[Libro] La insólita pasión del vendedor de lencería

Literatura

Desde hace unas semanas tengo acceso a una pequeña biblioteca de libros de literatura japonesa que me van a ir prestando. Es una herencia que le ha caído a alguien, que tampoco los ha leído. Por lo tanto, salvo cuando el autor es conocido previamente, hay que arriesgar un poquito, sin saber lo que vamos a encontrar. Es evidente que este libro de la autora Asako Hiruta me llamó la atención por el título. No he encontrado ningún enlace propio, ni en la wikipedia, así que la he enlazado a Goodreads, donde tampoco es que haya gran cosa al respecto. Que ha escrito esta novela de la que os hablo hoy. Por cierto que en estas páginas sobre lecturas podéis encontrar algunas de las mías. No es ni mucho exhaustiva. Cuando me acuerdo de algunas, las voy incorporando. Ya llevo listados 287 libros, incluido el que estoy leyendo en la actualidad. Pero bueno… faltan muchos.

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Fotográficamente, hoy nos dirigiremos a Kioto y al santuario de Fushimi Inari,… el de las miles de puertas de color naranja. El papel de la mujer en la sociedad japonesa y las relaciones entre hombre y mujeres es uno de los aspectos más misteriosos para mí de esa cultura. Más todavía que en la occidental… donde tampoco la entiendo bien en ocasiones. Para ser sinceros.

La novela de Hiruta no nos habla de un vendedor de lencería. Lo hay. Y tiene su importancia. Pero de quien nos habla es de Satsuko Kunieda, una mujer de 32 años, trabajadora de una agencia de publicidad que ha conocido mejores tiempos, y que ella misma también ha conocido mejores tiempos. Desde los 14 a los 29 años tuvo un novio con quien pensó viviría toda su vida, y desde que este rompió con ella se ha descuidado y, básicamente, no ha conseguido recolocar su vida. Las visitas a la lencería donde trabaja el señor Yo Isaji actuarán de catalizador de cambios en esa vida un tanto desnortada.

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La novela se configura a modo de episodios en la vida de Satsuko, que se pueden leer casi como relatos independientes unos de otros, aunque se ordenan según la cronología vital de la protagonista. Como he dicho, las visitas a la peculiar tienda de lencería actuarán como agentes del cambio, y tras cada uno de estos relatos se introducirán cambios en la vida de Satsuko, en general positivos. El tono de la novela en su conjunto es de cierto grado de comedia, viéndose los conflictos que van apareciendo en la vida de Satsuko con cierto humor. Y podríamos argumentar que hay cierto grado de reivindicación feminista… o al menos femenina. Quizá las activistas feministas más aguerridas consideren insuficiente o timorata la actitud general de la escritora. Pero bueno, estamos en Japón, donde el recorrido que queda a la mujer para conseguir una igualdad efectiva con el hombre, una sociedad muy conservadora en el fondo, es mayor que en occidente. En general, la mayor parte de los episodios son entretenidos de leer.

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El tono de la novela cambia en los últimos episodios en los que tanto el elemento de romance como el de otros aspectos de la vida de Satsuko se tornan más serios y más dramáticos. La novela abarca unos tres o cuatro años de la vida de Satsuko, aunque la mitad de ellos se cuentan a gran velocidad en los episodios finales. Un final que, aunque relativamente previsible, aparece como apresurado y un poco forzado.

La novela entretiene bastante, se lee con facilidad. Pero al final deja un poso menos profundo de lo que podría haber sucedido con un tramo final más entonado. Relativamente recomendable.

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[Fotos y arte] Festival Asalto 2018

Arte, Fotografía

Como se me acercan las vacaciones, hoy he decidido hacer dos entradas en este Cuaderno de ruta, para dejar temas cerrados antes de pasar al modo “sólo fotos”.

El domingo de la semana pasada recorrimos con la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ las obras del Festival Asalto 2018 de arte urbano. Y yo me llevé la Leica M2 con un Summicron 35 mm ASPH y un Elmar-C 90 mm, con un carrete de Fuji Acros. Os cuento un poquito mi experiencia. En lo que valga. Los detalles técnicos en Festival Asalto 2018 – Barrio Oliver, con Leica M2 y Fujifilm Neopan 100 Acros. Aquí os dejo unas fotos.

[Libro] All Systems Red

Literatura

Recomendación que apareció hace unas semanas en la cuenta de Twitter de LiteraturaFantástica, esta novela corta de Martha Wells, ha recibido múltiples galardones, entre los que destacan el Premio Nebulla 2017 “Best Novella”, y el Premio Hugo 2018 en la misma categoría. Quiero resaltar que la palabra inglesa novella no se traduce al castellano como “novela” sino como “novela corta”. En la página de Wikipedia dedicada a los premios Nébula, aparecen definidos las distintas categorías para relatos en prosa según su longitud. Para los premios Hugo son similares. Sinceramente, a mí, algunas de estas distinciones me parecen hilar excesivamente fino. Con dos categorías me bastaría; una para el cuento o relato corto y otra para la novela o el relato con más desarrollo. El que en esta segunda categoría el autor sea capaz de contar su historia con más o menos extensión me parece una cuestión que forma parte de la valoración. El cuento o relato corto, sin embargo, tiene algunas reglas propias, no necesariamente escritas o explícitas, que sí lo sitúan en otra categoría. Pero esto es una percepción personal. Allá los eruditos y los académicos con sus disquisiciones, o la manía de las organizaciones de premios de multiplicar las categorías para contentar a todo el mundo.

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Un habitual de la ciencia ficción en exploraciones planetarias. El mayor riesgo aparente parece la fauna del lugar. Pero luego el mayor riesgo real siempre son unos malos mucho más humanos de lo que pensábamos.

En esta ocasión, en esta novela, corta o no, lo cierto es que tiene un comienzo más de relato corto. Estamos metidos en harina. Un pequeño grupo de científicos explorando la superficie de un planeta con la protección de un ser biocibernético, o cyborg, como fuerza de seguridad. Y metidos en en problemas también, cuando descubran que hay alguien que no les desea ningún bien.

El relato funciona con agilidad. Las informaciones sobre el trasfondo del cyborg protagonista así como de la misión en la que participa se van suministrando conforme avanza la trama, en una muestra de buena economía de medios a la hora de desarrollar la narración, sin que esta se vea perjudicada. El tema, como suele ser cuando tratamos con este tipo de seres, es la definición de persona, independientemente de la naturaleza de ser nacido o fabricado del individuo. Así como los miedos de los seres nacidos hacia los seres fabricados inteligentes. Aquí no se aporta nada nuevo.

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Por lo tanto, podemos decir que es una novelita muy entretenida, bien planteada y desarrollada, que gustará al aficionado al género. Y que parece que es el primer volumen de una saga que ya ha debido ver algunas secuelas. Poco riesgo el de los escritores de hoy en día en el campo de la ficción de anticipación, en la que se dedican a explotar ad nauseam un personaje o universo concreto, siempre que sea vendible, sin esforzarse en impulsar su creatividad con otros que tal vez no tengan tanta suerte comercial.

Leído en inglés, porque la reciente edición en castellano parece que cuesta o va a costar más del doble. Y es un inglés no excesivamente complejo, para una obra no excesivamente larga.

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[Libro] El corazón helado

Literatura

Con este libro de Almudena Grandes me pasó una cuestión curiosa. Hace mucho que lo adquirí, en una de las ofertas que periódicamente aparecen en Amazon, en septiembre del año pasado. Si el precio habitual en edición electrónica sobrepasa los nueve euros, a mí me costó algo menos de dos. Pero luego, dada su gran extensión, más de 900 páginas en la edición de árboles muertos, me dio pereza y empecé a demorarlo.

Paradójicamente, a final de la primavera pasada, me dejaron otra novela de la misma escritora, y la leí antes que la que tenía en espera desde meses antes. El caso es que eso me incentivó para afrontar la lectura de esta novela. Como ya comenté en su momento, Grandes es una escritora que me cae bien, pero cuyas novelas no siempre me enganchan o me acaban de convencer. Escribe bien, pero sus historias… no sé como decirlo, pero tienen mejor planteamiento que desenlace, en mi humilde opinión.

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La abuela de la protagonista fue de un pueblo de la provincia de Teruel, en la sierra de Albarracín, cuyo nombre no se desvela porque se niega a mencionarlo; tal fue la barbarie de la guerra en esos lugares.

El evidente homenaje a los versos de Antonio Machado que se nos presenta en el título ya hace evidente que Grandes nos va a llevar de nuevo, de uno modo u otro a la nefanda guerra civil que asoló nuestro país, y de la que aun hoy todavía sufrimos sus consecuencias. Por un momento creí que al igual que la novela que leí en junio, también pertenecería a la serie de Episodios de una guerra interminable. Pero no. Esa serie comienza con una novela en 2010, y esta es la inmediatamente anterior de 2007… pero podría entrar, la verdad.

Quizá la gran diferencia es que, aunque con constantes saltos atrás en el argumento que nos llevan a la historia en el pasado de dos familias españolas, Grandes parte de una historia presente, cuando dos descendientes de esas familias, en sus treintaitantos o cuarenta años, ella, de familia republicana, él, de familia que medró con el franquismo, se conocen e inician una relación que les va a llevar a descubrir mucho sobre de donde vienen.

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Si hemos de ser sinceros, la dos Españas que es enfrentan en esta novela no es la progresista frente a la carpetovetónica, las izquierdas contra las derechas, la democrática frente a la tiránica, o como lo quiera ver cada uno. Porque Machado dio por sobreentendidas en su poema cuales eran las dos Españas, pero luego algunos hemos tenido la sensación de que el número de dimensiones en este país capaces de matar los sentimientos de un españolito cualquiera es bastante más que dos. En esta ocasión las dos Españas que se confrontan son la de los honrados que van con la cara por delante frente al aprovechado, al chaquetero, al arribista que se arrima al poder y al sol que más calienta. Que carece de ideología, porque lo único que le mueve es el interés personal. La España de los empresarios de la construcción y similares que son amigos de quien toque. Aunque durante décadas tocasen los militares, los obispos y otros poderes fácticos y fascistas. Pero bueno, ahora no le hacen ascos a otras ideologías más “progresistas” si les viene bien.

Nuevamente me ha pasado el mismo fenómeno que con otras obras de la autora. El planteamiento inicial despierta mi interés, vivamente. E incluso el desarrollo de los saltos atrás al pasado lo mantiene durante la mayor parte de la larguíiiiiiiiisima novela. Porque ahí si que le veo un problema a esta obra. Que es larga, pero sin necesidad. En algún momento tengo la sensación de que estoy volviendo a leer algo ya leído, que se me plantea una reflexión que ya se ha dado, que algunas ideas o conceptos se mueven en círculos constantemente sin un avance claro.

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Esto lastra especialmente la historia actual. La de la relación entre Raquel Fernández y Álvaro Carrión. Una relación que, una vez que empieza, acompañada de demasiados lugares comunes desde mi punto de vista, avanza en círculos y de una forma un tanto inverosímil. De hecho, llega un momento que pierdes la empatía con este par, y empieza a darte igual lo que les pase. Mientras, se olvida de desarrollar en fondo y forma, aunque se le dedique algún capítulo, al verdadero personaje del corazón helado que da título a la obra, y que, eso sí, permite a la novela obtener un cierre más digno que lo que el romance entre los dos presuntos protagonistas hace presagiar.

Tiene cosas buenas la novela; hay episodios de la historia de los Fernández muy interesantes. Y en la vida del Carrión fallecido, también hay momentos que tienen su miga. El capítulo dedicado a sus aventuras en Rusia es notable. En general, puede resultar del agrado de algunos lectores. Pero para mí, hay algo que falla en el desarrollo y que hace que no acaba de dejar un sabor de boca del todo agradable. En fin. A lo peor es que el raro soy yo.

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[Música] Mama don’t take my kodachrome away

Música

Me enteraba a través de una noticia de la NPR en su blog es miércoles 5 de septiembre. Después de más de 60 años escribiendo música, Paul Simon, con 76 años de edad, ha anunciado que va a dejar de hacerlo. Recientemente ha presentado su último álbum de estudio, In the blue light, que hoy mismo, esta mañana, he visto en mi lista de novedades en Apple Music. Y es lo que he escuchado mientras desayunaba y repasaba la actualidad en las noticias y en las redes sociales que se han ido acumulando desde ayer por la tarde.

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Bueno,… Paul Simon no es neoyorquino… es del otro lado del Hudson. De Newark. Pero supongo que uno piensa en la Gran Manzana cuando escucha alguna de sus canciones.

No son canciones nuevas, pero sí nuevos arreglos y nuevas colaboraciones con músicos de gran nivel; músicos procedentes de la música clásica y del jazza. Quizá no sea la mejor del álbum, pero por algún motivo, la que me ha hecho abandonar lo que hacía y ponerme a escuchar activamente ha sido René and Georgette Magritte with Their Dog After the War. Quizá no sea casualidad, como aficionado a la fotografía que soy, que la canción esté inspirada en una fotografía que el fotógrafo Lothar Wolleh realizó del pintor surrealista y su esposa. ¿Tomadas después de la guerra? En un sentido amplio… bastante después del final de la guerra mundial.

Quizá sí que sea de lo mejor del álbum.

Cinco álbumes de estudio junto con Art Garfunkel, primero como Tom & Jerry, después ya más universalmente conocidos como Simon & Garfunkel. Catorce álbumes en solitario o con colaboraciones diversas. La banda sonora de una película. Un musical de Broadway.

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Cuando yo era jovencito, manejaba un presupuesto personal muy escaso. Por lo que el acto de comprar un disco era un acto trascendente, muy pensado. Del que nunca me arrepentí fue de comprar el Graceland, que escuché en bucle durante meses, absolutamente anonadado de la fusión entre el folk norteamericano y los ritmos sudafricanos.

Aunque en los últimos tiempos lo que suena en mis auriculares y en mis altavoces es el jazz y la bossa nova, en ocasiones algo de pop independiente muy muy muy muy seleccionado, y en general poco conocido, de diversas partes del mundo, sin duda la música de Paul Simon forma parte destacada de la banda sonora de mi vida, y por ello quiero traerlo a estas páginas, y dedicarle esta entrada dominical, siempre más reposada y pensada que las que aparecen entre semana.

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Y finalmente, como aficionado a la fotografía, cómo no terminar recordando una de sus canciones más emblemáticas, que lleva como título el nombre de esa película diapositiva, epítome de la fotografía norteamericana de buena parte del siglo XX, que es Kodachrome. Cuanto la añoraremos; la película fotográfica y la música de Paul Simon. Aunque de ambas nos quedan muestras suficientes para seguir disfrutándolas durante años.

[Libro] Sueño profundo

Literatura

Banana Yoshimoto es una de las escritoras más activas y más leídas en Japón. O por lo menos eso nos parece desde occidente, donde es una de las escritoras o escritores nipones que más llega a las librerías. No sé si se lee mucho o poco, pero llega. Y no a través de pequeñas editoriales que arriesgan con literaturas ignoradas por las grandes, sino a través de Tusquets Editores, editorial en la órbita del Grupo Planeta, y que también publica al escritor japonés favorito en occidente por excelencia, Murakami. Por cierto, por si alguien no lo tiene claro, Banana es un pseudónimo, el nombre real de la escritora es Mahoko, Mahoko Yoshimoto.

Toshogu - Nikko

Acompaño la entrada de hoy con unas imágenes de los santuarios y bosques de Nikko, una de las jornadas más bellas de aquel viaje a Japón que menciono en el texto.

Como he dicho Yoshimoto es una escritora activa, relativamente prolífica. Hasta la fecha había leído una de sus novelas. Una novela que me mantuvo el interés y cuya lectura consideré positiva, aunque con algún pero. La leí en la primavera de 2014, unos meses antes de viajar al País del Sol Naciente, un poco como preparación mental del viaje, como otras cosas leí o vi en aquellos meses, un poco atribulados por cuestiones familiares. Lo que hace que aunque el viaje lo recuerde muy vivamente, aquellas lecturas han quedado un poco más difuminadas en la memoria. Sí que me quedé con la idea de que tenía que leer algo mas de la autora. Y recientemente me prestaron este libro de relatos. Con posibilidad de nuevos préstamos futuros, de esta y otros autores japoneses.

Tres relatos con dos elementos en común. El sueño, la necesidad de consumir el tiempo durmiendo, y la pérdida, el duelo, ante la persona que nos falta. Los personajes son mujeres, jóvenes. Terako, que sufre la ausencia de una de sus mejores amigas, que se ha suicidado, mientras mantiene una relación con un hombre casado, que sufre la ausencia de una mujer en estado vegetativo. Fumi, que camino de la alcoholismo, sufre la ausencia de una mujer con la que batalló amargamente por el amor de un hombre, a quien sin embargo no echa en falta. Y Shibami, cuyo hermano murió, que además tiene que sostener el duelo de su prima Mari, que estuvo fuertemente enamorada del joven.

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Las situaciones son diversas. Las interrelaciones de los personajes de cada relato, complejas. Pero Yoshimoto imprime una unidad de estilo y tema al conjunto que hace que los tres relatos se complementen y constituyan una reflexión muy potente sobre el duelo, sobre la ausencia del otro, y cómo nos afecta. Es curioso que en los días en los que leí este libro, escrito por Banana Yoshimoto a finales de los años 80 del siglo XX, coincidiera con la visión de una película, japonesa también, que lidiaba con el duelo y la ausencia del ser querido asimismo. Y que no está muy alejada en el tiempo del libro que hoy nos ocupa.

Me han gustado estos relatos. Tengo una sensación de mayor satisfacción que con el libro anterior de la autora. Me parece bastante recomendable, especialmente si uno quiere salirse un poco de historias de relaciones excesivamente banales o estandarizadas que pueblan los éxitos de ventas en las librerías habituales.

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[Libro] El despertar del Leviatán

Literatura

Tras la tercera temporada de The Expanse, me empezaron a entrar ganas de leer los libros originales en los que se basa la película. La serie está muy bien, pero no se puede negar la complejidad de la trama y la sensación de que hay momentos en la que se acelera y se están dando cosas por dadas, por sabidas, que no están tan claras. Así pues, y dado que la cuarta temporada tardará, por el retraso que producirá el cambio de plataforma que la va a producir, en este tiempo me puedo plantear y leyendo de vez en cuando alguno de los libros de la saga en la que se basa. Mi creencia era que cada temporada adapta uno de los libros. Ahora ya sé que no. También sé que no está toda la saga traducida al castellano. Y que me voy a tener que pensar si piso el argumento de la serie leyendo antes los libros, o estos los dejos para después de las distintas temporadas, para ir afianzando la historia.

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No tengo fotos de naves espaciales… así que nos conformaremos con las naves atmosféricas, las que necesitan la sustentación del aire para volar y desplazarse. Como los aviones en exposición el Museo Dornier de Freidrichshafen, Alemania.

De momento, he ido con el primero de la saga escrita por James S. A. Corey. Ejem… Primera cuestión, esta tal Corey no es un señor, son dos; Daniel Abraham y Ty Frank. El primero es un escritor relativamente prolífico en los géneros de ciencia ficción y fantasía, tanto en relato como guionizando historietas. En ocasiones para encargos de franquicias más o menos populares. Frank parece que viene de ser asistente de George R. R. Martin, el autor de la saga de Canción de hielo y  fuego (más popularmente, Juego de tronos). En general, se sitúan por lo tanto en medio de la producción más comercial de estos géneros. Lo cual no es bueno ni malo, pero sí nos habla de un cierto estilo.

Este libro, al contrario de lo que yo pensaba, no se corresponde con la primera temporada de The Expanse, sino que su acción se extiende hasta una buena parte de la segunda temporada. La historia, familiar a los aficionados a la serie televisiva, trata de las tensiones sociopolíticas en una humanidad que ha realizado su primera expansión por el Sistema Solar, colonizando la Luna, Marte, un cierto número de asteroides y algunos satélites de los gigantes gaseosos. Lo cual también ha provocado la pérdida de la unidad política, con el sistema Tierra-Luna como la potencia establecida, Marte como la potencia emergente, y con el sistema del cinturón de asteroides reivindicando su independencia. Y una serie de empresas aprovechando para obtener beneficios. En estas estamos cuando una serie de extraños eventos en los que se ve involucrados la tripulación de la nave espacial Canterbury, llevarán a tomar conciencia de que se ha descubierto una extraña forma de vida alienígena, ajena al sistema solar.

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Entre los elementos positivos de la serie está el rigor en el respeto a las leyes de la física que hace que pueda entrar dentro de la denominada ciencia ficción dura. La única disgresión que se permite, además de la especulación sobre la vida alienígena, claro, está en la alegría con la que consumen combustible para ir de un lado al otro por el sistema solar, en lugar de confiar en las leyes de la mecánica celeste. No sé combustible gastan esta naves… pero parece que cunde bastante.

Entre los elementos negativo… no carece de los recursos propios de la narración “prefabricada”, esa que deben enseñar las universidades americanas en sus seminarios de literatura creativa, y que parece que consisten en enseñar a los futuros escritores a escribir todos igual y utilizando los mismos recursos y los mismos esquemas argumentales. Pero no está nada mal. Es entretenida. No es literatura de primera, pero tampoco es vulgar “macdonald’s” literario, tiene un razonable nivel. No hay motivo para el sonrojo, aunque tampoco estén a la altura de los grandes escritores de la literatura de anticipación. Es un producto de consumo muy digno, y recomendable para los amantes de la space opera, que pueden acercarse a este libro sabiendo que hay muchas muchas muchas muchas mucho peores, y que no hay tomaduras de pelo, hay unas dosis más que razonables de rigor.

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[Libro] Tres días y una vida

Literatura

Que Pierre Lemaitre se ha convertido en muy poco tiempo en uno de mis escritores favoritos es algo que no puedo, ni quiero ocultar. Su relato de la posguerra de la del 14-18, recientemente llevada al cine, ya me supuso una sorpresa literariamente tan estupenda como inesperada. Y eso que me había venido bien recomendada. El hecho que después haya leído dos (1 y 2) de su libros de polar, como llaman los franceses al género policiaco o detectivesco, un género al que no tengo excesiva simpatía, y sin embargo me hayan encantado, algo quiere decir. Pero sentía la necesidad de volver a leer algo, no policiaco, que me confirmase mis sensaciones. Y aquí aparece esta novela para cambiar un poco de tercio.

