[TV] Cosas de series; placeres culpables, una vez más

Televisión

Parece mentira, pero a esta alturas de junio, aún no había encontrado ocasión para comentar series, o finales de temporada, que vi a mediados de mayo o poco antes de coger vacaciones. Vayamos con un par de ellas. En un comentario breve, porque ando con poco tiempo, y dejaré para la semana que viene las series que vi en el entorno de las vacaciones. Ya lo adelanto, lo habréis visto en el título de la entrada, las de hoy entran dentro del concepto de los guilty pleasures, esos placeres televisivos que nos hacen sentir culpables puesto que sabemos que lo que estamos viendo, si no es un bodrio, se le acerca, o es muy cuestionable en sus planteamientos.

Visitamos Corea del Sur con la excusa de que es la nacionalidad de uno de los placeres culpables de hoy.

Y ahí me tenéis que, después de catorce años, sigo misteriosamente enganchado a Grey’s Anatomy, drama médico con argumentos más propios de las teleseries de adolescentes e institutos, salvo por las periódicas catástrofes que sacuden periódicamente, al menos dos veces por temporada, a la ciudad de Seattle o al hospital que es escenario de los dramas de Meredith (Ellen Pompeo) y compañía. Con una de las protagonistas más sosas y menos interesantes de la televisión mundial, aunque la tercera mejor pagada entre las actrices a nivel mundial en 2018,… si ella se va se acaba la serie, deben pensar,… con temas repetitivos, con continuos déjà vecu en los argumentos,… ahí se mantiene, con quince temporadas a cuestas y sabiendo que está renovado hasta la 17ª temporada, lo que lo convertirá en el drama médico más longevo de la televisión. Conozco perfectamente todos sus defectos. Me insulto a mí mismo con vehemencia por seguir viendo esta serie delante del espejo con cierta frecuencia. Pero sigo con ella.

De todos modos, mis guilty pleasures por excelencia en los últimos años, desde que me suscribí a Netflix, son las teleseries coreanas. Series muy maniqueas, ridículas en muchas de sus situaciones, estereotipadas, sin embargo me privan. Y reconozco que de vez en cuando aparecen destellos de la calidad de algunos de sus intérpretes. Al fin y al cabo, en cine, los coreanos hacen cosas muy interesantes. Siempre llevo alguna al retortero. La última que terminé de ver es Possessed [título internacional, Bing-ui (빙의) es el título original en coreano]. Un dramón con asesino en serie y temas sobrenaturales, y un romance improbable entre un chica con capacidades de medium que está como un queso, Go Joon-hee (a veces transcrito, como Ko Jun-hee o Go Junhui o Ko Chunhui… que lío la romanización de los nombres coreanos), una monada, limitada interpretativamente eso sí, y un policía muy feo y muy tosco, Song Sae-byeok. El caso es que lo que parecía ser una mezcla de drama policíaco con comedia romántica, acaba derivando a tonos oscurísimos con tonos de tragedia donde muere hasta el apuntador. Floja, pero me la he tragado al ritmo de dos episodios por semana.

En fin… es lo que hay. De vez en cuando me dejo llevar por cosas no especialmente recomendables. Aunque ya aviso que los próximo dramas coreanos tendrán más nivel, especialmente uno, por el lado de la interpretación femenina. Pero eso ya llegará dentro de unas semanas. Porque una vez más, avanzan al ritmo de dos episodios por semana.

[TV] Cosas de series; diablos, diabluras e infiernos diversos

Televisión

Sigo teniendo acumuladas unas cuantas series vistas y no comentadas. Vamos a ver si acortamos esa lista. De momento diré que comprobé hace unos días que estaban disponible en Netflix tres temporadas de Riverdale, la de Archie y sus amigos en versión dramática, y cuya primera temporada vi en viajes, porque en España no estuvo disponible en su momento. Pertenece al mismo universo que Sabrina, y en su momento dije que no me acababa de convencer. Me llevé algunos episodios descargados en mis vacaciones,… y confirmo que es mala, mal interpretada y con unas historias bastante estúpidas y unos personajes bastante absurdos. Fuera. No me volveré a dar mal con ella. Así que vamos con cosas más interesantes. Iremos de peor a mejor.

La mejor, con ventaja, de las series de hoy es británica, y a Londres nos vamos. Vedla serie si tenéis ocasión es muy buena. Y viajad a la capital británica antes de que la estropeen los “brexiters” con su chorradas.

Un infierno parece el pueblo ficticio de Monteperdido, situado en los Pirineos aragoneses, en una serie, La caza – Monteperdido, rodada en Benasque y otros emplazamientos de esa región montañosa. Drama policial, con guardia civiles investigando secuestros de niñas en una comunidad rural cerrada y con aparentes secretos (toma oximoron). He aguantado hasta el final por la curiosidad de ver en pantalla paisajes que me son queridos y familiares… pero en realidad la serie es un infierno… por mala. Tiene una duración excesiva para lo que la trama da de sí. De la excesiva duración de los episodios individuales en las televisiones española ya no voy a insistir… desconozco el motivo, pero es claramente innecesaria. Pero es que además tiene unos personajes mal desarrollados, escasamente empáticos y, por si faltaba poco, mal interpretados. Y la gente me mira raro porque veo series coreanas. Son regulares… pero mucho más entretenidas y mejores que este dramón excesivo. No ver, salvo masoquismos localistas como el mío.

Lucifer fue una serie que me gustó bastante en sus primeras dos temporadas. Pero fueron temporadas de no demasiados capítulos. Cuando anunciaron que la tercera iba a ser larga, me dio pereza y no la vi. Hace unos meses anunciaron su cancelación. Y a continuación, que Netflix la recuperada en una temporada cortita. Así que, con tiempo, fui viendo la tercera temporada, también en la cadena de vídeo bajo demanda, para ver la cuarta en su estreno. Lo cierto es que las dos primeras temporadas tenían unas virtudes importantes; la serie no se tomaba demasiado en serio a sí misma, el procedimental policíaco combinaba bien con la picardía del diablo protagonista, la química y la tensión sexual no resuelta de los protagonistas funcionaba, y te lo pasabas bien. He de decir que las dos últimas temporadas bajan de nivel. Empieza a tomarse demasiado en serio las tramas, los arcos argumentales se hacen más largos y pesados, en un momento dado la química entre los protagonistas se pierde, y pierde frescura en general. No está mal, se deja ver, pero yo no haría muchos esfuerzos en recuperarla más allá de esa cuarta temporada que ha permitido un cierre de la serie más o menos digno.

State of the Union es una pequeña joya de HBO. Me la encontré cuando me di de alta en el mes de prueba de esta cadena para los episodios finales de Game of Thrones. Y me la vi en un pispás. Diez episodios de diez minutos de duración cada uno, con Rosamund Pike y Chris O’Dowd en estado de gracia absoluta como una pareja de casados, ella cerca de los 40, él un poco más allá de los 40, que está en crisis por la infidelidad de ella debida al… aburrimiento. En cada capítulo los vemos durante diez minutos mientras se toman en un pub una pinta de cerveza, él, y una copa de vino blanco, ella, antes de entrar a la sesión semanal con la terapeuta de pareja. Diálogos agudos, chispeantes, que alternan entre la comedia y el drama, pero muy serios en su contenido, con cargas de profundidad contra las convenciones de la institución matrimonial, pero sin hacer excesiva sangre nunca. Sin maniqueísmos, con simpatía hacia las personas y sus debilidades. Excelente química entre la bella esposa y el desastrado marido, y excelente trabajo de los guionistas con unos diálogos que tienen desperdicio, especialmente gracias a la interpretación y al lenguaje corporal que añaden los protagonista. Televisión con mayúsculas en formato pequeño. Total y absolutamente recomendable.

