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[Ciencia/fotografía] Ciencia, compromiso y belleza en la fotografía – James Balog “cazando” hielos – Fotografía y otras artes visuales

Ciencia, Fotografía

Indudablemente, de los “espectáculos” que la naturaleza me brindó en mis vacaciones en Islandia el pasado mes de junio, sin duda el que más me atrajo y fascinó fue el de los glaciares. Enormes masas de hielo, dinámicas, en continua transformación… En fin, que he tenido la oportunidad de ver un documental sobre el trabajo de un fotógrafo en el terreno de la ciencia y he creído oportuno compartirlo. En el enlace que sigue, los detalles. Para quien no le interese, os dejo unas imágenes del glaciar Svínafellsjökull en Islandia.

Origen: Ciencia, compromiso y belleza en la fotografía – James Balog “cazando” hielos – Fotografía y otras artes visuales.

 

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[Televisión] Cosas de series; de venganzas y “conspiranoias”

Televisión

Tras haber terminado de ver la segunda temporada de Mr. Robot, puedo dar por finalizada la temporada televisiva de verano. Pero antes de comentar esta, hay que hablar de otra serie, un “guilty pleasure” de los que ya hablaba hace unos días, y con la que sorprendentemente me he enganchado.

Hace unos años pude ver el piloto de una serie protagonizada por adolescentes. Aunque en realidad fueran todas veinteañeras… pero estoy ya es una tradición. Que cuando se hizo Grease, algunos de los actores que representaban a los alumnos del Rydell High School estaban ya en la treintena. Se titulaba Pretty Little Liars, y de entrada no me llamó la atención y la dejé. Curiosamente, ahora se pueden encontrar cinco temporadas de la serie en Netflix. Porque tuvo éxito y sobrevivió. De hecho, ya lleva seis temporadas, y está prevista su séptima y última, más breve, para la primavera del 2017. En una tarde tonta, en la que no me apetecía pensar en nada, me puse los dos primeros episodios… y me pasó como con Revenge, una serie con la que comparte ADN conceptual. Se ha convertido en un “guilty pleasure”, un placer culpable como los comenté hace unos días. No es cutre, ni mucho menos. Un buen nivel de producción y abundancia de gente guapa. Pero interpretaciones regulares, guiones que oscilan entre lo apasionante y lo absolutamene ridículo, constante presencia de “cliffhangers” que se desinflan echando virutas, y una huida constante hacia adelante en unos argumentos, una venganza hacia un gurpo de chicas adolescentes tras la muerte de su miembro más popular, que se agotarían en si mismos rápidamente si no funcionarán con el “y ahora, más gorda”. No sé cuanto aguantaré viéndola. Son tempordas de 20 o más episodios que tienen muchos altibajos. Me recuerda mucho, como ya he comentado, a Revenge, otro “guilty pleasure” con la venganza como tema central, que abandoné cuando a sus responsables no les quedó más remedio que cerrar el arco argumental principal que la sustentaba para luego intentar reinventarla. No sé qué pasará con esta. Si eso, más adelante os lo cuento. Mientras, me sirve de serie de relleno, o para cuando no quiero pensar en nada.

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“Mr. Robot” transcurre mayormente a caballo entre Manhattan y Brooklyn, y con frecuencia de noche. Y ahí nos vamos, fotográficamente hablando.

Pero el asunto principal es que me he visto la segunda temporada de Mr. Robot. Recordatorio para los que nos esté al tanto. Se trata de una serie en la que un grupo de ciberactivistas busca tumbar el sistema financiero del mundo capitalista atacando a alguna de las empresas más significativas, mientras estas intentan consolidar su posición de plutócratas que constituyen el poder en la sombra, y todo alrededor de la figura de Elliot (Rami Malek), un joven programador que sufre algún trastorno de salud mental más serio de lo que imaginábamos al principio de la serie. La serie se caracteriza por ser rompedora en cuanto a su realización, demostrando que se puede hacer cine de primera calidad para la pequeña pantalla. Guiones cuidados, interpretaciones mesuradas y potentes, fotografía y encuadres de cámara arriesgados, todo ello para crear un clima opresivo. Todos los personajes viven en un conflicto continuado, al mismo tiempo que se generan constantemente dilemas éticos, que se pueden trasladar fácilmente de la ficción a la realidad cotidiana, y que son los que mueven a los personajes. Mentiría si dijese que no me pierdo de vez en cuando. Me pasa como con las primeras temporadas de Game of Thrones. La variedad de personajes, lo complejo de las tramas, el ambiente agobiante,… hacen que se me vaya el oremus. Que no tenga claro como avanza la trama. Pero me da igual, porque no hay episodio que no tengo al menos una secuencia o grupo de secuencias de los que te dejan sentado al sillón diciendo “olé, así se hace el cine”. Por lo tanto, para mí, lo de menos es cómo vaya la trama de género “conspiranoico”, que de hecho nunca han sido de mis preferidas. Lo importante es disfrutar de esos momentos de cine para la pequeña pantalla que difícilmente encontramos hoy en día en la mayor parte de las ficciones para la pantalla grande. Dicho lo cual,… serie imprescindible.

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Empieza la temporada otoño-invierno. Estoy cicatero a más no poder con las nuevas incorporaciones a mi parrilla televisiva. Ninguna serie nueva de temporada larga, de esas de 20 a 24 episodios. Y probablemente abandone las que ya seguía de estas características. Salvo uno o dos. Cada vez más aficionado a ver la series de tirón. Y dos cosas graciosas.

Ha vuelto Lucifer. Con un episodio en el que se presentaba un personaje nuevo, interpretado por Tricia Helfer, la añorada Número Seis de Battlestar Galactica. Y lo hizo bajo los acordes del All Along the Watchtower de Bob Dylan. Canción que tuvo un protagonismo importante en esta “space opera”.

Estoy viendo la segunda temporada de Our Girl, aventuras y desventuras de una clase de tropa sanitaria del ejército británico. Con un cambio de protagonista. Da lo mismo. Ya la comentaré. El caso es que en el episodio tercero me partía de risa mientras miraban la radiografía de tórax de un aguerrido oficial de operaciones especiales herido. Porque se apreciaban claramente los contornos de unas mamas de notable tamaño, aparte de que la forma del esqueleto sugería su pertenencia a una señora. Soy médico. No me he dedicado a la clínica, sino a la salud pública y la planificación sanitaria, pero en tuve matrícula de honor en la asignatura de radiología y hay cosas que no se me han olvidado. Me partía de risa cuando se me iba la mirada de la radiografía al apuesto oficial que estaba sentado en la camilla de exploración en plan pecho lobo…

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[Cine] El hombre de las mil caras (2016)

Cine

El hombre de las mil caras (2016; 492016-2309)

Sinceramente, cuando me dijeron que la nueva película de Alberto Rodríguez iba sobre las relaciones en Francisco Paesa y Luis Roldán,… las ganas de ir a ver la película tendían peligrosamente a cero.

No pocas veces me he sentido extraño en mi propio país. Tengo muchas veces la sensación de que no pocos de mis compatriotas, demasiados si nos atenemos a los resultados electorales, por mucho que digan estar hartos de la corrupción política, sienten una oculta admiración por el pícaro y por los aprovechados. Que ha muchos de ellos les gustaría estar en lugar de ese al que tanto denostan en las redes sociales. Personalmente, siento una fuerte aversión por las personas que engañan a sus conciudadanos y se enriquecen a su costa bajo el pretesto de que “hacen mucho por el pueblo/comunidad/país/…” (táchese lo que no proceda). He estado en muchas conversaciones de café o de cañas en las que en momentos relajados, ya se sabe, cuando no piensas lo que dices corres el riesgo de decir lo que piensas, personas con cierto nivel cultural son capaces de disculpar, comprender, e incluso jalear la corrupción de personas con cargos públicos. Luis Roldan, para mí, es sencillamente un ladrón y un estafador. Punto. Y Paesa, un tipo oscuro que se relacionó con los servicios de policía y de información del estado en momentos complejos, evidentemente para provecho propio. Ninguna admiración. Cero comprensión. A galeras con ellos.

2012. Viaje a Ginebra, Suiza. Selección de imágenes en blanco y negro. Ginebra. carloscarreter.com | Tumblr | Twitter | Facebook.

Según la película, en Laos lo que se dice Laos, Roldán no estuvo… pero entre él y sus posibles secuaces parece que se recorrieron Ginebra, en las tres primeras fotos, y los alrededores del cerro de Montmartre en París, las dos últimas.

Desde el punto de vista cinematográfico, todavía nos pesa aquellas sensación que sentimos al ver la anterior película de su director. Una de las mejores películas del género negro en la historia del cine español… si no fuera porque la vimos poco después de la primera temporada de True Detective, con la sorpresa de la enorme similitud argumental. Que arrojó la sombra del plagio sobre la pelicula. Mil veces negada por sus responsables. Y razonablemente argumentada esa negación. Pero la duda corroe… es insidiosa.

No obstante, me convencieron para ver el filme, que cuando menos presentaba algunos nombres interesantes en su reparto.

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Desconozco con precisión qué partes de la película son totalmente verídicas desde un punto de vista histórico, que partes son una especulación razonada, y que partes son mera ficción. El propio dirección ha hablado de ella como de una historia de ficción en algún medio. Lo cual está bien, para ajustar expectativas y evitar equívocos. En líneas generales, podríamos definir la película como una especulación sobre lo que pasó desde que Luis Roldán (Carlos Santos) y su esposa en el filme, Nieves Fernández Puerto (Marta Etura; el nombre de la esposa real de Roldan es Blanca Rodríguez-Porto), deciden huir de España llevándose un cifra multimillonaria que han sustraído de las arcas del estado hasta que el antiguo director general de la guardia civil es detenido en Bangkok por la policía española, presuntamente procedente de Laos. Todo ello narrado desde el punto de vista de un tal Jesús Camoes (José Coronado), piloto de aviación amigo del personaje principal, Francisco Paesa (Eduard Fernández), aunque no me consta que sea un personaje real.

Mi recomendación sincera… si vais a verla olvidaos por completo de que está o puede estar basada en hechos reales. Plantearosla como una mera película de estafadores, de esas en las que nunca sabes muy bien quien juega con quien, quien estafa a quien,… y es más que posible que lo paséis bien. Porque la película está bien hecha y tiene ritmo. Y sobretodo, tiene una excelente interpretación de Eduard Fernández, actor a quien a estas alturas no hace falta a descubrir.