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Ilustro con diversas imágenes de la Francia rural, desde los Pirineos a la Alsacia, pasando por el valle del Dordoña, en el Perigord y en el Quercy.

Si hace unas semanas nos metíamos en el mundo de la Francia rural, más o menos profunda, y boscosa, en un relato televisivo de crímenes más o menos en serie, hoy volvemos a esa Francia con otro drama de muertes en los que se ven involucrados niños y adolescentes.  Y bosques. En algún lugar de Francia. La más tradicional. La católica. La que tiene mucho más en común con la España profunda de lo que ellos quiere creer. Un adolescente, inseguro, que no tiene claro su nivel de aceptación entre sus semejantes. Hijo de una mujer separada. En un momento de rabia, agrede a un niño de seis años y lo mata. No quería… pero lo mata. Y a partir de ese momento, en su vida y en la de sus paisanos se desatarán una serie de tormentas, una sociales y familiares, otras de carácter físico, meteorológico, que pondrán patas arriba la vida de todos.

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El libro tiene dos vertientes. Por un lado, la vicisitud del joven protagonista, que verá marcado su destino por estos desafortunados hechos. Un destino que le condicionará siempre, y que le obligará a optar por caminos en su vida que lo alejarán para siempre de lo que quiso. A una vida que no iba a ser la suya. Una reflexión sobre las consecuencias de nuestros actos. O que no hay actos sin consecuencias. Es algo que se podría discutir… pero ahí esta la tesis de la novela.

Por otro lado, la crítica social ante una sociedad eminentemente hipócrita en su conservadurismo y en sus buenas costumbres, donde casi nadie es lo que parece. Donde ser rico no es sinónimo de ser listo, donde ser guapa no es sinónimo de ser atractiva más allá de la atracción animal, donde todo tiene que cambiar para que todo siga igual.

No está al mismo nivel, brillante, de las tres novelas predecesoras que he leído de este autor. Pero está a buen nivel, y es perfectamente recomendable.

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[Libro] La chica de Kyushu; la venganza se sirve muy fría

Literatura
Nota: por respeto cultural, los nombres orientales se conservan en el orden habitual en sus países de origen, el apellido en primer lugar y el nombre de pila al final.

Llevo un considerable retraso a la hora de comentar libros leídos. Esto es debido a una mezcla de factores; este verano estoy leyendo bastante, bastantes de los libros tienen una corta duración, y sólo comento un libro a la semana. Y eso que he abandonado al menos un libro en las últimas semanas, Los políglotas de William Gerhardie. No me enganchó nada en absoluto. Me habían anunciado que era divertido… y nop. Nada. Para compensar, ahora estoy metido en la lectura de un libro de 900 páginas, de autora española. Ya veremos.

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No llegué a visitar la isla de Kyushu en mi viaje a Japón. Pero hay un momento importante en la novela que transcurre en Hakone, población turística en la bahía de Sagami, en uno de cuyos extremos está Kamakura, donde sí estuvimos. Y ahí nos damos una vuela por el santuario de Tsurugaoka Hachiman-gū.

En cualquier caso, la novela negra de autor japonés, Matsumoto Seicho, que nos ocupa hoy no tiene una extensión muy larga. Cuesta poco leerla. Aunque conviene no apresurarse y asimilar bien lo que nos van contando.

Y lo que nos cuenta es una venganza, que a su vez no deja de ser un crimen. Una joven de 20 años, originaria de la más sureña de las islas principales del archipiélago japonés, se gasta sus ahorros en visitar en Tokio al más reputado abogado penalista del país. Pretende que defienda a su hermano, acusado, según ella, falsamente del asesinato de una prestamista. El abogado se negará, el hermano será condenado, pero morirá en prisión antes de ser ejecutado.

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La novela es de 1961, pero hemos de advertir que, aunque no sale tanto en las noticias como con otros países, en Japón también existe la pena de muerte, aunque en la actualidad sólo se aplique a asesinos múltiples y otros crímenes muy graves. En las últimas semanas se ha publicado la noticia de la ejecución de algunos miembros de la secta que atentó con gas sarín en 1995 en el metro de Tokio causando 13 muertos. Y hace no mucho tuvimos la oportunidad de ver una película de Kore-eda Hirokazu sobre un hombre condenado a muerte. Y cuya reseña no encuentro en este cuaderno de ruta a pesar de que la vi en su momento en el cine. ¿Se me olvidaría escribir de ella? Pues parece que sí.

Bueno… que unos meses más tarde nos encontramos a Kiriko, que así se llama la chica, viviendo en la capital nipona, trabajando en un bar de camareras… y parece improbable que se haya venido a la capital por gusto. Una posible razón puede ser la venganza. Pues todos, la chica, el abogado que se negó, y un periodista que se interesó por el caso, todos saben o sospecha que el joven era inocente.

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La historia es de las que llevan a rajatabla el viejo dicho que dice que “la venganza es un plato que se sirve frío”. En este caso, tras un comienzo muy prometedor, la novela parece entrar en un terreno en el que no pasa nada. En el que los conflictos han surgido y han pasado; los dilemas éticos se han planteado y se han diluido. Matsumoto se toma su tiempo, aunque la novela no es muy extensa, en cocinar con cuidado y precisión la venganza de Kiriko, puesto que de esto va la novela. Como alguna vez leí, es tontería matar por venganza a alguien. Cuando alguien ha muerto, nada siente. Por ello, la resolución de la historia será de otro tipo. Y llegará y será completa, le cueste lo que le cueste a la tenaz e indomable Kiriko.

