshige, nombre artístico de Andō Tokutarō.

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Uno de los grabados de Hiroshige, pertenecidente a otra serie, la de las Cincuenta y tres estaciones de Tōkaidō, nombre de la ruta que unía Kioto, capital imperial, y Edo, capital política, durante el periodo Edo. Hoy en día las dos líneas ferreas que unen ambas ciudades, la de ferrocarril convencional y la de alta velocidad, también reciben el nombre de líneas Tōkaidō. La línea Tōkaidō del shinkasen fue la primera línea de alta velocidad de la historia y del mundo.

Tanto los grabados de Hokusai como los de Hiroshige corresponden a las décadas finales del periodo Edo, intervalo de la historia de Japón en la que la política estuvo dominada por el dominio de los shogunes del clan Tokugawa, y que mantuvo al país isleño en un régimen feudal, absolutamente extraño ya por esos tiempos a lo que sucedía en Europa. Sólo la restauración Meiji en 1867 permitió a Japón entrar en la revolución industrial y en la modernidad de un forma brutal, en todas las acepciones que se os ocurran del adjetivo. Por cierto, para quienes no se cosquen, Edo era el nombre que recibía en esa época la ciudad que hoy conocemos como Tokio, actual capital del país. En esa época, la corte imperial se encontraba en Kioto. Una de las series de grabados más famosas y conocidas de Hiroshige son las Cien famosas vistas de Edo.

En la página web del Museo de Zaragoza tenéis un par de documentos en formato pdf que os informarán más de algunas de las cosas que he comentado aquí. Uno de ellas sobre la estampa Nihonbashi, estación 1 de la serie Cincuenta y tres estaciones del Tokaido. El segundo es sobre el recinto del templo Fukagawa Hachiman, de la serie de Lugares famosos de Edo (distinto de la de las cien famosas vistas).

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Un plano de Edo, durante el periodo del shogunato Tokugawa. Ya entonces una de las ciudades más populosas del planeta.

Y aquí enlazamos con el libro de ilustraciones que hoy os traigo y os recomiendo. Tsuchimochi, en esta segunda década del siglo XXI, dedice seguir los pasos de Hokusai y especialmente Hiroshige, y realizar una serie de ilustraciones del Tokio moderno, en principio las 100 que indica el título de la obra. En realidad hay 101 correspondientes a escenas urbanas de la capital japonesa, más cinco que pertenecen a Osaka.

A continuación os muestro cuatro fotografías que realicé durante mi estancia en Tokio y que se corresponde con lugares que aparecen en las 100 vistas de Tokio de Tsuchimochi.

Hace ya tiempo que he comprobado que una de las señas de identidad de muchos de los ilustradores de historietas, manga, o de películas de animación, anime, en Japón, comparten algunos rasgos estilísticos. Fundamentalmente, un atención exquisita al detalle en los paisajes, naturales y especialmente urbanos, y escenarios en los que sitúan la acción de sus obras, mientras que los personajes son mucho más elementales. Frecuentemente comparten los rasgos generales, y los distinguimos por los detalles en el pelo y peinado o por las vestimentas o complementos. El color del pelo, una cinta, un lazo, una camiseta de rayas,… es lo que nos permite conocer quién es el personaje de forma constante. Pero los escenarios, los fondos… qué precisión, qué detalle. Y en esta ocasión estamos ante un nuevo ejemplo. Bien es cierto que, como he leído en algún sitio, el estilo de Tsuchimochi recuerde más a las viñetas de Hergé en sus aventuras de Tintin, que a los contemporáneos nipones del autor de estas 100 vistas tokiotas.

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Para los comisarios de la exposición del Museo de Zaragoza, esta es la pieza más representativa de las Cien famosas vistas de Edo de Hiroshige.

Las 100 vistas se acompañan de algunos planos, esquemáticos, pero intuyo que suficientes, que permiten realizar paseos y localizar los rincones de Tokio que han inspirado al autor. De esta moda, el libro puede convertirse en una guía para el viajero, que decida conocer el Tokio más recogido y auténtico. Lo que no encontrará el viajero, salvo con la imaginación, es a los pequeños seres fantásticos que recorren en distintas actitudes las escenas de Tsuchimochi, dándoles un sentido alegre y despertando nuestra imaginación. En fin, que queréis que os diga. Por el tratamiento que le he dado a esta entrada, ya podréis deducir que me ha gustado el libro y que me parece muy recomendable.

