[Historia en cine] 100 años desde el final de la Gran Guerra… o no.

Cine, Historia, Literatura

Oficialmente, hace 100 años terminó la I Guerra Mundial o Gran Guerra. Más bien, es el aniversario del comienzo del armisticio, el 11 del 11 a las 11:00 horas. En realidad, el armisticio marca el final de las hostilidades, pero no es el final de la guerra. Formalmente, el final oficial de la guerra vino con la firma del Tratado de paz de Versalles en 1919; final del estado de guerra entre los aliados occidentales y Alemania. Y en realidad, no entró en vigor hasta enero de 1920.

Pero mientras tanto, siguieron las hostilidades en distintos puntos del globo. La Rusia soviética y Polonia siguieron enzarzadas, entre febrero de 1919 y marzo de 1921. El Tratado de Versalles reconocía la independencia de Polonia y definía sus fronteras con el Reich alemán, pero nada decía de lo que pasaba por el lado de sus revolucionarios vecinos eslavos. Que oficialmente habían perdido la guerra contra Alemania en 1917, pero que estaban en plena guerra civil, enfrascados a tiros en Manchuria, y donde hiciera falta.

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Los monumentos a los caídos por la patria son una de las coñas que una de las películas que comento hoy lleva al derrotero en su ácidamente cómico argumento. Pero en Estrasburgo, este monumento es distinto, porque los avatares de la historia hicieron que los alsacianos murieran indistintamente por diversas patrias según tocase.

También siguieron enzarzados a tiros la República de Grecia, que se quería merendar buena parte del antiguo Imperio Otomano, con los militares revolucionarios turcos, que no estaban por la labor. Y entre 1919 y 1922, resultando que si bien el Imperio Otomano fue perdedor en la Gran Guerra, los turcos fueron vencedores en esta pequeña, pero sangrienta, guerra. Cosas que pasan.

Dos ejemplos… No voy a hablar de la inestabilidad que quedó en Extremo Oriente, el ascenso de los totalitarios fascistas, comunistas, nacionalistas, militaristas,… y todos los “istas” que se os quieran ocurrir que sacudieron los años 20 y 30, y que acabaron desembocando en el follón de la II Guerra Mundial. Hoy se conmemora, por lo tanto, el 100 aniversario de una soberana chapuza, una de las peores perpetradas por el mundo occidental,… y eso es mucho decir.

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Leía ayer que Trump y Macron eran de la opinión de que Europa tenía que incrementar su gasto militar. Este par de imbéciles, tarugos iletrados, que no se han enterado de nada, son la plena demostración de que no hemos aprendido nada. La Gran Guerra fue precedida de una carrera armamentística como no se había conocido hasta ese momento, y que, desde luego, no sirvió para prevenir la guerra. El liberalismo económico que preconizan desembocó después de la guerra en la Gran Depresión, que favoreció el auge de todos los totalitarismos que hemos comentado antes. Pues eso.

Para conmemorar la fecha de forma reflexiva, propongo ver cuatro películas. En algún caso, también leer los libros en los que se basan.

Paths of Glory (Senderos de gloria)

En toda guerra, hay dos ejércitos; los malos y los peores. Y los que se encargan de que sean malos o peores suelen llevar estrellas y galones en el uniforme. Y suelen hablar de honor con mucha frecuencia. Pero no saben lo que es el honor, ni lo conocen, ni lo han conocido, ni lo conocerán. Y Stanley Kubrick, con la ayuda de un superior Kirk Douglas interpretando a la excepción que confirma la regla, nos lo explican muy bien.

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All quiet in the western front (Sin novedad en el frente)

Con frecuencia, tras una guerra, el perdedor pierde también el derecho a contar su versión y sus sentimientos. Pero gracias a Erich Maria Remarque y su bella novela, que hay que leer, sin duda, podemos saber que los soldados alemanes eran también sufridos peones como sus equivalentes de la entente, con sus miedos, sus amores, sus esperanzas y sus tristezas. La película original, de 1930 fue rodada en EE.UU. y la dirigió Lewis Milestone. Hay una versión más moderna de 1979. Pero no la he visto.

La grande illusion (La gran ilusión)

Dejemos el drama y la tragedia y pasemos a la comedia de la mano de uno de los grandes del cine universal, Jean Renoir. Aunque viene bien contar con uno de los grandes de la interpretación, Jean Gabin, para llevar la empresa a buen término. El análisis de esta obra maestra es muy complejo para llevarlo a cabo en unas pocas líneas. Pero digamos que es una obra mucho más profunda que una mera declaración antibélicista y antimilitarista. Otro imprescindible.

Au revoir là-haut (Nos vemos allá arriba)

Reciente adaptación de la magnífica novela del mismo título de Pierre Lemaitre, también de obligada lectura, en la que no sólo se ponen de manifiesto los horrores de la guerra, a pesar de que esta sólo abarca los primeros minutos/las primeras páginas de la película/el libro. Por que aquí vamos a una acidísima crítica de la desvergüenza de políticos, empresarios y otros engendros de la sociedad civil a la hora de explotar el fenómeno bélico para su propio beneficio, y sin que quienes sufrieron crudamente las consecuencias del conflicto vean compensado su sacrificio. Dirigida por Albert Dupontel, la película está bastante bien, aunque la novela es muy muy superior.

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Literatura

Hace ya prácticamente mes y medio o más que terminé de leer este libro. Me impactó mucho. Me gustó mucho. Pero decidí que antes de comentarlo tenía que digerirlo un poco. Lo curioso es que eso me llevó a olvidarme de él, porque la vida sigue, porque otros libros le siguieron que acapararon mi atención. La verdad es que llevo un cierto retraso comentando libros leídos. No creo que tarde muchas semanas en ponerme al día, pero ahí estoy. En estos momentos, además del que hoy comento, tengo otros dos libros terminados, y uno que no tardaré mucho en acabarlo. Pero lo cierto es que de lo que he leído en los últimos tiempos, esta peculiar novela de Paul Auster es de los que más me ha marcado. Por diversos motivos.

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Visitaremos el río Hudson. Navegando entre Manhattan, Staten Island y la orilla de Nueva Jersey.

Auster es un autor con el que disfruto. Con el que me llevo bien. No es que me haya leído gran parte de su obra o cosa parecida. Es mucho lo que me faltaría de leer de este autor norteamericano, uno de los más importantes de la literatura en inglés actual. Pero lo que he leído me ha satisfecho. Tanto por los temas, como por la forma de escribir, siempre matizad por las traducciones, como por las historias que nos cuenta. Esta ocasión no es una excepción. Pero tiene un añadido; su estructura argumental es muy peculiar.

El libro nos cuenta la(s) vida(s) de Archie Ferguson. Nacido a finales de los años 40 en el seno de una familia judía de clase media que vive en la zona de Nueva Jersey/Nueva York, tras un capítulo previo que nos habla de los orígenes de su familia, de su padre y su madre, va desgranando los acontecimientos que van marcando su infancia, su adolescencia y su juventud. Y en paralelo, los principales acontecimientos que marcan la historia norteamericana de los años 50 y 60 del siglo XX; el baby boom y el desarrollismo, la guerra fría, el advenimiento de Kennedy, su asesinato, la lucha por los derechos civiles, la guerra del Vietnam, las crisis de finales de los años 60,… La cuestión es que no nos cuenta, como ya os habréis dado cuenta al principio de este párrafo, UNA vida de Ferguson. Sino varias. El autor especula con los acontecimientos que marcan la vida de su protagonista, cómo se forja su carácter, como se relaciona con su familia o sus amigos, cómo se desarrolla su sexualidad, o cuáles son sus intereses y su destino profesional y vital, en función de las variantes que surgen a lo largo de esa vida, estableciendo caminos vitales alternativos. Así, cada capítulo está dividido en cuatro partes (1.1, 1.2, 1.3, 1.4 o 3.1, 3.2, 3.3, 3.4), en los que vemos la evolución de los distintos Fergusons alternativos.

