[Cine] Madres paralelas (2021)

Cine

Titane (2021; 64/20211015)

Hace tiempo que vengo comentando mi bloqueo lector… la falta de concentración en la lectura que hace que sólo en determinados momentos, mis últimas vacaciones, por ejemplo, sea capaz de llevar la lectura de un libro a término. Libro de ficción. Otro tipo de temas, como los profesionales, que no suelo comentar aquí es otra cuestión. Pero realmente también me siento bloqueado en el cine. No dejo de ir. Creo, fundamentalmente, porque los meses de confinamiento y cierre de salas creo una ansiedad por el deseo del lujo perdido de reunirse con dos o tres personas con intereses comunes y pasar un par de horas juntos en silencio contemplando una película, y dedicar 40 o 50 minutos después ante unos cafés, un té en mi caso, o unas cervezas a comentar la película. Pero si hago un repaso mental a lo que viene siendo el cine para mí en los últimos meses, independiente de la «racional» valoración que intente ofrecer en estas páginas, me doy cuenta de que la sensación de genuina emoción ante una película cada vez la siento más esporádicamente. En estos momentos siento una emoción mucho más intensa con la manzana de la variedad ambrosía que me estoy comiendo mientras esto escribo que con la que sentí con la película que aquí comento. Aunque hay entran en acción otros factores… que no voy a comentar aquí.

En algunas ocasiones, Almodóvar ha salido de Madrid para rodar… pero esta no ha sido una de ellas.

Queda claro por la rotunda y frutal afirmación anterior que la última película de Pedro Almodóvar… me dejó muy muy muy frío. Un director que nos emocionó con una certera combinación de saber hacer artístico, transgresión y habilidad para el melodrama, incluso si tomaba la forma de una comedia, sigue mostrando su capacidad para la dirección artística en sus películas… pero no para contar historias. Pero claro… cuando me entero de que en Venecia le dedicaron 9 minutos de ovación. Que le premiaron como director. Que Penélope Cruz se llevó la copa Volpi. Que la academia del cine español a elegido otra película para los Oscar porque confían en la trayectoria del Manchego para salir adelante en los premios por sus propios medios. O eso dicen. Me pregunto, ¿el problema lo tendré yo? ¿El conjunto de neuronas de mi cerebro que me hacían disfrutar del cine ha fenecido o, en el mejor de los casos, ha entrado en letargo? No lo sé.

Como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes. Mmmmmm… ¿La película va sobre la maternidad, uno de los temas preferidos del director? Vamos a ver… Sobre los niños/as intercambiados en el hospital… ved la película de Kore-eda sobre el tema. Muy superior. En planteamiento, interpretación, profundidad… lo que queráis. Si queréis reflexionar sobre los niños/as con dos madres, una biológica y otra no, que entran en conflicto… no salgamos de Japón… ni del 2021, año en el que pudimos ver cierta película de Kawase del año anterior. Lo mismo… muy superior en planteamiento, interpretación, profundidad… Lo que cuenta esta película… los vaivenes… No lo sé.

Pero a lo mejor es que no va sobre la maternidad. A lo mejor quería hablarnos de los dramas familiares de la guerra civil, de la memoria histórica y de las fosas de los fusilados, represaliados por el ejército sublevado y el fascismo español. Un tema que puede ser interesante. Pero entonces… ¿por qué apenas nos habla un poquito de ello al principio de la película, para luego soltarnos un publirreportaje al final… con todo el lío de las madres entre medio? Reconozcámoslo. Almodóvar, el antiguo transgresor, lo cual era algo que convenía a la sociedad española en su momento, se ha vuelto en un rey de lo políticamente correcto… cosa que en estos momentos no hace falta a una sociedad española, que necesita que la remuevan, la provoquen, que alguien obligue a pensar, para que no vuelva a pensar que lo del fascismo que he mencionado antes… vuelva de algún modo. No lo sé.

Ya… ni voy a hablar de los dos «romances» que se plantean en la película. En fin. Con unas interpretaciones con oficio, pero convencionales. Penélope Cruz ya tiene tablas, pero se le han visto mejores cosas en las películas del manchego. Y la joven Milena Smit me parece un poquito verde, aunque con el físico perfecto para el papel, si bien le pone interés y salva la papeleta. En fin… que por este lado nada malo hay que decir… pero tampoco nada extraordinario.

La película no es ninguna catástrofe. Se ven todos los días cosas mucho más infames. Pero hacía mucho tiempo que no salía con una sensación tan gélida en el cuerpo por una película que estaba pensada para emocionar. Y al final, ¿qué? Un manual de progresismo para pijos. Ninguna emoción en mí. ¿Seré yo? Tal vez. Probablemente. No lo sé.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

[Cine] Titane (2021)

Cine

Titane (2021; 64/20211015)

Tras la vuelta del viaje de vacaciones, me encuentro con una serie de novedades en la cartelera cinematográfica. Novedades sobre cuya calidad no puedo asegurar nada a priori, pero que me atraen por los antecedentes. Como es este largometraje de la francesa Julia Ducournau, que ya hace unos años nos propuso una película peculiar y compleja, que sorprendió bastante. Y aquí nos ofrece una de esas películas que suelen adoptar el calificativo de inclasificables, que ha tenido bastante aceptación en festivales, aunque también se anunciaba como compleja de visualizar.

Según nos cuentan en varios momentos, la acción sucede en algún lugar de la Provenza francesa, por eso he elegido algunas escenas de la ciudad de Arles para ilustrarla

La joven Alexia (Adèle Guigue de niña; Agathe Rousselle de adulta) sufre a los siete años un accidente de tráfico mientras iba dándole la murga en el coche a su padre que obliga a un intervención craneal, por la que tendrá que llevar un implante de titanio en su región temporal derecha. Ya con treinta años se gana la vida con bailes eróticos en un entorno de fanáticos del motor, y tiende a resolver sus conflictos con violencia. Llegando al homicidio. Lo cual le obliga a huir, refugiándose en casa de un jefe de bomberos separado de su mujer, Vincent (Vincent Lindon), que vive con el pesar de que diez años antes desapareció su hijo sin dejar rastro cuando era un niño. Alexia se hará pasar por el niño ausente ya crecido, e iniciará una extraña relación con Vincent.

Como ya he comentado, fácilmente puede asignarse al género de inclasificables. Lo que empieza como una huida de una persona que ha cometido una serie de crímenes como consecuencia de su estado emocional permanentemente alterado, permanentemente dañado, se convierto poco a poco en una reflexión sobre el concepto de paternidad (¿maternidad?), con un fuerte componente de realismo fantástico, es decir, introduciendo elementos fantásticos en un entorno social similar a la realidad. La película es muy potente en los aspectos visual y sonoro, reflejando la maestría de la directora a la hora de manejar el lenguaje cinematográfico. Las interpretaciones de los personajes protagonistas también tiene elementos más que notable, en unos trabajos muy intensos y muy físicos.

¿Cuál es mi parecer sobre la película? Es difícil de decir. Esta es una de esas películas que un aficionado al cine tiene que ver. Pero que supone un riesgo por la complejidad de los conceptos y de los elementos formales del largometraje. No la considero una película para todos los públicos, y no me estoy refiriendo a la recomendación por edades, sino a la madurez cinematográfica y riesgo que está dispuesto a correr el espectador. Globalmente puedo decir que considero que me mereció la pena, aunque reconozco que en el momento de salir de la sala del cine mis sentidos y mis sensaciones se encontraban saturadas y algo abotargadas por lo que había presenciado. Quedáis avisados. En cualquier caso, la película nos habla de cuestiones mucho más profundamente humanas de lo que puede parecer en las formas, y eso es lo que le da buena parte de su valor.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Cine] Asa ga kuru 朝が来る (2020)

Cine

Asa ga kuru 朝が来る [Madres verdaderas] (2021; 53/20210810)

Naomi Kawase es una directora japonesa que me tiene un tanto desconcertado. En ocasiones, cuando más me gusta su cine… es cuando menos se ajusta a lo que se espera que sea su cine. Ya me pasó aquí. En alguna ocasión se la ha acusado de hacer schmaltz cinema, un cine con exceso de pretensiones y sentimentalismo, pero escaso de sustancia. Y es cierto que muchas veces le pierden las formas y el exceso de reflexión y recreación en los (presuntos) sentimientos o en las bellas imágenes. Pero a mí me gusta darle oportunidades. Y aunque condenen sus películas en la cartelera a lo profundo del verano, incluso en medio de la crisis pandémica, cuando aparecen, vamos. Y sucede en ocasiones, como en esta, que no nos arrepentimos en absoluto.

La película oscila, en sus localizaciones, entre Tokio, Yokohama y los alrededores de Hiroshima. Por esta última ciudad nos pasearemos fotográficamente para ilustrar la entrada.

Kawase, que por lo que he leído es hija adoptiva, nos plantea la situación en la que una pareja que se quiere y no quiere romper su matrimonio, a pesar de la incapacidad del marido para engendrar y del deseo de la esposa de tener un hijo, decide adoptar a un niño de una joven adolescente que se queda embarazada con sólo 14 años. Años mas tarde, la joven se planta ante el matrimonio reclamando al niño.

La situación que acabo de comentar es el macguffin del que tira Kawase para contarnos tres historias. La de la pareja, la de la joven madre adolescente, y la de la agencia de adopción. Por orden de importancia o trascendencia, habría que situar en primer lugar la de la joven madre adolescente. Y lo hace con parsimonia y con una sucesión de idas y venidas hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, entre el presente y el pasado de los protagonistas, que en su conjunto conforman la historia y otorgan sentido y comprensión a las situaciones que se van presentando en el presente.

Sobre unas excelentes interpretaciones, sobrias pero eficaces, entre las que destacaría la de la joven actriz de diecinueve años Aju Makita, la directora hace un cine de profunda denuncia social. Que por lo que he leído por ahí, en una serie de reseñas mayormente positivas, no siempre es entendido. El conflicto principal no es el de las dos madres, la biológica y la adoptiva. El conflicto es el de la conservadora sociedad japonesa hacia las jóvenes madres adolescentes, en el rechazo social, en la amenaza de caer en la pobreza, incluso cuando el embarazo ha terminado y han entregado al niño en adopción. Hay más matices y más temas en la película, pero para mí, indudablemente es el primordial. Y el que da sentido al drama.

Película que nos emocionó. Quizá un poco larga. No se cuentan tantas cosas, pero como digo Kawase se toma su tiempo, o maneja unos tiempos propios de la cultura asiática oriental, poco habituales en los productos de consumo rápido, digestión fácil, y olvido más fácil todavía, en los que cae con frecuencia el cine occidental. Muy recomendable. Aunque a lo mejor no sea del gusto de los tragapalomitas y fanáticos de los héroes en pijama de colores.

Por cierto, el título original japonés asa ga kiru 朝が来る, no habla nada de «madres». Significa «llega la mañana».

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine] 14 jours, 12 nuits (2019)

Cine

14 jours, 12 nuits (2019; 16/20210223)

La semana pasada, nuestra actividad pareció normal. Dejamos de lado por una semana las propuestas de las plataformas de cine bajo demanda en internet. No acudimos a ningún «evento» cinematográfico. Y optamos por una película que optaba, ya no, no ha pasado los cortes, al Oscar a la mejor película de habla extranjera (siendo lo «no extranjero» el inglés). Algo que podía haber sucedido cualquier año, con pandemia o sin pandemia. La película viene de Canadá, tiene como director a Jean-Philippe Duval, un realizador que se ha hecho más nombre en la televisión que en el cine. Y venía con críticas un tanto contradictorias… pero nos prometía viajar a bellos paisajes del sudeste asiático.

He dudado sobre ilustrar esta entrada con fotos de Canadá, del estuario del San Lorenzo, o buscar algún paisaje asiático. No tengo fotos de Vietnam. Todavía. Y no sé cuando podrá ser. Al final he optado por ir a Asia, a las montañas de Huangshan. No es lo más cercano a Vietnam que he estado, ese honor correspondería a Hong Kong/Macao,… pero me parece más apropiado por el tipo de paisaje.

Isabelle (Anne Dorval) es una mujer de mediana edad, oceanógrafa, canadiense, cuya hija adolescente, Clara (Laurence Barrette), adoptada, de origen vietnamita, ha fallecido en un accidente de circulación y está en pleno duelo. Por ello, decide realizar un viaje a Vietnam para reencontrarse con la cultura original de su hija. En el orfanato donde la cuidaron donde unos meses, le dan una indicación que le puede poner en contacto con la madre biológica de la niña, Thuy (Leanna Chea), que no la abandonó, que fue forzada por su familia a entregarla. Ahora es una artista, una pintora, que dedica parte del año a trabajar como guía en una agencia de turismo. Isabelle, sin hablar de sus motivos, contrata un viaje con ella por Vietnam, donde ambas conectarán.

La propuesta inicial de la película es bastante interesante. Qué se pueden contar, de qué pueden hablar dos mujeres que han perdido a una hija común, cada una con una perspectiva sobre esa maternidad totalmente distinta. Una procedente del mundo rico, del norte privilegiado. La otra, fruto de una nación que durante años fue devastada por la guerra y la violencia contra ese mundo, pero también de unas tradiciones y condicionamientos que le obligaron a perder a su hija. El problema es que la película, muy correctamente realizada desde un punto de vista académico, se recrea en exceso, hasta perderse en ocasiones, en ese viaje que parece promocionado por la oficina nacional de turismo de Vietnam, de maravillosos paisajes y simpáticas gentes. Al mismo tiempo que el ritmo de la película, su banda sonora y el ambiente general la dotan de una gravedad que resulta excesivamente pesada y morosa.

Lo bueno es la interacción de ambas actrices protagonistas, que establecen un duelo cara a cara de muy alto nivel, que va evolucionando durante la película, en el que siempre pesa la falta de sinceridad inicial de la canadiense. Aunque lastrado por ese ritmo pesado que mencionaba, son estos diálogos, los gestos de ambas, las miradas, las que hacen que la película merezca la consideración del aficionado al séptimo arte. Podría ser mejor, pero vale la pena acercarse a esta propuesta canadiense que nos propone una interesante reflexión sobre dos mundos distintos, a través de dos mujeres muy diferentes, pero con un mismo sufrimiento. La pérdida de la hija. Y lo mejor, resuenan sus palabras y sentimientos como mujeres auténticas, y no como productos de ficción. No hace mucho pudimos ver una película sobre el duelo por la pérdida de una hija, en la que no se reunían todos estos componentes, a pesar del excelente trabajo actoral. Curiosamente, también una película canadiense.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Libro] Otoño – Ali Smith

Literatura

No conocía yo a esta escritora británica, escocesa por más datos, que responde al nombre de Ali Smith. Pero en algún momento me apareció este primer libro de lo que los editores llaman el Cuarteto estacional entre las ofertas de mi tienda habitual de libros electrónicos. Y me atrajo su sinopsis.

La autora es escocesa, de Inverness, donde están tomadas las fotos que acompañan a este texto. No recuerdo si la novela indica dónde transcurre la acción. Creo que no. Algún lugar de Inglaterra. Escocia votó mayormente contra el Brexit. Fueron los ingleses los que se creyeron la propaganda populista. Quizá por eso, hoy en día me caen mejor los escoceses. Así que Inverness será.

La protagonista de esta novela es Elisabeth (con s; el nombre en el Reino Unido se suele escribir con z), que unas semanas después del referéndum del Brexit en el Reino Unido en junio de 2016, acude a casa de su madre, con la tiene una relación difícil, porque su amigo de la infancia, el señor Gluck, ha alcanzado los 101 años, pasa la mayor parte del tiempo durmiendo y se acerca a su final. Durante el tiempo que pasará en su ciudad de origen, esta joven historiadora del arte de 32 años, repasará su vida, sus influencias, el estado de la sociedad actual y… se llevará alguna que otra sorpresa cuando su madre, que se opuso siempre a su relación con el señor Gluck, judío que escapó del holocausto, no así su familia, porque pensaba que era homosexual, no era así, le presente a su nueva mejor amiga.

Y está llena de referencias… A A brave new world, The Tempest, a Emma Peel la de los Vengadores (los divertidos no los de ahora), y tantas otras.

La novela es una entretenida reflexión sobre la identidad de una persona en su contexto social e histórico. A ratos divertida, incluso irónica, a ratos melancólica, a ratos comprometida políticamente, a ratos ferozmente crítica, a ratos cariñosamente tolerante con las inconsecuencias humanas. Son muchos los temas que va tocando y entrelazando en sus páginas. El Brexit y el racismo/fascismo populista que asoma en las sociedades europeas, concretamente la británica. El sexismo en el mundo, que oculta los logros de las mujeres, a propósito del caso de Pauline Boty, y de su obra sobre Christine Keeler. La amistad, sin importar los límites de la edad y antecedentes personales. El sentido de culpa por vivir mientras que los próximos murieron. El absurdo de las administraciones y otras organizaciones (divertidos los momentos de relax sobre la tramitación del pasaporte). La tolerancia hacia los otros, sin importar la sexualidad o la raza o la nacionalidad. La desvergüenza de los políticos… imposible de pasar por alto en los tiempos que corren. Pero que viene de largo. Y otros varios, que van surgiendo, porque son propios de la época que nos ha tocado vivir.

Reconozco que no sabía que esperar de esta novela. Pero que me ha encantado. Que me parece altamente recomendable. Que me gusta que no sea lineal, que asocie ideas y salte entre conceptos y situaciones. Que te haga pensar. Que te encariñe con los protagonistas de sus propias vidas. Que suene a verdad. A real. Y que lo haga con cercanía. Creo que iré, con el tiempo, a por el resto de las novelas del Cuarteto estacional.

[Cine] Pieces of a woman (2020)

Cine

Pieces of a woman (2020; 03/20210117)

La actriz británica Vanessa Kirby está de moda. Una actriz que procede fundamentalmente del mundo de teatro, pero que en los últimos años se ha ido infiltrando en las producciones de televisión y para la gran pantalla. Tiene talento y tiene presencia. El papel que más vuelo le ha proporcionado es su princesa Margarita en The Crown, donde se convertía en una auténtica roba escenas, y que le llevó a ganar algún premio que otro. Ahora sólo necesita el papel que le dé el prestigio en la gran pantalla. Y creo que muchos han pensado que el que realiza en esta película dirigida por el húngaro Kornél Mundruczó, rodada en Canadá, aunque la acción se desarrolle teóricamente en Boston, es ese papel. Algunos hablan incluso de su candidatura al Oscar. Aunque todavía no está claro cuál va a ser la repercusión de una película estrenada en la mayor parte del mundo en la plataforma de Netflix, y sobre la que hay opiniones diversas.

La acción de la película transcurre en Boston, según nos dicen. Pero está rodada en Montreal. Y nos dicen que la «nacionalidad» de la película es canadiense. Bueno… cosas del cine. Y de los dineros. Como yo tampoco he estado en Boston, Montreal tendrá que ser la ciudad que ilustre esta entrada.

La película tiene un acto inicial de gran fuerza e impacto. Una joven pareja va a tener su primer hija. Él, Sean (Shia LaBeouf), es lo que en inglés se llama un blue collar, un empleado en una empresa de construcción, no bien aceptado por la madre de su compañera (Ellen Burstyn), superviviente del holocausto judío. Ella, Martha (Kirby), es una white collar, con mayor nivel cultural tiene un empleo de más nivel o mejor consideración social. Han decidido tener el parto en casa, pero la matrona en la que confiaban tiene otro parto al mismo tiempo y manda una sustituta, Eva (Molly Parker). Aunque la niña nace aparentemente bien, minutos después del parto, muere. El resto de la película nos narrará cómo el duelo afectará a cada uno de ellos y cómo afrontarán de forma muy diferente las consecuencias del mismo.

