[Recomendación fotográfica] La luz de los viajes y la fotografía sin luz

Fotografía

Dentro de una semana comenzaré un nuevo viaje. Al oriente asiático. Ya os iré contando. Ahora estoy en esos días previos en los que, sabiendo que hemos hecho el esfuerzo razonable para planificar el viaje, queda la duda de que nos hayamos olvidado de algo o algo lo hayamos planificado mal. Siempre se genera algo de ansiedad previa, por mucho que hayas viajado.

También está la planificación del soporte fotográfico del viaje. No me preocupa mucho. Ahora tengo un equipo en el que confío mucho, por lo que dependerá de mí aprovechar las oportunidades que me surjan. No he decidido aún si me llevaré alguna camarita con película tradicional además de la cámara dígital. Quizá me lleve la Olympus mju-II con un par de carretes de Ilford XP2 Super. Que me ocupará muy poco en el equipaje, y es una cámara resistente a las salpicaduras. Seguro que nos llueve de vez en cuando.

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Aun tengo recientes las fotografías de mi último viaje, a tierras germanas y helvéticas, donde sí que usé ampliamente la película tradicional en blanco y negro.

Recientemente, en Cada día un fotógrafo/Fotógrafos en la red nos han hablado de Marie Takahashi, una fotógrafa japonesa que es incluida con cierta frecuencia en los listados de los mejores fotógrafos de viajes. Por ejemplo, en esta página donde es considerada la cuarta mejor de 25 seleccionados. No insisto con otras, puesto que en algún caso me ha dado la impresión de que se copiaban entre sí algunos de estos listados. Independientemente de esto, a mí es que me ha gustado el estilo de Takahashi. Es muy limpio, muy claro, muy centrado en el contenido, lejos de los artificios de los colores excesivamente saturados, de los HDR u otras técnicas que han surgido con el auge de la fotografía digital y que buscan más la imagen espectacular que la que transmite una historia o un sentimiento. A mí, las soluciones sencillas me atrae más que las espectaculares.

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Finalmente, hoy os traigo también otro vídeo del SFMOMA (Museo de arte moderno de San Francisco), recientemente publicado en su canal de Youtube. Alison Rossiter juega con la degradación de los papeles fotográficos, algunos de ellos realmente muy muy antiguos, muy muy caducados, para jugar con la luz o con la ausencia de la misma. Algunas veces, los embalajes de los papeles antiguos son tan bonitos que da pena que los abra para usar el papel…

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[Cine] Meari to majo no hana (2017)

Cine

Meari to majo no hana (2018; 43/20180914)

Hace ya un tiempo que me enteré de la realización de esta película de animación japonesa. Y tenía mucha curiosidad por ver que tal había quedado. Y como parecía que iba a ser estrenada en España, esperé pacientemente. Seguramente, a estas alturas no será difícil verla por otros medios en tu casa. Pero el viernes pasado, solito, porque nadie más se me animó a acompañarme en una versión original a las ocho y media de la tarde de un viernes, en el que además después tenía otra cosa que hacer.

Acueducto, Nanzen-ji - Kioto

Con lo rico que es el folklore y la mitología nipona, me llama la atención que también se sientan atraídos por los de la Europa occidental a la hora de crear sus películas, adaptando historias de otros países. Unas veces con más fidelidad, otras tirando de la rica imaginería propia. En cualquier caso, una excusa como otra cualquiera para pasear por algunos de los muchos templos tradicionales de Kioto.

Pero pongámonos en antecedentes. Mi estudio de producción de películas de animación favorito, Studio Ghibli, anunció en 2014 que cerraba sus puertas a la producción de nuevas películas; por diversos motivos en los que no voy a entrar. Se iban a centrar en la gestión de los derechos, las mercaderías y otros activos derivados de las películas producidas desde 1986, con Tenkū no Shiro Rapyuta (El castillo en el cielo), hasta 2017, cerrando con Omoide no Mānī (El recuerdo de Marnie). No, Nausicaä no fue la primera película del estudio. Sí, parece que hay un nuevo proyecto que implica que sí que van a volver a producir películas, con un hipotético estreno en 2020.

Una de las consecuencias del cerrojazo, presunto, a la producción de nuevas películas, fue que algunos de los creativos más dinámicos y jóvenes del estudio se quedaron con ganas de sacar adelante sus proyectos. Y esto llevó al director de la película que nos ocupa hoy, Hiromasa Yonebayashi, junto con otros antiguos animadores de Ghibli, a fundar el Studio Ponoc, cuyo primer largometraje tenemos hoy aquí.

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Yonebayashi dirigió dos películas para Ghibli, ambas, de acuerdo a la costumbre del estudio, con interesantes protagonistas femeninas, Arriety y Marnie. Y ambas tenían otra cosa en común. Estaban basadas en obras de autoras británicas de libros infantiles. Las dos películas tenían buenas cualidades. A mí, Arriety me parece un encanto de película, muy adecuada para el público infantil. Pero, quizá por no ser obras de Miyazaki o Takahata, los directores más emblemáticos del estudio, no tuvieron la repercusión fuera de Japón que merecían.

La nueva heroína, esta vez de Studio Ponoc, también procede, como sus antecesoras, de la literatura infantil británica, ya que es adaptación de The Little Broomstick de Mary Stewart. Y si tenemos en cuenta que la traducción del título japonés nos da literalmente el título en castellano, Mary y la flor de la bruja, ya nos podemos percatar de va la cosa. Sí, aventuras de una jovencita preadolescente que de repente se convierte en bruja.

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La película para mí tiene una serie de problemas. Antes de nada, decir que es una aventura de animación perfectamente razonable para un público infantil, correctamente realizada y suficientemente entretenida. Pero… Primero, si vienes de Studio Ghibli y haces una película de una joven bruja, va a ser inevitable comparar a Mary con Kiki (Nicky en la versión castellana, porque les parecía un nombre con connotaciones obscenas). Y Kiki es una absoluta delicia de película, mucho más original, mucho más profunda conceptual y muy muy muy entretenida.

Por otro lado, en los últimos tiempos, la ausencia de Ghibli no se ha notado excesivamente en Occidente. A nosotros nos llega una fracción de lo que se hace en Japón en el campo de la animación. Hay abundancia de producciones de calidad, que no traspasan sus fronteras. Pero últimamente nos han llegado algunas que nos han satisfecho bastante a la hora de recoger el testigo de Ghibli de presentar personajes con los que empatizamos inmediatamente, muchas veces chicas, heroínas de los cotidiano que nos han encandilado. Sea con la espectacularidad y el romance de la huérfana Mitsuha, sea con la sencillez, el sufrimiento y la honestidad de la recién casada Suzu. Por poner algunos ejemplos. Ambos están muy por encima de la película que hoy nos ocupa. Yo me quedo especialmente con la segunda, aunque sea la primera la que ha recibido más atención mediática y del público.

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Sinceramente, espero que este nuevo Studio Ponoc (“medianoche” en serbocroata) vaya creciendo y progresando. Siempre son venidas las producciones de animación que nos sacan de ciertos caminos trillados de la animación occidental. Ya se nos anuncia que se viene una nueva producción de este joven estudio, con una antología de tres historias cortas, que ya se debería haber estrenado en Japón, aunque no sé si en salas comerciales. Pues veremos,… espero.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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[TV] El lenguaje de las flores con acento mejicano

Televisión

Hoy voy a dedicar principalmente mi recomendación televisiva a una reciente producción mejicana para Netflix que ciertamente me ha dejado muy buen sabor de boca. Pero he notado también una omisión reciente… y la quiero subsanar. A principios de agosto terminé de ver la segunda temporada de G.L.O.W., las entrañables mujeres de la lucha libre americana. Esta es una serie que, detrás de su horrible estética ochentera y de su tema aparentemente banal, desgrana una interesante historia de relaciones humanas entre gente de esos que a los anglosajones les encanta llamar loosers, literalmente “perdedores”, pero que los hispanohablantes, por los menos los de este lado del Atlántico, llamaríamos pringados o pardillos. Con una duración ajustada en sus episodios, unos guiones muy bien pensados, unas interpretaciones de muy muy buen nivel, esta comedia con tintes dramáticos es probablemente una de las mejores opciones que ofrece hoy en día Netflix, una plataforma que, desgraciadamente, está evolucionando más al terreno de la fantasía, el terror y los misterios paranormales de lo que desearía.

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Las flores son muy bellas, pero suelen atraer a seres muy peligros. Pican y muerden… pues de eso va la serie mejicano de hoy, más o menos.

Pero vamos con otra de las agradables sorpresas de esta plataforma de vídeo bajo demandas. Que no es otra que La casa de las flores, producción que nos llega desde Méjico, y que ha sorprendido por varios motivos. Con un reparto notablemente sólido en su capacidad interpretativas, al frente del cual encontramos a Verónica Castro, una de esas reinas de los culebrones que aterrizaron en España en los años 80, encontramos una comedia ágil, que resuelve en 13 episodios de 30 minutos un argumento absolutamente de culebrón, de esos que tienen más de 150 o 200 episodios. Con todos sus elementos, una familia diversa, amoríos, traiciones, glamour, hijos secretos, ambiciones por el poder, la cárcel… de todo. Pero también una producción con muchas ganas de reírse de sí misma, de parodiar a todos esos culebrones, pero sin hacer sangre.

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El comienzo me resultó un poco preocupante. La narración de la historia por parte de una muerta, recuerda demasiado a otras series. Luego te das cuenta de que nos es una copia/plagio, sino que es precisamente un elemento más a parodiar, a introducir en el cóctel de tópicos y lugares comunes, para crear una idea original. Políticamente incorrecta, pero con inteligencia, no deja de poner en solfa una sociedad “bienpensante” y “educada” pero machista, intolerante a la diversidad social, sexual, racial, a los discapacitados… que critica todos aquellos “defectos” que no saben ver en sí mismos. A ratos algo “almodovariana” tiene señas de identidad propias. Y si bien no es un producto perfecto, tiene algún que otro altibajo, el conjunto te deja un excelente sabor de boca.

Como decía, además de la idea original, la alegre mezcla de elementos conocidos en otras producciones, y un excelente diseño de producción, cuenta con la baza de un excelente nivel de interpretaciones. Me he quedado encantado con esa Paulina (Cecilia Suárez), que con la cadencia de su hablar ha protagonizado algunos momentos casi sublimes. O la presencia del español Paco León, un actor que no es especialmente de mi gusto y simpatía, y que sin embargo está fenomenal como “marido” de la anterior.

