[Televisión] Cosas de series; llegamos al final de los Rayburn

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Tarde se me ha hecho hoy a la hora de comentar un poco la televisión… ¿que he visto recientemente? Mmmmmm… ya hace unos días que vi lo que hoy comentaré. Llevo un poquito de retraso con lo televisivo. Pero como la hora es tardía no avanzaré mucho hoy.

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Después de una temporada más dedicado a crear imágenes que otra cosa, por fin voy avanzando en su procesamiento. Ya tengo encargados los libros de viaje de Jutlandia y Milán-Constanza, y ahora voy avanzando en la preparación del de las islas Lofoten, al que pertenecen las fotos de hoy.

He de decir que me he visto la primera temporada de Dawson’s Creek, serie que no es exactamente una novedad, ya que estamos hablando de algo que se rodó hace unos 20 años. Yo vi esporádicamente en su momento algún episodio de esta serie, en la que me sorprendían dos cosas. Una, que existieran adolescentes capaces de hablar como si fueran sesudos filósofos o eruditos universitarios. Dos, hasta que punto los personajes femeninos eran muuuuuuuuuuucho más interesantes que los sosos personajes masculinos. Pero nunca supe muy bien que pasaba de continuo. Bien… esta en Prime Video de Amazon, y he visto la primera temporada. Me siguen llamando la atención las dos cosas. No sé todavía si seguiré con otras temporadas, son muchas y muchos episodios. Es que la primera temporada fue cortita, de unos 12 o 13. Como tendrían que ser todas, a lo sumo. A lo sumo. También ha resultado llamativo que la actriz que hacía de morenita lista haya resultado una actriz mediocre, más famosa por con quien se casa o se divorcia que por otra cosa, mientras que la rubita en segundo plano sea una de mis actrices favoritas en la actualidad. Pedazo de intérprete.

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Breve confesión antes de pasar al plato fuerte del día. Me he colgado de un reality show para mi absoluta vergüenza. Es japonés. Y básicamente, la mayor parte del tiempo no pasa casi nada. Y los participantes trabajan y son educados los unos con los otros. Se llama Terrace House y se puede ver en Netflix. Lo dicho,… la mayor parte del tiempo no pasa casi nada. Apasionante.

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Y el plato fuerte es la tercera y última temporada de Bloodline. Casi podríamos considerarla como una auténtica tragedia griega, donde los miembros familiares están condenados a priori por los dioses a un destino amargo. De ser una familia ejemplar de su comunidad en los Cayos de Florida, a la destrucción familiar. Pasando por todos los secretos que guardan y que van surgiendo poco a poco. Serie que conforme pasan los episodios y las temporadas se va haciendo más oscura, más densa, más intensa, más pausada,… Creo que si Sófocles fuera un autor actual estaría tan encantado de escribir la historia de los Rayburn como lo estuvo el auténtico contándonos las desdichas de la familia real de Tebas. Es una serie que mejora con el recuerdo… el reposo de unos diez días desde que la terminé de ver me hace comprender mejor la profundidad de la tragedia a la que progresivamente asistimos, el magistral trabajo de sus guionistas, y el fabuloso trabajo de su equipo de actores y actrices, muy televisivos, pero que demuestran que los intérpretes de la pequeña pantalla no tienen porqué ser inferiores en capacidades y talentos a los de la gran pantalla. A ver… casi necesariamente.

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[Televisión] Cosas de series; humor y no tanto humor racial/interracial

Televisión

Hoy traigo tres series, una como curiosidad, las otras dos como propuestas diversas de Netflix que tienen su interés. Cadena que da que hablar de vez en cuando. Nos sorprendió hace unas semanas diciéndonos que iba a encargar dos temporadas más de Las chicas del cable, además de la primera ya disponible. Y vista por mí. Una serie echa con medios, pero que no deja de ser medio… cre. Y que desconozco qué interés puede suscitar fuera de nuestras fronteras. Prácticamente, al mismo tiempo, anunciaba la cancelación de Sense8. La primera cancelación sonora y discutida. Y además, parece que si dar la oportunidad a un cierre digno de las tramas. Un movimiento que no se esperaba de la cadena de vídeo bajo demanda, que en Estados Unidos ya supera en popularidad a todas las cadenas de vídeo por cable, algunas de ellas muy prestigiosas. Veamos… Es una serie cara. No es tan buena como dicen. Y probablemente sólo no es tan vista como parece, por mucho ruido que provoque en las redes. Pero ciertamente, le podrían haber dado un cierre digno. Un largo de hora y media o una par de episodios de una hora, o algo así. Pero bueno… parece que Netflix anda crecidita viendo que las cosas le van bien y nadie le tose. Que conste que yo sólo echaré de menos a dos o tres de los Homo sensorium. Los otros… pfff.

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Como en el primer episodio de la segunda temporada de “Master of None”, nos iremos a Módena, en blanco y negro. Aunque en lugar de ladrones de bicicletas encontremos ladrones de teléfonos móviles.

Las series de hoy…

Kuzu no honkai (クズの本懐)

Titulada en inglés como Scum’s Wish, no parece tener título oficial en castellano, su título nipón parece traducirse como Escorias de la sociedad. Me parece una curiosidad de animación adolescente nipona que se puede ver en Prime Video de Amazon. Una curiosidad no tanto por sus temas, de adolescentes que sufren mucho por amores no correspondidos, sino por el alto nivel de sexualización que ofrecen sus escenas, muy superior a lo que imaginaba y a lo que suele ver en la animación juvenil de cualquier nacionalidad. No esta mal, aunque se hace un poco larga y pesada con el paso de los episodios, porque su trama no da para tanto. Sólo para curiosos.

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Master of None, temporada 2ª

Primera de las dos temporadas de esta semana con un toque racial. La primera es de un viejo conocido. Si en la primera temporada seguíamos las evoluciones de Dev (Aziz Ansari) por Nueva York, con sus relaciones laborales, amistades y sus romances, en esta segunda lo retomábamos en Módena, Italia, en un comienzo de temporada que me recordó al de Mozart in the Jungle. Hasta cierto punto. Y con homenaje, en blanco y negro, a un clásico del cine italiano. Y que nos iba a servir para presentar un personaje, Francesca (Alessandra Mastronardi), clave para los episodios finales de la temporada que nos llevan a una romántica histórica y un final genial. Que no voy a desvelar. El protagonista, como en la primera temporada, va presentando su visión de minoría étnica que tiene que luchar contra los estereotipos, además de buscarse la vida y salir adelante con los problemas que todos sufrimos. Pero sin acritudes; incisivo, sin malos rollos. Con mucho humor, y algún que otro drama.

Yo me lo he pasado muy bien. Y, sí, yo también me he enamorado de Francesca. Quién no. No se sabe si habrá tercera temporada o cuándo será esta. Ansari ha dicho que lo que tenía que contar de un joven de veintitantos/treintaypocos en Nueva York ya lo ha dicho. Que ahora tendría que contar otra etapa de la vida,… pero que todavía no la ha vivido. Coherente. Bueno. Ya veremos. Si vuelve, bienvenido será. Si no… ya digo, el final me parece estupendo. Abierto,… para que todos podamos construir nuestro final.

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Dear White People, temporada 1ª

En un momento en el que en la sociedad norteamericana los temas raciales están muy candentes, Netflix nos presenta una serie que reflexiona sobre ellos. En 10 episodios de aproximadamente media hora de duración, nos lleva a una universidad ficticia, pero que sería similar a las llamadas de la Ivy League, en la costa este norteamericana. De alto nivel, y relativamente progresistas. Pero con asuntos raciales inconclusos. El título hace referencia a un programa de radio que lleva una de las estudiantes protagonistas, una afroamericana que paradójicamente se llama Samantha White (Logan Browning), activista fuertemente beligerante contra todo las actitudes racistas y muy integrada en los movimientos activistas afroamericanos que, también curiosamente, está enamorada de Gabe (John Patrick Amedori), un chico blanco… que curiosamente también es de los pocos personajes, afroamericanos o blancos, relativamente equilibrado. En realidad, es una serie coral. Los episodios no son secuenciales, sino que sus tramas se superponen, siendo un personaje distinto el que protagoniza cada episodio. A pesar de este título de Queridos blancos, en realidad la serie incide en las actitudes y comportamientos de los jóvenes afroamericanos, repartiendo críticas para todos y para todos los gustos.

Su recepción ha recibido opiniones muy diversas. Hay a quien le ha gustado mucho y la ha alabado, mientras que a otros les ha parecido una serie tramposa en sus planteamientos, y menos incisiva y crítica de lo que parece. En cualquier caso, si que denota el cacao mental que llevan los usamericanos con el tema racial. Todos.

A mí me ha parecido entretenida, curiosa, y visible. Sin entusiasmar. Pero sin duda vería una segunda temporada. Con momentos muy buenos, aunque tenga algún altibajo.

Bueno, dentro de unos días más, que tengo mucho que contar en el plano televisivo, pero por hoy basta que me canso.

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[Televisión] Cosas de series; poniendo orden… que traigo varias

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Cuando la semana pasada dije en mi entrada televisiva que me dejaba dos series para comentar esta semana, no era consciente de que había alguna más que había olvidado, y que iba a terminar dos series más, añadidas a las que conscientemente dejé en el tintero. Como voy a tardar en hacer otra entrada televisiva, vamos a ver si dejo un comentario de todo lo que tengo atrasado.

Grey’s Anatomy – temporada 13

Sí. Es mi guilty pleasure por excelencia. Por qué sigo viendo esta serie está fuera de toda lógica. Yo era otra persona cuando empecé a seguir esta serie en 2005. Es un culebrón que constantemente se mueve entre el absurdo y el exceso, teniendo más vocación de drama de instituto que de drama médico. Y encima, 24 episodios por temporada… excesos por todas partes. Mi recomendación, siempre, es “no merece la pena”. Pero si os engancháis a algo de esto,… dejaos llevar y disfrutar. Al fin y al cabo, todos tenemos derecho a algunos guilty pleasures.

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Como los escenarios han sido muy diversos, voy a hacer un recordatorio de mi Tumblr viajero, con algunas fotos de los lugares que están apareciendo últimamente, años 2004 y 2005. En el encabezado, Holland Park en Londres. En esta fotografía, la catedral de Santo Domingo de la Calzada, La Rioja (España).

Broadchurch – temporada 3

Esta serie británica es una buena serie policiaca. Probablemente porque los casos policiacos son una mera excusa para desmenuzar las grandezas y las miserias de las comunidades humanas. Con una pareja protagonista que ha alcanzado un razonable equilibrio entre el histrionismo de David Tennant y la actuación mucho más contenida de Olivia Colman. Ambos son buenos intérpretes, aunque cada uno a su modo. En esta tercera temporada, de todos modos, los guionistas de la serie han dado una tregua a sus torturados personajes, que han actuado más de guías en una nuevo paseo por esta pequeña comunidad inglesa, idílica aparentemente, pero en la que las miserias humanas también residen. En esta ocasión, a propósito de los crímenes contra la libertad sexual contra las mujeres. Me sigue pareciendo recomendable. Ha perdido intensidad, pero no profundidad.

Ha sido, al parecer, su última temporada, quizá de ahí venga la intención de sus creadores de dejar a sus personajes con el espíritu relativamente en paz. No ha sido un mal final.

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Castillo de Peracense, Aragón (España)

Lucifer – temporada 2

Siempre tuve la sensación de que esta serie fue un relleno que les funcionó bien y se ha convertido en un éxito. Bien valorada por público y crítica. El esquema es el típico de policía (Lauren German) a quien ayuda un no policía (Tom Ellis). Lo que pasa es en esta ocasión, en lugar de un científico, un médico, un escritor, un antropólogo o similares… es el propio diablo, Lucifer, hijo de Dios… y de una señora que está muy buena (Tricia Helfer).

Por otra parte, también he pensado siempre que su premisa de base no daba para mucho. Su segunda temporada también ha estado entretenida, mezclando el procedimental policiaco con el arco argumental de la madre de Lucifer que se ha escapado del infierno y ronda por la Tierra. Pero sus 18 episodios respecto a los 13 de la primera temporada me han parecido excesivos. Y también le ha pasado otra cosa. Aunque su protagonista masculino se sostiene muy bien, la femenina se ha ido viniendo abajo. Especialmente por las excelentes presencias de la madre de “Luci”, de la loquera (Rachael Harris), de la diablesa (Lesley-Ann Brandt), e incluso de la forense o policía científica (Aimee Garcia). Cualquiera de ellas ha tenido momentos mejores que la protagonista.

En fin… arco argumental terminado, ya veremos si aguantan el tipo con una nueva historia de fondo.

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Canal del Midi a su paso por Toulouse (Francia).

Tokuyama Daigorō wo dare ga koroshitaka (徳山大五郎を誰が殺したか?)

Esta “¿Quién mató a Daigorō Tokuyama? es una serie japonesa de 12 episodios de algo más de 20 minutos de duración, que se puede ver en Amazon Prime Video. Basta con que tengáis una suscripción premium a Amazon, esa que tiene mucha gente para que los envíos salgan gratis, para poder disponer de esta y otras diversas series y películas. L lástima es que no es compatible con el Chromecast y no la puedo ver en el televisor. Pero así, con episodios cortitos, se convirtió durante un par de semanas en lo que veía al acostarme, mientras conciliaba el sueño.

Una clase de adolescentes en un instituto femenino japonés se encuentra una mañana al llegar a clase a su profesor, el Daigorō Tokuyama del título, sentado, muerto, apuñalado, en uno de los pupitres de la clase. Las chicas, en lugar de salir corriendo e informar, lo esconden en una taquilla y deciden investigar quién lo mató.

Con ciertos regustos a cierta película, muy divertida, de Alfred Hitchcock, estamos ante una curiosa serie que se mueve entre el absurdo y el policiaco, en un microcosmos en el que aparecerá la corrupción, el acoso sexual, las complejas y crueles relaciones entre adolescentes, las mafias,… Todo ello rodado con una técnica oscura, con fuertes dominantes de color, a veces fríos, a veces cálido, y con un conjunto de jovencitas niponas de lo más inquietantes, aunque muy monas muchas de ellas. Es curiosa. Y creo que está bien. Yo me he divertido. Dadle una oportunidad si podéis. Eso sí, no está doblada al castellano y tendréis que verla con subtítulos.

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Ermita de Santa María de Iguacel, en el Pirineo aragonés (España)

The Expanse – temporada 2

No, no llega al nivel de Battlestar Galactica, pero sí, sí es una buena space opera, de lo mejor que he visto en televisión. Es cierto que dentro de lo que es ciencia ficción se toman sus licencias con la parte “ciencia”, pero definitivamente on esta segunda temporada han consolidado una serie que empezó un poco morosa en su primera temporada, sin acabar de definirse, presentando a muchos personajes y muchos escenarios, y tardando en hacerlos confluir.

Pero en esta segunda temporada, el drama político-bélico de acción ha estado bien coordinado, y hemos asistido con interés a las aventuras de los tripulantes de la Rocinante, me encanta que tenga este nombre la nave espacial, mientras recorre de un lado a otro el sistema solar, al mismo tiempo que en paralelo se iban desarrollando otros dramas relacionados. Me he divertido. Bastante. Ya tengo ganas de una tercera temporada, que imagino no llegará hasta la primavera del año que viene como pronto.

No es perfecta. De hecho, esta segunda temporada que ha tenido momentos muy buenos, ha venido en su recta final hasta cierto punto lastrada por el excelente episodio 5 Home, que está lleno de acción y emoción. Casi se podría decir que ese episodio ya justifica la preparación del mismo en el inicio de la serie, sin problema, y que está a mayor altura que muchas producciones cinematográficas situadas en el espacio. Como digo, lastrando la serie en el resto de la temporada ya que, aunque ha seguido con buen tono, no han sido capaces de volver a conseguir un pico de emoción del mismo nivel, ni siquiera en el capítulo final de la temporada.

En fin… que las cosas están calientes en el Sistema Solar de dentro de tres o cuatro siglos. Veremos que pasa en el futuro.

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Y un recuerdo de mi viaje más reciente, Constanza (Alemania)

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…

[Televisión] Cosas de series; hoy, tres flojicas, aunque un par se dejan ver

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Tengo nada más y nada menos que cinco series acumuladas para comentar. Cuando me fui de viaje esta a punto de terminar de ver varias temporadas de ellas. Sense8, Anne with an “E”, Riverdale, Who killed Daigoro Tokuyama, The Expanse…

Vamos a ir dosificando el comentario. Sobre todo porque esta tarde no tengo tiempo más que para un par de ellas. O tres. Las que menos me han gustado de las cinco.

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Mi paso reciente por Alemania, por la ciudad de Constanza, me ha permitido terminar de ver una de las series de hoy. Así que, fotos de la coqueta ciudad germana.

Sense8

Tras la primera temporada me quedó la duda de si el invento de las Wachowski se iría hacia arriba o hacia abajo en su segunda temporada. Su largo especial de Navidad no me aclaró el tema

A ver si dejo clara mi opinión… Esta serie mezcla dos cosas. Una trama conspiranoica dentro de una variante del cine de superhéroes mutantes, con un largo videoclip tipo “Viva la Gente” en pro de la diversidad racial sexual de la humanidad. Lo primero no está mal, aunque el papel que desempeñan cada uno de los ocho Homo sensorius, me parece muy desigual. Desde los interesantes,… como puede ser el poli de Chicago, el delincuente berlinés o la DJ islandesa, o las dos chicas de San Francisco… por supuesto, la coreana que es mi favorita,… hasta los más chirriantes, como son el Van Damme keniata y el actor mejicano de ascendencia española, que cada vez me carga más. La chica india, aparte de estar muy buena, no sé muy bien que pinta en todo esto. Pues bien, esta mezcla convierte a la serie en un producto muy irregular, y con un ritmo entrecortado.

Tiene momentos muy buenos, y momentos en los que la mandarías a freír espárragos. Lo que es propio de prácticamente toda la filmografía de las Wachowski, más preocupadas tradicionalmente por el mensaje facilón y el efectismo, que por la profundización en los temas y la efectividad narrativa.

Me pensaré si le doy una tercera oportunidad. Probablemente sí… pero…

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Anne whith an “E”

Enésima versión en pantalla grande o pequeña de la novela Ana de las tetas tejas verdes (este cachondeo viene de muy antiguo… muy muy muy antiguo) de Lucy Maud Montgomery. Siempre me entran dudas si son necesarias tantas versiones de determinadas obras literarias. En cualquier caso… como no he leído la obra original, no sé muy bien el grado de fidelidad que mantiene esta adaptación para Netflix.

Como producción es excelente. Muy bien rodada, bien ambientada, bien interpretada. Como historia,… antigua, aunque le quieran dar un toque de feminismo que no sé si realmente estaba en el original. Habida cuenta de que nos está hablando de una sociedad profundamente conservadora.

Mi sensación es que esta nueva versión busca dar más emoción, aventura y tensión que el producto real.

La niña protagonista, al principio, me pareció una pesadez. Luego mejora. En cualquier caso, son sólo siete episodios que se ven sin problema. Eso sí. Si cada temporada es un año en la vida de la niña,… y teniendo en cuenta que sólo la primera novela ya debe contar como cinco años de su vida y hay más novelas, puede haber temporadas para décadas.

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Riverdale

Aunque de niño viese de vez en cuando los dibujos animados de Archie y sus amigos (Sugar, oh honey, honey… you’re my candy girl… ¡viva el pop piruleta!), la verdad es que me ha servido esta serie para comprobar una cosa relacionada con Netflix y las series que se emiten en algunos países y no en otros. Esta serie se ha podido ver semanalmente en la cadena de vídeo bajo demanda en varios países europeos, entre ellos Dinamarca y Alemania por donde he pasado en los últimos meses. Pero que yo sepa no se puede ver oficialmente en España todavía. Aunque yo sí la haya visto. Legalmente, creo.

Bien… Los personajes son los de la historieta y los viejos dibujos animados, pero convertidos en adolescentes con pinta de ser muy mayores, con chicas con las tetas muy grandes y aspecto de ser muy mayor. Y convertido en un drama en lugar de una comedia ligera. Si os soy sincero, me parece que es muy floja y, especialmente, que las interpretaciones son malísimas, aunque eso da igual porque parece que la idea es que todos sean muy guapos y estén muy buenos.

No creo que siga en la segunda temporada, una vez comprobado lo que queríamos comprobar.

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[Televisión] Cosas de series; adiós a las “chicas” de Nueva York

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A partir de hoy paso durante unos días al modo “solo fotos”, y tenía dudas si esta última entrada en unos días con texto iba a ser “libro” o “tele”. Al final, dado que recientemente he terminado de ver la última temporada de Girls, una serie que ha recibido mucha atención mediática, me he decantado por esta última opción.

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Inevitablemente, nos vamos a Nueva York, la otra “chica” protagonista de la serie. En una serie de fotografías al ocaso, para sintonizar con el tono de despedida de la entrada.

Durante seis temporadas de unos 10 o 12 episodios de media hora, a veces más, hemos tenido con nosotros las andanzas de Hanna Horvath (Lena Dunham) y sus amigas, un grupo de veinteañeras que acababan de terminar sus estudios universitarios cuando las conocimos, y se tienen que enfrentar a la difícil tarea de ser “adultas”. En una sociedad en la que los comportamientos adolescentes se prolongan durante décadas. Donde nadie parece especialmente entusiasmado por madurar y tomar la responsabilidad de su propia vida. Así por lo menos entendí yo la tesis de partida que planteaba la creadora y protagonista de la serie. Por supuesto, desde el punto de vista de las mujeres, de las chicas jóvenes que tarde o temprano tendrá que asumir, de mala gana, que alguien les llame “ma’am”…. “señora”.

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Entrar ahora a analizar con detalle lo que ha sido la serie se pasa de las aspiraciones de este Cuaderno de ruta. Es una serie con muchas capas, con muchos temas flotando en el ambiente, además del principal que ya he planteado. No cometeré el error de compararla con Sex in the City (Sexo en Nueva York), serie que afectaba a mujeres al menos una década mayores que las “chicas” y que desde mi punto de vista tenía un punto de vista mucho más frívolo. Aunque es cierto que también incidía sobre el comportamiento de “adolescentes” que parece que nos acompaña hoy en día durante décadas. Incluso si ese no era el propósito de la serie; o sí. Sólo vi una temporada y me cansé. Creo que Dunham ha pretendido hacer una serie mucho más comprometida con el feminismo y con la reivindicación de las mujeres que aquella. Que siempre me pareció que tenia un tufillo machista por detrás. Aunque es cierto que Dunham no se para en mientes a la hora de criticar las propias actitudes de las “chicas”, muchas veces las principales enemigas de sí mismas.

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En cualquier caso, he de reconocer una serie de cuestiones. Ni por edad, ni por sexo, ni por origen geográfica me he sentido fuertemente implicado en la serie, que siempre he visto con una cierta distancia emocional. Eso hizo en su momento, tras la primera temporada, que me plantease abandonarla. Pero al final no lo hice. ¿Por qué? Por la expectativa de ver maravillosos episodios o momentos de excelente cine/televisión en cualquier momento. Es un poco como en Mad Men. Aquella, aunque excelente en su conjunto, tenía sus episodios mejores y peores. Pero en todos ellos tenías las escenas, la secuencia, que te dejaban pegado al sillón, y que estabas esperando cada vez que empezaba el episodio. Con las “chicas”, mis expectativas no han sido tan altas, pero también he estado esperando a los magníficos episodios que de vez en cuando. Por poner un ejemplo, el estupendo, profundo, y cínico, mano a mano que Dunham y Matthew Rhys nos ofrecieron en el tercer episodio de esta sexta y última temporada.

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Siempre hay un debate cuando termina una serie sobre su final. A mi me parecen vacuos estos debates. En el medio televisivo, no me parece oportuno, ni justo, juzgar una producción que dura años por la última hora de emisión. La sexta temporada ha sido una temporada de cierre. Donde se han cerrado conflictos, y se ha mandado a cada chica por su lado. Y se ha buscado un hilo conductor para este final, que no mencionaré, para que no pille avisados a quienes la vean. Decir sin embargo que de todas las “chicas” el final más triste ha sido el Marnie (Allison Williams), la guapa del grupo, que ni siquiera he entendido muy bien a la hora de tomar sus decisiones finales en la serie.

Pero bueno, ahí queda esta serie. Ahora ya no tiene vida propia. Ahora que está terminada, tiene la vida que le quieran dar sus espectadores. Y esa puede ser mucha todavía.

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[Televisión] Cosas de series; más interesantes o menos interesantes, sólo una es imprescindible

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Sí, hoy traigo tres series cuyas respectivas temporadas he finiquitado recientemente. Cuyo interés es mayor o menor según los intereses de cada cual. Pero hay una de las tres que cada vez considero como más imprescindible. Y que por algún motivo, en un momento dado se dejó de hablar de ella habitualmente.

Vamos de menos a más, según mis gustos.

En Netflix me he merendado Girlboss, una serie cuya primera temporada, no sé si habrá segunda, ha tenido trece episodios de media hora. Y que está basada, nos advierten que muy vagamente, o sea que no nos creamos que las cosas fueron exactamente así, en la vida de la joven empresaria norteamericana Sophia Amoruso, una individuo que de ser bala perdida se convirtió en empresaria multimillonaria a base de vender ropa usada o que lo pareciese. Como la tal Amoruso es también productora ejecutiva de la serie, ya que esta se basa en un libro escrita por ella misma, y dado que la serie tiene un tono general de comedia, con algún ratito de drama, damos por sentado que no van a presentar a la protagonista, Sophia (Britt Robertson), y su mejor amiga Annie (Ellie Reed), desde un punto de vista negativo. He de decir que la serie me ha parecido irregular, con un comienzo bueno pero luego con altibajos. Episodios inspirados y otros no tanto. Supongo que porque tarda en arrancar, y en realidad tampoco hay tanto que contar que interese. Las dos chicas protagonistas lo hacen bien, y en general entretiene. Pero vamos,… sin mucho más.

Carlos Carreter

Fortitude… ejem,… el archipiélago de Svalbard forma parte del reino de Noruega, algunos de cuyos fiordos, como el Hardangerfjord, y ciudades, como Bergen, pude visitar hace unos años. Próximamente espero hacer otra visita a algunas de las regiones más nórdicas de este bello país.

Me he visto también la segunda temporada de Fortitude, una serie cuya primera temporada me dejó un sabor agridulce, porque cambió de género en un par de ocasiones, y no sé si siempre le sentó bien. Policiaca en principio, con sus asesinatos y esas cosas, ambientada en una ficticia comunidad en una islas árticas con una sospechosa similitud con Svalbard (aunque está rodada en Islandia, que no hay osos y es menos peligrosa), ha seguido con su mezcla de serie de crímenes, con ciencia ficción y con fenómenos paranormales. Lo bueno que tiene la serie son las sólidas interpretaciones y momentos… Tiene momentos muy buenos, excelentes, por los que merece la pena aguantar, aunque haya momentos de bajón. Para quienes quieran ver algo distinto. Por cierto… es un poco a lo Game of Thrones… ni siquiera los protagonistas tienen garantizado que sobrevivan. Si a alguien le cuentan que se puede encontrar en Amazon Prime, que es gratis para los suscriptores premium de Amazon, que sepa que es España,… no se puede ver a  través de este servicio, que es racanillo a la hora de generalizar por el mundo su oferta. Pero bueno… en este servicio estoy viendo una cosa curiosísima. Ya os lo contaré.

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La serie que considero imprescindible es Homeland. Ya con su sexta temporada acabada, y sabiendo que al menos tendrá ocho temporadas, es probablemente una serie de espionaje de referencia, con muy pocas otras que le puedan toser. Desde luego está por ahí The Americans, que es un enfoque muy distinto, y luego están algunos productos británicos que tienen un sello especial. Esta serie estuvo muy marcada por el primer arco argumental, que duró tres temporadas. En la primera subió a los cielos, en la segunda muchos se quedaron mirando sin saber muy bien,… y en la tercera, algunos/muchos, no sé, la condenaron al infierno, tal vez insatisfechos con la resolución de dicho arco argumental, que a mí ni me disgustó. Ni mucho menos. Yo seguí dándole oportunidades… Mejor dicho, yo seguí disfrutando con ella, porque más allá del entretenimiento televisivo, ofrece buenas historias, notables interpretaciones y agudas reflexiones sobre la actualidad política mundial. Es más, ha sabido actualizarse con habilidad. E incluso si no ha acertado con sus predicciones políticas, eso no ha impedido que su proposición fuera más válida que nunca. No. No hay una presidenta en EE.UU. Pero da igual, muchas de las cosas que han pasado en esta sexta temporada son reflexiones válidas. Al mismo tiempo que sus responsables han sabido hacer crecer a sus protagonistas, cada vez más maduros y más ricos en matices, también han sabido ser más osados en sus planteamientos. Del tópico de la amenaza islámica han ido evolucionando, con los previsibles choques con los servicios de espionaje rusos, y sobretodo, en esta última, en la que el enemigo está en casa. Y no es el enemigo de los protagonistas. Es el enemigo de un sistema político, la democracia representativa, que muchos dan por consolidado y por dado, pero que está en fuerte riesgo. Si no lo podemos considerar ya gravemente dañado, viendo lo acontecido en los últimos diez años. Obsérvense las últimas citas en las urnas de EE.UU., Reino Unido y Francia. Tengo mucha curiosidad por saber por donde seguirán en el futuro. Pero desde luego ahí estaré para enterarme, salvo causas de fuerza mayor.

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[Televisión] Cosas de series; producción española a nivel internacional… o así

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Me salto esta semana el ritmo que llevaba de series internacionales, porque hace unos días se produjo un acontecimiento que hizo que dedicara el fin de semana pasado y parte de esta semana a una única serie que es la que vamos a comentar hoy. Se trata de la primera serie de producción española original para Netflix, Las chicas del cable.

Esta primera temporada, porque ya se está rodando la segunda, además la primera terminó en un colosar “cliffhanger”, ha constado de ocho episodios de duración variable entre 45 minutos y una hora, en la que hemos conocido las aventuras y desventuras de un grupo de mujeres jóvenes que entran a trabajar como telefonistas en la central madrileña de la recién creada (y ficticia) “Compañía de Telefonía”, en la España de los años 20. Una España, ya podemos adelantar, con una historia distinta y con un entorno social más glamuroso que la ultraconservadora de la dictadura de Primo de Rivera que fue la real.

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Pues no, la compañía donde trabajan nuestras telefonistas no es la “Compañía Telefónica Nacional de España”, con su emblemático edificio de Gran Vía, que podemos ver en un atardecer de diciembre desde la terraza del Círculo de Bellas Artes en Madrid. Pero se le parece un poquito.

Porque estas telefonistas, tal y como nos las pintan, no son las típicas mujeres de clase trabajadora que se pegan un montón de horas trabajando en un agujero sin ventanas ni ventilación y con pocos descansos. Visten bien, tienen un entorno de trabajo estupendo, se relacionan con la dirección de la compañía,… Y eso sí, tienen todo tipo de aventuras. Identidades falsas, maltratos de género, movimientos sufragistas, vidas descarriadas, tratos como “mademes” y policías corruptos, aficiones sexuales variadas, relación con militares golpistas,…

No entraré en mucho detalle de la trama. Una chica de los bajos fondos ve fracasado su intento de salir de su atribulada vida por culpa de un policía corrupto, y se ve obligada a conseguir un puesto de telefonista para conseguir una cantidad de dinero para liberarse de la tenaza del policía. Y allí se encontrará con su amor de adolescencia que ha conseguido llegar a ser el director de la compañía en los 10 años que han pasado desde que se separaron azarosamente en una estación de tren. Como veis, puro realismo.

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La producción es muy lujosa, con muchos medios.  Los guiones son tirando a mediocres, en algún caso francamente pobres. Y muy muy previsibles. Se abusa de la voz en off, al más puro estilo Grey’s Anatomy, pero las más de las veces sin gracia. Sobra por completo. Y tiene una banda sonora a base de lánguidas canciones de “pop indie” en inglés, que no pegan nada la mayor parte de las veces con lo que está pasando. Ah, se me olvidaba. No falta la chica de pueblo más simple que un nabo, personaje costumbrista derivado de los que interpretaba Gracita Morales o Lina Morgan. Las interpretaciones son flojas. Especialmente los intérpretes masculinos que, con alguna excepción, parece recitar más que actuar. Las chicas lo hacen algo mejor, pero sin echar las campanas al vuelo

Por lo que leo, parece que este tipo de series, realizadas para otras cadenas, de época, que no he visto, tienen tirón entre el público. Pero a mí no me convence. No deja de ser un culebrón, aunque con pocos capítulos y muchos medios. Pero también puede devenir en un “guilty pleasure”, un placer culpable que sigamos degustando mientras dure. Qué se le va a hacer. Somos débiles. Al fin y al cabo, si después de 13 temporadas sigo viendo Anatomía de Grey.

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[Televisión] Cosas de series; parejas en crisis y madres al borde del ataque de nervios

Televisión

Dos temporadas de series, no muy largas, de seis y siete capítulos cada una una, me he visto a la vuelta de las vacaciones de Pascua. La tercera temporada de unos viejos conocidos, residentes en Londres, y la que debería ser temporada única de una adaptación novelesca, pero que huele a que buscarán la forma de estirar la historia más allá del producto literario para aprovechar el tirón del éxito.

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Dos escenarios para dos series, Londres en el Reino Unido y Monterrey en California (EE.UU.); como no he estado en esta última ciudad, fotos de Londres serán las que acompañen a esta entrada televisiva.

En primer lugar, comentar la tercera temporada de Catastrophe, serie británica en la que vamos siguiendo a una pareja ya madurita, estadounidense el (Rob Delaney), irlandesa ella (Sharon Horgan), desde su primera temporada en la que ligan casualmente y contra todo pronóstico acaban convirtiéndose en un pareja estable, hasta esta tercera en la que casado y con ya dos hijos empiezan a tener crisis de pareja. Con seis capítulos de media hora,… casi se puede ver la temporada como un largometraje largo. Como les pasa a muchas de estas series, lo que empieza siendo como una comedia picante, poco a poco se va convirtiendo en una comedia con toques de drama, agridulce. Diversos temas van surgiendo. La fidelidad, los padres mayores, el alcohol,… Y eso que la serie mantiene siempre un tono optimista. Por lo menos de momento. Destacar también la presencia de Carrie Fisher, como madre del protagonista, en uno de sus últimos papeles antes de fallecer. Es una pena que nuestra princesa favorita no se prodigase más en papeles de comedia, porque indudablemente estaba dotada para este género. Tenía una vis cómica bastante curiosa. Nunca la olvidaremos. Que nos espere paciente en el cielo de las gentes del cine y de los que aman el cine, la única vida después de esta vida que merecería la pena en el improbable caso de que exista alguna.

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Comento con frecuencia la ingente cantidad de buenas actrices jóvenes que en estos momentos están surgiendo en el mundo de la interpretación de habla inglesa. Llenan las pantallas y nos deleitan con sus actuaciones. Pero eso tiene un reverso oscuro. Tan apenas existen papeles interesantes para mujeres más “maduras” y me refiero solo a aquellas que apenas han sobrepasado los cuarenta años, que son también excelentes intérpretes con los delicados matices que suele dejar la edad en los actores y actrices, pero que quedan relegadas a papeles secundarios. Y aquí está la televisión, con la excelente calidad de muchas series de ficción actuales, para rescatarlas y ofrecernos historias e interpretaciones magníficas. Hace tiempo que la televisión ha dejado de ser necesariamente un género menor en las artes audiovisuales con respecto al cine. Es cine, de otra forma.

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En Big Little Lies, tenemos una de estas situaciones en la que un grupo de veteranas actrices, Reese WitherspoonLaura DernNicole Kidman, unen sus esfuerzos con un par de jóvenes también muy capaces, especialmente Shailene Woodley si deja de hacer estúpidas “divergencias/convergencias/insurgencias”, y en menor medida, aunque importante, Zoë Kravitz, retoño de un conocido músico y de “la chica mala” del show de un tipo que sabemos que fue un auténtico “carbón” violador, y que por ello no pienso ni mencionar. El caso es que todas ellas en su conjunto forman un grupo de mamás de niños que van a un excelente colegio público de una comunidad bastante pija. Todas ellas muy pijas, excepto la joven que interpreta Woodley, cuyo pasado es un misterio. Pero que se ve metida en el ojo del huracán cuando su hijo de seis años sea acusado de maltratar a la hija de la superpija mandona que interpreta Dern. La historia de los niños no es más que una excusa para ir desenredando la madeja de hipocresías en las que viven todo esta cuadrilla de mujeres, en las que las apariencias son más importantes que la verdad o la realidad. Temas como la violencia doméstica, los abusos sexuales, el papel de la mujer trabajadora y a la vez madre, y la pasividad de los hombres antes los problemas de sus mujeres y de sus hogares, son los que dominan la serie, que de fondo tiene la circunstancia de que está contada en playback, a partir de una muerte en una fiesta para recaudar fondos para la historia, cuyo cadáver y circunstancias no conoceremos hasta el buenísimo capítulo final. La serie va in crescendo en intensidad y calidad, es altamente recomendable, y sólo le veo dos problemas. Su previsibilidad en determinados aspectos, y la forzada resolución del “quién mató al cadáver”. Poco esperable, casi un deus ex machina. Recurso argumental que me gusta entre poco y nada. Pero como digo, en general, muy recomendable. Y con Kidman en uno de los mejores papeles de su carrera que nos recuerda a cuando era una joven actriz prometedora recién llegada a Hollywood desde su Australia natal. Y que luego nos hemos encontrado en pocas ocasiones.

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[Televisión] Cosas de series; suicidas adolescentes y parodias coreanas

Televisión

Dos series dejé finiquitadas antes de irme de vacaciones a Dinamarca. Dos series que supongo miniseries, es decir, que tienen una temporada única. Son muy distintas. Una tiene un carácter más bien anecdótica, mientras que la otra tiene más enjundia. Empecemos por lo leve.

Se trata de Dramaworld. Una pequeña parodia de 10 capítulos de unos 15 minutos de duración de promedio cada uno sobre los dramas coreanos. Una joven universitaria norteamericana (Liv Hewson) tiene una vida poco interesante, y está enganchada a los dramas coreanos que se emiten en los servicios de vídeos bajo demanda. En un momento dado, se verá trasladada al peculiar mundo de estos dramas, donde rigen una determinadas reglas para todos ellos. Y su presencia trastocará el desarrollo de uno de estos dramas, en el que nada parece que vaya a suceder como debería según los estándares de las televisiones del país asiático. Me animé a verla porque en las semanas anteriores había visto alguno de estos productos coreanos y quería ver hasta donde llegaba la parodia. Es simpática, pero inconsecuente por lo demás.

Las imágenes de hoy proceden del Moesgaard Museum. Situado a pocos kilómetros al sur de Aarhus, Dinamarca, nos habla de los avatares de la especie humana en esas tierras desde la edad de piedra hasta la época vikinga. Frente al mito del buen salvaje, el ser humano lleva en sus genes muchos de los trazos que llevan a que algunas de las series de televisión que vemos nos hablen más de la naturaleza animal que del ser evolucionado culturalmente. Y la visión de lo difícil y cruel que ha sido la vida humana a lo largo de los siglos apoya esta tesis.

Pero quizá la serie que últimamente ha dado bastante que hablar ha sido 13 reasons why. Se trata de un drama con el siguiente planteamiento. Hannah Baker (Katherine Langford), estudiante de un instituto aparentemente normal y corriente en Estados Unidos, se ha suicidado. Y ha dejado grabadas 13 cintas con instrucciones para que lleguen a 13 personas, especialmente compañeros de instituto, que de alguna forma han hecho o dejado de hacer cosas que la han llevado a esta situación. Cuando comienza la serie, las cintas le llegan a Clay Jensen (Dylan Minnette), y a través de su escucha de las cintas conoceremos lo que pasó con Hannah. Al mismo tiempo, iremos viendo cuáles han sido las repercusiones en la comunidad escolar y en sus familias de ese suicidio.

La serie está basada en una novela de Jay Asher con el mismo título, y que supuso un gran éxito de ventas y de crítica cuando se publicó en su país. Y en ella se pone de manifiesto el difícil ambiente en el que se desenvuelven los adolescentes en los centros educativos, experimentando con frecuencia el abuso por parte de sus compañeros, que se extiende en la actualidad por medio de las redes sociales. También se incluye la situación de las chicas que se ven sometida además a acoso de carácter sexual, llegando a producirse violaciones, que no son denunciadas por la presión del grupo. Se analiza también la pasividad de las autoridades escolares, más preocupadas de que nada les salpique y de salvaguardar el prestigio que de defender a los escolares.

Determinadas escenas de cierta crudeza han destapado algunas críticas, más cuando se supone que tanto la novela como la serie están dirigidas a un público juvenil también. A mí me han parecido proporcionadas, pero claras, sin tapujos, aunque sin recrearse en lo morboso. Lo que si me falla un poco es el desarrollo de la trama, que me parece excesivamente estirado para lo que da de sí la historia. Se podría haber contado lo mismo en menos episodios. También hay algunos problemas de reparto, que no siempre está a la altura. Pero es una serie que es bastante visible, relativamente recomendable.

[Televisión] Cosas de series; fantasías y culebrones coreanos

Televisión

Breve entrada televisiva, que no ando con mucho tiempo. Hace un par de semanas o tres, ya hice una entrada sobre series orientales en Netflix. El caso es que por aquel entonces tenía otra a medias, que he ido viendo muy poco a poco. Y después vi otra que se ve muy rápida. Ambas coreanas. Os lo comento.

No tengo fotos de Corea. Aún. Mientras, nos iremos a Kioto, al santuario Fushimi Inari-Taisha, que sale en tantas películas. Y que estaba lleno de niñas y adolescentes que disfrutarán con este género de series de televisión. Que por cierto, una de ellas tiene escenas en lo que se supone es Japón, incluso puede que Kioto… No me acuerdo. Da igual.

Durante un par de meses me he quedado colgado de un culebrón coreano. Un verdadero guilty pleasure. Una serie malísima. Con unos guiones horrendos y unos intérpretes lamentables. Su título Bulyaseong (불야성), que en castellano han traducido como “Luces nocturnas”. No sé hasta qué punto es fiel al título original. El tema es que fueron dos cuestiones las que me han hecho ver los 20 capítulos del culebrón. Como culebrón no es muy largo, claro. Una, los caretos de las dos protagonistas. La una (Yo-won Lee) es menos expresiva que un sanantonio de palo, con el agravante de capa de maquillaje de dos dedos de espesor. La otra (Yu-jin Kim), más joven, con un escandaloso trabajo de cirugía plástica, que he confirmado viendo por ahí las diferencias entre el antes y el después. Quedé como hipnotizado. La segunda es el tema del product placement, que es más exagerado que los productos del desayuno de Médico de familia. He llegado a soñar con los abrigos que llevan constantemente puestos, incluso cuando están en interiores, trabajando o haciendo lo que sea. O con los primeros planos de los pendientes. No digamos ya de los coches. O de cierta marca de agua mineral francesa. Era todo un cachondeo descubrirlos. Nada recomendable… Pero para mí ha sido irresistible.

La otra serie ha sido más curiosa. Su título 9초 – 영원의 시간 (9 segundos – En la eternidad; 9 seconds – Eternal Time). No tiene entrada en IMDb, al menos todavía. El diario inglés The Guardian la considera como la serie ideal para iniciarse en los seriales coreanos. Tiene todos los elementos; chico conoce chica, romántica, con dramón, extremadamente cursi, más extremadamente absurda, ñoña hasta la exasperación (el sexo es un concepto lejano, lejano, lejano, lejano,…), con elementos místicos e incluso sobrenaturales,… Pero, en vez de durar un montón de episodios de una hora de duración, son sólo siete episodios de un cuarto de hora de duración. Y a los aficionados a la fotografía les molará porque el chico protagonista vive con su tío que es fotógrafo, y el quiere ser fotógrafo también. Pero,… aquí viene el dramón que te cagas,… tiene una enfermedad en la vista que lo va a dejar ciego a corto plazo. Y la chica… bueno… ahí hay más dramón todavía. Si uno está muy atento a las imágenes hasta te hueles por donde va el asunto. Todo es cuestión de alas.

Estoy en grave peligro de convertirme en adicto a los cursis dramas coreanos. Necesito ver un médico. O quizá acudir a los grupos de K.A. (Koreandramasadictos Anónimos). A ver si mañana os hablo de algo mucho más interesante que también nos llega de extremo oriente.

[Televisión] Cosas de series; antisuperhéroes británicos

Televisión

Cuando tenía 9 años, más o menos cuando nació mi hermana, se puso de moda en el colegio leer historietas de superhéroes de la Marvel. Comprábamos pocos. No había mucho dinero. Los intercambiábamos entre nosotros. Y nunca seguíamos las aventuras consecutivas… porque nunca se podía garantizar de que se pudieran conseguir. Así que muchas veces empezábamos un volumen con la historia ya empezada, pero sin saber cómo, y lo terminábamos sin saber nunca como iba a acabar. Era los tiempos de la Patrulla X, Dan Defensor, Namor, Thor, Los Vengadores, Spiderman, La Masa,… A los más jóvenes, algunos nombres les suenan actuales, pero otros quizá no. Y es que en la España franquista, todo lo que se podía traducir de una forma u otra se traducía. Y más si tenía un nombre siniestro o satánico como “Devil”,… diablo. La moda no sé cuanto duró. No creo que llegase a cumplir los once años antes de que mandara a la porra este tipo de lectura. Nunca me convencieron aquellas historietas. Simplemente estaba de moda.

No nos iremos a una zona de Londres tan despersonalizada como la que rodea al centro cívico donde cumplen condena nuestros inadaptados. Optaré por la agradable Primrose Hill al atardecer. O los paseos junto a Regent’s Canal.

Con 19 o 20 años, volví a leer algo de historietas, pero no mucho. Y en cualquier caso nada de esto. Todas esas tonterías de que porque te pique una araña radiactiva, te golpee un haz de rayos gamma, o te veas sumido en una tormenta de energía Z te conviertas en un tipo con superpoderes me empezó a parecer una majadería. Es cierto que con los tiempos, alguna serie de televisión reciente, me ha atraído e incluso me ha gustado bastante. Pero por motivos muy distintos a los planteamientos de base de la historia. Y porque su realización se ha alejado del aspecto de aquellos tontos cómics.

También han menudeado las parodias del género; algunas, las menos, con éxito, muchas, tan pobres como el material original. Pero casi siempre en tono de comedia. Y no han faltado los intentos de dar giros y trascendencia y otro tono al género del héroe con superpoderes. Desde mi punto de vista, sin mucha fortuna tampoco. Independiente del éxito de público… que ha podido ser abundante. Por cierto, ningún héroe es nunca mejor que el villano al que se enfrenta. Y con frecuencia, los supervillanos, los villanos con superpoderes, son también ridículos.

Hasta que llegaron los británicos, con sus superhéroes inadaptados. O como dirían ellos en la lengua de Shakespeare… Misfits. Serie que ya se emitió en directo en su país de origen hace un tiempo, pero que recientemente me he merendado, fin de semana a fin de semana, gracias a Netflix.

Tras un comienzo absolutamente absurdo, como es de rigor, una tormenta sobre uno de los muchos vecindarios que forman el Gran Londres, uno especialmente anodino, descarga unos rayos de energía sobre la población, y especialmente sobre un grupo de cinco jóvenes que realizan condenas penales de servicios a la comunidad, los inadaptados del títulos, y empezarán a aparecer “superpoderes” en la gente. “Superpoderes” que lejos de ofrecer a sus poseedores de una ventaja competitiva sobre el resto de la humanidad, contribuirán a hacer su vida más miserable. Y así con un 50 % de comedia, negra en la mayor parte de los casos, un 40 % de drama y un 10 % de tragedia, acompañaremos durante cinco temporadas de entre 6 y 8 episodios de una hora de duración a estos jóvenes y los que eventualmente los sustituyan en sus demenciales aventuras.

Fuertes dosis de crítica al sistema, serie heredera del cine y la televisión británicos más comprometidos socialmente, y no poca compasión por jóvenes condenados a unas vidas mediocres y patéticas, si no a perpetuarse en los márgenes de la sociedad. Jóvenes que de repente verán sus vidas alteradas, no necesariamente para bien… aunque la serie no deje de tener, incluso en sus momentos más trágicos, un tono esperanzador.

Es una serie adulta, incluso si está dirigida a espectadores relativamente jóvenes. Hay conflictos, hay sexualidad, no siempre bien entendida, muchas veces muy básica, casi animal, hay sufrimiento, hay muertes. No falta algún momento gore o asquerosito, sin caer en la vulgaridad, derrocha humor negro, pero también nos lleva a momentos de ternura y solidaridad.

¿Probablemente la mejor producción de gentes con superpoderes? ¿De “superhéroes”? Seguramente esto es opinable. Para mí, sí. Que se le va a hacer. Soy así. No os la perdáis.

[Televisión] Cosas de series: entre demonios y superhéroes del kungfú

Televisión

No ando con mucho tiempo, pero voy a sacar adelante esta entrada televisiva, porque alguna de las series que comento la tengo ya vista desde hace semanas y al final se me va a olvidar. A la espera de terminar la más curiosa y divertida serie de gente con superpoderes que he visto hasta la fecha, una serie de super-antihéroes, y a la que dedicaré un especial, la cosa va de cosas fantasiosas esta semana.

Hace ya muchos tiempos, yo la veía en ocasiones, Buffy the Vampire Slayer inició de alguna forma el género de los adolescentes peleando contra vampiros, demonios y otras gentes de mal vivir del presunto inframundo. Nunca he entendido por qué está tan valorada,… pero marcó una época. Aunque creo que Sarah Michelle Gellar en estos momentos debe de estar desaparecido en combate o algo así… Da la impresión de que nunca volvió a hacer nada interesante.

Preparando estos días una charla sobre películas negativas en blanco y negro, he estado un buen rato de la tarde seleccionando fotos demostrativas.

Hace unos meses, tirando de Netflix vi la primera temporada de Shadowhunters, que llevaba el asunto de los cazadores de diablos a un extremo presuntuoso y superpijo. Y malísimo. Probablemente, una de las peores series que he visto nunca. Y sin embargo vi su primera temporada de forma integral. Pensaba que se podía convertir en una especie de guilty pleasure. No preocuparse, llegó la segunda temporada, y ya en su primer episodio me entraron escalofríos y náuseas de lo mala que es… y nunca más. Pero curiósamente, en estas estaba cuando me encuentro con Crazyhead, un serie original de Netflix también, británica, cuya primera temporada tiene sólo seis episodios, y en las que encontramos a dos jóvenes inglesas de muy poquito más de 20 años, que también van cazademonios. Pero en lugar de tomárselo totalmente en serio, empiezan a mezclar la aventura de acción con la comedia, a veces humor negro, otras rozando la parodia, y sobretodo con un sentido mucho más adulto y borde del asunto. Yo me lo he pasado muy bien. Y como es una temporada muy cortita, no te cansa nada. A mí me ha reconciliado con el género. O me ha hecho entender que de cualquier tema se puede hacer un producto mínimamente inteligente y entretenido.

Pero lo más serio de las últimas semanas ha sido la llegada del cuarto superhéroe de Marvel a Netflix. La cosa va a desembocar en otra serie en la que salen los cuatro juntos. De momento, el nexo común, además de que todo sucede en el mismo universo, es la enfermera Claire Temple (Rosario Dawson). Que por cierto, ha empezado a dar sus primeros bofetones a diestro y siniestro. Aunque su papel sea la de poner un poco de sentido de común en el asunto. El superhéroe de turno es Iron Fist, el puño de hierro. Sinceramente, tengo dos problemas con esta serie, que no está mal hecha, ya aviso. La primera es que toda la cosa esta de las artes marciales y del kung fú me parece siempre una superchorrada. Si encima se inventan una especie de Shangri-La, parece que andamos un poco justos de inventiva, ya la líamos más. Y si encima el superhéroe es un canelo de marca mayor… pues acabáramos. A mí, todas estas danzas que hacen los de las artes marciales en las que se concentran mucho y dicen cosas muy profundas, es decir, mayormente sin sentido ninguno, me provocan la risa floja. Lo único positivo del asunto es que la chica, Colleen Wing (Jessica Henwick), es muy mona. Que me he enterado que es una de las “Serpientes de la Arena” de Game of Thrones, y una de las pilotos de Alas X del episodio VII de Star Wars. Por lo demás, serie prescindible salvo que seas muy muy muy fan del universo Marvel. Muy muy muy muy por debajo de mi superheroína borracha favorita, muy muy por debajo del mamporrero ciego, y por debajo del afroamericano indestructible. Dicho lo cual, probablemente uno de los principales problemas de la serie es la carencia de un malo en condiciones.