[TV] Especial “Game of thrones”; la insoportable levedad de los “fans”

Televisión

Lo reconozco. Estoy muy sorprendido. Quizá cuando no debería ya sorprenderme por nada. Este lunes pasado, domingo en los EE. UU., llegó a su final Game of thronesJuego de tronos en su versión española. Tenía, claro está, cierta expectación sobre los detalles de cómo iba a terminar su última temporada. Dicen que es la octava. Pero estoy casi seguro que hace tres años decían que la serie iba a tener siete temporadas, de las cuales, la séptima, iba a tener trece episodios en lugar de diez, y que la iban a dividir en dos partes. Mala costumbre que están cogiendo de unos años a esta parte las cadenas de televisión con sus series más significativas. Sucedió con Battlestar Galactica, sucedió con Mad Men,… y con otras que ahora no me vienen a la memoria. Pero ahora todo el mundo habla de la “octava” temporada. Pues vale. Por lo demás, un esquema parecido al de todas las temporadas. Unos cuantos episodios dedicados a que los personajes hablen y vayan de un sitio a otro, algunos fuegos artificiales más o menos vistosos por el medio, los grandes fuegos artificiales en el penúltimo capítulo, y vamos a ver donde estamos en el último. Lo que pasa es que en esta ocasión, el último es realmente el último. Y todos los fans (viene de fanático, que no necesariamente es un cumplido) estaban tremendamente expectantes a lo que iba a pasar. A partir de aquí, riesgo de destripar la trama, si es que a estas alturas los realmente enganchados a la serie no se coscan todavía de lo que ha pasado.

Nos despediremos de “Game of thrones” desde el castillo de Zafra, escenario protagonista brevemente de la acción en la serie. ¿Sabéis lo que me gustaría que adaptasen a la tele? Las novelas cortas de “Dung & Egg“. Literariamente, siempre me han gustado mucho más que los libracos de la historia principal.

Lo que iba a pasar era previsible para todos. Se juntan unos, se dan de leches a mitad de temporada con los zombis del congelador, un episodio de descanso, se dan de leches con Cersei, y en el último capítulo, entre los que queden vivos, uno es rey. Y exactamente eso es lo que ha pasado. Es más dada la premura y el cambio de estilo de la serie en su séptima temporada, o séptima primera parte, esta octava temporada, o séptima segunda parte, casi ha sido un retorno al espíritu original de la serie de cocer las cosas a fuego lento. Casi. Con sólo seis episodios no se podían hacer milagros. Pero supongo que cosas del negocio han impuesto este cierre precipitado. Pero no es de ahora. Ya vimos hace dos años que iba a ser un cierre precipitado. La mala gestión de los tiempos, de las elipsis, el apresuramiento en preparar algunas situaciones era inevitable. Desde hace dos años. Yo ya lo había asumido. Ya está. No pasa nada. Nada es perfecto. Pero nada es catastrófico. Cerramos la historia y ya está. Porque toca. No hay más que pensar. Lo han decidido los productores. Pero, si todo esto es tan evidente, desde hace dos años, ¿por qué está el personal tan alterado? ¿Porque Daenerys (Emilia Clarke) ha resultado ser una borde y la han apiolado, o porque Bran (Isaac Hempstead Wright) no le caía bien a nadie y lo han hecho rey? Pero, ¿qué somos? ¿una panda de preadolescentes de E.S.O.?

Como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes. Daenerys… Daenerys está interpretada por una chica que cuando empezó la serie era una actriz joven desconocida, bajita, lo que permitía que pasara por una adolescente, de capacidades interpretativas limitadas. Pero que como el guion incluía desnudos y escenas subiditas de tono, era un buen gancho para fidelizar “machotes”. Las capacidades interpretativas de Clarke han mejorado muy poco durante estos años. De hecho, no le han llovido otros papeles importantes durante este tiempo. Y algún protagonista que ha hecho en el cine, ha sido más bien flojo. En cuanto al personaje, siempre han jugado con su inmadurez. La chica tenía buenas intenciones, pero poca tendencia a la misericordia. Ha liberado muchos esclavos… y a muchos de ellos en lugar de darles un medio de vida razonable, se los ha llevado a la guerra por su interés, a matar o a servir de carne de cañón. El bueno de Tyrion Lannister (Peter Dinklage) dejó claro desde el principio que podía ser una buena reina, siempre y cuando se le pudiese guiar. Pero los tiranos, por buenas intenciones que tengan, no se dejan guiar. Van a la suya. Daenerys no se vuelve loca, siempre ha sido así. Y como muchas otras veces, al final se ha dejado llevar por la rabia y la venganza. Pero esta vez, se han cansado y la han apiolado. Tyrion tenía razón, podría haber estado bien, pero le salió rana. Su evolución, tal como nos la han contado, era posible. E incluso, en una serie como esta, esperable. Por algún motivo, todos la querían. Los “machotes”, por que está buena. Las mujeres… porque por algún motivo que desconozco la han convertido en un símbolo feminista. Señoras, que Margaret Thatcher también tenía mucho carácter… y no por eso se ha convertido en un símbolo feminista. Ah, claro… que no era mona. Pero también era británica. No nos olvidemos que Westeros es una isla de Gran Bretaña a lo bruto.

Vamos con los otros personajes. Los Stark. Siempre han sido los “buenos” de la serie. Ya sabemos que la frontera entre “bueno” y “tonto” en el idioma castellano siempre es difusa. Las dos chicas Stark, Sansa (Sophie Turner) y Arya (Maisie Williams), han sido dos de los caracteres más interesantes de la serie, ambas razonablemente bien interpretadas. Sin que sean tampoco maravillas. Otros intérpretes, mucho mejores, han pululado por la serie en papeles secundarios. Y estas chicas han tenido finales que han contentado. Sansa se ha convertido en una María Estuardo alternativa que al final se ha quedado con el trono de Escocia, y Arya es una entretenida aventurera que tiene su momento de gloria. El gran problemas de los Stark es que su personaje principal, el “bastardo” Jon Snow (Kit Harington), ha estado interpretado por uno de los actores más limitados y flojos de la serie. ¡Cuantas veces he suspirado porque acabaran con nuestro sufrimiento y lo apiolaran! Pero cuando lo hacen, van y lo resucitan. Diosshhh… Como decía nuestra añorada Ygritte (Rose Leslie), “you know nothing, Jon Snow”. Para colmo, la química que tenía con Clarke producía el mismo calor que una sonrisa del Rey de la Noche (Richard Brake/Vladimir ‘Furdo’ Furdik). Claro… tener que interpretar en la muerte de Daenerys era garantía de anticlímax. Por lo demás, si algo ha estado claro, siempre ha estado destinado a no reinar… y su personaje ha tenido uno de los finales más dignos de la serie. Sólo le ha faltado una pelirroja con acento escocés a su lado.

Los Lannister han sido lo mejor de la serie. Sin duda. Entre otra cosa, porque han sido interpretados por buena parte de lo mejor del reparto. Desde el patriarca Tywin (Charles Dance) hasta el inteligente, y para mí protagonista principal de la serie, Tyron (Peter Dinklage), pasando por las excelentes interpretaciones que han acompañado a Jamie (Nikolaj Coster-Waldau) y, muy especialmente, Cersei (Lena Headey). Por un momento soñé con que las cabezas de George R. R. Martin y los responsables de la serie iban a ser lo suficientemente rompedoras como para un final “infeliz” con Cersei en el trono. Pero no hay suficiente osadía y valentía en Hollywood para eso. Mira lo que ha pasado con la muerte de Daenerys… conque imagina. Pero bueno… al final queda un Lannister al frente del gobierno, ¿o no?

¿Y Bran? Bran es un instrumento de la trama. Su indiscreción al final del primer episodio pone en marcha una máquina narrativa. El miedo a que cuente lo que pasó es un motivo tan importante como cualquier otro para que la contienda entre los Lannister y los Stark se desencadene. Que termine como rey es intrascendente. Totalmente. Y aquí vienen las comparaciones con The Lord of the Rings. Al principio se decía que Game of Thrones era The Lord of the Rings, pero con sexo. Se han comparado mucho las dos obras. Ambas tienen temas comunes. Los más notables son dos. Ambas son una reflexión sobre el poder. Sobre la capacidad corruptora del poder. Ambas narran el fin de la magia y el reinado de los hombres comunes. Han desaparecido los caminantes blancos, se esfumado en la niebla el último de los dragones, el Cuervo de Tres Ojos es un rey nominal; pero se ha terminado la edad media y nos acercamos al renacimiento. Habrá validos, primeros ministros que gobiernen. Los consejos de secretarios/ministros se harán más importantes. Habrá de vez en cuando algún rey absoluto… pero el paradigma cambiará. Como cambia en la obra de Tolkien. Se han comparado mucho los dos finales y no falta razón. Ninguno de los dos, en sus versiones audiovisuales es brillante, aunque el del Retorno del Rey es mucho más brillante y emotivo. Pero no consigue acercarse a la versión literaria. Tampoco sabemos cómo hará Martin la versión literaria del final de Canción de hielo y fuego… si es que no le da un infarto o un ictus antes de acabe… cosa muy probable… me parece.

Recapitulemos. Hemos disfrutado de una serie a un grandísimo nivel… con un final apresurado, y en cuya valoración han pesado más las emociones de los fanáticos que el análisis razonado de cómo ha transcurrido. El episodio penúltimo me parece que es brillante. No es la gran batalla entre los Lannister contra los demás que la gente esperaba. Es otra cosa. Pero es brillante. Tiene momentos notables. Pero no es lo que la gente esperaba. Resulta que en lugar de narrarnos el ascenso de una heroína, nos narran la caída de una heroína. Y no estamos acostumbrados a que Disney le haga esas cosas a las princesas. Una caída al más puro estilo Anakin Skywalker. Lo que pasa es que Lucas dedicó tres películas ha resolver las consecuencias de la caída de Skaywalker, y en la serie que nos ocupa lo han resuelto en 100 minutos. La escena importante del último episodio ha estado lastrada por el hecho de que sus dos protagonistas son unos intérpretes mediocres. Y por las espectativas de los fans. Pero este final es tan coherente como otros que podían haber sido. Aunque la gente no le gusta. Lo que sucede después de que el dragón desaparezca entre la niebla… pues igual es que ya no era importante. Igual es que sobraba. Cosas que se me ocurren. Ya tenemos a nuestro ángel caído. Lucifer se rebeló contra el poder absoluto de Dios, pero no le salió bien. O no le podía salir bien. Pues lo mismo con Daenerys. Lo demás… el mundo sigue. Alguien reinará. Y los que sobrevivan, tendrán que vivir lo que les quede de vida. Pero, realmente, la historia principal ya estaba contada. Por lo menos, agradezco que ese epílogo estilo “Compromiso de Caspe” y la primera sesión del consejo nos hayan despertado unas sonrisas. De verdad.

[TV] Cosas de series; de lo fantástico a lo kinky en tres series

Televisión

Como me viene pasando desde hace un par de meses, por alguna razón se me acumulan las series y no consigo despejar la lista de espera para comentarios. Y es que estoy viendo series que se ven rápido. O se me han acumulado finales de cosas que venía arrastrando de tiempo atrás. Y no voy a hablar todavía del final de Game of Thrones… aunque no pasará de esta semana. Le dedicaré un especial. Creía que hoy iba a traer un especial satánico; pero para sacar adelante más “trabajo”, haré un mix de dramas de temas diversos.

Una de las series de hoy, Bonding, transcurre en el cosmopolita y extraño mundo de Nueva York, y a la Gran Manzana, a Washington Square, nos dirigiremos fotográficamente.

Chilling adventures of Sabrina – temporada 2ª

Lo he de reconocer. La primera temporada me gustó a medias, no tenía claro que mantuviese este drama de instituto con toques fantástico-satánicos en mi cartelera personal. Pero decidí darle una segunda oportunidad. No me arrepiento. Sin que haya ascendido a la cumbre de mis preferencias, ha resultado una temporada entretenida. Más oscura, más madura, con una trama argumental más definida, más coherente, abrazando con más seguridad los aspectos siniestros del mundo fantástico de Sabrina (Kiernan Shipka). Apartándose del lado “drama de instituto”. Es cierto que su protagonista esta por debajo de las expectativas que me despertó su participación en Mad Men… pero es pasable. Y tiene algunos secundarios interesantes. Quizá lo más debatible es los tópicos en los que cae. Que pretendiendo no ser maniquea y navegar en una zona gris moral, acaba siendo muy maniquea, con algunos “malos” muy de pandereta. Por lo tanto se queda en serie normalita, no especialmente destacable, pero entretenida. En cualquier caso… al menos hemos sobrevivido al apocalipsis. Quizá tendría que haber acompañado este comentario con el de Lucifer,… por algunas similitudes argumentales,… pero dejaré eso para otra ocasión.

Bonding – temporada 1ª

Desconozco si habrá más temporadas de esta serie, es posible que sí, pero me ha gustado bastante esta peculiar reflexión sobre las relaciones, la soledad, las mochilas emocionales que llevamos ya a edades muy jóvenes, en un entorno muy peculiar. Tiff (Zoe Levin) y Pete (Brendan Scannell) son amigos desde hace muchos años, incluso tuvieron cierta relación en sus años de instituto. Pero ahora Pete es abiertamente gay, comparte piso con un tipo no especialmente agradable, y tiene serias dificultades para llegar a fin de mes. Y Tiff,… se gana bien la vida, pero bajo pseudónimo. Porque en el trabajo es conocida como Mistress May, y es una dominatrix muy valorada y respetada, que acepta como ayudante a su amigo de toda la vida, que a partir de ese momento será conocido como Carter… incluso como Master Carter.

Siete episodios en torno a los quince minutos de duración, que con gran economía de medios desarrollan perfectamente la personalidad y los problemas cotidianos de sus protagonistas, las mochilas emocionales y sociales que cargan consigo mismo, mezcladas con las extrañas escenas que su “trabajo” les proporciona. Comedia negra con calado y muy divertida. Muy recomendable. Y si lo mira bien, prácticamente te la ves como si fuera un largometraje de dos horas.

Dead to Me – temporada 1ª

Serie que llegó a Netflix sin hacer mucho ruido, pero que me llamó la atención por su reparto. Jen (Christina Applegate), viuda desconsolada por la muerte en accidente de tráfico de su marido, habiéndose dado a la fuga el conductor, con el caso no resuelto por la policía, conoce en un grupo de autoayuda al duelo a Judy (Linda Cardellini), que también dice haber perdido a su pareja, y que tras unos encontronazos iniciales acabarán iniciando una peculiar amistad. Una amistad y unas viudedades en la que nada es lo que parece y que acabarán desmoronando el precario equilibrio en el que se mantienen las vidas de ambas protagonistas, en una escalada de descubrimientos y concesiones que parece que va a acabar de muy mala manera. Cuando todo el bacalao parecía repartido… nos han dejado con un hermoso cliffhanger, que espero se merezca una nueva temporada. Con buenas interpretaciones, mi favorita es Cardellini, también por parte del reparto secundario, la serie ha ido destacando. E incluso el público votante en IMDb la ha dejado a buen nivel. Pero bueno. También Santa Clarita Diet estaba en esas y, después de su mejor temporada, ha sido cancelada…

[TV] Cosas de series; ronda de series asiáticas

Televisión

Sigo acumulando retrasos en mis comentarios televisivos. Hasta tal punto que me estoy planteando hacer dos en una semana. Y eso en medio de la semana en que nos preparamos para asistir al último, definitivo, episodio de Game of Thrones, de la que se puede hablar mucho, pero como hay mucha gente que no lleva un ritmo acelerado de visualización de episodios, no quiere que se comente nada. Pero todo llegará. Y por otra parte, está Lucifer. Este procedimental policíaco me gustaba, tenia salero y personajes con cierto carisma. Vi dos temporadas, pero cuando anunciaron que la tercera tendría más de 20 episodios… pasé. Cancelada por su cadena original, recientemente fue retomada por Netflix que ha estrenado una cuarta temporada con 10 episodios y ha recuperado las tres primeras. El caso es que me ido poniendo al día en los dos últimos meses… y ya casi la tengo terminada. Ya hablaré de ella.

Dicho todo esto, vamos con unas cuantas series asiáticas, algunas de las cuales ya las terminé de ver en el entorno de las vacaciones de Pascua. Intentaré no extenderme mucho, porque no merece la pena. Aunque hay alguna cosa interesante.

Sip… son tres series coreanas frente a sólo una japonesa. Pero la que más me ha gustado e interesado es la de animación japonesa. Así que a Japón nos vamos con mis fotos.

Persona [페르소나]

Un poco presuntuoso poner el mismo título a esta antología de cortometrajes de unos 20 minutos de duración realizados por directores coreanos de cierto prestigio que uno de las más celebradas películas de Ingmar Bergman. Pero bueno… El caso es que estos cortometrajes nos hablan de los conflictos y las personalidades de una serie de personajes femeninos, más o menos jóvenes y con carácter. Con muchas gente guapa, como es habitual en la televisión coreana, esta miniserie de miniepisodios autoconclusivos estrenada hace unas semanas en Netflix, tiene su interés, y razonablemente buenas interpretaciones. Muy superior a la mayor parte de las producciones televisivas coreanas, sin que alcanza tampoco cotas excesivamente altas.

Otra serie coreana de episodios cortitos, que muchas veces no llegan a los 15 minutos. En ellos seguimos la vida cotidiana de Jae-Young (Hee-von Park), una mujer de unos treintaypocos años, con su trabajo independiente, sus amigas, sus novios, que no le suelen funcionar bien, y que debe lidiar con los problemas del día a día y con la condición de mujer soltera a una edad que en una sociedad conservadora como la coreana se supone que debería estar casada. Pero la serie tiene un tono positivo, y en todos los episodios se pone buena cara a los problemas a través de la comida. Todos terminan con la receta de un plato de la cocina coreana. La protagonista cae bien, y lo hace bien. Es una serie simpática, con buen rollo, pero sin esconder realidades. Hay dos temporadas de la misma en Netflix. Desconozco si en algún momento habrá alguna más.

My first first love [Cheossalangeun Cheoeumilaseo (첫사랑은 처음이라서)]

Estreno reciente en Netflix de esta serie que se presenta como de producción propia. Sorprende, en principio, que sólo tenga ocho episodios, frente a los 16 o más que son los habituales en las series coreanas. Pero luego vemos que la serie no termina. Probablemente habrá una segunda temporada o una segunda tanda de ocho episodios.

Grupo de amigos jóvenes, en sus últimos años de universidad que acaban viviendo juntos e interrelacionándose. La pareja protagonista son amigos de la infancia, y existe cierto grado de tensión sexual no resuelta. Pero pronto cada uno de ellos encontrará un interés romántico en otras personas… lo cual puede generar otro tipo de tensiones.

Intrascendente, prescindible, pero simpática y entretenida. Y como siempre, todos son muy guapos en las series coreanas.

Rirakkuma to Kaoru-san [リラックマとカオルさん]

Simpática serie de animación japonesa realizada con muñecos mediante la técnica del stop motion o animación foto a foto en volumen. Son trece episodios de unos 12 minutos de duración, con afinidades temática, aunque no formales, con una de las anteriores. Kaoru-san es una joven soltera, que empieza a ser “no tan joven”, que trabaja en una empresa con pocas posibilidades de promoción, que vive alquilada en un viejo caserón, y a la que no se le da bien lo de ligar, aunque esté prendada del repartidor de la empresa de paquetería. Vive “sola”. Y entrecomillo porque con ella “viven” en la apartamento un pajarito y dos osos de peluche, de los cuales el más grandón Rirakkuma es el otro protagonista de la serie. A mí me ha encantado, por su sencillez, por la animación y por el planteamiento mucho más serio de lo que parece. Típico recorrido a lo largo de un periodo de tiempo en el que van sucediendo problemas cotidianos con los que hay que apechugar. Mantiene cierto optimismo dentro de los problemas. Como la anterior. Me parece muy muy muy recomendable.

[TV] Cosas series; adolescentes extrañas, adolescentes que disparan

Televisión

En estas semanas, el mundo seriéfilo televisivo parece abducido por completo por la emisión de los últimos episodios de Game of Thrones. Unos episodios, para que nos vamos a engañar, que tienen una utilidad instrumental, resolver las numerosas tramas abiertas en la serie, buscan enganchar con espectáculo visual, pero se alejan de las virtudes que han hecho de la serie un referente. Una serie cuyas tramas se han cocido siempre a fuego lento, muy lento, como el de los mejores estofados, y que en sus dos últimas temporadas ha optado por la fritanga con aceite hirviendo para servir cuanto antes el plato ansiado. Pero de eso ya habrá momento para hablar. Mientras, a mí se me acumulan los finales de serie o temporadas… Y las dos que traigo ahora las terminé justo antes de irnos de vacaciones de Pascua… hace tres semana. Y tengo cinco más en lista de espera…

Hoy, hablemos de adolescentes. Adolescentes chicas, para que quede más claro.

Berlín es uno de los escenarios más frecuentados por la superdotada Hanna en la serie que sigue sus aventuras. Con esta excusa, nos daremos una vuelta y visitaremos la East Side Gallery de la capital alemana.

Hanna – 1ª temporada

Hace ya ocho años que pudimos ver a Saoirse Ronan protagonizar la versión para la gran pantalla de esta historia. Hoy una actriz consagrada por su buen hacer interpretativo, entonces era una adolescente que ya había destacado en una adaptación de una de las novelas de Ian McEwan al cine, con gran mérito. La película de la superadolescente que recorre el norte de África y Europa en lucha contra tétricas agencias secretas de oscuros fines se dejaba ver, pero estaba lejos de ser una película redonda. Ni siquiera recomendable. Lo que más destacaba era el trabajo de Ronan… y poco más.

Por ello, me sorprendió que se considerase su adaptación a televisión. Producto de Amazon Prime Video, la nueva Hanna está encarnada por Esme Creed-Miles, joven actriz británica de corto recorrido todavía, buenas maneras, aunque lejos de la calidad y la presencia de Ronan. También cuenta con la presencia de Mireille Enos, que ha realizado buenos trabajos en alguna serie detectivesca, aunque su trayectoria no deja de ser irregular.

