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[Televisión] Cosas de series; buenos zombies, malos zombies, buenos hermanos, malos hermanos…

Televisión

Durante la semana pasada di carpetazo, momentáneo, a dos series. Muy distintas, tanto en tema, como en tono como en intenciones.

De iZombie ya había hecho algún comentario. Es una serie que ya lleva un par de temporadas completas danzando por el mundo, quizá más destinada a un público joven, aunque puede entretener a cualquiera que no busque complicarse la vida. Fundamentalmente porque los personajes principales caen bien, especialmente la simpática Liv (Rose McIver), la protagonista. Esta chica neozelandesa ha ido picoteando en diversas series a lo largo de su carrera, pero yo la recordaba de un papel recurrente que tuvo en Masters of Sex en su primera temporada… y sí, si es en esa serie y en esa temporada, la recuerdo muy bien “toda ella”. En cualquier caso, la serie se basa en un comic con unas ideas generales similares pero con diferencias notables en el trasfondo y en la historia. Comienza como un procedimental en tono de comedia, la chica trabaja de forense, lo que le permite un acceso ilimitado a su alimento fundamental, los cerebros humanos, al mismo tiempo que ayuda a resolver casos. Pero poco a poco se serializa, con una historia de fondo que poco a poco adquiere más importancia, al mismo tiempo que la serie adquiere un tono algo más dramático. Aunque esta primera temporada me ha entretenido bastante, me estoy pensando cómo y cuando voy a dar continuidad a la serie. Es posible que la deje para periodos de poca oferta, o para intercalarla en momentos en los que me apetezca mero entretenimiento.

Entrada televisiva... repaso fotográfico a lo que aparece en el tumblelog de viajes (enlaces al final); en el encabezado una vista urbana de Kingston, Canada, y aquí otra de Verona, Italia.

Entrada televisiva… repaso fotográfico a lo que aparece en el tumblelog de viajes (enlaces al final); en el encabezado una vista urbana de Kingston, Canada, y aquí otra de Verona, Italia.

Y también he terminado la segunda temporada de Bloodline, serie que nos cuenta las aventuras y desventuras de la familia Rayburn, los cuales tienen un hotel en los cayos de Florida, al mismo tiempo que desarrollan diversas actividades profesionales con mayor o menor fortuna. El regreso del hijo pródigo, Danny (Ben Mendelsohn), en la primera temporada dio lugar a la desestabilización de la familia, especialmente con la desaparición de este al final de la primera temporada. En la segunda, los Rayburn, especialmente el hijo mayor, John (Kyle Chandler), detective aspirante a shérif del condado, tienen que afrontar las consecuencias de las decisiones que tomaron respecto a su hermano Danny. Desde mi punto de vista, la serie tiene altibajos. Hay momentos en los que se desarrolla con una parsimonia hasta cierto punto excesiva, para coger acelerones repentinos, alternando situaciones un poquito monótonas con episodios excelentes. De momento, en cada temporada nos deja con un enorme “cliffhanger”, y el de la segunda temporada es muy gordo y a diversas bandas. No tengo claro por donde seguirá la cosa, pero supongo que os lo contaré dentrode más o menos un año.

Y termino con un paisaje en blanco y negro del monte Pilatus, cerca de Lucerna, Suiza.

Y termino con un paisaje en blanco y negro del monte Pilatus, cerca de Lucerna, Suiza.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…

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[Televisión] Cosas de series; del buen rollito con las Gilmore a la mala leche de los UnRealities.

Televisión

Parece que se me está pasando la modorra seriéfila, aunque estoy planeando una serie de propósitos para cuendo empieza la temporada de otoño-primavera. De momento, el sustento seriéfilo monomaniaco que me ha sustentado en los dos últimos meses, se me ha terminado. Sí… ya me he visto las siete temporadas de las Gilmore Girls lo cual me tiene entre asombrado y asustado. No voy a ponerme a comentar ahora la serie. Es, de alguna forma, un clásico de la comedia romántica o de la comedia familiar, con toques dramáticos eventuales. Y tiene altibajos, pero globalmente es muy disfrutable. Ahora, a ver qué nos ofrecen con la miniserie que nos mostrará a os protagonistas diez años después.

En cualquier caso, Gilmore Girls era el exponente clásico del buenrollismo aplicado a la televisión, e incluso cuando se ponían críticos en los rápidos diálogos entre Lorelai (Lauren Graham) y Rory (Alexis Bledel) sobre figuras de la cultura popular o de la política, la sangre no llegaba al río. Siempre he dicho que para mí la serie tuvo un cierre adecuado. Un episodio emotivo, que nos mostraba a Lorelai y al sieso de Luke (Scott Patterson) volviendo a su relación perdida, y a Rory, libre de ataduras sentimentales, comenzando con 22 años sus carrera de periodista siguiendo la campaña de un senador, un tal Obama, que pretendía ser elegido presidente al año siguiente al final de la serie.

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Como en otras ocasiones, aprovecho la entrada televisiva para mostrar ejemplos de lo que aparece por mi tumblelog viajero (enlaces al final). Como asomarnos a la Maison La Roche de Le Corbusier en París (encabezado), o contemplar a los pulpos del acuario de Barcelona.

Para contrarrestar la dosis de buenrollismo de las Gilmore, he seguido merendándome la segunda temporada de UnREAL, serie que sorprendió el año pasado por su forma de tratar el mundo de la telerrealidad. Ni que decir tiene que soy de los que opinan que se trata de una comedia-drama romántico sobre la “historia de amor” entre sus dos protagonistas, Rachel Goldberg (Shiri Appleby) y Quinn King (Constance Zimmer), interpretadas por las fenomenales. Mira que el reparto en su conjunto es bueno… da igual, cuando una de las dos está en pantalla, se merienda a todos los demás. En cualquier caso, la segunda temporada, que también ha sido muy entretenida y con momentos divertidos, con pasadas notables, no ha estado al mismo nivel que la primera, porque la historia, los guiones, se han enrevesado mucho y al final todo era un lío. Aunque el final ha quedado muy clarito, especialmente dejando diáfano que no necesariamente la que parece más loca es la que más lo está. Que hay varios que están en la pomada por ese título. Lo dicho, frente al buenrollismo, nada como dosis de mala leche por toneladas.

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También nos podemos dar un paseo por las calles de la judería de Córdoba.

Poco más de momento. Ahora estoy con otra serie en modo monográfico, que espero terminar este fin de semana, para seguir con otra la semana que viene. Mientras, para distracción en los momentos de relax e intrascendencia, me entretengo con la curiosa iZombie, una serie que parece que tiene pocas aspiraciones más allá de entretener, pero que no está mal interpretada, majeta la chica que hace de Liv (Rose McIver), la prota, y tiene más posibilidades de las que parece. En plan irónico, paródico, con dosis de mala leche también si le quieren poner. Ya veremos.

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O disfrutar del sol y la brisa marina entre las dunas de las playas de Falsterbo, en Suecia.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

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Una foto de mis viajes al azar…

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[Televisión] Cosas de series; conspiranoias infectofarmacéuticas

Televisión

Este Cuaderno de ruta va a entrar durante unos pocos días en modo sólo fotos. Pero antes de eso dejaré un pequeño comentario televisivo.

Sigo en modo casi monográfico con las Gilmore Girls… Si sigo a este paso no tardaré en terminar las siete temporadas. Bien, porque está anunciada una miniserie especial en plan “Diez años después” para este otoño en Netflix y habrá que verla… a riesgo de decepcionarnos. Bueno… quien no quiere volver a reencontrarse con Lorelai (Lauren Graham). Lo de Rory es otra cosa,… porque la verdad es que Alexis Bledel es una actriz más bien flojita, aunque físicamente de el pego en la serie.

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Serie canadiense la de Between… rodada en algún lugar de la provincia de Ontario.

No obstante, una de las cosas más divertidas que hay es “cazar” las apariciones de intérpretes secundarios o terciarios o cuaternarios, que luego han tenido importantes papeles en otras series… Hemos visto al “mad man” Don Draper; a Sammi, la hermana loca y extraña de los Gallager; al rarito hacker de Mr. Robot; a la procaz adolescente de Californication que desencadena todo el drama de un certero puñetazo; a la guapa vampira Lexi Branson convertida en adolescente repelente; al repelente Schmidt; a la dura Sue Sylvester, castigo de los coros cursis de instituto; a una de las pizpiretas camareras de Twin Peaks… ay, espera, que esta la conocíamos de antes;… Un ejercicio divertido el “cazar” estas caras conocidas a posteriori…

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No demasiado lejos, especialmente dado el tamaño de Canadá, de donde están tomadas estas fotos que pueden pertenecer a una localidad similar…

Y bueno, volvió este verano también a Netflix la segunda de las cortas temporadas de Between. Es la única serie que conozco en la que el habitualmente civilizado gobierno de Canadá se comporta tan malamente como si fuera el de sus vecinos del sur. Infecciones misteriosas, científicos que fabrican curas milagrosas en un rato, peligrosas y ambiciosas compañías farmacéuticas, y un grupo de adolescentes y niños en plan “señor de las moscas”. La primera temporada la critiqué de mala manera… pero no he podido contenerme,… y he visto la segunda. “Guilty pleasure”… porque sigue igual de mala. Las tramas son risibles, repetitivas, los malos de cartón piedra y los intérpretes muy malos… pero hay me tienes, oye… que me he tragado los, afortunadamente solo, seis episodios de la segunda temporada.

Bueno… como he dicho, sólo fotos durante unos días.

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Aunque con una atracción natural, Niagara Falls, que la hace más famosa que el lugar de rodaje de la serie a 120 km de las famosas cataratas.

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[Televisión] Cosas de series; en los pueblos pequeños “usamericanos” puede pasar cualquier cosa…

Televisión

Sigo con mi crisis seriéfilo-televisiva. Hace ya una serie de semanas que acumulo episodios de algunas series que “quiero”ver, pero que “no me apetece” ver ahora, mientras, en un ataque de nostalgia me dedico a ver casi de tirón las siete temporadas de las Gilmore Girls. Vamos… que voy ya por la mitad.

Pero no creáis. En medio de esta “debacle” me ha dado tiempo a ver los ocho episodios de la primera temporada de una nueva serie que ha levantado cierta expectación; Stranger Things. Esta serie también ha gustado esencialmente porque ha despertado nostalgias. Muchas nostalgias. Ambientada en los años 80 del siglo XX en un pueblo o ciudad pequeña de algún rincón más o menos anodino de los Estados Unidos, ha mezclado varios géneros en uno. Las pandillas de críos metomentodos en bicicleta, los amoríos adolescentes, las conspiraciones gubernamentales, los monstruos de terror e incluso los universos paralelos… sólo ha faltado E.T. A mí no me ha parecido tan entusiasmante, aunque conforme avanzaban los episodios se hacía más entretenida terminando a un nivel razonable. Y como sólo son ocho episodios…

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Al igual que en otras entradas televisivas, repaso fotográfico a por donde está pasando mi tumblelog de viajes (enlaces al final). Y pasa por el Museo de la Guerra de Londres (encabezado), o la Piazza del Popolo de Rávena.

Pero si algo tienen en común las dos series mencionadas hasta ahora en esta entrada, y muchas otras que nos llegan desde la otra orilla del océano es el ecosistema de las poblaciones que dan cobijo a la acción. Me da igual que sea la ficticia Stars Hollw, en Connecticut, que la no menos ficticia Hawkins, en Indiana. Es cierto que tiene más presencia Nueva Inglaterra que el Medio Oeste, pero…

Los pueblos o pequeñas ciudades norteamericanas que sirven de marco a las series de televisión tienen una serie de elementos en común, que permiten que cualquier cosa pueda pasar. Al igual que en su momento en España, Crónicas de un pueblo sirvió para establecer el modelo deseado de sociedad franquista rural, diríamos que los productores de televisión norteamericanos tienen un manual de cómo es el modelo de su propia sociedad.

Existe una familia que expresa todas las bondades del “american way of life”, con mamá y papá como miembros activos y dignos de la comunidad alguna hija adolescente, un chaval algo más joven, y quizá un tercero de sexo indiferente y poco importante.

Siempre hay algún shérif que, o bien es extremadamente listo o bien extremadamente incompetente. Los ayudantes del shérif tenderán a ser no demasiado inteligentes, salvo que haya alguna chica joven que se encargue de demostrar que sus compañeros varones son especialmente tontos más allá de su afición a los dónuts y la cerveza.

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También por las calles de Bergen en Noruega.

El instituto… el instituto es un lugar terrorífico donde los adolescentes se dedican a putearse sin pudor, y aparentemente todo el mundo asume que es algo que es así y no puede cambiar. Se dividen en grupos estereotipados. Si un chico es deportista no puede ser listo. Si es listo no puede ser guapo y seguramente llevará gafas. Las chicas más monas solo piensan en chicos y en estar más monas todavía, menos una que es amiga de las feas y que estudia mucho. Y luego están los que saben de ciencias que por lo demás son una panda de tarados de mucho cuidado. Hay pocas variantes a este esquema general.

Los niños ya mayorcitos pero que no van al instituto van de un lado a otro montados en bicicletas y son mucho más listos que el resto de los habitantes del pueblo juntos. No queda claro en qué momento pierden la inteligencia y quedan sumidos en la medianía general. Seguramente cuando pasen al instituto.

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O las playas a orillas del lago Leman en Ginebra.

La virginidad de la adolescente protagonista es un asunto de interés máximo. Sobretodo porque lo más probable es que, en el caso de que haya crímenes, las chicas más precoces sexualmente serán de las primeras en morir y de las formas más desagradables.

En medio de toda esta situación, hay un montón de personajes secundarios, altamente pintorescos, cuando no parecen recién salidos de un frenopático y cuya única misión parece ser ocupar minutos para justificar la duración de la producción o producir confusión.

Por supuesto, sobre las características anteriores podemos empezar a realizar algunas variaciones dando más o menos protagonismo a  unos u otros para adaptarlos al tono y público previsibles. Y luego hay extremos, claro. Stars Hollow de las Gilmore Girls, Twin Peaks de la serie del mismo título o Cicely de Northern Exposure probablemente se llevan la palma en cuanto al nivel de excentricidad extrema de sus habitantes. Eureka es especial por definición… todos menos el shérif y su hija son científicos superdotados y con frecuencia de gran torpeza social. Y luego están todas las variantes de poblaciones con características estándar pero con peculiaridades… vampiros, hombres lobos, cúpulas, portales infernales, resurrecciones masivas, muertes masivas, desapariciones masivas, inmortalidades,…

Por lo tanto podemos decir una cosa… es como si en Estados Unidos hubieran decidido que buena parte de las series fueran variantes de Crónicas de un pueblo, pero con sabor “usamericano”. E igualmente monolíticas desde el punto de vista ideológico. Lamentablemente. Salvo honrosas excepciones.

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O más cerca de casa, por Utrillas, donde mantienen restaurada una simpática locomotora de vapor.

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[Televisión] Cosas de series; Miss Fisher, las chicas Gilmore y mi grave crisis seriéfila

Televisión

Lo confieso. Lo veía venir desde hace un tiempo, y se ha confirmado con mi vuelta de vacaciones y el final de temporada (excelente) de Game of Thrones. Mi interés por las series de televisión está en grave crisis. Prácticamente no me he enganchado a ninguna de las novedades del verano. He abandonado algunas de años anteriores. Sólo me entretengo con series poco trascendentes que me producen un cierto entretenimiento, pero en estos momentos me horroriza pensar y me produce estrés la idea de estar al tanto de los nuevos episodios y llevar al día las series de televisión. No sé cuánto me durará. Ni siquiera si el proceso es reversible.

Durante buena parte de mi vida adulta he sido un consumidor escaso de televisión. Desde que me independice a mi propio domicilio hace ya un buen montón de años, a principio de la década de los noventa, opté por la televisión de pago con el fin de ver de vez en cuando alguna película íntegra, sin cortes publicitarios, y poco más. No me interesan las noticias tal y como las dan en televisión, ni los concursos, ni los programas de variedades, ni la telerrealidad, ni la mayor parte de lo que emiten las cadenas de televisión llamémosle convencionales. Y en estos momentos no entiendo la necesidad de estar pendiente de una programación televisiva, ni entiendo lo absurdo de los horarios de las televisiones en España, que llevan a aque los españoles vivan en su mayoría en un estado de “jet lag” permanente.

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En estos momentos, en mi tumblelog de viajes están apareciendo viajes o excursiones del año 2009 (enlaces al pie). En el encabezado, el valle del Escarra visto desde Formigal. Aquí mismo, puesta de sol desde la sierra de Alcubierre. Ambas en Aragón, España.

Lo único que en un momento dado, hacia la mitad de la primera década del siglo XXI, me sacó de este desinterés por la oferta televisiva fue la existencia de una propuesta de ficción televisiva en forma de series que empezaba a tener una calidad superior. Mi interés por ella no era más que un derivado de mi interés por el medio cinematográfico. Las series no son más que una adaptación del cinematógrafo a las posibilidades del medio televisivo. Pero en los últimos tiempos, siento que mi interés por las nuevas propuestas está decayendo a gran velocidad. Y como digo, ninguna de las últimas novedades en los últimos dos meses me ha resultado de ningún atractivo.

Coincide esto con mi suscripción desde hace unos meses a un servicio de televisión bajo demanda como Netflix. Esta cadena, aunque incluye algunos productos interesantes, también tiene mucha furrufalla, y por supuesto no incluye las propuestas interesantes de otras productoras o cadenas. Pero da igual. Siempre tiene algo que te proporciona un mínimo de entretenimiento, sin tener que preocuparte de nada más, cuando lo necesitas, a tu elección. Por ejemplo, en las últimas semanas, fue la serie australiana Miss Fisher’s Murder Mysteries, procedimental sin más pretensiones, pero con una agradable ambientación de época y personajes encantadores. Maximización del entretenimiento, con minimización del estrés que supone conseguirlo cuando te apetece.

Seracs en el Jungfraufirn

Seracs del Gran Glaciar Aletsch en el Jungfraujoch, Suiza.

O por ejemplo, recientemente a incluido en su oferta una serie que fue célebre entre 200o y 2007, Gilmore Girls, cuyos entretenidos capítulos, agudos diálogos y simpáticas protagonistas no me importa recuperar, en esta ocasión en versión original. Sin más preocupación. Hay otros ejemplos que podría mencionar… Por ejemplo, como en los últimos episodios salía Islandia, y tengo reciente el viaje, he repasado la primera temporada de Sense8, que es una serie cuyos guiones hacen más agua que lo que yo pensaba, aunque sea entretenida. Pero lo cierto es que todo ello no es más que unos síntomas claros que mi interés por la ficción televisiva está en crisis, que mis intereses y mi cabeza van por otro lado, y que lo único que pido en estos momentos es algo de entretenimiento mientras como o mientras ceno en casa.

En fin,… como decía… estoy en crisis televisiva seriéfila. Ya veremos si se pasa o no.

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Casas de los Maestros de la Bauhaus en Dessau, Alemania.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

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Una foto de mis viajes al azar…

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[Televisión] Cosas de series; hacia la madre de todas las guerras de Westeros

Televisión

La larga partida de ajedrez que es Game of Thrones va llegando a su fin. Parece que nos quedan un par de temporadas. Que en realidad, siguiendo una costumbre que se ha extendido últimamente en el mundo de la televisión, será una un poquito más larga de los 10 episodios habituales, dividida en dos. Según muchos nos quedaría 13 episodios, divididos en dos temporadas de siete y seis respectivamente. Aunque no está cerrado.

Primero, una anécdota, que me parece simpática. Un personaje que ha tenido cierta trascendencia esta temporada dentro de la subtrama de Arya Stark (Maisie Williams) ha sido Lady Crane, interpretada por la australiana Essie Davis. Coincide que desde hace unas semanas he recuperado ha través de Netflix la serie Miss Fisher’s Murder Mysteries, ambientada en Melbourne en los felices 20, y que es una serie sin muchas complicaciones pero muy simpática. Interpretada con mucho encanto por Davis. Nada que ver entre este papel y el dramático Lady Crane que interpreta en nuestra serie favorita. Pero no quería dejar pasar la oportunidad.

Potenciales destripamientos de trama a partir de ahora. Aviso a navegantes.

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Por lo del “hielo y el fuego”, muchos piensan en Islandia como un posible escenario ideal para Westeros. Pero este está mas basado en una Gran Bretaña de escala continental, que en otra cosa.

Si comentaba en mi última entrada televisiva sobre la trascendencia y potencial espectacularidad de los novenos episodios de cada temporada, los décimos y últimos tampoco son moco de pavo. Siguiendo con la comparación ajedrecística, sirven para situar las piezas de cara a la siguiente jornada de la partida, mientras nos tomamos un descanso. Pero nunca dejan de pasar cosas sustanciales. Y en esta ocasión, esos 20 minutos, algo previsibles, pero rodados como si fuera el mejor cine de intriga y aventura de los últimos 20 o 30 años, donde dejan las cosas mucho más claritas en el lado del tablero donde juegan los Lannister, ha sido impresionante. Y si Cersei (Lena Headey) ya fue un personaje clave en el final de la temporada anterior, en esta ocasion han dejado claro que es uno de los personajes clave a seguir hasta el final de la serie. Salvo sorpresas. Claro. Pero es que esta partida de ajedrez tiene una variación importante sobre el juego real. Parece que la cosa no terminará con el jaque mate a uno de los reyes, imponiéndose el otro, sino con el jaque mate a una de las reinas. Porque aquí manda las reinas.

Hay varias cuestiones importantes. Primero, que en estos momentos estamos ante un todos contra Cersei. Desde el norte los Stark, desde el este, Danaerys (Emilia Clarke) con la ayuda de la hija del hierro, Yara (Gemma Whelan), y desde el sur la alianza entre Dorne y Highgarden. Estos últimos, parece que también en combinación con Danaerys.

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En cualquier caso, no faltan escenarios en la isla cuasiártica que son acordes con el mundo de Game of Thrones.

Que los Stark y la Targayryen se pongan de acuerdo también puede ser cuestión de tiempo, especialmente ahora que nos hemos enterado que la teoría más popular sobre el origen del soso de Jon Snow (Kit Harington) es cierta. Este es de los pocos fallos de la serie. Este actor no da la talla con el personaje, que por otra parte no consigue despertar el entusiasmo que de pronto ha levantado en el norte. Claro que los interesados no saben lo que nosostros sabemos. Podremos suponer que Lady Mormont (Bella Ramsey, manda güevos el apellido de la niña que se está comiendo la pantalla cada vez que sale) y el en estos momentos desaparecido Jorah Mormont (Iain Glen) podría servir para establecer puentes.

Hay unos cuantos descontrolados por Westeros. Y nadie se fía un pelo de Meñique (Aidan Gillen), uno de los grandes personajes de la serie.

Y voy a hacer un predicción. Los “maestres” ya lo han decretado. El invierno no está llegando, todavía. El invierno ha llegado, ya. Cosa que han decretado con la llegada del buenazo de Samwell Tarly (John Bradley) a Oldtown. En esta situación… ¿será la primera “media” temporada que queda la lucha por Westeros y la otra “media” la lucha contra los muertos? Porque esa será la madre de todas las guerras de Westeros.

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Y sin moverse mucho, estos paisajes de la entrada de hoy están realizados en un entorno relativamente reducido, en la península de Reykjaness. Campos de lava, antiguas ruinas, aguas sulfurosas geotermales… frío y fuego.

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[Televisión] Cosas de series; el episodio 9

Televisión

Ayer pudimos ver el episodio 9 de Game of Thrones. Fue… como me gusta a mí el buen chuletón… poco hecho,… sangriento. Episodio que era esperado con ansiedad por el respetable… el título en sí mismo era una provocación a dicha ansiedad; Battle of the Bastards. Todo el mundo esperaba que sucediese un determinado acontecimiento, pero nadie se fiaba un pelo. Una serie que mató a su protagonista en el episodio 9 de su primera temporada, y presumiblemente va a tener al menos siete,… no es de fiar. Si queréis saber lo que pasó en esa batalla entre bastardos, traducción adecuada en este caso, más que “cabrones” que es otra traducción adecuada para “bastards” en muchas ocasiones. Sólo dire, como diría la recordada y llorada Ygritte (Rose Leslie),… “You are a fool, Jon Snow”. Menos mal que hay mujeres.

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Cuando pensamos en los duros enfrentamientos en el Norte de Westeros, el pensamiento se nos va al norte de las islas Británicas o aun más allá.

Pero es que a estas alturas todos sabemos que el episodio 9 de una temporada de Game of Thrones (Juego de Tronos para quienes lo vean, lamentablemente, en versión doblada), es especial. Hagamos un repaso:

Temporada 1 – Baelor: Sobre decapitaciones y demás sorpresas sorpresivas.

Temporada 2 – Blackwater: Nos deslumbramos todos con una gran batalla bien caliente.

Temporada 3 – The Rains of Castamere: Estáis todos invitado a una boda… roja.

Temporada 4 – The Watchers on the Wall: Nos deslumbramos todos con una gran batalla bien fría.

Temporada 5 – The Dance of Dragons: Esta temporada se sale un poco de la norma, ya que los acontecimientos notables e impactantes se reparten entre los episodios 8, 9 y 10.

Temporada 6 – Battle of the Bastards: Ya hemos hablado al principio… nos queda la duda de cómo va a ser el episodio 10 y último de la temporada, no visto todavía a la hora de redactar esta entrada.

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Así que hoy nos iremos a las viejas fortalezas en ruinas que encontramos dispersas por Irlanda.

Vemos que hay un patrón muy claro. Que sólo queda diluido en la temporada 5, en la que los acontecimientos más trascendentes o impactantes se reparten en los últimos tres episodios de la misma, y el noveno actúa como enlace entre el octavo y el décimo. A estas alturas, cualquier aficionado a los acontecimientos en Westeros y Essos espera con ganas estos novenos capítulos. Pero… que nadie dé por finiquitada la temporada 6. Hubo un tiempo en que el último episodio de la temporada servía para encaminar a los personajes a lo que les deparase el futuro en la siguiente. Pero ahora sabemos que están pasando cosas a gran velocidad.

Frente a quienes opinan que en la sexta temporada han pasado pocas cosas, yo soy de los que opinan en que muy al contrario ha servido para encarrilar de forma muy proactiva el final de la serie. Desconozco si la serie va a tener siete u ocho temporadas… no más. O más bien si va a tener una séptima temporada, que como viene siendo costumbre en los últimos tiempos con películas y series de televisión, se va a desdoblar en dos años… Pero estamos mirando ya hacia el final. Y por fin sabemos algo… ese final no va a ser cosa de hombres… salvo sorpresas. Ese final va a ser cosa de mujeres. Que son las que están resultando empoderadas y fuertes en estos momentos. Si a mi me dicen al principio de la serie que la pija tonta de Sansa Stark (Sophie Turner) se iba a convertir en la fría estratega que es ahora… “You are a fool, Jon Snow”.

Pero que nadie se confíe… “Winter is coming… yet”.

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En concreto, por los condados de Galway y Clare.

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[Televisión] Cosas de series; la sufrida vida doméstica de una familia de espías

Televisión

Ha llegado a su final la cuarta temporada de The Americans, la teleserie que nos cuenta la vida de mi familia de espías favorita. Cada vez me sorprende más cómo funciona el mundo, en el que los más visto, consumido o apreciado no guarda necesariamente relación con la calidad… ni de lejos. Y series como esta, donde la calidad rezuma por arrobas por todos sus costados, las ven cuatro gatos…

Recordemos para quien no este el tanto… Elizabeth (Keri Russell) y Philip (Matthew Rhys) parecen ser un matrimonio común y corriente, de clase media normalita, que regentan una agencia de viaje, y que viven en una zona residencial de Washington D.C. en los años 80, durante la administración Reagan. Tiene dos hijos, adolescentes, la mayor Paige (Holly Taylor), sensible, comprometida, curiosa e inteligente, el más joven Henry (Keidrich Sellati), más dedicado a las tontadas propias de su edad. Mantienen unas excelente relaciones de vecindad con Stan (Noah Emmerich), que tras una difícil separación y subsiguiente divorcio, vive en la casa de enfrente con su hijo Mathew (Danny Flaherty). Todo bien, ¿no? Pues sí… todo bien,… salvo que Elizabeth se llama en realidad Nadezhda y el nombre original de Philip es Misha. Y son agentes soviéticos del KGB, una célula durmiente desde los años 60 que se activa cuando se ve necesaria, no dudando en robar, engañar, matar, mantener relaciones sexuales, “casarse” o lo que sea, con quien sea y a quien sea, para desempeñar a cabo sus misiones. Y Stan es un agente de contraespionaje del FBI, que es destinado a la capital norteamericana después de años trabajando de incógnito en el mundo de la droga.

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No he estado en Washington DC, donde transcurre la acción… la ciudad más de espías donde he estado es Berlín… especialmente con su red de S-Bahn.

La serie tiene su propio ritmo, que sabe acelerar o ralentizar cuando conviene. En general, se toma su tiempo para desarrollar sus tramas, para colocar en cada temporada sus peones hasta la jugada final, en la que siempre temes el jaque mate, si no para sus protagonistas, que asumes que duraran al menos lo que dure la serie, sí para alguno de sus colaterales.

La calidad de la serie es más que notable. Las interpretaciones están bastante por encima de los trabajos actorales televisivos habituales, y los guiones son muy buenos. En medio de una situación aparentemente anodina, hay que estar atento ante un diálogo demoledor, ante una situación de estrés imposible, ante un giro de la trama inesperado.

Ahora, advierto de posibles descubrimientos de la trama… por si alguien no se quiere enterar de lo acontecido en algún momento durante la serie…

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Así que nos iremos al Berlín “oriental” para ambientarnos en los paisajes de la guerra fría.

Las tramas colaterales son también notables y pueden dejar momentos sublimes. La subtrama de Nina Krilova (Annet Mahendru) nos mantuvo en vilo durante episodios. El destino, probablemente funesto, de la bella espía rusa se mantuvo incierto durante muchos muchos minutos. Su ejecución fue una de las escenas más maravillosa y sorprendentemente ejecutadas, valga la redundancia, que he visto en mucho tiempo en televisión. O en cine, si te pones. Todavía me estremezco. O que decir del sinvivir y sufrir permanente de la buena de Martha (Alison Wright), que tuvo la mala suerte de ser una administrativa del FBI y de sentirse atraída por uno de las encarnaciones de Philip, cuando tira de disfraz en modo Mortadelo pero en serio. Todavía nos preguntamos qué será de su vida, después de esos angustiosos episodios en los que se veía engañada, descubierta y amenazada por todos los bandos.

Terminaba la temporada pasada con los descubrimientos de Paige sobre quién era realmente su familia. De aquí viene una de las principales amenazas para los Jennings; no porque Paige no quiera a sus padres, sino porque se ve sometida continuamente a tiras y a flojas éticos muy superiores a lo que corresponde a una adolescente de quince o dieciséis años. Y termina, la temporada actual con Paige todavía más sumida en la confusión… a lo que se añade que el mundo avanza, y el terreno de seguridad para los espías de la KGB se hace más angosto y escabroso. Difícil lo van a tener en un futuro. Muy difícil… Dos temporadas más tienen apalabradas para resolver el destino de los Jennings. Creo que la mayoría apuesta por un destino nefasto… Pero su capacidad de supervivencia es tal… que habrá que verlo para creerlo. Yo no me lo pienso perder. De lo mejor en la televisión mundial. De verdad. Aunque lo vea poquita gente…

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Con “soldado soviético” incluido ante la puerta de Brandemburgo.

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[Televisión] Cosas de series: el tiempo es el que es… para bien o para mal

Televisión

Se nos terminó hace unos días la segunda temporada de la serie “revelación” del año pasado en la televisión española; El ministerio del tiempo. Se ha comentado mucho lo importante que fue la repercusión de la serie en la redes sociales, y la gestión que los responsables de la serie han realizado de la misma. La repercursión mediática parece que fue muy importante… lo que ya desconozco es si la rentabilidad para la cadena que la emite es igual de importante… o hay mucho humo.

Cuando terminó la primera temporada ya emití una opinión en el sentido de que la serie me parecía entretenida, pero en ningún modo tan extraordinaria como aparecía. Ni era tan original, bebía de muchas fuentes, ni tan bien hecha. Por el hecho de convertirse eventualmente en una serie de época exige un mayor coste de producción, pero nada más. Y sí que era muy dependiente del carisma de los personajes. Personajes que no están homogéneamente respaldados por sus intérpretes. Más adelante insistiré sobre este hecho.

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El Castillo de Loarre – la prisión del Ministerio del Tiempo

Hemos tenido una segunda temporada. Y los datos reales de rentabilidad de la serie no deben ser tan buenos como parece porque la cadena no ha confirmado todavía, que yo sepa, su continuidad. La segunda temporada ha sido más larga. Pero no mejor. Desde mi punto de vista, salvo honrosas excepciones en algunos episodios, menos arriesgada. ¿Dónde sitúo yo el riesgo? En jugar con la que la hace especial y diferente; el drama fantástico basado en las paradojas inherentes al viaje en el tiempo, unido a unos personajes que resulten realmente carismáticos. Unos héroes que atraigan o con los que se identifique el espectador.

Lo cierto es que la mayor parte de los episodios han tenido un carácter costumbrista. Pocos han sido los que han jugado con el tiempo realmente. Esto marca un carácter más conservador en la producción de la serie de lo que nos han vendido. Una pena. Porque creo que es cuando arriesga en los guiones y en las tramas cuando la serie engancha más. Aunque no necesariamente a una audiencia poco formada e informada, que en un momento dado tampoco será fiel a la serie si se queda en lo anecdótico.

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Un poco ya jode que un lugar tan querido por muchos aragoneses lo hayan convertido en la serie en un sitio tétrico, casi malvado.

Y ¿con los personajes? ¿qué ha pasado? El trío protagonista es simpático, pero desequilibrado. Por motivos de compromisos en otras producciones, el personaje que realmente llevaba el peso del trío, Julián (Rodolfo Sancho), ha permanecido ausente durante buena parte de la temporada. Alonso (Nacho Fresneda) ha funcionado siempre mejor como el alivio cómico a las situaciones dramáticas, y de hecho, sus tramas personales propias funcionan regular. Y desde mi punto de vista falla el personaje femenino,… o su intérprete. A Amelia (Aura Garrido) se le atribuyen las cualidades de inteligencia y racionalidad, así como el de liderazgo. Con todos mis respetos, es algo que su Garrido no sabe encarnar de forma apropiada. Es una chica mona, en alguno de los episodios ha salido casi espectacularmente guapa, pero muy sosita. No transmite liderazgo, o lo hace de forma muy timorata. Sus líos de amoríos… a mí no me han enganchado nada. Me han dado igual. Es una pena decirlo, pero si el apoyo del personaje de Julián se queda floja.

Y la cuestión es que el reparto tiene una serie de secundarios que cuando aparecen y se les da cancha llenan mucho más la pantalla, transmiten mucho más potentemente las emociones y las sensaciones que el trío protagonista. En esta temporada Irene (Cayetana Guillén Cuervo) ha estado totalmente desaprovechada salvo algún momentillo. Y habría que dejar que Salvador (Jaime Blanch) llevase por completo el peso del liderazgo del grupo. Pero los criterios de “venta” al público no son esos… Al parecer, Cayetana no es una jovencita con la que puedan sentirse identificadas el público objetivo demográficamente interesante, aunque el suyo sea un personaje femenino mucho más rico que el que interpreta Garrido. Y hay que poner al guapo machote de Rodolfo por encima del veterano y mucho más sutil Blanch. Que a mí me parece el mejor de la temporada.

Sé que no he hablado de Pacino (Hugo Silva). Pero es que creo que su carácter de “sustituto” a la larga ha perjudicado demasiado al personaje. Probablemente había madera para cosas más interesantes que no se han desarrollado.

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Construido en el siglo XI, uno de los principales ejemplos de arquitectura militar del románico en España, domina el valle desde las laderas de los montes; fue la línea de frontera contra la taifa de Zaragoza.

Otros problemas de la serie… uno eterno de las series españolas, la falta de ritmo. Con episodios de 70 o 80 minutos para historias que se podrían contar en tres cuartos de hora… mál endémico de nuestro país.

De hecho, a través de las plataformas de televisión a la carta o bajo demanda, he iniciado la visualización de otras dos series. Una ya veterana y finiquitada, que llamó la atención lo suficiente para que hicieran una versión de la misma en los EE.UU., Los misterios de Laura. Ejemplo claro de serie con un planteamiento poco complejo, pero razonablemente interesante, y con una protagonista simpática y con carisma. Pero sus episodios son muy largos y los secundarios que lo rodean. Otra serie, en activo en la actualidad, El Caso – Crónica de sucesos. Nuevamente penalizada por una duración claramente excesiva de cada episodio, unido en este caso a una mayor flojera de intérpretes y guiones. Ambas “sufren” de la presencia de Fernando Guillén Cuervo, un actor muy limitado desde mi punto de vista. Y en el caso de la segunda, la protagonista femenina, una guapa y bien conservada Verónica Sánchez, no es tan jovencita como nos la venden pero da el pego, que no tiene las capacidades interpretativas de Laura (María Pujalte).

Nos dice Salvador con frecuencia que el lema de su ministerio es “el tiempo es el que es”… Y parece que en la televisión española les sobra demasiado tiempo. Y les faltan ideas arriesgadas y solidez interpretativa. “Sólo” con eso… podríamos tener producciones más interesantes. Me quedo atascado con las series, y no las sigo… Dedicar más de una hora al episodio de una serie de televisión, suele ser excesivo para mí. Qué se le va a hacer.

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Pero lejos de ser un lugar tétrico, es un lugar luminoso, con espléndidas primaveras, especialmente cuando los cerezos de Bolea, a sus pies, se llenan de flores.

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[Televisión] Cosas de series; Banshee, sexo y violencia, mucha violencia…

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Tras cuatro intensas temporadas, ha llegado a su fin la serie de televisión Banshee. Es curioso, pero cuando vi los dos primeros capítulos nunca pensé que me engancharía a esta serie. El motivo… un exceso de violencia. No ha habido episodio en toda la duración de la misma en el que el protagonista no recibiese al menos un somanta de palos… Lo que más me extraña es que no haya llegado totalmente sonado al final de la serie. Bueno… un poquito tocado del ala ya se ha quedado ya… o estaba.

Ya comentaba hace unas semanas la cuestión del desnudo en las series. Aquí,… nada de paños calientes, no es meramente que la gente salga desnuda, las chicas preferentemente, con el fin de servir de gancho. El número de polvos por episodio también ha sido notable. Es cierto que con tendencia a la baja. Pero sin desaparecer nunca. Y acordes a la cuestión de la violencia, nada de polvos tranquilitos y cariñosos… nada… a lo bruto pasional.

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Una ciudad cualquier, en algún lugar de Norteamérica.

Con estos elementos básicos, lo habitual es que me hubiese cansado relativamente pronto de la serie. Lo que pasa es que más allá de estos ganchos elementales, nos hemos encontrado con guiones bien hilvanados, temporadas coherentes, personajes interesantes e interpretaciones, si no de alto nivel, al menos correctas. Por lo tanto, me enganché a los aconteceres de esta pequeña ciudad ficticia situada en algún lugar indeterminado de Pensilvania, donde los amish aquellos tan estirados de la película de Harrison Ford y aquella guapetona de aspecto sanote, Kelly McGillis, con el baile aquel que se marcan a los compases del Wonderful World de Sam Cooke.

Pues no… en esta ocasión el “policía” protagonista (Antony Starr) y la chica amish con curiosidad por el mundo (Lili Simmons) se marcan fundamentalmente bailes horizontales, o verticales, o en la posición que sea, pero muy muy próximos el uno del otro. Pero eso sí, este tipo de series sólo valen lo que valga el antagonista. El “malo”. Y tenemos un par de nivel. Sobre todo el mafioso local, que nos ha acompañado toda la serie, el también amish de origen Kai Proctor (Ulrich Thomsen). Pero han sido varios los que han ido apareciendo, unos más sutiles y otros más zafios. Sin quejas en este aspecto… malos, pero malos…

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Un lugar donde se diría que nunca nada pasa, pero que atrae a todos los males.

Otra de las características de la serie ha sido su misoginia… entendiendo por tal que la probabilidad de que alguna de las guapas mozas de la serie acabe apiolada por exceso de plomo en sus órganos vitales, evisceración, degollamientos diversos, u otras “simpáticas” formas de abandonar esta vida. En este sentido, es un poco al estilo George R. R. Martin,… cuanto más ten encariñas de la chica, más probable es que acabe mal. Salvo la sosa de la presunta protagonista (Ivana Milicevic), que mira tú por donde nos ha aguantado hasta el final.

