15 años de Cuaderno de ruta, empecemos el 16º

Páginas personales

Un 8 de febrero de 2005 comencé a escribir este Cuaderno de ruta. Entonces residía en otra plataforma. Que todavía se pude abrir. En ella escribí durante tres años, hasta que me pasé a WordPress. Donde iba cambiando de estilos, hasta que en una fecha que no recuerdo, pero poco después de mi viaje a Italia en 2012, adopté el estilo visual actual. Con pocos adornos. Texto blanco sobre negro y fotos a buen tamaño.

Ya lo he contado en otras ocasiones. Cuando no sabía muy bien de qué iba eso de los blogs, me di de alta en Blogger; aún no pertenecía esta popular plataforma al todo poderoso Google. Debió de ser en torno a 2001 o 2002. No recuerdo bien. El caso es que no supe qué hacer con aquello. Era un mundo nuevo. Tuve que esperar a 2005, en un momento en mi vida en que sentía que todo a mi alrededor iba demasiado deprisa, cuando tomé una decisión. Durante al menos 30 minutos cada día iba a quedarme sentado delante del ordenador, iba a escribir sobre algo, lo que fuese, e iba a acompañarlo de una fotografía realizada por mi. Un momento al día de deceleración, que solía ser a las cuatro y media de la tarde, después de volver de Huesca, donde trabajaba, y comer algo.

Nunca me importó el número de personas que leyeran aquello. No lo hacía por nadie externo a mí. Aunque poco a poco me di cuenta que me servía de medio de comunicación con personas cercanas a mí en espíritu, pero lejanas geográficamente. Eso estuvo bien. Eso sigue estando bien, incluso si la proliferación de plataformas de redes sociales ha hecho que esa función de los blogs que tienen un carácter personal, y no periodístico o comercial, haya perdido sentido. No obstante, hubo algunos momentos en que veía sorprendido cómo 400 personas distintas al día se asomaban a lo que yo había escrito. De estas 400 personas, probablemente unas 375 no tenía ni idea de qué narices les podía interesar de lo que yo había escrito. Nunca he tenido muchos comentarios, porque para tener un número razonable de comentarios en un blog tienes que tener miles de seguidores. La inmensa mayoría de la gente es “muda” en internet; mira y calla.

Durante un tiempo hablaba de cosas de actualidad, especialmente los sábados. Comentando las principales noticias de la semana, y expresando mi opinión. Y ahí me di cuenta de que vivimos en un país muy incívico en lo que se refiere al respeto de la opinión ajena. No aparecían comentarios en mis entradas, pero me llegaban correos electrónicos que me producían tremenda desazón por su tono. Si alguien se sorprende de que en la actualidad haya partidos políticos con enormes déficits democráticos en nuestras instituciones parlamentarias, es que no se ha coscado del país en el que vivimos. Sus votantes siempre han estado ahí. Simplemente, las consecuencias de la crisis financiera y económica de 2008 hizo que encontraron un camino para la visibilidad pública. Escondí aquellas entradas, dejé de hablar de esas cosas, mandé a la m..rd. al país y me dediqué a vivir mi vida. Eso fue en 2011 ya. Mis queridos amigos, España tiene un régimen democrático, así viene reconocido por ejemplo por el Democracy Index de The Economist, pero eso no quiere decir que sus ciudadanos lo sean. En fin… cuanto más voceras hay chillando sobre patrias y banderas, más asquito me dan estos conceptos. Ya lo digo George…

Au village, sans prétention
J’ai mauvaise réputation
Que je me démène ou que je reste coi
Je passe pour un je-ne-sais-quoi
Je ne fais pourtant de tort à personne
En suivant mon ch’min de petit bonhomme
Mais les braves gens n’aiment pas que
L’on suive une autre route qu’eux
Non, les braves gens n’aiment pas que
L’on suive une autre route qu’eux
Tout le monde médit de moi
Sauf les muets, ça va de soi

(La mauvais reputation, George Brassens, 1952)

Hoy en día, los blogs están de capa caída. Y la mayor parte de los blogs personales o con pocas pretensiones reciben mucho menor tráfico de visitas que antaño. Las redes sociales han ocupado su espacio, y quizá sea lógico. Exigen menos tiempo, son más inmediatas. Pero también pierden riqueza conceptual. La gente se limita a publicar eslóganes más que ideas. Filosofemas que suenan bien, y que reciben muchos “me gusta”, aunque de ellos se deriven en ocasiones consecuencias espantosas. Y donde no hace falta pensar mucho lo que se dice. Aunque ya se sabe, quien no piensa lo que dice corre el riesgo de decir lo que piensa. Y así… nos encontramos tantas “gentes de bien”, “ciudadanos modelos”, muchos de ellos que se consideran, incluso, “progresistas”, soltando burradas xenófobas, intolerantes, homófobas,… o de carices semejantes, como si nada. Yo a estos los suelo borrar de mis listas de “amigos”, o al menos los silencio, para que sus “pensamientos” no aparezcan ante mí. De nada sirve argumentar con ellos. O no reconocen la naturaleza de sus “ideas”, o se enfadan mucho por que les digas lo obvio. No hay más que percibir algunas de las cosas que han aparecido estos días atrás con motivo de la epidemia de enfermedad por coronavirus en China. En lugar de aparecer una sana solidaridad con las personas que sufren, aparecen signos de racismo y xenofobia absolutamente injustificados. Triste panorama social el que dibujan las redes sociales.

Pero si algo bueno ha tenido mi modestísima aventura bloguera ha sido que, de alguna forma, impulsó mi afición fotográfica. Imponerme a mí mismo publicar al menos una foto propia en cada entrada fue un acicate para no confiar en el “fondo de armario” de mi archivo fotográfico. Y también me impulsó a moverme e innovar. Aunque innovar suponga, por ejemplo, volver a procesos fotográficos que muchos daban por difuntos hace diez años. Hoy os dejo con algunas de las últimas fotografías que he hecho. Un día de estos, probablemente mañana, os hablaré de mi “nueva” cámara, de hace 50 años, que me llegó en el mes de enero, la Olympus Pen F, con la que he estado trasteando las últimas semanas. Hoy os dejo unas cuantas fotografías de la excursión que hicimos hace unos días al Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra, a su paso por Galve. Como digo, mañana, o pasado lo más tardar, os cuento más detalles sobre la cámara.

[Libro] Blade runner: una película

Literatura

En primer lugar, antes de seguir,… no, no tiene nada que ver con LA película. Ni con el libro en que se basa.

En segundo lugar, desde mediados de enero estoy sufriendo un bloqueo lector. Por mi cabeza circulan constantemente una serie de ideas recurrentes y cuestiones que me preocupan más o menos. En realidad, nada grave. Y las ideas recurrentes no son de las que se consideran enfermedad mental, más bien, una ligera pero no patológica personalidad obsesiva con ciertas cosas. La cuestión es que me cuesta concentrarme en la lectura. Hacía mucho que no me pasaba… pero no es la primera vez.

En tercer lugar, el día de San Valero, festividad local, pasé por una librería de viejo y ocasión a la que antes iba con frecuencia, pero que ahora hacía años que no visitaba. Y además de comprar un par de libros de fotografía, adquirí el opúsculo que hoy nos ocupa. Una lectura breve, potencialmente rápida, que quizá contribuyera a romper el bloqueo lector.

Nueva York ya nunca parecerá tan “chula” después de leer este libro…

No es la primera vez que leo algo de William S. Burroughs. Que nadie se me confunda con el Burroughs de Tarzan, que aquel se llamaba Edgar Rice. El Burroughs que hoy nos ocupa tiene asignado entre los listos un lugar en la Generación Beat, algo de lo que él no estaba nada de acuerdo; igual no eran tan listos. O a Burroughs no le gustaban las etiquetas. O ambas posibilidades son ciertas. Las obras de Burroughs se alejan de lo convencional, en general por sus temas y su fondo. Y en muchas ocasiones, por sus formas. Su defensa de una libertad prácticamente ilimitada, le llevó a transgredir numerosas normas sociales y morales, cuando las propias leyes. Por lo cual, tuvo su buena ración de problemas. Eso, sin contar con que mató accidentalmente a su segunda esposa… unas versiones dicen que “colocados” por completo, intentaban emular a Guillermo Tell en cierto legendario episodio. Otras simplemente hablan de que el arma que manipulaba se disparó accidentalmente.

La novela corta que hoy nos ocupa pretende ser el tratamiento argumental para una película de cine de una novela de Alan E. Nourse, The Bladerunner. Esta novela de 1974, inspiró algunos aspectos de la película de 1982 de Ridley Scott, entre otras cosas el título, pero no tienen argumentos distintos, como los aficionados y conocedores sabrán. En esta novela corta, un “bladerunner” no es un policía que persigue androides, sino un traficante de medicinas y otros suministros médicos de carácter clandestino, “underground”, en una sociedad que ha colapsado por unas reformas del sistema sanitario que han llevado a la sociedad americana a una situación que no sé si denominar “distópica” o “preapocalíptica”.

Burroughs, poco antes del comienzo de la pandemia de sida, ejerce de agente provocador literario, como en otras ocasiones, para un lector preocupado por las deficiencias de la sociedad y el sistema capitalista en el que nos vemos inmerso. Siempre tirando por elevación en un cierto (o alto) grado de transgresión. Así pues, este tipo de literatura caerá mejor entre quienes en algún momento hayan soñado con la anarquía como utopía que entre las “gentes de orden”, más proclives a preferir otras aberraciones como sistema político, más patrióticas y militarizadas.

Así pues, quedáis advertidos. Ante un texto muy ideologizado, y violento en varias dimensiones, habrá quien disfrutará mientras que otros quedarán horrorizados. Allá cada cual.

[Cine/cine en tv] Joe Hisaishi vuelve a las bandas sonoras de películas de animación

Cine

Joe Hisaishi es un compositor que ha trabajado en abundancia para el cine. Muchas y grandes bandas sonoras del cine japonés se deben a él. Mientras escribo esta entrada, escucho una lista de reproducción dedicada a las colaboraciones, maravillosas, que hizo con el Studio Ghibli. En concreto, suena una animada pieza de Sen to Chihiro no Kamikakushi [千と千尋の神隠し] (El viaje de Chihiro). La última banda sonora que había compuesto para una película de animación, hasta recientemente, fue Kaguya-hime no Monogatari [かぐや姫の物語] (El cuento de la princesa Kaguya). Pues bien, en las últimas semanas se han estrenado dos películas de animación japonesas que nos vuelven a traer la música de Hisaishi. Paso a comentarlas.

Dado el tema de una de las películas de hoy, nos daremos un paseo por las costas de Japón, en la península de Kii.

Ni no Kuni [二ノ国] (2019; 08/20200129)

Dirigida por Yoshiyuki Momose, esta película se ha estrenado internacionalmente en Netflix sin pasar por las pantallas de los cines, al contrario de lo que sucedió en su país de origen.

Está basada en un videojuego, cuya banda sonora también está compuesta por Hisaishi. Y nos presenta una situación de fantasía en la que existen dos mundos, uno de ellos que podemos considerar el nuestro, y el otro un mundo de fantasía mágica medieval. Unos adolescentes tienen la capacidad para viajar entre ambos, y deben encontrar un equilibrio entre lo que pasa en ambos mundos, puesto que lo que sucede en uno puede tener consecuencias negativas en el otro.

Es un entretenimiento muy simplón para niños y adolescentes, que no supone un especial valor añadido para un adulto. No destaca por nada en especial, pero tampoco es especialmente malo en nada. Un argumento predicible y los tradicionales elementos de las historias de fantasía de este tipo; una película de animación de manual, sin riesgo de ningún tipo, para explotar como mercadería derivada del videojuego. No merece la pena más comentario.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

Kaijū no Kodomo [海獣の子供] (2019; 09/20200203)

Presentada en occidente como Children of the sea o Niños del mar, el título original de esta película de Ayumu Watanabe significaría más bien algo así como los niños mamíferos marinos. Por aclararnos, son niños de aspecto humano u originalmente humanos, criados por dugongos, que se han adaptado a la vida en el mar.

La película, adaptada de una serie de historietas del mismo título, nos habla de la alianza entre dos chicos con estas características que viven en un acuario con una joven adolescente con problemas de encaje en el mundo, tras la separación de sus padres, que trabajan o trabajaban (no tengo claro lo que sucede con la madre), en dicho acuario. En un momento dado, fenómenos extraños, tras la caída al océano de un meteorito, empiezan a suceder que parecen tener a estos tres jóvenes como centro de interés.

Es difícil valorar esta película. Lo que empieza como una película de aventuras entre adolescentes, entre los que no sabes nunca si puede surgir o no un interés romántico, con el trasfondo de los conflictos de la chica en su vida cotidiana, va evolucionando hacia una película de fantasía (hay quien diría ciencia ficción, pero yo me quedo con el concepto de fantasía), teóricamente llena de simbolismo, aunque algunos de estos símbolos a mí se me escapan, que culmina en un tramo final visualmente abrumador, a medio camino entre la genialidad y el delirio pastillero.

Aunque esos aspectos visuales, acompañados por la música de Hisaishi, son realmente muy interesantes y de primer nivel, lo cierto es que la evolución argumental de la película me expulsó de la película en varias ocasiones, al no existir una gran coherencia en el desarrollo de la misma. Queda más como una suma de ideas, pegadas entre sí de modo forzado, al servicio de la filigrana técnica, que como una historia armada y bien construida con un mensaje claro, especialmente dado el público juvenil al que parecería que va destinado.

¿Es recomendable o no? Pues es difícil de decir. Para los fans del género probablemente sí, pero para quienes no esté hechos a la animación japonesa, casi es mejor que se inicien con otras películas. A mí, al final, no me disgustó, pero tampoco me entusiasmó el resultado. Y me despido mientras suena un tema de Majo no Takkyūbin [魔女の宅急便] (Niki, aprendiz de bruja… en realidad se llama Kiki… pero bueno).

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Libros de fotografía] Fukase y familia, y algunas cosas más

Fotografía

Hoy os cuento mis últimas incorporaciones a mi biblioteca de libros de fotografía, de las que una es transcendente y las otras… pues un poco más anecdóticas. Dejemos lo “gordo” para el final.

El domingo estuve de amplio paseo matinal con un par de cámaras. Experimentando la estenopeica en color, por un lado, tengo mis dudas sobre el resultado, que ya está camino del laboratorio, un rollo de Kodak Portra 400 en formato 120, y algunas fotos con Ilford Pan F Plus en la Olympus Pen F, cuyos primeros resultados espero poder mostraros pronto. Pero en estas estaba cuando pasé por la Casa de los Morlanes, donde hace unos meses expusimos nuestras fotografías estenopeicas, y me dirigí a contemplar la exposición actual.

Algunas fotografías de 1996, el año del certamen cuyo catálogo os comento hoy, realizadas con la Zeiss Ikon Contessa que compré en el mismo.

Bajo el título La arena del tiempo, el turolense Pedro Pérez Esteban nos hace un recorrido por los restos de la fallida industrialización en la provincia de Teruel. Un ejercicio de nostalgia, reflexión y arqueología industrial alrededor de los hoy abandonados ferrocarriles, minas y centrales térmicas que intentaron situar a la grande y poco poblada provincia sur de la Comunidad Autónoma de Aragón. Y todo ello en forma de unas cuantas series de fotografía en blanco y negro, que yo considero tienen bastante calidad, tanto en sus valores documentales como estéticos. Existen también fotografías de series que aúnan los lugares con las personas, donde usa el color. Series muy necesarias, aunque menos conseguidas, desde mi punto de vistas, que los paisajes industriales previos. En general, la exposición me gustó mucho, y me llevé el catálogo de la misma. Por cuatro modestos euros, te llevas a casa algunas fotografías muy interesantes.

El día de San Valero, 29 de enero, festivo local en Zaragoza, como es tradición quedé a comer con mi hermana y mi sobrino, que pronto cumplirá los 11 años. Tras pasar la mañana por el centro de la ciudad, me trasladé a la zona de la plaza de San Francisco, cerca del restaurante, pero como era pronto, me entretuve en una librería de viejo y ocasión que hay por ahí, y que no visitaba desde hacía mucho tiempo. Compré tres libros. Uno de lectura, del que ya hablaré en su momento, y dos de fotografía.

Uno pertenece a la colección Cuarto Oscuro, unos libros editados por algunas administraciones públicas locales y las prensas universitarias de Zaragoza, algunos de los cuales presentaban la obra de autores premiados en una cadena comercial muy conocida. El fotógrafo es Xiqi Yuwang, un fotógrafo nacido en China y que en su momento se instaló en Valencia, y el trabajo presentado en el libro es Ye Tianan, memoria de un monje shaolín. Realizado sobre película, en formato medio cuadrado, nos habla de la integración (o falta de ella) de los inmigrantes chinos en la sociedad española, ridiculizando los tópicos y con no poco humor. Ahora que estamos asistiendo a un cierta ola de racismo y xenofobia hacia la comunidad china en España por la epidemia de coronavirus, más pertinente que nunca. La verdad es que está muy bien. Y me costó menos de 5 euros… Tengo que pasar más a menudo por esta librería.

El otro que compré… lo hice un poco por nostalgia. Se trata del catálogo general de la segunda edición, la de 1996, del certamen de fotografía Huesca Imagen. Aquellos certámenes, comisariados por Julio Álvarez, de la Galería Spectrum de Zaragoza, fueron una oportunidad impagable de ver exposiciones de fotografía de calidad, simplemente desplazándote a pasar el día a Huesca. Drtikol, Sougez, los fotógrafos de la Farm Security Administration, entre otros, fueron algunos de los autores que se pudieron ver aquel año. Yo hacía coincidir mi visita con la feria de material fotográfico de ocasión, a principios de mayo, y aquel año compré mi primera cámara antigua, clásica o como la queráis llamar, la Zeiss Ikon Contessa, que estrené en el aeródromo de Monflorite, cuando era un lugar acogedor. Ya digo… mucha nostalgia, 23 años después.

Finalmente, ese mismo día me regalaron un libro que desde ya mismo forma parte de mis preferidos de mi biblioteca. Se trata de Kazoku [家族] (Family) del japonés Fukase Masahisa [深瀬 昌久] (recuerdo que en japonés el nombre de familia, el apellido, va por delante). Y se trata de una reedición reciente de uno de sus últimos libros, de 1991. Fukase, nacido en una ciudad de la isla de Hokkaido en 1934, sufrió un accidente en 1992 que lo mantuvo en coma hasta su muerte en 2012. Era uno de sus libros más raros de encontrar hasta esta reedición. Su obra más conocida es Karasu [カラス] (Cuervos), oscura obsesión por estas aves que resultó del duelo por la separación de su amada esposa Yoko, que lo abandonó en los años 70. Pero yo prefiero esta serie dedicada a su familia. Fotografías realizadas en torno a y en el negocio familiar de fotografía en su ciudad natal Bifuka. Realizadas con la cámara de banco del mismo, nos presenta una serie de fotografías familiares, aparentemente como las que se podría hacer cualquier familia, en la que frecuentemente observamos elementos extraños, o poses inusuales, muchas veces humorísticas, pero en las que apreciamos también el paso del tiempo y el acontecer entre las fotografías de sucesos, unas veces alegres, otras veces tristes. Desde mi punto de vista, a pesar de su aparente informalidad y desenfado en ocasiones, tiene una gran riqueza conceptual, una profunda humanidad, y representa claramente la importancia que para el fotógrafo tenían los vínculos familiares. Las fotografías abarcan desde mediados de los años 70 del siglo XX hasta 1989. Os dejo con un vídeo de la primera edición, no la actual.

[TV] Cosas de series; un buen lugar

Televisión

The Good Place ha sido sin lugar a dudas una de las sorpresas más agradables de los últimos años. Protagonizada por dos intérpretes que consiguieron en su momento grandes éxitos por sus series que los dieron a conocer y que hicieron que se ganaran el afecto de los espectadores, Ted Danson por Cheers y Kristen Bell por Veronica Mars, lo cierto es que ha funcionado no solamente por ellos, sino también por el excelente trabajo del resto del amplio reparto, y por el inteligente planteamiento de sus creadores y guionistas.

Cementerios, el lugar al que nuestros restos van, habitualmente, después de la muerte. Si van a algún sitio más, es algo en debate, aunque una idea cada vez menos sostenida o sostenible de modo racional.

Danson y Bell triunfaron en las series mencionadas, pero luego han llevado trayectorias irregulares. Creo que Danson es un intérprete mucho más sólido, y nunca he tenido claro porqué no ha sido capaz de hacer una carrera más brillante. Kristen Bell siempre me ha parecido una intérprete más limitada, pero que cuando un papel le va, entonces brilla. Como ha sucedido en esta ocasión. Pero ya digo que estamos ante una serie en la que hay mucha gente que aporta mucho. No voy a mencionarlos a todos, pero de los fijos las Janet de D’Arcy Carden y la ingenuidad y salidas de pata de banco del Jason de Manny Jacinto son los que más me han gustado a mí. Y de los recurrentes, Shawn (Marc Evan Jackson), Vicky (Tiya Sircar) y la Juez (Maya Rudolph) son los que mejores momentos nos han dejado.

No voy a decir que hay sido la serie perfecta, porque ha tenido sus altibajos; pero ha tenido momentos fenomenales y, sobre todo, ha sabido mantener la coherencia interna. Hay que decir que en su primera temporada daba la sensación de que la premisa de partida no prometía mucho más allá de esa primera temporada y una segunda ante el twist argumental del final de la primera. Pero los planteamientos han ido creciendo, o se han desarrollado muy bien, llevándonos a una reflexión mucho más profunda de lo que parece en una comedia de situación sobre la naturaleza del ser humano, sobre el peligro de los maniqueísmos, sobre la necesidad de un planteamiento vital ético, individual y personal, y sobre el hecho de que no necesitamos una promesa de una vida eterna, de un cielo, para realizarnos personalmente y sentir que hemos tenido una vida digna. Y sin necesidad tampoco de que nadie sea un héroe o “un triunfador” sea lo que coño sea eso. La serie, sin hacer sangre sobre ninguna creencia en particular, cuestiona de base las ideas de trascendencia al estilo de las viejas religiones. De un modo amable, pero claro.

Para finalizar, comprobaréis que es una de las pocas series para las que, a su final, dedico una entrada en este Cuaderno de ruta en exclusiva. Creo que es perfectamente recomendable para cualquiera. Y encima tiene un final que resulta bastante satisfactorio. A por ella, si estáis abonados a Netflix.

[Recomendaciones fotográficas] Auschwitz y algunas cosas más

Fotografía

Fue noticia en muchos medios hace unos días. Este año es el 75º aniversario de la liberación de los campos de concentración de Auschwitz, entre ellos el de exterminio de Birkenau, que se llevó por delante la vida de más de un millón de judíos, además de miembros de otras minorías mal vistas por la “blanca y rubia” Alemania nazi. Sí, Alemania. No sólo el NSDAP, vulgarmente conocido como Partido Nacionalsocialista. A veces parece que hay “olvidos” voluntarios entre los líderes de la Alemania actual, que tan superiores se creen a otros países europeos. Pero los nazis subieron al poder con el apoyo de los votos de otros partidos de centro derecha, entre ellos el Partido de Centro, partido católico que se puede considerar antecesor de la CDU actual, partido adscrito a la Democracia Cristiana. Aun estamos esperando las disculpas y las compensaciones alemanas por el apoyo de ese país al fascismo español, mientras se creen con derecho a decirnos cómo tenemos que organizar nuestras cuentas.

Yo también tengo mi propia visión de los infames campos de concentración alemanes. Aquí traigo el de Birkenau, o Auschwitz II. Pero también he visitado el de Struthof, que Erich Hartmann reflejó en su trabajo de los años 90.

El case es que en medio de un invierno infernal, un 12 de enero de 1945 el ejército soviético inició su gran ofensiva definitiva sobre Alemania, que lo llevaría hasta Berlín, y por el camino se encontró con el horror de Auschwitz en la población polaca de Oświęcim. Han sido varios los artículos que han recordado el hecho desde el punto de vista fotográfico. Magnum Photos nos ofrecía la siempre compleja visión de Antoine d’Agata sobre el campo, tal y como lo percibió en 2002.

En Cartier Bresson no es un reloj, mientras tanto, nos ofrecían la visión de Erich Hartmann, alemán judío que consiguió escapar a Estados Unidos, en cuyo ejército se alisto para la liberación de Europa, donde pudo asistir a la visión de los campos de concentración que se iban liberando. En los años 90, regresó a Europa y a los campos de concentración, en esta ocasión armado con una cámara fotográfica. Sus fotografías también merecen mucho la pena ser contempladas y reflexionar a partir de ellas.

Pero no todo fue negativo en la Alemania de entreguerras. Aunque la República de Weimar fue un experimento fallido, y en ese fracaso no se puede culpar sólo a los alemanes, fue una verdadera coctelera cultural que dio lugar a grandes innovaciones estéticas y artísticas. Entre ellas la Neue Sachlichkeit o Nueva Objetividad, que surgió como rechazo a ciertos excesos del expresimiento alemán, y que como movimiento fotográfico busca obtener imágenes fieles a la realidad, aunque con logros estéticos notables, y que influyó notablemente en la fotografía de posguerra, especialmente en la escuela de Dusseldorf. Nos lo contó Oscar en fotos.

Conocí las fotografías del sudafricano Pieter Hugo durante una visita al Musée de l’Elysée en Lausana hace unos años. En Creative Boom nos hablan de La cucaracha. Este es un trabajo de Hugo en el que se va a Méjico y hace un extenso ejercicio de documentación, observación y reflexión sobre la violencia, la sexualidad, la vida cotidiana, en ocasiones precaria, y la fuerte espiritualidad, siempre presente en las población que sufren traumas o problemas cotidianos. Las fotografías de Hugo son claras, directas, con pocas concesiones, para lo bueno y para lo malo. A mí me parece uno de los fotógrafos contemporáneos más interesantes, con un punto de vista personal.

Y por último, para rebajar la intensidad de los temas un poco, terminemos de nuevo con una visita a los archivos de Magnum Photos, que nos mostrado otro artículo de su serie On set, en los que nos muestran el trabajo de sus fotógrafos en los platós de rodaje de algunas de las más conocidas películas de la historia del cine. En este caso, Limelight (Candilejas) de Charles Chaplin, vista a través de los ojos y la cámara del genial aunque complejo W. Eugene Smith, con unas fotografías en las que podemos apreciar perfectamente la distintiva visión de este fotógrafo que marcó una época de la fotografía documental norteamericana y mundial.

[Cine] Nanfang chezhan de juhui [南方车站的聚会] (2019)

Cine

Nanfang chezhan de juhui [南方车站的聚会] (2019; 07/20200128)

La crítica de cine, como la literaria o la teatral o la de distintas artes o diversos espectáculos, me parece necesaria. Siempre la veo, no como la opinión del listo de turno, que desgraciadamente en ocasiones quiere ser más protagonista que la obra que comenta, sino como el lógico ejercicio de lo que debería ser la prensa. Una guía razonada para la toma de decisiones. Si la información social y política en la prensa debería guiar, no condicionar o confundir o mentir como en la actualidad, al potencial votante en una democracia, la crítica de cine debería cumplir esa misión de guiar al espectador hacia las taquillas de las salas de cine. No estableciendo categorías absolutas, sino hablando de pros y contras, de temas, de lo que honestamente puede esperar el espectador. Que debe decidir por sí mismo si le interesa ver o no una película, asumiendo ciertos riesgos. Como si fuera parte de la vida. Lamentablemente, como la prensa en general, la crítica cinematográfica, salvo honrosas excepciones, es mediocre. Cuando no, como he dicho antes, falaz o realizada que busca ser el protagonista en una fiesta que no es la suya. En cualquier caso, intentamos semana a semana tomar decisiones informadas sobre qué películas vamos a ver. Y para alguno que se confunde, yo no hago críticas de las películas. Cuento lo que me han parecido y lo que valen para mí. Pero no me considero cualificado para guiar las decisiones de otros, salvo casos extremos de obras maestras obvias o bodrios infumables, también obvios, por mucho que suponga taquillas que aportan pingües beneficios a sus productores.

No he estado en Wuhan, ni tengo previsto próximamente. Aunque lo que allí sucede sí que puede afectar a lo que sí tenemos previsto. En cualquier caso, usaré Suzhou, próxima también al Yangtsé con canales y lagos, para representar a la ciudad china donde sucede la acción de la película de hoy.

Hoy comento una película china, dirigida por Yi’nan Diao, un director del que había oído hablar, pero del que no había visto nada. La crítica no ha hablado mucho de ella. Y los que han hablado, hablan de una película aceptable, visible, pero sin transmitir especial interés. En la mayor parte de los casos, cuando hacen el resumen sinóptico, ni siquiera cuentan bien de qué va. En principio, no tenía yo mucho interés en verla. Pero tras una dura “negociación” tripartita, optamos por ella como película de la semana. Afortunadamente.

Aunque no he encontrado confirmación documental sobre el hecho, todo indica que la película está rodada en Wuhan, tristemente célebre en estos días por ser el foco de la epidemia de neumonía por coronavirus que tantos quebraderos de cabeza empieza a provocar. Al menos, si en algún lugar leéis que está hablada en chino, no es el mandarín oficial, sino el hablado en Wuhan. Menos diferenciado del mandarín oficial que el cantonés u otros, pero como limitada inteligibilidad mutua. Wuhan, atravesada por el río Yangtsé, está salpicada de lagos. Y en torno a uno de estos lagos, y a una de sus estaciones de tren, está rodada esta película de cine negro. Que sepáis que el título original significa “Encuentro en la estación sur“. Lo cual es importante, porque la película parte del encuentro en una estación entre un mafiosillo (Hu Ge), líder de una banda que roba motos, y una prostituta (Kwei Lunmei) que ejerce en las playas del lago mencionado. En una serie de secuencias conoceremos que el gángster ha sido herido en una reyerta entre bandas, que es buscado afanosamente por la policía porque ha disparado a uno pensando que era otro gángster que le perseguía, y que el mayor deseo del gángster, que se sabe acabado, es proteger a su mujer y a su hijo, de quienes lleva extrañado varios años. Y debe colaborar con la prostituta, cuyos intereses y filiación entre todo este grupo de adversarios, es una incógnita.

Visualmente es una película de gran virtuosismo, recordando a otras películas que hemos podido ver recientemente, en su iluminación y puesta en escena, como por ejemplo una de mis películas favoritas del año pasado. Pero si aquella era una obra maestra en su realización, la que comento hoy me parece sensacional en su interpretación. Porque poco a poco vamos descubriendo una de esas cosas que nadie te cuenta en sus críticas o comentarios de la película. Que la verdadera protagonista de la película, al menos en mi opinión, la que carga con la mayor parte de la carga dramática de la película, la que afronta los dilemas más complejos, es la prostituta del lago, excelentemente interpretada por una sobria Kwei Lunmei, a veces dura, a veces vulnerable, siempre compleja, siempre buscando una salida a los difíciles dilemas a los que se ve sometida. Sorprendentemente, porque nadie te ha avisado, de la película negra, de gángsteres y policías, surge una película de contenido social y feminista. Estamos ante una guerra entre múltiples bandos. Y como en muchas de las guerras, las víctimas son entre hombres, pero las sufren las mujeres. Y así, la película avanza hacia una conclusión prácticamente perfecta, y que proporciona cierta luz a la oscura opresión en la que nos ha mantenido encerrados durante la mayor parte del metraje.

Sobresaliente puesta en escena visual y técnica, sobresaliente guion, excelentes interpretaciones, para una película que tal vez no llegue al rango de obra maestra, pero que tiene una calidad poco habitual en el cine comercial y que me parece absolutamente recomendable, aunque no necesariamente de fácil digestión. Y que parece que a muchos críticos se les ha pasado por alto.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Viajes] Excursión en el día a los chopos cabeceros del Alfambra

Viajes

Ya es casi tradición, llevamos cuatro años consecutivos así, que el 30 de enero me cojo fiesta y salgo de excursión con algunos amigos, dentro de Aragón. Los dos primeros años fue hacia el norte, hacia los Pirineos, hasta llegar a la frontera con Francia; el año pasado, buscando el mejor tiempo atmosférico, nos dirigimos hacia el sur, hacia Albarracín y los montes Universales. Este año, las nubes también nos indicaban que veríamos más luz dirigiéndonos hacia el sur. Y estos días atrás, el estupendo fotógrafo de naturaleza Uge Fuertes nos venía hablando en las redes sociales del Parque Cultural del Chopo Cabecero de Alto Alfambra. Ya hace un par de años, por lo menos, le pregunté dónde se podía fotografíar este característico paisaje y me comentó… así que lo estuve analizando.

Lo curioso es que hasta la víspera no teníamos claro dónde iríamos exactamente. Es una zona de la provincia de Teruel relativamente desconocida para mí. He visitado el Maestrazgo, las Cuencas mineras y la capital Teruel. Pero de lo que hay en medio de este triángulo, conozco poco. Hasta que me di cuenta que en el Alfambra se encuentra Galve, una población dentro del Territorio Dinópolis, que visitamos allá por el año 2006, si no recuerdo mal. Por lo de los dinosaurios. Pero no había caído que los sotos del río de Galve, que resulta ser el Alfambra, son de chopos cabeceros. Este río me desconcierta. Su curso hace una curva amplia. Cuando nace, cerca de Alcalá de la Selva se dirige francamente hacia el norte, pero al llegar a Galve ya está girando desde hace kilómetros para acabar dirigiéndose hacia el sur y encontrarse al Guadalaviar, o Turia, en Teruel. También recordé que había un restaurante que no estaba mal… aunque la probabilidad de encontrar estos restaurantes de pequeñas poblaciones abiertos entre semana es… remota.

El chopo cabecero no es otra cosa que un cultivo del chopo negro (Populus nigra), especie muy popular en nuestro país, en sotos o bosques en galería a orillas de los ríos, cuyas rectas ramas se podaban para su aprovechamiento, dándoles un aspecto característicos. Esta actividad económica ha ido desapareciendo, pero hay cierto interés en conservar el paisaje. Siempre he pensado que podía tener interés fotográfico y quería empezar a investigar. Lo cierto es que lleva un rato en el coche llegar hasta estas comarcas desde Zaragoza.

Así pues, nos plantamos allí en Galve hacia las 11 de la mañana y estuvimos caminando y recorriendo el paisaje y los sotos del Alfambra hasta la una y media, en la que se reunieron dos circunstancias que nos llevaron a terminar la actividad. Una… que las nubes se cerraron y el día se volvió más modorro, más gris, con un paisaje visualmente menos interesante. Dos… teníamos hambre. Era hora de comer.

Efectivamente, el restaurante en el que habíamos depositado ciertas esperanzas estaba cerrado. Nos ha pasado en tantas ocasiones esto… Se dice para los artistas que si dependes de la inspiración, lo mejor es que te pille trabajando. Pues para la hostelería aragonesa parece que lo de que si dependes de los clientes, que te pillen trabajando, no vale. El año pasado, en Albarracín, también estaban cerrados la mayor parte de los resturantes. Y llegamos al ciclo vicioso. Queremos turismo, visitantes… nos quejamos que no vienen los turistas, visitantes… que cuando van no tienen servicios… por lo que desaconsejan a otros potenciales turistas, visitantes, la visita de estos lugares, salvo en momentos puntuales, cuando va todo el mundo. O se llevan el bocadillo de casa. Y entonces decimos… “qué rancios que no se gastan un duro en los pueblos”. Pues eso. Ala, maños, a ver si os pillamos algún día trabajando. Por cierto. Si miras en Google y buscas el restaurante, te asegura que en esos momentos, a las dos de la tarde está abierto y hasta las cuatro. Es decir, que el horario que publicitan es como si estuvieran abiertos, aunque luego te los encuentras cerrados.

Pero a lo positivo. Nos gustó la excursión. No pudimos hacer todo exactamente como pensábamos. El río llevaba el deshielo de las recientes nevadas de la borrasca “Gloria”, y había zonas embarradas o encharcadas. La sensación es que el caudal iba ya de bajada. Pero no nos arriesgamos a meternos en algún berenjenal. No porque hubiera peligro, sino por no ponernos perdidos de barro. Hice algunas fotos con la compacta digital, de las que aquí podéis ver algunas, y luego terminé un carrete en color con la Canon EOS 650 y hice bastantes fotos como mi reciente adquisición de la que os hablaré más adelante. Con película en blanco y negro, en medio formato. Que no es lo mismo que el formato medio. Me refiero a los pequeños negativos de 18 x 24 mm aproximadamente, frente a los más comunes de 36 x 24 mm. Veremos que tal quedan.

[Cine] Perfect Blue [パーフェクトブルー] (1997)

Cine

Perfect Blue [パーフェクトブルー] (1997; 06/20200123)

Seguimos acudiendo a las sesiones únicas en versión original que mensualmente programan unos multicines de Zaragoza dentro de un ciclo de animación japonesa. Un jueves al mes, podemos disfrutar de verdaderas joyas del género. Desde que empezó hemos tenido la oportunidad de ver en la gran pantalla un par de obras maestras de Studio Ghibli, en septiembre y en diciembre del año pasado. Pero en enero no ha sido el Studio Ghibli ni el maestro Miyazaki los que nos han llevado a esta sesión mensual. Es un estilo muy distinto, mucho más complejo, destinado a un público adulto, pero no menos magistral. Es el estilo de Satoshi Kon.

Nunca tuve la oportunidad de ver una película de Kon en pantalla grande hasta ahora. Aunque he visto la mayor parte de su obra en vídeo. Una obra muy valorada, aunque menos conocida que la de otros grandes animadores de Japón o del resto del mundo. La película que hoy nos ocupa fue su primer largometraje como director. Y según muchos sabios de la cosa cinematográfica, el mejor.

En nuestro último viaje a Japón, coincidimos en Osaka, a orillas del Dotonbori, con actividades de promoción de grupo de “pop idols”. La gente pagaba una cierta cantidad por hacerse fotografías instantáneas con las chicas del grupo. De vez en cuando hacían alguna actuación, con temas pop, pegadizos y de escasa calidad.

Comprender del todo la película no es fácil. Para empezar, los doblajes o los subtítulos de la película no dejan claro al público no entendido en las peculiaridades del mundo de la música y el espectáculo en Japón sobre quién es Mimarin, Mima Kirigoe (actriz de voz, Junko Iwao; en Japón los actores y actrices de voz son tan considerados y populares como los que prestan también su imagen). Con frecuencia ves traducido que Mima es una “estrella del pop” que redirige su carrera hacia la interpretación. Y ahí tenemos el primer problema. No es una “estrella del pop”. Es una “pop idol [aidoru; アイドル]”, que es otra cosa. Unas poquitas “pop idols” en Japón llegan a ser estrellas del pop, pero la mayor parte, no. Intentaré explicar esto de las “idol”.

Existe un mercado del entretenimiento en Japón en torno a las “idols”. Aunque los hay también masculinos, me centraré en las chicas. Son chicas jóvenes, que muchas veces comienzan en su adolescencia e incluso en su preadolescencia, que se dedican al entretenimiento de masas. Las más populares son las que se dedican a cantar y bailar como integrantes de grupos de música pop, que pueden llegar a ser muy numerosos. Algunos de decenas o centenas de integrantes. Tienen unas fuertes exigencias laborales por parte de sus “managers” y productores. E incluso restricciones en sus vidas privadas, ya que se conocen casos de expulsiones, “degradaciones” o escándalos por el terrible hecho de que una chica de 19 o 20 años… se vea con su novio. No tienen porque cantar o bailar especialmente bien, o tener físicos espectaculares. Lo que han de ser es “kawaī [可愛い]”… monas. Porque su público principal van a ser hombres, muchas veces entre los 30 y los 50 años, casi siempre solteros y solitarios, que se encandilan con algunas de estas chicas. Parte de la rutina del trabajo, además de las actuaciones son las sesiones de dar la mano o la posibilidad de que los fans se hagan fotos con sus “idols” favoritas, a cambio de un pago o de demostrar que compran los discos del grupo. También generan mercaderías como ropa, muñecos o libros de fotos, donde suelen aparecer ligeras de ropa, aunque no desnudas. Una industria enorme que mueve mucho dinero, con una audiencia fiel dada la peculiar sociología y sexualidad del país nipón, y con una mano de obra ilusionada y numerosa, hay muchas jovencitas que quieren ser “idols” para saltar a la fama y al estrellato, y más que probablemente, salvo excepciones, mal pagada. Pocas triunfan realmente. Y muchas acaban en el olvido, o intentan permanecer un tiempo en el negocio como “gravure idols”, jóvenes que se dedican a aparecen en revistas con reducidos bikinis o prendas de ropa interior, e incluso como “AV idols”, es decir, “adult video idols”… actrices porno. Hay otras jóvenes que van directamente a estas categorías sin pasar previamente por la de “pop idols”. Y también hay “underground idols” que se mueven en locales cutres, que se fabrican sus propios vestidos, que tienen pequeños grupos de admiradores y que sobreviven como pueden. Hay muchas cosas que me gustan de la cultura japonesa, pero entenderéis que esta no. Por las dosis de sexismo, explotación y… lo que queráis encontrar, y que son fáciles de deducir.

Pues bien, Mima es una “pop idol” de 21 años, edad en la que ya empieza a ser mayor para este negocio, cuyo sueño ha sido cantar, pero que se está planteando reconducir su carrera hacia la interpretación. Por ello, abandona el trío de “idols” al que pertenece, y guiada por sus representantes comienza su trabajo en una serie de televisión. Pero pronto se verá metida en una trama de inseguridades personales, de acosos, y de crímenes a su alrededor en la que, con la ayuda de la impresionante presentación visual de Kon, de un guion complejo pero ajustado a la perfección, y jugando con el equívoco y la confusión constante, se mezclará lo que es real y lo que es la ficción de la serie hasta un punto en que será difícil diferenciarlos. Incluso el final de la película está sujeto a interpretación.

Globalmente, es una obra maestra que funciona a varios niveles. Como dura crítica social del sistema de entretenimiento japonés, como introspección psicológica de una joven cuya identidad no está clara ni para ella ni para nadie, y como trama criminal. La película es dura, aunque esta dureza se matice por ser animación. El rodaje de algunas escenas con actrices reales hubiese sido compleja y más difícil de completar con éxito. Una película que no sé si es para todos los públicos, exige una predisposición activa del espectador para introducirse en el complejo mundo de Mima, y se aleja notablemente de lo que es la animación más convencional. Desde mi punto de vista, imprescindible para el auténtico aficionado al cine. Aunque sean necesarias más de una visualización para extraer todo el jugo a esta compleja obra.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: *****

[Fotos] Experimentando en blanco y negro con una compacta para película tradicional

Fotografía

Este mes he llevado en el bolsillo mi pequeña Minox GT-E, con un película en blanco y negro sobre la que quería experimentar soluciones de exposición y revelado distintas de las recomendadas. No ha ido ni bien ni mal. Algunas ganancias, algunas pérdidas sobre el proceso “oficial”. Los detalles en Lomography Kino Berlin 400 a IE 200 con la Minox GT-E.

[Cine] Jojo Rabbit (2019)

Cine

Jojo Rabbit (2019; 05/20200119)

El neozelandés Taika Waititi ha sido responsable de algunos de los productos audiovisuales para cine o televisión más creativos de los últimos años. Que luego gusten más o menos es otro problema. Aunque Waititi tiene bastantes partidarios. También ha tonteado con el dinero a espuertas de las superproducciones superheroícas, mucho más inanes desde el punto de vista creativo y cinematográfico. Pero eso es otro problema. O simplemente, aunque el dinero no dé la felicidad, se da buena maña para imitarla, como decía Mafalda. La de Quino. Y Marvel/Disney debe de pagar bien.

La película está rodada en localizaciones de la República Checa, mejor conservadas que la destrozada Alemania de finales de la guerra mundial. Aunque existan excepciones al destrozo general, como la fronteriza y hermosa ciudad de Constanza.

La película de hoy arrancó con cierta polémica. Y es que sale Hitler (interpretado por el propio Waititi) como amigo imaginario de un niño de diez años. Y los políticamente correctos se lanzaron al ataque. Es curioso que hay quienes empezamos a pensar que tan peligrosos para la libertad de expresión son los fascistas como los talibanes de la corrección política. Hay veces que dicen cosas sobre el humor, la parodia o la risa como crítica social y política que me recuerdan a las opiniones de cierto monje castellano que imaginó Umberto Eco en su novela más conocida. Pero en filosofía y pensamiento, siguiendo con la novela de Eco, yo soy más de la línea de Guillermo de Baskerville, hijo natural de Guillermo de Ockham y Sherlock Holmes.

La película se presenta como una comedia, y en no pocos momentos hace que nuestras caras se iluminen con sonrisas. E incluso esbocemos alguna carcajada. Que no acaban de ser francas, porque no hace falta ser un lumbreras para saber que dado el lugar y el tiempo de la película, la Alemania nazi en 1944-45, la probabilidad de que se convierta en un drama, si no en una tragedia, es alta. Jojo (Roman Griffin Davis) es un niño que vive con su madre (Scarlett Johansson), y cuyo padre está, supuestamente, en la guerra. El niño es un nazi convencido. Pero su mundo se desmorona cuando descubre que su madre esconde en casa a Elsa (Thomasin McKenzie), una resuelta adolescente judía.

La película bebe de los planteamientos de las películas de Roberto Begnini y Wes Anderson, conceptuales o formales. Y está notablemente bien planteada y rodada. Waititi sigue mostrando su capacidad creativa y su dominio de la puesta en escena con pocos momentos notables, aunque también con algún convencionalismo de libro para el tipo de película ante el que estamos. En el aspecto interpretativo, se apoya sobretodo en la omnipresencia del niño protagonista, que es un enorme acierto de reparto, y sus interacciones con una jóven pero sólida McKenzie. Scarlett Johansson está probablemente en su mejor papel en muchos años, aunque sabe a poco; es un personaje de quien nos gustaría saber más y de quien se podría hacer otra película. Lo mismo sucede con otro secundario, el capitán Klenzendorf, intepretado por el siempre solvente Sam Rockwell, y cuya disimulada pero obvia humanidad, también podrían ser merecedoras de una película propia.

¿Dónde están los defectos, si los hay, en esta película? Desde mi punto de vista, en la transición entre la comedia y el drama. Aunque sabíamos que vendría, no sabíamos qué forma tendría. Y aunque provoca que el cine se sobrecoja… luego se sigue de una fase en la historia que está contada de una forma muy sumaria, entrecortada y… bueno, es que daría para otra película. Como podéis ver, en mi opinión, el universo que Waititi crea en esa ficticia ciudad alemana es lo suficientemente rico para dos o tres películas más. Y eso nos deja con la sensación de que lo que se nos cuenta está bien, pero es insuficiente. En cualquier caso, una película bastante recomendable. Probablemente no como para darle ese Oscar a la mejor película al que es candidata, pero sí como para que cualquiera le merezca la pena acercarse a la sala de cine, a poco que le guste el séptimo arte. Eso sí, me sentiría cómodo con que se llevase alguna de las otras cinco estatuillas a las que es candidata.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Recomendaciones fotográficas] Tragedias, realidades y ficciones

Fotografía

Por razones de “agenda” he decidido que mis recomendaciones de esta semana van en sábado y no en domingo como de costumbre. Si tengo tiempo, mañana, cine. Tampoco tengo mucho esta semana, así que… la cosa irá rápida. Creo…

Esperando a probar mi reciente adquisición de hace 50 años, unas cuantas fotografías de 2013 con la Canon Demi EE17

En Cartier-Bresson no es un reloj nos cuentan la historia de una famosa fotografía de Robert Wiles. Es mucho más famosa que el propio fotógrafo. Wiles fotografió en la primavera de 1947 el cadáver de una mujer, aparentemente suicida, que saltó del Empire State Building con solo 23 años y cuando se acababa de comprometer en matrimonio para casarse unos pocos meses después. Nunca se supieron las razones de este acto. Cuando Wiles tomó la fotografía, el cadáver de la chica estaba todavía en el lugar en el que calló, en la calle, sobre un coche destrozado por el impacto. Y la fotografía es extrañamente bella. No diré más. Leed el análisis de Leire… que lo explica mucho mejor de lo que yo podría hacer.

Curiosamente, alguien rescató un entrada publicada en Y- Not Magazine hace algo más de un año en la que se hablaba de la tragedia como objeto estético. Y lo hacía a propósitio de las fotografías de Enrique Metinides. Este mejicano de ascendencia griega comenzó en la fotografía tomando imágenes de accidentes automovilísticos. Y luego, de sucesos violentos en general. La cuestión es que no pocas de sus fotografías son bellas, como la de la suicida del Empire State Building. No es nueva esta asociación entre muerte y belleza; se puede explorar en distintas disciplinas artísticas a lo largo de la historia del arte.

Nan Goldin saltó a la fama fotográfica por su estremecedora Ballad of sexual dependence. Pero previamente había publicado un ensayo, The Other Side, había participado en el ambiente de los homosexuales y trans de Nueva Inglaterra, fotografiando sus glamourosas y divertidas vidas. Con un triste colofón,… la mayor parte de aquellas personas fallecieron jóvenes por culpa del sida, las drogas u otros eventos. Goldin es una gran cronista de un momento determinado de la historia social del siglo XX. Nos lo han contado en Feature Shoot.

En Lenscratch, a partir del trabajo de siete artistas, Stephanie Dinkins, Trevor Paglen, Leo Selvaggio, Maija Tammi, José Orlando Villatoro, Xu Bing y Liam Young, nos hablan de los límites que está alcanzando la tecnología en los que es casi imposible diferenciar el retrato de una persona real del generado por un programa informático, reciba o no el rimbombante apelativo de inteligencia artificial. A mí, el trabajo que más me impresiona es el de Maija Tammi, One of them is a Human. Estos artistas no son estrictamente hablando fotógrafos… pero…