[Libro] El quinteto de Nagasaki

Literatura

Me hablaron de este libro de Aki Shimazaki hace ya un tiempo. Y en principio me planteé leerlo en versión original. No, no me he puesto a estudiar japonés ni nada por el estilo… creo que en estos momento es un idioma fuera de mi alcance. La versión original de este libro está en francés. Porque Shimazaki, japonesa de nacimiento, vive desde hace casi 40 años en Canadá, donde está naturalizada y vive en Montreal. Y a pesar de que aprendió el idioma francés siendo ya adulta, es el que escogió para desarrollar su carrera literaria.

Pero surgió un problema que me dejó un poco atónito. En castellano, el libro se vende en un volumen único, con un precio de entre nueve y diez euros. Pero en su idioma original, son cinco novelas cortas que se venden independientemente, con un precio global de entre 30 y 35 euros… ¡¡?? Me pensé un poco el asunto, quizá esperando una nueva edición francesa al estilo de la castellana… pero nada. Os explico el asunto.

Unas cuantas vistas recientes de Tokio… donde todo empieza, aunque sólo nos enteremos bastante avanzada la historia.

Este quinteto de relatos relacionados entre sí que publica Lumen en un solo volumen, fueron originalmente publicados en su idioma original como cinco novelas cortas. Que se pueden leer de forma independiente. Aunque después de haberlas leído todas, es algo que para mí no tiene mucho sentido, ya que para comprender la historia en toda su extensión y profundidad hay que leer los cinco relatos. Su pudo publicar originalmente por entregas, pero recomiendo que se lean como un todo.

Antes de esbozar el argumento de la historia, he de decir que me gusta más el nombre que se le da en francés al conjunto, Le poids des secrets (El peso de los secretos), que lo del “quinteto de Nagasaki”, más oportunista, y supongo que más comercial, que le ha dado su editor en castellano. Cierto es que una parte de la historia, importante, transcurre en la ciudad mártir de la Segunda guerra mundial, la segunda y última, hasta la fecha, donde salvaje y perversamente se ha arrojado una bomba atómica. Y concretamente, la autora sitúa en aquel nueve de agosto de 1945 algunos acontecimientos importantes dentro de las vidas de los protagonistas de esta compleja saga familiar que nos hará recorrer el siglo XX desde la década de 1920 hasta el último cuarto del siglo XX.

Pero el recorrido es mucho más amplio. Porque si un momento clave se produce en las historia que se nos cuenta, es el momento en que una de las protagonistas queda huérfana tras el gran terremoto de Kantō al mediodía del 1 de septiembre 1923. Y queda huérfana no por el terremoto, sino por la consecuencias posteriores, en una de las narraciones más estremecedoras que he leído jamás sobre la perversidad humana, en este caso no de los militares norteamericanos como fue lo de Nagasaki, sino de los militares y políticos japoneses. Esa orfandad tendrá consecuencias inimaginables en una joven, cuyo pasado ya estaba revestido de misterio, y que acabará afectando profundamente a los miembros de dos familias japonesas. Pero no voy a desvelar mucho más, porque es preferible que lo descubra el lector.

Shimazaki no desaprovecha la ocasión. No se limita a narrar los amores y los odios que entre sí desarrollan los personajes principales de la acción, la compleja trama de relaciones que complica las vidas de personas en principio honestas y fieles a sus familias y amistades, salvo excepciones. Shimazaki desarrolla su punto de vista sobre algunos graves acontecimientos de las historia japonesa del punto de vista; la política colonial en otros puntos de Asia, el racismo hacia las personas de otras nacionalidades u orígenes étnicos, la corrupción de la sociedad en el régimen militarista que llevó al país a la guerra y la catástrofe, la complejidad de la vida en los años de guerra, el convencimiento razonado de que los bombardeos atómicos tuvieron más de experimento que de necesidad bélica, y que habían venido precedidos de bombardeos convencionales de intenciones igualmente perversas por cebarse especialmente sobre la población civil y más desprotegida. Todo ello contado por una japonesa de origen, que no olvidemos vive en Canadá, que no aprendió el francés hasta 1995, cuando ya contaba 40 años de edad, y que empezó su carrera literaria en ese idioma a partir de 1999, después de haberse dedicado fundamentalmente a la enseñanza.

El conjunto me ha parecido una lectura muy interesante. Y en algunos de los cinco relatos, apasionante, estremecedora y conmovedora. El conocimiento de esos secretos cuyo peso pesan sobre los protagonistas y que se va desvelando muy poco a poco, me obligó en algunos momentos a parar la lectura y reflexionar sobre lo sucedido. No tanto sobre lo que sucede a los personajes de ficción, sino sobre lo que padecieron las personajes reales en la época. Los cinco relatos no tienen la misma intensidad, aunque sí que parecen disfrutar una calidad literaria similar. Sigo con la curiosidad por haber leído el original en francés. Especialmente por las circunstancias vitales de la propia autora. Pero en cualquier caso, me parece, en cualquier idioma, muy recomendable.

[Fotos/viajes] Cámaras de un solo uso en Tokio

Fotografía, Viajes

Un despiste monumental hizo que olvidase mi cámara para película tradicional, y el cargamento correspondiente de estas, en Zaragoza antes de salir de viaje hacia Japón. Un poco mohíno por estas circunstancias, en los últimos días del viaje, en Tokio, me hice con un par de cámaras Harman de un solo uso, con película Ilford, en blanco y negro. Os presento algunas de las fotos. Y los detalles técnicos, para quienes este interesados, en Dos Harman de un solo uso con Ilford HP5 Plus en Tokio.

[Libro] Tokyo Ueno Station

Literatura, Sin categorizar

Oí hablar de este libro hace unas semanas. Escrito en japonés por una zainichi, Yu Miri, una mujer nacida en Japón de nacionalidad coreana, surcoreana, también hay zainichi norcoreanos, muy complejo lo de los coreanos que estaban en Japón al final de la guerra mundial, que es escritora, y que se expresa en sus novelas en japonés. Lo normal si tienes 51 años y por mucho que tengas una nacionalidad llevas toda tu vida viviendo en un país con otro idioma que es el que utilizas todos los días desde que naciste. Supongo.

Fotos recientes, de hace cinco días, del parque Ueno y alrededores. Con muchos de los lugares descritos en la novela que os traigo hoy.

El caso es que leí hablar muy bien de esta novela, que no está publicada en castellano, por lo que me he ido directamente a la versión en inglés, cuya versión en libro electrónico tiene un precio muy asequible.

El protagonista de la novela es Kazu, un hombre japonés, que nació en 1933, el mismo año que el emperador Akihito, en el trono cuando se escribió la novela, ya no es así porque abdicó este mismo año en su hijo. Y que ahora, siendo ya un anciano, vive como una persona sin techo, sin domicilio fijo, en el Parque Ueno, al lado de la populosa estación de ferrocarril del mismo nombre.

