[Libro] Japón 1941

Historia, Literatura

Cuando leí hace unos meses la excelente novela de Jun’ichiro Tanizaki dedicada a la vida de una familia japonesa en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, me entró una curiosidad notable por saber cómo es posible que una sociedad culta y civilizada, si bien de rasgos muy conservadores, pudo llevar al pacífico occidental a semejante catástrofe. Y especialmente, cómo pudo Japón provocar una guerra en la que las posibilidades de éxito parecieron siempre extremadamente bajas, por no decir nulas.

Encontré no hace mucho ese libro que os presento hoy, un ensayo histórico de la tokiota Eri Hotta, sobre los meses que transcurrieron previos al ataque japonés a Pearl Harbor. Varios son los factores que me llevaron a interesarme por el libro. En primer lugar, lo mencionado anteriormente; a través de mi contacto con la narrativa de ficción japonesa, había surgido en mí una curiosidad por el periodo histórico. En segundo lugar, que estuviera escrito por una japonesa. Es fácil acceder a ensayos históricos sobre el escenario del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial; pero habitualmente están escritos por autores occidentales, norteamericanos o ingleses. La visión desde una autora nipona hacía de este libro doblemente atractivo. Bien es cierto que Hotta, aunque realizó su formación inicial en Japón, con posterioridad ha circulado tanto en su carrera académica como profesional por universidades occidentales, tanto de la historia como de las relaciones internacionales. Ahora mismo está casada con otro historiador especializado en asuntos asiáticos, y viven en Nueva York. Pero bueno… menos da una piedra.

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Ilustro la entrada de hoy con un paseo por los templos budistas de Nanzen-ji y Eikan-dō (o Zenrin-ji), en Kioto.

Desde el primer momento, la tesis del libro está orientada a demostrar que el comienzo de la guerra con Estados Unidos fue un fenomenal error colectivo de las clases politicas y militares japonesas, que no supieron estar a la altura de las necesidades. Errores que venían desde el comienzo del “incidente con China”, eufemismo por el que conocían los nipones la segunda guerra sinojaponesa, la cual, estando marcada por las atrocidades del ejército imperial y por la incapacidad de obtener una derrota definitiva de la coalición china que se les oponía, nacionalista y comunista, era un problema económico, militar y político de primer orden. También venía de su acercamiento al bloque fascista europeo, que culminó en la gran metedura de pata que fue suscribir el pacto que constituía el eje Berlín-Roma-Tokio. En medio de una catástrofica guerra en Europa, y con el profundo sentimiento antinazi presente en Estados Unidos, fue un error garrafar que le quitó mucha credibilidad a la diplomacia nipona. También fue un error continuado las ambiciones de expansión hacia Indochina, que presentaban al País del Sol Naciente como una potencia imperialista y agresiva por naturaleza.

No conviene olvidar que el mundo occidental también echó leña al fuego. El tradicional racismo del mundo anglosajón hacia los países no “blancos”, la forma en que Estados Unidos había forzado la entrada de Japón en la modernidad, utilizando la diplomacia de los “cañones navales”, la actitud de Estados Unidos, teóricamente partidarios de la descolonización y de la liberalización del comercio, pero que tras la guerra con España se había comportado en Filipinas como una potencia colonias, así como la imcomprensión mutua en las formas propias de cada cultura,… colaboró a generar un sentimiento de orgullo nacionalista japonés que sirvió para alimentar a los sectores más belicosos de la sociedad y del ejército nipones. No podemos olvidar que el comportamiento que tuvo la administración norteamericana con sus nacionales de origen japonés, a los que privó de todos sus derechos constitucionales y ciudadanos por decreto y de forma apabullante, no hizo más que confirmar que algo de razón llevaban quienes acusaban a los Estados Unidos de llevar una trayectoria política y legal de carácter racista y discriminatoria. Existen otros ejemplo previos en el tiempo de ello.

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Es difícil evaluar la religiosidad de los japoneses, aunque creo que no es muy arriesgado decir que son, de promedio, relativamente conservadores y algo superticiosos. Cosas que desde mi punto de vista guardan una cierta relación con el hecho religioso.

Hotta es rigurosa. Y se ha dedicado a desenterrar un sinnúmero de actas de un sinnúmero de reuniones de mayor o menor calado que se sucedieron en la esfera del gobierno y las fuerzas armadas japonesas durante los meses inmediatos al 7 de noviembre (hora de Hawai), 8 de noviembre (hora de Tokio). También sobre reuniones del espionaje activo y de las cancillerías de otros países. Indudable, el trabajo es meritorio. Y las conclusiones que sacas, en la medida que puedes entender el sorprendente desarrollo de muchas de esas reuniones son más o menos las siguientes.

El propio carácter y cultura japoneses supuso un freno a un intercambio de opiniones sincero y rotundo sobre la conveniencia de no ir a la guerra, lo que favoreció el camino hacia la misma.

La inteligencia japonesa sobre las intenciones de sus futuros enemigos, sobre su carácter, y sus capacidades era malísima. Incluso si habían un cierto número de personajes implicados que habían mantenido contactos previos de mayor o menor calado con occidente.

En un momento dado, todos se preocuparon más por salvar su culo y las apariencias, que las del país.

La influencia de los militares de menor graduación, más jóvenes, pero para quienes su ambición convertía las empresas guerreras en algo deseable, fue excesiva. Voy a a hacer un inciso de carácter personal.

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En cualquier caso, no carecen de códigos morales inspirados o derivados de los credos más o menos tradicionales, shintoismo y budismo, que son más populares o frecuentes en el país.

En 1993, en el ámbito de mi actividad profesional entablé relación con una joven oficial, una teniente, de las fuerzas o cuerpos de seguridad del estado. No voy a dar indicaciones concretas de dónde estaba. Es alguien por quien siento respeto, y no quiero emitir nada que se pueda interpretar como una crítica negativa. Aquella relación no desembocó en algo más serio o profundo por la diferencia de valores que vivíamos cada uno, pero la considero una persona honesta. En cualquier caso, tuve ocasión de estar presente en alguna ocasión en alguna reunión informal, tomando unas cervezas o unas copas, con algunos de sus compañeros de promoción y profesión. Todos ellos militares jóvenes en distintos destino. En aquellos momento, en los Balcanes se producía el desastre humano de la guerra étnica que siguió a la desmembración de la antigua Yugoslavia. En más de una ocasión escuché a alguno de aquellos oficiales expresiones de alegría, por las oportunidades de acción y de ascenso que les podía producir aquella guerra cuando Naciones Unidas o la OTAN interviniese… Aquellas expresiones me dejaban helado. Y me ayudaron a comprender que si existe un ejército, existirá siempre una tensión a entrar en conflicto, por absurda, inconveniente o desaconsejable que sea la situación. Con posterioridad, he encontrado nuevas situaciones similares, o he leído de situaciones históricas que favorecieron estos impulsos. Vuelvo al texto principal.

