[TV] Cosas de series; “space operas” a gogó

Televisión

Mientras esperamos con impaciencia la llegada a la pantalla grande de la octava entrega de nuestro universo galáctico preferido, con el sabor a poca cosa que nos han dejado recientemente otras space opera cinematográficas merecedoras de mejor suerte, tenemos que contentarnos con la visión que las series de televisión nos ofrecen de las aventuras en el espacio. Es cierto que en estos momentos hay una cierta abundancia de este tipo de productos. Unos con más éxito, otros con menos.

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Es una práctica común en las series de ciencia ficción y en las “space operas” inspirarse en culturas que resultan exóticas en la cultura occidental para representar a civilizaciones extrañas, más o menos alienígenas. También es una constante la realización de episodios donde estas civilizaciones forman sociedades teocráticas. Así que ilustraremos esta entrada con imágenes del templo budista de Bulguksa, cerca de Gyeongju en Corea del Sur, que resultará lo suficientemente exótico y teocrático para mis lectores occidentales.

En primer lugar comentaré que he visto la primera temporada, y llevo en bueno la segunda de una serie que cuando la estrenaron, después de haber visto el episodio piloto, descarté. Se trata de Killjoys, las aventuras de un trío de una especie de cazarrecompensas legales y organizados en el entorno de un sistema planetario con sus particularidades. En ciertos aspectos me recuerda a Firefly, aunque con menos far west, menos humor y menos carisma en sus personajes. Pero con una razonable calidad en las aventuras que se montan, con un buen nivel de acción y una producción razonable. Y los personajes no tienen tanto carisma pero tienen su punto. Lo cierto es que la serie, durante la primera temporada se viene a más. Había leído durante estos meses atrás varias críticas favorables a la misma, está disponible en Netflix, así que le di otra oportunidad. Y la seguiré viendo. Muy entretenida.

Pero lo que se ha puesto de moda es el universo Star Trek. Por dos nuevas series que se han presentado esta temporada de otoño. Salvo los buenos recuerdos de infancia referidos a la serie original, nunca he sido muy aficionado a esta franquicia. Durante muchos años ha tenido un punto cutre que se justificaba en los años 60 del siglo XX, pero no con posterioridad. Los largometrajes que siguieron a la serie original y se emitieron en paralelos a otras series derivadas de la original tampoco mejoraron la cosa. Aunque recientemente se han realizado tres largometrajes con un nivel mucho mayor de presupuesto y de cuidado en su producción… aunque sus historias me han dejado bastante frío. Pero vamos a ver qué está sucediendo aquí y ahora.

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La primera serie está inmersa plenamente dentro de la franquicia oficial, y se emite en Netflix aunque en la modalidad de un episodio a la semana y no con la habitual disponibilidad de todos ellos al mismo tiempo que es marca de la casa. Se trata de Star Trek: Discovery. Esta nueva serie se sitúa en el tiempo interno del universo trekkie en una época anterior a la serie original, cuando la Federación entró en guerra con el Imperio Klingon. Y tiene un nivel de calidad en la producción muy superior a cualquier cosa que haya visto en esta franquicia en televisión. Ha abandonado la cutredad que desde mi punto de vista la caracterizaba. Pero también ha modificado su estilo y contenido. Es mucho más dramática y oscura. No se permite alivios cómicos. Tenemos personajes que toman decisiones éticas controvertidas, o directamente censurables. Sirva de paradigma su personaje protagonista interpretado por la actriz Sonequa Martin-Green. O no tanto… Y su nuevo capitán está lejos de ser ese hidalgo de los mares, perdón, del espacio al que nos tenían acostumbrados los anteriores. Jason Isaacs encarna a un capitán complejo, cuyos fines pueden ser correctos, pero cuyos métodos pueden ser discutibles. Tal es así el cambio, que salvo por determinados aspectos estéticos y por la forma de la nave, diríamos que estamos en una serie de un universo muy distinto. Pero a mí me está gustando. Así que… que dure.

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La segunda serie no pertence a la franquicia oficial. De hecho, The Orville se presenta como una parodia de la franquicia original. Creada e interpretada por Seth MacFarlane, nos encontramos ante un capitán de la flota de la Unión relativamente mediocre, que tiene la oportunidad de comandar una nave normalita, haciendo misioncitas por el espacio, después de haber pasado un año de profunda depresión por haber encontrado en la cama a su mujer (Adrianne Palicki), también oficial de la flota, con un alienígena. Como podéis ver, la premisa de partida ya tiene elementos adultos que la diferencian de la franquicia original. El humor es un elemento fundamental de la serie, que presenta un conjunto de personajes que todos y cada uno de ellos nos recuerdan a alguien de la franquicia original, pero que difícilmente podrían tener cabida en ella por uno u otro motivo. Pero la cuestión es que vista en general, y después de seis episodios, es mucho más fiel a la franquicia original que la serie que hemos comentado anteriormente. En cada episodio se nos plantea un dilema de carácter socio político. El trato a las mujeres, las sexualidades alternativas, los estados totalitarios, la perversa influencia de las religiones en las sociedades, el trato a los animales,… De hecho es una serie mucho más comprometida políticamente que la original, con clara defensa de la tolerancia y las libertades en riesgo en estos momentos en todo el mundo, pero no de forma generalista sino mucho más directa y concreta, sin miedo a ser moderamente incorrecta políticamente. Y eso le da valor. Por lo que también me está gustando. Encima, MacFarlane se ha sabido buscar de amigos que lo apoyen. Frente a los habituales artistas invitados que suelen aparecer en las series en cada episodio que nadie sabe exactamente quien son, pero cuyas caras y voces resultan siempre familiares, qué sorpresa encontrarnos como artista invitada nada menos que a una provocadora y atractiva Charlize Theron, en uno de los mejores episodios de lo que llevamos hasta la fecha. Aunque no fuera por el cachondeo con la pierna del piloto de la nave (Scott Grimes), uno de los personajes más divertidos e irreverentes de la serie. También… que dure.

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[Fotos] Leica Minilux – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía

De mi viaje a Corea del Sur me traje un recuerdo en forma de cámara fotográfica, que he estado probando al regresar a casa. Os dejo las fotos. En el enlace, los detalles técnicos de la cámara.

Origen: Un recuerdo de Seúl – Leica Minilux – Fotografía y otras artes visuales.

Fotografías en color – Kodak SuperColor 200

Fotografías en blanco y negro – Fomapan 100 Classic

[Libro] Chesil Beach

Literatura

He de decir que el inglés Ian McEwan es uno de mis escritores contemporáneos favoritos desde que leí Amsterdam hace ya unos años. Desde entonces he leído varias de sus novelas, especialmente de las que ha escrito en lo que llevamos de siglo. Unas me han gustado más que otras, pero todas me han parecido interesantes. Y algunas han sido motivo de mucha reflexión en distintos aspectos de la vida, la mía y de quienes me rodean. Entretenido como narrador, siempre hay profundidad en sus obras para quienes quieran ir más allá en la lectura de un libro.

Carlos Carreter

No he tenido oportunidad de visitar Chesil Beach, aunque no he andado lejos, cuando nos dirigimos hace ya once años a visitar la península de Cornualles. Pero puedo representar ese ambiente melancólico de las costas británicas con unas cuantas fotografías de la playa de Margate.

Hace unos meses me enteré de que estaban adaptando al cine la novela que hoy nos ocupa. Y esto me incentivó para leer esta novela antes de su estreno para enero de 2018. En el Reino Unido… ni idea de cuando llegará a España. Tiene un reparto interesante con la norteamericana de origen irlandés Saoirse Ronan a la cabeza. Actriz que precisamente destacó y se dio a conocer en otra adaptación de una novela de McEwan. Un papel excelente. Lleva tantos años danzando ya esta chica por la gran pantalla que parece mentira que todavía sea una joven de 23 años.

Una edad muy parecida a la de Florence, la parte femenina de una joven pareja de recién casados a quienes conocemos cuando están “disfrutando” de una velada con cena en un hotelito en Chesil Beach en su noche de bodas. A través de sus pensamientos, y de una serie de flashbacks en forma de recuerdos iremos conociendo cómo dos chicos al principio de sus veintitantos, muy enamorados uno del otro, han llegado a un matrimonio para el que poco a poco iremos descubriendo que están muy poco preparados.

Carlos Carreter

Ambientada en un momento de transición, al principio de los años sesenta en el Reino Unido, estos jóvenes se encuentran a caballo entre el conservadurismo y la austeridad propia de los años de la guerra y la posguerra mundial, y los exhuberantes y progresistas años 60 que se empiezan a vislumbrar en el horizonte y que daría lugar al Swinging London y otros fenómenos socioculturales similares. Son dos jóvenes procedentes de estratos sociales distintos, que han llevado una infancia y adolescencia muy distintas, con unos entornos familiares problemáticos pero muy diferentes, y con unas concepciones morales de la vida muy distintas. Y que se aman, pero no se comunican. Y este es el tema principal de la novela. La incomunicación en las parejas, que puede ser especialmente marcada en sus años más jóvenes, donde se atraen por sus físicos por la concepción ideal que tienen del otro. Dice una amiga mía que tuvo la mala fortuna de vivir un matrimonio infeliz que en un momento dado saltó por los aires: “Nos enamoramos mirándonos al culto y las tetas, y nos separamos porque no soportamos mirarnos a la cara”.

Carlos Carreter

No desentrañaré cual es el destino de la joven pareja que protagoniza este libro. Durante buena parte del mismo, somos conscientes de que están en un problemático inicio de una relación que necesariamente tiene que pasar la prueba de fuego de la cama. Pero tanto se puede inclinar de un lado de la balanza como de otro. Pueden convertirse en un matrimonio convencional, o pueden ser el inicio fallido de algo que no germinó. El caso es que, aunque hoy en día las cosas se manifiestan de otros modos, el sexo ya no es el trauma que fue en su momento, lo cual no quiere decir que siempre se disfrute con salud y alegría, la incomunicación está ahí, y amenaza la mayor parte de las relaciones de pareja.

Carlos Carreter

[Fotos] Ocasos en el Parque del Agua con AFZ-Asociación de Fotógrafos de Zaragoza

Fotografía

En el enlace, encontraréis los detalles técnicos de la toma de las fotografías de paisaje que encontraréis en esta entrada. Los que no estéis interesados en la técnica,… simplemente, las fotos.

Origen: Ocasos en el Parque del Agua con AFZ (Asociación de Fotógrafos de Zaragoza) – Fotografía y otras artes visuales.

 

 

 

Y las del día siguiente,…

 

[Cine] Blade Runner 2049 (2017)

Cine

Blade Runner 2049 (2017; 392017-1310)

Cuando anunciaron hace unos años que iban a filmar una segunda parte de mi adorada y nunca bien ponderada aventura de “pellejudos”, obra de referencia y precursora de la ciencia ficción cinematográfica de los últimos treinta y tantos años, y pocas veces igualada y menos superada,… me eché a temblar. Considerar lo que había hecho Ridley Scott con las nuevas entregas del universo de los xenomorfos,… tuve que contener el aliento. Qué queréis que os diga.

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Lo más adecuado para esta entrada, visitar, de noche, algunas de las grande urbes multiculturales del mundo contemporáneo. Por este orden, Nueva York, Tokio, Toronto, Hong Kong y Seúl, esta última también en el encabezado.

El respiro vino cuando se anunció que Scott se quedaría en labores de producción y que se confiaba la dirección al canadiense Denis Villeneuve. En aquellos momentos no lo habíamos visto medito en producciones de ciencia ficción, pero ya era uno de mis directores contemporáneos favoritos. Ver lo que consiguió hace un año con otra película de alienígenas aumentó el alivio. E impulso una cierta expectativa emocionada. Quizá pudiéramos estar ante otra obra maestra del cine. O al menos ante una muy buena película. Había que esperar. Lamentablemente, tuve que esperar una semana más de lo previsto al coincidir el estreno de la película en España con mis vacaciones coreanas. Pero ya está… ya la he visto.

Voy a empezar diciendo que al día siguiente o al otro de ver la película, leí un artículo que expresaba perfectamente lo que sentí al ver esta segunda entrega del universo “blade runner”. Una deslumbrante maravilla cinematográfica para los sentidos. Y eso que a mí lo del Dolby ATMOS me parece otro invento para conseguir que oigamos perfectamente los ruidos más desagradables sin aportar nada más. Pero Villeneuve es un tipo que sabe cómo hacer cine. Y muy bien.

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Desgraciadamente, la historia que se nos cuenta se encuentra varias ligas por debajo de la de su predecesora. Nos encontramos treinta años más tarde con un nuevo blade runner, K (Ryan Gosling), que en esta ocasión no cabe la menor duda de que se trata de un replicante. En una Tierra medioambientalmente y económicamente arruinada, donde los que pueden la abandonan, se piran a las colonias espaciales, su misión es “retirar” a los skin jobs antiguos con capacidad para desobedecer órdenes y pensar por sí mismos. Una nueva generación de replicantes obedientes y mansos está comúnmente aceptada. Y un nuevo magnate, Niander Wallace (Jared Leto). Pero al “retirar” a un viejo Nexus 8 hace un sorprendente hallazgo. Los restos, los huesos, de una replicante femenina. Que al ser analizados, anunciarán un hecho sorprendente.

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Como ya he dicho, visualmente es una maravilla. El universo de esta ficción se expande. Vamos más allá del abarrotado Los Ángeles, y conocemos nuevos escenarios que nos sitúan mucho más claramente en el tipo de mundo en el que nos encontramos, y nos estremecen. Cada plano está milimétricamente planificado, y quedamos sorprendidos continuamente. Pero la historia carece de la profundidad filosófica y ética de la primera entrega. De hecho, en realidad, salvo una vuelta de tuerca más en el planteamiento, no aborda cuestiones nuevas que no estuvieran presentes previamente sobre el significado de ser persona. No me gusta lo de ser humano. Biológicamente, una máquina, aun orgánica, no admite su inclusión dentro de la humanidad. Pero sí de lo que filosóficamente podemos considerar persona, susceptible de disfrutar de autonomía, derechos y obligaciones.

Tenemos una chica buena, Joi (Ana de Armas), y una adversaria, Luv (Sylvia Hoeks). Quienes estén familiarizados con el inglés apreciarán el doble sentido de sus nombres… aunque las cosas no serán como parecen. Sinceramente, la primera… no lo hace mal. Y las minifaldas le sientan de muerte. Pero estuvimos discutiendo tras la película y llegamos a la conclusión de que es un personaje bastante prescindible… si no del todo.

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Y luego está Decker, Harrison Ford, que sinceramente parece que recuperar sus viejos personajes, salvo Indiana, le sienta mejor que recrear otros nuevos. Está muy bien. Y es quien aporta auténtico corazón a esta película. De Gosling esperaba más,… pero su personaje no le permite ser el protagonista carismático que esperábamos. De hecho, una de las ausencias más notables de esta segunda parte es la ausencia de personajes carismáticos, que no sea el interpretado por Ford.

Así pues, cierta decepción amortiguada por la calidad del envoltorio. Entendámonos. No es una mala película. Ni mucho menos. Por encima de la mayor parte de la ciencia ficción que nos venden. Pero es duro ser secuela de un mito del cine. Y más si los guionistas, un montón, son incapaces de estar a la altura. Pero no me creáis. Id al cine y comprobadlo. A ser posible, como yo, en versión original.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Fotografía] Recomendaciones semanales – del 24 de septiembre al 15 de octubre de 2017

Fotografía

Vuelven mis recomendaciones fotográficas semanales, después de dos domingos de ausencia por el viaje a Corea, en el enlace a continuación. Acompañadas de fotografías en blanco y negro del Parque del Agua de Zaragoza, que esas sí que os las pongo aquí.

Origen: Recomendaciones semanales – del 24 de septiembre al 15 de octubre de 2017 – Fotografía y otras artes visuales.

Fotografiando el patrimonio de la humanidad – Corea del Sur – Fotografía y otras artes visuales

Viajes

Replico el artículo de mi blog técnico de fotografía, pero sin los datos más técnicos de la toma fotográfica. El artículo completo en el siguiente enlace.

Origen: Fotografiando el patrimonio de la humanidad – Corea del Sur – Fotografía y otras artes visuales.

Entre el día 2 y el 11 de octubre he estado recorriendo una parte de la República de Corea, país más popularmente conocido como Corea del Sur, para distinguirlo con su precisión de su incómodo vecino la República Democrática Popular de Corea o Corea del Norte. El día 1 salí de España y me lo pasé viajando, y el 12 hice el recorrido en sentido inverso, en ambas ocasiones vía Amsterdam, usando vuelos de KLM y Korean Air. El avión de esta última, un Airbus 3algo0 entre Schiphol e Incheon, uno de los más cómodos y agradables que jamás haya volado. Tomo nota.

El país no es muy grande. Toda la península de Corea tiene el tamaño aproximadamente de la isla de Gran Bretaña. Pero tiene casi 50 millones de habitantes, así que está muy poblado. Y tiene una historia y una cultura muy rica aunque muy desconocidas en comparación con las potencias locales, china y japonesa. Esta última, además, ha puesto bastante empeño en diversos momentos de la historia, el más reciente en la primera mitad del siglo XX, en destruir y reducir a la nada a la cultura coreana, con una actitud que tiene un tufo racista considerable. Los nipones son muy cultos, honorables y educados… salvo cuando no lo son.

A pesar de estos avatares, Corea tiene una serie de lugares reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Cultura de la Humanidad, algunos de los cuales he visitado en todo o en parte, y os traigo aquí.

Palacio de Changdeokgung en Seúl

En Seúl hay varios palacios, cinco creo, de la época Joseon (pronúnciese algo así como “choson”), de los cuales he visitado cuatro. De ellos, el más vistoso es el de Changdeokgung, que además incluye un jardín que probablemente motiva la inclusión del palacio en la lista de lugares Patrimonio de la Humanidad. He de decir que la visita al palacio por sí mismo merece la pena. Parece mentira en un momento dado, que recorriendo sus estancias entre arboledas y jardines, estés en medio de una de las mayores metrópolis asiáticas, que es lo mismo que decir del mundo.

Desgraciadamente, coincidió la visita con la víspera de una fiesta nacional coreana, y en unos días en los que los monumentos nacionales eran gratuitos para todos los visitantes. Por lo tanto, aunque pocos turistas, había muchos coreanos disfrutando de sus fiestas en familia. Y la visita a los jardines es en números reducidos. Ante la avalancha de visitantes, me quedé sin poder acceder. Pero como digo, la visita en sí mismo, está muy bien.

Y a cambio, pude observar a la diversidad de gentes del país, así como ver numerosos ejemplos de personas vestidas con el tradicional hanbok, especialmente chicas y mujeres.

Santuario de Jongmyo en Seúl

Situado no lejos del palacio del Changdeokgung, este santuario es el más antiguo de los santuarios confucianos reales del reino de Joseon. En el se llevaban a cabo las más importante ceremonias de estado. Grande pero austero, tiene gran valor cultural. Y está situado en un gran parque, también en medio de la ciudad de Seúl.

Fortaleza Hwaseong en Suwon

Suwon está cerca de Seúl. A 30 km en tren o poco más. 30 minutos de recorrido, que se deben más a las paradas que a lo que está en movimiento el convoy. Pero visitar la fortaleza de Hwaseong en Suwon, así como otros lugares de interés en la ciudad lleva su rato. No es una pequeña ciudad periférica ni nada de eso. Es una capital de provincia con un millón de habitantes largos. De hecho, prácticamente hay una continuidad urbana entre la capital y Suwon. Pero la orografía de la península de Corea es compleja, y por todos lados surgen colinas y pequeñas montañas, que motean de verde la geografía urbana. Pequeños o grandes parques naturales que hace que los más urbanitas de los coreanos puedan vestir sus galas montañeras los días de fiesta y dedicarse a hacer senderismo desplazándose hasta el punto de partida en el metro o en el autobús urbano.

Por las colinas que rodean parte del núcleo urbano de Suwon se extienden las fortificaciones de Hwaseong, convirtiéndose en un recorrido sobre la muralla de casi seis kilómetros de longitud. En la muralla van a aparecer puertas, torres de vigilancia, puestos de arqueros, puertas secretas y pabellones. Hay que ir bien calzado y bien hidratado para hacer el recorrido completo, que puede llevar buena parte del día. Y que luego se puede complementar con una visita al palacio real de Hwaseong Haengung, en el interior de la zona fortificada. Muy nutrido también en el día de fiesta nacional.

Gruta de Seokguram y templo de Bulguksa

Situados en la laderas de unos montes a unos 15 o 20 kilómetros al sur de Gyeongju, antigua capital del reino de Silla, son dos de los monumentos más notables del arte y arquitectura religiosa de Corea, especialmente del budismo, religión abrazada por la clase dominante durante siglos en los reinos que se sucedieron en esta península del extremo oriente, hasta que el confucianismo procedente de China fue tomando fuerza en los mismos. No es que el budismo carezca de influencia, siendo como es una de las religiones con mayor poder político del mundo, aunque formalmente prediquen su desapego a las cuestiones terrenas.

En la gruta de Seokguram hubo que lidiar con la sorprendente incoherencia que observo en los templos budistas. En teoría el budismo es una religión no vinculada a dios de ningún tipo. Sin embargo, observo que los fieles y guardianes de estos templos observan una notable idolatría hacia las imágenes de sus budas y boddishattvas, que suele llevar implícita la prohibición de fotografiar, con más intensidad en unos casos que en otros. En la mencionada gruta, la vigilancia era estrecha, pero conseguí llevarme alguna imagen para ilustrar el lugar.

Más relajado era el ambiente en el armonioso templo de Bulguksa, donde todo era más tranquilo y amable. Lo cual se agradece. Sobretodo porque me había quitado de encima las aglomeraciones de gente de los días anteriores. Para los coreanos era día de labor, y los turistas extranjeros son pocos en estas fechas. A pesar de que por temperatura y escasez de lluvias hacen de ellas una época ideal.

Zonas históricas de Gyeongju

Como ya he dicho, Gyeongju fue la capital del reino de Silla, un reino que unificó políticamente la península de Corea durante buena parte del primer milenio de nuestra era y los tres siglos iniciales del segundo. Dicen que en su momento de mayor esplendor llegó a tener un millón de habitantes. Buena parte del patrimonio cultural se perdió en la invasión japonesa del siglo XVI que causó estragos en la península. Pero todavía se conservan restos interesantes. Planificar la visita a esta zona es complejo. Todavía no sé si como lo hice estuvo bien o mal. Además de Bulguksa y Seokguram, visité en el núcleo urbano de Gyeongju los túmulos funerarios de la antigua Silla y la pagoda de Bunhwangsa. Haber visto más cosas hubiera obligado a dedicar más días, y perder otras experiencias. En los viajes hay que tener claro el coste de oportunidad de tu tiempo. En fin. No estoy descontento, aunque hubiera otras formas de planificar el viaje que también hubiesen tenido sus ventajas… e inconvenientes.

