Lo que más lamento de este libro es no haberme molestado en buscarlo en su idioma original, en francés. Pero me llegó de oferta y no pude resistirme. Porque Irène Némirovsky me gusta bastante, más allá de su celebrada Suite francesa, que fue lo primero que le leí. Y porque hacía tiempo que no leía nada de ella.
Dicen las biografías de Némirovsky que, a pesar de ser rusa de nacimiento, al ser criada por una niñera francesa, hablaba mejor este idioma que el suyo. También dicen que su madre se despreocupó de su hija. Y quizá por todo este cúmulo de circunstancias, dicen los entendidos que esta novela temprana, que escribió con veintipocos años, tiene mucho de autobiográfica. En ella asistimos a la historia de una niña en sus últimos años de su niñez y hasta el final de su adolescencia, una niña que sale de la pobreza a la opulencia, pero con la despreocupación constante de su madre, su principal enemiga, de su padre dedicado a los negocios, el trauma de una hermana pequeña muerta en trágicas circunstancias, y sin guía en su camino de transformarse de niña a mujer.
La historia comienza como un drama con elementos trágicos y termina como tragedia. Némirovsky, aunque muy joven, es testigo lúcido de unos años, los años 20 del siglo XX, los llamados “felices 20”, donde todo el mundo se despreocupa de todo, se dedica a vivir la vida, a gastar dinero, un dinero que llega a espuertas hasta que deja de llegar y da lugar a los depresivos 30 y a los trágicos 40. Pero cuando Némirovsky escribe esto, no sabe, no puede saber, hasta que punto serán trágicos los años 40 del siglo XX. Pero sí conoce la superficialidad de las clases burguesas de sus años jóvenes, tras la Gran Guerra, que serán el caldo de cultivo de los dramas y las tragedias posteriores.
Quizá la novela no tenga la madurez de obras posteriores, pero, como digo, no le falta lucidez. Se lee con facilidad. Tiene ritmo y sabe llegar al lector en su tono de melodrama familiar con tonos realistas. En cualquier caso, como todo lo de Némirovsky, muy recomendable.
Las fotografías del artículo están tomadas en los bosques del monte Kurama, no lejos de Kioto, lo cual tiene sentido dado el desarrollo final de la película. Y, como de costumbre, la entrada está disponible también en Substack.
Desde hace unos meses estoy a la espera de lo último de Hirokazu Koreeda, director japonés que, en mi experiencia, alterna pequeñas o grandes joyas cinematográficas, con otras películas que pasan más desapercibidas. Pero esta película que llegó a las pantallas españolas sin publicidad y casi desapercibida no es. Pero es de Koreeda, así que buscamos un momento para acercarnos a las salas de cine y ver que nos ofrecía en esta ocasión el ya veterano director nipón. El título original japonés se traduce como la oveja en la caja, y en ingles ese el título ofrecido, Sheep in the box, pero en España la han presentado como Kakeru, el nombre del niño protagonista.
El tema principal que nos aparece en las películas de Koreeda es la familia. La convencional y la menos convencional, la (más o menos) funcional y la totalmente disfuncional, incluso francamente anómala. Y en esta ocasión nos lleva también a una familia. En un futuro que no sabemos si está muy cercano o muy lejano. Un matrimonio perdió a su hijo en circunstancias trágicas. Y ahora les presentan la posibilidad de crear un androide con el aspecto físico del niño, con su voz y con su personalidad, extraída de la información que pueda extraerse de los recuerdos familiares. Y aceptarán.
El tema y el planteamiento no es novedoso. Con tres temas fundamentales, el duelo no resuelto, las relaciones familiares y el concepto de lo que es ser persona, Koreeda desarrolla un drama amable, desde una mirada relativamente optimista. Quizá demasiado optimista para que resulte convincente. Las interpretaciones son correctas, aunque en alguna ocasión resultan un poquito rígidas, poco naturales.
Pero ni la crítica ni el público han tratado especialmente bien al filme. La crítica se ha considerado decepcionada, porque esperaba más del director, que nos ha malacostumbrado en los últimos años con algunas películas que, a algunos, nos extraña que no hayan alcanzado más repercusión por su brillantez. Yo creo que puede encuadrarse dentro del concepto ese que llaman “una obra menor” del director. No me parece mala en absoluto; me parece una película razonablemente digna. Pero es cierto que ni es novedosa, como ya he dicho, ni está del todo bien resuelta.
Mientras tanto esperaremos esa adaptación de un manga, que ya recibió una interesante adaptación en forma de animación, y que tanto éxito tuvo. Y que me apetece mucho ver. Se estrenó en Japón y otros países asiáticos entre septiembre y principios de octubre. Y por los países occidentales está recorriendo festivales. Supongo que habremos de esperar a la primera mitad del año que viene para verla. Como pronto.
Fotografías tomadas en Okayama, ciudad de nacimiento de la protagonista, o más bien narradora, de la novela. La entrada está publicada también en Substack.
El viernes, al final, no me dio tiempo para comentar el tercero de los libros que leí durante el viaje de vacaciones. Y ayer estuve muy liado con otras cosas, domésticas y fotográficas. Así que hoy retomo, y espero comentar este tercer libro, y una película de estreno que vi antes de las vacaciones. Aunque lo de la película igual es ya por la tarde.
Yōko Ogawa es, desde hace ya unos años, una de mis escritoras favoritas. No una de mis escritoras japonesas favoritas, sino una de mis escritoras favoritas de cualquier parte del mundo. Y una de las características de la autora que más me gustan es que es absolutamente camaleónica. No hay dos novelas similares. Que pertenezcan al mismo género. O que traten los mismos temas. Es como si leyeras un autor distinto con cada una de ellas. Salvo que dicen que hay un tema que subyace con frecuencia en sus relatos; la memoria. Y en la que hoy os traigo, también.
Esta es la séptima novela que leo de la autora. Y como mucho tendría algún parecido con una de ellas, de las más famosas,… y también tiene notables diferencias. Al principio del relato nos trasladamos a Okayama, de la mano de la relatora, Tomoko, una mujer adulta que retrotrae su memoria a cuando tenía 12 años, muy al principio de los años 70 del siglo XX. Criada en un hogar feliz, la muerte de su padre por cáncer sitúa a su madre y a ella en una situación económica más comprometida, por lo que la madre pide ayuda a su hermana para que se encargue de Tomoko durante un año, mientras ella hace un curso que le permita conseguir una posición mejor en la empresa y obtener mejor sueldo. La tía de Tomoko se casó con el heredero de una empresa de refrescos, una familia muy acomodada, que vive en Ashiya, cerca de Kobe. Una familia de orígenes mixtos, ya que la matriarca octogenaria nació en Alemania. Una familia alegre y acogedora, al mismo que excéntrica, en la que hay otra niña, Mina, un año más joven, que sufre de asma, y que va al colegio a lomos de una hipopótama pigmea.
Me enganchó la novela desde el momento en que Tomoko es recogida por su elegante y apuesto tío en la estación de Shin-Kobe y la llevo a la casa en Ashiya. Y es que Ashiya es el lugar donde se desarrolla preferentemente otra de mis novelas japonesas favorita, Las hermanas Makioka. Las historias son distintas. Y hay 35 años de distancia en las épocas en que transcurren. Pero es el mismo entorno de familias acomodadas en la gran área metropolitana entre Osaka y Kobe. Y allí, en una gran mansión de estilo español, viven los tíos de Tomoko. Una familia perfecta, acogedora, simpática, generosa… pero en la que encontramos sus tristezas. La enfermedad de Mina, las infidelidades del tío, el alcoholismo de la tía, la nostalgia de la abuela alemana de origen judía que perdió a toda su familia en los campos de concentración nazis, la relación no declarada entre la abuela y la criada,… Pero a pesar de todo, generosos, consiguen que Tomoko, desplazada de su madre, en un lugar extraño, sea feliz, y encuentre su rumbo en la vida. En las últimas páginas, cuando Tomoko nos hable de su vida adulta, entenderemos hasta que punto fue influenciada por su familia extendida.
A mí me encantó. Y me emocionó en no pocas ocasiones. Me parece de lo mejor que he leído de Ogawa, y eso es mucho decir. Porque hasta ahora no había leído nada que no me gustase, y mucho. Muy recomendable, con valores universales, y con una pequeña cuestión que debemos recordar siempre; cuando el narrador lo cuenta en primera persona, debemos asumir un narrador poco fiable. Aunque sea bienintencionado como en este caso. Pero es que Tomoko nos habla en la edad adulta, pero con los ojos de la niña de 12 o 13 años que vivió durante un año en un mundo que no era el suyo.
Estamos ante una película que vivimos un par de días antes de viajar a tierras nórdicas. Una película china, de la que no sabíamos muy bien qué esperar, pero con críticas bastante buenas, pero con una más que probable indiferencia del público occidental ante una película que no presenta especiales “alicientes comerciales”. Se nos decía que su director, Huo Meng, realizaba un ejercicio de reflexión nostálgica regresando a los tiempos de su infancia.
Película de reparto coral, aunque con los acontecimientos vistos desde la mirada de un niño de diez años. Una población rural, que vive del cultivo del cereal. Pobres. Que viven al ritmo de las estaciones y de los acontecimientos vitales. La siembra, la siega, la trilla… Cumpleaños, funerales, bodas… Los niños en el colegio… Las familias, extensas, como red de protección de los individuos. Pero es el momento en que se impulsa el desarrollo industrial del país, y los padres del niño se van a una gran ciudad a trabajar, mientras sus parientes atienden al niño. Es la época de las nefastas políticas de limitación de la natalidad, que dio lugar a tanto infanticidio, especialmente en niñas, o abandono de bebés, algunas de ellas acabaron adoptadas por matrimonios occidentales sin hijos.
Yo no tengo pueblo. Nací en la ciudad de Zaragoza, la quinta más poblada de España, y mis padres también son nacidos en la misma ciudad. Tengo que remontarme a los abuelos para que “tener” pueblo. Y de vez en cuando visitábamos a los tíos y tías de mis padres, en Magallón, en Nuez de Ebro, en Préjano y Arnedo, los hermanos y hermanas de mis abuelos y abuelas, a los que mis padres tenían mucho cariño, el cual era recíproco. Y cuando recuerdo mi infancia más tierna y cómo se vivía allí, a finales de los años 60 o principios de los 70, ya vivían con un nivel de vida superior a los de esta población rural china de la película. Probablemente habría que remontarse a los años 50, desconocidos por completo para mí, para situarnos en un nivel semejante. La cuestión es que el año en el que se sitúa la acción de la película es 1991. Treinta o cuarenta años más tarde de aquellos años 50 o principios de los 60 en España. Lo cual, da que pensar sobre el gigante asiático.
La película ha crecido en mi recuerdo desde que la vimos. Es hermosa en su realización. Las interpretaciones, muy espontáneas, tienen momentos de gran autenticidad. Es cierto que es un ejercicio nostálgico. Un “amarcord” de su director, aunque sin el humor y el surrealismo de Fellini. Algunos personajes son entrañables. Como algunos de los abuelos. O la tía joven de 21 años que acaba casada en un matrimonio pactado con un individuo con quien, evidentemente, no va a ser feliz. Por lo tanto, también es una película con corazón.
¿Es recomendable? No es una película al uso de lo que se lleva en estos tiempos. Creo que no ha aguantado mucho en cartelera. ¿Una semana? Y sin embargo, merece la pena. Bastante. Es comprensible el entusiasmo de la crítica. Pero también la indiferencia del público. Al menos el occidental. ¿A quién puede resonar una realidad de 1991 tan diferente de nuestro mundo? Sólo a los curiosos de la naturaleza humana y de comprender mejor otras culturas y otros fenómenos sociales.
Fotografías realizadas en Madrid, que es donde pasan las cosas en la serie de hoy. Entrada disponible también en Substack.
Pues esto no va a ser muy largo. Y que quede claro desde el principio. No tenía muchas expectativas puestas en esta serie, pero fue el último trabajo de Eusebio Poncela, actor de referencia en el cine, el teatro y la televisión española, de lo mejor que ha habido en las últimas cinco décadas… Y había que darle un homenaje.
El homenaje, precisamente es el título de la serie. El homenaje a un patriarca empresarial, que ha circulado por la vida con mucha ambición y pocos escrúpulos, y que organiza un sarao por su 80 cumpleaños, del que no saldrá vivo, ni él ni varios de sus familiares y colaboradores. Y no. No estoy destripando nada, porque es algo que sabemos desde los primeros minutos de los ocho episodios de menos de 40 minutos de duración, y la historia del homenajeado y su familia se nos cuenta en flashbacks, en conversación entre un detective privado y el biógrafo del homenajeado.
De la serie comenté brevemente el otro día, porque tiene una claq activa que puntúa alto en IMDb, dándole dieces, mientras que la gente normal configura una curva acampanada típica en estadística en torno tal 6 y el 7, y que da un promedio, a pesar de los votos manifiestamente sesgados del 6.4. Y alguna vez ya he dicho que por debajo del 7, salvo excepciones en las que crítica y público disienten, son producciones mediocres. No es tan mediocre como pensaba. Es manifiestamente mejorable, el guion podría estar más pulido, pero entretiene. Y después de todo, en su reparto hay algunos intérpretes, además de Poncela, que tienen sus tablas.
Está en Amazon Prime Video, y allá cada cual si quiere o no quiere verla, yo lo hice por los buenos recuerdos que me deja Eusebio Poncela, y que esta serie no enturbia en absoluto, porque son mucho más importantes. Pero las producciones de televisión españolas necesitan algún tipo de revulsivo que mejore sus guiones, y la dirección de actores, como el comer. No diré más.
Fotografías de Hiroshima. No he estado en Nagasaki, pero ambas ciudades comparten el dudoso honor de ser las únicas bombardeadas por los Estados Unidos con bombas atómicas. «In God we trust»… dicen. También disponible en versión Substack.
En primer lugar, siendo una coproducción anglojaponesa, no sé muy bien cual de los dos títulos es el original. Así que he puesto los dos. Os recuerdo que si pongo el título original de la película y no el que se la ha dado para su distribución en España es que he visto la versión original no doblada. Lo que desde hace unos años sucede siempre. Pero la película es bilingüe, aunque el director es japonés. Quizá tendría que haberme decidido por el título en japonés, que se traduce por La luz de las montañas lejanas.
Pero el título original en inglés, traducido al castellano como Pálida luz de las colinas, es el de la novela de Kazuo Ishiguro en la que se basa. Ishiguro es un escritor británico, nacido en Nagasaki, de padres japoneses, que se traslado a Inglaterra con su familia con cinco años de edad. Premio Nobel de Literatura en 2017, ha escrito siempre en inglés, y he leído unas cuantas de sus obras. Tanto traducidas como en versión original. Y me gusta. Mucho. Y esta novela la he leído dos veces… porque la primera vez no la entendí, la leí en un momento complicado de mi vida, en la que mi cabeza estaba muy confusa, me despisté por completo. En la segunda vuelta, sin embargo, me entusiasmó. Y la comprendí de forma muy distinta.
Ishiguro, y la película que dirige Kei Ishikawa, nos sitúan en Inglaterra en los años 80. Una joven (Camilla Aiko) acude a casa de su madre (Yō Yoshida) para ayudarle a cerrar la casa familiar, donde vive sola. La hermana mayor se suicidó y la casa, y los recuerdos, le pesan a la madre. Pero la joven, aprendiz de escritora, quiere trasladar al papel los recuerdos de su madre cuando era joven (Suzu Hirose) y vivía en Nagasaki, en la posguerra, habiendo sobrevivido a la bomba. Y la madre le hablará de una mujer (Fumi Nikaidō), vecina que vivía en una especie de chabola, con su hija, y de su familia y cosas diversas.
La novela en la que se basa la película fue la primera de Ishiguro. Y me parece curioso que la considere una obra de un inexperto, que llevó el relato a un final confuso, excesivamente complicado. Lo curioso es que ese final confuso es lo que para muchos es la gran virtud de la novela. Para mí es el ejemplo del narrador en primera persona no fiable. Niki, la joven escritora, pide a su madre que le hable de su pasado, y ahí entra su madre como narradora no fiable. Aunque al principio su historia tiene sentido, sus matrimonio, su suegro, la relación con la vecina, con la niña de la vecina, sus miedos por su embarazo al haber estado expuesta potencialmente a la radiación de la bomba… pero llegará un momento en el que las cosas no cuadren. Y sobretodo, en la que… no lo voy destripar.
Si diré una cosa. La película tiene un final mucho más definido y menos “confuso” que la novela. Mientras que en esta queda a la interpretación del lector qué pasó en Nagasaki realmente antes de que la protagonista emigre al Reino Unido, la película toma una serie de elementos para posicionarse en lo que fue la realidad. Y aquí viene la razón por la que sólo le he dado tres estrellas en la valoración subjetiva de la película, cuando quizá hubiera merecido la cuarta. Pierde la gracia. Siendo que es sabido que Ishiguro no quedó satisfecho de cómo le quedó la novela, siendo uno de los productores ejecutivos de la película (que puede querer decir mucho o poco en el mundo del cine), especulo en que en su participación quisiera que la conclusión fuera más clara. Pero es una especulación por mi parte.
Lo que no es una especulación es que, además de las claras virtudes formales de la película, las interpretaciones son muy buenas. Especialmente en el lado puramente japonés. No me pilla de sorpresa. Tanto como Hirose como Nikaidō me habían mostrado ya con anterioridad su valía interpretativa. Sólo necesitan un buen material y un buen director. Y aquí los tienen. Protagonizan una película que ha ido creciendo poco a poco en mi memoria y en mi sentimiento. Me parece bastante recomendable. Aunque apenas ha tenido promoción y pocos la verán.
Después del parón cinematográfico motivado por el viaje a Salamanca de los primeros días de marzo, en una cartelera que ha perdido mucho interés en muy pocos días, rescatamos una película danesa del director Anders Thomas Jensen. Un filme que mezcla la comedia negra con el drama familiar y que cuenta con un reparto muy interesante, especialmente porque ya hace un tiempo que hemos podido comprobar que el cine danés es cuna de intérpretes muy sólidos, incluso brillantes. Cuyos nombres cada vez nos suenan más.
Manfred, o John, (Mads Mikkelsen) y Anker (Nikolaj Lie Kaas) son hermanos. Tienen una hermana más. Fruto de un matrimonio con un padre violento y abusivo que les marcó profundamente. Manfred, o John, es claramente neurodivergente, aunque yo no me atrevería a decir en qué punto del espectro se encuentra. Anker ha llevado mala vida. Y tras un atraco de campanillas es detenido y condenado a quince años. Pero dejo a Manfred, o John, el botín para esconderlo. Dejada atrás la cárcel es momento de reconectar y recuperar el botín. Porque Manfred a desarrollado un trastorno de personalidad disociativa y dice ser John Lennon. E inician un viaje a la vieja casa en los bosques de la familia donde Margrethe (Sofie Gråbøl) y su marido se han instalado, y donde junto con un “psiquiatra” (Lars Brygmann) formarán un nueva versión de The Beatles, junto con otros pacientes con personalidad disociativa. En algún caso, múltiple. Y hay mafiosos que quieren apoderarse del botín… claro.
Jensen conforma una historia cuyo género no siempre es fácil de definir. Comedia… tiene elementos de comedia. Comedia negra. Irónica. Paródica. Con mala baba. Pero también con ternura. Las tendencias suicidas de Manfred, o John, están entre la hilaridad y el horror… si lo piensas bien. Pero también es un drama familiar, más profundo de lo que parece. Sobre lo que es ser hermanos, sobre lo que es ser solidarios ante la adversidad. Y sobre la amistad, y las relaciones de apoyo mutuo. Incluso si la cabeza no siempre funciona como pensamos que debería.
Y a esto hay que añadir unos caracteres que, gracias al impecable trabajo del elenco, en estado de gracia, se nos van haciendo cada vez más entrañables. Todos. No sólo ese núcleo protagonista. Todos los secundarios que conforman esa improbable comunidad con el objetivo de lanzar al mundo los nuevo Beatles, aportan su grano de arena a generar unos sentimientos de comprensión y solidaridad hacia quien es diferente y sufre.
La película va creciendo en el recuerdo. No vamos a decir que es una obra maestra, pero es una película que sin lugar a dudas conviene ver. No tardéis mucho, porque es de las que, desgraciadamente, aguantan poco en cartelera, porque, desgraciadamente, la gente no se cosca y no va a verlas en los números que debería.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. En las animadas calles de Taipéi.
Esta película, que fuimos a ver en parte por casualidad, en parte por curiosidad, ha resultado ser una de las sorpresas cinematográficas más agradables de la temporada. Dirigida por Shih-Ching Tsou, guionista y directora taiwanesa, pero que ha trabajado habitualmente en Estados Unidos, de donde tiene también la nacionalidad, fue presentada por Taiwán como candidata a mejor película en lengua no inglesa a los Oscar, alcanzando la lista corta de candidatos, pero no la lista definitiva de cinco películas que optan al premio. Muy buenas tienen que ser las otras…
Tsou nos lleva a las calles de Taipéi, donde una madre soltera (Janel Tsai) con dos hijas, una de unos 20 años (Ma Shih-Yuan), la otra de 5 ó 6 (Nina Ye), de distintos padres, llega para instalarse en la capital taiwanesa, abrir un puesto de comidas en uno de los típicos night markets de la ciudad e intentar salir adelante como buenamente pueda. Aquí se encontrarán con distintos problemas. Los relacionados con los pagos de los alquileres, los relacionados con los problemas con los familiares, los relacionados con los problemas de los romances, los problemas con las relaciones entre las tres mujeres… Y la más pequeña, que acaba de empezar su escolarización, los relacionados con el hecho de que es zurda, y su abuelo, un carca de mucho cuidado, le cuenta que no debe usar la mano izquierda porque es la mano del diablo.
Aunque Tsou dedica tiempo a las tres protagonistas de la película, los principales puntos de vista que escoge son los de las dos hermanas, alternando las áspera realidades de la mayor, una chica inteligente y atractiva, pero cuya trayectoria quedó trastocada por algún hecho en su adolescencia del que sólo sabremos hacia el final de la película, y la juguetona (que no despreocupada) realidad de la menor. Con el fin de aportar subjetividad a la filmación, con el fin de introducirnos dentro del mundo de estas mujeres, la película está rodada con teléfonos móviles, cuyo gran angular obliga a rodar muy próximos al intérprete. A veces encima de él en la práctica. También ha servido para poder rodar en las populosas calles taiwanesas sin que las personas de alrededor supieran que allí se estaba rodando una película. Dicho lo cual, tanto la fotografía como el sonido son brillantes, muy buenos. El equipo de la película tenía claro lo que quería consegir en lo visual y en lo sonoro, y lo consiguen con muy buena nota.
Buena parte del peso de la película lo llevan los intérpretes. Todo el reparto. No solo el trío femenino protagonista. La mayor parte de los secundarios tienen su importancia. No hay personajes superfluos. Y lo hacen realmente muy bien. Mucho se ha hablado de lo bien que lo hace la pequeña Nina Ye, candidata a diversos premios en diversos festivales. Pero creo que a la que más hay que destacar es Ma Shih-Yuan, joven actriz de ventipocos años, que dota a su personaje de extraordinaria credibilidad, sensibilidad y profundidad. Es el auténtico travesaño que soporta buena parte del edificio interpretativo de la película, con algunas de las escenas más trascendentes del filme.
Tsou dirige en solitario, pero comparte la autoría del guion con Sean Baker, director estadounidense en alza, que destacó no hace mucho con una película ganadora de cinco Oscars importantes que la hicieron la ganadora de la edición de 2025. De él he visto un par de películas más, en dos de las cuales colaboró como guionista la directora de la película que comento hoy. Es decir, no es una mera película de una cinematografía exótica, que se ve con curiosidad por ese exotismo y tal. Es una película taiwanesa, pero realizada con el apoyo de la industria norteamericana, aunque sea desde sus sectores más independientes, y con intención de conseguir la atención global. Y yo creo que lo consigue y muy bien. Con ese tono a caballo entre el drama y la comedia, entre la angustia de la supervivencia y la esperanza de un futuro quizá no tan malo, entre los batacazos y la capacidad para superarse y remontar, con las revelaciones sorprendentes que nos cambian las coordenadas de la película por completo cuando pensábamos que ya la teníamos controlada y que era totalmente previsible… pero no.
Quizá no sea una obra maestra. Pero quizá eso no sea importante, porque lo más probable es que sea una obra imprescindible. Y si no es una obra maestra… quizá no le falte tanto, y quizá sea mucho más interesante que muchas obras maestras. La considero totalmente recomendable. Aunque no la va a ver mucha gente. En muchos países se estrenó directamente en Netflix este otoño pasado. Pero no en España. No sería la primera película interesante que se estrena en la plataforma, pero no llega a la sucursal española de la misma. No es algo que ya me importe, dado que ya no estoy abonado. Pero sería una pena que esta película, que poco va a durar en las salas comerciales, no esté al alcance de más potenciales espectadores.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Noruega, claro, navegando por uno de los fiordos y en el ferrocarril de Flåm.
