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[Televisión] Cosas de series; de resucitados y distopías tecnológicas

Televisión

Hoy traigo como platos fuertes dos temporadas de seis capítulos de dos series muy distintas que se pueden ver actualmente en Netflix, y que me han ocupado principalmente mis ratos de asueto televisivo en las últimas semanas.

La primera merece poco comentario. Es la primera temporada de una serie australiana, Glitch, que se apunta como parece estar de moda al tema de los muertos que resucitan misteriosamente. Moda que iniciaron los franceses con la interesante Les revenants, y que ha dado lugar a nuevas versiones reconocidas o no de la historia o del tema en distintos países. Con sólo seis episodios en esta primera temporada, y un ritmo pausado, les ha dado para plantear el misterio y poco más. No aporta novedades al tema, parece que se decanta más por el lado “ciencia ficción” que por el lado “místico”, pero sin más. Eso sí, es razonablemente entretenida; si no no creo que le hubiera dado muchas oportunidades.

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Aunque no tengan que ver necesariamente con las nuevas tecnologías, las zonas suburbanas de las ciudades siempre han simbolizado para mí ese contraste entre lo bueno y lo malo que nos trae el progreso. Por ello, estas recientes fotografías de una de esas zonas suburbanas en Zaragoza, me han parecido apropiadas para ilustrar esta entrada.

La segunda temporada de serie que he visto, también con seis capítulos, ha sido la muy esperada tercera temporada de Black Mirror. La serie ha cambiado de “casa” ya que se ha ido de su cadena de televisión británica original a ser un original de Netflix. Afortunadamente, ha mantenido las características que han hecho de ella una serie imprescindible para el aficionado a la ficción televisiva en estos momentos. Como hasta ahora, sigue con su serie de episodios con historias independientes unas de otras, que se pueden ver en cualquier orden o en cualquier momento sin que haya tramas entrelazadas. Todas ellas analizan las consecuencias de la introducción de nuevas tecnologías en la sociedad, especialmente en el ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación. Y presta atención concretamente en las consecuencias negativas que pueden aparecer detrás de la aparente felicidad de la innovación tecnológica. No deja de ser una exploración de lo que de distopía tiene la sociedad actual y sus posibles rumbos futuros. La serie no es antitecnológica, como algunos han propuesto, sino que más bien está interesada en analizar los comportamientos humanos, que son los que hacen que una herramienta tecnológica, un avance científico con aplicaciones prácticas, tenga consecuencias positivas o negativas para la sociedad.

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El tono de cada capítulo va variando. En algunos casos estamos en situaciones cómicas o paródicas. En otros flirtea con el suspense, y en algunos casos, directamente con el terror. Las consecuencias no siempre son negativas. Quizá, dos de los episodios más celebrados de esta temporada, Nosedive, y San Junipero, admiten consecuencias finales de las situaciones que se nos presentan. El logro de una libertad perdida en un caso, la posibilidad de vivir la vida que ha sido imposible en el otro. Pero los tonos son francamente negativos en el resto, especialmente en el duro episodio bélico, Men Against Fire, que reflexiona con dureza sobre algunos aspectos relacionados con el soldado combatiente, o Hated in the Nation, profunda reflexión sobre las actitudes de odio, linchamiento o “bullying” social.

Hay episodios con más nivel y otros con menos. Pero todos ellos merecen la pena y están por encima de la media de la ficción televisiva común. Como digo, una serie imprescindible.

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[Televisión] Cosas de series; volviendo al rancho

Televisión

Antes de hablar de la última serie cuya temporada de turno he terminado, he de decir que cada vez me estoy quedando con menos series tradicionales, de las de temporada larga y esas cosas, y cada vez me dedico más a la cosa monográfica. Verme una serie de tirón. En días, no en horas como hacen algunos. A ver, que tengo vida más allá de la tele, y mucha. Pero evidentemente Netflix ha afectado mucho a la forma a como ahora concibo ver la televisión. Por ejemplo, supongo que a lo largo de esta semana he empezado y finiquitaré la tercera temporada de Black Mirror, que ya anuncio que estoy disfrutando bastante. Son seis episodios, así que a uno al día, contando con que algún día no vea televisión,… una semana.

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Fuertes nevadas en el rancho de los Bennett, paisajes nevados para la entrada televisiva de hoy.

Hemos terminado de ver… No tengo muy claro qué temporada de The Ranch. No sé si es la segunda y última parte de la primera temporada, como se deduce de IMDb, o si es la segunda parte de la serie, o sea segunda temporada, como deduje al principio, supongo que erróneamente, según como la presentaron en Netflix. En cualquier caso, en estos diez episodios ha habido una clara continuidad en las tramas con respecto a los primeros diez episodios. Beau (Sam Elliott) y Maggie (Debra Winger) han seguido discutiendo y distanciándose, Rooster (Danny Masterson), asombrosamente, da síntomas de ir madurando como persona, y el duo protagonista, que son los personajes menos interesantes desde mi punto de vista, Colt (Ashton Kutcher) y Abby (Elisha Cuthbert) han seguido reencontrándose y progresando como pareja… hasta el final con sorpresa y correspondiente “cliffhanger”. Hemos seguido teniendo es mezcla de drama familiar con abundante dosis de comedia, en el que todo el mundo actúa estupendamente menos los dos protagonistas… que no desentonan pero tampoco son nada del otro mundo, cosa que se sabe desde hace tiempo. Serie entretenida que seguiremos viendo en un futuro, en ese rancho de algún lugar perdido en el estado de Colorado. Y bueno… a mi siempre me ha encantado Debra Winger… sus películas no siempre, pero ella sí.

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[Televisión] Cosas de series; reinas y soldados nos llegan de la pérfida Albión

Televisión

La vuelta de vacaciones no me ha proporcionado claridad sobre cómo quiero ver y seguir las series de televisión. Se me empiezan a acumular posibilidades, y además hay que atender a las novedades de la cartelera. Por otra parte, me he acostumbrado tanto a lo cómoda que es una plataforma como Netflix, que me pregunto si realmente me apetece agobiarme con otras programaciones. Más cuando parece que últimamente no está para series muy sesudas y se conforma fácilmente con entretenimientos para pasar el rato. No obstante he de decir que he visto los primeros capítulos de tres series, Westworld, Timeless y Divorce. Ninguna me ha parecido mala, ninguna me ha entusiasmado. Se habla de Westworld como la baza de HBO para cuando se despida Game of Thrones. Bueeeeeno… tiene pinta de estar bien hecha, parece que va a ser una enésima vuelta de tuerca al problema de las inteligencias artificiales de aspecto humano (cylones, replicantes, robots de Asimov, etc). Pero el hecho de que el ambiente sea del far west no me entusiasma… Seguiré pensando.

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La entrada de hoy me ha quedado muy “british”, así que nos daremos una vuelta por Londres, con soldado y reina Victoria incluidos.

Me ha hecho gracia ver el primer episodio de Timeless, serie de acción basada en una patrulla de tres, uno de ellos una mujer inteligente del mundo de las humanidades, otro un soldado,… que se desplaza a momentos clave de la historia de los Estados Unidos para evitar que esta se vea alterada. Los “minhistéricos” españoles se han llevado las manos a la cabeza y han empezado a gritar “plagio, plagio”. Las semejanzas son obvias. Pero también hay diferencias evidentes. Y por otra parte, las series con viajes en el tiempo están empezando a surgir como setas. Yo que nos los “minhistéricos” me preocuparía de mejorar los guiones y el nivel interpretativo de alguna de sus protagonistas, y me dejaría de preocupar por otras historias. Salvo de lo que se trate sea de ingresar pingües beneficios por los derechos de autoría de la idea… y no tanto sobre la digna presentación al espectador de buenas producciones televisivas.

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Lo que sí he hecho es terminar de ver dos series de origen británico.

Una de ellas ha sido la corta segunda temporada, cinco episodios, de Our Girl. La primera temporada seguía las aventuras de una chica de clase trabajadora que acaba metiéndose en el ejército de su graciosa majestad para buscar su lugar en el mundo. En esta segunda temporada, que ha tardado en llegar, han cambiado de protagonista. La primera temporada era evidentemente complaciente y poco crítica con la institución castrense y sobre sus actuaciones. La sociedad civil británica no ha tenido excesivos encontronazos con su ejército, bastante respetuoso con el ordenamiento legal y constitucional del país, lo cual ha sido más raro en el resto del continente europeo y del mundo en general. Los desmanes causados por el ejército británico hay que atribuirlos a los propios gobiernos que dirigen el país. En general. Pero esta segunda temporada ha tenido un carácter especialmente propagandístico, y ha acabado cargándome un poquito. No creo que vuelva a ver esta serie en el caso de que llegase una tercera temporada. Fuera.

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La otra serie tenía de partida aspecto de miniserie. Cerrada en una temporada. Victoria, los años jóvenes de la longeva monarca británica cuyo reinado ha dado nombre a toda una época y cultura de la historia del país, la era victoriana. Con la pizpireta Jenna Coleman en el papel protagonista, humanizando notablemente la imagen de la adusta monarca, desde el principio no hemos podido dejar de pensar que en el ADN de la producción de esta serie había genes comunes con Downton Abbey. Con tramas entre los de “arriba” y tramas entre los de “abajo”, el personal al servicio de palacio, hemos asistido al acceso al trono de la reina, su consolidación y su compromiso y matrimonio con Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. Al final,… pues no va a ser una miniserie. Ya nos anunciaba el cierre del último episodio que en 2017 habría más reina Victoria. No ha estado mal, pero tampoco ha sido entusiasmante. Ya me pensaré si sigo interesándome por los residentes del palacio de Buckingham. Probablemente, no.

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[Televisión] Cosas de series; de venganzas y “conspiranoias”

Televisión

Tras haber terminado de ver la segunda temporada de Mr. Robot, puedo dar por finalizada la temporada televisiva de verano. Pero antes de comentar esta, hay que hablar de otra serie, un “guilty pleasure” de los que ya hablaba hace unos días, y con la que sorprendentemente me he enganchado.

Hace unos años pude ver el piloto de una serie protagonizada por adolescentes. Aunque en realidad fueran todas veinteañeras… pero estoy ya es una tradición. Que cuando se hizo Grease, algunos de los actores que representaban a los alumnos del Rydell High School estaban ya en la treintena. Se titulaba Pretty Little Liars, y de entrada no me llamó la atención y la dejé. Curiosamente, ahora se pueden encontrar cinco temporadas de la serie en Netflix. Porque tuvo éxito y sobrevivió. De hecho, ya lleva seis temporadas, y está prevista su séptima y última, más breve, para la primavera del 2017. En una tarde tonta, en la que no me apetecía pensar en nada, me puse los dos primeros episodios… y me pasó como con Revenge, una serie con la que comparte ADN conceptual. Se ha convertido en un “guilty pleasure”, un placer culpable como los comenté hace unos días. No es cutre, ni mucho menos. Un buen nivel de producción y abundancia de gente guapa. Pero interpretaciones regulares, guiones que oscilan entre lo apasionante y lo absolutamene ridículo, constante presencia de “cliffhangers” que se desinflan echando virutas, y una huida constante hacia adelante en unos argumentos, una venganza hacia un gurpo de chicas adolescentes tras la muerte de su miembro más popular, que se agotarían en si mismos rápidamente si no funcionarán con el “y ahora, más gorda”. No sé cuanto aguantaré viéndola. Son tempordas de 20 o más episodios que tienen muchos altibajos. Me recuerda mucho, como ya he comentado, a Revenge, otro “guilty pleasure” con la venganza como tema central, que abandoné cuando a sus responsables no les quedó más remedio que cerrar el arco argumental principal que la sustentaba para luego intentar reinventarla. No sé qué pasará con esta. Si eso, más adelante os lo cuento. Mientras, me sirve de serie de relleno, o para cuando no quiero pensar en nada.

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“Mr. Robot” transcurre mayormente a caballo entre Manhattan y Brooklyn, y con frecuencia de noche. Y ahí nos vamos, fotográficamente hablando.

Pero el asunto principal es que me he visto la segunda temporada de Mr. Robot. Recordatorio para los que nos esté al tanto. Se trata de una serie en la que un grupo de ciberactivistas busca tumbar el sistema financiero del mundo capitalista atacando a alguna de las empresas más significativas, mientras estas intentan consolidar su posición de plutócratas que constituyen el poder en la sombra, y todo alrededor de la figura de Elliot (Rami Malek), un joven programador que sufre algún trastorno de salud mental más serio de lo que imaginábamos al principio de la serie. La serie se caracteriza por ser rompedora en cuanto a su realización, demostrando que se puede hacer cine de primera calidad para la pequeña pantalla. Guiones cuidados, interpretaciones mesuradas y potentes, fotografía y encuadres de cámara arriesgados, todo ello para crear un clima opresivo. Todos los personajes viven en un conflicto continuado, al mismo tiempo que se generan constantemente dilemas éticos, que se pueden trasladar fácilmente de la ficción a la realidad cotidiana, y que son los que mueven a los personajes. Mentiría si dijese que no me pierdo de vez en cuando. Me pasa como con las primeras temporadas de Game of Thrones. La variedad de personajes, lo complejo de las tramas, el ambiente agobiante,… hacen que se me vaya el oremus. Que no tenga claro como avanza la trama. Pero me da igual, porque no hay episodio que no tengo al menos una secuencia o grupo de secuencias de los que te dejan sentado al sillón diciendo “olé, así se hace el cine”. Por lo tanto, para mí, lo de menos es cómo vaya la trama de género “conspiranoico”, que de hecho nunca han sido de mis preferidas. Lo importante es disfrutar de esos momentos de cine para la pequeña pantalla que difícilmente encontramos hoy en día en la mayor parte de las ficciones para la pantalla grande. Dicho lo cual,… serie imprescindible.

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Empieza la temporada otoño-invierno. Estoy cicatero a más no poder con las nuevas incorporaciones a mi parrilla televisiva. Ninguna serie nueva de temporada larga, de esas de 20 a 24 episodios. Y probablemente abandone las que ya seguía de estas características. Salvo uno o dos. Cada vez más aficionado a ver la series de tirón. Y dos cosas graciosas.

Ha vuelto Lucifer. Con un episodio en el que se presentaba un personaje nuevo, interpretado por Tricia Helfer, la añorada Número Seis de Battlestar Galactica. Y lo hizo bajo los acordes del All Along the Watchtower de Bob Dylan. Canción que tuvo un protagonismo importante en esta “space opera”.

Estoy viendo la segunda temporada de Our Girl, aventuras y desventuras de una clase de tropa sanitaria del ejército británico. Con un cambio de protagonista. Da lo mismo. Ya la comentaré. El caso es que en el episodio tercero me partía de risa mientras miraban la radiografía de tórax de un aguerrido oficial de operaciones especiales herido. Porque se apreciaban claramente los contornos de unas mamas de notable tamaño, aparte de que la forma del esqueleto sugería su pertenencia a una señora. Soy médico. No me he dedicado a la clínica, sino a la salud pública y la planificación sanitaria, pero en tuve matrícula de honor en la asignatura de radiología y hay cosas que no se me han olvidado. Me partía de risa cuando se me iba la mirada de la radiografía al apuesto oficial que estaba sentado en la camilla de exploración en plan pecho lobo…

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[Televisión] Cosas de series; una “space opera” que mejora y un “bestial” “guilty pleasure” que termina

Televisión

Empecemos por el “guilty pleasure”. El placer culpable. Esas teleseries que nos da vergüenza reconocer que vemos, porque aunque reconozcamos que no deberíamos verlas, nos enganchamos a ellas.

Puede ser porque están enfocadas a un público objetivo demográficamente distinto al grupo en el que estaríamos encuadrados. Un ejemplo típico es el de personas adultas y con sus añitos que se enganchan a las series de institutos… pfff… la próxima vez que os hable de televisión os pondré un ejemplo…

Los culebrones son desde mi punto de vista y casi por definición un “guilty pleasure”… y ahí estoy viendo después de tantos años Grey’s Anatomy…

Las series sumamente cutres. De estas, no se me ocurre ahora un ejemplo claro… Soy de los que opinan que cualquier cosa menos lo cutre.

También pueden ser directamente malas. Con guiones previsibles, ridículos o absurdos, o con interpretes lamentables… Esto no es lo mismo que ser cutre, porque las hay con presupuestos relativamente altos y repartos a priori interesantes.

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En Nueva York y con algo parecido a un “superhéroe”… inevitablemente ha habido muchas escenas nocturnas en una de las series de hoy… así que eso veremos en las fotos de hoy. Nueva York de noche.

La que ha llegado a su fin después de cuatro temporadas y que para mí es un “guilty pleasure” es Beauty and The Beast. Una serie orientada al público juvenil, a quien debe gustar por lo relativamente alta que tiene la valoración en IMDb, más de 7, y que mezcla el superhéroe, en forma de bestia de laboratorio con fuerza, velocidad y sentidos superhumanos, y el romance con una guapa policía pijita e improbable, todo ello en la ciudad de Nueva York. Cuando vi el piloto estaba acompañado, y aquello fueron unas risas que no veas. Malas interpretaciones, efectos secundarios flirteando con la cutredad y un guion ridículo. Lo curioso es que no pude dejar de verla… hasta el final. Incluso si esas tres cualidades se han mantenido o incluso han aumentado. En fin. Confieso que he pecado… que intentaré no volver a hacerlo, pero no prometo nada. Pero que ya ha terminado. No volverá… menos mal.

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Por otro lado, hace un año nos estrenaron una “space opera” que andaba en la mediocridad para desesperación de alguien como yo. Es un género que me gusta… cuando está bien hecho y eso es… rara vez. Dark Matter era floja en su primera temporada. Compartía con la anterior serie unas interpretaciones flojas y unos guiones un tanto torpones. Aunque con algún destello de que aquello podía ser mejor. Especialmente hacia el final de su primera temporada. Por ello, decidí dar una oportunidad a su segunda temporada. Y mira tú por donde… Sus interpretaciones siguen andando en las medianías, aunque hay algún intérprete que se salva. Bueno… ellas suelen salir muy guapas en general. Y supongo que para las espectadoras, ellos también parecerán monos. En cualquier caso, no son penosamente malos, y las tramas han mejorado. Bastante. Es cierto que de vez en cuando recaen en algún episodio modorro. Pero oye… no es Battlestar Galactica pero no es cutre como… no sé… los alienígenas de Babylon 5 (nunca entendí por que gustó tanto) o la primera Battlestar Galactica, la de los años 70. En cualquier caso… me he entretenido bastante viéndola.

Y de momento nada más… y ya veremos de qué hablo cuando vuelva con el tema televisivo, porque siento que estoy volviendo a cierta fase de desánimo como en pleno verano.

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[Televisión] Cosas de series; mujeres carcelarias y mujeres policías

Televisión

Habiendo salido ya de la apatía televisiva del verano que me hizo meterme en el proyecto de tragarme enteras las siete temporadas de las chicas Gilmore, voy cumpliendo con la tarea de ver en modo maratón las temporadas de series más destacadas del verano. Y una de las más importantes es sin duda Orange is the New Black.

Partamos de un hecho. Esta serie es potente, muy potente. En todas sus dimensiones. Su realización, sus magníficos guiones, sus más que notables interpretaciones, las cargas de profundidad que tira contra el sistema carcelario estadounidense en particular, y contra la sociedad capitalista en general. La forma en que trata la innata contradicción de humanidad/crueldad propia del ser humano. Todo ello dentro del microcosmos en que han convertido la imaginaria prisión federal de Litchfield.

Carlos Carreter

Recientemente, en mis blogs viajeros (enlaces al final) he reiniciado ciclo, volviendo a mis diapositivas de finales de los 80 y principios de los 90. Momento en que visité en un par de vez París, como se ve en la fotografías del encabezado y en esta de un mimo con niños ante el Centro Pompidou.

Relegada la historia de su presunta protagonista Piper Chapman (Taylor Schilling) al nivel de una historia más de las que se entrecruzan en la prisión, la serie ha seguido enfocándose en la historia y devenir de una reclusa determinada en cada capítulo, con flashbacks al pasado que las llevó a prisión, y con indicaciones de lo que el futuro les depara. Para unas más halagüeño que para otras. O quizá, en un tono más pesimista, habría que decir que para unas menos dramático para otras. Pero en esta cuarta temporada la historia transversal sobre la privatización del sistema carcelario y las consecuencias que trae para la vida en la prisión y para las propias presas ha tomado una relevancia superior. Por lo tanto, la historia transversal es más importante y se entrecruce con más eficacia con las historias individuales.

La serie comenzó como una comedia con toques de drama. El nivel de dramatismo ha ido aumentando con el paso del tiempo. Probablemente de forma irremediable. Porque la vida en la carcel no es ningún chiste. Aunque no haya abandonado los alivios cómicos eventuales. Pero al final de esta temporada ha ido más allá. Y ha saltado, de forma también inevitable si lo analizamos bien, del drama a la tragedia. La temporada empezó fuerte con cierta muerta, a la que se le dio en ese momento un cierto tono humorístico. Pero la tensión dramática ha ido in crescendo hasta los trágicos dos últimos episodios. El penúltimo de la serie, un episodio de antología. Como algún otro.

Carlos Carreter

También de aquella época data mi primera visita al Palacio da Pena en Sintra, Portugal.

Sinceramente, para cualquier auténtico aficionado a la ficción televisiva, o a la ficción audiovisual en cualquiera de sus variantes, incluido el cine, esta serie debería ser de obligada visualización porque es así de buena. Sobresaliente. Así que no dire más. Si no la habéis visto, no sé a qué estáis esperando.

Terminaré la entrada de hoy diciendo que hemos despedido a Rizzoli & Isles, la pareja de policía femenina y forense también femenina, afiliadas al departamento de policía de Boston, que nos han entretenido durante siete temporadas. Esta ha sido una serie ligera, procedimental de manual que basa sus virtudes en la empatía que suscitan sus protagonistas y muchos de los personajes secundarios. Serie que fomenta el buen rollo, mientras plantea casos más o menos al uso, como se pueden ver en otras series policiacas. Desde mi punto de vista, la fórmula estaba agotada. Le ha sobrado alguna temporada, aunque las he seguido hasta el final por ser un relleno de entretenimiento poco comprometido. Con la oferta de Netflix, es improbable que en el futuro me fije en este tipo de series… pero no dejaremos de recordarla porque algún momento entretenido que otro ha aportado.

Cuerno de Oro

Y en el “año triunfal”, el 92, una visita a Estambul, donde pudimos disfrutar de bellos atardeceres en el Cuerno de Oro.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…

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[Televisión] Cosas de series; sabuesas inglesas, entre la depresión y el aburrimiento

Televisión

Sigue abonado al modo maratoniano de ver las series de televisión. Y mientras voy finiquitando la última temporada de Orange is the New Black, una de las series importantes en la televisión actual, me despaché en los últimos días dos series británicas, de carácter policíaco, con mujeres como protagonistas, y que se desarrollan en Londres. Eso sí, se desarrollan en distintas épocas. Por ello las fotografías acompañantes, también la capital del antiguo imperio… hoy venido a menos, y poco más que un satélite de los EE.UU.

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Hace ya unos años vi un rato del primer episodio de The Bletchley Circle. Sin embargo, en aquel momento decidí que no tenía tiempo para series nuevas y pasé de ella. No tenía mucho más datos de los que iba a durar ni nada… Ahora está disponible la serie entera en Netflix. Serie entera que son siete episodios de tres cuartos de hora, divididos en dos temporadas. La primera, de tres episodios, es el caso de asesino en serie. La segunda, en cuatro episodios, son dos casos, uno de salvar a una mujer de la ejecución por una asesinato que no ha cometido, el otro, una trama de mercado negro y trata de mujeres. Todo en el ambiente de la posguerra mundial en Londres, principios de los años 50. Nada del Londres cosmopolita y luminoso. El de las estrecheces y grisura de la posguerra. Las protagonistas son antiguas trabajadoras de Bletchley Park, el lugar donde se trabajaba en secreto para descifrar los códigos de guerra alemanes, y que al final de la guerra, comprometidas por la ley de secretos oficiales, pasaron a llevar una vida oscura y gris, y sin reconocimiento por los servicios prestados. La serie tiene un carácter de reivindicación feminista. Son mujeres inteligentes, muy cualificadas, que sin embargo no son tomadas en serio, ni son valoradas por la sociedad del momento. Hay otros elementos de denuncia del sexismo, válidos entonces y válidos ahora. La serie no duro más… entre otras cosas por que la más protagonista de las cuatro mujeres, Anna Maxwell Martin, abandonó a mitad de la segunda temporada. Y no supieron encontrar un nuevo liderazgo claro en el grupo de mujeres de ficción. No obstante, la serie es entretenida, muy bien interpretada, y excelentemente ambientada. Son únicos los británicos para las series de época, sea cual sea la época.

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La otra serie que he visto es una producción propia de Netflix, cuya temporada inicial consta de 8 episodios. Se titula Marcella, pronunciado a la italiana (Mar-chel-la), y realizada a mayor gloria de su protagonista, Anna Friel. Friel alcanzó un estatus mítico cuando intepreto a la protagonista de Pushing Daisies, fenomenal comedia romántica con toques fantásticos que sin embargo no acabó cuajando en la audiencias, y fue cancelada prematuramente tras su segunda temporada a pesar de haberse ganado el aplauso de la crítica y sus fieles seguidores. Es una de las series más imaginativas e interesantes que he visto, y cuya historia nunca tuvo el justo final que se mereció. Y buena parte del encanto de la serie residía también en el encanto por arrobas que despedía su protagonista femenina encarnada por Friel. A la que después, no he conseguido ver nunca en un papel tan conseguido. Creo que tiene tendencia a sobreactuar, especialmente en papeles dramáticos. Y ese es el principal “pero” que le pondría a este drama policiaco que nos ocupa hoy, en la que la protagonista es una policía de cierto rango, de baja como consecuencia de la muerte de una hija y con un matrimonio roto con un marido que se ha llevado a sus otros dos hijos. Cuando comienzan una serie de asesinatos de mujeres que recuerdan a un viejo caso en el que intervino Marcella, se reincorporará a la policía de Londres. Pero las cosas serán más complejas, mezclándose su dequilibrio mental, su situación familiar y los dos casos policiacos aparentemente relacionados entre sí. Al final resulta una serie interesante, y merece la pena verse. Aunque ya digo que Friel tiende a ser demasiado intensa en papeles dramáticos. Parece que 2017 volverá con nuevos casos.

Bien… y hasta aquí. La proxima vez hablaremos de nuestras carcelarias favoritas y de algo más, espero.

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[Televisión] Cosas de series; buenos zombies, malos zombies, buenos hermanos, malos hermanos…

Televisión

Durante la semana pasada di carpetazo, momentáneo, a dos series. Muy distintas, tanto en tema, como en tono como en intenciones.

De iZombie ya había hecho algún comentario. Es una serie que ya lleva un par de temporadas completas danzando por el mundo, quizá más destinada a un público joven, aunque puede entretener a cualquiera que no busque complicarse la vida. Fundamentalmente porque los personajes principales caen bien, especialmente la simpática Liv (Rose McIver), la protagonista. Esta chica neozelandesa ha ido picoteando en diversas series a lo largo de su carrera, pero yo la recordaba de un papel recurrente que tuvo en Masters of Sex en su primera temporada… y sí, si es en esa serie y en esa temporada, la recuerdo muy bien “toda ella”. En cualquier caso, la serie se basa en un comic con unas ideas generales similares pero con diferencias notables en el trasfondo y en la historia. Comienza como un procedimental en tono de comedia, la chica trabaja de forense, lo que le permite un acceso ilimitado a su alimento fundamental, los cerebros humanos, al mismo tiempo que ayuda a resolver casos. Pero poco a poco se serializa, con una historia de fondo que poco a poco adquiere más importancia, al mismo tiempo que la serie adquiere un tono algo más dramático. Aunque esta primera temporada me ha entretenido bastante, me estoy pensando cómo y cuando voy a dar continuidad a la serie. Es posible que la deje para periodos de poca oferta, o para intercalarla en momentos en los que me apetezca mero entretenimiento.

Entrada televisiva... repaso fotográfico a lo que aparece en el tumblelog de viajes (enlaces al final); en el encabezado una vista urbana de Kingston, Canada, y aquí otra de Verona, Italia.

Entrada televisiva… repaso fotográfico a lo que aparece en el tumblelog de viajes (enlaces al final); en el encabezado una vista urbana de Kingston, Canada, y aquí otra de Verona, Italia.

Y también he terminado la segunda temporada de Bloodline, serie que nos cuenta las aventuras y desventuras de la familia Rayburn, los cuales tienen un hotel en los cayos de Florida, al mismo tiempo que desarrollan diversas actividades profesionales con mayor o menor fortuna. El regreso del hijo pródigo, Danny (Ben Mendelsohn), en la primera temporada dio lugar a la desestabilización de la familia, especialmente con la desaparición de este al final de la primera temporada. En la segunda, los Rayburn, especialmente el hijo mayor, John (Kyle Chandler), detective aspirante a shérif del condado, tienen que afrontar las consecuencias de las decisiones que tomaron respecto a su hermano Danny. Desde mi punto de vista, la serie tiene altibajos. Hay momentos en los que se desarrolla con una parsimonia hasta cierto punto excesiva, para coger acelerones repentinos, alternando situaciones un poquito monótonas con episodios excelentes. De momento, en cada temporada nos deja con un enorme “cliffhanger”, y el de la segunda temporada es muy gordo y a diversas bandas. No tengo claro por donde seguirá la cosa, pero supongo que os lo contaré dentrode más o menos un año.

Y termino con un paisaje en blanco y negro del monte Pilatus, cerca de Lucerna, Suiza.

Y termino con un paisaje en blanco y negro del monte Pilatus, cerca de Lucerna, Suiza.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…

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[Televisión] Cosas de series; del buen rollito con las Gilmore a la mala leche de los UnRealities.

Televisión

Parece que se me está pasando la modorra seriéfila, aunque estoy planeando una serie de propósitos para cuendo empieza la temporada de otoño-primavera. De momento, el sustento seriéfilo monomaniaco que me ha sustentado en los dos últimos meses, se me ha terminado. Sí… ya me he visto las siete temporadas de las Gilmore Girls lo cual me tiene entre asombrado y asustado. No voy a ponerme a comentar ahora la serie. Es, de alguna forma, un clásico de la comedia romántica o de la comedia familiar, con toques dramáticos eventuales. Y tiene altibajos, pero globalmente es muy disfrutable. Ahora, a ver qué nos ofrecen con la miniserie que nos mostrará a os protagonistas diez años después.

En cualquier caso, Gilmore Girls era el exponente clásico del buenrollismo aplicado a la televisión, e incluso cuando se ponían críticos en los rápidos diálogos entre Lorelai (Lauren Graham) y Rory (Alexis Bledel) sobre figuras de la cultura popular o de la política, la sangre no llegaba al río. Siempre he dicho que para mí la serie tuvo un cierre adecuado. Un episodio emotivo, que nos mostraba a Lorelai y al sieso de Luke (Scott Patterson) volviendo a su relación perdida, y a Rory, libre de ataduras sentimentales, comenzando con 22 años sus carrera de periodista siguiendo la campaña de un senador, un tal Obama, que pretendía ser elegido presidente al año siguiente al final de la serie.

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Como en otras ocasiones, aprovecho la entrada televisiva para mostrar ejemplos de lo que aparece por mi tumblelog viajero (enlaces al final). Como asomarnos a la Maison La Roche de Le Corbusier en París (encabezado), o contemplar a los pulpos del acuario de Barcelona.

Para contrarrestar la dosis de buenrollismo de las Gilmore, he seguido merendándome la segunda temporada de UnREAL, serie que sorprendió el año pasado por su forma de tratar el mundo de la telerrealidad. Ni que decir tiene que soy de los que opinan que se trata de una comedia-drama romántico sobre la “historia de amor” entre sus dos protagonistas, Rachel Goldberg (Shiri Appleby) y Quinn King (Constance Zimmer), interpretadas por las fenomenales. Mira que el reparto en su conjunto es bueno… da igual, cuando una de las dos está en pantalla, se merienda a todos los demás. En cualquier caso, la segunda temporada, que también ha sido muy entretenida y con momentos divertidos, con pasadas notables, no ha estado al mismo nivel que la primera, porque la historia, los guiones, se han enrevesado mucho y al final todo era un lío. Aunque el final ha quedado muy clarito, especialmente dejando diáfano que no necesariamente la que parece más loca es la que más lo está. Que hay varios que están en la pomada por ese título. Lo dicho, frente al buenrollismo, nada como dosis de mala leche por toneladas.

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También nos podemos dar un paseo por las calles de la judería de Córdoba.

Poco más de momento. Ahora estoy con otra serie en modo monográfico, que espero terminar este fin de semana, para seguir con otra la semana que viene. Mientras, para distracción en los momentos de relax e intrascendencia, me entretengo con la curiosa iZombie, una serie que parece que tiene pocas aspiraciones más allá de entretener, pero que no está mal interpretada, majeta la chica que hace de Liv (Rose McIver), la prota, y tiene más posibilidades de las que parece. En plan irónico, paródico, con dosis de mala leche también si le quieren poner. Ya veremos.

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O disfrutar del sol y la brisa marina entre las dunas de las playas de Falsterbo, en Suecia.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…

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[Televisión] Cosas de series; conspiranoias infectofarmacéuticas

Televisión

Este Cuaderno de ruta va a entrar durante unos pocos días en modo sólo fotos. Pero antes de eso dejaré un pequeño comentario televisivo.

Sigo en modo casi monográfico con las Gilmore Girls… Si sigo a este paso no tardaré en terminar las siete temporadas. Bien, porque está anunciada una miniserie especial en plan “Diez años después” para este otoño en Netflix y habrá que verla… a riesgo de decepcionarnos. Bueno… quien no quiere volver a reencontrarse con Lorelai (Lauren Graham). Lo de Rory es otra cosa,… porque la verdad es que Alexis Bledel es una actriz más bien flojita, aunque físicamente de el pego en la serie.

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Serie canadiense la de Between… rodada en algún lugar de la provincia de Ontario.

No obstante, una de las cosas más divertidas que hay es “cazar” las apariciones de intérpretes secundarios o terciarios o cuaternarios, que luego han tenido importantes papeles en otras series… Hemos visto al “mad man” Don Draper; a Sammi, la hermana loca y extraña de los Gallager; al rarito hacker de Mr. Robot; a la procaz adolescente de Californication que desencadena todo el drama de un certero puñetazo; a la guapa vampira Lexi Branson convertida en adolescente repelente; al repelente Schmidt; a la dura Sue Sylvester, castigo de los coros cursis de instituto; a una de las pizpiretas camareras de Twin Peaks… ay, espera, que esta la conocíamos de antes;… Un ejercicio divertido el “cazar” estas caras conocidas a posteriori…

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No demasiado lejos, especialmente dado el tamaño de Canadá, de donde están tomadas estas fotos que pueden pertenecer a una localidad similar…

Y bueno, volvió este verano también a Netflix la segunda de las cortas temporadas de Between. Es la única serie que conozco en la que el habitualmente civilizado gobierno de Canadá se comporta tan malamente como si fuera el de sus vecinos del sur. Infecciones misteriosas, científicos que fabrican curas milagrosas en un rato, peligrosas y ambiciosas compañías farmacéuticas, y un grupo de adolescentes y niños en plan “señor de las moscas”. La primera temporada la critiqué de mala manera… pero no he podido contenerme,… y he visto la segunda. “Guilty pleasure”… porque sigue igual de mala. Las tramas son risibles, repetitivas, los malos de cartón piedra y los intérpretes muy malos… pero hay me tienes, oye… que me he tragado los, afortunadamente solo, seis episodios de la segunda temporada.

Bueno… como he dicho, sólo fotos durante unos días.

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Aunque con una atracción natural, Niagara Falls, que la hace más famosa que el lugar de rodaje de la serie a 120 km de las famosas cataratas.

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[Televisión] Cosas de series; en los pueblos pequeños “usamericanos” puede pasar cualquier cosa…

Televisión

Sigo con mi crisis seriéfilo-televisiva. Hace ya una serie de semanas que acumulo episodios de algunas series que “quiero”ver, pero que “no me apetece” ver ahora, mientras, en un ataque de nostalgia me dedico a ver casi de tirón las siete temporadas de las Gilmore Girls. Vamos… que voy ya por la mitad.

Pero no creáis. En medio de esta “debacle” me ha dado tiempo a ver los ocho episodios de la primera temporada de una nueva serie que ha levantado cierta expectación; Stranger Things. Esta serie también ha gustado esencialmente porque ha despertado nostalgias. Muchas nostalgias. Ambientada en los años 80 del siglo XX en un pueblo o ciudad pequeña de algún rincón más o menos anodino de los Estados Unidos, ha mezclado varios géneros en uno. Las pandillas de críos metomentodos en bicicleta, los amoríos adolescentes, las conspiraciones gubernamentales, los monstruos de terror e incluso los universos paralelos… sólo ha faltado E.T. A mí no me ha parecido tan entusiasmante, aunque conforme avanzaban los episodios se hacía más entretenida terminando a un nivel razonable. Y como sólo son ocho episodios…

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Al igual que en otras entradas televisivas, repaso fotográfico a por donde está pasando mi tumblelog de viajes (enlaces al final). Y pasa por el Museo de la Guerra de Londres (encabezado), o la Piazza del Popolo de Rávena.

Pero si algo tienen en común las dos series mencionadas hasta ahora en esta entrada, y muchas otras que nos llegan desde la otra orilla del océano es el ecosistema de las poblaciones que dan cobijo a la acción. Me da igual que sea la ficticia Stars Hollw, en Connecticut, que la no menos ficticia Hawkins, en Indiana. Es cierto que tiene más presencia Nueva Inglaterra que el Medio Oeste, pero…

Los pueblos o pequeñas ciudades norteamericanas que sirven de marco a las series de televisión tienen una serie de elementos en común, que permiten que cualquier cosa pueda pasar. Al igual que en su momento en España, Crónicas de un pueblo sirvió para establecer el modelo deseado de sociedad franquista rural, diríamos que los productores de televisión norteamericanos tienen un manual de cómo es el modelo de su propia sociedad.

Existe una familia que expresa todas las bondades del “american way of life”, con mamá y papá como miembros activos y dignos de la comunidad alguna hija adolescente, un chaval algo más joven, y quizá un tercero de sexo indiferente y poco importante.

Siempre hay algún shérif que, o bien es extremadamente listo o bien extremadamente incompetente. Los ayudantes del shérif tenderán a ser no demasiado inteligentes, salvo que haya alguna chica joven que se encargue de demostrar que sus compañeros varones son especialmente tontos más allá de su afición a los dónuts y la cerveza.

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También por las calles de Bergen en Noruega.

El instituto… el instituto es un lugar terrorífico donde los adolescentes se dedican a putearse sin pudor, y aparentemente todo el mundo asume que es algo que es así y no puede cambiar. Se dividen en grupos estereotipados. Si un chico es deportista no puede ser listo. Si es listo no puede ser guapo y seguramente llevará gafas. Las chicas más monas solo piensan en chicos y en estar más monas todavía, menos una que es amiga de las feas y que estudia mucho. Y luego están los que saben de ciencias que por lo demás son una panda de tarados de mucho cuidado. Hay pocas variantes a este esquema general.

Los niños ya mayorcitos pero que no van al instituto van de un lado a otro montados en bicicletas y son mucho más listos que el resto de los habitantes del pueblo juntos. No queda claro en qué momento pierden la inteligencia y quedan sumidos en la medianía general. Seguramente cuando pasen al instituto.

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O las playas a orillas del lago Leman en Ginebra.

La virginidad de la adolescente protagonista es un asunto de interés máximo. Sobretodo porque lo más probable es que, en el caso de que haya crímenes, las chicas más precoces sexualmente serán de las primeras en morir y de las formas más desagradables.

En medio de toda esta situación, hay un montón de personajes secundarios, altamente pintorescos, cuando no parecen recién salidos de un frenopático y cuya única misión parece ser ocupar minutos para justificar la duración de la producción o producir confusión.

Por supuesto, sobre las características anteriores podemos empezar a realizar algunas variaciones dando más o menos protagonismo a  unos u otros para adaptarlos al tono y público previsibles. Y luego hay extremos, claro. Stars Hollow de las Gilmore Girls, Twin Peaks de la serie del mismo título o Cicely de Northern Exposure probablemente se llevan la palma en cuanto al nivel de excentricidad extrema de sus habitantes. Eureka es especial por definición… todos menos el shérif y su hija son científicos superdotados y con frecuencia de gran torpeza social. Y luego están todas las variantes de poblaciones con características estándar pero con peculiaridades… vampiros, hombres lobos, cúpulas, portales infernales, resurrecciones masivas, muertes masivas, desapariciones masivas, inmortalidades,…

Por lo tanto podemos decir una cosa… es como si en Estados Unidos hubieran decidido que buena parte de las series fueran variantes de Crónicas de un pueblo, pero con sabor “usamericano”. E igualmente monolíticas desde el punto de vista ideológico. Lamentablemente. Salvo honrosas excepciones.

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O más cerca de casa, por Utrillas, donde mantienen restaurada una simpática locomotora de vapor.

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[Televisión] Cosas de series; Miss Fisher, las chicas Gilmore y mi grave crisis seriéfila

Televisión

Lo confieso. Lo veía venir desde hace un tiempo, y se ha confirmado con mi vuelta de vacaciones y el final de temporada (excelente) de Game of Thrones. Mi interés por las series de televisión está en grave crisis. Prácticamente no me he enganchado a ninguna de las novedades del verano. He abandonado algunas de años anteriores. Sólo me entretengo con series poco trascendentes que me producen un cierto entretenimiento, pero en estos momentos me horroriza pensar y me produce estrés la idea de estar al tanto de los nuevos episodios y llevar al día las series de televisión. No sé cuánto me durará. Ni siquiera si el proceso es reversible.

Durante buena parte de mi vida adulta he sido un consumidor escaso de televisión. Desde que me independice a mi propio domicilio hace ya un buen montón de años, a principio de la década de los noventa, opté por la televisión de pago con el fin de ver de vez en cuando alguna película íntegra, sin cortes publicitarios, y poco más. No me interesan las noticias tal y como las dan en televisión, ni los concursos, ni los programas de variedades, ni la telerrealidad, ni la mayor parte de lo que emiten las cadenas de televisión llamémosle convencionales. Y en estos momentos no entiendo la necesidad de estar pendiente de una programación televisiva, ni entiendo lo absurdo de los horarios de las televisiones en España, que llevan a aque los españoles vivan en su mayoría en un estado de “jet lag” permanente.

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En estos momentos, en mi tumblelog de viajes están apareciendo viajes o excursiones del año 2009 (enlaces al pie). En el encabezado, el valle del Escarra visto desde Formigal. Aquí mismo, puesta de sol desde la sierra de Alcubierre. Ambas en Aragón, España.

Lo único que en un momento dado, hacia la mitad de la primera década del siglo XXI, me sacó de este desinterés por la oferta televisiva fue la existencia de una propuesta de ficción televisiva en forma de series que empezaba a tener una calidad superior. Mi interés por ella no era más que un derivado de mi interés por el medio cinematográfico. Las series no son más que una adaptación del cinematógrafo a las posibilidades del medio televisivo. Pero en los últimos tiempos, siento que mi interés por las nuevas propuestas está decayendo a gran velocidad. Y como digo, ninguna de las últimas novedades en los últimos dos meses me ha resultado de ningún atractivo.

Coincide esto con mi suscripción desde hace unos meses a un servicio de televisión bajo demanda como Netflix. Esta cadena, aunque incluye algunos productos interesantes, también tiene mucha furrufalla, y por supuesto no incluye las propuestas interesantes de otras productoras o cadenas. Pero da igual. Siempre tiene algo que te proporciona un mínimo de entretenimiento, sin tener que preocuparte de nada más, cuando lo necesitas, a tu elección. Por ejemplo, en las últimas semanas, fue la serie australiana Miss Fisher’s Murder Mysteries, procedimental sin más pretensiones, pero con una agradable ambientación de época y personajes encantadores. Maximización del entretenimiento, con minimización del estrés que supone conseguirlo cuando te apetece.

Seracs en el Jungfraufirn

Seracs del Gran Glaciar Aletsch en el Jungfraujoch, Suiza.

O por ejemplo, recientemente a incluido en su oferta una serie que fue célebre entre 200o y 2007, Gilmore Girls, cuyos entretenidos capítulos, agudos diálogos y simpáticas protagonistas no me importa recuperar, en esta ocasión en versión original. Sin más preocupación. Hay otros ejemplos que podría mencionar… Por ejemplo, como en los últimos episodios salía Islandia, y tengo reciente el viaje, he repasado la primera temporada de Sense8, que es una serie cuyos guiones hacen más agua que lo que yo pensaba, aunque sea entretenida. Pero lo cierto es que todo ello no es más que unos síntomas claros que mi interés por la ficción televisiva está en crisis, que mis intereses y mi cabeza van por otro lado, y que lo único que pido en estos momentos es algo de entretenimiento mientras como o mientras ceno en casa.

En fin,… como decía… estoy en crisis televisiva seriéfila. Ya veremos si se pasa o no.

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Casas de los Maestros de la Bauhaus en Dessau, Alemania.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

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Una foto de mis viajes al azar…