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Tanto Hiroshige como Hokusai tenían sus libros de modelos e ilustraciones para enseñanza y como base para sus futuras obras. Obsérvese el meticuloso detalle de estos animales marinos ilustrados por Hiroshige.

[Cine] Kazoku wa Tsurai yo (家族はつらいよ) (2016)

Cine

Kazoku wa Tsurai yo (家族はつらいよ) (2016; 212017-1505)

Después de una semana cinematográficamente en blanco, en lo que se refiere a acudir a la salas de cine, gracias a la “fiesta del cine” que deja la cartelera hecha un erial, volvemos para ver una película que nos llama la atención por sus circunstancias. La película la han titulado en las versiones dobladas al castellano Maravillosa familia de Tokio, traducción modificadadel título “internacional”, o sea en inglés, What a Wonderful Family! Me explico.

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Lógicamente, nos vamos a Tokio con las fotografías, pero no a lugares o gentes llamativos, sino a la gente corriente, que es de lo que va la película de hoy.

Hace unos años, no muchos, el director Yōji Yamada, nos presentó bajo el título Tōkyō Kazoku (東京家族) (Una familia de Tokio), que fuimos a ver, una nueva versión de un clásico del cine japonés, un imprescindible como es Tōkyō Monogatari (東京物語) (Cuentos de Tokio) de Yasujirô Ozu. Como digo, esta última, una película de 1953, es una película imprescindible, un verdadero tratado de cine, especialmente de cómo romper muchas de las normas escritas o no escritas de cómo hacer una película y hacer una obra maestra. Una película que te llega a lo más profundo del corazón y que te asombra como aficionado al cine en cada fotograma. La versión de Yamada, en la que actualizando al color y a los tiempos modernos, intentó reproducir el cine del maestro Ozu, pero no lo consiguió más que hasta cierto punto. Siendo una película perfectamente visible, de esta serie de películas que nos están llegando desde Japón, preocupadas fundamentalmente por las relaciones de familia.

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El caso es que Yamada ha cogido al mismo reparto que en 2013, exactamente el mismo, con roles muy similares, y nos ha retratado otra familia tokiota en tono de humor. Como digo, los dos abuelos son los mismos, los hijos e hija con sus consortes o novia son los mismos, y los dos nietos también. Pero es otra familia. Un en la que la abuela, tras cuarenta y cinco años de matrimonio, el día de su cumpleaños, que a su marido le ha pasado desapercibido, le dice al despreocupado setentón, aficionado al sake en su jubilación, que si le quiere hacer un regalo, que le dé el divorcio. Y aquí se monta el lío, con unos hijos que no se coscan de nada y que viven con sus propios problemas, en ocasiones reproduciendo los roles de sus mayores, aun en la moderna sociedad tokiota.

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El estilo de dirección de Yamada es similar al que ya vimos en la película del 2013, imitando a Ozu, con planos bajos, estáticos, o muy ligeramente dinámicos, pero el tono es mucho más informal, con un tono básicamente de comedia, con alguna escena dramática aquí y allá. No niega que sigue estando basada en la los cuentos de Tokio originales, y el esquema de la película sigue fiel, aunque cambios de dirección en determinados momentos. Hasta tal punto está clara la influencia, que en un momento dado, clave, se hace una referencia explícita a una de las escenas más hermosas de Tōkyō Monogatari.

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Las interpretaciones están bien, especialmente por parte del cascarrabias protagonista, Shuzo (Isao Hashizume), la sobriedad de su esposa, Tomiko (Kazuko Yoshiyuki), y te sigues enamorando igualmente de la novia del hijo más joven, Noriko (Yū Aoi). Curiosamente, aunque el apellido de la familia ha cambiado con respecto a la película de 2013, muchos nombres se conserva, y en el caso de esta última se conserva íntegro nombre y apellido, como si fuera una versión de la misma persona en un universo paralelo.

