TV – Médicos, más médicos y ¿psicólogos?

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Fotos realizadas en San Francisco, que podría ser la ciudad donde transcurren un par de las series de hoy. Un par. Las otras no. También en versión Substack.

Sip. “Epidemia” de series de ámbito médico y colaterales en las diversas plataformas disponibles por ahí. Algunas clásicas y otras más novedosas. Bueno,… en realidad, ninguna novedosa. Ya me explicaré.

Después de más de dos décadas sigo viendo Grey’s Anatomy. La temporada no ha terminado todavía. Le quedan dos episodios. Pero da igual. La comento ya. Porque tampoco hay mucho que comentar. Es un guilty pleasure. Un culebrón en el que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Muy “progre” últimamente, muy “anti-Trump”, aunque de vez en cuando sacan a relucir su puntito conservador. Es lo que tienen los llamados “liberales” en USAmérica. Que allí los consideran de izquierdas, pero aquí serían de centro liberal como mucho. Como siempre, más culebrón que serie seria. Y en realidad es más bien mala. Pero sigo viéndola. Es lo que hay. Como digo, un guilty pleasure.

Tercera temporada de Shrinking. Estos no son médicos. Son psicólogos. Creo. Me parece lo más probable. El problema es que cuando los USAmericanos hablan de shrink lo mismo se refieren a un psiquiatra que a un psicólogo clínico. Pero no les he visto recetar en lo que llevamos de serie, así que serán psicólogos. Por lo demás, es una serie muy maja y divertida. Que seguiré viendo, porque ha sido renovada. Aunque no sé muy bien con qué dinámica. Porque el cascarrabias (Harrison Ford) se ha retirado de la práctica y se ha ido a la Costa Este a vivir. Cosas del Parkinson. Y quizá de que Indiana Jones es octogenario y nunca se sabe si podrá salir en la siguiente temporada. Y también se ha ido a la Costa Este, a estudiar a una prestigiosa universidad, la adolescente protagonista (Lukita Maxwell). Aunque más por lo bien que juega al fútbol que por sus capacidades en los estudios. Cosas del capitalismo USAmericano. Es más fácil que bequen a un deportista que a un estudiante cualificado. Porque el deporte deja más dinero en las universidades que el saber.

Segunda temporada de The Pitt. Continuación no oficial de E. R., con el Dr. Carter reconvertido en Dr. Robby (Noah Wyle). Con la peculiaridad de que los quince episodios de la temporada narran un turno en el servicio de urgencias de un hospital de Pittsburg. Narrada por lo tanto en tiempo cuasirreal. Intentando reflejar de modo realista los problemas de las urgencias de un hospital, así como los problemas de carácter social y político de la sociedad USAmericana. Sigue siendo una de las mejores series del momento. Pero no me ha gustado tanto como la primera temporada. Ya no resulta tan novedosa. Y al mismo tiempo, agobia un poco con la cantidad de calamidades y problemas que surgen cada décima de segundo. Pero bastante recomendable.

Y no sé si decir que estamos ante la décima temporada de Scrubs o ante la primera temporada de la nueva Scrubs. Sí. Dieciséis años después de que terminara la serie cómica sobre residentes de medicina del Hospital Sagrado Corazón de alguna ciudad californiana (en una época en la que yo trabajaba en el Hospital Sagrado Corazón de Jesús de Huesca, qué ironía), vuelven los mismos personajes y algunos nuevos más jóvenes para hacer de residentes al mismo hospital. El tono es similar. Pero quizá demasiado preocupados los guiones por homenajear a la serie original. El público votante en IMDb está encantado, con una valoración promedio de 8,3/10 sólo una décima menos que la original. Yo vi las primeras temporadas de aquella, y creo que era mejor. Pero está bien. Me ha entretenido. Y son sólo 9 episodios de menos de 25 minutos. Cómo no la vas a ver.

[TV] Cosas de series; turno de día en las urgencias de Pittsburg

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Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. Un paseo por el campus de la facultad de medicina y hospital de la Charité en Berlín. Bastante más agradable que el «hoyo» donde trabajan los protagonistas de la serie de hoy.

Cuando yo era niño, los médicos de las películas eran perfectos. Vestidos y peinados de forma impecable, ya fuera Marcus Welby, como médico de familia al estilo antiguo de toda la vida, o el doctor Joe Gannon, como infalible cirujano en un gran hospital, eran perfectos en todos los aspectos de su vida. Sí… había algunos conflictos, diversas formas de hacer que generaban el conflicto de la serie, pero todos los médicos eran gente dedicada, pulcra, de apariencia impecable. Y las enfermeras… eficientes. Ese es el adjetivo más habitual de la enfermera de aquellas series. Siempre estrictamente a las órdenes del médico perfecto, ejecutaba el tratamiento y cuidaba de los pacientes con una alto grado de precisión y eficiencia. Al fin y al cabo, los asesores médicos de aquellas seres se solicitaban a la muy poderosa A. M. A. (American Medical Association). Y si los productores no dejaban a los médicos en buen lugar, acordes al prestigio de la profesión, no colaboraban y ejercían presión en contra. Las cosas eran así. Y como la mayoría de las asociaciones profesionales médicas, véanse los colegios oficiales en España, es considerablemente conservadora y, en algunas cuestiones, retrógrada.

Pero poco a poco, en la ficción televisiva comenzaron a aparecer discrepancias sobre el modelo «oficial» tradicional. No he visto muchas series médicas. Quizá más de las que era mi intención, pero durante muchos años las evitaba… porque bastante tenía ya sobre el tema con mi entorno laboral. Pero algunas fueron obligadas. ¿Se puede afirmar que las aventuras de Joel Fleischman en un lejano pueblo de Alaska es una serie médica? Quizá no. Quizá sí. Pero no era convencional. Y quizá la primera ruptura, al menos en parte, con el paradigma fue ER, que si bien mantenía al médico como protagonista «heroico» de un servicio de urgencias razonablemente realista, hablaba también de los problemas inherentes a este tipo de servicios, al estrés, a los conflictos, a la falta de recursos… y otras cuestiones. Claro… también llegó el modelo de serie médica en el que lo que pasa en el centro hospitalario se diferencia poco de lo que pasa en un instituto de bachillerato mixto, entre dimes y diretes, amoríos, rencores… y alguna que otra catástrofe en cada temporada, durante más de veinte. O una versión cómica y paródica, pero inteligente, de lo que es un médico residente. Entre otras cosas. No mencionaré las versiones españolas de estas series porque me da un sonrojo, una vergüenza ajena, casi insoportable por los engendros que se han producido, tuvieran o no éxito.

Tengo mis criterios propios para juzgar estas series, distintos del telespectador general. Soy del gremio. Y aunque no con una actividad profesional convencional para lo que se entiende en un médico, con suficiente conocimiento de causa. Y en estas estábamos cuando en una reunión de trabajo, muy seria, con temas de fondo, alguien habló y recomendó algunos episodios de una serie reciente, que yo no había visto por no estar suscrito a la plataforma de turno… y porque ya he dicho que, salvo excepciones, no suelo seguir las series médicas. Se trata de The Pitt, una serie muy premiada en los Emmy, más otros premios y candidaturas más o menos prestigiosos. Y tal me la pusieron que, durante mis recientes festivos por Navidad y Año Nuevo, me hice una especie de maratón y me vi los quince episodios que constituyen la primera temporada. Como dato, la segunda temporada vuelve el próximo jueves 8 de enero. Y de entrada me hizo gracia una cosa. El protagonista es Noah Wyle, que apareció en 254 de los 331 episodios de ER, el que más presencia tuvo en la serie. Desde que era un estudiante, hasta convertirse en un médico hecho y derecho y experimentado.

La estructura de la serie es original. Generalmente, en este tipo de series, se tiende a una trama continua que abarca días o semanas o meses, o bien cada episodio es un turno de trabajo o unos pocos en el que pasan cosas con una trama central y otras secundarias en paralelo. Vamos a las peculiaridades de esta serie que transcurre en el servicio de urgencias de un hospital de Pittsburg, lo que participa en el juego de palabras del título de la serie, que es homófono con la palabra pit, fosa o mina, o, coloquialmente, el servicio de urgencias de una hospital. Los quince episodios abarcan el turno de día en estas urgencias hospitalarias, empezando a las 7:00 de la mañana. Cada episodio es lo que sucede durante una hora. No rodado en tiempo real, exactamente, pero casi. Aunque el turno dura 12 horas, por motivos que no desvelaré se prolonga… y llegamos a los quince episodios. También se da la circunstancia de que es el primer día de trabajo para nuevos médicos residentes de primer (les llaman internos en EE. UU.) y segundo años y para un par de estudiantes de los últimos años de sus estudios médicos

Evidentemente, en un periodo de tiempo según la cronología interna de la serie tan corto, las tramas de cada episodio no son autoconclusivas. Algunas, especialmente las que afectan a las relaciones entre los profesionales, se extienden durante toda la serie. La referidas a los pacientes se extienden en varios episodios más o menos según el caso. Y existen tramas secundarias que suceden puntualmente en el desarrollo de un episodio. Pero van surgiendo temas. Además de la tensión dramática que impulsa la acción, con varios macguffins para el coral reparto, hay situaciones en los que la serie hace pedagogía; la voluntades o directrices anticipadas del paciente, la donación de órganos, la importancia de la vacunación, los modelos de gestión de los centros sanitarios y sus consecuencias, el abuso de sustancias en pacientes y profesionales, diversos dilemas éticos, las formas de llevar a cabo la comunicación médico-paciente, el equilibrio en urgencias entre dedicación al paciente y la necesidad de cerrar casos para atender a nuevos paciente,… una diversidad de ellos. En general, el tono de la serie es «progresista»,… desde el punto de vista de los Estados Unidos, que en estos momentos están en un retroceso social, político y ético de décadas. ¿O no veis la prensa y las noticias?

¿Cuál es mi impresión general de la serie? Positiva. Aunque quizá no tan entusiasta como otras opiniones. Puntúa 8.9 de promedio entre los votantes de IMDb, con abundancia de elogios entre la crítica especializada. Ciertamente la calidad de la producción, la realización y la interpretación de la serie es muy alta. Pero yo no me pondría en niveles de valoración tan elevados. Siendo muy recomendable, que lo es, tengo la intención de ver la segunda temporada de alguna forma, no es perfecta. Sus debates éticos son menos profundos de lo que parecen. Los conflictos entre profesionales traspasan el drama para situarse en varias ocasiones en el melodrama. Y en el exceso. El conjunto de lo que pasa en las quince horas es tan excesivo, que llega un momento que abotarga un poco la experiencia. Especialmente si ves los quince episodios en pocos días. Me cuentan que la intención inicial es que fuera una secuela directa de ER, que el personaje de Wyle fuera el mismo que en aquella serie. Pero las dudas sobre los derechos sobre la misma hizo que se optara por crear una secuela «espiritual». Creo que son dos series que, aunque tratan de lo mismo, son distintas. Yo me apunté a ER cuando ya habían pasado varias temporadas. hacia la séptima temporada o así. No recuerdo exactamente. pero en general, sigo prefiriendo aquella serie, ya que conseguí empatizar más con aquellos personajes que con los de la actual. Pero bueno… lo dicho. Recomendable. Juzgadla vosotros mismos.