[Cine] JUNG_E (2023)

Cine

JUNG_E (2023; 06/20230122)

Una entrada rápida para el primer estreno del año en Netflix procedente de Corea del Sur. Mi intención para este año es ser mucho más cauto con lo que ven en Netflix en cuestión de largometrajes,… porque tienen muchas pifias. Pero claro, si estamos hablando de una película dirigida por Yeon Sang-ho, responsable de la entretenida Busanhaeng (Tren a Busán), había que darle una oportunidad. Así que vamos allá con este drama de ciencia ficción procedente del país asiático.

Unos paisajes de Seúl nos servirán para ilustrar la entrada; aunque son mucho más luminosos que los oscuros y «bladerunnerianos» ambientes de la película.

En un futuro, en una guerra que no acaba entre algunas colonias espaciales díscolas y una Tierra cuasi postapocalíptica por catástrofes diversas, una empresa cibernética trabaja en un androide soldado, JUNG_E, basado en una célebre capitana, Yun Jung-yi (Kim Hyun-joo), cuyo cerebro y personalidad fueron conservados tras ser herida mortalmente en su última misión (Nota: JUNG_E, el nombre del proyecto, y Jung-yi, el nombre de la capitana, serían homófonos, por lo menos desde el punto de vista del coreaninglés). En el equipo investigador está la hija de la soldado (Kang Soo-youn), pero no consiguen avanzar. En las simulaciones, la androide tiene un gran rendimiento, pero falla siempre en la misma misión. Y además, la situación de la guerra está por cambiar, afectando al proyecto de forma radical.

A pesar de la buena referencia de su director y que su reparto, por lo que he podido comprobar, tiene solidez interpretativa, la película peca de lo que pecan muchas películas de este tipo en el país asiático. Es un pastiche. Mezcla cosas y conceptos que pueden proceder de Blade Runner, Ex-Machina, The Expanse u otras producciones similares. Pero no se centra en nada. Parece que va a haber una tensión geopolítica como en The Expanse… pero eso es un macguffin sin más trascendencia. Podría haber una reflexión sobre la humanidad de la persona artificial, pero se queda a un nivel artificial. Y de los parecidos con Blade Runner… pues como tantas películas que copian ambientes o ideas de la genial película, porque ni reflexión sobre el ser artificial ni crítica profunda real a la gran empresa. Al final, lo que hay es un melodrama mal encajado y mal desarrollado por la peculiar relación madre-hija.

Ni siquiera podemos apreciar unas interpretaciones realmente mencionables, más bien nos movemos en los mediocre, en salvar los muebles como se pueda. Y sólo se salva un diseño de producción que sí que salva los muebles, siempre desde el punto de vista de que la película habrá costado su dinero, pero no habrá gastado lo que gasta Hollywood en producciones similares. En general, lo que decía… hay que ser muy selectivos a la hora de ver largometrajes de Netflix. Pero ya no sé que criterios usar para evitar los fiascos. Porque hasta las producciones con nombres de prestigio detrás son flojas. Y todo en medio de la gran crisis de las plataformas de contenidos bajo demanda, que van a tener que tomar medidas, empezar a generar fusiones, desaparecer algunas, porque no hay mercado ni dinero para compensar todo lo que se están gastando en producciones que atraigan suscriptores. Parece que pronto se hablará de burbuja que revienta, si no se está hablando ya.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: **
  • Valoración subjetiva: **

[TV] Cosas de series; series japonesas, algunas estupendas

Televisión

Cuando me suscribí a Netflix y comprobé que había una oferta muy diversa de producciones, series en su mayor parte en ese momento, de todo tipo de países, y empecé a probar algunas de ellas, pensé que me lo iba a pasar muy bien con las series realizadas de Japón. Aparte de alguna comedia romántica que podían entrar en el saco de los placeres inconfesables, encontré algunas cosas muy curiosas y con personalidad propia. Sin embargo, con el tiempo, lo que más veo de esa nacionalidad es animación. Y sólo de vez en cuando surge alguna serie que me atrapa lo suficiente para pasar del primer o segundo episodio. Me pasó algo parecido con Amazon Prime Video, pero también con la misma irregularidad. Sin embargo, parece que en los últimos meses ha habido un aumento de oferta en series de acción real en Netflix. No sé si son de las abiertas a todo el mundo o sólo a quienes configuramos la interfaz de la aplicación en inglés; ya he comentado que existen diferencias en la oferta disponible con respecto a la configuración de la interfaz en castellano. El caso es que entre el final de 2022 y el principio del 2023 he estado muy activo con algunas de estas series. Para bien.

En primer lugar, hemos podido ver la segunda temporada de Imawa no Kuni no Arisu [今際の国のアリス], más conocida internacionalmente como Alice in Borderland, adaptación de un popular manga. Recordemos que el título de la serie es un juego de palabras. El apellido del protagonista Arisu (Kento Yamazaki), 有栖 o アリス en katakana, es homófono en japonés con Alice, la del País de las Maravillas, Wonderland en inglés. Y además, hay una correspondencia entre los personajes de la serie y el relato fantástico de Lewis Carroll. Un caso descarado es que el apellido de la coprotagonista femenina Usagi 宇佐木 (Tao Tsuchiya) es homófono con うさぎ, conejo en japonés, alusión al conejo blanco del País de las Maravillas. En cualquier caso, recordamos que la serie traslada a los personajes a un universo alternativo, a un Tokio desierto, convertido en un mortal y cruel campo de juego, adelantándose de alguna forma a una famosa serie coreana, aunque el sentido final de ambas series sea distinto. La segunda temporada ha tenido más carga dramática, los personajes, incluido los protagonistas, han adquirido mejor definición, y en general ha sido mejor y más interesante. Bastante recomendable. El ciclo argumental ha quedado cerrado, de una forma bastante satisfactoria, y no pasa nada si no volvemos a este universo en serie de televisión. Pero la escena final es un guiño, más a un spin-off que a una continuación de la historia. Yo me lo he pasado bien con esta serie.

