[TV] Cosas de series; humor y drama, receta para series con episodios cortos

Televisión

El paradigma por excelencia de las series con episodios cortitos son las comedias de situación. Que en general, son puramente comedias. Incluso de ciento a viento incluyen algún tema serio más dramático. Y que si descontamos los títulos de crédito, apenas sobrepasan los 20 minutos de acción real. Para contar algo digno de ser contado en tan corto espacio de tiempo se hace preciso un guion muy ágil y dinámico, con unos diálogos muy medidos y afilados. Pero con el tiempo ha surgido otro tipo de serie con episodios que no suelen sobrepasar los 30 minutos de duración, algo más largos que las anteriores. Y que incorporan elementos de comedia, pero también de drama; incluso este puede ser predominante en ocasiones, aunque no falte los momentos de relax cómico. Las tres series que traigo hoy, y que he ido viendo en la segunda mitad de este verano que astronómica se nos acaba.

La mejor serie de las que traigo hoy es ambiente puramente neoyorquino. Y en la sesión de hoy de ASAFONA Asociación aragonesa de fotógrafos de naturaleza también hemos podido ver fotos de la Gran Manzana. Así que qué otra cosa podía traer para ilustrar la entrada de hoy.

Boo, bitch es el único estreno de este trío. Y la más floja con ventaja. Pero con 8 episodios sólo, decidí terminarla, aunque no terminó de engancharme en ningún momento. Es la típica serie de institutos en las que las dos protagonistas son unas pringadas, con pocos amigos, poco populares y que no se comen un rosco en tema de ligues. Y en estas estamos, haciéndose propósitos para cambiar esto antes del final del curso y del instituto, cuando un accidente hace que una de ellas muera, pero su fantasma siga en el mundo terrestre. Se supone que hasta que satisfaga sus propósitos. No digo más para no correr el riesgo de desvelar el recurso argumental que mueve la acción y… que uno puede imaginarse en un momento dado. Es muy poco original, no excesivamente bien interpretada, llena de situaciones tópicas y previsibles. Los puntos dramáticos casi ni se notan, aunque se supone que están. No especialmente recomendable.

Never have I ever estrenó este verano su tercera temporada. Es una serie, con algunas premisas similares a la anterior, salvo que no hay fantasmas. Los que mueren, muertos están. Y tiene mucho más fondo. Quizá empalaga mucho, como muchas series actuales, las enormes dosis de diálogos con mensaje políticamente correcto. Pero en estos momentos,… es lo que hay. Si no quieres ver documentales de animales, donde los leones no se han hecho veganos y no binarios… es lo que hay. La serie ha mejorado en interpretación, y se ha asentado como una buena comedia dramática de institutos, con situaciones graciosas y con personajes con los que empatizas o simpatizas. Aunque con más frecuencia entre los secundarios que entre los protagonistas. Creo que sólo le queda una última temporada. Una por año de instituto, supongo. Se deja ver sin problemas.

Y la mejor de las tres de hoy es Only murders in the building, donde, además de unos buenos guiones en lo que es la investigación de los crímenes reales que se producen en el Arconia, el edificio del título. La sintonía entre Steve Martin, Martin Short y Selena Gomez es absoluta. Me ha sorprendido mucho y gratamente el buen trabajo interpretativo que hace esta chica, que ya no es tan joven como parece. Pero ya mostró buen hacer en un papel secundario de una de las últimas películas de Woody Allen. Y además hay que sumar el excelente trabajo de los diversos secundarios de la serie, entre los que destacaremos en esta ocasión a Tina Fey. Y sólo levantaríamos las cejas un poco por lo poco convencidos nos deja el trabajo de Cara Delevingne. Que yo pensaba que podía dar más de sí. También es cierto que su papel es muy circunstancial. Es una serie de crímenes desde el punto de vista de la comedia, y con unos protagonistas que arrastran problemas serios que resuelven relacionándose con los vecinos más insospechados. Me lo paso muy bien, me parece muy recomendable, y estoy deseando que llegue una tercera temporada.

