[TV] Cosas de series; abracemos lo sobrenatural de una forma u otra

Televisión

Dos series muy distintas, con una cosa, sólo una, en común. Que en un momento dado u otro… abrazan el ámbito de lo sobrenatural en su trama. Veamos de que van.

Con una nueva reencarnación de la sensual Irma Vep en el menú televisivo de hoy, París, no podía ser de otra forma.

Hace unos meses comentaba una serie surcoreana, una comedia romántica, en la que la protagonista, una pizpireta estudiante, acababa conviviendo con un tipo muy rico y apuesto que en realidad era un gumiho, una criatura sobrenatural con el aspecto de un zorro propia del folclore fantástico de Asia Oriental en distintas formas, como el kitsune japonés, que en Corea adopta la forma de un zorro con nuevo colas. Exactamente lo que significa la palabra gumiho. Aquella serie tuvo una precursora. Y con los cambios en el idioma en mi configuración de Netflix, resulta que está disponible. Lo que no tiene es doblaje al español, ni subtítulos en español. Su título es Nae Yeojachinguneun Gumiho [내 여자친구는 구미호], literalmente en inglés My girlfriend is a gumiho, mi novia es un zorro de nueve colas. Es de 2010 y parece que tuvo mucho éxito. Pero con los papeles invertidos. El estudiante es un mozo, menos pizpireto, y la gumiho es una guapa chica, que ha estado presa en un dibujo de un monasterio durante 500 años, hasta que el mozo la ha liberado. La producción de la serie es más cutre que la moderna en general, aunque parece ser que en su momento, en su país tuvo mucho éxito. La protagonista, Shin Min-a, ha aparecido en un par de series que he visto en los últimos tiempos, la odontóloga protagonista de este pueblo (¿se me olvidó comentarla?) y en este drama coral uno de los personajes más trágicos, pero con final feliz; es muy elegante, muy guapa. En 2010 parece que sus capacidades interpretativas eran más justas, pero con lo mona que estaba con veintitantos años y su carácter alegre… pues supongo que encandilaría al personal. Al final… una serie anecdótica a estas alturas.

Más interés, mucho más, ha tenido la nueva Irma Vep de Oliver Assayas. Muchos la han calificado como una nueva versión de la película del mismo título y el mismo director de 1996… y sí, pero no. Están íntimamente relacionadas; espiritualmente es otra cosa. Ahora lo explico. La película, del mismo título, la vi en Mubi hace ya un tiempo, durante los tiempos en que no se podía ir con facilidad al cine por las restricciones de la pandemia, y había que tirar de plataformas en línea para disfrutar del cine. No le dediqué un comentario, aunque la mencioné en una entrada de este Cuaderno de ruta. Me interesó poco después del ciclo dedicado a Wong Kar-wai a principios de 2021, por la presencia de Maggie Cheung en ella haciendo de sí misma. En 1996, Cheung era ya una estrella del cine de Hong-Kong y empezaba a ser notada en los circuitos festivaleros occidentales. En la película, llegaba a París para interpretar el personaje de Irma Vep en una nueva versión del clásico pionero del cine Les Vampires de Louis Feuillade, interpretado en 1915 por Musidora. Pero mientras ruedan la película, es testigo de los egos, mezquindades y líos de las gentes del cine durante la producción. La película era una satírica crítica de Assayas al relativamente pedante ambiente del cine francés, heredero de los tiempos gloriosos de la Nouvelle vague. En la realidad, Assayas y Cheung ligaron y estuvieron casados durante un breve lapso de tiempo.

La serie actual, más que una nueva versión, es una secuela de aquella película. En la que el mismo personaje del director, el ficticio René Vidal (Vincent Macaigne), alter ego de Assayas, va a rodar 25 años después una nueva versión de Les Vampires, pero adaptada como serie de televisión en lugar de película de cine. Y para el papel de Irma Vep contrata a una actriz de moda, especialmente en las superproducciones tipo superhéroes y demás, Mira, interpretada por Alicia Vikander. Lo que sucede es que el tema vuelve a ser el mismo; Mira es testigo de un caótico rodaje, en el que se va poniendo en solfa todo lo que es criticable en el cine actual. No voy a entrar en todos los detalles. los propios personajes también han de espantar su propios demonios. Mira ha sufrido una fea ruptura con su novia, mientras que su antiguo novio espera un hijo con otra mujer. Vidal sigue colgado de la protagonista de su película de hace 25 años, que aquí recibe el nombre de Jade Lee, no de Maggie Cheung… y de los fantasmas que dejó su breve y tormentoso matrimonio. Y cada vez que Mira se enfunda el icónico y sensual traje ajustado negro de Irma Vep es capaz de deambular por los tejados de París, atravesar las paredes y contemplar las vidas del resto de los participante en este drama/sátira. Sátira con ternura, puesto que Assayas podrá criticar el mundo del cine, pero no deja de estar enamorado de él. Difícil de comentar todos los detalles interesantes y divertidos de esta serie que va claramente de menos a más. A mucho más, y deja un regusto excelente, el de haber visto una serie de televisión excéntrica, nada parecida a lo que se hace habitualmente, que probablemente muchos no apreciarán, pero que es muy muy notable. A mi me ha encantado.

[TV] Cosas de series; magia, ciencia y la insoportable levedad de las relaciones interpersonales

Televisión

Ya tocaba una entrada televisiva dedicada a la animación. Japonesa, más exactamente. Anime como dirían muchos. Pues eso, animación, puesto que la palabra japonesa anime アニメ viene del ingles animation, aunque también he oído alguna versión que dice que vendría del francés dessin animé. No sé. El caso es que me lo he pasado bastante bien con las series de animación nipona que traigo esta semana. Todas se pueden ver en Netflix, aunque las de Index y Railgun creo que se pueden ver también en otras plataformas.

Tengo la sensación de que hay muy buen oferta de animación japonesa en la actualidad; también entre las novedades. Hace pocos días me lo pasé muy bien con un episodio de una serie estrenada este verano, de la que os hablaré en su momento, y que transcurría en el templo de Sensō-ji en Tokio, donde tomé las fotografías que os traigo aquí hoy.

Komi-san wa, Komyushō Desu [古見さんは、コミュ症です, literalmente Komi tiene un trastorno de la comunicación], conocida en inglés como Komi can’t communicate y en España como Komi-san no puede comunicarse, ha recorrido en los últimos meses su segunda temporada. Una segunda temporada que ha superado claramente a su muy simpática y entretenida primera temporada. En realidad, el diagnóstico de la simpatica Shoko Komi es un trastorno de ansiedad social, que le impide comunicarse adecuadamente. Y el tema primario de la serie, dirigida al público adolescente, es la aceptación y apoyo del grupo a las personas que pueden sufrir este u otros trastornos de ansiedad. Pero lo más divertido de la serie es que lo hace planteando que en realidad nadie es normal. Prácticamente todos los compañeros de clase de Shoko Komi tienen algún rasgo del carácter o de la personalidad que los hace raros. Salvo quizá Hitohito Tadano, su principal apoyo, que simplemente es tímido con ella. Las numerosas situaciones hilarantes que tienen que ver más con las rarezas de los demás más la tensión romántica no resuelta entre Komi y Tadano (son los apellidos, pero son como se llaman entre sí en el entorno escolar). La serie tiene buen rollo, un excelente ritmo narrativo, personajes muy empáticos/simpáticos, es divertida… ¿qué más se puede querer? De los mejores originales de Netflix. Animación o no animación, todo incluido.

Hace unas semanas hablé de la primera temporada de Toaru Kagaku no Rērugan [とある科学の超電磁砲], A certain scientific Railgun, con la que me lo pasé bastante bien. Disponible en Netflix, es una serie cuya primera temporada es de 2009. Me enteré que era una derivada de Toaru Majutsu no Indekkusu [とある魔術の禁書目録], A certain magical Index. Esta serie, cuya primera temporada es de 2008, y las dos segundas temporadas de ambas series, de 2011 para Index y de 2013 para Railgun, están todas en Netflix. Junto con un largometraje de Index. Los protagonistas de ambas series, Tōma Kamijo y Mikoto Misaka «Railgun», aparecen en ambas series, y existen arcos argumentales que se ven desde el punto de vista de uno y otro en ambas series, principalmente el muy entretenido arco argumental de las Sisters, los clones de Mikoto Misaka.

La principal diferencia entre ambas series la podemos adivinar el título. Mientras que los villanos a los que Railgun ha de enfrentarse son organizaciones científicas que utilizan la ciencia con fines aviesos, Tōma y su aliada la monjita anglicana Index, han de enfrentarse a organizaciones religiosas que utilizan la magia y lo preternatural también con fines aviesos. Los aliados y los adversarios de Tōma son en general versiones curiosas, a veces delirantes, de las religiones cristianas occidentales (angligana, católica,…). Aunque supongo que las versiones que en las producciones occidentales se ofrece de las religiones del Asia oriental les pueden parecer a las personas de aquellas regiones tan delirantes o más. En fin… es lo de menos. Las dos series me parecen muy entretenidas, pero si tuviera que quedarme con una de ellas eligiría Railgun. Su personaje central, Mikoto Misaka, me parece más complejo, con reflexiones más profundas, tanto en la ética como en el crecimiento personal. Son series destinadas en la forma al público adolescente, pero que tratan temas de cierto calado, incluso adultos. Y la violencia, que suele venir acompañada de una fuerte crítica a la misma y a la falta de ética, tiene niveles que muchos podría considerar adultos.

Con el tiempo espero ver las terceras temporadas de ambas series, que hay que buscarlas en otras plataformas, así como otros derivados que parece haber por ahí. No hay que dejarse engañar, son series con más contenido y profundidad en los temas de lo que parece detrás de sus formas aventureras y fantásticas.

[TV] Cosas de series; strange… pretty strange

Televisión

Hoy nos vamos al mundo de la fantasía, con más o menos terror y ciencia ficción, y la ciencia ficción, con más o menos fantasía. La fantasía y la ciencia ficción son dos géneros que deberían ser considerados como claramente distintos. Y sin embargo, se suelen encontrar asociados. Incluso en las librerías más prestigiosas es frecuente ver los estante de los dos géneros contiguos e incluso mezclados. Y el problema es que mucho de lo que se vende como ciencia ficción es pura fantasía, véase Star wars o el universo Marvel, y cada vez es más frecuente que en las producciones fantásticas se ofrezcan explicaciones pseudocientíficas a los fenómenos fantásticos. Como indudablemente sucede en la filoochentera serie de hoy.

No sabía muy bien cómo o con qué ilustrar esta entrada, así que he tirado por en medio y traigo algunas versiones en blanco y negro de fotografías digitales de mi último viajes de vacaciones por el Tirol con su Alpes y por Venecia.

Porque hemos asistido, con cierta pereza por mi parte, no voy a negarlo, a la cuarta temporada de Stranger things. Una temporada en la que el mundo de terror fantástico ha recibido con insistencia y pesadez una explicación vía la tradicional figura del científico loco (Matthew Modine) para explicar los poderes de Eleven (Millie Bobby Brown) y el malo de la serie (Jamie Campbell Bower); postmodernidad anticientífica a pleno rendimiento como motor de esta historia «homenaje» a los idelógicamente discutibles y reaganistas años 80 norteamericanos. Siempre me ha parecido una serie sobrevalorada, aunque tenga algún momento bueno, y alguna interpretación interesante, aunque no necesariamente entre los personajes más protagonistas. Pero ahora es una serie tan creída, tan pagada de sí misma, tan convencida de su éxito comercial que cree asociado a otros valores de calidad que son más anecdóticos de lo que parece… que se permite torrarnos la vida con episodios de dos horas y veinte minutos. Que lo que hace cualquiera que se siente a ver una serie es verla en dos, tres o cuatro veces. Reconvertirlo en varios episodios más cortos y asumibles. Y que parece algo impresionante… pero no es más que un montón de pirotecnia en torno a una peripecia que tiene prácticamente el mismo esquema argumental que Return of the jedi… aunque en otro universo. Dejo al lector la comparación mental entre ambas producciones. Supongo que terminaré de ve la serie cuando llegue la quinta y última temporada. Pero me da una pereza…

Cuando anunciaron Star Trek: Strange new worlds dudé mucho en dar una oportunidad a esta reciente incorporación a la franquicia trekkie. Está de moda el adjetivo strange y su variante, ¿no? Tradicionalmente, las series y muchas de las películas de la franquicia Star Trek han gozado de una cutredad que sólo me parece asumible y admitible en la serie original, que tiene mucho encanto, pese a que su protagonista, Kirk (William Shatner), siempre me cayera un poquito mal. Las películas modernas no son cutres, pero su director siempre muestra más fachada que contenido; sus películas suelen tener envoltorios vistosos, pero muy vacías de un contenido auténtico e interesante. Sin embargo, las series más recientes han dejado de ser cutres, están mucho más cuidada, y ha habido al menos una de ellas que consiguió gustarme bastante durante un tiempo. Lo curioso es que muchos trekkies se quejaron de que se alejaba del «espíritu» original de la franquicia, y poco a poco la devolvieron al redil, con lo cual… dejó de interesarme. Por supuesto, aunque vi la primera temporada, no me agradó en exceso la dedicada a otros de los capitanes tradicionales de la Enterprise, Picard (Patrick Stewart), que siempre me ha caído también como el culo.

Al final, decidí darle una oportunidad a esta nueva serie. Me lío bastante con la cronología interna del universo trekkie, pero parece claro que su acción se encuentra situada en un tiempo anterior a la serie original. Está Spock (Ethan Peck) por ahí. Joven y tal. Y al principio, parecía que iba a centrar su esfuerzo en los conflictos de su capitan, Pike (Anson Mount), que para variar no me cae mal. Pero ciertamente al final ha sido más de lo mismo pero sin las cutredades tradicionales en la producción de estas series a lo largo de su historia. En un momento dado, han sido diez episodios de aventuretas muy tradicionales, con enooooormes cantidades de corrección política, pero con muy simplistas planteamientos, como es tradicional en la franquicia salvo honrosas excepciones. Quizá por eso en estos momentos prefiero mucho más su parodia, que no tiene un producción tan costosa y vistosa pero que tiene contenidos más profundos y plantea dilemas más próximos a la realidad. De ella hablaré pronto porque está en marcha su tercera temporada. Volviendo a los extraños mundos nuevos, entretiene. Pero poco más. No sé si volveré a ella cuando llegue su segunda temporada.

[TV] Cosas de series; recuperando dramas de Apple TV+ y otros

Televisión

Si entro a controlar mis ajustes de la cuenta de Netflix, me dice que estoy suscrito desde marzo de 2016. A lo tonto modorro, han pasado ya más de seis años. Creo que ya lo he comentado, o lo he dejado caer, en alguna ocasión, pero algunos de las motivaciones para suscribirme a esa cadena no existen. Sus series de producción propia y muy numerosas no tienen ya la misma presunción de calidad que hace unos años. En algunos momentos el ritmo de novedades ha sido tan elevado que muchas han pasado desapercibidas. Y las más publicitadas parecen dirigidas a un público que no soy yo. Según cómo evolucionen sus amenazas de cambios en los sistemas de tarifas, en estos momentos parece que les empiezan a fallar las cuentas y está perdiendo suscriptores… pues seré uno de los suscriptores que se pierda. De hecho… en la entrada de hoy… no hay series de Netflix.

Con dos de las series de hoy de ambiente británico, recupero algunas fotos realizadas con la vieja Zeiss Ikon Ikonta en 2012 sobre unos rollos de Ilford HP5 Plus.

Y es que, habiendo notado la calidad que suelen presentar las series de Apples TV+, he empezado a recuperar algunas de las ya emitidas. Una suscripción mucho más barata para mí que la de Netflix, con mucha menos oferta, pero de más calidad, y probablemente suficiente para mí, junto con algún otro suplemento. Una de las series recuperadas es Suspicion, que probablemente es la más floja de las series que he visto de esta cadena. El secuestro del hijo de una empresaria americana de gran influencia, que aspira a ser embajadora de los EE.UU. en Londres, amenaza con destapar escándalos económicos y políticos, mientras que cuatro ciudadanos británicos son puestos en el punto de mira de la policía británica y del FBI como sospechosos, y verán como sus vidas son puestas patas arriba por su relación directa o indirecta con el secuestrado en tiempos pasados. Tiene momentos en los que no está mal,… está bien interpretada,… pero al final tiene mucha menos miga de la que parecía.

En otra liga parece jugar Shining girls, un drama criminal con asesino en serie, y un componente fantástico por ser este asesino en serie un viajero en el tiempo. También en Apple TV+. Con la siempre interesante Elisabeth Moss como protagonista, una mujer que sobrevivió al brutal ataque del asesino, y Jamie Bell como el perturbado tal asesino, y con Chicago como escenario, no sólo debemos contar con el misterio a resolver, sino también con las consecuencias de las perturbaciones en el tiempo, pasado y futuro, causadas por las incursiones del asesino en el tiempo. Las paradojas de los viajes temporales no siempre están bien resueltas, siendo la más notable las de la persistencia en la memoria de algunos personajes de su «pasado» en otra realidad, pero la serie va subiendo de nivel conforme avanza en los episodios, siendo los últimos de gran intensidad y muy interesantes. Y todo ello, con un reparto en estado de gracia, como era previsible. Es curioso que el asunto del viaje en el tiempo haya estado tan presente en el mundo de las series, ya que hay que añadir este drama criminal a cierta comedia con tonos ácidos, y un drama romántico, ambos recientes. Y muy visibles.

Las dos series anteriores, con sus más y sus menos, me han interesado bastante más que casi cualquier cosa que estrena Netflix últimamente. Y por fin, he visto los seis episodios de la segunda temporada de All creatures great and small. El caso es que poco hay que comentar de esta serie. Es una producción amable, buenista, buenrollista, con conflictos que se resuelven con razonable placidez, en esa campiña de Yorkshire donde, aparentemente, todo el mundo es bueno, y se preocupa mucho por sus vacas. Es un entretenimiento amable, bien realizado, pero sin mayor trascendencia.

[TV] Cosas de series; con más oferta de la que creíamos y la insoportable levedad de la crítica televisiva

Televisión

Algunos me han preguntado cómo he visto algunas series coreanas que no aparecen en la oferta de Netflix España. Si las he pirateado, si he utilizado VPN… u otros métodos… bueno, hay diversos métodos de acceder a series sin romper con la legalidad o usando las zonas grises. Pero hoy comentaré una forma muy sencilla, perfectamente legal, que al menos vale para Netflix. Si vais a vuestras preferencias y en las de vuestro perfil seleccionáis como lenguaje el inglés, de repente veréis una oferta mucho mayor de series y películas. Eso sí, en su mayoría, de países asiáticos y poco habituales. ¿Por qué no aparecían antes? Pues parece ser que si seleccionáis el idioma español, desaparecen de la oferta todas aquellas series no dobladas al castellano o que no disponen de subtítulos en castellano. Obviamente, si este tonto detalle os da igual, os ponéis como idioma principal el inglés… y siendo una plataforma americana cómo no va a estar subtitulada al menos en inglés. Ya está. Eso sí, los títulos de películas y series serán distintos en no pocas ocasiones a los que aparecen en la versión española. Quedáis avisados.

Para ilustrar la entrada de hoy, un viaje a Busán, al templo Beomeosa [범어사], de Beom [梵], eo [魚] y sa [寺], el «templo del pez nirvana», sea lo que sea lo que signifique tal cosa, muy budista, claro.

Y de repente, a finales de junio, llegó a Netflix Jongi-ui jip: Gongdonggyeongjeguyeok [종이의 집: 공동경제구역], en inglés Money Heist: Korea: Joint Economic Area, que no es otra cosa que la versión surcoreana de la serie española La casa de papel. Serie que no terminé de ver, porque me cabreó en varios aspectos, principalmente por su populismo barato, digno más de los argumentos neofascistas que de otros antisistemas más solidarios, aunque puedan andar también despistados. No olvidemos que al final del primer gran arco argumental, el asalto a la Casa de la Moneda, glorificaba la figura de uno de los asaltantes, que hasta ese momento se había comportado como un asesino y violador bastante asqueroso. No contentos con eso, se habla de dedicarle una serie al personaje. El caso es que abandoné la serie al comienzo del segundo arco argumental, el asalto al Banco de España. Me asqueaba un poquito. Lo cual no quita que no tuviera curiosidad para ver cómo afrontaban la tarea los surcoreanos, capaces de lo mejor y de lo peor.

Lo que hemos podido ver es una primera temporada de sólo seis episodios de una hora de duración. Así que cayó en un fin de semana. Y tras verlo tuve la curiosidad de leer críticas diversas a esta primera tanda. Con una curiosa tendencia. La mayor parte de los medios españoles la trataban más bien mal, mientras que la mayor parte de los medios no españoles, especialmente americanos e ingleses, la trataban bastante bien. Volviendo a lo del párrafo anterior, apreciaban que no cayesen en la tentación de esa contradicción de presentar a los asaltantes como robinhoods, cuando todos tenían pasados y presentes bastante discutibles como criinales. Los personajes de la versión coreana son muy similares, pero tienen un pasado complejo, violento en muchas ocasiones, pero desde el punto de vista moral, más adecuado a su perfil de robinhoods. La serie está enmarcada en una ucronía alternativa en la que se está avanzando hacia la reunificación de Corea, con una zona económica conjunta, una cierta libertad de circulación de los ciudadanos y una ceca en esa zona conjunta, que es lo que es asaltado por los criminales de rojo, que en esta ocasión no llevan la máscara de Dalí, sino una hahoetal [하회탈, máscara hahoe], procedente del folclore coreano. Creo que la serie es entretenida y está bien hecha. A la par que la española. Pero evita algunos de los temas que generaron mi rechazo en la española, y además algunos de los personajes, especialmente Tokio y la que será Estocolmo me parecen más interesantes que en la española. No me importará seguir viendo su evolución… aunque en general… probablemente sea una serie prescindible. De todos modos no ha tenido una excesiva buena acogida entre el público. Probablemente cerrarán la peripecia actual, pero no creo que tenga más arcos argumentales.

Ya que estamos en Corea del Sur, Urideurui Beulluseu [우리들의 블루스], literalmente Our Blues, Nuestro horizonte azul en España, es una historia de vidas cruzadas en el entorno de una pequeña ciudad pesquera en la isla de Jeju. Drama costumbrista en la que los protagonistas de unos episodios son los secundarios de otros, y que trata temas de interés social como el embarazo adolescente, la negativa visión de la discapacidad cognitiva, las diferencias sociales, las sufridas vidas de mujeres que tienen que trabajar sumergidas en el mar hasta edades avanzadas, la maternidad y la enfermedad mental (depresión)… y otras. Con abundantes dosis de buenismo, en ocasiones abusa de situaciones excesivamente melodramáticas, lo cual desmerece una serie larga, 20 episodios de más de una hora de duración, que sin embargo tiene un buen reparto, con caras que serán familiares entre los aficionados a las series del país asiático. No me atrevo a recomendarla, pero si alguien le entra curiosidad, tampoco es una pérdida de tiempo. Está muy bien valorada en IMDb.

Y la que me ha resultado decepcionante, porque empieza bastante bien pero un un momento dado se pierde en un drama excesivo que no es acorde al planteamiento inicial, es Gyeolhonbaekseo [결혼백서, el libro blanco del matrimonio], en inglés Welcome to the wedding hell, No hay boda sin caos en España. Se ve también en un fin de semana, porque son 12 episodios de solo media hora. Y es muy previsible. Una pareja de 36 años él, 32 años ella, ya suficientemente adultos, deciden casarse, muy enamorados y convencidos, pero se introducen en un caos de elecciones y malentendidos, especialmente con las madres de ambos novios, que ponen en riesgo la relación. Como digo… extraordinariamente previsible, pero que funciona muy bien mientras la mantienen en el terreno de la comedia romántica. Pero que flojea mucho, incluidas las interpretaciones, en el tramo de la serie en el que se ponen más serios y dramáticos. Las dos «suegras» están muy desaprovechadas, especialmente como contrapuntos cómicos. Al igual que las compañera de trabajo de ella. Me cuesta recomendarla, no obstante. Y ha recibido mucho palos, con cierta lógica, entre la opinión de la crítica y el público.

En los primeros meses del año llegaron series muy interesantes, divertidas y bien hechas a Netflix, pero en estos momentos han flojeado. Parece que llegan algunas nuevas… ya veremos que tal.

[TV] Cosas de series; nuevas versiones y recuperaciones de personajes (unas mejores y otras desafortunadas)

Televisión

Las dos series que traigo hoy me interesaron desde el momento en que las vi anunciadas. Una, con cierta esperanza y buenas expectativas; la otra, con escepticismo. Ya es triste esperar las novedades del universo Star wars, con lo que nos marcó a toda una generación, con escepticismo… incluso pesimismo. Pero así son las cosas gracias a Lucas y Disney…

Allá por el mes de agosto del año 2011, un momento de mi vida en el que andaba necesitado de historias optimistas y bonitas porque había muchas cosas a mi alrededor que no funcionaban bien, vi en televisión la adaptación cinematográfica de la primera novela de Audrey Niffeneger, The Time Traveler’s Wife. Me gustó. Me puso de buen humor. Incluso si el corolario de la película como historia de amor es un poco melancólico. Leí poco después la novela… pero no me entusiasmó en exceso, sin considerarla una pérdida de tiempo. Recientemente se ha emitido la primera temporada de una serie de televisión que revisa la historia. Con la pelirroja Rose Leslie al frente, recordemos que la protagonista de la historia es la mujer, no el viajero en el tiempo, aunque lo podamos considerar coprotagonista, la cosa prometía. Sólo han sido seis episodios, muy dinámicos. Como digo, revisa la historia, puesto que la amplía; nos habla de posibles cosas que pudieron pasar en la relación en las que por extensión, o voluntad de la autora, no se entraba. Con lo cual, aumentan los temas que explora la narración, además de los básicos, el rol de las personas en una relación romántica, la pérdida y el duelo, el libre albedrío, el determinismo, el azar en nuestras vidas,… Globalmente considerada, hasta ahora, la serie es correcta, yendo de menos a más. Conforme avanzan los episodios se crece. Pero sobretodo, y como podíamos esperar, el pilar fundamental de la serie son sus intérpretes. La capacidad de generar empatía y solidaridad es importante en esta historia para poder engancharse a ella. Y ese es el principal activo de esta producción, con sólo seis episodios por temporada, lo que la hace muy visible.

Obi-Wan Kenobi… Uno de los personajes más potentes y carismáticos del universo Star Wars, y también uno de los más desaprovechados. Con una presencia pequeña pero fundamental en la trilogía original, el inolvidable Alec Guiness le daba un carácter muy definido e interesante. Grave en los asuntos, pero ligero en las formas. Un tanto guasón. Con sentido del humor. Discreto. Dedicado. Muy británico… si lo piensas bien, en unas películas en las que casi todos los «malos» tienen acento británicos, mientras que los «buenos» tienen acento norteamericano. En la segunda trilogía, tan floja e inconsistente, se nos presentaba una Kenobi mucho más joven, pero en la que Ewan McGregor sabía mantener la personalidad del personaje, uno de los más consistentes y bien definidos en la saga. Y sin embargo, el carácter del conflicto con Anakin Skywalker en la película en la que se pasó al lado oscuro, fue excesivamente simplista. Incluso con líneas de guion que hacen sonrojar por vergüenza ajena. Con todos estos antecedentes, todo aficionado a la saga, a pesar de los desmanes que se han cometido con ella, ha querido siempre saber y disfrutar más del personaje. Pero precisamente, por los antecedentes… el miedo invade el ánimo cuando se anuncia la serie.

La serie del mismo nombre que el personaje protagonista consta de sólo seis episodios que oscilan entre los 36 y los 53 minutos de duración. Y en el primer episodio ya se definieron las dos características que rebajaron de forma espectacular, casi catastrófica, las expectativas que pudieran haberse puesto en esta producción. La primera es el cambio de carácter del personaje, que no se recupera en ningún momento a lo largo de la serie. Tenemos a un Obi-Wan serio, timorato, incapaz de manejar el largo plazo, desesperanzado, totalmente distinto, de forma injustificada desde mi punto de vista, al que abandonamos al final de la película en que entrega a Luke a sus tíos en Tatooine. La segunda es que sigue la estela del mandaloriano, pero con poca fortuna, a la hora de plantear unas aventuras de héroe/antihéroe con niño. Pero donde la interacción entre Mando y baby Yoda (me niego a usar el horrible nombre que le pusieron) era divertida, motivadora e impulsora de la relación, la interacción entre este deslucido Kenobi con una repipi y repelente baby Leia resulta cargante por momentos. La serie no es una catástrofe, pero le falta alma. Y desparpajo. Le falta naturalidad, espontaneidad y desparpajo por toneladas, aquellas cualidades que dieron el carisma a la saga original y al personaje de Obi-Wan. A Disney le falta imaginación. En su ADN actual sobran los genes del tío Gilito (Scrooge McDuck), y su ambición de dinero, y le faltan aquellos que le den ingenio, creatividad, originalidad y aprovechamiento del buen material de base. Les falta el ADN del Mickey Mouse aprendiz de brujo. Pero al emporio que han montado agrupando franquicias que se dedican a entretener adocenando,… no creo que haya quien lo encarrile.

[TV] Cosas de series; animación japonesa con la que lo he pasado francamente bien

Televisión

Tenía varias posibilidades para la entrada televisiva de esta semana. También estoy en planteamiento de cómo evoluciona mi forma de responder a la oferta de series a través de las plataformas en línea. Porque las televisiones de toda la vida, con los anuncios y esas cosas, ya no entran en mis cálculos. Ni siquiera tengo el televisor conectado a la antena terrestre. Por ejemplo, he observado que la oferta de Netflix me empieza a interesar poco, salvo en lo que se refiere a series de animación y mi placer inconfesable favorito, los culebrones surcoreanos de los fines de semana. ¿Merece la pena pagar por eso? Mientras, cada vez encuentro más interesante la oferta de Apple TV+ por la que pago menos dinero, más reducida, pero más interesante para mí. Entre otras cosas que sería muy prolijo comentar. En fin… al final he decidido dedicar la entrada a la animación japonesa, con unas series con las que me he entretenido mucho, de menor a mayor interés.

De acuerdo a la serie que más me ha gustado de las que hablo esta semana, no sabía si traer motivos fotográficos berlineses o japoneses. Al final, he optado por estos últimos, con fotos de nuestra visita a Kamakura en 2014.

Hay una cosa de la que hay que partir. En general, la animación japonesa tiene una población objetivo muy definida, los adolescentes y jóvenes de uno u otro sexo, según la serie. A partir de ahí, algunas series son entretenidas para un adulto… otras… pues no. Y eso depende de factores diversos, como la calidad de la animación, los temas de fondo, o la calidad de los guiones.

Por ejemplo, un serie ya «viejuna», de 2013, que se puede ver en Netflix. Toaru Kagaku no Rērugan [とある科学の超電磁砲], A certain scientific Railgun, es una serie que a priori no me hubiera interesado nunca si no hubiera leído un comentario favorable. Tiene un aspecto de serie para chicas adolescentes o preadolescentes, salvo que en cuanto ves un poco y compruebas el fan service, entiendes que está pensada para chicos adolescentes… y de repente te encuentras que dejando de lado estas cuestiones, es una serie de aventuras con ritmo y muy entretenida, en una ciudad (más bien un distrito dentro de Tokio), diseñada para jóvenes con poderes especiales. No es que sea realmente recomendable de forma general salvo para su población diana, pero si le echas un vistazo, te entretiene mucho. Y eso que lo del fan service resulta en muchas series un tanto casposo/baboso. Por lo que sirve para rellenar tiempos muertos con episodios de poco más de 20 minutos de duración. Es un spin-off de otra serie de 2010, a la que le estoy echando un vistazo ahora, y tiene una segunda temporada que, si eso, ya llegará.

Con más interés, bastante más, tanto a nivel conceptual como de realización, tenemos BNA: Brand New Animal [BNA ビー・エヌ・エー], en Netflix, que se suma a la moda de los animales antropomorfizados, que tan buenos resultados da como por ejemplo en otra serie reciente. Estamos en una realidad alternativa en la que además de seres humanos existen los animanos [獣人, leído alternativamente como kemonobito o jūjin], gentes con una alteración genética que les permite alternar entre una forma animal y una forma humana. En Japón se han reunido para vivir en una ciudad propia, Animal City, pero con no pocos problemas de tolerancia entre humanos y animanos, y con problemas de coexistencia internos también. La protagonista es Michiru, una joven humana, estudiante de instituto, que tras un accidente con su mejor amiga del que se recupera en un hospital, se convierte en una animana con forma de tanuki [狸, y también en katakana, タヌキ], el perro mapache japonés (un cánido que en alguna ocasión se confunde con el auténtico mapache, no presente en el archipiélago nipón, que no es un cánido; una conocida película de Studio Ghibli tiene a los tanuki como protagonistas, pero es frecuente que en los doblajes occidentales se les llame mapaches). La joven Michiru se refugia en Animal City, donde no deja de meterse en líos por su sentido de la justicia, y donde se alía con un animano lobo, Shirō, aunque este al principio este no la acepta bien. Con los temas de aceptación de la diversidad de fondo, la serie es realmente muy entretenida. Y aunque enfocada a los jóvenes, la puede ver cualquiera sin desdoro.

Y finalmente tenemos la revelación de la temporada, Spy x family [léase como Spy family, la x no sería una letra en sí misma]. En una realidad alternativa inspirada por la Alemania de la guerra fría, tenemos dos países rivales, Westalis y Ostania, cuya capital es Berlint. Así… tal cual. Y un agente de los servicios de inteligencia de Westalis, el espía Tasogare [黄昏, Twilight en inglés], o Loid Forger, es encargado de una misión para lo cual tendrá que hacerse pasar por un médico psiquiatra de Ostania. Y tendrá que montarse una familia falsa. Para ello elige a Anya, una niña de un orfanato que, aunque nadie lo sabe, es telépata y escucha el pensamiento de los demás. Y se casa con una funcionaria discreta y tímida del ayuntamiento de Berlint, Yor Briar, cuyo alter ego es Ibara Hime [いばら姫, Thorn Princess], un peligrosa y letal asesina a sueldo, cuyo hermano, de incógnito, trabaja para los serivcios secretos de Ostania. La cuestión es que, por su naturaleza de telépata, la única que conoce todo el tinglado es Anya, los demás desconocen la real identidad de los otros. Y por añadidura, nadie tiene experiencia ni habilidades para ser padre/madre/hija de una familia, por su pasado y origen disfuncional. La serie va alternando las aventuras de intriga de espionaje, con las muy divertidas peripecias de querer pasar por una familia normal. Un trío de caracteres que, poco a poco, se van haciendo entrañables, porque, evidentemente, aunque son una familia falsa, van creando los lazos propios de una familia real. Su primera tanda de 12 episodios, está previsto que su primera temporada tenga otra tanda de 13 episodios en otoño, me ha sabido a poco. Es realmente muy divertida y muy recomendable.

[TV] Cosas de series; hasta Disney se apunta a los dramas coreanos…

Televisión

En las últimas semanas, tras volver de las vacaciones, he bajado el ritmo al que veo episodios de series televisivas. Hay varios motivos. Que en general son bastante saludables, porque hago otras cosas interesantes y con más ejercicio. Pero en lo que se refiere a las teleseries surcoreanas está la cuestión de mi hora de echarme a dormir. Tradicionalmente voy a la cama pronto. Mi despertador suena en algún momento entre las 6:15 y las 6:30 de la mañana. Pero sigo necesitando dormir entre siete y ocho horas. Calculad el momento adecuado para cerrar los ojos por la noche. No obstante, solía acostarme pronto, pero dedicar un rato en la cama a leer, ver algún vídeo en Youtube, o ver unos cuantos minutos de un episodio de drama coreano. Pero en las últimas semanas, en cuanto me acuesto me quedo dormido. No obstante,… hasta esas vacaciones acumulé unas cuantas series del país oriental, y voy con ellas.

Ya que lo sobrenatural predomina en una de las series de hoy, y aunque no corresponda con la misma religión, da igual en Asia hay mucho sincretismo, pasearemos por los templos del monte Geumjeong (Geumjeongsan) en Busan.

Iris [아이리스] es una serie antigua, de 2009, que lleva un montón de años en el catálogo de Netflix, aunque no aparezca como «Netflix original» o algo parecido. Me llamó la atención en su momento, hace años, porque estaba protagonizada por gente que aparecían en otras series que me parecieron interesante. Pero me ha costado todos esos años terminarla. Es una serie de espías, una ficticia agencia de espionaje surcoreana, en rivalidad con sus contrincantes norcoreanos. Fichan a dos militares, y tras una misión en Hungría, uno de ellos es escogido como chivo expiatorio… porque la misión es ilegal, promovida por una misteriosa organización, Iris, que infiltra la agencia y otros organismos gubernamentales y empresariales de todo el mundo. O sea… la típica de conspiraciones, con uno contra todos. Hay romance, amistad, traiciones, tramas dentro de las tramas… y si la comparas con lo que los coreanos hacen hoy en día… es bastante cutre. Lo cual no quiere decir que no tenía potencialidad para ser algo más. Pero bueno… como curiosidad… Al protagonista, Lee Byung-hun, lo vimos en una de las series estrella de época de Netflix, y ahora lo vemos en otro drama de la cadena que aún no ha terminado. También salía en la más exitosa serie coreana de la plataforma,… pero enmascarado. La chica protagonista es un florero con algo de acción, pero si lo miras bien… florero. También la hemos visto en alguna serie en Netflix, haciendo de fantasma.

Naeil [내일], o sea Tomorrow en inglés, no hay traducción del título, Mañana, al castellano, es una de esas series sobrenaturales que parece les gustan mucho en los países del oriente asiático. Un joven cae en coma tras intentar salvar a un suicida, porque el ser sobrenatural encargado de trasladar las almas de los muertos al más allá… se la lleva cuando no toca. Entonces, el Dios emperador de Jade, o su versión coreana, que resulta que es mujer, una broma habitual de convertir en señoras a los dioses omnipotentes de las distintas religiones que pulular por el mundo, decide que despertará después de seis meses, pero que mientras tiene que currar con dos sobrenaturales más previniendo suicidios. Porque como en muchas religiones, los suicidas se condenan para siempre. Un pecado muy feo. Todas las referencias a priori era de un reparto importante con mucho potencial y que la serie podía ser muy interesante… pero no. Los casos en los que trabajan son tópicos, sensibleros, patrioteros y, en ocasiones, ridículos. Sin que por un momento entren en comprender porqué la gente realmente se suicida y comprender a los suicidas. Sólo en los capítulos finales se anima cuando se cuenta la historia, muchos siglos atrás, de la jefe de este equipo, una actriz (Kim Hee-seon) que obviamente esta malempleada en esta tontá.

Crazy Love [크레이지 러브] no está en Netflix. Curiosamente, en algunos países está en Disney+. Se conoce que la potente multinacional está empezando a ver que hay dinero en los dramas coreanos. Bien es cierto que no está en todos los países, sólo en algunos seleccionados del continente asiático, por lo que verla desde aquí… exige, «algunos esfuerzos». No es especialmente interesante. Un empresario del negocio de las academias privadas, que en aquellos países existen muy florecientes por la enorme competencia para entrar en las mejores universidades si no quieres ser un pringado, es un tirano antipático… y bastante imbécil. Y trata muy mal a su secretaria, que a pesar de todo se resiste a dimitir de su puesto. Hasta que se harta esta y decide darle un susto… en una noche en que todo se complica, y alguien agrede al empresario,… que luego parece tener amnesia, por lo que la secretaria se hace pasar por su prometida… y bueno… un enredo romántico sin más trascendencia, con la rémora que yo no empaticé mucho con los personajes. Pero me pareció curioso lo de que la distribuye Disney. Sin más.

[TV] Cosas de series; dinosaurios, sexo telefónico… y, aún, Meredith Grey

Televisión

Sí. Después de 17 años o así, 18 temporadas, 400 episodios, más por costumbre, por hábito, que por interés intrínseco, sigo viendo Grey’s Anatomy. La serie que convertía un hospital de alta tecnología en algo muy similar a un drama de adolescentes de instituto, que siempre tenía alguna catástrofe insospechada y descomunal a mano para alterar la vida de los protagonistas, y en la que el ascensor se convierte en el lugar donde se producían los diálogos más interesantes, ahora es un muestrario de lo políticamente correcto, de forma simplona y simplista, con dramas forzados y sin mucho sentido… y que sigo viendo… lo dicho. Por hábito. Supongo que si la siguen haciendo es porque les da réditos. Pero no sé muy bien que pinta esta serie ya en la cartelera televisiva actual.

Aunque sea bajo la lluvia, hoy paseamos por Amsterdam, escenario de la que me parece la serie más interesante de las que traigo esta semana a consideración.

Todo el mundo alaba con enormes superlativos la serie documental Prehistoric Planet, producida por la productora de la BBC para Apple TV+. He de decir que la plataforma de la manzana mordida me parece una de las más interesantes en la actualidad. Especialmente porque está optando por la calidad más que por llegar a una enorme cantidad de público. No obstante, no tenía claro si me apetecía meterme entre pecho y espalda la enésima serie de dinosaurios. Considerando que sólo son cinco episodios… pues me animé a ello. Indudablemente, la serie tiene una gran calidad en sus gráficos y efectos visuales y sonoros. Pero si lo piensas bien, una vez que dejas de sorprenderte por las proezas tecnológicas de la serie a la hora de recrear los míticos dinosaurios, no deja de ser una serie interminable de escenas sobre a ver quien se beneficia a la hembra o a ver quién se come a quien. Eso sí… desde que ya se da por sabido y asumido que los dinosaurios son animales homeotermos, y que estaban recubiertos por algún aislante (pelo, plumas o similares), quedan mucho más monos y vistosos que cuando se representaban como lagartos gigantes y escamosos. Visible porque son solo cinco episodios, si fueran más… la hubiera abandonado por aburrimiento, no importa la calidad de su factura. Y no nos olvidemos… los dinosaurios no se extinguieron. Los vemos todos los días. Les llamamos pájaros. O aves. Sí, un gorrión es un dinosaurio. Un dinosaurio aviar.

Y vamos con la serie más interesante de esta semana, la holandesa Dirty lines. Bajo la mirada y el relato en primera persona de Marly (Joy Delima), una joven estudiante de psicología, interesada en la sexología, y que acaba entrando a trabajar en una de las primeras empresas de líneas eróticas de los Países Bajos, en un ambiente de absoluto caos y que sin embargo generaba abundancia de dinero. La serie alterna el análisis de la evolución de la sociedad ante diversos temas, con la sexualidad, claro está, como uno de los principales, con la peripecia personal de los protagonisitas, empezando por la protagonista una joven holandesa de color, por proceder sus padres de las colonias. La propia actriz es de origen caribeño, y se ha interesado en ocasiones por el tema de la esclavitud en las colonias neerlandesas. Es una serie dinámica, con una primera temporada de sólo seis episodios de 45 minutos que se puede ver en Netflix, y bastante divertida. Pues ya está.

[TV] Cosas de series; animación con tonos futurísticos y fantásticos

Televisión

Con cierto acúmulo en las últimas semanas de series para comentar, esta semana vamos con una dosis de animación. De muy diverso tipo y origen, aunque con el denominador común de la ciencia ficción futurista o de la fantasía más o menos terrorífica.

Muchos jardines, flores y simbolismo con plantas en las series de animación de hoy, así que os dejo con unos bonitos tulipanes.

Blade runner: Black Lotus es un serie de la conocida franquicia de ciencia ficción que nos hace reflexionar sobre lo que significa ser humano a través de la confrontación entre los seres humanos nacidos y los artificiales, los replicantes. Dentro de la cronología interna del universo de ficción de la franquicia, nos encontramos en el año 2032. Más o menos a medio camino entre la película original y su secuela más reciente. La original dirigida por Ridley Scott se situaba en un 2019 alternativo, con mayores adelantos científicos y tecnológicos que nuestro universo real, pero también con mucha más catástrofes bélicas y ambientales. La secuela dirigida por Denis Villeneuve se situaba 30 años más tarde, en 2049. Y nos encontramos con algunos de los personajes que aparecen en la secuela, dando algo contenido a lo sucedido a lo largo de esas tres décadas. Una replicante se salva de una cacería «deportiva» de replicantes y llega a Los Ángeles decidida a tomar venganza. Pero se encontrará con una trama mucho más compleja y profunda.

La serie está bien… pero sin más. De factura japonesa, se puede encontrar en versión original tanto en inglés como en japonés, y se puede ver en Crunchyroll. Pero si observa con detalle, la animación de los labios de los personajes se corresponde con la versión en inglés. Realizada en 3D, desde mi punto de vista cuenta una historia razonablemente interesante, pero excesivamente estirada en los 13 episodios de 22 minutos de los que consta. Lo cual produce que tenga un comienzo un tanto moroso, y que en ocasiones plantee situaciones repetitivas. La serie va de menos a más, los últimos episodios tiene más interés y al final te deja un buen sabor de boca. Pero existió el riesgo inicial de abandonar su visualización en los primeros episodios. Con la excusa de la serie he dado un repaso a los tres cortometrajes que precedieron a la película de Villeneuve, y la propioa secuela. Y he de decir que el conjunto nunca conseguirá conectar conmigo emocinal como lo hizo la película original. Y he de decir también que la animación, muy expresionista, del corto Blade Runner: Blackout 2022 me gusta mucho más que el aséptico 3D de esta serie actual.

Vampire in the garden es otra producción realizada en Japón por encargo de una plataforma norteamericana, en esta ocasión Netflix. En un mundo en guerra, casi postapocalíptico, por el conflicto entre humanos y vampiros, dos jovenes, la hija de una general del ejército humano y una vampira destinada a ser reina de los suyos, conectan entre sí y se rebelan contra sus respectivas especies, iniciando una huida buscando un lugar donde poder estar juntas en paz. Con tan solo cinco episodios de 25 minutos, bien podría haber sido un largometraje de animación, aunque la estructura narrativa marca las divisiones claras episódicas. Es correcta, pero falla en aporta algo realmente nuevo a una narración con tonos semitrágicos que se ha visto ya en numerosas ocasiones. La realización es también correcta. Simplemente le falta algo que haga de esta serie algo memorable, que no se olvide con el tiempo.

Y finalmente, nos ha llegado la tercera tanda de cortos animados de la antología Love, death and robots. Como en las anteriores tandas, tenemos nueve píldoras animadas, con diversas técnicas, entre los siete y los veinte minutos, que con tonos emocionales diversos (comedia, terror, tragedia, épica, parodia,…) nos llevan a mundos futuros, alternativos o distantes en el ámbito de la ciencia ficción o la fantasía, a modo de propuestas estéticas y temáticas de lo más variado. Por su propia variedad, unos gustarán más que otros. Pero globalmente la podemos considerar como una de las propuestas más interesantes y estimulantes de Netflix. Y no sólo en el género de animación.

[TV] Cosas de series; una serie surcoreana y otra, imprescindible, que lo parece pero no lo es

Televisión

Como dice el título de la entrada, esto va de dos series. Una de ellas es un k-drama de Netflix, algo distinto de los habituales, sobre el que tenía ciertas expectativas que no se han cumplido. Y la otra… pues no es surcoreana, aunque sus protagonistas lo sean,… más o menos. Pero ha resultado que es una de los mejores de lo que llevamos de año y con ventaja. Veamos qué series son.

Annarasumanar 안나라수마나라 [algo así como un abracadabra], titulado internacionalmente en inglés como The sound of magic, y en español, consecuentemente, El sonido de la magia, es una serie de Netflix surcoreana. Realmente de Netflix. La mayor parte de los k-dramas de Netflix son compras para emisión exclusiva en plataforma de serie de cadenas de pago del país oriental. Esta es producción propia. Es atípica. Sólo seis episodios de 70 minutos. Y cantan. En cada episodio hay al menos un par de números musicales. Los surcoreanos son muy aficionados a los huérfanos. Son frecuentes en sus producciones. De ambos progenitores. De uno solo, siendo el otro un alcohólico, jugador o desastre en los negocios con numerosas deudas,… o melodramas similares. Pues aquí también. Basada en un webtoon o historieta digital pensada para dispositivos móviles, la chica protagonista (Choi Sung-eun) es una adolescente que estudia, intenta conseguir trabajos para ganarse la vida, cuida de su hermana menor, su padre está huido por deudas, su madre muerta, y de vez en cuando la acosan en el instituto o los acreedores de su padre. Una vida de perros. Y un día se topa con un mago (Ji Chang-wook) que se convierte en su amigo y consuelo. Aunque las cosas no se van a poner fáciles por eso. Sinceramente, por las impresiones iniciales, las expectativas iniciales sobre esta serie fueron demasiado altas. Pero al final me dejó un tanto frío. Sin caer tanto en el tópico, y con un guion e interpretación más cuidados, la cosa podría haber dado más de sí.

Y lo que está siendo hasta cierto punto un fenómeno es Pachinko. Hasta cierto punto, porque su plataforma de emisión, Apple TV+, no es de las más vistas. Pero es evidente que esta plataforma está pujando más por la calidad que por la cantidad. Al fin y al cabo, el gigante americano gana mucho dinero con otros diversos productos, y se puede permitir el lujo de una plataforma más minoritaria, pero prestigiosa. La serie está basada en un libro de la norteamericana de origen coreano Min Jin Lee. Que ha sido un gran éxito de ventas. Lo he leído estas vacaciones… mañana o el sábado lo comento, para hace acompañar a la entrada de hoy. Y la serie es una producción canadiense, con participación estadounidense y surcoreana, rodada en gran medida en Vancouver, aunque también en Corea del Sur y Japón. Hemos visto la primera temporada. Probablemente, la serie tendrá al menos tres temporadas, como las tres partes en que se divide el libro

La serie cuenta su historia, la de una familia surcoreana trasplantada a Japón durante la época de la colonización de su país por el imperialismo nipón, en dos líneas temporales. Una situada en 1989, con Solomon (Jin Ha), un joven zainichi (coreano residente, y las más de las veces nacido también, en Japón) que ha estudiado en Estados Unidos y pelea por ascender en su empresa, que es enviado al país donde nació y donde reside su familia, específicamente su abuela Sunja (Youn Yuh-jung) y su padre Mozasu (Soji Arai), para resolver un problema de adquisición de terrenos. Y la otra, flashbacks en forma de recuerdos de cuando Sunja (Kim Minha) era una adolescente pobre en una isla cerca de Busan, en la Corea colonizada por los japoneses, y se queda embarazada de un yakuza coreano (Lee Min-Ho).

La introducción de los capítulos es estupenda. Y aquí os dejo la del último capítulo. La canción es la misma en todos los capítulos, «Let’s live for today» por The Grass Roots. Pero en este último capítulo está cantada en coreano por la banda de pop pansori Leenalchi. Que conste que la canción originalmente era italiana, «Piangi con me» por un grupo italiano formado por ingleses, The Rokes.

Una historia que se centra en las historias de las gente modesta que no aparecen en los libros de historia, de quienes sufrieron las miserias del imperialismo, del racismo, e incluso ahora de la xenofobia intrínseca a determinadas culturas, nos encontramos con un producción excelente en todas sus dimensiones, verdadero cine de alto nivel para la pequeña pantalla, aunque su verdadero activo son los caracteres creados por la escritora y un reparto en estado de gracia. Aunque el nombre más llamativo es la oscarizada Youn Yuh-jung, el carácter más entrañable y la interpretación más conseguida es el que compone la joven Kim Minha, sin desmerecer por ello ningún otro. Como ya he dicho, una de las mejores series que se pueden ver en estos momentos. Total y absolutamente recomendable, y cuyo final de temporada te deja con ganas de mucho más. Motivo por el que me lancé a buscar el libro. Pero de eso hablaré mañana o pasado.

[TV] Cosas de series; aparte de universos virtuales y alternativos… la decepción de un flojo final para una gran serie

Televisión

Es curioso que, debido al cambio de mis hábitos cotidianos progresivamente desde hace un año, cada vez tengo menos contenidos de determinadas cosas, como de televisión, y más de otras, como de las fotografías que hago. Sin embargo, a pesar de eso, de vez en cuando se me acumulan. Y en pocas semanas se me han acumulado los televisivos y los fotográficos. Quería dedicar un espacio exclusivo a una de las mejores series de los últimos años,… pero por no acumular demasiado retraso en los comentarios la incluiré con otras.

Dos de las series de hoy transcurren en Nueva York, en su mayor parte. Y en una de ellas, sus sistema de ferrocarril metropolitano tiene un especial protagonismo. Así que ya podéis suponer de donde proceden las fotos.

He de decir que hoy traigo tres series muy interesantes. Empezaremos por la de apariencia más sencillita, Upload, serie de Amazon Prime Video con pintas de comedia de situación, pero que es bastante más. Las aventuras del «fallecido» Nathan (Robbie Amell), cuya psique es «subida» a una nube y a un mundo virtual por su novia, Ingrid (Allegra Edwards) y que acaba enamorándose de su encargada en la empresa de gestión del mundo virtual, Nora (Andy Allo). Pero detrás de la fachada de comedia romántica, hay una dura crítica al mundo de las empresas de servicios en internet, a las desigualdades sociales y a todas las hipocresías que se esconden detrás, incluidas las de los grupos que se oponen de forma militante a ellas. Y todo lo hace esta serie bastante bien. Aunque, sin duda, el gran activo de la serie es el carismas y la empatía que nos provocan los protagonistas de la serie. Bastante recomendable.

Por otro lado, Russian doll, comedia dramática de Netflix, con el magnífico trabajo de Natasha Lyonne en su papel protagonista, Nadia, nos sorprendió en su primera temporada con su inteligente visión de una trama tipo «día de la marmota», es decir un bucle temporal aparentemente infinito, que nunca es igual, pero que conlleva el mismo resultado final (es curioso que en la sección de Wikipedia en español sobre películas sobre bucles temporales no esté Groundhog Day [Atrapado en el tiempo] aunque en la misma sección en inglés sí lo está). Su muerte. Un tiempo después, Nadia vuelve ha encontrarse enredada en una nueva forma de viaje en el tiempo, cuando una línea de metro le lleva al pasado, bien a la época en que nació, ocupando el cuerpo de su madre (Chloë Sevigny), bien a la Hungría de la época fascista y antisemita, ocupando el cuerpo de su joven abuela (Ilona McCrea de joven, Irén Bordán de mayor). Y esta nueva trama todavía me ha gustado más. Está muy bien llevada, lo cual es difícil con los viajes en el tiempo. Y sobre todo, tiene alma, y te enganchas a los sentimientos, preocupaciones y sufrimientos de los personajes principales. Muy recomendable. De lo mejor de Netflix en estos momentos.

Inciso… hay nueva serie de viajes en el tiempo. Adaptación de una novela que ya recibió una primera adaptación cinematográfica en 2009, que vi en la televisión, y que me gustó bastante. Sobre la serie… sólo he visto el primer episodio, me gusta el reparto [«You know nothing, Jon Snow»], pero sobre el conjunto, el jurado todavía no se pronuncia.

Y hemos llegado al final de Killing Eve en HBO. Y realmente… al final, no me voy a extender. Casi todo lo que tenía que decir de la serie lo dije con antelación. Excelente reparto y trabajo interpretativo, gran química entre las protagonistas, con excelentes secundarios, tramas muy apasionantes, su punto de incorrección política… todo quedaba preparado para un buen final, que se ha cocido a fuego lento en sus ocho episodios finales. No han sido tan valorados como los de las series anteriores por los espectadores y algunos críticos. Pero yo creo que hay que entender la temporada en su conjunto para valorarlos. Y hasta la mitad del episodio 8 y último de esta última temporada, me parece que todo iba muy bien… para entrar en un final extremadamente convencional, poco imaginativo, en el que no han sabido dar al mundo el total y absoluto corte de mangas que se merece, y que ha decepcionado a todo quisque. Una pena, porque Eve (Sandra Oh) y, sobretodo, Villanelle (Jodie Comer, perdidamente enamorado de ella/Villanelle) merecían más. Mucho más.