Recomendable. Francamente, muy recomendable.

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[Libro] All Systems Red

Literatura

Recomendación que apareció hace unas semanas en la cuenta de Twitter de LiteraturaFantástica, esta novela corta de Martha Wells, ha recibido múltiples galardones, entre los que destacan el Premio Nebulla 2017 “Best Novella”, y el Premio Hugo 2018 en la misma categoría. Quiero resaltar que la palabra inglesa novella no se traduce al castellano como “novela” sino como “novela corta”. En la página de Wikipedia dedicada a los premios Nébula, aparecen definidos las distintas categorías para relatos en prosa según su longitud. Para los premios Hugo son similares. Sinceramente, a mí, algunas de estas distinciones me parecen hilar excesivamente fino. Con dos categorías me bastaría; una para el cuento o relato corto y otra para la novela o el relato con más desarrollo. El que en esta segunda categoría el autor sea capaz de contar su historia con más o menos extensión me parece una cuestión que forma parte de la valoración. El cuento o relato corto, sin embargo, tiene algunas reglas propias, no necesariamente escritas o explícitas, que sí lo sitúan en otra categoría. Pero esto es una percepción personal. Allá los eruditos y los académicos con sus disquisiciones, o la manía de las organizaciones de premios de multiplicar las categorías para contentar a todo el mundo.

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Un habitual de la ciencia ficción en exploraciones planetarias. El mayor riesgo aparente parece la fauna del lugar. Pero luego el mayor riesgo real siempre son unos malos mucho más humanos de lo que pensábamos.

En esta ocasión, en esta novela, corta o no, lo cierto es que tiene un comienzo más de relato corto. Estamos metidos en harina. Un pequeño grupo de científicos explorando la superficie de un planeta con la protección de un ser biocibernético, o cyborg, como fuerza de seguridad. Y metidos en en problemas también, cuando descubran que hay alguien que no les desea ningún bien.

El relato funciona con agilidad. Las informaciones sobre el trasfondo del cyborg protagonista así como de la misión en la que participa se van suministrando conforme avanza la trama, en una muestra de buena economía de medios a la hora de desarrollar la narración, sin que esta se vea perjudicada. El tema, como suele ser cuando tratamos con este tipo de seres, es la definición de persona, independientemente de la naturaleza de ser nacido o fabricado del individuo. Así como los miedos de los seres nacidos hacia los seres fabricados inteligentes. Aquí no se aporta nada nuevo.

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Por lo tanto, podemos decir que es una novelita muy entretenida, bien planteada y desarrollada, que gustará al aficionado al género. Y que parece que es el primer volumen de una saga que ya ha debido ver algunas secuelas. Poco riesgo el de los escritores de hoy en día en el campo de la ficción de anticipación, en la que se dedican a explotar ad nauseam un personaje o universo concreto, siempre que sea vendible, sin esforzarse en impulsar su creatividad con otros que tal vez no tengan tanta suerte comercial.

Leído en inglés, porque la reciente edición en castellano parece que cuesta o va a costar más del doble. Y es un inglés no excesivamente complejo, para una obra no excesivamente larga.

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[Recomendación fotográfica] Tsunami

Fotografía

Una recomendación rápida para este domingo que quiero dedicar a cosas distintas que colgarme de internet para lo que sea. Una vez más nos llega del canal en Youtube del Museo de arte moderno de San Francisco (SFMoMA). La fotógrafa japonesa Lieko Shiga estaba establecida en la pequeña localidad de Kitakama, unos 70 kilómetros al norte de Fukushima, donde trabajaba y tenía su estudio, cuando llegó el tsunami de 2011 que arrasó con esta localidad y con el bello paisaje de bosques costeros en el que se inspiraba. Después ha seguido trabajando en la zona. Con otros enfoques, pero manteniendo el enraizamiento en la comunidad, en sus tradiciones, en su historia, en su miedos, en sus alegrías y en su relación con el paisaje.

Como fotografías acompañantes… bueno, ayer aproveché para pasear por las rosaledas del Parque Grande de Zaragoza, aprovechando la suave luz que nos ofrecía un ligero nublado que disfrutamos toda la mañana.

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[Cine] The Seagull (2018)

Cine

The Seagull (2018; 42/20180911)

Esta es una de esas películas que vas a ver, incluso si la crítica, los medios y el público la hacen pasar desapercibida. Puntos a favor antes de ver estaa película de época:

  • Película de época pseudobritánica. Es americana, pero obviamente ha tirado de recetas británicas para la puesta en escena.
  • Basada en un obra de teatro prestigiosa, La gaviota de Anton Chléjov.
  • Con un reparto de campanillas con nombres como Elisabeth MossSaoirse RonanAnnette Bening,…
  • El resto del reparto menos conocido, pero de esos que aparecen en las teleseries y hacen que funcionen, incluso si sus protagonistas son unos petardos, que no es el caso en esta ocasión.
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No dispongo de fotos de Rusia, pero sí de lo que fue el Gran Ducado de Finlandia, que perteneció al Imperio Ruso en la época de Chéjov.

Definitivamente, no puedo recordar una película mala con estos mimbres. No todas serán memorables, pero malas tampoco. Así que nos dirigimos a ver este filme dirigido por Michael Mayer, que hasta ahora se había dedicado más bien a la tele.

