[Libro – historieta] Barrio lejano

Literatura

No es la primera vez que traigo a estas páginas un relato gráfico de Jirō Taniguchi. Este autor japonés falleció hace algo más de un año. Ya había leído en su momento un relato con toques fantásticos, que me pareció interesante. Con motivo de su fallecimiento me acerqué a otro de sus relatos, uno reciente. Que tampoco estuvo mal. Pero tenía la sensación de que tenía que acometer la lectura de alguno de sus relatos más representativos. Más conocidos. Y por eso, un día que hojeaba posibles compras entre las estanterías de una librería, vi este volumen y me decidí por él.

Santuario en el Monte Tenjo - Kawaguchiko

Los aspectos sobrenaturales del relato, y algunas cuestiones espirituales que parecen aparecer siempre en las obras de Taniguchi, me han hecho pensar en el Monte Fuji y en el Monte Tenjo, desde donde contemplamos al anterior, ambos considerados santuarios por los sintoístas.

La literatura en torno a las segundas oportunidades está presente en todas las culturas, de una forma u otra. La persona que arrastra un pesar vital y que desearía volver al momento en el que algo se torció en su vida y cambiarlo. Para el protagonista de este relato gráfico, ese momento, cuando tenía 14 años de edad fue el abandono de su padre de su familia. Eso abocó a dificultades en la madre para sacar a sus hijos adelante. Y una amargura vital en el protagonista, que a sus 48 años le está empujando hacia el alcohol y le está alejando de su familia. Con el riesgo de repetir las acciones de su padre. Una visita al viejo barrio donde pasó su infancia antes de volver a su casa tras un viaje de negocios desencadenará un acto inesperado por el que su ser adulto se transportará al cuerpo de su ser adolescente, unas semanas antes del abandono del padre a finales de aquel verano.

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Estamos por lo tanto ante la segunda oportunidad, con la ventaja teórica de saber lo que pasó. El problema es que de qué puede servirte saber qué pasó si no sabes por qué sucedió. Muchas cosas cambian en esas semanas. Se acerca y comienza a salir a aquella chica que le gustó, pero a la que nunca habló. Conoce mejor a ese amigo incondicional, con una vida también problemática. Y sobretodo se interesa por saber por qué su padre, aparentemente feliz, en un matrimonio feliz, con unos hijos a los que quiere, va a abandonar a su familia. Y sobre todo, si podrá evitarlo.

El conjunto funciona como un ejercicio de introspección. Como un examen de conciencia para ese trabajador de mediana edad en una gran empresa que ha perdido el rumbo de su vida, si es que lo ha tenido claro en algún momento. ¿Se puede viajar al pasado para cambiarlo y reescribir el futuro? Si hacemos un repaso a lo que conocemos en la literatura o en otros géneros de ficción como el cinematográfico o el televisivo, la mayor parte de los autores oscilan entre dos posturas. O bien el tiempo, o algunos de sus acontecimientos claves, están fijados y no se pueden cambiar hagamos lo que hagamos, o la alteración de los acontecimientos del pasado acabarán por producir efectos colaterales inesperados. Y en muchas ocasiones, indeseados. Pero al fin y al cabo Taniguchi va por otro lado como digo. Lo importante para él es qué va a ser de Hiroshi en el futuro. En lo que está por escribir, en lo que no se puede predecir. Pero que va a estar profundamente influido por las decisiones que tome.

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Un libro para leer con calma. Uno tiene la tendencia a leer la historieta, el relato gráfico, como lo queráis llamar, con rapidez. Pero puede ser un error. En esta ocasión, aunque podría haberlo consumido en unas pocas tardes, extendí su lectura durante unas semanas. Y tiene sentido hacerlo así. De alguna forma, acompasas el tiempo de lectura al tiempo de la acción interna del libro. Y este te llega en sus contenidos de forma más profunda. Y lo he encontrado altamente recomendable. Dicho está. Aunque inevitable dejará uno espeso poso de melancolía en el ánimo del lector.

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[Libro] Tomoji

Literatura

Hace unas semanas, se dio la noticia del fallecimiento de un historietista japonés, Jirō Taniguchi, altamente respetado por los aficionados al género, y cuyos libros ya me habían llamado la atención alguna vez en las estanterías de las librerías, de tal modo que hace pocos meses ya leí uno de sus libros, que me gustó..

Decidido a conocer algo más de este autor, me fui a una de esas librerías y me decidí no por una de sus más conocidas historias sino por una de las más recientes, escrita pocos años antes de su muerte. Taniguchi, además del dibujo, aporta el guion junto con la escritora Miwako Ogihara, traducidos por Victor Illera Kanaya.

Desconozco cuál es el grado de religiosidad o espiritualidad real del pueblo japonés, de las visitas a los templos y santuarios sales con la sensación de que tienen muchas supersticiones. En cualquier caso, naturaleza y superstición parece que van de la mano en el país. Hasta el monte Fuji está considerado un santuario. Sintoista, en este caso.

Tomoji, la protagonista del relato, es Tomoji Uchida, y esta fue un personaje histórico. Dato que yo no supe hasta llegar a las páginas finales del libro, donde se nos dice que tras casarse, se dedicó con su marido a llevar una vida piadosa inicialmente dentro de la religión budista, fundando una nueva rama del budismo considerada en Japón como una nueva religión. Es un tema en el que no voy a entrar. Porque no me interesa, por muy buenas relaciones públicas que gaste el dalai lama, me parece una religión tan obsoleta como todas las demás, y porque la historia que nos cuenta Taniguchi no va de eso.

Situada la historia en las primeras décadas del siglo XX, en un valle entre montañas de lo más rural de Japón, donde las innovaciones introducidas por la era Meiji en la que comienza la vida de la protagonista apenas han llegado. El arranque se produce con la visita de un joven de 18 años, Fumiaki Ito, con su cámara fotográfica para retratar a petición de su abuela a su tía abuela, que es abuela de Tomoji. Los jóvenes primos no se llegarán a encontrar, aunque ya nos advierten desde el principio de que están destinados a casarse con el tiempo. Pero esta es la excusa para irnos contanto la infancia y adolescencia de Tomoji, y de su familia. Para comprender los sacrificios y las dificultades de la vida en un entorno escasamente modernizado. Donde un niño o una niña tienen que caminar más de una hora de ida y otro tanto de vuelta para estar escolarizado. Donde una simple apendicitis acaba con la vida de un padre en unas horas. Donde una madre joven, viuda, debe abandonar a sus hijos porque otro hombre la reclama como esposa. Donde un hermano ha de sacrificarse trabajando para que otra pueda adquirir cierta educación. Y son cosas que Taniguchi observa con clara melancolía, puesto que también las identifica con valores tradicionales que se han ido perdiendo.

Aunque con los modos, el paisaje y las tradiciones japonesas, la historia es universal. No es difícil para mí pensar en el protagonista de cierta novela que leí recientemente, y su entorno, para establecer comparaciones más próximas de lo que pensamos. Aunque la novela tenga un tono tragicómico y aventurero, y la historieta sea más un drama calmado. Quizá no haya tantas diferencias en lo esencial entre un valle de la Cordillera Cantábrica de principios del siglo XX y un valle no lejos del monte Fuji en una época similar o ligeramente más precoz, aunque en lo aparente parezcan muchas.

Acompañada de un dibujo claro, de fácil lectura, la nostálgica história se lee con tranquilidad. Se podría leer en muy pocas horas. Pero es mejor darle cierto aire para respirar. Dedicar varias noches antes de dormir para leer un trocito, un pasaje de la vida de la niña o de la adolescente Tomoji. Y no deja de tener un tono similar, especialmente en lo que se refiere a los valores familiares que acompaña, a la anterior historieta que leí del autor. Está bien.

