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[Televisión] Cosas de series; las cuatro palabras y el punto final a las chicas Gilmore ¿o no?

Televisión

En el mes de junio, si no recuerdo mal, aparecía como disponible en el catálogo de Netflix las siete temporadas de Gilmore Girls, una de las comedias familiares más apreciadas de la primera década del siglo XXI. Para ese momento ya se había confirmado que se estaba preparando un cierre en diferido para esta serie, que sin ser de las más vistas en la televisión mundial, había adquirido una popularidad notable por contener determinados valores que la hacen apreciable. Este “revival” de los habitantes de Stars Hollow, el pueblo ficticio de Connecticut donde transcurre principalmente la serie, iba a ser estrenado en el fin de semana de Acción de Gracias por la cadena de emisión de contenidos televisivos bajo demanda. Momento ideal para realizar maratones y ver los anunciados cuatro nuevos episodios de entre una hora y media y una hora y tres cuartos de duración.

Pero hagamos un repaso a lo que fueron las chicas Gilmore, aunque ya he hablado de ella en los últimos meses, ya que dediqué el verano a volver a ver esta serie de la que conservaba y conservo muy buenos recuerdos. Aunque algunos asociados a momentos tristes. Los primeros se corresponden a algunos de los primeros capítulos que se emitieron en España. En aquella época, la primavera del año 2003, en la familia la vida la llevábamos muy atribulada. Fue el año que falleció mi madre. Y mi padre, esa primavera, también pasó quirófano. El caso es que yo tan apenas veía la televisión en casa; alguna película de vez en cuando y poco más. Pero cuando eventualmente pasaba algún rato largo en casa de mis padres, haciéndoles compañía o por el motivo que fuera, recuerdo que de vez en cuando aparecían en pantalla estas chicas de diálogos vertiginosos, amoríos inestables y situaciones estrambóticas o delirantes en ocasiones.

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Uno de los protagonistas principales de “Gilmore Girls” es Star Hollow, un cuco pueblecito de Connecticut. Como no tengo fotos de pueblecitos cucos norteamericanos, menos de Connecticut, Connecticut, tramperos de Connecticut, os dejo la de un pueblecito cuco francés, Le Bugue, a orillas del Vézère en el Perigord.

He contado todo esto para que se entienda cómo una serie que normalmente debería haber pasado desapercibida, nunca he formado parte de su público objetivo, acabó formando parte del recuerdo emocional de mi vida. Conforme la situación familiar se fue estabilizando y mis hábitos de consumo televisivo fueron variando, empecé a mostrar interés por esta serie. En aquellos momentos en Estados Unidos iban ya por la cuarta o la quinta temporada. Así que recupere la serie desde el principio, fue la primera que vi integramente en versión original, y ya la acompañé hasta su final en 2007. Sus valores principales estaban en una sabia mezcla de 2 partes de comedia, 1 parte de drama, 1 parte de absurdo, aderezado todo ello con las dosis adecuadas de romance, de acuerdo a la cadena que la emitía en su país de origen. Guiones muy buenos, diálogos vertiginosos, muy ingeniosos, repletos de referencias populares, y juegos de palabras cuyo sentido se perdía en muchas ocasiones en el doblaje al castellano. Motivo por el que preferí la versión original, lo cual acabó siendo la norma para todo tipo de ficción televisiva. La producción era muy estándar, abundancia de diálogos rodados en una más o menos clásica alternancia de planos y contraplanos de los dialogantes. Nada complejo cinematográficamente hablando. Pero como digo, la gracia estaba en los maravillos diálogos. Y en los personajes. Ambas chicas Gilmore, Lorelai (Lauren Graham) y Rory (Alexis Bledel), se hacían querer de inmediato, especialmente la primera. Hasta tal punto que se hacían perdonar las limitaciones interpretativas del reparto, especialmente de la segunda. Claro que había que sumar una constelación de personajes secundarios que tenían momentos sublimes, especialmente al entrar en el surrealismo y en el absurdo de la ficticia sociedad civil de Stars Hollow.

Se ha hablado de los valores progresistas de la serie. El protagonismo de una mujer que siendo madre adolescente, cría a su hija ella sola, trabaja con aínco para pasar de trabajar de camarera en un hotel hasta montar y dirigir su propio establecimiento. La versión progresista del sueño americano. Que si la comparamos con el significado de “progresista” o “feminista” en Europa, se queda en una idealogía moderadamente conservadora y razonablemente tolerante.

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La serie comenzó discretamente su andadadura, para ir captando poco a poco la atención del respetable, hasta alcanzar su legión de incondicionales. Cada temporada de entre 20 y 22 episodios de 45 minutos, si no recuerdo mal, comprendía un año en la vida de las Gilmore. Desde el comienzo de curso de Rory hasta la llegada del verano. En total fueron siete temporadas, desde que Rory comienza su segundo año de instituto (de los cuatro que tiene el equivalente al bachiller en Estatos Unidos) hasta que termina su cuarto y último año de universidad y tiene que salir al mundo. Por supuesto, a partir de determinado momento, cuarta o quinta temporada, la serie empezó a mostrar señales de desgaste. Y el productor ejecutivo (“showrunner”) principal de la séptima temporada no fue su creadora, Amy Sherman-Palladino, que además manifestó su disconformidad con el cierre de la serie. Sinceramente, yo siempre lo consideré muy apropiado. No eché en falta nada. Nada se cerraba definitivamente en las vidas de las Gilmore, la vida seguía. Pero con unas etapas, marcadas por la adolescencia y primera juventud de Rory, terminadas. En cualquier caso, se generó un nuevo mito. Las “cuatro palabras” que Sherman-Palladino dijo que había pensado para que terminara la serie, y que al no estar al cargo de la misma en su cierre, no se pronunciaron.