La ambientación, en una dacha, más bien mansión, campestre en algún lugar de Rusia, a finales del siglo XX, irreprochable. En realidad, está rodada en Connecticut, pero da igual. El texto de Chéjov está respetado a medias. Es una adaptación, no es teatro llevado a la gran pantalla. Hay diálogos precisamente trasladados, otros no. Pero en general se respeta bastante el original, aunque no en la puesta en escena. Chéjov utilizó recursos a la hora de representar la obra muy innovadores, que aquí quedan diluidos. Pero la potencia de la historia original está ahí. La ingenuidad de Nina (Ronan), los celos de Irina (Bening), la amargura de Masha (Moss), el cinismo despreocupado de Trigorin (un inconmensurable Corey Stoll) y el despiste de Kostia (un todavía por hacer Billy Howle, pero que se lo curra). Ese momento clave en el que Trigorin anuncia, nos cuenta, lo que va a pasar con amable crueldad… la destrucción de la gaviota.

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Película que quizá no pasará a los anales del cine como una de sus grandes maravillas, pero que es perfectamente recomendable. Y de paso nos desasnará un poco sobre las obras interesantes de la literatura universal.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Recomendación fotográfica] Fotolatas y otros orificios diminutos

Fotografía

Desde hace unas semanas, inmerso en la preparación de mi participación en un proyecto colectivo de fotografía estenopeica, impulsado desde la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ, que si todo va bien, y no tiene porqué ir mal, acabará en una exposición en Zaragoza en algún momento de la primavera del año que viene.

En estos momentos, realizando algunas fotografías más para complementar y mejorar, en la medida de lo posible mi proyecto personal, del que ya hablaré algún día más adelante. No tengo decidido qué fotografías voy a presentar todavía, estoy en el proceso de decisión. Quizá alguna de las que hoy se ven pueda ir. Quizá no.

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Para quien no sepa, la fotografía estenopeica es la fotografía con una cámara que no dispone de un sistema óptico con lentes, más o menos complejo, sino que la luz entra en la cámara oscura a través de un pequeño orificio, suficientemente pequeño en relación a la superficie sensible a la luz y a la distancia entre el orificio y esta superficie, como para que haya una representación de la realidad razonablemente nítida. Aunque las imágenes nunca alcanzan la nitidez de la fotografía con objetivos con lentes, la estética de las misma puede ser mucho más expresiva. Aparte de abrazar la estética de las imperfecciones, derivada del hecho de que muchas de estas cámaras son de fabricación casera. El enlace anterior lo he dirigido al artículo correspondiente de la Wikipedia en inglés, Pinhole photography, porque el de la Wikipedia en español no me gusta.

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Coincide que hoy mismo, atención a los aficionados de Madrid o cercanías, las Fotolateras presentan en la capital su último trabajo dedicado a Japón. Tuve la oportunidad de conocer y conversar con Marinela Forcadell y Lola Barcia, las Fotolateras, en mayo del año pasado, cuando presentaron su proyecto Ciudades enlatadas en el contenedor de Enlatamus en Remolinos, cerca de Zaragoza. Quedamos sorprendidos por la gran calidad de los trabajos que hacen con sus pequeñas latas de café. No me importaría conocer este nuevo trabajo, aunque de momento no han actualizado su página web con fotografías del mismo. Apenas he podido ver un par de ellas en la noticia de Clavoardiendo Magazine en la que me he enterado de la presentación del trabajo. Tampoco la Galería Rizoma, donde presentan el trabajo está actualizada al respecto. Va a haber libro del proyecto. A ver si podemos echarle el guante. De momento, no sé donde… aunque se que lo edita Sin pereza books (en Instagram).

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[TV] Animación japonesa; entre las mesas de juego y las consecuencias de la guerra

Televisión

Hace unas semanas, recién regresado de mi pequeña escapada de mitad de agosto por tierras germanohelvéticas, hicimos una reunión de amigos y conocidos donde se habló de muchísimas cosas. Y hubo alguien que me confesó que seguía este Cuaderno de ruta aunque yo no lo sabía, ni me lo podía imaginar. Así se lo dije. Aparentemente, aunque hemos mantenido siempre una relación cordial, no somos amigos cercanos, pero sí que nos caemos bien, nunca hemos tenido muchos intereses en común. Pero me sorprendió porque me empezó a hablar de su afición a la animación y a la historieta japonesa. Exclusivamente japonesa; o sea que él dirá siempre “anime” y “manga”. Y echaba de menos que hablase de estos temas recientemente.

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Si algo tienen en común los países centroeuropeos en los que se inspira la ambientación de una de las series de hoy, y Japón, país de origen de las series, es la importancia del ferrocarril. Que tiene un papel protagonista en alguno de los episodios y aventuras de Violet Evergarden.

Con lo del “manga”, es decir, la historieta, le dije que acababa de comprar un libro que tenía buena pinta. Han pasado semanas y no lo he terminado. No está mal, pero es durillo, y últimamente no tengo la cabeza para historias demasiado intensas. Lo terminaré. En unos días. Pero con respecto al “anime”, la animación, le comenté que en las plataformas de vídeo bajo demanda a las que accedo, no encontraba en estos momentos nada que me atrajese. Lo más adecuado para un público adulto ya lo había visto, o lo había abandonado por falta de interés, y lo demás me parecían productos excesivamente para adolescentes y, por lo tanto, con alguna excepción, difícilmente digeribles. A lo que contestó recomendándome dos series, que estando específicamente dirigidas al mundo adolescente, dijo que podían sorprenderme. Que les diera una oportunidad. Ambas en Netflix.

