[TV] Cosas de series; para Navidad, aventuras espaciales

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Bueno… pensaba que hoy tampoco iba a tener tiempo para actualizar este Cuaderno de ruta. Últimamente he bajado algo el ritmo. Líos por otros lados. Pero “gracias” al mal tiempo que reina en la península en general, y en Zaragoza en particular, apetece poco salir a la calle, y me está cundiendo la tarde. Esta mañana, por unas idas y venidas que me ha tocado hacer en el trabajo, me he quedado con pocas ganas de salir a más idas y venidas por la tarde.

Ya que ha salido por ahí la familia Trapp, pues vámonos a darnos un paseo por Salzburgo, un rincón del sistema solar que nos vale tanto como cualquier otro en esta entrada de aventuras espaciales.

Durante el período navideño, y hasta un poquito después, fui siguiendo varias series con algo en común. Son… AVENTURAS ESPACIALES… uno de mis géneros favoritos, aunque pocas veces me satisfaga la que veo. Pero bueno. Seamos optimistas en esta ocasión.

En primer lugar, The Mandalorian. Bueno. Esta no ha sido del periodo navideño especialmente. Venía de antes. Pero la he terminado de ver a finales de diciembre. La nueva serie del universo Star Wars que tiene como protagonista un mandaloriano (Pedro Pascal), un tipo de la especie/el gremio/la secta o lo que sea de Boba Fett. Pero en majo. Y con él, la sensación de la temporada, ¡¡¡BABY YODA!!!… un pequeñín, poco más que un bebé de 50 años, de la especie del maestro jedi. Ese no es su nombre oficial… pero a falta de otro, es el que se ha popularizado en la red de redes. En esencia es un “space western” con un trama del tipo “El fugitivo”, bastante eficaz, que se ha ido viniendo a más conforme avanzaba la temporada. Y que en general es lo mejor que se ha visto de la saga en mucho tiempo. Superproducciones en forma de largometrajes incluidas. Esperando con ganas futuras temporadas.

Netflix nos ha traído la segunda temporada de Lost in Space, la reimaginación de la serie de los sesenta, que ya tuvo una (flojísima) versión cinematográfica hace algo más de 20 años. La primera temporada me pareció algo flojita. Pasable pero flojita. La segunda ha tenido más miga, y habido varios momentos en los que la trama me ha enganchado bastante. Pero tiene un problema. Con alguna notable excepción, la familia Robinson me parecen prácticamente insoportables. Que los expulsen al frío espacio exterior por una esclusa por favor. Y hagamos algo interesante con los demás. Anécdota. Angela Cartwright, una de las niñas de la familia Trapp en The Sound of Music [Sonrisas y lágrimas], creo que es la única que sale con más o menos importancia, en las tres versiones de la historia.

Y finalmente, Amazon Prime Video ha recuperado y nos ha traído la cuarta temporada de The Expanse. Esta aventura espacial que, hasta esta temporada, no había salido de nuestro sistema solar, con los dimes y diretes entre terráqueos, marcianos y cinturianos, más la aparición estelar de la protomolécula alienígena, ahora nos lleva a otros mundos, donde aprovecharán para crear tramas claustrofóbicas con cuenta atrás. Lo cual siempre suele funcionar. Como subtramas, politiqueos en la Tierra, complots en Marte y a los cinturianos que les salen rebeldes peligrosos en sus filas. La verdad es que me lo paso muy bien con esta serie. Esta escalando puestos bastante ágilmente entre mis aventuras espaciales favoritas. Y, aunque el nivel de interpretación es variopinto, hay gente bastante buena, y otros no tanto, la verdad es que el desarrollo de caracteres está bastante bien.

[TV] Cosas de series; animación, documentales y una serie muy mala

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Dejaré para la semana que viene un especial “aventuras espaciales” y hoy, que ando con poco tiempo, iré con algo más ligero. Cosas que he visto durante las navidades.

Dos de animación japonesa que he visto en Netflix. La primera, Mugen no jūnin [無限の住人], cuya traducción vendría a ser “El habitante del infinito” o algo así, pero que se suele conocer en occidente como “La espada del inmortal” y sus variantes inglesas. Cuenta la historia de un samurai maldito, que no puede morir, y una adolescente que busca venganza por la muerte de sus padres. Esta basada en una historieta que ha conocido una diversidad de adaptaciones, entre ellas una película de acción real que se estrenó también en Netflix, bastante regular. Vi esta primera temporada de animación porque recordaba un tanto a Samurai Champloo [サムライチャンプルー], que me gustó mucho. No es para tanto, pero es bastante mejor que la película.

Con dos series japonesas, está claro de donde voy a sacar las fotos para esta entrada. Nos iremos al monte Koya [Kōyasan, 高野山], que nos traslada fácilmente al ambiente de una de las dos series, la más histórica.

Un tono muy distinto tiene ReLife [リライフ]. A un NiNi japonés de 27 años (Ni estudia, Ni trabaja), se le ofrece la oportunidad de reorientar su vida, pero con la condición de volver por un año a los 17. Cuando estaba en su último curso de bachillerato, o como se llame en Japón. No pensaba pasar del primer episodio que vi por curiosidad, por asumir que sería una serie muy para adolescentes. Y lo es. Pero tiene alguna cosilla curiosa y me enganché. Sin más… Su origen está en una historieta para internet.

Pensando que era ficción me puse a ver una serie titulada Don’t f**k with cats, que resultó ser un documental en tres capítulos. Donde una serie de friquis enganchados a internet se dedican a buscar a un asesino de gatitos que emite los vídeos de sus fechorías por internet… y que resulta ser un asesino de personas real… No sé qué da más miedo, si la existencia de este tipo de asesinos o las comunidades de friquis en internet. Una curiosidad entretenida. Muy valorada por el público votante en IMDb… que debe ser amante de los gatos, o son los friquis o son seguidores de los asesinos de gatos y lo que haga falta… no sé.

Y finalmente vi la que es muy probablemente la serie coreana más mala que hay en Netflix, y eso es mucho decir, pero que tiene sólo dos episodios de unos 45 minutos en lugar de los 16 o más de una hora que son habituales. Será por eso por lo que la vi entera. Se titula 28 Hae eui dal [28개의 달], y es un drama romántico que… bah… da igual. Es malísima.

[TV] Cosas de serie; cosas ligeritas desde Asia

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Después de los atracones de todo tipo de las fecha navideñas, quizá estemos muy pesados, y quizá venga bien entrar en el terreno de los placeres culpables ligeros. Que no nos hacen pensar. Entretenimiento a base de series, a veces poco serias, que nos llegan del Asia oriental con distinta fortuna. Y Netflix es el lugar ideal para estas frivolidades orientales.

Tono de comedia trae una serie que aparece en Netflix bajo el título de Triad Princess, en el que se nos cuentan con desenfado las aventuras de la hija de un mafioso taiwanés que ha decidido casarla con el hijo de un lider de las triadas de Hong-Kong. Pero la chica quiere una vida independiente, y está enamorada de un cantante de éxito, mientras consigue trabajo como asistente y guardaspaldas de otra cantante de la misma agencia, amenazada por motivos no bien conocidos. Absolutamente intrascendente, en ocasiones sin pies ni cabeza, en tono preferentemente cómico con algún momento dramático, varios de los personajes tiene suficiente carisma como para que sea llevadera. El título original, 極道千金, siginifica Camino polar. Y si tiene que ver, que tenga.

Como no podía ser de otra forma, fotos desde Asia. Hoy nos pasearemos por los templos y santuarios de Nara, en Japón.

Recientemente fue un éxito de público en Asia una serie de época china de nada menos que 70 capítulos, que de momento no se ha emitido en España, que yo sepa. En cualquier caso, el éxito llevó a un spin-off, una miniserie de seis episodios, Yanxi Palace: Princess Adventures, que se estrenó recientemente en Netflix. La ambientación histórica es muy vistosa, desconozco si es precisa, pero todo es muy deslumbrante, con las chicas muy guapas. Las interpretaciones son absolutamente lamentables. Lo cual es una pena, porque después de unos primeros capítulos absolutamente inanes, se desarrolló una trama final, de intrigas palaciegas, que tenía su interés, con tonos inquietantes, que merecía mejores guionistas y mejores intérpretes. Bueno, que sirva para ambientar nuestra futura visita a la Ciudad Prohibida de Pekín. Los personajes de la serie están basados, de alguna forma o manera, en personajes históricos reales del siglo XVIII. El título original, 金枝玉叶 , significa La hoja de jade dorada. Pues vale

En los últimos tiempos tengo la sensación de que Netflix ha disminuido el ritmo de estrenos de series propias o en coproducción procedentes de Corea del sur. En cualquier caso, hemos tenido un drama policiaco, The lies within, en el que nos han librado de la trama romántica de los protagonistas. Lo cual la hace más sosa. La novedad ha sido que la trama tenía algo más de miga que otras series del mismo país. Estaba más currada y, aunque estas series, con sus 16 episodios, a veces más, son siempre excesivamente largas, en esta aguantaba el tipo. Ninguna maravilla… pero bueno. El título original, 모두의 거짓말 , esta vez tiene más que ver, significa Todo el mundo miente. Muy House MD.

Y por fin llegaron en vísperas de navidad la siguiente tanta de episodios de Terrace House: Tokyo 2019-2020… de los que yo ya había visto la mitad de ellos durante mis vacaciones en Japón. Un rollo esto de que hay que esperar tres meses para cada tanda. Podría ser como en el País del Sol Naciente, donde emiten un episodio a la semana. Si la primera tanda de 12 episodios había sido un tanto sosa, predominaban los participantes que habían ido allí “a hablar de mi libro”… en esta ha habido más interacción. Aunque predominan las “calabazas” sobre los “si quiero”. Eran previsibles… Como siempre, mi placer culpable favorito.

Están emitiendo en Japón, o la han emitido ya, una nueva temporada de Doctor X – Gekai Daimon Michiko [ ドクターX ~外科医・大門未知子]. Pero de momento Amazon Prime no ha dicho nada de emitirla. Y además ya ha retirado las cinco temporadas anteriores. Me lo pasaba bien con esta parodia de drama médico. A ver si me las apaño para echarle el guante.

[TV] Cosas de series; lo destacado de diciembre

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Llevo bastante retraso en esto de comentar finales de series o de temporadas. Y tardaré todavía un poco en ponerme al día. Salvo que me dedique una semana a hablar mayoritariamente de televisión, cosa que no me apetece. Así que vamos con lo más destacado de diciembre,… como llamo a aquellas series que forma parte de lo que podríamos llamar la “primera división” de la seriefilia. Aquellas series que por presupuesto y pretensiones aspiran al éxito de crítica y público como planteamiento base. Una de ellas ya la conocíamos, las otras son novedades de este último trimestre del año.

La serie fantástica de HBO… una de ellas… va de viajar al norte. Un norte que recuerda mucho a Noruega. Y aunque no tengo fotos de Noruega invernal… pues Noruega son las fotos de hoy.

Ya lo sabéis de mi comentarios anteriores sobre The Marvelous Mrs. Maisel. Es una de las mejores comedias del momento. De hecho, es una de las mejores series del momento. Es la serie con la que hemos recuperado los chispeantes diálogos de la chicas Gilmore. Pero más adulta; no para todos los públicos. Y además, con mayor nivel interpretativo. Dicen que esta tercera temporada no ha tenido el mismo nivel que las dos primeras. Mmmmmm… evidentemente, la serie ha perdido el factor novedad. Y ha sido una temporada de transición para los personajes. Frente a las crisis manifiestas de las dos primeras temporadas, se han abierto nuevos caminos que todavía están en marcha. Y es cierto que ha habido alguna subtrama un poco más floja, como la de Sophie Lennon (Jane Lynch), que ha trabado el desarrollo de Susie (Alex Borstein). Y que estuvo muy claro el momento en que Midge (Rachel Brosnahan) la cagó… Pero sigue siendo una serie de gran nivel. Y ante todo, quiero más presencia de Mei (Stephanie Hsu), un personaje potencialmente muy divertido. En fin… hasta dentro de unos meses, Mrs. Maisel.

Mmmmm… His Dark Matterials. Primera temporada. En HBO. Buscando un nuevo pelotazo estilo “tronos”. Hasta la presentación es similar. Pero nada más salvo el ámbito fantástico tan distinto. Cuenta a priori con un reparto interesante. Pero por algún motivo, esta historia adaptada de las novelas de Philip Pulman, no me acaba de enganchar. Quizá hay que darle más tiempo. Ya tuvo una adaptación al cine, que iba camino de la típica trilogía, pero que se quedó en un película aislada sin más recorrido. Y es que creo que hay un problema de base. Se plantea como una historia para niños mayores y adolescentes,… pero que la única forma de que realmente funcione es adaptándola como una historia para adultos, mucho más oscura y más agresiva en sus críticas sociales de fondo. Y creo que nadie se atreve a tal. La niña protagonista, Dafne Keen, sin ser una catástrofe no aba de tener carisma suficiente para cargar a cuestas con la serie. Veremos que pasa en un futuro.

No soy aficionado al género superheroico, que con excepciones, me aburre. Así que acogí Watchmen, también en HBO, con notable excepticismo. Pero me ha sorprendido. Para bien. Y mucho. Una historia que se construye poco a poco, con piezas aparentemente inconexas en algunas ocasiones, pero en la que al final todo encaja con finura y elegancia. Impresionante labor de guion con mucho más fondo y enjundia que la mayor parte de las tontadas que se hacen en este género. Pero vamos… sin comparación. A años luz, para bien. Tanto me ha gustado, que voy a leerme el cómic que la inspira y que creo que me contará lo que pasó décadas antes de los acontecimientos de la serie. Creo. Ya os diré. Pero espero con ganas una segunda temporada.

[TV] Cosas de series; y cosas que pasan en Navidad

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Debería hablar de más cosas de las que voy a hablar,… pero quería dejar una entrada que no fuera tan diversa, más homogénea en sus contenidos. Así que ya me daré prisa con lo que tengo atrasado… mmmm, ¿la semana que viene? No sé.

Hoy vamos con producciones que tienen sabor hispano. Incluso se alguna de ellas se habla en alemán. Me explicaré. Pero antes decir que le he dado una oportunidad a Isabel Coixet y su incursión en HBO con Foodie Love. Ya el título me ha empalagado en exceso por su “postmodernidad” instagramera. Porque antes había gurmés o gastrónomos, o simplemente gentes de buen comer; pero desde el advenimiento de las redes sociales, al más pedante estilo de la “postmodernidad” mal entendida que nos asuela desde hace varias décadas, hay “foodies”. Y pedante por demás es la relación entre los dos personajes, según lo que he podido ver en los dos primeros capítulos, en los que se me han atragantado tanto y me han caído tan mal, que he sido incapaz de ver más. Si alguna vez consigo seguir, ya os diré. Con lo que me gustó la chica esta, Laia Costa, en cierta película y lo insoportable que me parece ahora [siempre el personaje, contra la persona real no tengo absolutamente nada que no sea respeto].

Ilustraremos la entrada con paisajes y pueblos pirenaicos, que le van a la serie española de hoy.

Y hace ya unas cuantas semanas, creo que fue a finales de noviembre o así, apareció en Netflix una serie alemana bajo el título Zeit der Geheimnisse (traducción, tiempo de secretos), titulada en castellano Secretos por Navidad, en la que sen vemos la evolución de tres generaciones de mujeres mientras la mayor de ellas, la abuela se acerca al final de sus días, mientras se preparan para celebrar la Navidad. Con frecuentes flashbacks a épocas pasadas, vemos que las relaciones entre ellas ha estado envenenada por hechos del pasado que nunca han sido resueltos con franqueza entre ellas. La acción que transcurre en una casita la mar de mona junto a una playa, que no sé si situar a orillas del mar del Norte o del Báltico y sus estrechos. No está mal. Son sólo tres episodios que están bien interpretados y dirigidos, aunque quizá le falte un poquito de alma. Los hechos del pasado que marcan la vida de la familia, además de conflictos del pasado, tienen que ver con la época de la banda terrorista de la Baader-Meinhof.

Lo curioso de la serie alemana es que en los créditos se puede leer que está basada en la serie Días de Navidad de Pau Freixas. Freixas es conocido por el éxito de algunas de sus producciones para televisión, especialmente para los canales autonómicos catalanes. Y es bastante respetado, aunque yo no estoy muy puesto en su obra. Pero cuando se estrenó la serie alemana, la de Freixas… estaba a la espera todavía de ser estrenada. También en Netflix, unas semanas más tarde, más próximas a la Navidad. Y se anunciaba con un reparto de campanillas… Victoria Abril, Elena Anaya, Alicia Borrachero, Antonio Dechent, Verónica Echegui, Verónica Forqué, Charo López, Ángela Molina,… son algunos nombres más conocidos en un reparto muy amplio.

La historia no es la misma que en la serie alemana. Los temas están relacionados, pero no son dos series idénticas. Si la alemana, en lo interior de la familia está en las relaciones entre madres e hijas con algún misterio sobre lo que pasó con los hombres, en la española el conflicto está entre las cuatro hermanas de la historia, con algún misterio entre los padres de las mismas. Si ya hemos comentado la época histórica del origen de la serie alemana, aquí en la española tendremos la posguerra dominada por el fascismo y la represión como telón de fondo. Si allí era la playa y el mar, aquí es la montaña con sus bosques y un lago. Si allí dominaban los flashbacks, aquí tenemos tres cortes en el tiempo. Tres navidades distintas. La serie está bien. La serie podría estar mucho mejor. ¿Cuál es el problema? Los intérpretes jóvenes españoles no está a la altura. El tercer episodio, con cuatro pesos pesados de la interpretación femenina española, es casi antológico. El segundo no está mal, con buenas interpretaciones de actrices jóvenes pero ya maduras profesionalmente, y otras, no tan buenas. Y el primero… las niñas y adolescentes rozan lo repelente, aunque las apariciones en pantalla de los personajes maduros, salvan la papeleta y permiten seguir adelante.

Lo he dicho hace tiempo. Antaño, los actores jóvenes se fogueaban en el teatro, y cuando pasaban al cine o la televisión, lo hacían muy bien. Ahora empiezan directamente en televisión, que es mala escuela de interpretación. Y tardan en madurar. Y cuando maduran, no siempre encuentran papeles interesantes, porque hay que vender al público joven y para eso hay que poner actores y actrices, jóvenes, guapos, clónicos, aunque no sepan actuar. En otras países pasa parecido. Fíjaos que en Estados Unidos, pocos intérpretes de televisión conocidos dan el salto con éxito artístico (no hablamos del pecuniarios) al cine. Al revés, funcionan todos perfectamente. En cualquier caso, dos series con tema navideño, pero distinto.

[TV] Cosas de series; reinas, luchadoras y resucitadas

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Como se me siguen acumulando los finales de temporada o de serie, hoy también voy con tres de ellos, aunque de más nivel que la semana pasada. Iremos de menos a más.

Glitch es una serie australiana que se ha desarrollado en tres modestas temporadas de seis episodios cada una, muy al estilo británico, aunque su desarrollo y trama recuerde más a los modos norteamericanos. Producida por una cadena de aquel país, se ha distribuido internacionalmente por Netflix. Pertenece al género de “resucitados”… uno género que se puso de moda hace algunos años con producciones francesas y norteamericanas. Gente muerta hace un tiempo que vuelve a la vida misteriosamente en alguna perdida población. En este caso en algún lugar de Australia, ficticio, pero que no sabría decir exactamente dónde colocarlo, supuestamente, en el mapa. Como pasa con muchas series de este tipo, arrancan con fuerza, generando unas tensiones dramáticas correctas o interesantes, pero… pero luego suelen descarriarse cuando intentan dar un cierre que dé una explicación satisfactoria a los televidentes. Y a esta serie australiana, bien valorada en sus primeras temporadas, se ha cerrado en un última que a mí me ha parecido un correcalles y un embrollo. En fin… que si te gusta el género le encontrarás su cosa, pero si no… mejor te abstienes. Aunque no son muchos episodios

Como no puede ser de otra forma, dedicaremos las fotos a escenas de lo más británico y regio. Aunque los ingleses no nos quieren a los europeos. Otros británicos sí, pero los ingleses… ellos se lo pierden. Acabarán siendo el 51º estado de la Unión. Porque la “grandeza” no la van a recuperar por ese camino… seguro que no.

GLOW es una producción original de Netflix que tiene más empaque. Y que ha ido creciendo y evolucionando al mismo tiempo que lo hacían sus personajes. En su tercera temporada, las maravillosas chicas de la lucha americana han triunfado en Las Vegas; una temporada que ha repartido más el protagonismo, dentro de que son cuatro los principales. También hemos tenido interesantes personajes secundarios, de los que duran una temporada, especialmente una deslumbrante Geena Davis. Aunque no todos han evolucionado por igual. Y mientras que que Bash (Chris Lowell) y Debbie (Betty Gilpin), con algún traspiés siguen una trayectoria claramente ascendente, Ruth (Alison Brie) y Sam (Marc Maron) van dando más bandazos y sufriendo algunos desengaños amargos, aunque con tendencia al optimismo. La serie ha sido menos oscura que en sus principios, pero también más madura en sus tramas. Todavía le queda algo de cuerda antes de que empiece a cansar. En general, bastante bien.

Y The Crown es una de las joyas de la corona de Netflix, que este otoño se enfrentaba a un punto de inflexión notable. La familia real va envejeciendo y eso ha conllevado un reemplazo de casi todo el reparto. Desde luego, de los personajes protagonistas más importantes. De los antiguos, a algunos los hemos echado más de menos que a otros. Tras un primer episodio que resultaba un poco desconcertante, lo cierto es que enseguida asumes el cambio, por que el nuevo reparto, empezando por su protagonista actual, Olivia Colman, son de altísimo nivel interpretativo. Colman, en particular, nos ha regalado gestos, poses, momentos absolutamente geniales. Qué grandísima intérprete es esta actriz. El resto muy bien, con alguna sorpresa de gente para mí desconocida, como Erin Doherty, que a pesar de que la princesa Ana aparezca con un peso poco importante en la trama, es una auténtica robaescenas, gracias a los ingeniosos diálogos que le han colocado los guionista y que ella interpreta con una pica de cinismo que le sienta muy bien al personaje. Serie muy recomendable desde el principio, que acumula ya unos cuantos episodios antológicos y cuyas temporadas de 10 episodios saben a poco.

[TV] Cosas de series; batiburrillo de cosas asiáticas

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Se me han acumulado en pocos días un montón de series y otras producciones televisivas a comentar. Y no sabía muy bien en qué orden y como organizarlas. Antes de seguir tomando otras decisiones, he decidido quitarme de encima esta semana lo que tenía pendiente procedente de Asia. Algunos ya sabréis que tengo la mala costumbre de engancharme a infames series coreanas… pero hay alguna cosa más.

Con una mezcla de producciones rodadas entre Japón y Corea del Sur, aunque una de ellas sea americana, tenía que elegir por poner fotos de uno de los dos países. He optado por algunas vistas en blanco y negro de Osaka en Japón.

Cuando me suscribí a Netflix, una de las primeras cosas que vi, como curiosidad, fue una serie japonesa que se titulaba Shin’ya shokudō [深夜食堂], también conocida como Midnight Diner, hace ya tres años de eso. Una serie simpática, con episodios de corta duración, sobre un pequeño restaurante nocturno, del tipo de los que se pueden encontrar en Omoide Yokocho en Shinjuku. Aunque sin la invasión de turistas. En cada episodio se desvelan los avatares de alguno de los clientes, y aprendemos a preparar el plato que más le gusta. No tiene muchas pretensiones, es buenrollista y ocasionalmente presenta casos de interés humano. Recientemente pusieron en su catálogo la segunda temporada, que sigue en el mismo tono. Y es igualmente razonablemente recomendable.

Durante un buen montón de semanas, a un ritmo de uno o dos episodios cada una, hemos podido ver, procedente de Corea del Sur, Vagabond [배가본드]. Serie de conspiranoias, servicios secretos, guerras industriales, corrupción política, en la que un especialista de cine y profesor de taekwondo (Seung-gi Lee) se alía con una joven y pardilla agente (Suzy Bae) de los servicios de inteligencia para desentrañar el misterio de un accidente de aviación en el que muere el sobrino del especialista. En dieciséis episodios desarrolla una trama innecesariamente compleja y rebuscada, para dejar un final abierto, tan mal planteado, que no ha contentado a nadie. Tiene momentos muy entretenidos por el camino, y los protagonistas, eso sí, son muy guapos. Desde luego, la chica protagonista, que viene del mundo de las idols del K-pop, es una chica muy muy guapa. Y poco más, aunque quizá con el tiempo pueda actuar de forma más convincente.

También durante varias semanas, a un ritmo de dos por semana, procedente del mismo país asiático, hemos podido ver Dongbaek-kkot pil muryeop [ 백꽃 필 무렵], con el título internacional, o sea, en inglés, When the Camellia Blooms. Compleja, y a la vez simplona, comedia romántica que mezcla los amoríos de una madre soltera muy mona (Hyo-Jin Kong) con un policía local no muy inteligente (Ha-Neul Kang), pero muy buena persona, con diversos dramas familiares, y una trama en torno a un asesino en serie. Desarrollada en veinte episodios, no es que le hayan sobrado los cuatro por encima de los dieciséis habituales… es que lo que cuenta se puede contar en un par de horas. Típico guilty pleasure en el que te das cuenta de que se podría haber hecho un producto razonable, que buena parte de los intérpretes tienen capacidades interpretativas muy por encima de lo que se les pide, pero que no da casi nada de sí por las propias autolimitaciones del formato que se autoimponen los coreanos. No especialmente recomendable.

Y finalmente, en Netflix han estrenado el documental de una hora de duración Enter the Anime. Bajo la premisa de que la directora y presentadora del documental, Alex Burunova, quiere profundizar en un género, la animación japonesa, cuyas características diferenciadoras quiere conocer, vamos conociendo a una serie de productores de animadores, directores y productores nipones, que van contando los distintos estilos de la animación del País del Sol Naciente. Podría estar muy bien, y de hecho no está mal; pero al final te quedas con la impresión de que más que nada es un producto de autopromoción de las series de animación de la cadena.

[TV/TV en pantalla grande] Cosas de series; el final del j***do mundo en Downton Abbey

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Hoy va de series inglesas. Una muy buena y otra que nos dejó momentos interesantes y que hoy se ha convertido en una anécdota.

La serie británica realmente buena es The End of the F***ing World. Si la primera temporada fue una excelente road movie de dos adolescentes (Jessica Barden y Alex Lawther) con problemas, serios problemas, de adaptación a su entorno o a sus familias, que se convertía en una historia de amor, no menos bella por poco convencional, y que nos dejaba un final que no sabíamos si era un drama o una tragedia, en esta segunda temporada, que comienza unos años después de los hechos acontecidos en la primera, poco se ha aclarado en la cabeza de estos chicos. Porque todavía viven el impacto de lo sucedido unos años antes. Porque todavía no saben cómo asumir la separación. Porque no saben qué sienten realmente el uno por el otro. Y encima aparece un tercer personaje, que no conocíamos, pero que también sufrió las consecuencias de aquellos actos (Naomi Ackie). Con sólo ocho episodios de apenas 25 minutos, esta serie casi se puede ver como una película de tres horas de duración. Si tienes ese tiempo, todo seguido. Y sigue contando con las solidísimas interpretaciones de sus protagonistas. A lo que, por raros que parezcan, no puedes dejar de cogerles un inmenso cariño. Y por muy pesimista que sea la visión de la sociedad que nos muestra, no deja de ponerle una vela de esperanza a la calidad individual de los seres humanos. Muy recomendable. No habrá tercera temporada. No tendría sentido.

Pompa y boato para un país, el Reino Unido, que parece no asumir que su papel en el mundo no es el que fue, y se aferra a unas tradiciones que a unos les resultan vistosas y otros casposas, al menos conceptualmente. Mientras les asaltan problemas que no tienen en absoluto el glamour que nos venden desde Downton Abbey.

En otro frente, llevamos ya un par o tres de años hablando de si las producciones de largometrajes de las cadenas de vídeo bajo demanda cuentan como cine. Hay muchos intereses en mantener el modelo de exhibición actual de los largometrajes cinematográficos, al mismo tiempo que las nuevas tecnología provocan nuevos modos, nuevos tiempos. No voy a entrar en el debate, aunque dejaré las cosas claras en lo que se refiere a mi postura. Me gusta más ver una buena película en la pantalla grande, pero entre que se vea y no se vea una buena película, acepto gustoso las nuevas propuestas. Y hoy estamos ante el fenómeno inverso. Y de hecho, de la misma forma que aquellos largometrajes que me parecen cine aunque se estrenen en la pequeña pantalla los incluyo en mis entradas sobre cine, hoy voy a incluir uno que se ha estrenado en pantalla grande en una de mis entradas televisivas.

Porque el largometraje Downton Abbey me ha parecido eso. Un episodio más de la serie. Una especia de especial de navidad pero sin temática navideña. Un producto destinado a contentar a los fans de la serie, en la que se puede disfrutar de toda la pompa y el boato de estas series del caduco sistema nobiliario británico a principios del siglo XX, con visita real incluida. Más allá de narrar la mencionada visita real, este episodio de lujo de la serie no tiene un argumento definido. Es un producto del tipo un momento en el tiempo. La vida venía y la vida seguirá. Hay pequeñas líneas argumentales, algunas de las cuales ni siquiera aguantan las dos horas largas que dura la película. Un terrorista por aquí, un romance que surge por allá, un problema conyugal por otro lado, una herencia que no sabemos donde va a parar por acullá… y los sirvientes de la casa haciendo el papel de bufones de la función más que nunca, mientras que los señores se dedican a ponerse guapos y pasearse por la pantalla con carísimos vestidos sin que pase absolutamente nada trascendente. Eso sí, mucha pompa, mucho boato, con parada y revista a los húsares reales incluida. Lo dicho. Episodio de lujo al servicio de los incondicionales de la serie, que poco más aporta a la misma. ¿Donde quedará el ingenio de episodios tales como el del diplomático turco?

[TV] Cosas de seres; despedida al hombre en el castillo

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Paso por delante de otras temporadas, de otras series que terminé antes que la cuarta y última temporada de The Man in the High Castle. Creo que la calidad, los temas y la trascendencia de esta serie, incluso si no ha tenido la repercusión que merecía por no ser emitida en una de las plataformas de vídeo bajo demanda más potentes, hace de ella un acontecimiento en la ficción televisiva. O por lo menos así lo he vivido yo. Creo que no tenía esta sensación desde Battlestar Galactica, que también rompió moldes, aunque hasta ahí voy a plantear los paralelismos.

Tokio, Berlín y Nueva York representan a los tres imperios globales que, en un universo u otro, encontramos a lo largo de la serie. Takeshita-dori y la puerta Kaminarimon representan al imperio del Sol Naciente… aunque muy civilizado y más agradable que en su versiones más bélicas y antipáticas.

La serie parte de una idea, de una adaptación parcial o muy libre en su primera temporada de la novela del mismo título, de 1962, de Philip K. Dick. No son pocas las adaptaciones que han sufrido las obras de Dick, un escritor complejo, pero que ha atraído a los guionistas, directores y productores de cine y televisión. Precisamente por su complejidad, por las características de su literatura, las adaptaciones de sus obras son muy libres, respetando unas veces más y otras veces menos el espíritu de las mismas. Y otras conocidas producciones audiovisuales han sido fuertemente influidas por sus obras, de forma reconocida o no. Dick es, por lo tanto, una figura clave, fundamental, en el desarrollo de la anticipación en literatura, en televisión y en el cine entre las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI.

La serie que nos ocupa hoy guarda cierta fidelidad a la novela de Philip K. Dick en su primera temporada, siendo en esos momentos Juliana Crain (Alexa Davalos) la protagonista de la acción, cuando su mundo se derrumba a su alrededor en los ficticios Estados Japoneses del Pacifico, al morir su hermana a manos de la Kenpetai, la policía política japonesa. Esto va a poner en marcha una serie de acontecimientos que pondrán cabeza abajo la ucronía, la historia alternaitiva, en la que nos encontramos en 1962, en unos Estados Unidos desaparecidos y divididos entre la zona oriental perteneciente al reich nazi alemán, los estados del pacífico bajo el dominio del Imperio del Sol Naciente, y una zona neutral central en las rocosas, donde mal vive una pretendida resistencia a la ocupación. Crain es la protagonista absoluta de las dos primeras temporadas, puesto que sus movimientos son los que desencadenan las reacciones de otros personajes con mayor o menor protagonismo e importancia en la serie.

La mansión de Wansee donde se decidió el criminal destino de los judíos de Europa…

Sin embargo, poco a poco, otros personajes van creciendo en importancia conforme la serie avanza y diverge de la novela original. El ministro de comercio Tagomi (Cary-Hiroyuki Tagawa), uno de los personajes que tiene su origen en la novela original, el general John Smith (Rufus Sewell), capitoste de las SS americanas, el coronel Kido (Joel de la Fuente), de la Kenpetai japonesa, Helen Smith (Chelah Horsdal), la esposa de John Smith,… todos ellos acabarán siendo protagonistas fundamentales, especialmente en las temporadas tercera y cuarta, donde llegarán a superar en importancia argumental a Juliana Crain, aunque este personaje siempre tendrá un papel fundamental en el desarrollo de los hechos.

La historia tiene un carácter ético. También político, y supone una reflexión, por su carácter de espejo distorsionado, de nuestra propia historia. Pero ante todo, tiene un carácter ético. Juliana Crain nos representa a nosotros, lectores de la novela o espectadores de la serie televisiva; es la mujer común alejada de los centros del poder, preocupada por lo cotidiano, un poder que, desde luego, no ambiciona. En el resto de los personajes encontraremos versiones racionales, pero más frecuentemente distorsionadas, del honor, de la ambición, de la lealtad a las ideas o a los caudillos, sean el führer, el tennō [天皇] o el jefe de una resistencia, y sobre todo, conforme un personaje de anodino nombre, John Smith, va adquiriendo protagonismo, es una reflexión sobre el poder y la naturaleza del mismo. John Smith es finalmente el personaje clave de la historia, incluso si no aparecía en la novela de Philip K. Dick.

… y el monumento a estos judíos asesinados en Europa, ambos en Berlín, representan al lamentable III Reich alemán.

La serie sufre un cambio de dirección y planteamiento entre el final de la temporada segunda y la tercera. Si las dos primeras eran el camino del héroe, la heroína en este caso, Juliana Crane, siendo el resto de los protagonistas los obstáculos o las ayudas para este recorrido personal, a partir de la tercera es como si en The Lord of the Rings, a partir de un determinado momento Frodo hubiese sido un personaje de apoyo y la novela se hubiese centrado en los pensamientos y acciones de Sauron. Cosa que no hubiese tenido mucho sentido en aquel contexto. Pero sí en el que nos ocupa, puesto que John Smith es un personaje que, lo sabemos desde un principio, está sometido a tensiones interiores que poco a poco vamos conociendo. Y son fundamentalmente dos mujeres, Juliana Crane, y su propia esposa, Helen Smith, las que van a contrastar y poner a prueba estas tensiones. Siendo dos mujeres con dos recorridos muy distintos.

La serie es buena, muy buena, y cuenta con un reparto en estado de gracia. Cualquiera de los mencionados hasta ahora debería haber sido acreedor de ser premiado en alguno de los festivales o entregas de galardones habituales. Independientemente del rumbo que toma su temporada final. Cualquiera que la haya visto se quedará con la impresión de que en la mente de sus creadores, al menos había una temporada más.

Y Nueva York, bien sea en Washington Square, con el Empire State Building al fondo de la Quinta avenida,…

Es la conclusión lógica viendo la evolución de uno de los personajes, John Smith, que acaba siendo el protagonista absoluto de la serie. Pero supongo que la cadena, en un momento dado, le echó el cierre. Y por lo menos lo hizo con tiempo para darle un cierre a la historia, aunque fuera apresurado. No le falta su emoción,… pero también es en los últimos episodios de la cuarta temporada, de la serie, donde esta muestra sus costuras menos resueltas. He de comentar que no estoy hablando nada de la parte más ciencioficcionesca de la historia,… pero es que me parece poco importante, aunque tenga algún impacto en el devenir de algunos personajes, que se podría haber resuelto con facilidad por otras vías. En cualquier caso, hace tiempo que no juzgo el conjunto de la serie por un final más o menos afortunado. Aunque dentro de unos días estableceré una excepción a este principio, de algo que terminé de ver ayer mismo.

Mi conclusión es que la serie es de lo mejor y extraordinariamente recomendable. Probablemente, su emisión en una plataforma menos popular que otras, aunque más asequible, y su contenido intelectualmente más exigente, aunque no carezca de acción y emoción, hayan hecho que sea menos popular. Pero haya vosotros si os la perdéis. Y yo siempre quedaré enamorado de Juliana Crain. Forever.

… o el animado puente de Brooklyn, representan el alma del imperio americano, es que es en nuestro universo, o el que puede ser, distinto, en universos alternativos.

[TV] Cosas de series; amores modernos y familias modernas

Televisión

Sigo con las comedias de situación o, en general, series con una duración de sus episodios contenida a los 30 minutos. Pudiéndose discutir después si se trata de comedias u otra cosa. Y hoy traigo dos series que realmente me parece que están muy bien. Empezaré con una “vieja” conocida.

Como en la serie “Modern Love”, las calles de Nueva York. En concreto, la High Lane y el Chelsea Market.

Atypical es la comedia de situación sobre una familia en la que el hijo mayor tiene una condición encuadrada en el espectro autista, aunque con alto nivel de funcionamiento. Es la tercera temporada la que recientemente puso Netflix en la red. Y como muchas series en las que el protagonista empieza la misma como un adolescente, es fácil mantener la tensión dramática simplemente planteando los distintos retos que a cualquier persona en esta fase de la vida, todavía en crecimiento, se le plantean constantemente. En esta ocasión, el protagonista, Sam (Keir Gilchrist), se enfrenta con el reto de comenzar sus estudios universitarios. Y quien sabe, incluso vivir fuera de casa. Mientras, los padres (Jennifer Jason Leigh y Michael Rapaport), encuentran dificultades para recomponer su maltrecho matrimonio. Y su hermana, que sigue siendo la robaescenas de la serie, Casey (Brigette Lundy-Paine), descubre que su afectividad y su sexualidad no es tan convencional como pensaba, mientras se le plantean otros retos de futuro. Es una buena serie, con personajes con los que es fácil de empatizar, y que deja buen sabor de boca, sin caer en el buenismo simplón. Esperaremos la cuarta.

Y quizá una de las sorpresas más agradables de la temporada ha sido una serie de Amazon Prime Video que también juega con el buen rollo. Así, un poco como las películas románticas de las Navidades, pero sin el empalago de estas fechas. Modern Love está basada en una columna de The New York Times que exploraba los temas de relación sobre la base de los testimonios de los lectores. Cada episodio es independiente de los anteriores y analiza distintos aspectos de las relaciones de pareja o familiares en el mundo contemporáneo. Siempre con tendencia hacia la comedia romántica, aunque no faltan episodios más dramáticos. Los protagonistas son caras muy conocidas, no sólo de la televisión sino también del cine, y muchos de ellos hacen muy buenos papeles. Cada episodio tiene distintos niveles de credibilidad, aunque todos ellos son muy entretenidos. Parece que para la primavera del año que viene tendremos una segunda temporada.

Pues muy bien… porque Amazon Prime Video tiene algunas series muy interesantes, algunas terminadas demasiado pronto. Aunque ahora tengamos ya, y esté enganchado, a la cuarta y última de mi serie favorita. Que ha empezado con algunas ausencias notables y alguna nueva presencia destacada.

[TV] Cosas de series; desinfle mejicano mientras la tercera edad sigue “en forma”

Televisión

He entrado en una etapa en la que la mayor parte de las series que veo son comedias de situación o, en general, series con episodios de corta duración entre los 22 y los 35 minutos. Hoy os voy a comentar dos series que han entrado en sus segundas temporadas con distinta fortuna.

Cuando las relaciones y los amoríos involucran a personas de cierta edad, se suelen denominar romances, dramas o comedias “otoñales”,… pues dediquémosles algunos paisajes realmente otoñales.

Un hallazgo afortunado de hace un año fue la serie mejicana La casa de las flores. Los avatares y devenires de la familia de la Mora fueron una agradable sorpresa en la que se mezclaba el humor, el esperpento, cierto grado de denuncia social, una cuidada presentación visual, un guion ágil y divertido y unas interpretaciones en estado de gracia. Casi supo a poco. Y muchos esperábamos con ganas una segunda temporada. Sin embargo, llegada esta, no me ha sabido lo mismo, ni mucho menos. Con la pérdida de una de sus principales protagonistas, aun siendo un reparto coral, el peso ha caído en gran medida en Paulina (Cecilia Suárez), cuya interpretación del papel, en dosis razonables era un logro, pero en dosis excesivas puede hacerse canina. Por otra parte, la historia quizá no ha dado para mucho más, y lo que había que contar en esta segunda temporada no daba para los diez episodios que ha durado. Además, las tramas paralelas, especialmente la de los “pitufos” me han parecido pobres. Mi opinión es que la serie se ha desinflado bastante sobre las expectativas levantadas, una vez perdido el factor sorpresa y sin haber encontrado un motor para la acción con suficiente garra.

Sin embargo, The Kominsky Method, que llegó casi con un tono anecdótico, esta comedia de situación sobre dos cascarrabias ancianos del mundo del espectáculo, ha ido cogiendo momento, y ha alcanzado momentos estupendos en condición de comedia que puntualmente trata temas serios e incluso dramáticos. Si la anterior se hacía larga, esta se hacía corta. De hecho… da la sensación de que ha sido una temporada inacabada. Que su final no ha sido un cliffhanger sino que la han cortado cuando han llegado al capítulo que tocaba y que la continuidad argumental quedaba suspendida. Muy buenas interpretaciones, mucho ingenio en los diálogos y muchos guiños a la historia del cine y la televisión de sus intérpretes, hacen de ella una serie muy disfrutable.

[TV] Cosas de series; rotoscopias, vikingos y viajes en el tiempo

Televisión

Las dos series que traigo hoy a la palestra tienen en común que, de una forma u otra, parece que la gente viaja en el tiempo. Seguro en un caso, parece en el otro. Pero a partir de ahí, se parecen la una a la otra como un huevo a un Ferrari. Vamos con ellas.

Undone es una serie de animación de Amazon Prime Video. Y tiene de particular en lo técnico que está realizada mediante rotoscopia. Es decir, se filma en forma de acción real, con actores de verdad, en este caso protagonizada por Rosa Salazar, y luego se “calca” en forma de dibujos para el producto final. A mí la animación me gusta. Y me gusta disfrutar de las distintas formas de animación. Aunque tiendo a sentirme como en casa con la animación más tradicional… los dibujos animados, en el sentido más literal. El caso es que la rotoscopia, con esa característica suya de estar a medio camino entre la acción real y la animación, quizá sea mi menos favorita forma de animación. Pero al cabo, lo que importa es lo que se cuenta, ¿o no? Y Alma (Salazar), tras sufrir un grave accidente automovilístico, comprueba que tiene una nueva relación con el tiempo. Y con su padre muerto hace unos años… al que echa de menos, mientras mantiene complejas relaciones con su novio, su madre y su hermana. Que todos llevan también lo suyo. Con la ayuda de su fallecido padre… intentará cambiar el pasado para evitar la muerte del progenitor.

Unas cuantas vistas de Oslo serán apropiadas para ilustrar la entrada de hoy.

Historia compleja, con muchas capas, y que poco a poco va indicando un final que si no es del todo previsible, es intuible. O lógico. No sé si tendrá segunda parte. Conforme pasa el tiempo… creo que no necesita segunda parte. No voy a compararla con cierta película que me viene a la mente porque sería destripar el final… pero uno de los problemas de aquella película es que no saben pararla a tiempo, convirtiéndola de un película muy interesante en una película que odio. En fin. Razonablemente recomendable, con buen trabajo actoral, que conviene ver en versión original.

Beforeigners es… Bueno. Cosas de las casualidades. En cuestión de pocos días, un canal de vídeo bajo demanda estrenaron dos series con una premisa inicial casi idéntica. Aunque luego derivan muchísimo. Una me interesó, la serie noruega que traigo aquí hoy. Y la otra ni siquiera terminé de ver el primer episodio. Creo que está cancelada. Y eso que la estrenaron también en HBO… las dos. Vamos con la serie noruega. Que nos plantea una interesante premisa en seis episodios.

Oslo, la actualidad. De repente, en el fiordo, empiezan a aparecer personas, algunas se ahogan que están viajando en el tiempo. También son noruegos… o gentes que habitaban lo que hoy es Noruega, pero en distintos momentos de la historia. Prehistóricos, vikingos y ciudadanos de la decimonónica Cristianía. Nadie sabe a qué se debe. Pero habrá que integrar a este gente de alguna forma. En realidad, cosas parecidas pasan en todo el mundo. Unos años después del comienzo del fenómeno, una guerrera vikinga empieza a trabajar para la policía de Oslo, y la emparejan con un policía contemporáneo, divorciado, quemado y drogadicto. Y tendrán que resolver una serie de crímenes.

La serie tiene varias dimensiones. Pero básicamente se mueve entre la resolución del caso criminal y la denuncia de las intolerancias hacia el extraño, la enésima metáfora sobre los problemas de las migraciones. Aunque esta, con un poquito más de originalidad. Tiene momentos esta serie; algunos muy buenos. Pero también tiene sus bajones. De todos modos, cuando venga la segunda temporada, si viene, que creo que sí, la veré.