[Televisión] Cosas de series; adiós a las “chicas” de Nueva York

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A partir de hoy paso durante unos días al modo “solo fotos”, y tenía dudas si esta última entrada en unos días con texto iba a ser “libro” o “tele”. Al final, dado que recientemente he terminado de ver la última temporada de Girls, una serie que ha recibido mucha atención mediática, me he decantado por esta última opción.

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Inevitablemente, nos vamos a Nueva York, la otra “chica” protagonista de la serie. En una serie de fotografías al ocaso, para sintonizar con el tono de despedida de la entrada.

Durante seis temporadas de unos 10 o 12 episodios de media hora, a veces más, hemos tenido con nosotros las andanzas de Hanna Horvath (Lena Dunham) y sus amigas, un grupo de veinteañeras que acababan de terminar sus estudios universitarios cuando las conocimos, y se tienen que enfrentar a la difícil tarea de ser “adultas”. En una sociedad en la que los comportamientos adolescentes se prolongan durante décadas. Donde nadie parece especialmente entusiasmado por madurar y tomar la responsabilidad de su propia vida. Así por lo menos entendí yo la tesis de partida que planteaba la creadora y protagonista de la serie. Por supuesto, desde el punto de vista de las mujeres, de las chicas jóvenes que tarde o temprano tendrá que asumir, de mala gana, que alguien les llame “ma’am”…. “señora”.

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Entrar ahora a analizar con detalle lo que ha sido la serie se pasa de las aspiraciones de este Cuaderno de ruta. Es una serie con muchas capas, con muchos temas flotando en el ambiente, además del principal que ya he planteado. No cometeré el error de compararla con Sex in the City (Sexo en Nueva York), serie que afectaba a mujeres al menos una década mayores que las “chicas” y que desde mi punto de vista tenía un punto de vista mucho más frívolo. Aunque es cierto que también incidía sobre el comportamiento de “adolescentes” que parece que nos acompaña hoy en día durante décadas. Incluso si ese no era el propósito de la serie; o sí. Sólo vi una temporada y me cansé. Creo que Dunham ha pretendido hacer una serie mucho más comprometida con el feminismo y con la reivindicación de las mujeres que aquella. Que siempre me pareció que tenia un tufillo machista por detrás. Aunque es cierto que Dunham no se para en mientes a la hora de criticar las propias actitudes de las “chicas”, muchas veces las principales enemigas de sí mismas.

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En cualquier caso, he de reconocer una serie de cuestiones. Ni por edad, ni por sexo, ni por origen geográfica me he sentido fuertemente implicado en la serie, que siempre he visto con una cierta distancia emocional. Eso hizo en su momento, tras la primera temporada, que me plantease abandonarla. Pero al final no lo hice. ¿Por qué? Por la expectativa de ver maravillosos episodios o momentos de excelente cine/televisión en cualquier momento. Es un poco como en Mad Men. Aquella, aunque excelente en su conjunto, tenía sus episodios mejores y peores. Pero en todos ellos tenías las escenas, la secuencia, que te dejaban pegado al sillón, y que estabas esperando cada vez que empezaba el episodio. Con las “chicas”, mis expectativas no han sido tan altas, pero también he estado esperando a los magníficos episodios que de vez en cuando. Por poner un ejemplo, el estupendo, profundo, y cínico, mano a mano que Dunham y Matthew Rhys nos ofrecieron en el tercer episodio de esta sexta y última temporada.

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Siempre hay un debate cuando termina una serie sobre su final. A mi me parecen vacuos estos debates. En el medio televisivo, no me parece oportuno, ni justo, juzgar una producción que dura años por la última hora de emisión. La sexta temporada ha sido una temporada de cierre. Donde se han cerrado conflictos, y se ha mandado a cada chica por su lado. Y se ha buscado un hilo conductor para este final, que no mencionaré, para que no pille avisados a quienes la vean. Decir sin embargo que de todas las “chicas” el final más triste ha sido el Marnie (Allison Williams), la guapa del grupo, que ni siquiera he entendido muy bien a la hora de tomar sus decisiones finales en la serie.

Pero bueno, ahí queda esta serie. Ahora ya no tiene vida propia. Ahora que está terminada, tiene la vida que le quieran dar sus espectadores. Y esa puede ser mucha todavía.

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[Televisión] Cosas de series; más interesantes o menos interesantes, sólo una es imprescindible

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Sí, hoy traigo tres series cuyas respectivas temporadas he finiquitado recientemente. Cuyo interés es mayor o menor según los intereses de cada cual. Pero hay una de las tres que cada vez considero como más imprescindible. Y que por algún motivo, en un momento dado se dejó de hablar de ella habitualmente.

Vamos de menos a más, según mis gustos.

En Netflix me he merendado Girlboss, una serie cuya primera temporada, no sé si habrá segunda, ha tenido trece episodios de media hora. Y que está basada, nos advierten que muy vagamente, o sea que no nos creamos que las cosas fueron exactamente así, en la vida de la joven empresaria norteamericana Sophia Amoruso, una individuo que de ser bala perdida se convirtió en empresaria multimillonaria a base de vender ropa usada o que lo pareciese. Como la tal Amoruso es también productora ejecutiva de la serie, ya que esta se basa en un libro escrita por ella misma, y dado que la serie tiene un tono general de comedia, con algún ratito de drama, damos por sentado que no van a presentar a la protagonista, Sophia (Britt Robertson), y su mejor amiga Annie (Ellie Reed), desde un punto de vista negativo. He de decir que la serie me ha parecido irregular, con un comienzo bueno pero luego con altibajos. Episodios inspirados y otros no tanto. Supongo que porque tarda en arrancar, y en realidad tampoco hay tanto que contar que interese. Las dos chicas protagonistas lo hacen bien, y en general entretiene. Pero vamos,… sin mucho más.

Carlos Carreter

Fortitude… ejem,… el archipiélago de Svalbard forma parte del reino de Noruega, algunos de cuyos fiordos, como el Hardangerfjord, y ciudades, como Bergen, pude visitar hace unos años. Próximamente espero hacer otra visita a algunas de las regiones más nórdicas de este bello país.

Me he visto también la segunda temporada de Fortitude, una serie cuya primera temporada me dejó un sabor agridulce, porque cambió de género en un par de ocasiones, y no sé si siempre le sentó bien. Policiaca en principio, con sus asesinatos y esas cosas, ambientada en una ficticia comunidad en una islas árticas con una sospechosa similitud con Svalbard (aunque está rodada en Islandia, que no hay osos y es menos peligrosa), ha seguido con su mezcla de serie de crímenes, con ciencia ficción y con fenómenos paranormales. Lo bueno que tiene la serie son las sólidas interpretaciones y momentos… Tiene momentos muy buenos, excelentes, por los que merece la pena aguantar, aunque haya momentos de bajón. Para quienes quieran ver algo distinto. Por cierto… es un poco a lo Game of Thrones… ni siquiera los protagonistas tienen garantizado que sobrevivan. Si a alguien le cuentan que se puede encontrar en Amazon Prime, que es gratis para los suscriptores premium de Amazon, que sepa que es España,… no se puede ver a  través de este servicio, que es racanillo a la hora de generalizar por el mundo su oferta. Pero bueno… en este servicio estoy viendo una cosa curiosísima. Ya os lo contaré.

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La serie que considero imprescindible es Homeland. Ya con su sexta temporada acabada, y sabiendo que al menos tendrá ocho temporadas, es probablemente una serie de espionaje de referencia, con muy pocas otras que le puedan toser. Desde luego está por ahí The Americans, que es un enfoque muy distinto, y luego están algunos productos británicos que tienen un sello especial. Esta serie estuvo muy marcada por el primer arco argumental, que duró tres temporadas. En la primera subió a los cielos, en la segunda muchos se quedaron mirando sin saber muy bien,… y en la tercera, algunos/muchos, no sé, la condenaron al infierno, tal vez insatisfechos con la resolución de dicho arco argumental, que a mí ni me disgustó. Ni mucho menos. Yo seguí dándole oportunidades… Mejor dicho, yo seguí disfrutando con ella, porque más allá del entretenimiento televisivo, ofrece buenas historias, notables interpretaciones y agudas reflexiones sobre la actualidad política mundial. Es más, ha sabido actualizarse con habilidad. E incluso si no ha acertado con sus predicciones políticas, eso no ha impedido que su proposición fuera más válida que nunca. No. No hay una presidenta en EE.UU. Pero da igual, muchas de las cosas que han pasado en esta sexta temporada son reflexiones válidas. Al mismo tiempo que sus responsables han sabido hacer crecer a sus protagonistas, cada vez más maduros y más ricos en matices, también han sabido ser más osados en sus planteamientos. Del tópico de la amenaza islámica han ido evolucionando, con los previsibles choques con los servicios de espionaje rusos, y sobretodo, en esta última, en la que el enemigo está en casa. Y no es el enemigo de los protagonistas. Es el enemigo de un sistema político, la democracia representativa, que muchos dan por consolidado y por dado, pero que está en fuerte riesgo. Si no lo podemos considerar ya gravemente dañado, viendo lo acontecido en los últimos diez años. Obsérvense las últimas citas en las urnas de EE.UU., Reino Unido y Francia. Tengo mucha curiosidad por saber por donde seguirán en el futuro. Pero desde luego ahí estaré para enterarme, salvo causas de fuerza mayor.

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[Televisión] Cosas de series; producción española a nivel internacional… o así

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Me salto esta semana el ritmo que llevaba de series internacionales, porque hace unos días se produjo un acontecimiento que hizo que dedicara el fin de semana pasado y parte de esta semana a una única serie que es la que vamos a comentar hoy. Se trata de la primera serie de producción española original para Netflix, Las chicas del cable.

Esta primera temporada, porque ya se está rodando la segunda, además la primera terminó en un colosar “cliffhanger”, ha constado de ocho episodios de duración variable entre 45 minutos y una hora, en la que hemos conocido las aventuras y desventuras de un grupo de mujeres jóvenes que entran a trabajar como telefonistas en la central madrileña de la recién creada (y ficticia) “Compañía de Telefonía”, en la España de los años 20. Una España, ya podemos adelantar, con una historia distinta y con un entorno social más glamuroso que la ultraconservadora de la dictadura de Primo de Rivera que fue la real.

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Pues no, la compañía donde trabajan nuestras telefonistas no es la “Compañía Telefónica Nacional de España”, con su emblemático edificio de Gran Vía, que podemos ver en un atardecer de diciembre desde la terraza del Círculo de Bellas Artes en Madrid. Pero se le parece un poquito.

Porque estas telefonistas, tal y como nos las pintan, no son las típicas mujeres de clase trabajadora que se pegan un montón de horas trabajando en un agujero sin ventanas ni ventilación y con pocos descansos. Visten bien, tienen un entorno de trabajo estupendo, se relacionan con la dirección de la compañía,… Y eso sí, tienen todo tipo de aventuras. Identidades falsas, maltratos de género, movimientos sufragistas, vidas descarriadas, tratos como “mademes” y policías corruptos, aficiones sexuales variadas, relación con militares golpistas,…

No entraré en mucho detalle de la trama. Una chica de los bajos fondos ve fracasado su intento de salir de su atribulada vida por culpa de un policía corrupto, y se ve obligada a conseguir un puesto de telefonista para conseguir una cantidad de dinero para liberarse de la tenaza del policía. Y allí se encontrará con su amor de adolescencia que ha conseguido llegar a ser el director de la compañía en los 10 años que han pasado desde que se separaron azarosamente en una estación de tren. Como veis, puro realismo.

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La producción es muy lujosa, con muchos medios.  Los guiones son tirando a mediocres, en algún caso francamente pobres. Y muy muy previsibles. Se abusa de la voz en off, al más puro estilo Grey’s Anatomy, pero las más de las veces sin gracia. Sobra por completo. Y tiene una banda sonora a base de lánguidas canciones de “pop indie” en inglés, que no pegan nada la mayor parte de las veces con lo que está pasando. Ah, se me olvidaba. No falta la chica de pueblo más simple que un nabo, personaje costumbrista derivado de los que interpretaba Gracita Morales o Lina Morgan. Las interpretaciones son flojas. Especialmente los intérpretes masculinos que, con alguna excepción, parece recitar más que actuar. Las chicas lo hacen algo mejor, pero sin echar las campanas al vuelo

Por lo que leo, parece que este tipo de series, realizadas para otras cadenas, de época, que no he visto, tienen tirón entre el público. Pero a mí no me convence. No deja de ser un culebrón, aunque con pocos capítulos y muchos medios. Pero también puede devenir en un “guilty pleasure”, un placer culpable que sigamos degustando mientras dure. Qué se le va a hacer. Somos débiles. Al fin y al cabo, si después de 13 temporadas sigo viendo Anatomía de Grey.

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[Televisión] Cosas de series; parejas en crisis y madres al borde del ataque de nervios

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Dos temporadas de series, no muy largas, de seis y siete capítulos cada una una, me he visto a la vuelta de las vacaciones de Pascua. La tercera temporada de unos viejos conocidos, residentes en Londres, y la que debería ser temporada única de una adaptación novelesca, pero que huele a que buscarán la forma de estirar la historia más allá del producto literario para aprovechar el tirón del éxito.

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Dos escenarios para dos series, Londres en el Reino Unido y Monterrey en California (EE.UU.); como no he estado en esta última ciudad, fotos de Londres serán las que acompañen a esta entrada televisiva.

En primer lugar, comentar la tercera temporada de Catastrophe, serie británica en la que vamos siguiendo a una pareja ya madurita, estadounidense el (Rob Delaney), irlandesa ella (Sharon Horgan), desde su primera temporada en la que ligan casualmente y contra todo pronóstico acaban convirtiéndose en un pareja estable, hasta esta tercera en la que casado y con ya dos hijos empiezan a tener crisis de pareja. Con seis capítulos de media hora,… casi se puede ver la temporada como un largometraje largo. Como les pasa a muchas de estas series, lo que empieza siendo como una comedia picante, poco a poco se va convirtiendo en una comedia con toques de drama, agridulce. Diversos temas van surgiendo. La fidelidad, los padres mayores, el alcohol,… Y eso que la serie mantiene siempre un tono optimista. Por lo menos de momento. Destacar también la presencia de Carrie Fisher, como madre del protagonista, en uno de sus últimos papeles antes de fallecer. Es una pena que nuestra princesa favorita no se prodigase más en papeles de comedia, porque indudablemente estaba dotada para este género. Tenía una vis cómica bastante curiosa. Nunca la olvidaremos. Que nos espere paciente en el cielo de las gentes del cine y de los que aman el cine, la única vida después de esta vida que merecería la pena en el improbable caso de que exista alguna.

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Comento con frecuencia la ingente cantidad de buenas actrices jóvenes que en estos momentos están surgiendo en el mundo de la interpretación de habla inglesa. Llenan las pantallas y nos deleitan con sus actuaciones. Pero eso tiene un reverso oscuro. Tan apenas existen papeles interesantes para mujeres más “maduras” y me refiero solo a aquellas que apenas han sobrepasado los cuarenta años, que son también excelentes intérpretes con los delicados matices que suele dejar la edad en los actores y actrices, pero que quedan relegadas a papeles secundarios. Y aquí está la televisión, con la excelente calidad de muchas series de ficción actuales, para rescatarlas y ofrecernos historias e interpretaciones magníficas. Hace tiempo que la televisión ha dejado de ser necesariamente un género menor en las artes audiovisuales con respecto al cine. Es cine, de otra forma.

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En Big Little Lies, tenemos una de estas situaciones en la que un grupo de veteranas actrices, Reese WitherspoonLaura DernNicole Kidman, unen sus esfuerzos con un par de jóvenes también muy capaces, especialmente Shailene Woodley si deja de hacer estúpidas “divergencias/convergencias/insurgencias”, y en menor medida, aunque importante, Zoë Kravitz, retoño de un conocido músico y de “la chica mala” del show de un tipo que sabemos que fue un auténtico “carbón” violador, y que por ello no pienso ni mencionar. El caso es que todas ellas en su conjunto forman un grupo de mamás de niños que van a un excelente colegio público de una comunidad bastante pija. Todas ellas muy pijas, excepto la joven que interpreta Woodley, cuyo pasado es un misterio. Pero que se ve metida en el ojo del huracán cuando su hijo de seis años sea acusado de maltratar a la hija de la superpija mandona que interpreta Dern. La historia de los niños no es más que una excusa para ir desenredando la madeja de hipocresías en las que viven todo esta cuadrilla de mujeres, en las que las apariencias son más importantes que la verdad o la realidad. Temas como la violencia doméstica, los abusos sexuales, el papel de la mujer trabajadora y a la vez madre, y la pasividad de los hombres antes los problemas de sus mujeres y de sus hogares, son los que dominan la serie, que de fondo tiene la circunstancia de que está contada en playback, a partir de una muerte en una fiesta para recaudar fondos para la historia, cuyo cadáver y circunstancias no conoceremos hasta el buenísimo capítulo final. La serie va in crescendo en intensidad y calidad, es altamente recomendable, y sólo le veo dos problemas. Su previsibilidad en determinados aspectos, y la forzada resolución del “quién mató al cadáver”. Poco esperable, casi un deus ex machina. Recurso argumental que me gusta entre poco y nada. Pero como digo, en general, muy recomendable. Y con Kidman en uno de los mejores papeles de su carrera que nos recuerda a cuando era una joven actriz prometedora recién llegada a Hollywood desde su Australia natal. Y que luego nos hemos encontrado en pocas ocasiones.

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[Televisión] Cosas de series; suicidas adolescentes y parodias coreanas

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Dos series dejé finiquitadas antes de irme de vacaciones a Dinamarca. Dos series que supongo miniseries, es decir, que tienen una temporada única. Son muy distintas. Una tiene un carácter más bien anecdótica, mientras que la otra tiene más enjundia. Empecemos por lo leve.

Se trata de Dramaworld. Una pequeña parodia de 10 capítulos de unos 15 minutos de duración de promedio cada uno sobre los dramas coreanos. Una joven universitaria norteamericana (Liv Hewson) tiene una vida poco interesante, y está enganchada a los dramas coreanos que se emiten en los servicios de vídeos bajo demanda. En un momento dado, se verá trasladada al peculiar mundo de estos dramas, donde rigen una determinadas reglas para todos ellos. Y su presencia trastocará el desarrollo de uno de estos dramas, en el que nada parece que vaya a suceder como debería según los estándares de las televisiones del país asiático. Me animé a verla porque en las semanas anteriores había visto alguno de estos productos coreanos y quería ver hasta donde llegaba la parodia. Es simpática, pero inconsecuente por lo demás.

Las imágenes de hoy proceden del Moesgaard Museum. Situado a pocos kilómetros al sur de Aarhus, Dinamarca, nos habla de los avatares de la especie humana en esas tierras desde la edad de piedra hasta la época vikinga. Frente al mito del buen salvaje, el ser humano lleva en sus genes muchos de los trazos que llevan a que algunas de las series de televisión que vemos nos hablen más de la naturaleza animal que del ser evolucionado culturalmente. Y la visión de lo difícil y cruel que ha sido la vida humana a lo largo de los siglos apoya esta tesis.

Pero quizá la serie que últimamente ha dado bastante que hablar ha sido 13 reasons why. Se trata de un drama con el siguiente planteamiento. Hannah Baker (Katherine Langford), estudiante de un instituto aparentemente normal y corriente en Estados Unidos, se ha suicidado. Y ha dejado grabadas 13 cintas con instrucciones para que lleguen a 13 personas, especialmente compañeros de instituto, que de alguna forma han hecho o dejado de hacer cosas que la han llevado a esta situación. Cuando comienza la serie, las cintas le llegan a Clay Jensen (Dylan Minnette), y a través de su escucha de las cintas conoceremos lo que pasó con Hannah. Al mismo tiempo, iremos viendo cuáles han sido las repercusiones en la comunidad escolar y en sus familias de ese suicidio.

La serie está basada en una novela de Jay Asher con el mismo título, y que supuso un gran éxito de ventas y de crítica cuando se publicó en su país. Y en ella se pone de manifiesto el difícil ambiente en el que se desenvuelven los adolescentes en los centros educativos, experimentando con frecuencia el abuso por parte de sus compañeros, que se extiende en la actualidad por medio de las redes sociales. También se incluye la situación de las chicas que se ven sometida además a acoso de carácter sexual, llegando a producirse violaciones, que no son denunciadas por la presión del grupo. Se analiza también la pasividad de las autoridades escolares, más preocupadas de que nada les salpique y de salvaguardar el prestigio que de defender a los escolares.

Determinadas escenas de cierta crudeza han destapado algunas críticas, más cuando se supone que tanto la novela como la serie están dirigidas a un público juvenil también. A mí me han parecido proporcionadas, pero claras, sin tapujos, aunque sin recrearse en lo morboso. Lo que si me falla un poco es el desarrollo de la trama, que me parece excesivamente estirado para lo que da de sí la historia. Se podría haber contado lo mismo en menos episodios. También hay algunos problemas de reparto, que no siempre está a la altura. Pero es una serie que es bastante visible, relativamente recomendable.

[Televisión] Cosas de series; fantasías y culebrones coreanos

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Breve entrada televisiva, que no ando con mucho tiempo. Hace un par de semanas o tres, ya hice una entrada sobre series orientales en Netflix. El caso es que por aquel entonces tenía otra a medias, que he ido viendo muy poco a poco. Y después vi otra que se ve muy rápida. Ambas coreanas. Os lo comento.

No tengo fotos de Corea. Aún. Mientras, nos iremos a Kioto, al santuario Fushimi Inari-Taisha, que sale en tantas películas. Y que estaba lleno de niñas y adolescentes que disfrutarán con este género de series de televisión. Que por cierto, una de ellas tiene escenas en lo que se supone es Japón, incluso puede que Kioto… No me acuerdo. Da igual.

Durante un par de meses me he quedado colgado de un culebrón coreano. Un verdadero guilty pleasure. Una serie malísima. Con unos guiones horrendos y unos intérpretes lamentables. Su título Bulyaseong (불야성), que en castellano han traducido como “Luces nocturnas”. No sé hasta qué punto es fiel al título original. El tema es que fueron dos cuestiones las que me han hecho ver los 20 capítulos del culebrón. Como culebrón no es muy largo, claro. Una, los caretos de las dos protagonistas. La una (Yo-won Lee) es menos expresiva que un sanantonio de palo, con el agravante de capa de maquillaje de dos dedos de espesor. La otra (Yu-jin Kim), más joven, con un escandaloso trabajo de cirugía plástica, que he confirmado viendo por ahí las diferencias entre el antes y el después. Quedé como hipnotizado. La segunda es el tema del product placement, que es más exagerado que los productos del desayuno de Médico de familia. He llegado a soñar con los abrigos que llevan constantemente puestos, incluso cuando están en interiores, trabajando o haciendo lo que sea. O con los primeros planos de los pendientes. No digamos ya de los coches. O de cierta marca de agua mineral francesa. Era todo un cachondeo descubrirlos. Nada recomendable… Pero para mí ha sido irresistible.

La otra serie ha sido más curiosa. Su título 9초 – 영원의 시간 (9 segundos – En la eternidad; 9 seconds – Eternal Time). No tiene entrada en IMDb, al menos todavía. El diario inglés The Guardian la considera como la serie ideal para iniciarse en los seriales coreanos. Tiene todos los elementos; chico conoce chica, romántica, con dramón, extremadamente cursi, más extremadamente absurda, ñoña hasta la exasperación (el sexo es un concepto lejano, lejano, lejano, lejano,…), con elementos místicos e incluso sobrenaturales,… Pero, en vez de durar un montón de episodios de una hora de duración, son sólo siete episodios de un cuarto de hora de duración. Y a los aficionados a la fotografía les molará porque el chico protagonista vive con su tío que es fotógrafo, y el quiere ser fotógrafo también. Pero,… aquí viene el dramón que te cagas,… tiene una enfermedad en la vista que lo va a dejar ciego a corto plazo. Y la chica… bueno… ahí hay más dramón todavía. Si uno está muy atento a las imágenes hasta te hueles por donde va el asunto. Todo es cuestión de alas.

Estoy en grave peligro de convertirme en adicto a los cursis dramas coreanos. Necesito ver un médico. O quizá acudir a los grupos de K.A. (Koreandramasadictos Anónimos). A ver si mañana os hablo de algo mucho más interesante que también nos llega de extremo oriente.

[Televisión] Cosas de series; antisuperhéroes británicos

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Cuando tenía 9 años, más o menos cuando nació mi hermana, se puso de moda en el colegio leer historietas de superhéroes de la Marvel. Comprábamos pocos. No había mucho dinero. Los intercambiábamos entre nosotros. Y nunca seguíamos las aventuras consecutivas… porque nunca se podía garantizar de que se pudieran conseguir. Así que muchas veces empezábamos un volumen con la historia ya empezada, pero sin saber cómo, y lo terminábamos sin saber nunca como iba a acabar. Era los tiempos de la Patrulla X, Dan Defensor, Namor, Thor, Los Vengadores, Spiderman, La Masa,… A los más jóvenes, algunos nombres les suenan actuales, pero otros quizá no. Y es que en la España franquista, todo lo que se podía traducir de una forma u otra se traducía. Y más si tenía un nombre siniestro o satánico como “Devil”,… diablo. La moda no sé cuanto duró. No creo que llegase a cumplir los once años antes de que mandara a la porra este tipo de lectura. Nunca me convencieron aquellas historietas. Simplemente estaba de moda.

No nos iremos a una zona de Londres tan despersonalizada como la que rodea al centro cívico donde cumplen condena nuestros inadaptados. Optaré por la agradable Primrose Hill al atardecer. O los paseos junto a Regent’s Canal.

Con 19 o 20 años, volví a leer algo de historietas, pero no mucho. Y en cualquier caso nada de esto. Todas esas tonterías de que porque te pique una araña radiactiva, te golpee un haz de rayos gamma, o te veas sumido en una tormenta de energía Z te conviertas en un tipo con superpoderes me empezó a parecer una majadería. Es cierto que con los tiempos, alguna serie de televisión reciente, me ha atraído e incluso me ha gustado bastante. Pero por motivos muy distintos a los planteamientos de base de la historia. Y porque su realización se ha alejado del aspecto de aquellos tontos cómics.

También han menudeado las parodias del género; algunas, las menos, con éxito, muchas, tan pobres como el material original. Pero casi siempre en tono de comedia. Y no han faltado los intentos de dar giros y trascendencia y otro tono al género del héroe con superpoderes. Desde mi punto de vista, sin mucha fortuna tampoco. Independiente del éxito de público… que ha podido ser abundante. Por cierto, ningún héroe es nunca mejor que el villano al que se enfrenta. Y con frecuencia, los supervillanos, los villanos con superpoderes, son también ridículos.

Hasta que llegaron los británicos, con sus superhéroes inadaptados. O como dirían ellos en la lengua de Shakespeare… Misfits. Serie que ya se emitió en directo en su país de origen hace un tiempo, pero que recientemente me he merendado, fin de semana a fin de semana, gracias a Netflix.

Tras un comienzo absolutamente absurdo, como es de rigor, una tormenta sobre uno de los muchos vecindarios que forman el Gran Londres, uno especialmente anodino, descarga unos rayos de energía sobre la población, y especialmente sobre un grupo de cinco jóvenes que realizan condenas penales de servicios a la comunidad, los inadaptados del títulos, y empezarán a aparecer “superpoderes” en la gente. “Superpoderes” que lejos de ofrecer a sus poseedores de una ventaja competitiva sobre el resto de la humanidad, contribuirán a hacer su vida más miserable. Y así con un 50 % de comedia, negra en la mayor parte de los casos, un 40 % de drama y un 10 % de tragedia, acompañaremos durante cinco temporadas de entre 6 y 8 episodios de una hora de duración a estos jóvenes y los que eventualmente los sustituyan en sus demenciales aventuras.

Fuertes dosis de crítica al sistema, serie heredera del cine y la televisión británicos más comprometidos socialmente, y no poca compasión por jóvenes condenados a unas vidas mediocres y patéticas, si no a perpetuarse en los márgenes de la sociedad. Jóvenes que de repente verán sus vidas alteradas, no necesariamente para bien… aunque la serie no deje de tener, incluso en sus momentos más trágicos, un tono esperanzador.

Es una serie adulta, incluso si está dirigida a espectadores relativamente jóvenes. Hay conflictos, hay sexualidad, no siempre bien entendida, muchas veces muy básica, casi animal, hay sufrimiento, hay muertes. No falta algún momento gore o asquerosito, sin caer en la vulgaridad, derrocha humor negro, pero también nos lleva a momentos de ternura y solidaridad.

¿Probablemente la mejor producción de gentes con superpoderes? ¿De “superhéroes”? Seguramente esto es opinable. Para mí, sí. Que se le va a hacer. Soy así. No os la perdáis.

[Televisión] Cosas de series: entre demonios y superhéroes del kungfú

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No ando con mucho tiempo, pero voy a sacar adelante esta entrada televisiva, porque alguna de las series que comento la tengo ya vista desde hace semanas y al final se me va a olvidar. A la espera de terminar la más curiosa y divertida serie de gente con superpoderes que he visto hasta la fecha, una serie de super-antihéroes, y a la que dedicaré un especial, la cosa va de cosas fantasiosas esta semana.

Hace ya muchos tiempos, yo la veía en ocasiones, Buffy the Vampire Slayer inició de alguna forma el género de los adolescentes peleando contra vampiros, demonios y otras gentes de mal vivir del presunto inframundo. Nunca he entendido por qué está tan valorada,… pero marcó una época. Aunque creo que Sarah Michelle Gellar en estos momentos debe de estar desaparecido en combate o algo así… Da la impresión de que nunca volvió a hacer nada interesante.

Preparando estos días una charla sobre películas negativas en blanco y negro, he estado un buen rato de la tarde seleccionando fotos demostrativas.

Hace unos meses, tirando de Netflix vi la primera temporada de Shadowhunters, que llevaba el asunto de los cazadores de diablos a un extremo presuntuoso y superpijo. Y malísimo. Probablemente, una de las peores series que he visto nunca. Y sin embargo vi su primera temporada de forma integral. Pensaba que se podía convertir en una especie de guilty pleasure. No preocuparse, llegó la segunda temporada, y ya en su primer episodio me entraron escalofríos y náuseas de lo mala que es… y nunca más. Pero curiósamente, en estas estaba cuando me encuentro con Crazyhead, un serie original de Netflix también, británica, cuya primera temporada tiene sólo seis episodios, y en las que encontramos a dos jóvenes inglesas de muy poquito más de 20 años, que también van cazademonios. Pero en lugar de tomárselo totalmente en serio, empiezan a mezclar la aventura de acción con la comedia, a veces humor negro, otras rozando la parodia, y sobretodo con un sentido mucho más adulto y borde del asunto. Yo me lo he pasado muy bien. Y como es una temporada muy cortita, no te cansa nada. A mí me ha reconciliado con el género. O me ha hecho entender que de cualquier tema se puede hacer un producto mínimamente inteligente y entretenido.

Pero lo más serio de las últimas semanas ha sido la llegada del cuarto superhéroe de Marvel a Netflix. La cosa va a desembocar en otra serie en la que salen los cuatro juntos. De momento, el nexo común, además de que todo sucede en el mismo universo, es la enfermera Claire Temple (Rosario Dawson). Que por cierto, ha empezado a dar sus primeros bofetones a diestro y siniestro. Aunque su papel sea la de poner un poco de sentido de común en el asunto. El superhéroe de turno es Iron Fist, el puño de hierro. Sinceramente, tengo dos problemas con esta serie, que no está mal hecha, ya aviso. La primera es que toda la cosa esta de las artes marciales y del kung fú me parece siempre una superchorrada. Si encima se inventan una especie de Shangri-La, parece que andamos un poco justos de inventiva, ya la líamos más. Y si encima el superhéroe es un canelo de marca mayor… pues acabáramos. A mí, todas estas danzas que hacen los de las artes marciales en las que se concentran mucho y dicen cosas muy profundas, es decir, mayormente sin sentido ninguno, me provocan la risa floja. Lo único positivo del asunto es que la chica, Colleen Wing (Jessica Henwick), es muy mona. Que me he enterado que es una de las “Serpientes de la Arena” de Game of Thrones, y una de las pilotos de Alas X del episodio VII de Star Wars. Por lo demás, serie prescindible salvo que seas muy muy muy fan del universo Marvel. Muy muy muy muy por debajo de mi superheroína borracha favorita, muy muy por debajo del mamporrero ciego, y por debajo del afroamericano indestructible. Dicho lo cual, probablemente uno de los principales problemas de la serie es la carencia de un malo en condiciones.

[Televisión] Cosas de series; un nuevo paseo por extremo oriente

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Uno de los aspectos más interesantes que encontré en una plataforma global de vídeo bajo demanda como Netflix era la posibilidad de acceder a programas o series de televisión, o películas, de una diversidad de nacionalidades. Y cuanto más exóticas mejor. Luego, en la práctica, las opciones son bastante más limitadas de lo que parece. Y menos exóticas de los que parece.

La excepción aparente son las producciones de extremo oriente, especialmente Japón, China y Corea del Sur. De estos países hay más títulos disponibles, y son relativamente exóticos. Luego también las cosas se quedan reducidas a menos opciones reales. Porque parece que cada uno de estos países se ha  especializado en algo concreto.

Acompaño la entrada de instantáneas tomadas en Tokio y de camino a Kamakura. En esta ocasión en ese blanco y negro muy contrastado que tanto gusta por allí a ciertos fotógrafos.

De China no llegan series; fundamentalmente largometrajes. Y con un interés limitado.

De Corea del Sur llegan muchas series. Con temas aparentemente variados. En general, copiando los géneros de éxito de las series americanas. Algún drama médico, tienen algo de aventuras y terror, y muuuuuuuuchos dramas románticos cuyo público objetivo son adolescentes o chicas jóvenes. He ido picoteando algo por aquí y por allá, y en general son productos insatisfactorios con alguna excepción que ya comenté. Hoy traigo otra… que más que satisfactoria,… ha sido corta y curiosa.

De Japón, mucha animación para adolescentes, masculinos o femeninos. Que por cierto, de la divertida Nanatsu no taizai (七つの大罪, Los siete pecados capitales) , de la que ya os hablé hace un par de meses, ha habido un adelanto de lo que sea una próxima segunda temporada. Tampoco me agarran mucho… no es fácil encontrar títulos apetecibles para un adulto. Y mucho menos en series con personas reales, la mayor parte dominado por los “doramas” (pronunciación japonesa de “drama”) o las comedias románticas. También fijándose con preferencia en el público juvenil… femenino.

Pero dentro de este panorama de poco interés he visto algunas cosas completas que voy a comentar. Alguna de ellas bastante interesante.

Me animé con un drama romántico coreano, que en castellano han titulado con el largo y complicade título de El día después de la ruptura (He-eo-jin Da-eum-nal), que venía bien valorado por el público (en Neflix, regulín en IMDb) y que sólo dura 8 episodios de unos 30 minutos. Poco cuesta el esfuerzo de verla. Veamos… es básicamente una versión coreana del día de la Marmota (Groundhog Day (Atrapado en el tiempo)), en el que un tipo se despierta todos los días siendo el 4 de octubre. Y es el único que recuerda qué ha pasado en los ciclos anteriores. En general, cada día la caga, todo va mal. Especialmente en lo relacionado en la que ha sido su novia en los últimos siete años. La serie va en ciclos de dos episodios. Es más bien como una serie de cuatro episodios de una hora. Y el interés va en ascenso, desde un inicio flojo, hasta el ciclo de dos episodios en el que nos cuentan la historia desde el punto de vista de la chica, proporcionándonos todas las claves para entender lo que pasa. La protagonista femenina es mucho mejor intérprete y el personaje se hace más interesante que el masculino. El caso es que a esas alturas han liado mucho la trama, y no saben como salir del follón en el que se han metido con el guion, desembocando en una conclusión poco brillante. Fallida después de todo, aunque un “original de Netflix”.

Otra serie breve, que no aparece como “original de Netflix” pero está en esa línea, es una comedia romántica adolescente con tonos dramáticos, basada en una historieta. O manga para los japonofilos puristas. Se trata de Minami Kun no Koibito (Mi pequeño amor). Un niño y una niña, vecinos desde la infancia, crecieron siendo amigos inseparables. Pero al llegar a la adolescencia, los avatares familiares, especialmente los de él, los han separado, aunque ella se siente atraida por el chaval. Entrando en el terreno de la fantasía, tras una tormenta, la chica queda reducida al tamaño de una muñeca de 15 centímetros. Y será Minami quien la tendrá que cuidar y guardar el secreto hasta que encuentren una solución. Dentro de que es un producto para jovencitos, y sobretodo jovencitas, está hecho e interpretado con dignidad, con algún elemento argumental que tiene su interés, aunque no hay una explotación integral de la situación, que da mucho de sí. De hecho, la historieta en la que se basa debe ser mucho más rica en conceptos. Tomémoslo como una curiosidad, que nos permite conocer aspectos de la vida cotidiana de los nipones. Está muy valorada por el público, tanto en Netflix como en IMDb.

Entrando ya en el terreno de los adultos, me ha gustado bastante Hibana – Spark. La serie, en 10 episodios de entre 45 y 60 minutos, sigue la peripecia durante 10 años de un duo de manzai. Estos son duos cómicos, en los que uno de los participantes es el “serio” y el otro es el “destalentado”. Los conocemos jovencitos e inexpertos y los acompañamos en su carrera. En paralelo, uno de ellos entabla amistad con un excéntrico cómico de otro duo de manzai, que le inspira, entablándose una peculiar relación. Aunque me costó entrar en la serie, puesto que las referencias culturales no eran muy asequibles, pronto empiezas a entender el lenguaje universal de la serie, que va planteando muchos temas sobre las relaciones humanas, sobre la despersonalización de la vida moderna, sobre el mundo de los cómicos, sobre la amistad, sobre la creatividad, sobre ser artista aunque modesto,… Los dos episodios finales llegan a tener diversos momentos emotivos, mezclando la comedia y el drama. Es curioso pero el público votante en Netflix la califica bajo mientras que en IMDb está muy bien considerada. Yo creo que es bastante buena. Recomendable, aunque no de fácil digestión, especialmente al principio.

Y terminaré con una serie simpática, Samurai Gourmet, también basada en una historieta, en la que acompañamos en 12 cortos episodios de unos 18 minutos a un señor japonés de 60 años, que tras toda una vida dedicada al trabajo en una empresa, donde ha llegado a ejecutivo, ahora se encuentra jubilado y sin saber muy bien qué hacer o como adaptarse a su vida. Casado con una simpática señora que tiene su vida absolutamente organizada y plena siendo ama de casa pero muy activa, tendrá que salir a conocer al mundo. Y lo hace… comiendo. Comiendo en distintos ambientes y lugares. Y como es un señor tímido y prudente, surge en sus fantasías un samurái que le da el valor para afrontar las dificultades… que normalmente se resuelven por sí mismas. Es muy simpática, como decía, y nos permite conocer las costumbres y el pensamiento de la sociedad japonesa, con sencillez y sin alaracas. Yo me lo he pasado muy bien con ella.

Como veis, algo se puede rascar. Por lo menos para intentar conocer otras culturas y otros mundos. Y salirnos de los caminos mil veces trillados.

[Televisión] Refugee; documental sobre cinco fotógrafos trabajando con refugiados

Televisión

El problema de los refugiados, personas desplazadas de sus hogares por motivos bélicos o políticos, también por causa de la pobreza o el hambre, ha sido una de las costantes de la historia del siglo XX y en estos principios del XXI, probablemente en escalas mucho más importantes que en otros tiempos de la historia, aunque los desplazamientos más o menos masivos de poblaciones se han registrado a lo largo de toda la historia.

Han sido muchos los fotógrafos que han trabajado y documentado el tema, creando imágenes que en muchas ocasiones se han considerado un icono de una época, un conflicto o una situación. La actual situación de conflictos en el mundo, especialmente, aunque no sólo, en el mundo islámico, sumado al reforzamiento de las derechas populistas, generalmente racistas o xenófobas, la crisis financiera de 2007/2008 cuyas consecuencias todavía se arrastran y otros factores han hecho que en los últimos años las noticias sobre los problemas de los refugiados encabecen con frecencia los programas de noticias de los medios de comunicación.

Para ilustrar la entrada de hoy, algunos lugares de la Europa actual, que hoy se muestran reticentes a la solidaridad con los refugiados y cuyas poblaciones lo fueron en su momento. En el encabezado, el cementerio de judío de Praga. Aquí, Potsdamer Platz en Berlín.

Recientemente se estrenó en la cadena de vídeo bajo demanda Netflix un corto documental, Refugee, de 23 minutos de duración, que se realizó con motivo de una exposición colectiva en The Annenberg Space for Photography en la ciudad de Los Ángeles, que se celebró entre el 23 de abril y el 21 de agosto de 2016.

Traduzco a continuación libremente la nota de prensa que se publicó con motivo de la misma, y que servirá para comentar el contenido del documental. El cortometraje sigue las andanzas de cinco fotógrafos de fama internacional que fueron encargados por la Fundación Annenberg para realizar fotografías de personas desplazadas en los cinco continentes de cara a la exposición que hemos mencionado.

Trincheras de la guerra civil española en la sierra de Alcubierre.

Lynsey Addario, de quien os hablé hace unos días a propósito de su libro autobiográfico, cubre los problemas de los musulmanes rohinyá, minoría religiosa desplazada de sus hogares en Birmania, país de mayoría budista. ¿No habíamos quedado que los budistas eran buena gente y muy pacíficos y tolerantes? ¿No es eso lo que nos vende el dalai lama?

Omar Victor Diop, fotógrafo de moda senegalés, ha fotografiado retratos de mujeres de la República Centroafricana que han huido con sus bebés al vecino Camerún.

La mejicana Graciela Iturbide, una de las más destacadas continuadoras de la excelente tradición de fotógrafos documentalistas de ese país, con obra en muchos de los museos de arte moderno más conocidos en el continente americano, ha documentado las familias de desplaciados internos de colompia, que huyen de la violencia de los conflictos con las guerrillas y con los cárteles de la droga.

Martin Schoeller, conocido por sus intensos retratos en primer plano de destacados líderes políticos y otras figuras destacadas del mundo de la cultura y de las artes, retrata a los refugiados reasentados recientemente en los Estados Unidos.

Y el británico Tom Stoddart sigue los pasos de los refugiados de Oriente Medio que a través de Turquía llegan a Europa a través de las islas griegas del Egeo, pasan por el infierno de los Balcanes, donde quedan frecuentamente en tierra de nadie, para finalmente llegar a Berlín.

Estación de ferrocarril de Budapest Keleti.

Como narradora actúa la actriz australiana Cate Blanchett, que entre otras actividades filantrópicas, desde 2016 es embajadora de buena volunta de ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados.

El documental, como ya he dicho antes, tiene una duración de sólo 23 minutos, en los cuales poco se puede profundizar en el tema. Y evidentemente tiene un tono complementario a unas fotografías de las cuales aparecen algunos ejemplos, pero que como conjunto expositivo suponemos más ricas. Pero nos da una idea, aunque sea somera, de la forma de trabajar de estos fotógrafos. Es además dinámico, y con imágenes que no dejan indiferente, aunque la imaginería del problema de los refugiados y poblaciones desplazadas en general haya empezado a saturar las sensibilidad, por otra parte lábiles, de la población privilegiada del mundo occidental. Que tampoco hace tantas décadas que sufrieron en sus propias carnes las sensaciones de ser refugiados. Por lo tanto, es un documental recomendable, tanto para el aficionado a la fotografía como al que no. Que nunca sobran este tipo de producciones.

Esta fotografía no es actual, es de la ciudad de Zagreb en 1993, en plena guerra de los Balcanes, donde las mujeres rezan en las capillas por sus hijos, hermanos o maridos en el frente o desaparecidos.

[Televisión] Cosas de series; diablos, infidelidades, tríos

Televisión

La semana pasada hubo entrada televisiva pero estuvo dedicada al documental. Así que en esta se han acumulado las series de ficción. Hay varias cosas que comentar.

He intentado ver una serie que apareció hace unos días por Netflix, Greenleaf, ya hace un tiempo que se emitió en algún otro sitio su primera temporada, pero no he podido con ella. A mitad de su segundo episodio me aburría como una ostra. El caso es que al principio parecía interesante…

Sigo viendo, los fines de semana, Misfits. Y cada vez me gusta más. Ya he terminado la segunda temporada, pero le dedicaré una entrada al conjunto de la serie cuando la termine.

Como lo británico tiene mucha presencia en la entrada de hoy, pasearemos por Londres, especialmente por localizaciones que tienen que ver, de una forma u otra, con la miniserie que comento más abajo.

Como lo británico tiene mucha presencia en la entrada de hoy, pasearemos por Londres, especialmente por localizaciones que tienen que ver, de una forma u otra, con la miniserie que comento más abajo.

