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[Libro] La montaña mágica

Literatura

Para mí, los “manga” siempre han sido historietas como otras cualquiera, pero dibujadas y redactadas por japoneses. Ciertamente siguiendo las normas de escritura de su idioma que hacen que se lean de derecha a izquierda, y con los libros “del revés”. Pero por otra parte, no dejan de ser en esencia lo mismo. Una historia narrada mediante viñetas con dibujos, ayudada en mayor o menos medida con unos textos que suelen ser los diálogos entre los personajes o comentarios del narrador que complementan las escenas visuales. Siempre he supuesto que, lo mismo que sucede en el cine, estos comentarios, equivalentes a la “voz en off”, deberían ser los mínimos o motivados por circunstancias especiales… la narración debería ser clara con los dibujos y los diálogos.

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Naturaleza, tradición, niños… de todo encontramos en nuestra visita a Itsukushima, también conocida como Miyajima, en el mar interior de Seto no lejos de Hiroshima.

Sin embargo, he oído hablar también en ocasiones a gente que argumentan que una cosa es una historieta, que otra cosa es un cómic y que otra cosa es un “manga”… aunque nunca he conseguido escuchar un argumento convincente.

Lo que si es cierto es que cada cultura tiene sus formas y sus tradiciones. Las grandes tradiciones europeas, como la francobelga, tiene formas distintas de las norteamericanas. La española, a mí personalmente, me da la impresión de que ha ido en la estela de la francobelga en su mayor parte, aunque también hay influencias yanquis. Derivados de lo que se hacía hace unas décadas durante el franquismo, encuentro poco. Pero no me considero experto, así que probablemente aceptaré cualquier corrección razonada que se me haga. Y la japonesa se corresponde con sus propias tradiciones en materia estética, en pintura y dibujo. Pero todo son historietas, que es la palabra tradicional en español para designar esta forma de expresión.

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¿Y a qué viene toda estar argumentación? Pues a que esta historieta del japonés Jiro Taniguchi, publicada por Ponent Mon, aunque temáticamente está totalmente inserta en la tradición nipona, formalmente está resuelta con el estilo de la historieta europea, más próxima a la “bande desinée” francobelga que otra cosa.

La historia de dos jóvenes hermanos, huérfanos de padre, que quedan al cuidado de sus abuelos en un pueblo junto a un imponente monte lleno de leyendas, durante un angustioso mes en el que su madre va a ser operada por una enfermedad grave en la ciudad, tiene muchos de los elementos de realismo mezclado con la tradición mágica de las creencias populares japonesas. También recupera el motivo universal de que los niños tienen la capacidad de ver y oír lo que los adultos no son capaces. Conservan esa inocencia original que los mantiene más cercanos a la naturaleza y al mundo mágico. Son capaces de ver con los ojos del corazón, de los sentimientos, y no sólo con los de la razón, la visión del cerebro. U oír. Como muchos autores nipones, en su obra desarrolla un mensaje de respeto por la naturaleza.

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Sin embargo, el dibujo en color y el formato del libro, así como la línea argumental tiene más que ver con las formas europeas. Una mezcla que a mí me parece acertada. Quizá porque aunque las formas son importantes en el terreno de las artes, todavía lo son más los conceptos y los temas que transmiten y que pueden ser más independientes de la forma de lo que nos creemos.

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Es una historieta que se lee bien y rápida, y que puede ser razonablemente recomendable. Tiene “voz en off”… que he criticado al principio, porque está narrada en primera persona por el protagonista, que “rememora” los hecho. Entrecomillo lo de rememorar, puesto que aunque las localizaciones y la época en que transcurre la acción, a principios de los años sesenta del siglo XX, se corresponden con los de la infancia del autor, este reconoce que no hay contenido autobiográfico en la historia. Simplemente la decisión de situarla en un lugar que recuerda bien, aunque ya hayan pasado década…

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La boda de Rachel (2008)

Cine

La boda de Rachel (Rachel Getting Married, 2008), 3 de noviembre de 2008.

Hace unos días vi en casa, en vídeo, la reciente versión cinematográfica del Superagente 86. Supuse que quedaría defraudado con la película, y no quedé defraudado con mi suposición. Uno de los elementos más débiles fue la actriz que interpretó a 99. Se trata de Anne Hathaway, una joven actriz que parece que se ha especializado en comedias románticas que no han supuesto ningún atractivo para mí, por lo que no la tengo muy vista. Con este antecedente, me resultaba dudoso ir a ver una película en la que fuera protagonista. Pero me dicen…

“Mira que es de Jonathan Demme, el de los corderos…”

“Sale Debra Winger, que siempre te gustó…”

“Es cine independiente… de ese que siempre hay una película que te gusta todos los años…”

Vale, vale… Iremos a verla. Y que sea lo que el bosón de Higgs quiera.

Efectivamente es cine independiente. Es como si alguien hubiese adaptado el estilo dogma a una película norteamericana. Filmación cámara en mano, como si se tratase de un reportaje de la boda en la que transcurre la acción, filmación con luz disponible, planos muy subjetivos y poco ortodoxos, no más banda sonora que la del sonido ambiente… incluso las canciones se insertan en la propia acción…

En lo que se refiere a la historia, no es novedosa. Como consecuencia de una celebración en una familia, la boda de su hija Rachel (excelente Rosemarie DeWitt), llega a casa Kym, la otra hermana (Anne Hathaway), procedente de un programa de rehabilitación de adicciones. Esto da lugar a una confrontación de recuerdos y sentimientos que remueve los cimientos de las relaciones familiares, en los que hay que incluir a los dos padres divorciados (Bill Irwin y Debra Winger). Entre los invitados hay un sinnúmero de personajes, muchos de los cuales aportan su granito de arena para la comprensión de las situacioens o para su resolución. Es un esquema que ya hemos visto en otros filmes con motivo de bodas, aniversarios, funerales, etc.

De alguna forma, me recordó a una película danesa, aquella totalmente integrada en el movimiento Dogma 95, que se titulaba Celebración (Festen). Si bien, aquella era un producto puramente europeo, lo que suponía un drama mucho más crudo y menos complaciente que el más edulcorado y apto para las mentalidades norteamericanas que en esta ocasión hemos podido ver. Porque todo el drama que esta familia lleva tras de sí, queda finalmente resuelto bajo la tópica receta del “paz, amor y Dios” para todos que tan bien parece funcionar al otro lado del Atlántico. Y esta es la principal debilidad del filme, ya que para mí, no queda tan claro que con lo que pasa la solución de “paz, amor y Dios” resuelva el conflicto de modo no forzado.

Las interpretaciones son en conjunto buenas. Incluso la protagonista, la Hathaway, que chupa cámara continuamente, está a buen nivel. Aunque hay cosas mejores entre los secundarios.

La película en su conjunto es interesante, aunque menos novedosa de lo que parece. El método de rodar cámara en mano, con primeros planos constantes, no llega a cansar pero casi. Quien busque productos comerciales, de palomitas y refrescos de cola, que se quede en casa o pruebe en otra sala. Pero en el pobre panorama actual es una opción más que digna para no perder la costumbre de visitar las salas cinematográficas. Yo le pongo un siete, con la misma nota en la interpretación y un seis en la dirección.

La película está ambientada en el lluvioso clima de Connecticut, así que os dejo una imagen apropiada a un ambiente así.

Juntos

Reflejo en la Plaza de la Seo de Zaragoza - Canon Powershot G6