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La gran habilidad de Auster es que siempre sentimos que estamos ante la misma persona. Lo que cambian son los acontecimientos, las circunstancias, cosas que moldean nuestro carácter, que condicionan nuestro devenir, que abren distintos caminos hacia los que podemos frente a lo que queremos ser. La vida como un conjunto de bifurcaciones, algunas determinadas por nuestras elecciones, otras por las de los que nos rodean, o por las circunstancias históricas. Para mí, para quien el sentido de la historia, la consciencia de que venimos de algún lugar y en un tiempo que nos marcan, es casi la novela perfecta. Casi. Porque permite una exploración completa de la persona. La que es, la que pudo ser. Aunque tengo poca capacidad para el arrepentimiento sobre lo que pudo ser o no ser mi vida, no puedo dejar de reconocer que conforme cumplo años miro con frecuencia hacia atrás y reconozco algunas bifurcaciones en mi vida. Eso sí sólo reconozco aquellas que dependen de los momentos en los que tomé alguna decisión trascendente en mi vida. O algunas en las que alguien la tomó por mí, que también las ha habido. Imposible o muy difícil reconocer de circunstancias que ignoramos, pero han estado ahí y nos han influido. Por lo tanto, tengo que reconocer que ha sido un libro que ha impulsado mucho esa actitud introspectiva sobre ese pasado que tantas alternativas presentó. O quizá no. Quizá nuestra trayectoria vital esté más determinada de lo que creemos, y nuestras elecciones sean más aparentes que reales. Que nuestra vida sólo admitía un recorrido… un tema que ha pensadores de todas las épocas ha llevado a mal traer.

En cualquier caso, he disfrutado mucho con las peripecias de Ferguson. Le he cogido mucho cariño. Especialmente a alguna de sus variantes. Aunque os he decir un secreto. Al final, todo… No. Mejor lo descubrís vosotros. Porque es una lectura muy recomendable.

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[Fotos] 10 años de un evento que me dejó ni fu ni fa

Expo 2008

El domingo fuimos al cine por la tarde. De la película, lo último de Haneke, ya os hablaré un día de estos. Aun tengo otra, anterior, un buen trabajo interpretativo de la joven Elle Fanning, que no he comentado. Mientras esperábamos a entrar en la sala de cine, nos tomamos unos chismes y alguien saco a colación un hecho que me había pasado relativamente desapercibido hasta ahora. Hace 10 años en estas fechas, estaba en todo su apogeo la Exposición internacional de Zaragoza 2008. Un acontecimiento para la ciudad,… que a mí, me dejó un poquito frío. Estuvimos recordando, y he querido trasladar aquí, con algunas fotos, lo que nos evocó la conversación.

Para empezar, cuando uno habla del impacto que un evento le produce en su vida, hay que tener en cuenta los antecedentes personales y el contexto en el que se da el evento. De entrada, yo no era un novato en la cosa de las exposiciones internacionales. Visité, con entusiasmo, la Exposición universal de Sevilla 1992, y con algo menos de entusiasmos, la Exposición internacional de Lisboa 1998. Esta última era más parecida a la que celebramos en Zaragoza en 2008. Y os diré una cosa. En Lisboa, sacamos entrada para tres días, pero al segundo nos cansamos y desaprovechamos el tercero. Era mucho más interesante pasear por Lisboa que por un recinto artificial lleno de gente haciendo filas para ver lo que hubiese que ver. Una experiencia real frente a una experiencia artificial.

Por otro lado, el año 2008 fue un año revuelto a nivel personal. En algunas cosas para bien, en otras… menos bien. Y mi grado de confusión personal era considerable.

Hay un dato topográfico a considerar. Desde mi casa hasta el recinto de la Expo hay un buen rato de desplazamiento en transporte público. Mucha gente adquirió pases de temporada. Los que vivía cerca del recinto lo aprovecharon durante todo ese verano. Pero yo que trabajaba en Huesca, que no llegaba a Zaragoza después de trabajar antes de las cuatro de la tarde… plantearme luego ir hasta allí. Ni se me pasó por la cabeza. Aproveché un par o tres ocasiones para hacer unas visitas y punto.

Las realidades de quienes rememorábamos este domingo aquellos meses fueron diversas. Nos sorprendió en qué medida nuestra percepción sobre el acontecimiento era tan diferente.

Para muchos de mi conciudadanos, lo he percibido a lo largo del tiempo, aquellas exposición internacional fue un acontecimiento trascendente. Importante en sus vidas. De alguna forma, rompió cierta monotonía en sus rutinas vitales. Y me sirvió para recordar algo de lo que yo ya era consciente; comparado con muchos de ellos soy afortunado. Mi familia se preocupó de dotarme de una educación universitaria que procuré aprovechar, que me permitió alcanzar un nivel de vida que, sin ser pudiente, me libera de preocupaciones sobre aspectos básicos de la vida diaria que tengo cubiertos, y que me permite disfrutar de mi tiempo de ocio. Y en este ámbito, de los viajes.

Y ahí es cuando un evento de estas características, comparado con el hecho de descubrir por ti mismo in situ como son las cosas, no deja de ser un acontecimiento adulterado. Y propagandístico; los países y organizaciones presentan su cara más amable y esconden su problemas más oscuros e inconfesables. De hecho, si uno analiza la historia de las exposiciones internacionales y universales, surgieron en el siglo XIX tras el triunfo de la revolución industrial, y servían tanto para mostrar los logros de la técnica, como el poderío colonial de los países organizadores. Mostraban el exotismo de sus colonias y pertenencias, tecnológicamente infradesarrolladas, frente a las tecnologías de las metrópolis.

En este momento, no soy precisamente un fan de estos eventos. En lo personal, son argumento más para insistir en el hecho de que hay que dar a las personas, a los más jóvenes, el mayor nivel de educación y formación posible, con el fin de que consigan un buen nivel de vida, una cultura amplia y la capacidad de conocer de primera mano cómo es el mundo. Es necesario impulsar los intercambios internacionales, los viajes de los más jóvenes, estimular su curiosidad y su deseo de conocer el mundo. Y procurar que tengan los medios para hacerlo.

En lo social, muchos han argumentado las ventajas para la ciudad que supuso el acontecimiento. Especialmente en lo que se refiere a la obra civil; las vías rápidas de circunvalación, la reurbanización de amplias zonas de la ciudad, el adecentamiento de las riberas de los ríos,… cosas que eran necesarias. Y aquí viene el problema. La percepción es que se hicieron por la coyuntura del acontecimiento, que servía a la propaganda de un país, y no porque fueran necesarias. No hay correlación entre “necesidad” e inversión pública; hay correlación entre “coyuntura política” e inversión pública. De ahí, difícilmente surge una desarrollo armónico y una vertebración adecuada del territorio y de la sociedad.

La Expo’2008 se celebró al comienzo de la profunda crisis financiera y económica que hemos sufrido en la última década. Sus efectos se retrasaron en la ciudad de Zaragoza un año por el efecto del evento. Pero no dejaron de llegar y producir sus consecuencias. Y como ha sucedido en muchas ciudades con eventos notables, está el problema de rentabilizar y amortizar la inversión realizada y el legado dejado. Buena parte de las infraestructuras de la exposición están todavía sin utilizar diez años después, con algunos edificios emblemáticos convertido cascarones vacíos. Y muchas de las infraestructuras aprovechadas no han sido para la iniciativa privada como muchos aseguraron, lo cual daría rentabilidad al proyecto. Han sido las propias administraciones públicas las que se han tenido que comer con patatas esas infraestructuras. Igual les ha venido bien;… pero no era la idea.

Como ya he dejado claro desde el principio, fue un acontecimiento al que me sentí poco ligado. Ni siquiera las fotos que hice los dos días que fui de visita me gustan mucho. Abusaba demasiado del teleobjetivo en aquellos tiempos,… Pocas veces vuelvo a hojear el librito de fotos que hice de aquellos días. Aquí dejo algunas de las que hoy en día me dicen algo. Me hace reflexionar sobre el hecho de que pasa cuando se hace algo aparentemente bueno o correcto, pero por los motivos equivocados. Y algo de eso hubo. No estoy percibiendo grandes fastos para recordar el aniversario. Supongo que el distinto color político del municipio en esos momentos respecto al de hace diez años influye. Lo cual es volver a lo coyuntural y cortoplazista… no llegamos a percibir los proyectos como algo propio de toda una comunidad o sociedad,… ya sabemos además que los españoles parecemos muchas veces más descendientes de Caín que de cualquier otro personaje mítico de las leyendas antiguas.

En cualquier caso, es así como yo lo vi y lo viví. Como lo hablé en la conversación del domingo, mientras esperábamos a ver cómo un director alemán usa sus artes para dar candela a la burguesía moderna, y como lo contrasté con personas que nos conocemos desde hace muchos años, que lo vivimos de formas muy distintas, y que en pocas ocasiones habíamos hablado del tema. Que probablemente quedará olvidado durante otros diez años… o más.

[Libro] Los pacientes del doctor García

Literatura

Almudena Grandes es una de esas autoras, o autores, aquí nada tiene que ver el sexo o género del autor, que lo mismo me da que sea mujer u hombre, que cayéndome bien, no siempre conecto con su obra. Por ejemplo, en cine me pasa con Scorsese. Me gusta el tipo, he leído cosas suyas muy interesantes, es un excelente director, pero no pocas de sus películas, incluso algunas de las más afamadas, no me engancha. Con Grandes me pasa algo parecido. Misterios de la vida.

Recientemente me prestaron este libro. Así a la antigua. No sé si esto ahora se considera piratería, es una duda que me entra. Hace treinta años te prestaban un libro y era de lo más normal. Ahora igual te denuncian por violar vete tú a saber qué derechos… Bueno. Me lo prestaron y lo leí, terminándolo justo antes de irme de vacaciones. Hace ya dos semanas por lo tanto que lo terminé. Es larguillo… Con 768 páginas es un poco demasiado para mí, que me prefiero las obras que son capaces de contar más con menos. Siempre, en todo tipo de artes, me ha gustado la capacidad de síntesis, la economía de recursos, el menos es más. Pero bueno… hay excepciones o situaciones en las que el volumen del volumen está justificado. Ya veremos.

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Aunque la mayor parte de la novela transcurre en Madrid, no es el único escenario; un breve episodio de la misma transcurre en Ginebra, en los tiempos en que era sede de la fracasada Sociedad de Naciones. Pues vayamos a Ginebra, aprovechando que tengo fotos recientes de la ciudad helvética.

Encuadrado en su serie “Episodios de una guerra interminable”, Grandes se inspira en los Episodios Nacionales de Galdós, para presentarnos las vicisitudes de la historia española en el contexto del desgraciado conflicto (in)civil que asoló la convivencia durante décadas, y cuyas consecuencias todavía padecemos. Al igual que en los episodios del escritor canario, se mezclan personajes ficticios con personajes de la historia real, narrándonos sus peripecias, pero sin que se convierta en una ucronía. Es decir, manteniendo la fidelidad a los hechos históricos que permanecen invariables. En esta ocasión partimos de la historia ficticia de un médico en el Madrid republicano de la guerra, que se ve obligado a vivir con identidad ficticia para evitar represalias en el Madrid fascista de la posguerra. A esto hay que añadir otros personajes ficticios, como un diplomático metido a espía, un par de divisionarios en Rusia, una pija falangista refugiada en el Madrid de la guerra, y algunos otros. La parte histórica del episodio corresponde a algunos lances de la guerra en Madrid, o de la guerra mundial en Rusia y Berlín, pero sobretodo a la colaboración del gobierno fascista de Franco con los nazis que buscaron refugio, primero en España, después en Sudamérica, buscados por los aliados por los crímenes de guerra. Y así, aparecen personajes más o menos infames como la falangista Clara Stauffer, o el paramilitar nazi austriaco especializado en operaciones especiales Otto Skorzeny. Paramilitar porque perteneció al ejército paralelo de las Waffen-SS y no al ejército regular alemán. Pero precisamente por ello, este cuerpo armando, más proclive a los desmanes criminales de la Alemania nazi, en los que participaron con especial entusiasmo y fanatismo.

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De indudable interés histórico, con un notable esfuerzo de documentación de la autora que se agradece, y con alegrías en la mezcla de lo real y lo ficticio que quedan bien encajadas, sin que nada rechine, la novela es a pesar de todo, como me temía larga en exceso para lo que en realidad a de contar. Entendámonos. Está bastante bien. Me parece una lectura recomendable, que te da un baño en el ambiente y en la sociedad de la época, que te ayuda a entender. Pero mientras que los capítulos dedicados a la guerra civil se leen con agilidad e interés, con una mezcla de drama, algo de acción y a ratos un conveniente humor, después, cuando tiene que afrontar la posguerra, se contagia un poquito de la grisura de la época, resultando en un relato prolijo, más sabiendo donde van a parar los esfuerzos de los protagonistas. Pues como he comentado al principio, fiel al espíritu de los episodios nacionales, la historia es la que es, y no se puede cambiar.

Pero bueno, más allá de esta crítica, el balance global me parece positivo. He disfrutado razonablemente de la novela, y alabo el propósito de la autora de aportar su grano de arena a la memoria histórica del país, aceptando su subjetividad y preferencias, pero sin perder rigor en los hechos. Obviamente, habrá quien rechace la obra por motivos ideológicos… pero allá ellos. La historia es la que es.

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[Libro] Japón 1941

Historia, Literatura

Cuando leí hace unos meses la excelente novela de Jun’ichiro Tanizaki dedicada a la vida de una familia japonesa en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, me entró una curiosidad notable por saber cómo es posible que una sociedad culta y civilizada, si bien de rasgos muy conservadores, pudo llevar al pacífico occidental a semejante catástrofe. Y especialmente, cómo pudo Japón provocar una guerra en la que las posibilidades de éxito parecieron siempre extremadamente bajas, por no decir nulas.

Encontré no hace mucho ese libro que os presento hoy, un ensayo histórico de la tokiota Eri Hotta, sobre los meses que transcurrieron previos al ataque japonés a Pearl Harbor. Varios son los factores que me llevaron a interesarme por el libro. En primer lugar, lo mencionado anteriormente; a través de mi contacto con la narrativa de ficción japonesa, había surgido en mí una curiosidad por el periodo histórico. En segundo lugar, que estuviera escrito por una japonesa. Es fácil acceder a ensayos históricos sobre el escenario del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial; pero habitualmente están escritos por autores occidentales, norteamericanos o ingleses. La visión desde una autora nipona hacía de este libro doblemente atractivo. Bien es cierto que Hotta, aunque realizó su formación inicial en Japón, con posterioridad ha circulado tanto en su carrera académica como profesional por universidades occidentales, tanto de la historia como de las relaciones internacionales. Ahora mismo está casada con otro historiador especializado en asuntos asiáticos, y viven en Nueva York. Pero bueno… menos da una piedra.

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Ilustro la entrada de hoy con un paseo por los templos budistas de Nanzen-ji y Eikan-dō (o Zenrin-ji), en Kioto.

Desde el primer momento, la tesis del libro está orientada a demostrar que el comienzo de la guerra con Estados Unidos fue un fenomenal error colectivo de las clases politicas y militares japonesas, que no supieron estar a la altura de las necesidades. Errores que venían desde el comienzo del “incidente con China”, eufemismo por el que conocían los nipones la segunda guerra sinojaponesa, la cual, estando marcada por las atrocidades del ejército imperial y por la incapacidad de obtener una derrota definitiva de la coalición china que se les oponía, nacionalista y comunista, era un problema económico, militar y político de primer orden. También venía de su acercamiento al bloque fascista europeo, que culminó en la gran metedura de pata que fue suscribir el pacto que constituía el eje Berlín-Roma-Tokio. En medio de una catástrofica guerra en Europa, y con el profundo sentimiento antinazi presente en Estados Unidos, fue un error garrafar que le quitó mucha credibilidad a la diplomacia nipona. También fue un error continuado las ambiciones de expansión hacia Indochina, que presentaban al País del Sol Naciente como una potencia imperialista y agresiva por naturaleza.

No conviene olvidar que el mundo occidental también echó leña al fuego. El tradicional racismo del mundo anglosajón hacia los países no “blancos”, la forma en que Estados Unidos había forzado la entrada de Japón en la modernidad, utilizando la diplomacia de los “cañones navales”, la actitud de Estados Unidos, teóricamente partidarios de la descolonización y de la liberalización del comercio, pero que tras la guerra con España se había comportado en Filipinas como una potencia colonias, así como la imcomprensión mutua en las formas propias de cada cultura,… colaboró a generar un sentimiento de orgullo nacionalista japonés que sirvió para alimentar a los sectores más belicosos de la sociedad y del ejército nipones. No podemos olvidar que el comportamiento que tuvo la administración norteamericana con sus nacionales de origen japonés, a los que privó de todos sus derechos constitucionales y ciudadanos por decreto y de forma apabullante, no hizo más que confirmar que algo de razón llevaban quienes acusaban a los Estados Unidos de llevar una trayectoria política y legal de carácter racista y discriminatoria. Existen otros ejemplo previos en el tiempo de ello.

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Es difícil evaluar la religiosidad de los japoneses, aunque creo que no es muy arriesgado decir que son, de promedio, relativamente conservadores y algo superticiosos. Cosas que desde mi punto de vista guardan una cierta relación con el hecho religioso.

Hotta es rigurosa. Y se ha dedicado a desenterrar un sinnúmero de actas de un sinnúmero de reuniones de mayor o menor calado que se sucedieron en la esfera del gobierno y las fuerzas armadas japonesas durante los meses inmediatos al 7 de noviembre (hora de Hawai), 8 de noviembre (hora de Tokio). También sobre reuniones del espionaje activo y de las cancillerías de otros países. Indudable, el trabajo es meritorio. Y las conclusiones que sacas, en la medida que puedes entender el sorprendente desarrollo de muchas de esas reuniones son más o menos las siguientes.

El propio carácter y cultura japoneses supuso un freno a un intercambio de opiniones sincero y rotundo sobre la conveniencia de no ir a la guerra, lo que favoreció el camino hacia la misma.

La inteligencia japonesa sobre las intenciones de sus futuros enemigos, sobre su carácter, y sus capacidades era malísima. Incluso si habían un cierto número de personajes implicados que habían mantenido contactos previos de mayor o menor calado con occidente.

En un momento dado, todos se preocuparon más por salvar su culo y las apariencias, que las del país.

La influencia de los militares de menor graduación, más jóvenes, pero para quienes su ambición convertía las empresas guerreras en algo deseable, fue excesiva. Voy a a hacer un inciso de carácter personal.

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En cualquier caso, no carecen de códigos morales inspirados o derivados de los credos más o menos tradicionales, shintoismo y budismo, que son más populares o frecuentes en el país.

En 1993, en el ámbito de mi actividad profesional entablé relación con una joven oficial, una teniente, de las fuerzas o cuerpos de seguridad del estado. No voy a dar indicaciones concretas de dónde estaba. Es alguien por quien siento respeto, y no quiero emitir nada que se pueda interpretar como una crítica negativa. Aquella relación no desembocó en algo más serio o profundo por la diferencia de valores que vivíamos cada uno, pero la considero una persona honesta. En cualquier caso, tuve ocasión de estar presente en alguna ocasión en alguna reunión informal, tomando unas cervezas o unas copas, con algunos de sus compañeros de promoción y profesión. Todos ellos militares jóvenes en distintos destino. En aquellos momento, en los Balcanes se producía el desastre humano de la guerra étnica que siguió a la desmembración de la antigua Yugoslavia. En más de una ocasión escuché a alguno de aquellos oficiales expresiones de alegría, por las oportunidades de acción y de ascenso que les podía producir aquella guerra cuando Naciones Unidas o la OTAN interviniese… Aquellas expresiones me dejaban helado. Y me ayudaron a comprender que si existe un ejército, existirá siempre una tensión a entrar en conflicto, por absurda, inconveniente o desaconsejable que sea la situación. Con posterioridad, he encontrado nuevas situaciones similares, o he leído de situaciones históricas que favorecieron estos impulsos. Vuelvo al texto principal.

El miedo es una fuerza motriz en contra de la razón muy importante. De la misma forma que en 1914 muchos militares alemanes tenían miedo de los deseos revanchistas franceses y del poderío militar ruso que se produciría si el imperio de los zares prosperaba, los militares japoneses y algunos políticos civiles tenían mucho miedo del surgimiento de un nuevo equilibrio regional y mundial que los relegara, o les hiciera perder lo conseguido en las década que habían seguido a sus éxitos en la primera guerra sinojaponesa, seguida de la guerra rusojaponesa y de la alineación en la Primera Guerra Mundial del lado aliado.

La diplomacia japonesa era mala. Muy mala. Estaba mal dirigida. Por su ministro y por sus primeros ministros.

Los principales líderes del gobierno, desde el emperador hasta los ministros más importantes, carecían de la personalidad y de la autoridad para llevar al país por el camino adecuado. Y los mecanismos constitucionales de control eran deficientes, a lo que se sumó la deriva autoritaria, el desprecio por las instituciones parlamentaria y la destrucción de cualquier oposición política.

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El emperador fue siempre una figura más asociada al poder espiritual que al político, y el shintoismo era el sistema de creencias que sujetaba este poder; por otro lado, mucha de la nobleza, terrateniente y militar, abrazó desde tiempo inmemorial el budismo que trajeron los misioneros chinos.

Me resulta sorprendente que haya tantos admiradores de las formas de hacer japonesas en los negocios. Que se hable tanto del sentido del honor, de códigos ancestrales para hacer lo correcto, del deseo de no ofender al adversario,… de muchos mitos que oigo de vez en cuando. Si existen, en aquellos meses se tomaron unas vacaciones, o simplemente no funcionaron en absoluto. El egoísmo personal se sobrepuso casi siempre a las necesidades colectivas del país; contradicción absoluta de la afirmación de que al japonés se le educa para considerar las necesidades de la sociedad, de la comunidad o de la institución por encima de las personales.

El libro es muy revelador. Especialmente por la impresionante cantidad de documentación referenciada por una autora que, por su dominio del idioma es capaz de desentrañar correctamente lo que aquellos documentos transmiten. El idioma japonés es muy distinto a los idiomas occidentales no es tan fácil realizar traducciones correctas cuando se ponen en juego conceptos complejos.

Aunque globalmente satisfactorio, deja lagunas de insatisfacción en lo que se refiere a lo que pensaban, conocían y sabían los adversarios. Los Estados Unidos ¿quisieron la paz? ¿o alimentaron los mecanismos que llevaron a la guerra? Si bien la actuación de la diplomacia japonesa fue absolutamente nefasta en el incidente de Pearl Harbor, hubo que diplomáticos nipones que trabajaron por la paz. La sensación de que fueron engañados por ambas partes, y que ninguna de las dos parte quisieron llegar nunca a un acuerdo pacífico es grande. Japón fue el gran culpable de meter a su país en una guerra despreciable, cruel, inhumana, donde floreció el racismo y lo peor de la especie humana. Pero Estados Unidos tenía unos intereses demasiado poco claros como para liberarlos de toda responsabilidad en este embrollo. Y esa parte no queda tratada con suficiente profundidad en el libro. La gran ironía es que al final de la guerra, Japón estaba totalmente destruido, se había desencadenado el terror al uso del arma nuclear, y en Asia, lejos de instalarse ni la esfera de coprosperidad propugnada por Japón, ni el concierto de naciones libres y liberales, comerciantes, que buscaban los norteamericanos, lo que hubo fue un escenario de nuevos regímenes totalitarios. Nuevas guerras en Corea e Indochina. Y el surgimiento de una nueva potencia tan totalitaria o más, en China, que lo que fue Japón. Y mucho más peligrosa. Una gran éxito para los dos contendientes principales.

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Como muchas otras religiones, estas transmiten valores de piedad y compasión hacia el semejante; como los fieles de muchas otros religiones a lo largo de la historia, durante la guerra que dio comienzo con los acontecimientos narrados en este libro, los japoneses se comportaron de forma cruel, despiadada y atroz, hasta generar un rechazo solo ensombrecido por los crímenes nazis. Son difíciles de comprender las culturas humanas y las contradicciones entre los valores positivos comunes y los comportamientos depredadores habituales en tiempo de conflicto.

[Libro] Historia secreta de la Segunda Guerra Mundial

Historia, Literatura

Este no es un libro propiamente dicho. O quizá sí, si tomamos en cuenta la extensión final de la lectura. En realidad es una edición especial de la revista Historia de National Geographic, en dos volúmenes, parte 1 y parte 2, que han sido publicados en los últimos meses. Y que he ido leyendo poco a poco a lo largo de los mismos.

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Ilustraré esta entrada con algunas fotografías de ciudades o lugares trascendentes por un motivo u otro durante la contienda mundial y que he visitado en al menos una ocasión. Como Tokio, la capital nipona, en el encabezado, o Dresde, Alemania, sobre estas líneas.

En los mismos se trata la historia relacionada a las operaciones de espionaje, inteligencia, engaño y resistencia al invasor de los distintos actores de la contienda que asoló buena parte de Europa, Asia y el norte de África, así como los océanos Atlántico, Pacífico e Índico entre 1939 y 1945. Si la historiografía oficial no fuera tan eurocentrista, y especialmente influida por el mundo anglosajón, tal vez habría que considerar que esta guerra llevaba ya unos años antes librándose en España, Libia, Etiopía, China,… Pero bueno, esa es otra historia.

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Campo de exterminio de Auschwitz en Polonia.

El primero de los volúmenes tiene tres capítulos titulados como sigue:

Europa en llamas.

Los secretos de Japón.

La resistencia al Reich.

Como es lógico imaginar tratan de las fases iniciales de la guerra; las agresiones e invasiones llevadas a cabo por el Reich alemán en Europa, el militarismo japonés con el preludio de la invasión de China y finalmente el ataque a Pearl Habour y a las colonias europeas y americanas en el sudeste asiático, y las actividades de la resistencia al invasor en los países ocupados de Europa.

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Monumento al General Charles de Gaulle en los Campos Elíseos de París, Francia.

El segundo de los volúmenes tiene a su vez otros tres capítulos:

Descifrando el código de Enigma.

Desenlace en Europa.

Hora O en el Pacífico.

En esta ocasión, además de un entretenido capítulo sobre las acciones para descerrajar las comunicaciones del enemigo y obtener una inteligencia suficiente para sacar partido, tenemos las fases finales de la guerra en el teatro europeo y el asiático. En el primero, dedica especial atención a la preparación y el desarrollo del desembarco de Normandía. Se echa de menos algún capítulo dedicado al frente oriental, que adquiere un carácter secundario a pesar de la enorme trascendencia que tuvo en el resultado final y en la posguerra. Respecto al dedicado al Pacífico, aunque se hace un cierto relato a las operaciones que llevaron a finiquitar a la Flota combinada japonesa en el mar de Filipinas y el golfo de Leyte, se dedica sobre todo a relatar el desarrollo de las bombas atómicas que se lanzaron sobre Hiroshima y Nagasaki.

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En Londres, capital del Reino Unido, cerca de St. Pancrass.

National Geographic suele ser muy entretenido y ameno de leer, pero no siempre goza de la profundidad requerida en los temas que trata. A cambio es famosa por sus excelentes ilustraciones e infografías. Estos dos volúmenes siguen esta tónica general, aunque tienen un mejor equilibrio entre entretenimiento y profundidad. Esta última se alcanza en especial en un muy buen capítulo final. Con acierto, la historia del desarrollo del armamento nuclear se continúa con las consecuencias políticas inmediatas para la posguerra y los principios de la guerra fría entre el bloque occidental y el bloque prosoviético.

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Reproducción de la “Little Boy” que asoló Hiroshima, en Japón, en el Museo memorial de la Paz en dicha ciudad.

Hacía tiempo que no leía ensayo histórico, y esta ha sido una buena ocasión para retomar esta costumbre que tenía de hacerlo de vez en cuando. Estas dos revistas son muy recomendables.

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El S-bahn en la estación de Hackescher Markt de Berlín, Alemania.

[Libro] Hay un rey loco en Dinamarca

Historia, Literatura

He de confesar que arrastro desde hace dos o tres semanas un caos enorme en mis lecturas. Eso se deriva de una serie de factores. Uno, se me han acumulado libros, ficción novelesca e historietas, y voy picando de unos a otros. Dos, estos con una licencia especial en el trabajo durante un par de meses que me hace que tenga más tiempo libre,… que he ocupado con una serie de cuestiones, y no leo. Tendré que coger más el autobús urbano, un lugar donde siempre me concentro en la lectura. Tres, la novela que estoy leyendo en estos momentos se me está atragantando; pero llevo ya más de la mitad y me he obligado a terminarla.

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Por supuesto, nos vamos fotográficamente a Dinamarca, a los alrededores del Moesgaard Museum, que puede representar a la Dinamarca rural del siglo XVIII.

Pero mientras, puedo comentar este libro histórico del italiano Dario Fo, que me pareció adecuado como lectura introductoria en mi reciente viaje a Dinamarca. Ya me sorprendió agradablemente el comprometido autor italiano con una biografía de la incomprendida y muchas veces vilipendiada Lucrecia Borgia, a la que presentó como víctima de su propia familia antes de convertirse en una excelente princesa de Ferrara, y antepasada de buena parte de los monarcas europeos.

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Ahora nos introduce en una nueva historia sobre príncipes y reyes, llevándonos a la Dinamarca de la Ilustración, donde accede al trono el rey Cristián VII, afectado de un enfermedad mental, sufría probablemente brotes de esquizofrenia. Creo que los estudiosos así lo piensan. Al comienzo del reinado, Dinamarca es una monarquía absoluta con residuos del feudalismo medieval por el poder de los nobles terratenientes sobre sus tierras y sus gentes. El libro se puede considerar que tiene dos grandes partes.

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En la primera, vemos como el joven rey se casa con una princesa inglesa de la casa de Hanover, Carolina Matilde, y vemos también como ofrece su amistad al médico de Altona, Johann Friedrich Struensee, que se convertiría en el médico real, primer ministro, que inició una serie de profundas reformas liberales que le atrajeron la enemistad de los conservadores,… y amante de la reina Carolina Matilde, que serviría para que estos encontrasen un motivo para apiolarlo y exilar a la reina. Esta historia fue llevada al cine por los daneses recientemente con cierto éxito, siendo el lanzamiento internacional de la sueca Alicia Vikander, y una confirmación más de la calidad actoral del danés Mads Mikkelsen.

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Con un retroceso tras estos eventos hacia el absolutismo, el acercamiento del rey hacía su hijo Federico, futuro rey de Dinamarca también, llevó a que este fuera tomando interés y educándose en los asuntos de gobierno, y a muy temprana edad dio un golpe de estado que lo situó como regente oficioso de su padre, volviendo de nuevo a las reformas liberales, que se prolongarían en el tiempo, permitiendo una transición pacífica del antiguo régimen a un monarquía liberal, aunque no sin problemas exteriores, como consecuencia de la actitud británica de oposición a aquellas actitudes que comprometieran su dominio marítimo y mundial. Y Dinamarca tuvo la ocurrencia de aliarse con la Francia republicana, primero, e imperial napoleónica, después.

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El libro se lee con facilidad, prácticamente como una novela, y de forma ágil, rápida. No esconde Dario Fo su simpatía por los personajes modernizantes y liberales, aquellos que apoyan a un pueblo muy oprimido e inculto, y su antipatía por los conservadores absolutistas. Pero tal cosa no debe sorprender conociendo la trayectoria del autor italiano. A mí me parece un libro de historia recomendable y entretenido.

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[Libro] 1177 A.C. El año del colapso de la civilización

Cultura, Historia

Hace unos años, ocho ya, tuve la ocasión de leer un libro que me regalaron que partía de un hipótesis que desde entonces he visto expresada de una forma u otra en una diversidad de artículos o textos.

La idea es la siguiente. Periódicamente en la historia de la humanidad, civilizaciones florecientes y muy influyentes sufren un colapso que lleva a que la humanidad sufra un retroceso demográfico, cultural, social, político… de todo tipo. El ejemplo más claro de esto es la caída del Imperio Romano. Este supuso en el siglo V de la era común un derrumbe de buena parte de la civilización mediterránea surgida bajo el liderazgo de Roma. Y fue seguida de un periodo en el que la pobreza, las enfermedades, las hambrunas y la mortalidad aumentó, con la consecuente depresión demográfica, muchas ciudades decayeron, desaparecieron muchas estructuras políticas avanzadas en favor de un sistema feudal mucho más simple, desapareciendo el concepto de ciudadanía, hubo inestabilidad política con guerras, se perdió una gran parte del conocimiento científico y de ingeniería civil, hubo un aumento de las creencias supersticiosas. La recuperación fue lenta y desigual. Al final de la edad media se habían conseguido adelantos en algunas disciplinas que mejoraban los logros del mundo clásico; arquitectura, armamento, imprenta y difusión de libros, por poner algunos ejemplos. Pero otros no se recuperaron hasta el siglo XIX o más tarde, como por ejemplo los sistemas de alcantarillado y de suministro de agua potable que tanto hacen por el control de las enfermedades transmisibles.

Muchas de las excavaciones que descubrieron y estudiaron los sitios arqueológicos con las claves de lo que sucedió en el Mediterráneo Oriental hace entre 3000 y 3500 años fueron llevadas a cabo por arqueólogos alemanes. Y muchos tesoros arqueológicos los encontramos en los museos de Berlin Mitte. No entraré a debatir ahora si es ahí donde deben estar o si deben retornarse a los países donde se encontraron. La situación del mundo complica mucho el debate. Pero en fin, si queréis haceros una idea del mundo antiguo, Berlín es un buen destino.

Muchas de las excavaciones que descubrieron y estudiaron los sitios arqueológicos con las claves de lo que sucedió en el Mediterráneo Oriental hace entre 3000 y 3500 años fueron llevadas a cabo por arqueólogos alemanes. Y muchos tesoros arqueológicos los encontramos en los museos de Berlin Mitte. No entraré a debatir ahora si es ahí donde deben estar o si deben retornarse a los países donde se encontraron. La situación del mundo complica mucho el debate. Pero en fin, si queréis haceros una idea del mundo antiguo, Berlín es un buen destino.

Pero en aquel libro, se hablaban de otras situaciones similares que se habían producido a lo largo de la historia. Se comentaban algunas otras crisis, como la demográfica del paleolítico superior, el colapso del imperio maya o la crisis de los Pueblos del Mar en el Mediterráneo Oriental, en las que una constelación de causas diversas provocan un derrumbe del estado de la civilización y la cultura humana, provocando un fuerte retroceso en su condición. Y lo que es más preocupante. Se preguntaba si determinados síntomas que estamos percibiendo hoy en día como son la crisis medioambiental, determinadas tendencias políticas y sociales, y una potencial crisis de materias primas y el comercio, no podrían ser los anuncios de un potencial derrumbe de la civilización actual, con un terrible matiz añadido. Los ejemplos anteriores, salvo la crisis del paleolítico superior, no amenazaron al conjunto de la especie humana sino a civilizaciones locorregionales más o menos amplias en extensión. Pero un crisis actual de la civilización tendría unas consecuencias absolutamente imprevisibles por sus dimensiones globales. No se trata de temer un apocalipsis, salvo situaciones bélicas de carácter cataclísmico, no podemos olvidar que recientemente se ha adelantado medio minuto el reloj del fin del mundo, sino de un derrumbe profundo de la cultura, la demografía, las comunicaciones, la ciencia y la técnica que podría durar siglos.

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Todos los días recibo el boletín de Amazon Kindle Flash, en el que me proponen libros electrónicos a precios baratísimos, con descuentos de hasta el 80 %. Por menos de un euro o menos de un euro y medio puedes comprar un libro. Que muy muy muy muy de vez en cuando merecen la pena. Pero sucede. Habitualmente son libros de ficción o de autoayuda. Pero hubo un día hace unas semanas en las que propusieron una serie de libros de historia que tenían una pinta estupenda. Por ejemplo, Posguerra de Tony Judt, que ya he leído, pero que no tengo porque me lo prestaron. De repente se podía comprar por un precio ridículo, 0,94 euros, así que me lo agencié para consultarlo de vez en cuando. Y otro de los que aparecieron fue el libro que nos ocupa hoy, escrito por Eric H. Cline y traducido por Cecilia Belza. Que me costó el doble… 1,89 euros.

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Este arqueólogo norteamericano se centra en las causas y consecuencias de uno de los derrumbes de la civilización mencionado. En concreto, el de la civilización mediterránea oriental en el siglo XII antes de la era común, que popularmente se conoce en ocasiones como la crisis de los Pueblos del Mar. Por haber coincidido esta crisis con la aparición en la escena histórica de las migraciones de una serie de pueblos que se conocen con este apelativo.

Hacia el final de la edad de bronce se había constituido una civilización multicultural en el Mediterráneo Oriental, que involucraba con una red de relaciones comerciales y políticas a culturas diversas como Micenas y otras civilizaciones en la cuenca del Egeo, las culturas minoica y chipriota en Creta y Chipre, Hatti, el imperio de los hititas, en lo que es hoy Anatolia y zonas adyacentes, las ciudades estados y comerciales de Canaan, y la potencia más destacada cultural, política y militarmente, Egipto. Habría además relaciones con las culturas mesopotámicas, libias y de otros puntos próximos. Este libro parte de las fuentes arqueológicas para hacer un repaso primero de la profundidad de las interrelaciones entre estas culturas, para posteriormente hacer un análisis de las causas de su caída, con el profundo vacío que se produjo y que no se pudo cubrir hasta siglos más tarde, incluso si alguna de estas culturas, como Egipto, tuvo cierta resistencia al colapso.

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No voy a decir que este libro sea una recomendación de carácter general para todo el mundo. Pero si os interesa el tema… Y bueno, que si hubiera tenido que pagar los 13,29 euros que cuesta habitualmente me lo hubiera pensado dos veces. Pero, por un precio mucho más reducido, no era cuestión de pensárselo. Y se lee rápido.

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[Libro] Operaciones secretas de la Segunda Guerra Mundial

Literatura

Un breve comentario para este libro de Jesús Hernández, historiador y periodista que desde hace un tiempo ya se ha dedicado a escribir libros de divulgación histórica, especializándose en la Segunda Guerra Mundial. Hace ya bastantes años leí algunos de ellos, especialmente un par de ellos que se dedicaban a recoger anécdotas más o menos entretenidas sobre esta contienda mundial, pero sin perder nunca el rigor histórico. Lo cierto es que disfrute de aquellas lecturas ya que tiene un estilo ameno y acabas introduciéndote en la historia del conflicto con el espíritu de que la realidad supera con frecuencia a la ficción.

Unos años más tarde leí también su libro dedicado a la guerra de secesión norteamericana, que sin embargo no me satisfizo de la misma forma. No sé muy bien porque no llegué a comentar aquel libro en este Cuaderno de ruta. El caso es que este hecho, unido a que ambos conflictos dejaron de interesarme en favor de otros episodios de la historia y otro tipo de lecturas, no había vuelto a leer un libro de este autor.

Una de las historias que se cuentan en el libro transcurre en la meseta noruega de Hardangervidda,... un lugar que atraviesa el ferrocarril Oslo-Bergen, y que aquí podéis ver el aspecto que tiene a principios de julio... en verano.

Una de las historias que se cuentan en el libro transcurre en la meseta noruega de Hardangervidda,… un lugar que atraviesa el ferrocarril Oslo-Bergen, y que aquí podéis ver el aspecto que tiene a principios de julio… en verano.

Hace unas semanas, apareció en Amazon.es como oferta Kindle Flash si no recuerdo mal, a un precio muy muy bajo este que traigo aquí hoy. Y decidí adquirirlo. En general, sigue el tono de aquellos primeros que leí. Sigue siendo una lectura muy entretenida, siempre que te interese el tema de la historia del conflicto mundial provocado por los alemanes y sus líderes nazis. Es especialmente curioso, porque algunas de estas operaciones secretas que narra Hernández han sido llevadas al cine, y uno puede comparar la versión histórica tal y como nos la cuenta con la forma en que Hollywood ve la historia… casi siempre “un poco” deformada.

En resumen. Al precio de oferta al que lo adquirí, un acierto de compra. Cuando no está de oferta, es un valor asegurado para los aficionados a la historia de los conflictos bélicos y en especial el que arrasó al mundo en los años 40. El resto de lectores… pues supongo que buscarán lectura en otras partes.

El episodio bélico sirvió de base para la película "The Heroes of Telemark (Los héroes de Telemar)" que adapta... mmmm, digamos,... "libremente" la historia real. Al estilo de Hollywood, aunque es un filme de producción británica.

El episodio bélico sirvió de base para la película “The Heroes of Telemark (Los héroes de Telemar)” que adapta… mmmm, digamos,… “libremente” la historia real. Al estilo de Hollywood, aunque es un filme de producción británica.

[Libro] Lucrecia Borgia, la hija del Papa

Historia, Literatura

La familia romana de origen valenciano de los Borgia (o Borja en aragonés y catalán; ambas tendrían la misma pronunciación) es una de las más célebres del renacimiento y de las que más se ha hablado y escrito. Y pocas veces con ecuanimidad, ya que la objetividad absoluta es probablemente una utopía. Y entre sus miembros, ha pasado a la historia como paradigma de la mujer fatal Lucrezia, la hija de Rodrigo Borja, también conocido como el papa Alejandro VI. Antes de las vacaciones vi en la televisión una película especialmente mala sobre esta familia, que me hace suponer que tampoco hay mucho interés en hablar de la verdad. Ya saber, no dejes que la verdad te estropee una buena historia. Curiosamente, poco después me encontré con este libro de Dario Fo que habla del personaje histórico, y no pude evitar la tentación de conocer que versión nos iba a dar del personaje el comprometido actor y escritor italiano.

Lucrecia Borgia, la hija del Papa
Dario Fo; traducida por Carlos Gumpert
Editorial Siruela, Nuevos Tiempos, 2014
Edición electrónica

Buena parte de la vida de Lucrezia pasó en la bella ciudad de Ferrara, aquí el interior de la catedral.

Buena parte de la vida de Lucrezia pasó en la bella ciudad de Ferrara, aquí el interior de la catedral.

Dario Fo nos propone un repaso a la vida de Lucrezia, pues no deja de ser un libro biográfico, pero con una cierta novelización de los acontecimientos vitales de la joven. Y es una biografía completa, que no se difumina cuando desaparecen del mapa y de la línea del tiempo los protagonistas masculinos de su familia, su padre y su hermano Cesare. De hecho, en la biografía que nos propone Fo, la vida y la figura de Lucrezia, muy joven todavía, se pone interesante cuando negocia su matrimonio con Alfonso, el hijo de Ercole d’Este, duque de Ferrara para entrar a formar parte de la prestigiosa familia estense. Y tras ello se centra en su papel como futura duquesa de Ferrara, y como tal duquesa, mujer comprometida con su pueblo, incluidos los más desfavorecidos, y que recibió el cariño de los ferrarenses al reconocer los esfuerzos de la joven duquesa.

Aunque con el tiempo perdió parte de su importancia pasada, fue centro de esplendor para la artes y la cultura; en la imagen la "comune" de Ferrara.

Aunque con el tiempo perdió parte de su importancia pasada, fue centro de esplendor para la artes y la cultura; en la imagen la “comune” de Ferrara.

Fo muestra sus simpatías por la duquesa. La joven marioneta de los Borgia va madurando, adquiere una personalidad propia, y acaba siendo una mujer de una ética que podemos llegar a suponer incluso impecable, muy alejada de la imagen frívola y fatal que de ella se suele transmitir. Siempre me ha divertido una cosa de esa mala fama de Lucrezia… Por el prestigio de la familia de Este, y por las relaciones matrimoniales de su descendencia, leí en su momento que es antepasada de todas las testas coronadas que quedan en Europa en la actualidad.

En cualquier caso, probablemente ni el súcubo que algunas versiones tradicionales nos han transmitido, ni la santa que por momentos Fo parece querer decirnos que fue. Una mujer inteligente, que en su momento subo independizarse de su difícil familia, para ser admitida en otra, de más prestigio histórico, y comprometida con los intereses de la misma y de los territorios que gobernó. También una lectura entretenida para todo aquel que guste de la historia, y que considere que muchas veces la propia historia es más interesante que la ficción. O que la ficción histórica o que la historia ficcionalizada.

Y el suegro de Lucrezia, el duque Èrcole I d'Este, tiene dedicado un corso, una de las calles más bellas de la ciudad. Por cierto, que Ferrara es también el lugar donde transcurre otra novela que me gusta mucho, "El jardín de los Finzi-Contini" de Giorgio Bassani.

Y el suegro de Lucrezia, el duque Èrcole I d’Este, tiene dedicado un corso, una de las calles más bellas de la ciudad. Por cierto, que Ferrara es también el lugar donde transcurre otra novela que me gusta mucho, “El jardín de los Finzi-Contini” de Giorgio Bassani.

[Fotos/historia] 70º aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz

Fotografía, Historia

Hace poco más de 70 años, el 12 de enero de 1945, el ejército soviético inició la ofensiva final sobre la Alemania nazi en lo que habitualmente es conocido como la Batalla de Berlín, aunque fue una ofensiva que se extendió de norte a sur por toda la Europa oriental, aunque su fin último fuese la toma de la capital del reich aleman. Fue una campaña durísima, en la que se cometieron muchas atrocidades, por parte de ambos bandos, algunas no bien conocidas por ser cometidas por el bando vencedor. Y también se fueron descubriendo muchas otras cometidas por los alemanes durante los años previos.

Y algunos de esos descubrimientos más atroces tienen que ver con el descubrimiento y liberación de los campos de concentración y de exterminio que los alemanes habían sembrado por buena parte de la Europa central y oriental. El más significativo por sus dimensiones, por estar activo a principios de 1945, y por la cantidad de personas exterminadas en el se encontraba en la población polaca de Oświęcim, no lejos de Cracovia, que los alemanes habían rebautizado con el germánico nombre de Auschwitz. Y con este nombre han pasado el conjunto de campos de prisioneros y de exterminio de tan infame recuerdo, Auschwitz-Birkenau.

Ayer mismo se conmemoró, sigo sin entender por qué algunos medios utilizan la palabra “celebró”, el 70º aniversario de la liberación del campo. Lugar que yo tuve la ocasión de visitar el 10 de julio de 2008. Una visita que recomiendo a todo el mundo. Para tomar especial conciencia de en qué el ser humano, tan pagado de sí mismo, puede llegar a convertirse en ocasiones. Ojalá pudiéramos decir aquello de “que no se vuelva a repetir”. Lamentablemente, a pequeña escala, pequeños auschwitzs siguen dándose por todo el mundo, a los que muchas veces cerramos los ojos, como si nos molestara verlos. Como si la mejor forma de tranquilizar nuestras conciencias fuera ignorarlos y no acabar con ellos.

Os dejo algunas fotos de aquella visita.

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Estanque de las cenizas

 

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[Historia] 2º de Bachiller en el curso 1939 – 1940

Historia

En este Cuaderno de Ruta no suelo hablar de cuestiones relacionados con mi vida privada. Es un escaparate de mi tiempo libro, mis aficiones y mis inquietudes culturales. El flanco familiar no suele aparecer, porque soy relativamente celoso de mi privacidad; el flanco sociopolítico no aparece, porque no tengo mucha confianza en la tolerancia y en el respeto que se practica en el país en el que me ha tocado nacer y vivir. Así que queda como un diario de mi tiempo libre, de mis ratos de ocio.

Pero hoy voy a hacer una excepción. Hace dos semanas falleció mi padre. Era ya mayor. 88 años hubiera cumplido en diciembre. Una edad que hoy día nos parece normal; pero cuando él nació, un privilegio al alcance de muy pocos. En los días que siguieron tocó hacer limpieza y orden de objetos. Especialmente mi hermana que convivía con él. Y entre ellos apareció una carpeta. Esta carpeta.

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Ni yo ni mi hermana la conocíamos. Yo había visto, años ha, algunos documentos de mi padre de su vida escolar, pero no conocía esta carpeta. Era la carpeta de dibujo, tanto artístico como geométrico, e incluye trabajos de sus años de 2º y 3º de bachillerato. Lo que entonces se llamaba el bachillerato elemental. Vendrían a equivaler por las edades a las que se cursaba al actual 6º de educación primaria y 1º de educación secundaria obligatoria. O 6º y 7º de EGB, para los que estudiamos aquella versión de nuestro sistema educativo.

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Por los rótulos de las láminas de dibujo podemos saber dos cosas. Que mi padre estudió 2º de bachillerato elemental en el curso 1939 – 40, y 3º al año siguiente, 1940 – 41. Yo sabía previamente que sólo había cursado hasta ese año. A finales de 1941 hubiera cumplido 15 años. Por lo tanto, dejó de estudiar a los 14 años, años en los que terminaba la educación obligatoria en aquel momento. Puesto que no llegó a cursar el último año del bachillerato elemental, en algún momento debió de perder un curso. Pero desconozco las circunstancias. En primer lugar, desconozco el rigor con el que se trataba el asunto de la escolarización y el acompasamiento con la edad. En segundo lugar, estos cursos de los que estamos hablando son los inmediatos al final de la guerra civil, que desconozco hasta que punto afectó a la escolarización de los niños y adolescentes del momento. En tercer lugar, durante la guerra, en 1938, quedó huérfano de madre, con once años de edad. No fueron fáciles los años de aquella generación, no.

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Quizá fueron las dificultades de aquellos años y los que siguieron de posguerra lo que provocó que en casa mis padres no fueran muy proclives a hablar de aquellos tiempos. Mi madre un poco más. También quedó huérfana en el año 1938, y tenía dos años menos que mi padre. Sé algunas cosas más de su infancia y entorno, aunque también me he quedado con lagunas que nunca he conseguido aclarar.

Deduje en su momento, aquí ayudo mi formación profesional, los motivos del fallecimiento de mis abuelas. Mi abuela Micaela, la madre de mi madre, fue con casi toda seguridad diabética y probablemente murió por una sepsis derivada de una complicación infecciosa en alguna de sus extremidades. Mi abuela Fidela, la madre de mi padre, tiene toda la pinta de haber padecido una insuficiencia cardiaca congestiva. Por lo joven que era cuando murió, probablemente causada por un enfermedad valvular con origen en una fiebre reumática, complicación frecuente de las amigdalitis estreptocócicas infantiles cuando no existían los antibióticos.

Pero estos días he estado muchos ratos en modo reflexivo. Y he descubierto que existen muchos vacíos, más de los que imaginaba, en la memoria histórica de nuestra familia, en unos periodos atribulados de la historia del país y del mundo. Y ahora será difícil que puedan ser rellenados. Solo nos queda imaginar… Y aprender del pasado, y documentar nuestras vivencias para los que vienen detrás de nosotros. Para que nos comprendan mejor. Y, quién sabe, para que aprendan de nuestros errores y aciertos. Y también nos queda que mi padre, a sus 13 años, dibujaba bastante bien.

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