Y el brutal homicidio de una de las chicas protagonistas ha servido para guiar la última temporada. Temporada final que los responsables de la serie han sacado adelante con dignidad. Porque uno de los problemas que tiene una serie tan centrada en el sexo y la violencia, especialmente esta, es que se agota enseguida. Y se han marcado un homenaje a Twin Peaks, con cadaver de chica mona envuelto en plásticos a la orilla del agua, por todo lo alto. Y diablos o satanistas o poseidos. Y sectas. Y agente del FBI. Eso sí, el sexo y la violencia en Twin Peaks estaban ahí, pero no se solían ver, o no tenían los caracteres de casquería de Banshee. Bueno… no ha estado mal. Hasta el “prota” se ha buscado una novia nueva… Que hay que ver… que Eliza Dushku prometía algo más de lo que al final ha sido… Compárala con Kirsten Dunst, con quien compartío protagonismo hace quince o dieciséis años en una infame película de “cheerleaders”. Y nada… se ha quedado en un recurso apañado para cuando “has matado” a todas las opciones románticas del “prota”.

Probablemente Banshee no pasará a la historia de la televisión como algo especial. Y por sus temas y contenidos no se puede recomendar a todo el mundo. Pero como ya he dicho está bien hecha, y nos hemos entretenido. Que no es poco.

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Así es Banshee, en Pensilvania… bueno… las fotos son de barrios residenciales de Ottawa en Canadá…

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[Televisión] Cosas de series; en 3, 6, 10, 13, 20, 22 y hasta 24 episodios

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Es curioso. Desde que decidí que sólo escribiría de series de televisión cuando se me ocurriera algo que contar diverso, se me ocurren más cosas… En cualquier caso, la de hoy viene a cuento de que en estas semanas de mayo suelen terminar su temporada aquellas series que habiéndose estrenado al principio del otoño, finales de septiembre o principios de octubre, llegan hasta la primavera con 20 ó más episodios a cuestas. Esto es algo propio sobretodo de las series de las televisiones generalistas norteamericanas, un tipo de series que ha vivido en los últimos diez-quince años una época de oro, pero que para algunos es un modelo agotado.

Entre 20 y 24 capítulos son muchos. Es cierto que se extienden a lo largo de prácticamente tres trimestres. Entre septiembre de un año y mayo del siguiente suman unas 39 o 40 semanas. Un embarazo, vamos. Es decir, casi la mitad de ellas, especialmente en la época navideña y en otros acontecimientos de la sociedad norteamericana, hay interrupciones. Pero hay otros modelos.

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Repaso a lo que está apareciendo últimamente en mi tumblelog de viajes (al final, los enlaces); la playa de Peñíscola en el encabezado, o las estaciones de ferrocarril abandonadas en el Bajo Aragón en esta fotografía.

Por ejemplo, en la televisión británica existen series, generalmente muy prestigiosas, con temporadas de sólo tres episodios, que suelen ser auténticos largometrajes. Sherlock es un ejemplo claro. O Black Mirror

Es más frecuente que las series británicas, con una hora de duración, menos el tiempo de anuncios que no es mucho, tenga temporadas de seis a ocho episodios. Por ejemplo, Luther, aunque luego se ha asemejado más al grupo anterior. O Downton Abbey,… O Doctor Who,… Las de corte familiar pueden tener algunos especiales navideños. También hay comedias de situación, de menor duración, la mitad, con un número similar de episodios. A veces pueden aumentar el número de episodios, y en ese caso no es infrecuente que dividan la temporada en dos partes. Estamos por lo tanto ante producciones optan por gastar sus recursos en pocos episodios, pero intensos y muy cuidados. Está el tema de los capítulos de relleno… en las más caras… de los que hablaré más adelante.

2000, vacaciones en Menorca. carloscarreter.es | carloscarreter.com | Tumblr | Twitter | Facebook

Recordando las vacaciones en septiembre de 2000 en Menorca.

Un modelo frecuente en las televisiones de pago, bien sea por emisión por cable o en los nuevos modelos de pago por visión o vídeo bajo demanda, las temporadas son de entre 10 a 13 episodios. También suelen ser series bien financiadas, que optan por echar el resto en pocos capítulos pero muy bien hechos. Game of Thrones sería el más representativo en estos momentos, pero también tenemos Shameless, Homeland, Jessica Jones, Girls, entre muchas otras. Como vemos, muchas de estas son de las series más prestigiadas. Como las británicas.

En este modelo, como en otros, solemos estar ante un esquema de una hora de duración para los dramas y media hora para las comedias. La duración exacta dependerá de la cantidad de anuncios que emite la cadena. Si la cadena es de pago, y no hay anuncios, estaremos en la hora de duración o la media hora. Si se financia con publicidad estaremos en los 42 minutos, o en los 23 minutos en el caso de las comedias de situación.

Estas duraciones no se cumplen en la televisión española. Tradicionalmente, en un modelo marcado desde los tiempos de la televisión única, estamos ante tandas de 13 episodios, que suponen un trimestre de emisión. Hay 52 semanas en un año. Lo que pasa es que las televisiones españolas tienen dos malas costumbres. Emiten muy tarde sus episodios, prácticamente a la hora de irme a dormir… por eso no veo casi, salvo alguna en diferido. Y encima son muy, muy, muy largos. Hablamos de 70 – 80 minutos de duración más la publicidad. Hora y media para un episodio, como poco. Si alguien se pregunta por qué veo pocas series españolas, empezará a encontrar algunas explicaciones. No las únicas, pero sí importantes. Si he dedicar hora y medio o más de mi tiempo a la televisión, de forma seguida, probablemente prefiera una buena película.

2001. Viaje a Bélgica. Brujas. carloscarreter.com | Tumblr | Twitter | Facebook.

O un paseo en 2001 por el beguinaje de Brujas.

Y tenemos las series que comentaba de 20 a 24 episodios. A mí, este modelo cada vez me convence menos. El problema es que tiene muchos episodios de relleno, que son mero entretenimiento inane. Es cierto que hay excepciones a esta regla. Por ejemplo, el mejor episodio que he visto de la era moderna de Doctor Who, fue Blink, un episodio de relleno en el que, de hecho, la protogonista era Sally Sparrow (una jovencita y prometedora Carey Mulligan). Fijaos qué puntuación tiene en IMDb… un 9,8 sobre 10. Casi perfecto. O el Unfinished Business de Battlestar Galactica que, aunque menos apreciado por los votantes de IMDb, a mi me parece uno de los mejores de la serie. Y era un episodio de relleno, en el que de hecho no avanza la historia global. Además, y curiosamente, son episodios de bajo presupuesto, pero en los que los guionistas tienen ocasión de demostrar lo que valen. Pero esto no es lo habitual. Y por ello, culebrones como Grey’s Anatomy, que sorprendentemente sigo viendo, un auténtico “guilty pleasure”, o comedias como The Big Bang Theory o Modern Family, que recientemente han terminado sus temporadas, cada vez me parecen más cansinas.

Apostemos por series de más calidad y con historias mejor tramadas y contadas. Cosas como Fargo… que es de lo mejor de lo mejor… por poner un ejemplo.

Pero… ¿de verdad que llevo ya 11 años viendo el culebrón de Grey’s Anatomy? Algo malo pasa en mi cerebro.

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O quizá sea hora de tomar unas cervezas en las terrazas de Nyhavn en Copenhague.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

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Una foto de mis viajes al azar…

Carlos Carreter

[Televisión] Cosas de series; desnudos en serie

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Como dije hace unos días, la entrada televisiva casi fija de los jueves ya ha desaparecido de este Cuaderno de ruta. Pero eso no quiere decir que no vaya a haber entradas televisivas cuando la ocasión lo merezca. Y después del último episodio emitido de Game of Thrones, la ocasión lo merece.

La afamada serie de fantasía medieval o edad media fantástica, como prefiráis, se asoma a sus últimas temporadas. Se comenta que la siguiente podría ser la última, aunque también se comenta que podría estar dividida en dos entregas para alargar la cosa. Ya ha pasado con otras series con tirón y prestigio. El caso es que argumentalmente está cogiendo carrerilla. Después de haber sumido a buena parte de sus protagonistas en sus más profundas miserias, los que quedan vivos claro, están dando muestras de reacción y de que aquí se va a armar. Veremos a quien le sabe bien y a quien le sabe mal.

Hemos empezado esta entrada con Game of Thrones, y Game of Thrones empezó su andadura en Winterfell.

Hemos empezado esta entrada con Game of Thrones, y Game of Thrones empezó su andadura en Winterfell.

La cuestión es que una de las que resurge de sus cenizas, nunca mejor dicho, es la última de los Targaryen. Aunque hay teorías que afirman que hay un par más de tapadillo. Ya veremos, que dijo un ciego a otro ciego. El caso es que la impetuosa Daenerys (Emilia Clarke) se caracterizaba en los primeros compases de la serie por estar casi más minutos en pelotas que vestida. Incluso la actriz, conforme adquiría fama y caché, protestó y hemos tardado volver a ver sus encantos.

Los desnudos fueron frecuentes en las primeras temporadas, vinieran a cuenta o no. Luego se han hecho más raros y ajustados. No quiere decir con ello que haya desaparecido el sexo de la serie… incluso el más bárbaro. Pero es que una cosa es el sexo y otra el desnudo en la ficción audiovisual, aunque vayan unidos con frecuencia. De hecho, algunos de los desnudos más notables y sonados de la serie no han tenido carácter sexual.

Siempre he identificado Winterfell con Escocia. Más que con los países nórdicos.

Siempre he identificado Winterfell con Escocia. Más que con los países nórdicos.

No cabe duda de una cosa. En la televisión, el desnudo actúa con frecuencia como un gancho para atraer a la audiencia. Fijémonos en algunos ejemplos notables. Los espías, por ejemplo. Tanto en Homeland como en The Americans, los desnudos eran frecuentes en los primeros capítulos. Conforme las series adquirieron el respeto de la crítica y el respetable, los fueron espaciando llegando casi a desaparecer o a hacerse muy esporádicos.

En otros casos, son desvergonzadamente uno de los atractivos de la serie. Flesh and Bone presuntamente trata del mundo de la danza clásica, pero desde luego su principal objetivo parece mostrar los estilizados cuerpos de las gráciles, a veces excesivamente flacas, protagonistas. Y en ocasiones va unido con tramas de violencia o crimen, como pasa en el turbulento pueblo de Banshee o en el mundo de los clubs y la droga de Power.

Qué vamos a decir de las series donde el tema principal es el sexo de una forma u otra. Hace poco se estrenó la para mí poco afortunada The Girlfriend Experience, donde las jóvenes recién graduadas complementan sus sueldos en los bufetes de abogados con ingresos extras como acompañantes para todo de adinerados “caballeros”. No pasé del segundo episodio, pese a la promesa de abundancia cárnica. Y la semana pasada sin ir más lejos, aparecía como novedad Submission, que nos promete llevarnos al mundo del BDSM, tan de moda desde que se publicó una célebre trilogía de infames novelas de las cuales han hecho una no menos infame primera entrega cinematográfica, que cometí el error de ver en vídeo casero. De hecho los 25 minutos del primer capítulo de esta nueva serie le dan mil vueltas a todo los escrito y filmado sobre los famosos tonos o matices del gris (¿mediocre?)… que por algún misterio se han traducido en castellano como “sombras”. Pero no nos olvidemos que en la más que entretenida Secret Diary of a Call Girl, la estupenda Billie Piper sugería mucho pero enseñaba poco.

Y a Escocia nos vamos en las fotografías de esta entrada; Edimburgo, Glasgow, los paisajes de las Highlands...

Y a Escocia nos vamos en las fotografías de esta entrada; Edimburgo, Glasgow, los paisajes de las Highlands…

También están los desnudos reivindicativos. Como los de Girls, en la que su protagonista reivindica, y hace bien, claramente, y hace bien, la diversidad en la morfología femenina frente a los estereotipos que impone la moda. O aquellos en los que como ya he dicho no necesariamente hay motivos sexuales. Como los desnudos carcelarios de Orange Is the New Black o los eventuales sufridos testimonios de The Leftovers.

En cualquier caso,… la pregunta siempre es… ¿son necesarios? ¿O son gratuitos? ¿Por qué cabrean tanto a los sectores más conservadores como a las féminas más progresistas? ¿Siempre son signo de “cosificación” de la mujer? ¿Siempre son una forma de considerar al espectador, masculino predominantemente, como un memo que no piensa en otra cosa? ¿O existen casos en qué están justificados como un recurso expresivo, argumental e incluso artístico más? Probablemente de todo un poco. O la respuesta que podríamos decir, es… Según.

Dime la serie y la situación y te diré qué opino. A veces me resulta más ridícula la situación de las escenas de cama en la que aparece siempre la chica envuelta en una sábana, en la que permanece enrollada cuando se levanta a “hacer pis” o lo que sea. Los contorsionismos de muchas actrices y de los cámaras para que no se vea el “peligrosísimo pezón” en pantalla. Quizá ni tanto ni tan poco. Quizá la ausencia de naturalidad, la imagen que se vende, las expectativas falsas que despiertan son algunos de los problemas con los que nos encontramos.

En cualquier caso, es un tema que está ahí. Y ahí lo dejo.

Aunque sea con un veterano carrete en blanco y negro expuesto en 1996 con mi Minox 35ML, cámara que me abandonó un día de calor en un tren entre Lieja y Lovaina.

Aunque sea con un veterano carrete en blanco y negro expuesto en 1996 con mi Minox 35ML, cámara que me abandonó un día de calor en un tren entre Lieja y Lovaina.