[TV] Cosas de series; de dioses y “espectros”

Televisión

Con la “intrusión” la semana pasada del final de la muy comentada temporada de Game of Thrones, he acumulado cierta lista de espera en mis comentarios televisivos. Esto me permitirá ir dosificando los mismos. Así me da tiempo a terminar el largo retorno de Twin Peaks. Que me está pareciendo algo muy curioso e interesante. Aunque sospecho que no para todos los públicos. En fin. Vamos con un par de series, primeras temporadas, que ya terminé de ver hace… ¿dos semanas?

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Aprovecho para un repaso de lo que aparece últimamente en mi blog de fotos de viajes (enlaces al final); por ejemplo, en el encabezado, el dolmen de Ibirque, y sobre estas líneas las calles de Bratislava en Eslovaquia.

La primera es una producción de Amazon que se debió estrenar esta primavera, American Gods. En principio no me atrajo. Pero las buenas críticas emitidas con posterioridad, y el disponer de ella sin problemas gracias a mi suscripción Premium a la tienda en línea, hicieron que le diese una oportunidad. Basada en la novela fantástica del mismo título de Neil Gaiman, parte de la premisa de que estamos en un mundo en el que basta creer en un dios para que este exista. Y existen los dioses antiguos, tradicionales, que pueblan Estados Unidos traídos por los inmigrantes de diversas épocas; Odin, Cristo, Manitú, Anubis,… Y están los dioses modernos, en los que creen los actuales norteamericanos; el dinero, la fama, la droga, los medios,… La guerra por la supervivencia de unos y otros está servida. Y todo ello a partir de las andanzas de un convicto, Shadow (Ricky Whittle), que es liberado de prisión unos días antes de lo previsto por la muerte de su esposa Laura (Emily Browning). Pero por el camino hacia el funeral, es atraido para que trabaje con él por un extraño tipo llamado Wednesday (Ian McShane). Mantengo los nombres en inglés por dos motivos. Porque he visto la serie en versión original y porque la traducción de algunos nombres, como Wednesday, al castellano hace que pierdan su sentido. Excelente trabajo de estos intérpretes, especialmente Browning, un hallazgo, y McShane, así como de un sinnúmero de secundarios, algunos de prestigio, para una historia compleja, pero progresivamente absorbente y muy imaginativa. Y que da que pensar.

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Un rally de coches clásicos en el monasterio de San Juan de la Peña.

En Atypical, el segundo estreno que traigo hoy, de la mano de Netflix, también se habla mucho de “espectros”. Pero más bien en un sentido clínico. El protagonista, Sam Gardner (Keir Gilchrist), padece un trastorno del espectro autista, siendo altamente funcionante. Vive con su familiar, su padre desconcertado, Doug (Michael Rapaport), su madre controladora, Elsa (Jennifer Jason Leigh), y una hermana protectora, Casey (Brigette Lundy-Paine), personaje que se convierte en una auténtica robaescenas. Es curioso, Gilchrist hizo de hijo de una mujer con trastorno de identidad disociativo, personalidad múltiple, en United States of Tara. Otra con problemas conductuales de fondo. Y en aquella también había una hermana adolescente robaescenas, que no por casualidad estaba interpretada por una jovencita Brie Larson. El caso es que Sam, el protagonista que nos ocupa, acude regularmente a la consulta de una psicóloga, Julia (Amy Okuda), que le gusta. Y entonces plantea a todo el mundo que quiere tener novia. Y a partir de aquí, el desarrollo de los conflictos en un tono que alterna la comedia y el drama, con dosis de protagonistmo para toda la familia. No es de lo mejor, pero no está mal. Se deja ver sin problemas y tiene buenas interpretaciones. Me entran dudas sobre la fidelidad a los problemas reales de una persona en el “espectro”,… que es como lo dicen constantemente en la serie.

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Vista de la sierra de Guara desde la Hoya de Huesca.

[TV] Cosas de series – Verdad, verosimilitud, incredulidad; a propósito de “Game of Thrones”

Televisión

Hemos terminado de ver la séptima temporada de Game of Thrones. Sólo siete episodios, frente a los diez habituales, aunque con la duración en minutos sumada de ocho. En un principio, cuando anunciaron que la serie duraría hasta la octava temporada, pero con las dos últimas más cortas, asumí que se trataría de la estratagema que se ha dado en otras series de dividir en dos la última temporada para aumentar la expectación en torno a la misma. Pero parece que todavía no está rodada esa octava temporada,… que a saber lo que nos depara.

La cuestión es que esta séptima temporada ha sido la que más polémica ha deparado, por su desarrollo, con ventaja sobre el resto. De hecho, ha dividido al personal en dos. Los que han estado entusiasmados y los que se han sentido decepcionados, considerando que la serie ha perdido en sus compases finales su naturaleza, su ADN. Soy de estos últimos, y me explicaré.

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 Castillo y torres medievales para ilustrar el universo de “Game of Thrones”. El castillo de Edimburgo (Escocia) en el encabezado y una torre de vigilancia en Hoz de la Vieja, Aragón (España), sobre estas líneas.

Aunque salpicada con episodios de acción y aventura, Game of Thrones ha sido una serie política y de desarrollo de caracteres. En general, el esquema general de cada temporada ha sido el de ocho episodios dedicados a hacer avanzar la trama y el desarrollo de caracteres, establecer los puntos de conflicto y de tensión, para en el noveno de la temporada ofrecernos un espectáculo con más o menos acción o tensión, dedicando el décimo al reagrupamiento de líneas argumentales y encarrilamiento de las futuras a desarrollar en temporadas sucesivas. Eventualmente se daba algún momento de acción para animar el cotarro, pero casi todo sucedía en los maravillosos diálogos, sin desperdicio alguno, que constituyen la columna vertebral de la historia.

En la séptima tempora no ha sido así. No ha habido construcción de tensión y caracteres, sino una locura de acumulación de momentos espectaculares acompañada por una inevitable aceleración de los tiempos internos, de la cronología propia de la acción, que ha incomodado a no pocos espectadores porque ha supuesto una ruptura de lo que era propio en el desarrollo argumental. El momento cumbre de este desconcierto ha sido el sexto episodio de la temporada, en el que la gestión de los tiempos ha sido tal, que incluso ha llenado las redes sociales de todo tipo de memes haciendo solfa sobre lo que sucedió en el mismo. Incluso poniendo en duda la verosimilitud de la historia, y al mismo tiempo dando lugar a encendidos debates sobre los limítes o ausencia de ellos en una serie de ficción fantástica. Me gustaría aclarar algunos términos antes de explicar mi opinión, con el fin de hablar todos el mismo idioma.

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Castillo de Peracense, Aragón (España).

En la ficción, sea literaria, cinematográfica, televisiva o de las artes escénica, existe lo que llamamos suspensión voluntaria de la incredulidad. De una forma u otra, cuando nos acercamos con una actitud acogedora hacia la obra de ficción, aceptamos que en el universo que crea el escritor, siempre hay escritores incluso en los audiovisuales, hay una leyes que lo rigen que son o pueden ser distintas de las del universo real en el que vivimos. No existen los dragones que escupen fuego en el mundo real. No hay magos que resucitan al caer en un abismo envueltos en las llamas de un Balrog. No se puede viajar a la velocidad de la luz. No nos podemos teletransportar instantáneamente desde una nave espacial a la superficie de un planeta desconocido. Pero en el ámbito del universo de ficción al que accedemos, aceptamos que son posibles, los integramos en la historia y disfrutamos con las consecuencias de la existencia de esos elementos en tales universos.

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Roca de Cashel, (Irlanda).

Establecida pues la suspensión voluntaria de la incredulidad, y sabiendo de antemano que estamos ante una ficción, nada de lo que sucede es verdad en sí mismo. El concepto de verdad como algo universal desaparece. Incluso en el mundo real nos vemos a veces en apuros para establecer lo que es verdad en los relatos históricos o biográficos, estando sometidos los hechos a interpretación de los testigos, que sufren engaños en sus sentidos, someten lo acontecido a la subjetividad provocada por su personal escala de valores, o directamente deciden ocultar o exagerar algunos hechos para arrimar el ascua a su sardina. Pero una vez establecidas las leyes por las que funciona un universo de ficción, sí que es importante el concepto de verosimilitud. Si has establecido el hecho de una comunicación a distancia mediante cuervos mensajeros, es fácil aceptar una raza de ellos más fuerte, rápida y resistente que los cuervos comunes que conocemos, por crianza y selección de ejemplares, y que recorran las grandes distancia en menor tiempo del previsible en el mundo real. Si has establecido que cualquier ser vivo muerto por uno de los caminantes blancos adquiere la naturaleza de estos, puedes aceptar lo que le pase a cualquier criatura en esas circunstancias,… incluso un dragón. Pero si has establecido que un ejército se desplaza caminado a través de un continente, o que los navíos que lo desplazan tienen el aspecto de los drakares vikingos o de las galeras mediterráneas, las guerra avanzan despacio, muuuuuuy despacio. Si quieres acelerar la acción y mantener la verosimilitud de la misma, de acuerdo al conjunto de reglas, por fantásticas que sean, de tu universo de ficción, tienes que exponer los hechos de forma clara. Y las elipsis tienen que ser perfectamente reconocibles y estar bien justificadas. Si esto no sucede, el trabajo de los guionistas es chapucero.

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Castillo de Loarre, Aragón (España).

Se ha discutido mucho la verosimilitud de algunos pasajes de esta temporada, especialmente en el episodio sexto. No discuto esa verosimilitud. En algunos lugares, con pensamiento escéptico y crítico, incluso explican muy bien las condiciones en las que tales hechos son posibles dadas las leyes reinantes en el universo de Westeros. Pero si un porcentaje de tus espectadores se siente incómodo con el relato, si aquellos espectadores más exigentes que no se conforman con los fuegos de artificio propios de los blockbusters palomiteros y se acostumbrado a una forma de trabajar la historia y a unos niveles de calidad determinados en los guiones, tienen más ganas de hacer chistes sobre lo sucedido que de otra cosa,… algo ha fallado.

En mi opinión, los guiones y el relato de esta séptima temporada de Game of Thrones no ha estado a la altura de las circunstancias y se han acercado peligrosamente a esos productos cinematográficos a los que muchos se han acostumbrado en las dos últimas décadas. Productos sin coherencia interna, sin cuidado en el desarrollo de las historias, que basan su éxito en una espectacularidad muchas veces vacía de contenido. Lo espectacular por lo espectacular, sin más. Funciona a nivel de taquillas, aparentemente. Pero eso no quiere decir que sean buenos productos. Ni mucho menos.

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Uncastillo, Aragón (España).

Recuerdo un momento importante en Battlestar Galactica. Al final de la segunda temporada, los refugiados humanos encuentran un planeta habitable donde establecerse. Aparentemente, han dado esquinazo a los enemigos cylones, y pueden formar la colonia de Nueva Cáprica e iniciar una nueva sociedad planetaria. Pero en ese momento son atacados, derrotados e invadidos. Sólo las dos grandes naves que los han llevado hasta ahí consiguen escapar. Cuando empieza la tercera temporada, no se nos cuenta nada de lo que ha sucedido a continuación. Ha pasado mucho tiempo desde los acontecimientos del final de la temporada anterior. Los guionistas confian en que la inteligencia del espectador rellene los huecos que deja la enorme elipsis en el argumento. Luego ya irán soltando perlas de información que ayudarán a ello. Algo así he echado en falta en esta temporada de Game of Thrones. No necesitaba que me contaran todas la guerra en Westeros. La podíamos haber cogido ya muy avanzada, con los ejércitos cansados, con los dirigentes afectados por el desgaste… y encaminarnos directamente a lo esencial de la temporada. Todo ello contado correctamente. Hay muchas formas de hacer las cosas bien. Este es un ejemplo. Pero si cambias tus objetivos, si modificas tu forma de actuar… pues dejas descontentos. Generas el horrrrrrrrrendo deus ex machina del tío Benjen y equiparas al soso de Gendry al igualmente soso superhéroe de la capucha roja y el rayito amarillo.

Aunque da igual. Están batiendo récords de audiencia. Incluso con las filtraciones de los hackers. Pero no es debido a la calidad… es la “fast food” de la ficción audiovisual. El espectáculo vacuo. Por favor… den un cierre digno y de calidad a la serie. Y oye… que en una serie de televisión lo importante es el camino… que no es necesario cerrar perfectamente todas las tramas. O se puede dejar a la imaginación del espectador el cierre de algunas… Cosas.

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Castillo de Sora en Castejón de Valdejasa, Aragón (España).

[TV] Cosas de series; convivir entre tres, convivir entre seis…

Televisión

En este martes que voy a dedicar a la ficción serializada para la pequeña pantalla, me encuentro todavía digiriendo las chapuzas que los guionistas de Westeros nos están ofreciendo en esta acelerada temporada 7.1 de la más épica lucha por el poder que en la televisión ha sido. A duras penas la espectacularidad de algunos momentos me hace olvidar o perdonar la utilización de recursos argumentales tan cobardes o simplones como algún deus ex machina que haría palidecer cualquier llegada imprevista e impredecible del 7º de Caballería en las escenas finales del más cutre de los westerns de hace cincuenta o sesenta años. Pero las series que me ocupan hoy tienen un tono muy distinto.

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Unas cuantas escenas cotidianas japonesas para ilustrar la entrada televisiva de hoy.

En primer lugar, dar un repaso aunque sea breve a la segunda temporada de You Me Her,  comedia dramática, o drama cómico, que plantea la situación de un matrimonio convencional de clase media norteamericana cercano a los cuarenta años que se enamora, ambos consortes, de un joven universitaria de veintipocos. En esta segunda temporada, la trama ha jugado con la aceptación por parte del resto de la sociedad de una relación poliamorosa, con los potenciales desequilibrios en la relación, si una relación a dos difícilmente es simétrica no digamos a tres, y con los relojes biológicos que impulsa a las personas a tomar determinadas decisiones relacionadas con la perpetuación de la especia y los apellidos. La serie no es quizá lo más fino que se puede encontrar en este tipo de temas en la televisión contemporánea, pero se deja ver.

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Mucho más intrigante es la miniserie japonesa, doy por hecho de que es una serie de una sola temporada, 1000000 yen no onnatachi [100万円の女たち] (Mujeres de un millón de yenes). Un escritor con muy poco éxito de treintaipocos años lleva viviendo en su amplio domicilio en Tokio desde hace seis meses con cinco mujeres jóvenes, entre los 17 y los 30 años, que recibieron un invitación en su momento de un desconocido para ser inquilinas del escritor por una cantidad de un millón de yenes al mes. Con una serie de condiciones, que mantienen el misterio sobre cómo han llegado a esta situación, y sobre el origen de estas cinco mujeres, que evidentemente gozan de una excelente situación económica, y tienen distintos niveles de excentricidad personal. Desde la misteriosa mujer de misteriosos negocios que se pasea desnuda por la casa, a la adolescente huérfana, todavía en el instituto. Y todas ellas trabajarán en su momento para conseguir el éxito del escritor, que está condicionado en su vida y su trabajo por ser el hijo de un condenado a muerte que acabó con la vida de su mujer, el amante de esta y un policía en un delirio homicida.

He de reconocer que últimamente he podido ver varias series niponas, muy diversas unas de otras, y muchas de ellas casi inclasificables. Es cierto que esta que nos ocupa hoy evoluciona de formas más convencionales de lo que parecía indicar su surrealista comienzo. Pero mantiene un adecuado nivel de intriga, al mismo tiempo que una notable reflexión sobre la soledad, sobre los remordimientos, sobre el éxito y sobre las relaciones entre personas de distinto sexo. Está bastante bien interpretada y… todas las chicas son monísimas. Qué más vas a pedir.

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[TV] Cosas de series; cuadernos endemoniados y contables del diablo

Televisión

Esta semana empiezo directamente con una entrada televisiva. Pocas horas después de haber el episodio más tranquilo de la temporada actual de Game of Thrones, pero uno de los más jugosos si no el que más, he terminado de ver una serie que ha llegado con poco ruido pero que no carece en absoluto de interés. De hecho es muy visible. Pero vamos por partes, porque antes tengo que hablar un poco de la animación japonesa para televisión.

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Siguiendo la serie de animación japonesa, pasearemos por los templos y santuarios de Kamakura para empaparnos de los ritos, las religiones y la mitología popular del País del Sol Naciente.

Una noticia hace unos meses sobre que iban a convertir una serie de animación japonesa en una serie con personas reales norteamericana para Netflix, me hizo comprobar a ver si la original estaba en el servicio de vídeo bajo demanda. Y sí, está. Se trata de Death Note, una serie de animación que ya tiene una década, y que se maneja entre los géneros fantástico y policiaco, este último sobre la variante de las tramas sobre asesinos en serie. Aunque un asesino en serie un poco particular. La cosa va de un cuaderno de la muerte, propiedad de unos seres demoniacos, los shinigami. Tiene unas reglas que no voy a comentar de forma integral, simplemente lo esencial. Quien posea el cuaderno, si escribe el nombre de una persona mientras piensa en ella, esa persona morirá. De la forma en que describa en el cuaderno o, si sólo pone el nombre, tras cuarenta segundos de un para cardiaco. El cuaderno lo encuentra un joven adolescente, hijo de un policía de alto nivel, y decidirá que va a librar al mundo de criminales y la injusticia. Pero será perseguido, por su propio padre y por un misterioso joven con grandes capacidades detectivescas. Luego todo se complica mucho más. No está mal, aunque tiene cosas que parecen simplonas e incluso ridículas, que atribuyo a las diferencias culturales entre los nipones y los occidentales. Para ellos tendrán sentido,… para mí no. Pero es entretenida. Son 37 episodios de 20-25 minutos de duración y,… sospecho que la adaptación con personajes de carne y hueso no puede trasladar los elementos fantásticos de la historia con facilidad, pero me puedo equivocar.

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Pero lo más interesante de los últimos tiempos ha sido un estreno reciente también en Netflix, la primera temporada de 10 episodios de una hora de duración titulada Ozark. Yo no había oído hablar de los Ozarks hasta hace unos años cuando pudimos disfrutar de la mejor interpretación de Jennifer Lawrence en mi opinión hasta la fecha. Es una región de los Estados Unidos en el Medio Oeste, con una relativa riqueza natural, pero no excesivamente boyante económicamente. Tierra de rednecks, el término despectivo equivalente a nuestro paletoscagajudías. Gente rural con poca educación y bajo nivel adquisitivo. Pero parece que una de las industrias más boyantes sería la cocina y tráfico de sustancias tóxicas para uso recreativo, lo cual es aprovechado como fondo para las tramas de determinadas ficciones cinematográficas o televisivas como la mencionada o la serie que nos ocupa hoy. Serie que trata de un contable, Marty Byrde (Jason Bateman), que para salvarse de unos ajustes de cuentas de un peligroso cartel de la droga mejicano en Chicago, trama un medio de refugiarse en los Ozarks para lavar el dinero procedente de ese tráfico de droga. Y allí se va con su mujer Wendy (Laura Linney) y sus hijos. Pero nada será fácil, porque el encaje de esta familia urbanita entre el hampa y la cerrada sociedad locales traerá más conflictos que los que se buscaban resolver.

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Como ya podéis ver, de entrada el reparto tiene empaque, que se completa con secundarios como el conocido buen actor escocés Peter Mullan, una fenomenal Lisa Emery, estos dos son los más peligrosos delincuentes locales, y otros menos conocidos que ofrecen un nivel interpretativo notable. En la trama no falta de casi nada. Hay un religioso que va muy perdido por el mundo, por ejemplo. Está el FBI, que van detrás de todos, pero que de momento les toca hacer de tontos de la función. Algún malo malísimo malo que todavía tiene que dar mucho de sí… Y varias posibles líneas secundarias de acción que garantizan que la familia Byrde no se va aburrir durante mucho tiempo. Y nosotros tampoco. Muy recomendable.

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[Televisión] Cosas de series; malvados cutres y malvadas pijas

Televisión

Poco a poco me voy quitando la lista de espera de series emitidas esta primavera, y hasta la primera mitad del verano. Es cierto que tengo una cierta lista de espera… cosas que quiero ver y no doy abasto. Es bueno cuando no doy abasto. Eso quiere decir que tengo cosas más interesantes que hacer que ver la tele… En fin. No divaguemos. Que hoy toca tele. Es cierto que en estas semanas veraniegas parece que a la gente no le interesa otra cosa que no sean las guerras e intrigas en Westeros/Poniente… pero bueno, hay más vida más allá de las riberas del Mar Angosto.

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Una de las señas de identidad de la película y las series de Fargo son los paisajes nevados en las grandes praderas del norte de los EE.UU. Paisajes muuuuuuuuucho más raros en mi tierra, Aragón, pero no imposibles.

Hace un tiempo me enganché con mucho retraso a un guilty pleasure, un placer culpable, muy culpable, que fue Pretty Little Liars. Una mezcla de “mujeres desesperadas” con “venganza” y algo de “psicosis” y otros acosadores diversos, con un reparto presuntamente adolescente. Presuntamente, porque siempre hay una cierta divergencia entre las edades reales de las actrices y las de sus personajes en todo o en parte del reparto. En su momento me puse al día, siendo una serie que ha estirado todo lo posible y hasta la náusea su premisa inicial, mucho más allá de lo posible. Recordamos… grupo de adolescentes con un pasado oculto que empiezan a recibir anónimos de un/a misterioso/a acosador/a, “A”, que les amenaza y les lleva a hacer todo tipo de tonterías a base coacciones y chantajes. Los últimos diez u once capítulos han tenido un pequeño argumental propio, aparentemente concluso en el penúltimo capítulo para llegar a un capítulo final donde se sacan de la manga una mala improbable y desconocida. Bien. Como decía, un guilty pleasure, con un diseño de producción de buen nivel aparente, con unos guiones que a veces son de vergüenza ajena, y con unas protagonistas muy monas y muy pijas, pero muy malas actrices. En fin… serie que ha pasado a mejor vida… la de las reproducciones interminables de las plataforma de vídeo bajo demanda.

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Mucho más interés por su contenido y su infinita mejor calidad es la que me despertaba la tercera temporada de Fargo. Con uno de los descubrimientos más interesantes de la tele en los últimos años gracias a The Leftovers, como es Carrie Coon en su papel de policía rural pero lista, un clásico de este universo, con Ewan McGregor en un papel doble, de dos hermanos gemelos sumamente cutres, con la atractiva y competente Mary Elizabeth Winstead marcando la línea de que las mujeres son más inteligentes que los hombres incluso para delinquir, y con un inquietante David Thewlis como malo, malísimo, malo… prometía mucho desde el principio. Lo cierto es que la serie sigue estando a muy buen nivel. Sin embargo, no ha llegado a las cimas a las que llegaron las dos temporadas anteriores. Quizá en parte porque ya causa menos sorpresa sus derivas argumentales, siempre fieles a la senda marcada originalmente por la película de los Coen. En cualquier caso, estamos ante la antítesis afortunada de la serie anterior. Aquí hay un diseño de producción mucho mejor aunque no se aparente. No hay pijos, sino gente modesta o cutre. Los guiones son muy buenos. Y los intérpretes de alto nivel. Seguramente la serie anterior tiene más audiencia que esta. Pero bueno. Aquí estamos para recomendar lo bueno, no lo malo.

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[Televisión] Cosas de series; retorno a “the Creek”, casi veinte años después

Televisión

Aviso: voy a comentar una serie que comenzó a emitirse hace casi veinte años y terminó hace casi quince años. Seguro que hay elementos que desvelan la trama. Ha pasado demasiado tiempo como para que no sea así. Quedáis avisados.

El triángulo. El polígono más sencillo posible. Sólo tres lados, sólo tres ángulos. Y sin embargo, símbolo de múltiples creencias, humanas y divinas. Símbolo de un dios en las religiones monoteistas occidentales actuales. Pero también uno de los recursos argumentales preferidos de los escritores de ficción, guionistas,… creadores de historias en general.

El sexismo imperante en la mayor parte de las sociedades que pueblan la superficie de nuestro planeta ha hecho que en la mayor parte de las ocasiones, el triángulo romántico sea un triángulo rectángulo clásico, una hipotenusa y dos catetos que se la disputan. Generalmente, escaleno, con la hipotenusa como centro de interés, uno de los catetos tendrá más longitud que el otro, será más importante que el otro, será el que se lleve a la chica. Pero es concebible el triángulo isósceles en los que ambos catetos peleen de igual a igual por la chica. Con caracteres distintos, sabiendo que sólo uno de ellos se hará con el preciado premio, el amor de la protagonista. Aunque algún ejemplo hay de que los dos catetos se quedan con un palmo de narices, despreciados ambos por una hipotenusa con carácter.

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¿Qué pinta París en una serie rodada en Carolina del Norte, pero que se supone transcurre en Nueva Inglaterra?

En los más raros casos en los que se opta por la difícil situación de un cateto al que se lo disputan dos hipotenusas, ese sexismo que empaña las creaciones de nuestras sociedades llevará a que una de las chicas sea “la mala”, “la otra”, “el pendón desorejado”. Parece inconcebible que dos mujeres en igualdad de condiciones opten a las atenciones del mozo. La moral conservadora imperante en la historia de las producciones televisivas o cinematográficas parece que lo impide. Cuando hace casi 20 años, empecé a ver capítulos de una serie sobre adolescentes que hablaban con un nivel lingüístico y conceptual imposible, Dawson’s Creek, creí que alguien había tenido la idea de reivindicar el triangulo de las dos hipotenusas, con dos contendientes en igualdad de condiciones. Me llamó la atención. Eso y el extraño aire de la Jen Lindley que encarnaba Michelle Williams, que me recordaba a la Monika que representó Harriet Andersson en una de las más célebres y sensuales películas de Bergman. Supongo que, aunque no recuerdo con precisión, vi el primer episodio y la escena de Jen bajándose del taxi que la va a dejar varada en la casa de su abuela, alejándola de los pecados de la Babilonia neoyorquina, al mismo tiempo que actúa como detonante que liberará de sus represiones a los vecinos del arroyo de Capeside. Probablemente, en las seis temporadas que duró la serie, la escena más sensual de la misma.

Pero no fue así. Al final, la serie cayó en el convencionalismo, y el triángulo alrededor del cual giraron todos sus personajes fue el más convencional de los dos amigos de la infancia que se disputan los favores de la vecinita morenita y mona. Y sosa. Y fría. Y distante. Y pedante. Y caprichosa. Y enfadica. Pero eso no lo supe en su momento. En aquel tiempo, en los años postreros del siglo XX dedicaba un tiempo muy reducido a la televisión, y nunca vi más que algunos capítulo de aquella primera temporada de la serie. Pero me quedé siempre con la duda de qué pasaba con aquel grupo de adolescentes. Ahora la tenemos disponible íntegra en Prime Video de Amazon, y en los últimos meses la he visto entera. Así como el año pasado rescaté las aventuras en Star’s Hollow, este año he rescatado la aventuras en Capeside.

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Pues la clave está en varios finales de temporada.

Dawson’s Creek (Dawson crece en España) es comentada con frecuencia como una serie de referencia en lo que se refiere al género de adolescentes que se acercan progresivamente a la edad adulta, con sus conflictos y sus dudas. No faltan los fans de la serie, que ya hace casi quince años que dejó de emitirse, y casi veinte años desde que comenzó. Levantó polémicas en su país de origen por el presunto atrevimiento con el que trataba determinados temas, especialmente la sexualidad de los adolescentes. Vista desde la perspectiva que ofrece el tiempo y vivir al otro lado del Atlántico, lejos de parecerme una serie progresista, me parece cargada de moralina conservadora, en la que los que se portan mal reciben su justo castigo, y donde se adoctrina con frecuencia a los adolescentes y jóvenes sobre lo que se debe hacer o no.

Porque hay que reconocerlo. Si su primera temporada despierta el interés del espectador, progresivamente la serie se va adormeciendo en una rutina de idas y venidas de sus personajes protagonistas en un tratado de matemática combinatoria, donde se realizan combinaciones de seis elementos tomados de dos en dos. Pocas combinaciones se quedan sin explorar. Antes he mencionado las aventuras de las Gilmore… Aunque el elemento romántico ocupe un lugar importante siempre en este tipo de series, en el crecimiento de Rory Gilmore aparecen otros intereses y otros motores que condicionan su vida. No tal en Capeside, donde pocas cosas apartan a sus protagonistas de su eterna “umbilicoscopia” y de sus rollos románticos. Si quitas la monomanía cinéfila de Dawson (James Van Der Beek), nada más les interesa aparentemente. Incluso el interés académico de Joey (Katie Holmes) acaba siendo la gran piedra que hace fracasar su relación en el instituto con el menos aplicado estudiante Pacey (Joshua Jackson).

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Incluido el “primer” final de la serie. Por que la serie tiene dos finales, uno en el episodio 22 de la 6ª temporada, que termina en… París.

Y ahora que están mencionados los cuatro principales protagonistas, habremos de hablar un poco del reparto. Un reparto desafortunado, para los roles que tienen que desempeñar. Aunque ese Dawson’s Creek, el arroyo de Dawson, es una metáfora del discurrir de la vida del joven cinéfilo, fanático de Spielberg, la verdad es que la serie en su conjunto debería llamarse de modo más apropiada Joey’s Creek. Porque a la postre, es este el personaje central de la serie, alrededor del cual se condiciona el devenir de la misma. Pero Katie Holmes es una actriz muy mediocre. Ciertamente mona. Hay que decir que de los protagonistas, la única que se acercaba a la edad de su persona fue Michelle Williams. Los otros rondaban los veinte años o más cuando se suponían que tenía quince. Curiosamente fue Williams la que fue despuntando poco a poco como intérprete en la serie, convirtiéndose como es en una de las mejores intérpretes femeninas de su generación. Holmes, además de por los repetitivos mohínes con los que encarnaba a Joey Potter, es más conocida en la actualidad por su tormentos matrimonio y divorcio de un famoso actor, miembro de una peligrosa secta religiosa. La Joey Potter que interpreta Katie Holmes llega a resultarme cargante. Como lo llega a ser el Dawson Leery de James van der Beek. Y el protagonismo de ambos condiciona en gran medida la serie, que tenía muchas potencialidades nunca suficientemente explotadas, por estar al servicio de esta pareja. No es de extrañar que con el tiempo, los/las partidario/as de Pacey como vencedor de la pugna triangular fueran superiores a los de Dawson. Aunque para mí esto sea augurar una vida de amargura para el pobre Pacey. A pesar del final de la serie, estoy segura que a estas alturas Pacey ha tenido que mandar a freir espárragos a la estirada de Josephine.

Uno de los principales problemas de la serie es el humor. O mejor dicho, la escasez de humor. Lo hay. Tiene sus momentos de comedia, de relajo argumental. Generalmente en episodios de relleno. Estamos hablando de una serie con temporadas de 23 episodios salvo la primera, mucho más corta. Hay episodios de relleno. La cuestión es que algunos de estos episodios son de los mejores. Se nota mucho en la quinta temporada, la primera de las que transcurren en Boston, con los protagonistas en edad universitaria, donde la serie parece recuperar ritmo y tirón gracias a la introducción de elementos de humos, y de tramas paralelas más dinámicas e interesantes que la principal. No tiene nada de extraño que muchas veces en estas tramas sean Jen/Michelle Williams o Pacey/Joshua Jackson los protagonistas, sin la presencia de la pareja principal. Jen Lindley es continuamente el personaje más maltratado de la serie. Parece como si no supieran nunca muy bien qué hacer con él. Paradojamente, a pesar de las incongruencias de las que los guionistas dotan a este personaje, la solidez interpretativa de Williams y otros elementos hace que al final sea el personaje que mejor se ha desarrollado. Pese a los guionistas. Comentaba el otro día la hija de una amiga mía, que tiene una edad más apropiada al público destinatario de la serie, que no es de extrañar que la eligieran para el dramático final de la serie. Era la única capaz de morirse con gracia en esta serie.

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El otro final de la serie es el doble episodio final que añadieron después, el 23-24 de la sexta temporada, donde no sale París.

Por cierto, hay un momento más que digno de haberlo tratado con un mínimo de humor, y que sin embargo acaban arruinando por tomárselo demasiado en serio. El hecho de que la primera y única vez que Dawson se acuesta con Joey sea engañando a la que es la pareja actual del aprendiz de cineasta tiene una gracia tremenda. Desaprovechada por completo… Lo dicho. Se tomaron demasiado en serio a sí mismos y a la serie. No voy a repasar las situaciones absurdas o incogruentes de la serie… que son muchas, lamentablemente. El tratamiento de la homosexualidad de Jack (Kerr Smith) resulta un poco ridícula desde la perspectiva histórica. La intoxicación con éxtasis de su hermana Andie (Meredith Monroe) resulta tan previsible como mal desarrollada. Y la presunta promiscuidad de Audrey (Busy Philipps), que pasa de habérselo montado con media universidad a ser casi una mojigata, es una “tontá” de mucho cuidado. Esto último me ha permitido mencionar a los otros tres protagonistas menos protagonistas, también frecuentemente infrautilizados. Las dos chicas podía haber dado mucho más de sí. Tanto por que sus personajes podrían haber sido más ricos, como porque la calidad de sus intérpretes superaban la de algunos de los protagonistas.

Luego es gracioso ver aparece gente que en años posteriores se hará más conocida. Una vistosa y neumática Ali Larter, un jovencita y rubísima Jennifer Morrison, un Michael Pitt que ya anunciaba ser un actor pedante y poco interesante, Jane Lynch desaprovechada en un papel mínimo, Ken Marino no haciendo de sinvergüenza, Sasha Alexander como uno de los personajes femeninos potencialmente más interesantes de la serie,… Y un par de ex-Twin Peaks, también con sus potencialidades infrautilizadas, Mädchen Amick y Sherilyn Fenn. Entre otros muchos.

Creo que el balance final que hago de la serie lo podéis deducir. Esperaba más y mejor. Y ha resultado una serie más mediocre de lo que imaginaba, aunque con un potencial notable para convertirse en un guilty pleasure. La primera temporada está bien, aunque sigue resultando extraño que adolescentes de quince años se expresen como lo hacen estos. No resulta natural. Pero se puede aceptar como servidumbre a otros fines. El problema es que luego no desarrollan la potencialidad de la situación hasta sus últimas consecuencias, y queda convertida en una situación banal. Hemos de agradecer que nos descubrieran a Michelle Williams. Cada vez que recuerdo su papel en Blue Valentine, o el diálogo del almuerzo en Manchester by the Sea, agradezco la existencia de la serie que nos ha ocupado por ahí por haber sido el papel que la dio a conocer.

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En cualquier caso, me ha parecido que París es el símbolo perfecto de que la chica protagonista, Joey, es una mema.

[TV] Cosas de series; transiciones doctorales y “luchadoras” ochenteras

Televisión

Esta semana tengo comentario para dos series. Una, de las más veteranas de la televisión mundial, la otra, recién estrenada. Empecemos por esta última.

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En uno de los capítulos de la última temporada del Doctor, los protagonistas llegan a los confines del Imperio Romano en Britania, que limitan con las tierras de los belicosos Pictos y Escotos, donde la leyenda dice que desapareció la IX Legión “Hispana”, aunque parece que no fue allí realmente donde desapareció sino en Oriente Próximo. Da igual, es una buena excusa para viajar a Escocia, bajarse del tren en Arrochar & Tarbet y pasear por el bosque de Cruach Tairbeirt.

G.L.O.W. es el acrónimo de gorgeous ladies of wrestling, las encantadoras damas de la lucha libre, un espectáculo televisivo norteamericano que se emitió de forma regular desde 1986 durante unos años, en las que un grupo de mujeres actrices, bailarinas o de otras ramas del mundo del espectáculo, representaban combates de lucha libre, totalmente simulados, caracterizadas de personajes más o menos arquetípicos y tópicos de todo tipo. Parece que tuvo su público, y que incluso hoy en día existen derivados de la idea. En la serie GLOW nos presentan una ficcionalización de cómo nació este espectáculo, con un esquema base que no se diferencia mucho del que conocemos en Orange is the New Black. Un par de personajes centrales femeninos, amigas en principio, pero con un conflicto que las separa, que anclan en su alrededor a otro grupo de mujeres, con características casi imposibles, casi marginales, pero con historias humanas que contar. Y algunos hombres por ahí, casi siempre despistados por el mundo también. No es tan potente como el “original”, las chicas carcelarias, pero se deja ver. Y total, la primera temporada son sólo 10 episodios de media hora, entre la comedia y el drama.

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He podido ver también la décima temporada de la nueva época de Doctor Who, que va a ser la última de la duodécima encarnación del Doctor (Peter Capaldi), que ya sabemos que va camino de su regeneración en la decimotercera en el próximo especial de Navidad. También ha sido la temporada de una de las compañeras más breves de esta época, Bill (Pearl Mackie). Así que ha sido una temporada de transición,… que no ha estado mal. Quizá la serie necesitaba una simplificación de sus tramas. Que funcionaron muy bien cuando en estas aparecían personajes muy carismáticos, ¿soy yo el único que hecha de menos a River Song (Alex Kingston)?, pero menos cuando esto no es así. Como de costumbre, la serie se mueve entre episodios que son claramente de terror y los que son de ciencia ficción propiamente dicho. Como siempre, yo prefiero los últimos, especialmente si implica cierto grado de inclusión en el género de la space opera. También como es habitual, suelen predominar los que se decantan por el terror.

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La gran “novedad” es el anuncio de quién va a encarnar al decimotercer Doctor. Siempre me he preguntado donde queda el Doctor encarnada por John Hurt en la cuenta,… pero bueno, decimotercero. Y he entrecomillado lo de “novedad” porque llevan ya mucho tiempo preparando el terreno para la eventualidad de una regeneración en una mujer. Ya la última regeneración de su nemesis, The Master, también conocida como Missy (Michelle Gomez), ha sido femenina. Y nos han dicho que va a ser Jodie Whittaker, que recientemente tuvo un papel importante en Broadchurch, donde coincidió con algún antiguo doctor y con algún antiguo compañero del Doctor. Me cae bien esta actriz… igual funciona y reaviva la serie, que sigue siendo muy visible, pero parece que ha pasado ya sus mejores momentos.

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[Televisión] Cosas de series; entre el terror animado y el terror ideológico hecho carne mortal

Televisión

Poco a poco voy intentando recuperar el terreno de diversas series que se han ido emitiendo esta primavera y se me habían ido quedando en la reserva. Eso sin perder de vista alguna novedad… Y que la actualidad a veces se me adelanta. Por ejemplo, aún no me da tiempo a comentar la última temporada de las aventuras del Doctor, cuando ya se ha publicado que el 13º de la cuenta oficial será “Doctora”. Jodido lo tienen los traductores de los doblajes al castellano… porque en inglés, “The Doctor” es invariable con respecto al género, pero en el idioma de Cervantes… Bueno pero de esto ya hablaremos probablemente la semana que viene. De momento, y mientras vamos cogiendo un miedo aterrador a las adolescentes que vienen de un norte que no olvida, vamos con dos series en sus primeras temporadas que cada una a su modo, son también de terror.

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Castillo y paisajes nevados están o van a estar de moda en las series televisivas en estos tiempos. Los que aquí traigo han aparecido recientemente en mi tumblr viajero (enlaces al final), y son todos de Aragón, el antiguo reino que me vio nacer.

Castlevania (1ª Temporada)

Producción norteamericana para esta adaptación como serie de animación de una serie de videojuegos nipones en la que le dan la enésima vuelta al mito de Vlad Tepes “Drácula”. Esta primera temporada de sólo 4 episodios de 25 minutos aproximadamente de duración se puede considerar como un prólogo de presentación. Parece que a Netflix, plataforma en la que se emite, no tardarán en llegar nuevos capítulos, con temporadas más largas y con más desarrollo.

De momentos nos hemos puesto al tanto de los antecedentes de lo que va a suceder. Como suele pasar, el Drácula de turno, que no era tan mal chico como lo pintan, se vuelve realmente malo cuando los humanos estrechos de miras, y especialmente el clero, se dedica a quemar mujeres como brujas y dan en churruscar a la bondadosa esposa del conde. La venganza será terrible, claro. Frente al vampiro, sólo quedan una hermandad de magos, de donde extraeremos a la chica de la serie, y el heredero de una antigua familia de cazadores de vampiros caída en desgracia. Y un tercer aliado sorpesa, que ya veremos…

Serie animada, pero no pensada necesariamente para un público demasiado joven. Especialmente por el alto nivel de violencia explícita e implícita. Ya veremos si ulteriores temporadas me interesan. No está mal hecho, pero no es un tema que me entusiasme.

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The Handmaid’s Tale (1ª temporada)

Un comentario sobre esta serie, de la que sólo tenemos su primera temporada, daría para una o varias entradas en exclusiva. Aunque en estos momentos todo el mundo anda chocho con el regreso de las aventuras en Westeros, mientras que hace unos meses muchos veían en otra serie de ciencia ficción a la que yo no me enganché como la sucesora de la creación de George R. R. Martin, ya en su recta final, lo cierto es que es esta distopía la que ha supuesto en mi opinión el más fuerte mazazo conceptual y dramático en el panorama televisivo de los últimos meses.

Basada en una novela de Margaret Atwood, la oportunidad con la que llega esta historia sobre una sociedad distópica construida sobre la que forman los actuales Estados Unidos de América no puede ser negada. Tras unas elecciones norteamericanas en las que el peor de los posibles candidatos aprovechó el descontento del hombre blanco medio norteamericano para hacer triunfar un populismo sin pies ni revés, cuando en el mundo se discute fuertemente sobre cuestiones sobre las gestaciones surrogadas y su ética o ausencia de ellas, cuando se percibe un auge de las posiciones más conservadoras de distintos credos en todo el mundo, generalmente asociadas a ideologías que proponen la sumisión de las mujeres a la figura del hombre, que se plantee con cierto carácter de verosimilitud la conversión de los EE.UU en una llamada República de Gilead, de carácter fascista teocrático y en la que las mujeres se ven obligadas a papeles de esclavitud, bien sea laboral, bien sea reproductiva, salvo una élite de matronas estériles a la sombra de sus maridos, no deja de producir un terror inquieto en cualquier persona sensible y con dos dedos de frente.

Una habil imaginería por parte de los realizadores de la serie que combina cierta belleza estética, basada en los uniformes de las criadas, frente a la fealdad y grisura propia de cualquier dictadura. La hábil utilizacion de analogías y paralelismos entre esta República de Gilead y la república islámica de Iran, muy impresionante la escena de cierto ahorcamiento. La violencia implícita, mucho más potente y devastadora que la explicítica, que rezuma la serie. Un conjunto de interpretaciones absolutamente atinadas con Elisabeth Moss a la cabeza, qué buena es esta actriz. Todos estos elementos nos lleva a un mundo triste, moralmente acabado. Donde si algo queda claro es que los responsables no son sólo los fanáticos que lo lideran, sino los ciudadanos que con su pasividad, han permitido que sucediera. Son muchos los paralelismos que se pueden establecer con otras épocas y otros países del pasado y del presente.

Una serie imprescindible. Más imprescindible que la de los dragones, por mucho que nos tenga esta última entusiasmados. ¿He dicho ya que últimamente las adolescentes me aterran? Más que los caminantes del hielo.

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De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…

[Televisión] Cosas de series; el duelo por los que perdemos y el final para los que se quedan

Televisión

La entrada de esta semana, me salga más o menos larga, más o menos corta, va a estar dedicada a una única serie. Una serie que me ha parecido de lo mejor, más auténtico y más original en los últimos tiempos…. o en mucho  tiempo. Se trata de The Leftovers, una serie que nos ha acompañado en los últimos tres años, con tres temporadas que suman un total de 28 episodios. Dos de diez y una de ocho.

La serie, como muchas en los últimos tiempos, comienza con un misterio aparentemente inexplicable. O inexplicado. Un 2% de la población mundial, un 14 de octubre, desaparece. Sin dejar ni rastro de sus personas. Desvanecidos. Un 2% son mucha gente. Si tal cosa sucediese, todo el mundo conocería a alguién que se desvanece. Pero la serie nunca va de los que desaparecen. Su propio título lo índica. “The leftovers”, los supervivientes, pero también los restos, los que se quedan atrás. Los residuos. Aunque sean la mayor parte de la población.

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En ausencia de fotografías de los entornos donde transcurre la serie, me voy a revisitar las fotos de las islas Lofoten, cuyo procesado llevo de forma muy lenta. A pesar de la espectacularidad del paisaje, no acabé de sentirme cómodo con las circunstancias de la luz y de las tomas… uiggggg… ¡Qué importante es la luz en nuestra vida! No sólo la cantidad sino la calidad.

El desvanecimiento de ese 2% de las personas es un monumental y gigantesco macguffin. Como descubrirá pronto cualquier persona con un mínimo de cultura cinematográfica. Frente a la dinámica establecida en series predecesoras, como la “maldita” Lost, como espectadores no sentimos necesidad alguna de explicar ese suceso. Y eso le otorga, tanto a la serie como al espectador que la ve, de una libertad y de una serenidad incalculables. Nos podemos centrar en lo importante. Conocer mejor a los que quedan, es decir, conocer mejor a la especie humana, conocernos mejor a nossotros mismos, a partir de la respuesta que damos al duelo por la pérdida. Pérdida que puede ser abrumadora, como puede ser el caso de Nora (Carrie Coon), el personaje más fuerte, más potente, más rico de la serie, y que sin embargo va a ser más incapaz de seguir adelante ante el duelo que cualquier otro. Carrie Coon ha sido, sin duda alguna, el gran hallazgo interpretativo en una serie donde todo el reparto funciona en un nivel muy alto. Pero puede ser también esperanzadora. Puede fomentar nuestras creencias irracionales, o hacernos caminar por el escepticismo más absoluto. Puede inducirnos a querer vivir con mayor intensidad o a darlo todo por banal, por perdido. Todas son reacciones humanas, que simplemente son llevadas hasta el extremo, que es la forma en somos más conscientes de ellas.

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Si ya es algo que habíamos descubierto en las dos primeras temporadas, se pone de manifiesto en la aparentemente loca o surrealista tercera temporada. Paradójicamente, encuentro que esta última temporada es de una coherencia absoluta, permitiendo a los personajes claves que cada uno encuentre su camino, su explicación, su sentido, que son distintos. Una temporada en tono cataclísmico, una temporada de promesas apocalípticas, de diluvios que llegarán. A pesar del distinto tono, el hecho de que transcurra mayoritariamente en Australia, donde se refugian nuestros protagonistas, me hace pensar constantemente en aquella fundamental película sobre el destino final de la humanidad marcada por los miedos de la guerra fría. Pero frente a la invisible y ominosa “lluvia” de aquella, que sabemos que tarde o temprano llegará al continente oceánico, la lluvia de The Leftovers es un diluvio tradicional. Omnipresentes en religiones y mitologías de todo el mundo. Y es que estos diluvios al uso, frente al sentido catastrofista y punitivo del que alguna religiones les dotan, tienen un significado más importante de limpieza y renacimiento.

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Pero para otras personas la serie tiene otra lectura, me lo hizo ver mi hermana, que aunque tarde se enganchó con pasión a la historia. Eternos románticos, lo que surge como elemento principal es la historia de amor en Nora y Kevin (Justin Theroux), los dos personajes clave de la historia. Y no voy a contradecirles. Principio y final de esta última temporada están dedicados a sus “libros”, a sus historias. Pero como historia de amor, por intensa que sea, es amarga. Muy amarga. Por mucho que algunos vean en su final un final “feliz”.  Pero quien soy yo, para contradecirles. Al fin y al cabo, yo soy de los escépticos. Profundamente escéptico. Que no es lo mismo que deseperanzado.

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[Televisión] Cosas de series; entre ranchos, mansiones y palacios… The Americans

Televisión

Intensa entrada televisiva de lo más variada para esta semana, en la que voy a intentar avanzar en las series, o temporadas, que he terminado de ver ya hace un tiempo. Hay una que la dejo en exclusiva. Hay series que cuando llegan a su final, merecen una dedicación especial. Así que hoy va a ser más variado. Intentaré ir ágil, para que no se haga pesado.

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Llevo un poquito de retraso en los libros de fotos de mis últimos viajes; pero recientemente he recibido el de Semana Santa en Dinamarca. Os dejo aquí algunas de las fotos incluidas, procedentes de la cámara con carrete de película tradicional en blanco y negro.

 

Concubinas imperiales en guerra

Curiosidad que me encontré en Netflix y que acabé viendo completa a pesar de que tiene algunos problemas de calidad en los guiones y en las interpretaciones. Bajo el título en inglés de Empresses in the Palace (Emperatrices en palacio) tenemos una versión con un nuevo montaje recortado en seis episodios de hora y media de duración de una serie de china que tuvo por título Zhen Huan Zhuan [後宮·甄嬛傳] (que nos la traducen como La leyenda de Zhen Huan, pero que más bien sería “Harén; Zhen Huan Zhuan), de 76 episodios de 40 o 45 minutos. El personaje central es Zhen Huan (Li Sun), una joven que es admitida en el harén de uno de los más destacados emperadores chinos de la dinastía manchú o dinastía Qing, Yongzheng (Jianbin Chen), en el siglo XVII. Durante todo ese tiempo, asistiremos a los juegos de rivalidades entre las concubinas de todo rango para alcanzar los favores del emperador, concebir a su hijo varón preferido, y alcanzar cierto grado de poder entre los muros de la Ciudad Prohibida de Pekín. Zancadillas, trampas, envenenamientos, juegos de alianzas diversos en una ronda de locuras, abortos y muertes diversas, con diversos adulterios y otras lindezas. Por imágenes que se dejan ver en los títulos de crédito, parece ser que en la versión para occidente nos han ahorrado las imágenes más gore de las torturas chinas. Así, oímos hablar de la “sala de castigos”, pero no presenciamos ninguno. Eso sí, la producción echó el resto en una refinada producción con abundancia de vestidos y decorados de época. Entre la curiosidad y el “guilty pleasure”.

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La decadencia de Woody Allen

Ya hace tiempo que hoy el afamado y peculiar director neoyorquino, Woody Allen, iba a hacer una teleserie para Amazon, donde está disponible para todo aquel que tenga Amazon Premium para tener los envíos gratis. La serie se titula Crisis in Six Scenes, y son seis episodios de entre 20 y 25 minutos. O sea, que no dura mucho más que un largometraje al uso. En ella nos cuenta como en la mansión de unos burgueses neoyorquinos, él interpretado por el propio Allen y ella por Elaine May, en los años 60, se refugia una revolucionaria marxista, una improbable Miley Cyrus, que se ha escapado en prisión. A partir de ahí hace una crítica en clave de comedia sobre los temas de siempre, especialmente cargando contra la burguesía, aunque también contra la idea de revolución que tienen los jóvenes norteamericanos. Es más bien tirando a floja floja, salvo algún momento de lucidez. El último episodio tiene algún momento de gracia extra, pero en general es una serie prescindible. Da la impresión de que Allen está en franca decadencia.

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Volvemos al rancho de los Bennett

Van rápidos en la producción de The Ranch, ya que sacan una temporada de 10 episodios cada seis meses más o menos. Aunque sigue manteniendo el tono de comedia, cada vez se muestra más como un drama encubierto, con las crisis familiares de los Bennett, donde destacan los padres (Debra Winger y Sam Elliott), y también Rooster (Danny Masterson), siendo el mas flojo con ventaja el protagonista y productor (Ashton Kutcher), aunque no llega a estropear la cosa. Como en temporadas anteriores, se ve bien, y tiene sus momentos.

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El mundo de los Jennings se hace más pequeño y lleno de dudas

Tengo la sensación de que esta quinta temporada de The Americans ha sido una temporada de transición. Sigo pensando que esta es una de las mejores series de la televisión en activo, y que hay que verla muy atentamente porque en cualquier momento te muestra una secuencia, un diálogo, una situación o una interpretación de sus camaleónicos protagonistas que te deja agradablemente pegado a la butaca.

Cuando conocimos a los Jennings en la primera temporada nos encontramos con dos agentes durmientes del KGB residiendo en Washington D.C. que ejecutaban sus misiones de forma eficiente, fría, segura. Desde entonces, muchas cosas han pasado. Y ahora, incluso Elizabeth/Nadjezda (Keri Russell), la más fría y fanática de los dos en su sentido del deber y patríotico siente dudas ante lo que está sucediendo y ante las operaciones que emprenden. Si ya Philip/Mikhail (Matthew Rhys) lleva tiempo manifestando dudas y preocupado por su futuro, ahora estas dudas se extienden. Además, el mundo está cambiando. Muchas inseguridades. Y si desde hace un tiempo se tenían que preocupar por su inquieta hija, Paige (Holly Taylor), que también ha sabido evolucionar con el tiempo, en una dirección hasta cierto punto sorprendente, ahora aparece también el hijo, Henry (), de quien se dan cuenta que no conocen, es muy inteligente y no saben cómo va a evolucionar. Y se están quedando sin amigos en quienes confiar.

Nada desechable es la evolución ética y profesional de su vecino, Stan (), agente especial del FBI que está demostrando tener una personalidad notable.

Todo ello gracias a las impresionantes interpretaciones de uno de los mejores repartos, a nivel colectivo e individual, de la televisión actual. A esperar pacientemente la sexta temporada.

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[Televisión] Cosas de series; llegamos al final de los Rayburn

Televisión

Tarde se me ha hecho hoy a la hora de comentar un poco la televisión… ¿que he visto recientemente? Mmmmmm… ya hace unos días que vi lo que hoy comentaré. Llevo un poquito de retraso con lo televisivo. Pero como la hora es tardía no avanzaré mucho hoy.

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Después de una temporada más dedicado a crear imágenes que otra cosa, por fin voy avanzando en su procesamiento. Ya tengo encargados los libros de viaje de Jutlandia y Milán-Constanza, y ahora voy avanzando en la preparación del de las islas Lofoten, al que pertenecen las fotos de hoy.

He de decir que me he visto la primera temporada de Dawson’s Creek, serie que no es exactamente una novedad, ya que estamos hablando de algo que se rodó hace unos 20 años. Yo vi esporádicamente en su momento algún episodio de esta serie, en la que me sorprendían dos cosas. Una, que existieran adolescentes capaces de hablar como si fueran sesudos filósofos o eruditos universitarios. Dos, hasta que punto los personajes femeninos eran muuuuuuuuuuucho más interesantes que los sosos personajes masculinos. Pero nunca supe muy bien que pasaba de continuo. Bien… esta en Prime Video de Amazon, y he visto la primera temporada. Me siguen llamando la atención las dos cosas. No sé todavía si seguiré con otras temporadas, son muchas y muchos episodios. Es que la primera temporada fue cortita, de unos 12 o 13. Como tendrían que ser todas, a lo sumo. A lo sumo. También ha resultado llamativo que la actriz que hacía de morenita lista haya resultado una actriz mediocre, más famosa por con quien se casa o se divorcia que por otra cosa, mientras que la rubita en segundo plano sea una de mis actrices favoritas en la actualidad. Pedazo de intérprete.

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Breve confesión antes de pasar al plato fuerte del día. Me he colgado de un reality show para mi absoluta vergüenza. Es japonés. Y básicamente, la mayor parte del tiempo no pasa casi nada. Y los participantes trabajan y son educados los unos con los otros. Se llama Terrace House y se puede ver en Netflix. Lo dicho,… la mayor parte del tiempo no pasa casi nada. Apasionante.

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Y el plato fuerte es la tercera y última temporada de Bloodline. Casi podríamos considerarla como una auténtica tragedia griega, donde los miembros familiares están condenados a priori por los dioses a un destino amargo. De ser una familia ejemplar de su comunidad en los Cayos de Florida, a la destrucción familiar. Pasando por todos los secretos que guardan y que van surgiendo poco a poco. Serie que conforme pasan los episodios y las temporadas se va haciendo más oscura, más densa, más intensa, más pausada,… Creo que si Sófocles fuera un autor actual estaría tan encantado de escribir la historia de los Rayburn como lo estuvo el auténtico contándonos las desdichas de la familia real de Tebas. Es una serie que mejora con el recuerdo… el reposo de unos diez días desde que la terminé de ver me hace comprender mejor la profundidad de la tragedia a la que progresivamente asistimos, el magistral trabajo de sus guionistas, y el fabuloso trabajo de su equipo de actores y actrices, muy televisivos, pero que demuestran que los intérpretes de la pequeña pantalla no tienen porqué ser inferiores en capacidades y talentos a los de la gran pantalla. A ver… casi necesariamente.

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[Televisión] Cosas de series; humor y no tanto humor racial/interracial

Televisión

Hoy traigo tres series, una como curiosidad, las otras dos como propuestas diversas de Netflix que tienen su interés. Cadena que da que hablar de vez en cuando. Nos sorprendió hace unas semanas diciéndonos que iba a encargar dos temporadas más de Las chicas del cable, además de la primera ya disponible. Y vista por mí. Una serie echa con medios, pero que no deja de ser medio… cre. Y que desconozco qué interés puede suscitar fuera de nuestras fronteras. Prácticamente, al mismo tiempo, anunciaba la cancelación de Sense8. La primera cancelación sonora y discutida. Y además, parece que si dar la oportunidad a un cierre digno de las tramas. Un movimiento que no se esperaba de la cadena de vídeo bajo demanda, que en Estados Unidos ya supera en popularidad a todas las cadenas de vídeo por cable, algunas de ellas muy prestigiosas. Veamos… Es una serie cara. No es tan buena como dicen. Y probablemente sólo no es tan vista como parece, por mucho ruido que provoque en las redes. Pero ciertamente, le podrían haber dado un cierre digno. Un largo de hora y media o una par de episodios de una hora, o algo así. Pero bueno… parece que Netflix anda crecidita viendo que las cosas le van bien y nadie le tose. Que conste que yo sólo echaré de menos a dos o tres de los Homo sensorium. Los otros… pfff.

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Como en el primer episodio de la segunda temporada de “Master of None”, nos iremos a Módena, en blanco y negro. Aunque en lugar de ladrones de bicicletas encontremos ladrones de teléfonos móviles.

Las series de hoy…

Kuzu no honkai (クズの本懐)

Titulada en inglés como Scum’s Wish, no parece tener título oficial en castellano, su título nipón parece traducirse como Escorias de la sociedad. Me parece una curiosidad de animación adolescente nipona que se puede ver en Prime Video de Amazon. Una curiosidad no tanto por sus temas, de adolescentes que sufren mucho por amores no correspondidos, sino por el alto nivel de sexualización que ofrecen sus escenas, muy superior a lo que imaginaba y a lo que suele ver en la animación juvenil de cualquier nacionalidad. No esta mal, aunque se hace un poco larga y pesada con el paso de los episodios, porque su trama no da para tanto. Sólo para curiosos.

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Master of None, temporada 2ª

Primera de las dos temporadas de esta semana con un toque racial. La primera es de un viejo conocido. Si en la primera temporada seguíamos las evoluciones de Dev (Aziz Ansari) por Nueva York, con sus relaciones laborales, amistades y sus romances, en esta segunda lo retomábamos en Módena, Italia, en un comienzo de temporada que me recordó al de Mozart in the Jungle. Hasta cierto punto. Y con homenaje, en blanco y negro, a un clásico del cine italiano. Y que nos iba a servir para presentar un personaje, Francesca (Alessandra Mastronardi), clave para los episodios finales de la temporada que nos llevan a una romántica histórica y un final genial. Que no voy a desvelar. El protagonista, como en la primera temporada, va presentando su visión de minoría étnica que tiene que luchar contra los estereotipos, además de buscarse la vida y salir adelante con los problemas que todos sufrimos. Pero sin acritudes; incisivo, sin malos rollos. Con mucho humor, y algún que otro drama.

Yo me lo he pasado muy bien. Y, sí, yo también me he enamorado de Francesca. Quién no. No se sabe si habrá tercera temporada o cuándo será esta. Ansari ha dicho que lo que tenía que contar de un joven de veintitantos/treintaypocos en Nueva York ya lo ha dicho. Que ahora tendría que contar otra etapa de la vida,… pero que todavía no la ha vivido. Coherente. Bueno. Ya veremos. Si vuelve, bienvenido será. Si no… ya digo, el final me parece estupendo. Abierto,… para que todos podamos construir nuestro final.

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Dear White People, temporada 1ª

En un momento en el que en la sociedad norteamericana los temas raciales están muy candentes, Netflix nos presenta una serie que reflexiona sobre ellos. En 10 episodios de aproximadamente media hora de duración, nos lleva a una universidad ficticia, pero que sería similar a las llamadas de la Ivy League, en la costa este norteamericana. De alto nivel, y relativamente progresistas. Pero con asuntos raciales inconclusos. El título hace referencia a un programa de radio que lleva una de las estudiantes protagonistas, una afroamericana que paradójicamente se llama Samantha White (Logan Browning), activista fuertemente beligerante contra todo las actitudes racistas y muy integrada en los movimientos activistas afroamericanos que, también curiosamente, está enamorada de Gabe (John Patrick Amedori), un chico blanco… que curiosamente también es de los pocos personajes, afroamericanos o blancos, relativamente equilibrado. En realidad, es una serie coral. Los episodios no son secuenciales, sino que sus tramas se superponen, siendo un personaje distinto el que protagoniza cada episodio. A pesar de este título de Queridos blancos, en realidad la serie incide en las actitudes y comportamientos de los jóvenes afroamericanos, repartiendo críticas para todos y para todos los gustos.

Su recepción ha recibido opiniones muy diversas. Hay a quien le ha gustado mucho y la ha alabado, mientras que a otros les ha parecido una serie tramposa en sus planteamientos, y menos incisiva y crítica de lo que parece. En cualquier caso, si que denota el cacao mental que llevan los usamericanos con el tema racial. Todos.

A mí me ha parecido entretenida, curiosa, y visible. Sin entusiasmar. Pero sin duda vería una segunda temporada. Con momentos muy buenos, aunque tenga algún altibajo.

Bueno, dentro de unos días más, que tengo mucho que contar en el plano televisivo, pero por hoy basta que me canso.

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