[Fotos de viajes] 7 años “de viaje con Carlos”

Viajes

Hoy he estado por el mundo, haciendo fotos y respirando un poco de aire puro. No pensaba actualizar este Cuaderno de ruta. Pero me recuerdan desde Tumblr que hoy hace 7 años que empecé con el fotolog “De viaje con Carlos“.

Empezó siendo dos fotos al día de mis viajes, algunos cercanos a casa, otros muy lejanos, que he realizado desde 1989 hasta nuestros días. 1989, porque fue el año en que empecé a tomarme en serio lo de hacer fotos mientras viajaba. Algún día incorporaré alguna foto de años anteriores… Hoy día lo he dejado en una foto al día, para no agotarme demasiado. Nunca pensé que duraría tanto. A día de hoy son exactamente 3.900 publicaciones disponibles. Probad una al azar.

Lo bueno es que sigo acumulando fotos… para que dure muchos años. ¿Una prueba? Algunas fotos de este mismo año…

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En el encabezado, en el castillo de Loarre (Aragón, España) en marzo. Sobre estas líneas, en Roma (Italia) tres días más tarde.

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En un TGV camino de Nimes, y luego Aviñón (Francia), a principios de junio.

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Viendo una espectáculo de teatro en la calle mientras comienza a llover en Stein am Rhein (Suiza) en agosto.

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Paseando una tarde de octubre por Tamsui (Taiwán).

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Y hoy mismo, con un buen amigo, en Zuriza, Pirineos aragoneses (España).

[Fotos] En blanco y negro de viaje

Fotografía, Viajes

Una discusión de café ayer me provocó para escribir mis reflexiones sobre la fotografía en blanco y negro, especialmente cuando la toma es digital. Y me enrollado sobre el tema en Fotografía en blanco y negro a partir de toma digital.

Aquí me voy a limitar a poneros unas fotos monocromas de mi reciente viaje a Taiwán. La mayor parte de ellas realizadas en Tamsui, a orillas de la desembocadura del río del mismo nombre en Nuevo Taipéi.

 

[TV] The Man in the High Castle

Televisión

¿Mi serie favorita de las que están en activo en este momento? Es muy probable. Sí. Incluso por encima de Game of Thrones. La ucronía de Amazon Prime Video basada en la novela de novel de Philip K. Dick me tiene totalmente atrapado. La historia alternativa del siglo XX en el caso de que los fascismos del Eje hubiesen ganado la guerra, el reparto del mundo entre Japón y Alemania, nos está llevando por unos derroteros de lo más interesantes. Y acaba de terminar su tercera temporada,… y ya lamento no estar viendo la cuarta.

The Man in the High Castle es una serie excelente. Tal vez no perfecta… pero casi. Excelente ambientación, interpretaciones sólidas y contenidas, episodios antológicos que merecen la pena por sí mismos, profundos dilemas éticos, giros argumentales sorprendentes pero nunca anómalos ni forzados. La serie funciona en distintas dimensiones.

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Nos vamos a Berlín, la “capital” del “Reich”… hoy día una capital culturalmente diversa y cosmopolita; pero también lo fue en los años 20 del siglo XX y acabó cayendo en las garras del fascismo.

Es una serie para la reflexión política. Para pensar en lo que significan los fascismos. O como se les llama ahora por parte de unos medios de comunicación asquerosamente políticamente correctos, las “derechas populistas”. Llamémosles por su nombre, sino queremos convertir el mundo en una distopía de pesadilla a base de los votos de una masa desinformada.

Es una serie de intriga. De “suspense”. Sufrimos con las aventuras y desventuras de sus protagonistas, que según Hitchcock era lo que marcaba el género. Hay complots, aventuras, alianzas imposibles, traiciones impensables o simplemente involuntarias. Romance, el justito… casi desapareciendo; que no distraiga de lo esencial. Aquí las mujeres son importantes y fuertes por sí mismas, no porque sean la novia de nadie.

Es una serie para la reflexión ética. No hay blancos o negros morales. El personaje que ayer nos parecía deleznable, hoy podemos desea que se salga con la suya. Para que a continuación realice una acción que nos recuerde que no es el héroe, que es un fascista. Y ya lo dijo Porco Rosso, “Prefiero ser un cerdo que un fascista”. La gama es amplia en posturas éticas. Desde la bondad extrema, casi excesivamente ingenua, hasta la maldad absoluta. Pero pasando por una gama muy interesante. Dilemas.

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Y es una serie de ciencia ficción y aventuras. El multiverso, la acción de los que se oponen a la perversión. Un mundo mejor es posible, no dejemos que los perversos de aquí estropeen los presentes y los futuros de allá. Luchamos por unos valores, no por una materialidad concreta.

