[Arte y cultura] El mosaico de las Musas

Arte, Cultura

Los museos de Zaragoza, los que pertenece al municipio, hay otros que pertenecen a otras entidades públicas o privadas, se han incorporado muy recientemente a las redes sociales. Demasiado recientemente; llevo siguiendo instituciones museísticas de todo el mundo en redes sociales desde hace mucho tiempo. Algunas, de carácter local; otras, de diversos puntos de la geografía mundial. Algunas de ellas son recursos de gran calidad pedagógica e informativa. Por ejemplo, a estas páginas traigo de vez en cuando vídeos del canal de Youtube del SFMoMA, y el domingo pasado hablé de las cuentas de algunos museos de fotografía en Instagram. Pero bueno, más vale tarde que nunca. Las cuentas de los museos de Zaragoza las encontraréis bajo el indicativo @ZMuseos, y yo las suelo seguir en Twitter y en Instagram.

El museo del Foro de Caesaraugusta, uno de los museos municipales de Zaragoza, y el que centrará la entrada de hoy.

Como son cuentas recientes, están intentando captar seguidores para poder realizar su función. A día de hoy, algo más de 700 seguidores en Instagram, y poco más de 600 seguidores en Twitter son muy pocos. Pero sé por experiencia que a las instituciones públicas les cuesta atraer seguidores. Puedo especular sobre los motivos, pero por miedo a errar, me abstendré. En cualquier caso, en vísperas de la Cincomarzada, fiesta local en Zaragoza, organizaron un sencillo concurso en redes sociales. Solicitaron del personal que subiera a redes sociales fotografías de los museos con la etiqueta #misitiofavoritodelmuseo. Luego seleccionaron cinco “ganadores” a los que invitaron a una visita guiada al mosaico de las Musas en el museo del Foro de Caesaraugusta. Como soy visitante habitual de uno de ellos, el museo Pablo Gargallo, que me parece el museo más bonito de Zaragoza, gratuito los primeros domingos de mes, subí a mi perfil de fotografía analógica en Instagram algunas fotos del busto de Kiki de Montparnasse (Alice Prin), mi obra favorita dentro de ese museo.

Kiki de Montparnasse en el museo Pablo Gargallo.

No tuvo mucho mérito. Las fotografías son correctas técnicamente, realizadas con cámaras analógicas y película de alta sensibilidad. Pero tampoco son nada del otro mundo. Lo que pasa es que parece que participó muy poquita gente. Quizá porque dieron muy poco tiempo, quizá porque la gente no visita muchos los museos y no tienen fotografías de ellos ni rincones favoritos, quizá por el escaso nivel de seguidores de estos perfiles en redes sociales. O una mezcla de todos ellos. El caso es que gané dos entradas para visitar el mosaico de las Musas el día de la Cincomarzada a las 11:30 de la mañana, acompañados de una guía del museo.

La visita guiada duró unos 25 minutos. Unos poquitos para la presentación de la guía y del museo, algo menos de 10 minutos para ver un audiovisual sobre el descubrimiento, la restauración, y la instalación en el museo del mosaico de la Caesaraugusta romana del siglo II. Tras esos 25 minutos, la guía salió disparada, supongo que para la siguiente visita guiada. Ese día había mucha afluencia en el museo. Pudimos quedarnos a visitar el resto del museo por nuestra cuenta.

Vista general del mosaico.

A continuación os dejo con algunas fotografías, tanto del mosaico, como del resto de las instalaciones del museo. Un lugar que todos los zaragozanos debería visitar al menos una vez. Siempre me lamento de que el ayuntamiento no haya sacado una iniciativa tipo “amigos de los museos municipales” que por un cuota anual puedas visitar los museos cuando lo creas conveniente. Creo que recaudarían más, aunque fuese una cuota modesta, y estimularían el conocimiento de los mismos entre los ciudadanos. También es recomendable para cualquier visitante foráneo que nos visite haciendo turismo o por cualquier otro motivo. No lleva mucho tiempo. Bueno… en un museo,… el que quieras dedicar.

[Recomendaciones fotográficas] La luz de los Países Bajos, genocidios y puertas abiertas

Fotografía

Esta semana no he tenido mucho tiempo para prestar atención a los agregadores de noticias, y no he acumulado muchas recomendaciones fotográficas. Pero alguna hay, y creo que son muy interesantes.

En Clavoardiendo nos comentan la inaguración en San Sebastián de una exposición sobre el retrato en la fotografía holandesa contemporánea. Exposición colectiva que recoge la obra de tres fotógrafas de los Países Bajos, Sanne de Wilde (instagram), Hellen van Meene (instagram) y Carla van de Puttelaar (instagram), y que, por su forma de aprovechar y utilizar la luz, se constituyen como herederas formales de la escuela flamenca del barroco holandés. Tengo una relación ambigua con la obra de los fotógrafos neerlandeses, o por lo menos por muchos de los más conocidos. Formalmente impecables, con una maestría técnica y compositiva innegables, muchas veces sus retratos me resultan fríos, incluso desangelados. Lo cual no necesariamente es un problema, porque muchas veces tratan de transmitir el desamparo de las personas en el mundo contemporáneo. En especial de los más jóvenes. En cualquier caso, creo que es más que recomendable darse un garbeo por la obra de estas tres excelentes fotógrafas.

Ilustraremos la entrada fotográfica con mis paisajes alterados por el ser humano, donde la ciudad termina y empieza eso que llamábamos el campo.

La (buena) fama que creas alrededor de ti depende más de tu capacidad para las relaciones públicas que de tus méritos y cualidades. En el concierto de las naciones, las ideologías o las creencias religiosas pasa algo parecido. Suiza es uno de los países con mejor imagen del mundo. Neutral y pacifista. Sin embargo, buena parte de sus territorios los anexionaron en acciones bélicas, tuvieron una guerra civil a mediados del siglo XIX y es uno de los países con más número de armas por ciudadano en el mundo. La religión musulmana tiene en estos momentos un imagen nefasta, salvo en los países islámicos, claro está; mientras que los budistas están de moda, y la postmodernidad en masa se apunta a sus mindfullness, veganismos y otras modas venidas de oriente. Y también muy pacíficos ellos. Salvo cuando un país mayoritariamente budista como Myanmar, con una premio nóbel de la paz como primera ministra, o algo parecido, lleva a cabo un sistemático genocidio y expulsión del país de una minoría étnica de religión islámica. Uno de esos conflictos “incómodos” en occidente y en la hipócrita prensa occidental. En Feature Shoot compensan un poquito la cuestión con una artículo sobre el tema ilustrado por las fotografías de Saiful Huq Omi. Reflexionemos un poco sobre las “buenas famas”…

Ai Weiwei es sin duda alguna uno de los artistas contemporáneos más conocidos y mediáticos de China. Tanto por sus obras, abundantes, y en las que no falta la calidad conceptual, como por su oposición al régimen chino. No es un fotógrafo. Pero usa, con frecuencia, la fotografía para documentar sus trabajos, o para inmortalizar algunas de sus performances más significativas. Y también la usa como medio primario de expresión en ocasiones, y también es interesante conocerlas. En Lensculture nos hablan de esta cuestión y nos comentan la publicación de un libro que puede convenir a los interesados en la obra fotográfica de Ai Weiwei (muy desactualizado, mejor en instagram o twitter). Pensándomelo estoy.

[Cine en TV] Polar (2019) // River’s Edge (2018)

Cine

Dos estrenos en Netflix que, como en años previos, incluyo ya en mi listas de estrenos del año. Uno me merecerá poco comentario. El otro algo más.

Polar (2019; 12/20190224)

Adaptación al cine en forma de producción propia de Netflix de los relatos gráficos de Víctor Santos, de quien he leído alguna cosa, aunque ninguna de la serie Polar, y que es dirigida por el sueco Jonas Åkerlund, quien fundamentalmente se ha dedicado a dirigir videoclips y documentales sobre el mundo de la música.

Nos cuenta la historia del asesino a sueldo Duncan Vizla (Mads Mikkelsen), que se va a retirar tras una lucrativa carrera, pero cuyo empleador, Blut (Matt Lucas), no quiero desembolsar la pensión de retiro, por lo que encargará a su secuaza, Vivian (Katheryn Winnick), para que movilice a sus matones y lo liquiden. Vizla se refugiará en un alejado lugar de Montana, donde conocerá a una joven, Camille (Vanessa Hudgens), que condicionará el resultado final de esta caza al hombre.

Con una estética excesiva, una historia excesiva, y unos efectos visuales excesivos para intentar trasladar el ambiente de las historietas, a pesar de contar con algún acierto en el lado del reparto, esta historia no ha llegado a interesarme en ningún momento realmente, poniendo duramente a prueba mi “suspensión temporal de la incredulidad”, y con un guion predecible y no especialmente dinámico. No especialmente recomendable.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **
Para ilustrar esta entrada, y puesto que la película más interesante es la dedicada a la adolescencia nipona, imágenes de esta durante nuestra visita a Itsukushima… pero nunca tan oscuras como las que nos muestra la película.

Ribāzu ejji [リバーズ・エッジ] (2019; 13/20190305)

Bajo el título internacional de River’s Edge, el título original no deja de ser la transcripción en kanas japoneses de este mismo título en inglés, nos llega a través de Netflix la distribución internacional de la última película del japonés Isao Yukisada, de quien no creo haber visto ninguna película previa. Fue presentada en la Berlinale del año pasado con cierto éxito y, aunque no tiene una elevada valoración en el público votante de sitios como IMDb, venía avalada por una diversidad de críticas bastante positivas. A mí, tal y como la presentaba la plataforma de vídeo bajo demanda, literalmente como “película juvenil”, y pareciendo una película de institutos japoneses, no me atraía demasiado. Pero alguien me dio un toque para que le prestase atención.

La película, rodada en un “anticuado” 4:3, va siguiendo las desventuras de un grupo de seis adolescentes en los años 90 del siglo XX, en algún suburbio de una ciudad japonesa, probablemente Tokio o alguna otra de su área metropolitana. En un momento dado hacen una referencia y se filman algunas escenas en el acuario de Hakkeijima, que se encuentra en Yokohama… así que por ahí van los tiros. Los dos personajes más protagonistas, dentro del tono de película coral, son Haruna Wakasuka (Fumi Nikaidō), una joven vivaz y despierta pero algo confusa en la vida, y un joven gay, Ichiro Yamada (Ryō Yoshizawa), que recibe con frecuencia abusos de otros chicos del instituto. Haruna sale con un chico, uno de los abusones, Kannonzaki (Shūhei Uesugi), que a su vez mantiene relaciones sexuales esporádicas con Rumi (Shiori Doi), una amiga de Haruna, que se nos presenta como bastante promiscua. Completan el cuadro Kanna (Aoi Morikawa), la chica enamorada de Ichiro, con quien sale, porque a este le sirve de tapadera de su homosexualidad, y Kozue Yoshikawa (Sumire), una joven modelo, que padece algún que otro trastorno de la alimentación y a la que le gustaría ser algo más que amiga de Haruna.

Lejos de la habitual ñoñería melíflua de algunos dramas de instituto japoneses, que perpetúan con frecuencia una serie de estereotipos y roles, especialmente la chica tontita, pero buena gente y muy mona, que se enamora del chico arisco y altivo, muy inteligente y que todas pretenden, y donde todos llevan inmaculados uniformes mientras cursan su bachillerato preparatorio, aquí nos encontramos con un grupo de adolescentes en estado de desorientación vital permanente. Nada de uniformes, ropa de calle, normalita y corriente; vaqueros, sudaderas, suéters, camisetas,… Un paisaje feote, de urbanizaciones de colmenas de hormigón. Un río alrededor del cual pasan cosas y que desagua las aguas de las feas y humeantes industrias cercanas, y un misterioso cadáver abandonado completan el paisaje de la película. No hay maniqueísmos, ni héroes. Todos los chicos y chicas tienen sus debilidades, pero también despuntan sus cualidades.

Una realización descarnada. Escenas de violencia y sexo muy directas. Una visión inicial y superficial diría que estas son algo gratuitas, y destinadas a la explotación sexual del físico de algunas de las protagonistas. Pero en realidad, compruebas que también tienen un ritmo y, sin palabras, nos aportan información sobre cómo son las relaciones entre los jóvenes, y especialmente sus vulnerabilidades. El formato casi cuadrado de los fotogramas colabora en la sensación de opresión y ahogo.

No hay complacencias, ni happy ends en esta película. Que en realidad no tiene una conclusión definida salvo para alguno de sus protagonistas, ya que la vida de todos los demás continuará. Sin muchas esperanzas. Una visión del Japón de los años 90 amenazado por algunos actos terroristas, por la crisis financiera asiática, por problemas medioambientales y urbanísticos, que curiosamente tienen eco en lo que ha ido sucediendo en el mundo en las décadas siguientes, lo que hace que esta película, cuya acción está situada 20 años o más atrás en el tiempo, sea plenamente actual y válida para cualquier país del mundo. A mí me parece bastante, bastante recomendable.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Fotos] Dípticos y contrastes

Fotografía

Unas cuantas fotos realizadas con la pequeña, pero interesante, Olympus de medio formato (que no de formato medio). Dípticos que intentan presentar contrastes en un medio natural muy alterado por el ser humano, o incluso entre el paisaje natural y el paisaje enteramente humano.

Los detalles técnicos en Dípticos en medio formato. Pulsad en las imágenes para verlas más grandes.

[TV] Cosas de series; mi primera “star trek” completa

Televisión

Hoy iba a hablar de un par de estrenos cinematográficos vía Netflix, pero uno de ellos me ha dejado tal impresión que necesito reposarlo un poquito. Así que iré con una entrada televisiva.

Nop. Nunca había visto una serie entera de la franquicia Star Trek. Sip, había visto una temporada completa, que me regalaron en formato DVD hace tiempo, de la serie original. Voy a confesar una cosa. Que espero que no me enemiste demasiado con los “trekkies”. Siempre me han parecido más bien producciones cutres. Incluidas las películas que empezaron a partir de 1979. Hago la excepción de las superproducciones más modernas, que no son cutres, pero no me emocionan en su tono, y en la reciente Star Trek: Discovery, de la que también vi la primera temporada completa y estoy en proceso de ver la segunda. Tampoco es nada cutre. Pero dicen que si me gustó la primera temporada de esta serie es… porque muchos de los fans de la franquicia consideran que se apartó de la filosofía de la misma. Lo cierto es que me gustó bastante. Sobretodo, cada vez que aparecía Michelle Yeoh en pantalla.

Ya sabéis: “Space: the final frontier. These are the voyages of the starship ‘Enterprise’.” Bueno… esta es otra ‘Enterprise’… pero básicamente. Lo que pasa es que lo que estaba bien en los años 60 quizá no tanto en la primera década del siglo XXI.

Pero lo cierto es que hace unas cuantas semanas, por causas que ahora no vienen al caso, comencé a ver la última de las series, antes de que la franquicia resucitase en televisión recientemente; Star Trek: Enterprise. Reconozco que los primeros capítulos que vi… me llamaron relativamente la atención. Aunque como producción es relativamente cutre, teniendo en cuenta que es una producción televisiva del siglo XXI ya, había sus cosas en los personajes, que la hacían algo más atractiva de lo que pensaba.

En lo que se refiere a producción, con su vida entre 2001 y 2005, no sostiene la comparación con otras aventuras espaciales como la versión reimaginada de Battlestar Galactica que se estrenó en 2003, como miniserie, y en 2004, como serie con continuidad. Pero es que tampoco sostiene la comparación en la calidad de los guiones, ni en la profundidad de desarrollo de los personajes.

Esto último es uno de los grandes problemas de una serie, que me he obligado a terminar de ver, pero que progresivamente me ha ido desmotivando. Si en sus primeros capítulos sus personajes prometían, lo cierto es que no se desarrollan, y acaban volviéndose cada vez más estereotipados y menos interesantes. Siempre se ha hablado de la diversidad en la franquicia, y ciertamente hay siempre intérpretes de origen afroamericano o asiaticoamericano. Pero nunca al frente del reparto. Y me sorprende cómo la potencialidad de las dos mujeres del reparto habitual, se va perdiendo poco a poco, especialmente en lo que se refier a Hoshi Sato (Linda Park), que termina la serie en una horrible parodia de sí misma en los dos episodios dedicados al universo alternativo. La evolución de la serie es tal que al final resulta francamente machista. … … En fin, como curiosidad hoshi [星] significa “estrella” en japonés. Muy propio.

Se ve que la serie no debió ir muy bien. Si las dos primeras temporadas siguen el esquema tradicional de una aventura por episodio, con personajes recurrentes (qué sorprendente en un universo tan grande, que te encuentres con tanta frecuencia con conocidos), la tercera intenta abarcar un épico arco argumental en toda ella, que se estira en exceso, viéndose resentido, y la cuarta y última opta por aventuras de dos o tres episodios de duración, para incentivar la fidelidad a la serie, supongo.

Bueno… ahora ya lo puedo afirmar. Es una pena. Si la serie original era fresca, original y divertida en su origen, o así lo recuerdo en los episodios aislados que veía en mi infancia, la fórmula me parece que estuvo agotada desde que terminó. Salvo algún episodio aislado, nunca me han enganchado. Ni creo que vuelva a repetir la experiencia. Seguiremos confiando en la Discovery.

[Fotos] Paseando con una Minox 35

Fotografía

Las Minox 35 son una cámara pequeñitas, no aptas para tontos, como ninguna cámara por simple que sea, y que durante años fueron importantes en mi afición fotográfica. Recientemente, he revivido mi Minox GT-E y he paseado con ella abundantemente en las últimas semanas.

Mis experiencias desde un punto de vista más técnico en Poniendo en marcha de nuevo la Minox GT-E. Para los no interesados, os dejo con unas cuantas fotos… en blanco y negro y en color.

[Libro] Sputnik, mi amor

Literatura

Después de lo flojos que resultaron las dos novelas que he comentado en las últimas semanas, necesitaba refugiarme en algún valor seguro, alguien que me devolviera la fe en las capacidades de la narrativa contemporánea para contarnos historias que nos interesen y nos conmuevan. En su caso, que nos diviertan. Y como tengo varios títulos de Haruki Murakami pendientes, decidí optar por uno de ellos, de no excesiva extensión.

Sputnik, mi amor es una novela que tiene ya sus buenos 20 años, aunque yo la he sentido plenamente actual. Su título en japonés, スプートニクの恋人 [Supūtoniku no koibito], es uno de esos que no debe resultar fácil traducir. Koibito es una palabra japonesa relativamente popular en occidente, cuyos kanji son el de amor romántico [恋 – koi] y el de persona [人 – hito]. Habitualmente la encontramos traducida como el/la novio/a de alguien o como el/la amante de alguien. Pero, por lo que tengo entendido, no son pocas las trampas semánticas que tiene el japonés, donde el significado de las palabras depende mucho del contexto. Y ese koibito de Sputnik, puede ser tanto la persona a la que ama Sputnik, como la persona que está enamorada de Sputnik. Sin que necesariamente ambas sean la misma persona. Y sin que exista una correspondencia precisa en los sentimientos entre esas tres personas. No sé si la intención de Murakami con ese título habrá sido la de jugar con esa ambigüedad, pero a mí me parece que sí,… o que es un ambigüedad que vamos a encontrar a lo largo de la novela.

Pasearemos por distintos paisajes del archipiélago japonés para ilustrar esta historia, cuyos escenarios alternan Tokio con París, Italia, una ciudad suiza no mencionada, pero que parece Montreux (a orillas del Lemán y con un festival de jazz… dime tú), y las islas griegas del Egeo.

El Sputnik del título es Sumire, un joven veinteañera, que pretende ser escritora, de vida un tanto desastrada, que es amada sin ser correspondido más allá de una sincera amistad por el discreto K., otro joven algo mayor que ella. Pero Sumire, a su vez, se ve arrastrada sin remedio a una admiración y amor sin reservas hacia Myū, una mujer de mediana edad, cercana a los cuarenta años, muy atractiva (cada vez que pienso en el cabreo que se llevarían hoy en día, 20 años después, muchas personas de esa edad si les dijeran que son personas de mediana edad, en una época de adolescencia perpetua…). Pero tampoco queda claro que, más allá de ofrecerle un trabajo y una salida al mundo y una cierta amistad, que
Myū corresponda a la joven Sumire. Un viaje a Europa de ambas mujeres romperá el precario equilibrio entre los tres protagonistas de esta historia.

Leí un comentario en Goodreads de una lectora de este libro en el que venía a decir que le había parecido una narración excelente, pero se quejaba de que Murakami contaba siempre la misma historia, lo cual disminuía notablemente su valoración del libro. ¡Cuántas veces he oído o leído expresiones semejantes de otros autores! Ciertamente, los elementos habituales de las novelas del japonés está presentes. Un hombre despistado, afectado por la ausencia de una mujer o por no ser correspondido en su amor. Mujeres interesantes, atractivas, con un halo de misterio, aparentemente inalcanzables. La música, la comida, la bebida. Y un entorno fantástico que se confunde con la realidad que nos rodea, que se funde con ella. Todo está ahí. Lo bueno está en cómo lo cuenta y cómo va presentando variaciones sobre un mismo tema, de modo que a mí no me cansan.

Este libro me sumergió inmediatamente en su historia. Las historias personales de los protagonistas, la descripción de sensaciones y ambientes, la existencia de mundos paralelos, multiverso literario que en esta ocasión es llevado hasta sus últimas consecuencias. Metáforas del hecho de que en la sociedad actual todos, o muchos de nosotros, andamos desubicados, con la sensación de que en alguna parte hay un lugar para nosotros, pero no en este mundo en el que vivimos. Y algo inapelable; siento que Murakami es de los escritores que entiende mejor que muchos el interior del hombre (masculino) moderno, con sus/nuestras inseguridades, su/nuestra desubicación en un mundo que marca unos estándares difíciles de alcanzar, y que llevan a una soledad que no siempre es aparente.

Son muchos los aspectos que se podrían comentar de este relato. A mí me ha sabido a poco. Cuando terminé, tenía ganas de más. De saber más de Sumire, de Myū, de K., de la novia de K, de Zanahoria, el hijo de esta,… del hombre que aterrorizó a Myū… O quizá le corresponda a cada cual el rellenar la incompletitud de las historias de Murakami. Muy recomendable.

[Recomendación fotográfica] Museos de fotografía y sus artistas invitados

Fotografía

Echo de menos la existencia en España de museos de fotografía. Sólo tengo localizados dos, que no he tenido oportunidad de visitar. Uno es el Museo de Fotografía de Huete en la provincia de Cuenca, no es fácil llegar, no pilla de paso a casi ningún sitio,… y el otro es el Photomuseum de Zarauz, que no existía cuando visité esta villa guipuzcoana hace… veintiocho años en abril. Así que lo más probable es que uno acabe visitando este tipo de establecimientos cuando viaja por el extranjero.

Ayer caminé entre el puente de Santa Isabel sobre el río Gállego hasta su desembocadura, y más allá del azud sobre el río Ebro. Y aunque los árboles están deshojados todavía, todo indica que la primavera está llegando este año a marchas forzadas.

He visitado varios en Europa. Todos tienen características similares. No suele haber exposiciones permanentes, al estilo de los museos de bellas artes tradicionales. Puede que tengan una exposición temporal con obras extraídos de sus fondos propios, y basan su oferta expositiva en la obra invitada de diversos artistas u otras instituciones. Los conozco en Suiza, Francia, Holanda, Suecia,… en una diversidad de lugares. Casi todos tienen alguna cuenta en redes sociales, más o menos activa. Y es frecuente que, si tienen cuenta en Instagram, inviten a artistas a seleccionar obra propia o de otros artistas para la cuenta del museo durante unos días. Vamos a hacer un repaso de los recientes.

Fotografiska, en Estocolmo (Suecia). Un lugar estupendo. El mejor, o de los mejores. Estos días atrás tenía como artista invitada a Jens Johnsson, con fotografías que reflexionan sobre la paternidad. También a Alison Jackson

También han tenido a Alison Jackson, reflexionando fotográficamente sobre lo que es verdad o mentira, o lo que parece verdad sin serlo.

El Museum für Photographie Braunschweig no deja en manos de los fotógrafos su cuenta de Instagram, pero no deja de anunciar oportunamente a los que exponen en sus salas. Como todos los demás, claro. Este no lo he visitado todavía. La próxima vez que vaya por Alemania, si me pilla de paso… Ahora que caigo, yo he transbordado alguna vez de tren en la estación de Braunschweig… pero no tengo ni idea de cómo es la ciudad.

En la Maison Européenne de la Photographie han confiado su cuenta de instagram a la española Coco Capitán… que según creo está establecida en Londres. Como otros. Muy multidisciplinar esta artista… y un poco demasiado comercial en algunos aspectos para mi gusto. Pero es muy apreciada en no pocos ambientes artísticos.

Photography of China no es exactamente un museo. Más bien una revista en línea. Pero también cede su cuenta en instagram a los artistas invitados. Últimamente se ha tratado de @dengzhang456… no han publicado todavía el artículo sobre este artista en sus páginas virtuales, así que no sé como se llama exactamente. ¿Deng Zhang? Supongo.

Si en un futuro voy incorporando nuevos museos o instituciones con prácticas similares, la de ceder sus cuentas en redes sociales a los artistas, los iré trayendo aquí. Pero hay más cosas.