La película es muy académica en su concepción y su realización, confiando en el buen trabajo de los intérpretes, que están todos a gran nivel. Pero tiene un problema que vimos no hace mucho en otra película que también prometía mucho. Tiene un comienzo tan potente, que luego la historia pierde mucha fuerza y asistimos a una representación del duelo que, por bien interpretada que esté, nos parece rutinaria, y que no aporta nada realmente nuevo. No he podido dejar de compararla con otra película sobre el duelo, excelente desde muchos puntos de vista, que sabía llevarnos de la mano del duelo de su protagonista por su hijo muerto hasta un culmen importante que permite el principio de la cicatrización de la heridas que deja. Por lo tanto, esta película lo tenía complicado para funcionar como una gran película. Por otra parte, la otra línea dramática que queda en un segundo plano, aunque el tramo final de la película se centre en ella, la cuestión sobre la responsabilidad de la matrona, queda desdibujada y tratada con trazos muy esquemáticos.

Entendámonos. No es una mala película. En absoluto. Podemos considerarla incluso como recomendable, especialmente para los abonados de la plataforma. Está bien hecha, muy bien interpretada… pero no es extraordinaria. Y quizá eso puede lastrar el recuerdo que la interpretación de Kirby, por donde empezaba este comentario, deje en nuestras memorias. Por cierto que el resto del reparto también está igualmente a buen nivel.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Libro] La fórmula preferida del profesor – Yōko Ogawa

Literatura

Leer esta novela era jugar a carta ganadora. Hasta el momento de empezar a leerla, había leído tres novelas de Yōko Ogawa, muy distintas entre sí, y las tres me habían gustado bastante. O mucho. Y también he decir que el relato de hoy inspiró una película que vi en su momento, y que fue la que me hizo interesarme por la escritora. Es decir, que tenía unas referencias a priori muy buenas.

El libro nos habla de una joven madre soltera, calculo que de unos 28 años, con un hijo de 10, que entra a trabajar de asistenta doméstica para un profesor de matemáticas retirado que, como consecuencia de un accidente de tráfico, su memoria próxima no sobrepasa los 80 minutos, por lo que no recuerda a las personas que conoció el día anterior. O la mañana de ese día. A pesar de ello, Kyoko, que así se llama la joven, consigue crear una relación de afecto y solidaridad con el profesor en la que se incluye a su hijo, apodado Root.

La novela está contada en primera persona desde el punto de vista de Kyoko. Y trasciende mucho a lo que se nos cuenta en la película, por muy fiel que esta sea. Pero es difícil trasladar los pensamientos de una persona como Kyoko. Trabajadora, con un gran sentido ético de sus deberes, centrada y preocupada en mantener lo mejor que puede a su minúscula familia, pero con capacidad para desarrollar empatía y para que esta surja en las personas que con ella tratan. La novela tiene dos niveles de lectura. Por un lado, la peripecia que se desarrolla entre el trío protagonista. Por otro lado, la lectura social sobre la situación de las mujeres jóvenes solteras y madres y la complejidad para sacar adelante a sus hijos en una sociedad desarrollada como Japón, pero con gran distanciamiento social entre sus miembros. Pero en esta ocasión con una visión optimista, especialmente si la comparas con otras historias de madres solteras con hijos pequeños.

Leer a Ogawa es fácil. O sus traductores consiguen que sea fácil. No se anda por las ramas. Va al grano. Con descripciones de hechos y ambientes directas y claras. Y sus relatos, como he mencionado, siempre tienen capas de significado, son más profundas de lo que su apariencia indica. En este caso, da vida un trío de protagonistas que se quedan a vivir con el lector, y que generan una inmediata preocupación e interés por el devenir de sus vidas. Totalmente recomendable.

A por cierto, la fórmula preferida del profesor es…

mmm…. ¿será considerado espoiler? Pues nada… no la pongo.

[Cine] Mother: Mazā [MOTHER マザー] (2020)

Cine

Mother: Mazā [MOTHER マザー] (2020; 59/20201122)

Los largometrajes japoneses de estreno en Netflix nos dan algunas de cal y otras de arena. Hemos podido ver algún título muy interesante, y otros,… por ser benévolo… no tanto. Sin embargo, esta película recientemente estrenada, firmada por Tatsushi Ohmori, tenía buenas pintas. Así que me decidí a verla. En castellano, se la ha llamado Maternidad. El tema de la familia es un tema recurrente en la filmografía japonesa. Una sociedad muy tradicional en muchos aspectos, y conservadora, ha ido viendo cómo una de las estructuras fundamentales de este tipo de sociedades se iba desestructurando. Hoy en día, las estadísticas de pobreza y abandono de madres solteras y de niños son excesivas para un país desarrollado. Y supongo que este es el motivo por el que algunos directores traten estos temas.

La que hoy nos ocupa, además, está basada en una truculenta historia de crímenes que sucedió en la realidad. Aunque la película no es tanto la historia de esos crímenes, cuanto del camino hacia ellos. Akiko (Masami Nagasawa) es madre de Shuhei (Sho Gunji, niño; Daiken Okudaira, adolescente), luego también de una niña más pequeña. Pero viven en los márgenes de la sociedad. Sin trabajo, malviviendo de subsidios, sin hogar en muchas ocasiones, extrañados de una familia harta de sus sablazos y desconsideraciones, y con relaciones tóxicas con hombres, especialmente con Ryo (Sadao Abe), el padre de la pequeña. A pesar de estas circunstancias, Akiko ejerce una fuerte influencia y dominio sobre su hijo Shuhei, incluso en su adolescencia avanzada.