No voy a decir que sea la octava maravilla de la literatura negra. Pero está bastante bien, e incluso crece en la mente conforme pasan los días, cuando terminas su lectura. Si comprendes la implicación de lo que sucede, la época en lo que suceden y lo que está dispuesta a hacer la protagonista por llevar a cabo su venganza. Funciona también como crítica social, pues desde el primer momento plantea que una persona sin recursos difícilmente puede tener una defensa correcta. Y todos los protagonistas lo saben. Quizá a la justicia se la suela representar como una señora con los ojos vendados y una balanza, no por la equidad con la que sujeta la balanza, sino para no dejar que lo que un rico es capaz de poner en un plato de la balanza frente a lo que es capaz un pobre le impida dejar que se incline convenientemente hacia el primero.

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[Recomendación fotográfica] Ana Palacios y los niños esclavos (y algo más)

Arte, Fotografía

Este verano esta siendo abundante en exposiciones fotográficas de calidad en Zaragoza. A las tradicionales del festival PhotoEspaña, tanto en el Centro de Historias como en la Lonja, hemos de sumar a Robert Capa en Caixaforum y, finalmente, a Ana Palacios en el IAACC Pablo Serrano. Finalmente, no porque merezca estar a la cola de los anteriores, sino porque ha sido la última exposición que he visitado de todas ellas.

A Ana Palacios tuvimos ocasión de conocerla en persona hace algo menos de dos años, cuando Fotógraf@s en Zaragoza organizó una visita a su exposición en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza sobre la difícil vida de los albinos en África, en concreto en Tanzania. En aquel momento, la fotógrafa, una persona simpática y accesible, se prestó a guiarnos en su propia exposición, contarnos sus antecedentes personales en el mundo de la producción cinematografíca y su giro, arriesgado, a la fotografía en el marco de la cooperación con organizaciones humanitarias. Aquel trabajo, Albino, ya nos resultó notable, y aunque no tuvo la misma repercusión que el actual en los medios de comunicación, ya nos pareció meritorio e interesante, no sólo desde el punto de vista fotográfico, sino también desde el social y humano.

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Más repercusión está teniendo en los medios de comunicación y en otros niveles su exposición actual en el IAACC Pablo Serrano. Niños esclavos. La puerta de atrás es el nombre de esta exposición. Palacios sigue con el mismo esquema de trabajo, la colaboración con organización humanitarias de carácter no gubernamental, con las que colabora en el proyecto The Back Door. En esta ocasión no cuento con el testimonio directo de la fotógrafa. Si en algún momento se celebró alguna visita guiada por la misma a la exposición, en esta ocasión no pude asistir. Y de hecho he tardado varias semanas en encontrar un momento para visitar tranquilamente la oferta expositiva actual del centro especializado en arte y cultura contemporánea. Pero a mí me parece un proyecto más complejo.

La esclavitud es un fenómeno que mucha gente asocia al pasado y a determinadas situaciones históricas. Pero sigue siendo un fenómeno actual en muchas partes del mundo. Incluso en nuestras sociedades occidentales encontramos situaciones de trabajo en condiciones de esclavitud o semiesclavitud asociadas a la inmigración clandestina. Y no digamos ya los tristes fenómenos de la esclavitud de mujeres asociada a la explotación de mujeres de todas las razas, por favor que no volvamos a escuchar hablar de “trata de blancas” ignorando el fenómeno en toda su extensión, para las redes dedicadas a la prostitución. Fenómenos en los que no sólo hay responsabilidad por parte de las redes de engaño, secuestro, traslado y explotación de estas mujeres, sino también por parte de los clientes, “consumidores” de estos servicios, muchos de los cuales se encuentran entre nuestros vecinos. Tanto a nivel local, como aquellos que hacen esos viajes exóticos, por ejemplo al sudeste asiático, con el fin de poder salvar las trabas a la prostitución de menores. Siempre debemos aprovechar estas ocasiones para reflexionar sobre las responsabilidades colectivas e individuales en el mantenimiento de las situaciones de injusticia y de violación de los derechos humanos más fundamentales.

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El trabajo de Ana Palacios se centra en los niños esclavos. Un fenómeno que se da en todo el mundo, pero es especialmente en determinadas zonas de África, sobre todo en el África occidental, donde ha trabajado la fotógrafa, con decenas de millones de niños afectados. La extrema pobreza de muchas gentes, la incapacidad de sostener y criar a su progenie, hacen que caigan muchos de estos niños en un comercio en el cual se ven obligados a trabajos forzados impropios de su edad, y a abusos de todo tipo. Todo ello queda reflejado en la exposición de la fotógrafa, que no se limita mostrarlas imágenes, sino que también nos proporciona datos e información para la reflexión.

Por lo tanto, una exposición totalmente recomendable, que permanecerá en Zaragoza hasta el 30 de septiembre, y que se complementa con un libro, no sé si es adecuado llamarlo catálogo, sobre el proyecto, editado por La Fábrica, y que también merece la pena.

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Como he dicho, la visita fue al conjunto de propuestas expositivas del IAACC. Además de un exposición sobre el tenor Miguel Fleta, personaje que no despierta en mí excesivas simpatías, había también una exposición de la pintora Cristina Huarte, nacida en Zaragoza en 1988, una artista joven, que sí que nos impresionó favorablemente, y que también recomendaría que visitarais… si es que está abierta todavía. En estos momentos no la localizo en la página del IAACC, ni entre las exposiciones actuales ni entre las pasadas ¡¡??