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Si os la queréis tomar en serie, desde mi punto de vista comienzan los problemas. La película tiene una introducción sobre los antecedentes de Paesa que pueden contribuir a que para algunos sea comprensible que al final resulte un estafador que deja en evidencia y en ridículo al gobierno. La película se ensaña especialmente con el ministro Belloch… lo cual puede ser que con razón o sin ella… siempre es divertido darle caña al político. Pero se nos olvida que los miles de millones no se los roban al ministro o al gobierno, sino a los españoles. Y por lo tanto, caer en la tentación de acabar viendo a un desaprensivo como un pícaro espabilado, y por lo tanto con esa simpatía que muchos de mis conciudadanos sienten por estos individuos, me causa desasosiego y aflicción. No. Todos unos ladrones. Las víctimas somos los ciudadanos. No se pueden plantear paños calientes.

Por lo demás, la película se deja ver, y a ratos se disfruta bastante. Pero creo que hay que tener las cuestiones éticas bien amarradas, para dejar a cada cual en su sitio. No hay pícaro o sinvergüenza simpático, si las víctimas últimas son los ciudadanos de un país.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Libro] Los cuerpos extraños

Literatura

Creo que lo que voy a decir ahora ya lo he comentado en alguna otra ocasión o algo parecido. Pero lo repetiré. Durante la enfermedad de mi madre antes de fallecer, tuvimos que pasar muchas horas en urgencias y en el hospital. Durante dos años, prácticamente todos los meses estuvo ingresada al menos una vez, y muchas de ellas entrando por urgencias. Por lo tanto, tuve que aprovisionarme de libros de bolsillo para llevar encima y pasar las horas muertas en salas de espera o acompañando a mi madre, que no siempre estaba para dar o recibir conversación. Y en aquella época, entre 2001 y 2003, conocí las novelas de Lorenzo Silva, y las leí casi todas. Entre ellas, por supuesto, las de la serie dedicada a los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro. En aquellos momentos, él era sargento y ella una recién llegada. El tenia ya cierta retranca de las de estar de vuelta de todo, ella era una chica joven y modosita que se parecía a Veronica Lake, aunque lista y despierta. Me cayeron simpáticos. Leí también otras novelas de Silva, fuera de esta serie, de las que lo primero que me encantaba eran los títulos. La capacidad de este escritor para poner títulos atractivos a sus novelas me parecía notable. Quizá fue eso lo que me llevara a leer sus obras. Les cogí cariño, tanto al escritor como a la ficticia pareja de “picoletos” que me acompañaron en tiempos difíciles.

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Aparte de las vacaciones en Benicarló en mi infancia, hasta que cumplí los ocho años, mi principal relación con el Levante fue la época en que mi hermana vivió y trabajó en Peñíscola. Época que ya nos hizo ver lo poco limpio que es el “trigo” de la zona. Eso y alguna visita, escasas, a la capital valenciana, que ilustro en esta entrada.

A los amigos no se los abandona fácilmente, aunque empiecen a decepcionarte eventualmente. Dice el refranero español que “de bien nacidos es ser agradecidos”. Y seguí leyendo tras el 2003 algunas novelas de Silva. Pero he de decir que en la pareja de guardias civiles y sus aventuras cada vez me costaba más encontrar la frescura de sus primeras aventuras y cada vez más me daba la impresión de que Silva debía estar a sueldo de la Dirección de Comunicación (o como se llame el órgano de propaganda del instituto armado, así se llama el de la administración pública para la que trabajo) de la Dirección General de la Guardia Civil. Y encima con casos de narración rutinaria y con la mínima emoción. El escepticismo de Bevilacqua había pasado de ser interesante a convertirle en un cenizo de marca mayor. Y Chamorro, en algún momento, dejó de parecerse a Veronica Lake, y pasó a ser una funcionaria proba y eficiente, y más aburrida que contemplar crecer un cactus.

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Por lo tanto, tras leer la aburrida La estrategia del agua, dejé de comprar los libros del escritor madrileño, aunque aún leí una novela más de la saga, que me fue prestada por una amiga. Nunca he tenido claro si hoy en día es delito o no que te presten un libro y lo leas sin haber pagado por él… No mejoró la cosa, y eso que venía de ganar el Planeta… y olvidé la vieja amistad. Hasta hace unas semanas en que encontré la penúltima de la saga de oferta en Amazón. De estas ofertas en las que de repente todo esta baratísimo. Y como estaba sumido en cierto atasco lector, la cogí para ver si por lo menos la lectura fácil me reanimaba.

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Desde este punto de vista el objetivo se cumplió. La novela es fácil de leer, la escritura de Silva sigue siendo ágil. Y he de decir que sin alcanzar ni de lejos el interés de los tres primeros títulos de la saga, tiene algo más de chicha que los dos últimos que había leído. Muy coyuntural y oportunista. O para otros, “muy comprometido con la actual crisis económica y de valores de nuestro país”. Para aclararnos, asesinato de una alcaldesa aparentemente honesta, que para eso era medio danesa porque la honestidad no debe expresarse a partir de los genes hispanos, en una población de la Comunidad Valenciana, para que no quepan dudas que corrupción, mafias y especulación urbanística no van a faltar, mezclado con unas gotas de posible escándalo sexual… y es que estas danesas son muy ligeras de cascos, si seguimos tirando de tópicos. Chamorro a pasado ya a tener un papel muy discreto, quedando en un plano muy secundario, y todo el caso se lo come casi entero Bevilacqua, junto con la aparición de otros personajes, que prometían pero no son aprovechados para poner un poco de salsa y picante en el asunto. La comandante picoleta prometía… pero no se le saca partido.

En resumen, con esta novela no vamos a enemistarnos, pero tampoco vamos a recuperar la amistad perdida. Desde luego no voy a salir corriendo a comprar el último libro de Silva, también de la serie de Bevilacqua. Quizá lo lea en un futuro… si me lo prestan, que me avisen si realmente esto constituye hoy en día una ilegalidad, o si tiene un precio ridículo en su versión electrónica, como en esta ocasión.

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[Fotografía] Recomendaciones semanales – especial “cacharros” (o Photokina) – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía

Esta semana, y sin que sirva de precedente, voy a hacer unas recomendaciones semanales distintas. En lugar de hablar de lo que realmente debería interesar a la mayoría de los fotógrafos, que es de otros fotógrafos y sus obras, que es de lo que realmente se aprende, voy a hablar de los nuevos “cacharros” que la industria ha presentado en Photokina, la feria bienal que se celebra en Colonia los años pares. Pero eso sí, antes que nada, el tablero en Pinterest con las fotografías que me han llamado la atención esta semana.

Y ya después el enlace a este especial tecnológico, junto con algunas macrofotografías tomadas junto al Canal Imperial de Aragón en Zaragoza unos días atrás.

Origen: Recomendaciones semanales – especial “cacharros” (o Photokina) – Fotografía y otras artes visuales.

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[Cine] Free State of Jones (2016)

Cine

Free State of Jones (2016; 482016-1909)

En estos momentos, que Matthew McConaughey aparezca en el reparto de una película es casi un indicativo fijo de que hay que ir a verla. Menos entusiasmo nos producía que el director fuese Gary Ross, pero como la crítica internacional se había mostrado interesada en esta película desde hace tiempo, nos acercamos el pasado lunes a la versión en idioma original subtitulada en castellano. La película también se puede encontrar en versión doblada en la cartelera española con el título no del todo fiel al original de “Los hombres libres de Jones”.

La película está basada en hechos ciertos pero mal documentados. Es decir, es conocido que en el condado de Jones en el sur del estado de Misisipi hubo una revuelta encontra del régimen secesionista del estado y de los Estados Confederados de América durante la guerra civil norteamericana. Y que pareció estar liderada por Newton Knight (Matthew McConaughey), un hombre de ese estado, de fuertes convicciones religiosas, contrario a la esclavitud y a la discriminación por cuestión de raza. A partir de ahí, tenemos que considerar que en la película de Ross hay elementos de verdad histórica, elementos de especulación histórica y elementos de ficción histórica. Aunque desconozco en qué proporciones.

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Los “hombres libres de Jones”, si fueron como nos lo cuentan en la película, fueron una guerrilla. Poco partidarios del campo abierto a la hora de entablar combate. Bosques, pantanos y ciénagas,… ese era el ambiente en que se movían. A falta de los bosques originales del sur del estado de Misisipi, vagaremos fotográficamente por los bosques de Alsacia en los Vosgos.

La cinta comienza con nuestro protagonista en 1862, alistado forzosamente en el ejército rebelde, del que deserta como consecuencia de la percepción de una serie de injusticias en la política confederada y en las formas en que se lleva la economía de guerra. Convertido en lider de un grupo de desertores y esclavos fugados en los pantanos del sur del estado de Misisipi, y tras conseguir algún éxito parcial en su oposición al ejército secesionista, termina la guerra y conforme la autoridades del norte van devolviendo el poder a los sureños, conforma una comunidad multirracial en la que no faltarán las tensiones con los supremacistas blancos de la zona. También llega al final de la guerra separado de su primer mujer, Serena (Keri Russell) y unido a la que sería su segunda mujer, una esclava liberada, Rachel (Gugu Mbatha-Raw) constituyendo una unión multirracial, prohibidas por los estados del sur de los EE.UU.

En paralelo a esta historia, la película nos ofrece flashes de un juicio que ochenta años más tarde se está celebrando en ese estado de Misisipi, en el que se juzga a un descendiente de Newton Knight, Davis (Brian Lee Franklin), al que se supone también descendiente de Rachel, y por lo tanto con un octavo de ascendencia de color, lo cual lo califica legalmente como un ciudadano de color. Al casarse con una mujer blanca, habría cometido un delito. Este juicio fue real, fue declarado culpable, pero no cumplió sentencia porque temiendo una apelación a tribunales federales, el tribunal superior del estado temió que la ley que prohibía los matrimonios mixtos fuese declarada ilegal y lo exoneró de todo delito.

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La película tiene muchos temas. Y muchos tonos. Empieza como alegato antibelicista, para luego adentrarse en la película de aventuras y acción con los rifirrafes entre los “hombres libres del condado de Jones” y el ejército y las autoridades secesionistas. Después vuelve al modo de denuncia, en este caso sobre las leyes de discriminación racial y las acciones de los supremacistas blancos, con un incipinte Ku-Klux-Klan. El problema es que no acaba de encontrar el tono, que como digo va dando bandazos sin centrarse en profundizar en ninguno de los temas, y dando brochazos más o menos groseros sobre cada uno de ellos.

Desde antiguo, el cine tiene una tradición de “no hacer sangre” con el conflicto bélico que enfrentó a los estados del norte de la Unión, partidarios de un estado federal, con los del sur, más proclives a una confederación donde cada estado tuviera preponderancia sobre la política global. De fondo, dos modelos económicos distintos, uno industrializado y otro agrario, este último soportado por la vergonzosa institución de la esclavitud. De hecho, películas emblemáticas de la historia del cine, entre ellas como máximo exponente Gone with the Wind (Lo que el viento se llevó), donde se muestra una visión del sur de damas bellas y galantes, hombres apuestos, valientes y caballerescos, y una visión de los esclavos como de niños que no podrían subsistir por sí mismos sin la guía del hombre blanco. Pura propaganda para sustentar un regimen de appartheid y discriminación racial en buena parte de los Estados Unidos hasta muy avanzado el siglo XX, que aun hoy en día muestra que todavía tiene temas sin resolver. Hace unos años, pudimos ver una película, Cold Mountain, que no entraba en el tema de la esclavitud, pero que al menos rompía con la idea de guerra entre caballeros y con la visión idealizada del ejército rebelde y esclavista. Curiosamente, no tuvo un gran éxito, aunque desde mi punto de vista era una película más apreciable de lo que la crítica nos contó. Pero lo hizo en momentos donde soplaban vientos de guerra en Irak y Afganistán, y no se veían bien las obras antibelicistas.

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Puestos a escarbar en la historia del cine. Durante años he intentado saber cuál era el título de una película que vi en la televisión en algún momento en la transición de mi infancia a la adolescencia, y que hablaba de un “estado libre de Lebanon” como un reducto de oposición a la guerra de secesión. Con motivo de esta película me he enterado que se inspiraba, aunque se alejaba muchísimo de los hechos reales, en lo acontecido en el condado de Jones. Su título fue Tap Roots (Raíces de pasión), y a pesar de que a mí me causase cierta impresión, no está excesivamente bien considerada.

Volviendo a la película que nos ocupa hoy, su indudable punto fuerte está en la interpretación de McConaughey, que sigue en estado de gracia, que llena la pantalla con su presencia. También eso conlleva a que su personaje se come a otros que podrían haber tenido más presencia, más potencia y no poco interés. Salimos del cine con la sensación de que las dos mujeres con mayor presencia en el filme están desaprovechadas. Tanto Keri Russell como la británica Gugu Mbatha-Raw son actrices capaces. Incluso muy capaces. Y de la propia interacción entre ellas en lo que en la práctica fue un matrimonio bígamo hubiera dado para una película, aunque fuera de ficción, que podría ser notable.

Terminemos, que me está saliendo un comentario muy largo. Las intenciones de la película son buenas, los medios utilizados para desarrollarlas están también bien, las interpretaciones de primer nivel,… y sin embargo la película, siendo razonablemente recomendable, no acaba de dar de sí todo lo que podría. En algún momento se desinfla, llevándonos incluso a un final anticlimático que nos deja un poco en la duda de adónde exactamente nos quería llevar el director. No obstante, se deja ver bien, y puede ser una opción a considerar en la cartelera de estos días de principios del otoño.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

 

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[Televisión] Cosas de series; una “space opera” que mejora y un “bestial” “guilty pleasure” que termina

Televisión

Empecemos por el “guilty pleasure”. El placer culpable. Esas teleseries que nos da vergüenza reconocer que vemos, porque aunque reconozcamos que no deberíamos verlas, nos enganchamos a ellas.

Puede ser porque están enfocadas a un público objetivo demográficamente distinto al grupo en el que estaríamos encuadrados. Un ejemplo típico es el de personas adultas y con sus añitos que se enganchan a las series de institutos… pfff… la próxima vez que os hable de televisión os pondré un ejemplo…

Los culebrones son desde mi punto de vista y casi por definición un “guilty pleasure”… y ahí estoy viendo después de tantos años Grey’s Anatomy…

Las series sumamente cutres. De estas, no se me ocurre ahora un ejemplo claro… Soy de los que opinan que cualquier cosa menos lo cutre.

También pueden ser directamente malas. Con guiones previsibles, ridículos o absurdos, o con interpretes lamentables… Esto no es lo mismo que ser cutre, porque las hay con presupuestos relativamente altos y repartos a priori interesantes.

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En Nueva York y con algo parecido a un “superhéroe”… inevitablemente ha habido muchas escenas nocturnas en una de las series de hoy… así que eso veremos en las fotos de hoy. Nueva York de noche.

La que ha llegado a su fin después de cuatro temporadas y que para mí es un “guilty pleasure” es Beauty and The Beast. Una serie orientada al público juvenil, a quien debe gustar por lo relativamente alta que tiene la valoración en IMDb, más de 7, y que mezcla el superhéroe, en forma de bestia de laboratorio con fuerza, velocidad y sentidos superhumanos, y el romance con una guapa policía pijita e improbable, todo ello en la ciudad de Nueva York. Cuando vi el piloto estaba acompañado, y aquello fueron unas risas que no veas. Malas interpretaciones, efectos secundarios flirteando con la cutredad y un guion ridículo. Lo curioso es que no pude dejar de verla… hasta el final. Incluso si esas tres cualidades se han mantenido o incluso han aumentado. En fin. Confieso que he pecado… que intentaré no volver a hacerlo, pero no prometo nada. Pero que ya ha terminado. No volverá… menos mal.

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Por otro lado, hace un año nos estrenaron una “space opera” que andaba en la mediocridad para desesperación de alguien como yo. Es un género que me gusta… cuando está bien hecho y eso es… rara vez. Dark Matter era floja en su primera temporada. Compartía con la anterior serie unas interpretaciones flojas y unos guiones un tanto torpones. Aunque con algún destello de que aquello podía ser mejor. Especialmente hacia el final de su primera temporada. Por ello, decidí dar una oportunidad a su segunda temporada. Y mira tú por donde… Sus interpretaciones siguen andando en las medianías, aunque hay algún intérprete que se salva. Bueno… ellas suelen salir muy guapas en general. Y supongo que para las espectadoras, ellos también parecerán monos. En cualquier caso, no son penosamente malos, y las tramas han mejorado. Bastante. Es cierto que de vez en cuando recaen en algún episodio modorro. Pero oye… no es Battlestar Galactica pero no es cutre como… no sé… los alienígenas de Babylon 5 (nunca entendí por que gustó tanto) o la primera Battlestar Galactica, la de los años 70. En cualquier caso… me he entretenido bastante viéndola.

Y de momento nada más… y ya veremos de qué hablo cuando vuelva con el tema televisivo, porque siento que estoy volviendo a cierta fase de desánimo como en pleno verano.

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[Cultura] Moda y revista musical en el Centro de Historias

Cultura

Con el final del verano se han renovado las exposiciones del Centro de Historias de Zaragoza. Este centro nació como “Centro de Historia”, “historia” en singular, y en un momento se convirtió en “historias” en plural. Nunca he entendido muy bien el cambio… la historia en singular me parece suficientemente importente, y además se puede descomponer en una serie de historias en plural. Lo contrario no siempre es cierto. Pero la oferta de estos momentos es fiel a los propósitos iniciales del centro. Dar un repaso histórico a fenómenos culturales o sociales con impacto en la ciudad. Y dos son los temas que se tratan en estos momentos; la evolución de la moda y el comercio de moda en la ciudad, y los 150 años de historia de la revista musical en España y en Zaragoza.

No son dos temas que a mí me atraigan mucho a priori, pero nos pasamos este domingo a visitarlos. Os lo cuento con fotos.

En la exposición relativa a la moda nos encontramos una primera parte en la que se hace un repaso a los distintos elementos o actores relacionados con la moda, femenina de forma prácticamente exclusiva, que va desde la evolución de los comercios, los escaparates, los muestrarios, las revistas de patrones, o el anecdotario diverso. Me hizo gracia especialmente el recorte del Heraldo de Aragón sobre “la guerra de los biquinis” en 1970, cuando las piscinas de la ciudad, casi ninguna pública, casi todas privadas y muchas veces con dependencia de instituciones donde la iglesia católica tenía mucho poder, se empeñaban en prohibir esta prenda de baño, mientras las zaragozanas exigían la libertad de llevarla. Tengo yo recuerdos de aquellas historia a pesar de mi corta edad, porque la piscina a la que mi familia estábamos abonados fue uno de “los frentes de batalla” de “aquella guerra”.

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En cualquier caso, el plato fuerte de la exposición es un bosque de vestidos que abarcan la moda del vestir cotidiano desde principios del siglo XX hasta nuestros días, vestidos procedentes de las colecciones de propietarios privados que las han prestado para la exposición.

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La otra exposición notable está dedicada a la revista musical, de la que nos dicen tiene 150 de años de historia como género escénico y musical, con características específicas respecto a los espectáculos de “varietés” franceses, las operetas vienesas, el “music hall” británico o el musical norteamericano. Personalmente, a lo que fui consciente de la existencia del género, los tiempos habían avanzado mucho y siempre me ha parecido que tenía un tufillo a cutre, que algunos de los vídeos y fotografías que se muestran en la exposición no consiguen eliminar, pese a los esfuerzos de los comisarios de la misma.

Pero hay cosas curiosas,… como comprobar que el famoso “chotis” madrileño se escribía en alemán a mediados del siglo XIX, “schottisch”, y que era una danza de origen escocés, y que de ahí el nombre.

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También me hicieron gracia los cancioneros que se vendían en los años 40 y 50 con los éxitos del género, y de otros géneros, porque en casa, en el “baúl de los recuerdos” heredado de mi madre se pueden encontrar también algunos ejemplares.

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Otro elemento que provocó nuestra alegría, e incluso hilaridad, es ver el contrato de la taquillera María Paz Chen Fernández en el Teatro Chino. Teatro Chino de Manolita Chen, que era su madre, y que venía para las fiestas del Pilar todos los años instalándose en el recinto ferial con su espectáculo de revista portatil. Todo quedaba en casa, aunque la chica no debió heredar las dotes “artísticas” de la madre. Que creo que era madrileña, del Puente de Vallecas. El padre, el empresario, sí que era chino. Durante mi infancia siempre tuve curiosidad por saber qué sucedía en aquellas carpas que aparecía todos los meses de octubre en la ciudad. Pero cuando tuve la edad para entrar, esa curiosidad se había pasado, y las miraba como engendros de otra época.

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No voy a entrar a hora en otros detalles sobre lo que se nos cuenta en la exposición, que hace repaso a las “vedettes” del Plata o el Oasis, del Paralelo barcelonés, o de la que se considera como reina del asunto, Celia Gámez. Insisto,… tengo motivos para pensar que detrás de las plumas, la música y las coristas más o menos macizas, no había más que unos cuantos ejemplos más de la caspa cultural del país. Especialmente en tiempos oscuros del siglo XX.

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Aparte de estas dos exposiciones recientemente inauguradas, en el espacio tránsito hay una instalación “En las sombras de la Felicidad” de Jenni Kärnä-Escalante (instagram) que muestra de forma muy elegante con ilustraciones los contrastes de la vida de la infancia entre los países ricos y los pobres. Es lo que más me gustó de lo que pude ver el domingo. Están a punto de retirarla.

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[Libro] Cuadernos rusos

Literatura

Nueva ocasión de presentar una historieta. Aunque a ratos lo he sentido más como un libro ilustrado. Llega un momento en que ambas categorías son difusas. Trás los Cuadernos japoneses que ya comenté, del italiano Igort, encontré en librerías este volumen de título similar, también editado por Salamandra Graphic. Podría suponer por la similitud del título y el formato que se trata de dos productos similares. Pero aunque lo son en la forma, no lo son en cuanto a los temas que tratan.

No he visitado Rusia. Y el talante que se gastan por allí hace que no me apetezca en exceso. Pero tengo fotos de otros países que sufrieron el dominio ruso en la época soviética, y que presentan debilidades en sus democracias por causa de nacionalismos, religiones o corrupción. Aunque no en la medida de los rusos. Como por ejemplo pude observar en Rumania en 1995.

No he visitado Rusia. Y el talante que se gastan por allí hace que no me apetezca en exceso. Pero tengo fotos de otros países que sufrieron el dominio ruso en la época soviética, y que presentan debilidades en sus democracias por causa de nacionalismos, religiones o corrupción. Aunque no en la medida de los rusos. Como por ejemplo pude observar en Rumania en 1995.

Los “cuadernos japoneses” era un libro de corte biográfico, en el que el autor aprovechaba las peripecias de un periodo de su vida para traernos una impresión sobre la vida y la historia en el País del Sol Naciente. Estos “cuadernos rusos” nacen de otra realidad. Surgen como consecuencia del asesinato de la periodista rusa Anna Politkóvskaya, luchadora en pro de los derechos humanos en su país, contraria a la guerra de Chechenia y a los abusos del ejército ruso en esa región del Cáucaso, y contraria también a la política de falso demócrata de Vladímir Putin. Politkóvskaya fue asesinada en 2006 por unos pistoleros a sueldo. Aunque ha habido individuos juzgados como culpables por el asesinato, los auténticos instigadores se desconocen.

O la que era prometedora democracia húngara en 1997, pero que ha mostrado malas maneras con algunas normas xenófobas o algunos partidos en el gobierno con tendencias nacionalistas  extremas recientemente.

O la que era prometedora democracia húngara en 1997, pero que ha mostrado malas maneras con algunas normas xenófobas o algunos partidos en el gobierno con tendencias nacionalistas extremas recientemente.

Igort realiza una investigación sobre la vida de la periodista, sobre el conflicto checheno, sobre la dictadura disfrazada de democracia que es el régimen ruso actual, aderezado con apuntes sobre la historia y la cultura rusa que pretenden ayudar a entender al lector occidental las peculiaridades de esta sociedad.

Estos cuadernos me han enganchado todavía más que los “japoneses” y no tardé en “devorarlos” ya que la narración es ágil y apasionante. Al mismo tiempo, que estremecedora y cruel. Igort no se para en mientes y toma claramente partido, denunciando la brutalidad del ejército ruso y hipocresía del régimen de Putin. Yo lo encuentro muy recomendable. Sirve también de recordatorio de que las democracias son regímenes que hay que cuidar mucho. Que la demagogia que acompaña los nacionalismos, las religiones y otras ideología dogmáticas, se las pintan solas para acabar con ellas. Y eso nos puede pasar a cualquier país.

Y tampoco la católica Polonia, que visité en 2008, se ha librado de ramalazos ultranacionalistas, sin contar con el exceso de poder de la iglesia católica en el país.

Y tampoco la católica Polonia, que visité en 2008, se ha librado de ramalazos ultranacionalistas, sin contar con el exceso de poder de la iglesia católica en el país. Nada comparable a los excesos rusos,… pero cualquier situación puede ir a peor si no se tiene cuidado.

Por si se hieren susceptibilidades con mis apreciaciones, los tres países mencionados en las fotografías están dentro del grupo de las “democracias imperfectas” según el Índice de Democracia elaborado por la Unidad de Inteligencia de The Economist. De 167 países analizados, Polonia ocupa el lugar 44 (empatada con Brasil), Hungría el 49 y Polonia el 59. Sólo 25 países merecían el calificativo de “democracias plenas”. España, a pesar de sus imperfecciones, ocupa el puesto 17 y es calificado como tal. Imaginad lo que puede estar pasando en los países por debajo. Rusia, a pesar de su apariencia formal de democracia es considerado “régimen autoritario” ocupando el puesto 122 de la lista.

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[Fotografía] Recomendaciones semanales – del 11 al 18 de septiembre de 2016 – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía

En esta mañana de domingo, me encuentro con una buena noticia y una mala noticia. La buena noticia es que desde hace un par de días tenemos nuevo álbum de Madeleine Peyroux, titulado Secular Hymns, y que por lo tanto llevo un rato ya disfrutando de la música de la cantante del estado de Georgia con nombre tan francés. La mala es que tenía muchas recomendaciones prevista y he tenido que eliminar y seleccionar. De momento os dejo el tablero en Pinterest de la semana.

Y a continuación el enlace a las recomendaciones, con unas cuantas fotos de la salida de Fotógraf@s en Zaragoza al Matarraña, pero esta vez en blanco y negro.

Origen: Recomendaciones semanales – del 11 al 18 de septiembre de 2016 – Fotografía y otras artes visuales.

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[Viajes/fotografía] Salida fotográfica al Matarraña con Fotógraf@s en Zaragoza… y a vueltas con el concepto de “HDR” – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía, Viajes

Este miércoles pasado, 14 de septiembre de 2016, había propuesta una excursión fotográfica por parte de Fotógraf@s en Zaragoza (flickrfacebook), esas que llamamos de “jubilados” por aquello de los que tienen más posibilidades de apuntarse… Bueno, en esta ocasión también yo tuve ocasión de apuntarme y me apunté. Tras una serie de visicitudes con el destino acabamos en la comarca del Matarraña. Os lo cuento en el siguiente enlace. Y para quien no esté interesado en rollos, os dejo unas cuantas fotos.

Origen: Salida fotográfica al Matarraña con Fotógraf@s en Zaragoza… y a vueltas con el concepto de “HDR” – Fotografía y otras artes visuales.

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[Cine] Tarde para la ira (2016)

Cine

Tarde para la ira (2016; 472016-0909)

Primer largometraje de Raúl Arévalo, actor metido a director, que llega a las carteleras avalado por buenas críticas, redondeadas por el éxito para una de sus actrices, Ruth Díaz en el papel de Ana, que ha conseguido uno de los premios de la última bienal de Venecia. No el de interpretación femenina en la sección oficial, pero no deja de ser un galardón prestigioso.

Largometraje de duración muy moderada, en la que la acción va bastante al grano aunque sin que se salte ningún elemento necesario para la narración de la historia, donde se desgrana una venganza que se pone en marcha cuando ocho años más tarde del atraco a una joyería con muertes y lesiones graves, el único detenido sale de la trena, Curro (Luis Callejo). Y junto con el parroquiano de un bar, José (Antonio de la Torre), donde trabaja su novia, Ana, de la cual parece colgado el solitario parroquiano, comienza en circunstancias que no mencionaré por no destripar, la búsqueda de los violento criminales que quedaron impunes. Porque Curro, al fin y al cabo, sólo era el conductor que se buscaron para la huída y, como he dicho, el único que pagó el pato.

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Como hacen en la película, nos iremos por Castilla un poco, por su parte más rural. En el encabezado y esta picota, Berlanga de Duero.

Rodada con un sucio y granujiento Super  16, con frecuencia cámara en mano y siguiendo muy de cerca a los personajes, el director y su equipo buscan meternos muy dentro de la acción y de las sensaciones que viven sus personajes, con eventuales descansos para situarnos en entornos generales y encuadrar la acción. Cutredad visual buscada, y que no creo que se deba a motivos económicos. Últimamente viene siendo más barato rodar en digital que en película tradicional.

Todo ello apoyado por excelentes interpretaciones especialmente del trío protagonista mencionado. De la Torre ya nos tiene acostumbrados a interpretaciones sobrias de personajes atormentados, y Callejo resulta convincente en esa mezcla de aturdimiento y ansiedad que sufre el personaje al salir del talego. Ruth Díaz no me sonaba más que de haberla visto de pasada en alguna teleserie, sin que me hubiese llamado la atención por nada en especial. Es evidente que tenemos que esperar a que los intérpretes españoles vayan madurando con la edad, porque sus comienzos en la televisión suelen venir acompañados de notable mediocridad.

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Ermita de San Bartolomé en el cañón del Río Lobos.

Dicho todo lo cual, la película es más que digna y tiene su mérito, aunque a mí no me acaba de enganchar del todo, ya que estas producciones en las que abunda la testosterona más o menos violenta no me seducen mucho. Pero puede gustar a más de uno, por qué no.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***
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Casa de los Cueto Caraveo en la Plaza Mayor de Ciudad Rodrigo.