[Libros de fotografía (y algo más)] Ideas para fotografiar y reflexiones de un choque cultural

Fotografía

Dos libros me han llegado recientemente al “buzón”… Entre comillas porque tengo que ir siempre a buscarlos a la oficina de correos. Supongo que ahora pararé de pedir nada que pueda venir por correos durante una temporada. Cuando hay temporada navideña o en tiempo de elecciones, es decir, cuando hay más uso del servicio postal… este funciona de pena. Especialmente en lo que se refiere a los carteros. Por lo menos en mi zona. No voy a contaros todas mis penas ahora. Pero mal, muy mal.

Fotografías otoñales realizadas con la Canon EOS 650 y la sencilla y barata película Fujifilm C200, para ilustrar esta entrada de un otoño mucho más frío y avanzado que cuando se hicieron aquellas fotografías.

Hay un montón de libros en el mercado que nos proponen ideas para hacer fotos. Y muchos de ellos, además, la “receta” para hacerlas. Pocos, muy pocos de ellos, me gustan. Aunque tengo alguno muy interesante. Con frecuencia, son libros que se abren y promocionan el estereotipo. Todas las fotos resultan similares. Lo que está de moda. Es como ver los “populares” o la “selección de los editores” de 500px. Fotos técnicamente bien resuelta, pero todas similares, como si las hubiera hecho el mismo. Si te sales de ahí, ni “popular”, ni “seleccionado por los editores”.

Pero he aquí que hace unas semanas leí sobre The Photography Ideas Book, publicado por la Tate, con textos y recopilación de fotografías a cargo de la fotógrafa británica Lorna Yabsley. ¿Cual es la diferencia con otros libros? La autoría y la orientación de las ideas presentadas. Con una recopilación de más de 80 fotografías, en un formato llevadero, transportable, al que puedes echar un ojo en cualquier momento, no hay recetas. Hay propuestas basadas en fotografías realizadas por fotógrafos, autores, reconocidos y de calidad. Basado en las fotografías que puede abrirse hacia las galerías de arte o hacia los museos y no hacia los lugares de comercialización de fotografías de stock. Cada fotografía se centra sobre una idea muy sencilla, no sobre una propuesta compleja; invierte tu objetivo para hacer macro, usa un filtro de densidad neutra para exposiciones prolongadas, recuadra tu imagen eliminando lo no significativo,… Y un ejemplo de un fotógrafo reconocido. Ideas que cualquiera puede ejecutar con facilidad. Y un poco de creatividad. Y solo son 14 euritos… oye.

El otro libro que he comprado es más complejo. De entrada, combina una parte fotográfica y una parte literaria; las fotografías son de Watanabe Hiroshi, uno de los fotógrafos contemporáneos japoneses más interesantes que conozco, y que combina dos hechos; no puede negar sus orígenes e influencias niponas, pero está abierto a todos los temas y a todo el mundo. Sus fotos son identificables como procedentes de un fotógrafo japonés incluso si documentan la Semana Santa española.

La parte literaria es el libro más conocido de Lafcadio Hearn, también conocido como Yakumo Koizumi, Kwaidan: Stories and Studies of Strange Things. Hearn, nacido en 1850 en los Estados Unidos de las islas Jónicas (a qué no habíais oído hablar de este país), de padre británico (irlandés) y madre griega, que dedicó su vida al orientalismo y al conocimiento de la cultura japonesa, recientemente abierta al mundo, hasta el punto de nacionalizarse nipón con el nombre indicado antes, unos años antes de su muerte en 1904. Un comentario a la parte literaria de este libro llegará en algún momento. Desde aquí mi recomendación a la parte fotográfica.

Como ya comenté, cuando estuve recientemente en Japón, dediqué un rato a las librerías de Jinbōchō, especialmente a las dedicadas al arte, donde pude encontrar algunos libros interesantes. En aquel momento, mientras hojeaba decenas de libros de autores desconocidos para mí, pero todos muy interesantes, me hubiera venido bien haber conocido el artículo que Óscar Colorado ha publicado recientemente sobre el colectivo Vivo, el que sirvió de puente entre los fotógrafos de la preguerra mundial y los más transgresores del grupo Provoke. No es que todos me fueran desconocidos, pero la verdad es que me el artículo es muy didáctico, muy ilustrador, y me ha permitido conocer otros autores muy interesantes. Y sobre todo, comprender mejor que los autores fotográficos más conocidos de Japón de la época contemporánea tuvieron unos antecedentes y una cierta continuidad con las décadas anteriores. Aunque los estilos de estos fotógrafos fueron muy diversos. Para ir explorando sus obras poco a poco.