Esta primera temporada siguió en principio los pasos de la película para luego ir divergiendo, con el fin de justificar las horas de emisión y de dar posibilidad a futuras temporadas. Es entretenida, se deja ver… pero tampoco tiene la profundidad que la propaganda de la serie sugiere.

Quicksand – ¿miniserie o primera temporada?

Este drama juvenil sueco parece beber hasta cierto punto de las polémicas “trece razones”, que tanto están dando que hablar. En esta ocasión, en lugar del suicidio de una joven adolescentes tenemos un tiroteo en un instituto para los pijos suecos, con varios muertos, y una chica, Maja (Hanna Ardéhn), detenida y a la espera de juicio por el suceso. En lugar de cintas de casete que nos llevan a los flashbacks que nos cuentan la historia, tenemos los recuerdos que surgen en la mente de Maja durante los interrogatorios y la dura vida en aislamiento en una cárcel de alta seguridad. Pero por lo demás, es evidente que el producto sueco ha recibido una parte del ADN del drama juvenil norteamericano.

La historia es la de la tóxica relación entre una adolescente, Maja, con un chico cuyo padre es enormemente, desmesuradamente, adinerado, mientras que el chaval campa por sus respetos, convertido en un manta insoportable, mientras suspira por alguien que le haga caso y le muestre atención. Y siendo una serie bien hecha y bien interpretada, aquí empieza a fallar, porque parece increíble que alguien se cuele por un chaval como este. Y si lo hace, por qué nos va a importar una chica así, que supondríamos algo destalentada o tremendamente superficial, aunque no es esa la imagen que nos quieren dar de la protagonista. Si a eso sumamos la frialdad habitual en la realización sueca, tenemos una serie con posibles, pero que en la que no acabamos de empatizar lo suficiente con sus estereotipados personajes. Tiene toda la pinta de ser un historia autolimitada, una miniserie. Pero algún rumor hay de que dado que le haya podido funcionar bien a Netflix, pudiera haber una segunda temporada, vaya usted a saber con qué argumentos. Algo así sucedió también con las “trece razones”. No sé yo si seguiré viéndola caso de que haya segunda temporada.

[TV] Cosas de series; viajes a las estrellas

Televisión

En un par de semanas, y por diversas circunstancias, se me han acumulado un montón de series que he terminado, o he terminado su temporada en curso. Cada vez es más frecuente que sean serie de temporada única. Pero la cuestión es muy variable. Así que tengo mucho trabajo pendiente. Que voy a intentar dosificar de una forma racional. También ha habido noticias tristes. Después de la tercera temporada de Santa Clarita Diet, que para mí, y para muchos, había estado a gran altura, siendo muy divertida y la mejor de las tres… Netflix ha anunciado su cancelación… ¡¡¡¡???? Nuevamente, en el mundo de la televisión priman intereses que no tienen que ver con la calidad de las series.

En cualquier caso, las dos series de hoy no han sido aquellas en las que ha pasado más tiempo desde que terminé de verlas hasta hoy. Pero sí aquellas en las que ha pasado más tiempo desde que empecé hasta hoy. Y las dos tienen muchas cosas en común. Y notables diferencias. Y encima pertenecen a uno de mis géneros preferidos, aunque muchas veces maltratado; la aventura espacial. La space opera.

Qué mejor para ilustrar esta galáctica entrada que un paseo por las salas de espera del espaciopuerto de Disneyland Paris antes de hacer un recorrido por una galaxia muy muy lejan, en la atracción que más me hizo reir en todo el día. Dos veces.

Star Trek: Discovery – 2ª temporada

Cuando llegó su primera temporada, se vio claramente que esta nueva serie de la franquicia Star Trek era un intento de modernizar, actualizar, aumentar el nivel de calidad en la producción de las series de este universo de la ciencia ficción. Y en gran medida se consiguió. Situaciones mucho menos maniqueas, conflictos éticos, una mejor presentación y mayor nivel de efectos visuales, siempre algo cutres en la franquicia, personajes interesantes, conflictuados, menos estereotipados… Lo cual parece que conllevo dos efectos. Algunos que sólo teníamos buen recuerdo de la serie original, pero había abominado de buena parte de lo que se hizo después en la franquicia, nos reconciliamos con ella. Por contrapartida, fanáticos fieles a la franquicia se quejaron de que se había perdido el espíritu de la misma.

En su tercera temporada, en la que ha vuelto a haber un arco argumental que ha envuelto los (¿excesivos?) catorce episodios. Conservando algunos de los elementos de la temporada anterior, se introducían elementos que llevaban a una cierta reconciliación con los tradicionalistas de la franquicia. El capitán Pike (Anson Mount), un joven Spok (Ethan Peck), la eventual aparición de una de las variantes de la Enterprise,… todo ello reunía a la nueva serie con la tradición trekkie. Algunos de los nuevos protagonistas como la principal, Michael Burnham (Sonequa Martin-Green), o esa robaescenas que es la emperatriz/capitana Georgiou (Michelle Yeoh), y algún otro personaje o situación, más la calidad de la producción, la vinculan a los nuevos tiempos.

El resultado final me resulta ambiguo. No me ha parecido que tuviera el mismo nivel que la primera temporada, pero en cualquier caso ha sido bastante disfrutable y entretenida. Uno de los principales problemas que le veo es que es larga para lo que van a contar. Es una historia que se puede contar en nueve o diez episodios, en la que ha habido redundancias, momentos que no han aportado casi nada al avance de la trama. Ha sido morosa por momentos. Pero bueno… bien está.

Parece que habrá tercera temporada. Pero no sé muy bien como, tal y como ha acabado esta temporada. Quizá con una renovación absoluta de protagonistas que haría que dejase de tener tanto sentido el Discovery del título. O tal vez haya habido una preparación a un spin off con la Enterprise del capitán Pike como protagonistas. Con Rebecca Romijn en su papel de Number One… mientras que la tripulación de la Discovery serguirá sus aventuras en… bueno. Es que no quiero destripar el final de la temporada. Ya veremos como sigue la cosa. Según la Wikipedia, la tercera temporada es segura, indica que con la tripulación actual y en la Discovery, y lo que piden los fanáticos de la serie es que se haga el spin off de la Enterprise de Pike y Number One.

The Orville – 3ª temporada

Esta parodia del universo Star Trek fue una de las más agradables sorpresas del año pasado. Su creador y protagonista, Seth MacFarlane, se dedicó a replicar el ambiente de las series más clásicas de la franquicia trekkie como un vehículo para realizar un crítica social y política a la sociedad norteamericana, y de buena parte del mundo, de la actualidad. Si la franquicia original ha presumido siempre de impulsar valores positivos, como el valor de la ciencia, la necesidad de la exploración y el descubrimiento, el buen rollo entre civilizaciones y razas,… la humanidad como valor en sí mismo, también es cierto que visto en retrospectiva, la forma en que se prestan esos valores es, por decirlo de alguna forma, bastante ingenua. Naïf.

La crítica de MacFarlane es más incisiva, repasa los problemas de tolerancia y convivencia que se observan hoy en día en el que los populismos, especialmente de derechas, encuentran su camino a través de los sistemas electorales para impactar en los ciudadanos y obtener cuotas de poder o representación en unos sistemas políticos en los que no creen. E introducen intolerancia, sexismo, racismo,… lo que queráis. La tripulación de The Orville, ella misma repleta de ironías, se enfrentará en sus aventuras a estas cuestiones y nos permite reflexionar un poco. O un mucho en alguna ocasión. Yo me lo pasé bien en su primera temporada.

Y me lo he pasado bien en la segunda. Nuevamente, sin tomarse demasiado en serio a sí misma, manteniendo un estilo de parodia simpática y amable hacia su original trekkie, ha ido repasando nuevos temas o revisando los ya tocados. Pero ha ido más allá, nos ha ofrecido algunos arcos argumentales que han resultado muy entretenidos. Y de paso ha procedido a parodiar/homenajear otras sagas célebres de la ciencia ficción.

Una de las “razas” del universo de The Orville en esta temporada han sido los kaylons, una civilización de seres robóticos, que claramente están inspirados en los cylons de Battlestar Galactica (léase saylons). Y el último episodio de la temporada ha estado claramente inspirado por las luchas de rebeldes contra un imperio, con una banda sonora que mimetiza el estilo de las de John Williams para la saga Star Wars.

Yo me lo sigo pasando muy bien con esta serie. Que dure mucho tiempo con este nivel. Por cierto, la Kelly Grayson alternativa, siendo la misma actriz (Adrianne Palicki), es todavía más atractiva que la original.

[TV] Cosas de series; dramas y comedias, de oriente y de occidente

Televisión

Lo reconozco. Entre unas cosas y otras, se me ha montado un caos de series (o temporadas de series) que he visto recientemente, que no sé muy bien como organizarme. Es como si durante semanas me cundiese muy poco, y de repente se me acumulan todas. Además de las tres que os comento hoy, tengo otras cinco pendientes. Y entre medias, los hasta ahora decepcionantes episodios de la temporada final de Game of Thrones, y otras historias, que también estoy a un paso de finiquitar. Lo de hoy es un poco miscelánea. Las próximas semanas intentaré de dar un poco de homogeneidad a las entradas. Vamos con lo que hay.

Smoking

En el mundo de la yakuza, las bandas del crimen organizado en Japón, Smoking es un grupo de cuatro asesinos a sueldo dispuestos a ser contratados y llevar a cabo su trabajo, pero siempre con un cierto sentido ético. Quien muera ha de haberlo merecido. Como garantía del trabajo hecho, presentan la piel con los tatuajes de los muertos. Todos tienen historias trágicas detrás, que iremos descubriendo poco a poco. Y la serie, de 12 episodios de algo menos de media hora de duración, que empieza como un procedimental, se embarca poco a poco en un arco argumental que abarca toda la serie. Interpretada y realizada con sobriedad pero con eficacia, presenta bastantes dosis de violencia, no es amable en la resolución de todos los conflictos que plantea, pero funciona bien y me parece interesante. No me importaría ver una segunda parte.

Seguimos con imágenes de Japón, en homenaje a una de las dos series interesantes de hoy. La tercera… no es interesante, sinceramente.

My horrible boss

Comedia “romántica” surcoreana bastante intrascendente, pero a la que me enganché en un periodo en el que no me apetecían mucho los productos sesudos. Me llamó la atención porque a la protagonista femenina, Lee Yo-won, ya la vi en una de las primeras series coreanas que vi en Netflix. La actriz, que no es un jovenzana, luce más como modelo que como tal actriz, trabajo en el que destaca por su mediocridad, aunque en esta ocasión haya tenido algún momento inspirado. En cualquier caso, es muy elegante y estilosa, y viene bien como anuncio andante de moda. La trama alternar el drama en pequeñas dosis con la comedia en dosis un poco más abundantes, y va sobre una pequeña empresa de cosméticos que intenta sobrevivir entre tiburones de los negocios. Las situaciones son bastante ridículas, pero hay momentos divertidos. Le he puesto el entrecomillado a lo de “romántica” por la relación entre la protagonista femenina mencionada y el protagonista masculino, interpretado por Yoon Sang-Hyun, entre quienes planea constantemente una cierta tensión sexual no resuelta,… pero que tienen menos química que un cactus y una gamba. Los mejores momentos los proporcionan los secundarios, aunque alternan escenas graciosas con momentos que producen vergüenza ajena. Solo recomendable para los mayores fanáticos de las series coreanas. Los demás mejor se abstienen. Se encuentra también con los títulos Ms. Temper & Nam Jeong-gi o el título original Ukssi Nam Jeong-gi [욱씨남정기].

Santa Clarita Diet (3ª temporada)

En su tercera temporada, esta comedia familiar de zombis ha tenido el buen sentido de abrazar sin complejos el desmadre absoluto, pero no desorganizado, con guiones osados pero no alocados, generando un caos controlado en la familia Hammond, cuyos tres protagonistas se llevan buena parte del mérito de que esta serie funcione también y sea tan divertida de ver, mamá zombi (Drew Barrymore), papá comprensivo (Timothy Olyphant) e hija adolescente e independiente (Liv Hewson). Con momentos muy inspirados y muy divertidos, con secundarios que vienen y van aportando situaciones novedosas y muy graciosas, la verdad es que los 10 episodios de media hora de esta temporada me han sabido a poco. Muy recomendable.

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[TV] Cosas de series: la política británica y la intrascendencia coreana

Televisión, tv

Como vengo comentando recientemente, no ando precisamente sobrado de tiempo recientemente, llevo la cabeza muy liada, y me cuesta centrarme en series “serias”. Quizá por eso sigo viendo episodios de intrascendentes series orientales.

Ineludiblemente, viajamos a Londres, con los edificios del parlamento en el fondo, para celebrar una serie tan típicamente británica.

Como por ejemplo, una que terminé de ver hace unos días, que aparece en el catálogo de Netflix con el título “internacional”, o sea, en inglés, de Beating Again. Creo que ni intentaré dar traducción al título original coreano Sunjeonge banhada [순정에 반하다]. Pero la cuestión es de lo más naíf. La protagonista femenina (So-yeon Kim) es una secretaria de alta dirección de una empresa que se ve amenazada por un tiburón de las finanzas (Kyung-ho Jung), que tiene una grave enfermedad de corazón. En una misma noche, el novio de la chica, un policía es atropellado por un coche. Y el tiburón tienen una grave recaída. El novio muere, el otro recibe un trasplante de corazón. Y a partir de ahí… todo lo que os queráis imaginar en lo que es una comedia romántica coreana con algún tinte dramático aquí y allí. Personajes simpáticos, guiones horribles, con un espantoso uso y abuso del deus exmachina, y una intrascendencia absoluta que te libera de la obligación de pensar. Y eso sí, todos muy guapos.

Mucha más enjundia tiene la trilogía británica de House of cards, y me ha llevado su tiempo verla a pesar de que sólo son doce episodios. Precursora británica producida por la BBC en los años noventa de la serie que puso en el candelero a Netflix. No se trata de una serie como tal, sino de la adaptación de tres libros a tres series de cuatro capítulos; House of Cards, To Play the King y The Final Cut. La primera narra el ascenso de Francis Urquhart (Ian Richardson) destacado miembro del Partido Conservador británico al poder del gobierno de ese país. La segunda, sus pugnas con la monarquía. La tercera, la decadencia política. El estilo es “cínico”. Hay frecuentes rupturas de la cuarta pared en las que el protagonista se dirige a la audiencia. Y el tema de continuidad de las tres series es la ausencia de principios y de escrúpulos a la hora de maniobrar políticamente. La total ausencia de ética en la práctica política. Lo curioso es que el escritor de los libros originales fue un destacado miembro de ese Partido Conservador, colaborador con Margaret Thatcher, y también con posiciones importantes en periodos posteriores al de esta primera ministra. Y no deja especialmente bien parado a su propio partido, salvo que la realización de la BBC haya acentuado determinados aspectos de la historia desviándose del original. No lo sé. Es bastante entretenida, Richardson y el resto del reparto hacen un trabajo excelente, aunque la producción resulta un poco viejuna por la forma de rodar que tenía la BBC entre los años 70 y 90.

