[TV] Cosas de series; novedades y menos novedades surcoreanas

Televisión

Como ya comenté en algún momento, si estás suscrito a Netflix y ves la plataforma de contenidos desde España, lo más probable es que tengas configurada la interfaz de usuario en castellano. Y así, te aparece lo que parece la oferta de contenidos para este país. Pero si configuras la interfaz de contenidos en inglés… pues resulta que aparece una oferta de contenidos más amplia. Mi impresión era que aquellos contenidos que no están ni doblados ni subtitulados al castellano, no aparece cuando configuras la interfaz en este idioma. Pero ahora ya no tengo tan clara el tema. Desde que accedo a la plataforma en inglés, la ya amplia oferta de series surcoreanas, ese placer inconfesable al que me he vuelto totalmente adicto y que me absorbe los ratos que paso en casa los fines de semana, es todavía más amplia. Y la verdad es que suelo ir a ver las series de hace unos años, más que las de nuevo estreno. Pero bueno… También he visto algunos de los estrenos recientes. Hoy hablaré de dos de esos estrenos, y de una serie del año pasado, de las que no aparecen por defecto si accedes a la plataforma en castellano.

Glitch [título original en inglés, escrito 글리치 en coreano] es una de ¿ciencia ficción? ¿fenómenos paranormales? ¿extraterrestres? ¿sectas religiosas? ¿todo lo anterior? ¿nada de lo mencionado? Serie corta para los estándares del país asiático, diez episodios de una hora de duración, la protagonista es una joven (Jeon Yeo-bin) nacida en una familia acomodada, con un trabajo al que se dedica y se preocupa, pero que todos asumen que lo obtuvo por enchufe, y con un novio, con el que tiene una relación un tanto monótona. Y ve (o cree ver) extraterrestres. Con la gorra de un desaparecido equipo de beisbol del país. Un día, el novio desaparece, y sospecha que ha podido ser abducido (o simplemente secuestrado). Comenzará a buscarlo, y para ello contactará con un grupo de friquis, al frente de los cuales está una antigua amiga de la infancia (Im Jin-Ah también conocida como Nana en su actividad musical) con la que no se habla desde antaño. Y acabarán descubriendo una extraña conspiración alrededor de un (potencialmente peligroso) grupo religioso. La serie no ha producido mucho revuelo ni está muy valorada. Pero a mí me parece que tiene más miga de la que parece, denunciando una serie de lacras sociales que no son exclusivas del país asiático. Y está bien interpretada. Quizá le falte un poquito de ritmo en la trama. Pero no la calificaría como un placer inconfesable.

Eojjeoda Jeon-won-ilgi [어쩌다 전원일기, no tengo clara la traducción, pero sería algo así como el diario accidental de una pequeña comarca… aunque no me hagáis mucho caso] se ha traducido al inglés como Once upon a small town, y al español como Érase un amor rural. También es breve. 12 episodios de alrededor de 35 minutos de duración. Y es una comedia costumbrista, con romance insospechado en un entorno rural. Un joven veterinario bastante pijo de Seul (Young Woo Chu) se ve obligado a hacerle el favor a su abuelo de hacerse cargo de su clínica veterinaria en un pueblo. Un tanto a su pesar. Y allí «chocará» con una enérgica agente de policía local (Park Soo-young, también conocida como Joy en su faceta de cantante.)… muy mona ella, así que ya supondréis que podrá pasar. Serie tan simpática como intrascendente y olvidable. Pero el rato que la ves te divierte. Y dura poco.

Finalmente, me lo he pasado bastante bien con One the Woman [título original en inglés, transcrito al coreano como 원 더 우먼], una serie surcoreana típica de 16 episodios de 70 minutos de duración, que parece tuvo bastante éxito el año pasado en su país de origen. Y que no aparece entre los originales de Netflix, y que parece que no aparece en la plataforma si configuras la aplicación en castellano. El caso es que nos cuenta la historia de una fiscal (Lee Hanee), que parece que se relaciona con el hampa y con diversas corruptelas, a la que un día intentan matar por su semejanza con un rica heredera, casada con otro rico heredero de una pudiente familia empresarial, que sí que está metida hasta el cuello en la corrupción y en el crimen. Perderá la memoria, y la confundirá con la rica heredera,… que ha desaparecido. Al mismo tiempo que llega del extranjero otro rico heredero (Lee Sang-yoon), dispuesto a recuperar a su amor original… la desaparecida, y a acabar con la familia de corruptos. La trama de desmanes de los malos y sorprendentes coincidencias que interrelacionan a todos los personajes acaba configurando una muy entretenida serie que mezcla comedia, acción y un poquito de drama… este, sin molestar, y que como muchas series coreanas se salva por el buen trabajo de sus intérpretes, incluida la mala malísima de la función (Jin Seo-Yeon), más que por unos argumentos y guiones que… bueno, eso, placeres inconfesables. Me encanta la mala… me encanta.

[TV] Cosas de series; «crossover» de Chihiro y Baby Yoda y otras animaciones más o menos interesantes

Televisión

Últimamente estoy muy activo en series de animación. Como dedico menos tiempo a ver la televisión, no es raro que para las horas de las comidas o similares opte por series con episodios de corta duración, y para ello la animación es óptima.

Vistas nocturnas de Osaka para la entrada de hoy, tan vinculada al país nipón.

Y como guinda, Disney+, para celebrar uno de sus aniversarios de su puesta en marcha como plataforma en línea, nos ha ofrecido un curioso corto muy corto, Zen – Grogu and Dust Bunnies, un crossover entre  Sen to Chihiro no Kamikakushi [千と千尋の神隠し], más conocida en España como El viaje de Chihiro, y The Mandalorian. Una colaboración entre Studio Ghibli y Disney, dibujada a mano, al más puro estilo Ghibli, con Baby Yoda (odio el nombre real del bicho) y las partículas animadas de hollín de la película japonesa como protagonistas. Hay quien contrapone o confronta ambos estudios de animación. Incluso compara, negativamente para Disney, los valores que transpiran sus películas, especialmente en lo que se refiere a las actitudes y compromisos de sus personajes femeninos. Y en parte estoy de acuerdo. Pero ambas compañías han colaborado en el pasado, y Disney ha sido distribuidor de las películas de Ghibli en Estados Unidos. Tampoco es la primera vez que Disney mira a Japón para representar su universo galáctico. Y además lo hizo con acierto desde mi punto de vista.

Exception, una serie de ocho episodios autoconclusiva que recientemente estrenó Netflix, también es un ejemplo en el que los americanos miran a Japón para realizar sus series de animación. Se trata de una aventura espacial en la que los exploradores y terraformadores de un nuevo planeta para ser colonizado por el ser humano son transportados como datos cibernéticos, para ser impresos biológicamente al llegar a su destino. Momento en el que las complicaciones comenzarán, especialmente cuando uno de ellos sea impreso con errores que lo hacen parecer un monstruo, y se descubra que hay un saboteador en la misión. En realidad, la idea original de la serie es japonesa… e incluso incluye música de Riuichi Sakamoto, porque os hagáis una idea de las pretensiones. Cuenta con animadores taiwaneses, y su idioma original es el inglés, puesto que Netflix la ha encargó con el mercado occidental en mente. El movimiento de las bocas de los personajes se corresponde también con el idioma inglés. A pesar de sus pretensiones, a mí, su estilo de animación, muy generada por ordenador en sus gráficos, y su historia me han dejado un poco frío.

