[Libro] Là ou naissent les histoires – Pierre Christin y Virginie Augustin

Literatura

Aunque de vez en cuando incluyo un cómic entre mis libros, he de decir que mi viaje a finales de septiembre al sur de Francia reavivó mis ganas por este tipo de lecturas. En Toulouse, las librerías especializadas en todo o en parte a esta forma de arte gráfica y literaria tienen una densidad considerable. Es fácil ir encontrándose con ellas mientras pasea por la ciudad. Al menos por el centro histórico, por donde más se mueve el visitante foráneo. Y con escaparates generosos y bien presentados, no son librerías pequeñas y de aspecto marginal precisamente, te quedas mirando y te entran ganas de leer alguno de los títulos. Pero como no quería cargar el equipaje con libros para la vuelta, los libros incrementan el peso del equipaje muy deprisa, sólo adquirí uno. Con aventuras de Valérian y Laureline.

Ya comenté en su momento mi vinculación temprana con esta pareja de agentes espaciotemporales. Poco conocidos en nuestro país comparados con otros cómics franceses, determinadas causas y azares hicieron que entrara en contacto con estos personajes en mi adolescencia, siendo alguno de sus álbumes los primeros libros que leí en mi vida de un idioma distinto del español. Y como ya reconocí tímidamente en su momento, siempre he estado secretamente enamorado de Laureline. Los personajes fueron creados en 1967 por Pierre Christin en el guion y Jean-Claude Mézières en la ilustración. Ya octogenarios, Christin vive todavía y Mézières falleció recientemente, a principios de año. La aventura gráfica de la que hablo hoy pertenece a la serie Valérian, vu par… que publica Dargaud. La serie de Christin y Méziéres está cerrada formalmente. En esta serie se invita a otros autores a revisitar los personajes y su universo con su propio estilo y mirada. Estas aventuras tienen guion del propio Christin con las ilustraciones de Virginie Augustin, a quien no conocía.

Encontramos en esta historia a Valérian y Laureline convertidos en dos adolescentes que viven con «su tío» en París a principios del siglo XXI, mientras que a nivel galáctico, una raza capaz de inventar historias está agotando la materia prima de su planeta que les permite realizar esta tarea. A ello se suman otros interesados en encontrar esta materia prima, de la que alguien localiza depósitos en tierras de Georgia, el país del Cáucaso que fue antigua república soviética. Y allí se dirigirán nuestros adolescentes héroes de forma inadvertida, contribuyendo a resolver la crisis.

Quizá lo de menos es la historia de esta historieta. En su conjunto tiene un tono tranquilo, melancólico, con los dos protagonistas en «modo adolescente», sus personalidades están en potencia. Valérian es más decidido y aventurero, Laureline, como siempre, más reflexiva y resolutiva a la larga. Al fin y al cabo, es la realmente inteligente de los dos. Corazón y cerebro, aunque con los sexos cambiado según la patriarcal tradición de la literatura universal. Quizá no sea la aventura más emocionante que hay leído, ni de las mejores. Pero cumple su papel de mantener vivos a los personajes, al mismo tiempo que les dota de la nostalgia que acompaña una creación que sabemos que ha cumplido su ciclo. Yo también lo compré y lo leí por nostalgia. Y dentro de poco volveremos a esta cuestión de revisitar, reanimar o reimaginar viejos héroes del cómic.

[Libro – historieta] Infierno embotellado – Suehiro Maruo

Literatura

Estoy impresionado. Las vacaciones desbloquean que mi incapacidad para concentrarme en la lectura. Así que tengo cinco libros leídos pendientes de comentario. Dos, relativamente breves, los leí en el intervalo entre mi escapada alemana y el principio de las vacaciones que empecé hace un poco más de una semana. Y en las que he leído tres libros. Y alguno no especialmente pequeño. Vamos a ir sacando adelante el trabajo de comentarlos empezando por un libro de relatos gráficos, historietas, del japonés Suehiro Maruo, un libro que me prestaron hace unas semanas, y que disfruté, aunque con sentimientos contradictorios en su valoración.

Los callejones de Ponto-chō en Kioto sería un ejemplo de lugar asociado al «mundo flotante» que menciono en esta entrada. Aunque hoy en día, cuando el gobierno japonés deja entrar al país, claro, lo que más se ven son turistas.

Las obras de Maruo suelen ser adscritas al género ero-guro, peculiar portamanteau a los que son muy aficionados los japoneses, que mezcla dos palabras tomadas del inglés, aunque podría ser de muchos otros idiomas europeos. Básicamente, utilizando el castellano, sería el género del erotismo g(u)rotesco. Los listos de la cosa también lo entroncan con la tradición del muzan-e, variante del ukiyo-e en el que los temas son actos de gran violencia, con asesinatos y torturas extremos, y que puede tener un cierto componente erótico, especialmente cuando afectan a víctimas desvalidas y desnudas, muchas veces atadas con complejas ligaduras. Un primor, vaya. Hay que recordar que el ukiyo-e, recordado actualmente por los grabados de paisajes y escenas costumbristas de ciudades y lugares emblemáticos, comenzó siendo el arte del mundo flotante (ukiyo 浮世), el mundo de las noche hedonista, de los artistas, las geishas, las cortesanas, el teatro, los actores… como ya comentábamos hace no mucho.

En los relatos de este libro encontramos desde las relaciones incestuosas de dos jóvenes hermanos naufragados en idílica isla, que acaban… mal, y que dan título a la colección de relatos, las tentaciones de un monje católico en una ciudad de japón, la historia de sexo y avaricia en torno a un ciego tacaño y rico, a las desventuras de una jovencita que cuida de su hermano deforme cuando son abandonados por su padre, teniendo que prostituirse para salir adelante. Son historias potentes, incómodas a veces, que basculan entre escenas presuntamente idílicas y lo más perverso del género humano.

No voy a decir que sea mi género favorito precisamente. No soy pacato, ni mucho menos, pero la violencia asociada al sexo y al abuso, generalmente de las mujeres, me incomoda. No obstante, reconozco la calidad de estos relatos, de un género muy propio del País del Sol Naciente, aunque también existen obras con planteamientos básicos similares en occidente, aunque quizá estilísticamente distintas. Allá cada cual si se quiere acercar o no a este tipo de obras.

[Libro – historieta] Paper girls – Brian K. Vaughan y Cliff Chiang

Literatura

Recientemente se ha emitido, y está disponible, en Amazon Prime Video la adaptación televisiva en acción real de la aventura gráfica que presentamos hoy. Y muchos enterados, muchas «plumas ilustradas» de la red de redes, hablan del «intento de Amazon para emular Stranger things» o cosas por el estilo. Vamos a ver. Aclarémonos. El primer cuadernillo de los treinta que consta esta aventura se publicó en Estados Unidos en octubre de 2015, en España lo pude leer en abril o principios de mayo de 2016, y la serie de terror fantástico, pseudociencia ficción de Netflix, se estrenó en julio de 2016. Y la obra de Vaughan y Chiang es ciencia ficción pura y dura, mientras que los strangers es terror disfrazado de ciencia ficción. Sin hablar de los temas que tratan ambas obras. Ya he visto la primera temporada de las chicas repartidoras de periódicos en Prime Video, pero de eso hablaré otro día. Primero, mi relación con la obra original, la aventura gráfica.

Las fotografías tomadas en la sección de diseño y en la exposición dedicada al 50º aniversario de los juegos olímpicos de 1972 en la Pinakothek der Moderne de Munich, con esos diseños tan futuristas, me han parecido apropiados para ilustrar esta entrada. Especialmente porque las chicas protagonistas hacen su trabajo de repartidoras de periódicos montadas en sus bicicletas.

En mayo de 2016 yo estaba familiarizado con la obra de Vaughan a través de su colaboración Fiona Staples en la estupenda y fenomenal Saga, una de las mejores aventuras espaciales a las que he accedido en mi vida. Teníamos planeado visitar a unos amigos cuya hija menor, entonces de 13 años, había sido intervenida de una pequeña tontería sin importancia. Pero entramos en una librería de cómics y vimos el primer cuadernillo de Paper girls, y se lo llevamos como pequeño detalle. Aunque como la visita fue al siguiente día, me lo leí en casa. Un grupo de cuatro chicas de 12 años que en la madrugada del 1 de noviembre de 1988, tras la resaca de la noche de Halloween, salen a repartir periódicos y ganarse unos dinerillos. Es el primer día en esta actividad para Erin Tieng, una chica de origen chino. Y tendrá que enfrentarse a unos adolescentes bastante macarras y… a un conflicto, una guerra en el tiempo, entre unas gentes venidas del futuro partidarias de la liberalización del viaje en el tiempo y de cambiar la historia cuando es mala, frente a los que quieren controlar los viajes en el tiempo, y dejar la historia como está. Me recordó bastante, aunque la historia es distinta a una novela de Asimov que siempre me gustó, The End of Eternity (El fin de la eternidad), aunque luego la cosa sea muy distinta. Siempre me han gustado los viajes en el tiempo.

A partir de ahí… como la madre de la chica formaba parte de nuestro «club de ir al cine», todos los meses le comprábamos otro cuadernillo, me encargaba yo, y me lo iba leyendo antes de pasárselo a la madre en la siguiente visita a las salas de cine. Y así me fui leyendo la historieta. Y me estaba gustando mucho, mucho, a pesar de estar destinada francamente a un público más juvenil frente a la historia más madura de Saga, u otra que leí de Vaughan, We stand on guard, en colaboración con Steve Skroce, que también me gustó mucho. Hasta que llegó la pandemia. Y a falta de cinco o seis cuadernillos para terminar la aventura gráfica… interrumpimos la agradable dinámica. Finalmente, los padres de la chica le compraron los números que le faltaban cuando se empezó a normalizar la situación, y yo me quedé sin saber como terminaba. Cuando hace unas semanas me enteré de la adaptación televisiva, me busqué una versión en formato electrónico y la terminé, empezándola desde el principio. Y si por episodios me estaba gustando bastante, leída de tirón, resultó ser absorbente, de las que no puedes dejar de leer y acabas apagando tarde por la noche la luz. Es muy divertida.