Precedida de buenas críticas y comentarios muy favorables llegó a Netflix First Love 初恋, o sea, primer amor en inglés y en japonés (se lee hatsukoi). La serie tiene una puntuación elevadísima entre los votantes de IMDb, 8,4, y ya digo que venía precedida de comentarios críticos muy positivos. Inspirada por dos canciones de una muy popular cantante japonesa, Hikaru Utada, o simplemente Utada cuando publica sus álbumes en inglés, una de ellas First Love, uno de sus primeros éxitos a finales de los años 90 que dio título a su primer álbum en 1999, y otra de ellas más reciente Hatsukoi 初恋 que dio título a su álbum de 2018. Ya he comentado que significan lo mismo. Y durante 20 años largos seguimos la peripecia de dos personas que se enamoraron de adolescentes, cada una con su sueño, ella, Yae (Rikako Yagi de adolescente, Hikari Mitsushima de adulta), el de ser azafata y viajar por el mundo, él, Harumichi (Ell de adolescente, Takeru Sato de adulto), derivado del anterior, el de ser piloto en la rama aérea de las Fuerzas de Autodefensa de Japón (constitucionalmente, Japón no tiene lo que se llama un ejército… o eso dicen, porque sus miembros uniformados se rigen por el sistema jurídico de los funcionarios civiles y están sometidos a la legislación civil y penal común a toda la población). Pero su relación ideal y sus sueños se romperán por sendos accidentes, y ella acabará de taxista y él de vigilante de seguridad en Sapporo. Ella divorciada de otro hombre y con un hijo adolescente que vivirá su propio primer amor, y él a punto de casarse con otra mujer… cuando vuelven a encontrarse con el tiempo. La acción no es lineal, y la serie se mueve constantemente hacia delante y hacia atrás en el tiempo. Hasta el final, el espectador no tiene toda la información para comprender lo sucedido. No está mal y tiene momentos buenos, pero abusa de las casualidades para hacer avanzar la trama, y de un algún que otro exceso melodramático en algún momento. También chirría algo el reparto. Entre el chico adolescente y el adulto me creo que sean la misma persona, pero no así en el caso de la chica, empezando porque la adolescente es claramente bastante más alta y con un físico muy distinto que la adulta. La actriz protagonista adulta lo hace muy bien y es uno de los motores que sostiene la serie. Se deja ver con agrado, en general, pero no me entusiasmó tanto como me habían prometido los «listos» de la cosa.

Y finalmente una serie, muy sencilla y amable, pero que me ha encantado. Y encima nos llega de la mano de Hirokazu Koreeda, uno de los directores japoneses que con más facilidad se abre camino hasta las grandes pantallas españolas, que a mí me encanta, y del que hace unas pocas semanas veíamos su último trabajo, rodado en coreano, con intérpretes coreanos y en Corea del Sur. La serie es Maikosanchi no makanaisan [舞妓さんちのまかないさん], internacionalmente conocida en inglés como The Makanai: Cooking for the maiko house. Bueno, el título japonés significa algo parecido, La cocinera de las maikos. Un poco de contexto. Maiko 舞妓 es una aprendiza de geiko 芸子 o geisha 芸者. Cuando hablamos de geisha lo hacemos en el contexto estricto, persona que profesionalmente entretiene a sus clientes en sus reuniones sociales con sus habilidades artísticas, como la danza, la música, la interpretación o la declamación. No son prostitutas. De hecho, el termino geisha es neutro respecto al sexo de la persona, mientras que geiko se referiría a cuando la persona es un mujer. Una actividad tradicional en Japón que hoy en día se limita a unos pocos lugares entre los cuales esta Gion, un barrio dentro del distrito de Higashiyama en Kioto, de los que mejor conservados están en lo que se refiere a arquitectura y tradiciones, y que por lo tanto… suele estar lleno de turistas y no tiene el aspecto tranquilo y relajado que nos ofrecen en la serie. Las fotos de hoy, proceden de Gion en Kioto, año 2014. Con alguna maiko y alguna geiko, mucho más escurridizas a la hora de dejarse fotografiar por los visitantes de lo que aparece en la serie.

Dos jóvenes, Kiyo (Nana Mori) y Sumire (Natsuki Deguchi) se desplaza desde el norte de Japón, en Aomori, hasta la antigua capital imperial nipona para el aprendizaje que les permita ser maikos. Sumire destacará, y con la ayuda de la geiko principal de la casa, Momoko (Ai Hashimoto), avanzará en ese camino. Pero Kiyo se quedará atrás, aunque sus habilidades en la cocina hará que se quede en la casa como cocinera. Makanai sería un término para designar a la cocinera de una casa de huéspedes o de un pequeño colectivo de personas. Koreeda ha dedicado buena parte de su filmografía a reflexionar sobre el concepto de familia. Y aquí, una vez más, configura una familia no tradicional. La serie se basa en un manga, Kiyo in Kyoto, que sigue publicándose. Y la familia está conformada por las dos veteranas geiko que ahora gobiernan y gestionan la casa y sus actividades, y que tienen el papel de madres, las geiko en activo, hermanas mayores, y las maiko y otras aprendizas, que son las hermanas menores. Así como otros personajes que rodean a esta comunidad. Es una serie amable. Rodada para que sea bonita, con bella fotografía, con atención al detalle, con ritmo pausado. Llena de momentos cotidianos, aparentemente banales, pero entre los que se cruzan los pequeños dramas y las pequeñas comedias de los miembros de la casa. Predomina el sentido de solidaridad y apoyo mutuo, como idea fundamental de la razón de ser de una familia. Y a mí me ha encantado. Como digo es muy muy bonita de ver. No creo que haya una segunda temporada… no tendría mucho sentido, sería más de lo mismo, o sería buscar algún elemento dramático, que quizá rompería lo que da encanto a una serie en la que, aparentemente, no pasa nada, pero, en realidad, pasa mucho. Pasa la vida. Muy recomendable.

[Fotocomentario] Ya parece invierno…

Fotografía

Síp. Llevamos unos días en los que cuesta venir a trabajar. Más de lo habitual. Además de que hay que salir de casa antes de las siete de la mañana, y de que mi entorno de trabajo no es para tirar cohetes de feria precisamente, hay que sumar que salimos de casa con temperaturas en torno al 0 ºC y a veces con viento. Desapacible, y poco apetecible. Y la temperatura no sube mucho durante el día.

Hoy, antes de escribir estas breves líneas, he estado comentando en Apuntar y disparar en un templado día de invierno – Olympus mju-II con Kodak Portra 400 sobre un las fotografías realizadas a mediados de diciembre. Algunas de las cuales os muestro aquí. Fueron días soleados, con temperaturas considerablemente altas para las fechas. Era muy agradable salir a pasear o hacer recados. Normalmente, en esas fechas, cuando el tiempo es estable, se acumulan nieblas y las temperaturas no suben mucho. Pero nada de eso subió. Y hasta hace unos pocos días bromeábamos con el hecho de que parecía que habíamos pasado directamente del otoño a la primavera, sin pasar por el invierno. Pero finalmente, el invierno está aquí. Ya parece invierno…

Reconozco que esto es lo normal. Que lo anómalo, año tras año, es lo otro. Pero que bien se está cuando la luz del sol ilumina sin ofender la vista y las temperaturas son fresquitas pero agradables. Cuánto apetece estar activo, hacer cosas, ir de un lado a otro… No como esta mañana, en la que tan destemplado me sentía, que de repente me he encontrado metido en un autobús urbano, cuando siempre vengo a trabajar caminando todo el trayecto. Es lo que había.

[Cine] Heeojil gyeolsim [헤어질 결심] (Decision to Leave) (2022)

Sin categorizar

Heeojil gyeolsim [헤어질 결심] (Decision to Leave) (2021; 05/20230121)

El cine asiático, y más concretamente el surcoreano, sigue dándonos alegrías. Las que no recibimos de cinematografías más próximas, al parecer carentes de nuevas ideas. Y ha llegado a nuestras carteleras esta decisión firme de romper una relación, que sería el sentido del título original de esta última película de Park Chan-wook, que tan prometía y que tanto cumple. Park es un director que tiene una prestigiosa filmografía en su haber, aunque yo no empecé a familiarizarme con su trabajo hasta el estupendo thriller cargado de erotismo y sensualidad que nos ofreció hace unos años. Había visto con antelación un par de películas suyas en televisión, y uno de sus trabajos en Estados Unidos, que no me convenció. Quizá debiera darle una segunda oportunidad,… No sé. Pero había más alicientes en esta película que ahora comentamos.

Busan, la populosa ciudad costera en el sur de la península coreana, es el escenario de buena parte de la película.

En una hora y en un día poco usuales, una matinal de sábado, de un día muy frío nos fuimos a ver la película. Elegimos esta sesión porque nos ofrecía una versión original en una de las mejores salas de Zaragoza, la sala 4 de los cines Palafox, proyección en 4K, y con un excelente sonido. Y merece la pena, porque es una película cuyos aspectos audiovisuales la hacen merecedora de la mejor calidad posible. El inconveniente es que, en esta época del año, hay que ir muy abrigado a estas sesiones matinales en salas tan grandes… porque hace mucho frío. En cualquier caso, ahí estaba el detective de Busan (Park Hae-il) investigando la muerte por accidente de montaña de un funcionario retirado de inmigración, sospechando de su atractiva e inteligente esposa de origen chino (Tang Wei), mientras sufre de insomnio y de un matrimonio a distancia, puesto que su propia esposa (Lee Jung-hyun) trabaja de técnico en una central nuclear de otra ciudad surcoreana.

Visualmente, auditivamente, «coreográficamente», en su puesta en escena, la película es prácticamente perfecta. La maestría de Park se demuestra en cada escena de la película. Y además, este thriller lleva incluida una carga de romance del bueno, de atracción que tiene que ver con lo físico, pero sobretodo con los intelectos, con la inteligencia, con la profundidad de una personalidad, donde el atractivo tiene que ver con un conjunto y no con un cascarón, que hace que tenga momentos absolutamente antológicos, especialmente su final inapelable y rotundo, cuando Seo-rae toma esa decisión firme y radical de romper con una relación que tanto daño ha causado y puede causar. Un final tan bello como desolador y perfecto.

Poco hay que objetar a las interpretaciones. Más bien nada. El reparto de actores coreanos es extremadamente competente. Sorprende la enorme calidad de la interpretación actoral en Corea del Sur, que pocas veces se demuestra en sus populares series de televisión, pero que arrasa en sus mejores largometrajes de cine. Pero claro… está Tang Wei, actriz por la que siempre he sentido debilidad, y de la que el dictatorial régimen chino nos privó con sus vetos y censuras durante unos por su participación de la estupenda película de espionaje y erotismo de Ang Lee, que evitó que pudiera participar en proyectos de más entidad. Pero a los jerarcas de la dictadura china no les gustaron las osadas escenas entre Tang y Tony Cheung. No obstante, ya he podido ver su excelente trabajo en películas tan diversas como esta, que vi en una plataforma en internet durante lo peor de la pandemia, o esta, que vi en cine y que se aproximaba a obra maestra, con Tang Wei fenomenal. El caso es que esta estupenda actriz lo hace fenomenal. Habéis de saber que la actriz está casada con un director de cine surcoreano, y no es la primera película que hace en este país y en este idioma.