[TV] Cosas de series; intrascendencias orientales

Televisión

Lo reconozco. He entrado en modo de baja capacidad de concentración. Estoy muy liado, tengo poco tiempo para según que cosas, intento no dejar de lado la fotografía, especialmente la realizada con película tradicional, también tengo bastante trabajo y, por lo tanto, llevo unas semanas que no me concentro con las series más sesudas, más serias, o más conceptuales. Y me he refugiado en mis ratos de la comida o la cena en la banalidad intrascendente de determinadas series orientales que llegan desde extremo oriente a Netflix.

Unas cuantas vistas de Corea del Sur en honor a una de las series de hoy.

Por ejemplo, tras el interesante drama nipón que comenté recientemente, vi que llegaba a la cartelera de series de la cadena de vídeo bajo demanda otra serie japonesa de sólo cinco episodios de duración, que se ofrecía bajo el título internacional, o sea, en inglés, de Stay Tuned. El título original nipón sería Channeru wa Sonomama!![チャンネルはそのまま!! ], que significa algo así como No cambien de canal!! o algo así. Como sucede frecuentemente, está basada en un tebeo, y parece que su origen está en el aniversario de un canal de televisión local de la isla de Hokkaidō, con sede en Sapporo. El modelo televisivo japonés es parecido al de Estados Unidos, con una diversidad de canales locales que funcionan en red con grandes cadenas televisivas nacionales, generalmente con sede en Tokio. Pero estos canales locales se responsabilidad de la producción de programas de interés local, en concreto Hokkaidō Televisión Broadcasting (HTB), cuya sede aparece repetidamente como sede de la cadena ficticia. Y ahí tenemos un grupo de nuevos empleados en distintos departamentos del canal Hoshi TV entre los que destaca la inepta pero voluntariosa y bondadosa Hanako (Kyōko Yoshine), que va de catástrofe en catástrofe hasta que, previsiblemente, se convierte en la heroína de la cadena en su pelea con una cadena rival. Graciosa en ocasiones, intrascendente las más de las veces, es un entretenimiento relativamente banal, que se ve en un plis plas, con algunos personajes muy divertidos, y situaciones irreales las más de las veces.

Más empaque tiene Romance is a bonus book, título “internacional” de
Romaenseuneun Byulchaekboorok [로맨스는 별책부록], que significa algo muy parecido. Dieciséis episodios de una hora de duración para una comedia con tintes dramático, o viceversa, un drama con tintes de comedia, sobre un mujer de 37 años, Dan-i [Nayoung Lee], que tras un divorcio muy traumático no consigue trabajo a pesar de que en sus años más jóvenes antes de casarse y pasar ama de casa, fue una publicista destacada y premiada. Pero ahora está sobrecualificada, y al mismo tiempo desfasada, para los trabajos actuales. Se apoya en su mejor amigo en lo personal, Eun-ho [Jong-Suk Lee], que siendo unos cuantos años más joven, está secretamente está enamorado de ella. Y al final, mintiendo sobre su curriculum, Dan-i encontrará trabajo, un puesto modesto, en la editorial en la que Eun-ho es editor jefe y uno de los socios fundadores. A partir de ahí, comenzarán toda suerte de enredos entre los ocho personajes habituales de la serie, que ante todo se centra en la progresión del romance entre los dos amigos, pero también en los problemas laborales de la protagonista. Serie de buenos sentimientos, muy buenrollista, que pretende ser progresista en sus planteamientos sobre el trabajo de la mujer, aunque a un nivel que en muchas ocasiones resulta bastante pueril, lo que le resta profundidad. Como suele pasar con estas series coreanas, empiezan fuerte, pero su excesiva duración para una trama que no da mucho de sí, la desinfla un poquito, y sólo se sostiene por la empatía que generan los personajes protagonistas, que también están en manos de intérpretes razonablemente solventes, hasta llegar al previsible happy end. Intrascendente también, pero visible para una época como la que recorro ahora en que no tengo la cabeza para trascendencias.

[Cine en TV] Tres de Netflix: IO – High Society – Triple Frontier

Cine, tv

Llevo un cierto retraso en comentar estrenos de largometrajes en cine, que no se han estrenado en salas de cine. Algunos ya sabéis que desde hace dos años, incluso estas películas en mi base de datos de estrenos anuales, porque creo imparable esta forma de producir y estrenar cine para el futuro.

El sábado de la semana pasada llegamos tarde, pero teníamos intención de fotografiar el entorno de la pasarela del Bicentenario (no sé de qué), en el camino desde Zaragoza hasta el galacho de la Alfranca. Este sábado sí que llegamos a tiempo y pude hacer unas cuantas fotos. A la puesta de sol le faltó un cielo más interesante, pero qué se le va a hacer.

IO ( 2019; 6/20190120)

Nada menos que en enero vi esta película dirigida por Jonathan Helpert, y protagonizada por Margaret Qualley y Anthony Mackie. Ciencia ficción de ambiente postapocalíptico, en la que la población de la Tierra se ve forzada a abandonar el planeta, colonizando Ío, uno de los satélites galileanos de Júpiter. Pero la científica interpretada por Qualley está emperrada en encontrar una forma de recuperar el planeta para los humanos. Al mismo tiempo que se ha anunciado ya el lanzamiento de la última nave que abandonará la Tierra con refugiados en dirección a Ío.

Ciencia ficción con pretensiones que acaba siendo un pestiño, sobre el que todavía me estoy preguntando cómo aguanté viéndolo hasta el final. Ni la producción, ni las ideas, ni la interpretación salvan nada. No hay nada que no hayamos visto ya mucho mejor contado. No perdáis el tiempo con ella.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: **
  • Valoración subjetiva: *

High Society ( 2018; 16/20190308)

Con título en inglés se presenta este laaaargometraje surcoreano del director Hyuk Byun, y nada menos que con la coletilla del “montaje del director”, como diciendo “aquí hay calidad y la vais a ver toda”. La cuestión es que en el cine surcoreano hay distintas tendencias. Y últimamente me he mal acostumbrado a películas con cierto nivel autoral, lo que me hizo picar.

En realidad, este drama de ambiciones personales está más emparentado con los dramas televisivos del país asiático que con sus mejores producciones cinematográficas. El matrimonio formado por Oh Soo-yeon (Soo Ae), conservadora en puesto directivo de una prestigiosa galería de arte moderno de Seul, y Jang Tae-joon (Hae-il Park), un dinámico profesor de economía en la universidad, aspira a entrar en un nivel social superior. Ella buscará hacerse con la dirección de la galería, mientras que el entrará en política. Pero se van a encontrar con un despiadado mundo de intereses cruzados en el que no les será fácil moverse.

La película, como digo, tiene un aspecto más televisivo que cinematográfico. Y usa el sexo, con algunas escenas muy explícitas, como enganche. En estos momentos, no sé cómo sería el montaje de la película en su estreno en Corea del Sur, un país bastante conservador. Pero quizá lo del “montaje del director” sea simplemente que las escenas de sexo para la versión internacional no está cortadas.

Más allá de esto, poco interés. Quien se interese por este tipo de dramas, que mire entre las series, que se convierten en un estupendo guilty pleasure, especialmente las que tienen un toque de comedia, sin las pretensiones de un producto relativamente pedante como este. Eso sí, todos son muy guapos y guapas. Y que conste que algunos de los interpretes no lo hacen mal del todo.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

Triple Frontier ( 2019; 19/20190323)

Probablemente, el estreno más sonado y publicitado de Netflix en lo que llevamos de año. Con un reparto de campanillas en el que destacan nombres como Ben Affleck u Oscar Isaac, la película dirigida por J.C. Chandor nos cuenta un historia tipo “gran robo del siglo” cuando cinco antiguos soldados de élite norteamericanos se embarcan en la tarea de birlar el dinero de un peligrosa capo de la droga en un inespecificado país sudamericano, probablemente Colombia. Aventuras con abundantes balaceras, su dosis de explosiones, mucha testosterona, y un mensaje constantemente contradictorio. La cuestión es si son simples ladrones a los que la ambición rompe el saco, o si son héroes que se ven metidos en esta historia por la ingratitud de una sociedad que después de usarlos en sus conflictos bélicos los desprecia. La película se mueve entre una moralina barata sobre lo que está bien y lo que está mal, mientras se acerca peligrosamente a conceptos militaristas relativamente fascistoides. Ni que decir que no es lo mío, y no entiendo el follón que se ha montado a su alrededor, ni la falta de sentido crítico de muchos que se consideran a sí mismos,… eso… críticos.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: *

[TV] Cosas de series; robots, muerte, amor y problemas copulatorios

Televisión

Las dos series de esta semana, ambas visibles en Netflix, tienen características singulares con respecto a la mayor parte de las cosas que vemos habitualmente. Cada una en su estilo que son muy muy muy muy diferentes.

Por un lado tenemos Love, Death & Robots, una antología de 18 cortos de animación en su mayoría, con diversas técnicas y estilos de realización, desde el dibujo animado hasta la simulación de intérpretes virtuales, y que cuando hay actores de carne y hueso también van acompañados de abundantes efectos visuales generados por ordenador. La duración de los cortos va desde los seis minutos al cuarto de hora o poco más. Y en general pertenece a los géneros fantástico, horror o ciencia ficción. Las estéticas van desde el ciberpunk, al gore, pasando por… lo que se os ocurra imaginar. No son para todos los públicos, hay violencia, sexo,… los sospechosos habituales de las pelis no “toleradas” para menores. Las historias… pues algunas están muy conseguidas y son muy ingeniosas, otras flojean más. Pero con esa breve duración, son episodios que los cuelas en cualquier momento, y los vas viendo poco a poco, pero sin tardar mucho en revisar toda la serie. Dicen que habrá más tandas en un futuro.

Imágenes de parejas, madres y mujeres jóvenes japonesas, que vienen bien para acompañar una de las series de hoy.

Se ha levantado cierta polémica con esta serie, porque no a todos los suscriptores les aparecían los episodios ordenados de la misma forma. Según algunos, Netflix tendría implantada alguna forma de analizar las preferencias del espectador, por lo que le ofrecería una ordenación de los episodios adaptada. Lo cual, para algunos, es una intromisión intolerable en la privacidad. Netflix contesta que hay cuatro formas de ordenar los episodios, y que la forma en que se presentan a cada suscriptor viene dada por el azar. No tengo ni idea de cuál es la realidad. Porque mi realidad personal es que los he visto en el orden que me ha dado la gana, generalmente eligiendo aquel episodio que por su duración se ajustase bien al tiempo disponible en ese momento. Y tampoco he notado que los que aparecían en el principio, o en el final, de la lista me gustasen más o menos que los otros. Creo que eso dependía de otros factores. En general, una experiencia positiva, salvando esa irregularidad que una antología de este tipo, en la que han metido mano muchos creativos distintos, necesariamente presenta.

Y luego hemos tenido una serie japonesa, presentada como original de la cadena, esto nunca es cierto al cien por cien en las series de esa nacionalidad, y que en España aparece con el título “internacional” de My husband won’t fit. Algo así como Mi esposo no encaja. Parece que en los países latinoamericanos aparecería otro título que ahora no sé muy bien cómo es. El caso es que cuando vi el estreno, no me hacía la idea de que iba… no leí la breve sinopsis,… así que pillé el título original japonés y lo pase por el traductor de Google…

Otto no Chinpo ga Hairanai [夫のちんぽが入らない] se traduciría como La pilila de mi marido no puede entrar.

Y sí, realmente el hilo conductor de este drama, porque a pesar de ese título tan chusco es un drama que en ocasiones bordea con la tragedia, es la incapacidad para copular en una pareja. Una pareja, Kumiko (Natsumi Ishibashi) y Kenichi (Aoi Nakamura), se conocen cuando ella, Kumiko, se instala en la ciudad con 18 años para empezar en la universidad y él su vecino, un año mayor, que sin conocerla de nada, le ayuda a instalarse. Pronto es evidente que a Kenichi le gusta la chica. Y acaban enamorándose. Pero con un problema, cuando intentan practicar el sexo, no es posible introducir el pene de Kenichi en la vagina de Kumiko. A pesar de todo, seguirán adelante con su relación e incluso acabarán casándose, pero con la incompatibilidad física sobre ellos como una espada de Democles sobre su relación, incluso cuando en otros aspectos esta parece ser envidiable.

La serie es una adaptación de un cómic, que a su vez es adaptación de una novela autopublicada por una mujer que publica bajo el nom de plume de Kodama (nombre que reciben determinados espíritus de la mitología nipona), y que afirma que se basa en su experiencia personal. Cuando he comentado la serie en mi entorno me he encontrado todo tipo de reacciones; desde quien se lo toma a chufla hasta quien me dice, “Maño, que raro que eres viendo la televisión”. Lo cierto es que a la serie no le faltan virtudes. Está bastante bien interpretada. La serie descarga principalmente sobre el trabajo de Ishibashi, su protagonista femenino, que aporta un físico delicado, de aspecto frágil, que acompaña las inseguridades de la joven que abandona el pueblo creyendo que sus padres no la quieren, y que está en búsqueda permanente de una aceptación externa, cuando tiene problemas de autoaceptación. No solamente está el problema de la relación física, también tiene problemas por encontrar su sitio en la vida en otras dimensiones, siendo la más notable la laboral.

La serie es una serie adulta. Hay escenas de sexo, que pueden resultar desasosegantes. No voy a entrar en los detalles de la trama. Y hay momentos en los que te llegan a transmitir una profunda tristeza. Ahí, en las escenas más complicadas, es donde aprecias el buen hacer de esta joven actriz, que con veintiséis años encarna un personaje desde los 18 hasta los 38 años, durante 20 años de su vida.

Sin embargo, la serie no es redonda del todo. La afección de la joven, el vaginismo, es un cuadro clínico perfectamente descrito, que obedece a distintas causas, y que es perfectamente tratable en la mayor parte de los casos. Y ahí tengo la maldición de mi formación como profesional de la salud, en la que me resultan inverosímiles algunas situaciones que se presentan. Y hay elementos en la forma en que afrontan el problema los protagonistas que desconozco si se deben a de la idiosincrasia de la cultura japonesa, son cuestiones asociadas a esta singular pareja,… o quizá sean defectos de la historia. Algunas inconsecuencias se pueden tolerar en beneficio del drama,… otras me cuesta más. Globalmente, y a pesar de una conclusión un tanto insatisfactoria por los motivos que he comentado, la serie tiene momentos muy buenos, que transmiten un drama personal que merece la pena su consideración. Y un buen trabajo actoral de la protagonista femenina. Tengo el problema de que el personaje protagonista masculino ha acabado cayéndome mal… pero no voy a destripar todo lo que pasa en la serie.