[Recomendación fotográfica] En PhotoEspaña, lo que no es Carta Blanca

Fotografía

Como comentaba el domingo, el sábado estuve en Madrid, visitando exposiciones de PhotoEspaña 2018, con un grupo de colegas de la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ. Como sucede en otras ocasiones en las que sólo dispongo/disponemos de un día para visitar exposiciones, lo habitual es centrarse en las que se celebran en los ejes Alcalá-Gran Vía y Recoletos-Paseo del Prado, que permiten desplazarse caminando de una a otra sin perder mucho tiempo. Casi todas pertenecen a la sección oficial, alguna no. Y algunas de ellas pertenece a la sección Carta Blanca, en la que se permite a un fotógrafo de prestigio proponer o comisariar algunas de las propuestas expositivas del festival. Este año, la invitada es Cristina de Middel; pero de la sección Carta Blanca comentaré otro día. Y luego está la exposición que no era de PhotoEspaña.

No mencionaré todas las exposiciones, sólo las que más me llamaron la atención.

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En el Círculo de Bellas Artes hubo dos que atrajeron mi atención. La más llamativa es El siglo soviético, una selección de los fondos de fotografía soviética entre 1917 y 1972 del Archivo Lafuente, en el que podemos seguir con bastante precisión la evolución y las tendencias en la fotografía de la Unión Soviética durante este período de tiempo. Desde el interesantísimo constructivismo ruso representado por Aleksandr Ródchenko, hasta la fotografía claramente propagandística del estalinismo o de la posguerra mundial. Sin embargo, las fotografías que más llamaron la atención por su calidad y por su contenido fueron las del conflicto bélico con la Alemania nazi.  Conviene detenerse en el documental dedicado a Yevgueni Jaldéi, soldado fotógrafo soviético de origen judío a quien debemos algunas de las fotografías más icónicas del conflicto, incluyendo el izado de la bandera roja sobre el Reichstach en Berlín en 1945, pero que por su origen judío fue marginado en la posguerra, permaneciendo desconocido hasta la década de los ochenta del siglo XX.

También en el Círculo de Bellas Artes encontramos una exposición de fotografía africana con dos grupos de fotografías. Realizadas todas ellas en Senegal, por un lado grandes ampliaciones de un fotógrafo anónimo, retratando a personas de la sociedad senegalesa en Saint-Louis. Por otro lado, copias vintage del influyente estudio de Mama Casset. En todas ellas se pone de manifiesto que, lejos de la tendencia de los fotógrafos occidentales de fotografiar o el tipismo primitivista o la miseria de África, estos fotógrafos muestran gente alegre, bien vestida y educada. Rompiendo un poco los esquemas y los estereotipos.

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En el Instituto Cervantes encontramos Evolucionarios, muestras del trabajo de los finalistas y ganadores del premio de fotografía Fundación ENAIRE. Es una exposición colectiva, en la que se aprecia cierta tendencia a primar los temas medioambientales, pero a la que quizá falta profundidad. Encontré más interesante el catálogo que la propia exposición, y cómo sólo costaba 10 euros, lo compré. Aun tengo pendiente hojearlo detenidamente.

La galería de la tienda de Loewe en Gran Vía nos muestra los trabajos y colaboraciones de los fotógrafos y artistas contemporáneos Peter Hujar y David Wojnarowicz. Sorprende la descripción de la exposición que aparece en el sitio oficial de PhotoEspaña, que habla de retratos y de la transformación del paisaje urbano de Manhattan. Ambos artistas fueron militantes activistas del movimiento LGBT, y la exposición es claramente una declaración de principios en cuanto a los miembros destacados de esa comunidad, y de su aspiración a una libertad en su afectividad y en su sexualidad.

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Aparte de estas exposiciones, mencionar que en CentroCentro, el edificio del antiguo Palacio de Comunicaciones, visitamos una exposición de Lara Albuixech, no perteneciente a PhotoEspaña sino a la programación propia de este centro cultural del ayuntamiento madrileño, en la que da repaso a la memoria histórica de la triste y catastrófica descolonización del Sahara Occidental, y la deuda que con su pueblo contrajo y nunca pagó el estado español. Y lo hace desde la nostalgia de haber pertenecido a una familia que durante un tiempo, durante su infancia, vivió allí. Trabajo claro, directo, honesto, con excelentes retratos y fotografías de lugares evocados.