A esta película le falta poco para ser perfecta. Probablemente pincha un poquito, no mucho, en su trama policiaca. Al fin y al cabo, el gran misterio inicial, si la mujer mató o no mató a su marido, se desvela cuando llevamos un 60 % de la película, más o menos. Y luego todo se enreda un poco demasiado. También queda un poco deslucida la evolución de la relación del protagonista masculino con su esposa. Pero en realidad son minucias que no impiden que sea una película altamente recomendable y disfrutable. Lo que impiden es que sea una obra maestra.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Recomendaciones fotográficas] Un podcast y otras cosas

Fotografía

Esta mañana he redactado una entrada en El viaje fotográfico de Carlos, donde cuento mis experiencias como fotógrafo aficionado. Principalmente en fotografía con película tradicional. Pero no exclusivamente, porque de vez en cuando también dedico alguna entrada a la fotografía digital. Como la de esta mañana, La compleja cuestión de la compacta digital – Sony ZV1, donde discuto lo complicado que se ha vuelto llevar una cámara digital de bolsillo con buena calidad, en estos tiempos de móviles que hacen de todo, aunque no necesariamente bien, o todo lo bien que yo quisiera. Y cuando redacto una entrada en ese ámbito, siempre la reflejo en este Cuaderno de ruta, bien con un fotocomentario, o simplemente mostrando algunas fotos de las que iban en la entrada. Pero hoy coincide que es domingo, y usaré algunas de esas fotos para ilustrar unas recomendaciones fotográficas, que tradicionalmente traigo en este día de la semana.

Un blog que me gusta mucho y del que he traído muchas recomendaciones, aunque no últimamente, es Cartier-Bresson no es un reloj, realizado por Leire Etxazarra, periodista pero que también se preocupa por la cuestión fotográfica. El caso es que junto con la fotógrafa Inma Barrio (instagram) se ha montado un podcast. Que seguro que es muy interesante. Seguro. El problema es que a mí me cuesta mucho escuchar podcast que no sean de música. Esto de escuchar pasivamente algo a lo que hay que prestar atención no va conmigo. Porque yo veo activamente, leo activamente, pero la escucha… sin más interacción, me cuesta. Pero bueno… intentaré escucharlas de vez en cuando. De todos modos, mi plataforma para podcast es la de Apple… y allí no están todavía al parecer. También están los podcast, uno de momento, con vídeo en Youtube… pero una hora viendo cabezas parlantes… tampoco es mi cosa favorita.

Me llamó la atención un artículo en AnOther Magazine con fotografías de Benjamin Rasmussen, en un trabajo en el que pone de manifiesto que eso que llaman América, o sea Estado Unidos, es algo muchísimo menos uniforme y más diverso de lo que algunos quieren ver y algunos quieren pretender. Fotografías de objetos, de personas, de animales… Me llamó mucho la atención el retrato de una niña nativa norteamericana, descendiente de Tom White Shirt, uno de los supervivientes de la masacre de Sand Creek, un ataque contra población no guerrera, fundamentalmente mujeres y niños, por parte del ejército norteamericano. Parece ser que ese superviviente era un niño de cinco años, del cual descienden en la actualidad unas trescientas personas. El coronel que dirigió el ataque era clérigo o predicador de una religión cristiana. Claro.

También en AnOther Magazine apareció recientemente un artículo dedicado a Alex Prager (instagram). Es una habitual de las páginas de fotografía. Pero hacía mucho que no la mencionaba. Suele realizar fotografías escenificadas, a modo de fotogramas de una película o algo similar, en las que frecuentemente se encuentra la propia fotógrafa como un personaje más. Sus fotografías son reflexiones sobre el alineamiento del individuo en las sociedades actuales. O al menos eso me transmiten a mí. Y a pesar de su alegre colorido, me resultan tristes.

Hace tiempo que no hago cianotipias. Generalmente las hago a partir de negativos en acetatos transparentes procedentes de fotografías mías. Aunque también he positivado también algún negativo de los grandotes, de los de 6 x 9 cm. Pero es una técnica fotográfica que, cuando está bien planteada, me gusta mucho. Como el proyecto de Luis Carlos Tovar (instagram) que nos muestran en Lensculture, en recuerdo de su padre, que fue secuestrado por los guerrilleros colombianos. Un trabajo complejo, artísticamente realizado con técnicas mixtas entre las cuales la cianotipia, y que me ha llamado mucho la atención.

[Cine] 7 donne e un mistero (2021)

Cine

7 donne e un mistero (2021; 05/20230119)

Mmmmm… casi no acierto a encontrar motivación y ganas a ponerme con cosas esta tarde sábado. Esta mañana ha sido rara… no recuerdo cuándo fue la última vez, si es que había sucedido alguna vez antes, que fui a una matinal de cine. Ya hablaré de la película en su momento, que ha estado muy bien. Pero hacía un frío horrible en la sala. Y si a eso sumas el viento frío a la salida, por mucho que fueran las tres de la tarde, cuando he llegado a casa estaba totalmente destemplado. Y me he acurrucado en el sofá… que no me hubiese levantado en toda la tarde… hasta mañana. Por fin, un té bien caliente que me he tomado me ha despabilado algo y, siendo cerca de las seis de la tarde, me he puesto a aprovechar la tarde. Por lo menos comentaré esta película… que la verdad es que tampoco tiene mucho que comentar.

Para mansiones italianas… las que bordean el Lago Maggiore, que me sirve para ilustrar la entrada de hoy.

Película de 2021, estrenada en diciembre de ese año en su país de origen, Italia, pero que no ha llegado a otros lugares hasta que Netflix decidió su distribución internacional y la estrenó en diciembre de 2022, un año más tarde. Eso… ya resulta sospechoso. Pero cuando la vi anunciada en la plataforma de contenidos en línea, y leí su sinopsis, comprendía que era una nueva adaptación o versión de, o está basada en, la obra de teatro Huit femmes de Robert Thomas. No puede ser adaptación de la obra al cine, porque hay un diferencias en los personajes con diálogo, que además pasan de ser ocho mujeres a siete. Así que diremos que «está basada en». La obra ya fue adaptada en 2002 por François Ozón con un reparto de relumbrón,… y con canciones. Mirad que chics lucían Virginie Ledoyen y Ludivine Sagnier con ese look tan años 50 del siglo XX.

Así pues, de nuevo el sultán de la mansión ha sido asesinado y todo su harén se ha reunido para intentar saber quién de ellas es la culpable. Y todas son sospechosas, y todas tenían sus motivos para hacerlo.

Vayamos por partes. El reparto no me resultaba familiar, pero como el cine italiano llega con menos frecuencia a nuestras pantallas y televisores me resulta difícil de decir si está a la altura, de alguna forma, del francés. A mí se me hace que no. Que no sólo es cuestión de que las gabachas fuesen más conocidas. Que sin ser malas actrices, las italianas no están al mismo nivel. Cierto que no se lo ponen fácil. La obra es igualmente muy colorida, con un esfuerzo de diseño de producción aceptable, en un entorno muy similar a la película de Ozon. Tengo la sensación que la época no es la misma… que el vestuario de la película italiana es más propio de los años 30 que de los 50 del siglo XX. Y la moda de la Italia fascista no es tan chic como la moda francesa de la existencialista posguerra tardía. Pero claro… tampoco es ahí donde falla la cosa… La cuestión es que esto tiene que ser una comedia. Con un toquecito borde. Y sin embargo,… el sentimiento que predomina en este espectador durante toda la sesión es… la indiferencia. No es que iguale, y mucho menos haga sombra a la versión francesa, que a pesar del reparto y el prestigio del director era simpática pero no maravillosa,… es que ni se le acerca. Tengo la sensación de que puede haber un problema con el material de base. Que hace 20 años se resolvía con muy buen hacer en ingenio. Pero que no da para más.

Para quien tenga Netflix… haya ellos si se animan. Aunque por lo menos no es larga. Menos de hora y media, y algo menos si le quitamos los créditos finales. Pero bueno… yo dedicaría el rato a alguna otra cosa. Mmmmm… se me olvidaba, la dirige Alessandro Genovesi.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

[Fotocomentario] La calidad, ¿se paga… o no se paga? ¿O se paga la marca?

Fotografía

Sobre el coste y el precio de la calidad, dos conceptos distintos si lo pensáis bien, se debate mucho. Están los partidarios de comprar cosas «de marca», porque aseguran que salen más caros, pero merece la pena porque son más fiables, y «quien compra barato, compra dos veces». Pero están aquellos que aseguran que «pagas la marca». Que seguro que en el mercado hay productos similares en calidad más baratos… pero que la gente no lleva «porque no son de marca». A partir de ahí… sean «youtubers» dando su «honesta opinión», sean «influencers», sean organizaciones de consumidores y usuarios, sea la prensa (especializada o no), sea lo que sea, si escuchas lo que cuentan o lees lo que escriben con un mínimo de sentido crítico,… sientes que no sabes de qué fiarte.

Por ello, muchas personas tendemos a ser prudentes, y analizar con cuidado los resultados de nuestras compras para ver cuales son los puntos débiles de los productos, y sacar enseñanzas para el futuro. Aunque no siempre podamos fiarnos de nuestra propia experiencia tampoco, porque a propósito de un caso o de unos poquitos casos, es difícil sacar conclusiones generales. Pero poco a poco encuentras patrones.

Recientemente, con el rollo de película fotográfica del que salieron las fotos de esta entrada, y sobre las que podéis saber más en Sensibilidad alta como todoterreno para el formato medio – Fujifilm GS645S Wide 60 con Lomography Color Negative 800. En la práctica, sólo hay dos opciones para fotografiar con cámaras de medio formato con sensibilidades altas de película; o compras la película que viene bajo la marca Kodak, que es muy cara, o compras película fabricada por Kodak, pero que viene presentada o envasada por otros, y que, eventualmente, no siempre, es más barata. Pero con la cámara que usé, por lo arcaico de los rollos de película tipo 120, hay que cuidar cómo se carga la película y cómo se avanza tras cada foto. Si no se hace correctamente, corres el riesgo de que se enrolle defectuosamente y tengas filtraciones de luz que estropeen tus preciados negativos. Ya os lo avanzo. Con la película fabricada, envasada y bajo la marca Kodak, es un problema que sólo te pasa si eres muy descuidado y torpe. O desconoces el problema y no tomas precauciones. Pero con la fabricada por Kodak, pero bajo otras marcas… incluso si tienes cuidado, es más probable que tengas problemas… ¡Qué dilema! Pero es lo que hay. Que cada adopte los riesgos y las ventajas que prefiera.

[TV] Cosas de series; series amables coreanas para la época festiva

Televisión

Pues sí. Los fines de semana y festivos adjuntos suelo ver en la televisión series surcoreanas poco trascendentes. Aunque de vez en cuando hay alguna que sí que lo es. Y para los fines de semana y días festivos en torno a las navidades y el año nuevo, opté por series de carácter alegre o con buen rollo. Tirando a comedias, aunque siempre tienen una dosis mayor o menor de drama acompañando a la comedia. Veamos las que fueron.

Keopi Hanjan Halkkayo? [커피 한잔 할까요, ¿tomamos una taza de café], internacionalmente conocida como Would you like a cup of coffee? (más o menos parecido), es una serie de 12 episodios cortitos. Alrededor de media hora de duración en lugar de los 70 minutos que son frecuentes en las series surcoreanas. Y es una serie tranquilita de buen rollo. Un joven despistado con su vida decide empezar a trabajar en una pequeña cafetería como barista. Vamos a ver… barista es una palabra italiana que se refiere al camarero que sirve detrás de la barra de un café o de un bar. Pero que se ha extendido por el mundo como sinónimo del que prepara cafés pijos, más o menos sofisticados, en determinado tipo de cafeterías donde cobran 6 u 8 euros por un café en lugar de la modesta cantidad que, al menos en España, se cobra por un expreso, un cortado o un café con leche. Esta mañana, a un compañero de trabajo, en el descanso del trabajo, un euro y treinta céntimos. Y le ha parecido que estaba bien. Y con un churro. A mí no me gusta el café. Pero viviendo en una cultura donde el café es de consumo habitual y de batalla, y barato, esto de que te cobren un dineral por uno, por mucho que te dibujen un corazoncito o un oso panda con la espuma… no acabo de cogerle la gracia. En cualquier caso, la serie no está nada mal. Pues al fin y al cabo, lo del café es el macguffin. Lo de importante son las relaciones humanas de una comunidad, el buen rollo y la solidaridad entre las gentes. Muy agradable de ver.

La chica protagonista se supone que vive en Busan, y se desplaza a Seúl donde trabaja su padre en una agencia de representación de famosos. Y al final, en las playas de Busán hay algunas escenas importantes dentro de la trama.

Yeon-yein Maenijeolo Sal-anamgi [연예인 매니저로 살아남기, Como sobrevivir como agente de famosos] es conocida internacionalmente como Behind every star (Detrás de cada estrella). Es una adaptación coreana de una serie francesa, Dix pour cent (Diez por ciento, por el porcentaje que se lleva el agente), de gran éxito que yo no he visto. La premisa es similar; una agencia cuyo presidente y alma fallece, y los cuatro principales agentes tienen que sacarla adelante. Cada episodio lidia con un famoso, versiones ficticias de famosos reales con sus mismos nombres y apellidos, generalmente en tono de comedia. Pero también tiene una trama transversal en torno a las vidas privadas de los agentes. El personaje conducto es una joven aprendiza de agente, que es hija natural de uno de los cuatro agentes importantes… pero que nadie sabe que tiene una hija natural en otra ciudad. Es simpática y tiene momentos divertidos. Son 12 episodios de una hora, y el final queda abierto a futuras temporadas. No tan estupenda como pensaba que sería… pero divertida.

Y The fabulous [título original en inglés, por una vida fabulosa o de fábula] tiene un premisa parecida. Un grupo de amigos que trabajan en el mundo de la moda; un diseñador-modisto, una modelo de cierto nivel, un fotógrafo aspirante, y una relaciones públicas en una agencia de representación de marcas. Esta última, encarnada por Chae Soo-bin, es la protagonista; ahora me he puesto con otra serie, en Disney+, que también protagoniza. Y la cosa va de las dificultades en sus carreras profesionales, combinadas con las dificultades o peripecias en el ámbito personal. Vamos… al estilo de la anterior. Al igual que la anterior, es simpática. Y son ocho episodios de una hora. Podría tener segunda parte… pero ha quedado más cerrada. Y hay temas que los trata de un poco… meh. Por ejemplo, los personajes LGBTQ+ están demasiado estereotipados… y más que una visión inclusiva, a veces resulta una visión caricaturesca, aunque creo que la intención es buena. Pero parece que en Corea del Sur todavía tienen mucho que avanzar en estas cosas. Tiene sus momentos, los protagonistas son todos muy majos… pero es mejorable.

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[Fotocomentario] Entonces… ahora…

Fotografía

Entre 1990 y 2004, la fotografía, para mí, y para casi todo el mundo, no era digital. Se basaba en las tradicionales tecnologías físicoquímicas, por las que una emulsión fotosensible de haluros de plata en gelatina, con o sin pigmentos de color, era la soporte para generar las imágenes que nos permitían conservar recuerdos, documentar cosas o momentos, o crear arte. Y en mi caso particular, cuando se trataba de fotografía en color, hablamos en un 90 % de las ocasiones de película diapositiva.

Los motivos eran variados, pero esencialmente los siguientes. Estaba el precio; por una cantidad inferior tenías un positivo directo que proyectabas de forma muy vistosa en las reuniones de amigos y familias a los que castigabas con un pase de las fotografías que considerabas mejores y más representativas. Por una cantidad superior, con los negativos en color tenías unas pequeñas fotos de 10 x 15 cm, que no hacían justicia la mayor de las veces a lo visto o vivido. Hay esté el segundo motivo, los laboratorios para fotografía de consumo que hacían el revelado y las copias en 1 hora/24 horas, según lo que quisieses pagar, estaban automatizados, y lo que te entregaban muchas veces no se correspondía con lo que querías obtener. Con la diapositiva, el resultado dependía exclusivamente de tus habilidades. Y luego estaba la «tontá» del prestigio; parecía que lo del negativo era para los no aficionados, para las abuelas y los adolescentes que tiraban sus fotos con cámaras compactas. El «enterado», el «conocedor», quien buscaba la calidad… diapositiva. Pero ya digo, esto es una «tontá». Por otra parte los «artistas» sólo juraban por el blanco y negro. Y aunque había diapositivas en blanco y negro, lo suyo era el negativo y el laboratorio del centro cívico del ayuntamiento o de la escuela de fotografía de la que eras socio. Unos privilegiados con espacio y algo de dinero para la ampliadora,… laboratorio en casa.

