[Libros] El problema de los tres cuerpos

Literatura

Llevaba ya mucho tiempo oyendo hablar de esta novela de ciencia ficción del chino Liu Cixin (convención oriental para los nombres; primero el apellido seguido del nombre de pila). Aunque es una novela publicada en su idioma original, chino mandarín, en 2006, fue en 2015, cuando recibió el premio Hugo tras su publicación en Estados Unidos, el momento en que adquirió notoriedad. Siendo además la primera novela cuyo idioma original no es el inglés que recibe este premio.

Liu nos lleva a un mundo de ciencia ficción dura. Incluso si en el momento en que se plantea la posibilidad de la comunicación interestelar se permite alguna alegría que otra en las posibilidades de la física. Pero supongo que se trata de cuestiones teóricamente posibles,… aunque con carambolas peculiares,… e improbables.

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Todavía tengo pendiente de visitar la China continental… sólo he visitado Hong Kong y Macao. Y de Hong Kong traigo estas fotografías del monasterio Chi Lin y los jardines Nan Lian.

La novela comienza llevándonos a los tiempos de la Revolución Cultural china, y a las tremendas consecuencias que tuvo para lo mejor de la cultura y la ciencia del país por culpa del fanatismo inculcado en jóvenes y adolescentes, la Guardia Roja, que llevaron a excesos incomprensibles. A veces dan pánico; otras, por su absurdo, moverían casi a la risa, que se te corta por el sufrimiento de las gentes. Pero este comienzo nos lleva a conocer a una joven física, una de las protagonistas de la novela, que acaba perdida en una estación de radiotransmisiones en algún lugar remoto del occidente chino. Y luego salta a la época contemporánea, donde un físico aplicado que trabaja con nanomateriales, se verá de repente envuelto en una extraña trama en la que los gobiernos se enfrentan a una extraña organización de científicos y otras mentes privilegiadas. Y en medio un sofisticado juego de realidad virtual. Y el problema de los tres cuerpos, un célebre problema de la mecánica clásica, con consecuencias en la mecánica celeste, que tiene muy difícil solución.

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No voy a ser muy explícito con el argumento, puesto que merece la pena que el lector lo descubra por sí mismo. El caso es que estamos ante un libro arduo, que como ya he dicho se orienta a la ciencia ficción dura, con fidelidad a las leyes de la física, pero que paradójicamente se lee con mucha más agilidad de lo que se podría sospechar. Pero no sólo tiene vertientes científicas. También políticas, lo cual no deja de sorprender de un libro procedente de China, conocida por ser uno de los países con menos libertad de expresión y más férreo control de lo publicado en el mundo. Cierto es que los aspectos negativos se cargan sobre la época de la Revolución Cultural, sin que aparezcan críticas al régimen actual. Y también hay una notable dosis de denuncia ecológica, de nuevo paradójicamente, dado el escaso respeto por el medio ambiente de ese país, uno de los más contaminados y contaminantes del mundo. No obstante, ahí está la novela, que lleva ya dos secuelas, de los cuales hay una publicada en España, ya veremos cuando la leo. No me parecía necesaria una continuación, aunque cabe. Y también, por lo que veo, una película realizada en su país, de la que desconozco casi todo.

¿Me ha gustado? Sí. Me lo leí mucho más rápido de lo que imaginaba, y eso quiere decir que lo cogí con ganas. ¿Es recomendable? Para los aficionados a la ciencia ficción dura. Dudo que aquellos que no lo son, y la mayor parte de aquellos con antipatía o pocos conocimientos sobre la física, aprecien muchos de los capítulo del libro. Me han encantado los del juego… qué imaginación.

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[Libro] Descubrir a Richard Feynman

Ciencia, Literatura

Tradicionalmente he sido lector de libros de no ficción, fundamentalmente en dos ámbitos, el de la historia y el de la divulgación científica. Sin embargo, desde que leo habitualmente en el lector de libros electrónicos, pocos de estos han pasado bajo mis ojos. Rompo un poco esta “mala racha” con un libro dedicado a la vida y la obra de uno de los físicos más importantes del siglo XX, y de la historia en general, y que a pesar de ello, fuera del mundillo científico, no goza del reconocimiento mediático de otros como Einstein o Hawking. Y sin embargo, tuvo una personalidad destacable. Se trata de Richard Feynman.

Descubrir a Richard Feynman
Lawrence M. Krauss; traducción de José L. Sánchez-Gómez
RBA, 2014
Edición electrónica.

El libro tiene un carácter mixto, biográfico y divulgativo. Por un lado, nos va exponiendo los hechos más importantes de la vida de Feynman, especialmente aquellos que más le marcaron en su juventud, como la prematura muerte de su joven esposa, o su participación en el Proyecto Manhattan, aunque no sólo estos. Y con ellos van perfilando los principales rasgos de su carácter. En general, ofreciendo un tono favorable y de simpatía hacia el personaje analizado. Algunos de estos hechos biográficos son sin duda de interés, pero en alguna ocasión se hecha en falta un tono más crítico, no en el sentido negativo, sino en el de profundizar en las consecuencias de los rasgos de carácter, más allá de cierto nivel de anécdota.

El estudio de la naturaleza y del universo, el conocimiento sobre como funciona es el objetivo último de la física.

El estudio de la naturaleza y del universo, el conocimiento sobre como funciona es el objetivo último de la física.

Por otro lado, en una actitud divulgativa, va exponiendo las principales contribuciones a la ciencia del físico. Y aquí viene la parte que hace la lectura un poquito ardua. Porque los campos en los que se movió Feynman, especialmente en el ámbito de la mecánica cuántica, no son fáciles de aprehender por quien no esté mínimamente iniciado en algunos conceptos. Yo me he hecho una idea general de sus logros, pero no siempre he comprendido de lo que se me hablaba.

Por lo tanto, no es el libro que vaya a favorecer el conocimiento del físico por el gran público. Probablemente atraerá a personas que ya lo conocía y que tendrán ganas de conocer más de la persona. Pero resulta un poco una lástima, porque ciertamente por sus contribuciones a la física y al método científico, merecería un poco más de reconocimiento por parte de la población general.

Aunque en muchas ocasiones lo haga al nivel de lo infinitamente pequeño y no al de estos hermosos paisajes de la sierra de Algairén en Aragón.

Aunque en muchas ocasiones lo haga al nivel de lo infinitamente pequeño y no al de estos hermosos paisajes de la sierra de Algairén en Aragón.

[Libro] The Science of Interstellar

Ciencia, Cine

Dos cosas se produjeron desde que me regalaron el lector de libros electrónicos: leo más en general, leo menos ensayo o divulgación. Antes alternaba más frecuentemente la ficción con el ensayo sobre temas históricos o con la divulgación científica. Pero estos libros no se encuentran tan frecuentemente en formato electrónico como la ficción. O no es fácil que los veamos propuestos. O no me dedico a buscarlos. No lo sé. En fin. Tendré que buscar algún tipo de remedio a este problema. Porque viene bien leer este tipo de libros. En cualquier caso, hace unas semanas terminé con uno de estos títulos, que os traigo aquí y ahora.

The Science of Interstellar
Kip Thorne
W. W. Norton & Company, 2014
Edición electrónica

Como su propio nombre indica, este libro nos cuenta la ciencia que hay detrás de la película de ciencia ficción Interstellar, de la que ya os hablé en su momento. Según lo que nos cuenta el científico, físico teórico por más señas, Kip Thorne, las primeras ideas sobre la película partieron de algunas cuestiones planteadas por el mismo, aunque finalmente el trabajo de guionistas y directores (hubo varios metidos en el proyecto), fueron modificando la historia hasta dejarla como la hemos visto en las salas de cine. El libro intenta explicar al lector y probable espectador de la película cuáles son las bases científicas de las historias y las imágenes planteadas en el filme. En cada uno de los capítulos y apartados el científico nos marca si lo que se muestra está basado en ciencia real y comprobada, si es una extrapolación plausible más o menos probable o improbables basada de la ciencia conocida, o si es un especulación que no sabemos si se confirmará o no. También nos informa de algunas licencias que se toman los realizadores de la película para no comprometer el desarrollo dramático de la historia.

Probablemente, entre los mundo descritos en el libro, el planeta de Miller, sumido profundamente en el pozo gravitatorio del gigantesco agujero negro Gargantua, es uno de los más interesantes.

Probablemente, entre los mundo descritos en el libro, el planeta de Miller, sumido profundamente en el pozo gravitatorio del gigantesco agujero negro Gargantua, es uno de los más interesantes.

En líneas generales, el libro es muy apologético, casi demasiado, de la película. Todos los que participaron son gente muy inteligente, maravillosa, muy trabajadora, según la versión de Thorne. Todo fue estupendo. Paradójicamente, la producción tardó ocho años en salir adelante. Pero bueno, es normal esta postura; es juez y parte. Y cobra del éxito del filme. Al fin y al cabo aparece como uno de los productores ejecutivos del mismo. Pero bueno, aparte de eso, creo que es un científico riguroso y podemos contar con que haya sido más que razonablemente honesto a la hora de divulgar la ciencia que hay apoyando o implícita a la película.

Dicho lo cual, no es necesario conocer nada de lo que nos cuenta para disfrutar el filme. Al fin y al cabo, cuando vamos al cine o leemos un novela de ficción, nos sumergimos en un estado de suspensión temporal de la incredulidad. Damos por buenas cuestiones sobre las que no tenemos conocimientos y no sabemos si son ciertas, o aun a sabiendas de que lo que sucede contradice las leyes de la naturaleza que rigen nuestro mundo, u otras cuestiones, las damos por buenas como parte del universo de ficción que se nos muestra. Siempre que no nos tomen el pelo, que es lo mismo que decir que se pasen sus propias leyes, las creadas para la ficción, por el forro de la entrepierna. Que en las producciones mediocres pasa con frecuencia. No es así en este caso. Pero si tienes curiosidad por la ciencia, este es un libro que puede interesarte. No es el divulgador científico más ameno, más organizado y más claro que he leído, y es posible que más de un lector se pierda en alguna de sus explicaciones. Pero es un producto razonable. Sin más.

Dejando aparte las enormes olas de marea que lo recorren, el enlentecimiento del paso del tiempo debido al efecto de la gravedad, tiene unas posibilidades y unas consecuencias tremendas.

Dejando aparte las enormes olas de marea que lo recorren, el enlentecimiento del paso del tiempo debido al efecto de la gravedad, tiene unas posibilidades y unas consecuencias tremendas.

[Ciencia] El bosón de Higgs,… está… o no está, pero se le espera… o no

Ciencia

En estos días, la prensa corriente y moliente, la canallesca, se ha hecho eco de las noticias que iban saliendo del CERN en relación a las investigaciones que realizan en sus aceleradores de partículas, y más concretamente en el potente LHC. Uno de los objetivos que se buscan es confirmar experimentalmente la hipótesis que formuló Peter Higgs en los años sesenta según la cual la masa de las partículas elementales y sus derivadas se adquiere por la interacción de las mismas con un campo de energía que se encontraría permeando todo el universo. Esta interacción estaría mediada por una partícula, el llamado bosón de Higgs, que es la estrella periodística de toda esta histora. Esta partícula, hasta ahora teórica, ha recibido de forma sensacionalista muchos apelativos. Por ejemplo, algunos la han llamado “el bosón de Dios” o “la partícula de Dios“. Una forma de atraer lectores profanos por un lado, y de crear falsas polémicas por otro. En mi humilde opinión.

Para una explicación bastante razonable de todos estos conceptos, fundamentales en la física contemporánea, en Amazing.es han subtitulado un video del científico Don Lincoln del Fermilab sobre el tema, en el que se utiliza la analogía con una masa de agua para explicar el teórico campo que propuso Higgs.

El caso es que ayer martes, los investigadores emitieron un comunicado que ha llevado a una multiplicidad de titulares. Desde los que aseguran que la partícula esta acorralada, es decir, a punto de ser tipificada con gran seguridad a partir de los datos que suministran los experimentos, a los que dicen que todavía estamos sin noticias de Higgs. Incluso los que ya empiezan a clamar que todo el dinero gastado en las instalaciones, para nada. Pero las cosas no son así.

En primer lugar, hay que decir que la forma que tienen los aceleradores de partícula para detectar nuevas partículas es a base de producir colisiones entre partículas conocidas a grandes velocidades. Como consecuencia de esas colisiones, eventualmente se liberan otras partículas, cuyo rastro energético queda registrado. Pero no siempre ocurre. Ni sabemos cuando va a ocurrir. Ni sabemos cuánta energía hay que suministrar al experimente, qué velocidad tienen que llevar las partículas que han de colisionar para producir los resultados buscados. Si se producen.  Además, los eventos afortunados son raros. Muy escasos. Por lo que hay que repetir el experimento muchas veces para poder observar algunas ocurrencias. Que pueden ser confundidas con artefactos producidos que no tengan que ver con lo que estamos buscando. Es decir, los resultados finales dependen de la estadística. Para tener un muestra de eventos suficientemente fiable, no sesgada y precisa, hay que repetir muchas veces los experimentos y analizarlos con detalle. Cuanto mayor sea la muestra de experimentos realizados, más confianza generarán los resultados obtenidos en dichos experimentos.

Lo que de momento nos dicen los investigadores es que han acotado un intervalo de energías donde pueden encontrar al bosón de Higgs. Por encima de las mismas tienen bastante confianza de que no lo van a encontrar. Por debajo, muchos experimentos realizados en estos u otros aceleradores de partícula nos dicen que tampoco. En el intervalo que queda, tienen datos para suponer que ahí está. Pero el número de experimentos realizados no da la confianza suficiente para descartar otras explicaciones. O sea que el bosón de Higgs puede estar, y además se le espera. Pero como siempre en ciencia, no hay respuesta a una pregunta que no aporte nuevas preguntas que necesitan ser contestadas. Y el trabajo para entender el mundo que nos rodea no cesará. Y eso es lo bonito, ¿no? El camino. No el destino final, que siempre parece inalcanzable.

No soy físico, aunque soy de ciencias. Puedo haber cometido algún error conceptual en mi redacción. Si tú, lector, sabes más del tema y lo ves, no dudes en comunicármelo para introducir las correcciones oportunas. Gracias.

La luna y la niebla

La luna se asoma en la niebla, entre los edificios de Zaragoza; la luz que nos emite, es energía electromagnética mediada por otro bosón, el fotón, más conocido por los científico desde tiempo atrás (Canon EOS 5D Mk.II, EF 200/2,8 USM).

[Libro] The Grand Design

Ciencia

Saltó hace un par de meses a la prensa la noticia de que el famoso científico Stephen Hawking había declarado algo así como que dios no existe, o que la ciencia había demostrado que no existía un dios creador del universo o cosas así. Todo muy efectista. Y todo a propósito del nuevo libro de divulgación científica escrito por el mencionado físico en colaboración con Leonard Mlodinow. Hawking no es mi divulgador científico favorito; he leído alguna de sus obras y, dentro del rigor del científico, es cierto que le gusta un poco el efectismo. Pero indudablemente tiene un peso notable en la física de hoy en día, y decidí leer lo que realmente propone en su nuevo libro. Incluso antes de que se hubiese publicado en castellano, de ahí el título en inglés. Lo cierto es que esta semana pasada, cuando llevaba el libro bastante adelantado, ha salido ya a la venta en España como El gran diseño.

The Grand Design
Stephen Hawking y Leonard Mlodinow
Bantam Books; Nueva York, 2010
ISBN: 9780553805371

Los autores del libro, y creo que específicamente Hawking como autor principal, comienza introduciendo una proposición general de caracter a caballo entre lo filosófico y lo científico. Según él, dios, concebido como el principio creador, causa última de todo lo que existe en nuestro universo, es un concepto que ya no es necesario para explicar cómo puede surgir este universo en el que vivimos. Y presentada de entrada esta tesis, comienza un recorrido que comienza en los primeros capítulos en el recorrido que han seguido en paralelo la filosofía y la ciencia, con más protagonismo de la segunda en detrimento de la primera conforme nos acercamos a nuestros tiempos, para explicar el mundo, basadas en modelos teóricos que consideramos válido en tanto que las observaciones o los experimentos no contradigan dichos modelos teóricos. Y así nos sitúa en el siglo XX cuando, tras la génesis de los dos grandes modelos teóricos que han dominado la ciencia  de ese siglo, la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, los físicos se encaminan a la búsqueda de una teoría unificadora, una teoría del todo, que dé la explicación última a la génesis, funcionamiento y destino de nuestro universo. Culmina con la proposición de la teoría M con la principal candidata a ser la base de esta teoría,  y con la extensión de las fluctuaciones cuánticas del vacio como una explicación de cómo surge un universo de la nada, sin necesidad de la intervención de una inteligencia externa para este fin.

Hay más conceptos comentados y explicados en el libro, pero sería demasiado extenso mencionarlos todos aquí, y cuantos más y más mezclados los exponga, mayor riesgo de ser incorrecto al mencionarlos tendría. Pero básicamente es esto. Con respecto a la idea inicial que causó el revuelo mediático, la existencia de un dios creador, realmente lo que deberíamos concluir es que si la teorías que defienden los autores son ciertas la creación del universo puede ser explicada en términos científicos sin necesidad de tirar del concepto de dios. Pero obviamente, el creer o no en un ser de estas características es algo que no tiene que ver con la ciencia sino con determinadas idiosincrasias de la especie humana, con su tendencia a creer en lo sobrenatural, probablemente escrita en los genes. La ciencia, no obstante, ha sido especialmente cabezona a lo largo de los últimos 3000 años en ir desmontando las creencias sobre el mundo que las distintas religiones sostenían. Con idéntica cabezonería, estas religiones se han resistido al conocimiento científico que les desmontaba partes sustanciales del garito hasta que no les ha quedado más remedio y han ido aceptando las distintas teorías dándoles las vuelta para adaptarlas a sus intereses.

El libro es razonablemente cómodo de leer si eres “de ciencias” y no has oxidado demasiado tus conceptos y conocimientos básicos sobre las teorías físicas. No me siento capacitado para saber si es comprensible por la gente “de letras”. Quisiera pensar que sí. Pero a la gente “de letras” le suele poner bastante de los nervios que llegue un científico y les diga que la filosofía ha muerto. Que ya no es necesaria para explicar el mundo, lo que fue el propósito inicial de la filosofía. Así que es esperable un cierto rechazo.

En resumen, no es que Hawking nos proponga nada nuevo. Yo ya había leído obras de divulgación que nos hablan de los aspectos científicos del libro que aquí nos trae. Y ya he leído varias declaraciones de científicos que confirman que en este libro no se nos cuenta nada nuevo. Pero sí que resume el conocimiento acumulado en las dos o tres últimas décadas en el campo de la física, e indudablemente, la personalidad mediática de los autores hace que tenga un mayor impacto social. Se puede leer si te interesa el tema. No será una pérdida de tiempo.

Dogmáticos que todavía piensen que el mundo comenzó hace seis mil y pico años a las nueve de la mañana, abstenerse por favor. No vaya a ser que les suba la tensión y les de un algo en la cabeza.

La luna entre los pinos y las palmeras

Pequeña ventana al universo que hoy nos ocupa entre los árboles del Parque Grande de Zaragoza, en la que vemos a nuestro satélite, la Luna, en fase casi llena - Panasonic Lumix GF1, Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8