[TV] De miedo para la noche de las ánimas

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Pues sí. Creo que sin querer, acabé inmerso en series más o menos terroríficas alrededor del día de Todos los Santos y la Noche de las ánimas. Lo que por ahí llaman “jalogüin”. Partamos de un hecho. Soy un escéptico acérrimo en todo aquello que se considere fenómenos sobrenaturales. Y bastante en los preternaturales, que tiendo a considerar como fenómenos inexplicados, no como inexplicables. Por lo tantºo, cualquier producción de ficción sobre estos temas, o tiene algo de fondo que haga que me interese, o es de humor, más bien paródico. Porque si no, quien se lo toma en serio, me aburre mortalmente, nunca mejor aplicado el adverbio.

El caso es que en Netflix, que es el servicio de vídeo bajo demanda que más uso, he observado cierta tendencia en los últimos tiempos a favorecer este tipo de temas. Lo cual puede comprometer mi fidelidad a la plataforma a medio plazo. No obstante, algunas de estas producciones han suscitado suficiente expectativas como para atreverme con ellas. O al menos, intentarlo.

En mi tierra, las brujas están en las montañas… sobre todo; y a las montañas, pirenaicas, nos vamos.

Por ejemplo, lo intenté con The Haunting of Hill House, una serie de fantasmas y casas encantadas que ha sido muy alabada. No terminé el primer episodio. Cosas que pasan. Mira que me han dicho que la serie es algo más que una serie de fantasmas… yo no lo capté. Adiós.

No me costó nada ver al completo la miniserie Don’t Watch This. Al fin y al cabo son episodios de entre 3 y 10 minutos de duración, no recuerdo si alguno duraba más, de terror terrorífico. Una especia de pequeño guiño de la plataforma a las fechas en cuestión. La podemos considerar anecdótica. Una curiosidad, a la que le falta algo para que atraiga la atención y quede en la mente del televidente. No merece mucho más comentario.

Así que el estreno estrella que tengo que comentar es Chilling Adventures of Sabrina, nueva versión televisiva de un personaje procedente de los tebeos. No recuerdo haber visto entero ningún episodio de la serie que tuvo cierto éxito en los años 90. Pero sé que aquella tenía un carácter amable. En esta ocasión, han optado por un carácter más oscuro y tétrico. Y dramático. Aquí la gente se muere de verdad. Cierto es que hay momento que sientes que de fondo pulula una parodia. Todas las frases hechas de la Iglesia de la Noche o como se llame, que están elaboradas a imagen y semejanza de las de las iglesias reales, pero cambiando adjetivos y verbos, y con Satanás como objeto principal en lugar del Dios de las religiones monoteístas de origen judeocristiano o árabe, me producen más gracia que otra cosa. Y me llevan a pesar en una posible crítica larvada a los dogmatismos y ritos más o menos irracionales de las mismas. Pero como es una serie donde se quiere ser tan estrictamente políticamente correcto, en que no hay escena en la que no encontremos representación étnica o de orientación sexual y de género diversificada, tampoco adquiere el nivel suficiente para divertirnos realmente. Con un reparto al frente del cual encontramos a la antigua niña mayor de los Draper (Kiernan Shipka), un papel que hizo muy bien, el nivel interpretativo es correcto, con algunas presencias interesantes. Pero la serie se toma a sí mismo demasiado en serio. No entra en ese punto paródico, abandona con frecuencia el humor, y al final me resulta un poco cargante en ocasiones.

Yo es que en cuestión de brujas, cosas de mi infancia, estoy muy condicionado por Samantha. La de antaño, no la de la película más reciente.

[TV] Policias buenos y maníacos empastillados

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Pues nada. Que tenía aquí dos series pendientes. Una de ellas desde hace ya unas semanas, la otra más reciente. Así que, antes de dedicar una semana al terror y al satanismo que nos dejó como herencia la última Noche de las Ánimas, vamos a ir cerrando pendientes.

Tenemos la ocasión de ver en Netflix una serie de mero entretenimiento, sin sesudeces de ningún tipo, que es The Good Cop. Un procedimental que oscila entre la comedia y el drama, nos cuenta la historia de un policía honesto (Josh Groban) hasta lo obsesivo-compulsivo, su padre (Tony Danza), un policía corrupto que ha cumplido condena, y la nueva compañera del primero (Monica Barbaro), que fue previamente la agente de libertad condicional del padre. El padre, más que ayudar al hijo en sus casos, suele estorbar. La chica es el único personaje “normal”, ya que los otros dos oscilan entre la comedia y el drama. Con situaciones relativamente absurdas. Quizá demasiado forzadas. Entretiene. Sin más. Tony Danza conoció tiempos mejores en su actividad de actor televisivo.

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Ya que estamos de neurosis y psicosis televisivas, nos daremos un paseo por el parque de Delicias de Zaragoza, antaño los terrenos de ahora un mucho más reducido hospital psiquiátrico.

Sin embargo, Maniac es una miniserie con pretensiones. Producida y dirigida por Cary Joji Fukunaga, tiene un reparto de cierto relumbrón, al frente del cual encontramos a Emma Stone y Jonah Hill, además de otros nombres conocidos. La primera es una joven trastornada por el sentimiento de culpa ante la muerte de su hermana en accidente. El segundo está diagnosticado de esquizofrenia, y forma parte de una familia que no le acepta y que pretende que testifique a favor de su hermano, acusado de un crimen. Ambos entran a participar en un extraño ensayo clínico donde, además de varios científicos locos (curioso el cambio de Sonoya Mizuno frente a otros trabajos anteriores), hay una computadora con sus propias neurosis, y una serie de realidades virtuales que intentan aportar entretenimiento a una serie en la que, aparte de algún momento bueno, me costó mucho integrarme. Por debajo de las expectativas creadas, lo más destacable son las interpretaciones, que hacen lo que pueden por mantener a flote una serie con sus propias neurosis. Por cierto, cualquier parecido de lo que aparece en la trama bajo el nombre “ensayo clínico” con la realidad es pura coincidencia ninguno.

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[TV] The Man in the High Castle

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¿Mi serie favorita de las que están en activo en este momento? Es muy probable. Sí. Incluso por encima de Game of Thrones. La ucronía de Amazon Prime Video basada en la novela de novel de Philip K. Dick me tiene totalmente atrapado. La historia alternativa del siglo XX en el caso de que los fascismos del Eje hubiesen ganado la guerra, el reparto del mundo entre Japón y Alemania, nos está llevando por unos derroteros de lo más interesantes. Y acaba de terminar su tercera temporada,… y ya lamento no estar viendo la cuarta.

The Man in the High Castle es una serie excelente. Tal vez no perfecta… pero casi. Excelente ambientación, interpretaciones sólidas y contenidas, episodios antológicos que merecen la pena por sí mismos, profundos dilemas éticos, giros argumentales sorprendentes pero nunca anómalos ni forzados. La serie funciona en distintas dimensiones.

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Nos vamos a Berlín, la “capital” del “Reich”… hoy día una capital culturalmente diversa y cosmopolita; pero también lo fue en los años 20 del siglo XX y acabó cayendo en las garras del fascismo.

Es una serie para la reflexión política. Para pensar en lo que significan los fascismos. O como se les llama ahora por parte de unos medios de comunicación asquerosamente políticamente correctos, las “derechas populistas”. Llamémosles por su nombre, sino queremos convertir el mundo en una distopía de pesadilla a base de los votos de una masa desinformada.

Es una serie de intriga. De “suspense”. Sufrimos con las aventuras y desventuras de sus protagonistas, que según Hitchcock era lo que marcaba el género. Hay complots, aventuras, alianzas imposibles, traiciones impensables o simplemente involuntarias. Romance, el justito… casi desapareciendo; que no distraiga de lo esencial. Aquí las mujeres son importantes y fuertes por sí mismas, no porque sean la novia de nadie.

Es una serie para la reflexión ética. No hay blancos o negros morales. El personaje que ayer nos parecía deleznable, hoy podemos desea que se salga con la suya. Para que a continuación realice una acción que nos recuerde que no es el héroe, que es un fascista. Y ya lo dijo Porco Rosso, “Prefiero ser un cerdo que un fascista”. La gama es amplia en posturas éticas. Desde la bondad extrema, casi excesivamente ingenua, hasta la maldad absoluta. Pero pasando por una gama muy interesante. Dilemas.

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Y es una serie de ciencia ficción y aventuras. El multiverso, la acción de los que se oponen a la perversión. Un mundo mejor es posible, no dejemos que los perversos de aquí estropeen los presentes y los futuros de allá. Luchamos por unos valores, no por una materialidad concreta.

Y todo ello, además, excelentemente interpretado. Con ese cuarteto constituido por Alexa DavalosJoel de la Fuente (sí, el duro inspector Kido tiene ascendencia filipina, malaya, china, portuguesa y española; japonesa, no), Cary-Hiroyuki Tagawa y un impresionante Rufus Sewell. Sin despreciar absolutamente a ninguno del resto de intérpretes del amplio reparto, muy bien coordinado y compactado.

Deseando ver la cuarta temporada. Aunque imagino que no habrá muchas más. Las tramas se están empezando a cerrar.

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[TV] Animación japonesa para las vacaciones

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La rutina de estas vacaciones ha sido muy sencilla. Viajamos dos personas. Llevamos muchos viajes a cuestas juntos, y nos entendemos bien. Bien sea porque somos gente conformada y poco maniáticos cuando salimos de casa, bien sea porque nuestras manías se acoplan bien entre sí y viajamos con buen rollo. Pero eso sí, con el tiempo, sin hablarlo en exceso hemos establecido rutinas viajeras.

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El mundo de los “otaku” en Akihabara, Tokio.

Salvo algún día aislado, no nos vence la pereza. A las ocho de la mañana estamos en pie. A veces antes, si conviene para lo que queremos visitar. Nunca nos marcamos muchos objetivos para cada día. Una visita en la mañana, otra después de comer y otra para la tarde. A veces se resumen en dos. Solemos adaptarnos a las costumbres del país. Comemos y cenamos pronto. Comidas al mediodía ligeras, las cenas según toque. Después de cenar nos relajamos tomando algo donde nos pille, conversamos sobre el día y hablamos del día siguiente. Como solemos buscar algún lugar con acceso a internet, subo algunas fotos, que es mi forma de decir a mi gente que estoy bien. Y luego nos vamos a dormir, no muy tarde. Ahí ya, cada uno a su bola, mientras relajas los músculos para conciliar el sueño, vemos algún episodio de vídeo bajo demanda en las tabletas, en Netflix o Amazon Prime. Y para esto, la animación japonesa, con episodios de unos 22 minutos de duración es ideal. Duran poco, no te hacen pensar mucho, y cuando terminas, a dormir. A lo tonto modorro he visto unos cuantos.

