Cine – Chien 51 (2025)

Cine

Fotografías realizadas en París… como no podría ser de otra forma dado el tema de la película. También en versión Substack.

Chien 51 (2025; 20/20260430)

A punto de pasar al modo “solo fotos” durante unos cuantos días, si la tecnología no lo impide, cerramos esta temporada cinematográfica del primer tercio de año con la cartelera zaragozana, francamente, muy poco interesante. No obstante, nos arrancamos a ver una película francesa, en la que los vecinos del norte deciden especular con las distopías asociadas a las inteligencias artificiales.

Dirigida por Cédric Jimenez y protagonizada por Gilles Lellouche y Adèle Exarchopoulos, nos traslada a un futuro no muy lejano en la que la sociedad parisina, presumiblemente la de toda Francia, se encuentra estratificada en zonas físicamente separadas, siendo la zona 1 la de los gobernantes y gentes con privilegios, la zona 2 la de la clase media alta con algunos privilegios, y la zona 3… la chusma. Y luego están los que contestan al sistema moviéndose en la clandestinidad. Para controlar el orden y la seguridad, y para ejercer la justicia, una inteligencia artificial, ALMA, guía a las fuerzas de policía. Pero el asesinato del creador de esta IA hará temblar el sistema, especialmente cuando se pongan a investigar un viejo policía de la zona 3 y una joven policía de la zona 2.

Supongo que cualquier parecido de la estratificación en tres niveles similares a los de 1984 es “pura coincidencia”, o la sustitución del “hermano mayor” por “ALMA”. Y alguna otra cosita. Y un sistema judicial gobernado cibernéticamente, como si no lo hubiéramos visto ya en el cine americano. Sinceramente, aunque la película se deja ver, no deja de ser un pastiche con mucha menos sustancia de la que pretende, ya que carece de auténtica reflexión sobre las cuestiones de base, limitándose a plantear una peripecia de acción en la que las relaciones entre los protagonistas se presentan de una forma un poco forzada. Con intérpretes que hacen lo que pueden, pero que en general están fríos. Y eso que son gente con oficio.

Aprueba esta película por los pelos. Muy por los pelos. De hecho sólo me atrevería a recomendarla a gente que le interese el género. Película que si la oferta hubiera sido un poco más variada, o con horarios que nos convinieran más, muy probablemente, no hubiéramos visto. Pero es lo que hay.

Valoración:

Dirección: ***

Interpretación: ***

Valoración subjetiva: ***

Libro – La otra vida de Ned Blackbird – Alexis Ravelo

Literatura

La historia transcurre en una ciudad española ficticia, con mar, previsiblemente en el sur del país. Quizá en las Canarias. En cualquier caso, la representaré con las calles de Santa Cruz de La Palma. También en versión Substack.

Llevo mucho retraso en el comentario de libros leídos. Estamos casi a finales de abril y voy todavía por libros leídos a principio de marzo. Pero vamos con esta novela con tonos de realismo fantástico del canario Alexis Ravelo (1971 – 2023). Escritor fallecido muy prematuramente con sólo 51 años. Hay que cuidar esa salud cardiovascular, gente.

Con esta novela quiero aprovechar para comentar ligeramente el problema de las expectativas creadas. No había leído yo nada de Ravelo hasta este libro. Había oído hablar de él, y tenía alguna curiosidad. Pero una ferviente recomendación de alguien cuya opinión respeto, que sabe que tengo cierta afición, con moderación, al realismo fantástico, me hizo coger esta novela con ganas y expectativas altas.

En esta novela hay un narrador, un colega de trabajo, un profesor de universidad, al igual que el protagonista, que nos cuenta lo que pasó con el protagonista de la historia. Y constantemente nos va levantando unas expectativas sobre la historia y el destino del personaje. También un profesor de universidad, viudo recientemente, y con un duelo no resuelto, que se traslada a una ciudad costera para cubrir una baja durante un año, y alquila un piso que ocupo una señora mayor ya fallecida. Y en el que quedan, en una habitación, algunas posesiones de la antigua inquilina. Una noche empieza a escuchar el tecleo de una máquina de escribir, extraña situación en los tiempos que corren. A partir de ahí comienza una investigación entre las posesiones de la mujer que pondrá al descubierto su segunda y secreta vida como escritora de novelas del oeste. De las que se estilaban en el franquismo. Y el profesor entrará en una espiral obsesiva, en la que al final no sabrá si su vida es suya o es una invención.

Como decía, he tenido una problema de expectativas con este libro. Las expectativas que me despertó la persona que me lo recomendó, y las que genera el narrador sobre el destino del personaje. El problema es que al final, la conclusión de la historia,… me dejó frío. No voy a comentarla para no destripar la historia. Pero sentí más una sensación de anticlímax que otra cosa.

El libro está bien escrito. Se lee bien, con fluidez. Pero eso no quiere decir que sea una escritura simplona como muchos libros que “se leen bien”. Tiene un buen nivel literario en mi opinión. Y el planteamiento inicial de la historia, cómo van entrando inicialmente los distintos personajes en acción, resulta prometedora. Pero en algún momento, hacia el último tercio… me despegué de esta historia. Y me costó terminarla. Cosas que pasan. Pero en general está bien valorada por la mayor parte de los lectores. Aunque yo la he dejado en Goodreads en 3/5, la puntuación media es de 4/5, que no está nada mal. Así que, allá cada cual

TV – Las primeras cinco temporadas en la «Ciénaga»

Televisión

Fotografías realizadas en el entorno de Regent’s Park y Primrose Hill en Londres, que aparecen con frecuencia en la serie. También disponible en Substack.

No soy muy dado al género de espías. Soy consciente que hay cosas muy interesantes, tanto en literatura como en el cine y televisión. Aunque estos dos últimos medios beben de los libros con frecuencia en este género. Pero reconozco que de vez en cuando se encuentran cosas estupendas en él. Ahora no me pondré a enumerar, pero hay unas cuantas que me gustan. Aunque generalmente son las que se salen de los caminos más trillados y del tópico.

Cuando en 2022 Apple TV estrenó Slow Horses vi el primero episodio. La serie me atrajo más por su reparto y por su británica factura que por el tema en sí mismo. El problema es que ese primer episodio y medio que vi no eran representativos necesariamente de la serie. Sí. Estaban bien hechos, bien interpretados… pero a priori no me interesó mucho. Y no seguí. La abandoné, sin apenas darle una oportunidad.

Cuando en enero decidí cancelar mi suscripción a Netflix, empecé a revisar los catálogos de las plataformas que me quedaban. Y me volví a encontrar con esta serie, que a estas alturas había acumulado cinco temporadas y un total de treinta episodios. Cada temporada una adaptación de uno de los libros sobre este universo del escritor británico Mick Herron. Y con unas valoraciones acumuladas, tanto de la crítica como del público, más que impresionantes. Consenso general sobre la calidad de la serie. Para muchos una de las mejores del momento.

Así que decidí que al menos tenía que terminar una temporada antes de decidir si le daba de nuevo carpetazo o no. Al fin y al cabo son temporadas de sólo seis episodios, que duran menos de una hora, muchas veces más cerca de los 40 o 45 minutos que de los 60. Las aventuras, o más bien desventuras, de los desechos del MI5, el servicio secreto británico de protección nacional, capitaneados por el cutre y borracho interpretado magistralmente por Gary Oldman, mientras juega a un peculiar tira y afloja con la número 2 del servicio secreto interpretada, no menos magistralmente por Kristin Scott Thomas.

Porque, claro está, siendo una serie británica, uno de sus principales activos es la impecable interpretación de unos actores y actrices con oficio para dar y vender. Pero a eso hay que añadir el tono de la serie. El tono y los impecables guiones. La serie es una sátira del género. El personaje que interpreta Oldman no puede dejar de recordar al famoso Smiley de John Le Carré. Pero siendo una sátira, y pensando que podría tener un tono de comedia por los desastres en los que se ven involucrados los agentes de la ciénaga, mantiene un tono de drama, cuando no de tragedia, salpicado de vez en cuando de un humor irónico y ácido. Lo que decía. El tono de la serie es fundamental en su atractivo.

Unos desastrosos agentes que al cabo terminan por resolver cada una de las crisis. A veces incluso a pesar de ellos. Pero a los que nunca se les reconocerá el mérito. Porque toda organización “seria” necesita a quién cargarle el muerto de los desastres que son más propios de la propia organización y de sus líderes que de esos agentes desastrados. El extremo llega en la quinta temporada con ese número 1 interpretado por el inolvidable Gaius Baltar (James Callis) de Battlestar Galactica, el epítome de la designación absurda de los liderazgos de las organizaciones cuando están condicionada por la política.

Si a todo lo anterior sumamos las importantes dosis de crítica social y política que, aunque aplican principalmente al decadente Reino Unido que tan tristes espectáculos ha ofrecido en los últimos quince años, se puede extender a cualquier otro país de la Europa occidental y sus derivados en otros continentes, tenemos una serie que, efectivamente, es de lo mejor que hay en estos momentos, me atrevería a decir que imprescindible. Y un ejemplo más de que, en general, Apple TV intenta apostar más por la calidad que por la cantidad. Y eso está bien.

Cine – La grazia (2025)

Cine

Fotografías realizadas en Roma en la Semana Santa de 2018. Entrada disponible también en Substack.

La grazia (2025; 17/20260409)

A estas alturas, si nos dicen que se estrena una película dirigida por Paolo Sorrentino y protagonizada por Toni Servillo,… pues poco hay que pensárselo. Hay que ir a verla. Luego podrá convencer más o menos. Pero Sorrentino rueda bonito y rueda con intención, y el veterano actor italiano es uno de los mejores intérpretes del momento.

Sorrentino nos lleva al palacio del Quirinal, residencia oficial del presidente de la República Italiana. Allí encontramos al presidente (Servillo), jurista de reconocido prestigio, al que le quedan seis meses para cesar en su mandato. Ya no tiene la potestad de disolver las cámaras parlamentarias, y tiene que ir cerrando asuntos. Y entre estos dos; la firma de la ley de eutanasia, hacia lo que tiene un dilema moral por ser un convencido católico, y el estudio de dos decretos de indulto. Uno hacia una mujer que mató a su marido de 18 puñaladas, y otro para un hombre mayor que asfixió a su mujer enferma de Alzheimer y con grave sufrimiento. Mientras, sobre sí pesa el recuerdo y el duelo por su esposa fallecida. Y la relación con sus hijos.

En lo formal, como es habitual, la puesta en escena de Sorrentino es absolutamente impecable. El cine del director italiano tiene gran belleza, al mismo tiempo que una realización precisa, milimétrica, en lo que no hay detalles sobrantes, en la que la propia puesta en escena forma parte del relato, de la información que se nos trasmite sobre lo que pasa por la mente de los personajes y lo que está sucediendo, muchas veces más allá de lo que se dice en los diálogos.

Estos, siempre con una mezcla de seriedad y humor, con su punto de ironía, pero sin desprestigiar la gravedad de los temas, recaen sobre un reparto, con Sevillo a la cabeza e imprescindible, que se encuentra en estado de gracia, como el propio título de la película. Aunque este título tiene más que ver con el concepto de perdón que otra cosa. En el sentido más amplio del concepto.

Para mí, una de las películas de Sorrentino que más me han llegado. Quizá, analizando de forma racional, no sea la mejor, a pesar de su innegable calidad. Pero es la que más me ha calado a mí personalmente. Y en cualquier caso, es más que recomendable para cualquier auténtico amante del séptimo arte.

Valoración:

Dirección: ****
Interpretación: *****
Valoración subjetiva: ****

Cine; Amarga navidad (2026)

Cine

Fotografías de La Palma, islas Canarias. No es la isla volcánica del archipiélago que sale en la película, pero habrá de valer a efectos de ilustrar esta entrada.

Amarga navidad (2026; 15/20260323)

Sólo un día después de ver la película de animación que comenté el domingo, nos vamos a una sesión tempranera de un lunes para nuestra periódica dosis del cine de Pedro Almodóvar. Lo diré de entrada, con excepción de un par de películas francamente fallidas, que no deberían ser, el resto de la cinematografía del manchego me parece interesante. Quizá no todas las películas me gusten lo mismo, seguro que no. Algunas incluso me parecen flojas. Pero quitando esas dos excepciones que nunca he soportado, esta y esta, todas tienen algo interesante. Y por eso seguimos yendo cada vez que se estrena una de sus películas, incluso si no hemos sabido a priori nada sobre lo que vamos a ver.

En esta ocasión, sinceramente no sabía de que iba la película antes de ir a verla, aunque sí que sabía que las opiniones de la crítica estaban divididas. Pero que entre las opiniones negativas estaban las de los críticos, o voceras, del cine que me parecen más cretinos, así que… ni caso. Almodóvar nos lleva al cine dentro del cine. Dos historias en paralelo. Un director (Leonardo Sbaraglia) escribe un guion al mismo tiempo que algunos cambios se producen alrededor, el principal del cual que su principal asistente colaboradora durante 20 años (Aitana Sánchez-Gijón) se toma un permiso indefinido. La otra, es el guion que va escribiendo, una mujer (Bárbara Lennie) que hizo alguna película en su momento y que ahora se dedica a la publicidad, sufre ataques de ansiedad, cuyo origen no está claro.

En esta película, que comparte la riqueza visual y de diseño que es habitual en la realización del director, Almodóvar habla fundamentalmente de si mismo. Del proceso creador, de cómo va “robando” de las gentes y los acontecimientos que vive y le rodean para crear sus personajes y sus situaciones, de cómo puede unas veces acercar y otras alejar a las personas que le rodean, la potencial incompatibilidad entre el proceso creativo y el respeto a la intimidad de otras personas… una serie de facetas que suponen una reflexión y una buena dosis de autocrítica.

Cuenta con un reparto sólido y bien plantado; Sbaraglia y especialmente Sánchez-Gijón están recibiendo muchas alabanzas, aunque yo valor más el trabajo de Lennie, quizá con un personaje más ingrato. Pero esta actriz, siempre que la he visto en una película digna me ha parecido que ha hecho un gran trabajo; mucho oficio tiene. Y otros que no he nombrado, pero que contribuyen al buen tono general del elenco.

He de decir que no ha sido una película que nos enamorara de entrada. Es de digestión progresiva. Al igual que el guion que escribe el director ficticio, la historia de la ficción dentro de la ficción va dando algunos tumbos, hasta que se va afianzando lo que se quiere contar. Pero al final, el conjunto de la película cuadra. Y cuadra muy bien. Como hace tiempo que no sentía en una película de Almodóvar, dejando a un lado la película anterior, que me parece un paréntesis, un interesante paréntesis, en la trayectoria general del director. Me parece una película muy recomendable. Salvo que seas de los muchos españolitos que parten ya del prejuicio de que “a mí no me gusta Almodóvar”… que ahí… pues da igual.

Valoración:

Dirección: ****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ****

[Cine] Zuǒpiēzǐ nǚhái [左撇子女孩] (La chica zurda) (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. En las animadas calles de Taipéi.

[Cine] Zuǒpiēzǐ nǚhái [左撇子女孩] (2025; 08/20260209)

Esta película, que fuimos a ver en parte por casualidad, en parte por curiosidad, ha resultado ser una de las sorpresas cinematográficas más agradables de la temporada. Dirigida por Shih-Ching Tsou, guionista y directora taiwanesa, pero que ha trabajado habitualmente en Estados Unidos, de donde tiene también la nacionalidad, fue presentada por Taiwán como candidata a mejor película en lengua no inglesa a los Oscar, alcanzando la lista corta de candidatos, pero no la lista definitiva de cinco películas que optan al premio. Muy buenas tienen que ser las otras…

Tsou nos lleva a las calles de Taipéi, donde una madre soltera (Janel Tsai) con dos hijas, una de unos 20 años (Ma Shih-Yuan), la otra de 5 ó 6 (Nina Ye), de distintos padres, llega para instalarse en la capital taiwanesa, abrir un puesto de comidas en uno de los típicos night markets de la ciudad e intentar salir adelante como buenamente pueda. Aquí se encontrarán con distintos problemas. Los relacionados con los pagos de los alquileres, los relacionados con los problemas con los familiares, los relacionados con los problemas de los romances, los problemas con las relaciones entre las tres mujeres… Y la más pequeña, que acaba de empezar su escolarización, los relacionados con el hecho de que es zurda, y su abuelo, un carca de mucho cuidado, le cuenta que no debe usar la mano izquierda porque es la mano del diablo.

Aunque Tsou dedica tiempo a las tres protagonistas de la película, los principales puntos de vista que escoge son los de las dos hermanas, alternando las áspera realidades de la mayor, una chica inteligente y atractiva, pero cuya trayectoria quedó trastocada por algún hecho en su adolescencia del que sólo sabremos hacia el final de la película, y la juguetona (que no despreocupada) realidad de la menor. Con el fin de aportar subjetividad a la filmación, con el fin de introducirnos dentro del mundo de estas mujeres, la película está rodada con teléfonos móviles, cuyo gran angular obliga a rodar muy próximos al intérprete. A veces encima de él en la práctica. También ha servido para poder rodar en las populosas calles taiwanesas sin que las personas de alrededor supieran que allí se estaba rodando una película. Dicho lo cual, tanto la fotografía como el sonido son brillantes, muy buenos. El equipo de la película tenía claro lo que quería consegir en lo visual y en lo sonoro, y lo consiguen con muy buena nota.

Buena parte del peso de la película lo llevan los intérpretes. Todo el reparto. No solo el trío femenino protagonista. La mayor parte de los secundarios tienen su importancia. No hay personajes superfluos. Y lo hacen realmente muy bien. Mucho se ha hablado de lo bien que lo hace la pequeña Nina Ye, candidata a diversos premios en diversos festivales. Pero creo que a la que más hay que destacar es Ma Shih-Yuan, joven actriz de ventipocos años, que dota a su personaje de extraordinaria credibilidad, sensibilidad y profundidad. Es el auténtico travesaño que soporta buena parte del edificio interpretativo de la película, con algunas de las escenas más trascendentes del filme.

Tsou dirige en solitario, pero comparte la autoría del guion con Sean Baker, director estadounidense en alza, que destacó no hace mucho con una película ganadora de cinco Oscars importantes que la hicieron la ganadora de la edición de 2025. De él he visto un par de películas más, en dos de las cuales colaboró como guionista la directora de la película que comento hoy. Es decir, no es una mera película de una cinematografía exótica, que se ve con curiosidad por ese exotismo y tal. Es una película taiwanesa, pero realizada con el apoyo de la industria norteamericana, aunque sea desde sus sectores más independientes, y con intención de conseguir la atención global. Y yo creo que lo consigue y muy bien. Con ese tono a caballo entre el drama y la comedia, entre la angustia de la supervivencia y la esperanza de un futuro quizá no tan malo, entre los batacazos y la capacidad para superarse y remontar, con las revelaciones sorprendentes que nos cambian las coordenadas de la película por completo cuando pensábamos que ya la teníamos controlada y que era totalmente previsible… pero no.

Quizá no sea una obra maestra. Pero quizá eso no sea importante, porque lo más probable es que sea una obra imprescindible. Y si no es una obra maestra… quizá no le falte tanto, y quizá sea mucho más interesante que muchas obras maestras. La considero totalmente recomendable. Aunque no la va a ver mucha gente. En muchos países se estrenó directamente en Netflix este otoño pasado. Pero no en España. No sería la primera película interesante que se estrena en la plataforma, pero no llega a la sucursal española de la misma. No es algo que ya me importe, dado que ya no estoy abonado. Pero sería una pena que esta película, que poco va a durar en las salas comerciales, no esté al alcance de más potenciales espectadores.

Dirección: ****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ****

[Cine] Hamnet (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. En dos ocasiones he pasado por Stratford-upon-Avon, la patria del Bardo. Estas fotos son de la segunda.

Hamnet (2025; 05/20260126)

Probablemente, por las expectativas levantadas por la prensa y la crítica especialidad, la última película de la directora Chloé Zhao era una de las más esperadas de esta temporada. O del año. Del 2025, aunque nos haya llegado a España en enero de 2026. Es cierto que los comentarios de los primeros artículos en los que se le daba por segura ganadora de un Oscar se han enfriado por el ímpetu de otra película de gran éxito el año pasado. La tercera de las que aparecen en el enlace. Pero a pesar de ello, y teniendo en cuenta el interesante reparto de la película, yo tenía muchas ganas de verla.

Zhao nos traslada a la última década del siglo XVI, a la relación entre William Shakespeare (Paul Mescal) con la que sería su esposa, Anne (o Agnes) (Jessie Buckley), a cómo forman su familia, a como es su relación en la que la mayor parte del tiempo viven separados, uno en Londres, la otra en Stratford-upon-Avon, y a como acaban teniendo, a pesar de ello, tres hijos, de los cuales uno, Hamnet (Jacobi Jupe), varón. Y cómo este niño va a fallecer en una de las periódicas epidemias de peste que asolaron Europa, e Inglaterra en particular, en aquellos tiempos.

No podemos afirmar que los hechos que suceden en pantalla fueran reales. De hecho, con toda probabilidad, no. Es una ficción construida a partir de unos hechos. Con quien se casó el dramaturgo, cuantos hijos tuvo, cuándo y cómo murió su hijo varón, el hecho real de que principalmente vivieron separados. Esto ha dado a muchas especulaciones. Se llevaron mal; en otra película ganadora de un Oscar, también bastante ficticia, Anne era la «mala» implícita de la función. O se llevaron bien, especialmente porque cada uno vivió libremente en donde prefirió. Ni una cosa ni otra. Hamlet fue inspirado por la muerte del niño Hamnet. Al principio de la película se nos avisa que son dos grafías para un mismo nombre. Quizá hasta lo pronunciasen de forma muy similar. O no lo fue. Ha habido estudiosos que lo afirmaron y estudiosos que lo negaron. En realidad, todo lo anterior da igual.

Creo que la forma correcta de enfrentarse a la película, si es que hay un única forma correcta de hacerlo, que probablemente no sea así, es asumir la historia libres de prejuicios. Como si Shakespeare no fuera Shakespeare. Simplemente, una reflexión sobre como un padre y una madre afrontan el duelo de la pérdida de un hijo. Un hecho, por cierto, mucho más traumático en estos tiempos que en aquellos. Para los ingleses de aquella época era un hecho que periódicamente llegaban olas epidémicas de peste en las que morían el 50 % de los enfermos, el 20-25 % de la población. Y a seguir. La muerte de un hijo era un hecho habitual. Y seguramente se afrontaría con escepticismo y resignación. Pero eso da igual. La película es un estudio, artístico, libre, de la forma en que unos padres afrontan la dolorosa muerte de un hijo.

La película es hermosa. Es poética. Tiene incluso su punto de realismo fantástico. Se reivindican las distintas formas de ser de los dos cónyuges como formas complementarias de ser. Aunque unidas, primero en el amor mutuo, luego en el amor a los hijos, finalmente en el duelo. Las imágenes son hermosas, el sonido es hermoso. Y, fundamentalmente, las interpretaciones son grandes. Grandísimas. Especialmente la de Jessie Buckley, una actriz que hace tiempo que vengo apreciando muy favorablemente, y que realiza una de las más maravillosas interpretaciones que he visto en mucho tiempo, probablemente de las mejor de las que he visto a lo largo de mi vida. Si no la premian con el Oscar, que dinamiten la famosa Academia.

Película grande. Imprescindible. Difícil de comparar con esa su gran rival. Con la que me lo pasé muy bien, y que también es muy buena película. Pero creo que es superior. Creo que es la mejor película que he visto de un año a esta parte. Porque además tiene otra cosa. Es una película que ha ido creciendo en mi memoria. Que, sin volver a verla, me dejó lo suficientemente impresionado para que me vengan detalles a la memoria que hacen que todavía me parezca mejor que cuando salí del cine. La interpretación de Buckley es antológica, una obra maestra. La película,… quizá no, pero casi.

Valoración

Dirección: *****
Interpretación: *****
Valoración subjetiva: ****

[Cine] If I had legs I’d kick you (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Un paseo por la High Line en Nueva York.

If I had legs I’d kick you (2025; 05/20260121)

Un comentario rápido de esta película que vimos la semana pasada. Será rápido porque tengo poco tiempo, pero no quiero dejar pasar la oportunidad, porque estos días corro el riesgo de dejar pendientes demasiadas cosas por comentar. Así que vamos con ella. Dirigida por Mary Bronstein, de quien no recuerdo haber visto nada, y protagonizada de forma casi absoluta por Rose Byrne, es una película que probablemente es mejor de lo que la disfruté. Quizá no la vi en el momento y con el estado de ánimo de ánimo.

Una mujer (Byrne) casada, con un marido que está siempre ausente, y con una hija enferma, se encuentra de repente en la situación de tener que abandonar su hogar cuando una inundación sucede en el piso de arriba y se hunde el techo y se inunda a su vez su piso. Alojada con la hija en un motel, se encuentra con la impotencia de que los contratistas que han de arreglar el piso no trabajan. Y psicóloga de profesión, atiende en su consulta a una serie de pacientes que le incrementan constantemente su nivel de estrés. Hasta tal punto que se encuentra en un momento al borde del pánico.

Bronstein plantea los retos de la mujer casada, madre de familia y profesional, actual, de este primer cuarto del siglo XXI, que se encuentra sometida a una serie de presiones constantes para desempeñar de forma correcta sus múltiples roles, con menor nivel de tolerancia al fallo que el que se permite a otras mujeres que no asumen los múltiples roles, o a los hombres en general. Tal es la tesis. Pero lo hace llevándola al extremo, cuando todos los problemas se exacerban y se convierten en una hipérbole. Alguien ha definido la película como Rose Byrne con una ataque de ansiedad crónico.

El principal triunfo de la película, que está correctamente realizada y dirigida con ritmo, porque la situación demanda además un ritmo rápido, es la interpretación de Byrne. Una actriz que en su momento pensé que iba a dar más de sí, pero que ha mantenido una carrera constante y consistente, pero más discreta de lo que yo hubiera imaginado. Realiza su labor con algo más que oficio y consistencia, es lo mejor del largometraje. No obstante, si se planteó la película como una plataforma para el Oscar como he leído por ahí, difícil lo va a tener tras la interpretación que vi en la película que comentaré dentro de pocos días.

Globalmente considerada, es una película correcta, pero que a mí me abrumó en el exceso. Quizá esa hiperbolización de los problemas «resta» validez al planteamiento de la historia. Entrecomillo el «resta» porque estoy de acuerdo que a la mujer que pretende mantener una actividad profesional y conciliarla con una vida familiar se le exige mucho más que a los hombres en la misma situación, o a las mujeres que optan por una cosa o la otra. Pero cuando llevas las cosas al extremo corres el riesgo de que parezca que las cosas no son así. Pasarse de frenada. De todos modos, es razonablemente recomendable.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***

[Cine] Rental family (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. En las calles de Tokio.

Rental family (2025; 03/20260114)

Hace unos días me llamó la atención la llegada a la cartelera de esta película dirigida por la japonesa Hikari, con un reparto mayoritariamente japonés, salvo el protagonista… y en parte una de las actrices de reparto. Y cuya historia, por lo que se ve en el cartel anunciador transcurría en Tokio. No sabíamos gran cosa de este largometraje, pero nos picó la curiosidad. Y de lo que nos enteramos es que la acogida no había sido mala, ni por parte de la crítica, ni por parte del público. Aunque ya suponemos que no va a ser un fenómeno de masas precisamente.

Phillip (Brendan Fraser) es un actor norteamericano que lleva siete años viviendo en Tokio. Llegó para rodar unos comerciales y se quedó. Pero en los últimos tiempos le cuesta encontrar trabajo. Obviamente, para un actor caucásico las ofertas de trabajo en Japón son muy concretas y limitadas. En un momento dado le llega una oferta de parte del dueño (Takehiro Hira) de una empresa muy particular. Se dedican a impersonar familiares, novios, amantes, amigos, compañeros de trabajo… lo que sea,… ficticios en la vida de las personas con el fin que les convenga. Aunque a Phillip la cosa no le convence mucho, le parece mentir, accede a trabajar con ellos. Y dos de sus trabajos, el de padre de una niña de origen mixto (Shannon Mahina Gorman) que ha sido criada exclusivamente por su madre japonesa, y el de entrevistador de un viejo actor retirado (Akira Emoto), le llevarán a involucrarse en la vida de estas gentes más de lo que pensaba. Porque a veces es difícil separar ficción y realidad.

Irremediablemente, la película tiene un sabor que recuerda a las película de Hirokazu Koreeda. Koreeda ha realizado numerosas películas en las que ha reflexionado sobre el concepto de familia, y ha representado en sus películas todo tipo de familias, de muy distintos tipos. Algunas más «reales» que otras. Y un poco sobre eso va la cosa. Qué significan la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, los amantes. Cómo nos relacionamos. En qué medida somos honestos con ellos. Qué posición ocupan en nuestra vida. Cómo nos presentamos ante ellos, en qué medida nos escondemos de ellos. ¿Acaso no somos todos algo «actores» en nuestras relaciones con otras personas impersonando la persona que ellos creen que somos o quieren que seamos? Sobre ello nos habla la película. Pero también sobre la empatía y sobre la capacidad de relacionarnos de forma auténtica, incluso en situaciones de ficción.

Realizada de forma correctamente en lo técnico y en la dirección, la película se sostiene principalmente por la interpretación de los actores. Fraser está muy bien, emanando con su corpachón abundantes dosis de simpatía y empatía. Pero el resto también colaboran. La niña resulta bastante auténtica. El anciano actor tiene momentos entrañables. Y el conjunto del reparto está muy entonado. Pero la reflexión global que se nos propone se queda un poquito corta, un poco más superficial de lo que podría haber sido. Quizá por la dispersión de tramas. De las tramas de las personas que contratan a los peculiares actores de esta peculiar empresa. Que debe afrontarse a sus propios dilemas éticos.

Globalmente considerada, la película es recomendable. Se puede ver bien. Va un poquito de más a menos. Con un comienzo progresivo pero potente, pero para hacerse poco a poco previsible en su desarrollo y conclusiones. No obstante, yo lo pasé bien.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***

[TV] Cosas de series; turno de día en las urgencias de Pittsburg

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. Un paseo por el campus de la facultad de medicina y hospital de la Charité en Berlín. Bastante más agradable que el «hoyo» donde trabajan los protagonistas de la serie de hoy.

Cuando yo era niño, los médicos de las películas eran perfectos. Vestidos y peinados de forma impecable, ya fuera Marcus Welby, como médico de familia al estilo antiguo de toda la vida, o el doctor Joe Gannon, como infalible cirujano en un gran hospital, eran perfectos en todos los aspectos de su vida. Sí… había algunos conflictos, diversas formas de hacer que generaban el conflicto de la serie, pero todos los médicos eran gente dedicada, pulcra, de apariencia impecable. Y las enfermeras… eficientes. Ese es el adjetivo más habitual de la enfermera de aquellas series. Siempre estrictamente a las órdenes del médico perfecto, ejecutaba el tratamiento y cuidaba de los pacientes con una alto grado de precisión y eficiencia. Al fin y al cabo, los asesores médicos de aquellas seres se solicitaban a la muy poderosa A. M. A. (American Medical Association). Y si los productores no dejaban a los médicos en buen lugar, acordes al prestigio de la profesión, no colaboraban y ejercían presión en contra. Las cosas eran así. Y como la mayoría de las asociaciones profesionales médicas, véanse los colegios oficiales en España, es considerablemente conservadora y, en algunas cuestiones, retrógrada.

Pero poco a poco, en la ficción televisiva comenzaron a aparecer discrepancias sobre el modelo «oficial» tradicional. No he visto muchas series médicas. Quizá más de las que era mi intención, pero durante muchos años las evitaba… porque bastante tenía ya sobre el tema con mi entorno laboral. Pero algunas fueron obligadas. ¿Se puede afirmar que las aventuras de Joel Fleischman en un lejano pueblo de Alaska es una serie médica? Quizá no. Quizá sí. Pero no era convencional. Y quizá la primera ruptura, al menos en parte, con el paradigma fue ER, que si bien mantenía al médico como protagonista «heroico» de un servicio de urgencias razonablemente realista, hablaba también de los problemas inherentes a este tipo de servicios, al estrés, a los conflictos, a la falta de recursos… y otras cuestiones. Claro… también llegó el modelo de serie médica en el que lo que pasa en el centro hospitalario se diferencia poco de lo que pasa en un instituto de bachillerato mixto, entre dimes y diretes, amoríos, rencores… y alguna que otra catástrofe en cada temporada, durante más de veinte. O una versión cómica y paródica, pero inteligente, de lo que es un médico residente. Entre otras cosas. No mencionaré las versiones españolas de estas series porque me da un sonrojo, una vergüenza ajena, casi insoportable por los engendros que se han producido, tuvieran o no éxito.

Tengo mis criterios propios para juzgar estas series, distintos del telespectador general. Soy del gremio. Y aunque no con una actividad profesional convencional para lo que se entiende en un médico, con suficiente conocimiento de causa. Y en estas estábamos cuando en una reunión de trabajo, muy seria, con temas de fondo, alguien habló y recomendó algunos episodios de una serie reciente, que yo no había visto por no estar suscrito a la plataforma de turno… y porque ya he dicho que, salvo excepciones, no suelo seguir las series médicas. Se trata de The Pitt, una serie muy premiada en los Emmy, más otros premios y candidaturas más o menos prestigiosos. Y tal me la pusieron que, durante mis recientes festivos por Navidad y Año Nuevo, me hice una especie de maratón y me vi los quince episodios que constituyen la primera temporada. Como dato, la segunda temporada vuelve el próximo jueves 8 de enero. Y de entrada me hizo gracia una cosa. El protagonista es Noah Wyle, que apareció en 254 de los 331 episodios de ER, el que más presencia tuvo en la serie. Desde que era un estudiante, hasta convertirse en un médico hecho y derecho y experimentado.

La estructura de la serie es original. Generalmente, en este tipo de series, se tiende a una trama continua que abarca días o semanas o meses, o bien cada episodio es un turno de trabajo o unos pocos en el que pasan cosas con una trama central y otras secundarias en paralelo. Vamos a las peculiaridades de esta serie que transcurre en el servicio de urgencias de un hospital de Pittsburg, lo que participa en el juego de palabras del título de la serie, que es homófono con la palabra pit, fosa o mina, o, coloquialmente, el servicio de urgencias de una hospital. Los quince episodios abarcan el turno de día en estas urgencias hospitalarias, empezando a las 7:00 de la mañana. Cada episodio es lo que sucede durante una hora. No rodado en tiempo real, exactamente, pero casi. Aunque el turno dura 12 horas, por motivos que no desvelaré se prolonga… y llegamos a los quince episodios. También se da la circunstancia de que es el primer día de trabajo para nuevos médicos residentes de primer (les llaman internos en EE. UU.) y segundo años y para un par de estudiantes de los últimos años de sus estudios médicos

Evidentemente, en un periodo de tiempo según la cronología interna de la serie tan corto, las tramas de cada episodio no son autoconclusivas. Algunas, especialmente las que afectan a las relaciones entre los profesionales, se extienden durante toda la serie. La referidas a los pacientes se extienden en varios episodios más o menos según el caso. Y existen tramas secundarias que suceden puntualmente en el desarrollo de un episodio. Pero van surgiendo temas. Además de la tensión dramática que impulsa la acción, con varios macguffins para el coral reparto, hay situaciones en los que la serie hace pedagogía; la voluntades o directrices anticipadas del paciente, la donación de órganos, la importancia de la vacunación, los modelos de gestión de los centros sanitarios y sus consecuencias, el abuso de sustancias en pacientes y profesionales, diversos dilemas éticos, las formas de llevar a cabo la comunicación médico-paciente, el equilibrio en urgencias entre dedicación al paciente y la necesidad de cerrar casos para atender a nuevos paciente,… una diversidad de ellos. En general, el tono de la serie es «progresista»,… desde el punto de vista de los Estados Unidos, que en estos momentos están en un retroceso social, político y ético de décadas. ¿O no veis la prensa y las noticias?

¿Cuál es mi impresión general de la serie? Positiva. Aunque quizá no tan entusiasta como otras opiniones. Puntúa 8.9 de promedio entre los votantes de IMDb, con abundancia de elogios entre la crítica especializada. Ciertamente la calidad de la producción, la realización y la interpretación de la serie es muy alta. Pero yo no me pondría en niveles de valoración tan elevados. Siendo muy recomendable, que lo es, tengo la intención de ver la segunda temporada de alguna forma, no es perfecta. Sus debates éticos son menos profundos de lo que parecen. Los conflictos entre profesionales traspasan el drama para situarse en varias ocasiones en el melodrama. Y en el exceso. El conjunto de lo que pasa en las quince horas es tan excesivo, que llega un momento que abotarga un poco la experiencia. Especialmente si ves los quince episodios en pocos días. Me cuentan que la intención inicial es que fuera una secuela directa de ER, que el personaje de Wyle fuera el mismo que en aquella serie. Pero las dudas sobre los derechos sobre la misma hizo que se optara por crear una secuela «espiritual». Creo que son dos series que, aunque tratan de lo mismo, son distintas. Yo me apunté a ER cuando ya habían pasado varias temporadas. hacia la séptima temporada o así. No recuerdo exactamente. pero en general, sigo prefiriendo aquella serie, ya que conseguí empatizar más con aquellos personajes que con los de la actual. Pero bueno… lo dicho. Recomendable. Juzgadla vosotros mismos.

[Cine] Affeksjonsverdi (Valor sentimental) (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Noruega, claro, navegando por uno de los fiordos y en el ferrocarril de Flåm.

Affeksjonsverdi (Valor sentimental) (2025; 59/20251221)

Probablemente la última entrada cinematográfica del año, aunque espero ver al menos una película de estreno más antes de acabar el año, para alcanzar las 60. Pero en los últimos días, a pesar de haber comenzado el disfrute de mis últimos festivos del año, no he encontrado momento para ir a las salas de cine. A lo que hay que sumar otro fenómeno. Las salas de Zaragoza que programan en versión original, han eliminado buena parte de esta oferta para atraer a los estudiantes de vacaciones, no vaya a ser que se interesen por los idiomas extranjeros y por el cine sin adulterar. España y las exhibidores de cine que dicen «fomentar la cultura» «semos» así. En fin. Vamos con esta interesantísima película del danes Joachim Trier, con sabor a Bergman, aunque con formas actualizadas al siglo XXI.

Ambientada en Noruega, comenzamos la película siguiendo las peripecias de una actriz de teatro noruega (Renate Reinsve) que aúna un tremendo terror escénico con un notable éxito en sus actuaciones. Mantiene relaciones familiares con su hermana historiadora (Inga Ibsdotter Lilleaas). Todavía en duelo por la muerte de su madre, de repente llega un día el padre, director de cine sueco (Stellan Skarsgård), del que se encuentran relativamente extrañadas, y le hace la oferta a la actriz de protagonizar una película sobre su madre, la del director, una antigua combatiente noruega contra los nazis que se suicidó después años después de la guerra. Esto levantará ampollas familiares y la hija actriz rechazará la oferta, por lo que el director buscará a una actriz internacional reconocida (Elle Fanning) para atraer financiación. Pero esto no arreglará necesariamente las cosas.

Como ya he mencionado, y se puede deducir del argumento que he esbozado, y de lo que no he contado para no destripar la película, los temas son profundamente bergmanianos. Familias disfuncionales, que arrastran traumas y deudas del pasado, conflictos no resueltos, cuando se presenta la ocasión que servirá… o para romper del todo la familia, o para redimir los pecados y reunir a aquellos ligados por la sangre y separados por el carácter. La realización que hace Trier es mucho más meritoria de lo que parece. Todo parece sencillo y directo, pero es una realización sutil, acompañada de un guion preciso, milimétrico, una excelente fotografía, sonido y diseño de producción.

Y todo ello al servicio de un reparto que está en absoluto estado de gracia. Intérpretes poco conocidos en nuestras latitudes con las excepciones de Skarsgård y Fanning, pero que muestran una sutileza, una versatilidad y una capacidad interpretativa muy notable, dentro de las mejores tradiciones del cine nórdico, cuando se dedicaban a más cosas que a los asesinatos tipo nordic noir. Todavía se dedican a ellas, pero no nos llegan, mientras nos machacan con los típicos muertos en paisajes gélidos. No hay paisajes gélidos, no hay muertos… sí hay muertas, pero no asesinadas,… y otras cosas,… hay un paisaje cálido con emociones revueltas y reflexiones profundas sobre la familia.

Sinceramente, esta película, aun sabiendo que venía respaldada por buenas críticas y por el éxito en festivales como Cannes, ha sido una muy agradable sorpresa. De las que me gustaría que llegasen muchas más a las pantallas de cine. Es película multilingüe, razón de más para verla en versión original.

Valoración

Dirección: ****
Interpretación: *****
Valoración subjetiva: ****

[TV] Cosas de series; de muchos, uno

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. Últimas horas de la tarde y primeras de la noche en Bilbao; donde de alguna forma acaba en un momento dado nuestra protagonista de hoy.

Muy probablemente, Apple TV+ está realizando algunas de las series más estimulantes de la actualidad. Especialmente en el ámbito de la ciencia ficción y las distopías. Si ya es un evento largamente esperado las nuevas temporadas de Severance, hay otras varias, aunque yo no haya visto todas, que merecen el aplauso de crítica y público. No mucho público, porque de las plataformas de contenidos que existen en la actualidad no es de las que tengan más número de suscriptores. Pero globalmente estos reciben un plus de calidad. Y en esas estamos cuando llega en el último trimestre del año una de las más sorprendentes e interesantes; Pluribus.

La serie venía precedida de cierta expectación puesto que su creador y uno de los productores es Vince Gilligan. Si os vais al enlace y comprobáis en que otras series ha participado, lo entenderéis. Aunque son series que, por mucha calidad que tengan, a mí nunca me habían enganchado. Cosas mías. En cualquier caso, si sumas estos antecedentes con la premisa original, desde luego tenía que probar a ver. Y probé y me quedé. Es una de las series con las que mejor me lo he pasado este año. Una vez más, la buena ciencia ficción es aquellas que nos habla, no de marcianos o aventuras interestelares y cosas de esas, sino de nosotros mismos. De la naturaleza, de las fortalezas y debilidades del ser humano. Aunque para hacerlo incluya marcianos, o aventuras interestelares, o cosas de esas.

La premisa de la serie que he mencionado… Mmmmm… Pluribus procede de uno de los lemas de los Estados Unidos, E pluribus unum. O en castellano, De muchos, uno. Originalmente hace referencia a la naturaleza federal de los Estados Unidos en el momento de su independencia del Reino Unido. A partir de las treces colonias de la costa atlántica de Norteamérica que se rebelaron, se conformó un único y fuerte país, que ganó su independencia. Pero se ha aplicado en otros contextos. No se va mucho filosóficamente del lema belga, L’union fait la force; la unión hace la fuerza. Lo curioso es que parece que la frase original en latín, hacía referencia a una receta de cocina, indicando que un determinado plato resulta mejor o más exquisito que el conjunto de sus ingredientes por separado. Qué cosas no.

La cosa es que, en un planeta Tierra muy similar al nuestro, se recibe en un momento dado una señal de radio potente y claramente extraterrestre, que es descifrada, comprobándose que se trata del código en bases púricas y pirimidínicas de una secuencia de ARN. El ARN, ácido ribonucleico, tiene distintas funciones en la biología de las células vivas, pero en algunos casos, especialmente en virus, es el código genético de los mismos. En las células procariotas y eucariotas, el código genético viene codificado en el ADN, ácido desoxirribonucleico. Y claro, en lugar de desconfiar y tomar extremas precauciones, alguien monta la mencionada cadena de ARN y da lugar a una infección vírica que se extiende por todo el mundo y cuyos efectos, aparte de matar a unos cuantos millones que reaccionan mal a la infección, es que hace que todos los seres humanos del planeta queden integrados en un única mente colmena, perdiendo su individualidad. Afirmando que nunca han sido tan felices. Toma ya distopía sin necesidad de un dictador.

Pero hay trece personas no afectadas. Que reaccionan de forma muy distinta. Puesto que los «otros» están dispuestos a satisfacer sus intereses, alguno (Samba Schutte) decide llevar adelante una vida hedonista de placeres. Parece que la mente colmena, muy ética en determinados aspectos, no mata animales o plantas para alimentarse, lo cual es un obvio problema de subsistencia a medio y largo plazo, no tiene inconvenientes en prostituir a algunas de sus miembros al servicio del individuo. Qué cosas. Otros de los trece, quieren integrarse en la mente colmena. Pero hay dos que no, y que quiere resistirse y revertir la situación. Una de ellas, una americana de Nuevo Méjico (Rhea Seehorn), la protagonista, además está muy cabreada porque uno de los muertos en el proceso de infección es su pareja, su esposa. Aunque algunas de sus percepciones se modificaran cuando conozca a una mujer (Karolina Wydra) que actúa como interlocutora, y por la que se sentirá atraída. El otro es un paraguayo (Carlos-Manuel Vesga), con una actitud casi paranoica. Y a partir de este punto de partida, cualquier cosa puede pasar.

Lo primero que hay que considerar es que los creadores de la serie, inspirándose en diversos clásicos de la ciencia ficción, en lo que se producen invasiones de cuerpos por entes extraterrestres, o situaciones posapocalípticas con un único superviviente, consiguen hacer un producto realmente original. A partir de ahí, los temas que trata la serie son diversos unos más claros que otros, y algunos susceptibles a la interpretación del televidente. Puede ser una situación muy abierta, no siempre dirigida por los creadores. Obviamente, en lo inicial está el duelo y la ira por lo perdido por parte de la protagonista, que mueve sus primeras reacciones y motiva sus principales decisiones. Matizadas por otras cuestiones como es la necesidad de interacción humana, la difícil carga de la soledad, incluso en una mujer tan ferozmente individualista como es esta escritora de Albuquerque.

Por otro lado, como ya he mencionado, estamos ante una sociedad tremendamente distópica. No hay dictadores, no hay sufrimiento, aparentemente existe la felicidad, pero no hay individuo y no existe la libertad. Las acciones vienen determinadas por el deseo de los lejanos creadores del virus, a 640 años-luz de distancia, de crear una única mente biológica. Al cabo, el objetivo final de la nueva situación es desarrollar las nuevas herramientas para seguir propagando el virus por la galaxia, por el universo. El fin del individuo y del libre albedrío, suponiendo que desde el punto de vista físico este exista. Una mente colectiva que se presenta como ética, pero que dará suficientes muestras de que el fin justifica los medios para llegar a su objetivo final. Muchos pueden ver en ese virus una metáfora de los distintos regímenes o ideologías políticas que pretenden negar la individualidad del ser humano, o incluso podría verse como una metáfora de la inteligencia artificial que llegaría a suplantar y suprimir la toma de decisiones por parte de los individuos. Como digo, es muy susceptible a interpretaciones.

Todo lo anterior viene apoyado por una realización impecable, unos guiones milimetrados y por unas interpretaciones más que notables. La serie tiene garantizada una segunda temporada. Y como en muchas de estas producciones, la primera temporada es un establecimiento de la situación. Lo que venga a continuación es la autentica lucha, en este caso entre dos individuos, muy dispares entre sí, contra la mente colmena en que se ha convertido el resto de la humanidad. Y los últimos minutos del noveno y último episodio son una declaración de principios de que, a partir de ahora, todo vale. Altamente recomendable.