Magnum Photos nos ha trasladado de la mano del fotógrafo taiwanés Chien-Chi Chang, residente en Austria, al plató de rodaje de Alfonso Cuarón para Roma. Una película cuya dirección de fotografía se atribuye al propio Cuarón, premiado por esta categoría en los Oscar de este año. Pero que se ha rodeado de polémica, por el no reconocimiento de Galo Olivares como codirector de fotografía de la película, a pesar de que en algunas hojas técnicas del rodaje aparecía como tal. En los créditos aparece como operador de cámara. Si es verdad que su labor fue más allá, una cutrería por parte de Cuarón, que anda sobrado de prestigio como para no repartir un poco los méritos.

Quiero participar en un concurso de fotografía, y tengo fotografías que se ajustan al tema del mismo, pero realizadas con cámaras de película fotoquímica tradicional. Pero las bases indican que es concurso de fotografía digital. Mentiría si no reconociese que es algo que me tiene ligeramente “rayado”… ligeramente, nada grave. Al fin y al cabo, cada concurso es libre de organizarse como crea conveniente. En Lenscratch, mientras tanto, nos ofrecen los premiados de un concurso reservado exclusivamente para la fotografía con película tradicional, con algunas fotografías absolutamente excelentes. Pero soy de los que piensan que fotografía sólo hay una, y lo demás son técnicas fotográficas. Y cada uno se expresa con la que cree conveniente.

Finalmente, en el canal de Youtube de The Art Assignment han dedicado su último vídeo a un análisis de una obra de arte. Y esa obra de arte es una fotografía de August Sander. Y han hecho un trabajo magnífico. Lo he visto ya cuatro veces, y estoy emocionado. Os lo dejo puesto.

[Cine] Can You Ever Forgive Me? (2018)

Cine

Can You Ever Forgive Me? (2018; 11/20190227)

Nos fuimos esta semana, a una hora un tanto intempestiva para ser entre semana, a ver la versión original de la última película de Marielle Heller, directora poco conocida para mí, y que en versión doblada lleva el título ¿Podrás perdonarme algún día?. El principal atractivo de la película era las interpretaciones de sus protagonistas, que se habían comentado como muy notables.

La película nos cuenta un momento en la biografía de la escritora norteamericana Lee Israel (Melissa McCarthy), que durante un momento de bajón considerable en su vida y en su capacidad creativa, decide falsificar cartas de personajes famosos, gracias a su habilidad para imitar el estilo literario de los mismos, con la ayuda de un pícaro de la comunidad gay neoyorquina, Jack Hock (Richard E. Grant).

El Nueva York de principios de los noventa del siglo XX es el escenario de la acción, con su bibliotecas, sus librerías, y sus calles en general.

La película tiene algo más que unas buenas interpretaciones. Con una cadencia pausada, pero con si perder el ritmo, con una realización poco arriesgada, pero muy competente en los aspectos visuales, y con una banda sonora muy popular, pero con una selección de piezas de calidad, nos lleva por un drama muy consistente, en el que se exploran diversos temas como la amistad, la confianza, el bloqueo creativo y la ética del creativo. También hay una crítica clara al mundillo del coleccionismo.

Efectivamente, las interpretaciones son de primer nivel, tanto por parte de la protagonista y su socio en la pillería, como algunos de los secundarios que salpican la cinta. Hay algún momento interpretado por Dolly Wells que te deja el ánimo realmente tocado, cuando se enfrentan dos formas totalmente distintas de confiar y de, probablemente, querer.

No podemos asegurar nada sobre la veracidad de todo lo que se nos cuenta. Está basada en una autobiografía de la propia Israel, en la que quiso sincerarse sobre esa negra época de su vida. Pero aun así, nunca sabremos hasta que punto realmente se sinceró. Pero a mí la película me vale. Me gustó en el momento que salimos de la sala de cine, y la sensación de satisfacción ha aumentado con el paso del tiempo. Mejor que varias de las favoritas a los Oscar que había visto recientemente.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Libros de fotografía] Exit, fotografía con película tradicional y Japón a los ojos de los europeos

Fotografía

Los volúmenes de la revista Exit, que va por su número 73, y parece que celebrando su vigésimo año, son verdaderos libros de fotografía sobre los distintos géneros que esta disciplina artística puede abarcar. En esta ocasión, en el número recientemente publicado, y que gentilmente me reservan cada tres meses en la Librería Cálamo de Zaragoza, el género es el Retrato de grupo/Group Portrait. Con una portada en la que vemos un peculiar retrato de grupo, un retrato de su familia, realizado por el japonés Masahisa Fukase, nos introducimos en un mundo que es mucho más rico de lo que podíamos llegar a imaginar. Desde el retrato con posado tradicional, que podemos encontrar como recuerdo familiar, en una reunión de amigos, en un lugar de trabajo, hasta grupos de personas que escenifican para nosotros un momento, una situación, o grupos espontáneos recogidos en las calles, en sus quehaceres. Otros nombres que encontraremos en este número son los Seydou Keita, Helen Levitt, Francesco Jodice, Rineke Dijkstra, Nicholas Nixon, o los españoles Germán Gómez y Carmen Calvo, esta última más artista conceptual que fotógrafa propiamente dicha, aunque se sirva de la fotografía. Y no soy exhaustivo. Sólo he mencionado a algunos que me han llamado la atención a primera vista. Lleva unas semanas sacarle jugo a todo un número de esta revista.

Fotografías no complejas, en vertical y en color, de un paisaje físico y humano… remedando a mi estilo las formas de Jitka Hanzlová.

Desde hace unos años, sigo el canal de Youtube del chileno (si no me equivoco) Eduardo Pávez Goye (instagram). Cuando yo conocí este canal lo hice atraído por su especial dedicación a la fotografía con película tradicional. Fundamentalmente, fotografía documental de calle. Y en sus vídeos nos muestra fundamentalmente cómo afronta esta tarea, con distintos modelos de cámara y distintos materiales sensibles. Lo conocí en 2016, cuando esta en medio de un proyecto personal, 30 rolls in 30 days, que desarrolló durante el mes de agosto de ese año. Su canal está fundamentalmente en inglés, aunque subtitula al castellano. Durante la mayor parte de este tiempo lo he conocido residiendo en Inglaterra, aunque ahora se ha mudado a Nueva York. Os dejo como muestra uno de sus pocos vídeos en castellano.

El caso es que ha publicado un par de pequeños libros, prácticamente revistillas. Una de ellas, A Parade of Strangers, contiene una selección de fotos de ese proyecto de exponer 30 rollos fotográficos en 30 días. El otro, Several Hours Ahead, es una selección de los 23 carretes de película que expuso durante una estancia de dos semanas en Tokio. Sus fotos me gustan. Aunque en principio quizá no tanto como para comprar estos dos libros. Pero hace unos días anunció que iba a hacer una liquidación de su tienda en Etsy radicada en el Reino Unido, debido a su traslado a EE. UU., y que por lo tanto hacía un importante descuento en ambos libros. Y me pareció interesante, porque además me ayuda a tomar ideas para mis futuros libros de fotografía. Aunque sean para mi uso personal.

Finalmente, hace un par de semanas me llegaron noticias de un libro de la fotógrafa checa Jitka Hanzlová. Conocí la obra de esta fotógrafa por su exposición en la sala de exposiciones Azca de la Fundación Mapfre en Madrid, hoy en día cerrada en favor de la situada en la calle Bárbara de Braganza. Y la verdad es que me gustó mucho; compré el catálogo de aquella exposición. Pues bien, el libro que me llamó la atención es Cotton Rose, y tiene ya sus años, puesto que se publicó en 2009 en un original en francés. Forma parte de una iniciativa, un proyecto llamado European Eyes on Japan/Japan Today. En este proyecto se va invitando a una serie de fotógrafos para que capten con sus cámaras lo que entienden que es la esencia de las distintas prefecturas en las que se divide el país nipón. Gifu es la prefectura en la que, en estancias en los años 2004 y 2006, la fotógrafa checa desarrolló su trabajo. El libro que he comprado es una edición actualizada en 2017 de la editorial Steidl con textos en inglés y en alemán. Fotografía en color, preferentemente en formato vertical, que incluye paisajes, tanto naturales como urbanos, como retratos de las personas que los habitan. Fotografías poco llamativas, pero que en su conjunto nos hablan de un paisaje natural y humano.

[Cine] El cine y lo “políticamente correcto”

Cine

Este año no nos hemos preocupado en absoluto por los Oscar. Quien bucee en los años anteriores de este Cuaderno de ruta, verá que le he dedicado un tiempo cada año ha hablar de mis favoritas y de quien me gustaría que ganase, que pocas veces coincide con los ganadores finales.

Pero este año, hubo una película que partía con muchos números para ser muy premiada. Y tras verla, nos gustó sólo a medias, dijimos, ¡que le den! a la temporada de premios yanqui. O de cualquier lado.

Creo que unas cuantos fotografías en blanco y negro darán un idea de por donde iban mis preferencias en la cosa esta de los Oscar.

Pero tras la entrega de los Goya y los Oscar, se ha puesto de manifiesto un fenómeno que no es nuevo, pero que en esta ocasión te asalta el corazón de forma inquietante. Las dos películas son, fundamentalmente, películas “políticamente correctas” y de “buen rollo”. No molestan a nadie, mucho pensamiento positivo, y critican situaciones más o menos injustas, pero sin hacer mucha sangre.

La película española ganadora del Goya ya me pareció en su momento decepcionante. Había un tema de fondo (en inglés, que es mucha más extenso en su explicación que en español) para hablar sobre el deporte de personas con discapacidad, con humor y comicidad o sin ella, pero para establecer un crítica y un fondo de reflexión profundo en nuestra sociedad, lastrada por una serie de lacras. La corrupción en distintas esferas de la vida social y política entre ellas. Pero se perdió una oportunidad, y se quedó en una película de “buen rollete”, pero muy simplona, más superficial de lo que parece, y, cinematográficamente hablando, con los méritos justitos.

La película norteamericana ganadora del Oscar tiene méritos cinematográficos muy superiores. Es una buena película, con excelentes interpretaciones. Pero no me parece que tenga el empaque para el premio gordo. Y desde luego, entre sus competidoras directas, y otras que no lo fueron, había opciones más interesantes. Aunque las más interesantes competían fundamentalmente en la categoría de mejor película de habla no inglesa, una categoría que, en promedio, suele tener más calidad que el premio gordo. Además, la candidatura de uno de sus protagonistas al premio de mejor actor en papel secundario me parece “fraudulenta” hasta cierto punto. Su papel es tan protagonista como el del actor considerado como protagonista en esta película. Esta es una estrategia reciente frecuente para premiar a actores y actrices de minorías “raciales”. Entre comillas, porque me sumo a los que opinan que el concepto “raza” no tiene base científica, y desde luego no en la especie humana, en la que la variabilidad entre individuos es muy baja. Esto no deja de ser una de las trampas de lo “políticamente correcto”. Para conseguir paridad en la foto de los intérpretes premiados, recurren a una trampilla. Entendámonos, el trabajo de Ali es excelente, en esta y en otras películas. Un actorazo. Pero debería haber competido como protagonista.

Y entonces, ¿qué pasa? Que si es cine es un arte, debería de ser libre como todas las artes. Y las mejores realizaciones de las artes surgen cuando hay conflicto, cuando hay transgresión, cuando se rompen los cánones establecidos, cuando hay confrontación con el statu quo. Y eso no puede suceder nunca bajo la tiranía de lo “políticamente correcto”. Para poder cambiar algo, hay que molestar necesariamente a alguien. A veces, incluso, hay que molestar a aquellos más desfavorecidos para que reaccionen ante la injusticia. Hay que provocar. Si no… no nos olvidemos que lo que distingue las distopías orwellianas del resto no es la violencia, la represión física, aunque exista. Lo que las caracteriza es el control del lenguaje, el reduccionismo conceptual a lo aceptable políticamente. Piensen en ello, si lo consideran oportuno.

[Libro] El dios asesinado en el servicio de caballeros

Literatura

El libro que comento esta semana tiene algunas cosas en común con el de la semana pasada. Es una recomendación que he encontrado repetida en diversos sitios por internet. Me apareció de oferta, muy ventajosa en su momento. Me llamaron la atención las premisas de partida de la historia, lo que la sinopsis o presentación del libro proponía.

Las diferencias más notables con el anterior es que hace más de dos años que lo adquirí, y hasta ahora no había encontrado un momento adecuado para leerlo. Prácticamente se me había olvidado. Que es un autor español, Sergio Sánchez Morán. Y que su origen está en los blogs de internet. De hecho, su autor participa o participaba en El Vosque, una historieta en línea que seguí durante un tiempo, me hacía gracia, hasta que me cansé.

Esta novela de detectives es el primer libro de una serie sobre una detective privada que reside en Barcelona, de nombre Verónica Guerra, pero conocida en su mundillo como Parabellum. Y lo que tiene de particular es que se define como “detective paranormal”. Es decir, que sus casos tienen que ver con fantasmas, vampiros, personajes de las distintas mitología,… seres sobrenaturales y preternaturales. En este primer caso que conocemos de ella, tiene que librarse del cadáver de un dios que ha aparecido muerto en el servicio de caballeros de un pub que frecuentan este tipo de criaturas. Pero que pronto se va a complicar de forma notable, como es propio y natural en el género detectivesco.

Pues sí… aunque hay un rato que rulan por Logroño o Burgos, ya no me acuerdo bien,.. casi todo pasa en Barcelona. Así que las fotos, de Barcelona.

Sánchez Morán intenta recuperar para su detective las claves habituales de los detectives más tradicionales y de rancio abolengo del género. Pero lo mezcla con un humor o comicidad de carácter costumbrista muy hispana. Y aquí comienzan los problemas del libro. El carácter principal puede valer y podrías llegar a empatizar con él. También con algunos de los secundarios. Pero lo que acaba cansando es el humor de chascarrillo, de símil o metáfora graciosetes, que te levanta una sonrisa, en los momentos más afortunados hasta una ligera carcajada, pero que cuando tiene una densidad de varios por página o por capítulo, acabas hasta allá. Y empiezas a pensar que el escritor no tiene recursos suficientes para mantener la comicidad que plantea sin recurrir constantemente a este recurso lingüístico. Y así, poco a poco la novela empieza a perder fuelle, se va diluyendo en los tópicos del género, comienza a ser previsible, y al final la terminas porque no es muy extensa y porque no hace falta hacer mucho esfuerzo para leer, incluso un poquito en diagonal, el fast food literario que te ofrecen.

Me podría dar por filosofar sobre si el papel de los editores es mucho más importante de lo que pensamos a la hora de cribar lo que se publica. Que internet tiene muchas cosas interesantes, pero tiene mucha más morralla y ruido de fondo. Pero unos cuantos se me ofenderían,… porque ya me ha pasado. Sólo diré, que una y no más. Que para mí se acabaron las aventuras de Verónica Guerra Parabellum, casi tan rápido como empezaron. Y que cada vez soy más reacio a atreverme con este tipo de literatura que tan espontáneamente surge de la red de redes. Porque acabo con una sensación de pérdida de tiempo tremenda. Y es una pena, porque seguro que por ahí hay alguien escribiendo cosas importantes y no consigue llegar al público que se merece.