[TV] Animación japonesa; entre las mesas de juego y las consecuencias de la guerra

Televisión

Hace unas semanas, recién regresado de mi pequeña escapada de mitad de agosto por tierras germanohelvéticas, hicimos una reunión de amigos y conocidos donde se habló de muchísimas cosas. Y hubo alguien que me confesó que seguía este Cuaderno de ruta aunque yo no lo sabía, ni me lo podía imaginar. Así se lo dije. Aparentemente, aunque hemos mantenido siempre una relación cordial, no somos amigos cercanos, pero sí que nos caemos bien, nunca hemos tenido muchos intereses en común. Pero me sorprendió porque me empezó a hablar de su afición a la animación y a la historieta japonesa. Exclusivamente japonesa; o sea que él dirá siempre “anime” y “manga”. Y echaba de menos que hablase de estos temas recientemente.

Estación de Omuroninnaji - Kioto

Si algo tienen en común los países centroeuropeos en los que se inspira la ambientación de una de las series de hoy, y Japón, país de origen de las series, es la importancia del ferrocarril. Que tiene un papel protagonista en alguno de los episodios y aventuras de Violet Evergarden.

Con lo del “manga”, es decir, la historieta, le dije que acababa de comprar un libro que tenía buena pinta. Han pasado semanas y no lo he terminado. No está mal, pero es durillo, y últimamente no tengo la cabeza para historias demasiado intensas. Lo terminaré. En unos días. Pero con respecto al “anime”, la animación, le comenté que en las plataformas de vídeo bajo demanda a las que accedo, no encontraba en estos momentos nada que me atrajese. Lo más adecuado para un público adulto ya lo había visto, o lo había abandonado por falta de interés, y lo demás me parecían productos excesivamente para adolescentes y, por lo tanto, con alguna excepción, difícilmente digeribles. A lo que contestó recomendándome dos series, que estando específicamente dirigidas al mundo adolescente, dijo que podían sorprenderme. Que les diera una oportunidad. Ambas en Netflix.

La primera, Kakegurui [賭ケグルイ] (algo así como “jugador compulsivo”), trata sobre un instituto privado donde se establece un sistema de castas basado en la habilidad o la fortuna en los juegos de apuestas. No me atrevo a decir “de azar”, porque todo el mundo hace trampas. Lo sorprendente de la serie, es que tratándose de adolescentes, hay momentos en que la trama trata cuestiones muy para adultos. Aunque sin ser demasiado explícitos, se plantean los abusos sexuales de los miembros de castas superiores hacia los de las inferiores, aparte de otro tipo de abusos y humillaciones. Y se juega sin complejos con el suicidio como aliciente durante el juego. Esto, sin contar la trama de poder económico y político que subyace. La cuestión es que me ha dejado un tanto sorprendido. Finalmente, los temas son bastante adultos, pero todavía no sé muy bien en qué medida critica o enaltece lo en ella nos muestran. Entra en esa nebulosa ética que a veces he observado en producciones niponas, que me desconcierta, especialmente cuando va dirigido a adolescentes. Sensaciones extrañas. No sabría recomendarlo del todo.

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El segundo, Violet Evergarden, sí que me ha sorprendido positivamente. A este estreno de Netflix, sí que me había asomado modestamente, pero no llegué a terminar de ver ni el primer capítulo cuando lo pusieron en la programación. Pero aunque con una premisa extraña, me pareció que era una de esas producciones excesivamente floridas y barrocas, potencialmente cursis, destinadas a un público femenino muy jovencito. Pero llegando en una segunda oportunidad me encontré con una trama y unos temas más serios de lo que pensaba. La protagonista de la serie es una adolescente; le suponemos unos catorce años, aunque el tiempo que pasa durante la serie no está bien definido, pero hay que suponer que la dejamos ya convertida en una joven adulta. Encontrada huérfana y abandonada durante su infancia, es “regalada” por un oficial de la marina a su hermano, oficial del ejército, para que la use como arma en el conflicto que se viene encima a este país imaginario. Y empieza la serie con la adolescente convaleciente, habiendo perdido sus dos brazos, sustituidos por unos de carácter robótico, desconcertada y sin futuro. Un antiguo militar que ha montado una empresa de reparto de cartas redactadas por su equipo de “muñecas de recuerdos automáticos” bajo encargo, se hace cargo de ella y le ofrece trabajo. Al final, trabajará escribiendo cartas para personas que no saben escribir, o no saben redactar y expresar sus sentimientos, en las condiciones más diversas. Mientras, intentará comprender que pasó en ese final de la guerra que tiene tan confuso.

La serie, a lo tonto modorro, trata temas más serios de los que parece. Ambientada en un continente y un país ficticio, pero evidentemente inspirados por la Europa central del siglo XIX, con una guerra inspirada en la del 14-18. Hay algunas discronías, como la capacidad de elaborar complejos elementos prostéticos y algunos otros dispositivos tecnológicamente avanzados. De forma sutil, flirtea con el steampunk y el cyberpunk, sin entrar de lleno en estos géneros. Pero plantea varios temas importante.

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La guerra, su horror, su futillidad, y las consecuencias que puede generar en los niños, especialmente si se ven obligados a formar parte activa de la misma.

Los escritores por encargo, un oficio o servicio que se prestaba en tiempos pasados, con una parte importante de la población iletrada y que pagaba por que alguien escribiera sus cartas a partir de los datos o sentimientos que les iban expresando. Tema curioso, cuando estamos en una sociedad que ha abandonado el género epistolar, potencialmente rico en conceptos y temas, por el mensaje breve, rápido, instantáneo, utilitario y muy pobre en forma y contenidos.

Independientemente de que sepamos leer o escribir, la capacidad para expresar sentimientos de forma elaborada y compleja. Habiendo abandonado las formas de escrituras que van más allá de unos pocos caracteres de ordenador, la incapacidad para ordenar nuestros sentimientos y trasladarlos a una declaración oral o escrita a otra persona, que vaya más allá de unas cuantas frases hechas. Y que en la serie se plantea no sólo para los campesinos y trabajadores sin educación, sino también para príncipes y eruditos. Indudablemente también establece una correlación entre la deshumanización del hecho bélico y la pérdida en la capacidad de sentir y la transmisión de sentimientos.

La soledad y la necesidad de afecto, la necesidad de pertenencia a un grupo que vaya más allá de lo funcional o estructural, en el que haya vínculos emocionales, a ser posible positivos.

La identidad personal; lo que realmente somos frente a lo que los otros o la sociedad dicen que somos o el papel que nos asignan.

No puedo asegurar que el estilo y las formas de esta serie sea para todos los públicos. Pero indudablemente no es una serie banal, ni mucho menos. Lleva contenido. Y desde ese punto de vista puede ser recomendable. Su público objetivo estará entre quienes tienen entre los 12 y 18 años. Pero no tiene porqué atragantar a los más adultos, si salvan los aspectos formales más superficiales, que rozan en alguna ocasión lo cursi. Está basada en una serie de novelas o relatos cortos que ha alcanzado cierto éxito en Japón. Desconozco si habrá una segunda temporada. Campo hay, y parece que está abierta esa posibilidad.

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[Serie de animación] Cowboy Bebop

Televisión

Disponible en los catálogos de Netflix y Amazon Prime Video, no sé si en alguno más, Cowboy Bebop es una de esas series de animación japonesa que se puede considerar de culto. Según leo en la Wikipedia, su emisión inicial presentó ciertas vicisitudes, interrupciones y otras situaciones, ya que los temas y contenidos, en los que no falta referencias sexuales y, sobre todo, situaciones violentas. Esta es una de esas series que va teóricamente dirigida al sector demográfico llamado young adult (adulto joven), que entiendo se refiere a adolescentes en sus diecimuchos y jóvenes en sus veintipocos. En los artículos de la Wikipedia dedicados a la serie en español y en inglés se dice que está dirigida al público shōjo, es decir, “mujer joven”… y me extraña un poco. Tengo la sensación de que atraerá más al público masculino que al femenino, según las atribuciones clásicas de roles por géneros, con las que en principio no tenemos por qué estar de acuerdo.

Akihabara - Tokio

No sé por qué, pero han sido las fotos del paseo por Akihabara en las que he pensado para ilustrar esta entrada. Este distrito de Tokio es el paraíso de la electrónica de consumo, pero también de las “idols” underground y otros fenómenos particulares de la cultura nipona, que ahora entiendo mejor que cuando visitamos el lugar.

Lo que sí que me parece real, ahora ya hablando por mi propia experiencia y dejando de lado lo que digan los demás, es que me parece una serie con temas muy adultos. Una space opera que participa abundantemente del género negro, así como de eso que se ha dado en llamar el space western. Hay varios ejemplos en la historia de la ficción audiovisual en la que se traslada el espíritu de frontera del oeste americano del siglo XIX a las aventuras espaciales. Por mencionar algunos muy populares, tenemos la serie Firefly, o Han Solo y la cantina de Mos Eisley en Star Wars… Pero hay más. Y en cualquier caso, domina el género negro en la serie. Con personajes de pasado oscuro, mujeres fatales, gángsteres, policías corruptos y bajos fondos diversos.

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Son cuatro/cinco los personajes en los que se centra la serie. Los dos que desde el principio están ahí, Jet, el antiguo policía, y Spike, el antiguo gángster. Luego se unen Faye Valentine, la joven hibernada que vive arriesgadamente descolocada fuera de su época, y la niña Ed/Françoise, de extrema inteligencia y abandonada por su padre. Y el protagonismo que le queráis otorgar al perro, Ein, muy peculiar. En general, la idea es formar el tradicionalmente poco tradicional grupo de marginales que, al mismo tiempo que van afrontando las aventuras que les surgen en el día a día, han de resolver sus asuntos pendientes en arcos argumentales amplios.

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Todo ello en el marco de una humanidad dispersa por el Sistema Solar debido a un cataclismo en el sistema Tierra-Luna que provocó el casi total abandono del planeta natal de la humanidad por sus inciertas condiciones para la supervivencia. En los distintos planetas rocosos y grandes satélites o grandes asteroide se han ido conformando sociedades en los que reconocemos las características de las deshumanizadas urbes humanas contemporáneas. En ellas, los protagonistas y personajes secundarios van dando lugar a reflexiones de carácter principalmente existencialista. Una existencia personal difícil de soportar, difícil de seguir adelante, especialmente si uno no ha conseguido dejar atrás los errores o los infortunios del pasado. Un grupo de protagonistas que viven en grupo, se sostienen los unos a los otros, pero a pesar de todo, fundamentalmente, están solos. En un universo muy grande y muy frío. Muy poco acogedor. Lo único que pueden considerar como hogar es la “Bebop”, la nave espacial que da nombre a la serie. Y que marca también el estilo de la banda sonora de la serie en la que no faltan los temas de jazz.

Para alguien como yo que desde muy jovencito ha ejercido el escepticismo como principio vital, no por elección sino por que se me ha dado que mi cabecica funcione así, esta serie aporta un tono amargo al escepticismo vital general. Algo que me alcanza en los momentos bajos, y especialmente conforme los años y la experiencia te va situando en tu lugar así como a aquellos que te rodean. Personalmente, la he disfrutado mucho. Y la recomiendo vivamente. Eso sí. Nada de vérsela de un atracón. Mejor disfrutarla poco a poco. En varios meses, como he hecho yo.

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[Cine] Koe no katachi (2016)

Cine

Koe no katachi (2016; 19/20180317)

Vamos a ser sinceros. Esta película de animación realizada por la directora japonesa Naoko Yamada, y que se estrenó hace poquito más de una semana en España, algunos… ya la habíamos visto. Apareció hace ya tiempo en listados de películas de animación destacadas en el País del Sol Naciente, y ante la improbabilidad, en aquel momento, de un estreno en cines… buscamos la forma de verla. En cualquier caso, vamos con el comentario como estreno de la semana pasada.

Fushimi Inari-taisha - Kioto

Cuando viajamos a Japón, nos desplazamos desde el aeropuerto de Haneda en Tokio directamente hasta Kioto, y al día siguiente visitamos el santuario de Fushimi Inari. A primera hora de la mañana, turistas no había muchos, pero escolares visitando el santuario… por todas partes.

Basada, como mucha de la animación nipona, en una serie de historietas, la película trata sobre el acoso escolar. En concreto, el que los niños de unos diez u once años liderados por el muchacho Shōya Ishida en una escuela primaria perpetran sobre la joven discapacitada auditiva Shoko Nishimiya. La situación se concreta con el abandono de la niña de la escuela, un cierto escándalo… y el acosador se convierte en acosado ya que se convierte en el apestado de sus compañeros de clase, incluso para aquellos que participaron con él en el acoso a Shoko, hasta que llega a sus años finales de instituto. Pero he aquí que ya con diecisiete años volverá a encontrarse con la chica. Y con el encuentro, la posibilidad de poner paz en su vida.

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Interesante película sobre un tema que cada vez está más en el candelero, con una mayor sensibilización por parte de la sociedad en general y de la comunidad escolar en particular. Realizada con las artes habituales de la animación nipona, escenarios muy cuidados y detallados y personajes dibujados de forma muy básica pero muy expresiva y con personalidad propia, tiene una factura técnica irreprochable, y la historia no carece de interés. Sin embargo, padece de algún problema que la pueden hacer un poquito indigesta. Es un poco demasiado larga, con casi dos horas y diez minutos de duración. Hay elementos de la trama que sólo se pueden explicar en el ámbito de la cultura japonesa, pero que probablemente serían situaciones no planteables en nuestro medio. Y en algunos momentos se excede en el tono melodrámatico. Por decirlo de alguna forma… hay demasiados intentos de suicidio.

No obstante, es una película bastante aceptable y visible, que se puede disfrutar siempre que se esté dispuesto a “perdonar” estos defectillos.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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[Cine] El gran showman (2017), y una repesca

Cine

El gran showman (The Greatest Showman, 2017; 02/20180111)

Un primer aviso antes de pasar a la película de hoy. A lo largo del año, siempre hay alguna película que queremos ver y se nos escapa. En ocasiones, el tiempo que transcurre entre su estreno y su disponibilidad en servicios de vídeo bajo demanda es muy corto. Por lo tanto, se puede ver en casa al poco tiempo de su estreno. Esta posibilidad va a dar lugar a las “repescas”. Breves comentarios de películas de “casi” estreno. Y hoy va la primera. No aparecerán en el balance final del año.

El “showman”… el “showman” es P. J. Barnum, personaje real del siglo XIX, muy polifacético, pero que en un momento dado fue precursor del mayor circo de la historia. Que ha desaparecido hace muy poco tiempo. El Ringling Bros. and Barnum and Bailey Circus. Y el “showman” es Hugh Jackman, actor a cuya mayor gloria está hecha esta película dirigida por Michael Gracey. Y aviso, es un musical.

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Me da la impresión que va a haber varias películas relacionadas con Nueva York en los próximos tiempos, y por lo tanto aparecerán fotos de la Gran Manzana con frecuencia. Aquí van unas cuantas.

A grandes y groseros trazos, la película narra los avatares de la vida de Barnum, desde su infancia y matrimonio con su mujer Charity (Michelle Williams) hasta que monta el circo. Pasando por situaciones como la gira que patrocinó de la cantante sueca Jenny Lind (Rebecca Ferguson). Y con un socio, Philip Carlyle (Zac Efron), que no sé si es un personaje real, y su interés romántico, una trapecista (Zendaya). Y la mujer barbuda (Keala Settle), y un enano (Sam Humphrey). Y unos cuantos más, y la reina de Inglaterra. Y todos cantando. Y con poca o ninguna fidelidad a la historia real.

Película anecdótica, que decepciona con unas canciones y unos números de baile más propios de “operaciones triunfos” y “especiales nochevieja” que de la tradición del gran musical americano y del cine musical de Broadway. Mucho pop, y mucho paso de baile apto para casi cualquier grupo de adolescentes al uso. Eso sí, con mucho colorín, escenarios a lo grande y complicados movimientos de cámara.

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Interpretaciones flojas. Incluso en quienes mejor papel esperas. Nunca había visto tan floja a Michelle Williams, a la que además se le nota ya en exceso su paso por “el chapista”. ¿Por qué se maltratan tanto a sí mismas las actrices? ¿Por qué se quieren tan poco? Si esta chica era una monada al natural…

En fin. Decepcionante. Floja. Totalmente prescindible. Y encima en versión doblada. Afortunadamente, no las canciones. Aunque da igual. Vete tu a saber. Igual gana alguna de ellas algún óscar. Bah.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: **
  • Valoración subjetiva: **

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Repesca: Hirune-hime: Shiranai watashi no monogatari [ひるね姫~知らないワタシの物語~]

En castellano “Ancien y el mundo mágico”, en inglés, más moderno “Ancien and the Magic Tablet”, aunque la protagonista no es Ancien, una “princesa”, si no su hija Kokone, una adolescente de 17 años, huérfana de madre, y que se ve envuelta en una trama a caballo entre la realidad y el mundo de los sueños. Como curiosidad, Hirune-hime vendría a ser la “princesa siesta”.

Dado el buen nivel de la animación nipona, quisimos verla cuando se estrenó en octubre, pero se nos pasó, porque duró muy poco en cartelera. Es simpática, pero no tiene el mismo nivel que el Studio Ghibli, ni las de Makoto Shinkai, ni alguna que otra joya que nos llega de vez en cuando de otros productores/directores. Pero se deja ver, así, en una sobremesa tranquila. En Filmin.

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