[Cine] The Juniper Tree (1990)

Cine

The Juniper Tree (2019; 57/20191112)

Esta semana ha sido rara en cuanto a actividad cinematográfica. Si el fin de semana acaba viendo una película que no me atraía en exceso, durante la semana no terminamos de ponernos de acuerdo para ir a ver la que queríamos, y acabé escapándome a ver esta película de hace treinta años, cuyo estreno actual supongo que se debe a eso,… a que cumple treinta años.

Titulada en castellano Cuando fuimos brujas, es una adaptación de uno de los cuentos recopilados por los hermanos Grimm, El enebro, que no es de los más populares, quizá porque es de los más oscuros y dramáticos. Película procedente de Islandia, donde se hizo, dirigida por Nietzchka Keene, se rodó en inglés para aumentar su impacto internacional. Y se ha hecho relativamente popular porque fue la primera película en la que aparecía la cantante Björk, en aquel entonces vocalista de veintiún años de The Sugarcubes,… y lo hizo muy bien.

Las fotografías que hice en Islandia con la Olympus mju-II y película Kodak Tri-X 400 me vienen de maravilla para reflejar el ambiente de la película.

Nos narra la película la historia de dos hermanas que huyen de su lugar de origen tras la quema en la hoguera de su madre por bruja, hasta que encuentran a un joven viudo con su hijo. La mayor de las hermanas enamora al viudo con artimañas de hechicera, mientras que la joven se hace amiga del niño. Pero este desconfiará siempre de su nueva madrastra, mientras permanece fiel a la memoria de su madre. Y la madrastra comprenderá que el niño es un obstáculo para su objetivo de vivir tranquila lejos del peligro de ser acusada de bruja.

Con una realización sobria, en blanco y negro, donde tan importante como los personajes es el desolado paisaje de la volcánica Islandia y la dura vida del campesino, que sin embargo puede ser feliz con su gente y sus quehaceres. La historia mantiene el tono oscuro del cuento recopilado por los Grimm, con el añadido de la naturaleza brujeril de las dos mujeres. Pero en el se pone encontraste la frialdad de la mayor de las hermanas, frente a la calidez y bondad de la más joven.

Buenas interpretaciones, sobrias y contenidas, muy nórdicas, de su elenco, en el que destaca una menuda y angelical Björk, que pasa perfectamente por una joven adolescente con una imagen muy distinta a las que nos tiene acostumbrados y a la que desplegaba en su carrera musical ya por aquel entonces.

No sé si es para todo el mundo. Pero satisfará a los más cinéfilos que encontrarán en esta película muchas de las mejores cualidades del cine nórdico, con claras influencias de alguna de las películas de Ingmar Bergman.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Fotos] Paseo por el casco viejo con película de sensibilidad alta

Fotografía

Tenía por casa algunos rollos de formato medio de una película negativa en color de sensibilidad alta que no había usado nunca. Así que hace unos sábados, que hacía buena tarde, le puse uno a la Hasselblad y salí a pasear por las estrechas calles del casco viejo de Zaragoza. Los detalles técnicos en La última del lote “lomográfico”; Lomography Color 800 con Hasselblad 500CM.

[Libro] Máquinas como yo

Literatura

Hace ya algún tiempo que Ian McEwan es un habitual de mis ratos de lectura. Amsterdam fue la primera novela que leí de este escritor británico, y tras el impulso al conocimiento de su obra que obtuvo de la adaptación de su novela Expiación, he ido poniéndome al día del conjunto de sus novelas. Especialmente las escritas en lo que llevamos de siglo. Y me gusta. Generalmente, me suelo quejar de una cosa con respecto a estas novelas. En varias de ellas he encontrado traducciones al castellano que no me resultan satisfactorias. Pero no voy a profundizar en este tema ahora. Realmente, lo que me tengo que plantear es leer sus obras en el inglés original.

Una diversidad de escenas en la Inglaterra “real” frente a la “alternativa” de la novela. No sé muy bien cual prefiero… aunque la de la novela es tan atribulada o más que la real.

En su última novela, la que os traigo aquí y ahora, McEwan se pasa al género de la ucronía con toques de ciencia ficción. O a la ciencia ficción en el ámbito de una ucronía. Recuerdo a la audiencia que una ucronía es una historia alternativa basada en hechos que no sucedieron pero que pudieron haber sucedido. Ambientada en los años 80 del siglo XX, estamos en el Reino Unido, un Reino Unido en el que Alan Turing no murió dos años después de ser condenado en 1952 por las leyes homófobas británicas, arruinando su carrera. Pesó mucho más la homofobia que el agradecimiento por los importantes servicios prestados a su “patria” durante la guerra mundial. Es lo que tienen las “madres patrias”,… que suelen comportar como madrastras, peores que las de los cuentos. Que en la vida real hay muchas madrastras que son muy buena gente.

Así que encontramos al protagonista de la novela, un tipo inteligente pero holgazán e inconstante, de unos treinta años, con tendencia a dilapidar el dinero que consigue especulando el bolsa, que está enamorado de su vecina de 22 años, y que gasta una ingente cantidad de dinero en comprar uno de los 25 primeros adanes y evas, los primeros robots androides, casi indistinguibles de un ser humano y con una programación basada en la inteligencia artificial y en el aprendizaje. Todo ello mientras el cuerpo expedicionario británico se dirige a las Malvinas recién invadidas por el dictatorial ejército argentino, a una guerra con unas consecuencias muy distintas de las de nuestra línea temporal. Y mientras se configura un extraño triángulo de relaciones, de verdades y mentiras, de secretos e historias personales atribuladas, que cambiará por completo la vida de los protagonistas.

Esta nueva novela de McEwan entra en un tema que a mí siempre me ha parecido muy interesante; la reflexión sobre lo que es ser humano, o más bien, ser persona. Un ser inteligente con capacidad para la reflexión, con deseos y voluntades, y con autonomía para tomar decisiones sobre su vida. Unas cualidades que hasta el momento sólo hemos encontrado desarrolladas en forma apreciable en la especie Homo sapiens. Pero cuya posible aparición en las máquinas creadas por el ser humano en un futuro cuya cercanía no podemos valorar con precisión, crearía una situación de singularidad tecnológica, en la que la relación del ser humano con las máquinas cambiaría por completo. Habitualmente, este tema suele ser utilizado por los autores no tanto para la reflexión sobre estos avances tecnológicos, sino como una reflexión sobre aquellas cualidades de hombres y mujeres que nos hacen humanos, con todas sus consecuencias.

Sin embargo, McEwan va más allá. Puesto que hay una cuestión que no podemos olvidar, humano sólo puede ser aquel ser perteneciente a una especie animal del género Homo con las características mencionadas. Actualmente sólo hay una. No debemos descartar que otras especies extinguidas del mismo género hayan merecido también la misma denominación, humanas, especialmente cuando ya sabemos positivamente que de ellas hemos heredado un cierto porcentaje de nuestro genoma. Que nuestra especie y aquella especie eran capaces de procrear y, en este proceso, generar individuos viables capaces de tener descendencia. Lo cual hasta hace un tiempo prácticamente suponía adjudicar a todos los involucrados a la misma especie. Ahora se manejan otros criterios. Pero, ¿un ser electrónico? ¿una máquina? Quizá pueda ser capaz de reflexionar y razonar, tener deseos y voluntades; pero quizá eso no la haga necesariamente humana. Quizá esas características conviertan a las máquinas en personas, pero no en humanos. Quizá sus valores sean distintos. Quizá sean más integros. O quizá no comprendan las sutilezas de la ética humana. Quizá no tenga la capacidad para aceptar las contradicciones del comportamiento de los seres humanos. Quizá carezcan de empatía. O quizá puedan ser un espejo que nos devuelva de forma más nítida esas contradicciones éticas de los seres humanos. Y ahí es donde se adentra la reflexión de McEwan en este libro.

Las historia se desarrolla con parsimonia, a pesar de no ser una novela muy extensa, se va a unas 360 páginas, lo cual la pone muy claramente por encima de las novelas cortas, pero no la lleva a ser una novela larga. De acuerdo al ajedrez y otros juegos de mesa mencionados en el libro, se toma su tiempo en disponer las piezas sobre el tablero, por limitado que sea su número, para desembocar en un tercio final donde condensa dos cosas. La liberación de la tensión argumental, potente, que ha ido acumulando, y el planteamiento con todas sus consecuencias de las diferencias entre el ser humano y la máquina inteligente y autónoma.

Es una historia y una narración que crecen en el recuerdo, y que encuentro muy recomendables, aunque no vaya a ser mi favorita del autor. Pero, indudablemente, tiene cualidades muy apreciables. Especialmente a la hora de hacer notar que nuestra humanidad no está en nuestra inteligencia y en nuestras más brillantes potencialidades, sino en nuestros defectos, en nuestras contradicciones. La novela tiene más dimensiones; la política, la social, la tecnológica,… que no tienen desperdicio. Y también es una bella, aunque poco convencional, historia de amor.

[Cine] Joker (2019)

Cine

Joker (2019; 56/20191110)

Si vamos a ser sinceros, a pesar la película de la temporada, la que recibe todas las alabanzas, de la que se profetizan premios seguros, especialmente para su protagonista,… no me apetecía nada verla. Simplemente, aunque existe alguna excepción, casi ninguna para la gran pantalla, alguna más para la pequeña pantalla, las películas que vienen del universo de los tebeos de superhéroes suelen acabar siendo poco interesantes para mí. Bueno… en muchas ocasiones, simplemente me parecen un producto hueco y banal que ha costado muchísimo dinero con la esperanza de ganar muchísimo más vendiendo entradas, mercaderías y palomitas de maíz.

Nueva York claro. Es Gotham. Aunque ahora rueden muchas de estas producciones en Chicago. No la que hoy nos ocupa, que es Nueva York.

Pero a mi alrededor mucha gente clamaba que la película dirigida por Todd Phillips y protagonizada por Joaquin Phoenix no tenía nada que ver con el cine de superhéroes. De supervillanos, en este caso. La película nos plantea un posible origen del supervillano más conocido y característico de Gotham City, una Nueva York alternativa que constituye el universo de Batman. Aunque como la Metropolis de Superman también lo es, y pertenecen al mismo grupo editorial y multimedia, parece que ahora la identifican más con Chicago. Creo. No estoy seguro. Aunque todo… como muy cutre. El caso es que, aunque el personaje ha tenido una diversidad de personalidades y orígenes a lo largo del tiempo, ahora han decidido mezclar una madre mentirosa, quizá abusiva, con la injusticia social de los ricos de la ciudad y la enfermedad mental como cóctel causal del personaje.

Y aquí viene mi discrepancia con la corriente general de opinión. Parece que muchos opinan que es una maravilla de profundidad en el personaje, mezclada con una dirección y una producción notables y una maravillosa interpretación. Sin embargo, a mí me parece una historia tipo pastiche de historieta de toda la vida, no especialmente profunda, llena de tópicos, pero sin una crítica social real, con una visión totalmente distorsionada de la enfermedad mental, y acompañada de la típica interpretación excesiva, exagerada, histriónica, que tanto gusta a algunos a la hora de otorgar premios a las interpretaciones masculinas.

No negaré la calidad de la producción ni de la interpretación. Es sabido que Phoenix es buen actor. Pero personalmente cada vez valoro más las interpretaciones contenidas, matizadas, de gestos sutiles más que de grandes ademanes, de pocas palabras más que de discursos. De sonrisas semiocultas más que de risas histéricas. Y la crítica social de la película es tan confusa que no sabes muy bien si está en contra de los privilegios de algunos o a favor de los movimientos violentos antisistema… quien sabe.

Obviamente es una buena película. Pero no es la tremenda maravilla que muchos quieren ver, tiene aspectos cuestionables, no deja de ser un producto de un determinado tipo de historietas, no las que más me gustan, y, para lo que cuenta,… larga y con una visión de determinados problemas, ya he mencionado la enfermedad mental, absolutamente distorsionada.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Polaroids “electorales”

Fotografía

Las estúpidas elecciones del domingo pasado, o te las tomas un poco con un humor o te dan para ponerte a quemar cosas, dada la escasa seriedad de las fuerzas políticas partidistas. Nosotros, gente poco violenta, optamos por el humor. Y por tomarnos un aperitivo y dar un paseo después de votar. Y yo me llevé una de mis Polaroids. Los detalles técnicos en Polaroids en blanco y negro para la mañana electoral.

[TV] Cosas de series; desinfle mejicano mientras la tercera edad sigue “en forma”

Televisión

He entrado en una etapa en la que la mayor parte de las series que veo son comedias de situación o, en general, series con episodios de corta duración entre los 22 y los 35 minutos. Hoy os voy a comentar dos series que han entrado en sus segundas temporadas con distinta fortuna.

Cuando las relaciones y los amoríos involucran a personas de cierta edad, se suelen denominar romances, dramas o comedias “otoñales”,… pues dediquémosles algunos paisajes realmente otoñales.

Un hallazgo afortunado de hace un año fue la serie mejicana La casa de las flores. Los avatares y devenires de la familia de la Mora fueron una agradable sorpresa en la que se mezclaba el humor, el esperpento, cierto grado de denuncia social, una cuidada presentación visual, un guion ágil y divertido y unas interpretaciones en estado de gracia. Casi supo a poco. Y muchos esperábamos con ganas una segunda temporada. Sin embargo, llegada esta, no me ha sabido lo mismo, ni mucho menos. Con la pérdida de una de sus principales protagonistas, aun siendo un reparto coral, el peso ha caído en gran medida en Paulina (Cecilia Suárez), cuya interpretación del papel, en dosis razonables era un logro, pero en dosis excesivas puede hacerse canina. Por otra parte, la historia quizá no ha dado para mucho más, y lo que había que contar en esta segunda temporada no daba para los diez episodios que ha durado. Además, las tramas paralelas, especialmente la de los “pitufos” me han parecido pobres. Mi opinión es que la serie se ha desinflado bastante sobre las expectativas levantadas, una vez perdido el factor sorpresa y sin haber encontrado un motor para la acción con suficiente garra.

Sin embargo, The Kominsky Method, que llegó casi con un tono anecdótico, esta comedia de situación sobre dos cascarrabias ancianos del mundo del espectáculo, ha ido cogiendo momento, y ha alcanzado momentos estupendos en condición de comedia que puntualmente trata temas serios e incluso dramáticos. Si la anterior se hacía larga, esta se hacía corta. De hecho… da la sensación de que ha sido una temporada inacabada. Que su final no ha sido un cliffhanger sino que la han cortado cuando han llegado al capítulo que tocaba y que la continuidad argumental quedaba suspendida. Muy buenas interpretaciones, mucho ingenio en los diálogos y muchos guiños a la historia del cine y la televisión de sus intérpretes, hacen de ella una serie muy disfrutable.

[Recomendaciones fotográficas] … para una jornada electoral que nunca debió ser

Fotografía

Hoy es día de elecciones generales. Nunca debieron convocarse. Ya hubo hace seis meses. Y con lo que resultó, un sentido de la responsabilidad y del interés general que no existe en los partidos políticos debieran haber bastado para trabajar durante cuatro años por el interés de los ciudadanos. Pero no es ese el objetivo real de los partidos políticos tal cual los conocemos en este momento. Están conformados por personas que buscan una posición de poder, su propio beneficio, o representar unos intereses bastardos y no declarados. Y encima, las personas que aparecen en las listas electorales son más o menos las mismas que han mostrado su manifiesta incompetencia durante estos seis meses. Y lo hacen, en una demostración de cinismo absoluto, sin el menor de los sonrojos. Y sin embargo habrá que ir a votar, porque sigo convencido que el no hacerlo es todavía peor. Nos plantaremos ante las papeletas, y aquellas que nos provoque menos náuseas, menos asco, esa será la que elijamos. Y a confiar que les entre el sentido común, o que la aritmética permita por uno de esos azares que alguien pueda formar gobierno.

Los restos del muro de Berlín convertidos en recordatorios de lo que no debe ser, aunque sigue siendo. En muchas partes del mundo, se siguen construyendo muros. No aprendemos nada.

El resto del día lo dedicaremos al descanso semanal, a la fotografía de una forma u otra. Por ejemplo, a aprender de los mejores o a conocer más del mundo de la fotografía considerada como una de las bellas artes.

No dejó de parecerme curioso que PetaPixel nos hablara a principio de semana de la dicotomía o la contraposición entre realismo y pictorialismo en fotografía. Ciertamente a principios del siglo XX hubo una cierta revolución cuando algunos importantes nombres en la historia de la fotografía se rebelaron contra la idea de que la fotografía como una de las bellas artes debía imitar a la pintura, puesto que una fotografía realista, según se concebía por algunos, no era artística sino meramente documental. Creo que a estas alturas hay que saber o comprender que los límites entre estos conceptos son difusos, que hay un continuo en las formas en las que se puede ejercer la fotografía. Pero no deja de ser interesante el artículo para desasnarse en algunas cuestiones de la historia de la fotografía.

Se ha celebrado el aniversario de la caída del muro de Berlín. Treinta años ya. Con unas consecuencias debatibles. Si supuso la caída de las dictaduras comunistas del este de Europa, lo que es bueno, también fue el punto de partida para una reaparición de los populismos de derechas y las nuevas expresiones del fascismo. Muchas veces muy ancladas en esos mismos países, aunque se haya extendido por todo el continente. Así que hay poco que celebrar. Muchos son los artículos que se han dedicado por los medios que se dedican a la fotografía a comentar el tema. Yo me quedo con uno de Creative Boom que nos habla de las fotografías del Nelly Rau-Häring en Berlín a lo largo de décadas durante la existencia del muro y un tiempo después. Una fotógrafa poco conocida, pero que tiene su interés.

Poca gente sabe o comenta que hay una tercera fotógrafa española vinculada a Magnum Photos, como candidata a asociada, además de las dos más conocidas. Se trata de Lua Ribeira, fotógrafa gallega que dio un empujón a su carrera cuando se trasladó al Reino Unido, y que tiene un estilo documental directo, sin máscaras, a veces un tanto descarnado, pero honesto. Sugiero echarle un vistazo a su obra. Un ejemplo más de talento nacional “exiliado” a otros países donde tienen oportunidades de desarrollo personal y profesional que en esta hoy absurda España no se dan.

Antes de ayer me apunté a un taller de fotografía de paisaje que celebrará Asafona (Asociación aragonesa de fotógrafos de naturaleza) dentro de un par de semanas. En los últimos tiempos pienso mucho en este género. Especialmente desde el enfoque del paisaje alterado por el ser humano. Ese es el tema que centra mi galería de fotos en Asafona. Pero por bien que pinte y pueda estar el taller, no es fácil que las propuestas que se expongan tengan que ver con los oscuros paisajes de Michael Schnabel, que adopta propuestas formales y estéticas para sus fotografías de montaña muy distintas de las que vemos habitualmente. Lo hemos podido ver en Lensculture. Y a mí me gustan

Y terminaré con otro fotógrafo de Magnum Photos, Guy le Querrec, que yo siempre he asociado a un cierto humanismo fotográfico que nos fue llegando a lo largo del siglo XX desde el país vecino. Y que también se caracteriza por haber fotografiado en dos de los ámbitos que más me gustan, los viajes y la música de jazz. En Photography of China nos han recordado los viajes que realizó en los años 80 del siglo XX al gigante asiático y que dejaron unos reportajes de gran valor humano, cultural y documental.

[Cine] The King (2019)

Cine

The King (2019; 55/20191104)

Última película de la semana que procede de los estrenos en Netflix. Y en esta ocasión es la que más empaque mostraba a priori. La más ambiciosa. Película de ambientación histórica dirigida por el interesante David Michôd, para mayor gloria interpretativa del joven actor Timothée Chalamet.

No voy a poner castillo ni lugares bélicos. Aunque sí que me trasladaré fotográficamente a Inglaterra. A los pacíficos paisajes de los canales de las Midlands occidentales, cerca de Birmingham.

Básicamente, lo que han hecho ha sido coger el ciclo de dramas históricos de William Shakespeare dedicado a la transición de la dinastía Plantagenet a la casa Lancaster a caballo entre los siglos XIV y XV, tomar aquellas tramas relacionadas con el rey Enrique V de Inglaterra y adaptarlas a un único largometraje que narra el ascenso al trono del joven rey y su consolidación como uno de los más importante reyes medievales de las islas Británicas tras la batalla de Azincourt, que nutre una buena parte de la acción del largometraje.

Con esta película he tenido un problema. Pese a su buena realización y a sus encomiables interpretaciones, aunque sigo pensando que Chalamet, aunque hace un buen trabajo, todavía está un poquito verde, he sentido la sombra que sobre ella arroja las producciones de la BBC de hace unos años para celebrar el año olímpico en las que adaptó precisamente las cuatro obras de Shakespeare que conforman la herniada, en la que se basa esta película. Aquella serie fue realmente muy buena, afronta los mismos temas, con más profundidad al ofrecer el cuarteto completo, y también con una ambientación y unas interpretaciones excelentes. A lo que hay que sumar el “guion”, los “diálogos” del propio Bardo. Que aquí, no. Aunque el guion es realmente bueno.

Dicho lo cual, para quienes gusten del buen cine histórico, es de visión obligatoria, sabiendo de antemano por supuesto que no se basan en la veracidad histórica sino en la visión de Shakespeare de aquella época. Y bueno, que Falstaff (Joel Edgerton, también acreditado como guionista) como tal personaje histórico, nunca existió. Para los demás, tampoco les hará daño, que la película es buena. Y la acción bélica de Azincourt está excelentemente realizada.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Caminando una vez más con una cámara y un carrete de película en blanco y negro

Fotografía

Pues eso, como tantas veces. Y más en este fin de semana largo pasado que tuvimos. Y aun me quedan unos carretes en color de formato medio que he mandado ya a revelar. Aun tardarán unos días en llegar los resultados. Los detalles técnicos de las fotos de hoy en [https://tinyurl.com/mxfp4plus].

[Libro/arte] Dios salve el arte contemporáneo

Arte, Literatura

Hace unos pocos años, tras hablar con una buena amiga, historiadora del arte de formación, me recomendó algunos libros sobre arte moderno y contemporáneo, que me ayudasen a moverme un poco mejor por la maraña de “ismos” que conforman las historia del arte en los últimos 150 años, y disfrutar más de las visitas a los museos especializados. Que suelen ser más entretenidos que los museos de bellas artes tradicionales, por varias cuestiones que van desde la concepción de los espacios museísticos hasta la forma de presentar las obras. En aquel momento leí un par de libros [1 y 2] de Will Gompertz que me parecieron muy entretenidos y muy ilustrativos.

Los centros o museos de arte contemporáneo que más recientemente he visitado fueron el Centro Nacional de Arte y el Museo de Arte Mori, ambos en Tokio, ambos en Roppongi.

Por aquella época decidí incluir en mis agregadores de noticias un par o tres de sitios dirigidos al arte y cultura contemporáneos; entre ellos, la Plataforma de Arte Contemporáneo PAC. No voy a decir que lee con detalle todo lo que publican, pero curioseo los titulares y de vez en cuando leo algún artículo que me resulta interesante. Hace unas semanas anunciaban que uno de los directores y fundadores de la PAC, Óscar García, iba a presentar un libro con el título que podéis ver en el encabezado de esta entrada y con el relativamente motivador subítulos de “Descubre los más sorprendentes pecados cometidos por los artistas de nuestro tiempo”. Los reservé en formato de libro electrónico, y el día que salió a la venta ya lo tenía automáticamente transferido al lector de libros electrónicos. Y además coincidió, si no recuerdo mal, con el momento en que terminaba el libro que estaba leyendo. Me puse a la tarea.

El autor divide el libro en siete capítulos, más alguno de presentación y esas cosas, uno por cada uno de los siete pecados capitales de la tradición cristiana. En cada uno de los capítulos encuadra a tres artistas contemporáneos, entendiendo como tales los que han realizado obra en los últimos 40 o 45 años más o menos. Desde los años 70 del siglo XX más o menos, no recuerdo ahora dónde ponen el límite.

