[TV] Cosas de series; abogados, amores locos y culebronazos familiares… coreanos

Televisión

Sigo con mi adicción a los seriales surcoreanos, que ya hemos quedado en recientes entradas dedicadas a ellos, que empiezan a no ser, necesariamente, placeres inconfesables. Aunque de estos todavía quedan. Hay algo más que vi recientemente procedente del país asiático. Pero por sus características… le dedicaré una entrada en exclusiva, porque lo merece. Que conste que todo lo que voy a comentar, y lo que me dejo para más adelante, está todo visto antes de irme de viaje a Suiza hace 10 días. Y que tengo acumulado también material para una entrada sobre animación japonesa. Así que… de lo más animado.

Law School (en coreano 로스쿨, ro seukul, que es la transcripción a su alfabeto de la expresión inglesa) es… la visión surcoreana de How to get away with murder (Cómo defender a un asesino), una serie americana, de la productora de Shonda Rhimes, y por lo tanto un culebronazo y placer inconfesable por definición, en la que los protagonistas son profesores de derecho y sus alumnos, que tanto investigan crímenes como son protagonistas de los mismos de una u otra forma. La versión surcoreana, que no es una versión realmente, pero que claramente se inspira en la americana, es más sobria y no carece de entretenimiento, con alguna actuación notable. Pero es de las que están en el límite entre el producto “decente” y el “guilty pleasure”. Avisados quedáis.

Unas escenas callejeras nocturnas en Seúl para ilustrar la entrada.

Yi Guyeokui Michin X [이 구역의 미친 X, algo así como Loco X por esta zona] titulado en inglés Mad for each other y en español Un amor loco, es una comedia romántica, con tonos dramáticos, que nos cuenta el romance entre una joven (Oh Yeon-Seo) que fue maltratada por su novio, que en realidad estaba casado, al mismo tiempo que fue despreciada por sus conocidos y compañeros de trabajo y conocidos como “rompematrimonios”, a pesar de que ignoraba la circunstancia, quedando traumatizada por la experiencia y con miedo a la interrelación social, y un policía que está suspendido de trabajo (Jung Woo) por una acción violenta en la que además quedó gravemente herido un compañero. Ambos acuden a la misma terapeuta, ambos son vecinos, puerta con puerta, pero no se conocen… hasta que lo hacen y se lía todo. Por el buen trabajo interpretativo y por la seriedad de los temas que toca, que no son banales, bajo ningún concepto la clasificaría entre los placeres inconfesables. Creo que es una serie muy digna, muy divertida en ocasiones, sensible en otras, y que además son episodios de 30 minutos, 13 en total, que la hacen mucho más ágil que la mayor parte de las series de su país. Buen trabajo de interpretación, con bastante carisma en los protagonistas, es el dato a tener en cuenta.

Y finalmente tenemos Mine [en coreano 마인, main, o sea la transcripción del título en inglés], un drama familiar, culebronazo en toda regla, aunque solo en 16 episodios, en una familia de ricos ricachones que te cagas, donde nadie es lo que parece, todo el mundo esconde secretos, salvo la única que parece normal, la esposa de uno de los hijos del patriarca (Lee Bo-young) que junto con la esposa del otro, ambiciosa pero relativamente decente ser humano (Kim Seo-hyeong), intentarán sobrevivir a un asesinato y una serie de intrigas que harán tambalear la estructura social de la familia. Con la ayuda de la nueva tutora del hijo, no biológico de la primera (Ok Ja-yeon), que también lleva lo suyo a cuestas. Drama de empoderamiento femenino, que pierde en parte el mensaje por los excesos de la trama, por los excesos en la presentación de una sociedad que vive en el lujo y la extravagancia y por la anormalidad manifiesta de muchos de los personajes. Pero tiene momentos muy divertidos en sus intrigas. La protagonistas femeninas son realmente muy atractivas en muchos sentidos, eso hay que reconocerlo. Y trabajan bien. En general, los intérpretes coreanos son buenos, lo que son malos en muchas ocasiones son los guiones y los personajes con los que han de trabajar.

[TV] Cosas de series; ronda de producciones europeas

Televisión

En estos momentos tenía, casi, para tres entradas televisivas monográficas. Las dos sin el “casi” era una ronda de series surcoreanas y otra de series europeas. La que lleva el “casi” es de animación nipona, que haré cuando termine la temporada 2 de la serie que llevo ahora a medias. Al final me he decidido por las series europeas, entre otras cosas porque son las que terminé de ver antes. Ilustradas por fotografías del Berlín que nos recuerda todavía su época de división por el muro que se convierte en protagonista de una de las series.

En estas vistas de la capital alemana que nos recuerdan su pasado tras el Telón de Acero, comenzamos con una vista de la entrada a las consultas de pediatría del Hospital de la Charité.

En Filmin nos llegó la tercera temporada de Charité, la serie alemana dedicada a uno de los más grandes hospitales de Europa, del mismo nombre, situado en Berlin-Mitte, construido en 1710 para dar respuesta a una epidemia de peste, en el que atender a los pacientes más pobres. De ahí su nombre, francés, que significa en castellano caridad. Es decir, el Hospital de la Caridad. Pero hoy en día es un gran hospital universitario de prestigio, por cuyas salas han trabajado profesionales con un nombre en la historia de la medicina, incluso en las épocas más turbulentas de la historia alemana. En esta tercera temporada, basada en un trabajo de documentación titulado Die Charité – Ein Krankenhaus im Kalten Krieg (El Charité, un hospital en la guerra fría), lo que ha motivado que Filmin titule la temporada como Charité, guerra fría, nos encontramos con las vicisitudes de sus profesionales en 1961, en las semanas inmediatamente anteriores y posteriores a la separación física de las dos Alemanias y la construcción del muro. Como de costumbre, en los seis episodios de la temporada, encontramos una protagonistas ficticia, la doctora Ella Wendt (Nina Gummich), rodeada de personas históricas cuyas andanzas se ficcionalizan en la serie. Como el patólogo criminalista Otto Prokop (Philipp Hochmair), cuyos archivos secretos sirvieron para depurar responsabilidades de la antigua Alemania Oriental tras la reunificación. O la pediatra Ingeborg Rapoport (Nina Kunzendorf), perseguida en la Alemania nazi por su ascendencia judía, y después en Estados Unidos por el macartismo. Y que fue una activa promotora de la vacunación contra la polio, consiguiendo que durante unos años la mortalidad en edad pediátrica fuera menor en la Alemania Oriental que en la Occidental. Bien hecha y documentada, con temporadas cortas, para mí que soy médico y me gusta la historia, es obligada. Y la recomiendo.

Hippocrate también se emite en Filmin. Creada y dirigida por Thomas Lilti, que antes de dedicarse al cine y la televisión fue médico y que ya realizó una película largometraje sobre el mismo tema, nos lleva a la vida cotidiana de los médicos especialistas en formación, o médicos residentes en España, en un hospital público, poco glamuroso, de la periferia parisina. En esta ocasión, los protagonistas son llamados a apoyar las urgencias del hospital, que tras un desastre en las mismas, son reubicadas de malas maneras, con una infraestructura inadecuada, en las salas de medicina interna del hospital. Y entre medias, los dramas personales de los protagonistas. Sigue siendo una de las series médicas más realistas que he visto, tiene buenas interpretaciones y las tramas, aunque con eventos un poco excesivos, que se salen de lo cotidiano, son buenas y, como digo, realistas. El final de temporada apuntaba a una tercera con un tema muy claro… el covid-19… cuya realización parece confirmada. O tal vez la dediquen a los tiempos post-covid… no lo sé.

Finalmente, Lupin, la serie francesa que homenajea al famoso personaje literario francés, uno de los ladrones de guante blanco por excelencia en el mundo de la ficción, actualizando las tramas y los mensajes. Especialmente, con notas sociales sobre clase social y discriminación racial. Pero sin perder el sentido de aventura. Su segunda temporada, también de cinco episodios con Omar Sy como protagonista absoluto, cierra la trama iniciada en la primera temporada. Y al igual que en la primera, la serie, presentada por Netflix, y que en general está bastante bien, funciona mejor cuando tira de aventura ágil, pícara y combinando con un poco de humor, que es lo propio del personaje literario original, que cuando se pone seria y dramática. Como digo, cierra la trama iniciada; no tengo ni idea de si habrá más. Como digo, está bien. Pero no es tan maravillosa como algunos la ponen; tiene sus altibajos.

[TV] Cosas de series; solos o acompañados de erupciones volcánicas

Televisión

No sabía si dedicar la entrada televisiva de esta semana a los dramas médicos o a los misterios tecnológicos o “sobrenaturales-loquesea”. Al final, como tenía a manos unos fotos apropiadas para esto último con ello iré.

Camino de acceso para visitar una de las lenguas del Mýrdalsjökull, glaciar bajo el cual encontramos el volcán Katla, que da título a una de las series de hoy.

Están de moda las erupciones volcánicas. Y últimamente uno de los sitios estrella para visitarlas es Islandia. Una erupción en la península de los Rejkjanes de las de tipo tranquilo, de lavas fluidas y vistosas coladas que se desparraman alrededor de la fisura que se abre en el suelo del área volcánica. Dicen que el volcán más activo de Islandia es el Hekla. Pero el más famoso de los últimos fue la que se produjo en el glaciar Eyjafjallajökull en 2021, que también fue de lava fluida, pero que se acompañó de la expulsión grandes cantidades de ceniza a la atmósfera, llevando al cierre del espacio aéreo en Europa, por los riesgos para las aeronaves. Recordar que el nombre ese tan complicado es el del glaciar; la erupción recibió ese nombre porque el volcán está bajo la masa de hielo de ese glaciar. Y no lejos del glaciar Eyjafjallajökkul, unos kilómetros hacia el este está el Katla, bajo el glaciar Mýrdalsjökull, alguna de cuyas lenguas pude visitar en 2016, y que también es uno de los más activos y potentes de la isla. La última erupción documentada es de 1918. Por lo que ahora lleva un tiempo largo de inactividad, ya que las erupciones históricas desde el año 930 han sido en intervalos de entre 20 y 90 años. En sus erupciones son muy peligrosos los lahares, por la fusión masiva del glaciar debido al calor emitido por la eurupción, lo cual lleva a enormes inundaciones que arrastran gran cantidad de sedimentos. Es uno de los riesgos más importantes para la población en caso de erupción de un volcán.

La serie de televisión del mismo nombre, Katla, transcurre durante una erupción ficticia actual. El volcán está muy próximo a la localidad de Vik i Mýrdal, en el sur de la isla, muy popular entre los turistas, por los espectaculares paisajes costeros alrededor de la península de Dyrhólaey, próxima a la población, o por la propia playa de arena negra de la misma. De esta zona son las fotografías que acompañan la entrada. Pues bien, encontramos Vik con los accesos cerrados y con la mayor parte de la población evacuada mientras el Katla erupciona, cuando empiezan a aparecer, cubiertos de cenizas, una serie de personas desnudas, algunas dadas por muertas o desaparecidas. Lo cual altera las vidas de los pocos habitantes que quedan en el lugar. No voy a decir más sobre el argumento, para no destripar las sorpresas. La serie va de menos a más. Yo estuve a riesgo de dejarla en los primeros episodios, pero conforme avanza se hace más interesante, más intensa y más sorprendente. No es para calificarla de excelente, pero sí de interesante, con buenos trabajos interpretativos. La veréis en Netflix, si os interesa.

Solos (el título original de la serie está en castellano aunque sea una serie estadounidense) es una serie que ha aparecido en Amazon Prime Video en las últimas semanas. Una miniserie de siete episodios de media hora de duración con unos protagonistas muy notables y conocidos ( Morgan FreemanAnne HathawayHelen MirrenUzo AdubaAnthony MackieConstance WuDan Stevens y Nicole Beharie) Es una de las muchas series nacidas al hilo de los confinamientos debidos a la pandemia. La premisa es la de presenciar la peripecia de personas que viven solas o se encuentran solas. Una científica que quiere viajar al futuro para resolver sus problemas actuales, una mujer ya mayor que se presta voluntaria a una misión espacial sin retorno para encontrarse a sí misma, un hombre que ha de morir y busca un “sustituto” para su familia, un hombre al que sacan de su desmemoria debido a lo que parece un Alzheimer,… y otras situaciones en las que el protagonista se encuentra solo, con un tono futurista. De hecho, dejando al lado alguna voz por llamadas telefónicas o similares, creo que sólo en uno de los episodios hay dos intérpretes en pantalla. La serie es irregular. Algunos episodios son buenos, pero otros, no tanto. Los intérpretes están todos a buen nivel, aunque no siempre consiguen salvar su episodio. Cuesta poco darle una oportunidad, dada su corta duración, tanto en número de episodios como en el minutaje de los mismos.

[TV] Cosas de series; volvamos a los “guilty pleasures” surcoreanos

Televisión

Antes de entrar en materia con las teleseries coreanas de hoy, he de comentaros que he vuelto a ver los seis episodios de la serie de animación filipina Trese, una serie que me pareció muy entretenida. Originalmente la vi con la banda sonora en inglés, porque Netflix la ofrece así como versión original. Pero después de leer por ahí, he llegado a la conclusión de que, aunque hicieron tres versiones de doblaje iniciales, inglés, filipino y japonés, con actores reconocidos en estos países, en Japón el actor de doblaje tiene el mismo estatus que los actores en vivo, la que realmente debería constar como versión original es la filipina. Es más auténtica. Y me alegro de haberlo hecho. Realmente es mejor. Y además es muy divertido ir cazando las palabras de origen español; el “kamosta” (de “como está”) para decir “hola”, la “pamilya” o la “propesiya” por la evidente alergia del idioma tagalo a las efes (“familia” o “profecía”, claro), o el “pero” para… la conjunción adversativa “pero”, claro. Entre otras. Y la serie sigue siendo tan divertida o más que en inglés.

Pero vámonos a Corea del Sur, que no visitábamos desde marzo. He bajado el ritmo los fines de semana, que es cuando veo estas series. Aun así, tengo algunas. Vincenzo es una serie que no incluso dentro de los placeres inconfesables. Es una serie divertida y casi me atrevería a decir recomendable. Y que trabaja con un notable carga de crítica social y política en forma de ironía. En tono de comedia, nos habla de un tipo que fue adoptado de niño en Italia y ha llegado a ser consigliere de una familia mafiosa. Y regresa a Corea del Sur para recuperar un alijo de oro y otras piezas preciosas, escondidas en un sótano fortificado bajo una galería comercial que una gran empresa con un presidente sin escrúpulos quiere derribar para construir un lujoso rascacielos. Pero como alguien le dice a Vicenzo Cassano (Song Joong-ki), puede que Hong Cha-young (Jeon Yeo-bin), la abogada con la que se alía, los políticos, la justicia, la policía, los abogados y los empresarios coreanos son todos ellos peores que la mafia italiana. Y así, entre la comedia y la acción, asistimos al combate en el mafioso y la abogada, con un grupo de demenciales personajes a su alrededor, contra los elementos corruptos de la sociedad surcoreana. Como digo, ironía y crítica social a raudales. Y buenas interpretaciones. A Jeon Yeo-bin la vimos recientemente coprotagonizando un largometraje de estreno, con auténticos mafiosos coreanos. Y Song Joong-ki protagonizó hace unos meses una entretenida aventura espacial. Por cierto, los coreanos también son alérgicos a las efes… Vicenzo pertenece a la 마피아 mapia.

Con frecuencia las películas y las series surcoreanas se inspiran en producciones americanas. Y Move to heaven [무브 투 헤븐, mubeu tu hebeun] está claramente inspirada por Rain Man. En este caso, el autista es el hijo adoptivo de 20 años de un viudo que lleva un negocio de limpieza de lugares donde ha sucedido una muerte violenta o en extrañas circunstancias, que muere, y en cuyo testamento deja a su hermano, recién salido de la cárcel y con una vida tortuosa, como tutor del hijo. Cambiamos al pijo de la película original por un exconvicto en busca de redención. Tampoco es un placer inconfesable. Con diez episodios entre 40 y 60 minutos, es una serie con un contenido más profundo que las series coreanas habituales, y que también se deja ver sin sonrojo alguno, con buenas interpretaciones. No es tan buena como los votantes de IMDb dan a entender, pero esta un escalón por encima de ser una producción digna.

Naeil Jiguga Manghaebeoryeosseumyeon Jokesseo [내일 지구가 망해버렸으면 좋겠어, literalmente “espero que la Tierra sea destruida mañana”], pero titulada So no worth it internacionalmente, o ¡Tierra, trágame! en España, es un divertimento que parece reúne a una serie de famosetes jóvenes de Corea del Sur en una comedia con 12 episodios de menos de media hora de duración. La trama central es una comedia romántica entre una joven con pocos posibles que se paga la carrera trabajando de encargada en una residencia universitaria para estudiantes extranjeros con el hijo adoptivo de origen de una actriz norteamericana de éxito en Hollywood. Pero a su alrededor hay una serie de tipos extraños y extravagantes de diversos orígenes étnicos o nacionales. La mayor parte de ellos actúan bajo su propio nombre, aunque no hagan de sí mismos. Es un producto anecdótico, pero que acaba resultando divertido. Y parece que puede tener futuras temporadas, porque el final queda abierto.

En fin… que las series coreanas de Netflix cada vez son menos guilty pleasures, o por lo menos algunas de ellas… porque lo que estoy viendo ahora… buf.

[TV] Cosas de series; un poco de animación

Televisión

En las últimas semanas he terminado temporadas muy interesantes de algunas series de televisión, pero no me parecía propia acumularlas en un misma entrada. Así que he tenido que tomar decisiones y priorizar los temas. No necesariamente lo mejor primero, porque a lo mejor hay que dedicarle más tiempo que ahora no tengo. En breve, me voy a por mi segunda dosis de la vacuna contra el covid-19 y no sé cómo van a ir los efectos secundarios en esta ocasión. Espero que reacciones adversas ninguna. Así que he decidido ir con la animación.

La serie de los gigantes antropófagos es japonesa, pero las localizaciones tienen un aire europeo, germánico. Incluso los nombres de los personajes. Aunque el contorno de la isla parece Madagascar invertida.

Durante bastantes semanas he ido viendo poco a poco una de las series de animación más valorada de la última década. La empecé a ver en Netflix, pero me encontré con que dejaría de estar en esta plataforma a finales de mayo, así que la terminé en Amazon Prime Video, donde sigue disponible. Se trata de Shingeki no kyojin [進撃の巨人, que sería algo así como gigantes a la carga o al ataque] y que suele ser conocida como Attack on Titan, y en castellano Ataque a los titanes en España o Ataque de los titanes en Latinoamérica. Es una amplia franquicia que comenzó con un manga, como suele pasar muchas veces con estas producciones, pero que a estas alturas lleva ya tres temporadas de animación emitidas en nuestro país con un total de 59 episodios (25 en la primera temporada, 12 en la segunda y una tercera de 22 dividida en dos partes de 12 y 10 respectivamente). En su país de origen ya han emitido parte de la cuarta y última temporada, 16 episodios, y se espera una segunda tanda en 2022. También hay dos películas de acción real, que se puede ver en Amazon Prime Video, la primera se corresponde con la primera temporada de la serie de animación, mientras que la segunda diverge en su relato para darle un cierre independiente. Es claramente inferior a la serie de animación, con una primera parte visible y una segunda parte bastante indigesta. Y lo único destacable es la presencia de Kiko Mizuhara como Mikasa, una actriz de la que hablamos en un estreno reciente en Netflix.

La cosa va de una sociedad humana postapocalíptica que se ha agrupado en un isla, tras tres círculos de grandes muros de protección, por la invasión del mundo por los titanes. Seres de aspecto humano, pero con tamaños que oscilan entre los 3 y los 20 metros (o incluso más), que sólo parecen estar motivados por su deseo de devorar a cuantos más humanos mejor. La acción comienza cuando un titán gigantesco, y aparentemente dotado de inteligencia, abre un hueco en la muralla exterior provocando la invasión del círculo exterior de hábitat y defensa de la humanidad, donde residen tres adolescentes, Eren, Mikasa y Armin, que se alistarán a la milicia, al cuerpo de exploradores para luchar contra los titanes. Hasta que se descubra que la relación entre titanes y humanos es más próxima de lo que pensaban. Es muy entretenida y tiene momentos muy notables, sobretodo en los episodios con acción. Cuando se dedican a hablar y “explicar” cosas, la cosa decae, y desde mi punto de vista todo podría haber ido más fluido con explicaciones visuales y con menos rollo. Pero tengo ganas de ver el desenlace de la cuarta temporada. No es que me parezca la octava maravilla, pero la animación es correcta y, como digo, la acción es entretenida.

La que ha sido una agradable e inesperada sorpresa ha sido la breve serie de animación de seis episodios de nacionalidad filipina que se ha estrenado recientemente en Netflix, Trese. Es un drama sobrenatural que transcurre en Manila, en la que el equilibro entre los seres sobrenaturales y los humanos se mantiene de forma algo precaria gracias a los acuerdos que alcanzó en su momento el lakan, una especie de guardián o mediador, Anton Trese. En la actualidad es su hija, Alexandra Trese, quien mantiene en equilibrio en colaboración con gentes de ambos mundos, el humano y el sobrenatural. La corta serie, que con episodios de apenas 30 minutos se ve en un suspiro, cuenta en paralelo la historia del padre, Anton, y Alexandra de niña, cuando se forjó la alianza, y la situación actual, en la que el equilibrio se rompe, con Anton ya muerto, y con Alexandra al cargo de proteger ese equilibrio. Es muy divertida, y el personaje principal es muy carismático. Además todo ronda en torno a mitos y tradiciones filipinas, lo que otorga novedad a la historia. La producción se ha doblado simultáneamente en filipino, inglés y japonés. La versión que se ve en Netflix España es en inglés, por lo que la actriz de voz es la canadiense Shay Mitchell, muy guapa, pero muy floja actriz de series de televisión, que en esta ocasión, dota de cierto acento al doblaje, y resulta bastante bien. He decir que el movimiento de los labios de los personajes se adapta muy bien al diálogo en inglés, por lo que supongo que fue este idioma en el que “se dibujó”. Aunque hay un especial sobre la serie, que aún no he visto, en la que aparece como actriz protagonista Liza Soberano, que es la de la versión filipina… No sé. Bueno. Al final de los créditos del sexto episodio hay una escena extra que nos abre la puerta a futuras temporadas que me apetece ver.

[TV] Cosas de series; la más veterana y un “spin-off” no declarado

Televisión

Pues sí. La serie más veterana de mi cartelera televisiva. Quizá en competición con la nueva época de Doctor Who. Tanto la ciencia ficción británica como Grey’s Anatomy llevan en el aire desde 2005. Pero el número de episodios y la regularidad de emisión de las aventuras y desventuras de los cirujanos de Seattle ha sido mucho mayor que la del Señor del Tiempo. Así que le concedo el título. Bueno,… en realidad,… La segunda época del Doctor comenzó el 26 de marzo de 2005 con la presentación de Rose (Billie Piper) como una de las compañeras más carismáticas que ha tenido el alienígena. El comienzo del programa de residencia de Meredith Grey (Ellen Pompeo) y sus compañeros en Seattle comenzó el 10 de noviembre de 2005. Sin embargo, si no recuerdo mal, me enganché al drama médico antes que a los viajes en el tiempo en la Tardis. En cualquier caso, Grey y sus compinches acaban de terminar su 17ª temporada, mientras que el Doctor terminó su 12ª temporada con el especial de Navidad del 1 de enero de 2001. Que cada uno cuente los episodios especiales entre 2007 y 2008 en la temporada que quiera.

“Master of None” es una serie muy neoyorquina. Así que fotográficamente nos trasladamos a la Gran Manzana. Y nos subimos al Empire State Building. Para tener buenas vistas.

La temporada 17ª de Grey’s Anatomy ha estado marcada por la pandemia de covid-19. Lejos de los 24 episodios de algunas temporadas previas, se ha quedado en 17 episodios en los que la factoría Shondaland básicamente ha adoptado una actitud de crítica social ante las consecuencias y desigualdades de la pandemia y las consecuencias de la violencia policial contra los ciudadanos afroamericanos. Sin embargo, eso ha sido a costa de unas tramas mucho más flojas, y unos diálogos excesivamente “pedagógicos” y muy poco naturales. Entendámonos, hace mucho años que Grey’s Anatomy es una de mis placeres inconfesables, que ni yo mismo entiendo porqué sigo viendo. Sus mejores tiempos… pasaron muy deprisa. Aunque sigue siendo una de las series de televisión más vistas en EE.UU. Pero como buen vicio bien arraigado en el adicto, esperaré con “impaciencia” [esto es irónico] la 18ª temporada. En esta se ha producido varias bajas destacadas. Y quedan ya muy pocos históricos. Pero históricos de verdad. Aparte de Grey, Webber (James Pickens Jr.) y Bailey (Chandra Wilson). Cada vez suenan más las voces que anuncian que el fin está cerca. ¿Quizá con la 20ª temporada? No tengo ni idea.

Hace unas semanas llegó a Netflix la tercera temporada de Master of None, con el subtítulo Moments in Love. Y es que más que una continuación de las dos primeras temporadas de la serie creada y protagonizada por Aziz Ansari, ha resultado una derivada (nombre correcto en castellano del anglicismo innecesario spin-off, pero que nadie va a usar) de la serie original. La segunda temporada se remonta a 2017, año de su emisión original. Y en el tiempo que media se le interpuso… el #MeToo. En enero de 2018 fue acusado en un medio en línea de acoso sexual. Pero el caso tuvo sus detractores y sus partidarios. Quienes opinaban que la actuación de Ansari con su denunciante era reprochable, y quienes opinaban que no. Y quienes veían que había zonas grises en las que es difícil establecer la realidad y se corre el peligro de linchar socialmente a un… no vamos a decir “inocente”, utilicemos el término de los juicios de las teles… “no culpable”. No tengo ni idea de lo que paso, y por lo tanto, no tengo criterio. La cuestión es que en el regreso de la serie, Ansari ha tenido un papel ante las cámaras que va poco más allá de un cameo, y los cinco episodios de la temporada se han centrado en la relación de Denise (Lena Waithe), personaje habitual en la serie, y Alicia (Naomi Ackie), un nuevo personaje que aparece como la esposa del anterior al principio de estos episodios. En los dos primeros, cortos, de una media hora de duración, vemos como la relación entre en crisis, por los desequilibrios entre las dos cónyuges en su vida profesional, sumado al fracaso al intento de ser madre de Alicia. Luego vienen dos episodios largos, de una hora, en los que vemos cómo cada una de ellas reconstruye su vida. Y termina con otro corto, en la que ambas se reencuentran años más tarde, porque algo quedó de lo que tuvieron. No ha estado mal. Aunque la intensidad o el interés de los distintos episodios ha sido muy diversa. Si hacemos caso de los votantes de IMDb, comparados con los de las dos primera temporadas poco amor han recibido los nuevos del público. Aunque vete tú a saber los motivos. A la crítica le ha gustado. Y yo también pienso que tiene momento de valor que hacen que merezca la pena su visualización.


[TV] Cosas de series; misterios desde Escocia a Tailandia

Televisión

Traigo hoy dos series muy diferentes. Ya casi no tengo lista de espera para comentar series. Una temporada de una serie me quedará sin comentar después de esta, aunque a lo largo de la semana espero terminar de ver otras dos. Veremos.

Pasé por la estación de Dundee camino de Aberdeen, pero no he visitado la ciudad, así que pongo fotos de esta última.

Traces es un drama criminal británico que transcurre en Dundee, en tierras escocesas (aunque me he enterado que está rodada principalmente en Manchester). Una especie de CSI pero más serio, más de verdad y más centrado en las personas. Se puede ver su primera temporada de seis episodios en Filmin, no sé cuando pondrán la segunda que está prevista, pero no está emitida todavía en su país de origen. En la primera temporada seguimos a Emma (Molly Windsor) una técnico de laboratorio que es contratada por un laboratorio forense y antropológico en una universidad en la ciudad escocesa, adonde se desplaza. Ella es nacida en la ciudad, pero desde los siete años ha vivido fuera de ella con su tía, por la muerte por asesinato de su madre. Como consecuencia de su regreso, se desencadenan una serie de sucesos que hacen que el caso, no resuelto, se vuelva a abrir. Es una serie entretenida, pero que prometía más de lo que ofrece al final. Creo que lo lían de tal forma, que algunas coincidencias resultan un tanto inverosímiles. Pero está bastante bien interpretada. Para pasar el rato.

Girl from nowhere es una serie tailandesa que ha llegado a su segunda temporada. Es una de las primeras series de esa nacionalidad que se pudieron ver en esta latitudes en Netflix. Y tiene un carácter semifantástico, ya que la “chica de ningún sitio” del título, Nanno (Chicha Amatayakul), aparece en cada episodio en un instituto de educación secundaria en el que existe algún conflicto. Unas veces relacionado con abusos, otras con la sexualidad, a veces con las drogas, en otras ocasiones con las redes sociales, también con sistemas de enseñanza tiránicos,… y Nanno se encarga de poner las cosas en su lugar. Aunque a veces le cueste aparentemente la vida,… pero siempre vuelve a aparecer. Entre el misterio, la crítica social y el terror, cada episodio es un caso distinto, aunque en esta segunda temporada ha aparecido una antagonista, Yuri (Chanya McClory), que representa una variante más perversa de Nanno. Al igual que la primera temporada, es irregular. Hay episodios muy conseguidos y otros mucho más flojos. Aunque creo que globalmente ha sido mejor, a pesar de que la línea argumental de Yuri me ha convencido a medias. Queda abierta a una tercera temporada, ya que el último episodio tiene forma de un cliffhanger… hasta cierto punto. Entretenida y curiosa para quienes no tememos arriesgarnos con terrenos menos trillados.

[TV] Cosas de series: más superhéroes y microrelatos de anticipación y miedo

Televisión

Seguimos adaptando historietas con superhéroes de lo más variado. Algunas de estas aportan algo nuevo, otras… no tanto. Jupiter’s Legacy parece ser de estas últimas. Aunque también hay que decir que a lo largo de los ocho episodios de su primera temporada, que se puede ver en Netflix, ha ido más bien de menos a más. Como ya he empezado diciendo, es una adaptación de una historieta, que en su momento recibió buenas críticas. Y en esta primera temporada hemos ido viendo en paralelo dos líneas argumentales, una situada en los tiempos de la crisis bursátil de 1929 y que nos va a explicar el origen del grupo de superhéroes, y otra, en los tiempos actuales, en los cuales se produce una crisis de principios y de fines entre la primera generación de superhéroes y sus descendientes. Los elementos argumentales no son especialmente originales, y van desde una isla misteriosa y desconocida, tipo King Kong, a elementos mitológicos clásicos. Un poco… un refrito. Como mucho, conforme avanza la serie, alcanza el nivel de entretenida. Sin más. Sus muchos personajes y líneas argumentales son también muy diversos en interés o en la empatía que generan en el espectador.

Aunque predominan los episodios cortos de animación de una de las series de hoy orientados a la aventura y la acción, también los hay más contemplativos y filosóficos. Uno de ellos “The Drowned Giant” es de estos, y tiene como escenario una playa de las islas Británicas. Motivo por el que yo me voy fotográficamente a las costas irlandesas. Que aunque no sean la Gran Bretaña, es otra de las islas Británicas.

Love, Death and Robots es una antología de relatos cortos de animación en el ámbito de la ciencia ficción, la anticipación, la fantasía y el terror. O de todo un poco, mezclado. Frente a los 18 episodios que van entre menos de diez minutos a algo más de quince de los que constaba la primera temporada, esta segunda temporada sólo tiene 8 episodios. Pero yo diría que están mejor seleccionados, con más rigor. Y por ello, yo diría que, pese a la diversidad de temas y formatos, dentro de la animación, hay una calidad media superior. Yo los he visto todos con agrado, aunque siempre hay algunos que te gustan más que otros. Y se ve en seguida. Los encajas en cualquier hueco que tengas para ver la televisión, y en pocos días los ves los ocho. Me han divertido bastante. Más que la primera temporada en su conjunto. Me parecen recomendables para quienes gustan de estos temas. También en Netflix.

[TV] Cosas de series; como de vez en cuando, series de extremo oriente

Televisión

Dosis de series procedentes de extremo oriente. Fundamentalmente placeres inconfesables surcoreanos, aunque ahora mismo estoy con una que no parece para nada inconfesable… tiene unas ironías muy divertidas. De una, Shingeki no kyojin [進撃の巨人] (Attack on titan, como es popularmente conocida al parecer), no mencionaré más que estoy en ella. Visible en Netflix y en Amazon Prime Video, aunque en Netflix está a punto de expirar la validez de las primeras temporadas, creo, es uno de los animes más valorados y vistos en la segunda década del siglo XXI. Yo he visto la primera temporada de 25 episodios de poco más de 20 minutos, y la segunda que sólo tiene 12 de ellos. Está disponible también la tercera. Y la primera parte de la cuarta parece que se ha emitido ya en Japón, pero no sé cuando llegará a las plataformas. En cualquier caso, me parece interesante, pero ya haré un comentario más amplio cuando vea todo lo que se puede ver en este momento. Me parece que tiene cosas muy interesantes.

Algunas vistas de ciudades coreanas para ilustrar la entrada de hoy.

Como decía, y no es la primera vez, cada vez es más frecuente que me encuentre con alguna serie surcoreana que no entre dentro del saco de los placeres inconfesables. Que tienen interés más allá del divertimento de las peculiaridades, defectos incluidos, de estas producciones. Pero las de esta semana… no acaban de alcanzar esa categoría superior. Annyeong? Naya! 안녕? 나야!, que traducido es ¿Hola? ¡Soy yo!, y que es conocida internacionalmente como Hello, me!, es una comedia dramática, buenrollista, en la que a una mujer de 37 años, cuya vida es una catástrofe, se le aparece su yo de 17 años, cuando era decidida, divertida y con iniciativas, para cambiarle la vida. En medio está el resto de la familia, y un par de pretendientes. Los intérpretes no están mal. El guion, el argumento en general, es manifiestamente mejorable. El final sufre de diversas inconsecuencias, pero no hay episodio de los 16 de una hora que consta, que no tenga momentos divertidos. Producto para ver sin pensar en nada y dejar la mente en blanco.

Dakteoseu 닥터스, Doctors, aunque también se encuentra por ahí como Doctors crush, es la única serie surcoreana que no he visto en Netflix, que la he sacado de otro lado. Tuve la curiosidad por empujarme los 20 episodios de una hora de duración de esta serie, por intentar entender la evolución ascendente que parece tener su protagonista femenina Park Shin-Hye, que ya he visto en otras dos series y en algún largometraje, que está muy valorada en su país, pero que sigue pareciéndome que aunque es muy mona, sin ser una monería artificial como otras actrices jóvenes surcoreanas, es muy limitada interpretativamente. Aquí empieza como una adolescente conflictiva, al borde de la delincuencia juvenil, que tras un período revuelto por las intervenciones de un profesor del instituto y una denuncia de una compañera del mismo, tras la muerte de su abuela en una intervención quirúrgica, toma la decisión de reencaminar su vida. Estudia medicina, y se hace neurocirugía con el fin de tomar venganza con el médico que intervino a su abuela. Pero… mira que cosas, que en el hospital también trabajan el profesor y la compañera,… que ahora también son neurocirujanos. En esta serie, el absurdo o lo inverosímil en lo que es un hospital asoma con frecuencia y sin pudor. Y realmente sólo se puede ver como fanático de estas series o para disfrutar de los placeres culpables. Lo cual no quiere decir, que aceptando su idiosincrasia, no pueda ser bastante entretenida. Y sí… Park Shin-Hye es mona… pero muy limitada interpretativamente hablando.

[TV] Cosas de series; en el ámbito de la fantasía y las ucronías

Televisión

Hoy vamos con dos series que se mueven en el ámbito de la fantasía y la ciencia ficción. Que con frecuencia se ven mezcladas en las clasificaciones por géneros de las obras de ficción, sean literarias o audiovisuales, y que para mí son dos cosas muy distintas. Cada uno de estos géneros debería estar claramente diferenciado del otro… aunque como todo, siempre hay zonas grises en la clasificación por géneros de la ficción.

Para representar a las fortalezas, castillos y palacios de los reinos de estilo eslavo que aparecen en un de las series de hoy, nos iremos a la fortaleza de Malbork en Polonia. Aunque originariamente fuera llamado Marienburg por la Orden de los Caballeros Teutónicos que lo construyó.

Shadow and bone es claramente una obra de fantasía. Netflix participa una vez más en la moda de adaptar sagas literarias destinadas al público adolescente o juvenil y que se mueven en mundos en los que conviven seres humanos… llamémosles “normales”, con otros con capacidades o “poderes” “mágicos”. Aunque a veces parece que quieran disfrazar la “magia” de “ciencia”. La saga literaria que se adapta es obra de la escritora Leigh Bardugo, que ha escrito varias novelas y un cierto número de relatos con base en un mismo universo fantástico, inspirado de alguna forma en el Imperio Ruso. Tiene algún toque también de steampunk, y sus protagonistas son jóvenes, para que los adolescentes se identifiquen con los héroes. En lo que estamos viendo en esta primera temporada de la serie, la protagonista es la joven Alina Starkov (Jessie Mei Li), del cuerpo de cartógrafos del ejército de un reino que está dividido en dos por una extraña niebla negra de origen mágico, poblada por seres malignos. La joven Starkov, mestiza, con un progenitor de un reino vecino (si el uno está inspirado en Rusia, el otro en China o en la repúblicas centroasiáticas; la actriz protagonista tiene ascendencia británica y china), tiene unos poderes mágicos muy codiciados por el malo de la ficción y por otros antagonistas. En fin… nada realmente original. Una historia basada en un fórmula muchas veces conocidas del camino del héroe predestinado a salvar “el mundo” o algo así. Se deja ver. Pero también corre el riesgo de que si no aporta algo nuevo interesante en la segunda temporada, me olvide de ella. Las interpretaciones son manifiestamente mejorables.

Hace unas semanas os hablé de la primera temporada de For all mankind. Y como ya os decía entonces, se trata de una ucronía, una historia alternativa, en la que los soviéticos llegan a la Luna antes que los norteamericanos, y como consecuencia, todo cambia, y la carrera espacial se mantiene, y la exploración espacial avanza más deprisa que en la realidad. Si la primera temporada, la parte de ciencia ficción era relativamente plausible, determinados elementos sobre lo “políticamente correcto” chirriaban en exceso. El universo en el que se desarrolla se parece demasiado al nuestro como para que nos vendan según qué conceptos. Pero era entretenida, y la parte de acción que tenía era divertida. La segunda temporada es distinta. Se olvidan un poco de lo “políticamente correcto”, son más osados en el ritmo de avances tecnológicos, y apuesta por la intriga política, con una guerra fría que se va a prolongar por una Unión Soviética que no entra en descomposición en los años 80 del siglo XX. Y con mayor elementos de acción en la base lunar. Sigue siendo una serie entretenida. Quizá un pelín más patriotera de lo que toca, y con conservadurismos que chirrían. Pero si te abstraes de ello, tiene un pase bastante amplio. Aunque corren el riesgo de errar el tiro por elevación, siendo demasiado osados en los desarrollos futuros de la exploración espacial. Si nos hemos de mover en lo verosímil, claro. Si no… pues tira para delante.

[TV] Cosas de series; “arreglando” el mundo

Televisión

Dos series muy distintas, que nos llegan desde lejos, protagonizadas por gente empeñada en cambiar el mundo para mejor, con distintos tono, con distintos medios y con distinto… todo. Como dijo Jack el Destripador, vayamos por parte.

Sigo usando las fotos del sábado por la tarde para ilustrar esta entrada.

Why are you like this? es una comedia de situación australiana, seis episodios de apenas 20 o 25 minutos de duración, es decir… que si le ponéis un poco de empeño la veis de una tirada, en Netflix. Y tiene un gran aliciente. Es muy políticamente incorrecta. Pero en buen sentido. Frente a la oleada, por no decir tsunami, de series políticamente correctas en temas de “raza”, etnia, género, sexo… etcétera, la serie tiene como protagonistas tres jóvenes de veintitantos que centran su vida en ser políticamente correctos y arreglar la vida y el mundo de los que les rodean, pero que tienen las mismas debilidades que todo el mundo y la mayor parte lo que hacen es cagarla y arruinar la vida a los que les rodean. Una crítica, no a los valores de tolerancia y diversidad, sino a las hipócritas formas en los que los asumimos en nuestra vida diaria, especialmente en las redes sociales, para beneficio personal y no para el bien común. Es comedia… pero es amarga. Relativamente pesimista. Pero de lo más sincero que he visto últimamente. Lástima que los guiones no esté un poco más pulidos, la trama tenga algo más de ritmo, y los actores no estén un escalón por encima en sus capacidades interpretativas. No son malos… pero haría falta gente con más carisma. O quizá debería decir “anticarisma”.

시지프스 The myth [Sijipeuseu The myth; Sísifo: El mito] no tiene nada que ver con la anterior, salvo en que sus protagonistas también quieren salvar el mito. Serie surcoreana de 16 episodios de aproximadamente una hora de duración, con ciencia ficción y abundancia de conspiranoias, protagonizada por dos intérpretes que ya me resultan familiares de otras series, el habitualmente serio, no tanto aquí, Cho Seung-woo, y la muy guapa Park Shin-Hye, que sigue teniendo más presencia que capacidades actorales. Park interpreta a una joven que viene de un futuro postapocalíptico no muy lejano, con el fin de impedir que el ingeniero y empresario a quien encarna Cho invente una máquina que permite el viaje en el tiempo, siempre en el sentido del futuro al pasado. Pero eso sí… tendrán que vérselas con una perversa organización gubernamental empeñada en perseguir a los viajeros en el tiempo, contra un grupo que va por libre en lo de aprovecharse de estos y en una misteriosa amenaza que quiere que la guerra nuclear que devasta Corea tenga lugar para su propio interés. Resumiendo, tiene todos los defectos que habitualmente hacen que califique a las series surcoreanas como placeres inconfesables… pero ideal para dejar la mente en blanco los fines de semana, sin tener que pensar y de forma entretenida.

[TV] Cosas de series; entre los fantasmas victorianos y el tren sobre hielos

Televisión

Hoy traigo a estas páginas televisivas un comentarios sobre dos series que se pueden ver en Netflix. Una de ellas es un estreno relativamente reciente y la otra, una segunda temporada de una serie que llegó con muchas expectativas, pero que aún estamos esperando a ver hasta que punto es capaz de satisfacerlas. Vamos a ello.

Ambiente ferroviario, con una línea ferroviaria que se suele rodear de nieve en invierno, aunque lejos de las dimensiones monstruosas del Snowpiercer; el ferrocarril de vía estrecha del Harz, con sus molonas locomotoras de vapor.

Snowpiercer ha llegado a su segunda temporada. Basada en unas historietas de origen francés, estas fueron también adaptadas a una película del surcoreano Bong Joon-Ho, hoy más recordado por su oscarizada película sobre el sistema de clases en las sociedades desarrolladas que por aquel postapocalíptico drama de acción. El caso es que si bien la primera película, con matizaciones, viene a contar un historia similar a los primeros volúmenes de la historieta y a la película, aunque con estilos diferenciados, la segunda temporada tiene otro estilo narrativo. Con los mismas temas de fondo del material original, ahora tenemos más un difícil equilibrio entre dos “países” con sistemas políticos distintos, y ambos con tensiones internas. He de reconocer que la primera temporada me dejó relativamente insatisfecho, porque la adaptación al cine de la historia que hizo Bong Joon-Ho fue muy potente, es una película que hoy en día valoro más que cuando la vi por primera vez, y la serie no se acercó a todo ese potencial. Pero la introducción de un Wilford encarnado por Sean Bean, que probablemente es uno de los personajes que mejor lucen en esta segunda tanda de episodios, da alicientes a esta segunda temporada que supera a la primera tanto en la trama como en el interés. Otra cosa curiosa de esta serie… los personajes secundarios y sus intérpretes suelen ser mejores o más interesantes que los principales, salvo los buenos momentos, que no son todos, de Melanie Cavill (Jennifer Connelly). Nos queda, por lo tanto, comprobar si la tercera serie sigue la tendencia al alza… o si hemos llegado al máximo de lo que esta serie, puede ofrecer. Una serie que se deja ver a pesar de ser una serie fallida hasta cierto punto.

Netflix tiene una fuerte querencia, excesiva desde mi punto de vista, por el género fantástico y paranormal. Y eso se manifiesta, una vez más, en The irregulars, una serie que me estuve pensando si ver o no. Ya os adelanto que el público votante en IMDb no la aprecia. Aunque no es tan catastrófica. De hecho, tengo curiosidad, no enorme pero alguna, por ver por donde va en un futuro. Esto va de una adaptación de una historieta con un un grupo de chavales huérfanos como protagonistas, que viven no muy lejos del 221B de Baker Street, en un sótano, saliendo adelante apoyándose mutuamente. Hasta que un día un tal John Watson, médico, residente en el mencionado domicilio, solicita su ayuda para resolver un crimen… que nos sumergirá en un mundo de amenazas fantásticas, paranormales o de dimensiones extrañas en el Londres victoriano. Efectivamente, estamos ante la enésima revisión del personaje de Sherlock Holmes, aunque sea un personaje virtual durante unos episodios, secundarios en otros, alcanzando sólo cierto protagonismo al final. La serie sufre de unos guiones un tanto caóticos, de la introducción en la trama de personajes con poco sentido, como uno de los hijos hemofílicos de la reina Victoria, y de exceso de barroquismo visual, junto a una alteración de los caracteres tradicionales del universo “sherlock” quizá excesiva. Y de unas interpretaciones pobres para lo que son los estándares de una serie británica. Aunque es posible empatizar con algunos de los personajes de la historia, casi todos muy planos, con alguna excepción. Es una serie floja. Aunque según parece ha tenido más audiencia de lo que parece, y con una acogida de la crítica menos negativa que de los espectadores que se manifiestan.