[Cine en TV] Polar (2019) // River’s Edge (2018)

Cine

Dos estrenos en Netflix que, como en años previos, incluyo ya en mi listas de estrenos del año. Uno me merecerá poco comentario. El otro algo más.

Polar (2019; 12/20190224)

Adaptación al cine en forma de producción propia de Netflix de los relatos gráficos de Víctor Santos, de quien he leído alguna cosa, aunque ninguna de la serie Polar, y que es dirigida por el sueco Jonas Åkerlund, quien fundamentalmente se ha dedicado a dirigir videoclips y documentales sobre el mundo de la música.

Nos cuenta la historia del asesino a sueldo Duncan Vizla (Mads Mikkelsen), que se va a retirar tras una lucrativa carrera, pero cuyo empleador, Blut (Matt Lucas), no quiero desembolsar la pensión de retiro, por lo que encargará a su secuaza, Vivian (Katheryn Winnick), para que movilice a sus matones y lo liquiden. Vizla se refugiará en un alejado lugar de Montana, donde conocerá a una joven, Camille (Vanessa Hudgens), que condicionará el resultado final de esta caza al hombre.

Con una estética excesiva, una historia excesiva, y unos efectos visuales excesivos para intentar trasladar el ambiente de las historietas, a pesar de contar con algún acierto en el lado del reparto, esta historia no ha llegado a interesarme en ningún momento realmente, poniendo duramente a prueba mi “suspensión temporal de la incredulidad”, y con un guion predecible y no especialmente dinámico. No especialmente recomendable.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **
Para ilustrar esta entrada, y puesto que la película más interesante es la dedicada a la adolescencia nipona, imágenes de esta durante nuestra visita a Itsukushima… pero nunca tan oscuras como las que nos muestra la película.

Ribāzu ejji [リバーズ・エッジ] (2019; 13/20190305)

Bajo el título internacional de River’s Edge, el título original no deja de ser la transcripción en kanas japoneses de este mismo título en inglés, nos llega a través de Netflix la distribución internacional de la última película del japonés Isao Yukisada, de quien no creo haber visto ninguna película previa. Fue presentada en la Berlinale del año pasado con cierto éxito y, aunque no tiene una elevada valoración en el público votante de sitios como IMDb, venía avalada por una diversidad de críticas bastante positivas. A mí, tal y como la presentaba la plataforma de vídeo bajo demanda, literalmente como “película juvenil”, y pareciendo una película de institutos japoneses, no me atraía demasiado. Pero alguien me dio un toque para que le prestase atención.

La película, rodada en un “anticuado” 4:3, va siguiendo las desventuras de un grupo de seis adolescentes en los años 90 del siglo XX, en algún suburbio de una ciudad japonesa, probablemente Tokio o alguna otra de su área metropolitana. En un momento dado hacen una referencia y se filman algunas escenas en el acuario de Hakkeijima, que se encuentra en Yokohama… así que por ahí van los tiros. Los dos personajes más protagonistas, dentro del tono de película coral, son Haruna Wakasuka (Fumi Nikaidō), una joven vivaz y despierta pero algo confusa en la vida, y un joven gay, Ichiro Yamada (Ryō Yoshizawa), que recibe con frecuencia abusos de otros chicos del instituto. Haruna sale con un chico, uno de los abusones, Kannonzaki (Shūhei Uesugi), que a su vez mantiene relaciones sexuales esporádicas con Rumi (Shiori Doi), una amiga de Haruna, que se nos presenta como bastante promiscua. Completan el cuadro Kanna (Aoi Morikawa), la chica enamorada de Ichiro, con quien sale, porque a este le sirve de tapadera de su homosexualidad, y Kozue Yoshikawa (Sumire), una joven modelo, que padece algún que otro trastorno de la alimentación y a la que le gustaría ser algo más que amiga de Haruna.

Lejos de la habitual ñoñería melíflua de algunos dramas de instituto japoneses, que perpetúan con frecuencia una serie de estereotipos y roles, especialmente la chica tontita, pero buena gente y muy mona, que se enamora del chico arisco y altivo, muy inteligente y que todas pretenden, y donde todos llevan inmaculados uniformes mientras cursan su bachillerato preparatorio, aquí nos encontramos con un grupo de adolescentes en estado de desorientación vital permanente. Nada de uniformes, ropa de calle, normalita y corriente; vaqueros, sudaderas, suéters, camisetas,… Un paisaje feote, de urbanizaciones de colmenas de hormigón. Un río alrededor del cual pasan cosas y que desagua las aguas de las feas y humeantes industrias cercanas, y un misterioso cadáver abandonado completan el paisaje de la película. No hay maniqueísmos, ni héroes. Todos los chicos y chicas tienen sus debilidades, pero también despuntan sus cualidades.

Una realización descarnada. Escenas de violencia y sexo muy directas. Una visión inicial y superficial diría que estas son algo gratuitas, y destinadas a la explotación sexual del físico de algunas de las protagonistas. Pero en realidad, compruebas que también tienen un ritmo y, sin palabras, nos aportan información sobre cómo son las relaciones entre los jóvenes, y especialmente sus vulnerabilidades. El formato casi cuadrado de los fotogramas colabora en la sensación de opresión y ahogo.

No hay complacencias, ni happy ends en esta película. Que en realidad no tiene una conclusión definida salvo para alguno de sus protagonistas, ya que la vida de todos los demás continuará. Sin muchas esperanzas. Una visión del Japón de los años 90 amenazado por algunos actos terroristas, por la crisis financiera asiática, por problemas medioambientales y urbanísticos, que curiosamente tienen eco en lo que ha ido sucediendo en el mundo en las décadas siguientes, lo que hace que esta película, cuya acción está situada 20 años o más atrás en el tiempo, sea plenamente actual y válida para cualquier país del mundo. A mí me parece bastante, bastante recomendable.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Relato gráfico] Una mujer de la era Shōwa

Literatura

No es habitual que comente dos novelas gráficas o historietas en semanas seguidas. Pero es que esta que presento hoy en realidad la leí antes que la biografía de Graciela Iturbide que os comenté la semana pasada. Es de las pasadas navidades; pero se me había olvidado. Y no es porque no me gustase… es que llevo muchas cosas en la cabeza y se me pasó.

En esta ocasión estamos ante una obra inacabada del historietista japonés Kamimura Kazuo, con guion de Kajiwara Ikki. Inacabada hasta tal punto que, aunque el título de la obra nos habla de una mujer, en realidad lo que encontramos es la historia de una niña y adolescente que culmina cuando llega a la edad adulta. Una historia que nos traslada a los tiempos en los que el militarismo japonés había instaurado una dictadura nacionalista en el país y este se encaminaba hacia la catástrofe de la guerra, con fuertes represiones internas a los críticos y disidentes. La joven Shōko será hija de uno de estos disidentes, que huye de la persecución, y de una mujer que acabará muriendo como consecuencia de las torturas dispensadas por la policía política cuando buscan al padre. Por lo tanto, estamos ante una historia de crecimiento por libre de una niña y adolescente en el hostil ambiente de la guerra y la posguerra inmediata.

Unas cuantas estampas de Japón en sus aspectos más tradicionales, para ilustrar el comentario de este libro sobre las difíciles transiciones sociales de este país asiático.

Estamos ante una obra con un argumento intenso, un relato con un estilo y un argumento claramente adultos. Escenas de violencia y sexo, no precisamente con intención erotizante, salpican un mundo de policías corruptos, mafias, geishas y prostitutas (con límites muy imprecisos entre estas dos categorías, en ocasiones), el mundo de la calle o el de los orfanatos y centros de reforma juveniles. Una intensa crítica hacia los cimientos más podridos y menos confesables de la sociedad nipona.

Me ha parecido una obra notable, aunque su condición de inacabada es muy patente, y deja una insatisfacción por su cierre en falso. Porque sabes que no se ha contado todo lo que había que contar, y que el propio título del libro habla de un recorrido por una larga era de la historia reciente del País del Sol Naciente, de la que sólo se nos muestran algunos compases, pero no toda la melodía.

Nota: Para aquellos que no se cosquen con el tema de las eras japonesas, recordar que la era Shōwa es el nombre que recibe el tiempo del reinado del emperador que conocimos como Hirohito, y que ahora es conocido en Japón con su nombre póstumo, emperador Shōwa. Abarca desde 1926 hasta 1989. Un ejemplo de las eras más famosas de Japón es la era Meiji, en la que el país salió de su régimen feudal, de carácter medieval, para entrar en la revolución industrial de modo casi forzado. Pues bien, el emperador Meiji fue Matsuhito en vida, y la era Meiji abarca de 1867 hasta 1912, los años del reinado de Matsuhito.

[Cine] The Third Wife [La tercera esposa] (2018)

Cine

The Third Wife [La tercera esposa] (2018; 05/20190116)

Película vietnamita, con diálogos en el idioma oficial de ese país, pero que aparece con el título original en inglés y por eso va así. Siempre que la película que presento la he visto en versión original, procuro respetar el título original. Es la segunda película que vi la semana pasada. Durante los años 90, quizá muy al principio de los 2000, vi algunas películas del director vietnamita Tran Anh Hung, protagonizadas en mayor o menor medida por su esposa Tran Nu Yen Khe. Me gustaron mucho. Años más tarde, hacia 2011, pude ver la adaptación que este director realizó de Norwegian Wood, la novela más famosa de Murakami Haruki; película interesante, aunque un tanto fallida desde mi punto de vista. El caso es que este primer largometraje de la directora Ash Mayfair se presentaba con la colaboración como asesor artístico del veterano director del sudeste asiático, y precedida de comentarios y críticas interesantes, aunque diversos. Me interesó.

No he visitado todavía Vietnam. Así que, quedándonos en Asia, ilustraré la entrada con fotografías realizadas en el pueblo de pescadores de Tai O, en la isla de Lantan, Hong Kong. Que no es precisamente un paraíso, pero puede ser muy fotogénico.

Como curiosidad, no convencí a nadie de que me acompañara y fui solo a una sesión a las cuatro de la tarde en versión original. La sala de cine está sólo a unos 10-15 minutos caminando de mi lugar de trabajo, de donde salgo alrededores de las tres y media, así que me venía muy cómodo. Salvo la primera media hora en la que había otro espectador… estuve solo.

Mayfair nos presenta en poco más de hora y media una historia situada los años de final del siglo XIX, aunque tanto el lugar como la ambientación dotan a la película de una profunda atemporalidad. Una joven, May (Nguyen Phuong Tra My) casi una niña, de catorce años se desplaza a una hacienda donde se va a desposar con un terrateniente que ya tiene dos esposas. La mayor es Ha (la mencionada Tran Nu Yen Khe, a sus cincuenta años tan elegante y atractiva como hace veinte), y la segunda es Xuan (Mai Thu Huong). Pronto descubrirá que la vida en la familia es más compleja de lo que pensaba, que hay un entramado de relaciones e intereses. Y, aunque es bien recibida y apoyada por las esposas mayores, pronto percibirá que su posición que en la familia dependerá de que sea capaz de dar un hijo varón a su esposo. Y la tensión interior aumentará cuando quede embarazada al poco de la unión.

Lo primero que hay que decir es que el trabajo interpretativo por parte de este grupo de mujeres, los hombres aparecen siempre en un segundo plano y con pocas intervenciones, es absolutamente impresionante. La joven protagonista tenía sólo 12 años cuando se presentó a la selección para el papel, la cámara la va siguiendo casi constantemente, y aguanta el tipo con una expresividad y una solidez impresionantes. Es una película de pocos diálogos. Y estos actúan como complemento al despliegue visual y sonoro que la directora nos muestra en los poco más de 90 minutos, de cadencia aparentemente pausada, pero en los que no dejan de pasar cosas trascendentes constantemente. Economía de medios y aprovechamiento máximo del lenguaje cinematográfico para lanzar mensajes, para mostrar sensaciones o expresar sentimientos. Muy buen fotografía de la directora de fotógrafa tailandesa basada en EE.UU. Chananun Chotrungroj. Y el sonido y efectos de sonido son también de una riqueza exuberante.

La película está rodada en un paisaje de aspecto paradisíaco. Bellísimos paisajes fluviajes, rodeados de cortados montañosos y selvas, profundas cuevas, armoniosas haciendas, tranquilos templos budistas… Todo lo cual contrasta con el hecho de que las mujeres que protagonizan esta película están encerradas en una presión construida sobre una estructura social basada en el patriarcado en el que son un elemento más de la riqueza y del estatus del terrateniente. El despertar de la niña obligada a convertirse en mujer a marchas forzadas desde el momento en que llega a la hacienda y tras los ritos oportunos ha de entregarse físicamente al marido, siendo expuestos a la vistas de todo el mundo los restos de esta primera noche. Pero conforme crece y va acomodando sus percepciones, sus deseos, sus preferencias, también aumenta el conflicto. En la película se genera una tensión que tiene su primera consecuencia en la llegada de otra niña a la hacienda para convertirse en la primera mujer del joven adolescente hijo del hacendado, siendo rechazada por estar este colado por otra de las mujeres de la hacienda. Y ese aparente paraíso se puede convertir en un infierno en un momento dado. La película está llena de simbolismos y metáforas que se nos ofrecen visualmente. Los diálogos, en ocasiones, resultan incluso aparentemente banales, aunque como digo no hay desperdicio en esta cinta.

Bellísimo y valiente alegato contra las estructuras patriarcales que todavía persisten en buena parte del globo, en muchas culturas que, amparándose en las tradiciones y su forma de ser, mantienen situaciones de opresión hacia las mujeres. Pero también hacia otras personas de la sociedad, muchas veces con el apoyo de las religiones mayoritarias y de las estructuras de poder de la sociedad. Esta película ha superado las expectativas formadas en torno a ella, tanto en los aspectos formales cinematográficos, como en el potente mensaje que aporta. A pesar de haberla visto en solitario… la considero imprescindible. Aunque quizá no sea del gusto de los deglutidores compulsivos de palomitas que necesitan tres horas para ver cómo unos cuantos machotes vestidos con pijamas de colores se lían a tortas y destruyen Nueva York, mientras tipos con un parche en el ojo nos dan la brasa dando explicaciones peregrinas sobre porque el malo es tan malo. No. A esos puede que no les interese.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[TV] Cosas de series; de adolescentes va la cosa

Televisión

Dos series muy distintas, con adolescentes como protagonistas. Pero ya digo, con un tono y enfoque tremendamente dispar. Para todos los gustos.

En primer lugar tenemos la serie británica Derry Girls. Serie que llega a Netflix un año después de su emisión por una cadena televisión convencional en su país de origen. Y ha sido una de las más agradables sorpresas que nos ha deparado la televisión el año pasado. Para los que no se cosquen, Derry es una población en el Úlster, o Irlanda del Norte, puesto que hay condados del Úlster que pertenecen a la República de Irlanda, y que oficialmente recibe el nombre de Londonderry. Pero durante los años del conflicto armado entre el IRA y el gobierno británico, fue uno de los focos más duros del conflicto, donde los choques entre católicos republicanos y protestantes unionistas, y las fuerzas armadas británicas, fueron más duros. La ciudad es denominada Derry por católicos y por la República de Irlanda, que es el nombre tradicional de la ciudad, mientras que los protestantes y las autoridades británicas la denominan Londonderry.

Fotográficamente nos pasearemos por la República de Irlanda, que no tiene las mismas connotaciones que los condados irlandeses del Úlster, pero bueno… es que allí no he estado.

Y en este “paraíso” que fue en los primeros años 90, con el conflicto muy recrudecido, encontramos a un grupo de chicas adolescentes, de 16 años, católicas que asisten a un colegio de monjas, que además de convivir con este ambiente de conflicto, tienen que sacar adelante los conflictos propios de la adolescencia. A esto se une la presencia de un chaval de su misma edad, primo de una de ellas, que es matriculado en su colegio, único varón entre todas las chicas, porque por su condición de inglés, las autoridades escolares temen que salga mal parado si asiste a un colegio de chicos.

Tradicionalmente, en Irlanda del Norte los católicos han ocupado los escalones más bajos de la escala social, uno de los motivos que han realimentado los conflictos, además de los políticos y religiosos, por lo que nos encontramos en barriadas obreras y con un nivel sociocultural bajo. Y en medio de todo esto, su creadora Lisa McGee nos ofrece una desternillante comedia que sabe a muy poco con sus seis episodios de apenas 25 minutos de duración, en la que afortunadamente abandona todo intento de “corrección política”, tan nefasta últimamente para la creatividad artística como los peores autoritarismos. Porque aunque el humor de esta serie se mete con todo y con todos, lo hace de forma inteligente, y manteniendo una constante empatía con las jóvenes adolescentes, y su primo, absolutamente inconsecuentes hasta la médula consigo mismas, como es propio de la edad, al mismo tiempo que pone en solfa la propia sociedad dividida de Irlanda del Norte. Muy destacable su actriz protagonista, Saoirse-Monica Jackson, que está muy bien acompañada por todo el reparto.

Por otro lado, desde Japón nos llega la enésima adaptación a una serie de acción real de una serie de historietas, Koi no tsuki [恋のツキ], difundido en Netflix con el título internacional de Love & Fortune. Esta es una de esas series japonesas que despistan. Por su planteamiento, y procedente del mundo del manga, dan la impresión de que van a estar dirigidas a un público adolescentes. Pero luego te encuentras con temas delicados, adultos y complejos.

En esta historia conocemos a Wako (Eri Tokunaga ), una mujer de 31 o 32 años, que lleva cinco o seis viviendo con su novio en un modesto apartamento, y que tiene un modesto empleo en un cine pequeño, dedicado a películas menos comerciales. Casi lo que antaño llamábamos un cine de arte y ensayo. A Wako le gusta mucho el cine. Pero por lo demás está sumida en rutinas que no la satisfacen, y está empezando a escuchar con fuerza el tic-tac de eso que en las mujeres treintañeras se suele llamar con frecuencia “el reloj biológico”. Y en estas está cuando conoce a un muchacho de 15 años, Yumeaki Iko (Fūju Kamio), también aficionado al cine y con el que conecta… demasiado. Hasta llegar a la intimidad física. Generando un lío fenomenal en su vida y en la de quienes la rodean. Que empeorará cuando el dueño del cine donde trabaja anuncie que cierra.

Delicado tema el de las relaciones entre adultos y adolescentes. Más cuando la diferencia de edad implica que la mujer adulta prácticamente doble la edad del joven. En los casos en los que la relación de sexos está invertida, casi siempre se convierte al hombre en un villano. En esta ocasión, fundamentalmente se juega con el monumental despiste vital que arrastra Wako, y que necesitará resolver antes de seguir adelante y poder salir del callejón sin salida emocional en el que se mete ella solita; especialmente porque un adolescente no puede aportar la madurez que a ella le falta. Ni la historia lo pretende. Como digo, la serie no se anda con chiquitas. Y si bien no hay escenas de desnudos, sí que hay escenas de relaciones sexuales, diversas, y con adolescente por el medio. Cuestiones que no pocos países estarían calificadas, más allá de las cuestiones éticas, como delito.

La serie funciona razonablemente bien, aunque quizá se extienda un poquito más de la cuenta. Pero está desequilibrada a nivel interpretativo. Si Tokunaga lo hace bastante bien, y algunos de los miembros del reparto más adultos acompañan con solvencia, los miembros más jóvenes del reparto van más flojos. El chico protagonistas cumple, sin más. Y hay una chiqueta,
Yui Imaizumi, que parece que ha salido rebotada de uno de esos horribles y multitudinarios de “idols” que cantan y bailan, y que va bastante justita de habilidades intepretativas. Parece que salía en aquel curioso invento de la clase de chicas adolescentes que encontraban una mañana muerto a su profesor y se ponían a resolver el misterio de su muerte. Pero no la recuerdo.

Una serie interesante, aunque no deja de ser extraña. Especialmente con elementos del argumento y un happy end de difícil digestión. Pero que se deja ver, especialmente si te acercas sin demasiados prejuicios.

[Cine] Roma (2018) y una apostilla [Too All Boys I’ve Loved Before (2018)]

Cine

Roma (2018; 59/20181221)

La última película del mejicano Alfonso Cuarón, un gran director, uno de los mejores de nuestros tiempos, eso ya no cabe duda, está en boca de todos. Por diversos motivos. He dicho, y lo digo convencido, uno de los mejores directores contemporáneos, incluso si no siempre me gustan sus películas. Pero así son las cosas. En esta ocasión había dos cuestiones a priori que condicionaban la visualización de esta película, en la que vuelve a sus raíces mejicanas. La crítica se ha rendido a la película de forma incondicional, con unos niveles de aplauso por aclamación casi desusados. Lo cual eleva mucho las expectativas del espectador. La segunda es la polémica de los estrenos directos en la plataformas de vídeo bajo demanda. En esta ocasión, hubo una disposición de los responsables de la película para estrenar en cines, pero con la negativa de Netflix de retrasar su estreno en su plataforma televisiva. La película ha conseguido un estreno limitado en salas, lo que le permitirá optar a determinados premios cinematográficos, pero en muchas ciudades no la hemos podido ver en pantalla grande.

Ante esto tengo que decir dos cosas. Los distribuidores y exhibidores de cine, al menos los españoles, hace tiempo que hacen cosas que no sé si realmente les permiten atraer espectadores al cine, pero que realmente molestan a los amantes del cine. Que no son los mismos que la mayoría de los espectadores. No voy a desgranar ahora esta cuestión… pero cada vez me molestan más las políticas de distribución y exhibición del cine en España, con numerosos atentados hacia el producto artístico, cuando merece este nombre. Pero parecen estar más interesados en atiborrar al público de palomitas grasientas y con toneladas de sal a precio de oro, que en fomentar el amor por el séptimo arte.

La segunda cosa es que es una pena no poder ver esta película en una sala con pantalla grande y en buenas condiciones. Es una película de cine, no de televisión. Su imagen, un blanco y negro de alto nivel iluminado por el propio Cuarón, y su sonido, son matizados, sutiles, y especialmente este último es más difícil de apreciarlo en el ambiente más ruidoso de un domicilio particular. Yo hubiera pagado, sin dudarlo, una entrada por ver esta película a pesar de disponer de ella gracias a la suscripción a Netflix.

En cuanto a la película… no apta para quienes consideran las películas de la Marvel el no va más del séptimo arte. Está en las antípodas. Estamos en una película del tipo, “un año en la vida de…”. Un corte en la realidad. No hay propiamente planteamiento, nudo y desenlace, el esquema tradicional del canon narrativo occidental, aunque cada vez encontramos más excepciones. Y la posibilidad de asomarnos a otras culturas para experimentar otras opciones. En esta ocasión, seguimos a una familia de clase media mejicana entre el verano de 1970 y el de 1971. Centrado el foco sobre una criada indígena, mixteca, de veintipocos años. Que lleva su drama particular cuando queda embaraza de un tipo que no quiere saber nada de ella ni del bebé. Pero de fondo tenemos también las vicisitudes de una familia “ideal” que quizá no sea tan ideal.

Película de reivindicación de las personas de raíces indígenas, pero también una película de reivindicación de las mujeres de toda clase social en el profundo y arraigado machismo de la sociedad mejicana. Todo ello aderezado por una realización primorosa, con planos y movimientos de cámara tranquilos pero de elevado contenido artístico y conceptual, y por la interpretación más que notable de la novata Yalitza Aparicio y en la que hay que destacar también el papel, secundario en teoría, pero fundamental, de Marina de Tavira como señora de la casa. Por la edad de Cuarón, funcionará también como ejercicio de nostalgia, ya que estaría en su niñez en la época en la que transcurren los hechos, con toda la agitación social y política del país en aquella época.

La recomendación es simple. Si tienes Netflix, no sé, no entiendo, no comprendo por qué no la has visto todavía. Y si no lo tienes, y no te interesa, cógete el mes de prueba gratis para verla. Y luego haz lo que te convenga con la suscripción. ¿Está claro?

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: *****

Apostilla: To All Boys I’ve Loved Before (2018)

To All Boys I’ve Loved Before (2018; 60/20180826)

Leo el otro día que esta película se ha convertido en uno de los grandes éxitos de Netflix. Es de las más vistas, y de las más revisionadas. Es decir, que además de ser vista por mucha gente, hay mucha de esta gente que la vuelve a ver. Hay que decir que yo la vi en agosto. Pero luego no encontré momento para comentarla. Es un producto claramente dirigido al público juvenil, relaizado por Susan Johnson, y protagonizado por una dinámica y simpática Lana Condor. Fue más noticia en su momento por el protagonismo de una chica norteamericana de origen asiático y no europeo, que por otras cualidades. Es una comedia romántica que se deja ver bastante bien. Pero esta sí que es un producto que se puede disfrutar tranquilamente en casa, no la hubiera visto en una sala de cine. No me hubiese molestado. Aunque ambas películas que comento hoy comparte su estreno en una plataforma de vídeo bajo demanda, son dos productos claramente distintos. No obstante, la voy a incluir entre mis estrenos del año para el resumen que haga dentro de unos días.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Libro] Ser feliz era esto

Literatura

Tengo bastantes cosas en reserva para comentar en los próximos días en este Cuaderno de ruta. Pero voy a empezar con algo de lectura, que siempre viene bien.

Hace unas cuantas semanas, apareció como oferta a un precio ridículo en Amazon Flash un libro del escritor argentino Eduardo Sacheri. El nombre me sonaba pero no terminaba de localizarlo, así que hice una búsqueda por internet. Sacheri publicó la novela La pregunta de sus ojos, la cual fue adaptada al cine por Juan José Campanella con gran éxito. Recibió el Oscar a la mejor película de habla no inglesa y, lo que es más importante, muchos disfrutamos y nos emocionamos con ella. Ya han pasado más de nueve años de aquello… como pasa el tiempo. El caso es que con semejante antecedente, decidí dar una oportunidad al novelista y leer esta oferta que me llegaba en un entorno en el que es raro encontrar buenos libros. Quizá por eso muchas de estas ofertas lo son.

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Por una de esas causas y azares, Lucas es escritor, aunque sólo ha publicado una novela, que fue un éxito y que le permite vivir sin prácticamente trabajar. Pero su sueño es tener un vivero y trabajar con plantas. Incluso sin tener ni idea sobre el tema. Así que ilustraremos la entrada con algunas de las últimas rosas de la temporada en la rosaleda del Parque Grande de Zaragoza.

La novela nos presenta a Sofía, una adolescente de catorce años, menuda, reflexiva, que viaja sola en un autobús camino de Buenos Aires desde su ciudad natal, Villa Gesell, una ciudad turística de las de sol y playa a casi 400 kilómetros al sur de la capital argentina. Su madre ha muerto. Y le ha dejado una carta en la que le informa de quién es su padre, Lucas, y dónde vive. Un dato que recalcitrantemente le había ocultado hasta ese momento. Tampoco Lucas sabía que tenía una hija. A partir del inesperado encuentro entre padre e hija, dos desconocidos entre sí, les acompañaremos en su proceso de acercamiento, con las dificultades que surgen por el camino, con las dudas y miedos de ambos.

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La novela no se ceba en el drama/melodrama. Al contrario, abunda en humor tranquilo e inteligente. Narrada en tercera persona, el punto de vista del relato es siempre el de Sofía. Son sus pensamientos, sus miedos y su interpretación de lo que sucede alrededor lo que conocemos. Sabemos de lo que hace y dice Lucas, pero difícilmente sabemos a ciencia cierta lo que realmente piensa, puesto que esta matizado por los juicios y prejuicios de Sofía que es la que escucha por nosotros, los lectores. En la novela abundan los diálogos ágiles, adecuadamente coloquiales. Y el lenguaje utilizado con frecuencia también se corresponde con el de los pensamientos de una chica de catorce años, inteligente pero llena de miedos, a encajar, a su desarrollo como mujer, a la pérdida,… Lo de cualquier adolescente, pero amplificado por la muerte de la madre. De quien conocemos poco. Incluso las circunstancias de su muerte no quedan claras hasta el final de la novela.

A mí me ha encantado. La devoré. Incluso si te obliga a consultar el diccionario más de lo habitual para no imaginar lo que significan algunos de los argentismos que, naturalmente, pueblan la obra y que no siempre debemos dar por hecho que sabemos lo que significan por el contexto. La obra es buenrollista, y pone en valor el hecho de ser diferente, de no ser convencional. Pero con naturalidad, sin estridencias. Muy recomendable. Especialmente si te cuesta menos de un euro. En ese caso, un chollo. Una agradable excepción a la tendencia que tienen las ofertas de Amazon a ser unos pestiños.

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[Cine] Meari to majo no hana (2017)

Cine

Meari to majo no hana (2018; 43/20180914)

Hace ya un tiempo que me enteré de la realización de esta película de animación japonesa. Y tenía mucha curiosidad por ver que tal había quedado. Y como parecía que iba a ser estrenada en España, esperé pacientemente. Seguramente, a estas alturas no será difícil verla por otros medios en tu casa. Pero el viernes pasado, solito, porque nadie más se me animó a acompañarme en una versión original a las ocho y media de la tarde de un viernes, en el que además después tenía otra cosa que hacer.

Acueducto, Nanzen-ji - Kioto

Con lo rico que es el folklore y la mitología nipona, me llama la atención que también se sientan atraídos por los de la Europa occidental a la hora de crear sus películas, adaptando historias de otros países. Unas veces con más fidelidad, otras tirando de la rica imaginería propia. En cualquier caso, una excusa como otra cualquiera para pasear por algunos de los muchos templos tradicionales de Kioto.

Pero pongámonos en antecedentes. Mi estudio de producción de películas de animación favorito, Studio Ghibli, anunció en 2014 que cerraba sus puertas a la producción de nuevas películas; por diversos motivos en los que no voy a entrar. Se iban a centrar en la gestión de los derechos, las mercaderías y otros activos derivados de las películas producidas desde 1986, con Tenkū no Shiro Rapyuta (El castillo en el cielo), hasta 2017, cerrando con Omoide no Mānī (El recuerdo de Marnie). No, Nausicaä no fue la primera película del estudio. Sí, parece que hay un nuevo proyecto que implica que sí que van a volver a producir películas, con un hipotético estreno en 2020.

Una de las consecuencias del cerrojazo, presunto, a la producción de nuevas películas, fue que algunos de los creativos más dinámicos y jóvenes del estudio se quedaron con ganas de sacar adelante sus proyectos. Y esto llevó al director de la película que nos ocupa hoy, Hiromasa Yonebayashi, junto con otros antiguos animadores de Ghibli, a fundar el Studio Ponoc, cuyo primer largometraje tenemos hoy aquí.

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Yonebayashi dirigió dos películas para Ghibli, ambas, de acuerdo a la costumbre del estudio, con interesantes protagonistas femeninas, Arriety y Marnie. Y ambas tenían otra cosa en común. Estaban basadas en obras de autoras británicas de libros infantiles. Las dos películas tenían buenas cualidades. A mí, Arriety me parece un encanto de película, muy adecuada para el público infantil. Pero, quizá por no ser obras de Miyazaki o Takahata, los directores más emblemáticos del estudio, no tuvieron la repercusión fuera de Japón que merecían.

La nueva heroína, esta vez de Studio Ponoc, también procede, como sus antecesoras, de la literatura infantil británica, ya que es adaptación de The Little Broomstick de Mary Stewart. Y si tenemos en cuenta que la traducción del título japonés nos da literalmente el título en castellano, Mary y la flor de la bruja, ya nos podemos percatar de va la cosa. Sí, aventuras de una jovencita preadolescente que de repente se convierte en bruja.

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La película para mí tiene una serie de problemas. Antes de nada, decir que es una aventura de animación perfectamente razonable para un público infantil, correctamente realizada y suficientemente entretenida. Pero… Primero, si vienes de Studio Ghibli y haces una película de una joven bruja, va a ser inevitable comparar a Mary con Kiki (Nicky en la versión castellana, porque les parecía un nombre con connotaciones obscenas). Y Kiki es una absoluta delicia de película, mucho más original, mucho más profunda conceptual y muy muy muy entretenida.

Por otro lado, en los últimos tiempos, la ausencia de Ghibli no se ha notado excesivamente en Occidente. A nosotros nos llega una fracción de lo que se hace en Japón en el campo de la animación. Hay abundancia de producciones de calidad, que no traspasan sus fronteras. Pero últimamente nos han llegado algunas que nos han satisfecho bastante a la hora de recoger el testigo de Ghibli de presentar personajes con los que empatizamos inmediatamente, muchas veces chicas, heroínas de los cotidiano que nos han encandilado. Sea con la espectacularidad y el romance de la huérfana Mitsuha, sea con la sencillez, el sufrimiento y la honestidad de la recién casada Suzu. Por poner algunos ejemplos. Ambos están muy por encima de la película que hoy nos ocupa. Yo me quedo especialmente con la segunda, aunque sea la primera la que ha recibido más atención mediática y del público.

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Sinceramente, espero que este nuevo Studio Ponoc (“medianoche” en serbocroata) vaya creciendo y progresando. Siempre son venidas las producciones de animación que nos sacan de ciertos caminos trillados de la animación occidental. Ya se nos anuncia que se viene una nueva producción de este joven estudio, con una antología de tres historias cortas, que ya se debería haber estrenado en Japón, aunque no sé si en salas comerciales. Pues veremos,… espero.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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[Libro] Tres días y una vida

Literatura

Que Pierre Lemaitre se ha convertido en muy poco tiempo en uno de mis escritores favoritos es algo que no puedo, ni quiero ocultar. Su relato de la posguerra de la del 14-18, recientemente llevada al cine, ya me supuso una sorpresa literariamente tan estupenda como inesperada. Y eso que me había venido bien recomendada. El hecho que después haya leído dos (1 y 2) de su libros de polar, como llaman los franceses al género policiaco o detectivesco, un género al que no tengo excesiva simpatía, y sin embargo me hayan encantado, algo quiere decir. Pero sentía la necesidad de volver a leer algo, no policiaco, que me confirmase mis sensaciones. Y aquí aparece esta novela para cambiar un poco de tercio.

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Ilustro con diversas imágenes de la Francia rural, desde los Pirineos a la Alsacia, pasando por el valle del Dordoña, en el Perigord y en el Quercy.

Si hace unas semanas nos metíamos en el mundo de la Francia rural, más o menos profunda, y boscosa, en un relato televisivo de crímenes más o menos en serie, hoy volvemos a esa Francia con otro drama de muertes en los que se ven involucrados niños y adolescentes.  Y bosques. En algún lugar de Francia. La más tradicional. La católica. La que tiene mucho más en común con la España profunda de lo que ellos quiere creer. Un adolescente, inseguro, que no tiene claro su nivel de aceptación entre sus semejantes. Hijo de una mujer separada. En un momento de rabia, agrede a un niño de seis años y lo mata. No quería… pero lo mata. Y a partir de ese momento, en su vida y en la de sus paisanos se desatarán una serie de tormentas, una sociales y familiares, otras de carácter físico, meteorológico, que pondrán patas arriba la vida de todos.

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El libro tiene dos vertientes. Por un lado, la vicisitud del joven protagonista, que verá marcado su destino por estos desafortunados hechos. Un destino que le condicionará siempre, y que le obligará a optar por caminos en su vida que lo alejarán para siempre de lo que quiso. A una vida que no iba a ser la suya. Una reflexión sobre las consecuencias de nuestros actos. O que no hay actos sin consecuencias. Es algo que se podría discutir… pero ahí esta la tesis de la novela.

Por otro lado, la crítica social ante una sociedad eminentemente hipócrita en su conservadurismo y en sus buenas costumbres, donde casi nadie es lo que parece. Donde ser rico no es sinónimo de ser listo, donde ser guapa no es sinónimo de ser atractiva más allá de la atracción animal, donde todo tiene que cambiar para que todo siga igual.

No está al mismo nivel, brillante, de las tres novelas predecesoras que he leído de este autor. Pero está a buen nivel, y es perfectamente recomendable.

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[TV] Nada como un buen bosque para revolver un pequeño pueblo…

Televisión

Hoy será en la televisión, y el pueblo en cuestión, en el norte de Francia, en los bosques de las Ardenas cerca de la frontera francesa. Pero dentro de unos días,… no sé cuando podrá ser, será en un libro, en una novela. También francesa.

Vamos con la historia televisiva. La forêt (El bosque, en castellano), una miniserie francesa, en la que desparecen tres adolescentes de las cuales una aparece violada y asesinada en el bosque. Y las otras… un misterio. Con un nuevo jefe de gendarmes en el pueblo, un pueblo al que no faltan misterios entre sus habitantes. Incluso antecedentes de asesinatos de jóvenes y mujeres jóvenes asesinadas algunas décadas atrás. En fin, todos los ingredientes habituales de este tipo de producciones, que podríamos denominar el “género negro se va de turismo rural“.

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No tengo fotos de las Ardenas francesas, pero alguien me ha recordado hoy el Quercy, que también tiene bosques, es bonito y muy rural. Y francés. Beaulieu, Castelnau, Rocamadour, Brantôme… Bueno este último igual era Perigord. Pero en el valle del Dordoña también.

Hay una diversidad de estas producciones. En USAmérica, en el Reino Unido, en el Nordic Noir escandinavo,… yo creo que incluso en España ha habido alguna de estas. Y por supuesto en Francia, que pese a ser un país avanzado tecnológicamente, no deja de tener un país profundo, de una ruralidad tremenda, bastante conservador, que al mismo tiempo que da muestras de gran belleza paisajística y en sus pequeñas poblaciones, da un poco de miedo. Porque nunca sabes si sus habitantes son descendientes de la resistence o de los colaboracionistas del ocupante nazi. Aunque la historia oficial gabacha prácticamente niegue esta última, al mismo tiempo que un elevado porcentaje de franceses se alejan de los postulados de la ilustración y la revolución y se entregan en brazos de la familia Le Pen, o similares.

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No está mal. Pero tampoco pasará a la historia de la televisión. Se deja ver. Pero si no lo ves tampoco pasa nada. Yo la he visto. Y tampoco me ha pasado nada. Aunque me entretuve. Vive la France! Por cierto, se me olvidaba, está en Netflix, donde si buscas “el bosque” aparecen hasta tres producciones distintas. Originales con los título ¿eh?

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[Libro] 4 3 2 1

Literatura

Hace ya prácticamente mes y medio o más que terminé de leer este libro. Me impactó mucho. Me gustó mucho. Pero decidí que antes de comentarlo tenía que digerirlo un poco. Lo curioso es que eso me llevó a olvidarme de él, porque la vida sigue, porque otros libros le siguieron que acapararon mi atención. La verdad es que llevo un cierto retraso comentando libros leídos. No creo que tarde muchas semanas en ponerme al día, pero ahí estoy. En estos momentos, además del que hoy comento, tengo otros dos libros terminados, y uno que no tardaré mucho en acabarlo. Pero lo cierto es que de lo que he leído en los últimos tiempos, esta peculiar novela de Paul Auster es de los que más me ha marcado. Por diversos motivos.

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Visitaremos el río Hudson. Navegando entre Manhattan, Staten Island y la orilla de Nueva Jersey.

Auster es un autor con el que disfruto. Con el que me llevo bien. No es que me haya leído gran parte de su obra o cosa parecida. Es mucho lo que me faltaría de leer de este autor norteamericano, uno de los más importantes de la literatura en inglés actual. Pero lo que he leído me ha satisfecho. Tanto por los temas, como por la forma de escribir, siempre matizad por las traducciones, como por las historias que nos cuenta. Esta ocasión no es una excepción. Pero tiene un añadido; su estructura argumental es muy peculiar.

El libro nos cuenta la(s) vida(s) de Archie Ferguson. Nacido a finales de los años 40 en el seno de una familia judía de clase media que vive en la zona de Nueva Jersey/Nueva York, tras un capítulo previo que nos habla de los orígenes de su familia, de su padre y su madre, va desgranando los acontecimientos que van marcando su infancia, su adolescencia y su juventud. Y en paralelo, los principales acontecimientos que marcan la historia norteamericana de los años 50 y 60 del siglo XX; el baby boom y el desarrollismo, la guerra fría, el advenimiento de Kennedy, su asesinato, la lucha por los derechos civiles, la guerra del Vietnam, las crisis de finales de los años 60,… La cuestión es que no nos cuenta, como ya os habréis dado cuenta al principio de este párrafo, UNA vida de Ferguson. Sino varias. El autor especula con los acontecimientos que marcan la vida de su protagonista, cómo se forja su carácter, como se relaciona con su familia o sus amigos, cómo se desarrolla su sexualidad, o cuáles son sus intereses y su destino profesional y vital, en función de las variantes que surgen a lo largo de esa vida, estableciendo caminos vitales alternativos. Así, cada capítulo está dividido en cuatro partes (1.1, 1.2, 1.3, 1.4 o 3.1, 3.2, 3.3, 3.4), en los que vemos la evolución de los distintos Fergusons alternativos.

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La gran habilidad de Auster es que siempre sentimos que estamos ante la misma persona. Lo que cambian son los acontecimientos, las circunstancias, cosas que moldean nuestro carácter, que condicionan nuestro devenir, que abren distintos caminos hacia los que podemos frente a lo que queremos ser. La vida como un conjunto de bifurcaciones, algunas determinadas por nuestras elecciones, otras por las de los que nos rodean, o por las circunstancias históricas. Para mí, para quien el sentido de la historia, la consciencia de que venimos de algún lugar y en un tiempo que nos marcan, es casi la novela perfecta. Casi. Porque permite una exploración completa de la persona. La que es, la que pudo ser. Aunque tengo poca capacidad para el arrepentimiento sobre lo que pudo ser o no ser mi vida, no puedo dejar de reconocer que conforme cumplo años miro con frecuencia hacia atrás y reconozco algunas bifurcaciones en mi vida. Eso sí sólo reconozco aquellas que dependen de los momentos en los que tomé alguna decisión trascendente en mi vida. O algunas en las que alguien la tomó por mí, que también las ha habido. Imposible o muy difícil reconocer de circunstancias que ignoramos, pero han estado ahí y nos han influido. Por lo tanto, tengo que reconocer que ha sido un libro que ha impulsado mucho esa actitud introspectiva sobre ese pasado que tantas alternativas presentó. O quizá no. Quizá nuestra trayectoria vital esté más determinada de lo que creemos, y nuestras elecciones sean más aparentes que reales. Que nuestra vida sólo admitía un recorrido… un tema que ha pensadores de todas las épocas ha llevado a mal traer.

En cualquier caso, he disfrutado mucho con las peripecias de Ferguson. Le he cogido mucho cariño. Especialmente a alguna de sus variantes. Aunque os he decir un secreto. Al final, todo… No. Mejor lo descubrís vosotros. Porque es una lectura muy recomendable.

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[Libro] Un grito de amor desde el centro del mundo

Literatura

Comentaba la semana pasada que la pequeña colección de tres cuentos que presentaba en ese momento había surgido de una referencia que aparecía en otro libro que estaba leyendo. Me llamó la atención la alusión al tren galáctico. Busqué el libro, y decidí interrumpir la lectura del que estaba leyendo para emprender la de los cuentos de Kenji Miyazawa. Bueno, pues tras esa lectura, retomé la del libro, más contemporáneo que estaba leyendo. Que es este que os traigo hoy del escritor, también japonés, Kyoichi Katayama.

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Quizá uno de los capítulos más angustiosos del libro sea cierto viaje en tren… que no salió de la estación de Shinjuku, como el que empezábamos en las fotos que ilustran la entrada de hoy.

Sinceramente, no puedo recordar qué recomendación o que alusión me hizo ir a la lectura de este libro. Quizá la aseveración en algunos lugares de ser la novela japonesa más leída de todos los tiempos. No lo sé. El caso es que fue a parar a mi biblioteca, en una compra que debió ser algo compulsiva. Y cuando le llegó su turno lo leí.

El libro nos habla de unos amores adolescentes. Una relación entre un jovencito y una jovencita que empiezan muy pronto, con trece o catorce años de edad, y que va creciendo poco a poco. Lo que pasa es que desde las primeras páginas sabemos que no va a durar. Puesto que el libro empieza con el funeral de Aki, la chica de la pareja.

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La historia va creciendo de forma muy elegante, llena de matices. La primera mitad del libro, mientras la pareja va creciendo, libres de la idea de que su relación puede terminar trágicamente, está realmente muy bien. La sutileza con la que se describen las diferencias en el proceso de desarrollo y maduración de ambos protagonistas, las diferencias entre el chico y la chica, están muy conseguidas. Con momentos absolutamente espléndidos. Particularmente, la forma en que se resuelve el episodio de la isla, es fenomenal. Sin embargo, en el momento en que conocemos los problemas de Aki y la causa de la que será su muerte, la novela se vulgariza y empieza a caminar por senderos trillados desde hace décadas, dejándote al final una sensación de “déjà vu, déjà vecu” que no te abandona hasta el final.

La sensación global es que estas ante una novela que podría haber sido realmente muy destacable, para quedarse en una novela finalmente más sensiblera que sensible, aunque realmente muy bien planteada. No sé si recomendar, salvo a romanticones/romanticonas que les guste la horrenda frase aquella de “estar enamorado es no tener que decir nunca lo siento”. Frase que no puede estar más equivocada en mi humilde experiencia.

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[Cine] Una (2016)

Cine

Una (2016; 22/20180407)

Seguimos con películas que tienen por título un nombre de mujer. Hace un par de años podíamos disfrutar de una notable película de amor entre mujeres que, entre otras cosas, ponía de manifiesto el excelente trabajo de sus dos protagonistas. Una de ellas, ya tenía un reconocido prestigio; no era ningún descubrimiento. Pero había ganas de ver el recorrido de la otra, que curiosamente se ha mostrado muy discreta en sus apariciones tras aquella injustamente olvidada película en las ceremonias de los premios. Aquí la recuperamos en una película dirigida por Benedict Andrews, y que nos llega con mucho retraso. De hecho, no ha encontrado distribución en salas de cine en nuestro país, por lo que la ha estrenado directamente en vídeo bajo demanda la plataforma Netflix.

Carlos Carreter

Una parte de la acción, recreada en forma de flashback, tiene lugar en el pasado en una localidad británica costera; que yo representaré aquí por una otoñal y poco concurrida Margate.

Aquí hay una tremenda contradicción en la industria del cine. Se niegan a reconocer como productos de cine los largometrajes producidos por estas plataformas para su estreno en las mismas, pero luego la industria del cine nos escamotea la posibilidad de ver películas potencialmente interesantes en las salas de pantalla grande. Viva la (in)coherencia.

En cualquier caso, en este largometraje de muy moderada duración, basada en una obra de teatro, esto se nota bastante, nos encontramos con Una (Ruby Stokes, adolescente; Rooney Mara, adulta), una joven que con trece años mantuvo una relación con un hombre, Ray (Ben Mendelsohn), muchos años mayor que ella. Este fue detenido y condenado por los hechos, y ha rehecho su vida con otro nombre. Pero Una quiere confrontar a Ray y pedirle explicaciones. Entre el asqueo de haber sufrido el abuso a tan joven edad, y la incomprensión de sentirse abandonada por un hombre que decía estar enamorada de ella.

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Andrews realiza una película que está básicamente al servicio de la interacción entre los personajes, especialmente los dos protagonistas. De realización técnica correcta, quizá excesivamente pulcra para un tema que tiene tantas miserias escondidas, quizá pueda pecar de impersonal aunque no carezca de oficio. Pero donde destaca la película es en la interpretación de ambos protagonistas. A Mendelsohn, que solemos verlo encarnar a villanos diversos en diversas producciones, le va que ni pintada la ambigüedad con la que se plantea su personaje, hasta tal punto que puede plantear en algunas personas dudas sobre la (carencia de) moralidad de sus acciones. Sobre el egoísmo de aprovecharse de un niña de 13 años. Mara, por su parte, consigue dotar a su personaje de una mezcla de determinación e inseguridad a la hora de confrontar el pasado, algo que necesita hacer si quiere seguir adelante. Mención obligatoria para la joven Stokes, que interpreta a la joven Una.

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Película que no ha recibido las mejores críticas, y que sin embargo no deja de ser bastante interesante de ver por la calidad y poderío de la obra de teatro en la que se basa. Obra que no deja de jugar con la ambigüedad, real o aparente según los casos, de los hechos, de los sentimientos, de la ética subyacente a la relación entre una preadolescente y un hombre casi veinte años mayor que ella. Yo creo que es recomendable, aunque le falte un poquito de intensidad y le sobre limpieza en la puesta de escena.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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