Hoy en día, la diapositiva ha desaparecido. No del todo, como se muestra en estas fotos de las que hablo en Diapositivas en 2022/2023 – Canon EOS 3 con Kodak Ektachrome 100. Es posible hacer fotos diapositivas, pero hay muy poquita oferta. Y hoy es en día es más cara que las fotografía con negativos en color. Ya nadie proyecta, ni se venden apenas proyectores. Las fotos se digitalizan. Y todo es más sencillo con la película para negativos en color. Los tiempos cambias. Entonces… ahora… Y realmente, el medio tiene una importancia… relativa. No necesariamente escasa, pero sí relativa. Lo importante en lo absoluto es cómo mires y cómo seas capaz de reflejar esa mirada en tus fotografías.

[Cine] The pale blue eye (2022)

Cine

The pale blue eye (2022; 04/20230115)

En las próximas semanas se esperan numerosos e interesantes estrenos. Pero esta semana pasada no sucedió nada realmente destacable en la cartelera zaragozana. Bueno… hay una película que me gustaría ver, para ver como evoluciona su protagonista, una actriz joven que ha mostrado buenas maneras. Pero sus horarios son limitados en versión original, muy tardíos, y el tema que trata no me interesa tanto. Por ello, y aprovechando un rato de compañía en casa, nos dedicamos a un estreno en plataforma de contenidos en internet. Así que afrontamos un policiaco de época en Netflix, dirigido por Scott Cooper, de quien solo recuerdo, vagamente, una película, que no me entusiasmó. Pero el reparto de la de hoy parecía interesante…. y tal… En la versión doblada, la película lleva el estúpido y anodino título de Los crímenes de la academia.

West Point, sea la ciudad sea la academia militar, está situada a orillas del río Hudson, que llega al mar en la ciudad de Nueva York. Por ello ilustro la entrada con fotografías del curso final del Hudson, en el extremo sur de la isla de Manhattan.

Situada la acción hacia 1830, un policía de Nueva York (Christian Bale) retirado que vive solitario en West Point es reclamado por el superintendente de la academia militar norteamericana (Timothy Spall), situada en esta población, a orillas del río Hudson, para aclara un complejo crimen, en el que un cadete aparece ahorcado, para luego su cuerpo ser profanado extrayéndole el corazón. Allí coincidirá con el joven poeta Edgar Allan Poe (Harry Melling) que le ayudará en sus investigaciones, al mismo tiempo que este se derrite por los huesitos de Lea (Lucy Boynton), la hija del médico de la academia (Toby Jones) y de su misteriosa esposa (Gillian Anderson). El policía vive amargado por tragedias familiares pasadas, de las que solo encuentra cierto consuelo en brazos de la posadera del lugar (Charlotte Gainsbourg) y del vino y la cerveza que sirve Pépé (Robert Duvall) en la posada donde trabaja.

Vamos a ver… si he mencionado el reparto con tanto detalle en la sinopsis que he redactado de la película es para que comprobéis que la película no deja de tener alicientes a priori. El reparto es realmente prestigioso, e invita a verla. La realidad es que la mayor parte de esos prestigiosos intérpretes hacen papeles muy pequeñitos, ya que quienes permanecen en pantalla casi constantemente es Bale y, en menor medida pero mucho, Melling. Con una producción cuidada, con un ambiente frío, nos metemos en una investigación policiaca que… se hace mucho más rebuscada y retorcida de lo necesario, olvidándose de desarrollar los temas que lleva implícitos la historia con una mínima profundidad. La película es una adaptación de una novela histórica de misterio, de un autor que no he leído ni ganas que me han entrado, probablemente con vocación de producción de best-sellers de género. Y que como es habitual en estos libros se caracterizan más por sus apariencias y ser fáciles de leer que por su profundidad. Supongo. Porque eso es lo que deja traslucir la película.

La película se deja ver, aunque mi aprobado me lo he pensada mucho, porque desde luego es por los pelos. Sus más de dos horas se antojan largas. Sus interpretaciones son faenas de aliño, propias de actores con calidad, pero sin más. Y la falta de un guion razonablemente bien engranado, hace que esté a punto de descarrilar en varias ocasiones. El hecho de que la aparente resolución del misterio llegue a falta de media hora para el final de la película ya nos anuncia un final tramposo, ya que de repente aparece la verdadera resolución del misterio que convierte, por detalles que no vamos a referir aquí, en incongruente lo que hemos visto a parte en la media hora que nos lleva a esa aparente pero falsa resolución del misterio. No descarto que en un futuro, esas tres estrellas que indico como valoración subjetiva, si es que vuelvo a pensar en la película, se conviertan en dos. Nos entretuvo mientras la vimos, pero no perdurará en la memoria. Mucho talento malgastado en esta producción de Netflix.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Sólo fotos, con una cámara digital «retro»

Fotografía

Este domingo no tengo material para hacer una entrada de recomendaciones fotográficas. La semana no me ha dado la vida. Así que en su lugar, en mi blog de técnica fotográfica (hasta marzo de 2021) he subido una entrada de la serie que abrí hace unos días de cámaras digitales «clásicas», cámaras que salieron al mercado en 2005 o antes. Después de una cámara compacta automática hace unos días, ha sido el turno de un compacta avanzada, que fue el segundo escalón en mi entrada al mundo de la cámara digital. Aunque la compacta que elegí hace unos días la adquirí pocos meses después de esta, porque la primera no funcionaba bien.

Aquí os dejo unas fotos realizados con ella recientemente. Hoy no tengo la cabeza para fotocomentarios, como suelo hacer últimamente. Sólo las fotos.

[Cine] Living (2022)

Cine

Living (2022; 02/20230103)

Una serie de cuestiones previas. Si no sois demasiados cerrados de mente, si no sois prejuiciosos, buscad el original en el que se basa esta película, Ikiru de Akira Kurosawa, y vedlo. Siempre en versión original, subtitulada porque pocos hay por estos lares que se defiendan con el japonés, y procurad disfrutadla. Sé que pocos haréis caso a esta recomendación. Una película en blanco y negro, de 1952, rodada en japonés… «Mira que eres raro», me dicen algunos de mis amigos cuando les comento mis gustos cinematográficos. Pero Kurosawa es uno de los directores de cien que combinan tres grandes virtudes. Es un maestro del cine considerado como una de las bellas artes, es un maestro de la escritura de guiones, aunque siempre lo hizo con colaboradores de gran nivel, y sus películas son realmente divertidas, entretenidas. Funcionan por igual como obras de arte y como cine palomitero. No es de extrañar que varias de sus películas se readaptasen como westerns; género palomitero por excelencia hace unas décadas. En cuanto a la película actual…

Cuando me enteré de la nueva versión de la obra de Kurosawa, me entró una gran aprensión. Sinceramente, estoy un poquito harto de la incapacidad del cine actual para crear nuevas historias. Hay quien predice que entre las nueve o diez candidatas al Oscar a la mejor película este año puede haber hasta cuatro secuelas o nuevas adaptaciones. Un exceso. Pero a continuación me enteré de otro dato. El escritor británico de origen japonés Kazuo Ishiguro es el responsable de adaptar el guion original de Kurosawa, Shinobu Hashimoto y Hideo Oguni a esta nueva película. Hay mucha gente que entró en las obras del Premio Nobel de 2017 a través de las adaptaciones de sus novelas al cine. Y me incluyo a mí mismo entre esa «mucha gente». Es menos conocido que Ishiguro también de algunos guiones cinematográficos, aunque nunca ha escrito el guion para adaptar una de sus novelas al cine. Es uno de mis escritores contemporáneos preferidos… y las dos novelas de Ishiguro que he leído y cuya acción se desarrolla total o parcialmente en Japón me han gustado mucho. Especialmente la primera. Por lo tanto, a pesar de la aprensión inicial, tomé la firme decisión de ver la película en cuanto se estrenase. Afortunadamente, la versión original de la misma se estrenó a un horario cómodo, cosa que no suele suceder últimamente en Zaragoza con las versiones originales.

Dirigida por Oliver Hermanus, de quien no había visto ninguna película anterior, es muy fiel al original. Un burócrata (Bill Nighy) del departamento de obras públicas del gobierno local de la ciudad de Londres en los años 50, años de posguerra mundial, recibe la noticia de que le quedan pocos meses de vida. Y tras vivir una vida gris, sin muchos alicientes, tras la muerte de su esposa, criando un hijo ya adulto con el que vive pero no se comunica bien, de repente, siente la necesidad de recuperar su vida. Tras un primer intento de hacerlo a través del mundo de la diversión nocturna, fallido, será la joven y dinámica subordinada (Aimee Lou Wood) la que le mostrará el camino para encontrar un sentido a sus últimos meses de vida. Algo tan sencillo como atender la petición de un grupo de madres de un barrio obrero para sanear un solar y convertirlo en un parque infantil donde sientan que sus hijos están seguros.

Existe el riesgo de comparar en lo absoluto esta obra con la de Kurosawa. A la que es fiel en argumento e intenciones. Pero de la que difiere en estética y tono. Hay quien la ha comparado, despectivamente, con el vano ejercicio de Gus Van Sant por replicar una obra maestra de Hitchcock plano por plano, pero en color. No creo que sea lo mismo, ni en intenciones ni en resultados. Entendámonos, la obra de Kurosawa es superior. Pero la película de Hermanus tiene un excelente guion, de nivel literario, una puesta en escena muy buena, diferenciada claramente de la obra de Kurosawa, aunque inspirada por ella, y una excelente interpretación. Se ha hablado hasta la saciedad del trabajo de Nighy, un actor poco conocido en el cine hasta su celebrado papel en una popular película navideña, y que desde entonces goza de respeto y popularidad por los aficionados al séptimo arte. Y ciertamente es excelente. Pero no es el único buen trabajo. Wood lo hace muy bien, y aporta su dosis de frescura y empuje necesario para complementar el trabajo de Nighy. A mí, en su conjunto, me parece una película muy notable.

Mi valoración en esta entrada es la que sentí después de verla. Existe la posibilidad de que con el tiempo ajuste algo a la baja esta valoración. Pero eso no quita para que sea una película absolutamente recomendable y muy disfrutable. Que sí. Que es mejor la original de Kurosawa. Pero es que la de Kurosawa es una obra maestra. Y sin embargo,… es más probable que el público actual pueda digerir con más facilidad la actual, aunque no sea una obra maestra y, «simplemente», sea una buena película. Pero el mensaje que nos lanzaba Kurosawa, sobre la vida, sobre las relaciones familiares, sobre las burocracias,… siguen siendo actuales. Lo cual habla también del genio del nipón.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****