[Libro] Tabú

Literatura

No recuerdo muy bien cómo llegué a este libro del alemán Ferdinand von Schirach. No recuerdo si me apareció en alguna recomendación en algún lugar. No recuerdo si me llamó la atención que el protagonista fuese fotógrafo. No recuerdo si tenía la lista de espera agotada y me pusiese a buscar posibles lecturas futuras inmediatas. Es posible que fuera esto. Cuando lo hago, selecciono editoriales que publican libros que normalmente me gustan. Y entre ellas está Salamandra, responsable de la edición de esta novela. Y en algún momento de finales de agosto hice una de estas búsquedas.

Berlín es uno de los escenarios de la novela, aunque esta se mueve por distintos lugares de Alemania, Austria, y Europa en general.

El caso es que cuando lo empecé a leer no sabía muy bien con lo que me iba a encontrar, lo confieso. La historia de un niño de clase alta, de una familia de porte aristocrático venida a menos, con un padre suicida y una madre que se preocupa poco del niño, pues le interesan más los caballos, la empecé a leer con cierta curiosidad. Pero sin excesiva ilusión, si he de ser sincero. Descubrir de repente que la historia que estaba leyendo, que tenía un carácter casi atemporal,… me daba la impresión de estar a principios del siglo XX,… sucedía en la época contemporánea. Y la conversión del conflictuado protagonista en un fotógrafo de éxito, mezcla en sus características de varios fotógrafos alemanes reales de actualidad, me animó un poco. Pero lo más interesante viene cuando a mitad de libro, este cambia de género y pasa a ser la investigación judicial de un crimen. Aparentemente, el protagonista ha asesinado a una mujer. Es más, la ha secuestrado, se niega a decir dónde se encuentra, y consecuentemente se asume que ha fallecido.

Von Schirach es jurista de formación y profesión original. Y tras presentar un marco social, psicológico y personal en la primera mitad del libro, entra en un cuestionamiento de los estados de derecho occidentales, en sus modos de investigación, en sus relaciones con la prensa y en el funcionamiento del sistema policial y judicial. El curioso desenlace de la novela nos lleva a plantearnos las disfunciones de nuestra sociedad a la hora de juzgar públicamente a las personas. A la hora de afrontar los principios básicos del proceso judicial de la vía criminal.

Si empecé la novela con cierto escepticismo y un cierto distanciamiento, he de reconocer que conforme avanza y encara la recta final, me absorbió su lectura y me dejó un muy buen sabor de boca. Me parece bastante recomendable… y sí, yo también me siento tremendamente atraído por la novia del protagonista…

[Cine en el aire] Películas japonesas en vuelo

Cine

Ya lo he hecho en otras ocasiones en mis viajes al Asia oriental; aprovechar estos largos vuelos para ver películas asiáticas, que pueden estar bien, pero que difícilmente van a llegar a las carteleras españolas. Y teniendo en cuenta que los billetes de nuestro reciente viaje a Japón los compramos a ANA (All Nippon Airlines),… pues teníamos que hacer repaso a película japonesas. Los compramos a ANA… pero lo cierto es que de los cuatro vuelos, los dos de ida los hicimos con Lufthansa, y de los de vuelta, solo uno lo hicimos con ANA, el otro fue con Brussels Airlines.

Lo habitual es que en vuelos nocturnos veamos como mucho una película. Intentamos dormir todo lo que podemos para minimizar los efectos del desfase horario. Pero en los vuelos diurnos podemos llegar a ver tres películas; en estos, evitamos dormir también para combatir los efectos desagradables del llamado por muchos jet lag. Aunque en las más de once horas que dura el viaje de Tokio a Bruselas había tiempo para más largometrajes… tres es el tope que puede soportar mi capacidad de atención. Paso a comentar lo que vi… aunque adelante que fue bastante menos interesante que en otras ocasiones.

Un largo viaje hasta Japón, en el que hay que atravesar nueve usos horarios, aunque la diferencia horaria sea “sólo” de siete horas, por las modificaciones introducidas en nuestros horarios. Ellos llevan hacen coincidir la hora solar con la hora oficial.

En el viaje de ida, Lufthansa nos ofreció un menú más limitado en número de películas asiáticas. Pero como fue vuelo nocturno, con una que nos sirviera para dejar que la oscuridad nos alcanzase, o nosotros alcanzásemos a la oscuridad, era suficiente. Elegí Kugatsu no koi to deau made [九月の恋と出会うまで], que podría traducirse como Hasta que encuentre el amor en septiembre. Es una película romántica en la que una joven recibe mensajes del futuro cuando se traslada a un nuevo y agradable apartamento. Al mismo tiempo conoce a un inquilino vecino, con el que comienza una relación de amistad, algo más en el caso del chico, y al que confía el tema de los mensajes. Es una película “de buen rollo” y buenos sentimientos, bastante previsible, pero que maneja muy bien en su guion las posibles paradojas del viaje o la comunicación en el tiempo, con una resolución satisfactoria a todos los niveles. Está dirigida por Yamamoto Toru, y protagonizada por Kawaguchi Haruna y Takahashi Issei.

En el vuelo de vuelta, ANA tenía un menú un poquito más amplio de películas japonesas. Muy recientes. La primera que vi fue Diner, así, con el título en inglés. Una joven solitaria y desarraigada se ve obligada a trabajar para una organización criminal en un restaurante, cuyo chef es también un asesino profesional, y los clientes,… pues algo parecido. La esperanza de vida de las camareras en el restaurante es más bien,… escasa. Película de aspecto visual muy abigarrado, no especialmente gótico, porque tiene una estética más de neones y cyberpunk, aunque no pueda adscribirse a este género. Un exceso de esos que a veces se dan en el cine japonés y que a mí se me atragantan un poco. O bastante. Está dirigida por Ninagawa Mika, y protagonizada por Tamashiro Tina y Fujiwara Tatsuya.

Hace unos años, Yamada Yōji osó hacer una nueva versión de Tōkyō monogatari de Ozu Yasujiro, obra maestra del cine nipón en los años cincuenta del siglo XX. La vi. No estaba mal, pero me pareció innecesaria, no aportaba nada a la obra original. Pero no sólo fue eso,… hizo rodó una secuela, que también llegó a la cartelera española y que también vi. Y que se dejaba ver… pero realmente era como si ya no tuviese que ver con la película de Ozu… y casi tampoco con la primera de la serie de Yamada. Y me encuentro con que hay una tercera película, Tsuma yo bara no yō ni: Kazoku wa tsuraiyo III [妻よ薔薇のように: 家族はつらいよIII], que en inglés han traducido como What a wonderful family; my wife, my life. O sea, qué maravillosa familia; mi esposa, mi vida. Nuevamente una película costumbrista, que si no fuera porque es japonesa y actual, me sonaría a alguna de las películas españolas de hace un tiempo. Llevadera, sin más. Con un reparto coral, la protagonista, por decirlo de alguna manera, es Natsukawa Yui. Una actriz que creo que puede dar mucho más de lo que puede dar en una película de estas características.

Y la última película que vimos fue The Fable, así con el título en inglés, una película en la que a un asesino a sueldo infalible se le ordena que se tome una “excedencia” de un año en Osaka, en la que no debe matar a nadie. Pero, por supuesto, las cosas se complicarán y acabará metido en complicaciones. Película de acción en tono de humor, que se deja ver, pero que flojea por varias costuras, y también es bastante previsible. Dirigida por Eguchi Kan, está protagonizada por Okada Junichi y Yamamoto Mizuki, muy sosita esta chica, con una divertida Kimura Fumino, en un papel secundario pero que es la que mejor la hace y la que nos sabe a poco.

No ha sido una gran cosecha. Qué se le va a hacer. Pero ayudó a hacer el viaje más llevadero. ¡Por Amaterasu y los ocho millones de kami, qué larga es Siberia!

[Libros] Varios y diversos en las últimas semanas

Literatura

En las últimas semanas, he acumulado la lectura de una diversidad de libro. Y ahora me voy dos semanas de vacaciones, en las que presumiblemente acumulare alguno más. Por ello, voy a hacer una entrada de resumen rápido de algunos de ellos. Alguno, de más calado, lo dejaré para la vuelta.

Al sur de la frontera, al oeste del sol.

Este es una relectura. La primera relectura voluntaria que hago en muchísimos años. Alguna relectura involuntaria he realizado recientemente; algún libro que no me acordaba haber leído. Pero este de hoy fue la primera novela que leí de Haruki Murakami. La leí en algún momento entre 2007 y 2009. Y recuerdo que me gustó mucho… por ello repetí y ya no pude abandonar el autor. Pero tenía un recuerdo muy vago de ella. Me alegro de haberla releído. Es una historia triste. Un romance triste. Relativamente desesperanzada, aunque habrá quien quiera ver una cierta luz a la vida del protagonista en las últimas páginas del libro. Un protagonista del estilo habitual de los de Murakami, aunque por una vez conozcamos su nombre, Hajime. Y la eterna sensación de pérdida. Generalmente, por una mujer. Muy recomendable.

Ya nos queda poco para replicar estas escenas de nuestra llegada a Japón hace cinco años. En esta ocasión, tras llegar al aeropuerto de Haneda en Tokio no cogeremos el Shinkansen hasta Kioto, sino hasta Osaka. Pero por lo demás, será muy similar. Eso esperamos.

El desorden de tu nombre.

Tengo una estantería en casa con libros abandonados. Libros que empecé a leer y abandoné por el motivo que sea. Algunos son libros muy conocidos, que cuando digo que no pude terminarlos, la gente se extraña. Últimamente me pasa menos, pero antes de aficionarme a leer en formato electrónico venían a suponer un 10 % de los libros que compraba, me prestaban o cogía de la biblioteca pública. Este de Juan José Millás lo intenté leer hace unos 20 años. En 1998 o 1999, no recuerdo con precisión. Y lo abandoné cuando llevaba algo menos de la mitad del libro; estaba marcada la última página. Esta vez lo he terminado, no es muy extenso. Pero he comprendido por qué lo abandoné. De este particular triángulo amoroso, compuesto de personas sumamente egoistas, no me interesa ninguno de sus componentes. Me da totalmente igual lo que les pase. Está bien escrita, pero me caen todos tan mal, que paso totalmente. Me dejan frío.

Saga, volumen 9.

Buenas y malas noticias. Tenemos un nuevo volumen de la que en estos momentos puede que sea mi aventura espacial preferida, todos los géneros creativos incluidos. Literatura, cine, televisión… historieta como es este caso. Por lo que nos dicen, la odisea familiar galáctica que nos traen Brian K. Vaughan a la escritura y Fiona Staples en la ilustración ha alcanzado su ecuador. Nos quedan otros nueve volúmenes. La mala noticia es que han anunciado que van a bajar el ritmo de creación. O sea que tenemos para más de nueve años en el futuro… Aaggggg. Y además nos han dejado con un cliffhanger digno de las mejores sagas de aventuras de todos los tiempos. En fin, tendremos paciente. Ni que decir tiene que la encuentro totalmente recomendable.

The Lady Astronaut of Mars.

La vi recomendada, muy vivamente recomendada, como una de las mejores novelas cortas de cienci ficción de los últimos tiempos. No es una novela corta. En inglés, “novel” es novela, “novella” es novela corta, pero “novelette” es un cuento. Un relato corto. Se lee en muy poquito tiempo. En su forma de papel, son 33 páginas. Escrito por Mary Robinette Kowal, mezcla la ciencia ficción de viajes espaciales con la ucronía, la historia alternativa. En algún momento de los años 50 del siglo XX, la caída de un asteroide sobre Washignton D.C. genera el impulso para colonizar el sistema solar como medida de salvaguarda para la especie humana. Y en el primer viaje colonizador, Elma York fue una de las astronautas que lideró el viaje a Marte. 30 años más tarde, con más de 60 años de edad, no la llaman para más misiones, vive en el planeta rojo, y además a de cuidar de su marido que padece una enfermedad degenerativa del sistema nervioso central. Hasta que la llaman para una última misión… con características muy especiales. En la historia se mezcla la especulación científica de los viajes espaciales, a un nivel poco profundo, con los temas relacionados con el deber hacia las personas a las que queremos y enferman de gravedad. Está bien. Los personajes generan empatía y está razonablemente escrita. Pero tampoco da mucho de sí en la extensión que tiene y es bastante previsible. Tira más manipular las emociones del lector que de la propia especulación científico-técnica. Hay productos derivados… pero de momento no me ha motivado a leerlos.

[TV] Cosas de series; una ración de “guilty pleasure” asiático

Televisión

Pues sí. He descubierto que “no puedo” vivir sin mis raciones de placeres culpables televisivos con rostro asiático. Especialmente las comedias/dramas romántico/as coreanos… que mira que son extraños, raros, ¿ridículos? algunos de ellos, pero que me engancha. Pero hay algo más.

Hace unas semanas os comentaba la primera serie que haya visto de HBO Asia, la versión japonesa y femenina de un famoso detective británico. Pues bien, hay al menos otra serie en HBO de producción asiática, aunque con un enfoque muy distinto. Folklore es una miniserie de horror en el que cada uno de los seis episodios es independiente de los otros, y refleja un mito de las supersticiones o de las tradiciones de seis países asiático tan diversos como Japón, Corea del Sur, Singapur, Indonesia, Malasia y Tailandia. El terror no es uno de mis géneros favoritos que digamos, pero tuve la curiosidad y le dí una oportunidad. Al fin y al cabo, el primer episodio, el correspondiente a Indonesia, sin ser una maravilla, tuvo su interés. Sin embargo, conforme fue avanzando la serie, tuve la sensación de que las diferencias en los planteamientos entre las distintas aportaciones eran más cosméticas que de fondo, que de una forma u otra se repetían los esquemas, y que no iba más allá de una serie que acaba navegando en cierta mediocridad con pretensiones. No me atrevo a recomendarla salvo a fanáticos del terror oriental. Que yo no soy.

Para ilustrar esta entrada, recupero algunas fotografías de las primeras horas que pasé en Seúl cuando visité Corea del sur.

De nacionalidad surcoreana, entre la comedia romántica y el drama fantástico y criminal, se mueve Abyss [Eobiseu (어비스)], producción de Netflix que se fue emitiendo durante 8 semanas a un ritmo de dos episodios por semana, una fórmula de emisión muy querida de esta cadena para estos productos coreanos. Ahí seguimos las andanzas de la fiscal Go Se-Yeon (Park Bo-Young) y el heredero Cha Min (Ahn Hyo-Seop), amigos de toda la vida. El es feo, y no demasiado hábil socialmente, pero buen tipo. Ella es guapa, muy atractiva y chulilla. Ambos mueren y son resucitados por una canica gigante mágica, el “abyss”. Pero al resucitar adoptan un físico acorde a su alma. Él pasa a ser un tipo guapo, muy atractiva. Mientra que ella se transforma en un chica menuda y físicamente poco llamativa (según la trama, en realidad es una monada). Pero además ella ha muerto a manos de un psicópata. A partir de ahí enredos amorosos, tensión sexual no resuelta, equívocos, y una trama policial un poco estrambótica. Se le pueden sacar todos los defectos que queráis. Pero los personajes principales son simpáticos y sirve para ver algo intrascendente que no te obligue a pensar. A la actriz protagonista, ya la he visto en un par de series más, en las que siempre hace papeles cortados por el mismo patrón.

Y siguiendo el mismo patrón de emisión, pero en esta ocasión perfectamente definida como un drama romántico, hemos tenido One Spring Night [Bombam (봄밤)]. He de decir que en los primeros episodios de los dieciséis que consta la serie, parecía que iba a dar un salto cualitativo sobre lo que se ve en series coreanas. Dejándose de lado de ciertas frivolidades, el planteamiento de un triángulo rectángulo en que dos catetos con capacidades muy distintas, un adinerado heredero con una buena posición en la banca (Kim Jun-han) y un modesto farmacéutico que trabaja en una farmacia como asalariado y que tiene un hijo de una mujer que los abandonó (Jung Hae-In), se disputan los favores de una joven bibliotecaria (Han Ji-min) que empieza a no ser tan joven, y tiene que optar entre una relación aburrida y rutinaria pero socialmente interesante, y una relación con muchos interrogantes y peor vista socialemente. Además, apuntaba buenas maneras en el apartado interpretativo, por lo menos en la protagonista femenina. Por algún motivo, la mayor parte de los actores masculinos en estas series son claramente inferiores en su cualidades interpretativas a las actrices principales. Sin embargo, la serie pronto entra en bucle, dándole vueltas a unos argumentos que a ratos, desde nuestra perspectiva occidental, resultan ridículos, dilemas que no entendemos porque probablemente en nuestro entorno no se producirían. Y queda claro que la extensión de la serie es muy superior a lo que la trama da de sí. Incluyendo alguna trama paralela como una muy mal desarrollada y resuelta de abusos de género hacia la hermana mayor de la protagonista. La única conclusión clara que podrías sacar, si te lo tomaras en serio es que Corea del sur está en el siglo XIX en lo que se refiere a ciertos valores familiares y sociales, y que la mayor parte de los hombres, especialmente los padres, son una panda de gilipollas. Deja un regusto agridulce. Intenté darle una oportunidad de recuperar las sensaciones iniciales hasta el final… pero sin éxito.

[Libro] Couleurs de l’indendie

Literatura

Ya he comentado en diversas ocasiones que la ácida crítica de Pierre Lemaitre sobre las sociedades actuales a través de la Francia de posguerra es uno de los libros que más me ha gustado en los últimos tiempos. O de los que me han gustado a lo largo de mi trayectoria como lector habitual de literatura de ficción. Hace ya casi 15 años que lo leí, muy recomendado por unos amigos míos, y no lo he olvidado, e incluso me ha llevado a leer tres novelas más del mismo autor. Dos impresionante policíacas, aquí y aquí, de lo mejorcito y con ventaja que he leído en ese género, y un drama que no estuvo mal, aunque en un escalón por debajo de los anteriores. Pero no estuvo nada mal.

Un pasaje de libro, una de las más interesantes intrigas que ofrece, transcurre en el Berlín de la Alemania nazi, con los hitlerianos recién llegados al poder. En unas semanas, volveremos a pasear por las calles, las plazas y los jardines de la capital del antiguo “Reich de los mil años”, actual “Bundesrepublik Deutschland”.

Y recientemente van y nos anuncian que se publica una secuela dedicada a las vicisitudes de los Péricourt. Utilizo la palabra “secuela” y no “continuación”, porque considero a Au revoir là-haut como una novela cerrada en sí mismo. Aquí estamos en una nueva novela, que comparte algunos personajes, que comparte unas intenciones, pero que inicia, desarrolla y cierra una nueva historia. En esta ocasión centrada en Madeleine Péricourt, la hermana del protagonista de la anterior.

Siete años más tarde, el banquero y patriarca de los Péricourt ha muerto y se preparan unas exequias propias de un presidente de la república. Pero la tragedia es doble cuando el niño Paul, hijo de Madeleine, se tire por la ventana de su casa, cayendo sobre el féretro de su abuelo. El niño no morirá, pero quedará hemipléjico y confinado a una silla de ruedas. En el caos personal que sigue, una serie de “amigos”, “familares”, y “gente de confianza” de Madeleine, aprovecharán para conducirla a la ruina. La historia de la venganza está servida. A lo que habrá que sumar el misterio de porqué Paul se tiró por la ventana.

Los ingredientes de la novela son los mismos que en su predecesora. Un mundo en el que las personas íntegras brillan por su ausencia. En el que aquellos que buscan justicia en el mundo se ven obligados a adoptar la falta de escrúpulos a la hora de obrar que caracteriza a los caraduras que parasitan la sociedad. Y todo ello en un Francia, la de finales de los felices 20 y principios de los atribulados 30, que pasa del optimismo de la victoria bélica a los problemas del descontrol económico y financiero, de la avaricia de los plutócratas, de la falta de escrúpulos de los políticos, y del interés de la prensa por vender y no por ser cronistas veraces de la realidad. Es decir, real como la vida misma… de hoy en día, nueve décadas más tarde. En Francia, en España o en muchos otros lugares del mundo. Donde las amenazas de los populismos y los fascismos se hacen nuevamente presentes. Donde la hipocresía no es un defecto, sino un carácter común a las sociedades modernas. Tan modernas, que tienen como mínimo un siglo de existencia, por lo que leemos.

El libro comienza fuerte. Los capítulos iniciales, con el cortejo fúnebre del patriarca Péricourt y la desgracia del joven Paul sirven para cumplir con aquello que decía Billy Wilder, creo. Aquello de que de entrada deja al público clavado en su asiento, asombrado, y luego tómate tu tiempo para contar tu historia. Lemaitre consigue situar en el particular firmamento de su universo una constelación de personajes más o menos estereotípicos, pero también con sus características específicas que les dotan de una personalidad propia. Algunos están muy conseguidos e incluso saben a poco, como esa inmensa Solange Gallinato, cantante lírica y trágica. Pero en su conjunto, no consigue alcanzar las cotas que la novela predecesora consiguió. Se queda un par de escalones por debajo. Es más previsible, bastante más. Y el final carece del caos y sorpresa que nos ofrecía la novela anterior. De hecho, la sensación final es relativamente agridulce… aunque no diré porqué para no destripar ningún aspecto de la novela.

Se deja leer. Es muy entretenida. Pero sufre mucho las comparaciones. Si fuese de cualquier otro autor, si no fuese secuela de su conseguida novela anterior, probablemente dejaría mejor sabor de boca. Cosas que pasan. Y sí… el título está en francés por que lo he leído en versión original. Más baratito que la versión traducida y, obviamente, el original sin adulterar.

[Libros] Baila, baila, baila

Literatura

He comenzado mi recta final para leer lo que me queda, poco ya, de ficción escrita por Haruki Murakami. Además de esta, creo que sólo me queda una novela, y luego algunos relatos cortos.

Cuando leí la novela anterior, La caza del carnero salvaje, sabía que era la tercera parte de la trilogía que se denomina del Ratón, uno de los personajes comunes a esos tres libros. Son las dos primeras novelas del autor y la mencionada. Pero lo que no sabía, me enteré al terminar, que la novela que nos ocupa hoy, sin ser considerada de la trilogía del Ratón, es continuación del carnero salvaje.

Hoy saco las fotografías de mi colección de templos en Kioto, lugar de nacimiento del autor.

El protagonista principal, el innominado relator de las novelas anteriores, tras varios años llevando una vida anodina, siente que la chica con la que inició la aventura del carnero salvaje, reclama que vuelva al hotel Delfín de Sapporo, porque allí hay algún misterio todavía sin resolver. Y así empieza una extraña aventura que, como he leído en algún sitio, implica a un par o tres de prostitutas, una neurótica recepcionista de hotel, una adolescente de 13 años perdida en el mundo por culpa de unos padres que viven en sus propios mundos, estos padres, un actor popular aunque mediocre, un hombre carnero y algún otro personaje manco que por allí se cruza. Hay algunos asesinatos y un misterio profundo, en el ámbito de lo fantástico, como es propio en muchas de las obras del autor, que puede ser la clave de la resolución de la compleja y algo hermética trama.

Al principio es difícil ver hacia dónde se dirige la trama. Pero poco a poco, las interrelaciones del narrador, especialmente con los personajes de género femenino, van creándote una curiosidad por saber cuál es el misterio que envuelve a este innominado protagonista. En realidad, ese misterio no deja de ser el macguffin que mueve a los personajes y que permite a Murakami realizar una dura crítica hacia la sociedad capitalista del Japón de los años 80, y que puede ser perfectamente válida en la actualidad. Es claramente un libro que expone una parte del pensamiento social y político del autor, con frecuentes referencias a su juventud en los convulsos años 60, y su origen en los movimientos izquierdistas juveniles y universitarios que, como en otros sitios, agitaron a la conservadora sociedad nipona en la segunda mitad de los años 60 y principios de los 70.

No entrará entre mis libros favoritos del autor, pero me ha gustado. Siempre digo que siento una casi inmediata empatía por los protagonistas de las novelas de Murakami. En algunos momentos, o en algunos aspectos, incluso identificado. Y después de todo, sin ser de las más brillantes, no está nada mal. Aunque conviene leerla sin prejuicios.

[Cine] La chute de l’empire américain (2018)

Cine

La chute de l’empire américain ( 2018; 21/20190402)

Desde el Canadá francófono nos llega esta película del director Denys Arcand, quien goza de cierto prestigio aunque casi nadie recuerda haber visto u oído otra cosa de él que no sea su ganadora del Oscar de hace unos años. El caso es que el quebequés se caracteriza por su dramas con tintes de comedia en los que vierte incisivas críticas a la sociedad y a la política de su país y, en general, de las sociedades occidentales.

Para ilustrar la entrada cinematográfica de hoy, nos trasladaremos a Montreal, a algunos de sus barrios y mercadillos más agradables de esta cosmopolita ciudad quebequesa.

Con este filme, no pierde ocasión para seguir en la misma línea. Un simple conductor de una empresa de paquetería, Daoust (Alexandre Landry), que tras estudiar filosofía en la universidad vive en la convicción de que los únicos que tienen éxito en la sociedad actual son los mediocres, se ve envuelto en un tiroteo en el que mueren varios facinerosos, que dejan en el terreno dos enormes bolsones llenos de dinero de los que se apropia. Con la imprevisible ayuda de un expresidiario, Bigras (Rémy Girard), y una prostituta de lujo, Aspasie (Maripier Morin), y otras gentes, tratarán de burlar a las mafias, y a dos inquisitivos policía (Maxim Roy y Éric Bruneau).

En una trama de intriga que se mueve entre la picaresca, la comedia y el drama gangsteril, Arcand realiza una crítica de los mecanismos que permiten que los que más dinero tienen en las sociedades occidentales, parte del cual es de origen ilícito, burlen de forma legal los mecanismos de control y las obligaciones fiscales. Al mismo tiempo, expone las deficiencias crecientes en la defensa de las minorías y de las personas en situación de pobreza, y sin embargo consigue crear una trama que sin excesivas complicaciones es entretenida, con unos personajes con los que el espectador empatiza fácilmente, el “héroe” de la historia es un hombre común, y hace que los más de dos horas que dura el largometraje pasen con rapidez.

Con una realización solvente, en la que no faltan detalles reveladores o metatextuales, con una interpretación solvente, las dosis de ironía y, a veces, un cierto cinismo, nos llevan a una reflexión ética sobre las sociedades occidentales del siglo XXI que a nadie le debería sentar mal. O sí. No sé.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine en TV] Polar (2019) // River’s Edge (2018)

Cine

Dos estrenos en Netflix que, como en años previos, incluyo ya en mi listas de estrenos del año. Uno me merecerá poco comentario. El otro algo más.

Polar (2019; 12/20190224)

Adaptación al cine en forma de producción propia de Netflix de los relatos gráficos de Víctor Santos, de quien he leído alguna cosa, aunque ninguna de la serie Polar, y que es dirigida por el sueco Jonas Åkerlund, quien fundamentalmente se ha dedicado a dirigir videoclips y documentales sobre el mundo de la música.

Nos cuenta la historia del asesino a sueldo Duncan Vizla (Mads Mikkelsen), que se va a retirar tras una lucrativa carrera, pero cuyo empleador, Blut (Matt Lucas), no quiero desembolsar la pensión de retiro, por lo que encargará a su secuaza, Vivian (Katheryn Winnick), para que movilice a sus matones y lo liquiden. Vizla se refugiará en un alejado lugar de Montana, donde conocerá a una joven, Camille (Vanessa Hudgens), que condicionará el resultado final de esta caza al hombre.

Con una estética excesiva, una historia excesiva, y unos efectos visuales excesivos para intentar trasladar el ambiente de las historietas, a pesar de contar con algún acierto en el lado del reparto, esta historia no ha llegado a interesarme en ningún momento realmente, poniendo duramente a prueba mi “suspensión temporal de la incredulidad”, y con un guion predecible y no especialmente dinámico. No especialmente recomendable.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **
Para ilustrar esta entrada, y puesto que la película más interesante es la dedicada a la adolescencia nipona, imágenes de esta durante nuestra visita a Itsukushima… pero nunca tan oscuras como las que nos muestra la película.

Ribāzu ejji [リバーズ・エッジ] (2019; 14/20190305)

Bajo el título internacional de River’s Edge, el título original no deja de ser la transcripción en kanas japoneses de este mismo título en inglés, nos llega a través de Netflix la distribución internacional de la última película del japonés Isao Yukisada, de quien no creo haber visto ninguna película previa. Fue presentada en la Berlinale del año pasado con cierto éxito y, aunque no tiene una elevada valoración en el público votante de sitios como IMDb, venía avalada por una diversidad de críticas bastante positivas. A mí, tal y como la presentaba la plataforma de vídeo bajo demanda, literalmente como “película juvenil”, y pareciendo una película de institutos japoneses, no me atraía demasiado. Pero alguien me dio un toque para que le prestase atención.

La película, rodada en un “anticuado” 4:3, va siguiendo las desventuras de un grupo de seis adolescentes en los años 90 del siglo XX, en algún suburbio de una ciudad japonesa, probablemente Tokio o alguna otra de su área metropolitana. En un momento dado hacen una referencia y se filman algunas escenas en el acuario de Hakkeijima, que se encuentra en Yokohama… así que por ahí van los tiros. Los dos personajes más protagonistas, dentro del tono de película coral, son Haruna Wakasuka (Fumi Nikaidō), una joven vivaz y despierta pero algo confusa en la vida, y un joven gay, Ichiro Yamada (Ryō Yoshizawa), que recibe con frecuencia abusos de otros chicos del instituto. Haruna sale con un chico, uno de los abusones, Kannonzaki (Shūhei Uesugi), que a su vez mantiene relaciones sexuales esporádicas con Rumi (Shiori Doi), una amiga de Haruna, que se nos presenta como bastante promiscua. Completan el cuadro Kanna (Aoi Morikawa), la chica enamorada de Ichiro, con quien sale, porque a este le sirve de tapadera de su homosexualidad, y Kozue Yoshikawa (Sumire), una joven modelo, que padece algún que otro trastorno de la alimentación y a la que le gustaría ser algo más que amiga de Haruna.

Lejos de la habitual ñoñería melíflua de algunos dramas de instituto japoneses, que perpetúan con frecuencia una serie de estereotipos y roles, especialmente la chica tontita, pero buena gente y muy mona, que se enamora del chico arisco y altivo, muy inteligente y que todas pretenden, y donde todos llevan inmaculados uniformes mientras cursan su bachillerato preparatorio, aquí nos encontramos con un grupo de adolescentes en estado de desorientación vital permanente. Nada de uniformes, ropa de calle, normalita y corriente; vaqueros, sudaderas, suéters, camisetas,… Un paisaje feote, de urbanizaciones de colmenas de hormigón. Un río alrededor del cual pasan cosas y que desagua las aguas de las feas y humeantes industrias cercanas, y un misterioso cadáver abandonado completan el paisaje de la película. No hay maniqueísmos, ni héroes. Todos los chicos y chicas tienen sus debilidades, pero también despuntan sus cualidades.

Una realización descarnada. Escenas de violencia y sexo muy directas. Una visión inicial y superficial diría que estas son algo gratuitas, y destinadas a la explotación sexual del físico de algunas de las protagonistas. Pero en realidad, compruebas que también tienen un ritmo y, sin palabras, nos aportan información sobre cómo son las relaciones entre los jóvenes, y especialmente sus vulnerabilidades. El formato casi cuadrado de los fotogramas colabora en la sensación de opresión y ahogo.

No hay complacencias, ni happy ends en esta película. Que en realidad no tiene una conclusión definida salvo para alguno de sus protagonistas, ya que la vida de todos los demás continuará. Sin muchas esperanzas. Una visión del Japón de los años 90 amenazado por algunos actos terroristas, por la crisis financiera asiática, por problemas medioambientales y urbanísticos, que curiosamente tienen eco en lo que ha ido sucediendo en el mundo en las décadas siguientes, lo que hace que esta película, cuya acción está situada 20 años o más atrás en el tiempo, sea plenamente actual y válida para cualquier país del mundo. A mí me parece bastante, bastante recomendable.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine] Viudas (2018) // Colette (2018)

Cine

Como ya comenté hace unos días, se me están acumulando los temas a comentar, y voy a entrar en modo “sólo fotos” durante unos días. Así que hoy os propongo un “programa doble” de cine. Porque, además de estas dos películas, ya tengo otra vista, que tendrá que esperar “sumergida” unos días hasta que la saque “a flote”. ¿Alguien adivina de cuál se trata?

En honor a Colette, os dejo unas cuantas fotos parisinas, que he extraído de mi fotoblog De viaje con Carlos, que he puesto en “espera” durante un tiempo. Después de siete años, no sé si sigue teniendo sentido tal y como lo llevo. Creo que hoy en día tendría más repercusión en otras plataformas distintas de Tumblr. Sin que esta decisión tenga nada que ver, en absoluto, con las prácticas de censura que ha impuesto recientemente esta plataforma, con las que tampoco estoy especialmente de acuerdo. El porno no me agrada especialmente; pero asumir la figura humana desnuda en las artes, o el erotismo, sí que me parecen necesarios en nuestras vidas.

Viudas (Widows, 2018; 56/20181203)

Dirigida por el notable Steve McQueen, esta película de atracos tiene además un fuerte componente de denuncia hacia el sistema social y político de los Estados Unidos, en el que asume la existencia de corrupción política, de prácticas políticas de bajo nivel ética en el mejor de los casos, y de estar infestado por un sistema de crimen organizado que nacido de la pobreza,  no necesaria se aprovecha de los más acaudalados sino que parasita a su propia gente, en ocasiones aliados con esos políticos. Incluye así mismo, y para muchos fundamentalmente, un mensaje de reivindicación de las mujeres, muchas veces las víctimas no reconocidas de los conflictos de los hombres.

Pero aquí el golpe es distinto. Tras la muerte en “acción” de una banda de ladrones dirigidos su líder Harry Rawlings (Liam Neeson), la viuda de este, Veronica (Viola Davis), es extorsionada por otro mafioso, de raza negra, (Brian Tyree Henry), que se está reconvirtiendo a político enfrentándose al tradicional candidato blanco de su distrito (Colin Farrell). Para salir del apuro, la viuda se coaligará para dar un golpe previsto por su difunto marido con otras dos viudas de la banda (Michelle Rodriguez y Elizabeth Debicki); la cuarta (Carrie Coon), no querrá saber nada, por motivos que se aclararán durante el filme. Todas ellas han quedado en mala situación tras la muerte de sus maridos. Pero la cosa será difícil, por su inexperiencia y por el acoso de terceros.

Establecido ya en el primer párrafo el contenido social y político de la cinta, McQueen nos ofrece un sólido producto del género de atracos, con un ritmo contenido pero no pausado, con escenas de acción también contenidas, pero adecuadas y que no dejan de ofrecer un espectáculo muy entretenido. Todo ello apoyado por el excelente trabajo interpretativo del conjunto. Mucho nombre ilustre en el reparto. Y la protagonista principal, Viola Davis, ya ha demostrado desde hace un tiempo que es una de las mejores intérpretes femeninas contemporáneas. Quizá la sorpresa más agradable la de Debicki quien, por su físico, corre el riesgo de encasillarse en la “guapa”, pero que nos ofrece un trabajo de transformación personal bastante notable. 

Muy recomendable. De lo mejor que he visto este año.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

Colette (2018; 57/20181206)

Y la segunda película de una semana en la que abundaron los festivos es también de reivindicación femenina. En esta ocasión, Wash Westmoreland, al frente de un reparto británico, nos recrea los años de juventud de la que probablemente es la escritora más conocida y reconocida de las letras francesas, y un personaje en sí mismo; Colette (Keira Knightley).

El recorrido nos lleva desde su adolescencia y juventud, donde encontramos a una chica criada en la idea del librepensamiento, pero ingenua y romántica, que se ha enamorado del famoso escritor Willy (Dominic West). Este era un caradura, que utilizaba “negros” (es como tradicionalmente se han denominado en español, aunque ahora lo políticamente correcto empieza a imponer la traducción del inglés, escritor fantasma) malpagados que le escribían los textos y los libros. La propia Colette se convertirá en uno de ellos, la de más éxito, creando el personaje de Claudine. La película recorrerá las peculiaridades de la vida sentimental y sexual de la pareja, abierta a las relaciones con otras personas, aunque Willy exigía de su mujer que sólo se relacionara con otras mujeres. Cosa que nunca pareció importar a Colette, que toda su vida manifestaría su preferencia por las mujeres. Aunque se casó varias veces. Con hombres, claro, que estamos hablando de las primeras décadas del siglo XX. El recorrido del film nos llevará hasta la separación del matrimonio, y el reconocimiento e inicio de su carrera personal de la escritora.

Película de época con un diseño de producción impecable, como no puede ser de otra forma en una producción británica, a mí me chirría escuchar el acento inglés, en la versión original, en unos personajes tan franceses. Tan poco británicos. Pero esto no desvirtúa la película que es entretenida, suavemente reivindicativa, que no hace sangre de los personajes más deleznables, empezando por el propio Willy, optimista, y bien interpretada. Knightley no es mi actriz favorita, me parece que tiene un registro limitado; es de esos intérpretes que siempre me parece que están representando al mismo personaje. Pero lo hace bien. El personaje se le ajusta y le saca partido. West lo hace muy bien, y se ven detalles de buen hacer en otros intérpretes, aunque su presencia en pantalla limitada no les permita un mayor lucimiento. Hay muchas historias interesantes dentro de esta historia, que apenas quedan apuntadas. El último tramo de la película resulta un tanto apresurado en comparación con el inicio, más pausado.

Película razonablemente recomendable, realizada con oficio, a la que le falta un poco de centrarse y un poco de corazón para haberse convertido en una gran película.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Cine] El ángel (2017)

Cine

El ángel (2018; 50/20181107)

Esta película había despertado mi curiosidad, pero no el entusiasmo de las personas con quienes acudo a las salas de cine habitualmente. Pero este miércoles pasado, me encontré que poco antes del comienzo de la primera sesión estaba yo a cinco minutos de la sala de cine y con no grandes planes para la tarde, así que hice un poquito de tiempo y me metí a dicha sesión.

El largometraje argentino dirigido por Luis Ortega está producido por El Deseo S.A., o sea, los Almodóvar Bros & Cía., por lo que no habrá tenido, imagino, problemas para encontrar distribuidores en España. Y nos cuenta una historia, presuntamente verdadera, sobre un asesino en serie, dicen que el mayor de su historia, que alarmó a la sociedad argentina a principios de los años 70.

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No tengo la suerte de haber visitado, aún, la República Argentina. Así que a falta de los suburbios de las ciudades argentinas, tiraré de los suburbios zaragozanos para ilustrar la entrada de hoy.

Hay que decir que, en lo que yo sé de la historia del país del cono sur, como sucede en otros países incluido el mío, el principal asesino en serie ha sido eso que llaman “el gobierno de la nación”. En Argentina, especialmente en los años 70 y 80 del siglo XX. Algo nos indican en la película, con la frecuente aparición de controles militares y amenazas en dependencias policiales de hacer confesar a los presuntos delincuentes electrocutándoles los testículos. Pero de lo que va esto es de una especie de Billy el Niño argentino, un adolescente que inició una sorprendente carrera de robos y asesinatos hasta ser detenido con 20 años, momento desde el cual está en prisión, hasta nuestros días. Se llama Carlos Robledo Puch, y es interpretado en la película por un actor novel, Lorenzo Ferro.

Por lo que he leído a posteriori, la película no es fiel a los hechos. Diríamos que se inspira en aquello para contar una historia particular, con una reinterpretación de los hechos y de la personalidad de “Carlitos” con no pocos toques psicoanalíticos, especialmente por sus especulaciones sobre la confusa sexualidad del criminal. La verdad es que el original también fue condenado por varias violaciones y abusos sexuales a mujeres de los que no se nos habla en la película. El resto de los personajes aparecen con nombres distintos a los que acompañaron las aventuras del criminal original. Y entre el resto del reparto tenemos que señalar la presencia de Chino Darín (sí, hijo del famoso Darín), que no lo hace nada mal, Cecilia Roth, que debería demandar a su cirujano plástico, y unos excelentes Daniel Fanego y Mercedes Morán. La dirección y la producción de la película están bastante bien, pero esta se apoya en esa excelente interpretación a la que nos suelen tener acostumbrados los actores y las actrices de aquel país.

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Película interesante, que merece la pena el visionado. No sé lo que aguantará en cartelera en una semanas muy competitivas, pero sería una lástima si no tuviera un recorrido razonable. A mí me parece bastante recomendable. Ya me parece más complejo que tenga éxito en su carrera hacia el Oscar… no sé yo si da para tanto, en una categoría, la mejor película de habla no inglesa, que últimamente tiene más nivel que la categoría máxima, la de mejor película.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

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[Cine/relato] Burning (2018) / Quemar graneros

Cine, Literatura

Burning (2018; 48/20181023)

La relativa insatisfacción que nos dejó la última película que comenté, y el hecho de que llevábamos un cierto “retraso” en las películas que queríamos ver de las recientemente estrenadas hizo que dos días después nos acercáramos a ver esta adaptación del director coreano Lee Chang-dong de un relato corto del japonés Haruki Murakami. Este principio de semana va a estar muy relacionado con este escritor nipón, porque tengo intención de comentar también el primer libro de su última novela, cuya traducción al castellano se puso a la venta recientemente y ya he leído.

De hecho, no había leído el relato corto adaptado, Quemar graneros, y es algo que he solventado estos días, por lo que de alguna forma el comentario será compartido para la obra literaria original y para la adaptación cinematográfica. La película, en versión original, se ha estrenado con el título internacional de Burning. Si en algún momento veis que en coreano se titula Beoning, es lo mismo. Viene de 버닝, que es la transcripción fonética al coreano de burning, pero que en la transcripción al alfabeto latino según las normas revisadas actuales resulta en beoning. Resultado de dos transcripciones fonéticas de ida y vuelta

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Por supuesto, nos damos una vuelta por Corea del Sur para ilustrar la entrada de hoy.

 

El relato de Murakami tiene ya unas cuantas décadas, ya que es de la primera mitad de los años 80 del siglo XX. Pero contiene muchos de los elementos de la ficción del escritor. No entra en los elementos más fantásticos o mágicos de algunas de sus novelas, pero si que nos plantea una situación que te deja con una sensación de misterio, y unas implicaciones en la trama que quedan en el aire. Un escritor de poco más de 30 años que conoce a una joven de 20, una especie de espíritu libre, pero también solitario, con la que mantiene relaciones esporádicas, y que en un momento se relaciona con un joven de 25 o 26 años, acomodado e… inquietante por decirlo de alguna forma. Que confiesa tener una curiosa “afición”; quemar graneros abandonados. Cuesta poco leerlo. Y os he dejado un enlace más arriba donde podéis hacerlo.

Lee toma ese relato y lo adapta a su Corea natal con algunos cambios. El escritor se convierte en un desorientado e introvertido aspirante a escritor de veintipocos, Jongsu (Yoo Ah-In). La joven, Haemi (Jeon Jong-seo) se convierte en una conocida suya de la infancia con la que coincide y de la que se enamora. Las características de la chica coinciden con el relato de Murakami, por lo demás. Y el joven acomodado, Ben (Steven Yeun) es algo mayor que los anteriores, pero también mantiene las características esenciales del personaje del japonés. Bueno… en Corea deben ser más frecuentes los invernaderos que los graneros,… y eso es lo que dice quemar por afición.

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Con un ritmo pausado, pero constante, acompañado de un música sobria pero que apunta muy bien los momentos, y por una fotografía de alto nivel que matiza muy bien la historia y alcanza brillantez en no pocos momentos, el director va relatando los avatares de este peculiar trío. Va introduciendo diversas variantes. A veces parecen tontorronas, pero no da puntada sin hilo. Que en un momento clave del relato, que sus protagonistas en lugar de escuchar el Airegin de Miles Davis, como sucede en el relato, escuchen el Générique de la banda sonora de Ascenseur pour l’échafaud, también de Davis, no me parece banal.

Y hay un momento en que la película diverge del relato. Más que divergir, Lee imagina más allá, decide romper la incertidumbre sobre lo que sucede tras la últimas líneas del relato de Murakami, y dejar claro porqué se habla en un momento de metáforas en su película, y cuál es la película. El tono de la narración cambia y pasa de ser un pequeño misterio en lo cotidiano que te deja con la mosca detrás de la oreja a un thriller con un final que no deja de impresionar. Si este “alargamiento” de la historia mejora o no el planteamiento de Murakami… está en discusión por parte de quienes vimos juntos la película y luego hemos leído el relato. Ese alargamiento, asociado al ritmo pausado que imprime el director, unido a alguna trama secundaria con escenas que aportan poco, causa una duración quizá un poquito excesiva de la película. Y en cualquier caso, tampoco resuelve del todo el misterio de la película. Sólo aporta lo que piensa uno de los personajes y las consecuencias de lo que concluye. Quemar invernaderos,…

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Uno de los méritos de la película es su reparto. Los tres protagonistas están bien o muy bien. El enigmático Ben está excelentemente encarnado por Steven Yeun, un actor popular en su país, pero que también se ha aventurado en el cine y la televisión occidental. El aprendiz de escritor cumple con un papel que no da especial brillantez por las características del personaje. Y para Haemi se opta por una novata en la interpretación que resulta un gran acierto. Jeon Jong-seo es una encarnación perfecta del personaje y sus numerosas contradicciones. Por ejemplo, es una chica muy mona, pero se aleja del aspecto de muñequita perfecta de muchas actrices jóvenes coreanas. El personaje afirma en un momento dado que se ha hecho la cirugía estética, habitualmente no tiene un duro, pero cuanto más la miras más te percatas de que siendo atractiva su rostro no parece precisamente afectado por una intervención de este tipo. Incluso tiene la nariz ligeramente desviada. En cualquier caso, lo hace muy bien.

Como resumen, lo que leí en algún sitio. Si es de Murakami y aparece un gato, da por echo que hay un misterio difícilmente resoluble. La película tiene mucho mérito, aunque desde mi punto de vista podría ser un poquito más concisa; ya he dicho que tiene escenas o secuencias que aportan poco a la historia general. Pero con buenas interpretaciones y una bella factura e interpretación, es un obra cinematográfica muy recomendable.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

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[Libro] La chica de Kyushu; la venganza se sirve muy fría

Literatura
Nota: por respeto cultural, los nombres orientales se conservan en el orden habitual en sus países de origen, el apellido en primer lugar y el nombre de pila al final.

Llevo un considerable retraso a la hora de comentar libros leídos. Esto es debido a una mezcla de factores; este verano estoy leyendo bastante, bastantes de los libros tienen una corta duración, y sólo comento un libro a la semana. Y eso que he abandonado al menos un libro en las últimas semanas, Los políglotas de William Gerhardie. No me enganchó nada en absoluto. Me habían anunciado que era divertido… y nop. Nada. Para compensar, ahora estoy metido en la lectura de un libro de 900 páginas, de autora española. Ya veremos.

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No llegué a visitar la isla de Kyushu en mi viaje a Japón. Pero hay un momento importante en la novela que transcurre en Hakone, población turística en la bahía de Sagami, en uno de cuyos extremos está Kamakura, donde sí estuvimos. Y ahí nos damos una vuela por el santuario de Tsurugaoka Hachiman-gū.

En cualquier caso, la novela negra de autor japonés, Matsumoto Seicho, que nos ocupa hoy no tiene una extensión muy larga. Cuesta poco leerla. Aunque conviene no apresurarse y asimilar bien lo que nos van contando.

Y lo que nos cuenta es una venganza, que a su vez no deja de ser un crimen. Una joven de 20 años, originaria de la más sureña de las islas principales del archipiélago japonés, se gasta sus ahorros en visitar en Tokio al más reputado abogado penalista del país. Pretende que defienda a su hermano, acusado, según ella, falsamente del asesinato de una prestamista. El abogado se negará, el hermano será condenado, pero morirá en prisión antes de ser ejecutado.

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La novela es de 1961, pero hemos de advertir que, aunque no sale tanto en las noticias como con otros países, en Japón también existe la pena de muerte, aunque en la actualidad sólo se aplique a asesinos múltiples y otros crímenes muy graves. En las últimas semanas se ha publicado la noticia de la ejecución de algunos miembros de la secta que atentó con gas sarín en 1995 en el metro de Tokio causando 13 muertos. Y hace no mucho tuvimos la oportunidad de ver una película de Kore-eda Hirokazu sobre un hombre condenado a muerte. Y cuya reseña no encuentro en este cuaderno de ruta a pesar de que la vi en su momento en el cine. ¿Se me olvidaría escribir de ella? Pues parece que sí.

Bueno… que unos meses más tarde nos encontramos a Kiriko, que así se llama la chica, viviendo en la capital nipona, trabajando en un bar de camareras… y parece improbable que se haya venido a la capital por gusto. Una posible razón puede ser la venganza. Pues todos, la chica, el abogado que se negó, y un periodista que se interesó por el caso, todos saben o sospecha que el joven era inocente.

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La historia es de las que llevan a rajatabla el viejo dicho que dice que “la venganza es un plato que se sirve frío”. En este caso, tras un comienzo muy prometedor, la novela parece entrar en un terreno en el que no pasa nada. En el que los conflictos han surgido y han pasado; los dilemas éticos se han planteado y se han diluido. Matsumoto se toma su tiempo, aunque la novela no es muy extensa, en cocinar con cuidado y precisión la venganza de Kiriko, puesto que de esto va la novela. Como alguna vez leí, es tontería matar por venganza a alguien. Cuando alguien ha muerto, nada siente. Por ello, la resolución de la historia será de otro tipo. Y llegará y será completa, le cueste lo que le cueste a la tenaz e indomable Kiriko.

No voy a decir que sea la octava maravilla de la literatura negra. Pero está bastante bien, e incluso crece en la mente conforme pasan los días, cuando terminas su lectura. Si comprendes la implicación de lo que sucede, la época en lo que suceden y lo que está dispuesta a hacer la protagonista por llevar a cabo su venganza. Funciona también como crítica social, pues desde el primer momento plantea que una persona sin recursos difícilmente puede tener una defensa correcta. Y todos los protagonistas lo saben. Quizá a la justicia se la suela representar como una señora con los ojos vendados y una balanza, no por la equidad con la que sujeta la balanza, sino para no dejar que lo que un rico es capaz de poner en un plato de la balanza frente a lo que es capaz un pobre le impida dejar que se incline convenientemente hacia el primero.

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