El libro es entretenido, y entre anécdota y anécdota te viene bien para repasar algunos conceptos y aprender algunos otros. Quizá la principal crítica que se puede achacar es el “desequilibrio” en el reparto de “pecadores”. Porque mientras algunos de ellos son presentados como auténticos pecadores por el autor, que emite críticas más o menos vitriólicas, aunque aptas para todos los públicos contra ellos, otros son presentados con simpatía, no como pecadores sino como artistas que nos presentan o nos hablan de algún vicio de nuestra sociedad. Por lo tanto, el autor no busca la ecuanimidad ni ningún tipo de objetividad. Quizá porque no sea posible. Y tal vez porque no deba ser así; al fin y al cabo estamos en un libro más divulgativo que académico. Busca dar a conocer, pero también entretener.

Quizá no a la misma altura que los mencionados al principio de Gompertz, pero compartiendo algunos de los enfoques, lo cierto es que me ha parecido una lectura suficientemente entretenida como para habérmelo merendado en poco tiempo. Y para considerarlo recomendable para quien se quiera introducir en este laberinto de conceptos, datos, corrientes y estilos, de una forma razonablemente entretenida. ¿Alguna crítica grave? Mmmmmmm, sip. La ausencia de ilustraciones de las obras de las que sea habla. Supongo que se deberá a la complejidad en la gestión de los derechos de reproducción de los mismos, o en temas de costes. No lo sé. Pero hubieran venido bien. Cierto es que yo iba simultaneando la lectura con vistazos al navegador del iPhone… O sea que tampoco es tan grave.

[Cine] The forest of love (2019)

Cine

The forest of love (2019; 54/20191103)

Netflix está muy activo en las últimas semanas en el ámbito de los largometrajes. Se acerca el final de año y la temporada de premios cinematográficos, y como ya venía sucediendo en los últimos años, reserva sus estrenos más destacados para esta temporada. Pero de todos modos, la película que os traigo hoy se caracteriza por salirse de las pautas habituales. Al fin y al cabo, está dirigida por el ínclito, extravagante y transgresor director japonés Sono Sion.

Para ilustrar la entrada, un paseo por Dotombori en Osaka, uno de esos lugares donde se mezclan cosas de lo mejor y de lo peor del País del Sol Naciente. Y como nunca falta gente para alimentarlas…

Rodada en Japón y hablada en japonés, Netflix ha presentado la película con un título oficial en inglés, aunque en Japón puede que se conozca con el título de Ai-naki mori de sakebe [愛なき森で叫べ], que vendría a significar algo así como Gritando en un bosque sin amor. Mmmmm… algo se ha perdido en la traducción. Desde luego, poco amor real y positivo hay en esta última propuesta de Sono, que sigue su camino habitual de transgredir con una mezcla de cinismo, sangre y sexo. Sexo desesperanzado, las más de las veces.

Dos jóvenes se mezcladas con unos tipos que quieren rodar una película, al mismo tiempo que un estafador reaparece en sus vidas. Pero las dos jóvenes tienen una historia trágica en su adolescencia, en el que la muerte accidental de una compañera de las que ambas estaban enamoradas, llevó a un suicidio colectivo en el que murieron otras tres compañera, una de las supervivientes quedó con secuelas, y la otra se arrepintió antes de saltar. Todo este grupo de personajes entrará en la senda de la destrucción mutua, en un relato que dice estar basado en hechos reales.

Es la segunda incursión de Sono en las plataformas de pago por visión, después de la vampírica transgresión que presentó en Amazon Prime Video. El problema es que la fórmula de Sono, por lo menos la que aplica de forma más o menos sistemática en los últimos años, de chicas jóvenes con problemas que acaban pasándose una buena parte de la película en ropa interior o desnudas, mientras la sangre y otros fluidos corporales acaba pringando a todos los que por allí aparecen, empieza a ser más cansina que transgresora. No voy a negar que detrás de la película haya alguna idea interesante, críticas a las instituciones establecidas en cualquier sociedad conservadora, como son las de Asia oriental. Y entre los intérpretes, no falta algún valor reconocible. Pero globalmente, la película acaba siendo larga y prolija para lo que cuenta, deteniéndose más en escandalizar que en contar.

Así que,… aunque Sono Sion ha sido un director que me ha llamado la atención durante un tiempo, he de reconocer que ese tiempo está pasando, y que difícilmente considero esta película recomendable. Aunque si tienes una suscripción a Netflix, poco cuesta probar y ver por tí mismo… lo único que tienes que perder es el tiempo.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **