[Libro] Un artista del mundo flotante – Kazuo Ishiguro

Literatura

Comentaba hace unas semanas la novela más reciente de Kazuo Ishiguro. Escritor de origen japonés y nacido en Japón, pero que lleva viviendo en el Reino Unido desde los cinco años de edad, tiene la nacionalidad británica y escribe en inglés. Y con ese motivo, recordaba que era mi segunda novela del autor en el ámbito del género distópico, mientras que la otra novela que había leído, dos veces, era un retorno a sus raíces niponas. En mis últimas vacaciones volví a una novela en la que Ishiguro retorna al Japón de posguerra, poniendo en la picota la actitud de los artistas e intelectuales del país ante la perniciosa ideología militarista y totalitaria que llevó al país al desastre de la guerra.

El Tokio contemporáneo es una metrópoli multicéntrica, donde el equivalente a ese mundo flotante de los artistas del periodo Edo se encuentra repartido por distintos distritos de la capital japonesa. Pero sin duda, el barrio de Kabukicho en Shinjuku es el más conocido y amplio de los barrios del placer y el entretenimiento para adultos (por decirlo eufemísticamente) de Tokio y de Japón.

En la novela, conocemos al señor Ono, un pintor retirado, narrador en primera persona del relato. Son los años inmediatos al final de la guerra mundial, entre 1948 y 1950. Ono se ve a sí mismo como un artista con prestigio e influencia social. Ha perdido a un hijo en Manchuria durante la guerra, y a su mujer en un bombardeo. Su hija mayor está casada, y su hija menor, con 26 años está en negociaciones con un pretendiente, a través de un omiai (お見合い), el proceso tradicional para los matrimonios concertados. Uno de estos omiai ha fracasado. Y aunque no se lo dicen con claridad, su yerno y sus hijas achacan el fracaso a su postura favorable al régimen militarista que llevó al país a la guerra y al desastre. Con el país bajo la ocupación y la administración de los Estados Unidos y con un revisionismo general de la historia reciente del país, el pasado y las opiniones de su padre son vistas como una amenaza por las hijas. Mientras, Ono recuerda episodios de su pasado, desde que era un joven artista hasta sus años de esplendor inmediatamente antes del conflicto bélico.

La novela es un ejemplo brillante de un relato contado en primera persona por un narrador no fiable. Sea por la edad del narrador, sea por la deformación de la realidad que produce el paso del tiempo, sea por el desea de presentarse a sí mismo bajo una luz favorable hacia sus opiniones y sus actos en el pasado, constantemente nos surgen dudas sobre la realidad y la objetividad de lo que nos narra. Incluso el mismo introduce la duda cuando reconoce que las palabras que reproduce pueden ser o no las suyas… aunque según él sean adecuadas a lo sucedido. Sabremos, de todos modos, que fue un pintor adepto al régimen, y que colaboró en la creación de piezas propagandísticas de exaltación de las presuntas virtudes del pueblo y del régimen nipón.

El artista del mundo flotante al que alude el título no es el protagonista y narrador del libro. El mundo flotante, ukiyo (浮世), es el mundo de los barrios del entretenimiento y el placer de las ciudades, especialmente Edo (luego llamada Tokio), durante el periodo del shogunato anterior a la restauración Meiji. Una de las manifestaciones artísticas más conocidas de ese periodo fueron las estampas ukiyo-e (浮世絵), estampas del mundo flotante, que representaban imágenes fugaces de la vida cotidiana de las ciudades japonesas en ese periodo, así como retratos de geishas, cortesanas, actores de teatro y otras gentes de ese mundo flotante, fugaz, liviano. Aunque luego la denominación incluyó estampas con temas diversos, pero realizadas con las mismas técnicas de grabado en madera y estampado, como los paisajes de las vistas del monte Fuji o de las estaciones de la ruta Tokaido de artistas como Utamaro, Hiroshige o Hokusai. El maestro de Ono era el artista del mundo flotante, que se sintió traicionado por Ono cuando este comenzó a pintar los motivos de exaltación al régimen ultranacionalista, militarista y totalitario.

Por lo tanto, la novela de Ishiguro tiene dos vertientes, ambas interesantes; la privada del narrador, en la que no deja de percibirse el conflicto interno sobre su vida, aun con sus constantes intentos de autojustificación, y la censura ante los artistas e intelectuales que, por convicción o por conveniencia, se pliegan a los deseos, los temas o las ideologías dominantes, por injustas o perniciosas que estos sean. Es, por lo tanto, una reflexión sobre la responsabilidad colectiva sobre los momentos más oscuros de la historia de los países, las sociedades o las comunidades. Y con el paso del tiempo, el libro va creciendo en mi memoria y en mi consideración, por lo que me parece altamente recomendable, tanto por su tema como por la forma en que está presentado. Quizá, de lo único que me arrepienta, es de no haber optado por la versión original en inglés.

[Libro] Luz de guerra

Literatura

De entrada decir, para dejar las cosas claras desde el principio, que este libro del canadiense, nacido en Sri-Lanka, Michael Ondaatje ha sido una de las sorpresas más agradables de lo que llevo de año de lectura. Ondaatje alcanzó cierta celebridad por ser el autor de la novela en la que se baso la película del mismo título, The English Patient, que arrasó en la ceremonia de entrega de los Oscar de marzo de 1997, y con razón. Pero su carrera es algo más que aquella novela puntual, como he podido comprobar en alguna ocasión. Y cuando hace poco leí que recientemente se había publicado la traducción de su última novela, decidí ponerme a ella.

Los canales navegables de Londres y que comunican la capital con sus alrededores, para el transporte de mercancías, legítimas o ilegítimas, tiene su importancia en la trama, y es lo que os traigo aquí.

Estamos ante una novela compleja. Difícil de adscribir a un género determinado. ¿Es un drama familiar? ¿Es una historia de transición de un adolescente hacia las complejidades del mundo adulto? ¿Es una de las mejores historias de espionaje que he leído en mi vida, y al mismo tiempo, alejada de todas las convenciones del género? ¿Es una crítica a unos modos de hacer y entender los servicios de inteligencia de los países desarrollados, específicamente el Reino Unido? O simplemente, todo ello al mismo tiempo.

En el momento en que al protagonista, narrador en primera persona de la historia, y a su hermana, de 14 y 16 años respectivamente, les comunican que sus padres se van durante un año a trabajar en Asia y que se quedan al cuidado de un amigo de la familia, les cambia la vida. Estamos en el principio de la posguerra mundial. En un Londres que sufre las cicatrices y las carencias derivadas del conflicto mundial. Donde el límite entre el bien y el mal se ha difuminado, en el que el de la clandestinidad patriótica y la criminal ha desaparecido. En ese ámbito, el joven protagonista descubrirá el mundo, las mujeres, el sexo, y acabará por despertar totalmente del mundo de la despreocupación en el trágico momento en que regresará su madre, iniciando una vida de adulta marcada por la incertidumbre de quienes son sus personas cercanas, de quién es el mismo.

Estamos ante una historia que nos da sorpresas, que evoluciona. Que cambia de género conforme su protagonista descubre el mundo. Estamos ante una novela en la que hay profundas reflexiones éticas, que toma partido ante el cinismo que conlleva la desaparición de esos límites entre lo adecuado y malvado, muchas veces por iniciativa de las propias estructuras públicas del estado que deberían velar por los valores de una sociedad que presume de haber combatido a la tiranía en nombre de la democracia. Hay drama, algún momento para el relajo humorístico y alguna que otra tragedia. Probablemente inevitables.

Una de las mejores obras de ficción que he leído este año. Una de las mejores novelas que he leído en general. Una demostración de la profundidad de los temas y del dominio de la prosa que tiene Ondaatje. No es la lectura más fácil en ocasiones, pero es de las más ricas. Totalmente recomendable.

[Cine] Tell it to the bees (2018)

Cine

Tell it tho the bees (2018; 33/20190627)

Estamos en el mes/semana/día del Orgullo. No sé exactamente el intervalo temporal que abarca esta celebración, todos ellos se pueden leer en las noticias, que comenzó como revuelta allá por 1969, hace 50 años, en el Greenwich Village de Nueva York, ante el acoso policial hacia el coletivo gai y otros colectivos relacionados con la diversidad en la orientación sexual y en la identidad del género que es propia del género humano, pese a lo que piensen aquellos sectores más conservadores de la sociedad. Como consecuencia de la progresiva liberalización del pensamiento, de las legislaciones y de las costumbres, cada vez hay más oportunidades para contar las historias de estos colectivos. En plural. Porque la diversidad humana se da en cualquier grupo, y las etiquetas cerradas corren el riesgo de poner siempre nuevas barreras. Nuevamente, los colectivos más conservadores de la sociedad se quejan de que en la actualidad los temas sobre la diversidad en la orientación sexual y la identidad de género están sobrerrepresentados. Bueno, no nos olvidemos que cuando se nos cuenta una historia de ficción, en los libros, en la televisión, en el cine, en el teatro, esta implica siempre un conflicto que desencadena el movimiento de esa historia de ficción. Y los colectivos de los que hablamos hoy no han andado escasos de conflictos; por lo tanto, probablemente no, no están excesivamente representados en la ficción cinematográfica.

La coqueta población de Culross, en el estuario del Forth, nos servirá para representar a la Escocia rural en la que transcurre la historia de la película de hoy.

Y en estas estamos con esta película británica firmada por Annabel Jankel, directora poco prolífica de la que yo no tenía referencias. Pero el reparto parecía razonablemente prometedor. Con Anna Paquin en el papel de la doctora Jean Markham, que vuelve a su pueblo natal en Escocia tras la muerte de su padre, para hacerse caso de su casa y de su consulta, y Holliday Grainger encarnando a Lydia, una joven madre de la posguerra mundial, con un hijo a su cargo (Gregor Selkirk), cuyo marido los ha abandonado para irse con otra mujer, ocasionando dificultades en su mantenimiento económico, y un cierto rechazo del resto del pueblo que ven en Lydia una extraña, alguien que no es del pueblo. Ambas mujeres se acercarán en sus dificultades, y entre ellas surgirá una atracción que complicará más la situación en una sociedad cerrada, rural, muy conservadora, en esa posguerra británica tintada de un horrible color gris mediocre.

Con la buena mano que tienen los británicos para las películas de época, con el buen oficio que tienen los intérpretes británicos, a poco que el guion estuviera un poco esmerado la película tenía que funcionar razonablemente bien. Sin embargo, no es así. La película es previsible, los personajes son superficiales, las situaciones son tópicas, y todo está tan milimétricamente organizado en el desarrollo de la historia, que falta corazón o hígados, según lo que toque en cada momento. No basta que haya una historia de amor entre dos mujeres, tiene que haber algo más a la hora de contarla para que interese, que una sucesión de lugares comunes, que tiene al final algo de pastiche, cuando se mezcla con una tremenda secuencia de un aborto provocado, que siendo de lo más interesante del filme, también se siente como forzado y un tanto sensacionalista. Ahí podría haber otra historia interesante, la de la joven Annie (Lauren Lyle), que se debería de contar con esmero y cuidado y no como oportuno (u oportunista) recurso argumental para ajustar el discutible final de la película por el lado de la doctora Markham.

Así pues, aunque correctamente interpretada, esta película está dirigida con oficio pero sin alma, y la historia acaba discurriendo sin pena ni gloria, con alguna escena de carácter preternatural con el tema de las abejitas, que te deja incómodo, ya que actúa prácticamente como un deus ex-machina que acaba por sacarte de la historia. Una historia que merecía mejor tratamiento.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **