Chernóbil… y el tiempo pasa y las consecuencias quedan

Política y sociedad

Me di cuenta ya por la noche. Si no tal vez esta entrada hubiese sido escrita ayer en lugar de hoy. Pero el tema no llamó mucho la atención en los medios de comunicación, o yo estuve muy despistado que también puede ser. El caso es que ayer, 26 de abril, fue el aniversario de la catástrofe de Chernóbil. No un aniversario de los que se celebran, que suelen ser los que acaban en 0 ó en 5, cosas de tener 10 dedos en la mano y que sea predominante el sistema decimal de numeración. Era el 24º aniversario. Ahí es nada. 24 años. Muchas han sido las consecuencias del accidente. Pero son muy difíciles de cuantificar. La naturaleza aleatoria de determinadas consecuencias de la radiación, implican estudios estadísticos complejos y difíciles de interpretar.

Pero por salirme de lo trillado en materia de catástrofes humanas, dos cosas son las que me han llamado la atención. Una es que la vida se abre paso en condiciones insospechadas, y la despoblación humana de amplias zonas de Ucrania y Bielorrusia en torno a la antigua central nuclear ha hecho que la vida salvaje florezca, y se hayan constituido amplias reservas naturales en estos países donde los animales en estado salvaje viven sin miedo al gran depredador que es el ser humano. Cuando se les estudia, se encuentra que es una zona todavía afectada por la radiactividad. Los niveles de isótopos radiactivos en las carnes de estos animales son elevadísimos. Pero las poblaciones prosperan. El imperativo reproductor puede con situaciones muy difíciles.

El otro viene derivado del reportaje que ayer nos ofreció La mesa de luz, blog vinculado al diario Público. En su mayor parte son imágenes de la ciudad fantasma de Prípiat. Esta ciudad sólo tuvo 16 años de historia. No existía antes de la central nuclear. Se fundó para dar vivienda y servicios a los trabajadores de la central. No existe después de la central. Hubo de ser evacuada inmediatamente. Sus habitantes, aparte de los bomberos que pararon el horror, fueron los que más sufrieron las consecuencias del desastre. Y ahora está deshabitada por encontrarse en la llamada zona de alienación. Pero las estructuras quedan. Nunca mejor aplicada la expresión “ciudad fantasma”. Son muchas las sensaciones que te poseen al ver las imágenes.

Pocos después del accidente abogaban por el desarrollo de la energía nuclear. Pero hoy en día, con la crisis climática encima, resurgen quienes afirman que es más limpia que los combustibles fósiles que se usan habitualmente y que las centrales nucleares son una necesidad para librarnos de los peores contaminantes. Se nos afirma que hoy en día la seguridad desarrollado impediría una catástrofe como aquélla. Pero a las centrales nucleares, como a las armas, las cargan el diablo. O peor, las cargan los seres humanos. No sé muy bien qué pensar.

Viena desde la noria del Prater

La nube radioactiva se extendió en mayor o menor medida por Europa, encontrándose isótopos radiactivos en la vida salvaje; en la imagen, la ciudad de Viena vista desde la noria del Prater - Panasonic Lumix LX3