[Libro] Hibakusha

Literatura

En los últimos tiempos he tenido preferencia por la historieta procedente de Japón, y esta que nos ocupa hoy, por su título pudiera parecer que también lo es. Pero no. Es una historia realizada por autores europeos. Aunque no han dudado de tomar elementos propios de la historieta japonesa, sin perder los propios de este rincón del mundo, para un álbum elegante e interesante.

Tranvía sobre el río Ota - Hiroshima

Hiroshima es hoy una ciudad abierta, pulcra y tolerante. Pero también un símbolo de lo que no debería volver a pasar… y viendo los líderes que son elegidos o impuestos en las potencias del mundo, miedo hay de que vuelva a suceder.

Publicado por Ponent Mon, el relato de Thilde Barboni con dibujos de Olivier Cinna, nos traslada a la recta final de la Segunda Guerra Mundial, donde un traductor del ejército alemán, cuyo matrimonio hace aguas por todas partes, es destinado a Hiroshima para colaborar con el ejército japonés. Allí se enamorará de una joven, con quien mantendrá encuentros furtivos hasta la rendición de Alemania en 1945, que le pondrá en una situación delicada, ya que los nipones consideran dicha rendición una traición. Pero estamos en Hiroshima en 1945… Y quien sepa historia sabrá que un ominoso destino se cierne sobre la ciudad.

20140922-_9220228.jpg

Como digo un relato elegante, con sentimiento, romántico, a ratos sensual, pero cálido y con un curioso aunque hasta cierto punto previsible final. Se lee en un momento. Sabe a poco. Quizá hubiera estado bien que la historia hubiera tenido un poquito más de desarrollo… pero ya está bien.

20140922-_9220220.jpg

[Fotografía] En el instante preciso – La autobiografía profesional (y algo más) de la fotógrafa Linsey Addario

Fotografía, Literatura

Lynsey Addario es una fotógrafa norteamericana, nacida en Nueva Inglaterra de ascendencia italiana, que ha dedicado la mayor parte de su vida profesional al fotoperiodismo, especialmente a cubrir regiones en conflicto, incluyendo guerras y revueltas de todo tipo. A lo largo de su carrera ha sido disparada, ha sufrido algún accidente de circulación grave, y ha sido retenida contra su voluntad, o secuestrada según como lo vea cada cual, en dos ocasiones, en una de ellas, en Libia con grave riesgo para su integridad personal.

En el lado de las experiencias positivas, ha recibido varios premios importantes, de los cuales el más famoso es el Premio Pulitzer en 2009 en compañía del conjunto de la plantilla del New York Times, por su cobertura de los conflictos en las regiones fronterizas de Pakistan con Afganistán. A pesar de lo que se lee por ahí en ocasiones, no se le concedió el premio por ninguna de las dos categorías fotográficas que existen

La fotógrafa tuvo establecida su residencia durante años en Estambul… A medio camino entre Occidente y las zonas en conflicto en Oriente Medio en las que trabajó. Y a Estambul nos vamos fotográficamente para ilustrar esta entrada.

Entre los medios de más prestigio para los que ha trabajado están The New York Times, The New York Times Magazine, Time, Newsweek y National Geographic. Lo cual da una idea de su nivel.

El libro que aquí nos ocupa se titula en el original en inglés de forma distinta que en su edición en castellano para España. It’s What I Do (Es lo que hago) no tiene nada que ver con En el instante preciso, oportunista título que pretende asociarlo todo a la filosofía de Cartier-Bresson. Pero que no es de lo que va el libro. Tras unos capítulos en los que la fotógrafa nos cuenta el entorno familiar y social en el que transcurrió su infancia, así como sus primeros escarceos con la profesión en su juventud, se centra en el grueso de su vida profesional que está vinculado a la evolución del mundo tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en lo que la administración encabezada por George W. Bush llamó War on Terror (guerra contra el terrorismo o guerra al terror). Addario desarrolló su trabajo en muchos de los escenarios relacionados con este conflicto armado.

Como periodista, Addario es fotógrafa, no redactora. Por supuesto, tiene un nivel cultural razonablemente alto, con formación universitaria, pero cuando te enfrentas a este tipo de autobiografías siempre te planteas la duda sobre si está escrita por el supuesto autor o por un “negro”. No me parece el caso, la sensación global es que es la propia autora, que probablemente habrá recibido las correspondientes correcciones, la que traslada de su puño y letra sus recuerdos, sensaciones y pensamientos. La redacción del libro destila un cierto grado de ingenuidad en muchos de sus pasajes. Incluso, hasta cierto punto, en los más duros y difíciles. En cualquier caso, el libro tiene una estructura de manual. Comienza por relatarnos un episodio reciente e impactante para agarrarte a la historia, que nos deja sin concluir, para luego recurrir a un flashback general recorriendo toda su vida hasta que retoma en su momento ese episodio impactante con el que empieza. Muy típico en los relatos literarios y cinematográficos de hoy en día, especialmente los que proceden de Norteamérica.

Desconozco si se debe al carácter y personalidad de la propia autora, o si es una adaptación a un público general, especialmente el norteamericano, que en general parece recibir mejor este estilo de cierta ingenuidad, que a mí particularmente a ratos me decepciona un poco. Una mujer profesional de sus características, tan bregada durante tantos años en situaciones de conflicto, la imagino algo más dura. Pero puedo equivocarme.

Para dar un tono humano a su historia, va combinando su relato sobre su vida profesional con apuntes sobre su vida privada, especialmente sobre sus relaciones de pareja. La presencia de algún capítulo que exponga la dificultad de conciliar la vida profesional con la de relación me parece justo e incluso necesario. Pero determinados detalles de lo que nos cuenta sobre sus relaciones personales me parecen respetables, pero poco interesantes.

Yo he leído la versión electrónica del libro, y a este respecto tengo que recomendar que si se opta por este medio, se haga en un dispositivo con calidad de visualización elevada, e incluso en color. El libro está ilustrado con una cierta abundancia de fotografías de la propia autora o a la autora, aunque no es un libro de fotografías, que ganan con una correcta visualización.

Aunque he vertido algunas críticas sobre el estilo y el contenido del libro, no nos equivoquemos. El libro es muy interesante, y a mí particularmente me enganchó una vez que pasó sus capítulos iniciales de infancia y juventud, que podrían haber estado más resumidos. Creo que nos cuenta hechos y aventuras profesionales muy interesantes, que nos ayuda a comprender mucho mejor lo que es ser fotógrafo o periodista en general de conflictos, y la sensación que desprende el conjunto es de razonable sinceridad y honestidad. Sin durezas y sin acritudes, no esconde sus críticas a las situaciones que se encuentra y a quienes las provocaron, aunque es una ciudadana norteamericana que se cree su condición. Y es consciente que escribe para un público fundamentalmente norteamericano. Por lo tanto, tampoco esperemos dardos envenenados contra las actuaciones de sus gobernantes en el periodo de tiempo que abarca. Que razones en abundancia hay para lanzarlos. Pero no es eso.

El libro debería interesar al aficionado a la fotografía, pero también a quien se preocupe de cómo funciona el mundo actual. Hay que tener en cuenta que en la actualidad los medios cada vez gastan menos dinero en procurar que estos profesionales hagan su trabajo. Addario es una profesional consagrada y seguramente seguirá su carrera, tirará para adelante, o sabrá reorientarla conforme cumpla años. Pero hoy en día son muchos los fotógrafos mal pagados, mal protegidos, principalmente autónomos, que no saben si podrán vender sus fotografías a unos medios que están tomando derivas muy cutres, en los que una mala foto realizada con un móvil por la que no pagan nada les basta, en lugar de confiar en la mirada de profesionales con criterio que llegan hasta el lugar de los hecho.

Pero son muchas las instituciones destinadas a salvaguardar la democracia y las libertades en el mundo que están en crisis. Y la prensa es una de las que peor deriva lleva.

El Bósforo por encima de las cúpulas del Gran Bazar

[Cine] Frantz (2016)

Cine

Frantz (2016; 012017-0201)

Es algo que nos suele pasar. Que solemos hacer. Cuando vamos al cine y salimos muy insatisfechos, inmediatamente pensamos en volver a algo que nos pueda gustar y nos deje mejor sabor de boca. Así que en ese día tonto de fiesta que nos han dado el lunes 2 de enero por el hecho de que el año nuevo cayera en domingo, nos acercamos a las salas de cine, muy concurridas, para ver lo último de François Ozon. En mi experiencia, habré visto aproximadamente la mitad de los largometrajes, quizá alguno menos, de los firmados por este director francés, Ozon es un director que me resulta irregular en sus resultados, aunque siempre encuentro algo interesante en sus habitualmente inquietantes películas.

En esta ocasión, Ozon crea su historia sobre la base de un guion de Ernst Lubitsch, que el propio director de origen alemán llevó al cine, y que a su vez se basaba en una obra de teatro del francés Maurice Rostand. Eso es lo que pone en los créditos finales de la película, aunque en IMDb no otorga la autoría del guión de la película de Lubitsch al propio Lubitsch. En cualquier caso, me hubiera gustado ver la película del alemán antes de este comentario. Por comparar. Pero no he podido encontrar una copia para ver, ni por lo legal, ni por lo delictivo.

La historia nos lleva a la primavera de 1919, poco después del final de la Primera Guerra Mundial. A una población alemana donde el doctor Hans Hoffmeister (Ernst Stötzner) y su esposa Magda (Marie Gruber), guardan luto junto a la que iba a ser su nuera, Anna (Paula Beer), por la muerte de su hijo Frantz (Anton von Lucke), en los últimos meses de la guerra. Un día, Anna descubrirá que alguien ha estado visitando también la tumba de Frantz, y pronto sabrá que se trata de un joven francés, Adrien Rivoire (Pierre Niney), que aguarda el momento de visitar a la familia para hablarles de Frantz. Un momento que no será fácil, y conmoverá la vida y los cimientos de la misma de todos.

20100706-_1060565.jpg

Con las fotografías de la entrada de hoy, me voy a permitir un juego… no muy difícil por otra parte. Pero de las siete, hay tres que están tomadas en Francia y tres en Alemania. Y la del encabezado, con un pie del fotógrafo en cada país. ¿Cuales son de qué país? Hay muchas pistas.

Lo primero que llama la atención de la nueva película de Ozon son los aspectos formales. Rodada en su mayor parte en blanco y negro, con algunas importantes y significativas secuencias en color. El responsable de la cinematografía del filme, Pascal Marti, lleva a cabo un trabajo excelente. Si el trabajo en blanco y negro es sobrio, pero tremendamente elegante y eficaz, un verdadero trabajo de fotografía monocroma, la adopción de las paletas propias de los autocromos para las secuencias en color, dota al conjunto de una coherencia visual total, unido a las suaves transiciones entre el blanco y negro y el color. Para quien no esté al tanto, el autocromo fue un proceso de fotografía en color, que se utilizaba ya a principios del siglo XX, el único viable, aunque laboriosos y engorroso, hasta que llegaron las modernas películas con pigmentos o colorantes, que popularizaron este tipo de fotografía. En fin, todo ello, junto una banda sonora de corte clásico, nos transporta sin problemas a esos ominosos días de finales de la segunda década del siglo XX, donde la destrucción y el dolor domina Europa.

Luego vienen los temas… que son diversos.

Desde luego, dominando el conjunto, está el tema del dolor, del duelo por los ausentes. Por los que han dado su vida por ideales, que a toro pasado a algunos pueden parecer vacíos. Porque ante la dolorosa ausencia, para un padre o una madre lo que importa es el hijo ausente y no ese concepto abstracto de patria que se lo ha llevado. Tremenda la declaración del doctor, que parece ya estaba en la obra original de teatro y en la película de Lubitsch, y que Ozon ha respetado. La de aquellos que brindan con cerveza y los que brindan con vino cuando celebran victorias en las que mueren miles y miles de hijos.

20100707-_1060653.jpg

Esto conlleva también otro sentimiento; el de vergüenza y remordimiento de los que han sobrevivido. Bien sea porque estaban en la retaguardia, alentando una guerra atroz, bien porque estaban en el frente, donde tantos murieron. Y donde muchos que sobrevivieron, mataron.

Asociado al anterior está el tema de la mentira. Una mentira que se encuentra en todas partes y en todos los actores de este drama. La mentira sobre cómo era la vida antes de la guerra, sobre cómo fue durante la guerra, sobre cómo es después de la guerra. Las mentiras colectivas y las que lleva cada uno a cuestas. Y alguna de las mentiras actúa como motor de este encuentro entre personas dolientes.

Está también la ominosa situación política. La que llevó a la guerra a las potencias contendientes y la que no ha quedado resuelta. Puesto que nosotros, los espectadores, conocemos la historia posterior, identificamos en la película aquellos gérmenes de otra guerra, todavía más atroz, todavía más inmoral, todavía más inhumana. Los nacionalismos, una de las lacras de la humanidad que más muertos ha causado en los dos últimos siglo, la que sustituyó a la religión como causa de enfrentamiento a muerto, aunque a veces tristemente se potencian ambas, no se han curado. Dos escenas al ritmo de la música de marcha militar, una en Alemania, la otra en París, se encargan de avisar al espectador de ello.

20100911-_1070691.jpg

Permitidme un inciso al respecto. En la película Casablanca de Michael Curtiz, hay una escena en la que unos oficiales alemanes, todos ellos con uniformes que remarcan su carácter de nazis, cantan en Rick’s una canción que a todos nos suena ominosa en sus bocas. Se trata Die Wacht am Rhein. Los franceses presentes en el local, derrotados recientemente en el transcurso de la guerra, ocupados por el invasor, se revuelven y empiezan a entonar La Marsellesa hasta que apagan el sonido de los alemanes. Vamos a la historia de estas canciones.

El himno nacional francés, que durante mucho tiempo fue también uno de los himnos favoritos de todo tipo de movimientos de izquierdas, nació como un himno militar. En concreto, y atención al dato, el del Ejército del Rin de la recién nacida República Francesa en 1792. Tras el triunfo de la revolución, las monarquías absolutas europeas, encabezadas por la germánica Austria, pretendieron derribar el régimen republicano francés por la fuerza, con poco éxito. Y en ese ámbito nació este himno, primero militar, después revolucionario, finalmente himno nacional francés.

“Die Wacht am Rhein” surgió como himno patriótico, de carácter relativamente popular. Los estados alemanes, especialmente los que se encuentran a orillas del Rin, habían sufrido con frecuencia en los siglos anteriores la agresividad francesa. La intervención gala en la guerra de los 30 años, la anexión por Luis XIV de Alsacia y Lorena, hasta ese momento estados del Sacro Imperio, la anexión por parte de Napoleón Bonaparte de parte de los estados alemanes y la creación de la Confederación del Rin como estado tampón títere para proteger al núcleo central del Imperio Francés,… En plena efervescencia nacionalista alemana hacia mitad del siglo XIX, surge esta canción patriótica que anima precisamente a establecer una guardia, una vigilancia, en el Rin contra quienes perciben como su principal amenaza, y hace llamamientos a la unidad de los alemanes para ello. No es por lo tanto en origen una canción nazi. Pero sí nacionalista. Como La Marsellesa. Lo paradójico es que a partir de 1870, los tradicionalmente agredidos, los alemanes, se convirtieran durante casi un siglo en rabiosos agresores.

Antes de la famosa película de Curtiz, la confrontación entre ambos temas musicales fue usado por Jean Renoir en La grande illusion (La gran ilusión), en el marco histórico de la Primera Guerra Mundial también. Siendo una película de 1937, cinco años antes que el estreno de Casablanca, y teniendo en cuenta el cariz de la escena en la que se enfrentas ambas marchas, parece muy probable que alguien en la producción de Casablanca decidiese copiar o al menos inspirarse en la escena que filmó Renoir. Finalmente, Ozon vuelve a usar ambos temas precisamente para señalar que el miedo mutuo que ambos países se tienen no ha desaparecido. Y el miedo es causante de muchas desgracias. Son diversos los historiadores que opinan que el miedo de los militares alemanes a quedar rodeados por potencias hostiles les impulsó a llevar a su país a la guerra antes de que sus potenciales enemigos estuvieran más preparados. De nada les valió.

20100913-_1080174.jpg

Pero volviendo a la película, he dejado para el final un quinto tema. No porque sea de menor rango. Al contrario. Sino porque es el tema que abre esperanza, en una película en el que hay un notable fondo pesimista. Y es el viaje de la joven Anna. Viaje tanto interior, personal, sobre el significado de lo que ha pasado y lo que está viviendo, como físico, cuando deja la comodidad de su hogar para adentrarse en el país hasta hace unos meses enemigo. Donde puede contrastar muchas cosas. Entre ellas, que la guerra se libró en esas tierras y que el horror permanece. Pero también es un viaje de descubrimientos. Dicen que viajar es uno de los grandes antídotos contra la intolerancia. Hacerlo con sentido crítico, cura del mal de los nacionalismos, aunque también sirve como antídoto para los complejos patrios, haciéndote comprender que en todas partes cuecen habas.

La joven Paula Beer, la actriz que interpreta a la joven Anna, es probablemente uno de los grandes descubrimientos de esta película, que cuenta con unas interpretaciones de primer nivel, siendo también muy destacables las del matrimonio Hoffmeister. Esta chica alemana, el reparto es internacional y la película está rodada en inglés y francés, con su dominio de ambas lenguas, derrocha encanto por arrobas. No ya sólo porque sea más o menos guapa, que lo es, sino porque transmite una cierta belleza interior a su personaje que da sentido a su viaje.

20130816-_8160419.jpg

La película está llena de metáforas y simbolismos que no me voy a extender a desarrollar. Ya me ha dado por escribir la disgresión sobre los dos temas musicales comentados. Pero es una película profunda y necesaria de ver. Quizá los riesgos para esta vieja Europa no están ahora en el viejo enfrentamiento francoalemán. Tuve ocasión de participar en una conversación hace unos años en la que, en torno a una mesa de café, tres personas con titulaciones universitarias en historia, incluso doctorados, acordaban que franceses, especialmente los del norte del Loira, y alemanes, especialmente los que viven más próximos al Rin, son dos variantes de un mismo pueblo, de una misma cultura,… lo que pasa es que los de este lado del Rin acabaron hablando latín. Pero hoy los riesgos para la vieja Europa siguen estando en los sangrantes nacionalismos que han impedido hasta ahora que el proyecto de unidad europea avanzase, lo llevaron a su estancamiento, e incluso a un retroceso como algunos percibimos ahora. Esto en una situación global en la que las que fueron potencias hace 100 años han pasado a segunda línea. Esperemos a que las divisiones no lleven a los extremos de antaño. Pero con la historia que nos cuenta Ozon, que no es perfecta hay un momento en que se pierde un poco en el último tercio de la misma, y con otras que nos han llegado del mundo del cine, la literatura, el arte y la Historia, con mayúscula,… quedamos avisados.

Pues no ha sido esta la película que han presentado los “gabachos” a los Oscar…Sobraditos andan este año. Que envidia.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

20141208-_1000650.jpg

[Cine] Eye in the Sky (2015)

Cine

Eye in the Sky (2015; 342016-1506)

Esta película lleva ya un tiempo en cartelera, más de mes y medio. Y en un primer tiempo habíamos desechado la idea de ir a verla, puesto que su tema bélico no nos llamaba la atención. Quizá porque la mayor parte de las sinopsis no enfocan correctamente la película. Bien es cierto que la película de Gavin Hood cuenta con un reparto muy atractivo. De hecho, si al final decidimos ir a verla, aunque fuera a una hora intempestiva, fue porque se trata de una de las últimas películas en las que trabaja el fallecido Alan Rickman, la última en la que aparecía en carne y hueso y no sólo aportando la voz. El conocimiento que de este actor británico se tiene en estos tiempos está muy sesgado, especialmente entre las generaciones más jóvenes, por su participación en un papel destacado en un conocida saga de películas sobre magos adolescentes. Pero quienes lo conocemos de tiempo ha, no podemos dejar de reconocer su notable calidad interpretativa.

La película la vimos, tristemente, en versión doblada en pantalla grande. Esto cada vez me parece más una catástrofe. Un atentado contra la obra cinematográfica. Así que si la podéis ver de alguna forma en versión doblada, yo lo hice ayer, un par de días después, en mi casa, mejor… y si no os dejan pagar un justo precio por ello… peor para ellos. Además el título en castellano, “Espías desde el cielo”,  queda desvirtuado sobre los significados del original en inglés.

20040904-IMG_3816

Inevitablemente nos vamos a Londres en esta ocasión… más cuando hoy en día las guerras no se dirigen desde el campo de batalla sino desde la comodidad de los despachos ministeriales.

Planteada inicialmente como la historia de una intervención militar contra unos terroristas islámicos en algún suburbio de Nairobi, una operación conjunta británica, estadounidense y keniata, bajo el mando británico, lo cierto es que su fuerte no es la tensión bélica. Lo importante del filme es las reflexiones éticas. En esto de la ética estoy metido últimamente bastante por motivos profesionales. No en la militar, afortunadamente, pero ética al fin y al cabo… me extenderé un poco.

En nuestro quehacer diario, tomamos constantemente decisiones que nos guían, muchas veces de forma inconsciente. Estas decisiones están basadas en nuestras necesidades como personas, que van desde la más básicas de alimentación, techo y vestimenta hasta las más elevadas como son la necesidad de reconocimiento de quienes nos rodean y del cariño de los más cercanos. Y para tomarlas no sólo entran en juego los aspectos elementales de nuestro ser biológico, sino también el conjunto de valores que hemos ido incorporando en nuestro desarrollo como personas. Lo que sucede es que en ocasiones los valores que ponemos sobre la mesa, de forma más o menos consciente o inconsciente, entran en conflicto. Hablando en plata, para hacer tortillas tenemos que romper algunos huevos. En algún momento, para alcanzar alguna meta puede que tengamos que causar algún perjuicio a otra persona. O incluso a nosotros mismos. O tenemos que elegir entre causar dos tipos de daños distintos, y entre los que inevitablemente tendremos que elegir.

20040906-IMG_3989.jpg

No son infrecuentes las películas británicas que intentan poner distancia ética por medio entre la forma de hacer de sus políticos y la de sus aliados norteamericanos.

En el caso de la película… intervenir matando a cinco terroristas y probablemente a una niña inocente que pasa por allí, o proteger la vida de esta inocente abriendo la oportunidad de que los terroristas realicen una escabechina en un lugar poblado… vete tu a saber con cuantos niños muertos… pero que son hipotéticos. No conocemos su aspecto y su sonrisa y sus juegos como en el caso de esta niña a la que vemos con todo detalle gracias a esos aeroplanos no tripulados, drones les llamamos, que lo mismo nos permiten espiar que matar desde miles de kilómetros de distancia.

Por lo tanto, la gracia del filme no está en las escenas de acción, que alguna hay para dar un poquito de dramatismo a la historia, sino en las deliberaciones sobre la conveniencia o no del ataque ante los valores contrapuesto puestos en cuestión, y teniendo en cuenta la estrategia militar, lo aspectos jurídicos y la conveniencia política. Lo cual plantea un cóctel de características explosivas. Como se señala al principio del filme, la primera víctima de una guerra es la verdad. Frase que la película y otras fuentes atribuyen a Esquilo, pero que otros atribuyen a autores más modernos. Consta que aparece en un libro del pacifista británico de principios del siglo XX, Arthur Ponsonby.

20040906-IMG_4084.jpg

Cosa que tiene su gracia, porque por mucho que intenten los británicos mantener su imagen de gran potencia, y sueños de imperios perdidos, se les ve constantemente haciendo seguidismo más o menos ciego de lo que se decide desde la Casa Blanca.

La película no está nada mal, aunque es tramposa en varios momentos y, en lugar de dejar juzgar la situación ética al espectador con una presentación razonablemente ecuánime de hechos y opiniones, lo manipula emocionalmente en varias ocasiones.

El reparto no está mal. Los actores y actrices británicos siempre están correctos, incluso en sus papeles más normalitos, como puede ser el caso de Helen Mirren, y el del resto de los países cumplen.

Película entretenida y con más miga de la que pensábamos que nos alegramos haber visto aunque haya sido casi por casualidad. Aunque supongo que le queda ya muy muy muy poquita vida comercial en la gran pantalla. De hecho me sorprende que haya aguantado tanto tiempo. Supongo que por la flojera de otras propuestas esta primavera.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***
20040906-IMG_4098.jpg

En cualquier caso, no ha sido infrecuente que se hayan olvidados de los escrúpulos a la hora de intervenir militarmente… como en la guerra de Crimea, que me viene a la memoria ante el monumento a Florence Nightingale, flanqueada como está por tan aguerridos soldados.

[Libro] Nos vemos allá arriba

Literatura

Hacía un tiempo ya que había oído hablar de este libro, Prix Goncourt 2013, y del que había escuchado o leído grandes alabanzas. Un libro que hablaba de las consecuencias personales, sociales y morales de la guerra del 14 – 18 era especialmente tentador cuando se celebró el año pasado el primer centenario del comienzo de ese conflicto. Pero por unos motivos u otros, no ha sido hasta este verano cuando me lancé a leer la novela de Pierre Lemaitre, y ya aviso de que no me arrepiento en absoluto.

Nos vemos allá arriba
Pierre Lemaitre; traducción de José Antonio Soriano Marco
Editorial Salamandra, 2014
Edición electrónica

Aunque nuestros protagonistas no lo saben, cuando se produce la carga de castigo contra una cota defendida por los alemanes en noviembre de 1918, por que estos han disparado contra dos exploradores, faltan sólo nueve días para que entre en vigor el armisticio que puso fin a las hostilidad de la horrenda guerra que asoló Europa en la Segunda Guerra Mundial. Y por nueve días, la vida de los tres hombres cambiará de forma irremediable. Porque sus destinos quedarán ligados tanto en ese final de guerra como en los años que siguieron.

Inevitablemente, nos iremos a París, lugar donde  transcurre buena parte de la novela.

Inevitablemente, nos iremos a París, lugar donde transcurre buena parte de la novela.

Lemaitre afilla su “pluma” y nos ofrece una ácida crítica en forma de sátira con toques de esperpento contra las hipocresías de la Francia de la posguerra. A propósito del “patriotismo” inflamado que siguió al conflicto, y en la euforia de la “victoria”, el escritor resalta el infame olvido y desagradecimiento que sufrió la generación perdida de combatientes, especialmente los “gueules cassées”, pero todos en general, que se convierten en un molesto recuerdo de un episodio que el resto de la población quiere olvidar, salvo para sacar pecho ante los “valores nacionales” de los victoriosos. Pero también se dedica a vapulear el egoísmo de la clase media, la corrupción empresarial y política, con asunto que desgraciadamente adquieren tintes de plena verosimilitud a la vista de que aun hoy en día la corrupción asuela financiera y moralmente a muchos países. Incluido el nuestro. No sé cómo andarán los franceses. Algo tendrán, cuando un escritor actual decide sacar el tema a la palestra.

Un París que buscaba olvidar las penas de la guerra y se dirigía a los que se denominaron "felices veinte", época de despilfarro económico y moral que trajo tristes consecuencias en los treinta y los cuarenta.

Un París que buscaba olvidar las penas de la guerra y se dirigía a los que se denominaron “felices veinte”, época de despilfarro económico y moral que trajo tristes consecuencias en los treinta y los cuarenta.

Dos grandes estafas se ponen en marcha. Al final del libro se nos dice que una se dio, aunque está ficcionalizada, la otra es inventada. Aunque es plausible. Finalmente, en un desfile de personajes de apariencia inverosímil, desde el pícaro estafador, al funcionario gris y amargado, el multimillonario que hace funcionar la apisonadora de sus influencias con todo el rencor que puede acumular, o el arribista que es capaz de timar hasta a los muertos, llegamos a un desenlace climático que nos deja con una extraña sonrisa en los labios.

Libro que a ratos nos aterroriza y estremece con los horrores de la guerra, de la enfermedad, de la pobreza o, simplemente, de la mezquindad humana, también nos divierte, nos asombra e incluso nos llega a arrancar alguna carcajada. Realmente, una lectura más que recomendable.

Época en la que Francia se llenó de monumentos en recuerdo a sus caídos y sus "victorias"... no sabían cuan poco faltaba para sufrir otra catástrofe bélica y moral.

Época en la que Francia se llenó de monumentos en recuerdo a sus caídos y sus “victorias”… no sabían cuan poco faltaba para sufrir otra catástrofe bélica y moral.

[Cine] A perfect day (2015)

Cine

A perfect day (2015): visto el martes 1 de septiembre de 2015.

Mientras esperamos a que el final del verano reactive un poco la decaída cartelera de cine en España, nos vamos a ver la versión original subtitulada en castellano de la última película de Fernando León de Aranoa, que también se puede encontrar doblada con el título literalmente traducido, “Un día perfecto”. La película se basa en un libro de la médica y colaboradora humanitaria metida a escritora Paula Farias. El libro se titula “Dejarse llover”; aunque no lo he leído, el título del libro me gusta más para la película que el tópico e impersonal que le han puesto y que suena a “reciclado”.

Me pasa con León de Aranoa como con Amenábar, aunque son dos tipo aparentemente muy distintos. Ambos se estrenaron como directores de largometrajes de ficción con sendas óperas primas que sorprendieron y engancharon, pero el cine de ambos me ha ido dejando después cada vez más frío. Aquella “Familia” que nos llegaba a mediados de los años noventa, casi 20 años hace, nos dejaba clavados a la butaca del cine con un planteamiento original, con una reflexión profunda, con una dosificación precisa de los tonos de comedia y drama, redescubriendo intérpretes veteranos que tenían muchísimo que ofrece, y destapando intérpretes jóvenes, verdaderos diamantes en bruto, independientemente de que los veinte años siguientes los hayan tallado con mejor o peor fortuna. Unos años más tarde, un notable éxito de crítica y público con una película que tristemente sigue siendo muy actual lo lanzaba definitivamente al escenario de los grandes directores españoles… salvo que a mí, personalmente, no me ha vuelto a enganchar con absolutamente nada de lo que ha hecho después o entre medias de ambas obras. Así que te acercas con prevención a ver esta su primera película rodada principalmente en inglés, con un reparto internacional. Sobretodo porque ni siquiera las críticas son uniformemente buenas. Lo que ya es decir en un país donde parece que hay una connivencia entre industria cinematográfica y críticos por la cual estos afirman que todo lo que lleva el pasaporte español es bueno o interesante aunque sea una cagarriña. Perdón por la expresión.

En el verano de 1993 estuve de vacaciones con otros en Eslovenia, un país que hizo la transición de la antigua Yugoslavia a la independencia casi sin conflicto, en la llamada Guerra de los Diez Días. Eso fue dos años antes de que visitáramos el país. Que tien sitios muy bonitos como Piran en la costa de la península de Istria.

En el verano de 1993 estuve de vacaciones con otros en Eslovenia, un país que hizo la transición de la antigua Yugoslavia a la independencia casi sin conflicto, en la llamada Guerra de los Diez Días. Eso fue dos años antes de que visitáramos el país. Que tien sitios muy bonitos como Piran en la costa de la península de Istria.

En esta ocasión, nos encontramos con una película de carretera (“road movie” para los que consideren que esta expresión sólo se puede decir en inglés). Película de carretera aunque no sea más que para dar vueltas en torno a un mismo lugar, en algún punto de Bosnia-Hercegovina, en algún momento del final de la guerra que asoló los balcanes en los años 90. Dos vehículos todo terreno de una organización de ayuda humanitaria acogerán en su viaje a seis personajes. Está B (Tim Robbins), cooperante norteamericano ya mayor, de vuelta de todo, presuntamente algo cínico, pero con buen rollo. Está Mambrú (Benicio Del Toro), como el que se fue a la guerra, más joven, puertoriqueño, también un poco socarrado, que está a punto de volverse a su casa con su novia. Está Sophie (Mélanie Thierry), la joven cooperante francesa, idealista y que tiene muchas bofetadas que darse contra todo tipo de paredes antes de centrarse en esta tarea. Está Damir (Fedja Stukan), el intérprete local, con cierto aire de susto permanente. Está Nikola (Eldar Residovic), un niño al que otros más mayores le han robado la pelota de fútbol, y la guerra, mucho más. Y está Katya (Olga Kurylenko), la cooperante rusa, con una historia de tiempo atrás con Mambrú, y que ha abandonado el trabajo de campo por un trabajo de supervisión y de responsabilidad en la organización. Y está un pozo con el cadáver de un hombre gordo que lo contamina impidiendo el acceso de la población al agua potable. Este es el “macguffin” que mueve a estos seis personajes. Y está la guerra, que es el escenario en el que se mueven.

En algún lugar he leído que la película va sobre el sentido común. El sentido común es un concepto un tanto difuso del que se habla mucho, pero que cada cual define a su aire. Si no, obsérvese el largo artículo de la Wikipedia y su contenido sobre este concepto. Estas seis personas intentan aplicar el sentido común y pone un poco de orden en un escenario donde nada tiene sentido y el caos se impone. Y nadie ayuda. Las poblaciones han perdido los referentes morales y las convenciones sociales que soportan la convivencia; no digamos ya la existencia de una sociedad organizada que la sostenga de modo eficaz. Encontramos dos tipos de militares, los que están en conflicto, que representan la violencia continuada, la amenaza, el odio, quienes alimentan con esa violencia el caos. Y los que vienen a poner la paz, los cascos azules, que representan la burocracia, tal vez bienintencionada, pero muchas veces inoperante en ausencia del mencionado sentido común. Las propias organizaciones nos muestran sus dos caras, una que se acerca a esa burocracia inoperante de los anteriores, conforme se hacen más grandes alimentadas por las dimensiones del conflicto, y al mismo tiempo menos capaces de abarcar los problemas planteados, y la otra que son la gente individual, peleándose con todo lo anterior por conseguir algo. Son los que intentan aportar un cierto tipo de sentido común. El evolucionado, el reflexionado, el altruista. Hay otro tipo de sentido común, representado por una anciana y sus vacas, el que permite sobrevivir en el caos.

Por algún motivo que no recuerdo bien, nos dio por alquilar un coche y llegarnos a Zagreb en Croacia. Por el camino pasamos por el monasterio de Kostanjevica (foto del encabezamiento).  Estuvimos una noche, pasamos la mañana haciendo turismo y volvimos.

Por algún motivo que no recuerdo bien, nos dio por alquilar un coche y llegarnos a Zagreb en Croacia. Por el camino pasamos por el monasterio de Kostanjevica (foto del encabezamiento). Estuvimos una noche, pasamos la mañana haciendo turismo y volvimos.

Como veis, los elementos que nos ofrece el planteamiento de la película, los ladrillos con los que se construye son de lo más interesantes. Aptos para una buena reflexión y una una buena historia. ¿Donde están sus puntos débiles? Si los tiene. Sí, los tiene. En los tópicos. En la falta de profundidad de los caracteres. Todo está lleno de lugares comunes, recorre caminos ya recorridos por otras películas y otras obras de ficción sobre el tema, más incisivas y más profundas. Y esto le resta fuerza a un largometraje que sin embargo sabe hacerse entretenido y mezclar con cierta habilidad drama y comedia.

Tenemos la suerte de que el elenco es de muy buen nivel. Aunque en un discreto segundo plano, Tim Robbins roba al resto del reparto cada una de las escenas en las que interviene. Es lo mejor de la película. Del Toro, por otro lado, que se lleva la parte del león en el minutaje del filme, nos muestra una faena más de aliño; correcta, pero sin salirse de esos lugares comunes que lastran el filme. El resto del reparto está bien, cumplen holgadamente con su tarea. El niño está en su punto, muy natural. Damir es un personaje al que se le podría haber sacado provecho. La joven cooperante también podría haber dado más de sí, especialmente si no se incluye al relativamente innecesario personaje que interpreta Kurylenko. Además, nos planteamos si Kurylenko no será un error de “casting”. No es mala actriz y va mejorando con el tiempo. Pero tan guapa y tan perfecta en todo momento, nos resulta difícil verla en el papel que le toca, y que además en todo momento nos da la impresión de que es prescindible. De hecho su papel se va diluyendo conforme avanza la película, una vez que le dan la escena de su conversación con Del Toro sobre su pasado común… en la cama. Como curiosidad, si en la película el personaje de Thierry es de chica joven inexperta y voluntariosa, y el de Kurylenko de no tan joven, experta y crítica, en la realidad son dos mujeres que no se llevan ni dos años de diferencia en edad. No es que esto no pueda ser… pero nos impide ver con claridad la posición de Kurylenko en la película más allá de ser el florero de la misma. Y no esperábamos de un guión de León de Aranoa una mujer florero.

Resumiendo una reseña que me ha resultado mucho más larga de lo que pensaba en un principio, la película se ve bien y entretiene. Sales con buen sabor de boca. Pero más allá de ser una película bien intencionada, es una obra menor. No tiene el calado suficiente para dejarnos un poso más consistente. Yo creo que la mayor parte de los espectadores que busquen en el cine algo más que una excusa para atiborrarse de palomitas y refrescos de cola, sentirán que no han perdido el tiempo ni tirado el dinero de la entrada a la basura. Que no es poco para el verano cinematográfico que corre.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***
Croacia estaba en guerra en aquel momento contra Serbia; o los croatas contra los servios fueran de la república que fueran. La ciudad estaba llena de extranjeros haciendo negocios. Conocimos estudiantes dálmatas que tenían que dar una vuelta enorme por Eslovenia para llegar, porque el camino estaba cortado por la guerra. Turistas sólo vimos tres; nosotros. Y en las capillas que había en las calles, muchas mujeres rezando por sus muertes o por sus hijos o maridos o hermanos en la guerra. Fue una experiencia extraña.

Croacia estaba en guerra en aquel momento contra Serbia; o los croatas contra los serbios fueran de la república que fueran. La ciudad estaba llena de extranjeros haciendo negocios. Conocimos estudiantes dálmatas que tenían que dar una vuelta enorme por Eslovenia para llegar, porque el camino estaba cortado por la guerra. Turistas sólo vimos tres; nosotros. Y en las capillas que había en las calles, muchas mujeres rezando por sus muertes o por sus hijos o maridos o hermanos en la guerra. Fue una experiencia extraña.

[Cine] El maestro del agua (2014)

Cine

El maestro del agua (The Water Diviner, 2014); vista el 25 de mayo de 2015.

Después de un fin de semana dedicado a la fotografía, y cansado de estar metido en casa el domingo por la tarde, acepto la oferta de ir a ver esta película dirigida y protagonizada por el australiano Russell Crowe, de la que había escuchado críticas contradictorias. En cualquier caso, venía bien airearse un poco, y dejar pasar las horas de la tarde electoral, para que a lo que llegáramos a casa, cerca de las 11 de la noche, ya no hubiese dudas sobre los resultados.

La película nos sitúa en 1919 y nos cuenta la historia de un granjero australiano, Connor (Crowe), cuyos tres hijos desaparecieron y fueron dados por muertos en Galípoli, en la dura campaña que enfrentó durante la segunda guerra a las fuerzas ANZAC (Cuerpo de ejército de Australia y Nueva Zelanda) del Imperio Británico con el ejército del Imperio Otomano. Sumido en la tristeza, vive con su deprimida esposa que finalmente se suicida por el dolor de la pérdida de sus hijos y de no saber dónde se encuentran sus restos. Esto lleva al granjero a intentar cumplir la promesa de encontrar a sus hijos trasladándose a un revuelto escenario en los restos del Imperio Otomano, derrotado, invadido por los griegos que intentan llevarse un bocado importante de su territorio, bajo la administración militar británica, poco activa, y en el que surge el movimiento nacional turco de Kemal Atatürk, que quiere recuperar la independencia de su país de nuevo.

Por supuesto, Estambul; la bella y caótica ciudad del bósforo es escenario de una buena parte del filme que nos ocupa hoy.

Por supuesto, Estambul; la bella y caótica ciudad del bósforo es escenario de una buena parte del filme que nos ocupa hoy.

Aunque iba sin muchas expectativas, lo cierto es que tras un inicio de película cansino, dedicado a filmar postales australianas, se nos plantea un historia con posibilidades. De alguna forma, esta película podría haber sido una “segunda parte” de la más que interesante Gallipoli de Peter Weir, que nos narró la batalla. La peripecia de Connor podría haber sido un vehículo de reflexión sobre las consecuencias de las guerras, de aquella guerra en particular, de los destrozos morales, sociales y personales del hecho bélico. Por no hablar de la terrorífica guerra de cuatro años que enfrentó a la nueva Turquía con la vieja Grecia, que por momentos tuvo carácter de genocidio mutuo, y que se desarrolló inmediatamente tras la contienda mundial. Por no hablar de que nunca hubo una primera guerra mundial y una segunda, sino un estado de guerra permanente en el mundo a partir de 1914. Lamentablemente, Crowe, que se maneja como un buen artesano detrás de las cámaras, se limita a ejecutar un producto cuyo único interés aparente es mostrar su lucimiento ante las cámaras, copando un porcentaje casi total del metraje de la película.

Se desarrolla muy superficialmente su amistad con el oficial turco, Comandante Hasan (Yilmaz Erdogan), y nos cuenta una inverosímil historia romántica con la guapa Olga Kurylenko, viuda de guerra atrapada entre su duelo, su deseo de independencia y las presiones de la conservadora familia de su marido, muerto también en Gallipoli. Los intérpretes apenas tienen responsabilidad sobre las limitaciones conceptuales que el filme arrastra.

Una de esas ciudades, uno de esos países, que han vivido siempre en la esquizofrenia de no saber si pertenecían a Oriente u Occidente.

Una de esas ciudades, uno de esos países, que han vivido siempre en la esquizofrenia de no saber si pertenecían a Oriente u Occidente.

Finalmente, la película se arrastra de forma excesivamente prolongada en una peripecia aventurera para procurar un “final feliz” forzado. De vergüenza me parecen las escenas en las que el protagonista, que ejerce en su país de zahorí, utiliza sus “propiedades” radiestésicas para localizar los cuerpos de sus hijos (1). Ahí la película desfasa de forma notable, entrando en el terreno de una fantasía absurda.

Producto cinematográfico técnicamente correcto, con una historia que ofrece muchas oportunidades de mejora, pero que se deja ver como película sin pretensiones para pasar el rato. No hay que cometer el error de tomársela muy en serio,… por mucho que Russell Crowe, patinando escandalosamente como director, pretenda dar trascendencia a un producto que carece por completo de ella. Oportunidad perdida para utilizar una historia con posibilidades en una película con enjundia. A Crowe se le podría decir aquello de “zapatero a tus zapatos”… porque por este camino es difícil que se le reconozcan méritos como autor.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **
Al cabo, ya lo decía Espronceda, en boca de su pirata,

Al cabo, ya lo decía Espronceda, en boca de su pirata, “Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul”.

(1) Nota: A todo los efectos, en el mundo científico se considera la radiestesia o rabdomancia como una “pseudociencia” sin base alguna, en la que la capacidad de la persona no mejora a la hora de localizar agua u otras sustancia por percepción alguna, con o si ramita en las manos. Buena parte de los éxitos atribuidos a esta práctica se deben a otros factores, como la observación del terreno, la localización de vegetación o de determinada vegetación, que si están asociados a la presencia de agua en el subsuelo. No digamos ya la capacidad para descubrir en el subsuelo los restos cadavéricos de dos o tres personas determinadas en un área de guerra convertida en fosa común.

[Libro] Ambulancia 13: Muertos sin nombre

Literatura

Hace casi un año, inicié mi conmemoración personal del comienzo de la barbaría de la Primera guerra mundial de una forma muy particular; seleccionando y leyendo un conjunto de libros de historietas relacionados con el tema. Fue una experiencia muy satisfactoria tanto por la calidad de lo leído, como por la profundidad del tratamiento de la barbarie bélica que dibujantes y guionistas son capaces de transmitir a sus obras. Uno de aquellos libros fue Ambulancia 13: La cruz de sangre. Una historia o conjunto de historias sobre el oficial médico Bouteloup y las gentes que conforman su unidad sanitaria militar, la Ambulancia 13 (1). Hoy toca comentar el segundo volumen.

(1) El término “ambulancia” no se refería en aquella época al vehículo para el transporte y evacuación de heridos y enfermos, que es la acepción actual del término, sino que se refería a la pequeña sección de soldados sanitarios al mande de un oficial médico que atendían a los heridos en combate y procuraban su evacuación a retaguardia, a los hospitales militares.

Ambulancia 13: Muertos sin nombre
Escrito por Patrick Cothias y Patrice Ordas; dibujado por Alain Mournier
Yermo Ediciones, 2014

Por segunda vez esta semana, nos vamos de paseo por una bella población francesa; si el otro día fue la coqueta Le Bugue en el Perigord, hoy estamos en Beaulieu sur Dordogne.

Por segunda vez esta semana, nos vamos de paseo por una bella población francesa; si el otro día fue la coqueta Le Bugue en el Perigord, hoy estamos en Beaulieu sur Dordogne.

En este nuevo volumen seguimos las vicisitudes de la Ambulancia 13, a quienes retomamos en vísperas de la batalla de Verdún, y a los que seguimos durante un tiempo. En paralelo vamos conociendo la peripecia personal de los protagonistas del libro, y los sucesos avances de la guerra. Vemos en activo a los gallardos y osados aviadores. Sabemos de los desarrollos de los primeros aparatos radioscópicos móviles por Marie Curie para su uso en el frente. Nos enteramos del racismo imperante ante las tropas coloniales entre los mandos franceses. Vemos como un político o un general pueden considerar que el fusilamiento de una mujer puede estar justificado con fines propagandísticos, aunque se dude de su real culpabilidad. Sabremos de la ruindad de los mandos que permanecen en retaguardia, del descontento en las trincheras que amenaza con rebeliones y motines. Y mientras, los hombres siguen muriendo.

Beaulieu, "bello lugar" en francés, se haya en el alto Quercy, y es uno de esos pueblos que compiten por el título del "pueblo más bonito de Francia".

Beaulieu, “bello lugar” en francés, se haya en el alto Quercy, y es uno de esos pueblos que compiten por el título del “pueblo más bonito de Francia”.

No hay mucho que comentar que no dijese en mi entrada del 28 de julio del año pasado. La costumbre de presentar la obra por entregas en el mundo de la historieta hace que sean dos libros en vez de uno. O tres en vez de uno si consideramos que en total son seis historias relacionadas, y que en español se van publicando de dos en dos. No todas, tienen el mismo interés general, pero todas conforman un conjunto coherente e interesante. Sólo me queda decir que esperaré a la tercera entrega, para hacer una visión de conjunto.

Por lo tanto, es una forma de escapar de la sordidez de la guerra que nos recuerdan los componentes de la Ambulancia 13.

Por lo tanto, es una forma de escapar de la sordidez de la guerra que nos recuerdan los componentes de la Ambulancia 13.

[Cine] Suite française (2015)

Cine

Suite française (2015); vista el 17 de mayo de 2015.

Sí. “Suite française” y no “Suite francesa”, porque la vimos en versión original subtitulada, y no en versión doblada. Y porque creo que es el título que había que haber mantenido para ser consecuente con la intención de quien le puso el título, título en francés aunque la película está rodada en inglés y en alemán. No la llamó “French Suite” o algo por el estilo.

En cualquier caso, había varios motivos, poderosos, por los que estábamos interesados en ver esta película dirigida por el británico Saul Dibb. En primer lugar, porque cuando leí la novela en la que se basa en enero de 2011, reconocí que estaba ante una de las novelas, inacabada, que más me habían impactado de las que había leído en los últimos diez o quince años. Relacionaré mucho el comentario de esta película en referencia al libro en que se basa. El segundo motivo es el excelente reparto reunido, especialmente entre sus intérpretes femeninas.

La novela en la que se basa, de la escritora en lengua de origen ucraniano y judío, aunque conversa al catolicismo en 1939, Irène Némirovski, se planteo un ambicioso proyecto, una novela que iba a estar desarrollada en cinco partes, en las que iba a narrar en términos de ficción lo que estaba pasando en el transcurso de la guerra mundial en ese momento en marcha. Ella supo como empezó todo. No sabía como iba a terminar, iba desarrollando su libro conforme pasaban cosas a su alrededor. Nunca lo terminó, ni supo como acabó la guerra, porque a pesar de su conversión al catolicismo fue víctima de las leyes antisemitas del gobierno francés de Vichy, cuya gendarmería entregó a la escritora a los alemanes, y murió en el campo de exterminio de Auschwitz. Algo de lo que se ha hablado poco, de la actitud de colaboracionismo necesario de algunas administraciones o países invadidos o alíados para permitir que los alemanes ejecutaran la matanza de judíos y otras etnias y condiciones humanas.

El nombre de la población donde transcurre la acción es Bussy; pero hay varios Bussy en Francia, lo supongo ficticio. Como el Springfield de los Simpsons que también hay unos cuantos en los EE.UU.

El nombre de la población donde transcurre la acción es Bussy; pero hay varios Bussy en Francia, lo supongo ficticio. Como el Springfield de los Simpsons que también hay unos cuantos en los EE.UU.

De las dos partes que dejó escritas, la primera de ella “Tormenta en junio”, trata de la huida de miles de refugiados hacia el sur de Francia conforme avanzaban los alemanes. Esta parte se trata en la película en unos poco minutos, con un par de escenas que sirven para poner en situación la película. Esta se dedica a desarrollar los acontecimientos de la segunda parte, “Dolce”. En ella, nos encontramos en una población ficticia, de provincias, que se encuentra bajo la ocupación de un regimiento alemán. Los oficiales alemanes son alojados por la fuerza en las casas de algunos de los habitantes de la localidad, y el teniente Bruno von Falk (Matthias Schoenaerts), un cultivado hijo de la buena sociedad alemana, pero al mismo tiempo eficiente militar, es alojado en el hogar de Madame Angellier (Kristin Scott Thomas) que vive con su nuera Lucile (Michelle Williams), en ausencia de su hijo y marido respectivamente, alistado en el ejército francés, y cuyo destino es desconocido al principio de la película. Madame Angellier es una terrateniente dura, poco compasiva con sus arrendatarios, austera y persona de influencia en esta pequeña comunidad local. Lucile es una joven educada, algo introvertida, que vive a la sombra de su familia política, y que no comparte los medios de su suegra, aunque no osa contradecirla. Dedicándose el oficial a la composición musical en el piano de Lucile, se producirá progresivamente un acercamiento intelectual entre los dos jóvenes. Cuando Lucile conozca algunos secretos de familia, se dejará llevar más allá y se sentirá atraída sentimentalmente por el oficial, que por su parte le muestra su interés. Pero la ocupación ha revuelto los ánimos de la pequeña población local, y pronto surgirán los sentimientos más primarios, tanto los más heroicos como los más mezquinos, tanto de solidaridad como de rencillas y venganzas. Y el mundo de Lucile se volverá patas arriba y se verá obligada a tomar muchas decisiones para ser consecuente consigo misma.

La película tiene una calidad de producción digna de las mejores películas de época de origen británico. Ambientación impecable. Música, sonido, fotografía y diseño de producción excelentes. Una realización milimétricamente precisa, con gran oficio. Sin embargo, no acaba de transmitir todos los sentimientos o con la misma intensidad que lo hace el libro de Némirovski. La relación romántica se apodera de toda la trama, que tiene muchas más derivaciones y sutilezas en origen, más profundidad y consecuencias. En el filme, estas no desaparecen, pero quedan en un plano tan secundario, que tienen como consecuencia que frente a la intensidad y a fortaleza de la obra literaria, la obra cinematográfica se quede en un producto agradable, relativamente interesante, pero convencional.

No he estado en ninguno de ellos, pero para representarlos he escogido unas fotos de Le Bugue, tomadas en agosto de 2003.

No he estado en ninguno de ellos, pero para representarlos he escogido unas fotos de Le Bugue, tomadas en agosto de 2003.

Contribuyen a que la película sea interesante de ver las protagonistas femeninas. Tanto Kristin Scott Thomas, que se come la pantalla en cada aparición, definiendo perfectamente la evolución del personaje conforme avanza el filme, como Michelle Williams, que empieza más discreta, pero que siendo como es buena intérprete, acaba adquiriendo también una notable presencia conforme avanza el filme. Echamos de menos ver algo más de Ruth Wilson, que aparece por ahí como esposa de un campesino pobre, y el resto del reparto acompaña con solvencia a las protagonistas. Decir que Williams ocupa la pantalla en un porcentaje elevado del metraje de la película convirtiéndose de hecho en protagonista absoluta.

La película esta bien, se deja ver con agrado, los británicos tienen oficio a la hora de hacer películas de época. Pero este filme no impacta ni se queda en el pensamiento como lo hace la obra literaria que le da origen, muy superior en diversos aspectos, y que hubiera merecido un director con carisma y personalidad que le hubiese dado empuje y alma, y lo hubiera situado a la altura de una de las grandes historias de amor y guerra de la historia del cine. Pero no ha sido así. Por supuesto, hay que añadir que la historia cinematográfica no es totalmente fiel a la novela; hay diferencias en las historias y en algunos de los personajes. Pero nada que chirríe en exceso, salvo quizá alguna de las inverosímiles secuencias finales.

Conocemos los títulos de la tres partes que restaban a la Suite Francesa de Némirovski. Sabemos algo de sus apuntes de por dónde iba a ir el desarrollo de la guerra: Captivité, Batailles, La Paix… El periodo de resistencia y sufrimiento ocasionado por la ocupación entre quienes no se avinieron a colaborar, la dureza de los enfrentamientos que devinieron tras el desembargo de Normandía, y el fin de la guerra, que Némirovski esperaría que fuese una derrota alemana. Pero en 1942, cuando fue asesinada por los germanos, sólo lo pudo intuir o simplemente esperar.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***
A orillas del río Vézère, se encuentra en la bella región histórica del Périgord, hoy incluida en la región de Aquitania. Un lugar que merece la pena ser visitado.

A orillas del río Vézère, se encuentra en la bella región histórica del Périgord, hoy incluida en la región de Aquitania. Un lugar que merece la pena ser visitado.

[Cine] Mandariinid (2013)

Cine

Mandariinid (2013); vista el 12 de mayo de 2015.

Una película que lleva ya largo recorrido, es de hace dos años, pero que fue candidata al óscar a la mejor película en lengua no inglesa por Estonia en la última edición de los premios, lo que le ha permitido llegar hasta las pantallas españolas. Una coproducción de Estonia y Georgia, el país independiente, no el estado de los EE.UU., estrenada en este país es un acontecimiento raro de verdad. Luego viene cuando además tienen el detalle de estrenarla en versión original subtitulada, pero retiran esta versión y dejan sólo la doblada, bajo el título de Mandarinas, porque tienen que hacer sitio a las “masas” de aficionados al cine que “inundarán” las salas esta semana en las que las entradas cuestan 2,90 euros. Más lo que se gasten en palomitas. La industria del cine, en este afán desmesurado por “defender el arte y la cultura”, no parece considerar apropiado ofrecer las versiones originales a toda esta legión de nuevos aficionados, que “seguro” que a partir de ahora llenarán las salas a su precio habitual. Porque toda esta campaña la hacen por el cine, no por el dinero que se deja la gente en palomitas, claro. Y entonces, los que vamos todas las semanas al precio habitual, nos jorobamos, y si queremos ver la película, la vemos doblada. Un película que como veremos es multinacional, multiétnica y multilingüística. Tonterías, todos a hablar en la lengua cervantina, quieran o no.

Menos mal que una película de hace dos años hay otras formas de verla en versión original. Mal que les pese a esos “promotores de la cultura” que son la industria del cine. Prometemos que cuando vuelvan a echar versiones originales volveremos a las salas pagando. Como lo venimos haciendo durante décadas. Pero si nos toman el pelo, o son desconsiderados con nosotros, los reales aficionados al cine, buscaremos alternativas. Pero supongo que les da igual, porque no solemos consumir palomitas y dejar tanto dinero. Eso es lo malo de la cultura de verdad; que es incompatible con devorar palomitas y atocinarse con litros refrescos gaseosos.

En fin, vamos a ver lo que ha dado de sí esta película de Zaza Urushadze, el director de la misma.

No he estado en Georgia, y menos en Abjasia. Pero si en Tallin, Estonia. Un lugar en el que también se aprecia la mezcla de identidades étnicas.

No he estado en Georgia, y menos en Abjasia. Pero si en Tallin, Estonia. Un lugar en el que también se aprecia la mezcla de identidades étnicas.

Ivo (Lembit Ulfsak) es un anciano estonio, que como otros de su etnia, ha vivido en las montes de Abjasia durante décadas, hasta que el final de la Unión Soviética ha provocado la emigración de los suyos a su país de origen remoto, Estonia. El se ha quedado. Es mayor. Y ayuda a su vecino y amigo Margus (Elmo Nüganen) con su cosecha de mandarinas. Pero a su alrededor estalla una guerra. Las gentes de etnia abjasia se quieren independizar de Georgia, país nacido de la desmembración de la Unión Soviética. Y un hervidero de mercenarios de distintos orígenes se aprestan a matarse entre sí. Dos de ellos, musulmanes de origen checheno pasan por la puerta de Ivo. Le piden comida y se van. Pero en las cercanías se encuentran con un destacamento georgiano, entablan combate y el resultado es que todos mueren menos un checheno, Ahmed (Giorgi Nakashidze), y un georgiano, Niko (Misha Meskhi), que resultan heridos. Ambos son acogidos por Ivo que les hace prometer que se comportarán y convivirán en paz mientras estén bajo su techo reponiéndose. Además está la cuestión de cosechar las mandarinas de Margus.

Pocos medios técnicos, y pocos escenarios para la puesta en escena de esta película, que incluso tiene sabor a obra teatral, por el hecho de que buena parte del filme sucede entre las paredes de la casa de Ivo. Ivo, el viejo estonio, representa en el filme al hombre bueno, aquel que intenta aportar la humanidad y el entendimiento por encima de las diferencias reales o ficticias, que nos hacen creer que existen los líderes, militares o religiosos por el hecho de haber nacido en uno u otro lugar, en una u otra etnia, o bajo una u otra superstición religiosa. Historia sencilla, basada en unas situaciones muy definidas y en unos diálogos bien planteados, bajo un guion austero pero sumamente eficaz, obra del propio director Urushadze. Historia que bordea constantemente la estrecha línea que separa la confianza en el ser humano de la desesperación por su irracionalidad, no decantándose por ninguna de ellas, incluso al final, gracias a la incapacidad para rendirse de Ivo, pase lo que pase. Pero las guerras son muy duras…

A caballo entre su herencia hanseática y sueca, su pertenencia temporal al imperio ruso/soviético y su población actual de etnia estonia, la antigua Reval, actual Tallin, manifestaba viejos rencores y revanchas hacia los rusos, ahora caídos en desgracia en ese rincón del antiguo imperio.

A caballo entre su herencia hanseática y sueca, su pertenencia temporal al imperio ruso/soviético y su población actual de etnia estonia, la antigua Reval, actual Tallin, manifestaba viejos rencores y revanchas hacia los rusos, ahora caídos en desgracia en ese rincón del antiguo imperio.

Todo ello aderezado por unas interpretaciones sobrias pero excelentes. Interpretaciones que como decía son multilingües. Se habla en estonio, se habla en georgiano, se habla en ruso como lengua franca del antiguo imperio soviético… Aunque no se entiendan estos idiomas, una parte notable de la riqueza del filme está en esta diversidad, que queda arruinada por cualquier doblaje por bien que se pretenda hacer. De ahí mi enfado al inicio de esta entrada. Nos olvidamos que la existencia del doblaje en cualquier país, lejos de un mérito o un motivo de orgullo, es una lacra cultural, procedente de las más nefastas cerrazones nacionalistas. Algo contra lo que combate esta película. Razón de más para respetar la obra en su integridad, y educar al “maleducado” público español en este respeto. Altamente recomendable en cualquier caso.

Y por si alguien le entran dudas, no uso software pirateado. Escucho los podcasts de Radio Clásica y Radio 3, que los pago con mis impuestos. Compro mis libros electrónicos; en Amazon porque me regalaron un Kindle hace dos años para mi cumpleaños. Si no, lo haría en otro sitio. También lo haría en otros sitios si hubiera un estándar compatible común. Pago mis entradas de cines todas las semanas. Abono mis cuotas de televisión de pago desde hace un par de décadas,… Todo ello salvo cuando alguien me intenta tomar el pelo… Que me queda muy poco.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****
Y es que por bello que sea un país o una ciudad, en todas partes cuecen habas. Y en algunos sitios, a calderadas.

Y es que por bello que sea un país o una ciudad, en todas partes cuecen habas. Y en algunos sitios, a calderadas.

[Cine] Chiisai Ouchi (小さいおうち) (2014)

Cine

Chiisai Ouchi  (小さいおうち) (2014); vista el 18 de abril de 2015.

Comentaba hace unos días la triste realidad de que hay películas que se estrenan en España, que parecen interesantes, muchas veces de cinematografías poco frecuentes en cartelera, pero que no llegan a Zaragoza. No es que falten salas de cine. Es que en todas echan lo mismo. Probablemente nunca ha habido tantas salas de cine individuales en nuestra ciudad en toda su historia, ni siquiera en los tiempos de los cines de barrio y la salas de reestreno, cuando el paseo de la Independencia era una sucesión de salas de cine, algunas de ellas potencialmente convertibles en teatros. Pero la variedad es escasa. Agrupadas en su mayor parte en complejos de multisalas en centros comerciales, lo que plantean al espectador no es que película ver, sino donde ver el blockbuster del momento.

Pero estamos los aficionados al cine que buscamos algo más que la enésima versión del superhéroe de turno, o la “disneynada” de turno, o cualquier excusa para atracarse de palomitas y refrescos de cola con toneladas de azúcar, o ciclamatos/sacarinas/etc para los consumidores con más sentimiento de culpabilidad. Y cogerse el AVE para ver la película en las escasas salas en las que se estrena en Madrid o Barcelona, sale un poco caro. Y vete tú a saber  cómo, cuándo o en qué condiciones se podrá ver de otra forma “legal”. Así que la tentación de tirar de métodos “poco ortodoxos” es alta. Pero es lo que parece que busca la industria del cine. Porque si no no entiendo que a una ciudad de setecientos mil habitantes no llegue oferta cinematográfica suficiente. O simplemente somos un país cutre culturalmente hablando, claro.

En cualquier caso, una de las películas de más éxito en la cinematografía japonesa el año pasado fue esta “casita”, la vi en versión original subtitulada y de ahí el título en japonés, que donde la puedan encontrar, la encontrarán también doblada al castellano con el título “La casa del tejado rojo”. Es una película del prolífico Yôji Yamada, que nos defraudó un tanto no hace mucho con una versión no excesivamente acertada de la fenomenal Tôkyô monogatari (Cuentos de Tokio) de Yasujirô Ozu. No es que estuviera mal la nueva versión; es que no aportaba nada. Era innecesaria.

Si las ciudades japonesas, Tokio entre ellas, no son más bellas, es debido a la gran destrucción que sufrieron durante la guerra mundial.

Si las ciudades japonesas, Tokio entre ellas, no son más bellas, es debido a la gran destrucción que sufrieron durante la guerra mundial.

Pero aquí nos encontramos ante la historia de Taki (Chieko Baishô/Haru Kuroki), una joven del norte de la isla de Honsu, que en los años 30 del siglo XX entró a servir en una casa de clase media alta, gente cordial que la trata bien y con consideración, y en la que destaca la joven esposa, Tokiko (Takako Matsu), una mujer de gran belleza, atractivo y estilo, que contrasta con su esposo, buen tipo pero simplón y sin matices. Así que cuando aparezca un joven artista, educado, sensible y atractivo, el mundo de las dos mujeres se verá puesto cabeza abajo, aunque será Tokiko la que iniciará un romance ilícito con el joven.

La historia está contada en flashback. Tras la muerte de Taki, ya anciana, conocemos cómo redactó sus memorias en las que se descubre la realidad de cómo transcurrió el romance entre la guapa Tokiko y el sensible artista. Pero también descubriremos los sentimientos de la discreta Taki, que no era de piedra… Nos recuerda el personaje de Tokiko a una Emma Bovary trasladada a la época del militarismo japonés, que llevó al país a la catástrofe. Una joven admirada cuando todavía estaba soltera, atrapada en un matrimonio con una bueno hombre y con buena posición social, pero aburrida y añorante del romance y la emoción. La diferencia con Bovary es que parece encontrar fuera del matrimonio un amor real, menos superficial que el de Emma, más auténtico, aunque de difícil resolución. Resolución que vendrá dada por la guerra y, con esta premisa, difícil es imaginar un final feliz.

Yamada aprovecha la época de la acción principal para hacer un repaso al ambiente social y a la posición de la pequeña burguesía japonesa en los años de la segunda guerra sinojaponesa y la segunda guerra mundial. Se contrasta la percepción de los burgueses tokiotas en los años 30 de los acontecimientos en China, que los ven lejos, y de los que no sospechan o no quieren sospechar la realidad de las atrocidades que su país lleva por el mundo, con la visión del joven nieto de Taki, que constantemente pide que cuente la verdad de la época y no la versión edulcorada. Sin entender que esta es la visión de Taki, que ella no percibió la dureza de la guerra y sus consecuencias hasta muy tarde.

Las viviendas de madera y papel ardían con facilidad con el napalm, la gasolina y el fósforo de las bombas americanas. Esto es algo que se recoge en la película de hoy.

Las viviendas de madera y papel ardían con facilidad con el napalm, la gasolina y el fósforo de las bombas americanas. Esto es algo que se recoge en la película de hoy.

Técnicamente, la realización del filme es irreprochable, siendo un cine heredero de las tradiciones del cine japonés de antaño. Pero donde realmente destaca es en la empatía que nos producen los personajes, gracias al excelente trabajo de sus intérpretes, especialmente la dos mujeres protagonistas. El trabajo de Haru Kuroki ha sido reconocido con diversos premios durante la carrera comercial del filme, tanto en su país como fuera de él.

Como vemos, una película que no carece de interés. No está al nivel de maestría que otros referentes del cine japonés en los que nos podríamos fijar, pero resulta interesante, emotiva y se ve con agrado. ¿De verdad que con una adecuada promoción esta película no es vendible en una ciudad occidental de setecientos mil habitantes? Pestiños mucho peores se estrenan y se ven… En fin…

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***
Por ello, para intentar recuperar algo del ambiente de la antigua Edo en la actualidad, os traigo estas fotografías de los jardines de Hamarikyu, con su coqueta casa de té en el lago principal de los jardines.

Por ello, para intentar recuperar algo del ambiente de la antigua Edo en la actualidad, os traigo estas fotografías de los jardines de Hamarikyu, con su coqueta casa de té en el lago principal de los jardines.

[Cine] American Sniper (2014)

Cine

American Sniper (2014); vista el sábado 21 de febrero de 2015.

Como muchos de los que visitáis este Cuaderno de ruta ya sabréis, si presento la película con su título original es que he visto la versión original subtitulada en castellano. Esta película de Clint Eastwood, una de las que optaba a algún premio en la reciente ceremonia de los óscars, también se puede encontrar en la cartelera española con el título “El francotirador”. Con la nacionalidad perdida en el proceso de traducción.

Soy uno de los que opinan que hay que acudir puntualmente a las citas con las películas de Eastwood, que si no llegan a la frecuencia anual, no les faltará mucho. En las últimas tres décadas nos ha dejado ejemplos muy sólidos de oficio y arte en la dirección cinematográfica. Y a sus 84 años quizá ya no haga una película que supere a las mejores de su filmografía; pero parece estar lo suficientemente en forma como para que nos pueda sorprender en cualquier momento. Así que vamos a ver lo que nos deparó esta su vuelta al cine bélico, un género que ha visitado en varias ocasiones, y con el que en mi opinión alcanzó unas de sus más altas cotas como director de cine en aquellas cartas que nos escribía, en japonés, desde Iwo Jima.

No hay sorpresas en el desenlace de esta película. Esta basada en un personaje real, Chris Kyle (interpretado por Bradley Cooper), cuya biografía podéis consultar en la wikipedia. Este fue un soldado de un cuerpo de operaciones especiales de la armada estadounidense, que por su habilidad con las armas de fuego ejerció de francotirador en la guerra de Irak con el fin de proteger a los infantes de marina invasores de los ataques de insurgentes y civiles hostiles. Se dice de él que es el francotirador más letal de los Estados Unidos. 160 muertes confirmadas. Una nadería si lo comparas con muchos pilotos de bombarderos de la misma nacionalidad, en realidad. La película va alternando sus cuatro relevos en el conflicto, con los períodos de descanso en los que se ponen de manifiesto las dificultades de adaptación tras el combate y las secuelas del estrés bélico, especialmente con su esposa Taya (Sienna Miller).

Estuve hace pocos días revisando las fotografías de mi viaje a Berlín en 2007, ciudad donde los efectos de los conflictos bélicos se hacen notar especialmente.

Estuve hace pocos días revisando las fotografías de mi viaje a Berlín en 2007, ciudad donde los efectos de los conflictos bélicos se hacen notar especialmente.

Decir que Eastwood tiene oficio de sobras para sacar adelante con dignidad la película es una obviedad. Así que no discutiremos los aspectos técnicos del filme. Algo más cuestionable es el guion, ya que la historia se vuelve un poco prolija, con una repetición continuada de situaciones bélicas relativamente similares, salpicadas por los momentos de retorno a los Estados Unidos. Además, en estas películas está la cuestión de la intención del director. En este caso, Eastwood no ha dudado en declarar que su intención era poner al descubierto las nefastas consecuencias que sufren las personas que participan en la inhumanidad de la guerra. Sin embargo, Eastwood es también una persona con valores conservadores aunque dentro de lo razonable, y no carga nunca a criticar en profundidad la intervención militar norteamericana y sus razones, aparentes o reales.

Apenas asistimos al debate entre la postura del protagonista, para quien es un deber proteger a sus compañeros de armas matando los potenciales insurgentes amenazantes, con su esposa que no entiende bien qué se le ha perdido en un país tan lejano, que no se siente amenazada por ese conflicto. De alguna forma, como hemos comentado con otras películas recientes que han tratado temas polémicos o difíciles, Eastwood los insinúa, los menciona, los bordea, pero no profundiza como si tuviese miedo a ofender con su posición. Tampoco se moja en las motivaciones del enemigo. Simplemente son los malos que amenazan constantemente a los soldados americanos. Ninguna reflexión al porqué una proporción apreciable de la población civil, presuntamente liberada de un tirano, se vuelve con tanta agresividad y fanatismo contra el ejército de ocupación.

Para mí es curioso que la película que mejor refleja su posición sobre la guerra sea la mencionada antes, en la que no hay protagonistas norteamericanos. En la que se pone en la piel del enemigo, intenta entenderlo, busca lo que hay en común en todos los seres humanos que sufren la guerra, y sin los peligros de molestar a algunos de sus compatriotas compone su mejor relato antibelicista. No lo consigue en la película actual.

Una ciudad mártir de sí misma, de los excesos propios y ajenos.

Una ciudad mártir de sí misma, de los excesos propios y ajenos.

También se me ocurre comparar la película que hoy nos ocupa con la también excelente película de Jean-Jacques Annaud, Enemy at the Gates (Enemigo a las puertas). Fue aquel un filme con menos intención reflexiva, más destinado a ser producto de entretenimiento. Pero también nos contaba un duelo entre francotiradores, eso sí con la distancia de situarlo en la batalla de Stalingrado durante la Segunda guerra mundial. Curiosamente, a pesar de no tener tanta intención política, aquella película mostraba entre sus escenas situaciones que marcan mucho más claramente la demencia de la guerra. Los fanatismos de los mandos, el desprecio por la vida individual, la perniciosa influencia de los políticos, el miedo del soldado,… No es de extrañar que aunque aquella película no optó a los premios de la Academia de Hollywood, esté mejor valorada por los votantes de IMDb. Tenía más entretenimiento, a la vez que había una historia interesante que contar, la de Vasili Záitsev. Bueno… a la crítica le gustó menos que la de Eastwood… todo hay que decirlo.

Sobre las interpretaciones no tengo nada que objetar. Indudablemente, el mejor papel que le he visto a Cooper hasta el momento. E incluso la para mí floja actriz que es Sienna Miller nos ofrece muestras de que quizá tenga algo más dentro de sí desde el punto de vista interpretativo de lo que parecía. Todo ello unido a un conjunto de secundarios muy coral, que funcionan con oficio.

Para terminar decir que es una película que se puede ver sin problema. Es una buena película. Imperfecta. Que nos deja con ganas de más. Que esperaríamos que estuviese mejor contada. Que nos hubiera gustado ver más incisiva y comprometida. Pero es una opción perfectamente razonable para acudir a las salas de cine.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***
Y que en estos momentos en que tanta soberbia se percibe en algunos políticos destacados alemanes, no olvide que no es ese el camino... Y que no lo olviden tampoco el resto de las naciones en que desgraciadamente se divide la humanidad...

Y que en estos momentos en que tanta soberbia se percibe en algunos políticos destacados alemanes, no olvide que no es ese el camino… Y que no lo olviden tampoco el resto de las naciones en que desgraciadamente se divide la humanidad…