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Ansatsu kyōshitsu [(暗殺教室] (Assassination Classroom) es una serie de animación de la que ya vi la primera temporada en Netflix hace un tiempo. La premisa es curiosa. Un alien amenaza con destruir el mundo en el plazo de un año. Mientras, se presta para ser el profesor de una clase de enseñanza secundaria a adolescentes de 15 años. Es la clase de los “torpes” de un elitista instituto privado. Pero el gobierno encarga a estos adolescentes que antes de que acabe el año tienen que asesinar a su profesor. La primera temporada me pareció muy divertida. Tenía algo de mala leche, e incluso algún puntito transgresor que me gustaron. Pero pasaba el tiempo y no aparecía la segunda temporada. Me enteré en junio, en Suiza, que en algunos países sí que estaba disponible. Pero en el país helvético estaba sólo en audio japonés o alemán, con la posibilidad de subtítulos en alemán. En Taiwán, la encontré con posibilidad de subtítulo de lo que llaman español latino… es decir con modismos propios de Centro y Sudamérica. Me vale. La descargué y la fui viendo. La segunda temporada no está mal, pero pierde esos puntos de mala leche y transgresión,… y ya no es lo mismo. Menos adulta, más para adolescentes. En fin… serie terminada. No está mal en su conjunto de todos modos.

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En Amazon Prime encontré Wotaku ni koi wa muzukashī [ヲタクに恋は難しい] (Wotakoi; el amor es difícil para un otaku). Está dirigida a un público más adulto. Y son poquitos episodios. La serie le da una vuelta al concepto de otaku, que es como se denomina a las personas que viven inmersas en sus aficiones como los videojuegos, la lectura de manga, de novelas rosas, el anime, el cosplay, u otras aficiones similares. Al sumergirse intensamente en su afición, se suele asumir que son personas con pocas relaciones sociales o con dificultad para las mismas. La serie explora dos parejas, compañeros de trabajo en una misma empresa, que intentan compaginar sus aficiones otaku con sus relaciones afectivas. La serie es simpática, no me parece que tenga excesivas pretensiones, pero consigues empatizar con algunos de sus personajes. Aunque otras cuestiones, culturalmente te suenan excesivamente extrañas. En cualquier caso, es entretenida y cumplió con su misión en el ámbito del viaje que he señalado. Esta la vi más, una vez descargada, en momentos muertos en aeropuertos y estas cosas.

Hubo otra serie a la que también le di alguna vuelta en Netflix… pero que no me parece que merezca la pena un comentario.

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[TV] Atípicos, neurotípicos y estereotipados

Televisión

No voy a entrar a valorar seriamente una serie de animación japonesa, Jūshinki Pandōra [重神機パンドーラ], que Netflix presentó recientemente. Producción chinojaponesa, con un título occidental de lo más vulgar, Last Hope. Es la típica de monstruos que amenazan la humanidad, que los hace frente en un mundo postapocalípitico donde se mantienen algunas ciudades tecnológicamente avanzadas, usando robots tripulados más o menos grandes, más o menos armado, más o menos voladores. No tan tosco como Mazinger Z, pero descendiente conceptual. Cometen la banalidad de utilizar el “apellido” “cuántico” para cualquier cosa, lo que desde hace décadas es signo de mala escritura en ciencia ficción. Cuando quieres dar un aura misteriosa pero científica a algo, le llamas “cuántico/a”  y ya todo vale. Sólo cuando algún episodio se sale de su esquema habitual, con más sutileza argumental, la serie presenta algún interés.

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No tengo fotos que se me ocurran especialmente adecuadas para la entra de hoy; pero algunas fotos del Festival Asalto 2018, que siempre se preocupa por la integración y la diversidad en la sociedad, nos valdrán. Si el domingo os enseñaba fotos tomadas con película en blanco y negro, hoy serán fotos digitales en color.

Así que vamos con lo realmente interesante de esta semana, la segunda temporada de Atypical, que ha pasado de 8 a 10 episodios, de media hora de duración, que ya adelanto me han sabido a poco. La primera temporada fue un poco de presentación y, aunque nos adelantaron algunos conflictos y algunas tramas interesantes, dejaba la sensación de no haberse metido a fondo en la historia. Sí que nos dejaron algunas claves, girando las tramas alrededor de Keir Gilchrist, su protagonista, que interpreta a un adolescente con un trastorno del espectro autista, pero altamente funcional, así como de su familia, la tesis es que estas personas no serían enfermos, sino variantes atípicas de la normalidad, que necesitarían la ayuda y la solidaridad de su entorno para poder funcionar en una sociedad pensada o diseñada por y para las personas denominadas neurotípicas.

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Aunque por mi profesión pueda tener una opinión mejor informada que la población general sobre estas cuestiones, estando lejos de ser un especialista, lo cierto es que no me voy a meter en ese jardín y no entraré en valorar la plausibilidad científica de las situaciones presentadas. Asumiré mi ración de suspensión temporal de la incredulidad, como ante cualquier relato de ficción, y me centraré en el hecho de que en esta segunda temporada nos hemos encontrado con un intérpretes, de por sí de buen nivel, bien asentados, y una tramas más interesantes y mejor llevadas. Ambos padres, interpretados por Jennifer Jason Leigh y Michael Rapaport, son dos valores seguros, que cumplen bien. Se confirma que la chica que hace de hermana, Brigette Lundy-Paine, es una potente robaescenas, que ha rato me recuerda a Brie Larson en United States of Tara. Con una diferencia; Larson era realmente un adolescente interpretando a una adolescente, mientras que Lundy-Paine está a mitad de la década de los ventitantos interpretando a una chica que cumple 16 años.

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Hay algún pero… Bueno, hay situaciones forzadas por culpa de lo “políticamente correcto”. Se fuerza la diversidad racial/étnica. El personaje de la psicóloga de origen asiático tenía importancia en la primera temporada, pero en la actual da la impresión de que está ahí para mantener la cuota. Lo mismo que la nueva amiga de las sesiones de terapia que es afroamericana. Y han forzado una salida del armario de uno de los personajes protagonistas, que tampoco sé si tiene mucho que ver con lo importante. Que además de que se veía venir, no sé si aporta mucho al tema central. En cualquier caso, la introducción de lo que últimamente vienen siendo nuevos estereotipos presentes en las series de televisión tampoco hace daño excesivamente a la serie en su conjunto. Serie que, como he dicho, me parece muy entretenida, y que me ha sabido a poco en esta temporada.

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[TV] El lenguaje de las flores con acento mejicano

Televisión

Hoy voy a dedicar principalmente mi recomendación televisiva a una reciente producción mejicana para Netflix que ciertamente me ha dejado muy buen sabor de boca. Pero he notado también una omisión reciente… y la quiero subsanar. A principios de agosto terminé de ver la segunda temporada de G.L.O.W., las entrañables mujeres de la lucha libre americana. Esta es una serie que, detrás de su horrible estética ochentera y de su tema aparentemente banal, desgrana una interesante historia de relaciones humanas entre gente de esos que a los anglosajones les encanta llamar loosers, literalmente “perdedores”, pero que los hispanohablantes, por los menos los de este lado del Atlántico, llamaríamos pringados o pardillos. Con una duración ajustada en sus episodios, unos guiones muy bien pensados, unas interpretaciones de muy muy buen nivel, esta comedia con tintes dramáticos es probablemente una de las mejores opciones que ofrece hoy en día Netflix, una plataforma que, desgraciadamente, está evolucionando más al terreno de la fantasía, el terror y los misterios paranormales de lo que desearía.

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Las flores son muy bellas, pero suelen atraer a seres muy peligros. Pican y muerden… pues de eso va la serie mejicano de hoy, más o menos.

Pero vamos con otra de las agradables sorpresas de esta plataforma de vídeo bajo demandas. Que no es otra que La casa de las flores, producción que nos llega desde Méjico, y que ha sorprendido por varios motivos. Con un reparto notablemente sólido en su capacidad interpretativas, al frente del cual encontramos a Verónica Castro, una de esas reinas de los culebrones que aterrizaron en España en los años 80, encontramos una comedia ágil, que resuelve en 13 episodios de 30 minutos un argumento absolutamente de culebrón, de esos que tienen más de 150 o 200 episodios. Con todos sus elementos, una familia diversa, amoríos, traiciones, glamour, hijos secretos, ambiciones por el poder, la cárcel… de todo. Pero también una producción con muchas ganas de reírse de sí misma, de parodiar a todos esos culebrones, pero sin hacer sangre.

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El comienzo me resultó un poco preocupante. La narración de la historia por parte de una muerta, recuerda demasiado a otras series. Luego te das cuenta de que nos es una copia/plagio, sino que es precisamente un elemento más a parodiar, a introducir en el cóctel de tópicos y lugares comunes, para crear una idea original. Políticamente incorrecta, pero con inteligencia, no deja de poner en solfa una sociedad “bienpensante” y “educada” pero machista, intolerante a la diversidad social, sexual, racial, a los discapacitados… que critica todos aquellos “defectos” que no saben ver en sí mismos. A ratos algo “almodovariana” tiene señas de identidad propias. Y si bien no es un producto perfecto, tiene algún que otro altibajo, el conjunto te deja un excelente sabor de boca.

Como decía, además de la idea original, la alegre mezcla de elementos conocidos en otras producciones, y un excelente diseño de producción, cuenta con la baza de un excelente nivel de interpretaciones. Me he quedado encantado con esa Paulina (Cecilia Suárez), que con la cadencia de su hablar ha protagonizado algunos momentos casi sublimes. O la presencia del español Paco León, un actor que no es especialmente de mi gusto y simpatía, y que sin embargo está fenomenal como “marido” de la anterior.

Recomendable. Francamente, muy recomendable.

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[TV] Lo que pudo haber sido y no fue, versión japonesa

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No me extenderé mucho en esta entrada televisiva. Últimamente ando con cierta desmotivación con el medio, le dedico menos tiempo, y de forma un poco errática. Por ello, de vez en cuando, acabo preso de anécdotas como la serie que me ocupa hoy. En castellano la han titulado El Comité de Podría-Haber-Tenido-Sexo, y variantes de esta idea se encuentran en otros idiomas occidentales. En japonés, es Yareta Kamo Iinkai [やれたかも委員会], cuya traducción parece ser algo así como El comité del pudo haber sido.

En el tren de la línea Chuo - Tokio

Aunque las situaciones presentadas son diversas, casi siempre son gente joven, al menos cuando sucedió la “oportunidad” que relatan, y de ambiente urbano, predominantemente tokiota.

¿Y qué pudo haber sido? El título en castellano es el más explícito al respecto. Aunque también el más reduccionista. Reduce la complejidad de los procesos de atracción y de relación entre personas al deseo sexual. Y la serie es más sutil y más compleja que todo eso. Con la excusa de presentar el caso ante un “comité” de tres personas, dos hombre y una mujer, se nos cuenta la historia de una persona que conoció a otra en circunstancias muy diversas, y en la que se le presentó una situación en la que la persona pensó que podría haber tenido una ocasión de mantener relaciones sexuales con la otra persona, pero no se materializaron. Claro. La cuestión es que sólo conocemos el punto de vista de la persona cuyo recuerdo, más o menos nostálgico, ha permanecido como una oportunidad perdida. No conocemos el punto de vista de la otra persona, cuya posición adopta el comité. Y por otro lado, la cosa es más compleja. Aunque el momento que se debate es aquel en el que pudo haber o no relaciones sexuales, pero en muchos de los casos presentados, los sentimientos puestos en juego eran más amplios o complejos. Y por lo tanto, estamos ante la cuestión que probablemente a muchos se nos puede presentar sobre si pudimos ir a más o no con aquellas persona que conocimos, y que evidentemente nos atrajo. A mí me ha hecho pensar si no hubiera podido presentar un par de casos ante el “comité”. Es bastante menos superficial de lo que el título en castellano sugiere. Al mismo tiempo, la serie no renuncia al humor, siendo respetuosa con los aspectos dramáticos de algunos de los casos.

De los ocho episodios, en siete es un hombre quien presenta su caso. En todos, en una primera instancia, los dos varones del comité “votan” a favor del “pudo ser”, mientras que la única mujer “vota” a favor del “no pudo ser”. Dejaré en suspenso cómo es la votación del caso del último episodio, el único presentado por una mujer.

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La serie forma parte de esas producciones japonesas más o menos pintorescas. Se ve en un plis plas. Al fin y al cabo, ocho episodios de 25 minutos cada uno, son algo más de tres horas de duración total. Hay un noveno episodio que funciona a modo de falso making of. Y que ciertamente aporta poco.

Los casos tienen un interés diverso. Hay algunos muy entretenidos y que tienen un interés cierto. Otros te dan más igual. Por lo que hay cierta irregularidad. Y el nivel de interpretación es diverso. En el trío de miembros del comité, tenemos la “debilidad” de que la mujer es una chica joven muy guapa pero con unas capacidades interpretativas muy limitadas. Parece que viene de uno de esos grupos musicales formado por unas cuantas decenas de adolescentes y jóvenes que denominan idols [アイドル; Aidoru]. Entre las actrices invitadas en los distintos episodios, también tiran de este fenómeno, especialmente cuando son chicas muy guapas, pero más que de las idols musicales, de las del papel couché, Gravure Idol [グラビアアイドル; Gurabia Aidoru], cuya función principal parece ser la de salir muy ligeras de ropa en revistas, aunque no desnudas. Con alguna excepción, en la que todos son actores y actrices de verdad, esto lastra un tanto la serie, empujando a la baja la calidad de la misma.

Una curiosidad, con algún momento interesante, apta para rellenar algún momento tonto a lo largo del día, pero con un interés global muy limitado.

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[TV] Disenchantment no es Futurama… una pena

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El anuncio hace un tiempo de que Matt Groening iba a colocar una serie de animación en Netflix me puso en su momento de un desusado buen humor televisivo. Groening es responsable de dos grandes series de animación de los últimos 30 años. La que todo el mundo conoce y de la que todo el mundo ha hablado en algún momento, The Simpsons. Y luego está la buena, menos conocida, pero desde mi punto de vista más afinada y conseguida, Futurama. Pero el género de la “ciencia ficción” tira para atrás, cosa de los prejuicios humanos, a mucha gente. Y ellos se lo pierden, porque la mayoría de las veces, incluso cuando adopta la forma de parodia, la ciencia ficción no va de lo que creen que va, va de ellos mismos. Va de la realidad; es un instrumento excelente para la reflexión y la crítica.

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Las princesas de los cuentos y las leyendas viven en castillos, como el de Loarre sobre estas líneas, o el de Zafra en el encabezado.

Así que si con la familia de color amarillo Groening se situaba en la época contemporánea, y con Bender y compañía nos llevaba a un futuro improbable y a las estrellas, con Disenchantment nos traslada a una edad media mágica y fantástica, propia de los cuentos, los mitos y las leyendas. Con princesas, elfos, caballeros, reyes, reinas, príncipes, gigantes y otros seres mitológicos, y hasta algún que otro diablillo.

Lo que pasa es que Bean, acortado y familiar para Tiabeanie, o “judía/alubia/frijol” en español, es una princesa adolescente descarada, maleducada, juerguista, borrachina, de las que gusta de cerrar las tabernas, cuyo padre, el rey de Dreamland (Utopía en la versión española) quiere meter en vereda casándola con un príncipe encantador, con poco éxito. Porque parece que estos reinos de cuento venidos a menos, no quedan príncipes realmente encantadores, y porque Tiabeanie “Bean” no está por la labor. Y en estas estamos cuando se junta con Elfo (así es en el original), un elfo (elv en el original) que quiere conocer mundo y que es un pedazo de pan, y con Luci, un diablo venido para tentar a Bean, y que todo el mundo confunde con un gato que habla. Y a partir de aquí, con este trío, cualquier cosa puede pasar.

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El de Peracense…

Y lo que pasan son una serie de aventuras que no alcanzar a llevar el ritmo ni la mala leche intríseca a las anteriores obras de Groening. Un estilo de animación que se supone fundamentalmente crítico, ácidamente irónico, políticamente incorrecto para criticar los incorrecto en política y en la sociedad, se queda en unos destellos de estas características que apenas bastan para saciar el hambre de ingenio y diálogos brillantes que algunos estábamos esperando.

De momento, ha sido una primera temporada de 10 episodios de unos 24 minutos cada uno, que ha finalizado con un monumental cliffhanger. Sólo en los últimos episodios, cuando los argumentos se han serializado, hemos podido ver las notables posibilidades de la serie. Que de momento son eso, posibilidades. Tendremos que ver si sigue, probablemente, por donde sigue, y si debemos considerar esta primera temporada como una mera presentación de personajes y escenario. Pero de momento está por debajo de las expectativas depositadas en ella. Sin ser ninguna catástrofe, ni mucho menos. Esperaremos. Confiaremos.

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… o el de Uncastillo. Todos ellos en Aragón, menos el de Zafra, que está en Westeros… digo en Castilla-La Mancha.

[TV] La ciudad secreta; autoritarismos a la australiana… o de otros países

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Yo creo que en estos momentos, para la mayor parte del mundo, Australia es uno de esos países que se asume democráticos y civilizados. Como los países nórdicos, como Canadá, como Nueva Zelanda y algunos más. Sin dudas. Uno de esos sitios donde se vive bien y esas cosas. Aunque supongo que como dice el refrán, en todas partes cuecen habas. Es decir, que su sistema político y social tendrá sus goteras. El asunto de los aborígenes, por ejemplo, es de los que primero se me ocurren. Los anglosajones siempre han tratado peor a los aborígenes cuando se han apropiado de un territorio; peor que los latinos, aunque nos llevemos las leyendas negras.

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Sinceramente, lo que pase en Canberra me preocupa sólo hasta cierto punto; lo que más me preocupa es lo que pasa en las instituciones del Estado en Madrid… que en los últimos años no han desprendido excesiva confianza que digamos. Y no se perciben muchos signos de cambio, porque en este país hay cosas que no son de siglas políticas, sino de cultura global ciudadana.

De hecho, conforme escribía el párrafo anterior, me ha dado por consultar el listado actualizado del Democracy Index de The Economist, y Australia está en el octavo puesto de todos los países del mundo. Por delante, tiene Noruega, Islandia, Suecia, Nueva Zelanda, Dinamarca, Canadá, Irlanda (andaba yo fino en mis suposiciones, aunque lo de Irlanda me sorprende un pelín), completando por detrás la decena líder en democracia Finlandia y Suiza. Efectivamente, yo que he viajado a todos menos a los del hemisferio sur, son países estupendos, aunque a todos les veo alguna gotera. España, con 8,08 puntos, está en el puesto 19 de la clasificación, y es el último de la lista de los que se consideran democracias plenas. Si baja a 8,00 puntos o menos, empezará a considerarse una democracia imperfecta. Como EE.UU., Italia, Francia, Portugal,… Y en la clasificación estábamos en 8,30 puntos,… hemos perdido colchón. Vamos en retroceso. Podríamos decir que tenemos un armazón jurídico e institucional bastante bueno, pero que lo ejercitamos regular. Los diez primeros clasificados están por encima de 9,00 puntos. El máximo es 10. Noruega tiene un 9,87. Australia, que es la que nos ocupa hoy, 9,09.

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Pues bien, pese a todo, en Netflix podemos encontrar una miniserie australiana de seis episodios The Secret City’s, la acción transcurre mayormente en Canberra, la habitualmente ignorada capital australiana; y si me llamó la atención fue porque la protagonizaba Anna Torv, que tan buen recuerdo nos dejó en Fringe. Y parte de la premisa de que un escenario de confrontación entre EE.UU. y la República Popular China es la excusa de un sector del gobierno australiano para promover una reforma legal que aumenta la capacidad del ejecutivo para suspender los derechos de los ciudadanos y para amordazar a la prensa. Torv hace de periodista testaruda y constante.

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En los tiempos que corren hemos visto que este tipo de legislaciones han empezado a proliferar con mayor o menor intensidad en distintos países. Estados Unidos y Reino Unido entre los presuntamente democráticos, con leyes antiterroristas. España también lleva lo suyo con cierta ley mordaza. Las bases de estas reformas legales, como sucede en esta ficción, es la de infundir el miedo entre la población, curiosamente en algunos de los países más seguros del mundo, para justificar estas leyes en nombre de la “seguridad”. Supongo que la entrada en vigor de la ley mordaza española es uno de los factores que ha llevado a un descenso en la puntuación en nuestro Democracy Index, junto con la tolerancia a la corrupción y otras cosillas como esta.

Así que como vemos, una serie muy pertinente. Que no es la octava maravilla, pero se deja ver bastante bien. Y tiene el aliciente de ver a Anna Torv, que es buena actriz, así como otros intérpretes australianos, pocos conocidos en estas latitudes, que no están mal. Y de paso nos enteramos mejor de Canberra es la capital australiana y cómo es.

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[TV] Crónicas de un pueblo a la coreana

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Antes de pasar durante unos días al modo “sólo fotos”, una entrada televisiva. En las últimas ocasiones en qué comenté alguna serie de ese placer vicioso y culpable en que se han convertido las series orientales, las coreanas en concreto, que emiten en Netflix, ya dije que estaba un tanto cansado del esquema repetitivo de la/os comedias/dramas románticos del país oriental. Todos ellos cortados por el mismo patrón. Así que me dije que me iba a negar a caer en la misma trampa. Por lo menos durante un tiempo. Y parecía que me iba a olvidar de las series coreanas.

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Entorno agrícola, campos y paisajes de montaña, y una pequeña comunidad rural de personajes que bordean el friquismo agrorural.

En estas estábamos cuando me encontré con un artículo que hablaba de lo interesantes que eran. No recuerdo el enlace, lo siento. Pero el caso es que recomendaba algunas que, según decían, se salían de los caminos trillados mencionados en el párrafo anterior. Entre ellas, nos hablaban de un drama familiar, Heaven’s Garden en su título internacional, Cheonsangui Hwawon [천상의 화원-곰배령], que ponían muy bien. Algo que contrasté con otros sitios antes de meterme con esta producción de nada menos que 30 episodios de una hora larga de duración.

El comienzo era relativamente prometedor. Una mujer se refugia con sus dos hijas en casa de su padre en un pequeño pueblo, cuando su marido es ingresado en presión por irregularidades financieras en su negocio. De las dos niñas, una, la mayor, es hija del marido con una relación anterior. Y la mujer lleva extrañada de su padre desde que se casó, puesto que este no aprobó el matrimonio. Se planteaba por lo tanto un drama a múltiples bandas que podía ser interesante. Y así fue durante algunos episodios. Pero luego…

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La serie se convierte progresivamente en una versión coreana de aquellas Crónicas de un pueblo con las que el tardofranquismo intentó adoctrinar a los españoles atados a la única televisión que podía ver. Un lugar cuasi idílico, donde los vecinos tenían algunos problemas, algunos conflictos, pero que el buenismo de los valores tradicionales superaban cualquier problema. Democracia orgánica y verticalidad social. Pues este pueblecito coreano en las montañas que parece que pasa la mayor parte del año nevado, parece regirse por los mismos principios; eso sí, triunfando en la difícil economía de mercado a base de comercializar mermelada de cebolla y bayas coloradas y cebolla liofilizada en polvo (¡?)

Entre medias, el drama familiar, en el que la mujer protagonista arrastra consigo las consecuencias de haber tomado la decisión de divorciarse, y con ello haber roto el matrimonio con un tipo que, lo mires por donde lo mires, es un gilipollas de mucho cuidado. Una lección hasta el último minuto de la serie de cuál es el “papel de la mujer” en el mundo ideal de quien quiera que haya ideado semejante producto carpetovetónico, o su equivalente coreano, en la segunda década del siglo XXI. Como para causar un infarto del disgusto a cualquier persona con una sensibilidad mínimamente feminista o cuando menos defensora de la igualdad de derechos y ante la ley entre las personas de distinto sexo.

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No sé muy bien por qué aguanté hasta el final. Quizá con la esperanza de que en algún momento recuperarían el tino y al final devolverían un poco de modernidad al contenido y las tesis de la serie. Pero no. Esta mantiene el rumbo al pasado y al retroceso social sin desfallecer, al mismo tiempo que se pierde en tonterías argumentales que le dan un final casi berlanguiano, pero si en el tono crítico y mordaz del buen don Luis.

Pensaréis que he aprendido la lección y que he desterrado para siempre o durante una buena temporada las producciones del país oriental. Pero no… que estoy con una producción histórica que puede que me devuelva la confianza en las capacidades televisivas de un país que en el cine para pantalla grande ha demostrado buen hacer. De entrada, la protagonista es una de las de una de las películas más celebrada de los últimos años procedentes de Corea del Sur. Y eso supone un aumento de nivel interpretativo muy considerable.

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[TV] Irremediablemente enganchado al Imperio del Sol Pasivo-Agresivo

Televisión

Las cosas están como están. En los últimos tiempo he disminuido considerablemente la cantidad de televisión que veo. Lo que es lo mismo que decir que veo menos series de televisión. Va a resultar complicado en un futuro próximo ese ritmo de comentar una o dos a la semana. Imposible. No me da tiempo a ver una temporada de entre 10 y 13 episodios en siete días. Con un episodio al día como mucho… imposible.

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Un paseíto fotográfico por Japón, para una entrada sobre un programa nipón.

Pero esta semana apareció, como estaba previsto, la tercera tanda de episodios de Terrace House: Opening New Doors. Ya he comentado en otras ocasiones por qué alguien que, como yo, siempre he sido incapaz de ver o soportar la telerrealidad, de repente me engancho a esta tontada nipona. Básicamente, la capacidad de hacer televisión sobre nada, sobre la vida corriente y moliente, esperando los momentos sublimes en los que el carácter pasivo-agresivo de los japoneses, obligado por sus estrictas costumbres de cortesía y relación social, nos ofrecen destellos de humanidad que, convenientemente sazonados por el panel de comentaristas, causan nuestro disfrute.

No nos engañemos. Los japoneses no son ni mejores ni peores que los españoles o cualquier otra nacionalidad. En el fondo todos somos muy similares, son las formas las que permiten un tipo de programa probablemente impensable en nuestro país, o en la mayor parte del mundo occidental. Donde por lo tanto, la telerrealidad se convierte en algo artificioso, inverosímil y chabacano.

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En una ocasión, alguien me criticó mi calificación de pasivo-agresivo por el comportamiento de los participantes de este programa. Yo creo que lo es. Me explicaré. Como punto de partida podéis ver lo que dice la wikipedia, aunque no puedo asegurar que sea la mejor fuente sobre este tipo de comportamiento, si bien a mí me parece razonable. Si partimos de la base de que es un comportamiento que se fomenta cuando alguien quiere oponer resistencia a un elemento de autoridad en las relaciones interpersonales, tenemos que considerar que el complejo sistema de relaciones de cortesía japonés, con multiplicidad de fórmulas de respeto, con jerarquías, con una idea de base de que nunca ofender, ejerce como elemento de autoridad no unipersonal, pero que domina las relaciones. Por lo tanto, cuando en la convivencia cotidiana se producen en las bonitas casas del programas los inevitables roces, desacuerdos o enfrentamientos, estos no se resuelven habitualmente por la vía de la confrontación directa, del diálogo directo. A veces sí, porque hay una variabilidad en las personalidades de los participantes. Pero muchas no. Las diferencias de edad, de condición social, de carácter nos llevan a esas reacciones de pasividad ante los elementos agresivos que con frecuencia triunfan contra todo pronóstico, siendo el agresivo, el morrudo, el vago el que tiene que salir por piernas.

Es complejo. No soy psicólogo y tal vez no lo estoy explicando bien. Mis disculpas. Aceptaré con humildad cualquier reprimenda de alguien mejor formado en esta materia si me la razona. Pero hay elementos claros sobre esto que son los que dan valor a este programa. Que lo diferencian de las chorradas que mueven masas en las televisiones occidentales y que a mí me dejan absolutamente frío o me producen rechazo. En fin. Es cuestión de verlo. Por otro lado, es un programa de telerrealidad. Que nadie espere más tampoco.

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[TV – Series] The Expanse,… el sistema solar en guerra

Televisión

Justo el día en que la leyes de la mecánica celeste determinan que nuestra Luna va a quedar ensombrecida y ruborizada por la impertinente interposición de la Tierra entre el satélite y el llamado astro rey, Sol, que no es más que una estrella más, vulgar y corriente, de clase espectral G2, como muchas muchas muchísimas que hay en nuestra galaxia y no digamos en el universo, me animo a comentar la temporada tercera de The Expanse. La expansión.

Casi con toda seguridad la mejor space opera, actual de la televisión. No es que haya muchas más. Pero alguna hay, y esta es una producción bastante interesante que ha ido ganando en interés con el tiempo. Y esta temporada, además, ha estado dividida en dos partes, cada una de las cuales ha tenido su dinámica propia y sus logros. El caso es que estoy lo suficiente enganchado a las aventuras de la tripulación de la Rocinante, antigua MRCN Tachi, como para que incluso haya empezado recientemente a leer las novelas de James S. A. Corey, seudónimo conjunto de los escritores norteamericanos Daniel Abraham y Ty Franck, con la primera de la saga, El despertar del Leviatán. Aun me falta bastante para terminarla, pero ya adelanto que es una novela más simpática y entretenida que brillante.

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En el Parc des Deux Rives (parque de las dos orillas) en Estrasburgo hay representado un sistema solar a escala, con los planetas exteriores, más allá del cinturón de asteroides, muy separados unos de otros…

Si la semana pasada hablábamos del miedo de los seres humanos a las inteligencias no humanas, refiriéndonos a la singularidad tecnológica o inteligencia que surge a partir de las creaciones de los propios humanos, en esta ocasión el miedo o el peligro procede de las inteligencias alienígenas. O incluso de la existencia de una vida alienígena que, con inteligencia o sin ella, tal y como la definimos, pueda ser una amenaza para la especie humana. Porque quien te dice que a una especie alienígena hipotética se le puedan aplicar los mismos caracteres que a la psique humana. Vulgar antropomorfismo del que a duras penas nos deshacemos. El caso es que, aunque de momento no hay señales que indiquen que vivamos en un vecindario estelar plagado de vida y civilizaciones alienígenas, el tema ha sido motivo de cierta preocupación desde el siglo XX y hasta nuestros días.

H.G. Wells y su guerra contra los marcianos llevada varias veces al cine y televisión, y que causó el “famoso” pánico de la retransmisión radiofónica de Orson Welles. Toda la neurosis de los avistamientos de platillos volantes tras la Segunda Guerra Mundial, y las teorías conspiranoicas del Área 51 y similares. Las múltiples imaginaciones que la literatura de anticipación ha realizado del primer contacto con una inteligencia alienígena. Alguna de ellas muy pesimista, como la teoría del bosque oscuro que comentaba hace unos meses a propósito de una celebrada trilogía de un escritor chino. El proyecto SETI, para buscar hombrecillos verdes a través del análisis de las señales recibidas por los radiotelescopios. Incluso algún destacado científico ha hecho hincapié en la conveniencia de NO buscar hombrecillos verdes, que podrían tener mala leche… o directamente provocar un choque cultural, en los que siempre sale perdiendo la cultura más atrasada tecnológicamente.

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… y los planetas interiores, entre el Sol y el cinturón de asteroides, muy cerquita unos de otros.

Pero si en la expansión de la humanidad por el Sistema Solar surge el problema del contacto con la vida alienígena, tema que ha cobrado una especial relevancia y trascendencia en la segunda mitad de esta tercera temporada, no deja de reflejar de fondo las miserias de la política y las relaciones sociales humanas. Esa lucha por la hegemonía en el sistema solar entre la potencia antigua, la Tierra representada por las Naciones Unidas, y la potencia emergente, la República Congresual de Marte, con las discriminadas y poco consideradas colonias del cinturón de asteroides y los planetas exteriores como pringaos de la función, no deja de representar situaciones similares en nuestra sociedad actual, cuando sólo una docena de hombres han caminado sobre un astro distinto de la Tierra, la Luna que se eclipsará esta noche, y unas cuantas decenas han estado en órbita alrededor del planeta.

Bueno. Pues muy entretenido oye. Tal es, que me llevé un disgusto cuando oí que Syfy no iba a renovar una cuarta temporada. Muchos esperaron que fuese Netflix que emite con posterioridad la serie por todo el mundo, retomase la producción, que no debe ser de las más baratas de la televisión. Pero no,… ha sido Amazon Studios la que ha recogido el desafío. Pues nada… A por ello.

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Y luego ya cruzas la pasarela y estás en otra galaxia, la Germánica Galaxia.