[Libro] Algo que brilla como el mar – Hiromi Kawakami

Literatura

Cuando estoy a punto de terminar el libro con el que estoy ahora, y viendo que tengo varios para comentar, se me han acumulado con las vacaciones, he decidido que esta semana, hasta que tenga nuevos contenidos en el ámbito de la fotografía o el cine, me vendrá bien hablar de uno de esos libros.

Esta novela de Hiromi Kawakami la leí durante mis vacaciones en Oporto. Este es mi cuarto libro de Kawakami. Reconozco que es una novelista que me gusta bastante, especialmente en la forma en que trata las relaciones humanas. El primer y el segundo libro que leí de Kawakami fueron novelas; el tercero, más bien un conjunto de relatos cortos con un protagonista en común. Como es frecuente en los novelistas orientales, más que una historia con la estructura clásica de la narración occidental, de presentación, nudo y desenlace, asistimos a un fragmento o fragmentos en la vida de los protagonistas de sus historias.

El mar, santuarios sintoistas, barcos que se escapan, las caóticas calles de una ciudad… todo en Japón. Como en la novela.

La novedad en este libro es que el protagonista es un adolescente. En los relatos de Los amores de Nishino ya había algunos en los que el personaje se encontraba en su adolescencia. Pero el punto de vista siempre era el de las chicas o las mujeres que con él trataban, o del que se enamoraban. Aquí el protagonista, cuyo punto de vista acompañamos, es Midori Edo(*), un chico adolescente de 17 años, en sus últimos cursos de instituto Vive con su madre, soltera, de unos 40 años, y su abuela. Pero su padre biológico no ha perdido contacto y se pasa de vez en cuando por la casa donde viven. Y tiene dos amigos, Hanada, un chaval que quiere vestirse de mujer por la calle, y Mizue, su novia. Quien le pide algo más, que no sabe lo que es y que no sabe cómo afrontar. Así, en este peculiar microcosmos, asistiremos a una transición, a una maduración del personaje, que llega a su climax con la excursión que hacen con Hanada durante las vacaciones de verano a una remota isla en los archipiélagos que rodean Nagasaki.

Volvemos a lo mismo que he comentado antes sobre los libros que antes he comentado de Kawakami. Es una maestra en desarrollar con sutileza los detalles más preciso e íntimos que pueblan y condicionan las relaciones humanas. Partimos de un adolescente en estado de perpetuo despiste, y a quien le cuesta entusiasmarse con nada. Bueno… con casi nada… porque Mizue le pone mucho. Aunque no la entienda. Pero es que todos los que le rodean, podrán parecer más o menos seguros o inseguros de sí mismos, pero lo cierto es que también acarrean su propio despiste vital. Es frecuente en la literatura japonesa contemporánea que venga reflejada la alienación de la persona en los entornos urbanos, megaurbanos a veces, donde encuentran difícilmente su lugar.

Me la leí en un periquete. Y sin embargo, se me quedaron muchos detalles. Muchos de ellos, emotivos. Porque acabas encariñándote, y mucho, de este pequeño microcosmos de familia y amigos en el que se mueve Midori. Muy recomendable.

(*)[Me desconciertan con frecuencia los nombres de pila japoneses; Midori puede ser nombre tanto de chico como de chica. De hecho, pensaba que era nombre sólo de chica. Pero no. También significa “verde” con el kanji 緑, que no siempre es el que aparece en el nombre. he averiguado que en el original de esta novela “Midori” se escribe con el kanji 翠, que también significaría “verde”, pero sólo en nombres de persona. Creo.]

[Cine] Las niñas (2020)

Cine

Las niñas (2020; 43/20200907)

Reconozco que tengo un problema de confianza con el cine español. Más que con el cine español, con los medios que hablan del cine español. Cuántas veces he acudido al cine en los diez últimos años animado por los comentarios positivos de los medios, de los críticos nacionales, y he quedado profundamente decepcionado. Convencido a la larga de la connivencia entre la industria del cine y los medios para proporcionarse mutuamente clientes, pero con ausencia de una honesta crítica sobre lo que espera en las salas al espectador.

Mis fotos de hoy, aunque tomadas hace unos meses, son de lugares que han permanecido muy estables con los años. Que forman parte del paisaje de mi infancia. Y que son vecinos a algunas de las localizaciones de la película de Pilar Palomero.

También me dan miedo cuando relacionan el cine con mi tierra; Zaragoza, Aragón,… situad el ámbito geográfico donde prefiráis. Después de hablar de las viejas glorias, ya desaparecidas muchas, que esta tierra dio al séptimo arte, y en medio de tópicos, llegan las alabanzas al nuevo realizador o realizadora de turno. Cuando llego a la sala nueva decepción. Así que cuando después del festival de Málaga hubo un coro prácticamente unánime de voces alabando el trabajo del primer largometraje de ficción de la zaragoza Pilar Palomero, no puedo negar que un temblor de escepticismo me recorrió el cuerpo. Al final, este lunes pasado, vencí esa sensación y, sólo, porque no encontré compañeros que me acompañasen, en gran medida por los motivos mencionados, me fui a las más céntricas salas de cine de Zaragoza, ciudad en la que está rodada la película.

Nos cuenta Palomera la transición de la niñez a la adolescencia,… o preadolescencia, de Celia (Andrea Fandos), que vive en un piso y barrio modestos de la capital aragonesa con su madre (Natalia de Molina), muy joven y aparentemente viuda, y asistiendo a un colegio de sólo niñas, religioso, regentado por monjas católicas, donde está su principal ámbito de relación y amistades, sus compañeras de colegio. Especialmente con la llegada de una niña huérfana que ha vivido hasta el momento en Barcelona, y que va más avanzada en su transición a la adolescencia.

Sobre la historia, no hay mucho más que contar. No es una historia de planteamiento-nudo-desenlace. Es una historia de este-momento-de-una-vida. Una vida que viene de algún sitio, que vamos descubriendo durante la narración cinematográfica, y que va a alguna parte… cosa que sólo podemos inferir por el hecho de que se nos insiste que estamos en el año 92 y que conocemos la historia y las vidas de las mujeres que eran niñas en esa época y que tienen ahora 40 años. Y Celia es una de ellas. O por lo menos ese es el mensaje que se nos transmite.

He de decir que durante la proyección e inmediatamente tras la misma quedé en un estado de relativa extrañeza. Por mis vivencias personales, si lo que se nos presenta en pantalla se nos hubiera presentado como una historia que transcurre en los años 70, en el final del franquismo o principios de la transición, momentos en los que yo vivía mi adolescencia y asistía a clase en un colegio religioso católico… me hubiera parecido de lo más normal. Un fiel reflejo de la época. Pero, ¿en el año 92? ¿cuando la mayor parte de los colegios religiosos se habían habierto desde 10 años antes a la educación mixta? ¿conociendo cómo fue la niñez y adolescencia de mi hermana, con una edad intermedia entre la mía y la del personaje de la niña de la película? ¿Nada había avanzado la sociedad española en 16-17 años? Salvo algunos detalles como la música popular y alguna otra cosilla, nada diferencia la Zaragoza del 92 que presenta Palomero de la de los 70. Es casi un ambiente atemporal, donde el año tiene una importancia relativa.

Pero la película es de las que dejan un regusto. Y es un regusto positivo. Es de las que crecen en la memoria. De las que poco a poco cala lo que has visto, tanto en su aspectos formales como en su fondo. Da igual el contexto. El viaje al que asistimos es interior. Y puede realmente ser equivalente al de otras muchas niñas a lo largo de muchas década, sirviendo el entorno de mero decorado, para una sociedad que ha evolucionado mucho más lentamente de lo que imaginamos, con valores con sus cosas buenas y con sus lastres, que han permanecido con más persistencia de lo que las apariencias de modernidad nos hacía creer. Palomero rueda con un presupuesto limitado, eso es evidente. Pero le saca partido. Optando arriesgadamente por un formato 1,37:1, cuadradote, con planos muy cerrados sobre la niña protagonista y el resto de las niñas. Sacando oro de la interpretación de la niña, que está fenomenal. Pero cuando hablamos de la interpretación de niños, dejando aparte las cualidades de los mismos, para que resulten naturales, si son buenas, inevitablemente hablamos del trabajo cuidadoso y cómplice de la directora. Sin el cual, las interpretaciones infantiles no resultan.

Cuántas veces se me ha ido el pensamiento después de ver la película a comparar a Celia con Ana (Ana Torrent), la niña que magistralmente presentó Victor Erice en El espíritu de la colmena, actriz infantil a la que pocos años después Carlos Saura volvió a aprovechar también magistralmente en Cría cuervos. Si de aquellas, el recuerdo predominante son los muy abiertos ojos de la niña, en esta ocasión, en otro ambiente, con otros problemas, es la sonrisa que eventualmente aparece en el rostro de Andrea Fandos. Esta vez sí que estoy de acuerdo con los voceros de los medios y las instituciones. Estamos ante una excelente película, que merece ser vista y reflexionada. Un trabajo extremadamente meritorio, que espero que alcance el reconocimiento que merece en tiempos tan difíciles para la exhibición de la obra de arte cinematográfica.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine] Nakitai watashi wa neko wo kaburu [鳴きたい私は猫を被ろ]

Cine

Nakitai watashi wa neko wo kaburu [鳴きたい私は猫を被ろ] (2020; 31/202000620)

Cuando viajas por Japón, especialmente en el entorno de los santuarios sintoístas, no es frecuente ver a la venta máscaras, caretas de animales, más o menos coloridas. Que algunos llevan, sobretodo chicas jóvenes, en la parte de atrás o en un lateral de la cabeza. Al principio me parecía gatos, pero las más frecuentes son kitsune y representan zorros. Pero hay de una diversidad de tipos, también gatos.

En Fushimi Inari Taisha, conocido santuario en Kioto, es el zorro el animal protagonista. Lo que sí es cierto es que a las nueve y media de la mañana menudeaban mucho más las chicas que los chicos visitando el lugar.

La película que traigo hoy, animación japonesa, debería haberse estrenado en salas de cine. Pero por los epidémicos motivos que ya nos son familiares, acabó siendo vendida para su distribución por Netflix a través de su plataforma de vídeo bajo demanda. Antes de que apareciera como estreno en la plataforma, desde hace algunos meses, había oído hablar de la película, dirigida por Jun’ichi SatōTomotaka Shibayama. Incluso había oído la pegadiza canción principal de su banda sonora. Y parecía que podía ser una película interesante. Vamos a ver qué tal.

La historia no resulta especialmente original dentro de la animación japonesa. Dos adolescentes chico y chica, la chica más alocada, más pizpireta, aunque problemas de integración en su familia, con padres divorciados, y con su padre que se ha vuelto a casar. El chico centrado, tranquilo, con ganas de seguir el camino de su abuelo, como alfarero. La chica se cuela por el chico, este no le responde, abrumado por los modos de ella. Y ella acaba haciendo un pacto con un gato tramposo que le ofrece una máscara con la que convertirse en gata y acercarse al chico y conocer sus secretos. Pero la cosa tiene su trampa, y las cosas se van a liar.

Lo cierto es que es una película que se queda en medio de la nada. No destaca ni por ser demasiado buena ni demasiado mala. Su guion no es brillante, pero es funcional y razonable. Su animación está dentro de lo competente en la animación japonesa. Y su planteamiento y resolución, previsibles, pero aceptables. Puede valer para pasar un rato si te gusta la animación nipona. Más dirigido a las jovencitas. Pero tampoco dejará un recuerdo especial en tu memoria. Pues eso. Aceptable, simpática,… y poco más.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Libros] Tsugumi

Literatura

La semana pasada conseguí superar, al menos temporalmente, el bloqueo lector que me ha ido afectando desde que empezó el año, y que, paradójicamente, porque se supone que tenemos más tiempo, ha empeorado desde que nos sumergimos en la crisis del nuevo coronavirus. Y en una tarde me merendé este título de la japonesa Banana Yoshimoto, de la cual ya había leído algunas cosas, una novela y un libro de relatos. Como en otros libros de la autora, especialmente los que tienen ya cierta trayectoria, y este fue publicado en 1994 por primera vez, suele tener como tema central las vivencias de mujeres jóvenes.

No he visitado la península de Izu en Japón, aunque la línea Tokaido shinkansen pasa cerquita. No está lejos de Tokio. Así que el ambiente costero lo representaré con la península de Kii, en el golfo de Ise. Y también con una representación de las gentes en Tokio, localización secundaria de la novela.

Y en este caso son dos. La narradora, Maria (adaptación del nombre tradicional occidental al japonés, まりあ), una joven de 19 años en sus primeros años de universidad, que aporta el punto de vista, junto con sus vivencias personales, y Tsugumi, su prima, un año menor, y personaje central de la novela. Tsugumi lleva arrastrando toda su vida las consecuencias de una enfermedad crónica, con periódicas recaídas, y la amenaza constante de una vida corta. Maria culpa a esta circunstancia el carácter caprichoso, tiránico y algo borde de Tsugumi. Durante una buena parte del libro, se nos narran acontecimientos que explican el carácter de Tsugumi y su relación con Maria y, de forma más secundaria, con la hermana la primera, Yoko, la mayor de las tres por poco. En la segunda mitad, conocedores del contexto se nos narra las vacaciones de verano de Maria, las últimas que pasará en el hostal familiar de una localidad costera de la península de Izu, donde ha vivido su infancia, hasta que su padre se divorció de su primera mujer y reunió a la familia formada con la madre de Maria, hasta entonces su amante, y la propia joven, realojándose en Tokio. Y en ese mes en la vida de las jóvenes pasarán muchas cosas.

La novela no es muy extensa, y tiene un tono que tiene una apariencia relativamente ligera. Pero que está llena de cargas de profundidad hacia muchos convencionalismos sociales; la relación de los padres de Maria, la tolerancia hacia el carácter cuasi sociopático de Tsugumi, el contraste entre el mundo provinciano y la gran ciudad, la enfermedad como excusa y como metáforas, la formación del carácter, la esencia de lo que constituye una amistad,… y varios otros más que se nos pueden ir ocurriendo. Yoshimoto no es convencional, y lo demuestra en varios momentos, en principio situando como heroína de la novela a una joven que normalmente consideraríamos odiosa y que sin embargo acaba resultando enormemente atractiva. Pero también con el giro final que da una bofetada a las convenciones del género de historias con persona enferma y destino infausto.

Todo ello, junto con el hecho de que Yoshimoto conoce su oficio, y la traducción la siento de buen nivel, hace de esta novela una lectura interesante, que avanza deprisa y te deja con buen sabor de boca. A pesar de no ser una novela con grandes pretensiones. Pero que no os engañe la ligereza de la puesta en escena; hay más chicha de la que parece en esta historia.

[Cine en TV] All the bright places (2020)

Cine

All the bright places (2020; 16/20200304)

Ha llegado marzo. Y con su llegada nos ha dejado la sensación de que el bajón de primavera en la calidad del cine que se proyecta en la cartelera ha llegado antes de tiempo. Generalmente son abril, mayo y junio los meses flojos,… pero es que no hemos sido capaces de encontrar una buena sesión a la que acudir a ver cine en pantalla grande. O las películas nos parecían carentes de interés o las versiones originales se limitaba a horarios en las que no nos venía bien. El caso es que durante el invierno, no era infrecuente que esos horarios cambiaran una o dos semanas después del estreno, abriendo oportunidades. Pero desde hace unas pocas semanas, simplemente desaparecen las versiones originales tras una semana en cartel. Promoción de la cultura que se llama. Así que esta semana me contentaré con un estreno reciente en una plataforma de vídeo bajo demanda a través de internet. Dirigida por Brett Haley, a priori y según lo leído en algún sitio, esta película quizá no fuese la octava maravilla del séptimo arte, pero parecía un producto digno. Así que le di una oportunidad. Por cierto, en España la han titulado “Violet y Finch”… así con toda la “originalidad” del mundo.

Hasta ahora, las fotos de nuestra escapada de hace una semana a la provincia de Teruel sólo las había tratado en blanco y negro, en la práctica. Hoy he optado por el color,… aunque no me salen “todo esos lugares brillantes”.

La película nos habla de la relación entre dos adolescentes, compañeros en el mismo instituto, aunque no se han tratado mutuamente hasta el momento. Ella, una chica muy pija, Violet (Elle Fanning), ha perdido a su hermana en un accidente de tráfico, pérdida por la que todavía se encuentra en duelo, con amenazas de que sea un duelo patológico. Él, un chico de clase trabajadora, Finch (Justice Smith), es el chico conflictivo del colegio, con algún eventual ataque de ira o ausencias del centro. Un trabajo de clase en el que tendrán que visitar juntos los lugares representativos del estado de Indiana, en el que viven, servirá para acercarlos e iniciar una peculiar relación.

Con una realización académica y funcional, los primeros compases de la película resultaron prometedores. La pareja de actores son razonablemente competentes, especialmente Fanning, como ya ha demostrado en otras películas, y sin resultar en absoluto una situación original, parece que nos está llevando a algún lugar interesante. Pero pronto la película empieza a torcerse, con un exceso de melodrama que va creciendo hasta un final supuestamente trágico, disfrazado de “venga va, todo está bien, porque todo el mundo es bueno”. La película resulta en definitiva no ser más que un publirreportaje de lo políticamente correcto en el mundo de la salud mental, en la que mezclamos en una coctelera gente con duelos patológicos, con abusos físicos en la infancia o con trastornos de la alimentación, tengan o no tengan que ver. Con ello, poco a poco, incluso las interpretaciones van decayendo, estando a punto de naufragar.

La película no es una catástrofe total, pero al final, llena de tópicos, y resultado de refrito de situaciones mil veces vista, no va más allá de lo que puede ofrecer un telefilm buenrrollista y de bajo presupuesto. Particularmente, no perdería mucho tiempo con ella.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

[Cine] Monos (2019)

Cine

Monos (2019; 15/20200225)

Película colombiana dirigida por Alejandro Landes, que venía precedida de cierta expectación por su amplio y exitoso recorrido por un sinnúmero de festivales de cine. El tema que trata es duro, los niños de la guerra, y por lo tanto de difícil abordaje. A nivel personal, me llamó la atención la presencia de una actriz norteamericana, Julianne Nicholson, que siempre me ha parecido muy sólida e interesante, aunque se haya movido más por la televisión que por la gran pantalla. Aunque le recuerdo alguna interpretación fenomenal. Ahora la podemos ver también en una serie de HBO, no terminada todavía, aunque en un papel con menos presencia del que prometía al principio.

Carezco de imágenes de las selvas de las regiones ecuatoriales, así que usaré para ilustrar la entrada los bosques pluviosos subtropicales de la península de Kii en Japón, en el santuario y la cascada de Nachi.

La acción nos lleva a las sierras y a las selvas próximas a las regiones ecuatoriales de Colombia, durante el conflicto entre grupos guerrilleros y el ejército del país, aunque no se identifica ninguna organización guerrillera en especial. Siempre se menciona, simplemente, la “Organización”. Allí, un grupo de adolescentes y preadolescentes realizan su instrucción como guerrilleros mientras custodian a una “doctora”, aparentemente un ingeniera (Nicholson). Pero cuando son dejados sin supervisión aparece su naturaleza inmadura, en la que se mezclan sus complejas interrelaciones sociales, su hedonismo (el grupo es mixto, con chicos y chicas) y su inconsciencia a caballo entre la edad infantil y la adulta.

Rodada en un medio natural apabullante, con una primera parte en lo alto de las sierras, brumosas, cálidas y frías a un tiempo, abierto, con sensación de libertad, para pasar después a lo profundo de la selva, al denso bosque pluvioso, que otorga a la continuación de la acción de un ambiente opresivo, encerrado, mientras la débil sociedad adolescente se degrada. Todo ello filmado con indudable maestría, en la que hay que reconocer el inmenso trabajo del director de fotografía (Jasper Wolf).

Aparte de la interpretación de Nicholson, que está, como de costumbre, muy bien, los jóvenes protagonistas de la película, con nulo recorrido previo, realizan un interpretación muy libre, muy espontánea, que otorga credibilidad a la acción. Los referentes están claros. Especialmente porque en algún momento se realiza una clara referencia y homenaje a Lord of the Flies, obra literaria a la que debe mucho.

Película muy recomendable, aunque compleja en diversos planos y no fácil de contemplar en algunas de sus fases. Desasosiega, al principio, durante y al final de la acción.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine] Jojo Rabbit (2019)

Cine

Jojo Rabbit (2019; 05/20200119)

El neozelandés Taika Waititi ha sido responsable de algunos de los productos audiovisuales para cine o televisión más creativos de los últimos años. Que luego gusten más o menos es otro problema. Aunque Waititi tiene bastantes partidarios. También ha tonteado con el dinero a espuertas de las superproducciones superheroícas, mucho más inanes desde el punto de vista creativo y cinematográfico. Pero eso es otro problema. O simplemente, aunque el dinero no dé la felicidad, se da buena maña para imitarla, como decía Mafalda. La de Quino. Y Marvel/Disney debe de pagar bien.

La película está rodada en localizaciones de la República Checa, mejor conservadas que la destrozada Alemania de finales de la guerra mundial. Aunque existan excepciones al destrozo general, como la fronteriza y hermosa ciudad de Constanza.

La película de hoy arrancó con cierta polémica. Y es que sale Hitler (interpretado por el propio Waititi) como amigo imaginario de un niño de diez años. Y los políticamente correctos se lanzaron al ataque. Es curioso que hay quienes empezamos a pensar que tan peligrosos para la libertad de expresión son los fascistas como los talibanes de la corrección política. Hay veces que dicen cosas sobre el humor, la parodia o la risa como crítica social y política que me recuerdan a las opiniones de cierto monje castellano que imaginó Umberto Eco en su novela más conocida. Pero en filosofía y pensamiento, siguiendo con la novela de Eco, yo soy más de la línea de Guillermo de Baskerville, hijo natural de Guillermo de Ockham y Sherlock Holmes.

La película se presenta como una comedia, y en no pocos momentos hace que nuestras caras se iluminen con sonrisas. E incluso esbocemos alguna carcajada. Que no acaban de ser francas, porque no hace falta ser un lumbreras para saber que dado el lugar y el tiempo de la película, la Alemania nazi en 1944-45, la probabilidad de que se convierta en un drama, si no en una tragedia, es alta. Jojo (Roman Griffin Davis) es un niño que vive con su madre (Scarlett Johansson), y cuyo padre está, supuestamente, en la guerra. El niño es un nazi convencido. Pero su mundo se desmorona cuando descubre que su madre esconde en casa a Elsa (Thomasin McKenzie), una resuelta adolescente judía.

La película bebe de los planteamientos de las películas de Roberto Begnini y Wes Anderson, conceptuales o formales. Y está notablemente bien planteada y rodada. Waititi sigue mostrando su capacidad creativa y su dominio de la puesta en escena con pocos momentos notables, aunque también con algún convencionalismo de libro para el tipo de película ante el que estamos. En el aspecto interpretativo, se apoya sobretodo en la omnipresencia del niño protagonista, que es un enorme acierto de reparto, y sus interacciones con una jóven pero sólida McKenzie. Scarlett Johansson está probablemente en su mejor papel en muchos años, aunque sabe a poco; es un personaje de quien nos gustaría saber más y de quien se podría hacer otra película. Lo mismo sucede con otro secundario, el capitán Klenzendorf, intepretado por el siempre solvente Sam Rockwell, y cuya disimulada pero obvia humanidad, también podrían ser merecedoras de una película propia.

¿Dónde están los defectos, si los hay, en esta película? Desde mi punto de vista, en la transición entre la comedia y el drama. Aunque sabíamos que vendría, no sabíamos qué forma tendría. Y aunque provoca que el cine se sobrecoja… luego se sigue de una fase en la historia que está contada de una forma muy sumaria, entrecortada y… bueno, es que daría para otra película. Como podéis ver, en mi opinión, el universo que Waititi crea en esa ficticia ciudad alemana es lo suficientemente rico para dos o tres películas más. Y eso nos deja con la sensación de que lo que se nos cuenta está bien, pero es insuficiente. En cualquier caso, una película bastante recomendable. Probablemente no como para darle ese Oscar a la mejor película al que es candidata, pero sí como para que cualquiera le merezca la pena acercarse a la sala de cine, a poco que le guste el séptimo arte. Eso sí, me sentiría cómodo con que se llevase alguna de las otras cinco estatuillas a las que es candidata.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Libro] Hotel Iris

Literatura

Indudablemente Ogawa Yōko [intento respetar habitualmente los nombres asiáticos como son originalmente, con el apellido delante y el nombre propio en segundo lugar] es una de las escrituras más estimulantes que contemporáneas que he tenido la oportunidad de leer, no sólo de la literatura japonesa, sino de la literatura en general. Y uno de los principales motivos para ello es variedad en su propuestas. No se encasilla fácilmente a sí misma en ningún género.

Hace unas semanas leí una reseña, un comentario de la novela que traigo hoy, que me despertó el interés. No existe una traducción en formato electrónico de esta novela traducida al castellano. Editorial Funambulista tiene la ha publicado en tapa blanda, no de bolsillo, por algo más de 15 euros. La versión electrónica de la novela en su traducción al inglés se puede encontrar desde algo más de cinco euros. ¿De verdad que no lo pillan los editores españoles? Supongo que “confían” en la ignorancia para los idiomas de los españoles. Bueno… algunos podemos leer en inglés. Y en ambos casos es una traducción, ninguna de las dos es la obra original, que para mí es inaccesible por mi incapacidad para entender y leer el japonés. Así que me leí la traducción inglesa. He de decir, para los que aborrecen los libros electrónicos, que dichas diferencias de precio también existen en las ediciones en papel con respecto a las traducciones a otros idiomas, que pueden ser entre seis y ocho euros más económicas.

El nucleo de población de Katsuura, en el municipio de Nachikatsuura, donde nos alojamos estas vacaciones pasadas, nos puede servir como escenario de la acción de esta novela. Aunque la misma transcurre durante un caluroso verano, y nosotros estuvimos durante un húmedo y todavía cálido principio de otoño.

Una vez echa la crítica al sistema editorial español, encerrado en el círculo vicioso de la gente no lee, entre otras cosas, porque es caro; como lee poca gente, pongo un precio alto por libro para compensar los costes globales de la edición, y la gente no lee, entre otras cosas, porque es muy caro… y así, ad nauseam, procedo a comentar la novela. Al principio tengo la sensación de estar ante una variante de la Lolita de Nabokov. La atracción que siente un hombre mayor, viudo, por una adolescente. Pero pronto encontraremos algunas diferencias. La adolescente de nuestra novela actual, Mari, tiene ya 17 años, se encuentra próxima a la adultez, y no vive en un entorno especialmente interesante. En algún momento de los años 80 o principios de los 90 del siglo XX, es la hija de la avara dueña de un hotel, más bien barato y poco interesante, en una localidad costera de lo que entendemos que es Japón. Pero por la naturaleza de la descripción del lugar, podría ser cualquier sitio. En el hotel se produce un escándalo entre una prostituta y su cliente, un traductor de folletos del ruso al japonés, que vive en una isla cercana. Y es la joven la que se fija en el hombre y la que provoca su encuentro, no al contrario. De ahí resultará una extraña relación, que ambos califican como “amor”, y que eventualmente nos lleva a descripciones, bastante explicítas, de la relaciones sexuales entre ambos, basadas en la dominación de la joven que es atada y obligada a situaciones humillantes. Al mismo tiempo que, cuando no están en la intimidad de la habitación, es la joven la que parece llevar la voz cantante de la relación, mostrándose el traductor como introvertido y poco decidido.

Aunque no me considero una persona mojigata, no negaré que el relato en algunos momentos me resulta incómodo. Nunca me he llevado bien con la violencia asociada al acto sexual, incluso si la misma es de alguna forma consentida, en la medida de lo que pueda valer el consentimiento de una joven de diecisiete años frente a las demandas de un hombre adulto cuya edad no es desvelada, pero que parece rondar los sesenta años. O algo menos, puesto que narrada desde el punto de vista de la chica, un hombre más joven puede parece muy mayor y viejo para una chica muy joven. De hecho, alguna referencia indirecta me hace suponer que no sobrepasa por mucho los 50 años. Y es que es algo importante que constantemente se nos cuenta la historia desde el punto de vista de la chica.

Y la chica no vive precisamente en un paraíso fuera de la relación con el traductor. La madre es absorbente. La utiliza como un recurso más. Controla su aspecto como si fuera un inventariable más del hotel que tiene que estar presentable. Es huérfana de un padre que era la única figura parental positiva de la que tiene recuerdo. Desescolarizada precozmente, con bajo nivel educativo. Es mona, aunque ella se siente fea. Lo que la lleva a sufrir eventualmente el abuso de algún cliente, con la tolerancia de la madre que no quiere que nada afecte al negocio… Como podemos ver, frente a quien pueda querer ver en la novela de Ogawa una mera narración erótica encuadrada en las relaciones sadomasoquistas, tenemos un entorno en el que Ogawa nos está hablando mucho más sobre las patológicas y tóxicas relaciones a las que está expuesta una mujer joven. Las cargas de profundidad contra determinadas actitudes sociales están dispuestas a lo largo de la novela bien disimuladas, pero explotando de forma efectiva cuando toca. Salvo que el lector sea un superficial que sólo se fija en “lo único”, que a lo mejor entonces no se cosca.

Con un relato cuyo devenir nos hace sentir que nos encaminamos siempre hacia la tragedia, lo cierto es que es una lectura que puede ser incómoda, pero que cuando la dejas reposar te ha merecido la pena. Y confirma la capacidad de Ogawa para adaptar su estilo y sus argumentos a los temas de forma magistral.

[Libro] Luz de guerra

Literatura

De entrada decir, para dejar las cosas claras desde el principio, que este libro del canadiense, nacido en Sri-Lanka, Michael Ondaatje ha sido una de las sorpresas más agradables de lo que llevo de año de lectura. Ondaatje alcanzó cierta celebridad por ser el autor de la novela en la que se baso la película del mismo título, The English Patient, que arrasó en la ceremonia de entrega de los Oscar de marzo de 1997, y con razón. Pero su carrera es algo más que aquella novela puntual, como he podido comprobar en alguna ocasión. Y cuando hace poco leí que recientemente se había publicado la traducción de su última novela, decidí ponerme a ella.

Los canales navegables de Londres y que comunican la capital con sus alrededores, para el transporte de mercancías, legítimas o ilegítimas, tiene su importancia en la trama, y es lo que os traigo aquí.

Estamos ante una novela compleja. Difícil de adscribir a un género determinado. ¿Es un drama familiar? ¿Es una historia de transición de un adolescente hacia las complejidades del mundo adulto? ¿Es una de las mejores historias de espionaje que he leído en mi vida, y al mismo tiempo, alejada de todas las convenciones del género? ¿Es una crítica a unos modos de hacer y entender los servicios de inteligencia de los países desarrollados, específicamente el Reino Unido? O simplemente, todo ello al mismo tiempo.

En el momento en que al protagonista, narrador en primera persona de la historia, y a su hermana, de 14 y 16 años respectivamente, les comunican que sus padres se van durante un año a trabajar en Asia y que se quedan al cuidado de un amigo de la familia, les cambia la vida. Estamos en el principio de la posguerra mundial. En un Londres que sufre las cicatrices y las carencias derivadas del conflicto mundial. Donde el límite entre el bien y el mal se ha difuminado, en el que el de la clandestinidad patriótica y la criminal ha desaparecido. En ese ámbito, el joven protagonista descubrirá el mundo, las mujeres, el sexo, y acabará por despertar totalmente del mundo de la despreocupación en el trágico momento en que regresará su madre, iniciando una vida de adulta marcada por la incertidumbre de quienes son sus personas cercanas, de quién es el mismo.

Estamos ante una historia que nos da sorpresas, que evoluciona. Que cambia de género conforme su protagonista descubre el mundo. Estamos ante una novela en la que hay profundas reflexiones éticas, que toma partido ante el cinismo que conlleva la desaparición de esos límites entre lo adecuado y malvado, muchas veces por iniciativa de las propias estructuras públicas del estado que deberían velar por los valores de una sociedad que presume de haber combatido a la tiranía en nombre de la democracia. Hay drama, algún momento para el relajo humorístico y alguna que otra tragedia. Probablemente inevitables.

Una de las mejores obras de ficción que he leído este año. Una de las mejores novelas que he leído en general. Una demostración de la profundidad de los temas y del dominio de la prosa que tiene Ondaatje. No es la lectura más fácil en ocasiones, pero es de las más ricas. Totalmente recomendable.

[Cine en TV] Tell me who I am (2019)

Cine

Tell me who I am (2019; 52/20191025)

Hacía tiempo que no incluía un estreno en plataforma de vídeo bajo demanda, que desde hace unos años incluyo también entre mis comentarios de estrenos cinematográficos. En esta ocasión afrontamos, por primera vez en mucho tiempo, un documental. Un documental que nos ofrece Netflix, y que llegó a la plataforma sin mucha publicidad, o yo no estuve al tanto, pero del que me enteré por un enlace sobre fotografía.

Londres y las zonas rurales no alejadas de la capital británica serán los escenarios donde se desarrollará el drama que nos relata este documental.

El documental trata de la historia de dos hermanos gemelos británicos, uno de los cuales sufre al final de su adolescencia un terrible accidente con traumatismo craneoencefálico que borra toda su memoria, todos sus recuerdos, de su época infantil y adolescente. Con la ayuda del archivo fotográfico y de su hermano gemelo va reconstruyendo esas épocas, como una época feliz en familia, lo típico de cualquier hogar de clase media. Aunque percibe que la relación de los dos hermanos con sus padres es extraña. Hasta que a la muerte de la madre, el padre había muerto previamente, unos años más tarde, la aparición de otra fotografía le alarma y pone en cuestión la realidad sobre esa vida reconstruida tras el accidente. Solo décadas más tarde, los dos hermanos ya con más de cincuenta años volverán a retomar su vida en común para sacar a la luz la verdad.

El documental nos plantea varios temas. Uno de los principales, que no voy a desvelar, el de los problemas, profundos e inquietantes, de la relación de los dos jóvenes con sus padres. Otro es el de la relación entre hermanos y las difíciles decisiones que ha de cargar sobre sus espaldas uno de ellos que, queriendo a su hermano, tiene que decidir qué puede hacerle más feliz; la verdad o una realidad adulterada, azucarada. El tercero es el derecho de la persona a conocer la realidad de su vida, con el fin de tomar las decisiones que como persona autónoma, libre con capacidad de decisión, tiene derecho. Tema este último en el que estoy sensibilizado, pensando en la conspiración de silencio que en nuestra sociedad existe todavía con determinados enfermos con enfermedades graves, probablemente mortales, a los que se les oculta el diagnóstico “por su bien”. En el documental, el problema de base es distinto, pero en esencia es la misma cuestión.

El documental se ve con interés. De alguna forma, el misterio que rodea la vida de estos jóvenes te atrapa como el de una buena película de ficción. Pero te planteas en ocasiones si el enfoque no tiene un punto de efectista en ocasiones. De que al director, Ed Perkins, que no hace mal trabajo, le importa más el efecto que va a producir en el espectador que la empatía por los dos hermanos, y la reflexión sobre los aspectos más negativos y preocupantes de nuestra sociedad. Porque hay elementos importantes en la historia que deja caer, pero en los que no se profundiza. No obstante, es bastante recomendable. Y la forma en que los dos hermanos se desenvuelven en las entrevistas en pantalla resulta de lo mejor. Por ello, esas cuatro estrellas en “interpretación”, aunque no lo sea propiamente hablando.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Libro] El verano sin hombres

Literatura

Poco antes de salir de viaje hacia China en mis dos semanas de vacaciones de final de primavera, se conocía en la prensa que el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019 se concedía a Siri Hustvedt. No soy muy dado a interesarme por estos premios que otorgan fundaciones a través de prestigiosos jurados y esas cosas. Suelo dar más importancia o me interesan más aquellos premios en los que los premiados son elegidos entre sus pares. No es que esta fórmula carezca de vicios, véase los Oscar; pero bueno,… nunca se conocerá la naturaleza de cómo un jurado “de prestigio” delibera, y que razonamientos se exponen. En un premio como el Princesa de Asturias, uno sospecha lo políticamente correcto juega un papel muy importante sobre la calidad o las cualidades de los candidatos. Pero qué queréis que os diga, me alegro que se lo hayan dado a Hustvedt.

Simplemente, algunas fotos en blanco y negro tomadas hace unas semanas con mi cada vez menos nueva Fujfilm XF10, interpretadas en blanco y negro, de la vida social en la calle de Zaragoza. Despedidas de solteras incluidas, que al fin y al cabo el matrimonio es uno de los temas que trata la novela de hoy.

Conocida por muchos… en realidad en este país es conocida por pocos. Pero, de esos pocos, muchos la conocen más por ser la segunda esposa de Paul Auster que por sus méritos propios. Que no son pocos. Yo la conocí a propósito de la literatura. Y en aquel momento, yo no sabía quién era su conyuge. La editorial La Fábrica publicó una breve colección, una pena que ya no siguiera sacando más títulos, en la que unía relatos literarios de buen nivel con las fotografías de fotógrafos también de gran calidad. Y uno de ellos unía a Hustvedt y al iraní Reza en un estupendo libro de relatos en torno a la figura de Simbad el marino.

Para celebrar el premio, decidí adquirir este “verano sin hombres”, que iba a ser mi lectura durante el viaje a China. En él, una mujer, poetisa, en sus cincuentaytantos se refugia en su ciudad de origen, donde vive su anciana madre, después de una ruptura con su marido, que se ha liado con otra mujer más joven, lo cual desencadena un episodio de trastorno psicótico breve que la lleva a un hospital. Recuperado del cual, durante un verano, antes de reincorporarse a su trabajo académico, se refugia como decimos en la localidad de origen. Allí, reflexionará sobre su vida, se relacionará con su madre y su grupo de ancianas amigas, y dará clases de poesía a un grupito de treceañeras, que llevan sus conflictos inter e intrapersonales a cuestas.

En su conjunto, Hustvedt nos plantea su visión de la vida de la mujer, desde que sale de la niñez y se tiene que enfrentar a la sociedad y a las relaciones interpersonales por primera vez, sometida a tensiones (trata bastante el tema de abuso entre adolescentes) hasta la vejez, el miedo a la pérdida de la autonomía personal y a la muerte. A no ser. También cómo las convenciones sociales han condicionado tradicionalmente las vidas de las mujeres, forzándolas incluso a vivir una doble vida; una pública, de acuerdo a la moral dominante, y una privada, de acuerdo con los propios valores y creencias. Una reflexión que evita los tópicos de este tipo de situaciones, frecuentemente vistos en otras obras literarias y en el cine, para ir a una visión feminista pero no carente de autocrítica hacia el propio género femenino.

No está mal el libro. Tengo la sensación de que no es su obra más conseguida, de hecho ya tengo otra en espera que me despierta más expectativas. Pero está bien. Es recomendable. Se lee bien, teniendo una escritura y un planteamiento cuidados, y sabe evitar una linealidad monótona en el desarrollo de una historia, que no es una tanto una historia en sí misma como un corte en el tiempo, un segmento en la vida de una mujer que le sirve de recapitulación de lo que ha sido hasta ese momento y de lo que puede ser en un futuro. Con un aire de optimismo general hacia las capacidades de las mujeres, representado en lo que ha sido la madre y su grupo de amigas, como en la energía vita de la hija.

[Cine] Kimi no suizō wo tabetai (2018)

Cine

Kimi no suizō wo tabetai [君の膵臓をたべたい] (2018; 23/20190412)

Esta historia me empezó a llamar la atención hace ya un tiempo. Y es que la traducción de su título al castellano llama la atención. Ese Quiero comerme tu páncreas, título en castellano de la película doblada, que parece que es una traducción razonablemente certera del título original, sorprende. Especialmente en el marco de un drama entre adolescentes. Porque más parece un título de película sobre zombis o similares, que la de una sobre la relación entre dos jóvenes de 15 o 16 años. Pero el caso es que, como soy aficionado a la animación nipona, empecé a oír hablar de la adaptación de esta “novela ligera” al cine hace ya un tiempo. No pensaba que fuese a llegar a las salas de cine de nuestro país. Pero desde hace un tiempo, la animación japonesa se está abriendo paso con más facilidad entre las distribuidoras. Tres llevamos ya este año en la cartelera zaragozana, contando el 25º aniversario de Totoro.

La película que nos ocupa hoy transcurre durante una primavera, y las primeras escenas están llenas de cerezos en flor. Y encima, la protagonista se llama Sakura, el nombre de la flor del cerezo en japonés. Así que hoy ilustramos la entrada… exacto, con flores de cerezo ornamental japones. Sakura.

Shin’ichirō Ushijima, el director de esta película de animación, es relativamente novato. Cuatro episodios de series de animación era todo su currículo como director hasta esta película. Y nos traslada a un género que nunca está del todo de moda, pero que periódicamente resurge en las carteleras. Chico/chica, joven/”jóvena”, hombre/mujer que se conocen y entablan una relación romántica/de amistad/mitad y mitad, hasta que se descubre que uno de los dos, generalmente ella, sufre una enfermedad incurable. Este género ha dejado algún escaso ejemplo de historia interesante, y una abundancia de pastelazos y abuso del “cine cebolla” destinado a estimular las glándulas lagrimales, y dormitar posteriormente en las profundidades del olvido, salvo en el de las mentes más cursis. Y con frecuencia, pese a lo que parezca, el interés no recae en la experiencia de la persona que ve recortada drásticamente su esperanza de vida sino en el impacto del que queda.

Tal cosa sucede en esta película, que atiende más a la evolución del introvertido y asocial muchacho protagonista que a la joven Sakura, quien va a morir debido a una enfermedad (desconocida) que provoca una insuficiencia funcional de su páncreas, que pone patas arriba su vida en una relación que constantemente navega en el equívoco entre la amistad y el romance. Digan lo que digan los que apuestan por una historia de amistad, el director nos deja abundantes pistas de que el muchacho piensa en Sakura de otra forma mucho más carnal. Obsérvese el fondo tras Sakura en una escena en la que ambos comen en un restaurante, y tendréis una pista.

La realización es de un tipo habitual en la animación japonesa. Detallados fondos y ambientes, con unos personajes esquemáticos aunque fácilmente reconocibles por algunos trazos o elementos que los individualizan. Mucho desenfoque de fondos, una par o tres escenas de lucimiento en el dibujo (abundancia de cerezos en flor, los fuegos artificiales que no falten,…) y el recurso a un cambio estilístico cuando nos movemos en el terreno de lo onírico o de los recuerdos. Y un problema que lastra constantemente la película. Esta llena de clichés. El chico serio y la chica pizpireta. La mejor amiga de la chica, algo arisca, que desconfía. El chavalote simpático que ofrece su amistad a todo el mundo. Los fuegos artificiales. Los cerezos en flor. Los viajes en tren. Todos estos elementos los hemos visto en otras película o series, mejor utilizados o con más sentido, más de una vez.

Al final, qué tenemos. Una película entretenida, que te deja con un buen sabor de boca, pero que poco a poco se va diluyendo en el recuerdo como un producto mucho más vacío y carente de originalidad de lo que parecen. Una sensación de déjà vu casi permanente, y un exceso de cine cebolla de recurso fácil. Tanto “azúcar” que al final necesitas más inyecciones de insulina que las que precisa la insuficiencia pancreática de la joven.

Como curiosidad, un año antes, la misma historia había sido llevada al cine pero en acción real, dirigida por Shō Tsukikawa y protagonizada por la pizpireta (aunque a ratos algo cargante) Minami Hamabe y el poco expresivo Takumi Kitamura. La busqué y la vi en casa el fin de semana. De alguna forma, siendo una película discreta y poco memorable, sin ser mala, y relatando la misma historia al 90 %, sin embargo transmite alguna e idea más interesante. Y sobretodo desde un punto de vista más adulto. Tengo la sensación que siendo más fiel a la novela original. Aunque eso sólo es una suposición, porque no he accedido a la misma.

Por cierto… aprovechando mis conocimientos profesionales. Es posible vivir sin páncreas. Con una diabetes complicada de manejar, y con la necesidad de suplementos enzimáticos, pero es posible vivir sin páncreas.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***
Y una rosa, para finalizar.