Probablemente la última entrada cinematográfica del año, aunque espero ver al menos una película de estreno más antes de acabar el año, para alcanzar las 60. Pero en los últimos días, a pesar de haber comenzado el disfrute de mis últimos festivos del año, no he encontrado momento para ir a las salas de cine. A lo que hay que sumar otro fenómeno. Las salas de Zaragoza que programan en versión original, han eliminado buena parte de esta oferta para atraer a los estudiantes de vacaciones, no vaya a ser que se interesen por los idiomas extranjeros y por el cine sin adulterar. España y las exhibidores de cine que dicen «fomentar la cultura» «semos» así. En fin. Vamos con esta interesantísima película del danes Joachim Trier, con sabor a Bergman, aunque con formas actualizadas al siglo XXI.
Ambientada en Noruega, comenzamos la película siguiendo las peripecias de una actriz de teatro noruega (Renate Reinsve) que aúna un tremendo terror escénico con un notable éxito en sus actuaciones. Mantiene relaciones familiares con su hermana historiadora (Inga Ibsdotter Lilleaas). Todavía en duelo por la muerte de su madre, de repente llega un día el padre, director de cine sueco (Stellan Skarsgård), del que se encuentran relativamente extrañadas, y le hace la oferta a la actriz de protagonizar una película sobre su madre, la del director, una antigua combatiente noruega contra los nazis que se suicidó después años después de la guerra. Esto levantará ampollas familiares y la hija actriz rechazará la oferta, por lo que el director buscará a una actriz internacional reconocida (Elle Fanning) para atraer financiación. Pero esto no arreglará necesariamente las cosas.
Como ya he mencionado, y se puede deducir del argumento que he esbozado, y de lo que no he contado para no destripar la película, los temas son profundamente bergmanianos. Familias disfuncionales, que arrastran traumas y deudas del pasado, conflictos no resueltos, cuando se presenta la ocasión que servirá… o para romper del todo la familia, o para redimir los pecados y reunir a aquellos ligados por la sangre y separados por el carácter. La realización que hace Trier es mucho más meritoria de lo que parece. Todo parece sencillo y directo, pero es una realización sutil, acompañada de un guion preciso, milimétrico, una excelente fotografía, sonido y diseño de producción.
Y todo ello al servicio de un reparto que está en absoluto estado de gracia. Intérpretes poco conocidos en nuestras latitudes con las excepciones de Skarsgård y Fanning, pero que muestran una sutileza, una versatilidad y una capacidad interpretativa muy notable, dentro de las mejores tradiciones del cine nórdico, cuando se dedicaban a más cosas que a los asesinatos tipo nordic noir. Todavía se dedican a ellas, pero no nos llegan, mientras nos machacan con los típicos muertos en paisajes gélidos. No hay paisajes gélidos, no hay muertos… sí hay muertas, pero no asesinadas,… y otras cosas,… hay un paisaje cálido con emociones revueltas y reflexiones profundas sobre la familia.
Sinceramente, esta película, aun sabiendo que venía respaldada por buenas críticas y por el éxito en festivales como Cannes, ha sido una muy agradable sorpresa. De las que me gustaría que llegasen muchas más a las pantallas de cine. Es película multilingüe, razón de más para verla en versión original.
En mayo de este 2024 fue publicado la quinta novela corta del quinteto Une clochette sans battant de la escritora japonesa radicada en Montreal, Canadá, y que ha venido desarrollando su carrera literaria como escritora en su idioma de adopción, el francés. Un clochette sans battant es su cuarto quinteto, su cuarto ciclo de cinco novelas cortas, que como de costumbre llevan como título los nombres en japonés de plantas o animales. Una vez publicada la novela que cerraba este ciclo, decidí que era el momento de afrontar la lectura del mismo. Y al igual que el año pasado, en el que decidí ir leyendo el tercer ciclo durante el verano, ese es también mi propósito para este año, leer los cinco relatos durante el verano. No de tirón, intercalando otros libros entre ellos, pero con la mirada puesta en finales de agosto o principios de septiembre como ficha de fin de su lectura.
La acción de la novela de hoy, y otras del ciclo, sucede en la ciudad de Matsue, y otras localidades próximas, en las costas del mar del Japón, al sur y el oeste de la isla de Honshu. No he estado por allí. Aunque tiene sus atracciones en su proximadad. Mar, el monte Daisen, las dunas de Tottori… No me importaría pasar por allí. De momento, uso fotos de Toyama, más al norte y al este, pero también en la costa del mar de Japón. Y ambas ciudades… tienen un castillo.
Suzuran, 鈴蘭 o スズラン, las especies botánicas y animales se escriben con frecuencia en katakana aunque exista una escritura con kanji posible, es la primera novela del ciclo, y el título hace referencia a los lirios del valle o muguetes, Convallaria majalis, una planta fundamentalmente europea, pero que fuera del subcontinente tiene una variedad aislada en el archipiélago japonés. Para este ciclo, del que ya he leído las tres primeras cortas, voy a hacer lo siguiente; a modo de presentación, comentaré hoy el primero de ellos, pero el resto los comentaré juntos, así como la impresión general del ciclo, en un entrada tras la lectura del último de ellos. Los estoy leyendo en el francés original. La editorial que actualmente tiene los derechos para su traducción al español es Tusquets. Pero desde que cogió los derechos de las obras de Aki Shimazaki se ha mostrado caótica a la hora de publicarlos. El segundo libro de este ciclo lo publicó hace unos años, antes de publicar los libros del tercer ciclo, L’ombre du chardon. En aquel momento no supe que no estaban respetando el orden de publicación, y lo leí, con el título Luna llena, que tampoco respeta el título original del libro. Ni en la decisión de usar palabras japonesas como ya he explicado, ni en el significado del título. Ese segundo libro, que ya reseñé, en el original en francés se titula Semi, セミ o 蝉, y significa cigarra. Por estas faltas de respeto a los originales, tomé la decisión de seguir leyendo la obra de Shimazaki en francés, lo cual no me general mayor problema.
