[Libro] Luz de guerra

Literatura

De entrada decir, para dejar las cosas claras desde el principio, que este libro del canadiense, nacido en Sri-Lanka, Michael Ondaatje ha sido una de las sorpresas más agradables de lo que llevo de año de lectura. Ondaatje alcanzó cierta celebridad por ser el autor de la novela en la que se baso la película del mismo título, The English Patient, que arrasó en la ceremonia de entrega de los Oscar de marzo de 1997, y con razón. Pero su carrera es algo más que aquella novela puntual, como he podido comprobar en alguna ocasión. Y cuando hace poco leí que recientemente se había publicado la traducción de su última novela, decidí ponerme a ella.

Los canales navegables de Londres y que comunican la capital con sus alrededores, para el transporte de mercancías, legítimas o ilegítimas, tiene su importancia en la trama, y es lo que os traigo aquí.

Estamos ante una novela compleja. Difícil de adscribir a un género determinado. ¿Es un drama familiar? ¿Es una historia de transición de un adolescente hacia las complejidades del mundo adulto? ¿Es una de las mejores historias de espionaje que he leído en mi vida, y al mismo tiempo, alejada de todas las convenciones del género? ¿Es una crítica a unos modos de hacer y entender los servicios de inteligencia de los países desarrollados, específicamente el Reino Unido? O simplemente, todo ello al mismo tiempo.

En el momento en que al protagonista, narrador en primera persona de la historia, y a su hermana, de 14 y 16 años respectivamente, les comunican que sus padres se van durante un año a trabajar en Asia y que se quedan al cuidado de un amigo de la familia, les cambia la vida. Estamos en el principio de la posguerra mundial. En un Londres que sufre las cicatrices y las carencias derivadas del conflicto mundial. Donde el límite entre el bien y el mal se ha difuminado, en el que el de la clandestinidad patriótica y la criminal ha desaparecido. En ese ámbito, el joven protagonista descubrirá el mundo, las mujeres, el sexo, y acabará por despertar totalmente del mundo de la despreocupación en el trágico momento en que regresará su madre, iniciando una vida de adulta marcada por la incertidumbre de quienes son sus personas cercanas, de quién es el mismo.

Estamos ante una historia que nos da sorpresas, que evoluciona. Que cambia de género conforme su protagonista descubre el mundo. Estamos ante una novela en la que hay profundas reflexiones éticas, que toma partido ante el cinismo que conlleva la desaparición de esos límites entre lo adecuado y malvado, muchas veces por iniciativa de las propias estructuras públicas del estado que deberían velar por los valores de una sociedad que presume de haber combatido a la tiranía en nombre de la democracia. Hay drama, algún momento para el relajo humorístico y alguna que otra tragedia. Probablemente inevitables.

Una de las mejores obras de ficción que he leído este año. Una de las mejores novelas que he leído en general. Una demostración de la profundidad de los temas y del dominio de la prosa que tiene Ondaatje. No es la lectura más fácil en ocasiones, pero es de las más ricas. Totalmente recomendable.

[Cine] Tell it to the bees (2018)

Cine

Tell it tho the bees (2018; 33/20190627)

Estamos en el mes/semana/día del Orgullo. No sé exactamente el intervalo temporal que abarca esta celebración, todos ellos se pueden leer en las noticias, que comenzó como revuelta allá por 1969, hace 50 años, en el Greenwich Village de Nueva York, ante el acoso policial hacia el coletivo gai y otros colectivos relacionados con la diversidad en la orientación sexual y en la identidad del género que es propia del género humano, pese a lo que piensen aquellos sectores más conservadores de la sociedad. Como consecuencia de la progresiva liberalización del pensamiento, de las legislaciones y de las costumbres, cada vez hay más oportunidades para contar las historias de estos colectivos. En plural. Porque la diversidad humana se da en cualquier grupo, y las etiquetas cerradas corren el riesgo de poner siempre nuevas barreras. Nuevamente, los colectivos más conservadores de la sociedad se quejan de que en la actualidad los temas sobre la diversidad en la orientación sexual y la identidad de género están sobrerrepresentados. Bueno, no nos olvidemos que cuando se nos cuenta una historia de ficción, en los libros, en la televisión, en el cine, en el teatro, esta implica siempre un conflicto que desencadena el movimiento de esa historia de ficción. Y los colectivos de los que hablamos hoy no han andado escasos de conflictos; por lo tanto, probablemente no, no están excesivamente representados en la ficción cinematográfica.

La coqueta población de Culross, en el estuario del Forth, nos servirá para representar a la Escocia rural en la que transcurre la historia de la película de hoy.

Y en estas estamos con esta película británica firmada por Annabel Jankel, directora poco prolífica de la que yo no tenía referencias. Pero el reparto parecía razonablemente prometedor. Con Anna Paquin en el papel de la doctora Jean Markham, que vuelve a su pueblo natal en Escocia tras la muerte de su padre, para hacerse caso de su casa y de su consulta, y Holliday Grainger encarnando a Lydia, una joven madre de la posguerra mundial, con un hijo a su cargo (Gregor Selkirk), cuyo marido los ha abandonado para irse con otra mujer, ocasionando dificultades en su mantenimiento económico, y un cierto rechazo del resto del pueblo que ven en Lydia una extraña, alguien que no es del pueblo. Ambas mujeres se acercarán en sus dificultades, y entre ellas surgirá una atracción que complicará más la situación en una sociedad cerrada, rural, muy conservadora, en esa posguerra británica tintada de un horrible color gris mediocre.

Con la buena mano que tienen los británicos para las películas de época, con el buen oficio que tienen los intérpretes británicos, a poco que el guion estuviera un poco esmerado la película tenía que funcionar razonablemente bien. Sin embargo, no es así. La película es previsible, los personajes son superficiales, las situaciones son tópicas, y todo está tan milimétricamente organizado en el desarrollo de la historia, que falta corazón o hígados, según lo que toque en cada momento. No basta que haya una historia de amor entre dos mujeres, tiene que haber algo más a la hora de contarla para que interese, que una sucesión de lugares comunes, que tiene al final algo de pastiche, cuando se mezcla con una tremenda secuencia de un aborto provocado, que siendo de lo más interesante del filme, también se siente como forzado y un tanto sensacionalista. Ahí podría haber otra historia interesante, la de la joven Annie (Lauren Lyle), que se debería de contar con esmero y cuidado y no como oportuno (u oportunista) recurso argumental para ajustar el discutible final de la película por el lado de la doctora Markham.

Así pues, aunque correctamente interpretada, esta película está dirigida con oficio pero sin alma, y la historia acaba discurriendo sin pena ni gloria, con alguna escena de carácter preternatural con el tema de las abejitas, que te deja incómodo, ya que actúa prácticamente como un deus ex-machina que acaba por sacarte de la historia. Una historia que merecía mejor tratamiento.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **