[TV] Cosas de series; diccionarios y jazz

Televisión

Tenía mis dudas de qué contenido incluir en la entrada televisiva de esta semana. Podía hablar de dos series occidentales, dejando para la semana que viene otras dos orientales, o viceversa. Podía separar en dramas y comedias, independientemente de su origen. También estaba la posibilidad de diferenciar entre con música o sin música. O entre series de episodios cortitos y episodios largos. Al final… me voy al orden en el que terminé de verlas. Primero las que hace más tiempo que terminé de ver. Aunque todas, menos una de las cuatro, fueron en pocos días.

Un poco de animación japonesa. Me he dado en esta temporada pasada en la que hemos revisado series de anime para los retoños de nuestros amigos, que el catálogo de Amazon Prime Video tiene algunas series más dirigidas para el público adulto que Netflix. Y en ello estoy. Aunque no sé muy bien cómo definir el público diana de la de hoy. Quizá para todos los públicos. Fune wo amu [舟を編む, tejer un barco], presentada con el título “internacional”, o sea, en inglés, The great passage, es una curiosa serie de 11 episodios basada en un novela en la que se narra el proceso de elaboración de un diccionario. En principio, parece una premisa poco glamurosa, poco intensa. Durante décadas, todos hemos tenido nuestro diccionario en casa, también en el trabajo, sin contar con los que usábamos para traducciones entre idiomas. Y el de latín para el bachillerato. Pero hoy en día, incluso en las fechas en las que se estrenó esta serie, 2016, ya no usamos el diccionario en papel. Tenemos herramientas en internet que nos permiten la consulta de términos de forma muy diversa. Diccionarios de acceso inmediato y de actualización continua, sean de forma más oficial, como el de la RAE, o más colaborativa, como el Wikcionario.

En París, donde transcurre “The Eddy”… aunque las fotos sean del París de hace 30 años.

El título original de esta serie y el título en inglés están relacionados. La metáfora presente en la serie es la de un diccionario como un barco que permite navegar con seguridad en el océano de las palabras. El nombre que le dan al diccionario, daitokai [大渡海], se traduciría como la gran travesía marítima, insistiendo en la metáfora. Pero al mismo tiempo vamos fijándonos en cómo transcurren las vidas de los profesionales de la editorial que trabajan en el diccionario, como se enamoran, como tienen hijos, como les da la vida alguna bofetada… de alguna forma, presenciamos lo que es la gran travesía vital de estas gentes. Y ahí es donde se queda un poco floja la serie. Es un serie simpática, agradable de ver, muy buen rollista, pero se queda corta a la hora de profundizar un poco más en las vidas de estas personas, que al fin y al cabo es lo que humaniza y da interés a una historia que no es una historia, sino seguir durante una década o más las vidas de gentes corrientes, pero muy humanas.

Hace unas semanas, un montón de medios nos hablaban de que lo nuevo de Damien Chazelle para Netflix, recordándonos todos su oscar por Lalaland, y su candidatura al mismo por Whiplash, película que también se llevó tres oscar en otras categorías. Y por supuesto, nos avisaron de que la cosa iba de jazz. The Eddy es el título de la serie, el nombre del local de jazz en París donde transcurre una buena parte de la acción y el nombre de la banda de jazz residente en el mismo, y que lidera Elliot Udo (André Holland), pianista de éxito venido a menos, con problemas familiares, que intenta sacar la empresa adelante. Lo cierto es que Chazelle no es el creador de la serie. Dirige los dos primeros episodios de esta miniserie de ocho, de aproximadamente una hora de duración cada uno. Y Netflix, muy exigente con la calidad formal de sus producciones, tienen que verse bien, le permite incluso rodarlas con película fotoquímica en 16 mm. Lo cual les da un tono muy especial. No permitieron más. La serie tiene un gran atractivo en su reparto, en el que destacan varios nombres del cine europeo, como la polaca Joanna Kulig, o la joven promesa nortemericana Amandla Stenberg. Hay otros intérpretes menos conocidos, que trabajan a buen nivel. Y parte del reparto son músicos profesionales, que no desentonan actoralemente. Otro atractivo, si te gusta ese tipo de música, es el jazz. Para mí, es un atractivo. Pero fracasa en centrarse en algo. Quiere abarcar muchos campos sin desarrollar ninguno del todo bien. ¿Es un drama familiar? ¿Es un drama musical? ¿Es un drama policiaco? ¿Es un drama sobre mafias criminales? ¡¡Todo ello en ocho episodios?? Se deja ver, y tiene momentos muy buenos, pero sientes que se queda cojo por muchas patas. Finalmente resulta más un ejercicio de estilo que una historia del todo trabajada. Esta presentada como miniserie, es decir, producto cerrado. Pero el final es muy abierto. Muy abierto. Quizá se quisieron curar en salud por lo atípico de la propuesta, pero ¿quizá estén dispuestos a seguir si funciona bien en la plataforma? Ni idea.

[Libros de fotografía] Paisajes humanos, humanos y paisajes… de nuevo

Sin categorizar

Aquí valdría perfectamente lo que dije hace poco menos de un mes sobre la editorial Another Place Press. Era así es como se definen ellos…

“… a small independent publisher showcasing contemporary landscape photography”

Another Place Press https://anotherplacepress.bigcartel.com/

Pero como ya lo dije entonces… ahí lo dejo. Simplemente, decir que si en ese momento comentaba la llegada de los libros y cuadernos de fotografía que había encargado antes del comienzo de la epidemia de covid-19, ahora llega el momento de comentar las novedades que sacaron con posterioridad y que me han llegado recientemente.

He recibido los tres siguientes cuadernillos de la colección Field Notes (cuadernos de campo). Estos son:

  • El número 4, Ask the sea de Peter Iain Campbell (instagram), en el que, inspirado en parte por la obra de los Becher, dirige su mirada hacia los menguantes y cada vez más decrépitos campos de plataformas petrolíferas británicas en el mar del Norte.
  • El número 5, Cornucopia de Panos Charalampidis y Mary Chairetaki (instagram) nos lleva a la meseta de Lassithi, en el interior de la isla de Creta, un lugar fértil y rico, cuando la economía se basaba en la agricultura, claro, y lleno de referencias mitológicas. Recordemos que una cornucopia es el cuerno de la abundancia, que provee indefinidamente de riquezas a su poseedor.
  • El número 6, último por el momento, aunque ya están anunciados los tres siguientes, FarmerFlorist, de Tessa Bunney (instagram), en la que esta se pone de parte de los pequeños productores, cultivadores y comerciantes local de flores en el Reino Unido, que está poniendo en jaque a los grandes productores que traen sus productos de otros países.

De los tres, el que más me ha gustado por su temática es el número 5, pero el que tiene las fotos estéticamente más interesantes para mí es el número 6… aunque con muy poca ventaja sobre el anterior. Es más una cuestión de homogeneidad.

He dejado para el final la publicación con más entidad y que más me ha gustado o interesado personalmente. El fotógrafo escocés John Irvine (instagram), especializado en fotografía de paisaje, que en un momento dado deja las bellezas naturales de su país y se va a buscar… otros paisajes. Irvine lo explica muy bien en la introducción del mundo. Alguien, en 2017, declaró que Escocia era el país más bello del mundo. No sé si apoyar con rotundidad esta afirmación, pero indudablemente cualquiera que lo hayamos visitado sabemos que ciertamente tiene paisajes bellísimos. Pero todo país tiene su trastienda oculta y sus miserias. Sus zonas pobres, degradadas, industrializadas, desindustrializadas… y el fotógrafo lo encuentra en el estuario del Forth, o como lo denomina él en nórdico antiguo Myrkvifiörd, lo cual le sirve de título para el libro. Este lugar es característico por que en él encontramos buena parte de la población escocesa, con Edimburgo, Stirling y otras ciudades en sus orillas. El lugar mezcla la belleza y la riqueza natural con la degradación de las periferias urbanas e industriales. Y a mí, estos temas siempre me han interesado. Y creo que Irvine los trabaja muy bien.

[Cine en TV] Artemis Fowl (2020)

Cine

Artemis Fowl (2020; 30/202000616)

Lo voy a decir de entrada. Esta película es indigna. Indigna de una factoría cinematográfica como Disney, que por muchas discusiones que pueda haber sobre su ideología y su filosofía, también hay que reconocerla como una parte importante de la historia del cine. E indigna de un director como Kenneth Branagh, que parece haber perdido el rumbo como director de cine en los últimos años, muy alejado de las propuestas interesantes que nos hacía antaño, independientemente de que le salieran mejor o peor..

Vamos a ver cómo he llegado aquí. Con la progresiva restauración de la normalidad en la sociedad y los hogares españoles, fui invitado a cenar con los hermanos de una buena amiga hace unos pocos días. Tienen tres hijas, entre los 10 y los 17 años. Encantadoras… con quienes no son sus padres, como todos los adolescentes y preadolescentes. Bueno, encantadoras, sin más. Comentan al empezar la velada que se han suscrito a Disney+ y que si vemos algo mientras. Conocen nuestra afición al cine, y proponen la nueva película de Branagh en la reciente plataforma de vídeo bajo demanda.

Rodada en Irlanda, a Irlanda nos vamos, fotográficamente. A la coqueta ciudad de Killarney.

La gran virtud de la película es que dura sólo poco más de hora y media. Porque podría haber seguido la moda actual de película de dos horas y media y hasta tres horas de duración. Desconozco el material literario de origen. Me suena a un intento de seguir la estela abierta por Harry Potter en el ámbito de la literatura juvenil. Jóvenes adolescentes y un universo mezcla del nuestro actual y el de la magia. Pero la película es un correcalles estruendoso, donde hay muchas explosiones y peleas más o menos imposibles, con mucha palabrería pseudocientífica para explicar la magia, y donde nunca tenemos claro de dónde venimos y a dónde vamos. Especialmente en lo que se refiere a las motivaciones del niño protagonista (Ferdia Shaw) y las de la chica coprotagonista (Lara McDonnell). Y luego, por ahí salen caras con tirón para las taquillas haciendo tonterías, más o menos indignas de su prestigio actoral como Colin Farrell y Judi Dench. Habrán cobrado bien.

Una película con ínfulas, probablemente pensada para convertirse en saga. En una de esas “trilogías” de cuatro o cinco películas, a la que la pandemia le ha venido de perlas para no tener que someterla al juicio de la taquilla, que probablemente hubiese sido devastador, llevándola directamente a rellenar la plataforma que Disney se ha montado para no tener que compartir con terceros los beneficios de sus propios engendros, acertados o no. Veredicto, no ver.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: **
  • Valoración subjetiva: *

[Fotos] Y recuperando los paseos en las tardes de domingo melancólicas

Fotografía

Si hace unos días hablaba de un soleado paseo en el último domingo de mayo, “armado” con una cámara de formato medio y un rollo de película en blanco y negro de formato medio, las de hoy son más representativas del mes de junio, más fresquito y con frecuencia de nubes, e incluso algún chaparrón, que estamos teniendo.

Las cuestiones técnicas de las fotos las podéis encontrar en Matizada luz de atardecer con Hasselblad 500CM + Lomography Potsdam Kino 100.

[Nostalgia] Diversiones de posguerra

nostalgia

En el baúl de los recuerdos de mi madre no falta una especie muy curiosa; la de los programas de cine, postales de actores y actrices, u otras cuestiones relacionadas con el mundo del espectáculo y la diversión de la triste posguerra española. Pero ninguna sociedad, por triste que sea de forma intrínseca estructural, puede pasar sin sus momentos de evasión. Y el cine fue probablemente el medio de pasar alguna tarde de domingo escapándose de las realidades cotidianas. De forma no muy distinta a lo que sucede hoy en día, aunque los escapismos se hayan diversificado en forma de televisión, internet, deportes de masas y otros. Algunos de estos también existían o apuntaban maneras en los años 40 y 50 del siglo XX.

Lo que me llama la atención es la existencia en el baúl de fotografías de personas disfrutando de los placeres del esquí, hechas un pincel, con los estilizados modelos de la época. Aunque la familia de mi madre, antes de la guerra, tenía sus posibles y probablemente disfrutaban de cierto “nivel” en las relaciones sociales, lo cierto es que la salida del conflicto bélico (in)civil les dejó muy mal parados económicamente. No entraremos en ello, no merece la pena ahora. Así que lo de disfrutar del esquí en las estaciones catalanas más antiguas, como La Molina, donde parece estar hecha la foto de la señora o señorita desconocida, no entraba dentro de sus posibilidades. Hoy en día la práctica del esquí no es barata, pero se ha convertido en un entretenimiento invernal mucho más común. En aquella época estaba reservado a determinado nivel socioeconómico.

Tuve que asentarme yo profesional y económicamente para que alguien de la familia pudiera disfrutar de la nieve en los Pirineos o en los Alpes. Disfrute que ya no es posible por culpa de un fisura en mi menisco interno derecho. Que se le va a hacer.

[Libro] Los dieciséis árboles del Somme – Lars Mytting

Literatura, Sin categorizar

Tres elementos se dieron en su momento para que me decidiese a comprar este libro en formato electrónico y, eventualmente, a leerlo. Por un lado, las buenas experiencias en los últimos años en lo que se refiere a autores noruegos, siempre fuera del machacado y sobreabundante nordic noir. Que no va de eso la cosa. Por otro lado, la oferta para comprar el libro electrónico por menos de dos euros cuando normalmente se vende a casi diez euros. Y finalmente, que encontré bastantes referencias positivas en una revisión rápida sobre su autor, Lars Mytting, y en concreto sobre la novela que nos ocupa hoy.

La novela tiene un título en noruego totalmente distintos, Svøm med dem som drukner, que se traduciría por algo así como Nada con quienes se están ahogando. Nunca he sido partidario de los cambios en los títulos; por algo el autor les puso el que les puso a sus obras. Pero bueno, tampoco me voy a poner pesado en esta ocasión sobre el tema, y sobre las “ocurrencias” y “genialidades” de los editores y editoriales a la hora de poner títulos “adaptados” al lector de otros países. Como creo que ya comenté en algún momento respecto a la obra de otro nórdico, un sueco, no es lo mismo “odiar a las mujeres” que “no amar a las mujeres”. Y sí… es una diferencia sustancial.

La Noruega que conocemos en la novela no es la más turística de paisajes con fiordos, nieves o montañas espectaculares. Es la interior, de granjas, bosques y salpicada de lagos, que tuvo tiempo de esbozar en mi mirada en el trayecto ferroviario entre Oslo y Bergen hace unos años.

En esta ocasión, nos trasladamos a los primeros años 90 del siglo XX, al interior de Noruega, a un ambiente rural y granjero, donde vive Edvard, un joven que vive marcado por una serie de hechos. Sus padres murieron prematuramente en Francia al explotar una bomba de gas de la Primera Guerra Mundial cuando él tenía sólo cuatro años. El estuvo desaparecido durante cuatro días cuando eso sucedió. Fue criado por su abuelo, que es odiado por sus vecinos por haber sido simpatizante de la Alemania nazi durante la guerra. Su abuelo vive extrañado de su hermano, que parece que luchó en el otro bando, y de quien le separan antagonismos no bien comprendidos. Y en estas estamos cuando la muerte repentina del abuelo, abre el camino a la posibilidad de desvelar las razones y los motivos de todas estas situaciones. Dando lugar a un recorrido que nos llevará de la Noruega interior a las islas Shetland, y de allí a los campos del valle del Somme. Y a la vez a las herencias que las tribulaciones históricas del siglo XX, especialmente sus dos guerras globales, dejó en las vidas de muchas personas.

Al terminar de leer la novela, esta me dejó un cúmulo de sensaciones. Mytting abre un pastel en los primeros capítulos que ofrece una infinidad de historias, todas ellas interesantes, todas ellas potencialmente trascendentes. Hay muchas posibles novelas en el universo que crea el autor. La de la reflexión sobre la sinrazón de las guerras. La del joven despistado que buscan encontrarse y saber quién es y con quién quiere estar. La de la historia del desarraigado, que cuando pierde su razón de ser principal, su pasión, pierde el rumbo y navega por su vida sin arribar a ninguno de los puertos que se le ofrecen. La del anciano que tiene que cuidar a su nieto, sufriendo por las consecuencias de sus decisiones de juventud. La de la mujer que nace en un infierno y en muere por las consecuencias de otro y cuya historia debe ser contada y recordada. La de una historia de amor, improbable, y tal vez, sólo tal vez, realmente imposible.

El problema es que muchas de estas historias quedan esbozadas, pero no bien desarrolladas, mientras vamos acompañando a un protagonista principal que carece de suficiente carisma como para que realmente nos importen sus cuitas. Nos interesan más todos aquellos que le rodean o con los que se encuentra, que él mismo. Y además, que la novela no encuentra un ritmo adecuado. Avanzando a trompicones, con distintas velocidades en cada momento, sin que encontremos un motivo para ello.

No os confundáis. No me parece una mala novela. Al contrario, globalmente me ha resultado muy interesante. El problema es que se queda en algo que está bien, cuando había material, ideas y posibilidades para ser apasionante. Y al final, no llega a tanto, ni mucho menos. De lo que más te quedan ganas es de visitar los lugares por donde pasa. Y de conocer a Gwen.

[TV] Cosas de series; comedia con crímenes, o más o menos

Televisión

Más o menos al mismo tiempo comenzaron a emitirse las dos comedias, o no tan comedias, de la entrada de hoy en este Cuaderno de Ruta. En HBO. Donde todavía van estrenando sus series semana a semana y no todos los episodios de golpe. En parte también porque algunas de ellas vienen de otras cadenas, y de las que tienen sus derechos de emisión en determinadas partes del mundo. Y más o menos al mismo tiempo han terminado. Veamos sus consecuencias.

Durante la tercera temporada de “Killing Eve” hemos “disfrutado” de la presencia de Villanelle en tierras españolas. En Granada, entre otras ciudades.

Killing Eve, de la cual he podido ver estas semanas atrás su tercera temporada, funciona mejor como serie maratón que con el enfriamiento de la trama semana a semana. Hay series que necesitan cierto reposo, y otras en el que el encadenamiento de la trama hace que funcionen mejor en plan maratón. Más o menos. Abogo por el ejercicio físico frecuente, por lo que para mí “maratón” televisivo significa dedicarle el rato de la comida o de la cena de unos cuantos días seguidos. Me parece aberrante lo de pegarse una sentada levantándose sólo para ir al baño o para abrirle la puerta al repartidor de Glovo. De verdad. Haced ejercicio, caminar. Y haceos vuestra propia comida. Sana. Nada de las porquerías llenas de grasas y sal de la comida a domicilio. Opine lo que opine la Comunidad Autónoma de Madrid, los menús de Telepizza son dietéticamente aberrantes. No sólo para los niños. A todas las edades. El caso es que las aventuras de Villanelle (Jodie Comer) [también Eve (Sandra Oh), pero yo soy más de Villanelle… y de Konstantin (Kim Bodnia)] se disfrutan más sin perder continuidad. No hay que paladearlas en exceso. No vaya a ser que descubramos las trampas o se resienta la suspensión temporal de la incredulidad. Hay que consumirlas con una gula moderada. Tampoco apresuradamente, que hay que estar atentos a los detalles. En esas condiciones, son uno de los platos más deliciosos de la televisión actual. Creo que voy a volver a ver la tercera temporada el próximo fin de semama.

Cuando leí la premisa de Run, y vi su reparto, encabezado por Merritt Wever y Domhnall Gleeson, me entraron muchas ganas. Pero no sé muy bien porqué, a pesar de que las expectativas aumentaron tras el primer episodio… hubo un momento… allá por Chicago… en el que empecé a despegarme de lo que les pudiese pasar a esta pareja de fugados. Entendámonos. Son dos excelentes intérpretes, especialmente Wever. Pero algo había en la historia que me hacía perder el pie, especialmente con el personaje de Gleeson. Al final, en sus episodios finales volvió a coger ritmo, aunque ya no fue lo mismo. La supongo cerrada. Para mí no tendría mucho sentido una continuación. Aunque estaría dispuesto a ver un spin off protagonizado por la taxidermista Laurel Halliday (Phoebe Waller-Bridge) y la policía Babe Cloud (Tamara Podemski). Lo digo en serio.

[Recomendaciones fotográficas] Algún obituario y algo de historia

Fotografía

No sé muy bien qué ha pasado en mis recorridos habituales por los sitios que hablan de fotografía, pero no he marcado muchas recomendaciones. Probablemente, muchos de los norteamericanos y de otras nacionalidades están muy centrados en el problema de la violencia policial en los Estados Unidos y otras manifestaciones del racismo intrínseco en aquella sociedad… y en el conjunto del género humano, sospecho. Pero yo quería dar un poco de variedad a las recomendaciones de este domingo. Algo habrá relacionado con el racismo… bastante,… pero… me hubiera gustado más variedad.

Empecemos con un obituario del que habla de forma extensa Cartier-Bresson no es un reloj. Ya hablé hace un tiempo de la fotógrafa Elsa Dorfman (1937 – 2020), que se dedicó buena parte de su vida a hacer retratos con una Polaroid gigantes que ofrecía fotografías de 20 x 24 pulgadas… esto es 50,8 x 61,0 cm. Lo hice a propósito de un documental en Netflix que hablaba de la obra y la personalidad de Dorfman. Sinceramente, me pareció curioso, pero la obra de Dorfman tampoco me enganchó en especial. En fin. Ha fallecido recientemente, y si alguien quiere conocer tanto a la persona como a su obra, ahí tenéis los enlaces.

Esta semana, en Lenscratch han dedicado varios de sus artículos al paisaje fotográfico, urbano o natural, con un sentido histórico. Y he recogido dos de ellos. En el primero, el fotógrafo Kwasi Boyd-Bouldin recoge el fenómeno de la gentrificación en sus New American Landscapes en Nueva Orleans. Fenómeno que siempre sirve para que unos pocos recojan beneficios y otros muchos queden todavía más pobres y marginalizados.

En un segundo artículo, encontramos un proyecto del fotógrafo Wendel A. White, en el que realiza un trabajo a partir del fotografías realizadas a las escuelas reservadas a los niños afroamericanos en la sociedad segregada americana. Y lo hace en varios estados que no pertenecen necesariamente a ese profundo sur norteamericano donde se supone que pasan todas esas maldades. Nop. Son estados “libres” limítrofes con estados esclavistas del sur… donde también se produjo segregación de iure o de facto.

Si una sociedad recibió el duro juicio de la historia por su aberrante política de segregación racial fue la de Sudáfrica. Pero todo tiene puntos de vistas. Y en un artículo de Feature Shoot nos encontramos fotografías, y una reflexión sobre ellas, de David Goldblatt. Este fue un fotógrafo judío de una familia que había huido del antisemitismo europeo… para encontrarse con el antisemitismo de los afrikáners racistas y segregacionistas. Acabó yéndose del país después de casarse. Pero nos dejó su visión del país. En este caso, con su visión del esa sociedad afrikáner, que generó tan aberrante régimen.

Pronto comentaré uno de los últimos libros que he leído, cuya acción se sitúa en los tiempos de la Revolución Cultural china. En unos días o pocas semanas a lo sumo. Pero si hay un régimen que se las ha apañado a lo largo de sus poco más de 70 años de existencia de degradar, deformar o tirar a la basura las ideas de justicia social y mejora de las condiciones de vida de los trabajadores, no es otro que el del Partido Comunista Chino, convertido en otro fascismo nacionalista más de los demasiados que han plagado la historia del mundo. El fotógrafo David Bart mezcla los paisajes fotográficos con la imaginería de la propaganda política en el entorno de la faraónica obra de la presa de las Tres Gargantas. Monstruo de la ingeniaría civil utilizada como gran elemento de propaganda por el régimen chino, y que probablemente generará tantos problemas o más como los que pudiera resolver. Lo hemos visto en Photography of China.

[Fotos] Recuperando los paseo en las mañanas de domingo soleadas

Fotografía

Si el mes de junio de 2020 está siendo bastante más fresquito de lo que esperábamos en Zaragoza, el último domingo de mayo fue un día soleado y agradable. Camisetas y pantalones cortos o bermudas para disfrutar de lo poco que nos queda de primavera en los tiempos del nuevo coronavirus. Así que cogí una cámara, algo de película y salí a pasear y hacer fotos. Por mis recorridos tradicionales de paseo en la ciudad, que en los tres últimos meses no he podido apenas visitar.

Las cuestiones técnicas de las fotos las podéis encontrar en Soleado fin de mayo con la Fujifilm GS645S Wide60 + Lomography Potsdam Kino 100.

[Cine en TV] Bad Education (2020)

Cine

Bad Education (2020; 29/202000606)
En esta ocasión nos vamos a una película estrenada recientemente en HBO. No creo que esta película hubiera llegado a la gran pantalla. Esta cadena televisiva lleva años haciendo excelentes largometrajes para su estreno dentro de la cadena, hoy en día en la plataforma de vídeo bajo demanda de la misma. Excelentes. Por lo tanto, independientemente de lo que digan los interesados “listos” de Hollywood y otras academias de cine, merecen la pena ser comentados estos estrenos en igualdad de condiciones con los que se estrenan en la gran pantalla o estaban pensados para ello, aunque luego las circunstancias los lleven a otros lugares.

Recupero algunas fotos de aquellos tiempos “lejanos” en los que la población estaba confinada por culpa de un virus, especialmente los escolares.

Supongo que esta película dirigida por Cory Finley debería haberse titulado Mala educación en castellano, pero como ya Almodóvar puso un título similar a una de sus películas, han optado por el anodino y poco sugestivo título de La estafa. Es cierto que se nos cuenta una… ¿estafa? Más bien es un caso de corrupción en organismos públicos. Una que fue real. El superintendente de un distrito escolar (Hugh Jackman) en una zona tremendamente pija de Long Island, que aspiraba a convertir sus escuelas e institutos en los más valorados del país, es descubierto por una estudiante con actividad extraescolar en el periódico escolar (Geraldine Viswanathan) como un malversador de fondos públicos de marca mayor, junto con su asistente principal (Allison Janney) y su familia.

Por lo que he podido deducir de lo que he leído sobre lo que sucedió realmente en Roslyn a principios de los 2000, la película se toma sus licencias sobre la forma en que sucedieron los hechos, con el fin de conseguir un relato dinámico y comprensible de lo que en esencia pasó. Pero sí que es fiel a la esencia del caso de corrupción en este acomodado distrito escolar norteamericano. Lo grandes aciertos de la película, de todos modos, son dos; el tono de comedia negra que recibe el conjunto de la historia, que la hace muy amena, y el absoluto estado de gracia en el que trabajan los dos personajes principales de la historia, Jackman y Janney. Ambos, pero especialmente el primero, en el que es probablemente el mejor trabajo que le he visto nunca.

Gran acierto de un director casi debutante, con un guion funcionalmente impecable, con un tono bien escogido, y con un reparto que justifica por sí solo el visionado de la película. Totalmente recomendable.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Nostalgia] Fotos del Pilar

nostalgia

Llego al ecuador de esta serie de entradas nostálgicas, llego a la sexta de doce que tengo planificadas, todas ellas a partir de las fotos que hice con mi Hasselblad a una parte del contenido del baúl de los recuerdos familiar, que es lo mismo que decir el baúl de los recuerdos de mi madre, durante uno de los fines de semana del confinamiento por la covid-19. Ahora ya estamos mucho más libres. Todavía existen algunas restricciones y estamos obligados a llevar las mascarillas en determinados entornos y situaciones. La principal restricción ha sido siempre la movilidad, que ahora, en Aragón tenemos limitada a no poder salir de la comunidad autónoma. Pero paseamos libremente. Nos tomamos nuestras cervezas. Y quedamos incluso a cenar. Todavía no podemos ir al cine. O no como nos gustaría. Este sábado pasado quedé con unos amigos en una terraza en el parque lineal que recorre las orillas del Ebro en Zaragoza, a la altura de la avenida de Ranillas, a la que recientemente cambiaron el nombre por el de un político, ex-alcalde de la ciudad por un rebote, no especialmente brillante, pero que como ya ha muerto… pues ya no se puede criticar, parece. Qué manía la de ponerles nombre de político a las calles… no me gusta, da igual el signo político que representen. El caso es que cuando me dirigía hacía allí, hubo una tormenta, y al cruzar el punte de la Almozara, hubo esto.

Subí la foto a una red social, donde tuvo un cierto éxito. A pesar de que la subí con un texto que yo suponía irónico sobre los tópicos que hacen que una foto tenga éxito en las redes sociales. Y que la mayor parte de las ocasiones no tiene que ver con la calidad. Para quienes no conozcan Zaragoza, las vistas del río Ebro y la basílica del Pilar son dos tópico, topiquísimos, en las fotos y la imaginería de la ciudad. De esas imágenes que reconocemos inmediatamente, que algunos se les enternece el alma y se les elevan los sentimientos… y a otros nos resultan más cansinas y empalagosas. Y si ya tiene un arco iris… pues no te digo. Bueno,… la principal respuesta fue de quienes gustan de estos topicazos. Aunque la foto no es especialmente buena. Tiene claros problemas de equilibro en la composición.

Pero claro… a veces pensamos que esto es algo de ahora. Cuando en realidad llevamos haciendo lo mismo, con mayor o menor intensidad, con mayor o menor rapidez, dependiendo de los medio técnicos desde más de un siglo. No tienen tantos años las fotos que muestro a continuación. Ninguna de las dos fotos está claramente fechada. La del grupo de personas, a quienes no conozco, correspondería a los años 40. Mientras que la que es conceptualmente similar a mi foto, el río y la basílica con cielo nublado desde otro puente, podría ser de los años 30. Como se puede apreciar, faltan las dos torres traseras, y no se aprecian, es cierto que están muy lejos, las obras de las torres traseras, que no comenzaron hasta 1950, terminando en 1961. En Zaragoza, cuando algo tarda mucho en completarse es “la obra del Pilar”, que transcurrieron desde 1681 a 1961… 280 años…

A las fotografías del Pilar desde el puente de Hierro o puente del Pilar, que es su nombre oficial, acompaña un fotografía de mi madre en una fiesta de disfraces en fecha no determinada. Es la tercera de pie, empezando por la izquierda… o por la derecha. Tampoco tengo referencias sobre el año de la foto, ni conocemos al resto de los que allí aparecen. Mi madre vivió durante bastantes años durante la posguerra inmediata en Barcelona, pero no podemos situar exactamente si la foto se hizo en la ciudad catalana, o si se hizo ya una vez de regreso en Zaragoza.

En fin, os dejo con otra foto tomada el sábado por la tarde, un poco mejor equilibrada en su composición, con mejor luz, y que recoge mejor la información de cómo era la tarde.

[Libro] El último verano – Ricarda Huch

Literatura

No puedo recordar en este momento dónde encontré recomendado este libro… espera que lo miro… Sip… este fue una recomendación Kindle Flash y me costó muy baratito. Después de hacer una breve investigación sobre quién fue Ricarda Huch, su autora, alemana, a la que le fue mal por la situación política tanto antes de la guerra mundial, la segunda, como después. Cosa más de estar en el sitio inadecuado en el momento inadecuado… aunque no vivió mucho tras el final de la contienda.

Sigo sin tener fotografías de Rusia, país que aún no he visitado, ni perspectivas que tengo en estos momentos. Así que lo sustituiremos por vistas de Tallin en Estonia, que en 1905 pertenecía al Imperio ruso.

El caso es que tenemos aquí una entretenida novela en forma de intercambios epistolares, cuya acción se desarrolla en la primavera y el verano de 1905, en la residencia de verano de quien sería gobernador de San Petersburgo, Imperio ruso, en medio de los movimientos revolucionarios que se dieron aquellos años en el gigante de la Europa oriental. Allí se ha refugiado el gobernador y su familia, esposa, hijo y dos hijas, todos ellos de poco más de veinte años, y un individuo contratado para proteger al gobernador, que ha ordenado el cierre de la universidad y otras medidas represivas, pero que en realidad está allí para asesinarlo. De lo que sucederá, nos enteraremos por el intercambio epistolar con otros familiares y amigos de la familia y con otros conspiradores.

Planteada como una obra menor, casi como un divertimento, la novela aparece como un interesante documento sobre el modo de vida y el modo de pensar de las clases altas europeas en los países más conservadores y autoritarios, y especialmente en Rusia. Y no deja de tener un tono ligero, tiene claramente forma de comedia, a pesar de la gravedad de los hechos históricos de fondo, así como de lo que puede suceder en la propia casa de campo en la que se mueven los personajes de la novela.

He de decir que me encantó, que la disfruté mucho. Que me parece una novela moderna, ingeniosa. Ágil. Como no tiene mucha extensión, no tardé mucho en leerla. E incluso el final, que no está claro durante el desarrollo de la trama, sorprende en su forma, aunque hay detalles en el desarrollo que lo avanzan. No por ello se disfruta menos. La novela no sólo es una comedia costumbrista, también implica un misterio. ¿Conseguirá el agitador asesinar al gobernador o será descubierto y capturado? Lo tendréis que leer. Algo que os recomiendo.