En este nuevo ciclo, las relaciones familiares van a ser fundamentales. Por lo que, hasta el momento, los protagonistas de cada una de las novelas cortas que componen el quinteto son miembros de una misma familia. En la primera de ellas, Suzuran, nos serán presentados todos ellos, pero se centra en Anzu 杏子, una mujer en la mitad de su treintena, divorciada, con uno hijo de unos siete años, que se gana la vida como ceramista, ámbito en el que se ha ganado una cierta fama de artista consistente, elegante, y en el que va saliendo adelante. Pero prácticamente ha renunciado a las relaciones sentimentales con hombres después del fracaso de su matrimonio, cuando descubrió que su marido la engañaba. En la novela, se prepara para la llegada de la Golden Week u Ōgon Shūkan 黄金週間, una semana en la que coinciden varios festivos a principio de mayo, por lo que se suele aprovechar en el país para disfrutar de vacaciones y visitar a la familia. Su hermana Kyōko 京子, un par de años mayor, muy atractiva, y que vive en Tokio, ha anunciado su visita acompañada de su novio. Lo que ha sorprendido por su reticencia al matrimonio y su preferencia por relaciones seriadas con los hombres, pero sin compromiso. Como curiosidad, el nombre en kanji de la protagonista, 杏子, también se puede leer Kyōko. Los padres viven en una residencia por el Alzheimer de la madre, y tienen un hermano menor, casado y con hijos. Se reunirán. Pero en eso días, Anzu descubrirá algunas cosas del pasado, sobre su hermana y los hombre en la vida de Anzu, que la sorprenderán. Y sobretodo, nunca podría imaginar que fuese a hacer tan buenas migas con el novio de Kyōko. Pero muchas más sorpresas esperan a la familia a partir de ese momento.
La lectura de esta novela tuvo dos partes para mí. Una, hasta la mitad o así de la misma, en la que siendo de lectura fácil y amena, no me acababa de cuajar del todo. Sin embargo, a partir de cierto momento, el tono de la historia cambia, entrando en el terreno del melodrama familiar, lo cual es un terreno peligroso, minado, ya que es fácil pasarse y entrar en el folletín. Shimazaki lo evita, y al final consigue hacer una reflexión sobre las relaciones fraternales, sobre los contrastes de personalidad, sobre los hermanos o hermanas que viven a la sombra de otros, pero también sobre la capacidad de perdonar, y de aceptar lo que viene, con un sentido de solidaridad. Cómo aceptar lo correcto, cuando lo fácil sería romper y seguir cada uno con su vida. Quizá no sea el mejor relato de Shimazaki, pero está muy bien, y cumple perfectamente como entrante a este ciclo, en el que iremos conociendo las historias no contadas de las vidas de los miembros de la familia Nire 楡 (que tiene traducción, olmo).
Cómo noto las vacaciones. Para bien. En lo que a la lectura se refiere. Y en otras cosas, claro. Comencé a leer este libro de la escritora sueca ganadora del premio Nobel Selma Lagerlöf, supongo que podemos decir que jugaba en casa con lo del premio, poco después de volver de Estocolmo en agosto, cuando lo encontré de oferta en mi tienda habitual de libros electrónicos. Y me estanqué. Y desde que comencé las vacaciones hace casi dos semanas, no sólo lo terminé sino que he leído cuatro más. Ciertamente, como es habitual últimamente, no muy extensos. Pero en total cinco libros he terminado en lo que llevo de vacaciones. Pero hablemos primero de esta novela de Lagerlöf, en la que traslada el cuento de Blancanieves a una novela escrita dentro de la corriente del realismo en 1911.
Fotografías de un parque etnológico en Sollentuna, en el área metropolitana de Estocolmo.
En primer lugar, no me gusta la traducción del título de esta edición en castellano. Creo que sería más acertado, por lo que he visto por ahí, y de acuerdo al contexto de la novela, El hogar de los Liljecrona. Pero igual estoy siendo demasiado quisquilloso. El problema de los idiomas germánicos donde home/hem/heim puede ser tanto casa como hogar. En cualquier caso, casa con el sentido del hogar de alguien. Aunque escrita en tercera persona, hemos de asumir que, hasta cierto punto, la historia se ve desde el punto de vista de una jovencita de doce o trece años que entra a servir en la casa del párroco local, en la Suecia rural de 1800, un puesto de prestigio. Más si además combina su situación como párroco con la de ser terrateniente. Viudo con una hija de diecisiete años a quien todo el mundo en los alrededores quiere, se casa con la que fue ama de llaves de una condesa, que toma las riendas de la hacienda y comienza a hacer la vida imposible a la joven adolescente. A partir de ahí se desarrolla una intriga que combina las maquinaciones de la malvada madrastra con los sentimientos románticos de la chica hacia un herrero de una parroquia próxima. O lo que parece un herrero…
No sé si es la primera novela que leo de Lagerlöf. Me explicaré. Cuando tenía doce o trece años, sé que fue tras la muerte de Franco, «leí» la que se considera una de las novelas más famosa de la escritora sueca, El maravilloso viaje de Nils Holgersson. Pero si entrecomillo el «leí» es porque no sé si realmente leí la novela de Lagerlöf o si fue alguna edición abreviada, resumida o adaptada para niños y preadolescentes que eran tan frecuentes en aquella época del tardofranquismo. Y no puedo comprobarlo porque no tengo el libro, fue un préstamo de biblioteca. Lo que mas recuerdo del libro es al protagonista volando agarrado a un ganso, con una bandada de estas aves recorriendo el país. En cualquier caso, me entró la curiosidad. Y motivado por la estancia en Estocolmo, lo adquirí, muy económico.
Lo cierto es que parece que dentro de la obra de Lagerlöf sería una obra menor. En cualquier caso, es un cuento moral, con la extensión de una novela. Las aventuras de Nils también tenían un fuerte componente de cuento moral, por lo menos, el texto que yo leí, destinado a quitar malos hábitos de los niños y adolescentes. Ya he comentado, y la sinopsis que he planteado así lo muestra, que se inspira en el cuento de Blancanieves. Pero rompe con todo elemento de fantasía. No hay reyes y brujas, ni enanitos, ni príncipes azules. Párrocos, amas de llaves, campesinos, herreros y administradores de herrerías. De lo más cotidiano. Pero indudablemente, escrito con encanto. Y con el personaje secundario, Pequeñita, con la que nos colamos por la casa del párroco, también descubrimos elementos «fantásticos» en las historias que se cuentan del valle donde transcurre la acción, cuando era el fondo de un lago. Y donde la malvada madrastra, ¿sería el espíritu maligno del hada del lago desaparecido? Bueno, como lo veáis. Simplemente, el hogar de los Liljecrona no es el de los protagonistas; es el del «príncipe encantador». Más o menos. Me ha gustado. Bastante.
Una entrada breve y rápida sobre dos series japonesas que he visto en las últimas semanas. Bueno… en realidad una de ella parece coproducción entre animadores de EE.UU y Japón, aunque el tema nos lleva a un periódico histórico de Japón. Vamos con ella.
Para una serie con samuráis, como la de animación de hoy, nada mejor que un castillo de daimyo como el de Himeji… que es bien bonito.
Yasuke es una serie de animación de Netflix, con seis episodios de media hora de duración, hasta el momento. Queda abierta a posibles segundas temporadas, aunque también podría quedar como una miniserie. Creada por un norteamericano, de la animación se ha hecho cargo un estudio japonés. El idioma original… parece que se generaron dos versiones originales, una en inglés y otra en japonés. Dado que la acción se sitúa en algo parecido al final del periodo Sengoku de la historia de Japón, yo opté por el doblaje japonés. Pero el movimiento de los labios de los personajes animados sigue más al idioma inglés.
La acción se sitúa como digo en los tiempos de Oda Nobunaga, el primero de los señores feudales guerreros que encaminó la unión del país tras décadas de inestabilidad y constantes guerras. Históricamente sabemos que Nobunaga acogió a un vasallo africano, probablemente originario de lo que hoy es Mozambique, que recibió el nombre de Yasuke, y que habría sido llevado allí por misioneros jesuitas portugueses, en aquellos momentos súbditos de la monarquía hispánica. Pues bien, a partir de este personaje histórico, se desarrolla una historia alternativa en la que hay elementos mágicos y elementos tecnológicos ucrónicos, y en el que la muerte de Nobunaga se debe una misteriosa maga negra, inspirada por una mujer política y guerrera de la historia real, que vivió 200 o 300 años antes en la realidad, y que será la principal antagonista del héroe de la animación. El experimento es curioso, tiene buenos momentos, pero también tiene alguna irregularidad. De todos modos, si hay una segunda temporada, la veré.
Kingyo tsuma 金魚妻 (esposas peces dorados), traducida al castellano con el título Como peces dorados [Fishbowl wives, esposas en la pecera], es un drama japonés de acción real, dejamos por una vez la animación, con un reparto coral, sobre un grupo de mujeres, vecinas de un edificio de apartamentos de cierto nivel, y que viven en crisis o aburridas de sus matrimonios, que no funcionan como ellas esperarían. Hay una protagonista principal que sirve de hilo conductor a toda la serie, que huye de un marido maltratador y se refugia con el dueño de una tienda de peces, y que aparece en todos los episodios. Mientras, en cada episodio se nos cuenta el caso de otra de las mujeres. Es por lo tanto una disección de los problemas del matrimonio contemporáneo en el País del Sol Naciente, especialmente desde la vivencia de las mujeres. No está mal… pero el final me resultó insatisfactorio… irregular… insatisfactorio… Pero puede haber un problema de diferencias culturales por el medio. No sé.