[Recomendación fotográfica] Siguen viniendo de Asia

Fotografía

Hace unos días, el domingo, subí a este Cuaderno de ruta una entrada de recomendaciones fotográficas dedicadas a fotógrafos de Extremo oriente. La pujanza de la fotografía en aquellos países es importante, y en ocasiones con propuestas más interesantes tanto en estética como en contenido que lo que se ve en Occidente. Y curiosamente, en los siguientes días he seguido encontrando artículos interesantes de fotógrafos orientales.

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Entre la modernidad y la tradición, la clave del trabajo de Kubota para tratar de entender el Japón de las últimas décadas.

El más notable es el dedicado en Magnum Photos al fotógrafo japonés Hiroji Kubota. Kubota, miembro de la prestigiosa agencia, en algún lugar he leído que el único japonés de la misma, es un fotógrafo ya muy veterano, con décadas de fotografía documental a sus espaldas, especializado en Extremo oriente. No sólo ha documentado sucesos en su país natal, también estuvo en Vietnam, y ha recogido con su cámara los cambios que se han producida en el gigante chino y en otros países del Sudeste asiático. O es de los fotógrafos que en su momento fueron pioneros en romper las rígidas restricciones impuestas por el régimen de la República Popular de Corea, Corea del Norte, y trae imágenes de lo que sucedía tras las herméticas fronteras de aquel país. Pero el artículo que hoy nos ocupa trata de su país natal, Japón. Porque este 2018 es el 150º aniversario de la Restauración Meiji, cadena de sucesos históricos que llevaron a un cambio fundamental de régimen político en el País del Sol Naciente, que se tradujo en su entrada galopante en la revolución industrial a partir de un pasado reciente de carácter feudal, y a un impulso creciente a convertirse en una de las naciones que querían y tenían algo que decir en el orden mundial. Cierto es que con el tiempo desembocó en el sinsentido de la política militarista y expansionista que dio lugar a una serie de guerras que culminaron con las primeras bombas atómicas que cayeron sobre territorio nipón. Ha sido una constante en las distintas formas de expresión cultural y artística la reflexión sobre las contradicciones que la rápida evolución del país planteó durante décadas. Un país que lleva muchas de esas décadas a caballo entre la más moderna y avanzada tecnología y la tradición más ancestral. Quizá mereciera una entrada en algún momento en este Cuaderno de ruta. De momento, quedémonos con las fotografías de Kubota.

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Y de Japón, pasamos a Corea del Sur. Corea, por cierto, es uno de los países que más crudamente sufrió las ambiciones imperialistas niponas. Un país que también ha sufrido cambios estructurales y sociales muy profundos en un periodo de tiempo todavía más corto. Hace unos días me llamaban la atención un par de fotografías del coreano Park Sung-jin en el fotoblog La beauté de Pandore. Park también es un fotógrafo documental, pero con un tono muy distinto al de Kubota. Este fotógrafo coreano es más de recorrer las calles de Seul, fijándose en las gentes que las pueblan o las ocupan. Puede ser gente sin hogar. Y puede ser, especialmente, los adolescentes, alumnos de instituto en su mayor parte, con sus uniformes escolares, que posan ante la cámara analógica del fotógrafo en formato cuadrado con una actitud entre desafiante e insegura, trasladando una sensación que el fotógrafo etiqueta como nostalgia. Aunque su estilo es muy distinto, y quizá sus objetivos, no deja de recordarme en algunos aspectos al trabajo del español Miguel Trillo cuando trata de reflejar los distintos estilos de las tribus urbanas juveniles, primero en España, luego en todo el mundo, especialmente también en Asia, como hemos visto en sus últimos trabajos.

Finalmente, para quien esté interesado en conocer más de la fotografía oriental, en concreto de la japonesa, recientemente se ha publicado, como nos recuerdan en AnOther Magazine, un libro que recorre visualmente la historia de la fotografía nipona y sus principales fotógrafos desde 1945 hasta nuestros días. Dándole vueltas estoy a su adquisición. Pero primero tengo que decidir si me aporta algo nuevo a lo que ya tengo en mis estanterías.

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[Recomendación fotográfica] Vienen de Asia

Fotografía

Quizá no dedique mucho tiempo hoy a unas cuantas recomendaciones fotográficas que tengo recopiladas y que pueden venir bien para pasar un rato del domingo. Aunque si sigue mejorando el tiempo como ayer, lo mejor que se puede hacer este domingo es salir a disfrutar del día. Por lo menos aquí en Zaragoza. Con temperaturas máximas de 23 ºC y con un día fundamentalmente soleado… dime tú.

En cualquier caso, las recomendaciones de este domingo vienen principalmente de Asia. Así, por ejemplo, en Dazed nos presentaban hace unos días una lista de cinco fotógrafos chino del mundo de la moda que merecían que les prestásemos nuestra atención. La lista la conforma los siguientes, respetando el orden de los nombres chinos en los que el apellido va delante. Aunque en algún caso tienen nombres “artísticos” occidentalizados.

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Parece razonable ilustrar la entrada de hoy con imágenes de las populosas calles de Taipéi, la capital del país no oficial de la República de China, o Taiwán.

Zhang Jiachen (Leslie Zhang) (Instagram)

Wang Ziqian (Instagram)

Zeng Wu (Instagram)

Luo Yang (Instagram) Quizá el más interesante por su cuestionamiento, en trabajos más personales, de los estereotipos sobre la mujer china, proclamando la diversidad y la evolución de la sociedad y las mujeres chinas, incluida su sexualidad.

Jin Jiaji (Instagram) El más variado en su cuenta de Instagram, con naturalezas muertas y procesos mixtos, además de las fotografías de moda propiamente dichas.

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Cada uno de estos fotógrafos tiene su propio estilo, aunque se percibe rasgos comunes generacionales, especialmente en lo que se refiere a romper con los cánones tradicionales del género. Yo no soy muy aficionado a la fotografía de moda, pero cuando se sale de los esquemas más comerciales y ofrece algo más que chicas guapas y vestidos o accesorios bonitos, puede ser tan interesante como la que más. Ni qué decir tiene, como ya habréis deducido, que el que más me ha interesado es Luo Yang, que creo recordar que ya lo había mencionado en alguna ocasión.

Tengo también una fotógrafa japonesa, Sasaki Yukari (Instagram), también aquí respeto el orden oriental con el apellido delante, que me ha aparecido en pocos días en dos sitios. Por un lado en Cada día un fotógrafo/Fotógrafos en la red, y por otro lado en el hilo de noticias de la revista VoidTokyo, colectivo al que pertenece.

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Sasaki me ha llamado la atención más por algunas de sus fotografías que por la mayoría de ellas. Es una fotógrafa documental que se dedica a registrar lo que sucede en las calles de la capital nipona, como el conjunto de los miembros del colectivo al que pertenece.  Pero aquí y allá, entre las típicas instantáneas de gente con más o menos máscaras antipolución en las zonas más populares de Shibuya, Shinjuku, Ginza,… o en el metro o la línea Yamanote, encontramos alguna fotografía que destaca por su atención al detalle o por salirse de la corriente general. Trabaja con compactas digitales con objetivo de focal fija gran angular, cámaras discretas y eficaces para la fotografía documental callejera.

Finalizaré recomendando un artículo que apareció recientemente en Magnum Photos en el que hace un repaso de los 80 años de actividad de los fotógrafos de la agencia en China. Desde los primeros reportajes de Capa o Cartier-Bresson, hasta los más recientes de Ian Berry, Olivia Arthur o Carolyn Drake, por mencionar algunos. Pero hay muchos entre medio, muy prestigiosos, y con fotografías de gran calidad. Y si alguien se quiere regalar con una copia en papel de calidad, lo puede hacer… por moderados precios que van de los 1.600 dólares por una fotografía de Ian Berry a los 5.500 por otra de Steve McCurry. Esta última es más espectacular, pero la de Berry me parece más auténtica.

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[Recomendación fotográfica] Tsunami

Fotografía

Una recomendación rápida para este domingo que quiero dedicar a cosas distintas que colgarme de internet para lo que sea. Una vez más nos llega del canal en Youtube del Museo de arte moderno de San Francisco (SFMoMA). La fotógrafa japonesa Lieko Shiga estaba establecida en la pequeña localidad de Kitakama, unos 70 kilómetros al norte de Fukushima, donde trabajaba y tenía su estudio, cuando llegó el tsunami de 2011 que arrasó con esta localidad y con el bello paisaje de bosques costeros en el que se inspiraba. Después ha seguido trabajando en la zona. Con otros enfoques, pero manteniendo el enraizamiento en la comunidad, en sus tradiciones, en su historia, en su miedos, en sus alegrías y en su relación con el paisaje.

Como fotografías acompañantes… bueno, ayer aproveché para pasear por las rosaledas del Parque Grande de Zaragoza, aprovechando la suave luz que nos ofrecía un ligero nublado que disfrutamos toda la mañana.

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[Libro] La chica de Kyushu; la venganza se sirve muy fría

Literatura
Nota: por respeto cultural, los nombres orientales se conservan en el orden habitual en sus países de origen, el apellido en primer lugar y el nombre de pila al final.

Llevo un considerable retraso a la hora de comentar libros leídos. Esto es debido a una mezcla de factores; este verano estoy leyendo bastante, bastantes de los libros tienen una corta duración, y sólo comento un libro a la semana. Y eso que he abandonado al menos un libro en las últimas semanas, Los políglotas de William Gerhardie. No me enganchó nada en absoluto. Me habían anunciado que era divertido… y nop. Nada. Para compensar, ahora estoy metido en la lectura de un libro de 900 páginas, de autora española. Ya veremos.

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No llegué a visitar la isla de Kyushu en mi viaje a Japón. Pero hay un momento importante en la novela que transcurre en Hakone, población turística en la bahía de Sagami, en uno de cuyos extremos está Kamakura, donde sí estuvimos. Y ahí nos damos una vuela por el santuario de Tsurugaoka Hachiman-gū.

En cualquier caso, la novela negra de autor japonés, Matsumoto Seicho, que nos ocupa hoy no tiene una extensión muy larga. Cuesta poco leerla. Aunque conviene no apresurarse y asimilar bien lo que nos van contando.

Y lo que nos cuenta es una venganza, que a su vez no deja de ser un crimen. Una joven de 20 años, originaria de la más sureña de las islas principales del archipiélago japonés, se gasta sus ahorros en visitar en Tokio al más reputado abogado penalista del país. Pretende que defienda a su hermano, acusado, según ella, falsamente del asesinato de una prestamista. El abogado se negará, el hermano será condenado, pero morirá en prisión antes de ser ejecutado.

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La novela es de 1961, pero hemos de advertir que, aunque no sale tanto en las noticias como con otros países, en Japón también existe la pena de muerte, aunque en la actualidad sólo se aplique a asesinos múltiples y otros crímenes muy graves. En las últimas semanas se ha publicado la noticia de la ejecución de algunos miembros de la secta que atentó con gas sarín en 1995 en el metro de Tokio causando 13 muertos. Y hace no mucho tuvimos la oportunidad de ver una película de Kore-eda Hirokazu sobre un hombre condenado a muerte. Y cuya reseña no encuentro en este cuaderno de ruta a pesar de que la vi en su momento en el cine. ¿Se me olvidaría escribir de ella? Pues parece que sí.

Bueno… que unos meses más tarde nos encontramos a Kiriko, que así se llama la chica, viviendo en la capital nipona, trabajando en un bar de camareras… y parece improbable que se haya venido a la capital por gusto. Una posible razón puede ser la venganza. Pues todos, la chica, el abogado que se negó, y un periodista que se interesó por el caso, todos saben o sospecha que el joven era inocente.

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La historia es de las que llevan a rajatabla el viejo dicho que dice que “la venganza es un plato que se sirve frío”. En este caso, tras un comienzo muy prometedor, la novela parece entrar en un terreno en el que no pasa nada. En el que los conflictos han surgido y han pasado; los dilemas éticos se han planteado y se han diluido. Matsumoto se toma su tiempo, aunque la novela no es muy extensa, en cocinar con cuidado y precisión la venganza de Kiriko, puesto que de esto va la novela. Como alguna vez leí, es tontería matar por venganza a alguien. Cuando alguien ha muerto, nada siente. Por ello, la resolución de la historia será de otro tipo. Y llegará y será completa, le cueste lo que le cueste a la tenaz e indomable Kiriko.

No voy a decir que sea la octava maravilla de la literatura negra. Pero está bastante bien, e incluso crece en la mente conforme pasan los días, cuando terminas su lectura. Si comprendes la implicación de lo que sucede, la época en lo que suceden y lo que está dispuesta a hacer la protagonista por llevar a cabo su venganza. Funciona también como crítica social, pues desde el primer momento plantea que una persona sin recursos difícilmente puede tener una defensa correcta. Y todos los protagonistas lo saben. Quizá a la justicia se la suela representar como una señora con los ojos vendados y una balanza, no por la equidad con la que sujeta la balanza, sino para no dejar que lo que un rico es capaz de poner en un plato de la balanza frente a lo que es capaz un pobre le impida dejar que se incline convenientemente hacia el primero.

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[Libro – ficción] El señor Nakano y las mujeres

Literatura

Segundo libro que leo de la japonesa Hiromi Kawakami, después del de hace poco menos de un año. Y pasamos de un romance atípico y profundo, a una película con un tono muy diferente, aunque con temas en común con el anterior.

Este libro en japonés se titula Furudōgu Nakano shōten [古道具 中野商店]; algo así como “La tienda de artículos de segunda mano de Nakano”. O como se menciona en la traducción de Marina Bornas “La prendería Nakano”. No conocía yo la palabra “prendería“; no he frecuentado este tipo de comercios y no estoy familiarizado con las nomenclaturas de los mismos. El caso es que la prendería del señor Nakano constituye un peculiar microcosmos que nos va a dejar de la mano de la escritura de Kawakami un libro absolutamente delicioso, verdadera colección de relatos cortos, unidos por el lugar en el que se desarrollan, por la presencia directa o indirecta en todos ellos de los cuatros pobladores de este microcosmos, y por los arcos argumentales que de fondo suponen sus vidas. Cada capítulo, o relato, lleva el nombre de un objeto que tendrán un papel más o menos relevante en el episodio que se relata.

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Para ambientarnos en el libro de hoy, dejaremos de lado los distritos más glamurosos o turísticos de Tokio, y nos daremos un paseo por Yanaka. Más normal, pero con cierto encanto. Y donde quizá te puedas encontrar una tienda como la del señor Nakano.

Es fundamental en esta obra de ficción el diseño de los cuatro caracteres. Hitomi, la empleada joven, aún no ha cumplido los treinta años, sin ambiciones, acomodada en una vida sin pretensiones. Takeo, el asistente, almacenero y transportista, osco pero considerado, que acaba siendo el objeto de los sentimientos de Hitomi. Masayo, la hermana del dueño, encantadora, probablemente la más “normal” de los personajes, la fuerza de la razón práctica y el sentido común en este microcosmos. Y cómo no, Nakano, dueño del negocio, casado, con una o varias amantes, voluble, vivaz y motor de la acción a través de sus decisiones que transforman las vidas de quienes no tienen energía para promover su propio cambio.

Porque de fondo tenemos a unos jóvenes apáticos. Necesitados de afectos, y también de contacto físico. Pero retraídos. Incapaces de dar los pasos necesarios para avanzar en su vida. Aparentemente destinados a la soledad. Entre el humor de los chascarrillos, la tensión de los eventuales dramas y alguna tragedia, vemos pasar un período de tiempo que ha de suponer la transformación de los dos personajes más jóvenes de la historia. Aunque para ello, deba desaparecer el microcosmos en el que se han encerrado y acomodado.

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Personalmente, he disfrutado de la lectura de esta novela más que con la anterior que leí de Kawakami. Aunque aquella haya recibido mayores reconocimientos de la comunidad literaria japonesa e internacional. Por algún motivo, hay elementos del libro que hoy os propongo con los que me he identificado en mayor grado. Y si no me reconozco en ninguno de los personajes del libro, muy distintos a mí, al menos en apariencia, sí reconozco que algunas de las situaciones presentan paralelismos con algún episodio de mi vida. Eso siempre hace que una obra de ficción te toque con más intensidad la fibra sensible.

Yo lo encuentro muy recomendable. Y me ha dejado con ganas de seguir leyendo obras de esta escritora japonesa contemporánea.

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[Libro] Pálida luz en la colinas (nueva lectura)

Literatura

Con este libro me ha pasado una cosa curiosa. Es la segunda vez que lo leo; no recordaba haberlo leído. Pero vamos por orden.

Kazuo Ishiguro es el Premio Nobel de Literatura del año 2017. Británico de origen japonés, nacido en Nagasaki, se trasladó con su familia a Inglaterra con sólo seis años, y a todos efectos se puede considerar un escritor más integrado en la tradición de la literatura británica que otra cosa. Aunque con matices. He leído varias cosas de Ishiguro, que me han gustado siempre, con carácter general. Aunque mi favorita es esa estremecedora realidad alternativa que publicó en 2005, y que fue llevada al cine con un resultado discutido. A mí me gusto. Y quedé enamorado de por vida de Kathy (Carey Mulligan) El caso es que como todos los años, en la medida en que me acuerdo y se me pone a tiro, me gusta leer algún libro del Nobel del año anterior. Y pensando, pensando, decidí escoger una novela en la que hiciera referencia a sus raíces niponas…

Cúpula de la Bomba Atómica - Hiroshima

Durante mi periplo por Japón, no tuve ocasión de visitar Nagasaki, pero sí Hiroshima, la primera ciudad mártir, víctima de los criminales bombardeos nucleares.

Exactamente lo mismo que pensé en el año 2011 después de ver la película mencionada y que me llevó a leer la misma novela que traigo aquí hoy. Y yo no me acordaba. Conforme fui leyendo hace un par de semanas largas la novela, empecé a notar elementos que me resultaban familiares. Y a lo que lo terminé estaba casi seguro. Fue cuando regresé de mi viaje de vacaciones cuando lo confirmé. Pero lo curioso del caso es que fue como si hubiese leído un libro distinto. Mis sensaciones y mis conclusiones sobre el mismo eran muy distintas.

Os recuerdo que esta pequeña novela nos habla de Etsuko, una mujer japonesa, de Nagasaki, sobreviviente de la bomba atómica, que vive en Inglaterra donde se trasladó con su segundo marido. Recibe la visita de Niki, su hija menor, cuyo padre es este segundo marido inglés. Recientemente se produjo el suicidio de Keiko, hija plenamente japonesa, de una relación anterior, que nunca se adaptó del todo a su vida en occidente. En flashbacks en forma de recuerdos, nos traslada a su vida de recién casada en un barrio de reconstrucción en la ciudad martir, donde tenía como vecina a una mujer, Sachiko, muy conflictuada, con una niña de unos diez años, Mariko. Hace siete años, me daba la sensación de que la historia de Sachiko y Mariko era como un espejo en el que se miraba Etsuko mientras trata de superar la tragedia del suicidio de su hija mayor.

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En estos siete años han pasado cosas. Estoy más mayor. He leído más. Sobre todo, he leído un cierto número no desdeñable de obras de la literatura japonesa. Veo ahora con claridad el doble estilo de redacción que Ishiguro a la hora de relatar los pasajes en Inglaterra, estilo directo, diálogos francos, frente a los pasaje en Japón, estilo pausado, recreación en lo que transmiten los sentido, diálogos en lo que se va dando la vuelta a los conceptos, y los mensajes muchas veces se insinúan más que se transmiten. También he aprendido que la literatura japonesa tiene gran importancia la capacidad de leer entre líneas, y que es de gran importancia la atención al detalle. De pronto, conforme terminaba la lectura de la novela, comencé a interpretarla en un sentido totalmente distinto a la primera vez. Y que no voy a desvelar para no restar de libertad al futuro lector a la hora de comprender esta pequeña novela. Todo me ha parecido más complejo. Al mismo tiempo más simple. Y con una profundidad mayor en las mentes de los protagonistas.

Me gustó en la primera ocasión. En esta segunda, en la que al final he tenido la sensación de leer una novela nuevo, todavía me ha gustado más. Tarde en ponerme a leer otro libro. Los recuerdos de las páginas me venían constantemente a la mente, y con frecuencia repasaba algunos párrafos, para confirma lo que había leído y si lo había entendido. Ni que decir tiene, es altamente recomendable. Y es un modesto ejemplo de por qué Ishiguro es de los premiados en el Nobel que realmente se lo merecen.

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[Libro] Japón 1941

Historia, Literatura

Cuando leí hace unos meses la excelente novela de Jun’ichiro Tanizaki dedicada a la vida de una familia japonesa en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, me entró una curiosidad notable por saber cómo es posible que una sociedad culta y civilizada, si bien de rasgos muy conservadores, pudo llevar al pacífico occidental a semejante catástrofe. Y especialmente, cómo pudo Japón provocar una guerra en la que las posibilidades de éxito parecieron siempre extremadamente bajas, por no decir nulas.

Encontré no hace mucho ese libro que os presento hoy, un ensayo histórico de la tokiota Eri Hotta, sobre los meses que transcurrieron previos al ataque japonés a Pearl Harbor. Varios son los factores que me llevaron a interesarme por el libro. En primer lugar, lo mencionado anteriormente; a través de mi contacto con la narrativa de ficción japonesa, había surgido en mí una curiosidad por el periodo histórico. En segundo lugar, que estuviera escrito por una japonesa. Es fácil acceder a ensayos históricos sobre el escenario del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial; pero habitualmente están escritos por autores occidentales, norteamericanos o ingleses. La visión desde una autora nipona hacía de este libro doblemente atractivo. Bien es cierto que Hotta, aunque realizó su formación inicial en Japón, con posterioridad ha circulado tanto en su carrera académica como profesional por universidades occidentales, tanto de la historia como de las relaciones internacionales. Ahora mismo está casada con otro historiador especializado en asuntos asiáticos, y viven en Nueva York. Pero bueno… menos da una piedra.

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Ilustro la entrada de hoy con un paseo por los templos budistas de Nanzen-ji y Eikan-dō (o Zenrin-ji), en Kioto.

Desde el primer momento, la tesis del libro está orientada a demostrar que el comienzo de la guerra con Estados Unidos fue un fenomenal error colectivo de las clases politicas y militares japonesas, que no supieron estar a la altura de las necesidades. Errores que venían desde el comienzo del “incidente con China”, eufemismo por el que conocían los nipones la segunda guerra sinojaponesa, la cual, estando marcada por las atrocidades del ejército imperial y por la incapacidad de obtener una derrota definitiva de la coalición china que se les oponía, nacionalista y comunista, era un problema económico, militar y político de primer orden. También venía de su acercamiento al bloque fascista europeo, que culminó en la gran metedura de pata que fue suscribir el pacto que constituía el eje Berlín-Roma-Tokio. En medio de una catástrofica guerra en Europa, y con el profundo sentimiento antinazi presente en Estados Unidos, fue un error garrafar que le quitó mucha credibilidad a la diplomacia nipona. También fue un error continuado las ambiciones de expansión hacia Indochina, que presentaban al País del Sol Naciente como una potencia imperialista y agresiva por naturaleza.

No conviene olvidar que el mundo occidental también echó leña al fuego. El tradicional racismo del mundo anglosajón hacia los países no “blancos”, la forma en que Estados Unidos había forzado la entrada de Japón en la modernidad, utilizando la diplomacia de los “cañones navales”, la actitud de Estados Unidos, teóricamente partidarios de la descolonización y de la liberalización del comercio, pero que tras la guerra con España se había comportado en Filipinas como una potencia colonias, así como la imcomprensión mutua en las formas propias de cada cultura,… colaboró a generar un sentimiento de orgullo nacionalista japonés que sirvió para alimentar a los sectores más belicosos de la sociedad y del ejército nipones. No podemos olvidar que el comportamiento que tuvo la administración norteamericana con sus nacionales de origen japonés, a los que privó de todos sus derechos constitucionales y ciudadanos por decreto y de forma apabullante, no hizo más que confirmar que algo de razón llevaban quienes acusaban a los Estados Unidos de llevar una trayectoria política y legal de carácter racista y discriminatoria. Existen otros ejemplo previos en el tiempo de ello.

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Es difícil evaluar la religiosidad de los japoneses, aunque creo que no es muy arriesgado decir que son, de promedio, relativamente conservadores y algo superticiosos. Cosas que desde mi punto de vista guardan una cierta relación con el hecho religioso.

Hotta es rigurosa. Y se ha dedicado a desenterrar un sinnúmero de actas de un sinnúmero de reuniones de mayor o menor calado que se sucedieron en la esfera del gobierno y las fuerzas armadas japonesas durante los meses inmediatos al 7 de noviembre (hora de Hawai), 8 de noviembre (hora de Tokio). También sobre reuniones del espionaje activo y de las cancillerías de otros países. Indudable, el trabajo es meritorio. Y las conclusiones que sacas, en la medida que puedes entender el sorprendente desarrollo de muchas de esas reuniones son más o menos las siguientes.

El propio carácter y cultura japoneses supuso un freno a un intercambio de opiniones sincero y rotundo sobre la conveniencia de no ir a la guerra, lo que favoreció el camino hacia la misma.

La inteligencia japonesa sobre las intenciones de sus futuros enemigos, sobre su carácter, y sus capacidades era malísima. Incluso si habían un cierto número de personajes implicados que habían mantenido contactos previos de mayor o menor calado con occidente.

En un momento dado, todos se preocuparon más por salvar su culo y las apariencias, que las del país.

La influencia de los militares de menor graduación, más jóvenes, pero para quienes su ambición convertía las empresas guerreras en algo deseable, fue excesiva. Voy a a hacer un inciso de carácter personal.

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En cualquier caso, no carecen de códigos morales inspirados o derivados de los credos más o menos tradicionales, shintoismo y budismo, que son más populares o frecuentes en el país.

En 1993, en el ámbito de mi actividad profesional entablé relación con una joven oficial, una teniente, de las fuerzas o cuerpos de seguridad del estado. No voy a dar indicaciones concretas de dónde estaba. Es alguien por quien siento respeto, y no quiero emitir nada que se pueda interpretar como una crítica negativa. Aquella relación no desembocó en algo más serio o profundo por la diferencia de valores que vivíamos cada uno, pero la considero una persona honesta. En cualquier caso, tuve ocasión de estar presente en alguna ocasión en alguna reunión informal, tomando unas cervezas o unas copas, con algunos de sus compañeros de promoción y profesión. Todos ellos militares jóvenes en distintos destino. En aquellos momento, en los Balcanes se producía el desastre humano de la guerra étnica que siguió a la desmembración de la antigua Yugoslavia. En más de una ocasión escuché a alguno de aquellos oficiales expresiones de alegría, por las oportunidades de acción y de ascenso que les podía producir aquella guerra cuando Naciones Unidas o la OTAN interviniese… Aquellas expresiones me dejaban helado. Y me ayudaron a comprender que si existe un ejército, existirá siempre una tensión a entrar en conflicto, por absurda, inconveniente o desaconsejable que sea la situación. Con posterioridad, he encontrado nuevas situaciones similares, o he leído de situaciones históricas que favorecieron estos impulsos. Vuelvo al texto principal.

El miedo es una fuerza motriz en contra de la razón muy importante. De la misma forma que en 1914 muchos militares alemanes tenían miedo de los deseos revanchistas franceses y del poderío militar ruso que se produciría si el imperio de los zares prosperaba, los militares japoneses y algunos políticos civiles tenían mucho miedo del surgimiento de un nuevo equilibrio regional y mundial que los relegara, o les hiciera perder lo conseguido en las década que habían seguido a sus éxitos en la primera guerra sinojaponesa, seguida de la guerra rusojaponesa y de la alineación en la Primera Guerra Mundial del lado aliado.

La diplomacia japonesa era mala. Muy mala. Estaba mal dirigida. Por su ministro y por sus primeros ministros.

Los principales líderes del gobierno, desde el emperador hasta los ministros más importantes, carecían de la personalidad y de la autoridad para llevar al país por el camino adecuado. Y los mecanismos constitucionales de control eran deficientes, a lo que se sumó la deriva autoritaria, el desprecio por las instituciones parlamentaria y la destrucción de cualquier oposición política.

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El emperador fue siempre una figura más asociada al poder espiritual que al político, y el shintoismo era el sistema de creencias que sujetaba este poder; por otro lado, mucha de la nobleza, terrateniente y militar, abrazó desde tiempo inmemorial el budismo que trajeron los misioneros chinos.

Me resulta sorprendente que haya tantos admiradores de las formas de hacer japonesas en los negocios. Que se hable tanto del sentido del honor, de códigos ancestrales para hacer lo correcto, del deseo de no ofender al adversario,… de muchos mitos que oigo de vez en cuando. Si existen, en aquellos meses se tomaron unas vacaciones, o simplemente no funcionaron en absoluto. El egoísmo personal se sobrepuso casi siempre a las necesidades colectivas del país; contradicción absoluta de la afirmación de que al japonés se le educa para considerar las necesidades de la sociedad, de la comunidad o de la institución por encima de las personales.

El libro es muy revelador. Especialmente por la impresionante cantidad de documentación referenciada por una autora que, por su dominio del idioma es capaz de desentrañar correctamente lo que aquellos documentos transmiten. El idioma japonés es muy distinto a los idiomas occidentales no es tan fácil realizar traducciones correctas cuando se ponen en juego conceptos complejos.

Aunque globalmente satisfactorio, deja lagunas de insatisfacción en lo que se refiere a lo que pensaban, conocían y sabían los adversarios. Los Estados Unidos ¿quisieron la paz? ¿o alimentaron los mecanismos que llevaron a la guerra? Si bien la actuación de la diplomacia japonesa fue absolutamente nefasta en el incidente de Pearl Harbor, hubo que diplomáticos nipones que trabajaron por la paz. La sensación de que fueron engañados por ambas partes, y que ninguna de las dos parte quisieron llegar nunca a un acuerdo pacífico es grande. Japón fue el gran culpable de meter a su país en una guerra despreciable, cruel, inhumana, donde floreció el racismo y lo peor de la especie humana. Pero Estados Unidos tenía unos intereses demasiado poco claros como para liberarlos de toda responsabilidad en este embrollo. Y esa parte no queda tratada con suficiente profundidad en el libro. La gran ironía es que al final de la guerra, Japón estaba totalmente destruido, se había desencadenado el terror al uso del arma nuclear, y en Asia, lejos de instalarse ni la esfera de coprosperidad propugnada por Japón, ni el concierto de naciones libres y liberales, comerciantes, que buscaban los norteamericanos, lo que hubo fue un escenario de nuevos regímenes totalitarios. Nuevas guerras en Corea e Indochina. Y el surgimiento de una nueva potencia tan totalitaria o más, en China, que lo que fue Japón. Y mucho más peligrosa. Una gran éxito para los dos contendientes principales.

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Como muchas otras religiones, estas transmiten valores de piedad y compasión hacia el semejante; como los fieles de muchas otros religiones a lo largo de la historia, durante la guerra que dio comienzo con los acontecimientos narrados en este libro, los japoneses se comportaron de forma cruel, despiadada y atroz, hasta generar un rechazo solo ensombrecido por los crímenes nazis. Son difíciles de comprender las culturas humanas y las contradicciones entre los valores positivos comunes y los comportamientos depredadores habituales en tiempo de conflicto.

[Libro] El tren nocturno de la Vía Láctea

Literatura

Hace un par de semanas estaba leyendo, todavía en sus primeras páginas, una novela relativamente actual japonesa, cuando uno de los personajes hace una referencia al “Tren nocturno de la Vía Láctea”, como título de un relato y un libro del japonés Kenji Miyazawa, que incluso ahora, décadas tras su muerte, es una de las lecturas habituales y frecuentes en el País del Sol Naciente. La verdad es que el título me pareció estupendo, muy sugerente. Aun sin saber de qué iba el libro. Interrumpí la lectura del libro que estaba leyendo, de él os hablaré dentro de unos días, y me puse a investigar.

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Desde su apertura a la modernidad, el tren, el ferrocarril ha sido una parte inseparable de la vida y la experiencia cotidiana de los japoneses, por lo que no es de extrañar su uso como metáfora. Aquí os dejo una variedad de trenes y líneas por la isla de Honsu, la principal del archipiélago.

Miyazawa fue, por decirlo así, un posmoderno de las primeras décadas del siglo XX. Nacido en 1896, fue poeta y escritor, profesor de ciencias agrícolas, tocaba el violonchelo, era un devoto budista, aunque no desdeñaba determinados préstamos del cristianismo, vegetariano y activista social utópico. Lo dicho. Un posmoderno. Pero setenta años de que surgiera el término y el movimiento cultural. Quizá más serio y más profundo que la mayor parte de los posmodernos que proliferaron a partir de los años 70 del siglo XX.

Murió de neumonía en 1933, con sólo 37 años de edad. Lo cual le ahorro los años más tétricos y tristes de la historia del Imperio del Sol Naciente.

20140924-L1090062.jpgEn el libro que he leído, nos presentan tres de sus relatos. Tres cuentos, de tonos diversos, pero de intención indudablemente moralista, en los que se perciben su devoción budista, aderezada con elementos prestados del cristianismo, probablemente católico, aunque esto es un suponer.

El principal de ellos, el que da título al libro, en japonés Gingatetsudō no yoru [銀河鉄道の夜] (Tren nocturno galáctico), nos narra el viaje de dos amigos, Giovanni y Campanella, en un tren fantástico que va recorriendo la Vía Láctea, entre la Cruz del Norte (o constelación del Cisne) y la Cruz del Sur. En el viaje, ambos amigos, cuyos nombres proceden de personajes de Cuore  de Edmondo de Amicis, lo que afianza la influencia de los valores conservadores católicos del risorgimento italiano, van relacionándose con distintos personajes que transitan por la Vía Láctea. De los dos amigos, sólo Giovanni tiene un billete especial que se permite el viaje de vuelta. Campanella terminará su viaje en la estación de la Cruz del Sur. Sólo el regreso de Giovanni a su pueblo en algún lugar del norte de la isla de Honsu en Japón nos dará las claves de lo sucedido.

20140926-_9260067.jpgCon un tono entre esperanzado y melancólico, marcadamente filosófico, Miyazawa usa la Vía Láctea como metáfora del noble sendero o la recta vía que debe conducir la vida de los budistas, mientras que las dos estaciones de origen y destino, Cruz del Norte y Cruz del Sur, son referentes claros cristianos, como inicio y final del viaje. Dotada de una imaginería literaria que estimula y enciende la imaginación, se ha comparado con Le petit Prince de Saint-Exupéry, aunque su concepción y primeras versiones son un de décadas anteriores. Creo que tiene entidad y cualidades propias como para que no tenga que vivir a expensas de las comparaciones con el célebre relato del francés.

20140927-_9270517.jpgEste relato se completa con otros dos, Gauche el celista (セロ弾きのゴーシュ [Cello hiki no Goshu]), una fábula con interacciones entre un ser humano y los animales, que nos habla del esfuerzo para mejorar y contribuir al bien de la comunidad, incluso si este esfuerzo nos aparece como inaparente. Desde mi punto de ver tiene mucho que ver con la ética del esfuerzo personal al servicio del grupo, la comunidad o la organización, tan propia de la cultura nipona.

20140928-_9280124.jpgEl otro relato, Matasaburô, el genio del viento (風の又三郎 [Kaze no Matasaburô]), nos habla de las correrías de un grupo de escolares en las regiones rurales del norte de la isla de Honsu, a cuya escuela llega un nuevo alumno, procedente de la ciudad, de Sappor, hijo de un ingeniero, a quien apodan Matasaburô, y que da origen a la suposición de que es un genio de los vientos, y que provoca extraños sucesos de carácter sobrenatural… o no. Tiene un tono más costumbrista, y te deja la sensación de que hay cosas que pueden cambiar cosméticamente de una parte a otra del mundo, pero que en esencia son lo mismo.

Aunque no necesariamente alineado con mis formas de entender la vida y el mundo, me ha parecido una lectura tremendamente recomendable.

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[Cine] Fireworks (2017) / Isla de perros (2018)

Cine

Sesión doble para esta semana de cine, con dos películas de animación que tienen en común un ambiente nipón en su desarrollo argumental… y poco o nada más. Vamos por orden de visualización.

Fireworks (2017; 24/20180422)

A pesar de la excelente calidad de muchas de las películas del Studio Ghibli en las últimas décadas, parece que la película que ha descerrajado los mercados occidentales para la animación japonesa fue el gran éxito de Makoto Shinkai que pudimos ver en España el año pasado por estas fechas. Con antelación, cada año se estrenaban en la pantalla grande española,… ¿una o ninguna películas de animación japonesas en un país que produce… muchas? Desde el mencionado estreno, o sea en el intervalo de un año cuento cuatro estrenos aparte del mencionado, e incluyendo el que hoy nos interesa, dirigido por Akiyuki Shimbô y Nobuyuki Takeuchi, y producida por el mismo estudio que la anterior.

En esta ocasión también nos encontramos ante un romance adolescente con entorno fantástico. Al joven Norimichi le gusta su compañera de clase, la guapa Nazuna, que lo ignora. Pero a propósito de un festival de fuegos artificiales que se van a lanzar desde un faro próximo en la costa, sus vidas se cruzarán. Y además Norimichi encontrará una forma para cambiar los acontecimientos regresando al pasado.

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Nos pasearemos por una de las islas costeras de Japón, en el Setouchi, mar interior de Seto; lejos de ser la degrada isla de los perros, Miyajima está repleta de tesoros naturales y culturales.

La película tiene un cierto atractivo visual, aunque a ratos un poco demasiado abigarrado para mi gusto. Además, el juego con el tiempo no tiene la sutileza y el buen trenzado que es obligado en este tipo de historias. Como comparación, al volver del cine, fuimos a una matinal dominical, después de comer, volví a ver La chica que saltaba a través del tiempo, una película fenomenal que podéis encontrar en Netflix, y la película que hoy nos ocupa queda mal parada en dicha comparación.

No está mal, se deja ver, pero es de lo más flojo que ha llegado a la pantalla grande española en animación japonesa en los últimos tiempos.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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Isla de perros (Isle of Dogs; 25/20180426)

También esta película transcurre a orillas del mar en un población japonesa. Pero… para empezar, es más bien una coproducción germanoamericana, y está dirigida por el personalísimo Wes Anderson, lo cual garantiza el espectáculo visual. Aunque está parcialmente hablada en japonés… Ahora os lo explico.

Estamos ante una fábula en la que todos los perros de una gran ciudad japonesa, Megasaki, situada en un futuro próximo, son desterrados a una infame isla vertedero de basuras por el megalómano alcalde Kobayashi, descendiente de una antigua familia de caciques amantes de los gatos. Pero su pupilo, Atari, un jovencito de 12 años, arriesgará su vida por rescatar a su perro guardián, y de paso pondrá en peligro el dominio de Kobayashi.

La película está realizada con la técnica del stop-motion, ha conllevado un trabajo ingente, que ha movilizado equipos técnicos de marionetistas y animadores de varios países. Como decía, en el aspecto visual, encontramos muchos de los hechos definitorios del cine de Anderson y es una delicia. Lo cual se complementa con una banda sonora, basada en las percusiones a la japonesa, que firma Alexandre Desplat, de lo bueno lo mejor. La película es bilingüe. Los perros hablan en inglés (español, en la versión doblada), y los seres humanos, salvo unos pocos, en japonés.

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Y cualquiera que tenga dos dedos de frente, y no haya estado encerrado en un lugar sin acceso a las noticias en los dos últimos años, se dará cuenta enseguida que el alcalde Kobayashi no es otro que una caricatura de Donald Trump, de quien y de cuyas políticas la película es una ingeniosa crítica, apta para todos los públicos, aunque sólo los adultos comprenderán los aspectos más relacionados con la actualidad política estadounidense. Genial. Aunque he de reconocer que el argumento de la película, que dura algo más de 100 minutos, a ratos se estanca un poco.

El anecdotario de la película y la cantidad de guiños a diversos elementos culturales es muy notable. Por poner un ejemplo, uno de los que más gracia me hizo es que la ayudante de un científico opositor a Kobayashi se llama Yoko Ono. Y está doblada por… Yoko Ono. Supongo que la aristocrática y excéntrica artista contemporánea se lo habrá pasado bien haciendo este papelito.

La película es muy muy visible. Muy recomendable, a pesar de no ser perfecta. Pero bueno…

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Cine] Koe no katachi (2016)

Cine

Koe no katachi (2016; 19/20180317)

Vamos a ser sinceros. Esta película de animación realizada por la directora japonesa Naoko Yamada, y que se estrenó hace poquito más de una semana en España, algunos… ya la habíamos visto. Apareció hace ya tiempo en listados de películas de animación destacadas en el País del Sol Naciente, y ante la improbabilidad, en aquel momento, de un estreno en cines… buscamos la forma de verla. En cualquier caso, vamos con el comentario como estreno de la semana pasada.

Fushimi Inari-taisha - Kioto

Cuando viajamos a Japón, nos desplazamos desde el aeropuerto de Haneda en Tokio directamente hasta Kioto, y al día siguiente visitamos el santuario de Fushimi Inari. A primera hora de la mañana, turistas no había muchos, pero escolares visitando el santuario… por todas partes.

Basada, como mucha de la animación nipona, en una serie de historietas, la película trata sobre el acoso escolar. En concreto, el que los niños de unos diez u once años liderados por el muchacho Shōya Ishida en una escuela primaria perpetran sobre la joven discapacitada auditiva Shoko Nishimiya. La situación se concreta con el abandono de la niña de la escuela, un cierto escándalo… y el acosador se convierte en acosado ya que se convierte en el apestado de sus compañeros de clase, incluso para aquellos que participaron con él en el acoso a Shoko, hasta que llega a sus años finales de instituto. Pero he aquí que ya con diecisiete años volverá a encontrarse con la chica. Y con el encuentro, la posibilidad de poner paz en su vida.

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Interesante película sobre un tema que cada vez está más en el candelero, con una mayor sensibilización por parte de la sociedad en general y de la comunidad escolar en particular. Realizada con las artes habituales de la animación nipona, escenarios muy cuidados y detallados y personajes dibujados de forma muy básica pero muy expresiva y con personalidad propia, tiene una factura técnica irreprochable, y la historia no carece de interés. Sin embargo, padece de algún problema que la pueden hacer un poquito indigesta. Es un poco demasiado larga, con casi dos horas y diez minutos de duración. Hay elementos de la trama que sólo se pueden explicar en el ámbito de la cultura japonesa, pero que probablemente serían situaciones no planteables en nuestro medio. Y en algunos momentos se excede en el tono melodrámatico. Por decirlo de alguna forma… hay demasiados intentos de suicidio.

No obstante, es una película bastante aceptable y visible, que se puede disfrutar siempre que se esté dispuesto a “perdonar” estos defectillos.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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[Libro] Las hermanas Makioka

Literatura

Hace tiempo que tenia ganas de leer alguna novela de Jun’ichirō Tanizaki. Hace algo más de un año leí un ensayo sobre estética de este autor japonés. Que me dejó sensaciones un poco contrapuestas. Quizá por el tufillo nacionalista que desprendía la obra,… y yo no me llevo bien con los nacionalismos. De ningún tipo. Pero con frecuencia he visto citado a este escritor, cuya obra abarca buena parte del siglo XX en el País del Sol Naciente, considerado como uno de los referentes fundamentales, sino el más importante, de la novela contemporánea en lengua nipona.

Tren de la línea Saganno - Kioto

Puestos a buscar unas ilustraciones para la entrada, me he ido a Tokio, por donde transita de vez en cuando la familia Makioka. He buscado algunas escenas en Arashiyama, que no aparece mencionado explícitamente, pero viene también como cualquier otro lugar. Y como no, un tren, porque los Makioka se pegan media vida cogiendo trenes.

Entre todas las obras del escritor, Sasameyuki [細雪], título original en japonés que se traduce como “nieve tenue o ligera”, es citada con frecuencia como la más importante novela publicada en Japón desde la restauración Meiji. Por lo tanto, parecía lógico afrontar su lectura con prioridad sobre otras obras del autor. A pesar de que me cueste horrores ponerme a leer ficción de este volumen. Son casi 600 páginas en su edición impresa de bolsillo… Soy de los que prefiere una cierta economía de medios a la hora de contar una historia.

Empecemos con los aspectos negativos de lo que he leído. Que difícilmente se pueden achacar a su autor. La traducción de Editorial Siruela, de Miguel Menéndez Cuspinera en 1966, es una traducción indirecta del inglés, y no directa del texto original japonés. Esta ha sido una práctica frecuente hasta épocas recientes en obras procedentes de idiomas no usuales del entorno de la Europa occidental. Obviamente, es mucho más difícil por buen escritor que sea el traductor, y no me parece malo en esta ocasión, que se trasladen los matices del original a la lengua castellana. Tarea ya difícil de por sí al estar tan alejadas entre sí en el árbol evolutivo de las lenguas humanas.

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Otra cuestión con la traducción. En esta ocasión no voy a pronunciarme si es una cuestión correcta o incorrecta,… es una cuestión sobre lo que estás acostumbrado. En las traducciones actuales desde determinados idiomas, no se intenta traducir todos los términos. Aquellos que no tienen equivalencia en idioma castellano, o esta es lejana, se dejan en el idioma original, en cursiva, y se pone una nota del traductor a pie de página que explica el término. En japonés, por ejemplo, que no se traduzca katana por “espada” es un poco tontorrón porque es exactamente esa la traducción. Aunque para muchos una katana es una espada japonesa. Pero un japonés, a una espada toledana le llamaría katana. Sin embargo, si hablamos de sashimi, se podría traducir como “pescado crudo”. Pero lo cierto es que sólo es una forma concreta de servir el pescado crudo, pero no abarca del todo lo que es ni lo diferencia de otras forma de presentar a la mesa este tipo de comida. Por ello, parece razonable mantener el término sashimi, y explicarlo al pie. En el texto que he leído, prácticamente todo está traducido. En un momento dado se habla de que comen pollo con arroz con salsa picante, y mi sensación es que están comienzo arroz al curri, muy común en las mesas de los japoneses, y que hoy en día está incluso aceptada con la grafía que he señalado en el diccionario de la RAE. Aunque frecuentemente se ve escrito como en ingléscurry. A uno de los personajes se le denomina con frecuencia “el chico Kei”, y me pregunto, no estoy seguro, si no se referirán a él en el original como Kei-kun, un honorífico familiar japonés que se aplica a los más jóvenes de la familia entre otras situaciones, y que es difícilmente traducible. Incluso los nombres propios de los trenes se han traducido cuando ha sido posible… Por ejemplo, se menciona un Expreso La Gaviota… Esta forma de traducir no sé si se debe a que el origen inglés estaba así traducido, o a la tendencia durante la dictadura del General Franco de traducirlo todo, todo, todo, todo,… El caso es que ahora,… se hace raro.

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Dicho todo lo cual, he disfrutado mucho de esta novela. Abarca un período de casi cinco años, otoño de 1936 a primavera de 1941, en las vidas de la familia Makioka. Esta es una familia de Osaka de comerciantes muy acomodados, venida a menos. Muerto el patriarca de la familia y su esposa, quedan las cuatro hermanas, Tsuruko, Sachiko, Yukiko y Taeko, también llamada Koi-san. Tsuruko y Sachiko están casadas, pero sus maridos adoptaron al casarse el apellido Makioka. Tatsuo, el marido de Tsuruko, en una tradición muy patriarcal, es el cabeza de familia y su casa es la casa principal de los Makioka; primero en Osaka, luego en Tokio. Sachiko y su marido Teinosuke viven en Ashiya, entre Osaka y Kobe. Las dos hermanas más jóvenes y solteras deberían vivir en la casa principal; pero en la práctica dividen su tiempo entre las dos casas. Y la más joven, moderna e independiente, Taeko, evita en lo posible la casa principal. El macguffin de la novela es encontrar un marido para Yukiko. Guapa, discreta, tradicional,… pero para la que van rechazando año tras año los pretendientes que le surgen, casi siempre dentro de una tradición de matrimonio concertados.

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Pero eso es el macguffin. En realidad, estamos ante una crónica de eventos repetidos en ciclos anuales de una familia en los años inmediatos a la guerra mundial. La novela no se mete en política. Pero la novela hace frecuentes alusiones a la tensión internacional, al “incidente” (en China, la guerra sinojaponesa que comenzó en 1937), a la necesidad de aparentar austeridad en tiempos difíciles,… Incluso la casa de Ashiya tiene como vecinos a una familia alemana, en una representación de las relaciones que mantenían el régimen del Reich alemán y  el Imperio del Crisantemo. Se mencionan o tienen importancia sucesos de la época, como las graves inundaciones de Kobe en julio de 1938, que se integran en la acción de la familia. La “nieve tenue” del título en japonés no deja de ser la caída de los pétalos de la flor de los cerezos en Kioto, acontecimiento que es visitado por la familia todos los años. Pero cada año es distinto. Cada año hay pérdidas o cambios, no siempre bien encajados o entendidos por los miembros de la familia. El punto de vista que predominantemente sigue el autor es el de Sachiko, que muestra constantemente su desconcierto ante las situaciones inesperadas, y para las que no se siente preparada, que tiene que afrontar. Piadosamente, el Tanizaki cierra la novela poco antes del comienzo de la guerra con Estados Unidos y otros países occidentales, ahorrándonos los sufrimientos posteriores de la familia, que sólo podemos imaginar.

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La novela no es humorística. Pero no deja de estar llena de ironías. Estamos en una época turbulenta y de cambios. Y constantemente encontramos contradicciones. En un país donde el honor es tanto, contemplamos la acción sinvergüenza de médicos carentes de ética. Los hijos de las familias acomodadas son unos sinvergüenzas sin oficio ni beneficio que salen sin embargo adelante, mientras que los jóvenes emprendedores y trabajadores de las familias modestas, no. La orgullosa rama principal se traslada a Tokio, pero vive en una casa que apenas aguanta los tifones, mientras que la rama secundaria vive acomodada en Ashiya. Y no voy a comentar los párrafos finales de la novela, porque merecen la pena ser descubiertos por uno mismo. Son la gran, última y definitiva ironía…

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Me ha sorprendido, muy gratamente. Si en estos momentos me obligasen a redactar una lista de las diez mejores novelas que he leído en mi vida, esta sería candidata a figurar en esa lista, muy difícil de elaborar. En su sencillez aparente, en su transcurrir de la vida, sin que haya una trama real más allá de los acontecimientos cotidianos, está cargada de reflexiones y profundidad. Y aun cuando hace referencia específica a la cultura y sociedad japonesa, muchos de los valores y situaciones éticas y morales tienen traslación universal. Aunque los estilos sean distintos, ¿acaso no encontramos grandes narradores en la generación del 98 española que surgen en un momento de desmoralización importante del país? O los autores austriacos y húngaros que reflejaron el final del Imperio Austrohúngaro.

Definitivamente, una novela muy recomendable, que me ha dejado muchas ganas de leer más cosas de Tanizaki en un futuro. ¿Merecería la pena que se hiciera una traducción nueva al castellano, seria, de nivel, directamente del japonés? Probablemente también, amigos de la editorial Siruela.

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[Cine] Entrada “coche escoba”: Woody Allen, Mudbound y otros estrenos de Netflix

Cine

Mis tradiciones me indican que mañana 2 de enero tengo que hacer el resumen de mi año cinéfilo. Pero todavía no he revisado todas las películas que entran en el mismo, porque la última semana del año ha estado muy entretenida desde el punto de vista cinematográfico. No sólo por la visita de rigor a las salas de cine para ver la última de Woody Allen, sino porque este año entran también los estrenos directos en las plataformas de vídeo bajo demanda, y he visto en estos días de fiesta la friolera de tres. Vamos con ella. Acompaño la entrada con algunas fotografías procedentes de los últimos carretes en blanco y negro del años. La Yashica Mat 124G con un Lomography 100 Earl Grey que me quedaba suelto por ahí, las cuadradas, y la Agfa Billy con un Fujifilm Neopan 10 Acros, las rectangulares.

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Wonder Wheel (2017)

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Las dosis anual de Woody Allen nos ha llegado con el final de año, cuando últimamente solía llegarnos a final del verano. Quizá tenían más esperanzas de que este año alcanzase más reconocimiento de cara a la temporada de premios.

Con un buen reparto, nos cuenta cómo, en los años 40, una joven Carolina (Juno Temple), huyendo de su marido mafioso a quien ha delatado al FBI, se refugia en Connie Island con su padre (Jim Belushi) y su madrastra (Kate Winslet). Todo irá bien, hasta que la presencia de un fornido y cultivado salvavidas playero (Justin Timberlake) inicie un peligroso triángulo con las dos mujeres.

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Película poco valorada por crítica y público, con sabor a tragedia griega, que cuenta una historia sencilla y previsible, pero desde mi punto de vista bien contada. Lejos de la originalidad de antiguas propuestas del director, está bien hecha, destacando especialmente la fotografía Vittorio Storaro, una banda sonora jazzistica, y unas excelentes interpretaciones. Muy buenos Belushi y Winslet, Temple nos sabe a poco, sabemos que se le puede sacar más partido, y Timberlake que cumple.

A mí me produjo un rato agradable, y es más recomendable de lo que parece.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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Mudbound (2017)

Mudbound (2017; 532017-2512)

Notable propuesta que nos llega de la mano de Netflix. Aunque se estrenó principalmente en vídeo bajo demanda, han realizado un estreno limitado en salas de cine en EE.UU. para poder optar a la temporada de premios.

Dirigida por Dee Rees, la directora insiste en recuperar la historia no contada de la discriminación de la raza negra en Estados Unidos, contando las historias paralelas de dos familias, una blanca y otra negra, que se ven obligadas a convivir en una región rural del delta del Misisipí, y que comparte que uno de sus miembros está en la guerra mundial en Europa. El blanco es un capitán que pilota bombarderos y el negro un sargento que comanda un carro de combate.

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Con un reparto también de bastante nivel, aunque el nombre más conocido sea el de Carey Mulligan, seguido de Jason Clarke, aunque no sean los personajes clave de la historia que hemos de situar en los personajes interpretados por Garrett Hedlund y Jason Mitchell, es una película dura con pocas concesiones al buenismo de los espectadores, aunque algunos aspectos del final introducen un tono de happy end que nos parece muy forzado.

Está muy bien en líneas generales, y me quedé con la sensación de que se vería mejor en en sala de cine en pantalla grande. También comprendí el interés de Netflix por promocionarla en la temporada de premios. Aunque tengo la sensación de que no se comerá una rosca. Muy recomendable.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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Bright (2017)

Bright (2017; 552017-2812)

Cuentan de esta película dirigida por David Ayer y realizada a mayor gloria de Will Smith que es el intento de Netflix por crear una de estas lucrativas franquicias donde se suceden las precuelas y las secuelas, y las productoras se hacen de oro vendiendo figuritas y otras mercaderías. Es un pastiche que toma elementos del Señor de los Anillos, de cualquier distopía con Los Ángeles como escenerario y del Quinto Elemento, para hacer un correveidile de peleas y balaceras con más bien poco sentido.

El primer día que intenté verla me quedé dormido. En una segunda intención la vi entera, aunque me costó seguirle la pista. No por compleja, sino por complicada. Para mí tiene poco sentido. Se da por sentado una segunda película. Se da por sentado que no la escribirá el mismo guionista por que parece que está implicado en el enésimo caso de denuncias de abusos sexuales en el cine americano. A Ayer también se le acusa con frecuencia de machista. Pues vale. No es una catástrofe. Pero casi. Quedaros con lo que queráis.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: **
  • Valoración subjetiva: **

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Megen no jūnin (2017)

Mugen no jūnin (2017; 562017-3012)

Samuráis, damas en apuros, muchas espadas y muchos desmembramientos con abundancia de salsa de tomate para esta película de espadachines japoneses que, habiéndose estrenado en cines originalmente en su Japón de origen, han decidido exhibir en el mundo entero a través de Netflix. Te tienen que gustar estas películas, y os puedo asegurar que no es Yōjinbō (Yojimbo también), o Sichinin no samurai (Los siete samuráis)… El machote, Takuya Kimura, pero la chica, muy mona y con las orejas desabrochadas, Hana Sugisaki, más bien no.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

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