La novela es una mezcla de pasajes sobre la vida cotidiana de las personas sin techo en el parque, con las tribulaciones propias de tal modo de vida, con los recuerdos que rememora, a lo largo de su vida. Su infancia, los años de la guerra, su matrimonio y su familia, que vive en la prefectura de Fukushima, su trabajo alejado de esta durante décadas, el nacimiento de su primer hijo, que nació el mismo día que el actual emperador Naruhito, los juegos olímpicos de 1964, las consecuencias para los sin techo de los que se aproximan en 2020, los tiempos de inestabilidad política, los de crisis financiera, las desgracias que suceden en la familia, como pueden suceder en otras, el tsunami de 2011, las circunstancias que le llevan a vivir sin hogar y desarraigado…

Cualquiera que visite este Cuaderno de ruta sabe que soy consumidor habitual de productos de la cultura japonesa, una cultura que me estimula mucho, un país que me fascina, como muestra que esté recién llegado del segundo viaje por el mismo. Y hay que estar muy motivado para chuparse las interminables horas de viaje en avión sobre Siberia. Pero no soy acrítico. Así como hay muchos “japonistas” que todo lo que viene del País del Sol Naciente les parece bien, yo encuentro elementos maravillosos en su cultura mezclados con otros que me producen repelús, estupor y, en algún caso horror. En Japón hay una de las brechas de género de las más amplias de los países desarrollados, probablemente superada sólo por Corea del Sur, y peor que algunas economía no desarrolladas o de países con bajo nivel democrático. Japón es uno de los países con mayor maltrato infantil. Hay fenómenos relacionados con el consumo de cultura que me horripilan en cuanto a la soledad de la gente, o la retorcida expresión de la sexualidad en la sociedad japonesa. Y bueno… otros aspectos que no sabría expresar muy bien aunque haya leído sobre ellos.

Yu Miri, recuerdo que en Asia lo habitual es que el apellido vaya delante, hace un repaso crítico de la historia de Japón en el siglo XX. Uno de los problemas que tradicionalmente ha tenido Japón ha sido su cerrazón al extranjero. Y las minorías dentro del país no suelen tener buenas perspectivas. Yu, como coreana, es conocedora de esa situación. No hace del protagonista de la novela uno de estas minoría, pero de alguna forma sí que habla del tema, al situarlo como descendiente de un grupo de inmigrantes 150 años atrás de una región japonesa a otra. Con creencias basadas en distintas sectas de las religiones que pulular por el país, específicamente del budismo, y que sufren cierta grado de discriminación en su destino, que se extiende durante décadas.

La novela va desvelando las claves de quién es Kazu y porqué vive como vive muy parsimoniosamente. Durante buena parte de ella lo ves como un trabajador, sufrido, de los que a base de esfuerzo levantaron la economía japonesa de posguerra hasta niveles inesperados. Y no acabas de entender cómo acabó viviendo entre cartones en parque de Tokio. Pero poco a poco va desvelando los golpes que nos da la vida, y que en algunas personas son absolutamente devastadores. Hay momento duros en la novela, que sin ser larga, tarde mis días en leerla, porque sentía la necesidad de parar tras leer alguno de sus pasajes, que no voy a desvelar. Pero que nos habla de la capacidad o incapacidad para asumir o no asumir los infortunios personales de cada cual, y del apoyo o falta de apoyo que la sociedad aporta cuando estos llegan.

Cuando la leí, poco antes de viajar esta segunda vez a Japón, no recordaba si habíamos visitado en 2014 el parque Ueno, donde vive la comunidad de personas sin hogar en la que se encuentra Kazu. Yo pensaba que no. La amiga con la que visité Japón en 2014, y también ahora en 2019, me dijo que sí. Ella también leyó el libro más o menos al mismo tiempo. Comprobamos hace cinco días que sí, que habíamos estado. Que el Museo Nacional de Tokio está en el parque Ueno, pero en su parte norte. Y lo que describe la novela está en su parte sur. Estos días atrás hemos estado alojados en un ryokan en Akasuka, por lo que hemos pasado con frecuencia por la estación de Ueno, a sólo tres paradas de metro de la de Asakusa, y por la que pasa la línea JR Yamanote, línea de ferrocarril local que te distribuye por toda la ciudad y que está incluida en el Japan Rail Pass, por lo que es una opción popular para los turistas que tienen este documento, porque abarata los desplazamientos por la ciudad. Y uno de esos días, el primero que estuvimos en Tokio, al atardecer, visitamos el parque.

No se ve ninguna colonia de personas sin techo. Desconozco si forma parte de la ficción de la novela o si ha sido “limpiada” por las autoridades. Este tipo de colonias suelen ser “limpiadas” por los político en ocasiones especiales; hay un capítulo sobre eso en el libro. Y en este 2019, en estos momentos, se está disputando la Copa del Mundo de Rugby en Japón, y al año que viene los Juegos Olímpicos. Así que todo tiene que estar limpito y reluciente, como si no pasase nada. Guardemos las pelusas y el polvo debajo de la alfombra, donde siguen estando, pero no se ven. Por lo demás, reconocimos y visitamos muchos de los lugares descritos en el libro.

La novela es muy buena. Dura y triste en muchas ocasiones, pero muy buena. No está en castellano, pero si os defendéis con el inglés, creo que también está disponible en francés, os la recomiendo vivamente. Y espero que alguna editorial se anime a publicarla en castellano.

(Viajes) Japón 2019, a modo de resumen… o algo

Viajes

Cinco años después, semana arriba o abajo, volvemos a Japón. Esta vez con una compañera más de viaje. En 2014, las decisiones sobre el recorrido y las características del viaje fueron rápidas y concretas. Las dos personas que viajábamos juntas teníamos problemas familiares que condicionaban la estructura del viaje. En esta ocasión no ha sido así, lo que curiosamente nos llevó tener muchas más discusiones y desacuerdos sobre cuándo íbamos a viajar al País del Sol Naciente, y en qué iba a consistir el viaje. Y añadir una tercera persona, aunque ha sido muy divertido, no hizo más rápida la toma de decisiones. Seguro que no se enfada si digo que el nivel de caos aumentó en un primer momento varios enteros; luego ha sido un aporte valiosísimo durante la estancia en el país nipón.

El castillo de Ōsaka, muy bonito, muy pintoresco, muy fotografiado… pero muy reconstruido. La ciudad quedó planchada y destruida por los bombardeos norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial.

