[Cine en casa] Más de Ghibli para combatir el aislamiento social

Cine

Comentaba hace unos días que Netflix está subiendo el catálogo de Studio Ghibli a su oferta cinematográfica. Película diversas, muy bellas algunas de ellas, que transmiten buenos valores humanos, técnicamente estupendas, que me parecen muy adecuadas para los tiempos de confinamiento domiciliario que vivimos. Especialmente si se está en familia y con niños y adolescentes. Abandonad las propuestas de Disney un rato… y si sois capaces de percibir el mensaje, veréis que estas películas de animación superan a la mayor parte de las propuestas del gigante americano en varias dimensiones. Si en el enlace que he puesto antes hacía referencia a las películas de Isao Takahata, hoy me centraré en tres películas que comparten dos cosas en común. Sólo las he visto previamente en una ocasión, y todas se inspiran o se basan en obras de la literatura occidental.

Siguiendo la estela de los seres diminutos de Ghibli, nos moveremos entre los parques de Tokio, como el Ueno (también en el encabezado),…

Tenkū no Shiro Rapyuta [天空の城ラピュタ, El castillo en el cielo] está dirigida por Hayao Miyazaki, el principal y más conocido director del estudio. La historia es original, pero toma prestado de Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift uno de los reinos maravillosos que nos describió el irlandés. Se trata del reino de Laputa [lo siento, es así en el original, por mal que suene; en los primeros doblajes al español se le llamó Lapuntu, aunque ahora se respeta el nombre original], una isla flotante que domina a un amplio número de países. Aquí veremos cómo diversas facciones buscan adueñarse de las maravillas tecnológicas de la isla, ya abandonada, mientras que dos jóvenes adolescentes intentan evitar la catástrofe bélica que de ello derivaría. Un entretenido canto a la amistad y la solidaridad, con un claro tono antibelicista y lleno de máquinas voladoras, que tanto le gustan a Miyazaki. Nunca me ha parecido a la altura de sus obras maestras, pero es muy entretenida, especialmente para ver con niños.

Gedo Senki [ゲド戦記, Cuentos de Terramar] está dirigida por Gorō Miyazaki, hijo de Hayao. Está basada en algunas de las historias sobre el mundo de Terramar de Ursula K. Le Guin. El título original de la película se traduciría como Las crónicas de guerra de Ged. Es una de las películas menos valoradas de Studio Ghibli. Y ciertamente, ni su manufactura ni su guion están al mismo nivel que muchas otras. Pero no nos confundamos, eso no quiere decir que no sea una película apreciables y entretenida. También insiste sobre los valores de amistad y solidaridad, mientras critica la ambición de poder que entre los poderosos se da.

… Shinjuku,…

La siguiente, y última por hoy, es un película que me parece absolutamente encantadora. Relativamente reciente, de 2010, dirigida por Hiromasa Yonebayashi, Karigurashi no Arriety [借りぐらしのアリエッティ, Arrietty y el mundo de los diminutos] está basada en la novela The Borrowers de la británica Mary Norton. Nos habla de un familia de seres diminutos, padre, madre y Arrietty, una joven de 14 años que se inicia en el mundo de las incursiones al mundo de los humanos, que es parte de su forma de subsistencia. Esto coincide con la llegada a la mansión donde habitan de un niño, Shō, que está gravemente enfermo del corazón, cuya madre, divorciada tiene que viajar constantemente para trabajar, y acude a la mansión para recibir los cuidados de su abuela. En un descuido, el niño descubrirá a Arrietty, lo que dará nacimiento a una amistad, pero también a que la vida de la familia de seres diminutos se vea puesta en riesgo. Me parece una historia sencilla, delicada y bellamente expresada en esta película de animación, con aventuras muy entretenidas. El título original se podría traducir, más o menos, como Arrietty, la incursora.

Seguiré repasando las películas del estudio. Menos una,… que me siento incapaz de volver a ver. Demasiado triste. Aunque sea prácticamente una obra maestra.

… o Yoyogi.

[Cine] Hauru no ugoku shiro [ハウルの動く城] (2004)

Cine

Hauru no ugoku shiro [ハウルの動く城] (2004; 14/20200220)

Seguimos acudiendo una vez al mes a las sesiones únicas del ciclo de animación japonesa que unos conocidos multicines de Zaragoza llevan programando desde hace un tiempo. Y tras la película de enero dedicada al cine de Kon Satoshi, volvemos al Studio Ghibli y a Miyazaki Hayao y sus maravillas con la película que en castellano recibió como título El castillo ambulante.

Las poblaciones típicas alsacianas, a caballo entre la cultura francesa y la germánica, como Colmar y Rikewir, y que sufrieron las consecuencias de las guerras entre Francia y Alemania, fueron la inspiración para el reino en guerra en el que transcurre la acción de la película de hoy.

Es adaptación de una novela de la británica Diana Wynne Jones del mismo título, pero en inglés, Howl’s moving castle (1986), aunque adaptación libre. Han sido varias las ocasiones en las que Ghibli ha encontrado inspiración en la literatura europea, aunque siempre con adaptaciones en las que han introducido cambios argumentales e incluso enfoques, pero sin desvirtuar nunca, como Disney, el original. Quizá el principal cambio entre la versión literaria y la cinematográfica es que esta última es vista como una película antibélica, estrenada en el marco de las convulsas relaciones internacionales con las aspiraciones guerreras de determinados líderes occidentales con el presidente norteamericano a la cabeza, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El ambiente es un reino imaginario en el que se combina el realismo, un poco steampunk, con la fantasía de convivir con hechiceros y brujas. Un reino en guerra, estilo guerra del 14-18, en el que Sophie, una modesta sombrerera de 17 años sufre una maldición que la convierte en una anciana de 90 años, y que habrá de aliarse con el misterioso, atractivo e inconsistente hechicero Howl para romper los hechizos que los atrapan a ambos y, quizá, detener la guerra sin sentido que se cierne sobre los reinos vecinos.

Miyazaki vuelve a presentarnos una vez más una heroína extraída de entre la gente común que, ante la adversidad, toma las riendas de su propio destino, y decide que hay que adaptarse a las circunstancias y luchar contra ese destino. Pero siempre sin perder la compasión, incluso hacia los responsables de su propia desgracia, cuando estos también caen.

Un radical no a la guerra y a la violencia, la autonomía de la persona ante su propia vida, la compasión y la solidaridad hacia los demás, unidos a un argumento con pocos peros que ponerle y un animación sin florituras pero ejemplar, hace de esta película un clásico más en la filmografía de Miyazaki. Totalmente recomendable.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine] Kimi to, nami ni noretara [きみと、波にのれたら] (2019)

Cine

Kimi to, nami ni noretara [きみと、波にのれたら] (2019; 12/20200216)

Sinceramente, en las semanas anteriores a su estreno, tuvimos ocasión de ver el avance de esta película de animación japonesa dirigida por Yuasa Masaaki en un par de ocasiones. Y no nos entusiasmó precisamente. Estrenada en la víspera del 14 de febrero, con un empalagoso título en castellano como El amor está en el agua, que no tiene que ver con lo que podría ser una traducción del título original del tipo Si te montas en la (tu) ola o Cuando te montes en la (tu) ola, en el ámbito de la práctica del surf, amenazaba con ser un pastelón romántico para adolescentes, así que en principio… no. Pero cuando llegó el momento del estreno, aparecieron no pocas reseñas positivas, así que cuando me propusieron acompañar a un pequeño pero animado grupo de gente intergeneracional para verla, me apunté.

No tengo muchas fotos, ni muy interesantes, de playas japonesas. Aunque sí de otros paisajes marinos. Así que a ellos voy. En Kii-Katsuura.

La historia tiene dos partes. En la primera, una joven universitaria y aficionada al surf conoce a un joven bombero, empiezan a salir y se enamoran. Bien. Vale. Pero el bombero… ya sabéis, llega la tragedia. Así que nos encontramos con una segunda parte acompañando a la joven Hinako en su duelo.

Con un argumento de ese tipo, mil veces visto, se puede hacer de todo. Maravillas y pesadillas. Todo es cuestión de enfoque. También dependen del público al que se destine la ficción. Pero si la primera mitad me pareció aceptable, aunque empalagosa, con dos protagonistas y un par de secundarios que quienes un público juvenil adolescente puede empatizar, el toque de fantasía de la segunda mitad me sacó por completo de la película. Ni aun admitiendo y siendo comprensivo, que creo que lo soy, con las diferencias culturales y generacionales, soy capaz de no ver cierto ridículo en el planteamiento. No pude con ella. Por motivos distintos a los que imaginé al ver los avances. Y acabé, y creo que no fui el único, de la “cancioncilla”… hasta “allí”.

La película es correcta, los japoneses tienen mucho oficio, en los apartados técnicos e interpretativos, pero creo que ni mis más idiotas versiones de mi yo adolescente hubieran digerido esa segunda parte de la película.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: *

[Cine/cine en tv] Joe Hisaishi vuelve a las bandas sonoras de películas de animación

Cine

Joe Hisaishi es un compositor que ha trabajado en abundancia para el cine. Muchas y grandes bandas sonoras del cine japonés se deben a él. Mientras escribo esta entrada, escucho una lista de reproducción dedicada a las colaboraciones, maravillosas, que hizo con el Studio Ghibli. En concreto, suena una animada pieza de Sen to Chihiro no Kamikakushi [千と千尋の神隠し] (El viaje de Chihiro). La última banda sonora que había compuesto para una película de animación, hasta recientemente, fue Kaguya-hime no Monogatari [かぐや姫の物語] (El cuento de la princesa Kaguya). Pues bien, en las últimas semanas se han estrenado dos películas de animación japonesas que nos vuelven a traer la música de Hisaishi. Paso a comentarlas.

Dado el tema de una de las películas de hoy, nos daremos un paseo por las costas de Japón, en la península de Kii.

Ni no Kuni [二ノ国] (2019; 08/20200129)

Dirigida por Yoshiyuki Momose, esta película se ha estrenado internacionalmente en Netflix sin pasar por las pantallas de los cines, al contrario de lo que sucedió en su país de origen.

Está basada en un videojuego, cuya banda sonora también está compuesta por Hisaishi. Y nos presenta una situación de fantasía en la que existen dos mundos, uno de ellos que podemos considerar el nuestro, y el otro un mundo de fantasía mágica medieval. Unos adolescentes tienen la capacidad para viajar entre ambos, y deben encontrar un equilibrio entre lo que pasa en ambos mundos, puesto que lo que sucede en uno puede tener consecuencias negativas en el otro.

Es un entretenimiento muy simplón para niños y adolescentes, que no supone un especial valor añadido para un adulto. No destaca por nada en especial, pero tampoco es especialmente malo en nada. Un argumento predicible y los tradicionales elementos de las historias de fantasía de este tipo; una película de animación de manual, sin riesgo de ningún tipo, para explotar como mercadería derivada del videojuego. No merece la pena más comentario.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

Kaijū no Kodomo [海獣の子供] (2019; 09/20200203)

Presentada en occidente como Children of the sea o Niños del mar, el título original de esta película de Ayumu Watanabe significaría más bien algo así como los niños mamíferos marinos. Por aclararnos, son niños de aspecto humano u originalmente humanos, criados por dugongos, que se han adaptado a la vida en el mar.

La película, adaptada de una serie de historietas del mismo título, nos habla de la alianza entre dos chicos con estas características que viven en un acuario con una joven adolescente con problemas de encaje en el mundo, tras la separación de sus padres, que trabajan o trabajaban (no tengo claro lo que sucede con la madre), en dicho acuario. En un momento dado, fenómenos extraños, tras la caída al océano de un meteorito, empiezan a suceder que parecen tener a estos tres jóvenes como centro de interés.

Es difícil valorar esta película. Lo que empieza como una película de aventuras entre adolescentes, entre los que no sabes nunca si puede surgir o no un interés romántico, con el trasfondo de los conflictos de la chica en su vida cotidiana, va evolucionando hacia una película de fantasía (hay quien diría ciencia ficción, pero yo me quedo con el concepto de fantasía), teóricamente llena de simbolismo, aunque algunos de estos símbolos a mí se me escapan, que culmina en un tramo final visualmente abrumador, a medio camino entre la genialidad y el delirio pastillero.

Aunque esos aspectos visuales, acompañados por la música de Hisaishi, son realmente muy interesantes y de primer nivel, lo cierto es que la evolución argumental de la película me expulsó de la película en varias ocasiones, al no existir una gran coherencia en el desarrollo de la misma. Queda más como una suma de ideas, pegadas entre sí de modo forzado, al servicio de la filigrana técnica, que como una historia armada y bien construida con un mensaje claro, especialmente dado el público juvenil al que parecería que va destinado.

¿Es recomendable o no? Pues es difícil de decir. Para los fans del género probablemente sí, pero para quienes no esté hechos a la animación japonesa, casi es mejor que se inicien con otras películas. A mí, al final, no me disgustó, pero tampoco me entusiasmó el resultado. Y me despido mientras suena un tema de Majo no Takkyūbin [魔女の宅急便] (Niki, aprendiz de bruja… en realidad se llama Kiki… pero bueno).

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Cine] Perfect Blue [パーフェクトブルー] (1997)

Cine

Perfect Blue [パーフェクトブルー] (1997; 06/20200123)

Seguimos acudiendo a las sesiones únicas en versión original que mensualmente programan unos multicines de Zaragoza dentro de un ciclo de animación japonesa. Un jueves al mes, podemos disfrutar de verdaderas joyas del género. Desde que empezó hemos tenido la oportunidad de ver en la gran pantalla un par de obras maestras de Studio Ghibli, en septiembre y en diciembre del año pasado. Pero en enero no ha sido el Studio Ghibli ni el maestro Miyazaki los que nos han llevado a esta sesión mensual. Es un estilo muy distinto, mucho más complejo, destinado a un público adulto, pero no menos magistral. Es el estilo de Satoshi Kon.

Nunca tuve la oportunidad de ver una película de Kon en pantalla grande hasta ahora. Aunque he visto la mayor parte de su obra en vídeo. Una obra muy valorada, aunque menos conocida que la de otros grandes animadores de Japón o del resto del mundo. La película que hoy nos ocupa fue su primer largometraje como director. Y según muchos sabios de la cosa cinematográfica, el mejor.

En nuestro último viaje a Japón, coincidimos en Osaka, a orillas del Dotonbori, con actividades de promoción de grupo de “pop idols”. La gente pagaba una cierta cantidad por hacerse fotografías instantáneas con las chicas del grupo. De vez en cuando hacían alguna actuación, con temas pop, pegadizos y de escasa calidad.

Comprender del todo la película no es fácil. Para empezar, los doblajes o los subtítulos de la película no dejan claro al público no entendido en las peculiaridades del mundo de la música y el espectáculo en Japón sobre quién es Mimarin, Mima Kirigoe (actriz de voz, Junko Iwao; en Japón los actores y actrices de voz son tan considerados y populares como los que prestan también su imagen). Con frecuencia ves traducido que Mima es una “estrella del pop” que redirige su carrera hacia la interpretación. Y ahí tenemos el primer problema. No es una “estrella del pop”. Es una “pop idol [aidoru; アイドル]”, que es otra cosa. Unas poquitas “pop idols” en Japón llegan a ser estrellas del pop, pero la mayor parte, no. Intentaré explicar esto de las “idol”.

Existe un mercado del entretenimiento en Japón en torno a las “idols”. Aunque los hay también masculinos, me centraré en las chicas. Son chicas jóvenes, que muchas veces comienzan en su adolescencia e incluso en su preadolescencia, que se dedican al entretenimiento de masas. Las más populares son las que se dedican a cantar y bailar como integrantes de grupos de música pop, que pueden llegar a ser muy numerosos. Algunos de decenas o centenas de integrantes. Tienen unas fuertes exigencias laborales por parte de sus “managers” y productores. E incluso restricciones en sus vidas privadas, ya que se conocen casos de expulsiones, “degradaciones” o escándalos por el terrible hecho de que una chica de 19 o 20 años… se vea con su novio. No tienen porque cantar o bailar especialmente bien, o tener físicos espectaculares. Lo que han de ser es “kawaī [可愛い]”… monas. Porque su público principal van a ser hombres, muchas veces entre los 30 y los 50 años, casi siempre solteros y solitarios, que se encandilan con algunas de estas chicas. Parte de la rutina del trabajo, además de las actuaciones son las sesiones de dar la mano o la posibilidad de que los fans se hagan fotos con sus “idols” favoritas, a cambio de un pago o de demostrar que compran los discos del grupo. También generan mercaderías como ropa, muñecos o libros de fotos, donde suelen aparecer ligeras de ropa, aunque no desnudas. Una industria enorme que mueve mucho dinero, con una audiencia fiel dada la peculiar sociología y sexualidad del país nipón, y con una mano de obra ilusionada y numerosa, hay muchas jovencitas que quieren ser “idols” para saltar a la fama y al estrellato, y más que probablemente, salvo excepciones, mal pagada. Pocas triunfan realmente. Y muchas acaban en el olvido, o intentan permanecer un tiempo en el negocio como “gravure idols”, jóvenes que se dedican a aparecen en revistas con reducidos bikinis o prendas de ropa interior, e incluso como “AV idols”, es decir, “adult video idols”… actrices porno. Hay otras jóvenes que van directamente a estas categorías sin pasar previamente por la de “pop idols”. Y también hay “underground idols” que se mueven en locales cutres, que se fabrican sus propios vestidos, que tienen pequeños grupos de admiradores y que sobreviven como pueden. Hay muchas cosas que me gustan de la cultura japonesa, pero entenderéis que esta no. Por las dosis de sexismo, explotación y… lo que queráis encontrar, y que son fáciles de deducir.

Pues bien, Mima es una “pop idol” de 21 años, edad en la que ya empieza a ser mayor para este negocio, cuyo sueño ha sido cantar, pero que se está planteando reconducir su carrera hacia la interpretación. Por ello, abandona el trío de “idols” al que pertenece, y guiada por sus representantes comienza su trabajo en una serie de televisión. Pero pronto se verá metida en una trama de inseguridades personales, de acosos, y de crímenes a su alrededor en la que, con la ayuda de la impresionante presentación visual de Kon, de un guion complejo pero ajustado a la perfección, y jugando con el equívoco y la confusión constante, se mezclará lo que es real y lo que es la ficción de la serie hasta un punto en que será difícil diferenciarlos. Incluso el final de la película está sujeto a interpretación.

Globalmente, es una obra maestra que funciona a varios niveles. Como dura crítica social del sistema de entretenimiento japonés, como introspección psicológica de una joven cuya identidad no está clara ni para ella ni para nadie, y como trama criminal. La película es dura, aunque esta dureza se matice por ser animación. El rodaje de algunas escenas con actrices reales hubiese sido compleja y más difícil de completar con éxito. Una película que no sé si es para todos los públicos, exige una predisposición activa del espectador para introducirse en el complejo mundo de Mima, y se aleja notablemente de lo que es la animación más convencional. Desde mi punto de vista, imprescindible para el auténtico aficionado al cine. Aunque sean necesarias más de una visualización para extraer todo el jugo a esta compleja obra.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: *****

[TV] Cosas de series; animación, documentales y una serie muy mala

Televisión

Dejaré para la semana que viene un especial “aventuras espaciales” y hoy, que ando con poco tiempo, iré con algo más ligero. Cosas que he visto durante las navidades.

Dos de animación japonesa que he visto en Netflix. La primera, Mugen no jūnin [無限の住人], cuya traducción vendría a ser “El habitante del infinito” o algo así, pero que se suele conocer en occidente como “La espada del inmortal” y sus variantes inglesas. Cuenta la historia de un samurai maldito, que no puede morir, y una adolescente que busca venganza por la muerte de sus padres. Esta basada en una historieta que ha conocido una diversidad de adaptaciones, entre ellas una película de acción real que se estrenó también en Netflix, bastante regular. Vi esta primera temporada de animación porque recordaba un tanto a Samurai Champloo [サムライチャンプルー], que me gustó mucho. No es para tanto, pero es bastante mejor que la película.

Con dos series japonesas, está claro de donde voy a sacar las fotos para esta entrada. Nos iremos al monte Koya [Kōyasan, 高野山], que nos traslada fácilmente al ambiente de una de las dos series, la más histórica.

Un tono muy distinto tiene ReLife [リライフ]. A un NiNi japonés de 27 años (Ni estudia, Ni trabaja), se le ofrece la oportunidad de reorientar su vida, pero con la condición de volver por un año a los 17. Cuando estaba en su último curso de bachillerato, o como se llame en Japón. No pensaba pasar del primer episodio que vi por curiosidad, por asumir que sería una serie muy para adolescentes. Y lo es. Pero tiene alguna cosilla curiosa y me enganché. Sin más… Su origen está en una historieta para internet.

Pensando que era ficción me puse a ver una serie titulada Don’t f**k with cats, que resultó ser un documental en tres capítulos. Donde una serie de friquis enganchados a internet se dedican a buscar a un asesino de gatitos que emite los vídeos de sus fechorías por internet… y que resulta ser un asesino de personas real… No sé qué da más miedo, si la existencia de este tipo de asesinos o las comunidades de friquis en internet. Una curiosidad entretenida. Muy valorada por el público votante en IMDb… que debe ser amante de los gatos, o son los friquis o son seguidores de los asesinos de gatos y lo que haga falta… no sé.

Y finalmente vi la que es muy probablemente la serie coreana más mala que hay en Netflix, y eso es mucho decir, pero que tiene sólo dos episodios de unos 45 minutos en lugar de los 16 o más de una hora que son habituales. Será por eso por lo que la vi entera. Se titula 28 Hae eui dal [28개의 달], y es un drama romántico que… bah… da igual. Es malísima.

[TV] Cosas de series; batiburrillo de cosas asiáticas

Televisión

Se me han acumulado en pocos días un montón de series y otras producciones televisivas a comentar. Y no sabía muy bien en qué orden y como organizarlas. Antes de seguir tomando otras decisiones, he decidido quitarme de encima esta semana lo que tenía pendiente procedente de Asia. Algunos ya sabréis que tengo la mala costumbre de engancharme a infames series coreanas… pero hay alguna cosa más.

Con una mezcla de producciones rodadas entre Japón y Corea del Sur, aunque una de ellas sea americana, tenía que elegir por poner fotos de uno de los dos países. He optado por algunas vistas en blanco y negro de Osaka en Japón.

Cuando me suscribí a Netflix, una de las primeras cosas que vi, como curiosidad, fue una serie japonesa que se titulaba Shin’ya shokudō [深夜食堂], también conocida como Midnight Diner, hace ya tres años de eso. Una serie simpática, con episodios de corta duración, sobre un pequeño restaurante nocturno, del tipo de los que se pueden encontrar en Omoide Yokocho en Shinjuku. Aunque sin la invasión de turistas. En cada episodio se desvelan los avatares de alguno de los clientes, y aprendemos a preparar el plato que más le gusta. No tiene muchas pretensiones, es buenrollista y ocasionalmente presenta casos de interés humano. Recientemente pusieron en su catálogo la segunda temporada, que sigue en el mismo tono. Y es igualmente razonablemente recomendable.

Durante un buen montón de semanas, a un ritmo de uno o dos episodios cada una, hemos podido ver, procedente de Corea del Sur, Vagabond [배가본드]. Serie de conspiranoias, servicios secretos, guerras industriales, corrupción política, en la que un especialista de cine y profesor de taekwondo (Seung-gi Lee) se alía con una joven y pardilla agente (Suzy Bae) de los servicios de inteligencia para desentrañar el misterio de un accidente de aviación en el que muere el sobrino del especialista. En dieciséis episodios desarrolla una trama innecesariamente compleja y rebuscada, para dejar un final abierto, tan mal planteado, que no ha contentado a nadie. Tiene momentos muy entretenidos por el camino, y los protagonistas, eso sí, son muy guapos. Desde luego, la chica protagonista, que viene del mundo de las idols del K-pop, es una chica muy muy guapa. Y poco más, aunque quizá con el tiempo pueda actuar de forma más convincente.

También durante varias semanas, a un ritmo de dos por semana, procedente del mismo país asiático, hemos podido ver Dongbaek-kkot pil muryeop [ 백꽃 필 무렵], con el título internacional, o sea, en inglés, When the Camellia Blooms. Compleja, y a la vez simplona, comedia romántica que mezcla los amoríos de una madre soltera muy mona (Hyo-Jin Kong) con un policía local no muy inteligente (Ha-Neul Kang), pero muy buena persona, con diversos dramas familiares, y una trama en torno a un asesino en serie. Desarrollada en veinte episodios, no es que le hayan sobrado los cuatro por encima de los dieciséis habituales… es que lo que cuenta se puede contar en un par de horas. Típico guilty pleasure en el que te das cuenta de que se podría haber hecho un producto razonable, que buena parte de los intérpretes tienen capacidades interpretativas muy por encima de lo que se les pide, pero que no da casi nada de sí por las propias autolimitaciones del formato que se autoimponen los coreanos. No especialmente recomendable.

Y finalmente, en Netflix han estrenado el documental de una hora de duración Enter the Anime. Bajo la premisa de que la directora y presentadora del documental, Alex Burunova, quiere profundizar en un género, la animación japonesa, cuyas características diferenciadoras quiere conocer, vamos conociendo a una serie de productores de animadores, directores y productores nipones, que van contando los distintos estilos de la animación del País del Sol Naciente. Podría estar muy bien, y de hecho no está mal; pero al final te quedas con la impresión de que más que nada es un producto de autopromoción de las series de animación de la cadena.

[Cine] Set to Chihiro no kamikakushi [千と千尋の神隠し] (2001)

Cine

Sen to Chihiro no kamikakushi [千と千尋の神隠し] (2001; 46/20190912)

Bueno. La de hoy, es conocido, es una obra maestra de la animación. De lo mejor. Y probablemente, la que yo considero mejor película de animación de la historia. Y de las mejores películas que he visto en mi vida, animación o no. Esto de entrada.

No es una película nueva. Es de 2001. Y una de las pocas ocasiones en la que los norteamericanos han dejado de mirarse al ombligo y han concedido un premio de la academia, un Oscar, a una película de animación procedente de otro país, o la única más bien, y hablada en un idioma distinto del inglés. Y de verdad que ha habido ocasiones para que esto haya sucedido en más de una ocasión.

Nos adentraremos en el rico mundo de la fantasía y la mitología japonesa durante un visita al santuario Tokugawa de Nikko [Nikkō Tōshō-gū].

Dirigida por el maestro Miyazaki, probablemente es el momento de mayor inspiración dentro del Studio Ghibli, aunque podemos considerar que dentro del estudio tiene que competir con otros largometrajes de altísimo nivel, que simplemente no han tenido la repercusión internacional de Chihiro. Mononoke, libélulas, Ponyo, Kiki,… incluso Naushika en la época preghibli. No es un fenómeno aislado, no es flor de un día, no es una casualidad. Es el fruto de un trabajo coherente, persistente y concienzudo.

La hemos visto dentro del ciclo que una empresa de exhibición cinematográfica de Zaragoza viene haciendo, en el que todos los jueves a las 20:00 horas ofrecen un pase único de una película trascendente en la cultura popular. Para diciembre tienen previsto volver al Studio Ghibli con un pase de Mononoke Hime (La princesa Mononoke). Son películas que he visto todas en vídeo, pero muy pocas en la gran pantalla. Y el disfrute es impresionante.

Como es habitual en las películas de Miyazaki y Ghibli, tenemos una protagonista femenina, que debe superarse así misma, con la colaboración de otros, pero bajo su propio impulso y motivaciones, tratando la película de forma directa o indirecta las preocupaciones del director sobre los problemas del mundo actual, especialmente los medioambientales, y engarzando con las tradiciones y mitos del Japón clásico o tradicional. Se ha comparado a Chihiro con la Alicia de Lewis Carroll. Ambas comparte un viaje por lo extraordinario detrás del cuál podemos intuir la metáfora del cambio de la edad infantil al camino hacia la madurez. Pero también tenemos diferencias marcadas. Chihiro permanece tal cual la concibió Miyazaki, es mucho más reciente, mientras que es difícil conocer la auténtica naturaleza de Alicia, tantas veces reimaginada y reinterpretada en los más de 150 años de vida del personaje. Por otro lado, Alicia es una niña de clase acomodada que entra en un mundo que sale de la imaginación de Carroll, mientras que Chihiro es una niña común, sin aspectos destacables, delgaducha, desgarbada, no especialmente habilidosa que se mueve de repente en el mundo de los ocho millones de kami de la tradición mitológica nipona. Cualquier niña japonesa podría identificarse con ella sin problemas. Y también tenemos más claras cuales son las circunstancias por las que Chihiro da sus primeros pasos hacia la madurez. Es una niña doliente, ha perdido el entorno vital que le es familiar, su colegio, sus amigos, su casa,… tiene que rehacer su vida y está triste e insegura. Un punto de partida que la enlaza con Riley, otra niña del mundo del cine animación que también nos ofrece su peculiar país de las maravillas.

No voy a entrar ahora en un comentario en profundidad, ni en comentar su argumento. Creo que cada cual debe verla y valorarla en función de su bagage cultural y sus valores propios. Eso variará mucho en las personas. Pero la riqueza visual que nos va invadir durante las poco más de dos horas de duración de la película y la emoción de los hechos que acontecen ante nuestras ojos pocas veces los encontramos. Y además es una película que podemos ver cuantas veces queramos. Siempre encontraremos novedades o matices no percibidos hasta ese momento.

Por supuesto, deberíamos verla en versión original, aunque no entendamos ni papa de japonés. Los actores de voz japoneses son una categoría tan respetada como cualquier otra categoría actoral. Y no me refiero a actores de doblaje; actores de voz que trabajan en animación y otros productos en los que no prestan su propio físico. Hīragi Rumi es la actriz de voz que pone voz a Ogino Chihiro / Sen en el largometraje.

Como he dicho al principio, una obra maestra. Im-pres-cin-di-ble.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: *****

[Animación e historieta] Ella, su gato y todo los que vino después con Makoto Shinkai

Cine, Literatura

Hace unas semanas… más bien unos pocos meses, coincidieron una serie de determinantes que me han llevado a una actividad de fondo sobre el cine del realizador de animación japonés Makoto Shinkai. Shinkai se puso de moda hace 2 años con el estreno con gran éxito en occidente de su película más conocida y taquillera. Ese Tu nombre es…, Kimi no na wa… [
君の名は。]
(2016) que yo nunca he escuchado en la película. Yo siempre escucho Kimi no namae wa… [君の名前は。]. Se supone que significa lo mismo, pero con el japonés nunca se sabe lo de los matices… Pero llevaba ya una trayectoria en el cine de animación. Veamos cómo lo conocí yo.

Partiremos de ese segmento favorito mío que es el viaje en tren de Takaki para ver a Akari, afectado por las fuertes nevadas, para ilustrar esta entrada con los omnipresentes trenes en Japón.

Durante un tiempo pensé que la primera película que vi yo del director japonés fue Cinco centímetros por segundo [Byōsoku Go Senchimētoru (秒速5センチメートル)] (2007). Una película más mediometraje que largometraje, que siempre me pareció incompleta. Pero que tiene momentos muy inspirado, especialmente el fragmento en el que se nos cuenta el viaje en tren bajo la nevada del protagonista masculino, un adolescente, para ver a su amor de la preadolescencia. Un conjunto de secuencias que me parecen de lo más bello que he visto yo en el cine de animación. O, simplemente, en el cine. La he visto varias veces, y cada vez la disfruto con intensidad, como el asombro de la primera vez.

Cuando en Netflix pusieron a disposición del público El jardín de las palabras [Kotonoha no Niwa (言の葉の庭)] (2013), otro mediometraje, me convencí que la anterior no había sido flor de un día, que estábamos ante un director de gran sensibilidad, con gran capacidad narrativa. Y que parecía centrar sus temas en la soledad, el deseo del otro, de la persona amada, y la incapacidad de reunirse con el otro de forma definitiva con esa persona amada. Dada la frecuente aparición de trenes en sus películas, bueno… en casi todas las películas de animación japonesas, es cosa del país, diríase que contempla las vidas de sus protagonistas como los carriles de las vías de del ferrocarril, siempre en paralelo, cercanas, pero destinadas a no encontrarse nunca.

Hace unos meses supe de la edición en español de la versión en historieta de uno de sus primeros cortometrajes, del año 1999, Ella y su gato [Kanojo to kanojo no neko (彼女と彼女の猫)]. El cortometraje, que es fácil de encontrar en Youtube, es una pequeña delicia de la animación en blanco y negro, en la que un gato es adoptado por una joven que vive sola, y que nos cuenta, el gato, en un recorrido a lo largo de las cuatro estaciones de un año de las alegrías y sinsabores de la joven, que sólo intuimos, porque solo tenemos la limitada información que el gato posee. La historieta pierde bastante de la capacidad lírica, poética, con la que carga el cortometraje, pero está bien. Desarrolla algo más las situaciones, tenemos algo más de información, pero la esencia de la historia y el mensaje está ahí.

Fue en ese momento, después de ver el cortometraje, antes de leer la historieta que llegó no hace mucho, cuando tomé la decisión de ver todas las películas de Shinkai que no había visto. Y revisar también alguna de las que había visto. Coincidió, por ejemplo, con la aparición en Netflix de Kimi no na wa…, que volví a ver, pero convertida por mí mismo en una miniserie de tres episodios. Es decir, no la vi de tirón, sino que conociendo a priori su trama, vi por separado las tres partes en las que podemos dividir la trama. He de decir que me funcionó perfectamente, y me permitió descubrir cosas en la película que me había pasado desapercibidas. En estos momentos valoro más la película que cuando la vi en su estreno en la gran pantalla.

Pero también me di cuenta que estaba en un error. Que la primera película que vi en mi vida de Shinkai no eran los centímetros sino la película de aventuras Viaje a Agartha [Hoshi wo ou kodomo (星を追う子ども)] (2011). La vi en televisión. Creo que en la extinta plataforma de Canal Plus… y no me impresionó especialmente. Afortunadamente, no me interesó lo suficiente como para aprenderme su director, porque si no igual me hubiera influido negativamente a la hora de interesarme por la obra de Shinkai. Esta película sí que es un largometraje, la aventura de unos jovencitos por el mítico mundo subterráneo de Agartha, que no está mal, es entretenida, pero no es lo mío. Dijeramos que es lo que menos me gusta del director.

Además de todo lo mencionado, en estas últimas semanas me he visto también las otras dos obras de cierta entidad que tiene el director, y su primer corto Otros mundos [Tooi sekai (遠い世界)] (1999). Este es un pequeño esbozo de lo que empieza a ser su carrera como animador, con el aire melancólico sobre las relaciones que va a presidir el conjunto de su carrera. Pero vamos con las dos películas que nos quedan.

Me gustó mucho Voces de una estrella [Hoshi no koe (ほしのこえ)] (2002), en la que Shinkai entra en el mundo de la ciencia ficción. En la que dos jóvenes adolescentes enammorados se ven forzados a separarse cuando ella entra al servicio de una nave espacial que iniciará un viaje interespacial, que los alejará, no sólo en la distancia, sino también en el tiempo, cuando cada mensaje de ellos, primero tarde horas en llegar, luego días, semanas, meses… y finalmente años, en una conversación continuamente interrumpida por la inmensidad de la separación. Siendo un corto-mediometraje de 25 minutos de duración tan temprano en su carrera, ya avanzaba los temas principales de la misma. Y aunque la animación sea más tosca, mucho menos refinada y precisa que en sus últimas obras, lo cierto es que a mí casi me agrada más en algunos momentos. Disfruté mucho con esta melancólica aventura, que por algún motivo me recordó a cierta aventura espacial, Viaje interminable, también de tono melancólico de Marion Zimmer Bradley, aunque los temas de fondo no sea exactamente iguales.

La otra película, largometraje de hora y media de duración, que he visto es El lugar que nos prometimos [Kumo no mukō, yakusoku no baso (雲のむこう、約束の場所)] (2004). Fue el primer largometraje del director. También en el ámbito de la ciencia ficción, en una realidad alternativa en la que tras la guerra Japón está dividido entre los bloques. Al norte del estrecho de Tsugaru, que separa Hokkaidō del resto del archipiélago, pertenece a un bloque, presumiblemente la Unión Soviética o similar, mientras que el resto de Japón es aliado del otro bloque, Estados Unidos, claro está. Y en ese ámbito tres adolescentes, dos chicos y una chica, trabarán relación y amistad. Hasta que la chica desaparece. Nuevamente aparece el tema de la separación, del duelo y el desconcierto que produce, esta vez en un entorno en el que se analizan las realidades o universos alternativos o paralelos. Una historia relativamente compleja, que me pareció interesante, aunque no me emocionó ni me llegó al mismo nivel que otras de las películas de Shinkai.

Y en estas estamos, cuando ya se ha presentado el avance de A la intemperie contigo [Tenki no ko (天気の子)], cuyo estreno en Japón está previsto para el mes de julio,… y que esperemos que no tarde mucho en llegar a las pantallas españolas.

[Cine] Kimi no suizō wo tabetai (2018)

Cine

Kimi no suizō wo tabetai [君の膵臓をたべたい] (2018; 23/20190412)

Esta historia me empezó a llamar la atención hace ya un tiempo. Y es que la traducción de su título al castellano llama la atención. Ese Quiero comerme tu páncreas, título en castellano de la película doblada, que parece que es una traducción razonablemente certera del título original, sorprende. Especialmente en el marco de un drama entre adolescentes. Porque más parece un título de película sobre zombis o similares, que la de una sobre la relación entre dos jóvenes de 15 o 16 años. Pero el caso es que, como soy aficionado a la animación nipona, empecé a oír hablar de la adaptación de esta “novela ligera” al cine hace ya un tiempo. No pensaba que fuese a llegar a las salas de cine de nuestro país. Pero desde hace un tiempo, la animación japonesa se está abriendo paso con más facilidad entre las distribuidoras. Tres llevamos ya este año en la cartelera zaragozana, contando el 25º aniversario de Totoro.

La película que nos ocupa hoy transcurre durante una primavera, y las primeras escenas están llenas de cerezos en flor. Y encima, la protagonista se llama Sakura, el nombre de la flor del cerezo en japonés. Así que hoy ilustramos la entrada… exacto, con flores de cerezo ornamental japones. Sakura.

Shin’ichirō Ushijima, el director de esta película de animación, es relativamente novato. Cuatro episodios de series de animación era todo su currículo como director hasta esta película. Y nos traslada a un género que nunca está del todo de moda, pero que periódicamente resurge en las carteleras. Chico/chica, joven/”jóvena”, hombre/mujer que se conocen y entablan una relación romántica/de amistad/mitad y mitad, hasta que se descubre que uno de los dos, generalmente ella, sufre una enfermedad incurable. Este género ha dejado algún escaso ejemplo de historia interesante, y una abundancia de pastelazos y abuso del “cine cebolla” destinado a estimular las glándulas lagrimales, y dormitar posteriormente en las profundidades del olvido, salvo en el de las mentes más cursis. Y con frecuencia, pese a lo que parezca, el interés no recae en la experiencia de la persona que ve recortada drásticamente su esperanza de vida sino en el impacto del que queda.

Tal cosa sucede en esta película, que atiende más a la evolución del introvertido y asocial muchacho protagonista que a la joven Sakura, quien va a morir debido a una enfermedad (desconocida) que provoca una insuficiencia funcional de su páncreas, que pone patas arriba su vida en una relación que constantemente navega en el equívoco entre la amistad y el romance. Digan lo que digan los que apuestan por una historia de amistad, el director nos deja abundantes pistas de que el muchacho piensa en Sakura de otra forma mucho más carnal. Obsérvese el fondo tras Sakura en una escena en la que ambos comen en un restaurante, y tendréis una pista.

La realización es de un tipo habitual en la animación japonesa. Detallados fondos y ambientes, con unos personajes esquemáticos aunque fácilmente reconocibles por algunos trazos o elementos que los individualizan. Mucho desenfoque de fondos, una par o tres escenas de lucimiento en el dibujo (abundancia de cerezos en flor, los fuegos artificiales que no falten,…) y el recurso a un cambio estilístico cuando nos movemos en el terreno de lo onírico o de los recuerdos. Y un problema que lastra constantemente la película. Esta llena de clichés. El chico serio y la chica pizpireta. La mejor amiga de la chica, algo arisca, que desconfía. El chavalote simpático que ofrece su amistad a todo el mundo. Los fuegos artificiales. Los cerezos en flor. Los viajes en tren. Todos estos elementos los hemos visto en otras película o series, mejor utilizados o con más sentido, más de una vez.

Al final, qué tenemos. Una película entretenida, que te deja con un buen sabor de boca, pero que poco a poco se va diluyendo en el recuerdo como un producto mucho más vacío y carente de originalidad de lo que parecen. Una sensación de déjà vu casi permanente, y un exceso de cine cebolla de recurso fácil. Tanto “azúcar” que al final necesitas más inyecciones de insulina que las que precisa la insuficiencia pancreática de la joven.

Como curiosidad, un año antes, la misma historia había sido llevada al cine pero en acción real, dirigida por Shō Tsukikawa y protagonizada por la pizpireta (aunque a ratos algo cargante) Minami Hamabe y el poco expresivo Takumi Kitamura. La busqué y la vi en casa el fin de semana. De alguna forma, siendo una película discreta y poco memorable, sin ser mala, y relatando la misma historia al 90 %, sin embargo transmite alguna e idea más interesante. Y sobretodo desde un punto de vista más adulto. Tengo la sensación que siendo más fiel a la novela original. Aunque eso sólo es una suposición, porque no he accedido a la misma.

Por cierto… aprovechando mis conocimientos profesionales. Es posible vivir sin páncreas. Con una diabetes complicada de manejar, y con la necesidad de suplementos enzimáticos, pero es posible vivir sin páncreas.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***
Y una rosa, para finalizar.

[Cine] Mirai no Mirai [未来のミライ] (2018)

Cine

Mirai no Mirai [未来のミライ] ( 2018; 18/20190317)

Nueva película de animación japonesa que nos llega después de casi un año desde su estreno en su país de origen. Aunque cada vez llegan con más frecuencia, les cuesta encontrar camino en la distribución a películas que no son inferiores en su conjunto a los productos occidentales, especialmente a los norteamericanos, aunque su estilo sea muy distinto. En este caso, tenía ganas de enfrentarme a esta nueva película Mamoru Hosoda, del que me habían llamado la atención tres películas suyas anteriores, vistas a través de las plataformas de vídeo bajo demanda o en vuelos intercontinentales. Dos de ellas me parecen excelentes, como son Toki o kakeru shōjo [時をかける少女] (La chica que saltaba a través del tiempo, vista en Netflix) y Ookami kodomo no Ame to Yuki [おおかみこどもの雨と雪] (Wolf Children, vista en Amazon Prime Video). En general, Hosoda abraza con frecuencia la confluencia de una sociedad similar a la contemporánea con elementos fantásticos o de la ciencia ficción. Y los temas que trata tienen que ver con la familia y el lugar de los jóvenes en el mundo.

Revisitando los santuarios de Nikko, Kamakura o Tokio, donde siempre podemos detectar la presencia de la escasa pero bulliciosa infancia japonesa. Graves problemas de baja natalidad en el País del Sol Naciente.

En esta ocasión, nos lleva al mundo de la infancia. Un niño de 4 años, Kun-chan, vive feliz con sus padres, un matrimonio joven que va construyendo poco a poco su familia y su hogar, y que tienen bebe, una niña, a la que llamarán Mirai. Que va a trastocar por completo el mundo del pequeño. Y a partir de aquí, a partir del síndrome del príncipe destronado, realiza una disección de los valores familiares y de la infancia.

El título original es un juego de palabras de difícil traducción al castellano. Mirai [未来] es el nombre de la niña, pero también la palabra japonesa que significa futuro. Mientras que la versión doblada viene con el título de Mirai, mi hermana pequeña, el título original significa literalmente Mirai del futuro. No El futuro de Mirai, como he visto escrito en algún lugar. En los caracteres usados en el título original, distinguimos el nombre de la niña por estar escrito con kanas del katakana [ミライ] y no con kanjis [未来], los caracteres de origen chino. Durante la película, la versión adolescente de Mirai se aparece al niño en momentos críticos, para orientarle en la vida, y en la versión original se puede escuchar al niño llamar la joven mirai no Mirai-chan, siendo chan un tratamiento afectivo que se da a los niños pequeñitos y a las niñas, y chicas adolescentes y jóvenes, por parte de sus familiares y amistades próximas.

Sin embargo, no será la única que se aparezca al niño. También su abuela y su bisabuelo, que le completarán el cuadro de cómo se formó su familia, de dónde vienen, y de los valores compartidos.

La película está bastante bien y se ve con agrado. Pero no llama la atención tan notablemente como las dos que he mencionado al principio. No deja el mismo poso. Está bien, gusta, sales contento del cine, pero ya está. No le dedicas muchos más pensamientos a partir de ahí. Buen rollo y poco más. Es recomendable, no obstante.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[TV] Animación japonesa para las vacaciones

Televisión

La rutina de estas vacaciones ha sido muy sencilla. Viajamos dos personas. Llevamos muchos viajes a cuestas juntos, y nos entendemos bien. Bien sea porque somos gente conformada y poco maniáticos cuando salimos de casa, bien sea porque nuestras manías se acoplan bien entre sí y viajamos con buen rollo. Pero eso sí, con el tiempo, sin hablarlo en exceso hemos establecido rutinas viajeras.

akihabara---tokio_15388541098_o.jpg

El mundo de los “otaku” en Akihabara, Tokio.

Salvo algún día aislado, no nos vence la pereza. A las ocho de la mañana estamos en pie. A veces antes, si conviene para lo que queremos visitar. Nunca nos marcamos muchos objetivos para cada día. Una visita en la mañana, otra después de comer y otra para la tarde. A veces se resumen en dos. Solemos adaptarnos a las costumbres del país. Comemos y cenamos pronto. Comidas al mediodía ligeras, las cenas según toque. Después de cenar nos relajamos tomando algo donde nos pille, conversamos sobre el día y hablamos del día siguiente. Como solemos buscar algún lugar con acceso a internet, subo algunas fotos, que es mi forma de decir a mi gente que estoy bien. Y luego nos vamos a dormir, no muy tarde. Ahí ya, cada uno a su bola, mientras relajas los músculos para conciliar el sueño, vemos algún episodio de vídeo bajo demanda en las tabletas, en Netflix o Amazon Prime. Y para esto, la animación japonesa, con episodios de unos 22 minutos de duración es ideal. Duran poco, no te hacen pensar mucho, y cuando terminas, a dormir. A lo tonto modorro he visto unos cuantos.

akihabara---tokio_15601322465_o.jpg

Ansatsu kyōshitsu [(暗殺教室] (Assassination Classroom) es una serie de animación de la que ya vi la primera temporada en Netflix hace un tiempo. La premisa es curiosa. Un alien amenaza con destruir el mundo en el plazo de un año. Mientras, se presta para ser el profesor de una clase de enseñanza secundaria a adolescentes de 15 años. Es la clase de los “torpes” de un elitista instituto privado. Pero el gobierno encarga a estos adolescentes que antes de que acabe el año tienen que asesinar a su profesor. La primera temporada me pareció muy divertida. Tenía algo de mala leche, e incluso algún puntito transgresor que me gustaron. Pero pasaba el tiempo y no aparecía la segunda temporada. Me enteré en junio, en Suiza, que en algunos países sí que estaba disponible. Pero en el país helvético estaba sólo en audio japonés o alemán, con la posibilidad de subtítulos en alemán. En Taiwán, la encontré con posibilidad de subtítulo de lo que llaman español latino… es decir con modismos propios de Centro y Sudamérica. Me vale. La descargué y la fui viendo. La segunda temporada no está mal, pero pierde esos puntos de mala leche y transgresión,… y ya no es lo mismo. Menos adulta, más para adolescentes. En fin… serie terminada. No está mal en su conjunto de todos modos.

akihabara---tokio_15414701219_o.jpg

En Amazon Prime encontré Wotaku ni koi wa muzukashī [ヲタクに恋は難しい] (Wotakoi; el amor es difícil para un otaku). Está dirigida a un público más adulto. Y son poquitos episodios. La serie le da una vuelta al concepto de otaku, que es como se denomina a las personas que viven inmersas en sus aficiones como los videojuegos, la lectura de manga, de novelas rosas, el anime, el cosplay, u otras aficiones similares. Al sumergirse intensamente en su afición, se suele asumir que son personas con pocas relaciones sociales o con dificultad para las mismas. La serie explora dos parejas, compañeros de trabajo en una misma empresa, que intentan compaginar sus aficiones otaku con sus relaciones afectivas. La serie es simpática, no me parece que tenga excesivas pretensiones, pero consigues empatizar con algunos de sus personajes. Aunque otras cuestiones, culturalmente te suenan excesivamente extrañas. En cualquier caso, es entretenida y cumplió con su misión en el ámbito del viaje que he señalado. Esta la vi más, una vez descargada, en momentos muertos en aeropuertos y estas cosas.

Hubo otra serie a la que también le di alguna vuelta en Netflix… pero que no me parece que merezca la pena un comentario.

akihabara---tokio_15550976536_o.jpg