[TV] Cosas de series; placeres culpables de diverso tono

Televisión

Seguimos colaborando con nuestros amigos, como decía hace unas semanas, repasando series de animación en las plataformas de televisión en línea. Tanto Netflix como Amazon Prime Video tienen una cierta variedad, la primera con producciones “propias”. En realidad, las más de las veces, series en colaboración con productoras japonesas para las que adquieren el derecho de emisión en el resto del mundo, fuera de Japón y algún otro país asiático, y les ponen el sello de la plataforma. Por otra parte, empiezo a tener la consideración que, como promedio, Prime Video tiene series de más calidad. Aunque ambas comparte algunas. A mí me ha tocado asomarme a un drama romanticón con viajes en el tiempo bastante sosete, en Prime Video, pero en el que los protagonistas forman parte de un club escolar de fotografía. Bastante sosete, insisto, pero con una calidad visual notable. Y también a una delirante versión de Romio y Jurieto, que es… delirante, pero divertida de vez en cuando. Y que, no, no está destinada a adolescentes femeninas romanticonas. Por el fan service de la misma, más están pensando en sus hermanos y novios. Como ya comenté, no necesariamente nos merendamos toda la serie,… que uno no está para excesos. Echamos un vistazo. “Calificamos”, y recomendamos o no.

Durante mi estancia en Seul, recorrí Ingwasan, un monte con sus atractivos naturales y que está salpicado de templos budistas, minisantuarios animistas, con presencia de chamanes y otros similares, rocas sagradas, etc… muy propio para ilustrar la entrada de hoy.

Tradicionalmente, siempre llevo alguna serie coreana a cuestas, en Netflix, generalmente como entretenimiento para no pensar en los fines de semana. La última que vi fue Hi bye mama [하이바이, 마마!]. Un drama romántico, con algún toque de comedia, de fantasmas, que hace algún crossover con alguna otra serie de fantasmas previa. Para los no iniciados en las cosas de Asia, parece ser que dentro del budismo existe la creencia de que el alma del recién fallecido vaga por el mundo durante 49 días para que pueda cerrar sus asuntos con los vivos. O algo así. Pues la protagonista de esta serie (Kim Tae-hee) es un fantasma que 5 años después de su muerte sigue vagando por el mundo, preocupada por su hija y su marido, que se ha vuelto a casar. Y tras una serie de acontecimientos, “el” o “los dioses” le devuelven su naturaleza humana plena durante 49 días… para encontrar “su sitio”. No voy a entrar en las tramas más o menos delirantes que tienen estas series. Esta es llevadera porque los intérpretes no lo hacen mal, porque varios personajes no dejan de tener su carisma, y porque cuando entra en modo comedia puede ser bastante divertida. Por lo demás, arrastra los defectos que tienen la mayor parte de las series coreanas.

Por cierto, después de esta, no he vuelto a encontrar otra que me enganche. Cuando se toman demasiado en serio a sí mismos, estos coreanos me aburren. Mejor cuando entran en modo comedia. Generalmente, romántica.

Y también me he visto una de tono superheroico. Quien me lo iba a decir, me he merendado los 20 episodios de Batwoman en HBO. Para que luego digan que es el canal de las series de prestigio. Porque estas series son un guilty pleasure de tomo y lomo, bastante deficientes y muchas veces ridículas en sus guiones. Incluso entre los votantes de IMDb, que suelen incluir gente para todo tiene una consideración baja bajísima. Nunca duro mucho con estas series. Y si la hubiera tenido que ver más o menos de seguido, seguro que no. Pero como ha sido un episodio a la semana o menos… La chica protagonista, Ruby Rose, que hacía un papel bastante majete en cierto drama carcelario, ha salido pitando después de la primera temporada. Aunque oficialmente, nadie ha dado las razones para su salida. Pero si esta chica apuntaba a hacer algo de interés con su carrera interpretativa… puedo entender que quiera irse de algo así. Mucho peor que las series coreanas. Y con unos diálogos para sonrojar. Como decía, puro guilty pleasure. En cuanto ha terminado esta su primera temporada han empezado con otra que puede ser peor incluso, si cabe. Aunque en IMDb tiene el doble de puntuación. Ya digo que hay gente pa’tó.

La semana que viene hablaré de series interesantes. Lo juro.

[TV] Especial cosas de series; Westeros… un año después

Televisión

El 20 de mayo de 2019 terminaba una de las series más emblemáticas de la televisión, Game of Thrones. No sólo de los últimos tiempos; de la historia de la misma. Con un presupuesto elevadísimo, adaptación de una compleja obra literaria, con un amplísimo reparto con gente con mucha calidad, y unos temas muy adultos y complejos. Tenía de todo para darse el batacazo y de todo para ser un acontecimiento único. Un hito histórico. Y fue esto último. Pero… Hoy hace un año y una semana del acontecimiento. La semana es lo que me costó decidir cómo iba a redactar esta semana. La decisión de hacerlo la tomé ese mismo día del primer aniversario del final de los finales.

Algo que me ha pasado con algunas series, no muchas, no voy a decir cuales exactamente, es que cuando me dejan un impacto importante en mí pensamiento, en mi imaginario, en mis sensaciones… más pronto que tarde las reviso. Puede ser que las vuelva a ver enteras (Battlestar Galactica, Northern Exposure, Firefly), puede que sea una antología de sus episodios (Mad Men, House MD, Twin Peaks), pero inevitablemente vuelvo a ellas. La lista no es exahustiva. Necesito rescatar el detalle fino, necesito volver a saborear los mejores momentos,… necesito volver a sentir ese universo en el que he vivido eventualmente durante la emisión de los episodios.