Voy a lo mío. Para mí, viajar siempre va unido al hecho fotográfico. Entendámonos, nunca he condicionado el viaje a la fotografía. No soy fotógrafo de viajes; si acaso un viajero o turista que hace fotos. Aunque intenta hacerlas lo mejor posible, dentro de mis capacidades. Mi cámara principal desde hace año y medio es la muy fiable Panasonic Lumix G9, con varias configuraciones de objetivos, que abultan relativamente poco, según las circunstancias. No llevo lo mismo en la bolsa o en la mochila si estamos en la naturaleza que si visitamos una ciudad. Si tenemos lluvia o si tenemos tiempo seco. Nunca llevo todos los objetivos encima… eso sería absurdo. Selecciono los que mejor van a ir.

Puerta de entrada al complejo monástico de Engyo-ji en Shoshazan (monte Shosha), en las afueras de Himeji. Aquí ruedan películas de Hollywood y todo, por lo bien que está conservado el ambiente tradicional. El bosque es magnífico.

Siempre llevo también una cámara de respaldo. Desde hace unos meses, la Fujifilm XF10, un cámara que da muy buena calidad de imagen por un precio muy ajustado, pero que tiene una ergonomía y una reactividad francamente muy mejorables. Pero tras unos primeros tiempos de cierto desacuerdo mutuo, ya le he cogido el tranquillo. No la uso mucho. Está ahí por si falla la otra. O para llevarla en el bolsillo del pantalón cuando estamos desplazándonos de una lado a otro. Todas las fotos que ilustran la entrada de hoy están realizadas con la XF10.

Subida en funicular a Koyasan (monte Koya). También son impresionantes los bosques de este lugar, con cedros japoneses multicentenarios, de más de 50 metros de altura.

Mi intención era llevarme una cámara para película tradicional. En concreto, la Minox GT-E con unos cuantos carretes de Ilford HP5 Plus. Pero me la olvidé. La preparé, pero olvidé ponerla en la mochila con el equipo fotográfico. Lo he compensado un poquito. Cuando llegamos a Tokio para pasar los tres últimos días, me compré en Yodabashi dos cámaras de uno solo uso Harman, con carretes de 27 fotogramas de HP5 Plus incorporados. Los revelaré cuando se me pase un poco el desfase horario.

Simpáticos animalillos en el restaurante de “udon”, un tipo de fideos relativamente gruesos, donde comimos en Kifune, tras recorrer Kurama-yama (monte Kurama). El carácter 山, que significa monte o montaña, a veces se lee al estilo chino, “san” o “zan”, y a veces al estilo japones, “yama”. Por eso, en occidente hay que que al monte Fuji le llama “Fujiyama”, aunque los japoneses le denominan “Fujisan”. Llamándoles monte Fuji, no te equivocas.

Como novedad, en este viaje introdujimos un nuevo elemento tecnológico. Como éramos tres personas, llevábamos tres teléfonos móviles. Pues bien, decidimos que en dos de ellos pondríamos durante los días del viaje una tarjeta de datos, suministrada por Holafly (14 días, datos ilimitados), mientras que el tercer móvil iría con su tarjeta original por sí teníamos la necesidad de hablar por teléfono. Las tarjetas de Holafly permiten el acceso a datos a través de las redes de telefonía japonesas, pero no mantener conversaciones telefónicas. Van bien. En uno de los alojamientos, en los que la red Wi-Fi dejaba mucho que desear, podíamos ver episodios de series de Netflix con buena calidad a través de la conexión 4G que nos ofrecía la tarjeta. Es que allí, Netflix lleva más adelantados los nuevos episodios de Terrace House: Tokyo 2019-2020… así que nos hemos visto ya la mitad de la siguiente tanda… Yo tuve algún problema con la batería de mi móvil, pero eso es otra historia y será contada en otra ocasión. O no. Porque es un aburrimiento. La única cuestión es que aunque la gente de Holafly dicen que lo mejor es tirar de la red SoftBank, en nuestro caso, en alguna ocasión notábamos mejoras con DoCoMo. Pero no sé porqué sí o porqué no.

Un tren pasa por la estación de Kii-Katsura.

Uno de los temas importantes fue el recorrido que íbamos a hacer. A ver… constricciones. Una de mis compañeras de viaje, por “motivos de trabajo”, quería para algunos días en Ōsaka 大阪. No fuimos allí en el 2014,… no nos motivaba. Pero aceptamos porque sí que es un buen centro de operaciones para hacer excursiones en el día a otros sitios de interés, con amplia oferta de medios de transporte. Y probablemente más barata en alojamiento que otras ciudades más de campanillas para la cosa del turismo como Kyōto 京都 y no digamos Tōkyō 東京 (lo de usar las formas escritas oficiales de romanización japonesas de los nombres de las ciudades, en lugar de sus nombre en castellano es una pequeña coña con mis compañeras de viaje; no es que me haya vuelto tonto) Pero decidimos que, independientemente de que dedicáramos algún día o algún rato a estas ciudades significativas, el viaje tendría un tema coherente y razonable.

Cambio de trenes en la estación de Taki, prefectura de Mie, en nuestro desplazamiento desde Katuura hasta Ise.

Y lo encontramos en la región de Kansai, en la península de Kii, donde encontramos una de las denominaciones más interesantes de los lugares patrimonio de la humanidad según la Unesco en Japón; los sitios sagrados y rutas de peregrinación de los Montes Kii (Nara, Wakayama, Mie). O dicho de otra forma, porque no íbamos de peregrinación, visitar los templos y santuarios de Kōyasan, Kumano Kodo e Ise. Esto, redondeado con otros zonas de templos y santuarios no relacionados directamente, pero que también mezclan estética, historia y naturaleza, como el templo de Engyo-ji en Shoshazan, Himaji, y los santuarios y templos de Kifune y Kurama-yama, al norte de Kyōto.

Luchando contra el vendaval ante las famosas “rocas desposadas” de Futamiura, en la región de Ise-Shima. En esta región hay un parque temático español, al que no fuimos, claro.

Por supuesto, visitamos convenientemente Ōsaka, paramos un ratito en Kyōto, visitamos el castillo de Himeji, uno de los pocos originales conservados en Japón y que también es patrimonio de la humanidad según la Unesco, y terminamos con tres días en Tōkyō, donde nunca faltan cosas que hacer. Bien, muy completo.

En Tōkyō nos alojamos en un “ryokan” contiguo prácticamente a Senso-ji. Aquí vemos a una de las muchas y los muchos turistas que se hacen la foto ante la puerta Kaminarimon con esta postura.

Hemos quedado satisfechos. Yo sólo le encuentro una pega al viaje. Yo siempre defendí la necesidad de intentar encajarlo en primavera. Y a ser posible no muy tardía. Por el clima. En la región de Kansai, por la influencia de la corriente marina Kuroshio, las temperaturas rondan todavía los 29 y 30 grados en estas fechas de finales de septiembre y principios de octubre, pero con humedades del aire que se sitúan en el 90 %. Como hagas algo de ejercicio y rompas a sudar… ya no hay forma de que se te seque la ropa en todo el día. Puede llegar a agobiar. Pero bueno… lo hemos pasado muy bien.