Con personajes con los que empatizas y te encariñas, la serie trata temas más reales que la serie de Netflix con la que se le compara, que es mucho más anecdótica en el fondo, sin dejar de ser una serie pensada para el público juvenil. Pero cualquier adulto sin prejuicios y con imaginación la puede disfrutar mucho. La escritura de Vaughan es fenomenal,… he de decir que la versión en libro electrónico fue el original en inglés, que es más barato, y la historia en su conjunto deliciosamente variada, llena de acción, y entretenida. Pero además, la ilustración de Chiang es también estupenda, mereciendo la pena destacar la importante labor del colorista Matt Wilson, y del rotulista y diseñador Jared K. Fletcher. Vamos. Que me lo pasé pipa. Una de las lecturas de ciencia ficción más divertidas que he leído y disfrutado en mucho mucho tiempo. Total y absolutamente recomendable. Y su valoración crece en el tiempo en mi memoria.

[Libro – historieta] La casa dorada de Samarcanda – Hugo Pratt

Literatura

En un año que percibo como regular para la lectura, en el mismo 31 de diciembre, una hora antes de la cena de Nochevieja, terminé de leer el último libro del año. Sobre el balance lector del año, haré un resumen dentro de unos días. Probablemente el día 6, día de Reyes, que tendré más tiempo para redactarlo de forma tranquila. Espero. Pero hoy voy con una de las dos historietas de Corto Maltés, por el genial Hugo Pratt, cada vez me gusta más, que me trajo Papanuel.

Empecé a interesarme literariamente por la historia de estas regiones del mundo cuando leí en 1991 «Las cruzadas contadas por los árabes» de Amin Maalouf, y en 1992 «Samarcanda», también de Maalouf, y «De parte de la princesa muerta» de Kenizé Murad, cuando volví de mi viaje a Estambul.

En esta ocasión nos encontramos a Corto en Chipre, en la malísima resaca de la Primera Guerra Mundial, que según los historiadores oficiales terminó el 11 de noviembre de 1918, pero dejó tras de sí una serie de conflictos armados, que se mantuvieron durante años. Uno de esos conflictos fue el que enfrentó a los republicanos turcos contra los restos del régimen imperial otomano, Grecia, Armenia y algunos de los países aliados durante la guerra mundial como Francia y el Reino Unido, en lo que se ha denominado como Guerra de la Independencia turca o Guerra de Liberación. Curiosamente…. la ganaron los turcos, cuyo ejército había sido derrotado previamente en la Gran Guerra, conformándose la República de Turquía. Sin quererlo, Corto se ve involucrado en ese ambiente de inestabilidad, especialmente por ser confundido con un sosias suyo, un oficial turco, que no está con los rebeldes principales Mustafá Kemal «Atatürk», que ganaron el conflicto, sino con la facción de Enver Bajá, el «visionario» panturiano, que buscaba la unión de todos los pueblos túrquicos y altaicos (o presuntamente relacionados con ellos). Y esto desencadenará que se lance a un viaje que lo llevará hasta «la casa dorada» de Samarcanda, donde se encuentra preso su amigo Rasputín, y a buscar el mítico tesoro del rey aqueménide Ciro II el Grande, que también interesó a Alejandro Magno.

La aventura es tremendamente divertida, como de costumbre está llena de variantes ucrónicas de personajes históricos reales, y aporta dosis importantes de realismo fantástico. Tiene acción, humor y el romanticismo propio del aventurero maltés. Se ha convertido rápidamente en una de mis aventuras favoritas de Corto. y además es estupenda para impulsarte a incrementar o refrescar tus conocimientos sobre la historia de una parte del mundo que nos resulta lejana, pero que es clave para entender la historia del Viejo Mundo en su conjunto. Todo eso que pasó en torno a los territorios del Asia Central, en lo que los griegos llamaban la Transoxiana, en las cuencas de los ríos Amu Daria y Sir Daria, en la ruta de la Seda. Una región que los antiguos iranios llamaban Turán, y de ahí viene el Panturianismo de Enver Bajá. Conflictos, aventuras, romanticismo, historia,… ¿quién puede pedir más para terminar bien el año?

[Libro – historieta] Morgan – Hugo Pratt

Literatura

Sigo bloqueado en la lectura. Por probar diversas cosas, en estas últimas cinco semanas he comenzado a leer cinco libros distintos. Alguno de ellos, nuevas versiones de libros ya leídos que me apasionaron en su momento. Por ejemplo, leer la versión original en inglés de Foundation de Isaac Asimov, aprovechando que estaba viendo la adaptación de la historia, mala adaptación, como serie televisiva. También he intentado alguna obra de autores japoneses, que mis últimas vacaciones me funcionaron muy bien. Pero tampoco. Comienzo a leer, y tras unas líneas o un par de páginas mi mente se distrae en otros pensamientos, sin conseguir concentrarme en la lectura. Pero en esta ocasión es nuevamente Hugo Pratt quien sale al rescate. Pero no con una nueva aventura de Corto Maltés. Esta vez voy con la última obra de Pratt, protagonizada por un antihéroe, un oficial de la marina real británica durante la Segunda Guerra Mundial en el Adriático.

Un trayecto al atardecer en el «vaporetto» que une Burano con Venecia por la Laguna Veneta nos vendrá que ni pintado.

Pratt nació a orillas del Adriático, en Rímini o cerca de Rímini. Como Fellini, que situó en aquella ciudad, durante la época fascista, la maravillosa Amarcord (Yo recuerdo, en el dialecto local). Así que sitúa al protagonista de este fumetto, Morgan, al mando de una patrullera británica en los años de la guerra que siguieron al cambio de bando italiano, entre septiembre de 1943 y el final de la guerra. Y ahí encontramos a este flemático, decidido y estoico oficial realizando labores de cartero y de transporte de personas entre las costas yugoslavas, italianas y albanas, de las zonas ocupadas por unos y por otros, y en medio de una maraña de conspiraciones entre los servicios secretos británicos, los partisanos comunistas de varios de los países ribereños, los partidarios monárquicos de los mismo países, ahora amigos de conveniencia, ahora enemigos declarados,… y de vez en cuando tropezando con alguna guapa e interesante mujer, sobre si la podemos considerar amiga o enemiga, aliada o adversaria… pues todo es según el punto de vista. Y es que el mando de la flota no va a arriesgar a un oficial y su tripulación que de forma tan eficiente realizan sus misiones, enviándoles a misiones heroicas, donde lo más probable es que terminen muertos.

Bari, Trani, Foggia, Pescara, Ancona, Albania, Split, Trieste… y cómo no, Venecia, tan querida a Pratt, y a mí, son algunos de los lugares que visita la patrullera del teniente Morgan. En unos episodios bélicos tan aparentemente anodinos como apasionantes cuando los cuenta Pratt, en un alegato antibélico elegante, donde afloran las hipocresías aparentes o escondidas de las potencias beligerantes, en ese o en cualquier guerra, donde es difícil saber donde comienza y terminan las lealtades y, lo que es peor, donde comienza y termina el objeto de la lealtad. Contada con humor, con un final absolutamente maravilloso a costa de trece motocicletas alemanas BMW, la novela gráfica, pues tal designación merece por su bella narración y por su profundidad, se mueve entre el escepticismo, la nostalgia y una cierta melancolía, que no impide que nos solidaricemos con algunas personas, que nos enamoremos de las mujeres, y mandemos a tomar por donde amargan los pepinos a las «grandes causas», a los políticos, a los mandos militares y, sobre todo, a los fascistas.

Me ha encantado.

[Libro – historieta] Corto Maltese: Oceano Nero – Hugo Pratt, Martin Quenehen, Bastien Vives

Literatura

La lectura de este libro es en cierta medida un «error». Pero, en general, es un acierto. Me explicaré. Hace unas semanas comentaba la lectura de un relato corto de las aventuras de Corto Maltés, el célebre personaje de historieta del italiano Hugo Pratt, que transcurrían en su juventud. Comentaba en aquella entrada cómo, en el desplazamiento entre Sorrento y Roma, tuvimos tiempo en la estación central de Nápoles para curiosear libros en la sucursal de La Feltrinelli de la estación. Y allí vi este título, que me pareció interesante. Pero no lo compré, porque abultaba mucho más que el que comenté hace unas semanas, que era más ligero para ir leyendo en el tren camino de Roma. Anoté el título, para buscarlo a mi regreso. Y ahí cometí el error. Puesto que me apañé bien con el idioma italiano al leer el que compré en Nápoles, pues también pedía este idioma… que supuse erróneamente la versión original. Y no. Es la cuarta aventura del pirata tras la muerte de Pratt, y está escrita en francés por Martin Quenehen, y dibujada en el idioma universal por Bastien Vives.

Las callejuelas y «vicoli» del casco antiguo de Nápoles sirven para re

Si de leer una traducción se trataba, lo mismo podría haber leído la traducción al castellano, claro. Aunque de esta forma me ahorré tres o cuatro euros… la italiana es más barata. Pero bueno… lo ideal hubiese sido no estar amuermado y haber atinado con la francesa. En cualquier caso, Quenehen y Vives introducen una importante innovación en el personaje principal y en la historia. La trasladan a los tiempos actuales. Bueno… más bien, a los primeros años del siglo XXI y los atentados de las Torres Gemelas, cuestiones que aparecen de fondo, que sirven para orientar en el tiempo al lector, pero que no tienen que ver con la trama. Trama que comienza en Japón, cuando un jovenzano pirata nacido en La Valeta entra en contacto con una organización secreta, tras la cual se mueve en busca de riquezas, lo que le lleva hasta Perú y Panamá.

Estamos ante una reinvención del personaje, joven, impulsivo, casi temerario, con el carácter que le impuso Pratt bastante bien conservado, pero adaptado a los tiempos que corren. Y con gran capacidad para ligar con mujeres estupendas. La aventura es dinámica y muy entretenida. No sabe lo mismo que las de Pratt, especialmente las que más me gustan, que las más de las veces tienen un tono más melancólico. Pero es muy aprovechable y sirve para darle una vuelta a la idea de cómo sería Corto si en lugar de aparecer en el mundo de la aventura a principios del siglo XX lo hiciera un siglo más tarde. A mí… ya me ha venido bien. Lo he pasado bien.

[Libro – historieta] La giovinezza – Hugo Pratt (un relato de Corto Maltés)

Literatura

En las tres semanas que he estado de vacaciones, aun me queda el lunes, hasta el martes no vuelvo al trabajo, he roto con el maleficio del bloqueo lector que sufría desde hace varios meses. Y han sido cuatro los libros que me he leído. No muy largos, pero todos muy interesantes. No los comentaré necesariamente en el orden en el que los leí. De hecho, esta historieta de Corto Maltés, el personaje universal del cómic creado por Hugo Pratt, fue el tercero de los cuatro.

A falta de fotos de Manchuria, que no tengo, usaré las recientes de la Costiera Amalfitana para mostrar el mar Tirreno, parte del Mediterráneo a orillas del cual también nació nuestro amigo Corto.

Cuando volvíamos en tren desde Sorrento a Roma, donde pasé las dos últimas noches del viaje, teníamos 50 minutos de espera en la estación central de Nápoles, y me metí en la sucursal de LaFeltrinelli que había en la estación. En Italia hay muchas librerías de todo tipo. Más que en España, estoy convencido, aunque no he leído nada al respecto. Pero es frecuente encontrar sucursales de dos cadenas que están por todo el país; la mencionada LaFeltrinelli, y Mondadori. Ambas tienen la sede en Milán. Pero para que os hagáis una idea, Mondadori pertenece a la familia Berlusconi, y LaFeltrinelli la fundó un militante del Partido Comunista Italiano, que fue el partido comunista disidente de la Unión Soviética por excelencia. La verdad es que ambas cadenas están muy bien para perderse en ellas, aunque la orientación social de LaFeltrinelli me atrae personalmente más, sin que tenga que ver con militancia política alguna. Y allí encontré unas historietas de Corto Maltés en un formato que no había visto nunca en castellano, libros más manejables, más pequeños de formato, y con relatos que no conocía. Me compré esta, que por lo que hojeé prometía hablarnos de cuando el marinero de Malta, hijo de una gitana de Sevilla y de un marinero de Cornualles, tenía sólo 17 años, pero ya viajaba embarcado por el mundo.

Y su peripecia le lleva a Manchuria, en las fases finales de la guerra ruso-japonesa, 1905, en un momento en que el armisticio ya está firmado, con la victoria nipona, aunque hay unidades rusas que todavía disparan. En realidad, en este relato corto de las aventuras de Corto, aparece poco. Y más bien hacia el final. A quienes acompañamos en sus peripecias hasta que confluyen con el maltés son a Rasputín, desertor del ejército ruso donde ha matado a un oficial, y a Jack London, que está como observador neutral, en el lado del frente nipón.

El relato es la primera parte de una historia más larga en la que Corto y Rasputín iban a acabar viajando a la búsqueda del reino de Saba y las minas del rey Salomón. Pero los azares editoriales hizo que la acción se detenga cuando ambos se disponen a abandonar Manchuria.

Me ha encantado. Es muy divertido. Y me encantan los alter egos de los personajes históricos. Evidentemente, el místico ruso, Grigori Rasputín, no estuvo en la guerra ruso-japonesa de soldado, aunque sí que viajó por Siberia entre 1904 y 1905, con sus rollo religiosos. Conoció a la zarina y al zar hacia finales de ese 1905. En cuanto al auténtico Jack London, sí que estuvo en Manchuria de periodista con el ejército japonés, al principio de la guerra, en 1904, pero no pasó de ese año ya que los japoneses lo expulsaron y no consiguió que su periódico lo acreditara ante el ejército ruso, donde esperaba tener más libertad de acción. Pero bueno, como dicen los propios italianos, idioma en el que he leído el libro, «si non è vero, è ben trovato». No será verdad, pero está bien narrado. Muy recomendable. Aunque supongo que los fans del maltés ya lo conocerán todos. Tengo que leer más libritos de esta colección.

[Libro] La fille de Vercingétorix

Literatura

Hace unos días descubrí que, en contra de mi opinión, NO tenía toda la colección íntegra de los álbumes de historietas de Astérix. Que en los últimos años he estado despistado y me faltaba uno. Quizá dos. Parece que me faltaba otro más, además del que os cuento aquí… A ver si lo pillo cuanto antes.

Recordamos vacaciones de hace ya unas décadas, 1993, en la península de Armórica, hoy en día Bretaña francesa, donde se supone que estuvo la aldea de los irreductibles galos. Y donde no faltan los menhires, que repartía Obélix, incluyo hoy en día.

En cualquier caso, vamos por el último que ha visto la luz. Ya hace unos años que no salen de la pluma de Uderzo, uno de los creadores originales de los irreductibles galos. Con sus 92 años… supongo que ya su pluma no será tan firme como antaño. En cualquier caso, el otro creador de los mismos, René Goscinny, tuvo la mala ocurrencia de abandonar este mundo de forma excesivamente prematura, allá por el año 1971, con sólo 51 años, privándonos de su genio. Porque no lo vamos a negar ni ocultar. Los mejores álbumes de Astérix, Obélix y compañía salieron de la rápida e ingeniosa mente del parisino. Su compañero hizo lo posible por mantener el tipo, pero las obras escritas, no sólo dibujadas, por Uderzo, nunca estuvieron a la altura de las anteriores.

Desde hace unos años, las responsabilidades han cambiado. Con dibujo de Didier Conrad y guiones de Jean-Yves Ferri, desde el año 2013, se hicieron cargo de los personajes y la serie… Y acabo de descubrir que me falta el último álbum de Uderzo… pues vaya. A ver cómo me las compongo. Los álbumes de esta nueva pareja no me han acabado de convencer mucho, pero sigo comprándolos por mantener la integridad de la colección… ya veremos durante cuánto tiempo.

El día de Nochebuena me llegó de regalo el último de la colección, dedicado a una presunta hija del caudillo galo Vercingétorix, que libró la Guerra de las Galias contra Julio César, aunque acabó derrotado en el sitio de Alesia. Sobre este tema ya se escribió en 1968 Le bouclier arverne, uno de los más divertidos de la serie, con esos arvernos que chechean y sus tiendas de «vinos y carbón». En esta ocasión, la adolescente Adrenaline y el torque ornamental que su padre le dejó son símbolos de la lucha contra los romanos. Y hay que evitar que caigan en poder de estos. Pero la joven tiene ideas propias, claro. Y la aldea de irreductibles tendrán que defenderla de los peligros… como si tal cosa hiciera falta.

He de reconocerlo. Me ha reconciliado un tanto con la saga. Me ha parecido entretenido, dinámico, divertido. Sin llegar a los niveles de genialidad de Goscinny, tiene su gracia y se lee con agrado. Que sigan así.

[Animación e historieta] Ella, su gato y todo los que vino después con Makoto Shinkai

Cine, Literatura

Hace unas semanas… más bien unos pocos meses, coincidieron una serie de determinantes que me han llevado a una actividad de fondo sobre el cine del realizador de animación japonés Makoto Shinkai. Shinkai se puso de moda hace 2 años con el estreno con gran éxito en occidente de su película más conocida y taquillera. Ese Tu nombre es…, Kimi no na wa… [
君の名は。]
(2016) que yo nunca he escuchado en la película. Yo siempre escucho Kimi no namae wa… [君の名前は。]. Se supone que significa lo mismo, pero con el japonés nunca se sabe lo de los matices… Pero llevaba ya una trayectoria en el cine de animación. Veamos cómo lo conocí yo.

Partiremos de ese segmento favorito mío que es el viaje en tren de Takaki para ver a Akari, afectado por las fuertes nevadas, para ilustrar esta entrada con los omnipresentes trenes en Japón.

Durante un tiempo pensé que la primera película que vi yo del director japonés fue Cinco centímetros por segundo [Byōsoku Go Senchimētoru (秒速5センチメートル)] (2007). Una película más mediometraje que largometraje, que siempre me pareció incompleta. Pero que tiene momentos muy inspirado, especialmente el fragmento en el que se nos cuenta el viaje en tren bajo la nevada del protagonista masculino, un adolescente, para ver a su amor de la preadolescencia. Un conjunto de secuencias que me parecen de lo más bello que he visto yo en el cine de animación. O, simplemente, en el cine. La he visto varias veces, y cada vez la disfruto con intensidad, como el asombro de la primera vez.

Cuando en Netflix pusieron a disposición del público El jardín de las palabras [Kotonoha no Niwa (言の葉の庭)] (2013), otro mediometraje, me convencí que la anterior no había sido flor de un día, que estábamos ante un director de gran sensibilidad, con gran capacidad narrativa. Y que parecía centrar sus temas en la soledad, el deseo del otro, de la persona amada, y la incapacidad de reunirse con el otro de forma definitiva con esa persona amada. Dada la frecuente aparición de trenes en sus películas, bueno… en casi todas las películas de animación japonesas, es cosa del país, diríase que contempla las vidas de sus protagonistas como los carriles de las vías de del ferrocarril, siempre en paralelo, cercanas, pero destinadas a no encontrarse nunca.

Hace unos meses supe de la edición en español de la versión en historieta de uno de sus primeros cortometrajes, del año 1999, Ella y su gato [Kanojo to kanojo no neko (彼女と彼女の猫)]. El cortometraje, que es fácil de encontrar en Youtube, es una pequeña delicia de la animación en blanco y negro, en la que un gato es adoptado por una joven que vive sola, y que nos cuenta, el gato, en un recorrido a lo largo de las cuatro estaciones de un año de las alegrías y sinsabores de la joven, que sólo intuimos, porque solo tenemos la limitada información que el gato posee. La historieta pierde bastante de la capacidad lírica, poética, con la que carga el cortometraje, pero está bien. Desarrolla algo más las situaciones, tenemos algo más de información, pero la esencia de la historia y el mensaje está ahí.

Fue en ese momento, después de ver el cortometraje, antes de leer la historieta que llegó no hace mucho, cuando tomé la decisión de ver todas las películas de Shinkai que no había visto. Y revisar también alguna de las que había visto. Coincidió, por ejemplo, con la aparición en Netflix de Kimi no na wa…, que volví a ver, pero convertida por mí mismo en una miniserie de tres episodios. Es decir, no la vi de tirón, sino que conociendo a priori su trama, vi por separado las tres partes en las que podemos dividir la trama. He de decir que me funcionó perfectamente, y me permitió descubrir cosas en la película que me había pasado desapercibidas. En estos momentos valoro más la película que cuando la vi en su estreno en la gran pantalla.

Pero también me di cuenta que estaba en un error. Que la primera película que vi en mi vida de Shinkai no eran los centímetros sino la película de aventuras Viaje a Agartha [Hoshi wo ou kodomo (星を追う子ども)] (2011). La vi en televisión. Creo que en la extinta plataforma de Canal Plus… y no me impresionó especialmente. Afortunadamente, no me interesó lo suficiente como para aprenderme su director, porque si no igual me hubiera influido negativamente a la hora de interesarme por la obra de Shinkai. Esta película sí que es un largometraje, la aventura de unos jovencitos por el mítico mundo subterráneo de Agartha, que no está mal, es entretenida, pero no es lo mío. Dijeramos que es lo que menos me gusta del director.

Además de todo lo mencionado, en estas últimas semanas me he visto también las otras dos obras de cierta entidad que tiene el director, y su primer corto Otros mundos [Tooi sekai (遠い世界)] (1999). Este es un pequeño esbozo de lo que empieza a ser su carrera como animador, con el aire melancólico sobre las relaciones que va a presidir el conjunto de su carrera. Pero vamos con las dos películas que nos quedan.

Me gustó mucho Voces de una estrella [Hoshi no koe (ほしのこえ)] (2002), en la que Shinkai entra en el mundo de la ciencia ficción. En la que dos jóvenes adolescentes enammorados se ven forzados a separarse cuando ella entra al servicio de una nave espacial que iniciará un viaje interespacial, que los alejará, no sólo en la distancia, sino también en el tiempo, cuando cada mensaje de ellos, primero tarde horas en llegar, luego días, semanas, meses… y finalmente años, en una conversación continuamente interrumpida por la inmensidad de la separación. Siendo un corto-mediometraje de 25 minutos de duración tan temprano en su carrera, ya avanzaba los temas principales de la misma. Y aunque la animación sea más tosca, mucho menos refinada y precisa que en sus últimas obras, lo cierto es que a mí casi me agrada más en algunos momentos. Disfruté mucho con esta melancólica aventura, que por algún motivo me recordó a cierta aventura espacial, Viaje interminable, también de tono melancólico de Marion Zimmer Bradley, aunque los temas de fondo no sea exactamente iguales.

La otra película, largometraje de hora y media de duración, que he visto es El lugar que nos prometimos [Kumo no mukō, yakusoku no baso (雲のむこう、約束の場所)] (2004). Fue el primer largometraje del director. También en el ámbito de la ciencia ficción, en una realidad alternativa en la que tras la guerra Japón está dividido entre los bloques. Al norte del estrecho de Tsugaru, que separa Hokkaidō del resto del archipiélago, pertenece a un bloque, presumiblemente la Unión Soviética o similar, mientras que el resto de Japón es aliado del otro bloque, Estados Unidos, claro está. Y en ese ámbito tres adolescentes, dos chicos y una chica, trabarán relación y amistad. Hasta que la chica desaparece. Nuevamente aparece el tema de la separación, del duelo y el desconcierto que produce, esta vez en un entorno en el que se analizan las realidades o universos alternativos o paralelos. Una historia relativamente compleja, que me pareció interesante, aunque no me emocionó ni me llegó al mismo nivel que otras de las películas de Shinkai.

Y en estas estamos, cuando ya se ha presentado el avance de A la intemperie contigo [Tenki no ko (天気の子)], cuyo estreno en Japón está previsto para el mes de julio,… y que esperemos que no tarde mucho en llegar a las pantallas españolas.

[Libro/exposición] La balada del Mar Salado… y las nuevas aventuras de Corto Maltés

Arte, Literatura

Hace unas semanas visité en el Centro de Historias de Zaragoza una exposición sobre Corto Maltés. El marinero mestizo hijo de un inglés de Cornualles y de una gitana de Sevilla, y nacido en La Valeta, es sin duda la creación más conocida del fumettista italiano Hugo Pratt, ya fallecido hace más de 20 años. Pero recientemente el aventurero personaje ha vuelto a la vida de la mano del guionista Juan Díaz Canales y el ilustrador Rubén Pellejero. De momento no me ha apetecido leer nada de esta nueva época. Soy reacio a según que reinventos. La exposición que pude visitar estaba dedicada a esta nueva etapa. No al Corto Maltés de siempre. Por cierto, ya se cerró. Ya no se puede visitar.

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El caso es que yo quería leer alguna nueva aventura del marino. Tenía rondando por casa tres volúmenes de sus andanzas; Corto Maltés en Siberia, Fábula de Venecia y Las helvéticas. Fue con esta última con la que me estrené en el personaje. Los conocedores del simpático pirata siempre me han dicho que mira que soy raro, que fui a dar con la más atípica de sus aventuras. Sigue siendo una de las que más me gusta de las que he leído junto la que transcurre en la capital véneta. Pero recientemente he revisitado esta y la aventura siberiana, y esta última ha aumentado bastante en mi apreciación.

El día que bajé a la exposición entré en una librería especializada en historietas. No tenían ningún número. Me lo podía pedir. Y me explicaron no sé muy bien qué sobre la política editorial de la casa que los publica. Me fui tal cual. Luego me encontré que en la exposición vendían La balada del mar Salado, que es la primera de las aventuras que se publicaron del personaje original. Y la compré. Lo cierto es que las aventuras de Maltés en los mares del Sur en tiempos de la Gran Guerra me gustaron mucho. Y he decidido que tengo que mostrar más interés en ir completando mi lectura de las obras del gitano. Pero no sé cuando. Un día de estos. De momento, os las recomiendo.

[Relato gráfico] Una mujer de la era Shōwa

Literatura

No es habitual que comente dos novelas gráficas o historietas en semanas seguidas. Pero es que esta que presento hoy en realidad la leí antes que la biografía de Graciela Iturbide que os comenté la semana pasada. Es de las pasadas navidades; pero se me había olvidado. Y no es porque no me gustase… es que llevo muchas cosas en la cabeza y se me pasó.

En esta ocasión estamos ante una obra inacabada del historietista japonés Kamimura Kazuo, con guion de Kajiwara Ikki. Inacabada hasta tal punto que, aunque el título de la obra nos habla de una mujer, en realidad lo que encontramos es la historia de una niña y adolescente que culmina cuando llega a la edad adulta. Una historia que nos traslada a los tiempos en los que el militarismo japonés había instaurado una dictadura nacionalista en el país y este se encaminaba hacia la catástrofe de la guerra, con fuertes represiones internas a los críticos y disidentes. La joven Shōko será hija de uno de estos disidentes, que huye de la persecución, y de una mujer que acabará muriendo como consecuencia de las torturas dispensadas por la policía política cuando buscan al padre. Por lo tanto, estamos ante una historia de crecimiento por libre de una niña y adolescente en el hostil ambiente de la guerra y la posguerra inmediata.

Unas cuantas estampas de Japón en sus aspectos más tradicionales, para ilustrar el comentario de este libro sobre las difíciles transiciones sociales de este país asiático.

Estamos ante una obra con un argumento intenso, un relato con un estilo y un argumento claramente adultos. Escenas de violencia y sexo, no precisamente con intención erotizante, salpican un mundo de policías corruptos, mafias, geishas y prostitutas (con límites muy imprecisos entre estas dos categorías, en ocasiones), el mundo de la calle o el de los orfanatos y centros de reforma juveniles. Una intensa crítica hacia los cimientos más podridos y menos confesables de la sociedad nipona.

Me ha parecido una obra notable, aunque su condición de inacabada es muy patente, y deja una insatisfacción por su cierre en falso. Porque sabes que no se ha contado todo lo que había que contar, y que el propio título del libro habla de un recorrido por una larga era de la historia reciente del País del Sol Naciente, de la que sólo se nos muestran algunos compases, pero no toda la melodía.

Nota: Para aquellos que no se cosquen con el tema de las eras japonesas, recordar que la era Shōwa es el nombre que recibe el tiempo del reinado del emperador que conocimos como Hirohito, y que ahora es conocido en Japón con su nombre póstumo, emperador Shōwa. Abarca desde 1926 hasta 1989. Un ejemplo de las eras más famosas de Japón es la era Meiji, en la que el país salió de su régimen feudal, de carácter medieval, para entrar en la revolución industrial de modo casi forzado. Pues bien, el emperador Meiji fue Matsuhito en vida, y la era Meiji abarca de 1867 hasta 1912, los años del reinado de Matsuhito.

[Relato gráfico] Iguana Lady

Literatura

El relato gráfico, o novela gráfica, nunca me entero de si hay diferencias entre ambos conceptos, supongo que basados en la longitud, o si no las hay, es un género que puede dar grandes satisfacciones. Pero también hay veces que pincha. Que alguien acoge un proyecto y se lanza a contar una historia, utilizando la historieta como medio, y no funciona. Uno de los géneros que generalmente me dejan más fríos cuando son adoptados por los historietistas es la biografía. Por el motivo que sea, pocas veces me siento a gusto con el resultado de una biografía, especialmente de un personaje famoso o representativo, cuando es narrada en forma de cómic. No voy a ponerme ahora a analizar los porqués. Quizá el principal sea que no es fácil recoger todos los matices de una vida en este formato. Lo cual no quiere decir que sea imposible.

No he visitado Méjico todavía. Por razones que no vienen ahora al caso, es un país que me supone un tira y afloja emocional, y no acabo a sentirme cómodo con la decisión de viajar a él. Supongo que algún día. No sé. Por ello, sustituyo los agrestes paisajes de los desiertos mejicanos por la estepa de los Monegros, más cerca de casa. En un adecuado blanco y negro y formato cuadrado, con película tradicional, para homenajear la obra de Iturbide.

Esto lo demuestran la escritora Isabel Quintero y el ilustrador Zeke Peña, mejicanos en los Estados Unidos, cuando abordan la biografía de una de las grandes de la fotografía mundial, la mejicana Graciela Iturbide. La joven Graciela, de familia de clase media, relativamente acomodada, estaba destinada a llevar una vida tranquila y convencional. Casarse con un buen partido, tener hijos,… y reproducir los esquemas sociales en los que había nacido y crecido. Y todo ello lo empezó desde muy joven, hasta que las inquietudes por otras cosas, y especialmente por las artes visuales, descarrilaron su vida, afortunadamente para la historia del arte y la fotografía. Discípula de otro de los grandes de la fotografía mejicana y mundial, Manuel Álvarez Bravo, pronto orientó el objetivo de su cámara hacia el reportaje en profundidad, con una visión etnográfica, y con una mirada especial para las poblaciones indígenas y las mujeres de su país.

Quintero y Peña van contándonos su vida y sus proyectos apoyándose en las fotografías más representativas de su obras. Aquellas que han alcanzo un estatus de imágenes icónicas, representativas de su obra y de las realidades sociales a las que mira. Y de paso nos ofrecen una buena comprensión tanto de la fotógrafa como de la propia fotografía.

Un libro muy interesante, en cierta forma inacabado, porque inacabada está todavía la vida de Graciela Iturbide a sus 76 años. Recomendable para amantes de la fotografía, de la historieta, y en general de todas aquellas personas dispuestas a disfrutar de un buen relato, con fondo y trasfondo, y que invite a reflexionar un poco sobre las realidades sociales del mundo.

Ted Forbes en su The Artist Series, dentro de su canal de Youtube, The Art of Photography, realizó una interesante entrevista a Iturbide que os dejo a continuación. Se pueden poner subtítulos en varios idiomas.