La primera, Kakegurui [賭ケグルイ] (algo así como “jugador compulsivo”), trata sobre un instituto privado donde se establece un sistema de castas basado en la habilidad o la fortuna en los juegos de apuestas. No me atrevo a decir “de azar”, porque todo el mundo hace trampas. Lo sorprendente de la serie, es que tratándose de adolescentes, hay momentos en que la trama trata cuestiones muy para adultos. Aunque sin ser demasiado explícitos, se plantean los abusos sexuales de los miembros de castas superiores hacia los de las inferiores, aparte de otro tipo de abusos y humillaciones. Y se juega sin complejos con el suicidio como aliciente durante el juego. Esto, sin contar la trama de poder económico y político que subyace. La cuestión es que me ha dejado un tanto sorprendido. Finalmente, los temas son bastante adultos, pero todavía no sé muy bien en qué medida critica o enaltece lo en ella nos muestran. Entra en esa nebulosa ética que a veces he observado en producciones niponas, que me desconcierta, especialmente cuando va dirigido a adolescentes. Sensaciones extrañas. No sabría recomendarlo del todo.

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El segundo, Violet Evergarden, sí que me ha sorprendido positivamente. A este estreno de Netflix, sí que me había asomado modestamente, pero no llegué a terminar de ver ni el primer capítulo cuando lo pusieron en la programación. Pero aunque con una premisa extraña, me pareció que era una de esas producciones excesivamente floridas y barrocas, potencialmente cursis, destinadas a un público femenino muy jovencito. Pero llegando en una segunda oportunidad me encontré con una trama y unos temas más serios de lo que pensaba. La protagonista de la serie es una adolescente; le suponemos unos catorce años, aunque el tiempo que pasa durante la serie no está bien definido, pero hay que suponer que la dejamos ya convertida en una joven adulta. Encontrada huérfana y abandonada durante su infancia, es “regalada” por un oficial de la marina a su hermano, oficial del ejército, para que la use como arma en el conflicto que se viene encima a este país imaginario. Y empieza la serie con la adolescente convaleciente, habiendo perdido sus dos brazos, sustituidos por unos de carácter robótico, desconcertada y sin futuro. Un antiguo militar que ha montado una empresa de reparto de cartas redactadas por su equipo de “muñecas de recuerdos automáticos” bajo encargo, se hace cargo de ella y le ofrece trabajo. Al final, trabajará escribiendo cartas para personas que no saben escribir, o no saben redactar y expresar sus sentimientos, en las condiciones más diversas. Mientras, intentará comprender que pasó en ese final de la guerra que tiene tan confuso.

La serie, a lo tonto modorro, trata temas más serios de los que parece. Ambientada en un continente y un país ficticio, pero evidentemente inspirados por la Europa central del siglo XIX, con una guerra inspirada en la del 14-18. Hay algunas discronías, como la capacidad de elaborar complejos elementos prostéticos y algunos otros dispositivos tecnológicamente avanzados. De forma sutil, flirtea con el steampunk y el cyberpunk, sin entrar de lleno en estos géneros. Pero plantea varios temas importante.

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La guerra, su horror, su futillidad, y las consecuencias que puede generar en los niños, especialmente si se ven obligados a formar parte activa de la misma.

Los escritores por encargo, un oficio o servicio que se prestaba en tiempos pasados, con una parte importante de la población iletrada y que pagaba por que alguien escribiera sus cartas a partir de los datos o sentimientos que les iban expresando. Tema curioso, cuando estamos en una sociedad que ha abandonado el género epistolar, potencialmente rico en conceptos y temas, por el mensaje breve, rápido, instantáneo, utilitario y muy pobre en forma y contenidos.

Independientemente de que sepamos leer o escribir, la capacidad para expresar sentimientos de forma elaborada y compleja. Habiendo abandonado las formas de escrituras que van más allá de unos pocos caracteres de ordenador, la incapacidad para ordenar nuestros sentimientos y trasladarlos a una declaración oral o escrita a otra persona, que vaya más allá de unas cuantas frases hechas. Y que en la serie se plantea no sólo para los campesinos y trabajadores sin educación, sino también para príncipes y eruditos. Indudablemente también establece una correlación entre la deshumanización del hecho bélico y la pérdida en la capacidad de sentir y la transmisión de sentimientos.

La soledad y la necesidad de afecto, la necesidad de pertenencia a un grupo que vaya más allá de lo funcional o estructural, en el que haya vínculos emocionales, a ser posible positivos.

La identidad personal; lo que realmente somos frente a lo que los otros o la sociedad dicen que somos o el papel que nos asignan.

No puedo asegurar que el estilo y las formas de esta serie sea para todos los públicos. Pero indudablemente no es una serie banal, ni mucho menos. Lleva contenido. Y desde ese punto de vista puede ser recomendable. Su público objetivo estará entre quienes tienen entre los 12 y 18 años. Pero no tiene porqué atragantar a los más adultos, si salvan los aspectos formales más superficiales, que rozan en alguna ocasión lo cursi. Está basada en una serie de novelas o relatos cortos que ha alcanzado cierto éxito en Japón. Desconozco si habrá una segunda temporada. Campo hay, y parece que está abierta esa posibilidad.

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[Cine] Campeones (2018)

Deporte

Campeones (2018; 41/20180909)

Vamos a pasar el mal trago cuanto antes. Que esta es de esas películas que cuando sales del cine te encuentras relativamente satisfecho, pero conforme va pasando el tiempo le vas viendo, no las costuras, los costurones del tejido cinematográfico que la conforman y llega un momento que hasta te cabrea que te hayan “engañado” para ir a verla a esa matinal de domingo, que por lo demás fue muy agradable.

Dirigida por Javier Fesser, un director que siempre me ha resultado un poco irregular y poco claro en sus intenciones, leo en alguna entrevista o artículo, he perdido la referencia, que la idea le vino de un escándalo del deporte de discapacitados español en 2000. Un escándalo con el equipo de baloncesto para discapacitados intelectuales en los Juegos Paralímpicos de Sidney 200, que se menciona muy brevemente en la película, que ni de lejos es un tema de la misma, y que lo cierto es que no debió tener mucha repercusión en la prensa. No es difícil encontrar referencias sobre el tema en internet; no es fácil encontrar personas que recuerden el hecho. Un hecho que a mí me ha hecho sentir, una vez más, la vergüenza de ser español. De pertenecer a un país donde la corrupción esté tan a la orden del día y esté tan tolerada políticamente, socialmente o informativamente.

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Por poner algo, pondré algunas fotos que tengo por ahí relacionadas con el deporte…

Pero Fesser va a lo fácil. Tras los primeros compases de la película, ya puedes sentir la confianza de que sabes qué va a pasar y cómo va a terminar. No hay la menor duda, y las previsiones se confirman sistemáticamente. Incluso la “emocionante” escena del partido final que se supone pone en tensión al público, provocó que sin ponernos de acuerdo, cuatro de las seis personas que ibamos juntas a ver la película exclamáramos flemáticamente y sin nerviosismo alguno “No va a entrar”, con las risas colectivas de los seis, no precisamente a favor de lo que sucedía en la pantalla. Fesser se busca un guion de manual, sin complicaciones, de telefilme para la siesta después de comer, y confía en que los chascarrillos a desarrollar con el reparto de discapacitados intelectuales, va a despertar la compasión y el beneplácito del respetable. Que estando en el país que estamos, se lo otorga sin muchos problemas. Al fin y al cabo, así gustan las cosas a los españoles. Sin conflictos reales, con happy ends totalmente previsibles, y sin que nos amarguen el domingo con los problemas reales.

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Mientras, de los responsables del escándalo del año 2000, los tribunales, esos figuras con toca que nos han tocado en suerte, sentencian en 2013, que sólo hay un culpable, que ha de pagar una multa. Los diez jugadores que participaron sin ser discapacitados parece que no tuvieron responsabilidad alguna. El equipo técnico que estuvo allí y no denunció, tampoco. El equipo de médicos y psicólogos que certifican la condición de los deportistas,… nada. Aquí no ha pasado nada. Contamos una historia buenrollista, confiamos en unos cuantos chistes con mejor o peor fortuna, nos enbolsamos la recaudación de los españolitos que quieren vivir un cuento de hadas sin dar la cara a la realidad, y encima tenemos el morro de presentarnos a los Oscar. Quienes, si tienen todavía un mínimo de seriedad, ignorarán supinamente la propuesta española. Y con razón. Demos aprobado a los esforzados intérpretes de la película por lo que ponen de su parte. Proclamemos la necesidad de una integración real, sin paternalismos, de los discapacitados de todo tipo en la sociedad española. Y todos los demás, incluidos el resto de los 46 millones de españoles,… suspenso

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

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[Recomendación fotográfica] Morath y Woodman, dos estilos, dos conceptos y dos referentes

Fotografía

En el mundo de la fotografía se dan, sin duda, las mismas brechas entre personas de distinto sexo que en cualquier otro sector artístico, productivo, o como lo queramos considerar. Hoy, desde que esta mañana he decidido no leer en el autobús urbano el libro que comencé hace unos días, y en su lugar he estado leyendo las noticias en el teléfono móvil, llevo dándole vueltas a cómo se entiende el equilibrio entre las personas de distinto sexo, y si llevamos el mejor camino. El tema tenía que ver con el deporte. Pero como no he llegado a ninguna conclusión clara… no sé si en algún momento hablaré de ello o no. Pero preocupado estoy sobre la futura evolución de la sociedad en estos aspectos.

Como decía, en la fotografía se dan las brechas. Recientemente surgió el movimiento en redes sociales #nosinfotografas, a imagen y semejanza del #nosinmujeres en otros ámbitos, para reclamar la presencia de las fotógrafas en distintos ámbitos de la sociedad. Pero además de la baja representación de las numerosas profesionales o aficionadas que existen, está también la distinta valoración de los temas o enfoques que adoptan. Ahí también se pueden apreciar discriminaciones. Quizá por eso hoy he traído a estas páginas dos fotógrafas. Una que siempre me ha gustado, otra cuya obra se ha revalorizado mucho últimamente, aunque desgraciadamente ella nunca podrá disfrutarlo.

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A principios de agosto descubrí que tenía una cámara, la Pentax MX, cargada con un carrete en color, luego supe que era un Kodak Portra 400, y no me acordaba para qué la había cargado… terminé el carrete con algunas fotos y lo mandé a revelar. Y ya me acordé… pero sin continuidad, las fotos han quedado un poco anecdóticas. Os dejo aquí algunas.

Inge Morath es desde hace unos años una de mis fotógrafas favoritas. Y no me refiero sólo a favorita entre las mujeres fotógrafas, sino favorita entre todos los fotógrafos, todos los sexos mezclados. Morath fue una fotógrafa austriaca que llegó a la fotografía después de la guerra mundial y a través del periodismo. Al principio escribía, luego fue adoptando el lenguaje de la fotografía para expresarse. Fue por lo tanto una fotógrafa documental fundamentalmente.

Sin embargo, recientemente nos han recordado en Magnum Photos uno de sus trabajos, de 1962, que hoy no dudaríamos de calificar como de fotografía conceptual. Fue una colaboración con el caricaturista e ilustrador norteamericano de origen rumano, Saul Steinberg. Un trabajo conjunto en el que Steinberg comenzó a diseñar una máscaras, sencillas, realizadas con bolsas de papel sobre las que dibujaba unos rostros con diferentes expresiones, y con las que posaban ante Morath, primero él, después otras personas, en situaciones cotidianas, habituales, que quedaban totalmente puestas en cuestión por la presencia de las máscaras y la expresión que en cada una de ellas se presenta. Una profunda reflexión sobre la identidad, proveniente de dos inmigrantes centroeuropeos con residencia en Manhattan. Algunas de las fotografías de la serie me parecen simplemente geniales. Y en su conjunto, me parece que está llena de significados y cuestionamientos sobre la sociedad del momento. Impresionante.

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Francesca Woodman fue una fotógrafa nacida 25 años después que Morath. Y esta no fue inmigrante, sino norteamericana de nacimiento, criada en una familia de artistas y creadores. Desde muy joven empezó a utilizar la cámara de fotos para plasmar los conceptos que le preocupaban, muchas veces dirigiendo el objetivo hacia sí misma, en autorretratos en los que se presenta como ella mismo o como otras personas, muchas veces despojada de todo camuflaje, desnudad, muchas veces en entorno desolados. Murió joven. Afectada por alguna enfermedad mental, se suicidó con sólo 23 años. Durante mucho tiempo su obra quedó en el olvido, pero en los últimos años ha comenzado a ser muy valorada, se han publicado libros sobre ella, y los museos de arte contemporáneo y de fotografía se han lanzado a comprar obra de la fotógrafa, así como no pocos particulares.

En Cartier-Bresson no es un reloj han dedicado recientemente un artículo a la artista con abundancia de material gráfico y audiovisual para mejor comprender su obra. También hace un par de años largos, Oscar Colorado elaboró un informe especial sobre la fotógrafa, que también ayuda y mucho a comprender la obra de la joven malograda artista.

Bueno. Pues estas son la recomendaciones de hoy. Dejando claro que en estas páginas si contamos con las personas de todos los sexos.

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[Libro] El corazón helado

Literatura

Con este libro de Almudena Grandes me pasó una cuestión curiosa. Hace mucho que lo adquirí, en una de las ofertas que periódicamente aparecen en Amazon, en septiembre del año pasado. Si el precio habitual en edición electrónica sobrepasa los nueve euros, a mí me costó algo menos de dos. Pero luego, dada su gran extensión, más de 900 páginas en la edición de árboles muertos, me dio pereza y empecé a demorarlo.

Paradójicamente, a final de la primavera pasada, me dejaron otra novela de la misma escritora, y la leí antes que la que tenía en espera desde meses antes. El caso es que eso me incentivó para afrontar la lectura de esta novela. Como ya comenté en su momento, Grandes es una escritora que me cae bien, pero cuyas novelas no siempre me enganchan o me acaban de convencer. Escribe bien, pero sus historias… no sé como decirlo, pero tienen mejor planteamiento que desenlace, en mi humilde opinión.

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La abuela de la protagonista fue de un pueblo de la provincia de Teruel, en la sierra de Albarracín, cuyo nombre no se desvela porque se niega a mencionarlo; tal fue la barbarie de la guerra en esos lugares.

El evidente homenaje a los versos de Antonio Machado que se nos presenta en el título ya hace evidente que Grandes nos va a llevar de nuevo, de uno modo u otro a la nefanda guerra civil que asoló nuestro país, y de la que aun hoy todavía sufrimos sus consecuencias. Por un momento creí que al igual que la novela que leí en junio, también pertenecería a la serie de Episodios de una guerra interminable. Pero no. Esa serie comienza con una novela en 2010, y esta es la inmediatamente anterior de 2007… pero podría entrar, la verdad.

Quizá la gran diferencia es que, aunque con constantes saltos atrás en el argumento que nos llevan a la historia en el pasado de dos familias españolas, Grandes parte de una historia presente, cuando dos descendientes de esas familias, en sus treintaitantos o cuarenta años, ella, de familia republicana, él, de familia que medró con el franquismo, se conocen e inician una relación que les va a llevar a descubrir mucho sobre de donde vienen.

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Si hemos de ser sinceros, la dos Españas que es enfrentan en esta novela no es la progresista frente a la carpetovetónica, las izquierdas contra las derechas, la democrática frente a la tiránica, o como lo quiera ver cada uno. Porque Machado dio por sobreentendidas en su poema cuales eran las dos Españas, pero luego algunos hemos tenido la sensación de que el número de dimensiones en este país capaces de matar los sentimientos de un españolito cualquiera es bastante más que dos. En esta ocasión las dos Españas que se confrontan son la de los honrados que van con la cara por delante frente al aprovechado, al chaquetero, al arribista que se arrima al poder y al sol que más calienta. Que carece de ideología, porque lo único que le mueve es el interés personal. La España de los empresarios de la construcción y similares que son amigos de quien toque. Aunque durante décadas tocasen los militares, los obispos y otros poderes fácticos y fascistas. Pero bueno, ahora no le hacen ascos a otras ideologías más “progresistas” si les viene bien.

Nuevamente me ha pasado el mismo fenómeno que con otras obras de la autora. El planteamiento inicial despierta mi interés, vivamente. E incluso el desarrollo de los saltos atrás al pasado lo mantiene durante la mayor parte de la larguíiiiiiiiisima novela. Porque ahí si que le veo un problema a esta obra. Que es larga, pero sin necesidad. En algún momento tengo la sensación de que estoy volviendo a leer algo ya leído, que se me plantea una reflexión que ya se ha dado, que algunas ideas o conceptos se mueven en círculos constantemente sin un avance claro.

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Esto lastra especialmente la historia actual. La de la relación entre Raquel Fernández y Álvaro Carrión. Una relación que, una vez que empieza, acompañada de demasiados lugares comunes desde mi punto de vista, avanza en círculos y de una forma un tanto inverosímil. De hecho, llega un momento que pierdes la empatía con este par, y empieza a darte igual lo que les pase. Mientras, se olvida de desarrollar en fondo y forma, aunque se le dedique algún capítulo, al verdadero personaje del corazón helado que da título a la obra, y que, eso sí, permite a la novela obtener un cierre más digno que lo que el romance entre los dos presuntos protagonistas hace presagiar.

Tiene cosas buenas la novela; hay episodios de la historia de los Fernández muy interesantes. Y en la vida del Carrión fallecido, también hay momentos que tienen su miga. El capítulo dedicado a sus aventuras en Rusia es notable. En general, puede resultar del agrado de algunos lectores. Pero para mí, hay algo que falla en el desarrollo y que hace que no acaba de dejar un sabor de boca del todo agradable. En fin. A lo peor es que el raro soy yo.

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[Música] Mama don’t take my kodachrome away

Música

Me enteraba a través de una noticia de la NPR en su blog es miércoles 5 de septiembre. Después de más de 60 años escribiendo música, Paul Simon, con 76 años de edad, ha anunciado que va a dejar de hacerlo. Recientemente ha presentado su último álbum de estudio, In the blue light, que hoy mismo, esta mañana, he visto en mi lista de novedades en Apple Music. Y es lo que he escuchado mientras desayunaba y repasaba la actualidad en las noticias y en las redes sociales que se han ido acumulando desde ayer por la tarde.

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Bueno,… Paul Simon no es neoyorquino… es del otro lado del Hudson. De Newark. Pero supongo que uno piensa en la Gran Manzana cuando escucha alguna de sus canciones.

No son canciones nuevas, pero sí nuevos arreglos y nuevas colaboraciones con músicos de gran nivel; músicos procedentes de la música clásica y del jazza. Quizá no sea la mejor del álbum, pero por algún motivo, la que me ha hecho abandonar lo que hacía y ponerme a escuchar activamente ha sido René and Georgette Magritte with Their Dog After the War. Quizá no sea casualidad, como aficionado a la fotografía que soy, que la canción esté inspirada en una fotografía que el fotógrafo Lothar Wolleh realizó del pintor surrealista y su esposa. ¿Tomadas después de la guerra? En un sentido amplio… bastante después del final de la guerra mundial.

Quizá sí que sea de lo mejor del álbum.

Cinco álbumes de estudio junto con Art Garfunkel, primero como Tom & Jerry, después ya más universalmente conocidos como Simon & Garfunkel. Catorce álbumes en solitario o con colaboraciones diversas. La banda sonora de una película. Un musical de Broadway.

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Cuando yo era jovencito, manejaba un presupuesto personal muy escaso. Por lo que el acto de comprar un disco era un acto trascendente, muy pensado. Del que nunca me arrepentí fue de comprar el Graceland, que escuché en bucle durante meses, absolutamente anonadado de la fusión entre el folk norteamericano y los ritmos sudafricanos.

Aunque en los últimos tiempos lo que suena en mis auriculares y en mis altavoces es el jazz y la bossa nova, en ocasiones algo de pop independiente muy muy muy muy seleccionado, y en general poco conocido, de diversas partes del mundo, sin duda la música de Paul Simon forma parte destacada de la banda sonora de mi vida, y por ello quiero traerlo a estas páginas, y dedicarle esta entrada dominical, siempre más reposada y pensada que las que aparecen entre semana.

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Y finalmente, como aficionado a la fotografía, cómo no terminar recordando una de sus canciones más emblemáticas, que lleva como título el nombre de esa película diapositiva, epítome de la fotografía norteamericana de buena parte del siglo XX, que es Kodachrome. Cuanto la añoraremos; la película fotográfica y la música de Paul Simon. Aunque de ambas nos quedan muestras suficientes para seguir disfrutándolas durante años.