El miedo es una fuerza motriz en contra de la razón muy importante. De la misma forma que en 1914 muchos militares alemanes tenían miedo de los deseos revanchistas franceses y del poderío militar ruso que se produciría si el imperio de los zares prosperaba, los militares japoneses y algunos políticos civiles tenían mucho miedo del surgimiento de un nuevo equilibrio regional y mundial que los relegara, o les hiciera perder lo conseguido en las década que habían seguido a sus éxitos en la primera guerra sinojaponesa, seguida de la guerra rusojaponesa y de la alineación en la Primera Guerra Mundial del lado aliado.

La diplomacia japonesa era mala. Muy mala. Estaba mal dirigida. Por su ministro y por sus primeros ministros.

Los principales líderes del gobierno, desde el emperador hasta los ministros más importantes, carecían de la personalidad y de la autoridad para llevar al país por el camino adecuado. Y los mecanismos constitucionales de control eran deficientes, a lo que se sumó la deriva autoritaria, el desprecio por las instituciones parlamentaria y la destrucción de cualquier oposición política.

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El emperador fue siempre una figura más asociada al poder espiritual que al político, y el shintoismo era el sistema de creencias que sujetaba este poder; por otro lado, mucha de la nobleza, terrateniente y militar, abrazó desde tiempo inmemorial el budismo que trajeron los misioneros chinos.

Me resulta sorprendente que haya tantos admiradores de las formas de hacer japonesas en los negocios. Que se hable tanto del sentido del honor, de códigos ancestrales para hacer lo correcto, del deseo de no ofender al adversario,… de muchos mitos que oigo de vez en cuando. Si existen, en aquellos meses se tomaron unas vacaciones, o simplemente no funcionaron en absoluto. El egoísmo personal se sobrepuso casi siempre a las necesidades colectivas del país; contradicción absoluta de la afirmación de que al japonés se le educa para considerar las necesidades de la sociedad, de la comunidad o de la institución por encima de las personales.

El libro es muy revelador. Especialmente por la impresionante cantidad de documentación referenciada por una autora que, por su dominio del idioma es capaz de desentrañar correctamente lo que aquellos documentos transmiten. El idioma japonés es muy distinto a los idiomas occidentales no es tan fácil realizar traducciones correctas cuando se ponen en juego conceptos complejos.

Aunque globalmente satisfactorio, deja lagunas de insatisfacción en lo que se refiere a lo que pensaban, conocían y sabían los adversarios. Los Estados Unidos ¿quisieron la paz? ¿o alimentaron los mecanismos que llevaron a la guerra? Si bien la actuación de la diplomacia japonesa fue absolutamente nefasta en el incidente de Pearl Harbor, hubo que diplomáticos nipones que trabajaron por la paz. La sensación de que fueron engañados por ambas partes, y que ninguna de las dos parte quisieron llegar nunca a un acuerdo pacífico es grande. Japón fue el gran culpable de meter a su país en una guerra despreciable, cruel, inhumana, donde floreció el racismo y lo peor de la especie humana. Pero Estados Unidos tenía unos intereses demasiado poco claros como para liberarlos de toda responsabilidad en este embrollo. Y esa parte no queda tratada con suficiente profundidad en el libro. La gran ironía es que al final de la guerra, Japón estaba totalmente destruido, se había desencadenado el terror al uso del arma nuclear, y en Asia, lejos de instalarse ni la esfera de coprosperidad propugnada por Japón, ni el concierto de naciones libres y liberales, comerciantes, que buscaban los norteamericanos, lo que hubo fue un escenario de nuevos regímenes totalitarios. Nuevas guerras en Corea e Indochina. Y el surgimiento de una nueva potencia tan totalitaria o más, en China, que lo que fue Japón. Y mucho más peligrosa. Una gran éxito para los dos contendientes principales.

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Como muchas otras religiones, estas transmiten valores de piedad y compasión hacia el semejante; como los fieles de muchas otros religiones a lo largo de la historia, durante la guerra que dio comienzo con los acontecimientos narrados en este libro, los japoneses se comportaron de forma cruel, despiadada y atroz, hasta generar un rechazo solo ensombrecido por los crímenes nazis. Son difíciles de comprender las culturas humanas y las contradicciones entre los valores positivos comunes y los comportamientos depredadores habituales en tiempo de conflicto.

[Libro] La poética de lo cotidiano

Cine, Literatura, Sin categorizar

Durante más de dos semanas estuve batallando con un libro de ciencia ficción, que teóricamente era una lectura fácil que recibía los parabienes de una cierta cantidad de aficionados al género. Acabe abandonándolo. Siempre me he considerado un buen aficionado, que no fanático, de la literatura de ciencia ficción y anticipación. Pero últimamente me siento totalmente extrañado con respecto a los “aficionados” más activos del género. Me da igual. Nunca me he sentido cómodo con los sentimientos de pertenencia.

Estación de Kitakamakura

La primera película de la “trilogía de Noriko” que he empezado a ver estos días transcurre en Kamakura. Y desde la estación de Kitakamakura (Kamakura norte) hasta el santuario de Tsurugaoko Hachiman-gū, realizaremos un paseo por esta ciudad. Donde también está enterrado Yasujirō Ozu, en el templo de Engaku-ji, donde está tomada alguna de las fotos de hoy.

Colgado el dichoso librito, me paseo el sábado pasado por una librería y me encuentro con una recopilación de ensayos y artículos periodísticos escritos por el director de cine nipón Yasujirō Ozu, bajo un título rimbonbante si no un tanto pedante. Me lo llevo a casa, y lo devoro en unos días. Realmente debo estar volviéndome muy raro.

Antes de leer este libro de Ozu había visto algunas de sus películas, aunque no recientemente, y de la única que guardaba hasta hace dos días un recuerdo nítido es de Tōkyō Monogatari [東京物語], Cuentos de Tokio, una fenomenal historia de carácter familiar que te lleva con facilidad de la ira a la ternura, y de la tristeza a la esperanza. Y en la que sobresalen los dos actores más importantes que trabajaron con Ozu, Chishu Ryu y Setsuko Hara. El veterano actor sólo le llevaba 16 años de edad a la delicada actriz japonesa, pero cuando actuaban juntos lo hacía como si perteneciesen a dos generaciones distintas y ampliamente separados en el tiempo. Desvarío. Al libro.

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He leído con cierta frecuencia en el pasado a personas del mundo del cine. Sin querer ser exhaustivo me vienen a la memoria libros de Scorsese, Billy Wilder, Hitchcock, Truffaut,… Groucho Marx si queremos considerarlo como tal, aunque fue un artista y pensador que trascendía al cine… Y lo volveré a hacer en el futuro. Curiosamente, a veces me gustan más escribiendo que filmando. Es el caso de Scorsese. Nunca negaré que me parece uno de los mejores cineastas,… pero con frecuencia sus películas no me llegan. Sin embargo, he disfrutado enormemente con alguno de sus libros. Mucho.

Con Ozu puedo confesar que me parecen muy complementarios sus escritos a su forma de entender el cine y rodar. Me gusta Ozu, desde muchos puntos de vista. Independientemente de las tesis de sus películas, que son hijas de una época, y que pueden o no estar vigente en la actualidad. Pero una obra de arte, y las películas de Ozu lo son, lo es en virtud de su coordinadas de lugar y tiempo. Y además, como confiesa en alguno de los textos de este libro, es de los que piensan que menos es más. Que la obra de arte, una vez concebida, hay que hacer un esfuerzo continuado y enérgico para despojarla de todo lo superfluo, de modo que sus valores estéticos y conceptuales queden reducidos a lo esencial. Prefiero este planteamiento, al abigarramiento de algunas obras de arte que tienen una cierta agresividad o prepotencia, que se realizan añadiendo elementos ad nauseam sobre la idea inicial. Quizá no me llevo bien por eso con mucho del cine de entretenimiento actual.

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Totalmente recomendable este libro para cualquier aficionado al cine. Lo disfrutará, y aprenderá. A mí me ha motivado también a revisar la filmografía de Ozu. Y quiero revisar al menos una parte en los próximos días o semanas. Me he planteado ver, o volver a ver, las tres películas de la denominada trilogía de Noriko, tres película importantes en la filmografía de Ozu, en las que la actriz Setsuko Hara interpretaba a tres mujeres diferentes de nombre Noriko. Ya he visto la primera… cuando vea las tres os lo cuento.

Tsurugaoka Hachimangu - Kamakura

 

[Libro] Filmish: Un viaje gráfico por el cine

Cine, Literatura

Decir que es la primera vez que leo un libro de ensayo en formato de cómic sería exagerar. Al fin y al cabo, tuve la oportunidad de leer un par de libros el año pasado del italiano Igort, uno sobre sus experiencias en Japón y otro sobre la situación política en Rusia que pueden situarse sin duda en esta variedad. Pero en ambos casos no dejaba de estar presente una dramatización de los hechos que contaba. Pero lo que he leído en esta ocasión, firmado por el británico, escocés por más señas, Edward Ross es claramente un ensayo (traducción de Carlos Mayor; publicado por Reservoir Books), no hay dramatización que valga en sus viñetas. Es la exposición sistemática, ordenada y razonada de una serie de tesis sobre la evolución del séptimo arte, el cine, a lo largo de su historia, acompañada y complementada por viñetas que refuerzan gráficamente las ideas que expone su autor.

La lectura de cualquier libro, la visualización de cualquier película no deja de ser un viaje que emprendemos, y que no necesariamente termina al llegar a la palabra “Fin”. Así que acompañaré esta entrada de las fotografías de viajes que están apareciendo últimamente en mi Tumblr (enlaces al final). Como la Costa del Granito Rosa en la Bretaña francesa (encabezad), o los “colleges” de la universidad de Cambridge, en el Reino Unido.

El libro se estructura en siete capítulos temáticos:

  • El ojo.
  • El cuerpo.
  • Los decorados y la arquitectura.
  • El tiempo.
  • La voz y el lenguaje.
  • El poder y la ideología.
  • La tecnología y la tecnofobia.

Cuando cogí el libro por primera vez, no entendía bien el porqué de estos temas y no otros. Después de leerlo, no se me ocurre una selección mejor de temas, ya que abarcan muy hábilmente los elementos fundamentales de la ciencia, la técnica, el arte y los conceptos que hay detrás de una película de cine, al mismo tiempo que sirven para analizar las tendencias en el cine a lo largo de su historia.

El monasterio cartujo de Kostanjevica en Eslovenia.

Me ha sorprendido muy gratamente comprobar cómo a pesar de la parquedad en palabras inherente al medio, en el que estas deben acompañar a las imágenes, el libro es de considerable profundidad conceptual, siendo al mismo tiempo asequible a cualquier persona con dos dedos de frente. Eso sí, si lo que caracteriza la historieta como arte comunicativo es el aspecto gráfico, en este caso la importancia de un buen texto es fundamental. Y los textos son realmente buenos y bien escritos.

No me cansaría de recomendar este libro. A los amantes del cine, sin dudarlo. Casi lo podría considerar obligatorio. A quien quiera aprender algo más sobre el séptimo arte, pero se le atragantan los textos más densos y sesudos, también le diría que se lo leyese, que iba a aprender y a disfrutar haciéndolo. Y para cualquiera que no tenga prejuicios negativos hacia el medio, porque no deja de ser un excelente ensayo desde el punto de vista literario.

No sé a qué esperáis. A por él.

O las iglesias románico mozárabes del Serrablo, en los Pirineos aragoneses en España.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…

[Libro] Manual revisado del boy scout

Literatura

Esta semana vamos a ponernos transgresores. Sí. En esta época de lo políticamente correcto, donde unas impuestas restricciones en “nombre del respeto” sirven para cortar muchos actos de crítica a lo que va mal en la sociedad, no vendrá mal recordar a aquellos que han gustado de provocar, de ser sumamente “incorrectos” desde el punto de vista político, de meter el dedo profundamente en el ojo de quienes pretenden guiar el camino de los ciudadanos por una estrecha senda de lo que es “correcto” y lo que no.

William Burroughs, autor de este opúsculo que nos trae muy bien presentado La Felguera Editores, traducido por Javier Calvo, es uno de los intelectuales, escritor de ficción, ensayista, muy orientado a la crítica hacia una sociedad que considera hipócrita, que surge dentro de la llamada generación “beat” en la posguerra mundial. Aunque el no se sienta cómodo con el calificativo. En culquier caso, sí que constituye una influencia notable para los movimientos contraculturales posteriores a la década 60. Son muchos los que señalan su influencia en el “punk” británico que surgen en los años 70.

Aunque Burroughs es un escritor norteamericano, por algún motivo, cuando lees esta transgresora proposición, lo que se viene a la mente es la sociedad británica. Y por eso ilustro la entrada con algunas vistas de Canterbury y Londres.

Aunque Burroughs es un escritor norteamericano, por algún motivo, cuando lees esta transgresora proposición, lo que se viene a la mente es la sociedad británica. Y por eso ilustro la entrada con algunas vistas de Canterbury y Londres.

En este opúsculo, que de entrada pone en solfa con su título una de las más sólidas instituciones juveniles del mundo anglosajón, e incluso podríamos decir del mundo entero, esconde un presunto manual del terrorista para una revolución cuyo carácter ideológico es en el mejor de los casos confuso. De hecho, en esta monumental parodia, que tras un aspecto de propuestas reales esconde un conjunto de dislates monumentales sobre cómo organizar una revolución… que por cierto tiene más carácter fascista que otra cosa, da la impresión es el NSDAP y su ascenso al poder quienes “inspiran” a Burroughs, pero con las formas culturales de la segunda mitad del siglo XX. Son críticas sociales que hay que leer a muchas bandas si el lector no se quiere escandalizar y rechazar la obra a las primeras de cambio.

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Las obras transgresoras son siempre incómodas. Un “manual del terrorista” redactado en los años 70 del siglo XX, aunque no se publicó hasta mucho más tarde, en un mundo donde los atentados terroristas tanto han marcado el comienzo del siglo XXI, en muchas ocasiones para mal y en diversas dimensiones, puede incomodar a muchos. Pero un cierto grado de transgresión dentro la cultura de un sociedad es necesaria para promover el cambio, para evitar el inmovilismo. Ese inmovilismo tan propiciado por “lo políticamente correcto”. No me atrevo a decir que este opúsculo sea recomendable para todos los lectores, aunque tampoco seré yo quien le diga a alguien que no lo lea. Pero de la misma forma que Burroughs era un profundo crítico social, hay que leerlo con un profundo sentido crítico y con la mente muy abierta. En ese caso, puede aprovechar y nos daremos cuentas que hay muchas de las críticas sociales que se hacen a la sociedad de los años 60 y 70 que siguen siendo válidas hoy en día.

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[Libro] De cómo nos casamos

Literatura

Hace unas semanas comentaba la lectura de un relato corto de Irène Némirovsky, que venía en un librito bolsillero, muy ligero, que se lee en cualquier sitio y de cualquier forma, y en un plazo breve de tiempo. En una tarde, por ejemplo. Fue una lectura sencilla, rápida y muy satisfactoria. Iniciativa de José J. de Olañeta, Editor, la colección Centellas me parece una curiosa e interesante, a la que se le podría poner en cuestión su precio, ligeramente elevado. Tampoco imagino que hagan unas ediciones con tiradas enormes que permitan ajustar el mismo.

Visitaremos París para ilustrar este opúsculo de Zola... aunque el autor se refiere a toda la Francia cuando habla de "cómo nos casamos".

Visitaremos París para ilustrar este opúsculo de Zola… aunque el autor se refiere a toda la Francia cuando habla de “cómo nos casamos”.

Al mismo tiempo que el libro de Némirovsky, compré otro librito, en este caso de Émile Zola, que es el que os traigo hoy aquí. Un librito en el que el autor naturalista francés que se encuentra a caballo entre el ensayo y la sátira a la hora de analizar el fenómeno del matrimonio en la Francia del segundo imperio y principios de la tercera república, proponiendo cuatro historias más o menos ficticias del cortejo, ceremonia y vida de casados de cuatro parejas de distintas clases sociales: la aristocracia, la alta burguesía, los comerciantes y artesanos y la clase trabajadora. Todo ello tras una introducción en la que hace un breve recorrido histórico sobre las relaciones amorosas en Francia.

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Como digo, este opúsculo tiene un tono de sátira con fuerte crítica social que lo hace innegablemente divertido y corrosivo. Tres de las clases se casan sin amor, y el mantenimiento de la pareja en el tiempo tiene más que ver con las conveniencias sociales o financieras que con otra cosa. Son matrimonio infructuosos, no producen hijos, por lo cual, el acúmulo de riqueza, si se produce, tiene algo de banal. Sólo existe el amor en la clase trabajadora, que sí produce un grupito de retoños, una prole que sirve para dar nombre al “proletariado”, aunque Zola no usa estos términos. Pero sí los conceptos. Sin embargo, las estrecheces económicas, el embrutecimiento del trabajo, el deterioro físico por la mala vida, la frecuencia caída en el alcoholismo, irá arruinando también lo que de bello tuvieron los sentimientos de este último matrimonio.

Obra que te deja oscilando entre el pesimismo sobre la especie humana y la diversión por la mordacidad de Zola, se lee también en un momento, y se disfruta. Muy recomendable esta colección, que puede servir como puerta de entrada a escritores que hoy en día se pueden considerar clásicos.

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[Libro] El elogio de la sombra

Literatura

Este va a ser un comentario breve sobre un libro que terminé de leer un poco antes de partir de vacaciones. Lo leí porque lo había visto recomendado en varios sitios, y porque desde que empecé a preparar el viaje que realicé a Japón hace dos años, he estado muy interesado por distintos aspectos de la cultura japonesa. Y la preparación empezó mucho antes del año 2014 que fue cuando hice el viaje, porque inicialmente estuvo previsto para la primavera de 2011. Sí, cuando el terremoto de Fukushima. Pero no lo suspendimos por esa razón.

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Nos vamos a Japón, como es lógico, con las fotos. A un lugar muy bello. Los templos y santuarios de Nikko.

También quiero aclarar algo. Interesarte por la cultura de un determinado país no te hacer ser un amante de ese país. De hecho, no tengo amores por ningún tipo de país. Los amores los reservo para las personas. Los países, todos, tiene puntos brillantes y claros en su historia y su cultura, y otros oscuros y tenebrosos. Demonizar Alemania porque se sumió en un momento dado en la oscuridad profunda del nazismo llevaría a ignorar los muchos logros en el campo de las artes, las letras, las ciencias y la técnica que se han alcanzado en el mundo germánico a lo largo de su historia. Babear por el Dalai Lama y el budismo por las cosas tan bonitas y bien intencionadas que nos dicen, no pude llevar a olvidar que buena parte de los militares japoneses que se comportaron como salvajes en la Segunda Guerra Mundial eran budistas. El hecho de que estos militares japones se comportaran como salvajes no quiere decir que en la historia y la cultura del Japón dejemos de encontrar verdaderas maravillas. Estas maravillas de la historia y la cultura del Japón no pueden ocultar que en Japón, la actitud de civilizado respeto hacia el foráneo, el gaijin, te hacen dudar si es por auténtico respeto o es una forma de levantar una barrera hacia un extraño al que en realidad no se le quiere. Sí, me interesan algunos aspectos de la cultura japonesa; no, no soy precisamente un fan del Japón como país o sociedad.

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Y todo esto viene a cuenta porque son algunas de las reflexiones que me suscita este libro escrito por Jun’ichirō Tanizaki. Tanizaki está considerado como uno de los escritores más importantes de Japón. Y también es frecuente ver escrito que es uno de los autores que más han hecho por conformar la forma de la novela contemporánea en el País del Sol Naciente. Es por lo tanto un autor de referencia. Este ensayo goza de gran popularidad y trata sobre las bases de la estética en las artes y en la vida cotidiana de Japón. La tesis que expresa Tanizaki es que mientras que en la cultura occidental la belleza ha estado asociada a lo luminoso, brillante o al color blanco, teniendo sus contrarios connotaciones negativa, el dominio de las sombras, lo oscuro o el color negro no tienen ese valor negativo en la cultura japonesa, y forma parte de lo que es bello.

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Lo cierto es que no me he sentido siempre cómodo en la lectura de este ensayo. Escrito en 1933, ya en pleno periodo Shōwa (paradójicamente, significa “periodo de la paz ilustrada” a pesar de que Japón desató numerosas y cruentas guerras al principio del mismo), deja traslucir un pensamiento de caracter nacionalista que se corresponde con esa duda que me queda siempre sobre el respeto real que el extraño, el extranjero, merece al japonés. No habla de las diferencias entre las concepciones estéticas de Occidente y Japón. Las opone, elogia la que considera que le es propia, y de alguna forma desprecia la foránea.

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No me considero un especialista en arte ni en estética, ni de lejos. Pero si un curioso. Conozco la capacidad de artistas europeos para utilizar las sombras con efectos maravillosos, y he admirado la luminosidad que pueden alcanzar las obras de algunos artistas japoneses como Utagawa Hiroshige o Katsushika Hokusai. Así que… para qué andar con categorizaciones contundentes. Y vuelvo a mis opiniones iniciales. Me parece banal defender una u otra cultura, cuando lo importante son las personas, en este caso los artistas que trabajan la belleza y el arte. Y estos, cuando son geniales, tienen muchas veces la extraña manía de contradecir los cánones que su sociedad les impone.

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[Libro/arte] Piensa como un artista

Arte, Literatura

Quedé muy contento hace un par de meses con el libro en el que el británico Will Gompertz nos introducía en el mundo del arte moderno y contemporáneo, en un recorrido desde los impresionistas a nuestros días, una red de influencias que el equipara a una red de metropolitano con un mapa que recuerda al del “tubo” de Londres. En otoño de 2015 apareció publicado en español otro título de este experto en arte, que ha trabajado para la Tate y que ahora lo hace para la BBC.

Piensa como un artista
Will Gompertz; traducción de Miguel Marqués
Taurus, noviembre de 2015
Edición de árboles muertos

El domingo pasé con mi sobrino Diego, de siete años por el IAACC Pablo Serrano, el modesto centro de arte contemporáneo que tenemos en Zaragoza.

El domingo pasé con mi sobrino Diego, de siete años por el IAACC Pablo Serrano, el modesto centro de arte contemporáneo que tenemos en Zaragoza.

En este libro, Gompertz desgrana en 9 capítulos las características esenciales del pensamiento de los artistas, que de alguna forma pueden extenderse a aquellas personas que desarrollan un trabajo realmente creativo. Emprendedores, perseverantes hasta el éxito, curiosos, “ladrones” de ideas, escépticos, con visión de conjunto pero sin perder de vista los detalles, con un punto de vista propio, valerosos, reflexivos… son las características que ilustra con ejemplos reales de la historia del arte. Y que nos llevan a los dos últimos capítulos del libro que sirven al autor para hacer dos grandes propuestas,… que yo soy escéptico sobre su inmediata puesta en marcha. Por lo menos en el país en el que vivo.

Diego es muy jovencito todavía para interesarse por estas cosas, y de hecho fuimos a ver si podíamos subir a la terraza... que no pudimos. Pero no viene mal que le vayan sonando cosas o que se acostumbre a ver cosas.

Diego es muy jovencito todavía para interesarse por estas cosas, y de hecho fuimos a ver si podíamos subir a la terraza… que no pudimos. Pero no viene mal que le vayan sonando cosas o que se acostumbre a ver cosas.

Toda escuela debiera funcionar como una buena escuela de arte, menos preocupada por el aprendizaje de hechos concretos y más interesada en fomentar el pensamiento crítico y analítico, y en permitir que el alumno desarrolle su propio aprendizaje sobre sus propios interesas. Esa es la primera. Notable verdad,… especialmente para un país como España donde cada cuatro años el gobierno de turno cambia la ley de educación con el fin de introducir los mecanismos para el control del pensamiento y de las conciencias de acuerdo con su agenda ideológica. La segunda es que toda empresa, toda oficina debería funcionar como un gabinete de artistas, con profesionales independientes que cada cual aporta el resultado de su creatividad, y sin el sometimiento a los miedos e inseguridades de aquellos a los que el destino, más que los méritos, les ha llevado a ser propietarios o jefes. Sí. También hay ganas de cambios de este nivel… “especialmente” en la administración pública donde yo trabajo,…

Como en mi anterior experiencia con este autor, el libro es muy ameno. Y de alguna forma funciona como los libros de “autoayuda”, “superación” o “inspiración” para la vida de cada cual. Pero con un nivel literario y un interés de los ejemplos tratados infinitamente superior a cualquier cosa de lo poco que he leído en dicho género. Y por supuesto, aporta cultura sobre el mundo del arte, que nunca viene mal. Quizá no tan brillante como el ¿Qué estas mirando?, pero muy interesante, sin duda.

En cualquier caso, nuestra principal discusión es sobre si este tipo en esta playa es Darth Vader o Luke Skywalker con capucha... cosa que no sé si le haría gracia al autor del cuadro. A ver si vuelvo un día de estos y me entero mejor de lo que hay expuesto.

En cualquier caso, nuestra principal discusión es sobre si este tipo en esta playa es Darth Vader o Luke Skywalker con capucha… cosa que no sé si le haría gracia al autor del cuadro. A ver si vuelvo un día de estos y me entero mejor de lo que hay expuesto.

[Libro] La guerra no tiene rostro de mujer

Literatura

Cuando el año pasado se anunció la ganadora del Premio Nobel de Literatura, la bielorrusa Svetlana Alexiévich, hubo determinados aspectos de su biografía que me atrajeron y me asomé a los comentarios que había sobre su obra. En los últimos tiempos, el comité encargado de conceder los premios se preocupa de premiar de vez en cuando a escritores de lenguas o países poco corrientes. Bueno… Alexiévich escribe en ruso, así que poco corriente su idioma no es. Pero lo de que sea bielorrusa es más raro. Aunque nació soviética. Y las consecuencias de haber nacido y vivido en el gigante caído han marcado su escritura. De entre todo los títulos de su bibliografía me llamó la atención el que hoy os traigo aquí. A ver que tal.

La guerra no tiene rostro de mujer
Svetlana Alexiévich; traducción de Yulia Dobrovolskaia y Zahara García González
Debate, noviembre de 2015
Edición electrónica

En julio de 2014, durante unas cortas, y acortadas a la fuerza, vacaciones visité el Moderna Museet en Malmo.

En julio de 2014, durante unas cortas, y acortadas a la fuerza, vacaciones visité el Moderna Museet en Malmo.

En primer lugar, por si no ha quedado claro, probablemente no porque no lo he mencionado, Alexiévich es periodista y buena parte de su obra es ensayo, no ficción. Y este libro de hoy sigue esa tónica. Pero como se ha dicho muchas veces, la historia y la realidad superan a la ficción. En esta ocasión se acerca a la historia de su país, a uno de los episodios más terribles. Lo que nosotros conocemos como el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial, y que los soviéticos llamaron la Gran Guerra Patria. Si no recuerdo mal el dato, Alexiévich nos advierte que alrededor de un millón de mujeres participaron en el esfuerzo bélico contra la invasión alemana integradas en el ejército regular, en diversas milicias y organizaciones partisanas o guerrilleras y en organizaciones clandestinas. Muchas de ellas eran muy jóvenes en el momento de alistarse, entre los diecisiete y los veinte años de edad, no faltando las que se incorporaron incluso con menor edad.

Aunque muchas pertenecían a cuerpos auxiliares, especialmente sanitarios, no faltaron zapadoras, francotiradoras, artilleras antiaéreas e incluso aviadoras. Y las bajas y las secuelas fueron tremendas. Hay que tener en cuenta que las bajas soviéticas en la guerra se calculan entre veinte millones y veintisiete millones de personas, muchos de ellos civiles. Hay que contar también el sufrimiento de las mujeres como consecuencia misma de la invasión y las penurias de la guerra, o el esfuerzo en las fábricas de armamento y otros equipamientos para la guerra.

Este es una sucursal del Moderna Museet de Estocolmo, un excelente museo de arte moderno y contemporáneo.

Este es una sucursal del Moderna Museet de Estocolmo, un excelente museo de arte moderno y contemporáneo.

Sin embargo, y a pesar de las numerosas condecoraciones que se otorgaron a estas mujeres, siempre inferiores en proporción a las concedidas a los hombres, su esfuerzo no fue reconocido públicamente tras el final de la guerra. Incluso sus vecinos despreciaron a estas mujeres a las que, al haber convivido con hombres en el frente, suponían poco menos que prostitutas. Alexiévich busca rehabilitar la memoria de estas mujeres. Darles voz. Contar la historia de la guerra vista por las mujeres, que tiene un aspecto muy distinto de la que cuentan los hombres. Después de lo leído, humanamente mil veces más interesante.

Alexiévich nos ofrece fragmentos de conversaciones, de testimonios de mujeres, en su mayoría identificadas con nombre y condición durante la guerra, que sobrevivieron a la misma, y que ordena de forma más o menos temática. Qué les impulsó a alistarse. Cómo fue la vida en el frente. Cuál era su relación con la muerte o con las terribles heridas de la guerra. Hubo lugar para el amor. Cómo se relacionaron con sus compañeros varones. Qué visión tenían del enemigo. Cómo vieron las violaciones de mujeres alemanas en la fase final de la guerra. Qué papel tenía la política en todo este tinglado. No hay que olvidar que la Unión Soviética estaba gobernada por uno de los más terribles tiranos que ha visto la historia de la humanidad, Iósif Stalin. Cómo fue el regreso a casa.

El caso es que allí me encontré con la proyección de una película de Lene Berg sobre "Stalin by Picasso (or Portrait of Woman with Moustache)", una rocambolesca historia sobre la salida del pintor del Partido Comunista Francés por el cabreo de estos ante el dibujo que mandó por la muerte del tirano al periódico de este partido. Surrealismo en estado puro.

El caso es que allí me encontré con la proyección de una película de Lene Berg sobre “Stalin by Picasso (or Portrait of Woman with Moustache)”, una rocambolesca historia sobre la salida del pintor del Partido Comunista Francés por el cabreo de estos ante el dibujo que mandó por la muerte del tirano al periódico de este partido. Surrealismo en estado puro.

Encontramos miedo. Encontramos dolor. Encontramos orgullo. Encontramos quienes fueron jóvenes del Komsomol, comunistas convencidas. Encontramos quienes fueron para reahabilitarse a sí mismas y a sus familias por haber caído en desgracia en las purgas stalinistas. Encontramos a quienes contrarias al régimen, se unieron para expulsar al invasor. Encontramos a quienes no tenían opinión política pero creyeron que su deber era luchar contra los alemanes.

Me gustan los libros de testimonios, cuando están bien recopilados y tratados por los autores. Ya hubo uno sobre la Primera Guerra Mundial que disfruté más que muchas obras de ficción. Este también me ha gustado mucho. A ratos he vivido la intensidad de la acción y la aventura de estas mujeres. Otras me he conmovido. Muchas me he horrorizado. Porque estos testimonios son prueba de que no hay guerras nobles; nadie es grande como guerrero. Se puede ser grande como persona, pero no es la guerra nunca la que hace a nadie grande. Las guerras son miserables. Y tradicionalmente las han hecho los hombres. Y las han sufrido muy especialmente las mujeres.

Me gustaría pensar que si las mujeres tuvieran más capacidad de decisión no habría guerras. Que es cierto que las mujeres valoran más la vida, porque la llevan en su seno. Puede que sea así. Aunque ya hemos visto líderes políticas con capacidad de gobierno y decisión que se han imbuido del “ardor guerrero” de sus antecesores varones. Lo que parece que algo anda mal es con la especie humana. Y quizá más libros como este puedan ayudar a arreglarlo. Es por no perder la esperanza. Yo lo recomiendo.

En cualquier caso, no olvidemos que aunque el pueblo soviético sufrió mucho con la guerra, Stalin empezó en la misma como agresor al invadir Finlandia en la Guerra de Invierno, tras el reparto que hizo con Hitler del este de Europa en el Pacto Ribbentrop-Mólotov... no era un angelito precisamente el tío José... ni amaba especialmente a las mujeres de su país.

En cualquier caso, no olvidemos que aunque el pueblo soviético sufrió mucho con la guerra, Stalin empezó en la misma como agresor al invadir Finlandia en la Guerra de Invierno, tras el reparto que hizo con Hitler del este de Europa en el Pacto Ribbentrop-Mólotov… no era un angelito precisamente el tío José… ni amaba especialmente a las mujeres de su país. Fortaleza de Hämeenlinna.

[Libro ] Los Siete Pecados Capitales

Fotografía, Literatura

Quinto libro de la renovada serie Palabra e Imagen que nos trae la editorial La Fábrica. Para mí, estos libros son obligatorios, y ya hacía tiempo que echaba de menos que no salía ningún nuevo ejemplar. En este Cuaderno de Ruta haré una pequeña reseña literaria, mientras que en carloscarreter.es le dedicaré un espacio como libro de fotografía.

Los Siete Pecados Capitales
Textos: Gustavo Martín y Elisa Martín
Fotografías: Cristina García Rodero
Editorial La Fábrca, colección Palabra e Imagen
Madrid, 2014

Porque la característica fundamental de estos libros es que acompañan sus textos literarios, en esta ocasión ensayos de opinión, con las fotografías de reputados fotógrafos o fotógrafas, que de algún modo tienen que ver con el texto principal.

En las calles de la Villa de Uncastillo

Las fotografías de Cristina García Rodero nos trasladan principalmente un mundo en blanco y negro, muy expresivo.

Gustavo Martín Garzo tiene una abultada carrera tanto como profesor, como colaborador de publicaciones periódicas, como de escritor por sí mismo tanto de narrativa como de ensayo. Elisa Martín Ortega es su hija, y evidentemente nació picada por el gusanillo de la escritura y el pensamiento. Entre ambos, a cuatro manos, van a haciendo una reflexión sobre el significado del pecado, en especial de los llamados pecados capitales, en la sociedad de hoy en día. Una sociedad mucho menos monolítica y homogénea, y en la que el concepto de pecado pierde sentido como “ofensa a dios”. ¿Cómo se puede ofender a un ser que una parte no desdeñable de la población no cree que exita, o no cree que tenga las características personales que las tradicionales religiones monoteístas nos describen? De alguna forma, plantea la necesaria redefinición del pecado como “ofensa a dios” al de ofensa contra los seres humanos y la naturaleza y el universo que es su medio. Un enfoque lógico, recomendable y que nos lleva a reflexionar sobre muchos de los problemas que el ser humano tiene y sufre en la actualidad, muchas veces provocados por sí mismo.

En las calles de la Villa de Uncastillo

Con más modestia, os traigo yo también algunas de mis imágenes tomadas con negativo de medio formato en blanco y negro.

Ya digo que la parte fotográfica la comentaré en carloscarreter.es, quedando ambos sitios como complementarios. Pero ya adelanto que me sigue pareciendo esta una colección excelente, de las que más me gusta tener en mi biblioteca fotográfica y que con más frecuencia hojeo, y que la recomiendo vivamente tanto a los aficionados  a la fotografía como a la buena literatura.

En las calles de la Villa de Uncastillo

Al igual que la que os mostraba el domingo pasado, corresponden a la visita de FeZ (Fotógraf@s en Zaragoza) hace un par de sábados a la villa de Uncastillo.

[Libro] Francia combatiente

Literatura

Este pequeño relato de las peripecias de su autora, la norteamericana Edith Wharton, visitando el frente occidental en Francia durante la Primera Guerra Mundial lo terminé antes de salir de viaje hacia Italia. Pero me parecieron más interesantes de comentar los libros que leí posteriormente, y lo tenía en espera. La obra más conocida de la autora, y la que le proporcionó más reconocimiento, es La Edad de la Inocencia, llevada al cine por Scorsese, una producción muy alabada, aunque yo nunca he terminado de conectar con ella. En cualquier caso, dado que el período del primer gran conflicto mundial del siglo XX me interesa bastante, decidí iniciarme en la lectura de esta autora con este librillo que prometía bastante.

Francia combatiente
Edith Wharton; traducción de Pilar Adón
Editorial Impedimenta; Madrid, 2009
Edición electrónica

El libro nos cuenta en seis partes el inicio de la contienda bélica que coge a la escritora, en aquellos momentos afincada en Francia, fuera de París, y así dedica los dos primeros capítulos a describir los cambios en la sociedad y en la vida parisina como consecuencia de la guerra. Posteriormente, nos cuenta sus viajes como inspectora de la Cruz Roja francesa a los hospitales de campaña en el frente visitando ampliamente la zona de guerra, desde Flandes en las cercanías de Dunkerke, hasta Belfort en la Alsacia parcialmente reconquistada.

Entre los viñedos alsacianos, la fortaleza de Haut-Koenigsbourg, uno de los puestos de frontera tradicionales entre el imperio germánico y Francia.

Entre los viñedos alsacianos, la fortaleza de Haut-Koenigsbourg, uno de los puestos de frontera tradicionales entre el imperio germánico y Francia.

El libro está bien escrito, y se lee con facilidad. Es dinámico. Aunque te está contando unas vivencias personales, parece que estas inmerso en una pequeña novela de aventuras. Y posee vívidas descripciones de las zonas de guerra que visita y que lo convierten en un documento muy interesante sobre la época. Sin embargo, el librito es más un panfleto propagandístico en el que el pueblo francés es el defensor de la civilización mientras que el alemán es el bárbaro invasor. Indudablemente, la acción bélica del ejército alemán tuvo no poco de barbarie en algunos momentos, pero debemos recordar que el revanchismo por la derrota de 1871 estaba muy presente en los políticos y en el pueblo francés, y tenía tantas ganas o probablemente más que los alemanes por entrar en guerra y recuperar los territorios perdidos. Cuarenta años más tardes de la guerra franco-prusiana, todavía mantenían la alegoría de Estrasburgo en la plaza de la Concordia de París oculta con un velo negro de luto. Comparada con otros textos que he tenido ocasión de leer en los últimos años, esta tremenda parcialidad y el estilo propagandístico de la autora resta considerable valor al libro.

No obstante, es una lectura que a quien interese la época histórica le merecerá la pena leer.

Los Vosgos fueron parte del frente de batalla entre las potencias occidentales y los imperios centrales, y fueron visitados por la escritora durante sus inspecciones.

Los Vosgos fueron parte del frente de batalla entre las potencias occidentales y los imperios centrales, y fueron visitados por la escritora durante sus inspecciones.

[Libro] Visiones de Asia

Literatura

Como hago de vez en cuando, me paso el otro día por la librería Cálamo en la que siempre es posible encontrar libros de editoriales pequeñas, y distintos. Opto por llevarme un pequeño volumen de la editorial Minúscula que puede ser interesante por reflejar hechos sociales, geográficos e históricos de una región del mundo de la que poco sabemos habitualmente; Asia central.

Visiones de Asia
Vasili Golovánov (traducción: Ricardo San Vicente)
Editorial Minúscula (colección Paisajes narrados); Barcelona, 2010
ISBN: 9788495587633

Es difícil definir el género al que pertenece este libro. No es ficción. Tiene dos partes, con una estructura y unos objetivos muy distintos, pero que hacen referencia a ese inmenso espacio geográfico que he mencionado antes, Asia central.

La primera de ellas, Visión de Asia, es un relato de viajes. Un grupo de personas de origen ruso o pertenecientes a la Federación Rusa, se encuentra en la República de Tuvá, un rincón perdido del gigante eurasiático en la frontera con Mongolia, cercana a los montes del macizo de Altái. Están preparando un viaje de jubilados norteamericanos interesados en el chamanismo, el cual todavía se practica en este rincón del mundo. El choque cultural y físico con las gentes y la geografía de este lugar es lo que va describiendo el autor, junto con algunas notas históricas que van desde la época de Gengis Kan hasta las correrías del barón von Ungern-Sternberg como señor de la guerra.

La segunda de ellas, Las conversiones de Alejandro, es un ensayo sobre la figura de Alejandro Magno, y concretamente sobre su evolución personal y política conforme se fue adentrando en Asia en sus camapañas de conquista militar. La tesis básica del autor es que el Alejandro macedonio teñido de civilización helénica, se convirtió en el guerrero asiático cuando llegó a las inhóspitas regiones más alejadas del núcleo del Imperio Persa. Esencialmente, la propuesta es negar la posibilidad de convivencia entre la mentalidad asiática y la europea. La imposibilidad del eurasismo.

El principal problema de este librito es que no sabes muy bien qué estás leyendo en cada momento, especialmente con la primera parte. Esta oscila constantemente entre la observación antropológica, la descripción geográfica y la referencia histórica. No obstante, el regusto final es bueno. Te da la impresión de que a través de la subjetiva mirada del autor, un ruso, conoces algo más de esa región del mundo tan ignorada pero que tanta importancia ha tenido en la historia, ya que ha sido fuente de numeras migraciones de pueblos nómadas que han dado lugar a otras tantas culturas que han influido tanto en Asia como en Europa. Por otra parte, el volumen es pequeño y se lee con con agilidad.

Un libro que puede ser recomendable si te gustan los temas que trata. Si buscas una lectura de carácter general, quizá sea mejor buscar en otro lado.

Friso de unicornios Babilonia

Friso de uros en el Pergamon Museum de Berlín, procedente de Babilonia, una de las ciudades importantes del imperio persa (Panasonic Lumix LX3).

[Libro] Por qué ganaron los aliados

Historia, Literatura

Después de unos cuanto libros de ficción seguidos, vuelvo como de costumbre a meterme en un libro de historia. En este caso, me llamó la atención al hojearlo en la librería. Porque libros sobre la Segunda Guerra Mundial hay muchísimos. Demasiados. Pero la mayor parte de ellos hablan de batallas, de ejércitos, de cañones y de tanques. Son menos los que hablan de los motivos y las sociedades que participaron, y de cómo evolucionaron, y de qué factores influyeron para que la cosa terminase como terminó. Y como esto es lo que prometía este libro, pues me lo compré, y aquí va lo que he encontrado.

Por qué ganaron los aliados
Richard Overy
Tusquets Editores; Barcelona, 2011
ISBN: 9788483832943

En principio, el libro habla sobre todo del conflicto con la Alemania nazi y, en menor medida, del conflicto con Japón. Podemos dividir el libro en cuatro partes, cada una con uno o varios capítulos:

Una introducción en un primer capítulo, en el cual el autor expone la tesis de que la victoria aliada, aunque aparentemente inevitable a posteriori, pendió de un hilo en determinadas fases de la guerra. Y la victoria de las potencias del Eje, o al menos una paz a su conveniencia, fue una posibilidad muy real.

En una segunda parte con cuatro capítulos, hace referencia a los aspectos más importantes de las campañas militares, centrándose en cuatro escenarios fundamentales:

El dominio de los mares, con especial hincapié en la guerra naval del Atlántico, aunque también comenta las acciones navales del Pacífico que obligaron a los japoneses a ponerse a la defensiva.

Los aspectos principales de la guerra en el frente oriental, con especial detalle en la ofensiva de Stalingrado y el saliente de Kursk.
La ofensiva de bombardeos sobre las ciudades y las industrias alemanas y su impacto sobre el transcurso de la guerra.
La compleja planificación y desarrollo de la invasión de Francia y la reapertura del frente occidental.

Después vienen una serie de capítulos dedicados a los aspectos sociales, económicos y morales que condicionaron el desarrollo de la contienda:

Las economías de guerra.
Los aspectos tecnológicos aplicados al poderío militar.
La gestación de la alianza contra Hitler, las características del liderazgo político y militar, tanto en los aliados como en los países del Eje.
Los aspectos morales que condicionaron la respuesta de las poblaciones al esfuerzo bélico.

Finalmente, un capítulo final que resume las conclusiones de lo expuesto, y un epílogo sobre las consecuencias que tuvo para el mundo futuro.

He de decir que la lectura del libro me ha parecido muy amena, a pesar de que algunos capítulos traten temas un poco más abstrusos, especialmente si se han de abordar cuestiones económicas o de cifras de volúmenes de producción. Pero el autor no abusa de esto. Se limita a datos esenciales y demostrativos, y va construyendo un discurso razonado sobre el porqué de cómo sucedieron las cosas, obviando el detalle fino de cómo sucedieron. No es excesivamente crítico con los errores de coordinación y de previsión política de los aliados, y en las cuestiones morales, se centra más en los aspectos positivos que en los negativos. Aunque los menciona, no insiste en exceso en el auténtico horror que para la población civil supusieron los bombardeos, ni las motivaciones reales que algunos de ellos tuvieron, más que discutibles. Se despacha con un, “hoy en día se ven las cosas de otra forma a como se veían entonces”. Tampoco entra en los aspectos morales en la actuación del ejército soviético desde el momento en el que invadió territorio polaco y alemán. También es relativamente benevolente con los líderes norteamericanos, y poco crítico con su credulidad ante las ambiciones soviéticas.

Pero en general, es una lectura interesante, que arroja luces sobre los aspectos más importantes de una contienda que no debemos dejar de analizar y comprender, ya que el ser humano tiene cierta tentación a cometer las mismas estupideces de vez en cuando. Recomendable para los aficionados a la historia y en particular a la del siglo XX. Los que esperen análisis concienzudos de estrategias y tácticas militares, de batallitas y de generales, se sentirán más decepcionados.

Recuerdo a las atrocidades nazis

En las calles de Colonia podemos encontrar entre los adoquines recordatorios a hechos relacionados con los horrores nazis; Colonia fue también una de las ciudades más castigadas por los bombardeos aliados - Panasonic Lumix GF1; G 20/1,7 ASPH.