El final de esas series pudo ser bueno (Mad Men, simplemente genial) o malo (Northern Exposure, no aguantó la pérdida de su protagonista principal). Adecuado (House MD, ah, la química entre sus dos principales personajes) o inadecuado (Battlestar Galactica, un drama político reconvertido a última hora en rollo teológico). Pero como la mayoría de las veces lo que importa es el viaje, poco importa el final. O no demasiado.

Un par de meses después de terminar Game of Thrones, en pleno verano, fresquito en casa con el aire acondicionado puesto, a gusto conmigo mismo y con el mundo en ese momento, me dispuse a ver el primer episodio de la serie de nuevo. No sabía si para volver a ver la serie o siendo el primero de una selección de episodios antológicos. Lo que no imaginaba es que tras 20 minutos de visualización, lo apagué. Y nunca he vuelto a sentir la necesidad de volver a Westeros. La última temporada de la serie, que para mí es la suma de las llamadas séptima y octava, que no fue más que una temporada dividida en dos, realmente se cargó todo lo que significaba aquella serie. Los posibles motivos por lo que sucedió eso son complejos. Y de algunos de ellos me di cuenta a posteriori. Desde luego el ceder la prioridad a la acción espectacular sobre el diálogo y la cocción lenta pero sin pausa de las motivaciones de los personajes y los acontecimientos. Desde luego la simplificación del carácter de los personajes, frente a sus dilemas y complejidades pasadas. Desde luego la precipitación y pésima gestión del tiempo interno de la acción. Pero había más cosas.

Recientemente vi un vídeo en Youtube realizado por Lindsay Ellis. No voy a decir que esté al 100 % de acuerdo con todo lo que dice. O que repase todo aquello que no me gustó. Pero sí en un 90 %. Y como ella lo cuenta mejor y de forma muy divertida. Aquí os lo dejo. Eso sí… en inglés. Y es más de una hora. Yo me lo vi en tres partes, para evitar la indigestión.

[TV] Cosas de series; rayos apocalípticos y apocalipsis adolescentes

Televisión

Dos series de Netflix que comencé con ganas en su momento, aunque luego me dejaron un poco frío. Muy distintas entre sí.

Into the night; un título en inglés es el elegido para la primera serie belga en la plataforma de vídeo bajo demanda. Como corresponde a un país con varios idiomas oficiales, está hablada en francés, predominantemente, algo en flamenco, y con diálogos también en inglés, italiano, ruso, turco, árabe,… y probablemente algún otro. La serie es de género apocalíptico. La premisa es la siguiente. Un militar italiano de la OTAN secuestra un avión que estaba pronto a desembarcar rumbo a Moscú, a principios de la noche, y obliga a la reducida tripulación y a algunos pasajeros a viajar en dirección opuesta. Según él, una alteración solar va a provocar un estallido, muy prolongado al parece, de radiación gama, por lo que hay que evitar exponerse al sol. Después de unas horas de viaje, se confirma que la gente está muriendo masivamente en las zonas en las que ya ha amanecido, comienza una carrera contrarreloj para mantener el avión volando siempre en la oscuridad, a la vez que se busca un refugio de algún tipo.

Escenas de ciudades belgas, Brujas y Bruselas, para ilustrar la entrada de hoy, en honor a la primera serie belga de Netflix.

No voy a entrar en las tontadas seudocientíficas que acompañan la premisa principal. De entrada, la atmósfera es bastante capaz de desactivar los rayos gamma, y las consecuencias nocivas no serían inmediatas sino como consecuencia de la alteración de la composición de la atmósfera que permitiría una mayor llegada de radiación ultravioleta ionizante y otros fenómenos. En qué medida sería un evento de extinción… pues depende. No entraré. Dejemos lo de la radiación como un mero macguffin para poner en marcha y mantener la acción. El problema real de la serie es que tiene muchos altibajos, poca capacidad para generar empatía sobre los supervivientes, algún que otro evento que roza el ridículo, como la “degradación gelatinosa” de determinadas sustancias. No acaba de provocar una reacción emocional del espectador. Ni da miedo. Ni genera preocupación por los personajes. Y te da igual lo que pase a continuación. El final está abierto a una continuación.

Never have I ever es la enésima versión de la adolescencia sumida en sus angustias habituales y en el entorno de un instituto. ¿Qué variación hay en esta ocasión? La etnia de la protagonista, india e hindú, y la crisis personal y familiar que supuso la muerte reciente y precoz de su padre. El entorno es el típico, de chicos y chicas populares y guapos pero tontos, y los chicos y chicas poco populares, menos guapos, listos, pero inadaptados. Lo de siempre. Por supuesto, como viene ser costumbre en los últimos años, el reparto, por su variedad étnica y sus preferencias sexuales, parece un anuncio de Benetton. No está mal, pero no dice nada nuevo. Y la chica protagonista es un poco chirriante y te dan ganas de abofetearla constantemente, lo que ya sé que está muy mal y nunca haría. Pero ganas te dan. Si estás muy aburridos y no tenéis mejores opciones… a por ella.

[TV] Cosas de series; submarinos, nazis, dirigibles y dragones

Televisión

Hoy van dos series que no tienen nada que ver la una con la otra. Salvo que la acción sucede a bordo de un vehículo colectivo,… más o menos.

Siempre me han gustado las películas de submarinos. Son muy entretenidas. Suelen mezclar la acción, con el terror claustrofóbico, los conflictos humanos y otras cuestiones que ya sólo dependen de la imaginación del escritor/guionista/director, lo que sea según en qué se base la historia. Desde la panfletaria pero entretenida Destination Tokyo (1943), madre de todas las películas de submarinos posteriores, a la electrizante y carismática The hunt for Red October (1990), pasando por la apocalíptica On the beach (1959). Pero la que siempre tuve la impresión de que refleja mejor que ningún otra la realidad del interior de un submarino fue Das Boot (1981) de Wolfgang Petersen. Reflejaba muy bien la vida de los marineros, creo, y también cómo evoluciona la guerra y cómo pasan de los éxitos iniciales fáciles y espectaculares a realizar un trabajo de tremendo riesgo, con muchas probabilidades de acabar en el fondo del mar. Recientemente me enteré que en Amazon Prime Video se podía ver una serie de ocho episodios con el mismo título, Das Boot, basada igualmente en los escritos de Lothar-Günther Buchheim, un personaje, periodista en su juventud, comerciante de arte tras la guerra, que viajó como corresponsal de guerra durante un tiempo en el U-96, el barco en el que se basa la película de Petersen.

La serie sitúa la acción en la base de submarinos de La Rochelle y mezcla dos líneas argumentales, muy ligeramente relacionadas entre sí. Por un lado, las desventuras de un submarino con un nuevo capitán que no es bien visto por algunos de sus oficiales y tripulantes, y por otro lado, las desventuras de una traductora del francés a la alemán, nacida en Alsacia, y que acaba relacionada con un núcleo de la resistencia al mismo tiempo que con un oficial de la Gestapo. La serie es mucho más folletinesca y, aunque no está mal y es entretenida, no está ni de lejos al nivel de la película de la que derivaría. Dejan un final abierto a una posible segunda temporada que se debería haber estrenado ya en algún sitio. Muy premiada en los premios de la televisión alemana. En realidad, me ha dejado algo frío.

Kūtei Dragons [空挺ドラゴンズ, título internacional Drifting dragons] es una serie de animación japonesa. Un anime… término que me parece absurdo, porque no deja de ser en Japón un galicismo que proviene del francés dessin animé, por lo que lo lógico sería decir… dibujos animados. Lo de toda la vida. Últimamente paso muy por encima del comentario de estas series, salvo que merezcan mucho la pena. En esta ocasión lo hago por los sentimientos sumamente contradictorios que me surgen con ella. Japón tiene una cultura muy interesante, muy rica, apasionante, pero con eventuales cuestiones que te hacen preguntarte cómo una sociedad tan educada puede cometer según que desatinos. Uno de los desatinos japoneses es su actitud ante la caza de ballenas, muy criticados por su agresividad y su colaboración en el camino a la extinción de estos magníficos cetáceos tan amenazados. Esta serie… disimula. Pero mal. En lugar de las aventuras balleneros lo que hace es contarnos las aventuras de un… dirigible dragonero. Exacto. Lo dicho. El caso es que las aventuras marineras de los balleneros clásicos, desde el Moby Dick de Herman Melville hasta las aventuras de The Pilgrim en The World in his arms (1952), que no era un ballenero, que cazaban focas, pero da igual, son muy entretenidas. Y las aventuras del dirigible dragonero también… pero con la aprensión de ver constantemente a los balleneros actuales,… que me caen bastante mal. Lo dicho, los nipones que hacen cosas bien sobre cosas éticamente… mmmmm… mal.

Una curiosidad, el capitán del submarino de On the Beach, el capitán Ahab del Pequod en la versión cinematográfica de Moby Dick (1956), y el hombre de Boston, capitán de The Pilgrim… todos interpretados por Gregory Peck. Que aun tiene por ahí algún que otro papel de gallardo capitán de barco.

[TV] Cosas de series; adiós a Homeland, adiós a Carrie y Saul

Televisión

Con el comienzo de la década, (para mí, que soy de ciencias, las décadas comienza en los años que terminan en uno, puesto que no existió año cero en ningún calendario; los periodistas que las comiencen donde quieran, son unos indocumentados) llegó una de las series que cambiaría el género de espías de forma notable. Se trataba de Homeland, y protagonizada por la interacción Claire Danes [Carrie Mathison] y Damian Lewis [Nicholas Brody] en un principio, y por la interacción entre Danes y Mandy Patinkin [Saul Berenson], ponía el acento en los dilemas personales, éticos y políticos más que en la acción, aunque esta ha tenido sus oportunidades de vez en cuando con buenos logros. Hija de la encrespada primera década del siglo XX, de los atentados del 11 de septiembre, de los conflictos en Irak y en Afghanistan, de las nuevas y cada vez peores formas de hace política, no sólo servía como entretenimiento, sino también como reflexión. Yo la recibí encantado desde el principio.

La última temporada de Homeland comienza en Alemania, y en algunos momentos de la misma, en “flashbacks” en la mente de Saul nos lleva de regreso al Berlín de la guerra fría. Así que pasearemos por Berlín, para celebrar el final de Homeland, una ciudad que ha salido varias veces como coprotagonista eventual.

No ha sido la única que ha revitalizado y renovado el género. Menos tiempo estuvo en pantalla The Americans, otra serie centrada en dilemas personales y éticos, y que optaba por una mirada al pasado, a los años 80, poniendo en cuestión y patas arriba todo un sistema de creencias y valores tanto si los miras desde el punto de vista del otro lado del telón de acero, pero también desde este lado del mismo. Desde mi punto de vista, tuvo más categoría interpretativa, y momentos antológicos en los guiones de sus episodios, con secuencias de acción, más bien calmada, de tensión y suspense, dignas de formar parte de lo mejor del cine de espías clásico. El bueno, no las memeces con fuegos de artificio que son los 007s, misiones imposibles y similares. En cualquier caso, dos de mis series televisivas favoritas, no sólo de la década, sino de mi historia televisiva personal.

Como he dicho, los principios de Homeland vinieron marcados por la compleja relación entre Carrie y Brody. Relación que necesariamente hubo de terminar en la tercera temporada que, sorprendentemente para mí, fue tremendamente criticada e hizo tambalear la producción. Puedo reconocer que no estuvo al nivel de las dos primeras, pero no fue ninguna catástrofe, y seguíamos estando ante una excelente producción televisiva. La serie estaba basada en otra de producción israelí, aunque sus tramas argumentales no eran iguales. En cualquier caso, la serie israelí sólo tuvo dos temporadas.

El caso es que Homeland se tuvo que reinventar y lo hizo marcando el énfasis en la compleja relación entre Carrie y Saul, siempre rodeados de un magnífico elenco de personajes secundarios, no vamos a repasar todos, que son responsables en gran medida de la calidad del conjunto. Y con nuevas tramas, ya no derivadas de los dilemas de Nicholas Brody, y con una progresiva tendencia a ver como enemigos no sólo a los elementos extranjeros sino también los internos. Reflexiones sobre poder, democracia, control de los gobiernos, control de las agencias de seguridad,… Volvió a haber momentos de gran calidad, aunque la serie no recuperó la popularidad de sus primeros tiempos.

Así hemos llegado a una última temporada, con bastante acción, recuperando personajes de temporadas anteriores, con Carrie convertida en la esencia de lo que siempre ha sido, alguien que pone por encima de todo lo que considera el camino correcto, siempre lleno de trampas éticas, y con un excelente macguffin en forma de caja negra de un helicóptero derribado. Y con un final, razonablemente dramático, y a la vez razonablemente amable, que debiera contentar al público más exigente. He disfrutado mucho. Con la serie, con sus intérpretes, con sus guionistas, con su última temporada, con último capítulo. En IMDb, aunque no confío mucho en sus votantes, tiene un 9,6/10 este último capítulo.

[TV] Cosas de series; Ronda de series orientales

Televisión

Ya sabréis los habituales de estas páginas que uno de mis vicios (in)confesables desde que aterrizaron las plataformas de cine y series bajo demanda en internet son las series orientales. Uno de mis guilty pleasures, puesto que dejan bastante que desear en diversos aspectos, unas veces en guiones, otras en actuaciones, otras en producción,… pero al mismo tiempo tienen un no sé qué divertido que hace que siga enganchándome a algunas. De vez en cuando hay alguna tan infumable o con temas que no me interesan que se queda en el primer o segundo episodio. Pero otras siguen adelante. Lo de hoy es lo que en la práctica he ido viendo desde el establecimiento de las medidas especiales por la pandemia de covid-19. La mayor parte de estos episodios los veo en fin de semana, aunque hay excepciones.

Nos pidieron ayuda unos amigos con niños todavía entre los 8 y los 13 años con las series de anime, por si podían salirse en la televisión de los caminos trillados. Hemos tocado varias series, no necesariamente vistas enteras, pero sí como para orientar. A mí me tocaron en suerte alguna demasiado cursi, alguna muy bien valorada pero excesivamente excesivamente melodramática, y alguna bastante salada y razonablemente divertida… siempre que tengas entre 11 y 13 años. Quizá de la que empecé a curiosear ayer comente algo más… puede que sea divertida en general. Aunque tiene un problema conceptual de base… que ya veremos.

Fotográficamente nos vamos a China, donde hice algunos carretes en blanco y negro. Si no hubiese sido por el maldito coronavirus de los h..v.s, ahora mismo estaría en aquel país… de vacaciones. Probablemente en Xi’an o alrededores… En fin…

Si las series que predominan en las plataformas son las surcoreanas, especialmente en Netflix, seguidas de las japonesas, poco a poco se van colando de otros países. Tailandia, Taiwán… ya han aparecido por aquí. Incluso procedentes de la China continental. Como Nai He BOSS Yao Qu Wo [奈何BOSS要娶我], o Well-intended love para el mundo no sinoparlante (traducción literal del título chino, Porqué quiere casarse conmigo el BOSS). Reúne todos los defectos característicos de estas series; situaciones tópicas, absurdas, malos de cartón piedra, protagonistas femeninas encantadoras con amigas con desparpajo, y un protagonista masculino que es un sieso, pero con buen corazón. Un guion de risa, abundante emplazamiento de producto y situaciones ridículas que siempre terminan bien. Pero a pesar de sus muchos y terribles defectos, la ves mientras consigues mantener la mente absolutamente en blanco. La demostración de que es posible vivir sin pensar.

Y una de las últimas producciones surcoreanas para Netflix es Hyena [하이에나, haiena], donde mezclan el drama legal con ramificaciones políticas con la comedia romántica, con ciertos toques de screwball comedy, ya sabéis, las comedias románticas donde las chicas siempre llevan la iniciativa y ponen en cuestión de forma cariñosa la masculinada del protagonista varón. Eso sí, con final feliz. Aparte de ser un ejemplo extremo de publicidad por emplazamiento de producto, pero realmente hasta llegar a lo humorísticamente paródico, con los defectos habituales de situaciones más o menos inverosímiles, que ponen duramente a prueba la suspensión de la incredulidad del espectador, lo cierto es que no está mal interpretada y hay momento muy divertidos. Siempre y cuando [potente condicional aquí] estés dispuesto a entrar en el juego de este tipo de series, está bien. Incluso bastante bien.

[TV] Cosas de series; historias para no dormir noruegas y cazadores de nazis

Televisión

Ya hace un tiempo que terminé con estas series de hoy, aunque ha habido otras que me ha apetecido comentar antes conforme terminaban. Pero bueno, aquí las tenemos

Con el título en inglés de Bloodride (viaje o trayecto sangriento) llegó a Netflix esta corta serie noruega de seis episodios que rondan la media hora de duración. Cada uno de ellos es una historia autónoma, independiente de los demás, aunque están vinculadas por la siniestra introducción en la que se ve a los protagonistas de todas las historias viajar juntos en un autobús de transporte público, por la noche y con un ambiente tétrico. Todas las historias están basadas en un terror a caballo entre lo psicológico y lo moderadamente gore. Aunque no son muchos episodios, sí que hay una cierta variabilidad en su capacidad de sorprender y en la originalidad de las historias. Alguna de ellas es fácilmente previsible, otras no tanto. Dijéramos que en su conjunto es una buena idea con una ejecución que varía entre lo acertado y lo mediocre. Quizá a alguien más aficionado al género que yo se sienta más atraído por la serie.

Visitaremos Noruega, las Lofoten, en honor a la serie nórdica de terror que comento hoy.

Y vamos con una de las series que más prometía a priori de las que se han estrenado recientemente en Amazon Prime Video. Se trata de Hunters. Con aspecto un poco comiquero, que no cómico, nos habla de un grupo de judíos y simpatizantes que se convierten en “justicieros”, de los que buscan la justicia por su cuenta y ajustician, de los nazis que se afincaron en Estados Unidos tras la guerra mundial. La acción se sitúa en los años 70. Es conocido que un cierto número de ciudadanos alemanes, especialmente científicos e ingenieros, fueron reubicados en EE.UU. tras la guerra, conforme se intuía el comienzo de la guerra fría, y ante la posibilidad de que ese gran caudal de conocimiento científico y técnico fuese a parar a manos de la Unión Soviética. El caso más conocido fue el de Wehrner von Braun, responsable del programa espacial de la NASA, pero que previamente había sido responsable del diseño de las V2 alemanas. Tiene un cierto papel, ficticio, en la serie. Frente a estos “justicieros”, encabezados por Al Pacino, que acaba de cumplir los ochenta años, tenemos a un grupo de conspiradores nazis, tanto de origen alemán como neonazis americanos, al frente de los cuales se encuentra Lena Olin haciendo de… bueno, eso es la sorpresa final. Y cada grupo intenta desbaratar los planes del otro, mientras una agente del FBI (Jerrika Hinton), afroamericana, intenta resolver casos relacionados con esta confrontación. Mmmmm… qué queréis que os diga. El principio de la serie, bastante impactante, prometía bastante. Pero luego la acción y el guion tiene demasiados altibajos. No he acabado especialmente entusiasmado. En el caso de que hay una segunda temporada, no tengo claro que siga viéndola. No he sentido especial empatía por ningún personaje, ni especial interés por la acción.

[TV] Cosas de series; universos paralelos y Meredith

Televisión

En la entrada televisiva de esta semana hablaré de tres series. Pero de una seré breve. O lo intentaré. Y me centraré más en dos series de ciencia ficción a propósito de historias alternativas y universos paralelos.

Terminó, prematuramente por culpa del covid-19, la 16ª temporada de Grey’s Anatomy, lo cual al parecer la convierte en el drama médico más longevo de la televisión o casi. E.R. tuvo quince, así que por ahí le debe ir el récord. Sigue siendo un guilty pleasure. Tiene defectos por todos los lados, pero algunos no podemos dejar de ver esta historia de amoríos de instituto en un hospital de alta tecnología en Seattle. Así que no merece la pena mucho más comentario. Quizá decir que el capítulo donde “explicaban” la ausencia de uno de sus más destacados protagonistas para siempre fue ab-so-lu-ta-men-te nefasto y vergonzoso. Una de las temporadas más flojas… dentro de lo que es.

Bosques y lagos predominan en los paisaje de algunas de las series de hoy. Y tal paisaje lo he ido a buscar a los lagos y bosques cerca Tampere (Finlandia)

Pero vamos a lo que interesa. Distopías, historias alternativas y universos paralelos. Tales from the loop es una interesante propuesta, a priori, basada en las pinturas del sueco Simon Stålenhag (instagram), en las que se muestra un presente/futuro tecnológicamente distópico. Situado en una población de algún lugar de Norteamérica, aunque con un ambiente muy nórdico, donde una instalación científica The Loop (El Bucle) ha dado lugar a una serie de dispositivos o fenómenos avanzados pero extraños. El ambiente es más bien setentero u ochentero, como en una historia alternativa, aunque hay saltos adelante y atrás en el tiempo, así como en universos paralelos. Y en este ambiente, vamos siguiendo a una serie de habitantes del lugar, relacionados todos ellos con la familia en la que residen los principales responsables de The Loop. Y asistiremos a una serie de historias que nos harán reflexionar sobre temas como la identidad, la familia, la maternidad, el amor, el ser distinto, las expectativas que tenemos depositadas en nosotros mismos o las que sentimos de los demás… temas profundamente cotidianos, en un entorno casi aburridamente cotidiano, salpicado de fenómenos u objetos extraños. La serie tiene una puesta en escena sobria, pero estéticamente muy conseguida, que nos traslada a un ambiente melancólico, decadente. Y algunos de los personajes tienen mucho interés intrínseco, interpretados por actores y actrices con buen quehacer. Pero el nivel de las historias, de los guiones, es desigual, tiene notables altibajos. Y habrá episodios que no podremos dejar de mirar, mientras que otros… son prescindibles. Creo que la idea era muy buena, pero la ejecución perfectible. No obstante, a mí me ha merecido la pena.

Y si la anterior se situaba en un pasado alternativo, la siguiente se sitúa en un futuro más o menos próximo y… más o menos plausible. Devs es una miniserie creada y dirigida por Alex Garland, director y guionista que se ha hecho un nombre por distintas producciones de ciencia ficción, donde especula con determinados conceptos en el borde de lo que podemos considerar ciencia y lo que no. En esta ocasión, seguimos las andanzas de Lily Chan, una ingeniera informática que trabaja para una empresa Amaya, donde su novio ha sido asesinado tras ser transferido al departamento DEVs. La chica protagonista está interpretada por Sonoya Mizuno, una británica nacida en Tokio, de padre japonés y madre británico-argentina. Una chica que hasta ahora había realizado papeles menores pero muy vistosos en algunas de las producciones de Garland, como Ex-Machina y Annihilation. Y también la habíamos visto cantando y bailando en Lalaland, y en un papel alocado en Crazy Rich Asians, una comedia romántica que no se llegó a estrenar en España, y extremadamente sobrevalorada en EE.UU. tanto por el público y la taquilla como por la crítica. Me detengo en esta actriz, porque desde mi punto de vista condiciona el resultado hasta cierto punto. Garland, en esta serie, trata sobre el conflicto en filosofía de la ciencia entre un universo determinista (visión mecánica desde Galileo a Einstein pasando por Newton) y un universo azaroso (visión probabilística de la mecánica cuántica). Los adversarios de Lily representan a la visión determinista, que implícitamente negaría la libertad del ser humano, condicionado por la mecánica universal, mientras que Lily representa el libre albedrío, que según algunos sólo se daría en universo azaroso. Error común en mucha gente confundir el azar con la libertad… y donde reside uno de las debilidades de la tesis de Garland, confundiendo conceptos que mucha gente y que no deberían ser confundidos. La cuestión es que Lily ha de ser un personaje que, de alguna forma, represente al ser humano común. Y debe generar empatía. Mizuno cambia notablemente de imagen en esta ocasión. Pasa de ser la vistosa bailarina y modelo de esbelta figura y notable sensualidad, a una joven de aspecto andrógino, reservada, aunque fuerte interiormente. Pero de alguna forma su interpretación no consigue tener la fuerza necesaria. A esta chica se le ven las goteras interpretativas; no acaba de dar el salto de presencia vistosa, en producciones anteriores, a punto de fijación y arrastre de la acción. Y la serie, aunque con momentos muy interesantes, especialmente gracias a algunos secundarios, acaba descarrilando, especialmente con un final que no me lo compro… que me parece una ida de olla a la que cada vez nos tiene más acostumbrados más Garland con sus producciones. Recordemos que Annihilation, que enamoró visualmente a muchos, tampoco me convenció. En fin, no me arrepiento de haberla visto, pero me ha decepcionado.

[TV] Cosas de series; segunda ronda de aventuras espaciales,… o así

Televisión

Es irónico que en esta época donde pasamos más tiempo en casa que nunca, mi actividad en este Cuaderno de ruta haya bajado tanto. Cuando habitualmente escribo 6 o 7 entradas por semana, la pasada me quedé en tres. Pero claro… aunque tenemos el cine en las plataformas de vídeo bajo demanda, hace semanas que no vamos a un estreno en salas comme il faut. Y si ya, antes de las medidas de emergencia estaba en crisis lectora,… ahora no me concentro en la lectura ni por lo que se dijo. Si sumas que en estos días dedico más tiempo a refrescar mis conocimientos como especialista en medicina preventiva y salud pública en materia de epidemias, que a leer sobre mi afición a la fotografía, ahí se pierden varias oportunidades para escribir en estas páginas. Y no, no me siento tentado a escribir sobre LA epidemia. Aunque creo que mis palabras serían mesuradas y correctas en función de la ciencia conocida, a efectos prácticos lo único que sucedería es aumentar el ruido de fondo que ya existe sobre el tema. Conclusión, desde el viernes no he escrito nada.

Picard se asocia a su origen francés y a sus viñedos. Pues nada, viñedos en Alsacia, para ilustrar la entrada de hoy.

Hoy me dedicaré a la televisión, que eso no falla. Ya dije hace dos semanas que había visto unas cuantas series con aventuras espaciales, de las que ya adelante mi comentario sobre un par de ellas. Vamos ahora con las otras dos.

La primera de ella es la segunda temporada en Netflix de Altered Carbon. Ese futuro interestelar y distópico en el que es difícil morir si puedes trasladar tu conciencia y tu ser de un cuerpo a otro. Ha seguido en la línea de su primera temporada. Mucho protagonista musculado, bastante violencia, protagonistas conflictuados frente a los malvados tradicionales de este género de series. Tengo cierto límite de tolerancia hacia este tipo de productos, y creo que he llegado al mío. La serie no está mal, pero te tiene que gustar este tipo de series de ciencia ficción, más basadas en los excesos de testosterona que en tramas sutiles o en reflexiones sociopolíticas. No puedo asegurar si veré más temporadas, pero en estos momentos no me supondría ningún problema si desapareciera del futuro televisivo.

Una serie que me despertó cierta expectación, aunque un interés moderado, fue Star Trek: Picard, la última de la veterana franquicia de aventuras espaciales buenrollistas, que se puede ver en Amazon Prime Video. Nunca he sido un trekkie. Guardo un recuerdo cariñoso de los episodios que veía de la serie original en mi infancia, pero las película que empezaron a hacer a partir de 1979 y las series posteriores me han parecido siempre un tanto… cutres. Lo aceptable en los años 60 no me convenció tanto con posterioridad. Pero la penúltima serie de la franquicia sí que me gusto, especialmente en su primera temporada, gracias a una trama bastante interesante y a personajes más interesantes que los habituales, con más conflicto e imprecisión ética que el buenrollismo habitual de la serie. Y eso elevó mis expectativas por evoluciones futuras. Pero con un interés moderado, he dicho, puesto que Picard (Patrick Stewart) es un personaje que me cae… mal. Y especialmente, las películas que protagonizó en los años noventa eran malas de narices. La serie… con ese conflicto entre humanos (y otros alienígenas) y las inteligencias artificiales con aspecto antropomórfico… mucho mejor como producción que muchas series de la franquicia anteriores, pero con un interés limitado. A estas alturas, el tema de los androides con inteligencia artificial y aspecto humano se ha tratado un montón de veces mucho mejor que en esta ocasión. Las aventuretas son pasables. Y Picard,… sigue siendo un personaje que no me cae especialmente bien.

Y vale por hoy. Aunque según como evolucione la cosa, igual aumento el número de comentarios televisivos para que no se me acumulen las series interesantes que estoy viendo.

[TV] Cosas de series; cómo he podido vivir sin Villanelle (y sin Eve) y algo más

Televisión

Cambio el orden previsto que tenía de comentarios televisivos. Dejo lo que me quedaba de aventuras espaciales y ciencia ficción para otra semana y hoy me centro en dos series que, por muy distintas razones, me han tenido de lo más entretenido. Lo cual ya está muy bien.

Lo primero. Lo más importante. No entiendo cómo he podido vivir hasta ahora sin Villanelle (Jodie Comer) y Eve Polastri (Sandra Oh). Killing Eve lleva ya dos años pululando por el mundo televisivo. Producido para la BBC América y distribuido mundialmente por HBO, ha recibido el aplauso prácticamente de la crítica y el público. Pero por algún motivo que no puedo entender, a mí no me había atraído. Hasta que hace menos de dos semanas le di una oportunidad al primer episodio. Y ya me enganche de forma que he visto los 16 episodios de 45 minutos que conforman las dos primeras temporadas en prácticamente diez días. O quizá menos. No sé. Muy deprisa. Bien hecha, bien interpretada, con un guion que en muchas ocasiones es un no parar, con humor, con personajes carismáticos. Tomando todos los tópicos del cine de espías y de asesinos, asesina en este caso, sociópatas, asumiéndolos y, al mismo tiempo, poniéndolos boca abajo. Espero con ansiedad la tercera temporada que se ha anunciado para dentro de una semana. Un par de semanas antes de lo previsto. Algo de bueno tenía que tener el coronavirus. Sólo encuentro un motivo de crítica, algo en lo que discrepo totalmente. ¿De dónde coño se sacan que Villanelle tiene las tetas pequeñas y está delgada? Que conste que yo no le pondría ni quitaría absolutamente nada, y que su principal atractivo está en otras cuestiones más importantes. Pero vamos… Se me olvidaba, menciones especiales para los secundarios, especialmente para el danés Kim Bodnia, cuyo buenhacer pudimos comprobar en las primeras temporadas de Bron/Broen.

La segunda temporada de “Killing Eve” termina con una dramática escena entre los monumentos de la Roma clásica que podemos suponer cómo se resuelve,… porque un rato antes nos han dado una pista para que nos cosquemos del asunto. Pero bueno, los que prefieran sentir que están en ascuas, mejor para ellos.

En otro orden de cosas, me he merendado las épicas aventuras de la surcoreana Naui Nara [나의 나라; mi país], conocida en Netflix con el título “internacional”, o sea, en inglés, de My country; the new age. Situada la acción en la transición entre el reino o dinastía de Goryeo y el reino o dinastía de Joseon, a finales del siglo XIV. La trama sigue las aventuras y, sobre todo, desventuras de dos jóvenes. Uno, Seo Hwi (Yang Sejong), huérfano de un famoso general que fue acusado injustamente y obligado a suicidarse, quedando sus hijos en desgracia. El otro, Nam Seonho (Woo Dohwan), hijo bastardo de un intrigante ministro de la corte. Está la chica, Han Heejae (Kim Seolhyun), una muy guapa cantante pop reconvertida en actriz que, afortunadamente, es más que un florero en la trama. Todo ellos rodeados de unos malos muy malos, y de unos compañeros más o menos serios más o menos cómicos, para relax de las muchas tragedias y maldades que suceden. Con algunas cosas ridículas como… los extras y secundarios se mueren en cuanto les enseñas la espada, mientras que los principales pueden recibir infinidad de cuchilladas y atravesamientos de espada, incluso con veneno, y aun así sobrevivir, lo cierto es que es muy dinámica y entretenida. Y se nota que han echado el resto en el esfuerzo de producción. Bajo el sello de Netflix para el mundo mundial, es de lo mejor que ha impulsado esta cadena, aunque las interpretaciones, especialmente de los actores y actrices más jóvenes sean manifiestamente mejorables. De todos modos… está muy bien… para ser surcoreana. Que conste y que nadie se llame a engaño.

[TV] Cosas de series: aventuras y desventuras en el espacio-tiempo

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No lo he hecho a propósito pero me acabo de dar cuenta que en los últimos tiempos he terminado muchas temporadas de series que se mueven en el ámbito de la ciencia ficción, en la aventura espacial, con o sin viajes en el tiempo. Vamos con dos de ellas.

Decimosegunda temporada ya para la nueva época de Doctor Who que dio comienzo en 2005, y que nos trajo hace ya un tiempo su primera reencarnación femenina de la mano de Jodie Whittaker. Aunque ya podríamos decir que ya ha tenido dos versiones femeninas, suponiendo que se cuenten las reencarnaciones de universos alternativos. Creo. Siempre ha sido una serie que ha oscilado entre la aventura espacial cienciaficcionesca y el terror fantástico extraterrestre. Prefiero lo primero, aunque me he quedado con la sensación de que en esta temporada ha predominado lo segundo. Si bien los últimos episodios han sido más espaciales. No está mal, sigue siendo entretenido, me gusta el toque que le da Whittaker, pero… hecho de menos los tiempos en los que se acompañaba de algún compañero, casi siempre compañera, carismática. Ahora tiene un grupo de ellos, tan políticamente correctos, que parecen un anuncio de Benetton pero con los bebés ya talluditos. En fin… la verdad es que me gusta cuando vuelve, ahora, la Doctora, pero ya no me entusiasma como antaño.

Ale… aventuras espaciales para todos los gustos. En Disneyland Paris.

Y hemos tenido en HBO la primera temporada de una parodia espacial protagonizada por Hugh Laurie, en el papel de “capitán” de la Avenue 5, que también es el nombre de la serie, una nave que por un “accidente”, se sale de trayectoria y ve convertido su viaje espacial de unas semanas en uno de varios años. Empeorando la situación cada vez que intentan arreglarlo. Humor absurdo, humor negro, humor escatológico, humor políticamente incorrecto, aunque no demasiado, que tardó un poco en entrarme, pero que al final me ha divertido. Mejorable, francamente, pero visible.

[TV] Cosas de series; el coco y los muertos vivientes coreanos

Televisión

Ayer empecé la mañana con un bajón de ánimo, nada alarmante, pero muy presente. En realidad, venía de la tarde anterior. Hoy estoy mucho más animado. Tenía invertidos 620 euros en un viaje a China que no se va a hacer, y la compañía aérea ya ha comunicado la suspensión de los vuelos y la posibilidad de solicitar el reintegro. Vale… nada se pierde; salvo el placer del viaje, algo que llevo muy mal. Con el lunes ha llegado la vuelta al trabajo; la administración me considera trabajador esencial y me ha dado salvoconducto. Todos los días. También me alegra; me permite salir de casa y hablar con gente. Además, como han mandado a casa a mucha gente, la gente que nos hemos quedado estamos con muy buen ambiente. Y finalmente, además de hacerme venir, me he encontrado con una tarea que me apetece hacer y que hará que vuelva contento a casa. Cansado, pero contento. Así que,… todo bien, a un nivel personal. De momento.

La fortaleza de Suwon representa en esta ocasión a las ciudadelas y fortalezas que aparecen en “Kingdom”. No sé si se corresponden a la misma época, pero es que a mí, todas las épocas de Corea anteriores a mediados del siglo XIX me parecen la misma.

Y mientras, sigo terminando de ver temporadas de series, más o menos interesantes.

The outsider llegó con su primera temporada a HBO con mucha fuerza. Adaptación de una obra de Stephen King, y con un reparto que prometía. He decir que no soy muy fan de las obras de Stephen King, de hecho no lo leo, y tampoco de las adaptaciones de sus obras al cine, aunque hay muy notables excepciones. Al final decidí que merecía la pena darle una oportunidad. La cosa empezó que ni fu ni fa. En realidad, bien el primer capítulo, pero seguido de unos devaneos con los sobrenatural que nunca me resultan muy atractivos. La catástrofe vino cuando alguien va y dice que se están enfrentando [ATENCIÓN SPOILERES RIDÍCULOS] como decía, se están enfrentando al coco. Sí, al de “cómete la sopa, que viene el coco”, “a la cama, que viene el coco”. El “coco” ibérico de toda la vida. El de ir a las ferias de adolescentes y preguntarle al del puesto, “¿tiene coco?; ¿sí?; pues qué miedo… y salir por piernas” ¿Quién demonios se va a tomar en serio una serie con esta premisa? [FIN DE LOS SPOILERES RIDÍCULOS]. A punto estuve de mandarlos a freír espárragos. Pero aguanté. Al fin y al cabo, un episodio por semana, poca sobrecarga es. Los último episodios mejoran algo, pero vas con el prejuicio generado. Una pena, porque el reparto estaba bien, aunque algunos de sus mejores nombres desaprovechados. La peripecia ha terminado; el caso cerrado. Pero han dejado abierta la serie a continuaciones. Ya veremos, que dijo un ciego a otro ciego. Una serie que se queda por debajo de expectativas.

Kingdom llega a su segunda temporada en Netflix. En un principio tenía todos los ingredientes para no verla. Coreana, de época y de zombis. Pero tiene varias virtudes. Una muy importante. Frente a los interminables 16 episodios de más de una hora de duración de la mayoría de las series surcoreanas, nos presentaba un esquema de seis episodios por temporada de 45 minutos de duración. Y un reparto que lo hace razonablemente bien. De esta forma, han podido montar un producto bien hecho, dinámico y muy entretenido. Nada que envidiar a producciones de otros países con más abolengo en las series de género. Y su segunda temporada ha sido más entretenida todavía, mezclando muy sabiamente dosis de desmadre zombie, con su notitas de humor bien dispersas, con un drama político razonablemente planteado y muy bien y coherentemente resuelto. Nos han dejada abierta la puerta con una tercera temporada. Que probablemente veré. Al contrario que la atenrior, una serie que se queda muy por encima de expectativas.