[Libro] Tomoji

Literatura

Hace unas semanas, se dio la noticia del fallecimiento de un historietista japonés, Jirō Taniguchi, altamente respetado por los aficionados al género, y cuyos libros ya me habían llamado la atención alguna vez en las estanterías de las librerías, de tal modo que hace pocos meses ya leí uno de sus libros, que me gustó..

Decidido a conocer algo más de este autor, me fui a una de esas librerías y me decidí no por una de sus más conocidas historias sino por una de las más recientes, escrita pocos años antes de su muerte. Taniguchi, además del dibujo, aporta el guion junto con la escritora Miwako Ogihara, traducidos por Victor Illera Kanaya.

Desconozco cuál es el grado de religiosidad o espiritualidad real del pueblo japonés, de las visitas a los templos y santuarios sales con la sensación de que tienen muchas supersticiones. En cualquier caso, naturaleza y superstición parece que van de la mano en el país. Hasta el monte Fuji está considerado un santuario. Sintoista, en este caso.

Tomoji, la protagonista del relato, es Tomoji Uchida, y esta fue un personaje histórico. Dato que yo no supe hasta llegar a las páginas finales del libro, donde se nos dice que tras casarse, se dedicó con su marido a llevar una vida piadosa inicialmente dentro de la religión budista, fundando una nueva rama del budismo considerada en Japón como una nueva religión. Es un tema en el que no voy a entrar. Porque no me interesa, por muy buenas relaciones públicas que gaste el dalai lama, me parece una religión tan obsoleta como todas las demás, y porque la historia que nos cuenta Taniguchi no va de eso.

Situada la historia en las primeras décadas del siglo XX, en un valle entre montañas de lo más rural de Japón, donde las innovaciones introducidas por la era Meiji en la que comienza la vida de la protagonista apenas han llegado. El arranque se produce con la visita de un joven de 18 años, Fumiaki Ito, con su cámara fotográfica para retratar a petición de su abuela a su tía abuela, que es abuela de Tomoji. Los jóvenes primos no se llegarán a encontrar, aunque ya nos advierten desde el principio de que están destinados a casarse con el tiempo. Pero esta es la excusa para irnos contanto la infancia y adolescencia de Tomoji, y de su familia. Para comprender los sacrificios y las dificultades de la vida en un entorno escasamente modernizado. Donde un niño o una niña tienen que caminar más de una hora de ida y otro tanto de vuelta para estar escolarizado. Donde una simple apendicitis acaba con la vida de un padre en unas horas. Donde una madre joven, viuda, debe abandonar a sus hijos porque otro hombre la reclama como esposa. Donde un hermano ha de sacrificarse trabajando para que otra pueda adquirir cierta educación. Y son cosas que Taniguchi observa con clara melancolía, puesto que también las identifica con valores tradicionales que se han ido perdiendo.

Aunque con los modos, el paisaje y las tradiciones japonesas, la historia es universal. No es difícil para mí pensar en el protagonista de cierta novela que leí recientemente, y su entorno, para establecer comparaciones más próximas de lo que pensamos. Aunque la novela tenga un tono tragicómico y aventurero, y la historieta sea más un drama calmado. Quizá no haya tantas diferencias en lo esencial entre un valle de la Cordillera Cantábrica de principios del siglo XX y un valle no lejos del monte Fuji en una época similar o ligeramente más precoz, aunque en lo aparente parezcan muchas.

Acompañada de un dibujo claro, de fácil lectura, la nostálgica história se lee con tranquilidad. Se podría leer en muy pocas horas. Pero es mejor darle cierto aire para respirar. Dedicar varias noches antes de dormir para leer un trocito, un pasaje de la vida de la niña o de la adolescente Tomoji. Y no deja de tener un tono similar, especialmente en lo que se refiere a los valores familiares que acompaña, a la anterior historieta que leí del autor. Está bien.

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[Libro] La montaña mágica

Literatura

Para mí, los “manga” siempre han sido historietas como otras cualquiera, pero dibujadas y redactadas por japoneses. Ciertamente siguiendo las normas de escritura de su idioma que hacen que se lean de derecha a izquierda, y con los libros “del revés”. Pero por otra parte, no dejan de ser en esencia lo mismo. Una historia narrada mediante viñetas con dibujos, ayudada en mayor o menos medida con unos textos que suelen ser los diálogos entre los personajes o comentarios del narrador que complementan las escenas visuales. Siempre he supuesto que, lo mismo que sucede en el cine, estos comentarios, equivalentes a la “voz en off”, deberían ser los mínimos o motivados por circunstancias especiales… la narración debería ser clara con los dibujos y los diálogos.

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Naturaleza, tradición, niños… de todo encontramos en nuestra visita a Itsukushima, también conocida como Miyajima, en el mar interior de Seto no lejos de Hiroshima.

Sin embargo, he oído hablar también en ocasiones a gente que argumentan que una cosa es una historieta, que otra cosa es un cómic y que otra cosa es un “manga”… aunque nunca he conseguido escuchar un argumento convincente.

Lo que si es cierto es que cada cultura tiene sus formas y sus tradiciones. Las grandes tradiciones europeas, como la francobelga, tiene formas distintas de las norteamericanas. La española, a mí personalmente, me da la impresión de que ha ido en la estela de la francobelga en su mayor parte, aunque también hay influencias yanquis. Derivados de lo que se hacía hace unas décadas durante el franquismo, encuentro poco. Pero no me considero experto, así que probablemente aceptaré cualquier corrección razonada que se me haga. Y la japonesa se corresponde con sus propias tradiciones en materia estética, en pintura y dibujo. Pero todo son historietas, que es la palabra tradicional en español para designar esta forma de expresión.

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¿Y a qué viene toda estar argumentación? Pues a que esta historieta del japonés Jiro Taniguchi, publicada por Ponent Mon, aunque temáticamente está totalmente inserta en la tradición nipona, formalmente está resuelta con el estilo de la historieta europea, más próxima a la “bande desinée” francobelga que otra cosa.

La historia de dos jóvenes hermanos, huérfanos de padre, que quedan al cuidado de sus abuelos en un pueblo junto a un imponente monte lleno de leyendas, durante un angustioso mes en el que su madre va a ser operada por una enfermedad grave en la ciudad, tiene muchos de los elementos de realismo mezclado con la tradición mágica de las creencias populares japonesas. También recupera el motivo universal de que los niños tienen la capacidad de ver y oír lo que los adultos no son capaces. Conservan esa inocencia original que los mantiene más cercanos a la naturaleza y al mundo mágico. Son capaces de ver con los ojos del corazón, de los sentimientos, y no sólo con los de la razón, la visión del cerebro. U oír. Como muchos autores nipones, en su obra desarrolla un mensaje de respeto por la naturaleza.

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Sin embargo, el dibujo en color y el formato del libro, así como la línea argumental tiene más que ver con las formas europeas. Una mezcla que a mí me parece acertada. Quizá porque aunque las formas son importantes en el terreno de las artes, todavía lo son más los conceptos y los temas que transmiten y que pueden ser más independientes de la forma de lo que nos creemos.

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Es una historieta que se lee bien y rápida, y que puede ser razonablemente recomendable. Tiene “voz en off”… que he criticado al principio, porque está narrada en primera persona por el protagonista, que “rememora” los hecho. Entrecomillo lo de rememorar, puesto que aunque las localizaciones y la época en que transcurre la acción, a principios de los años sesenta del siglo XX, se corresponden con los de la infancia del autor, este reconoce que no hay contenido autobiográfico en la historia. Simplemente la decisión de situarla en un lugar que recuerda bien, aunque ya hayan pasado década…

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