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[Libro] 4 3 2 1

Literatura

Hace ya prácticamente mes y medio o más que terminé de leer este libro. Me impactó mucho. Me gustó mucho. Pero decidí que antes de comentarlo tenía que digerirlo un poco. Lo curioso es que eso me llevó a olvidarme de él, porque la vida sigue, porque otros libros le siguieron que acapararon mi atención. La verdad es que llevo un cierto retraso comentando libros leídos. No creo que tarde muchas semanas en ponerme al día, pero ahí estoy. En estos momentos, además del que hoy comento, tengo otros dos libros terminados, y uno que no tardaré mucho en acabarlo. Pero lo cierto es que de lo que he leído en los últimos tiempos, esta peculiar novela de Paul Auster es de los que más me ha marcado. Por diversos motivos.

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Visitaremos el río Hudson. Navegando entre Manhattan, Staten Island y la orilla de Nueva Jersey.

Auster es un autor con el que disfruto. Con el que me llevo bien. No es que me haya leído gran parte de su obra o cosa parecida. Es mucho lo que me faltaría de leer de este autor norteamericano, uno de los más importantes de la literatura en inglés actual. Pero lo que he leído me ha satisfecho. Tanto por los temas, como por la forma de escribir, siempre matizad por las traducciones, como por las historias que nos cuenta. Esta ocasión no es una excepción. Pero tiene un añadido; su estructura argumental es muy peculiar.

El libro nos cuenta la(s) vida(s) de Archie Ferguson. Nacido a finales de los años 40 en el seno de una familia judía de clase media que vive en la zona de Nueva Jersey/Nueva York, tras un capítulo previo que nos habla de los orígenes de su familia, de su padre y su madre, va desgranando los acontecimientos que van marcando su infancia, su adolescencia y su juventud. Y en paralelo, los principales acontecimientos que marcan la historia norteamericana de los años 50 y 60 del siglo XX; el baby boom y el desarrollismo, la guerra fría, el advenimiento de Kennedy, su asesinato, la lucha por los derechos civiles, la guerra del Vietnam, las crisis de finales de los años 60,… La cuestión es que no nos cuenta, como ya os habréis dado cuenta al principio de este párrafo, UNA vida de Ferguson. Sino varias. El autor especula con los acontecimientos que marcan la vida de su protagonista, cómo se forja su carácter, como se relaciona con su familia o sus amigos, cómo se desarrolla su sexualidad, o cuáles son sus intereses y su destino profesional y vital, en función de las variantes que surgen a lo largo de esa vida, estableciendo caminos vitales alternativos. Así, cada capítulo está dividido en cuatro partes (1.1, 1.2, 1.3, 1.4 o 3.1, 3.2, 3.3, 3.4), en los que vemos la evolución de los distintos Fergusons alternativos.

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La gran habilidad de Auster es que siempre sentimos que estamos ante la misma persona. Lo que cambian son los acontecimientos, las circunstancias, cosas que moldean nuestro carácter, que condicionan nuestro devenir, que abren distintos caminos hacia los que podemos frente a lo que queremos ser. La vida como un conjunto de bifurcaciones, algunas determinadas por nuestras elecciones, otras por las de los que nos rodean, o por las circunstancias históricas. Para mí, para quien el sentido de la historia, la consciencia de que venimos de algún lugar y en un tiempo que nos marcan, es casi la novela perfecta. Casi. Porque permite una exploración completa de la persona. La que es, la que pudo ser. Aunque tengo poca capacidad para el arrepentimiento sobre lo que pudo ser o no ser mi vida, no puedo dejar de reconocer que conforme cumplo años miro con frecuencia hacia atrás y reconozco algunas bifurcaciones en mi vida. Eso sí sólo reconozco aquellas que dependen de los momentos en los que tomé alguna decisión trascendente en mi vida. O algunas en las que alguien la tomó por mí, que también las ha habido. Imposible o muy difícil reconocer de circunstancias que ignoramos, pero han estado ahí y nos han influido. Por lo tanto, tengo que reconocer que ha sido un libro que ha impulsado mucho esa actitud introspectiva sobre ese pasado que tantas alternativas presentó. O quizá no. Quizá nuestra trayectoria vital esté más determinada de lo que creemos, y nuestras elecciones sean más aparentes que reales. Que nuestra vida sólo admitía un recorrido… un tema que ha pensadores de todas las épocas ha llevado a mal traer.

En cualquier caso, he disfrutado mucho con las peripecias de Ferguson. Le he cogido mucho cariño. Especialmente a alguna de sus variantes. Aunque os he decir un secreto. Al final, todo… No. Mejor lo descubrís vosotros. Porque es una lectura muy recomendable.

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[Recomendación fotográfica] Carta blanca para Cristina de Middel

Arte, Fotografía

Esta es mi tercera y probablemente última entrada sobre la visita a PhotoEspaña en Madrid que hice acompañado de algunos compañeros de la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ. Y la he dejado para el final porque es la más compleja de comentar. Salvo que me limite a describir lo que vimos. Pero si tengo que opinar algo… emitir alguna afirmación de carácter subjetivo… probablemente me voy a liar. Me explicaré.

Viene siendo habitual en las últimas ediciones de PhotoEspaña invitar a un fotógrafo de prestigio y darle “carta blanca” para comisariar o promover algunas exposiciones del programa oficial del festival, de acuerdo a su criterio. Obviamente, la personalidad y el estilo del fotógrafo invitado se reflejará en las exposiciones elegidas. Este año, la fotógrafa invitada a la sección Carta Blanca es Cristina de Middel. El año pasado fue Alberto García Alix. La propuesta de ambos autores se parecen como churro a una castaña. No tienen nada que ver. ¿O quizá sí? Partamos del punto de vista de que, al menos formalmente, son muy distintas.

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La de Middel (instagram) aparece como una fotógrafa con una trayectoria fulgurante. En 2014 aparece como artista emergente en el interesantísimo número de julio de 2014 del Bristish Journal of Photography que remedaba el grito de alerta de los tiempos de la “Armada invencible”, “The Spanish are Coming“. Es un número que atesoro en mi iPad, demostración de que fuera de nuestras fronteras saben mirar mejor que nosotros mismos a nuestros artistas y nuestra creatividad. En 2016 presenta en PhotoEspaña una de las exposiciones estrellas de esa edición, Muchísimo, y en 2018 es la artista invitada a la sección “Carta Blanca”. Lo cierto es que quizá no tan fulgurante. En realidad, Cristina de Middel lleva un montón de años currándose lo del periodismo gráfico, alcanzando escasa visibilidad en los medios de comunicación que cada vez desprecian más la buena fotografía de prensa. Es cuando decide de cambiar de discurso y denunciar o comentar la realidad tirando de conceptos en lugar de realidades directas cuando su trabajo comienza a llamar la atención.

La de Middel propone un tema para esta vigésimoprimera edición de PhotoEspaña, la que celebra el vigésimo aniversario del festival. En inglés, PlayersTo play tiene diversas acepciones en el idioma de Shakespeare. Lo mismo sirve para definir el juego de los niños, que la actividad de unos deportistas en el campo de juego, que la actuación de unos músicos en un escenario, por poner unos ejemplos. Y la fotógrafa acepta esta amplitud de acepciones, y nos ofrece por lo tanto una oferta variada.

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La más sencilla de ver y aceptar, aunque extraordinariamente densa por su volumen y por la variedad de estilos presentes, es la colectiva de fotógrafos de la agencia Magnum que se puede visitar en las salas de la Fundación Telefónica. Comisariada a la par por De Middel y el británico Martin Parr, que también expone algunas de sus obras, esta exposición rebaja la tensión habitual de las obras de los fotógrafos de la agencia, muchas veces realizadas en situación de conflicto. Lo lúdico, lo deportivo, lo humorístico… a veces lo paródico, el sarcasmo, el humor negro. No faltan momentos de crítica social en esta exposición. Pero es la exposición de esta sección cuyo lenguaje es mejor compartido por el público general, y agradará a muchos, seguro.

Más complejas de apreciar son las tres exposiciones que se presentan en Colón, en el Centro Cultural “Fernán Gómez”. Desde los años 50 del siglo XX, el arte moderno se abrió a nuevas formas como los happenings, las performances y las instalaciones, así como otras formas de arte conceptual. Uno diría que tras seis décadas serían formas más asumidas por la población, por el conjunto de la sociedad. Pero no es así. Son poco comprendidas, y no son pocos, entre los de pensamiento más conservador, los que niegan su carácter de representación artística. Pero son seis décadas. Más si consideramos que algunas tuvieron sus antecedentes entre las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX. La fotografía se ha visto influida por estas formas artísticas y a su vez las ha influido. Muchas de ellas se conservan registradas en la forma de fotografías o filmaciones. O hay fotógrafos que basan su trabajo en registrar fotográficamente sus instalaciones o diversas representaciones. Pero aquí no siempre los códigos de comunicación se comparten plenamente entre el emisor, el artista, y el receptor, el público.

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En la primera de las exposiciones de Colón, Gran final mundial, De Middel plantea una competición mundial, a modo de olimpiadas, en las que escoge a fotógrafos de todos los continentes para que presenten sus trabajos. El marroquí Hicham Benohoud, por África; el mejicano Miguel Calderón, por América Latina; la española Ana Hell, por Europa; el estadounidense Jason Fulford, por Norteamérica; el singapureño Robert Zhao Renhui, por Asia; y el dúo de australianas Honey Long y Prue Stent, por Oceanía; todos ellos compiten presentando sus trabajos de carácter fundamentalmente conceptual. Y para todos los gustos. Sería demasiado extenso comentar todos los trabajos, así que dejo los enlaces al servicio de la curiosidad del lector.

En la segunda de las exposiciones, Una odisea africana, Samuel Fosso pone sus habilidades para el (autor)retrato al servicio de una obra también de carácter conceptual en la que hace una revisión de la historia, de la realidad sociopolítica, o de los iconos de África y de las personas de ascendencia africana en el mundo. No duda para ello en usar a su servicio los símbolos más diversos, o en apropiarse y recrear imágenes famosas de otros artistas.

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En la tercera de las exposiciones, El mayor espectáculo del mundo, se recoge la imaginería fotográfica del Archive of Modern Conflict para repasar la historia del circo, espectáculo con al menos 250 años de antigüedad tal y como lo conocemos ahora, y en cierta decadencia en algunos sentidos, y que quizá es representado especialmente en el que fue famoso Ringling Bros. and Barnum & Bailey Circus. La humanidad jugando en su máxima expresión.

Finalmente, hemos de hablar de la exposición en CentroCentro, la última de la sección Carta Blanca. Bajo el título Empieza por el principio… Y sigue hasta llegar al final: allí te paras, cita recogida de Alicia en el País de las Maravillas, tenemos una colectiva de doce artistas, seis suizos y seis holandeses, que se enfrentan entre sí con sus obras que son obras con técnicas mixtas, en el que la fotografía y otras artes visuales tienen su parte, pero que son instalaciones, a veces complejas, con distintos planteamientos y facturas. Es el exponente máximo de lo que comentaba unos párrafos más arriba de la fotografía mezclándose, inspirándose o formando parte de formas artísticas más complejas. Y como decía antes, no siempre bien entendidas. Esto último que he dicho casi parece un eufemismo.

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