[TV] Cosas de series; la irresistible levedad de la telerrealidad nipona

Cine, Televisión

Recién llegado de unas vacaciones por Corea del Sur, utilizaré unas cuantas fotografías de ese país para ilustrar la entrada. Aunque el tema principal va a ser la televisión nipona. Pero arrastro un jet lag de caballo que hizo que ayer por la tarde me quedara dormido en cualquier situación, y que ha hecho que desde las dos de la madrugada no haya pegado ojo. He aprovechado, cuando me he cansado de dar vueltas en la cama, insomne, para levantarme y desayunarme una película de zombis coreana que se estrenó hace unos meses en Zaragoza, Busanhaeng (부산행), traducida como “Tren a Busan”, pero que no pude ir a ver. La crítica la puso bien… pero siendo de zombis. Pues oye, quitando unas cuantas ingenuidades argumentales, y que los ataques de los zombis están tratados con una evidente dosis de ironía o sarcasmo, la película está muy entretenida. Y como yo también he disfrutado estos días de los KTX coreanos, muy muy muy muy parecidos a los TGV franceses y a la primera generación de AVE españoles,… pues me ha hecho ilusión.

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Una locomotora diésel de aspecto muy norteamericano en la estación central de Seúl el día en que me desplazaba a Busan en un KTX (Korean Train eXpress) similar al que protagoniza la película que he comentado.

Pero hoy me apetece del programa de telerrealidad japonés de Netflix, Terrace House, cuya versión Aloha State se puso a disposición de los abonados hace pocas semanas, y que me merendé en un santiamén antes de salir de viaje. Ya he comentado en alguna ocasión, pero voy a insistir un poco más.

La premisa básica es muy sencilla. Se reúnen a seis jóvenes, tres chicos y tres chicas, entre 18 y 29 años, para que convivan en una casita tipo chalé, muy mona, con piscina. Les ponen un par de coches para sus desplazamientos y… nada más. No hay competición, no hay descalificaciones. No hay producción bajo mano para que haya conflictos. Se les deja que simplemente convivan, mientras siguen a lo suyo. Van a trabajar, a clase, a darse un paseo,… quedan con amigos, entre sí. La vida más vulgar y corriente que te puedas imaginar.

Yo vi primero algún episodio de la entrega anterior, Boys and Girls in the City. Pero allí,… no pasaba nada. No había gritos, ni chulerías. Todo el mundo era extraordinariamente educado. En esa edición, la casa estaba en un barrio de Tokio, y los participantes eran principalmente japoneses, con alguna excepción. Ah, se me olvidaba mencionarlo. Los participantes no están obligados a estar hasta el final. Cuando se cansan o tienen cosas mejores que hacer, se van, y entra otro del mismo sexo a sustituirlo.

Mi primera impresión fue de aburrimiento. Hasta que llegó la segunda edición, la Aloha State, a la que le di una nueva oportunidad. Y entonces me di cuenta. Le vi la gracia. En su levedad, en su “aquí-no-pasa-nada” está el meollo. En esta ocasión, para impulsar el programa a través de Netflix en todo el mundo, y especialmente en Estados Unidos, la casita la pusieron en Oahu, la isla más poblada de las Hawai, con vistas al mar y a la playa. Y el reparto de participantes incluía, además de los japoneses típicos, japoneses residentes en los Estados Unidos, principalmente en el estado de Hawai, personas con algún progenitor no japonés, e incluso una chica norteamericana de origen chino que quería triunfar como modelo y diseñadora en Tokio.

Como digo, con esta entrega le vi la gracia. Vi la primera tanda de ocho capítulos y recuperé la entrega anterior. Con el tiempo, han ido llegando las siguientes entregas, hasta los 32 episodios de esta última edición que ha terminado recientemente, cada uno de alrededor de media hora de duración. En cada uno de ellos se van pasando fragmentos de lo grabado en las vidas de los participantes, los de más interés, y hay tres interrupciones en los que seis comentaristas, también tres mujeres y tres hombres, le dan unas vueltas a lo que sucede. Típicamente en clave de humor y dándole la vuelta a lo que pasa. También hacen un excelente trabajo de guiado para que los televidentes no nipones capten las sutilezas de los usos y costumbres nipones.