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[Cine] The Death of Stalin (2017)

Cine

The Death of Stalin (2018; 18/20180316)

Hemos tenido un fin de semana muy ajetreado en lo cinematográfico, con cosas buenas, no tan buenas y francamente mediocre. Iremos comentándolo poco a poco. De momento, iremos con esta comedia coral por el escocés Armando Iannucci (no parece escocés con ese nombre, verdad), una sátira sobre el funcionamiento interno de los sistemas políticos autoritarios.

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No he tenido ocasión de visitar Rusia. Y últimamente no me atrae mucho la idea de ir por allí. A punto estuvimos de visitar San Petersburgo en 2007, pero no pudo ser. De las ciudades de la Europa central y oriental que estuvieron marcadas por los regímenes prosoviéticos, la que más partido comercial saca al asunto probablemente sea Berlín. Y por allí recorremos lugares que nos lo recuerdan.

El escenario elegido es el de la muerte del dictador soviético Iosif Stalin (Adrian McLoughlin) que se produce en medio de un repunte del sistema de purgas más o menos indiscriminadas por las que se caracterizó, entre otras cosas, el gobierno de este nefasto dictador. Tras el accidente cerebrovascular que desencadenó la muerte del dictador, comienza el tira y afloja entre las figuras del gobierno soviético, tales como Kruschev (Steve Buscemi), Beria (Simon Russell Beale), Malenkov (Jeffrey Tambor) o Molotov (Michael Palin). Todo ello, como he mencionado, en clave de sátira.

La película tiene un carácter coral. No hay un protagonista definido, y al mismo tiempo cada personaje tiene su momento de protagonismo. Tampoco busca un rigor histórico, aunque se toma en serio la historia, tomando los elementos clave de lo que sucedió, o mejor dicho de los que se cree que sucedió, para combinarlos en un argumento razonablemente ágil.

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Digo razonablemente porque, aunque en su conjunto la película se sostiene bastante bien, tiene algún altibajo en su desarrollo. Lo esencial es que se realiza una crítica a los corruptos sistemas de decisión de cualquier régimen totalitario a través de la ridiculización y desmitificación de unos señores que la verdad es que dieron en su momento mucho miedo.

Una de las claves del buen resultado de la función es la enorme calidad que atesora el reparto. Formado por un número amplio de actores que muchas veces no alcanzan el carácter de protagonistas en las producciones donde participan, sí que son intérpretes de gran versatilidad y solidez. Probablente sean Buscemi y Tambor lo que tienen los papeles más golosos y de mejor lucimiento, pero todo el reparto está a buen nivel. A los mencionados podríamos añadir Olga Kurylenko (la pianista María Yudina), Paddy Considine (Andreyev), Andrea Riseborough (Svetlana Stalin), Jason Isaacs (mariscla Zhúkov) o Rupert Friend (Vasily Stalin), entre otros.

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Hay momentos realmente muy divertidos. Y la película aprovechará más a quienes conozcan la historia y el significado de los distintos personajes que aparecen. Pero puede satisfacer a cualquiera. No es un producto perfecto, pero es más que razonable y razonablemente recomendable. Y si algo faltaba para tal recomendación, decir que no ha sido autorizada su distribución en Rusia, lo que en estos momentos de resaca de las plebiscitaria elecciones del gigante eslavo, indica lo que hay todavía en aquel peligroso país.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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[Libro] Todo lo que tengo lo llevo conmigo

Literatura

La concesión del Nobel en 2009 a la escritora germanorumana Herta Müller sorprendió un poco al personal. Aunque escritora en un idioma con amplia tradición literaria, y con potencia social y politica en el mundo actual, el alemán, Müller nació y creció dentro de una minoría, la de los denominados sajones de Transilvania. Un grupo étnicamente alemán que se asentó desde la edad media en esta región actualmente rumana, y que durante siglos convivió con otras etnias como las de origen magiar o rumano. Minoría que tuvo poder político y social durante mucho tiempo, pero a la que los avatares del siglo XX han colocado en una situación delicada.

Yo visité Rumania en dos ocasiones, en 1987 y 1995, y en alguna de sus ciudades, Brașov (Kronstadt) y Sighișoara (Schässburg), pertenecientes a las Siebenbürgen (Siete ciudades), región donde se asentaron estas comunidades, encontré testimonios de la presencia de la cultura germánica en la zona.

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Como digo en el texto en su momento realicé un par de viajes a Rumania. La primera dos años antes del fin de la dictadura de Nicolae Ceaușescu, la segunda seis años después. En esta segunda además de Brașov, en esta foto, visité también Sighișoara, en el resto de las fotos, ambas ciudades que históricamente acogieron a los alemanes étnicos en Transilvania.

Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos de estos alemanes en el extranjero (Auslandsdeutsche), calificación que ahora les permite optar directamente a emigrar a la República Federal de Alemania y adquirir la nacionalidad alemana, abrazaron la causa del nazionalsocialismo ante el declive secular de su influencia social y política en la región. Las consecuencias para ellos cuando Rumania se dio la vuelta contra su aliado alemán y firmó la paz con la Unión Soviética fue tremenda. Prácticamente toda la población germanorrumana entre 17 y 45 años fue deportada a territorio soviético para trabajar en las “reparaciones de guerra”. En la práctica, trabajo esclavo del que muchos no volvieron por las inhumanas condiciones en las que se vieron obligados a malvivir.

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Los padres de Müller vivieron esa época agitada. Su madre fue una de las trabajadoras forzadas que sobrevivió a los cinco años de esclavitud. Un tema que fue tabú en su casa. En un momento dado, en el cambio de siglo, la escritora inició un proyecto fruto de sus conversaciones con el poeta Oskar Pastior, también de origen germanorrumano, que fue un superviviente de la deportación, que conllevaba la publicación mano a mano de un libro basado en las memorias de este último. Sin embargo, la muerte de Pastior en 2006 hizo que Müller reconvirtiese el proyecto en una novela, poema en prosa lo denominan en algún lugar, de carácter ficticio, sobre un joven llamado Leo, basada en las vivencias del poeta. Este libro que en el original alemán se denomina Atemschaukel (algo así como la “oscilación del aliento”), y en la versión inglesa es The Hunger Angel (“el ángel del hambre”, expresión que aparece repetidamente en la novela) es el que he leído estas semanas atrás, en versión electrónica, publicado por Siruela en su colección Nuevos Tiempos. Un libro duro, muy duro, en el que el hambre, la nostalgia por el hogar, y las complejas y patológicas relaciones que se establecen entre los deportados, componen una historia, o más bien una imagen, sobre el ser humano que no invita especialmente al optimismo y a la fe en la especie.

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Comencé la lectura con fuerza, con mucho interés. Y la prosa de Müller invita a su lectura continuada. Pero tuve que hacer algún parón, dada la intensidad de los sentimientos expresados y de los hechos narrados. Una enésima versión del tema del homo homini lupus; el hombre es un lobo para el hombre. También es un reflejo que nos debiera hacer pensar sobre las consecuencias de determinadas políticas, sobre lo próximos que estamos siempre de caer en los vicios de los nacionalismos, de los populismos, de los autoritarismos, y de las consecuencias que traen para el ser humano corriente, que muchas veces opta por la pasividad cuando estas tendencias se arraigan en las comunidades. Muy recomendable. Pero no para momentos de depresión.

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[Libro] La guerra no tiene rostro de mujer

Literatura

Cuando el año pasado se anunció la ganadora del Premio Nobel de Literatura, la bielorrusa Svetlana Alexiévich, hubo determinados aspectos de su biografía que me atrajeron y me asomé a los comentarios que había sobre su obra. En los últimos tiempos, el comité encargado de conceder los premios se preocupa de premiar de vez en cuando a escritores de lenguas o países poco corrientes. Bueno… Alexiévich escribe en ruso, así que poco corriente su idioma no es. Pero lo de que sea bielorrusa es más raro. Aunque nació soviética. Y las consecuencias de haber nacido y vivido en el gigante caído han marcado su escritura. De entre todo los títulos de su bibliografía me llamó la atención el que hoy os traigo aquí. A ver que tal.

La guerra no tiene rostro de mujer
Svetlana Alexiévich; traducción de Yulia Dobrovolskaia y Zahara García González
Debate, noviembre de 2015
Edición electrónica

En julio de 2014, durante unas cortas, y acortadas a la fuerza, vacaciones visité el Moderna Museet en Malmo.

En julio de 2014, durante unas cortas, y acortadas a la fuerza, vacaciones visité el Moderna Museet en Malmo.

En primer lugar, por si no ha quedado claro, probablemente no porque no lo he mencionado, Alexiévich es periodista y buena parte de su obra es ensayo, no ficción. Y este libro de hoy sigue esa tónica. Pero como se ha dicho muchas veces, la historia y la realidad superan a la ficción. En esta ocasión se acerca a la historia de su país, a uno de los episodios más terribles. Lo que nosotros conocemos como el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial, y que los soviéticos llamaron la Gran Guerra Patria. Si no recuerdo mal el dato, Alexiévich nos advierte que alrededor de un millón de mujeres participaron en el esfuerzo bélico contra la invasión alemana integradas en el ejército regular, en diversas milicias y organizaciones partisanas o guerrilleras y en organizaciones clandestinas. Muchas de ellas eran muy jóvenes en el momento de alistarse, entre los diecisiete y los veinte años de edad, no faltando las que se incorporaron incluso con menor edad.

Aunque muchas pertenecían a cuerpos auxiliares, especialmente sanitarios, no faltaron zapadoras, francotiradoras, artilleras antiaéreas e incluso aviadoras. Y las bajas y las secuelas fueron tremendas. Hay que tener en cuenta que las bajas soviéticas en la guerra se calculan entre veinte millones y veintisiete millones de personas, muchos de ellos civiles. Hay que contar también el sufrimiento de las mujeres como consecuencia misma de la invasión y las penurias de la guerra, o el esfuerzo en las fábricas de armamento y otros equipamientos para la guerra.

Este es una sucursal del Moderna Museet de Estocolmo, un excelente museo de arte moderno y contemporáneo.

Este es una sucursal del Moderna Museet de Estocolmo, un excelente museo de arte moderno y contemporáneo.

Sin embargo, y a pesar de las numerosas condecoraciones que se otorgaron a estas mujeres, siempre inferiores en proporción a las concedidas a los hombres, su esfuerzo no fue reconocido públicamente tras el final de la guerra. Incluso sus vecinos despreciaron a estas mujeres a las que, al haber convivido con hombres en el frente, suponían poco menos que prostitutas. Alexiévich busca rehabilitar la memoria de estas mujeres. Darles voz. Contar la historia de la guerra vista por las mujeres, que tiene un aspecto muy distinto de la que cuentan los hombres. Después de lo leído, humanamente mil veces más interesante.

Alexiévich nos ofrece fragmentos de conversaciones, de testimonios de mujeres, en su mayoría identificadas con nombre y condición durante la guerra, que sobrevivieron a la misma, y que ordena de forma más o menos temática. Qué les impulsó a alistarse. Cómo fue la vida en el frente. Cuál era su relación con la muerte o con las terribles heridas de la guerra. Hubo lugar para el amor. Cómo se relacionaron con sus compañeros varones. Qué visión tenían del enemigo. Cómo vieron las violaciones de mujeres alemanas en la fase final de la guerra. Qué papel tenía la política en todo este tinglado. No hay que olvidar que la Unión Soviética estaba gobernada por uno de los más terribles tiranos que ha visto la historia de la humanidad, Iósif Stalin. Cómo fue el regreso a casa.

El caso es que allí me encontré con la proyección de una película de Lene Berg sobre "Stalin by Picasso (or Portrait of Woman with Moustache)", una rocambolesca historia sobre la salida del pintor del Partido Comunista Francés por el cabreo de estos ante el dibujo que mandó por la muerte del tirano al periódico de este partido. Surrealismo en estado puro.

El caso es que allí me encontré con la proyección de una película de Lene Berg sobre “Stalin by Picasso (or Portrait of Woman with Moustache)”, una rocambolesca historia sobre la salida del pintor del Partido Comunista Francés por el cabreo de estos ante el dibujo que mandó por la muerte del tirano al periódico de este partido. Surrealismo en estado puro.

Encontramos miedo. Encontramos dolor. Encontramos orgullo. Encontramos quienes fueron jóvenes del Komsomol, comunistas convencidas. Encontramos quienes fueron para reahabilitarse a sí mismas y a sus familias por haber caído en desgracia en las purgas stalinistas. Encontramos a quienes contrarias al régimen, se unieron para expulsar al invasor. Encontramos a quienes no tenían opinión política pero creyeron que su deber era luchar contra los alemanes.

Me gustan los libros de testimonios, cuando están bien recopilados y tratados por los autores. Ya hubo uno sobre la Primera Guerra Mundial que disfruté más que muchas obras de ficción. Este también me ha gustado mucho. A ratos he vivido la intensidad de la acción y la aventura de estas mujeres. Otras me he conmovido. Muchas me he horrorizado. Porque estos testimonios son prueba de que no hay guerras nobles; nadie es grande como guerrero. Se puede ser grande como persona, pero no es la guerra nunca la que hace a nadie grande. Las guerras son miserables. Y tradicionalmente las han hecho los hombres. Y las han sufrido muy especialmente las mujeres.

Me gustaría pensar que si las mujeres tuvieran más capacidad de decisión no habría guerras. Que es cierto que las mujeres valoran más la vida, porque la llevan en su seno. Puede que sea así. Aunque ya hemos visto líderes políticas con capacidad de gobierno y decisión que se han imbuido del “ardor guerrero” de sus antecesores varones. Lo que parece que algo anda mal es con la especie humana. Y quizá más libros como este puedan ayudar a arreglarlo. Es por no perder la esperanza. Yo lo recomiendo.

En cualquier caso, no olvidemos que aunque el pueblo soviético sufrió mucho con la guerra, Stalin empezó en la misma como agresor al invadir Finlandia en la Guerra de Invierno, tras el reparto que hizo con Hitler del este de Europa en el Pacto Ribbentrop-Mólotov... no era un angelito precisamente el tío José... ni amaba especialmente a las mujeres de su país.

En cualquier caso, no olvidemos que aunque el pueblo soviético sufrió mucho con la guerra, Stalin empezó en la misma como agresor al invadir Finlandia en la Guerra de Invierno, tras el reparto que hizo con Hitler del este de Europa en el Pacto Ribbentrop-Mólotov… no era un angelito precisamente el tío José… ni amaba especialmente a las mujeres de su país. Fortaleza de Hämeenlinna.

[Cine] The Way Back (2010)

Cine
Nota: Existen algunos sitios en internet que chupan el contenido original de otros para montar sus blogs. Copian íntegramente los contenidos, supongo que basándose en las etiquetas de entradas como estas y de formas más o menos automáticas, llenan todo de publicidad muy intrusiva, descarajan la cuidadosa maquetación que algunos pensamos para bien del lector, y se quedan tan contentos. Este sitio esta bajo licencia Creative Commons y permite sin más restricción que el respeto por el contenido original, la cita de la fuente original y el uso no lucrativo de la reproducción de contenidos. Creo en la libre circulación de la información en internet, pero también creo en un mínimo de ética a la hora de hacerlo. Y un mínimo de estilo. Por tanto, si te encuentras este texto en un sitio horrible, puedes pasar a leerlo por carloscarreter.com, que no es perfecto pero es honesto.

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The Way Back (2010), 17 de abril de 2011

Un poco tarde, y en circunstancias un poco raras que no voy a detallar, veo esta película en versión original, que en español se ha estrenado bajo el título Camino a la libertad. Mucho más rimbombante que “el camino de vuelta” que propone el título original en inglés. Dirigida por el interesante aunque irregular Peter Weir, vamos a ver que da de sí está película de aventuras en tiempos de la segunda guerra mundial.

Sinopsis

A un campo de concentración soviético, en algún lugar de Siberia, al norte del lago Baikal, va a parar un oficial polaco (Jim Sturgess) al que los soviéticos han condenado por espía, tras torturar a su joven y guapa esposa. Allí, tras analizar la situación e ir tomando nota del panorama, va conociendo a otra serie de gente, y a plantearse la escapada. Entre estos hay un duro ruso (Colin Farrell) o un misterioso norteamericano (Ed Harris) entre otros. Que se considera casi imposible, por lo inhóspito del lugar y por las enormes distancias hasta regiones del mundo que se puedan considerar seguras. No obstante, un grupo de 6 prisioneros, durante una ventisca consiguen escapar, a lo que se unirá más adelante una adolescente polaca (Saoirse Ronan), huida a su vez de una granja colectiva. Su destino, el sur. Hacia Mongolia, primero, y el Tibet y los Himalayas después.

Dirección y realización

Con gran profusión de paisajes que van desde la tundra siberiana, a los desiertos de mongolia y a los altos picos de los Himalayas, técnicamente podemos considerar la película irreprochable, y una sucesión de postales pintorescas del Asia Central muy notable. El director tiene oficio suficiente para dar y vender, y con un buen equipo técnico, saca adelante el filme sin mayor problema. Eso sí. Se ha rodado en diversos países del mundo en los que hay paisajes similares a los que interesaban, pero salvo en la India, en ninguno de los originales.

El guion está basado en la historia contada por Sławomir Rawicz, un oficial polaco preso durante la segunda guerra mundial por los soviéticos, que afirmó en un libro haber protagonizado con otros una odisea similar a la contada. Sin embargo, la historia de esta persona está puesta en duda. Lo cierto es que hay momentos en la historia narrada en el filme, en la que la supervivencia del grupito de fugados raya la inverosimilitud. Y parece que el libro de este señor incluía un par de avistamientos del yeti…¡?, que venturosamente no se han reflejado en la película.

Sobra por completo el miniepílogo que recorre la historia del comunismo y que nos dice que el oficial polaco no se reúne con su mujer hasta décadas más tarde. Una memez. Tanto por su planteamiento, como por su realización

Interpretación

Los actores cumplen. Los más veteranos, con oficio. Los más jóvenes, un poco justos. Quizá la más floja es la chica, cuyo personaje me resulta en todo momento un poco como metido con calzador y sin mucho sentido. Claro que el libro en que se basa la película lo incluye. En fin. Faena de aliño, pero tampoco creo que ninguno de estos intérpretes pase a la historia por su papel en esta película.

Conclusión

Película digna como entretenimiento, para pasar una tarde tonta de domingo, pero que te deja un poco frío en su conjunto. No acabas de emocionarte ni solidarizarte con los personajes, que resultan fríos y poco empáticos. El director está muy lejos de otras películas suyas que realmente nos emocionaron.

Calificación

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: 
***

Cencellada en el Parque Grande

Vivimos lejos de los grandes fríos siberianos; aunque hace unos años, en diciembre de 2005, una cencellada debida a una combinación de nieblas densas y bajas temperaturas, nos dejó Zaragoza como si hubiese nevado - Canon EOS D60, EF 28-135/3,5-5,6 IS USM

Chernóbil… y el tiempo pasa y las consecuencias quedan

Política y sociedad

Me di cuenta ya por la noche. Si no tal vez esta entrada hubiese sido escrita ayer en lugar de hoy. Pero el tema no llamó mucho la atención en los medios de comunicación, o yo estuve muy despistado que también puede ser. El caso es que ayer, 26 de abril, fue el aniversario de la catástrofe de Chernóbil. No un aniversario de los que se celebran, que suelen ser los que acaban en 0 ó en 5, cosas de tener 10 dedos en la mano y que sea predominante el sistema decimal de numeración. Era el 24º aniversario. Ahí es nada. 24 años. Muchas han sido las consecuencias del accidente. Pero son muy difíciles de cuantificar. La naturaleza aleatoria de determinadas consecuencias de la radiación, implican estudios estadísticos complejos y difíciles de interpretar.

Pero por salirme de lo trillado en materia de catástrofes humanas, dos cosas son las que me han llamado la atención. Una es que la vida se abre paso en condiciones insospechadas, y la despoblación humana de amplias zonas de Ucrania y Bielorrusia en torno a la antigua central nuclear ha hecho que la vida salvaje florezca, y se hayan constituido amplias reservas naturales en estos países donde los animales en estado salvaje viven sin miedo al gran depredador que es el ser humano. Cuando se les estudia, se encuentra que es una zona todavía afectada por la radiactividad. Los niveles de isótopos radiactivos en las carnes de estos animales son elevadísimos. Pero las poblaciones prosperan. El imperativo reproductor puede con situaciones muy difíciles.

El otro viene derivado del reportaje que ayer nos ofreció La mesa de luz, blog vinculado al diario Público. En su mayor parte son imágenes de la ciudad fantasma de Prípiat. Esta ciudad sólo tuvo 16 años de historia. No existía antes de la central nuclear. Se fundó para dar vivienda y servicios a los trabajadores de la central. No existe después de la central. Hubo de ser evacuada inmediatamente. Sus habitantes, aparte de los bomberos que pararon el horror, fueron los que más sufrieron las consecuencias del desastre. Y ahora está deshabitada por encontrarse en la llamada zona de alienación. Pero las estructuras quedan. Nunca mejor aplicada la expresión “ciudad fantasma”. Son muchas las sensaciones que te poseen al ver las imágenes.

Pocos después del accidente abogaban por el desarrollo de la energía nuclear. Pero hoy en día, con la crisis climática encima, resurgen quienes afirman que es más limpia que los combustibles fósiles que se usan habitualmente y que las centrales nucleares son una necesidad para librarnos de los peores contaminantes. Se nos afirma que hoy en día la seguridad desarrollado impediría una catástrofe como aquélla. Pero a las centrales nucleares, como a las armas, las cargan el diablo. O peor, las cargan los seres humanos. No sé muy bien qué pensar.

Viena desde la noria del Prater

La nube radioactiva se extendió en mayor o menor medida por Europa, encontrándose isótopos radiactivos en la vida salvaje; en la imagen, la ciudad de Viena vista desde la noria del Prater - Panasonic Lumix LX3