Terminé de ver la primera parte de la segunda temporada de Lucifer. Es una de las pocas series de temporada larga que mantengo en cartelera. Unos guiones entretenidos y unos protagonistas con química y carisma hace que esta historia sobre el diablo que harto del infierno se viene a vivir a Los Ángeles, tenga su gracia. Moviéndose siempre con habilidad entre la comedia y el drama, lo policial y el romance que no acaba de enganchar. Creo que para mayo o así volverá con su tirón final.

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Otra serie cuya primera temporada ha recalado en Netflix un año después de su estreno ha sido You Me Her. Lo que comienza como las ganas de relanzar la vida en el dormitorio de un matrimonio cuyos cónyuges rondan los 40 años contratando una chica de compañía universitaria, muy mona ella. Pero ¿qué pasa si surge algo más que lo físico entre los tres? Muy pillado de los pelos, el argumento. Pero la serie es entretenida, especialmente cuando intervienen los diversos secundarios, muchos de ellos bastante pirados.

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Y si hace un par de semanas aproximadamente teníamos ocasión de seguir comprobando las consecuencias de las infidelidades en The Affair, con la miniserie británica de cuatro episodios Apple Tree Yard está indagación sobre las consecuencias de las canas al aire en los matrimonios aburridos lleva a consecuencias trágicas. El principal aliciente de esta corta producción televisiva son las interpretaciones, con Emily Watson y Ben Chaplin a la cabeza.

Mientras, si en Misfits los británicos le dan una vuelta al género de superhéroes, quizá la semana que viene os cuente cómo se la dan al género de los cazademonios…

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[Televisión] Cosas de series; entre el gore, los superpoderes y los engaños maritales

Televisión

Dos novedades, una de ellas muy relativa, y el final de una tercera temporada es lo que os traigo hoy en esta entrada seriéfila.

Misfits – Temporada 1ª

Esta serie británica tiene ya unos años, ya que se estrenó en el Reino Unido en 2009. Y ahora que la tengo a mano, y ya que las temporadas de series británicas son muy cortitas, he decidido darle una oportunidad ya que siempre cosechó buenas críticas.

El argumento es curioso. De alguna forma, se toma a cachondeo el concepto de los superhéroes de la Marvel, aunque la serie tiende a ser un drama,… o tiene un humor muy muy muy negro.

Un grupo de jóvenes inadaptados ingleses cumplen servicios comunitarios por distintas faltas penales. Y en estas están cuando una misteriosa tormenta les concede “superpoderes”. Aunque en la mayor parte de los casos, más que servirles para convertirse en superhéroes lo que les hace es crearles más problemas que otras cosas. Imaginaos que si a Spiderman le pica la araña, se vuelve en un tipo mucho más pringado de lo que es. El momento final de esta primera temporada lleva el concepto a su extremo más cínico y macabro.

En fin, que está muy bien. Y que tiraré para adelante. Probablemente no comentaré cada temporada por separado. Me quedan cuatro, entre siete y ocho episodios cada una. La primera sólo tiene seis… por si acaso no gustaba, supongo.

Estos días atrás en mi blog de fotos de viajes (enlaces al final), han aparecido cosas como este hayedo en el Moncayo, Aragón (España), o el interior de la catedral de San Esteban en Viena (Austria) del encabezado.

Estos días atrás en mi blog de fotos de viajes (enlaces al final), han aparecido cosas como este hayedo en el Moncayo, Aragón (España), o el interior de la catedral de San Esteban en Viena (Austria) del encabezado.

Santa Clarita Diet – Temporada 1ª

Esta es una novedad de Netflix. Y está algún que otro escalón por debajo de la anterior, aunque comparte con ella cierto humor macabro. Y si la anterior le daba una vuelta al tema de los superpoderes, esta lo hace con el tema de los muertos vivientes, léase zombis.

En un matrimonio de agente inmobiliarios con una hija adolescente en la más convencional de las urbanizaciones residenciales norteamericanas en California, sucede un hecho inesperado. A Sheila Hammond (Drew Barrymore), tras una inmensa vomitona verde en la que expulsa una bola roja extraña, le cambia el apetito. Y tras un cierto tránsito… lo único que le apetece comer es carne cruda de ser humano. Y por cierto, deja de latirle el corazón y sufre algún pequeño desperfecto físico. Su marido, Joel (Timothy Olyphant), no sólo no se aterra (demasiado), sino que decide apoyarla. Y tras una cierta adaptación, lo mismo sucede con su hija Abby (Liv Hewson).

A partir de ahí… pues una comedia de situación con tonos gores, macabros y de humor negro. Que probablemente no pasará a la historia como la mejor de las series, pero entretiene. El que mejor, Olyphant, con mención especial para la chica adolescente.

También hemos tenido las murallas de la ciudad italiana de Orvieto...

También hemos tenido las murallas de la ciudad italiana de Orvieto…

The Affair – Temporada 3ª

 

No debían tener muy claro que esta premiada serie fuera a seguir después de esta su tercera temporada, porque las cosas quedan relativamente cerradas… siempre y cuando tengamos en cuenta que la vida sigue.

Sinceramente, no ha estado a la altura de las anteriores, aunque sigue siendo una serie muy interesante. El recurso argumental de las diversas versiones de los mismos hechos ya no sorprende tanto. Y además, con hasta cinco puntos de vista distintos y una variedad de escenarios, la cosa exige más atención. El quinto punto de vista es el de la francesa profesora de universidad Juliette Le Gall (Irène Jacob), que se convierte en la nueva adquisición en este ya quinteto de interrelaciones. Me refiero a las principales… porque hay más.

En cualquier caso, el descenso a los infiernos de los protagonistas ha continuado, con momentos muy intensos, especialmente para el exmatrimonio Noah (Dominic West) – Hellen (Maura Tierney). El otro ha quedado más desdibujado, aunque ha tenido sus momentos también. West sigue siendo el principal protagonista, y su arco argumental hubiera sido muy interesante… sino fuera porque era previsible, ya hemos visto situaciones similares en otras producciones. Y Tierney, que siempre me ha gustado bastante, ha ido cogiendo protagonismo desde su primera temporada.

Como digo, pareciera que no confiaban en renovar. Pero parece que se ha confirmado una cuarta temporada, que no sé muy bien por dónde tirará. Porque de alguna forma tendrán que renovar tramas. Siempre recomendable.

... o los paisajes de los Pirineos en verano, Aragón (España).

… o los paisajes de los Pirineos en verano, Aragón (España).

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…