[Libro] Los dieciséis árboles del Somme – Lars Mytting

Literatura, Sin categorizar

Tres elementos se dieron en su momento para que me decidiese a comprar este libro en formato electrónico y, eventualmente, a leerlo. Por un lado, las buenas experiencias en los últimos años en lo que se refiere a autores noruegos, siempre fuera del machacado y sobreabundante nordic noir. Que no va de eso la cosa. Por otro lado, la oferta para comprar el libro electrónico por menos de dos euros cuando normalmente se vende a casi diez euros. Y finalmente, que encontré bastantes referencias positivas en una revisión rápida sobre su autor, Lars Mytting, y en concreto sobre la novela que nos ocupa hoy.

La novela tiene un título en noruego totalmente distintos, Svøm med dem som drukner, que se traduciría por algo así como Nada con quienes se están ahogando. Nunca he sido partidario de los cambios en los títulos; por algo el autor les puso el que les puso a sus obras. Pero bueno, tampoco me voy a poner pesado en esta ocasión sobre el tema, y sobre las “ocurrencias” y “genialidades” de los editores y editoriales a la hora de poner títulos “adaptados” al lector de otros países. Como creo que ya comenté en algún momento respecto a la obra de otro nórdico, un sueco, no es lo mismo “odiar a las mujeres” que “no amar a las mujeres”. Y sí… es una diferencia sustancial.

La Noruega que conocemos en la novela no es la más turística de paisajes con fiordos, nieves o montañas espectaculares. Es la interior, de granjas, bosques y salpicada de lagos, que tuvo tiempo de esbozar en mi mirada en el trayecto ferroviario entre Oslo y Bergen hace unos años.

En esta ocasión, nos trasladamos a los primeros años 90 del siglo XX, al interior de Noruega, a un ambiente rural y granjero, donde vive Edvard, un joven que vive marcado por una serie de hechos. Sus padres murieron prematuramente en Francia al explotar una bomba de gas de la Primera Guerra Mundial cuando él tenía sólo cuatro años. El estuvo desaparecido durante cuatro días cuando eso sucedió. Fue criado por su abuelo, que es odiado por sus vecinos por haber sido simpatizante de la Alemania nazi durante la guerra. Su abuelo vive extrañado de su hermano, que parece que luchó en el otro bando, y de quien le separan antagonismos no bien comprendidos. Y en estas estamos cuando la muerte repentina del abuelo, abre el camino a la posibilidad de desvelar las razones y los motivos de todas estas situaciones. Dando lugar a un recorrido que nos llevará de la Noruega interior a las islas Shetland, y de allí a los campos del valle del Somme. Y a la vez a las herencias que las tribulaciones históricas del siglo XX, especialmente sus dos guerras globales, dejó en las vidas de muchas personas.

Al terminar de leer la novela, esta me dejó un cúmulo de sensaciones. Mytting abre un pastel en los primeros capítulos que ofrece una infinidad de historias, todas ellas interesantes, todas ellas potencialmente trascendentes. Hay muchas posibles novelas en el universo que crea el autor. La de la reflexión sobre la sinrazón de las guerras. La del joven despistado que buscan encontrarse y saber quién es y con quién quiere estar. La de la historia del desarraigado, que cuando pierde su razón de ser principal, su pasión, pierde el rumbo y navega por su vida sin arribar a ninguno de los puertos que se le ofrecen. La del anciano que tiene que cuidar a su nieto, sufriendo por las consecuencias de sus decisiones de juventud. La de la mujer que nace en un infierno y en muere por las consecuencias de otro y cuya historia debe ser contada y recordada. La de una historia de amor, improbable, y tal vez, sólo tal vez, realmente imposible.

El problema es que muchas de estas historias quedan esbozadas, pero no bien desarrolladas, mientras vamos acompañando a un protagonista principal que carece de suficiente carisma como para que realmente nos importen sus cuitas. Nos interesan más todos aquellos que le rodean o con los que se encuentra, que él mismo. Y además, que la novela no encuentra un ritmo adecuado. Avanzando a trompicones, con distintas velocidades en cada momento, sin que encontremos un motivo para ello.

No os confundáis. No me parece una mala novela. Al contrario, globalmente me ha resultado muy interesante. El problema es que se queda en algo que está bien, cuando había material, ideas y posibilidades para ser apasionante. Y al final, no llega a tanto, ni mucho menos. De lo que más te quedan ganas es de visitar los lugares por donde pasa. Y de conocer a Gwen.

[Libro] Cantares de Ise

Literatura

Hace unas semanas, haciendo tiempo antes de acudir a un compromiso, estuve con unas amistades en una librería de viejo y ocasión. Compré alguna cosita. Pero una de estas amistades encontró un libro que compró y que le pedí prestado. Es el que traigo aquí hoy. Se trata de la edición de la traducción de Ise monogatari [伊勢物語], un anónimo japonés de relatos cortos del siglo IX, el periodo Heian, que parece tener una gran relevancia en la historia de la literatura japonesa… y que ha resultado ser una lectura muy entretenida.

Ya advierto que no soy un buen lector de poesía. La poesía es, evidentemente, como muchas otras formas artísticas, un gusto adquirido. No es un gusto innato. Necesita ser cultivado para ser correctamente apreciado y para que apetezca su consumo. Nuestras lecturas habituales son en prosa y prosaicas, y tanto las formas como los conceptos que maneja el arte poético precisan dedicación. Que no he tenido en grado suficiente. Eso no quiere decir que eventualmente no haya disfrutado de obras poéticas. Y este es uno de esos casos. Que debe tener una explicación previa.

Tuvimos ocasión de visitar Ise durante nuestro último viaje a Japón, y por supuesto, su antiquísimo santuario, que es derribado y reconstruido cada 20 años.

La edición que llegó a nuestras manos es la traducción de 1987 debida a Antonio Cabezas, a quien también debemos la presentación y el epílogo de la obra, que nos ayudan a entenderla mejor. No olvidemos que estamos hablando de fechas en las que en la Península Ibérica se estaba produciendo la transición desde el latín vulgar de la Hispania visigoda a los romances medievales de los cuales algunos como el castellano, el aragonés, el catalán, el asturleonés o el gallegoportugués estaban en sus fases iniciales en rincones del norte de la península, mientras que en la mayor parte de ella se usaba de forma cotidiana el árabe como lengua culta, con los dialectos mozárabes como continuación de la evolución de la lengua latina vulgar. Así que el japonés se encuentra también en proceso transformación lingüística hacia formas más tardías. Aunque uno se queda con la sensación de que aquel japonés sería más semejante al actual, que los romances de la época al castellano actual. No sé si es una conclusión acertada por mi parte.

La obra está formada por una serie de relatos, escritos por un autor anónimo, que narran sucesos diversos, aunque en una gran parte de ellos, el protagonista de los mismos es el que es llamado “un hombre”, “el hombre” o “nuestro hombre”. Este hombre, coinciden los estudiosos, que es Ariwara no Narihira. En castellano sería, Narihira de Ariwara. Nieto de emperadores, tanto por parte de su madre como de su padre, tuvo distintas posiciones en la corte de Kioto, aunque sin llegar a alcanzar especial prominencia política. Pero destacó por ser un consumado poeta y por sus amoríos. Parece que tuvo relaciones con damas prominentes como Fujiwara no Takaiko, hija de emperador, Fujiwara no Takako, que llegó a consorte principal del emperador Seiwa, y de la señora de Ise, la princesa Yasuko, sarcedotisa virgen del mencionado santuario, hija también de emperador. Y que puede ser el origen del nombre la compilación. Cada relato contiene uno o dos poemas, en ocasiones más, cuya autoría, en su mayor parte, se atribuye a Narihira. La relatos que los contienen, que serían del autor anónimo, mezclan lancen galantes, aventuras, historias sobrenaturales o reflexiones de carácter más o menos filosófico.

El traductor hace un esfuerzo por trasladar el espíritu de los poemas a la lengua castellana, advirtiendo en su presentación de las dificultades. Por las diferencias entre los dos idiomas, y por las diferencias entre las formas poéticas de los dos idiomas. La forma poética más habitual de los poemas japoneses sería el tanka, cuya métrica es 5-7-5-7-7, donde el número se refiere a las moras, algo parecido a las sílabas, pero no exactamente lo mismo. En japonés, la poesía no se rima. El autor opta, por una serie de razones que explica en la introducción, por trasladarlas a poemas de cinco versos también, del tipo 6-6a-5-6-6a. Es decir, hace rimar en asonante el segundo y el quinto. Un tipo de poema que tendría cierto parentesco con las seguidillas. No estoy cualificado para valorar esta decisión, pero el resultado no me disgusta. La forma más popular en nuestros días de la poesía japonesa es el haiku, de 17 moras repartidas en 5-7-5. Como se deduce, es un tanka sin los dos últimos versos de 7 moras cada uno. Son muchos los que intentan usarla en nuestro idioma, con resultados que pocas veces me resultan convincentes. No hay más que ver la escasez de verbos que suelen tener esos intentos.

La lectura me ha resultado amena. Y la única pega que le encuentro a la traducción, no quiero decir que no tenga más, es que yo no soy capaz de verlas, es que transcribe los nombres de personas y los topónimos con una aproximación fonética al castellano que… es, eso, una aproximación. Estoy acostumbrado a la transcripción más o menos oficial actual al romanji de los caracteres japoneses, y conozco sus valores fonéticos. Así que ver Fujiwara como Fuyiuara, o Yasuko como Iásuko, entre otras formas, me resulta raro. Por lo demás, la verdad es que he disfrutado más de lo que pensaba de las aventuras y lances galantes de Narihira. Y me ha sorprendido el obvio despendole sexual que había en el antiguo Yamato.

[Libro] Los cañones de agosto

Historia, Literatura

Hace ya unos meses, a principios de septiembre, apareció de oferta este libro, ensayo histórico, de la historiadora y escritora norteamericana Barbara Tuchman. La historia de la Primera guerra mundial me parece muy interesante desde hace ya unos cuantos años. Y le dediqué bastantes horas de lectura con motivo del centenario de su comienzo. De todo tipo. Ficción, ensayo, recopilación de escritos, historieta,… Soy de los que piensan que el mundo que tenemos hoy viene determinado en gran medida por lo que sucedió en el verano de 1914. Que otros conflictos del siglo XX, grandes o pequeños, no son más que la continuación de lo que comenzó en aquellos momentos. Y creo que Tuchman también es de esa opinión, especialmente después de haber leído el libro.

Alsacia, uno de los motores del belicismo francés y uno de los grandes errores históricos de la política del Reich alemán, incapaces de incorporar a su propio país un territorio que, a pesar de su incondicional adhesión a Francia, tienen una cultura totalmente germánica. Estrasburgo en esta fotografía, Metz, en Lorena, en el encabezado.

En el prólogo, Tuchman explica cómo llegó a su escritura. La escritora tuvo una formación universitaria formal en su juventud, pero no siguió una carrera académica. Perteneciente a una adinerada familia de banqueros de origen judío, optó por casarse y trabajar para la prensa. Sin embargo, en un momento dado comenzó a investigar y escribir profundos ensayos históricos, que si todos tienen el cariz del que hoy nos ocupan, tienen un mérito sobresaliente. Con esos antecedentes, un editor le propuso escribir sobre el principio de la Gran guerra. Ella, que en el mes de agosto viajaba en un barco por el Mediterráneo camino de Estambul, ella la denomina Constantinopla, quería escribir sobre la sobre la travesía de los cruceros Goeben y Breslau desde el Mediterráneo occidental hasta la ciudad del Bósforo, atravesando los Dardanelos en posesión del Imperio Otomano, en aquellos momentos todavía neutrales. Su barco coincidió con un incidente bélico entre los barcos alemanes y británicos. Al fin se llegó a un compromiso. El libro trata fundamentalmente de lo que sucedió en el frente occidental y en Prusia oriental durante el mes de agosto y principios de septiembre de 1914, con un capítulo dedicado a la incursión del Goeben y del Breslau. Ignora deliberadamente, por su complejidad, el conflicto que enfrentó al Imperio Austrohúngaro con el reino de Serbia, lo cual fue la causa inmediata del conflicto.

Tuchman dedica unos capítulos iniciales a los antecedentes de la guerra, especialmente en la primera década del siglo XX, para luego hacer un pormenorizado relato de los días previos a las declaraciones de guerra entre el Imperio Alemán, el Imperio Ruso, el Reino Unido y Francia, de la violación de la neutralidad e invasión de Bélgica, de las batallas de las Fronteras, la invasión rusa de Prusia oriental hasta la batalla de Tannenberg y la retirada de los aliados hasta el contraataque en el Marne, que ya no se narra en el libro. Sí las consecuencias en un capítulo final.

Kaysersberg, población natal del premio Nobel de la Paz Albert Schweitzer, nacido alemán, muerto como francés.

Las grandes virtudes de la narración están en dos vertientes. La primera es la capacidad de Tuchman para narrar la historia como si fuera un aventura de ficción. Aunque es historia, y sabes como termina, tiene una gran capacidad de enganche, deseando saber inmediatamente qué es lo que pasa a continuación. La narración tiene ritmo, sabe moverse entre escenarios, es ágil, y además, constantemente va indicando sus referencias, demostrando que a pesar del aspecto del relato estamos ante un auténtico ensayo histórico, documentado y riguroso. Las segunda gran virtud está en su acercamiento a los “protagonistas”; reyes y emperadores, políticos, mariscales, generales… son tratados sin complejos, con gran desparpajo y bajándolos al nivel terrenal del común de los mortales. Todos tienen su carácter con sus cosas buenas y malas, todos tienen sus debilidades, sus manías… y las descripciones que hace nos lleva a momentos incluso de hilaridad. No se corta un pelo. Y al mismo tiempo, apoya sus afirmaciones a este respecto con las correspondientes referencias documentales y bibliográficas, sin perder un ápice de su rigor.

Han pasado más de 57 años desde su primera edición en agosto de 1962. La autora ya falleció hace tiempo (nació en 1912 – murió en 1989). Pero es un libro absolutamente asumible en la actualidad. Hay subjetividades que no se pueden ocultar. La antipatía de Tuchman hacia los alemanes es notable. Norteamericana y de origen judío, escrito sólo quince años después de la guerra contra los nazis… dime tú. De hecho, es evidente que identifica como presentes muchos de los males de la Alemania nazi en el Reich alemán de Guillermo II, a quien considera un absoluto incompetente acomplejado. Hecho en el que coincide con muchos otros historiadores. Pero reparte cera en forma de crítica hacia las decisiones militares del momento que hacen que realmente la expresión “inteligencia militar” queda convertida en un monumental oxímoron. Pero su evidente antigermanismo no le impide ser muy crítica con las decisiones y actuaciones de los responsables políticos y militares de la entente cordiale, que en aquellas primeras semanas de la guerra parecían cualquier cosa menos un entente.

Los desastres bélicos en los ferrocarriles en la Cité du Chemin de Fer en Mulhouse, la primera ciudad “liberada” de Alsacia por los franceses, aunque dicha “liberación” sólo duró unas horas. Y que nunca tuvo un origen alemán, ya que fue un cantón helvético que voluntariamente se integró en la República Francesa.

La decisión de dejar de lado el lío de los Balcanes y la actuación de los austriacos deja coja, de una forma consciente, la historia de aquellas semanas. No obstante, se transmite la sensación de que ese lío no es más que la chispa que desencadena el incendio que se estaba preparando, con abundante acumulación de combustible desde hace tiempo. La idea alemana del espacio vital y del dominio de lo germánico sobre las naciones de Europa, el militarismo, los dogmas nacidos de las victorias prusianas del siglo XIX, unidas al complejo de inferioridad de los dirigentes germanos, empujaban hacia la guerra. El sentimiento de revancha de Francia, todavía muy dolorida tras la derrota de Sedán, también empujaba hacia la guerra. El Reino Unido estaba atado al destino de las demás naciones por ser en gran medida la artífice del delicado equilibro continental que a duras penas se había mantenido durante el siglo XIX tras la época napoleónica. Y especialmente estaba condenado al conflicto desde el momento en que los alemanes deciden atacar Bélgica. Las atrocidades cometidas por los alemanes en este país, “obligados” por las circunstancias, los convierte a los ojos del mundo en los villanos de la guerra, cosa que sólo puede cambiar si la ganan y pueden controlar la escritura de la historia. Y todos, todos, fracasan en su consideración de que no puede ser una guerra de larga duración. Que Alemania no tiene recursos para aguantar, y que todos pueden arruinarse en un escenario de tal características… que es exactamente lo que sucede cuando el Plan Schlieffen alemán y el Plan XVII francés, en dígitos arábigos, 17, en el libro, fracasan estrepitosamente, abocando a una guerra de posiciones que arruinó por completo una generación de hombres europeos.

Siempre he dicho que no hay textos más eficazmente animilitaristas y pacifistas que los que narran apropiada y documentadamente lo que sucede en una guerra. Y este es de eso. Una lectura muy muy recomendable.

Y la bella ciudad de Comar.

[Cine] The King (2019)

Cine

The King (2019; 55/20191104)

Última película de la semana que procede de los estrenos en Netflix. Y en esta ocasión es la que más empaque mostraba a priori. La más ambiciosa. Película de ambientación histórica dirigida por el interesante David Michôd, para mayor gloria interpretativa del joven actor Timothée Chalamet.

No voy a poner castillo ni lugares bélicos. Aunque sí que me trasladaré fotográficamente a Inglaterra. A los pacíficos paisajes de los canales de las Midlands occidentales, cerca de Birmingham.

Básicamente, lo que han hecho ha sido coger el ciclo de dramas históricos de William Shakespeare dedicado a la transición de la dinastía Plantagenet a la casa Lancaster a caballo entre los siglos XIV y XV, tomar aquellas tramas relacionadas con el rey Enrique V de Inglaterra y adaptarlas a un único largometraje que narra el ascenso al trono del joven rey y su consolidación como uno de los más importante reyes medievales de las islas Británicas tras la batalla de Azincourt, que nutre una buena parte de la acción del largometraje.

Con esta película he tenido un problema. Pese a su buena realización y a sus encomiables interpretaciones, aunque sigo pensando que Chalamet, aunque hace un buen trabajo, todavía está un poquito verde, he sentido la sombra que sobre ella arroja las producciones de la BBC de hace unos años para celebrar el año olímpico en las que adaptó precisamente las cuatro obras de Shakespeare que conforman la herniada, en la que se basa esta película. Aquella serie fue realmente muy buena, afronta los mismos temas, con más profundidad al ofrecer el cuarteto completo, y también con una ambientación y unas interpretaciones excelentes. A lo que hay que sumar el “guion”, los “diálogos” del propio Bardo. Que aquí, no. Aunque el guion es realmente bueno.

Dicho lo cual, para quienes gusten del buen cine histórico, es de visión obligatoria, sabiendo de antemano por supuesto que no se basan en la veracidad histórica sino en la visión de Shakespeare de aquella época. Y bueno, que Falstaff (Joel Edgerton, también acreditado como guionista) como tal personaje histórico, nunca existió. Para los demás, tampoco les hará daño, que la película es buena. Y la acción bélica de Azincourt está excelentemente realizada.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Libro] El quinteto de Nagasaki

Literatura

Me hablaron de este libro de Aki Shimazaki hace ya un tiempo. Y en principio me planteé leerlo en versión original. No, no me he puesto a estudiar japonés ni nada por el estilo… creo que en estos momento es un idioma fuera de mi alcance. La versión original de este libro está en francés. Porque Shimazaki, japonesa de nacimiento, vive desde hace casi 40 años en Canadá, donde está naturalizada y vive en Montreal. Y a pesar de que aprendió el idioma francés siendo ya adulta, es el que escogió para desarrollar su carrera literaria.

Pero surgió un problema que me dejó un poco atónito. En castellano, el libro se vende en un volumen único, con un precio de entre nueve y diez euros. Pero en su idioma original, son cinco novelas cortas que se venden independientemente, con un precio global de entre 30 y 35 euros… ¡¡?? Me pensé un poco el asunto, quizá esperando una nueva edición francesa al estilo de la castellana… pero nada. Os explico el asunto.

Unas cuantas vistas recientes de Tokio… donde todo empieza, aunque sólo nos enteremos bastante avanzada la historia.

Este quinteto de relatos relacionados entre sí que publica Lumen en un solo volumen, fueron originalmente publicados en su idioma original como cinco novelas cortas. Que se pueden leer de forma independiente. Aunque después de haberlas leído todas, es algo que para mí no tiene mucho sentido, ya que para comprender la historia en toda su extensión y profundidad hay que leer los cinco relatos. Su pudo publicar originalmente por entregas, pero recomiendo que se lean como un todo.

Antes de esbozar el argumento de la historia, he de decir que me gusta más el nombre que se le da en francés al conjunto, Le poids des secrets (El peso de los secretos), que lo del “quinteto de Nagasaki”, más oportunista, y supongo que más comercial, que le ha dado su editor en castellano. Cierto es que una parte de la historia, importante, transcurre en la ciudad mártir de la Segunda guerra mundial, la segunda y última, hasta la fecha, donde salvaje y perversamente se ha arrojado una bomba atómica. Y concretamente, la autora sitúa en aquel nueve de agosto de 1945 algunos acontecimientos importantes dentro de las vidas de los protagonistas de esta compleja saga familiar que nos hará recorrer el siglo XX desde la década de 1920 hasta el último cuarto del siglo XX.

Pero el recorrido es mucho más amplio. Porque si un momento clave se produce en las historia que se nos cuenta, es el momento en que una de las protagonistas queda huérfana tras el gran terremoto de Kantō al mediodía del 1 de septiembre 1923. Y queda huérfana no por el terremoto, sino por la consecuencias posteriores, en una de las narraciones más estremecedoras que he leído jamás sobre la perversidad humana, en este caso no de los militares norteamericanos como fue lo de Nagasaki, sino de los militares y políticos japoneses. Esa orfandad tendrá consecuencias inimaginables en una joven, cuyo pasado ya estaba revestido de misterio, y que acabará afectando profundamente a los miembros de dos familias japonesas. Pero no voy a desvelar mucho más, porque es preferible que lo descubra el lector.

Shimazaki no desaprovecha la ocasión. No se limita a narrar los amores y los odios que entre sí desarrollan los personajes principales de la acción, la compleja trama de relaciones que complica las vidas de personas en principio honestas y fieles a sus familias y amistades, salvo excepciones. Shimazaki desarrolla su punto de vista sobre algunos graves acontecimientos de las historia japonesa del punto de vista; la política colonial en otros puntos de Asia, el racismo hacia las personas de otras nacionalidades u orígenes étnicos, la corrupción de la sociedad en el régimen militarista que llevó al país a la guerra y la catástrofe, la complejidad de la vida en los años de guerra, el convencimiento razonado de que los bombardeos atómicos tuvieron más de experimento que de necesidad bélica, y que habían venido precedidos de bombardeos convencionales de intenciones igualmente perversas por cebarse especialmente sobre la población civil y más desprotegida. Todo ello contado por una japonesa de origen, que no olvidemos vive en Canadá, que no aprendió el francés hasta 1995, cuando ya contaba 40 años de edad, y que empezó su carrera literaria en ese idioma a partir de 1999, después de haberse dedicado fundamentalmente a la enseñanza.

El conjunto me ha parecido una lectura muy interesante. Y en algunos de los cinco relatos, apasionante, estremecedora y conmovedora. El conocimiento de esos secretos cuyo peso pesan sobre los protagonistas y que se va desvelando muy poco a poco, me obligó en algunos momentos a parar la lectura y reflexionar sobre lo sucedido. No tanto sobre lo que sucede a los personajes de ficción, sino sobre lo que padecieron las personajes reales en la época. Los cinco relatos no tienen la misma intensidad, aunque sí que parecen disfrutar una calidad literaria similar. Sigo con la curiosidad por haber leído el original en francés. Especialmente por las circunstancias vitales de la propia autora. Pero en cualquier caso, me parece, en cualquier idioma, muy recomendable.

[Libro] Tokyo Ueno Station

Literatura, Sin categorizar

Oí hablar de este libro hace unas semanas. Escrito en japonés por una zainichi, Yu Miri, una mujer nacida en Japón de nacionalidad coreana, surcoreana, también hay zainichi norcoreanos, muy complejo lo de los coreanos que estaban en Japón al final de la guerra mundial, que es escritora, y que se expresa en sus novelas en japonés. Lo normal si tienes 51 años y por mucho que tengas una nacionalidad llevas toda tu vida viviendo en un país con otro idioma que es el que utilizas todos los días desde que naciste. Supongo.

Fotos recientes, de hace cinco días, del parque Ueno y alrededores. Con muchos de los lugares descritos en la novela que os traigo hoy.

El caso es que leí hablar muy bien de esta novela, que no está publicada en castellano, por lo que me he ido directamente a la versión en inglés, cuya versión en libro electrónico tiene un precio muy asequible.

El protagonista de la novela es Kazu, un hombre japonés, que nació en 1933, el mismo año que el emperador Akihito, en el trono cuando se escribió la novela, ya no es así porque abdicó este mismo año en su hijo. Y que ahora, siendo ya un anciano, vive como una persona sin techo, sin domicilio fijo, en el Parque Ueno, al lado de la populosa estación de ferrocarril del mismo nombre.

La novela es una mezcla de pasajes sobre la vida cotidiana de las personas sin techo en el parque, con las tribulaciones propias de tal modo de vida, con los recuerdos que rememora, a lo largo de su vida. Su infancia, los años de la guerra, su matrimonio y su familia, que vive en la prefectura de Fukushima, su trabajo alejado de esta durante décadas, el nacimiento de su primer hijo, que nació el mismo día que el actual emperador Naruhito, los juegos olímpicos de 1964, las consecuencias para los sin techo de los que se aproximan en 2020, los tiempos de inestabilidad política, los de crisis financiera, las desgracias que suceden en la familia, como pueden suceder en otras, el tsunami de 2011, las circunstancias que le llevan a vivir sin hogar y desarraigado…

Cualquiera que visite este Cuaderno de ruta sabe que soy consumidor habitual de productos de la cultura japonesa, una cultura que me estimula mucho, un país que me fascina, como muestra que esté recién llegado del segundo viaje por el mismo. Y hay que estar muy motivado para chuparse las interminables horas de viaje en avión sobre Siberia. Pero no soy acrítico. Así como hay muchos “japonistas” que todo lo que viene del País del Sol Naciente les parece bien, yo encuentro elementos maravillosos en su cultura mezclados con otros que me producen repelús, estupor y, en algún caso horror. En Japón hay una de las brechas de género de las más amplias de los países desarrollados, probablemente superada sólo por Corea del Sur, y peor que algunas economía no desarrolladas o de países con bajo nivel democrático. Japón es uno de los países con mayor maltrato infantil. Hay fenómenos relacionados con el consumo de cultura que me horripilan en cuanto a la soledad de la gente, o la retorcida expresión de la sexualidad en la sociedad japonesa. Y bueno… otros aspectos que no sabría expresar muy bien aunque haya leído sobre ellos.

Yu Miri, recuerdo que en Asia lo habitual es que el apellido vaya delante, hace un repaso crítico de la historia de Japón en el siglo XX. Uno de los problemas que tradicionalmente ha tenido Japón ha sido su cerrazón al extranjero. Y las minorías dentro del país no suelen tener buenas perspectivas. Yu, como coreana, es conocedora de esa situación. No hace del protagonista de la novela uno de estas minoría, pero de alguna forma sí que habla del tema, al situarlo como descendiente de un grupo de inmigrantes 150 años atrás de una región japonesa a otra. Con creencias basadas en distintas sectas de las religiones que pulular por el país, específicamente del budismo, y que sufren cierta grado de discriminación en su destino, que se extiende durante décadas.

La novela va desvelando las claves de quién es Kazu y porqué vive como vive muy parsimoniosamente. Durante buena parte de ella lo ves como un trabajador, sufrido, de los que a base de esfuerzo levantaron la economía japonesa de posguerra hasta niveles inesperados. Y no acabas de entender cómo acabó viviendo entre cartones en parque de Tokio. Pero poco a poco va desvelando los golpes que nos da la vida, y que en algunas personas son absolutamente devastadores. Hay momento duros en la novela, que sin ser larga, tarde mis días en leerla, porque sentía la necesidad de parar tras leer alguno de sus pasajes, que no voy a desvelar. Pero que nos habla de la capacidad o incapacidad para asumir o no asumir los infortunios personales de cada cual, y del apoyo o falta de apoyo que la sociedad aporta cuando estos llegan.

Cuando la leí, poco antes de viajar esta segunda vez a Japón, no recordaba si habíamos visitado en 2014 el parque Ueno, donde vive la comunidad de personas sin hogar en la que se encuentra Kazu. Yo pensaba que no. La amiga con la que visité Japón en 2014, y también ahora en 2019, me dijo que sí. Ella también leyó el libro más o menos al mismo tiempo. Comprobamos hace cinco días que sí, que habíamos estado. Que el Museo Nacional de Tokio está en el parque Ueno, pero en su parte norte. Y lo que describe la novela está en su parte sur. Estos días atrás hemos estado alojados en un ryokan en Akasuka, por lo que hemos pasado con frecuencia por la estación de Ueno, a sólo tres paradas de metro de la de Asakusa, y por la que pasa la línea JR Yamanote, línea de ferrocarril local que te distribuye por toda la ciudad y que está incluida en el Japan Rail Pass, por lo que es una opción popular para los turistas que tienen este documento, porque abarata los desplazamientos por la ciudad. Y uno de esos días, el primero que estuvimos en Tokio, al atardecer, visitamos el parque.

No se ve ninguna colonia de personas sin techo. Desconozco si forma parte de la ficción de la novela o si ha sido “limpiada” por las autoridades. Este tipo de colonias suelen ser “limpiadas” por los político en ocasiones especiales; hay un capítulo sobre eso en el libro. Y en este 2019, en estos momentos, se está disputando la Copa del Mundo de Rugby en Japón, y al año que viene los Juegos Olímpicos. Así que todo tiene que estar limpito y reluciente, como si no pasase nada. Guardemos las pelusas y el polvo debajo de la alfombra, donde siguen estando, pero no se ven. Por lo demás, reconocimos y visitamos muchos de los lugares descritos en el libro.

La novela es muy buena. Dura y triste en muchas ocasiones, pero muy buena. No está en castellano, pero si os defendéis con el inglés, creo que también está disponible en francés, os la recomiendo vivamente. Y espero que alguna editorial se anime a publicarla en castellano.

[Libro] A Chain of Thunder

Literatura

Después de leer la novela que comenté hace unas semanas sobre los jóvenes soldados del ejército de los Estados Unidos que participan en las guerras indias y en la Guerra civil nortamericana, vino a mi memoria una serie de lecturas que realicé hace ya 13 años largos, en 2006. Os pongo en situación.

No he visitado los teatros de la guerra civil norteamericana, aunque alguna vez hemos hablado de que si visitamos Washington D.C. nos acercaríamos al Parque Militar Nacional de Gettysburg y algún otro. Pero de momento no ha habido ocasión. Pero en Europa, no nos faltan recordatorios de las consecuencias de las guerras. Especialmente en Berlín, donde estuvimos hace pocas semanas.

En algún momento de final de año de 2005 me hice con una copia de la película Gettysburg, una monumental producción pensada como una miniserie para una cadena de televisión de cable, pero que tuvo un estreno como largometraje en 1993 con una duración de 254 minutos, que es lo que yo vi en aquel momento que menciono. No me pareció una película con grandes virtudes cinematográficas, pero sí interesante desde el punto de vista histórico. Supe que estaba basada en una novela histórica de Michael Shaara, The Killer Angels, publicada en 1974, y me hice con aquel libro. Me pareció muy interesante. Y no paré ahí. Supe también que el hijo de este autor, que murió en 1988, Jeff Shaara, escribió dos novelas más, God and Generals, publicada en 1996, y The Last Full Measure, publicada en 2000. En la primera narraba los acontecimientos de la Guerra civil norteamericana en el teatro de operaciones de Virginia y Maryland hasta las vísperas de la batalla de Gettysburg, mientras que en el segundo continuaba con esta historia, con la guerra en Virginia, hasta el final del conflicto bélico. Lo cierto es que el conjunto de estos libros funcionaban mejor como divulgación histórica que como novelas en sí mismas. Dijeramos que no era muy consciente de estar leyendo algo “novelizado”, sino una narración entretenida de unos acontecimientos históricos, razonablemente bien documentados y presentados.

Siempre me quedé con la sensación de que la visión sobre este conflicto bélico, muy interesante, quedaba coja por centrarse en el teatro de operaciones oriental y sin tener en cuenta lo que pasaba en otros teatros de operaciones. Por poner una caso, que viene a cuento en lo que hoy presento, no hablaba tan apenas de que un día después del final de la batalla de Gettysburg, mientras el Ejército del Potomac de la Unión y el Ejército del Norte de Virginia de los secesionistas se miraban frente a frente sin decidirse a retomar las hostilidades, el sitio de Vicksburg llegaba a su fin, y los estados secesionistas quedaba separados en dos, y bloqueados económicamente por el ejército y la marina de la Unión.

Después de leer Días sin fin hace unas semanas, se me ocurrió volvió a repasar la película aquella, Gettysburg. Y encontré una copia de mejor calidad que la que vi hace 13 años; 1080p frente a VHS, nada menos. Y con más metraje, pues el el típico “montaje del director”, que consiste en la mayor parte de los casos en introducir escenas descartadas en el primer montaje. Así, en lugar de 254 minutos, te tiene que merendar 271 minutos. De cuatro horas y cuarto a cuatro horas y media, aproximadamente todo, que sinceramente no aportan gran cosa. Pero también me entró la curiosidad por saber si Jeff Shaara había escrito algo más. Y me encontré con que había escrito mucho más. El hombre se ha especializado en contar guerras; la de la independencia americana, la agresión de Estados Unidos a Méjico, la Segunda guerra mundial, la de Corea, etcétera. Pero tardó bastante en retomar la Guerra civil. Y tiene cuatro libros publicados sobre el teatro de operaciones occidental, el que se desarrolló en el río Misisipí y los estados próximos al mismo y al Misuri. El libro de hoy es uno de ellos, el segundo, el que narra la campaña de U.S. Grant para la toma de Vicksburg y para conseguir entrar en control de todas las rutas fluviales dependientes del Misisipí, separando los estado secesionistas en dos partes, y cortando las rutas de suministro a los principales estados secesionistas y ahogarlos económicamente.

Contado en forma de vivencias de seis personajes, de los que sé que al menos cinco son reales. Por el lado secesionista, el general Pemberton, comandante del ejército en Vicksburg, el general Johnston, comandante de todo el ejercito del Misisipí, y Lucy Spence, una joven de Vicksburg, que acaba ejerciendo de enfermera en los hospitales de campaña. Por el lado unionista, el general Grant, comandante en jefe del ejército del Tennessee, el general Sherman, uno de los comandantes de uno de los cuerpo de ejército del mismo, y Bauer, un soldado de origen alemán integrado en una compañía predominantemente de origen irlandés de un regimiento de voluntarios de Wisconsin. Se narra el conjunto de la campaña, desde los preparativos para el cruce del Misisipí al sur de la ciudad, la campaña para limpiar la zona de posible apoyos secesionistas y el sitio propiamente dicho.

Al igual que en sus predecesores, es un libro entretenido. Pero cambia algo el enfoque. Hay una visión menos general, aunque esta se ofrece y se dan informaciones suficientes para cumplir la misión de divulgación histórica. Pero entra también a contar o especular sobre los sucesos a nivel micro, a nivel de lo que se vivía en una compañía del ejército, en cómo eran las relaciones entre generales y periodistas, cómo se gestionaban las frustraciones y las discrepancias entre los responsables de los ejércitos, o cómo sufría o se defendía la población civil de la catástrofe bélica. En su conjunto está bien, aunque no me ha enganchado tanto como los que leí en su momento. Siempre fue el libro de Michael Shaara el mejor de los que he leído y el más interesante, los de su hijo le han ido siempre a la zaga.

Ha estado bien, me he alegrado de haberlo leído. Pero no me han entrado ganas de completar el ciclo de cuatro libros que cubrirían la batalla de Shiloh, el primero, la batalla de Chattanooga y alguna cosa más, el tercero, y la marcha sobre Georgia y las Carolinas del ejército de Sherman. Puedo pasar sin ellos. He de decir que sobre el último de los hechos históricos, la marcha de Sherman, ya leí un libro de Doctorow,… y por lo que sé y he leído, dudo mucho que Jeff Shaara esté cerca del nivel y profundidad de la escritura de Doctorow. El libro de Doctorow también lo leí en 2006, y supuso mi introducción a la obra de ese autor americano, que ya no he abandonado.

[Cine] The Last Recipe: Kirin no shita no kioku [ラストレシピ ~麒麟の舌の記憶~] (2017)

Cine

The Last Recipe: Kirin no shita no kioku [ラストレシピ ~麒麟の舌の記憶~] (2019; 43/20190826)

Como ya he comentado en más de una ocasión últimamente, cada vez llegan con más frecuencia a nuestras carteleras las películas de Asia oriental, especialmente Japón, en menor grado Corea del Sur, y eventualmente, alguna China. Excepcionalmente, alguna de otro país. Pero sobre todo del País del Sol Naciente, como esta dirigida por Takita Yōjirō, director que tiene en su haber una de las películas más hermosas que he visto en lo que llevamos de siglo. Iba a decir que en los últimos diez años, pero resulta que la vi hace 10 años y un mes… así que he extendido un poquito el intervalo de tiempo, que también vale.

Creo que ya he comentado que volvemos a Japón. Dentro de tres semanas cojo vacaciones, y unos días más tarde volamos a Tokio. Aunque era tentador volver a visitar algunos de los estupendos lugares que ya conocimos, pero de los que siempre te quedas con ganas de más, en principio vamos a solapar poco el recorrido con respecto al viaje de 2014. No más del 10% será terreno ya conocido. Y sobre todo nos moveremos por la región de Kansai. Con unos poquitos días de repaso en Tokio.

En esta ocasión, nos cuenta la historia de un cocinero Sasaki Mitsuru (Ninomiya Kazunari), dotado con el don de un gusto a los sabores absoluto, aunque incapaz de realizar una adecuada gestión de los negocios, que lo arruina, y que se dedica a preparar para gente excéntrica y con mucho dinero un último plato exquisito antes de morir. De ahí el título en castellano, El cocinero de los últimos deseos, que no tiene nada ver con el título original, La última receta: la memoria de la lengua de la jirafa. El caso es que se ve involucrado en la búsqueda de las recetas de un cocinero activo en los años 30 del siglo XX en el estado títere de Manchukuo, Yamagata Naotaro (Nishijima Hidetoshi). Búsqueda detrás de la cual se esconde un importante secreto para Sasaki.

A esta película le he dado el aprobado… porque debía de estar de buen humor cuando lo decidí, porque hay un esfuerzo sincero detrás de la realización de la misma, y porque me acordaba de aquella película que he mencionado al principio. Supongo. Porque tiene varios problemas. El primero es que es una película que no sabe lo que quiere de ser de mayor. Empieza siendo una película de misterio, ¿dónde están las recetas perdidas? Continua siendo una intriga política de época, con los tejemanejes del ejército de Kwantung en Manchuria. Y termina resultando una sesión de cine cebolla, a propósito de dramas familiares, no bien ligados, ya que el tramo final se resuelve de forma muy precipitada. Lo cual evita que los espectadores se pongan en situación de disfrutar del correspondiente llanto que debería acompañar los últimos compases del largo largometraje. La película busca cierto empaque en la producción como película de época, aunque nunca deja de sentirse una excesiva artificiosidad en la ambientación. Con un par de puestas de sol con colores tan saturados como para provocar un desprendimiento de retina y algunos decorados un tanto postizos representando la actual ciudad china de Changchún, entonces llamada Hsinking.

Los actores hacen lo que pueden, pero no pueden evitar que el conjunto resulte un tanto frío, sin que se transmita toda la emoción que debería desprenderse de la pasión del cocinero de época por la cocina, así como los sentimientos por su familia.

La película resulta entretenida, aunque demasiado larga y desequilibrada, con altibajos en el ritmo y en la narración. Quizá por eso, por ser entretenida, hago que llegue al aprobado. Pero todo lo demás la pone en el trance de suspender. No me atrevería a recomendarla con carácter general, pero si alguien le quiere dar una oportunidad… ahí está.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Libro] Atapuerca – 40 años inmersos en el pasado

Ciencia, Historia, Literatura

Sigo con los tiempos justitos para ir actualizando el blog, aunque el fin de semana haya sido más relajado. Así que hoy voy con un breve comentario sobre este libro de National Geographic, en el que uno de los codirectores del programa de investigación de Atapuerca, Eudald Carbonell, junto con la periodista Rosa M. Tristán, dan un repaso a este interesante proyecto sobre la evolución humana, que ya tiene más de 40 años de recorrido.

Indudablemente, uno de los viajes donde más cerca me sentí de los temas relacionados con la evolución humana fue cuando recorrí en agosto de 2003 el Perigord. Nombres como Le Moustier, La Madeleine o las cuevas de Lascaux están muy ligados a este tema. Y término como “musteriense” o “magdaleniense” que suelen aparecer cuando se habla de las culturas de los hombres primitivos, tienen su origen en estos lugares perigordinos.

Eudald Carbonell i Roura es un investigador que siempre me ha parecido muy interesante. En primer lugar, por su multidisciplinaridad. Geólogo e historiador y arqueólogo, ha demostrado que lejos de estar enfrentadas, humanidades y ciencias son complementos necesarios en el saber humano, pero eso sí, ambas precisan de un rigor y un método en el estudio, que no es exclusivo ni a unas ni a otras. Y que sus métodos, aunque diferenciados, deben corresponder a principios filosóficos y éticos no tan apartados los de las unas de los de las otras. Había leído ya previamente algún ensayo de divulgación científica suyo que me había parecido sumamente interesante. Tanto por sus contenidos, como porque se moja en temas delicados o conflictivos. Pero con criterio. Rosa M. Tristán [Twitter] es una periodista especializada en ciencias, de la que no sé gran cosa. Pero ya os he puesto los enlaces correspondientes por si queréis saber algo más de lo que hace.

En el lado de los contras, normalmente no me siento atraído por los libros de divulgación de la National Geographic. Aunque bien ilustrados y muy bien presentados, en ocasiones he detectado cierta superficialidad en los planteamientos de sus publicaciones, y no dejan de presentar ciertos sesgos propios de cierto americanocentrismo en su visión del mundo. Pero en esta ocasión, el libro venía acompañada de una muy buena oferta en la plataforma de libros electrónicos, y el tema siempre me ha gustado. Especialmente cuando en los últimos años se han ido publicando hallazgos que están revolucionando la forma en que percibimos la evolución de nuestra especie. Y la de todas las especies… que no somos tan especiales.

El libro es irregular. A ratos, la minuciosa descripción de todos y cada uno de los yacimientos del programa de investigación se nos aparece un poco prolija y cansina, para luego emocionarnos con el relato de los descubrimientos y la interpretación de los mismos, cambiante en el tiempo conforme se acumulan nuevas pruebas y nuevos datos. Para luego volver a entrar en la monotonía derivada del evidente interés propagandístico del libro. Lo que los autores llaman “socializar” los frutos de la investigación del programa. Es comprensible que quieran comunicar al gran público lo que está pasando ahí, y es loable el esfuerzo, pero a ratos, cansino.

Globalmente es un libro razonablemente interesante si te gusta el tema, cuyos capítulo menos interesantes acabarás leyendo más en diagonal, mientras prestas atención a aquellos que destilan más jugo y enriquecen más tus conocimientos sobre el tema. Y el libro no deja de aportar, por lo tanto el balance final es razonablemente positivo, aunque no entusiasmante.

[Libros de fotografía] China según Magnum y los “ismos” de la fotografía

Fotografía

Tengo pendiente de reclamar un par de libros de fotografía que me deberían haber llegado y no lo han hecho. Los servicios de correos son una lástima y una catástrofe en el mes de diciembre. Pero mientras tanto, vamos con un par de libros que he adquirido esta semana para regalarme por reyes. Empezaré por el más pequeñito.

A todos los efectos, para el libro de Magnum sobre China, Taiwán forma parte de la historia china del siglo XX. Así que nos daremos una vuelta por la capital de la isla Formosa, Taipéi, y sus alrededores.

… ismos para entender la fotografía

Publicado por Turner Libros y con la autoría de Emma Lewis, una de las conservadoras de la Tate Modern en Londres, este librito pretende ser un resumen organizado de las distintas tendencias que han surgido en la historia de la fotografía. Los “ismos” es un término que apareció en la historia del arte con las vanguardias de los siglos XIX y XX; véase impresionismo, expresionismo, cubismo, conceptualismo, surrealismo,… Y si bien nos hemos acostumbrado a su uso en otras disciplinas artísticas, no siempre han estado claros o correctamente usados en el mundo de la fotografía, especialmente por los diferentes usos de la misma, desde la llamada fotografía vernácula por los anglosajones, la de todos los días, la cotidiana, hasta la fotografía considerada como una de las bellas artes, pasando por su uso documental o testimonial. Usos no presentes en otras disciplinas artísticas y que han motivado el eterno debate sobre si la fotografía es o no una de las bellas artes.

Disponiendo como dispongo de una amplia biblioteca de libros sobre fotografía, no me aporta realmente conocimientos nuevos este libro. Pero sí me permite tener un librito de consulta rápida, que me puede venir bien para la redacción de textos u preparación de otras cuestiones. Y sí que será de gran utilidad para quien quiera iniciarse en la historia de la fotografía y quiera tener un texto por el que navegar por la misma con cierta facilidad.

Magnum China

Editorial Blume publica en castellano el nuevo tocho, porque es grandote y pesadote, que la agencia Magnum Photos ha comercializado sobre el trabajo de sus fotógrafos en China, a lo largo de toda la historia de la agencia e incluso antes, pues como indica el subtítulo Nueve décadas de su historia, las fotografías abarcan toda la época republicana del gigante asiático, que se remonta a 1912, aunque empieza con fotografías relacionadas con la Segunda Guerra Sinojaponesa, a partir de 1937 o 1938. Lo cierto es que eso son más bien ocho décadas… tendré que revisar bien el libro para ver si hay fotografías anteriores.

Los editores del libros son el fotógrafo británico Colin Pantall (instagram) y el editor chino Zheng Ziyu. Y el enfoque es cronológico. La nómina de fotógrafos cuyas imágenes forman parte del libro, demasiado extensa para relatarla aquí, aunque hay muchos ilustres de la agencia.

El libro da para muchas horas de contemplación y lectura, tanto de los textos como de las fotografías, por lo que apenas he empezado a escarbar. Indudablemente será una amplia fuente de conocimientos sobre fotografía y sobre la historia reciente de China, ayudándonos a comprender tan complejo país. Y sobretodo, levantará curiosidad e inquietudes para aprender en otros sitios las carencias que un libro orientado a la fotografía tenga.

Es muy recomendable, aunque es fácil comprender el principal debe de un libro de estas características. La visión será fundamentalmente occidental. Los fotógrafos chinos no han sido frecuentes en la agencia hasta recientemente. Y hubo fotógrafos que hicieron un trabajo importante hasta en los tiempos más difíciles de la Revolución Cultural. Siempre recordaré lo que me impresión allá por el 2005 la exposición que vimos en Zaragoza, en la Casa de los Morlanes, del fotógrafo Li Zhensheng. Y que pude volver a ver en Londres en 2012.

Es muy recomendable, aunque es fácil comprender el principal debe de un libro de estas características. La visión será fundamentalmente occidental. Los fotógrafos chinos no han sido frecuentes en la agencia hasta recientemente. Y hubo fotógrafos que hicieron un trabajo importante hasta en los tiempos más difíciles de la Revolución Cultural. Siempre recordaré lo que me impresión allá por el 2005 la exposición que vimos en Zaragoza, en la Casa de los Morlanes, del fotógrafo Li Zhensheng. Y que pude volver a ver en Londres en 2012.

[Libro] El orden del día

Literatura

Este volumen, poco voluminoso, sinceramente, del francés Éric Vuillard aparece clasificado en la mayor parte de los sitios como “narrativa de ficción”, “novela”, y también lo he visto descrito como “novela literaria” en la propia página de la Editorial Tusquets, que lo publica. Sin embargo, yo he tenido la sensación de estar leyendo más bien un ensayo “novelizado”.

Instantáneas vienesas para un libro que pivota sobre la desaparición de Austria como país independiente, fagocitado por la Alemania nazi.

En vísperas de las elecciones amañadas que acabaron por dar el poder al Partido Nazi en Alemania en 1933, los jerarcas del partido se reunieron con los principales nombres de la potente industria germana. Opel, Krupp, Siemens, IG Farben, Bayer, Telefunken, Agfa, Varta,… entre otros, estuvieron representados. Lo que se buscaba era dinero para sufragar los gastos de la campaña, que iban mucho más allá de lo habitual, puesto que se puso en marcha una serie de acciones de manipulación de la opinión pública, unidas a agresiones a diversos grupos políticos, más o menos permitidas o apoyadas por eso que algunos dan en llamar “derecha democrática”. El partido se comprometía a “agradecer” adecuadamente a esos empresarios en la “nueva Alemania” que estaba por llegar. A partir de ahí el libro relata la política de agresiones progresivas de Alemania a sus vecinos, representadas principalmente por el Anschluss con Austria. Todo ello ante la mirada hacia otro lado de los principales actores de la política europea del momento, y hasta el momento en que la agresión a Polonia hizo imparable el desencadenamiento de una guerra global.

Bien documentado, y con un estilo de escritura dinámico, realmente más propio de la literatura de ficción que del ensayo, y de ahí la “confusión” en la clasificación de este volumen, reconstruye de forma plausible algunos de los momentos claves del proceso, mientras va emitiendo críticas,… más bien dando palos a diestro y siniestro, para todos aquellos que por acción u omisión permitieron el ascenso y la agresión de la Alemania nazi.

Es un libro corto. No es un análisis en profundidad, ni un relato pormenorizado de los hechos. Más que un libro sobre la historia o sobre política, es un libro sobre la ética en la política y en los negocios. Y sobre la facilidad con la que se desvirtúa este concepto en estos ámbitos. Y la facilidad para que luego, aquellos que favorecieron y alimentaron a la bestia, acaben saliéndose de rositas. Muy recomendable esta obra que se hizo acreedora al Premio Goncourt en 2017.

[Historia en cine] 100 años desde el final de la Gran Guerra… o no.

Cine, Historia, Literatura

Oficialmente, hace 100 años terminó la I Guerra Mundial o Gran Guerra. Más bien, es el aniversario del comienzo del armisticio, el 11 del 11 a las 11:00 horas. En realidad, el armisticio marca el final de las hostilidades, pero no es el final de la guerra. Formalmente, el final oficial de la guerra vino con la firma del Tratado de paz de Versalles en 1919; final del estado de guerra entre los aliados occidentales y Alemania. Y en realidad, no entró en vigor hasta enero de 1920.

Pero mientras tanto, siguieron las hostilidades en distintos puntos del globo. La Rusia soviética y Polonia siguieron enzarzadas, entre febrero de 1919 y marzo de 1921. El Tratado de Versalles reconocía la independencia de Polonia y definía sus fronteras con el Reich alemán, pero nada decía de lo que pasaba por el lado de sus revolucionarios vecinos eslavos. Que oficialmente habían perdido la guerra contra Alemania en 1917, pero que estaban en plena guerra civil, enfrascados a tiros en Manchuria, y donde hiciera falta.

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Los monumentos a los caídos por la patria son una de las coñas que una de las películas que comento hoy lleva al derrotero en su ácidamente cómico argumento. Pero en Estrasburgo, este monumento es distinto, porque los avatares de la historia hicieron que los alsacianos murieran indistintamente por diversas patrias según tocase.

También siguieron enzarzados a tiros la República de Grecia, que se quería merendar buena parte del antiguo Imperio Otomano, con los militares revolucionarios turcos, que no estaban por la labor. Y entre 1919 y 1922, resultando que si bien el Imperio Otomano fue perdedor en la Gran Guerra, los turcos fueron vencedores en esta pequeña, pero sangrienta, guerra. Cosas que pasan.

Dos ejemplos… No voy a hablar de la inestabilidad que quedó en Extremo Oriente, el ascenso de los totalitarios fascistas, comunistas, nacionalistas, militaristas,… y todos los “istas” que se os quieran ocurrir que sacudieron los años 20 y 30, y que acabaron desembocando en el follón de la II Guerra Mundial. Hoy se conmemora, por lo tanto, el 100 aniversario de una soberana chapuza, una de las peores perpetradas por el mundo occidental,… y eso es mucho decir.

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Leía ayer que Trump y Macron eran de la opinión de que Europa tenía que incrementar su gasto militar. Este par de imbéciles, tarugos iletrados, que no se han enterado de nada, son la plena demostración de que no hemos aprendido nada. La Gran Guerra fue precedida de una carrera armamentística como no se había conocido hasta ese momento, y que, desde luego, no sirvió para prevenir la guerra. El liberalismo económico que preconizan desembocó después de la guerra en la Gran Depresión, que favoreció el auge de todos los totalitarismos que hemos comentado antes. Pues eso.

Para conmemorar la fecha de forma reflexiva, propongo ver cuatro películas. En algún caso, también leer los libros en los que se basan.

Paths of Glory (Senderos de gloria)

En toda guerra, hay dos ejércitos; los malos y los peores. Y los que se encargan de que sean malos o peores suelen llevar estrellas y galones en el uniforme. Y suelen hablar de honor con mucha frecuencia. Pero no saben lo que es el honor, ni lo conocen, ni lo han conocido, ni lo conocerán. Y Stanley Kubrick, con la ayuda de un superior Kirk Douglas interpretando a la excepción que confirma la regla, nos lo explican muy bien.

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All quiet in the western front (Sin novedad en el frente)

Con frecuencia, tras una guerra, el perdedor pierde también el derecho a contar su versión y sus sentimientos. Pero gracias a Erich Maria Remarque y su bella novela, que hay que leer, sin duda, podemos saber que los soldados alemanes eran también sufridos peones como sus equivalentes de la entente, con sus miedos, sus amores, sus esperanzas y sus tristezas. La película original, de 1930 fue rodada en EE.UU. y la dirigió Lewis Milestone. Hay una versión más moderna de 1979. Pero no la he visto.

La grande illusion (La gran ilusión)

Dejemos el drama y la tragedia y pasemos a la comedia de la mano de uno de los grandes del cine universal, Jean Renoir. Aunque viene bien contar con uno de los grandes de la interpretación, Jean Gabin, para llevar la empresa a buen término. El análisis de esta obra maestra es muy complejo para llevarlo a cabo en unas pocas líneas. Pero digamos que es una obra mucho más profunda que una mera declaración antibélicista y antimilitarista. Otro imprescindible.

Au revoir là-haut (Nos vemos allá arriba)

Reciente adaptación de la magnífica novela del mismo título de Pierre Lemaitre, también de obligada lectura, en la que no sólo se ponen de manifiesto los horrores de la guerra, a pesar de que esta sólo abarca los primeros minutos/las primeras páginas de la película/el libro. Por que aquí vamos a una acidísima crítica de la desvergüenza de políticos, empresarios y otros engendros de la sociedad civil a la hora de explotar el fenómeno bélico para su propio beneficio, y sin que quienes sufrieron crudamente las consecuencias del conflicto vean compensado su sacrificio. Dirigida por Albert Dupontel, la película está bastante bien, aunque la novela es muy muy superior.

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