Por si a alguien le interesa, la traducción del título original no tiene nada que ver con irónicas “maravillas” sino que directamente viene a decir que “la familia es un dolor”. No está al nivel de sus referencias anteriores, desde luego está muy lejos de la maravillosa película de Ozu, pero es una película buenrollista, bien interpretada, que se ven con ganas y que tiene un tono admisible para cualquier cultura, no es demasiado específica de Japón. Una historia similar se podría plantear en nuestro país. Se deja ver.

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Por cierto, en Japón ya se va a estrenar una segunda parte… que incluso está mejor valorada que esta primera por el público votante en IMDb,… que de momento son 12 personas. De algún pase privado, o para la prensa.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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[Cine] Tokyo Fiancée (2014)

Cine

Tokyo Fiancée (2014; 272016-0905)

Esta semana ha sido la llamada “semana del cine”, tres días en los que suscribiéndote en internet y presentando un papel impreso, puedes entrar al cine por una cantidad más reducida de lo habitual. Sobre el precio habitual que pago cogiendo las entradas en internet y para las versiones originales, algo más de la mitad. Más notable es el descuento para la versiones dobladas y cogiéndo las entradas en taquilla. Pero claro,… no basta con que el cine sea barato; también tiene que haber una oferta interesante. Y durante la “semana del cine” suelen pasar dos cosas en las últimas ediciones. Coinciden con semanas en las que la oferta es bastante pobre. Y suprimen todas las sesiones en versión original subtitulada. O sea. No me interesa lo que ponen, así que pagar esa modesta cantidad de dinero es caro comparado con otras semanas en las que la oferta se ajusta a mis gustos. Todo es relativo.

Hace unas semanas anunciaron el estreno en España de la adaptación de la novela de Amélie Nothomb que nos cuenta “su” romance con un joven tokiota a los 20 años, “Ni d’Ève ni d’Adam“. Leí el libro hace seis años… y repasando lo que escribí he de aclarar algunas cosas. Cosas que no sabía cuando lo leí… no voy a modificar mi ingenua entrada de entonces, pero para aclarar las cosas.

Son muchos los paisajes urbanos de Tokio que vemos en la película.

Son muchos los paisajes urbanos de Tokio que vemos en la película.

Existen dos “Amélie Nothomb”. La persona que utiliza este nombre seudónimo para firmar sus novelas, realmente llamada Fabienne Nothomb, y el personaje de algunas de sus novelas a las que da un carácter autobiográfico… sin serlo, y que también llama Amélie (Pauline Etienne). No. Nothomb no nació en Kobe, ni ligó con un tokiota… pero tanto ella como su editorial han jugado a la confusión constantemente. Incluso rodó un documental televisivo en el que “se encontraba” con Rinri (Taichi Inoue), el protagonista masculino de la novela y de la película que nos ocupa hoy, dirigida por Stefan Liberski.

La primera cosa que quiero aclarar es que la película no ha llegado a Zaragoza. Ni en versión original ni doblada. Pero es una película ya estrenada en 2014 en Bélgica, su país de origen, y hace más de un año en Francia. La película es francófona, claro. A mí me apetecía verla, y con tanto retraso en su estreno, no es difícil encontrarla por otras vías. Total,… si han decidido que no puedo verla en mi ciudad en pantalla grande, es un dinero con el que no cuentan, ni sus distribuidores, ni sus productores, ni nadie. No hay dilema ético que valga, desde mi punto de vista. Yo, sinceramente, prefiero pagar mi entrada y ver las películas cómodamente en pantalla grande,… pero en esta ocasión no es posible.

Tanto Shinjuku como Shibuya y su famoso cruce aparecen con frecuencia en pantalla.

Tanto Shinjuku como Shibuya y su famoso cruce aparecen con frecuencia en pantalla.

Aclarado lo cual, he de decir que la película se deja ver. Aunque no me ha llamado la atención de la misma forma que la novela en la que se basa, una interesante historia de amor, que me parece una de las novelas más majas de la autora, de la que he leído ya media docena larga de obras. Es muy prolífica. Se dice en Francia que hay dos cosas fijas tras el verano, la vendimia y la nueva novela de Nothomb. La primera se puede adelantar o atrasar, pero la segunda es puntual.

Hay que decir también que en la película hay una traslación de época. Sitúa la acción a caballo entre 2010 y 2011, lo cual situamos perfectamente por el desastre de Fukushima, mientras que la novela situaría la acción en los años 80. Esto conlleva también algunas modificaciones en la trama que no sé si le sientan bien. Creo que no. Los intérpretes no obstante cumplen con lo que se espera de ellos, con una Amélie que no es como me la imaginaba, pero que me resulta simpática. Quizá el personaje de Rinri queda más plano de lo que era en la novela.

Bueno. No sé si recomendarlo. Para empezar no sé si podréis disponer de la película a mano. En cualquier caso, puede ser curiosa para quienes gusten de las novelas de la autora. Que aunque es traducida habitualmente al castellano, no me parece muy conocida en nuestro país.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

Así que también no vamos allí fotográficamente en esta entrada.

Así que también no vamos allí fotográficamente en esta entrada.

[Cine] Chiisai Ouchi (小さいおうち) (2014)

Cine

Chiisai Ouchi  (小さいおうち) (2014); vista el 18 de abril de 2015.

Comentaba hace unos días la triste realidad de que hay películas que se estrenan en España, que parecen interesantes, muchas veces de cinematografías poco frecuentes en cartelera, pero que no llegan a Zaragoza. No es que falten salas de cine. Es que en todas echan lo mismo. Probablemente nunca ha habido tantas salas de cine individuales en nuestra ciudad en toda su historia, ni siquiera en los tiempos de los cines de barrio y la salas de reestreno, cuando el paseo de la Independencia era una sucesión de salas de cine, algunas de ellas potencialmente convertibles en teatros. Pero la variedad es escasa. Agrupadas en su mayor parte en complejos de multisalas en centros comerciales, lo que plantean al espectador no es que película ver, sino donde ver el blockbuster del momento.

Pero estamos los aficionados al cine que buscamos algo más que la enésima versión del superhéroe de turno, o la “disneynada” de turno, o cualquier excusa para atracarse de palomitas y refrescos de cola con toneladas de azúcar, o ciclamatos/sacarinas/etc para los consumidores con más sentimiento de culpabilidad. Y cogerse el AVE para ver la película en las escasas salas en las que se estrena en Madrid o Barcelona, sale un poco caro. Y vete tú a saber  cómo, cuándo o en qué condiciones se podrá ver de otra forma “legal”. Así que la tentación de tirar de métodos “poco ortodoxos” es alta. Pero es lo que parece que busca la industria del cine. Porque si no no entiendo que a una ciudad de setecientos mil habitantes no llegue oferta cinematográfica suficiente. O simplemente somos un país cutre culturalmente hablando, claro.

En cualquier caso, una de las películas de más éxito en la cinematografía japonesa el año pasado fue esta “casita”, la vi en versión original subtitulada y de ahí el título en japonés, que donde la puedan encontrar, la encontrarán también doblada al castellano con el título “La casa del tejado rojo”. Es una película del prolífico Yôji Yamada, que nos defraudó un tanto no hace mucho con una versión no excesivamente acertada de la fenomenal Tôkyô monogatari (Cuentos de Tokio) de Yasujirô Ozu. No es que estuviera mal la nueva versión; es que no aportaba nada. Era innecesaria.

Si las ciudades japonesas, Tokio entre ellas, no son más bellas, es debido a la gran destrucción que sufrieron durante la guerra mundial.

Si las ciudades japonesas, Tokio entre ellas, no son más bellas, es debido a la gran destrucción que sufrieron durante la guerra mundial.

Pero aquí nos encontramos ante la historia de Taki (Chieko Baishô/Haru Kuroki), una joven del norte de la isla de Honsu, que en los años 30 del siglo XX entró a servir en una casa de clase media alta, gente cordial que la trata bien y con consideración, y en la que destaca la joven esposa, Tokiko (Takako Matsu), una mujer de gran belleza, atractivo y estilo, que contrasta con su esposo, buen tipo pero simplón y sin matices. Así que cuando aparezca un joven artista, educado, sensible y atractivo, el mundo de las dos mujeres se verá puesto cabeza abajo, aunque será Tokiko la que iniciará un romance ilícito con el joven.

La historia está contada en flashback. Tras la muerte de Taki, ya anciana, conocemos cómo redactó sus memorias en las que se descubre la realidad de cómo transcurrió el romance entre la guapa Tokiko y el sensible artista. Pero también descubriremos los sentimientos de la discreta Taki, que no era de piedra… Nos recuerda el personaje de Tokiko a una Emma Bovary trasladada a la época del militarismo japonés, que llevó al país a la catástrofe. Una joven admirada cuando todavía estaba soltera, atrapada en un matrimonio con una bueno hombre y con buena posición social, pero aburrida y añorante del romance y la emoción. La diferencia con Bovary es que parece encontrar fuera del matrimonio un amor real, menos superficial que el de Emma, más auténtico, aunque de difícil resolución. Resolución que vendrá dada por la guerra y, con esta premisa, difícil es imaginar un final feliz.

Yamada aprovecha la época de la acción principal para hacer un repaso al ambiente social y a la posición de la pequeña burguesía japonesa en los años de la segunda guerra sinojaponesa y la segunda guerra mundial. Se contrasta la percepción de los burgueses tokiotas en los años 30 de los acontecimientos en China, que los ven lejos, y de los que no sospechan o no quieren sospechar la realidad de las atrocidades que su país lleva por el mundo, con la visión del joven nieto de Taki, que constantemente pide que cuente la verdad de la época y no la versión edulcorada. Sin entender que esta es la visión de Taki, que ella no percibió la dureza de la guerra y sus consecuencias hasta muy tarde.

Las viviendas de madera y papel ardían con facilidad con el napalm, la gasolina y el fósforo de las bombas americanas. Esto es algo que se recoge en la película de hoy.

Las viviendas de madera y papel ardían con facilidad con el napalm, la gasolina y el fósforo de las bombas americanas. Esto es algo que se recoge en la película de hoy.

Técnicamente, la realización del filme es irreprochable, siendo un cine heredero de las tradiciones del cine japonés de antaño. Pero donde realmente destaca es en la empatía que nos producen los personajes, gracias al excelente trabajo de sus intérpretes, especialmente la dos mujeres protagonistas. El trabajo de Haru Kuroki ha sido reconocido con diversos premios durante la carrera comercial del filme, tanto en su país como fuera de él.

Como vemos, una película que no carece de interés. No está al nivel de maestría que otros referentes del cine japonés en los que nos podríamos fijar, pero resulta interesante, emotiva y se ve con agrado. ¿De verdad que con una adecuada promoción esta película no es vendible en una ciudad occidental de setecientos mil habitantes? Pestiños mucho peores se estrenan y se ven… En fin…

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

Por ello, para intentar recuperar algo del ambiente de la antigua Edo en la actualidad, os traigo estas fotografías de los jardines de Hamarikyu, con su coqueta casa de té en el lago principal de los jardines.

Por ello, para intentar recuperar algo del ambiente de la antigua Edo en la actualidad, os traigo estas fotografías de los jardines de Hamarikyu, con su coqueta casa de té en el lago principal de los jardines.

[Libro] Sanshiro

Literatura

Ya he comprobado que la editorial Impedimenta es de las pocas que segmentan los precios de sus libros según si son ediciones en papel o ediciones electrónicas de forma relativamente razonable. Bien es cierto que la edición electrónica pierde el encanto de las excelentes presentaciones que hace esta editorial con sus libros de árboles muertos. Pero tiene un catálogo interesante, y si el precio se pone interesante,… pues iremos a ellos. En este caso con una novela del japonés Natsume Soseki.

Sanshiro
Natsume Soseki; traducción de Yoshino Ogata
Editorial Impedimenta; Madrid, 2009
Edición de libro electrónico

Nos cuenta Soseki la vida de Sanshiro, un joven universitario de provincias, durante su primer año de universidad en Tokio. Estamos ante un joven desorientado, tímido, inseguro, que se ven confrontado a una serie de personajes que van a constituir su mundo durante ese periodo. En primer lugar, Yojiro, a medias entre el activista universitario y el pícaro, que le introducirá en la vida cultural e intelectual tokiota. Aunque sea por la puerta trasera. Pero sobretodo, tendremos sus primeros contactos con las mujeres, con las que se sentirá especialmente inseguro. No sabe nada de ellas, a pesar de haber sido criado en exclusiva por su madre. Oficialmente viuda desde que el protagonista era muy niño, pero existen otras posibilidades que se descuelgan de la lectura del libro. Y entre ellas está Nimeko, una chica extraña, con aspiraciones artísticas, bella, con cierta sofisticación personal, pero que a su vez se identifica con una oveja descarriada. Y el amor que despertará en Sanshiro estará dotado de un profundo desconcierto, y la incapacidad del joven de saber qué tiene que hacer a continuación.