Estamos ante una película difícil de ver. Porque estamos constantemente presenciando las inconsistencias, los errores de una madre que es prácticamente la antítesis de lo que entendemos por el concepto de maternidad. Una película «sucia», con unas relaciones materno-filiales extremadamente tóxicas. Una situación difícil de encajar en sociedades que consideramos modernas y avanzadas. Pero que se dan.

Si la película tiene una realización correcta, dentro de la sobriedad de las películas niponas, donde destaca el largometraje, quizá algo excesivo en su duración, es en las interpretaciones. Para Nagasawa, actriz de 33 años, que hay sido también modelo y conocida por su buena apariencia (ya vi en su momento una película de Koreeda en la que actuaba), es probablemente su momento de decir soy algo más que una cara bonita y afronta un personaje arriesgado, antipático, desastrado. Y lo hace francamente muy bien. Pero sobretodo por la fragilidad que demuestran los dos actores, niño y adolescente, que interpretan a Shuhei.

Difícil decir si es recomendable o no. A mí me vale. No llega a la brillantez de otras película japonesas que tratan el tema de la familia y que se han podido ver recientemente, especialmente de Koreeda, pero tiene fondo y formas. Sin embargo, como digo, no es nada amable, y causará desasosiego en no pocos espectadores. Allá cada cual.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Cine] Las niñas (2020)

Cine

Las niñas (2020; 43/20200907)

Reconozco que tengo un problema de confianza con el cine español. Más que con el cine español, con los medios que hablan del cine español. Cuántas veces he acudido al cine en los diez últimos años animado por los comentarios positivos de los medios, de los críticos nacionales, y he quedado profundamente decepcionado. Convencido a la larga de la connivencia entre la industria del cine y los medios para proporcionarse mutuamente clientes, pero con ausencia de una honesta crítica sobre lo que espera en las salas al espectador.

Mis fotos de hoy, aunque tomadas hace unos meses, son de lugares que han permanecido muy estables con los años. Que forman parte del paisaje de mi infancia. Y que son vecinos a algunas de las localizaciones de la película de Pilar Palomero.

También me dan miedo cuando relacionan el cine con mi tierra; Zaragoza, Aragón,… situad el ámbito geográfico donde prefiráis. Después de hablar de las viejas glorias, ya desaparecidas muchas, que esta tierra dio al séptimo arte, y en medio de tópicos, llegan las alabanzas al nuevo realizador o realizadora de turno. Cuando llego a la sala nueva decepción. Así que cuando después del festival de Málaga hubo un coro prácticamente unánime de voces alabando el trabajo del primer largometraje de ficción de la zaragoza Pilar Palomero, no puedo negar que un temblor de escepticismo me recorrió el cuerpo. Al final, este lunes pasado, vencí esa sensación y, sólo, porque no encontré compañeros que me acompañasen, en gran medida por los motivos mencionados, me fui a las más céntricas salas de cine de Zaragoza, ciudad en la que está rodada la película.

Nos cuenta Palomera la transición de la niñez a la adolescencia,… o preadolescencia, de Celia (Andrea Fandos), que vive en un piso y barrio modestos de la capital aragonesa con su madre (Natalia de Molina), muy joven y aparentemente viuda, y asistiendo a un colegio de sólo niñas, religioso, regentado por monjas católicas, donde está su principal ámbito de relación y amistades, sus compañeras de colegio. Especialmente con la llegada de una niña huérfana que ha vivido hasta el momento en Barcelona, y que va más avanzada en su transición a la adolescencia.

Sobre la historia, no hay mucho más que contar. No es una historia de planteamiento-nudo-desenlace. Es una historia de este-momento-de-una-vida. Una vida que viene de algún sitio, que vamos descubriendo durante la narración cinematográfica, y que va a alguna parte… cosa que sólo podemos inferir por el hecho de que se nos insiste que estamos en el año 92 y que conocemos la historia y las vidas de las mujeres que eran niñas en esa época y que tienen ahora 40 años. Y Celia es una de ellas. O por lo menos ese es el mensaje que se nos transmite.

He de decir que durante la proyección e inmediatamente tras la misma quedé en un estado de relativa extrañeza. Por mis vivencias personales, si lo que se nos presenta en pantalla se nos hubiera presentado como una historia que transcurre en los años 70, en el final del franquismo o principios de la transición, momentos en los que yo vivía mi adolescencia y asistía a clase en un colegio religioso católico… me hubiera parecido de lo más normal. Un fiel reflejo de la época. Pero, ¿en el año 92? ¿cuando la mayor parte de los colegios religiosos se habían habierto desde 10 años antes a la educación mixta? ¿conociendo cómo fue la niñez y adolescencia de mi hermana, con una edad intermedia entre la mía y la del personaje de la niña de la película? ¿Nada había avanzado la sociedad española en 16-17 años? Salvo algunos detalles como la música popular y alguna otra cosilla, nada diferencia la Zaragoza del 92 que presenta Palomero de la de los 70. Es casi un ambiente atemporal, donde el año tiene una importancia relativa.

Pero la película es de las que dejan un regusto. Y es un regusto positivo. Es de las que crecen en la memoria. De las que poco a poco cala lo que has visto, tanto en su aspectos formales como en su fondo. Da igual el contexto. El viaje al que asistimos es interior. Y puede realmente ser equivalente al de otras muchas niñas a lo largo de muchas década, sirviendo el entorno de mero decorado, para una sociedad que ha evolucionado mucho más lentamente de lo que imaginamos, con valores con sus cosas buenas y con sus lastres, que han permanecido con más persistencia de lo que las apariencias de modernidad nos hacía creer. Palomero rueda con un presupuesto limitado, eso es evidente. Pero le saca partido. Optando arriesgadamente por un formato 1,37:1, cuadradote, con planos muy cerrados sobre la niña protagonista y el resto de las niñas. Sacando oro de la interpretación de la niña, que está fenomenal. Pero cuando hablamos de la interpretación de niños, dejando aparte las cualidades de los mismos, para que resulten naturales, si son buenas, inevitablemente hablamos del trabajo cuidadoso y cómplice de la directora. Sin el cual, las interpretaciones infantiles no resultan.

Cuántas veces se me ha ido el pensamiento después de ver la película a comparar a Celia con Ana (Ana Torrent), la niña que magistralmente presentó Victor Erice en El espíritu de la colmena, actriz infantil a la que pocos años después Carlos Saura volvió a aprovechar también magistralmente en Cría cuervos. Si de aquellas, el recuerdo predominante son los muy abiertos ojos de la niña, en esta ocasión, en otro ambiente, con otros problemas, es la sonrisa que eventualmente aparece en el rostro de Andrea Fandos. Esta vez sí que estoy de acuerdo con los voceros de los medios y las instituciones. Estamos ante una excelente película, que merece ser vista y reflexionada. Un trabajo extremadamente meritorio, que espero que alcance el reconocimiento que merece en tiempos tan difíciles para la exhibición de la obra de arte cinematográfica.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Libro] Seins et oeufs – Mieko Kawakami

Literatura

La primera que soltará alguno es… ¿qué narices haces tú leyendo un libro de una autora japonesa en francés? Pues es exactamente lo mismo que haría leyendo el mismo libro de esa autora japonesa en español,… si existiese. Y tuviese un precio razonable. Al fin y al cabo, todo son traducciones. Y en la medida en que puedo leer en dos idiomas, quizá tres con un poco de osadía, además de mi idioma natal, aprovecho para acceder a lo que me interesa. Y más si es a un precio razonable. Quizá otro día me extienda algo sobre el tema de las traducciones… pero hoy no tengo ni ganas ni tiempo.

Me quedo con la idea en la cabeza de que el minúsculo apartamento de Natsu se encuentra en Ueno o Asakusa… Así que opto por ilustrar la entrada con algunas fotos del parque de Ueno, que ya fue protagonista de alguna novela que apareció en estas páginas.

Seins et oeufs en francés es traducción literal del original de Mieko Kawakami, Chichi to ran [乳と卵] (yo hubiera leído 卵 como tamago, pero la lectura de los kanji japoneses es todavía para mí un misterio inescrutable). [Mamas, pechos, senos, tetas, óptese por el que se prefiera] y huevos. Es una novela corta, contada desde dos perspectivas. Tenemos a Natsu, una mujer joven de 30 años, natural de Osaka pero viviendo en Tokio, y que sale a recibir a su hermana mayor, de 40 años, Makiko, con su hija de 11 años, Midoriko. Natsu va narrando en primera persona la visita durante dos días de sus dos parientes. La mayor, obsesionada con realizarse una operación de aumento de senos. La niña, que lleva varios meses sin querer hablar con nadie, comunicándose con las anotaciones que hace un cuaderno. La segunda perspectiva serán las reflexiones de la niña, que se intercalan a la narración de Natsu. Reflexiones en las que se muestra tremendamente angustiada por la previsible próxima llegada de su primera regla. Y por otras cosas…

Impresionante reflexión la que hace Kawakami sobre la situación de la mujer en su país, donde su capacidad adquisitiva y su riesgo de pobreza es acusada en caso de divorcio o en caso de tener que criar a sus hijos sola, donde el físico es importante para la posición social, donde muchos niños se las apañan solos ante las ocupaciones de sus padres durante muchas horas y durante horas intempestivas. Sólo por poner un ejemplo de algunos de los temas que afloran. No hablemos ya de los problemas de comunicación en una sociedad naturalmente reservada.

Aunque no faltan elementos de humor en la breve visita de las dos féminas de Osaka a la capital, la breve novela deja tras de sí un inevitable sinsabor a amargura, aun con la esperanza de que algo pueda haber cambiado tras la catarsis a base de huevos que en un momento dado se produce entre Makiko y su absolutamente adorable, en su vulnerabilidad, hija. Me ha gustado bastante. La autora empezó su carrera como contante en los años 2000, pero se pasó a la literatura, y hay quienes la consideran a la altura de algunas plumas consagradas del país nipón.

[Libros] Amor

Literatura

No sé muy bien por qué, había olvidado comentar este libro. Una novela corta de Hanne Østarvik que terminé de leer hace varias semanas y que tendría que haber comentado hace por lo menos tres. Despistes relacionados con las anómalas rutinas que he llevado en los últimos meses, que se van paliando poco a poco, aunque todavía persisten, debido a la epidemia de covid-19.

La acción transcurre a lo largo de una noche. Los protagonistas son una mujer relativamente joven y su hijo, que está a punto de cumplir los 9 años. Desde un tiempo, no mucho, se han trasladado a vivir a una ciudad, pequeña, en el norte de Noruega, más allá del Círculo Polar Ártico. Hace frío. Pero la mujer se arregla y sale a dar una vuelta, a tomar algo, a conocer gente. El niño también sale a dar una vuelta y también entra en contacto con otra gente. Y va pasando la noche, con ambos fuera de casa, con mucho frío, los dos suponiendo lo que hace el otro y sin encontrarse.

Paisajes noruegos, lo adecuado para ilustrar el libro de hoy.

Es una narración compleja. Por los muchos matices. Una familia de sólo dos personas, que se quieren y se necesitan, pero que tienen un problema de base. No se comunican. No saben qué lo que el otro quiere, no saben qué es lo que el otro necesita, no saben dónde encontrar al otro. Todos lo suponen, nada saben realmente y, por lo tanto, se equivocan. Un delicado y estremecedor canto sobre la incomunicación y la incomprensión de dos personas que se quieren.

La novela tiene un tono pesimista, oscuro, que se ve confirmado en su final. Cuando dos vidas toman caminos divergentes, las consecuencias son imprevisibles. La soledad de la mujer, que no encuentra suficiente confort en su hijo, acaba afectando al niño, que por el contrario mantiene la confianza en la madre. Una novela desasosegante, recomendable, pero con el estado de ánimo adecuado.

[Libro] Luz de guerra

Literatura

De entrada decir, para dejar las cosas claras desde el principio, que este libro del canadiense, nacido en Sri-Lanka, Michael Ondaatje ha sido una de las sorpresas más agradables de lo que llevo de año de lectura. Ondaatje alcanzó cierta celebridad por ser el autor de la novela en la que se baso la película del mismo título, The English Patient, que arrasó en la ceremonia de entrega de los Oscar de marzo de 1997, y con razón. Pero su carrera es algo más que aquella novela puntual, como he podido comprobar en alguna ocasión. Y cuando hace poco leí que recientemente se había publicado la traducción de su última novela, decidí ponerme a ella.

Los canales navegables de Londres y que comunican la capital con sus alrededores, para el transporte de mercancías, legítimas o ilegítimas, tiene su importancia en la trama, y es lo que os traigo aquí.

Estamos ante una novela compleja. Difícil de adscribir a un género determinado. ¿Es un drama familiar? ¿Es una historia de transición de un adolescente hacia las complejidades del mundo adulto? ¿Es una de las mejores historias de espionaje que he leído en mi vida, y al mismo tiempo, alejada de todas las convenciones del género? ¿Es una crítica a unos modos de hacer y entender los servicios de inteligencia de los países desarrollados, específicamente el Reino Unido? O simplemente, todo ello al mismo tiempo.

En el momento en que al protagonista, narrador en primera persona de la historia, y a su hermana, de 14 y 16 años respectivamente, les comunican que sus padres se van durante un año a trabajar en Asia y que se quedan al cuidado de un amigo de la familia, les cambia la vida. Estamos en el principio de la posguerra mundial. En un Londres que sufre las cicatrices y las carencias derivadas del conflicto mundial. Donde el límite entre el bien y el mal se ha difuminado, en el que el de la clandestinidad patriótica y la criminal ha desaparecido. En ese ámbito, el joven protagonista descubrirá el mundo, las mujeres, el sexo, y acabará por despertar totalmente del mundo de la despreocupación en el trágico momento en que regresará su madre, iniciando una vida de adulta marcada por la incertidumbre de quienes son sus personas cercanas, de quién es el mismo.

Estamos ante una historia que nos da sorpresas, que evoluciona. Que cambia de género conforme su protagonista descubre el mundo. Estamos ante una novela en la que hay profundas reflexiones éticas, que toma partido ante el cinismo que conlleva la desaparición de esos límites entre lo adecuado y malvado, muchas veces por iniciativa de las propias estructuras públicas del estado que deberían velar por los valores de una sociedad que presume de haber combatido a la tiranía en nombre de la democracia. Hay drama, algún momento para el relajo humorístico y alguna que otra tragedia. Probablemente inevitables.

Una de las mejores obras de ficción que he leído este año. Una de las mejores novelas que he leído en general. Una demostración de la profundidad de los temas y del dominio de la prosa que tiene Ondaatje. No es la lectura más fácil en ocasiones, pero es de las más ricas. Totalmente recomendable.