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[Libro] La montaña mágica

Literatura

Para mí, los “manga” siempre han sido historietas como otras cualquiera, pero dibujadas y redactadas por japoneses. Ciertamente siguiendo las normas de escritura de su idioma que hacen que se lean de derecha a izquierda, y con los libros “del revés”. Pero por otra parte, no dejan de ser en esencia lo mismo. Una historia narrada mediante viñetas con dibujos, ayudada en mayor o menos medida con unos textos que suelen ser los diálogos entre los personajes o comentarios del narrador que complementan las escenas visuales. Siempre he supuesto que, lo mismo que sucede en el cine, estos comentarios, equivalentes a la “voz en off”, deberían ser los mínimos o motivados por circunstancias especiales… la narración debería ser clara con los dibujos y los diálogos.

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Naturaleza, tradición, niños… de todo encontramos en nuestra visita a Itsukushima, también conocida como Miyajima, en el mar interior de Seto no lejos de Hiroshima.

Sin embargo, he oído hablar también en ocasiones a gente que argumentan que una cosa es una historieta, que otra cosa es un cómic y que otra cosa es un “manga”… aunque nunca he conseguido escuchar un argumento convincente.

Lo que si es cierto es que cada cultura tiene sus formas y sus tradiciones. Las grandes tradiciones europeas, como la francobelga, tiene formas distintas de las norteamericanas. La española, a mí personalmente, me da la impresión de que ha ido en la estela de la francobelga en su mayor parte, aunque también hay influencias yanquis. Derivados de lo que se hacía hace unas décadas durante el franquismo, encuentro poco. Pero no me considero experto, así que probablemente aceptaré cualquier corrección razonada que se me haga. Y la japonesa se corresponde con sus propias tradiciones en materia estética, en pintura y dibujo. Pero todo son historietas, que es la palabra tradicional en español para designar esta forma de expresión.

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¿Y a qué viene toda estar argumentación? Pues a que esta historieta del japonés Jiro Taniguchi, publicada por Ponent Mon, aunque temáticamente está totalmente inserta en la tradición nipona, formalmente está resuelta con el estilo de la historieta europea, más próxima a la “bande desinée” francobelga que otra cosa.

La historia de dos jóvenes hermanos, huérfanos de padre, que quedan al cuidado de sus abuelos en un pueblo junto a un imponente monte lleno de leyendas, durante un angustioso mes en el que su madre va a ser operada por una enfermedad grave en la ciudad, tiene muchos de los elementos de realismo mezclado con la tradición mágica de las creencias populares japonesas. También recupera el motivo universal de que los niños tienen la capacidad de ver y oír lo que los adultos no son capaces. Conservan esa inocencia original que los mantiene más cercanos a la naturaleza y al mundo mágico. Son capaces de ver con los ojos del corazón, de los sentimientos, y no sólo con los de la razón, la visión del cerebro. U oír. Como muchos autores nipones, en su obra desarrolla un mensaje de respeto por la naturaleza.

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Sin embargo, el dibujo en color y el formato del libro, así como la línea argumental tiene más que ver con las formas europeas. Una mezcla que a mí me parece acertada. Quizá porque aunque las formas son importantes en el terreno de las artes, todavía lo son más los conceptos y los temas que transmiten y que pueden ser más independientes de la forma de lo que nos creemos.

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Es una historieta que se lee bien y rápida, y que puede ser razonablemente recomendable. Tiene “voz en off”… que he criticado al principio, porque está narrada en primera persona por el protagonista, que “rememora” los hecho. Entrecomillo lo de rememorar, puesto que aunque las localizaciones y la época en que transcurre la acción, a principios de los años sesenta del siglo XX, se corresponden con los de la infancia del autor, este reconoce que no hay contenido autobiográfico en la historia. Simplemente la decisión de situarla en un lugar que recuerda bien, aunque ya hayan pasado década…

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