[Libro] Orbital – Samantha Harvey

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Si no recuerdo mal, la astronauta japonesa es de alguna isla o lugar costero del mar interior de Seto… o algo así. Así que Honmura, en la isla de Naoshima, servirá para ilustrar la entrada.

Había leído muy buenas críticas de este libro de Samantha Harvey. Que no sé si llamar novela. Es ficción. Pero se ajusta poco a la mayor parte de las narrativas. Aunque tampoco es que sea una rareza. Ciencia ficción. Porque la ciencia tiene un papel importante en este relato. Pero va de otras cosas, en realidad. La parte científica es una excusa o un medio para hablarnos de los temas que realmente preocupan a la autora. En cualquier caso, un libro muy premiado de esta autora inglesa, entre otras cosas el Booker Prize, uno de los premios más prestigiosos en lengua inglesa.

Este relato es un libro reciente, publicado en 2023, y que he leído en su idioma original. El libro nos emplaza a acompañar a seis astronautas en la Estación Espacial Internacional, procedentes de distintos países. Cuatro hombres y dos mujeres procedentes de Japón, Estados Unidos, Reino Unido, Italia y Rusia. Y los acompañaremos durante 24 horas mientras cobren una órbita alrededor del planeta cada 90 minutos, 16 órbitas en 24 horas, con distintos paisajes apareciendo a su vista en cada órbita. Conoceremos sus rutinas y sus obligaciones. Y la autora reflexiona con ellos sobre diversos temas filosóficos tradicionales como el sentido de la vida, la trascendencia del ser humano o los riesgos y peligros existenciales, tanto los naturales como los que emanan de la propia actividad humana.

Dicen que este relato es heredero de los planteamientos de Carl Sagan en lo que se refiere a la relación del ser humano con el universo, y a la posición que ocupamos en el mismo y que nos sirve para relativizar muchos conceptos. Puede ser. Desconozco si la autora se ha pronunciado al respecto. Lo que percibo yo es que la autora, a través de la mirada y el pensamiento de los seis astronautas de su creación, mira más hacia abajo, hacia el planeta que orbitan sin cesar, que hacía arriba, hacia las estrellas y el resto del universo. Temas como la muerte, el duelo, la añoranza del ser querido, los desastres humanos como son la guerra, o los riesgo ambientales, surgen constantemente.

Personalmente, los primeros compases del libro, las primeras órbitas en las que acompañamos a los seis astronautas, cosmonautas si nos referimos a los rusos, me resultaron interesante y estimulantes. Simultáneamente conocemos y nos familiarizamos con el entorno de estas seis personas, al mismo tiempo que nos maravillamos de su experiencia, de su observación del universo, del planeta, de sus experimentos. Pero eso tiene un límite en el tiempo. Conforme avanzan las horas de ese día en la estación espacial, las situaciones empiezan a ser más repetitivas, y la escritora se centra en los pensamientos de los astronautas, o lo que es equivalente, se centra en filosofar, en poner en sus bocas o en sus mentes sus tesis personales. Y a veces me engancha, pero las más de las veces… me desengancha. Un libro que empecé con ganas, lo terminé un poco a la fuerza. No es que esté mal escrito ni nada de eso,… es que a veces las filosofadas de la autora me resultan un poco simples… pero les dedica mucho tiempo. No lo sé… no acabó de engancharme en su reflexiones. No porque no sean válidas, si no porque, como he sugerido,… son obvias.

[TV] Cosas de series; tradicional ronda de aventuras galácticas, con flotas estelares y fundaciones varias

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Carlos en plata. En el recinto de la Exposición Zaragoza 2008 con Hasselblad 500CM y película experimental Harman Phoenix, primera generación.

Como la aventura espacial ha sido un género que siempre me ha resultado atractivo, no es de extrañar que me apunte a ver, al menos en sus primeras temporadas, las series que se estrenan de este género. Miedo me da… que me acabo de enterar que va a haber una tercera versión de Battlestar Galactica, con lo estupenda que fue la segunda, y con lo entrañable que resultó la cutredad de la primera. Qué se le va a hacer. Pero hoy vamos con dos series que van más o menos a la par, y ambas han llegado este verano a su tercera temporada. Eso sí, dos series muy muy muy diferentes.

Empecemos por la que menos me interesa. Se trata de Star Trek: Strange New Worlds, que viene a ser la precuela de la serie original, o una de ellas. La Enterprise, pero con otra tripulación, aunque algunos de sus miembros ya estaban aquí… en edades más jóvenes. Nunca he sido un especial aficionado a Star Trek, lo he comentado en más de una ocasión. Le tengo un cierto cariño a la serie original, algunos de cuyos episodios vi en la infancia. En aquella época, cierto grado de cutredad, desde el punto de vista actual, era inevitable. Pero estaba bien para los estándares del momento. Y yo era un niño al que aquellas aventuras atraían mucho. Pero a partir de los largometrajes que se hicieron después desde finales de los años 70 y durante los años 80 y 90… esa cutredad me resultó chirriante. Porque eran cutres. Y decidí que no era mi cosa. Diversos relanzamientos posteriores tampoco me interesaron por distintos motivos. Pero en las últimas décadas ha habido alguna serie que me ha parecido curiosa, y he seguido en mayor o menor medida.

La que hoy nos ocupa, siendo fiel a los esquemas de tiempos pasados, lo cual no necesariamente es una buena referencia salvo que sea la serie original, no me disgustó en sus dos primeras temporadas. El reparto trabajaba de forma bastante competente, con algunos personajes que generaban cierto grado de empatía, algo indispensable que un producto de mero entretenimiento que recorre caminos trillados atraiga. Sin embargo, en esta tercera temporada… algo no ha cuajado. Y aunque ha habido algún episodio entretenido, he vuelto a tener en no pocos momentos la sensación de apatía que me despertaban muchas de las producciones del universo Star Trek en el pasado. Incluso algunos personajes que me resultaban especialmente simpáticos en el pasado… han empezado a resultarme antipáticos. Creo que tienen previstas al menos dos temporadas más, pero en estos momentos no puedo asegurar que me enganche a la serie de nuevo.

Seguiremos por Murderbot, una serie de aventuras planetarias en el espacio, que se puede ver en Apple TV+, de capítulos cortos, que oscila entre la aventura, la comedia y la parodia. Un robot androide, aficionado a los culebrones televisivos espaciales, que se libera en un momento dado de sus restricciones para hacer daño a los seres humanos, siendo un potencial asesino, que es asignado para garantizar la seguridad de una expedición científica a un planeta. Un grupo de científicos idealistas, pacíficos, cándidos, bienpensantes, sin jerarquías, dialogantes, y un tanto flower power, que se ven obligados a enfrentarse a amenazas imprevistas en el planeta, cuando se encuentran que no están solos, que hay otras expediciones en el planeta, y que los miembros de una de ellas han sido asesinados. No creyendo en la violencia, siempre a desconfiado de su androide de seguridad; pero tendrán que aprender a confiar en él si quieren sobrivivir. Porque en su candidez, son presas fáciles, muy fáciles.

Sinceramente, me asomé a esta serie porque era una aventura espacial, y porque me generó cierta curiosidad. Aunque no sabía qué me iba a encontrar. Al final resultó una sensación ambivalente. Mejor de lo que esperaba, pero con la sensación de que podía estar mejor todavía. Pero no está mal. Se deja bien. Tiene buenas críticas, y con razón. También los votantes en IMDb la apoyan. No será un exitazo, pero contenta a crítica y público. Parece que habrá una segunda temporada. Veremos que derroteros lleva. Está basada en unas novelas de Martha Wells, y la serie de libros es bastante extensa. Material tienen en abundancia.

Mucho más interés me despertaba la tercera temporada de Foundation. La serie inspirada, y hasta cierto punto basada, en la obra original de Isaac Asimov me enganchó mucho en su segunda temporada, que me pareció excelente. La primera no estuvo mal. Pero fue una temporada de «aclimatación» para los que habíamos leído (repetidamente) los libros de Asimov. Porque obviamente… no era lo mismo. Y como esperabas algo,… muy parecido,… pues hubo que aclimatarse. En la segunda temporada, asumiendo ya que se trata de una historia distinta, aunque los nombre de los personajes y los lugares se parezcan o sean los mismos que en los libros, aunque ni siquiera se parezcan, lo que nos estaban contando era interesante. Y además estaba bien contado. Lo cierto es que fue una temporada que disfruté bastante. Lo cual estaba bien… Pero también, preocupante. ¿Sería posible mantener el nivel?

El nivel de realización y de interpretación de la tercera temporada a estado al mismo nivel que las anteriores. Pero se enfrentaba a uno de los arcos argumentales más importantes de la trilogía de Asimov, la segunda parte de Fundación e Imperio, el segundo libro de la trilogía, con el surgimiento del Mulo desbaratando el plan Seldon. No pongo a idea los nombres de los intérpretes que actúan, para no destripar las sorpresas de la trama. No. No suceden las cosas como en los libros. Se desvían bastante. En varios aspectos principales. Quien es el héroe o la heroína en los libros puede convertirse en villano o villana en la serie, y viceversa. Los cambios, que quizá indignen a los puristas de la versión literaria, me parecen aceptables. Aquellos relatos empezaron en los años 40 del siglo XX. Desde 1942, hace 80 años aproximadamente, en forma de relatos cortos, y como novelas integradas a partir de 1951. Que se hayan actualizado las historias, los personajes, los perfiles,… me parece bien. El personaje del Mulo, aunque no conserva su personalidad, ni siquiera es el mismo personaje, si que conserva la esencia. Y ese arco argumental está bien. Pero en el arco argumental de los emperadores clones… tengo miedo de que hayan desbarrado algo, e incluso que, para mí por lo menos, tal vez no para otros, en el último extremo hayan saltado el tiburón. Quizá no sea para tanto… pero en varias ocasiones la historia de los Cleon y Demerzel me rayó un tanto. Este último personaje, Demerzel,… o R. Daneel Olivaw, es probablemente el que peor llevo que se haya modificado tan profundamente su personalidad… Sip. Mucho cariño le tuve a R. Daneel Olivaw en mi juventud. Pero seguiré fiel a la serie. Seguro.

[TV] Cosas de series; utopías, distopías, apocalipsis, robots y otras cosas de anticipación

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. La Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia está de moda como escenario de dramas de ciencia ficción.

Desde que leía,… o devoraba,… las novelas de Jules Verne en mi niñez y adolescencia temprana he sido aficionado a las ciencias. Bueno. Yo soy un chico de ciencias. Escéptico por naturaleza, lo cual es una buena cualidad para alguien de ciencias, lejos de admitir dogmas y verdades absolutas conviene poner en duda lo que creemos saber e impulsarse a buscar nuevas explicaciones, la literatura, el cine o las series televisivas de ciencia ficción han satisfecho el afán de soñar sobre lo que es el futuro de eso que llamamos humanidad, civilización, universo, o como lo queramos ver cada uno. Que no haya malos entendidos. No soy un friqui del asunto. Lo mismo que me gusta, también soy muy crítico con muchos de los productos, especialmente series y sagas, que entusiasman a muchos friquis del asunto, pero que son banales, estereotipados, formulaícos, y sin mucho fondo. La buena ciencia ficción tiene que entretener, pero también tiene que hablarnos, con una suficiente profundidad, de quienes somos. Para bien o para mal. Por dejarlos claro, Star Wars no es ciencia ficción. Es fantasía. Y por eso, tanto en sus mejores momentos, como en los peores… que son demasiados ya, no nos habla de lo que a algunos nos gustaría que hablara. Hay alguna excepción. Y creo que pronto hablaré de una de ellas.

Existe la tendencia en ciencia ficción de publicar, literaria o audiovisualmente, en forma de series o sagas. Las famosas trilogías. Trilogías que han acabado siendo, no de tres, sino de cuatro, cinco y hasta ocho partes. Formas de ordeñar la vaca cuando se produce un éxito, un pelotazo de ventas o de audiencias. Pero hace tiempo que miro las sagas con escepticismo. Las segundas, terceras,… enésimas partes no suelen ser buenas. Miren ustedes Dune, lo estupenda que es la novela original, y el plomazo que son las continuaciones. Por eso, suele suceder que leo la primera entrega. Asumo que que ya está bien, que ya me han contado lo esencial de lo que me querían contar… y paso de lo siguiente. Aunque no sea ciencia ficción, pero sí una distopía, palabra que aparece en el título, leí The Handmaid’s Tale, vi la primera temporada de la serie… y no he vuelto a ver más. Lo importante que había que decir y transmitir estaba ahí. No hacía falta seguir. Para nada. Incluso si sus continuaciones están bien hechas.

Pero está el extremo opuesto. El relato corto. Y en el medio televisivo, el ultracorto. Una historia que literariamente puede ocupar menos de 100 páginas, incluso bastante menos, pero que de forma sucinta y concreta lanza potentes mensajes, siendo potencialmente muy entretenidas. Su equivalente,… los episodios autoconclusivos de series antológicas, que es como llaman ahora a las series con episodios non relacionados entre sí. Y en el ámbito de la ciencia ficción y anticipación, he visto recientemente sendas temporadas de dos de las más interesantes. Y que sepáis que las colecciones de relatos cortos es algo que cada vez me atrae más en la cosa de leer.

Ya comente un poco que había comenzado a ver la séptima temporada de Black Mirror, una serie británica (al menos en origen) que ha marcado de forma clara el género en los últimos años. Y sigue estando muy bien hecha. Y sigue contando cosas interesantes. Pero… Sí, con un pero. Que ya no tiene el impacto que tuvieron sus primeras y originalísimas series. Ya conocemos la fórmula. E incluso hemos visto como han ido surgiendo otras series y películas que desarrollan temas a través del impacto que las tecnologías de la información están teniendo en nuestra civilización. Generalmente en forma de distopía. Esta serie es fundamentalmente distópica. Siempre unas presuntas ventajas y progresos, para encontrarnos a unos seres humanos con sus miserias, y sus cosas buenas, de siempre. Y con esa deriva hacia el dramón o el terror que… bueno… yo prefiero los episodios en clave de comedia. Pero seguiré viendo nuevas temporadas si llegan. Supongo.

Y en forma de microdosis llenas de ingenio, la tercera temporada de Love, Deaths & Robots, esas antologías de ficción conceptual en formato de animación, o formatos, muy diversos, de animación. Una historia que se cuenta en cinco, diez, quince minutos… no mucho más. Pero que están llenas de sustancia, y que al mismo tiempo nos maravillan por la capacidad de imaginar mundos de sus diversos creadores. Estos sí que son creadores, y no los «creadores (de contenido)» de las redes sociales. Disfruto mucho con estas píldoras de imaginación. Lo que contaba al principio. La ciencia ficción y la anticipación como escape soñador de alguien que, habitualmente, en lo cotidiano, es, básicamente, un escéptico.

[Libro] Antimatter blues – Edward Ashton

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Las cárcavas de los alrededores de Daroca me servirán para ilustrar la geología de Nilfheim, el planeta que colonizan Mickey Barnes y sus «amigos».

Sinceramente, no voy a perder mucho tiempo comentando este libro. Que, ya adelanto, es un entretenimiento razonable, pero poco más. Terminé de leerlo en el viaje de ida a Sicilia. Aunque como digo es entretenido, se me había atascado, y llevaba arrastrándolo desde el viaje de vuelta de Berlín. Un montón de semanas para lo que es. Y lo que es no es otra cosa que la segunda parte, la continuación o una aventura más de Mickey 7, un libro que comenté hace unos meses, y cuya adaptación cinematográfica comenté hace unas semanas. Escrito por supuesto por Edward Ashton, el mismo autor que su aventura predecesora.

Y cogemos a Mickey, su novia y algunos otros conocidos personajes más un par de años después del final de la anterior aventura, cuando las cosas parece que van bien para la colonia humana, que está en paz con los aborígenes del planeta. Parecen. Porque en realidad, unos problemas con la fuente de energía de la colonia hace que las cosas pinten mal, especialmente si el buen tiempo actual termina y vuelven los fríos gélidos que se encontraron los colonos al llegar. La única solución será recuperar la bomba de antimateria que Mickey entregó a los aborígenes. No les llaméis alienígenas. Que en este planeta los alienígenas son los humanos. Y el encargado de recuperarla será Mickey con unos cuantos más, que lo tendrán complicado cuando descubran que en el planeta hay una guerra latente entre distintos grupos alienígenas. Y que establecer pactos y compromisos con unos o con otros es muy muy muy complicado.

Sinceramente, este libro no aporta gran cosa a las propuestas de su predecesor. Para mí es simplemente un intento de ingresar unos buenos dineros aprovechando el éxito del libro original, y la expectación generada por su adaptación cinematográfica. Así que mantiene ese tono de aventura entre la comedia y el drama, y nos encontramos ante el típico viaje del héroe y sus compañeros de ida y vuelta en territorio hostil, para conseguir un fin que parece imposible de conseguir. Entretenido. Sin más. Si este hubiese sido el primer libro de la saga, no hubiese repetido. Tampoco me arrepiento de haberlo leído. Pero si se aventura el autor en una tercera entrega, tampoco me ha dejado con ganas de más. Es lo que hay.

[TV] Cosas de series; rebeliones contra el poder establecido en el anime

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Una de las series de hoy está localizada principalmente en Tokio, así que fotográficamente nos iremos a la capital japonesa.

Dos series de animación japonesa en Netflix me lleva a comentar el tema de la rebelión contra el poder establecido. Son dos series enmarcadas en el amplísimo paraguas de la ciencia ficción, pero muy diferentes entre sí. Primero vamos con el resumen de cada una de ellas.

Zankyō no Terror [残響のテロル] conocida también como Terror in resonance (una traducción aproximada del original) o Terror in Tokyo/Terror en Tokio (una traducción muy poco aproximada del original) es una serie de animación de 2014 que recientemente entró a formar parte, supongo que temporalmente, del catálogo de Netflix. Dos jóvenes, Nueve y Doce, que nadie sabe de dónde proceden, empiezan a amenazar con acciones terroristas en Tokio. Aunque siempre dan pistas para que estas acciones queden desactivadas. El espectador sabe que tienen relación con una misteriosa instalación donde criaban niños especiales en el norte de la isla de Honsu. Un detective, por libre, al margen de sus superiores, intentará encontrar las claves de esta situación, al mismo tiempo que determinados intereses gubernamentales y no gubernamentales están interesados en acabar con estos jóvenes sin que nada trascienda sobre sus orígenes.

Moonrise es un estreno reciente, actual, de animación japonesa en Netflix. Al igual que el anterior es una serie original. No basada en manga, novelas o películas o series previas. En esta ocasión estamos en un futuro en el que el ser humano ha comenzado la colonización espacial. Más concretamente la colonización de la Luna. Pero se han generado desigualdades enormes entre los habitantes, privilegiados, de la Tierra y los trabajadores de la Luna. Por lo que se produce una rebelión, un alzamiento para conseguir la independencia, y una guerra civil. Aunque presentada como una serie de 18 episodios, estos se agrupan en tres partes que podrían funcionar como una trilogía de largometrajes.

Es un clásico de la ciencia ficción utilizar los elementos de anticipación o de ficción científica para realizar críticas sobre las realidades sociopolíticas de la realidad. Bien sea las desigualdades sociales, los grupos oprimidos, la existencia de oligarquías políticas o plutocráticas, o las prácticas inmorales del poder económico y político para manipular a las poblaciones y a la opinión pública. Como ya he comentado en otras ocasiones, la buena ciencia ficción suele hablarnos de nosotros mismos. Bien a un nivel personal, a un nivel social, o sobre lo que es la humanidad en su conjunto. Estas dos series, como muchas otras, lo intentan.

La más reciente, no con mucho éxito. Aunque hay un esfuerzo de producción notable, es una serie que se pierde en el efectismo y la espectacularidad, olvidándose de contar adecuadamente lo que se supone que quiere contar. No tenemos que irnos muy lejos para ver en formato de serie televisiva una historia de rebelión de colonias espaciales contra la Tierra, como es The Expanse, serie de libros que fueron llevados con éxito a la pequeña pantalla en una de las mejores series de aventura espacial de las últimas décadas. Esta animación, buscando un público más juvenil, se pierde en la aventúreta de los jóvenes protagonistas, y pierde fuerza en el mensaje.

La serie de hace once años, es mucho más interesante. Implica un mayor grado de reflexión. Para empezar, sus protagonistas son a la vez fracasados y brillantes, cada uno a su manera y en su entorno. La exploración psicológica de los personajes es mayor y mejor. Y aunque son claros quienes actúan como villanos y quienes como héroes, no hay maniqueísmo, hay una mayor gradación de sentimientos y opiniones disponibles. Es muy recomendable. Seguiremos a la espera de series de este tipo. Me llaman más que las más recientes y más espectaculares pero superficiales. Que conste que Zankyō no Terror también está muy bien hecha, habiendo salido de la capacidad creativa de Shin’ichirō Watanabe, a quien debemos tantas excelentes series.

[Cine] I Byeol-e Pil-yohan [이 별에 필요한] (Lo que le falta a esta estrella) (2025)

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Cuando no están en Marte, o en Florida, cerca de cabo Cañaveral, las cosas transcurren sobretodo en Seúl. Pero yo he optado por unas fotografías de Busan para ilustrar la entrada.

I Byeol-e Pil-yohan [이 별에 필요한] (Lo que le falta a esta estrella) (2025; 24/20250530)

Nuestra crisis cinematográfica, especialmente la mía, no sólo la del grupito de amigos que solemos ir juntos al cine, es importante. No encuentro motivación para desplazarme a las salas de cine para ir al cine. Es cierto que este mes estuve una semana de viaje por vacaciones. Pero también estuve dos semanas de vacaciones en casa, con tiempo para ir al cine, a cualquier hora que me fuese, sin miedo a que al día siguiente tuviese que madrugar. Y aun así, no encontré ocasión para ir al cine. Y seguro que alguna de las películas que se han emitido durante el mes de mayo habrá merecido la pena, aunque suele ser un mes flojo habitualmente. Ayer no obstante me vi un estreno de animación… pero en plataforma de contenidos en internet, en Netflix. Una animación surcoreana dirigida por Han Ji-won. Con la voz en el personaje protagonista de Kim Taeri, actriz muy popular y que ha aparecido en estas páginas con cierta frecuencia.

La película, de poquito más de hora y media de duración, es un drama romántico ambientado en la ciencia ficción, en la exploración espacial, específicamente la exploración de Marte. Año 2051, la protagonista es una bióloga que aspira a formar parte de la próxima misión a Marte, 25 años después de que su predecesora fuera destruida por el terremoto producido por la caída de un asteroide en el planeta rojo. Y de la que formaba parte, también como bióloga, la madre de la científica. Lo cual le ha generado un trauma que pone en peligro ser aceptada en la misión. En estas está cuando en Seúl conoce a un músico, que abandonó la música por un desencanto y desencuentro con la cantante y líder del grupo en el que trabajaba. Y se enamoran. Pero la relación y la vida de la astronauta coreana estarán en riesgo cuando sea admitida en la misión y vaya a Marte.

Durante buena parte del metraje, la película es una producción bastante digna. Un poco pastelón, con exceso de merengue dulce en ocasiones, y un exceso de melodrama. Pero no está mal. La animación es correcta tirando a bastante bien, el diseño de producción es interesante, las situaciones un poco tópicas, pero llevaderas,… pero… Siempre hay un pero en las películas de Netflix. En el tramo final empieza a haber una sobredosis de melodrama y de merengue, hasta el punto de un riesgo enorme de diabetes visual, y sobretodo empiezan a pasar cosas que no tienen ni pies ni revés, en el sentido que ponen duramente a prueba la suspensión voluntaria de la incredulidad del espectador, con el fin de forzar un happy end, que tal y como iba la película… no tocaba.

El intento es encomiable. Se lo han currado. Pero las películas románticas surcoreanas más comerciales son… cursis y excesivamente melodramáticas. Las comedias se salvan. Al fin y al cabo, son comedias. Pero cuando planteas un drama en el que mezclas la ciencia ficción, a un nivel en que cabe la ciencia ficción plausible, con la separación o el conflicto romántico… pues creo que hasta cierto punto descarrila. No la he suspendido… porque entiendo que esta película puede tener su público, y yo no formo parte de ese público. Pero… En fin. Que allá vosotros. Yo aviso de lo que hay.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: ***

[TV] Cosas de series; cuando la ciencia ficción nos habla de nosotros mismos, a propósito de «El eternauta»

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Lamentablemente, no he tenido aún la oportunidad de visitar Argentina, y Buenos Aires, claro está. Así que supliré el ambiente porteño por el palermitano. Al fin y al cabo, la cultura argentina, en gran medida es una mezcla de herencias españolas e italianas, mezcladas con otras influencias.

El eternauta es un cómic. Un clásico del cómic que no he tenido ocasión de leer, aunque ganas no me han faltado. Ni me faltan. Algo que tengo que resolver de algún modo. Su publicación original data de mediados los años 50, en forma de serie. Con Héctor Germán Oesterheld como escritor, uno de los desaparecidos de la dictadura militar argentina en 1977, y Francisco Solano López como ilustrador, es una de las obras más conocidas y de referencia de la historieta argentina y de la escrita en español en general. Cuando se anunció que Netflix iba a estrenar una adaptación en forma de serie de televisión, tuve sentimientos encontrados. Por un lado, sabía que la iba a ver. Por otro lado, me daba mucho miedo lo que me iba a encontrar. La plataforma de contenidos es responsable de adaptaciones muy notable, pero no faltan las pifias que desvirtúan por completo la obra original. O de adaptaciones que, tras una temporada, por buena que sea, quedan canceladas porque no les salen las cuentas.

De momento, tenemos una primera entrega de seis episodios, creados por el director y guionista Bruno Stagnaro, y protagonizada por un valor seguro como es Ricardo Darín, en mi opinión uno de los mejores actores contemporáneos, todas la nacionalidades incluidas. Pero sería injusto atribuir el mérito de la serie a Darín, al menos en la dimensión de las actuaciones, por excelente que sea su trabajo, que lo es. La serie es mucho más, con muchas otras virtudes, con muchas otras interpretaciones excelentes, y con una historia tremendamente multidimensional, que nos traslada a una lugar en el mundo que nos habla de muchas cosas. Actuales. Del mundo real.

La historia es la de una invasión alienígena. Pero al principio no lo parece. Simplemente, un día de verano, con calor asfixiante, de repente se nubla y empieza a nevar. Y todos aquellos expuestos a la nieve, mueren. Localizada en el área metropolitana bonaerense, la gran metrópoli del Cono Sur queda convertida en un lugar desolado, cubierta de un ominoso manto blanco. Y con unos supervivientes que se las tendrán que ingeniar para desplazarse aislados de la nieve letal, y que tendrán que aprender a sobrevivir en un mundo donde la sociedad humana, tal y como la conocemos, se ha desestructurado por completo. Ha desaparecido. Con el macguffin inicial de la búsqueda por parte del protagonista de su mujer y su hija, lo cual nos permitirá evaluar el apocalíptico escenario en el que la historia se desenvolverá. Son seis episodios, de los cuales, el más impresionante, el que definitivamente te engancha, si es que como yo no te has enganchado desde el minuto primero, es un magnífico y dramático episodio cuatro. Absolutamente antológico.

Pero el Buenos Aires de la historia televisiva no es el Buenos Aires de la historieta. Es un Buenos Aires contemporáneo, en el que el protagonista es un veterano de la guerra de Las Malvinas, un joven soldado de reemplazo que fue llevado a una trampa mortal por aquella junta militar criminal, sin escrúpulos y sin conciencia, que lanzó aquella aventura militar, una huida hacia adelante, cuando vio que su criminal experimento de «regeneración política» hacía aguas por todos los lados, llevando a aquella generación de jóvenes a las desoladas islas del Atlántico sur, a enfrentarse con uno de los ejércitos profesionales mejor preparados del mundo. Y lo que en aquellas islas pasó no se ha contado con la suficiente claridad, muchos murieron, sin oportunidad, en una batalla desigual y con el mayor grado de la sinrazón de la guerra. Y eso es algo que pesa constantemente en la adaptación televisiva de la serie.

Poco después de terminar la serie, en un taller de iluminación con flash en fotografía coincidí con una de mis colegas más apreciadas de afición fotográfica. Argentina, establecida en España, nacida el mismo año que yo, que me contaba la emoción que supuso para ella la serie, y los recuerdos que le trajo, porque esa generación de soldados de reemplazo que sufrió en aquella estúpida aventura bélica, que convierte la expresión «inteligencia militar» en un macabro y triste oxímoron, fue la de los nacidos en ese año en el que nací yo y nació ella. No puedo trasladar aquí algunas de sus impresiones, comentarios y recuerdos. Le haría injusticia. Pero ella, mejor que la mayoría, pudo apreciar las referencias a la Argentina de aquellos tiempos, y a la actual. Que no por casualidad buena parte de los dos últimos episodios de esta primera temporada transcurren en Campo de Mayo, uno de los lugares de más triste recuerdo de aquella cruel dictadura fascista.

Para muchos no aficionados a la ciencia ficción, literaria, televisiva, o cinematográfica, este género es anecdótico y de bajo prestigio. Propio de inmaduros y friquis. Y se equivocan. Es cierto que, como en todos los géneros literarios, hay mucha obra de calidad discutible. Pero la buena ciencia ficción se caracteriza porque a través de su especulación científica, de sus cronologías alternativas, de su capacidad de anticipación, nos habla de nosotros mismos. De lo más profundo de lo que constituye ser persona, de los males de la sociedad humana, en ocasiones también de lo más brillante y esperanzador. Y esta serie no defrauda en este aspecto. Una de las mejores series que he visto en Netflix, quizá lo mejor de lo que llevamos de año… e incluso de década. Es difícil decir. Pero por ahí andará. Seis episodios que han sabido a poco. Una introducción a una historia de la que queremos, necesitamos, saber más. Y todo indica que lo haremos. Aunque quizá tengamos que esperar con paciencia. Es una serie de compleja producción. Algo que probablemente no podría rodarse en Argentina, y menos con la que cae por allí en lo social, político y económico en estos momentos, si no fuera por el dinero que ha llevado Netflix para que se produzca. Pues esperaremos con paciencia.

[TV] Cosas de series; cuando las parodias y las imitaciones me complacen más que el original

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Un clásico en Star Trek es que el cuartel general de la Flota esta en San Francisco, y las correspondientes vistas del Golden Gate.

Desde hace unos días, está disponible en Netflix la séptima temporada de Black Mirror, una de las series de televisión de más éxito, y al mismo tiempo más valorada por la crítica, de los últimos quince años. Hasta la fecha, no me he perdido ningún episodio. Salvo por el hecho de que de esta séptima temporada sólo he visto dos de momento y me faltan cuatro. Es decir, voy a ponerme a comentar cosas sobre la misma sin haberla visto entera. Lo entenderéis, más adelante. No puedo negar que la serie tiene sus altibajos, dentro de su buena factura general. Y que suelo preferir cuando entra en modo comedia, parodia o exageración que cuando entra en modo terror. Pero es una serie imprescindible para ofrecer una mirada crítica a los adelantos que los avances en las tecnologías de la información nos han aportado a nuestras vidas en este primer cuarto del siglo XXI. Qué cosas… parece que hemos estrenado siglo hace nada, y ya nos hemos comido una cuarta parte. En fin.

El caso es que ayer mismo vi la primera continuación o segunda parte de un episodio dentro de la serie. Se sobrentiende que la mayor parte de los episodios transcurren en el mismo universo de ficción. Obsérvese la cantidad de San Juníperos (hospitales, escuelas, hoteles,…), que llevan este nombre dentro de la serie desde el exitoso episodio que llevaba ese título, uno de los mejores, que allá por la tercera temporada. Imprescindible y propio de una antología. Pero otro de los mejores, y que también puede entrar en una selección antológica, fue el dedicado a la nave espacial USS Callister. En esta séptima temporada podemos presenciar la continuación de aquella aventura protagonizada por Cristin Milioti, Jesse Plemons y Jimmi Simpson, entre otros. Como he dicho, la única clara continuación de la misma historia, aunque pueda haber guiños al hecho de que todo suceda en un mismo universo de ficción.

El hecho de que aquella historia haya merecido una segunda parte, no estrictamente necesaria en mi opinión, se puede deber a dos motivos. El primero es que es uno de los episodios más valorados de la serie, de más éxito. En lo que influye mucho el carisma de Milioti, una actriz que, en la práctica, no ha salido del ámbito televisivo, aunque cuando me la he encontrado por ahí me ha parecido siempre que tenía potencial para más cosas. O quizá simplemente hace papeles que le van a su forma de actuar y a su físico. A lo tonto modorro, cuando fui consciente de su existencia como la chica del paraguas amarillo en una divertida y entrañable serie, era todavía una veinteañera, cuando ahora ya se acerca ya a los cuarenta si no los tiene ya. Pero también influye, y es el segundo motivo, que además de los elementos de crítica que acarreaba aquel episodio, como todos los de la serie, era una parodia, al mismo tiempo que un homenaje, a una de las sagas/franquicias más celebradas de la ficción televisiva y cinematográfica, Star Trek.

A pesar de que siempre me han gustado las aventuras espaciales, literarias, televisivas o cinematográficas, que me han aportado muchos buenos momentos (y no pocas decepciones), Star Trek no ha formado pare de las que me hayan enganchado. Tengo recuerdos muy cariñosos de la serie original, que se emitió en España durante mi infancia bajo dos títulos diferentes, La conquista del espacio y Viaje a las estrellas. No creo que viese todos los episodios. Pero sí unos cuantos, que me gustaban bastante. Era antes de que llegase mi adolescencia en la que vi 2001: A Space Odissey, Star Wars y Solyaris, tres aventuras espaciales muy distintas, pero que definieron mi afinidad por el género. Las tres las vi en el cine entre los años 1977 y 1979. 2001 y Solyaris en el cine Rialto de Zaragoza, tradicionalmente cine de barrio en San José, en el breve periodo en que fue cine de arte y ensayo. Y la otra… como todo el mundo en algún popular cine de la ciudad. El Don Quijote creo que fue, uno de los más grandes y nuevos de aquella época. Ambos desaparecidos. Pero siguiendo con lo que estaba, siempre he tenido la consideración de que todo era muy cutre, desde el relanzamiento de la franquicia en cines en el año 79 con una película que me pareció horrenda, como todas las que siguieron en la década y media siguiente. El aumento del nivel en la producción que llegó con J. J. Abrams hizo que dejará de ser cutre, pero pasaron a ser películas efectistas, sin mucha sustancia real en sus historias. Hasta las narices de los flares originados en los objetivos anamórficos de los que abusa en sus producciones.

Con posterioridad, alguna serie me ha parecido interesante y menos cutre, y alguna serie de animación me ha divertido… pero sin más. Y lo más curioso es que siempre me lo he pasado bien con las parodias/homenajes. La primera que me viene a la memoria fue la infravalorada Galaxy Quest (Héroes fuera de órbita), en la que lo que se parodia no es a la propia serie, sino a los actores y productores de la misma, cuando se ven en la obligación de llevar su simulación en la pantalla a la vida real ante una amenaza alienígena. Un cachondeo en la que sus prestigiosos intérpretes se lo debieron pasar muy bien, a la que quizá le faltó un poquito más de mala baba. Yo la recuerdo con cariño. Creo que me lo pasé muy bien. Quizá porque me parecía bien parodiar una serie que yo asociaba con cierto grado de cutredad a pesar de su popularidad, como sucedía con los protagonistas de la ficción en la película. La disfruté infinitamente más que cualquier largometraje de la franquicia original hasta ese momento. Creo que con el tiempo se le ha valorado mejor que lo que fue en su estreno.

Y la serie que también disfruté un montón, un plagio en las formas, consentido, sin duda, de la franquicia original, fue The Orville. En las formas, que no en el fondo y contenido. Si la franquicia original iba de «vamos a llevar por toda la galaxia el buen rollito, la paz y la amistad», cosa que han valorado mucho los trekkies por los «valores» que representa la serie, la serie de Seth MacFarlane era una respuesta directa clara y concreta al trumpismo. MacFarlane vio venir el triunfo del populismo del aprendiz de dictador, y sacó, coincidiendo con el comienzo del mandato de ese personaje, una serie que detrás de su aspecto paródico estaba llena de críticas sociales y políticas a los nefastos valores del populismo de derechas. Y además los personajes eran simpáticos, tenían carisma, estaban bien interpretados, y si la serie no tenía un nivel de efectos especiales de primera, maravillosos y pirotécnicos, daba igual porque no iba de eso. Y además, a pesar de ello, como no se avergonzaba de lo que quería ser, no resultaba cutre. Cutre no quiere decir sin recursos. Quiere decir «quiero y no puedo», pretendo ser lo que no soy.

Y antes y después, llegó la USS Callister de Black Mirror, que con una visión distinta, un buen nivel de producción, y un buen trabajo interpretativo, nos trajo también unas historias interesantes, necesarias y encomiables. Ambas, especialmente la segunda, con 90 minutos de duración, son prácticamente largometrajes, que cuentan su historia con competencia. Y que marcan definitivamente el hecho que me ha hecho escribir esta entrada como lo he hecho. Las parodias de Star Trek me gustan y me interesan mucho más que la franquicia original. Es lo que hay.

[TV] Cosas de series; el riesgo de «perderse»… o de «perdidos»

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Bosques en el valle de Funes, en los Dolomitas italianos. Representan los bosques y los lagos de uno de los episodios importantes de la serie que comento hoy.

Si hay algo que me aterra cuando se anuncia una nueva serie de televisión, es que nos «amenacen» con ser la nueva Perdidos, o la «sucesora» de Perdidos. Durante unos años fue frecuente… ahora no tanto, pero de vez en cuando se da. Y yo tiemblo de pavor. Pero echemos la vista atrás. Echemos la vista 20 años atrás. Ahí es nada. Parece que fue ayer.

Lost (Perdidos) fue una serie que impactó. Surgió en lo que se ha llamado la era de oro de las series de televisión. Esos años en los que la calidad de las series de televisión se incrementó notablemente, tanto en sus guiones, como en sus interpretaciones, como en su producción o su forma de rodar. Se acercaron muchísimo a ese concepto de cine en serie. Y además, con muchas series mejorando considerablemente la calidad de muchas películas cinematográficas de éxito, ya que coincidió con el auge de los superhéroes y las sagas interminables de franquicias llenas de secuelas, a cual menos original y con menos calidad. Ahí surgió Lost. Si la serie comenzó en septiembre de 2004, llegó a España en la primavera de 2005. Y tras los muchos comentarios de amigos y conocidos, me agencié aquella primera temporada, la fui viendo, y me encantó.

Hemos de recordar aquí un concepto importante en el cine, que popularizó Alfred Hitchcock, aunque lo formuló uno de sus guionistas británicos, Angus MacPhail, el macguffin (la Wikipedia española atribuye el término a Hitchcock, pero es errónea). El macguffin es un recurso argumental que nos sirve para poner en marcha la acción y el recorrido de los personajes en la obra de ficción. Pero que es intrascendente por sí mismo. Podría ser cambiado por otro, y la película, o la novela, o la serie, sería en esencia la misma. Porque lo que realmente importa es la peripecia. El suspense, la angustia, las dificultades, que sufren o han de superar los héroes de la acción, y que se trasladan al espectador. Yo me familiaricé con el término, y con su significado, al leer las El cine según Hitchcock de Truffaut. Uno de mis libros sobre cine favoritos.

Lo importante del concepto del macguffin es que rompe con muchos moldes sobre la forma en que vivimos y valoramos la obra de ficción. Deja de ser importante el objeto, y lo único importante es el sujeto; el camino del héroe. O, en ocasiones, el villano. Digamos héroe desde un punto de vista genérico, el protagonista de la acción y con el que el espectador se identifica. Con quien sufre… y de paso disfruta. Esto también hace que se rompa la importancia de la estructura de la narración, y esta admita estructuras diversas, ya que lo que nos atrapa es el estado emocional del héroe durante la aventura, sea cual sea esta. Si lo observamos bien, todas las películas de Indiana Jones son lo mismo, da igual que el macguffin sea el Arca de la Alianza, el Santo Grial, la Calavera de Cristal, la lanza de Longinos, o el mecanismo de Anticitera. Lo que nos divierte, cuando la película está bien engranada en su guion y en su desarrollo, es la peripecia de Indiana y sus relaciones con el resto de los personajes. Lo mismo podríamos decir de Bond, James Bond, de la Flota Estelar de la Federación, de la Alianza Rebelde, o del tostón de los superhéroes de Marvel. Estos últimos la cagan cuando dedican un porcentaje no despreciable del tiempo de la película a «explicar» qué puñetas es el teseracto cuando es algo que importa un rábano. Por cierto, en el mundo real, un teseracto es un hipercubo o cubo de cuatro dimensiones. A veces se denomina así a la proyección de esta figura geométrica en el espacio tridimensional, por ejemplo, el Gran Arco de la Defense en París.

En Lost hay un desencadenante inicial, el accidente el accidente del vuelo 815 de Oceanic Airlines, y un gran macguffin, la isla y sus misterios. Mientras que lo que importa en la serie es la peripecia de los náufragos del accidente, la serie es estupenda. Cuando de repente empieza a tener importancia lo que es la isla y sus misterios, desde mi humilde punto de vista, la serie se convierte en un tostón horrible, que llega a ser insoportable, y los personajes con los que sentía empatía y con quienes «sufría» empiezan a caerme mal y a importarme un rábano lo que les pase. El gran mal de tantas producciones de acción de Hollywood, cine o series de televisión, dar importancia a lo que es accesorio, y olvidarse de contar una buena historia, intentando disimular la ausencia de esta con paranoias y fuegos de artificio. Por ello, los candidatos a ser la nueva Perdidos… me aterran.

Algunos comentaristas han calificado una de las mejores series de Apple TV+, Severance, como una de las nuevas Perdidos, y quizá por ello no le presté atención al principio. Afortunadamente, tras leer numerosos artículos alabándola, procedentes de fuentes serias, le di una oportunidad a la primera temporada… y abrí los ojos. Por fin una serie que, conceptualmente, está construida sobre un fenomenal y enorme macguffin; la separación de una persona en dos personalidades distintas, una en el puesto de trabajo y otra fuera del puesto de trabajo. Con una puesta en escena absolutamente maravillosa desde el punto de vista conceptual y visual, con unas interpretaciones muy notables, y con unos guiones de una precisión milimétrica, nos encontramos con un mundo distópico digno heredero de las visiones de Orwell en 1984, o de Terry Gillian en la no suficientemente valorada Brazil. Una obra que nos sumerge en la alienación del ser humano como elemento productivo de las grandes empresas, convertido en una pieza más de una cadena a la que, en muchas ocasiones, no se le ve sentido, y con unas políticas laborales que tratar de anular la personalidad propia del individuo para asimilarlo al idea del trabajador, del miembro de una sociedad.

Al comenzar su segunda temporada es cuando temía que reventase la serie si sus creadores se dedicaban a «explicar» los elementos que rodean a los personajes, cuando esta «explicación» es superflua. Da igual. Lo que sigue importando es la peripecia de los personajes. Especialmente, cuando se rebelan contra la pérdida de la individualidad, especialmente acusado entre la personalidad que trabaja en la gran empresa. Esa rebelión, en la que reivindican su derecho a pensar, a amar, a decidir… de acuerdo o en contra de su personalidad exterior, e intentando superar la distopía empresarial, es lo importante. De momento, la serie no sólo no ha sufrido el sindrome de Perdidos, sino que nos ha ofrecido algunos episodios absolutamente absorbentes, de una calidad cinematográfica superior, con interpretaciones más que notables. Y, una vez más, con unos guiones y una realización milimétricamente planificadas, sin que nada falte ni nada sobre. Llega un momento en que sus episodios son dignos de verse, y disfrutarse, incluso aislados del resto de la serie. Son así de buenos. Que siga.

[Cine] Mickey 17 (2025

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Glaciares e icebergs en Islandia.

Mickey 17 (2025; 16/20250319)

Me enteré de que se iba a estrenar esta película hace dos meses, cuando preparaba mi comentario sobre la novela en la que se basa y que había terminado de leer unas semanas antes. En ese momento, ni siquiera había una fecha de estreno para España. Para la mayor parte del mundo estaba prevista para principios de marzo… y al final ha resultado que en España también. Lo cierto es que la novela me gustó. No es la octava maravilla de la ciencia ficción, pero era bastante disfrutable. Muy divertida. Y su adaptación al cine venía avalada por estar dirigida por Bong Joon Ho, oscarizado director surcoreano, que ha hecho una variedad de películas bastante interesantes.

Es cierto que había un detalle que me mosqueaba. Ese ‘1’ delante del ‘7’. Eso implicaba que la adaptación se tomaría sus libertades. Y tal y como yo percibía la obra literaria original, era fácilmente transplantable al cine sin necesidad de adaptaciones especiales. Si ya estaba bien… ¿necesariamente los cambios la llevaría a ser mejor? Este tipo de cuestiones me generan serias dudas. Y, desde mi punto de vista, y a pesar de que la película ha recibido buenas críticas, aunque no unánimes, de alguna modo falla.

La película tiene un planteamiento inicial similar al del libro, Mickey 17 (Robert Pattinson), un clon considerado «trabajador prescindible» en una incipiente colonia humana en un exoplaneta que ha resultado estar en una fase de bola nieve, cae por una grieta de un glaciar, se le da por muerto, y se «imprime» un nuevo clon, Mickey 18 (también Pattinson, claro). Pero los seres vivos originales del planeta lo salvan, y eso crea una situación tabú. No puede haber seres humanos «repetidos». Ambos Mickeys intentarán evitar ser exterminados, pero todo acabará viéndose enredado, incluso con la colaboración de la novia de… ¿ambos? (Naomi Ackie). Además la colonia está gobernada por un dictadorcillo fascistoide (Mark Ruffalo) y su esposa (Toni Collette). Y está la «amenaza» de las criaturas que han salvado a Mickey 17.

Con una realización correcta y con interpretaciones correctas, tendentes al histrionismo, a la exageración, pero porque así lo pide el planteamiento de la película, esta adquiere un tono de comedia satírica, ácida. En ocasiones comedia negra. La novela original, mucho menos cómica, más aventurera y de acción, llevaba consigo un cierto comentario social y político, asociado a los intereses económicos de las civilizaciones, a los riesgos de la colonización de lo desconocido, convirtiendo los nuevo asentamientos en lugares sin ley o con una ley arbitraria, y sobre los genocidios. Podría ser incluso un western de frontera, en el que los «indios» son las criaturas del planeta. Incluso si no tiene el aspecto o las formas del western. También sobre los fanatismos religiosos y el desprecio al trabajador «prescindible» de una forma u otra. Algunos de estos elementos permanecen en la película, pero en un segundo plano, tomando protagonismo el fantoche dictadorcillo de la colonia, una mezcla de distintos dictadores fascistas con políticos y empresarios modernos fácilmente reconocibles.

Pero el desarrollo no me convence. Todo resulta atropellado. Y unas situaciones no siempre son una consecuencia clara de las anteriores. El papel de Mickey 18 está muy modificado con respecto al Mickey 8 del relato escrito, y eso cambia muchas perspectivas. Y genera de forma residual un cambio en la personalidad y la importancia de la novia de Mickey. De ser el contrapunto humano y comprensivo de la colonia frente a los fanatismos, o las rigideces paramilitares, se convierte simplemente en una persona a la que le gusta follar con los Mickeys. Y puestos a innovar, la científica modosita (Patsy Ferran) que recoge el testigo del humano empático y comprensivo, un personaje que no está en el libro, apenas recibe desarrollo. Todo ello me lleva a que conforme transcurre el metraje, me voy alejando de la película, llegando en la práctica a salirme de ella y sentirme insatisfecho. No sé si plantar una franca NO recomendación, porque tal vez quien se acerque a la película desde la falta de prejuicios por no haber leído el libro la pueda disfrutar. Pero… no sé.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: **

[Cine] Companion (2025)

Cine

Companion (2025; 10/20250226)

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. El bosque del Latemar y el lago del Mezzo en Carezza, Alpes Dolomitas, Italia. Al cabo, la acción de la película transcurre entorno a un lago y un bosque.

Hoy es el día de la resaca de los Oscar. Bueno… sería el día de la resaca en el caso de que dichos premios hubieran supuesto algún tipo de emoción o embriaguez emocional de algún tipo. Hace unos años sí que los esperábamos con ganas. Siempre hemos sido conscientes de que lo que la Academia de Hollywood premia no tiene porqué ser necesariamente lo mejor o más interesante. Que son premios sometidos a vaivenes y veleidades muy diversos. Pero era divertido dedicar las conversaciones en los bares a comentar y apostar sobre quién y cómo iba a ganar. Ahora eso ya no sucede. O si se sucede, es en cantidad uno o dos órdenes de magnitud inferior. Hay años que tienen su interés. El año pasado estuvo bastante bien. El anterior no estuvo mal. Un año antes… meh… Vamos… que depende de si las película nos entusiasman y nos importan o no. Cuando se te olvidan… Todavía no he entendido lo de CODA, una película ganadora que, en la práctica se nos ha olvidado. Y no digamos las flagrantes omisiones que se dan simplemente… porque no están habladas en inglés. Sí. Ya se que se ha puesto de moda incluir entre las candidatas a alguna de estas. Incluso la premian… Pero hay tantas que superan a las opciones de habla inglesa… Este año no nos emocionaba casi nada. La propia ganadora nos pareció bien… estuvo bastante bien… pero… para el Oscar… En fin. Aunque el premio a su protagonista no me parece tan descabellado, ni mucho menos.

Es sintomático que, sin haber visto a todas las candidatas a los premios, algunas en cartelera la semana pasada, optáramos por ir a ver un mero entretenimiento. Escrita y dirigida por
Drew Hancock, un tipo que ha hecho cosas majas en series de televisión, nos presenta a una pareja (Sophie Thatcher y Jack Quaid) que se dirige a pasar un fin de semana en una casa en el bosque con unos amigos, aunque desde el principio sabes que nada es lo que parece. Más cuando la propia protagonista, en el prólogo ya te advierte que va a matar a su novio. No destripo nada. Lo dice en el minuto cinco o así de la película, así que todo es ver cómo sucede.

Como digo, la película es un entretenimiento. Una comedia negra de las que, si te descuidas, muere hasta el apuntador, pero con su gracia. Con sus situaciones sarcásticas y varios giros que te mantienen razonablemente atento. Con un ritmo razonablemente ágil, la historia se cuenta en muy poquito más de media hora, con una realización eficaz y eficiente, con razonable economía de medios. De manual. Pero que funciona suficientemente bien. Y unas interpretaciones que también son funcionalmente correctas, cumpliendo todos los intérpretes con lo que les toca, siendo lo más destacable su protagonista femenina… a cuya gloria está, en la práctica, rodada la película.

La primera película que vemos este año con estreno internacional en salas de cine en este 2025. Todo lo que habíamos visto hasta el momento, salvo algún estreno directo en plataforma, tuvo su estreno en algún lugar del mundo en el 2024. Y como digo, en plena temporada de premios todavía. Cuando uno esperaría que fuese estrenada después. Pero que cumple con su objetivo. Entretener. Nada más. Pero tampoco nada menos.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ***
Valoración subjetiva: ***

[Libro] The mercy of gods – James S. A. Corey

Literatura

Las series de fotografías que ilustran las entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie.

James S. A. Corey es el seudónimo bajo el cual publican sus novelas conjuntos los escritores Daniel Abraham y Ty Franck. Y estos son los autores de la serie de ciencia ficción The Expanse, que se adaptó en una de las más interesantes series de aventuras espaciales de las últimas décadas. De las novelas en las que se basaba la serie, sólo leí una, que no estaba mal. Pero como ya me sabía la historia… pues no encontré mucho aliciente a seguir leyendo un montón de continuaciones posteriores. El libro era un producto digno, con razonable rigor… pero inferior a la serie de televisión. A pesar de ello, me he puesto con este primer libro de una saga… que igual sí que sigo… no sé si hasta el final, pero al menos mientras mantenga el interés.

No sé muy bien por qué diablos estas fotografías del entorno del puerto de Malmoe en Suecia me han parecido adecuadas para ilustrar la entrada. En cualquier caso, no he tenido ocasión de visitar y tomar fotografías en los planetas en los que transcurre la acción del libro.

He leído la versión original en inglés. La saga se denomina, traducida al castellano, La guerra de los cautivos, pero de momento sólo hay un libro publicado, que nos habla de esa piedad de algún tipo de dioses galácticos. Esencialmente, en la galaxia en la que viven los humanos, y a los que encontramos en un planeta que no es la Tierra, hay una guerra de dimensiones descomunales entre dos especies inteligentes. Una de ellas se dedica a conquistar los planetas en los que viven otras especies inteligentes y, si les son útiles, los aprovecha para sus fines bélicos. El planeta humano en el que viven nuestros protagonistas es conquistado. Y seguiremos las andanzas de un equipo de investigadores en biología molecular, que son llevados en cautividad a otro planeta. Si son útiles sobrevivirán, así como el resto de la especie, si no… no. Pero entre ellos, hay un «infiltrado» del otro bando.

He de reconocer que en los primeros episodios estuve a punto de dejarlo. Las cosas que me estaba contando sobre el equipo de científicos no me interesaban lo más mínimo ni veía una evolución clara. La cuestión es que como es una historia planteada con muy largo recorrido, los autores se han tomado el desarrollo de la historia con calma. Pero ya sabéis lo que decía Billy Wilder, de entrada hay que dejar al espectador sorprendido y sujeto a la butaca, y luego le cuentas tu historia. Aquí… esos primeros capítulos, no me dejaron sorprendido y sujeto al libro. Pero aguanté. Y la cosa va mejorando. Al final se nos dibuja un universo que no es carente de interés, con un problema a resolver que parece imposible para los protagonistas, pero que por algún sitio saldrá. Tiene cosas en común en su desarrollo con The Expanse… aunque no sé hasta que punto «copiará» el esquema en los siguientes libros. Pero al final esta primera historia dentro de la historia general me ha dejado buen sabor de boca.

Probablemente, cuando llegue el momento, me anime con la continuación. Luego… ya veremos.