Esta novela me desorientó. No me resultó difícil empezar a leerla y adentrarme en ella, pero en un momento me tuve que detener y pensar un poco en lo que estaba leyendo. Porque detrás de esta época de iniciación y despertar al mundo real del muchacho provinciano, encontramos una crítica a la sociedad intelectual y universitaria tokiota del momento. Estamos hablando de finales de la primera década del siglo XX, poco después de la guerra rusojaponesa. Japón empieza a ser contada como una de las potencias internacionales, pero a su vez todavía está digiriendo los cambios sociales y culturales de la era Meiji. A caballo entre las tradiciones propias y las innovaciones que proceden de occidente, no sólo estamos ante el desconcierto propio de Sanshiro. Estamos ante el desconcierto generalizado de la sociedad japonesa, representado por las incoherencias propias de cada uno de los protagonistas del relato. Salvo Sanshiro, que cuyo desorientación y desubicación es natural, todo los demás pretenden ser algo que no son. Y eso se nota precisamente en Nimeko, cuya aureola de misterio y profundidad probablemente podamos considerarla más artificial que otra cosa.

Esta novela es una obra con regusto. He tardado unos días en comentarla, porque necesitaba reposar. Y finalmente considero que ha sido una lectura muy interesante, que no debe realizarse de forma apresurada a pesar de que no es difícil de leer, pero en la que hay que saber en cada momento quienes son sus protagonistas, y quienes aparentan. Recomendable para quien quiera conocer otras realidades y otros periodos históricos y sociales distintos de los de nuestro occidente, siempre mirándose al ombligo.

No son los famosos "sakuras", cerezos en flor, japoneses, pero son las primeras flores que anuncian la primavera, a orillas del Ebro a su paso por Zaragoza.

No son los famosos “sakuras”, cerezos en flor, japoneses, pero son las primeras flores que anuncian la primavera, a orillas del Ebro a su paso por Zaragoza.

[Cinetren] Colorful (2010)

Cine, Trenes

Karafuru (2010)

En los últimos años he tenido la ocasión de comprobar en distintas ocasiones el altísimo nivel que tiene la animación japonesa. Creo que muchos adultos tienen prejuicios hacia la misma por muchas de las series de animación que se emiten en la programaciones infantiles y juveniles de las televisiones. Sin embargo, creo que en el mundo de los largometrajes, hay una gran diversidad de formas, temas y público diana. Como tengo un sobrinillo de tres años, en los últimos tiempos he estado informándome para tener alguna cosa en casa para cuando viene. Y me he encontrado con verdaderas joyas. Con temas mucho más profundos que en la animación occidental, sin dejar de lado la aventura y la fantasía, de la cual tienen para dar y regalar. En su momento, gracias a la programación de Canal+ Xtra pude disfrutar de muchas de las maravillas del Studio Ghibli. Y aun ahora van programando de vez en cuando películas de animación japonesas de otros autores y estudios, que intento ver. Aunque no siempre, me suelen gustar. El caso es que la que hoy nos ocupa tiene un episodio en la misma que es clave en el desarrollo de la trama, y que tiene que ver con un antiguo tranvía de la ciudad de Tokio. Un tamaden, un tren-gato ya desaparecido. Y por ello, la he incluido en mi colección Cinetren: El ferrocarril en la historia del cine.

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Este tranvía preservado en el museo del ferrocarril de Azpeitia, en el País Vasco, pertenecía a la línea 11 de los Tranvías de Zaragoza. Por su librea, tiene el aspecto gatuno que dio en Japón el nombre de Tamadén a este tipo de vehículos.