Y todo ello, además, excelentemente interpretado. Con ese cuarteto constituido por Alexa DavalosJoel de la Fuente (sí, el duro inspector Kido tiene ascendencia filipina, malaya, china, portuguesa y española; japonesa, no), Cary-Hiroyuki Tagawa y un impresionante Rufus Sewell. Sin despreciar absolutamente a ninguno del resto de intérpretes del amplio reparto, muy bien coordinado y compactado.

Deseando ver la cuarta temporada. Aunque imagino que no habrá muchas más. Las tramas se están empezando a cerrar.

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[Recomendación fotográfica] Leed revistas de fotografía, el BJP está bien

Fotografía

Llega a España eso que los españoles llamamos, y esperamos con tanta ilusión, “un puente”. Un festivo oficial a corta distancia de un fin de semana, y si conseguimos el día extra, montamos unas pequeñas vacaciones. Pero el tiempo se ha revuelto en los últimos días. Como comentábamos el sábado, este año el otoño ha durado doce horas. Hasta el viernes el ambiente era más primaveral o moderadamente estival que otoñal. El sábado por la tarde íbamos abrigados hasta las cejas, como si estuviésemos en pleno invierno. Así que, aunque parece que a partir de mañana las cosas mejoran, existe la posibilidad de que una parte más o menos importante “del puente” no esté en condiciones ideales para actividades lúdicas al aire libre. Entonces… ¿por qué no buscarnos un buen número de una revista de fotografía?

Entre ellas, la decana es el British Journal of Photography, que se viene publicando desde 1854, durante 164 años, cuando todavía la fotografía estaba en pañales prácticamente. Era la época de los daguerrotipos y las gomas bicromatadas, que empezaban a verse amenazados por el colodión húmedo como proceso mucho más conveniente. Sin embargo, si hojeamos un número cualquiera de la revista, que se publica mensualmente tanto en formato de papel como electrónico, vemos que, lejos de estar anclada en el pasado, es un exponente de la fotografía más contemporánea. Dedica sus páginas tanto a la obra de fotógrafos plenamente establecidos como a fotógrafos emergentes, con buen índice de predicción de quienes van a surgir como referentes futuros. Eso sí… pocos ídolos de masas de las redes sociales aparecen por sus páginas, aunque también dedican artículos a fotógrafos destacados en las mismas. También publica en sus páginas en internet pequeños artículos, a modo de blog, que reflejan lo publicado en la revista mensual o se hacen eco de la actualidad más inmediata… o lo que sea. Veamos algunos ejemplos recientes.

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Ilustro estas entradas con algunas fotos del agradable principio del otoño que hemos tenido en Zaragoza… un tiempo que ahora nos parece lejano, aunque tal vez regrese durante alguna semana.

Hace un par de semanas, una colaboración esponsorizada por Intrepid Camera Co., la empresa que está consiguiendo revitalizar el gran formato a base de bonitas cámaras de marquetería a buen precio. En el artículo, una serie de fotógrafos fieles a la fotografía argéntica emiten sus impresiones sobre la importancia del trabajo en el laboratorio y de las ampliaciones personalizadas, fuente de trabajo original e irrepetible. Del laboratorio, nunca salen dos copias iguales. Serán muy similares, pero no iguales.

Seguramente, el retrato es uno de los géneros fotográficos más representados en las páginas, tanto físicas como virtuales, del BJP. Y así, hemos visto el interesante trabajo de Sophie Harris-Taylor, que explora las cargas que sufren mujeres adolescentes y jóvenes con enfermedades en la piel que se hacen visibles en sus rostros, en una sociedad donde la apariencia es tan importante y, en ocasiones, tan excesivamente definitoria, en contraste con otros valores.

O hemos visto el trabajo de Chloe Sheppard, reflexionando sobre lo que es ser una adolescente o una mujer joven hoy en día, utilizando fotografía argéntica y sin retoques. Sin trampa ni cartón. Pero con un punto de vista positivo. La propia Sheppard utiliza con frecuencia el autorretrato, como forma de entenderse con su propio cuerpo y aspecto, alejado de los estándares de belleza actuales.

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En otro artículo, Martin Toft mezcla el retrato con el reportaje y el paisaje, para analizar la relación íntima y espiritual que los maoríes, pueblos indígenas de nueva Nueva Zelanda, mantienen con el río Whanganui, uno de los pocos lugares que no han sido totalmente usurpados por los colonizadores europeos, y cuya integridad se ha decidido por ley en el país meridional.

La última entrada que recomiendo leer no viene de las páginas en internet de BJP sino de Magnum Photos. Ambas instituciones se alían para promover talleres de formación para fotógrafos que colaboran con organizaciones no gubernamentales. La fotografía como motor del cambio social es el tema. Todo ello aderezado con las fotografías de la singapureña de origen chino Sim Chi Yin (en Magnum Photos), actualmente establecida en Pekín, y que es una de las fotógrafas más comprometidas en la actualidad, con temas de fuerte interés social en Asia, especialmente relacionados con las migraciones.

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[Libro] La muerte del comendador (Libro 1)

Literatura

Ya lo avisé ayer. Esta semana, Haruki Murakami va a tener mucha presencia en este Cuaderno de ruta. Murakami es uno de esos eternos candidatos al Nobel de literatura y, quizá por eso, nunca lo gana. Bien es cierto que también es un premio en cierta decadencia. Y no lo digo por los méritos de los que lo ganan, entre los que hay realmente escritores o escritoras excelentes, muchas veces de literaturas minoritarias, a cuyas obras no accederíamos si no fuera por este premio. También es notorio el número de grandes escritores que no lo han ganado, por cierto.

No. El problema es que la institución que lo otorga, la Svenska Akademien (Academia Sueca), organización similar a la Real Academia Española (nunca “Real Academia de la Lengua Española”, como dicen algunos), ambas copias de la Académie Française (Academia Francesa), se vio sumida en una serie de escándalos, acompañados de dimisiones, que impidieron que pudiese asumir la tarea de debatir y otorgar el premio en este 2018. Se ha constituido una “academia provisional” que ha otorgado un premio alternativo este año, sustituto del oficial, a la francesa guadalupeña Maryse Condé. Murakami también ha sido candidato al “nobel alternativo”. Y tampoco lo ha ganado.

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Inevitablemente, nos vamos a las calles y los montes de Japón para ilustrar la entrada. Incluidas las calles de Kioto, de donde es originario el escritor.

 

En cualquier caso, la publicación de un nuevo de libro de Murakami es un acontecimiento editorial a nivel mundial. Con el agravante de que desde que se publican en Japón los originales, hasta que van llegando las traducciones a los distintos países occidentales puede pasar un desesperante año o más, en el cual se van generando expectativas por los artículos y comentarios de la prensa especializada. Y en esta ocasión, viene otro agravante… la obra está dividida en dos libros que no se han publicado simultáneamente. Si en España pudimos disfrutar del primer libro desde el 9 de octubre, yo lo compré con antelación para que bajar al Kindle en cuanto estuviera disponible, hasta enero de 2019, si toda va como está previsto, Tusquets no pondrá a nuestra disposición el segundo libro. Un rollo. No me gusta. Pero me tengo que aguantar.

Tras un libro más bien breve, una historia “sencilla”, en su novela anterior, vuelve a una historia relativamente compleja, en el ámbito del realismo mágico, género al que se atribuyen muchas de sus obras de ficción. Nunca he estado totalmente seguro de esta atribución de género literario. Es cierto que en muchas de sus obras se mezclan elementos de fantasía en una cotidianidad muy similar a la realidad del mundo actual… pero no acabo de verle el encuadre junto a otras obras de este género, como son las de muchos escritores latinoamericanos del siglo XX.

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Ciervo sika en la calles de Itsukusima, isla famosa por sus santuarios y su bosque primigenio.

En cualquier caso, también tenemos un misterio de carácter preternatural en la historia del pintor retratista que de repente entra en crisis por la ruptura de su matrimonio y se aisla del mundo, sin un propósito muy definido. Hasta que encuentra un misterioso cuadro desconocido de un pintor prestigioso de estilo japonés, “La muerte del comendador”, conoce a una especie de “Gatsby” nipón que le propone que le haga un retrato, y empiezan a suceder esos fenómenos de carácter preternatural que irán configurando un misterio alrededor de la figura del pintor que ocupó la casa con antelación, con el “Gatsby”, con un “comendador” en miniatura que se le aparece, y con una tímida adolescente que entra en escena cuando el primer libro, el que he leído hasta el momento, llegaba a sus capítulos finales.

Como nos tiene acostumbrados, el personaje central de la narración es un hombre en crisis. Despistado. Desconcertado. Como sucedía en uno de sus libros de relatos cortos, marcado por la ausencia de un mujer; una mujer, su esposa, que tras una apariencia normal, encierra un halo de misterio. O al menos sus acciones. Constantes de la narrativa de Murakami.

En cualquier caso, este comentario es un adelanto sobre lo que llegaré a decir cuando termine la novela dentro de unos meses. He de decir que la he leído con notable interés. Que de momento me ha gustado mucho. Que me he sentido como “en casa”, en terreno conocido, pero con elementos nuevos. Y que tengo muchas ganas de saber por dónde va a tirar en el segundo libro. Continuará.

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Bosque primigenio de Itsukushima.

[Cine/relato] Burning (2018) / Quemar graneros

Cine, Literatura

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La relativa insatisfacción que nos dejó la última película que comenté, y el hecho de que llevábamos un cierto “retraso” en las películas que queríamos ver de las recientemente estrenadas hizo que dos días después nos acercáramos a ver esta adaptación del director coreano Lee Chang-dong de un relato corto del japonés Haruki Murakami. Este principio de semana va a estar muy relacionado con este escritor nipón, porque tengo intención de comentar también el primer libro de su última novela, cuya traducción al castellano se puso a la venta recientemente y ya he leído.

De hecho, no había leído el relato corto adaptado, Quemar graneros, y es algo que he solventado estos días, por lo que de alguna forma el comentario será compartido para la obra literaria original y para la adaptación cinematográfica. La película, en versión original, se ha estrenado con el título internacional de Burning. Si en algún momento veis que en coreano se titula Beoning, es lo mismo. Viene de 버닝, que es la transcripción fonética al coreano de burning, pero que en la transcripción al alfabeto latino según las normas revisadas actuales resulta en beoning. Resultado de dos transcripciones fonéticas de ida y vuelta

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Por supuesto, nos damos una vuelta por Corea del Sur para ilustrar la entrada de hoy.

 

El relato de Murakami tiene ya unas cuantas décadas, ya que es de la primera mitad de los años 80 del siglo XX. Pero contiene muchos de los elementos de la ficción del escritor. No entra en los elementos más fantásticos o mágicos de algunas de sus novelas, pero si que nos plantea una situación que te deja con una sensación de misterio, y unas implicaciones en la trama que quedan en el aire. Un escritor de poco más de 30 años que conoce a una joven de 20, una especie de espíritu libre, pero también solitario, con la que mantiene relaciones esporádicas, y que en un momento se relaciona con un joven de 25 o 26 años, acomodado e… inquietante por decirlo de alguna forma. Que confiesa tener una curiosa “afición”; quemar graneros abandonados. Cuesta poco leerlo. Y os he dejado un enlace más arriba donde podéis hacerlo.

Lee toma ese relato y lo adapta a su Corea natal con algunos cambios. El escritor se convierte en un desorientado e introvertido aspirante a escritor de veintipocos, Jongsu (Yoo Ah-In). La joven, Haemi (Jeon Jong-seo) se convierte en una conocida suya de la infancia con la que coincide y de la que se enamora. Las características de la chica coinciden con el relato de Murakami, por lo demás. Y el joven acomodado, Ben (Steven Yeun) es algo mayor que los anteriores, pero también mantiene las características esenciales del personaje del japonés. Bueno… en Corea deben ser más frecuentes los invernaderos que los graneros,… y eso es lo que dice quemar por afición.

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Con un ritmo pausado, pero constante, acompañado de un música sobria pero que apunta muy bien los momentos, y por una fotografía de alto nivel que matiza muy bien la historia y alcanza brillantez en no pocos momentos, el director va relatando los avatares de este peculiar trío. Va introduciendo diversas variantes. A veces parecen tontorronas, pero no da puntada sin hilo. Que en un momento clave del relato, que sus protagonistas en lugar de escuchar el Airegin de Miles Davis, como sucede en el relato, escuchen el Générique de la banda sonora de Ascenseur pour l’échafaud, también de Davis, no me parece banal.

Y hay un momento en que la película diverge del relato. Más que divergir, Lee imagina más allá, decide romper la incertidumbre sobre lo que sucede tras la últimas líneas del relato de Murakami, y dejar claro porqué se habla en un momento de metáforas en su película, y cuál es la película. El tono de la narración cambia y pasa de ser un pequeño misterio en lo cotidiano que te deja con la mosca detrás de la oreja a un thriller con un final que no deja de impresionar. Si este “alargamiento” de la historia mejora o no el planteamiento de Murakami… está en discusión por parte de quienes vimos juntos la película y luego hemos leído el relato. Ese alargamiento, asociado al ritmo pausado que imprime el director, unido a alguna trama secundaria con escenas que aportan poco, causa una duración quizá un poquito excesiva de la película. Y en cualquier caso, tampoco resuelve del todo el misterio de la película. Sólo aporta lo que piensa uno de los personajes y las consecuencias de lo que concluye. Quemar invernaderos,…

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Uno de los méritos de la película es su reparto. Los tres protagonistas están bien o muy bien. El enigmático Ben está excelentemente encarnado por Steven Yeun, un actor popular en su país, pero que también se ha aventurado en el cine y la televisión occidental. El aprendiz de escritor cumple con un papel que no da especial brillantez por las características del personaje. Y para Haemi se opta por una novata en la interpretación que resulta un gran acierto. Jeon Jong-seo es una encarnación perfecta del personaje y sus numerosas contradicciones. Por ejemplo, es una chica muy mona, pero se aleja del aspecto de muñequita perfecta de muchas actrices jóvenes coreanas. El personaje afirma en un momento dado que se ha hecho la cirugía estética, habitualmente no tiene un duro, pero cuanto más la miras más te percatas de que siendo atractiva su rostro no parece precisamente afectado por una intervención de este tipo. Incluso tiene la nariz ligeramente desviada. En cualquier caso, lo hace muy bien.

Como resumen, lo que leí en algún sitio. Si es de Murakami y aparece un gato, da por echo que hay un misterio difícilmente resoluble. La película tiene mucho mérito, aunque desde mi punto de vista podría ser un poquito más concisa; ya he dicho que tiene escenas o secuencias que aportan poco a la historia general. Pero con buenas interpretaciones y una bella factura e interpretación, es un obra cinematográfica muy recomendable.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

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[Libro de fotografía] Suite Venitienne

Arte, Fotografía

Hay quien considera a Sophie Calle como fotógrafa. A mí me cuesta más. Pero de lo que no me cabe duda es que es una artista conceptual que utiliza con ventaja el medio fotográfico para sus intervenciones sobre la realidad, para sus peculiares performances, para su personal forma de observar y modificar el mundo.

Entrenando la regata en el canal de Cannaregio - Venecia

Con el tiempo, Venecia ha supuesto para mí una ciudad que trasciende a su condición de icono turístico; he generado lazos más profundos emocionales con la ciudad. Por ello no me faltan fotografías para ilustrar esta entrada.

Creo que la primera vez que me enfrenté cara a cara con la obra de la artista francesa fue con su proyecto L’Hôtel, en una exposición colectiva en la que se mostraban algunas fotografías del proyecto. Durante un tiempo, Calle se empleó como trabajadora en un hotel de venecia, personal de limpieza y habitaciones, las personas que mientras el cliente está haciendo sus cosas en la ciudad se encargan de arreglar la habitación, hacer las campas, limpiar los baños y dejarla en orden para cuando vuelva a pasar la noche. Pero mientras hacía su trabajo, creo que con un nombre falso, habría los equipajes de los clientes los extendía y los fotografiaba. Recuerdo que me dejó una sensación de inquietud tremenda. Cuando uno viaja y se hospeda en un hotel o similar, lo hace bajo una asunción de confianza, que si no existiese haría imposible la actividad. Y Calle rompía por completo esta asunción. Incómoda.

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Luego fui conociendo otras obras de la artista. En las que siempre interacciona con una realidad, que luego plasma en fotografías o en filmaciones, una realidad sobre la que siente una curiosidad y sobre la que nos quiere mostrar algo. Pero esto es algo como en la física cuántica; el acto de realizar una observación, una medición, altera la realidad que estamos observando.

En su Suite Venitienne, que nos viene en un librito, una nueva edición publicada por Siglio Press, recogemos una experiencia que vivió en 1979 y que fue publicada por primera vez en 1983. En un momento dado, ve a una persona, un hombre, que le llama su atención en las calles de Paris. Le llama Henri B. Lo sigue durante un tiempo. Luego lo pierde. Esa misma noche se lo encuentra en una fiesta, son presentados y conversa con él. Allí se entera de que el hombre está a punto de partir hacia Venecia en un viaje. Ni corta ni perezosa, Calle se desplaza a Venecia, tras unos días buscando consigue encontrar el lugar donde se aloja Henri B., y comienza a acecharlo, a seguirlo, a fotografiarlo. Nuevamente, interviene en una realidad, aunque sea de forma inadvertida para el sujeto de la observación. Pero moviliza en su entorno a muchas personas que, de forma inadvertida en la mayor parte de las ocasiones, colaboran en el proyecto de acecho.

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El libro, que tiene la desventaja de resultar un poquito caro, nos presenta las fotografías del proyecto así como los textos con el diario y la minuta de la acción, en la que se nos describen las acciones de Calle, así como sus pensamientos.

La verdad es que estoy disfrutando con su lectura. Pero como ya he comentado, no deja de representar la materialización de algunos de los miedos que todos tenemos de invasión de nuestra intimidad.

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[Fotos/viaje] Película en blanco y negro en Taiwán

Viajes

Pues sí. Me llevé una pequeña compacta de los años 90 y unos carretes de película en blanco y negro a Taiwán. Y ya he recibido el resultado tras el revelado y el escaneado en un servicio comercial, a gran resolución. Los detalles técnicos los podéis encontrar en Mi Olympus mju-II y un par de carretes de Ilford XP2 Super viajan a Taiwán.

Para los que no estén interesados en ellos, os dejo unas cuantas fotos.

Templos en Taipéi.

Memorial de Chiang Kaishek en Taipéi.

Tarde paseo en Tamsui.

Una tarde gris y melancólica en Hualien.

En el Parque Nacional Taroko.

El tren te lleva a casi todas partes en Taiwán.

[Recomendación fotográfica] Siguen viniendo de Asia

Fotografía

Hace unos días, el domingo, subí a este Cuaderno de ruta una entrada de recomendaciones fotográficas dedicadas a fotógrafos de Extremo oriente. La pujanza de la fotografía en aquellos países es importante, y en ocasiones con propuestas más interesantes tanto en estética como en contenido que lo que se ve en Occidente. Y curiosamente, en los siguientes días he seguido encontrando artículos interesantes de fotógrafos orientales.

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Entre la modernidad y la tradición, la clave del trabajo de Kubota para tratar de entender el Japón de las últimas décadas.

El más notable es el dedicado en Magnum Photos al fotógrafo japonés Hiroji Kubota. Kubota, miembro de la prestigiosa agencia, en algún lugar he leído que el único japonés de la misma, es un fotógrafo ya muy veterano, con décadas de fotografía documental a sus espaldas, especializado en Extremo oriente. No sólo ha documentado sucesos en su país natal, también estuvo en Vietnam, y ha recogido con su cámara los cambios que se han producida en el gigante chino y en otros países del Sudeste asiático. O es de los fotógrafos que en su momento fueron pioneros en romper las rígidas restricciones impuestas por el régimen de la República Popular de Corea, Corea del Norte, y trae imágenes de lo que sucedía tras las herméticas fronteras de aquel país. Pero el artículo que hoy nos ocupa trata de su país natal, Japón. Porque este 2018 es el 150º aniversario de la Restauración Meiji, cadena de sucesos históricos que llevaron a un cambio fundamental de régimen político en el País del Sol Naciente, que se tradujo en su entrada galopante en la revolución industrial a partir de un pasado reciente de carácter feudal, y a un impulso creciente a convertirse en una de las naciones que querían y tenían algo que decir en el orden mundial. Cierto es que con el tiempo desembocó en el sinsentido de la política militarista y expansionista que dio lugar a una serie de guerras que culminaron con las primeras bombas atómicas que cayeron sobre territorio nipón. Ha sido una constante en las distintas formas de expresión cultural y artística la reflexión sobre las contradicciones que la rápida evolución del país planteó durante décadas. Un país que lleva muchas de esas décadas a caballo entre la más moderna y avanzada tecnología y la tradición más ancestral. Quizá mereciera una entrada en algún momento en este Cuaderno de ruta. De momento, quedémonos con las fotografías de Kubota.

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Y de Japón, pasamos a Corea del Sur. Corea, por cierto, es uno de los países que más crudamente sufrió las ambiciones imperialistas niponas. Un país que también ha sufrido cambios estructurales y sociales muy profundos en un periodo de tiempo todavía más corto. Hace unos días me llamaban la atención un par de fotografías del coreano Park Sung-jin en el fotoblog La beauté de Pandore. Park también es un fotógrafo documental, pero con un tono muy distinto al de Kubota. Este fotógrafo coreano es más de recorrer las calles de Seul, fijándose en las gentes que las pueblan o las ocupan. Puede ser gente sin hogar. Y puede ser, especialmente, los adolescentes, alumnos de instituto en su mayor parte, con sus uniformes escolares, que posan ante la cámara analógica del fotógrafo en formato cuadrado con una actitud entre desafiante e insegura, trasladando una sensación que el fotógrafo etiqueta como nostalgia. Aunque su estilo es muy distinto, y quizá sus objetivos, no deja de recordarme en algunos aspectos al trabajo del español Miguel Trillo cuando trata de reflejar los distintos estilos de las tribus urbanas juveniles, primero en España, luego en todo el mundo, especialmente también en Asia, como hemos visto en sus últimos trabajos.

Finalmente, para quien esté interesado en conocer más de la fotografía oriental, en concreto de la japonesa, recientemente se ha publicado, como nos recuerdan en AnOther Magazine, un libro que recorre visualmente la historia de la fotografía nipona y sus principales fotógrafos desde 1945 hasta nuestros días. Dándole vueltas estoy a su adquisición. Pero primero tengo que decidir si me aporta algo nuevo a lo que ya tengo en mis estanterías.

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[Cine] Ha nacido una estrella (2018)

Cine

Ha nacido una estrella (A star is born, 2018; 47/20181021)

Mi valoración de esta película viene condicionada por algún hecho ajeno a la misma. La intención fue verla en versión original a principios de la semana pasada. Pero un inoportuno pico de fiebre debido a algún virus de poca importancia me impidió asistir a la proyección, incluso después de haber comprado las entradas a través de internet. Cuando llegó el viernes siguiente, la versión original de la película se había movido a unas horas intempestivas, y acepté la oferta de unos amigos de ir a verla en versión doblada en la matinal del pasado domingo. Cada vez estoy más convencido que las versiones dobladas son una adulteración que deberíamos considerar inaceptable de la obra original. Son muchos los motivos. Pero uno de los más claros es la adulteración de las voces, especialmente las femeninas. Frente a una variedad de registros de voces en las actrices, con todo tipo de tonos y calidades, las voces de doblaje suelen tener registros similares, habitualmente agudos y que machacan por completo la interpretación original. Desde Lauren Bacall antaño, hasta voces como la de Emma Stone más reciente, por poner dos ejemplos muy claros, a quien ve la versión original se le hurta la posibilidad de escuchar voces profundas, con matices, con personalidad. De alguna forma, es una manifestación del sexismo comúnmente aceptada, incluso por muchas mujeres. Parece que la obligación de una mujer es la de tener “voz de pito”, mientras que los hombres sí tienen derecho a voces profundas y “series”.

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No soy mucho del “mainstream” del pop. Y disfruto más de una “big band” de aficionados con un repertorio a base de estándares del jazz que de las rutilantes estrellas del pop actual. Así que visualmente nos iremos a las calles y plazas de Copenhague durante el festival de jazz que anualmente se celebra en la capital danesa a principios de verano.

La segunda cuestión que condicionaba la visualización de esta película dirigida y protagonizada por Bradley Cooper es que es la enésima versión de la misma historia. Y hay varias de las que la han precedido que son muy buenas. Curiosamente, parece que Cooper decidió fijarse en la de los años 70, en la que los protagonistas son músicos, frente a las más antiguas en las que los protagonistas son actores. Curiosamente, la versión de los años 70 es la más floja de todas. Pero es “normal” que se opte por protagonistas cantantes. Eso implica desarrollar una banda sonora a base de canciones, que luego dan lugar a unas ventas y unos ingresos añadidos comercializando la banda sonora de la película. Como negocio, mucho más conveniente.

A pesar de los “a prioris” indicados, lo cierto es que la cinta llegó a la cartelera española acompañada de unas críticas buenísimas, que nos hablaban de una película de gran calidad. Y se hablaba en especial de la calidad de la interpretación de su protagonista femenina, la cantante Lady Gaga, que ha empezado a sonar como candidata a los Oscar. Ya adelanto que considero que la moza hace un buen trabajo, pero que mucho me extrañaría que a lo largo de la temporada de estrenos que viene no encontremos interpretaciones más meritorias. Pero como estos premios se mueven por impulsos muy diversos, tampoco sería de extrañar que se llevase el premio gordo.

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La historia de la película está desaprovechada. El planteamiento inicial es bueno. Lo ha sido en todas las versiones de la historia. Pero tal y como se hace y se empieza a desarrollar, ofrece posibilidades para diferenciarse de las producciones anteriores. Por un lado, el drama de la estrella en declive, el hombre, que viene acosado por un deterioro físico y por una adicción al alcohol, en la que se puede profundizar y de la que se puede sacar mucho partido. Sólo se hace de forma limitada. No voy a decir que vaya a competir con Days of Wine and Roses en el tratamiento del tema, pero una cierta indagación en la cuestión, en el abuso de sustancias por parte del mundo de la música, podría haber sido un rumbo interesante. Otra vía por la que se podría haber profundizado y haber ofrecido algo original es en lanzar una crítica al mainstream de la música pop, factoría de productos estandarizados y sin personalidad, que son embutidos en los sistemas auditivos de los jóvenes a la fuerza y sin consideración. Los protagonistas parte de un rock & roll con toques de blues o de folk muy interesante, para que al final nuestra estrella rutilante caiga en las redes del mencionado mainstream. Incluso hay un villano en la película, muy groseramente y mal desarrollado, procedente de esa industria. Pero tampoco se profundiza. Se ofrecen algunos destellos de crítica, pero muy tímidos. Al fin y al cabo, Lady Gaga, ¿no os parece absolutamente ridículo este nombre artístico?, ¿al menos en castellano?, es una cantante que disfruta plenamente desde el principio de los beneficios de la misma. Y no se va a tirar piedras contra su tejado. Así que hay que cantar sobre lo bien que me quedan los vaqueros ajustados… acompañado de un grupo de bailarinas buenorras,… pues lo que haga falta.

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Ya he dicho que la interpretación de la cantante ha despertado muchas expectativas. Pero la realidad es que quien pone los mayores esfuerzos dramáticos, la historia que realmente importa es la del viejo rockero. Cooper, además de dirigir, hace un trabajo excelente. Y realmente es su personaje el que permitiría haber extraído elementos interesantes de una película, que en definitiva, es prescindible. Porque la historia estaba ya contada, no es original en absoluto, deriva por un drama romántico de manual. Correctamente realizado, pero sin que aporte nada nuevo. Que se deja ver, que no sientes que hayas perdido el dinero por ver la película, pero que te deja vacío. Y que yo ya he empezado a olvidar.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Fotos] Un paseo más por los suburbios de Zaragoza

Fotografía

Es una constante fotográfica, y casi vital, mis paseos por una determinada de los suburbios de Zaragoza comprendida entre el río Ebro y el camino de Miraflores, con el Tercer Cinturón y la carretera de Castellón como ejes. Incluyo ahí la huerta de las Fuentes y el soto de Cantalobos. El sábado pasado hacía una tarde excelente. Había quedado a cenar más adelante, pero decidí pasar la mayor parte caminando y haciendo algunas fotos con película tradicional en blanco y negro. Los detalles técnicos en Bergger Pancro 400 en 35 mm con Canon EOS 650. A continuación os dejo algunas de las fotografías.

[TV] Animación japonesa para las vacaciones

Televisión

La rutina de estas vacaciones ha sido muy sencilla. Viajamos dos personas. Llevamos muchos viajes a cuestas juntos, y nos entendemos bien. Bien sea porque somos gente conformada y poco maniáticos cuando salimos de casa, bien sea porque nuestras manías se acoplan bien entre sí y viajamos con buen rollo. Pero eso sí, con el tiempo, sin hablarlo en exceso hemos establecido rutinas viajeras.

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El mundo de los “otaku” en Akihabara, Tokio.

Salvo algún día aislado, no nos vence la pereza. A las ocho de la mañana estamos en pie. A veces antes, si conviene para lo que queremos visitar. Nunca nos marcamos muchos objetivos para cada día. Una visita en la mañana, otra después de comer y otra para la tarde. A veces se resumen en dos. Solemos adaptarnos a las costumbres del país. Comemos y cenamos pronto. Comidas al mediodía ligeras, las cenas según toque. Después de cenar nos relajamos tomando algo donde nos pille, conversamos sobre el día y hablamos del día siguiente. Como solemos buscar algún lugar con acceso a internet, subo algunas fotos, que es mi forma de decir a mi gente que estoy bien. Y luego nos vamos a dormir, no muy tarde. Ahí ya, cada uno a su bola, mientras relajas los músculos para conciliar el sueño, vemos algún episodio de vídeo bajo demanda en las tabletas, en Netflix o Amazon Prime. Y para esto, la animación japonesa, con episodios de unos 22 minutos de duración es ideal. Duran poco, no te hacen pensar mucho, y cuando terminas, a dormir. A lo tonto modorro he visto unos cuantos.

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Ansatsu kyōshitsu [(暗殺教室] (Assassination Classroom) es una serie de animación de la que ya vi la primera temporada en Netflix hace un tiempo. La premisa es curiosa. Un alien amenaza con destruir el mundo en el plazo de un año. Mientras, se presta para ser el profesor de una clase de enseñanza secundaria a adolescentes de 15 años. Es la clase de los “torpes” de un elitista instituto privado. Pero el gobierno encarga a estos adolescentes que antes de que acabe el año tienen que asesinar a su profesor. La primera temporada me pareció muy divertida. Tenía algo de mala leche, e incluso algún puntito transgresor que me gustaron. Pero pasaba el tiempo y no aparecía la segunda temporada. Me enteré en junio, en Suiza, que en algunos países sí que estaba disponible. Pero en el país helvético estaba sólo en audio japonés o alemán, con la posibilidad de subtítulos en alemán. En Taiwán, la encontré con posibilidad de subtítulo de lo que llaman español latino… es decir con modismos propios de Centro y Sudamérica. Me vale. La descargué y la fui viendo. La segunda temporada no está mal, pero pierde esos puntos de mala leche y transgresión,… y ya no es lo mismo. Menos adulta, más para adolescentes. En fin… serie terminada. No está mal en su conjunto de todos modos.

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En Amazon Prime encontré Wotaku ni koi wa muzukashī [ヲタクに恋は難しい] (Wotakoi; el amor es difícil para un otaku). Está dirigida a un público más adulto. Y son poquitos episodios. La serie le da una vuelta al concepto de otaku, que es como se denomina a las personas que viven inmersas en sus aficiones como los videojuegos, la lectura de manga, de novelas rosas, el anime, el cosplay, u otras aficiones similares. Al sumergirse intensamente en su afición, se suele asumir que son personas con pocas relaciones sociales o con dificultad para las mismas. La serie explora dos parejas, compañeros de trabajo en una misma empresa, que intentan compaginar sus aficiones otaku con sus relaciones afectivas. La serie es simpática, no me parece que tenga excesivas pretensiones, pero consigues empatizar con algunos de sus personajes. Aunque otras cuestiones, culturalmente te suenan excesivamente extrañas. En cualquier caso, es entretenida y cumplió con su misión en el ámbito del viaje que he señalado. Esta la vi más, una vez descargada, en momentos muertos en aeropuertos y estas cosas.

Hubo otra serie a la que también le di alguna vuelta en Netflix… pero que no me parece que merezca la pena un comentario.

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