El último día completo de estancia en Tōkyō nos dimos el tradiciona tiempo “libre” en el que cada cual se va a hacer lo que le apetezca. Yo me fui a ver las librerías en Jimbocho, donde además comí en una librería que incluye un café-restaurante, en el que te dejan hojear los libros de la librería mientras comes. Pero no te lo puedes llevar… sin pagarlos convenientemente claro. Y no los puedes estropear, claro. Así que cuidado a los que se les caen manchas en la camiseta con facilidad.

[TV] Cosas de series asiáticas; sobre el reflejo que ofrecen de las sociedades orientales

Televisión

Ya sabréis quienes sigáis estas páginas, que uno de mis vicios televisivos, de mis placeres culpables, es engancharme con cierta frecuencia a alguna serie procedente del Asia oriental, principalmente Corea del sur o Japón. Y no necesariamente son buenas series. De hecho, es más frecuente encontrar series muy defectuosas que genialidades. Que también hay alguna…

Seul es el escenario principal de la mayor parte de las teleseries surcoreanas. Cuando visité la capital coreana, tuve ocasión de comprar una cámara, una Leica Minilux, para pelicula fotográfica tradicional, que empecé a probar allí antes de ir al aeropuerto para el regreso. Sólo pude hacer ocho fotos… porque la noche se echó encima. Pero…

La semana pasada estuve unos días en modo reality. En Netflix nos ofrecieron los 12 primeros episodios de la nueva edición de Terrace House, que viene bajo el subtítulo de Tokyo 2019-2020. Como siempre, seis extraños, tres hombres y tres mujeres, jóvenes, guapos, que se dedican a cosas a priori atractivas (luego a veces es verdad, a veces no) conviven en una casa de ensueño mientras siguen haciendo su vida. El alto nivel de cortesía y de guardar las formas del país nipón hace que la forma de afrontar los conflictos sea muy distinta a lo que sucede en entornos más familiares. Las actitudes pasivo-agresivas son más frecuentes. Y lo que suele empezar con un tono “aquí no pasa nada”, acaba sorprendiendo al espectador que puede acabar enganchado. La nueva edición es más de lo mismo, con el grupo de comentaristas fijo más inspirados que de costumbre, y con la novedad de que hemos observado alguna enganchada entre dos participantes femeninas en el que se han olvidado del “pasivo” del pasivo-agresivo. Se han dicho de todo menos “bonita”. Episodio más largos, antes eran 30 minutos con alguno más largo, ahora todos rondan los 45 minutos como poco. Y esperando a las olimpiadas de Tokyo 2020, en la que esta edición del programa seguirá en activo.

Me han llamado la atención dos series coreanas que muestran diversas cuestiones que afectan a esta sociedad. Aunque Corea del sur me parece un país atractivo, y disfruté mucho con su visita, lo cierto es que excesivamente conservador, hasta un punto excesivo. En la nefasta Color of Woman (a veces The color of a woman), nefasta en cuanto a guiones y en cuanto a interpretación, los interpretes principales, masculinos y femeninos son horribles, y a pesar de todo uno se puede enganchar por mala que sea, se da una particular visión del mundo laboral y de la incorporación de la mujer al mundo laboral, con la doble versión de mujer inteligente menos atractiva y aspirante a desarrollar una carrera que es menos apreciada que la guapa secretaria sin más aspiraciones que pillar un buen marido y dedicarse a cuidar de la casa y los hijos.

Pero aun me ha dejado más impresionado otra que no he terminado de ver. Es posible que lo haga, pero a mi ritmo. No la comentaré más cuando termine. No es necesario. En Love & Marriage (también conocida como The Greatest Marriage), una serie de 2014, relativamente reciente, encontramos que una famosa presentadora de noticias en televisión, tras una serie de avatares en su relación con un periodista culinario de buena familia, queda embarazada y decide no casarse y ser madre soltera. Evidentemente, la serie tiene la intención de “educar” a la población para evitar la discriminación que estas mujeres sufren en un país tan conservador como es el surcoreano. Me he estado informando y parece que es terrible. Pero quiero pensar que las situaciones que plantean en la serie están muy exageradas, porque si se dan en la realidad, la impresión que te da es que los coreanos, hombres y mujeres, son unos trogloditas de mucho cuidado. Tremendo. Unos guiones muy flojos para unos intérpretes que creo que son capaces de más. Al contrario que la serie anterior que eran esencialmente malos.

Finalmente, en Love Alarm, se modernizan bastante. Encontramos un grupo de jóvenes, que se conocen en el instituto y se sigue su devenir hasta sus veintipocos, en un mundo en el que alguien ha desarrollado una aplicación para el teléfono móvil que te avisa si alguna persona en un radio de 10 metros está enamorado de tí. En una de las pocas series coreanas realmente originales de Netflix, la primera que encargaron (muchas “netflix originals” coreanas son realmente coproducciones o cesión de derechos de distribución internacional exclusivos), aunque no la primera que emitieron, juegan a introducirse en temas propios de Black Mirror, pero acompañado del tradicional triángulo amoroso que suele ser propio de los dramas/comedias románticos del país asiático. Está, en producción e interpretación, claramente por encima de las anteriores. La chica protagonista, aunque le falta para madurar como actriz, tiene encanto y es un acierto de reparto. Y frente a la temporada única de 16 – 20 episodios de una hora de duración de la mayor parte de las series coreanas, que en su país se convierte en 32 – 40 episodios de media hora, porque la norma establece que no las pueden interrumpir con publicidad, esta ha sido una primera temporada de 8 episodios de 40 minutos, que termina en un notable cliffhanger. Veremos como continúa este intento de producir de forma más similar a como lo hace en el resto del mundo.

Hay un par de series asiáticas más por ahí que llevo a medias, pero esas sí quiero que terminen antes de hablar de ellas, porque no son “placeres culpables”. Realmente creo que está relativamente bien.

[Cine] Set to Chihiro no kamikakushi [千と千尋の神隠し] (2001)

Cine

Sen to Chihiro no kamikakushi [千と千尋の神隠し] (2001; 46/20190912)

Bueno. La de hoy, es conocido, es una obra maestra de la animación. De lo mejor. Y probablemente, la que yo considero mejor película de animación de la historia. Y de las mejores películas que he visto en mi vida, animación o no. Esto de entrada.

No es una película nueva. Es de 2001. Y una de las pocas ocasiones en la que los norteamericanos han dejado de mirarse al ombligo y han concedido un premio de la academia, un Oscar, a una película de animación procedente de otro país, o la única más bien, y hablada en un idioma distinto del inglés. Y de verdad que ha habido ocasiones para que esto haya sucedido en más de una ocasión.

Nos adentraremos en el rico mundo de la fantasía y la mitología japonesa durante un visita al santuario Tokugawa de Nikko [Nikkō Tōshō-gū].

Dirigida por el maestro Miyazaki, probablemente es el momento de mayor inspiración dentro del Studio Ghibli, aunque podemos considerar que dentro del estudio tiene que competir con otros largometrajes de altísimo nivel, que simplemente no han tenido la repercusión internacional de Chihiro. Mononoke, libélulas, Ponyo, Kiki,… incluso Naushika en la época preghibli. No es un fenómeno aislado, no es flor de un día, no es una casualidad. Es el fruto de un trabajo coherente, persistente y concienzudo.

La hemos visto dentro del ciclo que una empresa de exhibición cinematográfica de Zaragoza viene haciendo, en el que todos los jueves a las 20:00 horas ofrecen un pase único de una película trascendente en la cultura popular. Para diciembre tienen previsto volver al Studio Ghibli con un pase de Mononoke Hime (La princesa Mononoke). Son películas que he visto todas en vídeo, pero muy pocas en la gran pantalla. Y el disfrute es impresionante.

Como es habitual en las películas de Miyazaki y Ghibli, tenemos una protagonista femenina, que debe superarse así misma, con la colaboración de otros, pero bajo su propio impulso y motivaciones, tratando la película de forma directa o indirecta las preocupaciones del director sobre los problemas del mundo actual, especialmente los medioambientales, y engarzando con las tradiciones y mitos del Japón clásico o tradicional. Se ha comparado a Chihiro con la Alicia de Lewis Carroll. Ambas comparte un viaje por lo extraordinario detrás del cuál podemos intuir la metáfora del cambio de la edad infantil al camino hacia la madurez. Pero también tenemos diferencias marcadas. Chihiro permanece tal cual la concibió Miyazaki, es mucho más reciente, mientras que es difícil conocer la auténtica naturaleza de Alicia, tantas veces reimaginada y reinterpretada en los más de 150 años de vida del personaje. Por otro lado, Alicia es una niña de clase acomodada que entra en un mundo que sale de la imaginación de Carroll, mientras que Chihiro es una niña común, sin aspectos destacables, delgaducha, desgarbada, no especialmente habilidosa que se mueve de repente en el mundo de los ocho millones de kami de la tradición mitológica nipona. Cualquier niña japonesa podría identificarse con ella sin problemas. Y también tenemos más claras cuales son las circunstancias por las que Chihiro da sus primeros pasos hacia la madurez. Es una niña doliente, ha perdido el entorno vital que le es familiar, su colegio, sus amigos, su casa,… tiene que rehacer su vida y está triste e insegura. Un punto de partida que la enlaza con Riley, otra niña del mundo del cine animación que también nos ofrece su peculiar país de las maravillas.

No voy a entrar ahora en un comentario en profundidad, ni en comentar su argumento. Creo que cada cual debe verla y valorarla en función de su bagage cultural y sus valores propios. Eso variará mucho en las personas. Pero la riqueza visual que nos va invadir durante las poco más de dos horas de duración de la película y la emoción de los hechos que acontecen ante nuestras ojos pocas veces los encontramos. Y además es una película que podemos ver cuantas veces queramos. Siempre encontraremos novedades o matices no percibidos hasta ese momento.

Por supuesto, deberíamos verla en versión original, aunque no entendamos ni papa de japonés. Los actores de voz japoneses son una categoría tan respetada como cualquier otra categoría actoral. Y no me refiero a actores de doblaje; actores de voz que trabajan en animación y otros productos en los que no prestan su propio físico. Hīragi Rumi es la actriz de voz que pone voz a Ogino Chihiro / Sen en el largometraje.

Como he dicho al principio, una obra maestra. Im-pres-cin-di-ble.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: *****

[Libros de fotografía] Comprados en agosto en Berlín, pero pensando en Japón para septiembre-octubre

Fotografía, Literatura

Una de las más “graves” tentaciones que sufro cuando visito Berlín es la de comprar libros. De todo tipo, pero de fotografía en general. Cualquier museo de fotografía o de arte en general, muchas galerías de arte,… tienen tiendas o librerías de las que me llevaría a casa… todo. Pero además encuentras estupendas librerías donde la cantidad y la calidad de sus fondos a la venta son abrumadoras, especialmente si lo comparas con lo que habitualmente te encuentras en nuestro país.

Pero en esta última ocasión me había autoimpuesto contención en las compras. Por dos razones. Porque hay que tener bajo control las finanzas personales, y no hacer más gastos de los debidos, y porque opté por llevar un equipaje mínimo, y los libros ocupan espacio y pesan. Pesan mucho. No obstante, tentaciones llegaron y alguna debilidad me permití. Fundamentalmente en forma de dos libros que aúnan fotografía y textos. Y ambos tienen que ver con la motivación y la inspiración que nos produce el futuro viaje a Japón, previsto entre el 24 de septiembre y el 8 de octubre. Un viaje que aún tenemos excesivamente verde en su planificación. Hemos de resolver eso cuanto antes.

Pronto tendré la posibilidad de aumentar y renovar mi fototeca de motivos japoneses. Ganas tengo aunque tengamos dudas todavía del recorrido que vamos a hacer por el país nipón.

El primer de los libros lo encontré en la librería del Museum für Fotografie – Helmut Newton Stiftung. Se trata de un libro en inglés que lleva el título Daido Moriyama: How I take Photographs. Voy a retrotraerme a otro fotógrafo para comentar este libro. Yo sigo habitualmente el canal de Youtube de Thomas Heaton, un fotógrafo de paisajes, cuyos vídeos son didácticos y entretenidos. Aunque quizá haya perdido cierta de la frescura de hace unos años, está bastante bien. Heaton hace con frecuencia diferencias entre realizar fotografías y tomar instantáneas (en el sentido de “snapshots” en inglés, no de fotografías tipo polaroid). Y claramente para él, las instantáneas son un tema menor. Cosa de llevarse un recuerdo o poco más. Me hizo gracia un vídeo suyo reciente en el que comentaba que para tomar sus “instantáneas” de un crucero por el Adriático se había llevado consigo una Hasselblad X-Pan que le habían prestado. La cosa no funcionó para él. Por algún motivo, el bueno de Heaton no supo adaptarse a las circunstancias. Y tengo la sensación de que más allá de la falta de familiaridad con la X-Pan, para mí la quisiera, también esta en la prevención hacia el tipo de fotografía que se hace en un viaje, muchas veces “instantáneas”, pero que tienen un fin claramente documental. El libro de Moriyama precisamente viene a reivindicar la instantánea, “snapshot”, con carácter documental, muchas veces realizada con cámaras muy sencillas, compactas, más o menos básicas o complejas, pero siempre discretas, que apunta hacia lo que encuentra por los barrio de Tokio, u otras ciudades japonesas, que se patea. Y que finalmente constituyen la base de la obra por la que es respetado y admirado. Este es un libro en el que tan importantes son las fotografías de Moriyama como sus textos, en los que nos guía en su forma de capturar imágenes de forma activa de lo que sucede a su alrededor. Y que indudablemente puede ser muy inspirador para ese viaje que ha de empeza dentro de poco más de un mes. No hay género fotográfico menor. La calidad de la fotografía está en otros aspectos. Un paisaje perfectamente planificado y ejecutado puede resultar en un aburrimiento, no los de Heaton, y una instantánea en las calles abarrotadas de una ciudad moderna puede resultar en una obra de museo… es la idea, la creatividad y el dominio del instrumento por parte del fotógrafo lo que definen la calidad de la obra.

Entre las librerías que pueblan las calles de Berlín, solemos dirigir nuestros pasos hacia la sucursal de la librería Walter König que encontramos frente al Museumsinsel y no lejos de la estación del S-Bahn en Hackescher Markt, en Burgstrasse 27. Dedicada a los libros y otras publicaciones de arte, esta librería cuya sede central está en Colonia, pero que se ha extendido por otras ciudades de Alemania y Europa, que muchas veces gestiona las librerías de prestigiosos museos, es para nosotros una atracción, una visita obligatoria más, en la capital alemana. Y allí adquirí un librito que aún literatura y fotografía. Se trata de Ikigai and Other Japanese Words to Live, con textos de Mari Fujimoto y fotografías de Michael Kenna (instagram) y aportaciones David Buchler (instagram). Kenna es uno de mis fotógrafos de paisaje favoritos, cuya obra está fundamentalmente realizada sobre cámaras Hasselblad de película tradicional, en formato cuadrado, blanco y negro, estilo minimalista en la composición y frecuentemente con largos tiempos de exposición. Kenna siempre se ha sentido atraído por Japón, son muy conocidas sus obras en los paisajes invernales de la isla de Hokkaidō, y otros países asiáticos. Pero las fotografías, mostradas en pequeño formato, el libro es muy ligero, son un parte más que acompaña a los textos, pequeños ensayos, poemas (haikus), reflexiones sobre palabras y sobre los conceptos que las acompañan. Es tanto un libro sobre esas palabras extraídas y escogidas del idioma japonés, como del estilo de vida que representan. Mari Fujimoto es una lingüista responsable de programas de enseñanza del japonés en el Queens College, en Nueva York. Buchler es un artista, coleccionista y experto sudafricano que vive en Tokio actualmente.

[Cine] Boku wa Iesu-sama ga kirai [僕はイエス様が嫌い] (2018)

Cine

Boku wa Iesu-sama ga kirai [僕はイエス様が嫌い] (2019; 41/20190805)

Es improbable que esta película, dirigida por Okuyama Hiroshi, se hubiera estrenado en España si no fuese por un hecho. Forma parte del palmarés del 66º festival de cine de San Sebastián, recibiendo el premio destinado a los nuevos directores. Y tan nuevo. Okuyama comenzó su carrera realizando cortometrajes hace diez años cuando tenía trece años. En la actualidad tiene 23 años, alguno menos cuando dirigió esta película de inspiración autobiográfica, su primer largometraje, que de alguna forma fue su trabajo práctico durante su último año de carrera.

En ella, que como digo está basada en vivencias personales, se centra en las vivencias de un Hoshino Yura (Satō Yura) que, tras la muerte de su abuelo, se traslada temporalmente desde un barrio de Tokio a vivir en el pueblo donde reside su abuela. Una fría región donde la única escuela primaria es una escuela privada católica, donde es matriculado. Las costumbres, los ritos, los puntos de vista de la religión católica lo desconcertarán al principio. Aunque luego pondrá su fe en ellas para conseguir cosas. Pero cuando las cosas se tuercen para el niño, Ōkuma Kazuma (Ōkuma Riki), que de forma espontánea y generosa se convierte en su amigo, también peligrará la confianza que en el tal Jesús ha depositado.

Recorreremos algunos templos budistas y santuarios sintoístas japoneses para ilustrar esta entrada. Todos ellos en Kioto, salvo la imagen de cabecera que es Nara.

Con cuatro perras y una cierta capacidad para pensar, Okuyama nos ofrece una historia mínima que pone en cuestión los ritos, las enseñanzas y las esperanzas que despiertan las religiones y otros sistemas de creencias, que de la misma forma que con facilidad pueden encandilar a una mente poco crítica o inmadura como la de un niño, también son fácilmente desdeñables cuando se las mira con espíritu crítico, cuando simplemente dejan de tener sentido… y “no funcionan”. No ofrecen realmente respuestas a las necesidades del ser humano.

La película es un drama. Un drama que se centra en las vivencias del niño. Hay muchas cosas que no conocemos de los porqués de este traslado temporal. Conocemos poco o nada de a qué se dedican sus padres, preocupados por el bienestar de su hijo, pero pasivos en líneas generales ante los acontecimientos. Tenemos el personaje de su abuela… que lo mismo le habla de las típicas estampitas de santos o cristos de los católicos, que venera en un altar a su esposo recientemente fallecido, al modo de las religiones tradicionales japonesas. Pero siendo un drama, nos sorprende con la periódica aparición de un pequeño Jesús, minúsculo, como un muñequito animado, mudo, que aparece cuando el niño desea algo. Situaciones que desprenden cierta comicidad, a modo de parodia, que no sé cómo sentará a los relativamente intransigentes católicos que por el mundo pululan.

Porque hay una diferencia cultural notable entre los países de tradición católica y muchos de los países asiáticos. Mientras que las religiones de origen semítico, monoteístas, que predominan en occidente suelen ser tradicionalmente excluyentes, rechazan otras creencias, en ocasiones de forma agresiva e incluso violenta, las religiones o sistemas de creencias orientales suelen ser sincréticos. Budismo y sintoísmo son las religiones más populares en Japón. Pero no se oponen. A veces, vease Sensō-ji en Tokio, en el espacio de un templo budista encontramos también un santuario sintoísta. O bodhisattvas budistas como el/la muy apreciado/a Kannon, de género indefinido pero con caracteres que lo/a acercan a la figura de María en las religiones cristianas, son admitidas sin problemas en el panteón de los kami sintoístas. Por lo tanto, para muchos orientales, los modos del catolicismo y otras denominaciones cristianas resultan tan extraños o más que lo que para quienes tienen poca visión de conjunto en occidente pueden resultar las religiones orientales. Y todo ello con el agravante de las expectativas insatisfechas que siente un niño.

La película, como hemos dicho, está realizada con muy poquitos medios, rodada en formato 4:3, con texturas similares a las producciones en 16 mm, aunque probablemente esté rodada digitalmente porque es más económico. Es parca en diálogos, y es importante la lectura del lenguaje corporal en todos los que intervienen. Los dos niños, especialmente el protagonista, cumplen con nota llevando el peso de la cinta.

Globalmente, una cinta sencilla que muestra la potencialidad de un realizador con ideas, con algo que contar y con una forma personal de hacerlo. A nosotros nos mereció la pena. La disfrutamos. Pero desde luego, quienes piensen que la película ideal tiene héroes vestidos de colorines, mucha pirotecnia y toneladas de palomitas de maíz y litros de cocacola,… probablemente deberán abstenerse. Por cierto, el título en castellano, Jesús, suaviza notablemente el significado del título original en japonés, Odio a Jesús. Cosas del márquetin. Supongo.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ****

[Desconciertos] Luna, Japón, monos y megapíxeles

Ciencia, Fotografía, Viajes

Llevamos semanas, y especialmente esta, con la murga del 50º aniversario del alunizaje de dos astronautas de la misión Apollo 11 de la NASA. El primer alunizaje de la historia. Esto me tiene conflictuado en dos aspectos.

El primero es que sigue siendo visto como un tema más de orgullo patriotero que un logro científico que arrastró muchos otros, y más que podrían ser si no fuera por la tendencia de los políticos de todo signo a despreciar la ciencia. Especialmente grave en nuestro país, donde cuando hay una crisis, los gobernantes de turno, demostrando que no están capacitados en absoluto para su trabajo, recortan en investigación y desarrollo, que es justamente donde habría que dedicar más dinero para cambiar la estructura económica y productiva de este país, tan frágil ante los vaivenes de las finanzas. Turismo y construcción nos dejan constantemente con el culo al aire; educación, ciencia y tecnología nos garantizarían un colchón ante los vaivenes económicos. Seguimos optando por ser camareros y albañiles en lugar de físicos o ingenieros. Somos gilipollas. Y eso me desconcierta mucho.

Santuario Tōshō-gū de Nikko.

El segundo es que mis recuerdos sobre el tema son muy confusos. Siempre he tenido la sensación de que durante aquellas vacaciones de julio de 1969 en Benicarló, presencié aquellos acontecimientos en la televisión. Pero también sé que no es posible. No teníamos televisión en el apartamento. Y a la hora en que sucedió… yo, con mis seis añitos, estaba durmiendo. No podemos fiarnos de nuestros recuerdos. Tengo más ejemplos al respecto. Sobre otros acontecimientos. ¿Quién dijo qué? ¿Quién vio qué? ¿Quién oyó qué? Propios y ajenos. Gente convencida de que algo pasó y lo presenció, y no fue así. Sesgos de recuerdo, muchas veces que nos afectan de forma colectiva. Y eso me desconcierta mucho.

Cuando volvimos de viaje de Japón en octubre de 2014, estábamos encantados. Pero si nos preguntaban entonces, contestábamos que con una vez era suficiente, que había mucho que ver. Sin embargo, esa impresión cambió. Y desde hace dos años llevamos diciendo que teníamos que volver. Por un momento pareció que iríamos esta primavera pasada, pero acabó siendo China. Luego, di por descontado que sería en la primavera de 2020. Pues tampoco. Ya tenemos billetes. Saldremos el 24 de septiembre y volveremos el 8 de octubre. Pero no tengo ni idea de qué vamos a hacer allí. Hacía tiempo que no montábamos unas vacaciones de forma tan caótica. Y eso me desconcierta mucho.

En el primer viaje a Japón visitamos Nikko. Y aquel conjunto de templos y santuarios entre los bosques nos gustó mucho. Las fotografías que adjunto en la entrada son de allí. En un momento dado, me llamaron la atención unas tallas en el santuario sintoísta Tōshō-gū, es decir, dedicado al shogún Tokugawa Ieyasu, fundador del shogunato que dominó el período Edo en Japón, entre 1603 y 1868. Las tallas, que podéis ver en el encabezado de esta entrada, representan a los tres famosos monos sabios orientales que se tapan los oídos, la boca y los ojos. Hice varias fotos. Siempre pensé que era una más de las representaciones de estos monos. Pero recientemente me enteré que no. Que son las originales. Aunque el concepto de los tres principios, no escuches el mal, no mires el mal, no hables el mal, estaban presentes desde la época de Confucio, la representación artística con monos que ha llegado a nuestros días tiene origen en esas tallas. Lo cual dota de más valor a la visita.

Pero también he comprobado que en occidente se malinterpreta con frecuencia el significado de los monos. Y en muchas ocasiones viene a ser interpretado como que hay que ser discreto, y no ver, oír o hablar más allá de la cuenta. Actitud que nos lleva a ser aliados de ese mal al que originalmente renunciaron los monos, cuando preferimos no ver, no oír o no hablar de las cosas que funcionan mal en el mundo. Esta deformación de un principio moral razonable, me parece terrible. Y eso me desconcierta mucho.

Quien sigue este Cuaderno de ruta, sabe que soy un fuerte aficionado a la fotografía. Pero cada vez me aburre más hablar de aparatos fotográficos que no tengan como mínimo 30 o 35 años, a ser posible más. Hace unos años, cuando se afianzaron los captores digitales de 36 megapíxeles o incluso más, se empezó a hablar de que la carrera de los megapíxeles se había acabado. Que a partir de ese momento serían otros los adelantos que marcarían la innovación en el sector. Bien… ya vamos por 60 megapíxeles en los sensores de 24 x 36 mm, 100 megapíxeles en los de 33 x 44 mm, y creo que por 150 megapíxeles en los de 41 x 54 mm. Y se ha generado una fuerte presión en los consumidores por parte de la industria, los medios y los influencers, para convencer al personal de que lo chachi son cámaras de más de 2000 euro, cuando no 3000 o 4000 euros, con muchos megapíxeles, y con unos objetivos carísimos y enormes. Mientras, el mercado de las cámaras fotográficas se hunde progresivamente. Y yo sigo pensando que con 20-24 megapíxeles es suficiente para la inmensa mayoría de los mortales, que rara vez sacan copias en tamaño DIN-A2 (42 x 60 cm) que es lo que permiten estos ahora modestos sensores. Y que no es necesario llevar armatostes enormes, que los formatos pequeños y ligeros son más que suficientes para la inmensa mayoría de los mortales. Pero la gente no se mueve por la razón, sino por la presión del grupo. Y mientras los precios aumentan. Y los sistemas peligran. Y las ventas caen. Y por lo tanto, las marcas y los sistemas peligran más todavía. Y eso me desconcierta mucho.

Como veis. Últimamente, todo me desconcierta mucho. Y eso que nunca, o sólo muy tangencialmente, hablo de política. Porque eso, me desconcierta mucho.

[Libro] Seda

Literatura

Hace mucho que había oído hablar de este libro de Alessandro Baricco. Siempre en términos elogiosos. Pero uno, a estas alturas de mi vida, desconfía de los best-sellers. Especialmente si se acompañan de una adaptación cinematográfica con pretensiones, pero que acaba siendo pretenciosa y fallida. Y justo el día que volvíamos de viaje, de China, surgió en conversación cuando vimos un edición de esta novela corta en neerlandés en el aeropuerto de Ámsterdam. Así que allí mismo, aprovechando la wifi gratis y competente de Schiphol, me lo compré en edición electrónica. En castellano, claro. Para leer en cuanto terminase el que tímidamente acababa de comenzar muy poquito antes, durante el viaje.

Viajemos por lo tanto a Japón. Y si es necesario, pongámonos románticos.

Baricco nos traslada al sur de Francia a mediados del siglo XIX, al negocio de los gusanos de sede, amenazados en ese instante en Europa por diversas enfermedades infecciosas no bien conocidas. Unos productores provenzales envían a uno de sus conciudadanos a una arriesgada misión a buscar huevos sanos a Japón, país que todavía no se había abierto al negocio exterior. Una misión arriesgada. Pero este comerciante, casado y enamorado de su esposa, se arriesga y tiene éxito, ante uno de los señores locales de una provincia del País del Sol Naciente. Pero también se encuentra con la misteriosa mujer, que no tiene los ojos sesgados de oriente, que acompaña a este caudillo local, y que se convertirá en una obsesión, durante los años en que arriesgue cada año su vida y su dinero en la lejana expedición.

Novela corta. De pequeños capítulos, con un estilo de escritura peculiar, que nos transporta de forma fantasiosa a esos viajes imposibles, de miles de kilómetros atravesando Europa y Asia. De la misma forma que nos transporta a unos sentimientos y deseos basado en miradas, en breves encuentros, y más en las cosas que no se dicen ni se nos cuentan que en aquellas que se explicitan. En resumen, una historia de amor, cuyos protagonistas reales sólo al final serán descubiertos por el lector, en uno de los más bellos finales que he leído, en una de las más bellas de amor incondicional que he tenido entre las manos.

Teniendo en cuenta que esta novela tiene sólo algo más de 20 años, no parece un producto de nuestra época. Parece un producto atemporal, que de alguna forma se contagia de las formas literarias propias del país nipón imaginado, en las que tan importante es lo que se nos relata como lo que se nos oculta. Hasta tal punto disfruté que, en cuanto deje pasar un poquito de tiempo, que me sirva de reposo, la volveré a leer. Tentado estoy de buscar la versión original italiana. Absolutamente recomendable.

[Libro] La dependienta

Literatura

Encontré este libro de Murata Sayaka recomendado mientras hojeaba algunas entradas de blogs diversos. Un libro que venía precedido de haber recibido algún que otro premio de cierto prestigio en su país de origen. Vi que no era muy extenso, lo cual me interesaba en ese momento y decidí adquirirlo.

Pasearemos por Kioto, para ilustrar una novela que transcurre en Japón… aunque probablemente sea Tokio la ciudad donde pasan las cosas. Es la ciudad más grande y, por lo tanto, la más deshumanizada y alienante.

Primero, una explicación. En Asia oriental, son frecuentes, muy frecuentes, las tiendas de conveniencia abiertas 24 horas al día, los 365 días del año. En España no son tan frecuentes. En mi ciudad, Zaragoza, tan apenas hay. Con esos horarios, prácticamente sólo están las tiendas de las gasolineras, que son lo más parecido que hay. Hay alguna otra tienda de alguna cadena, pero con horarios amplios pero no ininterrumpidos. Y en cualquier caso, carecen por completo de la omnipresencia que tienen en los países asiáticos. Cadenas como 7-eleven, Lawson, FamilyMart, y otras están por todos lados. Con algo de comida, bebida, revistas, productos para la higiene, cajero automático, y algunas otras cosas que en un momento dado son de utilidad, tienen gran éxito. Como viajero por aquellos lugares, son un verdadero alivio. Te sacan de cualquier apuro en un momento. En Japón son omnipresentes. Corea del Sur y Hong Kong también tienen redes muy amplias. Taiwan también está muy bien surtida. En la China continental son algo menos frecuentes, pero también hay bastantes.

En Japón se las conoce como konbini [de コンビニエンスストア konbiniensu sutoa, del inglés convenience store]. Y en ellas suelen trabajar chicos y chicas jóvenes, probablemente estudiantes que se ganan algún dinero trabajando a tiempo parcial en ellas, o a la espera de que les surja un empleo más interesante. La protagonista de la novela, Keiko, tuvo problemas de adaptación social desde niña. Excesivamente franca, directa y sincera, tuvo que aprender a disimular y, fijándose en la conducta de otros, ser “normal”. A los 18 años, mientras estudiaba, entró a trabajar en una konbini a tiempo parcial, y ahí sigue otros 18 años más tarde. Pero lo que era normal en una chica universitaria, no se percibe como tal en una mujer hecha y derecha en la mitad de sus treintas.

Murata nos plantea una crítica profunda a una sociedad que prescribe y determina los roles sociales de las personas, especialmente de las mujeres, de quienes se espera unos comportamientos “acordes con su edad y condición”, en cada momento. Ahora toca estudiar, ahora puedes sacarte unas perrillas en una konbini, ahora te buscas un trabajo serio, ahora un novio, dejas el trabajo y tienes hijos,… Quien se sale de este guion preestablecido acaba siendo visto como “no normal”. Sus familias, sus amistades se extrañan. En un momento dado, si toca tener una familia, se sienten más aliviadas si la ven emparejada con un cretino que si mantiene su independencia haciendo lo que prefiere o lo que quiere. Y todo ello, planteado en un relato que tiene una precisión milimétrica, como la de la rutina de Keiko en la tienda. Relato que puede verse tanto como una comedia satírica o irónica, como un drama, en algún momento como una tragedia cotidiana. La inmersión en una soledad que nos aliena desde el mostrador de la caja de una tienda en un distrito de oficinas.

El libro se lee enseguida. Me hace gracia ver que en algún sitio la definen como “una crítica velada a la sociedad actual”. De velada nada. Es una crítica directa y ácida. Y hasta cierto punto desesperanzada. Los nipones son especialistas en poner en solfa la sociedad alienante en la que viven utilizando cualquier género de relato. Esta novela corta deja un regusto amargo. No porque esté mal escrita, al contrario, es muy recomendable; mucho. Sino por la desesperanza que como digo te deja cuando la terminas.