Por cierto… no habrá segunda temporada de Paper Girls, al menos en Prime Video. La serie ha recibido buenas críticas de los especialistas y del público que la ha visto. Pero este último no ha llegado a los niveles previstos. Aunque parece que hay posibles de que la salven en otras cadenas. Lo cierto es que aunque los derroteros que ha cogido son distintos de los del cómic original, me gustaría saber dónde van a parar. Quizá reflexione en algún momento porque «bueno» no es siempre sinónimo de «duradero» en televisión. ¿Recordáis Firefly?

[Cine] Tenéis que venir a verla (2022)

Cine

Tenéis que venir a verla (2022; 34/20220622)

Esta película de Jonás Trueba dura sólo 64 minutos. Te cobran lo mismo que si durase 150 minutos. Pero a mí, intuitivamente, me sale decir que es un mediometraje, no un largometraje. Me entra la duda y me intento informar. Parece que la Academia de las artes y las ciencias cinematográficas, en España, no tiene una definición oficial de lo que es un corto-, medio- o largometraje. El diccionario de la RAE nos dice que un largometraje tiene «una duración generalmente superior a los 60 minutos». Dentro de la habitual ambigüedad académica, que cada cual interprete ese adverbio infiltrado en la definición, y que elimina cualquier precisión de la misma. Porque… ¿cuando 60 minutos sería largometraje y cuando no? O quizá la cosa vaya por debajo,… ¿en ocasiones 55 minutos contaría como largometraje aunque «generalmente» no?.

Lo más próximo que tengo a mano sobre la periferia madrileña son las fotos que hice en la etapa prólogo de mis recientes vacaciones a Italia y Austria, que transcurrió en Alcalá de Henares. Con las cercanías de Madrid… en dirección opuesta a Alpedrete,… donde se pierden los urbanitas protagonistas de la película de hoy.

Los franceses del Centre national de la cinématographie son más claros. No existen los mediometrajes. Cortometraje cuando durante entre 1 y 59 minutos, largometraje a partir de 60 minutos. Parece ser, no obstante, según nos dice la Wikipedia en francés, que François Truffaut, una autoridad muy respetable, sí que consideraría el mediometraje, entre los 30 y 65 minutos. Por razones de tradición histórica en el medio. Me gusta esta visión… supongo que porque se adapta a mi percepción absolutamente subjetiva de que esta película es un mediometraje.

No obstante, el mundo anglosajón, considera que los largometrajes (feature film) son cuando la duración de la película llega a los 40 minutos. O más. Claro. En fin… que esta película es cortita y se ve pronto. Y por supuesto, con ese título, es evidente que está haciendo un juego de palabras. Entre lo que sucede en el relato, en el que el pronombre la hace referencia a la casa de una pareja de protagonistas, y la invitación de los responsables de esta películita a verla.

Así que, peliculita de tono y ambiente postpandémico. Dos parejas jóvenes, pero no tanto, en sus treintaitantos. Clase media culta, con estudios universitarios, relacionados con el mundo de la cultura y el arte. Unos conservan todavía un punto de bohemia en su vida diaria, mientras que los otros anuncian que en el mundo pandémico se han instalado en una casa en la periferia madrileña, y van a tener un bebé. E invitan a su amigos a visitar su casa en esa periferia madrileña, cercana a las sierras. Lo cual hacen tras una minúscula odisea con las cercanías ferroviarias.

Trueba nos ofrece en esos 64 minutos una visión relativamente pesimista de unos tramos de edad en los que se supone que la persona tiene que estar en su plenitud personal, laboral o profesional. O por lo menos acercándose a ella. Aunque estamos en una sociedad en la que los tiempos se han ralentizado, y las personas «maduran» más tarde. Dos parejas de amigos. Una, que tiende a lo convencional. Casita en la periferia, que es más grande. Tener un bebé. Una vida tranquila, familiar. Pero, ¿lo hacen por convicción o porque toca? ¿O por resignación? La otra pareja, aferrándose a su estilo de vida urbanita, algo bohemio. Enganchados a sus artes y a sus lecturas… filosóficas, más o menos pretenciosas. La película se mueve, en lo que yo entiendo, entre la descripción de una realidad, más bien deprimente, y la parodia de esa realidad. Como en la lectura de ese tocho de Peter Sloterdijk, mal digerido por los protagonistas. Incluso por la entusiasta del texto, que se mueve entre las buenas intenciones y la más absoluta pedantería.

O eso me parece a mí, porque empieza a costarme entender las intenciones de algunos autores/directores. Nunca me he considerado el más listo de la clase, pero tampoco corto de entendederas. Pero empiezo a notar la distancia generacional. Y me cuesta comprender a los «jóvenes» maduros de esta película. Cuando dejé atrás mis años de universitario y de formación especializada, con 29 años y un trabajo estable, sentía la necesidad de reivindicar mi iniciativa, mi capacidad de aportar. Me sentía maduro y seguro. Incluso si me faltaba experiencia, me sentía seguro de mi formación. Y muchos de mis amigos y conocidos tenían ilusiones similares. Pero ahora siento que la gente de esas edades siente la necesidad de mantenerse en un estado de perpetua «juventud» irresponsable. Y soy consciente que me puedo estar equivocando. Pero obras como esta reafirman esta sensación.

La película se deja ver, por eso, pero no entusiasma. En los días entre su estreno en viernes y el miércoles cuando la vi, escuché muchos comentarios favorables, alguno incluso entusiasta, en diversos medios. Cada vez desconfío más de estos comentarios. Me da la sensación de que hay un intento de llevar al cine a la gente a ver la película que han hecho sus amigos, sobrevalorando producciones de cine nacional que no son malas, pero tampoco se elevan en exceso sobre la medianía. Y esto a la larga penaliza al cine español… porque dejas de confiar en él. Pocas cosas destacables en esta película, salvo algún parrafito puntual.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[Cine] Happy End (2017)

Cine

Happy End (2017; 36/20180722)

Qué duro es el verano para el amante del cine. De vez en cuando surge algún mirlo blanco, alguna joya tapada, algún éxito de cinematografías extrañas que te sorprende,… pero que desierta suele estar la cartelera estival de ideas y ejecuciones cinematográficas mínimamente inteligentes. Hace un rato, sin ir más lejos, consultando las recomendaciones para esta semana, veíamos que la más repetida en distintos medios es la referida a determinada saga de películas de acción que hace muchos años que nos resulta consistentemente estomagante, tanto por sus precedibles argumentos como por su insoportable protagonista, tan pagado de sí mismo, tan consistentemente representando una y otra vez el mismo papel, el que ha construido alrededor de sí mismo. Ante este desierto, fácil es que las próximas recomendaciones cinéfilas que aparezcan en estas páginas no procedan de las salas de cine, sino de lo que uno con paciencia recupera y descubre ante la pantalla de su televisor. Ya tengo uno en espera para hablar de algo tan importante como es el duelo, cuando alguien nos falta y no lo superamos fácilmente.

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Aunque la película tiene sabor francés, con algún toque británico, fotográficamente me iré a Viena, en «honor» al director; porque en cuestión de hipocresía burguesa, creo que la capital austriaca es un referente europeo, a la chita callando.

Pero hasta ese momento, habíamos puesto ciertas esperanzas en el cineasta de nacionalidad austriaca Michael Haneke, que a lo largo de su parsimoniosa carrera nos ha ofrecido unas cuantas obras maestras. Muy inquietantes, muy desasosegantes, pero obras maestras. Recordemos, Funny Games (la original de 1997), La pianistaLa cinta blancaAmor,… Y encima, en el reparto vemos, entre otros, a una de sus actrices predilectas, y reina de la interpretación europea en estos momentos, Isabelle Huppert, y al veteranísimo Jean-Louis Trintignant. Pero ya lo adelanto, en esta película sobre las hipocresías de la burguesía Haneke ha perdido su toque, y está a años-luz de las obras maestras mencionadas. Llegándose a hacer pesado, repetitivo, meramente oportunista. Ni el entregado trabajo de sus intérpretes basta para sacar adelante esta crítica, que se supone ácida, a los valores burgueses.

A través de los ojos de una enfurruñada niña de trece años cuya madre se encuentra gravemente enferma por un envenenamiento, y que se ve obligada a ir a vivir con la familia de su padre, asistimos al repertorio de comportamientos egoístas e hipócritas que sus familiares muestran en su día a día, al mismo tiempo que la familia se descompone de forma aparentemente inadvertida para sus miembros. Sólo la joven preadolescente es capaz de ver a través del «ojo» de su teléfono móvil lo que está pasando.

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Todo ello aderezado con otros elementos coyunturales. Especialmente el de la integración de los franceses de origen extranjero en la sociedad francesa, o elementos relacionados con la crisis de los refugiados. No en vano decide el director y guionista situar la acción en Calais, uno de los puntos calientes de la inmigración clandestina y la afluencia de refugiados, por la esperanza de muchos ellos de cruzar el Canal de la Mancha hacia una todavía menos hospitalaria Gran Bretaña. Pero existen demasiados antecedentes brillantes en la historia del cine, especialmente del cine francés, de crítica hacia la burguesía como para que esta desganada producción al mando del austriaco pase de ser un bache en la carrera del ya veterano realizador, que los próximos que cumpla serán ya los 77 años.

Falta por lo tanto profundidad, falta coherencia, falta riesgo, y lo elementos que pretenden epatar al espectador, no lo consiguen por falta de novedad, o de auténtica provocación. A estas alturas de la representación, hemos visto ya de todo.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

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[Cine] Amor y letras (2012)

Cine

Amor y letras (Liberal Arts, 2012), 22 de marzo de 2013.

Y aquí tenemos de nuevo al tremendo criminal que pone los títulos en castellano para la cartelera española poniendo un título cursi, porque habrá supuesto que la mayor parte de los españoles ignorará el concepto de artes liberales (lo pongo entre comillas porque lo estoy escribiendo en latín, que casualmente es igual que en castellano), y acogerán con más fervor un título tirando a cursi. No con mucho fervor, ya que pocos estábamos en la sala de cine este viernes a las cuatro y media de la tarde, donde nos metimos para hacer tiempo y de paso cumplir con el rito semanal de visitar las salas de cine. No llegábamos ni a diez. Creo que a cinco sí. La verdad es que esta película, dirigida por el televisivo Ted Mosby, es decir Josh Radnor, sin haber levantado entusiasmos tampoco quedaba más parada en las críticas. Y además tenía el aliciente de la presencia de Elizabeth Olsen, que nos gustó mucho hace unos meses en una inquietante película.

La película sigue las andanzas de Jesse (el propio Josh Radnor), soltero de 35 años que trabaja en el departamento de admisiones de una universidad neoyorquina. Y se encuentra un poco en crisis personal. En un momento dado, asiste al homenaje que se le ofrece a su antiguo profesor y tutor, el profesor Hoberg (Richard Jenkins) en la universidad donde estudió en Ohio, con motivo de su jubilación. Para él, en su recuerdo, fue una época dorada. Y en esta visita conocerá a una serie de estudiantes que le harán sentir de nuevo el ambiente universitario. Entre ellos estará Zibby (Elizabeth Olsen), una estudiante de primer año, 19 añitos, hija de unos amigos de Hoberg. Se caerán bien decidirán mantenerse en contacto, pero mediante las tradicionales cartas escritas a mano. Esto hará que ciertos sentimientos, pese a la diferencia de edad, surjan entre ambos. Y la crisis se producirá en el segundo encuentro entre ambos.

Hay más cosas. Una historia con una profesora, con un extraño estudiante con un gorro de lana rojo, y con otro no menos extraño estudiante que sufre de brotes de una enfermedad mental. El caso es que estamos ante la típica historia «de buen rollo», en la que todo el mundo es bueno, aunque a veces meten la pata o andan despistados. A mi la historia no me parece que esté del todo bien hilada. La historia de del protagonista y la chica jovencita no me parece del todo convincente, ni aun cuando el parezca realmente un inmaduro, algo se le ha pegado de su alter ego arquitecto televisivo, ni ella difícilmente pase por tener sólo 19 años. Y el resto de las historias me parecen metidas un poco con calzador. Y no digamos el happy end final, aunque vayan dando pistas por el camino.

La interpretación también es normalita. Es difícil no pensar en Ted Mosby cada vez que aparece en pantalla el protagonista; lo cual es paradójico porque siendo Mosby el protagonista de la serie televisiva a la que he hecho referencia antes, también es el personaje y el intérprete más soso de la misma. Y la Olsen, aunque muy guapetona, no está ni la cuarta parte de intensa ni de interesante que en la película que le vimos hace casi un año.

En fin… tampoco me pondré muy borde. La película no es ninguna catástrofe, se deja ver hasta cierto punto, y sirvió al efecto buscado de permitirnos pasar el tiempo entre dos compromisos sociales este viernes. Sin embargo, no tiene el tono o la calidad de otros productos similares de cine independiente que se han podido ver en otras ocasiones. Una ocasión fallida, puesto que con las premisas iniciales quizá se podría haber sacado algo más de partido. A ver si nos entonamos un poco, que desde que dejamos atrás la temporada de los óscar, no estamos encontrado películas que nos llamen gran cosa la atención. Estamos un poquito torpes.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

La música tiene gran importancia en la historia entre los dos protagonistas. Y últimamente por Zaragoza, encontramos muchos grupitos de jóvenes músicos, estudiantes de conservatorio, convertidos en músicos callejeros, porque las cosas deben andar realmente mal. Como este grupo de metales en Santa Engracia. Por cierto que la música era una de las "artes liberales". Curiosamente, encuadrada en el "quadrivium", junto con la aritmética, la geometría y la astronomía. No con el "trivium" que era más de letras como los protagonistas de esta historia. Qué cosas.

La música tiene gran importancia en la historia entre los dos protagonistas. Y últimamente por Zaragoza, encontramos muchos grupitos de jóvenes músicos, estudiantes de conservatorio, convertidos en músicos callejeros, porque las cosas deben andar realmente mal. Como este grupo de metales en Santa Engracia. Por cierto que la música era una de las «artes liberales». Curiosamente, encuadrada en el «quadrivium», junto con la aritmética, la geometría y la astronomía. No con el «trivium», que era más de letras como los protagonistas de esta historia. Qué cosas.

[Cine] Amor es todo lo que necesitas (2012)

Cine

Amor es todo lo que necesitas (Den skaldede frisør, 2012), 22 de diciembre de 2012.

Por algún motivo, la similitud del título con el de cierta canción de The Beatles tiraba para atrás. Pero cuando te enteras que el título original danés significa «la peluquera calva», te das cuenta que simplemente es que el maldito traductor de títulos, ese criminal contra la humanidad, está haciendo de las suyas otra vez. Considerando que es una comedia, lo que viene bien para una fiestas tan depresivas como las de estos días, y algún buen antecedente de la directora, Susanne Bier, decidimos que es una buen opción para este fin de semana.

Paisaje de la isla de Lolland

Por un momento, pensaríamos que vamos a tener una película con paisaje nórdico, como las llanuras de la isla de Lolland, en Dinamarca.

Sorrento

Pero es la bella costa de la ciudad de Sorrento, con sus hoteles y mansiones, en la escarpada península al sur del golfo de Nápoles donde sucede casi todo.

Y la película nos cuenta la historia de una peluquera, Ida (Trine Dyrholm), que efectivamente está calva por haber sido sometida a quimioterapia por un tumor canceroso de mama, y cuyo pronóstico final todavía está en el aire. La hija de Ida, Astrid (Molly Blixt Egelind), se va a casar Patrick (Sebastian Jessen), tras un noviazgo relámpago, en una finca que tiene Philip (Pierce Brosnan) el padre de Patrick en Italia. Este es un viudo que no ha sabido encontrar la alegría de la vida tras la muerte de su mujer, y se refugia en el trabajo, donde recibe las descaradas proposiciones de su ordinaria cuñada, Benedikte (Paprika Steen). Por otro lado, Ida descubre que su marido, Leif (Kim Bodnia), le engaña con la rubia tonta de contabilidad de su empresa, Thilde (Christiane Schaumburg-Müller), mucho más joven y muy mona. El encuentro de todos en la idílica finca situada evidentemente en Sorrento, desatará todos los demonios personales y familiares.

Isla de Capri

En varios momentos, al principio de la película, tengo la sensación de que está rodada en Capri. Incluso cogen una barca para desplazarse a la mansión del protagonista. Pero supongo que simplemente hemos de asumir que en la ficción, el lugar es indeterminado.

Isla de Capri

En cualquier caso, las costas de Capri son como una continuación de las sorrentinas.

Disfrazado de comedia romántica, no de las de reír sino de las de sonreír, nos encontramos con un drama familiar, de gentes de hoy en día. La chica joven con ganas de vivir la vida y ser feliz, de forma un tanto ingenua. El chico joven con una homosexualidad latente que le cuesta dejar salir, y que toma los caminos más fáciles ante la ausencia de un padre emocionalmente negado por el duelo por su esposa hace tiempo desaparecida. La adolescente con trastornos de conducta alimentaria agobiada por una madre egocéntrica y ordinaria. El hombre maduro que se niega a envejecer y dispara sus últimos cartuchos con una mujer mucho más joven. Y el personaje central, una mujer madura pero atractiva todavía, que ve mermado su atractivo, de forma real o psicológica, por su enfermedad, cuyo futuro está por definir, y que de repente encuentra vacía su vida. Sin marido, con sus hijos que son independientes,… En todo esto, en el planteamiento de los personajes, en el potencial de los mismos y sus interrelaciones, está la gran virtud de la película. Su debilidad está en que es irregular en el desarrollo de las mismas, con momentos más acertados y otros menos. Quizá se pierde demasiado en mostrar bonitas postales de la bella costa sorrentina, el golfo de Nápoles y otros paisajes de la Campania, en esa fascinación que ejerce el Mediterráneo sobre los nórdicos, aunque luego nos hagan responsables de todos los males del mundo. Hipócritas luteranos, que les encantaría darse a la buena vida y no se atreven.

Sorrento

Mansiones y hoteles en primera línea de mar a las que no es posible acceder, con accesos particulares al agua. Así es el lugar donde transcurre el filme.

Sorrento

Que eventualmente se ve iluminado por el cálido sol de la tarde mediterránea.

Quizá, el principal atractivo de la película es el reparto, en el que destaca la protagonista, Trine Dyrholm, mujer muy atractiva en sí misma, pero que al mismo tiempo sabe transmitir con convicción los conflictos y las contradicciones internas que sufre en un momento de cambios intensos en su vida. No he podido evitar realizar en mi mente comparaciones con la Cathy de The Big C, aunque haya diferencias notables en las personalidad y en los planteamientos de ambas mujeres. Pero ambas propuestas no dejan de ser variantes de un mismo tema. El resto del reparto, con un razonablemente solvente Brosnan a la cabeza, contribuyen con oficio a componer tan disfuncionales familias bajo apariencia de normalidad.

Como conclusión, podré deciros que es una propuesta razonable para ir a la sala de cine aunque claramente un escalón por debajo de lo que podría haber sido. Además se estira en su duración un poquito más de la cuenta, aunque nada grave. Y por otra parte, siempre es una delicia contemplar los paisajes sorrentinos, ese Mediterráneo maravilloso, con los que además os adorno un poco esta entrada.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

El Vesubio desde Sorrento

Y de vez en cuando, una panorámica del Golfo de Nápoles, con el durmiente Vesubio presidiéndolo.

[Televisión] Cosas de series: una chica mala y drogadicta, una chica desorientada y enferma, y chicas sin rumbo en Nueva York

Televisión

Hoy tenemos que comentar algunos finales de temporada, pero antes unas notas de servicio. Y es que el principio verano no le está sentando bien a las nuevas o viejas series, y muchas se están yendo a la papelera. Un drama médico con toques sobrenaturales, Saving Hope, no ha aguantado ni dos episodios. Ninguna emoción, y muchos tópicos. Me he cansado definitivamente de los vampiros de True Blood y de la histérica de Sookie (Anna Paquin); más de lo mismo. Adiós. Y el drama policiaco con toques de ciencia ficción, que tenía ciertos toques Terminator pero con una policía maciza en lugar de un robot protector, Continuum, definitivamente, un aburrimiento. Se me está llenando la papelera.

Vamos pues con los finales de temporada. Primero las veteranas, después las nuevas. Que son todas, chicas.

The Big C (temporada 3)

Las aventuras de Cathy (Laura Linney) se me han desinchado mucho después del climático final de la temporada pasada. Es como si Cathy sin cáncer se difuminara en la vulgaridad. Por que el resto de la familia tampoco ha estado especialmente interesante. Ni siquiera la participación de Joy (Susan Sarandon) ha dado realmente salsa a la historia. La he mantenido en cartelera en memoria de los buenos momentos, y por si recupera en el futuro la frescura que tuvo en su momento. Ya veremos. Nada convencido me he quedado.

Nurse Jackie (temporada 4)

Sin embargo, Jackie Peyton (Edie Falco) en sus intentos por desintoxicarse a su modo ha estado mejor que en la temporada anterior. La hemos visto evolucionar, sin dejar de ser ella misma. Quizá la subtrama más pobre ha sido la del divorcio y las niñas. Pero su vida dentro del hospital, especialmente su agonismo/antagonismo con el nuevo director Mike Cruz (Bobby Cannavale), ha dado mucho de sí y de buen nivel. Pero es que una de las cosas buenas de esta serie es que los secundarios son una comparsa estupenda para las aventuras de la protagonista. Con las ganas que dan de adoptar a Zoey (), con el excelente y británico humor y el embarazo de Eleanor O’Hara (), con el adorable/aborrecible Coop (), y todos los demás, no hay momento de aburrimiento en el All Saints’ Hospital neoyorquino. Espero con ganas la quinta.

Girls (temporada 1)

Una de las novedades y una de las sensaciones de la primavera. Serie de la HBO sobre un grupo de chicas de veintinomuchos, recién salidas de la universidad, que batallan por encontrar su camino en la vida, en lo laboral, en lo social, en lo sentimental,… Frente al glamour que destilaba Sex and the City (Sexo en Nueva York), también de la HBO, aquí nos encontramos con gente normal, no especialmente guapa, con sexo pero mucho menos vistoso, incluso cutre,… Con este antagonismo, que es menos de lo que aparenta, han jugado mucho. La serie, no ha estado mal. Por lo menos ha estado lo suficientemente bien para que la siguiera hasta el final y haya decidido ver la segunda temporada. Pero no me ha entusiasmado tanto. Motivos,… Porque tengo una brecha generacional que me impida identificarme con la situaciones,… Que la brecha, más que generacional, sea cultural,… Que mis vivencias de la época en que yo tenía esas edades no se correspondieran, aunque las inquietudes no fueran muy distintas,… Que el patetismo que despliegan sus personajes sea excesivo como para hacerme empatizar con ellos,… No lo sé. He de decir que su protagonista, Hannah (Lena Dunham), me carga un poco. O bastante. Que no me parece suficientemente coral. Me interesa todo el conjunto de personajes, pero me muestran mucho de Hannah y excesivamente poco del resto. Bueno. Un conjunto de cosas. Pero bueno, como he dicho seguiré con ella, al menos una temporada más. Después, dependerá de cómo evolucione.

Y bueno. De momento esto es todo. Quizá la semana comente algún final de serie británica, que siempre son interesantes.

Por algún motivo que desconozco, la siguiente fotografía, que publiqué en mi Tumblr hace casi tres semanas, ha recibido en el último día un interés notable, siendo la que más «me gustas» ha cosechado de todas las que he publicado en De viaje con Carlos. Hecha con una muy modesta para los estándares actuales Canon Ixus 400 de 4 megapíxeles, me parece que es correcta como documento pero poco más. Ni siquiera el equilibro de color está en su sitio. O a lo mejor es que ni yo mismo sé reconocer mis virtudes fotográficas. Bueno. Cosas que pasan.

Iglesia de estilo románico lombardo en Bagüés, en el Pirineo aragonés.