Siguiendo con las aventuras espaciales, se puede ver en Amazon Prime Video la tercera temporada de Star Trek: Lower decks, con las aventuras de la USS Cerritos, una mediocre nave dentro de la flota espacial, y sus tripulantes de menor rango como protagonistas. El estilo con respecto a temporadas anteriores no cambia. A medio camino entre la parodia y el homenaje, el buen humor combinado con unos personajes con lo que simpatizas, y unos aventureros argumentos dinámicos y divertidos, hacen que esta sea probablemente una de las pocas series de la franquicia trekkie que esté dispuesto a ver hasta el final con verdaderas ganas. Además yo creo que se ha ido superando poco a poco desde que comenzó.

Finalmente, animación japonesa en el ámbito del cyberpunk, como su título nos recuerda constantemente, con Cyberpunk: Edgerunners. Parece que está situada en el universo de ficción de un videojuego, que a su vez está dentro del universo de un juego de rol. O algo así, que con estas cosas, que no me interesan mucho, me lío. La cosa va de una banda de individuos modificados cibernéticamente, que realizan trabajos en el inflamando de una sociedad distópica dominada por grandes empresas más o menos todopoderosas. Nada especialmente original. Me forcé un poco a verla hasta el final, pero realmente es un género que no me llama la atención. Muchas imágenes pretendidamente espectaculares, mucha violencia, y un teórico enfoque hacia un público adulto, aunque supongo que serán los adolescentes machos y adultos muy jóvenes, también con genotipo XY, los principales consumidores de este tipo de series. Su idioma original es el japonés, pero en su producción ha participado un estudio polaco. Están de moda las colaboraciones internacionales en animación.

[TV] Cosas de series; una mediocridad, una curiosidad y una serie imprescindible

Televisión

En estos momentos veo tres tipos de series. Para una evasión total y absoluta de lo cotidiano, en los fines de semanas, las teleseries coreanas. Para relleno de momentos muertos, como la hora de comer, de cenar, una espera corta para hacer algo o cosas así, la animación. Y cuando me pongo a ver la televisión entre semana, la ficción occidental. Vamos con esta última, que últimamente me tiene un poco desmotivado.

No es Santiago de Compostela la ciudad que aparece representada en la serie española que comento hoy. Creo que es Vigo o Pontevedra. Pero a falta de fotos de estas, las de la capital gallega valdrán.

En alguna ocasión he dicho que Virgin river es una serie que me parece más propia de canales tipo Cosmopolitan y similares, destinados casi exclusivamente al público femenino, y que comencé a ver por algunos extraños paralelismos con Northern Exposure, aunque sean dos series totalmente distintas. Tras su primera temporada, se convirtió en un guilty pleasure de tomo y lomo. Y cuando llegó su cuarta temporada me puse a verla con la convicción de que era la última. Y por ello aguanté hasta el final… porque la serie ha entrado en una dinámica bastante aburrida y mediocre de escenas que se repiten constantemente, con diálogos casi idénticos unos de otros, y con una pérdida de empatía considerable hacia los personajes de la serie, que sí existía en su primera temporada. Para chasco mío, resulta que la serie continua. Pero dudo que yo continúe con ella, porque realmente ha entrado en una mediocridad absoluta. Me sorprende que algo tan flojo siga teniendo presencia en Netflix, mientas que otras producciones considerablemente superiores son canceladas. En fin… cosas del capitalismo. Lo cierto es que el público votante en IMDb se mantiene fiel, con puntuaciones buenas o muy buenas, dependiendo de los episodios. En fin… cosas del ser humano.

Un asunto privado es una serie española que aterrizó en septiembre en Amazon Prime Video. Me lo pensé un poquito antes de ponerme a ella, porque su principal protagonista, Aura Garrido, es una actriz que no me acaba de convencer. Pero bueno,… una serie detectivesca, con abundante humor, Jean Reno como el «mayordomo» y una interesante ambientación, un notable esfuerzo en el diseño de producción… Le di una oportunidad. No me arrepiento. Reconozco que me lo he pasado bien y me he reconciliado, un poquito, con la actriz protagonista. No es una gran serie. Vale. Es un entretenimiento. En los años cuarenta del siglo XX, en alguna ciudad gallega, la animosa hija de un célebre comisario de policía, hermana del actual, reivindica su capacidad para investigar a pesar de la negativa social al acceso de las mujeres a la policía. Así que, acompañada de su fiel mayordomo, se rebela y comienza a investigar a un asesino en serie. Hay que considerar que para aceptar el ambiente de la serie, hay que considerarla como un universo alternativo o una ucronía de la España real de los años 40. No hay señales de que el país vive en una dura posguerra con muchas privaciones, el entorno de la protagonista es muy glamuroso. No hay señales de que la policía del momento era órgano represivo con limitados recursos para la investigación criminal. No hay signos por ningún lado de la triste realidad sociopolítica del momento. Pero bueno… Es lo que hay. Una curiosidad entretenida, y con algunos momentos divertidos, pero sin más. Muy inspirada me parece en algunos personajes femeninos del cine francés. No sé si habrá segunda temporada. Si la hay bien, y si no, también bien.

Y con su tercera y última temporada, se nos han despedido para siempre las Derry girls. Una serie que me parece absolutamente imprescindible. Sabe a poco. Muy poco. Temporadas de seis episodios de media hora. Eso sí, no tienen desperdicio. Dinámicos. Con diálogos tremendamente inspirados. Retratando con humor una época y un lugar, en el que los problemas y los dramas, o tragedias, no faltaban, la época de los conflictos armados en Irlanda del Norte, una de las muchas cagadas heredadas del imperialismo británico. Pero la serie sabe retratar una época, denunciar una situación, con muchos culpables, sin acritud, con cariño hacia las personas que sufrían la situación. Y retrata estupendamente la transición desde la inconsciencia y la falta de responsabilidad de este grupo de adolescentes hacia una incipiente madurez, hacia la entrada en la edad adulta y hacia la asunción de responsabilidades, sin perder nunca el buen humor. La última temporada tiene un episodio extra, más largo, de 48 minutos, en el que se hace coincidir la mayoría de edad de las protagonistas, y el protagonista, con el referéndum de los Acuerdos de Viernes Santo, que pusieron fin a la violencia armada en los condados británicos del Ulster. En general, es una de las mejores series que he visto en los últimos años. Y más a gusto.

[TV] Cosas de series; una miscelánea porque ya tocaba

Televisión

Con lo que tengo a la espera, y con un ritmo de una entrada televisiva a la semana, tengo garantizado rellenar todo el mes de noviembre con cosas vistas hasta finales de octubre. Es decir… llevo mucho acumulado. El caso es que también tenía una miscelánea de cosas que quería comentar, algunas se remontan a hace casi cinco semanas, y es hora de que las ponga por escrito. Aquí van.

Me llamó la atención que en Netflix añadiesen a su oferta durante el mes de septiembre un documental sobre ciencia que nos hablase del concepto de infinito. Con una hora y veinte minutos de duración aproximadamente, A trip to infinity (Un viaje al infinito) puede dar mucho de ser o quedarse muy corto, porque el tema da para mucho; aunque sólo el situar a los profanos en el concepto de infinito ya puede ocupar ese tiempo. Y eso es lo que yo imaginaba yo; que sería un documental para profanos. El concepto de infinito siempre me ha parecido apasionante. No sólo en el ámbito de las ciencias, donde curiosamente, una vez que alcanzas unos conocimientos mínimos es donde más fácil es de asumir y manejar, sino en el de la filosofía y otras áreas del conocimiento, donde es más complejo de encajar. La negación del infinito, la incapacidad del ser humano en sus estados más básicos de evolución y cultura, especialmente el miedo a no ser para siempre, durante un tiempo infinitamente largo, es decir, a morir, está detrás del origen de no pocas religiones. Generando una pasmosa ironía; por miedo a unos infinitos, crean los dioses también infinitos de por sí, salvo aquellas religiones con götterdämmerungs diversos. Aunque incluso estas suelen tener ciclos infinitos de regeneración del mundo divino y humano. La cuestión es que el documental, que vi en un viaje en tren durante mis vacaciones por el sur de Francia, me dejó un tanto frío. No me aportó nada nuevo, y hubo demasiadas cabezas parlantes hablando «muy emocionadas» sobre «lo guay que es todo esto del infinito», mientras desgranaban los contenidos más habituales de los vídeos que sobre el tema se encuentran en Youtube, sin especial profundidad ni aplicación a la vida y al pensamiento cotidiano de las personas. Hay mejores sitios donde comprender el concepto. Pero puede venir bien a mucha gente.

Es raro que cuando se habla de infinitos, no aparezca aquello de lo de las líneas paralelas que se cruzan en el infinito… o cosas así. Y el mejor ejemplo de líneas paralelas son las vías del ferrocarril. Ayer estuve de viaje en el día a Haro, en la Rioja, mañana os cuento más, y tuve mucha dosis de ferrocarril.

Me lo he pasado bien con una serie documental-musical, también de Netflix, realizada en Corea del Sur y con músicos surcoreanos. Se trata de Take1, en el que se narra el como se hicieron cinco actuaciones que se grabaron en un vídeo, con cinco músicos o grupos musicales del país asiático, pero que tenían una serie de condiciones. Tenían que elegir una canción que fuese la que elegirían como la última y más especial de su vida, y la actuación con la grabación habría de hacerse en una sola toma. Me divirtió bastante, aunque en general el interés fue diverso. Los artistas iban de la música clásica hasta el K-pop más total y absolutamente comercial, desde gente en activo en las listas de éxitos a gente retirada, desde veinteañeros a sesentones. Pero, ¿por qué me dio por ver esto? Durante los meses de enclaustramiento covidiano, los fines de semana y la semana santa en las que tuve que pasar mucho tiempo en casa, yo no estuve confinado en días laborales por ser profesional sanitario y tener que ir a trabajar, tiré mucho de Youtube. Ahora paso mucho menos tiempo, por el abuso con la publicidad que está tirando a la basura la plataforma. Y allí encontré un canal de música japonesa actual, J-pop, The F1rst Take, en el que diversos cantantes graban una actuación en estudio en una sola toma, sobre un fondo en blanco, y muchas veces, los de más nivel, con unos arreglos musicales distintos de sus grabaciones comerciales, más sencillos o acústicos. Un directo en condiciones. Durante unos meses en la pandemia se convirtió en The Home Take, porque grababan desde sus casas en confinamiento. Entendámonos, es un tema de promoción comercial de una discográfica perteneciente a un conglomerado empresarial muy conocido. No hay más que fijarse en la marca de los auriculares, que siempre se ve muy clara. Pero está hecho con gracia. Y me ha permitido conocer a algunos músicos de pop japonés que realmente lo hacen muy bien. Luego he visto otros canales similares. Por lo que es un tipo de iniciativa de moda. Y Netflix ha buscado explotar la fórmula, incluyendo también un largo make-off, antes de reproducir al final de cada episodio la actuación de turno. Curioso, me he divertido.

Y finalmente, durante el mes de octubre, hemos podido ver un especial de Doctor Who, The Power of the Doctor, un especial de hora y media que ha servido de despedida, ya anunciada, a la primera reencarnación femenina, de la mano de Jodie Whittaker, en la historia del estrafalario héroe espaciotemporal de modales tan británicos. Se les ha olvidado a sus productores que el Reino Unido tiende en la actualidad a aislarse del espacio-tiempo convencional para encerrarse en una desenfrenada actividad de mirarse al ombligo, soñar con glorias pasadas, e imaginar que regresan en el futuro, sin hacer nada para ello, y eligiendo una serie de ineptos y desafortunados primeros ministros, a cual peor. A pesar de que los contrincantes de la enésima vez en que la Doctora y sus compañeros salvan el mundo son los más tradicionales, es decir, los que menos me gustan, el episodio es entretenido. Esta etapa de la serie ha gustado menos. Y a mí también. Pero no por el motivo por el que a muchos cerriles les ha gustado menos, a saber, que el Doctor sea Doctora. Creo que Whittake podría haber sido una excelente protagonista, incluso de las mejores o la mejor… siempre que hubiera habido unos guionistas del nivel del de tiempos pasados. Y eso no ha sucedido. Desde que la era actual de la serie volviese en 2005, ha pasado mucho tiempo y eso conlleva un desgaste evidente. Necesita cambios más profundos que los más recientes, muy cosméticos, basados en lo políticamente correcto. Pero no sé que me dice que van a seguir con lo mismo. Y no digo que proponer una integración y una presencia de las minorías esté mal. Me parece perfecto y necesario, pero hay que hacerlo con un cuidado a la escritura del guion y sin que convierta el entretenimiento que una serie de este tipo debe proporcionar en algo secundario. Para el año que viene se anuncia un especial 60 º aniversario, ya adelantado por algunas de las cosas que han aparecido en este último episodio. En fin… ya veremos, que dijo un ciego a otro ciego.

[TV] Cosas de series; Epica fantástica, segunda parte; de regreso a Westeros

Televisión

Dejémoslo claro. Si he dividido la entrada televisiva en dos partes, dedicadas a las dos nuevas series del género épico fantástico estrenadas casi simultáneamente a finales de agosto o principios de septiembre, es porque una de ellas, la de ayer, merecía un comentario amplio. La adaptación de un episodio significativo del legendarium de Tolkien implicaba riesgos y dificultades. Y ayer di mi opinión sobre la cuestión. La adaptación de una de las obras del universo medieval con dragones de George R. R. Martin… no tanto. Por lo tanto, independientemente de lo que opine sobre la nueva serie, mi curiosidad a priori era mucho más limitada.

Mi reciente visita a la ciudadela medieval de Carcassonne me viene al pelo para ilustrar el mundo medieval fantástico de la serie que comento hoy.

