[Libro] El sentido de un final – Julian Barnes

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. La novela transcurre en ciudades no especificadas de Inglaterra; he elegido un día lluvioso en Bath para representarlas.

Libro electrónico que compré aprovechando una oferta de mi tienda de libros electrónicos habitual. Había oído hablar o leído sobre el escritor británico Julian Barnes en diversas ocasiones, generalmente de forma favorable. Hay varios escritores británicos que sigo habitualmente, por lo que hasta cierto punto atraía mi curiosidad y eso, sumado a la oferta, decidió la compra. Aunque no sea una novela corta, propiamente dicha, tampoco es muy extensa, 192 páginas en su versión de «árboles muertos», así que la pude encajar enseguida en mi actividad lectora, en las primeras semanas de este 2026.

Libro escrito en primera persona, con dos partes bien diferenciadas. En la primera, un jubilado nos habla de sus años de juventud, de su grupo de amigos y, especialmente de su relación, extraña desde el punto de vista de los años actuales, en los años 60 con una chica, una relación que finalmente fracasó, y que le dejó un sabor agrio en el recuerdo. Se cierra esa primera parte con un rápido repaso a lo que fue el resto de su vida hasta el momento; se casó, tuvo un hija, se divorció, mantiene una relación amistosa con su ex, se jubiló y, en general, ha llevado una vida anodina. En la segunda parte, recibe una herencia. O parte de una herencia. La madre de su antigua novia le deja un dinero y una carta de uno de sus antiguos amigos que se suicidó mientras mantenía una relación con aquella antigua novia. Pero la carta está en posesión de aquella y no parece dispuesta a cedérsela. Tendrán que volver a entrar en contacto, y eso supondrá desenterrar viejos recuerdos y revivir antiguos fantasmas, porque quizá el recuerdo de aquellos años no es precisamente fiable.

Uno de los temas fundamentales de esta novela es algo a lo que he dado vueltas personalmente en los últimos tiempos. No es que en mi vida haya tenido vivencias como las del protagonista de la novela. Pero sí que he comprendido que el tiempo y la distancia, y sobretodo las nuevas vivencias modifica el sentido de los acontecimientos del pasado. Lo que recordamos, o creemos recordar, no son necesariamente los hechos como fueron. Y especialmente, pueden no tener nada que ver a cómo los vivieron las personas que estaban allí con nosotros. Reinterpretamos el significado de las situaciones, los sentimientos, las relaciones que mantuvimos con otras personas. Y eso, en determinadas circunstancias, puede resultar perturbador.

Libro escrito en primera persona, he mencionado antes. Y como ya he comentado en numerosas ocasiones, en literatura, las más de las veces implica un relator que no es de fiar. Bien sea porque directamente miente, bien sea porque quiere presentar las cosas desde una luz favorable a sí mismo, bien sea porque no entendió lo que le estaba pasando, bien sea porque los recuerdos se debilitan y se tergiversan. Sea de buena o mala fe, tenemos que cuestionar si lo que pasó es lo que pasó. O más frecuentemente, si lo que pasó significó lo que paso. El protagonista de la novela va descubriendo poco a poco que su vida no ha sido como la ha vivido. Que se está quedando sólo. Que la visión que los demás tienen de él no se corresponde con la que tiene de sí mismo. Y que ya está mayor para rectificar los errores del pasado. Por lo tanto, en una persona que está llegando a la recta final de su vida, incluso si son 20 o 30 años, porque hablamos de alguien al principio de sus sesenta, las consecuencias pueden ser terribles.

Un libro notable, realmente bien escrito con un relato bien montado, de descubrimiento progresivo de la historia, que crece en la memoria después de finalizar su lectura. De lo que ya hace un mes. Y que al mismo tiempo te deja con una sensación de desasosiego. Aunque no sea más que porque uno está en edades similares, y va comprendiendo también, como antes decía, que las cosas del pasado, que vivimos de una determinada forma, quizá no fueron como fueron. Para bien, o para mal. La novela fue adaptada al cine hace unos años, con un reparto interesante. Pero no recuerdo haberla visto, ni la tengo registrada. No sé si me animaré a rescatarla. La recepción del público fue fría, la de la crítica, tibia.

[TV] Cosas de series; mi última serie surcoreana en Netflix,… con una de mis actrices favoritas de ese país

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están, más completas y sin palabras, en Fotos en serie. De mis localizaciones fuera de Corea en la serie de hoy, mi favorita es Kamakura, y allí nos vamos fotográficamente hablando.

Si cuando escribía mi anterior entrada televisiva en estas páginas comentaba que estaba en mis últimos días de suscripción a Netflix, en estos momentos ya hace una semana que vivo sin acceso a la mencionada plataforma de contenidos, y sin que la haya echado de menos en absoluto. Ni lo más mínimo. Pero es justo hacer un último recordatorio por uno de los fenómenos más curiosos que he vivido con ella. Se trata de las series surcoreanas. Esas series que empezaron siendo fundamentalmente guilty pleasures, placeres inconfesables, con argumentos y guiones bastante flojos, con interpretaciones irregulares, con personajes estereotipados, repletas de publicidad mediante emplazamiento de producto hasta resultar absolutamente ridículas y risibles, y que a pesar de todo me resultaban tremendamente divertidas, a ratos adictivas, especialmente para no pensar en nada y relajarme los fines de semana.

En honor a la verdad, ha habido algunas series que han merecido ser vistas por méritos propios. Que estaban bien hechas, bien interpretadas y con historias interesantes. He podido apreciar que, cuando se les da la oportunidad, muchos de esos actores y actrices pueden ser excelentes intérpretes, que los argumentos y los guiones no siempre se lo han permitido. Y además, la calidad de las series ha aumentado mucho desde que empecé a verlas en 2016, hasta la fecha. Pero también ha sucedido otra cosa. Y es que poco a poco me han ido cansando, y con frecuencia en el último año he visto algún episodio y luego las he abandonado por el déjà vu constante. Son cansinos a la hora de repetir argumentos, caracteres, situaciones, haciendo de estas series producciones muy predecibles. Uno de los motivos por los que al final tampoco han ayudado para mantener la suscripción. Especialmente, porque en otras plataformas han empezado a emitirse series similares que no están mal.

Pero aún hubo una última serie surcoreana que he podido ver. Una serie de 12 episodios que se estrenó el 16 de enero, y que me ha dado tiempo a ver completa antes de la finalización de la suscripción. Una serie que, podríamos decir, incluso me apetecía ver desde que la anunciaron, por su actriz protagonista, una de las que ha resultado ser de mis favoritas de las de esa nacionalidad. Quizá no sea la mejor, o la que tiene más oficio. Pero tiene su encanto propio. La serie es I sarang tongyeok doenayo? [이 사랑 통역 되나요?] frase en coreano que significa más o menos lo mismo que el título de la serie en inglés/castellano, Can this love be translated?/¿Cómo se traduce este amor?. Una serie con ciertas pretensiones, con rodaje en varios países fuera de Corea del Sur, como Canadá e Italia.

La serie es creación de dos hermanas, Hong Jeong-eun y Hong Mi-ran, que fueron también las responsables de otras tres series que pude ver en Netflix. Una de ellas, A korean odyssey, es una mera anécdota en lo que se refiere a mi apreciación. Entretenida, pero sin más. Uno de los muchos placeres culpables que he mencionado. Pero las otras dos me gustaron bastante y las disfruté, ambas con un tono sobrenatural, pero muy distintas. Una fue la romántica Hotel del Luna. A estas hermanas nadie les explicó que la Luna en español, portugués o italiano, posibles procedencias del título, tiene género gramatical femenino, y debería haberse titulado Hotel de la Luna. En catalán, además, es parecido, pero Luna es Lluna. Una de esas cutredades que están en todas las series surcoreanas y que forman parte de su «encanto»,… por llamarlo de alguna forma. Por lo demás, muy entretenida. Y otra fue la épica, y también romántica Alchemy of souls. Una de las más divertidas series surcoreanas que he visto. Y en cuya segunda temporada era protagonista femenina, en la primera sólo era un personaje recurrente, Go Youn-jung, que también es protagonista de la serie que traigo hoy aquí, y que fue el motivo por el que me apeteció verla.

Go Youn-jung fue también la protagonistas de Resident Playbook, la divertida dramedia médica, sobre cuatro residentes de primer año de obstetricia y ginecología, secuela de Hospital Playlist, series que estan entre mis favoritas de las producidas en el país asiático, y que he visto dos veces. Y me pareció que lo hacía muy bien, y que era una de las salsas de la serie, con la colaboración de los buenos guiones y el resto del reparto. El caso es que está al frente del reparto de la serie actual, en la que es una actriz con escasa fortuna en su trabajo y en las relaciones románticas, y que salta al estrellato cuando tiene un accidente que la deja en coma al final del rodaje de una película de zombis, película que tiene un gran éxito y que la catapulta a la fama cuando sale del coma. Esto la llevará a ser protagonista de un programa de telerrealidad con viajes y posibles romances con un actor japonés (Sôta Fukushi), mientras comienza una titubeante y compleja relación con el traductor de la serie (Kim Seon-ho), el otro protagonista de la serie.

Sinceramente, no es una serie tan redonda como las que he mencionado con anterioridad salvo la tontá de la odisea coreana, que me pareció floja. Pero no está mal. Y sobretodo, tiene una virtud, y es que va de menos a más. Dijéramos que a los personajes les cuesta encontrar el tono y la química entre ellos. O a los creadores de la serie les costó encontrar el punto entre comedia, drama y romance adecuados para que la serie funcionara. Que conste que está muy bien valorada por los votantes de IMDb. En cualquier caso, una buena despedida para las series coreanas de Netflix, y una razonable recomendación para quienes sigan suscritos a la plataforma. Y hasta aquí os podía contar. Ya no tengo más series de Netflix que comentar. Al menos, por un tiempo que presumo laaaaaaargo.

[Cine] Father Mother Sister Brother (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. De las tres localizaciones de la película, elijo París. En una puesta de sol desde el Centro Pompidou.

Father Mother Sister Brother (2025; 07/20260202)

Esta película, dirigida por Jim Jarmusch, me había llamado la atención desde que se anunció su estreno, aunque daba la impresión de que estaba pasando relativamente desapercibida en cartelera. Sin embargo, los horarios de la sesión en versión original impidieron que fuéramos a verla hasta que, repentinamente, cambiaron y se me puso a tiro en un horario más asequible para mis posibilidades del momento. Jarmusch ha dirigido película que en su momento me parecieron interesantes, y el reparto era llamativo. Así que, por qué no. Hace tiempo que soy consciente que las tendencias populares en cine no tienen nada que ver con la calidad de las películas.

La película se divide en tres partes, tres historias no relacionadas entre sí argumentalmente, aunque sí por su temática. La familia.

  1. Father: Dos hermanos, él (Adam Driver) y ella (Mayim Bialik) viajan juntos para realizar una visita a su padre (Tom Waits) que vive en algún lugar entre los bosques y lagos de Nueva Inglaterra o un sitio similar, y con quien se ven poco. Ella apenas trata con el padre. Él habla de vez en cuando y le presta dinero para sus apaños domésticos. Cuando se encuentran, apenas tienen de qué hablar. Y uno tiene desde el principio que las cosas no son como parecen.
  2. Mother: Una escritora ya mayor (Charlotte Rampling) prepara la visita anual de sus hijas, la mayor (Cate Blanchett) y la menor (Vicky Krieps), para tomar el té. La mayor llega con ganas de agradar y de demostrar que todo va bien, pendiente de la aprobación de la madre. La menor acude por rutina, se presenta como triunfadora de forma casual, aunque no, y se siente desapegada de todo. La sensación es de cordialidad/cortesía fingidas.
  3. Sister/Brother: Dos hermanos, ella (Indya Moore) y él (Luka Sabbat), se reúnen para recoger las cosas del apartamento parisino donde vivían sus padres, una pareja multirracial que ha fallecido en un accidente, y a los que se sentían unidos y queridos, aunque, como descubrirán, ni siquiera estaban realmente casados. Ambos tienen buena sintonía y rememoran sus recuerdos y sentimientos más queridos.

Jarmusch lanza una mirada sarcástica a las relaciones familiares «convencionales» en las dos primeras historias. Familias bien, cuyos miembros tienen «éxito» en su vida, pero que se manifiestan distantes, sin apegos. En ambas falta uno de los cónyuges. En el primer caso, claramente, el que cohesionaba la familia. Las relaciones son formales, pero con sensación de hipocresía. La tercera historia, sin embargo, es una historia de una relación fluida, de confianza, la única en la que los personajes que dialogan no son blancos, anglosajones de familia bien. Es una familia poco convencional. Incluso de hábitos poco recomendables. Pero hay afecto. Y sinceridad. Claramente, un alegato no falto de humor, contra lo convencional, las buenas maneras, la hipocresía en las relaciones. Todas las historias tienen algunos puntos comunes que las unen, el agua, el te, los patinadores en monopatín, los coches que funcionan mejor o peor… pero con tonos distintos unos de otros.

Correctamente interpretados por un elenco con mucho oficio, las dos primeras historias hay que observarlas en clave casi de parodia. Las personas que desfilan ante nuestros ojos, si no son ridículas en sí mismas, hacen cosas ridículas o se muestran ridículas en la situación en la que son presentados. Y constantemente aparecen elementos que, quizá no provocarán una carcajada en el espectador, pero sí una sonrisa irónica amplia. La tercera es una historia similar en apariencia, pero muy diferente en el fondo. Relaciones naturales, orgánicas, sinceras. Amor fraternal, y añoranza de los progenitores perdidos y de los secretos que se llevaron a la tumba sobre su relación.

Globalmente considerada, hay que reconocer la excelente factura y las excelentes interpretaciones de todos los que en ella participan. Pero en lo que se refiere al balance final… pues la tesis expuesta, aunque mostrada con gracia y oficio, tampoco tiene mucho más que rascar. Y es que al final, es una simplificación sobre los tipos de familias o sobre las formas en que estas se relacionan, mucho más diversa que lo que aquí se muestra. Se deja ver, sí. Incluso puede ser recomendable, también. Pero tampoco es de los trabajos más destacados del director.

Dirección: ****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***

[Blog] 21º aniversario de este «Cuaderno de ruta»… fue ayer

Páginas personales

Las series de fotografías que ilustran las entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, con un comentario técnico, en Carlos en plata. Fujifilm GFX 50R e impresora Instax Share SP-3

El año pasado celebré «a lo grande» el 20º aniversario de este Cuaderno de ruta. Número redondo. Tiempo para seleccionar veinte fotografías de mis viajes, una por año. Ganas de escribir y comentar. Todo fue fácil. Y yo encantado.

Pero este año no se daban las mismas circunstancias. Aniversario anodino. Poco tiempo libre disponible. Y pocas ganas de comentar. Y sobre todo, lo más importante, que en estos dos últimos meses he iniciado un proceso de simplificación de algunos aspectos de mi vida. Y este, el de publicar cotidianamente las cosas que se me ocurren, básicamente, lo que hago en el tiempo libre, también lo quiero simplificar.

Si no lo he hecho ya es porque en el proceso probablemente perdería de alguna forma todo lo que he escrito y muchas de las fotos que he publicado. Las fotos no las perdería. Las tengo guardadas en mi disco duro, con copias de seguridad… y esas cosas. Bueno. Pues eso. Muchos esfuerzos. Pero ya tengo asumido que internet es esencialmente efímero. Así que probablemente, de aquí a unos meses haya cambios. Es muy posible que no celebre el 22º aniversario, o lo haga de otra forma, en otra plataforma. Ya veremos.

[Recomendaciones fotográficas] Dos de los buenos, Parr y McCullin

Fotografía

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, comentadas, en Carlos en plata. Paseo por Zaragoza con Fujifilm GFX 50R y un objetivo Canon EF adaptado.

Como ando muy liado con una diversidad de cuestiones, no tengo mucho margen ni tiempo para recoger posibles recomendaciones fotográficas en los últimos tiempos. Pero esta semana me han surgido por ahí un par de ellas tan evidentes que no he podido dejar de marcarlas y, ya puestos, traerlas a estas páginas, aunque sea brevemente.

No hace mucho que mencionaba en estas páginas el obituario del británico Martin Parr, un fotógrafo que lanzó su crítica mirada sobre el ser humano corriente, pero sin deshumanizar nunca a las personas. Crítica sí, destruir no. Una de sus series más antiguas, y para muchos un trabajo seminal, que ha sido reeditado varias veces, son The Non-Conformists. O, en castellano, Los inconformistas. Traigo la recomendación a partir de un artículo en PhotoBook Journal. Como digo, es uno de sus trabajos tempranos. Si estamos acostumbrados al vibrante color y a las ampliaciones de un tamaño respetable de las fotografías de Parr, en esta serie, al contrario, trabajó con blanco y negro, y con pequeñas copias de tamaño postal, para reflejar la vida de los habitantes de una pequeña población inglesa, donde Parr y su esposa vivieron durante unos años, al norte de Inglaterra. En Yorkshire. El nombre bien de alguna de las denominaciones religiosas del lugar, los metodistas inconformistas, protestantes que no estaban conformes con las reglas de uniformidad establecidas para el anglicanismo oficial del país. Las fotografías recogen la vida cotidiana del lugar, con costumbres y hábitos que se encontraban en retroceso o desapareciendo allá por mediados de la década de los años 70 del siglo XX. Un trabajo que ya conocía, pero que cada vez me parece más interesante.

En Another Magazine han echado un vistazo a la obra de Don McCullin. McCullin, reportero que practicó fundamentalmente la fotografía documental, es recordado especialmente por haber cubierto unos cuantos conflictos bélicos del siglo XX, con una mirada muy humana hacia quienes se vieron involucrados en ellos. Algunas de sus fotografías son de ellas que se llama habitualmente como «icónicas», de las que muchos reconocen y han visto, pero no saben quien las hizo. Pero también dedicó tiempo y esfuerzo a otras disciplinas como la naturaleza muerta, el paisaje o la fotografía de viaje. Y en lo que he podido ir viendo, son fotografías excelentes que merecen la consideración del aficionado a la fotografía. Incluso se me ha pasado por la cabeza la posibilidad de adquirir un libro dedicado a esta vertiente de la obra de McCullin. Don McCullin todavía nos acompaña sobre la faz del planeta, aunque ya es nonagenario. Una anécdota curiosa es que, aunque luego ha sido un fotógrafo reconocido y respetado, cuando sirvió en la fuerza aérea británica no ejerció de fotógrafo porque no pasó un examen teórico escrito. Y se conformó con trabajar en ese periodo en un laboratorio de revelado de esa rama de las fuerzas armadas británicas. A saber que «tontás» preguntaban. Ups… acabo de ver que lo de comprar el libro va a ser que no. Viene en un cofre de tres libros distintos, y el cofre cuesta 1250 libras esterlinas. Un pastón. Quizá encuentre otras alternativas.

[Libro] La casa de papel – Carlos María Domínguez

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Un lugar para alimentar alguna que otra filia es el mercado de Portobello Road en Londres..

Las palabras que terminan con el sufijo –filia son de dos tipos. Están aquellas que nos hablan de aficiones o prácticas perfectamente honorables, que agrupan gentes con gustos similares, y muchas veces son parte respetable de la cultura de la comunidad. La colombofilia nos habla de la cría de palomas mensajeras y sus competiciones. La halterofilia de la práctica deportiva del levantamiento de peso. La cinefilia es eso que me lleva a las salas de cine casi todas las semanas. Son francófilos aquellos que valoran y estudian la cultura francesa. En ocasiones va como prefijo, como en filatelia, para los amantes y coleccionistas de los sellos de correos. O los filántropos, a quienes se les supone, si no son demasiado esnobs un amor generoso por sus semejantes humanos por el mero hecho de serlo. Pero también están aquellas que denotan perversiones o incluso enfermedades, mal aceptadas por la moral de las sociedades humanas. A veces incluso cuando son inofensivas, si bien poco agradables. Ya veces son enfermedades propiamente dichas. No entraré en el detalle de lo que son la pedofilia, coprofilia, hemofilia… Cuando estudié medicina legal y psiquiatría en la facultad de medicina me hablaron de las parafilias, aficiones sexuales… «extrañas», por decirlo de alguna forma que cuando eran manifestación de alguna enfermedad llegaban a ser trastornos parafílicos. Antaño las parafilias se llamaban perversiones; hoy en día, no necesariamente son tales.

Y os preguntaréis, ¿a qué viene todo eso? Pues porque esta novela corta de Carlos María Dominguez, escritor argentino radicado en Uruguay, nos habla de la bibliofilia. El amor por los libros. Pero tanto nos muestra cómo puede ser una afición perfectamente razonable, si no un poco obsesiva; pero también una obsesión perversa capaz de destrozar la psique de una persona. Comienza la novelita cuando una profesora de letras londinense muere atropellada mientras leía por la calle un libro de una edición especial de uno de sus autores favoritos. Su colega que la va a sustituir encuentra un paquete que ha recibido la profesora y que no ha llegado a abrir. Lo dirige un argentino que conoció la profesora en un congreso, y es un extraño libro lleno de tierra y restos de hormigón. El colega de la profesora cruzará el charco, irá a la Argentina y luego a Uruguay para dar con el remitente del libro, descubriendo que cayó presa de un delirió bibliófilo fatal.

Este es uno de esos libros que ha crecido en la memoria desde que lo terminé de leer en la primera semana de enero. Fue el primer libro que leí en este 2026, un libro corto, entretenido, que me animase a leer más libros. Ya he comentado que, en estos últimos años, sufro de vez en cuando parones, bloqueos, en mi habitual afición e instinto lector. El amor a la lectura es una herencia que recibí fundamentalmente de mi madre, y me molestaría mucho perderla. Yo también son bibliófilo, pero no en el mismo sentido que en el desdichado protagonista y morador de la casa de papel del título. Casa de papel que nada tiene que ver con esa serie televisiva del mismo título que tanto he terminado por aborrecer por lo tramposo de su propuesta ideológica y ética. A mi me gustan los libros en cuanto a contenido, y menos, considerablemente menos en cuanto a continente. Sí. Hay libros físicos, especialmente los de fotografía, los ilustrados, bien editados, bien encuadernados, bien presentados, bellamente publicados, que soy capaz de apreciar. Pero para la mayor parte de los libros, lo que me interesa es lo que nos dicen, lo que nos cuentan, lo que nos proponen, lo que nos enseñan. Y eso me da igual que venga en cartoné, en libro de bolsillo, o en forma de bytes en un lector electrónico de plástico con circuitos integrados. La literatura es arte conceptual sobre las cualidades más bellas del lenguaje, una de las grandes bendiciones de la tan maldita especia humana. Pero respeto a los bibliófilos del papel… salvo cuando se vuelve obsesión. Por lo demás, he disfrutado bastante de la lectura del libro.

[Cine] Hamnet (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. En dos ocasiones he pasado por Stratford-upon-Avon, la patria del Bardo. Estas fotos son de la segunda.

Hamnet (2025; 05/20260126)

Probablemente, por las expectativas levantadas por la prensa y la crítica especialidad, la última película de la directora Chloé Zhao era una de las más esperadas de esta temporada. O del año. Del 2025, aunque nos haya llegado a España en enero de 2026. Es cierto que los comentarios de los primeros artículos en los que se le daba por segura ganadora de un Oscar se han enfriado por el ímpetu de otra película de gran éxito el año pasado. La tercera de las que aparecen en el enlace. Pero a pesar de ello, y teniendo en cuenta el interesante reparto de la película, yo tenía muchas ganas de verla.

Zhao nos traslada a la última década del siglo XVI, a la relación entre William Shakespeare (Paul Mescal) con la que sería su esposa, Anne (o Agnes) (Jessie Buckley), a cómo forman su familia, a como es su relación en la que la mayor parte del tiempo viven separados, uno en Londres, la otra en Stratford-upon-Avon, y a como acaban teniendo, a pesar de ello, tres hijos, de los cuales uno, Hamnet (Jacobi Jupe), varón. Y cómo este niño va a fallecer en una de las periódicas epidemias de peste que asolaron Europa, e Inglaterra en particular, en aquellos tiempos.

No podemos afirmar que los hechos que suceden en pantalla fueran reales. De hecho, con toda probabilidad, no. Es una ficción construida a partir de unos hechos. Con quien se casó el dramaturgo, cuantos hijos tuvo, cuándo y cómo murió su hijo varón, el hecho real de que principalmente vivieron separados. Esto ha dado a muchas especulaciones. Se llevaron mal; en otra película ganadora de un Oscar, también bastante ficticia, Anne era la «mala» implícita de la función. O se llevaron bien, especialmente porque cada uno vivió libremente en donde prefirió. Ni una cosa ni otra. Hamlet fue inspirado por la muerte del niño Hamnet. Al principio de la película se nos avisa que son dos grafías para un mismo nombre. Quizá hasta lo pronunciasen de forma muy similar. O no lo fue. Ha habido estudiosos que lo afirmaron y estudiosos que lo negaron. En realidad, todo lo anterior da igual.

Creo que la forma correcta de enfrentarse a la película, si es que hay un única forma correcta de hacerlo, que probablemente no sea así, es asumir la historia libres de prejuicios. Como si Shakespeare no fuera Shakespeare. Simplemente, una reflexión sobre como un padre y una madre afrontan el duelo de la pérdida de un hijo. Un hecho, por cierto, mucho más traumático en estos tiempos que en aquellos. Para los ingleses de aquella época era un hecho que periódicamente llegaban olas epidémicas de peste en las que morían el 50 % de los enfermos, el 20-25 % de la población. Y a seguir. La muerte de un hijo era un hecho habitual. Y seguramente se afrontaría con escepticismo y resignación. Pero eso da igual. La película es un estudio, artístico, libre, de la forma en que unos padres afrontan la dolorosa muerte de un hijo.

La película es hermosa. Es poética. Tiene incluso su punto de realismo fantástico. Se reivindican las distintas formas de ser de los dos cónyuges como formas complementarias de ser. Aunque unidas, primero en el amor mutuo, luego en el amor a los hijos, finalmente en el duelo. Las imágenes son hermosas, el sonido es hermoso. Y, fundamentalmente, las interpretaciones son grandes. Grandísimas. Especialmente la de Jessie Buckley, una actriz que hace tiempo que vengo apreciando muy favorablemente, y que realiza una de las más maravillosas interpretaciones que he visto en mucho tiempo, probablemente de las mejor de las que he visto a lo largo de mi vida. Si no la premian con el Oscar, que dinamiten la famosa Academia.

Película grande. Imprescindible. Difícil de comparar con esa su gran rival. Con la que me lo pasé muy bien, y que también es muy buena película. Pero creo que es superior. Creo que es la mejor película que he visto de un año a esta parte. Porque además tiene otra cosa. Es una película que ha ido creciendo en mi memoria. Que, sin volver a verla, me dejó lo suficientemente impresionado para que me vengan detalles a la memoria que hacen que todavía me parezca mejor que cuando salí del cine. La interpretación de Buckley es antológica, una obra maestra. La película,… quizá no, pero casi.

Valoración

Dirección: *****
Interpretación: *****
Valoración subjetiva: ****

[Fotos] Mas días de niebla, ahora en color

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Fotografías de paisaje urbano con Hasselblad 500CM y película Kodak Portra 800.

En la misma tónica que unas fotografías en blanco y negro con película de alta sensibilidad que os mostré hace un par de semanas, traigo ahora otras en similares circunstancias, pero con película fotográfica para negativos en color. También con el mismo respaldo para cámara de formato medio, que permite obtener 16 fotografías en lugar de las 12 tradicionales. Cuadraditas, también dentro de ciertas tradiciones. Aunque en esta ocasión con algún problema, porque algunas me quedaron ligeramente trepidadas, y algunos fotogramas se montaron sobre los vecinos al no avanzar correctamente el rollo de película.

[TV] Cosas de series; caos de asesinatos y detectives en Georgia

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están, más completas y sin palabras, en Fotos en serie. No he estado en ninguna ciudad pequeña en Georgia. Y con lo antipáticos que se están poniendo los USAmericanos, no me apetece viajar a ese país. Pero estuve en Sausalito. Una ciudad pequeña en California. Tendrá que valer para ilustrar esta entrada.

Hoy, o quizá mañana, es mi último día con acceso a Netflix. Curiosamente, en este último mes en el que ya había tomado la decisión de suspender mi suscripción de casi 10 años de duración a la plataforma de contenidos más exitosa, me he sentido interesado por algunas series… pero no han sido bastantes ni lo suficientemente interesantes para hacerme reconsiderar mi decisión. Pero más allá de eso, los seis episodios de la serie que os traigo hoy aquí, seis episodios que duran entre los 39 y los 47 minutos, muy asequibles, muy dinámica, reconozco que me divirtieron bastante. Fue una recomendación de una compañera de trabajo que fundamentalmente apreció su sorprendente final. Yo diría sin embargo que el final me parece lo de menos, aunque sí que es una sorpresa, sino que el ambiente y el recorrido, un tanto descacharrados, fueron lo que más me divirtió.

His & hers es una policiaca que se mueve entre la acción, el romance y la comedia negra. Nos traslada a una ciudad pequeña del estado de Georgia, donde la oficina del sheriff del condado descubre el cadáver de una mujer en el bosque. El caso lo llevará el detective más veterano de ese departamento policial (Jon Bernthal), junto con una detective novata más joven (Sunita Mani). Y para una cadena televisión de Atlanta cubrirá el caso su mujer (Tessa Thompson), desparecida durante un año tras la muerte de su hija. Pero la resolución del caso no será fácil. El detective y la periodista tienen muchas cuentas pendientes. La mujer asesinada formaba parte de las amigas de la periodista en el instituto. Un grupito de amigas con secretos que no han salido a la luz. Y en el que seguirán apareciendo víctimas, perpetradas por lo que parece un asesino en serie.

Lo mencionado antes. La resolución de la serie, que no del caso policial, es sorprendente; pero lo divertido es el camino. Porque en esta ciudad pequeña, que existe en realidad, al norte del estado de Georgia, todo el mundo parece una catástrofe. El detective está en conflicto de intereses constantemente por sus propios intereses, por su relación con su esposa, de la que lleva separado un año, pero todavía casado, por sus aventuras con algunas de las mujeres implicadas en el caso, por su relación con su hermana (Marin Ireland) y su suegra (Crystal Fox). Lo cual causará la desconfianza de su compañera, que empezará a investigar por su cuenta, generando de paso más caos. Y la compleja relación de la periodista con sus antiguas «amigas», y su rivalidad con la rubia «barbie» (Rebecca Rittenhouse) que la sustituyó en su ausencia y que se quedó su prestigioso puesto. Y cuyo marido, un mazas (Pablo Schreiber), será el cámara con el que la periodista se irá a cubrir la noticia, y la cama de la habitación del hotel.

Lo fundamental de la serie no es tanto la resolución del misterio, sino el caos que se irá generando como una bola de nieve conforme avanza el caso y se producen nuevas muertes. Queda claro que nada es lo que parece. Y lo bueno es que la serie se mueve con ritmo, y con un argumento y unos guiones que funcionan muy bien, aunque no pretendan nunca hacer de esta serie una obra de arte. Es divertimento puro y duro. Y bien interpretado. El reparto es muy coral, y su calidad es variable, pero los personajes fundamentales funcionan bien, hacen un buen trabajo. Fundamentalmente, a pesar de su discreta apariencia, me lo pasé muy bien con los mejores momentos de Sunita Mani, como esa detective joven e inexperta, pero muy inquisitiva y (quizá) rigurosa, frente al veterano superior, que se cree más importante porque una vez fue detective de homicidios en Atlanta, pero que no hace más que meter la pata constantemente. Yo me he divertido. Bastante. Probablemente, dentro de un tiempo me habré olvidado de la serie. Pero estuvo bien mientras duró. Y eso ya me vale.

[Fotos] El mismo equipo que las fotos de hace unos días, pero en color

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Fotografías de paisaje urbano con Leica M6, Brightin Star 28 mm y Kodak UltraMax 400.

Ya mencioné en varias ocasiones que tres fueron las ópticas fotográficas que me llegaron a casa a lo largo del mes de diciembre. Dos de ellas pensadas para ser usadas con cámaras digitales; algunas fotografías ya he ido poniendo por aquí. Y aquí. Y otra óptica, aunque se puede usar en digital, realmente la quería para usar con cámaras para película tradicional. Ya os puse fotos del primer rollo que hice con ella, en blanco y negro. Pero realmente, el primer rollo que hice con ella fue en color, el día anterior, y aquí os traigo algunas fotos, una vez reveladas y procesadas..

[Libro] Terminal boredom – Izumi Suzuki

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. ….

Último libro que leí en 2025. Y que me llevó más tiempo del que pensé cuando empecé a leerlo. Porque el primero de los siete relatos que componen esta colección de la japonesa Izumi Suzuki, me pareció bastante interesante. Suzuki fue una escritora y actriz de pinku eiga, películas eróticas en Japón que serían hasta cierto punto equivalentes de las «clasificadas S» de nuestra transición. A priori películas de contenido sexual, pero con sexo simulado, frente a las pornográficas en las que es explícito. Llevó una vida tormentosa, y se suicidó con 36 años. En cualquier caso, en los años 70 del siglo XX tuvo un cierto éxito con relatos de ciencia ficción que trataban de temas muy actuales sobre la identidad personal, la libertad y la alienación que la sociedad impone. Este último un tema muy apreciado por los escritores nipones. Con un estilo emparentado con las estética punk que se fue desarrollando en aquellos años, recientemente encontré la recomendación de este libro, como una colección de relatos muy actual, a pesar de los cincuenta años que han pasado desde que se concibieron.

El libro lo he leído en inglés, porque es lo que tenía disponible en mi tienda de libros electrónicos habitual. Pero por lo que veo a finales de diciembre de 2025, cuando ya llevaba yo muy avanzada su lectura, se publicó la versión electrónica del libro en castellano bajo el título Aburridísima. Me gusta más lo de Aburrimiento terminal, por la connotación de fatalidad que conlleva el término. Las historias son diversas, todas tienen un componente de ciencia ficción o anticipación, generalmente con tonos negativos. La hibernación masiva de la población en un mundo que se queda sin recursos, una sociedad femenina con los hombres viviendo en reclusión y mantenidos con fines reproductivos, una pareja cuya única ocupación y aliciente es ver la televisión en un estado de aburrimiento crónico (el que da título a la colección), relaciones con extraterrestres que pueden desembocar en una guerra interestelar como metáfora de las xenofobias y los racismos, la identidad sexual de una japonesa cuando no está en su represivo país natal… En fin, una variedad de temas, pero todos alrededor de lo que deshumaniza a la persona cuando vive en sociedad presuntamente avanzada y urbanizada.

Como ya he mencionado, las primeras historias que leí me atrajeron. Esa primer en la que se presenta la falacia que hibernar a gran parte de la población puede ser la solución a los problemas de recursos, como si estos fueran a mejorar en un futuro y con un número de personas todavía mayor al despertar… O quizá nunca despierten. Al mismo tiempo que reflexiona sobre el sentido de la amistad y de la proximidad entre personas distintas en carácter y aspiraciones. Pero luego la cosa se desinfló un poquito. La escritura de Suzuki, en lo que se pueda apreciar en una traducción del japonés al inglés, parece muy solvente. Pero los temas y los argumentos son irregulares, unos más interesantes que otros.

¿Se puede recomendar este libro? Creo que no con carácter general. Aunque es cierto que sus tema son plenamente actuales, su estilo es fruto de una época, y puede no atraer a muchos de los lectores actuales. Pero quien quiera arriesgar un poco leyendo otros estilos, otras culturas, otros momentos históricos, otros enfoques, sí que podrá encontrar cuestiones interesantes. Ya digo que algunos de los relatos son francamente interesantes. Aunque creo que también pudo influir en mi lenta progresión con el libro el que quizá mi estado de ánimo no estuviera en el lugar adecuado para leer este tipo de historias. Eso es algo que influye. Creo que tengo que acostumbrarme a dejarme para navidades lecturas más ligeras. Pero sinceramente pensé que lo terminaría antes de esas fiestas.

[Viaje] Ayer, escapada en el día a Calahorra en tren, y sobre la disfunción actual de la red ferroviaria

Fotografía

Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Fotografías de la capital de la Rioja Baja con Fujifilm GFX 50R y Fujifilm X100VI.

Como suele suceder por estas fechas desde hace unos años, entre la fiesta de San Valero, festivo local en la ciudad de Zaragoza, y algún día más que me cojo por mi cuenta, es el momento de comenzar la actividad viajera del año, aunque sea en escapadas cortas de un día. Desgraciadamente, este año va a ser sólo una escapada, realmente próxima. El mal funcionamiento en estos días de la red ferroviaria, en general, y la de alta velocidad en particular, sumado al mal tiempo anunciado en el destino previsto, han hecho que suspendamos uno de los viajecitos en el día.

Pero ayer sí que hicimos una escapada corta a la ciudad riojana de Calahorra. Situada a 115 kilómetros de Zaragoza, con el tren más rápido disponible, los Alvias que conectan Barcelona con Bilbao, son aproximadamente entre 75 y 90 minutos entre las dos ciudades del valle del Ebro. Si todo va bien. Que no siempre es así. Los trenes con más paradas… pues tardan más. Claro. Por las incidencias en la circulación de estos tiempos, llegamos a Calahorra con 50 minutos de retraso a la ida, y con 40 minutos de retraso a Zaragoza a la vuelta.

Lo de las empresas ferroviarias es de vergüenza. Hace unos meses, ante las quejas constantes por los retrasos de los trenes de alta velocidad de Renfe, se anunciaba por parte del ministerio de transportes que los trenes de alta velocidad de la empresa española ferroviaria por excelencia se habían quedado o se estaban quedando obsoletos. Y algunos de ellos especialmente, que llevó a la retirada temporal de los trenes que hacían los servicios (presuntamente) más económicos. No había que echarle mucha imaginación para deducir que a la antigüedad había que sumar un mantenimiento muy justito de los vehículo. La cosa del ahorro y el funcionamiento como empresa privada. Ahora, por el triste y desgraciado accidente de Adamuz y otros menores, pero alguno también triste por el costo en vidas, es el ADIF, la empresa pública gestora de la infraestructura ferroviaria la que se ha visto obligada a revisar los trazados y a realizar trabajos de mantenimiento que ya se deberían haber hecho. Como consecuencia, enoooooormes retrasos en casi todos los trenes, especialmente los que van por las vías de «alta velocidad». A pesar de ello, y sabiendo que no van a poder cumplir con los compromisos horarios, siguen cobrando como si fuera auténtica alta velocidad, no anuncia los nuevos horarios reales, nos los ficticios que publicitan, u ofrecen la posibilidad de anular sin coste el billete de unos viajes que se sabe positivamente que no va a cumplir con las condiciones previstas. Y esto vale para todas las empresas ferroviarias. Aunque no al mismo nivel que las pérdidas de vida, como es lógico y proporcionado, no deja de ser también, en su medida, triste y lamentable.