Porque todo el mundo es exquisitamente educado. Todos se tratan mutuamente con gran consideración. Pero claro… aunque parece que no pasa nada, donde conviven seis personas pasan cosas. Hay conflictos que poco a poco van surgiendo. Habiendo tres chicas, generalmente elegidas entre mujeres jóvenes que están de muy muy muy buen ver, hay tensión sexual, inicialmente no resuelta. Porque la formación de parejas es una de las expectativas del programa. Pero todo a un ritmo enloquecedormente lento. Ha habido parejas que han tardado semanas en darse la mano. O en darse un besito ligero en los labios. Es obvio que tras las cámaras se animan mucho más… pero todo es muy contenido. Y a la vez muy divertido.

Y los conflictos. Esto es lo mejor. Porque es el reino de los Pasivos-Agresivos. La que se puede montar por que alguien se coma un bistec de otro. O porque una de las chicas sea un poco guarrilla en el baño y no limpie todo lo que deba. O el pavo que suelta eso de “bueno, las chicas harán la comida ¿no?… y se va unas semanas más tarde desesperado porque ninguna quiere saber de salir a tomar un chisme con él. Las mismas que le consuelan con palmaditas cuando se va, con aquello de “amigos para siempre” y esas cosas.

Lejos de las estridencias, de la vulgaridad y la obscenidad mal entendida de la telerrealidad occidental, aquí todo es elegancia y buenas manera. Buen rollo, incluso si te estás despepitando con los más mundanales conflictos de las relaciones humanas que te puedes imaginar. Por eso, no soporto ni de lejos la telerrealidad occidental, y estoy enganchado como un memo con esta “terraced house” de la que ya estoy anhelando una nueva entrega, que no sé cuándo se producirá. Espero que no tarde. Es que me resulta hasta relajante.

Despedimos Corea del Sur con un paseo de tres horas por Seúl

Viajes

Como en otros viajes, la última entrada de fotos del mismo no la envío por correo electrónico durante mi periplo sino que la escribo ya sentado ante el ordenador de sobremesa de casa, con las peripecias del último día o las últimas horas del viaje.

Nada voy a comentar del largo viaje que comenzó hoy mismo, cerca de la una de la madrugada, en el aeropuerto internacional de Incheon. Que no está en Incheon. Ni en Seúl, aunque también se diga de él que es el aeropuerto de la capital surcoreana. En estos momentos en el reloj del ordenador se anuncian las 17:45 horas de la tarde, pero para mí es como si llevase tres cuartos de hora del día siguiente. Ya han pasado más de 24 horas desde mi última medianoche, y aun queda un rato para meterme en esa cama que tanto anhelo.

Pero si mi último envío desde Corea eran fotografías de la relativamente infructuosa mañana de compras en las horas antes de tomar el tren que me llevaría de Busan a Seúl, estas de horas corresponden a las más interesantes tres horas que pasé en la capital surcoreana antes de dirigirme al aeropuerto que la sirve.

Y con el bullicioso grupo de colegiales del encabezado, que ignoraban supinamente al fotógrafo que intentaba inmortalizar su excursión por el Seoullo 7017, comencé mi recorrido por esta pasarela, antigua vía para el tráfico rodado elevada que ha sido reconvertida en jardín botánico. Y es que había que aprovechar la mejor luz de atardecer que he tenido en todo el viaje. Con vistas a los alrededores de la estacicón central de Seúl.

Desde aquí, me dirigí a la zona de la puerta Namdaemun, con sus tiendas de fotografía con abundante material de segunda mano y ocasión, su antigua puerta y su mercadillo. Había que dar una tercera oportunidad…

No sé cómo se me quedó pegada en la mano esta “cosa” de la que os hablaré dentro de unos días, cuando la haya probado un poquito y tenga resultados.

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Ya con la noche caída, pero todavía con tiempo antes de ir a coger el tren expreso que une la estación central de Seúl con el aeropuerto de Incheon, cogí un metro y me bajé a dar un pequeño paseo por Dongdaemun Design Plaza, con el edificio obra del gabinete de arquitectos de Zaha Hadid, como el Pabellón Puente de Zaragoza, y hasta la puerta que da nombre al barrio.

Después de esto sí que cogí el metro para volver a la estación y comenzar el largo y tedioso viaje que me devolviese a casa. Hasta el próximo viaje.