House of the dragon adapta parte de unos libros que Martin ha escrito como secuelas/precuelas a su inacabada saga principal. Lo que adapta es la segunda parte del primero de los libros, Fire and blood, que dedica a narrar la historia de la Casa Targaryen. El segundo no ha sido escrito todavía. No lo he leído. Ni tengo la intención de hacerlo. Entendámonos… a mí Martin, como escritor, no me entusiasma. Aunque tiene cosas que me han gustado. Hay una historieta, con guion suyo, cuyo material original es un piloto para televisión de los años 90 que no se llegó a producir, que me divirtió mucho. Francamente, me gustó. Aunque no tiene nada que ver con el universo de Westeros y continentes adyacentes. Ni en los temas ni en el tono. Y las novelas cortas de Dunk y Egg, que sí están inmersas en el universo de Westeros, también me gustaron. Pero su saga principal me resulta una pesadez. Es excesivamente prolijo en su escritura, lo cual para un lector como yo, firme creyente de la economía de medios a la hora de relatar… pues no funciona. Si algo es largo y voluminoso, tiene que estar muy justificado. Así que lo de leer un pesada historia sobre la dinastía ficticia de rubios platino… pues no. Pero durante el pico de la fiebre de Game of Thrones, en uno de mis grupos de amigos consultábamos cosas sobre lo que se narraba en otras fuentes bibliográficas de Martin y, como consecuencia… tachán… ya sabemos lo que va a pasar en la serie de la que hemos visto la primera temporada. De hecho, pronto pronosticamos en qué punto iba a terminar la primera temporada. Acertamos.

Y por otra parte, la historia que nos presentan tampoco es especialmente original. Vamos con una posible sinopsis breve. A la muerte de un rey, en circunstancias realmente sospechosas, los posibles candidatos al trono se enfrentan en un duro conflicto bélico que causará mucha destrucción y muertes. Ya está. Una sinopsis que vale tanto para esta nueva serie como para la original. Luego lo adornas con lo que quieras,… pero es lo mismo. Es decir… los responsables de la serie juegan sobre seguro. Dan más de lo mismo a los fans de la franquicia. Con las mismas fórmulas que proporcionaron el éxito a la anterior; una cuidada producción y ambientación, buenos intérpretes, magníficos diálogos que constituyen el fuerte de la serie, y eventuales momentos de acción, espectaculares, que sorprenden y animan el conjunto. Por supuesto, esta es la receta de las seis primeras temporadas de Game of Thrones. Lo que sucedió en las finales… el apresuramiento, el desconcierto, la mala medición de tiempos y formas, que llevaron a que la nota final de la serie bajara un par de puntos… es otra cosa. De momento, la nueva serie sigue las mismas fórmulas que los mejores momentos de su predecesora, aunque con más sencillez. Hay menor dispersión, de momento, en las líneas argumentales. Y el número de personajes principales es mucho menor. Por lo que todo es más sencillo. Desconcertó a algunos el cambio de protagonistas, por cuestiones de edad de los personajes, en un momento dado. Pero creo que todo el mundo se ha acostumbrado.

Y ya está… copiando lo mejor de su predecesora, con la misma receta,… la serie está muy muy bien. Es muy divertida, los diálogos son magníficos, la secuencias de acción estupendas, y hay suficientes personajes con los que empatizar para que el espectador se anime a seguir sus peripecias. Ciertamente, los guionistas han decidido con claridad cual de los bandos en conflicto es el «bueno» y cual es el «malo». Y es lo que menos me ha gustado. Porque la serie, a priori, se prestaba a todo menos a un maniqueísmo que no le sienta bien en mi opinión. Pero tampoco es grave. Muy muy muy bien Paddy Considine, Eve Best, Milly Alcock y Olivia Cooke en sus respectivos papeles. Pero sin desmerecer al resto. Entre las dos antagonistas principales, en sus personajes adolescentes destaca más Alcock, la interprete de Rhaenyra, que Emily Carey, la intérprete de Alicent. Sin embargo, en los personajes adultos, creo que lo hace mejor Cooke como Alicent que Emma D’Arcy como Rhaenyra. Sin que eso suponga que no lo hagan también bastante bien. Pues eso… a esperar la siguiente entrega de sangrientas barbaridades. No voy a desvelar el resultado final,… pero como ya podréis suponer, esto va a quedar como el rosario de la aurora.

[TV] Cosas de series; Epica fantástica, primera parte; de regreso a la Tierra Media

Televisión

Tengo bastante asunto televisivo retrasado por comentar. Pero me voy a saltar algunas cosas que llevan esperando ya un tiempo, para centrarme esta semana, en dos partes, en lo que haya sido probablemente los más interesante en el medio en las últimas semanas. De forma casi simultánea, en HBO y en Amazon Prime Video, comenzaron las primeras temporadas de sus series estrella del género épico fantástico. No pocos han intentado establecer una competición entre ambas producciones. Pero, incluso a priori, sobre su material literario original, son dos historias, planteamientos y temas bastante más distintos de lo que parece, que sólo tienen en común que transcurren en un mundo que vive un medioevo ficticio y fantástico en el que suceden cosas espectaculares. Dado que las veo como dos cuestiones distintas y no incompatibles entre sí en el corazoncito del teleadicto, he decidido comentarlas por separado en días consecutivos.

Por cierto, ilustro la entrada con fotos de los montes Huangshan en China. El nombre de China en sus idiomas propios, con los caracteres 中国 (Zhōngguó en mandarín) viene a significar Tierra Media o quizá mejor el País Medio. Esto se replica en otros idiomas de países próximos, como por ejemplo en japonés, en el que los dos caracteres se leen Chūgoku, también con el mismo significado. Los propios japoneses tienen una región con este nombre y esos dos caracteres. Así que… fotos de la Tierra Media para ilustrar una serie sobre la Tierra Media.

Las dos series comenzaron en una misma semana de este año, una un lunes, la otra un viernes, entre los últimos días de agosto y los primeros de septiembre. Pero la que hoy traigo aquí, basada en el legendarium de J. R. R. Tolkien sólo tiene ocho episodios, dos menos que la otra, y terminó antes. Así que empiezo por ella.

The Lord of the Rings: The Rings of Power no adapta un libro u obra en concreto de Tolkien. Trata de un determinado periodo de tiempo, lo que en la cronología interna del universo de Tolkien se ha dado en llamar el final de la Segunda Edad de la Tierra Media, ese continente ficticio, anterior al mundo que conocemos, origen de lo que sería Eurasia. De los libros que han pasado por mis manos, se puede leer sobre ello en el Akallabêth, la cuarta parte del Silmarillion, que resume la historia del reino de los hombres en la isla de Númenor hasta que esta quedó sepultada en los mares cuando el mundo cambió. Y tambien en Of the Rings of Power and the Third Age, la quinta parte del Silmarillion, que cuenta lo que aconteció con los refugiados de la isla en la Tierra Media en sus cuitas con Sauron, lugarteniente de Melkor/Morgoth, que también es el principal antagonista de The Lord of the Rings. Y también hay que acudir, aunque de forma más resumida, a alguno de los apéndices de este último libro. Existe alguna otra obra editada por los herederos de Tolkien que recoge escritos del escritor sobre esta parte de su legendarium, pero yo no los he leído. Por lo tanto, Tolkien no detalló los acontecimientos que en la serie se cuentan; trazó las grandes líneas. Por lo tanto, la libertad creativa de los creadores y guionistas de la serie ha sido amplia.

Le tenía miedo a esta serie, por los antecedentes. De la trilogía cinematográfica original de Peter Jackson hay cosas que me gustan, pero otras no. Siempre he aborrecido profundamente la batalla del abismo de Helm. La trilogía dedicada a The Hobbit la he aborrecido todavía más y más profundamente, especialmente por el cariño que le tengo al material literario original que me parece absolutamente fenomenal, y cuyo espíritu es traicionado constantemente y a conciencia, al convertir un simpático conjunto de cuentos con no poco humor y desparpajo, que conforman una historia única y coherente en un espectáculo épico excesivo y prepotente sin ningún sentido, una operación de sacaperras que siempre he despreciado. Así que… la primera buena noticia sobre la nueva serie es que Jackson no tendría nada que ver con ella.

No obstante, la serie no se despega del universo creado en la trilogía cinematográfica inicial. Con los límites de una producción televisiva, por bien dotada que esté presupuestariamente, hay una coherencia visual y creativa que me parece bien. Pero hay una diferencia de tono y de ritmo. Sabiendo que es la temporada de presentación de una serie cuyos platos fuertes han de llegar en un futuro, se toma su tiempo desarrollando los personajes, dándoles una personalidad, unas motivaciones y un crecimiento en la historia. Siempre ha habido mucho maniqueísmo en la historia de Tolkien. Como buen católico, siempre trasladó las visiones doctrinales sobre el bien y el mal a sus obras. Melkor/Morgoth siempre fue la versión fantástica de Lucifer, el ángel caído de las religiones abrahámicas. Y Saurón, una de las figuras angélicas que cayeron con él. Pero la serie genera conflictos en los personajes, dotándoles de una gama tonal más allá de ser los buenos y los males. En El Silmarillion, ya estaban presentes los conflictos internos de los noldor, de los que Galadriel es una princesa de la casa real, entre su necesidad de saber y construir y los límites impuestos por los poderes divinos/angélicos. Por lo tanto, la serie permite un desarrollo más profundo de los personajes que lo que permiten las películas que ya conocemos. Lo cual no ha impedido que haya algunos momentos de acción emocionantes y bien desarrollados.

La serie ha recibido críticas ásperas de algunos sectores, que sinceramente no entiendo. La distribución de votos en IMDb es absurda y denota una campaña más o menos organizada contra la serie que no se corresponde con la realidad. El 61 % de los votos están comprendido entre el 7 y el 10. Entre el 3 y el 6 sólo suman el 16 % de los votos. Y de repente entre el 1 y el 2 se agrupan el 23 % de los votos… un sinsentido. Una distribución de frecuencias bimodal donde las categorías más votadas son los dos extremos es un sinsentido. Así que no hagáis ni caso. No es perfecta, pero está muy bien. Realmente, muy bien. Es cierto que se desvía en algunas cosas del material original. Y que se ofrecen arcos argumentales secundarios totalmente inventados, aunque plausibles. La única cuestión que me ha chirriado es la aparición de un personaje, cuyo nombre no se ha mencionado todavía, aunque se ve venir, que no debería aparecer sobre la faz de la Tierra Media hasta la Tercera Edad de acuerdo a los escritos de Tolkien. Pero bueno… tampoco me parece grave. Y si sirve para generar un línea argumental interesante…

En resumen, una aventura que no ha hecho más que empezar. Que creo que lo ha hecho con buen tino. Que me ha interesado más que las adaptaciones cinematográficas. Y que tiene alguna desviación respecto a los escritos de Tolkien, pero que me dan igual.

[TV] Cosas de series; romances, arte moderno, chamanes y fantasmas

Televisión

El mes de septiembre y los principios de octubre han sido muy entretenidos en lo que se refiere a las comedias/dramas románticas coreanas que he podido ver en Netflix. Ese vicio que me consume desde que me suscribí a la plataforma, y al que me entrego en las sobremesas y tiempos muertos de los fines de semana.

Nuestra reciente visita a un museo de arte moderno y contemporáneo, el Guggenheim de Bilbao, nos servirá para ilustrar la entrada de hoy, en la que también hay un museo de arte moderno, aunque sea de ficción.

Dalliwa Gamjatang [달리와 감자탕, Dali y estofado de cerdo con patatas], en inglés, Dali and Cocky prince (Dali y el príncipe chulito). Dali es un chica muy mona (Park Gyuyoung) y muy maja y educada, hija (adoptada) de un millonario que posee un museo de arte moderno, y que a la muerte de su padre se encuentra con un montón de problemas para mantener el museo, y con una conspiración para un pelotazo inmobiliario a costa del museo. Y en un momento dado se cruza con un empresario de éxito (Min-Jae Kim), cuya familia se ha hecho rica a base de ofrecer en sus restaurantes platos de gamjatang, que es una especie de estofado de carne de cerdo con patatas y verduras. Y el mozo es una patán poco educado y chulito, preocupado por el dinero… aunque buena persona. Obviamente, tras numerosos equívocos y chascarrillos, habrá romance, y lucharán contra la conspiración. La virtud de la serie, que tiene los elementos tópicos de estas series surcoreanas, es que los personajes generan una razonable dosis de empatía y simpatía, y acabas pasándolo bien. Sin más. Es una de esas series que están en Netflix, pero que no las encuentras si dejas la aplicación en castellano. Si la configuras en inglés, entonces sí que aparece.

Lo mismo pasa con Hotel del Luna [호텔 델루나, tal cual en castellano en el original con una contracción que no toca, porque debería ser Hotel de Luna u Hotel de la Luna], sólo la encontraréis con la aplicación configurada en inglés por defecto. A pesar de que es una serie que parece ser consiguió un gran éxito en su país. Y no es de extrañar, porque al igual que la anterior, y en mayor medida, los protagonistas generan grandes dosis de empatía/simpatía en el espectador. La chica protagonista (Lee Ji-eun, también conocida como IU en su faceta de cantante), muy mona y con un enooooorme vestuario a lo largo de la serie, es un alma en pena «condenada» por sus «pecados» a regentar la posada/hostal/hotel (según los tiempos) donde permanecen los fantasmas de los fallecidos con temas pendientes antes de trascender al más allá. Y siempre tiene un gerente o encargado humano para las cosas terrenales del sobrenatural establecimiento hotelero. Y el nuevo (Yeo Jin-gu), va a dar nuevas esperanzas de redención a esta alma en pena. Que por otra parte tiene una colección de coches de lujo y se pone ciega de caviar y champaña. Así también me gustaría ser un alma en pena. En paralelo se nos van contando las peripecias de la chica 1000 años atrás, en vida. Muy divertida. Buena parte del mérito es de la chica protagonista.

Y luego, disponible para todos, esta Minamdang [미남당, hombre guapo], Café Minamdang internacionalmente. Un expolicía exconvicto (Seo In-Guk), injustamente condenado por un crimen que no cometió, busca desenmascarar al asesino de su amigo fiscal. Y para ello se hace pasar por un chamán con poderes videntes, junto con sus hermanos y un amigo. Pero se cruzarán con una policía (Oh Yeon-Seo), la hermana pequeña del fiscal asesinado, a quien inspiró de adolescente para seguir su carrera. Por supuesto, habrá romance, con bastantes dosis de comedia, y su punto de drama. Volvemos a las mismas virtudes de las anteriores; el buen trabajo de sus intérpretes y unos personajes muy querible. Así pues, un conjunto de series entretenidas. Y ya está.

[TV] Cosas de series; anime reciente… y muy divertido

Televisión

Las ofertas de Netflix y Amazon Prime Video en animación japonesa, anime, no están mal. Pero no siempre llega la serie interesante en el momento en que te apetece. El anime, lejos de ser un concepto monolítico y unitario, abarca una enorme variedad de géneros y estilos, por lo que resulta muy reduccionista que alguien proclame en general si le gusta o no el anime. Dentro de que en general está destinado a unos sectores demográficos muy concretos, adolescentes o jóvenes muy jóvenes de ambos sexos, hay películas o series difícilmente digeribles por quienes no pertenecen a esos sectores, mientras que otras maravillarán a cualquiera que guste de la buena animación en general o, incluso, del cine en general. En los últimos meses he estado explorando en otras fuentes series de animación japonesa interesantes… y algo he encontrado.

Terminé de ver la serie «Lycoris recoil» poco antes de viajar a Toulouse, en cuyo jardín botánico encontré unos ejemplares de «Lycoris radiata», la flor que da nombre a la serie, de alguna forma.

Mamahaha no Tsurego ga Motokano datta [継母の連れ子が元カノだった, algo así como My stepmother’s daughter is my ex, la hija de mi madrastra es mi ex] es una simpática y sensible serie sobre dos adolescentes, huérfano de madre él y de padre ella, que fueron novietes en su último año de la educación secundaria obligatoria. Y de repente se encuentra que el padre de él y la madre de ella ligan y se casan y se convierten en hermanastros, cuando comienzan el bachillerato (uso los términos educativos españoles como equivalentes para no liar al lector que no esté al tanto del sistema educativo nipón, que no es tan distinto al nuestro). Durante doce episodios se explorará cómo se ajustan a la nueva situación, ambos chavales son sensatos y desean lo mejor para sus padres, al mismo tiempo que descubrirán porqué no funcionó lo suyo cuando en realidad estaba [¿están?] colados el uno por el otro. Buen diseño de caracteres, mucha empatía y al mismo tiempo un ritmo que hace que los episodios de 23 minutos se hagan cortos.

Yofukashi no uta [よふかしのうた, Canción del trasnochador, titulada en inglés Call of the night, la llamada de la noche] entra en lo fantástico. Un chico de 14 años, hijo de una madre que lo cría solo, buen chaval y estudioso, está desencantado de la vida y deja de ir al colegio, dedicándose por la noche a zascandilear por la ciudad. Hasta que se encuentra a una pizpireta y atractiva vampira que le hará pasárselo muy bien, a cambio de un mordisquito de vez en cuando. El chico que quiere ser vampiro para la vampira se niega y además le dice que para que eso suceda tiene que enamorarse de ella… y el chaval se lo propone. La premisa es un poco tontorrona. Pero en esta serie lo que importa no es eso, que funciona como macguffin, sino las relaciones que se establecen cada noche entre los protagonistas y otros personajes que frecuentan habitualmente o esporádicamente la noche. Y los temas son, en este caso, mucho más adultos de lo que la premisa de partida permite imaginar. Con unos fondos muy expresionistas y un potente banda sonora, también sabe a poco.

Y finalmente, Lycoris recoil [リコリス・リコイル, el retroceso de Lycoris, sospecho que el título está más escogido por su sonoridad aliterativa (rikorisu rikoiru) en japonés que por su significado] es la serie que más me ha intrigado. Y me ha divertido. Pertenece a una mezcla de géneros; girls with guns, tranche de vie, distopía… Estamos en un Japón en apariencia absolutamente ideal, donde el crimen no existe y los ciudadanos viven en paz (distopía). Salvo por un pequeño detalle… hay organizaciones de adolescentes huérfanos educados por organizaciones paragubernamentales para ser asesinos que eliminan expeditivamente las amenazas para esta sociedad «ideal». La organización femenina, Lycoris, por la planta endémica de Japón Lycoris radiata, en un intento de frenar a unos traficantes de armas, se ve obligada a expulsar a una de sus componentes, Takina Inoue, por eliminar a tiros a los traficantes cuando estos amenazaban con matar a una compañera, a la que puso en peligro (girls with guns). Se refugia en un café regentado por un antiguo agente secreto, el LycoReco (en japonés リコリコ, rikoriko), donde hace amistad con otra antigua agente Lycoris que ahora va por libre, y que nunca mata, Chisato Nishikigi. Se tendrá que acostumbrar a trabajar en el café (tranche de vie), y a realizar trabajos de ayuda a las gentes, muy distintos. Hasta que un grupo ponga en peligro la estabilidad de todo. La serie es tremendamente entretenida, con unos personajes que generan mucha empatía. Pero no se acaba de pronunciar, o es muy ambigua, en el tema gordo de los que plantean, a saber, la ética de los medios paralegales, de las coaclas del estado, para eliminar lo indeseable en la sociedad, y cuando esto se convierte en un problema en sí mismo. Pero es muy divertida, y está muy bien hecha. Tiene más ironía en algunos momentos de la que parece.

[TV] Cosas de series; autismos y obesidades en las series surcoreanas

Televisión

Esta semana, dos series surcoreanas que he ido viendo muy poco a poco durante el mes de agosto y principios de septiembre. Y las dos, a priori, en una está más claro que en la otra, intentan normalizar la diversidad de las personas desde el punto de vista del físico o de la psique. Si lo consiguen o no, es otra cosa. Si las series entretienen o no, también es otra cosa.

Oh, my Venus [오 마이 비너스, el título en coreano es la transcripción en su alfabeto del título en inglés] es una serie que tiene ya varios años. Su emisión en el invierno 2015 – 2016, y está disponible en Netflix. Aunque es de esas series que los abonados españoles no ven en su catálogo salvo que ajusten la interfaz de la aplicación al idioma inglés. Entonces, sí. Me puse a verla por estar protagonizada por Shin Min-a, una actriz muy guapa, elegante y simpática, que había visto ya en algunas series anteriores, aquí, aquí y aquí. La cosa va de una chica que era un bellezón en su ciudad de provincias cuando era adolescente y en los años de universidad, pero que al entrar en el mundo real, empieza a calmar la ansiedad comiendo y acaba obesa. La trama es una comedia romántica, con su punto de drama, en la que, por supuesto, la chica volverá a ser un bellezón. No normaliza la diversidad corporal; no denigra a las personas obesas, pero no deja de sentir lástima por ellas, y les plantea unos tratamientos, basados en el ejercicio, que probablemente no funcionen sin una dieta realmente ajustada. La trama es entretenida, sin más.

Mucho más interesante es un estreno en Netflix que parece que ha cosechado mucho éxito. Tanto en su programación original en Corea del Sur como en su emisión internacional en la plataforma en línea. El título es Isanghan byeonhosa U Yeong U [이상한 변호사 우영우, La extraña abogada Woo Young-woo], en castellano, Woo, una abogada extraordinaria. Si notáis diferencias en el nombre de la protagonista es por las diferencias en la romanización a partir de la escritura coreana. U Yeong U y Woo Young-woo se supone que suenan lo mismo. La primera es la romanización oficial de las autoridades coreanas y la segunda la adaptada a la escritura en inglés. Ninguna de las dos se adapta al castellano (que vendría a ser U Yongu); pero la primera de ellas se nos acerca más.

En esta serie tratan el autismo. La protagonista, protagonizada por otra habitual de las series que veo, Park Eun-bin, es una abogada, la primera de su promoción, pero cuya personalidad está dentro del espectro autista. Por supuesto, dentro de las tipologías de mayor desarrollo lingüístico y capacidades intelectuales, pero con los rasgos más típicos de dificultad en la relación social y de intereses monotemáticos. Los cetáceos en este caso. A parte del derecho. La chica es admitida como novata en un bufete prestigioso, y la serie nos va contando como participa en los casos, como se relaciona con sus compañeros, y como liga. Empieza como un procedimental, cada episodio o cada dos episodios es un caso, y termina desarrollando la trama de fondo que afecta a quién es la madre que la abandonó con su padre sin querer saber de ella. Es bien intencionada y buen rollista. Muy cuidada. Y muy entretenida. No ha recibido críticas por su forma de presentar el autismo… pero he visto mucho mejores representaciones del mismo en la ficción. Y los casos judiciales me resultan muy poco verosímiles.

[TV] Cosas de series; humor y drama, receta para series con episodios cortos

Televisión

El paradigma por excelencia de las series con episodios cortitos son las comedias de situación. Que en general, son puramente comedias. Incluso de ciento a viento incluyen algún tema serio más dramático. Y que si descontamos los títulos de crédito, apenas sobrepasan los 20 minutos de acción real. Para contar algo digno de ser contado en tan corto espacio de tiempo se hace preciso un guion muy ágil y dinámico, con unos diálogos muy medidos y afilados. Pero con el tiempo ha surgido otro tipo de serie con episodios que no suelen sobrepasar los 30 minutos de duración, algo más largos que las anteriores. Y que incorporan elementos de comedia, pero también de drama; incluso este puede ser predominante en ocasiones, aunque no falte los momentos de relax cómico. Las tres series que traigo hoy, y que he ido viendo en la segunda mitad de este verano que astronómica se nos acaba.

La mejor serie de las que traigo hoy es ambiente puramente neoyorquino. Y en la sesión de hoy de ASAFONA Asociación aragonesa de fotógrafos de naturaleza también hemos podido ver fotos de la Gran Manzana. Así que qué otra cosa podía traer para ilustrar la entrada de hoy.

Boo, bitch es el único estreno de este trío. Y la más floja con ventaja. Pero con 8 episodios sólo, decidí terminarla, aunque no terminó de engancharme en ningún momento. Es la típica serie de institutos en las que las dos protagonistas son unas pringadas, con pocos amigos, poco populares y que no se comen un rosco en tema de ligues. Y en estas estamos, haciéndose propósitos para cambiar esto antes del final del curso y del instituto, cuando un accidente hace que una de ellas muera, pero su fantasma siga en el mundo terrestre. Se supone que hasta que satisfaga sus propósitos. No digo más para no correr el riesgo de desvelar el recurso argumental que mueve la acción y… que uno puede imaginarse en un momento dado. Es muy poco original, no excesivamente bien interpretada, llena de situaciones tópicas y previsibles. Los puntos dramáticos casi ni se notan, aunque se supone que están. No especialmente recomendable.

Never have I ever estrenó este verano su tercera temporada. Es una serie, con algunas premisas similares a la anterior, salvo que no hay fantasmas. Los que mueren, muertos están. Y tiene mucho más fondo. Quizá empalaga mucho, como muchas series actuales, las enormes dosis de diálogos con mensaje políticamente correcto. Pero en estos momentos,… es lo que hay. Si no quieres ver documentales de animales, donde los leones no se han hecho veganos y no binarios… es lo que hay. La serie ha mejorado en interpretación, y se ha asentado como una buena comedia dramática de institutos, con situaciones graciosas y con personajes con los que empatizas o simpatizas. Aunque con más frecuencia entre los secundarios que entre los protagonistas. Creo que sólo le queda una última temporada. Una por año de instituto, supongo. Se deja ver sin problemas.

Y la mejor de las tres de hoy es Only murders in the building, donde, además de unos buenos guiones en lo que es la investigación de los crímenes reales que se producen en el Arconia, el edificio del título. La sintonía entre Steve Martin, Martin Short y Selena Gomez es absoluta. Me ha sorprendido mucho y gratamente el buen trabajo interpretativo que hace esta chica, que ya no es tan joven como parece. Pero ya mostró buen hacer en un papel secundario de una de las últimas películas de Woody Allen. Y además hay que sumar el excelente trabajo de los diversos secundarios de la serie, entre los que destacaremos en esta ocasión a Tina Fey. Y sólo levantaríamos las cejas un poco por lo poco convencidos nos deja el trabajo de Cara Delevingne. Que yo pensaba que podía dar más de sí. También es cierto que su papel es muy circunstancial. Es una serie de crímenes desde el punto de vista de la comedia, y con unos protagonistas que arrastran problemas serios que resuelven relacionándose con los vecinos más insospechados. Me lo paso muy bien, me parece muy recomendable, y estoy deseando que llegue una tercera temporada.

Por cierto… no habrá segunda temporada de Paper Girls, al menos en Prime Video. La serie ha recibido buenas críticas de los especialistas y del público que la ha visto. Pero este último no ha llegado a los niveles previstos. Aunque parece que hay posibles de que la salven en otras cadenas. Lo cierto es que aunque los derroteros que ha cogido son distintos de los del cómic original, me gustaría saber dónde van a parar. Quizá reflexione en algún momento porque «bueno» no es siempre sinónimo de «duradero» en televisión. ¿Recordáis Firefly?

[TV] Cosas de series; épica magicomedieval por episodios

Televisión

Tras volver de Múnich a mitad de agosto decidí probar con una serie de época surcoreana, Hwanhon [환혼, nupcias de alma, o algo así], conocida internacionalmente en inglés como Alchemy of souls en inglés, o Alquimia de almas en castellano. El caso es que con 20 episodios en su primera temporada, de 70 minutos aproximadamente cada uno de ellos, es decir, un montón de horas de televisión, me ha entretenido mucho. Fundamentalmente, por la empatía y buen rollo que generan sus personajes protagonistas (Jung So-Min en el papel femenino protagonista especialmente, y Lee Jae-Wook como su contrapartida masculina). Es, como muchas de estas producciones históricas de la televisión surcoreana, una mezcla de géneros, el de acción y aventuras con la comedia/drama romántica. Y la época en la que sitúa la acción en un país imaginario, un reino feudal con espadas, arcos y lanzas, pero en el que también existe la magia. Y la posibilidad de que, mediante hechizos, el alma de una persona pase a residir en el cuerpo de otra. No ha terminado. Tendrá una segunda temporada de diez episodios a partir de diciembre, creo. En Netflix.

Ilustraremos esta entrada con motivos orientales, ya que hemos empezado con el comentario de una serie surcoreana. Así que nos daremos un paseo por las murallas y los palacios de la ciudad de Suwon.

En ese entorno encontraremos amistad, compañerismo, amoríos ligeros, romances profundos, intrigas políticas, el tradicional enfrentamiento entre el bien y el mal, luchas de capa y espada, con hechizos incorporados en ocasiones, seres sobrenaturales… Sí. Exacto. Esta descripción conviene perfectamente a sagas occidentales de origen literario tan famosas como El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien o Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin. Es un pena que la inicial de mi segundo nombre sea A. Si hubiese sido R. R. hubiera considerado la posibilidad de forrarme a base de escribir aventuras medievales mágicas y vender los derechos de cine y televisión. Bueno… esas dos,… y a pléyade de imitaciones que han ido surgiendo en las últimas décadas por parte de escritores y escritoras mejores o, más bien, peores.

Lo cierto es que el género es antiguo. Muy antiguo. Las fantasías heroicas se encuentran en buena parte de las mitologías de culturas de todo el mundo. Y si hemos de buscar inspiración directa habrá que hablar de sagas como las Edda nórdicas o el Mito artúrico, junto con algunos acontecimientos históricos. Es conocido que la inspiración original de Martin para su Canción de… fue la Guerra de las Dos Rosas, entre los Lancaster (Lannister) y los York (Stark). Denominaciones de lugares como la Tierra Media de Tolkien son frecuentes en todo el mundo, tanto en los mitos como en la realidad, siendo una de las potencias mundiales actuales, China, un ejemplo. Su nombre en mandarín es Zhōngguó 中国, en japonés Chūgoku con los mismos caracteres, viene a significar el País Medio o Tierra Media. Una de las regiones japonesas también se denomina Chūgoku, aunque para no liarse la suelen denominar Chūgoku-chiho 中国地方, región de Chūgoku. Como curiosidad, el centro geográfico de las tierras emergidas de la superficie terrestre se encontraría en el Middle East, el Oriente Medio.

Y para acabar de arreglarlo, en pocas semanas nos hemos encontrado con el estreno de dos series de televisión que vuelven a los universos más famosos y ya mencionados en esta entrada de las sagas de fantasía heroica o medievo mágico. Ya podemos ver los lunes las nuevas aventuras de los ambiciosos señores y caballeros de Westeros en House of the Dragon en HBO, y los viernes nos acercaremos a la Segunda Edad de la Tierra Media en The Lord of the Rings: The Rings of Power en Amazon Prime Video. He visto tres episodios de la primera y dos de la segunda. Y de momento todo bien. Las estoy disfrutando, aunque son series de largo recorrido,… en el caso de que triunfen, claro. Con la segunda, muchos fanáticos de la saga están demostrando ser tan imbéciles cenutrios como los de Star Wars cuando les pareció mal que las mujeres tuvieran un papel protagonista y activo, o porque haya mezcla de orígenes étnicos entre los intérpretes. Dicen que no se es fiel a Tolkien. Como si cien años más tarde hubiera una obligación estricta de ser fiel por completo a un integrista religioso católico, súbdito de un imperio que tradicionalmente despreció y consideró susceptibles de dominación y explotación al resto de los grupos étnicos y culturales. Por bien escritas e interesantes que sean las principales obras de Tolkien, no podemos negar que el señor eran un racista de mucho cuidado. Los buenos… altos, blancos y rubios. Los malos… feos, negros, morenos, pelos rizados… del sur. Parecidos a los orcos. Y si se mezclan las razas humanas, las gentes menguan. Estas son las cosas que escribía Tolkien. Compruébenlo.

[TV] Cosas de series; aventuras espaciales disparatadas… y un poco menos disparatadas

Televisión

Puesto que últimamente se me han acumulado varios finales de temporada, se me había cruzado por la cabeza comentar hoy más de dos series. Pero se me ha hecho tarde… y además había la posibilidad de hacer una entrada temática con dos de ellas. Una entrada sobre aventuras espaciales… así que allá vamos.

Por supuesto, no han rodado en Marte ni en ningún otro planeta. Pero los coloristas en posproducción han tenido que trabajar de lo lindo para que pareciera que los astronautas y cosmonautas estaba en Marte. Por eso pongo estas fotos del planeta Tierra pero con un colorido que no parece de este mundo, gracias a la radiación infrarroja, de moda últimamente gracias al telescopio espacial James Webb.

Probablemente fue el verano de 1978. Así que andaba yo en plena adolescencia, y un año antes, aproximadamente, nos había sorprendido el estreno de La guerra de las galaxias… hoy conocida por los más jóvenes y nuevos como Star Wars: A new hope. Y yo había entrado en contacto las aventuras espaciales según Kubrick, gracias a que el cine de barrio de toda la vida se había reconvertido en cine de arte y ensayo para sorpresa de muchos. Acabó sus días como sala X proyectando porno hasta que se convirtió en un supermercado. Así que fue el momento en que comenzó mi afición a las aventuras espaciales, las space opera para quienes no pueden dejar el inglés quieto ni aunque los maten. Y en la sobremesa de aquel verano, antes de ir a pasar la tarde a la piscina durante el mes de agosto, creo yo, emitieron una parodia de las películas anteriormente mencionadas en forma de serie de televisión bajo el título en castellano de La escoba espacial. Mucho después me enteré que el título original de la serie era Quark, el nombre del capitán (Richard Benjamin) de la nave espacial que intrépidamente se dedica a… recoger bolsas de basura por el espacio. Sólo fueron ocho episodios. Y sin embargo, siempre he recordado algunos de los gags de la serie como si los hubiera visto la semana anterior. Sin duda, nuestros personajes favoritos, en aquel bachillerato unificado y polivalente sólo para chicos en mi colegio, eran Betty y su clon (Patricia Barnstable y Cyb Barnstable), que despertaban la imaginación de las revueltas hormonas de los adolescentes, y la planta Ficus Pandorata (Richard Kelton), clara parodia de Spock, cuando polinizaba con una princesa espacial. Recientemente la recuperé por la maraña de la red de redes y la volví a ver. Era muy cutre. Pero muy divertida. Una parodia que hubiera merecido mejor fortuna con una realización un poco más cuidada… y quizá en otra época. Siempre le tendré cariño.

Y en Apple TV+ hemos podido ver la tercera temporada de For all mankind. Esa serie en la que imaginan qué hubiera pasado si los soviéticos hubieran llegado antes a la Luna. Y como consecuencia, la Unión Soviética no se hubiera derrumbado, la carrera espacial hubiera seguido, y en la ventana de 1994 se hubieran lanzado, que es lo que se narra en esta tercera temporada, tres expediciones tripuladas a Marte. En la realidad, en este universo, tal vez se vuelva a la Luna hacia 2024… y ya veremos lo de Marte. En la carrera espacial marciana tenemos tres tripulaciones, la de la NASA, la soviética y la de un elonmusk precoz, anticipando también la aparición de empresarios jóvenes, emprendedores, prepotentes y bocazas. Y bueno… quizá alguien más. ¿Qué nacionalidad tendrá en ese universo el primer humano en pisar el planeta rojo? Yo ya lo sé. Sigue siendo una serie muy entretenida. Aunque con las peripecias de esta tercera temporada han estado a punto de saltar el tiburón en varias ocasiones, perdiendo el razonable rigor con el que habían enfocado hasta ahora unas aventuras espaciales realistas. En fin. Al igual que con las misiones Artemis está todo el mundo más preocupado de que por primera vez pisen la luna un negro y una mujer,… las misiones a Marte de la serie, las americanas claro… son como un anuncio de Benetton en los años 90. Sí… son como niños. De todos los colores y sexos.