Nueve años más tarde… Qué coincidencia. Cuando se cierra la serie, el trabajo que va a tener la Rory Gilmore recién graduada es seguir la campaña de cara a nominación a la presidencia de los Estados Unidos de un joven senador por Illinois, un tal Barack Obama. El regreso de las Gilmore a la pequeña pantalla coincide con el final del segundo y último mandato de Obama en la casa blanca. Nueve años más tarde han regresado en una temporada especial, Gilmore Girls: A Year in the Life. Nada especial… ¿no? Todas las temporadas fueron un año en la vida de las protagonistas. Pero nos encontramos con que han pasado casi 10 años. Lorelai lleva ese tiempo conviviendo con Luke Danes (Scott Patterson), aunque no se han casado, y Rory se ha convertido en una reportera que ha alcanzado algún éxito puntual, pero no tiene una estabilidad en su carrera. Esencialmente, este revivir de la historia de las Gilmore no es otra cosa que mostrar al público el planteamiento, desarrollo y desenlace de un momento de crisis en la vida de estas chicas. También en paralelo se plantea la crisis de la “tercera” de las chicas Gilmore, la madre y abuela Emily (Kelly Bishop), marcada por su reciente viudedad. Obligada porque el actor que interpretaba al padre y abuelo murió en la vida real.

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No voy a entrar mucho en el argumento, que ha he esbozado “grosso modo” en el párrafo anterior. Para ver esta “nueva temporada”, organizamos un grupo de amigos un “maratón” televisivo. Veríamos los cuatro episodios de que se compone en dos noches seguidas. En dos casas distintas, y encargando para cenar comida a domicilio, al más puro estilo Gilmore. Italiana el viernes, japonesa el sábado. Ha sido muy divertido, y ha dado lugar a divertidas discusiones. Puntos en común en las opiniones, que yo comparto,… La historia que nos cuenta se podría haber contado en un único largometraje de 90 a 120 minutos de duración. Dentro de ese tradicional esquema de desarrollo de la ficción, planteamiento o presentación, nudo o desarrollo y desenlace, dedican dos episodios, 180 minutos al planteamiento, totalmente excesivo y condicionado a realizar constantes guiños a la legión de incondicionales que esperan ver a los personajes de siempre en situaciones similares.  Sin embargo, los guiños y las referencias a la cultura popular están metidos con calzador en muchas ocasiones, no fluyen con la naturalidad con la que lo hacían en la serie original.

El nudo de la historia está en el tercer episodio, que a mí me parece el más entretenido. Y en el que además Sherman-Palladino se permite homenajear a otra de sus series, fracasada en este caso, ya que dos de las tres protagonistas de Bunheads, que tenía un tono muy similar, tienen papeles en esta historia, Sutton Foster, cantando y bailando, en el demencial musical que se inventan para la ocasión, y Julia Goldani Telles, en un breve papel de joven empresaria de la información. Ambas actúan como espejos en los que se miran y se confrontan las dos protagonistas. Con más o menos éxito. La tercera protagonista de Bunheads, Kelly Bishop, lo es también de la serie que nos ocupa.

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Y llegamos al final… todo está dispuesto para un desenlace en el que todo lleve a que alguien pronuncia las famosas cuatro palabras que Sherman-Palladino tenía pensadas de siempre. En este final, se demuestra lo que yo decía. La serie va de progresista pero en realidad promueve una serie de valores familiares y sociales moderadamente conservadores. Y de alguna forma me resulta insatisfactorio. Alrededor del concepto “ciclo de la vida”, algo parecido a aquello que decía los cylones en Galactica, “todo esto ha pasado antes y volverá a pasar de nuevo”, resituamos a todos los personajes en una nueva posición. En la que de alguna forma ocupan cada uno en su generación la que ocupaban los de la generación anterior en la serie original. Lo que pasa es que para mí me deja una sensación. La gran historia de Lorelai Gilmore ya fue contada. Durante siete años y hasta hace nueve años. Y Rory Gilmore ha fallado en ser protagonista de su propia historia… ha sido siempre un apéndice de la de su madre. No voy a entrar en cuales han sido las cuatro últimas palabras. Evidentemente, están a tono con ese tono de ciclo eterno de la vida que se propone en este capítulo. Pero no tienen, ni de lejos el mismo sentido que tuvieron cuando fueran pronunciadas en algún momento en el pasado de Lorelai Gilmore. Y si en aquel momento supusieron el principio de una aventura de crecimiento personal, en esta ocasión y con las edades y circunstancias de las protagonistas, dejan a Rory Gilmore un poco como una mema.

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Probablemente el ciclo se considere ya cerrado. El final importa poco, el viaje ha sido divertido. Y con los defectos que tiene esta “nueva temporada” de las Gilmore, ha contribuido, a veces mucho, a la diversión. Pero evidentemente, el negocio es el negocio. La carrera de Alexis Bledel no es excesivamente brillante. Lauren Graham quizá ya haya pasado sus mejores momentos de su carrera. ¿Habrá lugar a que si el mercado lo permite construyan una nueva historia a partir de esas cuatro últimas palabras? Yo espero que no. De verdad.

PS: De los trabajos de los estrafalarios secundarios que pueblan el universo de las Gilmore, en este “año en la vida” de las chicas destacar a dos. Siempre el de Kirk (Sean Gunn), probablemente el más dadá y divertido de todos los vecinos de Stars Hollow. Y como novedad el doble papel de la actriz que interpreta a Gipsy (Rose Abdoo), con un nuevo personaje desconocido en el universo Gilmore, aunque resume a varias decenas de “ellas”, y que nos proporciona estupendos momentos de diversión.

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[Televisión] Cosas de series; relaciones de todo tipo, mejores y peores

Televisión

Hoy traigo dos temporadas de dos series muy distintas, pero que básicamente hablan de lo mismo. En una encontramos a viejos amigos, en la otra encontramos a algunos nuevo.

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Como en otras entradas televisivas, aprovecho para mostrar ejemplos de lo que aparece en mi tumblelog viajero (enlaces al final). Como las trincheras de la guerra civil española en la sierra de Alcubierre en Aragón (fotografía del encabezad), o esta vista de los jardines del palacio de Schönbrunn en Viena, Austria.

Terminó recientemente la tercera temporada de You’re the Worst, comedia de situación que parte de la premisa de que los dos protagonistas, improbablemente destinados a ser pareja, son dos personas sumamente egoístas. Y a pesar de todo ligan y empiezan a tener emociones desinteresadas hacia el otro. Esta tercera temporada comenzaba con la necesidad de los dos protagonistas de lidiar con sus puntos más débiles. Con los episodios de depresión de Gretchen (Aya Cash) y con la muerte de su padre en el caso del muy británico Jimmy (Chris Geere). Por su puesto, acompañados por las desventuras eventuales de Lindsey (Kether Donohue) y Edgar (Desmin Borges), mejores amigos respectivos, y que especialmente en esta ocasión han actuado más con desahogo cómico de las vicisitudes de los protagonistas, pero sin perder ocasión para mostrar sus propios dramas. La serie sigue siendo muy interesante, aunque tengo la sensación de que ha perdido un poco de la pegada de las dos primeras temporadas. En las anteriores, los guionistas ofrecieron a los intérpretes momentos estupendos para lucirse, especialmente Aya Cash, que sabe dar muy bien a su personaje ese punto a la vez caradura y sensual, siendo que no tiene un físico especialmente llamativo. En esta, la línea ha sido más plana, constante eso sí, y quizá la serie ha perdido un poquito de intensidad como decía. Peor son episodios cortitos de algo más de veinte minutos que se ven muy bien.

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También más cerca, el claustro de la seo vieja de Lérida.

La otra serie ha sido la primera temporada de Easy. En esta ocasión, cada episodio ha contado las peripecias de una pareja o grupo de personas distintos, poniendo sobre la mesa los problemas de las relaciones humanas. Principalmente las sentimentales, pero no sólo. También ha explorado las familiares de otro tipo. Hermanos, paternidad/maternidad, etcétera. Aunque los protagonistas de cada episodio, ocho en total de algo más de 20 minutos, han variado, la serie ha estado en modo “vidas cruzadas”, por lo que algunos personajes han aparecido en más de un episodio. Si en uno era personajes secundarios, en otro eran protagonistas o viceversa. Curiosamente hemos tenido también a Aya Cash en un par de episodios. Pero no han faltado otras caras conocidas. Por ahí ha aparecido el “elfo” Orlando Bloom, la polifacética Kate Micucci, la guapa sueca Malin Akerman, la no menos guapa británica Gugu Mbatha-Raw, que últimamente parece que está por todos lados, y otras caras que nos resultan conocidas de series o películas diversas, pero de cuyos nombres no solemos acordarnos. Quizá no ha sido una serie tan llamativa como otras de la factoría Netflix a la que pertenece, a pasado más desapercibida, y eso se nota por ejemplo en la valoración que los votantes de IMDb ofrecen. Pero yo creo que tiene momentos muy buenos, algunos muy divertidos, y otros con tonos más dramáticos, incluso si no lo parecen.

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O el amanecer en los llanos de la Violada, en Aragón.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…

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[Televisión] Cosas de series; “trans” californianos y asesinos en serie norirlandeses

Televisión

Ando un poco caótico estos días. Por algún motivo que desconozco, mi ordenador de sobremesa no se conecta correctamente a la red de mi casa. Ni por WiFi ni por PLC. Este es el modo adecuado en su lugar de otoño-invierno-primavera, porque a la distancia que se encuentra del emisor puede haber bajadas de rendimiento en la conexión inalámbrica. Pero algo va mal, no sé qué, y van mal las dos. El caso es que el resto de los chismes, el portátil que estoy usando ahora, la tableta y el teléfono, se conectan sin problemas con la red inalámbrica.

Bueno… voy con las últimas series que me he merendado. Salvo unas poquitas series, de las de temporada larga, que veo por episodios los fines de semana, las de temporada corta las veo seguidas a lo largo de varios días entre semana. Por cierto, que con uno de mis guilty pleasures confesos, Pretty Little Liars, me he puesto al día. Ya sólo me esperar los últimos 10 episodios para saber quién es el enésimo “A”. Siguen siendo una coña estas chicas y estos guionistas. Interpretaciones entre flojas y ridículas, especialmente gracias a los entre flojos, repetitivos y ridículos guiones, que a pesar de todo no he podido dejar de ver… Guilty pleasures.

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Mis problemas con internet están afectando a mi tumblelog de viajes (enlaces al final); en los últimos días, no obstante, han aparecido rincones de la isla de Capri en Italia (en esta foto), o del Zugspitzbahn en Garmisch-Partenkirchen, Alemania (en la cabecera).

Pero vamos con cosas más serias. Hemos tenido la oportunidad de ver la tercera temporada de Transparent. El otro día tuve que explicar a unas amistades mías el juego de palabras del título, muy difícilmente traducible al castellano. Transparent = Transparente. Trans-parent = progenitor “trans”. Por si a alguien le quedaban dudas. Porque a estas alturas, quienes se hayan interesado por la serie sabrán, es algo que se desvela en el capítulo inicial, que el padre familia (Jeffrey Tambor) de los Pfefferman, familia judía establecida en California, decide a sus sesenta y muchos años que va a salir del armario para confesar, no que es gay, sino que se siente mujer. Maura. A partir de ahí, con varios miembros de la familia con una sexualidad diferente de la heterosexual “estándar” (obsérvense las comillas), nos encontramos con esta comedia dramática, o drama con momento de relax cómico, que acompaña a todos y cada uno de ellos en sus alegrías y frecuentes traspiés. Y también los de aquellos que se cruzan con ellos. Especialmente disfrutables los episodios en los que nos trasladan al pasado. Y final inmenso para la madre de familia, Shelly (Judith Light), que se marca un número musical lleno de intensidad y excelente puesta en escena. Como las anteriores temporadas, muy recomendable.

O el Pont des Arts en París, Francia.

Y el siguiente comentario es para la tercera temporada de The Fall, esa magistralmente desarrollada caída (fall) en las sombras de Paul Spector (Jamie Dornan), la superintendente Stella Gibson (Gillian Anderson) y todos los demás que los han acompañado en esta aventura de persecución de un asesino en serie con tintes sexuales en Belfast. En realidad, la persecución del asesino terminó en la segunda temporada, pero la tercera ha tenido un arco argumental derivado lleno de sutileza, de momentos de grandeza interpretativa y de tensión. Poca acción, alguna ha habido, muchos momentos de diálogo, interrogatorios intensísimos, duelos de miradas, juegos de gato y ratón, como en toda la serie, en los que nunca sabemos quién es el gato y quién es el ratón… y lo peor del género humano asomando en cada paso con el que nos adentramos en la historia de estos personajes. Que Gillian Anderson es una excelente actriz ya se sabía, a pesar de la tonta serie de los marcianos. La gran sorpresa es Dornan, que tiene en su carrera como actor varias tontadas notables, muy grises algunas, pero de matiz, que no sombra (shade no shadow), gris mediocre. En esta serie está superior. Esperemos que en un futuro haga mejores elecciones en su trabajo, porque parece muy capaz. No está formalmente cerrada. Existe la posibilidad de futuros nuevos arcos argumentales totalmente distintos y renovados a partir del personaje de la superintendente de policía Gibson.

O uno de los tranvías típicos de Varsovia, Polonia.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

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Una foto de mis viajes al azar…

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[Fotos/viajes/televisión] Tales by Light – Viajes y naturaleza desde el punto de vista de los fotógrafos – Fotografía y otras artes visuales

Fotografía, Televisión, Viajes

Hace unos días Netflix, la plataforma de televisión bajo demanda, nos sorprendió con una novedad de las que no son muy anunciadas ni cacareadas pero que a mi me interesó de inmediato. Una serie de documentales sobre fotógrafos de naturaleza y de viajes. Seis episodios de poco más de veinte minutos, muy entretenidos. Para los más aficionados a la fotografía, en el enlace a continuación me extiendo más sobre los fotógrafos que participan. Para el resto, decir que son muy bonitos incluso para los no aficionados a la fotografía… y os dejo unas cuantas fotos de mis propios viajes. Que creo que no están mal.

Origen: Tales by Light – Viajes y naturaleza desde el punto de vista de los fotógrafos – Fotografía y otras artes visuales.

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[Televisión] Cosas de series; de resucitados y distopías tecnológicas

Televisión

Hoy traigo como platos fuertes dos temporadas de seis capítulos de dos series muy distintas que se pueden ver actualmente en Netflix, y que me han ocupado principalmente mis ratos de asueto televisivo en las últimas semanas.

La primera merece poco comentario. Es la primera temporada de una serie australiana, Glitch, que se apunta como parece estar de moda al tema de los muertos que resucitan misteriosamente. Moda que iniciaron los franceses con la interesante Les revenants, y que ha dado lugar a nuevas versiones reconocidas o no de la historia o del tema en distintos países. Con sólo seis episodios en esta primera temporada, y un ritmo pausado, les ha dado para plantear el misterio y poco más. No aporta novedades al tema, parece que se decanta más por el lado “ciencia ficción” que por el lado “místico”, pero sin más. Eso sí, es razonablemente entretenida; si no no creo que le hubiera dado muchas oportunidades.

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Aunque no tengan que ver necesariamente con las nuevas tecnologías, las zonas suburbanas de las ciudades siempre han simbolizado para mí ese contraste entre lo bueno y lo malo que nos trae el progreso. Por ello, estas recientes fotografías de una de esas zonas suburbanas en Zaragoza, me han parecido apropiadas para ilustrar esta entrada.

La segunda temporada de serie que he visto, también con seis capítulos, ha sido la muy esperada tercera temporada de Black Mirror. La serie ha cambiado de “casa” ya que se ha ido de su cadena de televisión británica original a ser un original de Netflix. Afortunadamente, ha mantenido las características que han hecho de ella una serie imprescindible para el aficionado a la ficción televisiva en estos momentos. Como hasta ahora, sigue con su serie de episodios con historias independientes unas de otras, que se pueden ver en cualquier orden o en cualquier momento sin que haya tramas entrelazadas. Todas ellas analizan las consecuencias de la introducción de nuevas tecnologías en la sociedad, especialmente en el ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación. Y presta atención concretamente en las consecuencias negativas que pueden aparecer detrás de la aparente felicidad de la innovación tecnológica. No deja de ser una exploración de lo que de distopía tiene la sociedad actual y sus posibles rumbos futuros. La serie no es antitecnológica, como algunos han propuesto, sino que más bien está interesada en analizar los comportamientos humanos, que son los que hacen que una herramienta tecnológica, un avance científico con aplicaciones prácticas, tenga consecuencias positivas o negativas para la sociedad.

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El tono de cada capítulo va variando. En algunos casos estamos en situaciones cómicas o paródicas. En otros flirtea con el suspense, y en algunos casos, directamente con el terror. Las consecuencias no siempre son negativas. Quizá, dos de los episodios más celebrados de esta temporada, Nosedive, y San Junipero, admiten consecuencias finales de las situaciones que se nos presentan. El logro de una libertad perdida en un caso, la posibilidad de vivir la vida que ha sido imposible en el otro. Pero los tonos son francamente negativos en el resto, especialmente en el duro episodio bélico, Men Against Fire, que reflexiona con dureza sobre algunos aspectos relacionados con el soldado combatiente, o Hated in the Nation, profunda reflexión sobre las actitudes de odio, linchamiento o “bullying” social.

Hay episodios con más nivel y otros con menos. Pero todos ellos merecen la pena y están por encima de la media de la ficción televisiva común. Como digo, una serie imprescindible.

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[Televisión] Cosas de series; volviendo al rancho

Televisión

Antes de hablar de la última serie cuya temporada de turno he terminado, he de decir que cada vez me estoy quedando con menos series tradicionales, de las de temporada larga y esas cosas, y cada vez me dedico más a la cosa monográfica. Verme una serie de tirón. En días, no en horas como hacen algunos. A ver, que tengo vida más allá de la tele, y mucha. Pero evidentemente Netflix ha afectado mucho a la forma a como ahora concibo ver la televisión. Por ejemplo, supongo que a lo largo de esta semana he empezado y finiquitaré la tercera temporada de Black Mirror, que ya anuncio que estoy disfrutando bastante. Son seis episodios, así que a uno al día, contando con que algún día no vea televisión,… una semana.

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Fuertes nevadas en el rancho de los Bennett, paisajes nevados para la entrada televisiva de hoy.

Hemos terminado de ver… No tengo muy claro qué temporada de The Ranch. No sé si es la segunda y última parte de la primera temporada, como se deduce de IMDb, o si es la segunda parte de la serie, o sea segunda temporada, como deduje al principio, supongo que erróneamente, según como la presentaron en Netflix. En cualquier caso, en estos diez episodios ha habido una clara continuidad en las tramas con respecto a los primeros diez episodios. Beau (Sam Elliott) y Maggie (Debra Winger) han seguido discutiendo y distanciándose, Rooster (Danny Masterson), asombrosamente, da síntomas de ir madurando como persona, y el duo protagonista, que son los personajes menos interesantes desde mi punto de vista, Colt (Ashton Kutcher) y Abby (Elisha Cuthbert) han seguido reencontrándose y progresando como pareja… hasta el final con sorpresa y correspondiente “cliffhanger”. Hemos seguido teniendo es mezcla de drama familiar con abundante dosis de comedia, en el que todo el mundo actúa estupendamente menos los dos protagonistas… que no desentonan pero tampoco son nada del otro mundo, cosa que se sabe desde hace tiempo. Serie entretenida que seguiremos viendo en un futuro, en ese rancho de algún lugar perdido en el estado de Colorado. Y bueno… a mi siempre me ha encantado Debra Winger… sus películas no siempre, pero ella sí.

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[Televisión] Cosas de series; reinas y soldados nos llegan de la pérfida Albión

Televisión

La vuelta de vacaciones no me ha proporcionado claridad sobre cómo quiero ver y seguir las series de televisión. Se me empiezan a acumular posibilidades, y además hay que atender a las novedades de la cartelera. Por otra parte, me he acostumbrado tanto a lo cómoda que es una plataforma como Netflix, que me pregunto si realmente me apetece agobiarme con otras programaciones. Más cuando parece que últimamente no está para series muy sesudas y se conforma fácilmente con entretenimientos para pasar el rato. No obstante he de decir que he visto los primeros capítulos de tres series, Westworld, Timeless y Divorce. Ninguna me ha parecido mala, ninguna me ha entusiasmado. Se habla de Westworld como la baza de HBO para cuando se despida Game of Thrones. Bueeeeeno… tiene pinta de estar bien hecha, parece que va a ser una enésima vuelta de tuerca al problema de las inteligencias artificiales de aspecto humano (cylones, replicantes, robots de Asimov, etc). Pero el hecho de que el ambiente sea del far west no me entusiasma… Seguiré pensando.

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La entrada de hoy me ha quedado muy “british”, así que nos daremos una vuelta por Londres, con soldado y reina Victoria incluidos.

Me ha hecho gracia ver el primer episodio de Timeless, serie de acción basada en una patrulla de tres, uno de ellos una mujer inteligente del mundo de las humanidades, otro un soldado,… que se desplaza a momentos clave de la historia de los Estados Unidos para evitar que esta se vea alterada. Los “minhistéricos” españoles se han llevado las manos a la cabeza y han empezado a gritar “plagio, plagio”. Las semejanzas son obvias. Pero también hay diferencias evidentes. Y por otra parte, las series con viajes en el tiempo están empezando a surgir como setas. Yo que nos los “minhistéricos” me preocuparía de mejorar los guiones y el nivel interpretativo de alguna de sus protagonistas, y me dejaría de preocupar por otras historias. Salvo de lo que se trate sea de ingresar pingües beneficios por los derechos de autoría de la idea… y no tanto sobre la digna presentación al espectador de buenas producciones televisivas.

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Lo que sí he hecho es terminar de ver dos series de origen británico.

Una de ellas ha sido la corta segunda temporada, cinco episodios, de Our Girl. La primera temporada seguía las aventuras de una chica de clase trabajadora que acaba metiéndose en el ejército de su graciosa majestad para buscar su lugar en el mundo. En esta segunda temporada, que ha tardado en llegar, han cambiado de protagonista. La primera temporada era evidentemente complaciente y poco crítica con la institución castrense y sobre sus actuaciones. La sociedad civil británica no ha tenido excesivos encontronazos con su ejército, bastante respetuoso con el ordenamiento legal y constitucional del país, lo cual ha sido más raro en el resto del continente europeo y del mundo en general. Los desmanes causados por el ejército británico hay que atribuirlos a los propios gobiernos que dirigen el país. En general. Pero esta segunda temporada ha tenido un carácter especialmente propagandístico, y ha acabado cargándome un poquito. No creo que vuelva a ver esta serie en el caso de que llegase una tercera temporada. Fuera.

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La otra serie tenía de partida aspecto de miniserie. Cerrada en una temporada. Victoria, los años jóvenes de la longeva monarca británica cuyo reinado ha dado nombre a toda una época y cultura de la historia del país, la era victoriana. Con la pizpireta Jenna Coleman en el papel protagonista, humanizando notablemente la imagen de la adusta monarca, desde el principio no hemos podido dejar de pensar que en el ADN de la producción de esta serie había genes comunes con Downton Abbey. Con tramas entre los de “arriba” y tramas entre los de “abajo”, el personal al servicio de palacio, hemos asistido al acceso al trono de la reina, su consolidación y su compromiso y matrimonio con Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. Al final,… pues no va a ser una miniserie. Ya nos anunciaba el cierre del último episodio que en 2017 habría más reina Victoria. No ha estado mal, pero tampoco ha sido entusiasmante. Ya me pensaré si sigo interesándome por los residentes del palacio de Buckingham. Probablemente, no.

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[Televisión] Cosas de series; de venganzas y “conspiranoias”

Televisión

Tras haber terminado de ver la segunda temporada de Mr. Robot, puedo dar por finalizada la temporada televisiva de verano. Pero antes de comentar esta, hay que hablar de otra serie, un “guilty pleasure” de los que ya hablaba hace unos días, y con la que sorprendentemente me he enganchado.

Hace unos años pude ver el piloto de una serie protagonizada por adolescentes. Aunque en realidad fueran todas veinteañeras… pero estoy ya es una tradición. Que cuando se hizo Grease, algunos de los actores que representaban a los alumnos del Rydell High School estaban ya en la treintena. Se titulaba Pretty Little Liars, y de entrada no me llamó la atención y la dejé. Curiosamente, ahora se pueden encontrar cinco temporadas de la serie en Netflix. Porque tuvo éxito y sobrevivió. De hecho, ya lleva seis temporadas, y está prevista su séptima y última, más breve, para la primavera del 2017. En una tarde tonta, en la que no me apetecía pensar en nada, me puse los dos primeros episodios… y me pasó como con Revenge, una serie con la que comparte ADN conceptual. Se ha convertido en un “guilty pleasure”, un placer culpable como los comenté hace unos días. No es cutre, ni mucho menos. Un buen nivel de producción y abundancia de gente guapa. Pero interpretaciones regulares, guiones que oscilan entre lo apasionante y lo absolutamene ridículo, constante presencia de “cliffhangers” que se desinflan echando virutas, y una huida constante hacia adelante en unos argumentos, una venganza hacia un gurpo de chicas adolescentes tras la muerte de su miembro más popular, que se agotarían en si mismos rápidamente si no funcionarán con el “y ahora, más gorda”. No sé cuanto aguantaré viéndola. Son tempordas de 20 o más episodios que tienen muchos altibajos. Me recuerda mucho, como ya he comentado, a Revenge, otro “guilty pleasure” con la venganza como tema central, que abandoné cuando a sus responsables no les quedó más remedio que cerrar el arco argumental principal que la sustentaba para luego intentar reinventarla. No sé qué pasará con esta. Si eso, más adelante os lo cuento. Mientras, me sirve de serie de relleno, o para cuando no quiero pensar en nada.

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“Mr. Robot” transcurre mayormente a caballo entre Manhattan y Brooklyn, y con frecuencia de noche. Y ahí nos vamos, fotográficamente hablando.

Pero el asunto principal es que me he visto la segunda temporada de Mr. Robot. Recordatorio para los que nos esté al tanto. Se trata de una serie en la que un grupo de ciberactivistas busca tumbar el sistema financiero del mundo capitalista atacando a alguna de las empresas más significativas, mientras estas intentan consolidar su posición de plutócratas que constituyen el poder en la sombra, y todo alrededor de la figura de Elliot (Rami Malek), un joven programador que sufre algún trastorno de salud mental más serio de lo que imaginábamos al principio de la serie. La serie se caracteriza por ser rompedora en cuanto a su realización, demostrando que se puede hacer cine de primera calidad para la pequeña pantalla. Guiones cuidados, interpretaciones mesuradas y potentes, fotografía y encuadres de cámara arriesgados, todo ello para crear un clima opresivo. Todos los personajes viven en un conflicto continuado, al mismo tiempo que se generan constantemente dilemas éticos, que se pueden trasladar fácilmente de la ficción a la realidad cotidiana, y que son los que mueven a los personajes. Mentiría si dijese que no me pierdo de vez en cuando. Me pasa como con las primeras temporadas de Game of Thrones. La variedad de personajes, lo complejo de las tramas, el ambiente agobiante,… hacen que se me vaya el oremus. Que no tenga claro como avanza la trama. Pero me da igual, porque no hay episodio que no tengo al menos una secuencia o grupo de secuencias de los que te dejan sentado al sillón diciendo “olé, así se hace el cine”. Por lo tanto, para mí, lo de menos es cómo vaya la trama de género “conspiranoico”, que de hecho nunca han sido de mis preferidas. Lo importante es disfrutar de esos momentos de cine para la pequeña pantalla que difícilmente encontramos hoy en día en la mayor parte de las ficciones para la pantalla grande. Dicho lo cual,… serie imprescindible.

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Empieza la temporada otoño-invierno. Estoy cicatero a más no poder con las nuevas incorporaciones a mi parrilla televisiva. Ninguna serie nueva de temporada larga, de esas de 20 a 24 episodios. Y probablemente abandone las que ya seguía de estas características. Salvo uno o dos. Cada vez más aficionado a ver la series de tirón. Y dos cosas graciosas.

Ha vuelto Lucifer. Con un episodio en el que se presentaba un personaje nuevo, interpretado por Tricia Helfer, la añorada Número Seis de Battlestar Galactica. Y lo hizo bajo los acordes del All Along the Watchtower de Bob Dylan. Canción que tuvo un protagonismo importante en esta “space opera”.

Estoy viendo la segunda temporada de Our Girl, aventuras y desventuras de una clase de tropa sanitaria del ejército británico. Con un cambio de protagonista. Da lo mismo. Ya la comentaré. El caso es que en el episodio tercero me partía de risa mientras miraban la radiografía de tórax de un aguerrido oficial de operaciones especiales herido. Porque se apreciaban claramente los contornos de unas mamas de notable tamaño, aparte de que la forma del esqueleto sugería su pertenencia a una señora. Soy médico. No me he dedicado a la clínica, sino a la salud pública y la planificación sanitaria, pero en tuve matrícula de honor en la asignatura de radiología y hay cosas que no se me han olvidado. Me partía de risa cuando se me iba la mirada de la radiografía al apuesto oficial que estaba sentado en la camilla de exploración en plan pecho lobo…

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[Televisión] Cosas de series; una “space opera” que mejora y un “bestial” “guilty pleasure” que termina

Televisión

Empecemos por el “guilty pleasure”. El placer culpable. Esas teleseries que nos da vergüenza reconocer que vemos, porque aunque reconozcamos que no deberíamos verlas, nos enganchamos a ellas.

Puede ser porque están enfocadas a un público objetivo demográficamente distinto al grupo en el que estaríamos encuadrados. Un ejemplo típico es el de personas adultas y con sus añitos que se enganchan a las series de institutos… pfff… la próxima vez que os hable de televisión os pondré un ejemplo…

Los culebrones son desde mi punto de vista y casi por definición un “guilty pleasure”… y ahí estoy viendo después de tantos años Grey’s Anatomy…

Las series sumamente cutres. De estas, no se me ocurre ahora un ejemplo claro… Soy de los que opinan que cualquier cosa menos lo cutre.

También pueden ser directamente malas. Con guiones previsibles, ridículos o absurdos, o con interpretes lamentables… Esto no es lo mismo que ser cutre, porque las hay con presupuestos relativamente altos y repartos a priori interesantes.

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En Nueva York y con algo parecido a un “superhéroe”… inevitablemente ha habido muchas escenas nocturnas en una de las series de hoy… así que eso veremos en las fotos de hoy. Nueva York de noche.

La que ha llegado a su fin después de cuatro temporadas y que para mí es un “guilty pleasure” es Beauty and The Beast. Una serie orientada al público juvenil, a quien debe gustar por lo relativamente alta que tiene la valoración en IMDb, más de 7, y que mezcla el superhéroe, en forma de bestia de laboratorio con fuerza, velocidad y sentidos superhumanos, y el romance con una guapa policía pijita e improbable, todo ello en la ciudad de Nueva York. Cuando vi el piloto estaba acompañado, y aquello fueron unas risas que no veas. Malas interpretaciones, efectos secundarios flirteando con la cutredad y un guion ridículo. Lo curioso es que no pude dejar de verla… hasta el final. Incluso si esas tres cualidades se han mantenido o incluso han aumentado. En fin. Confieso que he pecado… que intentaré no volver a hacerlo, pero no prometo nada. Pero que ya ha terminado. No volverá… menos mal.

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Por otro lado, hace un año nos estrenaron una “space opera” que andaba en la mediocridad para desesperación de alguien como yo. Es un género que me gusta… cuando está bien hecho y eso es… rara vez. Dark Matter era floja en su primera temporada. Compartía con la anterior serie unas interpretaciones flojas y unos guiones un tanto torpones. Aunque con algún destello de que aquello podía ser mejor. Especialmente hacia el final de su primera temporada. Por ello, decidí dar una oportunidad a su segunda temporada. Y mira tú por donde… Sus interpretaciones siguen andando en las medianías, aunque hay algún intérprete que se salva. Bueno… ellas suelen salir muy guapas en general. Y supongo que para las espectadoras, ellos también parecerán monos. En cualquier caso, no son penosamente malos, y las tramas han mejorado. Bastante. Es cierto que de vez en cuando recaen en algún episodio modorro. Pero oye… no es Battlestar Galactica pero no es cutre como… no sé… los alienígenas de Babylon 5 (nunca entendí por que gustó tanto) o la primera Battlestar Galactica, la de los años 70. En cualquier caso… me he entretenido bastante viéndola.

Y de momento nada más… y ya veremos de qué hablo cuando vuelva con el tema televisivo, porque siento que estoy volviendo a cierta fase de desánimo como en pleno verano.

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[Televisión] Cosas de series; mujeres carcelarias y mujeres policías

Televisión

Habiendo salido ya de la apatía televisiva del verano que me hizo meterme en el proyecto de tragarme enteras las siete temporadas de las chicas Gilmore, voy cumpliendo con la tarea de ver en modo maratón las temporadas de series más destacadas del verano. Y una de las más importantes es sin duda Orange is the New Black.

Partamos de un hecho. Esta serie es potente, muy potente. En todas sus dimensiones. Su realización, sus magníficos guiones, sus más que notables interpretaciones, las cargas de profundidad que tira contra el sistema carcelario estadounidense en particular, y contra la sociedad capitalista en general. La forma en que trata la innata contradicción de humanidad/crueldad propia del ser humano. Todo ello dentro del microcosmos en que han convertido la imaginaria prisión federal de Litchfield.

Carlos Carreter

Recientemente, en mis blogs viajeros (enlaces al final) he reiniciado ciclo, volviendo a mis diapositivas de finales de los 80 y principios de los 90. Momento en que visité en un par de vez París, como se ve en la fotografías del encabezado y en esta de un mimo con niños ante el Centro Pompidou.

Relegada la historia de su presunta protagonista Piper Chapman (Taylor Schilling) al nivel de una historia más de las que se entrecruzan en la prisión, la serie ha seguido enfocándose en la historia y devenir de una reclusa determinada en cada capítulo, con flashbacks al pasado que las llevó a prisión, y con indicaciones de lo que el futuro les depara. Para unas más halagüeño que para otras. O quizá, en un tono más pesimista, habría que decir que para unas menos dramático para otras. Pero en esta cuarta temporada la historia transversal sobre la privatización del sistema carcelario y las consecuencias que trae para la vida en la prisión y para las propias presas ha tomado una relevancia superior. Por lo tanto, la historia transversal es más importante y se entrecruce con más eficacia con las historias individuales.

La serie comenzó como una comedia con toques de drama. El nivel de dramatismo ha ido aumentando con el paso del tiempo. Probablemente de forma irremediable. Porque la vida en la carcel no es ningún chiste. Aunque no haya abandonado los alivios cómicos eventuales. Pero al final de esta temporada ha ido más allá. Y ha saltado, de forma también inevitable si lo analizamos bien, del drama a la tragedia. La temporada empezó fuerte con cierta muerta, a la que se le dio en ese momento un cierto tono humorístico. Pero la tensión dramática ha ido in crescendo hasta los trágicos dos últimos episodios. El penúltimo de la serie, un episodio de antología. Como algún otro.

Carlos Carreter

También de aquella época data mi primera visita al Palacio da Pena en Sintra, Portugal.

Sinceramente, para cualquier auténtico aficionado a la ficción televisiva, o a la ficción audiovisual en cualquiera de sus variantes, incluido el cine, esta serie debería ser de obligada visualización porque es así de buena. Sobresaliente. Así que no dire más. Si no la habéis visto, no sé a qué estáis esperando.

Terminaré la entrada de hoy diciendo que hemos despedido a Rizzoli & Isles, la pareja de policía femenina y forense también femenina, afiliadas al departamento de policía de Boston, que nos han entretenido durante siete temporadas. Esta ha sido una serie ligera, procedimental de manual que basa sus virtudes en la empatía que suscitan sus protagonistas y muchos de los personajes secundarios. Serie que fomenta el buen rollo, mientras plantea casos más o menos al uso, como se pueden ver en otras series policiacas. Desde mi punto de vista, la fórmula estaba agotada. Le ha sobrado alguna temporada, aunque las he seguido hasta el final por ser un relleno de entretenimiento poco comprometido. Con la oferta de Netflix, es improbable que en el futuro me fije en este tipo de series… pero no dejaremos de recordarla porque algún momento entretenido que otro ha aportado.

Cuerno de Oro

Y en el “año triunfal”, el 92, una visita a Estambul, donde pudimos disfrutar de bellos atardeceres en el Cuerno de Oro.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…

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[Televisión] Cosas de series; sabuesas inglesas, entre la depresión y el aburrimiento

Televisión

Sigue abonado al modo maratoniano de ver las series de televisión. Y mientras voy finiquitando la última temporada de Orange is the New Black, una de las series importantes en la televisión actual, me despaché en los últimos días dos series británicas, de carácter policíaco, con mujeres como protagonistas, y que se desarrollan en Londres. Eso sí, se desarrollan en distintas épocas. Por ello las fotografías acompañantes, también la capital del antiguo imperio… hoy venido a menos, y poco más que un satélite de los EE.UU.

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Hace ya unos años vi un rato del primer episodio de The Bletchley Circle. Sin embargo, en aquel momento decidí que no tenía tiempo para series nuevas y pasé de ella. No tenía mucho más datos de los que iba a durar ni nada… Ahora está disponible la serie entera en Netflix. Serie entera que son siete episodios de tres cuartos de hora, divididos en dos temporadas. La primera, de tres episodios, es el caso de asesino en serie. La segunda, en cuatro episodios, son dos casos, uno de salvar a una mujer de la ejecución por una asesinato que no ha cometido, el otro, una trama de mercado negro y trata de mujeres. Todo en el ambiente de la posguerra mundial en Londres, principios de los años 50. Nada del Londres cosmopolita y luminoso. El de las estrecheces y grisura de la posguerra. Las protagonistas son antiguas trabajadoras de Bletchley Park, el lugar donde se trabajaba en secreto para descifrar los códigos de guerra alemanes, y que al final de la guerra, comprometidas por la ley de secretos oficiales, pasaron a llevar una vida oscura y gris, y sin reconocimiento por los servicios prestados. La serie tiene un carácter de reivindicación feminista. Son mujeres inteligentes, muy cualificadas, que sin embargo no son tomadas en serio, ni son valoradas por la sociedad del momento. Hay otros elementos de denuncia del sexismo, válidos entonces y válidos ahora. La serie no duro más… entre otras cosas por que la más protagonista de las cuatro mujeres, Anna Maxwell Martin, abandonó a mitad de la segunda temporada. Y no supieron encontrar un nuevo liderazgo claro en el grupo de mujeres de ficción. No obstante, la serie es entretenida, muy bien interpretada, y excelentemente ambientada. Son únicos los británicos para las series de época, sea cual sea la época.

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La otra serie que he visto es una producción propia de Netflix, cuya temporada inicial consta de 8 episodios. Se titula Marcella, pronunciado a la italiana (Mar-chel-la), y realizada a mayor gloria de su protagonista, Anna Friel. Friel alcanzó un estatus mítico cuando intepreto a la protagonista de Pushing Daisies, fenomenal comedia romántica con toques fantásticos que sin embargo no acabó cuajando en la audiencias, y fue cancelada prematuramente tras su segunda temporada a pesar de haberse ganado el aplauso de la crítica y sus fieles seguidores. Es una de las series más imaginativas e interesantes que he visto, y cuya historia nunca tuvo el justo final que se mereció. Y buena parte del encanto de la serie residía también en el encanto por arrobas que despedía su protagonista femenina encarnada por Friel. A la que después, no he conseguido ver nunca en un papel tan conseguido. Creo que tiene tendencia a sobreactuar, especialmente en papeles dramáticos. Y ese es el principal “pero” que le pondría a este drama policiaco que nos ocupa hoy, en la que la protagonista es una policía de cierto rango, de baja como consecuencia de la muerte de una hija y con un matrimonio roto con un marido que se ha llevado a sus otros dos hijos. Cuando comienzan una serie de asesinatos de mujeres que recuerdan a un viejo caso en el que intervino Marcella, se reincorporará a la policía de Londres. Pero las cosas serán más complejas, mezclándose su dequilibrio mental, su situación familiar y los dos casos policiacos aparentemente relacionados entre sí. Al final resulta una serie interesante, y merece la pena verse. Aunque ya digo que Friel tiende a ser demasiado intensa en papeles dramáticos. Parece que 2017 volverá con nuevos casos.

Bien… y hasta aquí. La proxima vez hablaremos de nuestras carcelarias favoritas y de algo más, espero.

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[Televisión] Cosas de series; buenos zombies, malos zombies, buenos hermanos, malos hermanos…

Televisión

Durante la semana pasada di carpetazo, momentáneo, a dos series. Muy distintas, tanto en tema, como en tono como en intenciones.

De iZombie ya había hecho algún comentario. Es una serie que ya lleva un par de temporadas completas danzando por el mundo, quizá más destinada a un público joven, aunque puede entretener a cualquiera que no busque complicarse la vida. Fundamentalmente porque los personajes principales caen bien, especialmente la simpática Liv (Rose McIver), la protagonista. Esta chica neozelandesa ha ido picoteando en diversas series a lo largo de su carrera, pero yo la recordaba de un papel recurrente que tuvo en Masters of Sex en su primera temporada… y sí, si es en esa serie y en esa temporada, la recuerdo muy bien “toda ella”. En cualquier caso, la serie se basa en un comic con unas ideas generales similares pero con diferencias notables en el trasfondo y en la historia. Comienza como un procedimental en tono de comedia, la chica trabaja de forense, lo que le permite un acceso ilimitado a su alimento fundamental, los cerebros humanos, al mismo tiempo que ayuda a resolver casos. Pero poco a poco se serializa, con una historia de fondo que poco a poco adquiere más importancia, al mismo tiempo que la serie adquiere un tono algo más dramático. Aunque esta primera temporada me ha entretenido bastante, me estoy pensando cómo y cuando voy a dar continuidad a la serie. Es posible que la deje para periodos de poca oferta, o para intercalarla en momentos en los que me apetezca mero entretenimiento.

Entrada televisiva... repaso fotográfico a lo que aparece en el tumblelog de viajes (enlaces al final); en el encabezado una vista urbana de Kingston, Canada, y aquí otra de Verona, Italia.

Entrada televisiva… repaso fotográfico a lo que aparece en el tumblelog de viajes (enlaces al final); en el encabezado una vista urbana de Kingston, Canada, y aquí otra de Verona, Italia.

Y también he terminado la segunda temporada de Bloodline, serie que nos cuenta las aventuras y desventuras de la familia Rayburn, los cuales tienen un hotel en los cayos de Florida, al mismo tiempo que desarrollan diversas actividades profesionales con mayor o menor fortuna. El regreso del hijo pródigo, Danny (Ben Mendelsohn), en la primera temporada dio lugar a la desestabilización de la familia, especialmente con la desaparición de este al final de la primera temporada. En la segunda, los Rayburn, especialmente el hijo mayor, John (Kyle Chandler), detective aspirante a shérif del condado, tienen que afrontar las consecuencias de las decisiones que tomaron respecto a su hermano Danny. Desde mi punto de vista, la serie tiene altibajos. Hay momentos en los que se desarrolla con una parsimonia hasta cierto punto excesiva, para coger acelerones repentinos, alternando situaciones un poquito monótonas con episodios excelentes. De momento, en cada temporada nos deja con un enorme “cliffhanger”, y el de la segunda temporada es muy gordo y a diversas bandas. No tengo claro por donde seguirá la cosa, pero supongo que os lo contaré dentrode más o menos un año.

Y termino con un paisaje en blanco y negro del monte Pilatus, cerca de Lucerna, Suiza.

Y termino con un paisaje en blanco y negro del monte Pilatus, cerca de Lucerna, Suiza.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…